Vidas de españoles célebres. Tomo III
Abstract
Contiene: T. I: Roger de Lauria, Guzmán el Bueno, El Cid, Príncipe de Viana y El Gran Capitán. -- T. II: Vasco Núñez de Balboa ; Francisco Pizarro. -- T. III: Don Álvaro de Luna ; Fray Bartolomé de las Casas
Full text
VIDAS
DE
ESPAÑOLES
CÉLEBRES
MADRID,
1833.
IMPRENTA
DE
D.
M.
DE
BURGOS.
ESTE
TOMO
COMPRENDE
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
anvenrencia,
Los
retratos
que
lleva
este
tomo
se
han
sacado,
el
de
don
Alvaro,
de
la
estátua
de
mármol
de
su
sepulcro
en
la
catedral
de
To-
Jedo;
el
del
padre
Casas,
de
la
coleccion
de
retratos
de
varones
ilustres
de
España,
publicada
en
la
imprenta
Real,
PRÓLOGO.
IN
publicarse
el
tomo
primero
de
esta
obra
tenia
el
autor
delante
de
sí
mucho
tiempo
y
muchas
esperanzas.
Alentábale
en
ellas
la
in-
dulgencia
con
que
el
público
habia
recibido
sus
primeros
ensayos;
y
confiado
en
su
ju-
ventud,
y
en
la
tranquilidad
y
posicion
ven=
tajosa
que
entonces
disfrutaba,
se
atrevió
á
prometer
al
frente
de
aquel
libro
lo
que
des:
pues
no
le
habia
de
ser
posible
realizar.
Y
aunque
el
título
indeterminado
y
vago,
que
le
puso,
dejaba
libertad
para
dar
la:
forma
y
extension
que
quisiese
á
su
trabajo,
hien
se
(x)
da
bajo
el
aspecto
personal,
no
dejan
de
manifestar
la
razon
de
haber
estado
inter-
rumpida
tanto
tiempo
la
publicacion
de
estas
vidas,
y
de
ser
las
que
han
salido
última-
mente
áluz
algun
tanto
diversas
de
las
pu-
blicadas
primero.
Las
obras
históricas
re-
quieren
para
su.
composicion
el
auxilio
de
archivos
y
bibliotecas,
y
consejos
de
sábios
y
eruditos,
á
quienes
en
la
necesidad
pue-
da
consultarse.
Alejado
casi
siempre
el
au-
tor
de
estos
grandes
depósitos
de
instruc-
cion,
y
del
centro
de
las
luces
y
de
los
conocimientos
,
ha
carecido
de
las
propor-
ciones
necesarias
para
proseguir
su
Obra,
segun
el
plan
antes
concebido,
y
con
la
ex-
pedicion
que
convenia.
Y
si
bien
no
ha
deja-
do
de
aprovechar
la
ocasion,
cuando
se
pre-
sentaba,
de
adelantar
sus
investigaciones
,
y
aumentar
el
caudal
de
sus
noticias,
esto
era
siempre
casual
y
con
mucha
lentitud
;
por
ma-
nera
que
el
intento,
nunca
olvidado
ni
abando-
nado,
era
siempre
interrumpido.
Al
fin,
cuan-
do
templadas
algun
tanto
las
pasiones
,
pudo
restituirse
4
sus
hogares,
y
respirar
de
las
penas
y
contratiempos
pasados
,
lo
primero
á
que
atendió
fué
á
revisar
los
estudios
que
en
esta
parte
tenia
hechos
,
y
poner
en
órden
(x1)
!
los
mas
adelantados
para
su
publicación.
Fru-
to
de
estas
tareas
fueron
las
dos
vidas
de
Vas-
co
Nuñez
de
Balboa
y
de
Francisco
Pizarro,
que
se
dieron
4
luz
en
el
año
de
treinta,
y
las
dos
que
ahora
publica
de
don
Alvaro
de
Lu-
na
y
fray
Bartolomé
de
las
Casas.
Bien
co-
noce
que
la
obra
no
presentará
ya
el
interés
general
que
hubiera
recibido
tal
vez
de
su
ejecucion
completa:
pero
4.
lo
menos
cada
vidá
por
si
sola
ofrece
un
trabajo
mas
prolijo
y
meditado,
y
un
conjunto
histórico
mas
lleno
y
satisfactorio.
Esto
es
lo
que
al
parecer
ha
conciliado
algun
favor
al
tomo
segundo,
y
podrá
por
ventura
conciliársele
tambien
á
este
tercero,
en
que
se
ha
empleado
el
mismo
es-
mero
y
la
misma
detencion.
AS
-
Demas
vigor
en
el
estilo
y
mayor
severi-
dad
en
los
pensamientos
debiera
estar
ani-
mada
la
vida
del
condestable
don
Alvaro.
Su
argumento
lo
requería,
y
no
de
otro
modo
pudiera
añadirse
algun
interés
á
la
narración
de
tantas
intrigas
de:
corte,
de
tantas
guer-
rillas
sin
gloria
y
casi
sin
peligro
;
y
de
tanta
porfía
por
arrancarse
un
poder:
incierto
y
va-
Cilante,
no
hermanado
con
los
intereses
pú-
blicos
,
ni
apoyado
en
la
majestad
de
las
Je-
yes.
El
tiempo
y
la
posicion
particular
del
au-
(x11)
tor
no
le
permitian
tocar
esta
cuerda
con
la
decision
conveniente.
Pero
bien
se
deja
co-
nocer
por
donde
quiera,
que
abunda
gustosí-
simo
en
aquella
máxima
del
cronista
Perez
de
Guzman=Ca
mi
gruesa
é
material
opinion
es
esta:
que
ni
buenos
temporales
ni
salud,
son
tanto
pro-
vechosos
é
necesarios
al
reino
como
justo
é
Dis-
creto
Rey.
*
Porque
de
no
haberlo
sido
el
Rey
don
Juan
¿qué
série
no
resultó
de
turbulencias
y
calamidades
?
Batallas,
quemas
de
pueblos,
odios
enconados,
destierros
é
infortunios
de
hombres
principales,
muertes,
entre
otras,
del
Duque
de
Arjona,
y
del
Infante
don
En-
rique,
suplicio
del
condestable
,
fallecimiento
del
Rey,
que
no
pudo
sobrevivir
mucho
tiem-
po
á
su
privado,
devastacion,
en
fin,
y
desas-
tres
de
la
malhadada
Castilla,
entregada
á
tales
manos,
y
mas
digna
de
compasion
que
todos
aquellos
ambiciosos.
A
objecion
mas
grave
es
de
recelar
que
esté
expuesta
la
vida
de
fray
Bartolomé
de
las
Casas.
Se
acusará
al
autor
de
poco
afec-
to
al
honor
de
su
pais,
cuando
tan
franca-
mente
adopta
los
sentimientos
y
principios
*
Generaciones
y
semblanzas
,
cap.
34
,
en
que
trata
del
Condestable.
A
ANA
(x11)
del
protector
de
los
indios,
cuyos
impruden-
tes
escritos
han
sido
la
ocasion
de
tanto
es-
cándalo,
y
suministrado
tantas
armas
á
los
detractores
de
las
glorias
españolas.
Pero
ni
la
exaltacion
y
exageraciones
fanáticas
del
Padre
Casas,
ni
el
abuso
que
de
ellas
ha
he-
cho
la
malignidad
de
los
extraños,
pueden
quitar
á
los
hechos
su
naturaleza
y
carácter.
El
autor
no
ha
ido
á
beberlos
en
fuentes
sos-
pechosas;
ni
para
juzgarlos
,
como
lo
ha
he-
cho,
ha
atendido
á
otros
principios
que
los
de
la
equidad
natural,
ni
otros
sentimientos
que
los
de
su
corazon.
Los
documentos,
mul-
tiplicados
cuidadosamente
con
este
objeto
en
los
apéndices,
y
la
lectura
atenta
de
Herrera,
Oviedo,
y
otros
escritores
propios,
tan
im-
parciales
y
juiciosos
como
ellos,
dan
los
mismos
resultados
en
sucesos
y
en
opiniones,
¿Qué
hacer
pues?
¿Se
negará
uno
á
las
im:
presiones
que
recibe,
y
repelerá
el
fallo
que
dictan
la
humanidad
y
la
justicia
por
no
com-
prometer
lo
que
se
llama
el
honor
de
su
pais?
Pero
el
honor
de
un
pais
consiste
en
las
ac-
ciones
verdaderamente
grandes,
nobles
y
yir-
thuosas
de
sus
habitantes;
no
en
dorar
con
jus,
tificaciones
ó
disculpas
insuficientes
las
que
ya
por
desgracia
llevan
en
sí
mismas
el
sello
de
(x1v)
inicuas
é
inhumanas.
A
los
extraños,
que
por
deprimirnos,
nos
acusen
de
crueldad
y
barba-
rie
en
nuestros
descubrimientos
y
conquistas
del.
Nuevo
Mundo,
podríamos
contestar:
con
otros
ejemplos
de:su
misma
casa
,
tanto
y
mas
atrocés-que
los
nuestros;
y
en
tiempos
y
'cir-
cunstancias
harto
ménos
disculpables.'
Pero
esto
¿4áqué
conduciría?
A
volver
recriminacion
por
recriminación,
y
enredarse
en
un
vano
al-
tercado
de:
declamaciones
¡inútiles
y
odiosas,
que
mi
remedian'
los
males
pasados,
ni'resuci-
tan
elos
muertos.
El
Padre
Casas
á4:lo
menos,
cuando
tronaba
con
tal
vehemencia,
ó
Mámese
frenesi,
contra
los
feroces
conquistadores
,
no
lo:hacia
por
una
ociosa
ostentación
de:inge-
nio
y
de
elocuencia,
sino
por
defender
de
su
próxima
ruina
á
generaciones
enteras;
que
aun
subsistian
y
sepodian
conservar.
Y
de
hecho
las
conservó,
pues
que
á
sus
continuos
é
incan-
sables!
esfuerzos
se
debierón
en
gran
parte
las
benéficas
leyes
y
templada
policía
con
que
han
sido
regidas
por'
nosotros
las
tribus:america-
nas
¿Ellas
subsisten
aun
en
medio
de
las
po-
sesiones
españolas,
mientras
que.
en
los
pai-
ses
ocupados
por
otros
pueblos
de
Europa,
sería
por
demas
buscar
una
sola
familia
in-
digeña;
y
esta
respuesta,
la
mas
plausible
(xv)
A
que
solemos
dar
4
nuestros
acusadores
im-
portunos',
se
la
debemos
tambien
4
aquel
cé-
lebre
misionero...
000
Estas
grandes
glorias
y
utilidades,
que
re-
sultan
de-las
conquistas
y
dominaciones
dila-
tadas,
se
compran
siempre
á
gran
precio,
ya
de
sangre,
ya
de
violencias,
ya
de
reputacion
y
de
fama;
tributo
funesto
que
se
paga,
aun
por
las
naciones
mas
cultas,
cuando
el
impulso
del
destino
las
lleva
á
la
misma
situacion.
Glorio-
so
fué
sin
duda
para
nosotros
el
descubri-
miento
del
Nuevo
Mundo:
blason
por
cierto
admirable,
pero
¡4
cuanta
costa
comprado!
-Porlo
que
á
mitoca,
dejando
aparte,
por
no
ser
de
aquí,
la
cuestion
de
las
ventajas
que
han
sacado
los
européos
de
aquel
aconteci-
miento
singular,
diré
que,
donde
quiera
que
encuentro,
sea
en
lo
pasado,
sea
en
lo
pre-
sente,
agresores
y
agraviados,
opresores
y
oprimidos,
por
ningun
respeto
de
utilidad
pos-
terior,
ni
aun
de
miramiento
nacional,
pue-
do
inclinarme
á
los
primeros,
ni
dejar
de
simpatizar
con
los
segundos.
Habré
puesto,
pues,
en
esta
cuestion
histórica
mas
entereza
6
desprendimiento
que
el
que
se
espera
co-
Munmente
del
que
refiere
sucesos
propios,
pero
no
prevenciones
odiosas,
ni
ánimo
de
in-
(xv1)
juriar
ó
detraer.
Demos
siquiera
en
los
libros
algun
lugar
á
la
justicia,
ya
que
por
desgra-
cia
suele
dejársele
tan
poco
en
los
negocios
del
mundo,
Jwio
de
1833.
D*
Arvaro
be
Luna.
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
A
ESE
AIN
A
A
A
: :
El
espectáculo
que
presentan
Tos
sucesos
públic
cos
de
Castilla'en
el
reinado
de
Juan
ML,
'dun-
que
aflige
el
ánimo
por
el
desórden
tumultuoso
de
las
pasiones,
llama
poderosamente
la
atencion
con
el
movimiento
y
con
la
variedad.
Peleósé
encarni-
zadamente
treinta
años
seguidos
entre
los
Próceres
del
reino,
sobre
quién
se
habia
de
enseñorear
del
Rey,
incapaz
de
gobernar,
y
falto
de
fuerza
y
de
carácter
para
mandar
y
hacerse
obedecer.
Todo
aquel
largo
período
no
fué
mas
que
un
flajo
y
Tc-
flujo
continuo
de
facciones
y
de
intrigas,
de
con=
federaciones
y
guerras,
de
convenios
mal
guarda-
dos
y
de
rompimientos
sin
fin;
y
en
medio
de
esta
agitacion
luce
4
las
veces
una
audacia
y
una
ener-
gía,
una
generosidad
y
magnificencia
que
honran
a.
7
Autores
coxsuLTaDos.
Crónica
de
Don
Juan
1.
—
Cró-
nica
de
Don
Álvaro.
—Seguro
de
Tordesillas.
—
Centon
[pistolario
del
bachiller
Cibda
real.
—Generaciones
y
Sem-
blanzas
de
Fernan
Perez
de
Guzman.
—
Historia
del
Gran
Cardenal
de
España.
—
Mariana,
Zurita,
y
demas
compila-
dores
generales.—Algunos
documentos
inéditos
del
tierupo,
comunicados
al
autor.
.
A
8
NSPAÑOLES
CÉLEBRES.
Reina
su
madre,
conociendo
el
motiyo
de
su
dis
gusto
,
mandó
venir
á
Don
Álvaro,
y
con
su
pre=
sencia
el
Rey
volvió
4
su
alegría
acostumbrada.
Crecia
en
años
,
y
crecia
con
ellos
la
gracia
y
la
privanza
del
doncel
afortunado.
Una
mitad
de
la
corte
le
obsequiaba
y
se
postraba
delante
de
su
gran-
deza
futura,
mientras
que
la
otra
intentaba
derri-
barle
de
aquel
valimiento
anticipado,
y
trataba
de
separarle
de
palacio.
Creyóse
haber
hallado
la
oca-
0
oportuna
para
ello
en
el
viaje
que
la
Infanta
Doña
María
hermana
del
Rey
iba
á
hacer,
para
ca-
sarse
con
el
Príncipe
heredero
de
Aragon.
Nom-
.
brados
los
Prelados,
Grandes
y
caballeros
que
ha-
bian
de
acompañarla,
fué
tambien
nombrado
Don
Álvaro
entre
ellos,
como
para
honrarle,
y
pro-
porcionarle
el
gusto
de
visitar
y
reconocer
á
los
parientes
que
tenia
en
aquel
pais.
Bien
conoció
él,
4
pesar
de
estas
aparentes
ventajas,
el
tiro
que
se
le
hacía
,
pero
no
siendo
llegado
aun
el
tiempo
de
mandar,
se
resignó
á
obedecer.
Dispuso
su
parti-
da,
y
se
llegó
4
besar
la
mano
y
despedirse
del
Rey,
que
manifestó
desde
luego
su
repugnancia
á
aquella
separacion;
y
cuando
Don
Álvaro
le
hizo
presente
que
conyenia
á
su
servicio
que
él
partiese
con
la
Infanta,
el
Rey
entonces,
arrasados
de
lágri-
mas
los
ojos,
y
tchándole
sus
pequeñuelos
brazos
al
cuello,
le
dijo
que
si
todayía
queria
su
servicio,
se
viniese
luego
para
él.
Así
partió
4
Aragon
,
donde
fué
aplaudido
y
obsequiado
á
porfia
por
su
familia
segun
su
calidad
y
esperanzas,
y
donde
el
anciano
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
9
Benedicto,
4
quien
duraba
aun
su
poder
pontificio,
se
regocijó
con
él
y
le
echó
su
bendicion.
Mas
la
impaciencia
del
Rey
por
tenerle
junto
á
si
no
le
dejó
disfrutar
mucho
tiempo
estos
obsequios:
la
Reina
le
mandó
yenir,
y
el
Monarca
y
la
corte
volvieron
4
recobrar
la
gentileza
y
alegría
que,
segun
su
coronista,
les
habia
sido
robada
toda
con
su
ausencia.
Á
quien
mas
parte
cupo
de
este
regocijo
públi-
co
fué
á
las
damas
,
que,
prendadas
de
sus
gracias,
6
ambiciosas
de
su
fortuna,
unas
le
querian
por
su
galan,
otras
le
codiciaban
para
marido,
Corres-
pondia
él
4
los
halagos
de
las
unas
con
la
amabi-
lidad
y
el
agrado
que
siempre
le
acompañaban
,
y
se
defendia
de
las
otras
con
cautela
y
con
pruden-
cia:
diciéndoles
que
un
caballero
tan
jóyen
y
sin
fortuna
no
era
bien
que
tomase
estado
todavía.
Sus
miras
eran
mas
altas,
como
se
vió
despues;
pero
la
Obra
de
su
circunspeccion
estuvo
á
pique
de
venir
al
suelo
por
la
prontitud
y
yoluntariedad
de
la
Reina,
que
intentó
4
deshora
casarle
casi
por
fuer=
za.
Entre
las
damas
que
le
favorecian
se
señalaba
con
mas
esmero
y
cariño
una
Inés
de
Torres,
fa-=
yorita
de
la
Reina,
y
la
persona
mas
poderosa
de
palacio.
Esta
le
distinguia
entre
los
demas
donce=
les
del
Rey
con
un
afecto
particular
y
constante,
le
llamaba
hijo,
le
consolaba
cuando
triste
,
Je
cuidaba
cuando
enfermo.
Sus
finezas
en
fin
eran
ta>
les,
que
llegaron
4
causar
cuidado
al
caballero
que
la
galanteaba,
Juan
Alyarez
de
Osorio
,
UN
señor
po-
10
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
deroso
en
Leon,
y
entonces
el
cortesano
de
mayor
influjo.
Ya
por
quitarse
esta
sombra,
habia
sido
el
aconsejador
principal
del
yiaje
de
Don
Álvaro
4
Aragon.
Pero
como
esta
intriga
no
produjo
efecto
ninguno,
y
Don
Alyaro
volvió
de
su
viaje
mas
po-
deroso
y-peligroso
que
nunca
,
se
dió
4
pensar
que
haciéndole
casar
cuanto
antes,
se
desembarazaría
de
tan
incómodo
rival.
Tuvo
pues
arte
para
persuadir
4
la
Reina
que
aquel
mozo
estaba
prendado
de
Constanza
Barba,
otra
dama
de
palacio
agregada
al
servicio
de
la
Infanta
Doña
Catalina,
añadiendo
que
ella
no
lo
estaba
menos
de
él,
y
que
era
conveniente
al
decoro
de
la
Casa
Real,
y
tambien
al
de
los
dos,
que
prontamente
se
desposasen.
La
Reina
preyeni-
da
lama
4
su
cámara
4
Don
Álvaro
,
le
manda
es-
perar
allí,
y
entrándose
en
su
retrete
donde
tenia
ya
llamadas
á
Constanza
y
4
su
madre,
las
previe=
ne
que
el
desposorio
de
los
dos
iba
4
celebrarse
al
instante.
El
doncel
que
entreoyó
lo
que
se
trataba,
y
estaba
convencido
de
cuan
poco
Je.
convenia,
tomó
al
instante
su
partido
con
resolucion,
y
se
salió
de
la
cámara
y
del
palacio,
dejando
así
plan-
tada
la
novia,
el
casamiento
y
la
casamentera.
Mantúyvose
en
su
casa
sin
presentarse
en
la
corte,
y
quejándose
altamente
4
todo
el
mundo
de
la
yio-
lencia
de
la
Reina,
que
así
queria
atropellar
y
per-
der.á4
un
jóyen
desvalido.
Mas
este
retiro
no
podia
durar
mucho
tiempo,
y
el
Rey
echándole
menos,
segun
su
costumbre,
y
no
pudiendo
vivir
sin
él,
fué
necesario
que
el
doncel
volviese
á
su
puesto
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
11
cerca
de
su
pepeopa
,
y
no
se
habló
mas
de
lo
pa-
sado.
'
No
perdió
por
eso
con
cr
damas
el
favor
que
antes
tenia;'antes
bien,
como
les
quedaba
aun
la
ilusion
ó
la
esperanza
de
hacerle
suyo,
todas
4
por-
fía
le
festejaban,
y
él
continuó
por
mucho
tiempo
siendo
el
ídolo
de
todas.
Mostróse
esta
inclinacion
de
un
modo
bien
halagiieño
en
el
funesto
acciden=
te
que
le
aconteció
en
la
justa
celebrada
en
Ma-
drid,
cuando
entrado
el
Rey
en
la.
mayor
edad,
se
entregaba
de
la
gobernacion
del
Estado..
Esmeróse
él
aquel
dia
en
gallardía
y
lucimiento,
como
para
justificar
el
amor
del
Rey
y
el
fayor
de
la
corte;
y
despues
de
haber
roto
muchas
lanzas,
y
hecho
di-
ferentes
carreras
bizarras
y
vistosas,
quiso
su
des-
gracia
que
en
el
último
encuentro
que
tuvo.
con
un
gran
justador
que
allí
se
hallaba,
y
se
decia
Gonzalo
Cuadros,
el
roquete
de
la
lanza
de
este
le
rompió
la
visera
y
le
quebrantó
el
casco
de
la
ca-
beza.
Empezó
al
instante
4
arrojar
la
sangre,
como
á:
rios
,
de
que
se
inundaron
las
armas,
las
sobre=
vistas,
y
las
trenzaderas
de
oro
de
que
pendia
la;
jo-
ya
que
le
habia
dado
su
amiga.
No
cayó
poreso
del
caballo:
mas
sus
amigos
acudieron,
le
desarmaron,
y
le
llevaron
en
andas
4
su
casa.
El
Rey
le
envió
sus
físicos
para
curarle,
le
fué
4
yer
muchas
veces,
y
á
su
ejemplo
toda
la
corte,
Las
damas
sobre
todo
hicieron
gran
duelo
por
su
desgracia,
como
si
se
les
enlutára
su
alegría:
rogaron
,
rezaron,
prome-
tieron,
y
los
votos
4
que
algunas
se
obligaron,
Jos
1a
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
tendríamos
ahora
por
extravagantes,
á
no
consides
rar
que
estos
actos
se
resienten
siempre
Ó
se
com-
plican
con
las
opiniones,
con
los
gustos
y
con
las
costumbres
del
tiempo
en
que
se
celebran
*,
La
cura
fué
peligrosa
y
larga,
y
por
lo
mismo
no
pudo
seguir
la
corte,
que
4
principios
de
abril
se
trasladó
de
Madrid
4
Segovia.
En
su
ausencia
los
Grandes
y
caballeros
que
rodeaban
al
Rey
ar-
reglaron
los
destinos
de
palacio
y
los
oficios
de
cá-
mara,
sin
tener
la
debida
cuenta
con
él,
ni
guar-
darle
las
promesas
y
pactos
que
con
él
tenian
he=
chos.
Así
cuando
Don
Álvaro,
sano
yade
su
heri-
da,
se
presentó
en
Segovia
,
todo
lo
encontró
mu-
dado,
la
corte
dividida
en
bandos,
él
sin
puesto
alguno
distinguido
cerca
del
Rey,
y
sus
rivales
triunfando
ya
de
su
desaire.
Mas
cuando
una
no-
che
el
Monarca
delante
del
Condestable
y
otros
cortesanos
,
que
en
yano
habian
pretendido
el
mis-
mo
favor,
le
dijo
que
se
acostase
á
los
pies
de
su
cama,
ellos
salieron
corridos
y
enojados
de
aquella
preferencia
singular,
con
la
cual
caían
al
suelo
sus
maquinaciones
y
esperanzas.
Ayudóle
mucho
en
esta
ocasion
el
mayordomo
mayor
del
Rey,
Juan
Hurtado
de
Mendoza
,
casado
con
Doña
María
de
Luna,
prima
hermana
suya,
y
1
E
muchas
ovo
ende
,
dice
su
cronista,
que
prome=
tieron
con
gran
devoción
de
no
comer
cabeza
jamas
en
algun
tiempo
,
de
ninguna
cosa
que
fuese
,
por
él
ser
fe-
rido
de
tal
manera
como
habemos
contado
en
la
cabeza,
por
tal
que
Dios
le
librase,
e
le
diese
salud.
Crónica
de
Don
Álvaro,
título
VII.
:
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
13
desde
aquel
punto
la
direccion
y
principal
influjo
en
los
negocios
empezó
4
depender
de
los
dos.
De
Juan
Hurtado
mas
al
descubierto,
por
el
puesto
que
obtenia;
de
Don
Álvaro
con
mas
disimu-
lo,
por
no
tener
todavía
destino
ni
cargo
algu-
no
en
el
Estado.
Pero
esta
oscuridad
no
podia
du-
rar
mucho
tienipo:
ya
era
hombre
hecho,
el
Rey
cada
yez
mas
prendado
de
él,
su
alma
sintiendo
en
sí
los
talentos
que
llevan
al
mando
y
4
la
gloria,
y
estimulada
con
todos
los
incentivos
de
la
ambi-
cion,
y
si
se
quiere
de
la
soberbia.
Todo
pues
le
impelia
4
salir
de
aquella
estacion
indecisa,
pro-
pia
de
un
muchacho
y
no
de
hombre,
y
á
entrar
en
la
carrera
de
honores
y
poder
que
veía
abierta
delante
de
sí,
y
á
que
le
convidaba
la
fortuna.
Lleno
de
estas
ideas
y
de
tan
grandes
esperanzas,
se
em-
pezó
á
tratar
con
mas
solemnidad
y
aparato;
y
aquel
mancebo
que
tres
años
antes,
cuando
la
Rei-
na
le
quiso
casar,
se
llamaba
pobre
y
desvalido,
al
partir
el
Rey
de
Segovia
para
Valladolid,
y
sin
te-
ner
mas
título
que
el
de
su
doncel,
sacaba
ya
su
hueste
de
hasta
trescientos
hombres
de
armas,
si=
guiendo
su
estandarte
diferentes
mancebos
nobles
é
ilustres
caballeros.
Señalábanse
entre
ellos
García
Alvarez,
señor
de
Oropesa;
Alfonso
Tellez
Giron,
señor
de
Belmonte;
Don
Alfonso
de
Guzman,
señor
de
Santa
Olalla;
Pedro
de
Portocarrero,
señor
de
Moguer:
,
cuyo
séquito
y
cuyo
nombre
daban
au-
r
E
€
venian
Yaconél,
e
so
el
fondon
de
su
bandera,
dice
su
Crónica:
Ali
mismo
expresa
que
para
este
tiempo
2»
de
di-
*
ciembre
de
1406
14
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
toridad
y
ostentacion
al
jóyen
ambicioso
que
los
acáudillaba,
y
empezaban
'4'
mostrar
al
mundo
el
futuro
regulador
de
Castilla.
'Ocupados
hasta
«ahora
en
dar
alguna
idea
de
sus
principios
y
mocedades
,
hemos
dejado
para
este
lugar
la
exposicion
del
estado
en
que
se
hallaba
la
Monarquía
,
exposicion
necesaria
para
entender
los
sucesos
que
van
'á
referirse,
y
que
nos
obliga
por
lo
mismo
4
volver
los
ojos
mas
arriba,
y
examinar
por
un
camino
diverso.el
período
de
tiempo
que
acabamos
de
recorrer.
..
:
El
«cetro
de
Castilla
al
morir'Enrique
JII
ha-
bia
pasado
4
las
mános
de
su
hijo
Juan
1,
niño
"entonces
de
veinte
y
dos
meses.
Quedaban
por
go-
bernadores
del
reino
y.
por
tutores
del
Rey
Doña
Catalina
su
madre,
y
el
Infante
Don
Fernando
su
tio,
hermano
del
Rey
difunto.
Mas,
4
pesar
de
esta
prudente
disposicion
de
Enrique,
todavía
los
áni-
mos
recelosos
temian
las
agitaciones
y
peligros
que
amenazaban
en
una
minoría
tan
dilatada.
Movidos
de
este
instinto,
se
dice
que
convidaron
al
Infan-
te
con
el
trono,
y
le
incitaron
á
que
se
llamase
Rey*;
y
que
él,
desechando
unas
sugestiones
tan
ya
era
maestresala
del
Rey;
pero
en
los
documentos
del
año
19
y
€n
algunos
del
año
20
no
se
le
da
mas
título
que
el
de
doncel.
A,
:
1.
Este
hecho,
en
mi
opinion
muy
dudoso
,
parece
en
la
Crónica
mas
bien
una
conversacion
vaga
que
un
caso
pensado
,
y
por
consiguiente"
no
era
acreedor
á
la
impor-
tancia
moral
y
aun
politica
que
le
han
dado
los
historiado-
res.
Véase
en
la
historia
latina
de
Lorenzo
Valla
el
pasage
relativo
4
la
solemnidad
de
la
aclamacion
del
Rey
de
Cas-
Mos
O
A
a
o
PE
.
o
A
A
NA
se
A
A
ATA
A
2
rr
DON
"ÁLVARO
DE
LUNA.
15
indignas
de
su
carácter,
hizo
proclamar
á
su.
so-
brino
con
una
solemnidad
no
conocida
hasta
en-
tonces,
y
fué
el
primero
á:jurarle
obediencia
y
lealtad.
Era
sin
duda
Don
Fernando
un
Príncipe
muy
cabal,
y
digno
de
dar
este
virtuoso
ejemplo
4
los
hombres,
Pero.
en
aquel
caso
la
prudencia
se
hermanaba
perfectamente,
con
la
justicia,
y
acon-
sejaba
con
igua)
eficacia
desatender
las
voces
de
la
lisonja
y
de
la
ambicion,
Reunia
el
Rey.
niño
en
su
persona
los
intereses
de
las
dos
casas
contendien-
tes,
y
el
partido
vencido
en
los
campos
de
Montiel
tenia
en
fin
la
satisfaccion
de
ver
sobre
el
trono
de
Castilla
al
descendiente
del
infeliz
Don
Pedro,
El
trastorno
en
la
sucesion
hubiera
dado
un
pre-
testo
justísimo
de
descontento
4
aquel
partido,
no
bien
sosegado
todayía,
y
el
medio
imaginado
para
precayer
los
desórdenes
de
la
minoridad,
fuera
ca=
tia,
escrito
y
compuesto
con mas
visos
y
formas
de
dez
clamacion
que
de
verdad
histórica,
Véase
tambien
á
Maria-
na,
que
toma
ocasion
de
este
supuesto
desprendimiento,
pára
poner
en
boca
del
Condestable
Dávalos
la
bella
arenga
sobre
el
origen
de
las
sociedades
é
institucion.
de-la:
autoridad:
“Real.
El
buen
Condestable
,
nombrado
por
el
Rey
Enrique
su
primer
ejecutor
testamentario
,
KO
Es
posible
que
pensase
en
el
proyecto
que
Mariana
le
atribuye,
ni
que
supiese
las
uenas
cosas
que
le
hace
decir;
y
en
esta
parte
el
higioria
,
dor
retórico
faltó
4
la
conveniencia,
tan
ficlmente
obserya-
:
Por
sus
modelos
los
historiadores
antiguos.
Sila
invita
cion
hubiese
tenido
la
solemnidad
que
se
le
atribuye
co.
DA
te,
el
cronista
Álvaro
de
Santa
Maria
,
lan
parcial
á
308
20;
y:tan
prolijo
ensus
cosas,
no
la
contára
tan
O
PASO:
mi
tampoco
guardaria
Fernan
Perez
el
silencio
que
guarda
acerca
de
ella
én'
el
capitulo
de
sus
Generacio
-
nes
2
que
trata
de:
esje
Rey.
be
oia
Lab
16*
“ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
balmente
la
ocasion
de
darles
principio
y
moyi-
miento
con
la
usurpacion
del
Infante.
De
cualquiera
modo
que
esto
fuese,
él
corres-
pondió
dignamente
á
la
confianza
del
Rey
su
her-
mano.
Tenia
una
cualidad,
harto
rara
por
des-
gracia
en
los
que
se
hallan
en
la
cima
del
poder,
que
era
una
inclinacion
y
amor
sincero
á
la
equi-
dad
y
4
la
justicia,
de
modo
que
su
gobierno
fué
benigno
y
recto
con
los
pueblos,
firme
y
respeta-
ble
con
los
grandes,
al
paso
que
terrible
y
glorioso
para
con
los
moros,
La
guerra
que
tenia
proyectada
contra
ellosel
Rey
difunto,
fué
realizada
por
él
y
de
un
modo
el
mas
brillante
y
afortunado.
Ganóles
la
batalla
de
Antequera
,
se
apoderó
de
esta
villa,
y
tambien
de
Zahara
,
Cañete,
Pruna
,
Ortexicar
y
la
torre
de
Alhaquin;
y
no
se
sabe
hasta
qué
pun-
to
los
hubiera
reducido
con
la
fuerza
de
sus
armas,
si
en
medio
de
sus
sucesos
no
hubiera
yenido
á
suspenderlos
la
fortuna,
ciñendo
á
sus
sienes
la
co-
rona
de
Aragon,
para
lo
cual
quizá
tuvo
mas
par-
te
su
buen
nombre
y
sus
virtudes,
que
su
dere-
cho,
por
grande
que
se
le
suponga.
No
así
la
Reina
Gobernadora,
alma
comun,
ca-
rácter
ordinario,
inhábil
al
mando,
indocil
al
con-
-sejo,
y
neciamente
zelosa
de
su
autoridad.
Entrega
da
sin
reserva
4
mujeres
y
hombres
oscuros
que
abusaban
de
su
confianza,
daba,
como
todos
los
ánimos
pobres
y
rastreros,
facil
oido
4
chismes,
ren-
cillas
y
sospechas
;
y
sin
la
noble
condicion
y
cordura
del
Infante,
mas
de
una
yez
hubiera
estallado
en
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
.
17
debates
escandalosos
aquella
tutoría
de
justicia,
de
tranquilidad
y
de
gloria.
Estimábala
el
Rey
su
es-
poso
en
lo
poco
que
ella
merecia,
y
si
juzgó
de
necesidad
política
darla
parte
en
el
gobierno,
no
juzgó
conveniente
dejarla
el
cuidado
de
la
custo-
dia
y
educacion
del
Príncipe
heredero.
Así
que,
mandó
expresamente
en
su
testamento
que
fuese
puesto
en
poder
de
dos
caballeros
de
su
confianza,
Diego
Lopez
de
Stúñiga,
Justicia
mayor
de
Castilla,
y
Juan
Velasco,
camarero
mayor
del.
Rey,
los
cua-
les
en
compañía
del
sabio
Obispo
de
Cartagena
Don
Pablo
de
Santa
María,
le
guardasen
,
rigiesen
y
tducasen,
cual
conyenia
al
bien
del
Estado
que
despues
habia
de
gobernar.
Esta
cláusula
del
testa
mento
no
se
cumplió:
Doña
Catalina
alegó
los
de-
_rechos
de
madre,
4
quien
4
la
verdad
parecia
duro
desapoderar
de
su
hijo;
el
Infante
y
los
testamen-
tarios
quisieron
consentirlo,
y
esta
condescendencia
fatal
fué
la
primera
causa
de
todas
las
agitaciones
y
desgracias
que
sobrevinierón
despues...
Porque,
recelosa.
de
perder
la
ventaja
que
aca=
baba
de
conseguir,
y
en-la
cual
cifraba
ella
toda
su
importancia
y
poderío,
su
principal
cuidado,
ú
mas
bien
su
único
pensamiento
en.
toda:
larga
tutoría
,
fué
tener-al
Rey
siempre
4
y
casi
siempre
encerrado
para
que
no
se]
sen.
Nadie
le
veía
sino
las
pocas
personas.
nes
ella
se
fiaba
diera
despejar
s
Cri
aquella
su
vista,
e
quitas
de
quie
,
Y
él
no
veía
nada
de
15
que
pa-
u
espíritu
y
fortalecer
su
carácter,
dy
así
con
mas
señas
de
cautivo
py
Monar-
2
ESPAÑOLES
CELEBRES.
tregar
el
alcázar
de
Segovia
4
donde
el
Infante
que-
ria
llevar
al
Rey,
temerosos
de
que:su
hermano
viniese
en
fuerza
4
deshacer
aquel
hecho.
Mas
como
el
alcaide,
que
tenia
él'
alcázar
por
Juan
Hurtado,
no
quisiese
entregarle
sino
4
él
en
persona,
dieron
«4
Juan
Hurtado
licencia
con
pleito-homenage
que
prestó
de
hacer
luego
la
entrega
por
sí
mismo,
de-
¡ando
para'ello
en
rehenes
4'su
muger
Doña
María
-de
Luna
y
dos
hijos
pequeños.
Él
salió,
pero
en
«wez
de
ir
4
Segovia
se
fué
4
Olmedo
al
Infante
Don
Juan,
dando
por
disculpa'dé
su
falta
de
palabra
qué
el:
pleito-homeñage
sele
habian
tomado
estando
preso
y
para'
cosas
de
deservicio
del
Rey.
Por
esta
'razón“el
viaje
4
Segovia
no
tuvo
efecto
y
se
deter-
-minó.
que
la
corte
fuese
4
Ávila.
Mas
al
moverse
de
Tordesillas
hubo
otra
dificultád,
y
fué
que
la
«Infanta
Doña
Catalina"
sabedora
de
los
intentos
de
su
«primo,
y
entonces
no”
gustosa
de
ellos,
quiso
«quedarse
en
Tordesillas,
y
para
eso
se
entró
como
4
despedir
de
la
abadesa
del
monasterio
de
monjas
que
allí
habia
,
de
donde
envió
4
decir
4
su
prima
Ja
esposa:del
Rey,
que
se
fuese
en
buen
hora,
por-
«que
ella.no
entendia:
salir
de
allí.
Llamada
y
vuel-
ta
4
Mámar
de
parte'
del
Rey,
y
visto
que
4
todo
+requerimiento
se
negaba,
fué
necesario
que
el
Obis-
-povaimenazase
4
laabadesa
de
proceder
contra
ella,
y
que
Gartil
Fernandez
amagase
con
que
iba
á
der-
»ribaf
elomonasterio.
Entonces
salió la
Infanta
con
pléitovhomenage
que
la'hicieron
de
que
no
se
la
ha-
ria
fuerza
ninguna
'
para:
casarla
con
Don
Enri-
DON
ALVARO
DE
LUNA.
“095
que-,
ni
le
quitarian
á
María
Barba
su
TEN
Esto
allanado,
el
Infante
llevó
la
corte
4
Avi-
la,
ya
que
no
podia
ser
4
Segovia,
y
allí
hizo
lla-
mamiento
de
sus
parciales,
al
mismo
tiempo
que
el
Infante
Don
Juan,
el
Infante
Don
Pedro,
su
her-
mano,
y
el
Arzobispo
de
Toledo,
primero
en
Cue-
Mar
y
despues
en'Olmedo,
hicieron
llamamiento
de
los
suyos,
y
reunieron
la
gente
de
armas
que
pudieron,
para
venir
4
poner
al
Rey
en
libertad.
Las
cosas
amenazaban
un
rompimiento
escandalo
so,
sin
la
Reina
viuda
de
Aragon,
que
empezó
á
in-
tervenir
en
ellas,
y
4
procurar
concertarentre
sí
4
los
Infantes
sus
hijos.
Moviéronse
algunos
tratos
de
convenio
que
no
tuvieron
efecto,
porque
Don
En-
-rique
no
queria
absolutamente
dar
entrada
4
parti-
do
«ninguno,
que
le
quitase
lá:
preponderancia
ex-
clusiya
que
tenia
usurpada
cerca
del
Rey.
Su
her-
mano
por
respeto
'4
la
mediacion
que
interyenia,
y
cumpliendo
con
uno.
de
los
artículos
del
convenio
en
que
los
dos
partidos
se:
acordaron,
licenció.
la
gente
de
«guerra
que
habia
juntado
en
Olmedo.
«Don
Enrique
y
Jos
suyos
acordaron
conservar
mil
lanzas
en
la
corte:
4:sueldo
del
Rey
para
quedar
así
-los.mas
fuertes.
Y
como
Don
Juan'
y
el
Arzobispo
hubiesen
enviado
cartas
4
las
ciudades
y
villas
del
reino
afeando
el
hecho
de
Tordesillas,
y.
convi-
dándolas
4
que
por
sus
diputados
se
prestasen
con
ellos
4
entender
en
loque
tan
grave
caso'
requeria;
Don
Enrique
envió
tambien
las
suyas
en
sentido
contrario,
afeando
la
conducta
del
partido
opues-
26-
AASPAÑOLES
CÉLEBRES.
to,
así-antes
como
despues
de
aquel
acontecimien-
to,
y
convocándolas
4
Cortes
generales,
para
con
su'
consejo
proceder
4lo
que
fuese
mas
del
servicio
del
Rey
y
provecho
del
reino.
Ya
antes
en
Tordesillas,
deseoso
dl
tener
la
opinion
popular
en
su
fayor,
habia
negociado
con
algunos
Procuradares
de
Cortes,
que
acaso
allí
se
hallaban,
que:
escribiesen
4
sus
pueblos
poniendo
en
buen
lugar
lo'
que
entonces
se
hizo,
y
les
man-
dó
de:parte
del
Rey,
que/aunque
el
tiempo
de
sus
procuradurías:era
pasado,.
usasen
«sin
embargo
«de
ellas
y
le:
acompañasen
para:
tomar
su
consejo
en
las
cosas
que
á:su
servicio
cumplian.
Mas
las
Cor-
tes
qué
se
celebraron
despues
en:
Ávila
tuvieron
otra:solemnidad;'
y
debian
producir
en
concepto
del
Infante
un:
resultado
mas
favorable
4
su
causa.
-Acudieron:
con:
efecto
los.
Procuradores
de
las-ciu-
dades
al
llamamiento
del
Rey.
Las
Cortes
se
cele—
raron
solemnemente
en'aquella
catedral,
y:el:jó-
«ven:
Monárca
sentado
en
su
Real
Trono
manifestó
4
Jos
Grandes,
Prelados
y
Procuradores
presentes
que
los
habia
juntado
alí
por
las
razones
que
les
daria
«desu
órden
el
Arcedianóo
'de
Guadalajara:
Don
Gú-
ajerre
Gomez
de
Toledo,
Este-
eclesiástico
;
que-te-
“iia
entonces
opinion:
de
gran
letrádosalió-al'ins-
tante
al
púlpito
y:eñ'
uri
discurso'artificioso
y
Meno
¿de
autoridades:
y
de
ejtas*,-
probablemente”.
poco
“entendidas:
del
ea
oa
lec
las:
rom
Y
si
pi
119%
16.
1
Estas,
auiridados
D
hrs
errr
de
NA
¿A
¿A
Jos
Doctores
de
la
gel
Ex
leyes
canónicas.
Lástima
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
7
desagúisados
que
se
cometian
por
los
que
goberna=
ban
'el
reino
anteriormente;
la
necesidad
de
lo
he-
cho
en
Tordesillas
para
remediarlos
y
estorbar
la
perdicion
del
reino
que
iba
á
verificarse
con
ellos;
la
aprobacion
que
el
Rey
hacía:
de
aquel
hecho,
y
su
mandato
á
todos
los
Grandes
de
su
reino,
4
los
de
su
Consejo
y
4
los
Procuradores
que
lo:aproba-
sen
tambien.
El
Rey,
acabado:el
discurso,
repitió
el
mandato,
y
los
Grandes
y
los
mas
de
los
Pro-
curadores
obedecieron,
diciendo
que
lo-aprobaban;
de
todo
lo
cual
se
extendió
un
largo
testimonio
por
los
escribanos
de
cámara:
que
lo
presenciaron.
¿En
medio
de
esta
docilidad
generales
digna
de
notarse
la
noble
oposicion
de
los
Procuradores
de
Burgos,
que
dijeron
no
poderse
llamar
Cortes,
donde
nó
es=
taban',
ni
habian
sido
+lamadós
Jos
principales
que
en
ellas
deberiansestar':
añadiendo
que'antes
que
aquellas
Cortes:
se
hiciesen;
deberian
ser
convo=
cados.
y
oidos-todos
los
Señores
y;
Prelados
que
fal=
taban,
y
acordadas:todas
las
divisiones
que
Pell
haber
en
estos
reinost,
01000!
bi
Qibt
-No-
satisfecho
el:
Infante.
con:
esta
aprobacion,
es
Es
Conservado
“el
sefmon
¿“la
Jetra:
p
quesseria
curioso
vér:él
tormentoque
en
élse
daba:
pS
soja
DE
que.
Autorizasen
el
¿Atentado
de
Tordesi
ijéron',
por
ejemplo
,
que
faltaBa
el
enel
0£$1
ue
¿porel
Er
del
¡Lara
need
primera
pes
SiN
s
hijos-dalgo
;
que
tambien
Don
Sanc
co
E
dae
por
¿E
¿ge
Ana
e
Do
Mb
YA
Cors
pur
sino
esla:
Iglesias
faltaba
pe
e
ce
z
mayor
Don
ispo
de
urgos;
el
Justic
su0jor
,'el
Masordomo
caos
aRiDÍa
5l
"od
sup
a
>
1420.
28
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
al
parecer
nacional,
quiso
tambien
tener
la
del
Papa,
y
para
ello
diputó
á
su
orador
Don
Gutier-
re,
para
que
hiciese
saber
al
Santo
Padre
de
parte
del
Rey
el
estado
del
reino
y
las
cosas
pasadas,
jus-
tificando
4
Don
Enrique,
y
cargando
toda
la
culpa
al
Infante
Don
Juan
y
4:los
Prelados
y
Señores
de
su
parcialidad.
Llevaba
ademas
aquel
enviado
una
comision
mas
importante
á
Don
Enrique,
y
éra
una
suplicacion
del
Rey
para
que
el
Papa
consintiese
en
que
todas
las
villas
y
lugares
del
Maestrazgo
de
San-
tiago
fuesen
del
Infante
porjuro
de
heredad
para
él
y
sus
descendientes,
con
título
de
Ducado.
Con
este
objeto
se
dieron
al
Arcediano
cartas
de
creen=
cia
del
Rey
y
de
los
de
su
Consejo,
y
la
crónica
añade,
que
ademas
de
sus
dietas
se
Je
libraron
en
Sevilla
diez
mil
doblas
de
oro
del
tesoro
del
Rey,
para
que
allá
las
repartiese
entre
quienes
fuese
me-
nester;
hecho
que
pone
bien
de
manifiesto
el
des-
caro
con
que
en
aquella
noble
gente
se
mostrabaná
porfía
la
codicia
y
la
ambicion.
Solo
faltaba
al
Infante
para
el
total
logro
de
sus
miras
efectuar
su
casamiento
con
Doña
Cata-
lina.
El
Rey
se
habia
yelado
con
la
Infanta
Doña
María
su
esposa
,
hermana
del
Infante
,
en
los
prí-
meros
dias
del
mes
de
agosto.
Quisiera
luego
Don
Enrique
conseguir
sus
miras
con
su
prelendida:
es-
posa
;
pero
ella
lo
repugnaba
con
igual
teson
que
al
principio
,
y
aun
habia
enviado
4
su
aya
María
Barba
al
Infante
Don
Juan,
recomendándosé4
él
para
que
no
se
la
hiciese
fuerza
en
ello,
Mas
en
el
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
29
viaje
que
la
corte
hizo
desde
Ávila
4
Talavera
,
el
Infante
pudo
hablarla
y
verla
en
la
torre
de
Ala-
min,
donde
el
Rey
hizo
parada.
Y
sea
inconstancia
«femenil,
6
que
Don
Enrique
se
hubiese
hecho
amár,
Ó
que
se
hiciese
temer,
lo
cierto
es
que
,
contra
la
espectacion
de
todos
,
ella
consintió
allí
en
el
ca-
samiento,
y
luego
que
llegaron
4
Talavera
se
ce-
lebró
el
desposorio
y
se
velaron.
El
Rey
hizo
do-
nacion
á
su
hermana
del
marquesado
de
Villena;
otorgó
diferentes
mercedes
4
los
caballeros
que
ser-
vian
al
Infante;
y aun
entonces
se
dice
que
dió
la
villa
de
Santisteban
de
Gormaz
4
Don
Álvaro
de
Luna,
el
cual
por
aquellos
dias:
se
yeló
con
Doña
Elvira
Portocarrero,
hija
de
Martin
Fernandez
Portocarrero,
Señor
de
Moguer,
y
nieto
del
Almi-
rante
Don
Alonso
Enriquez*.
s
Pero
esta
máquina
de
artificio
y
de
violencia
no
podia
durar
mucho
tiempo.
El
Infaute
desde
Talavera
pensaba
Mevar
al
Rey
4
Andalucía,
don-
de
su
partido
era
mas
poderoso
que
el
de
su
her-
mano;
y
ya
en
este
tiempo
los
principales
Gran-
des
que
le
seguian,
y
con
especialidad'el
Conde
Don
Fadrique
y
el
de
Benavente,
estaban
descon=
tentos
de
él
por
la
desigualdad
con
que
distribuía
entre
ellos
el
fayor
y
la
confianza.
El
Rey
por
otra
1
El
Infante
se
veló
en
8
de
noviembre
de
aquel
año
pa
20,
y
Don
Álvaro
diez
dias
despues.
Vénto
en
el
Don
PUR
poder
enviado
en
esta
ocasion
por
Doña
Elvira
Pedro
Portocarrero
su
hermano
,
que
por
:
»,
su
contexto
es
un
documento
muy
curioso.
$
€
Viernes
29
deno-
viembre
de
1420.
3o
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
parte
cansado
de
ser
juguete
de
aquel
tropel
de
ambiciosos
,
anhelaba
por
salir
de
la
opresion
en
que
le
tenian,
y
durante
el
viaje
de
Áyila
4
Tala-
vera
habia
manifestado
mas
de
una
yez
el
deseo
de
escaparse
de
entre
sus
manos:
Don
Álvaro
de
Luna,
con'
quien
solamente
lo
consultaba,
se
lo
desaconsejó
por
entonces
,'
haciéndole
ver-las
difi-
cultades
que
en
ello
habia
por
la
vigilancia
extraor-
dinaria
con
que
Don
Enrique
le
guardaba.
Mas
lue-
go
que
llegado
4
Talayera,
y
casado
el
Infante
con
Doña
Catalina,
se
le
vió
acudir
mas
tarde
de
lo
que
solia
4
su
receloso
cortejo
en
palacio,
entrete-
nido
con
el
regalo
y
gusto
de
su
nueyo
estado,
en-
tonces
Don
Álvaro
creyó
llegada
la
ocasion
que
deseaba,
y
tomó
con
el
Rey
las
is
AApOsiGioneS
nece-
sarias
para
la
eyasion.
La
mañana
pues
del
dia
en
que
se:
determinó
ejecutarla,
el
Rey
se
levanta
al
alba,
oye
misa
y
monta
á
caballo.
Al
cabalgar
manda
se
avise
al
In-
fante
y
á
los
demas
caballeros
que
solian
acompa-
ñarle
en
sus
diversiones,
como
él
se
iba
á
caza
tras
una
garza
que
tenia
concertada;
y
dada
esta
órden
parte
á
carrera
acompañado
solamente
de
Don
Ál-
varo,
de
su
cuñado
Don
Pedro
Portocarrero,
de
Garci
Alvarez,
señor
de
Oropesa,
que
llevaba
el
estoque
delante,
y
de
otros
dos
caballeros
que
solian
dormir
en
su
cámara.
El
alconero
mayor
iba
de-
tras
con
sus
dependientes
sin
saber
nada
del
secre-
to'
de
la
marcha.
Pensaban
dirigirse
4
algun
casti-
Mo
que
estuviese
cerca,
y
hacerse
fuerles
en
él,
has-
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
31
ta
que
llegasen
gentes
4
reforzarlos
y
libertarlos,
Llegados
4
la
puente
del
Alverche,
el
Rey.
y
Don
Álvaro
y;
que
iban
montados
en
mulas,
toman
los
caballos
que
para
el
casó
iban
prevenidos
,
hacen
subir
tambien
al
alconero
mayor,
y:
bajo
el.
pre-
texto
de
ir
4
correr
un
jabalí
que
andaba
en
aquel
soto
,
se
arman
de
las
lanzas
que
lleyaban
algunos
-
pajes,
se
alejan
de
Ja
comitiva,
y
aguijan
su:
ca=
mino
de
modo,
que
no
eran
pasadas
dos
horas
desde
la
salida
cuando
llegaron.
al
castillo
de
Villalba,
distante
cuatro
leguas
de
Talavera.
Mas
este
casti-
llo
no
servia
de
defensa,
y
fué
preciso
dirigirse
al
de
Montalban
4
la
otra
parte
del
rio.
Ya
la
comi-
tiva
era.
mayor;
el
Conde
Don
Fadrique
y.el
«de
Benavente,
sabedores
del
secreto,
y
algun
otro.ca>
ballero
habian
podido.
alcanzarlos,
El
Rey
sc
metió:
en:
la
barca
con
Don:
Álvaro,
-los:dos
Condes
y:
al-
gun
otro
que
cupo
en
ella;.pasó
el
rio
y
marchó
á
pie:
hasta
el.
castillo
de
Malpica,
donde
esperó
4.
que
la
demas
gente.
legase
con
los
caballos.
Apenas
se
ponen:en
camino,
cuando
se
encuentran
con
una
porcion
de
gente
á
caballo,
que
podia
atajarles
el
paso.
Don
Alvaro
se
adelanta
y
les:
gana.
la
accion;
el
Rey.
se
nombra
y
les
manda
que
dejen
sus.
ca=.
ballos
4
su
comparsa
y
y
se
lleven
las
mulas
en
que
iban
todavia algunos
que
le
acompañaban
*..
Mejor.
13
Ata
inte
pod
los
caballeros
lo
reficre
batió
de
leerse:
do
su
TES
AA
e
Ma
:
Ancias
que
cuentá
antes
el
mismo
escritor,
y
por eso
es
preferible
la
de
1
:
7
Don
aro
paa
Copia
eiasral,
V
¿ase
la
Crónica
de,
32
ESPAÑOLES
«CÉLEBRES.
montados
así,
siguen
su
camino
y
llegan
4
Mon=
talban.
al
empezar
la
tarde.
Dos
caballeros
se
ha-
bian
adelantado
de
órden
del
Rey
á
tomar
la
puer=
ta
del
castillo,
que
casualmente
se
halló
abierta.
Ellos
entraron,
se
apoderaron
de
la
torre
del
ho-
menage,
y
como
hablaban
á
nombre
del
Monarca,
ni
el
alcaide
ni
nadie
de
Jos
de
dentro
les
opuso
resistencia
alguna.
El
Rey
llegó
en
seguida
con
Jos
Condes
y
Don
Álvaro:
el
resto
de
la
gente
entró
tambien
de
allí
á
poco,
y
así
pudieron
entonces
tomar
aliento
y
creerse
á
salyo
de
los
que
venian
en
su
alcance.
-
Volaban
con
efecto
los
del
Infante
en
pos
de
ellos
,
ansiosos
de
enmendar
su
descuido
con
la
di=
ligencia.
Don
Enrique
al
primer
recado
del
Rey
se
levantó,
y
se
puso
á
oir
misa
muy
despacio.
En
esto
llegó
su
privado
Garci
Fernandez,
y
le
dijo
que
dejase
la
misa
y
acudiese
al
Rey,
que
se
iba
huyen-
do
á
toda
priesa
y
nose
sabia
donde.
Turbáronse
to-
dos
los
circunstantes,
y
mas
cuando
se
añadió,
que
sin
duda
el
Rey
se
habria
ido
4
juntar
con
el
In-
fante
Don
Juan,
que
estaba
allí
cerca
esperándole
con
mucha
gente
de
guerra.
La
noticia
era
falsa,
pero
el
sobresalto
y
la
probabilidad
la
hacian
facil
de
creer.
¿Pues
cómo
era
de
presumir,
que
sin
te-
ner
quien
les
guardase
bien
las
espaldas,
el
Rey
y
sus
nuevos
Consejeros
acometiesen
tal
hecho?
El
In-
fante
sin
embargo
no
se
dejó
abatir
por
aquel
con-
tratiempo
,
y
mandó
que
todos
los
caballeros
y
Grandes
que
estaban
en
Talavera
con
la
gente
de
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
33
guerra
que
«allí
hubiese,
se
armasen
y
cabalgasen
para
ir
con
él
en
demanda
del
Rey.
Entróse
4
ar-
mar
él
tambien,
y
á
la
sazon
entraron
su
herma-
na
la
Reina
y
su
esposa
la
Infanta
á
disuadirle
de
aquel
intento,
y
pedirle
con
ruegos
y
con
lágrimas
que
no
diese
lugar
á
las
desgracias
que
de
aquel
conflicto
podrian
seguirse
,
yendo
el
Rey
tan
acom-
pañado
como
se
decia
:
suponian
que
el
Infante
Don
Juan
iba
con
él.
Él
insistia
en
partir,
y
en
el
lar-
go
rato
que
habló
con
las
dos
para
persuadirlas
de
la
necesidad
de
ir
en
busca
del
Rey,
hubo
tiempo
para
que
se
desyaneciese
la
nueva
que
les
causaba
á
todos
el
mayor
cuidado,
Ellas
cedieron,
y
él
par-
tió
acompañado
de
todos
los
Grandes
que
entonces
cormponian
la
corte,
entre
ellos
el
Arzobispo
de
Santiago
Don
Lope
de
Mendoza
,
el
Condestable
Dávalos
,
Garci
Fernandez
Manrique
,
y
el
célebre
Iñigo
Lopez
de
Mendoza,
señor
de
Hita
,
que
fué
despues
Marques
de
Santillana.
Componian
entre
Próceres
,
caballeros
y
escuderos
hasta
quinientos
hombres
de
armas,
que
todos
tomaron
4
toda
prisa
el
camino
de
la
puente
del
Alverche,
por
donde
el
Rey
habia
ido,
Llegados
4
ella,
y
sabiendo
cuan
pocos
eran
los
que
huían,
acordaron
que
el
Infan-
le
se
volviese
4
Talavera,
para
ordenar
y
dirigir
desde
allí
todo
lo
que
conviniese
4
la
consecu—-
cion
de
sus
designios;
y
que
el
grueso
de
la
gente,
mandado
por
el
Condestable,
siguiese
en
pos
del
Rey
hasta
alcanzarle
y
hacer
que
volviese
4
Ta-
Javera,
Asi
se
hizo;
el
Infante
se
volvió
y
los
de-
nn,
qa”
Lo
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
que
debian
hacer
todos
era
obedecer
lo
que
el
Rey
les
mandaba,
el
cual
no
creyesen
que
era
venidoallí
para
hacerle
mal
4
él
ni
4
ninguno
del
Infante,
ni
tampoco
para
entregarse
á
la
parcialidad
del
Infante
D.
Juan:
que
su
determinacion
era
arreglar
y
ajus-
tar
aquellos
hechos
sin
que
unos
ni
otros
intervinie-
sen,
y
que
despues
los
llamaria
4
todos,
para
dar
la
órden
que
conviniese
al
bien
general
de
sus
reinos.
A
la
inútil
diligencia
de
estos
caballeros
suce-
dió
la
de
los
Procuradores,
que
el
Infante
envió
al
castillo,
por
si
lograban
persuadir
al
Rey.
Esta
fué
todavía
de
resultado
mas
desagradable;
pues
el
Rey
se
quejó
4
ellos
agriamente
de
todo
lo
que
con
él
se
habia
hecho,
desde
que
se
atropelló
y
sorprendió
su
palacio
en
Tordesillas:
les
rogó
que
sintiesen
con
él
aquellos
hechos
tan
feos,
y
los
despachó
con
la
órden
de
que
repitiesen
de
su
parte
al
Infante
y
4
los
sitiadores
el
mandato
que
ya
les
tenia
hecho
de
que
partiesen
de
allí,
pues
de
su
permanencia
no
les
podia
seguir
provecho
alguno.
Ellos
yolyie-
ron
al
real,
significaron
la
órden
que
tenian,
y
en
tal
modo
hubieron
de
hacerlo
y
tales
cosas
decir,
que
ya
no
pudo
dudarse
de
cual
era
la
voluntad
del
Monarca.
Fué
pues
necesario
someterse
á
ella,
y
con
tanta
mas
razon,
cuanto
el
Infante
Don
Juan,
4
guien
el
Rey
habia
enviado
aviso
de
lo
que
pasaba
y
órden
para
que
acudiese
á
asistirle,
venia
4
lar-
gas
marchas
desde
Olmedo,
acompañado
del
Infante
Don
Pedro
su
hermano,
del
Justicia
mayor
Pedro
de
Stúñiga,
de
otros
muchos
caballeros,
y
hasta
DON
ÁLYARO
DE
LUNA.
41
ochocientos
hombres
de
armas.
A
esta
fuerza
no
era
facil
resistir,
y
mas
apoyada
en
la
autoridad
del
Rey
y
en
la
opinion
de
los
pueblos,
que
ya
empe-
zaban
4
resentirse
de
un
escándalo
tan
grande.
Ce-
dió
en
fin
el
Infante
bien
4
su
pesar,
y
hubo
de
dejar
la
presa
que
con
tanto
afan
y
riesgo
tuvo
tanto
tiempo
en
su
poder.
A
los
diez
dias
de
la
es-
tada
del
Rey
en
el
castillo
y
ocho
del
cerco,
fué
dejado
el
paso
libre
para
entrar
mantenimientos
y
gente,
El
Infante
antes
de
partir
pidió
que
se
le
per-
mitiese
entrar
á
besar
la
mano
al
Rey:no
se
Je
con-
sintió,
y
se
le
mandó
que
fuese
4
Ocaña,
donde
se
le
ordenaria
lo
que
conviniese.
Tres
dias
despues
de
alzado
el
cerco,
se
movió
con
sus
caballeros
y
hueste
,
y
pasando
por
delante
del
castillo
hizo
re-
verencia
al
Rey
que
estaba
en
las
almenas,
y
se
fué
para
su
destino.
:
Partido
así
Don
Enrique,
el
Rey
podia
repu-
tarse
libre.
Pero
el
designio
del
favorito,
despues
de
haber
aventurado
y
sufrido
tanto
para
sacar=
le
de
aquella
opresion,
no
era,
ni
debia
ser
el
de
entregarle
4
la
del
Infante
Don
Juan.
La
pri-
mera
medida
que
se
tomó,
luego
que
se
hubo
al-
zado
el
cerco,
fué
darle
ayiso
del
suceso,
y
encar-
garle
de
parte
del
Rey
que
se
detuviese
con
su
gente
en
el
punto
en
que
le
cogiese
el
aviso
,
y
no
se
moviese
de
allí
hasta
que
se
le
dijese
lo
que
ha-
bia
de
hacer,
Dióse
órden
4
la
Reina
para
que
se
fuese
4
Santa
Olalla,
y
4
su
ruego
se
la
permitió
ir
4
Toledo,
A
los
Procuradores
de
las
ciudades
se
42
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
les
mandó
que
se
quedasen
en
una
aldea
yecina
4
Montalban,
para
enviarlos
á
llamar
cuando
se
ne-
cesitase
de
su
consejo,
Llegaron
en
esto
al
castillo
el
Almirante
Don
Alonso
Enriquez,
tio
del
Rey,
y
Fernan
Alonso
de
Robres,
el
Contador
mayor,
separado
de
la
corte
y
desterrado
4
Valladolid
cuando
el
suceso
de
Tor-
desillas.
Habíaseles
avisado
para
que
viniesen
en
ayuda
del
Rey,
antes
de
que
se
estrechase
el
cerco,
y
ellos
traían
hasta
cuatrocientos
hombres
de
ar-
mas
en
su
socorro.
Con
este
refuerzo
tan
oportuno,
y
la
demas
gente
y
caballeros
que
de
una
y
otra
parte
habian
acudido
al
Rey,
pudo
Don
Álvaro
apoyar
su
plan
de
independencia,
y
quitar
hasta
el
pretexto
de
seguridad
que
podia
alegarse
por
Don
Juan,
para
empeñarse
en
yenir
4
escoltar
al
Mo-
narca
con
su
gente
de
guerra.
El
Infante
envió
á
su
privado
el
Adelantado
de
Castilla
Diego
Gomez
de
Sandoval,
que
fué
despues
Conde
de
Castro,
con
el
encargo
de
cumplimentar
al
Rey,
de
solicitar
li-
cencia
para
venir
con
su
hermano
Don
Pedro
á
besarle
la
mano
,
de
ofrecerle
sus
servicios,
pedir=
le
sus
órdenes,
y
aconsejar
que
saliese
cuanto
an
tes
de
aquel
castillo,
donde
no
le
era
decoroso
per=
manecer,
Sandoval
fué
recibido
con
mucha
grati-
tud
y
agasajo,
y
se
le
repitió
en
sustancia
lo
que
«se
dijo
en
el
aviso
anterior;
añadiéndose
que
el
Rey
dispondría
su
partida
muy
en
breve
,
y
que
se
le
haría
saber
al
Infante
y
le
comunicaría
lo
que
de-
bia
hacer.
Insistió
Don
Juan
en
venir,
y
su
deman-
DON
ÁLYARO
DE
LUNA.
43
da
fué
puesta
en
Consejo.
Resistíanla
Don
Alvaro
y
el
Contador
Robres,
bajo
el
pretexto
de
que
no
era
conveniente
admitir
los
dos
Infantes
4
la
pre-
sencia
del
Rey,
hasta
que
sus.debates
con
Don
En-
rique
estuviesen
allanados:
la
verdad
era
que
no
querian
yer
en
la
corte
á
los
que
podian
sobrepu-
jarles
en
influjo
y
en
poder.
Los
demas
Consejeros
sin
embargo
y
los
Procuradores
decian,
que
no
era
justo
ni
honesto
negar
la
entrada
para
con
el
Rey
4
sus
dos
primos,
que
nunca
habian
estado
fuera
de
su
seryicio
y
aun
permanecian
en
él;
y
sobre
todo
eran
yenidos
allí
4
ruego
del
Rey,
y
para
li-
bertarle
del
aprieto
en
que
se
hallaba.
Este
dicta-
men
venció,
y
se
les
envió
4
decir
que
el
Rey
era
contento
de
que
se
yiniesen
á
él,
y
que
esto
fuese
cuando
él
saliese
del
castillo.
A
la
Reina
viuda
Doña
Leonor,
que
se
movió
para
venir
tambien,
sin
duda
4
mediar
entre
estas
querellas
de
sus
hijos,
se
le
advirtió
que
mo
se
tomase
esta
pena,
que
el
Reyiria
4
Talayera
y
allí
podria
conferenciar
con
él.
En
fin,
al
Infante
Don
Enrique,
que
permanecia
armado
aun
con
toda
su
parcialidad
en
Ocaña
,
se
le
mandó
que
desarmase
la
gente,
y
los:
caballeros
se
fuesen
á
sus
casas
,
so
pena
del
enojo
del
Rey
si
lo
contrario
hiciesen,
Dadas
estas
disposiciones,
salió
de
Montalban
4
los
veinte
y
tres
dias
de
haber
entrado
allí,
acom-
Pañándole
mas
de
tres
mil
hombres
entre
los
Gran-
des,
caballeros
,
ballesteros
y
lanceros
de
las
Her-
mandades
que
habian
acudido
á
libertarle
ó
defen=
.
44
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
derle.
Al
salir
de
la
barca
se
le
presentaron
los
Infantes
y
le
besaron
la
mano.
Él
les
dió
paz
y
los
recibió
con
el
mayor
agrado
y
benevolencia.
Hubo
muchas
razones
entre
ellos:
de
parte
de
Don
Juan
con
sumision,
lealtad,
y
reverencia;
de
parte
del
Rey
de
agradecimiento
y
ofertas
de
honores
y
mer-
cedes
para
él
y
los
suyos.
Fuéronse
en
seguida
al
castillo
de
Villalba,
donde
el
Rey
comió
acompa-
ñándole
4
la
mesa
los
dos
Infantes
y
Don
Alonso
Enriquez.
En
él
se
acordó
que
el
Infante
y
su
comi=
tiva
volviese
4
Fuensalida,
de
donde
habian
venido,
y
allí
estuviesen
hasta
que
el
Rey
despachase
en
Talavera
los
negocios
que
urgian
para
su
servicio,
Quisiera
Don
Juan
quedar
todavía
algunos
dias
en
la
corte,
y
habló
para
ello
con
Don
Álvaro;
pero
éste
le
respondió
que
la
voluntad
resuelta
del
Rey
era
arreglar
los
negocios
de
Don
Enrique,
y
en-
tretanto
que
ninguno
de
ellos
continuase
en
su
compañía,
para
que
no
se
dijese
que
influían
los
unos
en
perjuicio
de
los
otros:
que
él
podia
dejar
al
Adelantado
Sandoval
en
la
corte
para
atender
4
sus
intereses,
los
cuales
serian
tan
fayorecidos
como
si
él
estuviera
presente.
Hablóle
tan
resueltamente
Don
Álvaro
en
este
sentido,
como
aquel
que
ya
con
Fernan
Alonso
de
Robres
y
con
el
Conde
de
Benavente
habia
acordado
resistirlo
4
la
fuerza
,
y
para
ello
habian
hecho
venir
disimuladamente
sus
hombres
de
armas:
El
Infante
se
persuadió
y
se
fué
4
Fuensalida,
y
el
Rey
siguió
su
camino
para
Talayera.
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
45
Tal
fué
el
éxito
de
la
evasion
del
Rey
y
cerco
de
Montalban
,
en
cuyos
acontecimientos
ha
debi-
do
detenerse
algun
tanto
mas
la
pluma,
por
babes
sido
el
cimiento
principal
de
la
eleyacion
política
de
Don
Álvaro.
No
porque
se
acrecentase
con
ellos
el
cariño
que
el
Rey
le
tenia,
que
en
esto
no
cabia
mas,
ni
por
las
mercedes
que
entonces
le
hizo,
que
fueron
muchas
y
grandes
*,
sino
porque
debió
au-
mentarse
en
gran
manera
el
aprecio
y
confianza
que
merecian
su
esfuerzo
y
su
capacidad,
Él
era
creador
de
aquel
partido
que
podia
llamarse
del
Rey,
pues
que
pugnaba
porque
el
Rey
mandase
ó
pareciese
mandar:
los
otros
dos
eran
realmente
de
los
Infantes,
no
del
Monarca
ni
del
Estado.
-—Siguiéronse
4
aquellos
sucesos
las
negociaciones
E
de
prolijas
para
obligar
4
Don
Enrique
á
deshacer
el
gp
armamento
con
que
permanecia
en
Ocaña,
y
4
im-
pedirle
que
ocupase
las
villas
y
lugares
del
Mar-
quesado
de
Villena,
que
él
decia
pertenecerle
como
dote
de
la
Infanta
su
mujer.
Resistía
él
lo
prime-
ro
por
seguridad
,
lo
segundo
por-
codicia
y
ambi-
cion,
Mas
en
fin,
intimidado
con
los
preparativos
del
Rey,
que
se
dispuso
ámarchar
en
fuerza
contra
él,
y
confiado
en
las
seguridades
que
se
le
dieron,
se
presentó
en
Madrid
donde
se
hallaba
la
corte,
acompañado
de
su
privado
Garci
Fernandez
y
de
sesenta
caballeros
de
su
órden,
armados
solamente
de
espadas
y
dagas.
Recibióle
el
Rey
con
gravedad
1
Entre
otras
le
hizo
señor
de
Ayllon
y
de
Santisteban;
de
que
recibió
despues
título
de
Conde,
46
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
y
sin
hacer
con
él
las
demostraciones
de
cariño
que
solia,
y
queriendo
el
Infante
disculparse
de
lo
pas
sado,
le
atajó
diciéndole
que
se
fuese
4
descansar,
y
que
otro
dia
le
oiria
delante
de
su
Consejo,
Éste
se
juntó
al
dia
siguiente,
y
llamado
el
In>
fante,
que
fué
mandado
sentar
en
unos
almohado-
nes
junto
al
trono,
el
Rey
se
volvió
4
él
y
le
di-
jo:—Primo;
yo
os
llamé
á
mi
corte
para
conferen=
ciar
con
vos
sobre
los
hechos
pasados,
y
ver
lo
que
en
su
razon
debiera
hacerse.
No'era
ciertamente
mi
intencion
acríminarlos
tanto
cuanto
ellos
mere=
cian,
por
respeto
á
vuestro
honor.
Pero
despues
que
yo
envié
por
vos,
y
antes
que
llegáseis
aquí,
me
ha
sido
dada
noticia
de
algunos
tratos
que
vuestros
caballeros
mas
íntimos
tenían
en
gran
deservicio
mío
y
grave
daño
de
mis
reinos.
Estas
cosas
yo
no
puedo
ni
debo
disímularlas,
y
es
pre-
ciso
que
se
aclaren
del
modo
conveniente
para
que
yo
sepa
la
verdad
y
provea
lo
que
corresponda.
A
este
fin
escuchad
unas
cartas
que
me:
han
sido
dadas,
y
se
os
ván
á
leer
ahora.
—Leyéronse
en
seguida
estas
cartas
por
Sancho
Romero,
Secretario
del
Rey.
Eran
catorce,
todas
al
parecer
firmadas
con
el
nombre
del
Condestable
Dávalos
y
selladas
con
su
sello,
de
las
cuales
se
deducia
un
trato:se=
ereto
hecho
con
el
Rey
de
Granada,
para
que
entrase
poderosamente
en
el
reino
de
Castilla,
á
lo
cual
le
darian
lugar
el
Condestable
y
sus
amigos;
con
esto
el
Rey
Don
Juan
se
yeria
precisado
á
valerse
del
In-
fante,
y
haria
lo
que
él
quisiese.
Implicábase
en
este
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
47
trato
no
solo
4
Garci
Fernandez
y
al
Adelantado
de
Leon
Pedro
Manrique,
sino
tambien
al
Infante,
á
quien
se
daba
por
sabedor,
y
se
expresaban
como
negociadores
en
él
4
Alvar
Nuñez
Herrera,
mayor-
domo
del
Condestable,
y
4
Diego
Fernandez
de
Mo-
lina
su
contador,
los
cuales
aparecia
por
aquellos
escritos
que
habian
ido
y
venido
con
mensajes
y
respuestas
al
Rey
de
Granada.
La
sangre
del
conquistador
de
Antequera
debió
bullir
en
las
venas
de
su
hijo
al
escuchar
tan
vi-
Mana
imputacion.
Reportándose
sin
embargo,
hin-
có
la
rodilla
en
el
suelo,
luego
que
se
finalizó
la
lec-
tura,
y
dijo
así
al
Rey:
—El
Condestable
y
los
demas
.
caballeros
que
han
estado
conmigo,
estuvieron
por
vuestro
servicio,
y
lo
guardaron
siempre
en
cuanto
Jfué
de
su
parte.
Yo
me
maravillo
que
un
caballe-
ro
tan
leal
y
bueno
como
es
el
,
haya
sido
en
co-
sas
tan
feas;
y
sí
por
verdad
se
hallare
que
haya
<aído
en
tales
yerros,
á
mí
placerá
el
que
vuestra
Señoría
mande
proceder
contra
él
por
la
forma
que
las
leyes
de
vuestros
reinos
disponen.
Supónese
en
esas
cartas
que
yo
soy
sabedor
de
tal
hecho.
Dios
sabe
que
no
lo
soy,
ní
que
por
pensamiento
me
lia
pasado
hacer
cosa
alguna
en
deservicio
vuestro
y
en
daño
de
vuestros
reínos.
Yo
os
suplico,
Señor,
que
mandeís
averiguar
la
verdad,
y
si
yo
fuere
hallado
culpable
,
lo
que
no
plegue
á
Dios,
ni
pue-
de
ser,
quiero
que
procedaís
contra
mí,
como
con=
tra
el
hombre
mas
bajo
de
vuestro
reíno.
En
cuan-
to
al
Condestable,
repito,
que
no
creo
ni
puedo
48
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
creer
lo
que
en
esas
cartas
se
dice,
siendo
tan
buen
caballero,
y
habiendo
recibido
tantas
mercedes
de
vuestro
padre,
de
quien
fué
crianza
y
hechura.
Garci
Fernandez,
con
mas
fuerza
y
mayor
indig-
nacion,
se
defendió
4
sí
y
al
Infante
de
aquella
ca-
lumnia,
desafió
4
combate
de
igual
4
igual
al
que
se
atraviese
á
pensar
otra
cosa;
acusó
las
cartas
de
calumniosas
y
falsas;
y
pidió,
como
el
Infante,
que
se
supiese
la
yerdad
y
que
se
castigase
con
todo
ri-
gor
al
que
resultase
autor
de
cosas
tan
feas",
Vol-
vióse
entonces
el
Rey
al
Infante,
y
le
dijo
:
—
Muy
bien
dicho
es
que
yo
sepa
la
verdad
de
este
caso,
y
tal
es
mi
intencion.
Pero
en
tanto
que
la
verdad
se
sabe,
pues
este
caso
á
vos
toca,
es
mi
voluntad
que
seaís
detenidos
vos
y
Garci
Fernandez
Man-
ríque:
Así
pues,
vos,
Primo,
id
con
Garci
Álvarez
de
Toledo,
y
vos
Garci
Fernandez
con
Pedro
Por-
tocarrero.—Sea,
Señor,
como
vuestra
merced
lo
man-
dare,
contestó
el
Infante
haciendo
una
reyerencia,
y
luego,
siguiendo
cada
uno
de
los
dos
al
alcaide
que
se
les
señalaba,
fueron
encerrados
separada-
mente
en
dos
torres
del
alcázar.
:
La
nueya
de
esta
prision
llegó
aquella
mism
1
Ni
creo
en
ninguna
guisa
que
lo
contenido
en
ellas
sea
verdad.
Vuestra
Alteza,
Señor,
no
debe
dar
fé
d
se-
mejantes
levantamientos
é
falsedades....
é
mande
vuestra
Señoría
saber
la
verdad
como
ó
por
qué
manera
estas
cartas
fueron
hechas
6
venidas
d
vuestra
merced
,
las
cua-
les
escierto,
como
Dios
es
1
Tino,
ser.falsas
é
falsamente
fa-
bricadas
;
pues
á
vos,
Señor,
como
d
Rey"
pertenece
saber
la
verdad
de
cosas
tan
féas,
é
mandarlas
castigar
con
todo
rigor.
Crónica
del
Rey,
pág.
212.
DON
ÁLVARO
DÉ
LUNA.
49
tarde
antes
de
anochecer
á
Ocaña,
donde
estaba
la
Infanta
Doña
Catalina,
y
sin
detenerse
un
punto,
temiendo
ver
venir
al
instante
tras
ella
4
los
que
habian
aprisionado
á
su
marido,
huyó
4
todo
cor-
.
rer
con
muy
poca
gente
4
Segura,
en
cuya
forta-
leza
le
pareció
que
estaria
defendida
por
entonces.
AMá
fué
4
unirse
con
ella
el
Condestable
désde
Arjona,
donde
estaba
cuando
le
llegó
la
nueva
del
mandamiento
de
su
prision.
Enojóse
el
Rey
de
esta
partida
de
la
Infanta,
y
mas
todavía
de
que
el
Con-
destable
la
acompañase:
envióla
diférentes
mensa-
jes
para
persuadirla
que
se
viniese
á
él,
pues
así
convenia
á
su
honra,
á
su
estado,
y
aun
al
reme-
dio
de
la
prision
del
Infante.
El
consejo
era
bue-
no,
probablemente
dado
de
buena
fé,
y
por
lo
mis-
mo
provechoso;
pero
ella
no
quiso
fiarse
de
él,
y
sabiendo
que
el
Rey,
mal
contento
de
sú
resisten=
cia
»
enviaba
gente
de
armas
para
impedirle
la
sa-
¡
ella
y
el
Condestable
huyeron
al
reino
de
Ara-
gon:
y
fueron
acogidos
en
Valencia.
Igual
suerte
tuyo
el
Adelantado
Pedro
Manrique
,'
mandado
tambien
prender
cuando
el
Condestable.
Hallábasé
cerca
de
Logroño
al
tiempo
de
saber
aquella
noye-
dad
,
y
no
queriendo
tampoco
fiarse
ni
en'
la
tem=
planza
ni
en
la
justicia-
del
bando
contrario,
par=
tió
4.
toda.
prisa
á
Tarazona
y
despues
4-
Zarago=
za,
donde
para
mayor
seguridad
se
SS
erre.
vecino,
«—Habíanse
aprehendido:
todoslos.
sieci
aá
cies
“los
dos
presos
tenian
¡consigo
;
he
les
mandó
56
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
poso.
Despues
se
aparentó
ceder
en
esto
último,
convencida
la
corte
de
Castilla
de
lo
duro
é
inho-
nesto
que
era
negar
la
presencia
del
Rey
á
su
mis-
ma
hermana,
Reina
de
un
estado
tan
principal,
y
que
en
nada
les
habia
ofendido.
Mas
ya
Don
Alon-=
so,
cansado
de
aquellas
dilaciones,
instigado
del
amor
que
tenia
á
su
hermano,
y
acalorado
quizá
por
los
caballeros
ausentes,
empezaba
á
prepararse
para
entrar
armado
en
Castilla,
y
verse
de
fuerza
6
grado
con
el
Rey,
suponiendo
que
aquellas
dificul-
tades
no
nacian
de
su
yoluntad,
sino
de
las
suges=
tiones
de
sus
consejeros.
Esto
enconó
mas
los
áni=
mos
en
la
corte
de
Don
Juan
,
donde
tambien
se
empezó
á
hablar
de
guerra
y
4
hacer
preparativos
para
defenderle
la
entrada.
Conformábase
con
estas
disposiciones
el
espíritu
general
del
reino,
ofendido
de
la
actitud
hostíl
del
Rey
de
Aragon,
y
nada
fa=
vorable
á
la
intervencion
armada
que
pensaba
atri-
buirse
en
los
negocios
interiores
de
Castilla.
Asi
es
que
los
Procuradores
de
las
ciudades
fueron
de
pa=
recer
que
si
el
Rey
de
Aragon
insistia
en
entrar,
se
le
resistiese
poderosamente,
y
para
ello
ofrecieron
cuanto
fuese
menester.
Bien
que
añadieron
que
mien=
tras
se
detenia
en
intentarlo,
seria
bien
tentar
los
medios
de
paz
y
de
concordia,
tan
propios
del
pa-
rentesco
que
habia
entre
los
dos
Príncipes.
*
-En
esto
Don
Alonso
envió
'4
su
hermano
el
In-
fante
Don
Juan
órden
perentoria
de
que
fueserá
su
presencia,
para
conferenciar
con
él
en
negocios
muy
árduos
y
concernientes
á
su
servicio.
Como
este
In-
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
57
fante
era
entonces
tenido
por
la
cabeza
visible
del
partido
contrario
4
Don
Enrique,
creyó
el
Prínci-
pe
aragonés,
que
con
traérselo
4
sí,
quitaba
á
los
enemigos
del
preso
su
apoyo
principal.
Dudaba
Don
Juan
de
lo
que
haria,
temeroso
de
enojar
al
Rey
de
Castilla
si
obedecia
la
órden
,
y
recelando
las
con-
secuencias
de
su
resistencia
al
llamamiento
de
su
hermano,
Rey
natural
suyo,
y
de
quien
era
here-
dero
presuntiyo.
De
esta
perplejidad
le
sacó
el
Rey
de
Castilla
con
darle
licencia
para
ir
á
la
corte
de
Aragon,
y
al
mismo
tiempo
poder
ámplio
para
negociarcon
su
hermano
del
mismo
modo
que
si
el
Rey
tratára
en
persona.
Él
fué,
y
de
pronto
no
halló
buena
acogida
en
Don
Alonso,
que
le
consideraba
autor
de
aquellas
desavenencias
y
de
la
humillacion
del
otro
Infante.
Mas
en
los
mismos
dias
acertó
4
morir
el
Rey
Don
Cárlos
de
Navarra,
y
el
Infante,
ya
Monarca
de
aquel
reino
por
su
esposa
Doña
Blanca,
pudo
tratar
de
igual
4
igual
con
su
her-
mano,
y
dar
4
sus
propuestas,
en
aquella
negocia-
cion
prolija
y
dilatada,
la
gravedad
é
importancia
de
una
mediacion,
y
no
el
espíritu
interésado
de
cabeza
de
partido,
En
fin
,
despues
de
muchos
mensajes
y
tratos,
que,
como
dice
el
cronista,
serian
graves
de
escri-
bir
y
enojosos
de
leer,
se
acordó
,
con
otros
dife=
-
Fentes
capítulos
que
tenia
el
concierto,
la
libertad
del
Infante,
con
la
condicion
de
ser
puesto
en
po=
der
del
Rey
de
Nayarra,
hasta
que
el
de
Aragon,
que
se
haMaba
á
la
sazon
dentro
de
los
confines
de
58
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
aquel
reino,
volviese
al
suyo
y
licenciase
sus
gen-
tes,
De
esta
manera
se
daba
4
la
soltura
del
Infan-
te
el
aspecto
de
deberse
4
los
ruegos
del
Rey
y
Rei-
Miérco-
MA
de
Aragon,
y
mo
á
sus
amenazas.
En
conse-
les
xo
de
cuencia
fué
entregado
á
los
comisionados
del
Rey
de
1425.
de
Navarra,
que
fueron
por
él
al
castillo
de
Mora,
adonde
se
le
trasladó
desde
el
alcázar
de
Madrid
4
pocos
dias
de
ser
preso.
No
bien
salió
del
castillo,
cuando
las
ahumadas
,
sucediéndose
por
momentos
de
cerro
en
cerro
y
de
sierra
en
sierra,
lleyaron
en
dia
y
medio
esta
noticia
al
Rey
de
Aragon,
que
la
deseaba
conimpaciencia,
y
tenia
dispuestas
estas
señales
para
cuando
se
llegase
á
verificar.
Él,
con-
tento
y
satisfecho
con
haber
logrado
su
principal
deseo,
se
movió
de
San
Vicente
de
Navarra
en
don-
de
estaba
,
se
entró
en
Aragon
y
licenció
su
gente
segun
lo
acordado.
Don
Enrique
fué
llevado
4
Ágre-
da,
donde
le
esperaba
su
hermano
Don
Juan,
que
le
salió
4
recibir
honrosamente,
pasando
entre
Jos
dos
muchas
muestras
de
cordialidad
y
cortesía.
Al
dia
siguiente
marcharon
4
Tarazona
:
allí
los
reci-
bió
el
Key
de
Aragon
con
toda
la
pompa
y
solem-
nidad
de
un
triunfo;
y
despues
de
tres
años
de
prision
y
de
infortunios,
pudo
así
Don
Enrique
recibir
el
beso
de
paz
y
las
amantes
caricias
de
su
generoso
libertador,
Cual
fuese
el
influjo
personal
del
Condestable
en
toda
esta
transaccion,
no
puede
determinarse
fá-
cilmente.
Su
cronista
le
hace
siempre
el
autorúni-
co
de
cuanto
se
hacia
entonces
en
la
corte;
en
la
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
59
Crónica
del
Rey
no
se
mienta
mas
que
al
Prínci-
pe
en
todos
los
actos
de
gobierno,
y
su
yoluntad
es
la
única
que
suena
al
referirlos.
Pero
sin
temor
de
equivocarse
puede
decirse
que,
á
no
entrar
Don
Álvaro
gustoso
en
aquellas
negociaciones
y
en
la
concordia
que
al
fin
resultó
de
ellas,
no
era
dable
que
se
hubiese
hecho
el
concierto
con
la
facilidad
que
se
ajustó.
Su
privanza
estaba
entonces
en
su
punto
mas
alto:
él,
cuando
nació
el
Príncipe
Don
Enrique,
habia
sido
uno
de
sus
padrinos
':
él
acom-
pañaba
al
Rey
en
todos
sus
viajes,
aun
cuando
no
hubiese
de
ir
Grande
ninguno
con
él:
él
era
su
consejero
hasta
en
las
cosas
mas
leves:
él
le
ocupa-
ba,
él
le
entretenia,
y
puede
decirse
que
él
era
su
vida,
su
existencia
toda.
Únase
á
esta
intimidad
y
favor
absoluto
la
alta
dignidad
de
que
estaba
re-
vestido,
y
la
preponderancia
que
debian
darle
en
las
deliberaciones
su
capacidad
y
su
audacia
,
y
se
hallará
que
el
aspecto
de
conciliacion
y
de
sosiego
que
tomaban
entonces
los
negocios
del
reino,
era
debido
principalmente
á
su
direccion
y
á
su
influ-=
jo,
y
que
la
libertad
del
Infante
y
la
rebabilita-
cion
civil
y
política
de
sus
parciales,
mo
se
hubie-
ra
verificado
á
no
haberlo
él
consentido.
La
série
de
los
acontecimientos
que
yan
á
seguirse,
manifes-
1
El
Principe
nació
en
5
de
enero
de
1425,
y
se
le
bautizó
ocho
dias
despues.
Fueron
padrinos
suyos
,
ade-
mas
del
Condestable
,
el
Almirante
Enriquez
,
el
Duque,
antes
Conde
de
Arjona
Don
Fadrique
,
y
el
Adelantado
Sandoval.
A
Don
Álvaro
desde
entonces
solia
llamar
el
Rey
mi
buen
Compadre
,
y
con
este
título
conversaba
con
él.
6o
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
tará
cómo
correspondieron
aquellos
Príncipes
4
su
deferencia
y
buena
fé,
y
en
qué
manera
los
esfuer=
zos
hechos
para
el
sosiego
y
la
tranquilidad
fueron
otros
tantos
estímulos
y
agentes
de
turbulencia
y
confusion.
Puesto
en
libertad
el
Infante,
quedaron
otros
muy
principales
artículos
que
concertar;
tales
eran
la
restitucion
de
su
estado,
honores
y
bienes
que
se
le
embargaron;
la
designacion
de
dote
compe-
tente
para
la
Infanta
su
esposa;
el
pago
de
lo
que
se
la
debia
de
la
herencia
de
su
padre;
la
rehabi-
hitacion
del
Adelantado
Manrique,
y
el
desembar-
go
y
restitucion
de
sus
bienes,
rentas
y
honores;
-
probablemente
otros
extremos
no
tan
importantes,
pero
igualmente
empachosos
y
complicados,
Fué-
ronsé
arreglando
unos
tras
otros,
mas
no
con
la
celeridad
que
los
interesados
anhelaban:
algunos
de
ellos,
4
la
verdad,
no
eran
tan
fáciles
y
expeditos
cual
parecia
4
primera
vista,
tales
como
el
dote
de
la
Infanta
y
el
ajuste
de
sus
créditos.
Pedro
Manrique,
que
habia
venido
á
la
corte
con
poderes
del
Infante
y
de
su
esposa
para
entender
en
susne-
gocios,
cumplió
con
su
comision
de
un
modo
que
descontentaba,
y
aun
daba
que
recelar.
Artero,
in-
"trigante
y
denodado,
mostraba
el
aspecto
y
la
petu-
lancia
de
vencedor,
y
no
cesaba
de
tener
conferencias
sospechosas,
y
entrar
en
ligas
y
confederaciones
con
los
descontentos.
Teníase
ya
noticia
en
la
corte
de
que,
con
achaque
de
ir
á
cumplimentaral
Infante
por
su
libertad,
los
Maéstres
de
Calatraya
y
de
Alcán-
da
pagiin
el
Bachiller
Peraan,
Goinóz
>
los
ios
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
61
tara
y
algunos
otros
caballeros
habian
enviado
un
nuevo
mensaje
ofreciendo
sus
servicios
4
los
dos
hermanos,
para
el
caso
que
quisiesen
ser
contra
aquellos
que
tenian
entonces
mayor
influjo
en
la
corte,
Sabedor
el
Rey
de
estas
hablas,
habia
dicho
al
de
Navarra
con
resolucion
y
entereza,
que
seme=
jantes
manejos
le
desagraban
mucho,
y
que
si
el
Infante
Don
Enrique
seguia
dando
oidos
á
los
in-
trigantes,
se
veria
forzado
á
proveer
sobre
ello
sin
consideracion
alguna
á
los
tratos
y
concordia
he-
cha,
los
cuales
en.
tal
caso
aprovecharian
poco.
Pero
esta
amenaza,
en
vez
de
arredrar
de
su
pro-
pósito
á
los
agitadores,
les
añadió
fuego
y
alas
para
proseguir
en
él.
Ya
tenian
de
su
parte
al
Rey
de
Nayarra,
que,
descontento:
sin
duda
del
predomi-
nante
influjo
del
Condestable,
queria
ser
mas
bien
el
primero.
del
bando
opuesto
que
el
segundo
en
el
de
la
corte.
Habíase
conservado
el
Rey
mil
lan-
zas
para,
su
guarda
al
deshacer
el,
armamen
to
dis-
puesto
cuando
el
amago
de
Aragon
:
los
Procurado-
res
del
reino,
instigados
por
algunos
cortesanos,
pi-
dieron
quese
suprimiesen
para
excusar
los
excesi-
vos
gastos.
que
causaban
*;
y
el
Rey,
aunque
con
oh!
1
s
erp
IO
Pp
justa
y
raciomál,
porque
la
suma
era
fuerte
para
iempo
,
y
expendida
sin
necesidad
aparente,
El
Rey
tenía
su
guarda
propia,
ordenada
de
anti
no
necesi
ba
larda
propia,
ordenada
de
antiguo,
y
NO
hecesita=
ces.
o.
pero
las
cireunsiancian
Jal
wezla
Vacian;enton
S
hala
;
xn
0D
»
Peticion
fueron
el
Fomslo
co
enaronia
y
los
dadas
dos
Manrique
y
Sandoy
nton
epistolar,
epistola
Y.
62
«ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
mucha
repugnancia,
las
redujo
á
ciento,
cuyo
man-
do
dió
al
Condestable.
Pero
este
no
podia
estar
bien
guardado
con
cien
lanzas
solas:
los
tratos
entre
los
caballeros
eran
ya
tan
escandalosos
y
feos,
que
el
cronista
dice
ser
mas
dignos
de
callarse
que
de
es-
cribirse
en
Crónica;
y
el
Mayordomo
mayor
Juan
Hurtado
de
Mendoza,
que
falleció
pqr
aquellos
dias,
protestó,
muriendo,
á
su
confesor,
que
iba
contento
al
ótro
mundo
por
no
ver
los
males
que
iban
4
pasar
z,
Crecian
las
sospechas
entre
unos
y
otros,
y:
4
la
par
sus
precauciones.
Viniéronse
Don
Juan
y
los
caballeros
de
su
valía
4
Zamora,
llamados
por
el
Rey,
pero
vinieron
mas
prevenidos
para
guerra
que
para
corte.
El
Condestable
por
su
parte,
vien-
do
aquella
disposicion
siniestra,
aumentó
la
guardia
con
algunos
hombres
de
armas
de
su
casa:
de
aquí
“quejas,
y
reconvenciones
de
una
parte
y
otra.
Si
tal
“vez
se
tenia
el
consejo
en
casa
del
Rey
de
Navar-
Ya,
Don
Álvaro
dudaba
de
asistir
por
miedo
de
al-
“guna
asechanza:
el
Rey
de
Navarra,
que
solia
dia=
“riamente
apearse
en
palacio
y
ver
al
Rey,
dejaba
4
las
veces
de
hacerlo
por
el
mismo
recelo.
Cele-
brábanse
los
consejos
sin
la
debida
asistencia
de
los
individuos
que
en
ellos
debian
deliberar,
y
hubo
4
veces
que
tenerlos
en
el
campo,
porque
allí
rece-
3
Podo
anda
de
ventisca:
é
bien
lo
oteaba
Juan
Hur-
tado
de
Mendoza,
que
decia
al
Padre
Finestrosa
,
cuando
era
pará
finarse,
que
andaba
de
buena
gana
por
no
que-
dar
d
gustar
las
desaventuras
de
nuestros
días.
Centon,
epístola
Y.
:
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
63
laban
menos
los
unos
de
los
otros.
Tal
era
la
triste
situacion
en
que
se
hallaban
las
cosas,
cuando
vino
4
aumentar
la
confusion
y
la
agrura
la
determina=
cion
que
tomó
de
presto
el
Infante
de
venirse
4
la
corte
desde
Ocaña.
Decia
él
que
se
alargaba
el
des-
pacho
de
sus
negocios
por
culpa
de
los
que
los
tra-
taban,
y
queria
yenirlos
4
procurar
en
persona.
Vedóselo
el
Rey
enviándole
4
decir
por
dos
veces
que
no
emprendiese
semejante
viaje
hasta
que
se
le
mandase,
y
que
de
no
obedecer
se
exponía
á
al-
guna
resolucion
que
no
se
hallaria
bien
de
ella.
Vana
amenaza,
de
que
el
Infante
no
hizo
caso
al-
guno,
seguro
con
el
apoyo
de
los
dos"
Reyes
sus
hermanos,
y
de
una
gran
parte
de
los
Próceres
de
Castilla
que
estaban
ya
en
su
favor.
Los
Maestres
de
Alcántara
y
Calatraya
le
acompañaban,
tambien
Otros
muchos
caballeros,
y
el
séquito
que
llevaba
parecia,
por
el
número
y
por
los
arreos
que
iba
mas
para
la
defensa
y
el
ataque,
que
para
el
luci-
miento
y
el
obsequio.
Detúvose
antes
de
llegar
4
Valladolid;
porque,
aparentando
dar
todavía
algun
respeto
4
la
Magestad
Real
,
NO
quiso
entrar
en
la
villa
sin
tener
licencia
de
la
corte.
Consiguiósela
al
cabo
de
muchas
instancias
el
Rey
de
Navarra:
con
esto
los
dos
hermanos
se
reunieron
allí:
los
Grandes,
parciales
de
uno
y
otro,
vinieron
tambien
4
juntárseles,
y
hechos
un
bando
los
que
antes
eran
dos,
alzaron
declaradamente
el
estandarte
de
opo-
sICION
Contra
el
Condestable,
y
enviaron
al
Rey,
que
estaba
4
la
sazon
en
Simancas,
una
peticion
64
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
para
que
le
separase
de
su
lado
y
del
gobierno.
“El
Rey,
perplejo;
no
sabia
qué
hacer:
mi
su
edad,
ni
su
prudencia,
ni
su
carácter
eran
bastan-
tes
para
tomar
la
resolucion
que
correspondia
en
semejante
crisis.
El
Condestable,
que
por
interés
propio,
y
por
el
influjo
que
sobre
él
tenia,
era
quien
se-la
podia
inspirar,
no
tenia
seguridad
de
que
él
la
levase
adelante,
ni
tampoco
de
que
los
Grandes,
los
Doctores
del
Consejo
y
los
Procuradores
del
reino
que
en
la
corte
habia,
le
confirmasen
en
su
opinion
y
la
ayudasen
con
sus
esfuerzos.
Todo
era
dudas,
sospechas,
temores,
tratos
clandestinos
y
aleyes
confianzas.
Si
se
presentaban
galanes
por
de-
fuera
,
los
soforros,
como
decia
Fernan
Gomez,
eran
de
mas
que
muy
buenas
corazas
:
mientras
que
se
amenazaban
en
público,
de
secreto
se
carteaban.
Asi
lo
hacia
el
Infante
con
el
Condestable;
los
re-
cados
iban
y
venian,
y
nada
al
fin
se
llegaba
4
con-
cluir.
Por
eso
aquel
ladino
médico
del
Rey
acon-
sejaba
4
Pedro
de
Stúñiga,
el
Justicia
mayor,
que
no
se
inclinase
mas
á
un
bando
que
al
otro,
pues
no
estaba
decidido
por
quién
habia
de
quedar
el
campo
en
aquella
contienda
dé
intrigas
y
de
ar-
terías
*.
5
od
-
Adoptóse
en
fin
el
medio
de
nombrar
cuatro
caballeros
de
un
bando
y
otro,
en
quienes
se
comprometiesen
estos
debates,
y
decidiesen
lo
que
1.
Por
ende
wuestra
merced
no
se
desmembre
de
los
amigos
que
son
declarados
por
el
Infante,
ni
menos
se
avenga
con
el
Condestable,
Centon,
epístola
VII...
DON-+
ÁLVARO
DE
LUNA.
65
se
debia
resolver
para
evitar
los
escándalós
que
ame-
nazaban,
y
fijar
las
cosas
en
paz.
Estos
fueron
el
Almirante
Don
Alonso
Enriquez,
Don
Luis
de
Guzman
Maestre
de
Calatrava,
el
Adelantado
Pe-
dro
Manrique,
y
Fernan
Alonso
de
Robres
Conta-
dor
mayor
del
Rey.
Nombróse
tambien
para
el
caso
de
discordia
al
Prior
de
San
Benito,
y
se
les
die-
ron
diez
dias
de
término
para
la
deliberación
y
la
sentencia,
Todos
juraron,
y
el
Rey
tambien,
estar
á
lo
que
estos
compromisarios
decidiesen,
y-
ellos
se
encerraron
en
el
monasterio
de
San
Benito,
dan-
do
su
fé
de
no
salir
de
él
en
el
término
propuesto,
sin
haber
evacuado
su
compromiso.
-
E
-
De
los
cuatro
encargados
el
Adelantado
y
el
Maestre
eran
francos
y
seguros
parciales
de
los
In=
fantes
:
los
otros
dos
no
podian
servirles
de
equili-
brio,
porque,
aunque
al
parecer
inclinados
4
Don
Álvaro
el
uno
por
la
afinidad
que
con
él
tenia,
y
el
otro
por
la
antigua
amistad
y
confianza,
el
Al-
mirante
sin
embargo,
anciano
respetable
y
virtuo=
so,
sacrificaria
cualquiera
cosa
4
la
paz
y
al
sosie=
go
del
reino,
y
el
Contador
era
mas
fiel
4
sus
in-
tereses
y
esperanzas
,
que
4
cualquiera
otro
afecto
humano,
De
aquí
debia
precisamerte
resultar
que
la
causa
del
Condestable
perdiese
en
la
decision.
Acordaron
primero
que
el
Rey
con
la
corte
saliese
para
Cigales
y
el
privado
quedase
en
Simancas.
Para
la
resolucion
de
lo
principal
estuvieron
mas
discordes,,
de
modo
que
hubo
de
entrar
4
deliberar
AO
el
Prior,
Éste
era
un
pobre
religioso,
en-
72
ESPAÑOLES
CELEBRES.
que'
era
tenido,
mas
no
la
de
sus
delitos;
y
como
su'
prision
y
su
desgracia
se
hicieron
sin
juicio
y
sin
proceso,
al
paso
que
nos
dan
una
triste
idea
de
la
insuficiencia
de
las
leyes
de
aquel
tiempo
para
la
seguridad
personal,
se
nos
presentan
mas
como
un
desquite
de
orgullo
y
de
venganza,
que
como
un
ejemplo
de
justicia,
-Arreglábase
entretanto
todo
lo
que
correspon-
dia
á
las
pretensiones
del
Infante
Don
Enrique
y
de
su
esposa,
igualmente
que
á
las
indemnizacio-
nes
del
Rey
de
Navarra
por
los
gastos
que
habia
hecho
en
obsequio
y
servicio
del
Rey.
Todo
se
dis-
puso
4
satisfaccion
y
gusto
de
los
interesados;
pero
ni
esta
condescendencia,
ni
otras
disposiciones
igual-
mente
benévolas
y
conciliadoras
que
se
tomaron
*,
fueron
bastantes
á
conseryarlos
quietos
y
acordes
entre
sí,
y
los
que
antes
estuyieron
tan
unidos
para
alejar
al
Condestable
de
la
persona
del
Rey,
ya
sedividian
en
bandos
y
comenzaban
bullicios,
y
mostraban
la
confusion
que
en
ellos
causaba
el
ansia
de
poseerle
solos.
Los
dos
cabezas
de
la
liga,
el
Rey
de
Navarra
y
el
Infante,
no
se
entendian
como
antes,
y
volviéronse
4
dividir,
queriendo
cada
uno
1
Tales
como
la
de
declarar
el
Rey
nulas todas
las
li-
gas
y
confederaciones
que
se
hubiesen
hecho
entre
sus
va-
sallos
;
y
la
de
publicar
perdon
general
á
todos
sus
súbdi-
10s
de
cualquiera
acto
criminal
en
que
hubiesen
incurrido,
desde
el
caso
menor
hasta
el
mayor,
salvando
el
derecho
de
tercero.
San
Fernando
publicó
tambien
igual
perdon
4
rincipios
de
su
reinado,
cuando
trató
de
llevar
sus
fuer=
|
contra
los
moros.
La
medida
entonces
produjo
su
efecto;
pero
San
Fernando
era
otro
hombre
que
Juan
II,
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
73
ser
exclusivamente
el
instrumento
del
poder
y
con=
fianza
real.
Y
como
la
pasion
del
Rey
hácia
el
Con-
destable
en
vez
de
entibiarse
se
habia
exaltado
mas
con
la
ausencia;
y
era
evidente
que,
acabado
el
térmi-
no
del
destierro,
habia
de
volver
mas
poderoso
que
nunca,
cada
uno
de
los
dos
partidos
quiso
tenerlo
4
su
fayor,
y
adquirir
el
mérito
de
anticiparle
la
venida,
Comenzaron
pues
á
tratar
secretamente
con
él:
estos
tratos
se
descubrieron,
y
en
la
acusacion
que
recí-
procamente
se
hacian
de
faltar
4
lo
convenido,
cada
uno
echaba
sobre
el
otro
la
imputacion
de
haber
sido
el
primero
*.
La
conclusion
de
todo
fué,
que
así
el
Rey
de
Navarra
como
el
Infante
y
los
mas
de
los
Grandes
y
señores
de
una
y
otra
parcialidad
se
convinieron
en
pedir
al
Rey
que
mandase
venir
al
Condestable
á
la
corte.
Esto
era,
segun
decian,
lo
que
convenia
á
su
servicio;
y
la
misma
yehemen-
cia
ponian
entonces
para
que
viniese,
que
antes
ha»
bian
puesto
pará
su
salida.
El
Rey,
que
ninguna
cosa
mas
deseaba,
les
concedió
inmediatamente
su
demanda,
y
el
Condestable
fué
mandado
venir:
4
Turuégano,
donde
4
la
sazon
se
hallaba
la
corte.
Él
lo
ejecutó
con
una
magnificencia
verdaderamente
régia:
los
trajes,
los
arreos
,
las
armas
y
los
caba-
llos,
el
gran
séquito
de
gente,
y
los
Grandes,
Pre-
lados
y
caballeros
que
le
acompañaban,
hacian
una
Pompa
bellísima
y
triunfal.
Distioguíanse.,
en
su
tol
e
el
¿0h
gente
Me
Cad
SA
en
e
si
74
7
ESPAÑOLES
CELEBRES.
acompañamiento
los
señores:
de
Almazan
y
de
Oro-
pesa,
Lopez
Vazquez
de
Acuña,
señor
de
Buen-
dia
y
Azenor;
los
Obispos
de
Osma
y
de
Ávila.
A
una
legua
de
la
yilla
le
salieron
4
recibir
el
Rey
de
Navarra,
el
Infante
su
hermano
y
todos
los
Grandes
y
caballeros
de
la
corte.
La
gente
que
acudió
de
toda
la
comarca
á
yer
aquel
espectáculo
era
infinita:
él,
recibiendo
los
parabienes
de
todos,
y
saludándolos
con
la
gracia
inimitable
que
tenia,
Megó
en
medio
de
aquel
inmenso
concurso
á
pala-
cio
y
entró
á
hacer
reverencia
al
Rey,
que
al
ins-
tante
que
le
vió
se
leyantó
de
su
silla,
salió
á
él
hasta
el
medio
de
la:sala»,
le
echó
los
brazos
al
cuello,
y
le
tuvo
así
algun:
tiempo.
Pasó
en
seguida
4
la
presencia
de
Ja
Reina
,
cuyas
damas
y
donce-
Mas
manifestaron
el.
mayor
gusto
en
su
venida
y
la
desus
caballeros
,
pues
solo.cuando
él
estaba
pre-
sente,
decian
ellas:que
tenia
Ja
corte
la
nobleza
y
resplandor
:de
tal.
Dióle
sala
y
convite
aquel.
dia
el
Rey
de
Navarra,
que
babia
hecho
todo
ahinco
para
ello;
y
para
mas
honor
sirvierón
4
la
mesa
hombres
muy
distinguidos
por
su
nobleza
y
sus
prendas.
De
allí
en
adelante
;
dice
la
Crónica
del
Reyy!
él
tornó
é
lá
gobernación
como.
de
primero.
00000
A
la
satisfaccion
y
alegría
que
causó
en
la
cor-
tevesta
vuelta:
de
Don-Álvaro,
siguieron
despues
los
regocijos
tenidos
en
Valladolid
en
obsequio
de
la
Infanta
Doña
Leonor.
Era
hermana
de
los
Re-
yes
de
Aragon"
y
de
Navarra)
Y
venia
4
despedirse
del
Rey
de
Castilla
para
ir
4
Portugal
4
celebrar
aros
rr
nin
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
75
sus
bodas
con
el
Principe
heredero
de
aquel
reino.
Esmeróse
la
corte
en
obsequiarla
y
honrarla:
hubo
justas,
torneos,
convites
y
saraos,
y
la:
misma
por-
fia
que
antes
tuvieron
unos
y
otros
por
la
prima”
cía
en
el
poder,
tenian
á
Ja
sazon
por
llevarse
la
palma
de la
gala
y
de
la
bizarría.
El
Infante
,
el
Rey
de
Nayarra,
el
de
Castilla,
y
últimamente
el
Condestable,
dieron
cada
uno
su
fiesta
4
competen-
cia,
cuyas
circunstancias
pueden
yerse
en
las
me>
“morias
del
tiempo:-cosas
en
aquella
época
bien
in-
terésantes
,
ahora
menos,
por.
la
mudanza
absoluta
que
ha
habido
en
los
gustos
y
pasatiempos.
Y
por-
que
«si.
bien
mos
parecen
magníficos
y
caballerescos
aquellos,
no
dejaban
de
tener
sus
grandes
inconye-
nientes:
4
lo
menos
el
de
convertir
en
Juto
Ja
funcion
mas
lucida,:como
sucedió
en
la
que
dió
e)
Infante,
donde
un
sobrino
del
Conde
de
Castro,
el
grán
«privado
del
Rey
«de
Navarra
,
Gutierre
de
Sandoval,
perdió-la
vida
de
un
encuentro
que
le
dió:
Alonso
de
Urrea,
un
muy
amigo
suyo,
que
de
despecho
no
quiso
seguir
justando,
Don;
Álvaro
en
aquella
grande
ocasion,
mo
solo:
se
manifestó
igual
4:la
magnificencia
de:aquellos
Príncipes;
sino
que
se
leyó
la
palma:
por.su
destreza
y.
manejo.en
e
clase
de
ejercicios.
de
«caballero
E
hem
La
8
M0sás
¿19
2
63
BIS
Y
lied
dd
desd
el,
odriond
d
e
caló
tania
como
si
con
e
silla
fiera
e
ernan
Gomez,
epistola
ANLorEmesta
corres
a
Crónica
puede
ver
mas
4
OE
ps
pb
dl
ade!
cb
76
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
En
las
danzas
y
saraos
la
novia
llevó
la
gala
de
graciosa
y
bien
apuesta.
Tenia
donaire
y
desahogo
con
discrecion.
Al
Arzobispo
de
Lisboa
,
que
habia
venido
de
Portugal
para
acompañarla,
rogó
una
noche
que
bailase
con
ella
una
zambra.
El
Prela-
do,
que
era
de
la
familia
Real,
nieto
de
Don
En-
rique
II,
excusóse
cortesmente
diciendo,
que
sé
supie-
ra
que
tan
apuesta
Señora
le
había
de
llamar
al
baile,
no
trajera
tan
luenga
vestídura,
Pasadas
las
fiestas
y
partida
la
Infanta,
los
re-
gocijos
dieron
lugar
á
los
negocios
políticos.
Quiso
el
Rey
que
se
desembarazase
la
corte
de
tantos
Grandes
y
Prelados
como
la
componian,
y
solo
ser-
vian
de
gasto
y
de
embarazo.
El
Infante
Don
En-
rique
tambien
se
despidió
con
el
objeto
de
hacer
una
romería
4
Santiago,
y
tambien
se
consiguió
que
el
Rey
de
Nayarra
se
fuese
para
su
reino.
Re-
pugnábalo
él,
pero
al
cabo
tuyo
que
ceder
en
vista
del
mensaje
que
le
envió
el
Rey
de
Castilla
con
dos
doctores
de
su
Consejo,
en
que
le
amonestaba
que
partiese
,
una
vez
que
todos
los
negocios
así
suyos
como
de
su
hermano
y
de
la
Infanta
Doña
Catalina
estaban
ya
fenecidos.
Ofrecíale
que
siem-
pre
tendria
por
muy
recomendadas
sus
cosas,
y
que
miraria
por
ellas,
bien
como
de
Rey
tan
cercano
pariente
y
amigo.
Vínole
tambien
á
esta
sazon
al
Rey
de
Navarra
un
aviso
de
su
esposa
Doña
Blan-
ca,
instándole
4
que
se
fuese
para
ella;
y
así
hubo
de
las
éuales
ni
una
palabra
dice
el
historiador
de
Dow
Ál-
a
|
DON
ALVARO
DE
LUNA.
04
de
hacer
lo
que
por
todas
partes
se
le
rogaba,
y
despedido
amigablemente
del
Rey
su
primo,
se
fué
4
Navarra
con
todas
las
apariencias
de
buena
ar-
monía.
Eran
no
mas
que
apariencias:
los
dos
herma-
nos
estaban
ya
descompuestos,
y
Don
Enrique
era
quien
mas
habia
avivado
el
pensamiento
de
hacer-
le
marchar.
Pensaba
así
quedar
solo,
no
descon=
fiando
de
derribar
al
Condestable
cuando
la
oca
sion
se
presentase.
Entretanto
se
carteaba
y
cor=
respondía
con
él:
lo
mismo
hacía
el
Rey
de
Na-
varra:
los
dos
se
acusaban
recíprocamente
de
ven-
derse
al
enemigo
comun:
mientras
que
Don
Álva-
ro,
mas
grande
ó
mas
hábil
que
ellos,
en
vez
de
sacar
partido
de
sus
disensiones
para
acrecentar
su
poder,
envió
4
decir
expresamente
al
Rey
de
Ara-
gon
la
discordia
que
entre
ellos
habia,
y
lo
bien
que
seria
remediarla,
ofreciéndose
de
su
parte
4
concurrir
en
ello
conforme
él
se
lo
mandase'.
Don
Alonso
respondió
,
que
siempre
tendria
muy
gran-
de
satisfaccion
en
cualquiera
honra
y
favor
que
se
hiciese
al
Infante,
y
que
el
Rey
de
Navarra
estaba
bien
en
su
reino.
Añadió
tambien,
como
por
yia
de
consejo,
que
si
el
Condestable
queria
el
sosiego
de
Castilla
,
debia
echar
de
la
corte
al
Adelantado
Pedro
Manrique:
porque
él
era
quien
habia
puesto
en
discordia
4
sus
hermanos,
él
quien
habia
causa=
do
todos
los
disgustos
y
turbulencias
pasadas
,
él
1
Crónica
del
Rey,
año
de
1429,
capitulo
1.9
A
princi-
pios
de
1429:
78
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
en
fin
quien
no
dejaria
haber
paz,
mientras
tuvie-
se
alguna
cabida
en
los
negocios.
Tal
vez
el
Ade-
lantado
era
así,
y
el
consejo
provechoso,
4.
darse
de
buena
fé;
pero
en
esto
habia
mucha
duda,
y-los
sucesos
que
despues
siguieron,
pusieron
de
mani-
fiesto
el
poco
candor
con
que
se
daba.
Creíase
ya
desembarazada
la
corte
de
Castilla
de
los
disturbios
domésticos,
y
tratábase
en
ella
de
renoyar
la
guerra
contra
los
moros,
suspendida
des-
dela
gloriosa
campaña
de
Antequera.
Los
deseos
de
la
opinion
pública
estaban
siempre
de
acuerdo
en
este
designio;
y
las
cortes
del
reino,
tenidas
entonces
en
Valladolid,
concedieron
facilmente
al
Rey
para
esta
guerra
igual
subsidio,
que
las
de
To-
ledo
otorgaron”
veinte
y
tres
años
antes
con
mayor
dificultad
4
su
moribundo
padre.
Veía
el
Condesta-
ble
en
esta
empresa
abierto
delante
de
sí
aquel
ca-
mino
de
honor
que
tanto
debia
amhelar.
Justificar
la
estimación
y
confianza
de
su
Príncipe,
mostrar-
se
por
su
talento
y
su
justicia
digno
del
gobierno
de
las
armas
que
tenia
á
su
cargo,
reducir
al
si-
léncio
la
envidia
4
fuerza
de
hazañas
y
de
sacrifi-
cios,
y
servir
noblemente
al
Estado
y
4
su
Rey
contra
los
enemigos
del
nombre
cristiano,
eran
to-
-
dos
motivos
de
esperanza
y
de
alegría
para
su
no-
ble
ambicion
en
la
grande
ocasion
que
se
le
pre-
sentaba.
Pero
su
mala
suerte
le
negó
esta
gloria,
y
en
vez
de
mostrarse
al
mundo
como
el
campeon
de
la
religion
y
de
la
patria,
tiene
que
aparecer
otra
vez
casi
con
el
carácter
de
un
gefe
de
partido,
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
79
que,
bajo
el
pretexto
de
defender
la
independencia
y
las
prerogativas
de
su
Rey,
no
combate
en
reas
lidad
sino
por
defender
su
privanza;
iS
en
sus
miras
,
aislado
en
sus
intereses.
Ya
el
Rey
de
Aragon
se
habia
seo
4
firmar
el
tratado
de
paz
y
confederacion
entre
los
tres
rei-
nos
,
que
el
Rey
de
Navarra
habia
ajustado
con
el
Rey
de
Castilla,
y
firmado
por
sí
y
á
nombre
de
su
hermano
con
poderes
que
de
él
tenia.
Ya
habian
empezado
los
dos
4
prevenirse
de
armas
y
de
gente
y
4
abastecer
y
fortificar
las
plazas
fronterizas.
Ya
se
anunciaba
su
yenida
en
aparato
y
séquito
de
guerra,
para
no
ser
impedidos
de
ver
al
Rey
de
Castilla,
y
tratar
con
él
de
las
mudanzas
que
debia
hacer
en
su
gobierno
y
en
su
corte.
Ya
en
fin,
para
que
este
rompimiento
leyára
los
mismos
pasos
que
el
anterior,
amó
el
Rey
de
Aragon
al
Infante
Don
Enrique,
que
4
la
sazon
se
mostraba
uno
de
los
mas
fervorosos
parciales
del
bando
de
la
corte.
Por
eso
y
por
las
muchas
protestas
que
hizo
de
no
faltar
jamas
al
deber,
logró
licencia
del
Rey
de
Castilla
para
ir
á
verse
con
su
hermano.
Así
los
tratados,
las
confederaciones,
los
juramentos,
todas
las
mues-
tras
de
paz
y
de
armonía
desaparecieron
como
el
humo;
y
los
cuatro
Príncipes
aragoneses,
á
pesar
de:
la
division
y
mala
inteligencia
en
que
al
pare-
cer
estaban,
volvieron
4
coligarse
com
mas
ahínco
qué
nunca,
para
apoderarse
del
gobierno
y
dispo-
ner
á
su
arbitrio
de
Castilla
*..
1
Es
notable
la
injusticia
con
que
Mariana,
en
el
pre=
80
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
En
vano
el
Rey,
queriendo
evitar
por
medios
ho-
nestos
el
rompimiento,
les
envióá4
decir
y
á
rogar,
no
una
vez
sola,
que
desistiesen
de
aquel
dañado
pro-
pósito;
todo
fué
inutil,
y
ellos
se
dispusieron
á
rea=
lizar
sus
designios
entrando
4
mano
armada
pre-
cipitadamente
en
el
reino.
Entonces
ya
las
fuerzas
que
iban
4
emplearse
contra
los
moros
tuvieron
que
ser
empleadas
contra
aquellos
Príncipes
agre-
sores.
El
Rey
hizo
llamamiento
general
de
to-
dos
los
Grandes
y
caballeros
de
sus
reinos
para
que
le
vinieran
á
asistir
en
aquella
justa
guerra.
Tar-
daban
de
venir
de
parte
de
los
Grandes
el
Infante
Don
Enrique,
el
Duque
de
Arjona,
Iñigo
Lopez
de
Mendoza
señor
de
Hita,
que
fué
despues
Marqués
de
Santillana,
y
algun
otro.
De
aquí
se
tomó
sos-
pecha
que
no
todos
estaban
de
buena
voluntad
de
servir,
antes
bien
que
gustaban
de
la
venida
de
los
Reyes,
y
tal
vez
los
ayudasen.
Para
poner
algun
re-
paro
4
este
mal,
se
acordó
que
todos
suscribiesen
y
pusiesen
sus
sellos
en
la
fórmula
de
un
jura-
mento,
por
el
cual
se
obligaban
á
servir
al
Rey
Don
Juan
de
Castilla
leal
y
derechamente,
cesante
toda
ámbulo
ao0ps
á
esta
guerra
de
Aragon,
trata
á
Don
Ál-
varo,
echándole
exclusivamente
la
calpe
de
aquellos
de-
bates;
mientras
hb
los
que
realmente
la
tuvieron
fueron
el
Infante
y
los
dos
Reyes
sus
hermanos.
Desde
los
con-
ciertos
hechos,
ningun
agravio
,
ninguna
injusticia
habian
recibido.
Don
Álvaro
no
era
hi
mas
ni
menos
que
antes
y
al
tiempo
de
hacerlos;
¡qué
querian
pues!
Mandar
ellos
solos
y
usar
del
Rey
á
su
antojo.
Esto
mismo
era
lo
que
quería
y
conseguia
Don
Álvaro:
con
la
diferencia
de
que
el
Rey
estaba
por
éste
y
no
por
ellos.
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
81
caulela
,
simulacion,
fraude
ó
engaño,
así
contra
los
Reyes
de
Aragon
y
de
Navarra,
como
contra
todos
los
que
les
diesen
favor,
y
aun
contra
los
que
fuesen
inobedientes
al
Rey;
y
esta
obligacion
era,
so
pena
de
ser,
si
otra
cosa
hiciesen,
perjuros
,
fe-
mentidos
y
traidores
conocidos,
por
el
mismo
hecho,
sin
otra
sentencia
ni
declaracion,
y
de
que
sus
bienes
fuesen
confiscados
por
ello
para
la
cámara
del
Rey,
sin
otra
esperanza
de
vénia,
ni
de
otro
recurso
alguno:
Juró
tambien
por
su
parte
el
Rey
de
amparar
y
de-
fender
4
todos
los
que
hiciesen
aquel
juramento
y
pleito-homenaje,
como
tambien
sus
bienes,
hon-
ras
y
estados,
y
de
poner
su
persona
por
ello:
pro-
metiendo
tambien
que
si
algun
trato
ó
concierto
le
fúese
movido,
él
se
lo
haria
saber,
y
no
vendria
en
ello
sin
el
consentimiento
de
todos
ó
de
la
ma-
yor
parte.
Este
acto
solemne
se
hizo
en
Palencia
doude
la
corte
estaba
á
la
sazon.
Acto
que
mani-
3ode
ma-
fiesta
por
sí
mismo
cuán
desconcertados
estaban
los
Yo
de
vínculos
de
lealtad
entre
aquellos
Ricos-hombres;
454
puesera
necesaria
semejante
formalidad
para
creer=
los
mas
obligados
por
ella
4
cumplir
con
sus
debe-
res,
y
aun
bien
inútil
por
cierto
para
semejante
fin,
segun
lo
que
los
sucesos
dijeron
despues.
La
invasion
entretanto
amenazaba:
el
Rey
aun
no
tenía
prontas
las
fuerzas
que
debian
acompañarle
en
su
marcha,
y
se
resolvió
que
el
Condestable
con
dos
mil
lanzas
partiese
apresuradamente
4
resistir
la
entrada
4
los
Reyes.
Esta
era
su
primera
cam-
pa
e
y
si
bien
iban
con
él
como
cabos
de
aquella
88
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
todo
en
yano;
por
manera
que,
perdida
la
esperánza
-
de
rendirlos
á
su
deseo,
dejó
de
rogar,
y
los
Re-
yes
tuvieron
que
volyerse
como
fugitivos
4
Aragon,
Mas
aquella
mujer
varonil,
que
pudo
estorbar
una
batalla
poniéndose
en
medio
de
los
combatien-
tes,
no
logró
la
satisfaccion
de
terminar
tambien
la
guerra.
La
facil
condescendencia
que
halló
en
sus:
primos
y
en
su
esposo,
no
la
pudo
conseguir
de
su
hermano.
Los
mansos
por
indolencia
son
in-
exorables
cuando
se
llegan
4
embravecer,
y
tal
era
el
Rey
de
Castilla.
Honor
y
fortuna
suya
fué
enton-
ces
que
su
enojo
estuviese
escudado
con
tanta
ra-
zon,
y
que
el
poder
que
le
asistia
fuese
proporcio-
nado
4
su
enojo.
Acababa
de
rendir
la
villa
de
Pe-
afiel,
obligando
4
encerrarse
en
Su
castillo
al
In-
fante
Don
Pedro
y
al
Conde
de
Castro
que
la
de-
fendian;
y
al
frente
de
toda
la
nobleza
castellana,
seguido
de
diez
mil
caballos
y
cincuenta
mil
peo-
nes,
dilató
sus
huestes
por
los
campos
de
Castilla,
y
seacercó
á
grandes
marchas
4.
la
frontera
de
Ara-
gon
;
con
intento
resuelto
de
dar
batalla
4
sus
con=
trarios
donde
quiera
que
Jos
encontrase.
Pregonó
guerra
contra
Aragon
y
Navarra
en
todas
las
ciu=
dades
y
villas
de
sus
reinos;
envió
4
Extremadura
al
Conde
de
Benavente
á
secuestrar
todas
las
villas
y
lugares
de
Don
Enrique,
así
del
maestrazgo,
como
suyas,
y
un
rey
de
armas
fué
de
su
parte
á
desafiar
4
los
dos
Reyes,
y
4
decirles
que
sentia
no
le
hus
,
biesen.
esperado
para
verle,
una
vez
que
con
este
intento
habian
4
su
despecho
entrado
en
su
rei-
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
89
no; que
supiesen
que
él
iba
á
ellos,
y
les
rogaba
que
se
aguardasen
donde
les
encontrase
aquel
men-
saje.
Alcanzólos
el
rey
de
armas
en
Ariza
y
les
expresó
lo
que
el
Rey
su
señor
les
decia:
ellos
res-
pondieron
con
atencion
y
con
brio,
pero
no
tuyie-
ron
por
conveniente
esperarle,
y
se
retiraron
basta
Calatayud.
Entre
tanto,
la
Reina
de
Aragon
y
el
Cardenal
de
Fox
se
le
presentaron
en
Piquera,
4
donde
el
ejér-
cito
castellano
hizo
un:
descanso.
Él,
sabiendo
que
su
hermana
venía,
salió
4
encontrarla
como
una
legua
del
real,
la
recibió
con
alegría
y
ternura,
y
la
mandó
poner
una
rica
tienda
junto
á
la
suya.
Pero
todas
las
demostraciones
de
aprecio
y
de
cari-
ño
que
le
hizo
no
alteraron
en
nada
la
resolucion
firme
que
llevaba
de
tomar
yenganza
del
atreyi-
miento.
de
los
Reyes
coligados,
6
de
recibir
la
sa-
tisfaccion
correspondiente
á
su
dignidad
ultrajada,
y
4
su
independencia
y
soberanía
ofendidas.
Así,
por
mas
súplicas
y
consideraciones
que
su
hermana
le
hizo
para
que
aquellos
debates
cesasen,
y
quisiese
perdonar
4
su
esposo
y
sus
primos,
quedando
las
cosas.en
el
estado
que
tenian
antes
de
la
desyentu-
rada
tentativa,
no
pudo
sacar
mas
respuesta
sino
de
que
por
su
honor
le
convenia
á
él
entrar
en
los
reinos
de
ellos,
como
ellos
lo
habian
hecho
en
el
-
Súyo;
y.que
si
en
adelante
el
Rey
de
Aragon
se
enmendaba
y
le
guardaba
los
respetos
que
le
debia,
él
seslos
guardaría
4
él
y
miraría
por
su
honor
se-
gun
el
deudo
que
habia
entre
los
dos.
Ella
no
se
go
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
dió
por
contenta
con
esta
respuesta,
y
como
ya
en
aquellos
dias,
entrados
que
fueron
los
Reyes
en
Aragon,
el
Condestable
y
sus
compañeros
habian
venido
4
hacer
reverencia
al
Rey,
habló
con
unos
y
con
otros
reclamando
la
intercesion
que
la
habian
ofrecido.
Mas
no
adelantando
nada
tampoco
por
este
camino,
les
decia
afligida
bien
ásperas
palabras,
y
les
echaba
la
culpa
del
enojo
y
dureza
del
Rey
su
hermano.
Despidióse
en
fin;
el
Rey
la
acompañó
como
media
legua
del
real,
y
el
Condestable,
el
Almirante
y
otros
caballeros
la
siguieron
hasta
mas
adelante,
mostrando
ella
á
todos,
y
mucho
mas
al
Condestable,
el
grande
sentimiento
que
llevaba
por
lo
poco
que
por
ella
se
habia
hecho.
Fué
ésta
despedida
en
el
real
de
Belamazan,
adonde
el
Rey
se
habia
acampado,
siguiendo
dere-
cho
su
camino
á
la
frontera.
Allí
se
dió
otra
mues-
tra
de
rigor,
que
por
entonces
se
atribuyó
al
ge-
nio
vindicativo
del
Rey
,
que
despues
se
imputó
al
Condestable,
y
que
la
posteridad,
aun
dudosa,
no
sabe
4
quien
verdaderamente
atribuir.
Ya
se
dijo
arriba,
que
la
tardanza
de
Iñigo
Lopez
de
Mendoza
y
la
del
Duque
de
Arjona
en
yenir
al
llamamiento
del
Rey
se
habia
hecho
muy
sospechosa.
El
prime=
ro
se
le
presentó
en
Santisteban
de
Gormaz,
fué
recibido
con
semblante
alegre,
y
supo
disculparse
de
modo
que
el
Rey
perdió
toda
sospecha,
y
él
pres=
16
el
juramento
que
los
demas
Grandes
habian
he-
cho
en
Palencia
y
con
la
misma
solemnidad
*.
El
1
Tal
vez
los
estudios
de
este
señor
y
su
habilidad
para
DON
ÁLVARO
DE
LUNA»
g1
Duque
de
Arjona
no
fué
tan
feliz:
su
venida
habia
sido
mas
lenta:
el
armamento
que
traía
consigo
era
numeroso:
seguíanle
caballeros
de
mucho
esta-
do,
y
4
las
cartas
que
el
Rey
le
enviaba
mandando
que
acelerase
la
jornada,
pues
por
la
detencion
su-
ya
no
era
entrado
ya
en
Aragon,
respondia
que
su
gente
no
era
llegada
aun
toda,
y
por
eso
mo
iba
con
la
prisa
que
se
le
mandaba.
Él
siguió
siempre
su
marcha,
pero
despacio:
de
manera
que
los
unos
sospechaban
si
queria
irse
4,
Aragon
,
los
otros
que
queria
dar
largas
4
ver
como
se
declaraba
la
for—
tuna.
En
un
pariente
tan
cercano
al
Rey,
tan
fa-
vorecido
por
él,
y
cuya
conducta
en
tal
caso
era
de
tanta
importancia,
el
aspecto
que
presentaba
no
era
fránco
ni
seguro:
por
yentura
no
era
culpable
mas
que
de
flojedad
y
tibieza.
Pero,
aunque
con
pre-
textos
diferentes,
los
caminos
le
fuerom
tomados
para
que
mo
pudiese
escaparse
4
Aragon.
Él
en-
tretanto
se
acercaba
al
campo
del
Rey,
incierto
y
dudoso
ya
de
la
suerte
que
le
aguardaba.
Acon-
sejíábanle
algunos
de
los
suyos
que
exigiese
del
Rey
seguro
para
presentarse
á
él:
otros
lo
contradecian
diciéndole,
que
no
le
conyenia
tener
esta
conducta
con
el
Rey,
lo
cual
por.otra
parte
seria
en
algun
modo
declararse
culpable,
y
poner
dudas
donde
acaso
Ager
Eo
,
talento
en
que
no
cedia
sino
al
solo
Juan
de
Elo?
le
tenian
mejor
dispuesta
la
voluntad
en
su
favor.
se
deleitaba
mucho
en
leer
poesía,
y
no:
sería
de
e
!
Mar,
que
el
aprecio
y
aun
respeto
que
se
le
vió
mos-
ps
Boro
al
Marqués
ee
Elias
tacietan
de
este
.
ga
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
no
las
habia.
Llegó
en
fin,
plantó
su
campo
me-
dia
legua
del del
Rey,
y
despues
se
vino
4
él
con
los
caballeros
principales
de
su
casa
y
hasta
sesenta
hombres
de
armas.
Saliéronle
4
recibir
todos
los
grandes
señores
del
campo,
y
él
se
presentó
al
Rey
que
á
la
sazon
estaba
á
la
puerta
de
su
tienda,
Arrodillóse
ante
él,
y
comenzó
á
disculparse
de
la
o
tardanza.
El
Rey
le
interrumpió,
y
le
mandó
entrar
julio
de
en
la
tienda
para
oirle
en
ella
delante
de
su
Con-
1429-
sejo.
Hiízole
allí
los
cargos
que
resultaban
contra
él,
4
los
cuales
respondió
que
no
habia
errado
en
cosa
alguna
de
aquellas
:
que
en
caso
de
ser
cul-
pable
no
hubiera
venido
al
Rey
con
tanta
seguri-
dad
y
con
tanta
voluntad
de
servirle:
suplicóle
que
mandase
saber
la
verdad
,
y
despues
de
sabida
hi-
ciese
lo
que
su
voluntad
fuese.
El
Rey
le
dijo
en-
tonces
que
esto
era
lo
que
él
quería,
pero
que
en-
tretanto
convenia
que
fuese
detenido.
En
seguida
le
mandó
meter
en
la
cámara
de
madera
que
habia
en
su
tienda,
y
dió
el
cargo
de
guardarle
4
Pedro
de
Mendoza,
señor
de
Almazan.
Los
caballeros
que
con
él
iban
fueron
asegurados
por
el
Rey
mismo
que
aquel
rigor
con
el
Duque
no
se
entendia
con
ellos,
El
miserable
preso
fué
despues
lleyado
al
Castillo
de
Peñafiel,
en
donde
al
año
siguiente
fallecío,
con
lástima
y
compasion
de
todos
aquellos
que
le
ama-
ban
por
su
afabilidad,
generosidad
y
cortesía.
Era
primo
del
Rey,
hijo
de
Don
Pedro,
Conde
de
Tras-
tamara,
segundo
Condestable
de
Castilla
*,
y
nieto
1
El
primero
fué
Don
Alonso
,
Marqués
de
Villena
,
hijo
iii
AI
it
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
-
93
del
Maestre
de
Santiago
Don
Fadrique
,
hermano
del
Rey
Don
Pedro.
La
Crónica
del
Rey
nada
ex-
presa
de
los
motivos
reales
y
efectivos
de
su
pri-
sion,
ni
si
se
le
formó
causa
alguna.
El
médico
Fer-
nan
Gomez
en
su
correspondencia
dá á
entender
que
le
pesaba
de
su
muerte,
y
aun
se
inclina
4
creer
lo
que
algunos
decian
en
su
favor
,
que
era
la
médula
de
la
humanidad
y
cortesía,
é
el
vero
aco-
gimiento
de
los
que
le
demandaban
ayuda.
El
Rey
se
puso
luto
por
su
muerte
y
le
hizo
muy
honra-
das
exequias
en
Astudillo,
donde
se
tuyo
la
noti-
cia
de
ella.
El
no
haberse
hallado
el
Condestable
ni
el
Almirante
en
el
Consejo
en
que
se
le
pren-
dió,
dió 4
entender
á
muchos,
que
ellos
eran
sa-
bedores
del
caso,
y
tal
vez
sus
acusadores
,
si
se
atiende
bien
4
la
expresion
que
hay
en
la
Crónica
de
Don
Alvaro.—Muchas
cosas
se
fallaron
contra
este
Duque
,
porque
el
Rey
había
razon
de
haberle
en
su
íra.
En
la
pasion
del
cronista
por
su
héroe,
este
fallo
rigoroso
contra
el
preso
dá
gran
sospecha
de
que
Don
Álvaro
túvo
parte
en
su
desgracia,
y
por
eso
le
justifica
de
aquel
modo
indirecto,
De
to=
dos
modos,
el
castigo
del
Duque
de
Arjona
no
es-
carmentó
á
otros
Grandes,
que
siguieron
su
ejemplo
despues,
y
fueron
harto
mas
venturosos.
Pero
esto
manifiesta
las
yisicitudes
que
tenia
el
poder
del
Rey,
segun
los
consejos
ó
firmes
6
dudosos
que
le
regian,
de
Don
Pedro,
Infante
de
Aragon:
el
tercero
Don
Ruy
Lo-
pez
Dávalos
,
y
el
cuario
iS
de
Luna.
Esta
dignidad
se
habia
instituido
nuevamente
en
Casti.
la
á
imitacion
de
Francia,
Véase
la
Crónica
de
Juan
1.
94
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
«Ya
empezaba
la
guerra
á
arder
en
las
provin-=
cias
fronterizas
de
Aragon
y
de
Navarra,
excitados
los
castellanos
por
los
pregones
del
Rey
4
vengar
con
guerras,
talas
y
estragos
en
los
pueblos
limí-
trofes
el
agravio
hecho
al
pais
con
aquella
invasion
insolente.
El
ejército
castellano
desde
Belamazan
pasó
4
Medinaceli,
y
de
allí
á
Arcos
para
efectuar
su
entrada
en
Aragon.
Pero
antes
el
Rey
Don
Juan,
consiguiente
á
lo
que
habia
prometido
á
su
herma-
na,
envió
embajadores
al
Rey
de
Aragon
á
hacerle
las
mismas
proposiciones
que
antes
hizo
4
la
Reina:
4
saber,
que
él
suspendería
su
entrada
en
Aragon
y
dejaría
de
hacer
en
él
los
males
y
daños
que
tan
merecidos
le
tenian,
con
tal
que
él
dejase
de
ayu-
dar
al
Rey
de
Navarra
y
al
Infante
Don
Enrique
en
los
debates
que
tenian
en
Castilla;
pues
que
aquel,
por
los
estados
que
aquí
tenia,
y
el
otro
por
ser
vasallo
suyo,
debian
estar
sujetos
4
lo
que
el
Rey
mandase,
sin
tener
que
dar
cuenta
4
nadie
de
sus
procedimientos
con
ellos,
mas
que
á
las
leyes
y
á
su
justicia.
Fueron
por
embajadores
Don
Gu-
tierre
Gomez
de
Toledo,
obispo
de
Palencia,
y
Pe-
dro
de
Mendoza
,
señor
de
Almazan.
Recibió
el
Rey
de
Aragon
estos
embajadores
en
Calatayud:
la
con-
ferencia
fué
algo
acalorada;
y
cuando
Don
Alonso
les
dijo
que
él
no
podia,
nien
la
ley
de
naturaleza,
ni
en
la
de
equidad,
ni
en
las
positivas,
faltar
4
la
defensa
de
sus
hermanos,
y
de
las
personas
á
quienes
fuese
obligado
por
pleitesía
y
defension,
el
obispo
respondió
denodadamente,
que
ninguna
ley
diyina
A
A
irc
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
.
95
ni
humana
le
obligaban
á
ser
juez
en
el
reino
de
otro,
ni
á
amparar
á
aquellos
que
se
partian
del
home-
naje
del
Rey.
A
lo
que
el
Monarca
aragonés
inme-
diatamente
replicó:
Obispo
Don
Gutierre
de
Toledo,
Centon
andad
á
predicar
á
vuestros
parientes
que
me
0
rar
mandan
que
los
guarísca.
Prueba
clara
de
que
la
entrada
habia
sido
hecha
en
la
esperanza
de
que
ha-
bia
muchos
quejosos
que
la
deseaban,
y
aun
que
la
habian
concertado.
Como
los
embajadores,
aunque
despedidos
con
buenas
palabras,
no
volyieron
con
la
contestacion
terminante
y
positiva
que
el
Rey
deseaba,
la
en-
tráada
en
Aragon
se
resolvió,
y
el
Condestable
fué
el
encargado
de
hacer
experimentar
á
aquel
pais
la
venganza
de
Castilla.
Con
mil
y
quinientas
lanzas
entre
hombres
de
armas
y
ginetes,
entró
seis
le
guas
adentro,
talando
los
campos,
quemando
los
lugares
y
haciendo
huir
los
hombres
delante
de
sí,
que
despayoridos
se
huían
á
las
sierras
con
su
ropa
y
sus
pobres
alhajas.
Rindiósele
el
lugar
y
fortaleza
de
Monreal,
donde
puso
alcaide
por
el
Rey,
des=
truyó
4
Cétiva
que
fué
tomada
á
fuerza
de
armas,
pero
no llegó
4
tomar
la
fortaleza,
por
no
poder
de-
tenerse,
Volvióse
con
esto
al
Rey,
que
ya
comó
des-
pejado
el
campo,
entró
al
dia
siguiente
con
el
grue-
so
del
ejército
en
Aragon,
poniendo
espanto
en
toda
la
comarca,
Diez
mil
caballos
y
sobre
cincuenta
mil
peones
que
llevaba
asombraron
4
todos
los
pueblos
convecinos,
que
se
veían
expuestos
á
aquella
inun=
dacion
sin
defensa'
y
sin
abrigo.
Todos
ellos
se
des=
96
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
poblaron:
el
Rey
de
Castilla
llegó
4
Ariza,
que
fué
combatida
y
medio
quemada;
y
esperó
á
ver
si
los
Reyes
de
Navarra
y
de
Aragon,
que
en
aquel
punto
habian
recibido
su
cartel
de
desafío,
querian
venir
á
encontrarse
con
él.
Ellos
se
estuvieron
en
Cala-
tayud
sin
moverse,
y
el
campo
castellano,
vengado
así,
y
satisfecho
al
parecer
el
honor
de
la
nacion,
no
habiendo
enemigos
con
quien
combatir,
se
yol-
vió
para
atras
á
hacer
nuevos
y
mejores
preparati-
yos
de
guerra
y
ataque
para
la
siguiente
campaña.
Ofrecióse
el
Condestable
4
quedar
por
capitan
en
aquella
frontera,
y
á
guardarla
con
los
caballe-
ros
y
escuderos
de
su
casa.
El
Rey
no
venia
en
ello,
así
por
contemplacion
á
ser
aquella
gente
la
que
mas
habia
trabajado
hasta
entonces,
como
por
ne-
cesitar
de
su
persona
á
su
lado
para
su
asistencia
y
consejo.
Y
aunque
el
Condestable
porfiaba
por
que-=
dar
allí,
alegando
que
mientras
mas
trabajo
hu-
biese,
mas
merced
se
le
hacía
en
encomendárselo,
hubo
en
fin
de
ceder
4
Ja
voluntad
del
Monarca,
que
quiso
llevarle
consigo;
quedando
por
fronteros
de
Aragon
y
de
Navarra
Pedro
Velasco,
Iñigo
Lo-
pez
de
Mendoza,
Fernando
Alvarez
de
Toledo,
se-
ñor
de
Valdecorneja,
y
Alonso
Yañez
Fajardo.
El
Rey
con
su
ejército
tomó
el
camino
de
Pe-
Tafiel
con
deseo
de
rendir
el
castillo
que
antes
no
pudo
tomar
por
la
prisa
con
que
quiso
acudirá
la
frontera.
Apenas
le
hubo
tomado,
cuando
le
yinie-
ron
nuevas
de
los
males
y
estragos
que
los
In-
fantes
de
Aragon
Don
Enrique
y
Don
Pedro
hacían
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
9
en
la
tierra
de
Extremadura.
El
primero,
cuando
sus
hermanos
los
Reyes
se
salieron
de
Castilla,
los
acompañó
hasta
Huerta,
allí
se
despidió
de
ellos,
y
se
vino
4
Uclés
donde
estaba
la
Infanta
su
mu-
Jer.
De
Uclés
pasó
4
Ocaña;
mas
no
creyendo
aquella
villa
bastante
fuerte
para
hacerla
centro
y
base
de
las
correrías
con
que
pensaba
infestar
la
provincia,
llevó
la
Infanta
al
castillo
de
Segura,
y
dejando
con
ella
una
buena
guarnición
que
la
de-
fendiese,
él
se
vino
para
Trujillo.
Allí
le
fué
4
encontrar
su
hermano
el
Infante
Don
Pedro,
4
quien
la
gloriosa
muerte
que
despues
recibió
en
el:
sitio
de
Nápoles
no
puede
layar
la
nota
que
justa=
mente
ponen
en
su
nombre
sus
hechos
en
Casti-
Ma.
A
pesar
de
sus
juramentos
y
promesas
habia
resistido
al
Rey
Don
Juan
en
el
cerco
de
Peñafiel;
despues
en
Medina
del
Campo
habia
tomado
sin
pas
garlas
muchas
mercaderías
de
valor
4
los
trafican=
tes
extrangeros,
y
por
último
se
habia
venido
por
Portugal
4
reunirse
con
su
hermano
en
Extrema
dura,
y
á
ayudarle
en
sus
robos
y
saqueos:
Porque
tales
eran
los
medios
con
que
estos'dos
Príncipes
querían
corroborar
sus
reclamaciones
al
gobierno
exclusivo
del
Estado.
El
Cónde
de
Benavente;
en
viado
por
el
Rey
para
secuestrar
los
pueblos
y
for=
talezas
del
Infante
Don
Eñtique,
y
asegurar
el
pais;
=p
Appia,fuersas
suficientes
¿para
mesistit
fps
hermanos,
y
pedia
4
gritos
ayuda,
pintando
y
aun
quizá
exagerando
el
estrago:
El
Rey,
ofendido
de
de
demasías,
quisiera
pasar
en
peon
4
repri=
104
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
doó;
por
respeto
su
adyersario
no
le
aceptaria,
vién-
dose
tambien
engañados
en
esta
parte,
dejaron
cor-
rer
el
tiempo
con
varias
dificultades
,
sin
embargo
de
que
Don
Álvaro
llegó
ya
á
señalar
las
armas
para
el
combate,
y
seofreció
á
pelear
con
ellos
en
la
pla-
za
del
castillo,
para
que
de
este
modo
los
yencedo-
res
quedasen
dueños
de
la
plaza,
y
los
muertos
fue-
sen
arrojados
á
fuera
por los
adaryes.
Así
nada
que-
dó.
por
su
parte
para
manifestar,
que
en
hecho
de
armas
y
valentía
nada
tenia
que
ceder
á
los
Prín-
cipes,
que
tanto
encono
mostraban
contra
su
pri-
yarnza
l.
pa
-
Siesta
fué
una
leccion
de
yalor,
tambien
supo
darles
otras
de
generosidad
y
cortesía,
propias
de
las
costumbres
caballerescas
del
tiempo.
Solia
el
Infante
Don
Pedro,
como
mozo
poco
adyertido,
sa=
lirá
una
de
las
buitreras
del
castillo
4
tirar
desde
ella
á
los
buitres,
Algunos
de
la
hueste
del
Condes=
table
se
determinaron
á
meterse
en
la
buitrera
por
MAGA
1
Vuesa
merced
tiene
mas
justicia
de
sentirse
,
no
digo
de
que
no
le
repuso,
mas
de
que
no
acató
á
los
apercibi-
mientos
e
le
ficisteis
cuan
cierta
acá
partió
:
ca
como
si
fuera
Dominguillo,
su
mozo
de
espuelas,
se
mete
al
otero
de
las
buitreras
,
é
cobija
se:
corage
con
manto
de
la
honra
para
codiciar
batallas
cuerpo
d
cuerpo
con
los
es:
ca
silo
quisieran
acoger
en
Alburquerque,
desordenada-
mente
'se
metiera
allí
á
facer
batalla.
j
Centon
epistolar,
epístola
38
pinos
al
Mariscal
Diego
Fernandez
,
señor
de
Baena.
Este
caballero
sin
duda
era
de
mucha
conexion
ó
intimidad
con
Don
Álvaro
,
y
las
ex-
pas
del
fisico
son
un
modelo
de
gracia
y
de
exquisita
Poe
4
nn
que
se
puede
llamar
asi
un
elogio
Pana
en
a
verdad.
DOS
E
val
DE
LUNA.
105
la
noche,
y
allí
atacar
al
Infante
á
tiros
de
balles-
ta,
y
matarle
si
podian.
Dijeron
su
pensamiento
al
Condestable
antes
de
ponerle
en
ejecucion,
en
la
creencia
de
que
quien
con
tanto
ahinco
deseaba
combatir
con
los
Infantes
,
tendria
gusto
en
que
de
cualquier
modo
pereciesen.
Vo
permita
Díos
,
Con-
testó
Él,
que
en
la
hueste
que
yo
gobierno
se
haga
una
alevosía
semejante
,
y
perezca
por
ella
hijo
de
tan
noble
Rey,
como
fué
el
Rey
Don
Fernando
de
Aragon.
No
penseis
en
tal
cosa,
y
sabed
que
sí
las
leyes
de
caballería
permiten
tomar
venganza
de
sus
enemigos
en
público
rigor
de
batalla;
no
así
por
asechanzas
cautelosas,
donde
la
fuerza
es
sal-
teada,
y
la
virtud
no
puede
defender
al
que
la
posee.
Con
tales
razones
los
despidió,
y
al
punto
envió
,
segun
se
dice,
4
avisar
al
Infante
que
tu-=
viese
mas
recato
con
su
persona
!,
«Cayó
el
mismo
Infante
enfermo
por
aquellos
dias.
Y
como
no
hubiese
en
Alburquerque
disposi-
cion
,
ni
facultativo
que
le
pudiese
asistir
,
vióse
Don
Enrique
en
la
necesidad
de
enviar
un
mensa-
jero
al
Condestable,
pidiéndole
seguro
para
tomar
un
médico
de
Portugal.
El
Condestable
no
solo
dió
aque)
salyo-conducto
tan
cumplido
como
pudiera
desearse,
sino
que
mandó
tambien
al
físico
Fernan
Gomez,
que
á
la
sazon
se
hallaba
con
él,
fuese
4
asistir
al
Infante,
mientras
el
médico
Portugués.
venía,
ó
por
el
tiempo
que
fuese
su
voluntad,
El
3
J
Crónica
de
Don
Álvaro
,
titulo
32,
página
102.
106
“ESPAÑOLES
CÉLIy
BES,
médico,
aunque
receloso
de
ir,
temiendo
el
éxito
de
su
comision,
la
desempeñó
sin
embargo
con
dis-
crecion
y
fortuna
*.
No
solo
el
Infante
enfermo
cobró
salud
en
sus
manos,
sino
que
por
su
cuerda
conducta
y
oportunas
razones
estuyo
4
punto
de
componer
aquellas
diferencias.
Porque,
sensible
Don
Enrique
4
aquel
buen
porte
del
Condestable,
cuan-
do
Fernan
Gomez
entró
á
su
presencia,
no
pudo
menos
de
manifestar
su
agradecimiento,
añadiendo
que
siempre
le
quiso
bien,
y
como
vasallo
natural
del
Rey
de
Aragon
su
padre,
siempre
le
había
agrada=
ble
amistá,
pero
que
el
Condestable
le
pagaba
mal:
sin
duda
le
escocia
todavía
la
escapada
de
Talaye=
ra.
Tambien
hablaron
los
Infantes
con
él
de
los
términos
en
que
se
hallaban
con
el
Rey,
culpando
¿u
mala
yentura,
y
echando
la
culpa
de
todo
á
ma-
los
yentes
y
vinientes.
Él
les
aseguró
de
la
buena
voluntad
del
Rey,
y
de
las
honras
y
mercedes
que
les
haría,
sino
estuvieran
siempre
huyendo
desu
obediencia
y
respeto.
Escribia
todas
estas
cosas
al
Rey
y
al
Condestable;
y
al
partir
de
Alburquerque
podia
lisonjearse
de
que
4
lo
menos
habia
sido
un
ministro
de
salud,
y
en
cuanto
estuvo
de
su
parte,
tambien
de
reconciliacion
y
de
paz
?.
1
El
estaba
repleto
de
internas
congojas
,
dice
Fernan
Gomez
en
una
carta
al
Rey,
é
corruta
la
sangre
de
los
ca-
minos
é
cabalgadas
continas,
é
con
dos
fiebres
menguante
é
creciente
;
é
yo
non
resté
contento
de
ser
venido
,
ca
dria
ser
que
del
mal
finase,
écargasen
la
su
muerte
abjí
sico
,
é
al
honor
del
Condestable
que
me
mandó.
Centon,
epistola
Lo.
o
2
Esiyolo
pero
atino
,
g0zques
son
que
mientras
se
a
A
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
107
Pero
era
muy
dudoso
que
estas
disposiciones
pa-
cíficas,
de
que
él
se
lisonjeaba,
fuesen
sinceras,
6
4
lo
menos
si
lo
fueron,
se
desvanecieron
bien
pron-
to.
El
Condestable
tenia
ya
tratado
con
el
alcaide
del
castillo
de
Montanches,
que
la
fortaleza
se
ren-
diria
viniendo
el
Rey
en
persona
4
entregarse
de
ella;
y
esperaba
que
lo
mismo
podria
suceder
con
Alburquerque,
cuyos
defensores
faltos
ya
de
vitua=
Mas,
querrian
tal
yez
aprovecharse
de
la
buena
dis-
posicion
en
que
la
corte
estaba
de
recibirlos
de
paz,
y
poner
al
fin
un
término
á
aquellos
debates
inte-
riores.
Vino
con
efecto
el
Rey,
llamado
del
Con-
destable,
desde
Medina
del
Campo
donde
estaba,
y
el
castillo
de
Montanches
se
le
rindió
segun
lo
pac-
tado.
Mas
cuando
se
acercó
con
su
hueste
á
la
villa
de
Alburquerque,
y
mandó
hacer
con
toda
solem=
nidad
la
intimacion
de
que
se
le
abriesen
las
puer-
tas,
y
los
Infantes
se
viniesen
para
él,
ofreciendo
perdonar
á
los
que
estaban
con
ellos
los
yerros
en
que
hubiesen
incurrido
desde
el
caso
menor
hasta
el
mayor;
los
Infantes,
en
vez
de
aceptar
aquel
per-
don,
harto
generoso
por
cierto,
levantaron
otro
pendon
real
sobre
la
torre
de
la
villa
en
que
te-
nian
sus
estandartes,
y
empezaron
á
llover
al
ins-
tante
piedras,
saetas
y
aun
tiros
de
pólvora,
so-
bre
el
pendon
del
Rey
y
los
que
le
acompañaban,
sin
miramiento
á
su
presencia,
ni
retraerse
por
100
comen
el
hueso
y
canes
grandes
se
A
con
las
presas
descubiertas.
Estos
gozques
son
los
que
d
vuesa
se-
roría
é
d
los
Infantes
aguzan.
Centon
,
epistola
4o.
2
de
ene-
ro
de
1430,
108
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
respeto
alguno
de
un
desacato
tan
enorme,
Repi-
tióse
la
misma
intimacion
dos
dias
despues
con
el
xmismo
mal
suceso,
y
aun
con
insultos
mayores;
de
modo
que
no
quedó
ya
al
Rey
de
Castilla
otro
tér-
mino
que
usar
con
aquellos
hombres
tenaces
y
te=
merarios
mas
que
la
justicia
y
el
rigor.
A
fin
de
justificar
las
medidas
severas
que
iba
á
tomar,
pu-
blicó
en
carta.que
hizo
circular
por
todos
sus
rei-
-
mos,
los
desacatos
cometidos
contra
él
en
las
mu=
rallas
de
Alburquerque.
Aplazó
todavía
4.
mayor
abundamiento
á
los
Infantes
para
que
en
el
térmi-
no
de
treinta
dias
se
presentasen
á
deducir
su
de-
recho
ante
él,
y
en
el
de
cuarenta
los
que
estaban
con
ellos,
y
se
volvió
á
Medina
del
Campo
con
el
Condestable
y
la
mayor
parte
de
las
fuerzas
que
allí
habia
,
dejando
por
frontero
de
los
Infantes
y
el
encargo
de
defender
la
tierra
al
maestre
de
Al-
cántara
Don
Juan
de
Sotomayor
y
4
Don
Juan
Pon-
ce
de
Leon,
hijo
del
señor
de
Marchena.
-
:.
Llegado
el
Rey
4
Medina,
llamó
allí
todos
los
individuos
de
su
Consejo,
los
Grandes
del
reino
y
los
Procuradores
de
Jas
ciudades
y
villas,
y
reuni-
dos
en
cortes
hizo
exponer
ante
ellas
todos
los
ex-
cesos
y
delitos
cometidos
por
los
Infantes
y
los
que
los
seguian
,
y
pidió
su
parecer
de
lo
que
debia
ha»
cer
contra
ellos.
Los
dictámenes
yariaban:
los,unos
decian,
que
pues
las
leyes
determinaban
Jas
penas
á
que
se
hacían
acreedores
los
que
tales
yerros
come-
tian,
fuesen
tratados
con
todo
el
rigor
del
derecho,
y
se
hiciesen
las
declaraciones
competentes
en
su
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
109
razon.
Otros
seguian
un
dictamen
mas
suave
:
los
delitos
eran
tan
feos,
que
mo
les
parecia
bien
se
mancillase
con
el
oprobio
de
una
sentencia
pública
4
Príncipes
tan
conexionados
con
el
Monarca.
Bas=
taba,
segun
ellos,
desheredarlos
de
las
posesiones
y
estados
que
en
Castilla
tenian,
y
aun
penarlos
en
sus
personas
si
pudiesen
ser
habidos.
Los
Procu-
radores
no
quisieron
dar
su
yoto
en
un
negocio,
para
el
cual
decian
que
tenian
que
consultar
4
los
pueblos
de
donde
eran
enviados.
El
Rey,
en
medio
de.esta
diversidad
de
dictámenes,
acordó
el
deshe=
redamiento
,
pero
se
abstuyo
de
declaraciones
odio=
sas,
y
aun
dilataba
la
reparticion
del
despojo
que
Sus
cortesanos
anhelaban.
Por
ventura
esperaba
que
los
Infantes
se
redujesen
al/deber,
y
excusarse
los
inconvenientes
grandísimos
“que
resultan
siempre
para
las
concordias
de
esta
clase
de
repartimientos.
Mas
cuando
supo
que
en
aquellos
dias
el
Infante
Don
Pedro
,
venido
desde
Alburquerque
por
Portu='
gal,
habia
entrado
en
tierra
de
Zamora,
tomado
el
castillo
de
Alba
de
Liste,
y
comenzado
desde
11%
4
talar
y
robar
la
tierra,
segun
su
costumbre,
en-
tonces,
dejando
aparte
todo
respeto,
procedió
4
la
re-
particion
deseada,
y
contentó
á
sus
servidores
con
los:
bienes
de
sus
enemigos.
Dióse
entonces
4
Don
Álvaro!
la,
administracion
del
maestrazgo
de
Santiago,
y
si
,YAseria
molesto
y
poco
interesante
nombrar
4
todos'
Jos/agraciados,
la
verdad
de'la
historia"
y
su
jústi
cla
no
permiten”
que
se
prescinda
de
nombrár
a]
gunos,
para
que
se
yea:
que
no
solo
el
Condestahlé
110
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
sabia
sacar
partido
de
esta
clase
de
revueltas,
y
que
los
mas
buenos,
los
mas
respetables
de
los
Grandes
tomaron
de
muy
buena
gana
cuanto
pudieron
pes-
car
de
aquella
redada,
Al
camarero
mayor
Pedro
de
Velasco
se
dieron
las
villas
de
Haro
y
Villora-
do,
eleyándose
poco
tiempo
despues
la
primera
á
título
de
Conde.
Con
este
mismo
se
dió
al
Justicia
mayor
Pedro
de
Stúñiga
la
villa
de
Ledesma,
4
Iñigo
Lopez
de
Mendoza
tocáron
unos
pueblos
de
la
Infanta
Doña
Catalina,
que
por
estar
cerca
de
su
villa
de
Hita
le
convenian
,al
Adelantado
Man-
rique
la
yilla
de
Paredes,
que
era
antes
del
Rey
de
Nayarra
,
al
Obispo
de
Palencia
Don
Gutierre
Go-
mez
de
Toledo
la
villa
de
Alba
de
Tormes
,
que
habia
sido
del
mismo,
y
así
á
otros
muchos
de
la
corte
tanto
Grandes
como
doctores.
Muchos
de
es-
tos
caballeros
habian
sido
antes
parciales
de
los
In-
fantes,
y
tal
vez
algunos
se
entendian
todayía
con
ellos.
No
deja
de
causar
admiracion
ver
en
la
lista
de
los
agraciados
4
Garci
Fernandez
Manrique,
Con-
de
de
Castañeda,
con
la
villa
de
Galisteo
que
ha-=
bia
sido
del
Infante
su
señor.
Pues
disculpar
la
ad=
mision
de
estas
gracias
con
la
necesidad
y
el
peli-
gro
á
que
en
las
cortes
de
los
Reyes
expone
la
re-
pulsa,
tampoco
es
posible
en
este
caso.
Semejante
excusa
podria
valer
para
Afranio
y
para
Séneca
en
la
corte
de
Neron:
pero
el
Rey
Don
Juan
no
era
un
tirano
como
el
de
Roma.
Aun
en
aquella
misma
ocasion
un
hombre
de
mas
baja
gerarquía
dió
á
los
Próceres
un
ejemplo
que
pudieran
imitar;
el
rela-
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
1x1
tor
del
Consejo
del
Rey
Fernando
Diaz,
4
quien
se
agració
con
quinientos
vasallos
en
las
tierras
que
él>
señalase
de
los
Príncipes
desposeidos,
se
excusó
de
recibirlos
,
diciendo
al
Rey,
que
ni
á
su
honor
ni
á
su
hacienda
convenía
,
ser
heredero
del
Rey
de
Navarra
ni
del
Infante
Don
Enríque
*.
La
guerra
entretanto,
que
no
se
habia
realmen-
te
hecho
mas
que
con
palabras
y
algunas
facciones
y
escaramuzas
de
poca
importancia
en
las
fronte-
ras
2,
iba
á
arreciarse
por
momentos,
porque
todos
los
preparativos
militares
de
Castilla
estaban
hechos
1
Este
ejemplo
de
entereza
y
desprendimiento
era
de-
masiado
noble
y
singular
en
aquel
teatro,
para
que
dejase
de
ser
interpretado
en
el
peor
sentido
por
la
lea
de
los
cortesános.
Ya
el
físico
Fernan
Gomez
dice,
que
aquella
sp!
se
atribuia
á
que
el
relator
referendario
estaba
quejoso
de
que
á
él
se
le
diese
menos
premio
que
al
doc»
tor
Rodriguez
que
habia
servido
menos
que
él.
Fártelos
Dios,
que
el
Rey
no
podrá
,
exclama
á
esta
sazon
maligna=
menic
el
médico,
y
con
esto
parece
que
acredita
aquel
rumor.
Yo
sin
embargo
me
ixclldara
á
tomar
la
repulsa
en
el
sentido
mas
SA
<a
5£)
2
Afines
del
año
anterior
Pedro
de
Velasco
habia
to-
mado
la
villa
de
San
Vicente
en
Navarra
á
fuerza
de
armas.
Diego
Perez
Sarmiento
habia
hecho
prisionero
al
Mariscal
del
Rey
de
Navarra,
que
entró
á
hacer
daño
enla
tierra,
en
una
refriega
que
tuvieron
cerca
de
la
Bastida
;
é
Iñigo
Lo-
pez
de
Mendoza
fué
vencido
en
el
campo
de
Arayiana
por
un
Capitan
del
Rey
de
Navarra,
aunque
el
caudillo
caste=
llano
se
portó
con
el
mayor
esfuerzo.
Anteriormente
el
/
de
Aragon
en
persona
habia
hecho
una
entrada
en
Castill
mientras
el
Rey
Don
Juan
estaba
en
Peñafiel,
y
tomó
la
la
y
castillo
de
Deza
y
los
castillos
roca
Ciria
y
>
parte
por
armas,
parte
por
engaño
é
inteligencias,
y:
dea
latino
¿aso
Liar
haciendo
quemas,
-
robos:
expedicion
á
la
verdad
mas
de
un
salteador
pro
309.
Monarca,
Crónica
del
Rey,
año 30,
capitulo
18,
112
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
y
arrimados
á
la
raya.
El
Rey
Don
J
uan
desde
Bur-
“gos
había
hecho
llamamiento
general
de
sus
Capi-
tanes
y
de
los
Grandes
de
su
reino,
para
entrar
po-
derosamente
en
Aragon,
y
asegurar
allíá
fuerza
de
armas
su
independencia
y
sus
prerogativas,
ultra=
jadas
y
holladas
por
las
pretensiones
de
los
Prín=
-
cipes
sus
contrarios.
Mas
por
la
parte
del
Rey
de
Aragon
no
habia
hechos
los
mismos
preparativos,
ni
por
ventura
el
mismo
deseo
de
hacer
la
guerra.
Sus
reinos
no
debian
estar
bien
dispuestos
4
auxi-
liarle
en
una
empresa,
en
la
cual
no
se
trataba
mas
que
de
los
privados
intereses
de
sus
hermanos
en
Castilla,
y
de
contentar
su
ambicion
de
mandar
ellos
solos
en
los
negocios
de
acá.
Él
mismo
debia
cono-
cer
el
papel
desairado
que
hacía
en
sostener
aque-
las
pretensiones
pueriles;
y
á
la
verdad,
en
todas
estas
transacciones
suyas
en
España
por
aquel
tiem-
po,
se
desconoce
al
Príncipe
tan
amable
como
dis-
creto,
y
tan
grande
como
feliz,
que
despues
fue
el
moderador
de
la
Italia,
el
protector
de
las
le-
tras,
el
modelo
de
los
Desi
y
el
objeto
de
las
ala-
banzas
de
los
pueblos
y
de
los
ingenios.
Su
anhelo
y
sus
esperanzas
le
llamaban
á
Nápoles,
y
le
era
forzoso
dar
algun
corte
4
este
fastidioso
debate,
en
que
se
habia
dejado
enredar
por
las
pasiones
y
mi-
ras
estrechas
de
sus
hermanos.
Al
tiempo
pues
,en
que
ya
el
Rey
de
Castilla
se
hallaba
en
el
Burgo
de
Osma
á
punto
de
hacer
su
entrada
en
Aragon,
llegaron
embajadores
de
aquel
Rey
y
del
de
Nayarra:
por
el
primero
yenian
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
113
el
Obispo
de
Lérida
y
otros
dos
caballeros
de
su
reino:
por
el
segundo
un
fraile
menor
que
se
titu-
laba
Arzobispo
de
Tiro,
confesor
de
la
Reina
de
Navarra,
un
Dean
de
Tudela,
y
un
caballero
lla=
mado
Mosen
Pierres
de
Peralta
,
mayordomo
ma-
yor
de
aquel
Rey.
Dióles
el
de
Castilla
audiencia
delante
de
su
consejo
de
Estado;
y
tomando
la
pa-
labra
el
Obispo
de
Lérida
,
se
hizo
cargo
al
prin-
cipio
de
las
quejas
que
el
Rey
de
Castilla
tenia
del
de
Aragon
y
sus
hermanos
por
su
mala
correspon-
dencia
respecto
de
las
grandes
mercedes
y
fayores
que
de
él
recibieron.
Descargó
el
embajador
en
la
manera
que
pudo
4:
su
Rey
y
á
los
Infantes
de
la
nota
de
in-
gratitud,
y
ponderó
en
razones
magníficas
los
servi-
cios
hechos
al
Rey
de
Castilla
por
su
tutor
y
tio
el
Infante
de
Antequera
Don
Fernando,
despues
Rey
de
Aragon;
servicios
que
él
decia
eran
dignos
de
todas
aquellas
mercedes
y
aun
de
mas.
Que
lejos
de
haber
por
parte
de
Castilla
la
consecuencia
que
á
ellos
se
debia,
los
Infantes
sus
hijos
se
yeían
se-
parados
de
la
gracia
y
presencia
del
Monarca;
agra-
viados
y
desposeidos
en
gran
parte
de
lo
que
te-
nian;
el
Rey
de
Aragon
no
admitido
4
las
yistas
que
tenia
propuestas,
y
la
Reina
su
mujer,
herma=
na
del
Principe
castellano
,
desairada
y
desatendi=
da:
todo
por
culpa
de
los
que
cerca
del
Rey
anda-
ban,
los
cuales
le
daban:
estos
malos
consejos
em.
de
su
persona
y
familia,
y
no
menor
per-
juicio:
de
sus-reínos
.
,
Cuando
este
po
hubo
1L
1
Mera
adorna
á
su
modo
esta
arenga
coh
pensas
H
'120
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
pueblos
fuertes,
lugares
tambien
enteros,
todo
lo
arrasaba
aquella
devastacion,
sin
que
los
moros
sa-
Jiesen
4
impedirla,
ni
hiciesen
demostracion
alguna
de
querer
combatir
con
él,
como
ansiosamente
lo
anhelaba.
Llegaron
sus
gastadores
y
caballos
lige-
ros
hasta
una
legua
de
Granada,
y
allí
envió
un
mensaje
al
Rey,
convidándole
bizarra
y
caballero-
samente
al
combate
*.
Sentó
despues
su
campo
en
un
cerro,
frente
de
Tajara,
y
allí
estuvo
un
dia
espe-
rando
la
respuesta.
El
moro
se
excusó,
él
se
volvió
Genil
abajo
hácia
Loja
y
Archidona
,
cuyos
alre-
dedores
taló
y
estragó
tambien,
sin
que
los
moros
de
aquellos
pueblos
se
les
defendiesen
simo
con
li-
geras
escaramuzas.
La
falta
de
provisiones
le
hizo
bajar
hasta
Antequera,
donde
pensaba
tomar
víve-
“res
para
diez
dias,
y
entrar
á
talar
y
destruir
las
tierras
de
Málaga,
como
habia
hecho
en
las
de
Granada.
Su
pensamiento
no
se
le
cumplió
por
la
mala
voluntad
del
peonaje
que
llevaba;
el
cual,
no
hallando
en
Antequera
las
provisiones
que
espera
ba,
comenzaba
á
desertarse
y
marchar.
Las
vían-
das
vendrán,
les
decia
él,
pero
esperad
algun
tan-
to
mientras
llegan,
que
yo
comeré
yerbas
con
vos-
otros,
si
menester
es,
por
el
gran
servicio
que
va-
1
El
mensaje
fué
:
que
pues
él
era
venido
allí
para
cera
ca
de
su
ciudad
de
Granada
con
alguna
parte
de
la
caba-
llería
del
Rey
de
Castilla
su
señor
,
le
pedia
por
merced
que
él
quisiese
salir
d
verse
con
él
en
el
campo.—Respues-
Aa.
Que
como
quiera
que
por
entonces
no
saliese
á
ver
á
él
ni
á
sus
caballeros
,
que
prestamente
seria
tiempo
en
que
él
los
pudiese
salir
á
ver
é
fallarse
con
ellos,
a
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
121
mos
ú
hacer
al
Rey
y
á
toda
esta
tierra.
—
Nos-
otros
no
somos
bestias
para
comer
yerbas
,
respon=
dian
los
capitanes
de
aquellos
peones,
ni
estamos
tampoco
aquí
mas.
El
castigo
siguió
de
pronto
á
la
insolencia
,
y
los
mas
culpables
de
aquellos
capi-
tanes
fueron
degollados.
Pero
la
necesidad
no
se
re-
medió
por“eso
con
la
prontitud
que
era
precisa,
y
el
Condestable,
6
de
despecho,
ó
de
fatiga
,ó
mas
bien
de
todo
4
un
tiempo,
cayó
grayemente
enfer=
mo,
de
modo
que
se
desesperó
de
su
salud,
y
los
Sacramentos
se
le
administraron.
Cobróse
de
la
do-
lencia
4
tiempo
que
no
era
oportuna
la
irrupcion
sobre
Málaga
,
porque
el
Rey
y
el
grande
ejército
estaban
ya
en
Córdoba,
y
él
debia
ir
4
reunirse
con
ellos.
Pasó
pues
con
la
hueste
desde
Anteque-
ra
á
Écija,
dando
así
fin
4
aquella
entrada,
que
un
escritor
de
aquel
tiempo,
bien
práctico
en
la
guer-
ra,
lMama
á
boca
llena
famosa
*.
Ninguna
con
efec-
to
de
las
expediciones
de
esta
clase,
hechas
por
aquel
tiempo,
se
hizo
con
mas
órden,
con
mas
audacia
ni
con
mas
daño
del
enemigo;
ninguna
pudo
dar
mas
confianza
en
el
feliz
éxito
de
la
guerra;
y
el
valor
castellano
pudo
y
debió
considerarla
como
un
anun-
cio
venturoso
de
victoria,
El
Condestable
juntó
su
hueste
con
la
del
Rey
en
el
castillo
de
Alvendin,
ocho
leguas
de
Córdoba,
'
Y
desde
allí
el
ejército
castellano,
casi
por
los
mis-
Ss
Pasos
que
habia
llevado
Don
Álvaro,
se
preci-
1
Gútieres
Gamez
en
la
Crónica
del
Conde
Don
.
d
Niño,
parte
3,4,
cap.
y
g-
207.
sd
122
ESPAÑOLES
CELEBRES,
pitó
sobre
la
vega.
El
intento,
segun
lo
resuelto
antes
en
el
consejo
de
guerra
tenido
en
Córdoba,
era
encontrar
al
enemigo
donde
quiera
que
estuyie-
se,
y
pelear
con
él
de
poder
á
poder,
y
seguir
des=
puesá
lo
que
las
consecuencias
de
la
batalla
mostra=
sen
conyeniente.
Teníanse
esperanzas
de
que
las
diyi-
siones
que
habia
entre
los
moros
por
causa
del
man-
do
no
les
dejarían
hacer
grande
resistencia;
y
aun
se
creía
que
al
acercarse
4
Granada
se
les
pasarian
muchos,
y
con
ellos
un
personaje
muy
principal,
Infante
de
la
Casa Real
de
Granada,
llamado
Ben-
almao,
descontento
á
la
sazon
con
el
Monarca
rei-
nante,
y
aspirante
á
la
corona.
Aun
sin
estas
in-
teligencias,
el
poder
del
Rey
de
Castilla
era
tan
superior
al
de
los
infieles,
que
no
era
posible
de-
jarles
de
vencer
y
arrollar.
Seguíanle
sobre
ochen-
ta
mil
hombres
de
guerra,
y
de
ellos
hasta
diez
mil
caballos,
entre
hombres
de
armas
y
ginetes.
Toda
la
nobleza
castellana
iba
allí,
ansiosa
de
combatir
y
vencer
á
los
ojos
de
su
Rey,
el
cual,
si
bien
in-
dolente
y
descuidado
,
y
nada
á
propósito
para
las
ocupaciones
del
gobierno,
estaba
en
la
flor
de
la
juventud,
era
codicioso
de
gloria
,
intrépido,
ó
4
lo
menos
sin
cuidado
alguno
en
el
peligro,
y
puesto
en
aquella
expedicion
todo
lo
que
podia
dar
al
ins-
tinto
de
la
Religion
y
al
de
la
celebridad.
El
Con-
“destable
reasumió
en
sí
el
gobierno
de
las
armas
que
por
su
cargo
le
correspondia:
ordenó
las
haces,
se
puso
con
su
hueste
en
la
yanguardia,
y
mandó
ir
por
descubridores
delante
mil
ginetes
suyos
al
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
123
mando
del
Adelantado
Diego
de
Rivera
y
del
Co-26
de
ju-
mendador
mayor
de
Calatrava
Juan
Ramirez
de
EN
Guzman.
La
entrada
se
hizo
en
26
de
junio
de
aquel
año;
y
los
daños
y
estragos
que
el
ejército
iba
ha=
ciendo
en
la
tierra
enemiga
eran
correspondientes
4
su
número
y
á
su
rencor
*.
Nada
quedó
en
pie:
ni
torre,
ni
casa,
ni
árbol,
ni
alquería
,
todo
lo
allanaba
aquella
plaga
devastadora.
Tres
veces
se
asentó
el
real,
una
en
Moclin,
otra
en
Mallerena,
y
por
fin
en
las
faldas
de
la
sierra
de
Elvira.
An-
tes
de
sentarle
en
este
punto,
los
moros
salie=
ron
ya
en
crecido
número
de
la
ciudad,
y
em-
pezaron
á
escaramuzar
con
los
ginetes
delanteros
castellanos;
á
los
cuales
acudió
el
Conde
de
Haro
con
su
hueste
que
estaba
acaso
mas
cerca.
Los
mo-
ros
se
retiraron,
porque
vieron
moyer
todo
el
ejér-
cito
hácia
ellos,
y
el
real
se
sentó
en
el
sitio
seña-
lado.
Y
como
allí
habia
de
ser
la
base
de
las
ope-
raciones,
el
Condestable
le
hizo
cercar
de
un
pa-
lenque
fuerte
y
bien
hecho,
y
dió
las
órdenes
para
1
Con
dos
cuarentenas
y
mas
de
millares
Le
vimos
de
gentes
armadas
d
punto,
Sin
otro
mas
pueblo
inerme
allí
junto,
Entrar
por
la
vega
talando
olivares,
Tomando
castillos,
ganando
lugares,
Y
hacercon
el
miedo de
tanta
mesnc
Con
toda
su
tierra
temblar
d
Granada.
His
Juan
ne
Mexa.
El
poeta
no
exagera
aquí
ni
el
poder
ni
los
estragos:
has-
ta
los
temblores
de
tierra
son
un
incidente
histórico,
pues
e
¿mismos
dias,
se
sintieron
diferentes,
asi
en
el
real
o
como
en
la
ciudad
,
donde
se
desplomaron
mu=
chas
casas.
Y
124
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
que
las
guardias
y
la
disciplina
se
hiciesen
y
Ob-
servasen
con
la
mas
exacta
puntualidad.
Segun
su
eronista
él
fué
quien
dió
el
primer
ejemplo
de
esta
exactitud,
pues
le
tocó
hacer
la
guardia
la
pri-
mera
noche.
A
la
segunda
tocó
hacerla
al
Conde
de
Haro,
á
Fernan
Gomez
señor
de
Valdecorneja,
y
á
Don
Gutierre
obispo
de
Palencia,
el
cual,
con
mas
apariencias
de
guerrero
que
de
prelado,
andaba
por
aquel
campo
ahorrado
de
faldas
y
con
corazas
dobles.
Esto3,
ganosos
de
señalarse,
se
adelantaron
mas
allá
del
término
que
Jes
fué
señalado,
se
en-
contraron
con
los
moros
y
empezaron
á
escaramu=
zar
con
ellos.
Mas
como
los
enemigos
cargasen
en
demasía
,
pidieron
socorro,
que
les
retardó
el
Con-
destable
4
cuidado,
como
para
castigarles
su
¡nOpor=
tuna
osadía.
Al
fin
fué
á
ellos
con
gente
bastante
4
desembarazarlos
del
mal
paso
en
que
se
hallaban,
y
les
reprendió
bien
colérico
su
desobediencia
y
la
ocasion
de
rebato
que
habian
dado
en
el
real.
¿Creeís
por
ventura
,
les
dijo,
que
yo
por
mengua
de
fuer-
za
y
de
valor
dejé
la
noche
pasada
de
pasar
mas
adelante?
Poder
de
gente
y
valor
me
sobran
como
weís
,
pero
era
necesario
no
salir
de
la
órden
dada,
y
guardar
el
lugar
en
que
á
cada
uno
se
pone.
Y
wos
,
obispo
,
añadió
yolviéndose
4
Don
Gutierre,
que
por
vuestros
muchos
años
y
vuestra
dignidad
debiérais
templar
y
corregir
nuestras
demasías,
vos
tambien
os
excedeís
y
desordenaís
á
los
otros.
El
obispo,
ruboroso,
confesó
que
habian
errado,
y
pro-
metió
que
no
saldrian
de
lo
que
el
Rey
mandase
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
125
y
de
la
ordenanza
que
el
Condestable
les
diese,
Los
moros
entretanto
no
habian
estado
tan
des-
cuidados
como
parecia,
ni
la
defensa
que
opusieron
4
aquel
nublado
,
que
vino
sobre
ellos,
fué
des-
acertada
y
bárbara,
como
acaso
pudo
presumirse,
Mandaba
entonces
allí
el
Rey
Mahomad,
dicho
el
Iz-
quierdo,
el
cual,
si
por
haber
sido
puesto
'en
el
tro-
no,
quitado
despues,
vuelto
á
poner
y
vuelto
á
qui-
tar,
hace
tan
triste
papel
en
la
historia
política
de
Granada,
en
aquella
ocasion
4
lo
menos
no
cayó
de
ánimo,
y
supo
resistir
al
temporal
con
esfuerzo
y
osadía
y
con
prudencia
laudable.
No
pudiendo
de-
-
fender
sus
campos
y
alquerías,
ni
aventurarse
al
combate
lejos
de
la
ciudad,
hizo
retracr
á
«ella
sús
gentes
de
todas
partes,
los
hizo
acampar
junto4
los
muros,
y
la
capital
les
servia
4
un
tiempo
de:
arse-
nal,
de
alcázar
y
de
refugio.
En
los
dias
que
me-
diaron
desde
el
veinte
y
siéte
al
treinta
no
cesarón
“de
molestar
con
alarmas
y
escaramuzas,
así
4
los
tra-
bajadores,
como
4
los
descubridores
que
salian
algo
mas
lejos.
Sentado
sin
embargo
el
real
castellano
4
la
falda
de
la
sierra,
hecho
el
palenque
y
ordena-
das
las
tiendas,
ellos
adelantaron
el
día
veinte
y
nueve
sus
reales,
y
los
pusieron
entre
la
ciudad
y
el
campo
castellano
,
ocupando
las
viñas
y
olivares
“que
había
en
medio.
Su
muchedumbre
era
grande,
Pues
aunque
sean
difíciles
de:
creer
los
doscientos
mil
peones
que
lés
dan
las
memorias
del
tiempo,
para
cuatro
6
cinco
mil
4
que
ascienden
no
mas
los
caballos,
la
misma
exageracion
prueba
la
multi
126
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
tud:
aunque
á
la
verdad,
siendo
la
mayor
parte
de
gentes
inexpertas
en
la
guerra
y
armadas
entonces
tumultuariamente
para
acudir
al
peligro
comun,
mas
podia
servirles
de
estorbo
que
de
provecho",
De
Cualquier
modo
que
esto
sea,
ellos
sentaron
sus
rea-
les
allí,
donde
no
podian
ser
fácilmente
forzados
por
los
cristianos,
y
todo
aquel
dia
y
el
siguiente
se
pasó
en
inútiles
escaramuzas,
no
habiendo
po-
dido
los
nuestros
traerlos
al
llano
para
quitarles
la
yentaja
que
les
daba
su
posicion.
Son
Al
otro
dia
,
que
era
primero
de
julio,
prosi-
1431.
guieron
los
castellanos
la
devastacion
que
hacian
en
el
campo,
y
el
trabajo
de
allanar
las
acequias
y
terraplenar
los
barrancos.
Estaba
esta
faccion
en-
cargada
al
maestre
de
Calatrava
Don
Luis
de
Guz-
man,
el
cual,
aunque
vió
venir
los
moros
sobre
sí,
no
creyendo
que
fuesen
mas
en
número
que
otras
«veces,
empezó
á
pelear
con
ellos
con
la
esperanza
de
rechazarlos,
Cargaban
ellos
por
momentos
de
manera,
que
no
pudiéndolos
ya
sufrir,
envió
4,
de-
Cir
al
Condestable
y
al
Rey
que
le
ordenasen
lo
que
“debia
hacer.
A
la
nueva;
de.
su
peligro
el
Rey
man-
dó
al
Conde
«
de
Niebla
Don
Enrique
de
Guzman,
al
“Conde
de
Ledesma
y
al
Conde
de
Castañeda
que
le
fuesen,
4
socorrer;
volaron
ellos
al
instante,
em-
pezaron
'Á
combatir,
pero
los.
moros
eran
mas,
y
les
Aué
:
“necesario.
enviar
por
mas
socorro,
El
Rey,
que
no
tenia
pensado
dar
la
batalla;
aquel
dia,
mandó
ol
xo
t0Vase:
lá
carta
51
del:
Centor
epistolar,
y
la
Crónica
de
Don
Álvaro;
la
del
Rey
no
les
señala
múmero..:
1,
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
7
al
Condestable
que
fuese
allá
con
la
vanguardia
y
los
desembarazase
de
los
enemigos,
y
los
retrajese
al
real,
para
combatir
otro
dia
con
mas
órden
y
mas
tiempo.
Pero
cuando
llegó
el
Condestable
,
ya
casi
todo
el
poder
de
Granada
estaba
sobre
el
Maes-
tre
y
los
Condes,
y
ellos
de
tal
modo
enredados
y
peleando,
que
solo
pareciendo
que
huían
podian
re=
tirarse,
con
desdoro
de
Castilla,
y
dando
acaso
oca=
sion
de
confusion
y
desorden
al
ejército.
Entonces
tomó
resueltamente
su
partido,
mandó
4
todos
los
caballeros
del
real
que
cada
uno
por
su
parte
mo-
viese
sus
huestes
para
embestir;
y
al
Rey
envió
4
decir,
que
viniese
lo
mas
pronto
que
pudiese
con
la
gente
que
estaba
con
él,
que
ya
tenia
en
las
manos
la
batalla
que
tanto
deseaba,
y
que
él
con
Ja
ayuda
de
Dios
le
anunciaba
la
victoria.
Espera-
ba
el
Rey
armado
de
pies
4
cabeza
4
las
puertas
del
pálenque
lo
que
resultaria
de
la
ida
de
Don'
Álva=
ro
,
y
oido
su
mensaje,
dió
al
instante
la
señal
dé
marchar
al
grueso
de
su
ejército,
que
ya
estaba
pre-
venido
y
sobre
las
armas,
y
salió
del
real
con
las
banderas
tendidas
rodeado
de
sus
Grandes
y
capi
(ae:
Sas
wombres
se
yón
n
1as
Crónicas
ele.
po:
alli
estan,
puede
decirse,
todos:
los
perso-
májes
visibles
del
estado
*,
y
la
igualdad
de
es-
Mara
A
ari
94
ebepolzd
hb
lo
¿pl
do
T
nodigue
a
2
O
cl
pelsoriacnas
Diao
:
>
dice
graciosamente
Fernan
Gomez,
€s-
ter
e
Segre
la
golarmicion
a
de
aquel
for
se
les
entiende
ue
de
batallas.
Siendo
fastidio-
so
y
ya
bien
poco
as
nombrar
expresamente,
todos
128
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
fuerzo
y
de
pujanza
con
que
todos
acometieron
á
los:enemigos
y
losarrollaron
delante
de
sí,
no
dejó
distinguirse
4
nadie
en
particular,
ni
las
circuns=
tancias
ó
la
fortuna
favorecieron
á
ninguno
para
ello.
El
Condestable,
luego
que
vió
que
el
Rey
se
movia,
movió
su
batalla
contra
los
enemigos
y
se
metió
en
lo
mas
recio
del
combate:
los
demas
ca-
pitanes
hicieron
lo
mismo
cada
cual
por
la
parte
que
les
habia
sido
ordenado,
y
los
moros,
aunque
tantos
en
número
y
rabiosos
y
soberbios
con
la
ven
taja
que
habian
lleyado
en
lo
demas
del
dia,
no
pudieron
sufrir
el
choque
de
aquella
caballería,
tan
superior
en
fuerzas
y
en
número
á
la
suya.
Diéronse
pues
á
huir
con
la
misma
prisa
y
celeri-
dad
con
que
habian
venido
4
pelear,
y
al
caer,
de
la
tarde
ya
no
habia
en
el
campo
mas
enemigos
que
los
muertos
.y
los
heridos.
Los
unos
huyeron:á
la
ciudad,
los
otros
á
las
sierras,
Otros
á
unas
huer=
tas
que.
habia
no
lejos
de
allí,
en
sitios
ásperos
y
“99
5detz9
57
9mp
¿oli
13j9,
102
9
19
La
quiet
lo:
balloros
y
personajes
que
fueron
á4Ja
expedicion
,
bas-
:á
“Señalar
los
principales
que
llevaban
pendon
separado,
-)
el
o
an
a
los
caballeros
y
mo=
es
que
los
seguian
:
primero
el
Condestable
,
cuyo
séqui-
tó
er
Ta
Pmas
homdrosó
y
lucido
:
y
despues
MordA
72
el
Gonde-dé
Haro
Don
Pedro
de
Velasco
,
el
Conde
de
Le-
desma
Don
Pedro
de
Stúñiga,
el
Conde
de
Niebla
Don
En-
rique
de
Guzman,
el
obispo
de
Palencia
Don
Gutierre
de
Toledo,
el
Conde
de
Castaneda
Don
Garcia
Fernandez
Man-
poco
de
Benavente
Don
Rodrigo
Alonso
Pimen-
y
Fernán
Álvarez
de
Toledo
señor
de
Valdecorneja,
el
célebre
Trigo
Lopez
de
Mendoza,
que
no
pudo
ltallarse
4
la
bt
ot
haber
quedado
gravemente
enfermo
en
Córdo-
a;
pero
sú
gente
y
pendon
los
condúcia
Gomez
Carrillo
de
Albornoz,
sobrino
suyos.
>:
CUA
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
129
raontaosos.
Siguieron
los
cristianos
el
alcance
,
el
Condestable:
hasta
cerca
de
Granada
4
donde
el
ma-
yor
tropel
de
moros
se
fué
4
refugiar;
su
hermano
el
obispo
de
Osma
Don
Juan
de
Cerezuela
con
los
caballeros
que
Don
Álvaro
le
habia
dejado
para
su
escolta
,
asaltó
, y
saqueó
“los
reales
de
los
moros
puestos
en
los
olivares;
otros
en
fin
persiguieron
á
los
fugitivos
por
puntos
y
direcciones
diferen
tes..
La
noche
puso
«fin
4.la
matanza.
Habia
en
medio
del
campo
plantada
una
higuera,
que
acaso
pudo
salvarse
de
la
devastacion
general,
y
de
ella
tomó
nombre
esta
batalla,en
la
cual
perdieron
los
moros
treinta
mil
hombres
entre
muertos
y
heri-
dos
*.
En
los
cristianos
fué
poco
Soi
-y
no.
Halo
(3
1
ía
204.
Obi
diosa
dut
y
q
e
1
húmero
ue
parece
mas
probable;
paro
os
pide
Ñ
(dor
po
pone
aquiés
Ata
hordas
na
arenga
que
no
dijo,
y
pinta
con
colores
retór
una
¡b
fantasia,
toda
ba
para
seguirle
5
1
seguridad.
Las
torcida
del
Rey
y
asen
Álvaro
no
fijan
número
de
muertos:
tos.
El
fisico
Fernan
Gomez;
que
se
hullabaen
lajornada,
dice
que
serian
treinta
mil
hom-
bres
los
muertos
y
heridos
que
quedaron
en
el
cam
NY
eran
los
más
ricamente
ataviados:
a
duda
los
de:
más
obli
es
y
los
que
pelearon
mejor.
Esta
relacion
se
pue-
de
decir
que
es
la
mas
ns
y
original.
El
médico
es-
tuvo
desa
la
vispeta
batalla,
como
él
mismó
dice;
con
la
pluma
en
la
mano
por
mandado
del
Rey
para
escribir
la
noticia
del
suceso
al
arzobispo,
de
Santiago
Don
Lope
de
7
e
Juan
de
sem
Ja
du
entonces
reconocido
cro-
Ce
eo
pormenores!
Sa
exac-
tene
rlrdos.
de
especie
)
dice:
En
llegando
ndo
masa
pa
—
Per
AR
+
Se
empares
stra
de
otra
,
é
otra
d
mano
an
del
Tas
que
fo
una
pared
con
a
u
232
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
¿El
objeto
principal
de
los
sitiados
en
la
deses-
perada
resistencia
que
hacian,
era
ver
si
la
gente
del
Condestable
que
estaba
desparramada
por
la
ciudad
,
le.
acudia
á
tiempo
para
combatir
con
mas
igualdad
,
y
vencer
ó
sacar
mejor
partido.
Pero
na-
die
se
movió,
sea
por
falta
de
caudillo
que
los
guiase
y
condujese,
sea
porque
el
Rey,
acompaña-
do
de
toda
la
gente
armada
de
la
ciudad,
estaba
en
la
plaza
del
obispo,
y
quitaba
la
proporcion
de
reunirse
y
Ja
esperanza
de
pelear
con
igualdad
6
ventaja.
Visto
lo
cual
por
el
Maestre
y
sus
cam-
peones
,
intentaron
probar
si
haciendo
ímpetu
so-
bre
sus
contrarios
podian,
saliendo
por
unas
puer-
tas
excusadas,
pasarse
á
la
casa
de
su
hijo
el
Con=
de
Don
Juan,
que
mas
acompañada
de
gentes
y
mas
próxima
al
rio,
ofrecia
mas
proporcion
para
la
resistencia
Ó
para
la
retirada.
No
se
pudo
esto
conseguir,
porque
las
gentes
de
Stúñiga
conocieron
la
intencion,
y
se
agolparon
por
aquella
parte
y
estorbaron
el
paso.
Entonces
Chacon
y
Sesé
dije-
ron
á
su
señor
que
lo
que
importaba
era
que
su
persona
se
salvase
de
cualquier
modo
que
fuese:
que
todavía
quedaba
libre
una
salida
detras
de
la
casa,
por
donde
podia
salir
disfrazado,
y
atravesan-
do
calles
y
parajes
excusados,
salir
á
las
tenerías
y
de
allí
al
rio,
y
escapar:
que
Álvaro
de
Cartagena,
que
sabia
bien
aquellos
sitios,
podia
ser
su
guia,
Tenia
'él
4
mengua
huir
así,
y
no
se
alrevia
á
fiar-
se
del
guia
que
le
proponian.
Al
fin
le
persuadie-
ron,
Cartagena
se
ofreció
gustoso
á
contribuir
4
su
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
233
escape,
y
se
Je
puso
delante.
Siguióle
él
empacha=
do
con
el
traje
que
mo
era
suyo,
zozobroso
y
poco
confiado:
así
sus
pasos
eran
tardos,
y
el
guia
le
Mevaba
siempre
demasiada
ventaja.
De
esto
no
se
agradaba
él,
de
manera
que
pesaroso
y
avergonza-
do
de
haber
condescendido
en
aquel
consejo,
y
por
ventura
cayendo
de
ánimo,
viéndose
en
aquellos
pasos
ya
tan
abatidos
y
desesperados,
llamó
4
Car-
tagena,
y
le
dijo
que
mas
queria
morir
con
los
su=
yos
y
peleando
noblemente,
que
salyarse
andando
por
albañales
ocultos
y
tenebrosos
como
hombre
bellaco
y
de
ruin
condicion.
Vete,
añadió,
á
tu
buena
ventura,
y
dí
al
Conde
mi
hijo,
á
Juan
de
Luna
y
á
Fernando
de
Rivadeneira,
que
reparen
y
abríguen
á
mis
críados
y
se
remedien
segun
pue-
dan.
Esto
dicho,
le
dejó
ir,
y
se
yolvíó
por
el
mis-
mo
camino
que
habia
traido
4
su
casa,
donde
en-
tró
sin
estorbo
,
porque
Chacon,
previendo
esto
mismo,
habia
ordenado
que
la
puerta
quedase
abier-
ta,
guardándola
su
compañero
Fernando
Sesé.
Vol.
vióse
4
armar,
montó
á
caballo,
y
poniéndose
en
medio
de
la
poca
gente
que
tenia
consigo,
empezó
á
animarlos
para
que
hiciesen
bien
su
deber,
si
el
combate
llegaba
4
empeñarse,
En
esto
llegó
un
faraute
del
Rey,
que
introdu-
cido
4
su
presencia,
le
dijo
que
venia
á
pagar
la
deuda
que
con
él
tenia
como
servidor
y
hechura
Suya,
y
4
hacerle
saber
que
el
Rey
estaba
en
la
plaza
con
el
pendon
tendido
y
mucha
gente,
y
con
propósito
de
no
partir
de
allí
hasta
que
fuese
pre-
234
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
so,
y
aun
de
yenir
4
combatirle
si
se
resistía,
Qui-
vá
este
hombre
era
enviado
para
hacerle
indirec-
tamente
esta
clase
de
intimacion,
y
ver
si
se
le
podia
intimidar,
De
cualquier
modo
que
fuese,
el
Condestable,
despues
de
algunas
razones
sobre
aque-
la
extraña
y
rigorosa
determinacion
del
Rey,
des-
pidió
al
faraute
con
estas
razones:
decid
al
Rey
mi
señor,que
sí
por
mí
lo
ha,
que
envíe
algunos
ca-
balleros
de
su
casa
y
de
su
Consejo,
con
quienes
yo
me
entienda
en
este
caso.
Llevada
al
Rey
esta
contestacion,
envióle
4
preguntar
qué
caballeros
queria
que
fuesen:
él
respondió
que
los
que
fuesen
de
su
agrado,
con
tal
que
fuesen
de
su
easa,
Envió-
le
el
Rey
al
Mayordomo
mayor
Ruy
Diaz
de
Men-
doza
y
al
obispo
de
Burgos;
los
cuales,
entrados
delante
de
él
y
haciéndole
el
acatamiento
que
acos-
tumbraban
,
le
dijeron
de
parte
del
Rey
que
se
rindiese
á
prision,
porque
asi
convenía
á
su
servi-
cio
y
al
bien
de
sus
reinos.
El
Maestre
dirigiéndo-
se
al
Mayordomo,
¿es
cierto,
Ruy
Díaz,
le
dijo,
que
el
Rey
mi
señor
me
envía
á
mandar
eso
que
vos
me
decís?
Sí
por
cierto,
señor,
le
respondió
Ruy
Diaz.
El
Maestre
prosiguió:
decid
á
su
Señoría
que
su
querer
es
mi
querer;
pero
que
le
suplico
que
para
que
yo
pueda
cumplir
su
mandamiento,
me
mande
dar
y
me
dé.
seguridad
de
mis
enemigos
que
están
con
su
Señoría,
y
han
sabido
trastornar
su
voluntad
y
llenarle
de
indignación
contra
mí.
Entonces
dijo
el
obispo:
No
debeis,
señor,
pedir
ahora
esas
cosas;
porque
el
Rey
ciertamente
se
DON
ÁLVARO
DE
LUNA,
235
muestra
muy
aírado
con
vos,
y
sí
con
esa
deman=
da
vamos,
mas
el
enojo
se
le
acrecentará.
A
lo
que
el
Maestre
,
moyido
algun'tanto
á
cólera,
contestó:
Obispo,
callad
agora
vos,
y
no
cureis
de
hablar
donde
caballeros
hablan:
cuando
hablasen
otros
de
faldas
luengas
como
las
vuestras,
entonces
hablad
vos
cuanto
querais:
mas
no
cuideís
de
allercar
mas
aquí,
que
yo
con
Ruy
Diaz
he
hablado,
y
no
con
vos.
Fuéronse
con
esta
razon
los
dos
mensajeros
para
el
Rey,
el
cual
tenia
tanto
deseo
de
terminar
aquel
hecho
sin
combate,
que
acordó
al
instante
y
envió
el
seguro
que
se
le
pedia,
firmado
de
su
nom-
bre
y
sellado
con
su
sello,
cuya
suma
era:
Que
el
Rey
le
daba
su
fé
real,
que
en su
persona
ní
en
en
hacienda
no
recibiría
agravio
ni
injuria,
ni
cosa
que
contra
Justicia
se
le
hiciese*.
Bien
conoció
Don:
Alvaro
que
no
era
este
el
seguro
que
le
convenia,
y
por
esto
dudaba
ceder.
Daban
peso
á
estas
dudas
las
reflexiones
que
Gonzalo
Chacon
Je
hacía
sobre
la
voluble
condicion
del
Rey,
su
entero
abandono
á
los
que
le
aconsejaban,
y
la
poca
fé
con
que
se
solían
guardar
tales
seguros.
Mas
vale,
señor,
de
añadía,
que
muramos
aquí
todos
en
defensa
vues=
tra,
y
vos,
señor,
en
nuestra
compañía,
y
que
Vede
la
memoria
de
esta
notable
hazaña,
antes
fórmula
de
los
seguros
de
Juan
TT,
quizá
dic
términod
de
ee
por
el
Condestable,
era
siempre
en
los
no
quería
plo;
En
a
Crónica
de
Don
Álvaro
el
seguro
es
mas
ám-
9
que
resulta
de
la
Cróvica
del
Rey,
cuando
obligarse
4
conceder
gracia
ni
pierdónitó
|
236
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
-
-que
deshonor,
ó
por
ventura
muerte
vergonzosa
pase
por
nosotros.
No
es
nuevo
por
cierto
ahora,
sino
muy
antiguo
el
proverbio
de
que
quien
no
ase-
gura
no
prende.
Dejemos,
pues,
señor
ahora
es=,
tos
seguros
y
papeles,
y
volved
al
hecho
de
las
ar-
mas:
que
el
que
os
libró
de
las
lanzas
enemigas
en
Medina
del
Campo
y
en
Olmedo,
tambien
os
sacará
á
salvo
ahora
del
peligro
en
que
estais
puesto.
Palabras
eran
estas
de
un
pecho
bien
bi-
zarro
y
generoso;
pero
no
bastantes
4
enardecer
el
ánimo
de
un
anciano,
convencido
ya
de
la
¡
imposi-
bilidad
de
la
resistencia,
y
sim
osadía
para
hacer
armas
contra
su
Príncipe.
Vo
permila
Dios,
re-
plicó
él,
que
á
la
edad
en
que
estoy,
ya
tocando
en
la
orilla
del
sepulcro,
y
despues
de
haber
vivi-
do
casí
cuarenta
años
con
tanto
honor
y
tanto
po-
der,
deje
yo
á
mis
hijos
la
mancilla
de
pelear
con-
tra
el
pendon
de
mi
Rey.
Hagan
Dios
y
el
Rey
de
mí
lo
que
fuere
su
voluntad:
el
Rey
mi
señor
me
hizo,
el
me
podrá
deshacer
si
quisiere;
y
yo
por
cierto
no
haré
ya
otra
cosa
sino
ponerme
en
sus
manos.
Dichas
estas
palabras,
se
dió
solemne-
mente
á
prision,
y
los
mensajeros
del
Rey
pudie-
ron
jr
al
instante
4
decirle,
que
su
voluntad
era
cumplida
y
el
leon
estaba
rendido.
Él
aprovechó
los
cortos
momentos
que
le
po-
dian
quedar
de
voluntad
libre
y
propia
en
dispo-
ner
de
sus
cosas
presentes:
hízose
traer
las
arcas
4
su
presencia,
distribuyó
parte
del
tesoro
que
allí
tenía
entre
sus
criados,
el
resto
lo
dejó
allí
4
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
a37
disposicion
del
Rey;
quemó
tambien
parte
de
sus
papeles,
y
dejó
otros
intactos;
hizo
provision
de
Ja
encomienda
de
Usagre,
entonces
vacante,
en
un
paje
de
lanza
suyo,
hijo
del
alcaide
que
tenia
pues-
to
en
Albarquerque;
y
hecho
este
último
acto
de
Maestre,
mandó
traer
un
martillo,
y
él
mismo
con
su
propia
mano
quebró
y
deshizo
sus
sellos,
para
que'no
fuesen
instrumentos
de
iniquidad
en
manos
de
sus
enemigos.
Su
cronista
dice
tambien
que
comió
en
compañía
de
sus
principales
depen=
dientes
Chacon,
Sesé,
Gotor
y
Cepeda,
pero
no
es
yerosimil
que
sus
enemigos
le
dejasen
tiempo
para
tanto.
Designó
los
dos
pajes
que
habian
de
quedar
4
servirle,
y
encargó
4
Gonzalo
Chacon
el
cuidado
de
gobernar
y
conducir
el
resto
de
su
familia
al
Conde
su
hijo
y
4su
mujer,
pidiendo
4
todos
que
les
sirviesen
con
la
misma
fidelidad
y
afecto
que
le
habian
servido
á
él
Díjole
entonces
Chacon:
Señor
,
yo
soy
de
vuestro
hábito
ademas
de
ser
vuestro
críado,
y
temo
que
el
Rey
por
su
crueldad
y
codicia
me
mande
apremiar
con
juramentos
y
tormentos,
para
que
declare
lo
que
sepa
de
vuestras
ríquezas
y
de
vuestros
hechos;
yo
mas
temo
la
fé
del
juramento
que
ninguna
otra
cosa:
vos que
soís
mi
Maestre
y
mi
señor,
¿qué
me
mandais
que
Paga
en
razon
de
los
juramentos
,
sí
contienen
al=
Unas
cosas
que
sean
contra
vos?—Guardad
la
re-
slade
vuestro
órden,
le
respondió,
en
virlud
de
la
obediencia
due
teneis
jurada,
y
cumplid
lo
que
en
ella
se
manda
sobre
el
juramento.
238
¿ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
_
Hechas
estas
cosas,
aderezóse
su
hábito
y
ar-
reos
correspondientes
para
ir
4
entregarse
en
poder
del
Rey,
montó
4
caballo,
y
se
despidió
de
todos
sus
criados
con
tan
nobles
y
afectuosas
razones,
que
todos,
prorumpiendo
en
llanto
y
en
emita
excla-
maban:
¡Señor
,
cómo
nos
dejais
así!
¿A
dónde
os
vaís
sin
nosotros?
Con
vos,
señor
,
queremos
¿r;
si
wos
preso,
nosotros
presos;
sí
vos
muerto
,
nosotros
muertos.
—Él
dió
fin
4
aquellos
lamentos
mandando
abrir
la
puerta
principal
de
su
posada
y
disponién-
se
4
partir:
mas
nobien
la
hubieron
abierto,
cuan=
dose
le
presentaron
Ruy
Diaz
de
Mendoza
yel
Ade-
lantado
Pedro
Afán
de
Rivera,
y
le
desaconsejaron
la
ida
al
Rey
,
como
peligrosa
para
él
por
:el
bulli-
cio
y
animosidad
del
pueblo
en
contra
suya.
Por-
fiaba
todayía
en
ir,
adelante:
ellos
Je
protestaron
que
alzaban
el
seguro
que
le
dieron
antes,
pues
no
eran
bastante
fuertes:
para
cumplirle:
que
fuese
él
solo
si
se
empeñaba
en
ello,
pero
fuese
por
cuenta
y
riesgo
suyo.
Entonces
Chacon,
que
estaba
todayía
junto
4.
él
arrimado
al
cuello
del
caballo,
le
dijo:
Señor,
paréceme
que
estos
caballeros
tienen
razon;
y
queno
será
bien
que
os
pongais
ú
merced
de
ese
tropel.
de
hombres.
alborotados,
y
os
veais
en
ries-
go
de
ser
maltratado
y
deshonrado
de
algun
be-
llaco.
Estos
señores
no
pueden
estorbarlo,
ni
con-
tener
el.
ruido
y
la
curiosidad
de
las
gentes,
ni
ex-
eusar
el
mal
que
0s
pueda
venir;
por
donde
me
pa-
rece
conveniente
que
vuestra
señoría
esté
4
la
ór-
den
que
ellos
díeren
en
esle
negocio
,
segun
Jo.que
DON
ÁLVARO
DE
LUNA,
239
el
Señor
Rey
les
tenga
mandado.
—
Sea
pues
en
buen
hora
como
vosotros
quereis,
dijo
el
Maestre;
y
apcándose
del
caballo,
se
dejóir
4
la
voluntad
de
los
dos,
los
cuales
entraron
con
la
gente
que
alli
tenian
en
la
casa,
diciendo
que
era
para
defen=
derle
de
los
insultos
del
puéblo,
y
se
apode-
raron
de
ella.
Él
volvió
4
encargar
4
Chacon
que:
se
fuese
con
los
demas
criados
á
la
posada
de
su:
hijo
Don
Juan,
se
subió
4
su
cámara,
y
quedó
cons=-
tituido
en
prision.
a
Luego
que
el
Rey
supo
que
las
cosas
se
balla=
ban
ya
en
este
estado,
fué
al
templo
4:
oir
misa
y
mandó
que
se
le
dispusiera
la
comida
en
la
casa
misma
donde
el
preso
se
hallaba
*:
por
cierto
cosa:
bien
impropia
de
la
majestad
,
ir
como
á
insultar:
á
su
víctima,
y
á
gozar
de
su
confusion,
y
á
sa=
ciar
él
mismo
su
codicia
con
los
tesoros
y
joyas
de
que
le
iba
4
despojar.
Pidió
Don
Álvaro
al
Rey
y
mientras
comia,
licencia
para
hablarle;
ló
cual
le
fué
negado,
recordándole
que
él
mismo
Je:
habia:
dado
por
consejo,
cuando
la
prision
de
Pedro
Man-
1.
Dícese
que
al
entrar
en
ella,
Don
Álvaro
estaba
4
la
ventana
de
su
cámara,
y
que
viendo
al
obispo
de
Ávila
que
iba
al
lado
del
Rey,
poniendo
él
dedo
en
lafrente
y
moviendo
la
cabeza,
le
dijos
para
estas,
don
Obiagitlas
gue,
Os
me
la
pagareis;
á
lo
que
el
obispo
contestó
:
Señor,
E
Dios
y
álas
órdenes
que
tengo,
que
EA
bea
e
tengo
en
esto
como
el
Rey
de
Granada:
Cro
esta
Rey
cla
no
está
en
la
correspondencia
del
médico
dell
bano
Si
en
la
Crónica
particular
de
Don
Álvaro,
y:
parece
pa
edo
onobable,
Conocia
él
demasiadamente
la
corte
para:
Ha
bd,
tan
grosera
y
tan
importuna
enaque="
alo
_
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
rique,
que
nunca
hablase
á
persona
4
quien
hu-
biese
mandado
prender.
Así
el
miserable
entonces
era
herido
con
las
mismas
armas
que
habia
forja-
do
contra
otros
*.
Despues
de
comer
mandó
el
Rey
que
le
lleyasen
las
llaves-de
las
arcas
de
la
recá-
mara
del
Condestable,
é
hizo
sacar
toda
Ja
plata
y
oro
y
joyas
que
habia
en
ellas,
y
dejó
encargada
la
custodia
del
preso
4
Ruy
Diaz,
que
él
encomendó
4
su
hermano
el
prestamero
de
Vizcaya
Juan
Hur-
«tado,
y
al
dia
siguiente
se
encargó
4
Don
Alonso
de
Stúñiga,
á
ruego
de
la
gente
de
la
ciudad,
que
no
tenia
por
seguros
aquellos
guardadores.
Entretanto
la
familia
y
gente
del
Condestable,
unos
huían,
otros
se
escondian,
algunos
eran
pre=
sos.
Su
hijo
el
Conde,
disfrazado
de
mujer,
se
es-
capó
con
un
solo
criado
,
y
4
poco
de
haber
salido
de
Burgos
se
encontró
afortunadamente
con
una
partida
de
caballos
de
su
padre,
los
cuales
le
le=
varon
á
Portillo,
y
desde
allí
4
Escalona
donde
es-
taba
su
madre
la
Condesa.
Un
clérigo
sacó
de
la
ciudad
4
Don
Juan
de
Luna,
yerno
del
Condesta-
ble,
en
hábito
disfrazado.
A
Fernando
de
Rivade-
nejra
le
tuyo
oculto
en
su
casa
algunos
dias
el
obispo
de
Avila:
Gonzalo
Chacon
y
Fernando
de
Sesé
fueron
desarmados
al
instante
que
la
casa
fué
entrada
por
1
Mariana
y
otros
historiadores
ponen
aquí
una
carta,
como
escrita
en
aquella
ocasion
por
el
Condestable
al
Rey;
la
cual
parece
mas
bien
una
declamacion
retórica
que
un
hecho
,
del
cual
no
hablan
nada
ni
las
dos
Crónicas,
ni
la
correspondencia
de
Fernan
Gomez:
así
es
preciso
des-
echarla
como
apócrifa.
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
241
la
gente
de
Rui
Diaz,
despojados
de
todo
lo
que
tenian,
y
puestos
en
la
cárcel
pública,
donde
por
bastante
tiempo
padecieron.
:
El
Maestre
de
allí
4
pocos
dias
fué
llevado
4
Valladolid
y
despues
pasado
á
la
fortaleza
de
Por-
tillo,
donde
se
le
tuyo
en
prision
bien
estrecha
y
con
mucha
guardia,
al
cuidado
de
Diego
de
Stú-
ñiga,
hijo
del
Mariscal
Íñigo
de
Stúñiga.
Es
pro-
bable
que
al
principio
no
se
determinó
nada
sobre
su
suerte,
y
que
solo
se
propuso
al
Rey
que
se
fue-
se
apoderando
de
los
tesoros
y
estados
del
Condes
table.
Hízolo
así
con
efecto
de
veinte
y
siete
mil
doblas
que
tenia
en
Portillo
,
y
de
otras
nueve
mil
que
habia
en
Armedilla.
Despues
pasó
los
puertos
con
intencion
de
apoderarse
de
las
villas
y
forta-
lezas
que
tenia
el
Condestable
en
Castilla
la
Nueva
y
Extremadura.
Mas
no
eran
tan
fáciles
de
rendir
como
se
pensaba,
y
por
la
resistencia
que
hacía
Fernando
de
Rivera
en
Maqueda
se
vino
en
cóno=
cimiento
de
lo
que
costarian
Escalona,
Alburquer=
que,
Toledo,
Trujillo
y
las
demas.
Entonces
fué.
cuando
se
resolvió
la
final
perdicion
de
Don
Ál-
varo.
Todos
le
tenian
abandonado:
ni
el
obispo
de
Cuenca,
ni
el
de
Toledo,
ni
otro
prelado
ó
Gran=
de
alguno,
ni
el
Príncipe
y
su
privado,
con
quie=
nes
estaba
en
buena
armonía
al
tiempo
de
su
pri-
Si0n;
nadie
en
suma
hizo
el
menor
movimiento
en
be
favor,
por
via
de
súplica
ó
de
amenaza.
Hicit-
TOM,
pues,
sus
enemigos
entender
al
Rey
que
mien-
0
él
fuese
vivo,
los
defensores
que
tenia
puestos
248
O
ASPAÑOLES
CÉLEBRES;
aquel
horirado
y-
bizarro
Chacon,
fué
lévado'4
Fo-
ledo
«y
sepultado
en
la
suntuosa
capilla
de
Santia-
go,
que
el
Condestable
en“los
tiempos
de
su
glo-
ria
habia
erigido
para
su
enterramiento
en
la
ca-
tedral
+,
+!
«Al
tiempo
en
que
los
enemigos
de
Don
Álvaro
completaban
así
en
Valladolid
la
sangrienta
yen=
ganza,
tan
anhelada
de
su
rencor,
el
Rey
despues
de
rendida
Maqueda,
que
Rivedencira
le
entregó
al
fin
por
no
caer
en
caso
de
rebeldía
,
tenia
puestos
sus
reales
sobre
Escalona,
donde
estaban
guareci-
»
a
-
1
Los
sucesos
de
esta
muerte
de
Don
Álvaro
están
re-
feridos
con
bastante
variedad
por
el
fisico
del
Rey
en
el
Centon
epistolar.
Supone
al
Monarca
en
Valladolid
al
tiem-
po
de
la
catástrofe
,
y
pinta
con
colores
bastante
dramáti-
cos
su
sentimiento
y
su
incertidumbre
:
Véase
la
carta
103.
Pero
todas
estas
circunstancias
,
en
que
el
mismo
médico
se
da
por
testigo
y
por
actor,
están
en
contradiccion
con
las
Crónicas
y
con
los
documentos
diplomáticos
del
tiempo.
En
estilo
y
lenguaje
la
carta
citada
se
parece
enteramente,á
las
demas
;
y
en
este
supuesto
¿qué
pensar
de
toda
esta
cor-
respondencia,
tan
interesante
por
su
argumento
,
tan
agra-
dable
y
preciosa
por
su
estilo,
y
tan
acreditada
por
su
au-
toridad?
¿Se
habrá
interpolado
esta
carta
entre
las
demas?
o
se
habrá
interpolado
mas
que
ella
sola?
Quien
asi
falta
á
la
verdad
en
un
suceso
de
tanto
bulto
,
que
supone
pasa
á
su
vista,
¿no
habrá
faltado
tambien
en
otros?
¿Existió
ver=
daderamente
semejante
médico
y
semejante
corresponden-
cia?
¿Sería
por
ventura
esta
obra
juego
de
ingenio
de
al-
gun
escritor
posterior?
En
tal
caso
todo
lo
que
ganase
en
mérito
literario
como
invencion,
lo
perdería
en
crédito
“como
documento
histórico.
Otros
criticos
resolverán
estas
dudas
:
aquí
nos
basta
indicarlas
,
añadiendo
que
á
pesar
de
ellas
hemos
seguido
en
la
narracion
de
la
vida
del
Condes-
table
la
autoridad
del
bachiller
Cibdad-Real,
en
todo
lo
que
está
conforme
con
las
Crónicas
,
Ó
no
dice
contradic=
cion
con
ellas.
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
219
dos
y
fortificados
la
viuda
del
Maestre
y
su
hijo
el
Conde
Don
Juan.
Su
resistencia
duró
lo
que
la
vida
del
Condestable:
porque
sabida
su
muerte,
escu-
charon
las
proposiciones
del
Rey
y
se
ajustó
entre
ellos
un
convenio
,
por
el
cual
quedándose
el
Mo-
narca
con
las
plazas
mas
importantes
por
su
fuer
za
y
consideracion,
dejaba
las
demas
á
la
familia
de
Don
Alvaro.
De
los
tesoros
se
hicieron
tres
partes,
dos
para
el
Rey
y
una
para
la
viuda.
La
cédula
en
que
se
acordó
esta
concordia
es
del
23
de
junio,
y
en
su
tenor
se
guardó
todo
respeto
á
la
memoria
de
Don
Álvaro.
Por
eso
es
mas
de
extrañar
el
con»
texto
de
otro
escrito,
que
suena
hecho
tres
dias
an-
tes,
y
sé
conserva
en
la
Crónica,
dirigido
por
Don
Juan
11
4
las
ciudades
del
reino
sobre
las
causas
y
motivos
de
la
prision
y
castigo
del
Condestable.
Atribuyóse
entonces
á
Diego
Valera,
el
cual
se
dejó
llevar
de
su
animosidad
de
tal
modo,
que
ade-
mas
de
no
poderse
leer
por-lo
grosera
y
pesada-
mente
que
está
escrito,
contra
nadie
cae
la
inyec=
tiva
mas
fuertemente
que
contra
el
mismo
Rey,
Dificil
es
persuadirse
que
éste
autorizase
consu
fir-
ma
semejante
documento,
que
viene
á
ser
una
con-
fesion
vergonzosa
de
su
incapacidad,
y
una
dis-
culpa,
por
lo
mismo,
del
abuso
que
un
privado
po-
dia
hacer
de
su
confianza.
Cuando
Valera
defendia
los
derechos
de
la
justicia
en
las
cortes
de
Valla”
dolid,
era
un
ciudadano
honrado
y
un
Procurador
de
cortes
entero
y
respetable:
mas
al
extender
este
manifiesto,
es
un
escritor
absurdo
y
fastidioso,
in-
ado
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
famador
desu
Rey,
cegado
por
la
animosidad,
hom-
bre
que
se
complace
vilmente
en
dar
estocadas
en
un
muerto,
Ninguno
de
los
Grandes
ocupó
el
lugar
que
quedaba
yacío
por
la
muerte
del
privado.
Aun
po-
dia
decirse
que
el
Rey
queria
seguirse
dirigiendo
por
sus
máximas
,
pues
llamó
al
obispo
Barrientos
que
tan
parcial
habia
sido
de
Don
Álvaro,
y
al
prior
de
Guadalupe
para
servirse
de
sus
consejos
en
la
gobernacion.
Facil
es
de
entender
lo
poco
que
podrian
ayudarle
estos
dos
buenos
hombres
en
la
dificil
y
estragada
condicion
de
los
tiempos.
Pero
no
hubo
lugar
para
que
se
realizasen,
en
bien
ó
en
mal,
las
consecuencias
de
esta
y
otras
medidas
que
el
Monarca
pensaba
adoptar
á
la
sazon.
La
triste-
za,
la
soledad,
los
cuidados
y
tambien
su
mal
ré-
gimen,
áque
se
abandonó
mas
despues
de
la
muer-
te
de
su
ministro,
debilitaron
su
complexion
poco
robusta;
las
calenturas
que
de
cuando
en
cuando
le
aquejaban,
le
acometieron
con
mas
rigor
y
tenaci-
dad
que
solian,
y
sin
ser
bastante
á
resistirlas
fa-
Meció
en
Valladolid
4
21
de
julio
del
año
siguien-
te
de
1454.
Su
muerte
fué
tan
miserable
y
pusiláni-
me
como
habia
sido
su
vida:
tres
horas
antes
de
espirar,
decía
á
su
médico
:
Bachiller
Cibdad-Real,
nasciera
yo
fijo
de
un
mecánico,
€
hubiese
sido
fraile
del
Abrojo,
é
no
Rey
de
Castilla.
Tenia
harta
razon
en
ello,
y
esto
hubiera
sido
mejor
para
él
y
para
la
monarquía.
Así
en
poco
mas
de
un
año
_faltaron
estos
dos
personajes,
que
al
parecer
habian
DON
ÁLVARO
DE'
LUNA.
251
nacido
para
andar
juntos
la
carrera
de
la
vida,
su=
pliendo
el
uno
con
su
vigor
y
actividad
el
vacío
que
el
otro
dejaba
con
su
incapacidad
y
desidia.
Pudo
el
Rey
quejoso
ó
prevenido
quitar
la
vida
á
su
pri=
vado:
pero
la
falta
del
privado
abrevió
sin
duda
los
dias
del
Rey,
y
el
muerto
se
le
lleyó
4
la
huesa
consigo
*,
'
Tendria
el
Condestable
cuando
sus
enemigos
le
acabaron,
sobre
sesenta
y
tres
años,
y
todavía
en
aquella
edad
conservaba
íntegros
el
esfuerzo,
la
agi-
lidad,
la
viveza
y
aplicacion,
por
donde
se
habia
señalado
desde
el
tiempo
de
su
juventud
primera.
Parciales
y
enemigos,
todos
convienen
en
los
gran-
des
dones
de
cuerpo
y
alma
de
que
estaba
adorna=
do,
y
en
que
pocos
ó
ninguno
de
los
señores
con-=
temporáneos
suyos
le
llevaban
ventaja,
ni
aun
le
igualaban.
Mediano
de
estatura,
gracioso
y
dere=
cho
de
talle,
alcanzaba
grandes
fuerzas,
y
en
to»
das
sus
acciones
y
movimientos
mostraba
una
fle=
xibilidad
y
soltura
que
jamas
perdió,
porque
siem-
pre
se
mantuyo
en
unas
carnes.
Vestíase
bien,
ar=
mábase
mejor,
y
sea
que
persiguiese
las
fieras
en
la
selva,
Ó
que
se
ejercitase
en
los
torneos,
ó
que
arrostrase
los
peligros
en
las
batallas,
siempre
se
mostraba
gran
ginete,
gran
montero,
diestro
jus-
tador
y
yalentísimo
soldado.
Sus
ojos
eran
vivos
y
>
.
para
ld
ba
our
de
Doncs,
viempre
delete
lo
trata
plañendo
en
secreto
,
é
veía
no
eso
á
los
Grandes
mas
sOse,
dos...
?
7
)
.
epístola
07
todo
le
fatigaba
el
vital
órgano.
Centon,
252
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
penetrantes,
su
habla
algun
tanto
balbuciente:
hol-
gaba
mucho
con
las
cosas
de
risa,
y
apreciaba
so-
bremanera
las
agudezas
y
artes
del
bien
decir,
es-
pecialmente
la
poesía,
en
la
que
alguna
vez
se
ejer-
citaba,
Su
larga
y
constante
conexion
con
Juan
de
Mena,
príncipe
de
los
ingenios
de
su
tiempo,
y
hom-
bre
tan
respetable
por
su
carácter
como
por
su
ta-
lento,
hace
honor
al
privado
y
al
poeta.
Era
muy
galan
y
atento
con
las
damas,
y
fue
muy
discreto
y
reservado
en
sus
amores.
En
hechos
de
guerra
po-
cos
de
su
tiempo
se
le
pudieron
comparar;
en
sa=
gacidad
y
penetracion
política,
en
teson
y
atrevi-
miento
ninguno
le
compitió.
Pero
estas
dotes
emi-
nentes
fueron
lastimosamente
deslucidas
con
la
am-
bicion
de
adquirir
estados,
que
no
tenia
límite
al-
guno,
con
la
codicia
de
allegar
tesoros
todavía
mas
yergonzosa
,
en
fin
con
el
orgullo
indómito,
la
so-
berbia,
y
acaso
la
crueldad
inhumana
*,
de
que
se
revistió
en
sus
últimos
tiempos
y
le
enagenó
las
yo-
luntades:
como
si
fuera:
achaque
necesario
de
la
privanza
excesiva
no
ejercerse
nunca
sin
arrogan-
cia
y
sin
insolencia,
1
Véase
en
el
Apéndice
una
cédula
del
Rey
de
12
de
junio
de
1453
:
el
hecho
á
que
se
refiere
es
tan
bajo
como
atroz.
Es
muy
de
dudar
que
sea
cierto,
por
el
tiempo
y
las
circunstancias
en
que
se
verifican
el
cargo
y
la
reparacion.
Por
otra
parte
Fernan
Perez
en
sus
Generaciones
no
le
ta-
cha
de
esta
clase
de
crueldad
privada
y
vil;
y
aun
le
justi-
fica
de
muchas
de
las
ejecuciones
de
muertes
que
hubo
en
su
tiempo,
y
se
las
imputa
al
Rey,
que
segun
él
era
natu-
ralmente
cruel
é
vindicativo.
El
documento
sin
embargo
es
Curioso,
A
A
PPP
e
a
DON
ÁLVARO
DE
LUNA.
253
Cuatro
siglos
que
han
pasado
desde
entonces
nos
dan
el
derecho
de
juzgarle
sin
aficion
y
sin
envi-
dia.
Comparado
con
los
émulos
que
tuvo,
no
hay
duda
que
Don
Álvaro
de
Luna
se
presenta
mas
grande
que
todos
ellos:
su
privanza
está
bien
mo-
tivada
en
sus
servicios;
su
ambicion
y
su
poder
disculpados
con
su
capacidad
y
sus
talentos.
Pero
si
esta
ambicion
y
este
poder,
tan
largo
tiempo
combatidos
de
una
parte,
y
tan
bien
defendidos
de
la
otra,
se
miden
con
el
objeto
y
uso
4
que
los
di-
rigió
el
Condestable;
si
se
pregunta
qué
engrande-
cimiento
le
debió
el
reino,
qué
mejoras
las
leyes,
qué
adelantamientos
la
civilizacion
y
las
costum-
bres,
en
qué
disposicion
-y
estatutos
procuró
afian=
rar
para
lo
futuro
la
quietud
y
prosperidad
del
Es-
tado,
ya
la
respuesta
sería
mas
dificil
y
el
fallo
harto
mas
severo.
Porque
no
de
otro
modo
juzga
la
posteridad
4
los
hombres
públicos;
y
el
bien
ó
el
mal
que
hicieron
4
las
naciones
que
mandaron,
son
Ja
única
regla
por
donde
los
aplaude
ó
los
condena,
Retro
AO
ái
'
cal
a
A
9
uba
ns
also
Acida
E
$
bvivoa
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Tar
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JJ
q
Fr.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
—,
e
a55
AN
">
Daya
,
>
ei
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS,
Lojaiiber
que
como
el
Padre
Casas
han
toma=
do
4:su:
cargo
la
defensa
de
grandes
intereses
y
seguido
una
larga
carrera
de
debates
y
controver-
sia,
suelen
dar
á
las
opiniones
y
negocios
en
que
n
el
carácter
eléctrico
de
su'
espíritus
de
modo
que
parece
casi
imposible
tratar
de
ellos,
aun
largos
siglos
despues
nertos,
sin
tomar
parte
en
el
movimiento
y
pasiones
qu
-excitaron.
De
aqui
la
dificultad
de
escribir
o
ue
:sos
de
su
vida
con
aquella
serenidad
y
templanza
pr
la
historia,
siendo
por
lo
comun
estas
relaciones
una
sátira
Ó
un
panegírico,
segun
la
parte
4
que
AUTORES
CONSULTADOS.
Impresos:
Remesal
,
historia
de
la
provincia
de
Chiapa.—Merrera,
Décadas.—Oviedo
,
his-
toria
general
de
Indias,
parte
primera.—
Gómara.—Nicolas
Antonio.—Opúsculos
impresos
del
Padre
Casas.
—Vida
del
mismo
publicada
al
frente
de
sus
Opúsculos
traducidos
al
á
bras
de
Sepúlveda.
:
..
Méditos:
Casas,
libro
segundo
y
tercero
de
su
histo-
na
general,
y
otros
apuntes
y
documentos
suyos
manuscri=
tos.
—Oviedo
,
parte
segunda
de
su
historia.
—
Cartas
del
Padre
Toribio
Motolinea
contra
Casas.—EXtractos,
memo-
riales
y
apuntes
diferentes
sobre
los
sucesos
de
aquel
tiem-
P0,
Comunicados
al
autor.
262
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
ramamiento
de
sangre.
Ya
habian
entrado
en
la
provincia
de
Camaguei,
y
sus
naturales
los
reci-
bian
con
la
misma
paz
y
agasajo
que
los
otros.
Un
día
antes
de
llegar
4
un
pueblo
que
se
llamaba
Cao-
náo,
hicieron
los
castellanos
parada
en
un
arroyo,
donde
encontraron
piedras
aguzaderas
de
excelen=
te
calidad;
y
como
si
presagiaran
el
funesto
uso
en
que
inmediatamente
habian
de
emplearlas
,
sa=
caron
allí
el
filo
y
acicalaron
á
su
gusto
las
es-
padas.
Entran
despues
en
el
pueblo,
los
indios
los
reciben
con
la
misma
buena
voluntad
que
en
otras
partes,
y
mientras
se
reparten
las
provisiones
que
habian
presentado
4
los
extranjeros,
se
ponen
en
cuclillas,
4
su
modo,
á
contemplar
aquellos
hombres,
tan
nueyos
para
ellos,
y
á
observar
los
movimien-
tos
de
las
yeguas.
Eran,
se
dice,
hasta
dos
mil
los
que
allí
estaban
presentes,
sin
otros
quinientos
que
se
hallaban
dentro
deun
bohio.
Narvaez
estaba
4
caballo;
y
Casas,
segun
su
costumbre,
viendo
ha-
cer
la
reparticion
de
las
raciones.
De
repente
un
castellano
saca
la
espada,
los
demas
le
siguen
y
se
arrojan
sobre
los
indios
hiriendo
y
matando
en
ellos,
sin
que
aquellos
infelices,
sorprendidos
y
aterrados,
pudiesen
hacer
otra
cosa
que
dejarse
ha-
cer
pedazos,
y
escapar
despues
como
pudieron.
Nar-
vaez
estaba
4
mirar,
sin
darse
priesa
alguna
para
atajar
el
daño;
pero
Casas
con
los
que
tenia
al
re
dedor
corrió
al
instante
á
donde
hervía
el
tumul-=
to,
y
á
gran
pena
pudo
contenerle,
cuando
ya
el
daño
hecho
era
irremediable
y
mucho,
El
horror
FR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
263
y
compasion
que
inspiró
en
el
ánimo
de
Casas
este
funesto
incidente
duraba
todayía
cincuenta
años
despues,
cuando
lo
contaba
en
su
historia
con
colores
tan
vivos
y
dolorosos
que
penetran
el
corazon.
La
ocasion
que
aquellos
homicidas
pretextaron
para
su
alboroto,
era
tan
frívola
como
escandaloso
el
estrago.
Decian
que
la
atencion
de
los
indios
4
las
yeguas
daba
que
sospechar
en
su
intencion.
Las
espinas
de
pescados
con
que
tenian
adornadas
las
cabezas,
se
les
figuraban
armas
envenenadas
para
destruirlos;
y
unas
soguillas
que
traían
á
la
cintu-
ra,
prisiones
con
que
los
querian
amarrar
y
suje-
tar.
¿Cómo
negarse
4
la
indignacion
que
inspiran
estos
absurdos
pretextos
para
tan
aleyosa
y
cruel
felonía?
Mas
la
verdadera
causa
de
este
y
otros
hechos;
tan
atroces
como
incomprensibles,
era
la
posicion
misma
en
que
los
españoles
estaban.
Siem-
pre
en
la
proporcion
de
uno
contra
ciento,
y
em-
peñados
en
dominar
y
oprimir,
á
cada
paso
se
yeían
perecer
víctimas
de
su
temeridad
y
de
su
ar-
rojo,
á
cada
paso
se
imaginaban
que
venia
sobre
ellos
la
venganza
de
los
indios:
cualquiera
accion
equívoca,
cualquiera
seña
incierta
era
para
ellos
un
anuncio
de
peligro;
y
el
instinto
de
la
conser-
“vacion,
exaltado
entonces
hasta
el
frenesí,
no
les
enseñaba
otro
camino
que
el
de
espantar
y
aterrar
con
la
prontitud
y
la
audacia,
y
anticiparse
á
ma-
tar
para
no
ser
muertos
á
su
vez.
|
Siguiéronse
4
este
desastre
las
consecuencias
264
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
que
eran
de
esperar.
Los
indios,
desbandados,
se
acogieron
á
las
isletas
vecinas,
la
comarca
quedó
desierta,
y
los
castellanos
reducidos
á
solos
los
re-
cursos
que
llevaban
consigo.
Saliéronse
del
pueblo,
y
sentaron
su
real
en
una
gran
roza
donde
se
daba
la
yuca
en
abundancia,
y
por
lo
menos
no
podia
faltarles
el
pan
cazabe,
base
principal
del
sustento
en
aquellas
regiones.
Allí
permanecieron
algunos
dias
esperando
en
qué
vendría
á
parar
la
soledad
y
silencio
en
que
la
tierra
habia
quedado,
cuando
la
humanidad
y
la
templanza
remediaron
al
fin
el
-mal
hecho
por
la
violencia.
Pe
Llegóse
al
real
un
indio
como
de
hasta
veinte
y
Cinco
años
,
y
encaminándose
derecho
á
la
bar
raca
del
Licenciado
Casas,
trabó
conversacion:
con
otro
indio
viejo
que
le
servia
de
mayordomo
y
se
decia
Camacho.
En
ella
manifestó
el
jóven
que
si
el
Padre
le
recibíaá4
él
y
á
otro
hermano
suyo,
le
-servirian
los
dos:
con
mucho
gusto,
por
el
concepto
“que
tenian
de
su
humanidad
y
agasajo.
Alabóle
-Camacho
el
pensamiento,
díjoselo
4
Casas,
el
cual,
regalando
al
indio
y
asegurándole
de
que
los
reci-
«biría
en
su
casa,
trató
tambien
con
él
de
si
podria
conseguirse
que
los
demas
yolviesen
4
sus
mora-
das,
asegurándoles
que
no
recibirian
mal
ninguno;
antes
bién
ballarían
cuanta
paz
y
buen
trato
pu=
dieran
desear.
Aseguró
el
indio
que
sí,
y
se
ofre-
-ció
4
traer
consigo
dentro
de
pocos
dias,
cuando
yi-
niese
con
su
hermano,
toda
la
gente
de
un
pueblo
cuya
era
la
roza
en
que
á
la
sazon
se
hallaban,
Re-
A
ASAS
1
FR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
265
galáronle
bien,
pusiéronle
por
nombre
Adrian,
y
él
se
fué
muy
contento
á
poner
en
ejecucion
lo
prometido.
Pasáronse
muchos
mas
dias
sin
parecer
él
ni
otro
alguno.
Todos
desconfiaban:
hasta
el
Licenciado
Casas
se
daba
por
engañado
,
y
solo
Camacho
se
afirmaba
en
que
Adrianillo
no
podia
faltar.
Con
efecto,
una
tarde,
cuando
menos
lo
esperaban,
com-
pareció
Adrian,
acompañado
de
su
hermano
y
de
otros
ciento
y
ochenta
hombres,
cargados
de
sus
hatos
y
con
presentes
de
pescado
para
los
castella-
nos.
Fueron
recibidos
con
el
agasajo
y
alegría
que
son
de
presumir,
y
todos
enviados
á
sus
casas
para
que
las
poblasen,
menos
los
dos
hermanos
que
se
quedaron
á
servir
al
Licenciado
en
compañía
de
Camácho.
2.
obasivals
q
ubasio:
103613
Luego
que
se
extendió
esto
por
la
tierra,
los
indios
de
los
demas
pueblos
se
fueron
volviendo
poco
á
poco
á
habitar
sus
moradas,
y
4
entender=
se
tranquila
y
pacíficamente
como
antes
con
los
españoles.
Ya
sobraba
á
estos
con
la
confianza
el
sin
y
ti
Y
ia
bastimento;
los
indios
les
daban
sus
canoas
para
que
costeasen
la
isla
por
mar;
sus
comunicaciones
y
su
inllajo,
merced
al
buen
nombre
de
Casas
,
se
extendia
á
mas
de
cien
leguas
4
la
redonda.
Diéz
Fonles
noticia
de
hallarse
en
poder
de
indios
dos
Mujeres
castellanas
y
un
hombre,
y
como,
segun
de
Señales
que
se
dieron,
estaban
á
grande
distan=
1%,
Pareció
conveniente
mandar
que
«se
“trajosen
sin
aguardar
4
lMegar
allá.
Envió,
pues,
Casas
sus
266
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
papeles
en
blanco,
en
virtud
de
los
cuales
manda-
ba
que
fuesen
luego
restituidas
las
mujeres
y
el
hombre,
pues
de
no
hacerlo
se
enojaría
mucho,
Las
mujeres
vinieron
de
allí
4
pocos
dias
,
trai-
das
en
una
canoa,
que
llegó
4
desembarcar
al
pie
de
la
barraca
misma
en
que
el
Licenciado
ha-
bitaba.
Venian
en
carnes,
sin
mas
yelo
que-
unas
hojas
con
que
traían
cubierta
la
cintura;
la
una
era
de
hasta
cuarenta
años,
la
otra
de
diez
y
ocho;
y
contaban
que
viniendo
en
otro
tiempo
con
algunos
castellanos
por
una
ensenada,
que
despues
por
este
caso
se
llamó
de
Matanzas,
los
indios
en
cuyas
canoas
iban,
los
mataron
sobre
seguro,
ane-
gando
á
unos
en
la
mar,
y
4
otros
asaeteando
en
la
playa.
Ellas
solas
habian
sido
reservadas
del
es-
trago
comun;
y
viviendo
y
sirviendo
4
los
indios
habian
prolongado
su
yidá
hasta
aquel
punto,
en
que
felizmente
habian
sido
rescatadas
de
su
poder,
y
vueltas
entre
cristianos.
Holgáronse
todos
con
su
yenida;
el
Licenciado
las
consoló,
y
poco
despues
las
casó
con
dos
hombres
de
bien,
que
de
ello
se
con-
tentaron.
Faltaba
por
yenir
el
castellano
reclama-
do
al
mismo
tiempo,
y
remitióse
el
mensaje
del
Padre
Casas
al
cacique
que
le
tenia
en
su
poder,
encargándole
que
lo
conservase
y
mantuviese
hasta
que
los
españoles
llegasen
4
su
pais.
Él
lo
hizo
así,
y
en
persona
le
vino
á
presentar
cuando
llegó
el
caso
,
haciendo
yaler
mucho
el
cuidado
y
esmero
con'
que
lo
habia
tenido
y
defendido
de
las
im-
portunaciones
de
otros
caciques,
que
se
lo
pedian
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
267
para
matarlo,
ó
le
exhortaban
4
que
él
por
sí
lo
hiciese
*.
higuera!
Llegó,
pues,
la
expedicion
en
el
curso
de
su
re-
conocimiento
4
la
provincia
de
la
Habana;
cuyos
habitantes
escarmentados
con
el
acontecimiento
de
Camaguei,
al
acercarse
los
castellanos,
desampa=
raron
sus
casas
y
se
acojieron
á
los
montes.
Acu-=
dióse
al
arbitrio
ordinario
de
los
papeles
mensaje=
ros,
convidando
álos
indios
4
que
volviesen,
y
ase=
gurándoles
4
nombre
del
Padre
de
todo
buen
tra-
tamiento.
Confiados
en
esta
promesa,
vinieron
á
pre=
sentarse
hasta
diez
y
nueve
de
ellos
,
con
algunos
bastimentos;
y
por
una
especie
de
furor,
tan
im-
posible
de
disculpar
como
de
concebir,
el
insensa=
to
Pánfilo
hízolos
prender
4
todos,
con
propósito
de
ajusticiarlos
al
otro
dia.
Opúsose
Casas
4
esta
atro=
cidad,
al
principio
con
ruegos,
y
despues
con
ame=
nazas.
Recordóle
las
órdenes
positivas
del
gober=
nador,
en
que
no
una,
sino
muchas
yeces,
encarga»
ha
el
buen
tratamiento
de
los
indios
,
prohibiendo
expresamente
que
se
les
hiciese
hostilidad
ninguna,
4
menos
que
ellos
fuesen
los
agresores
;
y
viéndole:
1
Una
circunstancia
curiosa
de
este
incidente
es
que
el
castellano,
al
cabo
de
tres
6
cuatro
años
que
estaba
en
tre
los
indios,
se
habia
entregado
tanto
á
usar
de
sus
cos=
tumbres,
hábitos
y
modales,
que
parecia
uno
de
ellos
en
todos
sus
gestos
y
meneos,
dando
harto
que
reir
4
sus.
Ep
La
lengua
nativa
se
le
habia
olvidado,
y
tardó.
tántes
dias
en
recordarla
pg
contar
sus
aventuras,
En
las
dos
mujeres,
fuera
de
la
desnudez
,
no
se
advir=
1ió
esta
extrañeza,
y
ellas
pudicxop,
el
instante
dar
razon,
de
sus
sucesos.
Sin
duda
comunicaban
entre
sl,
y
por
eso
no
'olyidaron
su
habla,
¿21.200?
>
A
1514;
268
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
-
obstinado
en
su
locura,
le
dijo
que
de
no
conte-
nerse
en
su
mal
propósito,
partiría
al
instante
4
la
corte,
á
dar
cuenta
de
aquel
desacato,
para
que
se
le
castigase
como
merecia.
Pasóse
el
dia
sin
al-
canzar
nada:
mas
al
siguiente
,
templada
ya
la
fu-
ria
del
capitan,
fueron
puestos
en
libertad
aquellos
infelices,
menos
uno
que
parecia
el
principal
de
to-
dos,
4
quien
despues
el
gobernadór
mandó
poner
tam-
bien
en
libertad.
De
la
costa
del
Sur
volvieron
á
la
del
Norte
por
órden
de
Diego
Velazquez;
el
cual,
despues
de
haber
asentado
la
poblacion
de
Baracoa,
y
repartido
las
tierras
é
indios
de
aquella
tierra
y
las
conti=
guas,
trató
de
ir
reconociendo
la
isla,
para
deter=
minar
los
otros
puntos
en
que
convenia-
poblar,
Juntóse
con
el
cuerpo
expedicionario
de
Narvaez
en
el
puerto
de
Xaguá,
y
en
aquella
comarca
re-
solyió
fundar
la
villa,
que
despues
se
llamó
la
Tri-
nidad.
Señaló
los
vecinos
é
hizo
los
repartimientos
de
estilo,
entre
los
cuales
uno
de
los
mas
aventa-
jados
fué
el
de
Casas,
premiándole
de
este
modo
los
servicios
que
habia
hecho
en
la
expedicion.
Tenia
el
Licenciado
grande
amistad
con
un
Pedro
de
Ren-
tería
,
hombre
honrado
y
bueno,
y
de
algun
con-
cepto
entre
los
castellanos,
puesto
que
habia
sido
alcalde
ordinario,
y
alguna
vez
teniente
de
Velaz-
quez,
Aeste
dió
el
gobernador
un
repartimiento
junto.
al
de
Casas,
probablemente
con
el
intento
de
que
los
dos
se
ayudasen
en
sus
tratos
y
granjerías.
Asociáronse
con
efecto,
pero
Rentería,
templado
ASAS
YR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
269
por
carácter
y
propenso
á
la
deyocion,
mas
se
ocu=
paba
en
rezar
que
en
atender
á
los
negocios
de
la
hacienda;
mientras
que
Casas
,-activo
y
diligente,
mostraba
en
dirigirlos
y
aumentarlos
una
indus-
tria
y
una
actividad,
que
le
prometia
las
mejores
esperanzas
para
lo
futuro.
Así
es
que
él lo
gober-
naba
todo
y
manejaba,
sin
que
su
compañero
tu=
viese
en
la
disposicion
de
Jas
cosas
comunes
otra
volantad
que
la
suya
*.
Pero
estas
sugestiones
de
aprovechamiento
y
de
codicia
se
ayenian
mal
con
su
carácter
justo
y
ge-
neroso
,
y
no
tardaron
en
dar
lugar
á
otros
pensa=
mientos
mas
nobles.
Aunque
caritativo
y
humano
en
su
modo
de
tratar
4
los
indios,
Casas
no
dejaba
de
aprovechar
los
que
se
le
tenian
repartidos,
en
los
trabajos
de
las
minas
y
en
los
de
las
semente=
ras.
Creja
él
entonces
que
esto
era
lícito
y
hones-
to,
y
como
dice
él
mismo
con
la
inflexible
inge=
nuidad
que
le
caracteriza,
en
aquella
matería
tan
ciego
estaba
por
aquel
tiempo
el
buen
Padre,
como
los
seglares
todos
que
tenía
por
hijos
?.
Pues
como
se
lMegase
la
Pascua
de
Pentecostés,
y
él
tuviese
que
ir
4
decir
misa
y
predicar
en
Baracoa,
al
es=
tudiar
la
materia
y
autoridades
de
los
sermones
que
meditaba,
echó
casualmente
la
vista
sobre
el
capí-
2.
Y
antes
todo
se
podria
decir
ser
del
Padre
que
de
Pa:
3
porque
lo
gobernaba
y
ordenaba
todo,
como
agibilibus,
y
en
las
cosas
tempora=
les
mas
3
ndido.
rr
historia
generab,
libro
3.9,
cam
2
Historia
general,
libro
3,9,
capitulo
31.
ajo
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
tulo
34
del
Eclesiástico,
donde
halló:
Que
es
mans
cillada
la
ofrenda
del
que
hace
sacrificios
de
lo
injusto
:
Que
no
recibe
el
Altísimo
los
dones
de
los
impíos,
ni
mira
á
los
sacrificios
de
los
malos:
Que
el
que
ofrece
sacrificios
de
la
hacienda
de
los
po-
bres
,
es
como
el
que
degúella
á
un
hijo
delante
de
su
padre:
Que
la
vida
de
los
pobres
es
el
pan
que
necesitan;
aquel
que
lo
defrauda
es
hombre
sanguinario
:
Que
quien
quita
el
pan
del
sudor,
es
como
el
que
mala
á
su
prójimo:
Quien
derrama
sangre
y
quien
defrauda
al
jornalero,
hermanos
son
*.
]
Estas
lecciones
severas
de
caridad
y
de
justicia
se
grabaron
tan
profundamente
en
su
corazon
y
produjeron
tal
revolucion
en
él,
que
juzgó
al
ins-
tante
indigno
de
un
cristiano,
y
mucho
mas
de
un
sacerdote,
enriquecerse
4
costa
del
sudor
y
sangre
de
infelices,
condenados
á
trabajar
para
advenedi-
zos,
que
no
tenian
para
ello
otro
derecho
que
la
fuerza,
Y
yendo
y
viniendo
en
este
pensamiento,
se
resolvió
á
resignar
desde
luego
sus
indios
y
su
tier=
ra
en
manos
del
gobernador
que
se
los
habia
dado,
y
así
selo
manifestó
inmediatamente
para
cumplir
1
Inmolantis
ex
iniquo
oblatio
est
maculata....
Dona
iniquorum
non
probat
Altísimus
,
nec
respicit
in
oblationes
iniquorum....
:
Qui
offert
sacrificium
ex
substantid
pauperum
,
quasi
qui
victimat
filium
in
conspetu
patris
sul.
-Panis
egentium
vita
pauperis
est:
qui
defraudat
illun
homo
sanguinis
est.
)
Qui
aufert
in
sudore
panem,
quasi
qui
occidit
proxi=
mum
suum.
270
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
tulo
34
del
Eclesiástico,
donde
halló:
Que
es
man=
cillada
la
ofrenda
del
que
hace
sacrificios
de
lo
injusto
:
Que
no
recibe
el
Altísimo
los
dones
de
los
impíos,
ni
mira
á
los
sacrificios
de
los
malos:
Que
el
que
ofrece
sacrificios
de
la
hacienda
de
los
po-
bres
,
es
como
el
que
degiella
á
un
hijo
delante
de
su
padre:
Que
la
vida
de
los
pobres
es
el
pan
que
necesitan;
aquel
que
lo
defrauda
es
hombre
sanguinario
:
Que
quien
quita
el
pan
del
sudor,
es
como
el
que
mata
4
su
prójimo:
Quien
derrama
sangre
y
quien
defrauda
al
jornalero,
hermanos
son
?*.
)
Estas
lecciones
severas
de
caridad
y
de
justicia
se
grabaron
tan
profundamente
en
su
corazon
y
produjeron
tal
revolucion
en
él,
que
juzgó
al
ins-
tante
indigno
de
un
cristiano,
y
mucho
mas
de
un
sacerdote,
enriquecerse
á
costa
del
sudor
y
sangre
de
infelices,
condenados
4
trabajar
para
advenedi-
zos,
que
no
tenian
para
ello
otro
derecho
que
la
fuerza.
Y
yendo
y
viniendo
en
este
pensamiento,
se
resolvió
á
resignar
desde
luego
sus
indios
y
su
tier=
ra
en
manos
del
gobernador
que
se
los
habia
dado,
y
así
selo
manifestó
inmediatamente
para
cumplir
1
Inmolantis
ex
iniquo
oblatio
est
maculata....
Dona
iniquorum
non
probat
Altísimus
,
nec
respicit
in
oblationes
iniquorum....
Qui
offért
sacrificium
ex
substantid
pauperum
,
quasi
qui
victima,
filium
in
conspetu
patris
sul.
Panis
egentium
vila
pauperis
est:
qui
defraudat
¡llum
sanguinis
est.
)
Qui
aufert
in
sudore
panem
,
quasi
qui
occidit
proxi-
mum
suum.
i
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
277
indios
era
tan
eficaz
como
constante.
Ella
habia
man-
dado
desde
un
principio
que
los
indios
fuesen
bien
tratados,
y
con
dádicas
y
buenas
obras
atraídos
4
la
religion,
castigándose
severamente
á
los
caste-
-
lanos
que
los
tratasen
mal.
Ella,
en
las
primeras
instrucciones
que
se
dieron
4
Oyando
antes
de
pa-
sar
al
Nuevo
Mundo,
hizo
poner
expresamente
la
claúsula
de
que
todos
los
indios
de
los
españoles.
fuesen
libres
de
servidumbre,
y
que
no
fuesen
mo-
lestados
de
alguno,
sino
que
viviesen
como
vasa=
llos
libres,
gobernados
y
conservados
en
Justicia
como
lo
eran
los
vasallos
de
los
reínos
de
Castilla.
Ella,
en
fin,
en
su
testamento
ordenó
expresamente
y
encargó
al
Rey
su
marido
y
4los
Príncipes
sus
hi-
jos,
que
no
consintieran
que
los
indios
de
las
lier-
ras
ganadas
y
por
ganar
reciban
en
sus
personas
y
bienes
agravío,
sino
que
segn
bien
tratados
Y
que
sí
alguno
hubiesen
recibido
lo
remedien,
;
Mucho
habia
que
remediar
y
aun
castigar
en
las
cosas
que
hizo:
Ovando.
Pero
antes
de
que
él
volviese
4
España
murió
la
Reina
Isabel,
y
si
los
castellanos
la
lloraron
con
lágrimas
de
dolor
y
ad-
miracion,los
indios
debieron
lorarla
con
lágrimas
de
desesperacion
y
de
sangre.
Desaparecieron
con,
ella
para
el
gobierno
del
Nuevo
Mundo
los
moti=
vos
de
generosidad,
de
grandeza,
de
humanidad
y
Proteccion
que
dominaban
en
el
pecho
de
aquella
mujer
singular,
y
empezaron
á
prevalecer
los
de
codicia",
de
ambicion
y
de
egoismo,
mal
cubiér-
tos
y
disfrazados
4
veces
con
la
capa
de
religion
y
278
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
de
piedad.
Habia
ella
dejado
al
Rey
su
marido
por
usufructuario,
mientras
viviese,
de
la
mitad
de
los
aprovechamientos
de
Indias;
y
con
esto
todo
el
co=
nato
de
sus
ministros
fué
el
de
acrecentar
el
pro-
vecho
á
costa
de
la
conservacion.
Con
este
objeto
fué
enviado
allá
por
tesorero
general
un
Miguel
de
Pasamonte,
aragonés,
criado
del
Rey
Católico,
y
en
quien
él
puso
toda
su
confianza
para
los
ne-
gocios
de
Indias.
Merecíala
sin
disputa
por
su
capa-
cidad
y
por
su
celo
en
atender
4
los
intereses
del
fisco,
y
mas
todavía
por
la
contradiccion
que
ha=
cía
4
los
privilegios
y
prerogativas
de
los
conquis-
tadores
y
pobladores
antiguos,
con
quienes
estaba
en
guerra
permanente.
Maligno,
insolente,
artero
y
co-
dicioso
,
ni
respetaba
superior,
ni
reconocia
igual,
siendo
un
tirano
para
los
españoles
y
una
plaga
para
los
indios.
Baste
decir
que
4
su
malicia
y
ve-
jaciones
se
atribuye
la
baja
de
poblacion
experi-
mentada
en
la
isla
*.
Cuando
él
llegó
á
ella
en
1508
se
contaban
sesenta
mil
vecinos
indios;
seis
años
despues
estaban
reducidos
4
catorce
mil,
muer-
tos
6
ausentados
los
restantes.
Entendíase
para
el
manejo
de
sus
cosas
con
Lope
de
Conchillos,
se-
cretario
principal
de
Fernando,
aragonés
tambien,
y
no
menos
mal
intencionado
*,
y
con
Juan
Ro-
:
]
Herrera
,
década
1.2,
libro
10,
capitulo
19.
Y
fue
tan
buen
moyordomo
de
la
Real
Hacienda
,
qie
cenando
llegó
el
repartidor
Rodrigo
de
Alburquerque,
no
ha-
bia
mas
de,
etc.Excelente
epigrama
,
que
no
cuadra
mucho
con
el
tenor
general
del
estilo
de
Herrera,
y
que
probable=
mente
es
copiado
del
original
que
entonces
tenia
delante.
2
Véase
el
Apéndice.
FR.
BARTOLOMÉ
DE-LAS
CASAS.
259
driguez
de
Fonseca,
dean
yn
tiempo
de
Sevilla,
y
despues
obispo
succesiyamente
de
Badajoz
,
Palen-
cia
y
Burgos
,
por
cuya
mano
habian
corrido
muy
desde
el
principio
los
asuntos
del
Nuevo
Mundo,
menos
capaz
que
ellos,
y
sin
duda
alguna
peor.
Ta-
les
eran
los
hombres
que
decidian
de
aquellas
co-
sas,
y
4
su
frente
el
Rey,
que
ya
viejo,
siempre
desabrido
y
entonces
mas,
cargado
con
los
negocios
que
tenia
en
Europa,
consideraba
la
América
como
cosa
agena,
y
no
la
estimaba
sino
por
el
producto
que
rendia.
La
suerte
de
los
indios
en
manos
de
la
codicia,
de
la
ambicion
y
del
egoismo,
era
sin
disputa
de-
plorable
,
y
parecía
ya
no
tener
remedio
ni
defen-
fa.
Hallóla
sin
embargo
en
una
Órden
religiosa
que,
acusada
en
Europa
de
cruel.
por
su
inflexible
se-
veridad
,
ha
hecho
en
América
los
seryicios
mas
grandes,
y
dado
los
ejemplos
mas
generosos
de
hu-
manidad
,
de
dulzura
y
de
piedad
verdadera.
Los
Padres
Dominicos,
que
habian
pasado
allá
4
en-
tender
en
la
conversion
y
doctrina
de
sus
natura=
les,
no
pudieron
sufrir
que
pereciesen
así
por
la
rapacidad
y
dureza
de
sus
opresores
crueles.
Y
en
un
sermon
que
predicóen
1511
Fr,
Antonio
Mon-
tesino
declamó
sin
rebozo
y
con
la
mayor
vehe-
mencia
contra
el
modo
de
proceder
en
el
gobier-
no,
conversion
y
civilizacion
de
los
indios.
Hallá-
!nse
presentes
el
segundo
Almirante,
entonces
gobernador,
los
oficiales
reales,
y
las
personas
mas
notables
de
Santo
Domingo.
Ofendiéronse
todos
de
.280
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
la
aspereza
de
las
inyectiyas,
y
mas
los
ministros
del
Rey,
que
fueron
por
la
tarde
4
acusar
al
reli-
gioso
ante
su
prelado,
y
4
intimarle
que
le
hiciese
retractar,
ó
que
de
lo
contrario
seria
preciso
que
la
Órden
dejase
el
pais.
Contestóles
él
que
lo
que
habia
dicho
el
predicador
era
opinion
de
la
Comuni-
dad;
pero
que,
para
quitar
el
escándalo
que
podian
haber
producido
sus
expresiones
en
el
pueblo,
las
moderaria
algun
tanto
en
el
primer
sermon
que
pronunciase.
El
fraile
Montesino
era
hombre
de
ca=
rácter,
y
reputó
indigno
de
su
ministerio
y
de
la
cátedra
de
la
verdad
contemporizar
por
ningun
res-
peto
humano
con
la
iniquidad
y
el
error.
Subió,
pues,
al
púlpito,
y
cuando
todos
esperaban
que
se
retractase,
se
afirmó
con
resolucion
en
lo
dicho,
añadiendo
que
en
ello
creía
hacer
un
seryicio
muy
señalado
,
no
solo
4
Dios,
sino
al
Rey.
Creció
el
escándalo:
Pasamonte
escribió
4
la
corte
quejándose
amargamente
de
aquellos
Padres
como
de
unos
reyoltosos,
y
envió
un
fraile
Fran-
cisco
para
que
apoyase
en
España
la
denuncia
que
hacía
de
ellos
*.
De
aquí
empezó
la
diversidad
de
1
Finalmente,
trabajaron
de
enviar
Jrailes
contra
1
frai-
les,
por
meter
el
Juego,
como
dicen,
á
barato.
El
bueno
del
Padre
Francisco
Fr.
Alonso
de
Espinal,
con
su
ignorancia
no
Chica
aceptó
el
cargo
de
la
embajada
,
etc.
Casas
,
his-
toria
general
,
libro
3.0,
capítulo
5.0
Asimismo
dá
á
entender
que
pudo
contribuirá
que
los
Franciscos
tomasen
aquella
opinion,
el
tener
asignado
el
mantenimiento
de
dos
casas
suyas
en
dos
repartimientos
concedidos
á
dos
pobladores
con
el
objeto
dicho;
es
ver-
dad
que
tambien
tiene
cuidado
de
salvar
en
esta
parte
la
cl
ai
ii
ci
a
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
281
opinion
que
unos
y
otros
manifestaron
respecto
de
los
naturales
del
Nuevo
Mundo.
Los
Dominicos
cre=
yeron
necesario
volver
por
sí,
y
diputaron
á
Es-
paña
al
mismo
Montesino,
que
acompañado
de
su
prior
defendiese
su
doctrina
y
el
concepto
de
la
Comunidad.
Llegaron
y
hallaron
cerradas
todas
las
puertas
para
hablar
al
Rey,
que
ya
habia
manifes-
tado
al
provincial
de
Castilla
su
disgusto
por
el
mal
porte
de
sus
frailes.
Pero
Montesino
una
yez
que
logró
ocasion
para
introducirse
sin
pedir
per=
miso
á
nadie,
se
puso
en
su
presencia,
y
le
suplicó
que
le
oyese
lo
que
tenía
que
decirle
para
su
ser»
vicio.
Díjole
el
Rey
que
hablase
lo
que
quisiese,
y
le
informase
de
cuanto
habia
pasado
en
la
isla,
y
con
qué
fundamento
habia
predicado
aquel
sermon
que
tanto
ruido
habia
hecho.
Mí
sermon
,
respon=
dió
el
fraile,
ha
sido
firmado
por
el
prior
y
todos
los
leirados
teólogos
del
convento
:
y
en
seguida
le
pintó
con
tales
colores
los
excesos
que
allá
se
con
metian,
y
le
pidió
que
los
remediase
con
una
yex
hemencia
tal,
que
el
Monarca
conmovido
respon=
dió
que
le
placía,
y
que
con
diligencia
mandaria
entender
en
ello,
En
efecto,
se
mandó
formar
una
junta
com=
puesta
de
diferentes
ministros
teólogos
y
juristas,
á
la
cual
se
ordenó
que
consultase
sobre
la
materia,
oido
lo
que
se
alegaba
por
los
Padres
Dominicos
y
Por
los
interesados
en
los
repartimientos.
Las
deli>
nt:
eel
religioso
Espinal,
4
quien
no
tacha
mas
queda
282
-
¡ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
beraciones
de
esta
junta
y
de
otra
que
se
formó
des-
pues
duraron algun
tiempo:
la
resolucion
final
tar=-
daba
en
salir,
y
los
frailes
insistian.
El
Rey
enton-
ces,
Ó
por
cansarse
ya
de
ellos,
ó
por
mas
asegu=
rado
con
el
dictamen
de
sus
consultores,
les
dió
por
respuesta
:
que
los
repartimientos
estaban
fun=
dados
en
la
autoridad
dada
4
los
Reyes
de
Castilla
por
la
Santa
Sede,
y
en
el
dictamen
de
muchos
sa-
bios
teólogos
y
juristas,
á
quienes
se
habia
consul-
tado
para
ello:
por
consiguiente
,
si
algun
cargo
de
conciencia
habia,
era
del
Rey
y
sus
consejeros,
y
no
de
los
que
tenian
los
repartimientos.
Por
cuya
.
razon
podrian
los
Padres
moderarse,
y
proceder
con
mas
suavidad
en
sus
predicaciones.
Y
para
tem-
plar
algun
tanto
este
mal
despacho,
y
dar
mues-
tra
de
estimacion
personal
al
Padre
Montesino
y
á
su
prelado,
los
mandó
volver
4
Indias
para
que
con
el
ejemplo
de
sus
virtudes
y
buena
doctrina
se
lo-
grase
el
fruto
que
se
deseaba
enla
salyacion
de
las
almas.
Despacháronse
asímismo
por
aquel
tiem-=
po
ciertas
ordenanzas,
que
contenian
muchas
dispo-
siciones
favorables
4
los
indios,
y
buenas
si
se
cum=
plieran,
pero
ellos
quedaron
repartidos
y
encomen=
dados.
Ni
era
posible
que
fuera
otra
cosa.
Porque,
como
los
empleados
públicos
que
allá
iban
tenian
designados
sus
indios
en
proporcion
4
la
calidad
de
sus
empleos,
tambien
los
privados
del
Rey,
ansiosos
de
enriquecerse
por
aquel
camino,
los
desearon
,
y
al
fin
los
consiguieron.
Conchillos
tuyo
mil
y
cien
indios,
el
obispo
Fonseca
ochocientos,
Hernando
de
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
283
la
Vega
doscientos
,
y
así
otros
muchos
:
todos
en-
viaron
allá
sus
mayordomos
para
que
se
los
admi-
nistrasen;
y
cabalmente,
como
decia
el
Padre
Ca-
sas
despues,
los
indios
que
tocaban
á
esta
gente
eran
los
mas
ásperamente
tratados.
La
facultad
de
hacer
los
repartimientos
estuvo
siempre
unida
á
la
gobernacion.
Pero
en
el
año
de
1514
un
Rodrigo
de
Alburquerque,
alcaide
que
era
de
una
fortaleza
en
la
Isla
Española,
negoció
4
fuer=
za
de
dinero,
de
los
ministros
del
Rey
Católico,
que
se
le
diese
4
él
esta
comision,
y
se
presentó
en
Santo
Domingo
con
poderes
reales
para
procederá
un
nut-
yo
repartimiento,
interviniendo
y
conociendo
en
ello
tambien
el
tesorero
Pasamonte,
Eran
catorce
mil
indios
los
que
tenian
que
repartirse
entre
los
mismos
que
seis
años
antes
disfrutaban
de
sesenta
mil.
Nunca
se
hacen
mas
injusticias
en
las
distri-
buciones,
que
cuando
es
corta
la
masa
de
donde
han
de
hacerse;
y
Alburquerque,
codicioso
y
sim:
vergiienza,
puso
en
venta
la
comision
,
con
el
mis-
mo
descaro
y
mala
fé
con
que
la
habia
adquirido,
Los
indios
se
distribuyeron
en
proporcion
á
los
re-
galos
y
dádivas
que
el
repartidor
recibió,
El
que
mas
dió
mas
tuvo:
muchos
de
los
pobladores
se
quedaron
sin
ninguno,
y
viéndose
arruinar
de
aquel
modo
,
alzaron
amargamente
el
grito
contra
tama=
ña
injusticia,
Más
estos
gritos
fueron
en
balde
por
entonces;
porque
la
corte,
añadiendo
escándalo
4
escándalo,
no
solo
aprobó
el
repartimiento
hecho,
sino
que
suplió
de
poderío
real
los
defectos
que
en
284
-
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
—
él
hubiese
,
é
impuso
silencio
4
los
que
quisiesen
hablar
mas
en
ello
*.
Masno
por
eso
cesaron
los
clamores,
El
Almi-
rante
Don
Diego,
hijo
del
descubridor,
que
á
la
sa-
zon
gobernaba
la
isla,
vino
á
España
á
represen
tar
sobre
el
agravio
que
se
hacía
4
sus
prerogati-
vas
con
la
comision
dada
4
Alburquerque.
Su
au-
toridad
y
sus
quejas
allanaron
la
senda
á
las
de
los
demas
interesados,
de
modo
que
el
Gobierno
abrió
los
ojos
4
la
iniquidad,
y
no
quiso
sostenerla
por
mas
tiempo.
Acordó,
pues,
enviar
4
Indias
4
un
oidor
de
Seyilla,
llamado
el
Licenciado
Ibarra,
para
que
procediese
á
nueyo
repartimiento,
des-
agraviando
á
los
que
hubiesen
recibido
perjuicio
en
el
anterior.
Mandóse
tambien
entonces
que.
los
in-
dios
siguiesen
encomendándose
4
los
pobladores,
porque
así
y
no
de
otro
modo
podrian
ser
doctri-
nados
en
la
fé
y
traidos
á
policía
regular;
pero
se
encargó
eficazmente
que
fuesen
tratados
humana-
mente,
y
se
castigasen
con
severidad
los
excesos
que
hubiese
en
esta
parte;
prevenciones
de
aparato,
que
en
su
continua
repeticion
manifestaban
lo
poco
cum-
plidas
que
eran.
El
Licenciado
Ibarra
podia
muy
bien
remediar
los
perjuicios
causados
á
los
vecinos
de
Santo
Domingo
por
el
mal
término
de
su
ante-
PF
NM
1
Echábase
ya
de
ver
la
vejez
del
Rey
Católico,
Hisieron,
dice
Herrera,
firmar
al
Rey
una
cédula
,
etc.
Alburquer-
que
por
otra
parte
era
deudo
del
licenciado
Zapata,
uno
de
los
consejeros,
y
el
mas
favorecido
del
Principe:
tanto
que
por
el
poder
que
alcanzaba,
le
llamaban
el
Rey
Chiquito.
Herrera,
Década
1.2,
libro
8.9,
capítulo
12.
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
a85
-cesor;
pero
mi
él
ni
las
disposiciones
que
con
él
se
enviaron
,
por
benignas
que
pareciesen
para
os
indios,
podian
remediar
el
daño,
ni
cubrir
el
escándalo
de
que
continuase
aquella
generacion
desvalida
repartiéndose
como
un
rebaño
de
car-
neros.
po
PA
a
Tal
era
el
estado
de
las
cosas
cuando
el
Licen-
ciado
Casas
pasó
de
Cuba
4
Santo
Domingo
:
dos
“bandos
en
la
Isla
bien
enconados
entre
sí,
uno.
de
los
pobladores
viejos,
á
cuya
frente
estaba
el
Al-
mirante-gobernador
,
otro
de
los
oficiales
reales
ca-
pitaneados
por
Pasamonte;
las
pasiones
de
todos
exaltadas
con
el
repartimiento
de
Alburquerque;
las
esperanzas
colgadas
de
la
comision
del
Licencia-
do
Ibarra,
todos
entregados
4
cuidar
de
los
intere-
-ses
de
su
ambicion
y
de su
codicia
,
y
nadie
mi-
'rando
por
los
indios.
La
voz
de
Casas,
alzada
en
su
favor
y
clamando
contra
los
repartimientos,
era
imposible
que
fuese
atendida
en
medio
de
aquel
huracan.
Él
representó,
aconsejó,
exhortó,
predicó;
en
público
,
en
secreto
,
no
hablaba
de
otra
cosa,
“no
aspiraba
4
otro
fin,
ni
se
le
veía
otro
anhelo.
Ni
la
autoridad
de
Ibarra,'que
legó
muy
luego,
ni
Jas
órdenes
que
traía,
ni el
mal
resultado
que
ba-
ia
tenido
la
gestion
de
los
religiosos
que
le
pre-
cediéron
en
la
misma
demanda,
pudieron
entibiar
su
celo,
ni
contener
sus
esfuerzos,
Pero
todo
era
inutil
para
con
aquella
gente
endurecida;
el
con-
curso
á:sus
sermones
era
grande,
el
fruto
de
:ellos
ninguno;
y
ni
su
opinion,-ni
sus
virtudes,
ni
sus
286
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
exhortaciones,
ni
su
ejemplo
bastaban
4
darle
imi-
Aadorés.
Ofendíanse
los
pobladores.,
y
se
ofendian
los
oficiales
públicos,
de
que
así
se
atreyiese
4ata-
car,
un
órden
de
cosas
autorizado
por
las
leyes,
apo-
yado
en
la
costumbre,
y
en
el
cual
ponian
todos
las
esperanzas
de
su
acrecentamiento
y
su
fortuna.
El
Licenciado,
viendo
tán
siniestra
disposicion
en
Jos
ánimos,
y
considerando
que
era
inutil
persua-
dir
4
los
que
no
querian
escuchar,
determinó
ve-
nmirse
4
España
4
probar
si,
poniendo
al
Gobierno
de
su
parte,
podia
con
el
auxilio
de
la
autoridad
lograr
Jo
que
entonces
no
podia
conseguir
sn
el
consejo
og
exhortaciones.
0000000
Llegó
4
Sevilla
4
fines
del
año
1515,
y
pasó
idad
imaá
miss
á
la
corte,
para
hablar
con
el
Rey
sobre
el
gran
negocio
que
le
traía.
Hallólo
en
Pla-
sencia
de
camino
para
Sevilla,
donde
ya
le
habian
«precedido
las
cartas
del
tesorero
Pasámonte-.al
Monarca
y
sus
Ministros,
haciendo
odiosas.
sus
pre-
dicaciones,
su
doctrina
y
su'intencion.
Pero
Casas,
ademas
de
su
saber,
de,
su
eficacia
y
de
su.:elo-
cuencia,
tenia
en
su'
favor
al
arzobispo
de
Sevilla
y
al
confesor
del
Rey
Matienzo,
Dominicanos
am-
bos;
y
4
fuer
de
tales
;
compañeros
suyos
de
opi-
-«nioh.
Oyóle
el
Rey
con
atencion
y
benignidad,.
y
prometió
oirle
mas
largaménte
en
Sevilla
¿4
donde
le
mandó
que
fuese
á
esperarle.
Presentóse
tambien
Casas,
por
consejo
del
confesor,
al
Secretario
Con-
chillos
y
al
obispo
Fonseca,
ya
que
necesariamen-
te
el
negocio
habia
«de
pasar
por
sus
manos,
El
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
293
el
primer
acto
de
la
nueva
autoridad
,
luego
que
entrase
en
ejercicio,
habia
de
ser
la
supresion
de
los
repartimientos.
Pero
Casas
no
habia
aprendido
todavía
4
conocer
la
dificultad
que
cuesta
la
refor-
ma
de
cualquier
abuso,
cuando
ha
llegado
con
el
tiempo
á
tomar
estado
y
consistencia:
el
mal
se
hace
pronto
y
se
remedia
tarde.
Los
adyersarios
de
su
opinion
se
habian
hecho
oir
del
Gobierno
al
mis-
mo
tiempo
en
que
Casas
insistía
tanto
en
hacerla
adoptar,
y
poniendo
por
delante
la
incapacidad
de
_los
indios,
su
indocilidad
á
seguir
muestras
cos=
tumbres
y
modos
de
vivir,
su
pertinacia
en
sus
hábitos
y
ritos
antiguos,
la
imposibilidad
de
redu=
cirlos
á
policía
regular
por
otro
medio
que
el
de
encomendarlos,
y
sobre
todo
el
riesgo
de
causar
con
una
noyedad
tan
trascendental.
un
trastorno
perjudicial
4:
los
intereses
del
Estado
y
4
la
tran=
quilidad
y
conservacion
de
aquellas
regiones,
da=
ban
lugar
4
la
duda
y
obligaban
4
la
"circunspec=
cion.
Cisneros,
aunque
inclinado
4
las
ideas
de
Casas,
no
se
dejó
gobernar
exclusivamente
por
ellas;
y
los
Comisarios
lleyaron
dos
instrucciones:
una
mas
acomodada
á
los
planes
trabajados
por
Casas
y
el
doctor
Palacios,
para
el
caso
en
que
des-
pues
de
una
investigacion
imparcial
y
completa,
se
Encontrase
que
los
indios
podian
traerse
4
civili-
zación
por
el
órden
y
camino
que
proponia
su
pro=
tector:
la
otra
para
el
caso
contrario,
resumiéndo-
se
€n
que
se
obseryasen
las
Ordenanzas
formadas
por
los
años
de
1512
cuando
las
gestiones
del
Pa-
294
-
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
dre
Montesino;
pero
con
diferentes
alteraciones,
to-
das
en
fayor
y
alivio
de
los
indios.
Tenian,
pues,
los
Comisarios
que
proceder
con
mucha
lentitud:
y
si
bien
desde
el
principio
die=
ron
algunas
providencias
que
manifestaban
el
buen
espíritu
que
los
animaba,
tales
como
quitar
los
re-
partimientos
á
los
Consejeros
del
Gobierno
,
y
gt-
neralmente
á
todos
los
ausentes,
y
reprender,
y
aun
castigar,
á
los
que
abusasen
de
su
poder
en
el
trato
de
sus
naturales,
y
otras
de
esta
especie;
la
inves-
tigacion
que
se
les
tenia
mandada
para
el
objeto
principal
de
su
encargo,
tenia
que
ser
muy
prolija,
y
4
los
principios
enteramente
opuesta
á
la
pintu-
ra
favorable
que
Casas
habia
hecho
de
los
indios.
Desesperábase
él
viendo
pasarse
los
dias
sin
que
se
diese
órden
en
lo
que
tanto
anhelaba,
ni
se
cum-
pliese
ninguna
de
las
esperanzas
que
en
España
se
le
dieron.
Y
como
su
celo,
por
estar
exento
de
ambicion
y
de
codicia,
no
lo
estaba
de
acalora=
miento
y
de
imprudencia,
se
exaltaba
en
quejas
y
reconvenciones
que
envolvian
en
su
censura,
no
solo
4
los
particulares,
sino
4
los
empleados
pú-
blicos,
y
hasta
los
religiosos
comisarios.
Disimula-
ban
ellos
con
prudencia
estas
demasías,
condonán=
las
4
la
vehemencia
de
su
carácter
y
á
la
santidad
de
su
propósito;
pero
no
así
los
demas,
que
en
el
resentimiento
concebido
contra
él,
llegaron
4
ame-
nazar
su
vida,
y
4
formar
asechanzas
para
matarle.
Él
advertido
se
recataba
de
noche
en
la
casa
de
sus
amigos
los
Padres
Dominicos
como
en
un
asilo
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
295
seguro.
Mas
no
por
eso
cesaba
en
sus
gestiones
hos-
tiles
contra
todos
los
que
suponia
opresores
de
sus
protegidos.
Así
el
ódio
crecía
y
la
contradiccion
se
aumentaba,
llegando
estas
pasiones
al
extremo
de
la
irritación,
con
la
demanda
que
puso
en
aquellos
dias
4
los
Jueces
de
la
isla,
con
motivo
de
dos
atentados
cometidos
anteriormente,
y
de
que
se
habian
seguido
consecuencias
bien
funestas.
La
diminucion
de
indios
en
Santo
Domingo
era
ya
tan
grande
en
el
año
de
508,
que
los
po-
bladores
se
dieron
4
pensar
en
los
medios
de
lle-
nar
suficientemente
aquel
vacío.
Las
islas
de
los
Lucayos
,
llenas
de
gente
pacífica
y
dócil
como
la
de
la
Española,
les
presentaban
un
suplemento
fá-
cil
y
abundante
para
reemplazar
los
brazos
que
les
faltaban,
Mas
no
se
atrevian
á
saltearlas,
por
las
repetidas
órdenes
de
la
Reina
Católica,
que
im-
pedian
esta
clase
de
hostilidades
con
indios
que
no
fuesen
caribes.
Ella
habia
muerto,
y
el
Gobierno
del
Rey
su
marido
no
fué
escrupuloso
en
dar
el
permiso
que
se
le
pidió
para
hacer
aquel
trasiego
de
hombres,
cuando
se
le
puso
por
pretexto
que
así
serían
convertidos
á
la
religion,
y
por
motivo
la
utilidad
que
sacaría
de
ellos
enel
oro
que
le
rindiesen.
Dado
el
permiso,
se
armaron
al
instante
navíos
que
salieron
4
caza
de
hombres
inocentes,
que
vivian
tranquilos
en
sus
asientos
sin
haber
hecho
mal
ninguno.
Al
principio
con
engaños
*,
1
Los
primeros
que
allá
fueron
les
decian
,
que
si
se
296
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
despues
4
la
fuerza,
hasta
cuarenta
mil
personas
fueron
sacadas
de
allí
en
cuatro
ó
cinco
años,
para
ser
consumidas
en
bien
poco
tiempo
por
las
mis-
mas
penalidades
y
trabajos
que
habian
devorado
las
generaciones
de
la
Española,
Continuó
esta
cla-
se
de
piratería
por
mucho
tiempo
en
islas
mas
le-
janas
y
en
las
costas
de
Tierra
Firme.
La
mas
rui-
dosa
de
todas,
por
su
escandalosa
perfidia
y
por
las
resultas
que
tuvo,
fué
la
de
Cumaná.
Habia
la
re-
ligion
de
Santo
Domingo
enviado
4
aquellas
cos-
tas
,
con
beneplácito
del
Gobierno,
dos
misioneros
de
su
Órden
para
predicar
la
fé
católica
4
los
in-
dios,
y
tratar
de
convertirlos
con
la
persuasion
y
el
buen
ejemplo.
El
pueblo
4
que
llegaron
los
re-
cibió
con
agasajo
y
cordialidad,
los
hospedó
gene-
rosamente,
y
los
trató
con
yeneracion
y
confian”
za.
Prometiéronse
ellos
los
mas
felices
resultados
de
principios
tan
dichosos,
cuando
desgraciadamente
acertó
4
pasar
por
allí
un
navío
español
de
los
que
recorrian
aquellos
mares,
rescatando
perlas
y
oro,
y
acopiando
esclayos
cuando
la
ocasion
se
lo
ofre-
cia,
Los
indios,
en
vez
de
huir
como
antes
lo
ha-
cian
viendo
buques
españoles
,
asegurados
por
los
dos
religiosos,
salieron
alegremente
á
recibir
los
pasajeros,
les
suministraron
bastimentos,
y
£m-
pezaron
á
contratar
en
sus
cambios
con
la
mayor
armonía,
Pasados
así
algunos
dias
amigablemente,
los
castellanos
convidaron
á
comer
al
cacique
del
quedas
ir
con
ellos,
los
llevarían
á
ver
las
almas
de
sus
pa-
dres
que
estaban
en
holgura.
AAA
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS,
297
pueblo,
que,
segun
la
costumbre
general
de
los
in-
¿dios
pacíficos
en
ponerse
nombres
castellanos,
ya
tenia
el
de
Don
Alonso.
Consultólo
él
con
los
mi-
sioneros,
y
aprobándolo
ellos,
se
fué
al
navío
con
su
mujer
y
hasta
diez
y
siete
personas,
de
que
se
com-
ponia
su
familia,
entre
hijos,
deudos
y
criados.
No
bien
habian
entrado,
cuando
alzando
las
yelas
y
amenazándoles
con
las
espadas
para
que
no
se
echasen
al
agua,
se
hicieron
4
la
mar
aquellos
verdaderos
caribes,
y
llevaron
su
presa
4
Santo
Domingo.
Los
indios
de
la
costa
que
vieron
su
perfidia,
acudieron
4
tomar
venganza
de
los
frai=
les,
y
trataron
de
matarlos,
creyendo,
y
con
tanta
apariencia
de
razon,
que
eran
cómplices
en
el
en-
gaño.
Excusábanse
ellos,
consolaban
á
los
indios
que
loraban,
y
pudieron,
en
fin,
á4
duras
penas
sosegarlos,
prometiéndoles
que
dentro
de
cuatro
lunas
los
harían
volver
sin
falta
alguna.
Y
fué
de
algun
consuelo,
en
medio
de
tanta
tribulacion,
pa-
sar
por
allí
otro
navío,
con
quien
enyiaron
á
de-
cir
el
suceso
á
su
prelado,
manifestándole
que
si
dentro
de
cuatro
meses
el
cacique
y
sus
indios
no
eran
restituidos,
ellos
sin
recurso
alguno
pe-
recian.
Entre
tanto
el
navío
pirata
llegó
4
Santo
Do-
mingo,
y
trató
de
yender
los
indios
que
traía.
Mas
los
Jueces
de
apelaciones
se
lo
impidieron,
bajo
el
pretexto
de
que
los
habian
cautivado
sin
licencia,
y
se
los
repartieron
entre
sí,
Ó
por
esclayos
á.
por
naborias,
Llegado
de
allí
4
poco
el
segundo
navío,
298
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
y
vistas
las
cártas
de
los
dos
misioneros,
su
pre-
lado
Fr.
Pedro
de
Córdoba
y
el
Padre
Montesino
hicieron
todas
las
diligencias,
y
practicaron
todos
los
requerimientos
que
la
amistad
,
la
confianza
y
el
peligro
de
sus
hermanos
requerian
,
pidiendo
que
al
instante
se
fletase
un
navío,
y
se
devolvie-
sen
el
cacique
y
las
personas
con
él
yiolentadas,
El
capitan
apresador,
viendo
descubierto
su
atentado,
se
acogió
al
monasterio
de
la
Merced,
que
enton-
ces
allí
se
comenzaba
,
y
tomó
el
habito
en
él
para
escapar
de
las
manos
de
la
justicia.
Equivocóse
sin
duda
en
la
buena
idea
que
tenia
de
la
rectitud
de
los
Magistrados,
porque
se
mantuvieron
sordos
4
las
amonestaciones
y
plegarias
de
los
religiosos,
y
el
ca-
cique
y
los
suyos
se
consumieron
en
su
servicio.
Los
indios
de
Cumaná,
pasados
los
cuatro
meses
del
pla»
zo
concedido
á
los
dos
misioneros,
y
no
viendo
venir
á
su
cacique,
los
sacrificaron
sin
remision
alguna;
siendo
así
aquellos
frailes
mártires,
no
de
la
bar-
barie
é
idolatría
india,
sino
de
la
alevosía
y
codi-
cia
de
los
europeos,
1
Aprovecharon
poco,
dice
Herrera,
los
ruegos,
cla-
mores
Y
requerimientos
que
se
les
hicieron,
ni
la
cierta
muerte
de
los
religiosos,
ni
la
infamia
de
la
cristiana
relin
gion,
ni
la
honra
del
Bey
y
sentimiento
que
habia
,
con
razon,
de
tener
de
tal
caso,
que
les
representaron,
porque
todo
lo
pos,
usieron
pos
no
dejar
las
personas
que
d
ca=
da
uno
habían
cabido
de
aquel
robo,
y
asi
se
consumie»
ron
el
cacique
y
los
suyos
en
los
trabajos
y
servicio
de
aquellos
Jueces.
La
enormidad
del
caso
“anima
algun
tanto
Aquila
pluma
del
Cronista
,
que,
indiferente
de
ordinario
á
las
atrocidades
que
cuenta,
no
deja
de
cuando
cn
cuan-
do
de
manifestar
un
alma
recta
y
compasiva
(Herrera:
Dé-
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
299
Cuatro
años
eran
pasados
desde
este
escandaloso
acontecimiento,
sin
reclamar
nadie
contra
él.
Casas
lo
hizo
creyéndolo
de
su
instituto
como
protector
de
los
indios
,
y
lo
hizo
con
toda
la
amargura
consi-
guiente
á
la
vehemencia
de
su
carácter
y
á
la
exal-
tacion
de
su
celo.
Suponiendo,
pues,
á
los
Jueces
de
la
Española
culpables
de
los
saltos
y
violencias
hechas
con
los
Lucayos,
responsables
de
la
catás-
trofe
de
Cumaná,
y
participantes
en
las
empresas
y
expediciones
á
saltear
indios,
los
acusó
crimi-
nalmente
como
reos
homicidas
y
causadores
de
to=
dos
los
males
que
de
ello
se
habian
seguido.
Ad-
mitió
la
demanda
el
Licenciado
Zuazo,
que
habia
ido
de
Juez
de
residencia
4
Santo
Domingo
casi
al
mismo
tiempo
que
los
Padres
Gerónimos:
hombre
de
gran
talento,
de
excelentes
miras,
y
uno
de
los
caractéres
mas
respetables
que
entonces
pasaron
al
Nuevo-Mundo.
Sin
duda
creyó
que
tales
atentados,
enormes
ya
en
sí
mismos,
pero
mucho
mas
toda=
vía
por
la
cualidad
de
los
delincuentes,
merecian
una
rigorosa
determinacion.
Leyantaron
al
instan=
cada
1.%,
libro
9,
capítulo
15).
Es
verdad
que
en
una
ór-
den
que
llegó
á
los
Padres
Comisarios
en
1518,
seman-
daba
que
se
buscasen
el
cacique
y
la
cacica
y
demas
per-
sonas
salteadas
con
ellos,
y
fuesen
restituidos
á
su
tierra,
y
juzgándose
el
caso
abominable
,
se
ordenaba
que
se
cas-
tígasen
los
delincuentes.
Pero
los
indios
por
la
cuenta
se
habian
consumido
ya,
pues
no
se
dice
que
ninguno
de
ellos
fuese
restituido
á
su
pais.
Los
Jueces
de
apelacion
eran
todavía
mas
culpables
que
los
salteadores,
y
estos
quedaron
con
sus
hombres
y
con
sus
py
Holaa
se
Marcelo
de
Villalobos
,
Juan
Ortiz
de
Matienzo
,
Lucas
Vazquez
Aillon.
300
-
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
te
el
grito,
no
solo
los
acusados,
sino
tambien
sus
cómplices,
que
eran
muchos
y
poderosos,
y
tanto
hicieron
que
hasta
los
Padres
Comisarios
trataron
de
cortarlo
ó
suspenderlo,
diciendo
á
Zuazo
que
una
acusacion
de
aquella
gravedad
no
era
para
tratada
en
una
residencia
ordinaria,
sino
que
de-
bia
llevarse
á
noticia
del
Monarca
para
que
él
la
decidiese
con
sus
Ministros.
Contestaba
el
Juez
que
ellos
no
tenian
para
qué
intervenir
en
cosas
de
justicia.
De
este
modo
los
ánimos
se
agriaban
,
y
no
pudiéndose,
por
la
contradiccion
que
se
hacian,
adelantar
nada
en
el
asunto,
unos
y
otros
repre
sentaron
á
la
corte
con
un
acaloramiento
,
acaso
impropio
de
su
situacion
y
carácter
respectivo.
Los
adyersarios
de
Casas
le
pintaban
como
un
hombre
inquieto
y
revoltoso,
cuyas
imprudencias,
si
no
se
atajaban,
expondrian
la
isla
4
una
alteracion.
Él
tambien
en
sus
cartas
desahogó
su
bilis
contra
ellos,
no
perdonando
ni
aun
á
los
Padres
Geróni=
-
mos,
á
quienes
tachaba
de
omisos
en
procurar
el
bien
de
los
indios,
y
de
apasionados
en
fayor
de
los
parientes
que
tenian
en
Santo
Domingo
y
en
Cuba.
Estas
cartas
de
Casas
ó
fueron
interceptadas,
segun
él
creyó,
6
fueron
desatendidas;
porque
el
Gobierno
á
consecuencia
ordenó
al
Licenciado
Zua-
zo
que
en
ninguna
Cosa
pusiese
la
mano
sin
órden
y
parecer
de
los
Padres
Jueces
Comisarios,
y
man-
dó
al
mismo
tiempo
que
se
hiciese
salir
de
la
isla
al
Licenciado
Casas.
Él,
avisado
de
esta
novedad
6
_presumiéndola,
dispuso
su
viaje
4
España
4
volver
FR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
301
por
sí
mismo
y
por
sus
indios.
Sus
enemigos
se
lo
quisieron
impedir
*:
mas
como
tenia
cédula
del
Rey
para
venir
cada
y
cuando
le
pareciese
4
in-
formar
de
lo
que
pasaba,
y
ademas
su
carácter
de
clérigo
le
defendia
de
cualquier
atropellamiento,
salió
de
la
Isla
sin
tropiezo
en
el
mes
de
mayo
del
mismo
año,
antes
que
llegase
la
órden
de
echarle
de
ella,
y
llegó
con
próspero
viaje
4
España,
diri.
giéndose
inmediatamente
4
Aranda,
donde
á
la
sa=
zon
se
hallaba
la
corte.
Es
probable
que
su
recibimiento
por
el
Cardenal
no
fuera
al
pronto
muy
grato
ni
favorable,
y
que
le
costára
trabajo
desimpresionarle
de
las
preyen=
ciones
coricebidas
últimamente
contra
él.
Pero
su
buena
ventura
quiso
que
Cisneros
estuviese
ya
pos-
trado
con
la
enfermedad
mortal
que
puso
fin
á
su
larga
y
gloriosa
carrera.
Por
otra
parte
se
espera=
ba
de
dia
en
dia
la
llegada
del
nueyo
Rey,
y
todos
volvian
los
ojos
y
la
esperanza
al
sol
que
iba
á
amanecer,
Casas
tambien
lo
hizo
así,
y
como
casi
al
mismo
tiempo
se
tuyo
la
noticia
de
haber
des=
embarcado
el
Monarca
en
Villaviciosa,
se
dispuso
al
momento
á
buscar
la
nueva
corte,
y
entenderse
para
el
despacho
de
sus
negocios
con
los
Ministros
de
Carlos.
Este
ministerio,
que
ha
dejado
una
memoria
tan
1
Cuando
el
licenciado
Zuazo
les
dijo
4
los
Goberna-
dores
que
Casas
volvia
á
la
corte,
Fr.
Luis
de
Figueroa
el
principal
de
ellos,
contestó
con
grande
admiracion
:
mo
ble
es
una
candela
que
todo
lo
encenderd.
Cage
me
general,
libro
3.0,
capitulo
94.
1517.
302
+1
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
ominosa
en
Castilla
por
los
tristes
resultados
que
tuvieron
su
avaricia
y
sus
errores,
prestó
sin
em-
bargo
fayorable
acogida
4
las
proposiciones
de
Ca-
sas,
y
se
mostró
respecto.
de
los
indios
generoso,
humano
y
liberal,
Componíase-
principalmente
de
Mr.
de
Chievres,
ó
como
nosotros
deciamos
entonces
Gevres»,
ayo
que
fué
del
Rey,
el
cual
entendia
en
los
negocios
de
Estado
y
mercedes
que
el
Monarca
hacía,
del
jurisconsulto
Juan
Selvagio,
que,
bajo
“el
título
de
gran
Canciller,
despachaba
todos
los
asuntos
de
justicia,
y
de
Mr.
Laxao
,
sumiller
de
Corps,
muy
privado
del
Príncipe,
y
que
tenia
igual
cabida
que
los
otros
dos
en
sus
consejos.
Fiaban
ellos
poco
de
las
noticias
que
podian
darles
los
mi-
nistros
del
Rey
anterior,
y
afectaban
ademas
se=
guir
en
el
modo
de
gobernar
un
rumbo
opuesto
al
que
antes
se
habia
tenido.
Casas
se
aprovechó
há-
bilmente
de
esta
disposicion,
y
una
ámplia
infor
mación
que
dió
al
Canciller
sobre
los
negocios
de
América,
no
solo
le
ganó
la
estimacion
de
aquel
Ministro
por
la
instruccion
que
le
proporcionaba,
sino
tambien
la
confianza
por
el
desinterés
y
miras
excelentes
que
en
ella
se
veían.
Aun
era
mas
la
cabida
que
tenia
con
el
sumiller
Laxao,
4
quien
su
“elocuencia,
sus
modales,
su
conversacion
entrete
nida
y
curiosa
se
le
conciliaban
del
todo.
Espera-
ba
por
lo
mismo,
y
no
sin
fundamento,
tener
el
mas
pronto
y
favorable
despacho
en
los
negocios
que
le
ocupaban.
Y
con
tanta
mas
razon
,
cuanto
uno
de
los
Padres
comisarios,
Fr.
Bernardino
Man-
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
309
yor
extension
y
complicacion
que
la
primera,
que
fué
recibida
con
mas
agrado
y
al
fin
admitida,
ha-
biendo
tenido
la
advertencia
de
hacer
sonar
mu-
cho
4
los
oidos
del
nueyo
gran
Canciller,
que
con
aquel
proyecto
se
iban
á
aumentar
considerable-
mente
las
rentas
reales,
sin
que
el
Monarca
tuviese
que
gastar
mucho
para
ello.
Obligábase
con
efecto
á
dar
redimidas
y
paci-
ficadas
en
el
término
de.
dos
años
mil
leguas
de
costa
en
Tierra
Firme,
por
un
modo
muy
distinto
del
que
se
habia
llevado
hasta
entonces
en
aque-
las
conquistas,
y
que
el
tesoro
del
Rey
percibiese
por
las
contribuciones
que
sacaria
de
los
indios
quince
mil
ducados
4
los
tres
años
del
estableci-
miento,
que
despues
á
los
diez
legarian
por
un
Ór»
den
progresivo.
hasta
sesenta
mil,
Proponíase
res”
tituir
al
pais
todos
indios
que
se
hubiesen
violen-
tamente
sacado
de
allí,
acompañados
tambien
de
al-
gunos
otros
escogidos
por
él
en
la
Española
y
úti>
les
á
su
propósito,
leyar
labradores
de
Castilla,
y
buen
número
de
religiosos
Franciscanos
y
Dominicos:
señor
,
he
hecho
yo:
porque
Yo
dejo
en
las
Indias
d
Jesu-
cristo
Hitestró
Dios
azotándolo
y
crucificándolo,
no
wma,
sino
millares
de
veces
,cuanto
es
de
parte
de
los
españoles,
que
asuelan
y
destruyen
aquellas
gentes.
He
rogado
y
su=
plicado
muchas
veces
al
Consejo
dl
Rey
cp
las
remedien,
Y
Ago
ela
ide
do
feas.
quese
np
dret.
.
Fa
ho
que
sO
seria
te-
la
dord
sin
ventaja
dle.
Desque
vi
ño
mia
vender
tl
fest
¡por.coniiguiened
7
ini
rentas
pl
lo
para
el
Rey,
,
de
la
manera
que
hab,
los
Casas
:
bio,
libro
3.0:
capitulo
24
puzr.)
esol
1519.
07%
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
los
indios
le
'servirian
de
mediadores
y
de
intér-
pretes,
los
labradores
para
poblar
y
cultivar,
los
frailes
para
predicar
y
convertir.
Pero
lo
mas
no-
table
de
su
proyecto,
y
loque
mas
llamó
la
aten=
cion,
fué
la
idea
de
asociarse
cincuenta
compañeros
que
él
habia
de
escoger
4
su
satisfaccion
entre
los
pobladores
de
las
islas,
para
que
fuesen
con
él
los
fundadores
de
los
establecimientos
que
medita-
ba.
Estos
cincuenta
habian
de
ir
vestidos,
como
él,
de
paño'
blanco,
adornados
de
unas
cruces
rojas
4
manera
de
las
de
Calatrava,
con
el
objeto
de
que
.pareciesen
4
los
naturales
otra
especie
de
hombres
de
los
que
hasta
allí
habian
visto,
y
por
consiguien-
te
les
diesen
esperanzas
de
mejor
trato.
Pidió
para
ellos
diferentes
privilegios
y
mercedes,
y
entre
ellas
las
de
que
se
les
concediesen
escudos
de
armas,
y
fuesen
caballeros
de
espuela
dorada.
Los:
demas
re-
quisitos
y
pormenores
'del
proyecto,
inútiles
é
im-
portunos
en
este
lugar;
pueden
verse
en
el
con-
texto
de
la
capitulación
que,
inédita
hasta
ahora,
se
dá
integra
en
el
Apéndice.
Admitiéronla
favorablemente
los
Ministros,
y
.mandóse
pasar
al
Consejo
de
Indias
para
que
con
sultase
acerca
de
ella.
Mas
esto
no
podia
contentar
“4
su
autor
ni
prometerle
buen
resultado,
al
consi-
«derar
que
aquel
tribunal
se
componia
de
«casi
los
mismos
Ministros
que
los
años
anteriores
habian
entendido
en
sus
cosas,
y
sobre:todo
teniendo
á
su
cabeza
al
obispo.
Fonseca),
siempre
opuesto
á
sus
ideas.
Casualmente
entonces
Chieyres
y
el
gran
Can-
DAN
NN
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
311
ciller
tuyieron
que
ir
4
los
confines.
de
Francia
4
una
comision
diplomática
;.
y
€l,
falto
de
sus
prin-
Cipales
yaledores,
viendo
por
otra
parte
que
á
pe-
sar
de
sus
vivas
diligencias,
el
Consejo
no:
despa-
_chaba
su
asunto,
temió
de
su
parte
una
contra-
diccion'
manifiesta,
y
que.
destruyese
todas
las
li-
sonjeras
esperanzas
que
tenia
concebidas
con
la
eje-
cucion
de
su
plan.
Para
obviar
este
mal,
conferen=
ció
con
ocho
predicadores
del
Rey
sobre
el
asun=
-
to,
y
los
conmovió
de
tal
modo
en
fayor
de
su
pro-
yecto,
que
todos
se
juramentaron
para
ir
á
recon-
venir
al
Consejo
por
la.
tardanza
de
su
despacho,
y
aun
exhortar
al
Rey
sobre
ello
si
fuese
menester;
una
vezque
se
trataba
de
ir
4
predicar
el
Eyan=
gelio
4
los
indios
idólatras
en
el
modo
mas
con-
forme
al
que
tuvieron
los
Apóstoles,
que
fué
por
via
de
paz
y
de
amor.
Ellos,
con
efecto,
se
presen
taron
al
tribunal,
el.
cual,
aunque
al
principio
se
resintió
de
aquel
paso
atrevido
y
sin
ejemplo,
tuvo
al
fin
que
ceder,
viendo
el
teson
con
que
los
predi-
cadores
se
sostuvieron,
y
]
mostrarles
las
providencias
que
tenian
acordadas
respecto
de
la
conversion
de
los
indios,
y
recibir
modestamente
sus
avisos
*,
No
contento
Casas
con
esta
demostracion,
y
ha-
biendo
ya
yuelto
los
Ministros
del
Rey
de
su
viaje,
pal
quí
anda
el
Licenciado
Casas!
exclamó
el
obis-
lan
bertid
,
mal
enojado
de
la
audacia
de
los
predicado-
E
á
lo
que
contextó
uno
de
ellos.
No
nos
movemos,
por
Pen
sino
por
la
casa
de
Dios,
cuyos
oficios
tenemos,
etc,
Case
esta
escena
en
0:
Hepreri
Década
2.2,
libro%.
e
EL
Monja]
20).
e
And:
ESPAÑOLES
CÉLTBRES;
-
tomó
la
resolucion
de
recusar
á
todo
el
Consejo
de
Indias,
y
en
especial
al
obispo
de
Burgos.
Las
can=
sas
que
él
expondria
son
fáciles
de
conjeturar,
aun-
que
no
fuese
mas
que
el
abuso
que
ellos
habian
es-
tado
haciendo
de
los
repartimientos
,
y
el
odio
que
debian
tenerle,
por
haber
sido
quien
mas
habia
con-
tribuido
4
que
se
les
quitasen.
Por
cualquiera
causa
que
fuese,
el
ministerio
extranjero,
que
holgaba
de
hallar
en
descubierto
4
los
consejeros
españoles,
ad=
mitió
la
recusación,
y
nombró
una
junta
de
minis>
tros
neutrales
de
otros
Consejos,
que
juzgasen
esta
diferencia.
Esta
junta,
que
fué
muy
numerosa
y
compuésta
de
sugetos
de
muy
alto
concepto
y
ge=
rarquía,
despues
de
examinar
detenidamente
el
asunto,
fué
al
fin
de
parecer
que
la
capitulacion
pro»
puesta
por
el
Licenciado
Casas'
se
lleyase
adelante.
Entonces
todos
los
enemigos
personales
de
Ca-
sas,
todos
los
contrarios
que
tenia
su
proyecto
por
interés
ó
por
envidia,
se
desencadenaron
furiosamente
contra
él.
¿Qué
especie
de
ambicion
es
esta,
decian,
en
un
mero
capellan,
sin
crédito
para
una
cosa
tan
grande,
sin
bienes
para
asegurarla
,
y
sin
ca-
pacidad
para
lMevarla
4
cabo?
¿Por
qué
camino
piensa
él
adelantar
mejor
la
real
Hacienda,
que
los'
oficiales
reales,
4
quienes
tan
sin
fundamento
está
denigrando
siempre?
Predicador
temerario
y
so-
ñador
de
delirios,
vino
á
España
,
engañó
al
car»
denal
Cisneros,
y
hecho
protector
de
los
indios,
los
desamparó
luego
para
entrar
en
la
otra
expedicion
de
labradores
,
de
que
tan
mala
cuenta
supo
dar,
Y
FR.
BARTOLOMÉ
DELAS
CASAS.
313
al
fin,
si
la
gente
á
quien
queria
defender
tuviera
las
calidades
necesarias
pararecibir
y
usar
la
li-
bertad
que
él
quiere
procurarles;
sus
diligencias
po-=
drian
adquirir
respeto
y
su
exaltacion
disculpa.
Pero
¿4
dónde
iba
él
con
la
manía
extravagante
de
pre-
conizar
unos
hombres
estúpidos
y
embrutecidos,
in-
capaces
de
toda
doctrina
y
policía,
ingratos,
ale
yosos,
viles,
y
que
llenos
de
vicios
abominables
y
bestiales,
ultrajaban
del
mismo:modo
á
la
natura
leza
con
sus
placeres
inmundos,
que
al
sniBl
con
sus
sacrificios
crueles?
Ni
se
olvidaba
en
este
recuento
de
recrimina-
ciones
odiosas
la
parte
de
la
contrata,
que
por
su
es-
trañeza
y
singularidad
daba
algun
pretexto
4
la
bur=
la
y
4
la
risa.
Mofábanse.
de
sus
hábitos
blancos
y
de
sus
cruces
rojas,
que
Mamaban
Sambenitos,
y
decian
á
boca
llena
que
harta
mala
ventura
aguar-
daba
á
sus
caballeros
dorados.
No
diré
yo
que
en
esta
parte
del
proyecto
de
Casas
no
hubiese
algo
que
tachar.
Bien
pensado
estaba
que
los
hombres
que
allí
se
estableciesen
fuesen
con
traje
distinto
para
que
no
pareciesen
los
mismos;
pero
las
cruces
ro=
jas,
la
espuela
dorada,
y
la
ilusion
que
él
se
habia
formado
de
que
algun
dia
podria
establecer
y
fundar
una
Órden
con
aquellas
divisas,
al
modo
de
las
militares
de
España,
todo
tenia
algo
de
la
vanidad
del
siglo,
y
un
espíritu
de
ambicion
que
se
divisaba
algun
tanto
por
entre
los
embozos
del
celo
y
de
la
utilidad.
Casas
era
hombre
que
tenia
sus
defectos,
y
no
es
extraño
que
se
pagase
de
estas
314
-:'
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
vanidades,
sino
por
sí,
4
lo
menos
por.los
otros.
Es
fuerza
no
olvidarse
del
valor
que
tenian
enton-
ces,
y
del
que
aun
tienen
ahora.
Pizarro,
y
nadie
se
burló
de
él,
pidió
la
misma
distincion
de
la
es-
puela
dorada
para
sus
compañeros
de
la
Gorgona
?;
y
una
vez
que
tantos
aspiraban
é
esta
clase
de
dis-
tintivos,
y
los
conseguian
como
premio
del
salto,
del
robo
y
de
la
violencia,
¿por
qué
se
leba
de
te-
ner
tan
mal
4
Casas;
que
aspirase
tambien
á
ellos,
y
los
mereciese
sin
duda
por
servicios
eminentes
hechos
á
la
religion
y
4
la
humanidad?
.
Llovian
con
efecto
memoriales
sobre
el
gran
Canciller,
llenos
de
estas
y
otras
objeciones
contra
Casas;
y
proponiendo
partidos
mas-yentajosos
al
parecer
y
mas
seguros
?,
Él
los
comunicaba
4
la
“1
Véase
esta
condicion
de
la
contrata
do
Pizarro
en
el
tomo
2.0
de
estas
vidas,
página
388.
,
2.
Uno
de
los
que
entonces
salieron
4
la
palestra
contra
Casas
fué
el
cronista
Oviedo,
que
estimulado
y
id
por
el
obispo
Fonseca
,
presentó
informes
contra
lo
que
de-
cia
Casas,
y
proyectos
de
poblar
y
convertir.
De
aqui
nació
la
oposicion
de
ellos
entonces,
y
la
que
despues
manifes-
tarón
en
sus
escritos,
cada
uno
segun
su
carácter.
Oviedo,
femático,
indiferente
al
parecer
y
casi
burlon:
Casas
vehe-
mente
,
áspero,
exagerado,
inexorable.
En
el
capitulo
138
dee
uientes
de
la
tercera
parte
de
su
historia
,
refiere.
los
echos
relativos
á
esta
contradiecion,
é
impugna
á
la
larga
Jas
opiniones
de
Oviedo
sobre
la
capacidad
y
cualidades
morales
de
los
indios.
Allí
es
donde
lama
á
la
historia
de
Oviedo
parlería
,
donde
le
echa
en
cara
que
no
sabia
la-
,
tin
,
que
se
dejaba
llevar
de
relaciones
falsas,
y
que
habia
lcométido
los
mismos
excesos
que
los
demas
conquistado-
“res.
La
crítica
es
dura
,
pero
en
partes
incontestable
y
wic-
toriosa
,
como
que
se
funda
en
los
testimonios
de
Oviedo,
“cuando
se
contradice
4
sí
mismo
en
lo
que
dice
de
indios
y
FR,
BARTOLOMÉ
DE:
LAS
CASAS.
315
junta
y
tambien
al
Licenciado,
que
fué
llamado
4
ella
para
oir
lo
que
tenia
que
responder.
Su
triun-
fo
era
seguro
en
estas
ocasiones.
El.
raudal
de
sus
palabras,
el
celo
de
que
se.
reyestia,
el.
concepto
inatacable
de
sus.
virtudes
y
desinterés
,
su
cono-
cimiento
y
experiencia
en
las
cosas
de
allá,
y
la
notoriedad
de
los
atentados.
y
violencias
de:
que
acusaba
4
sus
contrarios,
no
dejaban
estorbo
alguno
4
la
persuasion
y
al'
convencimiento,
que
salian
de
sus
labios
y
razones
con
'una
fuerza.
irresistible.
Él
volvió
yictoriosamente
por-
sus
indios:
y
por.
sí
mismo,
y
en
cuanto
á
la
excepcion
que
se
le
po-
nia
como
clérigo,
ofreció
fianzas
llanas,
y
abonadas
en
«yeinte
6.
treinta
mil-
ducados,
de.
cumplir.
con
lo
que
prometia
en
su'
asiento.
En
fin,
para
prue-
ba
de
lo
que
decia:
sobre
él
descuido
con
que
los
oficiales
reales
manejaban
la
hacienda
del
Rey,
tra-
jo
el
ejemplo
de
Pedrarias,
que
hacia
seis-años
que
gobernaba
4
Castilla
del
Oro,
y
habiendo
el.
Rey
gastado
en:
la:
armada
qué
le
leyó
cincuenta
y
cua»
tro
mil
ducados,
tenia
¡ganado
para
sí
y
sus
capi=
tanes
un
millon
de
oro;
mientras
que
solo-
habia
enviado
al
Rey
tres
mil
pesos,
que
4:
la
sazon
traía
consigo
el
obispo
del
Darien
Fr.
Juan-Queyedo,
+
Aunque
Casas
pudo
quedar
satisfecho
de
la
dis-
posicion
en
que
dejaba
los
ánimos
de
la
junta
con
su
defensa,
todavía
se
le
presentó
poco
despues
una
ocasion
mas
solemne
de
dar
realce
y
valor
4
sus
ideas.
Llegó
en
aquellos
dias
4
Barcelona
el
obispo
del
Darien,
á
quien
se
estaba
esperando,
Como
su-
316
"ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
geto
de
dignidad,
religioso,
y
entendido
,
su
yotd
debia
de
ser
muy
preponderante
en
las
cosas
de
las
Indias,
y
los
cortesanos
le
preguntaban
por
ellas
con
frecuencia.
La
primera
yez
que
Casas
se
encon-
tró
con
él
fué
en
Palacio
y
delante
del
secretario
Juan
de
Sámano:
llegóse
4
él
cortesmente
el
Li-
cenciado
,
diciéndole:
Señor,
por
lo
que
me
toca
de
las
Indias,
soy
obligado
á
besar
las
manos
á
Y.
S.
Preguntó
el
obispo
al
secretario
quién
era
aquel
clérigo,
y
sabido,
le
dijo
con
altanería
y
magisterio:
¡O
señor
Casas
,
y
qué
sermon
os
traí-
go
para
predicaros!.—Por
cierto,
señor,
días
ha
que
yo
deseo
oir
á
Y. S.;
pero
tambien
le
certifico
que
le
tengo
aparejados
dos
sermones,
que
sí
los
quie=
re
oír
y
bien
considerar
,
han
de
valer
mas
que
los
dineros
que
trae
de
Indias,
Interpúsose
Sámano,
y
la
contestacion
no
prosiguió.
Pero
pocos
dias
des-
pues,
habiéndose
encontrado
en
casa
del
doctor
Mota,
obispo
de
Badajoz
y
del
consejo
del
Rey,
y
tratándose
si
el
trigo
se
daba
ó
no
en
la
Isla
Espa»
ñola
,
el
obispo
del
Darien
decia
que
no,
y
Casas
aseguraba
que
sí.
¿Qué
sabeís
vos
de
eso?,
le
dijo
arrogantemente
el
obispo:
eso
será
lo
mísmo
que
los
negocios
que
traeís.—¿Son
malos
ó
injustos,
se-
hor,
los
negocios
que
yo
traigo?-—¿Qué
sabeis
vos
de
eso,
ni
qué
letras
ó
ciencia
es
la
vuestra,
para
que
os
atrevais
á
negociar?—¿Sabeís,
señor
obispo,
cuán
poco
sé
de
los
negocios
que
traigo,
y
que
con
esas
pocas
letras
que
decís
que
lengo,
y
quizá
son
me-
nos
de
las
que
estimais,
08
pondré
mis
negocíós
por
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
317
conclusiones?
Primera:
Que
habeís
pecado
mil
ve-
ces
y
mil
muchas
mas
,
por
no
haber
puesto
vues-
tra
ánima
por
vuestras
ovejas,
para
libertarlas
de
aquellos
tiranos
que
os
las
destruyen.
Segunda:
Que
comeís
carne
y
bebeis
sangre
de.
vuestras
ovejas:
Tercera:
Que
sí
nó
restituis
todo
cuanto
traeis
de
allá,
hasta
el
último
cuadrante,
no
os
podeís
salvar
mas
que
Judas.
Quiso
el
obispo
ecliar:la'
disputa
á
burlas
y
comenzóse
4
'rcir.—¿0Os
reís,
señor?
De
bdlais
por
el
contrario
llorar
vuestra
infelicidad
y
Ta
de
los
indios.
81,
ahí
tengo
las
lágrimas
á:
la
mano
para
derramarlas¡—Bien
sé
yo,
quetener
lá»
grimas
oerdaderas
delo
que
se
debe
llorar,
es
dón
de
Dios;
pero
debíades
rogar
á'
Dios
'sospirando
que
os
las
diese,
no
solo
de
aquel
humor
que
la-
"mamos
lágrimas,
pero
de
sangre
qúe
saliésede
lo
-mas
vivo
del
corazon,
para
mejór
manifestar
vues-
tra
desventura
y
la'
de
cuestro
rebaño.
Atajó
el
«doctor
Mota
la
disputa,
y
refirióla
despues
ul
Rey,
de
que
resultó
en
éste
«el
deseo
y
la
resolución
de
“oirlos
4'uno
y
otro;
y
enterarse
por
sí'
mismo
de
un
*megocio
tan
grave.
La
audiencia
se
designó:
para
“dentro
de
tres
días,
4
"la
cual
quiso
el
Rey
que
fuese
“citado
el
Almirante,
como
persona
tan
interesada
en
«el
asunto,
y
los
flamencos:
hicieron
que
fuese
tame
«bien,
y
como
segundo
de:
Casas,
un:
fraile
“Fran-
cisco,
que,
venido
de
Santo
Domingo,
hablaba
y
pre-
dicaba
con
la
mayor
libertad
contra"
los
castellanos
«que
estaban
en
Indias,
Ad,
la
las
gobernaban.
-
E
de
e
318
+1>
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
>
+
8
Julegada
la
hora,
y
entrados
los
contendientes
y
los
Ministros
que
habian
de
asistir
en
la.
sala,
salió
-
el
Reyy
se
sentó
en
si
trono,
colocándose
ensban=
cos)mas
bajos
4
su
derecha
Mr.
de
Chievres,
luego
el
Almirante,-en
seguida
«el
obispo
del.
Darien,
y
ún
Licenciado
Aguirre.
Al
frente
de
ellos
4
la
iz-
quierda'del
Rey
se
sentaron+el.
gran
Canciller,
el
obispo
de'Badajoz
y
otros,
consejeros:
arrimados
á
uña
pared
fronteros
al:
Príncipe
estaban
de
pie
Casas
y
el
Franciscano.
Despues
“de
algunos
mo-
mentos
de
silencio,
Chievres
y
el
gran
Canciller
se
levantaron,
y
subiendo
la
grada
del
estrado
en
que
el'Rey
estaba,
puestos
de
rodillas
consultaron.
con
él.en'voz
baja
un
corto.rato,
y
vueltos
4
sus
asien-
os,
«el,
Canciller
4.
puesto
en
pie.
dijo.
vuelto.
al
prelado:
del
Darien:
Reverendo
obispo,
S.
M,
man-
da
que
hadleis,
si
alguna.
cosa
teneís.
de
Jas,
In-
idías:
que.
hablar.
El.
obispo.se-
levantó,
hizo.
un
preámbulo
elegante
4
Ja
manera
del
tiempo,'ma-
mifestó,
el,
deseo
que
habia
tenido
de
Jegar,4.la
presencia
del:Monarca,
y:
que,
abora
veía,
cumplido
con
mucho/gusto.
su
deseo,
y
conocia
que.la,
cara
del
Príamo
ero
digna
del
reino.
Mas
.como
las
cosas
que
tenja
que
decir
delas,
Indias,
añadió
,
eran
de
mucha
importancia:
y
¡por,.su..maturaleza
«secretas,
no
convenia
decirlas
sino,
4,5,
M.
y
4
su
Consejo,
Y
ya
por:
lo
mismo
suplicaba
que'
se:
mandasen
salir
los
que
no.eran
de.
Lhrmodil
1091
¿bno
sdeib
E
ódio
Preáidente
de
los
Cónisejós'
era
el
que
debia.
hablar
primero
y
determinar
lo
que
se
habia
dé
tratar»
>
a
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
325
en
aquellas
materias
seguia
su
Órden
era
diversa.
El
Almirznte
era
mas
sincero,
y
sus
palabras
fue»
ron
consiguientes
á
su
situacion
y
á
sus
intereses.
Mientras
que
en
el
discurso
del
Padre
Casas
se
yeía
el
ánimo
de
un
hombre
que,
penetrado
ínti-
mamente
de
la
sahtidad
de
su
objeto,
y
apoyado
en
la
inmunidad
de
la
causa
que
defiende,
se
¡e-
vanta
sobre
todo
respeto
humano
y
vá
mas
allá
de
lo
que
piensa.
Yo
no
sé
qué
impresion
haría
en
el
pecho
de
Cárlos
V
el
arrojo
de
aquel
capellan
suyo,
que
renuncia
tan
solemnemente
á
las
mercedes
que
él
pueda
hacerle,
y
le
dice
en
su
cara
que
por
darle
gusto
solamente
no
se
movería
de
un
rincon
4
otro
de
la
sala
en
que
se
hallaba.
Pero
es
seguro
que
ni
él
ni
sus
Ministros
entendieron
hasta
dónde
podia
llegar
el
principio
de
que
la
religion
cris-
tiana
se
adaptaba
á
todas
las
naciones
del
mundo,
yá
ninguna
quitaba
ni
su
libertad
ni
sus
señores.
La
cuerda
era
delicada,
y
sin
duda
el
mismo
ora-
dor
no
previó
sus
consecuencias
hasta
mucho
des-
pues
en
que,
echándoselas
en
cara
los
contrarios
de
su
doctrina,
tuvo
que
salyarlas
á
fuerza
de
efugios,
mas
sutiles
que
cóncluyentes.
El
obispo
del
Darien,
4
consecuencia
de
lo
que
se
le
habia
ordenado
en
la
audiencia,
hizo
dos
mewmoriales;
uno
contía
Pedrarias,
y
Otro
sobre
el
modo
con
que
se
debian
remediar
los
desórdenes
de
Tierra
Firme,
para
que
cesase
la
licencia
de
los
pobladores,
y
los
indios
fuesen
bien
tratados.
Fue-
se
á
dárselos
al
Canciller,
en
cuya
compañía
se
1520.
326
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
quedó
á
comer
aquel
dia,
y
4
donde
fué
avisado
y
convidado
el
Sumiller
Laxao,
principal
fayorece-
dor
del
Licenciado,
suponiendo
el
Canciller
que
siempre
la
conversacion
vendria
4
tocar
én
sus
opiniones
y
proyectos.
Leyéronse
los
memoriales
despues
de
la
comida,
y
los
dos
preguntaron
al
obispo
qué
le
parecia
de
las
pretensiones
de
Micer
Bartolomé.
Él
respondió
que
muy
bien,
con
lo
cual
quedaron
los
dos
contentísimos,
contando
con
este
nuevo
apoyo
para
fayorecer
4
su
amigo
y
poder
hacer
frente
al
Consejo
de
Indias.
Pero
una
fiebre
maligna
arrebató
al
obispo
en
tres
dias,
y
con
su
fallecimiento
se
desvanecieron
estas
esperanzas.
El
asunto
de
Casas
quedó
enton-
ces
suspenso,
tal
vez
porque
Cárlos,
aunque
jóven,
penetró
la
pasion
que
animaba
á
sus
Ministros,
tal
vez
porque
los
muchos
negocios
que
entonces
se
agolparon,
y
la
prisa
con
que
se
proyectaba
el
yia-
je
de
Alemania
para
recibir
la
corona
imperial,
no
dieron
cabida
4
su
despacho.
Lo
cierto
es
que
la
concesion
del
asiento
no
se
firmó
hasta
19
de
mayo
del
año
siguiente
en
la
Coruña,
pocos
dias
antes
de
que
el
Emperador
se
embarcase.
Él
habia
pedido
mil
leguas
de
costa
con
la
intencion
de
echar
4
Pedrarias
de
Tierra
Firme;
pero
en
la
con-
trata
no
se
le
señalaron
mas
que
doscientas
seten=
ta,
que
son
las
que
se
regulan
desde
la
provincia
de
Paria
hasta
la
de
Santa
Marta,
límites
señala-
dos
al
distrito
que
él
se
encargaba
de
pacificar
y
convertir:
de
la
tierra
adentro
se
le
concedieron
FR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
327
cuantas
queria
*.
Él,
contentísimo
con
tan
buen
despacho,
partió
al
instante
á
Sevilla
4
disponer
y
preparar
su
expedicion,
Eligió
por
sí
mismo
has-
ta
doscientos
labradores
que
habia
de
llevar
con-
sigo.
Logró
que
se
le
facilitasen
y
fletasen
por
cuen-
ta
del
Rey
tres
navíos,
surtidos
con
la
mayor
abundancia
asi.de
bastimentos
como
de
rescates
;
porque
el
obispo
de
Burgos,
no
queriendo
darle
oca-
sion
á
nuevas
quejas,
mandó
que
no
se
le
escasca=
se
nada.
El
mismo
Casas
añadió
por
su
parte
cuan-
to
pudo
con
dineros
que
pidió
prestados,
de
modo
que,
provisto
de
todo
lo
que
quiso
y
supo
desear,
se
hizo
4
la
yela
en
fin,
tocando
ya
con
la
mano
el
blanco
de
sus
deseos,
y
lisonjeado
con
las
mas
dulces
esperanzas.
¡Desdichado,
que
no
sabia
los
contratiempos
crueles
que
le
esperaban,
y
en
qué
raudal
de
amarguras
se
iba
4
convertir
al
instante
aquel
manantial
de
ilusiones
!
La
costa
4
donde
la
expedicion
se
dirigia
era
uno
de
los
primeros
y
mas
importantes
descubri-
mientos
de
Colon.
Llamósela
la
costa
de
las
Perlas
por
las
muchas
que
allí
se
rescataban,
y
por
la
gran
pesquería
de
ellas
que
los
castellanos
tenian
establecida
en
Cubagua,
isla
pequeña,
situada
á
siete
leguas
de
distancia,
frente
al
rio
de
Cumaná.
Visitábanla
con
frecuencia
los
armadores
españoles
¿1
Zrató
muy
bien,
despues
de
partido
el
Rey,
al
clé-
rigo
el
obispo
,
¡de
ads
Le
enojos
que
dado
le
habia,
en
lo
cual
mostró
ser
generoso
y
de
noble
ánimo.
Casas,
libro
3.9
capitulo
154.
328
¡ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
por
la
grande
utilidad
que
les
rendia
el
rescate
de
las
perlas,
del
oro,
y
tambien
de
esclayos,
que
á
veces
los
mismos
indios
les
vendian,
y
á
veces
sal-
teaban
ellos
con
achaque
de
ser
caribes.
Los
indios
se
prestaban
fácilmente
al
trato
y
comunicacion,
por
la
aficion
grande
que
tenian
4
las
bujerías,
y
sobre
todo
á
los
vinos
de
Castilla.
Esta
buena
dis-.
posicion
no
se
habia
roto,
ni
aun
con
el
lance
del
año
513,
cuando
la
muerte
de
los
dos
frailes
Do-
minicos
Córdoba
y
Garcés,
que
se
ha
referido
ar=
riba.
Cuatro
años
despues,
al
tiempo
en
que
mMAan=
daban
en
las
Indias
los
Padres
Gerónimos
,
SC
CS
tablecieron
en
el
pais
un
conyento
de
Dominicos
en
el
puerto
y
pueblo
de
Chiriyichí
junto
4
Mara-
capana,
y
Otro
de
Franciscos
mas
adelante
al
orien=
te,
junto
al
rio.que
está
al
frente
de
Cubagua,
4
siete
leguas
de
distancia
uno
de
otro.
La
industria
y
buen
modo
de
estos
Padres
habia
sosegado
á
los
indios
y
ganado
su
confianza
en
tal
manera,
que
los
castellanos
iban
allí
4
contratar,
y
entraban
y
salian
la
tierra
adentro
sin
la
menor
molestia,
y
sin
recelo
mi
peligro
alguno.
La
empresa
del
Li-
cenciado
Casas
lleyaba
por
base
principal
esta
bue-
na
disposicion
de
la
gente
de
la
tierra,
y
el
auxi-
lio
que
hallaría
en
los
dos
monasterios
para
el
proyecto
de
su
pacificacion;
y
planteada
como
es-
taba
sobre
el
supuesto
de
la
paz,
la
beneficencia
y
la
justicia,
tenia
toda
la
probabilidad
4
su
fayor
de
producir
los
buenos
resultados
que
su
autor
se
prometia,
Todo
lo
trastornó
la
perfidia
y
la
yio-
AA
ro
A
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
329
lencia
de
un
insensato
alevoso:
y
como
el
funesto
accidente
á
que
dió
causa
fué
el
escollo
principal
en
que
fracasaron
los
intentos
del
Padre
Casas,
tra-
yendo
ademas
tras
de
sí
la
muerte
de
los
religio-
sos,
la
ruina
de
los
monasterios,
y
la
desolacion
del
pais;
los
pormenores
en
que
vamos
á
entrar
hallarán
su
disculpa en
la
misma
importancia
que
los
acompaña.
Un
Alonso
de
Ojeda,
vecino
de
Cubagua,
y
diferente
de
los
otros
dos
que
con
el
mismo
nom-=
bre
y
apellido
se
conocen
en
la
historia
del
Nueyo
Mundo
*,
trató
de
hacer
un
salto
de
esclayos
en
Costa
Firme,
y
eludir
las
repetidas
órdenes
que
habia
para
que
no
se
tocase
sino
á
los
que
fuesen
verdaderamente
caribes.
Armó
un
navío,
y
corrió
la
costa
abajo
hasta
encontrar
con
el
puerto
y
pue-
ble
de
Chirivichí,
donde
estaba
el
conyento
de
San-
ta
Fé
que
los
Dominicos
habian
fundado.
No
habia
allí
4
la
sazon
mas
que
dos
religiosos,
el
portero
y
el
Vicario,
que
le
recibió
y
agasajó
segun
tenia
de
costumbre.
Preguntó
Ojeda
por
el
cacique
del
pueblo,
llamado
Maraguey,
mostrando
deseo
de
ver-
le.
Vino
el
indio,
y
habiendo
pedido
papel
y
escri-
1
Uno
es
el
famoso
descubridor
y
compañero
de
Co-
lon:
otro
un
soldado
de
Hernan
Cortés
que
dejó
escritas
unas
memorias
sobre
la
conquista
de
Méjico,
citadas
dife-
rentes
veces
por
Herrera.
Es
notable
el
modo
con
que
dá
principio
á
la
narracion
de
este
funesto
inciden-
te:
Un
e
de
hombre,
llamado
Alonso
de
Ojeda,
que
mandaba
la
isleta
de
Cubagua,
y
en
ella
debía
hacer
lo
que
los
otros,
teniendo
los
indios
por
fuerza
en
aquellos
detestables
trabajos,
etc.
Libro
3.9,
capitulo
115,
330
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
banía
al
Vicario,
que
inocentemente
se
los
dió
,
se
volvió
Ojeda
gravemente
al
indio,
y
le
preguntó
que
cuales
eran
los
pueblos
de
su
comarca
que
co-
mian
carne
humana.
Maraguey,
que
era
tan
ad-
vertido
como
valiente,
respondió
con
alteracion
manifiesta:
Vo,
no
carne
humana,
carne
humana
no.
Y
esto
dicho,
se
retiró
ceñudo
y
receloso,
sin
sosegarse
por
las
satisfacciones
que
le
dieron,
y
meditando
lo
que
habia
de
hacer
para
su
defensa
ó
para
su
venganza.
Ojeda
salió
del
pueblo,
y
yuel-
to
4
su
mavío
costeó
la
tierra,
y
llegó
cuatro
le-
guas
mas
abajo
del
pueblo
de
Maracapana
,
cuyo
cacique,
igualmente
esforzado
y
prudente
que
el
de
arriba,
se
llamaba
Gil
Gonzalez,
en
obsequio
de
un
Contador
de
la
Española
que
le
habia
agasaja-
do
mucho
en
ocasion
de
haber
estado
el
indio
en
la
isla;
que
tal
era
la
comunicacion
y
armonía
que
habia
entre
aquellos
indios
y
los
españoles.
Fue-
ron
allí
recibidos
y
regalados
Ojeda
y
los
suyos
con
agasajo
y
amistad,
y
el
armador
castellano
mostró
que
su
objeto
era
ir
á
contratar
algunas
cargas
de
maiz
con
los
indios
de
unas
serranías
distantes
de
allí
como
tres
leguas.
Fué
allá
en
efecto
con
beneplácito
de
Gil
Gonzalez,
acompañado
de
veinte
de
los
suyos.
Contrató
cincuenta
cargas,
pi-
dió
otros
tantos
indios
que
se
las
llevasen,
y
pro-
metió
pagárseles
Con
el
acarreo
luego
que
se
las
pusiesen
en
Maracapana.
Llegan
allá,
los
indios
se
sientan
á
descansar,
y
4
la
señal
que
hace
Ojeda
los
españoles
sacan
las
espadas
,
se
arrojan
sobre
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
331
ellos
y
los
comienzan
á
atar
para
arrastrarlos
al
navío.
Ellos
sobresaltados
pugnan
por
librarse,
pe-
ro
en
balde,
porque
los
mas
quedan
presos
y
em-
barcados.
Catorce
huyeron
heridos
á
esparcir
por
la
tierra
la
fama
del
buen
trato
que
habian
debi-
do
4
sus
huéspedes.
En
un
momento
se
alteró
toda
la
costa,
y
Gil
Gonzalez
y
Maraguey
concertaron
el
modo
y
forma
de
librarse
y
vengarse
de
aque-
llos
hombres
pérfidos,
y
tambien
de
los
frailes
4
quienes
juzgaban
cómplices
de
su
yiolencia
por
el
incidente
de
la
escribanía,
El
temerario
Ojeda,
co-
mo
si
nada
hubiera
hecho,
salió
el
otro
dia
del
navío
á
solazarse
en
la
marina
con
otros
doce-
es-
pañoles:
Gil
Gonzalez-le
recibió
con
rostro
alegre,
y
luego
que
llegó
4
las
primeras
casas
del
pueblo
que
estaban
cerca
del
mar,
los
indios,
levantando
el
grito
de
guerra
y
en
número
bien
superior
4
aquellos
miserables,
los
atacaron
,'
y
dieron
muer-
te
4
Ojeda
y
4
otros
seis,
salvándose
los
otros
na-
dando
ácia
el
navío,
Salieron
tambien
á
atacarle
con
sus
canoas;
pero
el
navío
se
les
defendió
y
pudo
escaparse
de
ellos.
Muerto
Ojeda,
Maraguey
al
dia
siguiente
se
presentó
en
la
portería
del
con-
vento,
y
llamando
á
la
campanilla
salió
el
Jego
4
*
recibirle,
que
al
instante
fué
muerto,
y
en
segui-
da
el
Vicario
en
el
altar
donde
¡ba
4
decir
misa,
partida
la
cabeza
de
un
hachazo.
Y
no
contenta
la
venganza
de
los
indios
con
estas
muertes,
derriba=
ron
los
árboles
que
allí
habia,
mataron
un
caballo
que
servia
en
la
huerta,
quebraron
las
campanas,
333
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
despedazaron
las
cruces
y
las
imágenes,
y
quema-
ron
el
convento,
señalándose
mas
en
estas
demos-
traciones
de
ferocidad
y
venganza
los
que
al
pa-
recer
estaban
mas
domesticados
y
doctrinados
en
la
£é,
]
Por
muy
repugnante
que
sea
esta
atrocidad,
lo
es
mucho
mas
aun
la
felonía
de
Ojeda;
y
de
cualquier
modo
que
este
caso
se
mire,
la
justicia
y
la
razon
están
de
parte
de
los
indios.
Si
á
los
españoles
de
Santo
Domingo
tenia
tanta
cuenta
so-
segar
y
pacificar
la
Costa
Firme,
debian
hacerlo
con
ejemplos
de
grandeza
y
de
justicia:
hubieran
restituido
los
indios
habidos
con
tanta
alevosía
,
y
castigaran á
los
cómplices
de
Ojeda
como
pertur=
badores
de
la
paz
que
antes
habia
entre
unos
y
otros
,
y
transgresores
de
las
leyes
que
tan
repeti-
damente
les
mandaban
no
hacer
demasías
en
el
pais.
Pero
la
política
y
la
codicia
no
discurren
de
este
modo:
era
preciso
aterrar
para
que
no
se
des-
mandasen
otra
yez;
era
preciso
aprovechar
la
oca=
sion
que
se
venia
á
la
mano,
no
solo
de
guardar
los
treinta
y
seis
esclayos
apresados
en
aquel
salto
aleyoso,
sino
de
traer
cuantos
podrian
cogerse
con
el
pretexto
de
castigo
y
de
venganza.
Asi
es
que
en
el
momento
que
la
noticia
fatal
se
extendió
hasta
la
Española,
el
Almirante
y
la
Audiencia
trataron
de
castigarlos,
como
si
ellos
hubieran
sido
los
agre-
sores,
y
una
armada
de
cinco
navíos
con
trescien-
tos
hombres,
al
mando
de
Gonzalo
de
Ocampo,
fué
enviada
4
aquellos
parajes
con
el
encargo
expreso
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
333
de
despoblar
la
tierra,
traerse
4
sus
habitantes
por
esclavos,
y
hacer
perecer
en
los
suplicios
á
los
mas
culpables.
Esto,
en
sana
razon
y
verdadera
justicia,
era
hacerse
sin
pudor
cómplices
de
la
piratería
de
Ojeda.
:
Tal
era
el
estado
que
las
cosas
tenian
cuan-
do
llegó
el
Padre
Casas
con
su
expedicion
4
Puerto-Rico.
Allí
fué
donde
se
halló
con
la
nueya
de
la
alteracion
de
Costa
Firme,
de
la
destruccion
del
monasterio
de
Santa
Fé,
de
la
muerte
de
los
frailes,
y
de
los
preparativos
hostiles
que
se
ha-
cian
en
Santo
Domingo
para
sosegar
á
Jos
indios.
Las
noticias
volaban
con
toda
la
exageracion
que
les
dá
la
lejanía:
y
no
solo
se
pintaban
como
al-
zadas
las
gentes
de
Chiriyichí,
Maracapana
y
ser=
ranías
contiguas,
sino
las
de
Nayerí,
Caviati
y
Cumaná.
Cual
fuese
su
congoja
y
confusion
al
ha=
llarse
con
esta
gran
noyedad,
es
facil
concebirlo,
cuando
se
considera
que
en
la
buena
armonía
an-=
terior
y
en
la
cooperacion
de
aquellos
religiosos
es-
taban
cifradas
la
mejor
parte
de
sus
esperanzas,
No
por
eso,
sin
embargo,
cayó
de
ánimo
ente-
ramente,
y
resolvió
aguardar
la
armada
que
de-
bia
pasar
por
allí,
cuyo
Comandante
era
su
ami-
go.
Llegó
Ocampo
con
sus
nayíos,
y
Casas
le
pre=
sentó
sus
provisiones
y
despachos,
requiriéndole
formalmente
que
no
pasase
adelante,
pues
á
él
es-
taba
encargada
la
parte
de
pais
en
donde
él
iba
4
hacer
la
guerra,
y
que
si
la
gente
estaba
alzada,
4
él
y
noá
otro
competia
atraerla
y
asegurarla,
334
'ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
Ocampo,
aunque
amigo
de
Casas,
contestó
que
él
obedecia
y
veneraba
aquellas
reales
disposiciones;
pero
en
cuanto
al
cumplimiento,
no
podia
dejar
de
realizar
su
comision
y
hacer
lo
que
el:
Almirante
y
la
Audiencia
le
mandaban,
y
que
ellos
le
saca=
rian
4
salvo
de
todas
las
resultas
que
despues
pu-
diese
haber.
Ocampo
era
de
humor
festivo
y
deci-
dor,
y
toda
la
gravedad
del
Licenciado
no
podia
resistir
en
sas
debates
al
raudal'de
chistes
y
Ocur=
rencias
que
4
cada
momento
se
le
ofrecian
sobre
áquella
empresa
de
labradores,
sobre
sus
vestidos
blancos
y
las
cruces
rojas;
bien
que
hasta
enton=
ces
solo
Casas
se
hubiese
autorizado,
Ó
como
á
Ocampo
tal
vez
parecería,
desfigurado
con
aquel
traje.
La
conferencia,
en
fin,
no
tuvo
resultado
ninguno:
Casas
se
quedó
en
Puerto-Rico
meditan-
-
do
lo
que
tenia
que
hacer
en
la
crítica
situacion
en
que
se
hallaba,
y
el
armamento
vengador
prosiguió
su
rumbo
á
Costa
Firme.
Llegado
allá
Ocampo
dejó
tres
navíos
en
Cu-
bagua,
y
se
presentó
con
dos
solos
delante
de
Ma-
racapana;
no
queriendo
desplegar
de
pronto
todo
el
aparato
de
su
fuerza
para
coger
á
los
indios
des-
prevenidos
y
Oprimirlos
por
estratagema-
Ellos
acudieron
al
instante;
pero
recelosos
de
su
mal,
no
querian
creer
4
los
españoles
que
los
convidaban
desde
la
cubierta
con
pan
y
vino
de
Castilla,
como
si
de
ella
acabaran
de
llegar.
Los
indios
respon-
dian:
no
Castilla,
Ayti;
porque:
de
Ayti
temian
que
les
habia
de
venir
su
daño,
Los
simples,
en
TR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
34r
poder
salvar
en
Cabagua
los
hombres
y
la
hacienda?,
Este
encargo
manifestaba
la
poca
confianza
que
se
tenia
en
las
disposiciones
pacíficas
del
pais,
y
siendo
de
tan
grave
importancia,
fué
cabalmente
lo
que
Soto
desobedeció
mas
pronto.
Pues
no
bien
hubo
desaparecido
Casas,
cuando
envió
los
navíos
á
rescatar
esclavos,
perlas
y
oro.
Los
indios
al
ins-
tante,
viendo
á
los
castellanos
abandonados
así,
solos
y
sin
buques
en
que
escapar
,
pensaron
en
acome-
ter
su
hecho,
y
acabar
con
los
cristianos
de
Cuma-
ná,
como
habian
hecho
con
los
de
Santa
Fé,
No
lo
trataron
tan
en
secreto
que
no
traspirase
algo
de
su
intencion,
y
las
diligencias
de
los
frailes
y
las
de
Soto
descubrieron
el
dia
poco
mas
ó
menos
en
que
el
ataque
se
habia
de
verificar.
Probaron
4
pertrechar
la
atarazana
con
catorce
tiros
pequeños
que
tenian,
pero
se
encontraron
con
que
la
pól-
vora
estaba
húmeda
y
no
prendia,
y
tuvieron
que
ponerla
á
enjugar
al
sol.
En
esto
los
indios
asalta-
ron
con
grande
ímpetu
y
algazara
la
casa,
pusie-
ron
fuego
en
ella
y
mataron
algunos
hombres,
Los
demas
cón
Soto,
ya
herido
de
una
flecha
enerbola-
da,
se
acogieron
á
la
huerta
de
los
frailes,
y
mien-
tras
los
enemigos
estaban
entretenidos
en
la
atara-
zana,
se
escaparon
en
una
canoa
por
un
estero
del
rio,
abierto
para
regar
la
huerta.
Salieron.
4
mar
abierto
4
buscar
los
navíos
que
estaban
en
las
sali-
1.
Véase
en
el
Apéndice
un
memorial
del
contador
Mj-
guel
Castellanos
que
fué
con
Casas
á
Cumaná
com-
prueba
muchas
de
las
ocurrencias
expresadas.
-
po
3/2
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
nas
de
Arraya
que
distaban
dos
leguas
de
allí,
y
ya
llevaban
andada
una,
cuando
los
indios
vién-
dolos,
empezaron
4
seguirlos
y
4
darles
caza
en
una
piragua
,
harto
mas
ligera
y
mejor
impelida
que
la
canoa.
Casi
4
un
mismo
tiempo
abordaron
las
dos
en
tierra,
y
la
ventura
de
los
castellanos
fué
encontrar
con
una
maleza
de
cardos
y
de
espi-
nos
que
la
desnudez
de
sus
enemigos
no
les
permi=
tia
atravesar,
mientras
que
ellos,
aunque
lastimados
y
heridos,
pudieron
hacerse
calle
hasta
llegar
á
las
salinas
y
recogerse
al
navío,
que
los
recibió
con
lás-
tima
y
dolor.
Los
indios
se
volvieron
sobre
Cumaná
y
repitieron
allí
todos
los
actos
de
ferocidad
que
ha-
bian
cometido
en
Chirivichí;
mataron
4
un
pobre
lego
que
wo
pudo
acogerse
á
la
canoa
cuando
los
demas,
mataron
todos
los
animales,
talaron
los
ár-
boles,
quemaron
los
edificios,
y
no
dejaron
cosa
ninguna
ni
con
vida,
ni
en
pie.
Despues,
exalta”
dos
los
ánimos
con
aquella
ventaja,
amenazaron
á
Cubagua,
cuyos
habitantes
atefrados,
aunque
eran
trescientos
y
con
armas,
no
los
osaron
esperar,
y
se
embarcaron
para
Santo
Domingo.
De
este
modo
acabaron
los
dos
establecimientos
religiosos,
la
nue-
va
Toledo,
el
proyecto
del
Licenciado
Casas,
y
la
pesquería
de
las
perlas;
todo:
consecuencia
funesta
de:la
piratería
de
Ojeda
y
del
mal
término
que
se
-guardó
con
los
indios
*.
1
Algun
tiempo
despues
la
Consulta
de
Santo
Domingo,
pareciéndole
que
no
convenia
ni
que
quedase
despoblada
Cubagua,
ni
sin
escarmiento
los
indios,
envió
un
armaá-
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
343
Entre
tanto
el
sin
ventura
Casas
navegando
4
la
Española
,
tuvo
tambien
la
desgracia
de
que
el
navío
equiyocase
el
rumbo,
y
fuesen
á
parar
al
puerto
de
Yáquimo,
ochenta
leguas
mas
abajo
de
Santo
Domingo.
Alli
estuvo
el
bajel
forcejando
dos
meses
contra
las
corrientes,
que
en
aquella
parte
son
bravísimas,
tanto
que
al
fin
el
Licenciado
tomó
por
mejor
consejo
entrarse
nueve
leguas
la
tierra
adentro
al
pueblo
de
la
Yaguana,
y
desde
allí
di-
rigirse
4
la
capital.
Ya
se
extendía
por
toda
la
isla
la
nueva
del
desastre
de
Cumaná,
y
como
Casas
ni
vivo
ni
muerto
parecia,
se
añadía
á
las
demas
lástimas
la
de
que
él
hubiese
perecido
tambien.
Así
lo
anunciaron
unos
viajantes
á
sus
mismos
compa=
ñeros,
en
ocasion
de
estar
sesteando
junto
al
cami-
no
y
el
Licenciado
durmiendo.
Él
despertó
mien-
tras
que
ellos
altercaban
sobre
si
aquello
era
ver=
dad
ó
no,
y
presagiando
ya
en
el
ánimo
las
tristes
nuevas
que
le
esperaban,
prosiguió
su
camino
á
Santo
Domingo,
donde
acabó
de
apurar
el
caliz
de
la
desventura
con
el
conocimiento
tolal
de
sus
des-
astres.
Dió
cuenta
del
suceso
á
la
corte,
y
deter-
minó
aguardar
la
respuesta,
por
no
tener
ya
me-
mento
al
mando
de
Jacobo
de
Castellon,
el
cual
restableció
eria,
guerrcó
y
atemorizó
á
los
indios,
é
hizo
un
fuerte
4
la
boca
del
rió
Cumaná,
para
asegurar
el
agua
4
Jos
de
la
isla
,
en
el
mismo
punto
en
que
lo
habia
intenta
levantar
Casas.
Los
indios
con
efecto
quedaron
por
mu-
cho
tiempo
escarmentados
y
pacíficos
:
en
Cubagua
se
fué
formando
una
ciudad
que
se
lamó
la
Nueva
Cá,
s,
y
duró
lo
que
duró
la
pesquería
:
despues
se
despobló,
344
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
dios
para
pasar
en
persona
4
negociar
en
España
*.
¿Qué
hacer?
Su
hacienda
y
la
de
sus
amigos
estaba
ya
consumida
,
la
del
Rey
inutilmente
gastada,
sus
proyectos
destruidos,
sus
esperanzas
deshechas,
sus
émulos
triunfantes,
él
vilipendiado
de
todos
como
un
hombre
sin
seso
y
sin
cordura,
entregado
á
ya-
nas
ilusiones,
á
cuya
realizacion
desatinada
habia
sacrificado
tantos
hombres
y
tantos
caudales.
El
cielo
4
su
parecer
se
le
venia
encima
y
la
tierra
le
faltaba.
Su
asilo
y
su
abrigo
contra
esta
tempestad
de
confusion
y
de
dolor
era
el
convento
de
Santo
Domingo;
y
solos
sus
religiosos,
constantes
amigos
suyos
y
fieles
compañeros
de
su
opinion,
eran
Jos
que
podian
sostenerle
en
el
abatimiento
y
amargu-
ra
que
experimentaba,
Ellos
le
daban
consuelo,
ellos
honra:
con
ellos
comunicaba
sus
pesares,
con
ellos
se
confesaba.
Queriendo
al
fin
dar
un
vale
eterno
al
mundo,
y
ponerse
á
cubierto
de
su
es-
carnio
y
de
sus
persecuciones,
se
decidió
4
abrazar
la
misma
profesion
que
sus
amigos,
y
se
hizo
re-
ligioso
de
aquel
Órden
en
el
año
de
1522,
haciendo
solemnemente
su
profesion
en
el
siguiente
?.
1
Él
dice
en
su
historia,
que
en
el
tiempo
de
su
noviciado
le
vinieron
cartas
del
Cardenal
Adriano
y
de
los
caballeros
flamencos
,
persuadiéndole
que
tornase
á
la
corte,
y
dán-
dole
esperanza
de
que
tendria
tanto
y
mas
favor
que
la
otra
vez
le
habian
dado;
pero
los
prelados
del
monasterio,
quizá
porque
no
se
inquietase,
no
se
las
quisieron
mostrar.
Libro
3.o
,
capitulo
159.
2
Bartolomé
de
las
Casas
,
como
supo
la
muerte
de
sus
amigos
y
pérdida
de
la
hacienda
del
ley,
metióse
fraile
Dominico
en
Santo
Domingo.
Y
así
no
acrecentó
nada
las
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
345
Si
su
empresa
se
habia
malogrado,
no
hay
duda
que
consistió
en
aquella
serie
de
incidentes
que
no
estaba
en
su
mano
ni
adivinar
ni
precaver;
siendo
un
nuevo
ejemplo
de
que
frecuentemente
no
bas-
tan
los
buenos
deseos,
ni
la
diligencia
mas
activa,
ni
aun
los
talentos,
cuando
los
contradicen
los
hombres
y
no
los
favorece
la
fortuna.
Sin
descono-
cer,
sin
embargo,
el
influjo
que
tuvieron
en
este
reyes
las
causas
exteriores,
podria
quizá
encontrar=
se
uno
muy
principal
en
la
posicion
del
Padre
Casas
y
en
la
clase
de
sus
talentos
y
de
su
carácter.
Sus
medios
no
eran
adaptados
á
aquella
especie
de
em-
presa
,
y
semejante
á
tantos
hombres
de
gabinete
y
de
estudio,
era
mas
propio
para
controvertir
y
proponer,
que
para
ejecutar
y
gobernar.
Los
que
gobiernan
militar
ó
políticamente
á4
los
hom=
bres,
se
tienen
que
valer
de
ellos
como
de
ins-
trámentos,
y
para
manejarlos
con
acierto
se
nece
sita
conocerlos
bien.
Este
conocimiento
suele
faltar
á
los
hombres
especulativos,
y
así
no
son
felices
de
ordinario
cuando
estan
puestos
al
frente
de
los
ne-
gocios.
El
genio
de
Casas
por
otra
parte,
á
yeces
rentas
reales
,
ni
ennobleció
los
labradores
,
ni
envió
per=
las
á
los
flamencos,
De
este
modo
termina
Gomara
la
in-
exacta
y
parcialisima
relacion
de
estos
acontecimientos.
El
obispo
ss
se
resentia
Pa
de
los
términos
poco
jUs-
los
con
que
aquel
escritor
habia
pintado
sus
Cosas;
pero
era
parcial
de
los
conquistadores,
y
cargaba
excesi-
vamente
la
mano
en
los
vicios
de
los
indios
,
y.
pOr
consi-
guiente
no
eranada
afecto
á
sus
apologistas.
Su
historia,
que
no
€s
mas
que
un
sumario
,
se
lee
sin
embargo
con
mucho
gusto,
así
por
las
noticias
curiosas
que
contiene,
como
por
su
concision
elegante.
346
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
excesivamente
confiado,
y
otras
irritable
en
dema-
sía,
no
era
muy
á
propósito
para
conciliarse
res=
peto,
ni
tampoco
confianza.
Berrío
le
engañó,
Soto
le
desobedeció,
los
labradores
le
desampararon
,
y
esta
constante
oposicion
en
los
que
habian
de
ser
instrumentos
de
sus
miras,
deja
traspirar
algun
vicio
en
el
carácter,
Ó
algun
defecto
en
la
capaci-
dad.
Nosotros
vamos
á
considerarle
ahora
como
mi-
sionero,
como
prelado
y
como
publicista:
su
car=
rera
por
este
camino
tiene
infinitamente
mas
lus=
tre,
y
los
triunfos
conseguidos
en
la
misma
causa
y
por
medios
diferentes,
compensan
con
mucha
yentaja
el
desaire
que
como
poblador
y
gobernador
le
habia
hecho
antes
la
fortuna,
Siete
años
duró
esta
desaparicion
y
alejamien-
to
absoluto
del
teatro
del
mundo
y
de
los
negocios
de
Indias.
Casas
vivió
este
tiempo
entregado
todo
4
los
ejercicios
y
austeridades
de
la
regla
que
habia
abrazado,
y
4
los
estudios
que
su
nuevo
estado
re-
quería.
Entonces
fué
cuando
concibió
el
pensamiento
de
escribir
la
historia
general
de
las
Indias,
saca=
da
de
los
escritos
mas
ciertos
y
verdaderos
de
aquel
tiempo,
que
tenia
acopiados.en
abundancia,
prin-
cipalmente
de
los
originales
del
Almirante
D.
Cris-
toval
Colon.
Esta
obra
voluminosa,
empezada
en
el
año
de
1527
y
continuada
despues
en
diferentes
ocasiones,
segun
se
lo
permitieron
las
vicisitudes
de
su
vida,
no
fué
terminada
hasta
pocos
años
an-
tes
de
su
fallecimiento
en
15611.
Otros
trabajos
y
1
Y
plega
á
Dios
que
hoy,
que
es
el
año
que
pasadesé-
FR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
347
estudios
le
ocuparon
probablemente
en
aquella
épo-
ca,
de
que
despues
se
vieron
los
efectos
en
los
di-
ferentes
tratados
que
publicó,
enriquecidos
de
cuan-
ta
erudicion
teológica,
filosófica
y
legal
daba
de
sí
aquel
siglo
en
las
materias
importantes
en
que
nuestro
escritor
se
ejercitaba;
y
todos
dirigidos
áua
solo
y
único
fin,
que
era
la
proteccion
y
defensa
de
sus
indios.
Pero
de
esto
se
hablará
mas
adelante,
y
por
ahora
vamos
á
considerarle
en
sus
ocupaciones
apostólicas.
-
Es
sensible
no
poder
seguir
á
su
principal
bió-
grafo
Remesal,
en
el
magnífico
episodio
con
que
les
dá
principio,
El
mundo,
segun
él,
fué
4
buscará
Casas
en
su
soledad,
y
baciendo
homenaje
4
la
hu-
manidad
de
sus
principiosy
á
su
talento
de
persua-
dir,
le
fió
el
encargo
de
reducir
y
pacificar
á
aquel
Enrique,
caudillo
de
los
indios
alzados
en
las
mon=
tañas
del
Barauco
en
la
Española
,
4
quien
en
ca-
torce
años
las
armas
de
los
castellanos
no
pudieron
rendir,
ni
sus
promesas
ganar,
ni
sus
engaños
per
der.
Ninguna
de
las
memorias
del
tiempo,
ni
nin-
guno
de
los
historiadores
acreditados
dá
á
Casas
semejante
intervencion
en
aquella
transaccion
im=
portante,
ni
le
atribuye
mas
parte
que
una
visita
que
hizo
al
cacique,
cuando
ya
estaba
reducido,
para
afirmarle
en
su
buen
propósito.
No
insistire=
dad
Elguoriacia
en
Jus
se
fundas
los
opariminton
y
con
esta
imprecacion
á
gloria
y
honra
de
Dios
damos
fin
á
este
tercer
libro,
Asíacaba
Casas
la
tercera
y
última
parte
de
su
obra.
348
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
mos,
pues,
aquí
mas
en
esto,
ni
támpoco
en
el
viaje
que
poco
despues
se
le
supone
hecho
4
Es-
paña
para
atender
á
los
intereses
de
los
indios
del
Perú,
de
cuya
conquista
ya
se
trataba,
ni
en
las
cédulas
que
se
dieron
concedidas
en
fayor
de
aquella
gente,
ni
de
su
jornada
con
ellas
á
Caxamalca,
donde
se
hallaban
á
la
sazon
los
dos
descubridores.
Nada
de
esto
es
consistente
ni
con
los
documentos
antiguos
,
ni
gon
la
historia,
y
€s
preciso
tambien
omitirlo
como
incierto,
6
como
fabuloso.
En
las
escasas
noticias
que
se
tienen
de
los
trabajos
de
Casas
en
los
primeros
años
de
sus
predicaciones,
solo
vemos
que
hácia
el
de
1527
fué
enviado
4
Nicaragua,
donde
se
acababa
de
fundar
un
obispado,
á
ayudar
4
su
primer
prelado
Diego
Alvarez
Osorio
en
la
predicacion
del
Evangelio
y
conversion
de
los
indios.
Erigióse
para
ello
en
la
ciudad
de
Leon
un
monasterio
de
Dominicos,
de
que
él
fué
uno
de
los
primeros
moradores.
Ni
su
residencia
allí
fué
fija
por
mucho
tiempo,
pues
que
yaen
1531
sele
yé
en
Santo
Domingo
escribir
una
larga
carta
al
Consejo
de
Indias,
sobre
los
males
y
remedio
de
aquellos
naturales
*,
y
dos
años
des-
pues
hizo
al
cacique
Enrique
la
visita
indicada
ar-
riba,
que
llevó
muy
á
mal
la
Audiencia,
y
4
quien
Casas
redujo
al
silencio
con
la
firmeza
y
entereza
1
Hetenido
á
la
vista
esta
carta,
y
no
hay
en
ella
reíe-
rencia
alguna,
ni
á
los
acontecimientos
de
Enrique,
ni
al
viaje
4
la
corte
,
niá
nada
de
lo
demas
que
cuenta
relativo
á
aquella
época.
;
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
349
de
su
contestacion.
Es
de
suponer
que
iria
y
ven-
dria
alguna
yez
de
Nicaragua
á
Santo
Domingo,
segun
la
exigencia
de
los
casos
lo
requiriese.
Se
le
vé
insistir
fuertemente
en
todas
partes,
por
donde
pasaba
cuando
hacia
estos
viajes,
en
la
necesidad
de
predicar
el
Evangelio
á
los
indios
con
las
armas
de
la
doctrina
y
de
la
persuasion,
y
no
á
la
fuerza
y
con
ejércitos
,
tanto
que
el
Virey
de
Méjico
Don
Antonio
de
Mendoza,
persuadido
de
ello,
dió
dife-
rentes
órdenes
para
que
se
hiciese
así
en
los
tér-
minos
de
su
mando.
Se
le
yé
en
fin
en
1536
otra
vez
en
Nicaragua,
y
allí
resistircon
todo
su
poder
al
gobernador
Rodrigo
Contreras
sus
expediciones
anilitares
al
interior
del
pais,
quererse
él
encar=
gar
solo
con
sus
frailes
de
la
conversion
de
los
in-
dios,
y
predicar
4
los
soldados
españoles,
para
que
no
obedeciesen
las
órdenes
violentas
de
su
caudillo
en
las
entradas
que
hiciesen.
Exasperados
los
4ni-
mos
de
unos
y
otros
con
estas
alteraciones,
se
in=
tentó
4
Casas
una
causa
criminal,
como
fautor
de
sedicion
y
revoltoso
,
en
que
se
sobreseyó
por
in=
terposicion
del
obispo
*;
mas
habiendo
fallecido
este
en
medio
de
aquellas
ocurrencias,
Casas,
4
des-
pecho
de
los
ruegos
y
reclamaciones
que
le
hicie=
ron
,
abandonó
el
convento
de
Nicaragua,
y
tomó
con
sus
frailes
el
camino
de
Guatemala.
Aguardábanle
allí
mejores
esperanzas,
porque
el
obispo
electo
de
aquella
ciudad
Don
Francisco
1
Véase
el
Apéndice,
3%0
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
Marroquin
le
tenia
convidado
con
sus
cartas
4
ha=
cer
el
mismo
servicio
al
Eyangelio
en
su
proyincia,
que,
extensa
en
demasía
y
falta
de
ministros
del
culto,
necesitaba
tanto
y
mas
que
cualquiera
Otra
de
su
actividad
y
su
celo.
Habia
pasado
Casas
en
sus
diferentes
viajes
por
Guatemala
y
conocido
y
tratado
mucho
á
Marroquin,
que
entonces
no
era
mas
que
párroco,
y
congeniaba
mucho,
al
parecer,
con
sus
ideas
de
predicacion
y
de
paz.
Mediaba
tambien
la
circunstancia
de
hallarse
desierta
una
casa
de
Dominicos,
fundada
en
la
misma
ciudad
años
atrás;
razon
que
contribuyó,
con
las
otras
dos
que
se
han
dicho,
4
moyer
al
Padre
Casas
4
pasar
allá
con
sus
compañeros,
poblar
aquel
convento,
y
ayudar
al
nueyo
prelado
en
la
propagacion
de
la
Fé.
A
poco
tiempo
de
haber
llegado,
dió
4
conocer
su
tratado
latino
De
unico
vocationiís
modo
,
traba-
jado
ya
muy
de
antemano,
y
en
el
cual,
con
todo
el
aparato
legal
y
teológico,
acomodado
al
gusto
del
tiempo,
se
propuso
probar
estos
dos
extremos:
Primero:
Que
el
único
modo
instituido
por
la
Pro-
videncia
para
enseñar
4
los
hombres
la
verdadera
Religion
es
aquel
que
persuade
al
entendimiento
con
razones,
y
atrae
la
voluntad
suavemente:
modo
adaptable
y
comun
á
todos
los
hombres
del
mundo
sin
ninguna
diferencia
de
sectas
y
errores,
y
en
a,
cualquier
estado
de
corrupcion
en
que
se
hallaren
"/¿Mas
costumbres.
Segundo:
Que
cuando
los
infieles
M0
ofenden,
ni
ofendieron
nunca
á
la
república
PR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
357:
á
cara
al
misionero
en
muestra
de
mayor
vtnera-
cion.
El-
Padre
se
aprovechó
hábilmente
de
esta.
dispósicion
de
ánimo,
acabó
de
ganarle
con
sus
pre-
sentes
y
con
sus
palabras,
y
le
dió
una
total
con-
fianza,
cuando
le
manifestó
la
estipulación
hecha
para
que
allí
no
entrasen
españoles
sino
á
gusto
de
los
frailes,
á
fin:
de
que
los
naturales
no
fuesen
molestados.
Hizo
ademas
una
especie
de
capilla
en
que
celebró
el
oficio
divino,
que
presenció
el
caci-
que
con
los
indios
aunque
de
lejos,
y
la
compara-
cion
que
hizo
entonces
de
la
barbarie
y
hediondez
de
sus
ceremonias
religiosas,
y
lo
torpe
y.
feo
de
sus
ministros
sangrientos,
con
el
aseo,
delicadeza
y
solemnidad
del
ritual
cristiano,
acabó
de
incli-
narle
4
una
creencia
que
en
su
buena
razon
tenia
tan
manifiestas
ventajas.
Y
haciéndose
explicar
del
Padre
Cancer
los
fundamentos
de
la.
religion
por
el
órden
que
él
habia
comprendido
en-
los
versos
de
los
mercaderes,
determinó
hacerse
cristiano,
derribó
y
quemó
sus
ídolos,
y
se
hizo
predicador
4
su
modo,
excitando
á
sus
indios
4
que,
le
imitasen,
como
de
hecho
muchos
principales
lo
hicieron,
Vi=
sitó
ademas
el
misionero
la
comarca,
especialmen-
te
los
pueblos
sujetos
4
la
autoridad
del-cacique,
y
en
ellos
halló
la
misma
buena
disposicion
“para
recibirle,
agasajarle
y
escucharle;
hombres:
groseros
y
Yudos
en
demasía,
repugnantes
por
su
desaseo
y
:
desaliño;
pero
ingeniosos
,
inocentes,
nada.
Sangui-
narios
mi
crueles,
y
dóciles
sobre
todo'4
las
suges»
tiones
de
la
humanidad
y
de
la
razon...
13,0
358
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
Con'
tan
buenas
nuevas
se
volvió
el
religioso
explorador
á
Guatemala,
y
contó
4
sus
compañe-
ros
cuanto
le
habia
“sucedido
en
su
viaje.
En-
tonces
el
Padre
Casas
determinó
ir
personalmente
al
pais,
acompañado
de
Fr.
Pedro
de
Angulo,
4
entender
por
sí
mismo
en
la
enseñanza
y
conver=
sion
de
aquellos
indios,
y
adelantar,
si
podia
ser,
aquella
conquista
piadosa
4
Jas
tierras
mas
lejanas
de
Tuzulutlan
y
Coban,
que
eran
las
yerdadera=
mente
de
guerra.
El
mismo
agasajo
encontraron
y
la:
misma
fineza
en
el
cacique,
que
ya
desde
en-
tonces
se
llamaba
Don
Juan,
Óó
porque
con
este
nombre
le
hubiese
bautizado
el
Padre
Cancer,
6
porque
se
le
pusiese
Casas
y
su
compañero
al
cris-
tianarle
despues
que
llegaron.
Hízoles
edificar
nue-
va
capilla,
porque
la
primera
la
habian
quemado
algunos
indios
poco
gústosos
de
aquellas
noyeda=
des,
Visitaron
la
comarca,
y
escoltados
de
un
des-
tacamento
de
indios,
que
les
dió
para
su
seguri-
dad,
Megaron
hasta
Coban,
reconociendo
allí
algu-
nos
pueblos
,
cuyos
moradores
,
extrañando
gente
tan
nueva,
salian
4
yerlos
por
los
caminos
sin
in-
tentar
hacerles
daño
alguno,
antes
bien
en
diver=
sas
partes
agasajándolos
con
presentes.
Tomada
la
noticia
que
les
pareció
del
pais,
se
volvieron
4
Zacápula,
en
donde
lo
primero
que
trataron'con
el
cacique
amigo
fué
que
los
indios
se
juntasen'en
pueblos,
pues
hasta
entonces
vivian
desparramados
por
los
montes
en
caseríos
ó
alde-
huelas
que
ninguna
pasaba
de
seis
casas,
y
todas
FR,
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
359
como
un
tiro
de
mosquete
distantes
unas
de
Otras,
Dió
las:
manos
el
cacique
al
pensamiento,
como
que
comprendió
al
instante
la
ventaja
que
en
él
tendrian
sus
indios,
no
solo
para
ser
doctrinados
en
la
fé,
sino
en
las
demas
artes
de
la
vida
civil.
Pero
esto,
que
le
pareció
tan
fácil
y
provechoso
al
gefe,
no
lo
pareció
asi
4
los
súbditos,
y
ná
sus
exhortaciones
y
mandatos,
ni.á
los
consejos
y
ruegos
de
los
Padres
quisieron
ceder,
ni
dejar
el
valle,
el
monte,
el
bohio
ó.
barraca
en
que
cada
uno
habia
nacido
y
acostumbraba:
vivir.
La
difi-
cultad
en
persuadirlos
era
grande,
su
teson
igual,
y
estuyieron
á
riesgo
de
que
la
tierra
se
pusiese
en
armas,
y
perder
todo
el
fruto
que
hasta
allí
habian
conseguido.
Pudieron,
en
fin,
4
costa
de
anhelos
y
de
fatigas,
reunir
hasta
cien
casas
en
un
pueblo
que
llamaron
Rubinal,
nombre
que
tenia
el
paraje
en
que
le
asentaron,
Edificaron
templo,
y
al
placer
que
les
daba
la
solemnidad
de
las
cere=
monias;
4
la
buena
conversacion
y
agasajo.
de
los
misioneros,
4
la
utilidad
que
veían
en
aprender
4
lavarse,
vestirse
y
ayudarse
con
los
demas
artes
que
dan
poco
á
poco
gusto
por
la
sociedad,
se
lla-
maban
unos
á
otros,
y
se
conyidaban
con
el
sitio.,
Tanto
que
los
de
Coban,
mas
fieros
y,
montaraces,
bajaban,
sin
embargo,
4
ver
de
cuando
en
cuando.
aquel
modo
nueyo
de
vivir
que
tenian
sus
yecinos,,
y
como
que
mostraban
disposiciones
de
quererlo
tomar
ellos
tambien.
|
Luego
que
los
misioneros
hubieron
sentado
y
1538.
360
ESPAÑOLES
CÉLETRES;
ordenado
su
pueblo,
les
pareció
que
debian
yolyer
4
Guatemala
á
dar
parte
del
progreso
que
tenia
su
predicación,
y
4
pedir
que
se
confirmase
la
esti-
pulacion
antes
hecha
de
que
nadie
entrase
en
el
pais
sin
su
permiso,
para
que
no
hubiese
estorbo
en
la
conversion
de
aquella
gente.
Habian
vuelto
de
Méjico
el
obispo
Marroquin,
que
habia
pasado
allá
4
consagrarse
,
y
el
adelantado
Alyarado,
go=
bernador
propietario
de
la
provincia,
ausente
en
toda
aquella
época;
y
por
esta
razon
el
Padre
Casas
trataría
de
que
se
confirmase
solemnemente
lo
con-
venido
antes
con
el
gobernador
Maldonado.
Acor-
-dó
tambien
que
les
acompañase
en
su
vuelta
el
cacique
Don
Juan,
para
que
viese
que
los
castella.
nos
no
eran
tan
malos
y
atroces
como
se
los
ha-
bían
pintado,
y
prometiéndole
todo
buen
agasajo
de
parte
del
gobernador
y
del
obispo.
Vino
el
ca-
cique,
y
se
apercibió
al
viaje
con
un
séquito
nu-
meroso
de
indios
que
le
acompañasen.
Los
Padres
moderaron
este
aparato
para
evitar
lances
desagra-
dables
que
siempre
ocasiona
la
muchedumbre,
y
mas
de
gente
4
medio
civilizar;
no
queriendo
des-
graciar
de
modo
alguno
la
especie
de
triunfo
con
que
iban
4
entrar
en
Guatemala.
Lo
era
en
efecto
traer
en
aquel
cacique
la
prenda
de
la
pacificación
del
pais,
debida
única-
mente
4
los
esfuerzos
de
la
predicación.
Aposentó-
se
con
sus
indios
en
el
convento
de
sus
amigos;
y
luego
que
se
supo
su
llegada,
le
fueron
4
yer
pri-
mero
el
obispo,
y
luego
el
adelantado,
A
uno
y
=>
A
A
A
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
361
otro
recibió
el
indio
con
una
compostura
y
Una
gravedad
que
inspiraba
aprecio
y
respeto:
su
mi-
rar
era
severo,
sus
palabras
lentas,
sus
respuestas
atinadas.
Tanto,
en
fin,
fué
lo
que
les
contentó,
que
el
gobernador,
no
teniendo
á
mano
otra
cosa
me-
jor
con
que
agasajarle,
se
quitó
el
sombrero
que
llevaba
de
seda
encarnada
con
un
penacho
de
plu-
mas,
y
se
le
puso
al
bárbaro
en
la
cabeza,
que
se
mostró
contento
y
agradecido
del
presente
que
re-
cibia.
Hicieron
todavía
mas
el
adelantado
y
el
obis-
po,
que
fué
sacarle
un
dia
entre
los
dos
á
que
vie-
se
la
ciudad
y
disfrutase
de
lo
bueno
que
habia
en
ella.
Ibarí
por
las
calles,
entraban
en
las
tiendas;
descogíanse
delante
de
é)
los
mejores
paños,
las
se-
das
mas
vistosas;
ostentábanse
las
alhajas
mas
ri-
cas,
teniendo
órden
del
obispo
los
mercaderes
que,
si
notaban
que
le
gustaba
algo
de
lo
que
veía,
se
lo
ofreciesen
y
rogasen
con
ello.
El
indio
no
perdió
su
gravedad
ni
por
un
momento
solo:
todo
lo
no=
taba,
pero
como
si
estuviese
familiarizado
con
ello,
y
tal
vez
diciendo
entre
sí
cuán
poco
tenia
él
que
hacer
de
aquellas
preciosidades.
Nada
quiso
recibir,
por
mas
que
le
instaron
á
yeces,
ofreciéndole
cosas
de
yalor
los
dos
personajes
que
le
acompañaban.
Fijó
los
ojos
al
parecer
con
aficion
en
una
imágen
de
la
Virgen:
advirtió
que
lo
notaba
el
obispo,
y
le
preguntó
qué
era
aquello:
explicóselo
el
prela=
do,
y
€l
contestó
que
lo
mismo
le
habian
dicho
los
Padres.
Descolgóse
la
imágen,
el
obispo
le
ros
gó
que
la
Jleyase
consigo;
el
cacique
holgó
de
ello,
362
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
recibióla
reyerentemente,
y
mandó
4
un
indio
principal
que
la
llevase
con
cuidado
y
con
respeto,
De
este
modo
honrado,
acariciado
y
regalado
él
y
sus
indios,
'se
volvió
4
su
pais
muy
satisfecho
de
los
españoles,
y
en
su
compañía
fueron
tambien
el
Padre
Casas
y
Fr.
Rodrigo
Ladrada,
que
se
pro-
ponian
continuar
la
conversion
de
aquella
tierra,
y
adelantar
sus
trabajos
y
misiones
hasta
el
pais
de
Coban.
Era
el
terreno
áspero
y
montuoso,
como
se
ha
indicado
arriba,
lleno
de
arroyadas
y'
pan=
tanos,
el
cielo
triste,
siempre
lloviendo,
y
los
na-=
turales
por
fama
montaraces
y
terribles.
Mas
tra-
tados,
no
eran
así,
y
se
vió
que
su
carácter
era
apacible,
y
que
llevados
por
bien
se
haría
de
ellos
lo
que
se
quisiese.
Notóse
tambien
que
su
supersti-
cion
no
era
tan
abominable
como
en
el
resto
de
las
Indias,
que
sus
leyes
y
su
gobierno
eran
mejor
concertados,
y
que
las
máximas
de
la
ley
natural
eran
mas
bien
seguidas
allí
y
obseryadas
que
en
parte
alguna.
Eran,
pues,
grandes
las
esperanzas
que
Casas
concibió
de
su
pacificacion
y
enseñanza;
pero
al
tiempo
que
mas
se
alimentaba
de
estas
ge-
nerosas
ideas,
tuyo
que
obedecer
á
la
voz
del
obis-
po
y
de
sus
compañeros
que
le
llamaron
4
Guate-
mala,
dejando
en
sus
principios
aquella
virtuosa
y
santa
empresa,
que
luego
fué
seguida
y
acabada
fo-
lizmente
por
sus
discípulos
y
succesores,
El
motivo
de
ser
llamado
Casas
4
Guatemala
era
el
encargo
que
se
le
queria
dar
de
venir
4
Es«
paña
4
buscar
misioneros
apostólicos
que
hacian
-
YR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
363
mucha
falta
en
aquella
diócesi
para
la
administras
cion
del
culto
y
-propagacion
del
Evangelio.
Habia
resuelto
el
obispo
llevarlos
á
su
costa,
y
quiso
que
el
Padre
Casas
se
encargase
de
esta
comision,
como
tan
práctico
en
los
viajes
de.
mar,
y
tan
experimen-
tado
en el
manejo
de
los
megocios
de
la
corte.
Él
aceptó
gustoso,
y
acompañado
del
Padre
Rodrigo
dé
Ladrada,
que
desde
aquella
época
.casi
siempre
estuvo
á
su
lado,
y
del
Padre
Cancer,
que
fué
tam=
bien
agregado
á
la
comision,
se
puso
en
camino
para
Méjico,
y
de
allí
para
España,
4
donde
llegó
felizmente
ya
entrado
el
año
de
1539.
dad
+
Cuando
el
Padre
Casas
estaba
en
la
corte,
se
puede
decir
que
estaba
en,
su.
clemento.
No.
por
ser
ella
el
asiento
de
las
delicias
y
de
los
place=
res,
cosa
tan
repugnante
á
la
santidad
de
su
ins-
tituto
y
4
la
rigorosa
austeridad
de
sus
costum-
bres;
ni
tampoco
porque
sea
el
centro
de
las
intri-
gas
y
la
proporcion
mas
favorable
para
medrar
y
adelantar,
igualmente
opuesta
al
desinteres
abso=-
luto
que
profesaba,
y
á
la
sencillez
y
franqueza
genial
de
su
carácter:
sino
porque
allí
era
donde
podia
dar
ensanche
con
un
fruto
mas
general
y
mas
grande
á
la
pasion
dominante
de
su
yida,
al
único
pensamiento
de
su
alma.
Clamar
incesante=
mente
á
favor
de
sus
indios,
instruir
4
la
corte.
y
4
sus
ministros
enJos
deberes
que
por
esta
razon
tenian
sobre
sí,
dirigirlos
en
lo
que
debian
hacer
por
el
largo
conocimiento
que
tenia
de
las
cosas
de
allá;
estár,
en
fin,
como
en
guarda
de
aquel
re-
1540,
364
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
baño
desvalido,
para
echarse
sobre
cualquiera
que:
quisiese
ultrajarle
ó
perjudicar
sus
derechos,
y
obligar
al
Gobierno
4
dar
providencias
generales:
que
les
fuesen
de
consuelo
y
de
provecho,
eran
los.
objetos
en
que
su
ánimo
se
empleaba
con
mas
gus-
to,
y
el
manejarlos
con
tanta
vehemencia
como
destreza,
tal
yez
su
talento
principal.
Para
nada
habia
nacido
el
Padre
Casas
como
para
lo
que
le
hizo
el
Cardenal
Cisneros,
para
protector
general
de
los
indios.
Los
efectos
de
este
anhelo
incesante
y
paternal
se
empezaron
á
sentir
desde
el
año
que
siguió
4
su
Megada
4
España,
con
las
diferentes
providencias
que
se
expidieron
por
el
Gobierno
á
fayor
de
los
indios.
Los
mas
atendidos
al
principio
fueron
los
de
Tuzulutlan.
Casas
no
se
contentó
con
que
se
confirmasen
por
la
autoridad
suprema
las
condi-
ciones
estipuladas
con
Maldonado
sobre
entrar
6
no
españoles
en
aquel
territorio,
sino
que
hizo
que
se
escribiesen
cartas
4
nombre
del
Rey
4
los
caci-
ques
que
habian
ayudado
á
los
misioneros
para
la
pacificacion
de
aquella
gente,
dándoles
gracias
por
ello
y
exbortándolos
4
continuar;
que
se
mandase
que-no
se
impidiese
á
estos
indios
principales
acom-
pañar
á
los
Padres
en
sus
viajes
y
expediciones;
que
se
diese
órden
para
que
de
cualquiera
otra
parte
se
pudiesen
Meyar
indios
allá,
que,
enseñados
en
las
artes
mecánicas,
pudiesen
adiestrar
4
aque-
Mos
naturales
en
ellas,
Ó,
bien
peritos
en
el
arte
de
tañer
instrumentos,
pudiesen
contribuir
4
au-
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
365
mentar
la
solemnidad
de
los
oficios
divinos,
6
4
inspirar
regocijo
y
mayor
dulzura
en
las
costum=
bres
de
los
naturales
del
pais.
Por
último,
para
que
no
se
eludiesen
estas
disposiciones
en:
el
modo
que
tenian
de
costumbre
aquellos
gobernadores,
se
“mandó:
por
otra
cédula
que
fuesen
cumplidas
sin
remisión,
y
castigados
severamente
los
que
las
con-
tradijesen.
-
No
se
descuidaba
entre
tanto
en
llenar
el
ob-=
jeto
principal
de
su
yiaje.
Los
misioneros
Francis-
canos
y
Dominicos
que
habian
de
llevarse
4
Gua-
temala'
para
ayudar
al
obispo
en
la
administracion
del
pasto
espiritual,
estaban
ya
apalabrados
y
pre-
>
venidos
para
emprender
su
navegacion
Cn
el
año
de
¿1.
Disponíase
tambien
el
Padre
Casas
4
mar-
char
con
ellos,
cuando
recibió
órden
del
Cardenal
Loaysa,
Presidente
del
Consejo
de
Indias,
en
que
Je
mandaba
que
detuviese
su
viaje,
por
ser
nece-
-sarias
sus
luces
y
su
asistencia
en
el
despacho
de
ciertos
negocios
graves
que
pendian
entonces
en
el
Consejo.
Casas,
pues,
dividió
su
expedicion,
y
que-
dándose
él
para
ir
despues
en
compañía
de
los
Do-
'minicos,
envió
delante
4
los
Franciscos
,
y
despa=
-chó
al
mismo
tiempo
al
Padre
Cancer
para
que
Jéeváse
las
cédulas
respectivas
4
Tuzulutlan,
con
-£l
fin
de
evitar
los
pegue
Ja
wet.
nel
ci
dl
as
y
iy
Y
pu
Es
expedicion
de
fre
e
hizo
nord
coifa
de
Cada
uno
de
los
Franciscanos
le
tuyo
de
costa
Sevilla
4
Mu
setenta
ducados,
segun
las
cuentas
de
su
apoderado
Juan
Galvano,
residente
en
366
+
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
;
"Ningún
negocio
hubo
entonces
ni
mas
grave
por
su
importancia
,'ni
mas
célebre
por
sus'con=
“secuencias
que
la
expedicion
de
las
Ordenanzas,
que
son
conocidas
en
la
historia
de
las
Indias
con
el
dictado
de
Zas
nuevas
leyes.
Era
pasado
aquel
tiempó
en
que
la
direccion
suprema
de
los
nego-
cios
del
Nuevo
Mundo
fluctuaba
desgraciadamente
entre
las
buenas
disposiciones
que
la
corte
bien
aconsejada
tomaba
á
veces,
y
el
espíritu
de
rapa-
cidad
y
codicia
que
las
mas
preyalecia,
Resentíase
todo
de
la
preponderancia
que
ejercián
sobre
aque-
Mas
cosas
la
audacia
de
un
insolente
rentista,
y
el
egoismo
de
un
eclesiástico
tan
interesado
comio
incapaz.
No
existia
ya
aquel
Consejo
que,
entrando
descaradamente
á
la
parte
de
las
granjerías
de
allá,
no
conocía
otro
interes
que
el
de
los
opresores
del
pais,
y.
se
mofaba
de
toda
idea
humana
y
conser-
vadora
como
de
una
¡ilusion
fantástica,
Ó
la
con-
tradecia
como
una
innovacion
perjudicial.
Ya
Cár-
los
Y
comenzaba
á
conocer
«la
importancia:
del
nuevo
imperio
que
la
fortuna
había
puesto
en
sus
manos.
A
la
muerte
del
obispo
de
Burgos
puso
de
Presidente
en
el
Consejo
4
su
confesor
Loaysa,
el
cual
llamó
poderosamente
hácia
este
objeto
la
aten-
cion
del
Monarca,
ya
mias
accesible
con
la
edad'
4
las
sugestiones
de
responsabilidad
y
de
conciencia.
Y
no
hay
duda
que
la
constituía
en
un
gravísimo
Sóvilla.
Es
de
notar
que
este
envío
se
hizo
con
tanta
abun-
dancia
de
matalotaje,
libros
y
vestidos,
como
el
Rey
195
solia
proveer
en
semejantes
ocasiones.
SU
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
373
administrase
justicia
en
las
provincias
de
Guate-
mala
,
Nicaragua
,
Honduras
y
Yucatan;
y
que
es-
tando
situada
en
los
términos
confinantes
de
unas
y
Otras,
se
llamó
por
esta
razon
/a
Audiencia
de
los
Confines.
Por
recomendacion
tambien
del
Pa-
dre
Casas
se
habia
nombrado
Presidente
de
este
tribunal
4
aquel
Maldonado,
que
habia
concur=
rido
4
la
empresa
de
pacificar,
por
medio
de
la
predicacion,
las
provincias
de
Tuzulutlan.
Mas
la
enorme
distancia
de
mas
de
cuatrocientas
le-
guas
que
habia
entre
esta
Audienca
y
la
de
Méji-
co,
hacía
temer
que
en
las
extremidades
de
una
y
otra
la-justicia
tuyiese
poco
vigor,
y
continuasen
los
excesos
que
se
trataba
de
remediar.
Y
como
es-
tas
extremidades
estaban
comprendidas
en
el
dis-
trito
asignado
á
la
diócesis
de
Chiapa,
el
Gobierno
juzgaba
con
harto
fundamento
que
conyenia
poner
allí
un
obispo,
que
reuniese
en
su.
persona
las
yir-
tudes
de
celo,
entereza
y
rectitud
con
la
sabiduría
y
experiencia
acomodadas
á
salyar
aquellos
incon-
yenientes.
"
Ninguno,
pues,
mas
á
propósito
que
Fr,
Bar-
tolomé
de
las
Casas;
y
el
sacerdote
mas
virtuoso,
mas
sábio
y
mas
benemérito
de
todo
el
Nuevo
Mando,
el
venerable
y
antiguo
protector
de
los
indios,
el
que
con
tanto
ahinco,
con
tanta
doc-
trina
y
con
tanta
constancia
habia
procurado
en
"
favor
de
ellos
las
benéficas
leyes
de
que
se
trata-
ba,
era
quien
mejor
procuraría
su
observancia,
ayudado
de
los
medios
y
de
la
autoridad
que
su
374
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
nueya
dignidad
le
proporcionaba.
No
le
fué
p0si=
ble,
pues,
sostenerse
en
su
repugnancia:
su
reli-
gion
se
lo
ponia
por
conciencia,
el
Gobierno
por
obligacion,
y
el
interés
mismo
de
los
indios
como
que
imperiosamente
se
lo
mandaba.
Él
cedió
en
fin,
y
quizá
en
los
motivos
de
rendirse
no
ayudó
poco
el
gusto
de
volver
cerca
de
aquel
pais
que
él
habia
empezado
4
convertir
y
á
civilizar
con
sus
palabras
solas
y
con
su
ejemplo,
cuyos
nueyos
con-
vertidos
iban
á
ser
ovejas
suyas;
y
de
ir
seguido
y
acompañado
de
los
religiosos
de
su
Órden,
que
podian
ayudarle
tanto
en
la
administracion
del
Evangelio
en
aquellas
tierras
remotas.
Su
posicion
puede
decirse
que
era
la
misma;
y
el
báculo
pas-
toral
que
entonces
tenia
en
su
mano,
no
era
mas
que
una
arma
mas
fuerte
y
poderosa
para
defender
sus
protegidos.
Aceptada
la
mitra,
su
primer
cuidado
fué
pre-
sentarse
en
el
capítulo
que
4
la
sazon
celebraba
su
Órden
en
Toledo,
para
pedir
allí
que
se
le
diese
el
número
suficiente
de
religiosos
que
predicasen
y
administrasen
el
pasto
espiritual
en
las
provincias
de
Guatemala
y
Chiapa;
y
habiendo
logrado
cuan=
to
hubo
menester,
el
resto
del
año
fué
empleado
en
pedir
y
aguardar
sus
bulas
de
Roma,
y
en
dar
las
disposiciones
para
que
los
frailes
que
habian
de
acompañarle,
renniéndose
en
Valladolid
y
Sala-
manca
,
viniesen
desde
aquellos
puntos
4
Sevilla.
En
esta
ciudad
se
consagró
solemnemente
en
el
domingo
de
Pasion
de
la
cuaresma
del
año
siguien»
O
ao
o
TR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
375
tede
cuarenta
y
cuatro;
y
á
diez
de
julio
del
mis-
y54%.
mo,
acompañado
de
sus
misioneros,
dió
la
vela
en
Sanlucar
en
los
navíos
de
la
flota
que
salió
enton-
ces
para
Indias.
La
navegacion
hasta
Santo
Domingo
fué
feliz*;
pero
no
bien
hubo
el
obispo
puesto
los
pies
en
el
Nuevo
Mundo,
cuando
empezó
á
recoger
otra
vez
la
amarga
cosecha
de
desaires
y
aborrecimiento
que
las
pasiones
interesadas
abrigan
siempre
contra
el
que
las
acusa
y
las
refrena.
Ya
habian
llegado
allá
las
nuevas
leyes,
y
con
ellas
la
fama
de
que
su
prin-
cipal
promoyedor
habia
sido
el
nuevo
prelado
de
Chiapa.
No
lo
extrañaron,
porque
ya
le
conocian:
mas
no
por
eso
fué
menos
el
encono
y
aversion
que
le
juraron.
Nadie
le
dió
la
bienvenida
,
nadie
le
hizo
una
visita,
y
todos
le
maldecian
como
4
causador
de
su
ruina.
La
aversion
llegó
4
tanto,
que
hasta
las
limosnas
ordinarias
faltaron
al
con-
yento
de
Dominicos
,
solo
porque
él
estaba
aposen=
tado
allí.
Otro
que
él
se
hubiera
intimidado
con
estas
demostraciones
rencorosas:
mas
Casas,
despre-
ciando
toda
consideracion
y
respeto
humano,
noti-
ficó
4
la
Audiencia
las
provisiones
que
llevaba
para
la
libertad
de
los
indios,
y
la
requirió
para
que
diese
por
libres
todos
los
que
en
los
términos
de
su
jurisdiccion
estuviesen
hechos
esclavos,
de
cual-
quiera
modo
y
manera
que
fuese.
Fué
esto
añadir
leña
al
fuego,
especialmente
entre
los
oidores,
mas
J
Llegaron
en
y
de
setiembre.
376
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
interesados
que
nadie
en
eludir
las
nueyas
leyes,
porque
eran
los
que
mas
provecho
sacaban
de
la
esclavitud
de
los
indios,
Y
de
hecho
las
eludieron,
porque,
á
pesar
de
la
inclinacion
de
su
presidente
Cerrato
á
favorecer
las
gestiones
del
obispo,
los
demas,
resistiendo,
replicando,
y
admitiendo
las
apelaciones
que
de
aquellas
providencias
interpo-
nian
los
vecinos
de
la
isla,
dieron
lugar
á
que
se
nombrasen
procuradores
por
la
ciudad
para
pedir
á
la
corte
su
revocacion,
y
de
este
modo
se
excu-
saron
de
cumplirlas
por
entonces.
Deseoso
de
dejar
una
mansion,
ya
tan
des-
agradable
para
él
y
para
sus
compañeros,
el
obispo
fletó
una
naye
y
se
embarcó
con
ellos,
con
direc-
cion
4
Yucatan,
donde
pensaba
tomar
su
derrota
:
á4
Chiapa
por
el
rio
de
Tabasco.
Dieron
la
yela
4
O
fines
de
aquel
año
de
1544,
y
despues
de
haber
pa-
"sado
en
la
travesía
dos
recios
temporales
,
haciendo
á
yeces
el
prelado
de
piloto
por
la
poca
pericia
del
que
dirigía
el
navío,
arribaron
salyos
4
Campeche
en
seis
de
enero
siguiente.
Hallóse
allí
con
los
mis-
mos
desabrimientos
que
en
Santo
Domingo,
6,
por
mejor
decir,
él
mismo
los
hizo
nacer.
Porque,
em-
pezando
4
reprobar
el
modo
de
vivir
de
los
espa-
ñoles
que
allí
habia,
y
4
amonestarles
sobre
la
ne-
cesidad
de
que
diesen
libertad
á
los
esclayos,
y
á
conminarles
con
las
nuevas
provisiones,
el
buen
recibimiento
que
le
hicieron
se
conyirtió
al
ins-
tante
en
odiosidad
y
en
repugnancia;
se
negaron
á
prestarle
la
obediencia
como
obispo,
no
le
acudie-
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
397
ron
con
los
diezmos,
y
le
pusieron
por
este
medio
en
el
mayor
apuro
para
cumplir
con
el
flete
de
la
naye
y
demas
obligaciones
que
cargaban
sobre
él.
A
este
disgusto
se
añadió
otra
pesadumbre
ma=
yor.
Trataban
ya
de
partir
de
Campeche
para
Ta-
basco,
prefiriendo
el
camino
por
mar,
mas
facil
y
pronto
que
el
de
tierra
,
cuando
les
llegó
la
nóti-
cia
de
haber
naufragado
una
barca,
que
habian
en-
viado
delante,
con
parte
de
su
equipaje
y
algunos
de
los
misioneros.
Ahogáronse
nueve
religiosos
y
otros
veinte
y
tres
españoles,
y
toda
la
carga
se
per-
dió.
Llenáronse
los
demas
de
terror,
y
con
lástima
y
miedo
se
estremecian
y
lloraban
la
suerte
de
sus
'
compañeros,
rehusando
entrar
en
otra
barca
que
ya
estaba
cargada
y
dispuesta
para
recibirlos.
El
obis-
po,
mas
hecho
á
estas
desgracias,
despues
de
ha-
ber
llorado
con
ellos,
los
animaba
y
consolaba
ma-
nifestándoles
que
aquella
catástrofe
no
podia
me-
nos
de
ser
efecto
de
descuido
ó
poca
maña
en
los
que
iban;
y
con
efecto
era
así,
pues
si
hubieran
aligera-
do
la
barca
de
la
cal
y
demas
carga
que
lleyaba,
es
probable
que
no
hubiesen
perecido.
Asegurábales
el
viaje
con
la
barca
nueva,
marineros
diestros,
vien
to
fívorable
y
mar
tranquilo.
Él
se
entró
en
ella
primero
y
despues
los
religiosos,
que
enlutados,
mudos
y
llenos
de
espanto
y
de
dolor,
mi
se
ha-
blaban,
ni
se
miraban,
Así
pasaron
la
noche,
así
el
dia
siguiente,
sin
que
el
buen
viento
con
que
navegaban
,
mi
el
ningun
peligro
que
corrian
les
distrajese
de
sus
pensamientos
melancólicos
,
ni
los
378
ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
alentase
4
probar
un
bocado,
4
beber
un
yaso
de
agua.
Este
abatimiento
y
silencio
prorumpió
des-
pues
en
sollozos,
cuando
cerca
de
la
isla
de
Tér=
minos
los
marineros
les
señalaron
el
sitio
en
que
habia
sido
el
naufragio.
Levantáronse
entonces,
y
rezando
un
sufragio
por
las
almas
de
sus
compañe-
ros
ahogados,
les
dieron
un
yale
eterno,
y
volvié-
ronse
á
sumergir
en
su
negra
melancolía.
El
obis-
po
no
les
permitió
continuar
en
este
abandono:
mandó
sacar
de
comer,
trinchó
él
mismo
los
man-
jares,
repartiólos
entre
ellos,
y
para
darles
ejemplo
empezó
á
comer
con
muestras
de
apetito
y
entere-
za.
Al
dia
siguiente
se
entraron
por
una
de
las
bo-
cas
de
la
isla,
donde,
para
renovar
su
dolor,
halla-
ron
arrojadas
la
barca
de
la
desgracia
y
algunas
de
las
cajas
del
cargamento
que
en
ella
iba.
Busca-
ron
con
cuidado,
despues
de
saltar
en
tierra,
alguno
de
los
cuerpos,
si
acaso
el
mar
los
habia
arrojado
tambien
á
la
playa,
para
darle
sepultura.
Ninguno
hallaron,
y
hubieron
de
contentarse
con
el
solemne
oficio
de
difuntos
que
celebraron
por
ellos
en
el
al-
tar,
que
de
pronto
á
campo
abierto
dispusieron.
Aquí
se
dividió
la
compañía
:
los
misioneros
se
quedaron
en
la
isla
para
aguardar
á
un
religioso
que
se
habia
escapado
del
naufragio,
y
4
otros
es-
pañoles
,
y
despues
seguir
su
viaje
4
Tabasco
por
tierra;
y
el
obispo
con
su
comitiva
prosiguió
su
der-
rota
por
mar,
llegó
4
Tabasco
,
y
desde
allí
á
Ciu-
Febrero
dad-Real
de
Chiapa,
capital
de
su
obispado,
obse-
de
1545-
guiado,
servido
y
festejado
en
el
camino
con
todas
FR.
PARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
379
las
demostraciones
del
mayor
afécto
y
reverencia,
Del
mismo
modo
fué
recibido
en
Ciudad-Real.
Sus
vecinos
se
esmeraron
á
porfía
en
manifestar
con
la
muchedumbre
de
sus
obsequios
,
regalos
y
festejos,
la
satisfaccion
que
les
cabia
con
la
presen-
cia
de
su
prelado,
Recibíala
él
tambien
muy
gran-
de
con
aquellas
demostraciones,
y
así
se
lo
conta=
ba
4
los
misioneros
que
llegaron
pocos
dias
des-
pues,
manifestándoles
las
esperanzas
que
concebia
al
ver
su
docilidad
en
avenirse
4
la
conciliacion
que
habia
propuesto
á
los
principales
en
algunas
diferencias
que
tenian
con
el
dean
de
la
iglesia
Don
Gil
Quintana.
Deducía
él
de
aquí
que
tambien
al-
canzaría
de
ellos
que
renunciasen
al
tráfico
de
es-
clayos,
y
diesen
libertad
4
los
que
tenian;
y
por
el
contrario
ellos,
á
pesarde
la
fama
odiosa
que
le
precedia,
y
de
las
cartas
que
recibian
dándoles
el
pésame
de
semejante
prelado,
é
irritándolos
con=
tra
él
*,
esperaban
que
se
ablandase
con
las
dá-
divas
y
regalos,
como
á
tantos
otros
sucedia
en
aquellos
paises,
y
dejase
de
proceder
con
el
rigor
que
se
recelaba.
Mas
esta
buena
armonía
solo
podia
durar
lo
que
tardasen
en
desyanecerse
las
esperanzas
conce»
bidas
de
una
parte
y
de
otra
con
tan
poco
funda-
mento,
El
obispo,
4
pesar
de
sus
años
y
de
sus
es-
-
1
En
una
de
ellas
habia
estas
palabras:
Decimos
por
acd
,
que
muy
grandes
deben
de
ser
los
pecados
de
esa
tierra,
cuando
la
castiga
Dios
con
un
azote
tan
grande
como
enviar
á
ese
antecristo
por
obispo.
Remesal:
libro
7,o
capítulo
16.
380
ESPAÑOLES
CÉLEBRES,
tudios,
conocia
bien
mal
los
hombres,
si
creía
que
tan
facilmente
habian
de
renunciar
sus
diocesanos
á
un
negocio
en
que
estaban
cifrados
su
opulencia
y
su
interes;
y
ellos
ignoraban
todavía
mas
el
tem-
ple
enérgico
y
fuerte
de
aquel
hombre,
incapaz
de
transigir
de
modo
alguno
con
una
cosa
tan
abomi-
nable
á
sus
ojos.
Así
es
que,
luego
que
vió
que
ni
sus
consejos
y
amonestaciones
privadas,
ni
sus
predicaciones
públicas
producian
enmienda
alguna,
se
armó
se-
veramente
de
la
potestad
espiritual
que
le
asistia,
y
privó
de
los
Sacramentos
á
cuantos
no
renuncia
sen
á
aquel
tráfico
detestable
1,
Estremeciéronse
todos
de
esta
medida
no
usada,
y
como
si
fuera
un
negocio
de
gracia,
quisieron
mitigarle
con
em-
peños,
y
le
enviaron
por
mediadores
al
dean
y
4
1
El
modo
que
tuyo
para
hacer
esto
fué
suspender
á
todos
los
confesores
de
la
ciudad
,
exceptuando
el
dean
y
un
canónigo
de
la
iglesia,
á
los
cuales
les
dió
un
memo-
rial
de
casos
que
reservaba
para
sí,
casi
todos
reducidos
á
actos
de
injusticia
contra
el
prójimo.
La
providencia
era
tan
severa
como
extraordinaria;
pero
el
siguiente
pasaje
de
Remesal
da
á
entender
bien
los
motivos,
6
por
lo
menos
la
Ocasion,
“A
escondidas
de
sus
amos
se
le
entraba
la
indezuela
en
casa
toda
bañada
en
lágrimas
,
y
asida
á
sus
pies
le
decia:
Padre
mio
y
gran
señor
,
yo
soy
libre,
E
77
no
tengo
hierro
en
la
cara,
y
miamo
me
tiene
vendida
por
esclava:
defiéndeme,
que
eres
mi
padre;
y
añadia
á
estas
Olras
razo-
nes
de
gran
ternura,
que
las
mujeres
indias
son
muy
sen=
tidas
y
significan
con
extremo
su
dolor.
Los
hombres
acu-
dian
mas
4
menudo,
porque
era
mas
ordinaria
su
desgracia,
y
los
unos
y
los
otros
continuaban
la
compasion
del
piado-
so
pastor,
y
le
encendian
en
fervorosos
deseos
de
poner
remedio
en
tantos
males.”
Riemesal:
libro
6.o,
capitulo
2-2
FR.
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
381
los
Padres
Mercenarios.
Nada
consiguieron
por
este
medio,
y
pasaron
á
requerirle
con
la
bula
del
Papa
sobre
las
Indias,
á
lo
cual
respondia
él
que
en
la
bula
no
habia
nada
de
guerra,
ni
de
facul-
tad
para
hacer
esclavos;
y
sobre
todo
que
el
Papa
no
le
podia
mandar
que
diese
los
sacramentos
á
los
que
no
solo
no
tenian
propósito
de
enmendarse
del
pecado,
pero
que
ni
dejaban
de
pecar.
Volviéronle
á
requerir
formalmente
por
ante
escribano
para
que
diese
licencia
de
absolyerlos,
amenazándole
que
de
lo
contrario,
se
quejarian
de
él
al
Arzobispo
de
Méjico,
al
Papa,
al
Rey
y
4
su
Consejo,
como
de
un
hombre
alborotador
de
la
tierra,
inquietador
de
los
cristianos
y
su
enemigo,
y
favorecedor
y
am-
parador
de
unos
indios
feroces.
¿Oh
ciegos!
respondió
él,
y
como
os
tíene
engañado
Satanás.
¿Qué
me
amenazalis
con
el
Arzobispo,
con
el
Papa
y
con
el
Rey?
Sabed
que,
aunque
por
la
ley
de
Dios
estoy
obligado
á
hacer
lo
que
hago,
y
vosotros
á
hacer
lo
que
os
digo,
tambien
os
fuerzan
á
ello
las
le-
yes
justísimas
de
vuestro
Rey,
ya
que
os
preciais
de
ser
tan
fieles
vasallos
suyos.
Entonces
sacó
las
nuevas
leyes,
y
leyéndoles
las
que
trataban
de
la
libertad
de
los
esclayos;
wed,
les
dijo,
sí
yo
soy
quien
se
puede
quejar
mejor
de
lo
mal
que
obede-
ceis
á
vuestro
Rey.—De
esas
leyes
tenemos
ya
ape-
lado,
dijo
uno,
y
no
nos
obligan
mientras
no
ven-
ga
sobrecarta
del
Consejo.
—
Eso
fuera
bien,
re-
plicó
el
obispo,
sí
no
tuvieran
embebida
en
sí
la
ley
de
Dios,
y
un
acto
de
justicia
tan
grave
como
la
382
"ESPAÑOLES
CÉLEBRES.
libertad
de
un
inocente
tan
injustamente
opreso
y
cautivo,
como
lo
estan
todos
los
indios
que
se
com-
pran
y
venden
públicamente
en
esta
ciudad.
Dióse
fin
con
esto
4
la
altercacion,
que
fué
se=
guida
de
allí
4
pocos
dias
de
otra
escena
mas
es-
candalosa.
El
dean,
faltando
4
la
confianza
de
su
prelado,
y
contraviniendo
á
sus
órdenes
expresas,
habia
empezado
4
absolver
y
4
hacer
partícipes
de
los
Sacramentos
á
muchos
que
notoriamente
rete
nian
sus
indios
esclayos
y
traficaban
con
ellos,
Qui=
so
el
obispo
reconvenirle
fraternalmente
en
su
casa,
y
con
este
fin
le
convidó
4
comer
el
tercero
dia
de
Pascua.
Aceptó
el
dean,
pero
no
asistió.
Despues
de
mesa
se
le
envió
á
llamar,
y
él
se
excusó
con
estar
indispuesto,
y
se
metió
en
cama.
Nueyo
re-
cado,
nueya
repulsa;
viniendo
á
parar
esta
alter-
nativa,
de
parte
del
superior
en
amenaza
primero,
despues
en
censura,
y
al
fin
en
mandamiento
de
prision.
Fuéle
forzoso
al
dean
seguir
al
alguacil
y
clé-
rigos
que
fueron
á
prenderle;
y
hallando
la
calle
Mena
ya
de
gente
que
habia
acudido
á
la
novedad,
empezó
4
decir
4
yoces
que
le
ayudasen,
y
que
él
los
confesaria
á
todos
y
los
absolvería.
Un
alcalde,
en
vez
de
sosegar
el
tumulto,
lo
inflamó
con
las
im-
prudentes
voces
de
¡
favor
al
Rey
y
á
la
justicia!
acudió
todo
el
pueblo
en
armas,
y
mientras
los
unos
sacaban
al
dean
de
las
manos
de
los
clérigos
,
los
Otros
acudieron
4
tomar
la
puerta
de
los
frailes
Dominicos,
para
que
no
saliesen
del
conyento,
Y
474
lates
é
finezas
es
el
oro
que
tienen,
é
cuanto
podrán
sa=
car
dellas
un
hombre
cada
dia,
é
que
es
el
oro
é
mues-
tra
de
cada
rio,
con
toda
la
relacion
que
dicho
es,
la
enviareis
cierta
é
verdadera,
sin
incubrir
cosa
alguna
don-
de
quiera
que
yo
estoviere,
lo
mas
brevemente
que pu-
diéredes
á
los
nuestros
ofi-
ciales
que
residen
en
la
ciu-
dad
de
Sevilla,
en
la
casa
de
la
contratacion
de
las
In-
dias
como
está
mandado,
asi
como
se
fueren
haciendo,
descubriendo
é
allanando,
é
efectuando
todo
lo
que
ar-
riba
es
dicho
sucesivamen-
te;
éasimesmo
enviareis
las
rentas
que
por
entonces
ho-
biéremos
de
haber
conforme
al
capitulo
antes
de
este,
sin
que
en
ello
haya
falta
al-
guna.
-
Otrosí,
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
é
los
que
con
vos
fueren
,
tratareis
bien
é
beninamente
é
con
raansedumbre
á
todos
los
in-
dios
de
la
dicha
tierra,
é
que
no
les
hareis
mal
ni
daño
ni
desaguisado
alguno
en
sus
personas
ó
bienes,
ni
les
to-
mareis
ni
consentireis
tomar
sus
mantenimientos
é
cosas
que
tovieren,
é
proveereis
en
cuanto
á
vos
sea
posible
de
los
traer
en
conocimiento
é
lumbre
de
nuestra
$San-
ta
fee
católica,
é
á
que
estén
domésticos
é
traten
é
conversen
con
cristianos
,
é
4
todo
lo
otro
que
conven-
APÉNDICES
Á
LA
VIDA
ga
para
la
salvacion
de
sus
ánimas
é
para
nuestro
ser=
vicio,
é
para
que
la
dicha
tierra
se
pueble
é
ennoblez-
ca,
é
esten
en
nuestra
sub=
jecion
é
obidiencia
como
conviene
,
sin
que
para
lo
susodicho
ni
para
cosa
algu=
na
dello,
nos
seamos
obli-
gados
á
poner
ni
pongamos
al
presente
costa
ni
gastos
ni
otra
cosa
alguna.
Todo
lo.cual
que
de
suso
se
contiene,
vos
el
dicho
Bar-
tolomé
de
las
Casas
vos
ofrecistes
é
proferistes
á
ha=
cer
é
cumplir
é
efetuar
co-
mo
de
suso
se
contiene,
porque
nos
háyamos
de
ha-
cer
é
cumplir
con
vos
las
cosas
que
adelante
se
dirán
en
esta
guisa.
Primeramente,
que
se
vos
den
las
cédulas
é
provisio-
nes
que
fueren
menester
pa-
ra
que
cincuenta
hombres
de
los
que
agora
están
en
la
Isla
Española,
San
Juan,
é
Cuba
¿o
Jamaica,
que
sean
naturales
de
estos
nuestros
reinos
de
Castilla
é
de
Leon
é
Granada,
etc.
cuales
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
escogiéredes
é
nom-
bráredes
,
queriendo
ellos
de
su
voluntad,
se
les
dé
li-
cencia
para
que
puedan
ir
é
vayan
con
vos
para
todo
lo
susodicho
,
á
vuestra
cos»
ta
é
mision,
sin
que
nos
sea-
mos
obligados
á
les
pagar
cosa
alguna.
Otrosi
,
que
nos
enviemos
á
suplicar-4
muestro
Santo
DE
FRAY
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
Padre
que
conceda
un
bre-
ve
para
que
doce
religiosos
de
la
órden
de
San
Francis-
co
é
Santo
Domingo
de
los
en
estos
nuestros
Er
e
los
que
agora
están
en
las
dichas
Islas,
cuales
vos
el
dicho
Bartolo-
mé
de
las
Casas
nombráre=
des,
queriendo
ellos
ó
ha-
biéndolo
por
bueno,
seyen-
do
naturales
de
nuestros
reinos
de
Castilla
de
cual-
quier
parte
de
ellos,
é
no
en
otra
manera,
puedan
ir
é
á
la
dicha
Tierra
Fir=
me
á
predicar
éindustriar
en
la
fe
los
dichos
indios
é
los
traer
á
ella,
é
animar
é
an-
dar
con
vos
el
dicho
Barto=
Jomé
de
las
Casas,
é
con
los
dichos
cincuenta
hombres,
é
hacer
las
otras
cosas
nece=
sarias,
é
que
ninguno
de
sus
Perlados
é
mayorales
no
pue+
dan
impedir
en
la
dicha
ida
queriendo
ellos
ir
como
di-
eho
es:
é
que
asimismo
há=
yamos
de
suplicar
á
nuestro
Santo
Padre
que
con-
po
indulgencias
plenarias
é
remision
de
todos
sus
pe-
cados
á
los
«que
murieren
yendo
al
dicho
viage,
é
es-
tando
entendiendo
en
lo
su=
sodicho
,
muriendo
contritos
é
satisfechos,
é
que
sobre
ello
escribamos
á
nuestro
em-
bajador
que
está
en
corte
de
Roma
para
Otrosí,
que
de
los
indios
ue
agora
hay
en
las
dichas
as
españolas
Cuba,
San
pareciere
475
Juan
é
Jamaica
,
vos
el
di=
cho
Bartolomé
de
las
Casas
is
tomar
é
escoger
diez
indios
de
los
que:
4
vos
os
ue
son
mas
dies=
tros
é-ladinos
é
que
mas
conviene,
para
que,
querien-
do
ellos
de
su:
voluntad
,
los
podais
llevar
é-lleveis
4
la
dicha
Tierra
Firme,
para
que
anden
con
yos
para
hablar
é
comunicar
con
los
otros
in=-
dios
,
é
bacer
las
cosas
nece-
sarias
para
la
pacificacion
de
la
dicha
Tierra
Firme,
é
que
estos
dichos
indios
los
podais
tener
é
traer
con
vos,
pal
tiempo
é
término
de
+
diez
años
é
no
mas,
dándoles
de
comer
é
beber
é
vestir
é
calzar
6
las
otras
cosas
ne=
cesarias,
é
tratándoles
bien:
é
que
pasados
los
dichos
diez
años
seais
obligado
4
los
tor2
nar
4:
las
dichas
Islas
si
fue=
ren
vivos:
é
porque
podria
ser
que
algunas
+
nan
ma
liciosamente
¡Midujiesen
é
atrajiesen
á:
los
di
in-
dios,
ó
4
algunos
dellos
que
dijiesen
que
no
querian
ir
con
vos
á
pa
dicha
Tierra
Firme
,
que
las
justicias
de
las
dichas
Islas,
cuando
algu-
no
de
los
dichos
indios
no
isiesen
ir,
los
interroguen
sepan
dellos
si
sus
el
e
inducido
ó
atraido
que
no
vayan
4
la
dicha
Tierra
Fir=
me,
Ó
causa
dejan”
pre
md
Oi
eso
ea
irá
la
dicha
Tierra
irme
,
é
que
son
inducidos
476
á
lo
contrario
,
hagan
que
vayan
libremente
sin
que
en
ello
les
sea
puesto
im-
pedimento
alguno
,
é
que
para
ello
se
den
las
cartas
é
provisiones
que
menester
fueren.
Otrosí,
acatando
el
servi-
cio
que
en
esto
vos
ofreceis
á
nos
facer
,
é
esperamos
que
hareis
vos
é
los
dichos
cincuenta
hombres
,
é
los
gastos
é
trabajos
que
en
ello
se
vos
ofrecen,
é
por
vos
hacer
merced
,
quiero
é
es
mi
merced
évoluntad
,
que
toda
la
dicha
renta
que
nos
como
dicho
es
toviéremos
en
la
dicha
tierra
dentro
de
los
dichos
limites
por
vues-
tra
industria,
hayais
é
lleveis
vos
é
los
dichos
cincuenta
hombres
el
dozavo
de
todo
ello
para
vos
é
los
dichos
cincuenta
hombres,
desde
que
comenzáremos
á
gozar
€
levar
la
dicha
renta.
El
cual
digho
dozavo
que
asi
vos
Bartolomé
de
las
Ca-
sas
é
los
dichos
cincuenta
hombres
habeis
de
«haber,
conforme
al
capitulo
de
su-
so
contenido
,
queremos
é
nos
place
que
cumpliendo
é
efectuándose
por
vuestra
parte
lo
contenido
en
los
dichos
capitulos,
hayais.
é
lleveis
é
goceis
vos
é
los
di
chos
cincuenta
hombres
que
con
vos
fueren,
por
todos
los
dias
de
vuestra
vida
é
suya
,
é
por
fin
é
muerte
vuestra
é
de
cuatro
here-
vuestros
é
suyos
sub-
APÉNDICES
Á
LA
VIDA
cesivamente
,
el
uno
en
po3
de
otro
,
cual
vos
é
cada
uno
de
los
dichos
cincuenta
hom-
bres,
é
despues:
dellos
el
heredero
en
quien
subcedie-
re
el
dicho
derecho
esco-
giéredes
é
nombráredes
en
vida
ó
al
tiempo
de
la
muer-
te
por
vuestro
testamento
é
eobdicilo
é
postrimera
vo-
luntad
é
por
escritura
que
haga
fe:
de
manera
que
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas,
é
cada
uno
de
los
dichos
cincuenta
hombres
en
vuestra
vida
ó
al
tiempo
de
rd
muerte
cuando
uisiéredes
podades
nom»
pe
un
heredero
que
sub»
ceda
en
el
dicho
derecho,
é
el
dicho
primero
herede-
ro
pueda»
nombrar
otro
se-
gundo
heredero
,
é
el
dicho
segundo
heredero
pueda
nombrar
é
nombre
otro
ter-
cero
heredero,
é
el
dicho
tercero
heredero
pueda
nom-
brar
é
nombre
el
cuarto
he-
redero
todos
ellos
subcesi-
vamente
por
la
forma
su-»
sodicha
,
é
que
por
fin
é
muerte
del
cuarto
heredero
se
consuma
lo
que
le
per-
tenesciere
de
la
dicha
doce=
na
parte,
é
dende
en
ade-
lante
quede
para
nos
€
pa-
ra
nuestra
corona
real,
por
cuanto
la
dicha
docena
par-
te
habeis
de
haber
solamen-
te
para
vos
é
para
los
dichos
cincuenta
hombres
que
con
vos
han
de
ir,
é
para
cuatro
herederos
de
cada
uno
vos
é
dellos
os
é
DE
FRAY
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
declarados
en
la
sodicha.,
-Otrosí,
que
las
tenencias
de
las
fortalezas
que
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Ca=
sas
vos
ofreceis
de
hacer
en
los
pueblos
que
se
han
de
edificar
en
la
dicha
Tierra
Firme
,
nos
háyamos
de
ha-
cer
é
hagamos
merced
á
vos
é
4
los
dichos
cincuenta
hombres
que
con
vos
han
de
ir
lo
susodich$,
pa-
ra
que
se
den
á
cualesquier
dellos
que
vos
el
dicho
Bar=
tolomé
de
las
Casas
nom-
bráredes
por
su
vida
¿
de
un
heredero
suyo
,
cual
pa-
ra
ello
nombrare
en
su
vi-
da
ó
al
tiempo
de
su
fin
é
forma
su-
por sus
di
-Otrosi,
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
é
los
a
de
ir,
cada
cuando,
é
en
los
tiempos,
é
de
la
forma
que
á
vos
el
é
no
de
otra
guisa
,
podais
je
á
rescatar
perlas
á
la
pes-
«catáredes
de
las
dic
477
quería
de
las
perlas,
que
agora
está
descubierta,
por
antel
oficial
ci
para
ello
tenemos
nombrado
,
é
que
de
todas
las
perlas
que
res=
catáredes
fasta
que
nos
ten=
gamos
quince
mil
ducados
de
renta
en
los
dichos
limi-
tes
como
se
contiene
en
el
segundo
capitulo
deste
asien-
to,
pagueis
á
nos
la
cuar-
ta
parte
como
lo
pagan
los
otros
que
agora
van
al
di-
cho
rescate
,
sin
que
en
ello
haya
inovacion
alguna,
pe=
ro
que
si
dentro
del
término
contenido
en
el
dicho
capi-
tulo
primero,
nos
toviéremos
por
vuestra
industria
é
dili-
gencia
los
dichos
quince
mil
«ducados
de
renta,
como
en
el
dicho
capitulo
se
conlie=-
ne,
que
dende
en
adelante,
wos
é
los
dichos
cincuenta
hombres,
que con
vos
han
de
irá
la
dicha
Tierra
Fir-
me
,
no
pagueis
mi
«seais
obligados
4
pagar
mas
de
la
séptima
parte
de
loque
res-
per-
las
por
todos:
los
dias
de
4
vida.
bsp
-
Otrosi
,
que
de
las
perlas
>
e
ole
él
dichio
Bartolomé
'
las
Casas,
é
los
dichos
cincuenta
hombres,
é
vues-
tros
criados
que
no
sean
in-
dios
en
'
los
logares
que
agora
no
es-
tá
descubierta
pesquería
de
erlas
é
de
oro,
é
otras
cua-
uier
cosas
qué
rescatá-
redes
á
vuestra
costa,
é
en
5
toda
la
dicha
Tierra
Firme,
dentro
de
los
dichos
límites,
durante
los
tre3
años
prime=
ros
deste
asiento
fasta
que
nos
tengamos
«los
dichos
quince
mil
ducados
de
ren-
ta,
pagueis
á
nos
la
quinta
parte
de
todo
ello,
pero
que
despues
que
por
vues-
tra
industria
tengamos
en
la
dicha
Tierra
Firme
los
di>
chos
quince
mil
ducados
de
renta,
pagueis
de
lo
suso-
dicho,
durante
los
dias
de
vuestra
vida
la
otava
parte
é
non
mas,
é
que
del
oro
q
cogiéredes
é
sacáredes
e
cualesquier
mineros,
du=
rante
el
dicho
tiempo
fasta
que:
tengamos
los
dichos
quince
mil
ducados
de
ren-
ta
,
pagueis
á
nos
la
sesta
parte
de
todo ello
é
no
mas,
pero
que
de
las
perlas
é
oro
scáredes
é
cogiéredes
€
hobiéredes
con
indios,
pa-
gueis
otro
tanto
como
agora
se
paga
en
todas
las
Islas
e
están
descubiertas
é
lanadas;
é
que
el
dicho
oro
se
rescate
en
las
es,
É
en
los
lugares,
é
Uiempos
é
segun
que
pareciere
á
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Ca-
sas,
Ú
no
en
otra
manera.
-
Otrosi,
que
4
los
dichos
cincuenta
hombres
que
han
de
ir
4
Jo
susodicho
nos
les
háyamos
de
armar
é
arme-
mos
caballeros
despuelas
do-
radas,
para
que
ellos
é
sus
descendientes
sean
caballe-
ros
despuelas
doradas
de
nuestros
Feinos.
|
APÉNDICES
Á
LA
'ViDA'
07
ó-
-É
otrosi
;'
que
les
daré»
mos
é
señalaremos
armas
ue
puedan
traer
ellos
é
sus
escendientes
é
subcesorés
en
sus
divisas
é
escudos
é
reposteros
para
siempre
ja-
mas,
con
tanto
que
los
que
asi
se
hobieren
de
armar
caballeros
é
dar
las
dichas
armas
no
sean
reconciliados,
ni
hijos
ni
nietos
de
que-
mados
ni
reconciliados
,
é
que
de
las
dichas
exencio-
nes
é
preeminencias
de
ca-
balleros
despuelas
doradas,
gocen
en
las
Indias
é.en
la
dicha
Tierra
Firme
,
é
no
en
otra
parte,
durante
el
tiem-
po
de
los
tres
años
prime=
ros
en
que
«habeis
de
dar
los
dichos
quince
mil
duca»
dos
de
renta
cierta
al
tiem
-
o
que
la.
diéredes
sobre
5
indios
de
la
dicha
tierra,
é
los
dichos
pueblos
é
otras
cualesquier
cosás
¿
que
qui-
siéredes
en
cada
un
año,
pero
queremos
que
cumpli-
dos
los
dichos
tres
años
é
habiendo
vos
dado
los
di-
chos
quince
mil
ducados
de
renta
é
fechos
los
dichos
tres
ueblos
é
fortalezas
,
é
todo
o'
demas
que
habeis
de
ha-
Jas
dis
uelas
doradas,
é
de
traer
di-
chas
armas
en
todos
los
nuestros
reinos
é
señorios
libremente,
sin
contradic=
cion
alguna,
é
para
ello
mandaremos
dar.
todas
las
cartas
é
provisiones
que
con»
DE
FRAY
BARTOLOMÉ
DR
LAS
CASAS.
479
vengan,
con
tanto
que
vayan
á
la
dicha
Tierra
Firme
den-
tro
de
los
dichos
limites,
é
esten
alli
con
vos
entendien>
do
en
lo.que
fuere
menes-
ter
para
que
tengamos
los
dichos
quince
mil.
ducados
de
renta
cierta
como
saco
es;
pero
que
no
cumplién=
pg
Puno
quince
mil
ducados
de
renta
cierta
co=
mo
dicho
es
en
el
término,
é
segun
que
se
contiene
en
este
dicho
asiento
,
no
go-
cen
de
las
dichas
gracias,
exenciones
ni
mercedes,
ni
cosa
alguna
dello,
pero
que-
remos
que
si
despues
de
-
asentada
lá
dicha
renta
cier
ta,
al
tiempo
que
la
diére=
des
como
dicho
es,
aquella
se
perdiere
no
siendo
4
vuestra
culpa,
ni
de
los
di-
chos
cincuenta
hombres
,
ni
de
la
otra
gente
que
llevá»
redes,
que
se
haya
por
cum-
plido
cuanto
toca
á
las di-
para
Chas
caballerías.
-
na
Otrosí
,
que
cumpliéndose
lo
contenido
en
este
dicho
asiento
é
capitulacion
,
los
dichos
cincuenta
hombres
é
los
que
dellos
descendieren
sean
francos
,
libres
é
exen-
tos
de
todos
pedidos
é
mo-
nedas,
é
moneda
ai
é
prestidos,
é
servicios
é
der=
ramas
reales,
é
concejales
;
é
siempre
Jamas;
é
para
ello
sele
den
é
ibren
las
cartas
é
pro-
-Otrosi,
que
los
hereda=
mientos
é
tierras
que vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Ca=
sas
é
los
dichos
cincuenta
hombres
hobiéredes
é
com=
pa
en
la
dicha
Tierra
irme
de
los
indios
por
vues-
tros
dineros
é
joyas
para
so-
lares
€
labranzas
6
pastos
de
ganados,
sea
vuestro
pro»
pio
é
de
vuestros
herederos
é
subcesores
para
agora
é
para
ii
jamas
,
oi
que
podades
hacer
dello
é
en
ello
como
de,
cosa
vues-
tra
propia
libre
é
quita
é
desembargada
,
con
tanto
que
cada
uno
de
los
suso»
dichos
no
puedan
comprar
ni
haber
mas
cantidad
de
una
legua
de
tierra
en
cua
dra,
é
con
queé
quede
la
jurisdiccion
é
dominio
á
nos
é
4
nuestros
subcesores
,
é
con
que
no
se
haga
ni
pue.
da
hacer
fortaleza
alguna
en
la
dicha
legua
,
é
si
se
hicie-
re
ó
la
hobiere
hecha
sea
nos.
d
¿>
gua
+
Otrosí,
que
despues
qu
en
la
dicha
Tierra
ojal
tovieren
hechos
é
edificados
algunos
de
los.
pueblos
que
conforme
á
este
asiento
ha=
"beis
de
hacer,
que
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Ca-
sas
é
los
dichos
cincuenta
hombres
podais
llevar
é
lle=
-
veis
destos
Duestros
Teinos
cada
uno
de
vos
otros
tres
esclavos
para
vuestro
servicio
,
la
mitad
dellos
hombres
,
la
mitad
mugeres,
é
despues
que
esten
he-
paraa
los
tres
pueblos
é
haya
cantidad
de
gente
de
480
eristianos
en
la
dicha
Tierra
Firme,
é
pareciendo
á
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
que
conviene
asi,
que
podais
llevar
vos
é
cada
uno
de
los
dichos
cincuenta
hombres
otros
cada
siete
es-
clavos
negros
para
vuestro
servicio
,
la
mitad
hombres
é
la
mitad
mugeres,
é
para
ello
se
vos
den
todas
las
cédulas
de
licencia
que
sean
menester,
con
tanto
que
es-
to
se
entienda
sin
perjuicio
de
la
merced
é
licencia
que
tenemos
dada
al
goberna-
dor
de
Bresa
para
pasar
cuatro
mil
esclavos
á
las
In-
dias
é
Tierra
Firme.
Otrosí
,
que
en
los
pue=
blos
é
logares
que
ansi
hi-
ciéredes
é
edificáredes
los
dichos
cincuenta
hombres
puedan
tener
é
lengan
en
cada
pueblo,
ó
en
los
que
dellos
quisieren
casas
é
s0-
lares
é
vecindades,
é
cúan-
do
se
hobiere
de
hacer
é
hiciere
el
repartimiento
de
Jos
términos
é
sitios
de
los
tales
logares,
se
dé
vecin-
dad
en
ellos,
é
en
cada
uno
dellos
á
los
dichos
cincuen-'
la
hombres
,
6
á
los
que
de-
“los
quisieren
,
como
á
los
otros
que
en
los
dichos
pue=
blos
hobieren
de
vivir,
con
tanto
que
no
se
les
puedan
dar
ni
den
mas
de
cinco
ve=
cindades
Áá
cada
uno
en
to-
dos
los
dichos
pueblos,
é
que
estando
ellos
ocupados
en
descubrir
é
allanar
la
dicha
Tierra
Firme,
é
te-
APÉNDICES
Á
LA
VIDA
niendo
en
las
dichas
vecin=
dades
sus
criados
é
fatores,
que
sean
cristianos
en
sus
casas
é
vecindades
é
que
no
sean
de
los
indios,
que
go=
cen
de
las
dichas
vecinda-
des
é
de
las
preeminencias
é
prerogativas
de
que
gozan
los
otros
vecinos
de
los
di-
chos
pueblos
que
en
ellos
residieren
persbnalmente.
Otrosí
,
que
por
término
de
veinte
años
primeros
si-
guientes
que
se
cuenten
desde
el
dia
de
la
fecha
des-
te
asiento
,
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
é
los
dichos
cincuenta
hombres
é
vuestros
criados
que
con
vosotros
fueren,
podais
co=
mer
é
gastar
toda
la
sal
que
hobiéredes
menester
de
las
paris
é
lugares
donde
la
alláredes,
con
tanto
que
no
sea
de
Ja
sal
de
la
Isla
Española
ni
de
ninguna
de
las
salinas
de
las
otras
Islas,
que
por
nuestro
mandado
están
arrendadas
,
é
que
la
sal
que
hobiéredes
menes-
ter
para
salar
las
carnes,
€
cecinas
,
é
otras
cosas
que
hobiéredes
de
llevar
á
la
di-
cha
Tierra
Firme
ves
la
p.
tomar
é
tomeis
Cu
quier
salinas
is
dichas
Islas
libremente
sin
pagar
cosa
na.
.
Pp
que
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
6
cada
uno
de
los
dichos
cin=
cuenta
hombres
e-
var
é
lleveis
un
mareo
y
me-
dio
de
plata
á
las
dichas
ls"
DE
FRAY
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
-as
é
Tiorra
Firme
para
vues-
tro
servicio,
é
para
ello
se
vos
dé
licencia
en
forma,
jurando
que
no
es
«para
vender
ni
contratar
,
salvo
para
el
dicho
vuestro
servi-
cio,
é
que
si
por
caso
la
dicha
plata
ó
a
parte
della
se
llevare
juntamente
á
las
dichas
Indias
,
que
no
se
repartiere
entre
vos'é
los
dichos
cincuenta
hombres
á
cada
uno
los
dichos
marco
y
medio
cada
uno,
é
si
no
se
repartieren
é
dieren
co-
mo
es,
que
la
plata
que
della
quedare
se
vuelva
á
estos
nuestros
reinos
de
Castilla.
—
-Otrosi,
que
de
todas
las
mercaderías,
viandas
é
man-
tenimientos
de
ganados,
é
otras
cosas
que
vos
el
dicho
Bartolonré
de
las
Casas
é
los
dichos
cincuenta
hombres
hobiéredes
de
llevar
é-le-
wáredes
á
la
dicha
Tierra
Firme,
en
los
dichos
límites,
durante
el
dicho
tiempo
de
los
dichos
diez
años
,
asi
de
los
nuestrosreinos
de
Castilla
i
antes
los
nues-
tros
oficiales
de
Sevilla,
é
no
ndolo
en
nin=
guna
de
las
dichas
Islas
Es-
la
é
Fernandina,
San
y
€
Jamaica,
como
de
lo
que
dellas
lleváredes
de
las
granjerias
é
crianzas
é
481
libres,
francos
é
exentos
de
todo
ello.
“Otrosí,
que
de
los
dere-
chos
que
suelen
pagar
los
ue
van
á
las
minas
de
las
licencias
que
se
les
den
pa-
ra
ir
á
ellas,
no
pagueis
de-
rechos
algunos
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas,
ni
los
dichos
cincuenta
hom-=
bres,
ni
los
criados
qué
enviáredes,
durante
los
días
de
vuestras
vidas;
pero
que
no
puedan
ir
ni
vayan
4
las
dichas
minas
sin
las
dichas
licencias
,
como
fasta
aqui
se
ha
hecho,
so
las
penas
que
sobre
ello
están
puestas.
Otrosí,
que
si
antes
que
vos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
entráredes
en
la
dicha
Tierra
Firme,
fallecie-
re
alguno
ó
algunos
de
los
cincuenta
hombres
ansi
han
de
ir
con
vós
A
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
4
lo
susodicho
,
que
vos
podais
nombrar
el
oribieid
otro
en
su
lugar,
el
cual
goce
de
todas
las
honras,
gracias,
mercedes,
é
cosas
conteni-
pr
este
asiento,
como
o
podria
gozar
el
asi
fallstiéres
per
si:
ilino
falleciere
o
entráredes
ó
estóviéredes
en
la
dicha
Tierra
Firme,
heredero
del
que
asi
alleciere
,
vaya
á'
estar
é
residir
en
la
dicha
Tierra
Firme
á
entender
en
todo
lo
susodicho
,
seyendo
de
edad
é
hábil
para
ello,
6
que
dé
otra
persona
á
vues=
Hh
482
;
tro
contentamiento
para
ello;
é
si
no
lo
hiciere
que
vos
podais
nombrar
é
nombreis
otro
en
su
lugar
que
sirva
á
este
en
lo
susodicho,
hasta
quel
tal
héredero
vaya
en
persona
á
ello,
ó
dé
per-
sona
suficiente
como
dicho
es,
con
tanto
quel
tal
he-
redero,
despues
que
tuviese
edad
ó
habilidad
para
ello,
dentro
de
un
año
vaya
á
residir
4
la
dicha
tierra,
é
hacer
é
cumplir
todo
aque-
lo
que
aquel
en
cuya
he-
rencia
él
subcedió
era
obli-
gado,
lo
cual
se
haga
asi,
con
tanto
que
este
capítulo
é
lo
contenido
en
este
asiento
se
notifique
4
los
dichos
cincuenta
hombres
ue
hobieren
de
ir
con
vos
la
dicha
Tierra.
Firme,
antes
que
allá
vayan,
para
que
sepan
4.
qué
van,
é
cómo
é
con
a
condicion,
é
las
cosas
que
han
de
guar-
dar,
é
que
de
la
dicha
no-
tificacion
signada.
de:
escris
bano,
seais
obligado
4:
la
dar
4
los
oficiales
de
las
dichas
Indias
par
que
ten-
gan
razon
dello...
*
-Otrosi.,
que
nos
manda=
remos
dar
nuestra
carta
fir-
de
nuestro
nombre
para
el
Licenciado
Rodrigo
y
Figueroa
,
6.
los,
otros
jueces
que
convengan
que
:
informe
qué
indios
hay
-n
las
dichas
Islas
Españo=
la,
é
San
Juan
é
Cuba
é
amaica
,
6
en
cualquier
de
los
dichos
límites
de
ellas,
APÉNDICES.
Á:LA
VIDA
;
e
se
hayan
tomado
é
trai-
o.
de
la
dicha
Tierra
Firme
ue
esten
presos
é
deteni-
los
contra
su
voluntad,
in-
justa
é
no
debidamente,
por
cualesquier
personas
en
Cu-
yo
poder
estovieren,
é
los
ngan
en
toda;
libertad
é
3s
entreguen
ávos
el
dicho
Bartolomé
de
las
Casas
,
pa-
ra
que
si
ellos
quisieren
los
lleveis
á
la
dicha
Tierra
Fir-
me
para
que
esten
libres
é
exentos
de
la
dicha
servi-
dumbre.
1
Otrosí
,
porque
podri
que
andando
yo
é
la
dicha
gente
pacilicando
é
allanan-
do
la
dicha
Tierra
Firme
é
los
dichos
indios,
é
hacien-
do
lo
que.
conviene
para
efeto
de
lo
contenido
en
este
asiento
é
capitulacion,
algunas
naos.
é
otras
fustas
fuesen
á
la
dicha
Tierra
Fir-
me,
é
la
gente
que
se
apea-
se
en
tierra
hiciese
algunos
males
é
daños
é
robos
á
los
dichos
indios
,
é
esto
seria
causa
que
no
se
pudiese
ha-
cer
ni
efectuar
lo
susodicho;
que
se
den
todas
las
cartas
é
provisiones
que
sean
ne-
cesarias.
para
las.
nuestras
justicias,
para
que
ninguna
ni
algunas
personas
de
nin-
gun
estado
mi
condicion
que
sean
que
fuesen
á'
rescatar
é
contratar
por
via
de
co-
mercio.
é,
contratacion
con
los
dichos
indios
dentro
de
los.
dichos.
vuestros.
limites,
asi,
de
las...Islas'
como
..
de
cualquier
parte
de
la
dicha
la
ser
DE
FRAY
BARTOLOMÉ
DE
LAS
CASAS.
489
mas
de
los
50.
EL
new.
Por
cuanto
hemos
asentado
con
vos
el
P.
Bartolomé
de
las
Casas
nuestro
capellan.....
y
pedistes
mercedes
para
otros
demas
de
los
50.
Otor-
gamos:
-
Y.
Que
del
oro
que
co-
jan
el
primer
año
solo
pa-
guen
un
décimo
,
el
segundo
un
noveno
em
po
r
un
into
,
le
ahí
adelante
ps
se
hn
en
la
Española.
2.
Franqueza
de
todos
hos
de
cuantos
mante-
nimientos
y
mercaderías
lle-
varen
para
sus
provisiones
por
diez
años.
'
3.
Franqueza
de
la
sal
que
se
halle
en
la
tierra
por
veinte
años.
Sacaráse
Breve
de
S.
S.
para
que
los
que
mu-
rieren
se
les
aplique
indul-
gencia
plenaria
y
vayan
ab-
sueltos
á
culpa
é
pena.
5.
Les
serán
dadas
é
re-
partidas
tierras.
13
6.
Si
fueren
enfermos
se
curarán
en
hospital
que
debereis
hacer
á-
nuestra
costa.
7.
Gozarán
las
mismas
franquezas
que
los
vecinos
de
la
Española,
9.
Representacion
del
contador
real
que
fue
con
Ca-
sas
á
Cumaná.
“Relacion
que
yo
Miguel
»Castellanos
di
á
V.
M.
de
vla
ida
que
fuí
con
el
Li-
»cenciado
Bartolomé
de
las
»Casas
á
la
costa
de
Paria.”
pe
extracto
de
la
que
habia
o
puesto
en
forma
de
Memorial
con
su
firma
y
rú-
brica).
Fuí
de
contador
de
V.
M.
con
80000
maravedis.
Vi
que
el
dicho
Licenciado
4
causa
de
no
tener
aquella
facultad
que
le
convenia
para
con="
seguir
lo
que
asentó,
hizo»
Otra.
nueva
contratacion
y
(Coleccion
del
señor
Uguina)
asiento
con
el
almirante
y
po
oficiales
de
la
Isla
Española,
para
que
por
cier=
to
tiempo
tuviera
á
su
car-
go
el
armada
que
habian
enviado
á
la
dicha
costa,
y
se
hiciesen
ciertas
partes
lo
que
por
su
industria
se
hobiese.
Llegado
A
dicha
costa,
ví
que
ni
pudo
con-
seguir
lo
uno
ni
lo
:otro,
por
no
llevar
aquella
órden
y
forma
que
debia
confor-
me
al
primer
asiento,
y
por
le
desamparar
y
cer
los
soldados
de
la
arma-
200,
APÉNDICES
da,
y
serle
tambien
algo
“contrario
el
lugar-teniente,
del
Almirante
que
está
en
la
isleta
de
las
Perlas,
antel
cual
el
dicho
Licenciado
yo-
ví
pasó
ciertos
actos
de
pro-.
testaciones
sobre
la
jurisdic-
cion
de
la
dicha
costa
,
por-.
que
se
nombraba
juez
asi
de
la
costa
como
de
la
dicha
is-.
leta
de
Cubaagua
,
contra
las
facultades
que
Casas
lle=.
vaba
de
V.M...
moda
Yo
vine
por
la
Española
llevando
carta
de
Casas
en
que
pedia
socorro
al
Almi-="
mirante
y
jueces
,
pues
la.
dicha
armada
y
todos
le
habian
dejado
:
visto
que
nada
le
enviaban
me
vine
para
Y.
M.
Por
lo
que
he
visto
co-
nozco
que
á
V.
M.
se
se-
ena
gran
provecho
asi
de
a
costa
como
de
la
isleta.
que
á
partes
dista
cuatro.
leguas
y
á
partes
ocho,
en-
viando
gobernador
con
ju-
risdiccion
civil
y
criminal,
y-
haciendo
fortaleza
en
el
puerto
de
Cumaná
4
la
pun="
ta
del
rio.”
A
causa
de
no:
se
haber
esto
proveido
“los
»frailes
Dominicos
y
Frán=.
»ciscos
que
en
aquella
cos-
vta
estaban
comenzando
á-
»convertir
los
indios,
han.
»recibido
muertes
admira=-
»bles
y
destruidolos
sus
mo=-
»nesterios
y
altares,
lo
que
»ha
sido
por
tres
veces
con:
»esta
vez.
que
agora
fue
el.
»Licenciado
Casas
:
de
lo
»cual
es
muy
notorio
fut-
Á
LA
VIDA
»ran
ocasion
los
cristianos:
»por
los
ir
á
correr
y
facer.
»guerra
,
tomándolos
por
es
»clavos
á
ellos
y
á
sus
mu=
»geres
é
hijos
por
las
par=
»tes
donde
los
frailes
esta=
»ban
convirtiendo.”
Daños:
que
causan
las
armadas
que
allá
se
envian
de
la
Espa-
ñola.
Podrian
hacerse
buenas
poblaciones
en
aquella
cos=
ta,
dejando
las
muestras
de
oro
y
otras
cosas
preciosas.
Donde
los
frailes
Dominicos
y
Franciscos
pusieron
hi-
gueras,
parras
,
granados
y
otras
diversas
simientes,
han
respondido
en
producir
muy
mayor
fruto
que
en
España:
bigos
y
melones
en
todos
tiempos
del
año.
Remediándose
las
arma-
das
y
los
daños
de
los
in-
dios
,
podria
hacerse
gran
fruto
en
ellos
enviando
go-
bernador
y
frailes
,
especial
dos
Franciscos
que
están
en
la
isleta
de
las
Perlas,
de
los
cuales
el
uno
fray
Juan
Garceto
les
predica
en
su
lengua.
|
6
Seria
necesario
enviar
un
capitan
con
doscientos
hom-
bres
,
porque
despues
de
la:
ida
de
Casas
se
levantaron
los
indios,
mataron
4
un:
fraile
de
dos
que
estaban
alli,
y
4
Casas
le
quema=-
ron
el
bohio
que
habia
fe--
cho
con
todos
los
manteni=.
mientos
é
municiones
y
le
mataron
muchas
personas.
Estando
yo
allá
con
Ca».
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