La mala vida en la trilogía La lucha por la vida, de Baroja
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LA "MALA VIDA" EN LA TRILOGÍA LA LUCHA POR LA VIDA, DE BAROJA 1 Por JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO Este año coinciden el ducentésimo aniversario del nacimie n- to de Charles Darwin (1809-1882) y el centésimo quincuagésimo (o, dicho en cristiano, el 150) de la publicación de su obra fundamental, EL origen de las especies (1859). Hoy se admite casi universalmente que Charles Darwin descubrió el origen filogenético de todos los seres vivos, incluidos los humanos. Sin em bargo, más que la teoría de la evolución, también formulada por Lamarck o Herder, su gran acierto científico consistió en señalar la "causa" de esa evolución. Su teoría de que la selección natural hace prevalecer en la lucha por la vida, entre las mutaciones genéticas, las que se adaptan mejor al medio, no sólo es correcta, sino que ha s ido mil veces confirmada por la s distintas ramas de la investigación. Es má s, en la historia de la ciencia quizá no haya habido nunca una teoría, combatida por el integrismo religioso y sometida al fuego c ruz ado de miles de verificaciones independientes, que haya acreditado su validez de modo tan firme corno ésta, perfectamente ratificada hoy por los decisivos descubrimientos de la bioquímica a lo largo del último medio siglo. La idea de la selección natural -e l predominio de los más aptos en la lucha por la vidaaplicada a la especie humana ll evó 1. Este texto, leído como disertación en sesión ordinaria de la Aca dem ia , es un resumen de las clases impartidas por su aut or en el c ur so titulado "La ma la vi da" de la cáte dr a "Luis Ce mu - da", organizado por esta misma Aca demia y la Facultad de F ilo logía de Sevilla en colaboración con la Un iv ersidad de Méjico (UNAM). El tema es, digam os, de pie forzado, propuesto por el director del curso, prof. Pedro Piñ ero, de acuerdo con los profesores mejicanos.
70 JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO pronto, en la segunda mitad del XIX, a lo que alg uno s han llamado el darwinismo social. Su más destac ado representante fue el filósofo y sociólogo británico Herbert Spencer ( 1820-1903) que en su filosofía "sintética" co nsidera la evolución como la clave a partir de la cual se explican todos los cambios de la materia, de la vida y de la sociedad. El darwinismo como teoría biológica del origen y evolución de las especies fue rechazada en su tiempo por lo s católicos y conservadores y defendida por los librepensadores y liberales. En España, y precisamente en Sevilla, contamos, por cierto, con uno de los primeros biólogos defensores del darwinismo: el abuelo de los Machado, don Antonio Machado Núñez. De todas formas, hay que reconocer que el darwinismo social venía más a pelo, si no con los co nservadores propiamente dichos, sí con los liberales, y más aún con los nietzscheanos. Entre estos últimos podriamos incluir al autor de La Lucha por la vida. Vamos ahora a recordar brevemente algunos datos de la vida y la obra de Pío Baroja y Nessi hasta la aparición (a sus treinta y pocos años) de la trilogía novelística de que tratamos. Baroja estuvo a punto de nacer muy cerca de aquí, en Río Tinto (Huelva), donde vio la luz su hermano mayor, el pintor Ricardo Baroja; pero nació en San Sebastián, el 28 de diciembre de 1872, día de lo s Inocentes, por lo que además de Pío le pusieron de nombre Inocencio. Su padre, don Serafín Baroja, era ing eniero de minas y "c ulo de mal asiento", por lo cual toda la familia estuvo expuesta a frecuentes traslados durante ]os años de la infancia y adolescencia de Pío, de modo que nuestro futuro novelista pasó estos primeros años en varias ciudades, la mayor parte en Pamplona y en Madrid, en cuyo instituto de San Isidro estudió el bachillerato. Siguió po steriormente estudios de Medicina en la universidad de Madrid hasta la licenciatura, y luego, trasladada la familia a un pueblo de la provincia de Valencia, preparó en aquella localidad el doctorado con una te sis sobre El dolor. Terminada la carrera y fallecido su hermano Darío, Pío Baroja se fue de médico de pueblo a Cestona (Guipúzcoa), donde conectó sentimentalmente con sus raíces vascas. Abandonó pronto la profesión y, vuelto a Madrid, regentó una panadería familiar con su hermano Ricardo. Allí, en la tahona, conoció a muchos noctám-
LA "MALA VIDA" EN LA TRIOLOGÍA LA LUCHA POR LA VIDA 71 bulos e inició su vida literaria. Por fin , en 1900 , publicó un primer libro de relatos, Vidas sombrías, libro muy inter esante, entre realista y romántico, pero en el que Baraja no ha cuajado aún como escritor con voz propia, por lo que sus cuentos reflejan influencias diversas, unas veces de Poe, otras de Dickens, de Dostoievki, de lbsen, e incluso de folletinistas como Eugenio de Sue y Ponson du Terrail, tan leídos por el joven Baraja. También se advierten en ellos influencias de Nietszche, de Schopenhauer y algún eco del mismo Darwin. Enseguida empiezan a aparecer sus primeras nove la s: La casa de Aizgorri ( 1900 ), Aventuras, inventos y mistificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (1902), El mayorazgo de Labraz (1903), hasta que en 1903 escribe y publica la trilogía que vamos a comentar. Baraja acostumbraba a reunir sus novel as en trilogías con un criterio un tanto arbitrario; unas, sólo por afinidades temáticas, y otras porque hay en ellas continuidad de ambientes y personajes. La trilogía de La lu cha, por la vida es una trilogía unitari a. Empieza en La busca; prosigue, con los mismos personajes, olvidados algunos y añadidos otros nu evos, en la segunda novela, Mala hierba; y concluye con Aurora ro ja. A lo largo de estas tr es novelas, iremos viendo quiénes so n para su autor los buenos y los malos, la buena y "la mala vida". Podemos ya adelantar que, para Baraja, aunque no es novelista de tesis, la buena vida es la de la honradez y el trabajo, y a juzgar sobre todo por el fi n al vagamente moralista de La busca ( el autor no puede disimular en muchos pasajes de su obra un fondo que, para entendernos, podemos llamar puritano) la mala vi da es la de los pí caros, los golfos, los delincue nt es, las prostitutas ... Ahora bien, en el mundo del suburbio, de lo s marginales, se nos presentan a su vez personajes buenos y malos. Sabemos por Biruté Ciplijauskait é2 que Bara ja escribió primero una sola novela titulada como luego la primera de la trilogía, La busca, y publicada como folletín en el periódico "E l Globo" en 1903, que luego fue ampliada y desglosada en las dos primeras de la trilogía, prolongada con Aurora roja y ed itadas las tres con el 2. Biruté CILUAUSTIKAITÉ, Baroja, un estilo, Libr e rí a ínsula, Ma drid, 1972, p. 156.
72 JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO título común de La lucha por la vida entre 19 04 y 1905. Así que cabe pensar que la di visión en tres de la seg unda redacción sea consecuencia de las dimensiones excesivas del relato para un solo tomo, pero también es cierto que no se trata de una división puramente mecánica, puesto que, leídas con indepe nd enc ia , cada una de las tres novelas funciona como tal por sí sola y tiene cierta unidad independiente, dentro de la estructura típicamente "abierta" de las novelas barojianas. Para, sin ser demasiado prolijo, dar una idea de esa estructura, voy a referirme sólo a parte del argumento de la primera de estas novelas, añadiendo algunas notas so bre la seg unda y la tercera, con objeto de que quede patente su carácter "abierto ", es decir, picaresco, itinerante, si n apenas atisbo de estructura dramática ni de intriga; de novelas formadas como suma de pequeños relatos engarzados por un mismo protagonista, carácter evidente de La busca, y que, con matices, podemos hacer extensivo a Mala hi erba y Aurora roja. Comienza La busca presentándonos el ambiente de una pensión, en un primer capítulo retóricamente muy cuidado (con lo que Baro ja llamaba retórica "e n tono menor"3) . Llega del pueblo el hijo de la criada (la Petra). Se nos de scribe el ambiente de la pensión y sus relaciones con la vecindad, en particular con un prostíbulo de la ac era de enfrente. El tono comienza siendo humorístico, dickensiano, un tanto impostado. Sigue pronto un segundo ambiente: el de los barrios marginales. Manuel se pelea con un huésped y tiene que irse de la pensión. Va a trabajar a la zapatería de un primo de su madre, el señor Ignacio, donde conoce a sus primos Leandro y Vidal, así como a la mujer del zapatero, Leandra, a la her mana de ésta, Salomé ("amontonada con un gachó"), y a la madre del señor Ignacio, señora Jacoba. Empiezan las correrías con sus primos por los alrededores de la calle del Águila: Arroyo de Embajadores, Rondas de Segovia y de Toledo, Paseo de las Acacias ... Manuel y Vida] ingresan en la cuadrilla del Bi zc o y continúan sus correrías a orillas del Manzanares, por el Paseo de Yeserías, 3. Cf. Santiago FERNÁNDEZ MOSQUERA, "Baroja y la retórica en tono mayor'', en Anales de la litera tura Española Contemporánea, vol. 25, nº 1, enero 2000. pp. 217-238.
LA "MALA VIDA" EN LA TRIOLOGÍA LA LU C HA POR LA VIDA 73 ----- -- el cementerio de San Isidro y el Campillo de Gil Imón, todos ellos lugares del extrarradio bien conocidos en el Madrid de finales del XIX, que Baroja recorrió sin duda tomando notas para su no ve la como cualquier escritor naturalista de la época. Van luego a la casa del tío Rilo, en el Arroyo de Embajadores, llamada la Corrala, el Corralón o la Piltra. Se nos presenta allí toda una galería de personajes más o menos marginales o pintoresco s, como el Corretor (de imprenta), el barbero jorobado Rebolledo o el ropavejero del Rastro, Zurro. Leandro pretende a Milagros, la hija del Corretor, lo que va a dar origen a un truculento drama en la tercera parte de la novela. En la segunda (La, busca tiene tres) reaparece el estudiante Roberto Hasting y Núñez de Letona, sobrino de don Telmo (uno de los huéspedes de la pensión), que viene a la zapatería preguntando por Manuel para que, en busca de una tal Ro sa, lo acompañe a la Do ctrina, en el Puente de Toledo, donde la clase adinerada, marquesas y otras damas, pretende adoctrinar al "có nclave de mendigos", a cambio de algunos regalos, en una especie de "c onciliábulo de Corte de los Milagros ", que nos recuerda más algún ca pítulo de Misericordia de Galdós que a Víctor Hugo o a Valle-Inclán. Sigue una concatenación de ambi ente s, de idas a una parte y otra, y de personajes heteróclitos, siempre más o menos pintorescos. Pero vamos a saltarnos, para abreviar, unos cuantos capítulos, en los que va incluido el crimen por celos de Leandro, que mata a su novia Milagros y se suicida a continuación, con el muy folletinesco final del retrato del homicida que pende en un medallón del cuello de su víctima. El señor Ignacio cae enfermo y la Leandra reenvía a Manuel con su madre, que lo coloca en un puesto de verduras de la plaza del Cannen, de donde pasa pronto a trabajar en una tahona y acaba volviendo a las correrías con su primo Vida! y el Bi zco, siempre al borde de la delincuencia. Se vuelve a encontrar lu ego con Roberto, que de vez en cuando le suelta un discurso más o meno s nietzscheano sobre la voluntad, en contraste con Manuel, que encarna más bien la abu li a noventayochista. Este Robe11 o representa en parte el ideal barojiano, criticado luego por Ortega, de la "acción por la acción ", con influencia clara de Darwin y algún eco de Nietzsche. Véa se el siguiente párrafo de Aurora roja:
74 JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO "En el fondo no hay más que un remedio y un remedio individual: la acción. Todos los animale s, y el hombre no es más que uno de ellos, se encuentran en un estado permanente de lucha; el alimento tuyo, tu mujer, tu gloria, tú se lo disputas a los demás; ellos te lo disputan a ti. Ya que nuestra ley es la lucha, aceptémosla, pero no con tristeza, con alegría". Esta primera novela acaba con los celos y la rabia del protagonista porque la chica de la que está enamorado, la Justa, se hace novia de una especie de chulo, el Carnicerín. La última noche, Manuel abandona la casa del padre de Justa, un trapero con el que vive asociado, y duerme al raso en la Puerta del Sol. Así acabala busca, con un final melancólico, pero quizá algo esperanzado y no tan pesimista como cabía esperar del grueso de la narración. El narrador se muestra aquí benévolo con el protagonista y lo aprueba moralmente, si n duda por los buenos propósitos de Manuel, que decide dejar la vida de golfo y trabajar. En cuanto a la Justa, reaparece en la segunda novela de la serie, Mala hierba, lo que sirve de enlace -un lazo más-en la trilogía, a la que aporta cierto grado de unidad temática. En Mala hierba resulta que Justa se ha hecho prostituta y Manuel se la encuentra en la visita con dos amigos a una casa de citas. Aparece ante él con otras dos prostitutas y Manuel, al reconocerla, queda "so brecogido". Van los seis a un merendero y, al quedarse solos en un momento dado Justa y Manuel, permanecieron "sin saber qué decirse". "Manuel -leemos-sentía una tristeza dolorosa, el aniquilamiento completo de la vida". En Mala hierba, nuestro hombre consigue colocarse al fin de cajista junto a su amigo Jesús. Más tarde, los echan a los dos de la imprenta y vagabundean de nuevo por los arrabales en compañía de don Alonso, el fantástico titiritero ya conocido de La busca, durmiendo los tres al raso o en solares y casas en ruina, en una especie de versión de "okupas" de la época, hasta su reencuentro con Vidal y el asesinato de éste por el Bizco. En cuanto a Aurora roja, comienza en otro tono con un "prólogo" en el que se nos presenta a un nuevo personaje, Juan, el hermano menor de Manuel, seminarista que abandona el Seminario (ya aludido, aunque no nombrado, en las primeras páginas de La
LA "MALA VIDA" EN LA TRIOLOGÍA LA LUC HA POR LA VIDA 75 busca) y que va a ser coprotagonista con su hermano de esta tercera entrega de La lucha por la vida. El ex semi narista , que viene de pasar unos años como escultor en París, aparece un día en el taller de Rebolledo en un inesperado comienzo in medias res, para luego, en el ca pítulo segundo, continuar la narración co n las últimas peripecias de la vida de Manuel -han pasado cuatro años desde el final de Mala hierba -, que ahora trabaja de nuevo en una imprenta y se ha ido a vivir con su hermana viuda y una amiga de ésta, la Salvadora; y, por último, en el capítulo tercero, será Juan quien cuente su vida desde que dejó el Seminario, con sus años de estancia en Barcelona y en París. En la segunda parte de Aurora roja, empiezan las reuniones del grupo de anarquistas formado por viejos personajes de La busca o Mala hierba, como Rebolledo o el señor Canuto, en la taberna Aurora (de a hí que Juan bautice al grupo co mo Aur ora roja). En las discusione s, Baroja contrapone la utop ía libertaria al sentido común de Rebolledo, así como el socialismo (que le es menos simpático) al anarquismo; todo ello a un nivel intelectual culto pero de hombresde Ja calle y obreros un poco leídos. Algunos anarquistas relatan las vicisitudes violentas del anarquismo de la dinamita, con sus episodios de violencia y represión, ha sta el asesinato de Cánovas p or Angiolillo. Aunque, como hemos dicho, las simpatías del autor se inclinan -s in mucha fepor Jo s anarquista s, su personaje principal, Manuel, como buen obrero ordenado, se mu es tra más partidario del socialis mo en las discusiones entre su h erman o Juan y su regente Pepe Morales; "pero los anarquistas, como hombres, valían más", apostilla el narrador. Excusen lo prolijo y meticuloso de este re sumen argumental -muy abreviado e incompletopara el que la única disculpa que encuentro es mi intención de que los que no ha yan leído la trilogía se hagan cago del modo de hacer ba rojiano y del contenido y estructura de estas novelas. En este sentid o, conviene aclarar que aunque La lucha por la vida puede leerse como una única y la rga novela -c on algunos pasaj es qu e, como hem os indicado, sirven de conexión entre sus partes -, también cabe ve r cierta estructura novelística unitaria en ca da uno de los títulos que integran la trilogía.
76 JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO El mundo de la lucha por la vida está especialmente representado, desde el punto de vista social y biológico, por personajes como el Bizco en La busca, aunque sea, en esta primera entrega, lucha por la vida a la desesperada y aunque la "brutalmente shekespeariana" frase de Darwin (struggle for lije) encaje mejor en el segundo título de la serie. Así lo vio Alarcos en su discurso de ingreso en la Academia Española4 respecto al carácter relativamente "autobiográfico" de esta segunda fase de la vida de Manuel: "Baroja traspuso las realidades observadas y las experiencias vividas en el proceso de su propia formación psicológica de escritor al proceso vital de otro hombre, situado en otra esfera y destinado a otras tareas. La lucha por la vida de un escritor se trasforma así en la lucha por la vida de un pequeño industrial de la impre nt a". Y esto ocurre sobre todo, ya queda dicho, cuando Manuel abandona la vida de la "busca" y del suburbio, es decir en Mala hierba, prolongada luego en Aurora roja. La busca presenta al adolescente -resumo del discurso y el libro de Alarcos- , aun sin clara conciencia de lo que quiere, buscándose a sí mismo y dejándose conducir por la gente de su entorno. Mala hierba lo presenta, ya de joven, sometido a las fuerzas opuestas de sus buenas intenciones y de su débil voluntad; sólo al final aparece la voluntad ajena, la Salvadora (nombre significativo, a la manera de Galdós), que podría redimirlo de la mala hierba, junto al sueño de un mundo futuro luminoso y pacífico. Por último, en Aurora roja, parece ya Manuel como jo ven obrero serio y ordenado, aunque algo vacilante entre la sensa te z de Salvadora y los cantos de Jesú s, reforzados ahora por los sueños anarquistas de su hermano Juan. La materia argumental de la trilogía la reparte Alarcos5 en tres temas bipolares: en La busca, las andanzas de Manuel van y vienen del trabajo a la vagancia; en Mala hierba, los mundos opuestos son el trabajo ordenado y la ocupación irregular o ilegal; 4. Emilio ALARCOS LLORACH, "Anatomía de La lucha por la vida", Editorial Castalia, Madrid. 1982. 5. lbidem, p. 40.
LA "MALA VIDA" EN LA TRIOLOGÍA LA LUCHA POR LA VIDA 77 y en Aurora roja, las preocupaciones de Manuel oscilan entre la aceptación del orden social establecido y las aspiraciones a un mundo mejor. Respecto a la técnica narrativa, casi siempre lineal en cuanto a la cronología, me limitaré a comentar por mi cuenta los modos del discurso novelístico. Baroja se sirve siempre de sus tres formas tradicionales: descripción, narración y diálogo. No hay en estas novelas ni soliloquios, ni monólogo interior, ni apenas estilo indirecto o indirecto libre, ni ninguna de las diversas novedades introducidas en la novelística del siglo XX desde Proust o Kafka a Joyce o Faulkner. Los maestros de Baroja, confesados por él frecuentemente, no son ninguno de ellos, sino los grandes escritores del XIX, especialmente Dickens, Stendhal, Dostoievski, Tolstói, Balzac, Ibsen, Edgard Allan Poe ... Y en España, un poco, Galdós como referente inmediato aunque poco reconocido. En las novelas de que hoy nos ocupamos, como en casi todas las de Baroja, hay proporcionalmente mucho diálogo. En el recuento de Alarcos, un 62 y pico por ciento de la trilogía es relato (narración y descripción entreveradas) y un 37 y pico por ciento son diálogos. Señala también Alarcos que el lenguaje directo (la reproducción de diálogos) va en aumento en cada novela, de modo que en La busca, encontramos un 25 y pico por ciento; en Mala hierba, un 38 y pico; y en Aurora roja, un 47 y pico. Y concluye el gran lingüista: "Parece esto de acuerdo con el predominio en La busca de las descripciones, en Mala hierba del movimiento y en Aurora roja de las discusiones". Yo añadiría la observación de que el diálogo entre golfos y maleantes (La busca) le resulta más difícil y le atrae menos a Baroja que el diálogo entre gente más culta (Mala hierba) o más o menos intelectual (Aurora roja). También hay que advertir (puesto que Alarcos no distingue entre una y otra) que, sobre todo en La busca, hay casi siempre más descripción que narración, incluso en los pasajes narrativos (quizá porque hay poco que narrar, o poca emoción en lo que se narra, y mucho que describir en los ambientes miserables). Observemos también cómo Baraja se esmera especialmente en las descripciones de paisajes, lo mismo del estado del cielo anubarrado que de los desmontes del suburbio, casi siempre con tintes románticos y sentimentales y con técnica más bien impresionista.
84 JOSÉ MARÍA VAZ DE SOTO donde se nos habla "de las mujeres hollada s, hundidas en la muerte moral de la prostitución, pisoteadas por la bota del burgués y por la alpargata del obrero". En conclusión, la trilogía de La lucha por la vida, refleja la situación del subproletariado y de la clase obrera madrileña (el mundo de la "busca", la delincuencia y la prostitución frente al del trabajo humilde) a comienzos del siglo XX, presentándonos numerosos casos de miseria e inmoralidad, que Baraja compadece o reprueba implícita o explícitamente a partir de su ética schopenhaueriana de la compasión (en cuanto a la miseria) y de su puritanis mo innato y un tanto intransigente (en cuanto a moral sexual). En último término, Manuel, que lle gó a ejercer de chulo y vivió amancebado con la Justa una temporada, se inclina al fin por el matrimonio con la Salvadora, a la que (muy puritanamente, a estilo barojiano) se decide a besarla antes del casamiento. "Entonces tengo que besarte -le dice- , no hay más remedio. Te besaré con respeto; ¿no quieres? Te besaré corno a una san ta. ¿No te convence tampoco? Te besaré como si besara la bandera roja, ¿sabes?" Aunque por último se corrige un poco: "La Salvadora vaciló y pre sentó la mejilla; pero Manuel la besó en los labios". ¡Qué atrevimiento, don Pío!