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Conflictos identitarios en los espacios públicos: las ligas deportivas latinas en la ciudad de Sevilla

Cuberos Gallardo, Francisco José; Martín Díaz, Emma

Abstract

Los conflictos por la apropiación de los espacios urbanos constituyen una vía privilegiada para analizar las fricciones que atraviesan las sociedades contemporáneas. En ciudades como Sevilla, la creciente diversidad cultural de la población local favorece la aparición de nuevos usos para los espacios públicos. Esos nuevos usos pueden entrar en conflicto con unas normas de uso locales que, a su vez, responden también a convenciones culturalmente construidas. En este artículo se utiliza el método etnográfico para explorar un caso de conflicto entre las normas de uso de unas canchas deportivas y los nuevos usos que los inmigrantes latinoamericanos les dan.

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Revista de Ciencias Sociales (Cl) ISSN: 0717-2257 [email protected] Universidad Arturo Prat Chile Cuberos Gallardo, Francisco José; Martín Díaz, Emma CONFLICTOS IDENTITARIOS EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS: LAS LIGAS DEPORTIVAS LATINAS EN LA CIUDAD DE SEVILLA Revista de Ciencias Sociales (Cl), núm. 28, 2012, pp. 40-60 Universidad Arturo Prat Tarapacá, Chile Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=70824554003 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto CONFLICTOS IDENTITARIOS EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS: LAS LIGAS DEPORTIVAS LATINAS EN LA CIUDAD DE SEVILLA Francisco José Cuberos Gallardo1 y Emma Martín Díaz2 Los conflictos por la apropiación de los espacios urbanos constituyen una vía privilegiada para analizar las fricciones que atraviesan las sociedades contemporáneas. En ciudades como Sevilla, la creciente diversidad cultural de la población local favorece la aparición de nuevos usos para los espacios públicos. Esos nuevos usos pueden entrar en conflicto con unas normas de uso locales que, a su vez, responden también a convenciones culturalmente construidas. En este artículo se utiliza el método etnográfico para explorar un caso de conflicto entre las normas de uso de unas canchas deportivas y los nuevos usos que los inmigrantes latinoamericanos les dan. Palabras-clave: Conflicto identitario, Espacio público, Latinoamericanos, Sevilla, Método etnográfico The frictions which permeate contemporary societies can be analyzed through the conflicts around the appropriation of urban spaces. In cities like Seville, the increasing cultural diversity of the local population favors the emergence of new uses for public spaces. These new uses may come into conflict with local rules of use which in turn also respond to culturally constructed conventions. This article uses the ethnographic method to explore a case of conflict between the regulated uses of a sport field in Seville and the new uses given by Latin American immigrants. Keywords: Conflict of identity, Public space, Latin Americans, Seville, Ethnographic method 1 Francisco José Cuberos Gallardo es doctor en Antropología Social y miembro del Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía (GEISA). Trabaja en el Departamento de Antropología Social de la Universidad de Sevilla [email protected]. 2 Emma Martín Díaz es Catedrática de Antropología en la Universidad de Sevilla. Pertenece al Departamento de Antropología Social de esta universidad, así como al Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía (GEISA) [email protected]. 40 INTRODUCCIÓN3 El estudio de los procesos de apropiación del espacio urbano alcanzó un importante desarrollo en la era fordista, y en concreto en los años setenta del siglo pasado. Particularmente relevante en el ámbito de la investigación fue la teoría de la producción social del espacio. La relación entre el modelo económico y la producción científica de esta corriente se basa en el impacto de las medidas sociales destinadas al establecimiento del Estado del Bienestar (Welfare State), que alcanzan su máxima expresión en la primera mitad de la década citada. Autores como Lefebvre (1968) en El derecho a la ciudad, Castells (1974) en La Cuestión Urbana, Harvey (1977) en Urbanismo y Desigualdad Social, o Lojkine (1981) en El marxismo, el Estado y la Cuestión Urbana, describieron un panorama en el que, bajo el predominio de un capitalismo industrial, las distintas clases sociales luchaban por el control de los recursos, incluyendo el espacio a la vez como recurso y como marco en el que tenían su concreción estas luchas. Sin embargo, como señala Massey en 1984: “La distribución espacial y la diferenciación geográfica pueden ser la resultante de procesos sociales, pero también afecta al funcionamiento de estos procesos. Lo espacial no es una pura resultante; forma también parte de la explicación. No sólo es importante reconocer las causas sociales de las configuraciones espaciales, sino que los científicos sociales tienen que tener en cuenta que los procesos que ellos estudian se construyen, se reproducen y cambian de tal manera que necesariamente incluye la distancia, el movimiento o la diferenciación espacial” (Massey, 1984: 4). A medida que el modelo fordista fue siendo sustituido por el actual modelo de globalización, dando paso al predominio abrumador del la economía financiera sobre la productiva, la teoría de la producción social del espacio va perdiendo 3 El artículo que se presenta es uno de los resultados de varios proyectos de investigación en los que han participado los autores. Partiendo de un proyecto marco sobre El papel de las mujeres inmigrantes en el desarrollo de sus localidades de origen: el caso de las marroquíes y las ecuatorianas, financiado dentro del Plan Nacional de investigación 2004-2007 y del que era responsable la profesora Emma Martín Díaz, Francisco Cuberos Gallardo consiguió una beca del Plan Nacional de Formación del profesorado Universitario (FPU) para la realización de una tesis doctoral sobre Relaciones interétnicas y participación democrática. Estrategias asociativas de los inmigrantes latinoamericanos residentes en Sevilla (2007-2011). Financiación complementaria para la investigación procede de diversos organismos públicos y fundaciones como la Fundación Centro de Estudios Andaluces (CENTRA), La Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), y la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias de la Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía. Entre las publicaciones que han generado estas investigaciones destaca la monografía “Vidas de ida y vuelta. Inmigrantes latinoamericanos en Sevilla”, (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012, en coautoría con Jorge Benítez y Simone Castellani). 41 peso en el ámbito de lo urbano. Eso no significa que el estudio de los procesos urbanos pierda centralidad, sino que los científicos, y en particular aquellos que realizaron las principales contribuciones teórico-metodológicas a esta teoría, van reformulando sus planteamientos en la medida en que el modelo económico y cultural se va transformando. Así, a partir de mediados de los años ochenta, las investigaciones sobre esta temática se reformulan para dar cabida a la complejidad de unos espacios paradójicamente más conectados y segmentados entre sí, y en los que la lucha por el poder se desplaza del Estado y las clases sociales nacionales, a las instituciones financieras globales y los flujos transnacionales. En 1989, Harvey publica La condición de la Posmodernidad, donde critica el avance de lo que denomina como “capitalismo tardío” y la expansión de la filosofía posmoderna que acompaña a este avance, constituyendo un primer toque de atención sobre los cambios que estaban teniendo lugar tanto en el modelo económico y cultural como en el desarrollo de las ciencias sociales. Pero será en los años 90 cuando se generalice el análisis de la cuestión urbana ligada a los estudios sobre la globalización. En 1990 se publica Global Culture, editado por M. Featherstone, una compilación de ensayos sobre el impacto del nuevo modelo económico en los procesos sociales y culturales, entre los que destaca el trabajo del antropólogo Arjun Appadurai “Disjuncture and Difference in the Global Cultural Economy”. En este ensayo, el autor formula por primera vez su conocida teoría de los paisajes (landscapes), étnicos, financieros, tecnológicos, mediáticos y de ideas, que supone un intento de salir del estrecho e inadecuado marco territorial en el que hasta ese momento se habían consignado los procesos sociales. Posteriormente, en 1997, Castells publica su trilogía La era de la Información, desarrollando en el volumen I la teoría de la “sociedad red”, que viene a incidir en la importancia de reformular las coordenadas espacio-tiempo para adecuarlas al contexto de la globalización. Por su parte, Saskia Sassen, en La Ciudad Global (1999), subraya la necesidad de estudiar los procesos sociales, incluida la producción social del espacio, con nuevas metodologías que permitan aprehender las múltiples dimensiones de los procesos de globalización y localización, proponiendo el desarrollo de cartografías que den cuenta de la complejidad de estos procesos. Según esta autora, “después del largo periodo histórico marcado por el predominio del Estado-nación, el redimensionamiento de los elementos económicos a escala global devuelve a la ciudad su condición de espacio político y económico estratégico” (2003: 109). Fenómenos como las migraciones internacionales entroncan con procesos políticos y económicos de carácter transnacional, pero, a su vez, se traducen en nuevos problemas urbanos que devuelven a la ciudad una importancia crucial (Castles, 1998:7). Son las ciudades las que afrontan de manera directa las necesidades de los nuevos vecinos, y es en ellas donde el sistema de poder articula formas concretas de exclusión. También es en este nivel local donde los inmigrantes construyen sus 42 estrategias de resistencia (Castells, 2003: 366-367; Sassen, 2003: 113). El espacio de la ciudad es hoy un espacio para la política mucho más concreto que aquél de la nación (Sassen, 2000, Isin, 2000), y, en este contexto, la gestión de los espacios de la ciudad asume nuevas formas y también nuevos significados. Dentro de las ciudades, los espacios públicos han asumido una especial relevancia en la gestión de la integración de los inmigrantes. En ellos es donde se desarrolla la interacción entre esta población y la población autóctona, pero también donde tiene lugar la expresión colectiva de su diferencia cultural (Joly, 1987). Una constante en la historia de las migraciones es que los recién llegados busquen lugares accesibles en los que reproducir sus pautas culturales de sociabilidad (Martín, 1990), y es evidente que los espacios públicos representan lugares especialmente adecuados por su accesibilidad, aunque al mismo tiempo implican un riesgo, por el plus de visibilidad que otorgan a estos inmigrantes en el tejido social de los lugares de inserción. Plazas, parques o canchas deportivas revisten una importancia estratégica en la reproducción cultural de los inmigrantes, y mediante su ocupación, estos espacios se dotan de nuevos contenidos y significados simbólicos. Sin embargo, esta expresión de la diversidad cultural, cuando tiene lugar en espacios que están sufriendo un proceso constante de degradación motivada por la crisis del Estado Social del Bienestar a la que hemos aludido, entra dentro del circuito de la sospecha, retroalimentada por la segmentación étnica de los mercados de trabajo que caracteriza a las sociedades de la globalización, con los consiguientes enfrentamientos intra-clase, y, particularmente, por las políticas de extranjería de los Estados receptores, centradas en las dificultades de acceso a la ciudadanía para los nuevos vecinos. Aunque existe una clara tendencia a contemplar los conflictos por la apropiación del espacio en clave de racismo, es importante subrayar el hecho de que la población inmigrante en España se concentra generalmente en barrios infradotados, en los que los espacios públicos resultan insuficientes para dar cobijo a las necesidades de sociabilidad de esta población. En estas condiciones, es frecuente que los inmigrantes hagan un uso intensivo de los escasos espacios públicos disponibles, concentrando en estos lugares muchas de las prácticas que constituyen para ellos referentes importantes de su pertenencia a la ciudad. Sin embargo, estas prácticas no siempre responden a las expectativas de los vecinos autóctonos sobre el uso de los espacios públicos. Hay que destacar que, a diferencia del modelo del gueto observable en algunas ciudades de Estados Unidos, tan bien descrito por los seguidores de la Escuela de Chicago, en España, y en concreto en Sevilla, los inmigrantes se insertan en barrios en los que generalmente son una minoría frente a la mayoría de población autóctona (Torres, 2006: 100). Por otra parte, la lógica cultural que los nuevos vecinos imprimen a los 43 espacios públicos puede exceder la lógica legal prevista en su diseño (Escalera, 1999: 105). Por eso es común que los responsables de la gestión de estos espacios activen mecanismos concretos para el control y la vigilancia de sus usos por parte de los inmigrantes. La diversidad de lógicas y de intereses desplegados genera una tensión altamente visible y con importantes repercusiones sociales y simbólicas entre los nuevos vecinos y las autoridades encargadas de la gestión de los espacios públicos, quienes no dudan en presentarse en estas ocasiones como garantes de los intereses de los vecinos “de toda la vida”, a pesar de que, como veremos, algunos de los espacios ocupados por los inmigrantes estaban claramente abandonados por la población autóctona, constituyendo un auténtico “no man’s land” (“tierra de nadie”). Concebidos originalmente como espacios para la ciudadanía, plazas, parques y canchas deportivas son a la vez el escenario y la expresión de las relaciones de dominación y de la resistencia que oponen a estas relaciones los grupos subalternos (Winchester y otros, 2003: 9). De esta forma, al dotarles de nuevos usos y nuevos significados, los inmigrantes subvierten y/o niegan política y simbólicamente su propia exclusión social. Es precisamente esta respuesta proactiva la desencadenante de la activación desde el poder político de los mecanismos de vigilancia y de control encaminados a la reconducción de estos espacios para los usos prescritos y legitimados. La resistencia que oponen los inmigrantes a este proceso nos ofrece un marco privilegiado para el análisis desde abajo, tanto de los mecanismos del poder como de las respuestas de los grupos subordinados. La aplicación del método etnográfico se revela especialmente adecuada para el abordaje de estos procesos. La inmersión del investigador dentro de estos espacios, que, por su carácter público, son accesibles sin violentar la intimidad de los informantes, facilita el registro de las manifestaciones territorializadas de las relaciones de poder, como las figuras de control, las herramientas de vigilancia y los códigos de uso de los espacios públicos. Su análisis mediante la observación directa, aunque no esté exento de dificultades, es especialmente interesante por cuanto a menudo nos muestra la expresión de valores culturales que el sistema de poder no suele expresar de manera verbalizada (Hannerz, 1986: 343; Martín y Pujadas, 1999: 10-11). Siguiendo a Foucault (1979), podemos considerar estas prácticas como mecanismos infinitesimales que sustentan el control de los inmigrantes en su incorporación a la ciudad. La investigación que se presenta es un análisis antropológico, centrado en el recorrido de las ligas deportivas de los latinoamericanos en Sevilla en su devenir por diferentes espacios públicos. Nuestro objetivo es construir una cartografía del control de la expresión de la diversidad cultural en la ciudad. Para ello, 44 consideramos especialmente apropiado el ámbito de estudio escogido, por cuanto ilustra en detalle la emergencia de nuevos conflictos en el espacio público que entroncan a su vez con las formas que adquieren los paisajes étnicos en las ciudades globales. Los inmigrantes latinoamericanos, que en 1996 apenas representaban unos cientos de individuos en Sevilla, suman hoy más de veinticinco mil personas, y han adquirido una notable visibilidad en los espacios públicos de la ciudad. El método etnográfico nos permite analizar en detalle las formas de control y vigilancia sobre estos espacios que se activan con el asentamiento de los inmigrantes. Para ello nos apoyamos además en el testimonio de informantes escogidos entre los propios inmigrantes. Estos informantes han sido seleccionados por su protagonismo indiscutible en los procesos de apropiación del espacio que son el objeto de este artículo, tanto desde la construcción de nuevos espacios etnizados como desde la oposición a esta etnización. La observación participante en los acontecimientos deportivos, la asistencia a las reuniones en las que se discutía el uso de los espacios en los distintos niveles: de las propias ligas, de los responsables de los espacios, de las asociaciones de inmigrantes y de los ámbitos de decisión de la municipalidad, y las entrevistas focalizadas en la percepción de estos procesos por los actores sociales de las partes en conflicto conforman la triangulación del método etnográfico utilizado. A través de la observación y del análisis de sus prácticas y discursos exploramos tanto la construcción del espacio apropiado como espacio etnizado como los mecanismos de control y vigilancia con que cotidianamente se trata de reprimir y controlar esta expresión de la diversidad cultural en los espacios públicos de la ciudad. PRIMER INTENTO: EL FALLIDO ACCESO DE LAS LIGAS A LOS ESPACIOS PÚBLICOS DEL BARRIO En Sevilla en el año 2002 la población latinoamericana experimenta un proceso de fuerte crecimiento, destacando sobre todo el incremento de la población ecuatoriana. Estos inmigrantes se instalan mayoritariamente en los barrios obreros de la zona Norte de la ciudad, que ya contaban con una significativa proporción de inmigrantes de origen marroquí. Compuestos mayoritariamente por bloques de viviendas, estos barrios presentan una deficiente dotación de recursos, destacando la escasez de espacios públicos. Sin embargo, esta carencia no afecta por igual al conjunto de los habitantes de la zona, ya que son los inmigrantes, el grupo más joven de la pirámide de población, quienes más acusan el déficit de espacios donde practicar su sociabilidad (Torres Gutiérrez y otros, 2011: 66). 45 Por tanto, fue la necesidad de dotarse de un lugar de encuentro la que motivó a un nutrido grupo de inmigrantes, ecuatorianos en su mayoría, a organizar unas ligas deportivas en las canchas públicas de La Barzola, ubicadas en pleno corazón del Distrito Norte. Estas canchas constituyen uno de los pocos espacios abiertos en la zona, y representan un respiro en su saturado trazado urbano. El norte es también el Distrito donde se concentra la mayor parte de la población latinoamericana de la ciudad, y es esa la razón principal por la que, en un primer momento, el grupo organizador elige este espacio para ofrecer una alternativa de ocio sano, que intenta reproducir las formas de sociabilidad propias de las sociedades de origen. Pese a que la iniciativa contó con unos promotores concretos, un grupo de ecuatorianos aficionados al deporte, la génesis de las ligas fue –y es así considerada por los participantes al referenciar los orígenes del proceso– bastante espontánea y de carácter informal. Al reproducir formas de ocio propias de los países de origen, los campeonatos deportivos tuvieron un gran éxito, con niveles muy altos de participación. Las canchas de La Barzola ofrecían un espacio apropiado para este proyecto por su accesibilidad geográfica y económica. El precio del alquiler era asumible, y su ubicación era óptima. Pronto cientos de latinoamericanos, principalmente ecuatorianos y peruanos, pasan a integrar unas ligas que en pocos meses se consagran como espacio de referencia para la inmigración proveniente de este continente. Particularmente los fines de semana se produce un uso intensivo de las canchas, ya que es entonces cuando los latinoamericanos desarrollan sus campeonatos, que integran a decenas de equipos de fútbol y de ecua-volei4, y son minuciosamente organizados. En estas competiciones participan tanto hombres como mujeres que, desde los viernes por la tarde, se reúnen para hacer deporte. Junto a ellos y ellas se congregan cientos de latinoamericanos para conversar, escuchar música, comer y beber. De este modo, las canchas públicas empiezan a acoger unos usos que exceden los que fueron previstos por las instituciones en su diseño original. “Usted podía ir a compartir, aunque sea una comida o algo así ¿no? Estaba tranquilo ¿no? Era bueno, porque usted era la única parte donde puede ir a hablar, a encontrarse con bastante gente de su país, o de otros países. Porque aquí en otra parte no hay. Es lo bueno” (Ricardo, boliviano). 4 Con este neologismo denominan los ecuatorianos –y por extensión la mayor parte de los latinoamericanos– a un juego similar al voleibol, y que se diferencia de éste tanto por el número de participantes en cada equipo –tres en lugar de seiscomo por la posibilidad –permitida al jugador de ecua-volei– de retener brevemente el balón al tocarlo. 46 La costumbre de comer en las canchas deportivas va acompañada de la preparación de alimentos y recetas propias de los países de origen. Son varias las familias que se encargan de cocinar y vender estos alimentos: sancocho, ceviche, humitas y otros platos, que contribuyen a dotar estos espacios de una identidad étnico-cultural propia y diferenciada. Junto con los alimentos, estas familias venderán jugos y refrescos, pero también bebidas alcohólicas, y muy especialmente cerveza. Pronto, estos nuevos usos del espacio, y, en concreto, la percepción sensorial de estas prácticas, provocan en los vecinos nativos un fuerte rechazo. No sólo pueden observar el creciente número de “otros culturales” fuertemente agrupados, sino oír sus voces, gritos y músicas, ver y oler sus comidas, tan diferentes, y percibir los efectos del alcohol, particularmente observables en las últimas horas. Estas prácticas, que tienen lugar en un recinto consagrado al deporte, –lugar que en nuestro contexto cultural se asocia con un estilo de vida libre de excesos–, pero, sobre todo, sus efectos de incrementar la visibilidad de los latinoamericanos y su representación en los espacios públicos, son prontamente estigmatizados por unos vecinos autóctonos, que se agarran a la normativa para justificar su rechazo en términos de inadecuación del uso de los espacios públicos. La idea es que estas prácticas exceden los límites de la convivencia razonable, traduciendo la visibilidad de los latinoamericanos en términos de apropiación ilegítima de los espacios deportivos comunes. De ahí se pasa rápidamente a solicitar la intervención de las autoridades en el conflicto. Observamos pues cómo ante los nuevos usos que los nuevos vecinos dan a los espacios públicos, los vecinos autóctonos son los primeros en exigir a las autoridades la implementación de mecanismos de vigilancia y de control. En apenas dos años, la presencia latinoamericana en La Barzola había cuajado como una amenaza en el imaginario de muchos vecinos del barrio, que exigen a las autoridades que tomen cartas en el asunto. De esta forma, se convoca a las autoridades para actuar frente al diferente. Las medidas no se hacen esperar: prohibición de la venta de comida y bebida y represión de toda práctica que no sea la estrictamente deportiva. La labor de control recae sobre los empleados públicos, quienes se encargan de velar por el respeto de las normas. La única opción que les queda a los latinoamericanos es acatarlas o abandonar este espacio, y optan por lo segundo, llevándose sus campeonatos a otro lugar. El espacio deportivo seleccionado es el de San Jerónimo, en el extrarradio de la ciudad, aunque en el mismo Distrito, adonde se dirigen con la sensación de haber sido expulsados de la ciudad, buscando un refugio en el que escapar de los controles que la ciudad impone. 47 establecimiento de las normas, incluyendo las prohibiciones, no basta para su cumplimiento, lo que les obliga a ejercer una función de vigilancia y represión. De este modo, los voluntarios de la ONG, que en su mayoría son trabajadores sociales autóctonos, se ven abocados a centrar su trabajo en descubrir y sancionar a aquellos usuarios que vulneran los estatutos del centro. Como cabía esperar, estas actividades despiertan un abierto rechazo entre los latinoamericanos que usan las canchas, quienes comienzan a cuestionar las atribuciones de la asociación y la legitimidad de la misma para el ejercicio de estas funciones de vigilancia y sanción. Contamos con el testimonio de una mujer ecuatoriana, que expresa su desconfianza hacia Anima Vitae, y rechaza tanto sus atribuciones como su legitimidad, acusando directamente al principal responsable de la asociación de haber usurpado un espacio que ella considera que pertenece legítimamente a los inmigrantes que se establecieron en las canchas. “San Jerónimo se creó igualmente como un espacio, o sea: San Jerónimo estaba allá. Los inmigrantes estábamos ahí. Luego se puso una persona para que dirija, para que gestione el espacio ¿no? Pero me parece que esta persona vio o le ofrecieron directamente que el haga cosas ahí y que él tiene su trabajo asegurado… Entonces esa persona empezó, como ya estaba hecho todo, justificó, justifica las cosas con lo que ya hay hecho ahí ¿no? Y cuando nosotros, como organización, hemos querido y hemos planteado eso, o qué se puede hacer, no nos han permitido, porque creo que nos ve como una competencia. Por lo que nosotros vamos a poder desplazarle, y nosotros ocupar su espacio. Yo creo que ése era su temor… pienso yo. Que nosotros íbamos a quitarle su espacio y que nos íbamos a quedar ahí” (Andrea, ecuatoriana). Muchos inmigrantes ven en Anima Vitae una amenaza su autonomía. La consideran un actor externo que ha llegado desde fuera para arrebatarles el control de un espacio que habían hecho propio. La propiedad del mismo se justifica sobre la antigüedad de su presencia y el esfuerzo empleado. La visión más extendida considera que el terreno era una especie de res nullius, que los inmigrantes hicieron suyo mediante horas de esfuerzo personal, y que, por tanto, son ellos los únicos legitimados para definir su uso. Más allá de que pueda considerarse deseable o no la presencia de alcohol en las canchas, bajo ningún concepto se reconoce a la ONG ninguna autoridad ni mucho menos legitimidad para vigilar y sancionar esta práctica. 54 Sin embargo, desde la asociación, el discurso sobre las canchas y su gestión es radicalmente diferente. En él, se enfatiza el uso estrictamente deportivo del espacio y, por tanto, su sujeción a las mismas normas que rigen el resto de los espacios deportivos públicos de la ciudad. Desde este planteamiento, los inmigrantes no sólo le están dando un uso inadecuado a las canchas, sino que, además, este uso contraviene las normas básicas de convivencia. Para reforzar esta posición, la ONG recurre a un latinoamericano, concretamente peruano, que colabora con la asociación y que hace las veces de portavoz de la misma en este asunto. Asumiendo el discurso de la ONG, esta persona acusa a la mayor parte de los latinoamericanos –y especialmente a los ecuatorianos– de pretender apropiarse ilegítimamente de estas canchas, y de querer darles nuevos usos que contravienen las normas superiores: “Hace cinco o seis años había más ecuatorianos acá. Llegaron al polideportivo, e hicieron su centro de atención deportivamente. Y obviamente había puros ecuatorianos. No había mucho boliviano, no había mucho peruano, no había mucho paraguayo, brasileiro, como ahora hay paraguayo…entonces se empoderaron. En cierta forma de decirlo así: se empoderaron. Pero está muy bien, que nadie les dice nada, es un espacio que el encargado del polideportivo con el Instituto de Deportes vieron una forma de ambientar mejor el espacio y todo lo demás. ¡Pero el problema nace cuando ellos se creen que son los dueños de la cancha! Dicen: esto son de los ecuatorianos. Usted sabe que eso no puede ser así. Que es un polideportivo del Estado, y que tienen, todo el mundo tiene los mismos deberes y derechos para usar el polideportivo. Pero es que ellos no lo quieren así. Ellos dicen: esto es de nosotros. Entonces quieren hacer lo que les da la gana, y cuando quieren. Entonces yo creo que hay normas ¿no? Hay normas que respetar” (Fernando, peruano). Vemos cómo en torno a las canchas cristalizan dos discursos enfrentados sobre los usos que debe recibir este espacio y la legitimidad de los distintos actores para gestionarlo. Anima Vitae reivindica un uso normalizado de estas canchas, esto es, adecuado a la normativa prevista por las autoridades municipales. Por su parte, los inmigrantes reivindican las canchas como un espacio autónomo y susceptible de asumir nuevos usos. El resultado de esta discrepancia no se hace esperar, y pronto los latinoamericanos acabarán abandonando los Juegos de la Amistad que organiza la ONG para volver a organizar sus campeonatos de manera informal e 55 independiente. Tenemos entonces dos ligas deportivas compartiendo un mismo espacio, con dos planteamientos muy diferentes sobre cómo deben organizarse y gestionarse estas actividades deportivas. Así, aunque cada una de las ligas se muestra respetuosa con la otra, la coexistencia se desarrolla en un régimen de desigualdad. A la hora de reservar las canchas para disputar los partidos, la ONG tiene prioridad, ya que sus ligas son consideradas por la autoridad (Junta Rectora y Ayuntamiento) como un proyecto de intervención social. Pese a que su participación es mucho más numerosa, las ligas latinas carecen de entramado legal y plantean usos considerados improcedentes por la Junta Rectora. La prioridad de los Juegos de la Amistad provoca crecientes dificultades para el acceso a las canchas de las ligas latinas, aunque la ONG justifica esta discriminación con el argumento de la primacía del bien común, que les permite acusar a los inmigrantes de no querer integrarse. Las acusaciones van más allá, negando la finalidad social de estas ligas y denunciando que el responsable de las mismas va buscando su lucro personal. “Nosotros vamos a hacer otro campeonato paralelo, si ustedes quieren se inscriben, y si no no. Ya está, y así fue como quedamos. Entonces, ¿qué pasó? Que ahora vino los problemas formales y protocolares del uso de la instalación. Para el uso de la instalación hay un reglamento. Las prioridades que quién debe usar, que se le han entregado a él (al responsable de las ligas latinas) y se le ha hecho firmar un documento. De quién tiene prioridad de las canchas, dependiendo de quién hace los campeonatos. Si los hace el Ayuntamiento, pues tienen prioridad. Si los hace una asociación, pues tiene más prioridad que una persona que está haciendo con ánimo de lucro personal. Entonces así: tiene prioridades. Se le ha entregado un documento. Pero sin embargo, este hombre me parece que no se entera bien todavía de las cosas” (Fernando, peruano). Así establecida la prioridad, las ligas latinas encuentran cada fin de semana mayores problemas para acceder a las canchas, que están ocupadas por los Juegos de la Amistad la mayor parte del día. Por si esta discriminación no fuera suficiente, son estos juegos los que disfrutan en exclusiva del material deportivo disponible. Los inmigrantes se sienten expulsados de un espacio que consideraban como propio, y llegan a enfrentarse con los responsables de la ONG, quienes no dudan en recurrir a las fuerzas del orden ante el temor de posibles agresiones por parte de los inmigrantes. Con el tiempo, éstos asumen 56 que han perdido este espacio y se van trasladando paulatinamente hacia un nuevo punto de encuentro: el Parque periurbano de Miraflores, en donde vuelven a reproducirse las formas específicas de sociabilidad, continuando con las apuestas, el sancocho y la cerveza, y esquivando, al menos por ahora, la mirada vigilante de los vecinos, Ayuntamiento, ONGs y policía. REFLECIONES FINALES Los problemas que tienen los inmigrantes para acceder al uso de los espacios públicos entroncan con la naturaleza ambivalente de estos espacios, que, si bien se presentan como abiertos en cuanto a su accesibilidad, se encuentran controlados y vigilados por las autoridades locales en cuanto al uso que reciben. Este uso se encuentra definido culturalmente como el correcto, lo que, a su vez, implica la descalificación, la sospecha y la represión de cualquier uso culturalmente ajeno a los parámetros de la mayoría autóctona. Esta discrepancia en los usos del espacio público se traduce en conflictos y tensiones entre la población inmigrante, por un lado, y la población nativa y las autoridades, por otro. La cuestión es que, lejos de percibirse como un conflicto entre lógicas diferentes, la traducción que realiza la mayoría cultural coloca a las dos representaciones sociales enfrentadas en una situación asimétrica. Nociones como el bien común, y evidencias como el carácter público de las instalaciones, son esgrimidas por la mayoría frente a unas posiciones, las de los inmigrantes, que son definidas como excluyentes, irrespetuosas, e incluso intolerantes, cuando no ajenas a la razón, que es colocada en el fiel de la balanza que ocupan los imaginarios sociales autóctonos. La asimetría que hemos expuesto es el reflejo de unas relaciones de dominación política y cultural, que colocan a los inmigrantes y sus culturas en una posición de subordinación estructural. Sin embargo, sería inadecuado reducir el conflicto entre estas lógicas a una cuestión de racismo. Más bien habría que avanzar hacia la construcción de una teoría de la ciudad que, en la línea de las investigaciones citadas en la introducción, analizara su condición de espacio político y económico indispensable para la reproducción de las estrategias de segmentación características del modelo económico vigente y la respuesta de sus habitantes a estas estrategias. Si en el capitalismo fordista la ciudad era el escenario de un conflicto entre clases de ámbito nacional, en la ciudad global se hace presente un conflicto entre lógicas culturales diversas que adquiere su expresión más directa en los espacios públicos. Como expusimos en la introducción teórica de este artículo, la diversidad cultural presente en las ciudades globales se carga de connotaciones negativas en 57 la medida en que es un reflejo del doble proceso de segmentación étnica de los mercados de trabajo y de exclusión de la ciudadanía de la población inmigrante. Así, dichos espacios ven redoblada su trascendencia política, en la medida en que pasan a ser objeto de las estrategias de distintos grupos que pugnan por imprimir en ellos sus distintas lógicas culturales y de poder. Si a nivel global observamos un crecimiento de los flujos migratorios transnacionales, los espacios públicos de las ciudades albergan estrategias reactivas de re-localización mediante las cuales los inmigrantes intentan hacerse con su lugar en un mundo en el que su categorización como inmigrantes los excluye. Mientras, el poder local reacciona planteando mecanismos de control y vigilancia del espacio que, si bien son presentados como culturalmente asépticos, canalizan unos discursos específicos sobre la cultura, y forman parte por tanto de un conflicto identitario que construye una dicotomía radical e incompatible entre “el uso correcto” de los espacios, que coincide con el sancionado legalmente en los estatutos de los centros, y el “uso inadecuado”, que coincide con la apropiación social del espacio por las ligas latinas. BIBLIOGRAFÍA Appadurai, Arjun 1990 “Disjuncture and Difference in the Global Cultural Economy”. En: Featherstone, Mike (ed), “Global Culture”. Sage; London, Gran Bretaña. 295-310. Augé, Marc 1993 “Los no-lugares. Espacios del anonimato”. Gedisa; Barcelona, España. Castells, Manuel 2003 “La era de la información. Vol.2, El poder de la identidad”. Alianza Editorial; Madrid, España. ___1997 “La era de la información. Vol.1, La sociedad red”. 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