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Notas sobre las fuentes para el estudio de la gramática histórica

Bruña Cuevas, Manuel

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Nota sobre las fuentes para el estudio de la gramática histórica Manuel Bruña Cuevas Universidad de Sevilla Mucho se ha discutido en los últimos años en torno a cuál debiera ser el camino a seguir en los estudios lingüísticos de tipo diacrónico. Frente a las corrientes de corte (neo)estructuralista, se han ido destacando, cada vez con más fuerza, las corrientes de tipo sociolingüístico.1 Estas últimas han puesto el acento en la importancia de tomar en cuenta los factores de tipo social cuando de estudiar el cambio lingüístico se trata. Aquéllas, por su parte, han ido evolucionando progresivamente desde el formalismo inicial hacia posiciones que reconocen igualmente la importancia de lo social en la evolución de las lenguas.2 De hecho, un ambiente cada vez más propicio se empezó a crear desde los años setenta3 para la recuperación de los estudios de "historia de la lengua", entendida como heredera del monumental trabajo de Ferdinand Brunot, como disciplina que atienda ampliamente a los aspectos sociales de la evolución lingüística,4 como diferente de la gramática histórica, que sólo atendería a los aspectos sistemáticos de la evolución lingüística. Puesto que ya me he ocupado de estos asuntos en un trabajo colectivo reciente,° voy a centrarme hoy en el tipo de documentos que 1 Cf. James Milroy, Linguistic variation and change: On the historical sociolinguistics of English, Oxford, Basil Blaekwell, 1992. En el capítulo 2 hace un estudio comparativo entre los enfoques del cambio lingüístico basados en los cambios sistemáticos y los basados en motivaciones sociales. 2Véase, para un estado de la cuestión en este campo, Henriette Walter, "Dynamique et diversité des usages en phonologie", Folia Lingüistica, XXIII, 3-4, 1989, 281-91. ^Véanse los números 10 (1971) y 15 (1972) de Langue frangaise, así como el número 32 (1973) de Langages. Otros números de fechas posteriores especialmente dedicados a la historia de la lengua: Le frangais moderne, 49, 2, 1981; Actualité de Vhistoire de la langue frangaise: méthodes et documents (Actes du colloque du groupe d'étude en histoire de la langue frangaise), Limoges (n° especial de Trames), 1982; y, en parte, el número 114 (1994) de Langages. 4MCar, en mettant ses pas de spécialiste de langue dans eeux des historiens et des politiques, Brunot installait, confusément, mais passionément et solidement, les bases d'une lexicologie sociale et d'une hiostoire sociale de la langue" (p. 65 del artículo de Jean-Claude Chevalier "F. Brunot (1860-1937), la fabrication d'une mémoire de la langue", Langages, 114, 1994, 54-68). Sobre los métodos e ideas de Ferdinand Brunot, véanse, además del trabajo anterior, los artículos aparecidos en Le frangais moderne (n° 49, 2, 1981) y firmados por Jacques Chaurand ("Concepts et méthodes de Ferdinand Brunot (1860-1938)", pp. 99-118) y por Frangoise Helgorsky ("Les méthodes en histoire de la langue. Evolution et stagnation", pp. 119-144). 'Manuel Bruña Cuevas, Francisco Javier Deco Prados y Manuel Angel Vázquez Medel, "Semiótica e historia de la lengua", Actas del V Simposio Internacional de la Asociación Andaluza de Semiótica (Almería, 16-18 de diciembre de 1993), en prensa. en principio pueden servir de base para el estudio de la evolución de las lenguas, con independencia del enfoque que se aplique. Para llegar a ello empezaré por echar un vistazo a la situación en España de los estudios lingüísticos de tipo diacrónico en el campo de la filología francesa. Tomaré como base el Repertorio de Estudios Franceses en la Universidad Española. Soy consciente de que el Repertorio sólo contiene las publicaciones anteriores a 1993 y de que, por desgracia, y por razones ajenas a los editores del mismo, no todas las publicaciones que son están. Pese a ello, creo que es ampliamente representativo de la situación actual de los estudios sobre filología francesa que se llevan a cabo en España. Me fijaré sólo en aquellos apartados que engloban directamente trabajos centrados en estados de lengua pasados, o sea, en los titulados "Fonética y Fonología históricas", "Morfosintaxis histórica", "Semántica histórica" y "Lexicología y lexicografía históricas" (páginas 11-20). En ellos se encierra un total de 83 títulos. Si de este número se restan los 21 que tienen vocación pancrónica, nos quedan 62 títulos, de los cuales 43 están dedicados al francés medieval y 19 a alguno de los siglos que van del XVI al XIX. Es decir que, del total de los 83 títulos, más de la mitad, un 51,8 %, se centran en el periodo medieval, y sólo un 22,8 % atienden específicamente a épocas posteriores. Y una segunda constatación: salvo algún estudio basado en un corpus constituido por diccionarios, la gran mayoría de estos trabajos toman como corpus de base las obras literarias, y ello cualquiera que sea la época histórica. Tales datos sugieren una serie de comentarios. Lejos de mí, en primer lugar, el encontrar negativo que la época medieval acapare la mayor parte de los estudios lingüísticos que aquí tratamos.6 Pero ello no debiera llevarnos a la mayoría de los que nos ocupamos de la historia del francés a descuidar épocas históricas más cercanas a nuestro siglo. Ciertamente entre los autores de ese 51,8 % de trabajos centrados en la Edad Media, hay algunos que parecen haber tenido presente ese hecho, ya que, entre sus estudios, algunos se encuadran en el 22,8 % ocupado por los estudios dedicados a épocas diferentes de la medieval; dicho de otro modo: hay ciertamente entre los profesores que nos dedicamos a la historia del francés algunos que ya han llevado a la práctica la idea que he expuesto antes, la de atender al mismo tiempo a la Edad Media y a los siglos que le siguieron. Pero lo menos que pueda decirse es que, por lo pronto, tales autores constituyen una minoría reducida.7 (>Yo mismo he dedicado lo principal de mis esfuerzos investigadores a la lengua y la literatura de la Edad Media, y seguramente seguiré interesándome por ella en el futuro. De hecho, ya he sugerido a algunos medievalistas la idea -que reitero ahora, extendiendo la invitaciónde que debiera organizarse en fecha próxima un gran coloquio especialmente dedicado a la literatura y la lengua francesas medievales. Habría que añadir a tales autores algunos -sólo algunosde los que han compuesto los 21 estudios que hemos incluido en el grupo de trabajos sin especificación de fecha. Por supuesto podría argüirse que la especialización en la época medieval, o en alguno de los siglos posteriores, puede redundar en una mayor calidad de los estudios. No niego que ello pueda ser cierto, pero me pregunto si la razón más general que explique este estado de cosas no es de naturaleza diferente. Todos sabemos que los investigadores de la historia del francés solemos desarrollar simultáneamente labores docentes en el mismo campo. Y todos sabemos que, muy a menudo, sobre todo en los departamentos pequeños, un mismo profesor se encarga de las asignaturas de historia del francés y de literatura medieval. Se puede uno preguntar si no son más bien estas coincidencias frecuentes8 las verdaderas razones que llevan a los lingüistas que nos interesamos por épocas históricas pasadas a especializarnos en la medieval. Dado que, como he indicado antes, los estudios sobre la historia de la lengua francesa de cualquier siglo se hacen mayoritariamente sobre corpus literarios, los profesores-investigadores debemos de sentirnos, supongo, mucho más cómodos manejando las obras literarias que mejor conocemos -entre otras razones, por ser las que trabajamos en clase de literatura medievalque no cambiando a obras literarias de siglos con los que nos sentimos menos familiarizados. Sea como sea, no cabe duda de que, en último término, por nuestra práctica investigadora y docente, podemos dar a menudo la impresión de que la historia de la lengua francesa es ante todo el estudio del francés medieval, lo cual, seguramente, aleja de nuestra disciplina a buen número de estudiantes de tercer ciclo que no se sienten atraídos por la Edad Media -o a los que asusta la antigua lengua-, pero que podrían estar interesados por el estudio de otras sincronías o sucesiones de sincronías pasadas. Tengo el convencimiento, por otra parte, de que los distintos estados por los que ha pasado la lengua están tan íntimamente relacionados que cualquiera que empiece el estudio del francés en uno de los siglos posteriores a la Edad Media terminará por interesarse, antes o después, por el francés antiguo, incluso si no llega nunca a hacerlo centro de sus desvelos. Con todo esto quiero venir a parar a la simple pregunta de si no sería conveniente, por distintas razones, que los que nos definimos ante todo como medievalistas hiciéramos más a menudo provechosas incursiones fuera de los límites de la Edad Media. Si no sería conveniente, por ejemplo, tras haber estudiado la manifestación de un fenómeno lingüístico en los textos medievales, seguirle la pista a través de los siglos posteriores hasta llegar a nuestros días. Los estudios que se han realizado según este procedimiento siempre han arrojado luz nueva sobre los fenómenos que se trataba de estudiar. "Unidas, por supuesto, al hecho de que la época medieval es ciertamente un periodo clave en la historia de la lengua francesa. Por supuesto cuando digo siglos posteriores a la Edad Media no excluyo ni el siglo pasado ni parte de nuestro siglo XX, que pronto le arrebatará ese calificativo de "pasado" al XIX. Hago hincapié en ello porque aún suele oírse a veces que el francés contemporáneo empieza con la Revolución, lo que puede llevar -y llevaa pensar que desde principios del siglo XIX estamos en un mismo estado sincrónico que no ha sufrido cambios lingüísticos dignos de ser consignados. Insisto asimismo porque estos dos siglos -todavía más el XX que el XIXofrecen una variedad de fuentes de estudio de la lengua y una facilidad para acceder a ellas que, cuando sean convenientemente explotadas, descubrirán una evolución de los sistemas lingüísticos más importante de lo que ya se sospecha.9 Con la cuestión de las fuentes entro en el meollo de mi intervención en este coloquio. Como he indicado antes, la inmensa mayoría de los estudios de tipo diacrónico que se hacen sobre el francés -tanto en España como en Francia u otros paísesadolecen a menudo de un estar basados exclusivamente en textos literarios. La necesidad de variar las fuentes es un asunto siempre recordado pero siempre fácilmente olvidado, quizá por inercia, quizá porque los textos literarios, al estar editados, son las fuentes a las que más fácilmente puede accederse. Baste recordar el ejemplo altamente significativo de un Ferdinand Brunot, recopilador de montañas de notas sobre la lengua francesa sacadas de las fuentes más diversas, en contraste con un Charles Bruneau, continuador oficial de su obra, interesado sólo por la lengua de ciertos escritores notables. No insistiré, por ser una idea ya muy repetida, en que los textos literarios, precisamente por serlo, no siempre son los testimonios más significativos del estado de una lengua en un momento dado.10 Sólo recordaré que todo autor, por definición, crea estilo, y que, sin negar la posible influencia de los usos lingüísticos de los escritores sobre el discurrir general de la lengua, esos usos sólo pueden considerarse, a lo sumo, como uno -ya de por sí múltiplede los múltiples registros que conviven en cada estadio evolutivo de la lengua; cada uno de estos registros merece atención en sí mismo y en su interacción con los demás cuando de estudiar un periodo dado se trata. Como he dicho, Brunot, el gran padre de la historia de la lengua francesa, ya dio ()Baste para convencerse de ello la lectura del nuevo tomo que continúa la obra de F. Brunot: H" de la lengua francesa, 1880-¡914, editado por Gérald Antoine y Robert Martin, París, Kd. CNRS, 1985. l()"Ce serait une erreur de se faire une idée de la langue en n'ayant dans Fesprit que des exemples de la langue littéraire" (Jacques Chaurand, Histoire de la langue frangaise, París, PUF ("Que sais-je?"), 1977 (Ia ed. 1969), p. 82). Véase igualmente la explicación que da Gérald Antoine en cuanto al criterio seguido con respecto a los textos literarios para hacer la historia del francés durante el periodo 1880-1914 (pp. 147-149 de "I'histoire de la langue. Problémes et méthodes", IJC frangais moderne, 49, 2, 1981, 145-160). ejemplo de buen proceder expurgando textos de la más variada procedencia, pero quizá quepa achacarle que los explotó ante todo desde un punto de vista léxico, por lo menos en los últimos tomos que redactó directamente. Cabe pues seguir su ejemplo pero en lo relativo igualmente a la fonética, la morfosintaxis y el funcionamiento discursivo en general. Lo que vengo diciendo es claramente aplicable a cualquier siglo, incluidos los medievales. Insisto en ello porque, aunque el pecado es general, quizá los medievalistas tendamos más que los especialistas de otras épocas a identificar la lengua medieval con la que presentan los textos literarios. Es uso común en los estudios de francés medieval hablar simplemente de usos del francés antiguo o del francés medio sin reparar en que lo que se está describiendo son usos literarios, usos que, por muy cerca que estén a veces de la lengua oral del momento -sobre todo antes del XIII-, no dejan de estar mediatizados por un trabajo de puesta por escrito, por una escritura.11 Se puede estar tentado de decir que, aunque ello sea así, no disponemos de otros testimonios de la lengua medieval que no sean esos monumentos literarios. Pero dos observaciones hay que hacer al respecto. Tal reparo es evidentemente certero en lo que atañe a las épocas anteriores al siglo XIII, en las que el latín ocupaba todo el espacio de lo que no fueran algunas obras de entretenimiento. Pero aun así cabe recordar que los historiadores de la lengua trabajamos normalmente con textos editados que son ya de por sí una interpretación de los manuscritos medievales; cabe recordar, pues, la gran polémica surgida hace pocos años en torno a las técnicas filológicas de edición de textos12 y la petición que se está realizando por diferentes estudiosos de una necesaria vuelta a los manuscritos como base de estudio, tanto de la lengua como de la literatura medieval.13 Dificultades materiales de tener acceso directo a esos manuscritos pueden quizá impedir llevar a cabo un trabajo masivo sobre las fuentes directas y pueden obligar a seguir basándose en las ediciones existentes. Pero no creo que el hecho de ser plenamente consciente de las deficiencias del método sea algo meramente gratuito, ya que es ""Cette langue médiévale, ensuite, ne nous est pas eonnue par des enregistrements, des témoignages indigénes, mais par des textes littéraires. Notre informateur est une littérature. On a voulu masquer ee fait: la grammaire historique, qui a formé notre visión de l'aneienne langue, a glané des attestations dans ce qu'elle tenait pour des doeuments, alors qu'il s'agissait de monuments, attestant dans leur principe d'une activité littéraire. En ce sens, l'ancien frangais est moins l'état ancien du frangais que nous utilisons qu'une élaboration esthétique d'un frangais ancien inconnaissable, d'une Umgangsprache révolue." (Bernard Cerquiglini, p. 469 de "Grammaire historique ou linguistique textuelle du frangais médiéval", Neuphilologische Mitteilungen, 87, 4, 1986, 469-473). I2E1 gran impulso a la polémica vino de la publicación del libro de Bernard Cerquiglini, Eloge de la variante: histoire critique de la philologie, París, Seuil, 1989. de suponer que, tarde o temprano, esa conciencia lleve a matizar las observaciones que se hagan sobre la lengua medieval, a la espera de una posibilidad generalizada de acceso a esos manuscritos o de ediciones que, con técnica diferente, faciliten textos más cercanos a los que realmente se encuentran en las fuentes medievales. La segunda observación en cuanto a las fuentes para el estudio del francés medieval toca a los siglos posteriores al siglo XII. Como se sabe, a partir del XIII los documentos no literarios escritos en lengua vernácula empiezan a proliferar, y de los siglos XIV y XV se cuentan ya por millares los documentos administrativos escritos en francés que se han conservado. A pesar de ello, basta abrir cualquiera de las gramáticas o de los estudios hechos sobre el francés medio para percatarse de que todos los usos que se describen y todos los ejemplos que se proporcionan provienen de obras literarias (en sentido amplio), con absoluta ausencia de toda referencia a los usos lingüísticos del aparato administrativo. Nótese que aquí cabría argüir sólo la dificultad de acceder -y de comprender sin formación paleográfica14a unos textos que se encuentran sólo en ciertos archivos, raramente disponibles en alguna publicación impresa. Pero de nuevo ello no exime de la toma de conciencia -con las consecuencias que de ello derivende que llamamos abusivamente francés 1{Véase en el número 65,1,1990 de Speculum el artículo de Suzanne Fleischman ("Philology, Linguistics, and the Discourse of the Medieval Text", 19-58) y el de Stephen G. Nichols ("Philology in a Manuscript Culture", 1-10). Asimismo los artículos de Tim William Machan ("Editing, Orality, and Late Middle English Texts") y de John Dagenais ("That Bothersome Residue: Toward a Theory of the Physical Text"), publicados en Vox intexta: Orality and Textuality in the Middle Ages, A.N. Doane and Carol Braun Pasternack (eds.), Madison, University of Wisconsin Press, 1991. Entre los autores que han puesto ya en práctica la idea, demostrando lo diferentes que pueden ser los resultados de los estudios según se hagan a partir de textos editados o directamente a partir de los manuscritos, véase J.C. Laidlaw, "Christine de Pizan: An Author's Progress", MLR, 78,1983, 532-50; Sylvia Huot, "Ci parle l'aucteur. The Rubrication of Voiee and Authorship in Román de la Rose Manuscripts", Sub-stance, 56, 1988, 42-48; Madeleine Jeay, "Une Théorie du Román: Le Manuscrit Autographe de Jehan de Saintre\ Romance Philology, XLVII, 3, 1994, 287-307. l4Aunque las dificultades para estudiar los distintos registros de la Edad Media puedan parecer mayores que las que se presentan al estudiar otras épocas, no conviene insistir demasiado en ello. Los documentos del siglo XIX, por ejemplo, no requieren formación especial en paleografía, pero su abundante número plantea un tipo de problemas que no se dan cuando se trabaja sobre otros siglos. Creemos que todo historiador de la lengua debe tener siempre bien asimilado el principio previo que establece Pierre Dumonceaux: "Dans l'histoire de la langue, chaqué époque offre ses problémes spécifiques, á résoudre par des solutions propres, tel est l'axiome que je pose en commengant." (p. 55 de "Comment interroger, pour l'histoire de la langue, les corpus non littéraires?", Histoire de la tiangue: méthodes et documents (Actes du colloque du groupe d'étude en histoire de la langue frangaise), Limoges (n° especial de Trames), 1982, 55-62). medio a lo que no corresponde más que a usos corrientes en obras escritas con intención literaria. No se puede por menos que recordar aquí ciertas palabras de Ferdinand Brunot: Des la deuxiéme moitié du XlIIe siécle, le Parlement, alors á peu prés entiérement organisé, s'est acquis la maitrise de la langue vulgaire. Que sont quelques centaines d'auteurs d'oeuvres littéraires disséminés sur tout le territoire et dont un grand nombre d'ailleurs avaient été plus ou moins mélés au monde judiciaire, auprés de cette foule de gens de loi qui peuplaient le Palais et que leur profession appelait á écrire notre langue tous les jours et pendant toute leur carriére? Ce sont les légistes du Parlement et de la Chancellerie qui, en méme temps quils ont été les organisateurs du royaume, ont été les agents directs de la transformation du /rancien en frangais et qui ont fait de la langue de la Cour et du roi la langue du royaume.15 Si tal es el caso, ¿no será de interés esencial estudiar los usos lingüísticos de estas instituciones no sólo desde el punto de vista léxico u ortográfico, como alguna vez se ha hecho, sino también desde el punto de vista de la organización general del discurso? ¿No valdría la pena buscar posibles testimonios -siempre más o menos mediatizados, clarode la lengua oral en ciertas declaraciones ante jueces o notarios? Que se puedan hacer estas preguntas me parece ser evidencia de que existe toda una mina de datos que sigue sin explotar con vistas a constituir una historia de la lengua francesa medieval más completa que la que actualmente conocemos.16 Pero volvamos a las palabras de Brunot recién citadas. ¿No cabría decir lo mismo con respecto a otras épocas? ¿Qué representan, por ejemplo, las obras literarias del XIX en comparación con los millones de hojas impresas provenientes de la prensa diaria del momento? No se trata de negar la repercusión que esas obras pudieran tener en la evolución del francés, pero ¿cuál fue su peso lingüístico real frente al de unos periódicos que, en el momento del paso a este siglo, llegaban ya a todas las clases sociales? Cuesta trabajo pensar que la historia de la lengua en la segunda mitad del siglo XX se pueda hacer sin tener en cuenta la repercusión sobre la lengua general de los usos propios de los medios orales de comunicación. ¿Para cuándo entonces una historia del siglo XIX basada ampliamente -que no exclusivamente; ni siquiera principalmenteen los usos lingüísticos de la prensa diaria? Si el estudio de la lengua ya se ha intentado con éxito tomando como base documentos políticos, jurídi- ]'Histoire de la langue frangaise, t. I. p. 530. 16Cf. "De soeiolingüístiea histórica: en torno a los orígenes del español", donde Francisco Gimeno Menéndez muestra, por ejemplo, cuan útil puede ser el estudio de los documentos notariales medievales (en Estudios sobre Variación Lingüística, ed. por Francisco Moreno Fernández, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 1990). eos y periodísticos para el periodo de la Revolución Francesa o para los distintos momentos revolucionarios que jalonan el siglo XIX,17 ¿por qué no extender el método igualmente a los momentos de una (relativa) mayor calma social? Nótese que aquí el argumento que he considerado anteriormente, el de la dificultad que supone el acceso a esas fuentes, se desvanece. Ninguna formación paleográfica es necesaria para entenderlas y las dificultades de acceder a ellas son nimias, dado que, al menos en el caso de los periódicos, cualquier hemeroteca de cualquier ciudad mediana conserva testimonios más o menos abundantes de la época. Todo lo que he dicho hasta el momento lo he sacado en gran medida de mi experiencia como investigador de la historia del francés. No me resisto por ello a exponerles más concretamente los pasos que he seguido para llegar a las convicciones anteriores. Desde el principio de mi carrera investigadora, o sea, desde que empecé la tesis, el centro de interés principal de mis estudios ha sido el discurso referido; mi tesis versó sobre los usos del estilo indirecto libre en la obra de Marie de France.18 Acabada la tesis, empecé a investigar sobre otros procedimientos de cita de discursos en la literatura medieval.19 La peculiaridad de tales procedimientos en la Edad Media con respecto a los que se dieron en épocas posteriores es algo que salta a la vista, habiendo llamado algunos de ellos la atención de los romanistas ya desde el siglo pasado. Uno de los más comentados es el que consiste en pasar bruscamente del discurso asumido por el narrador a formas de discurso directo. Otro, visto siempre como emparentado con el anterior, el uso de discursos directos introducidos por el que completivo característico del discurso indirecto. Los comentarios al respecto por parte de los historiadores de la lengua o de los estudiosos del francés medieval siempre han reflejado un cierto embarazo ante la necesidad de analizar unos empleos discursivos que no responden a los esquemas establecidos por la gramática tradicional; esos empleos no se dan -parece seren la literatura de siglos l7Cf. Jean Dubois, Le vocabulaire politique et social en France de 1869 á 1872, á travers les oeuvres des écrivains, les revues et lesjournaux, París, Larousse, 1962; René Balibary Dominique Laporte, Le frangais national. Politique et pratique de la langue nationale sous la Révolution, 1974; Maurice Tournier, 1848, Des ouvriers et des mots, París, Presses de la Fondation nationale des scienees politiques, 1983; Henriette Walter, "La créativité lexicale á l'époque de la Révolution frangaise", La Linguistique, 25, 2, 1989, 3-18. 1H,lLe style indirect libre chez Marie de France", Revue de Linguistique Romane, 52, 1988, 421-446. |()MChanger l'appellation 'style indirect libre'?", Romanía, 110,1989,1 -39; "La reproduetion des messages écrits dans les romans frangais en vers et en prose des Xlle et Xllle siécles", Actes du XXe Congrés International de Linguistique et Philologie Romanes (Zurich, 6-11 de abril de 1992), publicadas por Gerold Hilty. Tomo V, Tubinga, Francke Verlag, 1993, 213-224. posteriores al periodo medieval. Tales procedimientos se describen siempre, por tanto, como característicos de la Edad Media y se consideran en general como torpezas de los escritores o de los copistas, como usos aberrantes en todo caso.20 Mi asombro nace cuando compruebo que en el habla corriente, en los medios de comunicación audiovisuales y, sobre todo, en la prensa diaria de hoy día, esos procedimientos de cita que se consideran tan propios de la Edad Media no sólo aparecen, sino que son de una frecuencia muy superior a la que se observa en los textos literarios medievales.21 Nada, sin embargo, en las gramáticas del francés o del español contemporáneos, que dé cuenta de tales empleos del discurso referido. Poco igualmente se encuentra de tales construcciones en las obras literarias de los siglos XIX y XX. Deduzco -o más bien confirmo algo ya sabidoque las gramáticas actuales están basadas en los usos lingüísticos de los textos literarios, que ignoran algunos, al menos, de los usos que son corrientes en otros registros de lengua. De ahí que, sin abandonar por ello el campo de los estudios medievales, haya emprendido una investigación sobre la evolución histórica de los usos discursivos de los periódicos desde su aparición en el siglo XVII hasta nuestros días. El fruto de tal investigación espero darlo próximamente a alguna revista, pero puedo ya adelantar ciertos resultados que, a mi entender, ponen de relieve lo alentador que puede ser el hacer incursiones en diferentes siglos a la búsqueda de las manifestaciones lingüísticas correspondientes a una misma finalidad expresiva. Entre otras conclusiones, he sacado la de que ciertos modos de citar, hasta ahora considerados característicos de la Edad Media, seguramente fueron víctimas de las tendencias latinizantes y razonadoras que ganan terreno a partir del siglo XVI. Más aún, es posible que tales modos de citar, más que perderse pasada la Edad Media, llevaran una vida soterrada -quizá presentes en la lengua oral popular, pero exiliados de los textos literarioshasta su reapari2(,Es probable que si el concepto de "gramática emergente" de Paul J. Hopper estuviera más extendida tales juicios no tendrían cabida en los estudios lingüísticos. Con el concepto de Hopper, la gramática no sería vista, como es el caso actualmente, como un ente teórico que precede al estudio de los textos y en el que se basan las teorías ingüísticas, no como un bloque de correlaciones entre formas y significados o entre formas y funciones, sino como transacciones lingüísticas continuamente renegociadas en cada contexto comunicativo. En palabras de Hopper, "Grammar is a becoming rather than a being" (p. 23 de "Discourse Analysis: Grammar and Critical Theory in the 1980s", Profession, 88, 1988, 18-24). Véase igualmente el comentario al respecto de Suzanne Fleischman en pp. 28-29 de "Philology, Linguistics, and the Discourse of the Medieval Text, Speculum, 65, 1, 19-37. 21 Cf. mi estudio "El estilo indirecto en periódicos franceses y españoles", en Estadios pragmáticos: lenguaje y medios de comunicación, publicados por el Grupo Andaluz de Pragmática, Sevilla, Departamento de Filología Francesa, 1993, pp. 37-79.