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La Caleta: Balneario de Ntra. Sra. de la Palma y del Real, Cádiz

Jiménez Martín, Alfonso

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ffiffi*ffitr" n"*,*"-*o--"' .l ffi _ffi "ff", ff*"ffi,,,ffi. ffi'ffiffiw,, r'¿:-++Sr;:¿.::t¡"*!,,¡b¡+i¡i: 1+*¡;p.;::::;:.:4-É -*f.i ** "+ 5-.- (? -J'a % Balneario de Ntra. Sra. de la Palma y del Real. CADIZ ru-r .{lfonso Jiménez Nlarlín --Ét "; r..€ #;: F E F La más ligera investigación sobre Historia de la Arquitectura demuestra que la pervivencia de los temas, va sean formales. funcionales o tecnológicos, es muy variable, pues mientras algunos. al satisfacer requerimientos existenciales ineludibles, se mantienen como una constante histórica, otros, como suele ocurrir con los que se refieren a actividades lúdicas o ciertas especialidades constructrvas, muestran una vida relativamente efímera v jamás vuelven a recuperarse, como no sea Dor medios historiográficos o arqueológicos. Los casos más interesantes son los de aquellos temas que, tras cumplir un primer ciclo vital, languidecen y desaparecen, para renacer al cabo de los siglos; un caso paradigmático. en lo formal. es el de los órdenes clásicos, mientras en tipos funcionales es la Arqui tectura del Baño la que probablemente constituye el ejemplo más anómalo: balneae, thermae, hamman, baño, balneario, spa, calda, sauna, bad... son otras tantas et¡quetas de un tema que sólo en muy específicos momentos de la Historia ha tenido expresión arquitectónica definida y relevante, correlato del proceso social que caricaturiza Oscar Caballero: Y es que, en capas suces¡vas, lo impoluto y lo mugriento han marcado al Occidente. A la era de limpieza que moja desde Cnossos hasta Roma suceden mil años de roña. Luego, el lslam presta blancura a los cristianos y la Edad Media ---+uando el dormitorio es una sola habitación de la casa y las ropas de dormir aún no existenauspicia la tina colectiva. Pero con el Renacimrenfo -prosigue el periodista-, vuelve a huir el baño; la lenta recuperación del * # *i#* :Él hábito es saboteada, luego. por las ciudades y el capitalismo. Las curas hidropáticas y las fuentes termales devuelven el baño, pero convert¡do en medicina; los artefactos sanitarios se recomiendan a pacientes, no usuarios. En estas páginas pretendemos recuperar, por vía literaria y gráfica, un edificio de baños que, despanzurrado y convert¡- do en refugio de junkies, se constituyó como símbolo de una época: Cádiz cuenta ya con un balneario al borde de la Tacita: como que no le separa más que el espesor del muro que lo circunda; en el lugar más pintoresco, cómodo y tranquilo, bien orientado, en la playa de La Caleta, dando vista al Castillo de San Sebastián... El titulado pomposamente Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real fue inaugurado el día de la Virgen del Carmen del año 1 926, en un momento en que ya habían pasado de moda los balnearios de pacientes, presentándose como epÍgono y resumen de un proceso que había comenzado casi cuatro m¡l años antes cuando las tinas para baños individuales aoarecreron en Creta. Sin embargo, es bien sabido oue el edificio destinado a alojar los baños, tanto de vapor como de agua a diferentes temperaturas, aunque cuenta con precedentes griegos, es un Invento romano, merced a una novedad técnica. suspensurae, que permitió caldear de manera económica espacios grandes y masas de agua importantes. Durante tres siglos, las thermae constituyeron mucho más que la expresión arquitectónica de unas necesidades higiénicas colectivas suntuosamente resueltas, para conformar centros de ocio y de cultura, sin paralelo en nuestro t¡empo y cuyo ambiente cotidiano f ue satíricamente reflejado por Séneca, que vivía al lado de unas: el jadear de los robustos mozos que se entrenan en levantar pesas de plomo; el sonido producido por los masajistas al golpear con la palma de la mano o con el puño cerrado las espaldas de sus cl¡entes; el (ruido) del jugador de pelota que cuenta sus tantos; el griterío de los pendencieros y de los rateros cogidos in fraganti y del que no encuentra su voz más bella que cuando se baña y el producido por los que se arrojan de golpe a la piscina. Figúrate un depilador gue, para atraer clientes, chilla y no acaba hasta que le supera el grito de aquel al que acaban de depilarle los pelos de las axilas...; los establecimientos de esta índole llegaron a alcanzar una cifra notable: once grandes termas públicas y casi un millar de las orivadas surtidas por 345 km de acueductos, sólo en la ciudad de Roma. Además de estos baños urbanos no faltaron complejos balnearios establecidos en lugares donde brotaban aguas de características espec¡ales, y así han pervivido hasta hoy baños como el oacense de Alange, que mantiene en funcionamiento el propio edificio romano; en relación con este tema conviene recordar que los balnearios de este último tipo, al igual que los nymphaea, estaban estrechamente vinculados a deidades muv ant¡guas, destacando los cultos, orgiásticos y ecologistas, alas ninfas. El clima de jolgorio higiénico que describió Séneca y estas connotaciones religiosas configuraron un complejo semántico que difícilmente podemos reconstruir hoy, pero cuya materialidad no es ajena a nuestras act¡tudes ante el remojo multitudinario. Tanto si entendían el significado oue las termas tenían para los paganos como si no, lo cierto es oue los Padres de la lglesia arremetieron contra mucho de lo que el Mundo Clásico estimaba, y no hicieron excepción del baño colectivo, activ¡dad cuyo soporte económico también se había deteriorado, y que compaginába mal con la trascendente seriedad de la época. Por ello no extrañará que, siguiendo las reglas de San Pacomio, que prohibía fos baños, salvo en caso de enfermedad, y que jamás deben hacerlo (bañarse los monjes) sin recibir orden expresa de los superiores. muchas termas pasaron de la higiene corporal a la espiritual, como aquellas de Vejer de la Frontera, que el obispo Pimenio dedicó, en el año 664, a los santos Vicente, Félix v Julián. Pese a tan escasa estimación. las termas no desaparecieron del todo, pues por intermedio bizantino pasaron a los primeros califas del lslam , que las tomaron con entusiasmo, como nouvelles riches que eran, y lo potenciaron de una manera que hubiera sido chocante para la rígida moral victoriana de los balnearios del siglo XlX. Efectivamente, los príncipes omeyas que se establecieron en la actual Jordania durante el siglo Vll construyeron suntuosos palacios, profusamente decorados en clave tardoantigua, en los que las salas de recepción, minúsculas mezquitas, salas de baño y letrinas colectivas se articulaban en una prosmicuidad tal que parecen realizar las metáforas sensuales y eróticas que las azoras más antiguas del Corán prometen al creyente: magníficos frutales dan sombra a los partícipés del banquete celestial... Jóvenes bellos como perlas van y vienen. escanciando una bebida deliciosa, que no induce a los hombres a decir necedades... Como compañía rectben tamb¡én los bienaventurados. huríes de ojos negros... doncellas creadas especialmente por Alá, en palabras de T. Andrae. La expresión arquitectónica más exacta de esta oromesa es el baño de Jirbat Al-Mafyar, que se levantó sobre el año 739, en cuyo espacio abovedado, sostenido por dieciséis haces de columnas. sobre mosaicos espléndidos, el califa Hisam v su corte se cobraban adelantos del oaraíso. En el lslam andaluz, los programas arquitectónicos no fueron tan ambiciosos, pero ¡ndudablemente. el hamman fue un establec¡miento tan corriente, como demuestran las regulaciones de lbn Abdum, para la Sevilla del siglo Xll o las menciones de una veintena de ellos en la del Xlll, cuando los europeos contemporáneos no conocían más contacto higiénico con el agua que durante los bautizos y en las pilas oue ex¡stían en los atrios de las iglesias. La Edad Media -en oalabras de E. Panofskv-, había dejado insepulta a la Antigüedad, y alternativamente galvanizó y exorcizó su cadáver. El Renacimiento lloró ante la tumba v trató de resucitar su alma; y en un momento fatalmente prop¡- cio lo logró; parece claro que los conjuros renacentistas no surtieron efecto alguno en el tema que nos ocupa, pues, salvo los baños, lujosos pero personales, de Clemente Vll en el el Castel de Sant'Angelo y los oue existen en el Palazzo del Té, pocas notic¡as más tenemos sobre la cuestión, es más, en la España cristiana, donde la oroximidad del lslam había fomentado la nefanda costumbre del baño entre judíos, crist¡anos y mudéjares, fue precisamente en el siglo XV cuando desaoarecen las referencias sobre ellos, y buena prueba de mugre emblemática y votiva fue la conocida promesa de lsabel la Católica. Esta laguna renacentista es tanto más notable cuando el inevitable Vitruvio menciona las balnea, oue fueron comentadas e ¡lustraclas por sus exegetas, pero al parecer quedaron en el limbo de las curiosidades científicas. Los orígenes de la tercera gran época de la Arquitectura del Baño. s¡ aceptamos que Roma y el lslam representan las dos primeras, se remontan a balnearios oue mantuvieron su funcionamiento a lo largo de la Edad Media merced a sus valores medicinales. Este fue el caso de Spa, centro belga mencionado por Plinio, rernventado en 1 326, y cuyo nombre ha dado apelativo a los balnearios de Inglaterra, donde el mejor ejemplo de este tipo es precisamente el romano de Bath. Sin embargo, el más famoso de los termales y minerales modernos fue, sin duda, el de Karlsbad, actual KarlovyVari, en Checoslovaquia; allí, a orillas del río Eger, nac¡ó una ciudad en torno a unos manantiales, convertida, a lo largo de los siglos XVll, XVlll y XlX, en un centro de medicina, reposo, honesta diversión y cultura, y éstas serán justamente algunas de las características de los balnearios decimonónicos que no recogieron de las termas rornanas las connotaciones orgiásticas y religiosas, ni los usos tumultuarios, en beneficio de las relaciones mundanas formalmente ritualizadas: se ionformaron como art¡culaciones comoactas de aire barroco, inmersas en parques, y servidas por los materiales que la Revolución Industrial había descubierto, de manera que, junto a los grandes hoteles. las exposiciones universales y las estacrones del ferrocarril fueron las más apuradas expresiones del progreso decimonónico en materia monumental. No faltan en el Sur ejemplos de este m¡smo proceso, aunque la postración económica v otras circunstancias no les permitieron salir de sus humildes orígenes; uno de los ca- J/ sos más interesantes es el almeriense de Baños de Sierra Alhamilla. donde la conjunción de un manantial, ya conocidísimo desde época islámica, y un microclima sui géneris permit¡eron a los canónigos de la Catedral de Almería regentar unos baños medicinales durante siglos. El último acto de esta historia tiene lugar en Inglaterra. Ya en 1660. un médico. Wittie, alababa los valores teraoéuticos de los baños de mar en Scarborough y debió tener éxito, pues un grabado de 1 736 nos muestra su playa llena de personajes a caballo, en carrozas, en literas, que pasean indiferentes ante el esoectáculo de unos desnudos bañistas que salen de una garita, con ruedas, arrimada al pie del agua. Poco después, en 1 750, fue inventado el balneario de Brighton, gracias a un l¡- bro del doctor Richard Russel t¡tulado Dissertation on the use of Seawater in Diseases of the Glands; a partir de aquel momento, los balnearios tomaron carta de naturaleza en el litoral inglés, desarrollándose entre 1880 y 1914 lo que se ha dado en llamar The Golden Age of the British Seaside Resort; el repertorto formal que era típico de los balnearios de manant¡al se amplió cuando, en 181 5, y por encargo del futuro Jorge lV, J. Nash fabricó el estupendo Royal Pavilion en Brighton, cuva decoración oriental se debió a H. Repton. Esta obra introdujo el desenfado ecléctico del Nashional Style, que, unido a las sugerencias formales oue Ia linealidad de las playas imponían, transformó el tipo, propiciando desarrollos menos compactos, mayor transparencia general de los límites de los edificios, presencia de miradores, uso de elementos de Arquitectura Naval v recursos oalafíticos. Sobre estos esquemas se rmpostaron todas las Dermutaciones comDos¡tivas Dosibles de elementos arqu¡tectónicos, singularmente cubiertas, cúpulas, buhardillas y arcos, ya fuesen del gótico hindú que inventó Nash, las tomadas de Palladio, las francesas de la línea de Hardouin-Mansarty el estilo lmperio o el Barroco más delirante, todo ello servido por superficies acristaladas, fundición pulcramente pintada de blanco, al igual que la abundante madera y las inevitables plantas de inter¡or. El ambiente de estos centros costeros no pudo conservar la ritualizada convivencia de los balnearios medicinales tradicionales, ya que el baño marino no podía privatizarse; esta radical diferencia, unida a la crisis v transformaciones oue conllevó la Gran Guerra Y a los nuevos usos higiénicos, propiciaron la decadencia de los balnearios marítimos; a los otros dos tiDos también les alcanzó la crisis, aunque por razones diferentes. Los medicinales quedaron obsoletos, entre otras razones. a causa oe los progresos de la Medicina, ya que muchas autoridades médicas actuales. afirma la Micropaedia Británica. creen que la mayoría de los efectos beneficiosos de los balnearios son indirectos. resultantes del relajamiento del paciente propiciado por el ambiente del balneario; mientras los baños urbanos no oudieron resistir la acción combinada de dos instanc¡as agresivas. Por una parte, estaba la prédica de clérigos y moralistas, que veían en ellos un peligro de grave indecencia y aun de r¡esgo para la vida, como demostraba, mutatis mutandi, la trágica y ejemplar muerte de Marat; por otra, estaban los progresos de la FontanerÍa, ciencia progresista oue democratizó el uso domiciliario del baño. En la actualidad, los balnearios, amén de utilidades episódicas y de proporcionar a los arqurtectos temas posmodernos listos-para-usar, se mantienen precariamente o han desaparecido, salvo aquellos en los oue determinadas circunstancias accesorias les han dado nueva vida, ajena al baño colectivo. Sólo las piscinas cubiertas, las casetas de playa, los cuartos de baño al¡catados-hasta-el-techo y esas má quinas de vapor que llaman saunas, recuerdan hoy pálidamente aquellos groriosos edificios anatematizados por el aforismo latino: Balnea, vina, Venus Corrumpunt corpora sana Como va se ha señalado, el Balneario de La Caleta se abr¡ó el día 16 de julio de 1926: La idea de la construcción -según dijo el Presidente de la D¡putacion en tan solemne festividad-, desarrollada en poco más de un año. se debe a los diputados don lgnacio Cagigas (que santa gloria goce) y don Melquiades Almagro, quienes se propusieron hacer desaparecer aquella barraca que se llamaba los Baños del Real, de la sue era propietario el Hospicio Provincial. Efectivamente, las fotografías antiguas nos muestran una especie de chiringo-palafito en el lugar que hoy ocupa el Balneario, que no era muv diferente de la cabina del grabado de John Setter¡ngton sobre Scarborough en 1 735; el Hospicio Provincial es prec¡- samente el edificio más próximo, al otro lado de la calle inmediata, denominada hov Fundación Carlos María R. VaL cárcel, de la Excelentísima Diputación Provincial. El lugar, en el extremo opuesto al único acceso terrestre a Cádiz, es uno de los más modernos de ella, ya que, hasta un momento inicial de la Edad Media, existió un canal navegable que comenzaba en La Caleta v alcanzaba la actual plaza del Ayuntamiento; como quiera que la ciudad medieval, cuando el canal se aterró, estaba reducida al Barrio del Pópulo, hasta el siglo XVlll, aquella zona, además de diversas fortificaciones, no llegó a contener más que las ermitas de Santa Catalina y San Sebastián, como nos muestra el grabado de Joris Hoefnagle para el Urbium praecipuarum mundi theatrum quintum, en 1 564. Aquellos terrenos podrían considerarse urbanos desde 1618, cuando se cerró La Caleta con una muralla artillera, oue enlazó el fuerte de Santa Catalina, en la punta que la cierra oor el norte. con el de San Sebastián, en la alargada península que la cierra por el sur y que aún posee cometido mil¡tar. El muro, que se conserva intacto, tenía un saliente llamado Batería de San Pedro, que aún existe y posee una gar¡ta, y otro llamado de San Pablo, donde hoy se ubica un terrible monumenfo consistente en la cabeza de un viejo-lobode-mar; evidentemente. éstas son las ampliaciones de la acera que enmarcan hoy el Balneano. Pese a estas obras, la ciu- 38 dad no consolidó aquel sector hasta 1763, cuando, con proyecto del arqu¡tecto neoclásico Torcuato CaYón de la Vega, se concluyó el HosPicio, gigantesco edificio que se centró entre las dos baterías Y que constituye hoy el telón de fondo urbano sobre el que se destaca el Balneario cuando se le contempla desde el mar. En 1802 ya poseemos datos de que ef Hospicio o Casa de Misericordia, cobraba todos los veranos unos seis mil reales a los gaditanos que querían usar una escalera del Real. ProPiedad del Hospicio, para bajar a la playa y bañarse. En 1 852, el servicio mejoró con unas casetas de madera, a las que salió competencia en 1 870 cuando un avispado vecino montó cerca otras, que llamó Pomposamente de la Palma, rememorando a la Patrona del barrio cercano. La Diputación ganó el pleito al competidor, Y las barracas de baño se llamaron desde entonces del Real Y de Ia Palma. Estos datos vienen a decirnos que el Balneario fue el último acto arquitectónico decente en el largo Proceso de construcción de la ciudad de Cádiz, que puede rastrearse a lo largo de un milenio, Pues s¡ todos los trazados y edificios, datados hasta 1 926 han sido de una gran calidad, no Podemos decir lo mismo de los más recientes: ni el citado monumento, ni los edificios militares que ocupan la Puerta de La Caleta; es decir, el acceso al Castillo de San Sebastián, ni los bloques de viviendas que se levantan en la Punta de Santa Catalina hacen honor, ni siquiera púdico respeto, al Balneario, al Hospicio, los baluartes artilleros v al caserío tradicional. Las barracas mencionadas, de las que ofrecemos un Plano' oresentaban en el verano de 1924 un aspecto tan indecoroso que la Diputación decidió construir un nuevo balneario, cuyo costo evaluó a Priori en 25O.OOO pesetas; Para su realización organizó un concurso restringido del que no tenemos otras noticias que las que nos proporciona el acta del fallo, producido el 20 de agosto de 1924: Los tes anteqroYectos que se acom7añan son de los señores arquitectos don Juan LRomero Aranda, don Enrique García Cañas y don Juan Talavera, v todos ellos merecen Part¡cutar elogio. si bien se ven (los diputados firmantes) en Ia necesidad de no aceltar el firmado por el señor Talavera, Por no estar de acuerdo con el Pensam¡ento de la Cor7oración, aunque reconocen el gusto Y buenos propósitos de su autor... De etogiar también es el trabaio realizado por el señor arqu¡tecto don Juan L. Romero Aranda, pero esta Comisión se ve en la imposibilidad de ProPoner su aceptación para el desenvolvim¡ento de estas obras, Por importar su construcción maYor suma con exceso de la calculada... Es de iusticia reconocer Ia meritoria labor del arqu¡tecto señor Romero Aranda, de cuYo trabajo se desPrende el sacrifi cio hecho por él mismo, Y es de equidad que la CorPoración abone a dicho señor los gastos que haya hecho. muy esPecialmente por Ia premura de tiemPo... El proyecto presentado Por don Enrique García Cañas ha sido estimado como el más aProPiado al pensamiento que se trata de realizar, no sólo en su estructuran sino también en su coste. Advertiremos que no se conservan los planos del concurso, ni la mayoría de los que se mencionan más adelante, salvo los calcos que reProducimos aquí. Poseemos información muY desigual de los tres arquitectos partic¡pantes: Talavera es bien conocido a través de la monoglrafía que ha realizado sobre él Á. Villar Movellán, y dado que no volverá a interven¡r en el asunto, renunclamos a cualquier referencia sobre su vida y milagros; en cambio, los otros dos concursantes son dos perfectos desconocidos. Romero de Aranda era un Jerezano titulado en Madrid, a la vez que Gutiérrez Soto, que en 1924 era ya arquitecto Provincial; falleció en 1964, Y su obra más conocida en Cádiz fue la de terminación de las torres de la iglesia de San Antonio, en los términos formales de la tradición gaditana; también se debió a él el Proyecto del segundo Balneario de la Victoria. El tercer arqultecto, García Cañas, era el del Catastro de Hacienda, Y no sabemos de él más que lo que nos cuenta el proyecto del Balneario. Pese al fallo de la Comisión, parece que Romero de Aranda no se que quedó cruzado de brazos, pues, como reflejó el Diario de Cádiz el día de la inauguración: El señor García Cañas. autor del ProYecto. que "::Jfr;"ry; Reconstrucción (Boyle) de los baños menores de la Villa Adrianea. Tivoli. Carlsbad. Grabado en madera por Mattáus Merian, hacia 1650. Grabado de Cádiz desde la ermita de San Sebastián por Jorge Hófnagel. Scarborough 1735. Grabado por John Setter¡ngton. interpretó el provincial señor Romero. director de la construcción; efectivamente, en marzo de'l 925 se aceptó la cesión que hace de su proyecto el señor arquitecto don Enrique García Cañas. y pagó al mismo la cantidad de IO.OOO pesetas que reclama por aquélla y los honorarios; así, pues, en los meses que siguieron al fallo del concurso, el vencedor fue marginado, pese a que había llegado a presentar el proyecto completo, incluyendo una Adición a la memoria presentada y en cumplimiento de lo ordenado en la Real Orden de 6 de diciembre de 1924, que incluía unos prolijos cálculos de los elementos constructivos, entre los que figura el cremona de una cercha inglesa que evidentemente no llegó a ejecutarse. Un oleito con la Comandancia de Marina sobre la construcción del Balneario junto a la muralla y sobre la playa, retrasó el anuncio del concurso entre contratistas hasta el 16 de diciembre de 1924, cuando apareció en la página 27 de ABC. Como consecuencia de este anuncio, el 22 de enero siguiente apareció otro personaje en escena: un extranjero, el contratista o ingeniero construcfol', como a él le gustaba denominarse; ese día, don Alberto Levenfeld Spencer, vecino de Cádiz, domiciliado en la calle Trille, número 25, se comprometió a realizal el proyecto si se le aceptaban las condiciones que resum¡mos seguidamente: Debía modificarse la cimentación, para lo que presentaba dos proyectos completos de su cosecha. Oue le suprimieran, ya de antemano, toda posible multa por retraso, por ser el único licitador que se presentaba. oue los precios unitarios se f ¡jasen previamente y que, además del 15 por IOO de contrata. se le subiera un 1O por 100, y que los pagos fuesen mensuales. Acompañó a su sol¡c¡tud una relación de obras realizadas, con sus respectivos arquitectos v localizaciones, destacando un buen número de ellas en Madrid v alrededores (iglesia del Cristo de la Salud, congregac¡ón de San Felipe Neri, en la calle de Atocha; penal de Ocaña, edificios en la Estación del Norte, industr¡a de perfumería Gal, depósito de agua y matadero de El Escorial...). Sevilla (dos casas de su propiedad en la calle Enladrillada, cuartel de Caballería...), Málaga (lonja de pescado) y Cádiz y su provincia (Depósito franco, Depósito de tabacos en Puntales, Casa de Correos con proyecto de Joaquín Otamendi; cuarteles en La Línea v Algeciras, fábrica de harinas en Medina-Sidonia, penal del Puerto de Santa María...). La Comisión, la misma que había sido jurado en el concursillo, decidió que la propuesta era inaceptable, por lo que, después de oír al ingeniero constructor en persona, declaró la adjudicación desierta. Tampoco Levenfeld se dio por vencido, y contraatacó el 3 de marzo proponiendo hacer la obra por 359.OOO pesetas e imooniendo trece condiciones v modificaciones varias al proyecto, al que mientras tanto Romei'o de Aranda había añadido un Proyecto de ingreso para el Balneario del Real y de la Palma, fechado en febrero del mismo año 1926, y del que reproducimos calco de los planos de que constaba. Una de las condiciones aludía a que las cuatro cúpulas que f¡guran en el proyecto, se construi rían con tabicados armados. v el decorado de las fachadas se hará de cemento armado. La propuesta fue aceptada al pie de la letra por la Comisión y Romero de Aranda, por lo que, tras despachar a García Cañas, podemos cons¡derar que, sobre cierta idea de éste, muy ligeramente formalizada en detalle como demuestran los olanos, el arquitecto provincial fue diseñando; pero como lo construido tampoco siguió fielmente sus propuestas gráficas, hemos de concluir que fue Levenfeld quien, finalmente, dio formas definitivas a las ideas generales de los arquitectos, produciéndose, por tanto, un nuevo ejemplo de patern¡dad colectiva, tan común en la Arouitectura andaluza de todos los t¡empos. La obra marchó con c¡erta Darsimonia, como demuestra ei siguiente calendario: 3 de junio de 1925. Cimentación concluida. 26 de seotiembre. Se certificó el forjado general del edificio. 1 de febrero de 1 926. Estaban cubiertas aguas. 6 de marzo. Concluida tabiouería. 39 7 de abril. Se da oor terminada la solería. 1 2 de mayo. Se dan por concluidas las obras, que se rec¡bieron el 28 de junio, haciéndose constar la felicitación de la Excelentísima Diputación al industrioso ingeniero constructor, señor Levenfeld. El 4 de junio de 1926, el Diario de Cádiz decía: Han terminado las obras de este Balneario que llena por completo las aspiraciones de los más exigentes. Su aspecto monumental, sus hermosas terrazas. su gran salón de fiestas, capaz y elegante, de estilo sobrio como el de toda la obra; confort. luz espléndida, sol que caldea, aires que refrescan. playa limpia de piso duro... todo se encuentra en este alarde de buen gusto, en esa concepción tan acertada como rápidamente realizada, que arranca aplausos unánimes para la Excelentísima Diputación Provincial... Y continuaba unas semanas desoués describiendo e/ hermoso atrio que ofrece precioso aspecto, destacando en el frontis el hermoso azulejo que reproduce la imagen de Nuestra Señora de la Palma. así como el título del edificio. también en artísticos azulejos; oue realizó la fábrica trianera J. Ruiz de Luna, en ellos se lee efectivamente: I926 BALNEARIO DE NTRA. SRA. DE LA PALMA Y DEL REAL, En las semanas siguientes se ultimaron cuest¡ones imoortantes, tales como la realización de la instalación eléctrica, que ejecutó el Perito Aparejador-Mecánico y Electricista Titulado de la Diputación de Cádiz; la obtención de la licencia de apertura, la instalación del teléfono v la dotación de su plantilla, const¡tu¡da por un inspector (que ganaría diez pesetas diarias), un taquillero, seis bañeros, cuatro bañeras, dos porteros, dos mozos de limpieza, dos guardas y dos boteros. El 16 de julio de 1926, tras un festival benéfico organizado por la Liga Antituberculosa la noche anterior, se inauguró a las cinco y media de la tarde por el Presidente de la Diputación, conde de Villamar, sirviéndose a cont¡nuación un lunch, cuya minuta publicó el Diario de Cádiz al día sigurente. 40 AALNIEAIRIIO DIEIT @ E IEAf Y DI¿ IÁ PAIAA J^r. &*a e--'4 --=== El edificio, según un folleto de la: época, era como sigue: Su construcción es de hormigón armado, a base de pilares, formando en su parte baja una amplia pasarela. La parte superior consta de una amplia terraza de más de treinta metros de largo. con vista al mar. con una capacidad Para más de quinientas personas, cómodamente colo' cadas. A la entrada. a la derecha e izquierda, se han instalado ocho cuartos para baños templados, con cuatro grifos, de agua sálada y dulce, caliente y fría. La parte central es un magnífico salón a todo confort, capaz dé ser ocupado por más de trescientas personas. donde está instalado el servicio de Bar v Restaurant. En este salón se celebran varios espectáculos, tales como conciertos, cinematógrafo, variedades y algunos otros, áparte de gran número de banguetes. Dos amplios corredores. term¡nados en artísticos miradores, donde aun, en las horas'de mavor calor, se disfruta de excelentes temperaturas, componen el resto del frénte de este moderno y cómodo Balnearió. La parte dest¡nada al servicio de baños está dividida en la siguiente forma: Dos gale' rías generales, perfectamente equipadás, capaces para ciento c¡ncuenta'personas cada una. Dos galerías de preferencia. sobradamente amplias, que pueden ser ocupadas por más de, doscientas personas. Cuarenta cuartos de,..baños individuales, para cuatro personas y para fa' milias. En todos los cuartos de baño, así como en las galerías generales y de preferencia, hay ¡nstalados servicios de agua corriente dulce, para que puedan ser utilizado por todos los bañistas.'sin sobreprecio alguno. Asimismo es gratu¡ta la utilización del servicio de duchas Como el folleto indica. el edificio era de hormigón, dato que ya'nos han ant¡cipado los textos tomados de las declaraciones de Levenfeld, pero es ¡nteresante destacar que este material ya estaba previsto en el diseño y cálculo del arquitecto García Cañas. No fue este el orimero de los edificios de hormigón armado de la ciudad de Cádiz, ya que, en 1 907, se hebía construido así el primer Balneario de la Victoria, obra de José Romero Barrero; sin embargo, el empleo de vigas acarteladas vistas y lo primoroso de la labor del Balneario de La Caleta, no eran corrientes en 1925, ya que lo normal es oue las estructuras de hormigón, casi siempre calculadas y construidas por ingenieros alemanes de empresas constructoras, queclasen vergonzantemente ocultas. En este sentido, el Balneario significó un avance hacia la estét¡ca del Movimiento Moderno, que hace eclosión en Andalucía justamente dos años después, cuando se concluyó el sevillano Mercado de la Puerta de la Carne. Como se ha señalado, existía, en primer lugar, un pabellón de acceso, perfectamente simétrico, como todo el edificio, con pórt¡co central y taquillas laterales. ubicado sobre la muralla artillera; ax¡almente, y siempre al nivel de la acera, se abría una pasarela que procuraba acceso al cuerpo principal del edificio, no sin antes dar salida a la playa mediante dos parejas de escaleras que bajaban hasta la arena. El citado volumen principal tenía planta rectangular, dividida transversalmente para proporcionar sucesivamente un vestíbulo general (subdividido en su época), un gran salón, más alto, y una terraza a nivel algo más bajo, sólo cub¡erta con toldos sobre ligeras estructuras metálicas, y abierta hac¡a poniente, al Atlántico. El vestíbulo estaba flanqueado por dos habitaciones de servicio. de las cuales nacían sendas alas en cuarto de círculo que enmarcan el volumen central; las alas se const¡tuyeron como galerías abiertas hacia el mar, gracias a una teoría de delgadas columnillas aproximadamente toscanas; remataban los extremos del creciente, así formado, en dos pabellones hexagonales, cubiertos qon cúpulas esquifadas de perfil rebajado; las alas estaban divididas longitud¡nalmente, de manera que proporcionaban una galería hacia el mar y habitaciones hacia el interior. La terraza. antes mencionada, estaba acompañada por otros dos pabellones bastante opacos, que constaban de dos plantas; la inferior, destinada a servicios. era cuadrada, y desde ella, mediante escalera de pates, se pasaba a la alta, octogonal, que remataba por medio de cúpula similar a la anterior, pero apuntada. El resto de las cubiertas del edificio eran sensiblemente planas, poseyendo pretiles en cuerpo de taquillas y la fachada a tie- -cr.q¡oút-I l- - Cñr¡grrT-Dlteil^ I 4l hq€cro_ D€ g'4Lfx¡RlQ D€L .lbt l oe L¡ lZnlnh,eñ r¡ PKYñ DG Ld @fLelh. ftrggeró oe !¡rrierrq¡g oeL "Rg-L I oe r-n P;rr-9h' eD |l PlÁYñ D€ Calco de los planos originales, pertenecientes al expediente que se conserva en la Excma. Diputación de Cádiz. l@cIO D€ BntJ)€rRlO DeL'l@L Y D€ l-d PÁLDh-€r) ll PlÁY,{ De |l A1 49