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Vidas de españoles célebres. Tomo III

Quintana, Manuel José (1772-1857)

Abstract

Contiene: T. I: Roger de Lauria, Guzmán el Bueno, El Cid, Príncipe de Viana y El Gran Capitán. -- T. II: Vasco Núñez de Balboa ; Francisco Pizarro. -- T. III: Don Álvaro de Luna ; Fray Bartolomé de las Casas

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VIDAS DE ESPAÑOLES CÉLEBRES MADRID, 1833. IMPRENTA DE D. M. DE BURGOS. ESTE TOMO COMPRENDE DON ÁLVARO DE LUNA. anvenrencia, Los retratos que lleva este tomo se han sacado, el de don Alvaro, de la estátua de mármol de su sepulcro en la catedral de To- Jedo; el del padre Casas, de la coleccion de retratos de varones ilustres de España, publicada en la imprenta Real, PRÓLOGO. IN publicarse el tomo primero de esta obra tenia el autor delante de sí mucho tiempo y muchas esperanzas. Alentábale en ellas la in- dulgencia con que el público habia recibido sus primeros ensayos; y confiado en su ju- ventud, y en la tranquilidad y posicion ven= tajosa que entonces disfrutaba, se atrevió á prometer al frente de aquel libro lo que des: pues no le habia de ser posible realizar. Y aunque el título indeterminado y vago, que le puso, dejaba libertad para dar la: forma y extension que quisiese á su trabajo, hien se (x) da bajo el aspecto personal, no dejan de manifestar la razon de haber estado inter- rumpida tanto tiempo la publicacion de estas vidas, y de ser las que han salido última- mente áluz algun tanto diversas de las pu- blicadas primero. Las obras históricas re- quieren para su. composicion el auxilio de archivos y bibliotecas, y consejos de sábios y eruditos, á quienes en la necesidad pue- da consultarse. Alejado casi siempre el au- tor de estos grandes depósitos de instruc- cion, y del centro de las luces y de los conocimientos , ha carecido de las propor- ciones necesarias para proseguir su Obra, segun el plan antes concebido, y con la ex- pedicion que convenia. Y si bien no ha deja- do de aprovechar la ocasion, cuando se pre- sentaba, de adelantar sus investigaciones , y aumentar el caudal de sus noticias, esto era siempre casual y con mucha lentitud ; por ma- nera que el intento, nunca olvidado ni abando- nado, era siempre interrumpido. Al fin, cuan- do templadas algun tanto las pasiones , pudo restituirse 4 sus hogares, y respirar de las penas y contratiempos pasados , lo primero á que atendió fué á revisar los estudios que en esta parte tenia hechos , y poner en órden (x1) ! los mas adelantados para su publicación. Fru- to de estas tareas fueron las dos vidas de Vas- co Nuñez de Balboa y de Francisco Pizarro, que se dieron 4 luz en el año de treinta, y las dos que ahora publica de don Alvaro de Lu- na y fray Bartolomé de las Casas. Bien co- noce que la obra no presentará ya el interés general que hubiera recibido tal vez de su ejecucion completa: pero 4. lo menos cada vidá por si sola ofrece un trabajo mas prolijo y meditado, y un conjunto histórico mas lleno y satisfactorio. Esto es lo que al parecer ha conciliado algun favor al tomo segundo, y podrá por ventura conciliársele tambien á este tercero, en que se ha empleado el mismo es- mero y la misma detencion. AS - Demas vigor en el estilo y mayor severi- dad en los pensamientos debiera estar ani- mada la vida del condestable don Alvaro. Su argumento lo requería, y no de otro modo pudiera añadirse algun interés á la narración de tantas intrigas de: corte, de tantas guer- rillas sin gloria y casi sin peligro ; y de tanta porfía por arrancarse un poder: incierto y va- Cilante, no hermanado con los intereses pú- blicos , ni apoyado en la majestad de las Je- yes. El tiempo y la posicion particular del au- (x11) tor no le permitian tocar esta cuerda con la decision conveniente. Pero bien se deja co- nocer por donde quiera, que abunda gustosí- simo en aquella máxima del cronista Perez de Guzman=Ca mi gruesa é material opinion es esta: que ni buenos temporales ni salud, son tanto pro- vechosos é necesarios al reino como justo é Dis- creto Rey. * Porque de no haberlo sido el Rey don Juan ¿qué série no resultó de turbulencias y calamidades ? Batallas, quemas de pueblos, odios enconados, destierros é infortunios de hombres principales, muertes, entre otras, del Duque de Arjona, y del Infante don En- rique, suplicio del condestable , fallecimiento del Rey, que no pudo sobrevivir mucho tiem- po á su privado, devastacion, en fin, y desas- tres de la malhadada Castilla, entregada á tales manos, y mas digna de compasion que todos aquellos ambiciosos. A objecion mas grave es de recelar que esté expuesta la vida de fray Bartolomé de las Casas. Se acusará al autor de poco afec- to al honor de su pais, cuando tan franca- mente adopta los sentimientos y principios * Generaciones y semblanzas , cap. 34 , en que trata del Condestable. A ANA (x11) del protector de los indios, cuyos impruden- tes escritos han sido la ocasion de tanto es- cándalo, y suministrado tantas armas á los detractores de las glorias españolas. Pero ni la exaltacion y exageraciones fanáticas del Padre Casas, ni el abuso que de ellas ha he- cho la malignidad de los extraños, pueden quitar á los hechos su naturaleza y carácter. El autor no ha ido á beberlos en fuentes sos- pechosas; ni para juzgarlos , como lo ha he- cho, ha atendido á otros principios que los de la equidad natural, ni otros sentimientos que los de su corazon. Los documentos, mul- tiplicados cuidadosamente con este objeto en los apéndices, y la lectura atenta de Herrera, Oviedo, y otros escritores propios, tan im- parciales y juiciosos como ellos, dan los mismos resultados en sucesos y en opiniones, ¿Qué hacer pues? ¿Se negará uno á las im: presiones que recibe, y repelerá el fallo que dictan la humanidad y la justicia por no com- prometer lo que se llama el honor de su pais? Pero el honor de un pais consiste en las ac- ciones verdaderamente grandes, nobles y yir- thuosas de sus habitantes; no en dorar con jus, tificaciones ó disculpas insuficientes las que ya por desgracia llevan en sí mismas el sello de (x1v) inicuas é inhumanas. A los extraños, que por deprimirnos, nos acusen de crueldad y barba- rie en nuestros descubrimientos y conquistas del. Nuevo Mundo, podríamos contestar: con otros ejemplos de:su misma casa , tanto y mas atrocés-que los nuestros; y en tiempos y 'cir- cunstancias harto ménos disculpables.' Pero esto ¿4áqué conduciría? A volver recriminacion por recriminación, y enredarse en un vano al- tercado de: declamaciones ¡inútiles y odiosas, que mi remedian' los males pasados, ni'resuci- tan elos muertos. El Padre Casas á4:lo menos, cuando tronaba con tal vehemencia, ó Mámese frenesi, contra los feroces conquistadores , no lo:hacia por una ociosa ostentación de:inge- nio y de elocuencia, sino por defender de su próxima ruina á generaciones enteras; que aun subsistian y sepodian conservar. Y de hecho las conservó, pues que á sus continuos é incan- sables! esfuerzos se debierón en gran parte las benéficas leyes y templada policía con que han sido regidas por' nosotros las tribus:america- nas ¿Ellas subsisten aun en medio de las po- sesiones españolas, mientras que. en los pai- ses ocupados por otros pueblos de Europa, sería por demas buscar una sola familia in- digeña; y esta respuesta, la mas plausible (xv) A que solemos dar 4 nuestros acusadores im- portunos', se la debemos tambien 4 aquel cé- lebre misionero... 000 Estas grandes glorias y utilidades, que re- sultan de-las conquistas y dominaciones dila- tadas, se compran siempre á gran precio, ya de sangre, ya de violencias, ya de reputacion y de fama; tributo funesto que se paga, aun por las naciones mas cultas, cuando el impulso del destino las lleva á la misma situacion. Glorio- so fué sin duda para nosotros el descubri- miento del Nuevo Mundo: blason por cierto admirable, pero ¡4 cuanta costa comprado! -Porlo que á mitoca, dejando aparte, por no ser de aquí, la cuestion de las ventajas que han sacado los européos de aquel aconteci- miento singular, diré que, donde quiera que encuentro, sea en lo pasado, sea en lo pre- sente, agresores y agraviados, opresores y oprimidos, por ningun respeto de utilidad pos- terior, ni aun de miramiento nacional, pue- do inclinarme á los primeros, ni dejar de simpatizar con los segundos. Habré puesto, pues, en esta cuestion histórica mas entereza 6 desprendimiento que el que se espera co- Munmente del que refiere sucesos propios, pero no prevenciones odiosas, ni ánimo de in- (xv1) juriar ó detraer. Demos siquiera en los libros algun lugar á la justicia, ya que por desgra- cia suele dejársele tan poco en los negocios del mundo, Jwio de 1833. D* Arvaro be Luna. DON ÁLVARO DE LUNA. A ESE AIN A A A : : El espectáculo que presentan Tos sucesos públic cos de Castilla'en el reinado de Juan ML, 'dun- que aflige el ánimo por el desórden tumultuoso de las pasiones, llama poderosamente la atencion con el movimiento y con la variedad. Peleósé encarni- zadamente treinta años seguidos entre los Próceres del reino, sobre quién se habia de enseñorear del Rey, incapaz de gobernar, y falto de fuerza y de carácter para mandar y hacerse obedecer. Todo aquel largo período no fué mas que un flajo y Tc- flujo continuo de facciones y de intrigas, de con= federaciones y guerras, de convenios mal guarda- dos y de rompimientos sin fin; y en medio de esta agitacion luce 4 las veces una audacia y una ener- gía, una generosidad y magnificencia que honran a. 7 Autores coxsuLTaDos. Crónica de Don Juan 1. — Cró- nica de Don Álvaro. —Seguro de Tordesillas. — Centon [pistolario del bachiller Cibda real. —Generaciones y Sem- blanzas de Fernan Perez de Guzman. — Historia del Gran Cardenal de España. — Mariana, Zurita, y demas compila- dores generales.—Algunos documentos inéditos del tierupo, comunicados al autor. . A 8 NSPAÑOLES CÉLEBRES. Reina su madre, conociendo el motiyo de su dis gusto , mandó venir á Don Álvaro, y con su pre= sencia el Rey volvió 4 su alegría acostumbrada. Crecia en años , y crecia con ellos la gracia y la privanza del doncel afortunado. Una mitad de la corte le obsequiaba y se postraba delante de su gran- deza futura, mientras que la otra intentaba derri- barle de aquel valimiento anticipado, y trataba de separarle de palacio. Creyóse haber hallado la oca- 0 oportuna para ello en el viaje que la Infanta Doña María hermana del Rey iba á hacer, para ca- sarse con el Príncipe heredero de Aragon. Nom- . brados los Prelados, Grandes y caballeros que ha- bian de acompañarla, fué tambien nombrado Don Álvaro entre ellos, como para honrarle, y pro- porcionarle el gusto de visitar y reconocer á los parientes que tenia en aquel pais. Bien conoció él, 4 pesar de estas aparentes ventajas, el tiro que se le hacía , pero no siendo llegado aun el tiempo de mandar, se resignó á obedecer. Dispuso su parti- da, y se llegó 4 besar la mano y despedirse del Rey, que manifestó desde luego su repugnancia á aquella separacion; y cuando Don Álvaro le hizo presente que conyenia á su servicio que él partiese con la Infanta, el Rey entonces, arrasados de lágri- mas los ojos, y tchándole sus pequeñuelos brazos al cuello, le dijo que si todayía queria su servicio, se viniese luego para él. Así partió 4 Aragon , donde fué aplaudido y obsequiado á porfia por su familia segun su calidad y esperanzas, y donde el anciano DON ÁLVARO DE LUNA. 9 Benedicto, 4 quien duraba aun su poder pontificio, se regocijó con él y le echó su bendicion. Mas la impaciencia del Rey por tenerle junto á si no le dejó disfrutar mucho tiempo estos obsequios: la Reina le mandó yenir, y el Monarca y la corte volvieron 4 recobrar la gentileza y alegría que, segun su coronista, les habia sido robada toda con su ausencia. Á quien mas parte cupo de este regocijo públi- co fué á las damas , que, prendadas de sus gracias, 6 ambiciosas de su fortuna, unas le querian por su galan, otras le codiciaban para marido, Corres- pondia él 4 los halagos de las unas con la amabi- lidad y el agrado que siempre le acompañaban , y se defendia de las otras con cautela y con pruden- cia: diciéndoles que un caballero tan jóyen y sin fortuna no era bien que tomase estado todavía. Sus miras eran mas altas, como se vió despues; pero la Obra de su circunspeccion estuvo á pique de venir al suelo por la prontitud y yoluntariedad de la Reina, que intentó 4 deshora casarle casi por fuer= za. Entre las damas que le favorecian se señalaba con mas esmero y cariño una Inés de Torres, fa-= yorita de la Reina, y la persona mas poderosa de palacio. Esta le distinguia entre los demas donce= les del Rey con un afecto particular y constante, le llamaba hijo, le consolaba cuando triste , Je cuidaba cuando enfermo. Sus finezas en fin eran ta> les, que llegaron 4 causar cuidado al caballero que la galanteaba, Juan Alyarez de Osorio , UN señor po- 10 ESPAÑOLES CÉLEBRES. deroso en Leon, y entonces el cortesano de mayor influjo. Ya por quitarse esta sombra, habia sido el aconsejador principal del yiaje de Don Álvaro 4 Aragon. Pero como esta intriga no produjo efecto ninguno, y Don Alyaro volvió de su viaje mas po- deroso y-peligroso que nunca , se dió 4 pensar que haciéndole casar cuanto antes, se desembarazaría de tan incómodo rival. Tuvo pues arte para persuadir 4 la Reina que aquel mozo estaba prendado de Constanza Barba, otra dama de palacio agregada al servicio de la Infanta Doña Catalina, añadiendo que ella no lo estaba menos de él, y que era conveniente al decoro de la Casa Real, y tambien al de los dos, que prontamente se desposasen. La Reina preyeni- da lama 4 su cámara 4 Don Álvaro , le manda es- perar allí, y entrándose en su retrete donde tenia ya llamadas á Constanza y 4 su madre, las previe= ne que el desposorio de los dos iba 4 celebrarse al instante. El doncel que entreoyó lo que se trataba, y estaba convencido de cuan poco Je. convenia, tomó al instante su partido con resolucion, y se salió de la cámara y del palacio, dejando así plan- tada la novia, el casamiento y la casamentera. Mantúyvose en su casa sin presentarse en la corte, y quejándose altamente 4 todo el mundo de la yio- lencia de la Reina, que así queria atropellar y per- der.á4 un jóyen desvalido. Mas este retiro no podia durar mucho tiempo, y el Rey echándole menos, segun su costumbre, y no pudiendo vivir sin él, fué necesario que el doncel volviese á su puesto DON ÁLVARO DE LUNA. 11 cerca de su pepeopa , y no se habló mas de lo pa- sado. ' No perdió por eso con cr damas el favor que antes tenia;'antes bien, como les quedaba aun la ilusion ó la esperanza de hacerle suyo, todas 4 por- fía le festejaban, y él continuó por mucho tiempo siendo el ídolo de todas. Mostróse esta inclinacion de un modo bien halagiieño en el funesto acciden= te que le aconteció en la justa celebrada en Ma- drid, cuando entrado el Rey en la. mayor edad, se entregaba de la gobernacion del Estado.. Esmeróse él aquel dia en gallardía y lucimiento, como para justificar el amor del Rey y el fayor de la corte; y despues de haber roto muchas lanzas, y hecho di- ferentes carreras bizarras y vistosas, quiso su des- gracia que en el último encuentro que tuvo. con un gran justador que allí se hallaba, y se decia Gonzalo Cuadros, el roquete de la lanza de este le rompió la visera y le quebrantó el casco de la ca- beza. Empezó al instante 4 arrojar la sangre, como á: rios , de que se inundaron las armas, las sobre= vistas, y las trenzaderas de oro de que pendia la; jo- ya que le habia dado su amiga. No cayó poreso del caballo: mas sus amigos acudieron, le desarmaron, y le llevaron en andas 4 su casa. El Rey le envió sus físicos para curarle, le fué 4 yer muchas veces, y á su ejemplo toda la corte, Las damas sobre todo hicieron gran duelo por su desgracia, como si se les enlutára su alegría: rogaron , rezaron, prome- tieron, y los votos 4 que algunas se obligaron, Jos 1a ESPAÑOLES CÉLEBRES. tendríamos ahora por extravagantes, á no consides rar que estos actos se resienten siempre Ó se com- plican con las opiniones, con los gustos y con las costumbres del tiempo en que se celebran *, La cura fué peligrosa y larga, y por lo mismo no pudo seguir la corte, que 4 principios de abril se trasladó de Madrid 4 Segovia. En su ausencia los Grandes y caballeros que rodeaban al Rey ar- reglaron los destinos de palacio y los oficios de cá- mara, sin tener la debida cuenta con él, ni guar- darle las promesas y pactos que con él tenian he= chos. Así cuando Don Álvaro, sano yade su heri- da, se presentó en Segovia , todo lo encontró mu- dado, la corte dividida en bandos, él sin puesto alguno distinguido cerca del Rey, y sus rivales triunfando ya de su desaire. Mas cuando una no- che el Monarca delante del Condestable y otros cortesanos , que en yano habian pretendido el mis- mo favor, le dijo que se acostase á los pies de su cama, ellos salieron corridos y enojados de aquella preferencia singular, con la cual caían al suelo sus maquinaciones y esperanzas. Ayudóle mucho en esta ocasion el mayordomo mayor del Rey, Juan Hurtado de Mendoza , casado con Doña María de Luna, prima hermana suya, y 1 E muchas ovo ende , dice su cronista, que prome= tieron con gran devoción de no comer cabeza jamas en algun tiempo , de ninguna cosa que fuese , por él ser fe- rido de tal manera como habemos contado en la cabeza, por tal que Dios le librase, e le diese salud. Crónica de Don Álvaro, título VII. : DON ÁLVARO DE LUNA. 13 desde aquel punto la direccion y principal influjo en los negocios empezó 4 depender de los dos. De Juan Hurtado mas al descubierto, por el puesto que obtenia; de Don Álvaro con mas disimu- lo, por no tener todavía destino ni cargo algu- no en el Estado. Pero esta oscuridad no podia du- rar mucho tienipo: ya era hombre hecho, el Rey cada yez mas prendado de él, su alma sintiendo en sí los talentos que llevan al mando y 4 la gloria, y estimulada con todos los incentivos de la ambi- cion, y si se quiere de la soberbia. Todo pues le impelia 4 salir de aquella estacion indecisa, pro- pia de un muchacho y no de hombre, y á entrar en la carrera de honores y poder que veía abierta delante de sí, y á que le convidaba la fortuna. Lleno de estas ideas y de tan grandes esperanzas, se em- pezó á tratar con mas solemnidad y aparato; y aquel mancebo que tres años antes, cuando la Rei- na le quiso casar, se llamaba pobre y desvalido, al partir el Rey de Segovia para Valladolid, y sin te- ner mas título que el de su doncel, sacaba ya su hueste de hasta trescientos hombres de armas, si= guiendo su estandarte diferentes mancebos nobles é ilustres caballeros. Señalábanse entre ellos García Alvarez, señor de Oropesa; Alfonso Tellez Giron, señor de Belmonte; Don Alfonso de Guzman, señor de Santa Olalla; Pedro de Portocarrero, señor de Moguer: , cuyo séquito y cuyo nombre daban au- r E € venian Yaconél, e so el fondon de su bandera, dice su Crónica: Ali mismo expresa que para este tiempo 2» de di- * ciembre de 1406 14 ESPAÑOLES CÉLEBRES. toridad y ostentacion al jóyen ambicioso que los acáudillaba, y empezaban '4' mostrar al mundo el futuro regulador de Castilla. 'Ocupados hasta «ahora en dar alguna idea de sus principios y mocedades , hemos dejado para este lugar la exposicion del estado en que se hallaba la Monarquía , exposicion necesaria para entender los sucesos que van 'á referirse, y que nos obliga por lo mismo 4 volver los ojos mas arriba, y examinar por un camino diverso.el período de tiempo que acabamos de recorrer. .. : El «cetro de Castilla al morir'Enrique JII ha- bia pasado 4 las mános de su hijo Juan 1, niño "entonces de veinte y dos meses. Quedaban por go- bernadores del reino y. por tutores del Rey Doña Catalina su madre, y el Infante Don Fernando su tio, hermano del Rey difunto. Mas, 4 pesar de esta prudente disposicion de Enrique, todavía los áni- mos recelosos temian las agitaciones y peligros que amenazaban en una minoría tan dilatada. Movidos de este instinto, se dice que convidaron al Infan- te con el trono, y le incitaron á que se llamase Rey*; y que él, desechando unas sugestiones tan ya era maestresala del Rey; pero en los documentos del año 19 y €n algunos del año 20 no se le da mas título que el de doncel. A, : 1. Este hecho, en mi opinion muy dudoso , parece en la Crónica mas bien una conversacion vaga que un caso pensado , y por consiguiente" no era acreedor á la impor- tancia moral y aun politica que le han dado los historiado- res. Véase en la historia latina de Lorenzo Valla el pasage relativo 4 la solemnidad de la aclamacion del Rey de Cas- Mos O A a o PE . o A A NA se A A ATA A 2 rr DON "ÁLVARO DE LUNA. 15 indignas de su carácter, hizo proclamar á su. so- brino con una solemnidad no conocida hasta en- tonces, y fué el primero á:jurarle obediencia y lealtad. Era sin duda Don Fernando un Príncipe muy cabal, y digno de dar este virtuoso ejemplo 4 los hombres, Pero. en aquel caso la prudencia se hermanaba perfectamente, con la justicia, y acon- sejaba con igua) eficacia desatender las voces de la lisonja y de la ambicion, Reunia el Rey. niño en su persona los intereses de las dos casas contendien- tes, y el partido vencido en los campos de Montiel tenia en fin la satisfaccion de ver sobre el trono de Castilla al descendiente del infeliz Don Pedro, El trastorno en la sucesion hubiera dado un pre- testo justísimo de descontento 4 aquel partido, no bien sosegado todayía, y el medio imaginado para precayer los desórdenes de la minoridad, fuera ca= tia, escrito y compuesto con mas visos y formas de dez clamacion que de verdad histórica, Véase tambien á Maria- na, que toma ocasion de este supuesto desprendimiento, pára poner en boca del Condestable Dávalos la bella arenga sobre el origen de las sociedades é institucion. de-la: autoridad: “Real. El buen Condestable , nombrado por el Rey Enrique su primer ejecutor testamentario , KO Es posible que pensase en el proyecto que Mariana le atribuye, ni que supiese las uenas cosas que le hace decir; y en esta parte el higioria , dor retórico faltó 4 la conveniencia, tan ficlmente obserya- : Por sus modelos los historiadores antiguos. Sila invita cion hubiese tenido la solemnidad que se le atribuye co. DA te, el cronista Álvaro de Santa Maria , lan parcial á 308 20; y:tan prolijo ensus cosas, no la contára tan O PASO: mi tampoco guardaria Fernan Perez el silencio que guarda acerca de ella én' el capitulo de sus Generacio - nes 2 que trata de: esje Rey. be oia Lab 16* “ESPAÑOLES CÉLEBRES. balmente la ocasion de darles principio y moyi- miento con la usurpacion del Infante. De cualquiera modo que esto fuese, él corres- pondió dignamente á la confianza del Rey su her- mano. Tenia una cualidad, harto rara por des- gracia en los que se hallan en la cima del poder, que era una inclinacion y amor sincero á la equi- dad y 4 la justicia, de modo que su gobierno fué benigno y recto con los pueblos, firme y respeta- ble con los grandes, al paso que terrible y glorioso para con los moros, La guerra que tenia proyectada contra ellosel Rey difunto, fué realizada por él y de un modo el mas brillante y afortunado. Ganóles la batalla de Antequera , se apoderó de esta villa, y tambien de Zahara , Cañete, Pruna , Ortexicar y la torre de Alhaquin; y no se sabe hasta qué pun- to los hubiera reducido con la fuerza de sus armas, si en medio de sus sucesos no hubiera yenido á suspenderlos la fortuna, ciñendo á sus sienes la co- rona de Aragon, para lo cual quizá tuvo mas par- te su buen nombre y sus virtudes, que su dere- cho, por grande que se le suponga. No así la Reina Gobernadora, alma comun, ca- rácter ordinario, inhábil al mando, indocil al con- -sejo, y neciamente zelosa de su autoridad. Entrega da sin reserva 4 mujeres y hombres oscuros que abusaban de su confianza, daba, como todos los ánimos pobres y rastreros, facil oido 4 chismes, ren- cillas y sospechas ; y sin la noble condicion y cordura del Infante, mas de una yez hubiera estallado en DON ÁLVARO DE LUNA. . 17 debates escandalosos aquella tutoría de justicia, de tranquilidad y de gloria. Estimábala el Rey su es- poso en lo poco que ella merecia, y si juzgó de necesidad política darla parte en el gobierno, no juzgó conveniente dejarla el cuidado de la custo- dia y educacion del Príncipe heredero. Así que, mandó expresamente en su testamento que fuese puesto en poder de dos caballeros de su confianza, Diego Lopez de Stúñiga, Justicia mayor de Castilla, y Juan Velasco, camarero mayor del. Rey, los cua- les en compañía del sabio Obispo de Cartagena Don Pablo de Santa María, le guardasen , rigiesen y tducasen, cual conyenia al bien del Estado que despues habia de gobernar. Esta cláusula del testa mento no se cumplió: Doña Catalina alegó los de- _rechos de madre, 4 quien 4 la verdad parecia duro desapoderar de su hijo; el Infante y los testamen- tarios quisieron consentirlo, y esta condescendencia fatal fué la primera causa de todas las agitaciones y desgracias que sobrevinierón despues... Porque, recelosa. de perder la ventaja que aca= baba de conseguir, y en-la cual cifraba ella toda su importancia y poderío, su principal cuidado, ú mas bien su único pensamiento en. toda: larga tutoría , fué tener-al Rey siempre 4 y casi siempre encerrado para que no se] sen. Nadie le veía sino las pocas personas. nes ella se fiaba diera despejar s Cri aquella su vista, e quitas de quie , Y él no veía nada de 15 que pa- u espíritu y fortalecer su carácter, dy así con mas señas de cautivo py Monar- 2 ESPAÑOLES CELEBRES. tregar el alcázar de Segovia 4 donde el Infante que- ria llevar al Rey, temerosos de que:su hermano viniese en fuerza 4 deshacer aquel hecho. Mas como el alcaide, que tenia él' alcázar por Juan Hurtado, no quisiese entregarle sino 4 él en persona, dieron «4 Juan Hurtado licencia con pleito-homenage que prestó de hacer luego la entrega por sí mismo, de- ¡ando para'ello en rehenes 4'su muger Doña María -de Luna y dos hijos pequeños. Él salió, pero en «wez de ir 4 Segovia se fué 4 Olmedo al Infante Don Juan, dando por disculpa'dé su falta de palabra qué el: pleito-homeñage sele habian tomado estando preso y para' cosas de deservicio del Rey. Por esta 'razón“el viaje 4 Segovia no tuvo efecto y se deter- -minó. que la corte fuese 4 Ávila. Mas al moverse de Tordesillas hubo otra dificultád, y fué que la «Infanta Doña Catalina" sabedora de los intentos de su «primo, y entonces no” gustosa de ellos, quiso «quedarse en Tordesillas, y para eso se entró como 4 despedir de la abadesa del monasterio de monjas que allí habia , de donde envió 4 decir 4 su prima Ja esposa:del Rey, que se fuese en buen hora, por- «que ella.no entendia: salir de allí. Llamada y vuel- ta 4 Mámar de parte' del Rey, y visto que 4 todo +requerimiento se negaba, fué necesario que el Obis- -povaimenazase 4 laabadesa de proceder contra ella, y que Gartil Fernandez amagase con que iba á der- »ribaf elomonasterio. Entonces salió la Infanta con pléitovhomenage que la'hicieron de que no se la ha- ria fuerza ninguna ' para: casarla con Don Enri- DON ALVARO DE LUNA. “095 que-, ni le quitarian á María Barba su TEN Esto allanado, el Infante llevó la corte 4 Avi- la, ya que no podia ser 4 Segovia, y allí hizo lla- mamiento de sus parciales, al mismo tiempo que el Infante Don Juan, el Infante Don Pedro, su her- mano, y el Arzobispo de Toledo, primero en Cue- Mar y despues en'Olmedo, hicieron llamamiento de los suyos, y reunieron la gente de armas que pudieron, para venir 4 poner al Rey en libertad. Las cosas amenazaban un rompimiento escandalo so, sin la Reina viuda de Aragon, que empezó á in- tervenir en ellas, y 4 procurar concertarentre sí 4 los Infantes sus hijos. Moviéronse algunos tratos de convenio que no tuvieron efecto, porque Don En- -rique no queria absolutamente dar entrada 4 parti- do «ninguno, que le quitase lá: preponderancia ex- clusiya que tenia usurpada cerca del Rey. Su her- mano por respeto '4 la mediacion que interyenia, y cumpliendo con uno. de los artículos del convenio en que los dos partidos se: acordaron, licenció. la gente de «guerra que habia juntado en Olmedo. «Don Enrique y Jos suyos acordaron conservar mil lanzas en la corte: 4:sueldo del Rey para quedar así -los.mas fuertes. Y como Don Juan' y el Arzobispo hubiesen enviado cartas 4 las ciudades y villas del reino afeando el hecho de Tordesillas, y. convi- dándolas 4 que por sus diputados se prestasen con ellos 4 entender en loque tan grave caso' requeria; Don Enrique envió tambien las suyas en sentido contrario, afeando la conducta del partido opues- 26- AASPAÑOLES CÉLEBRES. to, así-antes como despues de aquel acontecimien- to, y convocándolas 4 Cortes generales, para con su' consejo proceder 4lo que fuese mas del servicio del Rey y provecho del reino. Ya antes en Tordesillas, deseoso dl tener la opinion popular en su fayor, habia negociado con algunos Procuradares de Cortes, que acaso allí se hallaban, que: escribiesen 4 sus pueblos poniendo en buen lugar lo' que entonces se hizo, y les man- dó de:parte del Rey, que/aunque el tiempo de sus procuradurías:era pasado,. usasen «sin embargo «de ellas y le: acompañasen para: tomar su consejo en las cosas que á:su servicio cumplian. Mas las Cor- tes qué se celebraron despues en: Ávila tuvieron otra:solemnidad;' y debian producir en concepto del Infante un: resultado mas favorable 4 su causa. -Acudieron: con: efecto los. Procuradores de las-ciu- dades al llamamiento del Rey. Las Cortes se cele— raron solemnemente en'aquella catedral, y:el:jó- «ven: Monárca sentado en su Real Trono manifestó 4 Jos Grandes, Prelados y Procuradores presentes que los habia juntado alí por las razones que les daria «desu órden el Arcedianóo 'de Guadalajara: Don Gú- ajerre Gomez de Toledo, Este- eclesiástico ; que-te- “iia entonces opinion: de gran letrádosalió-al'ins- tante al púlpito y:eñ' uri discurso'artificioso y Meno ¿de autoridades: y de ejtas*,- probablemente”. poco “entendidas: del ea oa lec las: rom Y si pi 119% 16. 1 Estas, auiridados D hrs errr de NA ¿A ¿A Jos Doctores de la gel Ex leyes canónicas. Lástima DON ÁLVARO DE LUNA. 7 desagúisados que se cometian por los que goberna= ban 'el reino anteriormente; la necesidad de lo he- cho en Tordesillas para remediarlos y estorbar la perdicion del reino que iba á verificarse con ellos; la aprobacion que el Rey hacía: de aquel hecho, y su mandato á todos los Grandes de su reino, 4 los de su Consejo y 4 los Procuradores que lo:aproba- sen tambien. El Rey, acabado:el discurso, repitió el mandato, y los Grandes y los mas de los Pro- curadores obedecieron, diciendo que lo-aprobaban; de todo lo cual se extendió un largo testimonio por los escribanos de cámara: que lo presenciaron. ¿En medio de esta docilidad generales digna de notarse la noble oposicion de los Procuradores de Burgos, que dijeron no poderse llamar Cortes, donde nó es= taban', ni habian sido +lamadós Jos principales que en ellas deberiansestar': añadiendo que'antes que aquellas Cortes: se hiciesen; deberian ser convo= cados. y oidos-todos los Señores y; Prelados que fal= taban, y acordadas:todas las divisiones que Pell haber en estos reinost, 01000! bi Qibt -No- satisfecho el: Infante. con: esta aprobacion, es Es Conservado “el sefmon ¿“la Jetra: p quesseria curioso vér:él tormentoque en élse daba: pS soja DE que. Autorizasen el ¿Atentado de Tordesi ijéron', por ejemplo , que faltaBa el enel 0£$1 ue ¿porel Er del ¡Lara need primera pes SiN s hijos-dalgo ; que tambien Don Sanc co E dae por ¿E ¿ge Ana e Do Mb YA Cors pur sino esla: Iglesias faltaba pe e ce z mayor Don ispo de urgos; el Justic su0jor ,'el Masordomo caos aRiDÍa 5l "od sup a > 1420. 28 ESPAÑOLES CÉLEBRES, al parecer nacional, quiso tambien tener la del Papa, y para ello diputó á su orador Don Gutier- re, para que hiciese saber al Santo Padre de parte del Rey el estado del reino y las cosas pasadas, jus- tificando 4 Don Enrique, y cargando toda la culpa al Infante Don Juan y 4:los Prelados y Señores de su parcialidad. Llevaba ademas aquel enviado una comision mas importante á Don Enrique, y éra una suplicacion del Rey para que el Papa consintiese en que todas las villas y lugares del Maestrazgo de San- tiago fuesen del Infante porjuro de heredad para él y sus descendientes, con título de Ducado. Con este objeto se dieron al Arcediano cartas de creen= cia del Rey y de los de su Consejo, y la crónica añade, que ademas de sus dietas se Je libraron en Sevilla diez mil doblas de oro del tesoro del Rey, para que allá las repartiese entre quienes fuese me- nester; hecho que pone bien de manifiesto el des- caro con que en aquella noble gente se mostrabaná porfía la codicia y la ambicion. Solo faltaba al Infante para el total logro de sus miras efectuar su casamiento con Doña Cata- lina. El Rey se habia yelado con la Infanta Doña María su esposa , hermana del Infante , en los prí- meros dias del mes de agosto. Quisiera luego Don Enrique conseguir sus miras con su prelendida: es- posa ; pero ella lo repugnaba con igual teson que al principio , y aun habia enviado 4 su aya María Barba al Infante Don Juan, recomendándosé4 él para que no se la hiciese fuerza en ello, Mas en el DON ÁLVARO DE LUNA. 29 viaje que la corte hizo desde Ávila 4 Talavera , el Infante pudo hablarla y verla en la torre de Ala- min, donde el Rey hizo parada. Y sea inconstancia «femenil, 6 que Don Enrique se hubiese hecho amár, Ó que se hiciese temer, lo cierto es que , contra la espectacion de todos , ella consintió allí en el ca- samiento, y luego que llegaron 4 Talavera se ce- lebró el desposorio y se velaron. El Rey hizo do- nacion á su hermana del marquesado de Villena; otorgó diferentes mercedes 4 los caballeros que ser- vian al Infante; y aun entonces se dice que dió la villa de Santisteban de Gormaz 4 Don Álvaro de Luna, el cual por aquellos dias: se yeló con Doña Elvira Portocarrero, hija de Martin Fernandez Portocarrero, Señor de Moguer, y nieto del Almi- rante Don Alonso Enriquez*. s Pero esta máquina de artificio y de violencia no podia durar mucho tiempo. El Infaute desde Talavera pensaba Mevar al Rey 4 Andalucía, don- de su partido era mas poderoso que el de su her- mano; y ya en este tiempo los principales Gran- des que le seguian, y con especialidad'el Conde Don Fadrique y el de Benavente, estaban descon= tentos de él por la desigualdad con que distribuía entre ellos el fayor y la confianza. El Rey por otra 1 El Infante se veló en 8 de noviembre de aquel año pa 20, y Don Álvaro diez dias despues. Vénto en el Don PUR poder enviado en esta ocasion por Doña Elvira Pedro Portocarrero su hermano , que por : », su contexto es un documento muy curioso. $ € Viernes 29 deno- viembre de 1420. 3o ESPAÑOLES CÉLEBRES, parte cansado de ser juguete de aquel tropel de ambiciosos , anhelaba por salir de la opresion en que le tenian, y durante el viaje de Áyila 4 Tala- vera habia manifestado mas de una yez el deseo de escaparse de entre sus manos: Don Álvaro de Luna, con' quien solamente lo consultaba, se lo desaconsejó por entonces ,' haciéndole ver-las difi- cultades que en ello habia por la vigilancia extraor- dinaria con que Don Enrique le guardaba. Mas lue- go que llegado 4 Talayera, y casado el Infante con Doña Catalina, se le vió acudir mas tarde de lo que solia 4 su receloso cortejo en palacio, entrete- nido con el regalo y gusto de su nueyo estado, en- tonces Don Álvaro creyó llegada la ocasion que deseaba, y tomó con el Rey las is AApOsiGioneS nece- sarias para la eyasion. La mañana pues del dia en que se: determinó ejecutarla, el Rey se levanta al alba, oye misa y monta á caballo. Al cabalgar manda se avise al In- fante y á los demas caballeros que solian acompa- ñarle en sus diversiones, como él se iba á caza tras una garza que tenia concertada; y dada esta órden parte á carrera acompañado solamente de Don Ál- varo, de su cuñado Don Pedro Portocarrero, de Garci Alvarez, señor de Oropesa, que llevaba el estoque delante, y de otros dos caballeros que solian dormir en su cámara. El alconero mayor iba de- tras con sus dependientes sin saber nada del secre- to' de la marcha. Pensaban dirigirse 4 algun casti- Mo que estuviese cerca, y hacerse fuerles en él, has- DON ÁLVARO DE LUNA. 31 ta que llegasen gentes 4 reforzarlos y libertarlos, Llegados 4 la puente del Alverche, el Rey. y Don Álvaro y; que iban montados en mulas, toman los caballos que para el casó iban prevenidos , hacen subir tambien al alconero mayor, y: bajo el. pre- texto de ir 4 correr un jabalí que andaba en aquel soto , se arman de las lanzas que lleyaban algunos - pajes, se alejan de Ja comitiva, y aguijan su: ca= mino de modo, que no eran pasadas dos horas desde la salida cuando llegaron. al castillo de Villalba, distante cuatro leguas de Talavera. Mas este casti- llo no servia de defensa, y fué preciso dirigirse al de Montalban 4 la otra parte del rio. Ya la comi- tiva era. mayor; el Conde Don Fadrique y.el «de Benavente, sabedores del secreto, y algun otro.ca> ballero habian podido. alcanzarlos, El Rey sc metió: en: la barca con Don: Álvaro, -los:dos Condes y: al- gun otro que cupo en ella;.pasó el rio y marchó á pie: hasta el. castillo de Malpica, donde esperó 4. que la demas gente. legase con los caballos. Apenas se ponen:en camino, cuando se encuentran con una porcion de gente á caballo, que podia atajarles el paso. Don Alvaro se adelanta y les: gana. la accion; el Rey. se nombra y les manda que dejen sus. ca=. ballos 4 su comparsa y y se lleven las mulas en que iban todavia algunos que le acompañaban *.. Mejor. 13 Ata inte pod los caballeros lo reficre batió de leerse: do su TES AA e Ma : Ancias que cuentá antes el mismo escritor, y por eso es preferible la de 1 : 7 Don aro paa Copia eiasral, V ¿ase la Crónica de, 32 ESPAÑOLES «CÉLEBRES. montados así, siguen su camino y llegan 4 Mon= talban. al empezar la tarde. Dos caballeros se ha- bian adelantado de órden del Rey á tomar la puer= ta del castillo, que casualmente se halló abierta. Ellos entraron, se apoderaron de la torre del ho- menage, y como hablaban á nombre del Monarca, ni el alcaide ni nadie de Jos de dentro les opuso resistencia alguna. El Rey llegó en seguida con Jos Condes y Don Álvaro: el resto de la gente entró tambien de allí á poco, y así pudieron entonces tomar aliento y creerse á salyo de los que venian en su alcance. - Volaban con efecto los del Infante en pos de ellos , ansiosos de enmendar su descuido con la di= ligencia. Don Enrique al primer recado del Rey se levantó, y se puso á oir misa muy despacio. En esto llegó su privado Garci Fernandez, y le dijo que dejase la misa y acudiese al Rey, que se iba huyen- do á toda priesa y nose sabia donde. Turbáronse to- dos los circunstantes, y mas cuando se añadió, que sin duda el Rey se habria ido 4 juntar con el In- fante Don Juan, que estaba allí cerca esperándole con mucha gente de guerra. La noticia era falsa, pero el sobresalto y la probabilidad la hacian facil de creer. ¿Pues cómo era de presumir, que sin te- ner quien les guardase bien las espaldas, el Rey y sus nuevos Consejeros acometiesen tal hecho? El In- fante sin embargo no se dejó abatir por aquel con- tratiempo , y mandó que todos los caballeros y Grandes que estaban en Talavera con la gente de DON ÁLVARO DE LUNA. 33 guerra que «allí hubiese, se armasen y cabalgasen para ir con él en demanda del Rey. Entróse 4 ar- mar él tambien, y á la sazon entraron su herma- na la Reina y su esposa la Infanta á disuadirle de aquel intento, y pedirle con ruegos y con lágrimas que no diese lugar á las desgracias que de aquel conflicto podrian seguirse , yendo el Rey tan acom- pañado como se decia : suponian que el Infante Don Juan iba con él. Él insistia en partir, y en el lar- go rato que habló con las dos para persuadirlas de la necesidad de ir en busca del Rey, hubo tiempo para que se desyaneciese la nueva que les causaba á todos el mayor cuidado, Ellas cedieron, y él par- tió acompañado de todos los Grandes que entonces cormponian la corte, entre ellos el Arzobispo de Santiago Don Lope de Mendoza , el Condestable Dávalos , Garci Fernandez Manrique , y el célebre Iñigo Lopez de Mendoza, señor de Hita , que fué despues Marques de Santillana. Componian entre Próceres , caballeros y escuderos hasta quinientos hombres de armas, que todos tomaron 4 toda prisa el camino de la puente del Alverche, por donde el Rey habia ido, Llegados 4 ella, y sabiendo cuan pocos eran los que huían, acordaron que el Infan- le se volviese 4 Talavera, para ordenar y dirigir desde allí todo lo que conviniese 4 la consecu—- cion de sus designios; y que el grueso de la gente, mandado por el Condestable, siguiese en pos del Rey hasta alcanzarle y hacer que volviese 4 Ta- Javera, Asi se hizo; el Infante se volvió y los de- nn, qa” Lo ESPAÑOLES CÉLEBRES. que debian hacer todos era obedecer lo que el Rey les mandaba, el cual no creyesen que era venidoallí para hacerle mal 4 él ni 4 ninguno del Infante, ni tampoco para entregarse á la parcialidad del Infante D. Juan: que su determinacion era arreglar y ajus- tar aquellos hechos sin que unos ni otros intervinie- sen, y que despues los llamaria 4 todos, para dar la órden que conviniese al bien general de sus reinos. A la inútil diligencia de estos caballeros suce- dió la de los Procuradores, que el Infante envió al castillo, por si lograban persuadir al Rey. Esta fué todavía de resultado mas desagradable; pues el Rey se quejó 4 ellos agriamente de todo lo que con él se habia hecho, desde que se atropelló y sorprendió su palacio en Tordesillas: les rogó que sintiesen con él aquellos hechos tan feos, y los despachó con la órden de que repitiesen de su parte al Infante y 4 los sitiadores el mandato que ya les tenia hecho de que partiesen de allí, pues de su permanencia no les podia seguir provecho alguno. Ellos yolyie- ron al real, significaron la órden que tenian, y en tal modo hubieron de hacerlo y tales cosas decir, que ya no pudo dudarse de cual era la voluntad del Monarca. Fué pues necesario someterse á ella, y con tanta mas razon, cuanto el Infante Don Juan, 4 guien el Rey habia enviado aviso de lo que pasaba y órden para que acudiese á asistirle, venia 4 lar- gas marchas desde Olmedo, acompañado del Infante Don Pedro su hermano, del Justicia mayor Pedro de Stúñiga, de otros muchos caballeros, y hasta DON ÁLYARO DE LUNA. 41 ochocientos hombres de armas. A esta fuerza no era facil resistir, y mas apoyada en la autoridad del Rey y en la opinion de los pueblos, que ya empe- zaban 4 resentirse de un escándalo tan grande. Ce- dió en fin el Infante bien 4 su pesar, y hubo de dejar la presa que con tanto afan y riesgo tuvo tanto tiempo en su poder. A los diez dias de la es- tada del Rey en el castillo y ocho del cerco, fué dejado el paso libre para entrar mantenimientos y gente, El Infante antes de partir pidió que se le per- mitiese entrar á besar la mano al Rey:no se Je con- sintió, y se le mandó que fuese 4 Ocaña, donde se le ordenaria lo que conviniese. Tres dias despues de alzado el cerco, se movió con sus caballeros y hueste , y pasando por delante del castillo hizo re- verencia al Rey que estaba en las almenas, y se fué para su destino. : Partido así Don Enrique, el Rey podia repu- tarse libre. Pero el designio del favorito, despues de haber aventurado y sufrido tanto para sacar= le de aquella opresion, no era, ni debia ser el de entregarle 4 la del Infante Don Juan. La pri- mera medida que se tomó, luego que se hubo al- zado el cerco, fué darle ayiso del suceso, y encar- garle de parte del Rey que se detuviese con su gente en el punto en que le cogiese el aviso , y no se moviese de allí hasta que se le dijese lo que ha- bia de hacer, Dióse órden 4 la Reina para que se fuese 4 Santa Olalla, y 4 su ruego se la permitió ir 4 Toledo, A los Procuradores de las ciudades se 42 ESPAÑOLES CÉLEBRES, les mandó que se quedasen en una aldea yecina 4 Montalban, para enviarlos á llamar cuando se ne- cesitase de su consejo, Llegaron en esto al castillo el Almirante Don Alonso Enriquez, tio del Rey, y Fernan Alonso de Robres, el Contador mayor, separado de la corte y desterrado 4 Valladolid cuando el suceso de Tor- desillas. Habíaseles avisado para que viniesen en ayuda del Rey, antes de que se estrechase el cerco, y ellos traían hasta cuatrocientos hombres de ar- mas en su socorro. Con este refuerzo tan oportuno, y la demas gente y caballeros que de una y otra parte habian acudido al Rey, pudo Don Álvaro apoyar su plan de independencia, y quitar hasta el pretexto de seguridad que podia alegarse por Don Juan, para empeñarse en yenir 4 escoltar al Mo- narca con su gente de guerra. El Infante envió á su privado el Adelantado de Castilla Diego Gomez de Sandoval, que fué despues Conde de Castro, con el encargo de cumplimentar al Rey, de solicitar li- cencia para venir con su hermano Don Pedro á besarle la mano , de ofrecerle sus servicios, pedir= le sus órdenes, y aconsejar que saliese cuanto an tes de aquel castillo, donde no le era decoroso per= manecer, Sandoval fué recibido con mucha grati- tud y agasajo, y se le repitió en sustancia lo que «se dijo en el aviso anterior; añadiéndose que el Rey dispondría su partida muy en breve , y que se le haría saber al Infante y le comunicaría lo que de- bia hacer. Insistió Don Juan en venir, y su deman- DON ÁLYARO DE LUNA. 43 da fué puesta en Consejo. Resistíanla Don Alvaro y el Contador Robres, bajo el pretexto de que no era conveniente admitir los dos Infantes 4 la pre- sencia del Rey, hasta que sus.debates con Don En- rique estuviesen allanados: la verdad era que no querian yer en la corte á los que podian sobrepu- jarles en influjo y en poder. Los demas Consejeros sin embargo y los Procuradores decian, que no era justo ni honesto negar la entrada para con el Rey 4 sus dos primos, que nunca habian estado fuera de su seryicio y aun permanecian en él; y sobre todo eran yenidos allí 4 ruego del Rey, y para li- bertarle del aprieto en que se hallaba. Este dicta- men venció, y se les envió 4 decir que el Rey era contento de que se yiniesen á él, y que esto fuese cuando él saliese del castillo. A la Reina viuda Doña Leonor, que se movió para venir tambien, sin duda 4 mediar entre estas querellas de sus hijos, se le advirtió que mo se tomase esta pena, que el Reyiria 4 Talayera y allí podria conferenciar con él. En fin, al Infante Don Enrique, que permanecia armado aun con toda su parcialidad en Ocaña , se le mandó que desarmase la gente, y los: caballeros se fuesen á sus casas , so pena del enojo del Rey si lo contrario hiciesen, Dadas estas disposiciones, salió de Montalban 4 los veinte y tres dias de haber entrado allí, acom- Pañándole mas de tres mil hombres entre los Gran- des, caballeros , ballesteros y lanceros de las Her- mandades que habian acudido á libertarle ó defen= . 44 ESPAÑOLES CÉLEBRES. derle. Al salir de la barca se le presentaron los Infantes y le besaron la mano. Él les dió paz y los recibió con el mayor agrado y benevolencia. Hubo muchas razones entre ellos: de parte de Don Juan con sumision, lealtad, y reverencia; de parte del Rey de agradecimiento y ofertas de honores y mer- cedes para él y los suyos. Fuéronse en seguida al castillo de Villalba, donde el Rey comió acompa- ñándole 4 la mesa los dos Infantes y Don Alonso Enriquez. En él se acordó que el Infante y su comi= tiva volviese 4 Fuensalida, de donde habian venido, y allí estuviesen hasta que el Rey despachase en Talavera los negocios que urgian para su servicio, Quisiera Don Juan quedar todavía algunos dias en la corte, y habló para ello con Don Álvaro; pero éste le respondió que la voluntad resuelta del Rey era arreglar los negocios de Don Enrique, y en- tretanto que ninguno de ellos continuase en su compañía, para que no se dijese que influían los unos en perjuicio de los otros: que él podia dejar al Adelantado Sandoval en la corte para atender 4 sus intereses, los cuales serian tan fayorecidos como si él estuviera presente. Hablóle tan resueltamente Don Álvaro en este sentido, como aquel que ya con Fernan Alonso de Robres y con el Conde de Benavente habia acordado resistirlo 4 la fuerza , y para ello habian hecho venir disimuladamente sus hombres de armas: El Infante se persuadió y se fué 4 Fuensalida, y el Rey siguió su camino para Talayera. DON ÁLVARO DE LUNA. 45 Tal fué el éxito de la evasion del Rey y cerco de Montalban , en cuyos acontecimientos ha debi- do detenerse algun tanto mas la pluma, por babes sido el cimiento principal de la eleyacion política de Don Álvaro. No porque se acrecentase con ellos el cariño que el Rey le tenia, que en esto no cabia mas, ni por las mercedes que entonces le hizo, que fueron muchas y grandes *, sino porque debió au- mentarse en gran manera el aprecio y confianza que merecian su esfuerzo y su capacidad, Él era creador de aquel partido que podia llamarse del Rey, pues que pugnaba porque el Rey mandase ó pareciese mandar: los otros dos eran realmente de los Infantes, no del Monarca ni del Estado. -—Siguiéronse 4 aquellos sucesos las negociaciones E de prolijas para obligar 4 Don Enrique á deshacer el gp armamento con que permanecia en Ocaña, y 4 im- pedirle que ocupase las villas y lugares del Mar- quesado de Villena, que él decia pertenecerle como dote de la Infanta su mujer. Resistía él lo prime- ro por seguridad , lo segundo por- codicia y ambi- cion, Mas en fin, intimidado con los preparativos del Rey, que se dispuso ámarchar en fuerza contra él, y confiado en las seguridades que se le dieron, se presentó en Madrid donde se hallaba la corte, acompañado de su privado Garci Fernandez y de sesenta caballeros de su órden, armados solamente de espadas y dagas. Recibióle el Rey con gravedad 1 Entre otras le hizo señor de Ayllon y de Santisteban; de que recibió despues título de Conde, 46 ESPAÑOLES CÉLEBRES. y sin hacer con él las demostraciones de cariño que solia, y queriendo el Infante disculparse de lo pas sado, le atajó diciéndole que se fuese 4 descansar, y que otro dia le oiria delante de su Consejo, Éste se juntó al dia siguiente, y llamado el In> fante, que fué mandado sentar en unos almohado- nes junto al trono, el Rey se volvió 4 él y le di- jo:—Primo; yo os llamé á mi corte para conferen= ciar con vos sobre los hechos pasados, y ver lo que en su razon debiera hacerse. No'era ciertamente mi intencion acríminarlos tanto cuanto ellos mere= cian, por respeto á vuestro honor. Pero despues que yo envié por vos, y antes que llegáseis aquí, me ha sido dada noticia de algunos tratos que vuestros caballeros mas íntimos tenían en gran deservicio mío y grave daño de mis reinos. Estas cosas yo no puedo ni debo disímularlas, y es pre- ciso que se aclaren del modo conveniente para que yo sepa la verdad y provea lo que corresponda. A este fin escuchad unas cartas que me: han sido dadas, y se os ván á leer ahora. —Leyéronse en seguida estas cartas por Sancho Romero, Secretario del Rey. Eran catorce, todas al parecer firmadas con el nombre del Condestable Dávalos y selladas con su sello, de las cuales se deducia un trato:se= ereto hecho con el Rey de Granada, para que entrase poderosamente en el reino de Castilla, á lo cual le darian lugar el Condestable y sus amigos; con esto el Rey Don Juan se yeria precisado á valerse del In- fante, y haria lo que él quisiese. Implicábase en este DON ÁLVARO DE LUNA. 47 trato no solo 4 Garci Fernandez y al Adelantado de Leon Pedro Manrique, sino tambien al Infante, á quien se daba por sabedor, y se expresaban como negociadores en él 4 Alvar Nuñez Herrera, mayor- domo del Condestable, y 4 Diego Fernandez de Mo- lina su contador, los cuales aparecia por aquellos escritos que habian ido y venido con mensajes y respuestas al Rey de Granada. La sangre del conquistador de Antequera debió bullir en las venas de su hijo al escuchar tan vi- Mana imputacion. Reportándose sin embargo, hin- có la rodilla en el suelo, luego que se finalizó la lec- tura, y dijo así al Rey: —El Condestable y los demas . caballeros que han estado conmigo, estuvieron por vuestro servicio, y lo guardaron siempre en cuanto Jfué de su parte. Yo me maravillo que un caballe- ro tan leal y bueno como es el , haya sido en co- sas tan feas; y sí por verdad se hallare que haya <aído en tales yerros, á mí placerá el que vuestra Señoría mande proceder contra él por la forma que las leyes de vuestros reinos disponen. Supónese en esas cartas que yo soy sabedor de tal hecho. Dios sabe que no lo soy, ní que por pensamiento me lia pasado hacer cosa alguna en deservicio vuestro y en daño de vuestros reínos. Yo os suplico, Señor, que mandeís averiguar la verdad, y si yo fuere hallado culpable , lo que no plegue á Dios, ni pue- de ser, quiero que procedaís contra mí, como con= tra el hombre mas bajo de vuestro reíno. En cuan- to al Condestable, repito, que no creo ni puedo 48 ESPAÑOLES CÉLEBRES, creer lo que en esas cartas se dice, siendo tan buen caballero, y habiendo recibido tantas mercedes de vuestro padre, de quien fué crianza y hechura. Garci Fernandez, con mas fuerza y mayor indig- nacion, se defendió 4 sí y al Infante de aquella ca- lumnia, desafió 4 combate de igual 4 igual al que se atraviese á pensar otra cosa; acusó las cartas de calumniosas y falsas; y pidió, como el Infante, que se supiese la yerdad y que se castigase con todo ri- gor al que resultase autor de cosas tan feas", Vol- vióse entonces el Rey al Infante, y le dijo : — Muy bien dicho es que yo sepa la verdad de este caso, y tal es mi intencion. Pero en tanto que la verdad se sabe, pues este caso á vos toca, es mi voluntad que seaís detenidos vos y Garci Fernandez Man- ríque: Así pues, vos, Primo, id con Garci Álvarez de Toledo, y vos Garci Fernandez con Pedro Por- tocarrero.—Sea, Señor, como vuestra merced lo man- dare, contestó el Infante haciendo una reyerencia, y luego, siguiendo cada uno de los dos al alcaide que se les señalaba, fueron encerrados separada- mente en dos torres del alcázar. : La nueya de esta prision llegó aquella mism 1 Ni creo en ninguna guisa que lo contenido en ellas sea verdad. Vuestra Alteza, Señor, no debe dar fé d se- mejantes levantamientos é falsedades.... é mande vuestra Señoría saber la verdad como ó por qué manera estas cartas fueron hechas 6 venidas d vuestra merced , las cua- les escierto, como Dios es 1 Tino, ser.falsas é falsamente fa- bricadas ; pues á vos, Señor, como d Rey" pertenece saber la verdad de cosas tan féas, é mandarlas castigar con todo rigor. Crónica del Rey, pág. 212. DON ÁLVARO DÉ LUNA. 49 tarde antes de anochecer á Ocaña, donde estaba la Infanta Doña Catalina, y sin detenerse un punto, temiendo ver venir al instante tras ella 4 los que habian aprisionado á su marido, huyó 4 todo cor- . rer con muy poca gente 4 Segura, en cuya forta- leza le pareció que estaria defendida por entonces. AMá fué 4 unirse con ella el Condestable désde Arjona, donde estaba cuando le llegó la nueva del mandamiento de su prision. Enojóse el Rey de esta partida de la Infanta, y mas todavía de que el Con- destable la acompañase: envióla diférentes mensa- jes para persuadirla que se viniese á él, pues así convenia á su honra, á su estado, y aun al reme- dio de la prision del Infante. El consejo era bue- no, probablemente dado de buena fé, y por lo mis- mo provechoso; pero ella no quiso fiarse de él, y sabiendo que el Rey, mal contento de sú resisten= cia » enviaba gente de armas para impedirle la sa- ¡ ella y el Condestable huyeron al reino de Ara- gon: y fueron acogidos en Valencia. Igual suerte tuyo el Adelantado Pedro Manrique ,' mandado tambien prender cuando el Condestable. Hallábasé cerca de Logroño al tiempo de saber aquella noye- dad , y no queriendo tampoco fiarse ni en' la tem= planza ni en la justicia- del bando contrario, par= tió 4. toda. prisa á Tarazona y despues 4- Zarago= za, donde para mayor seguridad se SS erre. vecino, «—Habíanse aprehendido: todoslos. sieci aá cies “los dos presos tenian ¡consigo ; he les mandó 56 ESPAÑOLES CÉLEBRES. poso. Despues se aparentó ceder en esto último, convencida la corte de Castilla de lo duro é inho- nesto que era negar la presencia del Rey á su mis- ma hermana, Reina de un estado tan principal, y que en nada les habia ofendido. Mas ya Don Alon-= so, cansado de aquellas dilaciones, instigado del amor que tenia á su hermano, y acalorado quizá por los caballeros ausentes, empezaba á prepararse para entrar armado en Castilla, y verse de fuerza 6 grado con el Rey, suponiendo que aquellas dificul- tades no nacian de su yoluntad, sino de las suges= tiones de sus consejeros. Esto enconó mas los áni= mos en la corte de Don Juan , donde tambien se empezó á hablar de guerra y 4 hacer preparativos para defenderle la entrada. Conformábase con estas disposiciones el espíritu general del reino, ofendido de la actitud hostíl del Rey de Aragon, y nada fa= vorable á la intervencion armada que pensaba atri- buirse en los negocios interiores de Castilla. Asi es que los Procuradores de las ciudades fueron de pa= recer que si el Rey de Aragon insistia en entrar, se le resistiese poderosamente, y para ello ofrecieron cuanto fuese menester. Bien que añadieron que mien= tras se detenia en intentarlo, seria bien tentar los medios de paz y de concordia, tan propios del pa- rentesco que habia entre los dos Príncipes. * -En esto Don Alonso envió '4 su hermano el In- fante Don Juan órden perentoria de que fueserá su presencia, para conferenciar con él en negocios muy árduos y concernientes á su servicio. Como este In- DON ÁLVARO DE LUNA. 57 fante era entonces tenido por la cabeza visible del partido contrario 4 Don Enrique, creyó el Prínci- pe aragonés, que con traérselo 4 sí, quitaba á los enemigos del preso su apoyo principal. Dudaba Don Juan de lo que haria, temeroso de enojar al Rey de Castilla si obedecia la órden , y recelando las con- secuencias de su resistencia al llamamiento de su hermano, Rey natural suyo, y de quien era here- dero presuntiyo. De esta perplejidad le sacó el Rey de Castilla con darle licencia para ir á la corte de Aragon, y al mismo tiempo poder ámplio para negociarcon su hermano del mismo modo que si el Rey tratára en persona. Él fué, y de pronto no halló buena acogida en Don Alonso, que le consideraba autor de aquellas desavenencias y de la humillacion del otro Infante. Mas en los mismos dias acertó 4 morir el Rey Don Cárlos de Navarra, y el Infante, ya Monarca de aquel reino por su esposa Doña Blanca, pudo tratar de igual 4 igual con su her- mano, y dar 4 sus propuestas, en aquella negocia- cion prolija y dilatada, la gravedad é importancia de una mediacion, y no el espíritu interésado de cabeza de partido, En fin , despues de muchos mensajes y tratos, que, como dice el cronista, serian graves de escri- bir y enojosos de leer, se acordó , con otros dife= - Fentes capítulos que tenia el concierto, la libertad del Infante, con la condicion de ser puesto en po= der del Rey de Nayarra, hasta que el de Aragon, que se haMaba á la sazon dentro de los confines de 58 ESPAÑOLES CÉLEBRES. aquel reino, volviese al suyo y licenciase sus gen- tes, De esta manera se daba 4 la soltura del Infan- te el aspecto de deberse 4 los ruegos del Rey y Rei- Miérco- MA de Aragon, y mo á sus amenazas. En conse- les xo de cuencia fué entregado á los comisionados del Rey de 1425. de Navarra, que fueron por él al castillo de Mora, adonde se le trasladó desde el alcázar de Madrid 4 pocos dias de ser preso. No bien salió del castillo, cuando las ahumadas , sucediéndose por momentos de cerro en cerro y de sierra en sierra, lleyaron en dia y medio esta noticia al Rey de Aragon, que la deseaba conimpaciencia, y tenia dispuestas estas señales para cuando se llegase á verificar. Él, con- tento y satisfecho con haber logrado su principal deseo, se movió de San Vicente de Navarra en don- de estaba , se entró en Aragon y licenció su gente segun lo acordado. Don Enrique fué llevado 4 Ágre- da, donde le esperaba su hermano Don Juan, que le salió 4 recibir honrosamente, pasando entre Jos dos muchas muestras de cordialidad y cortesía. Al dia siguiente marcharon 4 Tarazona : allí los reci- bió el Key de Aragon con toda la pompa y solem- nidad de un triunfo; y despues de tres años de prision y de infortunios, pudo así Don Enrique recibir el beso de paz y las amantes caricias de su generoso libertador, Cual fuese el influjo personal del Condestable en toda esta transaccion, no puede determinarse fá- cilmente. Su cronista le hace siempre el autorúni- co de cuanto se hacia entonces en la corte; en la DON ÁLVARO DE LUNA. 59 Crónica del Rey no se mienta mas que al Prínci- pe en todos los actos de gobierno, y su yoluntad es la única que suena al referirlos. Pero sin temor de equivocarse puede decirse que, á no entrar Don Álvaro gustoso en aquellas negociaciones y en la concordia que al fin resultó de ellas, no era dable que se hubiese hecho el concierto con la facilidad que se ajustó. Su privanza estaba entonces en su punto mas alto: él, cuando nació el Príncipe Don Enrique, habia sido uno de sus padrinos ': él acom- pañaba al Rey en todos sus viajes, aun cuando no hubiese de ir Grande ninguno con él: él era su consejero hasta en las cosas mas leves: él le ocupa- ba, él le entretenia, y puede decirse que él era su vida, su existencia toda. Únase á esta intimidad y favor absoluto la alta dignidad de que estaba re- vestido, y la preponderancia que debian darle en las deliberaciones su capacidad y su audacia , y se hallará que el aspecto de conciliacion y de sosiego que tomaban entonces los negocios del reino, era debido principalmente á su direccion y á su influ-= jo, y que la libertad del Infante y la rebabilita- cion civil y política de sus parciales, mo se hubie- ra verificado á no haberlo él consentido. La série de los acontecimientos que yan á seguirse, manifes- 1 El Principe nació en 5 de enero de 1425, y se le bautizó ocho dias despues. Fueron padrinos suyos , ade- mas del Condestable , el Almirante Enriquez , el Duque, antes Conde de Arjona Don Fadrique , y el Adelantado Sandoval. A Don Álvaro desde entonces solia llamar el Rey mi buen Compadre , y con este título conversaba con él. 6o ESPAÑOLES CÉLEBRES, tará cómo correspondieron aquellos Príncipes 4 su deferencia y buena fé, y en qué manera los esfuer= zos hechos para el sosiego y la tranquilidad fueron otros tantos estímulos y agentes de turbulencia y confusion. Puesto en libertad el Infante, quedaron otros muy principales artículos que concertar; tales eran la restitucion de su estado, honores y bienes que se le embargaron; la designacion de dote compe- tente para la Infanta su esposa; el pago de lo que se la debia de la herencia de su padre; la rehabi- hitacion del Adelantado Manrique, y el desembar- go y restitucion de sus bienes, rentas y honores; - probablemente otros extremos no tan importantes, pero igualmente empachosos y complicados, Fué- ronsé arreglando unos tras otros, mas no con la celeridad que los interesados anhelaban: algunos de ellos, 4 la verdad, no eran tan fáciles y expeditos cual parecia 4 primera vista, tales como el dote de la Infanta y el ajuste de sus créditos. Pedro Manrique, que habia venido á la corte con poderes del Infante y de su esposa para entender en susne- gocios, cumplió con su comision de un modo que descontentaba, y aun daba que recelar. Artero, in- "trigante y denodado, mostraba el aspecto y la petu- lancia de vencedor, y no cesaba de tener conferencias sospechosas, y entrar en ligas y confederaciones con los descontentos. Teníase ya noticia en la corte de que, con achaque de ir á cumplimentaral Infante por su libertad, los Maéstres de Calatraya y de Alcán- da pagiin el Bachiller Peraan, Goinóz > los ios DON ÁLVARO DE LUNA. 61 tara y algunos otros caballeros habian enviado un nuevo mensaje ofreciendo sus servicios 4 los dos hermanos, para el caso que quisiesen ser contra aquellos que tenian entonces mayor influjo en la corte, Sabedor el Rey de estas hablas, habia dicho al de Navarra con resolucion y entereza, que seme= jantes manejos le desagraban mucho, y que si el Infante Don Enrique seguia dando oidos á los in- trigantes, se veria forzado á proveer sobre ello sin consideracion alguna á los tratos y concordia he- cha, los cuales en. tal caso aprovecharian poco. Pero esta amenaza, en vez de arredrar de su pro- pósito á los agitadores, les añadió fuego y alas para proseguir en él. Ya tenian de su parte al Rey de Nayarra, que, descontento: sin duda del predomi- nante influjo del Condestable, queria ser mas bien el primero. del bando opuesto que el segundo en el de la corte. Habíase conservado el Rey mil lan- zas para, su guarda al deshacer el, armamen to dis- puesto cuando el amago de Aragon : los Procurado- res del reino, instigados por algunos cortesanos, pi- dieron quese suprimiesen para excusar los excesi- vos gastos. que causaban *; y el Rey, aunque con oh! 1 s erp IO Pp justa y raciomál, porque la suma era fuerte para iempo , y expendida sin necesidad aparente, El Rey tenía su guarda propia, ordenada de anti no necesi ba larda propia, ordenada de antiguo, y NO hecesita= ces. o. pero las cireunsiancian Jal wezla Vacian;enton S hala ; xn 0D » Peticion fueron el Fomslo co enaronia y los dadas dos Manrique y Sandoy nton epistolar, epistola Y. 62 «ESPAÑOLES CÉLEBRES. mucha repugnancia, las redujo á ciento, cuyo man- do dió al Condestable. Pero este no podia estar bien guardado con cien lanzas solas: los tratos entre los caballeros eran ya tan escandalosos y feos, que el cronista dice ser mas dignos de callarse que de es- cribirse en Crónica; y el Mayordomo mayor Juan Hurtado de Mendoza, que falleció pqr aquellos dias, protestó, muriendo, á su confesor, que iba contento al ótro mundo por no ver los males que iban 4 pasar z, Crecian las sospechas entre unos y otros, y: 4 la par sus precauciones. Viniéronse Don Juan y los caballeros de su valía 4 Zamora, llamados por el Rey, pero vinieron mas prevenidos para guerra que para corte. El Condestable por su parte, vien- do aquella disposicion siniestra, aumentó la guardia con algunos hombres de armas de su casa: de aquí “quejas, y reconvenciones de una parte y otra. Si tal “vez se tenia el consejo en casa del Rey de Navar- Ya, Don Álvaro dudaba de asistir por miedo de al- “guna asechanza: el Rey de Navarra, que solia dia= “riamente apearse en palacio y ver al Rey, dejaba 4 las veces de hacerlo por el mismo recelo. Cele- brábanse los consejos sin la debida asistencia de los individuos que en ellos debian deliberar, y hubo 4 veces que tenerlos en el campo, porque allí rece- 3 Podo anda de ventisca: é bien lo oteaba Juan Hur- tado de Mendoza, que decia al Padre Finestrosa , cuando era pará finarse, que andaba de buena gana por no que- dar d gustar las desaventuras de nuestros días. Centon, epístola Y. : DON ÁLVARO DE LUNA. 63 laban menos los unos de los otros. Tal era la triste situacion en que se hallaban las cosas, cuando vino 4 aumentar la confusion y la agrura la determina= cion que tomó de presto el Infante de venirse 4 la corte desde Ocaña. Decia él que se alargaba el des- pacho de sus negocios por culpa de los que los tra- taban, y queria yenirlos 4 procurar en persona. Vedóselo el Rey enviándole 4 decir por dos veces que no emprendiese semejante viaje hasta que se le mandase, y que de no obedecer se exponía á al- guna resolucion que no se hallaria bien de ella. Vana amenaza, de que el Infante no hizo caso al- guno, seguro con el apoyo de los dos" Reyes sus hermanos, y de una gran parte de los Próceres de Castilla que estaban ya en su favor. Los Maestres de Alcántara y Calatraya le acompañaban, tambien Otros muchos caballeros, y el séquito que llevaba parecia, por el número y por los arreos que iba mas para la defensa y el ataque, que para el luci- miento y el obsequio. Detúvose antes de llegar 4 Valladolid; porque, aparentando dar todavía algun respeto 4 la Magestad Real , NO quiso entrar en la villa sin tener licencia de la corte. Consiguiósela al cabo de muchas instancias el Rey de Navarra: con esto los dos hermanos se reunieron allí: los Grandes, parciales de uno y otro, vinieron tambien 4 juntárseles, y hechos un bando los que antes eran dos, alzaron declaradamente el estandarte de opo- sICION Contra el Condestable, y enviaron al Rey, que estaba 4 la sazon en Simancas, una peticion 64 ESPAÑOLES CÉLEBRES, para que le separase de su lado y del gobierno. “El Rey, perplejo; no sabia qué hacer: mi su edad, ni su prudencia, ni su carácter eran bastan- tes para tomar la resolucion que correspondia en semejante crisis. El Condestable, que por interés propio, y por el influjo que sobre él tenia, era quien se-la podia inspirar, no tenia seguridad de que él la levase adelante, ni tampoco de que los Grandes, los Doctores del Consejo y los Procuradores del reino que en la corte habia, le confirmasen en su opinion y la ayudasen con sus esfuerzos. Todo era dudas, sospechas, temores, tratos clandestinos y aleyes confianzas. Si se presentaban galanes por de- fuera , los soforros, como decia Fernan Gomez, eran de mas que muy buenas corazas : mientras que se amenazaban en público, de secreto se carteaban. Asi lo hacia el Infante con el Condestable; los re- cados iban y venian, y nada al fin se llegaba 4 con- cluir. Por eso aquel ladino médico del Rey acon- sejaba 4 Pedro de Stúñiga, el Justicia mayor, que no se inclinase mas á un bando que al otro, pues no estaba decidido por quién habia de quedar el campo en aquella contienda dé intrigas y de ar- terías *. 5 od - Adoptóse en fin el medio de nombrar cuatro caballeros de un bando y otro, en quienes se comprometiesen estos debates, y decidiesen lo que 1. Por ende wuestra merced no se desmembre de los amigos que son declarados por el Infante, ni menos se avenga con el Condestable, Centon, epístola VII... DON-+ ÁLVARO DE LUNA. 65 se debia resolver para evitar los escándalós que ame- nazaban, y fijar las cosas en paz. Estos fueron el Almirante Don Alonso Enriquez, Don Luis de Guzman Maestre de Calatrava, el Adelantado Pe- dro Manrique, y Fernan Alonso de Robres Conta- dor mayor del Rey. Nombróse tambien para el caso de discordia al Prior de San Benito, y se les die- ron diez dias de término para la deliberación y la sentencia, Todos juraron, y el Rey tambien, estar á lo que estos compromisarios decidiesen, y- ellos se encerraron en el monasterio de San Benito, dan- do su fé de no salir de él en el término propuesto, sin haber evacuado su compromiso. - E - De los cuatro encargados el Adelantado y el Maestre eran francos y seguros parciales de los In= fantes : los otros dos no podian servirles de equili- brio, porque, aunque al parecer inclinados 4 Don Álvaro el uno por la afinidad que con él tenia, y el otro por la antigua amistad y confianza, el Al- mirante sin embargo, anciano respetable y virtuo= so, sacrificaria cualquiera cosa 4 la paz y al sosie= go del reino, y el Contador era mas fiel 4 sus in- tereses y esperanzas , que 4 cualquiera otro afecto humano, De aquí debia precisamerte resultar que la causa del Condestable perdiese en la decision. Acordaron primero que el Rey con la corte saliese para Cigales y el privado quedase en Simancas. Para la resolucion de lo principal estuvieron mas discordes,, de modo que hubo de entrar 4 deliberar AO el Prior, Éste era un pobre religioso, en- 72 ESPAÑOLES CELEBRES. que' era tenido, mas no la de sus delitos; y como su' prision y su desgracia se hicieron sin juicio y sin proceso, al paso que nos dan una triste idea de la insuficiencia de las leyes de aquel tiempo para la seguridad personal, se nos presentan mas como un desquite de orgullo y de venganza, que como un ejemplo de justicia, -Arreglábase entretanto todo lo que correspon- dia á las pretensiones del Infante Don Enrique y de su esposa, igualmente que á las indemnizacio- nes del Rey de Navarra por los gastos que habia hecho en obsequio y servicio del Rey. Todo se dis- puso 4 satisfaccion y gusto de los interesados; pero ni esta condescendencia, ni otras disposiciones igual- mente benévolas y conciliadoras que se tomaron *, fueron bastantes á conseryarlos quietos y acordes entre sí, y los que antes estuyieron tan unidos para alejar al Condestable de la persona del Rey, ya sedividian en bandos y comenzaban bullicios, y mostraban la confusion que en ellos causaba el ansia de poseerle solos. Los dos cabezas de la liga, el Rey de Navarra y el Infante, no se entendian como antes, y volviéronse 4 dividir, queriendo cada uno 1 Tales como la de declarar el Rey nulas todas las li- gas y confederaciones que se hubiesen hecho entre sus va- sallos ; y la de publicar perdon general á todos sus súbdi- 10s de cualquiera acto criminal en que hubiesen incurrido, desde el caso menor hasta el mayor, salvando el derecho de tercero. San Fernando publicó tambien igual perdon 4 rincipios de su reinado, cuando trató de llevar sus fuer= | contra los moros. La medida entonces produjo su efecto; pero San Fernando era otro hombre que Juan II, DON ÁLVARO DE LUNA. 73 ser exclusivamente el instrumento del poder y con= fianza real. Y como la pasion del Rey hácia el Con- destable en vez de entibiarse se habia exaltado mas con la ausencia; y era evidente que, acabado el térmi- no del destierro, habia de volver mas poderoso que nunca, cada uno de los dos partidos quiso tenerlo 4 su fayor, y adquirir el mérito de anticiparle la venida, Comenzaron pues á tratar secretamente con él: estos tratos se descubrieron, y en la acusacion que recí- procamente se hacian de faltar 4 lo convenido, cada uno echaba sobre el otro la imputacion de haber sido el primero *. La conclusion de todo fué, que así el Rey de Navarra como el Infante y los mas de los Grandes y señores de una y otra parcialidad se convinieron en pedir al Rey que mandase venir al Condestable á la corte. Esto era, segun decian, lo que convenia á su servicio; y la misma yehemen- cia ponian entonces para que viniese, que antes ha» bian puesto pará su salida. El Rey, que ninguna cosa mas deseaba, les concedió inmediatamente su demanda, y el Condestable fué mandado venir: 4 Turuégano, donde 4 la sazon se hallaba la corte. Él lo ejecutó con una magnificencia verdaderamente régia: los trajes, los arreos , las armas y los caba- llos, el gran séquito de gente, y los Grandes, Pre- lados y caballeros que le acompañaban, hacian una Pompa bellísima y triunfal. Distioguíanse., en su tol e el ¿0h gente Me Cad SA en e si 74 7 ESPAÑOLES CELEBRES. acompañamiento los señores: de Almazan y de Oro- pesa, Lopez Vazquez de Acuña, señor de Buen- dia y Azenor; los Obispos de Osma y de Ávila. A una legua de la yilla le salieron 4 recibir el Rey de Navarra, el Infante su hermano y todos los Grandes y caballeros de la corte. La gente que acudió de toda la comarca á yer aquel espectáculo era infinita: él, recibiendo los parabienes de todos, y saludándolos con la gracia inimitable que tenia, Megó en medio de aquel inmenso concurso á pala- cio y entró á hacer reverencia al Rey, que al ins- tante que le vió se leyantó de su silla, salió á él hasta el medio de la:sala», le echó los brazos al cuello, y le tuvo así algun: tiempo. Pasó en seguida 4 la presencia de Ja Reina , cuyas damas y donce- Mas manifestaron el. mayor gusto en su venida y la desus caballeros , pues solo.cuando él estaba pre- sente, decian ellas:que tenia Ja corte la nobleza y resplandor :de tal. Dióle sala y convite aquel. dia el Rey de Navarra, que babia hecho todo ahinco para ello; y para mas honor sirvierón 4 la mesa hombres muy distinguidos por su nobleza y sus prendas. De allí en adelante ; dice la Crónica del Reyy! él tornó é lá gobernación como. de primero. 00000 A la satisfaccion y alegría que causó en la cor- tevesta vuelta: de Don-Álvaro, siguieron despues los regocijos tenidos en Valladolid en obsequio de la Infanta Doña Leonor. Era hermana de los Re- yes de Aragon" y de Navarra) Y venia 4 despedirse del Rey de Castilla para ir 4 Portugal 4 celebrar aros rr nin DON ÁLVARO DE LUNA. 75 sus bodas con el Principe heredero de aquel reino. Esmeróse la corte en obsequiarla y honrarla: hubo justas, torneos, convites y saraos, y la: misma por- fia que antes tuvieron unos y otros por la prima” cía en el poder, tenian á Ja sazon por llevarse la palma de la gala y de la bizarría. El Infante , el Rey de Nayarra, el de Castilla, y últimamente el Condestable, dieron cada uno su fiesta 4 competen- cia, cuyas circunstancias pueden yerse en las me> “morias del tiempo:-cosas en aquella época bien in- terésantes , ahora menos, por. la mudanza absoluta que ha habido en los gustos y pasatiempos. Y por- que «si. bien mos parecen magníficos y caballerescos aquellos, no dejaban de tener sus grandes inconye- nientes: 4 lo menos el de convertir en Juto Ja funcion mas lucida,:como sucedió en la que dió e) Infante, donde un sobrino del Conde de Castro, el grán «privado del Rey «de Navarra , Gutierre de Sandoval, perdió-la vida de un encuentro que le dió: Alonso de Urrea, un muy amigo suyo, que de despecho no quiso seguir justando, Don; Álvaro en aquella grande ocasion, mo solo: se manifestó igual 4:la magnificencia de:aquellos Príncipes; sino que se leyó la palma: por.su destreza y. manejo.en e clase de ejercicios. de «caballero E hem La 8 M0sás ¿19 2 63 BIS Y lied dd desd el, odriond d e caló tania como si con e silla fiera e ernan Gomez, epistola ANLorEmesta corres a Crónica puede ver mas 4 OE ps pb dl ade! cb 76 ESPAÑOLES CÉLEBRES, En las danzas y saraos la novia llevó la gala de graciosa y bien apuesta. Tenia donaire y desahogo con discrecion. Al Arzobispo de Lisboa , que habia venido de Portugal para acompañarla, rogó una noche que bailase con ella una zambra. El Prela- do, que era de la familia Real, nieto de Don En- rique II, excusóse cortesmente diciendo, que sé supie- ra que tan apuesta Señora le había de llamar al baile, no trajera tan luenga vestídura, Pasadas las fiestas y partida la Infanta, los re- gocijos dieron lugar á los negocios políticos. Quiso el Rey que se desembarazase la corte de tantos Grandes y Prelados como la componian, y solo ser- vian de gasto y de embarazo. El Infante Don En- rique tambien se despidió con el objeto de hacer una romería 4 Santiago, y tambien se consiguió que el Rey de Nayarra se fuese para su reino. Re- pugnábalo él, pero al cabo tuyo que ceder en vista del mensaje que le envió el Rey de Castilla con dos doctores de su Consejo, en que le amonestaba que partiese , una vez que todos los negocios así suyos como de su hermano y de la Infanta Doña Catalina estaban ya fenecidos. Ofrecíale que siem- pre tendria por muy recomendadas sus cosas, y que miraria por ellas, bien como de Rey tan cercano pariente y amigo. Vínole tambien á esta sazon al Rey de Navarra un aviso de su esposa Doña Blan- ca, instándole 4 que se fuese para ella; y así hubo de las éuales ni una palabra dice el historiador de Dow Ál- a | DON ALVARO DE LUNA. 04 de hacer lo que por todas partes se le rogaba, y despedido amigablemente del Rey su primo, se fué 4 Navarra con todas las apariencias de buena ar- monía. Eran no mas que apariencias: los dos herma- nos estaban ya descompuestos, y Don Enrique era quien mas habia avivado el pensamiento de hacer- le marchar. Pensaba así quedar solo, no descon= fiando de derribar al Condestable cuando la oca sion se presentase. Entretanto se carteaba y cor= respondía con él: lo mismo hacía el Rey de Na- varra: los dos se acusaban recíprocamente de ven- derse al enemigo comun: mientras que Don Álva- ro, mas grande ó mas hábil que ellos, en vez de sacar partido de sus disensiones para acrecentar su poder, envió 4 decir expresamente al Rey de Ara- gon la discordia que entre ellos habia, y lo bien que seria remediarla, ofreciéndose de su parte 4 concurrir en ello conforme él se lo mandase'. Don Alonso respondió , que siempre tendria muy gran- de satisfaccion en cualquiera honra y favor que se hiciese al Infante, y que el Rey de Navarra estaba bien en su reino. Añadió tambien, como por yia de consejo, que si el Condestable queria el sosiego de Castilla , debia echar de la corte al Adelantado Pedro Manrique: porque él era quien habia puesto en discordia 4 sus hermanos, él quien habia causa= do todos los disgustos y turbulencias pasadas , él 1 Crónica del Rey, año de 1429, capitulo 1.9 A princi- pios de 1429: 78 ESPAÑOLES CÉLEBRES. en fin quien no dejaria haber paz, mientras tuvie- se alguna cabida en los negocios. Tal vez el Ade- lantado era así, y el consejo provechoso, 4. darse de buena fé; pero en esto habia mucha duda, y-los sucesos que despues siguieron, pusieron de mani- fiesto el poco candor con que se daba. Creíase ya desembarazada la corte de Castilla de los disturbios domésticos, y tratábase en ella de renoyar la guerra contra los moros, suspendida des- dela gloriosa campaña de Antequera. Los deseos de la opinion pública estaban siempre de acuerdo en este designio; y las cortes del reino, tenidas entonces en Valladolid, concedieron facilmente al Rey para esta guerra igual subsidio, que las de To- ledo otorgaron” veinte y tres años antes con mayor dificultad 4 su moribundo padre. Veía el Condesta- ble en esta empresa abierto delante de sí aquel ca- mino de honor que tanto debia amhelar. Justificar la estimación y confianza de su Príncipe, mostrar- se por su talento y su justicia digno del gobierno de las armas que tenia á su cargo, reducir al si- léncio la envidia 4 fuerza de hazañas y de sacrifi- cios, y servir noblemente al Estado y 4 su Rey contra los enemigos del nombre cristiano, eran to- - dos motivos de esperanza y de alegría para su no- ble ambicion en la grande ocasion que se le pre- sentaba. Pero su mala suerte le negó esta gloria, y en vez de mostrarse al mundo como el campeon de la religion y de la patria, tiene que aparecer otra vez casi con el carácter de un gefe de partido, DON ÁLVARO DE LUNA. 79 que, bajo el pretexto de defender la independencia y las prerogativas de su Rey, no combate en reas lidad sino por defender su privanza; iS en sus miras , aislado en sus intereses. Ya el Rey de Aragon se habia seo 4 firmar el tratado de paz y confederacion entre los tres rei- nos , que el Rey de Navarra habia ajustado con el Rey de Castilla, y firmado por sí y á nombre de su hermano con poderes que de él tenia. Ya habian empezado los dos 4 prevenirse de armas y de gente y 4 abastecer y fortificar las plazas fronterizas. Ya se anunciaba su yenida en aparato y séquito de guerra, para no ser impedidos de ver al Rey de Castilla, y tratar con él de las mudanzas que debia hacer en su gobierno y en su corte. Ya en fin, para que este rompimiento leyára los mismos pasos que el anterior, amó el Rey de Aragon al Infante Don Enrique, que 4 la sazon se mostraba uno de los mas fervorosos parciales del bando de la corte. Por eso y por las muchas protestas que hizo de no faltar jamas al deber, logró licencia del Rey de Castilla para ir á verse con su hermano. Así los tratados, las confederaciones, los juramentos, todas las mues- tras de paz y de armonía desaparecieron como el humo; y los cuatro Príncipes aragoneses, á pesar de: la division y mala inteligencia en que al pare- cer estaban, volvieron 4 coligarse com mas ahínco qué nunca, para apoderarse del gobierno y dispo- ner á su arbitrio de Castilla *.. 1 Es notable la injusticia con que Mariana, en el pre= 80 ESPAÑOLES CÉLEBRES. En vano el Rey, queriendo evitar por medios ho- nestos el rompimiento, les envióá4 decir y á rogar, no una vez sola, que desistiesen de aquel dañado pro- pósito; todo fué inutil, y ellos se dispusieron á rea= lizar sus designios entrando 4 mano armada pre- cipitadamente en el reino. Entonces ya las fuerzas que iban 4 emplearse contra los moros tuvieron que ser empleadas contra aquellos Príncipes agre- sores. El Rey hizo llamamiento general de to- dos los Grandes y caballeros de sus reinos para que le vinieran á asistir en aquella justa guerra. Tar- daban de venir de parte de los Grandes el Infante Don Enrique, el Duque de Arjona, Iñigo Lopez de Mendoza señor de Hita, que fué despues Marqués de Santillana, y algun otro. De aquí se tomó sos- pecha que no todos estaban de buena voluntad de servir, antes bien que gustaban de la venida de los Reyes, y tal vez los ayudasen. Para poner algun re- paro 4 este mal, se acordó que todos suscribiesen y pusiesen sus sellos en la fórmula de un jura- mento, por el cual se obligaban á servir al Rey Don Juan de Castilla leal y derechamente, cesante toda ámbulo ao0ps á esta guerra de Aragon, trata á Don Ál- varo, echándole exclusivamente la calpe de aquellos de- bates; mientras hb los que realmente la tuvieron fueron el Infante y los dos Reyes sus hermanos. Desde los con- ciertos hechos, ningun agravio , ninguna injusticia habian recibido. Don Álvaro no era hi mas ni menos que antes y al tiempo de hacerlos; ¡qué querian pues! Mandar ellos solos y usar del Rey á su antojo. Esto mismo era lo que quería y conseguia Don Álvaro: con la diferencia de que el Rey estaba por éste y no por ellos. DON ÁLVARO DE LUNA. 81 caulela , simulacion, fraude ó engaño, así contra los Reyes de Aragon y de Navarra, como contra todos los que les diesen favor, y aun contra los que fuesen inobedientes al Rey; y esta obligacion era, so pena de ser, si otra cosa hiciesen, perjuros , fe- mentidos y traidores conocidos, por el mismo hecho, sin otra sentencia ni declaracion, y de que sus bienes fuesen confiscados por ello para la cámara del Rey, sin otra esperanza de vénia, ni de otro recurso alguno: Juró tambien por su parte el Rey de amparar y de- fender 4 todos los que hiciesen aquel juramento y pleito-homenaje, como tambien sus bienes, hon- ras y estados, y de poner su persona por ello: pro- metiendo tambien que si algun trato ó concierto le fúese movido, él se lo haria saber, y no vendria en ello sin el consentimiento de todos ó de la ma- yor parte. Este acto solemne se hizo en Palencia doude la corte estaba á la sazon. Acto que mani- 3ode ma- fiesta por sí mismo cuán desconcertados estaban los Yo de vínculos de lealtad entre aquellos Ricos-hombres; 454 puesera necesaria semejante formalidad para creer= los mas obligados por ella 4 cumplir con sus debe- res, y aun bien inútil por cierto para semejante fin, segun lo que los sucesos dijeron despues. La invasion entretanto amenazaba: el Rey aun no tenía prontas las fuerzas que debian acompañarle en su marcha, y se resolvió que el Condestable con dos mil lanzas partiese apresuradamente 4 resistir la entrada 4 los Reyes. Esta era su primera cam- pa e y si bien iban con él como cabos de aquella 88 ESPAÑOLES CÉLEBRES. todo en yano; por manera que, perdida la esperánza - de rendirlos á su deseo, dejó de rogar, y los Re- yes tuvieron que volyerse como fugitivos 4 Aragon, Mas aquella mujer varonil, que pudo estorbar una batalla poniéndose en medio de los combatien- tes, no logró la satisfaccion de terminar tambien la guerra. La facil condescendencia que halló en sus: primos y en su esposo, no la pudo conseguir de su hermano. Los mansos por indolencia son in- exorables cuando se llegan 4 embravecer, y tal era el Rey de Castilla. Honor y fortuna suya fué enton- ces que su enojo estuviese escudado con tanta ra- zon, y que el poder que le asistia fuese proporcio- nado 4 su enojo. Acababa de rendir la villa de Pe- afiel, obligando 4 encerrarse en Su castillo al In- fante Don Pedro y al Conde de Castro que la de- fendian; y al frente de toda la nobleza castellana, seguido de diez mil caballos y cincuenta mil peo- nes, dilató sus huestes por los campos de Castilla, y seacercó á grandes marchas 4. la frontera de Ara- gon ; con intento resuelto de dar batalla 4 sus con= trarios donde quiera que Jos encontrase. Pregonó guerra contra Aragon y Navarra en todas las ciu= dades y villas de sus reinos; envió 4 Extremadura al Conde de Benavente á secuestrar todas las villas y lugares de Don Enrique, así del maestrazgo, como suyas, y un rey de armas fué de su parte á desafiar 4 los dos Reyes, y 4 decirles que sentia no le hus , biesen. esperado para verle, una vez que con este intento habian 4 su despecho entrado en su rei- DON ÁLVARO DE LUNA. 89 no; que supiesen que él iba á ellos, y les rogaba que se aguardasen donde les encontrase aquel men- saje. Alcanzólos el rey de armas en Ariza y les expresó lo que el Rey su señor les decia: ellos res- pondieron con atencion y con brio, pero no tuyie- ron por conveniente esperarle, y se retiraron basta Calatayud. Entre tanto, la Reina de Aragon y el Cardenal de Fox se le presentaron en Piquera, 4 donde el ejér- cito castellano hizo un: descanso. Él, sabiendo que su hermana venía, salió 4 encontrarla como una legua del real, la recibió con alegría y ternura, y la mandó poner una rica tienda junto á la suya. Pero todas las demostraciones de aprecio y de cari- ño que le hizo no alteraron en nada la resolucion firme que llevaba de tomar yenganza del atreyi- miento. de los Reyes coligados, 6 de recibir la sa- tisfaccion correspondiente á su dignidad ultrajada, y 4 su independencia y soberanía ofendidas. Así, por mas súplicas y consideraciones que su hermana le hizo para que aquellos debates cesasen, y quisiese perdonar 4 su esposo y sus primos, quedando las cosas.en el estado que tenian antes de la desyentu- rada tentativa, no pudo sacar mas respuesta sino de que por su honor le convenia á él entrar en los reinos de ellos, como ellos lo habian hecho en el - Súyo; y.que si en adelante el Rey de Aragon se enmendaba y le guardaba los respetos que le debia, él seslos guardaría 4 él y miraría por su honor se- gun el deudo que habia entre los dos. Ella no se go ESPAÑOLES CÉLEBRES. dió por contenta con esta respuesta, y como ya en aquellos dias, entrados que fueron los Reyes en Aragon, el Condestable y sus compañeros habian venido 4 hacer reverencia al Rey, habló con unos y con otros reclamando la intercesion que la habian ofrecido. Mas no adelantando nada tampoco por este camino, les decia afligida bien ásperas palabras, y les echaba la culpa del enojo y dureza del Rey su hermano. Despidióse en fin; el Rey la acompañó como media legua del real, y el Condestable, el Almirante y otros caballeros la siguieron hasta mas adelante, mostrando ella á todos, y mucho mas al Condestable, el grande sentimiento que llevaba por lo poco que por ella se habia hecho. Fué ésta despedida en el real de Belamazan, adonde el Rey se habia acampado, siguiendo dere- cho su camino á la frontera. Allí se dió otra mues- tra de rigor, que por entonces se atribuyó al ge- nio vindicativo del Rey , que despues se imputó al Condestable, y que la posteridad, aun dudosa, no sabe 4 quien verdaderamente atribuir. Ya se dijo arriba, que la tardanza de Iñigo Lopez de Mendoza y la del Duque de Arjona en yenir al llamamiento del Rey se habia hecho muy sospechosa. El prime= ro se le presentó en Santisteban de Gormaz, fué recibido con semblante alegre, y supo disculparse de modo que el Rey perdió toda sospecha, y él pres= 16 el juramento que los demas Grandes habian he- cho en Palencia y con la misma solemnidad *. El 1 Tal vez los estudios de este señor y su habilidad para DON ÁLVARO DE LUNA» g1 Duque de Arjona no fué tan feliz: su venida habia sido mas lenta: el armamento que traía consigo era numeroso: seguíanle caballeros de mucho esta- do, y 4 las cartas que el Rey le enviaba mandando que acelerase la jornada, pues por la detencion su- ya no era entrado ya en Aragon, respondia que su gente no era llegada aun toda, y por eso mo iba con la prisa que se le mandaba. Él siguió siempre su marcha, pero despacio: de manera que los unos sospechaban si queria irse 4, Aragon , los otros que queria dar largas 4 ver como se declaraba la for— tuna. En un pariente tan cercano al Rey, tan fa- vorecido por él, y cuya conducta en tal caso era de tanta importancia, el aspecto que presentaba no era fránco ni seguro: por yentura no era culpable mas que de flojedad y tibieza. Pero, aunque con pre- textos diferentes, los caminos le fuerom tomados para que mo pudiese escaparse 4 Aragon. Él en- tretanto se acercaba al campo del Rey, incierto y dudoso ya de la suerte que le aguardaba. Acon- sejíábanle algunos de los suyos que exigiese del Rey seguro para presentarse á él: otros lo contradecian diciéndole, que no le conyenia tener esta conducta con el Rey, lo cual por.otra parte seria en algun modo declararse culpable, y poner dudas donde acaso Ager Eo , talento en que no cedia sino al solo Juan de Elo? le tenian mejor dispuesta la voluntad en su favor. se deleitaba mucho en leer poesía, y no: sería de e ! Mar, que el aprecio y aun respeto que se le vió mos- ps Boro al Marqués ee Elias tacietan de este . ga ESPAÑOLES CÉLEBRES, no las habia. Llegó en fin, plantó su campo me- dia legua del del Rey, y despues se vino 4 él con los caballeros principales de su casa y hasta sesenta hombres de armas. Saliéronle 4 recibir todos los grandes señores del campo, y él se presentó al Rey que á la sazon estaba á la puerta de su tienda, Arrodillóse ante él, y comenzó á disculparse de la o tardanza. El Rey le interrumpió, y le mandó entrar julio de en la tienda para oirle en ella delante de su Con- 1429- sejo. Hiízole allí los cargos que resultaban contra él, 4 los cuales respondió que no habia errado en cosa alguna de aquellas : que en caso de ser cul- pable no hubiera venido al Rey con tanta seguri- dad y con tanta voluntad de servirle: suplicóle que mandase saber la verdad , y despues de sabida hi- ciese lo que su voluntad fuese. El Rey le dijo en- tonces que esto era lo que él quería, pero que en- tretanto convenia que fuese detenido. En seguida le mandó meter en la cámara de madera que habia en su tienda, y dió el cargo de guardarle 4 Pedro de Mendoza, señor de Almazan. Los caballeros que con él iban fueron asegurados por el Rey mismo que aquel rigor con el Duque no se entendia con ellos, El miserable preso fué despues lleyado al Castillo de Peñafiel, en donde al año siguiente fallecío, con lástima y compasion de todos aquellos que le ama- ban por su afabilidad, generosidad y cortesía. Era primo del Rey, hijo de Don Pedro, Conde de Tras- tamara, segundo Condestable de Castilla *, y nieto 1 El primero fué Don Alonso , Marqués de Villena , hijo iii AI it DON ÁLVARO DE LUNA. - 93 del Maestre de Santiago Don Fadrique , hermano del Rey Don Pedro. La Crónica del Rey nada ex- presa de los motivos reales y efectivos de su pri- sion, ni si se le formó causa alguna. El médico Fer- nan Gomez en su correspondencia dá á entender que le pesaba de su muerte, y aun se inclina 4 creer lo que algunos decian en su favor , que era la médula de la humanidad y cortesía, é el vero aco- gimiento de los que le demandaban ayuda. El Rey se puso luto por su muerte y le hizo muy honra- das exequias en Astudillo, donde se tuyo la noti- cia de ella. El no haberse hallado el Condestable ni el Almirante en el Consejo en que se le pren- dió, dió 4 entender á muchos, que ellos eran sa- bedores del caso, y tal vez sus acusadores , si se atiende bien 4 la expresion que hay en la Crónica de Don Alvaro.—Muchas cosas se fallaron contra este Duque , porque el Rey había razon de haberle en su íra. En la pasion del cronista por su héroe, este fallo rigoroso contra el preso dá gran sospecha de que Don Álvaro túvo parte en su desgracia, y por eso le justifica de aquel modo indirecto, De to= dos modos, el castigo del Duque de Arjona no es- carmentó á otros Grandes, que siguieron su ejemplo despues, y fueron harto mas venturosos. Pero esto manifiesta las yisicitudes que tenia el poder del Rey, segun los consejos ó firmes 6 dudosos que le regian, de Don Pedro, Infante de Aragon: el tercero Don Ruy Lo- pez Dávalos , y el cuario iS de Luna. Esta dignidad se habia instituido nuevamente en Casti. la á imitacion de Francia, Véase la Crónica de Juan 1. 94 ESPAÑOLES CÉLEBRES. «Ya empezaba la guerra á arder en las provin-= cias fronterizas de Aragon y de Navarra, excitados los castellanos por los pregones del Rey 4 vengar con guerras, talas y estragos en los pueblos limí- trofes el agravio hecho al pais con aquella invasion insolente. El ejército castellano desde Belamazan pasó 4 Medinaceli, y de allí á Arcos para efectuar su entrada en Aragon. Pero antes el Rey Don Juan, consiguiente á lo que habia prometido á su herma- na, envió embajadores al Rey de Aragon á hacerle las mismas proposiciones que antes hizo 4 la Reina: 4 saber, que él suspendería su entrada en Aragon y dejaría de hacer en él los males y daños que tan merecidos le tenian, con tal que él dejase de ayu- dar al Rey de Navarra y al Infante Don Enrique en los debates que tenian en Castilla; pues que aquel, por los estados que aquí tenia, y el otro por ser vasallo suyo, debian estar sujetos 4 lo que el Rey mandase, sin tener que dar cuenta 4 nadie de sus procedimientos con ellos, mas que á las leyes y á su justicia. Fueron por embajadores Don Gu- tierre Gomez de Toledo, obispo de Palencia, y Pe- dro de Mendoza , señor de Almazan. Recibió el Rey de Aragon estos embajadores en Calatayud: la con- ferencia fué algo acalorada; y cuando Don Alonso les dijo que él no podia, nien la ley de naturaleza, ni en la de equidad, ni en las positivas, faltar 4 la defensa de sus hermanos, y de las personas á quienes fuese obligado por pleitesía y defension, el obispo respondió denodadamente, que ninguna ley diyina A A irc DON ÁLVARO DE LUNA. . 95 ni humana le obligaban á ser juez en el reino de otro, ni á amparar á aquellos que se partian del home- naje del Rey. A lo que el Monarca aragonés inme- diatamente replicó: Obispo Don Gutierre de Toledo, Centon andad á predicar á vuestros parientes que me 0 rar mandan que los guarísca. Prueba clara de que la entrada habia sido hecha en la esperanza de que ha- bia muchos quejosos que la deseaban, y aun que la habian concertado. Como los embajadores, aunque despedidos con buenas palabras, no volyieron con la contestacion terminante y positiva que el Rey deseaba, la en- tráada en Aragon se resolvió, y el Condestable fué el encargado de hacer experimentar á aquel pais la venganza de Castilla. Con mil y quinientas lanzas entre hombres de armas y ginetes, entró seis le guas adentro, talando los campos, quemando los lugares y haciendo huir los hombres delante de sí, que despayoridos se huían á las sierras con su ropa y sus pobres alhajas. Rindiósele el lugar y fortaleza de Monreal, donde puso alcaide por el Rey, des= truyó 4 Cétiva que fué tomada á fuerza de armas, pero no llegó 4 tomar la fortaleza, por no poder de- tenerse, Volvióse con esto al Rey, que ya comó des- pejado el campo, entró al dia siguiente con el grue- so del ejército en Aragon, poniendo espanto en toda la comarca, Diez mil caballos y sobre cincuenta mil peones que llevaba asombraron 4 todos los pueblos convecinos, que se veían expuestos á aquella inun= dacion sin defensa' y sin abrigo. Todos ellos se des= 96 ESPAÑOLES CÉLEBRES. poblaron: el Rey de Castilla llegó 4 Ariza, que fué combatida y medio quemada; y esperó á ver si los Reyes de Navarra y de Aragon, que en aquel punto habian recibido su cartel de desafío, querian venir á encontrarse con él. Ellos se estuvieron en Cala- tayud sin moverse, y el campo castellano, vengado así, y satisfecho al parecer el honor de la nacion, no habiendo enemigos con quien combatir, se yol- vió para atras á hacer nuevos y mejores preparati- yos de guerra y ataque para la siguiente campaña. Ofrecióse el Condestable 4 quedar por capitan en aquella frontera, y á guardarla con los caballe- ros y escuderos de su casa. El Rey no venia en ello, así por contemplacion á ser aquella gente la que mas habia trabajado hasta entonces, como por ne- cesitar de su persona á su lado para su asistencia y consejo. Y aunque el Condestable porfiaba por que-= dar allí, alegando que mientras mas trabajo hu- biese, mas merced se le hacía en encomendárselo, hubo en fin de ceder 4 Ja voluntad del Monarca, que quiso llevarle consigo; quedando por fronteros de Aragon y de Navarra Pedro Velasco, Iñigo Lo- pez de Mendoza, Fernando Alvarez de Toledo, se- ñor de Valdecorneja, y Alonso Yañez Fajardo. El Rey con su ejército tomó el camino de Pe- Tafiel con deseo de rendir el castillo que antes no pudo tomar por la prisa con que quiso acudirá la frontera. Apenas le hubo tomado, cuando le yinie- ron nuevas de los males y estragos que los In- fantes de Aragon Don Enrique y Don Pedro hacían DON ÁLVARO DE LUNA. 9 en la tierra de Extremadura. El primero, cuando sus hermanos los Reyes se salieron de Castilla, los acompañó hasta Huerta, allí se despidió de ellos, y se vino 4 Uclés donde estaba la Infanta su mu- Jer. De Uclés pasó 4 Ocaña; mas no creyendo aquella villa bastante fuerte para hacerla centro y base de las correrías con que pensaba infestar la provincia, llevó la Infanta al castillo de Segura, y dejando con ella una buena guarnición que la de- fendiese, él se vino para Trujillo. Allí le fué 4 encontrar su hermano el Infante Don Pedro, 4 quien la gloriosa muerte que despues recibió en el: sitio de Nápoles no puede layar la nota que justa= mente ponen en su nombre sus hechos en Casti- Ma. A pesar de sus juramentos y promesas habia resistido al Rey Don Juan en el cerco de Peñafiel; despues en Medina del Campo habia tomado sin pas garlas muchas mercaderías de valor 4 los trafican= tes extrangeros, y por último se habia venido por Portugal 4 reunirse con su hermano en Extrema dura, y á ayudarle en sus robos y saqueos: Porque tales eran los medios con que estos'dos Príncipes querían corroborar sus reclamaciones al gobierno exclusivo del Estado. El Cónde de Benavente; en viado por el Rey para secuestrar los pueblos y for= talezas del Infante Don Eñtique, y asegurar el pais; =p Appia,fuersas suficientes ¿para mesistit fps hermanos, y pedia 4 gritos ayuda, pintando y aun quizá exagerando el estrago: El Rey, ofendido de de demasías, quisiera pasar en peon 4 repri= 104 ESPAÑOLES CÉLEBRES. doó; por respeto su adyersario no le aceptaria, vién- dose tambien engañados en esta parte, dejaron cor- rer el tiempo con varias dificultades , sin embargo de que Don Álvaro llegó ya á señalar las armas para el combate, y seofreció á pelear con ellos en la pla- za del castillo, para que de este modo los yencedo- res quedasen dueños de la plaza, y los muertos fue- sen arrojados á fuera por los adaryes. Así nada que- dó. por su parte para manifestar, que en hecho de armas y valentía nada tenia que ceder á los Prín- cipes, que tanto encono mostraban contra su pri- yarnza l. pa - Siesta fué una leccion de yalor, tambien supo darles otras de generosidad y cortesía, propias de las costumbres caballerescas del tiempo. Solia el Infante Don Pedro, como mozo poco adyertido, sa= lirá una de las buitreras del castillo 4 tirar desde ella á los buitres, Algunos de la hueste del Condes= table se determinaron á meterse en la buitrera por MAGA 1 Vuesa merced tiene mas justicia de sentirse , no digo de que no le repuso, mas de que no acató á los apercibi- mientos e le ficisteis cuan cierta acá partió : ca como si fuera Dominguillo, su mozo de espuelas, se mete al otero de las buitreras , é cobija se: corage con manto de la honra para codiciar batallas cuerpo d cuerpo con los es: ca silo quisieran acoger en Alburquerque, desordenada- mente 'se metiera allí á facer batalla. j Centon epistolar, epístola 38 pinos al Mariscal Diego Fernandez , señor de Baena. Este caballero sin duda era de mucha conexion ó intimidad con Don Álvaro , y las ex- pas del fisico son un modelo de gracia y de exquisita Poe 4 nn que se puede llamar asi un elogio Pana en a verdad. DOS E val DE LUNA. 105 la noche, y allí atacar al Infante á tiros de balles- ta, y matarle si podian. Dijeron su pensamiento al Condestable antes de ponerle en ejecucion, en la creencia de que quien con tanto ahinco deseaba combatir con los Infantes , tendria gusto en que de cualquier modo pereciesen. Vo permita Díos , Con- testó Él, que en la hueste que yo gobierno se haga una alevosía semejante , y perezca por ella hijo de tan noble Rey, como fué el Rey Don Fernando de Aragon. No penseis en tal cosa, y sabed que sí las leyes de caballería permiten tomar venganza de sus enemigos en público rigor de batalla; no así por asechanzas cautelosas, donde la fuerza es sal- teada, y la virtud no puede defender al que la posee. Con tales razones los despidió, y al punto envió , segun se dice, 4 avisar al Infante que tu-= viese mas recato con su persona !, «Cayó el mismo Infante enfermo por aquellos dias. Y como no hubiese en Alburquerque disposi- cion , ni facultativo que le pudiese asistir , vióse Don Enrique en la necesidad de enviar un mensa- jero al Condestable, pidiéndole seguro para tomar un médico de Portugal. El Condestable no solo dió aque) salyo-conducto tan cumplido como pudiera desearse, sino que mandó tambien al físico Fernan Gomez, que á la sazon se hallaba con él, fuese 4 asistir al Infante, mientras el médico Portugués. venía, ó por el tiempo que fuese su voluntad, El 3 J Crónica de Don Álvaro , titulo 32, página 102. 106 “ESPAÑOLES CÉLIy BES, médico, aunque receloso de ir, temiendo el éxito de su comision, la desempeñó sin embargo con dis- crecion y fortuna *. No solo el Infante enfermo cobró salud en sus manos, sino que por su cuerda conducta y oportunas razones estuyo 4 punto de componer aquellas diferencias. Porque, sensible Don Enrique 4 aquel buen porte del Condestable, cuan- do Fernan Gomez entró á su presencia, no pudo menos de manifestar su agradecimiento, añadiendo que siempre le quiso bien, y como vasallo natural del Rey de Aragon su padre, siempre le había agrada= ble amistá, pero que el Condestable le pagaba mal: sin duda le escocia todavía la escapada de Talaye= ra. Tambien hablaron los Infantes con él de los términos en que se hallaban con el Rey, culpando ¿u mala yentura, y echando la culpa de todo á ma- los yentes y vinientes. Él les aseguró de la buena voluntad del Rey, y de las honras y mercedes que les haría, sino estuvieran siempre huyendo desu obediencia y respeto. Escribia todas estas cosas al Rey y al Condestable; y al partir de Alburquerque podia lisonjearse de que 4 lo menos habia sido un ministro de salud, y en cuanto estuvo de su parte, tambien de reconciliacion y de paz ?. 1 El estaba repleto de internas congojas , dice Fernan Gomez en una carta al Rey, é corruta la sangre de los ca- minos é cabalgadas continas, é con dos fiebres menguante é creciente ; é yo non resté contento de ser venido , ca dria ser que del mal finase, écargasen la su muerte abjí sico , é al honor del Condestable que me mandó. Centon, epistola Lo. o 2 Esiyolo pero atino , g0zques son que mientras se a A DON ÁLVARO DE LUNA. 107 Pero era muy dudoso que estas disposiciones pa- cíficas, de que él se lisonjeaba, fuesen sinceras, 6 4 lo menos si lo fueron, se desvanecieron bien pron- to. El Condestable tenia ya tratado con el alcaide del castillo de Montanches, que la fortaleza se ren- diria viniendo el Rey en persona 4 entregarse de ella; y esperaba que lo mismo podria suceder con Alburquerque, cuyos defensores faltos ya de vitua= Mas, querrian tal yez aprovecharse de la buena dis- posicion en que la corte estaba de recibirlos de paz, y poner al fin un término á aquellos debates inte- riores. Vino con efecto el Rey, llamado del Con- destable, desde Medina del Campo donde estaba, y el castillo de Montanches se le rindió segun lo pac- tado. Mas cuando se acercó con su hueste á la villa de Alburquerque, y mandó hacer con toda solem= nidad la intimacion de que se le abriesen las puer- tas, y los Infantes se viniesen para él, ofreciendo perdonar á los que estaban con ellos los yerros en que hubiesen incurrido desde el caso menor hasta el mayor; los Infantes, en vez de aceptar aquel per- don, harto generoso por cierto, levantaron otro pendon real sobre la torre de la villa en que te- nian sus estandartes, y empezaron á llover al ins- tante piedras, saetas y aun tiros de pólvora, so- bre el pendon del Rey y los que le acompañaban, sin miramiento á su presencia, ni retraerse por 100 comen el hueso y canes grandes se A con las presas descubiertas. Estos gozques son los que d vuesa se- roría é d los Infantes aguzan. Centon , epistola 4o. 2 de ene- ro de 1430, 108 ESPAÑOLES CÉLEBRES. respeto alguno de un desacato tan enorme, Repi- tióse la misma intimacion dos dias despues con el xmismo mal suceso, y aun con insultos mayores; de modo que no quedó ya al Rey de Castilla otro tér- mino que usar con aquellos hombres tenaces y te= merarios mas que la justicia y el rigor. A fin de justificar las medidas severas que iba á tomar, pu- blicó en carta.que hizo circular por todos sus rei- - mos, los desacatos cometidos contra él en las mu= rallas de Alburquerque. Aplazó todavía 4. mayor abundamiento á los Infantes para que en el térmi- no de treinta dias se presentasen á deducir su de- recho ante él, y en el de cuarenta los que estaban con ellos, y se volvió á Medina del Campo con el Condestable y la mayor parte de las fuerzas que allí habia , dejando por frontero de los Infantes y el encargo de defender la tierra al maestre de Al- cántara Don Juan de Sotomayor y 4 Don Juan Pon- ce de Leon, hijo del señor de Marchena. - :. Llegado el Rey 4 Medina, llamó allí todos los individuos de su Consejo, los Grandes del reino y los Procuradores de Jas ciudades y villas, y reuni- dos en cortes hizo exponer ante ellas todos los ex- cesos y delitos cometidos por los Infantes y los que los seguian , y pidió su parecer de lo que debia ha» cer contra ellos. Los dictámenes yariaban: los,unos decian, que pues las leyes determinaban Jas penas á que se hacían acreedores los que tales yerros come- tian, fuesen tratados con todo el rigor del derecho, y se hiciesen las declaraciones competentes en su DON ÁLVARO DE LUNA. 109 razon. Otros seguian un dictamen mas suave : los delitos eran tan feos, que mo les parecia bien se mancillase con el oprobio de una sentencia pública 4 Príncipes tan conexionados con el Monarca. Bas= taba, segun ellos, desheredarlos de las posesiones y estados que en Castilla tenian, y aun penarlos en sus personas si pudiesen ser habidos. Los Procu- radores no quisieron dar su yoto en un negocio, para el cual decian que tenian que consultar 4 los pueblos de donde eran enviados. El Rey, en medio de.esta diversidad de dictámenes, acordó el deshe= redamiento , pero se abstuyo de declaraciones odio= sas, y aun dilataba la reparticion del despojo que Sus cortesanos anhelaban. Por ventura esperaba que los Infantes se redujesen al/deber, y excusarse los inconvenientes grandísimos “que resultan siempre para las concordias de esta clase de repartimientos. Mas cuando supo que en aquellos dias el Infante Don Pedro , venido desde Alburquerque por Portu=' gal, habia entrado en tierra de Zamora, tomado el castillo de Alba de Liste, y comenzado desde 11% 4 talar y robar la tierra, segun su costumbre, en- tonces, dejando aparte todo respeto, procedió 4 la re- particion deseada, y contentó á sus servidores con los: bienes de sus enemigos. Dióse entonces 4 Don Álvaro! la, administracion del maestrazgo de Santiago, y si ,YAseria molesto y poco interesante nombrar 4 todos' Jos/agraciados, la verdad de'la historia" y su jústi cla no permiten” que se prescinda de nombrár a] gunos, para que se yea: que no solo el Condestahlé 110 ESPAÑOLES CÉLEBRES. sabia sacar partido de esta clase de revueltas, y que los mas buenos, los mas respetables de los Grandes tomaron de muy buena gana cuanto pudieron pes- car de aquella redada, Al camarero mayor Pedro de Velasco se dieron las villas de Haro y Villora- do, eleyándose poco tiempo despues la primera á título de Conde. Con este mismo se dió al Justicia mayor Pedro de Stúñiga la villa de Ledesma, 4 Iñigo Lopez de Mendoza tocáron unos pueblos de la Infanta Doña Catalina, que por estar cerca de su villa de Hita le convenian ,al Adelantado Man- rique la yilla de Paredes, que era antes del Rey de Nayarra , al Obispo de Palencia Don Gutierre Go- mez de Toledo la villa de Alba de Tormes , que habia sido del mismo, y así á otros muchos de la corte tanto Grandes como doctores. Muchos de es- tos caballeros habian sido antes parciales de los In- fantes, y tal vez algunos se entendian todayía con ellos. No deja de causar admiracion ver en la lista de los agraciados 4 Garci Fernandez Manrique, Con- de de Castañeda, con la villa de Galisteo que ha-= bia sido del Infante su señor. Pues disculpar la ad= mision de estas gracias con la necesidad y el peli- gro á que en las cortes de los Reyes expone la re- pulsa, tampoco es posible en este caso. Semejante excusa podria valer para Afranio y para Séneca en la corte de Neron: pero el Rey Don Juan no era un tirano como el de Roma. Aun en aquella misma ocasion un hombre de mas baja gerarquía dió á los Próceres un ejemplo que pudieran imitar; el rela- DON ÁLVARO DE LUNA. 1x1 tor del Consejo del Rey Fernando Diaz, 4 quien se agració con quinientos vasallos en las tierras que él> señalase de los Príncipes desposeidos, se excusó de recibirlos , diciendo al Rey, que ni á su honor ni á su hacienda convenía , ser heredero del Rey de Navarra ni del Infante Don Enríque *. La guerra entretanto, que no se habia realmen- te hecho mas que con palabras y algunas facciones y escaramuzas de poca importancia en las fronte- ras 2, iba á arreciarse por momentos, porque todos los preparativos militares de Castilla estaban hechos 1 Este ejemplo de entereza y desprendimiento era de- masiado noble y singular en aquel teatro, para que dejase de ser interpretado en el peor sentido por la lea de los cortesános. Ya el físico Fernan Gomez dice, que aquella sp! se atribuia á que el relator referendario estaba quejoso de que á él se le diese menos premio que al doc» tor Rodriguez que habia servido menos que él. Fártelos Dios, que el Rey no podrá , exclama á esta sazon maligna= menic el médico, y con esto parece que acredita aquel rumor. Yo sin embargo me ixclldara á tomar la repulsa en el sentido mas SA <a 5£) 2 Afines del año anterior Pedro de Velasco habia to- mado la villa de San Vicente en Navarra á fuerza de armas. Diego Perez Sarmiento habia hecho prisionero al Mariscal del Rey de Navarra, que entró á hacer daño enla tierra, en una refriega que tuvieron cerca de la Bastida ; é Iñigo Lo- pez de Mendoza fué vencido en el campo de Arayiana por un Capitan del Rey de Navarra, aunque el caudillo caste= llano se portó con el mayor esfuerzo. Anteriormente el / de Aragon en persona habia hecho una entrada en Castill mientras el Rey Don Juan estaba en Peñafiel, y tomó la la y castillo de Deza y los castillos roca Ciria y > parte por armas, parte por engaño é inteligencias, y: dea latino ¿aso Liar haciendo quemas, - robos: expedicion á la verdad mas de un salteador pro 309. Monarca, Crónica del Rey, año 30, capitulo 18, 112 ESPAÑOLES CÉLEBRES, y arrimados á la raya. El Rey Don J uan desde Bur- “gos había hecho llamamiento general de sus Capi- tanes y de los Grandes de su reino, para entrar po- derosamente en Aragon, y asegurar allíá fuerza de armas su independencia y sus prerogativas, ultra= jadas y holladas por las pretensiones de los Prín= - cipes sus contrarios. Mas por la parte del Rey de Aragon no habia hechos los mismos preparativos, ni por ventura el mismo deseo de hacer la guerra. Sus reinos no debian estar bien dispuestos 4 auxi- liarle en una empresa, en la cual no se trataba mas que de los privados intereses de sus hermanos en Castilla, y de contentar su ambicion de mandar ellos solos en los negocios de acá. Él mismo debia cono- cer el papel desairado que hacía en sostener aque- las pretensiones pueriles; y á la verdad, en todas estas transacciones suyas en España por aquel tiem- po, se desconoce al Príncipe tan amable como dis- creto, y tan grande como feliz, que despues fue el moderador de la Italia, el protector de las le- tras, el modelo de los Desi y el objeto de las ala- banzas de los pueblos y de los ingenios. Su anhelo y sus esperanzas le llamaban á Nápoles, y le era forzoso dar algun corte 4 este fastidioso debate, en que se habia dejado enredar por las pasiones y mi- ras estrechas de sus hermanos. Al tiempo pues ,en que ya el Rey de Castilla se hallaba en el Burgo de Osma á punto de hacer su entrada en Aragon, llegaron embajadores de aquel Rey y del de Nayarra: por el primero yenian DON ÁLVARO DE LUNA. 113 el Obispo de Lérida y otros dos caballeros de su reino: por el segundo un fraile menor que se titu- laba Arzobispo de Tiro, confesor de la Reina de Navarra, un Dean de Tudela, y un caballero lla= mado Mosen Pierres de Peralta , mayordomo ma- yor de aquel Rey. Dióles el de Castilla audiencia delante de su consejo de Estado; y tomando la pa- labra el Obispo de Lérida , se hizo cargo al prin- cipio de las quejas que el Rey de Castilla tenia del de Aragon y sus hermanos por su mala correspon- dencia respecto de las grandes mercedes y fayores que de él recibieron. Descargó el embajador en la manera que pudo 4: su Rey y á los Infantes de la nota de in- gratitud, y ponderó en razones magníficas los servi- cios hechos al Rey de Castilla por su tutor y tio el Infante de Antequera Don Fernando, despues Rey de Aragon; servicios que él decia eran dignos de todas aquellas mercedes y aun de mas. Que lejos de haber por parte de Castilla la consecuencia que á ellos se debia, los Infantes sus hijos se yeían se- parados de la gracia y presencia del Monarca; agra- viados y desposeidos en gran parte de lo que te- nian; el Rey de Aragon no admitido 4 las yistas que tenia propuestas, y la Reina su mujer, herma= na del Principe castellano , desairada y desatendi= da: todo por culpa de los que cerca del Rey anda- ban, los cuales le daban: estos malos consejos em. de su persona y familia, y no menor per- juicio: de sus-reínos . , Cuando este po hubo 1L 1 Mera adorna á su modo esta arenga coh pensas H '120 ESPAÑOLES CÉLEBRES. pueblos fuertes, lugares tambien enteros, todo lo arrasaba aquella devastacion, sin que los moros sa- Jiesen 4 impedirla, ni hiciesen demostracion alguna de querer combatir con él, como ansiosamente lo anhelaba. Llegaron sus gastadores y caballos lige- ros hasta una legua de Granada, y allí envió un mensaje al Rey, convidándole bizarra y caballero- samente al combate *. Sentó despues su campo en un cerro, frente de Tajara, y allí estuvo un dia espe- rando la respuesta. El moro se excusó, él se volvió Genil abajo hácia Loja y Archidona , cuyos alre- dedores taló y estragó tambien, sin que los moros de aquellos pueblos se les defendiesen simo con li- geras escaramuzas. La falta de provisiones le hizo bajar hasta Antequera, donde pensaba tomar víve- “res para diez dias, y entrar á talar y destruir las tierras de Málaga, como habia hecho en las de Granada. Su pensamiento no se le cumplió por la mala voluntad del peonaje que llevaba; el cual, no hallando en Antequera las provisiones que espera ba, comenzaba á desertarse y marchar. Las vían- das vendrán, les decia él, pero esperad algun tan- to mientras llegan, que yo comeré yerbas con vos- otros, si menester es, por el gran servicio que va- 1 El mensaje fué : que pues él era venido allí para cera ca de su ciudad de Granada con alguna parte de la caba- llería del Rey de Castilla su señor , le pedia por merced que él quisiese salir d verse con él en el campo.—Respues- Aa. Que como quiera que por entonces no saliese á ver á él ni á sus caballeros , que prestamente seria tiempo en que él los pudiese salir á ver é fallarse con ellos, a DON ÁLVARO DE LUNA. 121 mos ú hacer al Rey y á toda esta tierra. — Nos- otros no somos bestias para comer yerbas , respon= dian los capitanes de aquellos peones, ni estamos tampoco aquí mas. El castigo siguió de pronto á la insolencia , y los mas culpables de aquellos capi- tanes fueron degollados. Pero la necesidad no se re- medió por“eso con la prontitud que era precisa, y el Condestable, 6 de despecho, ó de fatiga ,ó mas bien de todo 4 un tiempo, cayó grayemente enfer= mo, de modo que se desesperó de su salud, y los Sacramentos se le administraron. Cobróse de la do- lencia 4 tiempo que no era oportuna la irrupcion sobre Málaga , porque el Rey y el grande ejército estaban ya en Córdoba, y él debia ir 4 reunirse con ellos. Pasó pues con la hueste desde Anteque- ra á Écija, dando así fin 4 aquella entrada, que un escritor de aquel tiempo, bien práctico en la guer- ra, lMama á boca llena famosa *. Ninguna con efec- to de las expediciones de esta clase, hechas por aquel tiempo, se hizo con mas órden, con mas audacia ni con mas daño del enemigo; ninguna pudo dar mas confianza en el feliz éxito de la guerra; y el valor castellano pudo y debió considerarla como un anun- cio venturoso de victoria, El Condestable juntó su hueste con la del Rey en el castillo de Alvendin, ocho leguas de Córdoba, ' Y desde allí el ejército castellano, casi por los mis- Ss Pasos que habia llevado Don Álvaro, se preci- 1 Gútieres Gamez en la Crónica del Conde Don . d Niño, parte 3,4, cap. y g- 207. sd 122 ESPAÑOLES CELEBRES, pitó sobre la vega. El intento, segun lo resuelto antes en el consejo de guerra tenido en Córdoba, era encontrar al enemigo donde quiera que estuyie- se, y pelear con él de poder á poder, y seguir des= puesá lo que las consecuencias de la batalla mostra= sen conyeniente. Teníanse esperanzas de que las diyi- siones que habia entre los moros por causa del man- do no les dejarían hacer grande resistencia; y aun se creía que al acercarse 4 Granada se les pasarian muchos, y con ellos un personaje muy principal, Infante de la Casa Real de Granada, llamado Ben- almao, descontento á la sazon con el Monarca rei- nante, y aspirante á la corona. Aun sin estas in- teligencias, el poder del Rey de Castilla era tan superior al de los infieles, que no era posible de- jarles de vencer y arrollar. Seguíanle sobre ochen- ta mil hombres de guerra, y de ellos hasta diez mil caballos, entre hombres de armas y ginetes. Toda la nobleza castellana iba allí, ansiosa de combatir y vencer á los ojos de su Rey, el cual, si bien in- dolente y descuidado , y nada á propósito para las ocupaciones del gobierno, estaba en la flor de la juventud, era codicioso de gloria , intrépido, ó 4 lo menos sin cuidado alguno en el peligro, y puesto en aquella expedicion todo lo que podia dar al ins- tinto de la Religion y al de la celebridad. El Con- “destable reasumió en sí el gobierno de las armas que por su cargo le correspondia: ordenó las haces, se puso con su hueste en la yanguardia, y mandó ir por descubridores delante mil ginetes suyos al DON ÁLVARO DE LUNA. 123 mando del Adelantado Diego de Rivera y del Co-26 de ju- mendador mayor de Calatrava Juan Ramirez de EN Guzman. La entrada se hizo en 26 de junio de aquel año; y los daños y estragos que el ejército iba ha= ciendo en la tierra enemiga eran correspondientes 4 su número y á su rencor *. Nada quedó en pie: ni torre, ni casa, ni árbol, ni alquería , todo lo allanaba aquella plaga devastadora. Tres veces se asentó el real, una en Moclin, otra en Mallerena, y por fin en las faldas de la sierra de Elvira. An- tes de sentarle en este punto, los moros salie= ron ya en crecido número de la ciudad, y em- pezaron á escaramuzar con los ginetes delanteros castellanos; á los cuales acudió el Conde de Haro con su hueste que estaba acaso mas cerca. Los mo- ros se retiraron, porque vieron moyer todo el ejér- cito hácia ellos, y el real se sentó en el sitio seña- lado. Y como allí habia de ser la base de las ope- raciones, el Condestable le hizo cercar de un pa- lenque fuerte y bien hecho, y dió las órdenes para 1 Con dos cuarentenas y mas de millares Le vimos de gentes armadas d punto, Sin otro mas pueblo inerme allí junto, Entrar por la vega talando olivares, Tomando castillos, ganando lugares, Y hacercon el miedo de tanta mesnc Con toda su tierra temblar d Granada. His Juan ne Mexa. El poeta no exagera aquí ni el poder ni los estragos: has- ta los temblores de tierra son un incidente histórico, pues e ¿mismos dias, se sintieron diferentes, asi en el real o como en la ciudad , donde se desplomaron mu= chas casas. Y 124 ESPAÑOLES CÉLEBRES, que las guardias y la disciplina se hiciesen y Ob- servasen con la mas exacta puntualidad. Segun su eronista él fué quien dió el primer ejemplo de esta exactitud, pues le tocó hacer la guardia la pri- mera noche. A la segunda tocó hacerla al Conde de Haro, á Fernan Gomez señor de Valdecorneja, y á Don Gutierre obispo de Palencia, el cual, con mas apariencias de guerrero que de prelado, andaba por aquel campo ahorrado de faldas y con corazas dobles. Esto3, ganosos de señalarse, se adelantaron mas allá del término que Jes fué señalado, se en- contraron con los moros y empezaron á escaramu= zar con ellos. Mas como los enemigos cargasen en demasía , pidieron socorro, que les retardó el Con- destable 4 cuidado, como para castigarles su ¡nOpor= tuna osadía. Al fin fué á ellos con gente bastante 4 desembarazarlos del mal paso en que se hallaban, y les reprendió bien colérico su desobediencia y la ocasion de rebato que habian dado en el real. ¿Creeís por ventura , les dijo, que yo por mengua de fuer- za y de valor dejé la noche pasada de pasar mas adelante? Poder de gente y valor me sobran como weís , pero era necesario no salir de la órden dada, y guardar el lugar en que á cada uno se pone. Y wos , obispo , añadió yolviéndose 4 Don Gutierre, que por vuestros muchos años y vuestra dignidad debiérais templar y corregir nuestras demasías, vos tambien os excedeís y desordenaís á los otros. El obispo, ruboroso, confesó que habian errado, y pro- metió que no saldrian de lo que el Rey mandase DON ÁLVARO DE LUNA. 125 y de la ordenanza que el Condestable les diese, Los moros entretanto no habian estado tan des- cuidados como parecia, ni la defensa que opusieron 4 aquel nublado , que vino sobre ellos, fué des- acertada y bárbara, como acaso pudo presumirse, Mandaba entonces allí el Rey Mahomad, dicho el Iz- quierdo, el cual, si por haber sido puesto 'en el tro- no, quitado despues, vuelto á poner y vuelto á qui- tar, hace tan triste papel en la historia política de Granada, en aquella ocasion 4 lo menos no cayó de ánimo, y supo resistir al temporal con esfuerzo y osadía y con prudencia laudable. No pudiendo de- - fender sus campos y alquerías, ni aventurarse al combate lejos de la ciudad, hizo retracr á «ella sús gentes de todas partes, los hizo acampar junto4 los muros, y la capital les servia 4 un tiempo de: arse- nal, de alcázar y de refugio. En los dias que me- diaron desde el veinte y siéte al treinta no cesarón “de molestar con alarmas y escaramuzas, así 4 los tra- bajadores, como 4 los descubridores que salian algo mas lejos. Sentado sin embargo el real castellano 4 la falda de la sierra, hecho el palenque y ordena- das las tiendas, ellos adelantaron el día veinte y nueve sus reales, y los pusieron entre la ciudad y el campo castellano , ocupando las viñas y olivares “que había en medio. Su muchedumbre era grande, Pues aunque sean difíciles de: creer los doscientos mil peones que lés dan las memorias del tiempo, para cuatro 6 cinco mil 4 que ascienden no mas los caballos, la misma exageracion prueba la multi 126 ESPAÑOLES CÉLEBRES. tud: aunque á la verdad, siendo la mayor parte de gentes inexpertas en la guerra y armadas entonces tumultuariamente para acudir al peligro comun, mas podia servirles de estorbo que de provecho", De Cualquier modo que esto sea, ellos sentaron sus rea- les allí, donde no podian ser fácilmente forzados por los cristianos, y todo aquel dia y el siguiente se pasó en inútiles escaramuzas, no habiendo po- dido los nuestros traerlos al llano para quitarles la yentaja que les daba su posicion. Son Al otro dia , que era primero de julio, prosi- 1431. guieron los castellanos la devastacion que hacian en el campo, y el trabajo de allanar las acequias y terraplenar los barrancos. Estaba esta faccion en- cargada al maestre de Calatrava Don Luis de Guz- man, el cual, aunque vió venir los moros sobre sí, no creyendo que fuesen mas en número que otras «veces, empezó á pelear con ellos con la esperanza de rechazarlos, Cargaban ellos por momentos de manera, que no pudiéndolos ya sufrir, envió 4, de- Cir al Condestable y al Rey que le ordenasen lo que “debia hacer. A la nueva; de. su peligro el Rey man- dó al Conde « de Niebla Don Enrique de Guzman, al “Conde de Ledesma y al Conde de Castañeda que le fuesen, 4 socorrer; volaron ellos al instante, em- pezaron 'Á combatir, pero los. moros eran mas, y les Aué : “necesario. enviar por mas socorro, El Rey, que no tenia pensado dar la batalla; aquel dia, mandó ol xo t0Vase: lá carta 51 del: Centor epistolar, y la Crónica de Don Álvaro; la del Rey no les señala múmero..: 1, DON ÁLVARO DE LUNA. 7 al Condestable que fuese allá con la vanguardia y los desembarazase de los enemigos, y los retrajese al real, para combatir otro dia con mas órden y mas tiempo. Pero cuando llegó el Condestable , ya casi todo el poder de Granada estaba sobre el Maes- tre y los Condes, y ellos de tal modo enredados y peleando, que solo pareciendo que huían podian re= tirarse, con desdoro de Castilla, y dando acaso oca= sion de confusion y desorden al ejército. Entonces tomó resueltamente su partido, mandó 4 todos los caballeros del real que cada uno por su parte mo- viese sus huestes para embestir; y al Rey envió 4 decir, que viniese lo mas pronto que pudiese con la gente que estaba con él, que ya tenia en las manos la batalla que tanto deseaba, y que él con Ja ayuda de Dios le anunciaba la victoria. Espera- ba el Rey armado de pies 4 cabeza 4 las puertas del pálenque lo que resultaria de la ida de Don' Álva= ro , y oido su mensaje, dió al instante la señal dé marchar al grueso de su ejército, que ya estaba pre- venido y sobre las armas, y salió del real con las banderas tendidas rodeado de sus Grandes y capi (ae: Sas wombres se yón n 1as Crónicas ele. po: alli estan, puede decirse, todos: los perso- májes visibles del estado *, y la igualdad de es- Mara A ari 94 ebepolzd hb lo ¿pl do T nodigue a 2 O cl pelsoriacnas Diao : > dice graciosamente Fernan Gomez, €s- ter e Segre la golarmicion a de aquel for se les entiende ue de batallas. Siendo fastidio- so y ya bien poco as nombrar expresamente, todos 128 ESPAÑOLES CÉLEBRES, fuerzo y de pujanza con que todos acometieron á los:enemigos y losarrollaron delante de sí, no dejó distinguirse 4 nadie en particular, ni las circuns= tancias ó la fortuna favorecieron á ninguno para ello. El Condestable, luego que vió que el Rey se movia, movió su batalla contra los enemigos y se metió en lo mas recio del combate: los demas ca- pitanes hicieron lo mismo cada cual por la parte que les habia sido ordenado, y los moros, aunque tantos en número y rabiosos y soberbios con la ven taja que habian lleyado en lo demas del dia, no pudieron sufrir el choque de aquella caballería, tan superior en fuerzas y en número á la suya. Diéronse pues á huir con la misma prisa y celeri- dad con que habian venido 4 pelear, y al caer, de la tarde ya no habia en el campo mas enemigos que los muertos .y los heridos. Los unos huyeron:á la ciudad, los otros á las sierras, Otros á unas huer= tas que. habia no lejos de allí, en sitios ásperos y “99 5detz9 57 9mp ¿oli 13j9, 102 9 19 La quiet lo: balloros y personajes que fueron á4Ja expedicion , bas- :á “Señalar los principales que llevaban pendon separado, -) el o an a los caballeros y mo= es que los seguian : primero el Condestable , cuyo séqui- tó er Ta Pmas homdrosó y lucido : y despues MordA 72 el Gonde-dé Haro Don Pedro de Velasco , el Conde de Le- desma Don Pedro de Stúñiga, el Conde de Niebla Don En- rique de Guzman, el obispo de Palencia Don Gutierre de Toledo, el Conde de Castaneda Don Garcia Fernandez Man- poco de Benavente Don Rodrigo Alonso Pimen- y Fernán Álvarez de Toledo señor de Valdecorneja, el célebre Trigo Lopez de Mendoza, que no pudo ltallarse 4 la bt ot haber quedado gravemente enfermo en Córdo- a; pero sú gente y pendon los condúcia Gomez Carrillo de Albornoz, sobrino suyos. >: CUA DON ÁLVARO DE LUNA. 129 raontaosos. Siguieron los cristianos el alcance , el Condestable: hasta cerca de Granada 4 donde el ma- yor tropel de moros se fué 4 refugiar; su hermano el obispo de Osma Don Juan de Cerezuela con los caballeros que Don Álvaro le habia dejado para su escolta , asaltó , y saqueó “los reales de los moros puestos en los olivares; otros en fin persiguieron á los fugitivos por puntos y direcciones diferen tes.. La noche puso «fin 4.la matanza. Habia en medio del campo plantada una higuera, que acaso pudo salvarse de la devastacion general, y de ella tomó nombre esta batalla,en la cual perdieron los moros treinta mil hombres entre muertos y heri- dos *. En los cristianos fué poco Soi -y no. Halo (3 1 ía 204. Obi diosa dut y q e 1 húmero ue parece mas probable; paro os pide Ñ (dor po pone aquiés Ata hordas na arenga que no dijo, y pinta con colores retór una ¡b fantasia, toda ba para seguirle 5 1 seguridad. Las torcida del Rey y asen Álvaro no fijan número de muertos: tos. El fisico Fernan Gomez; que se hullabaen lajornada, dice que serian treinta mil hom- bres los muertos y heridos que quedaron en el cam NY eran los más ricamente ataviados: a duda los de: más obli es y los que pelearon mejor. Esta relacion se pue- de decir que es la mas ns y original. El médico es- tuvo desa la vispeta batalla, como él mismó dice; con la pluma en la mano por mandado del Rey para escribir la noticia del suceso al arzobispo, de Santiago Don Lope de 7 e Juan de sem Ja du entonces reconocido cro- Ce eo pormenores! Sa exac- tene rlrdos. de especie ) dice: En llegando ndo masa pa — Per AR + Se empares stra de otra , é otra d mano an del Tas que fo una pared con a u 232 ESPAÑOLES CÉLEBRES, ¿El objeto principal de los sitiados en la deses- perada resistencia que hacian, era ver si la gente del Condestable que estaba desparramada por la ciudad , le. acudia á tiempo para combatir con mas igualdad , y vencer ó sacar mejor partido. Pero na- die se movió, sea por falta de caudillo que los guiase y condujese, sea porque el Rey, acompaña- do de toda la gente armada de la ciudad, estaba en la plaza del obispo, y quitaba la proporcion de reunirse y Ja esperanza de pelear con igualdad 6 ventaja. Visto lo cual por el Maestre y sus cam- peones , intentaron probar si haciendo ímpetu so- bre sus contrarios podian, saliendo por unas puer- tas excusadas, pasarse á la casa de su hijo el Con= de Don Juan, que mas acompañada de gentes y mas próxima al rio, ofrecia mas proporcion para la resistencia Ó para la retirada. No se pudo esto conseguir, porque las gentes de Stúñiga conocieron la intencion, y se agolparon por aquella parte y estorbaron el paso. Entonces Chacon y Sesé dije- ron á su señor que lo que importaba era que su persona se salvase de cualquier modo que fuese: que todavía quedaba libre una salida detras de la casa, por donde podia salir disfrazado, y atravesan- do calles y parajes excusados, salir á las tenerías y de allí al rio, y escapar: que Álvaro de Cartagena, que sabia bien aquellos sitios, podia ser su guia, Tenia 'él 4 mengua huir así, y no se alrevia á fiar- se del guia que le proponian. Al fin le persuadie- ron, Cartagena se ofreció gustoso á contribuir 4 su DON ÁLVARO DE LUNA. 233 escape, y se Je puso delante. Siguióle él empacha= do con el traje que mo era suyo, zozobroso y poco confiado: así sus pasos eran tardos, y el guia le Mevaba siempre demasiada ventaja. De esto no se agradaba él, de manera que pesaroso y avergonza- do de haber condescendido en aquel consejo, y por ventura cayendo de ánimo, viéndose en aquellos pasos ya tan abatidos y desesperados, llamó 4 Car- tagena, y le dijo que mas queria morir con los su= yos y peleando noblemente, que salyarse andando por albañales ocultos y tenebrosos como hombre bellaco y de ruin condicion. Vete, añadió, á tu buena ventura, y dí al Conde mi hijo, á Juan de Luna y á Fernando de Rivadeneira, que reparen y abríguen á mis críados y se remedien segun pue- dan. Esto dicho, le dejó ir, y se yolvíó por el mis- mo camino que habia traido 4 su casa, donde en- tró sin estorbo , porque Chacon, previendo esto mismo, habia ordenado que la puerta quedase abier- ta, guardándola su compañero Fernando Sesé. Vol. vióse 4 armar, montó á caballo, y poniéndose en medio de la poca gente que tenia consigo, empezó á animarlos para que hiciesen bien su deber, si el combate llegaba 4 empeñarse, En esto llegó un faraute del Rey, que introdu- cido 4 su presencia, le dijo que venia á pagar la deuda que con él tenia como servidor y hechura Suya, y 4 hacerle saber que el Rey estaba en la plaza con el pendon tendido y mucha gente, y con propósito de no partir de allí hasta que fuese pre- 234 ESPAÑOLES CÉLEBRES. so, y aun de yenir 4 combatirle si se resistía, Qui- vá este hombre era enviado para hacerle indirec- tamente esta clase de intimacion, y ver si se le podia intimidar, De cualquier modo que fuese, el Condestable, despues de algunas razones sobre aque- la extraña y rigorosa determinacion del Rey, des- pidió al faraute con estas razones: decid al Rey mi señor,que sí por mí lo ha, que envíe algunos ca- balleros de su casa y de su Consejo, con quienes yo me entienda en este caso. Llevada al Rey esta contestacion, envióle 4 preguntar qué caballeros queria que fuesen: él respondió que los que fuesen de su agrado, con tal que fuesen de su easa, Envió- le el Rey al Mayordomo mayor Ruy Diaz de Men- doza y al obispo de Burgos; los cuales, entrados delante de él y haciéndole el acatamiento que acos- tumbraban , le dijeron de parte del Rey que se rindiese á prision, porque asi convenía á su servi- cio y al bien de sus reinos. El Maestre dirigiéndo- se al Mayordomo, ¿es cierto, Ruy Díaz, le dijo, que el Rey mi señor me envía á mandar eso que vos me decís? Sí por cierto, señor, le respondió Ruy Diaz. El Maestre prosiguió: decid á su Señoría que su querer es mi querer; pero que le suplico que para que yo pueda cumplir su mandamiento, me mande dar y me dé. seguridad de mis enemigos que están con su Señoría, y han sabido trastornar su voluntad y llenarle de indignación contra mí. Entonces dijo el obispo: No debeis, señor, pedir ahora esas cosas; porque el Rey ciertamente se DON ÁLVARO DE LUNA, 235 muestra muy aírado con vos, y sí con esa deman= da vamos, mas el enojo se le acrecentará. A lo que el Maestre , moyido algun'tanto á cólera, contestó: Obispo, callad agora vos, y no cureis de hablar donde caballeros hablan: cuando hablasen otros de faldas luengas como las vuestras, entonces hablad vos cuanto querais: mas no cuideís de allercar mas aquí, que yo con Ruy Diaz he hablado, y no con vos. Fuéronse con esta razon los dos mensajeros para el Rey, el cual tenia tanto deseo de terminar aquel hecho sin combate, que acordó al instante y envió el seguro que se le pedia, firmado de su nom- bre y sellado con su sello, cuya suma era: Que el Rey le daba su fé real, que en su persona ní en en hacienda no recibiría agravio ni injuria, ni cosa que contra Justicia se le hiciese*. Bien conoció Don: Alvaro que no era este el seguro que le convenia, y por esto dudaba ceder. Daban peso á estas dudas las reflexiones que Gonzalo Chacon Je hacía sobre la voluble condicion del Rey, su entero abandono á los que le aconsejaban, y la poca fé con que se solían guardar tales seguros. Mas vale, señor, de añadía, que muramos aquí todos en defensa vues= tra, y vos, señor, en nuestra compañía, y que Vede la memoria de esta notable hazaña, antes fórmula de los seguros de Juan TT, quizá dic términod de ee por el Condestable, era siempre en los no quería plo; En a Crónica de Don Álvaro el seguro es mas ám- 9 que resulta de la Cróvica del Rey, cuando obligarse 4 conceder gracia ni pierdónitó | 236 ESPAÑOLES CÉLEBRES, - -que deshonor, ó por ventura muerte vergonzosa pase por nosotros. No es nuevo por cierto ahora, sino muy antiguo el proverbio de que quien no ase- gura no prende. Dejemos, pues, señor ahora es=, tos seguros y papeles, y volved al hecho de las ar- mas: que el que os libró de las lanzas enemigas en Medina del Campo y en Olmedo, tambien os sacará á salvo ahora del peligro en que estais puesto. Palabras eran estas de un pecho bien bi- zarro y generoso; pero no bastantes 4 enardecer el ánimo de un anciano, convencido ya de la ¡ imposi- bilidad de la resistencia, y sim osadía para hacer armas contra su Príncipe. Vo permila Dios, re- plicó él, que á la edad en que estoy, ya tocando en la orilla del sepulcro, y despues de haber vivi- do casí cuarenta años con tanto honor y tanto po- der, deje yo á mis hijos la mancilla de pelear con- tra el pendon de mi Rey. Hagan Dios y el Rey de mí lo que fuere su voluntad: el Rey mi señor me hizo, el me podrá deshacer si quisiere; y yo por cierto no haré ya otra cosa sino ponerme en sus manos. Dichas estas palabras, se dió solemne- mente á prision, y los mensajeros del Rey pudie- ron jr al instante 4 decirle, que su voluntad era cumplida y el leon estaba rendido. Él aprovechó los cortos momentos que le po- dian quedar de voluntad libre y propia en dispo- ner de sus cosas presentes: hízose traer las arcas 4 su presencia, distribuyó parte del tesoro que allí tenía entre sus criados, el resto lo dejó allí 4 DON ÁLVARO DE LUNA. a37 disposicion del Rey; quemó tambien parte de sus papeles, y dejó otros intactos; hizo provision de Ja encomienda de Usagre, entonces vacante, en un paje de lanza suyo, hijo del alcaide que tenia pues- to en Albarquerque; y hecho este último acto de Maestre, mandó traer un martillo, y él mismo con su propia mano quebró y deshizo sus sellos, para que'no fuesen instrumentos de iniquidad en manos de sus enemigos. Su cronista dice tambien que comió en compañía de sus principales depen= dientes Chacon, Sesé, Gotor y Cepeda, pero no es yerosimil que sus enemigos le dejasen tiempo para tanto. Designó los dos pajes que habian de quedar 4 servirle, y encargó 4 Gonzalo Chacon el cuidado de gobernar y conducir el resto de su familia al Conde su hijo y 4su mujer, pidiendo 4 todos que les sirviesen con la misma fidelidad y afecto que le habian servido á él Díjole entonces Chacon: Señor , yo soy de vuestro hábito ademas de ser vuestro críado, y temo que el Rey por su crueldad y codicia me mande apremiar con juramentos y tormentos, para que declare lo que sepa de vuestras ríquezas y de vuestros hechos; yo mas temo la fé del juramento que ninguna otra cosa: vos que soís mi Maestre y mi señor, ¿qué me mandais que Paga en razon de los juramentos , sí contienen al= Unas cosas que sean contra vos?—Guardad la re- slade vuestro órden, le respondió, en virlud de la obediencia due teneis jurada, y cumplid lo que en ella se manda sobre el juramento. 238 ¿ESPAÑOLES CÉLEBRES, _ Hechas estas cosas, aderezóse su hábito y ar- reos correspondientes para ir 4 entregarse en poder del Rey, montó 4 caballo, y se despidió de todos sus criados con tan nobles y afectuosas razones, que todos, prorumpiendo en llanto y en emita excla- maban: ¡Señor , cómo nos dejais así! ¿A dónde os vaís sin nosotros? Con vos, señor , queremos ¿r; si wos preso, nosotros presos; sí vos muerto , nosotros muertos. —Él dió fin 4 aquellos lamentos mandando abrir la puerta principal de su posada y disponién- se 4 partir: mas nobien la hubieron abierto, cuan= dose le presentaron Ruy Diaz de Mendoza yel Ade- lantado Pedro Afán de Rivera, y le desaconsejaron la ida al Rey , como peligrosa para él por :el bulli- cio y animosidad del pueblo en contra suya. Por- fiaba todayía en ir, adelante: ellos Je protestaron que alzaban el seguro que le dieron antes, pues no eran bastante fuertes: para cumplirle: que fuese él solo si se empeñaba en ello, pero fuese por cuenta y riesgo suyo. Entonces Chacon, que estaba todayía junto 4. él arrimado al cuello del caballo, le dijo: Señor, paréceme que estos caballeros tienen razon; y queno será bien que os pongais ú merced de ese tropel. de hombres. alborotados, y os veais en ries- go de ser maltratado y deshonrado de algun be- llaco. Estos señores no pueden estorbarlo, ni con- tener el. ruido y la curiosidad de las gentes, ni ex- eusar el mal que 0s pueda venir; por donde me pa- rece conveniente que vuestra señoría esté 4 la ór- den que ellos díeren en esle negocio , segun Jo.que DON ÁLVARO DE LUNA, 239 el Señor Rey les tenga mandado. — Sea pues en buen hora como vosotros quereis, dijo el Maestre; y apcándose del caballo, se dejóir 4 la voluntad de los dos, los cuales entraron con la gente que alli tenian en la casa, diciendo que era para defen= derle de los insultos del puéblo, y se apode- raron de ella. Él volvió 4 encargar 4 Chacon que: se fuese con los demas criados á la posada de su: hijo Don Juan, se subió 4 su cámara, y quedó cons=- tituido en prision. a Luego que el Rey supo que las cosas se balla= ban ya en este estado, fué al templo 4: oir misa y mandó que se le dispusiera la comida en la casa misma donde el preso se hallaba *: por cierto cosa: bien impropia de la majestad , ir como á insultar: á su víctima, y á gozar de su confusion, y á sa= ciar él mismo su codicia con los tesoros y joyas de que le iba 4 despojar. Pidió Don Álvaro al Rey y mientras comia, licencia para hablarle; ló cual le fué negado, recordándole que él mismo Je: habia: dado por consejo, cuando la prision de Pedro Man- 1. Dícese que al entrar en ella, Don Álvaro estaba 4 la ventana de su cámara, y que viendo al obispo de Ávila que iba al lado del Rey, poniendo él dedo en lafrente y moviendo la cabeza, le dijos para estas, don Obiagitlas gue, Os me la pagareis; á lo que el obispo contestó : Señor, E Dios y álas órdenes que tengo, que EA bea e tengo en esto como el Rey de Granada: Cro esta Rey cla no está en la correspondencia del médico dell bano Si en la Crónica particular de Don Álvaro, y: parece pa edo onobable, Conocia él demasiadamente la corte para: Ha bd, tan grosera y tan importuna enaque=" alo _ ESPAÑOLES CÉLEBRES. rique, que nunca hablase á persona 4 quien hu- biese mandado prender. Así el miserable entonces era herido con las mismas armas que habia forja- do contra otros *. Despues de comer mandó el Rey que le lleyasen las llaves-de las arcas de la recá- mara del Condestable, é hizo sacar toda Ja plata y oro y joyas que habia en ellas, y dejó encargada la custodia del preso 4 Ruy Diaz, que él encomendó 4 su hermano el prestamero de Vizcaya Juan Hur- «tado, y al dia siguiente se encargó 4 Don Alonso de Stúñiga, á ruego de la gente de la ciudad, que no tenia por seguros aquellos guardadores. Entretanto la familia y gente del Condestable, unos huían, otros se escondian, algunos eran pre= sos. Su hijo el Conde, disfrazado de mujer, se es- capó con un solo criado , y 4 poco de haber salido de Burgos se encontró afortunadamente con una partida de caballos de su padre, los cuales le le= varon á Portillo, y desde allí 4 Escalona donde es- taba su madre la Condesa. Un clérigo sacó de la ciudad 4 Don Juan de Luna, yerno del Condesta- ble, en hábito disfrazado. A Fernando de Rivade- nejra le tuyo oculto en su casa algunos dias el obispo de Avila: Gonzalo Chacon y Fernando de Sesé fueron desarmados al instante que la casa fué entrada por 1 Mariana y otros historiadores ponen aquí una carta, como escrita en aquella ocasion por el Condestable al Rey; la cual parece mas bien una declamacion retórica que un hecho , del cual no hablan nada ni las dos Crónicas, ni la correspondencia de Fernan Gomez: así es preciso des- echarla como apócrifa. DON ÁLVARO DE LUNA. 241 la gente de Rui Diaz, despojados de todo lo que tenian, y puestos en la cárcel pública, donde por bastante tiempo padecieron. : El Maestre de allí 4 pocos dias fué llevado 4 Valladolid y despues pasado á la fortaleza de Por- tillo, donde se le tuyo en prision bien estrecha y con mucha guardia, al cuidado de Diego de Stú- ñiga, hijo del Mariscal Íñigo de Stúñiga. Es pro- bable que al principio no se determinó nada sobre su suerte, y que solo se propuso al Rey que se fue- se apoderando de los tesoros y estados del Condes table. Hízolo así con efecto de veinte y siete mil doblas que tenia en Portillo , y de otras nueve mil que habia en Armedilla. Despues pasó los puertos con intencion de apoderarse de las villas y forta- lezas que tenia el Condestable en Castilla la Nueva y Extremadura. Mas no eran tan fáciles de rendir como se pensaba, y por la resistencia que hacía Fernando de Rivera en Maqueda se vino en cóno= cimiento de lo que costarian Escalona, Alburquer= que, Toledo, Trujillo y las demas. Entonces fué. cuando se resolvió la final perdicion de Don Ál- varo. Todos le tenian abandonado: ni el obispo de Cuenca, ni el de Toledo, ni otro prelado ó Gran= de alguno, ni el Príncipe y su privado, con quie= nes estaba en buena armonía al tiempo de su pri- Si0n; nadie en suma hizo el menor movimiento en be favor, por via de súplica ó de amenaza. Hicit- TOM, pues, sus enemigos entender al Rey que mien- 0 él fuese vivo, los defensores que tenia puestos 248 O ASPAÑOLES CÉLEBRES; aquel horirado y- bizarro Chacon, fué lévado'4 Fo- ledo «y sepultado en la suntuosa capilla de Santia- go, que el Condestable en“los tiempos de su glo- ria habia erigido para su enterramiento en la ca- tedral +, +! «Al tiempo en que los enemigos de Don Álvaro completaban así en Valladolid la sangrienta yen= ganza, tan anhelada de su rencor, el Rey despues de rendida Maqueda, que Rivedencira le entregó al fin por no caer en caso de rebeldía , tenia puestos sus reales sobre Escalona, donde estaban guareci- » a - 1 Los sucesos de esta muerte de Don Álvaro están re- feridos con bastante variedad por el fisico del Rey en el Centon epistolar. Supone al Monarca en Valladolid al tiem- po de la catástrofe , y pinta con colores bastante dramáti- cos su sentimiento y su incertidumbre : Véase la carta 103. Pero todas estas circunstancias , en que el mismo médico se da por testigo y por actor, están en contradiccion con las Crónicas y con los documentos diplomáticos del tiempo. En estilo y lenguaje la carta citada se parece enteramente,á las demas ; y en este supuesto ¿qué pensar de toda esta cor- respondencia, tan interesante por su argumento , tan agra- dable y preciosa por su estilo, y tan acreditada por su au- toridad? ¿Se habrá interpolado esta carta entre las demas? o se habrá interpolado mas que ella sola? Quien asi falta á la verdad en un suceso de tanto bulto , que supone pasa á su vista, ¿no habrá faltado tambien en otros? ¿Existió ver= daderamente semejante médico y semejante corresponden- cia? ¿Sería por ventura esta obra juego de ingenio de al- gun escritor posterior? En tal caso todo lo que ganase en mérito literario como invencion, lo perdería en crédito “como documento histórico. Otros criticos resolverán estas dudas : aquí nos basta indicarlas , añadiendo que á pesar de ellas hemos seguido en la narracion de la vida del Condes- table la autoridad del bachiller Cibdad-Real, en todo lo que está conforme con las Crónicas , Ó no dice contradic= cion con ellas. DON ÁLVARO DE LUNA. 219 dos y fortificados la viuda del Maestre y su hijo el Conde Don Juan. Su resistencia duró lo que la vida del Condestable: porque sabida su muerte, escu- charon las proposiciones del Rey y se ajustó entre ellos un convenio , por el cual quedándose el Mo- narca con las plazas mas importantes por su fuer za y consideracion, dejaba las demas á la familia de Don Alvaro. De los tesoros se hicieron tres partes, dos para el Rey y una para la viuda. La cédula en que se acordó esta concordia es del 23 de junio, y en su tenor se guardó todo respeto á la memoria de Don Álvaro. Por eso es mas de extrañar el con» texto de otro escrito, que suena hecho tres dias an- tes, y sé conserva en la Crónica, dirigido por Don Juan 11 4 las ciudades del reino sobre las causas y motivos de la prision y castigo del Condestable. Atribuyóse entonces á Diego Valera, el cual se dejó llevar de su animosidad de tal modo, que ade- mas de no poderse leer por-lo grosera y pesada- mente que está escrito, contra nadie cae la inyec= tiva mas fuertemente que contra el mismo Rey, Dificil es persuadirse que éste autorizase consu fir- ma semejante documento, que viene á ser una con- fesion vergonzosa de su incapacidad, y una dis- culpa, por lo mismo, del abuso que un privado po- dia hacer de su confianza. Cuando Valera defendia los derechos de la justicia en las cortes de Valla” dolid, era un ciudadano honrado y un Procurador de cortes entero y respetable: mas al extender este manifiesto, es un escritor absurdo y fastidioso, in- ado ESPAÑOLES CÉLEBRES, famador desu Rey, cegado por la animosidad, hom- bre que se complace vilmente en dar estocadas en un muerto, Ninguno de los Grandes ocupó el lugar que quedaba yacío por la muerte del privado. Aun po- dia decirse que el Rey queria seguirse dirigiendo por sus máximas , pues llamó al obispo Barrientos que tan parcial habia sido de Don Álvaro, y al prior de Guadalupe para servirse de sus consejos en la gobernacion. Facil es de entender lo poco que podrian ayudarle estos dos buenos hombres en la dificil y estragada condicion de los tiempos. Pero no hubo lugar para que se realizasen, en bien ó en mal, las consecuencias de esta y otras medidas que el Monarca pensaba adoptar á la sazon. La triste- za, la soledad, los cuidados y tambien su mal ré- gimen, áque se abandonó mas despues de la muer- te de su ministro, debilitaron su complexion poco robusta; las calenturas que de cuando en cuando le aquejaban, le acometieron con mas rigor y tenaci- dad que solian, y sin ser bastante á resistirlas fa- Meció en Valladolid 4 21 de julio del año siguien- te de 1454. Su muerte fué tan miserable y pusiláni- me como habia sido su vida: tres horas antes de espirar, decía á su médico : Bachiller Cibdad-Real, nasciera yo fijo de un mecánico, € hubiese sido fraile del Abrojo, é no Rey de Castilla. Tenia harta razon en ello, y esto hubiera sido mejor para él y para la monarquía. Así en poco mas de un año _faltaron estos dos personajes, que al parecer habian DON ÁLVARO DE' LUNA. 251 nacido para andar juntos la carrera de la vida, su= pliendo el uno con su vigor y actividad el vacío que el otro dejaba con su incapacidad y desidia. Pudo el Rey quejoso ó prevenido quitar la vida á su pri= vado: pero la falta del privado abrevió sin duda los dias del Rey, y el muerto se le lleyó 4 la huesa consigo *, ' Tendria el Condestable cuando sus enemigos le acabaron, sobre sesenta y tres años, y todavía en aquella edad conservaba íntegros el esfuerzo, la agi- lidad, la viveza y aplicacion, por donde se habia señalado desde el tiempo de su juventud primera. Parciales y enemigos, todos convienen en los gran- des dones de cuerpo y alma de que estaba adorna= do, y en que pocos ó ninguno de los señores con-= temporáneos suyos le llevaban ventaja, ni aun le igualaban. Mediano de estatura, gracioso y dere= cho de talle, alcanzaba grandes fuerzas, y en to» das sus acciones y movimientos mostraba una fle= xibilidad y soltura que jamas perdió, porque siem- pre se mantuyo en unas carnes. Vestíase bien, ar= mábase mejor, y sea que persiguiese las fieras en la selva, Ó que se ejercitase en los torneos, ó que arrostrase los peligros en las batallas, siempre se mostraba gran ginete, gran montero, diestro jus- tador y yalentísimo soldado. Sus ojos eran vivos y > . para ld ba our de Doncs, viempre delete lo trata plañendo en secreto , é veía no eso á los Grandes mas sOse, dos... ? 7 ) . epístola 07 todo le fatigaba el vital órgano. Centon, 252 ESPAÑOLES CÉLEBRES. penetrantes, su habla algun tanto balbuciente: hol- gaba mucho con las cosas de risa, y apreciaba so- bremanera las agudezas y artes del bien decir, es- pecialmente la poesía, en la que alguna vez se ejer- citaba, Su larga y constante conexion con Juan de Mena, príncipe de los ingenios de su tiempo, y hom- bre tan respetable por su carácter como por su ta- lento, hace honor al privado y al poeta. Era muy galan y atento con las damas, y fue muy discreto y reservado en sus amores. En hechos de guerra po- cos de su tiempo se le pudieron comparar; en sa= gacidad y penetracion política, en teson y atrevi- miento ninguno le compitió. Pero estas dotes emi- nentes fueron lastimosamente deslucidas con la am- bicion de adquirir estados, que no tenia límite al- guno, con la codicia de allegar tesoros todavía mas yergonzosa , en fin con el orgullo indómito, la so- berbia, y acaso la crueldad inhumana *, de que se revistió en sus últimos tiempos y le enagenó las yo- luntades: como si fuera: achaque necesario de la privanza excesiva no ejercerse nunca sin arrogan- cia y sin insolencia, 1 Véase en el Apéndice una cédula del Rey de 12 de junio de 1453 : el hecho á que se refiere es tan bajo como atroz. Es muy de dudar que sea cierto, por el tiempo y las circunstancias en que se verifican el cargo y la reparacion. Por otra parte Fernan Perez en sus Generaciones no le ta- cha de esta clase de crueldad privada y vil; y aun le justi- fica de muchas de las ejecuciones de muertes que hubo en su tiempo, y se las imputa al Rey, que segun él era natu- ralmente cruel é vindicativo. El documento sin embargo es Curioso, A A PPP e a DON ÁLVARO DE LUNA. 253 Cuatro siglos que han pasado desde entonces nos dan el derecho de juzgarle sin aficion y sin envi- dia. Comparado con los émulos que tuvo, no hay duda que Don Álvaro de Luna se presenta mas grande que todos ellos: su privanza está bien mo- tivada en sus servicios; su ambicion y su poder disculpados con su capacidad y sus talentos. Pero si esta ambicion y este poder, tan largo tiempo combatidos de una parte, y tan bien defendidos de la otra, se miden con el objeto y uso 4 que los di- rigió el Condestable; si se pregunta qué engrande- cimiento le debió el reino, qué mejoras las leyes, qué adelantamientos la civilizacion y las costum- bres, en qué disposicion -y estatutos procuró afian= rar para lo futuro la quietud y prosperidad del Es- tado, ya la respuesta sería mas dificil y el fallo harto mas severo. Porque no de otro modo juzga la posteridad 4 los hombres públicos; y el bien ó el mal que hicieron 4 las naciones que mandaron, son Ja única regla por donde los aplaude ó los condena, Retro AO ái ' cal a A 9 uba ns also Acida E $ bvivoa ol K15q Tar b JJ q Fr. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. —, e a55 AN "> Daya , > ei FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Lojaiiber que como el Padre Casas han toma= do 4:su: cargo la defensa de grandes intereses y seguido una larga carrera de debates y controver- sia, suelen dar á las opiniones y negocios en que n el carácter eléctrico de su' espíritus de modo que parece casi imposible tratar de ellos, aun largos siglos despues nertos, sin tomar parte en el movimiento y pasiones qu -excitaron. De aqui la dificultad de escribir o ue :sos de su vida con aquella serenidad y templanza pr la historia, siendo por lo comun estas relaciones una sátira Ó un panegírico, segun la parte 4 que AUTORES CONSULTADOS. Impresos: Remesal , historia de la provincia de Chiapa.—Merrera, Décadas.—Oviedo , his- toria general de Indias, parte primera.— Gómara.—Nicolas Antonio.—Opúsculos impresos del Padre Casas. —Vida del mismo publicada al frente de sus Opúsculos traducidos al á bras de Sepúlveda. : .. Méditos: Casas, libro segundo y tercero de su histo- na general, y otros apuntes y documentos suyos manuscri= tos. —Oviedo , parte segunda de su historia. — Cartas del Padre Toribio Motolinea contra Casas.—EXtractos, memo- riales y apuntes diferentes sobre los sucesos de aquel tiem- P0, Comunicados al autor. 262 ESPAÑOLES CÉLEBRES. ramamiento de sangre. Ya habian entrado en la provincia de Camaguei, y sus naturales los reci- bian con la misma paz y agasajo que los otros. Un día antes de llegar 4 un pueblo que se llamaba Cao- náo, hicieron los castellanos parada en un arroyo, donde encontraron piedras aguzaderas de excelen= te calidad; y como si presagiaran el funesto uso en que inmediatamente habian de emplearlas , sa= caron allí el filo y acicalaron á su gusto las es- padas. Entran despues en el pueblo, los indios los reciben con la misma buena voluntad que en otras partes, y mientras se reparten las provisiones que habian presentado 4 los extranjeros, se ponen en cuclillas, 4 su modo, á contemplar aquellos hombres, tan nueyos para ellos, y á observar los movimien- tos de las yeguas. Eran, se dice, hasta dos mil los que allí estaban presentes, sin otros quinientos que se hallaban dentro deun bohio. Narvaez estaba 4 caballo; y Casas, segun su costumbre, viendo ha- cer la reparticion de las raciones. De repente un castellano saca la espada, los demas le siguen y se arrojan sobre los indios hiriendo y matando en ellos, sin que aquellos infelices, sorprendidos y aterrados, pudiesen hacer otra cosa que dejarse ha- cer pedazos, y escapar despues como pudieron. Nar- vaez estaba 4 mirar, sin darse priesa alguna para atajar el daño; pero Casas con los que tenia al re dedor corrió al instante á donde hervía el tumul-= to, y á gran pena pudo contenerle, cuando ya el daño hecho era irremediable y mucho, El horror FR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 263 y compasion que inspiró en el ánimo de Casas este funesto incidente duraba todayía cincuenta años despues, cuando lo contaba en su historia con colores tan vivos y dolorosos que penetran el corazon. La ocasion que aquellos homicidas pretextaron para su alboroto, era tan frívola como escandaloso el estrago. Decian que la atencion de los indios 4 las yeguas daba que sospechar en su intencion. Las espinas de pescados con que tenian adornadas las cabezas, se les figuraban armas envenenadas para destruirlos; y unas soguillas que traían á la cintu- ra, prisiones con que los querian amarrar y suje- tar. ¿Cómo negarse 4 la indignacion que inspiran estos absurdos pretextos para tan aleyosa y cruel felonía? Mas la verdadera causa de este y otros hechos; tan atroces como incomprensibles, era la posicion misma en que los españoles estaban. Siem- pre en la proporcion de uno contra ciento, y em- peñados en dominar y oprimir, á cada paso se yeían perecer víctimas de su temeridad y de su ar- rojo, á cada paso se imaginaban que venia sobre ellos la venganza de los indios: cualquiera accion equívoca, cualquiera seña incierta era para ellos un anuncio de peligro; y el instinto de la conser- “vacion, exaltado entonces hasta el frenesí, no les enseñaba otro camino que el de espantar y aterrar con la prontitud y la audacia, y anticiparse á ma- tar para no ser muertos á su vez. | Siguiéronse 4 este desastre las consecuencias 264 ESPAÑOLES CÉLEBRES. que eran de esperar. Los indios, desbandados, se acogieron á las isletas vecinas, la comarca quedó desierta, y los castellanos reducidos á solos los re- cursos que llevaban consigo. Saliéronse del pueblo, y sentaron su real en una gran roza donde se daba la yuca en abundancia, y por lo menos no podia faltarles el pan cazabe, base principal del sustento en aquellas regiones. Allí permanecieron algunos dias esperando en qué vendría á parar la soledad y silencio en que la tierra habia quedado, cuando la humanidad y la templanza remediaron al fin el -mal hecho por la violencia. Pe Llegóse al real un indio como de hasta veinte y Cinco años , y encaminándose derecho á la bar raca del Licenciado Casas, trabó conversacion: con otro indio viejo que le servia de mayordomo y se decia Camacho. En ella manifestó el jóven que si el Padre le recibíaá4 él y á otro hermano suyo, le -servirian los dos: con mucho gusto, por el concepto “que tenian de su humanidad y agasajo. Alabóle -Camacho el pensamiento, díjoselo 4 Casas, el cual, regalando al indio y asegurándole de que los reci- «biría en su casa, trató tambien con él de si podria conseguirse que los demas yolviesen 4 sus mora- das, asegurándoles que no recibirian mal ninguno; antes bién ballarían cuanta paz y buen trato pu= dieran desear. Aseguró el indio que sí, y se ofre- -ció 4 traer consigo dentro de pocos dias, cuando yi- niese con su hermano, toda la gente de un pueblo cuya era la roza en que á la sazon se hallaban, Re- A ASAS 1 FR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 265 galáronle bien, pusiéronle por nombre Adrian, y él se fué muy contento á poner en ejecucion lo prometido. Pasáronse muchos mas dias sin parecer él ni otro alguno. Todos desconfiaban: hasta el Licenciado Casas se daba por engañado , y solo Camacho se afirmaba en que Adrianillo no podia faltar. Con efecto, una tarde, cuando menos lo esperaban, com- pareció Adrian, acompañado de su hermano y de otros ciento y ochenta hombres, cargados de sus hatos y con presentes de pescado para los castella- nos. Fueron recibidos con el agasajo y alegría que son de presumir, y todos enviados á sus casas para que las poblasen, menos los dos hermanos que se quedaron á servir al Licenciado en compañía de Camácho. 2. obasivals q ubasio: 103613 Luego que se extendió esto por la tierra, los indios de los demas pueblos se fueron volviendo poco á poco á habitar sus moradas, y 4 entender= se tranquila y pacíficamente como antes con los españoles. Ya sobraba á estos con la confianza el sin y ti Y ia bastimento; los indios les daban sus canoas para que costeasen la isla por mar; sus comunicaciones y su inllajo, merced al buen nombre de Casas , se extendia á mas de cien leguas 4 la redonda. Diéz Fonles noticia de hallarse en poder de indios dos Mujeres castellanas y un hombre, y como, segun de Señales que se dieron, estaban á grande distan= 1%, Pareció conveniente mandar que «se “trajosen sin aguardar 4 lMegar allá. Envió, pues, Casas sus 266 ESPAÑOLES CÉLEBRES, papeles en blanco, en virtud de los cuales manda- ba que fuesen luego restituidas las mujeres y el hombre, pues de no hacerlo se enojaría mucho, Las mujeres vinieron de allí 4 pocos dias , trai- das en una canoa, que llegó 4 desembarcar al pie de la barraca misma en que el Licenciado ha- bitaba. Venian en carnes, sin mas yelo que- unas hojas con que traían cubierta la cintura; la una era de hasta cuarenta años, la otra de diez y ocho; y contaban que viniendo en otro tiempo con algunos castellanos por una ensenada, que despues por este caso se llamó de Matanzas, los indios en cuyas canoas iban, los mataron sobre seguro, ane- gando á unos en la mar, y 4 otros asaeteando en la playa. Ellas solas habian sido reservadas del es- trago comun; y viviendo y sirviendo 4 los indios habian prolongado su yidá hasta aquel punto, en que felizmente habian sido rescatadas de su poder, y vueltas entre cristianos. Holgáronse todos con su yenida; el Licenciado las consoló, y poco despues las casó con dos hombres de bien, que de ello se con- tentaron. Faltaba por yenir el castellano reclama- do al mismo tiempo, y remitióse el mensaje del Padre Casas al cacique que le tenia en su poder, encargándole que lo conservase y mantuviese hasta que los españoles llegasen 4 su pais. Él lo hizo así, y en persona le vino á presentar cuando llegó el caso , haciendo yaler mucho el cuidado y esmero con' que lo habia tenido y defendido de las im- portunaciones de otros caciques, que se lo pedian FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 267 para matarlo, ó le exhortaban 4 que él por sí lo hiciese *. higuera! Llegó, pues, la expedicion en el curso de su re- conocimiento 4 la provincia de la Habana; cuyos habitantes escarmentados con el acontecimiento de Camaguei, al acercarse los castellanos, desampa= raron sus casas y se acojieron á los montes. Acu-= dióse al arbitrio ordinario de los papeles mensaje= ros, convidando álos indios 4 que volviesen, y ase= gurándoles 4 nombre del Padre de todo buen tra- tamiento. Confiados en esta promesa, vinieron á pre= sentarse hasta diez y nueve de ellos , con algunos bastimentos; y por una especie de furor, tan im- posible de disculpar como de concebir, el insensa= to Pánfilo hízolos prender 4 todos, con propósito de ajusticiarlos al otro dia. Opúsose Casas 4 esta atro= cidad, al principio con ruegos, y despues con ame= nazas. Recordóle las órdenes positivas del gober= nador, en que no una, sino muchas yeces, encarga» ha el buen tratamiento de los indios , prohibiendo expresamente que se les hiciese hostilidad ninguna, 4 menos que ellos fuesen los agresores ; y viéndole: 1 Una circunstancia curiosa de este incidente es que el castellano, al cabo de tres 6 cuatro años que estaba en tre los indios, se habia entregado tanto á usar de sus cos= tumbres, hábitos y modales, que parecia uno de ellos en todos sus gestos y meneos, dando harto que reir 4 sus. Ep La lengua nativa se le habia olvidado, y tardó. tántes dias en recordarla pg contar sus aventuras, En las dos mujeres, fuera de la desnudez , no se advir= 1ió esta extrañeza, y ellas pudicxop, el instante dar razon, de sus sucesos. Sin duda comunicaban entre sl, y por eso no 'olyidaron su habla, ¿21.200? > A 1514; 268 ESPAÑOLES CÉLEBRES, - obstinado en su locura, le dijo que de no conte- nerse en su mal propósito, partiría al instante 4 la corte, á dar cuenta de aquel desacato, para que se le castigase como merecia. Pasóse el dia sin al- canzar nada: mas al siguiente , templada ya la fu- ria del capitan, fueron puestos en libertad aquellos infelices, menos uno que parecia el principal de to- dos, 4 quien despues el gobernadór mandó poner tam- bien en libertad. De la costa del Sur volvieron á la del Norte por órden de Diego Velazquez; el cual, despues de haber asentado la poblacion de Baracoa, y repartido las tierras é indios de aquella tierra y las conti= guas, trató de ir reconociendo la isla, para deter= minar los otros puntos en que convenia- poblar, Juntóse con el cuerpo expedicionario de Narvaez en el puerto de Xaguá, y en aquella comarca re- solyió fundar la villa, que despues se llamó la Tri- nidad. Señaló los vecinos é hizo los repartimientos de estilo, entre los cuales uno de los mas aventa- jados fué el de Casas, premiándole de este modo los servicios que habia hecho en la expedicion. Tenia el Licenciado grande amistad con un Pedro de Ren- tería , hombre honrado y bueno, y de algun con- cepto entre los castellanos, puesto que habia sido alcalde ordinario, y alguna vez teniente de Velaz- quez, Aeste dió el gobernador un repartimiento junto. al de Casas, probablemente con el intento de que los dos se ayudasen en sus tratos y granjerías. Asociáronse con efecto, pero Rentería, templado ASAS YR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 269 por carácter y propenso á la deyocion, mas se ocu= paba en rezar que en atender á los negocios de la hacienda; mientras que Casas ,-activo y diligente, mostraba en dirigirlos y aumentarlos una indus- tria y una actividad, que le prometia las mejores esperanzas para lo futuro. Así es que él lo gober- naba todo y manejaba, sin que su compañero tu= viese en la disposicion de Jas cosas comunes otra volantad que la suya *. Pero estas sugestiones de aprovechamiento y de codicia se ayenian mal con su carácter justo y ge- neroso , y no tardaron en dar lugar á otros pensa= mientos mas nobles. Aunque caritativo y humano en su modo de tratar 4 los indios, Casas no dejaba de aprovechar los que se le tenian repartidos, en los trabajos de las minas y en los de las semente= ras. Creja él entonces que esto era lícito y hones- to, y como dice él mismo con la inflexible inge= nuidad que le caracteriza, en aquella matería tan ciego estaba por aquel tiempo el buen Padre, como los seglares todos que tenía por hijos ?. Pues como se lMegase la Pascua de Pentecostés, y él tuviese que ir 4 decir misa y predicar en Baracoa, al es= tudiar la materia y autoridades de los sermones que meditaba, echó casualmente la vista sobre el capí- 2. Y antes todo se podria decir ser del Padre que de Pa: 3 porque lo gobernaba y ordenaba todo, como agibilibus, y en las cosas tempora= les mas 3 ndido. rr historia generab, libro 3.9, cam 2 Historia general, libro 3,9, capitulo 31. ajo ESPAÑOLES CÉLEBRES. tulo 34 del Eclesiástico, donde halló: Que es mans cillada la ofrenda del que hace sacrificios de lo injusto : Que no recibe el Altísimo los dones de los impíos, ni mira á los sacrificios de los malos: Que el que ofrece sacrificios de la hacienda de los po- bres , es como el que degúella á un hijo delante de su padre: Que la vida de los pobres es el pan que necesitan; aquel que lo defrauda es hombre sanguinario : Que quien quita el pan del sudor, es como el que mala á su prójimo: Quien derrama sangre y quien defrauda al jornalero, hermanos son *. ] Estas lecciones severas de caridad y de justicia se grabaron tan profundamente en su corazon y produjeron tal revolucion en él, que juzgó al ins- tante indigno de un cristiano, y mucho mas de un sacerdote, enriquecerse 4 costa del sudor y sangre de infelices, condenados á trabajar para advenedi- zos, que no tenian para ello otro derecho que la fuerza, Y yendo y viniendo en este pensamiento, se resolvió á resignar desde luego sus indios y su tier= ra en manos del gobernador que se los habia dado, y así selo manifestó inmediatamente para cumplir 1 Inmolantis ex iniquo oblatio est maculata.... Dona iniquorum non probat Altísimus , nec respicit in oblationes iniquorum.... : Qui offert sacrificium ex substantid pauperum , quasi qui victimat filium in conspetu patris sul. -Panis egentium vita pauperis est: qui defraudat illun homo sanguinis est. ) Qui aufert in sudore panem, quasi qui occidit proxi= mum suum. 270 ESPAÑOLES CÉLEBRES, tulo 34 del Eclesiástico, donde halló: Que es man= cillada la ofrenda del que hace sacrificios de lo injusto : Que no recibe el Altísimo los dones de los impíos, ni mira á los sacrificios de los malos: Que el que ofrece sacrificios de la hacienda de los po- bres , es como el que degiella á un hijo delante de su padre: Que la vida de los pobres es el pan que necesitan; aquel que lo defrauda es hombre sanguinario : Que quien quita el pan del sudor, es como el que mata 4 su prójimo: Quien derrama sangre y quien defrauda al jornalero, hermanos son ?*. ) Estas lecciones severas de caridad y de justicia se grabaron tan profundamente en su corazon y produjeron tal revolucion en él, que juzgó al ins- tante indigno de un cristiano, y mucho mas de un sacerdote, enriquecerse á costa del sudor y sangre de infelices, condenados 4 trabajar para advenedi- zos, que no tenian para ello otro derecho que la fuerza. Y yendo y viniendo en este pensamiento, se resolvió á resignar desde luego sus indios y su tier= ra en manos del gobernador que se los habia dado, y así selo manifestó inmediatamente para cumplir 1 Inmolantis ex iniquo oblatio est maculata.... Dona iniquorum non probat Altísimus , nec respicit in oblationes iniquorum.... Qui offért sacrificium ex substantid pauperum , quasi qui victima, filium in conspetu patris sul. Panis egentium vila pauperis est: qui defraudat ¡llum sanguinis est. ) Qui aufert in sudore panem , quasi qui occidit proxi- mum suum. i FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 277 indios era tan eficaz como constante. Ella habia man- dado desde un principio que los indios fuesen bien tratados, y con dádicas y buenas obras atraídos 4 la religion, castigándose severamente á los caste- - lanos que los tratasen mal. Ella, en las primeras instrucciones que se dieron 4 Oyando antes de pa- sar al Nuevo Mundo, hizo poner expresamente la claúsula de que todos los indios de los españoles. fuesen libres de servidumbre, y que no fuesen mo- lestados de alguno, sino que viviesen como vasa= llos libres, gobernados y conservados en Justicia como lo eran los vasallos de los reínos de Castilla. Ella, en fin, en su testamento ordenó expresamente y encargó al Rey su marido y 4los Príncipes sus hi- jos, que no consintieran que los indios de las lier- ras ganadas y por ganar reciban en sus personas y bienes agravío, sino que segn bien tratados Y que sí alguno hubiesen recibido lo remedien, ; Mucho habia que remediar y aun castigar en las cosas que hizo: Ovando. Pero antes de que él volviese 4 España murió la Reina Isabel, y si los castellanos la lloraron con lágrimas de dolor y ad- miracion,los indios debieron lorarla con lágrimas de desesperacion y de sangre. Desaparecieron con, ella para el gobierno del Nuevo Mundo los moti= vos de generosidad, de grandeza, de humanidad y Proteccion que dominaban en el pecho de aquella mujer singular, y empezaron á prevalecer los de codicia", de ambicion y de egoismo, mal cubiér- tos y disfrazados 4 veces con la capa de religion y 278 ESPAÑOLES CÉLEBRES. de piedad. Habia ella dejado al Rey su marido por usufructuario, mientras viviese, de la mitad de los aprovechamientos de Indias; y con esto todo el co= nato de sus ministros fué el de acrecentar el pro- vecho á costa de la conservacion. Con este objeto fué enviado allá por tesorero general un Miguel de Pasamonte, aragonés, criado del Rey Católico, y en quien él puso toda su confianza para los ne- gocios de Indias. Merecíala sin disputa por su capa- cidad y por su celo en atender 4 los intereses del fisco, y mas todavía por la contradiccion que ha= cía 4 los privilegios y prerogativas de los conquis- tadores y pobladores antiguos, con quienes estaba en guerra permanente. Maligno, insolente, artero y co- dicioso , ni respetaba superior, ni reconocia igual, siendo un tirano para los españoles y una plaga para los indios. Baste decir que 4 su malicia y ve- jaciones se atribuye la baja de poblacion experi- mentada en la isla *. Cuando él llegó á ella en 1508 se contaban sesenta mil vecinos indios; seis años despues estaban reducidos 4 catorce mil, muer- tos 6 ausentados los restantes. Entendíase para el manejo de sus cosas con Lope de Conchillos, se- cretario principal de Fernando, aragonés tambien, y no menos mal intencionado *, y con Juan Ro- : ] Herrera , década 1.2, libro 10, capitulo 19. Y fue tan buen moyordomo de la Real Hacienda , qie cenando llegó el repartidor Rodrigo de Alburquerque, no ha- bia mas de, etc.Excelente epigrama , que no cuadra mucho con el tenor general del estilo de Herrera, y que probable= mente es copiado del original que entonces tenia delante. 2 Véase el Apéndice. FR. BARTOLOMÉ DE-LAS CASAS. 259 driguez de Fonseca, dean yn tiempo de Sevilla, y despues obispo succesiyamente de Badajoz , Palen- cia y Burgos , por cuya mano habian corrido muy desde el principio los asuntos del Nuevo Mundo, menos capaz que ellos, y sin duda alguna peor. Ta- les eran los hombres que decidian de aquellas co- sas, y 4 su frente el Rey, que ya viejo, siempre desabrido y entonces mas, cargado con los negocios que tenia en Europa, consideraba la América como cosa agena, y no la estimaba sino por el producto que rendia. La suerte de los indios en manos de la codicia, de la ambicion y del egoismo, era sin disputa de- plorable , y parecía ya no tener remedio ni defen- fa. Hallóla sin embargo en una Órden religiosa que, acusada en Europa de cruel. por su inflexible se- veridad , ha hecho en América los seryicios mas grandes, y dado los ejemplos mas generosos de hu- manidad , de dulzura y de piedad verdadera. Los Padres Dominicos, que habian pasado allá 4 en- tender en la conversion y doctrina de sus natura= les, no pudieron sufrir que pereciesen así por la rapacidad y dureza de sus opresores crueles. Y en un sermon que predicóen 1511 Fr, Antonio Mon- tesino declamó sin rebozo y con la mayor vehe- mencia contra el modo de proceder en el gobier- no, conversion y civilizacion de los indios. Hallá- !nse presentes el segundo Almirante, entonces gobernador, los oficiales reales, y las personas mas notables de Santo Domingo. Ofendiéronse todos de .280 ESPAÑOLES CÉLEBRES, la aspereza de las inyectiyas, y mas los ministros del Rey, que fueron por la tarde 4 acusar al reli- gioso ante su prelado, y 4 intimarle que le hiciese retractar, ó que de lo contrario seria preciso que la Órden dejase el pais. Contestóles él que lo que habia dicho el predicador era opinion de la Comuni- dad; pero que, para quitar el escándalo que podian haber producido sus expresiones en el pueblo, las moderaria algun tanto en el primer sermon que pronunciase. El fraile Montesino era hombre de ca= rácter, y reputó indigno de su ministerio y de la cátedra de la verdad contemporizar por ningun res- peto humano con la iniquidad y el error. Subió, pues, al púlpito, y cuando todos esperaban que se retractase, se afirmó con resolucion en lo dicho, añadiendo que en ello creía hacer un seryicio muy señalado , no solo 4 Dios, sino al Rey. Creció el escándalo: Pasamonte escribió 4 la corte quejándose amargamente de aquellos Padres como de unos reyoltosos, y envió un fraile Fran- cisco para que apoyase en España la denuncia que hacía de ellos *. De aquí empezó la diversidad de 1 Finalmente, trabajaron de enviar Jrailes contra 1 frai- les, por meter el Juego, como dicen, á barato. El bueno del Padre Francisco Fr. Alonso de Espinal, con su ignorancia no Chica aceptó el cargo de la embajada , etc. Casas , his- toria general , libro 3.0, capítulo 5.0 Asimismo dá á entender que pudo contribuirá que los Franciscos tomasen aquella opinion, el tener asignado el mantenimiento de dos casas suyas en dos repartimientos concedidos á dos pobladores con el objeto dicho; es ver- dad que tambien tiene cuidado de salvar en esta parte la cl ai ii ci a FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 281 opinion que unos y otros manifestaron respecto de los naturales del Nuevo Mundo. Los Dominicos cre= yeron necesario volver por sí, y diputaron á Es- paña al mismo Montesino, que acompañado de su prior defendiese su doctrina y el concepto de la Comunidad. Llegaron y hallaron cerradas todas las puertas para hablar al Rey, que ya habia manifes- tado al provincial de Castilla su disgusto por el mal porte de sus frailes. Pero Montesino una yez que logró ocasion para introducirse sin pedir per= miso á nadie, se puso en su presencia, y le suplicó que le oyese lo que tenía que decirle para su ser» vicio. Díjole el Rey que hablase lo que quisiese, y le informase de cuanto habia pasado en la isla, y con qué fundamento habia predicado aquel sermon que tanto ruido habia hecho. Mí sermon , respon= dió el fraile, ha sido firmado por el prior y todos los leirados teólogos del convento : y en seguida le pintó con tales colores los excesos que allá se con metian, y le pidió que los remediase con una yex hemencia tal, que el Monarca conmovido respon= dió que le placía, y que con diligencia mandaria entender en ello, En efecto, se mandó formar una junta com= puesta de diferentes ministros teólogos y juristas, á la cual se ordenó que consultase sobre la materia, oido lo que se alegaba por los Padres Dominicos y Por los interesados en los repartimientos. Las deli> nt: eel religioso Espinal, 4 quien no tacha mas queda 282 - ¡ESPAÑOLES CÉLEBRES, beraciones de esta junta y de otra que se formó des- pues duraron algun tiempo: la resolucion final tar=- daba en salir, y los frailes insistian. El Rey enton- ces, Ó por cansarse ya de ellos, ó por mas asegu= rado con el dictamen de sus consultores, les dió por respuesta : que los repartimientos estaban fun= dados en la autoridad dada 4 los Reyes de Castilla por la Santa Sede, y en el dictamen de muchos sa- bios teólogos y juristas, á quienes se habia consul- tado para ello: por consiguiente , si algun cargo de conciencia habia, era del Rey y sus consejeros, y no de los que tenian los repartimientos. Por cuya . razon podrian los Padres moderarse, y proceder con mas suavidad en sus predicaciones. Y para tem- plar algun tanto este mal despacho, y dar mues- tra de estimacion personal al Padre Montesino y á su prelado, los mandó volver 4 Indias para que con el ejemplo de sus virtudes y buena doctrina se lo- grase el fruto que se deseaba enla salyacion de las almas. Despacháronse asímismo por aquel tiem-= po ciertas ordenanzas, que contenian muchas dispo- siciones favorables 4 los indios, y buenas si se cum= plieran, pero ellos quedaron repartidos y encomen= dados. Ni era posible que fuera otra cosa. Porque, como los empleados públicos que allá iban tenian designados sus indios en proporcion 4 la calidad de sus empleos, tambien los privados del Rey, ansiosos de enriquecerse por aquel camino, los desearon , y al fin los consiguieron. Conchillos tuyo mil y cien indios, el obispo Fonseca ochocientos, Hernando de FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 283 la Vega doscientos , y así otros muchos : todos en- viaron allá sus mayordomos para que se los admi- nistrasen; y cabalmente, como decia el Padre Ca- sas despues, los indios que tocaban á esta gente eran los mas ásperamente tratados. La facultad de hacer los repartimientos estuvo siempre unida á la gobernacion. Pero en el año de 1514 un Rodrigo de Alburquerque, alcaide que era de una fortaleza en la Isla Española, negoció 4 fuer= za de dinero, de los ministros del Rey Católico, que se le diese 4 él esta comision, y se presentó en Santo Domingo con poderes reales para procederá un nut- yo repartimiento, interviniendo y conociendo en ello tambien el tesorero Pasamonte, Eran catorce mil indios los que tenian que repartirse entre los mismos que seis años antes disfrutaban de sesenta mil. Nunca se hacen mas injusticias en las distri- buciones, que cuando es corta la masa de donde han de hacerse; y Alburquerque, codicioso y sim: vergiienza, puso en venta la comision , con el mis- mo descaro y mala fé con que la habia adquirido, Los indios se distribuyeron en proporcion á los re- galos y dádivas que el repartidor recibió, El que mas dió mas tuvo: muchos de los pobladores se quedaron sin ninguno, y viéndose arruinar de aquel modo , alzaron amargamente el grito contra tama= ña injusticia, Más estos gritos fueron en balde por entonces; porque la corte, añadiendo escándalo 4 escándalo, no solo aprobó el repartimiento hecho, sino que suplió de poderío real los defectos que en 284 - ESPAÑOLES CÉLEBRES. — él hubiese , é impuso silencio 4 los que quisiesen hablar mas en ello *. Masno por eso cesaron los clamores, El Almi- rante Don Diego, hijo del descubridor, que á la sa- zon gobernaba la isla, vino á España á represen tar sobre el agravio que se hacía 4 sus prerogati- vas con la comision dada 4 Alburquerque. Su au- toridad y sus quejas allanaron la senda á las de los demas interesados, de modo que el Gobierno abrió los ojos 4 la iniquidad, y no quiso sostenerla por mas tiempo. Acordó, pues, enviar 4 Indias 4 un oidor de Seyilla, llamado el Licenciado Ibarra, para que procediese á nueyo repartimiento, des- agraviando á los que hubiesen recibido perjuicio en el anterior. Mandóse tambien entonces que. los in- dios siguiesen encomendándose 4 los pobladores, porque así y no de otro modo podrian ser doctri- nados en la fé y traidos á policía regular; pero se encargó eficazmente que fuesen tratados humana- mente, y se castigasen con severidad los excesos que hubiese en esta parte; prevenciones de aparato, que en su continua repeticion manifestaban lo poco cum- plidas que eran. El Licenciado Ibarra podia muy bien remediar los perjuicios causados á los vecinos de Santo Domingo por el mal término de su ante- PF NM 1 Echábase ya de ver la vejez del Rey Católico, Hisieron, dice Herrera, firmar al Rey una cédula , etc. Alburquer- que por otra parte era deudo del licenciado Zapata, uno de los consejeros, y el mas favorecido del Principe: tanto que por el poder que alcanzaba, le llamaban el Rey Chiquito. Herrera, Década 1.2, libro 8.9, capítulo 12. FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. a85 -cesor; pero mi él ni las disposiciones que con él se enviaron , por benignas que pareciesen para os indios, podian remediar el daño, ni cubrir el escándalo de que continuase aquella generacion desvalida repartiéndose como un rebaño de car- neros. po PA a Tal era el estado de las cosas cuando el Licen- ciado Casas pasó de Cuba 4 Santo Domingo : dos “bandos en la Isla bien enconados entre sí, uno. de los pobladores viejos, á cuya frente estaba el Al- mirante-gobernador , otro de los oficiales reales ca- pitaneados por Pasamonte; las pasiones de todos exaltadas con el repartimiento de Alburquerque; las esperanzas colgadas de la comision del Licencia- do Ibarra, todos entregados 4 cuidar de los intere- -ses de su ambicion y de su codicia , y nadie mi- 'rando por los indios. La voz de Casas, alzada en su favor y clamando contra los repartimientos, era imposible que fuese atendida en medio de aquel huracan. Él representó, aconsejó, exhortó, predicó; en público , en secreto , no hablaba de otra cosa, “no aspiraba 4 otro fin, ni se le veía otro anhelo. Ni la autoridad de Ibarra,'que legó muy luego, ni Jas órdenes que traía, ni el mal resultado que ba- ia tenido la gestion de los religiosos que le pre- cediéron en la misma demanda, pudieron entibiar su celo, ni contener sus esfuerzos, Pero todo era inutil para con aquella gente endurecida; el con- curso á:sus sermones era grande, el fruto de :ellos ninguno; y ni su opinion,-ni sus virtudes, ni sus 286 ESPAÑOLES CÉLEBRES, exhortaciones, ni su ejemplo bastaban 4 darle imi- Aadorés. Ofendíanse los pobladores., y se ofendian los oficiales públicos, de que así se atreyiese 4ata- car, un órden de cosas autorizado por las leyes, apo- yado en la costumbre, y en el cual ponian todos las esperanzas de su acrecentamiento y su fortuna. El Licenciado, viendo tán siniestra disposicion en Jos ánimos, y considerando que era inutil persua- dir 4 los que no querian escuchar, determinó ve- nmirse 4 España 4 probar si, poniendo al Gobierno de su parte, podia con el auxilio de la autoridad lograr Jo que entonces no podia conseguir sn el consejo og exhortaciones. 0000000 Llegó 4 Sevilla 4 fines del año 1515, y pasó idad imaá miss á la corte, para hablar con el Rey sobre el gran negocio que le traía. Hallólo en Pla- sencia de camino para Sevilla, donde ya le habian «precedido las cartas del tesorero Pasámonte-.al Monarca y sus Ministros, haciendo odiosas. sus pre- dicaciones, su doctrina y su'intencion. Pero Casas, ademas de su saber, de, su eficacia y de su.:elo- cuencia, tenia en su' favor al arzobispo de Sevilla y al confesor del Rey Matienzo, Dominicanos am- bos; y 4 fuer de tales ; compañeros suyos de opi- -«nioh. Oyóle el Rey con atencion y benignidad,. y prometió oirle mas largaménte en Sevilla ¿4 donde le mandó que fuese á esperarle. Presentóse tambien Casas, por consejo del confesor, al Secretario Con- chillos y al obispo Fonseca, ya que necesariamen- te el negocio habia «de pasar por sus manos, El FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 293 el primer acto de la nueva autoridad , luego que entrase en ejercicio, habia de ser la supresion de los repartimientos. Pero Casas no habia aprendido todavía 4 conocer la dificultad que cuesta la refor- ma de cualquier abuso, cuando ha llegado con el tiempo á tomar estado y consistencia: el mal se hace pronto y se remedia tarde. Los adyersarios de su opinion se habian hecho oir del Gobierno al mis- mo tiempo en que Casas insistía tanto en hacerla adoptar, y poniendo por delante la incapacidad de _los indios, su indocilidad á seguir muestras cos= tumbres y modos de vivir, su pertinacia en sus hábitos y ritos antiguos, la imposibilidad de redu= cirlos á policía regular por otro medio que el de encomendarlos, y sobre todo el riesgo de causar con una noyedad tan trascendental. un trastorno perjudicial 4: los intereses del Estado y 4 la tran= quilidad y conservacion de aquellas regiones, da= ban lugar 4 la duda y obligaban 4 la "circunspec= cion. Cisneros, aunque inclinado 4 las ideas de Casas, no se dejó gobernar exclusivamente por ellas; y los Comisarios lleyaron dos instrucciones: una mas acomodada á los planes trabajados por Casas y el doctor Palacios, para el caso en que des- pues de una investigacion imparcial y completa, se Encontrase que los indios podian traerse 4 civili- zación por el órden y camino que proponia su pro= tector: la otra para el caso contrario, resumiéndo- se €n que se obseryasen las Ordenanzas formadas por los años de 1512 cuando las gestiones del Pa- 294 - ESPAÑOLES CÉLEBRES. dre Montesino; pero con diferentes alteraciones, to- das en fayor y alivio de los indios. Tenian, pues, los Comisarios que proceder con mucha lentitud: y si bien desde el principio die= ron algunas providencias que manifestaban el buen espíritu que los animaba, tales como quitar los re- partimientos á los Consejeros del Gobierno , y gt- neralmente á todos los ausentes, y reprender, y aun castigar, á los que abusasen de su poder en el trato de sus naturales, y otras de esta especie; la inves- tigacion que se les tenia mandada para el objeto principal de su encargo, tenia que ser muy prolija, y 4 los principios enteramente opuesta á la pintu- ra favorable que Casas habia hecho de los indios. Desesperábase él viendo pasarse los dias sin que se diese órden en lo que tanto anhelaba, ni se cum- pliese ninguna de las esperanzas que en España se le dieron. Y como su celo, por estar exento de ambicion y de codicia, no lo estaba de acalora= miento y de imprudencia, se exaltaba en quejas y reconvenciones que envolvian en su censura, no solo 4 los particulares, sino 4 los empleados pú- blicos, y hasta los religiosos comisarios. Disimula- ban ellos con prudencia estas demasías, condonán= las 4 la vehemencia de su carácter y á la santidad de su propósito; pero no así los demas, que en el resentimiento concebido contra él, llegaron 4 ame- nazar su vida, y 4 formar asechanzas para matarle. Él advertido se recataba de noche en la casa de sus amigos los Padres Dominicos como en un asilo FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 295 seguro. Mas no por eso cesaba en sus gestiones hos- tiles contra todos los que suponia opresores de sus protegidos. Así el ódio crecía y la contradiccion se aumentaba, llegando estas pasiones al extremo de la irritación, con la demanda que puso en aquellos dias 4 los Jueces de la isla, con motivo de dos atentados cometidos anteriormente, y de que se habian seguido consecuencias bien funestas. La diminucion de indios en Santo Domingo era ya tan grande en el año de 508, que los po- bladores se dieron 4 pensar en los medios de lle- nar suficientemente aquel vacío. Las islas de los Lucayos , llenas de gente pacífica y dócil como la de la Española, les presentaban un suplemento fá- cil y abundante para reemplazar los brazos que les faltaban, Mas no se atrevian á saltearlas, por las repetidas órdenes de la Reina Católica, que im- pedian esta clase de hostilidades con indios que no fuesen caribes. Ella habia muerto, y el Gobierno del Rey su marido no fué escrupuloso en dar el permiso que se le pidió para hacer aquel trasiego de hombres, cuando se le puso por pretexto que así serían convertidos á la religion, y por motivo la utilidad que sacaría de ellos enel oro que le rindiesen. Dado el permiso, se armaron al instante navíos que salieron 4 caza de hombres inocentes, que vivian tranquilos en sus asientos sin haber hecho mal ninguno. Al principio con engaños *, 1 Los primeros que allá fueron les decian , que si se 296 ESPAÑOLES CÉLEBRES, despues 4 la fuerza, hasta cuarenta mil personas fueron sacadas de allí en cuatro ó cinco años, para ser consumidas en bien poco tiempo por las mis- mas penalidades y trabajos que habian devorado las generaciones de la Española, Continuó esta cla- se de piratería por mucho tiempo en islas mas le- janas y en las costas de Tierra Firme. La mas rui- dosa de todas, por su escandalosa perfidia y por las resultas que tuvo, fué la de Cumaná. Habia la re- ligion de Santo Domingo enviado 4 aquellas cos- tas , con beneplácito del Gobierno, dos misioneros de su Órden para predicar la fé católica 4 los in- dios, y tratar de convertirlos con la persuasion y el buen ejemplo. El pueblo 4 que llegaron los re- cibió con agasajo y cordialidad, los hospedó gene- rosamente, y los trató con yeneracion y confian” za. Prometiéronse ellos los mas felices resultados de principios tan dichosos, cuando desgraciadamente acertó 4 pasar por allí un navío español de los que recorrian aquellos mares, rescatando perlas y oro, y acopiando esclayos cuando la ocasion se lo ofre- cia, Los indios, en vez de huir como antes lo ha- cian viendo buques españoles , asegurados por los dos religiosos, salieron alegremente á recibir los pasajeros, les suministraron bastimentos, y £m- pezaron á contratar en sus cambios con la mayor armonía, Pasados así algunos dias amigablemente, los castellanos convidaron á comer al cacique del quedas ir con ellos, los llevarían á ver las almas de sus pa- dres que estaban en holgura. AAA FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, 297 pueblo, que, segun la costumbre general de los in- ¿dios pacíficos en ponerse nombres castellanos, ya tenia el de Don Alonso. Consultólo él con los mi- sioneros, y aprobándolo ellos, se fué al navío con su mujer y hasta diez y siete personas, de que se com- ponia su familia, entre hijos, deudos y criados. No bien habian entrado, cuando alzando las yelas y amenazándoles con las espadas para que no se echasen al agua, se hicieron 4 la mar aquellos verdaderos caribes, y llevaron su presa 4 Santo Domingo. Los indios de la costa que vieron su perfidia, acudieron 4 tomar venganza de los frai= les, y trataron de matarlos, creyendo, y con tanta apariencia de razon, que eran cómplices en el en- gaño. Excusábanse ellos, consolaban á los indios que loraban, y pudieron, en fin, á4 duras penas sosegarlos, prometiéndoles que dentro de cuatro lunas los harían volver sin falta alguna. Y fué de algun consuelo, en medio de tanta tribulacion, pa- sar por allí otro navío, con quien enyiaron á de- cir el suceso á su prelado, manifestándole que si dentro de cuatro meses el cacique y sus indios no eran restituidos, ellos sin recurso alguno pe- recian. Entre tanto el navío pirata llegó 4 Santo Do- mingo, y trató de yender los indios que traía. Mas los Jueces de apelaciones se lo impidieron, bajo el pretexto de que los habian cautivado sin licencia, y se los repartieron entre sí, Ó por esclayos á. por naborias, Llegado de allí 4 poco el segundo navío, 298 ESPAÑOLES CÉLEBRES, y vistas las cártas de los dos misioneros, su pre- lado Fr. Pedro de Córdoba y el Padre Montesino hicieron todas las diligencias, y practicaron todos los requerimientos que la amistad , la confianza y el peligro de sus hermanos requerian , pidiendo que al instante se fletase un navío, y se devolvie- sen el cacique y las personas con él yiolentadas, El capitan apresador, viendo descubierto su atentado, se acogió al monasterio de la Merced, que enton- ces allí se comenzaba , y tomó el habito en él para escapar de las manos de la justicia. Equivocóse sin duda en la buena idea que tenia de la rectitud de los Magistrados, porque se mantuvieron sordos 4 las amonestaciones y plegarias de los religiosos, y el ca- cique y los suyos se consumieron en su servicio. Los indios de Cumaná, pasados los cuatro meses del pla» zo concedido á los dos misioneros, y no viendo venir á su cacique, los sacrificaron sin remision alguna; siendo así aquellos frailes mártires, no de la bar- barie é idolatría india, sino de la alevosía y codi- cia de los europeos, 1 Aprovecharon poco, dice Herrera, los ruegos, cla- mores Y requerimientos que se les hicieron, ni la cierta muerte de los religiosos, ni la infamia de la cristiana relin gion, ni la honra del Bey y sentimiento que habia , con razon, de tener de tal caso, que les representaron, porque todo lo pos, usieron pos no dejar las personas que d ca= da uno habían cabido de aquel robo, y asi se consumie» ron el cacique y los suyos en los trabajos y servicio de aquellos Jueces. La enormidad del caso “anima algun tanto Aquila pluma del Cronista , que, indiferente de ordinario á las atrocidades que cuenta, no deja de cuando cn cuan- do de manifestar un alma recta y compasiva (Herrera: Dé- FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 299 Cuatro años eran pasados desde este escandaloso acontecimiento, sin reclamar nadie contra él. Casas lo hizo creyéndolo de su instituto como protector de los indios , y lo hizo con toda la amargura consi- guiente á la vehemencia de su carácter y á la exal- tacion de su celo. Suponiendo, pues, á los Jueces de la Española culpables de los saltos y violencias hechas con los Lucayos, responsables de la catás- trofe de Cumaná, y participantes en las empresas y expediciones á saltear indios, los acusó crimi- nalmente como reos homicidas y causadores de to= dos los males que de ello se habian seguido. Ad- mitió la demanda el Licenciado Zuazo, que habia ido de Juez de residencia 4 Santo Domingo casi al mismo tiempo que los Padres Gerónimos: hombre de gran talento, de excelentes miras, y uno de los caractéres mas respetables que entonces pasaron al Nuevo-Mundo. Sin duda creyó que tales atentados, enormes ya en sí mismos, pero mucho mas toda= vía por la cualidad de los delincuentes, merecian una rigorosa determinacion. Leyantaron al instan= cada 1.%, libro 9, capítulo 15). Es verdad que en una ór- den que llegó á los Padres Comisarios en 1518, seman- daba que se buscasen el cacique y la cacica y demas per- sonas salteadas con ellos, y fuesen restituidos á su tierra, y juzgándose el caso abominable , se ordenaba que se cas- tígasen los delincuentes. Pero los indios por la cuenta se habian consumido ya, pues no se dice que ninguno de ellos fuese restituido á su pais. Los Jueces de apelacion eran todavía mas culpables que los salteadores, y estos quedaron con sus hombres y con sus py Holaa se Marcelo de Villalobos , Juan Ortiz de Matienzo , Lucas Vazquez Aillon. 300 - ESPAÑOLES CÉLEBRES. te el grito, no solo los acusados, sino tambien sus cómplices, que eran muchos y poderosos, y tanto hicieron que hasta los Padres Comisarios trataron de cortarlo ó suspenderlo, diciendo á Zuazo que una acusacion de aquella gravedad no era para tratada en una residencia ordinaria, sino que de- bia llevarse á noticia del Monarca para que él la decidiese con sus Ministros. Contestaba el Juez que ellos no tenian para qué intervenir en cosas de justicia. De este modo los ánimos se agriaban , y no pudiéndose, por la contradiccion que se hacian, adelantar nada en el asunto, unos y otros repre sentaron á la corte con un acaloramiento , acaso impropio de su situacion y carácter respectivo. Los adyersarios de Casas le pintaban como un hombre inquieto y revoltoso, cuyas imprudencias, si no se atajaban, expondrian la isla 4 una alteracion. Él tambien en sus cartas desahogó su bilis contra ellos, no perdonando ni aun á los Padres Geróni= - mos, á quienes tachaba de omisos en procurar el bien de los indios, y de apasionados en fayor de los parientes que tenian en Santo Domingo y en Cuba. Estas cartas de Casas ó fueron interceptadas, segun él creyó, 6 fueron desatendidas; porque el Gobierno á consecuencia ordenó al Licenciado Zua- zo que en ninguna Cosa pusiese la mano sin órden y parecer de los Padres Jueces Comisarios, y man- dó al mismo tiempo que se hiciese salir de la isla al Licenciado Casas. Él, avisado de esta novedad 6 _presumiéndola, dispuso su viaje 4 España 4 volver FR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 301 por sí mismo y por sus indios. Sus enemigos se lo quisieron impedir *: mas como tenia cédula del Rey para venir cada y cuando le pareciese 4 in- formar de lo que pasaba, y ademas su carácter de clérigo le defendia de cualquier atropellamiento, salió de la Isla sin tropiezo en el mes de mayo del mismo año, antes que llegase la órden de echarle de ella, y llegó con próspero viaje 4 España, diri. giéndose inmediatamente 4 Aranda, donde á la sa= zon se hallaba la corte. Es probable que su recibimiento por el Cardenal no fuera al pronto muy grato ni favorable, y que le costára trabajo desimpresionarle de las preyen= ciones coricebidas últimamente contra él. Pero su buena ventura quiso que Cisneros estuviese ya pos- trado con la enfermedad mortal que puso fin á su larga y gloriosa carrera. Por otra parte se espera= ba de dia en dia la llegada del nueyo Rey, y todos volvian los ojos y la esperanza al sol que iba á amanecer, Casas tambien lo hizo así, y como casi al mismo tiempo se tuyo la noticia de haber des= embarcado el Monarca en Villaviciosa, se dispuso al momento á buscar la nueva corte, y entenderse para el despacho de sus negocios con los Ministros de Carlos. Este ministerio, que ha dejado una memoria tan 1 Cuando el licenciado Zuazo les dijo 4 los Goberna- dores que Casas volvia á la corte, Fr. Luis de Figueroa el principal de ellos, contestó con grande admiracion : mo ble es una candela que todo lo encenderd. Cage me general, libro 3.0, capitulo 94. 1517. 302 +1 ESPAÑOLES CÉLEBRES, ominosa en Castilla por los tristes resultados que tuvieron su avaricia y sus errores, prestó sin em- bargo fayorable acogida 4 las proposiciones de Ca- sas, y se mostró respecto. de los indios generoso, humano y liberal, Componíase- principalmente de Mr. de Chievres, ó como nosotros deciamos entonces Gevres», ayo que fué del Rey, el cual entendia en los negocios de Estado y mercedes que el Monarca hacía, del jurisconsulto Juan Selvagio, que, bajo “el título de gran Canciller, despachaba todos los asuntos de justicia, y de Mr. Laxao , sumiller de Corps, muy privado del Príncipe, y que tenia igual cabida que los otros dos en sus consejos. Fiaban ellos poco de las noticias que podian darles los mi- nistros del Rey anterior, y afectaban ademas se= guir en el modo de gobernar un rumbo opuesto al que antes se habia tenido. Casas se aprovechó há- bilmente de esta disposicion, y una ámplia infor mación que dió al Canciller sobre los negocios de América, no solo le ganó la estimacion de aquel Ministro por la instruccion que le proporcionaba, sino tambien la confianza por el desinterés y miras excelentes que en ella se veían. Aun era mas la cabida que tenia con el sumiller Laxao, 4 quien su “elocuencia, sus modales, su conversacion entrete nida y curiosa se le conciliaban del todo. Espera- ba por lo mismo, y no sin fundamento, tener el mas pronto y favorable despacho en los negocios que le ocupaban. Y con tanta mas razon , cuanto uno de los Padres comisarios, Fr. Bernardino Man- FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 309 yor extension y complicacion que la primera, que fué recibida con mas agrado y al fin admitida, ha- biendo tenido la advertencia de hacer sonar mu- cho 4 los oidos del nueyo gran Canciller, que con aquel proyecto se iban á aumentar considerable- mente las rentas reales, sin que el Monarca tuviese que gastar mucho para ello. Obligábase con efecto á dar redimidas y paci- ficadas en el término de. dos años mil leguas de costa en Tierra Firme, por un modo muy distinto del que se habia llevado hasta entonces en aque- las conquistas, y que el tesoro del Rey percibiese por las contribuciones que sacaria de los indios quince mil ducados 4 los tres años del estableci- miento, que despues á los diez legarian por un Ór» den progresivo. hasta sesenta mil, Proponíase res” tituir al pais todos indios que se hubiesen violen- tamente sacado de allí, acompañados tambien de al- gunos otros escogidos por él en la Española y úti> les á su propósito, leyar labradores de Castilla, y buen número de religiosos Franciscanos y Dominicos: señor , he hecho yo: porque Yo dejo en las Indias d Jesu- cristo Hitestró Dios azotándolo y crucificándolo, no wma, sino millares de veces ,cuanto es de parte de los españoles, que asuelan y destruyen aquellas gentes. He rogado y su= plicado muchas veces al Consejo dl Rey cp las remedien, Y Ago ela ide do feas. quese np dret. . Fa ho que sO seria te- la dord sin ventaja dle. Desque vi ño mia vender tl fest ¡por.coniiguiened 7 ini rentas pl lo para el Rey, , de la manera que hab, los Casas : bio, libro 3.0: capitulo 24 puzr.) esol 1519. 07% ESPAÑOLES CÉLEBRES. los indios le 'servirian de mediadores y de intér- pretes, los labradores para poblar y cultivar, los frailes para predicar y convertir. Pero lo mas no- table de su proyecto, y loque mas llamó la aten= cion, fué la idea de asociarse cincuenta compañeros que él habia de escoger 4 su satisfaccion entre los pobladores de las islas, para que fuesen con él los fundadores de los establecimientos que medita- ba. Estos cincuenta habian de ir vestidos, como él, de paño' blanco, adornados de unas cruces rojas 4 manera de las de Calatrava, con el objeto de que .pareciesen 4 los naturales otra especie de hombres de los que hasta allí habian visto, y por consiguien- te les diesen esperanzas de mejor trato. Pidió para ellos diferentes privilegios y mercedes, y entre ellas las de que se les concediesen escudos de armas, y fuesen caballeros de espuela dorada. Los: demas re- quisitos y pormenores 'del proyecto, inútiles é im- portunos en este lugar; pueden verse en el con- texto de la capitulación que, inédita hasta ahora, se dá integra en el Apéndice. Admitiéronla favorablemente los Ministros, y .mandóse pasar al Consejo de Indias para que con sultase acerca de ella. Mas esto no podia contentar “4 su autor ni prometerle buen resultado, al consi- «derar que aquel tribunal se componia de «casi los mismos Ministros que los años anteriores habian entendido en sus cosas, y sobre:todo teniendo á su cabeza al obispo. Fonseca), siempre opuesto á sus ideas. Casualmente entonces Chieyres y el gran Can- DAN NN FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 311 ciller tuyieron que ir 4 los confines. de Francia 4 una comision diplomática ;. y €l, falto de sus prin- Cipales yaledores, viendo por otra parte que á pe- sar de sus vivas diligencias, el Consejo no: despa- _chaba su asunto, temió de su parte una contra- diccion' manifiesta, y que. destruyese todas las li- sonjeras esperanzas que tenia concebidas con la eje- cucion de su plan. Para obviar este mal, conferen= ció con ocho predicadores del Rey sobre el asun= - to, y los conmovió de tal modo en fayor de su pro- yecto, que todos se juramentaron para ir á recon- venir al Consejo por la. tardanza de su despacho, y aun exhortar al Rey sobre ello si fuese menester; una vezque se trataba de ir 4 predicar el Eyan= gelio 4 los indios idólatras en el modo mas con- forme al que tuvieron los Apóstoles, que fué por via de paz y de amor. Ellos, con efecto, se presen taron al tribunal, el. cual, aunque al principio se resintió de aquel paso atrevido y sin ejemplo, tuvo al fin que ceder, viendo el teson con que los predi- cadores se sostuvieron, y ] mostrarles las providencias que tenian acordadas respecto de la conversion de los indios, y recibir modestamente sus avisos *, No contento Casas con esta demostracion, y ha- biendo ya yuelto los Ministros del Rey de su viaje, pal quí anda el Licenciado Casas! exclamó el obis- lan bertid , mal enojado de la audacia de los predicado- E á lo que contextó uno de ellos. No nos movemos, por Pen sino por la casa de Dios, cuyos oficios tenemos, etc, Case esta escena en 0: Hepreri Década 2.2, libro%. e EL Monja] 20). e And: ESPAÑOLES CÉLTBRES; - tomó la resolucion de recusar á todo el Consejo de Indias, y en especial al obispo de Burgos. Las can= sas que él expondria son fáciles de conjeturar, aun- que no fuese mas que el abuso que ellos habian es- tado haciendo de los repartimientos , y el odio que debian tenerle, por haber sido quien mas habia con- tribuido 4 que se les quitasen. Por cualquiera causa que fuese, el ministerio extranjero, que holgaba de hallar en descubierto 4 los consejeros españoles, ad= mitió la recusación, y nombró una junta de minis> tros neutrales de otros Consejos, que juzgasen esta diferencia. Esta junta, que fué muy numerosa y compuésta de sugetos de muy alto concepto y ge= rarquía, despues de examinar detenidamente el asunto, fué al fin de parecer que la capitulacion pro» puesta por el Licenciado Casas' se lleyase adelante. Entonces todos los enemigos personales de Ca- sas, todos los contrarios que tenia su proyecto por interés ó por envidia, se desencadenaron furiosamente contra él. ¿Qué especie de ambicion es esta, decian, en un mero capellan, sin crédito para una cosa tan grande, sin bienes para asegurarla , y sin ca- pacidad para lMevarla 4 cabo? ¿Por qué camino piensa él adelantar mejor la real Hacienda, que los' oficiales reales, 4 quienes tan sin fundamento está denigrando siempre? Predicador temerario y so- ñador de delirios, vino á España , engañó al car» denal Cisneros, y hecho protector de los indios, los desamparó luego para entrar en la otra expedicion de labradores , de que tan mala cuenta supo dar, Y FR. BARTOLOMÉ DELAS CASAS. 313 al fin, si la gente á quien queria defender tuviera las calidades necesarias pararecibir y usar la li- bertad que él quiere procurarles; sus diligencias po-= drian adquirir respeto y su exaltacion disculpa. Pero ¿4 dónde iba él con la manía extravagante de pre- conizar unos hombres estúpidos y embrutecidos, in- capaces de toda doctrina y policía, ingratos, ale yosos, viles, y que llenos de vicios abominables y bestiales, ultrajaban del mismo:modo á la natura leza con sus placeres inmundos, que al sniBl con sus sacrificios crueles? Ni se olvidaba en este recuento de recrimina- ciones odiosas la parte de la contrata, que por su es- trañeza y singularidad daba algun pretexto 4 la bur= la y 4 la risa. Mofábanse. de sus hábitos blancos y de sus cruces rojas, que Mamaban Sambenitos, y decian á boca llena que harta mala ventura aguar- daba á sus caballeros dorados. No diré yo que en esta parte del proyecto de Casas no hubiese algo que tachar. Bien pensado estaba que los hombres que allí se estableciesen fuesen con traje distinto para que no pareciesen los mismos; pero las cruces ro= jas, la espuela dorada, y la ilusion que él se habia formado de que algun dia podria establecer y fundar una Órden con aquellas divisas, al modo de las militares de España, todo tenia algo de la vanidad del siglo, y un espíritu de ambicion que se divisaba algun tanto por entre los embozos del celo y de la utilidad. Casas era hombre que tenia sus defectos, y no es extraño que se pagase de estas 314 -:' ESPAÑOLES CÉLEBRES, vanidades, sino por sí, 4 lo menos por.los otros. Es fuerza no olvidarse del valor que tenian enton- ces, y del que aun tienen ahora. Pizarro, y nadie se burló de él, pidió la misma distincion de la es- puela dorada para sus compañeros de la Gorgona ?; y una vez que tantos aspiraban é esta clase de dis- tintivos, y los conseguian como premio del salto, del robo y de la violencia, ¿por qué se leba de te- ner tan mal 4 Casas; que aspirase tambien á ellos, y los mereciese sin duda por servicios eminentes hechos á la religion y 4 la humanidad? . Llovian con efecto memoriales sobre el gran Canciller, llenos de estas y otras objeciones contra Casas; y proponiendo partidos mas-yentajosos al parecer y mas seguros ?, Él los comunicaba 4 la “1 Véase esta condicion de la contrata do Pizarro en el tomo 2.0 de estas vidas, página 388. , 2. Uno de los que entonces salieron 4 la palestra contra Casas fué el cronista Oviedo, que estimulado y id por el obispo Fonseca , presentó informes contra lo que de- cia Casas, y proyectos de poblar y convertir. De aqui nació la oposicion de ellos entonces, y la que despues manifes- tarón en sus escritos, cada uno segun su carácter. Oviedo, femático, indiferente al parecer y casi burlon: Casas vehe- mente , áspero, exagerado, inexorable. En el capitulo 138 dee uientes de la tercera parte de su historia , refiere. los echos relativos á esta contradiecion, é impugna á la larga Jas opiniones de Oviedo sobre la capacidad y cualidades morales de los indios. Allí es donde lama á la historia de Oviedo parlería , donde le echa en cara que no sabia la- , tin , que se dejaba llevar de relaciones falsas, y que habia lcométido los mismos excesos que los demas conquistado- “res. La crítica es dura , pero en partes incontestable y wic- toriosa , como que se funda en los testimonios de Oviedo, “cuando se contradice 4 sí mismo en lo que dice de indios y FR, BARTOLOMÉ DE: LAS CASAS. 315 junta y tambien al Licenciado, que fué llamado 4 ella para oir lo que tenia que responder. Su triun- fo era seguro en estas ocasiones. El. raudal de sus palabras, el celo de que se. reyestia, el. concepto inatacable de sus. virtudes y desinterés , su cono- cimiento y experiencia en las cosas de allá, y la notoriedad de los atentados. y violencias de: que acusaba 4 sus contrarios, no dejaban estorbo alguno 4 la persuasion y al' convencimiento, que salian de sus labios y razones con 'una fuerza. irresistible. Él volvió yictoriosamente por- sus indios: y por. sí mismo, y en cuanto á la excepcion que se le po- nia como clérigo, ofreció fianzas llanas, y abonadas en «yeinte 6. treinta mil- ducados, de. cumplir. con lo que prometia en su' asiento. En fin, para prue- ba de lo que decia: sobre él descuido con que los oficiales reales manejaban la hacienda del Rey, tra- jo el ejemplo de Pedrarias, que hacia seis-años que gobernaba 4 Castilla del Oro, y habiendo el. Rey gastado en: la: armada qué le leyó cincuenta y cua» tro mil ducados, tenia ¡ganado para sí y sus capi= tanes un millon de oro; mientras que solo- habia enviado al Rey tres mil pesos, que 4: la sazon traía consigo el obispo del Darien Fr. Juan-Queyedo, + Aunque Casas pudo quedar satisfecho de la dis- posicion en que dejaba los ánimos de la junta con su defensa, todavía se le presentó poco despues una ocasion mas solemne de dar realce y valor 4 sus ideas. Llegó en aquellos dias 4 Barcelona el obispo del Darien, á quien se estaba esperando, Como su- 316 "ESPAÑOLES CÉLEBRES, geto de dignidad, religioso, y entendido , su yotd debia de ser muy preponderante en las cosas de las Indias, y los cortesanos le preguntaban por ellas con frecuencia. La primera yez que Casas se encon- tró con él fué en Palacio y delante del secretario Juan de Sámano: llegóse 4 él cortesmente el Li- cenciado , diciéndole: Señor, por lo que me toca de las Indias, soy obligado á besar las manos á Y. S. Preguntó el obispo al secretario quién era aquel clérigo, y sabido, le dijo con altanería y magisterio: ¡O señor Casas , y qué sermon os traí- go para predicaros!.—Por cierto, señor, días ha que yo deseo oir á Y. S.; pero tambien le certifico que le tengo aparejados dos sermones, que sí los quie= re oír y bien considerar , han de valer mas que los dineros que trae de Indias, Interpúsose Sámano, y la contestacion no prosiguió. Pero pocos dias des- pues, habiéndose encontrado en casa del doctor Mota, obispo de Badajoz y del consejo del Rey, y tratándose si el trigo se daba ó no en la Isla Espa» ñola , el obispo del Darien decia que no, y Casas aseguraba que sí. ¿Qué sabeís vos de eso?, le dijo arrogantemente el obispo: eso será lo mísmo que los negocios que traeís.—¿Son malos ó injustos, se- hor, los negocios que yo traigo?-—¿Qué sabeis vos de eso, ni qué letras ó ciencia es la vuestra, para que os atrevais á negociar?—¿Sabeís, señor obispo, cuán poco sé de los negocios que traigo, y que con esas pocas letras que decís que lengo, y quizá son me- nos de las que estimais, 08 pondré mis negocíós por FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 317 conclusiones? Primera: Que habeís pecado mil ve- ces y mil muchas mas , por no haber puesto vues- tra ánima por vuestras ovejas, para libertarlas de aquellos tiranos que os las destruyen. Segunda: Que comeís carne y bebeis sangre de. vuestras ovejas: Tercera: Que sí nó restituis todo cuanto traeis de allá, hasta el último cuadrante, no os podeís salvar mas que Judas. Quiso el obispo ecliar:la' disputa á burlas y comenzóse 4 'rcir.—¿0Os reís, señor? De bdlais por el contrario llorar vuestra infelicidad y Ta de los indios. 81, ahí tengo las lágrimas á: la mano para derramarlas¡—Bien sé yo, quetener lá» grimas oerdaderas delo que se debe llorar, es dón de Dios; pero debíades rogar á' Dios 'sospirando que os las diese, no solo de aquel humor que la- "mamos lágrimas, pero de sangre qúe saliésede lo -mas vivo del corazon, para mejór manifestar vues- tra desventura y la' de cuestro rebaño. Atajó el «doctor Mota la disputa, y refirióla despues ul Rey, de que resultó en éste «el deseo y la resolución de “oirlos 4'uno y otro; y enterarse por sí' mismo de un *megocio tan grave. La audiencia se designó: para “dentro de tres días, 4 "la cual quiso el Rey que fuese “citado el Almirante, como persona tan interesada en «el asunto, y los flamencos: hicieron que fuese tame «bien, y como segundo de: Casas, un: fraile “Fran- cisco, que, venido de Santo Domingo, hablaba y pre- dicaba con la mayor libertad contra" los castellanos «que estaban en Indias, Ad, la las gobernaban. - E de e 318 +1> ESPAÑOLES CÉLEBRES. > + 8 Julegada la hora, y entrados los contendientes y los Ministros que habian de asistir en la. sala, salió - el Reyy se sentó en si trono, colocándose ensban= cos)mas bajos 4 su derecha Mr. de Chievres, luego el Almirante,-en seguida «el obispo del. Darien, y ún Licenciado Aguirre. Al frente de ellos 4 la iz- quierda'del Rey se sentaron+el. gran Canciller, el obispo de'Badajoz y otros, consejeros: arrimados á uña pared fronteros al: Príncipe estaban de pie Casas y el Franciscano. Despues “de algunos mo- mentos de silencio, Chievres y el gran Canciller se levantaron, y subiendo la grada del estrado en que el'Rey estaba, puestos de rodillas consultaron. con él.en'voz baja un corto.rato, y vueltos 4 sus asien- os, «el, Canciller 4. puesto en pie. dijo. vuelto. al prelado: del Darien: Reverendo obispo, S. M, man- da que hadleis, si alguna. cosa teneís. de Jas, In- idías: que. hablar. El. obispo.se- levantó, hizo. un preámbulo elegante 4 Ja manera del tiempo,'ma- mifestó, el, deseo que habia tenido de Jegar,4.la presencia del:Monarca, y: que, abora veía, cumplido con mucho/gusto. su deseo, y conocia que.la, cara del Príamo ero digna del reino. Mas .como las cosas que tenja que decir delas, Indias, añadió , eran de mucha importancia: y ¡por,.su..maturaleza «secretas, no convenia decirlas sino, 4,5, M. y 4 su Consejo, Y ya por: lo mismo suplicaba que' se: mandasen salir los que no.eran de. Lhrmodil 1091 ¿bno sdeib E ódio Preáidente de los Cónisejós' era el que debia. hablar primero y determinar lo que se habia dé tratar» > a FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 325 en aquellas materias seguia su Órden era diversa. El Almirznte era mas sincero, y sus palabras fue» ron consiguientes á su situacion y á sus intereses. Mientras que en el discurso del Padre Casas se yeía el ánimo de un hombre que, penetrado ínti- mamente de la sahtidad de su objeto, y apoyado en la inmunidad de la causa que defiende, se ¡e- vanta sobre todo respeto humano y vá mas allá de lo que piensa. Yo no sé qué impresion haría en el pecho de Cárlos V el arrojo de aquel capellan suyo, que renuncia tan solemnemente á las mercedes que él pueda hacerle, y le dice en su cara que por darle gusto solamente no se movería de un rincon 4 otro de la sala en que se hallaba. Pero es seguro que ni él ni sus Ministros entendieron hasta dónde podia llegar el principio de que la religion cris- tiana se adaptaba á todas las naciones del mundo, yá ninguna quitaba ni su libertad ni sus señores. La cuerda era delicada, y sin duda el mismo ora- dor no previó sus consecuencias hasta mucho des- pues en que, echándoselas en cara los contrarios de su doctrina, tuvo que salyarlas á fuerza de efugios, mas sutiles que cóncluyentes. El obispo del Darien, 4 consecuencia de lo que se le habia ordenado en la audiencia, hizo dos mewmoriales; uno contía Pedrarias, y Otro sobre el modo con que se debian remediar los desórdenes de Tierra Firme, para que cesase la licencia de los pobladores, y los indios fuesen bien tratados. Fue- se á dárselos al Canciller, en cuya compañía se 1520. 326 ESPAÑOLES CÉLEBRES. quedó á comer aquel dia, y 4 donde fué avisado y convidado el Sumiller Laxao, principal fayorece- dor del Licenciado, suponiendo el Canciller que siempre la conversacion vendria 4 tocar én sus opiniones y proyectos. Leyéronse los memoriales despues de la comida, y los dos preguntaron al obispo qué le parecia de las pretensiones de Micer Bartolomé. Él respondió que muy bien, con lo cual quedaron los dos contentísimos, contando con este nuevo apoyo para fayorecer 4 su amigo y poder hacer frente al Consejo de Indias. Pero una fiebre maligna arrebató al obispo en tres dias, y con su fallecimiento se desvanecieron estas esperanzas. El asunto de Casas quedó enton- ces suspenso, tal vez porque Cárlos, aunque jóven, penetró la pasion que animaba á sus Ministros, tal vez porque los muchos negocios que entonces se agolparon, y la prisa con que se proyectaba el yia- je de Alemania para recibir la corona imperial, no dieron cabida 4 su despacho. Lo cierto es que la concesion del asiento no se firmó hasta 19 de mayo del año siguiente en la Coruña, pocos dias antes de que el Emperador se embarcase. Él habia pedido mil leguas de costa con la intencion de echar 4 Pedrarias de Tierra Firme; pero en la con- trata no se le señalaron mas que doscientas seten= ta, que son las que se regulan desde la provincia de Paria hasta la de Santa Marta, límites señala- dos al distrito que él se encargaba de pacificar y convertir: de la tierra adentro se le concedieron FR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 327 cuantas queria *. Él, contentísimo con tan buen despacho, partió al instante á Sevilla 4 disponer y preparar su expedicion, Eligió por sí mismo has- ta doscientos labradores que habia de llevar con- sigo. Logró que se le facilitasen y fletasen por cuen- ta del Rey tres navíos, surtidos con la mayor abundancia asi.de bastimentos como de rescates ; porque el obispo de Burgos, no queriendo darle oca- sion á nuevas quejas, mandó que no se le escasca= se nada. El mismo Casas añadió por su parte cuan- to pudo con dineros que pidió prestados, de modo que, provisto de todo lo que quiso y supo desear, se hizo 4 la yela en fin, tocando ya con la mano el blanco de sus deseos, y lisonjeado con las mas dulces esperanzas. ¡Desdichado, que no sabia los contratiempos crueles que le esperaban, y en qué raudal de amarguras se iba 4 convertir al instante aquel manantial de ilusiones ! La costa 4 donde la expedicion se dirigia era uno de los primeros y mas importantes descubri- mientos de Colon. Llamósela la costa de las Perlas por las muchas que allí se rescataban, y por la gran pesquería de ellas que los castellanos tenian establecida en Cubagua, isla pequeña, situada á siete leguas de distancia, frente al rio de Cumaná. Visitábanla con frecuencia los armadores españoles ¿1 Zrató muy bien, despues de partido el Rey, al clé- rigo el obispo , ¡de ads Le enojos que dado le habia, en lo cual mostró ser generoso y de noble ánimo. Casas, libro 3.9 capitulo 154. 328 ¡ESPAÑOLES CÉLEBRES, por la grande utilidad que les rendia el rescate de las perlas, del oro, y tambien de esclayos, que á veces los mismos indios les vendian, y á veces sal- teaban ellos con achaque de ser caribes. Los indios se prestaban fácilmente al trato y comunicacion, por la aficion grande que tenian 4 las bujerías, y sobre todo á los vinos de Castilla. Esta buena dis-. posicion no se habia roto, ni aun con el lance del año 513, cuando la muerte de los dos frailes Do- minicos Córdoba y Garcés, que se ha referido ar= riba. Cuatro años despues, al tiempo en que mMAan= daban en las Indias los Padres Gerónimos , SC CS tablecieron en el pais un conyento de Dominicos en el puerto y pueblo de Chiriyichí junto 4 Mara- capana, y Otro de Franciscos mas adelante al orien= te, junto al rio.que está al frente de Cubagua, 4 siete leguas de distancia uno de otro. La industria y buen modo de estos Padres habia sosegado á los indios y ganado su confianza en tal manera, que los castellanos iban allí 4 contratar, y entraban y salian la tierra adentro sin la menor molestia, y sin recelo mi peligro alguno. La empresa del Li- cenciado Casas lleyaba por base principal esta bue- na disposicion de la gente de la tierra, y el auxi- lio que hallaría en los dos monasterios para el proyecto de su pacificacion; y planteada como es- taba sobre el supuesto de la paz, la beneficencia y la justicia, tenia toda la probabilidad 4 su fayor de producir los buenos resultados que su autor se prometia, Todo lo trastornó la perfidia y la yio- AA ro A FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 329 lencia de un insensato alevoso: y como el funesto accidente á que dió causa fué el escollo principal en que fracasaron los intentos del Padre Casas, tra- yendo ademas tras de sí la muerte de los religio- sos, la ruina de los monasterios, y la desolacion del pais; los pormenores en que vamos á entrar hallarán su disculpa en la misma importancia que los acompaña. Un Alonso de Ojeda, vecino de Cubagua, y diferente de los otros dos que con el mismo nom-= bre y apellido se conocen en la historia del Nueyo Mundo *, trató de hacer un salto de esclayos en Costa Firme, y eludir las repetidas órdenes que habia para que no se tocase sino á los que fuesen verdaderamente caribes. Armó un navío, y corrió la costa abajo hasta encontrar con el puerto y pue- ble de Chirivichí, donde estaba el conyento de San- ta Fé que los Dominicos habian fundado. No habia allí 4 la sazon mas que dos religiosos, el portero y el Vicario, que le recibió y agasajó segun tenia de costumbre. Preguntó Ojeda por el cacique del pueblo, llamado Maraguey, mostrando deseo de ver- le. Vino el indio, y habiendo pedido papel y escri- 1 Uno es el famoso descubridor y compañero de Co- lon: otro un soldado de Hernan Cortés que dejó escritas unas memorias sobre la conquista de Méjico, citadas dife- rentes veces por Herrera. Es notable el modo con que dá principio á la narracion de este funesto inciden- te: Un e de hombre, llamado Alonso de Ojeda, que mandaba la isleta de Cubagua, y en ella debía hacer lo que los otros, teniendo los indios por fuerza en aquellos detestables trabajos, etc. Libro 3.9, capitulo 115, 330 ESPAÑOLES CÉLEBRES. banía al Vicario, que inocentemente se los dió , se volvió Ojeda gravemente al indio, y le preguntó que cuales eran los pueblos de su comarca que co- mian carne humana. Maraguey, que era tan ad- vertido como valiente, respondió con alteracion manifiesta: Vo, no carne humana, carne humana no. Y esto dicho, se retiró ceñudo y receloso, sin sosegarse por las satisfacciones que le dieron, y meditando lo que habia de hacer para su defensa ó para su venganza. Ojeda salió del pueblo, y yuel- to 4 su mavío costeó la tierra, y llegó cuatro le- guas mas abajo del pueblo de Maracapana , cuyo cacique, igualmente esforzado y prudente que el de arriba, se llamaba Gil Gonzalez, en obsequio de un Contador de la Española que le habia agasaja- do mucho en ocasion de haber estado el indio en la isla; que tal era la comunicacion y armonía que habia entre aquellos indios y los españoles. Fue- ron allí recibidos y regalados Ojeda y los suyos con agasajo y amistad, y el armador castellano mostró que su objeto era ir á contratar algunas cargas de maiz con los indios de unas serranías distantes de allí como tres leguas. Fué allá en efecto con beneplácito de Gil Gonzalez, acompañado de veinte de los suyos. Contrató cincuenta cargas, pi- dió otros tantos indios que se las llevasen, y pro- metió pagárseles Con el acarreo luego que se las pusiesen en Maracapana. Llegan allá, los indios se sientan á descansar, y 4 la señal que hace Ojeda los españoles sacan las espadas , se arrojan sobre FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 331 ellos y los comienzan á atar para arrastrarlos al navío. Ellos sobresaltados pugnan por librarse, pe- ro en balde, porque los mas quedan presos y em- barcados. Catorce huyeron heridos á esparcir por la tierra la fama del buen trato que habian debi- do 4 sus huéspedes. En un momento se alteró toda la costa, y Gil Gonzalez y Maraguey concertaron el modo y forma de librarse y vengarse de aque- llos hombres pérfidos, y tambien de los frailes 4 quienes juzgaban cómplices de su yiolencia por el incidente de la escribanía, El temerario Ojeda, co- mo si nada hubiera hecho, salió el otro dia del navío á solazarse en la marina con otros doce- es- pañoles: Gil Gonzalez-le recibió con rostro alegre, y luego que llegó 4 las primeras casas del pueblo que estaban cerca del mar, los indios, levantando el grito de guerra y en número bien superior 4 aquellos miserables, los atacaron ,' y dieron muer- te 4 Ojeda y 4 otros seis, salvándose los otros na- dando ácia el navío, Salieron tambien á atacarle con sus canoas; pero el navío se les defendió y pudo escaparse de ellos. Muerto Ojeda, Maraguey al dia siguiente se presentó en la portería del con- vento, y llamando á la campanilla salió el Jego 4 * recibirle, que al instante fué muerto, y en segui- da el Vicario en el altar donde ¡ba 4 decir misa, partida la cabeza de un hachazo. Y no contenta la venganza de los indios con estas muertes, derriba= ron los árboles que allí habia, mataron un caballo que servia en la huerta, quebraron las campanas, 333 ESPAÑOLES CÉLEBRES, despedazaron las cruces y las imágenes, y quema- ron el convento, señalándose mas en estas demos- traciones de ferocidad y venganza los que al pa- recer estaban mas domesticados y doctrinados en la £é, ] Por muy repugnante que sea esta atrocidad, lo es mucho mas aun la felonía de Ojeda; y de cualquier modo que este caso se mire, la justicia y la razon están de parte de los indios. Si á los españoles de Santo Domingo tenia tanta cuenta so- segar y pacificar la Costa Firme, debian hacerlo con ejemplos de grandeza y de justicia: hubieran restituido los indios habidos con tanta alevosía , y castigaran á los cómplices de Ojeda como pertur= badores de la paz que antes habia entre unos y otros , y transgresores de las leyes que tan repeti- damente les mandaban no hacer demasías en el pais. Pero la política y la codicia no discurren de este modo: era preciso aterrar para que no se des- mandasen otra yez; era preciso aprovechar la oca= sion que se venia á la mano, no solo de guardar los treinta y seis esclayos apresados en aquel salto aleyoso, sino de traer cuantos podrian cogerse con el pretexto de castigo y de venganza. Asi es que en el momento que la noticia fatal se extendió hasta la Española, el Almirante y la Audiencia trataron de castigarlos, como si ellos hubieran sido los agre- sores, y una armada de cinco navíos con trescien- tos hombres, al mando de Gonzalo de Ocampo, fué enviada 4 aquellos parajes con el encargo expreso FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 333 de despoblar la tierra, traerse 4 sus habitantes por esclavos, y hacer perecer en los suplicios á los mas culpables. Esto, en sana razon y verdadera justicia, era hacerse sin pudor cómplices de la piratería de Ojeda. : Tal era el estado que las cosas tenian cuan- do llegó el Padre Casas con su expedicion 4 Puerto-Rico. Allí fué donde se halló con la nueya de la alteracion de Costa Firme, de la destruccion del monasterio de Santa Fé, de la muerte de los frailes, y de los preparativos hostiles que se ha- cian en Santo Domingo para sosegar á Jos indios. Las noticias volaban con toda la exageracion que les dá la lejanía: y no solo se pintaban como al- zadas las gentes de Chiriyichí, Maracapana y ser= ranías contiguas, sino las de Nayerí, Caviati y Cumaná. Cual fuese su congoja y confusion al ha= llarse con esta gran noyedad, es facil concebirlo, cuando se considera que en la buena armonía an-= terior y en la cooperacion de aquellos religiosos es- taban cifradas la mejor parte de sus esperanzas, No por eso, sin embargo, cayó de ánimo ente- ramente, y resolvió aguardar la armada que de- bia pasar por allí, cuyo Comandante era su ami- go. Llegó Ocampo con sus nayíos, y Casas le pre= sentó sus provisiones y despachos, requiriéndole formalmente que no pasase adelante, pues á él es- taba encargada la parte de pais en donde él iba 4 hacer la guerra, y que si la gente estaba alzada, 4 él y noá otro competia atraerla y asegurarla, 334 'ESPAÑOLES CÉLEBRES. Ocampo, aunque amigo de Casas, contestó que él obedecia y veneraba aquellas reales disposiciones; pero en cuanto al cumplimiento, no podia dejar de realizar su comision y hacer lo que el: Almirante y la Audiencia le mandaban, y que ellos le saca= rian 4 salvo de todas las resultas que despues pu- diese haber. Ocampo era de humor festivo y deci- dor, y toda la gravedad del Licenciado no podia resistir en sas debates al raudal'de chistes y Ocur= rencias que 4 cada momento se le ofrecian sobre áquella empresa de labradores, sobre sus vestidos blancos y las cruces rojas; bien que hasta enton= ces solo Casas se hubiese autorizado, Ó como á Ocampo tal vez parecería, desfigurado con aquel traje. La conferencia, en fin, no tuvo resultado ninguno: Casas se quedó en Puerto-Rico meditan- - do lo que tenia que hacer en la crítica situacion en que se hallaba, y el armamento vengador prosiguió su rumbo á Costa Firme. Llegado allá Ocampo dejó tres navíos en Cu- bagua, y se presentó con dos solos delante de Ma- racapana; no queriendo desplegar de pronto todo el aparato de su fuerza para coger á los indios des- prevenidos y Oprimirlos por estratagema- Ellos acudieron al instante; pero recelosos de su mal, no querian creer 4 los españoles que los convidaban desde la cubierta con pan y vino de Castilla, como si de ella acabaran de llegar. Los indios respon- dian: no Castilla, Ayti; porque: de Ayti temian que les habia de venir su daño, Los simples, en TR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 34r poder salvar en Cabagua los hombres y la hacienda?, Este encargo manifestaba la poca confianza que se tenia en las disposiciones pacíficas del pais, y siendo de tan grave importancia, fué cabalmente lo que Soto desobedeció mas pronto. Pues no bien hubo desaparecido Casas, cuando envió los navíos á rescatar esclavos, perlas y oro. Los indios al ins- tante, viendo á los castellanos abandonados así, solos y sin buques en que escapar , pensaron en acome- ter su hecho, y acabar con los cristianos de Cuma- ná, como habian hecho con los de Santa Fé, No lo trataron tan en secreto que no traspirase algo de su intencion, y las diligencias de los frailes y las de Soto descubrieron el dia poco mas ó menos en que el ataque se habia de verificar. Probaron 4 pertrechar la atarazana con catorce tiros pequeños que tenian, pero se encontraron con que la pól- vora estaba húmeda y no prendia, y tuvieron que ponerla á enjugar al sol. En esto los indios asalta- ron con grande ímpetu y algazara la casa, pusie- ron fuego en ella y mataron algunos hombres, Los demas cón Soto, ya herido de una flecha enerbola- da, se acogieron á la huerta de los frailes, y mien- tras los enemigos estaban entretenidos en la atara- zana, se escaparon en una canoa por un estero del rio, abierto para regar la huerta. Salieron. 4 mar abierto 4 buscar los navíos que estaban en las sali- 1. Véase en el Apéndice un memorial del contador Mj- guel Castellanos que fué con Casas á Cumaná com- prueba muchas de las ocurrencias expresadas. - po 3/2 ESPAÑOLES CÉLEBRES. nas de Arraya que distaban dos leguas de allí, y ya llevaban andada una, cuando los indios vién- dolos, empezaron 4 seguirlos y 4 darles caza en una piragua , harto mas ligera y mejor impelida que la canoa. Casi 4 un mismo tiempo abordaron las dos en tierra, y la ventura de los castellanos fué encontrar con una maleza de cardos y de espi- nos que la desnudez de sus enemigos no les permi= tia atravesar, mientras que ellos, aunque lastimados y heridos, pudieron hacerse calle hasta llegar á las salinas y recogerse al navío, que los recibió con lás- tima y dolor. Los indios se volvieron sobre Cumaná y repitieron allí todos los actos de ferocidad que ha- bian cometido en Chirivichí; mataron 4 un pobre lego que wo pudo acogerse á la canoa cuando los demas, mataron todos los animales, talaron los ár- boles, quemaron los edificios, y no dejaron cosa ninguna ni con vida, ni en pie. Despues, exalta” dos los ánimos con aquella ventaja, amenazaron á Cubagua, cuyos habitantes atefrados, aunque eran trescientos y con armas, no los osaron esperar, y se embarcaron para Santo Domingo. De este modo acabaron los dos establecimientos religiosos, la nue- va Toledo, el proyecto del Licenciado Casas, y la pesquería de las perlas; todo: consecuencia funesta de:la piratería de Ojeda y del mal término que se -guardó con los indios *. 1 Algun tiempo despues la Consulta de Santo Domingo, pareciéndole que no convenia ni que quedase despoblada Cubagua, ni sin escarmiento los indios, envió un armaá- FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 343 Entre tanto el sin ventura Casas navegando 4 la Española , tuvo tambien la desgracia de que el navío equiyocase el rumbo, y fuesen á parar al puerto de Yáquimo, ochenta leguas mas abajo de Santo Domingo. Alli estuvo el bajel forcejando dos meses contra las corrientes, que en aquella parte son bravísimas, tanto que al fin el Licenciado tomó por mejor consejo entrarse nueve leguas la tierra adentro al pueblo de la Yaguana, y desde allí di- rigirse 4 la capital. Ya se extendía por toda la isla la nueva del desastre de Cumaná, y como Casas ni vivo ni muerto parecia, se añadía á las demas lástimas la de que él hubiese perecido tambien. Así lo anunciaron unos viajantes á sus mismos compa= ñeros, en ocasion de estar sesteando junto al cami- no y el Licenciado durmiendo. Él despertó mien- tras que ellos altercaban sobre si aquello era ver= dad ó no, y presagiando ya en el ánimo las tristes nuevas que le esperaban, prosiguió su camino á Santo Domingo, donde acabó de apurar el caliz de la desventura con el conocimiento tolal de sus des- astres. Dió cuenta del suceso á la corte, y deter- minó aguardar la respuesta, por no tener ya me- mento al mando de Jacobo de Castellon, el cual restableció eria, guerrcó y atemorizó á los indios, é hizo un fuerte 4 la boca del rió Cumaná, para asegurar el agua 4 Jos de la isla , en el mismo punto en que lo habia intenta levantar Casas. Los indios con efecto quedaron por mu- cho tiempo escarmentados y pacíficos : en Cubagua se fué formando una ciudad que se lamó la Nueva Cá, s, y duró lo que duró la pesquería : despues se despobló, 344 ESPAÑOLES CÉLEBRES. dios para pasar en persona 4 negociar en España *. ¿Qué hacer? Su hacienda y la de sus amigos estaba ya consumida , la del Rey inutilmente gastada, sus proyectos destruidos, sus esperanzas deshechas, sus émulos triunfantes, él vilipendiado de todos como un hombre sin seso y sin cordura, entregado á ya- nas ilusiones, á cuya realizacion desatinada habia sacrificado tantos hombres y tantos caudales. El cielo 4 su parecer se le venia encima y la tierra le faltaba. Su asilo y su abrigo contra esta tempestad de confusion y de dolor era el convento de Santo Domingo; y solos sus religiosos, constantes amigos suyos y fieles compañeros de su opinion, eran Jos que podian sostenerle en el abatimiento y amargu- ra que experimentaba, Ellos le daban consuelo, ellos honra: con ellos comunicaba sus pesares, con ellos se confesaba. Queriendo al fin dar un vale eterno al mundo, y ponerse á cubierto de su es- carnio y de sus persecuciones, se decidió 4 abrazar la misma profesion que sus amigos, y se hizo re- ligioso de aquel Órden en el año de 1522, haciendo solemnemente su profesion en el siguiente ?. 1 Él dice en su historia, que en el tiempo de su noviciado le vinieron cartas del Cardenal Adriano y de los caballeros flamencos , persuadiéndole que tornase á la corte, y dán- dole esperanza de que tendria tanto y mas favor que la otra vez le habian dado; pero los prelados del monasterio, quizá porque no se inquietase, no se las quisieron mostrar. Libro 3.o , capitulo 159. 2 Bartolomé de las Casas , como supo la muerte de sus amigos y pérdida de la hacienda del ley, metióse fraile Dominico en Santo Domingo. Y así no acrecentó nada las FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 345 Si su empresa se habia malogrado, no hay duda que consistió en aquella serie de incidentes que no estaba en su mano ni adivinar ni precaver; siendo un nuevo ejemplo de que frecuentemente no bas- tan los buenos deseos, ni la diligencia mas activa, ni aun los talentos, cuando los contradicen los hombres y no los favorece la fortuna. Sin descono- cer, sin embargo, el influjo que tuvieron en este reyes las causas exteriores, podria quizá encontrar= se uno muy principal en la posicion del Padre Casas y en la clase de sus talentos y de su carácter. Sus medios no eran adaptados á aquella especie de em- presa , y semejante á tantos hombres de gabinete y de estudio, era mas propio para controvertir y proponer, que para ejecutar y gobernar. Los que gobiernan militar ó políticamente á4 los hom= bres, se tienen que valer de ellos como de ins- trámentos, y para manejarlos con acierto se nece sita conocerlos bien. Este conocimiento suele faltar á los hombres especulativos, y así no son felices de ordinario cuando estan puestos al frente de los ne- gocios. El genio de Casas por otra parte, á yeces rentas reales , ni ennobleció los labradores , ni envió per= las á los flamencos, De este modo termina Gomara la in- exacta y parcialisima relacion de estos acontecimientos. El obispo ss se resentia Pa de los términos poco jUs- los con que aquel escritor habia pintado sus Cosas; pero era parcial de los conquistadores, y cargaba excesi- vamente la mano en los vicios de los indios , y. pOr consi- guiente no eranada afecto á sus apologistas. Su historia, que no €s mas que un sumario , se lee sin embargo con mucho gusto, así por las noticias curiosas que contiene, como por su concision elegante. 346 ESPAÑOLES CÉLEBRES. excesivamente confiado, y otras irritable en dema- sía, no era muy á propósito para conciliarse res= peto, ni tampoco confianza. Berrío le engañó, Soto le desobedeció, los labradores le desampararon , y esta constante oposicion en los que habian de ser instrumentos de sus miras, deja traspirar algun vicio en el carácter, Ó algun defecto en la capaci- dad. Nosotros vamos á considerarle ahora como mi- sionero, como prelado y como publicista: su car= rera por este camino tiene infinitamente mas lus= tre, y los triunfos conseguidos en la misma causa y por medios diferentes, compensan con mucha yentaja el desaire que como poblador y gobernador le habia hecho antes la fortuna, Siete años duró esta desaparicion y alejamien- to absoluto del teatro del mundo y de los negocios de Indias. Casas vivió este tiempo entregado todo 4 los ejercicios y austeridades de la regla que habia abrazado, y 4 los estudios que su nuevo estado re- quería. Entonces fué cuando concibió el pensamiento de escribir la historia general de las Indias, saca= da de los escritos mas ciertos y verdaderos de aquel tiempo, que tenia acopiados.en abundancia, prin- cipalmente de los originales del Almirante D. Cris- toval Colon. Esta obra voluminosa, empezada en el año de 1527 y continuada despues en diferentes ocasiones, segun se lo permitieron las vicisitudes de su vida, no fué terminada hasta pocos años an- tes de su fallecimiento en 15611. Otros trabajos y 1 Y plega á Dios que hoy, que es el año que pasadesé- FR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 347 estudios le ocuparon probablemente en aquella épo- ca, de que despues se vieron los efectos en los di- ferentes tratados que publicó, enriquecidos de cuan- ta erudicion teológica, filosófica y legal daba de sí aquel siglo en las materias importantes en que nuestro escritor se ejercitaba; y todos dirigidos áua solo y único fin, que era la proteccion y defensa de sus indios. Pero de esto se hablará mas adelante, y por ahora vamos á considerarle en sus ocupaciones apostólicas. - Es sensible no poder seguir á su principal bió- grafo Remesal, en el magnífico episodio con que les dá principio, El mundo, segun él, fué 4 buscará Casas en su soledad, y baciendo homenaje 4 la hu- manidad de sus principiosy á su talento de persua- dir, le fió el encargo de reducir y pacificar á aquel Enrique, caudillo de los indios alzados en las mon= tañas del Barauco en la Española , 4 quien en ca- torce años las armas de los castellanos no pudieron rendir, ni sus promesas ganar, ni sus engaños per der. Ninguna de las memorias del tiempo, ni nin- guno de los historiadores acreditados dá á Casas semejante intervencion en aquella transaccion im= portante, ni le atribuye mas parte que una visita que hizo al cacique, cuando ya estaba reducido, para afirmarle en su buen propósito. No insistire= dad Elguoriacia en Jus se fundas los opariminton y con esta imprecacion á gloria y honra de Dios damos fin á este tercer libro, Asíacaba Casas la tercera y última parte de su obra. 348 ESPAÑOLES CÉLEBRES, mos, pues, aquí mas en esto, ni támpoco en el viaje que poco despues se le supone hecho 4 Es- paña para atender á los intereses de los indios del Perú, de cuya conquista ya se trataba, ni en las cédulas que se dieron concedidas en fayor de aquella gente, ni de su jornada con ellas á Caxamalca, donde se hallaban á la sazon los dos descubridores. Nada de esto es consistente ni con los documentos antiguos , ni gon la historia, y €s preciso tambien omitirlo como incierto, 6 como fabuloso. En las escasas noticias que se tienen de los trabajos de Casas en los primeros años de sus predicaciones, solo vemos que hácia el de 1527 fué enviado 4 Nicaragua, donde se acababa de fundar un obispado, á ayudar 4 su primer prelado Diego Alvarez Osorio en la predicacion del Evangelio y conversion de los indios. Erigióse para ello en la ciudad de Leon un monasterio de Dominicos, de que él fué uno de los primeros moradores. Ni su residencia allí fué fija por mucho tiempo, pues que yaen 1531 sele yé en Santo Domingo escribir una larga carta al Consejo de Indias, sobre los males y remedio de aquellos naturales *, y dos años des- pues hizo al cacique Enrique la visita indicada ar- riba, que llevó muy á mal la Audiencia, y 4 quien Casas redujo al silencio con la firmeza y entereza 1 Hetenido á la vista esta carta, y no hay en ella reíe- rencia alguna, ni á los acontecimientos de Enrique, ni al viaje 4 la corte , niá nada de lo demas que cuenta relativo á aquella época. ; FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 349 de su contestacion. Es de suponer que iria y ven- dria alguna yez de Nicaragua á Santo Domingo, segun la exigencia de los casos lo requiriese. Se le vé insistir fuertemente en todas partes, por donde pasaba cuando hacia estos viajes, en la necesidad de predicar el Evangelio á los indios con las armas de la doctrina y de la persuasion, y no á la fuerza y con ejércitos , tanto que el Virey de Méjico Don Antonio de Mendoza, persuadido de ello, dió dife- rentes órdenes para que se hiciese así en los tér- minos de su mando. Se le yé en fin en 1536 otra vez en Nicaragua, y allí resistircon todo su poder al gobernador Rodrigo Contreras sus expediciones anilitares al interior del pais, quererse él encar= gar solo con sus frailes de la conversion de los in- dios, y predicar 4 los soldados españoles, para que no obedeciesen las órdenes violentas de su caudillo en las entradas que hiciesen. Exasperados los 4ni- mos de unos y otros con estas alteraciones, se in= tentó 4 Casas una causa criminal, como fautor de sedicion y revoltoso , en que se sobreseyó por in= terposicion del obispo *; mas habiendo fallecido este en medio de aquellas ocurrencias, Casas, 4 des- pecho de los ruegos y reclamaciones que le hicie= ron , abandonó el convento de Nicaragua, y tomó con sus frailes el camino de Guatemala. Aguardábanle allí mejores esperanzas, porque el obispo electo de aquella ciudad Don Francisco 1 Véase el Apéndice, 3%0 ESPAÑOLES CÉLEBRES, Marroquin le tenia convidado con sus cartas 4 ha= cer el mismo servicio al Eyangelio en su proyincia, que, extensa en demasía y falta de ministros del culto, necesitaba tanto y mas que cualquiera Otra de su actividad y su celo. Habia pasado Casas en sus diferentes viajes por Guatemala y conocido y tratado mucho á Marroquin, que entonces no era mas que párroco, y congeniaba mucho, al parecer, con sus ideas de predicacion y de paz. Mediaba tambien la circunstancia de hallarse desierta una casa de Dominicos, fundada en la misma ciudad años atrás; razon que contribuyó, con las otras dos que se han dicho, 4 moyer al Padre Casas 4 pasar allá con sus compañeros, poblar aquel convento, y ayudar al nueyo prelado en la propagacion de la Fé. A poco tiempo de haber llegado, dió 4 conocer su tratado latino De unico vocationiís modo , traba- jado ya muy de antemano, y en el cual, con todo el aparato legal y teológico, acomodado al gusto del tiempo, se propuso probar estos dos extremos: Primero: Que el único modo instituido por la Pro- videncia para enseñar 4 los hombres la verdadera Religion es aquel que persuade al entendimiento con razones, y atrae la voluntad suavemente: modo adaptable y comun á todos los hombres del mundo sin ninguna diferencia de sectas y errores, y en a, cualquier estado de corrupcion en que se hallaren "/¿Mas costumbres. Segundo: Que cuando los infieles M0 ofenden, ni ofendieron nunca á la república PR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 357: á cara al misionero en muestra de mayor vtnera- cion. El- Padre se aprovechó hábilmente de esta. dispósicion de ánimo, acabó de ganarle con sus pre- sentes y con sus palabras, y le dió una total con- fianza, cuando le manifestó la estipulación hecha para que allí no entrasen españoles sino á gusto de los frailes, á fin: de que los naturales no fuesen molestados. Hizo ademas una especie de capilla en que celebró el oficio divino, que presenció el caci- que con los indios aunque de lejos, y la compara- cion que hizo entonces de la barbarie y hediondez de sus ceremonias religiosas, y lo torpe y. feo de sus ministros sangrientos, con el aseo, delicadeza y solemnidad del ritual cristiano, acabó de incli- narle 4 una creencia que en su buena razon tenia tan manifiestas ventajas. Y haciéndose explicar del Padre Cancer los fundamentos de la. religion por el órden que él habia comprendido en- los versos de los mercaderes, determinó hacerse cristiano, derribó y quemó sus ídolos, y se hizo predicador 4 su modo, excitando á sus indios 4 que, le imitasen, como de hecho muchos principales lo hicieron, Vi= sitó ademas el misionero la comarca, especialmen- te los pueblos sujetos 4 la autoridad del-cacique, y en ellos halló la misma buena disposicion “para recibirle, agasajarle y escucharle; hombres: groseros y Yudos en demasía, repugnantes por su desaseo y : desaliño; pero ingeniosos , inocentes, nada. Sangui- narios mi crueles, y dóciles sobre todo'4 las suges» tiones de la humanidad y de la razon... 13,0 358 ESPAÑOLES CÉLEBRES. Con' tan buenas nuevas se volvió el religioso explorador á Guatemala, y contó 4 sus compañe- ros cuanto le habia “sucedido en su viaje. En- tonces el Padre Casas determinó ir personalmente al pais, acompañado de Fr. Pedro de Angulo, 4 entender por sí mismo en la enseñanza y conver= sion de aquellos indios, y adelantar, si podia ser, aquella conquista piadosa 4 Jas tierras mas lejanas de Tuzulutlan y Coban, que eran las yerdadera= mente de guerra. El mismo agasajo encontraron y la: misma fineza en el cacique, que ya desde en- tonces se llamaba Don Juan, Óó porque con este nombre le hubiese bautizado el Padre Cancer, 6 porque se le pusiese Casas y su compañero al cris- tianarle despues que llegaron. Hízoles edificar nue- va capilla, porque la primera la habian quemado algunos indios poco gústosos de aquellas noyeda= des, Visitaron la comarca, y escoltados de un des- tacamento de indios, que les dió para su seguri- dad, Megaron hasta Coban, reconociendo allí algu- nos pueblos , cuyos moradores , extrañando gente tan nueva, salian 4 yerlos por los caminos sin in- tentar hacerles daño alguno, antes bien en diver= sas partes agasajándolos con presentes. Tomada la noticia que les pareció del pais, se volvieron 4 Zacápula, en donde lo primero que trataron'con el cacique amigo fué que los indios se juntasen'en pueblos, pues hasta entonces vivian desparramados por los montes en caseríos ó alde- huelas que ninguna pasaba de seis casas, y todas FR, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 359 como un tiro de mosquete distantes unas de Otras, Dió las: manos el cacique al pensamiento, como que comprendió al instante la ventaja que en él tendrian sus indios, no solo para ser doctrinados en la fé, sino en las demas artes de la vida civil. Pero esto, que le pareció tan fácil y provechoso al gefe, no lo pareció asi 4 los súbditos, y ná sus exhortaciones y mandatos, ni.á los consejos y ruegos de los Padres quisieron ceder, ni dejar el valle, el monte, el bohio ó. barraca en que cada uno habia nacido y acostumbraba: vivir. La difi- cultad en persuadirlos era grande, su teson igual, y estuyieron á riesgo de que la tierra se pusiese en armas, y perder todo el fruto que hasta allí habian conseguido. Pudieron, en fin, 4 costa de anhelos y de fatigas, reunir hasta cien casas en un pueblo que llamaron Rubinal, nombre que tenia el paraje en que le asentaron, Edificaron templo, y al placer que les daba la solemnidad de las cere= monias; 4 la buena conversacion y agasajo. de los misioneros, 4 la utilidad que veían en aprender 4 lavarse, vestirse y ayudarse con los demas artes que dan poco á poco gusto por la sociedad, se lla- maban unos á otros, y se conyidaban con el sitio., Tanto que los de Coban, mas fieros y, montaraces, bajaban, sin embargo, 4 ver de cuando en cuando. aquel modo nueyo de vivir que tenian sus yecinos,, y como que mostraban disposiciones de quererlo tomar ellos tambien. | Luego que los misioneros hubieron sentado y 1538. 360 ESPAÑOLES CÉLETRES; ordenado su pueblo, les pareció que debian yolyer 4 Guatemala á dar parte del progreso que tenia su predicación, y 4 pedir que se confirmase la esti- pulacion antes hecha de que nadie entrase en el pais sin su permiso, para que no hubiese estorbo en la conversion de aquella gente. Habian vuelto de Méjico el obispo Marroquin, que habia pasado allá 4 consagrarse , y el adelantado Alyarado, go= bernador propietario de la provincia, ausente en toda aquella época; y por esta razon el Padre Casas trataría de que se confirmase solemnemente lo con- venido antes con el gobernador Maldonado. Acor- -dó tambien que les acompañase en su vuelta el cacique Don Juan, para que viese que los castella. nos no eran tan malos y atroces como se los ha- bían pintado, y prometiéndole todo buen agasajo de parte del gobernador y del obispo. Vino el ca- cique, y se apercibió al viaje con un séquito nu- meroso de indios que le acompañasen. Los Padres moderaron este aparato para evitar lances desagra- dables que siempre ocasiona la muchedumbre, y mas de gente 4 medio civilizar; no queriendo des- graciar de modo alguno la especie de triunfo con que iban 4 entrar en Guatemala. Lo era en efecto traer en aquel cacique la prenda de la pacificación del pais, debida única- mente 4 los esfuerzos de la predicación. Aposentó- se con sus indios en el convento de sus amigos; y luego que se supo su llegada, le fueron 4 yer pri- mero el obispo, y luego el adelantado, A uno y => A A A FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 361 otro recibió el indio con una compostura y Una gravedad que inspiraba aprecio y respeto: su mi- rar era severo, sus palabras lentas, sus respuestas atinadas. Tanto, en fin, fué lo que les contentó, que el gobernador, no teniendo á mano otra cosa me- jor con que agasajarle, se quitó el sombrero que llevaba de seda encarnada con un penacho de plu- mas, y se le puso al bárbaro en la cabeza, que se mostró contento y agradecido del presente que re- cibia. Hicieron todavía mas el adelantado y el obis- po, que fué sacarle un dia entre los dos á que vie- se la ciudad y disfrutase de lo bueno que habia en ella. Ibarí por las calles, entraban en las tiendas; descogíanse delante de é) los mejores paños, las se- das mas vistosas; ostentábanse las alhajas mas ri- cas, teniendo órden del obispo los mercaderes que, si notaban que le gustaba algo de lo que veía, se lo ofreciesen y rogasen con ello. El indio no perdió su gravedad ni por un momento solo: todo lo no= taba, pero como si estuviese familiarizado con ello, y tal vez diciendo entre sí cuán poco tenia él que hacer de aquellas preciosidades. Nada quiso recibir, por mas que le instaron á yeces, ofreciéndole cosas de yalor los dos personajes que le acompañaban. Fijó los ojos al parecer con aficion en una imágen de la Virgen: advirtió que lo notaba el obispo, y le preguntó qué era aquello: explicóselo el prela= do, y €l contestó que lo mismo le habian dicho los Padres. Descolgóse la imágen, el obispo le ros gó que la Jleyase consigo; el cacique holgó de ello, 362 ESPAÑOLES CÉLEBRES, recibióla reyerentemente, y mandó 4 un indio principal que la llevase con cuidado y con respeto, De este modo honrado, acariciado y regalado él y sus indios, 'se volvió 4 su pais muy satisfecho de los españoles, y en su compañía fueron tambien el Padre Casas y Fr. Rodrigo Ladrada, que se pro- ponian continuar la conversion de aquella tierra, y adelantar sus trabajos y misiones hasta el pais de Coban. Era el terreno áspero y montuoso, como se ha indicado arriba, lleno de arroyadas y' pan= tanos, el cielo triste, siempre lloviendo, y los na-= turales por fama montaraces y terribles. Mas tra- tados, no eran así, y se vió que su carácter era apacible, y que llevados por bien se haría de ellos lo que se quisiese. Notóse tambien que su supersti- cion no era tan abominable como en el resto de las Indias, que sus leyes y su gobierno eran mejor concertados, y que las máximas de la ley natural eran mas bien seguidas allí y obseryadas que en parte alguna. Eran, pues, grandes las esperanzas que Casas concibió de su pacificacion y enseñanza; pero al tiempo que mas se alimentaba de estas ge- nerosas ideas, tuyo que obedecer á la voz del obis- po y de sus compañeros que le llamaron 4 Guate- mala, dejando en sus principios aquella virtuosa y santa empresa, que luego fué seguida y acabada fo- lizmente por sus discípulos y succesores, El motivo de ser llamado Casas 4 Guatemala era el encargo que se le queria dar de venir 4 Es« paña 4 buscar misioneros apostólicos que hacian - YR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 363 mucha falta en aquella diócesi para la administras cion del culto y -propagacion del Evangelio. Habia resuelto el obispo llevarlos á su costa, y quiso que el Padre Casas se encargase de esta comision, como tan práctico en los viajes de. mar, y tan experimen- tado en el manejo de los megocios de la corte. Él aceptó gustoso, y acompañado del Padre Rodrigo dé Ladrada, que desde aquella época .casi siempre estuvo á su lado, y del Padre Cancer, que fué tam= bien agregado á la comision, se puso en camino para Méjico, y de allí para España, 4 donde llegó felizmente ya entrado el año de 1539. dad + Cuando el Padre Casas estaba en la corte, se puede decir que estaba en, su. clemento. No. por ser ella el asiento de las delicias y de los place= res, cosa tan repugnante á la santidad de su ins- tituto y 4 la rigorosa austeridad de sus costum- bres; ni tampoco porque sea el centro de las intri- gas y la proporcion mas favorable para medrar y adelantar, igualmente opuesta al desinteres abso=- luto que profesaba, y á la sencillez y franqueza genial de su carácter: sino porque allí era donde podia dar ensanche con un fruto mas general y mas grande á la pasion dominante de su yida, al único pensamiento de su alma. Clamar incesante= mente á favor de sus indios, instruir 4 la corte. y 4 sus ministros enJos deberes que por esta razon tenian sobre sí, dirigirlos en lo que debian hacer por el largo conocimiento que tenia de las cosas de allá; estár, en fin, como en guarda de aquel re- 1540, 364 ESPAÑOLES CÉLEBRES, baño desvalido, para echarse sobre cualquiera que: quisiese ultrajarle ó perjudicar sus derechos, y obligar al Gobierno 4 dar providencias generales: que les fuesen de consuelo y de provecho, eran los. objetos en que su ánimo se empleaba con mas gus- to, y el manejarlos con tanta vehemencia como destreza, tal yez su talento principal. Para nada habia nacido el Padre Casas como para lo que le hizo el Cardenal Cisneros, para protector general de los indios. Los efectos de este anhelo incesante y paternal se empezaron á sentir desde el año que siguió 4 su Megada 4 España, con las diferentes providencias que se expidieron por el Gobierno á fayor de los indios. Los mas atendidos al principio fueron los de Tuzulutlan. Casas no se contentó con que se confirmasen por la autoridad suprema las condi- ciones estipuladas con Maldonado sobre entrar 6 no españoles en aquel territorio, sino que hizo que se escribiesen cartas 4 nombre del Rey 4 los caci- ques que habian ayudado á los misioneros para la pacificacion de aquella gente, dándoles gracias por ello y exbortándolos 4 continuar; que se mandase que-no se impidiese á estos indios principales acom- pañar á los Padres en sus viajes y expediciones; que se diese órden para que de cualquiera otra parte se pudiesen Meyar indios allá, que, enseñados en las artes mecánicas, pudiesen adiestrar 4 aque- Mos naturales en ellas, Ó, bien peritos en el arte de tañer instrumentos, pudiesen contribuir 4 au- FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 365 mentar la solemnidad de los oficios divinos, 6 4 inspirar regocijo y mayor dulzura en las costum= bres de los naturales del pais. Por último, para que no se eludiesen estas disposiciones en: el modo que tenian de costumbre aquellos gobernadores, se “mandó: por otra cédula que fuesen cumplidas sin remisión, y castigados severamente los que las con- tradijesen. - No se descuidaba entre tanto en llenar el ob-= jeto principal de su yiaje. Los misioneros Francis- canos y Dominicos que habian de llevarse 4 Gua- temala' para ayudar al obispo en la administracion del pasto espiritual, estaban ya apalabrados y pre- > venidos para emprender su navegacion Cn el año de ¿1. Disponíase tambien el Padre Casas 4 mar- char con ellos, cuando recibió órden del Cardenal Loaysa, Presidente del Consejo de Indias, en que Je mandaba que detuviese su viaje, por ser nece- -sarias sus luces y su asistencia en el despacho de ciertos negocios graves que pendian entonces en el Consejo. Casas, pues, dividió su expedicion, y que- dándose él para ir despues en compañía de los Do- 'minicos, envió delante 4 los Franciscos , y despa= -chó al mismo tiempo al Padre Cancer para que Jéeváse las cédulas respectivas 4 Tuzulutlan, con -£l fin de evitar los pegue Ja wet. nel ci dl as y iy Y pu Es expedicion de fre e hizo nord coifa de Cada uno de los Franciscanos le tuyo de costa Sevilla 4 Mu setenta ducados, segun las cuentas de su apoderado Juan Galvano, residente en 366 + ESPAÑOLES CÉLEBRES. ; "Ningún negocio hubo entonces ni mas grave por su importancia ,'ni mas célebre por sus'con= “secuencias que la expedicion de las Ordenanzas, que son conocidas en la historia de las Indias con el dictado de Zas nuevas leyes. Era pasado aquel tiempó en que la direccion suprema de los nego- cios del Nuevo Mundo fluctuaba desgraciadamente entre las buenas disposiciones que la corte bien aconsejada tomaba á veces, y el espíritu de rapa- cidad y codicia que las mas preyalecia, Resentíase todo de la preponderancia que ejercián sobre aque- Mas cosas la audacia de un insolente rentista, y el egoismo de un eclesiástico tan interesado comio incapaz. No existia ya aquel Consejo que, entrando descaradamente á la parte de las granjerías de allá, no conocía otro interes que el de los opresores del pais, y. se mofaba de toda idea humana y conser- vadora como de una ¡ilusion fantástica, Ó la con- tradecia como una innovacion perjudicial. Ya Cár- los Y comenzaba á conocer «la importancia: del nuevo imperio que la fortuna había puesto en sus manos. A la muerte del obispo de Burgos puso de Presidente en el Consejo 4 su confesor Loaysa, el cual llamó poderosamente hácia este objeto la aten- cion del Monarca, ya mias accesible con la edad' 4 las sugestiones de responsabilidad y de conciencia. Y no hay duda que la constituía en un gravísimo Sóvilla. Es de notar que este envío se hizo con tanta abun- dancia de matalotaje, libros y vestidos, como el Rey 195 solia proveer en semejantes ocasiones. SU FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 373 administrase justicia en las provincias de Guate- mala , Nicaragua , Honduras y Yucatan; y que es- tando situada en los términos confinantes de unas y Otras, se llamó por esta razon /a Audiencia de los Confines. Por recomendacion tambien del Pa- dre Casas se habia nombrado Presidente de este tribunal 4 aquel Maldonado, que habia concur= rido 4 la empresa de pacificar, por medio de la predicacion, las provincias de Tuzulutlan. Mas la enorme distancia de mas de cuatrocientas le- guas que habia entre esta Audienca y la de Méji- co, hacía temer que en las extremidades de una y otra la-justicia tuyiese poco vigor, y continuasen los excesos que se trataba de remediar. Y como es- tas extremidades estaban comprendidas en el dis- trito asignado á la diócesis de Chiapa, el Gobierno juzgaba con harto fundamento que conyenia poner allí un obispo, que reuniese en su. persona las yir- tudes de celo, entereza y rectitud con la sabiduría y experiencia acomodadas á salyar aquellos incon- yenientes. " Ninguno, pues, mas á propósito que Fr, Bar- tolomé de las Casas; y el sacerdote mas virtuoso, mas sábio y mas benemérito de todo el Nuevo Mando, el venerable y antiguo protector de los indios, el que con tanto ahinco, con tanta doc- trina y con tanta constancia habia procurado en " favor de ellos las benéficas leyes de que se trata- ba, era quien mejor procuraría su observancia, ayudado de los medios y de la autoridad que su 374 ESPAÑOLES CÉLEBRES, nueya dignidad le proporcionaba. No le fué p0si= ble, pues, sostenerse en su repugnancia: su reli- gion se lo ponia por conciencia, el Gobierno por obligacion, y el interés mismo de los indios como que imperiosamente se lo mandaba. Él cedió en fin, y quizá en los motivos de rendirse no ayudó poco el gusto de volver cerca de aquel pais que él habia empezado 4 convertir y á civilizar con sus palabras solas y con su ejemplo, cuyos nueyos con- vertidos iban á ser ovejas suyas; y de ir seguido y acompañado de los religiosos de su Órden, que podian ayudarle tanto en la administracion del Evangelio en aquellas tierras remotas. Su posicion puede decirse que era la misma; y el báculo pas- toral que entonces tenia en su mano, no era mas que una arma mas fuerte y poderosa para defender sus protegidos. Aceptada la mitra, su primer cuidado fué pre- sentarse en el capítulo que 4 la sazon celebraba su Órden en Toledo, para pedir allí que se le diese el número suficiente de religiosos que predicasen y administrasen el pasto espiritual en las provincias de Guatemala y Chiapa; y habiendo logrado cuan= to hubo menester, el resto del año fué empleado en pedir y aguardar sus bulas de Roma, y en dar las disposiciones para que los frailes que habian de acompañarle, renniéndose en Valladolid y Sala- manca , viniesen desde aquellos puntos 4 Sevilla. En esta ciudad se consagró solemnemente en el domingo de Pasion de la cuaresma del año siguien» O ao o TR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 375 tede cuarenta y cuatro; y á diez de julio del mis- y54%. mo, acompañado de sus misioneros, dió la vela en Sanlucar en los navíos de la flota que salió enton- ces para Indias. La navegacion hasta Santo Domingo fué feliz*; pero no bien hubo el obispo puesto los pies en el Nuevo Mundo, cuando empezó á recoger otra vez la amarga cosecha de desaires y aborrecimiento que las pasiones interesadas abrigan siempre contra el que las acusa y las refrena. Ya habian llegado allá las nuevas leyes, y con ellas la fama de que su prin- cipal promoyedor habia sido el nuevo prelado de Chiapa. No lo extrañaron, porque ya le conocian: mas no por eso fué menos el encono y aversion que le juraron. Nadie le dió la bienvenida , nadie le hizo una visita, y todos le maldecian como 4 causador de su ruina. La aversion llegó 4 tanto, que hasta las limosnas ordinarias faltaron al con- yento de Dominicos , solo porque él estaba aposen= tado allí. Otro que él se hubiera intimidado con estas demostraciones rencorosas: mas Casas, despre- ciando toda consideracion y respeto humano, noti- ficó 4 la Audiencia las provisiones que llevaba para la libertad de los indios, y la requirió para que diese por libres todos los que en los términos de su jurisdiccion estuviesen hechos esclavos, de cual- quiera modo y manera que fuese. Fué esto añadir leña al fuego, especialmente entre los oidores, mas J Llegaron en y de setiembre. 376 ESPAÑOLES CÉLEBRES, interesados que nadie en eludir las nueyas leyes, porque eran los que mas provecho sacaban de la esclavitud de los indios, Y de hecho las eludieron, porque, á pesar de la inclinacion de su presidente Cerrato á favorecer las gestiones del obispo, los demas, resistiendo, replicando, y admitiendo las apelaciones que de aquellas providencias interpo- nian los vecinos de la isla, dieron lugar á que se nombrasen procuradores por la ciudad para pedir á la corte su revocacion, y de este modo se excu- saron de cumplirlas por entonces. Deseoso de dejar una mansion, ya tan des- agradable para él y para sus compañeros, el obispo fletó una naye y se embarcó con ellos, con direc- cion 4 Yucatan, donde pensaba tomar su derrota : á4 Chiapa por el rio de Tabasco. Dieron la yela 4 O fines de aquel año de 1544, y despues de haber pa- "sado en la travesía dos recios temporales , haciendo á yeces el prelado de piloto por la poca pericia del que dirigía el navío, arribaron salyos 4 Campeche en seis de enero siguiente. Hallóse allí con los mis- mos desabrimientos que en Santo Domingo, 6, por mejor decir, él mismo los hizo nacer. Porque, em- pezando 4 reprobar el modo de vivir de los espa- ñoles que allí habia, y 4 amonestarles sobre la ne- cesidad de que diesen libertad á los esclayos, y á conminarles con las nuevas provisiones, el buen recibimiento que le hicieron se conyirtió al ins- tante en odiosidad y en repugnancia; se negaron á prestarle la obediencia como obispo, no le acudie- FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 397 ron con los diezmos, y le pusieron por este medio en el mayor apuro para cumplir con el flete de la naye y demas obligaciones que cargaban sobre él. A este disgusto se añadió otra pesadumbre ma= yor. Trataban ya de partir de Campeche para Ta- basco, prefiriendo el camino por mar, mas facil y pronto que el de tierra , cuando les llegó la nóti- cia de haber naufragado una barca, que habian en- viado delante, con parte de su equipaje y algunos de los misioneros. Ahogáronse nueve religiosos y otros veinte y tres españoles, y toda la carga se per- dió. Llenáronse los demas de terror, y con lástima y miedo se estremecian y lloraban la suerte de sus ' compañeros, rehusando entrar en otra barca que ya estaba cargada y dispuesta para recibirlos. El obis- po, mas hecho á estas desgracias, despues de ha- ber llorado con ellos, los animaba y consolaba ma- nifestándoles que aquella catástrofe no podia me- nos de ser efecto de descuido ó poca maña en los que iban; y con efecto era así, pues si hubieran aligera- do la barca de la cal y demas carga que lleyaba, es probable que no hubiesen perecido. Asegurábales el viaje con la barca nueva, marineros diestros, vien to fívorable y mar tranquilo. Él se entró en ella primero y despues los religiosos, que enlutados, mudos y llenos de espanto y de dolor, mi se ha- blaban, ni se miraban, Así pasaron la noche, así el dia siguiente, sin que el buen viento con que navegaban , mi el ningun peligro que corrian les distrajese de sus pensamientos melancólicos , ni los 378 ESPAÑOLES CÉLEBRES. alentase 4 probar un bocado, 4 beber un yaso de agua. Este abatimiento y silencio prorumpió des- pues en sollozos, cuando cerca de la isla de Tér= minos los marineros les señalaron el sitio en que habia sido el naufragio. Levantáronse entonces, y rezando un sufragio por las almas de sus compañe- ros ahogados, les dieron un yale eterno, y volvié- ronse á sumergir en su negra melancolía. El obis- po no les permitió continuar en este abandono: mandó sacar de comer, trinchó él mismo los man- jares, repartiólos entre ellos, y para darles ejemplo empezó á comer con muestras de apetito y entere- za. Al dia siguiente se entraron por una de las bo- cas de la isla, donde, para renovar su dolor, halla- ron arrojadas la barca de la desgracia y algunas de las cajas del cargamento que en ella iba. Busca- ron con cuidado, despues de saltar en tierra, alguno de los cuerpos, si acaso el mar los habia arrojado tambien á la playa, para darle sepultura. Ninguno hallaron, y hubieron de contentarse con el solemne oficio de difuntos que celebraron por ellos en el al- tar, que de pronto á campo abierto dispusieron. Aquí se dividió la compañía : los misioneros se quedaron en la isla para aguardar á un religioso que se habia escapado del naufragio, y 4 otros es- pañoles , y despues seguir su viaje 4 Tabasco por tierra; y el obispo con su comitiva prosiguió su der- rota por mar, llegó 4 Tabasco , y desde allí á Ciu- Febrero dad-Real de Chiapa, capital de su obispado, obse- de 1545- guiado, servido y festejado en el camino con todas FR. PARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 379 las demostraciones del mayor afécto y reverencia, Del mismo modo fué recibido en Ciudad-Real. Sus vecinos se esmeraron á porfía en manifestar con la muchedumbre de sus obsequios , regalos y festejos, la satisfaccion que les cabia con la presen- cia de su prelado, Recibíala él tambien muy gran- de con aquellas demostraciones, y así se lo conta= ba 4 los misioneros que llegaron pocos dias des- pues, manifestándoles las esperanzas que concebia al ver su docilidad en avenirse 4 la conciliacion que habia propuesto á los principales en algunas diferencias que tenian con el dean de la iglesia Don Gil Quintana. Deducía él de aquí que tambien al- canzaría de ellos que renunciasen al tráfico de es- clayos, y diesen libertad 4 los que tenian; y por el contrario ellos, á pesarde la fama odiosa que le precedia, y de las cartas que recibian dándoles el pésame de semejante prelado, é irritándolos con= tra él *, esperaban que se ablandase con las dá- divas y regalos, como á tantos otros sucedia en aquellos paises, y dejase de proceder con el rigor que se recelaba. Mas esta buena armonía solo podia durar lo que tardasen en desyanecerse las esperanzas conce» bidas de una parte y de otra con tan poco funda- mento, El obispo, 4 pesar de sus años y de sus es- - 1 En una de ellas habia estas palabras: Decimos por acd , que muy grandes deben de ser los pecados de esa tierra, cuando la castiga Dios con un azote tan grande como enviar á ese antecristo por obispo. Remesal: libro 7,o capítulo 16. 380 ESPAÑOLES CÉLEBRES, tudios, conocia bien mal los hombres, si creía que tan facilmente habian de renunciar sus diocesanos á un negocio en que estaban cifrados su opulencia y su interes; y ellos ignoraban todavía mas el tem- ple enérgico y fuerte de aquel hombre, incapaz de transigir de modo alguno con una cosa tan abomi- nable á sus ojos. Así es que, luego que vió que ni sus consejos y amonestaciones privadas, ni sus predicaciones públicas producian enmienda alguna, se armó se- veramente de la potestad espiritual que le asistia, y privó de los Sacramentos á cuantos no renuncia sen á aquel tráfico detestable 1, Estremeciéronse todos de esta medida no usada, y como si fuera un negocio de gracia, quisieron mitigarle con em- peños, y le enviaron por mediadores al dean y 4 1 El modo que tuyo para hacer esto fué suspender á todos los confesores de la ciudad , exceptuando el dean y un canónigo de la iglesia, á los cuales les dió un memo- rial de casos que reservaba para sí, casi todos reducidos á actos de injusticia contra el prójimo. La providencia era tan severa como extraordinaria; pero el siguiente pasaje de Remesal da á entender bien los motivos, 6 por lo menos la Ocasion, “A escondidas de sus amos se le entraba la indezuela en casa toda bañada en lágrimas , y asida á sus pies le decia: Padre mio y gran señor , yo soy libre, E 77 no tengo hierro en la cara, y miamo me tiene vendida por esclava: defiéndeme, que eres mi padre; y añadia á estas Olras razo- nes de gran ternura, que las mujeres indias son muy sen= tidas y significan con extremo su dolor. Los hombres acu- dian mas 4 menudo, porque era mas ordinaria su desgracia, y los unos y los otros continuaban la compasion del piado- so pastor, y le encendian en fervorosos deseos de poner remedio en tantos males.” Riemesal: libro 6.o, capitulo 2-2 FR. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 381 los Padres Mercenarios. Nada consiguieron por este medio, y pasaron á requerirle con la bula del Papa sobre las Indias, á lo cual respondia él que en la bula no habia nada de guerra, ni de facul- tad para hacer esclavos; y sobre todo que el Papa no le podia mandar que diese los sacramentos á los que no solo no tenian propósito de enmendarse del pecado, pero que ni dejaban de pecar. Volviéronle á requerir formalmente por ante escribano para que diese licencia de absolyerlos, amenazándole que de lo contrario, se quejarian de él al Arzobispo de Méjico, al Papa, al Rey y 4 su Consejo, como de un hombre alborotador de la tierra, inquietador de los cristianos y su enemigo, y favorecedor y am- parador de unos indios feroces. ¿Oh ciegos! respondió él, y como os tíene engañado Satanás. ¿Qué me amenazalis con el Arzobispo, con el Papa y con el Rey? Sabed que, aunque por la ley de Dios estoy obligado á hacer lo que hago, y vosotros á hacer lo que os digo, tambien os fuerzan á ello las le- yes justísimas de vuestro Rey, ya que os preciais de ser tan fieles vasallos suyos. Entonces sacó las nuevas leyes, y leyéndoles las que trataban de la libertad de los esclayos; wed, les dijo, sí yo soy quien se puede quejar mejor de lo mal que obede- ceis á vuestro Rey.—De esas leyes tenemos ya ape- lado, dijo uno, y no nos obligan mientras no ven- ga sobrecarta del Consejo. — Eso fuera bien, re- plicó el obispo, sí no tuvieran embebida en sí la ley de Dios, y un acto de justicia tan grave como la 382 "ESPAÑOLES CÉLEBRES. libertad de un inocente tan injustamente opreso y cautivo, como lo estan todos los indios que se com- pran y venden públicamente en esta ciudad. Dióse fin con esto 4 la altercacion, que fué se= guida de allí 4 pocos dias de otra escena mas es- candalosa. El dean, faltando 4 la confianza de su prelado, y contraviniendo á sus órdenes expresas, habia empezado 4 absolver y 4 hacer partícipes de los Sacramentos á muchos que notoriamente rete nian sus indios esclayos y traficaban con ellos, Qui= so el obispo reconvenirle fraternalmente en su casa, y con este fin le convidó 4 comer el tercero dia de Pascua. Aceptó el dean, pero no asistió. Despues de mesa se le envió á llamar, y él se excusó con estar indispuesto, y se metió en cama. Nueyo re- cado, nueya repulsa; viniendo á parar esta alter- nativa, de parte del superior en amenaza primero, despues en censura, y al fin en mandamiento de prision. Fuéle forzoso al dean seguir al alguacil y clé- rigos que fueron á prenderle; y hallando la calle Mena ya de gente que habia acudido á la novedad, empezó 4 decir 4 yoces que le ayudasen, y que él los confesaria á todos y los absolvería. Un alcalde, en vez de sosegar el tumulto, lo inflamó con las im- prudentes voces de ¡ favor al Rey y á la justicia! acudió todo el pueblo en armas, y mientras los unos sacaban al dean de las manos de los clérigos , los Otros acudieron 4 tomar la puerta de los frailes Dominicos, para que no saliesen del conyento, Y 474 lates é finezas es el oro que tienen, é cuanto podrán sa= car dellas un hombre cada dia, é que es el oro é mues- tra de cada rio, con toda la relacion que dicho es, la enviareis cierta é verdadera, sin incubrir cosa alguna don- de quiera que yo estoviere, lo mas brevemente que pu- diéredes á los nuestros ofi- ciales que residen en la ciu- dad de Sevilla, en la casa de la contratacion de las In- dias como está mandado, asi como se fueren haciendo, descubriendo é allanando, é efectuando todo lo que ar- riba es dicho sucesivamen- te; éasimesmo enviareis las rentas que por entonces ho- biéremos de haber conforme al capitulo antes de este, sin que en ello haya falta al- guna. - Otrosí, vos el dicho Bartolomé de las Casas é los que con vos fueren , tratareis bien é beninamente é con raansedumbre á todos los in- dios de la dicha tierra, é que no les hareis mal ni daño ni desaguisado alguno en sus personas ó bienes, ni les to- mareis ni consentireis tomar sus mantenimientos é cosas que tovieren, é proveereis en cuanto á vos sea posible de los traer en conocimiento é lumbre de nuestra $San- ta fee católica, é á que estén domésticos é traten é conversen con cristianos , é 4 todo lo otro que conven- APÉNDICES Á LA VIDA ga para la salvacion de sus ánimas é para nuestro ser= vicio, é para que la dicha tierra se pueble é ennoblez- ca, é esten en nuestra sub= jecion é obidiencia como conviene , sin que para lo susodicho ni para cosa algu= na dello, nos seamos obli- gados á poner ni pongamos al presente costa ni gastos ni otra cosa alguna. Todo lo.cual que de suso se contiene, vos el dicho Bar- tolomé de las Casas vos ofrecistes é proferistes á ha= cer é cumplir é efetuar co- mo de suso se contiene, porque nos háyamos de ha- cer é cumplir con vos las cosas que adelante se dirán en esta guisa. Primeramente, que se vos den las cédulas é provisio- nes que fueren menester pa- ra que cincuenta hombres de los que agora están en la Isla Española, San Juan, é Cuba ¿o Jamaica, que sean naturales de estos nuestros reinos de Castilla é de Leon é Granada, etc. cuales vos el dicho Bartolomé de las Casas escogiéredes é nom- bráredes , queriendo ellos de su voluntad, se les dé li- cencia para que puedan ir é vayan con vos para todo lo susodicho , á vuestra cos» ta é mision, sin que nos sea- mos obligados á les pagar cosa alguna. Otrosi , que nos enviemos á suplicar-4 muestro Santo DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. Padre que conceda un bre- ve para que doce religiosos de la órden de San Francis- co é Santo Domingo de los en estos nuestros Er e los que agora están en las dichas Islas, cuales vos el dicho Bartolo- mé de las Casas nombráre= des, queriendo ellos ó ha- biéndolo por bueno, seyen- do naturales de nuestros reinos de Castilla de cual- quier parte de ellos, é no en otra manera, puedan ir é á la dicha Tierra Fir= me á predicar éindustriar en la fe los dichos indios é los traer á ella, é animar é an- dar con vos el dicho Barto= Jomé de las Casas, é con los dichos cincuenta hombres, é hacer las otras cosas nece= sarias, é que ninguno de sus Perlados é mayorales no pue+ dan impedir en la dicha ida queriendo ellos ir como di- eho es: é que asimismo há= yamos de suplicar á nuestro Santo Padre que con- po indulgencias plenarias é remision de todos sus pe- cados á los «que murieren yendo al dicho viage, é es- tando entendiendo en lo su= sodicho , muriendo contritos é satisfechos, é que sobre ello escribamos á nuestro em- bajador que está en corte de Roma para Otrosí, que de los indios ue agora hay en las dichas as españolas Cuba, San pareciere 475 Juan é Jamaica , vos el di= cho Bartolomé de las Casas is tomar é escoger diez indios de los que: 4 vos os ue son mas dies= tros é-ladinos é que mas conviene, para que, querien- do ellos de su: voluntad , los podais llevar é-lleveis 4 la dicha Tierra Firme, para que anden con yos para hablar é comunicar con los otros in=- dios , é bacer las cosas nece- sarias para la pacificacion de la dicha Tierra Firme, é que estos dichos indios los podais tener é traer con vos, pal tiempo é término de + diez años é no mas, dándoles de comer é beber é vestir é calzar 6 las otras cosas ne= cesarias, é tratándoles bien: é que pasados los dichos diez años seais obligado 4 los tor2 nar 4: las dichas Islas si fue= ren vivos: é porque podria ser que algunas + nan ma liciosamente ¡Midujiesen é atrajiesen á: los di in- dios, ó 4 algunos dellos que dijiesen que no querian ir con vos á pa dicha Tierra Firme , que las justicias de las dichas Islas, cuando algu- no de los dichos indios no isiesen ir, los interroguen sepan dellos si sus el e inducido ó atraido que no vayan 4 la dicha Tierra Fir= me, Ó causa dejan” pre md Oi eso ea irá la dicha Tierra irme , é que son inducidos 476 á lo contrario , hagan que vayan libremente sin que en ello les sea puesto im- pedimento alguno , é que para ello se den las cartas é provisiones que menester fueren. Otrosí, acatando el servi- cio que en esto vos ofreceis á nos facer , é esperamos que hareis vos é los dichos cincuenta hombres , é los gastos é trabajos que en ello se vos ofrecen, é por vos hacer merced , quiero é es mi merced évoluntad , que toda la dicha renta que nos como dicho es toviéremos en la dicha tierra dentro de los dichos limites por vues- tra industria, hayais é lleveis vos é los dichos cincuenta hombres el dozavo de todo ello para vos é los dichos cincuenta hombres, desde que comenzáremos á gozar € levar la dicha renta. El cual digho dozavo que asi vos Bartolomé de las Ca- sas é los dichos cincuenta hombres habeis de «haber, conforme al capitulo de su- so contenido , queremos é nos place que cumpliendo é efectuándose por vuestra parte lo contenido en los dichos capitulos, hayais. é lleveis é goceis vos é los di chos cincuenta hombres que con vos fueren, por todos los dias de vuestra vida é suya , é por fin é muerte vuestra é de cuatro here- vuestros é suyos sub- APÉNDICES Á LA VIDA cesivamente , el uno en po3 de otro , cual vos é cada uno de los dichos cincuenta hom- bres, é despues: dellos el heredero en quien subcedie- re el dicho derecho esco- giéredes é nombráredes en vida ó al tiempo de la muer- te por vuestro testamento é eobdicilo é postrimera vo- luntad é por escritura que haga fe: de manera que vos el dicho Bartolomé de las Casas, é cada uno de los dichos cincuenta hombres en vuestra vida ó al tiempo de rd muerte cuando uisiéredes podades nom» pe un heredero que sub» ceda en el dicho derecho, é el dicho primero herede- ro pueda» nombrar otro se- gundo heredero , é el dicho segundo heredero pueda nombrar é nombre otro ter- cero heredero, é el dicho tercero heredero pueda nom- brar é nombre el cuarto he- redero todos ellos subcesi- vamente por la forma su-» sodicha , é que por fin é muerte del cuarto heredero se consuma lo que le per- tenesciere de la dicha doce= na parte, é dende en ade- lante quede para nos € pa- ra nuestra corona real, por cuanto la dicha docena par- te habeis de haber solamen- te para vos é para los dichos cincuenta hombres que con vos han de ir, é para cuatro herederos de cada uno vos é dellos os é DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. declarados en la sodicha., -Otrosí, que las tenencias de las fortalezas que vos el dicho Bartolomé de las Ca= sas vos ofreceis de hacer en los pueblos que se han de edificar en la dicha Tierra Firme , nos háyamos de ha- cer é hagamos merced á vos é 4 los dichos cincuenta hombres que con vos han de ir lo susodich$, pa- ra que se den á cualesquier dellos que vos el dicho Bar= tolomé de las Casas nom- bráredes por su vida ¿ de un heredero suyo , cual pa- ra ello nombrare en su vi- da ó al tiempo de su fin é forma su- por sus di -Otrosi, vos el dicho Bartolomé de las Casas é los a de ir, cada cuando, é en los tiempos, é de la forma que á vos el é no de otra guisa , podais je á rescatar perlas á la pes- «catáredes de las dic 477 quería de las perlas, que agora está descubierta, por antel oficial ci para ello tenemos nombrado , é que de todas las perlas que res= catáredes fasta que nos ten= gamos quince mil ducados de renta en los dichos limi- tes como se contiene en el segundo capitulo deste asien- to, pagueis á nos la cuar- ta parte como lo pagan los otros que agora van al di- cho rescate , sin que en ello haya inovacion alguna, pe= ro que si dentro del término contenido en el dicho capi- tulo primero, nos toviéremos por vuestra industria é dili- gencia los dichos quince mil «ducados de renta, como en el dicho capitulo se conlie=- ne, que dende en adelante, wos é los dichos cincuenta hombres, que con vos han de irá la dicha Tierra Fir- me , no pagueis mi «seais obligados 4 pagar mas de la séptima parte de loque res- per- las por todos: los dias de 4 vida. bsp - Otrosi , que de las perlas > e ole él dichio Bartolomé ' las Casas, é los dichos cincuenta hombres, é vues- tros criados que no sean in- dios en ' los logares que agora no es- tá descubierta pesquería de erlas é de oro, é otras cua- uier cosas qué rescatá- redes á vuestra costa, é en 5 toda la dicha Tierra Firme, dentro de los dichos límites, durante los tre3 años prime= ros deste asiento fasta que nos tengamos «los dichos quince mil ducados de ren- ta, pagueis á nos la quinta parte de todo ello, pero que despues que por vues- tra industria tengamos en la dicha Tierra Firme los di> chos quince mil ducados de renta, pagueis de lo suso- dicho, durante los dias de vuestra vida la otava parte é non mas, é que del oro q cogiéredes é sacáredes e cualesquier mineros, du= rante el dicho tiempo fasta que: tengamos los dichos quince mil ducados de ren- ta , pagueis á nos la sesta parte de todo ello é no mas, pero que de las perlas é oro scáredes é cogiéredes € hobiéredes con indios, pa- gueis otro tanto como agora se paga en todas las Islas e están descubiertas é lanadas; é que el dicho oro se rescate en las es, É en los lugares, é Uiempos é segun que pareciere á vos el dicho Bartolomé de las Ca- sas, Ú no en otra manera. - Otrosi, que 4 los dichos cincuenta hombres que han de ir 4 Jo susodicho nos les háyamos de armar é arme- mos caballeros despuelas do- radas, para que ellos é sus descendientes sean caballe- ros despuelas doradas de nuestros Feinos. | APÉNDICES Á LA 'ViDA' 07 ó- -É otrosi ;' que les daré» mos é señalaremos armas ue puedan traer ellos é sus escendientes é subcesorés en sus divisas é escudos é reposteros para siempre ja- mas, con tanto que los que asi se hobieren de armar caballeros é dar las dichas armas no sean reconciliados, ni hijos ni nietos de que- mados ni reconciliados , é que de las dichas exencio- nes é preeminencias de ca- balleros despuelas doradas, gocen en las Indias é.en la dicha Tierra Firme , é no en otra parte, durante el tiem- po de los tres años prime= ros en que «habeis de dar los dichos quince mil duca» dos de renta cierta al tiem - o que la. diéredes sobre 5 indios de la dicha tierra, é los dichos pueblos é otras cualesquier cosás ¿ que qui- siéredes en cada un año, pero queremos que cumpli- dos los dichos tres años é habiendo vos dado los di- chos quince mil ducados de renta é fechos los dichos tres ueblos é fortalezas , é todo o' demas que habeis de ha- Jas dis uelas doradas, é de traer di- chas armas en todos los nuestros reinos é señorios libremente, sin contradic= cion alguna, é para ello mandaremos dar. todas las cartas é provisiones que con» DE FRAY BARTOLOMÉ DR LAS CASAS. 479 vengan, con tanto que vayan á la dicha Tierra Firme den- tro de los dichos limites, é esten alli con vos entendien> do en lo.que fuere menes- ter para que tengamos los dichos quince mil. ducados de renta cierta como saco es; pero que no cumplién= pg Puno quince mil ducados de renta cierta co= mo dicho es en el término, é segun que se contiene en este dicho asiento , no go- cen de las dichas gracias, exenciones ni mercedes, ni cosa alguna dello, pero que- remos que si despues de - asentada lá dicha renta cier ta, al tiempo que la diére= des como dicho es, aquella se perdiere no siendo 4 vuestra culpa, ni de los di- chos cincuenta hombres , ni de la otra gente que llevá» redes, que se haya por cum- plido cuanto toca á las di- para Chas caballerías. - na Otrosí , que cumpliéndose lo contenido en este dicho asiento é capitulacion , los dichos cincuenta hombres é los que dellos descendieren sean francos , libres é exen- tos de todos pedidos é mo- nedas, é moneda ai é prestidos, é servicios é der= ramas reales, é concejales ; é siempre Jamas; é para ello sele den é ibren las cartas é pro- -Otrosi, que los hereda= mientos é tierras que vos el dicho Bartolomé de las Ca= sas é los dichos cincuenta hombres hobiéredes é com= pa en la dicha Tierra irme de los indios por vues- tros dineros é joyas para so- lares € labranzas 6 pastos de ganados, sea vuestro pro» pio é de vuestros herederos é subcesores para agora é para ii jamas , oi que podades hacer dello é en ello como de, cosa vues- tra propia libre é quita é desembargada , con tanto que cada uno de los suso» dichos no puedan comprar ni haber mas cantidad de una legua de tierra en cua dra, é con queé quede la jurisdiccion é dominio á nos é 4 nuestros subcesores , é con que no se haga ni pue. da hacer fortaleza alguna en la dicha legua , é si se hicie- re ó la hobiere hecha sea nos. d ¿> gua + Otrosí, que despues qu en la dicha Tierra ojal tovieren hechos é edificados algunos de los. pueblos que conforme á este asiento ha= "beis de hacer, que vos el dicho Bartolomé de las Ca- sas é los dichos cincuenta hombres podais llevar é lle= - veis destos Duestros Teinos cada uno de vos otros tres esclavos para vuestro servicio , la mitad dellos hombres , la mitad mugeres, é despues que esten he- paraa los tres pueblos é haya cantidad de gente de 480 eristianos en la dicha Tierra Firme, é pareciendo á vos el dicho Bartolomé de las Casas que conviene asi, que podais llevar vos é cada uno de los dichos cincuenta hombres otros cada siete es- clavos negros para vuestro servicio , la mitad hombres é la mitad mugeres, é para ello se vos den todas las cédulas de licencia que sean menester, con tanto que es- to se entienda sin perjuicio de la merced é licencia que tenemos dada al goberna- dor de Bresa para pasar cuatro mil esclavos á las In- dias é Tierra Firme. Otrosí , que en los pue= blos é logares que ansi hi- ciéredes é edificáredes los dichos cincuenta hombres puedan tener é lengan en cada pueblo, ó en los que dellos quisieren casas é s0- lares é vecindades, é cúan- do se hobiere de hacer é hiciere el repartimiento de Jos términos é sitios de los tales logares, se dé vecin- dad en ellos, é en cada uno dellos á los dichos cincuen-' la hombres , 6 á los que de- “los quisieren , como á los otros que en los dichos pue= blos hobieren de vivir, con tanto que no se les puedan dar ni den mas de cinco ve= cindades Áá cada uno en to- dos los dichos pueblos, é que estando ellos ocupados en descubrir é allanar la dicha Tierra Firme, é te- APÉNDICES Á LA VIDA niendo en las dichas vecin= dades sus criados é fatores, que sean cristianos en sus casas é vecindades é que no sean de los indios, que go= cen de las dichas vecinda- des é de las preeminencias é prerogativas de que gozan los otros vecinos de los di- chos pueblos que en ellos residieren persbnalmente. Otrosí , que por término de veinte años primeros si- guientes que se cuenten desde el dia de la fecha des- te asiento , vos el dicho Bartolomé de las Casas é los dichos cincuenta hombres é vuestros criados que con vosotros fueren, podais co= mer é gastar toda la sal que hobiéredes menester de las paris é lugares donde la alláredes, con tanto que no sea de Ja sal de la Isla Española ni de ninguna de las salinas de las otras Islas, que por nuestro mandado están arrendadas , é que la sal que hobiéredes menes- ter para salar las carnes, € cecinas , é otras cosas que hobiéredes de llevar á la di- cha Tierra Firme ves la p. tomar é tomeis Cu quier salinas is dichas Islas libremente sin pagar cosa na. . Pp que vos el dicho Bartolomé de las Casas 6 cada uno de los dichos cin= cuenta hombres e- var é lleveis un mareo y me- dio de plata á las dichas ls" DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. -as é Tiorra Firme para vues- tro servicio, é para ello se vos dé licencia en forma, jurando que no es «para vender ni contratar , salvo para el dicho vuestro servi- cio, é que si por caso la dicha plata ó a parte della se llevare juntamente á las dichas Indias , que no se repartiere entre vos'é los dichos cincuenta hombres á cada uno los dichos marco y medio cada uno, é si no se repartieren é dieren co- mo es, que la plata que della quedare se vuelva á estos nuestros reinos de Castilla. — -Otrosi, que de todas las mercaderías, viandas é man- tenimientos de ganados, é otras cosas que vos el dicho Bartolonré de las Casas é los dichos cincuenta hombres hobiéredes de llevar é-le- wáredes á la dicha Tierra Firme, en los dichos límites, durante el dicho tiempo de los dichos diez años , asi de los nuestrosreinos de Castilla i antes los nues- tros oficiales de Sevilla, é no ndolo en nin= guna de las dichas Islas Es- la é Fernandina, San y € Jamaica, como de lo que dellas lleváredes de las granjerias é crianzas é 481 libres, francos é exentos de todo ello. “Otrosí, que de los dere- chos que suelen pagar los ue van á las minas de las licencias que se les den pa- ra ir á ellas, no pagueis de- rechos algunos vos el dicho Bartolomé de las Casas, ni los dichos cincuenta hom-= bres, ni los criados qué enviáredes, durante los días de vuestras vidas; pero que no puedan ir ni vayan 4 las dichas minas sin las dichas licencias , como fasta aqui se ha hecho, so las penas que sobre ello están puestas. Otrosí, que si antes que vos el dicho Bartolomé de las Casas entráredes en la dicha Tierra Firme, fallecie- re alguno ó algunos de los cincuenta hombres ansi han de ir con vós A dicho Bartolomé de las Casas 4 lo susodicho , que vos podais nombrar el oribieid otro en su lugar, el cual goce de todas las honras, gracias, mercedes, é cosas conteni- pr este asiento, como o podria gozar el asi fallstiéres per si: ilino falleciere o entráredes ó estóviéredes en la dicha Tierra Firme, heredero del que asi alleciere , vaya á' estar é residir en la dicha Tierra Firme á entender en todo lo susodicho , seyendo de edad é hábil para ello, 6 que dé otra persona á vues= Hh 482 ; tro contentamiento para ello; é si no lo hiciere que vos podais nombrar é nombreis otro en su lugar que sirva á este en lo susodicho, hasta quel tal héredero vaya en persona á ello, ó dé per- sona suficiente como dicho es, con tanto quel tal he- redero, despues que tuviese edad ó habilidad para ello, dentro de un año vaya á residir 4 la dicha tierra, é hacer é cumplir todo aque- lo que aquel en cuya he- rencia él subcedió era obli- gado, lo cual se haga asi, con tanto que este capítulo é lo contenido en este asiento se notifique 4 los dichos cincuenta hombres ue hobieren de ir con vos la dicha Tierra. Firme, antes que allá vayan, para que sepan 4. qué van, é cómo é con a condicion, é las cosas que han de guar- dar, é que de la dicha no- tificacion signada. de: escris bano, seais obligado 4: la dar 4 los oficiales de las dichas Indias par que ten- gan razon dello... * -Otrosi., que nos manda= remos dar nuestra carta fir- de nuestro nombre para el Licenciado Rodrigo y Figueroa , 6. los, otros jueces que convengan que : informe qué indios hay -n las dichas Islas Españo= la, é San Juan é Cuba é amaica , 6 en cualquier de los dichos límites de ellas, APÉNDICES. Á:LA VIDA ; e se hayan tomado é trai- o. de la dicha Tierra Firme ue esten presos é deteni- los contra su voluntad, in- justa é no debidamente, por cualesquier personas en Cu- yo poder estovieren, é los ngan en toda; libertad é 3s entreguen ávos el dicho Bartolomé de las Casas , pa- ra que si ellos quisieren los lleveis á la dicha Tierra Fir- me para que esten libres é exentos de la dicha servi- dumbre. 1 Otrosí , porque podri que andando yo é la dicha gente pacilicando é allanan- do la dicha Tierra Firme é los dichos indios, é hacien- do lo que. conviene para efeto de lo contenido en este asiento é capitulacion, algunas naos. é otras fustas fuesen á la dicha Tierra Fir- me, é la gente que se apea- se en tierra hiciese algunos males é daños é robos á los dichos indios , é esto seria causa que no se pudiese ha- cer ni efectuar lo susodicho; que se den todas las cartas é provisiones que sean ne- cesarias. para las. nuestras justicias, para que ninguna ni algunas personas de nin- gun estado mi condicion que sean que fuesen á' rescatar é contratar por via de co- mercio. é, contratacion con los dichos indios dentro de los. dichos. vuestros. limites, asi, de las...Islas' como .. de cualquier parte de la dicha la ser DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. 489 mas de los 50. EL new. Por cuanto hemos asentado con vos el P. Bartolomé de las Casas nuestro capellan..... y pedistes mercedes para otros demas de los 50. Otor- gamos: - Y. Que del oro que co- jan el primer año solo pa- guen un décimo , el segundo un noveno em po r un into , le ahí adelante ps se hn en la Española. 2. Franqueza de todos hos de cuantos mante- nimientos y mercaderías lle- varen para sus provisiones por diez años. ' 3. Franqueza de la sal que se halle en la tierra por veinte años. Sacaráse Breve de S. S. para que los que mu- rieren se les aplique indul- gencia plenaria y vayan ab- sueltos á culpa é pena. 5. Les serán dadas é re- partidas tierras. 13 6. Si fueren enfermos se curarán en hospital que debereis hacer á- nuestra costa. 7. Gozarán las mismas franquezas que los vecinos de la Española, 9. Representacion del contador real que fue con Ca- sas á Cumaná. “Relacion que yo Miguel »Castellanos di á V. M. de vla ida que fuí con el Li- »cenciado Bartolomé de las »Casas á la costa de Paria.” pe extracto de la que habia o puesto en forma de Memorial con su firma y rú- brica). Fuí de contador de V. M. con 80000 maravedis. Vi que el dicho Licenciado 4 causa de no tener aquella facultad que le convenia para con=" seguir lo que asentó, hizo» Otra. nueva contratacion y (Coleccion del señor Uguina) asiento con el almirante y po oficiales de la Isla Española, para que por cier= to tiempo tuviera á su car- go el armada que habian enviado á la dicha costa, y se hiciesen ciertas partes lo que por su industria se hobiese. Llegado A dicha costa, ví que ni pudo con- seguir lo uno ni lo :otro, por no llevar aquella órden y forma que debia confor- me al primer asiento, y por le desamparar y cer los soldados de la arma- 200, APÉNDICES da, y serle tambien algo “contrario el lugar-teniente, del Almirante que está en la isleta de las Perlas, antel cual el dicho Licenciado yo- ví pasó ciertos actos de pro-. testaciones sobre la jurisdic- cion de la dicha costa , por-. que se nombraba juez asi de la costa como de la dicha is-. leta de Cubaagua , contra las facultades que Casas lle=. vaba de V.M... moda Yo vine por la Española llevando carta de Casas en que pedia socorro al Almi-=" mirante y jueces , pues la. dicha armada y todos le habian dejado : visto que nada le enviaban me vine para Y. M. Por lo que he visto co- nozco que á V. M. se se- ena gran provecho asi de a costa como de la isleta. que á partes dista cuatro. leguas y á partes ocho, en- viando gobernador con ju- risdiccion civil y criminal, y- haciendo fortaleza en el puerto de Cumaná 4 la pun=" ta del rio.” A causa de no: se haber esto proveido “los »frailes Dominicos y Frán=. »ciscos que en aquella cos- vta estaban comenzando á- »convertir los indios, han. »recibido muertes admira=- »bles y destruidolos sus mo=- »nesterios y altares, lo que »ha sido por tres veces con: »esta vez. que agora fue el. »Licenciado Casas : de lo »cual es muy notorio fut- Á LA VIDA »ran ocasion los cristianos: »por los ir á correr y facer. »guerra , tomándolos por es »clavos á ellos y á sus mu= »geres é hijos por las par= »tes donde los frailes esta= »ban convirtiendo.” Daños: que causan las armadas que allá se envian de la Espa- ñola. Podrian hacerse buenas poblaciones en aquella cos= ta, dejando las muestras de oro y otras cosas preciosas. Donde los frailes Dominicos y Franciscos pusieron hi- gueras, parras , granados y otras diversas simientes, han respondido en producir muy mayor fruto que en España: bigos y melones en todos tiempos del año. Remediándose las arma- das y los daños de los in- dios , podria hacerse gran fruto en ellos enviando go- bernador y frailes , especial dos Franciscos que están en la isleta de las Perlas, de los cuales el uno fray Juan Garceto les predica en su lengua. | 6 Seria necesario enviar un capitan con doscientos hom- bres , porque despues de la: ida de Casas se levantaron los indios, mataron 4 un: fraile de dos que estaban alli, y 4 Casas le quema=- ron el bohio que habia fe-- cho con todos los manteni=. mientos é municiones y le mataron muchas personas. Estando yo allá con Ca». [Document text truncated for crawler view.]