Metalografía de puntas de flecha de base hierro de los ejércitos musulmán y cristiano en la Batalla de las Navas de Tolosa (Santa Elena, Jaén)
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METALOGRAFÍA DE PUNTAS DE FLECHA DE BASE HIERRO DE LOS EJÉRCITOS MUSULMÁN Y CRISTIANO EN LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA (SANTA ELENA, JAÉN) h.G. Cuevas''', J.M". Gallardo'", M.G. López Payer*'', M" I). Rosado Llamas''', M. Soria Lerma'^' y R. Villegas'^' Resumen lin este trabajti se analizan cuatro muestras de armas procedentes, tres del campo de batalla de las Navas de Tolosa (Santa Elena, Jaén) y una del Castillo de vSalvatierra (Ciudad Real). El estudio comprende en total 19 piezas tipológi camente muy variadas entre sí. correspondientes a los ejércitos musulmán y cristiam>, existiendo entre las mismas diferencias estructurales significativas en cuanto a dureza y composición. Esta investigación forma parte de un proyecto interdisciplmar entre el I.A.P.H. y el Dpto. de Ingeniería Mecánica y de los Materiales de la Universidad de Sevilla, cuyo objetivo es profundizar en el conocimiento de las armas halladas en el campo de batalla, a través de una Prospección Arqueo lógica. autorizada por la Junta de Andalucía y que a su vez sirve de base para la redacción de un libro sobre la Batalla de las Navas de Tolosa del que son auto res M ' Dolores Rosado Llamas y Manuel G. López Payer. Palabra.s clave: Arqueología Medieval, metalografía, puntas de fl echa. 1. INTRODUCCIÓN HISTÓRICO-ARQUEOLÓGICA La Batalla de las Navas de Tolosa, que tuvo lugar el 16 de julio de 1212, enfrentó al ejército almohade liderado por el califa Muhammad al-Nasir y al ejército cruzado dirigido por el monarca castellano, Alfonso VIII. El resultado fue una aplastante vic toria para los cristianos, bastante cruenta a juzgar por las cifras de bajas musulmanas Dpto. Ingeniería Mecánica y de los Materiales. Escuela Superior de Ingenieros, Universidad de Se villa. Camino de los Descubrimientos, s/n. 41092 Sevilla. ' ■ 1 E.G .-R A .H.. Arqueólogo-Director. Avenida de las Huertas, 9. 23200 La Carolina (Jaén). ' *■ l.E.S. Virgen del Collado. Avenida de Andalucía. 6. 23250 Santisteban del Puerto (Jaén). 1.E..S. Albariza. Avenida de Andalucía, 3. 23620 Mengíbar (Jaén). Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (I.A.P.H.), Isla de la Cartuja. 1.41071 Sevilla.
M.G. M-,,. v,,.,, , K que hasta hace poco se manejaban. Para entender quienes eran, por que se enlrentaron y dónde, hay que hacer un poco de historia. A comicn/os del s Mil la Península Ibérica estaba dividida políticamente en cinco reinos cristianosPonin-il I con Cas tilla. Aragón y Navarra; al S. de los mismos se encontraba al-Andalus' b-„o la é-ida almohade. Las relaciones entre los diferentes estados que convivían en luiesiro terri torio no eran precisamente cordiales, no sólo por el llamado feniimeno de I-, • Recon quista" sino también por las frecuentes guerras entre los monarcas erisiianos une no tenían ningún pudor en aliarse con los musulmanes para eonseeuir sus objetivos No obstante, el Papado intervendría para lograr la unidad de los cristianos frente il Islam predicando una Cruzada en suelo hispano. Tras las sucesivas derrotas cristianas en Alarcos (1195) y Salvatierra íagosto de 121 1). el sentimiento de revancha estaba pren dido en el ánimo castellano, a ello viene a sumarse, para colmo de males la muerte del heredero de la corona, el Infante D. Femando, que falleeiii en otoño de I -1 1 poco antes de cumplir veintidós años. Alfonso VIII ya no era tan joven, en noviembre cum pliría cincuenta y seis años, sin embargo con la ayuda de la Iglesia iba a eonsemiir or ganizar una Cruzada contra los almohades. Los juglares cantaron por toda Funipa la perdida de Salvatierra y vaticinaron la de toda España si no acudían los cristianos a defenderla, pues se decía que al-Nasir quería conquistar la cristiandad entera Alfonso VIII se reunió con su primo el rey de Aragón. Pedro II. que prometió, avudarle ante el enfrentamtento que .se avecinaba. Pero, no contento con este apoyo, pues su primo an daba esca.so de dinero, el monarca castellano decidió recurrir a la .Santa .Sede. El Pon tífice. Inocencio 111. emitió varias bulas concediendo la remisión de los pecados a los combatientes que lucharan en la cruzada española y además prohibió cualquier agre sión a Castilla, por parte de los reinos vecinos bajo la pena de e.xcomuniiin. La cru zada hispánica se igualaba nada más y nada menos con la que estaba teniendo lugar en Palestina por la conquista de los Santos Lugares. Desde el mes de febrero de 1212 empezó la gente del otro lado de los Pirineos a congregarse en Toledo, a estos recién llegados .se les dio el apelativo de "ultramontanos". Con respecto a los cruzados pe ninsulares, el reino de Castilla fue el que aportó mayor número de efectivos. El rey de Navarra, Sancho VII el Fuerte, no se decidía a participar en la cruzada motivado por las rencillas que tenía con Alfon.so VIII por territorios fronterizos, finalmente optó por participar con un contingente escaso. De León y Portugal acudieron numerosos caba lleros a título individual puesto que sus reyes .se negaron a participar en la cruzada. El fabuloso ejército reunido en Toledo .se pu.so en marcha el 20 de junio. El in tenso calor estival y la necesidad de aprovisionarse de agua fresca motivó que las jor nadas hacia las tierras islámicas las realizasen acampando siempre junto a los cauces de los principales ríos. Mientras los cristianos avanzaban hacia el vS., los musulmanes también se pusieron en marcha. Al-Nasir, tras reunir numerosos contingentes, marchó de Sevilla en junio de 1212 con dirección a la ciudad de Jaén, donde ultimaría los pre parativos de la expedición mientras esperaba que las aguas del Guadalquivir, que iban muy crecidas, bajaran para finalmente dirigirse al encuentro de Alfonso VIH. El viernes, 13 de junio, por la mañana, el grueso del ejército cristiano en el que marchaban los tres reyes, comenzó la subida a Sierra Morena. Al llegar a la cumbre iii o S< ) N \< II iS M I i| •\Ki 11 1 I iMI IKI \ 545 del Muradal y según el testimonio del Arzobispo de Narbona, como a una o dos le guas se veía la tienda de los musulmanes, lo cual significaría que el campamento al mohade estaba sitiiatU'» a una distancia de entre 5 y 10 km con respecto a la cumbre, es decir, estaría emplazado muy próximo a la actual localidad de Santa Elena como se admite tradicionalmente. Cuando los musulmanes vieron al ejército cristiano insta lar sus tiendas en la pequeña explanada del Muradal abandonaron con presteza Cas tro Fcrral. que pastS a maiu>s cristianas. Ese mismo día, al-Nasir llegó con el resto del ejército y plantó) su llamativa tienda roja a la vista de los cristianos. A partir de este momento, el eiército cristiatio se éntrenla a un grave dilema*, ¿por dónde descender al encuentro de los musulmanes? Desde su posición en Castro Ferral tenían que atrave sar el Paso de la Losa, impresionante desfiladero de gran estrechez y custodiado por un destacamento musulmán. Deciden abandonar Castro Ferral y la cima del Muradal. Es entonces, en este mismo día cuando ocurre uno de los hechos milagrosos que se sitiían entorno a la Batalla, la aparición de un pastor que ayuda al ejército. Su inesti mable mérito fue el de indicar a los cristianos un camino accesible para franquear la cordillera y llegar sin problemas hasta los musulmanes. Siglos después se dará a este pastor el nombre de Martín Halaja e incluso no tallará quien quiera ver en él a S. Isi dro. El camino jior donde les llevó el pastor les condujo hacia otro de los pasos na turales de .Sierra Morena, el Puerto del Rey, emplazado en lo que años más tarde se conocería como Camino Real. Los experimentados magnates atravesaron el Puerto del Rey y, bajando por el camino hotnónimo. llegaron a una alta colina con forma amesctada que pasaría a ser conocida como la Mesa del Rey. La vanguardia castellana y la aragonesa instalaron sus tiendas sin dificultad en aquella ventajosa posición donde el agua no era escasa pues el Arroyo del Rey discurre por el lado oriental de la misma. Los musulmanes, que al \er a los cristianos abandonar el Paso de la Losa, creyeron que se retiraban, recuperaron con eran alegría la posición en Castro Ferral. Sin em bargo, cuando vieron surgir a los cristianos por el Puerto del Rey acu leron a su en cuentro y comenzaron a hostigarles con lanzas y saetas para iinpedir que su tesen a la Mesa del Rey; sucedió esto^el sábado día 14. Desde esta posición, los cruzados se encontraban con que el ejército almohade estaba situado justo en frente, probablemente en los actuales Cerrillo de Las Viñas y de Los Olivares. Pese a las provocaciones, los cristianos no respondieron hasta el lunes 16 de madrugada, que es cuando comienza el enfrentamiento entre los dos ejércitos, prolongándose durante toda la jomada, y que con algunos momentos verdaderamente preocupantes, al fi nal, da la victoria a los cris tianos [ 1 ]. 2. TECNOI.()<:;í A OFENSIVA MEDIEVAL: ARCOS Y FLECHAS EN LAS NAVAS DE TOLOSA Los conocimientos de los que disponemos sobre el armamento militar en la Edad Media siguen siendo muy limitados. De hecho, se reducen a lo aportado por la Ar queología medieval, a.sí como, en menor medida, al legado de la iconografía y de las fuentes literarias. Con respecto a la arqueología, las dificultades que conlleva el estu dio de las armas medievales son triples: en primer lugar, por la mala conservación de
546 F.G. CvhVAS, J Gaij-ahih). M.G. Ij>ri/. M" I). Fns\i»>. M S(>ni\ > R. Vhjj^c.as las piezas fabricadas en hierro que tienden a adoptar su estado mineral; en segundo lugar, por el valor económico de las mismas que propicia su refundición y en tercer lugar, por la juventud de la arqueología medieval española como disciplina científica [2]. Todo ello ha propiciado que, mientras otros aspectos de la cultura material son medianamente bien conocidos como lo referente a la cerámica, el armamento siga aún planteando numerosos interrogantes. En el caso que nos ocupa, las armas abandona das en el campo de batalla de las Navas de Tolosa han sido objeto de una intensa ex poliación desde antiguo. Ya en 1642 el Padre Bilches constataba personalmente la gran abundancia de armas: "...quedaron tantas en el campo, que quatrocicnlos y treinta años no han sido bastantes a dar fin dellas, antes permanecen oy muchas, y yo he hallado algunas de varios meta les con formas tan extrañas, que es difícil rastrear su uso: tanto se mudan las cosas con el tiempo." [3], Reafirmando este testimonio de abundancia, en 1913 Molina de la Torre (4| expo nía que se habían encontrado puntas de flecha por quintales con el remover de la tie rra por parte de los campesinos y sus arados. La tipología de las puntas de flecha halladas es muy variada tanto en tamaños y formas como en secciones de los enmangues. El granadino Ibn HudayI (5) escribía en el s. XIV que los musulmanes tenían 17 tipos diferentes de puntas de Hecha, cada uno con nombre propio. Entre ellos, tres tipos especializados en perforar cotas de malla, tres en atravesar escudos y otros tres en perforar otra clase de escudo llamado adarga. Aunque fundamentalmente se pueden distinguir dos tipos principales de puntas de He cha: uno con un desarrollo piramidal muy estilizado de sección cuadrangular o trian gular con un enmangue muy fino realizado para clavarse en el astil, con una longitud media total de unos 6 cm [2] y un segundo tipo que tiene como característica más acu sada el enorme grosor del cuello con un gran desarrollo del mismo, enmangue de sec ción circular, punta piramidal de sección cuadrada y una longitud media de unos 9 cm [2]. Probablemente el primer tipo estaba diseñado para atravesar las cotas de malla. Hasta ahora, el campo de batalla no ha sido objeto de una excavación, ni tan si quiera de una prospección superficial. Antes de obtener el permiso oficial para pros pectar la zona, procedimos a una pequeña recogida de muestras que son las que aquí se estudian (figura 1). Se tomaron cuatro, una del castillo de Salvatierra y tres de lu gares diferentes del campo de batalla: la Mesa del Rey (campamento cristiano), el Ce rro de los Olivares (campamento musulmán) y SE de Santa Elena (zona de persecu ción). Las cuatro muestras componen un total de diecinueve piezas que se detallan a continuación. La de Salvatierra, formada por dos puntas de Hecha, se tomó para com pararla con las de Las Navas. La hipótesis de trabajo es que la muestra de la Mesa del Rey correspondería a flechas musulmanas y la del Cerro de Los Olivares a Hechas cristianas, mientras que las del SE. de Santa Elena serían una mezcla de ambos ejér citos (?). III o )N(;ri-so N \t u \i I >1 Ak'.ii i i im\ -547 Fifittra I. \ th i Itiis Mtwti th ! Rt \ 3. MATERIAL ESTIT)1AIK) Del material recogido en campo se han analizado un total de 19 piezas, como ya se ha dicho, coiTespondienies a puntas de Hecha, azagayas y clavos. En la tabla 1 se detallan las procedencias de las piezas estudiadas. En general las muestras presentan aparentemente una eorrosión importante. No han sido radiografiadas, por lo que no .se conoee a priori la penetraeión de dicha corrosión. 4. PROCEDIMIENTO EXPERIMENTAL Para poder prcKeder a la preparación metalográfica de las muestras, sin que .se pro dujese un descascarillado de las costras oxidadas, se ha comenzado embutiendo com pletamente las muestras en resina de poliéster. Una vez completada la reacción de po limerización se han seccionado las piezas, bien longitudinalmente, bien transversalmente, respecto al eje mayor de la pieza. Con ello se pretenden determinar las direcciones principales en que el artesano pro cedió a la deformación del material durante su conformado. Para cada una de las lo calizaciones se han preparado muestras en las dos direcciones .señaladas. La figura 2 muestra, a modo de ejemplo, la pieza 3 - L, una vez embutida y seccionada.
548 F.G. Cthv.ys. J M" GMJ.\Htu). M.G. hn-i/. \í" í). M Si>hi\ > R. Vium;,\s Tabla 1. Denominación y procedencia de las piezas estudiadas. III o )N(iKI -S< > N \< I" >N \i AtI 'I I « I K1 \ 54^ Ref. Pieza LíHalización Durizii Disv. Est. 1 -T Me.sa del Rey 160 61 1 - L Mesa del Rey 224 41 MRA-A Flecha Me.sa del Rey. arriba LS? 5.3 MRAB Flecha Me.sa del Rey, arriba 171 .3S MRIC - A Azagaya Mesa del Rey. izqda. del c.f. 97 6 MRIC - B Flecha Mesa del Rey. izqda. del c.f. 99 9 MRIC - C Clavo Me.sa del Rey, izqda. del c.f. I2.S 12 MRC - A Azagaya Me.sa del Rey. cortafuego 129 15 MRC - B Clavo Me.sa del Rey. cortafuego 2 -T Los Olivares 1 .32 9 2 - L Los Olivares 129 S 0 1 > Flecha Los Olivares 267 104 QC 1 O Flecha Los Olivares I4S 17 U 1 O Flecha Los Olivares 0 1 a Flecha Los Olivares 229 75 U) 1 r SE. de Santa Elena 1 19 5 3 -T SE. de Santa Elena 1 10 5 S - A Flecha Salvatierra 1H.3 74 QQ 1 Flecha Salvatierra 14.3 24 Las piezas así preparadas han sido lijadas, pulidas y atacadas de acuerdo con los métodos convencionales de la metalografía 161. Las ob.servaciones se han realizado en un epimicroscopio invertido Nikon Epiphot - 2. También se ha determinado la dureza de las piezas. Dada la naturaleza de las mis mas y el procedimiento de preparación .seguido, .se han realizado ensayos de dureza Vickers con penetrador piramidal de diamante y una carga de 1 kg. 5. RESULTADOS Y DISCUSIÓN 5.1. Metalografía La estructura de las muestras estudiadas corresponde en todos los casos a hierros forjados con abundante contenido de inclusiones. Han sido obtenidas por soldadura mediante forja de trozos de menor tamaño. En algunas piezas, parte del material ha sido sometido a un tratamiento de cementación para aumentar su contenido de car bono y, con ello, su dureza. No obstante, no se aprecia una intencionalidad de soldar estas duelas duras en la punta o bordes cortantes del arma. Por lo demás, las estruc turas son muy heterogéneas, tanto en composición, según se acaba de .señalar, como /■'i\;tira 2. Asprclt» lit' Ui piczit l. ntui » cmhtniiio en \ sfccií'níula. en SU estructura, lo que indica procosos de fabricación poco depurados, con calenta mientos, martillados y enfriamientos no homogéneos en toda la pieza. En los párrafiís siguientes se indican algunas de las earacteríslicas comunes obser vadas en las piezas de cada localización. • Muestras priKctlentes tle la Mesa del Rey. Los distintos trozos de los que se obtienen las armas muestran contenidos de car bono muy variables, desde menos del 0,02'f hasta el 0,89r, es decir, desde un hierro puro hasta un acero para herramientas. En algunas ocasiones, la zona dura está en el interior (MR A - A, MR A - B) o en la periferia (MRIC - A. MRC - A), aunque ge neralmente no muestran una localización preferente. Las zonas de hierro puro (territa) tienen un alto eimtenido de inclusiones polifásicas. Este material es característico del hierro obtenido por reducción directa de mineral de hieiTO. Las zonas de carbono ele vado están casi e.xenlas de inclusiones. La obtención de este acero exige un po.st-tratamiento de cementación (carburación) del hieiro obtenido directamente a partir del mineral. Las estructuras muestran indicios de que el material ha sido enfriado rápida mente desde elevada temperatura. Este tratamiento podría haberse realizado intencio nadamente puesto que se sabe que produce un aumento de dureza del material. De las nueve piezas estudiadas procedentes de la Mesa del Rey y alrededores, sólo una (MRIC - B) es completamente ferrítica, con inclusiones monofásicas alineadas en la dirección de la deformación. Otras dos (MRC - A y MRC - B) tienen un área muy reducida de elevado contenido de carbono. • Muestras procedentes de Los Olivares. Se han estudiado un total de seis muestras procedentes de esta localización. De ellas tres son completamente feníticas (exentas de carbono) y muestran la presencia de abundantes inclusiones. En las otras tres (O - A, O - C y O - D) se aprecian zo-
550 F.G. Ch'fy'AS, JM" Gmjahixi. M.G. ¡jh'I/. \1" I). Rusmui. M Si>xi\ » R. Vhjj'c.as ñas de la pieza que tienen contenidos variables de carbono. Estas pic/as se habrían fa bricado por martillado de trozos de diversa procedencia. Sin embaruo. a diferencia de las piezas de la Mesa del Rey, el trabajado en caliente de las amias es menos intenso, observándose, por ejemplo, pliegues de forja, tamaños de grano muy desiguales, etc. En estas mismas piezas se observa un cierto agrietamiento en caliente, probablemente como consecuencia de un exceso de azufre. Este fenómeno no se ha observado en las muestras de la Mesa del Rey. • Muestras del SE de Santa Elena. De las dos muestras estudiadas una tiene carbono y la otra es completamente ferrítica. Cabe señalar, además, que la muestra cementada con carbono es bastante ho mogénea, sin que se distingan las soldaduras internas de diversas lascas. • Muestras de Salvatierra. También en e.sta localización se han estudiado dos piezas. Al igual que en las pro cedentes de Santa Elena, una de ellas tiene estructura completamente ferrítiea y la otra muestra un elevado contenido de carbono. La muestra ferrítiea (S - B) tiene un ta maño de grano desigual. La muestra con elevado contenido de carbono (S - A) pre senta un agrietamiento en caliente - posiblemente por exceso de azufre - similar al observado en las muestras procedentes de Los Olivares. 5.2. Durezas Las medidas de microdureza son reflejo de la composición y microestruetura de las piezas. Aquí pueden destacarse dos factores principales: el contenido de carbono y el martillado o conformación en frío. Ambos aumentan la dureza. No obstante, como se ha visto microestructuralmente, las piezas estudiadas .son poco homogéneas. Por tanto, se obtienen valores de microdureza muy distintos, incluso dentro de una misma pieza. En la tabla 1 se recogen los valores medios de dureza, así como su desviación típica. El valor medio de todas las durezas medidas en las piezas procedentes de la Mesa del Rey y alrededores es de 151 HVl, con una desviación típica de 55. El valor más alto de dureza se ha medido en la pieza 1 - L y es de 264 HVl . En contraste, las piezas recogidas en Los Olivares, a pesar de su menor contenido general de carbono, tienen una dureza media similar o ligeramente superior a las de la Mesa del Rey. Sin embargo, en estas muestras se observan valores muy dispares de dureza, posiblemente coincidiendo con las microestructuras poco homogéneas obser vadas. Así se han medido valores de dureza por encima de 400 HVI (muestra O - A). Las piezas procedentes del SE de Santa Elena son muy distintas entre sí microes tructuralmente, pero en ambos casos la dureza es muy baja. Por su parte, la dureza de las muestras recogidas en Salvatierra es intermedia entre las de la Mesa del Rey y Los Olivares. Con el número de piezas estudiado, dada la dispersión de resultados propios de estos materiales, no puede obtenerse por ahora una conclusión clara respecto a es tos dos yacimientos. III o )N(iRI S( I N M l< iN \| 1 .( \i, I ■ ! I I 'MI 1 KI \ 551 6. CONCIA SIOM S Todos los nuiieruiles esludiatlos pueden ser clasificados como hierros forjados, pro bablemente obtennlos en hornos hajos de reducción a partir del mineral en pequeñas piezas, que posicrioimente eran si>ldadas pi^r martillado. Bien en el mismo homo (pero usando unas coiulieiones (.le soplado (.listinias) en una operaeión distinta, algunas las cas absorbieron carbono, eim lo que el arma en su forma tlnal puede estar fomiada por zonas ricas en carboni> (acero) o zonas sin carbono (territa o hierro puro). En nin gún caso el proceso de martilladla lograba eliminar eompleiamente las escorias propias del proceso de íabricacion. .Sin embargo, en las pie/as con menor contenido aparente de carbono se han conseguiilo durezas sulleientemenle altas, posiblemente por atinado del grano del material tiiirante el martillado en caliente. Las muestras procctlcntcs de la Mesa del Rc\ \ alrededores presentan, en general, mayor ciíiitenido lic carboni> y tlure/as más homoeéneas, siempre dentro de la dis persión propia de materiales tan antigui>s. Las muestras recogitlas en Los OIi\ares tienen, en izeneral, menor contenido de car bono, las durezas y microestructuras son menos homogéneas, aunque el valor medio de dureza en la muestra estudiada es ligeramente superior al de la Mesa del Rey. El resto de muestras estudiadas en ,Sal\atieiTa y SE de Santa Elena tienen caracte rísticas de ambos grupos anteriores. 7. AGRADIX'IMIKNTOS Los autores agradecen las tacilidades dadas por el I.A.P.H. en la tinaneiaeión de los ensayos y la publicación de resultados. 8. BIBLKKÍRAI ÍA (1 1 Rosado Llamas. M'D. y López Payer, M.G.. Im Bohithi de las Navas de Tolosa (en prensa). (2| .Soler del C ampo. A.. lÓÓl , i.vaiueuai del arrnamenía medieval en el reina casíelUnioleones y cd-Andalas (sii^las .\7/-.V\7). vols., Ihilversidad Compluten.se, Madrid. (31 Bilches, F*., 1653. Sanias y santuarios del Obispada de Jaén y Baeza, Madrid. |41 Molina de la Torre, E., Ió 13, Del verdadero eamino del ejército cristiano y del sitio cierto de la batalla de las Navas de Tolo.sa, Dan Lape de Sosa, if 7 (julio 1913), 211-215. 15| Ibn Hudayl, 1977. dala de caballeras. blasón de paladines. ed. Preparada por M J. Viguera, Madrid. 161 Metáis Handbaok. 9'" LiL, 1985, vol. 9: Metallography and Microstructures, American Sociely for Metáis. Metáis Park, OH.
