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La figura de la mujer en el nazismo

Pazos Polo, Clara; Polo Serrano, David

Abstract

La obsesión por extender las fronteras de la raza aria que Adolf Hitler marcó como misión prioritaria durante sus años al frente del gobierno alemán, no podría entenderse sin la figura de la mujer. Aria, de firmes convicciones nacionalsocialistas, y plenamente consciente de cuál debía ser su principal función en la misión del Führer: tener hijos que permitieran ampliar y perpetuar la estirpe aria. Tanto Eva Braun como Magda Goebbels2 han sido tradicionalmente la ‘cara visible’ de esta figura femenina omnipresente en el ideario del dictador alemán, pero otras muchas mujeres anónimas participaron directamente en la difusión de las más temibles ideas y acciones del nazismo. La documentación existente sobre estas mujeres que, de alguna u otra manera, marcaron un perfil femenino del nazismo, es escasa y no está compilada en un único trabajo de investigación. Es dicha carencia la que nos ha impulsado a acometer este intento de recopilación bibliográfica así como elaborar un marco de comprensión sobre el papel que jugó la mujer en el régimen de Adolf Hitler. Un rol que, como podremos comprobar durante el desarrollo de nuestra investigación, no fue tan simple como criar a los hijos de la patria aria de Hitler.

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— 85 — CAPÍTULO V LA FIGURA DE LA MUJER EN EL NAZISMO Clara Pazos Polo Universidad de Sevilla, España Dr. David Polo Serrano Centro Universitario San Isidoro, España 1. Introducción La obsesión por extender las fronteras de la raza aria que Adolf Hitler marcó como misión prioritaria durante sus años al frente del gobierno alemán, no podría entenderse sin la figura de la mujer. Aria, de firmes convicciones nacionalsocialistas, y plenamente consciente de cuál debía ser su principal función en la misión del Führer: tener hijos que permitieran ampliar y perpetuar la estirpe aria. Tanto Eva Braun como Magda Goebbels2 han sido tradicionalmente la ‘cara visible’ de esta figura femenina omnipresente en el ideario del dictador alemán, pero otras muchas mujeres anónimas participaron directamente en la difusión de las más temibles ideas y acciones del nazismo. La documentación existente sobre estas mujeres que, de alguna u otra manera, marcaron un perfil femenino del nazismo, es escasa y no está compilada en un único trabajo de investigación. Es dicha carencia la que nos ha impulsado a acometer este intento de recopilación bibliográfica así como elaborar un marco de comprensión sobre el papel que jugó la mujer en el régimen de Adolf Hitler. Un rol que, como podremos comprobar durante el desarrollo de nuestra investigación, no fue tan simple como criar a los hijos de la patria aria de Hitler. 2. Definición de objetivos e hipótesis Habiendo comprobado carencias bibliográficas sobre la figura femenina en el Tercer Reich, se pretende investigar el rol de la mujer durante el régimen de Adolf Hitler como pilar indiscutible de la misión aria del dictador. Una 2 Recientemente se ha descubierto el origen judío de la mujer de Joseph Goebbels. Puede verse más información en LÓPEZ BARBERO, P. (23 de agosto de 2016). La mujer paradigma del nazismo era de origen judío. Recuperado de http://goo.gl/KFRjzw — 86 — razón de ser que trae consigo una serie de matices en su papel, con cuyo análisis pretendemos ofrecer un retrato lo más riguroso posible de la mujer en el Tercer Reich que, además, sirva como perfil histórico para comprender la evolución de la mujer en la sociedad durante un episodio tan importante, y a la vez dramático, en la historia reciente de la humanidad. De este modo, el objetivo principal es definir y comprender la figura femenina en el ideario nazi para delimitar de manera precisa el concepto que la ideología del Tercer Reich tenía de la mujer. Para ello planteamos, a su vez, los siguientes objetivos secundarios: 1) Componer un perfil del ideario femenino nazi que promulgaban Adolf Hitler y su ministro de Propaganda desde su llegada al Reich. 2) Acercarnos a la realidad de las mujeres que ejercieron de guardianas en los campos de concentración nazis y el papel que jugaron dentro de ellos. 3) Analizar la incorporación de la mujer al mercado de trabajo en el periodo final de la contienda bélica por la carencia de mano de obra masculina y cómo esto modificó la imagen de la mujer (y la propaganda que de ella se hacía) en el ideario nazi. De este modo, pretendemos desmontar las hipótesis que tradicionalmente han mantenido a la mujer solo como reproductora y cuidadora en el régimen nazi, para acercarnos a la complejidad de la vida femenina durante el nazismo. La mujer ideal nazi tenía, de este modo, una doble función que suponía la base del Tercer Reich: la reproducción como mejor fórmula para la germanización de Europa y la participación como maestra, enfermera, secretaria y mano de obra barata cuando se tuvo que reforzar el frente y hacía falta cubrir vacantes indispensables. 3. Metodología La metodología que se va a utilizar para la redacción de este trabajo de investigación se concreta en la búsqueda, compilación y revisión bibliográfica de las publicaciones existentes relacionadas con el papel de la mujer en el régimen nazi. Concretamente, desglosando los objetivos que se han marcado en el epígrafe anterior, para estudiar el primer objetivo recurriremos a libros y publicaciones periódicas reflejadas en la bibliografía. El estudio del día a día de las guardianas de campos de concentración se basará, prácticamente, en la obra de Mónica G. Álvarez publicada en 2012 titulada Guardianas nazis. El lado femenino del mal. A las descripciones de la autora añadiremos información relevante extraída de la prensa internacional. Analizaremos los principales puestos de trabajo donde se empeñó la mujer nazi a partir de la batalla de Stalingrado (primera gran derrota de los ale- — 87 — manes en octubre de 1942). La entrada en la guerra comienza a verse reflejada en las portadas de la revista femenina de la NSDAP, Frauen Warte, y el inicio del fin fortalece, aún más, la ‘igualdad de sexos’ ante la crisis. Es por eso que tomaremos una muestra representativa de los artículos de Frauen Warte desde 1941 hasta 1945, que es el período que ha conseguido digitalizar y hacer público en su web la Universidad de Heidelberg, para analizar el papel de la mujer en las diferentes etapas del Tercer Reich (subida de Hitler al poder, asentamiento del nazismo, comienzo de la guerra e inicio de la derrota). Por último y para poder hacer un retrato lo más exacto posible del papel que jugó la mujer en este período histórico, estudiaremos brevemente la figura de la mujer judía, gitana o discapacitada. En definitiva, el modelo femenino que no entraba en los planes de los nazis. Como vínculo de unión entre los epígrafes trabajaremos una bibliografía común que nos permitirá acceder al ideario femenino de la época de estudio y que está consignada en el último apartado del presente trabajo de investigación. 4. Investigación 4.1. El papel de la mujer en el Régimen Nazi 4.1.1. Antecedentes: La República de Weimar El Tercer Reich contempla el período comprendido entre el 30 de enero de 1933 y el 8 de mayo de 1945. Sin embargo, para entrar en el análisis de este marco histórico debemos esbozar brevemente los años previos a la conquista del poder por parte de Hitler y el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP, por sus siglas en alemán). La llegada de los nazis al gobierno alemán puso fin a la República de Weimar. Como apunta el historiador José Ramón Díez Espinosa, este período político sería “la primera experiencia de democracia parlamentaria en Alemania” (1998: 287). Tanto Díez Espinosa, como Kershav (2105) o Bieber (2002), entre otros historiadores, coinciden en la ‘inestabilidad’ como principal característica de la República de Weimar. Sin embargo, en esta introducción histórica falta un elemento característico de la República de Weimar: su Constitución. Fue una de las más progresistas de la época. He aquí donde entra nuestro objeto de análisis: la mujer. El artículo 17 de la Constitución de Weimar del 11 de agosto de 1919 establece que “la representación popular debe ser elegida por medio del sufragio universal igual, directo y secreto de todos los alemanes, hombres y mujeres y según los principios de la representación proporcional”. La República de Weimar otorga el derecho al voto de la mujer y su artículo 163 dicta que “a — 88 — todo alemán debe proporcionársele la posibilidad de ganarse el sustento mediante un trabajo productivo” y por si no queda claro que “todo alemán” incluye a la mujer, cabe mencionar el artículo 161 en el que se especifica que “Para atender a la conservación de la salud y de la capacidad para el trabajo, a la protección de la maternidad y a la previsión de las consecuencias económicas de la vejez, la enfermedad y las vicisitudes de la vida, el Imperio creará un amplio sistema de seguros, con el concurso efectivo de los interesados” (Soberanes, s.f.). Estos avances en el rol femenino que establece la Constitución de Weimar se deben, en gran medida, a las llamadas “sufragistas”. El 19 de enero de 1919 las mujeres alemanas ejercían por primera vez su derecho al voto. La participación femenina fue de un 82,3% y casi el 9% de la Asamblea Nacional fue ocupado por mujeres. Llamamiento al voto para la Asamblea Regional. Fuente de la imagen: Made for Minds — 89 — Cartel de 1907: "El mismo derecho. Sufragio femenino. ¡Despertad, mujeres alemanas de todas las condiciones, todos los partidos!”. Fuente de la imagen: Made for Minds. La República de Weimar, por tanto, comprendía el papel de la mujer en las universidades y la inserción laboral. La política era otro de los sectores donde la mujer tomó protagonismo. Clara Zetkin o Rosa Luxemburgo, por ejemplo, son solo dos de los nombres propios que dejó la lucha por la igualdad en este período histórico. 4.1.2. Cómo convertirse en una mujer nazi “El motivo por el que las mujeres han quedado excluidas de las intrigas democrático-parlamentarias de los últimos 14 años en Alemania no se debe a una falta de respeto, sino a que las respetamos demasiado. No consideramos que las mujeres sean inferiores, sino más bien que su misión y su valor es distinto al de los hombres. Por tanto, creemos que las mujeres y más concretamente las alemanas, que son más mujeres que ninguna otra del mundo en el mejor sentido de la palabra, deben dedicar su fuerza y sus habilidades a otras tareas diferentes a las de los hombres” (Goebbels, 1934: 118-126). — 90 — La cita anterior corresponde al primer discurso de Joseph Goebbels como Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda. Sus palabras no dejan lugar a dudas del papel secundario de la mujer en el, entonces, recién nacido régimen. Preservar la población alemana era el principal objetivo de Adolf Hitler para la “Gran Alemania” que él soñó y diseñó. De ahí derivó el exterminio y esterilización de la que hablaremos más adelante. Pero, sobre todo, de ahí surge el papel principal de la mujer del Tercer Reich: ser madre. Las mujeres criadas en la ideología nacionalsocialista fueron educadas en la maternidad, así lo hacían desde las organizaciones femeninas como la Liga Nacionalsocialista de Mujeres, fundada en 1931. Según los datos que recopilan Magdalena Garrido y Carmen González en “Mujeres bajo regímenes totalitarios”, la Liga Nacionalsocialista de Mujeres (Bund Deutscher Mädel, BDM en sus siglas en alemán) recibió en 1935 la categoría de partido afiliado y pasó de 110.000 miembros en 1932 a casi 2 millones en ese año. Mujeres arias que fuesen madres de, al menos, cuatro hijos es la mejor fórmula de repoblar Alemania y garantizar unas fuerzas militares bien provistas de hombres. Estaba claro, la mujer era el núcleo fundacional de la nueva Alemania. La liga Nacionalsocialista de Mujeres nace en 1931 como la rama femenina de las Juventudes Hitlerianas. En ella ingresaban las jóvenes arias con edades comprendidas entre los 10 y los 21 años. El objetivo de la Liga dar una educación deportiva y sana, inculcar las tradiciones alemanas y enseñar a la mujer las labores del hogar. Portadas de la revista Frauen Warte que se encargaba de difundir los valores y aptitudes de la mujer del Tercer Reich. Fuente: Universidad de Heidelberg Gertrud Scholtz-Klink es la mujer que lideraba la Liga Nacionalsocialista. Nacida en Alemania en 1902 participó activamente en la I Guerra Mundial como trabajadora en estaciones de trenes y en casas Oficiales del Ejército. — 91 — A los 18 años contrajo matrimonio con un simpatizante del NSDAP con el que tuvo seis hijos y que le permitió introducirse en el partido. En 1930 durante un acto de campaña su marido moriría de un ataque al corazón. Este acontecimiento, según historiadores como Eduardo Montagut (2016) o Anna María Sigmund (2001), acrecentó aún más el fervor de Gertrud por la ‘causa nacionalsocialista’. Sería el 24 de febrero de 1934 cuando Scholtz-Klink alcanzaría su meta: ser la dirigente de las organizaciones femeninas nazis. Su labor fue premiada con la medalla de oro del partido por ser y difundir un modelo femenino del nazismo. Tal fue su actividad constante por el régimen de Adolf Hitler que, ante las quejas de su segundo marido por sus numerosas obligaciones, se divorció de él. En todas las fotografías que existen de ella aparece con su pelo rubio recogido, una camisa blanca bajo un vestido oscuro y siempre con una sonrisa discreta. Su estética y su comportamiento eran el patrón a seguir por las aspirantes a formar parte del modelo alemán femenino impulsado por Adolf Hitler. La líder nacionalsocialista fue impulsora de “las tres K” (Kinder, Küche, Kircher: “Niños, cocina e iglesia”) por las que se regía la Liga de las Mujeres Nacionalsocialista y que defendió hasta su huída de Alemania en 1945. Otro de los ejemplos de adoctrinamiento hacia esa función de madre y cuidadora de una nueva era es el Servicio de Maternidad del Reich (en alemán Reichsmütterdienst), impulsado por el “espíritu de solidaridad nacional y por la convicción de que pueden prestar un gran servicio a la nación y al Estado”. En este artículo 1 del Servicio de Maternidad del Reich se informa, además, de la puesta en marcha de unos cursos de formación sobre cuidado de los niños, higiene personal, cuidado de los enfermos en casa, costura o cocina, con el fin de “desarrollar el rendimiento físico e intelectual de las grandes madres, hacerlas apreciar los grandes deberes que caen sobre ellas, instruirlas en la manera de criar y educar a sus hijos y cualificarlas para las tareas domésticas y económicas” (Scholtz-Klink, 1935 p.1). Ejemplo del adoctrinamiento femenino bajo la dirección de Scholtz-Klink en la Liga de Mujeres Nacionalsocialistas es la revista Frauen Warte (Las mujeres esperan, en su traducción al español). Desde 1935 hasta 1945 estas publicaciones de tirada bisemanal, promovían los tópicos femeninos difundidos por el ideario nazi. En esta página de la segunda edición de Frauen Warte publicada en 1935, se puede leer un artículo redactado por la jefa de la BDM, Gertrud Scholtz- Klink, titulado: “Tarea-Voluntad y propósito de la mujer alemana”. En él Schultz describe cómo debe ser una mujer alemana. Sus prioridades como madre de la patria alemana, por encima de cualquier otra labor para servir al Führer: — 92 — “Debes adquirir el orgullo al que debes aspirar como madre de familia a la hora de enfrentarte a todas las cosas, y el carácter para comportarte como mujer de la nación de tu familia y tu patria en aquellos momentos aciagos del matrimonio en los que el hombre no responde a tus expectativas, y en los que no debes fustigarlo” (Ibídem; 2) La propaganda presentaba la maternidad como una contribución a la grandeza del sueño ario. Poblar Alemania de lo que Hitler consideraba una raza pura (altos, rubios, ojos claros y de complexión fuerte), implicaba prácticas como la eugenesia3. El concepto nace en Estados Unidos e Inglaterra y sirve a sus defensores para fomentar la reproducción de las personas fuertes, guapas y sanas y, por el contrario, esterilizar a la población más débil (personas con discapacidad o enfermedades crónicas). Los primeros en poner en práctica la eugenesia fueron los estadounidenses; los nazis solo adaptaron la práctica a su objetivo: unificar la genética de la raza aria. Si bien la propaganda y las directrices promulgadas desde la BDM definían el perfil de madre y ama de casa como tarea ideal de la mujer alemana, esto no implicaba obligatoriamente que contrajesen matrimonio. En la práctica el estado civil no era importante, lo único imprescindible era que los dos progenitores fueran arios y fabricaran “niños perfectos” para Hitler. Esta imagen casi industrial de la concepción, es ilustrada en el documental Los niños perfectos de Hitler a través de la creación de los Lebensborn, las “fuentes de vida”. A finales de 1935, Himmler crea la Fundación Lebensborn, un experimento secreto de reproducción con el fin de incitar a sus soldados a reproducirse con otras mujeres arias. En esta Fundación juegan un papel importante las mujeres de la BDM. Ellas ya habían pasado el examen ario y habían sido adoctrinadas en el modelo de las tres K. Los Lebensborn eran presentados como un sitio “ideal” para pasar las semanas antes del nacimiento del bebé. Allí eran atendidas y aconsejadas. Para las madres solteras era una solución gracias a la cual se conseguía evitar las críticas sociales y para el régimen era la forma de garantizar que ese embarazo no acabara en aborto. Si bien las casadas que acudían allí a recibir consejos y ayudas volvían a casa con sus hijos, la mayoría de las solteras dejaban allí a sus recién nacidos. El historiador Larry Thompson argumenta que “la mayoría de los niños nacidos en Lebensborn no acababan viviendo con sus padres biológicos sino que eran dados en adopción a otras familias consideradas radicalmente puras”4. El propio Himmler tuvo en los Lebensborn dos hijos ilegítimos para dar ejemplo a sus hombres. En total se crearon 10 centros en Alemania, 9 en 3 Puede verse más información en LANG-STANTON, P (16 de abril de 2017) Hitler aprendió de lo que los estadounidenses habían hecho. Recuperado de http://goo.gl/2g2BSk 4 Declaraciones hechas por el historiador para el documental Los niños perfectos de Hitler — 93 — Noruega, 3 en Austria, 2 en Dinamarca y uno en Luxemburgo, Holanda, Bélgica y Francia. Los datos que apunta Turysheva hablan de unos 20.000 niños nacidos en los Lebensborn. Tras la guerra, estos niños sufrieron la humillación en los colegios por ser hijos de nazis. A día de hoy aún se publican reportajes, artículos y entrevistas que revelan los problemas de inserción social que han te nido estos menores. 4.2. La labor femenina lejos del hogar y la crianza “Un hombre de verdad se sentiría avergonzado de contemplar a una mujer participar en tareas de combate en caso de guerra. Ese no es el campo de batalla de la mujer. Su lugar está con los niños, su función la maternidad: ahí libra la mujer su batalla por su nación” (Hitler, 1935: 54). En 1937 los objetivos que Hitler dibuja en la inminente guerra, crea la necesidad de establecer un año de servicio obligatorio para todas las mujeres. Como explica Ríos (2015), lo publicitaban como “trabajar patrióticamente para ayudar al milagro económico nazi”. En 1945 las fuerzas armadas alemanas llegaron a tener cerca de 500.000 auxiliares femeninos. Los hombres marchan al frente, quedan vacantes a ocupar y la mano de obra femenina es más barata. La propaganda empieza a ver a la mujer como enfermera, maestra o administrativa. Funciones de las que hablaremos más adelante. En 1939 cuando los nazis consiguen derrotar a Polonia, comienza una campaña de reclutamiento de mujeres alemanas como mano de obra. A partir de ese momento las mujeres deberían pasar un año en el Este5 trabajando como requisito obligatorio para acceder al matrimonio y cumplir con su función de madre. Los datos que publica el historiador Michael Kater en su obra Las juventudes hitlerianas (2016) señalan que fueron cerca de 19.000 las mujeres enviadas al Este. Como maestras, enfermeras y secretarias, en su mayoría. Aunque algunas realizaron labores de más difícil catalogación. Una de ellas fue la de evaluar la pureza aria de los niños huérfanos que quedaban en el territorio polaco y la redistribución a familias alemanas (arias, por supuesto) que no pudiesen tener hijos. Como muestra de este cambio, la revista Frauen Warte da un giro radical desde sus portadas de 1935-1936 hasta 1943-1944, así como la propaganda del Partido. Aquí podemos comprobar varios ejemplos de este cambio extraídos del archivo de la Universidad de Heidelberg. 5 Austria, Polonia y Bielorrusia fueron las primeras aspiraciones y victorias de la ocupación nazi. — 100 — aprobadas el 15 de septiembre de 1935 constituyen la base legislativa de la pureza racial, pero no es hasta 1942 que se pone en funcionamiento la Operación Reinhard (el proyecto de exterminio en los campos diseñados por Reinhard Heydrich) y comienza el traslado masivo de los judíos a los campos de concentración: “Las mujeres judías se convierten en el núcleo simbólico sobre el que se edifica el discurso ligado al proyecto de la Solución Final. El NSDAP identifica a las mujeres con la capacidad de reproducción y perpetuación de las poblaciones por lo que el proyecto de exterminio del pueblo judío requiere una retórica que deslegitime no sólo a la totalidad de la comunidad judía sino específicamente a las mujeres. La deshumanización que padecen las mujeres judías en el discurso nacionalsocialista se materializa en el tratamiento violento y vejatorio que reciben en los campos de concentración y exterminio y que convierte el cuerpo femenino en un espacio simbólico de conquista y dominación” (Beteta, 2012: 115). Reinhard Heydrich fue elegido por Himmler para organizar el servicio de inteligencia de las SS. El 31 de agosto de 1939 fue el encargado de la Operación Tannenberg, que consistía en la simulación de una agresión polaca que sirviese de argumento para la invasión al día siguiente. Lo que significa que Heydrich activó, directamente, la II Guerra Mundial. Unos años más tarde, en 1942, organizó la Conferencia de Wannsee en la que reunió a un grupo de altos cargos del III Reich para acordar la que posteriormente se conocería como “la solución final de la cuestión judía” (Holocaust Memorial Museum). Los judíos no eran considerados personas en el régimen de Adolf Hitler. Esto implica que la mujer judía no podía ejercer su labor reproductora como las otras mujeres alemanas. Se podría decir, por tanto, que era un ser vivo sin ninguna utilidad en la sociedad nazi. Eso la convertía en objetivo de torturas y experimentos médicos. Un ejemplo de la superioridad del hombre sobre la mujer en la sociedad que regentaba Adolf Hitler es el siguiente: si una mujer alemana mantenía una relación con un judío, ella era humillada públicamente. Sin embargo, los hombres disponían en los campos de concentración de burdeles especiales provistos de las presas más guapas para violarlas a su antojo. “En Alemania, las leyes de esterilización de julio de 1933 afectaron a entre cuatro cientos y quinientos mil hombres y mujeres. Los disminuidos psíquicos, en septiembre de 1939, fueron eliminados con gases letales, acción conocida como Aktion T4, mientras que las leyes antisemitas fueron un mecanismo represivo para velar por la pureza de la raza aria. Esta política de pureza racial nazi se transformó en políticas de limpieza étnica a través de violaciones como instrumento de guerra, tanto contra judías internadas en los campos de concentración alemanes como en el contexto del enfren- — 101 — tamiento del Estado nazi contra la URSS, su régimen antagónico, un enfrentamiento armado que fue monstruoso en todas sus facetas, y que se saldó con más de veinticinco millones de víctimas soviéticas, la gran mayoría civiles. Los abusos sexuales y la esclavitud sexual a la que sometieron los ejércitos nazis y nipón a las mujeres de las zonas ocupadas fueron una faceta más de esta guerra” (Garrido y González, 2012: 16). Beteta explica el maltrato específico que sufren las prisioneras por ser mujer en los campos de concentración. En primer lugar, habla de la separación de sus hijos. Con esta circunstancia se les indica que ellas no cumplen el discurso nacionalsocialista de la mujer alemana. No forman parte de ese concepto. Por otra parte, menciona los exámenes médicos íntimos a los que eran sometidas nada más llegar al campo. De manera paralela al proceso de nazificación de los niños, el régimen activa un programa de esterilización de las mujeres judías. En 1941 el jefe de la SS introdujo en los campos de concentración experimentos médicos dirigidos a las prisioneras de religión judía. Estos tratamientos se dirigían tanto a mujeres como a niñas. Operaciones quirúrgicas, radiaciones e incluso inyecciones hormonales valdrían si se conseguía el objetivo de esterilizarlas. Según los testimonios de las supervivientes, estos procedimientos se realizaban sin anestesia y fueron muchas las mujeres que no superaron estas intervenciones. La mayoría de las referencias bibliográficas al respecto coinciden en que aquellas prisioneras “habían dejado de ser mujeres”. Debemos mencionar también los Sonderbauten o burdeles. El campo de concentración de Mathausen fue el primero en contar con uno de estos barracones. Sería también Himmler quien decidiese crear este tipo de espacios tras una visita a este campo de concentración alemán. El jefe de la SS consideró necesario estos espacios para que los prisioneros de alto rango (solían ser los que estaban allí por actos criminales) incrementasen su productividad. Se trataba de un incentivo para aquel prisionero que hiciese bien su trabajo. Finalmente, los propios guardianes de las SS también utilizaron estos barracones. Las mujeres eran elegidas por las SS entre las prisioneras más jóvenes y sanas. Los guardianes les prometían que, si aceptaban ejercer la prostitución en los Sonderbauten, serían liberadas en seis meses. Finalmente la promesa no se cumplía y regresaban a su barracón de origen. Eso sí, los testimonios recogidos de las supervivientes coinciden en que las mujeres que volvían de los burdeles “regresaban como criaturas lamentables con un aspecto espantoso e indescriptible” (declaraciones de Olga Lotar, superviviente de Ravensbrück, en Beteta, 2016: 126). — 102 — 5. Conclusiones Tras el estudio de las obras y artículos relacionados con el perfil femenino del Tercer Reich, hemos llegado a una serie de conclusiones que procedemos a enumerar a continuación. Aunque la ideología promulgada por Adolf Hitler desde Mein Kampf colocaba a la mujer en el hogar como madre y cuidadora, lo cierto es que a partir de las obras de Lower (2013), Álvarez (2012) o los artículos publicados por Casquete (2015 y 2016) y Beteta (2012), descubrimos que las mujeres alemanas jugaron un papel importante para el cumplimiento de la ideología nazi en una doble vertiente: como madres para la función germanizadora en Europa del Este y como trabajadoras para el Régimen cuando la guerra había mandado a los hombres al frente. Partiendo del punto anterior, debemos destacar que la mujer alemana cumple un doble papel: como madre y como trabajadora para el Régimen. Para ser madre eran instruidas y controlados sus matrimonios para garantizar una raza pura, o bien, como madres solteras acudían a los Lebensborn creados por Himmler. Como trabajadoras para el Régimen, las enfermeras atendían a esas madres solteras en el parto y en el estudio morfológico del bebé recién nacido para comprobar que cumplía con los parámetros arios y las maestras instruían a los niños huérfanos de la guerra (polacos, checos o austríacos) en las directrices nazis. Con respecto al trabajo que realizaron las mujeres sustituyendo a los hombres en algunas tareas que quedaban vacantes con la marcha al frente, se incluyen los trabajos en las fábricas y en el campo como hemos visto en las páginas de Frauen Warte desde 1942. A partir de esas portadas y de los testimonios recogidos en Álvarez (2012), extraemos también la idea de que las mujeres sí participaron en los crímenes de guerra. Hubo mujeres militares, formadas como guardianas de campos de concentración. Por las anteriores afirmaciones concluimos también que el Tercer Reich era de ideología machista. Según las obras y artículos estudiados, la idea del Führer era la de la mujer en el hogar con lo cual se puede suponer que, de no haber entrado en la fase de derrota de la guerra, la mujer hubiese custodiado su hogar y la raza aria. Por último, se ha demostrado la falta de análisis existentes en esta materia. Basta con analizar la bibliografía utilizada para comprobar que la mayoría de los análisis realizados se han desarrollado de 2005 en adelante. Por tanto, se puede concluir que el estudio de la mujer en la dictadura de Adolf Hitler ha comenzado a ser objeto de estudio sesenta años después del fin de la guerra. — 103 — Referencias Álvarez, M. (2012). Guardianas nazis. El lado femenino del mal. Madrid, España. Editorial Edaf S.A. Braun, E (2016). Cartas a Hitler. Berlín 1945. Las Rozas, Madrid, España. Editorial Funambulista Campos, C y González M. J. (1996). Mujeres y dictaduras en Europa y América: el largo camino. 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