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Tratado de la fabricación de vinos en España y el extranjero

Hidalgo Tablada, José de

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\ -£ TRATADO DE LA FABRICACION DE VINOS EN ESPAÑA Y EL EXTRANJERO. . S o 3."2L TRATADO DE LA FABRICACIOPEVfflOS EN ESPAÑA Y EL EXTRANJERO POR EL ILMO. SR. D. JOSÉ DE HIDALGO TABLADA Jefe superior honorario de administración civU; Capitán de caballería, retirado: Caballero de la nacional y militar orden de San Fernando; de la de Carlos III; de la de San Juan de Jerusalen y otras. Catedrático de Agiúcultura y oficial de Administración pública, cesante. Inventor de algunas máquinas aratorias, premiadas en 1848. Premiado en las exposiciones públicas de Sevilla y Jerez en 1858, en Bar¬ celona en 1872, en Viena en 1873 y en la nacional vinícola en 1877. Con medalla de oro, por la Real Academia de Ciencias exactas, físicas y natu¬ rales de Madrid, en concurso público, y de igual suerte por la Sociedad Econóiñica de Jerez, Socio de mérito de la de Baeza, de número de la Ma¬ tritense, Jerez y Tüdolu; corresponsal de la de Valencia, y propietario cultivador. TEaCER.4 E»icio:v corregida y, mejorada eon nuevos datos. MADRID. LIBRERÍAS DE LA VIUDA É HIJOS DE CUESTA Carretas, 9, y Luna, 3. 1880. Los editores propietarios de la edición emanóla, son los señores Viuda 6 Hijos de D. José Cuesta. Las traducciones extranjeras se reserva el autoría propiedad.' Madrid: 1880.—Estab. tip. de E. Cuesta, calle de la Cava-alta, ó EICMO SR. D. fEllPE JUEZ SiRMlESTO BAlElOS CAIABMM í CARRASCO, MARQUÉS DE CüSSANO, DIPUTADO Á CORTES EN VARIAS LEGISLATURAS, POR EL DISTRITO DE CHINCHON. Mfi distinguido amigo: Gustoso sobremanera, dedico á V. la tercera edición de este libro, cuyo objeto es favo¬ recer la mejora de nuestros vinos, á la que V., como cose¬ chero en grande escala, se dedica. Nuestra ^unidad de ideas eri este asunto, la antigua amistad que nos une, la comunidad de intereses en que joivimos, todo concuerda para qué su nombre, para mi querido y por todos respeta¬ do, honre la primera página de mi modesto trabajo. Soy siempre afectísimo seguro servidor, — 12 — el mercado inglés, la liemos aventajado en 37 millo¬ nes de gallones; pero la suma de arrobas extraidas, no está en relación á las que se producen y se pue¬ den producir, y bien fabricado exportar. Además, en su mayor parte los vinos exportados son de las clases superiores, vinos de postre, procedentes de Málaga, Montilla, Jerez, Alicante y algunos catalanes, etc.: los vinos de pasto, esos excelentes caldos tintos que por su precio moderado y condiciones higiénicas son los que más debieran circular en el extranjero, y si bien hoy se van haciendo conocer directamente desde España por nuestro comercio, lo común es que la Francia compra los de color cerrado y de fuerza alco¬ hólica, y mezclados con sus vinagrillos nos haga con¬ currencia. España debe aspirar, y hoy ya está en el buen camino, á que sus vinos los exporte su comer¬ cio, y con losxgrandes beneficios que proporcionan fo¬ mentar los intereses patrios. En los grandes centros de producción de vinos tintos de pasto; en loS distritos de Chinchón, de Tarancon, de Aranjuez, Valdemoro, Getafe, etc., en la provincia de Madrid; Valdepeñas y Daimiel, Manzanares, etc., en la de Ciudad-Real; Toro, en la de Zamora; la riberas del Duero, la Rioja alavesa y castellana, en Navarra y Aragón, etc., etc., puede extenderse la especulacion»de vinos á una es¬ cala que,si bien está iniciada, aun es desconocida; sin más que estudiar la manera de fabricarlos con más cuidado, con un fin más comercial y científico que el aplicado, porque la falta de movimiento retrae. 2. En el estado actual de la fábricacion de vinos de pasto, es lo regular y ordinario que en los centros productores se viva en la escasez de medios por falta de posibilidad de vender las cosechas, porque unos años por salir los caldos sabrosos, (de lo que llevamos . - 13 - algunos) otros por ser ásperos, algunos por ser flojos y otros por ser de poco aguante, es lo cierto que la vida del cosechero de vinos es un continuo afan, siem¬ pre afligido por algún contratiempo en la cosecha, cuando en la mayoría de los casos es suya la culpa, por no poner de su parte los medios de corregir males que puede conocer anticipadamente, sin más que un poco de paciencia, estudio y aplicación de principios, hoy bien conocidos, y que la práctica pregona como seguros en sus resultados. A la demostración de esos principios y de los medios de ejecución, propendemos en este tratado, y advertiremos que siendo seguros y - ciertos los hechos practicados y probados por la ex¬ periencia, aconsejamos se admitan-sin ningún repa¬ ro, aunque asegurándose préviamente (je lo que decimos, y no confundiendo los conceptos en sus aplicaciones. No basta creer haber comprendido, es necesario comprender. Decimos esto, pues la más pe¬ queña variación ó descuido en la marcha aconsejada, ofrece resultados opuestos que suelen venir en des¬ crédito de los consejos mal interpretados y peor apli¬ cados. Además, una reforma que se aplica sin fe en lo que se ejecuta, se hace á medias, y de este modo no todas veces se suele acertar. 3. Para mayor conocimiento y seguro estudio, en - traremos en algunos detalles necesarios á la genera¬ lidad, aunque parecerán escasos para inflnitos cose¬ cheros, que versados en la química y física no los han de menester; pero como nuestro fln se dirige á popularizar esos datos precisos al vinicultor, hemos creido que la mayoría apreciarán nuestro deseo de ser útiles á la generalidad. 4- Que la química nos ha dado muchas soluciones de los infinitos problemas que la vinificación tenia 1-1 - ^ sin resolver, se comprenderá cuando se comparen los resultados que ofrecen los análisis químicos dé las tierras, plantas y vinos producidos en las diferentes regiones del globo que puebla la vid. Verdad es que la práctica llegó á presentir y determinar que las cualidades especiales de ciertos caldos, cuyo renom¬ bre fué conocido de la antigüedad más remota, pro¬ median de las condiciones especiales del clima, suelo y especie dé planta, sin que pudiera fijarse el por qué de que las mismas vides trasladadas á otro sitio, al parecer igual, no diesen resultados. La variación de¬ grados de calor sumados en el período de vegetación anual, suficiente para que madure la uva, puede ser bastante para esa diferencia; la cantidad de agua llo¬ vida y su distribución en ese período, dar dos riegos en lugar de uno ó ninguno, y que el suelo tenga ciertos elementos que prestar á la vida de las plantas mientras en otro sitio no los contenga, es más que bastante para determinar gran variación en las par¬ tes constitutivas del mosto, y de consiguiente en el vino, que en condiciones iguales de fabricación di¬ ferirá de un modo notable, si el arte no concurre á corregir los defectos que se noten en los caldos, se¬ gún su procedencia. • 5. Es, pues, evidente que la química que nos de¬ termina las partes constitutivas de la tierra, las de la vid, las del mosto, vino, etc.; la física, que en la climatogia nos enseña la manera de estimar el valor de la exposición del suelo, los grados de calor y de frió que este recibe, cantidad de lluvia y su distri¬ bución, según la latitud y altura sobre el nivel del mar; la infiuencia que ejercen los refrigerantes que dominan una ó varias regiones; .y en fin, laque ejer¬ cen las grandes extensiones de tierra cubiertas por- - 15 - árboles, ríos, lagunas, arenas ó dunas, y, las despo¬ bladas de toda vegetación; nos marcan un guia se- g’uro para llevar á buen término las operaciones de fabricación de vinos, con ventajas desconocidas á nuestros antepasados y á los muchos que en nuestros dias se contentan con decirl «así lo hacían nuestros padres, así lo haremos nosotros.» De lamentar es se sostengan-tan perjudiciales principios, practicados por no reflexionar,' por pereza y un, apego perjudi¬ cial á prácticas que ya no pueden ofrecer otra cosa que pérdidas de consideración. 6. Un corto razonamiento será, suficiente para in¬ clinar al progreso necesario del arte de fabricar loa vinos de pasto, con el fin de sacar de ellos la mayor utilidad. Supongamos un cosechero que recoge la uva, la pisa, echa el mosto en los vasos, pone la cas¬ ca que cree suficiente y espera anheloso que termine la fermentación para ver qué tal es el vino. },Podfá dudarse que tenga el deseo de saler si sera bueno, si tendrá bastante color, y las cualidades necesarias gara la rent(ú Creemos que no; pues si esto es así, y natural la curiosidad que ha de dar por resultado va¬ ler ó no valer su cosecha, ¿cómo no admitir los me¬ dios de saber anticipadamente ese resultado, y de di-' rigir las cosas de manera de hacerlo cierto? Este pe¬ queño ejemplo, entre otros que expondremos, ha sido "bastante para que seamos atendidos por algunos acérrimos defensores de rutinas, que admitiendo el razonamiento de los descubrimientos científicos y aunándolos con la práctica, han mejorado sus caldos y salido de la servidumbre angustiosa en que yacían sin razón de conveniencia en ningún sentido. 7. Es verdad que hay que distinguir entre los dos medios que la ciencia enseña para mejorar la • — 16 — producción de vinos; es el primero, aquel en que el cosechero, á falta de recursos y de mercado, mejora en lo posible, aplicando los elementos con que cuen¬ ta; el segrundo es, cuando teniendo capitales dispo¬ nibles y fácil venta, se propone llevar las cosas á la perfección. En ambos casos necesita saber apreciar das condiciones en que vive, y usar los instrumentos que le han de dirigir. Esos instrumentos, son otros tantos consejeros desinteresados é imparciales, que le dicen cómo debe obrar, y que matemáticamente le demuestran lo que puede hacerse, según los produc¬ tos obtenidos en el sitio en que se vive, ó los que de otro cualquiera que piensa utilizar. • 8. El fabricante de vinos no puede dispensarse , del uso de varios instrumentos que la física le pres¬ ta, y con ellos apreciar las cualidades del mosto, la marcha de la fermentación, la temperatura en que debe colocar el caldo para que tenga las cualidades necesarias; unos que le indican las correcciones que debe hacer en él, otros las del frió ó calor del local, y que le guian en todas las operaciones difíciles del arte de fabricar vino. Las ciencias han llegado hoy, gracias á las vigilias de hombres eminentes y aman¬ tes de la humanidad, á tal grado de aplicación, que no hay asunto en que no se dé los medios de expli¬ carlo. Sabemos cuánto influye en la calidad dej vi-, no, la cantidad de agua llovida en el período de des¬ arrollo de la vegetación de la vid, y época de la ven¬ dimia; pero el límite á que es útil ó perjudicial, la práctica no puede determinarlo; la física nos presta un instrumento llamado plumómetro, que, con po¬ cos gastos y trabajo, nos da cuenta de la cantidad de agua llovida en el sitio que habitamos, y con este medio sencillo y nada costoso, en pocos años nos - 17 - ponemos en estado de saber, antes de empezar la vendimia, las cualidades que los mostos tendrán, según que fuese seco ó húmedo el año. Para compro¬ bar nuestra apreciación y las diferencias que estable¬ ce la calidad del suelo en que la vid se encuentra plantada y la variedad de vidueño, la física nos da el pesa-mosto, areómetro de inapreciable valor en manos del cosechero que conoce su uso; con él tiene un guia infalible que le dirige al punto que se pro¬ pone llegar. Para dirigir la fermentación á un fin determinado, y modificar la temperatura del local ó cocedero, el termómetro se hace preciso, y éste, así como el higrómetro, que marca la humedad, se en¬ cuentran unidos; y son otro auxilio que la física nos da. 9. Las cualidades que debe tener el recipiente en ■ que depositamos el caldo para que fermente, y las de los gases que se desarrollan en el acto de la fer- mentacioií, nos las determina la física y la química, y á ellas recurriremos con ventajas, para las nocio¬ nes que vamos á dar, con objeto de marcar la utilidad de su estudio, y medios de precaver la rotura de los vasos vinarios y otros contratiempos que ocurran, sin comprender su origen, ni precaver sus efectos cuando puede hacerse, empleando medios de fácil y sencilla aplicación. 10. Las bombas para trasiego y elevación de los mostos en ciertos casos de fabricación; el uso y modo de funcionar de los filtros para quitar toda impureza al caldo; e\pesa-vino, alcohol, etc.: el motivo por qué los caldos cuando tienen diferente temperatura acu¬ san distintos grados de densidad y volúmen, nos lo explica la física y nos da medios seguros para cono¬ cer las diferencias, su origen y correcciones,' para - 18 - venir á un punto de comparación posible en condi¬ ciones diferentes. 11. La quimica nos presta su auxilio y nos marca el camino que siguen dos combinaciones que tienen- lugar, desde que el njosto da principio á, su evolu¬ ción para convertirse, en vino. Los diferentes cuerpos que forman el caldo, y su acción recíproca, así coma la de los que pueden adicionarse para corregirlo y variar la naturaleza del mosto, y de consiguiente el caldo que resulta, nos lo dice la química; pero de una manera que puede usarla y conocer sus efectos el más rudo campesino, si estudia con atención su ma¬ nera de obrar. 12. Dándonos la química el análisis de los mostos y vinos, obtenidos en distintas condiciones de clima^ cultivo, variedad de vid y medios usados para la fa¬ bricación de vinos, nospone-en camino de conocer la analogía que existe y diferencias necesarias y conse¬ cuentes de la variedad de medios naturales y artifi¬ ciales empleados para obtenerlos. 13. Delineado á grandes rasgos el cuadro en que pueden dibujarse las aplicaciones de la física y la química, con relación ála vinificación, diremos algo con respecto á cada caso en particular, recomendan¬ do la lectura de lo que hemos. dicho en el Tratado del cultivo de la vid, segunda edición {a), relativo al clima de España y varias localidades del extranjero, variedades de vidueños cultivados, y de esa manera se completará lo que vamos á decir. (a) Librería de Cuesta. - 19 - § n. NOCIONES DE FÍSICA* Y QUÍMICA APLICADAS Á LA VINIFICACION. Nuestros lectores comprenderán que no pensamos ocuparnos de otra cosa que de lo estrictamente nece¬ sario é imprescindible para conocer el origen de al¬ gunos fenómenos que tienen lugar, en las diversas operaciones del arte de fabricar los vinos; otra cosa seria trapasar los limites,convenientes de nuestro Tratado. Pero ignorar el por qué de las diferentes' cualidades que presentan los caldos, cuando sobre ellos actúa el calor ó el frió, j que estos agentes físi¬ cos, al dilatar ó contraerlos varian las apreciacio¬ nes de los grados que acusan el pesa-mosto, pesa-vi¬ no, alcohómetro ó pesa-licor, etc., etc., seria no llevar el convencimiento de la utilidad de emplear los ins¬ trumentos de que vamos á .tratar, y que aplicaremos según las necesidades de la fabricación y conserva¬ ción del vino. 14. Sabemos que la física trata de los fenómenos que presentan los cuerpos, en tanto que no cambia su composición, y que la química al contrario, se ocupa particularmente de los que modifican más ó menos la naturaleza de dichos cuerpos. § III. CONSIDERACIONES SOBRE LOS CUERPOS. 15. Es sabido que toda cantidad de materia forma cuerpo; que todo cuerpo está formado de elemen¬ tos infinitamente pequeños que pueden dividirse ó mantenerse á cierta distancia por la atracción ó re- — 20 — pulsión recíproca, lo cual se conoce por fuerzas mo¬ leculares'^ esos elementos se denominan átomos', un grupo de estos compone nndi malécula. Los cuerpos pueden considerarse bajo tres estados. 1. “ Sólidos, á la temperatura ordinaria las made¬ ras, las piedras y los metales, presentan el carácter de solidez, porque sus moléculas se adhieren entre sí con tal fuerza, que no pueden separarse sin un gran esfuerzo; la adherencia les da la facultad de conser¬ var su forma primaria. 2. ® Liquido, en estado líquido se nos presenta el agua, el vino, aguardiente, los aceites, etc.; la flexi- bilida de sus moléculas hace que no tengan forma determinada, y que tome la del vaso que lo contiene. 3. ® Gfaseoso, en los gases la movilidad de las mo¬ léculas es aun mayor que en los líquidos, y su ten¬ dencia es constante á aumentar de volúmen, cuya , propiedad se denomina expansiUUdad. 16. Muchos cuerpos simples y algunos de los com¬ puestos se pueden presentar en estado sólido, liquido ó gaseoso, según las variaciones de la temperatura. Pero los grados de calor que determinan el cambio de estado de un cuerpo, varían según su fuerza molecu¬ lar. Se llaman cuerpos simples los que están formados de una sola sustancia; y compuestos, aquellos cuya constitución es la reunión de dos, tres ó más cuerpos simples. Cuando mezclamos agua con aguardiente, se ob¬ serva una concentración, que á nuestra vista apa¬ rece lo que la física nos enseña, bajo el nombre de impenetraMlidad, pues las moléculas del agua y del alcohol no se han penetrado unas á otras, sino que se hallan mezcladas, ocupando unas los intervalos de las otras. — 21 - 17. Las moléculas de una materia colorante, con la cual el vino blanco en que se pone, se vuelve tinto, no se mezclan con las de él, ocupan como en el caso anterior los intervalos, y esto explica el por qué un cuerpo que las precipita, ó su misma gravedad, hace que se vuelva blanco. Esto tiene lugar, según sabe¬ mos naturalmente, en algunos vinos tintos; el-ori- gen de este fenómeno, es conocidb con el nombre de dimsiMlidad. Por ella se explica cómo el almizcle y otros cuerpos, como el aroma de los vinos, etc., pue¬ den dar por mucho tiempo partículas olorosas;- los glóbulos que coloran la sangre son de tal modo pe¬ queños, que ,1a parte que puede contener la punta de una aguja, se compone de más de un millón. Í8. Cuando encerramos en un vaso de madera, barro, vidrio, etc., líquidos que después de cierto tiempo han disminuido de volúmen, hay menos can¬ tidad, el fenómeno es producido por \k porosidad, que la constituye los intersticios que existen entre las mo¬ léculas del cuerpo en que el líquido estaba contenido, los cuales se llaman poros. Los poros se distinguen en físicos y sensibles', estos son aparentes en la madera.) corcho, piedras, etc. Cuando se introduce en un lí¬ quido un pedazo de creta, se ve salir burbujas de aire que estaban ocupando los poros de la masa, que , el líquido desaloja al penetrar en ellos; la inmersión aumenta el peso de la creta en igual suma que la del líquido embebido. El aumento dé peso y volúmen de la madera y otros cuerpos porosos, cuando los pene¬ tra el agua ú otro líquido, es debido á haber ocupa¬ do estos los huecos ó porós. Pero por medio del agua y la presión, sabemos que se hace perder la porosi¬ dad, en parte, á la materia de que se'construyen los vasos de barro en que se coloca el mosto y vino, y — 28 ~ otra clase de pesa-vinos, por ejemplo, el hidrómetro de Sykes, figura 25. Este instrumento varia del que usan los franceses, y ambos necesitan tablas de cor¬ rección de la temperatura que tenga el caldo, con el fin de saber los grados verdaderos. En su lugar dire¬ mos del hidrómetro, que según hemos averiguado por diferentes ensayos hechos con él, se presta á equi¬ vocaciones de trascendencia suma. Pifiura 2.* 2 .®—AlcoJiómetro centesimal. 39. A Icohómetro de Gay-L%issac. La figura 2.* 2.*, manifiesta el alcohómetro de Gay.-Lussac y también - 29 - el de Cartier, según se observa por las escalas que cón sus nombres se indican. Recientemente se ha construido un alcobómetro termómetro que lleva el nombre de Gay-Lussac, y que seguramente, estando bien construido, tiene gran ventaja. Supongan nuestros lectores, que dentro del tubo del alcobómetro y aplicando para el termómetro el mercurio que sirve para él, se ha colocado aquel, y así, al examinar los grados del aguardiente ó alcohol, se ve su temperatura: nosotros observamos este ins¬ trumento, sobre el cual aun no podemos dar opinión; lo hacemos en el Tratado sobre la fabricación de aguardientes, libro que ofrecimos en la segunda edi¬ ción y que aun no hemos publicado. Saben nuestros lectores que el aguardiente aparenta más ó menos grados, según su temperatura, y en este caso dire¬ mos que el alcobómetro termómetro es de una utili-, dad incontestable teniendo á la vez las tablas de cor¬ rección. 40. Cartier hizo porque su instrumento corres¬ pondiera con el de Baumé, én forma que el grado 29 de este, coincide con el 31 de aquel. Gay-Lussac, para buscar que el instrumento marcase en centési¬ mas partes el alcohol contenido en un líquido, intro¬ dujo el instrumento en alcohol puro, haciéndolo des¬ cender hasta la parte superior de la caña, y mar¬ có 100: después haciendo mezclas de alcohol con agua destilada, en la proporción de 5, 10, 15, etc., par¬ tes, marcó de 0 á 100°, y con ese instrumento bien construido, se sabe que un líquido que marque 50, contiene la mitad de alcohol, si más, más; y si me¬ dios, menos; aunque la figura representa de 0 á 100®, lo ordinario es que tengan los instrumentos de 10 á 100, pues siendo el 0 la indicación del agua des- — 30 — tilada, se ha creído innecesaria esta indicación. 41. Teniendo preséntelo dicho (33), se ha estable¬ cido que la construcción de esos instrumentos se ve¬ rifique teniendo en cuenta la temperatura del líqui¬ do, y Cartier tuvo presente y redujo su escala á 12°^ Reamur, y Gay-Lussac á 15 centígrado. Con estos datos se han ¡formado tablas de reducción para cono¬ cer los grados verdaderos, y se hace preciso el uso del termómetro. 42. Digimos (25) que de la adhesión resultan va¬ rios fenómenos, y uno de ellos la capilaHdad'. estos se ven en la caña de los instrumentos, advirtióndose que siguen una ley constante. 1. " Hay ascensión, cuando el líquido moja el tubo, y depresión cuando no. 2. ® La ascensión y depresión están en razón in¬ versa del diámetro de los tubos. 3. ® La ascensión y depresión varía con la natura¬ leza del liquidó y con la temperatura; pero son inde¬ pendientes de la sustancia de que los tubos están for¬ mados y del grueso de ellos, si estos se mojan antici¬ padamente. 43. Para evitar los efectos de la capilaridad, que- puede dar por resultado indicar más ó menos grados un pesa-mosto, vinos, etc., se tendrá cuidado de que la caña esté limpia y de introducirla más que los gra¬ dos que indique: si la caña está untada de una sus¬ tancia grasa, la depresión en un caso, y ascensión en otro; será su consecuencia, marcando más ó menos grados, según los casos. La limpieza en los instru¬ mentos es necesaria para estar seguros de que mar - can los grados verdaderos. . — 31 — § V. GASES. 44. Hemos dicho (15), que los gases^ como fluidos elásticos son expansibles, y su fuerza ó tendencia á tomar su volúmen, es causa de la rotura de los vasos vinarios: en los vasos abiertos en que hay alguna ca¬ pacidad sin llenar, los gases escapan lentamente por¬ qué la presión atmosférica lo impide en parte. Está demostrado que la fuerza elástica de los gases, es siempre igual y contraria á la presión que sufren, y que crece con la temperatura: por esto advertimos que cuando el mosto fermenta, si el caldo tiene condi¬ ciones y la temperatura aumenta, la dilatación del gas ácido carbónico, Hfo mlgarmenie, suele ocasio¬ nar rotura de los vasos 6 salida del líquido contenido en ellos. 45. En la atmósfera, el aire está compuesto de una mezcla de 20,80 en volúmen de ázoe, y de 79,80 de oxígeno; á estos dos gases se une de 3 á 6 mUésTmás dé gas ácido carbónico, y vapor de agua en cantidad variable. La presión que ejerce la columna de aire que pesa sobre nosotros, se calcula que decrece á 50 ó 60 kilómetros de altura, y que á los 100 existe el vacío. Para medir la presión atmosférica, se ha inventado el barómetro, al cual se ha dado formas diferentes y em¬ pleado el mercurio ó los metales para su construc¬ ción. En todo caso, la base que ha servido al efecto,* ha sido la dilatación y contracción, que por efecto de la temperatura sufren los cuerpos empleados, y la pre¬ sión que el aire ejerce sobre ellos, según su estado de dilatación, contracción y vapores que contiene. El — 32 — barómetro sirve para apreciar la presión atmosférica ségun hemos dicho, y el termómetro para conocer la temperatura: el estado de saturación ó humedad se conoce por. medio del higrómetro. No entra en nues¬ tro propósito hablar de los medios empleados por Tor- ■ r icelli, Pascal, Fortín, Cfay-Lussac y otros; para cons¬ truir los barónietros que se conocen con los nombres de cubeta, de sifón y de cuadrante, sólo diremos lo puramente indispensable para después aplicar su uso. § VI. INSTRUMENTOS DE METEOROLOGÍA. 46. Higrómetro. La figura 3.^ de la lámina, da una idea del higrómetro de Saussnre, que es el más á propósito y menos costoso: este instrumento tiene por objeto determinar la cantidad de vapor de agua contenido en el aire; la aguja B gira según el movi¬ miento que le imprime un cabello, el cual se alarga ó acorta según que el aire es seco ó húmedo; y mar¬ ca en C, que está graduado, de 0 á 100: á 0 indica el máximum de sequedad del aire, á 100 el de humedad. Aunque se ha demostrado no haber grande exactitud en las indicaciones del higrómetro de Saussure, y Gay-Lussac al demostrarlo, ha dado tablas de cor¬ rección; como quiera que la exactitud que buscan los físicos para la ciencia, no es indispensable á nuestro propósito, y baste que el instrumento esté bien gra- “duado para usarlo en las operaciones de vinificación, nada diremos de las corrección y de su empleo. Hay higrómetros de metal y de madera, cuyo precio varía, como es consiguente. 47. Termómetro. Hemos.dicho que el termómetro — 33 - tiene por objeto medir la temperatura y apreciar sus variaciones. Este instrumento va de ordinario unido todos Jos que sirven para conocer el estado déla atmósfera y así es que se ve en el liigrómetro, fig'u- ra 3. * A, de la lámina, en que se marcan las dos co¬ lumnas centígrado^ reaumur. La primera 100, la se¬ gunda 80; la diferencia Ja constituye solamente el que los puntos de hielo que se indica en 0 hasta la ebullición, se han dividido en un caso en 100 partes y en el otro en 80. 48. La columna termométrica se dilata y contrae según el calor ó el frió, y siendo algunas veces ne¬ cesario conocer esas variaciones, para facilitar la co¬ modidad y evitarse las observaciones frecuentes, se han construido termómetros de máxima y de míni¬ ma: el primero como el segundo están provistos de un indicador que marcha á la cabeza de la columna, que está colocada en sentido horizontal, y que al re¬ tirarse se queda marcando el sitio á que alcanzó. El termómetro á mínima está construido con alcohol, que al dilatarse pasa por el indicador, y al contraer¬ se le deja señalando la mínima temperatura. 49. Barómetro. El barómetro, ya sea de sifón ó de cubeta, marca en una plancha graduada que'podemos representer por la columna PB, figura 3.^ 2.“’Los nú¬ meros 725 hasta 780 indican en milímetros la longitud de la columna barométrica: los números de la dere¬ cha marcan las de probabilidad de buen tiempo, y los de la izquierda de lluvia ó mal tiempo. Las líneas horizontales, las dos columnas de números y partes, de la columna, marcan que B B B es lá región del buen tiempo, y P P P la de la lluvia. El uso de estos barómetros y la facilidad de que el mercurio se les caiga en las traslaciones de un punto á otro, así como 3 — 34 — el saber colocar el indicador seg'un la altura sobre el nivel del mar del sitio en que habitamos, etc., etc., haceq difícil su empleo en general, entre la clase á Lluvia B P B P . B P Bueno 40 89 35 30 24 15 8 5 2 1 0 0 Figura 3.“ 2.^—Columna larométrica. que dedicamos éste libro; los que se hallen en este caso harán mejor en adquirir un buen barómetro metálico. 50. Barómetro metálico^ fig-ura 3.^ A. Este instru¬ mento, debido á Bourdon, está fundado en la altera¬ ción que sufren los tubos por la presión, y de consi¬ guiente, el tubo m por medio de la presión atmosfé¬ rica, tiende á separar las partes b a6 aproximarlas; y en estas variaciones la aguja p d gira por medio — 35 - del mecanismo o g marca en la esfera los g“rados de presión y las variaciones atmosféricas que son su Figura 3.* K.—Barómetro metálico. consecuencia. Este instrumento es de extrema nece¬ sidad y muy útil para dirig'ir muchas operaciones de vinificación. Presión de la atmósfera. . 51. La presión atmosférica está calculada, en que sobre un decímetro cuadrado que hace 100 centíme¬ tros cuadrados, la presión es de 103 kilógramos 300 gramos y sobre un metro cuadrado es de 10.330 ki¬ lógramos. La presión media sobre el cuerpo de un hombre de talla regular, es de 15.500 kilógramos, la cual soportamos sin fatiga, por la reacción de los fluidos elásticos que nuestro cuerpo contiene, y por¬ que tiene lugar en todos sentidos y se equilibra. — 36 — Cuando la presión atmosférica es menor, se advierte malestar y se dice que el tiempo está pesado, siendo así que debiera decirse lo contrario. § VII. ANÁLISIS DEL VINO. 52. El aire actúa con gran actividad sobre los cuerpos que componen el vino. Este, según los anᬠlisis químicos de los hombres más versados en la ciencia, resulta que está compuesto de varias sustan¬ cias, unas que proceden de la composición del mosto, y de consiguiente de la vid, otras que por la fermen¬ tación se producen y tienen su origen en las reaccio¬ nes y combinaciones químicas á que da lugar. Esto manifiesta la importancia que tiene, y el cuidado que demanda la fermentación del jugo de la uva. Cuerpos que contiene el mno y proceden de la vid. Agua. Azúcar de uva. Aceites esenciales. Mucílago y goma. Materia colorante. — grasas. Albúmina, gliadina, etc. (materias azoadas), fermento. Tartrato ácido de potasa. — neutro ¡de cal. — — de amoniaco. — ácido de alúmina. ^ — — de hierro. Rasematos ó paratártricos. Sales vegetales....l - 37 - Sulfatos. Azotatos, fermento. Fosfatos. Silicatos. Cloruros. Sales iPotasa. , (Sosa. Cal. Magnesia. \Oxido de hierro. ! Ácido carbónico. — tártrico. — málico. — cítrico. — tánico. Cuerpos que se forman por la fermentación. ¡ Alcohol. Aldehido. EteresJaVarios de que procede el bouquet). Acetatos. Butiratos. S Metapéctico. Acético. Butírico. 53. Nuestros lectores comprenderán por la simple lectura de los nombres de los cuerpos que componen el vino, las diferencias que en ellos se advierten; pues claro está que ni en todas las variedades de vid la uva se halla compuesta, en números ig-uales, de la cantidad de elementos, ni el clima que difiere de uno á otro sitio, el cultivo que varía de una á otra here- dad, proporcionan ig’ualdad absoluta ó cantidad exacta en volúmen de los cuerpos indicados. * — 44 — para darse cuenta en otro lugar del por qué vemos que se decolora el vino naturalmente según que pa¬ san años, si se guarda; y aunque pardea, se oscure¬ ce ó aclara, según qüe se obra con el caldo. 68. El color tinto ofrece infinitas variedades, des¬ de la llamada ojo de gallo, hasta de Rioja casi negro sin trasparencia alguna {a). El oxígeno del aire y el contenido en las materias que componen el mosto, influyen en la coloración del vino, actuando sobre las materias que lo producen y concurren á. formar¬ la, de tal suerte, que en igualdad de condiciones de composición del mosto, la mayor coloración corres¬ ponde á más absorción de oxígeno. Este fenómeno se comprende, cuando se estudia la marcha seguida en la fabricación de los vinos en recipientes de mam- postería (lagos), cuya parte superior, expuesta á la in¬ fluencia atmosférica, faculta la acción del aire, y se varía por otra en que el oxígeno tenga su acción más limitada. Esto nos explica el por qué de obte¬ ner caldos más cubiertos de color en vasijas de boca ancha y poco fondo: siendo extensa la superficie y poco el volúmen, la acción oxidante del oxígeno so¬ bre las materias contenidas en la masa líquida es más enérgica. Pero llegado á cierto tiempo, la misma ac¬ ción decolora el caldo, y de rojo se vuelve pálido, naturalmente, si otros agentes po conservan el color ó ayudan á precipitarlo. 69. En dos partes trataremos este asunto: prime- (a) En algunos pueblos de la Rioja, para ver el color del vino, se prue- ba en una taza ó plato que al inclinarlo deja marcado en ellos su color. Estos son los caldos que compra el comercio francés para el coupage, ó mezcla con sus chacolls 6 vinos agretes y de poco color, resultando una clase de que sacan gran provecho vendiéndolos á otras naciones y aun á la nuestra. - 45 - ra, materias colorantes natnrales del vino; segunda, las que se adicionan para aumentarlas. 1.^ Las materias colorantes del vino proceden de la película de la uva: es una sustancia azul cuando está pura, y que los ácidos contenidos en el mosto la vuelven roja; además de la sustancia azul, existe otra amarilla: la uva tinta contiene las dos; la blan¬ ca, la amarilla solamente. El color azul enrojecido por los ácidos se disuelve bien en el agua, menos en el alcohol ó aguardiente, y el éter no lo disuelve; la cal ataca el color rojo, decolora el vino, cuando se echa en él en gran cantidad; el cl^uro de cal, ataca primero la materia roja y después la amarilla. El sul¬ fato de cal ó yeso obra de distinta manera, aviva el color de los vinos tintos y lo conserva por más tiempo, y esta acción es más provechosa y durable sise añade al mosto al fermentar, que cuando se verifica al vino ya formado. La materia amarilla es soluble en el agua, alco¬ hol y éter, y de esta facultad nace la permanencia del color amarillo en los vinos llamados blancos, lo cual no sucede en los tintos en que la sustatícia roja se precipita por diferentes causas naturales y por las artificiales. Además de las indicadas, diremos que el polvo de carbón animal vuelve el vino tinto blanco, el tanino en exceso precipita también la materia-co¬ lorante y asimismo lo verifica la gelatina; esta que se emplea para los aclaros, sabemos que sin embargo de usarla en pequeñas cantidades, debilita el color en los vinos rojos y hace más trasparentes los blancos. *70. Batilliat ha dado á las dos materias indicadas el nombre de pourprita y de rosita, á las dos las asig¬ na el color rojo de los vinos tintos. Dice que la pri¬ mera, cuando está pura y seca, tiene el color rojo os- — 46 — curo, casi negro; su sabor es acerbo y astringente, no se disuelve en el éter; el alcohol de 85® de Gay-Lus- sac 33 Va de Cartier, la disuelve en la proporción de 6 gramos 5 decigramos por litro de alcohol. Tam¬ bién el ácidb sulfúrico disuelve la pourprita y toma el color de ella. Los álcalis la hacen volverse verde y el amoniaco destruye el color rojo por completo. La rosita aparece con las mismas propiedades, no se dir suelve en éter, es soluble en el alcohol, los álcalis la hacen volver verde, pero la gelatina y albúmina no precipita su color rojo, ya esté en disolucionen agua ó en alcohol y en el vino. 71. Maumené, ^ tratar de la materia colorante de los vinos tintos, establece una nomenclatura nueva; denomina á la sustancia origen de la coloración ocno- cyanina, formando ese nombre délos términos grie¬ gos vino y azul. Dice que esa sustancia se vuelve parda más ó menos oscura, por la acción prolongada del amoniaco f y que l-o.'potasa., sosa y cal, actúan de igual suerte; los ácidos concentrados no tienen casi acción sobre ella; el ácido sulfúrico la hace' más bri¬ llante y de un rojo intenso, hasta violeta si se pone en exceso, en este caso una adición de agua restable¬ ce el color. 72. La ocnocyanina, dice Maumené, es la única sustancia que colora los vinos tintos, y la mayor ó menor intensidad procede de la variedad de uva, de la manera de fabricación (68) y de la cantidad de agua y de ácidos libres contenidos en el caldo. Mulder ha demostrado que los vinos contienen gran proporción de estos ácidos. Para neutralizarlos se usa una diso¬ lución de carbonato de sosa. Además de la cenocyani- ná, Glenard ha obtenido otra sustancia colorante de¬ nomina enolina. La primera es la que constituye la — 47 — materia colorante de los vinos tintos muy cerrados de color; la segunda se indica en los de color más claro y trasparente'. Si se inquiere el origen de una ó de otra sustancia en un caldo, no puede atribuirse á la variedad de vid que la colora, toda vez que las procedencias de unas ú otras, no fijan esas materias; pues encontrándose algunas veces juntas y la colo¬ ración, según que domina una ú otra, no hay regla. Nosotros creemos, que cuanto más ferruginoso es el terreno en que vegeta la vid que presta la coloración al vino, y la fermentación tuvo lugar con toda ó par¬ te de la casca y escobajo, se significa más ó menos el color y domina uno ú otro cuerpo. Hay otra sus¬ tancia que se encuentra en la denominada (enozan- tina, es amarilla, y en su resistencia á la oxidación hace que permanezca y dé color á los blancos, así como que al perder los tintos su distintivo color apa¬ rezca el amarillo. 73. El cambio de color de los vinos tintos procede de la Oxidación del ácido tánico y la precipitación de la cenocyakina arrastrada por el ácido tannomelánico vuelto insoluble; el progreso de la oxidación marca la decoloración del caldo; nosotros tenemos vino tinto embotellado en 1859, que hoy tiene color de topacio: el depósito ó precipitado que se observa en las bote¬ llas, no es otra cosa que el ácido indicado. 74. La materia azul (snocyanina, se disuelve en el agua ácida casi de igual manera que en el alcohol. 75. 2.’ Las materias colorantes adicionadas á los vinos tintos para aumentar su coloración, pueden separar en tres secciones: 1. " Orgánicas ó vegetales. 2. “ Inorgánicas ó minerales. 3. ^* Mixtas. - 48 — Aunque esté demostrado por una larga experien¬ cia, que tanto en el caso de tener'un vino mucho, como poco color, se corrige mejor mezclándolo con otros que faciliten el fin que se desea, .no todas las veces puede hacerse, y de aquí el que se hayan bus¬ cado medios de, en caso de faltar color, adicionarlo con materias colorantes, y si tiene mucho, rebajarlo por medio de polvos de carbón animal; pero este pro¬ cedimiento que suple en ambos casos, no llena nun¬ ca la condición que establece el acierto en la elabo¬ ración del vino; todo lo que se haga después, varía su naturaleza y perjudica su larga conservación. Cuanto más sustancias se adicionan al vino con ob¬ jeto de corregir defectos de fabricación, más se ha¬ rán notar estos y pocas veces con provecho. 76. Entre las materias empleadas con ’el objeto indicado, suelen usarse algunas que son nocivas á la salud, tal es, por ejemplo, el sulfato de alúmina, alumbre, cuyo uso es muy antiguo, pues en los li¬ bros geopónicos se menciona y se dice ser un medio de conservación y de aclarar el vino; pero si eso pue¬ de ser, también lo es que es nocivo á la salud y por ello se prohibió su uso en Francia en 1854, donde se empleaba en una receta de 200 gramos de bayas de saúco, 30 de alumbre, 800 de agua: esa mezcla po¬ niendo en lugar del alumbre sal común, cloruro de sodium, y mejor dos partes de crémor tártaro y una de sal, da buen resultado y no perjudica á la salud. La tintura se hace poniendo á hervir la mezcla y fil¬ trándola después. 77. El alumbre puede estar compuesto dé sulfato dolble de alúmina y de potasa, ó de sulfato de alúmi¬ na y de amoniaco: el primero es el más común en el comercio, y el agua hirviendo disuelve un tercio de - 49 - SU peso: el segundo se disuelve en un peso igual de agua hirviendo y en dos tercios de fria; este se dis¬ tingue en que cristaliza en prismas planos,' y aquel en masa confusa; el sabor del primero es dulzarrón y astringente, el otro lo tiene salado y picante. La ac¬ ción de la potasa y del amoniaco, sobre la materia colorante del vino, ya la conocemos (71), y así es lo ordinario que los vinos compuestos con alumbre tengan el color oscuro, y que si con cuidado se exa¬ minan, afectan un gusto dulce ó salado, según la composición ya indicada. 78. Para conocer si el vino tiene alguna adición de materia colorante, para cuyo fin se usan la cochi¬ nilla^ yezgo, arrayan, fernamluco, tornasol, campe¬ che, sanco, amapolas, moras negras, oenolina artifi¬ cial, orchilla, fnchsina, granate, etc., etc., se emplea la gelatina que tiene la propiedad de precipitar las materias colorantes naturales del vino á la vez que lo hace del tanino (69), y la coloración artificial queda en el líquido. Esto supuesto, por medio de la gelati¬ na se puede averiguar si la coloración del vino tin¬ to es natural ó artificial; cuando el vino sea pobre en materia taninosa, habrá de echarse esta, pues la ge¬ latina actúa sobre ella y es la que precipita la cola- racion natural del caldo, dejando en él la artificial. 79. Las materias indicadas para la coloración ar¬ tificial del vino, se echan generalmente en aguar¬ diente, para que este se apodere de la parte colorante y con él se adiciona. También se pueden poner á her¬ vir con agua y se consigue un líquido de color más d menos fuerte, pero es mejor emplear el alcohol. Las bayas de saúco, la orchilla, moras y remolacha roja, sueltan la materia colorante roja teniéndolas en alcohol y exprimiendo su jugo. Pero de todas, la me- — 50 — jor y , más fácil de empleo son las bayas de saúco ex¬ primiéndolas en ag'uardiente de 26 á 30". Sin em¬ bargo, nosotros aconsejamos como medio perfecto, nunca mezclar al vino sustancias extrañas; si le falta color, mezclarlo con otro que lo preste; si le sobra, con otro que tenga poco ó que sea blanco. La osnolina artificial expedida por una casa de Lyon (Francia), se dice ser una sustancia inofensiva para la coloración de los vinos; ensayada por nos¬ otros nos ba parecido útil; sin embargo, es de mejor resultado echar casca tinta en el alcohol de muchos grados, y pasado algún tiempo se obtiene natural que se añade con el alcohol al vino. 80. Tartrato de ácido de potasa. Cuando se adicio¬ na yeso, sulfato de cal, en la fermentación, ó des¬ pués de estar claro el vino, resulta que actuando so¬ bre Ja potasa, la trasforma en sales calizas insolubles y en sulfato de potasa, que facilita la disolución del fermento; el carbonato de cal, del yeso, neutraliza el ácido y precipita el tanino. Más adelante trataremos extensamente este asunto importante para la vinifi¬ cación. La composición del tartrato es: Acido tártrico. 70,16 Potasa.. i. 25,06 Agua,.. 4,78 100,00 81. Acido tártrico. Se obtiene del tartrato que deposita el virto en las paredes de los vasos: sé pre¬ senta en cristales blancos en forma prismática exa¬ gonal, en cuyos ángulos se ven dos facetas. La ac¬ ción de este ácido sobre la materia azul que colora el vino tinto es enérgica: es muy soluble en el agua y en el alcohpl, aunque en menos cantidad. Tiene un sabor ácido muy pronunciado, que se modifica con — 51 — las variaciones y cambios que experimenta por la fermentación vinosa unido á la potasa, se forma el bitartrato de potasa poco soluble, y cuando la potasa existe en abundancia se disuelvé y trásforma en tar- trato neutro. Sabemos que los tartratos son insolubles, exceptuando los de base de potasa, sosa, hierro, etc. 82, Seg’un que el vino envejece y que el azúcar se convierte en alcohol, el tártaro se precipita y el sabor de vino cambia: su propiedad de disolver el fermento (80), le hace necesario y hasta se aconseja su adición cuando este es demasiado. Si el suelo por carecer de las materias minerales potasa, sosa y cal, dificulta la formación deb ácido tártrico á que sirven de base, habrá ventaja en abonar las viñas con ellas. Las sales minerales son necesarias para la vid, y sin ellas el fruto no contiene los elementos convenientes para el vino. De esto depende el que á cualidad igual en apariencia y con igual especie de vid, se obten¬ gan mostos que ofrezcan vinos de distinta clase. 83. La acción del vino sobre los metales es debida al ácido tártrico, que disuelve los óxidos y se hace nocivo á la salud; de aquí el que no deben emplearse para guardar el caldo, vasos de cobre, plomo, zinc, etcétera. 84, Otros tartratos. La composición de los tar¬ tratos no es sola la indicada (80); la cal sustitu¬ ción de la potasa, así como la alÚMina, hierro y amo¬ niaco, aparecen según hemos dicho (52). 85. Acido paratártrico. Con este nombre ó con el de rasematos, se designa por M. Pasteur el producto de una combinación de dos partes iguales de ácido tártrico, una que polariza á derecha y otra á la iz¬ quierda. Este ácido se forma en el vino, según pare¬ ce, por la descomposición del éter tártrico. - 52 - 86. Los ácidos fijos, que tan gran papel jueg-an en la vinificación, no se encuentran en los caldos en proporciones ig-uales; la variedad de ux)a, el cultivo, suelo j clima, influyen en que sean en mayor ó me¬ nor cantidad, según el estado de madurez de la uva. Es notable por todos conceptos el trabajo ejecutado por nuestro amigo el Sr. Villanueva como jefe del laboratorio de la Exposición nacional vinícola de Madrid; en él analizó 2.956 muestras de vino de to¬ das las provincias de España, y determinó que la ri¬ queza ácida es de 2 á 6 gramos de carbonato de sosa por litro; esto es, que para saturar los ácidos conteni¬ dos en un litro de vino se ha necesitado de 2 á 6 gra¬ mos, en términos generales, de carbonato de sosa. El ácido cítrico, dice Proust, existe en la uva antes de madurar; Kaufmann señala el agraz como una mate¬ ria á propósito para preparar el ácido de limón, ácido cítrico. 87. Acido acético. El ácido acético del vino es una consecuencia de su mala elaboración, principalmen¬ te en los momentos de fermentar; si esta se conduce con inteligencia, el ácido del vinagre no se desarro¬ lla, como no sea que después se permita la acción del oxígeno sobre el alcohol y tenga lugar la formación del aldehido. 88. Acido mélico. Este ácido merece un estudio detenido; indicada su existencia en el vino por Chap- tal, ha sido motivo de largas discusiones, y hasta se han ofrecido algunos específicos por los curanderos de vinos, para precipitar una materia que al decir de mu¬ chos era la causa de perderse algunos caldos. Pero Dumas nos dice en su (Química, tomo VI, pág. 495. «Varias veces se ha pretendido sostener que el vino contenia ácido mélico, y Chaptal dice que se - 53 - forma malato de cal echando agua de cal al vino. Esta Opinión fué admitida por M. Brande; pero la presencia de dicho ácido parece dudosa, cuando .*«0 ve el mismo precipitado insoluhle que resulta por la adición del amoniaco ó de la potasa^ igual que con la cal. Los mulatos de esos álcalis, siendo muy solubles, se puede atribuir eí precipitado que se forma, á la saturación del exceso de acido tártrico, contenido en el bitartrato de potasa, de donde resulta que el tar- trato insoluble de cal, que se encuentra de ordinario asociado á ese cuerpo, queda libre y precipita.» 89. C ontra la opinión de Dumas, que pone en duda la existencia del ácido málico en el vino, apa¬ recen las de Barruel, que dice haberlo encontrado en ,el arrope de uvas: Scbwars en las uvas de Silesia; Winckler en los vinos de Baviera, y Maumené en los de Damery. El ácido málico, según este último autor, se com¬ pone en centésimas partes: Carbono. 35,82 Hidrógeno. 4,48 Oxígeno... 59,70 100,00 90. M. Pastearen su método para determinar la acidez del mosto por medio del agua de cal saturada de ácido sulfúrico, dice haber encontrado el tartro- malato de cal que está formado de un equivalente de tartrato de cal y otro de malato de cal y 16 equiva¬ lentes de agua. 91. Acido tánico. Procede del jugo de la uva y de la raspa, y es uno de los elementos del vino. Algunos de estos lo contienen en la proporción de 1 gramo 86 centigramos por litro, otros no alcanzan á 0 gra¬ mos 200 centigramos. Fauré, en más de cien clases - 60 — El Sr. Bonet y Bonfill, catedrático de química del Instituto Industrial de Madrid, nos ha dado una rela¬ ción de la riqueza alcohólica de los vinos de varias provincias de España, presentados en la Exposición de 1857; de ella resulta: Albacete. Término medio. 14,9 Alicante. Máximum. 20,3 — . Mínimum. . • . 11,4 ' — Término medio de 25 clases (a). 16,3 Almería. Máximum. 15,2 — Mínimum. 11,6 Ávila. Máximum. 15,9 — Mínimum. ... 8,0 Baleares..... Máximum. 19,1 — ' Mínimum. 11,6 Barcelona...,. Máximum. , . 19,3 — Mínimum. 11,4 > — Término medio de 60 clases. 15,4 Búrgos...... Máximum. 18,2 — Mínimum. 12,3 Cáceres. Máximum.. 16,3‘ — Mínimum. 11,2 Cádiz. Máximum. 21,4 — Mínimum... 9,0 — Término medio de 24 clases. 16,6 Ciudad-Real. Máximum. 14,4 — Mínimum. 8,3 Córdoba.:.. . Máximum. 19,4 — Mínimum. ' . 9,0 Gerona.._ _ Máximum. 23,9 — Mínimum. 14,9 Granada. Máximum. 20,5 — Mínimum. 13,8 Guipúzcoa... Máximum. 14,5 — Mínimum. 6,0 Huesca. Máximum. 16,1 — Mínimum. .. 12,5 Jaén. Máximum.. . 19,3 — Mínimum. 9,8 Logroño. Máximum. 16,4 — Mínimum. 11,1 (a) Hemos sacado estos términos para no copiar la extensa nota dada por el Sr. Bonet y Bonfill. - 61 - Madrid. Máximum.-.. _ Término medio de 15 clases. Mínimum. Mínimum. _ Término medio de 29 clases. Orense. Máximum. _ Mínimum. Oviedo. Vino tostadillo.. _ Idem aceitoso.. Pontevedra.. Máximum.. _ Mínimum. pfivílla,. . .. .. Máximum. Mínimum. Teruel. Vino blanco. Tnlftfln . .. Máximum. MínÍTirmm . . . Valencia...., , Máximum. _ Mínimum. . . _ Término medio de 45 clases. Valladolid... Máximum . ... _ Mínimum. Zaragoza.... Máximum.. — Mínimum. — Término medio de 29 clases. 17.4 11.4 14.5 19,9 12.6 16,0 10,5 14.4 16.4 9,9 13.5 2,6 19.6 7.8 13.4 12,0 7.9 17,0 11.5 21.7 10,9 12,4 14.7 12,3 18,0‘ 12,3 15.8 102. Examinando con atención los estados que pre¬ ceden, se observa que el peso de las sustancias ó ex¬ tracto seco obtenido de los vinos, no g-uardá propor¬ ción con el volúmen de alcobol. Sin embargo, tengan presente que, cuanto más viejo es el vino, está más hecho, y que no siendo dulce tiene menos azúcar sin disolver, y el peso de las materias que quedan por re¬ sultado de la completa evaporación del caldo es me¬ nor. En los vinos de Mor ata (podemos asegurar su edad), se ve la progresión, y si resulta diferencia en¬ tre los dos vinos de 1869 y 70, y este dejó menos resi¬ duo, la causa está en que el año 71 (en que escribi¬ mos), la cosecha del año anterior que á él pertenece. ■ 62 - la uva maduró mal: y la parte azucarada era menor y peor elaborada que el año 1869. 103. La proporción de alcohol no responde, ni guarda relación con el extracto que del vino se obtie- nej pero hace advertir que. cuanto más años tiene el caldo, mayor es el volúmen de alcohol, esto en el supuesto de una conservación arreglada á los medios que la práctica y la ciencia enseñan para mejorar el líquido con el tiempo. El análisis que nos da Boussingault en su Eco7io- mid rural, manifiesta las partes, en cantidad, de qu& se coínpone generalmente el vino; así 100 de vino na dan en Francia; Alcohol. 8,73 Glicosa y materia extractiva. 3,62 Bitartrato de potasa. 0,29 Sidfato de potasa. 0,02 Cloruro de sedium. Trazas Fosfato de magnesia'.. 0,05 — de cal. 0,02 Agua. ’ . 87,27 100,00 104. Don Antonio Casares, profesor de química [a] ^ nos da el siguiente resultado de los vinos de Galicia. Vino tinto de .¡Vmendi..... — Vilacha. — Valdeorras. — hhinco de Rivadeo..... — tinto — .... — del valle de Lemos... — deUlla. — de Salnés. — tostado del Rivero. .. — — de Valdeorras. Alcohol en 100 partes. 13 13 12 12 3/4 ' 12 11 1 / 2 . 8 1/2 10 16 1/t 16 (a) Observaciones sobre el Cultivo de la vid en Galicia. - 63 - . § VIII. el vino SEGUN EL TERRENO EN QUE ESTÁ PLANTADA LA VID. 105. Las. proporciones citadas varian según los sitios, métodos de fabricación, clase de suelo, de la vid, etc., etc., y esto nos lo prueban las infinitas va¬ riedades de vino y diferencias -advertidas entre los analizados. Largo sería este catálogo, pero como no probaria otra cosa que las indicadas diferencias, li¬ mitaremos los ejemplos. M. Jacob, tratando de los vinos de Borgoña, nos da uno bien concluyente. NOMBEES DE LOS VINOS. II Peso total 1 de las sa¬ lí les. 1 Bitar trato I de pota- II sa. I Sulfato de 1 potasa.... 1 Fosfato de Tar trato de cal.... Tar trato de alúmi¬ na. Cloruro de sedium... Cote Pitois.... 1,012 0,454 0,104 0,300 0,097 0,043 0,013 0,949 0,371 0,119 0,328 0,068 0,048 0,014 Bridaines. 1,198 0,449 0,178 0,450 0,041 0.056 0,023 Vautiercelins.. 1,201 0,429 0,125 0,480 0,056 0,057 0,0531 1,037 0,492 0,189 0,251 0,070 0,012 0,020 Charlouts. 0,727 0,394 0,089 0,130 0,069 0,039 0,004 Vaumorillon. . 0,700 0,409 0,172 0,068 0,031 0,017 0,002 Tronchoy. 1,181 0,418 0,213 0,437 0,060 0,040 0,013 Olivottes. 1,180 0,408 0,288 0,354 0,068 0,052 0,011 Perriéres. 0,918 0,335 0,203 0,310 0,043 0,031 0,016 106. ¡Cuánto dicen esos guarismos! Si en una lo-^ calidad, mejor dicho, en uri distrito, se advierten ta¬ les diferencias en volumen de una misma sustancia ó cuerpo; ¿qué extraño que en vinos de regiones diferen¬ tes sean más notables? A esas variaciones y muchas ' — 64 - veces á la falta absoluta de unos cuerpos y aparición dé otros, se debe principalmente la calidad de los vi¬ nos. M. Filkol, en treinta vinos diferentes del Garo- na, apenas ha encontrado trazas de cloruro de so- dium (sal común), y vemos que Jacob indica en todos cantidad, lleg’ando en alg*uno3 hasta 53 milési¬ mas. Aquel indica hasta 131 milésimas de tartrato de hierro, y este nada dice respecto de este cuerpo. Ver¬ dad es, que la composición del suelo en que veg-eta la vid da lugar á esas diferencias, y esto se mani¬ fiesta por el siguiente estado, qué expresa la compo- cion de las cenizas de la vid, segan la clase de ter¬ reno. Materias en las cenizas. SUELO. Cuarzoso. Calizo. Pizarra. Potasa. Sosa... . . Cal. Magnesia.... Oxido de hierro. Acido sulfúrico. — fosfórico.. Sílice . Cloro. Ácido carbónico. Carbono y arena. 21,68 5,10 20,43 2,96 0,10 1,70 10,30 0,92 0,32 15,71 21,08 17,60 5,10 26,54 5,03 0,17 1,67 13,80 0,44 0,25 20,24 9,39 19,32 6,43 24,49 6,70 0,14 1,78 12,34 1,81 0,18 17,67 9,40 100,39 100,29 100,26 Los vinos españoles, se conoce hoy su composi¬ ción cualitativa con relación á la materias inorgáni¬ cas, trabajo que es sensible no se completara con la determinación de cantidad de cada una, según ya di- - 65 - gimos (100); sin embargo, el estado siguiente es un resúmen que indica por provincias los cuerpos en-^ contrados en abundancia en ías cenizas de los vinos por el Sr. Villanueva, página 1029 y siguientes del Sskídio sodre U Eícposicion vinícola de 1877 en Ma¬ drid. — 68 — • Como hemos dicho, esos son los cuerpos que do¬ minan, que se encuentran en abundancia^ y los de¬ más en pequeñas cantidades; sin embarg’o, entrando ■ en detalles más minuciosos de cada provincia, se ob¬ serva que los términos suelen invertirse en los vinos de alg'unos pueblos, por ejemplo, la provincia de Lo- g-roño resulta con que las cenizas de sus caldos son en g-eneral abundantes en sulfates,, y sin embargo los del Ridal y Herce son* pobres de ese cuerpo y abundantes en cdl^ hierro, alúmina y fosfatos-, igual¬ mente á los de Corella (Navarra) y Olite; á los de Sit- ges (Barcelona); los de Reus (Tarragona); los de Cas¬ tellón y algunos de Venicarló; en Alicante los deMo- nóv'ar; en Cuenca los de Tarancon; los de Jaén; en en Sevilla, los de Villanueva del Ariscal; en Madrid, Chinchón, Navalcarnero y Campo Real; en la de Ciudad-Real, Manzanares, Tomelloso, Valdepeñas y Alcázar de San Juan. La influencia que ejercen las sustancias minerales disueltas en el vino, es conocida y trataremos de ella más adelante; hubiésemos puesto aquí el resultado por pueblos y por vinos, según resulta del libro in¬ dicado, pero su extensipn no nos permite veriflcarlo, y lo dicho aquí creemos suficiente al objeto de nues¬ tro tratado. § IX. ANÁLISIS DE VARIAS CLASES DE MOSTO. 107. Se ha visto que según la composición de la , tierra varía la de la vid: esto se comprende, pues los agentes de la vida vegetal trasmiten á la planta los - 69 - • elementos del suelo {a). Como consecuencia de esas variaciones no deben admirarnos los resultados, y me¬ nos cuando analizando los mostos, se ve que los tintos difieren en su composición de los blancos, y ambos varían seg-un los g-rados de madurez de la uva que los ba producido. M. Crasso nos presta los datos al efecto. U) Véaseunuestro Tratado de la vid, ya dos veces citado. — 76 — Tratado de mni/icacion: «El aire atmosférico no es, pues, necesario para la fermentación; y si parece útil establecer una comunicación libre entre el mosto y la . atmósfera, es porque las sustancias gaseosas que se forman en la fermentación puedan entonces ' esca-' parse fácilmente, mezclándose ó disolviéndose en el aire.» 114. El indicado señor ha visto y deducido por los efectos y no comprendió las causas, y ha equivocado los conceptos; esto es tan evidente y conocido, que todos sabemos que haciendo el vacío por el método de M; Apperp, se conservan las sustancias vegetales y animales, y el mosto también sin fermentar, y que desde el momento que se facilita la acción del aire atmosférico, actúa el oxígeno de él, se establece la fermentación y la exhalación del gas ácido carbóni¬ co es la consecuencia inmediata; pero esa acción del oxigeno del aire no es constante ni necesaria, des¬ pués de haber puesto la masa en movimiento de fer¬ mentar: luego, los principios del fermento y la mate¬ ria amcarada, lo continúan hasta disolverse en el líquido, emitiendo el ácido carbónico producido. 115. Berthelot dice, que una vez terminada la ■ fermentación, debe sustraerse el vino de la acción del aire, pues 10 centímetros cúbicos de oxígeno, son suficientes para destruir el aroma y cualidades dé un litro de dicho caldo. 116. Pasteur manifiesta, que el oxígeno es el que hace el vino, lo modifica, hace desaparecer el mal gusto, provoca el precipitado de varias sustancias, y sin ello no se adelantada formación del aroma ni se enrancia el caldo; pero esa acción no debe ser conti¬ nua y prolongada, pues en este caso la aereacion cambia sus efectos. 117. Pasteur, después de varios experimentos que son fáciles de ejecutar y de que trataremos al hablar de la conservación del yino, ha dicho: 1. ° Que los precipitados que se observan en los , vinos son el resultados de la acción del oxígeno del aire. 2. ® Que los cambios del color del vino se produ¬ cen exclusivamente por el oxígeno del aire; siendo más activa la acción cuanto más luz recibe; en la os¬ curidad, los principios del vino tardan más en com¬ binarse con el oxígeno. Estos hechos son ciertos y cada uno tiene medios de verificarlo, exponiendo en cristal y á la luz igual clase de vino que conserve en vasos y sitios oscuros. 3. ° Que la acción del oxígeno del aíre produce en el vino el desarrollo de los éteres, y de consiguiente, el aroma y gusto. 118. Y nosotros diremos que la acción oxidante del oxígeno, es útil para madurar el vino, hacerlo llegar al punto en que sus cualidades están desarro¬ lladas y debe consumirse; pero llegado este período, sucede al vino como es natural en todo lo creado, que la vida termina, indicándose de diferentes mo¬ dos según los cuerpos que la constituyen. 119. El oxígeno electrizado que se produce en tiempo de tormenta, causa muy malos efectos^ sobre el vino, y en los momentos de tempestad y después de haber pasado, se debe evitar su contacto con el caldo. Un hecho fácil de'confrontar prueba la acción activa del aire en la masa vinosa; al fermentar el mos¬ to, pónganse en un dia dos vasos-de igual capacidad, uno lleno y otro medio de caldo, en el primeto tar- xdará en hacerse el vino más tiempo que en el segun¬ do, este lo presentará antes con condiciones de usarlo; — 78 — porque el vacío permite mayor acción y oxidación de ,oxígeno y anticipa la madurez del caldo. Pero esta causa precipita su vejez y descomposición, si cuando está hecho no se resguarda de la acción del aire. ‘ El oxígeno colora el mosto ya sea tinto ó blanco. De a^quí la razón de que no se rompa ni mostee antes de pisar la uva que se destina á vinos blancos de pri¬ mera, y que en cuanto se pisa se disponga para la fermentación en los vasos vinarios. § XII. EL CALOR. 120. Ya digimos que el calor es el agente princi¬ pal que actúa para hacer cambiar de estado á los cuerpos (16); el vino se dilata y cuando se eleva la temperatura hasta 60“ sobre cero, los vapores que exhala arrastran los gases contenidos en eli caldo, y el alcohol se separa de la masa, si esta se eleva á 80“ centígrados de 'temperatura; en este estado el vino sufre modificaciones, se precipitan las sales que con- , tiene y su desorganización es completa, llegando de 90 á 100®. El vino, dice Maumené, cuando se ca¬ lienta, aunque se haga en el baño-maría, sufre gran¬ des modificaciones en sus elementos sólidos. 121. La densidad del vino decrece en razón que el calor le hace aumentar de volumen. 122. El sabor de los vinos cocidos resulta por la, alteración del éter tártrico (98), del azúcar y demás partes que lo componen (52). 123. Cuando el mosto se hierve, la parte azucara¬ da se altera, se oscurece, y de esa cualidad nace el -19 - color de caramelo que produce en el vino el arrope- de mosto. El calor necesario para poner en acción el fer¬ mento y que el azúcar del mosto se convierta en al¬ cohol, está limitado entre 18° hasta 25 sobre 0. Si. la temperatura se sostiene desde 5® hasta 10 so¬ bre 0, la fermentación no tiene lugar más que im¬ perfectamente, el fermento se altera y el azúcar (61) da otros compuestos diferentes. El frió suspende la fermentación, el exceso de calor la precipita y no da lugar á que sea completa la conversión del azúcar en alcohol. A la temperatura del agua hirviendo, no hay fermentación y á 0 tampoco, luego el método de Pas- teur y de M. de Vergnette, el primero por el calor y segundo por el frió, con el fin de destruir los gér¬ menes de ulteriores fermentaciones una vez hecho el ^iuo, conducen al mismo fin; pues si es cierta la existencia de géi^menes que la temperatura de 20 á 30° desarrolla, pueden morir ó destruirse en los ex¬ tremos que las desorganiza. § XIII. , LA ELECTRICIDAD. 124. Hay algunos autores que han indicado la in¬ fluencia que tiene sobre el vino, el estado atmosférico- cargado de la electricidad que producen las tormen¬ tas, siendo en efecto exacto, pues lo hemos confronta¬ do, que la vibración puede producir en la masa lí¬ quida movimiento de oscilación, si el vaso está vacío en parte, y en este caso ocurre que los cuerpos depo¬ sitados en ei fondo, se elevan y enturbian el caldo. Pero si los vasos están bien llenos y el vino puesto en - 80 - ellos bien clarificado, los sacudimientos eléctricos no tienen ning’una influencia y menos cuando se tiene el líquido en tdnelés bien tapados, pues sabemos que la inadera es uno de los cuerpos no conductores ó ais¬ ladores de la electricidad. Los aros de hierro no son tan buenos como los de madera, y siempre se estará seg’uro de los'efectos de la electricidad por su acción mecánica sobre el vino, teniendo los caldos, cual se debe, y diremos en su lugar, sin olvidar lo ya indi¬ cado (119). § XIV. LA LUZ. 125. Es práctica constante y muy antigua, la de sustraer el vino de la luz; así las bodegas, cuevas, etc., se construyen dé ordinario oscuras y profundas, para armonizar con esa condición, la regularidad de la temperatura, y que esta sea poco elevada. La luz'que aviva el color en su nacimiento, si actúa constan- tamente sobre él, lo modifica, varía y hasta lo ex¬ tingue. 126. Lo que la práctica efectúa, lo confirma la ciencia. Un vaso que esté lleno de vino y bien tapado expuesto á la luz, con otro medio lleno y tapado tam¬ bién, el primero conserva el color, el segundo lo pier¬ de y varia de cualidades, porque la acción del oxígeno del aire contenido en la parte desocupada, es más enérgica bajo la influencia de la luz que en la oscu¬ ridad. 127. Dos vasos llenos de vino tinto y ' bien tapa¬ dos, expuestos el uno á la la influencia dé la luz y el otro en la oscuridad completa, el primero modifica su — Bi¬ color, se pone alg-o pardo, aparece como de más tiem¬ po que el otro, que necesita triple para lleg’ar á el caso de aquel. 1^8. El vino blanco, bajo la influencia de la luz y un tanto vacía la vasija que la contiene, se vuelve os¬ curo y presenta gran cantidad de materias precipita¬ das por la actividad del oxígeno en presencia de la luz; la vasija llena no presenta este fenómeno. El vino tmto, en iguales condiciones, aparece al contrario, es decir, que la vasija que tiene parte va¬ cía, ofrece el vino con poco color y se pardea (126). 129. Podemos terminar diciendo: 1. " La luz quebranta el color del vino, y la oscu¬ ridad lo conserva más tiempo. 2. ” La acción de la luz modifica el color del vino y lo hace aparecer más viejo. 3. ® Los vasos que contienen vino, si tienen al¬ guna parte vacía, facilitan la acción del oxígeno con tanta más actividad, cuanto más expuestos' estén á la luz. § XV. LOS ÁCIDOS EN EL VINO. 130. Aunque hemos dicho en su lugar, sobre los ¿cídos contenidos en el vino, nos parece necesario in¬ dicar la acción de algunos que suelen adicionarse á él con fines distintos; entre ellos se cuentan el ácHo tártrico, el sulfúrico, el sulfuroso, etc. 131. Acido sulfúrico: Hemos visto (106 al lló) que tanto en el mosto, como en el vino y suelo existe; di¬ cen algunos autores, entre ellos Maumehé, que adicio- tiado al vino lo mejora, aviva su color, y oponiéndo- — . 82 — se k que fermente lo bonserva limpio, le da frescor y buenas cualidades: pero el límite de esa aplicación y los casos en que debe hacerse, es un estudio necesario, pues este ácido concentrado es venenoso, y no e*s lo mismo el que se vende en el comercio que el encon¬ trado en el vino. Además ya hemos dicho las propie¬ dades del alumbre ('76. y 77), y condenado su uso por ser un cuerpo cuya acción es nociva á nuestra econo¬ mía; en su lug’ar debe emplearse, si fuese necesario, el ácido tártrico (81). § XVI. LOS ÓXIDOS Y LAS SALES. 132. La acción de la potasa, sosa y cal sobre los vinos, dig-imos era perjudicial (67, 70 y 71); pero he¬ mos visto que estos álcalis existen en el mosto, vino y tierras en que prospera la vid con utilidad (105 al 110). De esto último se deduce, y la ciencia enseña que pueden usarse en proporciones pequeñas, para neutralizar los ácidos del mosto antes de fermentar, y de los vinos que lo necesitan. Pero la acción de cada uno de esos cuerpos, siempre en el supuesto de em¬ plearlos en pequeñas proporciones y en particular en los vinos tintos, no es igualmente enérgica, y como lo. potasa á la vez que da al caldo algún gusto amar¬ go no se encuentra pura, es mejor el uso de la sosa en cavlonato cHstatüado] el carbonato de cal tam¬ bién es bueno, y ambos cuerpos los hemos usado y visto que las apreciaciones de Maumené y otros au¬ tores tienen exactitud. 133. El empleo de los álcalis indicados, ya se usen - 83 - en carbonates ó puros, tienen el inconveniente de que sise echan con exceso, si la cantidad empleada excede déla necesaria para saturarlos ácidos, obran sobre los otros cuerpos contenidos en el líquido, vuelven oscuras las materias colorantes y pueden llegar hasta descomponer el caldo por completo. Batilliat nos dice: «La cal empleada en proporciones convenientes, neutraliza la parte ácida del vino sin cambiar su co¬ lor; sin embargo, precipita algunas veces algo de la pourprita (70]; pero desarrolla anticipadamente . en los vinos el aroma y sabor que adquieren cuando son añejos; sus efectos son' Buenos igualmente sobre los vinos blancos que sobre los tintos. En caso de poner cal con exceso, el vino se enturbia, oscurece su co¬ lor si son tintos, tomando un sabor desagradable;., en este caso, una adición de ácido tártrico (81), en pro¬ porción conveniente, vuelve al calor todo su brillo y al sabor su condición. La cal deberá ser recien hecha y apagada natural y recieiítemente apilada, pasada por un tamiz para emplearla en polvos muy finos, para que descienda lentamente en el líquido y de este modo atraviese sus capas para actuar en ellas.» 134. Lo que precede, aunque no sea de la aproba¬ ción de Maumené, tenemos pruebas de su exactitud, y ya en la primera edición lo hicimos notar. Lo que debe hacerse y hemos hecho ha sido, tomar una por¬ ción de vino ó mosto, cuyo ácido se intenta saturar, y adicionando la Cal en proporciones conocidas, has¬ ta producir el efecto necesario, se calcula el yolú- tneu del caldo y peso del álcali que es necesario, lle¬ gando así al fin deseado. Nuestro compatriota Bonet y Bonfill, nos ha dado medios de apreciar los resulta¬ dos del uso de los álcalis, y manera de conocer la - 84 — acidez de los caldos, pero su método exige varios ins¬ trumentos de química y conocimientos que en lo ge¬ neral no creemos puedan tenerse por las personas á que, interesan nuestros trabajos. Cuando se use la cal se lavará bien primero; se ■ echa la cal en agua, se agita con un mecedor á fin de que se disuelvan todas las sustancias; se deja un poco en reposo, se quita el agua y se echa otra, repi¬ tiendo la Operación y hasta una tercera vez; quitada el agua, queda en el fondo una sustancia blanca, cal pura, que es lo que debe usarse. Con la cal se quita el amfraio al vino. 135. De la cal hemos hecho una aplicación qué, sin dejar de tener los inconvenientes ya indicados, facilita la solución de un asunto importante. Cuando por habernos excedido en la aplicación del azufre para trasegar en los vinos tintos, se retrasan en vol¬ ver á su color, el uso de la cal es el único medio que hemos encontrado y es debido á nuestro estudio, pues nadie, que sepamos, lo ha indicado {a). Pero debe usarse la cal según ya se ha dicho (133 y 134) con los fines indicados, y desde el momento que se ad¬ vierta el límite para que el vino venga á su color, se .calcula la cal empleafia y volúmen del líquido some¬ tido al ensayo, y por una regla de proporción se con¬ sigue saber el peso de cal en polvo y tamizada (133) que se ha de emplear. (ct) Como pudiera ocurrir qup sp tenga un libro publicado por Bus- tamante, el cual sin decir ser nuestro, copió casi toda la ])iimera edi¬ ción de nuestro libro, lo advertimos, sin añadir más sobre tal manera de obrar por dicho señor. , — 85 ■ * La creta ó tierra Manca [carbonato' de cal). 136. La creta ó tierra blanca, se usa desde muy antiguo paya quitar á los vinos el ácido procedente de la mala fabricación, poca madurez de la uva por falta de condiciones del suelo y clima. El uso que or¬ dinariamente se hace cuando se emplea en el vino, es meter la creta en un saco y suspenderlo en el caldo, de este modo la acción es menor que cuando se echa sin él: puesta en el saco se forma á su alrededor tar- trato de cat, que con su insolubilidad resguarda el resto del carbonato que queda intacto en el centro del saco. Echada suelta ó con el saco, debe proceder un ensayo para que se conozca la cantidad necesaria y evitar las consecuencias de un uso inmoderado ó in¬ suficiente; cuando se ponga en saco, este será largo y estrecho con el fin de que el líquido actúe en todo su contenido. 137. Maumené da una aplicación científica á la creta^ y' creemos que el uso que se viene haciendo de 6lla desde tiempo inmemorial, y que sólo se ha en¬ tendido como útil para neutralizar los ácidos, lo ha sido y es como medio de introducir en el caldo el gas ácido carbónico (95) que tan útil es (95 al 97). Maumené nos da un medio fácil de conocer si la alteración del vino nace de la falta de ácido carbóni¬ co, y en este caso nos explica el medio de suminis¬ trárselo puro, del modo siguiente: Uso de IfL creta para prodíicir el ácido carbónico. 138. S e dispone un aparato según la figura terce¬ ra B. A es un barril de la capacidad de 6 hectolitros, - 92 - aumento es de 120 veces el tamaño del objeto exa¬ minado. Figura 3.'*, C. 146. En 1863 se publicó también por M. Vergnet- te-Lamotte, un trabajo microscópico sobre los vinos - 93 - y mostos, determinando el asunto de la manera, si¬ guiente; «Sabemos que es muy difícil, si no imposible, du¬ rar los’vinos enfermos, aunque no puede negarse se precaven los males que los atacan. ¿No se puede, por medio del microscopio, descubrir con tiempo la dis¬ posición de las enfermedades del vino? Tal es el pro¬ blema que nos hemos propuesto hacé mucho tiempo: daremos un resúmen de los ensayos y resultados ob¬ tenidos. >>Los ensayos han consistido en observar en el mi¬ croscopio los cristales que dejan sobre un pedazo de cristal, una gota de vino sometida á la evaporación espontánea, colocada debajo de una campana de cristal.» 147. La figura 3.*^ C representa, en sus núme¬ ros 1 al 29, las formas principales que afectan los cris¬ tales de los vinos que se han abandonado á la evapo¬ ración espontánea del modo indicado; esos cristales ■ '^^arían de tal suerte, según la clase del vino, que este iiecho solo manifiesta el gran partido que puede sa¬ carse con el estudio de los vinos por medio 4^1 mi¬ croscopio: los vinos contienen proporciones variables de ácidos libres, y las investigaciones ejecutadas al efecto, han demostrado que, según los vinos, varían también los ácidos. 148. En las uvas poco maduras se encuentra gran proporción de ácido málico (88), en las heladas, po¬ dridas, y en las apedreadas; el ácido acético (87) exis¬ te en proporción sensible. Sabemos además,'que los ■ vinos contienen ácido* paratártrico (85), acético, su* cínico, butírico, etc., y que en general, estos no cris¬ talizan por medio de la evaporación espontánea, y de consiguiente, el método propuesto no sirve para indi- — Ol¬ ear su presencia; para conseg'uirlo, hemos saturado cón amoniaco los ácidos del vino antes de someterlos á la evaporación, y es evidente que la sal amoniacal que resulta de la reacción, debe dar á los cristales un carácter especial.'Los números 30 al 48 representan varios cristales que hemos obtenido operando de ese modo. 149. « Habiendo observado que algunas veces el mismo vino no daba igual forma de cristalización, para rectificar las apreciaciones, hemos empezado por evaporar la solución amoniacal antes de preparar la operación microscópica: en seguida se han lavado los cristales con alcohol puro, á fin de separar la mate¬ ria extractiva no cristalizable que los cubre, y lava¬ dos’los cristales con aguapura, se obtienen más á propósito para el microscopio. »Si se tratan de conservar las cristalizaciones observadas al microscopio, se hace del modo si¬ guiente: Figura 3." D. 150. .»Se toma una porción de cristal de la forma que aparece en la figura 3.^ D, y se lava bien con al¬ cohol, cuando esté-seca se hace con un pincel y go¬ ma un cuadrado según í^, 1), c, d, 'En el centro se colocan los cristales obtenido^ y se cubre con otro pedazo de cristal la parte señalada con la goma. 151. Las observaciones microscópicas hechas, po¬ demos reasumirlas: los vinos nuevos procedentes, — 95 - de, uva pinots {a) dan principalmente cristales al te¬ nor de los números 1 al 15, y si se emplea la solución de amoniaco, según los comprendidos del 30 al 38. Los vinos procedentes de uvas gamais (¿), los dan según el número 40. Los vin'os rancios de pinots, dan los cristales prolongados como se representan por los nú¬ meros 6, 7, 12, 28, y 46. En los vinos renombrados de Montrachet, la forma de los cristales es los núme¬ ros 21 y 22; en los caldos enfermos se encuentran los números 29, 34, 37, 39 y 48. Los vinagres naturales se conocen por la cristalización del vino y por los nú¬ meros 34 y 36; los falsificados por medio del ácido sulfúrico se indican por los números 33 y 43.» 152. Pocos razonamientos se necesitan para incli¬ nar el ánimo de nuestros lectores, con el fin de que llagan observaciones microscópicas y conserven los cristales en la forma indicada, buscando por este me¬ dio, combinado con el que vamos á indicar á conti¬ nuación, la manera de inquirir la regla qué debe se¬ guirse para conocer el estado de los vinos. Creemos que el microscopio puede llegar á ser un auxiliar po- defo.so para apreciar las cualidades de los vinos. Esta Opinión la fundamos en experimentos hechos por' nosotros y observaciones microscópicas practicadas, de que nos ocuparemos después de decir algo de los descubrimientos de M. Pasteur, tratando de ambos á la vez. 153. M. Pasteur, en su^ largas investigaciones mi- («) Pinots, el autor no dice á (lué clase dn estas uvas se refiere, si lo We del pinot gris, es el malrás de España; el pinot de Borgofía es el tinto de la región central, (^r nuestro Tratado de la eúl, librería de Cuesta). ■ ^ (¿) Hay muchas clases de uvas á que dan este nombre en Francia. - 96 — croscópicas para conocer el origen de las enfermeda¬ des de los vinos y medios de curarlas, funda todos sus argumentos y los resultados obtenidos, en que la materia que fermenta desarrolla su acción á impulso de sustancias alburainóideas que, alterándose por va¬ rias causas, dan lugar á enfermedades, y estas pue¬ den-conocerse con el auxilio del microscopio. Ya Fa- broni, al fin del siglo pasado, indicó que el fermento era de naturaleza albuminosa. Fourcroy dijo que la sustancia que descompone el azúcar en la fermenta¬ ción vinosa y que forma la efervescencia, era de na¬ turaleza mgeto-animal, en, las utriculas de la uva, del mismo modo que lo están en el grano de trigo. Fabroni está reconocido por uno de los que más trabajaron para investigar el origen de la fermenta¬ ción, é impulsó los estudios de ella, terminando por admitir en principio que el vino es un liquido, cuyas partes componentes actúan sin cesar las unas sobre las otras, sosteniendo un trabajo molecular (15) con¬ tinuo, y cuando contiene alguna materia azoada de la naturaleza del gluten, ó como se dice hoy, albumino¬ sa, esta suele modificarse ó alterarse por causas que provocan las enfermedades de los vinos. 154. M. Pasteur fija como preliminar de sus estu¬ dios microscópicos, que siendo el vino un compuesto de alcohol, de ácidos, etc., que mezclados (52) dan origen á otros compuestos, cuando se abandona á si mismo, bien sea en toneles, botellas ú otros vasos, por la acción del oxígeno del aire que se disuelve y penetra en él de diversos modos y la oxidación lo hace envejecer. Otra causa que reside en la presencia de una vegetación espontánea que encuentra en el vino las condiciones apropiadas para su desarrollo y que el microscopio descubre, lo alteran por la forma- — 97 — cion de nuevos productos que son el efecto de la pa¬ rásita, y no debe buscarse en la acción espontánea de las materias albuminosas. Para destruir la vitalidad de esa parásita, propone en último término M. Pas- teur, el hacer sufrir al vino una temperatura de -j- 50 á 70® centíg'rado; y al efecto determina los indicios que manifiestan los preliminares que marcan las fa¬ ses de las enfermedades de los vinos, conocidas por agrio, 'picado, torcido, iurlio, amargo, ahilado, etc., de lo cual trataremos al hacerlo de esos males y me¬ dios de corregirlos. 155. La nata ó flor que se cria en los caldos está formada por un verdadero hjssus: es uña planta que M. Pasteur denomina mycoderma aceti á la que se cria en el vinagre; mycoderma vini á la que aparece en el vino: las dos se encuentran juntas ciíando el ■ ^ino empieza á acedarse, y la primera en el vinagre, la segunda en el vino en casos normales. La figura 3.*^ E, representa las dos: A, indica aproximadamente la forma bajo que se manifiesta el Mycoderma aceti visto con el microscopio; su forma, que hemos tratado de imitar en lo posible, es comd dos pequeños glóbulos unidos y comprimidos por la Union; la figura representa el gérmen; cuando este ocupa toda la superficie del líquido y vemos una capa que lo cubre; esos glóbulos, sin perder su forma, se unen y cierran apareciendo el conjunto la nata más ó menos gruesa y trasparente. Su multiplicación'es tan activa como extraordinaria. 156. Nosotros hemos hecho lo que aconsejamos se repita: si en lugar de observar con el microscopio se tace con un fuerte cristal de aumento, y haciendo producirse la pata en un vaso que permita ver por el costado, siendo al principio del desarrollo de la pará- 7 — 98 — sita, esta se presenta elevándose sobre la superficie que la contiene, con ramificaciones marcadas, aun¬ que siempre en la forma de los glóbulos indicados. Si debamos que siga basta su último período de vida, se ven dos cosas: 1.% siendo poca la masa del caldo so¬ bre que flota, lo consume y convierte en una masa Figura 3.® B. unida y consistente de color verde primero, y luego negra, de olor amoniacal; 2.”', si la cantidad de caldo es mucha, sigue aumentando de espesor y consisten¬ cia carnosa. En uno y otro caso, si se agita y destruye su homogeneidad, moviendo con Yiolencia la super¬ ficie del líquido, flota algún tiempo sobre él, se pre¬ cipita y da principio á nueva formación de otra capa como la' anterior. Si se quita por completo y se pone alcohol fuerte, no aparece. Echando con la punta de un alfiler uú poco de — 99 - flor en vino que esté limpio, se desarrolla; puesta en alcohol ó'ag-uardiente, aun de 18®, no sucede lo mis¬ mo. Creemos qüe su origen es la modificación de las materias azoadas contenidas en el viiio, y no otra cosa. 157. La misma figura en B representa el myco- derma mni; este se produce de ordinario en los vinos tintos de poca fuerza y mal fabricados, y que en su conservación se deja actuar el oxígeno del aire sobre la capa superior del Vino, especialmente en la tinaja y botellas, etc., en lo que queda vacío. La forma está indicada, según se ve en su origen, cuando aparece en pequeñas manchas casi imperceptibles que des¬ pués se extienden y forman una capa completa de 8‘lóbulos, en cuy(3^centro se manifiestan puntos tras¬ parentes, y el conjunto de la masa de nata se com¬ pone de esas partículas aparentes, pero que cada una . es, según pa1*ece, una planta. 158. Hay casos en que la flor, nata ó mycoderma se encuentra mezclada con la aceti, y entonces el vino se vuelve vinagre más ó menos pronto, según la intensidad del mal; pero lo ordinario y constante es que la flor del vino sea pura, sin mezcla de la del vinagre, y en este caso, aunque se indican malas con¬ diciones en el caldo, no tiene las consecuencias que en el otro, que desde luego manifiesta la acidez en el vino. La flor del vino tinto, cuando tiene el color del caldo, está formada del mycoderma 'oinv, en los blan¬ cos es blanca, y seca en ambos; pero cuando empieza á mezclarse con la mycoderma aceti, ó esta se presen¬ ta, el color es amarillo, y aparece como humedecida en algunos puntos, esto á la simple vista cuando se advierte la nata. 159. Cuando se observa sin motivo aparente, pero — loo — en épocas casi conocidas, cuales son en las de florecer y madurar el fruto de la vid, que los vinos se tuercen, se rebotan, etc., una g:ota del caldo puesta á exámen en el microscopio, marca al principio del mal unos ■ filamentos sumamente ténues, que representamos., aproximadamente en C, figura 3.''^ F. El depósito que se advierte en los vinos que están turbios por com¬ pleto, lo indicamos en la misma figura. Los filamen-' tos que son el origen del mal, se perciben en ambos Fi(?ui’a 3." F. estados, y los componen una parásita que provoca cierta fermentación especial, favorecida por la tem¬ peratura, que se eleva en las épocas indicadas. Esa parásita se ve en la generalidad de los casos cuando se examinan los vinos en el microscopio; pero en tan pequeña cantidad, que no alteran sus cualidades, has¬ ta que las causas que permiten su multiplicación, - 101 - dan lugar á que los enturbien, y que en no pocos ca¬ sos se pierdan. La figura 3.*'^ F, indica en D: a a, Fermento del vino. 6 h, Cristales de bitartrato de potasa, c c, Id. de tartrato neutro de cal. d d, Filamentos de la parásita. 160. Los gérmenes de la enfermedad, ó sea de la parásita que enturbia los vinos, exisfen en algunos casos desde que se termina la fermentación; y así en no pocos, cuando el caldo está sobre la madre, se ve que al separarlo y ponerlo en contacto con el aire, se oscurece el color, se cierra y enturbia; ese gérmen, que no creemos procede de los que existen en la at¬ mósfera, y sí que se desarrollan en el caldo en años que las lluvias son frecuentes en la vendimia, y de consiguiente el mosto tiene poca fuerza, y también en los muy secos en que no hay buenas proporciones en las partes componentes del mosto, manifiesta la necesidad y ventajas de los trasiegos y aclaros, que en su lugar explicaremos. 161. Conocida la parásita, según ya hemos dicho, y el fermento alcohólico del vino, fácil será confron¬ tar lo dicho por M. Pasteur, y que nosotros rectifica¬ mos por haberlo examinado repetidas veces. Cuando el vino que tiene una vasija principia á tener color, lo cual sucede con Instintos de pasto al mes de pues¬ to el mosto á fermentar, si se examina al microsco-' pió, resulta en la forma que aparece en la figu¬ ra 3.“- G. En ella se observa el fermento a a más abul¬ tado que después que el vino tiene más tiempo, según ya hemos visto anteriormente, y la parásita filiforme, según 5 existe en tanta mayor abundan- - 108 — el aire, á que se da gran importancia en un libro re¬ cien publicado, y se cree que de ellos nacen las en¬ fermedades de los vinos, por existir en la atmósfera esos gérmenes que desarrollan la fermentación vino¬ sa ó acética. Los razonamientos en que se funda el •que unos ú otros ejerzan su acción, son tan débiles y fuerá de propósito, que no merecen refutarse; pero sí advertir del error y teoría de' esos gérmenes que se han tomado de M. Turpin y otros: Turpin [a) inteñtó demostrar por medio de observaciones microscópicas, que las levaduras se forman del conjunto de infinidad ,de vegetales muy pequeños del género mycodermo, á los cuales se parece en su organización vegetal y en la relación que guarda en el acto de la fermentación; todos los glóbulos que forma la levadura, primitivo del mosto de la cerveza, no empiezan á germinar hasta haber llegado ai estado de un glóbulo vasicular de un céntimo de milímetro de diámetro, época á la que brotan los tallos articulados que cons¬ tituyen el mjcodermo cermcia-, los pequeños vegeta¬ les-de la levadura, sometidos á las leyes de organiza¬ ción, necesitan para vivir consumir una parte de azúcar; sin esta sustancia mueren y se descomponen. La acción principia y concluye por la absorción de una parte del azúcar, formando la otra el alcohol, y otras veces el ácido acético ó vinagre. Al terminar la existencia el mycodermo, termina la materia azuca¬ rada y nutritiva. M. Cagniard Latour confirma lo di¬ cho por Turpin, y Desmazieres fué el primero que trató del mycodermo, que según se dice aceptaron de tíchwann. El Sr. Bonet combate la idea de que á la muerte dé los mycodernios se formen infusorios que, - « (a) Memorias de la Academia de Ciencias. París, 1837, Agosto. - 109 - , ■ en condiciones dadas, trastornan las cualidades del vino y lo vuelven ácido; Maumené, Dumas, Liebig* y otros no'admiten la teoría de los gérmenes en la at- niósfera ni de los infusorios. 169. Véa^ que, aun supuesta cierta la teoría de M. Turpin, etc., no la fundan en gérmenes que pue¬ dan existir en el aire, sino en la misma masa de la levadura ó’fermento, lo cual difiere de lo que se ha creido según el libro indicado. M. Turpin y el señor Bonet no están en contradicción, pues este dice cuál os la materia que contiene el fermento, y aquel ex¬ plica su naturaleza por vegetales microscópicos á que da el nombre de raycodermo (168). Respecto de los gérmenes que existen en el aire, y fijándose en el líquido, lo ponen en fermentación; si esto fuera exacto, habría que admitir á la vez, que esos elementos tienen un límite de afinidad con los otros cuerpos que forman el mosto, abstracción hecha del azúcar. Esto se comprende con sólo reflexionar fiúe si ]a parte azucarada domina en el caldo, la fer- Daentacion es lenta y el vino sale dulce; si la propor¬ ción de azúcar es normal con los demás cuerpos de fiue el mosto está formado, el vino sale seco; y si poca, flojo y sin aguante. Luego no son ilimitados los gérmenes de la fermentación, como debieron supo¬ nerse si estuvieran en el aire, sino que están con¬ tenidos en la masa, que impulsada por el calor se dispone á las reacciones químicas consiguientes, pro¬ duciendo, cuando cesaran sus acciones, vinos de di¬ ferentes clases, según que los cuerpos están en pro¬ porciones al efecto. Lo expuesto con la brevedad que en este sitio cor¬ responde, hace comprender que la teoría sustentada por M. Pasteur, de que en cierto período del año, los — lio- gérmenes de la fermentación, que son séres infinita¬ mente pequeños que existen en el aire, rodean los racimos, la película de la uva, las cepas y hasta'la tierra en que la viña está plantada, no está bien de¬ mostrada, por más que se haya pretendido ha¬ cerlo. * La idea de que la naturaleza del fermento es la de séres vivientes, está admitida por varios. Thénard dice: «que el enturbiarse el líquido que fermenta, resulta de la producción del fermento^ es decir, de un ser organizado compuesto de azúcar y materia azoada («).» Dumasdice: «En toda fermentación apa¬ rece una materia azoada como agente principal; ma¬ teria organizada de modo, que parece que vive y se desarrolla sobre otras sustancias orgánicas comple¬ jas, que se descomponen y trasforman en productos más sencillos. La existencia de séres vivientes, se de¬ muestra y confirma en que el fermento engendra, al fermento, y por esto se ve que una pequeña parte de mosto en fermentación que se añada á jugos no alte¬ rados, excita á que fermente toda la masa (í)."» Mits- cherlih y también Quevenne, están de acuerdo y, determinan que el fermento es una materia organi¬ zada (c). Dumas ha hecho el análisis del fermento y dice, que la abstracción hecha de las cepizas, se com- pone en 100 partes, de 50,6 de carbono; 7,3 de hidró¬ geno; 15,0 de ázoe y 27,1 entre oxígeno, azufre y fosfato; es un compuesto albuminosq.ó hay una gran analogía con éí. [ а ) Thénard, Traité de Cliimie. ( б ) Damas, Traité de Ckimie, t. VI. (c) Journal de Pharmacie, t. XXIV. -111 - 170. La materia azoada del fermento^ según Mul- der, resulta estar compuesta de casi iguales propor¬ ciones; que la proteim analizada por Dumas, se com¬ pone de 54 de carbono; 7 de hidrógeno; 16 de ázoe; 22 de oxígeno; 0,25 de azufre y fósforo, en números redondos: la materia azoada del fermento es entera¬ mente igual á la albúmina ó clara de huevos. 171. El origen del fermento, podemos decir en conclusión, que es una materia vegetó-animal, que resulta, según parece, de la alteración de la albúmi¬ na vegetal y del glúten bajo la influencia del oxíge¬ no en el acto de la fermentación: su naturaleza orgᬠnica tiene en la masa que compone el racimo de la vid, las partes que lo forman é impulsan su desar¬ rollo, según ya hemos visto (52) y queda aquí mani¬ festado. § n. CONDICIONES EXIGE EL FERMENTO PARA QUE SUS FUNCIONES SE COMPLETEN? 172. No es suficiente que el fermento ó levadura se ponga en contacto con el agua y azúcar mezcla¬ bas; para que su acción se manifieste, es necesa¬ rio que la temperatura alcance para ser favorable be -|- 15 á -f- 25® centígrado. Sometiéndolo á 100® haciendo, hervir el caldo, el fermento queda iner¬ me hasta que disminuido el calor llegado á los gra- bos que le son favorables, y sometido á la acción del oxígeno del aire, restablece la fermentación. Si on lugar del calor nos valemos del frió, si sometemos ol caldo que fermenta ó que tiene las condiciones ne¬ cesarias al efecto á 0®, ó menor temperatura, su — 112 - acción se suspende, no fermenta, y se sostiene así hasta + 5 y +10 (123). Toda transición brusca en la temperatura del mosto que fermenta, es contraria á la bondad del vino. 173. Es otra condición necesaria que el oxíg-eno del aire (113) dé impulso ó movimiento á los. cuerpos que forman el fermento. La materia azoada conteni¬ da en el caldo, á la vez que sin la temperatura nece¬ saria no entra en actividad, sin la trasformacion que el oxíg-eno del aire le da, no puede verificarlo tam¬ poco. Es indispensable que la masa que contiene los elementos del fermento, se eleve á la temperatura indicada, y que reciba el impulso del oxígeno del aire á la vez. 174. Desde que una parte del fermento, por pe¬ queña que sea, recibe la acción para actuar sobre la masa azucarada, la fermentación se establece y mar¬ cha sin interrupción hasta terminar, aunque el vaso se tape. Esto nos prueba la falta de exactitud de los que han dicho que los gérmenes de la fermentación existian en el aire, y se producia por gérmenes- mi¬ croscópicos que, procedentes de,él, se fijaban en la superficie del caldp. 175. Agua y azúcar. M. Colin ha indicado, que la mejor proporción que hay para que -el fermento sea activo, es ,de 3 á 4 partes de agua por una de azúcar; cuando ^las proporciones del azúcar son menores, si en lugar de 1 por 3 ó 4 de agua, existe esta, y aque¬ lla es de Vsj se desarrolla la fermentación con lentitud y débilmente. Este hecho observado en la práctica, se ve con más evidencia si la temperatura es menor que la ya indicada como necesaria. Terminada la con¬ versión del azúcar en alcohol y ácido carbónico, que según Lavoisier, 100 kilógramos de ella forman 51,11 - 113 - <lel primero, y 40,89 del seg’undo (<?), el fenómeno •cesa de actuar. 176. Si hemos de admitir como explica Liebig’ la acción del fermento, el movimiento ó ag’itacion del 'Caldo favorece la fermentación; pues el movimiento 'Q^uepor lapertnrhacion del equilibrio se imprime á las moléculas, se comunica d los elementos del cuerpo que se encuentra en contacto con ellas (5). Eln la confu¬ sión de opiniones que sobre este asunto se han emiti¬ do, la de Liebig parece explicar el por qué cuando se mueve con frecuencia la parte superior del mosto en fermentación, y se sumerg-e la casca en los vinos tintos, la fermentación se activa y termina antes que en otro vaso que se deje quieta. De este hecho se debe aprovechar el cosechero, cuando advierta que el ex¬ ceso de azúcar del mosto hace lenta la fermentación, ■ con el fin de activarla y no dar lug-ar á que el fer¬ mento se deposite en el fondo de la vasija, si la baja temperatura favorece el resentimiento de la fermen¬ tación. En ambos casos el mecedor debe introducirse i^asta el fondo del vaso, repitiéndola operación dos ó tres veces al dia, hasta que se advierta el vino hecho c terminada la operación. La razón de activar la ac¬ ción del fermento, el mecer las vasijas en que el cal- ^0 se deposita, nace de que estando más desarrollado el calor en la parte alta que en la intermedia y baja, si el fermento por el frió actúa con poca actividad, en la parte superior tiende á precipitarse, y llegando («) Seyun IVIauniené, el alcohol á 15“ de temperatura equivale á 64 li- ^ros 29, lo cual es suficiente para 642 litros de buen vino; lue;fo el azúcar del mosto para un vino de esa clase, debe estar en la proporción de 1 á 6, «d lo que hay error, pues 3 de aqua y 1 de azúcar, dan caldo de 11“ del pesa-mosto y o de apua y 1 de azúcar solo 5“ ,6. (5) Liebiff, Chimie, pág: 395. - 114 — á la inferioivse queda inerte: la ag'itacion del mece¬ dor evita que tal suceda. Esto con relación á los vi¬ nos tintos ordinarios fabricados en vasijas de barro, en que la fermentación se hace abierta. Si es tapada y en madera, en cubas de doble fondo, según dire¬ mos, conservándose mejor la temperatura y^el caldo cubriendo la casca constantemente, no hay necesidad de mecedor.» 177. Puesto el fermento en contacto con el alcohol de 34® y á la temperatura favorable á la fermenta¬ ción, esta se resiente y no hay hombre práctico que ignore, que echando al mosto una cantidad grande de aguardiente de 30° se hace un líquido dulzarrón,, que tarda mucho en aclararse, qiie fermenta iñuy poco y tiene el gusto al mosto, porque el fermento no- ha podido desarrollarse. El ácido tártrico, dice Sumas [a), contraría la ac¬ ción del fermento, aunque no la suspende. Los álcalis (67 y 132) detienen la' acción del fer¬ mento, suspenden la fermentación, ínterin en la masa tienen lugar las reacciones que en ella producen, después se anima y continúa aunque siempre con menor intensidad. Los ácidos (130) en pequeña proporción son conve¬ nientes y aun necesarios para la acción completa del fermento; según pareceantes de trasformarse el azúcar eu alcohol, se efectúa una modificación en que los ácidos hacen un papel importante. Sin em¬ bargo, el ácido salicílico, el bórico, el hiposulfito de sosa, y el ácido hidrosulfuroso, tienen gran energía para Suspender la fermentación; el primero es^hoy (a) Obra ya oitAda. — 115 — motivo de grandes .discusiones como agente conser¬ vador de vino. Los sulfatos (76), si alguna influencia tienen sobre el fermento, es para favorecer su acción, y principal- -menté los de sosa y de cal ó yeso. 178. El carbonato de cal (136) obra proporciona¬ damente ai álcali, y en esa relación suspende la fer¬ mentación. 179. Lo expuesto indica lo que puede prometerse con las adiciones que suelen echarse al mosto al fer¬ mentar, y también los inconvenientes d5 no cuidar de que el local conserve la temperatura exigida para favorecer la acción del fermento. 180. ’ El escobajo del racimo hace que la fermen¬ tación sea más viva, por permitir que la masa con¬ tenga más hueco entre sí, y se cree que produce en el vino mayor desarrollo ¡iel alcohol. § III. , ¿CÓMO SE PUEDE CONOCER LA CANTIDAD DE FERMENTO •CONTENIDA EN EL MOSTO? 181. Si el fermento y el azúcar son los polos en que la fabricación del vino estriba, es muy de sentir que, ya que tanto se ha escrito de la segunda hasta , llegar á poder apreciar la suma de la que existe en un mosto, del otro nq se hayan dado los medios al mismo fin, si es que la ciencia puede encontrarlos sin recurrir al análisis, esto, es, por medio de un instru¬ mento como el pesa-mosto (37), que da una idea res¬ pecto del azúcar; otra cosa no cabe en las aplicaciones prácticas. 182. En los análisis de los mostos que hemos pues- - 116 - to (107 y 108), vemos que las materias azoadas que se * indican en otra parte (52) no aparecen, pero que hay en las tres el ácido fosfórico, fosfatos y potasa; estos cuerpos son los encontrados por M. Mitscherlih en el análisis de la levadura ó fermento de la cerveza, y los ha hallado en las siguientes proporciones: CUERPOS. Levadura supérior. Ácido fosfórico. Potasa».. Fosfato de magnesia.. — de cal. , . 100,0 183. Esos guarismos proceden de 100 partes de cenizas de la espuma de la parte superior del caldo en fermentación; el fermento en el fondo del caldo dió por resultado; Ácido fosfórico. 39,5 Potasa. ,28,2 Fosfato de magnesia... 22,6 — de cal. 9,7 100,0 184. Braconnot, en el análisis hecho de las heces del vino tinto, ha encontrado en 100 partes de ce¬ nizas: ' Materia animal.^... 20,70 — grasa. 2,10 Fosfato de cal. 6,00 Bitartrato de potasa.. 60,75 Tartrato de cal. 5,25 — de magnesia. o,40 Sulfato y fosfato de potasa.. 2,80 fSílice y arena. 2,00 100,00 — 117 - ^ 185. Mulder, en el análisis hecho del fermento de varios mostos ha encontrado: Carbono. 51,9 Hidrógeno.'. 7,2 Azoe. ‘ . 11,1 Oxígeno. . . . 29,8 100,0 186. Por lo indicado se comprende que el fer¬ mento se forma de los cuerpos contenidos en el mos¬ to, á impulsos del oxígeno del aire que los pone en acción. Los cuerpos indicados aparecen en extraordinaria proporción en los mostos tinto y blanco, película y granilla de la uva (107 y 108). Pero si eso es lo que se presume, nuestras investigaciones han sido inúti¬ les para encontrar un libro en que se nos diga la ma¬ nera de apreciar la cantidad de fermento contenido en el mosto, aunque en todos se reconoce su impor¬ tancia. 187. Liebig, Chaptal, Ladrey, Maumené, Du- mas, etc., dicen: que si la cantidad de fermento es poca con relación d la de azúcar, se termina la fermen¬ tación y queda parte de ella sin alterar, porque la causa de la descomposición falta; al contrario, si do¬ mina el fermento, termina el azúcar y queda parte del fermento que espera el momento favoralle para continuar su acción, ó la efectúa sobre los cuerpos nuevamente formados. Lo que favorece ese momento es el calor y el oxígeno del aire; este obra sobre la materia, azoada y el alcohol en los vinos endebles ó mal fabricados, y los convierte en vinagre; sin em¬ bargo, si esto en la práctica podemos explicarlo, ¿cómo hacerlo del resultado igual que ofrecen los — 124 - ta, y le falta proporción entre el azúcar y el fermen¬ to, el producto ó caldo vinoso será dulce si hay exce- ^ so de azúcar, y se volverá agrio si es poca aquella y sobra el fermento. Esta solución dada por todos los que han tratado del asunto de una manera práctica y ^ científica, está de acuerdo con los resultados que ve¬ mos con frecuencia. - 205. Una casualidad, más bien que un ensayo di¬ recto, nos hizo pensar sobre la causa que modifica al¬ gunos principios que sirven de base en la vinifica¬ ción. No teniendo suficientes vasijas para echar el mosto en la bodega, nos vimos obligados á bajar á la cueva algunas arrobas de mosto de igual clase que el otro. En la cueva teníamos, como tenemos hace muchos años, un termómetro que está constante- men,te entre -j-10 y -f H grados de temperatura. Los vasos, tinajas, son de cabida de 60 á 100 arrobas. Dos tinajas, una de 60 y otra de 80, se pusieron con cal¬ do, casca, etc., y al cuarto dia no hablan dado prin¬ cipio á la fermentación; pero al quinto se presentó con fuerza, sin ser en manera alguna violenta como en la bodega; pero el ácido carbónico llenó la cueva, y sin embargo de la lumbrera, cuantas veces se intentaba bajar se apagaba la luz (92), y así estuvo sin m&' cer [a] las tinajas ocho dias: se pudo hacer á los nue- ve, y siguió la fermentación sostenida, pero lenta, de tal manera, que el caldo de la bodega era vino claro, cuando en la cueva auri no estaba; tenia la casca encima, sosteniéndola con fuerza y apagándose la luz cuando se ponia encima de la tinaja. Al fin de dos meses se aclaró el vino, que creíamos perdido ó (a) El acto do hundir la casca que forma cabeza en los vasos que tie¬ nen vino tinto con madre, se llama mecer. — 125 - .^vinagrado, por ios muchos dias que la casca había astado sin mecerse: ¡cuál seria nuéstra sorpresa al ■ ^cr que era infinitamente mejor que el obtenido en : ia bodeg-a! Después de todo supimos que en este pue¬ blo hay alg’unos cosecheros que fabrican el vino en la cueva, no por saber que es_ mejor, sino por no te- ^er bodeg’a, y sus caldos son de más calidad que lo <5rdinario. 206. De ese hecho, que llamó sobremanera nues¬ tra atención, resulta: L.°, que á la temperatura de 10 ^ el mosto fermenta: 2.®, que estando sin mecer las tinajas ocho dias, la casca no se avinagra, |si la atmósfera que la rodea no se renueva, y el ácido car¬ bónico que la evaporación emite, evita la infiuencia ^el oxíg-eno, que en otro cqso obra en perjuicio del caldo; y 3.®. quq en estas condiciones se obtiene el ''^Ino de mosto ig-ual, mejor que en la bodeg'a’. Con- "^encidos como estamos de que no hay nada nuevo ni fiue no esté explicado, y de que una excepción no forma reg-la, buscamos en nuestra biblioteca, recor- ^a^do alg-o que tenia analog'ía, y encontramos la ex¬ plicación que á nuestra manera pensábamos dar. ' 207. M. Caillar, nuestro profesor de química en el Instituto ag'ronómico de Grignon (Francia), dice en el tomo IV de Química aplicada á la agricultura: Las cervezas de Inglaterra, Francia y algunas de Alema- se agrian poco á poco; pero las de Baviera no presentan tal inconveniente; según parece, se pueden' guardar en toneles llenos y casi medio vacíos, y no se alteran. El procedimiento usado es establecer la fermentación en vasos abiertos, de gran superficie y poca profundidad relativa, colocados en cuevas ó lo- ^ules dispuestos de modo que la temperatura esté uc -}- 8 á -j- Í0° centígrado. La fermentación de este — 126 - modo sfe efectúa lentamente, no ee tumultuosa, el ácido carbónico se desarrolla con uniformidad, casi no se produce espuma en la superficie del líquido que está en contacto continuamente del oxíg'eno del aire, que con esa temperatura oxida el fermento, lo hace insoluble y lo precipita, evitando que luego actúe sobre el alcohol y lo convierta en vinagre, como su¬ cede cuando ejerce su influencia á una temperatura de -|- 25°, que la fermentación es rápida y tumultuosa con exceso. Todo lo que tiene de breve la fermenta¬ ción en este caso, es larga en el otro. 208. La fermentación por el método de Baviera exige más fermento. 209.. Lo dicho indica que, si cuando no hay equi¬ librio entre la materia azucarada y el fermento, que este domina, el caldo, estando colocado bajo la in¬ fluencia de + 18 á + 30°, se dispone á agriarse: colocado á -[- 10 ó + 11 en fermentación abierta, se consume más fermento, se oxida y precipita el resto en estado de insolubilidad, y el caldo, con sólo la va¬ riación de temperatura, que influye en la fermen¬ tación, resulta tener mejores condiciones que al con¬ trario. 210. El mayor tiempo empleado en la fermenta¬ ción en las condiciones de baja temperatura .y vasos abiertos, vemos corrige el exceso de fermento. 211. En la desproporción del azúcar con el fer- mentOj cuando aquella es más, relativamente de la necesaria, y se piensa que los vinos saldrán dulces, como de ordinario acontece, la experiencia nos ha de¬ mostrado que, sin alterar el mosto, llenando una ti¬ naja á las cuatro quintas, partes de altura, según es costumbre, para que al dilatarse la masa ocupe el resto, y otra poniéndola media solamente, en aquella' - 127 - saldrá el vino dulce y en esta no. La razón es que 8^quí la masa es menor, la superficie en contacto con el aire mayor, la acción oxidante del oxíg^eno más ac- tiva, y el gasto de azúcar mayor en igual proporción de fermento, porque obra mejor en una masa de la mitad de altura que en la otra que es doble. A pesar de esta diferencia, se observa en la práctica que el vaso más lleno tarda más en terminar la fermenta¬ ción que el que tiene la mitad de caldo. 212. Visto lo expuesto, aconsejamos se repitan los ensayos para resolver el problema de corregir los defectos del mosto, dirigiendo la fermentación según ®fios y lo ya expuesto; pues siempre será mejor ha¬ cerlo así, que gastar en adiciones siempre costosas y que varían la esencia del mosto. 213. La falta de fermento en el mosto que se dis¬ pone para vinos blancos, es el gérmen de que se ahilen los vinos, cuyo mal se evita con la adición del fermento, según hemos dicho (202), y la de tani- Uo que de ordinario escasea por la falta de la casca, ^0 que trataremos más adelante. § VI. COííoCIDA LA DESPROPORCION DEL FERMENTO ¿CÓMO SE AUI^ENTA Ó DISMINUYE? 214. La desproporción del fermento, por regla ge- Ueral, nace de falta de materia azucarada ó por exce¬ so de esta. Cada caso tiene sus medios independientes de los indicados en el párrafo anterior; por esto di¬ vidiremos en dos partes este, y será la primera exceso^ iu segunda falta de ella. - 128 I. Exceso de materia azucarada en el mosto. 215. El mejor medio |)ara ig-ualar un caldo á los grados del pesa-mosto, teniéndolos de diferentes cua¬ lidades, es mezclar los más ligeros con los más den¬ sos, j suele conseguirse el objeto, siempre con más ventajas que por las adiciones que expondremos á continuación: estos se reducen á la adición de agua caliénte ó fria; aumento del escobajo si son vinos que se echa madre. 216. El agua se adiciona al mosto para hacer más fluida la masa cuando es muy densa; porque la sequedad del año ha concentrado demasiado el jugo de la uva: al efecto se toma una cantidad de mosto, y conocidos los grados que tiene y que se quieran disminuir, se echa agua hasta que tenga la fluidez apetecida. Hecha la regla de'proporción de que si á ua litro de mosto de 16°, se ha añadido un decilitro de agua; á mil litros habrá que echar mil decilitros, y la operación está terminada. La operación de in¬ quirir los grados del mosto para determinar la adi¬ ción conveniente, recomendamos se haga con exacti¬ tud, y que en ningún caso se verifique tomando el .caldo de la vasija cuando tiene la cantidad qué se le ha de ochar, pues en este caso, el mosto que ya está fermentado indicará tener menos grados, y claro es que este antecedente erróneo, ha de ofrecer un re¬ sultado contrario al fin propuesto. Pero cuando se añade agua al mosto, como este se compone de ácidos y sales que el agua añadida no lleva, es necesario cprregir la falta del tártaro y del - 129 - tanirjOj si se advierte que hecho el vino, sale escaso de ácido que aviven el color, y sin la aspereza carac¬ terística del ácido tánico que ayuda para la conser¬ vación. 217. Se añade el agua caliente al mosto, según hemos dicho, cuando lar frialdad del local necesita <lue se estimule la acción de la fermentación; en otro caso se pone fria; pero esta no dehe añadirse olvidan¬ do lo que ya hemos dicho (172). En todo caso, dehe hacerse porque la adición de agua que se haga al Jnosto, no resienta la fermentación por bajar su tem¬ peratura. 218. La adición de agua en el mosto evita que ios vinos salgan dulces, y no tengan reparo en usar¬ lo nuestros cosecheros, pues es práctica aconsejada desde muy antiguo y que usamos nosotros sin tener <lue arrepentimos; pero hay que obrar con tino, pues se emplea en cantidad excesiva fuera de la necesa¬ ria, ó se pone menos de la precisa, no obtendremos ios resultados apetecidos. Exactitud en la aplicación de lo dicho, y puede prometerse lo que se desea. 219. El escobajo^ raspa ó raspajo de la uva, añadi¬ do al mosto que por tener mucha materia azucarada hace presumir que el vino salga dulce, es una prác- l^ica antiquísima, pero muy poco estudiada respecto de las proporciones en que debe echarse, según los grados del mosto y cualidades de la uva de que se toma el escobajo. La adición ó supresión del escoba¬ jo en la fabricación de los vinos tintos, sin tener en tinenta los efectos que producen, según los casos, es general en muchos países del Norte, y en España ^uy usada, excepto, sin embargo, en la- región cen¬ tral que se emplea poco ó nada. Pero si echarla toda el mosto es un acto de poca inteligencia, no echar - 130 - ninguna, prueba lo mismo, y en ambos casos no debe- •obrarse sin conocimiento de causa. Aquí ¿euemos que decir, que se verá en nuestra primera edición que entonces éramos partidarios de no echar escobajo en el mosto; pero treinta años de experiencia nos ha de¬ mostrado el valor de ese auxiliar útilísimo en todos- casos si se usa con inteligencia. 220. Las raspa está compuesta de materia astrin¬ gente, tiene casi la composición de la granilla, ex¬ cepto el aceite esencial; pero la raspa de uvas no ma¬ duras es perjudicial, y no ofrece las ventajas que- cuando ha llegado á madurez completa. 221. Reparando lo que hemos dicho sobre la com¬ posición de la uva tinta y blanca (107 y 108), y vien¬ do la que tiene la película y granilla de una y otra, se advierte mucha diferencia y que ambas contienen los principios que componen el fermento (181). Así se comprende que el aumento de casca, «de raspa, y de consiguiente de la granilla que lleva el hollejo, es dar más elementos que concurran á sostener la fer¬ mentación y consumo de la sustancia azucarada. 222. El escobajo es de utilidad por la materia as¬ tringente que contiene, tanino, que tiene la facultad de unirse á las materias que componen el fermenta y aumentar su actividad. La materia sólida que resulta después de sacado el mosto por medio de la presión, se aprovecha en muchos casos adicionándole agua fria en el acto, bien al exprimirla la primera vez, ó verificándolo la segunda para obtener un jugo en que van disueltas en parte, según la fuerza de la prensa y la idea que dirige la operación, parte de los jugos que contie- nén (107 y 108). También puede hacerse echándole en aguardiente de más de 30®, según ya digimos. Se - 131 - sabe por la práctica que el hollejo de la uva contiene el principio colorante, y el que dude que la raspa lo produce también, le es fácil convencerse echándola en nguá; la granilla, por la materia taninosa aumen¬ ta los elemento^ del fermento, sostiene la coloración del caldo, y la parte de aceite que encierra, aunque pequeña, puede contribuir á la formación del aroma del vino, la cual se produce por la acción de los áci¬ dos sobre las materias grasas contenidas en el mosto. El escobajo deja también parte de la materia que la compone, y todos sabemos que las aguas de piés 6' el mosto de prensa es áspero y de más color que el ob¬ tenido por la pisa simplemente. Ese gusto áspero y ün tanto amargo lo produce el taniiio de la materia prensada, y puede en algunos casos ser suficientepo- ñer ese caldo al mosto para aumentar* el fermento y ‘luitar Ja desproporción entre él y el azúcar. Esto es iiecesario siempre para los vinos blancos, porque no se les echa casca, y en los tintos que se pone, será un medio para no aupaentarla (212). 223, Se dice que la raspa da aspereza al vino, y si esto es exacto cuando se pone sin regla y en el caso ^6 tener el mosto poco azúcar y mucho fermento, no to es cuando el caldo es denso, en cuyo caso la adi¬ ción proporcionada de la raspa evita que salga el ''' ■ ino dulce y en ningún caso áspero. 224.. Sea cual fuere la condición del mosto, la su¬ presión completa de la raspa, granilla y hollejo ó del caldo obtenido por la presión, según sea el vino de color ó blanco, producirá la' falta de vinosidad y ener¬ gía del caldo en el primer año, y su pérdida al poco tiempo. 225. Está demostrado que la raspa ó escobajo, in¬ dependiente de obrar por las sustancias que contiene. — 132 — actúa mecánicamente en la masa ferraentable para activar la acción del fermento; y como en el caso que aquí tratamos, cuanto más se favorezca esta menos cuidado puede ofrecer el exceso de azúcar, al con¬ trario, convirtiéndose toda en alcohol y ácido carbóni¬ co (61), el vino obtenido, será más espirituoso y seco. 226. Diremos en conclusión, que en los mostos tintos para vinos ordinarios, desde que marquen 15'’ del pesa-mosto, debe ponerse algo de raspa aumentándola . según sean más los grados, y siendo menos de 12 á 15, no debe dejarse sin un poco. Esto quiere decir que será menor la cantidad de raspa ó escobajo puesta en ellos cuanto menos sean los gra¬ dos del mosto, y en ningún caso se echará y supri¬ mirá por completo, al menos en la que conocemos de lo general de España. La supresión de la raspa ó es¬ cobajo hace que el vino se presente al terminar la fermentación con sabor franco y con condiciones 'para el consumo, por la poca vida que tiene; lo cual se prueba en que si hay que trasegarlo, aparece flo¬ jo, insípido y se agria fácilmente. Si tiene raspa en proporción de las condiciones del mosto, al terminar la fermentación aparece, como se dice vulgarmente, verde y poco hecho, algo áspero, pero con el color más brillante, y gusto que promete más cualidades según el tiempo pasa. ' 227. En los vinos blancos que rio se echa algo de mosto de prensa, según sean los grados que tenga, sucede como en el caso anterior, salen vinos lácios, se agrian y ahilan (213). 228. La separación completa de las materias sóli¬ das del racimo, y el empleo del mosto sin ninguna adición de ellas, ni del caldo que sueltan por la pre¬ sión, sólo puede hacerse cuando se intentan fabricar — 133 — vinos muy delicados; pero siempre que estos se vea' que tienen poca vida, recúrrase al escobajo al fer¬ mentar, en la seguridad de darles medios de.conser- vacion. Si el vino está hecho, la adición de ácido tᬠnico facilitará esta. 229. Adición del fermento. Ya hemos dicho (202) la manera de obtener el fermento, y seguramente que si con la práctica se puede llegar á conocer la pro¬ porción que debe añadirse según los grados del pesa-mosto, que indiquen el exceso de materia azu¬ carada, este será el medio más racional, y el de obte¬ ner mejores vinos; pues visto los resultados que ofre¬ cen las adiciones de agua y de raspa, lo mejor es el aumento de fermento; pero como quiera que la adi¬ ción de agua y escobajo aumenta el volúmen del mosto y produce en los vinos ordinarios mayor can¬ tidad y calidad, según los casos, será preferible uno ú otro. 230. Nosotros hemos practicado los tres medios y hemos formado nuestro juicio con arreglo á los vinos ordinarios tintos, estableciendo las reglas siguien¬ tes, siempre dentro de la base de un exceso de azú¬ car que es de lo que aquí tratamos. 1. “ Cuando el mosto tiene de 15 á 16® del pesa- mosto, lo rebajamos con agua hasta 15 y el escobajo que sale por la zaranda al separarla del hollejo se echa con la casca. 2. ^ Si el mosto tiene de 16 á 17® se rebaja con agua hasta dejarlo en 15, y después de echar la raspa que pasa por la zaranda, se añade una arroba de es¬ cobajo por cada 100 de caldo. S.®" Si al mosto del primer caso se añade la arroba de escobajo, no necesita agua; y si al segundo se echan 3 en lugar del agua, el vino no saldrá dulce. — 140 — , saber que los ácidos eíi proporciones conveüientes son necesarios (52), se compara la cantidad de mosto con la de polvo, y en regla proporcional se echa en el caldo'fermentable. El carbonato se descompóne en ácido carbónico y cal, esta precipita el ácido satura¬ do, lo neutraliza y quita su acción. 244. La generalidad de los autores que han trata¬ do del asunto que nos ocupa, han calculado para la adición del azúcar de otro modo que nosotros; han di¬ cho que uri'litro de alcohol pesa 813 gramos, y exige para formarse doble de azúcar de uva que hacen 1.626 gramos, sin tener en cuenta lo que hemos ex¬ puesto (61], en cuyo caso será 813 multiplicado por 100 y dividido por 51,11, que hacen 1.590,7. Hecha esta cuenta dicen, puesto que el azúcar adicionado tiene por objeto aumentar la parte alcohólica del vino, conociendo el alcohol que tiene á ciertos gra¬ dos y cuántos son los que le faltan, esta manifiesta el alcohol necesario; luego tantos litros como faltan, representarán otras tantas veces 1.590 gramos de azú¬ car por hectólitro de mosto. La manera de hacer la cuenta es algo complicada, y nosotros, en lugar de aplicárla de ese modo, la hemos hecho al revés para saber cuánto alcohol debe añadirse según vamos á decir más adelante. Adición de melazas de caña, de remolacha y sorgo. 245. Las melazas de la fabricación de azúcar de remolacha, dicen algunos autores franceses, que no se deben usar para adicionar al vino la parte azuca¬ rada que le falta; respecto de las de cañas, indican pueden usarse; pero unos y otros se deben reprobar para los vinos de algún valor. _ 141 - 246. La g-licosa de fécula, si no está muy bien preparada, no sirve; y en caso, sólo se empleará para los mostos de fabricación de vinos ordinarios. 247. Las melazas del sorgo azucarado, han sido propuestas por infinidad de personas, y algunos co¬ secheros dicen haberlas empleado con resultados sa¬ tisfactorios. Nosotros hemos estudiado algo este asun¬ to, y aunque nuestras apreciaciones no puedan ser para resolver un problema difícil en sí mismo, por reunir la doble circunstancia de adicionar la parte azucarada y materia colorante al mosto, y además, por no haber tenido á nuestra disposición otras me¬ lazas que las extraídas por nosotros sin medios ade¬ cuados, diremos, sin embargo, lo que presumimos, ^0 sin hacer una mención especial del señor Pellón y Rodríguez, infatigable propagador de tari útil como ^al estudiada planta, pues el sorgo tiene muchas aplicaciones útiles, es planta que toda se aprove- cha, y que produce de una inanera que no tiene lg'ual(¿?). ‘ 248. La caña del sorgo la hemos cortado en tro¬ zos cortos, y puesta á hervir, hemoá extraído el jugo; separado este de los pedazos, lo hemos reducido hasta la consistencia de no poder, con el pesa-jarabe,'apre¬ ciar sus grados de concentración. La melaza que re- sulta, y que después de doce años conservamos una Ijotella, es de sabor agradable (siempre se conoce el ^usto á la caña, por no tener medios de extraer el jugo por la presión y haberla hervido), aromática. Color de granate claro, que se aviva con la adición de alcohol, al que le da la semejanza de color de los vi- (a) Véase lo dicho por el Sr. Pellón y Rodríguez en sn libro sobre el tiltioo y aprovechamiento del sorgo azucarado. — 142 — nos tintos de la región central. Puesta en vino blan¬ co, lo colora bien y no se altera ni varía; si se echa en poca cantidad, da el color de los vinos rancios de Jerez y Málaga, siempre que se remueva para que se efectúe la disolución; fermentando con el vino, le da consistencia, y no podemos decir del gusto por la causa indicada, pero sí del aroma, que es grato y se distingue fácilmente. Creemos que estas melazas ex¬ traídas de la caña con cilindros y fabricadas con mer dios adecuados,'serian un gran recurso para la mejo¬ ra de los mostos de pocos grados, que son lo general de los que se emplean en vinos de color, favoreciendo este á la vez. 249. * El sorgo azucarado debe estudiarse con apli¬ cación de sus melazas, para los vinos tintos ordina¬ rios, aunque después de publicada la segunda edición hemos advertido que los vinos que tienen adición del jarabe de sorgo, el aroma y gusto de ellos indica la adición,’lo cual es un defecto. Adición de alcohol por falta de materia azucarada en el mosto. 250. Digimos (177) que el alcohol en exceso puede llegar hasta precipitar el fermento por completo, y .. que esto era fácil de ver prácticamente, y se veia en los sitios que se fabricaba la bebida llamada mosopia. 251. Hemos visto que al adicionar al mosto el azúcar, verificamos un acto por el cual se consigue favorecer la fermentación, que en último término, dando el exceso de fermento, el cuerpo que le falta para actuar hasta consumirse, se aumenta al caldo 51,11 de alcohol por cada 100 de azúcar adicio¬ nada (244). — i43 — 252. El alcohol actúa sobre la sustancia taninosa contenida en el mosto, y por esta razón, se observa que se aviva y aclara el color del vino, que es más brillante el que produce el mosto á-que se adiciona alcohol; pues ya sabemos que el ácido tánico, si bien da aspereza al caldo, es más tónico, y da permanen¬ cia al color en los vinos tintos. Estos, cuando en ellos se advierte poca permanencia en su coloración, que esta aparece apagada, casi puede afirmarse que el origen principal es la falta del tanino. La manera de tener á nuestra disposición este, lo indicaremos en su iugar. 253. Pero estando demostrado que el alcohol obra sobre las materias albuminóideas, las coagula y pre- cipita, y que esas son las que componen el fermento, se comprende que la adición de alcohol en el mosto, falto de materia azucarada, y de consiguiente, con exceso de fermento, obra sobre este y neutraliza par- fe de las sustancias que le componen, dando después ^ la masa su carbono, hidrógeno y oxígeno de que está compuesto (56). 254. Conocida la acción del alcohol, se cómpreo¬ sle su importancia y uso que en la práctica tiene para la conservación de los vinos, y no es extraña la idea ^e que empleados para los mostos poco azucarados, da resultados útiles. 255. La manera de adicionar el alcohol al mosto, ño está muy estudiada; pero un hecho practicado por ñn hombre rústico y partidario de la adición, nos pone en camino para salir en parte de la dificultad, y explicada la idea, diremos los medios,de que nos hemos valido, para que cada uno pueda obrar según las circunstancias. Para echar el alcohol ó aguar¬ diente de 30 á 34® de Cartier, lo ponia la perso- — 144 — na á que aludimos, en un botijo de barro sin cocer, y al momento echaba este en la tinaja que contenia el mosto dispuesto para fermentar y antes de poner la casca; por ser vinos tintos, hacia la operación de este modo. Discurriendo sobre el resultado mecánico de esta manera de adicionar el aguardiente, se com¬ prende que el peso hace descender al botijo hasta el fondo de la tinaja, y.en él se mezcla y extiende el alcohol, cuya , acción en este sitio es distinta y más beneficiosa que puesto sobre el mosto, cuerpo más denso, y que no lo deja penetrar, según ya sabe¬ mos (29). 256. Si ese medio es fácil y útil, no lo será menos proveerse de un cañón de lata, de longitud igual á la mitad de la altura del caldo ó mosto puesto en la va¬ sija en que se ha de adicionar el aguardiente; el ca¬ ñón tendrá la parte inferior abierta y la superior con embudo de alguna capacidad; puesto el cañón en el mosto hasta la mitad de Ja altura que ocupe, se echa en el embudo una cantidad de aguardiente bastante hasta dejar vacío la mitad del embudo; en seguida se echa mosto, que teniendo la densidad del de la ti¬ naja ó vasija, empuja el aguardiente y lo hace salir por la parte inferior del cañón; sin echar mosto sobre el aguardiente puesto en el cañón, este no sale por abajo por lo expuesto anteriormente (29). Puede adi¬ cionarse el alcohol al mosto echando este después que aquel, y por tandas, según que se llena el vaso en que se ha de depositar. 257. Para conocer la cantidad de alcohol necesa¬ ria, obraremos según hemos dicho para la adición de azúcar (242); es decir, veremos con esta lo que nece¬ sita añadirse de ella, y después de conocer los kiló- gramos de azúcar necesarios, y sabiendo que cada li- — 145 — tro de alcohol representa 1.590 gramos de azúcar, con estos antecedentes, conoceremos los litros de ag*uar- diente que debemos añadir al mosto: más claro, he¬ cho g’ramos los kilóg-ramos de azúcar que resulten precisos, se dividen por 813, y el cociente será los li¬ tros que hay que añadir (242). Adición del tanino para disminuir en el mosto el fermento. 258. Hemos visto los efectos que produce la raspa cuando se añade al mosto que tiene mucha materia azucarada en disolución; la parte que se disuelve, da iin g-usto áspero al caldo, quí después de cierto tiem¬ po desaparece; ese g-usto áspero procede del ácido tᬠnico que se forma en combinación y como resultado de las acciones de los cuerpos contenidos en el mos¬ to (52, 107 y 108). Pero entre los infinitos misterios que las acciones químicas encierran, es uno la dife¬ rente manera'de obrar en la masa los cuerpos que se forman por el resultado de la fermentación; es decir, que el tanino contenido en la película de la uva, g'ra- uilla y escobajo, no obra sobre el fermento en totali¬ dad (91), actúa seg*un su volúmen y seg*un el de los otros componentes, y se forma el ácido tánico, de ig'ual suerte que si en la masa fermentable se echa este ya formado. 259. El ácido tánico precipita, en proporción de su volúmen, otro igual de las materias albuminóideas y forma con ellas tanató de albúmina insoluble. La solución acuosa del ácido tánico, precipita las sales orgánicas de base alcalina, y las hace insolubles en ol agua. 260. Nosotros hemos visto los buenos efectos de la 10 — 146 — aplicación de su'stafncias taninosas, disueltas en al¬ cohol (91), y aplicadas á los mostos de poca fuerza; y también en los vinos insípidos y de color opaco (252). Si la aplicación del tanino, ó por resultado de la fa¬ bricación áparece el vino áspero, se corrige este de¬ fecto con los aclaros de cola, porque las soluciones gelatinosas precipitan la sustancia, en parte, que da el áspero en creso. La existencia del ácido tánico en los vinos blan- ,cos, asegura su buena conservación. En los blancos y tintos, el cuerpo de que trata¬ mos es el elemento conservador. Regular la existen¬ cia del ácido tánico en los vinos, es determinar un medio de evitar sus alteraciones. Aclararlo para pre¬ cipitar ese ácido en creso, que marca el gusto áspe¬ ro; pero que el aclaro no obra de modo que precipita más de lo conveniente, y deja el caldo con poca vida, color opaco y gusto insípido. 261. Las aplicaciones se efectúan haciendo ensa¬ yos en cantidades conocidas, y deduciendo de ellas la proporción necesaria al mayor volumen. Asoleo de la uva para reducir la parte acuosa. 262. La práctica de exponer la uva al sol para concentrar sus juegos no traspirables por la película y evaporar la parte acuosa, es tan antigua como el arte' de fabricar el vino. También se hace secando los ra¬ cimos un poco en el horno, y además colgándolos ó extendiéndolos en habitaciones para que se oreen. 263. Sea cual fuere el método que se use, ofrece buenos resultados; pero es sólo aplicable en condi¬ ciones especiales, y para cosecheros que tienen pocos frutos que le permiten atender con proligidad á la — 14T - ■ vendimia, y finalmente, cuando se fabrican vinos cuyo valor compensa operaciones entretenidas y cos¬ tosas. 264. La práctica de asolear, no es de aplicación en los países en que, durante la época de la vendimia concurren las lluvias y principian los frios; sin em¬ bargo, en ellos precisamente es donde §iendo los mos¬ tos poco azucarados, conviene más esa operación, que se sustituye con ventajas, colgando ó extendiendo los racimos en cámaras ventiladas. Entre colgar y exten¬ der los racimos en una cámara, hay gran diferencia en los gastos, siendo mayores los de cuelga; pero en Cambio, con menos local se puede orear más uva, porque los racimos se atan con bramante y en cada Cuerda que se cuelga á un, clavo, se colocan diez ó doce. 265. Eá Galicia, en algunos puntos, cuelgan la tiva, y en el mes de Diciembre ó Enero la echan al ^agar, por cuyo medio hacen vinos especiales de que hablaremos en su lugar. El vino supurado, de paja, tostadillo, etc., se hace asoleando ó secando la uva por los medios expuestos. 266. .Los antiguos decian que debia estar la uva diez dias al sol y cinco á la sombra («) antes de pi¬ sarla, y en efecto, necesario es que la uva esté des - pues de expuesta al sol separada de su infiuencia; y esos dos períodos de tiempo obran activando la -per- \ fecta maduración del fruto. 267. El asoleo puede efectuarse sin quitar los ra¬ cimos de la cepa, donde la propiedad se respete y la vendimia no sea lluviosa y fria. Esto lo fundamos en íu práctica, y al efecto lo que debe hacerse es desho-. (a) Homero. t - 148 - jar la cepa en todo lo que dé sombra al racimo, ad¬ virtiendo, que esto es lo que significa el deshojado, que se efectúa para favorecer la madurez; aqui se su¬ pone completa, y se trata de mejorar, que es lo que efectúa el asoleo; y que esto ha de suceder se explica, teniendo en cuenta lo que dice Couverchel: «La ma¬ durez principia cuando el fruto ha llegado al límite de su desarrollo, y los principios que lo componen han adquirido su perfección. En esta época parece que la planta abandona el fruto á sí mismo, se ols- trmjen los conductos del pedúnculo, y Se,suspende la acción mtal que la'planta trasmitía. y ) ¿No recuerdan nuestros lectores haber visto alguna vez la vid sin hojas y las uvas casi pasadas? Ayudar la madurez del fruto con el cultivo ó en el lagar. 268. Se puede hacer que la^uva aumente la mate¬ ria azucarada, y de consiguiente, esté esta en mejor proporción con el fermento, por dos medios: primero, en las operaciones de cultivo deshojando la vid en tiempo oportuno; segundo,* arando la viña ó dán¬ dola polvo cuando empieza á madurar; tercero, amon¬ tonándola en el lagar antes de pisar: trataremos de cada un'o de estos medios separadamente. Deshojado de la vid. 269. Quitar la hoja á la vid, para que más venti¬ lada la planta, el calor del sol active y mejore la ma¬ durez del fruto, es una práctica tan conocida y usada en los países septentrionales, que en ella se funda el tener las cepas altas y con rodrigones, á fin de que - 149 ~ los racimos estén más expuestos á la influencia del aire y de la luz. Esta práctica es siempre buena, y tanto más útil, cuanto más cerrado y frondoso es el plantío, más baja la cepa, y más frió el clima; sin embargo, hemos visto con sorpresa, que se anatema¬ tiza por un escritor en la Enología Española. En nuestra larga práctica y hábito de investigación, he¬ mos comprendido que es, un error perjudicial en alto grado, predicar contra prácticas que tienen la sanción de Inexperiencia, pues se hace titubear al que ejecuta y muchas veces con perjuicios irreparables; pues en las industrias rurales, los errores después de ser difí¬ ciles de corregir, siempre son más costosos que en las otras. Nosotros, después de afirmar, como afirmamos, que el deshojado deb.e practicarse para mejorar la madurez de la uva, y creer que el asoleo se puede conseguir y consigue por este medio, si no en totali¬ dad en parte; aunque no admita discusión la bondad de esa práctica, que cada uno con bien poco trabajo puede verificar; vamos á dar una ligera noción de cómo obran los jugos contenidos en el fruto, para que se vea que hay falta de estudio en condenar el desho¬ jado de la vid en tiempo oportuno y según la nece¬ sidad lo exija, y claro es que sin tener presente que sea necesario, no debe hacerse. ' 270. En nuestro Tratada del cuUwo de los arlóles frutales (a), nos hemos ocupado con extensión del modo y manera cómo tiene lugar la madurez de las frutas separadas del árbol, y como se efectúan en él: aquí bastará una ligera nocion de lo que extensa¬ mente allí tratamos. 271. La maduración del fruto en el árbol sufre (a) Librería de Cuesta. _ 252 — uva que se corta con rocío, produce mosto más fluido y acuoso que la misma si está seca; y que esa canti¬ dad de fluidez, nó es otra cosa que agua que, según los casos, puede ser útil ó perjudicial. Puede ser útil siendo el mosto muy denso y teniendo que recurir á rebajarlo según hemos dicho (216), y será perjudicial si teniendo pocos grados los hemos de aumentar, por los medios ya conocidos (324, etc.). Según esos casos nos parece debe obrarse. 440. En la Champaña se cree que recogiendo la uva con rocío el vino se aclara mejor. 441. La época de la vendimia puede suceder que sea llegada para un sitio en que tengamos plantíos y que otros estén retrasados; ó que la excesiva divi¬ sión que se advierte en la propiedad vitícola en lo general de España, y más en la región central, haga que en el término tengamos viñas que anticipan la mudarez interpoladas con otras que las retrasan, lo cual no es raro, por la diferencia de clases de tierra, quebradas del terreno y clase de uva; si así fuese, .dispondremos de modo que, dando principio y si¬ guiendo por lo que esté maduro, demos tiempo á lo que está atrasado, que será lo último, aunque los gastos se aumenten con ir y volver á un mismo sitio; la vendimia empezada por un punto y seguida en re¬ dondo, es lo más perjudicial que puede hacerse, como no sea que »todo el fruto tenga las cualidades requeridas. Un dia la uva en la cepa no es indife¬ rente, y para comprenderlo, rogamos se confronte el mosto de un dia para otro cuando la uva se está ha¬ ciendo, y se verá el mal que se origina en no dejarlo lo que sea posible y necesario. - 253 - Trasporte de la ma al lagar. 442. Va desapareciendo la maJa'costumbre que basta hace poco se ha tenido de cortar la uva, y los vendimiadores de echarla en espuertas y después en serillas de esparto en la región central, lo cual hace que al cargar se comprima, y algunas veces en el trayecto desde la viña al lagar, escurra la flor del mosto: este sistema siempre malo, y más en años llu¬ viosos que el fruto está blando, se mejora poniendo en lugar de las serillas, capachos de mimbre; pero quedando algo que hacer, se van reemplazando por cubetos, en los que no se pierde el mosto. Los cube¬ tos se usan en algunos sitios Sólo cuando el trasporte tiene lugar en carros; donde no, siguen las serillas y cestos: unas y otros deben sustituirse con las com¬ portas que usan en Navarra, las cuales son propor¬ cionadas al objeto cuando se cargan en caballerías, ^y pueden con ventajas muy conocidas desterrarse los cestos y serillas. 443. Los cubetos ó comportas adecuados para el trasporte de la uva á lomo, se construyen haciendo plana la parte que cae hácia la albarda', y redonda la opuesta: para sujetarlas hay varios medios; el mejor es poner grapas fuertes que enganchan en garfios colocados en el aparejo; también se sujetan con lazos sostenidos por argollas. — 254 — § 11 . ÍISA DE LA UVA. 444. Descritos los lagares usados generalmente en la región central (319 y 334), entramos en la pisa de la uva. En general se efectúa esta operación con calzado de esparto, aunque hay sitios en que se em¬ plean suelas de madera y zapatos son clavos; sin que tal vez se hayan apercibido de que de este modo , se rompe la granilla, conviniendo por lo tanto lla¬ mar la atención sobre esto. Pisa con los piés. 445. Las partes componentes de la granilla las co¬ nocemos (107 y 108), y vemos que contienen los mis¬ mos principios que las otras partes sólidas de la uva, y además aceite; sabido es que el aroma del vino se * produce por la acción de los ácidos sobre las sustan¬ cias grasas: también se sabe, que en algunos puntos, para producir la parte aromática, echan en el acto de la fermentación uvas machacadas. Esto indica, que los componentes de la granilla, abstracción hecha del tanino, no están en general considerados como per¬ judiciales al vino, según la generalidad cree. Esto nos hace recomendar ensayos comparativos, y que cada uno se dé cuenta del resultado, usándolo como á la situación en que viva convenga. 446. En Jerez, dice un autor español, «se pisa « la uva por algunos, calzados de gruesos zapatos llenos de clavos) para mejor asegurarse del estrujado de ella; los zapatos tamlien herrados y clavados^ solo sirven — 255 - para romper las pepitas de la uva y hacer que se di¬ suelva entonces una cantidad mayor del tanino ó principio astringente. Esta práctica no es digna de los entendidos cosecheros que despalillan la uva, mientras permanece en el almijar.y> 447. Hé aquí una práctica (|ue nosotros entende¬ mos al contrario que el autor á que nos referimos, y , que tal vez los mismos que hacen la operación repro- l^ada no sepan dar la- contestación que nosotros va¬ mos á explicar en términos prácticos. En Jerez, como en toda la región meridional, los mostos tienen bas¬ tante cuerpo, y además, con la práctica de asolear la üva, que algunos cosecheros usan, aumentan la par¬ le azucarada, ó mejor dicho, disminuyen la acuosa; I^e este modo, hay desproporción entre el azúcar y el fermento (214 y siguientes), y como á los vinos blan¬ cos no se echa casca, y la raspa, además de contener ün principio amargo, que desagrada y hace desmere¬ cer en los vinos superiores, como son los de Jerez, in¬ fluye en que tome color el caldo; quitan la raspa ó ^escobajo, despalillan, y para dar elementos de ácidos grasos que la granilla contiene, y favorecer el aroma, ^sí como alguna parte de ácido tánico, cuyos efectos conocemos (91), pisan y quitan el escobajo, y pisan la uva con calzado con clavos, sin cuidado de que la ^ranilla se rompa, antes por el contrario, esto es lo que se proponen (200), para añadir fermento y mate¬ rias crasas. Que la rotura de la granilla no es perjudicial en las prácticas de vinificación de Jerez, se prueba con ios buenos resultados que dan sus vinos; pero no es io mismo para vinos blancos, en que la casca no se ®cha al mosto; que para los tintos, que se pone en ellos la película completa, y la granilla rota si se pisa — 256 ~ con medios que puedan producir ese efecto, en cuyo caso, tal vez dé resultados contrarios. Nosotros algo hemos comprendido, y sin romper la granilla la echamos con la casca, siguiendo la opuesta prác¬ tica de otros: de la granilla y raspa, ya hemos di¬ cho lo suficiente (221 y 222). 448. El uso del calzado de esparto ó de cáñamo para pisar la uva es bueno, ínterin no se pruebe que romper la granilla es útil, cuando se echa al vino con la casca. La costumbre de pisar con los piés des¬ calzos, según se hacia en los primitivos tiempos de los judíos («), debe desterrarse por ser perjudicial al hombre, desagradable á la vista, y porque háciendo el trabajo más difícil, aumenta gastos. 449. El prolongar la pisa algunas horas, para que la uva amontonada tome calor y color el caldo, se verá por el exámen que en un poco de este, se hará al efecto de obrar según ya digimos. El quitar el escobajo ó no, se hará según lo he¬ mos dicho (219). Pisa de la uva con máquinas. 450. Las máquinas para estrujar la uva se cono¬ cen hace muchos años; pero hasta hoy no se ha he¬ cho ninguna que responda á la brevedad que exige una cosecha de regulares proporciones. Solo conoce¬ mos una construida en Valdepeñas, y usada por su inventor el conocido cosechero Sr. Mazarron: se componia, como toda esa clase de máquinas, de dos cilindros con una tolva encima; pero en lugar de manubrio tenia puesto un malacate, cuyo movi- (a) Isaías, cap. XVT, v. 10; y Jeremías, cap. XLVIII, v. 33. — 257 miento se trasmitía á los cilindros* abreviando de •este modo la operación, y excusando la repugnancia ■ que tienen los jornaleros españoles de trabajar dan¬ do á un manubrio; verdad es que es cansado, y que en la pisa de la uva con máquinas movidas por ma¬ nubrio, los hombres que son necesarios para relevar¬ se, sobran para pisar con los piés igual cantidad de uva y algo más. Las máquinas para la pisa de la uva tinta, que debe repetirse, amontonar el hollejo pisa¬ do y volverlo á pisar segunda y hasta tercera vez, no tienen aplicación. Pisar una vez' sólo no es bastante, porque el vino sale con poco color, y repetir la pisa en la máquina no es posible', y esto sin otro exámen, las hace inútiles, en nuestro concepto, por cuya razón nada más diremos de las pisadoras. 451. Tío quiere esto decir que seamos refractarios á los adelantos en las máquinas; por no serlo, hemos gastado más que debiéramos, y pasado bastantes dis¬ gustos, que nos han enseñado lo suficiente para acon¬ sejar se examine mucho antes lo que se toma, para no caer en el error de suponer grandes beneficios donde sólo podrá haber más aseo, pero no econo¬ mía, tratándose de pisadoras de uva con aplicación á grandes cosechas. Siendo pequeñas, el asunto va¬ ría; pero supone un gasto de 1.500 á 2.000 rs., no to¬ das veces posible para los que tienen que fabricar poco vino de la clase que nos ocupa. Además frecuen¬ tes roturas que son difíciles de reparar por falta de operarios, ocasionan gastos y retrasos perjudiciales, en una recolección que no da lugar á perder tiempo. 452. Pisada la uva de una ú otra manera, se so¬ meten todas las partes sólidas á la presión, ya en vi¬ gas (322], prensas de husillo, etc., y el caldo que re- e ulta suele ir mezclado sin regla de proporción con 17 — 258 — el que dió la uva, y de aquí una de los causas de di¬ ferencia, advertidas en el vino de vasos distintos, procedentes los mostos de igual origen. El mosto de prensa, tiene cualidades que ya conocemos (227), y debe emplearse según ellas. 453. La presión sobre la raspa y película de la uva, será bueno que se efectúe bien, para sacar enju¬ ta la casca. El caldo obtenido por la presión, debe re¬ partirse en las vasijas, en la proporción que el escur¬ rido naturalmente .en la pisa. Después de prensada la casca, se echa en la za¬ randa y se separa el hollejo de la raspa á fin de usar uno y otro según se dirá. § III. EXAMEN DEL MOSTO. 454. Cuanto hemos dicho en el capítulo II de la primera parte, explica la necesidad de exami¬ nar las condiciones del mosto, para" corregirlas antes de ponerlo á fermentar. Al efecto se cogerá una por¬ ción de él, se colará por un trapo, y por medio del pesa-mosto (37) se conocen los grados que tiene; y aquí entra la cuestión en que no estamos de acuerdo con lo dicho por muchos que se han ocupado de ella. 455. En nuestra primera edición decíamos que en la región en que escribimos, y sitio en que tenemos nuestra propiedad (Morata de Tajuña), los mostos que en su estado natural llegaban á 13® daban vinos re¬ gulares, sin más cuidados que los ordinarios; que de 14 á 15, los vinos obtenidos ofrecian cualidades so¬ bresalientes y larga duración. Desde 1850 que eso escribíamos, hemos podido estudiar el asunto, y hoy - 259 ~ como entonces confirmamos nuestra opinión, pudien- do añadir alg-o que sea útil saber. 456. Los mostos que tienen 10 á 11° se convierten pronto en vino, pues la fermentación dura poco y son aunque endebles muy buenos para vender, desde , que se aclaran á mediados de Noviembre, hasta Enero ó Febrero inmediato, pero no admiten trasiego sin Dauchas precauciones que suelen ser ineficaces, al menos efectuándolo con los medios que hoy se tie¬ nen, tinajas y cuevas; si se trasegáran á maderas, cuidándolos según diremos, se obtendrían vinos del¬ gados, agradables, y con las condiciones que hoy se exigen para mesa; de 11 á 12° son más fuertes, se atrasa algo la fermentación, y los vinos producidos tienen más fuerza y resistencia para no alterarse en las tinajas y cuevas: de 12 á 13 son mejores; llegan¬ do á 14 resultan vinos muy buenos, de 15 sobresa¬ lientes, y de 16 en adelante el vino obtenido es dulce, en más ó menos escala, según los cuidados que se tengan para disponer la fermentación (215 y si- ' guientes). 457. Esos resultados, hijos del exámen detenido de lo que hemos practicado y visto, sentimos decir ^ue aparecen en desacuerdo con los consejos dados en obras recientemente publicadas, por los que habrán ’^isto hacer de otra suerte ó han tomado datos de obras extranjeras, en cuyos países las cosas pasan de otro modo bien distinto, según veremos én su lugar. 458. Sin detenernos en discusiones enojosas, y puesto que nuestros lectores tienen fácil medio de confrontar prácticamente los resultados, y de hacer ensayos comparativos entre lo que decimos unos y otros, á esos hechos, que diopii más que todo, deja¬ mos el asunto. » — 260 — 459. No entramos tampoco á discutir la opinión contraria al pesa-mosto, y negativa que hace de su bondad el Sr. de Bonet y Bonfil que concluye: Sea con el areómetro, el gleucómetro, mustimetro ó con cualquiera otro instrumento, nunca nos dará el cono¬ cimiento exacto del principal agente de la vinificación, el azúcar. Si el asunto se trata bajo los principios de la exac¬ titud de la escuela química, no negaremos al señor Bonet su aserto; pero tratándose de las aplicaciones del pesa-mosto á la práctica de la vinificación, dire¬ mos que es instrumento de inapreciable valor, si está construido con conciencia; es un guia que la práctica de todas las localidades debe admitir como el más útil; lo mismo en la Rioja que conocemos y á que alude, que en Castilla, Andalucía, etc.; pues de en¬ sayos múltiples de unos y otros puntos, hemos forma¬ do la tabla que aparece en el preliminar (61). 460. Las correcciones del mosto, según el sentido que necesario sea, hemos dicho al tratar de la fer¬ mentación cómo deben hacerse (164 y siguientes), y recordaremos el buen resultado que puede obtenerse mezclando mostos de muchos grados (215) con otros de menos, á fin de venir á término conveniente, se¬ gún se ha indicado (197). 461. Los mostos de pocos grados tienen siempre exceso de ácidos, y aunque sea preferible arreglarlos según tenemos dicho, cuando esto no se puede ó no se quiere hacer, conviene prepararlos para quitar algo de la acidez, lo que se verifica antes de pisar la uva, echando en cada tanda una proporción de yeso, la cual se averigua primero ensayando el mosto en can¬ tidades conocidas; pues si un exceso de ácido es per¬ judicial en el mosto (177^, su falta absoluta ó relati- - 261 - va y el abuso del yeso son perjudiciales. Es mucho mejor precaver la acidez del vino en la fermentación, que tener que obrar después. § IV. COLOCACION DEL MOSTO EN LOS VASOS. 462. En la práctica general, y especialmente para la clase de vinos que nos ocupa, se cree indiferente echar boy una parte del mosto en el vaso, mañana otra, al siguiente un poco y después el resto, resul¬ tando que se hacen tres ó más adiciones, sin contar con la de la casca; esto tiene por objeto lareparticion del mosto de diferentes clases, con el fin de obtener una mezcla que tenga cualidades mejores; pero si esta es una práctica ventajosa y que aprobamos, y hasta necesaria si se ha de mezclar mosto de uva blanca con el de la tinta, hay que saber, que cuantas adi¬ ciones se hagan, interrumpen la marcha de la fer¬ mentación del caldo, antes puesto en el vaso, sin que aquí valga aumentar ó igualar la temperatura del mosto adicionado. El mal que resulta, consiste en que el primer caldo que está ya cuatro ó más dias en acción, cuando se añade otro nuevo termina su mo¬ vimiento, y el otro no, y los vinos que resultan,así dispuesto el mosto, llevan el gérmen de fermenta¬ ciones posteriores por haber sido irregular é inter¬ rumpida la primera. 463. Es necesario disponer las cosas de' modo que el mosto se eche en los vasos, de manera que^se ter¬ mine de llenarlos dentro de las veinticuatro horas, teniendo al efecto dispuesta la vendimia de suerte que se pueda llenar este precepto indispensable. Te- — 268 — sin cuidarse del traqueo del caldo, antes por el con¬ trario, conviene para que el oxígeno actúe y ponga en movimiento la nueva fermentación que va á tener lugar; pero esta que es insensible, se ejecutará tapan- d .0 la tinaja, lo cual hará que se prolongue y sea más completa. Relleno de los vasos antes de terminar la fermentación. 476. Cuando se advierte que el mosto está próxi¬ mo á aclararse y marca uno ó dos grados bajo 0 del pesa-mosto, deben rellenarse las tinajas antes que termine la fermentación y se aclare; de este modo conseguiremos mayor consumo de azúcar, y tal vez que desaparezca el dulce, y para tener seguridad completa de ello, obraremos según se ha dicho en el párrafo VIII, capítulo II, parte primera. La acción si* multánea de los medios, hará que el fin se consiga. 477. Terminaremos por decir, que siempre que-se tenga por mejor que el vino concluya la fermenta¬ ción por completo, será conveniente rellenar antes, que la casca haya caído en su totalidad, aunque esto dé lugar á un segundo relleno por el vacio que de¬ jará la casca al precipitarse del todo; pero esto puede evitarse trasegando el vino desde luego que esté cla¬ ro, después de haber rellenado en turbio. , 478. Al rellenar sobre lá madre, es costumbre ele¬ gir el mejor caldo y poner un colador que evite que el vino se golpee; pero como el colador hace que el caldo se divida en chorros delgados, por este medio se da más acceso al aire con mayor facilidad que si se volcara sin colador. Se elige de ordinario el mejor vino de la bodega, y como suele ser menos xlenso que el en que se echa. y se cuida de que caiga suavemente, resulta que el vino añadido en el relleno forma cabeza (29), y no se mezcla con el restof pero esto,que como idea comer¬ cial puede ser buena, al trasegar resultará que lo úl¬ timo que sale del vaso es lo mejor que tenia. Debe rellenarse cuando esté el vino sin terminar de hacer, y ejecutar la operación de modo que se mezcle y con¬ funda todo. Hace pocos años echamos en un tonel de vino de diez años, un poco para rellenar con otro de dos años; el primero era blanco y tinto el segundo; este des¬ cendió al fondo, y sacado el caldo con una bomba, sólo en la parte inferior se notaba algo la variación del color tinto. Sea que se rellene antes de terminar la fermenta¬ ción, que se haga al concluir la primera ó qu^ se tra¬ siegue antes ó después, el caldo sufre fermentacio¬ nes secundarias é insensibles, de las que si no se cuida, suele ocurrir que el caldo varíe de naturaleza; conviene que para favorecerlos se coloque en buenas condiciones, y la principal es que la temperatura sea igual á la en que estaba colocado. Si es menor la del sitio en que se pone, suspende sus efectos y después tiene lugar, no tan bien como de desear es. Si mayor, es de peores consecuencias. Temperatura mientras dura la fabricación del nino. 479. En toda bodega de fermentación, llámese cocedero, debe haber un higrómetro, según la figu¬ ra 3.*^ de la lámina, con cuyo auxilio y el del termó¬ metro que tiene tinido, conoceremos el estado del aire en el local, y podremos aumentar la temperatura y elasticidad de él según convenga (4G y 47). — 210 — 480. Sabiendo que la temperatura que exige el caldo de la juva para fermentar, es de -f-15° lo me¬ nos, el termómetro nos marcará si el cocedero tiene la necesaria que debe sostenerse, que según nuestras observaciones de muchos años, es +18° centígrados. Al efecto se usarán los medios de calentar el local, se¬ gún ya hemos dicho (al tratar del cocedero), ó como cada uno crea más fácil según sus circunstancias. 481. Cuando el aire exterior de la bodega es frió, y los grados de ella son menores que lo indispensa¬ ble para que se establezca la fermentación, si no se recurre á .algún medio que aumente el calórico, y este se sostiene según aquel lo exija, se hará con len¬ titud el vino y podrá suceder que aun teniendo con¬ diciones el mosto, el caldo que resulte no las tenga, por falta del impulso necesario que el calor presta. Es pues una necesidad recurrir á todos los medios posi- .bles para sostener el calor conveniente en la'bodega, por más que algunos que han escrito sobre la mate¬ ria, y que tal vez no- han fabricado nunca vino, afir¬ men lo contrario; esto es, que es inútil el cuidado que encarecemos. De su fa,lta resultan los vinos mal elaborados, que la fermentación se termine pronto y el caldo se aclare antes con el frió que con el calor, cuando se dejan que obren los agentes naturales; pero también que suspendida por la baja temperatu¬ ra, cuando los caldos se exponen á mayor calor, se enturbien: igual les sucede cuando se mueven y airean. 482. ¿Por qué se enturUan los vinos cuando se se¬ caran de la madre en unos años y otros no"^ Casi to¬ dos los cosecheros de vinos de pasto, y principalmen¬ te los de los tintos, saben que hay años que cuando se mide el vino sobre las madres, se cierra de color y — 271 — se enturbia, siendo así que en otros no sucede, y que muchas veces el líquido de una tinaja resiste y el de otras no. El motivo de esa alteración consiste princi¬ palmente en que el mosto no ha recorrido todos los periodos de una fermentación regular, y al contacto del aire por la medida, entra el fermento en activi¬ dad y enturbia el caldo; y que este es el origen de ese accidente, se comprueba en que quemando un poco de pajuela en el pellejo á que se traslada el vino, este no se altera, porque el ácido sulfuroso pro¬ ducido por la combustión del azufre (24), tiene la fa¬ cultad de suspender la fermentación, pues para for¬ marse se ampara del oxígeno y quita á este su acción sobre el fermento (113). La acción del azufrado sobre el fermento está tan demostrada, que nosotros hemos llegado á presumir, y venimos haciendo ensayos para fijar la idea, de que, cuando para combatir el oidium se echa mucho azufre, y este va en la uva, al pisar, el caldo que resulta fermenta con lentitud y el vino aparece con poca vinosidad: recomendamos se llagan ensayos con mostos de uva azufrada y sin azu¬ frar, y se verá la diferencia. 483. Para conocer si el vino está bien fermentado, se liace la prueba de ponerlo en un vaso de cristal de medio cuartillo, y dejándolo una noche, si al dia si¬ guiente está claro y no ha aumentado de color ó se ha cerrado, se dice está bien, que no se 'ouüx¡t\ pues según lo anteriormente probado, el volverse consiste eu no haber terminado la fermentación, y cuanta más Variación se observe en el vaso, más será la falta de ella; lo cual se evitará sosteniendo la bodega á la temperatura conveniente. 484. Los caldos que se vuelven al separarlos de la madre, si se trasiegan y azufran, se aclaran según el — 272 — ácido sulfuroso se va evaporando, pero en cuando este deja de influir sobre la masa líquida y vuelve á su color, principia la acción del oxígeno sobre el fermento, altera el vino y lo descompone, en más ó menos tiempo, según sea más ó menos espirituoso. Sequedad ó humedad excesiva en la bodega ó cocedero ^ 485. Digimos que el higrómetro (46) tenia por ob¬ jeto apreciar el estado de humedad del aire. Cuando el aire es seco, lo cual se marca á los 50® del higró¬ metro, la evaporación de los vasos es activa, retira de las cascas, si se hace la fermentación abierta, una gran cantidad del líquido, las seca con prontitud y exige que se mezcan las tinajas con frecuencia, ó exponerse á que se aceden, y al hundirlas introducir en el mosto un gérmen perjudicial á sus buenas cua¬ lidades y conservación. Si el aire está saturado de humedad, lo cual se conoce cuando marca 80®, la :casca la recibe y se dispone al mismo resultado por distintos medios. Para corregir la sequedad se riega la bodega; para la humedad se enciende lumbre que la disipe, y siempre se tendrá el higrómetro entre €0 á 70®. 486. Bajo la influencia de una temperatura cons¬ tante y ambiente regularmente saturado de hume¬ dad, la fermentación sigue sus períodos con buenas condiciones, y el caldo que resulta es bueno de color, sabor y fuerza, siempre en relación de los elementos componentes del mosto; pero superior en igualdad de circunstancias, comparado lo que se fabrica según la marcha hoy seguida sin ninguna regla y la que proponemos. — 273 — Registro de las operaciones de Undimia. 487. El cosechero que maneja una cantidad de -caldo reg-ular, no debe fiar sus observaciones á la memoria; debe tener un reg-istro que comprenda to¬ das las operaciones de vinificación desde el principio hasta el fin. En él debe constar cuanto ocurrió en el año basta obtener el vino y venderlo, sin dejar de poner desde los gastos de cultivo hasta el precio del • caldo, para hecho el balance saber el resultado. 488. Nosotros tenemos ese registro desde el uño 1844 hasta ahora, y las notas á que principal¬ mente hemos puesto atención, las hemos dividido en dos partes: \.^ A'puntes económicos. 2.* Apuntes solre la falricacion del vino. 489. En los primeros, vemos hoy que los gastos de cultivo se han aumentado un 50 por 100; que con lo que antes se labraba una aranzada de viña hoy solo alcanza á media; que el valor de las viñas ha aumentado, y el del vino no ha seguido en la misma proporción, y aun puede decirse-que no se consume en los dos últimos años, en la escala que era de es¬ perar. 490. Que antes costaba cortar, acarrear, pisar y disponer para la fermentación, una carga de uva úe 8 arrobas, 2 reales, y hoy llega hasta 4 reales 50. 491. Este aumento de gasto y dificultad de venta de los frutos, nace del desconcierto-en que se vive; de que el trabajador ha perdido la voluntad de hacer y la conciencia; habiendo aprendido á holgazán cuan- <io más necesita la patria que se trabaje y prdduzca para soportar el gran peso de las cargas públicas. La riqueza viñera está herida de muerte; en algunos dis- 18 — 274 — tritos, excede el producto del consumo, y los gastos y los impuestos absorben la pequeña riqueza que de ella se consigue. Si se aprueba una ley que existe en proyecto, seguro es que hará el mismo efecto que el decreto de Domiciano, que mandó arrancar las viñas [a). 492. En los apuntes sobre la fabricación, tenemos las observaciones meteorológicas del tiempo trascur¬ rido hasta la época de la vendimia, y el que ha teni¬ do lugar durante la fabricación, peso de cada clase de mosto, las mezclas ejecutadas, marcha de la fer¬ mentación, temperatura de la bodega, etc., y resul¬ tados obtenidos en los vinos vendidos sobre la madre y los trasegados,. De esos datos hemos deducido que, en la práctica, cuando llueve en Agosto y se cala la tierra bien, dejando después de hacerlo, la vendimia se adelanta diez ó quince dias, los mostos son buenos y los vinos de fuerza y buena conservación; que no hay necesidad generalmente de correcciones. Cuando llueve en Setiembre y Octubre, los caldos son flojos, •siendo las aguas abundantes, y necesitan correccio¬ nes difíciles y costosas; y cuando en Agosto, Setiem¬ bre y Octubre no llueve, la uva está dura ó seca, mal madura, .y las correcciones que necesitan los mostos que producen, no son fáciles y siempre de resultados inciertos. 493, No pretendemos que se lleven las notas con el carácter científico que nosotros hemos dado á núes- (a) Vivió en el sifflo primero de nuestra era, y mandó arrancas las vi¬ ñas por faltar cereales para el consumo. La ley á que nos referimos, y que no hemos querido dejar de indicar en esta tercera edición, fué la que presentó el Ministro Moret, para que los’cosecheros pagaran de 30 á 99 céntimos de peseta por 10 litros de vino en los lagares, por medio de aforo. — 275 - tro registro, teniendo al efecto pluviómetros, termó¬ metros, barómetros, etc., etc.; para la generalidad será suficiente poner en el diario de las cuentas, no¬ tas al márgen relativas á las apreciaciones prácticas del temporal diciendo: llovió para calar la labor, para media, un tercio, etc., según prácticamente se dice: estos datos se reasumen en el diario de la vendi¬ mia, y en pocos años se conoce con alguna exacti¬ tud las dificultades que opondrán los mostos' según lo que resulta del resúmen. 494. El registro en,que se indican los grados que tuvo el mosto bajo la infiuencia de un temporal de tal ó cual condición, el resultado ofrecido por las cor¬ recciones de esta ó la otra naturaleza, etc., etc., son un caudal de conocimientos, que el cosechero inteli¬ gente lega á su familia, y cuyo valor es de conside¬ ración para él. 495. No siendo posible publicar nuestro registro, por impedirlo los cortos límites de este libro, nos ha parecido útil llamar la atención sobre la importancia de que cada cosechero forme el suyo. § VIII. TRASIEGO Y CONSERVACION DEL VINO. 496. En los meses de Enero y Febrero, con tiempo í^rio y claro, se trasiega el vino que hasta esta fecha está sobre la madre, en la generalidad de los puntos en que se fabrica el vino tirito de pasto en la región central. El mosto se cuece en tinajas, y en tinajas se trasiega. 497. Los preparativos para el trasiego son gene¬ ralmente el exámen del vino con la vista y paladar. • — 2:6 — eligiendo los que tienen condiciones para,él, los cua¬ les se mezclan, y con pellejos se trasladan á las tina¬ jas que, bien lavadas {a), se azufran antes de recibir el caldo. Mezclado con este se echa una cantidad de aguardiente de 30 á 34”, y en la parte superior se der¬ rama un poco que se denomina de tapa; esto se repite en el trascurso de tiempo que el vino se conserva así, que suele ser hasta Octubre ó Noviembre del mismo año; límite de duración de esta clase de vinos, y esto los mejores. Si el vino se agria, se le echa creta, tier- •ra-blanca; si se enturbia se aclara con huevos qui¬ tando las yemas y poniendo una clara por arroba. Las cuevas son profundas y de ordinario mal cui¬ dadas. 498. A esto está reducida hoy la práctica -de tra¬ siego y conservación del vino en lo general de la re¬ gión de que tratamos: esas prácticas las vamos á in¬ dicar por epígrafes, y decir en cada una lo que nos ocurre y creemos debe hacerse y practicamos, que será en la forma siguiente: 1. ” Exámeu del vino para trasiego. 2. ” ¿Conviene aclarar los vinos antes del trasiego? 3. ® ¿Qué tiempo debe estar el vino sobré la madre? 4. “ Preparación de los vasos y azufrado. 5. ® Traslación del vino. 6. " Adición del aguardiente. 7. " Tapas para las tinajas de trasiego. 8. ” Enfermedades del vino tinto y medios de corregirlas. Aclaros. (a) Nada hemos dicho de la ciudosidad que exigen el lagar, la bodega, vasos y cuanto concierne á las operaciones de vinificación, pues esto lo creemos escusado, porque todos comprenden que debe hacerse con esme¬ ro y proligidad. — 211 — I. Examen de los vinos pura el trasiego. Color. 499. Dig-imos que al poner la madre al mosto se debía tener en cuenta que los vinos al trasegarse perdían de color por efecto del azufrado, y esto quie- re decir que los que se destinan al trasiego, deben te-' ner el color algo más cerrado que los que se venden sobre la madre; si esto no sucede y se azufran mucho, quedarán con poco color para satisfacer las exigen- ' cias del comercio. Es necesario, pues, que tengan buen color los vinos de la clase que nos ocupa, y que se tenga presente que, según su intensidad, se debe emplear más ó menos azufre. JSabor. 500. Los vinos pierden por el trasiego el gusto áspero, cuando es poco, que suele darles el escobajo, y también la prolongación sobre la madre; pero si tiene otros, de los que se infiere pueden resultar las enfermedades que en ellos se presentan, deben cor¬ regirse según ya diremos más adelante. Los mejores vinos para trasiego son los de sabor franco y suave y sin ningún resabio. Fuerza, cantidad de alcohol. oOl. Pasteur, de acuerdo con Berthelot, dice que la fuerza del vino no es debida solamente al princi¬ pio alcohólico; que concurren á ella otros compuestos f - 284 - 512. C uando las paredes están sumamente sucias, se adelanta alg-o para barrerlas, tirando antes sobre ellas arena; esta 'se pega á la pared, y su aspereza ayuda á que la escoba limpie. Pero nada hay mejor que raspar, echar las lechadas, y con estas se tiene siempre limpia y clara la cueva; pues el color blanco aclara la luz según ya sabemos. Tinajas. 513. Las tinajas bien empegadas y limpias, con repetidos lavados de agua caliente primero, y des¬ pués fria, contribuyen á la buena conservación del vino tinto de pasto que se produce en la región cen¬ tral. jEl cuidado y proligidad en el lavado de las tina¬ jas es tanto más necesario, cuanto que la humedad de las cuevas hacen que crie moho, que sólo con re- petidós lavados, y teniendo la pez bien unida se lim¬ pian convenientemente. A nada conducirá gran es¬ mero en la fabricación, si hay descuido en los vasos de trasiego; siempre será un mal la negligencia, pero será menor si se tiene al fermentar el mosto que al trasegar el vino. 514. En algunos puntos suelen seguir la práctica antiquísima, pues la describen los autores latinos, de lavar las tinajas (pues tinajas usaron), con agua de sal en los puntos del interior, y con agua del mar en las costas. La sal común buena, sal marina^ está compuesta de Cloro. 60,35 Sodium..». 39,65 100,00 - 285 — , 515. Según la proporción de sal que se eche en el agua (teniendo en cuenta que 100 de ella disuel¬ ven 36 de sal), así esos cuerpos quedarán en parte pegados más ó menos á las paredes de la tinaja. Esas partes, por su pequeñez, pueden influir poco para el color del vino puesto en ellas, pero se forman clora¬ tos que obran sobre la materia colorante, pues sabe¬ mos que los cloruros la atacan. El cloro disuelto en agua, obra sobre las materias colorantes en razón de la temperatura del líquido y grados clorométricos: en todo caso, mejor será usar la sal en el agua para lavar los vasos en que se ponga vino blanco, que con objeto de poner el tinto, pues los colores vegetales desaparecen por la acción del cloro disuelto en agua: la disolución se veriflca á la temperatura ordinaria. 516. La otra parte de que la sal se compone, el • sodium ó radical de sosa^ obra absorbiendo el oxíge¬ no en proporción de su volúmen, y como en el caso que nos ocupa es poco, su utilidad será mínima. La sal se usa para quitar al vinagre el color. 517. En algunos puntos en que se trasiega á ma¬ deras, el cuidado de lavarlas es más prolijo, pues la pez de las tinajas admite más facilidad para la ope¬ ración, y no es tan propensa á tomar mal gusto ó vi¬ ciarse. En los vasos grandes que están dispuestos de modo que se entra en ellos para limpiarlos, la opera¬ ción se ejecuta pronto y bien; en los que no, hay que recurrir á introducir una cadena y moverla con fuer¬ za para que arránque de las paredes de la bota ó pipa cuanto esté pegado á ellas' y en no poco casos se desarman para limpiarlas, lo que si es mayor gasto, da más seguro resultado. 518. Limpios los vasos y local, se procede al azu¬ frado. — 286 — Azufrado de los vasos. 519. Digimos el resultado que se produce por la ■ acción de quemar azufre, y aquí sólo liemos de tra¬ tar de la manera de efectuarlo y de la clase de azu¬ fre y su preparación. Eri los puntos de que nos venimos ocupando, es lo • ordinario, comprar pajuelas, y puesta una manta en la boca de la tinaja, poner en un alambre una ó dos, encenderlas é introducidas en la tinaja donde se ex¬ tiende el gas ácido sulfuroso producido por la com¬ bustión del azufre, la tela que cubre la tinaja, en unos casos es dobíe, y- la parte inferior tiene una abertura que da paso al vino que se echa entre las dos telas; en otros es sencilla y se levanta un pico para dar paso á la boca del pellejo en que el vino se trasiega; pero mientras se vacia sale de la tinaja el gas sulfuroso, y como su salida es según el cuidado de los que se emplean en echar el vino, resulta que con una misma cantidad de azufre, unos vasos tienen ínás tiempo el caldo sin aclararse que los otros. Para evitar este inconveniente de alguna importancia, se hace una manga, especie de colador de lona bien tu¬ pida, y puesta en la boca de la tinaja se introduce el azufre, que después de arder, y sujeta la manga ó colador, se extiende entre el hueco de ella el gas sul¬ furoso, que con la manga y una manta que la cubre, no puede salirse y se disuelve en el vino. La manga tiene en el vértice del cobo, que forma, una alcacho¬ fa de lata que da paso al líquido. 520. En lugar de las pajuelas que se usan,'debie- ran emplearse mechas, que á la vez de tener azufre, tuviesen algún cuerpo aromático. En Barcelona se — 287 — fabricaban estas medias no hace muchos años, por Jaime Trilla, llamadas mechas perfumadas; nosotros las usamos algún tiempo, pero después no hemos podido averiguar el sitio donde se trasladó el que las hacia. Pero en Madrid en la bodega inglesa, se en¬ contraban mechas de azufrar con sustancias aromᬠticas. Estas suelen variar segum la clase de vino. Un exceso de azufre, y el que este no sea de bue¬ na calidad, puede producir en el vino el desagrada¬ ble gusto del hidrógeno sulfurado, defecto que sólo puede modificarse según digimos (413). Mutación del vino. 521. Si en lugar de azufrar los vasos se quiere efefctuar con vino en que se ha hecho disolver una fuerte cantidad de ácido sulfuroso, la operación es mejor y los resultados serán iguales para el fin de suspender en la masa trasegada la acción del fer¬ mento y del oxígeno, mientras esté impregnado del gas. 522. «Al efecto se toma, dice un autor francés, un tonel de capacidad de 200 litros de vino, y se quema dentro un pedazo de mecha de azufre de 4 centíme¬ tros cuadrados; en seguida se ponen de 25 á 30 litros de vino, se tapa y mueve bien la vasija para que ¿e disuelva en el líquido el gas producido. En seguida se quema otra mecha y se vierten otros 25 ó 30 litros de vino, se agita y se sigue hasta llenar el barril.» 523. Para usar el vino así preparado, no tienen nuestfos cosecheros que hacer otra cosa que formar la cuenta de proporción del azufré empleado y el vino echado en el tonel, y según los gramos de azufre que — 288 - resulte corresponder á cada litro y los gramos que hubieran de quemar en una vasija dada, así echarán de litros de vino azufrado por el método anterior, poniéndolos en el fondo de la tinaja, á fin de que al caer el vino se mezcle bien. Hecho de este modo, se tiene seg,uridad que el azufre empleado se encuentra en el caldo, y se evita el incómodo gas que se ex¬ tiende en las cuevas, porque se escapa de los vasos al tapar y destapar para echar el vino. 524. N o nos hacemos cargo de lo dicho por algu¬ nos respecto de emplear medios de suspender la fer¬ mentación del mosto en su primer período, por me¬ dio del azufre, y usar el caldo después para azufrar los vinos. Se comprende que siendo la acción del azufre suspender la fermentación y por ella su em- p¡leo, seria peligroso introducirlo con una sustancia, que si no ha fermentado, tiene en suspenso los cuer¬ pos que lo verificarán en cuanto el calor lo favorezca y el ácido sulfuroso desaparezca del caldo, lo cual se efectúa aunque lentamente. Modo de qi(,itar el azufre al vino. 525. Cuando se ha puesto azufre con exceso en el vino, ó por no estar claro y necesitarlo así, conviene quitar el azufre, se obra del modo siguiente, fundado en que la cal apagada absorbe d gas ácido sulfuroso contenido en el vino; pero como la cal rebaja el co¬ lor del caldo, hay que hacer ensayos preventivos con el fin de conocer la cantidad de cal necesaria, y ver si esta perjudica la coloración del líquido, lo que en muy pocos casos hemos visto ocurrir. 526. Se toma una cantidad de caldo que se va á — 289 - ■ someter al experimento, y se le añade una porción de cal apag-ada y pulverizada, que sea suficiente para absorber el azufre, lo cual tendrá lugar en veinti- 'Cuatro horas ó antes: en esa proporción se obrará después, y tendremos un medio útil en muchos ca- -sós (a). • . V. Traslación «Icl vino ó trasiego.' Con pellejos. 527. Terminada la fermentación por completo en su primer período, digimos que se evitará el contacto del aire en el vino, para precaver las consecuencias ya apuntadas. Pero aunque así lo comprenden nues¬ tros cosecheros y ejecutan hasta donde puede ser, con relación á los medios que las prácticas actuales per¬ miten, se ve que en la generalidad de los casos, estan¬ do los cocederos distantes de las cuevas ó sitios en que se conserva el vino, necesitan usar pellejos para la traslación. De esa manera, el líquido se golpea desde que empieza á salir de la tinaja del cocedero, hasta que queda en la de trasiego. Ese continuo con¬ tacto con el aire, es de lo más perjudicial que puede ocurrir en los vinos endebles; pero no hay remedio €n el caso presente, cuando los vasos que se vacian y los que se llenan se encuentran distantes. Las nuevas {a) Un libro publicado en Barcelona en 187.5, por un Sr. Bustamante, ■ copió casi por completo el de nuestra primera edición, sin indicar á Qnién pertenecía la propiedad, que era nuestra, que liabiamos cumplido laa prescripciones legales, y podíamos perseffuir á quien con tanta faci¬ lidad se apropia lo ageno. 19 — 290 — construcciones deben precaver esto, haciendo de modo que se pueda varificar con mang-as. Mangas de trasiego. 528. Cuando la cueva ó bodeg-a de conservación está contigua al cocedero, según ya hemos di¬ cho (319), el trasiego se verifica con mangas, y lo que estas cuestan se economiza en un año, pues dos hombres, ó lo más tres, bastan para trasegar sin gol¬ pear ni airear el vino. 529. Las mangas de trasiego necesitan tener me¬ dios de prolongarse y acortarse, así como llaves en las extremidades para cerrar cuando el caso lo requiera, todo lo cual se arregla perfectamente por ajustes de tuerca qúe cada trozo tiene: para acortar ó alargar la manga es necesario que la primera llave, la que está en el sitio de salida del vino, se cierre con antici¬ pación con el fin de que no quede vino en la manga, y al desatornillar un trozo para quitarlo ó unir otro, se derrame el caldo. Esta operación se previene anti¬ cipadamente por el hombre que está llenando, los va¬ sos, y para evitar algún descuido,'se tiene un tinillo para recoger el vino, si hay algo en la manga, que pueda escurrir al desatornillar un trozo. 530. El medio expuesto es muy útil y económico, siempre que pueda efectuarse por permitirlo la con¬ dición del local. En algunos puntos de la provincia de Madrid, trasiegan con cañas; varios trozos de estas, atravesa¬ dos los nudos, se unen con las pieles de piés de car¬ nero dispuestas al efecto, y esas uniones permiten dar cuantas curvas y longitud se desea: el primer tercio de caña está sujeto á una llave puesta en la tinaja, y — 291 — siguen los empalmes de caña liasta llegar al vaso de trasiego. Este método, aunque rústico, es mejor que los pellejos, cuando la cueva y bodega está cerca una de otra. El uso de las bombas para el trasiego de los vinos es tan ilusorio, en general, que ni siquiera nos ocu¬ paríamos de él, si no se viesen frecuentemente anunciadas bombas para el trasiego de los vinos. Es¬ tas, que sólo pueden emplearse si se trasiega en la misma bodega ó cocedero, traquean el vino con fuer¬ za y lo oxigenan, casi como empleando los otros pro¬ cedimientos indicados. Además, ¿ cómo poner una bomba en vasija que tiene casca, sin que esta entur¬ bie el vino? Desde luego, en el primer trasiego habrá de sacarse el caldo con la canilla ó llave á un depó¬ sito y tomarlo de él con la bomba. ' VI. Adición de aguardiente. 531. Siendo el alcohol un líquido más ligero que el vino, si nuestro propósito es mezclar lo que se adicione, según la cuenta que nos ofrezca el exá- men (506) y objeto propuesto, será necesario adicio¬ narlo sucesivamente según que la tinaja se llena; al efecto se distribuirá en cuatro partes la cantidad que se haya de poner en el momento del trasiego, que nunca será el total, y cada una se echará separada¬ mente, á fin de que se verifique la mezcla; en el fon¬ do una, dos en el centro y una en la parte superior. Según el tiempo que se calcule ha de estar el vino en el depósito, así se repartirá la cantidad total que se piense echar de alcohol, siendo necesario hacerlo ca¬ da 15 ó 20 dias, y al efecto obraremos con el cañón - 292 — de lata y embudo, seg*un digimos para la adición del alcohol al mosto; de este modo se mezcla bien, pues desciende hasta el fondo y después sube en virtud del principio indicado (256), 532. La adición de alcohol en la cabeza de la ti¬ naja ó superficie del vino, lo reserva de criar nata, y si la cria y se advierte con tiempo, se agita el caldo ' y se pone aguardiente de 30 á 34® Cartier, y desapa¬ rece. Para conocer la influencia que tiene la adición de aguardiente, sobre reservar dq la nata al vino, puede hacerse una prueba que hemos repetido algu¬ nas veces: sáquese con la bomba un vaso de vino del centro de la tinaja y otro de la cabeza; póngase en ambos una pequeña cantidad de nata ó flor del vino; á las veinticuatro horas el vino sacado del centro se cubre, mientras el otro resiste muchos dias. 533. La adición del aguardiente en la cabeza de la tinaja, se hará desde el momento que se adviertan en la superficie unas partes más ó menos grandes que parecen aceite, las cuales se extienden y forman en poco tiempo la nata, si no se acude con oportunidad y’se cubre con aguardiente ó alcohol de los grados indicados. 534. Para comprender que precede á la nata del vino la aparición á la superficie de una sustancia grasa, pónganse de los vinos trasegados varios vasos de medio cuartillo llenos hasta las dos terceras par¬ tes, y. cúbranse con un papel; según aparezca á la superficie la parte grasa casi imperceptible, así irán los vasos presentando la nata que se desarrollará en algunos en pocas horas. Sabemos, que el vino tiene esas sustancias (52), y en nuestro juicio son las que dan origen á esa nata que sólo se puede evitar con el alcohol. - 293 - VIL l'apas |iaru las tinajas de ti‘asce{¡;o. 535. Para evitar la acción del oxígeno sobre la par¬ te superior de la tinaja, y dificultar la continúa eva- ^poracion del alcohol que en ella se pone, el único re¬ medio posible es las tapas, según hemos dicho al tratar de los vasos vinarios (406). Las tapas de madera como hoy se usan,y aun el cogerlas con yeso como algu¬ nos hacen, no responde á que entre la tqpa y el caldo no quede ningún vacío, lo cual se consigue con las tapas de barro empegadas como las tinajas, según y como hemos manifestado al tratar de las figuras 5.“’ y 6.* de la lámina. Con esa reforma, fácil y poco cos¬ tosa, puede hacerse un gran adelanto en los vasos de barro destinados al trasiego de los vinos. 536. Aun teniendo las tinajas de la forma que re¬ presenta la figura 5-.* de la lámina, puede hacerse una reforma útil y necesaria; póngase un aro de madera de roble en la parte interior de la boca sujeto con tornillos embutidos, y cubierto el hueco con pez; háganse ta¬ pas de igual madera bien empegadas y fuertes que resistan á estar su párte interior en contacto con el caldo; en el centro de la tapa se hará un agujero que se tapará con un corcho cubierto en su parte inferior con pez, y por este se rellena completamente el vaso cuya tapa enrasará con taboca, quedando apoyada en el aro. El agujero servirá también para dar paso á la bomba y ver el estado del vino, echar aguar¬ diente, etc. 537. La mayor parte de los perjuicios que resul¬ tan por la poca duración de los vinos de la región — 300 — bruscamente, resulta el líquido turbio, y examinado en el vaso, presenta una lista trasparente, blanca como el agua, la cual es tanto mayor, cuanto más in¬ tenso es el mal; esto que ocurre con frecuencia en los vinos flojos y poco alcohólicos, exige para, su reme¬ dio un aclaro ligero y mudar el vaso, mezclando- con ellos caldos de color qerrado y de cuerpo; si esto ’ no puede ser, habrán de arreglarse con alcohol y al¬ guna sustancia colorante (75 y siguientes). Siempre estaremos en contra del fraude que la adición de co¬ lor establece. Añadir una cantidad proporcionada de ácido tᬠnico, según la intensidad del mal, mejora el caldo^ aviva el color y vigoriza el vino. Vinos que se agrian ó rejuntan. 557. Los vinos mal fabricados, los que tienen poco alcohol como procedentes de mostos endebles, y también de algunas variedades de uva, así como los de viñas muy frondosas plantadas en tierras de riego, tienen de ordinario un principio ácido que con cualquier motivo, y especialmente cuando se ele¬ va la temperatura de -f- 12 á + 15®, se agrian ó re¬ juntan presentándose ácidos. La acidez no pasa ade¬ lante, si al momento se obra como vamos á decir, pero si se descuidan y el calor aumenta, progresa y ter¬ mina por perderse. Hay vinos que les es peculiar la parte agria ó ácida en mayor ó menor escala, y sin embargo no se descomponen; tal son algunos caldos del Norte de España, el Burdeos y otros, pero nin¬ guno de ellos tiene menos de 10 á 11 por 100 de al¬ cohol (101). - 301 - 558. 'En alg-unos casos hemos visto recurrir á la ■ corrección del ácido de los vinos repuntados, adicio¬ nándoles materias azucaradas, como melazas, azú¬ car, miel, etc., en la creencia de neutralizar la aci- , dez: nosotrofe lo hemos hecho, y aun mezclado vinos dulces con los ácidos, y el resultado no responde al fin propuesto. Con la adición deesas materias se me¬ jora la condición del vino, pues sabemos que de ellas se forma el alcohol (61); pero si en el primer momen- . to parece ser menor la parte ácida, después nos aper¬ cibimos que no es así, y es necesario acudir á un medio eficaz. Maumené nos dice, y lo hemos com¬ probado, que 200 gramos de azúcar y 100 de cal, se . disuelven por completo en un litro de ag-ua, y que este^compuesto, derramado poco á poco, le quita el ácido en poco tiempo, pues la cal actúa y forma tar- trato neutro de cal, y el azúcar queda en el caldo y se convierte lentamente en alcohol. 559. En lugar del agua aconsejada, se puede po¬ ner vino y no se necesita aquella; pero siendo en poca cantidad «es indiferente, y mejor es agua que • vino. Para conocer la cantidad de líquido que debe adicionarse, se hacen pféviamente ensayos en peque¬ ña escala, pues nuestros lectores comprenderán lo imposible de determinar una aplicación concreta, cuando debe ser en relación con la acidez del caldo. 560. El añadir azúcat- tiene por objeto que se di¬ suelva la cal, lo cual verifica cuando el agua ó vino la contiene; en otro caso se deshace mal sin emplear un gran volúmen de líquido. El agua azucarada evita esa necesidad. El vino se debe trasladar de vasija, ver la fuerza alcohólica que contiene (506), y si no alcanza al tipo que conocemos, será un auxilio para que se conserve adicionar lo que falte. ^ — 302 — 561. Para las adiciones de cal, se han propuesta varios medios con el fin de hacer que sea pura, y el mejor y más fácil es poner en agua la cal, moverla bien y después dejarla que se apose; se vierte el agua y se .echa otra, se hace igual hasta tres veces, y el precipitado que resta en el fondo de la vasija es la cal que debe usarse; es pura. Vinos que se avinagran. 562. Algunos de nuestros lectores dirán: ¿pue^ yino ácido y vino avinagrado, no es igual? No: el ácido acético ó vinagre concluye por ser el que se forma y domina; pero como ya hemos dicho, hay vi¬ nos én que la acidez es su carácter distintivo, y,ese no procede del vinagre: este existe en toda clase de vinos en mayor ó escala, y sabemos que el aldehi¬ do (98) es un cuerpo intermediario entre el alcohol y el vinagre. La acción del oxígeno del aire, obrando sobre el alcohol del vino, lo convierte primero en al¬ dehido y después en vinagre. Debe evitarse siempre que el aire obre sobre el vino, y mucho más cuando es flojo ó poco alcohólico. Declarado el principio de avinagrarniento como consecuencia del descuido en tener el caldo bajo la acción del oxígeno, procede la saturación por los medios indicados anteriormen¬ te (558), en seguida azufrar y trasegar el líquido res¬ guardándolo completamente de la acción del aire. Ahilamiento ó grasa del vino. 563. Se cree que la causa del ahilamiento de los vinos blancos, nace de la falta de tanino como con- secuenciafie que fermentan sin casca ni raspa; el — 303 — ahilamiento suele ser más frecuente cuanto más azu¬ carado es el mosto. Dumas {a) dice que se previene el ahilamiento, adicionando al mosto el ácido tánico: el fruto del serval {!)) se pone también en el mosto, y al efecto se machacan y mezclan con él, y el ahila¬ miento se precave; la cantidad es proporcionada á la de azúcar del mosto. Se ha dicho que el exceso de fermento soluble es la causa de ahilarse los vinos blancos; pero nosotros decimos que el exceso de azú¬ car es opuesto á aquel, y la falta es de la materia cur¬ tiente ó tanino, y así se ve que la adición de él preca¬ ve el maíy lo cura cuando se le deja llegar. Las pepitas de la uva hervidas en agua y dejadas en infusión, diceVergnette, que es un medio de obte¬ ner el tanino; y en efecto, sabemos (107) que la pepita lo contiene: nosotros lo hemos extraído, macerán¬ dolas en aguardiente, con el fin de emplearlo en vi¬ nos tintos algo faltos de ambas cosas, y porque uni¬ dos es mejor para los vinos ahilados: el aguardiente de 350 . El crémor tártaro, en polvo muy fino, cura y pre¬ viene el ahilamiento, y mejor es prevenir el mal que curarlo: al efecto se emplean en Andalucía para los vinos espirituosos los aguardientes de 34 á 36® Beau- mé, poniéndolo en la proporción de 3 á 6 por 100, se¬ gún el punto á que el vino se destina. ^ Amargo en los vinos. 564. Los vinos tintos de la región central, suelen en algunos años aparecer amargos antes de terminar la fermentación insensible sobre la madre; concluida ( а ) Dumas, Traité (}e Chimie. ( б ) , Véase nuestro Tratado de los árboles frutales en España. — 304 — €sta, desaparece ese gusto que suele ser un signo de fuerza, j cuando se conservan más de un año vuelve en algunos casos á aparecer la amargura, y entonces es más pronunciado el gusto y el caldo desmerece. Si buscamos la explicación del origen del gusto amargo dé los vinos tintos, recurriendo á las espe¬ cialidades de la ciencia enológica, vemos (162) á M. Pasteur que todas las enfermedades de los caldos las atribuye á modificaciones y variaciones del myco- derma, y claro está que sus conclusiones son preven¬ tivas, es decir, precaver los líquidos por medio de ha¬ cerlos sufrir la temperatura de,-|- 50 á + 60®, para evi¬ tar el desarrollo de vegetaciones parasíticas. M. de Vergnette dice, que el gusto amargo de los vinos que aparece al principio de los dos años primeros, es peor que el que se desarrolla cuando son ya rancios. En los primeros años aparece con un olor especial y sa¬ bor insípido, en que el amargo se presenta después aumentando rápidamente: determinando el gusto amargo se observa á la vez el de fermentación, y de consiguiente la presencia del gas ácido carbónico; si¬ guiendo la alteración se trastorna la materia coloran¬ te por completo, el tártaro se descompone y el vino no se puede beber. En el principio de su desarrollo, dice el autor referido, se usa de la cal, y el amargo desaparece; la cal se emplea como hemos dicho (558). 565. Maumené, al tratar del gusto amargo que se desarrolla en los vinos, dice se use para curarlos el procedimiento indicado por Vergnette, y después aña¬ de, que el sabor amargo puede proceder de que el fermento se cambia, en sustancia amarga bajo ciertas influencias no determinadas todavía; la aplicación de la cal hace que combinada con el fermento alterado se precipite, dando lugar á una materia insoluble; - 305 - el caldo se trasiega cuando la cal ha obrado. Puede suceder también que proceda el gusto amargo de la formación del aldehido amoniacal bresind-vdTda^tdi^Q la influencia del oxígeno. El fermento, al descompo¬ nerse, cede -algo de amoniaco, lo cual tiene lugar también durante la fermentación alcohólica; la in¬ fluencia del aire produce el aldehido (98), y después este ^e une al amoniaco para formar el aldehido amo¬ niacal ó la resina amarga, cuya formación señala Liebig (a). En este caso el azufrado del caldo es el mejor remedio, porque el ácido sulfuroso destruye la resina, y forma sulfato de amoniaco, dejando libre el aldehido. 566. Lo que es cierto es que los vinos, cuando el gusto amargo se desarrolla por completo, se pierden, y que si esa enfermedad se detiene por operar sobre los caldos, bien sea aclarándolos y en el momento de estar claros trasegarlos, ó por la cal, según hemos dicho; el aroma, ó no se forma en general porque el aldehido se descompone (98), ó se pierde en parte. ' 567. El que aparezca el gusto amargo en los vi¬ nos al principio de aclararse, después de la fermen¬ tación y que luego no se conozca en trasegándolo en la région central, consiste en la aplicación del azu¬ frado, separación del caldo de la madre, y á colocarlo en cuevas cuya temperatura suspenda el principio de fermentación que indica el gusto amargo. Trasegan¬ do sin azufrar una porción del vino que sobre la ma¬ dre indique el sabor amargo, se verá que aumenta en proporción que el local en que se coloque, tenga la temperatura más favorable á la fermentación. (a} Química agrícola. Mal gusto en los vinos, del vacio, de la madera y de la raspa. 568. Cuanjio los vinos se ventean pierden su sabor vinoso (92), y dice un autor que lo vuelven á tener introduciendo en el caldo el ácido carbónico (138). Este accidente conocido con el nombre de gusto al vacio, se corrig^e seg^un se ha indicado por Maumené, y también por llenar con él una vasija ligeramente azufrada y taparla bien; si el gusto es muy pronun¬ ciado y el mal está en un período de adelanto que exige obrar de otra suerte, se hace fermentar al caldo adicionándole fermento (239), y al terminar se trata como si tal enfermedad tuviesen: de esta manera se corrige de ordinario el venteado ó gusto al vacío en los vinos. 569. El gusto áspero ó astringente sabemos que puede proceder del escobajo y que con el tiempo des¬ aparece; pero en los vinos que solo duran un año ó que es costumbre venderlos, aunque pudieran durar más, el quitar la aspereza qüe resulta de un exceso de raspa en la fermentación, es un recurso indispen¬ sable. La ádicion del yeso está indicada para precipi¬ tar el tanino (91), y en este concepto hemos obrado al efecto; en algunos casos se ve que resiste el gusto as¬ tringente, porque siendo necesario poner el yeso con cierta limitación, para evitar que desaparezca el ácido tánico, resulta lo que se manifestó anteriormente (91, 132 y 133). , 570. Se ha dicho que aclarando con medios acti¬ vos el vino que tiene el gusto áspero de la raspa, trasegándolo nuevamente se quita la aspereza: á esto - 307 - diremos, que ncj^todas veces se consig’ue, y que pue¬ de suceder que se decolore el caldo de tal modo, que resulte con un defecto que inutiliza los vinos tintos, cual es la falta de color. Cuando tal suceda, se puede recurrir á lo que tenemos ya manifestado (67 y si¬ guientes], y en otro caso á mezclarlos con los que teng-an mucho color; esto es siempre preferible. El áspero, procedente de la madera, se precave según he¬ mos dicho (364), lo cual es preferible á obrar después. 571, Ciusto á sucio. Cuando se lavan mal las vasi¬ jas de fermentación, de trasiego, etc., y demás arte¬ factos usados en la vinificación, los vinos suelen sa¬ car mal gusto, y de ordinario el llamado sucio. Este accidente poco común, pues de ordinario se cuidan las vasijas del vino y no se deja que en ellas llegue el abandono á temer una enfermedad de esta naturaleza cu el caldo, se corrige trasegándolo sobre una madre y se mueve bien: de esta manera se quita el mal gus- fo, y cuando el vino está claro, se trasiega como de Ordinario. . Color fardo, color HrUo, férdida del color. 572. Al tratar del aldehido (98) y de los ácidos del '^iuo, hemos visto (80 y 81) el importante papel que juegan para que el líquido tenga sus cualidades-ca- í'acterlsticas. Cuando el color del vino empieza á pardear, es se¬ guro que tiene más de un año, y que en presencia de los ácidos libres los tartratos se trasforman en carbo- Uatos y actúan sobre el color: en este se advierte la ''variación por la falta de los ácidos que lo avivan, y poco á poco se ve que la materia colorante se preci¬ pita y deja ej caldo de color de paja, sin señales de haber sido tinto. Este fenómeno se gbserva con fre¬ cuencia en los vinos tintos naturales fabricados sin adiciones de arrope, etc. En la alteración del color no se advierte ning'una relativa á el alcohol: nosotros tenemos vino tinto embotellado en 1859, que hpy por su color se puede tener por blanco de los m^ claros. 573. Los vinos hervidos no pierden el color tinto; desde 1860 tenemos botellas de caldos fabricados de esta suerte, y su color no se ha modificado todavía. 574. Cuando empiezan á decolorarse ó ponerse pardos los vinos tintos, la adición de ácido tártrico en la proporción que exija su estado, detiene el mal y permite vender el caldo. El bicarbonato de potasa se recomienda también para el mismo fin; y ambos unidos y con ensayos prévios, pueden prevenir la de¬ coloración. También el ácido tánico, en proporción que no dé g’usto áspero, es conveniente, según di- gimos. 575. Siempre que un vino da principio á decolo¬ rarse, se advierte en el fondo de la vasija un precipi¬ tado que puede clasificarse, según hemos dicho (144 y siguientes), con el uso del microscopio (145). Por él se viene en conocimiento de que el vino está siempre en actividad, y que las moléculas de los cuerpos que lo componen (61 y siguientes) están en acción continua unas sobre otras (15) para formar otros compues¬ tos (52): de esa acción química continua, reísultan cualidades diferentes y modificaciones en los caldos, según su edad, medios de'conservación y cuidados que se le prodigan. Las variaciones son tales y tan, sabidas, que con frecuencia se ven vasijas colocadas en iguales condiciones con vinos de igual proceden¬ cia y qué uno es bueno y otro mediano, sin que pueda darse cuenta de ese resultado el que ha puesto igual esmero con las dos. Pero la causa menos perceptible ba establecido la variación, y esa causa suele estar ignorada mucho tiempo (324). Se venden en París unos polvos que se ha dado el nombre de Conservateur de Martin-Pagis', el núme¬ ro 1 es para vino tinto, el 2 para blanco, cuesta el kilógramo 10 francos el primero y 12 el segundo. Nosotros los hemos ensayado con resultados satisfac¬ torios; la cantidad empleada es de 10 á 20 gramos por hectólitro. Recomendamos el uso del Conserva¬ dor, aunque es difícil su encargo á París, por venir con un sobrecargo de precio de más del doble del suyo. Nata ó Jlor del vino. 576. Ya hemos dicho algo sobre la nata ó flor del vino (144 al 163), y también la acción que sobre ella ejerce el alcohol (532 al 534), así como la manera de evitar en las tinajas la acción perjudicial del aire (535 al 537). La flor ó nata es el preliminar, generalmen- te hablando, de las alteraciones más> fundamentales del vino; ella precede al desarrollo del ácido acético, y cuando no (155), .se ve otra clase de nata que se dis- ting-ue de la anterior (157) en su color y forma. 577. La una y otra indicada por Pasteur (161), la hemos confrontado, y resulta ser exacta la diferencia, lo cual importa saber apreciar al cosechero, pues sin admitir ni rechazar las fórmulas de su origen, le indican que el principio de la alteración del caldo di¬ fiere, y que obrando según ya hemos dicho, suspen¬ derá la continuación del mal, que es lo más impor¬ tante para los resultados de la fabricación y comercio ¿e vinos. — 316 - 593. Eulas márgenes del Jalón, los pueblos de Epila, üerea, Plasencia, Bardallur, Bárboles y Rueda, producen vinos casi iguales, pero el nombre lo toma Rueda y con él se conocen. En los terrenos de secano ocupados por la vid, domina el yeso y materia caliza, guijo y arena, siendo como se ve tierras de acarreo que son los más á propósito para que la uva tenga condiciones. También hay viñas en riego, lo cual hace que se distingan los vinos de unos .y otros sue¬ los, siendo como es natural los mejores los que se obtienen en las viñas de secano. 594. En el partido de Borja, en Ambel y Ainzon, un amigo nuestro, D. Juan Caballero y Dusmet, que tiene propiedad y hace una cosecha regular, nos ha dicho que 100 partes de vino dan los compuestos si¬ guientes: Ainzon. Ambel. Alcohol. 14,000 14,000 Azúcar. ' 0,609 0,299 Acido tártrico cristalizado. 0,665 0,621 Tanino. 0,166 0,200 Residuos secos . 5,300 3,500 20,740 18,620 Suponemos que á estas partes faltan el agua y al¬ gunas aclaraciones, para venir en conocimiento de lo que se ha querido hacer en el análisis del vino de los pueblos indicados, el cual no se ha ejecutado por di¬ cha persona. De todos modos, 'quitando el 14 de al¬ cohol, resulta en su caso 6,740 y en el otro 4,620 de materias sólidas, lo cual no puede ser á nuestro jui¬ cio según ya hemos visto (101). 595. E n el partido de Borja se hace el vino como en el campo de Cariñena; se pisa y echa en la cuba, uva, escobajo y caldo, sin ninguna esmero, se pone yeso en abundancia, etc., etc. -- 317 - 596. Hace alg’unos años que se han establecido eii Cariñena, fabricantes extranjeros, franceses, y han principiado á mejorar algo las prácticas de vinifica¬ ción; pero el resto del país sigue obrando sin tino ni concierto y nada intentan; de manera que excepto los caldos de Cariñena, Barbóles, ' Rueda y Villarroya, que naturalmente son buenos y circulan bajo el nom¬ bre de Rueda y Cariñena, el resto que es mucho y es¬ pera el arte para ser estimado, no pasa de vinos que se consumen regularínente sobre la madre, y mal, desde que se trasiegan que suelen necesitar que se hagan aguardiente. Según datos que nos hemos pro¬ curado, y lo que conocemos del país, los puntos indi¬ cados están en condiciones para que una vez mejo¬ rada la fabricación de vinos, hagan concurrencia á los tintos finos de la región central, pero habrán de fabricarse según hemos dicho (429), y para que en el extranjero tengan estimación, es necesário hacer según diremos al tratar de los vinos de Francia. 597. Siendo vinos generalmente dulces, lo que prueba el exceso de azúcar del mosto que por térmi¬ no general llega de 16 á 18® del pesa-mosto, sirven para las mezclas que con ellos hacen los franceses, para luego llevarlos á otras naciones; ¿y por qué no fabricarlos bien y tener ese comercio los aragoneses? Les falta dihero y conocimientos: este es el caballo de batalla de la industria vinera en España, si se ex¬ ceptúan algunas, pocas localidades, en que de tiem¬ po inmemorial se han formado crédito á ios vinos, y ese crédito que asegura la venta, es la solución del problema de mejora. 598. La principal reforma en la fabricación de los vinos de Aragón, consiste en lo dicho anteriormente; no echar yeso sino en caso en las proporciones con- — 318 — yenientes, para no precipitar los ácidos y resentir la fermentación, cooperando indirectamente á que los caldos sean dulces, no fermenten bien y se pierdan cuando empieza el color de la primavera, pues no tie¬ nen cualidades para otra cosa (164 y siguientes). • § 11 . VINOS DE NAVARRA. 599. Navarra tiene vinos tintos ordinarios muy regulares, pero que se resienten déla fabricación. Es general coger la uva, pisarla, y con raspa y hollejo echarla al lago, sacar el caldo á los cuatro, seis ó más dias, ponerlo'en botas para que termínela fermenta¬ ción echando casca, yeso, etc.; en fin, poco más ó me¬ nos que en Cariñena; pero duran generalmente menos los vinos y son inás bien ásperos que dulces. Hemos visto muchísimas veces fabricar el vino en la Solana de Navarra, en Mendavia, Puente la Reina, Mendi- .gorría, etc., así como en Cirauqui y Mañeru; hemos dado nuestros consejos desinteresados para conseguir que, al menos, se hagan algunos ensayos con el fin de mejorar ramo tan importante, y nada hemos con¬ seguido en general, pero sí en particular,^viendo que nuestras apreciaciones eran fundadas: antes de indi¬ carlas, oigan nuestros lectores al Sr. Ilzarbe, coseche¬ ro ilustrado que habita en Mañeru y de quien hici¬ mos ya mención (a). 600. «Odanos. Este pueblo cultiva como la genera- (a) El ilustrado Sr. Ilzarbe falleció hace aig'anos años; su actividad y amor á los adelantos de la fabricación de vinos de su país, han hecho sen¬ sible su perdida, y para nosotros, lamentamos la de im buen amigo. — 319 - lidad de Navarra, la vid garnacha; los vasos de fer - mentación son lagos (346) de manipostería de hormi¬ gón y yeso, varían en su cabida con los de Mañeru, tienen cuando más la capacidad de 30 cargas (351) son cuadrados y sus paredes de 3 piés de altura. Se hace la vendimia trasportando la uva en comportas, que se vacian en las tablas puestas encima del lago para pisarla, lo cual no se verifica hasta que está reunida toda la necesaria para llenar el lago; llegado este caso, se da principio á la pisa, la cual no se suspende ya hasta terminar la tarea que en seguida se echa al^ lago en que cae todo lo del racimo. Al dia siguiente bien temprano, pues en Navarra se madruga mucho en las vendimias, entran en el lago dos hombres des¬ calzos y bien limpios hasta media pierna, y están dando vuelta y pisando la uva hasta las diez de la no¬ che, echando de cuando en cuando puñados de yeso puro, y con palos y los piés moviendo y removiendo la pasta todo el dia, excepto las horas de comer: á esta operación la llaman dar color al lago, y en efec¬ to, con ese procedimiento el caldo toma mucho co¬ lor. El caldo queda así con la madre, compuesta de la faspa, hollejo, etc., entra en fermentación, y al se¬ gundo dia por la mañana se saca el mosto del lago y se echa en cubas que se tienen en la bodega prepa¬ radas y azufradas para llenarlas: las madres se pren¬ san echando el líquido que resulta en las cubas en que está el sacado antes del lago; se quita el escoba¬ jo, y del orujo bien limpio se echa por cada 20 cargas de mosto una y media comporta de él en la cuba. Así se deja y en Diciembre suele estar hecho vino claro, que se trasiega en la menguante de Marzo, si no se ■ venden antes, que es lo que se procura; el trasiego se hace de ordinario sobre las madres, pocas veces en — 320 — limpio, y aunque los caldos son de menos cuerpo que en Mañeru, tienen buenos colores; se conservan dos y más años. 601. »Algunos cosecheros han hecho pruebas de sólo pisar la uva y echarla al lag-o como se hace en Mañeru; pero han observado que sale mejor el vino pisando luego otra vez en el lago, y haciéndolo como se ha dicho desde la mañana temprano hasta las diez de la noche y echando tandas de yeso alternando. También han visto que trasegado, algunas veces tie¬ ne el vino el gusto ácido que caracterizan á los de Burdeos. »Los caldos mejoran con el tiempo y se conservan bien. 602. »Los que han ensayado variar la fabricación según el método de Mendigorría, han obtenido vinos de menos cuerpo, de mejor paladar, pero sin el color que desean los compradores. Los caldos salen áspe¬ ros, verdes, aunque algún año se ven salir emboca¬ dos ó dulces. A pesar de ser ásperos, en general, se venden bien porque nunca se tornan. 603. »Todos los pueblos que comprende el valle de Izarbe, siguen las prácticas de vinificación de Oba- nos; pero en el partido de Lumbier, tienen cubas de madera en donde echan los mostos con la raspa; así fermenta, y cuando es vino se trasiega sin madre: los vinos no son de tanto cuerpo. 604. y>Mañeru. Se trae la uva á el lagar que está encima del lago (347) y se pisa sin quitar el escoba¬ jo, con los piés descalzos, se echa en el lago en que cae el caldo, teniendo cuidado de llenarlo en un dia, á cuyo fin se dispone la gente necesaria; á los tres dias de estar en el lago, se saca el mosto y se echa en cu¬ bas bien limpias y secas: el mosto que resulta de — 321 - prensar el escobajo y casca' tres veces, se une al que sale naturalmente del lag-o por el grifo. 605. ;(>Una parte del pié prensado la primera vez se aparta, y quitándole la raspa ó escobajo, el orujo sólo se echa en la cuba con el caldo, en la proporción de siete espuertas colmadas por cada doscientas cán¬ taras. La fermentación se hace libre al aire, y para que no se sequen las pastas ó se ag'rieu, los lagueros, que agí llaman á los que cuidan de los lagos, las introdu¬ cen en el mosto, á cuya operación llaman zapar los lagos. El mosto puesto en las cubas está en ellas has¬ ta Mai-zo que se trasiega, si no se vende, para lo cual -está dispuesto á fines de Diciembre. 606. »La uva empleada es casi toda garnacha tin¬ ta, bastante dulce, y si no fermenta con la raspa y orujo, el vino sale dulce. Altrasegar en la menguan¬ te de Marzo, se preparan las cubas azufrándolas sin mezclar aroma nifaguno, y pocos, muy pocos echan aguardiente al vino al trasiego; los que lo verifican, sólo ponen alcohol de 21® de Cartier. El vino es seco, fuerte, espirituoso; hasta hace poco tiempo no se ha echado yeso á la uva pura fermeijtar; pero queriendo los comprados franceses mucho color, se ha introdu¬ cido esa costumbre y se pone al pisar la uva en la proporción de medio robo para cada 20 cargas, y si es de viñas jóvenes ó frondosas se echa algo más. 607. »En los pueblos de Puente la Reina, Legarda , y otros, siguen las prácticas de Mañeru; pero se ob¬ serva que los vinos de aquellos puntos conservan más tiempo el color que en este último; son vinos de me¬ nos cuerpo aunque de igual clase de uva, garnacha , tinta. En Mañeru hay muchas tierras fuertes y colora¬ das; en los otros pueblos, inclusos Mendigorría y Oba- nos, la base es de tierras blancas y ninguna colorada. 21 ^ 322 - 608. y>Mendigorria. En este pueblo hay diferentes clases de lagares; los hay que forman un plano incli¬ nado á su centro y tienen allí un agujero con caño para conducir el mosto á los cubos, y por una venta¬ na echan la pasta pisada; tienen prensas de cubillo.. Otros tienen por lagar unas cubas de madera de figu¬ ra cónica, de cabida de 20 ó 30 cargas de uva; y en fin, los disponen como en Mañeru (604). 609. »La vendimia se hace como en los denaás pueblos, conduciendo la uva con caballerías y en com¬ portas ó cubetos; se pisa bien antes de echarla en las cubas ó lagos á que corre el mosto, y se echa después el escobajo y orujo todo: la pisa se hace^con calzado de suelas fuertes y 'llenas de clavos; se efectúa en pisadores si hay lagos, ó en el relleno si son cubas: el mpsto fermenta hasta que está el vino claro en la vasija que se echa después de pisada la uva, y se ven¬ den los caldos sobre la madre, por ser de poco aguan¬ te; son dulces, de mucho color, fuertes y que se agrian fácilmente. Pero algunos que los fabrican por el método de Mañeru, esto es, sacar el mosto al ter¬ cer dia de estar con el escobajo y orujo, ponerlo en cubas y echar en ellas el caldo de prensa y orujo sin raspa, sacan vinos secos, y aunque tengan algo dulce, es menos que por el método anterior: se pueden tra¬ segar y duran perfectamente uno ó más años. 610. »Aun se hace vino en esta, localidad por un método más perfecto. Hay cosecheros que tienen la- ^ gar para pisar la uva y una porción de cubas cónicas de madera de roble: pisan la uva, y el mosto va á las cubas; la raspa y orujo se prensa sin fermentar, en seguida de pisarlo; después de prensarlo se quita el escobajo por medio de la zaranda (410), y echan el orujo sin la raspa en el mosto, y el caldo que resulta - 323 - de ]a primera pisa; llenan elcubo, dejan 20 centíme¬ tros de vacío y tapan sujetando la tapa con clavijas: al tercer día sacan el mosto por el grifo del cubo y lo echan en cubas; las pastas ó cascas las prensan, y el liquido se echa con el otro y también casca en la proporción dicha al tratar de Mañeru. Estos vinos son secos, de buen color y larg*a conservación, te¬ niendo mayor precio que los otros y mejor salida. 611. >yAo'tazu. En este pueblo se hace-elvino como en Mañeru, con la diferencia de que reducen una por¬ ción de mosto por el fuegro, quitándole un octavo de su volúmen. A las veinticuatro horas de principiar la fermentación, se traslada el mosto á las cubas. Cuan¬ do echan el mosto hervido en el lago y se indica la fermentación, entran en él dos hombres y remueven, pisan y repisan largo rato la uva con la raspa, lo de¬ jan reposar y sacan después según se ha dicho. En las cubas echan con el mosto casca sin el escobajo, y en la proporción de una comporta por cada 20 car¬ gas. El caldo que resulta de prensar las cascas hasta tercera vez, se echa en la cuba también. El vino así fabricado tiene más vigor y color, y aunque cuesta más la fabricación, es el caldo menos áspero y se conserva bien.» 612. Hemos extractado de la relación que nos ha hecho el Sr. de Ilzarbe (346), lo que más interesa al conocimiento de las prácticas de vinificación segui¬ das en Navarra, en el gran celitro vinícola que com¬ prende los pueblos indicados, y antes de manifestar nuestra opinión, conviene añadir lo que dice el se¬ ñor Ilzarbe haber hecho para introducir alguna me¬ jora.'La reforma introducida en los lagos ya la he¬ mos mencionado (347 al 354); ahora referiremos la fabricación del vino. - 324 — «Puesta la primera tapa en el lago, sirve para pi¬ sar la uva saliendo el mosto por las ranuras de los tablones, si hay necesidad de dejarla amontonada antes de pisarla, por no estar bien madura; ocupado el lago con el mosto y drizas, desde el momento que empieza á tener burbujas en la superficie, tapo según ya se dijo (353), y quedando la casca cubierta con el caldo que cubre la primera tapa, no hay que zaparla (mecer ó hundirla), y el color es mayor en el caldo que está en contacto con la masa sólida del racimo. Para conocer cuándo debe sacarse el mosto del lago, introduzco el pesa-mosto ó gleucómetro, por un agu¬ jero hecho en la tapa superior, y cuando señala 6 á 7 grados, es llegado el caso de separar los mostos de la madre, pues si bien aun no ha terminado la fermen¬ tación, pues no marca 0 el pesa-mosto, en este país conviene hacerlo así, porque sale el vino más fuerte, y esto es lo que quieren los consumidores. Si deja- nios los mostos en los lagos hasta que marquen 0 del gleucómetro, los vinos serian como los de Burdeos, nó tendrían estimación ni los venderíamos: será un error, si se quiere, pero mientras los consumidores no varíen no podemos variar la elaboración. El mos¬ to que sale de los lagos va á las cubas colocadas en una bodega que está debajo de los lagos, á 17 piés de profundidad; tiene 85 de largo y 31 de ancho. En el centro del lagar hay dos agujéros que tienen cada uno su caño de f)ledra%n la parte inferior que da á la bodega; en ellos se adapta una calderilla con ca¬ ñones de lata que llegan á las cubas, y por este me¬ dio se dirige á ellas el mosto. El mosto claro lo he¬ cho en cubas separado del turbio; el caldo de prensa de primera en el claro, y lo de segunda y tercera en lo turbio. - 325 — 613. »He dicho que se echa en las cubas parte del orujo dé lo mejor que se saca del lag'o prensándolo y quitando el escobajo, poniendo en proporción de siete espuertas por cada 200 cántaras. A mí, la experien¬ cia me ha demostrado que es mejor que eso tomar cinco cargas de buena uva para una cuba de 500 cán¬ taras, se pisan bien en el lagar, se deja que el mosto vaya á la cuba en que está ya el mosto sacado del lago; se quita el escobajo después de prensarlo una sola vez, y el orujo sólo se echa en la cuba; esto, que me há dado muy buen resultado, creo que tiene por razón lo siguiente: he dicho que sacaba los mostos del lago cuando marcaban 6 á 7” del pesa-mosto, y se comprende muy bien que aun no ha concluido la fermentación, y que al trasladarlos ála cuba se ha interrumpido; pues bien, el mosto de las uvas recien> pisadas que se mezcla al de la cuba, no ha fermenta¬ do ni tampoco el hollejo, y al poco tiempo de echarlo á la cuba, entra en fermentación activa mejor que. las partes ya cocidas, y esa actividad es provechosa para convertir en alcohol la parte azucarada, y el vino es más fuerte, de más color y mejor paladar.» 614. En Estella se fabrica el vino generalmente ■ según ya hemos dicho; pero algún propietario hay que quita el escobajo de la uva antes de pisarla, y luego la pisa y' echa en cubas, que en cuanto se lle¬ nan de mosto y hollejo se tapa, asegurando las tapas con barras de hierro; así están hasta que se trasiega en Febrero ó Marzo: el trasladar el caldo se efectúa •estando separado lo claro, sin poner otra cosa que él, y lo turbio y el que sale de la prensa, separado. Así se dice que es de más duración y mejor el vino. 615. En Viana, Los Arcos, Mendavia^ laúdela, Go- rella y otros pueblos de la Solana y de la Ribera, la — 332 _ ■ que dió la medalla; er Medoc alavés es una mejora sin disputa alguna, es un vino que bautizado con otro nombre hubiese hecho fortuna; pero su preten¬ sión de imitación extranjera, contra lo que estaremos siempre, ha perjudicado, en nuestro juicio, un nego¬ cio cuya base debe ser siempre la especialidad, con referencia al país de que procede. 628. Conocemos la condición de la Rioja alavesa^ y habiendo visitado á Medoc, admitimos la analogía que presenta la composición del suelo de guijarro colorado de las Solanas de los términos de Briñas hasta la Guardia, en las vertientes del Ebro, y tam¬ bién en los viñedos de Haro; en particular el pago de Hondbn que se prolonga á Labastida^ sigue á Bri¬ llas, término de Zaco, sigue en gran extensión el ter¬ reno silíceo guijarroso, aunque entrecortado por algunos puntos, con la caliza parda; pero hay que tener presente que no basta que un suelo se parezca á otro, para afirmar que darán ambos fruto de igua¬ les condiciones. Las orillas del Rhin tienen iguales terrenos en apariencia que los guijarrosos de ambas Riojas; pero véase lo dicho en nuestro Tratado de la vid, y se comprenderá lo imposible de llevar á efecto las imitaciones de vinos. Lo que precede, digimos en la segunda edición de nuestro libro; hoy ,en esta tercera, podemos añadir que, en el período de tiempo trascurrido, se han he¬ cho mejoras de consideración; pero la base sigue siendo sobre el método antiguo, motivo por el que el comercio francés exporta la mayor parte de los vinos para emplearlos en el coupage ó mezclas, los cual siempre indica caldos sin condiciones para el consumo, sin antes modificar sus condiciones. Los vinos de los Sres. Marqués del Rical, de Ola- — 333 — rio y Medrano, imitación del Medoc, y los Ortiz de Zárate, Balanzáteg*ui, de tintos de pasto de la pro¬ vincia de Álava; de Pobes, Ruiz, xi^arez, Sánchez, Diez, Oscariz, Gil, Francia y otros muchos de la de Logroño, señalan un progreso que irá seguramente al fin que deseamos. , ♦ §iv. ' RESÚaiEN DE NAVARRA Y RIOJA. 629. Para terminar este párrafo relativo á Navar¬ ra y Rioja, diremos en resúmen 1. ® Cuando se echa la uva en los lagos tal , cual viene del campo, y no se pisa, se obra tal vez sin comprenderlo, según hemos dicho (276), con el fin de que la madurez sea más perfecta, y que los ácidos ' con la adición del yeso se neutralicen; se favorece el desarrollo de la temperatura y se facilita la isa de la uva, que tiene lugar á los dos ó tres dias de echada en el lago. Esta operación, así ejecutada, es mejor que pisar la uva seguidamente. 2. ° Cuando se pisa la uva en el. lago con gran es¬ pesor por estar lleno, se facilitar la fermentación áci- da, porque el hollejo roto sube y queda al descubierto. 3. ° Pisar la uva’ fuera del lago y echarla en él después de pisada, es peor método que los dos ante¬ riores, supuesto que sigue la fermentación descu¬ bierta y obra sobre la casca que cubre el caldo la evaporación que la seca y el aire que la aceda, inde¬ pendiente de lo que hemos dicho al tratar de la fer¬ mentación (164). 4. " Las operaciones que se siguen á la extracción del mosto pisando la uva repetidas veces en el lago. — 334 — según el caso primero, liacen que se perjudiquen sus cualidades en razón directa del tiempo que se tarda en desocupar el4ago, y ese perjuicio está en propor¬ ción del volumen de cada clase de mosto, según el total de la uva y las clases que se marcan de lágri¬ ma, corazón, trujal y prensa. Para probar lo que de¬ cimos, proponemos lo siguiente: 630. Tómese una cantidad de uva, y amontonada, téngase dos ó más dias, según es costumbre, pero que la cantidad sea la que pueda pisarse en un dia con desahogo, y colocar el mosto y casca según las reglas que hemos indicado (425 y siguientes); com¬ párese el resultado con el obtenido de las operacio¬ nes que hay necesidad de ejecutar cuando los lagos tienen una capacidad de 800 y más arrobas, y segu¬ ros estamos que se variará, el método sin más que hacer tan sencillas como fáciles modificaciones, y sin alterar la marcha ordinaria, mejorando sin variar la cualidad de color y fuerza del vino, pero sí dán¬ dole elementos de conservación que no tienen ios vi¬ nos de Navarra y Rioja. 631. Nosotros aseguramos que, sin más que variar el sistema de lagos ó cubas de dimensiones que haceu imposible toda mejora (360), amontonando la uva que por falta de madurez lo exija, pisándola repetidas veces, pues el amontonamiento y pisa repetida, favo¬ rece la, coloración del caldo; poniendo este á fermen¬ tar sin quitarlo de la vasija hasta que termine la primera fermentación; usando de los medios indica¬ dos para corregir el mosto que lo exija, los caldos de Navarra y Rioja serán cerrados de color hasta el pun¬ to que se desee, sin ser, como afirma el Sr. Ilzarbe, parecidos al Burdeos, en lo cual creemos alude á que salen ácidos. — 335 — • 632. Abandonen los navarros y riojanos el méto¬ do de épocas en que se hacia cualquier cosa para salir del paso; esas grandes vasijas que usan (360) que no guardan proporción con el fin á que las destinan, significan la necesidad de hacer la vendimia atrope¬ lladamente para llenarlas pronto, y sólo esto basta para condenar el método de disponerlo todo para ha¬ cer cualquier cosa, pues otra cosa no es ,1o que se practica, en general, aunque se vean casos especia¬ les, que cada dia se aumentan y anuncian un gran progreso, según ya digimos. 633. Suspender la fermentación antes de termi¬ nar; interrumpirla con adiciones de nueva masa no fermentada; todo, todo es contrario á un fin más útil, y para variarlo no hay que aumentar los gastos,^ de una manera que impida su ejecución, sin que va¬ ríe las cualidades del vino, sino mejorándolo en sus elementos de conservación. § V. FABRICACION DE VINOS EN GALICIA. 634. D ice el Sr. Casares, que la vendimia se hace en Galicia en Setiembre y Octubre, recogiendo sin distinción los racimos de todas las castas de uvas que trasportan á lomo ó en carros, y los colocan en laga¬ res donde se hade trabajar el vino; se estruja la uva en ellos ó en cubas, según llega de la viña, y el mos¬ to mezclado con el escobajo, fermenta con más ó me¬ nos fuerza según su riqueza en azúcar, temperatura de la bodega, etc. Durante la fermentación tumul¬ tuosa, unos dan dos ó tres pisas; otros lo hacen dia¬ riamente por espacio de dos ó más horas, con lo que dicen aumenta de color y no se agria el vino. La fer¬ mentación se hace descubierta y es opinión general que los vinos fabricados en cubas son mejores que los hechos en lagos. Esto en cuanto al vino común, que los hay tintos y blancos. 635. Los vinos llamados tostados, se fabrican col¬ gando la uva perfectamente madura, ó se extiende sobre paja, en la época de la vendimia, colocándola en sitio seco y aireado, y así se tiene hasta fin de Di¬ ciembre ó primeros de Enero; llegado ese tiempo se pisa, y da de ordinario la tercera parte del mosto que daria si se hubiese pisado en su época normal. Hecho el mosto, se pone en toneles y dura la fermentación cuatro ó más meses. La uva que se emplea es la blan¬ ca llamada en el país 'oerdallo, camprao, albari- llo, etc. 636. Los vinos de Galicia, especialmente los tos¬ tados, son muy ricos en alcohol (101), gratos al pala¬ dar cuando no se pone toda la raspa, lo cual no es común, pues de ordinario se echa todo junto sin dis¬ tinción en los vinos ordinarios; los tostados tienen ex¬ cepción. 637. Los vinos de Valdeorras, Alm'endi, Rive- ro, etc., son sabrosos y fuertes, pues las uvas madu¬ ran bien, tienen bastante azúcar. En Ulla, Salnés, Marinas y otros varios sitios, no madurando tan bien la uva, salen de ordinario ácidos y fiojos los caldos. ■ ■ En Valdeorras cultivan para dar color tinto á los vinos, una variedad de cepa llamada mouraton, que es muy productiva. 638. Los vinos tintos son los más usados para el consumo general, y es tal el afan de que. tenga color, que cuando un caldo tiene poco, emplean para dár¬ selo cuanto hemos dicho sirve al efecto (75). Un pro - — 337 — pietario ilustrado y cosechero que conoce bien su país, dice en una publicación moderna {a): «La vid prospera bien en Galicia en las vertientes de los rios Sil, Miño, Avia y Valles de Lemos y Monterey; su fruto produce vinos muy buenos y espumosos si es¬ tuvieran bien fabricados, y lleg-arian como en tiempo , de los romanos, que los bebían con estimación en la misma Roma; en los de Felipe II y anteriores reina¬ dos, se extraían para Ing-laterra y Alemania, cuyo beneficio se perdió por el gran coste del trasporte á lomo: en el dia el tráfico está encomendado á arrie¬ ros de paladar grosero, que prefieren caldos de mu¬ cho color con un tanto de aspereza, á los vinos sua- . ves y gratos que antes se fabricaron.» 639. Hoy es sabido que los vinos conocidos con ios nombres de Valdeorras, Lemos, Rivero, Amendi, no son lo que en antiguos tiempos, que en lugar de seguir su crédito y aun acrecentarse ha sido al con¬ trario; la primera causa fué, y es en otros muchos puntos, el haberse plantado vides en sitios poco apro¬ piados para llegar á obtener mostos de buena cali¬ dad, y el deseo de lucro hizo perder la condición de bondad deí vino que llegó hasta bajar á 2 reales ar¬ roba, vinos, que por ser mejores se vendian á 20 y 30; la facilidad de otros mercados para exportar sus cal¬ dos, anuló la exportación que se hacia por Rivadeo, Vigo, la Coruña, etc. Ya en el siglo pasado dijo: «que el haber puesto viñas en terrenos bajos y sustituido la especie de vid A Ibarello, que tanto estimaban los antiguos, con la Negreda, daba lugar á que los vinos se perdieran y tener que hacer bodegas y cuevas sub- (a) i* lüspañn Agrícola, por Hidalgo Tablada, tomo V, núra. 11, pᬠgina 174, (Se vende librería de Cuesta.) \ 22 terráneas para conservarlos {a). Que el método de fa¬ bricación y conservación del vino es malo, y á ello e& debida la pérdida del crédito que antes tuvieron los caldos de Galicia, en particular en la provincia de Orense, Valles de Quiroga y Valdeorras, etc., es una verdad; y también lo es que hasta que se quiten las viñas de los terrenos bajos y húmedos ó se fabrique separadamente el mosto que dan las plantas situadas fuera de esos sitios, la situación no variará, porque mezclado bueno con mucho malo, sale mediano.» Los vinos de Galicia tendrán un dia gran acep¬ tación, si se fabrican bajo condiciones de comercio y la base de la conciencia enológica, pues ofrecerán vinos ligeros y agradables hoy buscados'para el con¬ sumo y mezclas con los que constituyen un caldo es¬ pecial. FABRICACION DEL VINO EN LAS RIBERAS DEL DUERO, Y PISUERGA. 640. Aranda del Duero, Roa y otros puntos de la provincia de Burgos, Torquemada, Dueñas, etc., de la de Falencia, producen vinos tintos cargados de co¬ lor en la proporción que puede decirse son viniendo de la Rioja, un término medio entre los de la región central. Tienen también caldos que en su color pue¬ den asemejarse á las de Chinchón y otros de la inme¬ diación de Madrid que son menos tintos, y á los lla¬ mados ojo de gallo; pero los vinos de la Ribera no igualan á los de la región central; en esta se fabri¬ ca) Descripción económica del lieino de Galicia» can mejor, y su condición de clima es más á propósi¬ to (431), por la latitud y altura. 641. Recogida la uva con el poco esmero que ve¬ nimos advirtiendo se hace en Navarra y Galicia, se conduce á los lagos llamados lagares, y en ellos, en general, se amontona todo lo que hay que traer dure cuatro ó quince dias la vendimia; terminada, se igua¬ la la uva y se deja hasta que da señales de fermenta¬ ción, y entonces pisan como pueden, usando el aza¬ dón y otros útiles algunas veces, para cortar la. masa formada por la presión de alto abajo. 642. Encontramos aquí otra vez el amontona¬ miento de la uva para producir el calor por la masa y el completo de la madurez por el calor (270 y 276); pero repetimos que si esto puede ser útil conociendo el fin propuesto, aquí que los cosecheros lo ignoran y obran sin saber por qué, la dilación en pisar pasado el tiempo oportuno, es causa de que la uva entre en putrefacción y se acede en parte, llevando ese gér- men el mosto y este el vino. 643. Pisada bien ó mal la uva, como hemos dicho, fermenta el caldo y restos del racimo en él lagar, y cuando creen haber terminado, se saca el caldo y se pone en cubas, en que permanecen hasta que se usa ó saca para quemar, pues lo más frecuente es que se repunten y avinagren, porque en tiempo de calor se aviva la fermentación nuevamente en razón á que el mosto ó vino no tenia las condiciones requeridas (164 y siguientes). , 644. Hay algunos pueblos en que los cosecheros han comprendido sus intereses, y vendimian, pisan la uva eii seguida, quitan el escobajo y ponen el orujo y mosto junto á fermentar en cubas abiertas; pero que es mucho, muchísimo mejor que lo dicho - 340 — anteriprmente; terminada la fermentación, trasiegan en otras cubas ó toneles, según las circunstancias, y .asi obtienen mejores caldos y más facilidad de con¬ servarlos. 645. También hemos visto , hacer, como en Na¬ varra y Rioja, pisarla uva como llega del campo, y verificarlo cerca de la boca del lago, al que, según se pisa, se empuja con una pala y se echa en él hasta llenarlo: entre amontonar sin pisar, y pisar sin amon¬ tonar, cuando el país es frió y el fruto no está com¬ pletamente maduro, hemos manifestado nuestra ma¬ nera de ver, y repetimos se amontone; pero que no se deje pasar el momento que se indicará por el prin¬ cipio de fermentación. 646. Para regularizar el resultado sin exponerse á los perjuicios que experimentan hoy los coseche¬ ros por mala elaboración, obren según hemos ma¬ nifestado para análogas circunstancias (629 y si¬ guientes). Los vinos ligeros que exigen la operación del cou- .page ó mezclas, con otros densos cargados de color y fuerza, deben buscarse en esta proyincia, y el comer¬ cio de ambos se completará. La cuestión de vinos en España, consiste en las ■ mezclas de los flojos y claretes, con los cerrados y fuertes, cuyas dos clases suelen, como en el caso pre¬ sente, estar en sitios limítrofes, sin utilizar sus ven¬ tajas.* De..esas mezclas salen los vinos de pasto que tanta estimación tienen, y los franceses nos enseñan comprando los cerrados y fuertes para la mejora de los suyos, de calidad inferior á los nuestros. Fíjense nuestros cosecheros, hagan ensayos de mezclas según queda dicho, y el resultado premiará su trabajo. - 341 — CAPÍTULO III. ' Fabricación de vinos en la región occidental. 647. Siguiendo la marcha trazada en nuestro Tratado de la vid, la región occidental comprende las siguientes provincias: Zamora, que está situada á 596 metros sobre el nivel del mar; Salamanca, á 780; Cáceres, á 350; Badajoz y Huelva á 155. § I. ZAM0R.4 Y SALAMANCA. 648. En esta región tenemos los vinos tintos de Toro, que- se fabrican en general, mejor que los de la región que precede. Las viñas tintas cultivadas en suelos colorados y cascajosos, y de la variedad de tinto generalizado en la región central, dan mosto muy bueno, que llega algunos años á 16 y 17° del pesa-mosto, y lo ordinario es tener de 12 á 14. La uva albilla y verdeja se mezcla con la tinta, y la adi¬ ción de yeso ó tierra blanca, que usan con alguna regla, es el complemento con la pisa de la uva para preparar el mosto que colocan en lagos ó cubas. Hay, sin embargo, muchos cosecheros, en Toro especial¬ mente, que pisan la uva según viene del campo, la prensan diariamente, echan el mosto en cubas, que llenan lo más pronto posible, y ponen la casca des¬ pués de prensada y quitado el escobajo. Las cubas las llenan, y de este modo la espuma vierte en parte fue¬ ra, lo cual dicen ser bueno; pero será en años que — 348 — 663. Gran cantidad de vinos se queman en el país para hacer alcohol, y particularmente en Moguer, donde hay dos buenos alambiques para destilar que funcionan nüeve ó diez meses del año. El uno es de la propiedad de D. Rafael Iñiguez, el otro de la de D. Fernando Jiménez. 664. Tal vez á nuestros lectores ocurra preguntar ¿por qué se azufran las botas antes de echar el mosto en ellas (659)? ¿Qué cantidad de azufre se pone? No es nuestro deseo ofender á los cosecheros de Huelva ni á ninguno otro, nos anima solamente la idea de ser útiles, y por eso diremos á una y otra pregunta; son prácticas que como se desconoce á qué se dirigen, sé ignoran sus resultados y no se mejoran ni alteran por miedo de errar ó de perder el mosto, y así se ha¬ cen sin regla y á ojo'. El poner el azufre en los vasos de fermentación, da por resultado modificar el im¬ pulso de ella y hasta suspenderla (521), según ya sa¬ bemos: en-este caso, y siendo el país cálido, el uso del azufre quemado dentro de las botas antes de echar el mosto, puede ser un regulador que prolongue el acto de la fermentación y producir efectos conocidos préviamente, si se emplea con medida y en propor¬ ciones, según los casos, con arreglo al exceso de tem- . peratura y proporciones del azúcar y fermento en el mosto puesto á fermentar. La solución de un proble¬ ma tan útil, toca resolverlo á los cosecheros de la lo¬ calidad; pesen el azufre y conociendo la densidad del mosto, colocándolo en variadas circunstancias y ob¬ servando la temperatura y resultados comparativos,. podrán establecer reglas que dirijan la fabricación á un punto cojaocido, según ya digimos en los párra¬ fos 164 y siguientes. La provincia de Huelva, desde que publicamos — 349 — ' nuestra primera edición, y aun desde laseg-unda has¬ ta hoy, ha verificado un progreso notable en' la pro¬ ducción y fabricación de vinos. Su exportación llega hoy á 1.000.000 de arrobas que vale 6.000.000 de pe¬ setas; y así se explica que en la Exposición vinícola de Madrid en 1877, fuera la provincia que más pre¬ mios obtuvo y más expositores y muestras presen¬ tara. Sin embargo, produce para vender á Jerez y los Puertos, y esto sujetará por algún tiempo su natural desarrollo vinícola. El Excmo. Sr. D. Nicolás Gómez González, estableciendo una gran fábrica de destila¬ ción, sistema moderno, y de vinos generosos y de pasto, ha cooperado como el que más á tan buenos resultados. CAPÍTULO IV. FABRICACION DE VINOS DE LA REGION MERIDIONAL., 665. En la región meridional de España puede de¬ cirse que se producen los vinos más espirituosos y afamados de Europa. En ella se cuenta la provincia de Córdoba, cuya capital está á 104 metros sobte el nivel del^ar; Sevilla, á 90; Cádiz, á 14; Málaga, á 14; Jaén, á 450; Granada, á 670; Almería, á 20; Mur¬ cia, á 136, y Albacete, á 700. El conjunto puede di¬ vidirse en dos partes, una alta y otrabaja; en la par¬ te baja se cuentan los vinos de Jerez, Málaga, los Puertos, Montilla, Lucena, Aguilar, Monturque, An- dújar, Baena, Martos, etc., etc.; en que los caldos blan¬ cos, dorados de más ó menos color en lo que se conoce por blancos; siendo unos secos, otros algo dulces, dul¬ ces varios y todos muy espirituosos por razón de que — 350 — el clima da mucha parte azucarada á la vid, y siendo regla general ponerles alcohol para evitar que se tuerzan, se aumenta la cantidad de espíritu, el alco¬ hol hace que no fermenten después de la primera vez ó que sea lenta y regularmente; pero mejor seria re¬ currir á otros medios para igualar las proporcio¬ nes del azúcar con las del fermento (204 y siguien¬ tes) y terminar la fabricación sin dar tanta fuerza á los caldos por medio de los espíritus adicionados, y se tendrian vinos más delicados y no tan propensos. á siihirse á la cabeza.; 666. En la parte alta de la región y en algunos puntos de la baja, se ven vinos de color tinto, pero que si en los primeros años son de color cerrado, des¬ pués se aclaran sin que desmerezca su calidad; al contrario, como los blancos, adquieren aroma, finura y buen gusto: son unos y otros tónicos, dulces ó se¬ cos, en mayor ó menor grado, lo cual los hace diferir y constituir especialidades que establecen clases bien marcadas, y algunas dan crédito á la localidad; pero que agrupados se llaman vino manzanilla^ vino seco, , moscatel Mee, paja, dulce, pajarete ó Pedro Jiménez, tinto, tintilla de Rota, amontillado. Manco común, Don'Bueno, castellana, Jden, albillo, etc. 667. Si en localidades que el producto de la vid es limitado y la fabricación del vino tiene analogía, es fácil decir por grandes grupos y hacer la descripción de .los métodos más perfectos, y de ellos ir descendien¬ do, aquí seria necesario un libro para formarse una idea exacta de lo que tiene lugar en cada pueblo, y los resultados que ofrecen las prácticas empleadas en lo general de la región, si se exceptúan, por ejem¬ plo, los pueblos de la sierra de Granada, de Andújar, de Sevilla, entre ellos Constan tina, la de Córdo- — 351 — ba, etc., etc., en que su altura sobre el nivel del mar hace que la vid dé fruto menos azucarado que en los sitios bajo^ que tienen cualidades opuestas; los mostos exigen cuidados contrarios á los que deman- djm en las otras regiones situadas á más distancia del Ecuador, j á más altura sobre el nivel del mar se¬ gún ya hemos dicho. 668. Esto que es exacto, demuestra un hecho no¬ table y poco estudiado, sin que deje de ser asunto de trascendencia suma. Los vinos de la .región septen¬ trional son los menos espirituosos: los mostos mar¬ can de 9 á 12® del pesa-mosto (37); para que se con¬ serven hay que recurrir al alcohol y se sostienen bien, y graduando la aplicación del aguardiente, al¬ canzan muchos años; nosotros los tenemos de doce hasta veinte, lo mismo tintos que blancos, en la re¬ gión central (425). En la meridional los mostos marcan de 16 á 19'’, y la que falta en los otros que es azúcar, aquí sobra; pero como en aquellos, si no se emplea el alcohol, los caldos se pierden, se avina¬ gran (262) ó ahílan (563) los blancos, y tintos y blancos se agrian. Es singular que con elementos tan dife¬ rentes y en proporciones distintas, obren los agentes que desorganizan el vino de igual manera. Nos¬ otros creemos que la razón de este fenómeno consis¬ te en que los vinos pobres de azúcar, al terminar la fermentación y trasegarlos, si no se añade alcohol que contenga la acción de la fermentación lenta, que propende á convertir el aldeido en ácido acé¬ tico, se pierden; teniendo esto lugar más fácil¬ mente en los caldos que contienen azúcar sin con- ■ vertirse en alcohol por falta de fermento, y la acción del tiempo sostenida por el alcohol hace que favorez¬ ca su conversión en este cuerpo, sin lo cual la fer- - 352 - s mentación lenta obra en ambos,casos independiente de la mayor ó menor cantidad de azúcar existente ■ en el caldo, por estar en desproporción con el alco¬ hol necesario, y de aquí la utilidad de usarlo. Si así es, como creemos, necesario será tener muy en cuen¬ ta cuanto hemos dicho al tratar de la fermenta- 'c'ion (250), favoreciendo esta por los medios indicados, cosa preferible para que los caldos sean suaves y me¬ nos expuestos á subirse á la cabeza, como de ordina¬ rio se dice. El alcohol y ácido tánico que falte al vino para conservarse, causa es de su descomposición an¬ ticipada (260). -Los vinos de esta reg-ion carecen de or-* dinario de tanino. § I. ,CÁDIZ. 669. En la provincia de Cádiz sobresalen los vinos de Jerez y de los Puertos: trataremos de ellos. En los plantíos de vid de los «campos de Jerez y sus inmediaciones, se está sujeto como en toda la región general de la vid, á los contratiempos de se¬ quedad en que el fruto suele ponerse duro, sin madu¬ rar y como tostado por el sol, sobre lo cual nos dice Columela: «M. quidem Columella patruus meus, vir illustribus disciplinis eruditus, ac diligentissimus ■ agrícola Binticse provincaj, sum ortu caniculíB pal¬ méis tegitibus vineas adumbraba!, > quoniam ple- rumque dicti sideris tempore quíedam partes ejus regionis sic infectantur Euro, quem Íncola? vultur- num appellant, ut nisi tegnimibus vites opacentur, velut halitu flammeo fructus uratur.)^ Hoy no se cu¬ bren las cepas con tejidos de palma, como indica el . t — 353 - autor latino, si bien no es frecuente el que se tueste la uva con el calor y el aire abrasador que suele cor¬ rer en tiempo de la canícula; si ya no es necesaria la precaución que se tenia hace diez y nueve siglos, bien sea porque el clima se haya modificado y no lo haga necesario, á porque ahora se cultiva peor ó se atienden menos las, consecuencias de tostarse la uva, es lo cierto, que no hemos visto que.se hagan las es¬ teras de palma para reservar las viñas en los campos de la Bática; pero sí que se ve la uva quemada; cuan¬ do este accidente ocurre, así como el de grandes llu¬ vias que hacen muy fiuido el mosto, los vinos son otra cosa como es natiiral, que cuando el tiempo con¬ curre y favorece la madurez regular. Sin embargo do esos contratiempos; que no suelen ser ordinarios, los caldos exigen para dar vinos sobresalientes, menos atenciones y gastos para la parte relativa á poner el mosto en condiciones de obtenerlos, si se comparan con los que requieren otros de países menos favoreci¬ dos por la naturaleza, y en que el arte ha de suplir aquella. 670. En toda la región meridional, en los sitios én que se producen los vinos espirituosos, la uva madura bien, si un exceso de calor no precipita la actividad de la vida vegetal, y deja incompleta la elaboración del jugo azucarado; pero lo ordinario es que tengan mucha parte azucarada, y que los mostos sean densos y faltos de equilibrio entre el fermento y azúcar (215).^ 2.3 — 354 — Vendimia. Asoleo. 671. La vendimia tiene lug'ar en la zona de la re- g-ion de que nos venimos ocupando, con un cuidado imposible en los sitios en que los caldos valen, cuan- db más, la décima parte que en ella. Se eligen Ips racimos maduros y se quitan las uvas podridas, etc., se trasladan al lagar (casa en que están todos los ar- ^ tefactos de vinificación) y unos asolean la uva y otros la pisan en seguida, procurando siempre que no se mostee. El asoleo se prolonga, según que se supone más ó menos fluido el mosto, dándole más tiempo si fué lluvioso el temporal qué al contrario. La uva se extiende sobre el suelo sin amontonarla, y es re¬ gla que el escobajo pierda su jugo y parte de la aspereza que en otro caso pueden comunicar al mos- ' to. Las especies de uva que generalmente asolean, son la Pedro Jiménez, moscateles, tintilla, etc. (a); por este medio el vino que resulta no tiene el color de caramelo que les da el arrope, y sin embargo, se pueden considerar como si tal se hiciera, por la re¬ ducción del volúmen de la parte acuosa evaporada. J^isa de la uva. 672. La pisa de la uva tiene lugar en lagares de varias formas, pero la general es, según la figu¬ ra 3."'I, cuya construcción, en mayor'ó menor escala, hace variar su conjunto, pero no la esencia. La uva se proporciona de manera, que no esté amontonada. (a) Véase nuestro Tratado de la vid, ya repetidas veces m^cionado. — 355 — üi que sobre de un dia para otro, con el fin de que no tome viso el-vino. Extendida en el suelo, suelen alg-unos emplear el yeso con que polvorean la tanda que se va á pisar. 673. La uva de distintas clases se pisa separada¬ mente, y el mosto se recog-e en botas, que suelen' po¬ ner debajo de la canal E de la fig*ura expresada. 674. El mosto de primera es el que corre con solo pisarla uva; de segunda, el que sale de la primera- presión, y tercera el de la segunda; hay quien cada clase la hace fermentar separadamente; quien mez¬ cla el caldo de prensa, y también suele echarse al de primera algo de segunda, según eMn comercial que se intenta. 675. Se quita la raspa antes ó después dfe pisar, para poner en prensa, y esta operación suele efec¬ tuarse cuando se trata de fabricar los yinos sobresa¬ lientes; pero es lo común quitar el escobajo después de la pisa antes de llevar el orujo á la prensa. De los resultados propuestos por los que pisan con calzado grueso, ya hemos hablado (446). Después de sacar primera, segunda y tercera clase de mosto, se extien¬ de el pié ú orujo que lo compone, se la echa agua y se prensa, y el caldo que escurre se destina á fabricar 'v^inos de poco valor; aun se deshace el pié otra vez, se echa agua y el caldo sirve para quemar; resulta que el pié se agua dos veces y se prensa tres ó cuatro, según la clase de mosto. Los caldos se fermentan en botas de capacidad de 30 á 80 arrobas; en las primeras, cuando se pisa en las casas de las viñas; en las segundas, en otro caso, aunque no hay regla de uno ni de otro. Lo común es pisar en las casas de las viñas, poner el mosto en bo¬ tas de 30 arrobas, y con carros traerlas á la pobla- í o SEVILLA = — 353 - cion en seguida ó al terminar la fermentación tumul¬ tuosa, que es lo menos malo, pues ambos medios son poco á propósito, y sólo la bondad del caldo resiste la imperfección de los medios usados. En nuestro juicio, hasta el primer trasiego no debían moverse los cal¬ dos una vez puestos á fermentar: lo contrario no está con las reglas del arte. 676. Suele echarse arrope á los mostos que se dis¬ ponen para vinos dulces de color y á los tintos, y nunca.á los blancos, para los que ya digimos se aso¬ lea la uva. La uva de las tierras albarizas, suele em¬ plearse para el arrope, pues dando mostos más den¬ sos, sé consigue obtener su reducción más pronto y con condiciones mejores. Cualidades de los mostos. , 677. Que los mostos de la zona de que tratamos tienen condiciones muy superiores, se. explica cono¬ ciendo su situación; pero que el sistema de cultivo lo modifica mucho, es cierto y' demostrado en nuestro libro sobré la vid. Las profundas labores de 50 centí¬ metros, hacen que la tierra tenga abundantes jugos que trasmitir á la planta y esta al racimo; la espe¬ sura de los plantíos á‘corta distancia entre cepa y cepa, y el sostenerlas con rodrigones, favorece, uni¬ do á la labor, el que el mosto tenga condiciones bue¬ nas con arreglo á la localidad. Si ese método de plan¬ tación y cultivo se llevase á la región central y el de esta á Jerez, los Puertos, etc., el mosto en estos si¬ tios sería sumamente denso, le faltaría la fluidez ne¬ cesaria para fermentar (164 y siguientes), y en los otros por demasiada, produciría vinos de ínfima ca¬ lidad.. — 357 - 678. Pocos datos 'hay sohre la apreciación gleu- cométríca de los mostos de Jerez, etc.; no son mu¬ chos los propietarios de viñas en quienes hemos en¬ contrado afición al pesa-mosto; allí, como en donde quiera que las primeras materias son buenas, y el valor del fruto tiene estimación, se paga bien; hay hombres prácticos llamados capataces que dirigen las operaciones, y la naturaleza secundaba indolencia, evitando lamolestia de los hacendados, que para dis¬ culpar la incuria, protestan contra la necesidad del auxilio de la ciencia: esto, unido á la común idea de reserva en decir los cosecheros aquello que creen pueda ser motivo de que se emplee en su perjuicio, pues el egoismo es,su norma, hace que sea difícil co¬ nocer la densidad de los mostos. Nosotros, los que hemos examinado, alcanzaron de 15 á 19’ deBeaumé y 14 y 18 de nuestro pesa-mosto. 679. Los mostos de arenas son los más fiojos, los de albarizas los más densos, en su estado natural, y los de tierras de barros, un término medio entre am¬ bas: después de asoleada la uva, no hay’posibilidad devenir á un conocimiento exacto, porque «los de Una misma viña y variedad, tiene más grados lo úl¬ timo que se vendimia, y la que está más tiempo ex¬ puesta al sol en, dias despejados, que la que se recoge algunos antes, y el tiempo claro la enjuga más en'el asoleo. Fermentación. 680. Lo que hemos dicho respecto de la fermen¬ tación en vasos pequeños (365 y siguientes), concur¬ re aquí, y no hay para qué hacer doble uso; pero haremos advertir, que según la clase de mosto así se trata: 364 - , (lo nunca vinos defectuosos que pierdan á los otros con que se mezclan; el espíritu lo añaden con buenos ag*uardientes que fabrican ellos mismos de vinos blancos, llegando hasta obtenerlos de superior cali¬ dad, y lo ponen según para el mercado á que se des¬ tinan, siendo en mayor cantidad para Inglaterra j Rusia, qi*e para España y Portugal, etc. C95. La aplicación del aguardiente se hace de modo que su gusto no sobresalga, que el vino y su aroma esté sobre todo. El aroma y fragancia característica de los vinos de Jerez, la dan los vinos rancios que en ellos se ponen. 696. La claridad y trasparencia es otro mérito en los vinos de Jerez, y el brillo que tienen en el mo- mentó que lo sacan de bota con las venecianas, no lo vuelve á.tener cuando se trasporta á larga distan¬ cia, hasta después de pasado algún tiempo que se deja reposar. ' ■ Manzanilla. 697. El vino manzanilla se mejora, según dicen, en razón al vacío que tiene la bota; esto es, que al revés de los otros vinos, este exige que una parte de la vasija que lo contiene este vacía; ese vacío que afloja el caldo, que lo ventea, y que no pocas veces hace que se pierda, si no se ocurre á tiempo, nó sólo es un mérito, sino que hay aficionados que pagan muy caro el último que se saca de un tonel. El man- zanillá para tener las cualidades que le asignan los inteligentes, debe ser blanco, sin viso de color, tras¬ parente, muy aromático, blando al beberlo, muy . poco fuerte, y que se sienta en el estómago; en nues¬ tra Opinión son vinos de capricho, que sólo satisfacen al olfato y la vista. — 365 — §n. málaga. 698. Con muy cortas diferencias, las uvas emplea¬ das en la fabricación de vinos en la provincia de Cᬠdiz, yen Jerez principalmente, son ig'uales en la de Málag-a. La vid Pedro Jiménez^ da nombre á una cla¬ se de vino que lleva aquel, y es aromático^ suave, alo¬ cado, de fuerza y buen gusto; produce otro llamado tierno', entra en parte del vino tinto; también se usa en la mezcla del doradillo, y en fin, esa variedad do¬ mina en los pagos de viñas de la localidad , indicada. 699. La vid moscatel, se emplea para pasa y para vino, mezclando la uva moscatel con la Pedro Ji¬ ménez. 700. /La iiva calriel, sirve de base para la fabri¬ cación del vino tinto, de sabor áspero, y se mezcla el mosto con el Jaén ó con el Pedro Jiménez. 701. En fin, el vino de lágrima se hace de la par¬ te que escurre la uva sin pisar ni prensar, se fabrica poca cantidad y es muy estimado. VINO PEDRO JIMENEZ. vendimia y asoleo. 702. L a vendimia se hace bajo los principios que en Jerez, y en los pagos y puntos nombrados por áus vinos generosos en Andalucía. Se asolea la uva se¬ gún el año y fin propuesto. En la recolección y aso¬ leo se quita cuanto el racimo tiene poco maduro, po¬ drido, etc. La Operación principia en Setiembre. _ 366 — *!N'o faltan cosecheros que haciendo caso omiso de prolig’idades, vendimian en redondo, pisan la uva sin esmero alguno, tal cual se lleva al lagar desde la cepa, lo cual disminuye gastos, pero también el va¬ lor del catdo. Pisa de la uva y colocación del mosto en los vasos. 703. La pisa se hace con esparteñas, ó sean alpar¬ gatas de esparto, extendiendo la uva por tandas y suelen echar un puñado de yeso blanco; se pisa bien y se amontona y comprime el orujo con palas en un lado del lagar, cayendo el mosto á un recipiente que denominan pilón: en seguida de escurrir la primera tanda la extienden nuevamente, vuelven á pisar y quitan el escobajo: sigue otra tanda y sucesivas has¬ ta tener bastante caldo para llenar una tinaja, y for¬ mar el pié que estrujan con la viga ó con prensa de hierro ó de madera, según los sitios: excepto quitar el escobajo, hacen, según se ve, como en la región central. 704. El mosto se echa en las tinajas, dejando el 'vacío suficiente, una octava parte, y en seguida se echa el arrope en la proporción que juzga el capataz, que en Málaga, como en otras partes, no cambia sus conocimientos prácticos por el mejor pesa-mostos, porque con este no se le reconocerla inteligencia al¬ guna, pues claro es, que dados los grados del mosto y las bases de corregirlo (234), este hombre necesario hoy, no lo seria mañana con el fin de saber qué ha de hacerse, cuando él ignora lo que saldrá (6). Hay algunos que ponen el mosto para fermentar en toneles ó botas como las de Jerez. — 367 - El mosto de prensa se añade ó no al de la pisa, seg’un que el objeto de fabricación es calidad ó can¬ tidad. Fermentación y conservación. 705. La fermentación en las tinajas y toneles se dirige como llevaiños dicho, y dura en unos caldos hasta Marzo, en otros termina en Noviembre ó. Di¬ ciembre. Concluida la fermentación tumultuosa,. se hace el trasiego, si es vino de poco mérito que se ha de vender pronto, á otras tinajas, y si lo contrario á botas ú otras maderas en que se conserva y hace por completo. 706. El vino Pedro Jiménez se hace del modo ex¬ puesto, y se conserva en maderas largo tiempo, con el cual adquiere las cualidades que hemos indicado; pero necesita sostenérsele con aguardiente fuerte á fin de que no se pierda. Claro es que caldos procedentes de terrenos de pizarra, uvas muy dulces, y á cuyo mosto se adiciona arrope, debe tener poco en armo¬ nía los elementos necesarios para una fermentación regular, y dar vinos no expuestos á ahilarse, agriar¬ se, etc., porque se busca sean dulces con el asoleo y* arropado. El aguardiente sólo puede contener nuevas fermentaciones diferentes de la alcohólica que termi¬ na con trabajo; pero dejando mucha materia azuca¬ rada sin disolver. Algunos cosecheros mezclan el caldo de prensa con el de pisa cuando fermenta; esto que lo reprueban muchos por la aspereza que sa¬ bemos presta, tiene una razón poco estudiada por «•mbos, puesto que el mosto de prensa es rico en ta¬ piño, cuerpo necesario para evitar algunas enferme¬ dades ulteriores, y en particular el ahilado. — 36S — Los vinos de un año se compran por los almace¬ nistas malagueños como'Heredia, Larios, etc., y estos, en bodegas de conservación más ó menos ex¬ tensas que están al cuidado de capataces, benefician los caldos, y mejorados los venden. Aquí como en Je¬ rez y en todos los sitios qiie los vinos tienen nom¬ bradla, el capital del que almacena y exporta, con¬ curre á favorecer al cosechero con más ó menos equidad; pero siempre le favorece. f, Vino tierno. 707. En Agosto ó primeros de Setiembre se reco¬ ge la uva Pedro Jiménez de los pagos en que se ade¬ lanta, y se pone á asolear, dejándola hasta* que casi está hecha pasa, siendo el vino más delicado el que se produce por la' uva más pasada; después de pisarla se pone en la viga aun caliente del sol y la pisa, y sé exprime y saca una especie de miel blanca, pues esto y no mosto parece, llegando casos en que hay que rociar el pié con un poco de agua caliente, y algunas veces hasta un diez y más por ciento. Aquí no se echa yeso ni arrope. El mosto que se obtiene es la octava parte que daría la uva sin la operación del asoleo. 708. La fermentación de esta clase de vino dura mucho tiempo, y al terminar aparece con mucho dulce y cuerpo, condiciones que se aprovechan para mezclarlo con vinos ásperos, que mejoran cuando unos y otros están bien hechos; en otro caso el vino áspero á que se une el tierno, fermenta nuevamente, sé enturbia y pierde, si no se sabe corregir dirigiendo la nueva fermentación, según y con los medios ya dichos. — 369 Vino cabrül y tinto. 709. Los vinos de color se fabrican en Málaga asoleando la uva hasta que se marchita, luego' la pi¬ san según hemos dicho, y con fuerza, pues es cono¬ cido, que cuanto más se rompe la uva tinta mejor da la materia colorante; y el mosto de esta clase se mez¬ cla con el de Pedro Jiménez, que es blanco, echando á este un 20 por 100’ de aquel; quitada la raspa se echa el hollejo en la tinaja sin exprimir en la viga, poniendo en la proporción que corresponde el mosto tinto echado al blanco. 710. La casca se hunde en el caldo, y se repite esta Operación como hemos dicho al tratar de la región central, y cuando se aclara el mosto y se, precipita la casca, se trasiega á botas en donde se conserva. El vino cabriel se hace sin asolear la uva; es de color tinto claro, y se mezcla con algo de Jaén ó Pe¬ dro Jiménez que lo suaviza. ' yino moscatel. 711. La uva moscatel flamenco ó moscatelon, y el moscatel morisco, dan el mosto que, tratado del mis¬ mo modo que hemos dicho se hace el vino tinto, pro¬ duce el vino moscatel; de ordinario se asolea la uva para concentrar más el caldo, que rara vez es puro, se mezcla algo de mosto Pedro Jiménez, y la casca siempre tiene algo de esta última. Terminada la fermentación que tiene lugar en'tinajas ó toneles, se trasiega á otros vasos y en ellos concluye por for¬ marse, adquiriendo cualidades que no tiene en los primeros años. 21 — 370 — Vino clarillo. 712. El azufre sirve para hacer una clase de vino- con el mosto de uvas Jaenes ó de Pedro Jiménez, al que llaman de azufre ó clarillo: se coge el mosto sin asolear ni preparar las uvas, solo con pisarlas, y se procede como si se intentara hacer vino azufra¬ do (521). En un tonel se echan cuatro ó seis arrobas de mosto en seguida que sale de la pisa, y antes que fermente se ponen cuatro pajuelas encendidás y ata¬ das á la boca y se tapa bien: cuando se vea que las pajuelas se han consumido, se mueve fuertemente el tonel por espacio de una ó dos horas para que el azu¬ fre lo absorba bien el mosto: cuando esto suponga haber llegado á su complemento, se echa el caldo en otro tonel y se pone nuevo mosto; siguiendo la ope¬ ración hasta llenar los toneles que se intente con mosto azufrado, quedará el vino clarillo. El tonel en que'se pone el mosto azufrado se,tapa y sigue hasta que el vino se hace. Reglas generales. 713. Los trasiegos, aclaros, uso del azufre para tra¬ segar, empleo del aguardiente y cabeceo de los vinos, tiene lugar en Málaga, Velez-Málaga, etc., como en los otros puntos ya indicados; las proporciones en que se usan los vinos para las mezclas, el aguardien¬ te, los grados del mosto, y otros mil detalles que in¬ teresan al que desea conocer la fabricación de vinos, de un punto dado, es difícil de obtener, cuando sólo la práctica ciega es la que ejecuta, y á esta interesa - 371 - conservar lo que supone secreto y no es otra cosa que rutina. Los criadores de vinos se proveen de ordinario de una clase de vino que llaman maestro, cuya fabrica¬ ción consiste en mosto de buena calidad á que se pone 20 por 100 de alcohol de 36°, lo cual suspende la fermentación y constituye lo que en otras provin¬ cia llaman mosopia. Para dar color emplean el arro¬ pe reducido su volúipaen por evaporación hasta la mitad, reemplazando este después con vino. Luego lo usan con el fin de dar color al vino. Hacen una cla¬ se de vino que denominan. ¿ícor, con el que auxilian la conservación; se compone el licor de mezcla del arro¬ pe de color y alcohol. Con esos medios artificiales se fabrican las diferentes clases de vino que con el nombre de Málaga circulan en el comercio. § ni. GRANADA, CÓRDOBA Y JAEN. 714. Las provincias de Granada, Córdoba y Jaén, tienen extensos plantíos de viñedo en que según di- gimos al principio, sobresalen algunos, pero los más nombrados son los de Montilla (patria de mi querida madre), y de que no podemos tratar con la extensión que deseáramos por haber estado poco tiempo en di¬ cha ciudad; sin embargo, diremos que la fabricación de vinos tiene por base dos. objetos bien diferentes, en lo general de las dos últimas provincias citadas. 'Es el primero hacer vinos para el consumo local ó de los pueblos inmediatos; es otro fabricarlo para la exportación. El primero como el segundo es blanco, — 372 — procedente de las variedades de nva ya mencionadas, dominando en g’eneral el Jiménez y Jaén. En Gra¬ nada hay las variedades de vid de Málaga y alguna otra; se tienen productos de regadío y de sierra, cu¬ yos mostos varían en sus cualidades y se emplean como en Córdoba y Jaén (a). 715, La fermentación se hace en tinajas en la ma¬ yoría de los casos, y se trasiega á botas, toneles, etc.; para los vinos ordinarios suele hacerse en tinajas el trasiego, pues se consume ó vende en el año ó poco más: cuando se ha de conservar más tiempo, se pone en maderas al trasegar, y se fermenta en tinajas de cabida de 100 á 150 arrobas, que se construyen en Lucena (patria de mi querido padre), en cuya ciudad suelen algunos destinar la cosecha de mosto, en su totalidad, á fabricar vinagre, prueba evidente que los vinos han perdido la fama que hizo fuesen cita¬ dos por Marineo Siculo. 716. Los lagares, generalmente bien dispuestos, con suelos de piedra, con zócalos de ella ó mampos- teria ó baldosas, están situados junto á la bodega. La viga ó prensa, pues ambas se ven en los pueblos de dichas provincias, están situadas á continuación del lagar, y aun en el mismo é inmediatamente la calde- , ra para hacer arrope; particularmente en Granada, en las viñas de regadío abundan, el arropado de los mostos es necesario, señaladamente para estos y los de puntos altos en que se retrasa la madurez de la uva, y llegan las aguas de otoños anticipados, que dan mucha fluidez al mosto y exigen los auxilios del arropado (232). (a) En este año, 1879, que escribimos la tercera edición, hemos reci¬ bido una colección completa de las cepas más importantes que se cul¬ tivan en la proyincia de Granada. — 373 — . 717. La vendimia no tiene nada de nuevo; se aso¬ lea la uva en unos puntos en donde el vino es sobre¬ saliente y se conserva; en otros no, porque sirve para el consumo ordinario, al que se entrega no pocas ve¬ ces antes de terminar la fermentación insensible y sin aclarar ni trasegar; causa de que se agrie lo que está en los vasos cuando tardan muclio tiempo en venderse, porque se sacan paulatinamente y en el vacío obra el oxígeno. 718. El mosto se distingue en dos clases: de yema que es lo que resulta de la pisa naturalmente, y de estrujón^ ó sea lo que sale de la prensa ó viga: ambos se usan mezclándolo en proporciones conocidas; cuando no hay esmero en la fabricación, cae junto y se recoge en el 'pozuelo, desde donde se traslada á las tinajas. También suele recogerse separadamente el mosto de yema y el de estrujón-^ para ello cae al pozuelo que tiene la viga el que sale del pié, y el de la pisa va á otro. , 719. El mosto de prensa suele echarse á la calde¬ ra para reducirlo y hacer arrope; práctica bien dife- ferente á la que debe aconsejarse, pues el arrope debe ser del mejor mosto para economizar gasto de reducción, y adicionar bueno y no mediano, como tiene lugar en otro caso. No debe olvidarse que el mosto de prensa tiene en gran cantidad el tanino. 720. Antes ó después de pisar, desgranan y qui¬ tan el escobajo los que intentan hacer buen vino: otros prensan todo junto y defienden que así se en¬ cuentran con caldos más ásperos al principio, pero que se conservan mejor, duran más, y al segundo año el sabor áspero ha desaparecido. El motivo ya sabemos cuál es. — 380 — caldos blancos ó de poco color, evitando hacerlo con los . t intos si no es extrictamente necesario. Vinos dulces. ■ 741. Los vinos dulces se preparan en Cataluña echandó al mosto para fermentar gran cantidad de alcohol de 35® Cartier, con lo cual ya sabemos que se amortigua la fermentación y salen los vinos dulces. Conservación de los vinos. 742. La conservación de los vinos tiene lugar en bodegas bien dispuestas, y maderas en la mayoría de los casos, sin que falte alguno en que existan dife¬ rencias que tienen analogía con lo dicho anterior¬ mente. Los vinos catalanes que son los de importan¬ cia por la suma de arrobas que se cogen y exportan, la mayoría pasan de manos del productor á las del negociante ó traficante, que á imitación de Jerez, etc., dan nuevas cualidades á los caldos con mezclas de unos Con otros, de añejos con nuevos, adición de aguardiente, etc., y que en último término hacen de modo que el vino no lo conoce el mismo productor cuando sale de su bodega y está algún tiempo en la del tratante. 743. De todos modos se observa en los vinos finos de la región oriental que, lo mismo en la malvasia de SUges^ que en el Fondellot, Priorato, Carlon, etc., y cuantos se conservan algún tiempo, el elemento fundamental que los sostiene es el alcohol, que no pocas veces sobresale su sabor á las buenas cualida¬ des que presentan los caldos cuando se ponen con re- [Document text truncated for crawler view.]