Otélo ó el moro de Venecia : tragedia en cinco actos
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\\üm. g. )TRAGEDIA EN CINCO ACTOS. OTÉ lo/ OTIJÜ MO:3R.O :o:e T'JEMCXA. TRADUCIDA DEL FRANCÉS POR L. A. C. A. L. L. E. HABLAN EN ELLA LAS PERSONAS SIGUIENTES. Otélo ,General de las tropas venecianas. Mocénigo, Dwic de Venecia. Loredano ,su hijo. ** Odalberto ,Senador veneciano. ^_ Edelrnira ,su hija. ** Herraancia ,aja de Edelrnira. Pésaro ,falso amigo de Otélo. La escena es en Vznecia. El primer acto pasa en la sala del Senado. Los tres I.siguientes en el palacio de Otélo. El último en el quarto de Edelrnira. ACTO PRIMERO. El teatro representa la sala del Senado de Venecia :los Senadores en sus asientos, ydlos lados en pie -varios ministros subalternos. ESCENA PRIMERA. Mocén. Lastres ygloriosos Senadores, cese vuestro temor ysobresalto. Al rumor del peligro que nos cerca ya Venecia ias armas ha tomado.^ Ya Otelo valeroso ha reprimido la insolente osadía yel descaro con que injustos intentan oprimirnos de la revolución los partidarios. El fuego que en sus pérfidas entrañ as por largo tiempo se ha reconcentrado, de repente en Verona manifiesto pretendió sorprehendernos con estracro mas solo su furor ha producido '^* un smto pasagero ymomentáneo. E! cielo se declara por nosotros, -ynos defiende su potente brazo. Luego avuestros oidos hvictoria A
escena il Dichos', Pesara entra precipitado Mocénigo sigue hablando. Mas Pésaro se acerca aceleiado. Insigne amigo del valiente Otelo, ael, ven... tú solo eres digno de contarnos las brillantes hazañas yvictorias con que Otelo áVenecia ha libertado. Pés.O'dé no hayan sido vuestros mismosojos ileks testigos de su ardor bizarro ! AI entrar los rebeldes, él se opuso á so furia mas rápido que un rayo; él solo los contiene ,yanimoso álos de su facción dice gritando: auxilio, amigos ,socorred la patria, Al instante el soldado, el ciudaaano, todos, todos acuden, yparet^ que un solo cuerpo juntos van for.mando. Al notar de su rostro las señales, íil ver su celo heroyco ,al acordarnos de su amor ála patria ysus virtu^e^, todos seguimos sus veloces pasos, de acompañarle siempre deseosos, yde participar su inmortal lauro, be Io*s rebeldes el infame Xefe, conociendo su perdida, füé cauto, se apoderó de un puesto ventajoso, yevitó nuestro acero denodado; pero tardará poco en abatirse su furor ,ysu orgullo temerario.... llegarán luego ásuplicar humildes e! perdón... Desde aquí voy áobservarlos; si esto no se consigue... aun tengo sangre que verter en defensa del estada, ^oasc, ESCENA III. Dichos, nténos Pisara. Mocén. Ya veis ,óSenadores ,los disturbios qne el partido rebelde ha suscitado: quando la patria corre grandes riesgos, los grandes hombres son muy necesarios; por ella exponen sus preciosas vidas, nos toca protegerlos yanimarlos. escena IV. Dichos. Odalberto entra presuroso yagitado. ^ il/í?r.Mas..quses esto,Odalberto?qué os agí - Y'a Venecia el terror ha dlslnado, Odal. No señor... No es Venecia* nA ^ la pama la que motiva mi dolor amargo; es mi propia desdicha quien nte ago^jj^ j, mi hija... iMocin- H..blad. Odal. Otormento inesperadol... mi hija.... ^ Mocén. Qué sucedió ?... lloráis su muertt! j la habéis perdido? qué funesto acaso!,,, ' Odal. No... no murió... su muerte tonii arranca las lágrimas copiosas que derramo,... no.... Yo pido justicia.... un fiero moaitruo, un vil, un corruptor, un temerario su corazón incauto ha seducido; injust(3 la arrebata de mis manos.... Qué horror! Y^a los ha unido el himenM con un secreto ydetestable lazo; contra mi voluntad ,siguen la suya, el paternal decoro despreciando. Mocén. Tiemblo al oir tan iasoleate isfamia: este severo, recto yE'! Senado, procurará celoso yditigea"^ indagar el deliro ,yrefrenarío; el rigor de las leyes sacrosantas os vengará de un pérfido iahoinano.Mf Nombrad al seductor.... ESCENA V. .L Dichos,yOtélo qus entrapr eciptt hacen un movimiento de sofft'csa Odal. Miradle. Mocén. Oíélo !... Odal El es.... é! es.... tiembla , teme mi indignación ymi veogaQ Antes que prosigáis ácastigar o.« antes que descarguéis el justó gop que las leyms preparan áun ing^_ ’< áun extrangero vil ,pérfido e\ que ha sembrado el horror, la mu llanto en mi noble familia... Yo os mphco.
¿el Moro ds conJuKan *^'“““•^ guardias. }¡,cin. t“'Í? _o„ínto hácia este sitio, Edelmira al sus pasos, obediente JPq ,i^efto se lo manda. ^ JS. •' f,‘!l‘‘“,ll’.tuoso, dócil ysomiso, ’Td= ooo“„a dudad d.e lejano, yque Ignota '-as a'-e „ la ‘"S'a"™;* J'“^1 .„i-o ,única ptenda y.„ nombre “1= ’bjedemisanos, trn“Xe“d“mi:“nas respeiables... „stigad,castipdaeseenlPe^^_^, f„?qSS7<lué medios tan odiosos, yhubieran aspirado ásus encí.nto. rr::psttt”»mo"tú":eTi;;apren- OÜl^o.'.. señor... no me atrevo' árespoiicoíozc? la razón, la siento, ycallo; ten-is derecho para contundKme... P?yo va que me habías perdonado, mi nacimiento ymi patria, al concederme ^¿S dulce Listad... señor, dignaos amirar mi pesar ,yno la p^. en este dia sin querer os caUbO. %. v.^'.o puso dentro de rm peono un corazón sensible al dulce alhago amor... este solo es mi delito... SU mi elección, señor, hubiera^e^o, »n Venecia naciera... no en la Lib. , ;no penséis que el hado tan contrario Lso mi cuna enrre sangrientas_nera<. es un baldón el nombre de arncano . El color de mi rostro me ha imp-dic.o el probar el esfuerzo de mi brazo .... ? ,1 Morotv pata mí este nombre Llamanmcl .^.V,^^50: ^/.fpolí^fdad .btl JP-t- ”'°o d'a-wt" tuel ytt me ha ensenado pero el ^jarmas; “layor, mi mayor lauto lá i', conocida mi inocencia, ^¿-¿tible coleta desa^o^^^ t.u:^ot“«anVoy/p;:f^°- Si careaco de “ctoiautor SI clvidc lod utad las cicatrices t:e“hirin-en“mi cuerpo hott.bie «- considerad, que vo Mora ojrxTva’lír qué Limporta?... bien» conuíUaon pirüJo f Lintrépido y dsanrfer.to Juúal con que m. pecho, WatmufemUo.hat traspasado. sLado'res, mi nombre se profana, orocurad se conserve puro ,_ Testro decoro yel de nuestras hijas. Si las tenels... si las amais... acaso la afrenta que me cubre en este día, llegará con el tiempo ádegradaros; procurad evitar con su castigo el deshonor que P^ede resultarnos; mi bijas., ódolorl... él fue mi amigo! en él habla yo depositado toda mi confianza.... ytu ,perverso, la seduces ;yasí me das el pago . Mocén. Otélo... responded... Apenas pueüO pensar que tan enorme desacato, despreciando las leyes mas sagradas, vuestra noble conducta haya manchado; por qué medios ,decid ,ese^ cariño.... Oíl/. Si señor... estoy pronto adeclararlos, Odalberto’, tranquilo ysatisfecho, consigo me tenia en su palacio,
ycon freqüentes suplicas me Instaba refirÍGse mi vida ymis trabajos; yo, por condescender ásus deseos, ía bistoria de mi vida le he contado desde mi cuna hasta el presente tiempo; mis guerras ,mis fatigas yquebrantos, iui navio en los mares mas remotos contra las duras rocas estrellado.... la muerte casi siempre en mi presencia; jniéntras hablaba yo, quiera ytemblando lEdelmira escuchaba mis palabras, yquando su deber, ósus cuidados la apartaban de mí por un instante... solícita volvia, y'anheiando u. oir la exposición de mis desgracias, que le excitaban compasivo llanto. "Un día... el mas fatal para mi suerte..» ásu tierna piedad ofrecí el quadro de las adversidades einlortunios, -con que me persiguió ei destino infausto. «Yqué? (deciaj Otélo, tú te hallaste «entre cadenas?. .tú te viste esclavo? wtú heno de prisiones ?... Ah! si el cielo «me hubiese conducido áver tus brazos, «con -injusto rigor el grave peso «de las viles cadenas arrastrando... «aunque débil muger...sí... ciertamente... «Con qué placer hubiera yo trocado «por tu suerte infeliz la suerte mia, »c5 por tí hubiera muerto sin reparo!... «ODios!... Si algún intrépido guerrero «pretende hacerse dueño de mfmano... «dile, que me reñera sus hazañas «con un estilo tan sencillo ygrato. «No hay que dudar... mi corazón es »suyo.” De su am.ab!e candor quedé admirado; ®I color vjvo de su rostro hermoso desapareció luego; ei tierno llanto, que de sus ojos prorrumpir quería, procuraba solícita oculíario. Mis lágrimas se juntan con las suyas... Con tales muestras comprehendimos ambos de nuestros corazones el secreto. La compasión su amor me ha conciliador yel ver su compasión encendió el mío. iísras las artes son ylos engaños Otilo, eon qQe álos dos, senof ba «m amoceate a,ñor ríspi^I escena vi. Dichos. Edelmira' EY./.Dctente...dóndee;toySv'^"- OdE. Entra. .. qué aguardas? ¿í sigue átu guia... qué, temes aca^o'''"' mostrar tu rostro hermoso yanaciKU de la virtud impropio es eUsp^ta ‘ Edel. Mis ojos se obscurecen...yieuerM con el susto fatal se halla postrado. ^ OdaL Yvos, que de su cándida^ inocescia luisteis la salvaguardia en mi palacio yque los tiernos años de su infancia en ía santa virtud habéis criado, de vuestro celo veo ya los frutos, 3ellos mil gracias debo daros, -ildeírnira sin duaa no ha sufrido bap vuestro poder un duro trato. EdeLQamo: tu apoyo, mi querida Hermánela... 0.i,al. La colera impetuosa contengamos. 77 esposo?... di... responde. EdsL Qué respuesta he de dar!.. 0padre amado! conozco que el magnánimo guerrero, que contundiendo estáis ydespreciando, jamás habrá debido prometerse . ser ei dueño absoluto de mi mano. Mas Venecia publica sus victorias, yvos mismo también con entusiasmo ce sus triunfos heroycos ygloriosos, muchas veces, señor, me habéis hablado: ellos mi corazón enternecieron; no io niego, señor; el dulce encanto, que al oír de su boca tales hechos mi corazón probaba, le ha excitado áestimar un guerrero, que mi patria honra con justo ymerecido aplauso» ¿Y cómo siendo igual su bizarría áia que en todo tiempo demostraron nuestros abuelos, no es ávuesttos ojos nyis que un teróz ybárbaro Africann? Eli Senado le estima, el pueblo le Venecia de su ruina se ha librado ?r él solo yaun puede socorrerla)
5 6ei 3Ioro de Votecia. SI... a;pIadaos. de- %\ otra vez necesita de su amparo. Aplacad vuestro enojo, padre mío... Permitid... Quítate. Yo te lo mando; levántate del suelo. Mocén. Ya postrada ^ implora vuestra gracia, ved MI dolor... OdaL Yo pienso en mi venganza. 2>Lcén. Masquál es vuestro intento., clavadlo. OJai. Prendedle. , Señalando dOtilo con rapdez. ^\jGcé¡i~ A. un vsncccior.i* oJal. En su delito, no en su gloria ni en su valor reparo. Mocén. Pero su gloria exige que álo menos juzgue su causa nuestro ñel Senado. Odal. Mas la gloria ytriunfos nunca deben servir de adió ápérfidos malvados. Mociii. Moderad esa cólera i.mprudentej Con severidad. OJaiberto ,mirad que estáis hablando con el Senado Augusto de Venecia. por ventura este cuerpo soberano deberá ,procediendo a su castigo, humilde obedecer vuestro mandato ? O'Y.Su interés solo arregla su ya%Vi.c’i^ furioso, Mocén. Qué escucho ? Odnl. Defended áun hombre osado... vuestros semblantes su perdón indican, os veo reunidos en mi daño, dispuestos enfavor de una alma baxat nunca premiaron los republicanos de otro modo áquien sirve ásus capríchos| mas luego... mi venganza... Mocén. Reportaos Odalberto... mirad que vuestra lengua con insulto ála patria ha maltratado; creedme... ese despecho yese orgullo... Y^enecia no acostumbra átolerarlo. OY.'jA Aun es tiempo. ..tú puedes aplacarme.. escoge entre ios dos... iEdel. Opadre amado!... O-Y-r/. Basta;veo adornada su cabeza al irse, de una diadema puesta por las manos ce su conquistador... espero sea... Mocén. Odalberto ,qué dices ? Odal. Mis cuidados nada te importan ,que mi justa causa yo la defenderé ,yel cielo santo jne ayudará también... Tu, hombre per verso!... ^ tú me has vendido!., sí... tu me has bUilado!.., Justo cielo! permite que en castigo 'padezca como yo funesto engaño. Cubre ásus ojos la traición horribiS con ei alegre yhalagüeño manto de la augusta verdad ,nunca consiga que llege la verdad áiluminarlo.^ Si alguna vez se pone ante sus ojos, cúbrela con el velo del engaño. Confúndele con su apariencia vana^ que su pecho dudoso yagitado, sin hallarla jamás, se desespere, ysufra los suplicios mas tiranos; un falso resplandor le precipite en el profundo abismo... que buscando la virtud ,solo encuentre los delitos; yque por fia le llegue el desengaño quando salir no pueda del abismo en que su error le habrá precipitado. Tú, que fuiste mi sangre... infeliz hija !.. hija desconocida!... El cielo santo me instruye de la suette que prepara átu bárbaro crimen... átu falso ydoble corazón... sus manos propias la desgracia en tu frente han colocado; céitne... sé vigilante... si tu esposa st Oí. ha engañado ásu padre ,no es extraño que con el tiempo engañe ásu marido: tealo presente... áDios. íESCENA VII. Dichos ,minos 0dalb erto. "Edel. Ah!... yo engañarlo!... yo engañar ámi esposo!... santos cielos!. Mocén. No os alteréis... furioso ha pronunciado palabras tan horrible? yespantosas, su cólera furiosa desahogando; es violento ,. también es compasivo; lo será con vosotros, esDcraJIo,
6 que al fia la sangre templará su enojo. Sí, Oíé!o... tu pesar,., tus nobles lauros hablan en tu favor, yte prometen que serás de OJalberto perdonado: entretanto, procura que Edelmira deseche su temor, cobre el descanso que alejo de su pecho este suceso; roas advierte también,! que en nuestros campos aun no ceso la guerra, ylos rebeldes acaso volverán áperturbarnos. O/l/.IÍusíre, ynoble Dux... Senado augusto, conozco que Odaiberto se ha irritado con razón... y¿podrá esperar Otelo, qne con el tiempo logrará aplacarlo vuestra bondad ,yque los dos esposos ^perdón de esta culpa consigamos? Aroitros sois de nuestra común suerte; Otek, soy un homhra, señor, soy un soldado, yno tengo otros títulos, nacido en un país ocalto... me educaron iéjos de grandes ypomposas cortes; niis palabras carecen del ornato, que hace triunfar al vicio coa freqiiencla: mi sentir con el arte no disfrazo. iSuestros dos corazones inocentes con puro^ amor se vieron estrechados; aEdelmira agradé sin pretenderlo; la seducción ignoro ,ylos engaños; ya conozco mi dicha incomparable; merecerla yganarla es necesario. En qué parte del orbe, en qué regiones ordenáis áeste Moro despreciado que tremole triunfante las banderas que distinguen al pueolo veneciano? <• ulero que dígan los futuros sifrlos a- Oír mis victorias admirados: ^ »Quando Venecia intrépida aspiraba »ae los mrres al cetro soberano" ”con sus muchas esquadras poderosas, »> Edelmira vivía... yásu lado »el Moro Olélo, célebre guerrero, »mas célebre se hizo... este Africano «!a adoraba... su frente victoriosa ^sapo hermosear con sus triunfantes laa- «ros. ” úoí.en.'L.Q^ grandes corazones sieanpre agracon tale, medios al obieto Si, valeroso Otélo, sed el mismo'; ais nira ,sed ngró con sus encantos si Edt ser amada de vos... también es cierto que Edelmira ha nacido para amaros’ Ül arecto mas suave ypoderoso distinciones dhonor siemprehaignoraefft amor es libre.., iéjos el o'rguilo^ de títulos magníficos yvanos. El que sirve ála patria con mas celo aquel deberá ser el mas honrado. * Aun heroyco guerrero le dispensa de abuelos nobles su invencible brazo. ESCENA VIII. todas, ménos O-telo yEdelmira.. Edel. Di, nos perdonará por fin mi padre!, mi padre... que álos dos amaba tanto?. Otél. Sí lo espero ,Edelmira, sí lo espero, ytá también debieras esperarlo; mas caima ios temores que en tu pecho su furor ysu cólera ha excitado: verá que en nuestro mutuo yfiel cariño nada perdió su honor; pero entretanto demos gracias ai cielo. Qué gran dichai ya piensa que himeneo ha vinculado nuestro dos corazones: si supiera que aun no soy dueño de tu hermosí mano, de mi lado al momento te arrancara: de ti, mi bien, me hubiera separado..* Iba yo embebecido... presuroso ñr •á Jurarte en el templo sacrosanto ( Un eterno cariño... al mismo tiempo que ya tocaba en el supremo grado de mi felicidad... la dura guerra yel honor me obligó ásaiir^ al campo* Pero ya llegó ei dia venturoso en que secretamente nos unamos con las dulces cadenas de himeneo, para siempre querernos vadorarnos* Crees en mi Juramento?... ^ Edel. Ytá lo dudas? -, Yo sospechar de Oiélo!.. Yo nltrajarlomi corazón a! tuyo se abandona; pero también creerás, dueño adorado, que ei amor que se abriga en este peca l
Del Moro dt Vcnccia. 7 el mcndo entero no podrá borrarlo. Olvidas la amenaza de im padre? OtéL Yo!., no la he de olvidar!.. Si por acaso la sospecha mas leve le privase de tu tranquilidad ytu descanso,^ la mano que conserva mi existencia la destruya con fin el mas infausto. £del. Conque tu coraznn está gozoso? Otél. Mil veces sin temor he arrostrado ía furia de los vientos yhuracanes, el rayo mi cabeza amenazaoGO, las oías impetuosas elevadas, el hondo centro de ios mares anchos. Después de tao horrendas tempestades, las arduas ylos vientos serenados, quán'^dulce era ia calma !mas no liega ála serenidad en que me hallo, áesta dicha sin límites, que nunca gozó tan grande el corazón humanoj ála tranquilidad incomprehensible en que todo mi ser se halla anegado. 3il alma salir quiere de su centro de ^ozo yde placer... apenas basto con todos mis sentidos ypotencias ácontenerlo en mi, i'd ádeclarar! : en este instante yo morir debiera. Xu, Que ves mis deseos, ciclo saiiio! ove mis ruegos ,mira como padre ámi esposa ,que huérfana ha quedado. Haz que en mi compañía su destino sea rodo placer, todo descanso: no pusiste tesoro tan precioso entre manos de un bárbaro insensato: para guardarle, ypara ser su dueño, dame*"aqüellas virtudes que le has dado; hazme su semejante ,yque merezca disfrutar tal honor ,ybienes tantos. ACTO SEGUNDO. E.I teatro representa el palacio de Otélo. ESCENA 1. Edelmira yHermancia. Edel. Es podbk?.. Yo lloro contemplando de mi querido Océlo ia morada. Ouánro ámis ojos agradable fuera si ámi padre ymi esposo dentro hallárc. íYétot. Concluya Otélo pronto e! himeneo yociíltele la sombra mas opaca! BdeL Al secreto himenéo me convida, yemplea su cuidado yvigilancia en que le cubra un velo misterioso, ytú, querida!., tu, qne dedicada áser mi conductora ymi maestra, que jamás de mi lado te separas... tú sola eres mi alivio ymi consuelo. Qué dulzura se siente quando el alma, con la tristeza ypenas oprimida, con sustos ycongojas agovrada, otra alma encuentra generosa ypura que participe de su suerte amarga, que sienta sus pesares ,yque enxugue sus doiorosas lágrimas!.. OHermancia! Herm. Señora... que... Edel. Desde que vine al mundo me has dado pruebas manifiestas, claras, de to amor ,de tu celo ytu ternura. Merm. Al punto de nacer, regocijada os di el primer asilo entre mis brazos. Qué amor, ni qué cariño al mío iguala. Edel. El cielo, protector de las virtadc': me privó de mi madre yde mi hermana? ya lo sabes... Ay triste!.. Ahora me priva de! cariño de un oadre Gue me amaba!.. iA^ No lo dudéis, señora, con el tiempo venceremos su cólera obstinada: en la bondad, del cielo confiemos, que siempre defendió la justa causa. Edel. Ahora reconozco mis delitos I Uerm. Otélo justifica vuestra falta; toda reconvención ceder debiera áia voz de sus ínclitas hazañas. Edel. Se dice que por mares procelosos átierras muy distantes ylejanas marcha pronto áempeñarse en nuevos riesgos, Herm. El volverá triunfante ánuestra patria. Edel. Si Marte -ea los combates le defiende, temo ia tempestades yborrascas. Herm. Yvuestro corazón siempre abatido... Edel. Ah !yo amo ytemo, mi querida Hermancia... Pero dime :si el cielo conservase
8 ia viJa de mi madre de.'graciada, no hubiera conseguido de mi padre que himenéo álos dos nos enlazara? Henn. Sí lo creo ,señora. Edel. Qué lamentos ! qué pesares su pérdida me causa f... Tu misma no has podido mitigarlos. Herv^. De Venecia distante jo me hallaba en época tan triste, yde mi padre nie privó la inflexible jdura parca. Mi boca os ha explicado muchas veces de su muerte cruel las circunstancias; pero vos de ia muerte de una madre, de una madre que tierna os adoraba, aun no me hablasteis. Cómo vuestro pecíio se obstina sin razón en ocultarla? * Edel. Yo temo refetiria, Hermánela mía, que el amor ymi padre me acobardan: después qne me persiguen obstinados, mas que nunca presente está ámi alma. Sin duda he merecido mis desdichas! .. Herm. Yqué no podré yo particípalas ? no podré consolaros, Edelmira ? Edei. Tú, desde que nací, querida Hermánela, testigo fuiste de mis pasos todos, de la profnnda paz, yde la caima en que pasaron mis primeros años: obediente ámi madre yámi hermana, cíe su amistad gozaba las dulzuras: mas pronto el cielo me mostró su saña, amenazando ámi infelice madre con una muerte ,por mi mal temprana. La Vi debilitarse cada dia: vi de su rostro afable marchitada la brillante hermosura, ypor momentos sus rcerzas consumidas ypostradas. £n e! último instante, cruel memorial su inqUiCto^ pensamiento se ocupaba en algún triste ydoloroso objeto: me miraba confusa yasustada, ycon sus ademanes parecía me intentaba librar de una desgracia venidera; yen fin, con voz terrible pronunció al espirar estas palabras: »Hija mia! Si tú la paz deseas, «baxa conmigo ámi sepulcro, baxa. »Qué preveo! ódestino! entre las sombras O/, -morirá inocente ydesdichada - dicho, sus brazos de recen vanos movimientos se por alejar mi muerte; y "1 sus ccnjjosas an4 que ei acero cruel sobre mi oe k mía mano traydcra levantaba "" Trémula ydébil ai momento mtc llora ,extiende sus brazos ,yen cuerpo con su cuerpo dolo-^so mi seno con el suyo se estreché ' ycon voz moribunda repetía ’ ^desdichada, iembiais, señora? J^deL Si 5todo lo terne: “11'“';”.’“,' "““‘-«a; palabras Edel. Ya de todo estoy privada, sm madre, sin ñermana, sin amíaos sin apoyo: yen ñn ,sin esperanW 0*0 me abandones, no. Elerm. io aDandonaros!... Aunquw ia suerte adversa me !!evár« ai espantoso centro de la tierra, ooei voraz sepulcro á,ia morada, f-re ci na-ta ei último suspiro. el valor ,la amistad santa, ?y^1 afecto que una madre arigo para vos en sus entrañas, toco ,Señora ,todo en mí se encuentra; yei cielo inflexible no se apiada de vuestro error... yo sola debería recioir ei castigo de''esta falta, se vano presagio no os perturbe. tCiO es el baluarte de la patria. Ved su noinore triunfante en todas partes: vencedor^ en Europa yen el Asia; ve su célebre nombre por sí sde» que se vengó de la fortuna ingrata. hechos, no sus padres, le ennoblecen; poned en una ju-ta yfiel balanza Su mérito, yJos útiles trabajos que ha emprendido en defe.nsade lapatrú. Comparadle áesos nobles de Venecia; que solo por sus vicios se señalan; yque de sus gloriosos ascendiente* solo heredaron la notoria infamia
óel Moro de Veneexa. Q ¿e ser hüos indignos de sns padres, l¿£ "fructífero tronco estéril rama.^ ^h¡ si debeis temer, es que los cielos castiguen el orgullo yarrogancia con aue áun ardor legítimo se opone vuestro padre Odalberto. No hay un alma oue no apruebe el amor que siente Otelo; de'todos sois quertda yestimada. Si ia amable inocencia puede darnos jde una suerte feliz las esperanzas, si la dicha se encuentra acá en la tierra, sin duda os pertenece disfrutarla. IdeL Tu pronóstico mi alma lisonjea. Tu me vuelves ia vida; tú me encantas yme haces esperar; mas quién se acerca?.. oygo ruido... derrn. Señora ,en esta casa debo ser diligente,., permitidme... i¿ase. ESCENA II. Zdel.Yiéí compañera de mi suerte infausta! La ternura redobla íu cuidado, ybien lo necesito. Ah! quán incautas muchas veces corremos al peligro, que sin saberlo nuestras manos labran! Sí ,procura industriosa ydiligente tranquilizar mi turbación amarga. La gratitud que tengo átus bondades habita en mí desde ia tierna infancia. ESCENA IIL Bdelmira yHermaneza. Herm. Señora, un joven, áquien desconozco, pretende hablaros: veo retratada en ÍU rostro apacible la tristeza; pero su voz, su juventud ,su gracia, yel dolor que le oprime mas que todo, hablan en su favor. Edel. Que venga ,Hermánela. ESCENA IV. Edel. Como soy infeliz, me compadezco del triste áquien persigue ia desgracia. ymi mayor placer, mi mayor gloría, sería, si pudiese, miugaria. ESCENA V. ‘Edelmira yLoredaxio. Verr.iaxiciaintTs^ diice áLoredano ,jy se retira. Aunque vuestra venida me sorprende, escucharé gustosa ¡as palabras que decirme queráis; si vuestro pecho sufre, yde su dolor ia confianza quiere depositar dentro del mío, bien lo podéis hacer con alma franca* hablad ;puedo saber con qué motivo buscándome venisteis áesta casa? Si os oprime la suerte, declaradme por qué medios podria yo aliviarla. Zcr. Aliviar! no, señora: mi destino me robó el solo bien que me quedaba: no tengo que esperar ,mis graves penas no pueden ya ja.más ser remediadas: con vuestra compasión ,con vuestro Ilaaío, solo conseguiréis el agravarías. Edel. Pues qué queréis ?hablad. Lor. En este instante iba áceñirme en relucientes armas contra ios del partido sedicioso, ymorir en el campo por mi patria. El perdón han pedido, yalcanzado, yno pude cumplir mis esperanzas; pero corre la voz de que \Aenecia una secreta expedición prepara: en el puerto ia esquadra se dispone, yOtelo valeroso la comanda; él ha escogido intrépidos guerreros, jóvenes, vigorosos, ycon ansia de arrostrar ios peligros: yo los busco, yo deseo los riesgos. Podrá mi alma lisonjearse de partir con ellos? 1edireis en mi nombre aciuesta gracia^ Edel. Q.ue deseos ,señor !qué peticiones! Cómo queréis que yo las satisfaga ? Per qué buscáis peligros?... respondedme. Lor . Por morir. Edel. Por morir!... idea extraña!, no podéis desechar tales deseos ? Lor. La muerte pondrá fin ámi desgraci* B
I'J entonces él... entonces esc iniquo Cil corazón !ea! atravesaba, afilando en mi sangre su cuchillo. Para calmar el pueblo al himeneo, forzarme áconsentir ha pretendido; pero en vano se jacta su insolencia. JEiüI. Padre... Odal. No mas... que ya tomé partido, yno le mudaré, si el mismo cielo.. maligno Jídel. Mirad ,señor... Odal. Aun bárbaro, aun ádefender te atreves? calla, ingrata, solo a' oir so nombre me horrorizo, y... firma este viliete. Saca un billete ,yse le presenta. JEdeL Con qué intente? Odal. Fírmale pronto; fírmale te digo. Saca un puñal. ócon este puñal rompo mi pecho. Edel. Qué haré?., valedme ,óDios! Firma el billete cania mayor precipitacion^y se le da Ásu padre. Odal. Ya estoy tranquilo: tú serás el apoyo de mi casa, de mis cansados años el alivio: el cielo reservó para tu mano un joven, que lejano de ios vicios tdücó, practicando las virtudes; íu natural bondad no han corrompido la impostura, el exemplo, las pasiones, ni aun de Venecia el esplendor ha visto. El noble padre de este ilustre joven am¡ cargo ha dexado su destino; Loredauo, por fin, esquíen merece Eor. Señora, os idolatra; el ardor de su pecho es excesivo; io juro por el cielo, por vos misma respondo de su amor ysu cariño; respondo de su fe constante yfirme. Loredano, señora, soy yo mismo. Odíil. No hav duda... él es. Otelo, Edel. Señor... será posible? Odal. Pues si tu amor, si tu valor invicto se Igualan con su ilustre nacimiento tú su esposo serás, que yo te elijo’ Ve oquíá Edelmira: como padre "jnvn puedo yo disponerlo. ior. O, Dios benigne !.. Eáel.Y Qué, fenor, tendréis atrevir üdalSo escuches ni sus queias ser dueño de tu amor; mira que es hijo de nuestro Dux. Edel. ODios !yestáis seguro de que ámí se dirigen los suspiros de este joven? Eoredano sale delfondo del teatro en que estaba oculto, ydice-. miento?,. ..ídisusgritot ni tampoco su colera furiosa... iaelf’. (i) dale pronto la mano... (2}sé mi hijo 2dbl. ^ Odalberto toma la ynano de su hija, vaá enlazarla co'fi la de Loredano, ella lo re. siste ,ycasi desfallece. ZsT.Señor.miradjque su semblante hermoso con triste palidez se ha obscurecido, ’ que sus miembros se van debilitando, que tiembla, ydesfallece. Odal. Qué motivo hay para que tu mano también tiemble quando coges la suya? Edel. Opadre mió!.. Cómo puede ignorar que ya la he dado, yel corazón también? Odal. Sin mi permiso tú de tí misma disponer no puedes: tú corazón, tu mano, tu destino, tu sangre ,yaun tu vida, es de tu padre. Edel. Pues entonces, señor, qué bien mebi- Para qué me crió naturaleza? (zo.h. Odal. SepSi dentro tenia establecido Señala el corazón. el mas solido apoyo de tu dicha; yte enseña áno echar en el olvido, que en e! paterno celo yvigilancia disfrutas el mas alto beneficio. Edel. \qué he de hacer? Odal. Obedecerme pronto. Edel. Aíi corazón resiste átal designioyOiéio... no.. .jamás.. Odal. Escoge Z'sZ/.'' Padre... Odal. Acaba. Edel. Os debo el ser ;ópadre mío!^ y¡a sangre que anima mi existencia gustosa derramara por serviros. Pero Otelo me ama. Yo le adoto*
oel Moro de i ;/.Ya soy Hbre; sí en vano he preteniiJo 'aus una ingrata volviese á'ser mi tuja: ^ToJj con el mayor despecho^. nil torpe error renuncio yabomino: ahí tienes el viilete ,yyo en mi pecho Se lo arroja. fpncro todas las furias de! abismo Ama, adora re áese malvado: aun no se ha abierto elhondo precipicio, /que te confunda en su terrible seno; pero se abrirá pronto ,lo coniiíso: no, no temas mi enojo; sigue, sigue al fin del universo áun hombre ia¡q_ao; te entrego ásu frenética locura, que renunciar d. todo determino, naturaleza, patria, honor, deberes: todo yo lo detesto ;nada miro. ADios: recibirás la recompensa jdel tigre que en tu seno has admitido. Edelmira ,doredaño. Lie!. i\ii padre me abandona! he temblando el viilete' que firmó yla. eritrcgó su pa.ire. hr. El Jn-uo cieio no verificará su vaticinio, ni Odalberto quisiera se cumpliese. £icl. Es posible? mi nadre! Qué he ieiJo? ESCENA VI. 'Dichos, Hermánela. ITír.Vuestro padre, señora, en este instante se halla cercado Je inminentes riesgos; .antes que os vi<itase, su violencia ^uitrajó nuestras leyes con desprecio; mereció su rioor ysu venganza. Evite, ócielos! golpe tan fune^t >; mas qué dolor mortal voy ácausaros! qué herida voy abrir en vuestro pecho! La indigencia yla fuga son los bienes únicos que le quedan; sin remedio! ignoro quáles sean sus delitos; pero sé, que el Senado, en un decreto ;le quita sus honores ysus bienes, Iytambién le despoja del derecho de noble ciudadano de Venecic; tiemblan que si le prenden ,ai momento de los diez la .Asamblea sanguinaria para satisfacción pida su cuello. Ah, señora! Veréis ávuestro padre J' eneci-x. . - / entre las manos de un verdugo riero exhalando los últimos suspiros!.. lE del.Stéiot, uo me dexsis: mirad que el cielo con su luz soberana rae ilumina. Vuestro padre, señor^ el padre tierno que tanto os ama ,puede en este caso librar al mío de un peligro extremo: como Dux, él tendrá poder yamigos, ycomo padre, su mayor deseo será el bien de su hijo Loredano. Ah! Si ios dos ,estando de concierto de nuestra unión las dulces esperanzas infundirle podemos algún tiempo!.. Si este papel ,señor ,que de mi mano yde mi libertad os hace dueño, ie pueda asegurar que mi designio era nos enlazase el himeneo!.. Si vos mismo, sensible ámis desgracias, reuniendo ámi llanto vuestro ruego, áproteger mi padre desgraciado quisieseis obligar, piadoso, ai vuestro... Sé que repugna áia verdad sencilla, Vsun ámi ccrazon este rodeo; hasta aquí miré tierna ycompadva vuestro amor yvirtud ,os io confieso; pero la vida de mi caro padn es ya ei único bien En vuestras manos mi honor ymi destino en él entrego: veo en vuestra semblante e! testimonio de un corazón pacifico ysincero, de un alma generosa ycompasiva. No, no lo dudo., me daréis consuelo: ya os está recreando la dulzura, aqn-e yo anhelo, pongo ese billete; ye! goz iinponderable, aunque secreto, que en el alma sentimos los mortales quando álos semejantes socorremos. Alas mi padre, <eñor, tiemblo ai pensarlo, se halla a la baxa afrenta yvilipendio de la vil indigencia reducido; para sacarle de sila, yo no tengo tojos ios medios que tener quisiera. Quintándose la diadema de diamantes. Tomad esta diadema, que os ofrezco; los tesoros del .Isia yde la Europa quisiera se añadiesen ásu precio; si puoieian mis ojos infelices, un torrente de Iág;-i.mas vertiendo, ver brotar los tesoros con el üanio C
íS Otelo, para calmar la pena que paJezco! Id, señor, de una acción tan generosa, solo vos mismo ser podéis el premio. Lor.'Voy pronto áobedecer: voy ásalvarle; me miatais, yes preciso complaceros: mi corazoa amante está postrado... Pero oid el tremendo jaramento que hago en vuestra presencia. Si este día forma el vínculo odioso que preveo; si presencio espectáculo tan triste, juro que al punto... de furor m.e lleno... juro, que resentido ydespechado, por tramas, por disfraces ,por los medios ácometer delitos mas atroces yacaso podrá ser... Querido Ot^o haz que nuestro himeneo se celebre en dias mas tranquilos vserenos ESCENA VIH. ‘ Dichas ,0-télo, 0/Wen: ya el altar tenemos preonr,: Edel. Ymi padre, señor? Oiél. Está resuelto ái:o poner obstáculo: eres libre. ¿¿/VHased, señor, que un misterioso velo nuestro himeneo oculte. Otél. Y'a mi amigo que primero me ocurran, voy furioso, yos arrebato del altar funesto: excusad mi furor ,ymi amenaza... (do. considerad que os amo, yque hoy os pier- Voy puntual ásalvar ávuestro padre: voy áserviros ;quiero ,ydebo hacerlo; pero soy generoso ;estoy turbado... 5olo al pensar mi suerte me extremezco. No acepto vuestra estima todavía: os amo con furor; ytengo zelos: aun puedo cometer aHun delito... i^O qué digo?.. Ay LnfelizL. No ,no !o creo: no os dañarán mis zelos, 'Edeimira, no llegará mi furia átal extremo. otro ha de ser!., qué turbación!., qué radudo si estoy en mí: me desespero: (bial nada aseguro ;mas temedlo todo; de mis acciones responder no puedo. ESCENA VIL Edeimira ,Hermancia. EdeLQué amenazasló cielolHerraancia misl Ya destruida mi esperanza veo. Su zeloso furor me ha horrorizado: qué mirada feroz yde despecho lanzó sobre Edeimira al despedirse!.. Pero di, se dará por muy contento ese joven furioso 3^ temerario en perturbar mi dicha ymis deseoL en gozar de mis lágrimas amargas? se dexará llevar átal exceso? Podrá, al tiempo que vajm áexecuíarle, verificar tan bárbaro proyecte? No lo creo; es magnánimo :es virtuoso; pero es joven;, sne ama, yse halla expuest© dio las dis|3osiciones áeste efecto. Edel. Si se engaña? Otel. Conozco su prudencia. Edel. Diferid por un dk este himeneo. Otél. Ven; sígueme. Edel.O Hermancia! un solo día... áOtih,\ Otél. Si en éste no eres mía, yo me -muero: Edel. Solo un cía ,mi bieni Elerm. Ceded ,señora. EdeldVuestra mano me guie, santos délos! ACTO QUARTO. ESCENA PRIMERA. Otelo ;Pásaro. O/é/.Qüél En el templo,valirádespossnuej no consigo ser dueño de su mano! un oculto rival. ..Traición horrible! Si mi esfuerzo yvalor no lo ha estorbado, al pie de ios altares ese aleve ^ con foi'or la arrebata de mis brazos. P^j-. Vuelva la paz átu agitado pecho. Edeimira está dentro de palacio, el cielo te la vuelve. El cielo mismo tendrá de conservártela cuidado. ^^ Otél. Pero al pie del altar querer rooana.- Qué monstruo tan feroz ytemerario concebir pudo tan injusta empte-f' Péa-.Yate lo he dicho...si...en Veneciae fríPfZíi Otél. Si sería Odalberto quien por intentó separarla de mí lado, ypretendió llevársela^á su Nada observé: tal fue mi sobtesai^ ’ pero tú ,que tranquilo y^ kas podido observar rodo ’ í
oue víraos acjui dsnírc, i 'aqtiel jovén ^^ ce.hallaría con euos.' .. p/í.No, amigo, yo no pude distinguir e Oel Moro de Venecia, 19 Otsl. Al evitarlo, mas ansiosa ymas tierna me Tés. Así en un corazón honesto ysano amor quiere ocultarse, yse descubre. A'a no te turbará ningún cuidado. 0/^/. No; nada me perturba. Pés- Acaba, Orelo. Ot'el. Quisiera, yno me atrevo ápronunciar- P'es. Habla, qué te detiene? (lo* Otél. Quando vine para llevarla al templo sacrosanto, pretendí penetrar si la animaba el amor ,que en mi pecho han inspirada sus ojos placenteros yrisueños; mas de repente ia asaltó un desmayo. Quien causó aquel temblor yturbaciones? Por qué sa frente con cruel descaro desechó la riquísima diadema con que humildes mis manosla adornaron? Por qué si es tan sincera, tan virtuosa, acerca de ese joven no me ha hablado? quál sería el dolor que la angustiaba? pés. Teme los zelos... OtiL Zelos... yo abrigarlos? un tormento tan vil ydespreciable lo has notado? ;ui' lejano; desde un parage obscuro, yaun lej- . pero noté, que mientras furibundo los zelos de tí mismo te sacaron, mientras lleno de cólera yenojo señales de tu rabia estabas dando, noté ,digo ,al través de los disfraces de un rostro jóven los brillantes rasgos, de un jóven despechado yorgulloso, oue de ardientes deseos^ enagenado, hmuerte horrenda, óEdelmira hermosa, frenético de amor iba buscando. Tengo grabadas tocias sus íacciones, yespero conocerle, si le hado. ^ Qlél. Amigo, hablo tranquilo ysatisfecho, el amor propio nunca me ha cegado, veo áun tiempo brillar en Edelmira la juventud, la gracia, los encantos, la hermosura, el honor; ytambién veo su sangre ilustre ,yascendientes claros; yo confio en la fe de sus palabras yde su corazón ;pero no extraño que de otro yno de mí se enamorase! un guerrero, en las armas,educado, carece délas gracias yatractivos del amante alagüeño ycortesano; yaun quando pretendiese que con otro... Péj. Llenos están no hay duda, nuestros fastos de los nombres famosos de sus padres. Sa hermosura orguUosa ,el lustre vano de sa cuna, la débil inconstancia, que suele acompañar los pocos años, la oferta de otro esposo, áque pretende hacerla consentir un paire airado... qué sá yo... Mas qué ideas te combaten? Or^/.PIenso, yno puedo menos ce pensarlo, que Edelmira, tan jóven ytan bella, no será infiel... no. mirab: Pés. Yo pienso otro tanto. 0:el. Ylo crees? Pés. En este día ,amigo, su amor ysu virtud os ha mostrado. Ottl. Sí. ..lo veo...Mas qué quieres decirme? Pés. Tus ojos perspicases no notaron los progresos de amor en sus laccioneí? Evitaba ei mirarte? No, amigo, solo busco el desengaño. Di, píensas que ese jóven imprudente arrancarme áEdelmira haya intentado? no me disfraces nada; di, qué piensas? habrá sido él quien meditó aquel rapto? I^és. Al amor ceder suelen las virtudes: su impulso nos arrastra ,yen sus lazos es muy fácil caer. Tiemblas ,Otélo? 0¡íl/.Qnién!y otemblarlestoy muy sosegado; ytú crees... Pés. Que él solo, él solo ha sido cuyo traydor ypérfido conato te llenó de vergüenza en este dia con su culpable ardor desenfrenado. Otél. Si Edelmira me hiciese el menosprecio de entregar la diadema ámi contrario... Infeliz!. .infeliz! mas le valiera perecer en ios climas africanos al furor de los tigres yleones, yque su cuerpo vil, hecho pedazos, ydestrozados sus sangrientos miembros de carnívoros monstruos fuese pasto... qne, si son verdaderas tus palabras, ’* caer por su desgracia entre mis manos. C2
20 Pés. Ah! me horrorizan, Oíél. Siga íus iüíenco'í si tiescuoro su objeto depravado^ si de su amor descubro algún indicio^ yo... yo ü'ihnio un castigo preparando^, e! mas terrible que inventarse pueda, ie he de ver moribundo, inanimado, ysu cuc'po sangriento he de ponerle, ante io.s ojos que ie cautivaron. Pés. Infeliz Edei.miral en sus furores re arrancará la vida este tirano. Tu mismo amante causará tu ruina Ot'él. Yo... no... Jamas.,.. Pés. Otéio indrat'.!: Otelo. antes cu así Ja juzgues,, considera io que por tí Edeimira está pasando. Ama..yáquién.. habiad... cómo es posibk proloarrae, que áese joven temerario tiene amor Edeimira? Tú quisieras cue contra ia hermosura cometamos. el delito de hacerla responsable de ios fuegos que enciende, óde ios daños, que por defecto nuestro casi siempre su inocente atractivo habrá causado? Porq^ue temblaba, in.ñei quieres que sea? Yporque vuestros ojos repararon Gue la diadema falta de su frente, culpable sip> razón la habí is juzgado? / Solo os queda un remedio: ios rebeldes i. su cerviz orguliosa ya doblaron.. Ala patria servir podéis en Asia: de Venecta ylos zelos olvidaos.. Temo mas vuestra colera fogosa, temo mas vuestro pecho fiero insano, que un ardiente volcan echando ilanias» que el furor de los mares irritados. Idos con Edeimira ála Morea, ei himeneo puede allí enlazaros: süí podréis ganar con vuestros hechos gloria inmortal yverdadero aplauso; lograreis que Odaiberto se avergüence: oponed la victoria al lustre vana que nuestros ascendientes muchas veces para mayor oprobio no$ dexaron; haced que el orbe admire vuestra gloria, tle ella zeloso deberéis mostraros. La esquadra está en el puerto prevenida, yyo en ella contento os acompaño; mas si antes de partir, ese hombre intame se presenta ámi vista, si le hado de este augusto palacio en el rednt me parece que veo ya mi mano' snKvt» p! nipiri» monnroo sobre el aleve pecho de el golpe de este acero descarsanJoyaun tiempo, la virtud, mi ¿migo'e] | yla hermosura vengará este brazo,' ''' yau. ESCENA IT. piro... sí... afina ami'^rad e! fiel ucenneo en ti ,Pájaro mío :con qué calma yactiva frialdad está ocuhaada Oté!. Ya res de Icielo me concedí hadr di el ardor imoeruoso de su seno- O! si el amor en él hubiese eatrado, quán facií le seria el di imaloi cómo exerce un dominio soberano sobre sí mismo, ytodas sus p-asiones... No haj? duda, p.odrá s'er un adversaria temibie áios amantes ;pero veo que es ei mas g.-neroso, el mas humana con atención ia vista en Edeimira piusi. acaso alguna vez habrá parado... yei amor... Pero qué? tá ie sospechas? ioíeiizi átu amiaoL. oues qué acaso no ha podida admirar con ojos puros su brillante hermosura ysus encantos? no se equivoca, no; mas ia deíieade, de su amable inocencia penetrado: seguirá sus consejos saludables; áotros climas solícito me uiarcño, lejos de ios tiranos que me cercan., Yllevaré ai objeto que mas amo: el amor, la virtud vendrá connugo la íuria de los mares arrostrando; . pero veo áEdeimira que se acerca, (s* yáHennancia que también sigue sus ps- ESCENA Otélo, Edeimira, Hermancia.. A i OtéL Señora, me buscabais? Edet. Ahí.. sí... os buscaba. Quería veros, deseaba hablaros, no para alimentar mi dulce llan'3- ^,I Sabe el cielo ,que nunca se h^ de mi pecho sensible yamoroso la imágen del objeto que iJoiatio, aras quiero estar ai lado de mi apoyo.
21 6el Moro Ot'el Os pediré un favor; podrá alcanzarle? £M Hablad ,O^élo mío. Oeél- Ya Veneda el narilio rebelde ha aesarmaao; del Senado augusto los decretos me í:t5Donen el gravoso ynoble cargo de servVia en regiones muy distantes: el deseo yvalor que aconipanaron en todo riemoo áOtelo ,sus aeoere', su honor todo lo emneña en aceptarlo; yya la esquadra soi.o átros espáia, Yyo también vuestra respuesta aguaruo. Edel. Sí tuvieseis el nombre de nal esposo;.» OtéL Pensad que debo serlo. EJeí. Atravesando por medio de tormenias yb-orrascasj, por los terribles mares dilatados,^ por medio de mil muertes os siguiera. Cuándo el amor nos guia, qué arnesgainos> Pero si en la indigencia yya miseria psrecie'^e. mi paire desdicnadol entonces, ay de mí! yo, yo sena quien clavase (pensándolo desmayo) el agudo puñal en sus entrañas. Un rayo de etperanza, sin embargo,, ámi tímido pecho infunde aliento: me parece que el Oux na mitigido su rigor justiciero en mi presencia. Si voy ásuplicarle, quizá numano Vsensible álos ruegos de una hija, mí padre se vena perdonado. Otél. Ño lo ignoráis en este mismo día un pérfido traydor arrebataros, intentó del adtar. EdeL Pero esta gracia deberéis concedérmela :dignaos considerar que ha sido la primera» Otél. Perdonad, sí... EdeL Señor, yo la demando, yno debeis negármela. Otél. Conñcso me cuesta repugnancia el arriesgarost ignoráis ei poder de vuestros ojos? Si a’guno... dierm. Su cande rysu recato desconoce el orgullo yla hermosura, yvos en el olvido habéis echado el amor fiel que de elia os hizo dueño? esta prenda puciieia aseguraros; de JHfnecia. n)la apartéis jam.ís de la memoria: ella diiija siempre vuestros pasos, yos alambre; si acaso la so=pecha os condaxese áalgún error infausto, acceded asus suplica- ;son justüj, lo merece su amor, no hay que dudarlo. Otél. Basta, Herraancia; me opongo asus deseos contra mt voluntad ,yüísgustado; mas conozco áVenecia, yporto mismo... Edel. Av de raíl Herm. Qué martirio la ha causado! yteneis corazón para afligirla? dais ásu tierno amor tan duro pago? Edel. Herma ncial Herm. El color pierde. Edel. Yo fallezco. Herm. Señor, su único amparo sois vos ;vossois su padre ,sois su esposo: mirad sobre su rostro el duice agrado, sin duda se olvidó de vuestra ofensa. Ya sus ojos, señor, quieren miraros. Edel. Ho: yo rK> te aborrezco estoy contenta... j..r¡niero que causarte, esposo amado, ia mas leve sospecha ,deseara Fl ...... . que rail veces el cielo con sus rayos... Otél. Yo mismo me aborrezco, me detesto: hiere, yo soy quien causo tu martirio, no merezco gozar de tu presencia, ni aun de enxugar tus lágrimas soy digno; compadece mis males ytormentos, mi ardor, ylos furores repentinos de la sangre africana que me anima; infunde generosa en mis sentidos el reposo apacible que tú gozas; átus plantas humilde lo suplico. Sí: tu esclavo seré, tú sola seas la luz que veo, el ayre que respiro; yyo áfuerza de amarte yde quererte, ála excelsa virtud llegue, contigo. Mañana ,quando el sol su luz nos vuelva, vete sin detención. Ve ,dueño mío, habla al Dux en favor de un lierco padre. Mira tu hija, Hermánela, si: yo inism© prometo lo será; verás su di. ha, ydescansada vivirás conmigo. Si áEdeimira ofenii re con sospecha^ el cielo me abandone ámi dehíio,
22 ypierdo yo el tesoro Inestimable que su favor me habla concedido. Hiel. Orelo mió! Sí, para tí solo -ni corazón reserva su cariño. ODios! vuestra justicia vengadora, si le ofendo, prevenga mi castigo. ESCENA IV. OrV. No: la naturaleza, e! mondo entero .una virtud tan pura nunca ha visto: es ía misma virtud, que desde el cielo áconsolar la tierra ha descendido; desgr3.cÍ3do de aquel que sin prudencia se atraviese áemp-Iñar su claro brillo; v£o que sin piedad atravesara su corazón mi acero vengativo: ^mas Pesare se acerca ápasos lentos, demostrando tristeza ,ycon sigilo. ESCENA V. Otélo, Pésaro. Pés. Sabes tu padecer? Oté!. Me han enseñado. Pés. Ysin agitación el triste aviso de un infortunio grande escuchar psedss? O. él. Hombre soy. Pés. Edelmira... ultrage impio! .Ede¡mira...yo tiemblo... es.« Otél. Dilo pronto. Pés. Infiel Otél. Infiel? la prueEa necesito, conque dámela luego. p£s. Prueba quieres? atónito me dexas al decirlo. Puede llegar ámas tu violencia? he vengado tu amor ,yyo recibo en vez de recompensa vituperios. Si :mis ojos han visto yconocido áese rival infame éinsensato, ásu furor siguió mi desafio; la justicia triunfó en nuestro combate; el traydor en él tuvo su exterminio, yen su cuerpo sangriento yexecrable esta diadema ycarta he recogido: tú conoces la fima. jP Oiél. I. Ella es. 2.No hay duda. Imirando la diadema. ila carta. El enojo yla cólera reprimo: este víllete puede ser acaso de alguna traición pérfida el indicio. Fes. Toma, lee. Otilo, Otél. »Padre mío, conozco la sinrazón con «que os he ultrajado: renuncio la mano s> de Orelo ;Dios quiera que mi arrepeQ. «timiento pacifique vuestro enojo: vos so'- »¡G teneis derecho de disponer de vueo™ feijarr Edelmira.” Sí... ya puede. Pés, Desdeñoso desprecias la cuípa^'y sn delito; no siente.s el furor, tampoco el ódlol O/. La desesperación, Pésaro mió, la des-esperacion tengo en mi pecho; pero el tiempo es precioso... yo he servida átu patria, yaun mas quiero servirla para recompensar sus beneficios. Necesita un guerrero que sostenga de sus armas el lustre primitivo: - si retirarme yo puedo nombrarle, yátí te no.mbro, átí, Pésaro amigo. Voy áhacer la propuesta en el Senado. Fes. Yo ?ámí... Otél. Voy ámorir, tenío entendido, escucha: este es el tiempo de ser justo,.. Yo 11 eiié de amargura yde martirio áun respetable anciano, yála tumba este cruel pesar llevo conmigo: su alma está exasperada; sin conscelo: si le vieres errante yfugitivo favorece su fuga ;mas si vive procura no se pierda, ydale auxilio. Este anciano es él único en ia tierra á^uien faltas de Otálo han ofendido, mas todo con mi muerte se remedís, yse perderá rodo si yo vivo. Lo muestra sin dárselo. Entrega este papel ,esta diadema^ ála hija de Odalberto; mas te digo ^ue sea sin nombrarme: no indiques cosa que la recuerde mi destino, mi vida, ni mi muerte. Nada, aada..« Logre felicidad en el cariño ae un esposo mas noble, mas amah^í termine la carrera que ha emprendí u, halle su dicha ytodos sus placeres» ylu paz en el sepulcro frió. Alir ddarle el villete, cott el AÍIra :ves el papel? ves ia diadeniai^ pues yo quiero empaparlos, sumergii en la iángre infeliz ydetestable,
Ael Moro de Vsnscia^ Otél. Nada. 23 antes pc-3 íangre imoura que iiho'xAl^o.pausa. enes3 53ng!c nmonstruo? P-saro. ven; en donoe c__ ííameaie-raraíalho^Wesitro iqne sa infama cnarpo ensang-entada pueda yo contemplar con Concibes mi placer, quando } sobre el cadáver pálido marchito, de ese rival traydcr, de ese taano el cuerpo de su amante^reunmo . quando sobre sus tmemoros p. -P- el pecho la traspase este cuchiUo .... Se detiene yreflexiona. Ot^’Io qué haces bárbaro detente. Qué ceguedad perturba tu jmcio... De una débil muger nunca la muerte el valor de tu brazo ha deslucido. Siento que mi furor se ha refrenado por el exceso del uitrsge mi^mo... recuerdo las palabras que su padre al desoedirse ,con furor ,me dixo: ^ „Ha engañado ásu padre, no es extraño »que con el tiempo engane asu martuO. J>és. Es verdad. Otél. Con qué pérfida cautela aparenta dolores ysuspiros í di: te parece que Edelmira sea infiel de corazcn ? Tés. Es positivo: estas prendas serán eternameniS de su iniqua maldad fieles tcsiigos. Otél. Por quéen el seno de la ardiente Lima Otéío no murió desconocido ! Tés. Desgraciado!.. Otél. Las recias iempéstaues_^ dviento snunciü con tcrriOtC riaidO:,- el rayo con relámpagos avisa su golpe destructor ,ylos jugidos del león su presencia nos advierta- ;rq mas la muger, con ánimo tranquucs yaparentes alhagos nos destroza el corazón qual pérfido asesino. Edelmira. .. Su nombre te enternece. )féK No Duedo sepultarla _en el olvido. ‘ESCENA Vi. Dichos ,Edelmira. /.Señor, redo el palacio han perturbado ^vuestros tremendos yespantosos gritos^ yyo vengo íduscaíCS; que ws Edel. Me lo ocultáis TNo, no ,decidlo. ^ Qué ,temeis descubrirme vuestras peinis. Otél. No :antes bien estoy muy persnaumo que mi amor os es grato, yvuestra lengua lo que sentía el corazón .^a üicno. ^^ Ed.Vcto cómo me habíais con voz tan aetu. . Otél. Quando el alma yel cuerpo nan padecido, necesitan reposo; yo conozco ^ que será duradero ,me es piv-^i^o. Edel. Pésaro qué adicciones se apoderan del corazón de Otelo?., qué motivo. Ay triste I., por que? Otél. Estimo tus piedades. ^^ Edel. Qué haré? qué haré mt Dios, oLíos benigno I^. dulce ytierna amistadl. sueno apaciOie.... sanad su corazón... Otél. Yo me imagino Sarcasijto norribie. el reposo del vuestro; hi paz siempre de la inocencia compañera na sido. Pésaro ,vamos. _^ Edelmira.que hastaahorano había ouscr- -vado áOiéloJe mira con atención al oír sifl últimas palabras-, notasu amarga sonrt - sa, ba-xa la cabeza ,yse extremsce. escena vil Edel. fe cíelos, qué sonrisa!^ qué mudanza de voz !que seco eMuo ; qué despedida !.. en su tranquilo pecho qné oculta tempestad se haora movido; Mi corazón es puro :Otelo me ama; él es sensible ,yo me determino áhacerle que me explique sus pesares. Su amigo le hablará; yo de este sitio no quiero separarme. Osantos cielos . si vuestra providencia ha decidido que el uno de los dos muera este d¡a, vuestro decreto solo en mi cumplidlo.^ Ved mi vida ,tomadla ,que áeste prech os bendigo en mis últimos suspiros. ACTO QUIÑI O. Elteatro representa el quarto de Edeintt- Ta‘. en elfondo esídsu alcoba odormiior to'~ se xé su lecho ,"¿arios muebles ,una luz jun (laxe ,
24 ESCENA PRIMERA. Edel. El sueño ya mis párpados agovia, ymis ojos solícitos se cansau en buscar el palacio de mi padre. Sola estoy; óDios mió! mas, qué cau'3 de horror ytimidez llena mi pecho? Qué susto, qué temor me sobresalta? qué mi ardor amoroso se ha extinguido? De terribles presagios penetrada, tin temblor pavoroso me circunda desde que entré confusa en esta sala. Con sus sordos clamores pronostica... si ánunca salir de ella sentenciada estaré por mi suerte miserable? Por qué tanto perdgue la desgracia áesta infeliz mnger? Será posible que tan joven intente aniquilarla, yacabar con su vida? Mas quién viene? ESCENA lí. dlermancia yEdelmira. UermXo soy; pero qué miedo os acobarda? temeis la injusta cólera de Otelo? Edel. No, no puede temerle quien ie ama. Herm. Os dio acaso señales de su furia con su tnste semblante, ósus palabra,-? Ed. Ah!. .me ha hablado de calma,de reposo, yde un sueño de paz, con que se acaban todos ios infortunios ylos males que nuestra vida mísera maltratan. No podré yo explicártelo que quim (cia. darme áentendercon esto,amadaHcrman- Herm. Pero en sus ojos descubrir poJian los vuestros el motívo.E'í/á’/. Sus miradas me lanzaba colérico y'- furioso, ysu amarga sonrisa me espantaba. //c-TOT. Quién mudar su carácter ha podido? Edel. Aome acuerdode! día en que ia parca me privó de mi tierna ydulce madre. Con la masprofunda melancolía, (ansias? Her. Porqué aumentáis vos misma vuestras Ed. Su quarto parecia áeste en que estamos. E.T^!?. _*1i 'IT' ixr I* n.Es posible.. E’i'f. Ytambién sobre su cama una antorcha fatal se consumía, ycon su débil luz nos alumbraba; Mira la antorcha. pareceieestoy viendo. ETíf-Qué memoria ! vuestra aflicción, señora, es demasiada. hd. Mi madre hasta ei instante de su muerte ij¿nord su peligro. Herm. Así la sabia Ctélo, Providencia del cielo nos conced* ha^ta el postrer aliento la esperanza. Ed Me preparado amiga, los vestido, qae cuoneron su cuerpo en la hora infaus^ H-nn. Olvidad esa muerte dolorosa Edel ?víarirás, inocente ydetsracia’daf Con voz debilitada ytrisdsima ' ^m.Seaora mirad...EY. Sí... todofénece. He, . P-eiO eí cielo tal vez también derrama en nucsiro'i días cortos dolorosos algunas flores entre espinas tantas. Su bondad muchas veces nos consuela. E'/A/. Morirás, inocente ydesgradada!(r¿)¿, Eice esteversocon ungrito terrible rdoú. He.Qui \grito terribleydolo- :escueno. ODios! su grito penetrants me extremece...qué horror os arrebata? Ed. Piensas que Otelo en su implacable füria podrá darme la muerte ,óintentarla? Con dulzura. Herm. Señora, no lo sé; pero le temo. Ed. Otelo no es cruel. EEer.Mas despedazan su vengativo corazón ios zeios. Acaso estras, señora, muy cercana de un hmido yespantoso precipicio. Edel. Ningúnacosa habrá que me persuada qneO-Jl ome aborrece. Her. Los erróte ylas sospechas rara vez se sanan. Edel. Ydeí amor fiarnos no podemos? Herm. Suele causar delitos ydesgracia?. Edel. La desdidiada Laura ha perecido víctima del amor; ¡a triste Laura, ah!., los zelos cegaron ásu amante. Iba, yal pie de un sauce reposada, sin murmurar de su infeliz destiao, álos tuentos sus penas confiaba, yen un cántico triste y' lamentable, conforme ásus congojas iniimnanas, su voz se conrundia con su llanto. Amí en esta ocadon cantar me agtsda los versos mismo.s que cantó Hace una vaii-m. A.I tiempo de morir los prenunciaba.,. Se vuelve dmirar al clave. repara qué instru.mento... duermen todoí. Si en este mismo sitio yo juntara - mi voz con sus sonidos' misteriososi Eíct.Pero os conmueve inuch '>. E . ^ en é! tengo el mas fiel de mis amigos (can^^ él alivia mi pena soluaria: -^'
Ff) e¡Moro de JMecía. 25 sin testigo?, ya te uix. V,,e este lúgubre cántico me agrada. ^ VZ I. A! pie d- Yo le adoro ,yél m.e cree periura! Yo por él muero, él mi pena causo. Cantad el sauce ,ysu dulce veruura. .Como una ñor dos instantes goce: tamé, morí. Ah! mi alma es toda pura. Te engañan... si... tú verás la impostura; tú la verás ,yyo infeliz seré. :Cantad el sauce, ysu dulce verdura. La noche viene ,el cielo intunae horror. ^0v2o crvitat el buho en voz obscura. Los'^ve^des tamos pierden su hermosura. El sauce llora, yHora mi dolor.^ Cantad el sauce, ysu dulce veraura. jL. Dicen que Laura se detuvo aquí; muerta quedó la brillante natura; el viento ya, ni el arroyo murmura, Laura ]rm.is volvio acantar asi. Cantad el sauce ysu dulce verdura. Se oye el ruido de tin furioso huracán,)’ Edclmira se exírcmece de repente. Eic’/.Pero qué ruido es este?..saritoscielos!.. Uerri'i. Es una tempestad. Edel. Qaerida Hermancia ("0> comenzó el huracán... Ah!..no hay recurla noche será horrible ydesastrada. Eenn. Huyamos al momento de este sitio; Con viveza. la inspiración divina me lo encarga, el cielo me ha ilustrado en este irutante. E.A/.No..Yo me quedo;mi deber lo manda. LHerra. Seguid, seguid mis pasos ,Edelmira. rEdel. Pero dime, qué sitio, que morada escouerias tú para ocultarme? Y'o abandoné ámi padre, yála santa virtud. iíé.No os acordéis de esos errores, que e! arrepeutimiento áel cielo aplaca. !Edel. Pero en el triste corazón de Otelo isabes tú por ventura lo que pasa? Si tiene zeLos, me estará oDservando, ymi fuga su cólera aumentára. Anda... veteá gozar del blando sueño. iHenn. Ah! al dexaros las lagrimas me saltan. ,Edel. Vete. ;l /JcTíTZ. Obedezco: os dexo..y en qué parte?.. bija inia..hijami3,£i. ADios, Hermancia. ESCENA IIL Edel. Su amor, el de mi madre me recuerda. Eónese de rodillas. Tú que miras, óDiosl ia especie humana ccn ojos paternales ypiadosos,^ aplaca de mi padre la cruel sana. permite, que estrechada entre mis brazoíy ilegue ábesar sus respetables canas; guia los pasos del celoso Otelo, que del camino recto le separan; háblale por la boca de su amigo, de Pésaro virtuoso ,que le ama; tu diste la amistad áios mortales por tu extrema bondad: veo nai falta; mas tu misericordia es infinita; en mi perdón podrás manifestarla, El sueño va rindiendo mis sentidos: Se recuesta en la cama. él suspende mis penas, las aparta de mi imaginación, quédase dormida. ESCENA IV. Edelrrdra dormida-. Otélo. Otél. Sí... lo prometo. Sí... mi furor acaso me arrastrara áun exceso; yo quiero refrenarme. No... tú no morirás... quánto realzan su hermosura estas lúgubres antorchas! Fixa la vista en una luz. Para resucitar la mortal llama de esta luz, ai instante nuevo fuego podría yo encontrar; mas si apagara esta llama, que anima tu existencia, me seria posible el avivarla? pausa. Con qué pureza respirar ia siento: qué poderoso hechizo es el que arrastra mii persona ála suya con tal fuerza? ápesar de tu culpa, mira, ingrata, la sangre que circúla por mis venas aun gustoso por lí ia derramara. En ios negros yobscuros calabozos, de la tierra en las lóbregas entrañas, privado del socorro de los hombres, mi vida contentísimo pasara, si verte fiel con eso yo lograse. Pero al ver mi ternura tan burlada... usemos de artificio yde firmeza, veamos los ardides ylas mañas con que dispone su impostor semblante contra la realidad para impugnarla. D V .} 1#