Campos, fábricas y talleres
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•-• O 113tiOTIZCA • DÉ, JURISPRUDENCIA, FILOSOVIA É HISTORIA CAMPOS, FABRICAS Y TALLERES POR EL PRINC1PE PEDRO KROPOTKIN Traducción del inglés por FERYIIN SALVOECHEA MADRID LA ESPAÑA MODERNA Cuesta de Santo Domingo, 16
• • ES PROPIEDAD ESTAB LECIMIENTO TIPOGRAFICO OE IDAMOB, MORE», Catic Masco de Garay, 9.
PRÓLOGO (1) Bajo el nombre de utilidades, renta, interés sobre el capital, valor sobrante y otros parecidos, los economistas han discutido con vehemencia los beneficios que los dueños de la tierra ó el capital, ó algunas naciones privilegiadas, pueden derivar;ya del bajo precio de los salarios, ya de la inferioridad de la posición de una clase social con relación á otra, 6 bien del menor desarrollo económico de una nación respecto á otra. Distribuyéndose estos beneficios en una proporción muy desigual entre los diferentes individuos, clases y naciones ocupadas en la producción, ha costado un trabajo considerable el estudiar el actual modo de repartir las utilidades y sus consecuencias morales y físicas, así como los cambios que en el presente estado de la sociedad puedan determinar la distribución más equitativa de una riqueza que cada vez se está acumulando con más rapidez, siendo la cuestión referente al derecho á ese aumento de riqueza (1) Actualmente se está traduciendo esta obra en cinco idiomas, siendo la versión española la primera en ver la luz,
2 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES la causa de las encarnizadas batallas que ahora se libran entre los economistas de distintas escuelas. Entre tanto, la gran cuestión de «¿Qué hemos de producir, y cómo?» queda necesariamente postergada. A medida que la economía política surge gradualmente de su estado semicientífico, tiende más y más á convertirse en una ciencia dedicada al estudio de las necesidades de los hombres, y de los medios de satisfacerlas con la menor pérdida de energía, esto es, en una especie de fisiología de la sociedad. Pocos economistas, sin embargo, han reconocido hasta ahora que este es el dominio propio de la economía, tratando de considerar á su ciencia bajo este aspecto. El punto fundamental de la economía social, esto es, la economía de la energía necesaria para la satisfacción de las necesidades humanas, es, por consiguiente, lo último que uno debe esperar hallar tratado en forma concreta en obras de economía. Las siguientes páginas van encaminadas á tratar de una parte do este vasto asunto. Contienen una discusión de las ventajas que las sociedades civilizadas pudieran obtener de una combinación de los procedimientos industriales con el cultivo intensivo, y del trabajo cerebral con el manual. La importancia de tal combinación no ha pasado inadvertida para algunos de los dedicados al estudio de la ciencia social. Fue discutida, a pasionadamente, hará unos cincuenta años, bajo los nombres de «trabajo armonizado», « educación integral» y otros por el estilo, habiéndose o bservado en aquella época que la mayor suma total de bi enestar puede obtenerse si se combinan una variedad de trabajos agrícolas, i ndustriales é intelectuales en, cada, comunidad, y que el hombre da más de sí cuando está en cond iciones de poder variadas, aplicar sus capacidad e s por lo general á diferentes ocupaciones Sil 10>
1'. ICILO1OTt1111 granja, el taller, la fábrica, el gabinete 6 el e studio, en vez de verse condenado por toda la vida á uno solo de esos trabajos. En una época mucho más reciente, en 1870, Herbert Spencer, con su teoría de la evolución, dió origen en Razia á un trabajo notable, La Teoría del Progreso, de M. Mikhailousky. La parte que corresponde en la evolución progresiva á la diferenciación), y la que pertenece á la integración de aptitudes y capacidades, fueron discutidas por el autor ruso con profundidad de pensamiento, quedando así completa la fórmula de Spencer sobre diferenciación. Y, finalmente, entre otros pequeños monógrafos, deseo hacer mención de un librito muy sugestivo de J. R. Dodge, estadístico de los Estados Unidos, titulado Granja y Fábrica: ayuda derivada por la _Agricultura d6 la Industria (Nueva York, 1886), analizándose en él la misma cuestión, bajo ese aspecto práctico, peculiar de los americanos. Hace medio siglo, una unión armónica entre los procedimientos agrícolas é industriales, así como entre trabajo intelectual y el manual, sólo hubiera sido un remoto desideratum. Las condiciones bajo las cuales el sistema industrial se sostenía, como igualmente las antiguas formas de cultivo que prevalecían en aquella época, hacían imposible tal unión. No había que pensar en la producción sintética, y, sin embargo, la maravillosa simplificación de los procedimientos prácticos en ambas, industria y agricultura, debida en parte á una división del trabajo que va continuamente en aumento—en analogía con lo que vemos en el terreno biológico,—han hecho la simplificación posible, y una clara tendencia hacia una síntesis de la actividad humana resulta ahora aparente en la moderna evolución económica. Esta tenden-
4 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES cia está analizada en el curso de esta obra, dándole particular importancia á los actuales recursos de la agricultura, ilustrando esta opinión con ejemplos tomados de diferentes países, y á los de la pequeña industria, á la que se ha dado un gran impulso con los nuevos sistemas de transmisión de fuerza motriz. La parte fundamental de estos estudios se publicó, desde el 88 al 90, en el Nineteenth Century, y de uno de ellos en el Forum. Las tendencias indicadas en ellos han sido confirmadas, durante los últimos años, por tan numerosos ejemplos prácticos, que ha sido necesario introducir mucho material nuevo, teniendo que rehacerse los capítulos sobre la agricultura y la industria al pormenor. Aprovecho esta oportunidad para dar mis más expresivas gracias á los editores del Nineteenth Century y el Forum por su amabilidad al permitir la reproducción de estos estudios en una nueva forma, así como también á aquellos amigos y corresponsales que me han ayudado á coleccionar informaciones sobre la agricultura y la pequeña industria. P. KROPOTKIN. Bronley, Kent., 1898.
CAPITULO PRIMERO LA DESCENTRALIZACIÓN DE LA INDUSTRIA División del trabajo é integración.—La difusión del perfeccionamiento industrial.—Cada nación tiende á producir las manufacturas que necesita.—E1 Reino Unido.—Francia.—Alemania.—Rusia.—Competencia alemana. dQuién no recuerda el notable capítulo con que Aclara Smith abre su investigación respecto á la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones? Aun aquellos de nuestros economistas que rara vez vuelven la vista hacia las obras del padre de la economía política, y con frecuencia olvidan las ideas que las inspiraron, saben ese capítulo de memoria; tan á menudo ha sido copiado una y otra vez, llegando á convertirse en artículo de fe; y la historia económica del siglo que ha transcurrido, desde que Adam Smith lo escribió, ha sido, por decirlo así, sólo su comentario. «División del trabajo» fue su bandera; y la división y subdivisión permanente de funciones—esta última sobre todo—se han llevado tan lejos, hasta conseguir dividir á La humanidad en castas, que están casi tan fuertemente constituidas como las de la antigua India. Te - nemos, primero, la amplia división en productores y consumidores: de una parte, productores que consume n
6 CAMPOS, P ÁBRICAS Y TALLERES poco, y consumidores que producen poco, de la otra. Y después, entre los primeros, una serie de nuevas subdivisiones: el trabajador manual y el intelectual, prof undamente separados entre sí, en perjuicio de ambos; el trabajador del campo y el de la fábrica; y entre la masa de los últimos, de nuevo innumerables subdivisiones, tan verdaderamente minúsculas, que la idea moderna del trabajador parece ser un hombre ó una mujer, y hasta una niña 6 un muchacho, sin el conocimiento de ningún oficio, sin la menor idea de la industria en que se emplea, no siendo capaz de hacer en el curso del día, y de la vida entera, más que la misma infinitésima parte de una cosa: empujando una vagoneta de carbón en una mina, desde los trece años á los sesenta, ó haciendo el muelle de un cortaplumas 6 «la décimaoctava parte de un alfiler.» Meros sirvientes de una máquina determinada, meras partes de carne y hueso de alguna maquinaria inmensa, no teniendo idea de cómo y por qué la máquina ejecuta sus rítmicos movimientos. La destreza del artesano se ve despreciada, como restos de un pasado condenado á desaparecer. Al artista, que antiguamente hallaba un placer estético en sus obras, ha sustituido el esclavo humano de otro de hierro. Pero, qué más; hasta el trabajador del campo, que antes acostumbraba á encontrar un consuelo de las penalidades de su vida en la casa de sus antepasados—futuro hogar de sus hijos—en su amor al terruño, y su íntima relación con la naturaleza; hasta él ha sido condenado á desaparecer, para bien de la división del trabajo. Él es un anacronismo, se nos dice: debe ser sustituido en el cultivo en grande, por un sirviente temporal tomado para, el verano y despedido al venir el otoño; un desc onocido, que no volverá más á ver el campo que regó una, vez en su vida. «El reformar la agricultura,
EROPOTILI/K 7 de acuerdo con los verdaderos principios de la división del trabajo y la organización industrial moderna,--dicen los economistas—es cuestión de pocos años.» Deslumbrados con los resultados obtenidos por nuestro siglo de maravillosas invenciones, especialmente en Inglaterra, nuestros economistas y hombres políticos fueron todavía más lejos en sus sueños de división. del trabajo. Proclamaron la necesidad de dividir á la humanidad entera en talleres nacionales, teniendo cada uno de ellos su especialidad particular. Se nos decía, por ejemplo, que Hungría y Rusia están predestinadas por la naturaleza á dar trigo, á fin de alimentar á los países manufactureros; que Inglaterra tiene que proveer á todos los mercados de algodones tejidos, ferretería y carbón; Bélgica de géneros de lana, y así sucesivamente. Y aun hasta dentro de cada nación, cada región ha de tener su especialidad particular. Así ha sucedido durante algún tiempo, y así debe continuar. De este modo se han hecho fortunas y se seguirán haciendo lo mismo. Habiéndose proclamado que la riqueza de las naciones ha de medirse por la cantidad de beneficios obtenidos por los menos, y que las mayores utilidades se realizan por medio de la especialización del trabajo, no era posible concebir hasta que existiese la cuestión, respecto á si los seres humanos se someterían siempre á tal especialización; si se podría especializar á las naciones como se hace con los obreros. Siendo la teoría buena para hoy, ¿por qué hemos de preocuparnos del mañana? ¡Que el mañana traiga también la suya! Y así lo ha hecho: la estrecha concepción de la vida, que consiste en pensar que el negocio, ha de ser el solo principal estímulo de la sociedad humana, y la obstinada idea que supone que lo que existió ayer ha de
14 CA.MPOS, FÁBRICAS Y TALUBILIIS nes de géneros manufacturados de 46 á 200.000.001) de libras esterlinas. El tonelaje de la flota comercial casi se triplicó, construyéndose quince mil millas de ferrocarriles. Es inútil repetir á qué precio se obtuvieron los anteriores resultados: las terribles revelaciones de las comisiones parlamentarias de 1840 al 42 respecto á las terribles condiciones de los trabajadores industriales, las relaciones de «territorios despoblados» y los robos de niños están aún frescos en la memoria; ellos serán gráficos monumentos qne demuestren por qué medios la gran industria se implantó en este país. Pero la acumulación de la riqueza en manos de las clases privilegiadas marchaba con una velocidad en la que jamás se había soñado. Las increíbles riquezas que ahora sorprenden al extranjero en las casas particulares de Inglaterra se acumularon durante ese período; las excesivamente dispendiosas condiciones de vida que hacen que una persona considerada rica en el continente aparezca sólo como de una posición modesta en Inglaterra, fueron introducidas en aquella época. Sólo la propiedad imponible se duplicó durante los últimos treinta años del anterior período, en tanto que en el curso de esos mismos años (1810 á 1878), no bajó de 27.800.000.000 de francos—cerca de 50.000.000.000 en la actualidad—lo colocado por los capitalistas ingleses en industrias 6 empréstitos extranjeros. Pero el monopolio de la producción industrial no podía ser de Inglaterra eternamente, ni el conocimiento industrial ni el espíritu de empresa podían conservarse para siempre como un privilegio de estas islas; necesaria y f atalmente empezaron á cruzar el canal y á extenderse por el c ontinente. La gran Revolución había creado en Francia una numerosa clase de propietarios territoriales , qui enes gozaron cerca de medio siglo de un reta-
tivo bienestar, 6 al menos de un trabajo seguro, y las filas de los trabajadores de las ciudades sólo au mentaban lentamente. Mas la revolución de la clase media de 1789-1793 había ya hecho una distinción entre el campesino propietario y el proletario de la aldea, y al favorecer al primero en detrimento del segundo, obligó á los trabajadores que no tenían tierra ni hogar á abandonar sus pueblos, formando a sí el primer núcleo de las clases trabajadoras entregadas á merced de los industriales. Además, los mismos pequeños propietarios territoriales después de haber disfrutado de un período de indiscutible prosperidad, empezaron á su vez á sentir la presión de los malos tiempos, viéndose obligados á buscar ocupación en la industria. Las guerras y la revolución habían contenido el desarrollo de ésta; pero empezó á crecer de nuevo durante la segunda mitad de nuestro siglo, desarrollándose y mejorándose; y ahora, sin embargo de haber perdido la Alsacia, Francia no es ya tributaria de Inglaterra en cuanto á productos manufactureros, como lo era hace cuarenta años. Hoy sus exportaciones de artículos manufacturados se evalúan en cerca de la mitad de los de la Gran Bretaña, y las dos terceras partes de ellos son textiles, mientras que sus importaciones de los mismos consiste principalmente en. hilo torcido de algodón y lana de las clases más superiores, que en parte son reexportados después de tejidos, Y una pequeña cantidad de género de lana. En lo referente á su consumo interior, Francia manifiesta una tendencia bien marcada á llegar á ser completamente un país que se baste á sí mismo, y en cuanto á la venta de sus manufacturas se inclina á confiar, no en sus colonias, sino espe cialmente en su propio y rico mercado interior R1). (1) Véame Apándies A.
16 CA.MP0f3, FÁBRICAS lt TALLERES Alemania sigue la misma marcha: durante los últimos veinticinco años, y especialmente desde la última guerra, su industria ha experimentado verdadera reorganización; su maquinaria ha mejorado por completo, y sus nuevas fábricas están provistas de máquinas que, casi puede decirse, representan la última palabra"del progreso técnico; tiene muchos operarios y obreros dotados de una educación técnica y científica superior, encontrando su industria un auxiliar poderoso en un ejército de ilustrados químicos', médicos é ingenieros. Considerada en su totalidad, Alemania ofrece hoy el espectáculo de una nación en un período de Aufschwung, con todas las fuerzas de una nueva impulsión en todos los terrenos. Hace treinta años era tributaria de Inglaterra: ahora es ya su competidora en los mercados del Sur y del Este, y dada la rapidez con que actualmente su industria camina, su competencia ha de hacerse sentir aún más vivamente. La ola de la producción industrial, después de haber tenido su origen en el Noroeste de Europa, se extiende hacia el Este y Sudeste, cubriendo cada vez un círculo mayor; y á medida que avanza hacia Oriente y penetra en países más jóvenes, implanta allí todas las mejoras debidas á un siglo de inventos mecánicos y químicos; toma de la ciencia todo lo que ésta puede prestar á la industria, encontrando pueblos deseosos de utilizar los últimos resultados del progreso moderno. Las nuevas fábricas de Alemania empiezan á donde llegó Manchester después de un siglo de experimentos y tanteos; y Rusia principia á donde Manchester y Sajonia han llegado en la actualidad. Rusia, por su parte, trata de emanciparse de la tutela de la Europa occidental, y empieza rápidamente á fabricar todos aquellos géneros que an teriormente acostumbraba á importar, ya de la Gran Bretaña, ya de Alemania.
P. KR OPOTKIN 17 Los derechos de importación pueden, tal vez, en • ciertas ocasiones, favorecer el nacimiento de nuevas industrias, pero siempre á expensas de otras que se hallen en el mismo caso, y evitando el mejoramiento de las existentes, pues la descentralización de la industria se efectuará con derechos protectores ó sin ellos; yo hasta diría que á su pesar. Austria-Hungría é Italia siguen la misma senda, desarrollando sus industrias nacionales, y hasta España y Servia van á unirse á la familia de los pueblos manufactureros. Y aún hay más: hasta la India, hasta el Brasil y Méjico, apoyados por capitales é inteligencias inglesas y alemanas, empiezan á establecer industrias propias en su suelo. Finalmente, un terrible competidor, cual es los Estados Unidos, se ha presentado últimamente 'á todos los países industriales de Europa: á medida que allí la educación técnica se va extendiendo más y más, la industria debe crecer en los Estados; y, en efecto, lo hace con tal velocidad—una velocidad amen - cana—que, dentro de muy pocos años, los mercados que ahora son neutrales se verán invadidos pot los géneros americanos.' El monopolio de los que primero ocuparon el campo industrial, ha dejado de existir, y no retornará á la vida, , por grandes que sean los movimientos espasmódico s que ,se hagan para volver á un estado de cosas que ya pertenece al dominio de la historia. Hay que buscar nuevos senderos, orientaciones nuevas: el pasado ha vivido, pero no puede seguir viviendo más. Antes de pasar adelante, permitidme ilustrar la marcha, de la industria hacia Oriente, con algunos gua- u
18 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES vimos: y para empezar, tomaré por ejemplo Rusia, no porque la conozca mejor, sino porque ella es la última que ha llegado al campo industrial. Hace cuarenta años, se la consideraba, como el tipo ideal de la nación agrícola, destinada por la naturaleza misma á suministrar el alimento á otras naciones, y á 'traer sus géneros manufacturados del Oeste. Así era, en verdad, cuarenta años ha; pero ya no es. En 1861—el año de la emancipación de los siervos Rusia y Polonia sólo tenían 14.060 fábricas, que producían cada año por valor de 296.000.000 de rublos (unos 900.000.00 O de francos). Veinte años después, el número de aquéllas se elevó á 35.160, y su producción anual llegó á cuatro veces la anterior; esto es, á 1.305.000.000 de rublos (sobre 3.27 5.000.000 de francos); y en 1894, aunque el censo dejó de incluirá las pequeñas fábricas y á todas las industrias que pagan contribución indirecta (azúcar, alcoholes y fósforos), el conjunto de la producción llegó ya en el Imperio á 1.759.000.000 de rublos, ó sean 4.50 0.000.000 de francos. El rasgo más notable de la in dustria rusa es, que, mientras el número de los trabajadores empleados en las fábricas no ha llegado ni aun á duplicarse, desde 1861 (llegó á 1.555.000 en 1894) la producción por persona ha hecho más que duplicarse: se ha triplicado en las principales industrias. Su término medio fue de menos de 1.750 francos anuales en 1861, llegando ahora á, 4.075. Se ve, pues, que el aumento de la producción es debido princi p almente al perfeccionamiento de las máquinas. Y si nos fijamos en ramas determinadas de la industria, e specialmente las textiles y las de maquinaria, el progreso resulta más apreciable todavía. Así, si consideramos los diez y ocho años que precedieron á 1879 (cuando los derechos de importación se aumentaron en
P. ICROPOTKIN 19 cerca de un 30 por 100 y una política prot eccionista se adoptó definitivamente, encontramos que, aun sin dereehos protectores, la masa de la producción algodonera se triplicó, y, sin embargo, el número de obreros empleados en ella sólo se elevó 25 por 100. La producción anual, pues, de cada trabajador, aumentó de 1.125 á 2.525 francos. Durante los nueve años siguientes (1880-89) el rendimiento anual fue más que duplicado, alcanzando á la respetable cantidad de 1.235.000.000 francos en efectivo, y 3.200.000 q. m. en peso; debiendo tenerse presente que, con una población de 130.000,000 de habitantes, el mercado interior para los algodones del país es casi ilimitado, y que parte de este artículo se exporta á Persia y Asia Central (1). Verdad es que las clases más finas de torzales, así como el hilo de coser, tienen que ser importados todavía; pero pronto los fabricantes del condado de Laucaster pondrán á eso remedio: ya empiezan á7establecerse en Rusia. Dos grandes filaturas para torzales de algodón, de las clases más superiores, se abrieron el año pasado en dicho país, con ayuda de capitalistas é ingenieros ingleses, y últimamente se ha abierto en Moscow una fábrica para hacer alambre delgado para cardar el algodón, propiedad de una casa en Manchester: el capi- (1) Las importaciones anuales do algodón en rama, alcanzan á 4.000,000 q. ni., de los cuales 300.003 q. m. son del Asia Central y la Transcaucasia: estas últimas son de origen reciente, siendo los rusos los que primero introdujeron la planta de algodón americano en el Turkestán, así como los primeros establecimientos de escogido y prensado. La relativa baratura del algodón corriente, en Rusia, y las buenas cualidades del estampado, llamaron7la atención del comisionado ingl6s en la Exposición de Nijn.i Novgorod, en 1897, quien :le ocupó extensamente do ello en su Memoria.
CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES tal es internacional, y con protección ó sin ella, cruzará las fronteras. Y otro tanto puede decirse de las lanas: en este pun- to, Rusia está relativamente atrasada; sin embargo, fábricas de cardar, hilar y tejer, provistas de los adelantos más modernos, se edifican todos los años en Rusia y Polonia por industriales ingleses, alemanes ó belgas, de tal modo, que el año pasado cuatro quintas partes de la lana común y otro tanto de la de las clases más finas que se encuentran allí, fueron cardadas é hiladas en la nación, exceptuándose sólo una quinta parte, que se mandó al exterior. Los tiempos, pues, en que Rusia figuraba como exportadora de lana en bruto, se fueron para siempre (1). En obras de maquinaria, ni aun la comparación es posible entre el momento actual y 1861, y aun 1870, habiendo, puede decirse, nacido y desarrolládose esa industria en los últimos quince años. En un informe muy extenso dice el profesor Kirpitcheff, que el mejor modo de apreciar el progreso realizado es considerar el grado de perfección á que han llegado las construcciones de las máquinas de vapor y tubería para agua, capaces de poder, en un todo, competir con las procedencias de Glasgow. Gracias, en primer lugar, á los ingenieros ingleses y franceses, y después al progreso técnico realizado en el país mismo, Rusia no tiene ya necesidad de importar ninguna parte de su material de ferrocarril. Y respecto á las máquinas agrícolas, sabemos, por las Memorias de varios cónsules británicos, que las segadoras y arados rusos púeden, sin temor, competir con los de p r ocedencia inglesa ó americana. (1) La p roducción anual de las 1.085 fábricas de lana de Rusia y Polonia fue evaluada en 1894 en unos 300.000.000 de francos.
P. KROPOTKIN 21 • n •••••• n • n ••...... Durante los últimos ocho b diez años, esta rama de la industria se ha desarrollado mucho en los trales del Sur, como sucede en una aldea industrial creada por la Escuela Técnica de Krasnouamsk del Concejo de distrito local ó remstuo, y especialmente en las llanuras inclinadas hacia el mar de Azov. Respecto á esta última región, comunica el vicecónsul G-reen, en 1894, lo que sigue: «Además de ocho ó diez fábricas de importancia —dice—todo el distrito consular está sembrado de pequeños talleres de construcción, ocupados principalmente en hacer máquinas y herramientas agrícolas, teniendo la mayor parte de ellos sus fundiciones propias... La población de Berdynusk—agrega—puede jactarse de tener la mejor fábrica de segadoras de Europa, capaz de suministrar 3.000 máquinas al año» (1). Sin embargo, las anteriores cifras sólo incluyen fábricas cuyo rendimiento anual sea de más de 500 francos, no incluyendo la inmensa variedad de trabajos domésticos que también han crecido mucho últimamente al mismo paso que las fábricas. Las industrias domésti- (1) Informe del vicecónsul Green., The Eeanomist, 9 de Junio de 1894: «Segadoras de un. tipo especial, vendidas á 375 y 425 fran- 43os, son de duración y más fuertes que las inglesas ó americanas.» En el ario 1893 se vendieron sólo en ese distrito 20.000 máquinas segadoras, 50.000 arados, y así sucesivamente, representand o un valor de 20.550.000 francos. Y á no ser por los derechos que pesan .sobre el hierro en lingotes (dos veces y medía su precio en el mercado de Londres), esta industria hubiera tomado mayor desarrollo aún. Pero, á, fin de proteger la industria del hierro en el país, que debido á eso mismo, permanece allí estacionaria, se ha impuesto un derecho al lingote de hierro de 76,25 francos por tonelada. Las consecuencias de esta política para la agricultura, los ferrocarriles y el presupuesto del Estado se han discutido extensamente en una obra do A. A. Radzig, La industria del hierro en el inundo, Sala Putersi y ► rg,o, .1896 .
"o CAM POS , FÁBRICAS Y Tmaanaus cas—tan características de Rusia y tan necesarias bajo su clima—ocupan ahora más de 7.500.000 campesinos, y el total de su producción fue apreciado hace pocos años en más que el total de producción de todas las fábricas, excediendo de 4.500.000.000 de francos al año.. Como tendré motivo para volver más adelante sobre este asunto, no seré pródigo en presentar cantidades., limitándome á decir solamente que, hasta en las principales provincias manufactureras de Rusia que rodean á Moscow, el tejido doméstico para el comercio da un tipo anual de 112.500.000 francos, y que, aun en el Cáucaso. del Norte, donde la pequeña industria es de origen reciente, hay en las casas de los campesinos 45.000 telares, arrojando una producción anual de 5.000.000 de francos. En cuanto á la industria minera, no obstante el exceso de protección y la competencia del combustible de madera y nafta (1), el rendimiento de las minas de carbón del Don se ha duplicado en los últimos diez años, y en Polonia ha llegado á cuatriplicarse. Casi todo el acero, tres cuartas partes del hierro y dos terceras partes del hierro en lingotes que se usa en Rusia son productos del país, y las ocho fábricas de rails de acero con que cuenta pue den lanzar al mercado 6.000.000 de q. m. da rails todos los años (2). No es, pues, de extrañar que la importación de géneros manufacturados sea tan insignificante en Rusia, y que desde 1870—esto es, nueve años antes de que se (1) De los 1.'246 vapores que surcan los ríos rusos, la cuarta, parte consume nafta, y la mitad leña; esta última es también el principal c ombustible de los ferrocarriles y talleres de fundición en los Urales. (2) Véase Apéndice B.
P. KROPOTKIN 23 efectuara el aumento general de derechos—la proporción de los géneros manufacturados, comparada con el conjunto de las importaciones, haya estado dis minuyendo constantemente. Los géneros manufacturados sólo constituyen una quinta parte de los impuestos; y mientras las importaciones que procedían de Inglaterra fue-. ron evaluadas en 407.500.000 francos en 1872, sólo llegaron á 172.112.500 francos en. 1894 (1). De ellas, los géneros manufacturados fueron evaluados en poco más de 50.000.000 de francos; siendo lo restante, bien artículos de alimentación, ó material en. bruto ó á medio fabricar (metales, hilo torcido y otros). En una palabra: las importaciones de géneros y productos ingleses descendieron en el curso de diez años, de 220.000.000 125.000.000 de francos, quedando así reducida la referida importación á lo siguiente, que es verdaderamente insignificante: maquinaria, 50.165.000 francos; algodón y torzal de algodón, 9.889.250 francos; lana y torzal de lana, 7.197.500 francos, y así sucesivamente. Y aun todavía la depreciación de esos mismos artículos resulta más notable: así, en.1876 Rusia importó 800.000 q. ni. de metales de dicho país, pagando por ello 150.000.000 de francos, en tanto que en 1884, aunque se importó igual cantidad, lo pagado sólo fue 85.000.000 de francos. Y la misma depreciación se observó en todos los artículos de importación, aunque no siempre en la misma proporción. Sería un gran error el suponer que el descenso de la importación sea debido principalmente á la elevación de los derechos protectores: su explicación se encuentra más claramente en el desarrollo de la industria nacional. Es indudable que los derechos referidos han con- (1) En 1896, 179.629.525 francos.
CAPÍTULO II LA DESCENTRA.LIZACIÓN DE LA INDUSTRIA (CONTINUACIÓN) Italia y España.—India.—Jarrón. — Estados Unidos. — Las industrias de algodón, lana y seda.—La creciente necesidad, para cada país, de tener como base el consumo interior. Sin embargo, el influjo del crecimiento industrial se ha hecho sentir, no sólo hacia el Oriente, sino en dirección del Sudeste y del Sur. Austria y Hungría avanzan diariamente en la carrera emprendida por los pueblos, tras la, preponderancia industrial; la Triple Alianza se ha visto ya amenazada por la creciente tendencia de los industriales austriacos á protegerse contra la competencia alemana, y hasta la dual monarquía ha visto recientemente á sus dos naciones hermanas cuestionar sobre derechos de Aduana. Aunque la industria austriaca es relativamente moderna, produce un rendimiento anual de 2.500.000.000 de francos. Bohemia, en pocos años, se ha convertido en un país industrial de considerable importancia, y la excelencia y originalidad de la maquinaria aplicada 'á los nuevos molinos harineros reformados de Hungría, muestran que la joven industria húngara va por buen camino, no sólo para poder competir con sus hermanas ma"
P. KROPOTKIN 31 yores, sino para contribuir por su parte también á aumentar nuestros conocimientos respecto al empleo de lasa fuerzas naturales. Y permítaseme agregar de paso, que otro tanto puede decirse, hasta cierto punto, con relación á Finlandia. Hay falta de datos respecto al estado actual de la industria en Austria-Hungría; pero lo relativamente pequeño de las importaciones de artículos manufacturados, es digno de tenerse en cuenta. El consumo que este país hace de géneros ingleses es insignificante, y se va , emancipando con rapidez de su antigua dependencia alemana. (Véase Apéndice E) El mismo progreso industrial se extiende sobre las Penínsulas del Sur. ¿Quién hubiera hablado hace veinte años de las fábricas italianasP Y, sin embargo, bien lo ha demostrado la Exposición de Turín de 1884. Italia figura ahora entre los países manufactureros. «En todas partes se observa un considerable movimiento comercial é industrial— escribió un economista francés al Temps.—Italia aspira á pasarse sin productos extranjeros. El lema patriótico es: ¡Que Italia se baste para todo! nt inspira á la masa entera de los productores; no hay un solo fabricante ó industrial que, aun en lo más insignificante, no haga todo lo posible por emanciparse de la tutela extranjera.» Los mejores modelos franceses é ingleses son imitados y mejorados con un toque de genio nacional y tradición artística. Se carece de estadísticas completas, así que, el Anuario Estadístico recurre á indicaciones indirectas; pero el rápido aumento de las importaciones de carbón (9.000.000 de toneladas en 1896, contra 779.000 toneladas en 1871 ); el crecimiento de la industria minera, que ha triplicado su producción durante los últimos quince años; la creciente producción de acero y maquinaria (cerca de 75.000.000 de francos en 188G) que, para usar
32 CAMPOS, PÁBRICAS Y TALLERES las palabras de Bovio, muestran de qué modo un país sin combustible ni mineral propio, puede, sin embargo, tener una notable industria metalúrgica, y, finalmente, el desarrollo de la industria textil, revelado por las importaciones de algodón en rama, y por haberse casi doblado el número de husos en el transcurso de cinco años (1); todo esto demuestra que la tendencia hacia convertirse en un país industrial, capaz de satisfacer sus necesidades con su industria propia, no es un mero sueño. Y en cuanto á, los esfuerzos hechos para tomar una parte más activa en el movimiento universal, ¿quién no conoce las aptitudes tradicionales de los italianos en semejante dirección? Debo también mencionar á España, cuyas industrias textil, minera y metalúrgica crecen rápidamente; pero me apresuro á ocuparme de pueblos que, hasta hace pocos años, eran considerados como eternos y obligados consumidores de las naciones manufactureras de la Europa occidental. Tornemos, por ejemplo, al Brasil. ¿No estaba condenado por los economistas á sembrar algodón, á exportarlo en rama y á recibirlo ya tejido, en cambio? Hace veinte años, sus nueve miserables fábricas, sólo podían sumar en junto unos 385 husos; pero ya en 1887 había allí 46 fábricas de algodón, y cinco de ellas tenían hasta 40.000 husos, en tanto que, considerado todo en conjunto, sus cerca de 10.000 telares arrojan cada año al mercado brasileño más de 33.000.000 de yardas de gé- (1) El importe neto de algodón en rama llegó á 291.680 quintales en 1880, y á 594,118 en 1885. En 1885 había 1.800.000 husos, contra 1.000.000 en 1877. La industria entera ha nacido desde 1859 á la fecha. La importación neta de hierro en lingotes fue de 700.000 á 800.000 quintales durante los cinco años, desde 1881 á 1885.
P. KEOPOTKIN p eros de algodón. Y hasta Vera Cruz, en Méjico, bajo la protección del fisco, ha empezado á elaborar el algodón, jactándose en 1887 de tener 40.200 husos, haber producido 287.700 piezas de tejido y 212.000 de hilado. Desde entonces se ha seguido progresando regularmente, y en 1894 el Vicecónsul Chuprnann comunicó que en las fábricas de hilados de Orizaba se encuentran instalaciones con todos los adelantos modernos; «y en cuan- to al estampado—decía--se hace tan bueno, si no mejor, que el importado» (1). La India, sin embargo, es la que más completamente ha contradicho la teoría de la exportación. Se la había considerado siempre como la más firme consumidora del algodón británico, y así lo ha sido hasta ahora. Dei total de géneros de algodón exportado por Inglaterra, acostumbraba á comprar más de la cuarta parte, casi una tercera (de 425.000.000 á 550.000.000 de francos, de un total de 1.875.000.000, hace diez años, y de 402.500.000 á 455.050.000 francos durante los años 1893 y 1894). Pero las cosas han empezado á cambiar: las fábricas de algodón de la India, que—por causas no bien conocidas aún — fueron tan poco afortunadas en sus principios, han echado de repente hondas raíces. En 1860 sólo consumieron 23.000.000 de toneladas de algodón en rama, pero en 1877 esa cantidad se había casi cuatriplicado, triplicándose otra vez en los últimos diez años: en 1887-1888 se emplearon 283.000.000 de (1) The Economist, 12 Mayo 1894, pág. 9: «Hace pocos arios las fábricas de Orizaba no usaban más que algodón en rama importado, poro ahora usan el del país todo lo posible.» 33
:34 CAMPOS. FÁBRICAS Y TALLERRM toneladas de algodón en rama. El número de fábricas varió de 40 en 1877 á 147 en 1895; el número de husos se elevó de 886.100, á 3.844.300 en 'el mismo año, y mientras que en 1887 se empleaban 57.188 trabajadores, siete años después el número de éstos llegaba á 146.240, en tanto que el capital empleado en fábricas, por compañías formadas al efecto, se elevó de 7.000.000 de decenas de rupias en 1882 á 14.600.000 en 1895 (1). Y en cuanto á la calidad de las mismas, baste decir que los libros azules del Gobierno las elogian; las Cámaras de Comercio alemanas hacen constar que las mejores filaturas de Bombay «no se hallan ahora muy distantes de las mejores de Alemania»; dos grandes autoridades en la materia, Mr. James Platt y Mr. enry Lee, convienen en decir «que en ningún otro país del mundo, excepto en el Condado de Lancaster, poseen los operarios tan favorables disposiciones naturales para la industria textil como en la India» (2). La exportación de algodón torcido de India pasó del doble en cinco años (1882-1887), y ya en este último pudo leerse en el Statement (pág. 42) que «cada vez se importaba menos algodón torcido de las clases inferiores y aun de la media, lo cual indicaba que las filaturas indias iban gradualmente a p oderándose del mercado interior.» De este modo, mientras que la india continuó importando casi la misma cantidad de géneros de algodón ingleses (muy poco reducida desde entonces) ya en aquella época (en 1887) lanzaba á los mercados extranjeros una cantidad que no bajaba de 90.887.750 francos 'de sus algodones, de la misma clase que los del condado de (1) Diez rupias equivalen próximamente á 25 francos. (2) SOR Ganeernitz, The Cotton Trade, eta., pág. 123.
P. KROPOTKIN Lancaster, exportando 33.000.000 de yardas de muselina morena, fabricada en la India con trabajadores del país. Y la exportación ha continuado creciendo desde entonces; así que, en los años 1891-93, se exportaron de 73.000.000 á 80.000.000 de yardas en piezas de algodón (1), y de 161.000.000 á 189.000.000 de torzal. Finalmente, en 1897 el valor del torzal y textiles exportados alcanzó la respetable cantidad de 14.073.600 décimas de rupia. Las fábricas de yute de la India han crecido con mayor rapidez aún (2), y esta industria, que antes florecía en Dundee, vino á decaer, no sólo por las altas tarifas ae las potencias continentales, sino también por la competencia indiana. Hasta fábricas de lana se han montado últimamente, y la industria del hierro tomó allí un rápido desenvolvimiento desde que se encontró el medio, después de muchos ensayos y contratiempos, de alimentar los hogares con carbón del país. Dentro de pocos años, nos han dicho los especialistas, la India pro-. ducirá el hierro que necesite. Y no sin falta de temor ven los fabricantes ingleses el constante crecimiento de la importación de textiles manufacturados en aquel país, en tanto que en los mercados del extremo Oriente (1) 312 balas se exportaron á China y el Japón en 1893, en vez de las 112.100 en diez años antes. (2) En 1882 tenían 5.633 telares y 95.937 husos: dos años después (1884-85) ya tenían 6.926 telares y 131.740 husos, dando ocupación á 51.900 personas. Ahora, ó mejor dicho, desde 1895, las veintiocho fábricas de yute de la India tienen 10.580 telares y 216.140 husos (duplicados en doce años) y emplean, por término medio, diariamente 78.889 personas. Las siguientes cifras muestran bien claramente el progreso realizado en la maquinaria: la exportación de telas de yute fue en la India de 38.596.750 francos en. 1884-85, y de 103.347.500 francos en 1895. (Véase Apóndice ft.) 35'
36 CAMPOS, FÁBRICAS Y TAT,LERICS y de África la India se convierte en una terrible coalpetidora para la madre patria. ¿Y por qué no había de serlo? ¿Qué puede impedir el aumento de la industria indiana? Sería la falta de capital? No; porque el capital. no tiene patria; y si resulta un buen negocio el utilizar á los trabajadores indios, cuyos salarios no son más que de la mitad, y algunas veces hasta de menos, de los de los obreros ingleses, el capital acudirá á la India, del mismo modo que ha ido á Rusia, aunque esto suponga el hambre para el condado de Lancaster y Dundee. ,dSerá, acaso, la falta de conocimientos? Las distancias no son ya un obstáculo para su desarrollo; sólo los primeros pasos son los difíciles. Y respecto á la superioridad de la mano de obra, nadie que conozca al trabajador indio dudará de sus disposiciones. Seguramente que no resultarán inferiores, si se las compara con las de las 86.500 criaturas de menos de trece años de edad, ó con las de los 363.000 jóvenes de ambos sexos de menos de diez y ocho, que trabajan en la industria textil de la Gran Bretaña (1). Diez años no son muchos en la vida de las naciones; y sin embargo, en el último decenio otro competidor poderoso ha aparecido en Oriente: me refiero al Japón. (1) El número de muchachos, cle ras de trece y de menos de diez y ocho, que trabajaban la jornada completa, fue en el año 1890 de 86.998; el de las muchachas no se tiene; se las considera como « mujeres» y trabajan la jornada completa. Mas, como la proporción de las mujeres respecto á los hombres es de dos á uno en la industria referida del Reino Unido, el número de muchachas de esa edad (trece á diez y ocho) puede considerarse como el doble del de los varones, esto es, sobre 190.000; lo que da una cifra de lo menos 363.000 jóvenes de menos de diez y ocho años, en un total de 1.084.630 operarios empleados en toda la industria textil del paf.;. Más de un tercio. ( , Statesman's jear-boo/c para 1898, pág. 7.)
P. KROPOTICIN En Octubre de 1888, el Textil Recorder menciona breve_ mente que la producción anual de torzales en las fábricas japonesas llegó á 9.498.500 toneladas, y que quince fábricas más, capaces para 156.100 husos, se hallaban en vías de construcción (1). Dos años después, 25.000.000 de toneladas de torzal fueron hiladas en dicho país; y mientras que en 1886-88 el Japón importaba cinco ó seis veces tanto torzal del exterior como el hilado allí, al año siguiente sólo dos terceras partes del consumo total del país fueron importadas (2). Desde esa época, la producción ha ido creciendo regularmente. De 6.503.309 toneladas en 1886, alcanzó á 91.950.000 toneladas en 1893, y 153.444.000 toneladas en 1895. En nueve años ha aumentado, pues, veinticuatro veces. El total de la producción de tejidos, evaluada en 30.000.000 de francos en 1887, se elevó rápidamente á 356.750.000 francos en 1895; representando el algodón las dos quintas partes de dichas cantidades. En su consecuencia, la importación de géneros de algodón descendió en 1884, de 41.000.000 de francos á 21.240.000 en 1895, mientras que la exportación de géneros de seda subió á 81.150.000 francos. Y, además, las industrias del carbón y del hierro crecieron con tal rapidez, que el Japón pronto dejará de depender de Europa, en cuanto á los artículos de hierro se refiere; porque la ambición de ese país es la de construirse sus mismos buques, y el verano anterior trescientos ingenieros dejaron los talleres de Elswick de M. Amstrong, á fin de montar astilleros allí. Pero su contrato era sólo por cinco años: en ese tiempo espera- (1) Textil Recorder, 15 Octubre, 1888. (2) 17.778.000 k. de torzal se importaron en 1886 contra kilogramos 2.919.000 fabricados en el país. En 1889, el movimiento fuo do 25.687.000 k. de importación y 12.160.000 k. nacionalus. 37
CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES ban los japoneses haber aprendido lo bastante para construirse sus barcos ellos mismos (1). Y en cuanto á artículos tan sencillos como los fósforos, esta industria, después de la crisis de 1884, ha vuel- to á levantarse, y en 1895 la exportación fue de más de 15.000.000 de gruesas, valoradas en 31.163.750 francos. Todo esto demuestra que la tan temida invasión del Oriente á los mercados europeos progresa rápidamente. Los chinos duermen todavía; pero estoy firmemente persuadido, por lo que he visto en su país, que el día que empiecen á trabajar con la ayuda de la maquinaria europea—y ya se han dado los primeros pasos en ese sentido—lo harán con mejor éxito, y, naturalmente, en mucha mayor escala que los japoneses. Pero, ¿qué diremos de los Estados Unidos, á los que no se puede acusar de emplear jornales bajos, ó de mandar á Europa productos «baratos é inferiores?» Su gran industria puede decirse que data de ayer; y, sin embargo, ya mandan á la vieja Europa cantidades de maquinaria que crecen por momentos, y en este año han empezado á enviar hasta hierro en lingotes. En el curso de veinte años (1870-90), el número de personas empleadas en las fábricas americanas se ha duplicado con exceso, y el valor de su produccil5n casi se ha triplicado (2). (1) La industria minera ha crecido del modo -siguiente: extracción de cobre, 2.407 toneladas en 1875; 11.064 en , 1887. De carbón: 567.200 toneladas en 1875; 1.669.700, doce años después; 4.259.000 en 1894. De hierro: 3.447 toneladas en 1875; 15.268 en 1887; más de 20.000 en 1894. (K. RATHGEN, Japonis Vollopirthschaftimol Stoathaushaltung, Leipzig, 1891; Informes COnsulás.) (2) Tr abajadores empleados en la industria: 2.654.000 en 1870, 4.712,600 en 1890. Valor producido: '16.929.305.000 francos en
,11 P. KROPOTKIN 39 La industria algodonera, provista de una maquinaria excelente hecha allí (1), se desarrolla rápid amente, y la exportación de algodón labrado en el país llegó el año pasado á unos 70.000.000 de francos próximamente. Y respecto á la producción anual de lingotes de hierro y acero, ya excede á la de la Gran Bretaña (2), y la organización de esa industria es también superior á aquella, como hizo notar Mr. Berkley en Noviembre del 91, en su Memoria al Instituto de Ingenieros Civiles (3). Todo lo cual es, puede decirse, la obra de los últimos veinte 6 treinta años, habiéndose creado casi por completo industrias enteras desde el año 1860 (4). ¿Cuál será, pues, el estado de la industria americana de aqui á, veinte años, ayudada como está por un maravilloso desenvolvimiento de destreza técnica, por escuelas excelentes, por una educación científica que corre parejas con la técnica, y por un espíritu emprendedor que no tiene rival en Europa? Se han escrito volúmenes sobre la crisis de 1886-87, la cual, usando los términos de la Comisión parlamenta- 1870, y 46.862.186.400 en 1890. Producción anual por trabajador, 8.240 francos en 1870 y 9.945 en 1890. (1) Téxtil Recorder. (2) Fue de 7.255.076 á 9.811.620 toneladas de lingotes de hierro durante los años 1890-94; obteniéndose 4.051.260 toneladas de Qacero Bessemer y Clapp-Griffiths» en 1890. (3) El mayor rendimiento de un horno de fundición en la Gran Bretaña no excede de 750 toneladas en la semana, mientras que en América ha llegado á 2.000 toneladas. (Nature, 19 Noviembre de 1891, pág. 65). (4) J. R. DOGDE, Farm and Factory: Aids to Agriculture froin olher Industries, Nueva York y Londres, 1881, pág. 111. Cuya lectura recomiendo encarecidamente á. los amantes de estos estudies.
CAMPOS, FkBRICAS Y TALLERES sil, empezasen á hilar su propio hilo y á. tejer sus propios géneros de algodón. Pero la aparición de la industria algodonera en un país, ó, mejor dicho, de una industria textil cualquiera, se convierte inevitablemente en punto de partida para el nacimiento de una serie de otras industrias, siendo la química y la mecánica, la metalúrgica y la minera, ]as que primero reciben el impulso engendradlo por una nueva exigencia. Toda la industria nacional, así corno toda la educación técnica, deben mejorar, á fin de poder satisfacer esa necesidad desde el momento que se ha hecho sentir. Lo que ha pasado respecto al algodón, ocurre también con relación á otras industrias: la Gran Bretaña y Bélgica no tienen ya el monopolio de la industria lanera; muchas fábricas de Verviers están paradas; los tejedores belgas son víctimas de la miseria, en tanto que Alemania aumenta anualmente su producción de lana, y exporta nueve veces más de este artículo que Bélgica. Austria tiene sus lanas propias y las exporta; Riga, Sodz y Moscow, suministran á Rusia telas finas de lana, y el crecimiento de esta industria en cada uno de los países á que últimamente nos hemos referido da nacimiento á centenares de otras, relacionadas con ella. Durante muchos años ha tenido Francia el monopolio de la industria de la seda: criándose el gusano de ésta en el Sur del país, era muy natural que Lyon se convirtiese en centro de esa manufactura; el hilado, el tejido doméstico y las tintorerías se desarrollaron en grande escala, llegando esta industria á tomar tales vuelos, que el suministro de la primera materia, producto del país, se hizo insuficiente, habiendo necesidad de i mportarla de Italia, España, el Sur de Austria, Asia Menor, el Cáucaso y Japón, por la cantidad de francos 22 0.000.000 á 275.000.000, en 1875 y 1876, mientras
P. K}tOPOTKIN 47 que el valor de la francesa elaborada, sólo fue de francos 20.000.000 Miles de jóvenes de ambos sexos fueron atraídos de los, distritos rurales hacia Lyon y sus inmediaciones: la industria prosperaba; pero, poco á poco, nuevos centros de esa industria surgieron en Basel, y en las casas de le aldeanos, en los alrededores de Zurich. Los emigrado franceses la importaron, y se desarrolló especialment,e después de la guerra civil de 1871. La administración del Cáucaso invitó á trabajadores y trabajadoras de Lyon y Marsella á que enseñasen á, los georgianos y 1L los rusos el mejor modo de criar el gusano de seda y todo lo referente á tal industria, viniendo á convertirse Stauropol en un nuevo centro de tejido de seda; Austria y los Estados Unidos hicieron otro tanto, dy cuáles son ahora los resultadosP Durante los años que median de 1872 á 1881, Suiza ha duplicado con exceso el producto de esa industria; Italia y Alemania lo aumentaron en un tercio, y la región de Lyon, que anteriormente fabricaba por valor de 454.000.000 de francos al año, presentó en 1887 un estado en que no pasaba de 378.000.000. Su exportación, que alcanzó un término medio de 425.000.000 de francos en los años de 1855 al 59, y 460.000.000 en 1870-74, descendió en 1887 á 233.000.000. Y es un hecho reconocido por los especialistas franceses, que, en la actualidad, no baja de un tercio de la cantidad de géneros de seda que se gasta en Francia, lo que representa el importado de Zurich, Crefeld y Barmen. Hasta la misma Italia, que tenía 2.000.000 de husos y 30.000 telares en 1880 (contra 14.000 en 1870), manda á Francia sus sedas y compite con Lyon. Los fabricantes franceses pueden gritar tan alto como quieran pidiendo protección, 6 acudir al recurso de producir géneros más baratos de inferior cali-
48 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES dad; pueden vender 3.250.000 kilogramos de seda labrada al mismo precio que antes vendieron 2.500.000 en 1855-59; pero no recuperarán jamás la posición que ocupaban entonces. Italia, Suiza, Alemania, los Estados Unidos y Rusia, tienen sus fábricas de seda propias, y no importarán de Lyon más que las clases superiores. Respecto á las otras, los pa-anelos de seda son de uso tan corriente entre las sir ien tes de San Petersburgo, porque la industria nacional del Cáucaso del Norte los proporciona á un precio que arruinaría á los tejedores lioneses. La industria ,e ha descentralizado, y aunque Lyon es todavía un cenro en cuanto á los tejidos más superiores, no volverá nunca h ser otra vez el foco principal de esa industria como lo fue hace treinta años. Ejemplos parecidos pudieran presentarse á cada paso. Ya G-reenock no abastece á Rusia de azúcar, porque ésta tiene en su suelo toda la que necesita, á los mismos precios que se encuentra en Inglaterra. La industria relojera ha dejado de ser una especialidad de Suiza: ahora se hacen relojes en todas partes. La India extrae de sus noventa minas de carbón las dos terceras partes de su consumo anual. La industria de productos químicos, que creció en las márgenes del Clyde y Tyne, debido á las ventajas especiales que ofrecían la importación de piritas españolas, y la aglomeración de tanta variedad de industrias, paralela al curso de esos ríos, se halla hoy en decadencia. España, con ayuda de capitales ingleses, empieza á utilizar su pirita en provecho propio, y Alemania, no sólo ha venido á ser un gran centro para la fabricación del ácido sulfúrico y la soda, sino que ya se queja del exceso de producción. ¡Pero, basta ya! Son tantos los datos que tengo ante mi vista en apoyo de la misma tesis, que se podrían
P. KROPOTEIN 49 multiplicar los ejemplos hasta lo infinito. Hora es de terminar, y para todo el que no esté dominado por un prejuicio, la conclusión se evidencia por sí misma. Las industrias de todas clases se descentralizan y reparten por el mundo entero, y en todas partes una variedad completa de industrias crece, en el lugar que antes ocupaba la especialización. Tales son los rasgos más característicos de los tiempos que corremos. Cada pueblo se convierte á su vez en manufacturero, y no está lejos el día en que cada nación de Europa, así como los Estados Unidos y hasta las más atrasadas de Asía y América, fabriquen casi todo lo que les haga falta. Las guerras y otras causas accidentales podrán por algún tiempo contener la propagación de la industria, pero no impedirla; eso es inevitable. Para todo el que empieza, los primeros pasos son los únicos difíciles; pues en cuanto una industria ha conseguido arraigarse, trae en pos de sí centenares de otras; y desde el momento que se ha empezado á trabajar y se han vencido los primeros obstáculos, el desenvolvimien- to industrial marcha con rapidez. El hecho se hace tan evidente, aunque no sea igualmente tan fácil de comprender, que el afán de colonizar se ha convertido en el rasgo más característico de los últimos veinte años. Cada nación pretende tener sus colonias propias; pero no bastarán para salir de apuro. No hay otra segunda India en el mundo, y las antiguas condiciones no se volverán más á repetir. Por el contrario, algunas de las colonias británicas amenazan ya con una seria competencia á la madre patria, y otras, como Australia, se disponen á seguir la misma senda. Y respecto á los mercados que aún permanecen neutrales, China nunca será un consumidor importante para Europa: ella puede producir más barato; y cuando sienta la necesidad 4
50 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERS de gastar artículos europeos, se los fabricará por sí misma. ¡4y de Europa si el día que la máquina de vapor invada á China sigue confiando en el consumo exterior! Y en cuanto á los semisalvaje s africanos, su miseria no puede servir de base al bienestar de una nación civilizada. El progreso se encuentra en otra dirección: en producir para satisfacer las necesidades internas. Los compradores para los algodones del condado de Lancaster y la cuchillería de Sheffield, las sedas de Lyon y los molinos harineros húngaros, no están en la India ni en África, sino entre los productores nacionales. Es inútil mandar almacenes flotantes á. la Nueva Guinea con géneros de fantasía alemanes ó ingleses, cuando lo que sobran son gentes que quisieran poder comprarlos en ambos países. En vez de quebrarnos la cabeza ensayando medios de buscar compradores fuera, sería mejor tratar de responder á la cuestión siguiente: ¿Por qué el trabajador británico, cuyas aptitudes industriales son tan altamente elogiadas en los discursos políticos; por qué el agricultor escocés y el campesino irlandés, cuyos esfuerzos por hacer producir terrenos estériles son algunas veces tan encomiados, no son consumidores para los tejedores del condado de Lancaster, los cuchilleros de Sheffield y los carboneros de Northumberland y de Gales? ¿Por qué los tejedores lyoneses no sólo no usan telas de seda, sino que suelen carecer hasta de alimento? ¿Por qué los agricultores rusos venden el trigo y, durante cuatro, seis y algunas veces hasta ocho meses en el año, se ven obligados á mezclar cortezas y hierbas á un puñado de harina para cocerse el pan? ¿Por qué es el hambre tan frecuente entre los cultivadores de trigo y arroz en la India? Bajo las presentes condiciones de división de la so-
P. WROPOTICIN 51 ciedad en capitalistas y trabajadores, en pr opietarios y masas, viviendo de jornales inseguros, la expansión de la industria sobre nuevas regiones viene acompañada siempre con los mismos hechos de inhumana opresión, matanza de niños, pauperismo, y mayores dificultades para atender á la subsistencia. Las Memorias del inspector de fábricas de Rusia, las del Plaven Handelskammer, y las investigaciones italianas, están llenas de las mismas revelaciones que se encuentran en los informes de las Comisiones Parlamentarias de 1840 al 42, ó en las modernas revelaciones referentes al llamado «sistema del sudor», á que se someten los pobres, tanto en Glasgow como en Londres. Así, el problema del capital y del trabajo se universaliza, pero se simplifica al mismo tiempo. El volver á un estado de cosas en que se siembre el trigo y se fabriquen géneros para el uso de los mismos que lo cultivan y producen, tal es, indudablemente, el problema que habrá de resolverse durante los primeros años de la historia europea. Cada región vendrá á ser su propia productora y su propia consumidora de artículos industriales: pero eso implica forzosamente que sea, al mismo tiempo, su propia productora y consumidora de los productos agrícolas; y de eso es precisamente de lo que voy á ocuparme ahora.
CAPÍTULO III LOS RECURSOS DE LA AGRICULTURA El desarrollo de la agricultura.—El prejuicio del exceso de población.—dPuede el suelo de la Gran Bretaña alimentar á sus habitantes?—Agricultura británica comparada con la francesa y la belga.—Horticultura: sus adelantos.—dEs provechoso el cultivo del trigo en Inglaterra?—Agricultura americana: cultivo, intensivo en los Estados. La historia industrial y comercial del mundo, du. rante los últimos treinta años, ha sido la de la descentralización de la industria. No se trata de un mero cambio del centro de gravedad del comercio, como los que Europa ha presenciado en otro tiempo, cuando la hegemonía comercial emigró de Italia á España, á Holanda, y, finalmente, á la Gran Bretaña: tiene más profundo significado, pues excluye toda posibilidad de hegemonía comercial ó industrial. Lo ocurrido demuestra la aparición de condiciones nuevas, las cuales, á su vez, reclaman nuevas adaptaciones. Toda tentativa de reanimar el pasado sería estéril: las naciones civilizadas necesitan emprender otro camino. Es indudable que se han de elevar muchas voces, clamando por que se mantenga á todo trance la primitiva supremacía de los iniciadores: éstos siempre acostumbran á decir lo mismo; se argüirá que los fundadores del
P. KROPOTKIN 53 progreso deben alcanzar una superioridad tal de conocimientos técnicos y organización, que les permita sobreponerse á sus jóvenes competidores; y que, para conseguirlo, debe recurrirse á la fuerza si fuese necesario. Pero la fuerza es recíproca; y si el dios de la guerra se pone siempre al lado de los batallones más nutridos, resultarán también los más fuertes los que combatan por nuevos derechos contra privilegios anticuados. Y en cuanto á la noble aspiración á una educación más técnica, no vacilamos en proclamar su conveniencia; ella será un gran bien para la humanidad; para todos, entiéndase bien, no para una nación determinada; porque la inteligencia no puede cultivarse sólo para uso interno. La ilustración y los descubrimientos, la fuerza del pensamiento y lo emprendedor del carácter, las conquistas del genio y las mejoras en la organización social, son eminentemente internacionales, y ninguna clase de progreso—intelectual, industrial ó social—puede mantenerse encerrado dentro de las barreras políticas; él cruza los mares, perfora las montañas, y las estepas no bastan á contener su paso. La ilustración y las facultades inventivas son ahora tan completamente internacionales, que si un simple suelto de periódico anunciase mañana que el problema de almacenar fuerza, de imprimir sin tinta, 6 de navegación aérea había recibido una solución práctica en cualquier país del mundo, podemos tener la seguridad de que, en el transcurso de algunas semanas, el mismo problema sería resuelto, casi en la misma manera, por varios inventores de diferentes nacionalidades. Continuamente llega á nuestro conocimiento que el mismo descubrimiento científico 6 invención técnica ha sido realizado con pocos días de intervalo en países muy apartados entre sí, como si hubiera una especie de at-
CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES m6sfera que favoreciese la germinación de una idea particular en un momento determinado. Y la verdad es que tal atmósfera existe: el vapor, la imprenta y el común caudal de conocimientos la han creado. Los que sueñan con monopolizar el genio técnico están, por lo tanto, cincuenta años atrás de la hora presente. El mundo—el grande y ancho mundo—está, en la actualidad bajo el verdadero dominio de la ciencia; y si cada nación manifiesta alguna aptitud determinada para el cultivo en una rama especial de conocimientos, se compensan mutuamente, y las ventajas que pudieran producirle aisladamente no podrían ser más que pasajeras. La gran habilidad y destreza británicas en las artes mecánicas; la entereza americana para empresas gigantescas; el pensamiento sistemático francés y la pedagogía alemana, se están convirtiendo en aptitudes internacionales. Sir William Amstrong, en sus talleres de Italia y del Japón, comunica á los italianos y japoneses las aptitudes que habían sido amamantadas á orillas del Tyne, para manejar enormes masas de hierro; el bullicioso espíritu de empresa americano inunda el viejo mundo; el gusto francés por la armonía se hace gusto europeo, y la pedagogía alemana—y hasta mejorada, puede decirse—se encuentra aclimatada en Rusia. Así que, en lugar de pretender conservar la vida en los antiguos moldes, sería mejor el examinar qué clase de condiciones son las modernas, y qué deberes imponen á nuestra generación. Los caracteres de las nuevas condiciones son sencillos, y sus consecuencias fáciles de comprender. A medida que las naciones manufactureras de la Europa occidental vayan encontrando dificultades siempre crecientes para poder vender el producto de su industria en
1t; P. KROPOTKIN 55 el exterior, y obtener, en cambio, substancias alimenticias, tendrán necesidad de confiar sólo en los consumidores nacionales para el sostenimiento de su industria, y en los productores de la misma índole para la adquisición del alimento; y mientras más pronto lo hagan así, tanto mejor para todos. Dos grandes objeciones se presentan, sin embargo, tratando de cerrar el paso en el camino que conduce á la aceptación de tales conclusiones: se nos ha hecho creer, tanto por los economistas como por los políticos, que el territorio de, g. de la Europa occidental están tan sobrecargados de habitantes, que no es posible que produzca todo el alimento y las primeras materias necesarias para el sostenimiento de unas poblaciones que se hallan siempre en constante crecimiento; de ahí, pues, la obligación de exportar manufacturas é importar los artículos de alimentación. Y se nos dice, además, que aunque fuera posible hacer producir á los países de que hablamos todo el alimento necesario para sus habitantes, no sería ventajoso el hacerlo, puesto que en el exterior podría adquirirse más barato. Tales son las enseñanzas actuales y las ideas más corrientes de la sociedad en general: y, sin embargo, nada más fácil que probar que ambas son totalmente erróneas; mucho alimento podría producirse en el suelo de esas naciones, y para más de su población actual, de lo que se derivaría un inmenso beneficio. Y de estos dos puntos voy á ocuparme á continuación. Empecemos, pues, por el caso más desventajosó posible: gsería dable que el suelo de la Gran Bretaña, que al presente sólo proporciona alimento para una tercera parte de sus habitantes, pudiera producir toda la necesaria cantidad y variedad de alimento para 33,000.000 de seres humanos, cuando su extensión es sólo de 5.600.000
R2 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES á 10 millas de Charing Cross, próximo á una ciudad de 5.000.000 de habitantes, provista de patatas de Jersey y de Flandes, ensaladas francesas y manzadas del Canadá. En manos de los horticultores parisienses, cada mil acres situados á igual distancia de la capital, serían cultivados por lo menos por 2.000 personas, que obtendrían de ellas verduras por valor de 1.250 á 75.000 francos por acre; aquí, sin embargo, el terreno, que sólo necesita el concurso del trabajo humano para convertirse en fuente inagotable de doradas cosechas, permanece inactivo, y se nos dice á cada paso: «¡Arcilla, dura!», ignorando que en las manos del hombre no hay terrenos improductivos; que los más fértiles no se encuentran en las praderas americanas ó en las estepas rusas, sino en los eriales de Irlanda, en las dunas de arena de la costa Norte de Francia, y en las escabrosas montañas del Rhin, donde el hombre los ha hecho con sus manos. Y lo más notable de esto es que en algunas partes indudablemente fértiles del país, las cosas se hallan en peores condiciones aún: sentí una impresión penosa al ver el estado de la agricultura en el Sur del condado de Devon y al saber lo que «pasto permanente» significa. Campo tras campo están cubiertos sólo de yerba de tres pulgadas de alto y cardos silvestres en profusión: veinte, treinta campos semejantes pueden verse al primer golpe de vista desde lo alto de cada cerro, y miles de acres están en el mismo estado, á pesar de que los abuelos de la generación presente dedicaron una formidable cantidad de trabajo á limpiar esas tierras de piedras, cercarlas, desaguarlas ligeramente y hacerles otras mejoras por el estilo; en todas direcciones se encontraban granjas y arboledas amenazadas de ruina. Una población entera ha des aparecido, y hasta sus últimos vestigios lo harán también si las cosas continúan en el mismo estado: y esto
P. KI3COPOTKIN 63 ocurre en una parte del país, dotada de un suelo fertilísimo y de un clima que indudablemente es más benigno que el de Jersey en primavera y en los comienzos del verano; tierra de la cual, hasta los más pobres labradores, algunas veces arrancan patatas tempranas en la primera quincena de Mayo. ¿Pero cómo ha de poder cultivarse esa tierra, no hn biendo quien la labre? «Tenernos campos; los hombres pasan por ellos, pero no entran», me dijo un viejo trabajador; y así es, en realidad (1). Se dirá, por supuesto, que la anterior opinión forma extraño contraste con la reconocida superioridad de la agricultura británica. ¿Por ventura, no sabernos que las cosechas británicas dan, por término medio, 28 fanegas de trigo por acre, mientras que en Francia sólo llegan á 17? ¿No se encuentra en todos los almanaques que la Gran Bretaña obtiene anualmente 4.500.000.000 de francos de su producción animal, leche, queso, carne y lana de sus campos? Todo eso es verdad, y es indudable que, en muchos conceptos, la agricultura británica es superior á la de muchas naciones: en cuanto á obtener la mayor cantidad de productos con la menor cantidad de trabajo posible, la Gran Bretaña indudablemente ocupaba el primer lugar hasta que fue vencida por América; (1) En los alrededores de la casita donde pasé dos veranos había una granja de 370 acres, con cuatro hombres y dos muchachos; otra, eo mo de 300, con dos y dos; una tercera de 800, sólo con cinco de los primeros y probablemente igual número de los segundos. En una palabra: el problema de oultivar la tierra con el menor número de brazos posible, se había resuelto allí dejando sin labrar laa dos torearas partes.
64 CAMPOS , FÁBRICAS Y TALLERES y respecto á lo hermoso de su ganadería, el estado espléndido de sus productos y los resultados obtenidos en determinadas granjas, hay mucho que aprender. Pero un examen más detenido del conjunto de su agricultura pone de manifiesto muchos aspectos de inferioridad; pues por muy espléndido que sea, un prado siempre será un prado, muy inferior, comparado bajo el aspecto de su producción, con los terrenos de labor; y los hermosos ejemplares de la ganadería aparecen mezquinos desde el momento que cada res necesita tres acres de tierra para alimentarse. No cabe duda de que hay motivo justificado de admiración por las 28 fanegas que por término medio se dan en el país; pero cuando nos enteramos de que sólo en 1.417.000 acres, de los 33.000.000 cultivables, se produce ese resultado, sufrimos una decepción; cualquiera podría alcanzarlo semejante sí pusiera todo su abono disponible en la veintena parte del área que poseyera. Además, las 28 fanegas dejan de tener la misma importancia cuando se llega á saber que sin abono alguno, y sólo debido á una buena labranza, se ha obtenido en Rothamstead un término medio de 14 fanegas por acre del, mismo terreno durante cuarenta arios consecutivos (1), en tanto que con abonos se obtuvieron 38 fanegas en vez de 28, y bajo el sistema de la distribución se llegaron á recoger hasta 40; y aun en algunas granjas esta cantidad se elevó, en determinados momentos, á 50 y 57 fanegas por acre. Si deseamos tener una exacta apreciación de la agricultura británica, no debemos basarla sobre el resultado obtenido en algunos sitios elegidos y bien abonados, sino (1) Los Rothamstead Experiments , 1888, por el profesor W. Fream, pág. 35 y siguientes.
P. KROPOT~ '65 en todo el país, considerado en su conjunto (1). Ahora bien: de cada 1.000 acres de todo el territorio de Inglaterra, «ales y Escocia, 418 están por roturar, destinados á bosques, monte bajo, baldío, edificios, etc.; lo que no criticamos por depender, en gran parte, de causas naturales; en Francia y Bélgica, una tercera parte del suelo está de igual manera considerada incultivable, por más que mucha parte de él se reclama de continuo y se rotura. (1) Los datos de que me valgo para estos cálculos se encuentran en el Statesrnan's Year-book, 1896, y en la Agricultura? Returns of the Board of Agriculture para 1895. Son como signe: Acres. Acres. Área total (Gran Bretaña)..... 56.457.500 ÁREA NO CULTIVABLE: Inglaterra 7.481.000 Gales 1.885.000 Escocia 14.314.000 Gran Bretaña 23.680.000 ÁREA CULTIVABLE: Gran Bretaña 32,777.500 De ella, en Pastos permanentes. 16.610.563 Trébol y otras hierbas.... 4.729.801 Cereales y patatas (541.217).. 7.400.227 Verduras 3.225.762 De sólo barbecho, etc. 475.650 Lúpulos 58.940 Fruta pequeña 74.547 Lino 2.023 En cultivo (incluyendo el pasto permanente que da heno) 16.166.950 De los 6.879.825 de cereales, 1.417.641 estaban de trigo, 2.166;279 de cebada y 3.225.905 de avena.
66 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES Pero dejando á un lado lo «incultivable», veamos lo que se ha hecho con los 582 acres de cada 1.000 de la parte Krultivable» (32.777.000 en la Gran Bretaña). Ante todo, é eta se divide en dos partes casi iguales, y una de ellas-295 acres de cada 1.000—se destina á «pastos permanente s », lo que quiere decir que, por lo general, no se cultiva: de ella se obtiene muy poco heno (1), y en ella encuentra su alimento algún ganado. Así, más de la mitad del área cultivable queda sin labrar, y el resto, esto es, 287 acres sólo, de cada 1.000, son_ cultivados. De estos últimos, 110 están de cereales, 21 de patatas, 57 de legumbres y verduras, y 84 de tré bol y hierbas forrajeras alternadas, y, finalmente, de los 110 acres de cereales, los mejores 25 (una cuarentava parte del territorio, ó sea una veintitresava del área cultivable) son elegidos y sembrados de trigo, los cuales son bien labrados y abonados, obteniéndose de ellos 28 fanegas por acre, y sobre estos 25 acres de cada 1.000 está basada la universal superioridad de la agricultura británica. El resultado definitivo de todo esto es que, en cerca de 33.000.000 de acres de tierra cultivable, sólo se produce alimento para una tercera parte de la población (siendo importadas las dos restantes), y podemos decir, en su consecuencia, que, aunqiie cerca de dos terceras partes del territorio es cultivable, la agricultura del país sólo provee á las necesidades de cada 125 6 130 habitantes por milla cuadrada (de cada 378): en otros términos, que casi tres acres del área cultivable se necesitan para alimentar á una persona. Veamos ahora de qué modo se procede en Francia y Bélgica. Si nos limitásemos á comparar el término medio (1) Sólo de cada 85 acres de éstos 295 se obtiene hen o: del res- to, yerba únicamente.
P. ICROPOTKIN de 28 fanegas de trigo por acre en la Gran Bretaña, con el término medio de 17 fanegas en Francia, el resultado seria favorable á la primera; pero esos datos son de escaso valor, porque los sistemas de agricultura empleados en estos países son distintos. También tiene el francés sus «veinticinco acres» escogidos y bien abonados en el Norte y en Ile-de-France, de los cuales obtiene cosechas cuyo término medio fluctúa entre 31 y 33 fanegas (1). Mas también dedica al trigo, no sólo los terrenos escogidos, sino otros en el -Centro y el Sur que apenas dan diez, ocho y aun hasta seis fanegas por acre, lo que hace reducir el término medio de la producción total del país; el francés cultiva mucho de lo que aquí se deja para pasto permanente, y esto es lo que da motivo á que se hable de su «inferioridad» en agricultura. Y aunque la proporción entre lo que hemos calificado de «área cultivable» y el total del territorio es casi la misma en Francia que en la Gran Bretaña (624 acres por 1.000), el área del trigo es, en proporción, cerca de seis veces mayor que en la Gran Bretaña (146 acres, en vez de 25, por 1.000); los campos de cereales, reunidos, cubren más de las dos quintas partes del área cultivable, y además hay terrenos extensos dedicados á las legumbres, hortalizas, verdura y frutos industriales. (1) Esto es, de 31 11 33 fanegas por término medio; 40 en granjas buenas y 50 en las mejores. El área de trigo es de 17.500.000 acres; la cultivada de 95.000.000, y la total superficie del país 132 millones de acres. Véanse, LECOUTEUX, Le ble, sa culture eztensive el intensive, 1883; RISLER, Physiologie et culture du ble,1886; Boj- TET, Herbages et pra,iries naturelles, 1885; BANDRILLART I Les populations agricoles de la Normandie, 1880; GUANDEAU, Lce productíon agricole en France; LÉONCE DE LA.VEIIGNE, última edición, etcétera.
68 CAMPOS, KBRICAS Y TALLERES Tomándolo todo en consideración, aunque el francés se ocupa menos de la ganadería, y ceba especialmente menos número de carneros que los ingleses, obtiene, sin embargo, de sus tierras casi todo el alimento que él y su ganado consumen ; importando, por término medio, anualmente, sólo una décima parte del consumo nacional; exportando á este país cantidades considerables de productos alimenticios (250.000.000 de francos), no sólo del Sur, sino también, y especialmente, de las orillas del Canal de la Mancha (manteca y verduras de Bretaña, frutas y hortalizas de las inmediaciones de París, y así. sucesivamente) (1). El resultado neto es que, aun cuando una tercera parte es igualmente considerada como «incultivable)), el ::helo de Francia da alimento para 170 habitantes por milla cuadrada (de cada 188), esto es, para 40 personas más, por milla cuadrada, que en este país (2). Resulta, pues, que la comparación con Francia no es. (1) Las exportaciones de Francia en 1894 (año mediano) alcanzaron á: vino, francos 233.000.000; espíritus, 54.000.000; queso, manteca y a.:711car, 114.000.1:00. Enviando á este país aquel mismo arlo, francos 68.621.750 en vinos, 55.684.000 en azúcar refinada; 58.796.750. en manteca, 24.270.000 en huevos (40.287.500 en 1893). y 35.057.500 en aguardiente, siendo todo de origen francés solamente; y á ella hay que agregar 360.076.000 en sedas y lanas manufacturadas.. Aqui no están incluidas las exportaciones de Argelia. (2) Cada 1.000 acres de tierra francesa están distribuídos del modo siguiente: 376 acres están dedicados á bosque, monte bajo, dehesas boyales, etc., y 624 se consideran «cultivables»: de estos últimos, 128 están convertidos - en prados artificiales (regados actualmente en sn mayor parte), 92 sólo de barbecho y alguna otra, cosa, 272 de cereales, 83 de hortalizas, verduras y frutas industriales, y 47 de viñedo. No bajan de 146 los que están de trigo, que dan de 28 a 30 fanegas en dos de p artamentos, y 26 en doce. En junto, el término medio del rendimiento general es de más
P. KROPOTKIN 69 avora país como se había dicho que lo tan fble para este era, y lo será aun menos cuando en el próximo capítulo lleguemos á la horticultura. Y en cuanto á la compara_ ción con Bélgica, aparece más notable todavía, tanto más, cuanto que los dos sistemas de cultivo son iguales en ambos países. Diremos, pues, para empezar, que en Bélgica encontramos también un término medio en la cosecha de trigo de veintisiete y ocho décimas fanegas por acre; pero el área dedicada al trigo es cinco veces tan grande como en la Gran Bretaña, en comparación con el área de cultivo, y los cereales cubren casi la mitad de la tierra roturada (1). La tierra está tan bien cultivada, que el término de 17 fanegas por acre en una mitad del país, y de menos en_ la otra Respecto á la ganadería , encontramos en la Gran Bretaña 6.353.336 reses (esto es, 19 cabezas por cada 100 acres del área cultivable), incluyendo en ese número sobre 1.250.039 terneras de un año en adelante, y 25.792.195 carneros (esto es, 79 por cada 100 acres de los referidos). Mientras que en Francia hallamos 12.879.240 -reses (16 por cada 100 áreas de cultivo) y sólo 20.721.850 carneros 25 por cada 100 de las mismas). En otros términos, la proporción del ganado vacuno es casi la misma en ambos países (19 y 16 cabezas por cada 100 acres), presentando una gran diferencia á favor de este sólo en cuanto á los carneros se refiere (79 contra 25). No debiendo olvidarse las grandes importaciones ele heno, orujo de aceitunas, avena, etc., en este país, pues con lo que se gasta en cada cabeza de ganado que vive de la importación, habría para cebar 6 alimentar á. ocho carneros con forraje del país. Respecto á caballos, ambos países se presentan á la misma altura. (1) De cada mil acres del territorio, 673 son cultivables y 327 se consideran impropios para el cultivo: de los primeros 317 se dedican á cereales, 182 á verduras, hortalizas y yerbas alternadas; 121 á trigo y trigo mezclado con centeno (noventa y ouatro á trigo solo). Además, en sesenta y tre3 acres de cada mil, se recogen cosechas suplementarias de zanahorias y otras vardur4s.
70 CAMPOS, niBRICAS Y TALLERES medio de la cosecha de trigo en los años 1889-92 (descontándose el 91, que fue malísimo) arrojó el resultado siguiente: veintiocho y seis décimas fanegas de trigo por acre; cerca de cuarenta y siete fanegas de avena (dc; treinta y cinco á cuarenta y uno y medio en la Gran Bretaña), y cuarenta fanegas de cebada de invierno (de veintinueve á treinta y cinco en la Gran Bretaña), mientras que no bajarían de 459.800 acres los que dieron una cosecha suplementaria de nabos (2.226.250 t.) y zanahorias (155.000 t). Todo considerado, se observa que Bélgica produce más de 76.000.000 de fanegas de cereales, esto es, de quince á diez y siete fanegas por acre de área cultivable, en tanto que la proporción correspondiente para la Gran Bretaña es sólo de ocho y medía fanegas; criando además casi doble cantidad de ganado por acre de cultivo, que dicho país (1), dedicándose grandes cantidades de terreno también al cultivo de plantas industriales: patatas para aguardiente, remolachas para azúcar, y así sucesivamente. Sin embargo, no debe creerse que el suelo de Bélgica es más fertil que el de este país: por el contrario, valiéndonos de las mismas palabras de Javeleye «sólo una mitad, ó menos, del territorio ofrece condiciones naturales que sean favorables á la agricultura»; la otra mi- (1) Contando todos los caballos, reses y carneros en ambos países, y tomando ocho carneros como equivalente á nna res vacuna, encontramos que Bélgica tiene veintitrés unidades de ganado y caballos por cada cien acres, contra veinte en la Gran Bretaña. Si co nsideramos sólo el ganado, la diferencia es aún mayor; hallando treinta y seis unidades en cada cien acres de área cultivable, contra. di ecinueve en la otra parte. El valor anual de la producción animal en Bélgica está apreciado, según el Annuaire Stalistique de la Belgigne (1893, página, 263), en 1. 450.976.2.50 francos, incluyendo las aves (38.350.000).
P. KROPOTKIN 71 tad consiste en un suelo de cascajo, 6 arenas, «cuya natural esterilidad sólo era posible vencer con abonos excesivos»: el hombre, pues, y no la naturaleza, es quien ha dado á ese suelo su presente fertilidad; con él, y su trabajo, el belga consigue suministrar casi todo el alimento de una población que es más densa que la de Inglaterra y Gales, contando 544 habitantes por milla cuadrada. Si se tiene en cuenta el movimiento de exportación é importación de los productos agrícolas, podemos decir que las conclusiones de Javeleye son ciertas, y que sólo un habitante de cada diez á veinte necesita alimento importado: el suelo belga proporciona alimento del país á una cantidad que no baja de 490 habitantes por milla cuadrada, y todavía queda algo para la exportación; no siendo de menos de 25.000.000 de francos en productos agrícolas la exportación anual á la Gran Bretaña. Además, no debe olvidarse que Bélgica es nación manufacturera, que exporta géneros del país por valor de 225 francos por cabeza de población (1.400.000.000 de francos por término medio en los años 1886-92); en tanto que la exportación total del Reino Unido sólo llega á 158,75 de franco por habitante. En cuanto á considerar las diferentes partes del país aisladamente, podemos decir que la pequeña y estéril por naturaleza provincia de Flandes occidental, no sólo produce el alimento de sus 580 habitantes por milla cuadrada, sino que además exporta productos agrícolas por valor de pesetas 106,25 por cabeza de población; y, sin embargo, nadie puede leer la importante obra de Laveleye sin llegar á la conclusión de que la agricultura flamenca hubiera realizado resultados aun mejores si no fuera por la continua y pesada carga de los impuestos. Ante el temor de un aumento de estos cada nueve años, r
.skt 78 CAMPOS, KBRICAS Y TALLER&S hecho, él se lo lleva al marcharse á otra parte, porteán-, dolo al mismo tiempo que sus armaduras, sus tubos de agua caliente y demás utensilios (1). Como no me es posible relatar aquí todas las maravillas realizadas en horticultura, tengo que referir el lector á las obras, muy interesantes en verdad, que se ocupan de esta materia, y concretarme á presentar sólo algunos casos (2). Tomemos, por ejemplo, el huerto—la marais—de NI. Ponce, el autor de la bien conocida obra sobre Culture maraieltér e. Su anca sólo tiene dos acres y siete décimas de extensión: los gastos del establecimien- to, incluyendo máquina de vapor para el riego, llegaron á, 28.400 francos; ocho personas, incluso M. Ponce, la (1) «El suelo portátil ° no es la última palabra en agricultura?: lo más reciente es el riego con líquidos especiales que contengan microbios especiales también; es un hecho probado, que el abono químico sin el orgánico, rara vez resulta suficiente; por otra parte, 1,e ha descubierto últimamente que ciertos microbios son necesarios al suelo para el crecimiento de las plantas. De ahí la idea de sembrar los microbios útiles que se desorrollan rápidamente en el terreno y lo fertilizan; pronto, seguramente, oiremos decir algo más de este nuevo método que se está experimentando en grande escala en Alemania, con objeto de transformar terrenos malos en praderas magníficas. Véase «Recent Science ° en Nineteenth Century. Octubre, 1897.» (2) PONCE: La culture maraCcUre, 1860; GREssE NT; Le potager moderne, 7 el, 1883; COURZOIS WRAJID: Manuel pratique de culture maraícUre, 1863; VIL - MARIN: Le bon jarolinier (almanaque). Los lectores que deseen adquirir conocimientos respecto á la prod uctibilidad del suelo hallarán numerosos ejemplos, bien clasificados, en la, interesante obra de A. TA.UBEAU: Repartitión metrique des impost, 2 vols., 1880. No cito muchos excelentes manuales ingles es, pero debo observar que la horticultura ha ale anzado en este país resultados altamente elogiados por los hortelanos del continente y que lo que más se le puede reprochar es su extensión, relativamente limitada.
P, KROPOTWIN 79 cultivan y llevan la hortaliza al mercado, á cuyo efecto tienen una caballería, que, en su viaje de vuelta de París, trae abonos, en lo que se emplean 2.500 francos anuales, é igual cantidad en la renta y la contribución. Pero, ¿cómo enumerar todo lo que se coge anualmente en ese espacio de menos de tres acres, sin llenar dos ó más páginas con los más maravillosos guarismos? Hay que leerlo en la obra misma, pero estos son los datos culminantes: más de 20.000 libras de zanahorias; más de 20.000 libras de cebollas, rábanos y otras hortalizas vendidas al peso; 6.000 coles; 3.000 coliflores; 5.000 canastas de tomates; 5.000 docenas de fruta de primera, l y 154.000 pies de ensalada; en resumen, un total de 250.000 libras de frutas, verduras y hortalizas. El suelo está hasta tal punto formado de camas estimulantes, que todos los años hay que vender 250 metros cúbicos de marga. Ejemplos como este podrían citarse por docenas, y la mejor prueba de que no ha habido exageración alguna respecto al resultado, es lo elevado del arrendamiento pagado por los hortelanos, que en las afueras de Londres llega de 250 á 375 francos por acre también. No baja de 2.125 acres lo que se cultiva á las puertas de París de este modo por cinco mil personas, y así, no sólo los 2.000.000 de parisienses se ven provistos de frutas y hortalizas de todas clases, sino que aún queda un sobrante que se remite á Londres. Los anteriores resultados se obtienen con ayuda de armaduras de calefacción, millares de campanas de cristal y otros utensilios; pero, aun sin recurrir á medios tan costosos, con sólo treinta y seis metros de aparato de calefacción para las almácigas, se crían vegetales a 1 aire libre por valor de 5,000 francos por acre (1). No hay (1) IVIanuel pratique de culture anara€eUre, por Caurtois Gérar(1, Gc1., 1863.
CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES para qué decir que en tales casos los altos precios á que se ha vendido la cosecha no son debidos á su produc ción anticipada, sino simplemente á su abundancia. Permitidme, además, añadir que todo este admirable cultivo data sólo de ayer: hace cincnenta años el eultnre niarctiché • e era completamente primitivo; pero ahora el hortelano de París, no sólo desafía al suelo— recogería las mismas cosechas hasta sobre el asfalto de las calles—sino al clima también. Con sus muros elevados, para reflejar la luz y protejer á los árboles fijados sobre ellos en los vientos del Norte, y las cubiertas y bastidores de cristal, dedicados también al mismo objeto, sus aparatos de calefacción y sus pépinieres, ha hecho una verdadera huerta, una hermosa huerta meridional de los alrededores de París; él le ha dado á la capital los «dos grados menos de latitud» por que suspiraba un hombre de ciencia francés; él suministra á la ciudad montañas de uvas y frutas en cualquiera estación; y en los albores de la primavera la inunda y perfuma con sus flores. Pero no son los artículos de lujo los únicos en que fija su atención: el cultivo de hortalizas corrientes en gran escala se va extendiendo todos los años, y los resultados son tan buenos, que ahora hay maraícUres prácticos que se atreven á sostener, que, si todo el alimento animal y vegetal necesario para los 13.500.000 habitantes de los departamentos del Sena y Sena y Oisse, tuviera que producirse sólo en su territorio (3.250 millas cuadradas), se podría obtener sin acudir á otros métodos de cultivo distintos de los que se usan actualmente, los cuales han sido ya experimentados en gran escala con los mejores resultados. Y, sin embargo, el hortelano de París no constituye nuestro ideal: en el penoso trabajo de la civilización, nos ha mostrado el camino que hay qué seguir; pero el
P. KROPOTECIN 81 n • n • n •• nn 11.11 n •••• ideal de la moderna civilización se halla en otra, parte. trabaja casi sin interrupción, desde las tres de la mañana hasta bastante entradá la noche; no conoce el descanso, no tiene tiempo para vivir la vida de los seres humanos; el bienestar no existe para él; su mundo es su huerta, más aún que su familia. nt no puede ser nuestro ideal; ni él, ni su sistema de agricultura. Nuestra ambición es que llegue á producir aún más todavía con menos trabajo, y pudiendo gozar de todos los placeres que nos brinda la vida: lo cual no tiene nada de imposible. Por punto general, si dejamos aparte á esos hortelanos, dedicados principalmente al cultivo de los llamados primeurs—peras del tiempo en Enero, y otras cosas por el estilo—y sólo nos ocupamos de aquellos que siembran al aire libre, recurriendo á la calefacción sólo en el primer período de la vida de las plantas, y analizamos su sistema, vemos que su esencia consiste: primero, en crear para la planta un suelo nutritivo y poroso, que contenga lo mismo la materia orgánica en descomposición necesaria, que los compuestos inorgánicos; y conservarlo, así como á la atmósfera que lo circunda, á una temperatura y á un grado de humedad superiores á los del medio ambiente: todo el sistema queda expresado en estas pocas palabras. Si el maraicher francés emplea prodigios de trabajo, inteligencia é imaginación en combinar diferentes clases de abonos, á fin de hacerlos fermentar con una velocidad determinada, no lo hace con otro fin que el indicado 111 arriba: un suelo nutritivo, y la deseada igual temperatura y humedad del aire y del terreno; todo su arte empírico está dedicado á la realización de estas dos a spirat•iones; pero ambas pueden llevarse á cabo de otro modo mucho más sencillo. La mano puede mejorar el suelo; o
82 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES pero no es necesario que lo hoya: cualquiera que sea la composición que se desee del terreno, siempre puede hacerla la máquina. Ya tenernos fábricas de abonos, máquinas para pulverizar las fosforitas y aun los granitos de los Vosgos, y veremos fabricarse la marga tan pronto como haya quien la demande. Claro es que, al presen te, cuando el fraude y la adulteración se emplean en tan gran escala en la fabricación de abonos artificiales, la cual se considera como un proceso químico, cuando debía considerarse COMO proceso biológico, el hortelano prefiere gastar una can tidad increíble de trabajo á exponerse á perder la cosecha con el uso de drogas tan pomposamente anunciadas, y al mismo tiempo tan inútiles. Pero ese es un obst{lculo social que depende de una falta de conocimiento y una mala organización social, no de ea usas físicas (1). Respecto á la necesidad de crear para el primer período de la vida de la planta un suelo y una atmósfera calientes, hace cuarenta años Léonce de . Lavergne predijo que el inmediato piso en el cultivo sería el calentar el suelo. Los tubos de agua caliente dan el mismo resultado que la fermentación del estiércol, pero con mucho (1) Ya se le ha hecho desaparecer, hasta cierto punto, en Francia y Bélgica., gracias á los laboratorios públicos donde se analizan semillas y abonos. Las falsificaciones descubiertas en estos establecimientos excede á toda ponderación: abonos, conteniendo sólo una quinta parte del elemento nutritivo que se le atribuía, resultaron cosa corriente; mientras que otros, compuestos de materias perjudiciales, y desprovistos de toda partícula nutritiva, se encontraba que habían sido lanzados al mercado por firmas de las más respetables,). Y en cuanto á las semillas, el resultado es aún peor: en el, laboratorio de Gante se reconocieron muestras de semillas de yerbas de pasto que contenían un 20 por 100 de plantas perjudiciales ó de granos de arena colocados para engañar al comprador, y aun hasta un 10 por 100 de plantas venenosas.
ry 11) P. KTIOPOTXIN 83 m enos gasto de trabajo humano, y ya este sistema fun - ciona en grande escala, como se verá en el capítulo siguiente; por su mediación, la fuerza productiva de un área 4 _ determinada de terreno puede verse aumentada en más de cien veces. Claro es que ahora, cuando el sistema capitalista nos hace pagar por cada cosa cuatro ó cinco veces su valor de trabajo, gastamos á menudo sobre unas 25 pesetas por metro cuadrado de caldeo. ¿Quién puede contar el número de intermediarios que se están enriqueciendo con los bastidores de madera importados de Drontheim? Con que sólo calculásemos lo que representa el valor de nuestro trabajo, veríamos con asombro que, gracias al uso de la maquinaria, el metro cuadrado de un invernadero no cuesta más que medio día de trabajo personal, y pronto veremos que el término medio de Jersey y Guernsey por el cultivo de un acre bajo cristales es sólo de tres hombres, trabajando diez horas al día. Así que el invernadero, que antes era un articulo de lujo, está penetrando rápidamente en el dominio del cultivo en grande; y ya podemos vislumbrar el día en que el invernadero de cristal sea considerado como apéndice ne 2,esario al campo, lo mismo para esas frutas y legumbres que no pueden prosperar al aire libre, como para los cuidados preliminares de casi todas las plantas de cultivo en su primer período de desarrollo. Las frutas del país son siempre preferibles á los productos á medio madurar que se importan del exterior, y el trabajo adicional que se requiere para tener una planta nueva bajo cristales queda compensado con exceso con la incomparable superioridad de la cosecha. Y con referencia al trabajo, la verdadera cantidad de éste que se ha gastado en el Rhin y en Suiza para plantar las viñas, hacer sus terraplenes y sus muros de contención, y
84 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES para subir el terreno sobre la roca pelada, así como el empleado anualmente en el cultivo de esas viñas y huertos de frutales, nos hace preguntar cuál de los dos demanda menos trabajo personal: duna viña (me refiero á la viña sin calefacción) en los arrabales de Londres, ú otra en el Rhin ó en el lago Leman? Y cuando comparamos los precios obtenidos por los viticultores de los al-. rededores de Londres (no los alcanzados en las fruterías del West-end, sino los corrientes en Septiembre y Octubre) con los usuales de Suiza ó del Rhin en esos mismos meses, nos hallamos inclinados á sostener que en ninguna parte de Europa, más allá de los 45° de latitud, se cosecha la uva con menos gasto de trabajo personal, tan- to por el capital empleado cuanto por el trabajo anual,: como en las viñas inmediatas á Londres y Bruselas. En cuanto á la exa gerada productibilidad de los países exportadores, bueno será que recordemos que los viticultores del Mediodía de Europa sólo beben un abominable piquette; que Marsella fabrica vino para el consumo interior, hecho de pasas traídas de Asia; y que el agricultor de Normandía, que manda sus manzanas á Londres, no bebe verdadera sidra más que en las grandes festividades. Tal estado de cosas no puede ser eterno, y no está lejano el día en que nos veamos obligados á acudir á nuestros propios recursos para proveer á muchas de las cosas que ahora importamos: y no por eso estaremos peor; los recursos de la ciencia, lo mismo en el ensanche del círculo de nuestra producción que tocante á nuevos descubrimientos, son inagotables, y cada nueva rama de actividad humana engendra otras que van continuamente aumentando el poder del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza. Si tornamos todo esto en consideración; si nos hacemos cargo del progreso realizado,).timamente en el cul- 1.0.i.bent
1'. ILICOPOTSIN 85 t ivo hortícola, y la tendencia á extender su acción al campo abierto; si observamos los experimentos agrícolas que ahora se hacen—hoy ensayos y mañana realidades-- y apreciamos los recursos que atesora la ciencia,, nos veremos obligados á confesar que es completamente imposible prever, en el momento actual, el límite res 1 ecto al mcíximum, de seres humanos que pudieran extraer de un área de terreno determinada sus medios de subsistencia, ni la variedad de frutos que éstos pudieran hacer producir ventajosamente en cualquiera latitud: cada día dilata los anteriores límites y abre nuevos y anchos horizontes; todo lo que podemos decir actualmente es que 600 personas podrían fácilmente vivir en una milla cuadrada, y que, con sistemas de cultivo ya experimentados en grande escala, 1.000 seres humanos—que no fueran holgazanes—que vivieran en 1.000 acres, podrían, sin hacer ningún trabajo excesivo, obtener de esa área una alimentación vegetal y animal abundante, así como el lino, lana, seda y pieles necesarios para sus vestidos. Y .en cuanto á lo que pudiera obtenerse con métodos más perfeccionados aún—conocidos también, pero no experimentados todavía en grande escala—mejor será que nos abstengamos de emitir ningún juicio; tan grandes son los recientes adelantos del cultivo intensivo. Vemos, pues, por lo dicho, que la falaz teoría del exceso de población no resiste al primer esfuerzo que se hace para someterla á un examen más detenido. Sólo podrán horrorizarse de ver aumentar la población de este país á razón de un individuo cada 1.000 segundos, aquellos dispuestos á no ver en su semejante más que un copartícipe de la riqueza adquirida por la humanidad, sin considerarlo al mismo tiempo como productor también de la misma; pero nosotros, que vemos en todo recién nacido un trabajador futuro, capaz de
86 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLES,1 producir mucho más de la parte que le corresponda de la existencia general, saludamos su advenimiento; sabemos qUe la densidad de la población es una condición necesaria para que pueda el hombre aumentar las facultades productivas de su trabajo; sabemos que un trabajo altamente productivo no es posible, mientras que los hombres, pocos en número y repartidos sobre grandes superficies de terreno, no puedan combinar sus esfuerzos para bien del progreso y la civilización. Sabemos la cantidad de trabajo que hay que emplear en arañar la tierra con un arado primitivo, en hilar y tejer á mano, y sabemos también cuánto menos trabajo cuesta el producir la misma cantidad de alimento y tejer la misma tela con ayuda de la maquinaria moderna; no-ignoramos tampoco que es infinitamente más fácil el hacer producir 200.000 libras de alimento en un acre que el hacerlo en diez. El suponer que el trigo nace por sí mismo en las estepas rusas, es pura fantasía; los que han visto cómo, trabajan los campesinos en la «fértil» región de la: tierra negra, sólo tendrán un deseo: que el aumento de población pueda permitir el uso del arado de vapor y el cultivo hortícola en las estepas, á fin de que los que hoy son bestias de carga de la humanidad, puedan levantar la cabeza y convertirse en hombres. ** * Hay que reconocer, sin embargo, que son pocos los economistas que se hallan completamente enterados de estas verdades: admiten de buen grado que la Europa occidental pudiera producir más substancias alimenticias de las que da actualmente; pero no ven la necesidad ni las ventajas de hacerlo así, mientras que haya nacio-
P, KROPOTKIN 87 nes . qué -puécilln proporcionarlas á cambio de géneros manufacturados: examinemos, pues, hasta qué punto es razonable este modo de apreciar la cuestión. Es indudable que, si nos darnos por satisfechos con sólo manifestar que es. más barato traer trigo de Riga, que cultivarlo en el condado de Lincoln, la cuestión queda resuelta en el momento. Pero, des eso verdad? dEs realmente más barato el importar el alimento'? Y aun suponiendo que lo sea, ano estamos, sin embargo, obligados á analizar ese resultado compuesto que llamarnos precio, antes de aceptarlo como el supremo y ciego director de nuestras acciones? Sabernos, por ejemplo, lo cargada que está la agricultura francesa de contribuciones, y no obstante, si comparamos los precios de los artículos de alimentación en Francia, que ella misma produce , en su gran mayoría, con los de este país, que los importa, no hallaremos diferencia en favor de este último; por el contrario, el balance se inclinará más bien del lado de Francia, como incuestionablemente ocurría con el trigo antes de introducirse el nuevo arancel protector. Desde que se sale de París (donde los precios se encuentran más elevados (t, causa de los consumos) se ve que todo producto del pais está más barato en Francia que en Inglaterra, y que los precios disminuyen más aún, á medida que nos dirigimos á la parte oriental del continente. Hay, además, otro aspecto más desfavorable todavía para este país, el cual es el enorme desarrollo de la clase de intermediarios que existen entre el importador y el productor nacionales por un lado, y el consumidor por otro: mucho hemos oído hablar últimamente de la parte tan desproporcionada de los precios que pagamos, que va á parar al bolsillo de los agiotistas; todos hemos oído la historia del cura del East-end, que se hizo carnicero
94 CAMPOS, PÁBRICILS Y TALLEROS sacos, por medio de máquinas Inventadas al efecto, la cosecha, enviándola al elevador más próximo, ó directamente á los buques que la llevaban á Europa; después de lo cual se volvía á desbandar la gente, se echaban de nuevo los caballos al campo, ó se vendían, y una vez más quedaban sólo dos hombres en la granja. La cosecha por acre era pequeña; pero la maquinaria se hallaba tan perfeccionada, que de este modo trescientos días de trabajo de un solo hombre producían de 200 á 300 cahíces de trigo, ó, en otros términos no siendo de importancia el área del terreno,—cada trabajador producía en un día su consumo de pan anual (ocho fanegas y media de trigo), y tomando en consideración todo el demás trabajo, se calculó que el trabajo de 300 hombres en un solo día, entregaba al consumidor de Chicago la harina que hace falta para el alimento anual de 250 personas. Así, pues, doce horas y media de trabajo es lo que se necesita en Chicago para proporcionar á un hombre su provisión anual de harina de trigo. Bajo las especiales condiciones que se presentaban en el extremo Oeste, este procedimiento era ciertamen- , te apropiado para aumentar de un modo rápido . el suministro de trigo de la humanidad, siendo verdaderamente adecuado, al abrirse á la explotación grandes territorios vírgenes é inhabitados; pero tal sistema no podía convertirse en permanente. De ese modo se quedaba pronto el suelo exhausto, la cosecha disminuía, y pronto había que recurrir á la agricultura intensiva, cuya aspiración es recoger grandes cosechas en áreas reducidas. Tal ocurrió en Iowa en 1878: hasta entonces, ese Estado era un emporio para la producción del trigo en la forma que acabamos de indicar; pero el suelo se había ya agotado, y cuando sobrevino una enfermedad á la planta, el trigo no tenía fuerza para resistirla. En L
• t P. 1014)POTKIN po cas semanas, casi 'todos los sembrados de trigo, que parecían anunciar brillantes cosechas, se perdieron: de ocho á diez fanegas por - acre de mal trigo, fue' todo lo que pudo recogerse, y el resultado fue que las «granjas gigantescas» tuvieron que dejar el puesto á las pequeñas, y los labradores.de Iowa (después de una crisis terrible de corta duración, todo es rápido en Ann 131) dedicaron á un cultivo más intensivo. Ahora no le ceden el puesto á Francia en el cultivo del trigo, puesto que ya recogen un término medio de 16 fanegas y media por acre, en un área de más de 2.000.000 de acres, y pronto ganarán más terreno. En cierto modo, y con ayuda de abonos y un sistema más perfeccionado de cultivo, compiten ya admirablemente con las grandes granjas del Oeste. En una palabra, repetidas veces, tanto Schaeffle, Sember y Oetken, como otros muchos escritores, han llamado la atención sobre el hecho de que la fuerza de la «competencia americana», no depende de sus granjas colosales, sino de las innumerables granjas pequeñas, en las que se cultiva el trigo lo mismo que en Europa; esto 'es, con abonos y con una producción mejor organizada, y más facilidades para la venta, sin verse obligados los labradores á pagar al propietario un tributo de una tercera parte ó más del precio de venta de cada cahíz de trigo. Y, sin embargo, sólo después de haber yo mismo recorrido las praderas de Manitoba, fue cuando pude apreciar en todo su valor la importancia real y efectiva de las anteriores verdades. Las 15 á 20.000.000 de fanegas de trigo que se exportan todos los años de ese Estado, se cultivan en granjas de 160 y 320 acres: el arado se hace del modo corriente, y en la inmensa mayoría de los casos, los labradores compran las segadoras y otras máquinas, asociándose en 4 95
9 6 lAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES grupos de,ecuatro. La trilladora la alquila cada cual, cuando4 necesita, por uno ó dos días, y cada labrador porteisu trigo al elevador con sus propios caballos, bien sed fiara venderlo inmediatamente, ó para dejarlo depog l iEado allí, si no se halla muy apurado de dinero y espera alcanzar mejores precios dentro de un mes 6 dos. En resumen, en Manitoba queda uno particularmente impresionado con el hecho de que, aun bajo la acción de una competencia encarnizada, las granjas de mediana extensión compiten admirablemente bien con las colosales, no siendo la producción del trigo en grande escala lo que da mejor resultado. Interesa también mucho fijarse en que miles y miles de labradores producen montañas de trigo en la provincia canadiense de Toronto y en los Estados orientales, á pesar de que el país ro es de praderas, y las granjas son, por lo regular, pequeñas. La fuerza, pues, de la competenéia americana», no reside en la posibilidad de tener en una sola suerte centenares de acres de trigo, sino en tener la propiedad del suelo, en un sistema de cultivo que se adapta al carácter del país, en un espíritu de asociación más desarrollado, y, finalmente, en un número de instituciones y costumbres destinadas á elevar al agricultor y su profesión á un alto nivel, que es desconocido en Europa. Aquí, en nuestro continente, no podemos apreciar bien todo lo que se ha hecho en los Estados Unidos y en el Canadá en interés de la agricultura: en todos los Estados de la nación y en todas las distintas regiones del Canadá hay granjas-modelos, y todos los ensayos preliminares con nuevas variedades de trigo, avena, cebada, forraje y frutas, que el labrador tiene que hacerse casi por completo en Europa, se efectúan allí en las mejores condiciones científicas, en pequeña escala primero y en grande después. Y los resultados de todas esas investi-
14!TP7-1K,".. .' • KROPOTKI> 97 experimentos no sólo se hacen accesibles 'á gagiónes todos los labradores que quieran conocerlos, sino qu.e se les da la mayor publicidad, llamando sobre ellos laatención de los interesados por todos los medios posibles: los Boletines de las estaciones experimentales se distribuyen por centenares de miles; y las visitas á las granjas-mo- delos están organizadas de tal modo, que miles de labradores pueden inspeccionarlas todos los años, informándose por los especialistas de los resultados obtenidos, bien sea con nuevas variedades de plantas 6 con nuevos métodos de cultivo. La correspondencia sostenida con los labradores es en tan gran escala, que, por ejemplo, en Ottawa, la granja-modelo manda todos los años por correo 100.000 cartas y paquetes postales. Todo labrador puede recibir, libre de todo gasto, tres libras de semillas de cualquiera variedad de cereal, de las cuales puede sacar lo necesario para sembrar el año siguiente varios acres. Y, finalmente, en todas las poblaciones, por pequeñas que sean y por distantes que se encuentren, se celebran meetings de agricultores, en los cuales oradores especiales, enviados p or las granjas-modelos de las sociedades agrícolas del distrito, discuten con aquéllos, de un modo familiar, los resultados de los experimentos y descubrimientos del año anterior, en relación con todos los ramos de la agricultura, horticultura, ganadería, fabricación de queso y de manteca, y cooperación agrícola (1). La agricultura americana ofrece verdaderamente un aspecto imponente, no por los campos de trigo del extre- (1) Algunas informaciones sobre este particular pueden encontrarse en mis artículos «Algunos recursos del Canadá» y «Ciencia reciente », en The Nineteenth Century. Enero de 1898, y Octubre de 1897. 7
98 CAMPOS , FÁBRICAS Y TALLERES mo Oeste, que pronto pertenecerán al pasado, sino por el desarrollo de una agricultura racional y las fuerzas que la promueven. Leed la descripción de alguna exposición agrícola, «la feria del Estado», en cualquier pueblecito de Iowa, con sus 70.000 agricultores instalados con sus familias en tiendas de campaña, durante la semana de la feria, estudiando, aprendiendo, comprando y vendiendo y disfrutando de la vida; os hallaréis ante una fiesta nacional, y com p renderéis que en ese país la agricultura se tiene en gran aprecio. O si no, leed las publicaciones de las numerosas estaciones experimentales, cuyas Memorias se distribuyen á manos llenas por todo el país, y son leídas por los agricultores y discutidas en sus innumerables meetings. Consultad las «Transacciones» y «Boletines» de las numerosas sociedades agrícolas, no de carácter aristocrático, sino popular; estudiad las grandes empresas llevadas á cabo para asegurar la irrigación, y veréis claramente que la agricultura americana es una verdadera fuerza, impregnada de vida, que ya no teme al cultivo en grande, y no necesita gritar, como los niños, pidiendo protección. La agricultura y horticultura «intensivas» son ya en 'esta época un rasgo tan característico del modo de cultivar en. América como en Bélgica. Retrocediendo basta el año 1880, vemos que nueve Estados, entre los cuales se encontraban Georgia, Virginia y las dos Carolina, compraron por valor de francos 143.750.000 de abono artificial, y se nos dicé que, en la actualidad, su uso se ha, extendido mucho hacia el Oeste. Y en Iowa, donde las grandes granjas eran corrientes hace veinte años, los prados artificiales se encuentran ya en uso, siendo muy recomendados, tanto por el Instituto Agrícola de Iowa, como por los numerosos periódicos agrícolas locales; en tanto que en las compes
P. Iiii-OPOTKIN 99 tencias agrícolas, los primeros premios se otorgan, no al cultivo en grande, sino á las cosechas abundantes obtenidas en áreas pequeñas. Así, en una competencia reciente, en la que tomaron parte centenares de labradores, los primeros diez premios fueron concedidos á otros tantos de aquellos que habían cada uno obtenido en tres acres de terreno de 262 á 346 5 / 4 fanegas de maíz, ó sea de 87 cí 115 fanegas el acre. Lo cual demuestra hacia donde se dirigen las aspiraciones de los labradores de 1~1. En Minnesota se premiaron hace dos años las cosechas de 300 á 1.120 fanegas de patatas por acre, esto es, de ocho y cuarto á treinta y una toneladas por acre; mientras que el término medio de la cosecha de la patata en la Gran Bretaña no es más que de seis toneladas. Al mismo tiempo, la horticultura se va extendierulo rápidamente por América: en las huertas de la Fiorida vemos cosechas de 445 á 600 fanegas de cebollas por acre, 400 de tomates y 700 de batatas, lo cual demuestra un elevado desarrollo de cultivo. Ea cuanto á las grandes huertas, cuyos productos se dedican á la ex p ortación, su extensión en 1892 era de 400.000, y los huertos frutales en las inmediaciones de Norfo:k, en Virginia, eran descritos por el Profesor Carlos Baltel (1) como verdaderos modelos en su clase; importante declaración en boca de un horticultor francés, procedente de las huertas modelo de Troyes. Y mientras las gentes en Londres siguen pagando, casi todo el año, dos peniques por una lechuga (á menudo importada de París), existen en Chicago y en Boston los únicos establecimientos en su género donde se cultivan las lechugas en inmensos invernaderos con ayuda de la luz eléctrica; debiendo no olvidarse que, aun (1) L'Horliculture dans les eing parties du "orlas. París, 1139-,
100 CAMPOS. FÁBRICAS Y TALLERES cuando el descubrimiento del crecimiento «eléctrico» es europeo (se debe á Siemens), en la Universidad de Cornell fue donde primero se probó, por una serie de experimentos, que la luz eléctrica es una ayuda admirable para favorecer el crecimiento de las partes verdes de la planta. En fin, América, que fue la primera en llevar el cultivo «extensivo» á la perfección, ahora ocupa también el primer lugar en cuanto al cultivo «intensivo» se refiere, y en esta capacidad de adaptación, reside la verdadera fuerza de la competencia americana.
CAPÍTULO IV LOS RECURSOS DE LA AGRICULTURA (CONTINUACIÓN) La doctrina de Malthus.--Progreso en el cultivo del trigo.—Flandes oriental.—Jersey.—Cultivo de patatas: su pasado y su presente.—Irrigación.—Experimentos del Comandante Hallett.— Trigo plantado. Pocos libros han ejercido una influencia tan perniciosa sobre el desarrollo general del pensamiento económico como la que el Estudio del principio de Población, de Malthus, ha tenido durante tres generaciones consecutivas: apareció en un momento oportuno, como todos los libros que han alcanzado alguna influencia, asociando ideas ya corrientes en el cerebro de la minoría privilegiada; siendo, precisamente, cuando las ideas de igualdad y libertad, despertadas por las revoluciones francesa y americana, pugnaban por penetrar en la mente del pobre, mientras que los ricos se habían ya cansado de ellas, cuando Malthus vino á afirmar, contestando á Godwin, que la igualdad es imposible; que la pobreza de los más no es debida á las instituciones, sino que es una ley natural. «La población—decía—crece con demasiada rapidez, y los últimos recienvenidos no encuentran sitio para ellos en el festín de la naturaleza;
102 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES y esta ley no puede ser alterada por ningún cambio de instituciones.» De este modo le daba al rico una especie de argumento científico contra las ideas de igualdad; y bien sabemos que, aunque todo dominio está basado sobre la fuerza, esta misma comienza á vacilar desde el momento que deja de estar sostenida por una firme creencia en su propia justificación. Y respecto á las clases desheredadas— l as cuales siempre sienten la influencia de las ideas predominantes en un momento determinado entre las clases privilegiadas—las privó de toda esperanza de mejora; las hizo escépticas respecto á los ofrecimientos de los reformadores sociales, y hasta nuestros días, los reformadores más avanzados abrigan dudas en cuanto á la posibilidad de satisfacer las necesidades de todos, en el caso de que alguien las reclamase, y de que una mejora temporal de los trabajadores diera por resultado un aumento repentino de la población. La ciencia, hasta el presente, permanece imbuída de esa doctrina: la economía política continúa basando sus razonamientos sobre una tácita admisión de la imposibilidad de aumentar rápidamente las fuerzas productoras de las naciones, y poder dar así satisfacción á todas las necesidades. Esa suposición permanece indiscutible en el fondo de todo lo que la economía política, clásica 6 socialista tiene que decir sobre valor de cambio, sa-' larios, venta de la fuerza de trabajo, renta, cambio y consumo: ella nunca se eleva sobre la hipótesis de un su-- ministro limitado é insuficiente de lo necesario á la vida; la tiene por segura, y todas las teorías relacionadas con la economía política retienen el mismo principio erróneo. Casi todos los socialistas, también, admiten semejante a firmación: y hasta en biología (tan íntimamente entrelazada con la Sociología) hemos visto recientemen-
P. KROPOTKIN 103 te la teoría de la variabilidad de las especies prestarle una ayuda inesperada, por haber sido relacionada por Darwin y Wallace con la idea fundamental de Malthus, do que los recursos naturales deben inevitablemente ser insuficientes para suministrar los medios de subsisten.. cia relativamente á la rapidez con que se multiplican los animales y las plantas. En suma, podemos decir que la teoría de Malthus, al revestir de una forma pseudocientíca las secretas aspiraciones de las clases poseedoras de la riqueza, vino á ser el fundamento de todo un sistema de filosofía práctica, que, penetrando en la mente de todas las clases sociales, ha venido á reaccionar (como lo hace siempre la filosofía práctica) sobre la filosofía teórica de nuestro siglo. Es verdad que el formidable crecimiento de las facultades productoras del hombre en el terreno industrial, desde que domó el vapor y la electricidad, ha quebrantado algo dicha doctrina: la riqueza industrial ha crecido con tal rapidez, que ningún aumento de población puede alcanzarla, y aun puede llegar á hacerlo con mayor velocidad; pero la agricultura es todavía considerada como una fortaleza de la seudofilosofía malthusiana. Los recientes adelantos de la agricultura y horticulra no son suficientemente conocidos, y mientras nuestros hortelanos desafían el clima y la latitud, aclimatan plantas tropicales, cogen varias cosechas al año en vez de una, y se hacen ellos mismos el suelo que necesitan para cada cultivo especial, los economistas siguen diciendo, sin embargo, que la superficie del suelo es limitada y más aún sns fuerzas productivas; mantienen, como en otro tiempo, que ¡una población que se duplicase cada treinta años, tropezaría pronto con una falta de lo necesario para la vida! En el capítulo anterior se dieron algunos datos para
110 CAMPOS, PÁBR/CAS Y TALLERES do la cosecha de patatas, ya se está sembrando en ella la nueva. Así se ven campos pequeños divididos en cuatro partes, tres de las cuales están sembradas de trigo, á cinco ó seis días de distancia unos de otros, mientras que de la cuarta se han cogido ya las patatas. La admirable condición de las praderas y prados artificiales en las islas del Canal ha sido ya descrita con frecuencia, y aunque el área total que se dedica en Jersey á la ganadería, y de que se cosecha heno y plantas forrajeras, es de menos de 11.000, la isla mantiene más de 12.300 reses y á 2.300 caballos dedicados en su mayoría á la agricultura. Además, todos los años se exportan 100 toros y 1.600 vacas y terneras (1); así que en la actualidad, según observaba un diario americano, hay más vacas de Jersey en América que en aquella isla: su leche y su manteca tienen mucha fama, así como sus peras, que se dan al aire libre, pero teniendo cada una una cubierta que la proteja, disfrutando de la misma las frutas y hortalizas que se crían en sus invernaderos. En resumen, bastará decir que, en conjunto, obtienen productos agrícolas por valor de 1.250 francos por cada acre de toda la superficie de la isla. * * * Productos agrícolas por valor de 1.250 francos por acre nos parece un buen resultado; pero mientras más estudiamos los modernos adelantos de la agricultura, más claramente vemos que los límites de la productibilidad no se han alcanzado, ni aun en Jersey mismo: todos los días se abren ante nosotros nuevos horizontes. (1) Véase Apéndice J.
P. KROPOTIZIN 111 Durante los últimos cincuenta años, la ciencia—la química especialmente—y los adelantos mecánicos han venido ensanchando y extendiendo el poder industrial del hombre sobre la materia muerta, tanto orgánica como inorgánica; en tal dirección se han consumado verdaderos prodigios, y ahora le ha llegado la vez á las plantas vivas. La destreza del hombre en sus relaciones con la materia viva, y la ciencia—en la rama que se ocupa de los organismos vivos—entran en juego con el propósito de hacer por el arte de producir el alimento, lo que la destreza mecánica y química ha hecho por el de utilizar los metales, las maderas y las fibras muertas de las plantas. Puede decirse que cada nuevo año nos trae algún inesperado adelanto en el arte agrícola, que durante tantos siglos había permanecido dormido. Acabamos de ver que mientras el término medio de la cosecha de patatas aquí es de seis toneladas por acre, en Jersey es de casi el doble; pero Mr. Knight, cuyo nombre es bien conocido de todos los horticultores de este país, ha obtenido una vez de sus tierras una cantidad de patatas que no bajaba de 1.284 fanegas, ó sean treinta y cuatro toneladas y nueve quintales métricos en peso, de un solo acre, y en un acto de competencia en Minnesota, se demostró que se habían cosechado en un solo acre 1.120 fanegas, ó sean treinta toneladas. Estos son indudablemente casos extraordinarios; pero recientemente el profesor francés Aime G-irard se ocupó en una serie de experimentos con objeto de averiguar las mejores condiciones del cultivo de patatas en su país (1). No dándole importancia á las grandes cosechas obtenidas por medio de abonos exagerados, su (1.) l iréan.se los Annals agronomiques par& 1892 y 1893, y tannbi6o el fournal des l i loonomistes, Febrero, 1893, pág. 215.
112 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES principal cuidado fue estudiar todas las condiciones: la mejor variedad, la profundidad de la cava y del plantío, y la distancia de una planta á otra; después entró en correspondencia con 350 cultivadores de distintas partes de Francia, dándoles consejos en sus cartas, y concluyendo por atraerlos al campo de la experimentación. Siguiendo en un todo sus instrucciones, algunos de sus corresponsales hicieron ensayos en pequeña escala y obtuvieron, en vez de las tres toneladas que acostumbraban coger por acre, hasta veinte y treinta y seis toneladas (1). Además, noventa cultivadores hicieron sus experimentos en campos de más de la cuarta parte de un acre de extensión, y más de veinte los realizaron en grandes áreas, desde veinte hasta veintiocho acres. El resultado fue, que ninguno de ellos obtuvo menos de doce toneladas por acre, mientras que algunos llegaron hasta veinte, y el término medio para ciento diez cultivadores fue de catorce toneladas y media por acre. Sin embargo, la industria necesita mayores cosechas aún: las patatas se gastan mucho en Alemania y Bélgica para hacer alcohol; de ahí que los dueños de los alambiques procuren obtener la mayor cantidad posible de almidón por acre. Extensos experimentos se han hecho recientemente con tal motivo en Alemania,, siendo los resultados: nueve toneladas por acre de las clases más inferiores; catorce de las buenas y treinta y dos y cuatro décimas de tonelada de las mejores variedades de patatas. Tres toneladas por acre y más de treinta son los límites entre los cuales se halla encerrada la producción, y á cualquiera se le ocurre preguntar: ¿cuál de los dos (1) De cincuenta á noventa toneladas por hectárea.
KROPOTKIN 113 • op requiere menos trabajo de labrar, plantar, cultivar y recolectar, y menos gasto de abono; treinta toneladas cosechadas en diez acres ó las mismas treinta en un acre en closP Si al trabajo no se le da importancia, mientras que á toda cantidad, por pequeña que sea, empleada en semillas y abono se le concede grandemente, como por desgracia ocurre con frecuancia entre los agricultores, es indudable que se le dará la preferencia al sistema primero, y sin embargo, debemos de nuevo preguntar: des el más económicoP * * * Además, no ha mucho he mencionado que en el distrito de Saffelare y Jersey se ha conseguido mantener una cabeza de ganado vacuno por cada acre de praderas, prados artificiales y plantas forrajeras, mientras que en otras partes hacen falta dos ó tres para el mismo obje- to; y aun pueden obtenerse mejores resultados por medio del regadío, ya sea utilizando el producto de las alcantarillas ó con agua sola. En Inglaterra los labradores se contentan con tonelada y media de heno ó dos por acre, y en la parte de Flandes que acabamos de mencionar, dos toneladas y media de heno por acre se considera un resultado satisfactorio; pero en los regados campos de los Vosgos, de Vancluse, etc., en Francia, seis toneladas de heno seco es la regla general aun en los terrenos más ingratos; y esto representa más que el alimento de una vaca de leche (que puede apreciarse en un poco menos de cinco toneladas) por acre. Tomado todo en cuenta, los efectos del regadío han resultado ser tan provechosos en Francia, que durante los años 1862 82 no han bajado de 1.35.000 acres de pradera los re-
114 CAMPOS, FÁBRICAS I TALLERES godos (1), lo que significa que la alimentación de carne para lo menos 1.500.000 personas adultas, ó tal vez más, se ha agregado á la renta anual del país, producto nacional, no importado. En resumen, en el valle del Sena el valor de la tierra se duplicó á causa del riego, en el del SaCine aumentó cinco veces, y diez en algunas landas de Bretaña (2). El ejemplo del distrito Campino, en Bélgica, es clásico: era un territorio completamente improductivo; meros montes de arena mantenidos en el mismo lugar sólo por la maleza; el acre de este terreno solía venderse, no alquilarse, al precio desde 6,25, 8,75 francos (de 15 á 20 por hectárea). Pero ahora es capaz, gracias al trabajo de los agricultores flamencos y al riego, de producir el alimento de un vaca de leche por acre, utilizándose el excremento del ganado en seguir mejorándolo. Las praderas de regadío que rodean á Milán, son otro ejemplo bien conocido: cerca de 22.000 acres se riegan allí con aguas derivadas de las alcantarillas de la ciudad, y dan, por regla general, cosechas de ocho á diez toneladas de heno, y algunas veces, algunos prados de- (1) BARRAL: en el Journal d'Agriculture pratique, 2 Febrero, 1888; BOITEL: Herbages et Prairies naturelles. París, 1887. (2) El aumento de la cosecha debido al regadío es muy significativo: en la improductivísima Bologne, el riego ha hecho aumentar la cosecha de heno desde dos toneladas por hectárea Gos acres y medio) á ocho; en la Vendée, de cuatro toneladas de mal heno á diez de uno excelente. En el Ain, M. Puris, habiendo empleado 19.000 francos en el riego de noventa y dos y media hectáreas, obtuvo un aumento de 207 toneladas de excelente heno. En el Sur de Francia un aumento neto de más de cuatro fanegas de trigo por acre, se alcanza fácilmente por medio de la irrigación; mientras que en horticultura el aumento llegó á 750 y 1.000 francos por a cre. (Véase H. SAGNIER, Irrigación, en el Dictionaire d'Agricu l - ture, de Barral, vol. III, pág. 339.)
P. KR.OPOTHIW 115 terminados llegan á producir la fabulosa cantidad—que dejará de serlo mañana — de 18 toneladas de heno por acre; esto es, el alimento de cerca de cuatro vacas por acre, y nueve veces el rendimiento de los prados buenos de este país (1). Sin embargo, los lectores ingleses no necesitan ir tan lejos como Milán para conocer los resultados de la irrigación con el agua de las alcantarillas; en este país tienen varios ejemplos semejantes, en los experimentos de Sir John Lannes, y especialmente en Craigentinny, cerca de Edimburgo, donde, según Ronna, «el crecimiento de la grama de centeno es tan rápido, que en un año alcanza su completo desarrollo, en vez de necesitar tres ó cuatro; sembrada en Agosto, da una primera cosecha en. otoño, y después, empezando en la próxima primavera, todos los meses cuatro toneladas por acre, lo que representa, en catorce meses, más de 56 de forraje verde por acre» (2). En la granja Ladge, se cogen de 40 á 52 toneladas de forraje por acre, después de los cereales, sin necesidad de nuevo abono. En Aldershot se obtienen excelentes cosechas de patatas; y en Romford (Granja de Breton), el coronel Hope obtuvo, en 1.871-72, cosechas asombrosas de patatas y hortalizas (3). Puede decirse, pues, que mientras que en la actualidad necesitamos dos ó tres acres para mantener á una (1) Dictionaire d'Agriciature, el mismo artículo. Véase también Apéndice I. (2) RONNA, Les Irrigations, vol. III, pág. 67, París, 1890. (3) El profesor Ronna, da las siguientes cifras de las cosechas por acre: 28 toneladas de patatas, 105 de remolacha, 110 do zanahoria, y así sucesivamente, hIbiéndose también obtenido resultados muy notables por M. Goppart en el cultivo do forraje verde para oonservarlo en silos. - Véale su obra Illanuel de 14 Culture des Más el azares .Fourrages verla, París, 1877.
1J CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES res vacuna, y sólo en lugares determinados se sostiene una por cada acre dedicado á forrajes, praderas y pastoreo, el hombre puede ya, apelando al riego (cosa que pronto recompensa lo gastado, si se ha hecho de buena manera), contar con medios para duplicar y aun triplicar el número de cabezas de ganado que se crían por acre en un terreno cualquiera. Además, las importantes cosechas de remolacha que ahora se obtienen (de 75 110 por acre, son cosa frecuente), representan otro medio poderoso de aumentar el número de reses, sin tener que tocar á la tierra destinada ahora al cultivo de cereales. * * Otro nuevo giro en la agricultura, que parece de un gran porvenir y es muy probable destruya muchas nociones tenidas hasta el día como cosa corriente, hemos de mencionar en estas páginas: me refiero al tratamien- to casi hortícola de nuestros maizales, que tan ampliamente se practica en el extremo Oriente, empezando también á reclamar la atención de la naciones occidentales. En la primera Exposición Internacional, en 1851, el comandante Hallett, de Manor House, Brighton, presentó una serie de interesantísimos ejemplares á los que dió el nombre de «cereales genealógicos». Eligiendo las mejores plantas de sus campos, y sometiendo á sus descendientes á una cuidadosa selección anual, consiguió producir nuevas variedades prolíficas de trigo y de cebada. Cada grano de estos cereales, en lugar de dar sólo de dos á cuatro espigas, como es lo corriente en los campos de trigo, dió de 10 á 25, y las mejores de éstas, en vez de contener de 60 á 68 granos, ofrecieron un término medio de cerca del doble.
KROPOTILCIN 117 Claro es que para obtener esas variedades tan prolíficas, el comandante Halle tt no había de sembrar sus semillas escogidas al voleo, y en efecto, las plantó una por una en hileras, á la distancia de diez á doce pulga das unas de otras; observando de este modo , que, dándole á cada grano bastante espacio para lo que se llama «entalladura» (tallage en francés) (1), produciría 10, 15, 25, y hasta 90'y 100 espigas, según los casos: y como cada una de éstas contendrá de 60 á 120 granos, se pueden obtener de 500 á 2.500 6 más por cada uno de los plantados. El exhibió, además, en el meeting de la Asociación Británica, en Exeter, tres plantas de trigo, cebada y avena, cada una procedente de un solo grano, que tenían el número siguiente de tallos: trigo, 94; cebada, 110, y avena, 87 (2). La de cebada vino á dar algo así como 5 ó 6.000 por uno. La hija del comandante hizo un dibujo muy correcto de tan maravilloso ejemplar, que circuló con sus escritos (3). También en 1876, (1) Poco después de haber nacido la planta, empiezan á brotar nuevos tallos, á cuya aparición corresponde un desarrollo análogo en la raíz, para su sostenimiento, y mientras los primeros crecen tendidos sobre la superficie del suelo, sus respectivas raíces presen. tan un desarrollo igual en su interior. Este tratamiento, llamado «entallaje», continúa hasta que llega la época en que los tallos deban adquirir la posición vertical; y mientras más espacio hayan tenido las raíces para desenvolverse, tanto mejor serán las espigas. (Comandante HALLETT, Thin Seeding, etc.) (2) Memoria sobre Thin, Seeding and the Selection of Seeds, leída en el Club de los Labradores del Centro, 4 de Junio, 1874. (3) Pedigree Cereals, 1889. Memoria sobre Thin Seeding, etc., que acabamos de mencionar. Artículos que vieron la luz en The Times, etc., 1862. El mismo publicó, además, otros trabajos en el Journal of the Royal Agricultural Society y en The Nincteenth Century, Yo reproduje ese dibujo en un articulo que viví la lua eu »1 Aholeswle Cooperative Society's Annuel, para 1897i
118 CAMPOS, PLBRICAS Y •TALLERES se exhibió en el Club de los Labradores, de Maidstone, una planta de trigo con «105 vástagos procedentes de una sola raíz», en la cual crecían á un tiempo más de 8.000 granos (1). Dos procedimientos diferentes se hallaban comprendidos en los experimentos mencionados: uno, de selección, á fin de crear nuevas variedades de cereales, parecido al que se usa con igual propósito en la ganadería, y otro destinado á aumentar inmensamente la cosecha, tanto en lo referente á la semilla como al área, y consistente en sembrar los granos bien separados entre sí, con objeto de que la planta nueva tenga espacio donde desarrollarse y no se vea ahogada por sus vecinas, como con frecuencia ocurre en nuestros campos de trigo (2). El doble carácter de su sistema—la producción de nuevas variedades prolíficas y el plantío á distancias regulares—parece, sin embargo, , por lo que he podido juzgar, haber pasado inadvertido hasta hace poco. Este procedimiento sólo fue, en general, juzgado por los resultados; y cuando un labrador, al experimentar el «Trigo de Hallet», encontraba que era algo tardío ó daba un grano inferior al de otra variedad cualquiera, lo más probable (1.) Agrieultural Gazette, 3 de Enero de 1876. Noventa espigas, algunas de las cuales contenían hasta 132 granos, se obtuvieron en Nueva Zelandia. (2) Según muchos experimentos mencionados por el profesor GAROLA en su excelente libro Les Ceréales, París, 1892, parece que. cuando semillas experimentadas (de las que no se pierden más del 6 por 100 al plantarse), se echan al voleo á la tierra, á razón de 50 ► granos por metro cuadrado, sólo 148 germinaron, en cuyo caso, cada planta da de dos á cuatro tallos, y de dos á cuatro espigas, perdiéndose com pletamente cerca de 360 semillas. Si se siembra en hilera la pérdida no Ea tan grande, pero no deja de ser de consideracidp ► •
119 era que no volviera á ocuparse más del sistema (1). Sin embargo, una cosa son los éxitos ó los fracasos del sistema, y otra el sistema mismo. Las variedades criadas en las ventosas llanuras de Brighton pueden ser 6 no á propósito para esta ó aquella localidad. Las últimas investigaciones fisiológicas dan tal importancia á la evaporación en el cultivo de cereales, que cuando ésta no es tan rápida como allí, hay que acudir á otras especies más en armonía con el terreno (2). Debo también indicar que, en vez del trigo inglés, debería usarse el extranjero para obtener variedades prolíficas, como, por ejemplo, el noruego, de crecimiento rápido, el «trigo de tres meses» de Jersey y la cebada de Yakutsk, que crece con extraordinaria rapidez. Y ahora que horticulturistas tan experimentados, como lo son Vilmorin, Carter, Sherif, W. Saunders, en Canadá, y otros muchos, en la cría y cruzamiento de las plantas, han tomado el asunto á su cargo, tenemos la seguridad :;de de que ha de progresarse en ese sentido; pero criar es una cosa, y el plantío de una variedad apropiada y á distancias convenientes es otra bien distinta. Este último procedimiento fue recientemente puesto en práctica por M. Grandeau, director de la Estaeóin Agronómica del Este, y por M. Florimond Desspréz, en la granja-modelo de Capelle, y en ambos casos los resultados fueron muy notables. En esta última, se experi- (1) Véanse las observaciones del profesor Garola sobre el «Trigo de Hallett», el cual, dicho sea de paso, parece ser bien conocido de los labradores franceses y alemanes. (Les Céréales, pág. 337.) (2) Además, el trigo de Hallett no debe sembrarse más allá de la primera semana de Septiembre. Los que quieran hacer experimentos en el cultivo del trigo, deben cuidar especialmente de haoerlo en campo abierto y no en lugares reservados, y sembrar temprano. P. ICEOPOTICIX
126 CAMPOS, PABILICAS Y TALLERHS bién al mercado de Londres desde mediados de Abril, y la exportación de hortalizas y verduras de Cherburgo á Inglaterra alcanza á 300.000 q. m., mientras que del pequeño puerto de B:irfleur se mandan otros 1 1 00.000 quintales métricos á este país y 60.000 á París. Y hasta en el pueblecito de Surtain vine, cerca de Cherburgo, se sacan 70.000 francos de 180 acres de huertas, cogiéndose tres cosechas anuales; coles en Febrero, patatas tempranas después, y otras varias cosechas en el otoño, no haciendo mención de las demás. En Plonstag,e1, apenas se cree uno estar en Bretaña : desde hace mucho tiempo se crían allí melones al aire libre, con bastidores de vidrio que los protejan contra las heladas de primavera, cultivándose también guisantes defendidos por hileras de tajos, que los ponían al abrigo de los vientos del Norte. Ah ora hay campos enteros cubiertos de fresas, rosas, violetas, guindas y ciruelas, que llegan hasta la misma playa (1): hoy se reclaman hasta las mismas landas, para dedicarlas á cultivo, y se nos dice que de aquí á cinco años no habrá más tandas en ese distrito (p. 265). Hasta las marismas del Dol, la Holanda de Bretaña, prote g idas del mar por un muro (5.050 acres), han sido convertidas en huertas, en las que florecen las coliflores, cebollas, rábanos, judías y otras hortalizas y verduras; arrendándose esos terrenos, desde 62,50 hasta 100 francos el acre. En las inmediaciones de París no bajan de 50.000 acres los dedicados al cultivo corriente de hortalizas, legumbres y verduras, y de 25.000 los destinados al cultivo forzado de las mismas; ya hace cincuenta años, la renta anual pagada por los hortelanos llegaba hasta 460 y 600 francos por acre, y desde entonces ha venido (1) AB,DOITIN DUMÁZET: Voyago en Trance, vol. V., pág. 200.
ira0POTKIN 127 aumentando, así como el ingreso bruto evaluado por Courtois Gerard en 6.000 francos por acre, en las huertas grandes, y el doble en las pequeñas, en las que se crían verdura tempranas bajo vidrio. El cultivo de fruta en los alrededores de París es igualmente maravilloso: en Montreuil, por ejemplo, 750 acres pertenecientes á 400 hortelanos, están completamente cubiertos de tapias de piedra, levantadas expresamente para el cultivo de la fruta, y cuya agregada extensión es de 400 millas. Sobre esos muros, los melocotoneros, perales y cepas extienden sus brazos, y todos los años se recogen aproximadamente 12.000.000 de melocotones y una gran cantidad de las mejores peras y uvas; el acre, en tales condiciones, pro duce 1.400 francos. Así es como se ha hecho un «clima más templa-lo», en una época en que el invernadero era todavía un costoso artículo de lujo. Tomando todo esto en consideración, resulta que 1.250 acres se destinan á melocotones (25.000.000 todos los años), á las puertas mismas de París. Acres y más acres se hallan también cubiertos de perales, que dan de tres á cinc o toneladas cada uno, cuyas cosechas se venden desde 1.250 á 1.500 francos. Y aun en Angers, á orillas del Loire, donde las peras adelantan en ocho días á las de las inmediaciones de París, conoce Baltet un huerto de cinco acres cubierto de perales (árboles bajos), que produce 10.000 francos al año; y á la distancia de treinta y tres millas de París, un huerto de perales da 600 francos por acre, deducidos los gastos de envase, transporte y venta. Del mismo modo, los plantíos de ciruelas, de las que 80.000 quintales métricos se consumen todos los años sólo en París, dan una renta anual en efectivo, desde 725 á 1.200 francos por acre; y, sin embargo, las peras, las ciruelas y las guiri() 1 19 ) se venden en París, frescas y jugosas á tales
228 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES precios, que hasta los pobres pueden también participar de ellas. En la provincia de Anjou se puede ver de qué manera un barro duro, mejorado con arenaá sacadas del Loire y con abonos, se ha convertido en las inmediaciones de Angers, y especialmente en San Laud, en un terreno que se arrienda desde 62-50 hasta 125 francos el acre, y en el cual se cogen frutas, que h.ace algunos afios se exportaban á América (1). En Bennecourt, un pueblecito de 850 habitantes, cerca de París, se ve lo que el hombre puede obtener del suelo más improductivo: hasta, hace 'poco, las escabrosas pendientes de sus cerros sólo eran mergers, de los que se extraía piedra para el pavimento de París; y ahora, esas laderas están cubiertas por completo de albaricoqueros, guindos y otros árboles frutales, y sembradas de espárragos, guisantes y otras hortalizas y legumbres. Erf 1881, sólo de este pueblo se vendieron albaricoques por valor de francos 140.000, y ha de tenerse presente que la competencia es tan viva en los alrededores de París, que una demora de veinticuatro horas en remesar la fruta al mercado representa con frecuencia una pérdida de 10 francos, ó sea la séptima parte del precio de venta de cada quintal métrico (2). En Perpigna,n, las alcachofas verdes, que son muy apreciadas en Francia, se dan desde Octubre hasta, Junio en un área de 2.500 acres, y el producto neto es (1) BRAUDILLART: Les Papulations agricoles de la France. Anjou, págs. 70-71. (2) La producción total de fruta de mesa, así como la seca ó en conserva, fue estimada en toda Faancia en 1876 en 84.000 toneladas, y su valor apreciado en unos 3.000.000.000 de francos, más de la mitad de la contribución de guerra impuesta por Alemania, y desde entonces debe haber aumentado mucho. (Véase Apéndice 11",)
P. KROPOTHIN * • 129 estimad o en 800 francos por cada uno. En el centro de dicho país, esta hortaliza se cultiva en campo abierto, y, sin embargo, las cosechas son evaluadas (por Baltet) en una cantidad que fluctúa entre 1.200 y 2.500 francos por acre. En el Loiret, 1.500 hortel anos, quienes algunas veces emplean 5.000 trabajadores , obtienen por valor de 10.000.000 á 12.000.000 de francos de frutas, hortalizas y verduras, gastando anualmente en abonos 1.500.000 francos: estas cifras son por sí solas la mejor respuesta que puede darse á aquellos aficionados á hablar de la extraordinaria fertilidad del suelo, cada vez que se les llama la atención sob re el éxito alcanzado en agricultura. En Lyon, los hortelanos de la localidad surten de hortalizas y verduras á una población de 430.000 habitantes, y otro tanto sucede en Amiens, que es otra, gran ciudad industrial. Los distritos que rodean á O•leans forman otro gran centro de horticultura, y es digno de especial mención el hecho de que, desde él, se efectúan hasta exportaciones á América (1). Se necesitaría, sin embargo, un volumen para describir los principales centros de horticultura y cultivo de frutales en Francia; me limitaré, pues, sólo á mencionar otra región más, en la cual las hortalizas y verduras, y las frutas, se dan la mano: se halla sobre el 8116- ne, cerca de Vienne, y es una lengua angosta de tierra, compuesta en parte de rocas graníticas, convertida ahora en un jardín de incalculable riqueza: su origen, según nos dice Ardouin Durnazet, data de n i tros treinta años, en cuya época fueron destruidas las viñas por la filoxera, y hubo necesidad de reemplazarlas con otro cultivo. Entonces, el pueblo de Ampuis se hizo notable por (1) Ardouin Dumazet, 204. 9
130 CAMPOS, FÁBRICAS Y TAL-LIMES sus albaricoques; y en la actualidad, en unas cien millas largas que corren paralelas con el RUne, y en los valles laterales del Ardéche y el Di bale, el país es una arboleda admirable, de la que se exportan por un valor de millones en frutas, y la tierra alcanza los elevados precios de venta de 8.125 á 10.000 francos el acre (1). No hay ni un palmo de terreno desperdiciado, y á ambos lados del camino se ven por todas partes los plantíos de albaricoqueros y guindos, mientras que entre las hileras de árboles crecen legumbres y hortalizas tempranas, fresas y verduras de todas clases. En la primavera, el delicado perfume de los albaricoqueros florecidos embalsama todo el valle. Las fresas, guindas, albaricoques, melocotones y uvas se suceden unas á otras rápidamente, y al mismo tiempo, carros cargados de judías, ensaladas, coles, patatas y otras verduras se envían á las ciudades industriales de la región: baste decir que un pueblo tan reducido como Desirat, exportó durante el tiempo que duró la visita de Ardouin Dunaazet, sobre 2.000 quintales métricos de guindas todos los días. Debo remitir al lector á la obra de Charles Baltet, si desea conocer más profundamente la extensión alcanzada por la horticultura, en diferentes países, limitándome, por mi parte, á lo que á Bélgica y América se refiere. Las exportaciones de legumbres, hortalizas y verduras de Bélgica, se han duplicado en los últimos veinte años, y regiones enteras, como Flandes, pretenden ser ahora la huerta de Inglaterra, distribuyéydose hasta se- . millas de 1;4.s clases preferidas en este país por una sociedad de horticultura, á fin de aumentar la exportación. Y no sólo las mejores tierras están destinadas á este objeto, sino que hasta los desiertos arenales de las. (1) Ardonin. Dumazet, vol. VII, pág. 125.
P. EIZOPOTICT15 131 Ardennes y otros terrenos antes improductivos se han convertido en ricas huertas, en tanto que grandes llanuras, como en Haeren, se han hecho de regadío con el mismo fin. Infinidad de escuelas, de granjas modelos, laboratorios municipales y conferencias nocturnas se abren todos los días por cuenta de los municipios, de las sociedades particulares y del Estado, con objeto de promover la horticultura, habiendo centenares de acres de tierra cubiertos de miles de invernaderos. Aquí vamos un pueblecito que exporta 5.500 toneladas de patatas, y por valor de 100.000 francos de peras á Straford y Escocia, teniendo para ello su línea especial de vapores; allá, otro, surte al Norte de Francia y á las provincias rhenanas de fresas, y algunas veces hasta remite también alguna cantidad á Londres; en otras partes, las zanahorias tempranas, que crecen entre el lino, la cebada y otras plantas, dan un aumento de importancia á los ingresos del agricultor. Y sabemos de otros lugares, donde el precio del arrendamiento se eleva á 600 y 675 francos el acre, no para destinarlo al cultivo de la vid. 6 el melón, sino al más modesto de la cebolla, ó bien nos informamos de que los hortelanos, desechando el suelo natural, han preferido hacerse su marga, compuesta de serrín, residuos de las tenerías y polvo de cáñamo, aanimalizada» con varios compuestos (1). En fin, Bélgica, que es uno de los principales países manufactureros de Europa, se está ahora haciendo uno de los primeros centros de horticultura. (Véase Apéndice N.) (1) e II ARLES BALTET, L'Horticuliure, oto.
132 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES El otro país que debe recomendarse especialmente ‘4, la atención de los amantes de la horticultura, es América: cuando vemos los montes de fruta que se importan de allí, nos inclinamos á creer que la fruta nace espontáneamente en Am érica. «Hermoso clima», (,suelo virgen», «espacios inmensos»; estas palabras se encuentran á cada paso en los periódicos. La verdad, sin embargo, es que el cultivo hortícola, esto es, el empleado en huertas y frutales, se ha elevado allí á un alto grado de perfección. El profesor Baltet, que es al mismo tiempo un horticultor, oriundo de las clásicas orarais (huertas) de Troyes, describe las «granjas de exportación» de Norfolk, en Virginia, como verdaderos «modelos» en su clase. Apreciación muy halagüeña de parte de un maralicher práctico, que ha aprendido desde su infancia que sólo en los terrenos encantados crecen las manzanas de oro á impulsos de la vara mágica del hada. En cuanto á la perfección á que ha llegado el cultivo de la manzana en el Canadá, la ayuda que sus cultivadores reciben de las granjas modelos del país, y los medios que se ponen en juego, en una escala verdaderamente americana, para extender el conocimiento entre los agricultores y surtirlos de nuevas variedades de frutales, todo esto debería ser objeto de estudio detenido, lo cual sería más fructuoso que hacer creer á los ingleses que la supremacía americana es debida á las doradas manos de las hadas: con que sólo una d écima parte de lo que se hace por la agricultura y horticultura en los Estados Unidos y en el Canadá, se hiciera en este país, la fruta inglesa no se vería tan vergonzosamente arrojada del mercado como hoy se encuentra. La extensión dada á la horticultura en América es inmensa: sólo las granjas dedicadas á la exportación ocupaban en 1892 una extensión que no bajaba de
P. ICROPOTKIN 133 400.000 acres; á las mismas puertas de Chicago, una sola huerta tiene 500 acres, de los cuales 150 están puestos de pepino, 50 de guisantes tempranos, y así sucesivamente. Durante la Exposición de Chicago, un tren especial, llamado «el expreso de la fresa», compuesto de 30 vagones, llevaba diariamente 324.000 cuartillas de fruta fresca, y hay días en que más de 10.000 fanegas de fresas entran en Nueva-York, cuyas tres cuartas partes van por vapor de las granjas de exportación de Virginia (1). Esto es lo que se puede realizar por medio de una inteligente combinación de la agricultura con la industria, y está llamado á adquirir un. desarrollo mayor aún en el porvenir. Ya, sin embargo, se ha dado un nuevo paso hacia adelante, con objeto de emancipar la agricultura del clima: me refiero al cultivo en invernadero, de frutas, legumbres y hortalizas. En un principio el invernadero-estufa era un artículo de lujo en la casa del rico; se conservaba á. una elevada temperatura y servía para criar, en los países fríos, los dorados frutos y las encantadoras flores del Sur; pero ahora, y especialmente desde que el progreso industrial ha abaratado el precio del vidrio y el de la madera labrada con ayuda de la máquina, el invernadero se ha puesto al alcance de todos, pudiendo hoy dedicarse á la producción de fruta, para el público en general, así como á la de legumbres, hortalizas y verduras. El invernadero aristocrático, relleno de los más raros árboles frutales y de las más preciosas flores, sigue existiendo; pero poco á poco va extendiendo y agrandando su acción hasta ponerse al alcance del mayor número. (1) ea. BALTET, L'Hortietativre, etc.
.1.34 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES Y á su lado se levanta el invernadero popular, que sólo se caldea un par de meses en invierno, y hasta el más económico, llamado «invernadero frío», en el cual se encierran las más humildes hortalizas y verduras, corno patatas, zanahorias, judías, guisantes, etc., y que no es más que una simple armadura de madera y vidrio, á través del cual pasan los rayos del sol y lo calientan, sirviendo al mismo tiempo los cristales para impedir la irradiación del calor y hacer se conserve una elevada temperatura durante la primavera y el principio de verano. Así, pues, un nuevo sistema de horticultura bajo vidrio, se va propagando con rapidez. El invernadero para uso comercial es esencialmente de origen inglés ó tal vez escocés; ya en 1851, mister Rivers publicó un libro, The Oreharol House anol the Cultivation of Fruit Trees in Pots under Glass. Y según nos dice Mr. D. Homson en el fournal of llorticulture (31 Enero 1889), hace cerca de cincuenta años, un cultivador del Norte de Inglaterra vendía uvas en Febrero á 31,25 francos la libra, algunas de las cuales eran enviadas por los compradores á París para la mesa de Napoleón nr, quienes las vendían á 62,50. «Ahora—agrega Mr. Honason—se venden por la décima ó veintésima parte de dichos precios: á carbón barato, uvas baratas; ese es todo el secreto.» Grandes viñedos é inmen sos establecimientos para el cultivo de flores bajo cristales, son conocidos de antiguo en este país, y otros nuevos se vienen continuamente construyendo en gran escala: en Cheshunt, hay campos enteros cubiertos de cristales, y otro tanto sucede en Brobxurne, Finchley, Bexley, Swanley, Whetstone y otros puntos, sin mencionar á Escocia; Worthing es también un centro de producción de uvas y tomates muy conocido, al paso que los invernaderos dedicados á
P. KR OPOTKIN 135 flores y helechos, en Upper Edmonton, en Chelsea, en Orpington y otros lugares, tienen una reputación universal. Y la tenden3ia es, de una parte, el elevar el cultivo de la vid al más alto grado de perfección, y de la otra, el cubrir acres y acres de cristales para el cultivo de tomates, judías y guisantes, que indudablemente serán seguidos de otras hortalizas más comunes. En la actualidad, las islas del Canal de la Mancha y Bélgica se hallan á la cabeza en lo referente al desarrollo del cultivo en invernadero. El establecimiento de Mr. Bashford es sin disputa lo más notable que hay en Jersey: cuando lo visité en 1890, contenía 490,000 pies cuadrados bajo vidrio; es decir, cerca de 13 acres, y de entonces acá se han agregado siete más. Una larga fila de invernaderos, provistos de altas chimeneas, se extiende por todo el terreno, el mayor de los cuales tiene 900 pies de largo por 46 de ancho; lo que viene á ser próximamente un acre, en una pieza, cubierto de cristales. La construcción de estos invernaderos es bien sencilla: paredes de granito bien altas, cristales de 27 onzas de grueso (del que representan 3 peniques) (1), ventiladores que pueden abrir una extensión de 200 á 300 pies, con solo mover un manubrio, y todo por el mismo estilo; y, sin embargo, según dijeron sus dueños, los invernaderos más lujosos costaban á menos de un chelín el pie cuadrado de cristal (1,30 francos el pie de tierra cuadrado), mientras que los otros habían costado mucho menos, siendo lo más corriente de 0,50 á 0,90 de franco el pie cuadrado de vidrio (2) sin incluir la estufa, (1) Cristales de «veintiuna onzas» y aun de «quince», se usan en los invernaderos más económicos. (2) Lo que se averigua, midiendo el largo de los muros anterior y posterior y la inclinación do los laterales.
142 CAMPOS , FÁBRICAS Y TALLBRBS El precio de las uvas en Bruselas á principios de verano no es más elevado que el que tienen en Suiza en Octubre; y aun en Marzo se venden aquellas en Londres desde 0,43 á 0,60 de franco la libra (1). Estos precios demuestran por sí solos de modo concluyente el poco trabajo que hace falta emplear para cultivar la vid en nuestras latitudes con el auxilio de cristales. Es indudable que cuesta menos el cultivo de la viña en Bélgica que orillas del lago Leman. Los varios datos reunidos y presentados ante los lectores en las páginas precedentes, hacen tabla rasa de la falaz doctrina del exceso de población. Precisamente en los países más densamente poblados es donde la agricultura ha hecho tales progresos que hubieran parecido como un sueño hace veinte años: la densidad, un gran desarrollo industrial y un importante desenvolvimiento de la agricultura son cosas de un carácter simultáneo, y hasta pudiera decirse que son inseparables. En cuanto al porvenir, los recursos de la agricultura son tales, que, en verdad, no nos es dado prever cual es el límite de la población que pudiera vivir de los productos de un área determinada: los recientes progresos ya experimentados en grande escala han ensanchado los límites de la producción agrícola hasta una extensión jamás prevista; y los últimos descubrimientos, ensayados ahora en pequefi t, escala, nos ofrecen agrandarlos más todavía, hasta un grado verdaderamente desconocido. Hemos visto que la tendencia actual del desarrollo económico del mundo es la de inducir más y más á cada (1) De un diario de Londres, correspondiente al 20 de Marzo de 1895 tomé casualmente la siguiente cotización: «Precios del día a nterior: uvas belgas de 0,40 á 0,60 de franco; ídem de Jersey, de 0,60 á un franco; moscatel, de 1,85 á 2,50 francos: y tomates, de 0,30 á, 0,50.
P. KROPOTKIN 143 nación, 6 mejor dicho, á cada región, tomada en su sentido geográfico, á confiar principalmente en la producción nacional de todo lo más necesario para la vida. No quiere esto decir que se reduzca el comercio del mundo, el cual tal vez crezca en volumen, sino su limitación al cambio de ló que realmente deba cambiarse, aumentando al mismo tiempo el comercio de cosas nuevas, hijas de las ciencias y las artes, y el cambio entre los pueblos del conocimiento y de la idea. Tal es la tendencia del movimiento presente, que de ningún modo debe alarmarnos; pues no hay ninguna nación en el mundo que, armada con los grandes elementos de qne hoy dispone la agricultura, no pueda producir en su área cultivable todas las substancias alimenticias y la mayor parte de las primeras materias derivadas de la agricultura, que necesita su población, aun cuando las necesidades de ésta fueran rápidamente creciendo, como era natural que sucediera. Considerando el poder del hombre, con relación á la tierra y á las fuerzas de la naturaleza— tal como existe en nuestros días—podemos sostener que dos 6 tres habitantes por cada acre de tierra cultivable no sería demasiado; pero ni en un país tan densamente poblado como éste, ni en Bélgica, hemos llegado á tal estado. Aquí tenemos, hablando en términos generales, un acre del área cultivable por habitante. Suponiendo, pues, que cada habitante de la Gran Bretaña estuviera obligado á vivir del producto de su propio país, todo lo que tendría que hacer sería en primer lugar considerar el suelo de la nación como patrimonio común, del cual debe disponerse de modo que todos en general y cada uno en particular salgan beneficiados; lo que es indudablemente una condición absolutamente indispensable; después, no tendría más que hacer que cultivar la tierra, no de un modo extraño y ex-
144 CAMPOS, FABRICAS Y TALLERES travagante, sino como se hace en miles y miles de acres en. Europa y América; no tendría que inventar nada, sino generalizar y amplificar los sistemas cuya bondad ha sido comprobada por la experiencia. Todos pueden hacerlo; y al proceder así, economizarán una inmensa cantidad del trabajo que ahora dan para comprar el alimento en el exterior, y pagar á todos los intermediarios que viven de este tráfico. Con un cultivo racional, pueden indudablemente obtenerse del suelo, tanto los artículos de primera necesidad como los de lujo, con mucho menos trabajo del que hoy se necesita para poder comprarlos. En otro lugar (en La Conquéle du Pain) he hecho cálculos aproximados al efecto; pero, con los datos presentados en este libro, cada uno puede por sí mismo comprobar la verdad de esta afirmación. Si nos hacemos cargo de la masa de productos que se obtiene con un cultivo racional, y la comparamos con la cantidad de trabajo que hay necesidad de emplear para obtenerla con uno irracional, para reunirla fuera, transportarla y mantener verdaderas legiones de intermediarios, veremos desde luego que poco tiempo habría que dedicar, bajo un sistema de cultivo adecuado, á la producción del alimento. Para alcanzar tal resultado, claro es que no hemos de pretender dividir la tierra en parcelas de un acre, procurando que cada cual haga con su trabajo individual que se produzca todo lo que le hace falta, sin más herramientas que la azada, en su pedazo de terreno; en tales condiciones, el fracaso sería inevitable. Los que se han entusiasmado tanto con los maravillosos resultados o btenidos con el petite culture, que pregonan por todas partes las excelencias del pequeño cultivo, del hortelano f rancés, 6 maraieher, considerándolo como el ideal dé la hu manidad, se equivocan; tanto como esos que, en el e
N P. KROPOTKIN 145 --- otro extre mo , desearían convertir á cada país en un reducido número de granjas gigantescas, como las conocidas en América con el nombre de «Bonanza», labradas por «batallones de trabajadores» organizados militarmente. En semejantes granjas, el trabajo humano es reducido, pero las cosechas que se cogen son demasiado pequeñas, y el sistema en sí no es más que lo que pudiéramos llamar un cultivo robado, en el que para nada se tiene en cuenta lo que se gasta el suelo, en tanto que la petite cullure, en parcelas pequeñas y aisladas, si está, á cargo de individuos 6 familias aisladas, es mucho el trabajo que se desperdicia, aun cuando las cosechas sean grandes. Una verdadera economía de ambos, tanto de espacio como de trabajo, exige procedimientos muy distintos, representando una combinación del trabajo mecánico con el manual. En agricultura, como en todo lo demás, el trabajo asosiado es la única solución razonable. Doscientas familias compuestas de cinco personas cada una, teniendo cada una también cinco acres, sin ningún lazo de unión entre ellas, y obligadas á, buscarse la vida cada una en su terreno, es casi seguro que, económicamente, el fracaso sería completo: aun admitiendo que no haya ningunas dificultades personales causadas por la diferencia de educación é inclinaciones, así como por la falta de conocimiento respecto á la. aplicación que haya de darse al terreno, y admitiendo por un momento que semejantes causas no existan, el experimento no daría resultado por motivos puramente económicos y por razones agrícolas. Cualquiera que sea la reforma que se implante dentro de las condiciones actuales, no es posible que sea duradera : tendría que experimentar otra nueva transformación 6 desaparecer. Pero si esas mismas doscientas familias se considelo
14{; CAMPOS, FÁBRICAS Y TA1,1,1110111 ra y an á sí mismas como arrendadoras de la nación, y considerasen los mil acres como una sola finca—no tomando en cuenta las personales tendrían, hablando económicamente, en cuanto á la agricultura se refiere, muchas probabilidades de éxito, si sabían cuál es el mejor vso que se deb3 hacer de la tierra. En tal caso, lo que probablemente harían, ante todo, sería asociarse para hacer mejoras permanentes en las tierras que las reclamasen con urgencia, dedicando á este trabajo un período de tiempo anual hasta llegar gradualmente á un estado de relativa perfección. En un área de 310 acres podrían cultivar fácilmente todos los cereales—trigo, avena, etc.—necesarios para su alimen- to y la de sus ganados, sin tener que acudir para ello al sistema de plantación ó replantación; podrían recoger de 40() acres cultivados convenientemente y regados, en caso de ser posible y necesario, todo el heno y forraje que hiciera falta para el sostenimiento de las 30 ó 40 vacas de leche que suministraran ésta y la manteca, y sobre 300 cabezas de ganado que hicieran otro tanto con la carne; en 20 acres, dos de los cuales deberían estar bajo vidrio, criarían más frutas, legumbres, hortalizas y verduras de las que pudieran consumir. Y suponiendo que se agregase medio acre á cada casa, que podría dedicarse á flores, aves, recreo ó cosas por el estilo, todavía les quedarían 140 acres libres que pudieran utilizar á su gusto en jardines y plazas públicas, fábricas, etc. El trabajo que reclamase ese cultivo intensivo no sería el duro del siervo ó del esclavo: sería accesible para todos, fuertes y débiles, hijos del campo ó de la ciudad, teniendo además verdaderos encantos. Y, sin embargo, su suma total sería mucho menor que la cantidad de trabajo que cada 1.000 personas tienen que emplear, ya sea en este país ó en otro cualquiera para proporcionar-
KROPOTKIN 147 se el alimento, que hoy es de menor cantidad y de calidad inferior. Claro es que, al hablar así, me refiero al trabajo técnico necesario, sin tener para nada en cuenta el que hoy gastarnos, á fin de mantener todos nuestros intermediarios, ejércitos y otras cosas análogas. En verdad, la cantidad de trabajo que se requiere para producir el alimento con un cultivo racional es tan corta, que nuestros hipotéticos habitantes se verían obligados necesariamente á emplear sus ocios en empresas industriales, obras artísticas, estudios científicos y ocupaciones de todo género. Bajo el aspecto técnico, ningún inconveniente se presenta para que semejante organización empezase á funcionar desde mañana con éxito completo; los obstáculos que contra ella se presentan no dependen de la imperfección del arte agrícola, ó de lo infecundo del suelo ó del clima; dependen, por completo, de nuestras instituciones, de nuestras costumbres hereditarias y de nuestros recuerdos del pasado: del «Fantasma» que nos oprime; pero también, hasta cierto punto, considerando á la sociedad en su totalidad, de nuestra fenomenal ignorancia. Nosotros, gentes civilizadas, lo sabe mes tole; de todo tenemos opiniones formadas; en toda nos interesamos: lo que únicamente no sabernos es de dónde viene el pan que comernos, á pesar de que pretendemos no ignorarlo, cómo se cría, qué trabajo cuesta el pre_lu- cirio, qué se ha hecho para aliviar ese trabajo y qué clase de hombres son esos que Ee encargan de alimentarnos... Sobre este punto somos más ignorantes que los salvajes, y evitamos que nuestros hijos adquieran esa clase de conocimientos, aun aquellos que lo preferirían al fárrago de cosas inútiles con que los agobian en la escuela.
CAPÍTULO VI PEQUEÑA INDUSTRIA Y PUEBLOS INDUSTRIALES Industria y agricultura.—La pequeña industria.—Tipos diferentes.—Pequeña industria en la Gran Bretaña: Sheffield: Distri- to del Lago; Birmingham.—Pequeña industria en Francia: Tejido y otras varias.—La región do Lyon.—París, emporio de la pequeña industria. Las dos artes hermanas, agricultura é industria, no se han hallado siempre tan alejadas una de otra como ahora. Hubo un tiempo, que no se encuentra muy distante de nosotros, en que ambas estaban completamente combinadas: los pueblos eran entonces el asiento de una variedad de industrias; los artesanos de las ciudades no abandonaban la agricultura, y en muchas poblaciones se veían las dos perfectamente asociadas. Si la ciudad de la Edad Media fue la cuna de esas industrias que, tocando los límites del arte, tenían por objeto satisfacer las necesidades de las clases ricas, siempre era la industria rural la que hacía frente á las necesidades de los más, como ha sucedido hasta nuestros días en Rusia, y también en una gran extensión en Alemania y Francia: después vinieron los motores hidráulicos, el vapor, el desarrollo de la maquinaria, y se rompieron los lazos que anteriormente unían el taller y la granja. Las fábri-
7') Pus P.. 11.140POTKIN. cas crecieron, y abandonaron los campos; se reunieron allí donde la venta de sus productos era más fácil, 6 donde las primeras materias y el combustible podían obtenerse con mayor ventaja. Se erigieron nuevas ciudades, y las antiguas se ensancharon rápidamente, quedándose los campos desiertos; millones de trabajadores, arrojados materialmente de la tierra por la fuerza, acudieron á las ciudades en busca de trabajo, y olvidaron pronto los lazos que anteriormente les unían al terruño; y nosotros, desvanecidos ante los prodigios realizados por el nuevo sistema industrial, dejamos de apreciar las ventajas del antiguo, bajo el cual, el trabajador del campo era al mismo tiempo un obrero industrial. Nosotros condenamos á muerte todas esas ramas de la industria que antes prosperaban en los pueblos pequeños, no considerando como tal todo lo que no fuera una gran fábrica. Los resultados, en verdad, fueron grandes con relación al aumento de las fuerzas productivas del hombre, pero terribles respecto á los millones de sóres humanos que fueron sumidos en la miseria, teniendo que vivir de los medios precarios que le ofrecían nuestras ciudades; además, el sistema, considerado en su totalidad, trajo consigo esas condiciones anormales que he procurado bosquejar en los dos primeros capítulos. De este modo nos hallamos encerrados en un callejón sín salida; y mientras que de una parte un cambio completo de las presentes relaciones entre el capital y el trabajo se hace de imperiosa necesidad, una remodelación completa de toda nuestra organización industrial se ha hecho igualmente inevitable. Las naciones industriales están obligadas á retornar á la agricultura, necesitan buscar los mejores medios de combinarla con la industria, y deben hacerlo así sin pérdida de tiempo. '149
150 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES El examen de la cuestión particular respecto á la posibilidad de semejante combinación, es la aspiración de las siguientes páginas: ¿Es posible en cuanto se refiere al orden técnico? ¿Es conveniente'? ¿Hay en nuestra presente vida industrial algunos rasgos que nos permitan presumir que un cambio en la dirección indicada encontraría los elementos necesarios para su realización? Tales son las interrogaciones que se producen en nuestra mente; y para contestarlas, creo no hay nada mejor que estudiar la rama inmensa, aunque menospreciada y desatendida, de industrias descritas con los nombres de rurales, industrias domésticas y pequeña industria; estudiarlas, no en las obras de los economistas, quienes se hallan demasiado inclinados á considerarlas como tipos aislados de industria, sino en su propia vida, en sus luchas, en sus fracasos y en sus éxitos. La variedad de formas de organización que prevalece en las industrias pequeñas no es ni remotamente sospechada por aquellos que no han hecho de su estudio un objeto especial. Hay, en primer lugar, dos importantes categorías: la de las industrias que se mantienen en los pueblos relacionadas con la agricultura, y la de las que viven en poblaciones grandes y pequeñas sin conexión alguna con aquélla, contando únicamente los trabajadores para su sostenimiento con su trabajo industrial. En Rusia, en Francia, en Alemania, en Austria y en los demás países que se llaman civilizados, millones y millones de trabajadores se encuentran en el primer caso: en terrenos propios ó arrendados tienen una ó dos vacas, á menudo caballos, y cultivan sus campos ó sus huertas, considerando el trabajo industrial perfectamente compatible con el agrario: en aquellas regiones, sobre todo do nde el invierno es largo y no es posible trabajar en el campo durante varios meses en el aso, esta forma de la
P. KROPOTKIN 151 pequeña industria se halla muy extendida. En este país, por el contrario, encontramos el sistema opuesto: pocas pequeñas industrias viven todavía en Inglaterra relacionadas con el cultivo de la tierra; pero centenares de industrias pequeñas tienen su asiento en los barrios pobres de las grandes ciudades, y partes importantes de algunas poblaciones, tales como Sheffield y Birmingham, se buscan la vida con una variedad de industrias pequeñas. Entre estos dos extremos hay evidentemente un sin fin de formas intermedias, según sean mayores ó menores los lazos que unen el trabajador á la tierra: pueblos pequeños, y aun grandes, están habitados por trabajadores que se ocupan en pequeñas industrias. Los más tienen un huerto, una pequeña arboleda, un campo ó algún derecho de pasto en los terrenos comunales, en tan- to que una parte de los mismos vive exclusivamente de sus trabajos industriales. Respecto á la venta de los productos, la pequeña industria ofrece la misma variedad de organización. Aquí hay también dos ramas principales: en una, el trabajador vende su producto directamente al comerciante al por mayor; los ebanistas y parte de los que trabajan en la industria de juguetes se hallan en este caso: en la otra, el obrero trabaja para un «maestro», quien, 6 bien vende el producto á un comerciante al por mayor, ó simplemente actúa como un intermediario, limitado á cumplir las órdenes que recibe de alguna firma de importancia. Este es, hablando con propiedad, el llamado «sistema del sudor», bajo el cual encontramos un gran número de pequeñas industrias, tales como parte de la de juguetes, la de los sastres que trabajan para los grandes est,Lblecimientos de confección, y muy á menudo para los del Estado; las mujeres que cosen y bordan el «aparado»
254 CAMPOS, PÁBRICAS Y TALLBRES picase en mejoras permanentes del suelo, bien meditadas y ejecutadas socialmente, la duración del trabajo que después se necesitse para producir el pan anual para una familia compuesta, por término medio, de cinco individuos, sería menos de quince días al año, y el trabajo necesario para tal objeto sería beneficioso y agradable para toda persona sana del país. Se ha probado que, siguiendo el sistema de la horticultura intensiva — en parte bajo vidrio — legumbres, verduras y frutas pueden producirse en tal cantidad, que todos las tendrían en gran abundancia tan sólo con dedicar á su cultivo las horas que cada uno dedica voluntariamente á trabajar al aire libre, después de haber pasado la mayor parte del día en la fábrica, la mina 6 el estudio. Con tal que, por supuesto, esto no fuera la obra del individuo aislado, sino la acción combinada y metódica de los productores agrupados. Se ha probado también— y los que deseen verlo por sí mismos pueden hacerlo fácilmente calculando el verdadero gasto de trabajo empleado últimamente en la edificación de casas para obreros, tanto por los particulares como por los Municipios (1) — que en una combinación acertada del trabajo, veinte 6 veinticuatro meses de labor individual, bastarían para asegurar á perpetuidad á una familia de cinco personas, un departamen- to ó una casa provista de todas las comodidades que la moderna higiene y el buen gusto pudieran desear. Y se ha demostrado igualmente, por medio de experimentos actuales, que, adaptando métodos de educa- (1) Estas cifras pueden encontrarse, por ejemplo, en la relación co ntenida en «La novena Memoria anual del comisionado del Trabajo de los Estados Unidos para el año 1893: Asociación. de Edific aciones y Empréstitos.»
P. KROPGTICIN ción, preconizados desde hace largo tiempo y aplicados parcialmente en algunas partes, es muy fácil dar á niños de una mediana inteligencia, antes de que lleguen á la edad de catorce ó quince años, un amplio y general conocimiento de la Naturaleza, así como de las sociedades humanas; familiarizar su entendimiento, tanto con buenos métodos, lo mismo de investigación científica que de trabajo técnico, é inspirar sus corazones en un profundo sentimiento de solidaridad humana y de justicia. Y que es facilísimo el inculcar durante los cuatro 6 cinco años siguientes un razonado conocimiento científico de las leyes de la Naturaleza, así como razonado y práctico á la vez, del sistema técnico, para poder satisfacer las necesidades materiales del hombre. Lejos de ser inferior al joven «especializado», producto de nuestras Universidades, el ser humano completo, educado en el uso de su cerebro y de sus brazos, le aventaja•, por el contrario, bajo todos conceptos, especialmente como iniciador é inventor, lo mismo en la ciencia que en el arte. Todo esto se ha probado; es la adquisición del tiempo en que vivimos; adquisición hecha á pesar de los innumerables obstáculos arrojados siempre en el camino de todo pensamiento elevado. Es la obra de los obscuros cultivadores del terruño, de cuyas manos, Estados ambiciosos, propietarios territoriales é intermediarios, arrebatan el producto de su trabajo, aun antes de que esté en sazón; y es la obra también de obreros intelectuales que, muy á menudo, caen aplastados bajo el peso de la Iglesia, del Estado, de la competencia comercial, de la inercia del entendimiento y de las preocupaciones de todas clases. Y hoy, en presencia de todas estas conquistas, ¿cuál es el verdadero estado de cosas?
`Irífi CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES Las nueve décimas partes del total de la población de países exportadores de granos, como Rusia, la mitad de la misma en otros, como Francia, que se alimenta de su suelo, labran la tierra, en su gran mayoría, casi como lo hacían los esclavos de la antigüedad; sólo para obtener una cosecha mezquina de .un terreno, y con una maquinaria que no les es dado mejorar, porque los impuestos, la renta y la usura los tienen siempre al borde de la m iseria negra. Al fin de este siglo, pueblos enteros aran con el mismo arado que sus antecesores medioevales, viven en la misma incertidumbre respecto al mañana, negándoseles igualmente con empeño la educación también; y si quieren reclamar su derecho á la vida, tienen que marchar con sus mujeres y sus pequeñuelos contra las bayonetas de sus propios hijos, como hicieron sus abuelos ciento y trescientos años ha. En países desarrollados industrialmente, un par de meses de trabajo, ó aún mucho menos de eso, sería suficiente para producir á una familia una buena y variada alimentación vegetal y animal. Y, sin embargo, las investigaciones de Engel (en Berlín) y sus partidarios, muestran que la familia del trabajador tiene que gastar la mitad, por lo menos, de su s alario anual; esto es, dar seis meses de trabajo, y con frecuencia más, para proporcionarse el alimento. ¡Y de qué clase! ¿Acaso no es el pan, y alguna grasa, el principal alimento de más de la mitad de los niños inglesesP Un mes de trabajo anual, bastaría para proveer al obrero de una morada saludable, y no obstante, tiene que gastar de 25 á 40 por 100 de su salario anual; esto es, de tres á cinco meses del tiempo que trabaja al año, para tener una habitación que, en la mayoría de los casos, es i nsalubre y demasiado reducida; la cual nunca llega-
yr P. KROPOTKIN rá á ser suya, á pesar de que á la edad de cuarenta en a y cinco 6 cincuenta años tiene la seguridad de que será, despedid o de la fábrica, porque para entonces, el trabajo que él hacía lo ejecutará una máquina y un niño. Todos sabemos que el joven debería, por lo menos, estar familiarizado con las fuerzas de la Naturaleza, que algún día tendrá que utilizar; que necesitaría estar preparado á ver sin prevención el constante progreso de la ciencia y el arte; que le convendría estudiar ciencias y aprender un oficio. Todo el mundo estará conforme por lo menos en esto, pero en la práctica, dqué es lo que se hace? Desde la edad de diez años, y aun de nueve, mandamos al niño á empujar una vagoneta en una mina, 6 á atar con la agilidad de un monito los dos extremos del hilo roto en la hilandera. Desde la edad de trece, obligamos á la muchacha, que todavía no es más que una criatura, á trabajar como una «mujer» en el telar de mano, 6 á consumirse en el ambiente envenenado y caliginoso de una fábrica de algodón, 6 á perder la salud en las mortíferas salas de una alfarería del condado de Stafford. En cuanto á los que han tenido la relativa buena suerte de recibir alguna más educación, fatigamos su inteligencia con un trabajo excesivo, les privamos conscientemente de toda posibilidad de hacerse productores, y bajo un sistema de educación cuyo obje- to es la «utilidad», y los medios la «especialización», hacemos trabajar hasta el aniquilamiento á los pobres maestros que toman á pecho su labor. ¡Qué torrentes de inútiles sufrimientos derraman sobre el mundo esos pueblos que se llaman civilizados! Cuando volvemos la vista á los siglos pasados y vemos en ellos los mismos sufrimientos, podemos disculparlos, suponiendo que entonces, tal vez, eran inevitables á causa de la ignorancia que en aquella época pre- 17
258 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES valecía: pero hoy el genio del hombre, estimulado por nuestro moderno renacimiento, ha indicado ya el nuevo camino que hay que seguir. Durante miles y miles de años la producción del alimento era una carga, casi un castigo para la humanidad. Pero ya eso no es necesario. Si os hacéis vosotros mismos el suelo, y en parte la temperatura y la humedad que cada cosecha requiere, veréis que la producción del alimento anual de una familia, en condiciones racionales de cultivo, necesita tan poco trabajo, que casi puede hacerse como un mero cambio de ejercicio. Si os ocupais en labrar con ayuda de vuestros vecinos, en vez de levantar altas tapias para ocultares á su vista; si utilizais lo que ya nos ha enseñado la experiencia y llamais en vuestra ayuda á los inventos de la ciencia y el arte, que jamás dejan de responder al llamamiento (mirad, sí no, lo que se ha hecho en el ramo de guerra), os quedaréis sorprendidos ante la facilidad con que podréis extraer del suelo un alimentó rico y variado. Admiraréis la cantidad de conocimientos útiles que los hijos adquirirán al lado de sus padres, el rápido crecimiento de su inteligencia y la facilidad con que se harán cargo de las leyes de la Naturaleza animada é inanimada. Tened las fábricas y los talleres cerca de las huertas y tierras de labor, y trabajad en unas y otras alternativamente. No me refiero á esos vastos establecimientos donde se funden los metales en grande escala y que deben situarse en lugares determinados, sino á la innumerable variedad de talleres y fábricas que son necesarios para satisfacer la infinita diversidad de gustos de • los pueblos civilizados. No á esas fábricas en las que los niños pierden hasta su apariencia de séres humano» en la atmósfera de un infierno industrial, sino á aquellas ventiladas, higiénicas, y, por consecuencia, econ.6,
P. ICROPOTKIN 259 micas, en las cuales la vida humana se tiene en más valor que las máquinas 6 el deseo de aumentar las y utilidades, cuyos modelos, aunque limitados, se van ya encontrando en varias partes: fábricas y talleres, hacia los que los hombres, las mujeres y los niños no se verán arrastrados por el hambre, sino atraídos por el deseo de encontrar una ocupación en armonía con sus inclina- ,ciones, y en donde, ayudados por el motor y la máquina, elegirán el ramo de actividad que más les satisfaga. Que esas fábricas y talleres se construyan, no para hacer negocio vendiendo cosas inútiles y nocivas á los esclavizados africanos, sino para satisfacer las necesidades desatendidas de millones de europeos; y entonces os maravillará el ver con qué facilidad y en qué poco tiempo pueden cubrirse nuestras exigencias de vestidos y de miles de artículos de lujo, desde el momento en que la producción se encamine á satisfacer verdaderas necesidades y no á engordar á los accionistas con crecidos dividendos, ó á derramar el oro en el bolsillo de los iniciadores 6 directores en grande. Pronto os sentiréis interesados en ese trabajo, y tendréis ocasión de admirar en vuestros hijos su vivo deseo de conocer la Naturaleza y sus fuerzas, sus insistentes preguntas respecto al poder de la maquinaria, y la rapidez con que se desarrolla en ellos su genio inventivo. Tal es el porvenir, ya posible, ya realizable; tal es el presente, ya condenado y próximo á desaparecer. Y lo ,que nos impide volverle la espalda á este presente y marchar hacia el porvenir, ó al menos dar los primeros pasos hacia él, no es la «deficiencia científica», sino, lo primero, nuestra estúpida ambición—la del hombre que mató la gallina que ponía huevos de oro;—después, nuestra inercia mental, esa cobardía del entendimiento tan cuidadosamente amamantada en tiempos pasados.
260 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLICREN Durante siglos, la ciencia y los llamados conocimientos de la vida práctica le han dicho al hombre: «Conviene seas rico para poder satisfacer tus necesidades materiales; pero el único medio de alcanzarlo es el de educar de tal modo tu inteligencia y tus aptitudes, que permitan obligar á otros hombres esclavos, siervos ó asalariados, á producir esa riqueza para ti. »No hay más remedio que elegir: 6 te conformas con formar parte de los campesinos 6 de los artesanos, que• por mucho que los economistas y moralistas les prometan para el otro mundo están ahora condenados periódicamente á morirse de hambre después de cada mala cosecha 6 durante sus enfermedades, y á ser ametrallados por sus propios hijos en el momento que pierdan la paciencia, 6 tienes que desenvolver tus facultades de ma nera que llegues á ser un jefe militar, 6 una de esas personas que se convierten en rueda de la máquina gubernamental del Estado, 6 que especulan con sus semejantes en el comercio 6 en la industria.» Durante muchos siglos no ha habido otra alternativa, y los hombres han seguido ese consejo, sin encontrar en él la felicidad ni para ellos ni para sus hijos, 6 para aquellos á quienes han pretendido preservar de mayores infortunios. Pero la civilización moderna tiene otra cosa que ofrecer á los hombres pensadores. Les dice que para ser ricos no necesitan quitarles el pan de la boca á los demás, sino que lo más racional sería establecer una sociedad en la que los hombres, con el trabajo de sus brazos y de su inteligencia, y ayudados por las máquinas ya inventadas y por inventar, creasen ellos mismos toda la riqueza imaginable. No serían las ciencias y las artes las que se quedasen retrasadas si la producción se dirigiese por t al vía. Guiadas por la observación, el análisis y la 431C-
P. KROPOTKIN 261 periencia, responderían á todas las exigencias posibles. Reducirían el tiempo que se necesitase para producir de todo hasta donde se quisiere, á fin de dejar á cada uno, var6n 6 hembra, todo el tiempo libre que pudiera desear. No estaría en sus manos, seguramente, garantizar la felicidad, porque ésta depende tanto, 6 tal vez más, del individuo mismo que del medio en que vive. Pero, al menos, garantizarían la que puede encontrarse en el completo y variado ejercicio de las distintas facultades del sér humano, en un trabajo que no necesitaría ser exagerado, y en la conciencia de que cada uno no procuraría basar su propia felicidad sobre la miseria de sus semejantes. Estos son los horizontes que estas investigaciones abren ante las inteligencias desprovistas de toda preocupación.
APENDICES A.—Importación francesa. Sobre una décima parte de los cereales que se consumen en Francia es aún importada; pero como se verá. en uno de los capítulos siguientes, el progreso en agricultura ha sido tan rápido últimamente, que, aun sin contar con Argelia, Francia tendrá pronto un excedente de cereales. El vino se importa, pero casi otro tanto, se exporta también: así que, el café y las semillas oleosas son los únicos artículos de alimentación cuya introducción es de importancia y permanente. En cuanto al carbón y el cok, Francia es todavía tributaria de Bélgica y este país; pero esto se desprende casi principalmente de la inferioridad en el modo de organizar su extracción, lo que impide se baste á sí misma. Los demás artículos de valor que se importan, son: algodón en rama (sobre 200.000.000 de francos); lana en bruto, en cantidad igual y seda ídem (sobre 125.000.000 de francos), así como pieles y pelo. Las exportaciones de géneros manufacturados fueron 2.000.000.000 de francos en 1890 y sobre 1.850.000.000 en los años siguientes. La exportación de textiles, excluyendo el hilado y tejido, fue de 745.000.000 de francos en 1890, y en 1891-94
P. KROPOTXIN 263 de 637.500.000 francos. La importación de toda clase de textiles, 272.500. 1 000 de francos en 1890, y 126.000.000 de francos en 1891-94. B.—Desarrollo de la industria en Rusia. El aumento de la industria en Rusia se verá mejor por lo siguiente: 1880-81 Q. m. 1893.94 Q. m. Hierro fundido 8.810.000 25.450.000 Hierro . 5.770.000 9.700.000 Acero 6.030.000 9.610.000 Itails de ferrocarriles. 3.960.000 4.400.000 Carbón 64.770.000 160.000.000 Nafta . . 6.900.000 108.700.000 Azúcar.. 5.030.000 11.470.000 Algodón ¿n rama del país 293.000 1.225.000 1889 Francos Algodón hilado....... 195.350.000 469.000.004) » tejido... 249.250.000 555.750.000 C.—Industria del hierro en Alemania. Las tablas siguientes darán alguna idea del aumen- to de la minería y metalurgia en Alemania. La extracción de minerales en el Imperio alemán, en toneladas métricas, fue: 1883 Toneladas 1893 Toneladas Carbón.. 55.943.000 76.773.000 Lignita 14.481.000 22.103.000 Hierro 8.616.000 12.404.000 Zinc 678.000 729.000 Sales minerales (principalmente potasa). 1.526.000 2.379.000
270 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES ros manufacturados que toman aun del exterior, Rusia, Italia, Servia y otras. Además, esas cifras nada dicen referente al hecho de que, allí donde antes se enviaban artículos de metal manufacturados, se importa ahora carbón y mineral en bruto para su fabricación en el interior; y que donde se importaban algodones pintados y estampados, sólo se introduce el hilo. La cuestión, considerada en su totalidad, es infinitamente mucho más complicada que lo que se desprende de los cálculos de dicho señor; y aparte del valor que su trabajo haya podido tener para apaciguar exagerados temores, no responde de ningún modo á, las muchas cuestiones económicas comprendidas en la materia que Mr. Giffen ha tratado. 11.—Manufactura de algodón en la India. Las ideas manifestadas en el texto respecto al desarrollo industrial de la India, han sido confirmadas por una multitud de hechos: uno de los cuales, procediendo de autorizado origen, merece atención especial. En un artículo sobre el progreso de la manufactura algodonera en la India, dice el Tertile Recorder (15 Octubre, 1888): «Nadie que esté relacionado con la industria algodonera ignorará la rapidez con que ha progresado en la India; y aunque se han presentado estadísticas de todas clases ante el público, haciendo ver la importancia de la cuestión, aun hay quien no comprende claramente que este creciente aumento en la producción de géneros de algodón ha de afectar de un modo serio á las fábricas del condado de Lancaster, y nada tendría de particular que la India, en un porvenir no lejano, se halle, en la 1
271 que á este particular se refiere, á la altura en que están hoy los Estados Unidos. »En otros tiempos, los géneros de Manchester se encontraban en las más remotas aldeas de las orillas del (;unges y del Brahmaputra, y aun en los lejanos bazares de Assam, Sylhet y Cachar. En tanto que ahora se está operando un cambio: los géneros de algodón del país van reemplazando á aquellos. »Las personas imparciales que conocen á fondo los recursos del país y han seguido atentamente el crecimiento de dicha industria durante los diez últimos años, no vacilan en afirmar que en un período limitado de tiempo la producción de los géneros de clase corriente hará frente á las necesidades del interior, sin que haya que recurrir á los procedentes del condado de Laneaster.» Me parece innecesario agregar á qué precio los fabricantes de la India obtienen un producto económico. La Memoria de la Bombay Factory Commission, presentada ante el Parlamento, en Agosto de 1888, contiene hechos de tan horrible crueldad y de rapacidad tan grande, que apenas podrían ser imagina dos por los que no hayan olvidado el resultado de la investigación que se efectuó en este país en los años 1840-42. Las máquinas de las fábricas están en acción, por regla general, desde las cinco de la mañana hasta las siete, ocho ó nue- ve de la noche, y los operarios trabajan doce, trece y catorce horas seguidas, relevándose unos á otros para comer. En épocas de mucha demanda, ocurre que el mismo personal permanece trabajando noche y día, con sólo media hora de descanso. En algunas fábricas comen los obreros sin dejar la faena, y se encuentran tan exaustos después de ocho ó diez días de semejante trabajo, que lo hacen mecánicamente y «poco menos que dormidos»
1 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERS «Es un lamentable espectáculo, en el que resalta una espantosa miseria de una parte y una cruel rapacidad de la otra»,—dice el documento referido. Sin embargo, sería completamente erróneo el deducir que la manufactura india sólo puede competir con la británica por la continuación de la terrible explotación de trabajo humano que en ella vemos actualmente. Hace cuarenta años sucedía otro tanto en Inglaterra. Tiempo vendrá en que los trabajadores indios pongan un freno á las ambiciones capitalistas, sin que por esto los fabricantes de Bombay tengan que dejar de competir con los de la Gran Bretaña. I.—Prados artificiales en Italia. En el Journal de l'Agrieulture (2 Febrero 1889) encontramos lo siguiente sobre los marches de Milán: «En parte de estos prados corre el agua constantemente, y en otros sólo diez horas por semana. Los primeros dan seis cosechas al año; desde Febrero se obtienen de 80 á 100 toneladas de forraje, equivalentes á veinte ó veinticinco toneladas de heno seco de cada hectárea. En otros sitios se llegan á coger hasta treinta y dos, como cosa corriente. Un terreno bien situado dará cincuenta y seis toneladas de forraje verde por hectárea, esto es, catorce toneladas de pasto seco, 6 sea el alimen- to de tres vacas de leche por hectárea, siendo la renta de tales prados de 500 á 575 francos por hectárea.» Las ventajas de la irrigación respecto al maíz son i gualmente apreciables. En terrenos de regadío se obtienen cosechas desde setenta y ocho á ochenta y nueve fanegas por acre, mientras que en los de secano no pasan de cincuenta y seis á sesenta y siete; esto en Italia; sr,t) .34 Ad
P. KROPOTICIN 273 que en Francia no van más allá de veintiocho á treinta y tres. (Garola, Les Cereals.) En cuanto al modo de arruinarse la agricultura en Italia, puede apreciarse esto mejor consultando la obra de M. Beauclerch (Rural Italy, Londres, 1888). Hablando de la provincia de Milán, hace notar que allí se encuentra «una de las poblaciones agrícolas más densas del mundo, aglomerada en un país cuya mitad está representada por montes estériles» (416 habitantes por milla cuadrada). Sólo Flandes iguala á Milán en densidad de población. El suelo no es fértil por naturaleza, y sólo un gasto enorme de capital y de trabajo ha conseguido hacerlo rico.» Pero «los impuestos son fabulosamente elevados», alcanzando á 2.620 francos por kilómetro cuadrado del área cultivable. En suma, M. Beaucleik estima que, la Italia rural paga 300.000.000 de francos de contribuciones directas, de rendimientos que no esceden de 1.000.000.000 francos, sin mencionar la de la sal, la de la propiedad personal y la indirecta. J.—Las islas del Canal. Como á menudo se hace referencia tanto en las obras que tratan de agricultura como en las de carácter general al excelente estado de ella en Jersey y Guernsey, me bastará referirme á las de M. W. E. Bear (Journal oj ¡he .Agricultural Soeiety, 1888; Cuarterly Review, 1888; Britiseh. Farmer, eta.), y al minucioso trabajo de D. H. Ansted, y R. G. Latham, The Channel Islands, tercera edición, revisada por E. Toulmin Nicolle (Londres, Allen, 1893). Muchos escritores ingleses, aunque no ciertamente los que acabamos de mencionar, se encuentran inclina- /8
274 CAMPO 13, I r Á.BILIOA8 Y TALLER15t4 dos á explicarse esos éxitos por la bondad del clima do las islas y lo fértil del suelo. En cuanto á lo primero, es indudable que, según la estadística, hay más días de sol en ellas que en cualquier población de Inglaterra, llegando desde 1.842 horas anuales (1890), á 2.300 (1893); sobrepujando á lo alcanzado en aquéllas en 168 á 336 horas al año, no incluyendo el elevado máximo de 1894; siendo, al parecer, los meses de Mayo y Agosto los más favorecidos (1). Pero dejemos la palabra á los mencionados Ansted y Latham: «Ray indudablemente en las islas, y especialmente en Guernsey, tuna ausencia de calor solar y de la acción directa de los rayos del sol en el verano, que debe influir así como la notable persistencia de viento Levante, seco y frío, hacia fines de la primavera, en retrasar la vegetación (pág. 407). Todo el que haya pasado, aunque no sea más que dos b tres semanas, ya entrada la primavera en Jersey, sabrá por experiencia la verdad de esta observación. Además, existen las conocidas neblinas de Guernsey, y debido también á la lluvia y á la humedad, los árboles padecen varias enfermedades.» Los mismos autores hacen notar que el nectarino no se da en Jersey al aire libre «debido á la ausencia de calor otoñal»; y que los otoños húmedos y los veranos fríos, no sientan bien á los albaricoqueros, y así sucesivamente. Si las patatas de Jersey son, por lo general, tres semanas más tem p ranas que las de Cornwall, el hecho se explica completamente por las continuas mejoras que allí se hacen,-''á fin de obtener, por pequeñas que sean, algunas cantidades de aquéllas con varios días de anticipación, ya sea por el cuidado especial con que se han plantado lo antes posible, protegiéndolas al mismo (1) Ten vean of Sunshine in Me British Idee 18814890.
TÉRMINO DE SEMANA 1587 1888 1889 I1891 Francos. Mago 5 12. 19. • 453,13 286,45 229,15 26-28 563,20 515,63 433,30 161,45 Junio 2. 197,99 9-11.... • • 268,20 268,20 167,90 166,65 16 .... . . 169,25 23. 208,30 30. Julio 2. 244,35 109,35 146,25 171,85 7. 229,15 14-16 140,70 62,50 73,10 171,85 » 30. 164,65 61,10 65,00 Ag osto 20 .........••.•. 159,35 62,50 65,00 P. KROPOTKD( 275 tiempo de los vientos fríos, 6 por la elección de parcelas pequeñas naturalmente defendidas de aquéllos ó mejor orientadas. Y como la diferencia de precios entre las patatas tempranas y tardías es inmensa, se hacen los mayores esfuerzos por obtener una cosecha de las primeras, notándose que cada vez se van adelantando más, de tal modo, que en los últimos diez años se ha anticipado la recolección unas tres semanas 6 tal vez cuatro. La tabla siguiente demuestra cuándo empieza la estación de exportación, y los precios obtenidos por cabot (= - de tonelada) en su primer día: 66 1883 Mayo 22.. f,TrIPr.q. 1889 » 14.. frAnroq. 15,0 á 17,50 10 á 12,50 1884 » 6.. 8 0 13 á 10 » 1890 » 6.. 11,25 á 12.50 1885 » 19.. » 7,50 1891 » 1.. 15 á 18,75 1886 Junio 2.. 7,50 á 9 » 1892 » 17.. 15 á 17,50 1887 Mayo 24.. 10 á 12,50 1894 Abril 24.. 10,30 á 10,63 1888 » 29.. 10 á 12,50 26.. 14,38 El descenso de precio mejor por lo que sigue: por tonelada, se apreciará
270 CAMPOS, FÁBRICAS Y TAIABILES En cuanto á lo fértil del suelo, el fundamento es aún menor, porque no hay en el Reino Unido ningún área de iguales dimensiones que sea tan abonada corno lo es la de Jersey y Guernsey. En el siglo XVII, como puede verse en la primera edición del Jersey, de Falle, publicada en 1694, la isla «no producía lo necesario para el sostenimiento de sus habitantes, quienes tenían que surtirse de Inglaterra en tiempo de paz, ó de DanIzic en Polonia.» En los Groans of the Inhabitans of Jersey, publicado en Londres en 1709, hallamos la misma lamentación. Y Quayle, que escribió en 1812 y cita las dos obras que acabamos de mencionar, se queja á su vez de lo mismo en estos término: «Lo que hoy se cosecha es completamente insuficiente para el sostenimiento del país, aparte de la guarnición» (General View of the itgrieulture and the Present State of the Islands on the Coast of Norrnandy. Londres, 1815, pág. 77). Y agrega: «Por sensible que sea, no debe ocultarse la verdad; las cosechas de granos son aquí detestables, y algunas veces en grado superlativo.» Y cuando consultamos á los escritores modernos, como Ansted, Latham y Nicolle, nos informamos de que el suelo no es, por ningún concepto, rico; está formado de granito descompuesto, fácil de cultivar, pero «no contiene ninguna materia orgánica,; aparte de la que el hombre le ha agregado». Esta será, indudablemente, la opinión de todo el que visite la isla y observe con atención su suelo, sin mencionar á Quenvais, donde, en tiempos de Quayle, había' «un desierto árabe» de arena y cascajo de unos 70 acres de extensión, con solo una parte algo mejor, pero, . sin embargo, muy pobre, hacia el Norte y Poniente. La fertilidad del suelo se ha formado por completo, pr i -mero con el uraie (plantas marinas), sobre las cuales los habitantes han mantenido derechos comunales; más tar-
P. KROPOTICIN 277 de, importando considerables cargamentos de abono que vinieron á aumentar el importante producido por el mucho ganado que se cría en la isla, y finalmente, por el admirable buen cultivo del terreno. Mucho más que la lúz solar y la bondad del suelo, fueron las condiciones del arrendamiento y lo moderado del impuesto lo que contribuyó al notable desarrollo de la agricultura en Jersey. En primer lugar, las gentes del país tienen pocas relaciones con los que cobran la contribución. Mientras que los ingleses pagan, por término medio, 12,50 francos por cabeza de población, el agricultor francés se halla agobiado con impuestos de todas clases, y el de Milán tiene que dar á la Hacienda el 30 por 100 de su renta, todo lo que se paga en las islas del Canal no pasa de 12,50 francos por cabeza en las parroquias de las poblaciones y mucho menos en las rurales. Además, de impuestos indirectos sólo se conocen el de 3,10 francos, pagado por cada galón de aguardiente importado, y el de 90 céntimos por el de vino. Respecto á las condiciones del arrendamiento, el país se ha escapado felizmente de la acción del Derecho romano y continúa viviendo bajo la cautumier de Normandie (la antigua ley común normanda). Por lo cual, más de la mitad de la tierra está en poder de los que la cultivan; no habiendo propietarios que vigilen la cosecha y eleven el arrendamiento antes de que el agricultor haya podido recoger el fruto de las mejoras introducidas, ni hay nadie que cargue tanto ó cuanto por cada carro de plantas marinas ó arena que se traiga de la playa: cada uno toma lo que necesita, con tal de que corte la primera en su estación determinada, y saque la segunda á 60 yardas de distancia del sitio señalado por la pleamar. Los que compran tierra para el cultivo pueden hacerlo sin verse esclavizados por los usureros. Sólo una cuarta
278 CAMPOS, FÁBRICAS Y TALLERES parte de la renta permanente que el comprador se compromete á pagar se capitaliza, y hay que abonarla en el acto, en efectivo (con frecuencia menos); el resto se convierte en un censo, pagadero en trigo, que se evalúa en Jersey en 50 á 54 sous de France por cabot. El embargo por deudas está, tan lleno de dificultades, que es muy raro se recurra á él (Quayle, General View, págs. 41-46). Las transferencias de tierra se efectúan únicamente por el juramento de ambas partes, y cuestan casi nada. Y las leyes respecto á la herencia son tales, que ponen el patrimonio á salvo de las deudas anteriormente contraídas (Zdem, págs. 35-41). Después de haber mostrado lo pequeñas que son las granjas en las islas (de 25 acres, y muchas ni aun eso), habiendo «menos de 100 granjas en cada isla que excedan de 25 acres, y de éstas sólo existe media docena en Jersey que pasen de 40», los Sres. Amsted, Latham y Nicolle dicen: «En ninguna parte encontramos una gente tan relativamente feliz como en estas islas...» «El sistema de propiedad territorial ha contribuido también, en no pequeña escala, á su prosperidad...» «El comprador viene á ser el dueño absoluto de la propiedad, sin que su derecho pueda ser menoscabado mientras pague el interés de este censo (trigo), no pudiendo obligársele, como en el caso de hipoteca, á amortizar el capital. Las ventajas de tal sistema son tan patentes, que no hay necesidad de ponderarlas.» (The Channel Islands, 3. a edición, revisada por E. Toulmin Nicolle, pág. 401; véase también la 443).
Trigo Cebada Avena y centeno... . .. * Judías y guisantos.... • . ..... P atatas .... ..... .. .. Nabos » holandeses. Otras menudencias..... 1 De heno No de heno ,..., ., De heno ) No de heno Plantas forrajeras y prados artificiales. Pastos permanentes. Cultivo de granos. Cultivo de verduras. 1 1 2.487 156 83 a • • • • • s • • ........ 0 P. KROPOTKIN 279 Lo siguiente mostrará mejor de qué modo se utiliza el área cultivable en Jersey: 1823 Acres 1891 Acres 1.526 1.709 109 11.3 286 499 12 16 7.599 7.007 126 111 219 232 382 447 2.604 2.842 2.563 2.208 989 1.117 3.120 3.057 21.428 21..)52 Acres En 1889 había de: Fruta pequeña Arboleda., . H orticultura...,.. • . • ...... • . ....... • Planteles • • GANADERÍA 1893 1491 • n • nn •• n ••••~4 Caballos empleados sólo en la agricultura.. Potros para domar.. • • Yeguas sólo para la reproducción. 2,300 103 14 2,`)52 83 16 Ganado caballar 2.417 2.351 Vacas y terneras de leche ó criando. 7.04 6.709 Otra clase de ganado: De dos años en adelante... ....... 760 864 D e un año á dos..... ...... ....... 2.397 2.252 De menos de un año 2.489 2.549 Total de ganado vacuno .. ....... , . 12.650 12.374
' 1 80 CAMPOS , r' 131ZIC AS T PALIA-91/XF; ,.„,,,..., n ,,,,,... nnnnnnnn • nnn •• n •• nn •• n • n • n • nn • nnnn ••••• nnnnnn •• ción; pero el profesor Grandeau, á quien pedí su opinión. sobre el particular, me contestó diciendo que lo creía de un gran porvenir. Hortelanos prácticos (París maraichers) á quienes he preguntado sobre el mismo asunto, no ven, por supuesto, nada extravagante en la idea. Con plantas que dieran 1.000 granos cada una—y en el experimento de Capelle el término medio fue de 600—la alimentación anual de trigo por cada individuo (5,65 fanegas 6 265 libras), que está representada por 5.000.000 á 5.500.000 granos, podría recolectarse en un espacio de 250 yardas cuadradas, en tanto que, para una mano experimentada, la replantación no representaría más que diez 6 doce horas de trabajo, lo cual, con máquinas y herramientas convenientes, podría reducirse en extremo. En el Japón, dos hombres y dos mujeres plantan de arroz tres cuartos de acre en un día (Ronna, Les Irrigations, vol. III, 1890, págs. 67 y siguiente). Lo que quiere decir (Fesca,, Japanesische Landwirthschaft, pág. 33), de 33.000 á 66.000 plantas, 45 sea un mínimum de 8.250 al día por persona. El hortelano de Jersey, si no está habituado, planta unas 600 por hora, y si es práctico llega hasta 1.000. !J.—Importación de hortalizas y verduras en el Reino Unido. Que en este país no se utiliza suficientemente la tierra para la horticultura, y que la mayor parte de las hortalizas y verduras que en. él se importan pudieran producirse aquí, es cosa que ya se ha repetido una y otra vez durante los últimos años. Es verdad que mejoras considerables se han realizado rec ientemente, habiéndose aumentado mucho el área d edicada á la horticultura, y especialmente la destinada
P. KROPOTICIN 287 al cultivo bajo vidrio para frutas y verduras en general. Así, pues, en lugar de 38.957 acres asignados á la horticultura en la Gran Bretafía, en 1875, había en 1894 88.210, sin incluir las cosechas de verduras de las granjas (The Gardener's Chronicle, 20 Abril 1895, pág. 483). Pero ese aumento no es más que una insignificancia, comparado con otros similares realizados en Francia, Bélgica y Estados Unidos. En Francia, el área dedicada á la horticultura fue estimada en 1892 por M. Val tet (L'horticulture dans les cinq parties du monde, París, Hachette, 1895) en 1.075.000 acres, ó sea cuatro veces más en proporción del área cultivable que en este país. Y lo más notable de ello es, que extensiones considerables de terreno, tenidas antes por estériles, han sido reclamadas después para destinarlas á la horticultura y cultivo de frutales. En el estado actual de este asunto vemos que grandes cantidades de las hortalizas y verduras más comunes, cada una de las cuales pudieran cultivarse en este país, son importadas, sin embargo. Las lechugas se traen, no sólo de las Azores ó del Sur de Francia, sino de todo este país, donde se cultivan mucho, en su mayor parte bajo vidrio. Pepinos tempranos, cultivados de igual modo, se importan en grandes cantidades de Holanda, vendiéndose tan baratos, que muchos hortelanos ingleses han dejado de sembrarlos (1). Hasta remolacha y pepinillos en vinagre se traen de allí también; y mientras que las cebollas se cultivaban antes en este país en grande escala, vemos que en 1891, 5.288.51° fanegas de las mismas, valoradas en 19.126.225 francos, fueron importadas de Bélgica (principal proveed or), Alemania, Holanda y otros países. (1) The Gardener's Chroniele, 20 Abril 18.95, pág. 483.
288 CAMPOS, FÁKRICAS 7 TALLIMP113 Además, si es natural que las patatas tempranas se traigan de las Azores y del Sur de Francia, no lo es, sin embargo, que más c:le 50.000 toneladas de patatas (58.060 por término medio, valoradas en 13.028.525 francos, durante los años de 1891-94) fueran importadas de las islas del Canal, cuando hay centenares, por no decir miles de acres en el Sur de Devon, y probablemente también en otras partes de la costa Sur, donde la patata temprana pudiera darse tan favorablemente. Pero además de las 88.200 toneladas de patatas tempranas, valoradas en 17.764.650 francos, que se importan en este país, no bajan de 54.100 toneladas las tardías, por las que se paga 11.032.500 francos anualmente, importadas igualmente de Holanda., Alemania y Bélgica. Y todavía se recibieron, durante los mismos tres años, toda clase de legumbres, hortalizas y verduras por la suma de francos 25.685.275 de diferentes países, mientras que en 1885 no pasó de 11.682.250 (1); en tanto que miles de acres permanecen incultos y la población de los campos es arrastrada hacia las ciudades en busca de trabajo, sin poderlo encontrar. Todo el mundo sabe lo bien que se da la patata en este país y las admirables clases que han. obtenido los cultivadores británicos; pero la renta y los intermediarios absorben casi todas las utilidades del agricultor.. Pudiera presentar hechos convincentes en prueba de la última parte de mi afirmación; pero son tantos los que se han presentado ya, que sería inútil el aumentar su número para evidenciar lo que resulta suficientemente. demostrado (2). (1) The Gardener's Chroniele, 20 Abril 1895, pág. 483. (2) Cf. W. BEL.TeS: British Farmer and Sis Competitors, Pir434- Jaz 151.
P. • KROPOTIIM 289 N.—Horticultura en Bélgica. Hace diez años, en 1885, la superficie dedicada en Bélgica á horticultura era de 99.600 acres; y ahora un profesor de agricultura, que bondadosamente me ha favorecido con notas sobre el particular, dice: «El área ha aumentado considerablemente, y creo puede estimarse en 112.000 acres (45.000 hectáreas) cuando menos.» Y más adelante añade: «La renta en las inmediaciones de los grandes centros de población como" Antwerp, Lieja, Gante y Bruselas se elevó hasta 145 y 200 francos por acre; los gastos de instalación son desde 325 francos á 625; el gasto anual de abono alcanza desde 200 francos á 400 el primer año, y de ahí en adelante de 125 á 200 anualmente.» Las huertas son, por lo general, de dos acres y medio, en cada una de las cuales se usan de 200 á 400 az:- maduras. Respecto á los hortelanos belgas, pueden repetirse las mismas observaciones que se han hecho referentes á los mararZchers franceses. Trabajan con exceso, teniendo que pagar una renta elevadísima y que economizar algo al mismo tiempo, con la esperanza de poder algún día comprar un pedazo de terreno y verse libres de los explotadores que tanto absorben el producto de su trabajo; teniendo, además, que comprar todos los años más y más armaduras con objeto de obtener su produc- to cada vez más temprano; y á fin de alcanzar precios más elevados por él, trabajan como esclavos. Pero debe recordarse que, para conseguir la misma cantidad de ese producto bajo vidrio en invernaderos, sólo se necesita el trabajo de tres hombres, dedicando á él cincuenta y cinco horas á la semana, para cultivar un acre de terreno bajo vidrio en Jersey. 111 se es es
ezzaros, FÁBRICAS T TALLERES O. —La pequeña Industria en la región de Lyon. Las inmediaciones de Saint-Etienne son un gran centro para toda clase de industrias, entre las cuales las pequeñas ocupan un lugar importante. Las fundiciones de hierro y las minas de carbón con sus elevadas y humeantes chimeneas; las ruidosas fábricas; los caminos ennegrecidos por el carbón, y lo pobre de la vegetación, dan á la comarca el aspecto tan conocido del «país negro». En algunas poblaciones, como la de Chamond, se encuentran numerosas y grandes fábricas, en las cuales hay miles de mujeres empleadas en la fabricación de passementerie; pero al lado mismo de la gran industria, la pequeña se mantiene á una altura importante. Así, por ejemplo, tenemos la fabricación de las cintas de seda, en la que no bajaban de 50.000 los trabajadores de ambos sexos empleados en el año de 1885. Sólo 3.000 4.000 telares había entonces instalados en las fábricas, en tanto que el resto, esto es, de 1.200 á 1.400, pertenecían á los operarios mismos, tanto en Saint-Etienne como en su comarca (1). Por regla general, las mujeres y las niñas hilan la seda, en tanto que los hombres tejen la cinta. En los alrededores de Saint-Etienne ví estos pequeños talleres, en que se tejían cintas de verdadero mérito y de un gusto y trabajo exquisitos (con una parte (1) Debo estos datos y la información siguiente á M. V. Euvert, presidente de la Cámara de Comercio de Saint-Etienne, quien remitió, cuando yo estaba en la prisión de Clairvaux, en Abril de 1885, una nota muy interesante sobre las varias industrias de ll : región, en contestación á, una carta mía. Aprovechándome ahortIde'l*, la o portunidad para expresar á M. Euvert mi profundo agreden 1,, miento por su atención.
A • P. EROPOTKIN 291 intercalada de la elaborada en fábrica), las cuales se hacían por la familia en tres ó cuatro telares, mientras que en la habitación inmediata la mujer preparaba la comida y atendía al servicio doméstico. Hubo un tiempo en que los jornales eran elevados en esta industria (alcanzando á más de diez francos por día) y M. Auvert me escribió, diciendo que la mitad de las casas de los barrios extremos de dicha población habían sido edificadas por los passementiers mismos; pero el negocio tomó un aspecto muy sombrío cuando estalló una crisis en 1834. No se recibían órdenes, y los tejedores de cinta tenían que vivir de recursos irrisorios. Pronto desaparecieron todas sus economías. «Cuántos —decía M. Auvert—se han visto obligados á vender por algunos centenares de francos el telar por el cual habían pagado hasta mil!» El efecto que esta crisis ha causado en dicha industria no puedo manifestarlo, por no haber tenido posteriormente informaciones respecto á esta región, siendo muy probable que un gran nú mero de tejedores de cinta se hayan reconcentrado en Saint-Etienne, donde continúa el tejido de carácter artístico, en tanto que las cintas comunes se hacen en la fábrica. La manufactura de armas ocupa de 5.000 á 6.000 trabajadores, cuya mitad está en Saint-Etienne y el resto en sus inmediaciones: todo el trabajo se hace en pequeños talleres, exceptuando la gran fábrica de armas del Estado, que algunas veces emplea de 10.000 á 15.000 personas, y otras 2.000 solamente. Otra industria importante de la misma región es la de quincallería, establecida toda en pequeños talleres en las inmediaciones de Saint-Ettienne, le Cliambon, Firminy, Rive de Giers y St. Bonne le Cháteau. El trabajo es relativamente normal; pero las utilidades son, por regla general, escasas. Y, sin embargo, los agricultores
292 cAitrom, rÁBB.9LOAS Y TALLERES continúan aferrados á estas industrias por no poder pa-. sar sin ocuparse en algunas de ellas una parte del año. La producción anual de tejido de seda alcanzó en Francia el año de 1881 una cantidad qué no bajaba de 7.558.000 kilogramos (1); y la mayor parte de los 5.000.000 á 6.000.000 de kilogramos de seda en bruto que se manufacturaba en la región de Lyon era tejida á mano (2). Veinte años antes, esto es, sobre 1885, sólo había de 6.000 á 8.000 telares mecánicos; y cuando tomamos en consideración tanto el período de prosperidad de la industria de la seda allí, hacia los'años de 1876, y la crisis que sufrió en los de 1880-86, no podemos por menos de admirarnos .de la lentitud con que tal industria. se transforma. Tal es también la opinión. del Presidente de la Cámara de Comercio de Lyon, quien me decía que el dominio del telar mecánico aumentaba, anualmente, «incluyendo en su trabajo ciertos géneros que antes se consideraban imposibles de tejerse en él» pero—agregaba—la transformación de ]os pequeños talleres en fábricas marcha aún con tanta lentitud, que el mismo total de telares mecánicos sólo llega á 20.000 ó 25.000, de un total de 100.000 á 110.000.» Los rasgos más característicos de la industria de la seda en Lyon son los siguientes: el trabajó preparatorio, 6 sea el devanado, torcido, etc., se hace casi todo, principalmente en. Lyon, en pequeños obradores y en algunos pocos de la misma (1) 7.558.000 kilogramos en 1881, contra 5.134,000 en 1871 Journai de la &acidé Statistique de París, Setiembre de 1883. (2) Tomo estos datos de una carta en que se consignaban, que el Presidente de la Cámara de Comercio de Lyon tuvo la amabilidad de dirigirme á Clairvaux, en Abril de 1885, en contestación á mispr eguntas sobre el particular; aprovechando esta ocasión par ► darle mis más expresivas gracias por su interesantísima comUniOt ► -
P. XR0p0T/tIN . 293 índole, establecidos en sus inmediaciones. El tinte y refinado se efectúa, por supuesto, en grandes fábricá'á: invirtiéndose principalmente en: lo primero de 4.000 á 5.000 brazos, siendo esto lo que ha dado á Lyon su reputación más elevada. No sólo se tiñe allí la seda, sino también el algodón y la lana, y no únicamente para Francia, sino, además, hasta cierto pintó, .para Londres, Manchester, Viena y aun Moscú, siendo en este ramo de la industria en el que se han montado las mejores máquinas (1). Respecto al tejido, se hacía., corno tuvimos ocasión de ver, en unos 20.000 6 25.000 telares mecánicos, y en 75.000 á, 90.000 de mano, parte de los cuales están en Lyon (de 15.000 á 18.000), y todos los demás en sus contornos. Los talleres en que antes se solían encontrar varios operarios á las órdenes de un Maestro, tienden á desaparecer, siendo reemplazados por otros con sólo dos 6 tres telares de mano, y en los que el padre, la madre y los hijos trabajan únicamente. En cada casa, en cada piso de la Croix Rousse se encnentran hasta hoy día esos pequeños obradores. El fabricante da las indicaciones generales respecto á la clase de tela que desea sea tejida, y sus dibujantes hacen el modelo; pero el mismo trabajador es quien tiene que buscar el medio de tejer con hilos de todos colores lo que aquéllos hicieron en el papel. De este modo, él siempre crea algo nuevo, siendo muchos los adelantos y descubrimientos efectuados por obreros de quienes hasta los nombres permanecen desconocidos (2). (1) La fabrique lyonnaise de soieries. Son paseé, son présent. Impreso por orden de la Cámara de Comercio de Lyon, 1873. (Publicado cuando se celebró la Exposición de Viena). (2) MARIuS MORAND: L'organisalion ouvri¿re de la fabriqm • lyonnaise, trabajo leído ante la Asociación Francesa, para el adelanto de las ciencias, en 1873.
294 OAMPOS, PÁIVRICála Y TALLIIIItES Los tejedores de Lyon han mantenido hasta, ahora la reputación de ser los más adelantados de su industria en lo referente á trabajos artísticos y delicados en tejidos de seda. Los mejores y realmente más artísticos brocados, satenes y terciopelos, se tejen en los más pequeños obradores, donde no hay más que uno 6 dos telares. Desgraciadamente la irregularidad en la demanda de esas clases más superiores, es á menudo causa de malestar y de miseria. Anteriormente, enana() empezaron á escasear las órdenes para los géneros referidos, los tejedores de Lyon recurrieron á la manufactura de telas más inferiores, como foulars, crépes y tulles, de los cuales Lyon tenía el monopolio en Europa. Pero ahora los artículos más comunes se manufacturan por millones, una parte por las fábricas de Lyon, Sajonia, Rusia y Gran Bretaña, y la otra por los campesinos de los más inmediatos departamentos franceses, así como por los habitantes de los pueblos suizos de los cantones de Rase' y Zurich, y los de las poblaciones de las provincias rhenanas, Italia y Rusia. La, emigración de la industria de la seda francesa desde las grandes poblaciones á las pequeñas, empezó hace tiempo; esto es, sobre 1807; pero fue especialmente en el año 16 cuando este movimiento alcanzó un gran desarrollo. Por el de 1872, cerca de 90.000 telares de mano se hallaban, esparcidos, no sólo en el departamen- to del Rhtsue, sino también en los de Ain, Isére, Loire, Sane-y-Loire, y hasta en los de Drbme, Ardéche y Sa,- voie. Algunas veces los comerciantes suministraban los telares, pero, en general, los compraban los tejedores mismos, siendo ent . lar las mujeres y las jóvenes par MI quienes trabajaban en ellos en las horas que la agricultura les dejaba libres. Pero ya desde 1835, dicha emigración tomó el carácter de creación de grandes fábri-
P. ILROPOTKIN 295 cas en los pueblos, las cuales continúan extendiéndose por el país, causando un estrago terrible entre las poblaciones rurales. Cuando una nueva fábrica se construye en una pequeña población, atrae desde luego á las jóvenes, y en parte á los niños de los campesinos de la comarca, considerándose siempre las unas y los otros muy felices al encontrar un modo independiente de buscarse la vida, que los emancipa de la vida familiar; á causa de lo cual los jornales de las jóvenes son extremadamente reducidos, y como al mismo tiempo la distancia del pueblo á la fábrica es, por lo general, grande, las muchachas no pueden volver á su casa todos los días, con tanto más motivo cuanto que la jornada acostumbra á ser larga; por lo que permanecen en aquélla toda la semana alojadas en barracas, y sólo vuelven á su casa el sábado por la tarde, donde están hasta el lunes al amanecer, en que un carruaje recorre el lugar y las lleva de nuevo á la fábrica. La vida de barraca, sin mencionar sus consecuencias en lo moral, quita á las jóvenes su disposición para los trabajos del campo, y cuando han crecido, descubren que no pueden mantenerse con los reducidos jornales que les ofrece la fábrica, ni volver tampoco á la vida campestre. Es, pues, muy Lcil ver qué estragos causa la fábrica en el pueblo, y qué insegura es la existencia, basada precisamente en los bajos salarios que ganan las muchachas de las aldeas. La fábrica destruye el hogar del campesino; hace la existencia del trabajador de la ciudad aún más precaria todavía, á causa de la competencia que le hace, y la industria misma se halla en un perfecto estado de inseguridad. ;