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Las fuentes del Cuaderno de Sarajevo de Juan Goytisolo: un ejemplo de documentación en el periodismo de guerra

Campo Cortés, Eduardo del

Abstract

El escritor español Juan Goytisolo (1931-2017) viajó en 1993 a Sarajevo como enviado especial del diario El País para denunciar el asedio que sufría su población durante la guerra de Bosnia. El reportaje Cuaderno de Sarajevo, la obra más difundida del premio Cervantes, se ilustró con fotos de Gervasio Sánchez, quien afirmó del novelista que “actuaba como un reportero puro” y que nunca vio “a nadie, ni siquiera a periodistas de referencia, documentarse con tanta obsesión sobre una crisis”. Este artículo tiene como objetivo identificar la documentación de Goytisolo, a fin de verificar si, como apuntaba Sánchez, cumplió los criterios aceptados de calidad periodística. Comprobamos que la variedad y pertinencia de las más de 20 fuentes escritas y 35 entrevistas orales que acopió y el rigor con que las empleó, junto a sus descripciones y su propio testimonio, justifican enseñarlo en las facultades de Periodismo como un ejemplo profesional.

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833Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 Las fuentes del Cuaderno de Sarajevo de Juan Goytisolo: un ejemplo de documentación en el periodismo de guerra1 Eduardo del Campo Cortés2 Recibido: 12 de noviembre de 2020 / Aceptado: 25 de mayo de 2021 Resumen. El escritor español Juan Goytisolo (1931-2017) viajó en 1993 a Sarajevo como enviado especial del diario El País para denunciar el asedio que sufría su población durante la guerra de Bosnia. El reportaje Cuaderno de Sarajevo, la obra más difundida del premio Cervantes, se ilustró con fotos de Gervasio Sánchez, quien afirmó del novelista que “actuaba como un reportero puro” y que nunca vio “a nadie, ni siquiera a periodistas de referencia, documentarse con tanta obsesión sobre una crisis”. Este artículo tiene como objetivo identificar la documentación de Goytisolo, a fin de verificar si, como apuntaba Sánchez, cumplió los criterios aceptados de calidad periodística. Comprobamos que la variedad y pertinencia de las más de 20 fuentes escritas y 35 entrevistas orales que acopió y el rigor con que las empleó, junto a sus descripciones y su propio testimonio, justifican enseñarlo en las facultades de Periodismo como un ejemplo profesional. Palabras claves. Periodismo; guerra; Bosnia; El País; Juan Goytisolo. [en] The sources of Juan Goytisolo’s Cuaderno de Sarajevo: an example of documentation in war journalism Abstract. The Spanish writer Juan Goytisolo (1931-2017) traveled to Sarajevo in 1993 as a correspondent for the newspaper El País to denounce the siege that its population was suffering during the Bosnian war. The reportage Cuaderno de Sarajevo, the most widespread work of the Cervantes Prize’s winner, was illustrated with photos by Gervasio Sánchez, who said about the novelist that “he acted like a pure reporter”, adding that he never saw “anyone, not even leading journalists, documenting a crisis with so much obsession”. This article aims to identify Goytisolo’s documentary sources, in order to verify whether, as Sánchez pointed out, he met the accepted criteria of journalistic quality. We prove that the variety and relevance of the more than 20 written sources and 35 oral interviews that he collected and the rigor with which he used them, together with his descriptions and his own testimony, justify the teaching of Cuaderno de Sarajevo in the schools of Journalism as a professional example. Keywords: Journalism; war; Bosnia; El País; Juan Goytisolo. Sumario. 1. Un novelista metido a reportero bélico 2. Las lecturas: fuentes escritas directas e indirectas 2.1. Libros 2.2. Periódicos 2.3. Publicaciones oficiales bosnias 3. Las entrevistas: testimonios orales directos recogidos sobre el terreno 4. Conclusión 5. Referencias bibliográficas Cómo citar: del Campo-Cortés, E. (2021). Las fuentes del Cuaderno de Sarajevo de Juan Goytisolo: un ejemplo de documentación en el periodismo de guerra. Estudios sobre el Mensaje Periodístico 27 (3), 833-843. 1 Este artículo forma parte del proyecto de investigación Juan Goytisolo, cronista de la guerra: los reportajes de Sarajevo, Argelia, Palestina y Chechenia y otros viajes periodísticos, que ha recibido la ayuda económica PI-23 del Plan Promotor de la Actividad Investigadora del Profesorado del Centro Universitario EUSA. 2 Centro Universitario EUSA, adscrito a la Universidad de Sevilla (España) E-mail: [email protected] Estudios sobre el Mensaje Periodístico ISSN-e: 1988-2696 https://dx.doi.org/10.5209/esmp.72479 1. Un novelista metido a reportero bélico En julio de 1993, en plena guerra de Bosnia, el escritor Juan Goytisolo (Barcelona, 1931-Marrakech, 2017) viaja por iniciativa propia a su capital, Sarajevo, con la misión de escribir en primera persona, como enviado especial del diario El País, una serie de reportajes sobre el cruento asedio que sufre su población a manos de francotiradores y artilleros serbios, que bombardean la ciudad de forma indiscriminada desde que en abril del año anterior el gobierno bosnio declaró la independencia de Yugoslavia. Fruto de este trabajo sobre el terreno, Goytisolo publica el mes siguiente en El País, entre el 23 y el 31 de agos- to, en nueve entregas y con fotos de Gervasio Sánchez, la serie Cuaderno de Sarajevo, una obra que, gracias a su venta por el periódico a una quincena de grandes cabeceras de todo el mundo (El País, 1993; Sánchez, 2017), se convertirá en el trabajo periodístico más leído y recordado del novelista y ensayista español. Tras su primera edición en la prensa diaria, Cuaderno de Sarajevo aparecerá en formato de libro en otoño de ese mismo 1993. Goytisolo lo agrupará en 2001 en el volumen Paisajes de guerra junto a INVESTIGACIONES Y DOCUMENTOS 834 del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 las otras series de reportajes bélicos que publicó en El País, dedicados a los conflictos de Argelia (1994), Palestina (1995) y Chechenia (1996). Finalmente, el autor incluirá Cuaderno de Sarajevo, como parte de Paisaje de guerra, en el tomo VIII de sus Obras completas, titulado Guerra, periodismo y literatura (2010) (seguimos para las citas esta edición). Durante la semana y pico que dura su primer viaje a Sarajevo (adonde volverá dos veces más durante la guerra, en enero de 1994 y agosto de 1995), Juan Goytisolo recibe la ayuda de los jóvenes periodistas españoles Alfonso Armada y Gervasio Sánchez, enviados de El País y Heraldo de Aragón respectivamente, que ya conocen la ciudad. Sánchez, cuando murió Goytisolo en 2017, escribió en la revista La Marea un sentido texto de homenaje a su figura en el que recordaba aquel encuentro de 1993 en Sarajevo y destacaba la impresión que les había causado entonces a Armada y a él no solo conocer a un escritor que con 62 años de edad se atrevía a ir como periodista a una zona de guerra, sino comprobar también lo mucho que se había informado sobre el conflicto antes de pisar el terreno y el afán con que el luego premio Cervantes de literatura de 2014 se dedicaba a hacer entrevistas: Nos sorprendió lo bien informado que Juan Goytisolo estaba. Durante los meses anteriores había leído decenas de reportajes, crónicas y artículos de opinión sobre aquel conflicto en diarios españoles, franceses, británicos y estadounidenses. Nunca en mi vida profesional he visto a nadie, ni siquiera a periodistas de referencia, documentarse con tanta obsesión sobre una crisis como a Juan Goytisolo. Conocía los nombres de los periodistas y de los fotógrafos que cubrían aquel conflicto y mostraba una gran admiración por aquellos profesionales que estaban dispuestos a jugarse la vida por ejercer un periodismo sin aditivos. […] Durante diez días entrevistó a decenas de cercados de todas las religiones y etnias, recorrió los lugares más simbólicos de la ciudad y se aventuró en zonas extremadamente peligrosas. Quería verlo todo con sus propios ojos. Me impresionó su entereza, su implicación y, sobre todo, su valentía. Las posibilidades de ser alcanzado por la carga de un proyectil o el disparo de un francotirador eran elevadas y él pasaba muchas horas en la calle. Puedo dar fe porque Alfonso Armada y yo lo acompañamos durante varias jornadas. Era edificante escucharle hablar con sus entrevistados, las preguntas que les hacía, la delicadeza y el respeto con que los trataba. Actuaba como un reportero puro. Creo que es uno de los escritores españoles que más se acerca a la forma de trabajar de los periodistas. (Sánchez, 2017) Este artículo tiene como objetivo identificar, describir y analizar las fuentes de documentación, escritas y orales, en las que se basó Goytisolo para escribir Cuaderno de Sarajevo y verificar la hipótesis de que, como apuntaba Gervasio Sánchez, cumplió con creces los criterios comúnmente aceptados de calidad periodística –prescritos por el Libro de estilo de El País (1990), por mencionar el del periódico con el que más colaboró, y por otros manuales del oficio sobre atribución, clasificación y uso de fuentes periodísticas, como los recopilados por Ruiz y Albertini (2008)– que se debe exigir a cualquier reportero, en este caso, a un corresponsal de guerra. La variedad y precisión de los materiales que acopió y el rigor con que los empleó justificarían presentarlo en las facultades de Periodismo como un ejemplo profesional de primer orden. Por suerte para este empeño, aumenta el interés académico por el trabajo de los corresponsales de guerra, como lo demuestran en los últimos años las tesis doctorales consagradas a los enviados españoles, tanto periodistas profesionales como escritores comprometidos con su tiempo. Mencionemos, entre otras investigaciones, las de Bauluz de la Iglesia (2015), Del Campo Cortés (2020), Del Paso Gallego (2016), Díaz-Merry Arias (2019), Diez Barriuso (2017), Fuentes Fernández (2009), García Palomares (2014), Gutiérrez Cortés (2015), Lavín (2015) o López Alcón (2015). Para localizar y completar las referencias manejadas por Goytisolo hemos estudiado Cuaderno de Sarajevo en las versiones impresa y digital del periódico y en sus ediciones como libro, y hemos buscado en la hemeroteca física del Archivo Municipal de Sevilla y en las hemerotecas virtuales de los medios de comunicación aludidos. Este gran reportaje ha pasado a la historia del periodismo en español como uno de los más difundidos y de mayor influencia. Veamos a continuación si, por lo que respecta a su valor documental, ese prestigio no solo es justo, sino que merece incluso acrecentarse para que esta obra del premio Cervantes goce de una difusión renovada entre los miembros de la profesión, así como entre un público más amplio. 2. Las lecturas: fuentes escritas directas e indirectas Todo viaje empieza antes de poner pie en el destino y se recorre desde el momento en que el viajero se sumerge en las lecturas, testimonios e ilustraciones que lo prepararán, o condicionarán, para esa aventura. El de Juan Goytisolo al Sarajevo sitiado de 1993 se cimenta sobre todo en los textos que lee en los meses anteriores, e incluso que sigue leyendo durante y después de su estancia en la ciudad, de historiadores, corresponsales destinados en los Balcanes y otros periodistas y expertos de periódicos y revistas internacionales, en especial de España (El País), Francia (Le Monde, Libération), Reino Unido (The Independent) y Estados Unidos (The New York Times, The New Yorker). Goytisolo, que lee en español, francés e inglés, además de hablar el árabe dialectal de Marruecos y comprender el árabe clásico, se documenta también sobre la guerra yendo a publicaciones oficiales del gobierno bosnio, familiarizándose a través de 835del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 la prensa occidental con las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas relativas a este conflicto y acudiendo, a través de traducciones, a las declaraciones de los dirigentes serbios, a los que acusa de cometer un genocidio con los bosnios etiquetados como musulmanes. Su relato presencial en Sarajevo se basa, pues, en su experiencia previa de lector, como expone en el prólogo a los Paisajes de guerra de su edición de las Obras completas, donde señala además cómo expresa su viaje por partida doble en la no ficción y en la ficción con la redacción de un reportaje, Cuaderno de Sarajevo, y de una novela, El sitio de los sitios (1995): A lo largo de la vida me he esforzado en combinar lecturas y experiencias, asentar éstas en aquéllas y avanzar a tientas por una senda ignota: la que conduce del testimonio crudo y siempre parcial de la realidad exterior a la verdad literaria de la ficción, el trecho que va del Cuaderno de Sarajevo al rompecabezas o conjunto de elementos dispersos que el lector cómplice deberá relacionar para abrirse paso por el territorio cervantino de la duda y de una complejidad laberíntica en la que se ve atrapado: la de mi novela El sitio de los sitios. (Goytisolo, 2010, p. 223) En este prólogo (pp. 221-222) ha explicado antes que su interés por escribir sobre el terreno acerca de los conflictos de la década de los 90 empezó a partir de su experiencia como telespectador de la Guerra del Golfo de 1990-1991, cuando Estados Unidos intervino al frente de una coalición internacional para desalojar de Kuwait a las tropas invasoras del dictador iraquí Sadam Husein, cuyas consecuencias en vidas humanas fue ocultada, a su juicio, por el efecto hipnotizador y espectacular de las imágenes de los bombardeos emitidas por las cadenas de televisión. Su reacción fue contar esta experiencia indignada de telespectador en la novela La cuarentena (1991), cuyo título alude a los cuarenta días del luto islámico y también a los cuarenta días que duraron los bombardeos. Pero el autor necesitaba dar un paso más allá (2010, p. 222): Dicha experiencia de telespectador, literariamente transmutada en mi novela La cuarentena, fue el agente inductor de la busca de mi propia parcela de verdad en otros escenarios bélicos. No en todos, claro está, sino en aquellos que conocía, directamente o no, a través de mis viajes y lecturas. Sarajevo será el primer destino al que irá, desde esa experiencia enervadora de la Guerra del Golfo contemplada impotente y exclusivamente a través de la televisión. Cuando viaja allí, ya conoce a fondo las claves del conflicto gracias a sus lecturas. 2.1. Libros Su fuente de cabecera para contar la guerra en Bosnia (1992-1995) no es una obra contemporánea sobre esta tragedia, sino un texto de 1937 que lo guía como referencia ética y personal: el ensayo donde el poeta Antonio Machado denuncia el asedio a Madrid de las tropas sublevadas contra el gobierno de la República y la política de no intervención de los países democráticos europeos ante la guerra civil española (1936-1939). Goytisolo lleva consigo estas páginas a la capital bosnia, donde las relee (p. 277), e incluye fragmentos de ellas en su propio relato. La decisión de llevar consigo a Machado como compañero espiritual de viaje evidencia que el paralelismo que establece entre el Madrid inerme y abandonado de 1936 y el Sarajevo de 1993 al que la comunidad internacional no salva de la agresión serbia es un argumento central adoptado con carácter previo a su misión de ir a informar sobre el terreno. La experiencia in situ reafirmará su planteamiento preconcebido de hermanar ambas ciudades y episodios históricos y de usar el ejemplo del fracaso en España a las puertas de la II Guerra Mundial como advertencia para exigir que no se repita ahora, a finales del siglo, con otra población europea. La guía de Antonio Machado es explícita desde el arranque del reportaje-ensayo-denuncia de Cuaderno de Sarajevo, pues suyas son las palabras de la cita que lo abre: “La brevedad del camino en nada amengua el radio infinito de la injusticia”. La frase original citada dice “una injusticia” y no “la injusticia”, y se completa con un “Allí donde ésta aparece, nuestro deber es combatirla”; procede del artículo de recuerdos sobre el fundador del PSOE “Lo que yo recuerdo de Pablo Iglesias”, de octubre de 1938, que Machado escribió como el número IX de su serie Desde el mirador de la guerra, publicada entonces en el periódico La Vanguardia de Barcelona. Precisa Marco Kunz (2003, p. 209) que Goytisolo introduce en su Cuaderno de Sarajevo pasajes de otros dos artículos de Machado. Uno es “Sobre la Rusia actual”, del que Goytisolo reproduce un fragmen- to al inicio del octavo capítulo, aunque señalando, por error, que Machado lo escribió “en 1938”, cuando en realidad está fechado en septiembre de 1937. El otro es “¡Madrid!”, del 7 de noviembre de 1937. Apareció en Madrid. Baluarte de nuestra guerra de independencia. 7-XI-36 – 7-XI-37, una publicación de urgencia de 16 páginas, ilustrada con fotos de combatientes, víctimas y ruinas, impresa en Valencia en noviembre de 1937 por el Servicio Español de Información, con textos-estampas que el testigo Machado escribió entre agosto de 1936 y el 7 de noviembre de 1937, de cuando data su texto de colofón que Goytisolo incorporará medio siglo después en el noveno y último capítulo de Cuaderno de Sarajevo (p. 277): “Quien oyó los primeros cañonazos disparados sobre Madrid por las baterías facciosas, emplazadas en la Casa de Campo, conservará para siempre en la memoria una de las emociones más antipáticas, más angustiosas [...] que pueda el hombre experimentar en su vida. Allí estaba la guerra, embistiendo testaruda y bestial, 836 del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 una guerra sin sombra de espiritualidad, hecha de maldad y rencor, con sus ciegas máquinas destructoras vomitando la muerte de un modo frío y sistemático sobre una ciudad casi inerme, despojada vilmente de todos sus elementos de combate”, había leído días atrás en el volumen de Machado que me acompañó en el viaje, reviviendo en profundidad los sentimientos del poeta canonizado por nuestros políticos en el poder. ¡Como ocurre a menudo en el mundo, lo citan sin escucharle! Los tres mencionados artículos están en la edición de las Obras completas de Antonio Machado de 1989; los pasajes originales entrecomillados aparecen en las páginas 2480, 2216 y 2225 de su tomo II, Prosas completas. Este es el “volumen de Machado que me acompañó en el viaje” a Sarajevo. En el plano informativo, las obras citadas por Goytisolo que más peso tienen en la construcción de su visión sobre el conflicto de Bosnia-Herzegovina son dos libros que ven la luz en el mismo año y pocos meses antes de su viaje: Le nettoyage ethnique. Documents historiques sur une idéologie serbe (La limpieza étnica. Documentos históricos sobre una ideología serbia. París, Fayard, 1993), de los universitarios croatas asentados en Francia Mirko Grmek, Marc Gjidara y Neven Simac, y La venganza de la historia (Madrid, El País-Aguilar, 1993), publicado en mayo por el corresponsal de El País para Europa Central y Oriental desde 1989, Hermann Tertsch, quien desde su oficina de Viena cubre los sucesivos episodios bélicos que desmiembran la antigua Yugoslavia. Reconoce Goytisolo (2010, p. 283) que estos dos ensayos le sirven de base para su artículo del 19 de mayo “Sarajevo 93”, previo al viaje a la ciudad, un texto que añadirá posteriormente, ampliándolo, como epílogo para la edición en libro de Cuaderno de Sarajevo. Goytisolo, coincidiendo con sus tesis, cita elogiosamente el libro del “excelente corresponsal” Tertsch (id.), que es probable que le habrán hecho llegar desde El País antes de su distribución a las librerías. Para su artículo de mayo de 1993 emplea también como fuente (p. 281) una tesis muy reciente sobre la imagen del morisco en la España de los siglos XVI y XVII, defendida en marzo de ese año por el almeriense José María Perceval en la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales de la Universidad de París. Por medio de este, menciona a su vez al arabista Eduardo Saavedra, al presidente del gobierno español Antonio Cánovas del Castillo –que a su vez cita el poema de Gaspar de Aguilar de 1610 sobre la expulsión de los moriscos–, a Menéndez Pelayo, al licenciado Aznar de Cardona y, ya en el presente, a Rodrigo de Zayas. A través del libro de los autores croatas de Le nettoyage ethnique, Goytisolo conoce, de forma indirecta pero completa, al menos once fuentes principales del resurgir de la ideología ultranacionalista serbia (que él compara con la de la reconquista española), lo que le servirá para trazar la historia de la doctrina de la limpieza étnica (pp. 283-291) mediante la exposición de: 1) ejemplos del “romancero popular y los poemas épicos serbios ensalzados tanto por los chetniks bosnios del psiquiatra y poeta Radovan Karadzic como por los muy ilustres miembros de la Academia de Ciencias de Belgrado”; 2) el informe o Memorándum de esta misma Academia (entre sus coautores, Antonije Isakovic), que en 1986 provocó “el chispazo de la guerra interétnica” iniciada cuatro años después al justificar la causa agresiva y expansionista de la Gran Serbia; 3) el “Programa de la política exterior y nacional de Serbia, elaborado por Garashanin en 1844”, donde se estrena el término “limpieza” (cistiti) aplicado a las poblaciones, programa que, con su afán por extender las fronteras de los territorios de población serbia, homogeneizarlos y limpiarlos étnicamente, “constituye en verdad el primer guión razonado de las guerras de exterminio balcánicas del siglo XX”; 4) el texto de justificación imperialista del historiador serbio Jovan Cevijic de 1918; 5) los discursos ultranacionalistas de Slobodan Milosevic, presidente de Serbia, desde su ascenso al poder en 1989; 6) las proclamas de Mirko Jovic, presidente del partido de Renovación Nacional, ya empezada la guerra; 7) las Memorias de Ivan Mestrovic editadas en Buenos Aires en 1961; 8) las crónicas de Charles Rivet, el corresponsal del periódico francés Le Temps en las guerras balcánicas de principios del siglo XX; 9) un informe o memoria de 1937 del político e historiador serbio Vesa Cubrilovic que proponía la expulsión masiva a la fuerza de los habitantes de Kosovo de lengua albanesa y religión musulmana, tal como las tropas oficiales y los paramilitares de Belgrado intentarían realmente en 1999; 10) el programa político del monárquico serbio Draza Mihailovic, redactado por su consejero Stevan Moljevic a finales de 1941, para crear una Gran Serbia “étnicamente pura” sin gitanos, judíos ni musulmanes; 11) los informes de los chetniks subordinados de Mihailovic en guerra contra los croatas igualmente extremistas de Ante Palevic informando de sus campañas contra pueblos croatas y musulmanes en Bosnia. El libro de los autores croatas le sirve de guía, pero ello no impide que Goytisolo les afee también el pasar “como sobre ascuas” y no ser tan prolijos en la inclusión de ejemplos sobre los crímenes del ultranacionalismo croata, como lo son con los de los 837del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 extremistas serbios (pp. 289-290). También se refiere, al comentar el libro, a la narración del novelista y premio Nobel de 1961 Ivo Andrić que retrata el “odio sordo entre las comunidades imbricadas en Sarajevo” (p. 291); alude así, sin nombrar su título, a Un puente sobre el Drina (1945). Como contraejemplos positivos de autores serbios que denuncian el nacionalismo agresivo de una parte de sus compatriotas, Goytisolo apunta en el quinto capítulo (p. 254) los nombres de Djuric y Bogdanovich. Por otro lado, a través del libro de Tertsch, Goytisolo resume (pp. 293-296) la situación de las gestiones internacionales ante el conflicto bosnio y los precedentes políticos en la región que han conducido al estado actual de 1993 en que Sarajevo se erige a duras penas como un bastión de la civilización abierta, democrática, legal, pluriétnica, frente al “espíritu de la tribu” y las garras del nacionalismo radical, supremacista y homogeneizador encarnado por los dirigentes de Belgrado, capital de Serbia y de Yugoslavia, y de Pale, sede de la autoproclamada república de los serbios de Bosnia. Otros libros importantes que nombra en su documentación y que lee por su edición en francés son Les bosniaques (Los bosnios, 1993), de Velivor Čolić (al que llama por error “Volivar”), escritor bosnio refugiado en Francia y más tarde colaborador de opinión en El País, de quien recoge testimonios de crímenes en las guerras yugoslavas (p. 232); Journal de guerre: chronique de Sarajevo assiegéé (Diario de guerra: crónica de Sarajevo asediada, 1993), publicado también en Francia por Zlatko Dizdarević, redactor del periódico de Sarajevo Oslobodenje, con quien Goytisolo se encontrará en persona en la ciudad y cuya obra cita usando su título en español (p. 259); y una “guía de la capital con ilustraciones fotográficas editada sólo hace siete años”, es decir en 1986, dos años después de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984, libro turístico que le sirve para comparar amargamente la paz y belleza de la ciudad de antes de la guerra y la destruida de ese momento (p. 237): La Voivode Putnika, que atraviesa el barrio moderno de Sarajevo, ha sido rebautizada por los sitiados “Avenida de los Francotiradores”. En una guía de la capital con ilustraciones fotográficas editada sólo hace siete años pueden leerse descripciones como la siguiente: “Las luces de la ciudad, igual que luciérnagas, puntúan la oscuridad con mayor brillo que las estrellas del cielo bosnio: tal es la impresión del turista que llega de noche a los alrededores de Sarajevo. Si viaja de día, hallará una urbe oriental como las que existen únicamente en las leyendas y se asombrará de recorrer amplias avenidas con flamantes edificios modernos o de estilo decimonono austriaco”. Pero la ciudad que contemplo no es sino un espacio devastado, lleno de heridas, mutilaciones, vísceras, llagas aún supurantes, sobrecogedoras cicatrices. Creemos haber identificado qué guía usó, en su versión en inglés o en francés: se trata de Baš- Čaršija, Sarajevo (sobre Sarajevo y su barrio del centro histórico), volumen 62 de la serie Pocket guides for tourists (libros de bolsillo para turistas), una guía de 64 páginas (más un mapa) escrita por Mile Petrović, con 61 fotografías en color de Velimir Jojić y Milenko Uherka, editada en serbocroata, inglés, francés y alemán en 1985 y 1986 en Zagreb, la capital croata, por Turistkomerc, la oficina yugoslava de propaganda turística, cuya referencia bibliográfica abreviada incluye Torsti (2004, p. 157) en su estudio cultural sobre la posguerra en Bosnia. Goytisolo entrecomilla precisamente un pasaje que describe el barrio del viejo mercado turco de Baš-Čaršija, de lo que deducimos que se trata de la guía que lleva su nombre en el título (p. 252): “Hay que recorrer pacientemente la ciudad –leo en una guía de Sarajevo editada hace pocos años– para descubrirla, situar sus distritos principales y comprender que su corazón late siempre en la vieja Carsija, el barrio popular de los bazares, comerciantes, curiosos y turistas. La Bascarsija (léase Bashcharshía, J.G.), nombre actual de esta parte de la villa, debe visitarse necesariamente a pie. En sus alrededores los aparcamientos son escasos y de localización difícil”. Desde el segundo día de mi estancia he seguido regularmente el consejo aprovechando las pausas de mi actividad cotidiana, de preferencia en aquellas horas de la jornada en las que las armas callan y la capital asediada vive una engañosa sensación de paz. Es posible que tuviera acceso a otra obra turística habitual de antes de la guerra en Bosnia: las ediciones en inglés (Sarajevo and its surroundings, 1985, 1989) o en francés (Sarajevo et ses environs, 1985, 1986) de la guía Sarajevo i okolica (Sarajevo y sus alrededores; primera edición en serbocroata de 1979), de Zdravko Čavarkapa y Džemal Čelić, publicada asimismo por Turistkomerc en la serie Pocket guides for tourists. En el campo de las referencias literarias, Goytisolo esgrime a su amigo al pensador alemán Hans Magnus Enzensberger (p. 248) por su idea sobre “el hábito de mentir sabiendo que se miente” (probablemente tomado de la edición francesa de 1988 de su libro Europe, Europe!), y, en la misma página, al “defenestrado presidente de la Federación serbomontenegrina”, el novelista Dobrica Ćosić (al que apellida por error “Cosik”), aludiendo a una novela suya que no identifica: El hábito de mentir sabiendo que se miente, del que hablaba H. M. Enzensberger refiriéndose a los intelectuales y apparátchiki del Este, se ha perfeccionado en Belgrado y Pale gracias a la “creatividad, imaginación e inventiva” en el embuste ensalzados por Dobrica Cosik, el defenestrado presidente de la Federación serbomontenegrina, en una de sus novelas, hasta alcanzar las cimas de un arte. Recurre además, sin mencionarlo, pero resaltando en cursiva la cita, a su querido Luis de Góngora, el 838 del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 poeta barroco español, al emplear su “en los dudosos términos del día”, verso 1072 de la primera parte de las Soledades, para concluir el penúltimo capítulo del reportaje (p. 274). 2.2. Periódicos Detengámonos ahora en las fuentes hemerográficas del Cuaderno de Sarajevo. Goytisolo menciona expresa o implícitamente que ha usado al menos las siguientes: 1) una entrevista, de la que no precisa título ni fecha, de la enviada especial de El País Maite Rico, destacada en Bosnia en mayo y junio de 1993, con un antiguo prisionero llamado Yasmín, a quien extremistas serbios “grabaron una cruz con un puñal en el brazo” (p. 233); 2) los artículos del corresponsal de guerra británico del diario The Independent Robert Fisk, a quien nombra con admiración, y de cuyo reportaje “Los archivos del horror”, republicado en El País el 22 de julio de 1993 (pocos días después de la visita del novelista español, lo que indica que lo incorporó durante el proceso de redacción posterior a su estancia), extrae datos de crímenes de guerra para su capítulo “La memoria del horror” (p. 247); 3) el “excelente reportaje” de David Rieff en The New Yorker, “Letter from Bosnia: Original virtue, original sin” (Carta de Bosnia: Virtud original, pecado original), del 22 de noviembre de 1992, y el testimonio recogido en él del responsable en Bosnia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el español José María Mendiluce, sobre los niños muertos que vio en Zvornic, aplastados por los tanques de los paramilitares serbios de las Águilas Blancas (id.); 4) el artículo de Elie Rayanno “Les cantiques de l’Église ortodoxe grecque à la grande Serbie” (Los cánticos de la iglesia ortodoxa griega en la gran Serbia), publicado en el periódico francés Libération del 27 de julio de 1993 (una referencia que incorpora a su tex- to justo a la vuelta de su viaje a Sarajevo), donde se describe una misa en Atenas de la cúpula ortodoxa griega “a favor de los ultranacionalistas serbios de Radovan Karadzic” (p. 263); 5) una información sin fecha de un corresponsal no identificado de la revista National Geographic que ha sido testigo de los encuentros de seguidores del Front National ultraderechista del francés Jean-Marie Le Pen con el gobierno ultra del serbobosnio Karadzic (p. 264); 6) una entrevista de Soledad Gallego-Díaz con el embajador de España en la ONU, Juan Antonio Yáñez, publicada en El País del 3 de julio de 1993, pocos días antes del viaje de Goytisolo a Sarajevo y cuando España presidía el Consejo de Seguridad (p. 270); 7) una noticia del periódico serbio Vreme, leída en una fuente intermedia sin identificar, de la que extrae las declaraciones del ex primer ministro yugoslavo Ante Markovic en las que este destapa los planes expansionistas de Belgrado (p. 270); 8) otra noticia, leída asimismo en un medio que no identifica, de la que cita unas declaraciones del vicepresidente bosnio Eyup Ganic sobre su oposición al reparto territorial de Bosnia (p. 272); 9) un texto no precisado del director de la “revista neoyorkina Zone” (en realidad, la editorial Zone Books), Michel Feher (al que llama por error “Faher”), con quien comparte la “defensa de Sarajevo y del Estado multicultural” no solo como “obligación moral” sino por una cuestión de “supervivencia intelectual” (p. 276); 10) “un maloliente reportaje publicado en Francia”, del que no da más referencias, en el que el “ex disidente ruso Edvard Limonov, partidario del nacional-comunismo y afín a las ideas de Le Pen”, visita el frente serbio en las montañas desde las que dominan Sarajevo y alardea de “la extraordinaria sensación de potencia que procura tener entre las manos una ametralladora pesada” mientras defiende que se trata de una guerra “entre la cristiandad y el islam” (p. 276); 11) el artículo de François Fëjto en Le Monde del 9 de abril de 1993, que describe a su vez un folleto propagandístico del Ministerio de Información serbio de marzo de 1993 que blande el supuesto peligro de una invasión islámica reflejado en el también supuesto mensaje yihadista hallado en el bolsillo de un muyahid (combatiente islámico), donde se llama a “imponer próximamente el califa- to en los Balcanes” (p. 292). En la primera edición en libro de Cuaderno de Sarajevo, subtitulado Anotaciones de un viaje a la barbarie, el autor incluye en los márgenes de las páginas unas notas manuscritas que funcionan como apostillas a su texto original publicado en el periódico. En esas anotaciones emplea al menos cuatro fuentes periodísticas más, cuya ubicación citamos siguiendo en este caso la numeración de esa edición: una información de un medio sin identificar del que extrae declaraciones del portavoz de Unprofor, Barry Brawer (p. 49); un artículo del “corresponsal de The Washington Post”, sin identificar (p. 69); un “despacho de la AFP” (Agence France Press) del 25 de agosto de 1993 (p. 77), sobre la concesión de un premio a Karadzic, y un artículo del editorialista del The New York Times Anthony Lewis (pp. 86-88), publicado, como 839del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 hemos identificado, el 13 de agosto de 1993 con el título “The End of the Affair” (El final del asunto). 2.3. Publicaciones oficiales bosnias Juan Goytisolo emplea asimismo como fuentes tres publicaciones oficiales bosnias, a las que concede pleno crédito por lo detallado de sus cifras. Empieza por el “boletín de información mensual del Ministerio de Higiene y Salud Pública de la Presidencia bosnia”, del que maneja el ejemplar “editado poco antes” de su llegada a Sarajevo, “que revela en toda su crudeza la magnitud del genocidio perpetrado desde abril de 1992 contra el pueblo bosnio”, con 140.000 muertos en Bosnia, 9.040 de ellos en Sarajevo, y unas 38.000 mujeres violadas (2010, p. 241); en realidad, este Institute for Public Health Bulletin, Boletín del Instituto para la Salud Pública, fuente fundamental para los investigadores de la guerra en Yugoslavia, empezando por los del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, era semanal y lo había fundado en junio de 1992 y dirigía el profesor y doctor Arif Smajkic, jefe del Comité de Salud y Seguridad Social de los Ciudadanos del Ministerio de Salud bosnio. Se publicaba cada lunes con las cifras de víctimas, tanto de Sarajevo como del resto de Bosnia. El boletín al que se refiere Goytisolo debe de ser el número 64, del lunes 5 de julio de 1993, o el número 65, del lunes 12 de julio, dos días antes de la llegada del escritor el miércoles 14 a la sitiada capital. El boletín número 63 del 28 de junio, cuyos datos son los últimos que se incluyen en el Informe Final (Bassiouni, 1994) de la Comisión de Expertos establecida por la ONU en aplicación de la Resolución 780 del Consejo de Seguridad para investigar y detener los crímenes en la antigua Yugoslavia (Anexo VI. B, sección C, “Casualties”, víctimas, páginas 14-19), cifra en 8.934 los muertos en Sarajevo desde el inicio de la guerra; para cuando Goytisolo aterrizó allí quince días después, la estadística había sumado 104 muertos más, hasta 9.040. La urbe tenía entonces 380.000 habitantes. La segunda fuente oficial bosnia que el enviado de El País declara que usa para documentarse es la Comisión Estatal para el Registro de Crímenes de Guerra en la República de Bosnia-Herzegovina, más conocida por su traducción inglesa como State Commission for Gathering Facts on War Crimes in the Republic of Bosnia and Herzegovina (Goytisolo, 2010, p. 247), cuyas estadísticas “irrefutables” no consulta directamente sino a través del reportaje ya mencionado “Los archivos del horror” del reportero británico Robert Fisk, quien se entrevistó para ello con el abogado de la Comisión Mladen Sutej. En este reportaje, Fisk cuenta que Sutej guarda los documentos con los testimonios de las víctimas en una “caja fuerte”. El informe de la ONU antes citado puntualiza que la documentación de esta comisión estatal bosnia se guardaba en el Hospital de Koševo de Sarajevo. La tercera fuente oficial bosnia que usa de referencia Goytisolo es la Oficina de Información del Gobierno de Bosnia y Herzegovina, cuando entrecomilla sus palabras para calificar la destrucción de la Biblioteca por un bombardeo incendiario el 26 de agosto de 1992 como “el atentado más bárbaro cometido contra la cultura europea desde la II Guerra Mundial” (2010, p. 253). 3. Las entrevistas: testimonios orales directos recogidos sobre el terreno Después de desgranar hasta ahora estas fuentes documentales escritas directas e indirectas, veamos, capítulo a capítulo, cuáles son los testimonios orales que Goytisolo recaba en persona sobre el terreno, los vecinos a los que entrevista, que, o bien son protagonistas de los hechos que narran, o son testigos inmediatos de ellos. Los habitantes de Sarajevo con los que habla (no contamos a los periodistas y visitantes extranjeros) son más de 35, sumando a los que identifica aludiendo a su nombre propio y a los que no. En el primer capítulo de la serie Cuaderno de Sarajevo, “Tirador de élite”, al narrador lo reciben en Split (Croacia), primera etapa de su viaje, sus compañeros periodistas Alfonso Armada y Gervasio Sánchez, que serán una gran fuente de información sobre la situación en Bosnia, donde ya llevan semanas trabajando. Goytisolo reproduce luego la conversación con el taxista croata que lo conduce de vuelta al hotel después de pasear solo por los alrededores, en la que el conductor, con el que se entiende en italiano, le habla despectivamente de los refugiados bosnios en la ciudad (p. 235). En el segundo capítulo, “En la ratonera”, sobre su primer día en Sarajevo, predomina la descripción y no hay ningún testimonio ajeno a sus propias impresiones. En el tercero, “Hospitales, cementerios, Oslobodenje”, entrevista durante su primer día de estancia en la ciudad, en compañía de Armada y Sánchez, al director de la clínica de traumatología del hospital de Koševo, el doctor Faruk Kulenovic3. En una habitación donde yacen tres heridos graves habla con uno de ellos, Miroslav Bajic, de 46 años, del que resume brevemente su historia y cita unas palabras (p. 242). Tres días después, vuelve al hospital y en el pabellón de Traumatología Infantil habla con su responsable, cuyo nombre no identifica (id.). Ve a una niña mutilada, pero no se atreve a preguntarle; sí detalla brevemente los casos de otros niños heridos, Azra, Nazira, Adis, Almir y Elvedin (pp. 242-243). En otro momento, no precisa qué día, visita el edificio bombardeado del periódico Oslobodenje (“Liberación”, en bosnio o serbocroata) y habla en su cafetería con dos de sus periodistas, a los que no identifica (pp. 244-245). Señala que tres días antes ha ido con Al- 3 Transcribimos aquí los nombres tal como se publicaron, sin los signos ortográficos especiales en alfabeto latino del bosnio o serbocroata, como la letra ć, que suena como che, como en Kulenović por ejemplo, o la letra š, que suena como sh-. 840 del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 fonso Armada a la redacción provisional del periódico, en las inmediaciones de la avenida del Mariscal Tito, para entrevistar a su director, Kemal Kurspanic, y a su redactor, el escritor Zlatko Dizdarevic (y no Zletko, como escribe por error), el autor del Diario de guerra, con cuyas declaraciones extracta un resumen sobre la situación del periódico (p. 245). En el cuarto capítulo, “La memoria del horror”, acude con su guía e intérprete en francés, la sarajevita de origen judío Alma, al en otro tiempo lujoso hotel Europa, y entrevista a dos de los 276 refugiados que se apiñan en sus habitaciones: el matrimonio formado por Jasminka Butmic e Ishak Crnogorcevic, vecinos de la periferia de Sarajevo hasta el estallido de la guerra (p. 250). En una visita al hotel-refugio un día después, recoge el testimonio de otra refugiada, Abzija Meduserjac, viuda de 51 años, venida de Vishegrad, donde fue testigo de las atrocidades que le cuenta al periodista (pp. 250-251). Su testimonio, que reproduce en párrafos consecutivos, sin interrupciones, es el más largo hasta ahora en el relato y con él concluye el capítulo. La quinta parte, “El memoricidio”, se centra en el testimonio de David Kamhi, vicepresidente de la Sociedad Humanitaria, Cultural y Educativa Judía de Sarajevo, La Benevolensía, que habla, según le precisa a su interlocutor periodista, “no ladino sino judeo-español”. Kamhi traza la trayectoria en la ciudad de la comunidad sefardita, desde su llegada tras la expulsión de España en 1492, pasando por su deportación a los campos nazis en la Segunda Guerra Mundial, hasta la guerra y asedio presentes por las fuerzas serbobosnias de Karadzic, y se queja del abandono que sufren por la comunidad internacional, incluida España (pp. 255-256). El sexto capítulo, “Cómo buscarse la vida”, se interna en el mercado cubierto junto a la avenida del Mariscal Tito para, por medio de su intérprete, preguntar a los vendedores por los precios de sus productos (p. 259). En este capítulo incluye una breve cita de un artificiero de la Armiya, el ejército bosnio, mutilado por una granada, pronunciada en una entrevista con Alfonso Armada en la que Goytisolo estaba también presente. En el séptimo capítulo, “Arco ortodoxo, serpiente islámica”, el protagonista es Mustafá Ceric, “rais o presidente de los imanes de Bosnia”, líder musulmán a quien entrevista “en su despacho del primer piso de la Medersa [escuela coránica] Gazi Husrev”, o Gazi Husnev, como escribe antes en la página 253 al nombrar la mezquita del mismo nombre a la que está adscrita (se trata de una errata). El duro testimonio acusador de Ceric sobre la pasividad de Occidente ocupa la mayor parte del capítulo y es de los más largos de toda la serie (pp. 264-267). Hacia el final del capítulo, Goytisolo consigna un detalle que demuestra que va escribiendo sus artículos sobre la marcha en Sarajevo (aunque los concluya después en su hogar en París): “A media tarde, mientras traslado la minuta de la entrevista [con Mustafá Ceric] a las páginas de mi cuaderno, el tiroteo de los francotiradores arrecia”. A continuación, menciona su encuentro con su amiga la escritora neoyorkina Susan Sontag, que está en Sarajevo para dirigir la obra de teatral de Beckett Esperando a Godot en solidaridad con sus habitantes y es quien, cuando se vieron en Berlín dos meses antes, ha animado a su colega español a viajar a la ciudad bosnia como parte de una expedición de intelectuales a la que no ha acudido nadie más. En la cena en el hotel les acompañan el periodista David Rieff y la fotógrafa Annie Leibovitz, hijo y pareja, respectivamente, de Sontag (p. 267). Aunque no cita textualmente frases de los tres estadounidenses, su conversación habrá contribuido sin duda a que sus ideas sobre la guerra se trasvasen también al relato. Una prueba de ello es que el autor apunta el caso trágico de una madre y un hijo asesinados por los chetniks, los combatientes radicales serbios, que unos testigos le han contado a Sontag y esta le ha transmitido a él. En el octavo capítulo, “La vergüenza de Europa”, tras citar a Machado (p. 269), narra hacia el final del texto una cena con Gervasio Sánchez y Alfonso Armada en la casa de una amiga del primero “que vivió hace algún tiempo en Madrid y tiene familia en España” (pp. 272-273). Al llegar al edificio, se encuentra primero con un grupo de hombres que conversan en el patinillo, miembros de familias mixtas. Después de la cena con la amiga de Sánchez, de la que no da más información, acuden en el mismo edificio al piso de otra familia que los ha invitado a reunirse. Son “media docena de mujeres y hombres cordiales y acogedores”, que le hablan y le hacen preguntas a Goytisolo; su atención se centra en una anciana de 82 años, a la que no identifica, aunque Gervasio Sánchez le pondrá nombre años después en su artículo de 2017: es la señora Gabriela Matz, que le recita sus versos dirigidos a su nieta exiliada en Polonia (pp. 273-274). En el noveno y último capítulo de la serie, titulado “Adiós a Sarajevo”, tras citar por tercera vez a Machado (p. 275), reseña su encuentro en una cena en el hotel Holiday Inn con “uno de los responsables de la ayuda humanitaria, bien conectado con los centros de decisión política de Washington y Bruselas”, a quien no identifica y al que ha hecho dos preguntas, cuyas respuestas reproduce (p. 277). Señala como referencia colectiva a los intelectuales bosnios “reunidos en torno a Senada Kreso, viceministra de Información de la Presidencia” (p. 276). Rememora a pinceladas la escena en el puente Sheher donde una mujer le preguntó si era de París y al obtener de él la respuesta afirmativa apuntó “con dedos temblorosos” en la libreta del periodista el número de teléfono de su hija en París para que él la llame y le diga que su madre está bien (p. 278). Evoca un encuentro con el poeta Abdulah Sidran, del que entrecomilla la frase “Lo único que se puede escribir hoy en Sarajevo es una crónica necrológica” (id.). Relata por último el encargo del conserje del hotel Holiday Inn para que lleve un paquete de cartas y las selle y eche al buzón en París (p. 279), y el trance de tener que pasarlas clandestinamente ocultas en su equipaje para que no se 841del Campo-Cortés, E. Estud. mensaje period. 27(3) 2021: 833-843 las confisque el suboficial de control de la ONU antes de subir al avión que lo sacará de Sarajevo, pues, increíblemente, como él denuncia, los visitantes sólo tienen derecho a sacar cinco misivas (id.). Estos son los encuentros humanos concretos que manifiesta en el texto, a los que hay que sumar los contactos con otras personas no identificadas. Los viandantes anónimos de Sarajevo a los que ha visto cada día yendo por las calles expuestos a los francotiradores en busca de agua, comida o leña con sus carritos y bidones forman también en su relato un coro protagonista fundamental. Otras fuentes orales de Goytisolo son las televisivas, si bien no aporta datos concretos que permita identificarlas con más precisión: el testimonio de la “mujer sollozante frente a la cámara de televisión, sucesivamente violada por sus vecinos de escalera” en el sector de Sarajevo tomado por las fuerzas serbias, que no sabemos si el autor vio en su emisión en la pequeña pantalla o conoció indirectamente por referencias escritas (p. 233), y las imágenes de “propaganda” de las televisiones serbias de Belgrado y Pale que capta en su hotel de Split, en Croacia, antes y después de viajar a la cercada capital bosnia (p. 264). 4. Conclusiones En este estudio hemos identificado, ordenado y descrito la casi totalidad de las fuentes del Cuaderno de Sarajevo de Juan Goytisolo; testimonios orales, libros y recortes de periódicos y revistas que él menciona y expone honestamente en el texto, destacando su importancia y dándolos a conocer, pero cuyas referencias bibliográficas, sea por limitación de espacio en el periódico u otra razón, no siempre desarrolla por completo. Sus mimbres documentales son, por tanto, las al menos veinte fuentes escritas directas (leídas antes, durante y después del viaje) que incorpora al texto para acreditar tanto el presente de la guerra de Bosnia como sus antecedentes históricos y los esquemas mentales de la ideología ultranacionalista que la impulsa desde el bando serbio, y las alrededor de 35 entrevistas recogidas sobre el terreno como testimonios orales. Este medio centenar largo de materiales informativos queda unido y engarzado por el eje vertebral del relato, que es la vivencia presencial del cronista Juan Goytisolo, la realidad de Sarajevo que él ve “con sus propios ojos”, como dice su compañero Alfonso Armada (1993), o, como declara el autor usando una expresión latina que es una constante de toda su literatura testimonial, de visu (2010, p. 9), cara a cara, por sí mismo, sin mediaciones, a pie de calle, inmerso en el mundo que retrata y describe con puntillosa precisión. Las voces de los otros (expertos, periodistas, instituciones, víctimas, civiles) se integran en su testimonio como contrapunto y soporte de su propia voz de guía, narrador y testigo directo que presta declaración pública ante los lectores, de forma que el ensayo-reportaje se va trenzando con el diálogo textual del escritor con sus fuentes literarias, históricas, periodísticas y orales. En el actual contexto de crisis del negocio de la prensa, y de reducción del prestigio del periodismo, trabajos rigurosos como el de Goytisolo pueden tener el doble valor de informar y de erigirse en modelos. Son, también, un ejemplo de periodismo independiente, en oposición al sectarismo del seudoperiodismo partidista de trinchera que abunda en nuestros días. En su defensa de los derechos humanos, Goytisolo no oculta sus fobias y denuncia a quienes considera culpables de la sangría de Sarajevo, los dirigentes ultranacionalistas serbios, pero se guía por la máxima de respetar la realidad y contar los hechos, matizándolos, sin anteojeras ideológicas. Su visión es declaradamente subjetiva, personal, parcial. Pero no miente. Es alérgico a la ocultación, a la mentira, la falsedad, la retórica mitológica, y sostiene sus asertos con tres tipos de pruebas: su experiencia personal, los datos de los especialistas y los testimonios de primera mano de las víctimas del asedio. Hemos comprobado así que su reportaje-ensayo está ampliamente documentado y apoyado en fuentes pertinentes, verosímiles y expertas, lo que valida nuestra hipótesis de partida de que Cuaderno de Sarajevo merece erigirse como una referencia para escritores, periodistas, estudiantes y lectores que escriban y lean trabajos periodísticos narrativos de gran formato. Ojalá que su ejemplo, refrendado en su día por el éxito de audiencia, anime hoy a los editores y a las empresas periodísticas a dedicar más espacio y recursos a la producción y publicación de reportajes de la misma calidad. 5. Referencias bibliográficas Andric, I. (2016) [1945]. Un puente sobre el río Drina. DeBolsillo. Armada, A. (1993, julio 18). Juan Goytisolo escribe en Sarajevo el diario de un escritor avergonzado. El País. https://bit.ly/35vtr5n Bauluz de la Iglesia, A. (2015). El manejo de la prensa por el Pentágono: análisis de los recursos empleados para modular la narración de los periodistas empotrados con las tropas estadounidenses en las guerras de Irak y Afganistán [Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid]. https://bit.ly/3iWpxdL Bassiouni, C., et al. (1994). Final Report of The United Nations Commission of Experts Established Pursuant To Security Council Resolution 780 (1992). Nueva York: Naciones Unidas. Recogido por The Siracusa International Institute: https://bit.ly/3vDT12q Bulletin of the Public Health Institute. (1993). Sarajevo: Institute of Public Health. En Bassiouni, C., et al. (1994). Final Report of The United Nations Commission of Experts Established Pursuant To Security Council Resolution 780 (1992). Naciones Unidas. https://bit.ly/3cQC0vy