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Cervantes y El Quijote : estudios críticos

Tubino, Francisco María, 1833-1888

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CERVANTES Y . '1'' ''“i . ! •-v EL QUIJOTE. ESTUDIOS CRÍTICOS POR FRANCISCO M. TUBINO. MADRID. LIBRERIAS DE A. DURAN, BAILLY-BAI LLIERE YL. LOPEZ. PARIS: F. BRACHET.-HABANA: A. CIIAO. 1872. V f % CERVANTES YEL QUIJO' * OBRAS DEL MISMO AUTOR. pesetas “El Quijote yla Estafeta de Urganda,“ (quedan algunos ejemplares de la 2. aedición). .3 "Gibraltar ante la historia, la diplomacia yla política. “(Agotada) » “Estudios contemporáneos. uLos intereses morales ymateriales. Individualismo ysocialismo 5 “Estudios prehistóricos.“150 “Murillo, su ¿poca, su vida ysus cuadros. . 5 “Pablo de Céspedes. “Estudio de arte premiado con medalla de oro por la Academia Nacional de Bellas Artes 5 •'Viaje científico áDinamarca ySuecia“ (en colaboración con el Docfcpr Vilanova) ... 10 "El Arte ylos Artistas contemporáneos en la Península 5 % EN PREPARACION. Castilla durante el reinado de Pedro I. a. sz't CERVANTES Y EL QUIJOTE. ESTUDIOS CRÍTICOS FRANCISCO M. TUBINO. # 1872.•ONACIQn montuts A LOS CERVANTISTAS FRANCESES MM. L. VIARDOT, ANTONIO DELATOUR, GUARDIA, ROYER, EMILIO CHASLES, GERMOND DE LAVIGNE, L. BIART. GUSTAVO DORÉ, SU COLEGA CUAL TESTIMONIO DE ACENDRADA 4 SIMPATÍA. % i \ PRÓLOGO. Desde que en 1862 publiqué mi primer ensayo sobre la obra inmortal de Cervantes, no he cesado—según que me lo consintieron trabajos de otra índole — de estudiarla bajo distintas relaciones, tanto con el fin de admirar sus bellezas, cuanto llevado del honrado deseo de robustecer previos juicios óde reformarlos como pedia el imparcial móvil en que hubieron de inspirarse. No debo negar que durante ese período de tiempo, ensanchada la órbita de mis conocimientos yrobustecida mi razón con mayores meditaciones, he modificado algunos extremos secundarios de mis creencias literarias; más en lo fundamental continúo apreciando el “Quijote 14 yentendiendo sus méri- CERVANTES YALIAGA V t bshrmj¡&¡' U'li ii í&íM J» I. LA APARICION DEL FALSO DON QUIJOTE. # Próximo al término de su azarosa yejemplar existencia, con la salud harto quebrantada por los sufrimientos del cuerpo ylaS| pesadumbres del ánimo, tan sobrado de infortunios yde dolores como menesteroso de las ventajas que ya en las postrimerías de la vida suelen alijerar la pesada carga de los años, Cervantes, coloso de la moderna literatura, superior encarnación del génio, regocijo, honra ygloria de nuestra querida España, ocupábase en el no aderezado albergue que tierna, compasiva ycristiana amistadle deparase, en dar cima ála noble empresa que bizarro acometió, proponiéndose historiar las hazañas del Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha. Trazaba con gallarda pluma el capítulo cincuenta yuno déla segunda parte de sus proezas, cuando, expirante el año de 1614, llegaba ámanos del egregio escritor la continuación que un anónimo pretendía dar al parto peregrino de su privilegiado entendimiento ,Sorprendióle antes que la arrogancia del encubierto émulo,—atreviéndose áproseguir en la empresa que le estaba reserva - da,—las agresiones con que en su entender quiso herirle ymortificarle, yatento árechazarlas, únicamente en aquello que la dignidad pedia, contestólas con singular comedimiento en el pi ó— logo que precede ála segunda yúltima parte de su obra. No se quejaba Cervantes tanto de que su rival osara poner la mano sobre lo que él consideró de su propio yesclusivo dominio, cuanto de la injusticia con que procedía, dándole en rostro con sus heridas rsus años. Alonso bernandez de Avellaneda, que así se disfrazaba su competido! , notábale, con efecto, de viejo yde manco, como si la manquedad del valeroso soldado no hubiera nacido en lamas alta ocasión que vieron los siglos, ycomo si el entendimiento no se acrecentara y mejorase con los años en vez de disminuir yenflaquecerse. Mostróse Cervantes en la respuesta por estremo discreto, declarando que puesto que los agravios despiertan la cólera en el pecho humilde, en el suyo habia de padecer escepcion esta regla. ¡Tan grande era el dominio que de sí propio tenia ytan elevada ysegura la dirección de sus limpios pensamientos! La fama que alcanzó la novela cervántica, yla atención yel interés que en la República literaria despertaron las desventuras de nuestro autor, y cuanto podía ilustrar los inmortales hijos de su talento, esplican el empeño de la crítica, propo - niéndose desenmascarar al padre del apócrifo don Quijote, queriendo al identificarle, escrutar los ocultos resortes que hubieron de moverle, cuando con tan poco miramiento penetraba en el campo que le vedaban, sino la propia incompetencia, respetos yrazones nunca de los buenos puestos en olvido, ni mirados con desden ymenosprecio. Habíase impreso la obra anónima en casa de Felipe Roberto, habitante en Tarragona, (i) no disfrutándose otros pormenores tocante al tal de Avellaneda, que las leves indicaciones por el mismo ministradas en su libro ylas gpnjeturas expuestas en el suyo por Cervantes. Según el primero, tomó este por medios para desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballería, el ofenderle áél, yparticularmente áquien tan justamente celebraban las naciones mas extranjeras yla nuestra debía tanto por haber entretenido honestísima yfecundamente tantos años los teatros de España con estupendas éinnume- *' 4 rabies comedias, con el rigor del arte que pide el mundo ycon la seguridad ylimpieza que de un ministro del Santo Oficio debia aguardarse. Re • cordando el texto de algún capítulo de la primera parte del Quijote, descúbrese que Fernandez de Avellaneda, al hablar de una tercera persona, aludia evidentemente áLope de Vega Carpió, cuyas comedias habían merecido ála péñola cervántica reposadas yno impertinentes advertencias. De todos los dramaturgos contemporáneos, solo al Fénix de los ingenios cuadraban las frases del anónimo; solo áél podían referirse yaplicarse: poeta dramático de estupenda fecundidad, afamado ypopular en su tiempo como nadie, blanco de justos ydecorosos reproches de parte de Cervantes, concurría en él, además, la circunstancia de ser familiar déla Inquisición. Mas al defenderle Fernandez de Avellaneda, traspasó los límites de la conveniencia, presentando ásu contrario inspirado por la torpe yruin envidia, lo cual ocasionó que prescindiendo Cervantes de quejas mucho, menos que infundadas, declaiase sin rebozo, por lo que áLope se referia, que del tal adoraba el ingenio, admiraba las obras yla ocupación continua yvirtuosa. Estimóse, pues, averiguado este importante detalle, no asi ei referente al personaje tordesillesco, cuya identidad aun se halla lejos de sernos conocida. Fijándose Cervantes ensu émulo, dijo en la citada segunda parte del Quijote, que su lenguaje era 5 aragonés, porque tal vez escribía sin artículos. Nada espuso en el prólogo que pudiera conducirnos ádescifrar el enigma, yen nuestro juicio, carece de fundamento cuanto se ha dicho sobre que con Fernandez de Avellaneda se entendía aquello de que no había de perseguir áningún sacerdote ymas si tenia por añadidura ser familiar del Santo Oficio. Leído el pasaje sin prevención, salta desde luego ála vista que se alude al autor de la «Dragontea,» que ya estaba en Madrid de vuelta de Toledo donde había cantado misa. (2) Torturándose las palabras, asentóse también que Cervantes habia señalado claramente la filiación aragonesa de su contrincante, demostrando así conocerle, si bien por temor ópor otras razones ignoradas, escusó el descubrirle. Parécenos que la afirmación es de todo puntoinsostenible. Juzgando Cervantes al anónimo bajo la relacionliteraria, halló c%no de reprensiónsu estilo, que llamaba aragonés, porque en algún que otro caso suprimíalos artículos; yalespresarse de esta suerte, no afirmaba implícita ni virtialmeníe que le conocía; contentábase con asentar un juicio hijo de la rápida lectura de algunas páginas del libro que le presentaban, yáél se atenia cuando por boca de uno de los diablos con quienes topó Altisidora, dijo que el Quijote de Tarragona no habia sido compuesto por Cicle fíamete, sino por un aragonés que se decía ser natural de Tordesillas. Quizá nuestro ilustre ingenio se equivocó ima- 6 ginaado que la supresión de los artículos en especiales casos, bastaba para tildar de aragonés el lenguaje donde se descubría semejante circunstancia; tal vez le engañaron las apariencias, pues alguno, (3) apoyándose en la autoridad de Mateo Alemán, ha demostrado que, el escribir de cuando en cuando sin artículos, un literato del primer tercio del siglo XYÍÍ, era cosa bastante común, no solo entre aragoneses, sino éntrelos mismos castellanos. Yno fueron aisladas individualidades las únicas que introdujeron en la literatura esta práctica, ósi se quiere corruptela; la misma Academia usó el suprimir los artículos para dar mayor nervio yelegancia al lenguaje, prescindiendo a! obrar así de las censuras del citado Alemán, del maestro Correa yde varios otros. Del mismo modo que los Arj ensolas, hijos de Aragón, escribían tan correctamente como los primeros escritores de Castilla; así más de un castellano pudo, dejándose señorear por las aficiones dominantes, economizar el uso de los aiticulos, jnstifi cando la reprensión cervantesca, sin ser por esto aragonés como hasta ahora se habla creído. Para quien desee esclarecer las causas que pudieron extremar la desventura de Cervantes, no habrá de ser tema de erudición solamente el que nos hemos propuesto ventilar. Escribióse el libro anónimo en algo influyendo la emulación yel resentimiento: confiesa su autor que Cervantes le tenia ofendido, de donde no sera violento el infe— 7 rir que el Quijote tordesillesco venia ádesfacer, en algún modo, agravios yquerellas no extinguidos ni satisfechas. Mas ¿dónde se encuentran estos agravios? preguntará el curioso lector. ¿Cuál es su carácter? ¿Pueden descubrirse en la donosa ymultiforme sátira que encierran las aventuras del manchego hidalgo, cuál se señala el vituperio de las comedias de Lope? ¿Esas quejas de que Cervantes hace caso omiso en su segundo prólogo, proceden de un literato, oficio público, clase social óinstitución en alguien vista ypersonificada? ¿Dieron, por desgracia, motivo para que concertándose hechos de distinta naturaleza, no lograse Cervantes ver colmados sus legítimos deseos, esplicándose también por este medio el abandono en que le tuvieron sus contemporáneos, hasta causar estrañeza yasombro en los franceses que en 1615 acudieron ávisitarle? Abrigamos el complacimiento de que el original del Alonso Fernandez de Avellaneda no fué un escritor mediocre yvulgar, que penetrando en el cercado ageno aspiró por toda recompensa áobtener la ganancia que la venta de su trabajo hubiera de procurarle. Omucho nos equivocamos óhay motivo bastante para afirmar que alentaba grandes ydilatadas pretensiones literarias. Enseña la lectura del libro, al que la prosigue ytermina con la calma que la imparcialidad exije, que 110 faltaron ásu autor talento, inventiva, letras ydoctrina, siquiera carezca de gusto? Sale áluz el tomo décimo entre 1752 y1753, y en él incluye áMiguel de Cervantes, suponiéndole nativo de Sevilla, secretario del duque de Alba y objeto de desprecio por parte del de Lerma, contra quien escribió, tirando ávengarse, el libro de D. Quijote. Cita en seguida el Padre Murillo á Fernandez de Avellaneda, ignorando, al parecer, que este es un disfraz; llámale eclesiástico, sin decir en qué se funda para tal aserto, ydespués escribe que Cervantes se quejó de que le habian quitado sus papeles, terminando este tegido de imaginaciones, con la inexactitud de que falleció en 1664. Decidióse al cabo la Academia Española áimprimir por sí la obra que tanto nombre habia alcanzado ya entre propios yestraños, ycon efec- to, de 1780 á1782 hizo de ella dos ediciones, (5) de las cuales una merece especial mención de parte nuestra. Discurriendo la/iocta corporación, óel académico D. Vicente de los Ríos en nombre suyo, sobre quién pudiera ser el émulo de Cervantes, afirmó qqe fué otro compositor de comedias. Estaba, dice, grandemente sentido aquel poeta de la justa censura que de las suyas habia hecho Cervantes en el Quijote. Sabia la estimación que le habia granjeado esta obra, cuya segunda parte deseaban todos, ypara saciar su odio, intentó desacreditar de un golpe el ingenio ybuen corazón de Cervantes. Su ingenio continuando el Quijote, ysu buen corazón publicando que habia ofendido 15 en él áLope de Vega, porque su fama le causaba pesadumbre yenvidia. Para darse cuenta cabal de una parte de los asertos académicos, forzoso será traer ála memoria antecedentes en mucho relacionados con nuestro asunto. Bióse ála estampa la primera edición del Quijote de Fernandez de Avellaneda en Tarragona, año de 1614, la segunda en Madrid en 1615, si el bibliófilo Ebert no se equivoca; la tercera en este mismo punto en 1732, siendo sus editores D. isidro Perales yD. Blas Nasarre, quienes cuidaron de aderezarla con un encomiástico prefacio de D. Agustín Montiano yLuyando yel juicio no menos favorable que había aparecido en el «Diario de los Sábios» de París, con motivo de una versión libre allí impresa por Lesage, en 1704. Comenzaba áestenderse una opinión propicia á Fernandez de Avellaneda, yya Martínez Salafranca había sido osado áescribir que aquel tuvo razón sobrada para creer que Cervantes no quería óno podía continuar el QuijoteRenunciando así el flamante crítico, el deseo de justificar la aparición del falso, ála vez que destruía el vicio que encerraba en sus entrañas. (6) Justo era que propósitos tan censurables hallaran quien, volviendo por la causa de la justicia, acudiera áponerles los oportunos reparos. Con loable celo corrió la Academia ála defensa del maltratado ingenio; mas nosotros, enalteciendo ló Como es debido la intención, no podemos admitir, solo porque procede de labios tan respetables, que Fernandez de Avellaneda fué, como se dice, poeta yescritor de comedias. ¿Dónde se halla la censura que de sus escritos hiciera Cervantes? ¿Quién puede señalarla en las generalidades contenidas en el capítulo xlviii de la primera parte del Ingenioso Hidalgo? Antes que ánosotros ocurriéronse iguales dudas áliteratos perspicaces, yno por cierto de segunda fila yescasos merecimientos. Sin ir mas lejos, D. Juan Eugenio Hartzenbusch, en sus notas ála edición del Quijote hecha en 1863 en la Argamasilla, confiesa que no sabe en qué habría ofendido Cervantes áAvellaneda; esto es, cómo habría aquel censurado las obras de este. Nosotros hasta ignoramos si la ofensa fué ála persona en sus acciones, óen los partos de su inteligencia. Carecemos de antecedentes para aseverar que Avellaneda fuera poeta dramático, yno se puede sostener sino como hipótesis, que el ultraje correspondía al género literario. Satirizó yreprobó Cervantes doctrinas, cosas, instituciones, tendencias ópersonas, yesta es la hora en que cuantos con profundo ahinco persisten en el estudio del escritor insigne, no han llegado ádescifrar las significativas éingeniosas indirectas hábil ydiscretamente embozadas en la aparente sencillez de la burla quijotesca. Imprime en 1797 D* Juan Antonio Pellicer su *7 biografía de Cervantes, (7) ensayo feliz, merecedor de toda alabanza, donde se afirma que Avellaneda no nació en Tordesillas, sino en Aragón. Respecto álo primero, Perales habia averiguado que en todo el siglo xvi no se bautizó en aquella población ningún Alonso Fernandez de Avellaneda ,yaunque no debemos desdeñar esta investigación, hubiérasenos antojado escusada, recordando que no se trataba de un personaje real, sino de un seudónimo. Sobre lo segundo, Peliicer, como Mayans yCiscár, atiénese álo sospechado por Cervantes, si bien añade que el estilo ylenguaje del continuador descubren yhacen manifiesto su origen, no habiendo sabido evitar ciertos modismos propios del reino de Aragón. Peliicer no tiene en esto duda; no así en lo que mira áquien sea el incógnito. Aventurando algunas conjeturas, dice que en la librería de la condesa viuda de Fernai-Núñez existia un códice que, entre otros tratados, contenia las sentencias que se intimaron álos poetas que escribieron en dos certámenes celebrados en Zaragoza por los años de 1614 sobre la interpretación de dos enigmas que por la ciudad se esparcieron. Al fallarse por el jurado acerca del mérito relativo de las composiciones presentadas, intímase ácada autor su sentencia yse le dá un vejámen donde el fiscal aprueba su poesía óle aplica el merecido castigo. Hé aquí el que se intima áuno de los poetas del primer certámen; 2 ÁSancho Panza, estudiante, Oficial ópaseante, Cosa justa ásu talento, Le dará el verdugo ciento Caballero en Rocinante. Eli el segundo se halla esta otra sentencia: Al blanco de la ganancia Dice con poca elegancia Que la ignorancia se encubre Sancho Panza, yél descubre La fuerza de su ignorancia; Ypues afirma de veras Sus inventadas quimeras, En galeras tome puerto; Que tras azotes, es cierto Se siguen siempre galeras, Parécele á Pellicer que el poeta castigado en uno yotro caso es Alonso Fernandez de Avellaneda, no obstante que est^ no figura por su nombre entre los que álas justas concurrieron. Ypiensa que en los confusos versos publicados en segundo lugar, se significan con mayor precisión todavía las señas del falso D. Quijote, del cual «aun cuando no se hubiese publicado, tendría el fiscal noticia yde la intención con que se escribía.» También ánosotros nos parece, que este modo de argumentar es cómodo yhasta ingenioso, mas de todo punto falso ysin lógica. Tiénese casi como cierto que no había salido áluz el tordesillesco don Quijote; y, sin embargo, se afirma que ya se *9 hacían alusiones, no solamente al libro, sino á varios de sus episodios, descifrándose ycastigándose hasta las intenciones con que se escribiera....! Conformándonos con lo dicho porel mismo Pellicer, puesto que no conocemos el códice que ha utilizado, notamos que entre los poetas de los certámenes no se nombran ni al Avellaneda ni áningún otro que se persone en el palenque con el antifaz del manchego escudero. Siendo esto así, ¿á quién se refiere el fiscal en sus sentencias? ¿Si Sancho Panza no ha comparecido álidiar en la justa poética, cómo se esplican los versos antes reproducidos? ¿Dícese que el fiscal castigó al poeta sacando partido del apodo con que se le conocia? Pues dígase ála vez que autoriza para dar como auténtico un hecho tan importante en esta controversia. • Concurren al primer certámen Alfonso Lamberto, Martin Escuer,©Pablo Visieda, José Pilares, Maestro Potranca, Juan Navarro, Miguel Soriano, Muniesa, Jerónimo Fernandez yel incógnito Xarava; al segundo el dicho Lamberto, Jaime Portóles, Pedro Huerta yLozano. ¿Á cuál de estos poetas, en su caso, adjudicaremos el mote inventado por Cervantes? Yconcediendo que efectivamente uno de ellos lo llevara contra su voluntad, ¿puédese presumir que el fiscal prescindió del nombre óseudónimo con que habia entrado en el literario palenque, para aplicarle el apodo que en son de burla le impusiera la morda- cidad óla malquerencia? Rechazamos la idea de que el fiscal, cuya competencia estaba reducida ádiscernir el mérito de los versos presentados, se entrometió ájuzgar las intenciones con que el autor pudo escribir otra obra que nada tenia de común con el certámen, si ya es que no permanecía inédita óse estaba imprimiendo. Si Pellicer hubiera ahondado mas en sus pesquizas, de seguro no habria visto en los versos del códice de Fernan-Núñez las señas del falso D. Quijote, sino frases comunes en todos los escritos análogos al que daba fundamento ásus conjeturas. Precisamente en el mismo año de 1614 yen la misma ciudad de Zaragoza se celebran grandes fiestas destinadas ámostrar el regocijo con que los fieles habían visto la beatificación de la Madre Teresa de Jesús. (8) Como era de rigor, anunciáronse certámenes poéticos, yá los mantenedores se premió ycastigó según el arbitrio yla conciencia del tribunal al efecto constituido. Anúncianse también mascaradas ó disfraces; ofi'écense premios álos mas notables, yel iúnes 6de Octubre tiene lugar la manifestación óconcurso de estos últimos. D. Francisco de Miravete, alto funcionario de aquel reino, ha imaginado el festejo yproveido álos agasajos. Preséntanse ádisputarlos los estudiantes de la Universidad, que ála una de la tarde concurren ála plaza de los Carmelitas Descalzos para enea- minarse desde allí en ordenada procesión, al Coso, donde el jurado les espera. Historiando la fiesta el secretario del tribunal, escribe que en ella se hicieron patentes el ánimo? generosidad, virtud ynobleza de los hijos de la ilustrísima Universidad zaragozana, cuyo fué la mayor parte del triunfo. Venia primeio, dice, un hijo del Miravete, bizarramente vestido, y después seguía «D. Quijote de la Mancha con un traje de burlas, arrogante ypicaro; puntualmente de la manera, que en su libro se pinta.» Note el lector esta frase ysigamos trascribiendo el relato que tenemos ála vista. Esta figura, añade el cronista, yotra de Sancho Panza, su criado, que le acompañaba, causaron grande regocijo yentretenimiento, porque ámas de que su vestimenta era en estremo graciosa, lo era también la invención que llevaban. Fingiendo ser cazadores de demonios, los traían enjaulados ycomo triunfando de ellos, habiéndolos caza&o en honor de la fiesta de la Santa Madre ycon el favor suyo: yéstos se representaban en dos fieras máscaras, atadas, cuyas cabezas estaban encerradas en deudas jáulas. Descríbese después el disfraz de Sancho Panza, ytambién se habla de la risa que causaron los papelillos que con algunos motes daba álos demás, yuna información (abono de su justicia) que en razón del premio presentaron en unos versos. Leyendo mas adelante las sentencias óvejá- 22 menes aplicados álos escritores que disfrutaron los premios del certámen poético, encontramos que por regla general se les pena con azotes ygaleras. Hé aquí cómo se trata áuno de ellos: Sentíamos que al momento Caballero en un jumento Con sus octavas al cuello, Un jubón le den con sello Por castigo yescarmiento. Ytodos sus paniaguados Por diez años condenados Sin sueldo vayan al remo. •* 9 Aotro poeta que ha comparecido bajo el disfraz de licenciado Vidriera, (9) se le castiga así: El licenciado Vidriera Que álas musas desafía Remará en una galera Yaun ásu descortesía Mayor castigo le espera. Incurrió en descomunión; Yantes de la absolución^ Qqe humilde ha de procurar, Se manda disciplinar Por el claustro, en procesión. En otro caso se lee: Al bachiller sayagués 9•1••• Que dos años después vogue 23 9 Refiriéndose el tribunal áSebastian de la Púyala, dice: Ypara siempre, mandamos Que álas galeras se lleve.» Resulta, pues, que en Octubre de 1614, cuando estaba para publicarse el libro de Avellaneda, celebráronse unas justas en Zaragoza, álas que concurrieron los estudiantes de la Universidad con los disfraces de D. Quijote yde su escudero. Esto demuestra la popularidad de los tipos, yrobustece la opinión de que el castigado poeta de los certámenes citados porPellicer, fué otro estudiante, oficial ópaseante que se disfiazó con el coleto yla caperuza de Sancho. Asimismo descúbrese que lo de condenar á azotes ygurapas no era recurso singular en tales litigios. El fiscal de los mencionados certámenes condenó al anónimo Sancho Panza asufrii cien azotes. No escarmient'á el burlado poeta, atento áobtener la ganancia prometida, yel jurado, que ha medido su ignorancia ysu terquedad, giadúa la pena sujetándole ahora al remo, que siempre álos azotes se siguieron las galeras. Demuestran estos antecedentes que ni en los primeros ni en los segundos versos publicados por Pellicer, se significan las señas del falso D. Quijote, viniendo por ende al suelo, las otras imaginaciones del ilustrado biógrafo ycomentador. Prosiguiendo en su análisis, entiende que Ave- J. B. Cavaleri yPazos, antiguo literato residente en Cádiz ála sazón, yeditor de ios entremeses de Cervantes. Difundida la noticia, disputóle su propiedad el célebre bibliófilo D. Bartolomé J. Gallardo, yaun después se dijo por literatos de tanta nota como los señores Fernandez-Guerra yBarrera yLeyrado, que aquella conjetura era moneda corriente de tiempo atrás entre muchos de nuestros cervantistas. De todos modos áCastro pertenecia el mérito de haber sido quien primero la divulgó; mas es lo cierto que reflexionando con mayor detenimiento sobre ella, hubo al postre de declararla sin valor, cuando en el proemio de la cuarta edición del «Buscapié,» hecha en 1850, después de nuevas averiguaciones, decídese ásostener que el fingido Avellaneda es Alonso Fernandez, fraile dominico, persona muy devota de la Virgen del Rosario, escritor ascético yen quien concurrieron cualidades que áaquel se^aíribuian. No hubieron de seguirle en su nueva empresa los que con tanto entusiasmo habían acogido su primer aserto. Salía en 1851 de las prensas del acreditado Rívadeneira el tomo décimo octavo de su selecta Biblioteca de Autores Españoles, incluyéndose en él varias producciones de novelistas posteriores áCervantes, revisadas por D. Cayetano Rosell yenriquecidas con un prólogo ónoticia crítico-literaria de su docta pluma. Hállase en primer término el «Quijote de Avellaneda,» ycon tal ocasión, el señor Rosell ven- 31 tila el manoseado tema, utilizando lo dicho por Castro, yexhibe nuevas piezas que contribuyen á dar interés al debate. Un memorial de la Biblioteca Nacional, (i 6) escrito contra Aliaga, confírmale en que el confesor de Felipe III íué aragonés, (17) yle revela la causa por qué tuvo que emplearse en un convento de monjas, ycomo, según Rosell, Pellicer había opinado que Avellaneda, mostrándose tan al corriente de las prácticas religiosas en el episodio délos felices amantes, debió estar en algún establecimiento monástico, imagina que la coincidencia corrobora lo dicho por el historiógrafo gaditano . Reproduce de paso los versos citados por Pellicer yCastro, yopina que si el Sancho Panza de las justas de Zaragoza es Avellaneda, también existe la prueba irrecusable de que con igual dictado era conocido en la córte por los años de 1621, el confesor régio Fray Luis Aliaga. Ante esta hábil argumentación, la crítica pierde la brújula yse lanza por el despeñadero de lo arbitrario. Caen todos en el error, yse proclama que el enemigo de Cervantes, el autor del Quijote tarraconense, el perseguidor impertérrito de nuestro cuitado ingenio, no es otro que el encumbrado dominico, sobre quien toda una generación de escritores, sin escluir al que traza estas líneas, (18) declina la responsabilidad de las desgracias que abrumaron al primero, en los últimos años de su existencia. D. Cayetano Alberto de la Barrera, en los nota- p bles artículos que publicó entre 1856 y1858 en la «Revista de Literatura, Ciencias yArtes» de Sevilla; D. Juan Eugenio Hartzenbusch en la «Revista de España» yen la «Gaceta Literaria,» que veian la luz en Madrid en 1862; D. Aureliano Fernandez Guerra, en su precioso trabajo para ilustrar el Quijote, 1863; (19) yel propio Barrera en las nuevas investigaciones sobre la biografía de Cervantes, incluidas en la edición monumental de todas sus obras, hecha por Rivadeneira en el mismo año; (20) admiten, amplían, comentan ycorroboran las conjeturas de Castro yde Rosell, llegándose ádecir que para la crítica moderna el problema habia quedado resuelto desde el punto mismo en que se pronunció el nombre de Aliaga. Veamos si esto es tan exacto como se supone. III. BIOGRAFIA APÓCRIFA DE ALIAGA. Cuéntase que Fray Luis Aliaga, nacido en la parroquia de San Gil de Zaragoza, yhombre de baja estraccion, era motejado desde chicuelo con *VJ el apodo de Sancho, aplicándosele en un sentido poco culto ydecoroso: que protegido por el Padre Jerónimo Javierre, consiguió, unido ya á la orden de Predicadores con sagrados vínculos, un oficio de monjas; que después leyó teología en la Universidad de su pátria, yque extrañado de la ciudad por haberse mostrado licencioso en alguna proposición, buscó de nuevo el amparo de 3 H su bienhechor, generalísimo por aquel entonces de la orden. (21) Añádese que Aliaga vino áMadrid con Javierre en calidad de fámulo decente suyo, yque aquí debió contraer amistad con Lope de Vega, tomando parte en las guerras literarias que mediaban entre este yCervantes, siendo tal vez confidente del primero ysu consejero en las aventuras áque tan inclinado se mostraba. Publicóse ála sazón, continúan los eruditos, la primera parte del Quijote, donde salió el dominico desfacedor de entuertos mal parado, adjudicando Cervantes al sandio escudero, resúmen perfecto de toda sordidez yegoísmo, el apodo con que Aliaga era conocido. Decláranlo así las alusiones contenidas en los versos de Gandalin «que »indirecta éingeniosamente echa al fraile en ros- »tro sus humildes principios, yse le felicita por »ser el único ysolo áquien trataba con extraor- »dinario mimo ycariñosa familiaridad Lope de »Vega, Ovidio español en lo enamorado yen las j> trasformaciones de su vida, señalándole en últi- »mo lugar plebeyo aragonés con no declinar el »pronombre personal tú, barbarie aun corriente »entre los rústicos yplebeyos de las cuatro provincias aragonesas.» (22) Recuérdale el donoso poeta entreverado, la innoble fuga ydestierro de Zaragoza, yCervantes ármale caballero con el seudónimo de Solisdan para que entable conversación, en apariencia, con D. Quijote yen realidad con Lope de ^eSa5yse confiese mal alcahuete suyo yle mortifique publicando los desprecios ydesvíos que recibía de cierta dama antojadiza. Resuelto el dominico átomar venganza de tanto agí avio, dióse ábosquejar, veraneando en Tordesillas en 1605, una tercera salida yquinta parte de las aventuras del andante caballero, distrayéndole de su tarea—si no es que se encontraba alcanzado de tiempo ycasi desesperado de darle cima el logro ádeshora de sus mayores deseos, viéndose nada menos que llamado ádirigir la conciencia del duque de Lerma, valido de Felipe III. Confesor después del monarca ymolestado por una intriga que le urdiera el mismo duque por los anos de 1612, Aliaga, para divertir sinsabores, desempolvó en el invierno de 1613 su olvidado yno concluido D. Quijote, noticioso de que el verdadero se calzaba de nuevo las espuelas para salir ácampaña, yfacilitándole por acaso su hei mano Isidoro, arzobispo de Valencia, la impresión ypublicación en Tarragona, dio con efecto á la estampa su libro durante el estío de 1614. No fué entonces un secreto de inquisición para nadie siguen diciendo los cervantistas—el verdadeio nombie del autor; ytres meses después de publicada la obra, senalabasele con el dedo como lo patentiza la sentencia de las justas literarias de Zaragoza, en cuya ingeniosa lid tomó parte Aliaga, encubriéndose con el seudónimo de Alfonso Lamberto. Desembozáronle los jueces autor del 3$ Quijote tordesillesco, ycuando aborrecido de todos caía del valimiento yera desterrado áHuete —en 23 de Abril de 1621 —el conde de Villamediana le echaria en cara sus vicios ymalas acciones, yla primera de todas su conducta con Cervantes. Quevedo le juzgó yretrató de mano maestra en varios escritos suyos, yhallándose Aliaga en Zaragoza en 1626, escribió ypublicó en Huesca un papel titulado «Venganza de la lengua española,» con la mira de responder álos ataques del satírico poeta. Mas ¿en qué se fundó Cervantes para ofender áAliaga, personificándole en Sancho Panza? Concurrió aquel en 1595 álas justas literarias celebradas en Zaragoza por el convento de Santo Domingo con ocasión de la canonización de San Jacinto. Obtuvo el segundo premio, yes verosímil que el Padre Aliaga ensayara allí su numen poético yque el desaire sufrido le malquistase con Cervantes, declarándose enemigo del que desde Sevilla acudía ádisputarle la gloria áque aspiraba. Supónese también que en busca del desquite, concurrió el dominico álas justas de 1614, esplicando estos pormenores el acuerdo de Cer - vantes de esponerlo en la picota de su farsa yla rabia mal dominada del rencoroso ymalévolo religioso, que hubo de perseguirle hasta el borde de la tumba. Tales son las cláusulas que corren mas acreditadas. Para los unos las conjeturas se convirtieron en probabilidades evidentes; para los otros en verdades incontrovertibles éincontrovertidas, yen cuanto al fundamento esencial de la doctrina, ó sea el hecho de que Aliaga se granjeó desde pequeño el dictado de Sancho, dícese que áesta hora no admite impugnación: tampoco se discute la paternidad de la «Venganza de la lengua española» yse tiene como fallo pasado en autoridad de cosa juzgada que Alfonso Lamberto, Alonso Fernandez de Avellaneda yD. Juan Alfonso de Laureles, ácuya cuenta se carga el mencionado folleto, son tres seudónimos yuna sola yúnica persona, Fray Luis Aliaga. Proteo de su época, vistióse los disfraces que cuadraban álas empresas que acometía; en 1614 escoje el que cambiara por otro en el mismo año, para reemplazarlo en 1626 por un tercero; tenazmente empeñado en no ser reconocido por la generación que. le rodea. Concluye la muerte cpn sus metamorfosis ysobre la tumba que recoje sus restos, coloca el olvido la losa del silencio, sin que nadie sea osado á romperla hasta que felices éinesperadas coincidencias conducen ála crítica ádesenterrarle, no porque los propios merecimientos reclamen esta diligencia, sino porque importaba conocerle, una vez admitido que fué el perseguidor sañudo de Cervantes. Empeñados en esta controversia, queremos someter al inapelable fallo de esa misma opinión que, aunque descarriada ahora, no se ha consti- 38 tuido en cómplice de la injusticia, los reparos que hemos de poner álas precedentes afirmaciones. Y nada tan distante de nuestro ánimo como dirigir cargos ni deslizar censuras, aun suavizándolas con el decir culto yreposado .Agenos átodo resorte que no sea el limpio ybien encaminado pensamiento de descubrir la verdad, en cuanto áCervantes atañe yála razón humana es permitido alcanzar, cumplimos un deber extremando investigaciones proseguidas con la imparcialidad mas severa por criterio yel vehemente deseo del acierto por norte. Sostenedores de la común creencia, dominados de las propias yde las agenas imaginaciones, entendimos un dia que se habia rasgado el velo que ocultaba al misterioso personaje* creimos entonces ver correspondidas nuestras esperanzas, yreposando en la acreditada doctrina, quisimos darnos cuenta de los infortunios de nuestro escritor, atribuyéndolos en no poco ála mala voluntad del soberbio ypoderoso sacerdote; pero si es ciei to que el hombre áquien rijen principios de bondad reconocida, modelados en las leyes de su naturaleza, no puede ni debe voluntariamente ligarse con el error, nosotros, sintiendo la fuerza y la legitimidad de esta máxima, rectificaremos juicios cuya lijereza nos probaron asiduos estudios, ycuyo respeto, una vez patente su falsedad, seria prueba tristísima de menguada entereza yde servil alianza con la parcialidad triunfante, siquiera 39 o su equivocación fuera tan segura como manifiesta. Si tal propósito puede aspirar al calificativo de honrado, si merecemos loa en vez de castigo, esta obrilla hallará indulgencia en los doctos ydiscretos, que podrán enmendar nuestras faltas y corregir nuestros estravíos, nunca apartarnos y perseguirnos con su severidad ysu dureza. Aun aquellos mismos cuyas ilusiones desvanecemos quizá, al apercibirse de nuestra buena fé yde la rectitud de nuestras miras, harán lugar ála tolerancia que nunca vivió distante de los corazones enteros yde los pechos nobles ygenerosos. o «46 locándole en 1618ála cabeza de la Inquisición de las Espadas. De este modo puso en sus manos el cetro que regia no solamente la vida esterior de los súbditos de tan dilatados dominios, sino que inquiria ypenaba los actos mas íntimos de la conciencia. Celebró Zaragoza, sin distinción de clases ycon extraordinarios regocijos, el encumbramiento del vástago nacido ycriado en las orillas de su caudaloso rio, yen Madrid hubo embajadas, visitas yfestines con ocasión de tanta bienandanza. (33) Aliaga, que habia segundado los designios del fanatismo tocante ála persecución yestrañamiento de los moriscos que en España quedaron al amparo de sagrados pactos ysolemnes promesas; Aliaga, responsable en mucho de las desgracias que agobiaban ála monarquía, recibía ahora como premio el poder mas escesivo de edad tan calamitosa. c Enfrenada la envidia, muda la murmuración, abatidos los émulos por pertinaces yrecios que fueran, no halló el confesor quien le detuviera en sus locas ydesapoderadas ambiciones. La realeza, el clero, la clase noble, la burguesía, las órdenes monásticas, los hombres de negocios yhasta la gente militar, humilláronse ante aquella cogulla que no tenia otras armas para imponer su yu - go que no fueran la religión yel confesonario. Pero todo tiene su término en el mundo. Regresó Felipe III de la jornada de Portugal,—que 47 Aliaga aconsejara ópermitiera,—luchando entre las ansias de la muerte ysus remordimientos. Pudo llegar áMadrid, donde al borde ya de la tumba, confesóse apenado ytriste de haber seguido durante trece años los consejos del domini - co. (34) Renunció áque este le asistiera en el último trance, yllamando ásí al Padre Florencia, varón ejemplar, falleció en sus brazos el 31 de Marzo de 1621. No bien se hubieron cerrado los ojos del monarca, cuando apoderándose el bando de Olivares de las riendas del gobierno, comprendió el confesor que su estrella se eclipsaba para siempre. Con este convencimiento abandonó la cámara mortuoria, yun cronista contemporáneo refiere que se le vio bajar en una silla de manos sin que nadie le acompañase, ni aun le mirase con buena cara. Otro añade que nadie le hizo reverenda ni cortesía. (35) Pocas horas después, en virtud de orden suprema, tuvo que desalojar la casa en que vivia, gozando del privilegio conocido por la Regalía del Aposento, anunciándosele de paso que cesaba en la dirección de la real conciencia. Desatáronse en su desdoro, conocida su desgracia, las lenguas de los cortesanos ydel vulgo; llovieron sátiras en verso yprosa contra su persona, echáronsele en cara sus vicios ysus torpezas, ycumplíanse solo seis dias desde la muerte de Felipe III, cuando su sucesor recibia un papel sobre lo que habia de ha- 48 cerse antes de establecer estilo nuevo de gobierno; yallí, hablándose de Aliaga con los peores modos, decíase que lo mas urjente era apartarle de donde pudiera ejercer influjo ópresión sobre la marcha de los públicos negocios. (36) Tal debia ser la persuacion de los consejeros del nuevo rey cuando este dirigió al ex-confesor una cédula con fecha 22 del citado Abril (37) previniéndole que en el término de dos dias se presentara árecibir órdenes de su superior en la ciudad de Huete. Cumplió Aliaga este mandato, abandonando la corte el 28; quitárosenle los oficios que desempeñaba, viajó sin compañero, solo con dos criados, ven llegando ásu destino, confinósele en un cenobio que en paraje desierto poseía la orden de Predicadores. (38) Ni aun con esto se calmaron sus enemigos. Menudeaban los anónimos en su daño yen unos versos atribuidos áVillamediana designábasele con el apodo de Sancho Panza, acusándosele de ser uno de los cómplices de Osuna. (39) Mediante cierta denuncia abrióse contra él ysu hermano Isidoro, arzobispo de Valencia, un procedimiento criminal, achacándoseles haber divulgado papeles que cedian en menoscabo de aquel reino. Yla Inquisición sujetóle ásu tribunal como reo de Interanismo ymaterialismo. Salió bien del primer proceso yel segundo quedó en sumario ásu muerte. (40) Sospéchase que en Marzo de 1612 residia en 49 Barajas de Meló; en Julio de 1623 en Hortaleza, y*se sabe que de aquí se le sacó para Talayera, ordenándosele que no se moviera sin permiso de la Córte. Ámediados de 1626 se le descubre otra vez en Huete, trasládase luego áZaragoza, donde viejo, enfermo yde todos olvidado, enciérrase áprincipios del mismo otoño en su celda, que abandonaría cadáver el 3de Diciembre siguiente. Hizo su hermano que le labraran en Génova costoso mausoleo: sepultósele en medio del coro de la iglesia de su convento, tras el retablo, yen el pedestal de este se escribió un largo epitafio que referia los méritos, servicios ypreeminencias del finado, concordándose con las leyendas que en el mismo tenor honraban sus retratos , 4 V. ¿ES ALIAGA AUTOR DEL FALSO QUIJOTEÍ Referida con tanta presteza, ysolo en lo pertinente ánuestro plan, la vida del fraile zaragozano, entremos en el debate que la crítica suscita al proclamarle autor del falso D. Quijote. Para adelantarse ádeclaración tan concluyente, apóyanse los literatos en cuatro fundamentos principales, que Aliaga fué conocido desde pequeño con el mote de Sancho, el cual se le aplicó tanto en el certámen de 1614 como en las sátiras de Villamediana: que concurrió, en efecto,, álas justas de Zaragoza, desembozándole los jueces autor del Si consabido libro, ydescubriendo sus malévolas intenciones: que escribió en 1626 la «Venganza de la lengua española,» siendo este libro en un todo semejante en el estilo al tantas veces mencionado; ycuarto, que el Alfonso Lamberto, de Zaragoza, el Alonso Fernandez de Avellaneda, de Tordesillas, yel D. Juan Alonso Laureles, de Huesca, autor ostensible de la «Venganza,» son tres seudónimos yuna sola persona real, Fray Luis Aliaga, mozo de travesura, aventurero osado, fraile astuto, aragonés liso ycastellano revuelto, que abrigando de antiguo oculta malquerencia al soldado de Lepanto, le persiguió airado, envenenando los últimos dias de su vida. Si con argumentos incontestables demostramos que algunas de estas cláusulas no se pueden sostener con fortuna, ysi oponemos álas otras reparos tan eficaces que ápoco mas queden destrui - das, habremos satisfecho nuestros intentos, yevitado álos que prosigan estas investigaciones gra - ves éinútiles tropiezos. No entendemos haber agotado la materia ni fallado el pleito sin ulterior recurso. Antes pusimos especial esmero en la búsqueda de cuantos documentos podian ilustrarnos, hoy calculamos haber adquirido derecho para re - chazar cuanto no se presenta bien probado ódescansando en argumentos que permiten la contra - dicción: es decir, que nos disponemos ánegar las afirmaciones de la crítica contemporánea siempre que no cita las fuentes donde recogió los testimo - s* nios de sus asertos, Tratándose de la especulación pura, este proceder no seria el admitido; ventilándose temas sujetos ála esperiencia yla observación, podría bastarnos el concepto yla autoridad que nos mereciera nuestro contrario; en achaques de erudición ni basta el raciocinio, por patente que sea la habilidad que entrañe, ni tiene fuerza por sí el juicio, por mas favorable que se le suponga, que hayamos formado de nuestro adversario: la crítica, inflexible en materia de erudición, quiere no solo razones, sino hechos ydocumentos fehacientes que la guien, iluminen ysatisfagan. Hasta ahora no se sabe en qué se fundaron los que dijeron que Aliaga fué motejado desde niño con el apodo de Sancho; tampoco se ha dado razón alguna en abono de esta afirmación, ycomo es muy reciente, bien podemos prescindir de ella, relegándola a.1 campo de las conjeturas insostenibles. Imaginó Cervantes que el lenguaje de Avellaneda era aragonés porque tal vez escribia sin artículos, sin considerar que ála sazón incurrían en el mismo defecto los castellanos. Trascurre poco mas de medio siglo, yMayans yCiscár dice que el encubierto pudo ser un personaje yun ente balad!, dando ya como indudable que fué aragonés. Avanza mas el Padre Murillo, llamando áAvellaneda eclesiástico, yda áentender que se apoderó de los papeles de Cervantes, de quien solo escribe desatinos. Cree D. Vicente Ríos que fué composi- 53 tor de comedias ypoeta, yadivinando el agravio que le exacervara, dice que Cervantes censuró sus obras. Para Pellicer fué uno de los vates que se personaron en el certámen poético celebrado en Zaragoza en 1614, ysin señalar cuál sea, adelántase ásuponer que Avellaneda era eclesiástico, religioso ypor ventura de la orden de Predicadores, atribuyendo sus espresiones indecorosas al prolongado encierro en el cláustro. Veintidós años mas tarde Navarrete imprime casi como axiomas lo que para sus predecesores críticos fueron meras sospechas; ahora el enmascarado Aristarco es persona encumbrada áquien no se atrevió áazotar Cervantes, yconsta que asistió álas justas zaragozanas. Habíase pronunciado el nombre de Aliaga, y Cavaleri yPazos, por un lado, yD. Bartolomé J. Gallardo por el otro, con mas buen deseo que crítica, hallan él enigma resuelto. Hasta entonces todo se reducía ásospechas yrecelos, en adelante seria impertinente la duda. Amontónanselas prue * bas desde que Castro propala su descubrimiento yno ha reclamado escasa diligencia el conato de aclarar el embrollo para ver lo que habia de exac- to ylo que era preciso desechar como arbitrario en el argumento que nos ocupa. Digámoslo ya sin rodeos. Ni uno solo délos estreñios que comprenden los anteriores párrafos está probado. Concédase por respeto áCervantes que Avellaneda fué aragonés; mas niéguese todo 54 lo demás. Se ignora el puesto que en la escala social ocupaba el anónimo, si bien puede afirmarse que su libro no es despreciable ni mucho menos. No aparece que vistiera hábito, ni que gastara corona, ni que fuera poeta dramaturgo ymiembro de la orden de Predicadores. Las alusiones ála devoción del Rosario, el creérsele fuerte en las sagradas letras son razones muy recusables. Adolfo de Castro ha citado el nombre de un dominico, devoto de la Virgen reverenciada bajo aquella advocación, que escribió mas de un tratado para estender su culto; ysin embargo, las demás señas no conciertan con las que en el anónimo se suponen. Ysi esto puede ser mas ómenos discutible, lo que no consiente nuevo recurso es la sentencia del buen sentido sobre lo del certámen de Zaragoza, según hemos de demostrar. Admítase, en buen hora, que Fray Luis Aliaga, sobre cuyos hombros pesaba en el momento en que tenian lugar las justas, la máquina abrumadora de los varios cargos—todos importantísimos—con quq el rey le habia distinguido, era poeta; convéngase en que hasta él llegó la noticia del insignificante acontecimiento; que tuvo tiempo, gusto yocasión, abrumado como estaba con la variedad de los negocios que solicitaban su ánimo, para dedicarse ádisputar un premio sin valor; entretenimiento mas propio de gente ociosa yescritorzuelos incipientes, que de una eminencia asaz distraída en el violento arrebato de la vida o 55 cortesana: dando todo esto por exacto. ¿Concíbese que el fiscal de los juegos se atreviera ádesembozarle, cuando le imponía la pena que su torpeza reclamaba? ¿Se esplica que en Zaragoza, envanecida de contarle entre sus hijos predilectos, se tolerase tamaña inconveniencia? Arbitro Aiiaga^ de los destinos de las Españas, poderoso personaje á quien rendían párias hasta los mas soberbios, adalid que en palaciana contienda vencía al optimate que le disputaba el imperio de la política, ¿había de inspirar tan escaso temor al juez de unas fiestas literarias, que este osara lastimarle en el pun- to donde la herida había de serle mas dolorosa? Ysi por un capricho inesplicable Aliaga tomó el incomprensible partido de escribir versos para un concurso que ni aun mereció la distinción de que su crónica se imprimiera, lo cual significa que no se le otorgó importancia alguna^ si disfrazándose con un seudónimo cualquiera entróse por el palenque donde luchaban plumas sin reputación ni mérito, ¿es creíble que el fiscal prescindiera del mote con qne se presentaba yfuera ábuscar, después de identificar su persona, aquel con que la maledicencia le perseguía? Fodo esto es perfectamente absurdo. El fiscal no podía referirse áAliaga, el fiscal castigaba áun Sancho estudiante, oficial ópaseante, áun poetastro presuntuoso yatrevido, que con aquel rebozo comparecía unayotra vez en la liza de donde había de salir corrido, mal trecho yasendereado. cuttad.es de la composición? ¿Podrá sostenerse que no hay en su estilo facilidad, arte, esperiencia yhasta atildamiento? Respondan por nosotros autoridades tan competentes como Montiano y Lu)rando, Hartzenbusch, Fernandez Guerra, La Barrera, Rossell yotros que estiman la obra como de mucho mérito ;respondan cuantos han gozado su lectura tan sabrosa como entretenida. Publicóse que Aliaga vino áMadrid en 1603 echado de Zaragoza yque aquí contrajo amistad con Lope de Vega. Quevedo afirma en parte lo primero, lo segundo no ha pasado de una sospecha que quedará desvanecida cuando se sepa que el escritor satírico, llevado de la ojeriza que profesaba áAliaga, óinducido en error por algún informante apasionado, se equivocó. Consta que en 1603 (46) Aliaga leia teología en la Universidad de Zaragoza con universal aplauso yque allí continuaba en 1604, en cuyo año se le premió, nombrándosele prior del convento de San Ildefonso. De 1601 á1604 Lope de Vega tuvo su habitual residencia en Sevilla, aunque hizo un viaje áToledo. (47) Además fantasean los que hablan de la amistad íntima que existió entre el dominico yel Fénix de los ingenios. En la colección de cartas del último que se conserva en el archivo de la casa de Altamira, léense dos ótres donde se cita incidentalmente Aliaga con ostensible indiferencia, demostrando que no vivían estrecha y A„ t>3 cariñosamente unidos por acendrada afición y simpatía. (48) Gomo prueba concluyente se adujo que Aliaga habia escrito ypublicado en 1626 la «Venganza de la lengua española.» Comparado este folleto con el tordesillesco D. Quijote, resultaban vaciados en el mismo molde, luego tras Fernandez de Avellaneda estuvo el fraile zaragozano. Por desgracia este aserto es tan deleznable como todos los otros. La «Venganza de la lengua española,» según todas las apariencias, no brotó del caletre de Aliaga por una razón tan sencilla que escusa la réplica. Fué motivada la «Venganza» por el «Cuento de cuentos;» ysi algo significan los datos positivos que la bibliografía ha recogido, puede sostenerse que este no vio la luz por primera vez hasta 1629, tres a^os después de muer- to el ex-confesor. Las ediciones mas antiguas de la obra de Quevedo son posteriores al año 1628, nadie ha visto, ni hablado de alguna anterior, si se esceptúa la sospecha apuntada recientemente por algún colector ilustre que se limitó áhacerse eco de la noticia que le trasmitiera otro celoso bibliógrafo. Lo propio acontece, nótese bien, con la «Venganza;» es decir, que su edición mas antigua se remonta á1629, sin que se señale ninguna anterior, ni conste que esta no sea la primera. (49.) Conocidos estos hechos parecen escusados los comentarios. Declaremos, pues, que áesta fecha Ó4 se ignora quien fuera el anónimo aragonés ócaslellano que escribió la novela contrahecha; que la crítica no ha pasado del punto en que se encontraba hace ciento treinta años; que nada se ha adelantado yque el asunto del «Quijote» apócrifo no se debe confundir con el particular relativo álos infortunios de Cervantes. Forzoso es distinguir entre sí estos dos argumentos, cesando de confundirlos yasociarlos: una cosa es el problema literario yotra la desventura de nuestro autor. ¿Tuvo Aliaga en ella alguna parte? Hé aquí un tema muy diverso del que hemos ventilado y que reclama toda nuestra atención. Habremos de discutirlo oportunamente; ahora solo procede que digamos algunas palabras mas sobre el falso «D. Quijote,» movidos por el deseo de enderezar el rumbo de la crítica que en nuestro modo de ver tira áperderse ydescarriarse. ¿CON QUÉ FIN SE ESCRIBIÓ EL «QUIJOTE» APÓCRIFO? .• Corre acreditada la doctrina de que el anónimo tordesillesco se propuso, sobre defenderse ásí propio ydefender áLope de Vega de agravios que Cervantes les había inferido, quitar áeste la ganancia que podría obtener publicando la segunda parte de su famosa historia, según que había anunciado en el prólogo puesto ásus comedias. Añádese que, aparte de esto, el falso Quijote tiraba áherir ydañar áCervantes, siendo la manifestación patente del odio yde la saña con que su encubierto enemigo le perseguía. Imbuidos en 5 66 esta creencia literatos nacionales yextranjeros fulminaron los rayos de sus anatemas contra el no desembozado anónimo, acosando su memoria con severísimos juicios, mientras se daba por cierta la doctrina de que entre la desventura de nuestro ingenio yla aparición del referido libro hubo de existir íntima ydeplorable correlación. Dominados los críticos por la idea de que tras Fernandez de Avellaneda se ocultaba Aliaga; persuadidos de que este trató áCervantes con mal disfrazado encono, vieron en el prólogo del Quijote de Tarragona una indigna diatriba, una série de proposiciones insultantes asestadas contra el fecundo escritor; yel libro entero se les antojó cual máquina de guerra propia para labrar su descrédito, mostrando al mundo que era fácil continuar las aventuras del manchego hidalgo, sin incidir en los errores por aquel cometidos, ni emplear los medios reprobados áque en parte recurriera. Si de un incidente de mera curiosidad se tratase, por cierto que no fuera prudente atribuirle gran importancia, mas calculándose que encubre la clave de los infortunios ydesabrimientos de que Cervantes se condolía, bueno será que fijemos clara ydesapasionadamente lo que en el prólogo puede señalarse con los rasgos de la verosimilitud yhasta con los indicios de la autenticidad. Comienza el autor anónimo diciendo que como * °7 casi es comedia toda la historia de D. Quijote, no puede ni debe ir sin prólogo yasí sale al principio de aquella segunda parte de sus hazañas el que él le pone, menos cacareado yagresor de sus lectores que el que ásu primera parte puso Miguel de Cervantes ymas humilde que el que segundó en sus novelas mas satíricas que ejemplares. Desde luego aparece que en esta proposición se censuran dos escritos de Cervantes; el prólogo del Quijote de 1604 yel de sus novelas publicadas en 1613. Busquemos lo que en ellos pudo mortificar ásu contrincante, dándole pié para sus quejas. Entraña el primero, no la explicación llana y sencilla del móvil que impulsara áCervantes áescribir ysacar áluz su obra, sino una donosa éintencionada invectiva contra costumbres, prácticas yusos literarios de su época. Sobre combatir el sistema de aderezar las producciones con la innumerabilidad ycatálogo de sonetos, epigramas y elogios puestos en sus comienzos, con acotaciones en los márgenes yanotaciones eñ el fin, llenándolas de sentencias de Aristóteles yPlatón y de toda la caterva de filósofos que admiran álos leyentes; reprueba Cervantes el que se dé lista de los autores consultados, poniéndolos al principio por abecedario, comenzando en Aristóteles yacabando en Jenofonte yen Zoilo yZeuxis, así como el que se empleen textos ólatines en los prólogos y. advertencias. 68 Alcanzaba esta lección ámuchos, pero puede conjeturarse que iba dirigida particularmente contra Lope de Vega, óque por lo menos, si no era el blanco de Cervantes reprender al Fénix de los ingenios, habíase fijado en sus obras para corroborar yjustificar sus fallos. Casi no se debe dudar de lo uno ni de lo otro después de los trabajos dados áluz con la mira de probar que Cervantes zahirió suavemente en la forma, con mucha ironía yseveridad en el fondo, al monstruo de naturaleza que se habia alzado con la cómica monarquía. Publica Lope de Vega en 1598 su «Arcadia,» haciéndola preceder de trece composiciones panejíricas. Aparece la «Dragontea» en el mismo año con varias; el «Isidro» imprímese en 1599 con diez, ingiriendo el autor en el prólogo hasta quince sentencias latinas, una italiana yotra portuguesa, mientras sus márgenes se ven erizadas de textos ycitas en latin casi todas, yal final va la tabla de autores yobras que se citan, comprendiéndose en ella los nombres de Aristóteles, San Basilio yCicerón. Enriquecen la «Hermosura de Anjélica» diez yocho poesías laudatorias yal «Peregrino en su pátria» doce. No será, pues, descamino afirmar que Cervantes tuvo presentes estos ejemplos, ysi de ello quedase duda habrían de desvanecerla las observaciones que someteremos al juicio del lector benévolo. Dice Cervantes que su libro ha de carecer de 69m sonetos al principio, álo menos de aquellos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas ópoetas celebérrimos. Entre las composiciones encomiásticas de las obras de Lope hállanse varias de títulos ydamas. Aconséjale el amigo que en su prólogo introduce Cervantes, que si quiere darse aires de erudito en cosmografía, haga de modo que en su obra se nombre el rio Tajo yveríase luego con cierta famosa anotación. La que cita está tomada de la «Arcadia» de Lope. Cervantes parodia sus frases yde camino se mofa de su pedantismo. Continúa el consejero con que Cervantes ha topado diciéndole que, si bien se mira, su libro no necesita de tales anotaciones, pues todo él es una invectiva contra los libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijo nada San Basilio, ni alcanzó Cicerón. La alusión es manifiesta. Sentado esto, pasenfos al prólogo de las novelas. Quéjase el autor de que no le filé tan bien con el que puso al «Quijote» que le quedase gana de segundar con otro. Dice en seguida que si lo escribe es por causa de un amigo de los muchos que en el discurso de su vida se había grangeado antes con su condición que con su ingenio, el cual amigo bien pudiera, como es uso ycostumbre, grabarle yesculpirle en la primera hoja del libro, utilizando el retrato que le hiciera el famoso don Juan de Jáuregui. Después añade que ha sido el yo primero que ha novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras y aquellas son propias suyas, ni imitadas ni hurtadas. Resulta de esta esposicion que el prólogo quijotesco ocasionó áCervantes desazones vde- •# sabrimientos. Hacíase retratar Lope de Vega en las portadas de sus libros con gran ostentación de motes ytimbres nobiliarios. Su «Arcadia» era una imitación, donde tomó áSannazaro por modelo, siguiéndole servilmente, trocando sus pastores, como dice el señor Rossell, en cortesanos ylas escenas campestres en teatro de la mas pulcra y discreta civilización. En ambos casos, si Cervantes no alude finamente ásu contemporáneo, en verdad que las apariencias son engañadoras. Dados estos antecedentes, imaginamos que Avellaneda se queja del prólogo del «Quijote» sin duda por las agresiones que en él se estampan contra Lope de Vega. Trata con rigor al de las «Novelas,» tildándolo dé soberbio por la mofa que hace de la costumbre de retratarse los autores al frente de sus libros, cuanto por la aseveración de ser el primero que novelaba en castellano, puesto que los demás se limitaban átraducir ó imitar álos extranjeros. Debió Lope comprender la indirecta, cuando en la dedicatoria de «Las Fortunas de Diana» manifestó que esta por lo menos sabia él que no la había oido ni era traducida de otra lengua. 7* Hasta ahora no se descubre en estos escritos mas que la inquina que divide áCervantes de Lope de Vega, asunto de fecha atrasada en nuestro sentir. Posible es que, residiendo ambos ingenios en Sevilla, diera el primero áconocer su «Quijote» leyendo el original en la tertulia del célebre artista Francisco Pacheco. Quizá Lope de Vega combatióle con acritud; yque esto es probable lo abona el que, con fecha 4de Agosto de 1604, residiendo en Toledo el facilísimo poeta, escribió lo siguiente: «De poetas no digo: buen siglo es este. Muchos están en cierne para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan nécio que alabe áD. Quijote... No mas por no imitar áGarcilaso en aquella figura «correeñoñis» cuando dijo: Asátira me voy mi paso ápaso; cosa para mí mas odiosa que mis librillos áAlmendariz ymis comedias áCervantes.» Aun no se había impreso el «Quijote,» luego Lope de Vega conocía el borrador. Cervantes, por su parte, debió mortificar grandemente el amor propio de Lope atacando sus comedias yjactándose de haber sido quien «se atrevió antes que nadie áreducirlas átres jornadas de cinco que tenían; mostrando, ópor mejor decir, siendo el primero que representase las imaginaciones ylos pensamientos escondidos del alma, sacando figuras morales al teatro, con general ygustoso aplauso de los oyentes . » * lio siendo su intento zaherir áCervantes en una cosa que no habia de qué. Entendemos nosotros que las ofensas hechas al incógnito no consisten en la personificación del escudero, sino en algunas acciones ópalabras que áeste se atribuyen. Avellaneda conserva el tipo, diciendo que con sus simplicidades entremesará la novela, cuidando de no ofender ánadie; declaración que bien álas claras confirma nuestro juicio. Huirá el anónimo de no hacer ostentación de sinónimos voluntarios. ¿Qué se quiere decir con esto? Nosotros traducimos la frase al revés de como hasta ahora se ha esplicado. Calcúlase que se reprueba el haber Cervantes puesto áterceras personas motes óapodos gratuitos. Empeñada la crítica en que Sancho es Aliaga, fatígase en hallar comprobantes ásus asertos, razón porque suele dar uno en el clavo ycientc/en la herradura. Dice la gramática lo contrario de la crítica: cuando Aliaga escribe: «hacer ostentación,» refiérese á Cervantes, que ha hecho alarde ygala de voces sinónimas, empleándolas ásu talante, guisa yalbedrío. Si se significara otra cosa, si se hubiera querido espresar que Cervantes habia aplicado á otros con frecuencia motes caprichosos, de cierto que otra también habría sido la construcción de la frase. La palabra sinónimos no es equivalente de apodo ósobrenombre yel incógnito no hallaría reprobable, en el sentido que se supone, lo ejecutado por Cervantes cuando se siente competente para emularlo en esto. Llama Avellaneda áCervantes descontentadizo ymurmurador yespera que, habiéndose acogido ásagrado yála Iglesia, esto es, entrado en la Orden Tercera, modificará su mal humor, cesando en hablar mal del prójimo yespecialmente de Lope de Vega. Escribió Cervantes la dedicatoria yel prólogo de sus comedias conociendo el de Avellaneda, y allí discretamente ataca áLope, diciendo tras lo ya referido, que sus comedias «si llevan algo de razonable es no ir manoseadas ni haber salido al teatro, merced álos farsantes que de puro discretos no se ocupan sino en obras grandes yde graves autores, aunque tal vez se engañan.» Anuncia de paso que D. Quijote queda calzadas las espuelas, creyendo llegará ante el conde de Lemos, porque en Tarragona le habían asendereado ymalparado, aunque por sí ópor no, lleva información hecha de que no es él el contení - do en aquella historia, sino otro supuesto, que quiso ser él, yno acertó áserlo. Refiriendo al final como había vuelto ála profesión de autor dramático, asegura que no halló cómico que le pidiese sus obras, ycomo ála sazón hubo de decirle un librero que él se las compraría si un autor de título no le hubiera dicho que de su prosa se podía esperar mucho, pero que del verso nada: refiere asimismo como al cabo se las vendió, ypi- 8o de al lector que en topando áaquel su maldiciente Zoilo le diga que se enmiende, que él no ofende á nadie yadvierta que no tienen sus comedias necedades patentes ydescubiertas, siendo el verso el mismo que ellas piden. Esplican tales pormenores, si no nos equivocamos, la guerra que se hacían Lope yCervantes, yes de notar que este, si bien desea sincerarse en cuanto álo de que mira con envidia al primero, declara que no «le agravia la publicación anónima, que ya sabe lo que son tentaciones del demonio yque una de las mayores es ponerle áun hombre en el entendimiento que puede componer éimprimir un libro con que gane tanta fama como dineros ytantos dineros como fama. Nótese, por último, que en el testamento de D. Quijote se pide encarecidamente perdón al anónimo de la ocasión que sin pensarlo se le dio de haber escri- to tantos ytan grandes disparates, fingiéndose que el hidalgo partía de ésta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos. Resumiendo: Para nosotros el encubierto escritor se propaso ante todo probar que podía escribir un libro de la índole del cervantesco, con tan- to gracejo, aticismo éinventiva, del mismo género ycon iguales tendencias literarias, huyendo, no obstante, de zaherir ni molestar ánadie con los despropósitos escuderiles ni menos ostentar una copia indigesta yarbitraria de sinónimos, por mas que se sintiera capaz para hacer lo segundo cSr i con primor, pero no lo primero. Estos fueron los propósitos con que hubo de escribirse la obra. En su introducción trató el ofendido de desquitarse, en parte, de los agravios que recibiera, —y que continúan para nosotros misteriosamente velados—saliendo también ála defensa de Lope, de quien Cervantes murmuraba, esperando siempre que este, reconciliado ya con la Iglesia, se apartara del camino de la maledicencia donde le suponía perdido. No puede el bastardo D. Quijote, como le llama Aribau, representar en la desventura de Cervantes el papel que se ha supuesto. Hijo de la emulación aguijada por el resentimiento, pretendió cercenar una parte de la gloria de que nuestro ingenio disfrutaba, quedando, por supuesto, burlado este empeño. Mas ni el afan de la venganza le inspiró, ni únicamente la codicia del lucro es el móvil que le dá vida. Revela el autor grandes pretensiones literarias yse muestra asaz erudito en letras divinas yhumanas. La fábula está proseguida con gracia; pero carece del fondo filosófico, de la lección moral, discreta yprovechosa, de los alcances yde la trascendencia, si la frase es permitida, con que el divino Cervantes aseguró la perpétua oportunidad del maravilloso enjendro de su razón yde su fantasía. Es el «Quijote» de Avellaneda una novela entretenida: el «Quijote» de Cervantes, simulacro eterno de la humanidad en 6 82 todas las zonas, en todos los tiempos yen todas las gradaciones yesferas de la vida. Distrae el primero haciendo reir, el segundo lleva la melancolía al ánimo ypone lágrimas en los ojos. Si el uno es un majadero, el otro es la voluntad humana luchando impertérrita por la posesión de lo ideal, es la cifra de la mas sublime abnegación, tropezando ácada paso con los obstáculos del realismo yde las sociales conveniencias. Un juez mas alto que todos los criterios individuales, el del tiempo, ha fallado esta ruidosa contienda. Pensó Avellaneda que su libro seria un obstáculo ála prosperidad del de Cervantes. ¡Qué engaño! Vivió casi desapercibida la obra anónima; la de Cervantes imprimióse en Madrid en 1615, en 1616 en Valencia yen Bruselas; en 1617 en Barcelona yLisboa, yunida después ála primera parte fué reimpresa antes de terminar el siglo xvii hasta ocho veces. No se ha conocido libro que obtenga un éxito semejante, ni se ha visto nunca triunfo literario tan sólido, tan acatado ytan legítimo. Bien pudo' el olvidado autor morir tranquilo y satisfecho cuando de su novela escribia una pluma competente, viviendo él, «que era digna de su »grande ingenio, honra ylustre de nuestra na- »cion yadmiración yenvidia de las estrañas.» é VIL ÉXITO DEL «QUIJOTE.))—LOS ÉMULOS.—LA DESVENTURA DE CERVANTES. o Juan de la Cuesta, tipógrafo madrileño, sacó á luz en 1605 la primera parte de las aventuras de D. Quijote, hallándose ála sazón en Valladolid, donde la córte residia, su autor Miguel de Cervantes Saavedra. Recibióse la obra con aplauso, vendiéronse sus ejemplares en pocos dias, ysu crédito hubo de dilatarse con tan no conocida rapidez, que en el mismo año ypor el propio impresor se dió ála estampa de nuevo, mientras se reimprimía simultáneamente en Valencia, Lisboa, Pamplona yBarcelona. No registraban los anales V *84 bibliográficos un acontecimiento semejante, llegando el caso de que pocos años después un criterio, mucho menos que entusiasta de Cervantes, dijera sin empacho que en plazas, templos, calles, hornos, tabernas ycaballerizas, no se hablaba de otra cosa que no fuera del héroe manchego cuyo fama llenaba el mundo. Pero si es cierto que el Quijote verdadero se habia granjeado tanto renombre en tan corto plazo; si es evidente que la figura del andante caballero se trocaba de tipo puramente literario en personaje popular de todos conocido; si es, por último, incontestable que dentro yfuera de España se prodigaron singulares alabanzas al ingenio que lo engendró en la oficina de su privilegiado entendimiento, fuerza es reconocer también que literatos de reconocida autoridad declaráronse muy luego sus enemigos ydetractores. Aun se conservaba inédito, yyaJLope de Vega, en una carta—resúmen de sus juicios—afirmó que no habia poeta tan necio que lo alabara. Salía al público en 1605, según dijimos al principio yen el mismo año Góngora escribía un soneto, donde vituperando las fiestas reales de Valladolid con ocasión del natalicio del heredero de Felipe ni, dejaba ver la malquerencia con que miraba áCervantes yásu obra. Aun residía nuestro ingenio en la córte, yno habia terminado el dicho año, cuando hubo de recibir por el correo otro soneto, malo, desmayado, sin garbo ni agu- 85 deza alguna, diciendo mal del Quijote. Villegas, discípulo del menor de los Arj ensolas, escribía por su parte lo siguiente: irás del Elicon ála conquista Mejor que el mal poeta de Cervantes Donde no le valdrá ser quijotista. Atribuyese áLope de Vega otra composición que revela claramente la inquina con que miraba ásu rival. Parece que no bien se hubo publicado la «Arcadia,» en cuya portada puso el Fénix de los ingenios un escudo de armas con multitud de torres, cuando Góngora hizo circular anónimo este soneto: Por vida, Lopillo, que me borres Las diez ynueve torres de tu escudo; Porque aunque tienes mucho viento, dudo Que tengas viento para tantas torres No le dejéis en el Blasón almena . Vuelva ásu oficio, fel Rocín alado, En el teatro sáquenle los reznos; No fabrique mas torres sobre arena; Si no es que ya segunda vez casado Nos convierta las torres en torreznos. Encerraban estos últimos versos una cruelísima alusión. Habia contraido matrimonio Lope de Vega, eo segundas nupcias, con Juana Guardio, hija de un vecino de Madrid, tratante en carnes. Zaheríanse, pues, en la anterior poesía no solo sus humos aristocráticos, sino que también con la palabra torreznos hacíase referencia al origen 86 de su mujer, sacándola por tal manera ála vergüenza. No conoció Lope por el pronto la pluma que habia trazado aquella sátira; pero la enemistad que de Cervantes le separaba hubo de aconsejarle, yel haber hecho este alguna alusión ásus pretensiones nobiliarias eri los versos de Urganda, llevóle áimaginar que él era quien tan mordazmente le perseguía. Hé aquí los versos que escribió en su desagravio: Yo no sé de la, de lí, ni lé, Ni sé si eres Cervantes co, ni cu; Solo digo que es Lope Apolo, ytu Frison de su carroza ypuerco en pu: Para que no escribieses orden fué Del cielo, que mancases en Corfú: Hablaste buey, pero digiste mu: Omala quijotada que te dé! Honra áLope, potrilla, óguay de tí! Que es sol, ysi secenoja lloverá. Yese tú D. Quijote baladí De c... en c... por el mundo irá Vendiendo especias yazafran romí, Y$1 íin en muladares parará. Puede esplicar el sexto verso el efecto que un dia causó en Cervantes lo que Avellaneda dijo acerca de su manquedad. Esta indigna proposición de Lope, que despechado tiraba áherir áCervantes donde el golpe hubiera de causarle mas dolor, influyó de seguro para que este echara ámala parte las palabras 8?« del incógnito de Tordesillas, creyendo descubrir la intención con que le daba en rostro con su manquedad. También atacaba Suarez de Figueroa en el «Pasajero» ála inmortal epopeya, pareciéndole abultado yhueco el título de Ingenioso hidalgo y lo propio hadan el Padre Félix Hortensio Paraviciño, Vicente Espinel ylos demás literatos de la trinca de Lope. Tenemos por indudable que la novela sentó mal álos hombres de letras, que halló no poca repugnancia en ciertas clases de la sociedad yen determinadas notabilidades. Desde luego acogiéronla un tanto foscos yseveros los que pasaban yse tenian por doctos. Juan Gallo de Aladrada, secretario de cámara del Rey ypersona influyente, en las advertencias que puso al catálogo de los autores que se nombran en los «Proverbios morales,» del Maestro Bartolomé Jiménez Patón,—impresos en Baeza en 1615, —-defiende la costumbre de colocar semejantes catálogos en los libros, yde camino llama momo ymurmurador á Cervantes, ólo que es lo mismo, «maldiciente y mofante. Un sacerdote cordobés, Valladares de Valdelomar, escribió en 1617 las aventuras del «Caballero Venturoso,» novela religiosa encaminada ádesterrar la lectura de las pastoriles, caballerescas y picarescas: dirige contra todas fuertes vituperios sin perdonar al «Quijote,» compuesto, según su 94 ria enteca del feudalismo durante la Edad medía, con sus grandes errores, sus caídas ysus injusticias. Desdeña el hombre del Norte el concepto de igualdad, cuyo valor no alcanza; mas siente en toda su energía la necesidad de ser libre, yla libertad de aquella edad de hierro se la facilita el castillo, la espada, la guilda, la confraternidad, el gremio, la ciudadanía ólos fueros privilegiados. Trata el noble de potencia ápotencia ásus iguales, con ellos pelea, pacta treguas yestablece concordias; asociase el burgués ásus conciudadanos yobliga al obispo, al abad, al gran elector, al duque óal príncipe áotorgarle franquicias yconfirmarle monopolios: hállase grandemente dividida la soberanía; está en proporción directa de la propia pujanza; ámayor fortaleza mayores prerogativas; no imperan los legistas; sino los guerreros. Al crecer el Renacimiento, latinos ygermanos sienten su influencia; ála idea autonómica sobrepónese la social, se ensanchan los horizontes y el derecho individualista trocase en derecho humano ycosmopolita. Nacerá un nuevo ideal que, acogido por di andante caballero habrá de trasformarlo en una idea abstracta del bien, de la justicia ydel amor. Barájanse con estas nociones los pensamientos mas extraños ydesbarros mas patentes, las exajeraciones mas ridiculas yperniciosas. Necesario era combatir doctrinas yhechos tan peligrosos, dividiendo lo transitorio ypueril de lo constante yrazonable; oportuno rechazar la 95 institución caballeresca en cuanto se armaba de la fqerza ytiraba áperderse en el laberinto del ridículo. Comprendió Cervantes que la manía caballeresca estaba infiltrada en la sociedad contemporánea yque en ella, pervertida, no habia de servir mas que al error, al vicio yálas estravagancias. Si el hidalgo aventurero respondía al generoso conato de amparar la virtud yla flaqueza, si se figuraba desfacer con sus leyes todo entuerto yreivindicar todo menoscabado derecho, también amaba con frenesí las aventuras temerarias, los combates injustificados, las controversias mas impertinentes, perjudicando en mucho ála paz pública yálas buenas costumbres. Llegaba la impertinencia caballeresca al extremo de obligar átodo transeúnte, si se consideraba bien nacido, ádar de cuchilladas al incógnito contra quien pedia favor la tapada dama, yhubo de repetirse el caso, como afirma una escritora competente, de que el marido midiera su acero con un advenedizo, mientras facilitaba que la adúltera cónyuje concurriese ála amorosa cita donde le esperaba su galan. Dio la caballería tal giro álos sentimientos amorosos que, convirtiéndolos en ocasión de vergonzosas liviandades, inficionaron con su corrupción lo mas puro del hogar doméstico yde la familia. Trasunto de este estado lastimoso son las comedias llamadas de capa yespada, donde los tipos dominantes consisten en la doncella incauta yseducida, yel libertino audaz áquien sirven dueñas sin decoro ybuscones miserables. Cuando la pieza no narra la desventura del engañado esposo, pinta al hermano asesinado por el amante de la hermana; cuando no describe la desesperación del padre que vio manchadas sus venerables canas con un rapto, saca árelucir todas las malas artes de que se valen mujeres sin pudor, sin corazón ysin vergüenza. Debia la caballeresca mania cambiar de rumbo para contribuir al progreso humano; abandonar el espadín yla lanza para empuñar la pluma yhacer uso de la palabra. Sería en lo sucesivo su palenque, no la cerrada ysangrienta liza, sino el libro, el periódico, la cátedra yla tribuna. Descubierta la imprenta yestendido su imperio por Europa, las relaciones de los hombres entre sí y de los pueblos unos con otros, sufrían una crisis precursora de su inevitable trasformacion. Iniciada esta al escribir Cervantes su libro, produciría sus primeras consecuencias con el drama titánico de 1793» Adelantóse Cervantes ásus contemporáneos, resumió en sí, dándole cuerpo yunidad, los gérmenes similares que en la atmósfera moral de su tiempo se despertaban lentamente desde los comienzos del siglo xv ycontribuyó de una manera indirecta, aunque cierta, ála revolución social que contemplaron nuestros padres. Cervantes humanizaba fa caballería andantesca como humanizaba la literatura, concurriendo á fundar los verdaderos cimientos de! romanticismo \ 97 yde la crítica filosófica; al arte por el arte, universalmente acatado, oponia el arte por la enseñanza yla ejemplaridad. Todas sus producciones lo demuestran. Llamó álas novelas ejemplares, declarando así su intento reformista; dijo que había sido el primero en representar las imaginaciones ylos pensamientos escondidos del alma, sacando figuras morales al teatro, con general ygustoso aplauso de los oyentes; su Licenciado Vidriera es una síntesis; el coloquio de los perros, una intencionada inventiva; Rinconete yCortadillo, admirable boceto dirigido ávituperar finamente las llagas sociales. Toda la novela socialista contemporánea, «Martin el Espósito,» «Misterios de París,» «Los Miserables,» etcétera, está como en gérmen en las novelas picarescas de Cervantes. Combatía nuestro autor el fondo de la literatura en auje yatacaba también la forma; correspondía lo primero al dominio de la filosofía, lo segundo al del arte. Fondo yforma son cosas estrechas é íntimamente relacionadas, modos que se compenetran yque no pueden caminar divididos sin ruina del conjunto. Vituperaba Cervantes el espíritu que regia los libros de gesta, ycriticaba el método yel estilo de esos mismos libros, sus arreos y aderezo, su ridiculez yflaquezas; ysi en cuanto á lo uno se muestra profundo conocedor de la naturaleza humana, vislumbrando sus eternas leyes, tocante álo otro justifica un gusto exquisito, una sensibilidad privilegiada, un talento de nobilísima 7 n 95 naturaleza. Fué su crítica universal; alcanzaba a todos yátodo, lo mismo al grande yal poderoso que al humilde ynecesitado; tanto ála institución en prepotencia, como al sándio proceder de la gente rústica yegoista. Caen bajo la jurisdicción de su férula todas las esferas humanas, todas las relaciones que unen álos hombres. Ocúpase aquí de las que median entre súbditos ygobernantes; allí de los del padre con el hijo; en otra parte de las que acercan al amo yal criado, óde las que mantienen el concierto entre los ciudadanos. Fija la posición de cada uno con admirable acierto; jamás lucha contra el sentido común; su profundidad llega hasta donde alcanza su génio que es inmenso, ytiene la difícil facilidad de lo sencillo ylo sublime. Dijo las cosas mas grandes, sin apercibirse de su magnitud, expresándose con una lisura, un desenfado, una espontaneidad que encantan, admiran ysuspenden. Séanos lícito citar en nuestro apoyo un solo ejemplo elejido al acaso: sus palabras escritas dirán mas que nuestros comentarios. Habla D. Quijote yCervantes pone en su boca estos pensamientos: «La libertad es uno de los mas preciosos dones que álos hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre: por la libertad, así como por la honra, se puede ydebe aventurar la vida; ypor el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir álos hombres,» vcomo corolario añade muy 99 luego: «... las obligaciones de las recompensas, de los beneficios ymercedes recibidas son ataduras que no dejan campo al ánimo libre. ¡Venturoso aquel áquien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo áotro que al mismo cielo!» Ahora bien: ¿cuándo sacaba áluz Cervantes su obra; en qué ocasión hacía alarde de tanta cultura, independencia de alma yenérgica voluntad? En el momento histórico en que la altivez de España caminaba con pasos de gigante hácia su total ruina; cuando una turba de gentes sin conciencia ni freno se enseñoreaba de las regiones del gobierno, arrastrando por el lodo de la abyección mas vergonzoza el santo nombre de la pátria; en ocasión de que la literatura solia servir los mas reprobados fines, mientras se levantaban el mal gusto, la hinchazón yel artificio, tirando los escritores no áelevar la condición de los públicos, sino álucrar halagando los errores ypreocupaciones del vulgo. Dominaba arriba la arbitrariedad, la sordidez, la concupiscencia; abajo el fanatismo yla ignorancia. Rabian llegado las' concusiones á su límite posible; reinaban por el rey osados favoritos que tiranizaban álos pueblos, esquilmándolos torpe yautocráticamente. Dándose la mano la hipocresía yla superstición, regían ásu antojo una grey que creía en brujas, embaidores. ysortilegios, asistiendo con gus- to álas quemas de herejes yposeidos ytoleran- IOO do, sin atreverse áponerles término, las liviandades de la Madre Agueda yde las monjas de San Plácido. ¿No será lícito, recordados estos antecedentes, suponer que la publicación del «Quijote» debió malquistar ásu autor con determinadas personas yclases enteras de la sociedad? Parece evidente. Desde luego la falange literaria que se veia puesta en ridículo alzó la voz clamando contra el inesperado castigo que con mano sua- ve, aunque con grandísima energía éindependencia, se aplicaba ásus faltas ydesbarros. Escritores ascéticos, novelistas, dramaturgos, poetastros, toda la turba multa que acometía el Parnaso, revolviéndose contra Cervantes, censúralo acerbamente, viéndose cual mas, cual menos, comprendido en las censuras de la sabrosa sátira. Si la obra en su total organismo era una protesta elocuente contra el mal gusto dominante, las reticencias del prólogo, las indirectas del escrutinio déla quijotesca biblioteca, los otros reparos esparcidos por la obra, encerraban juicios concretos que mortificaban yherían álos innumerables detractores del buen gusto yde las letras. También debió en la esfera de los doctos levantarse recia tempestad, debió llamarse áCervantes crítico indigesto, pedantesco dómine, estremado analista, amigo de novedades, mofador ydescontentadizo. Ya vimos que Gallo de Andrada le calificó de momo, yFernandez de Avellaneda IOI hubo de anatematizar su envidia, su ruindad y su cólera. Un autor titulado censura sus comedias ydice que nada puede esperarse de sus versos; cree Lope de Vega que la Providencia ordenó mancase en Corfú para que no escribiese desatinos, añadiendo que su «Quijote» iría áparar álos estercoleros: Villegas le detesta; Paravicino, Suarez de Figueroa, Valdelomar, Espinel, con otros, murmuran de él, le odian óle desdeñan. Para algunos, Cervantes hubo de presentarse como un escritor apasionado, indigno del aprecio de los hombres formales yde las personas timoratas. No se dirigía su libro áhalagar sentimientos vulgares, ni pasiones en predominio; no podia decirse de él lo que solia escribirse del fácil yacomodaticio Lope de Vega, de quien un manuscri- to de la época afirma que «sus escritos le hicieron estimado de todos, hasta de la Santidad del señor Urbano vm, que mereció le escribiese yhonrase con el hábito de San Juan ytítulo de Doctor en sagrada teología.» (52) Cervantes era la antítesis de Lope. Pontífice este de la triunfante Iglesia, juzga yHondena ásu émulo sin ulterior recurso. Quiere Lope disimular su inquina; pero esta se revela en todos los actos de su vida que tienen por blanco áCervantes. Distínguele aparentemente en alguna ocasión; empero en el fondo de su alma le aborrece: no perdona los justos reproches del Quijote; obligado se ha visto áconfesar su exactitud en el «Arte nue- 102 vo de hacer comedias,» mas esta injuria es de aquellas que afectando álo mas delicado del amor propio vivirá tanto como su corazón aliente. Arrastrando una vida licenciosa, indigna de sus talentos yde su sagrado carácter, cubriendo sus liviandades yflaquezas con el socorrido manto de la religión yde la mas falsa hipocresía, adulando al poder, rindiendo párias al vicio, cuando se disfraza con falsos oropeles yhabita encumbradas regiones; Lope de Vega, cortesano de los cortesanos, corruptor de las costumbres, ministro de la ignorancia, amigo interesado del estólido vulgo, inficiona la literatura dramática, cuando pudo sublimarla áno conocidas alturas. Durante luengos años conservó el cetro de la monarquía cómica: su censor murió pobre ydesvalido, cuando su rival tocaba álos cuernos de la luna: siguió este avasallando la escena, adulando álas muchedumbres, viviendo asociado ála turba pecadora que poblaba los corrales, mas llegaria el dia de la justicia, yun tribunal superior, el Consejo de Castilla, declararía que debia prohibirse la representación de las comedias de Lope, «que tanto daño habian causado álas costumbres.» Ytenia razón el severo senado: los amoríos, pendencias, raptos, violaciones, galanteos yasesinatos, eran tan frecuentes en aquella sociedad que constituían buena parte de las cuotidianas efemérides. De un lado un lujo escesivo de mentida piedad; del otro el cinismo mas vergonzoso en lo que mira á i03 los deberes impuestos por la honra yel decoro, ¡Hasta se alardeaba por los hombres casados de mantener relaciones amorosas con una ómas concubinas; hasta se llegó áconceptuar por las damas de mas alto copete, como insulto, el comedimiento yla decencia de parte de los hombres que las visitaban! Dijo el Padre Hurtado de Mendoza que Lope había causado con sus comedias muchos pecados; defendióle Perez de Montalvan recordando que perteneció ála Congregación del Olivar, que era trinitario, que acudió al servicio de los hospitales, que iba los sábados áAtocha, teniendo oratorio en su propia casa, ytrasladándose al cabo áToledo, de donde regresó sacerdote. Calló Montalvan que su defendido trajo una vida mucho menos que ejemplar; una vida impropia de quien pretende ajustar su conducta álos preceptos religiosos, y que, aun con el carácter sagrado, continuó en sus estravíos, barajando sacrilegamente lo humano y lo divino. (53) Vivia Cervantes no lejos de Lope, ofreciendo el contraste mas desfavorable para éí último. Poco ónada ha cambiado el corazón humano desde entonces, ysi juzgamos por lo que ocurre hoy en casos análogos, podemos deducir que Cervantes debió hallar en Lope yen su bando un fuerte obstáculo al logro de sus deseos; ysi sus desventuras no fueron mayores, si llegó árecibir protección del conde de Lernos ydel arzobispo de Tole- ma, nuestro manco vio desatendidas sus quejas, no embargante el inútil protectorado del de Leñaos. Encumbrado Aliaga al poder, siguió como estaba, pobre yreducido ála mayor miseria. Ni era posible que el infatuado valido mirara áCervantes con buenos ojos. Ignoramos que tuviera amistad estrecha con Lope de Vega, pero convertido este en el poeta obligado de las jornadas reales, natural era que Aliaga participara de la admiración que el vate producía en la generalidad de los cortesanos. Pasaban por mano de Aliaga cuantas mercedes se otorgaban en nombre de la corona; pedíanlas los grandes interesándose por los menesterosos, yAliaga aconsejaba ála régia conciencia la oportunidad de la gracia, óse oponía resueltamente áque se concediera. No consta que Lemos implorara la protección del monarca en favor de Cervantes; no se sabe que apoyara sus justas solicitudes, ysi otra cosa sucedió no hubo de salir airoso en su empresa. Quizá Aliaga no halló conveniente satisfacerlas; tal vez miró con saña ymalquerencia al desdichado poeta; si bien no hay fundamento bastante para presentarle manchado con tan fea injusticia. Conocida la perversidad de Aliaga, la torpeza de su conducta, la sordidez de su vida, no será mucho suponer que la lectura de las sátiras quijotescas, en cuanto ála moral se referian, habían de irritarle, cogiéndole de medio ámedio. No era Cervantes adulador, amigo de hacer antesalas, ni flí menos servil abogado de malas causas. Lejos de toda superstición yfanatismo, rendia culto sincero ála callada virtud yála modestia, ysin hacer gala de impiedad tampoco mostrábase en sus escritos mojigato ni gazmoño. Resplandece en todos ellos la moral mas pura, aunque huye de la amalgama indigna de religión ysensualismo que suelen encerrar casi todas las producciones literarias de su tiempo. Sin ser un «espíritu fuerte» aparece bastantemente despreocupado, ponderadas las circunstancias que le rodearon yla índole de los tiempos en que escribía. Nótase en el «Quijote» cierta severidad, cierta predisposición contraria ála gente de sotana, yes- to ápesar de que uno de los personages con mayor esmero retratado es el del cura. Harto significativa *es para nosotros esta elección, porque el cura personifica el verdadero sacerdote; liberal, ilustrado yjusto que con fina sátira truena contra las preocupaciones, vicios óignorancia de los hombres de su clase. Aliaga era el reverso de la medalla. Habia puesto Lerma la monarquía al borde del abismo, empujábala Aliaga álos dominios de la barbárie. Fué el prepotente dominico uno de los que con mas ardor contribuyeron á estremar en España el predominio de la ignorancia ydel fanatismo. Fúcares yfrailes gobernaban á su arbitrio, esquilmándola los unos con las operaciones fiscales, hundiéndola los otros en las nieblas de la intolerancia ydel error. Aliaga, vicioso, in- moral, concusionario, déspota, petulante, se hubiera ruborizado átener decoro, leyendo las páginas del ((Quijote,» donde se enaltecia la viitud, la honradez, la vida sencilla ydigna, rechazándose todo artificio ytoda farsa. Burlóse Cervantes de la astroiogía, censuró las patrañas del médico Torralva, como se mofaba de cuanto mantenia las preocupaciones del pueblo. Fué Aliaga supersticioso por estremo yaficionado áprodigios, horóscopos yacertijos, llevando ásu domicilio embaidores insolentes que con sus sortilegios causaban graves daños en las familias. Astro de aquel cielo, compartia con los otros la responsabilidad tremenda de la vergonzosa comedia. Todo era adulación yservilismo. Adulaba Lope al de Sesa, prestándose áservirle en los mas indignos oficios, álos farsantes ycomediantas, contribuyendo á desmoralizarlos; al vulgo dejando de censurar su gusto estragado, no ofreciéndole altas enseñanzas que le apartaran del camino del vicio. Adulaba Jáuregui al Rey cuya ineptitud eimbecilidad pe dian por lo menos el silencio, diciendole. Puís tú, que agora juntas, Marte ibero, Al mundo antiguo su segunda parte..... Adulaba también con el soneto que escribió al túmulo levantado en Sevilla con ocasión de las exequias de la rema Margarita, mientras Cervantes no tuvo una palabra para Felipe m, ycuando murió mofóse del catafalco que en el mismo Scvi Ha se le erigiera. Adulaban los Arjensolas al archiduque Alberto, yal mismo Felipe m, yáfavor de tales manejos, conseguían ver colmadas sus esperanzas. Enemigo Cervantes de todo lo que no fuera verdadero, seguia distinto rumbo, pudiendo aplicársele los versos que escribia Bartolomé Cairaso de Figueroa: Pobreza es mayorazgo de los buenos Muerte de melancólica tristeza, Posada de la paz ysu sosiego. Así es de mas valor ymas estima, Un pobre virtuoso yabatido Que un rico sublimado si es vicioso. Cervantes no estaba de acuerdo con su tiempo. Con indiferencia estoica escuchaba el atropellado rumor de ios saraos que se sucedían en las aristocráticas mansiones del Prado, ysin darse ápartido veia pasar ante sí álos personajes mas ilustres de la córte, revueltos en los trances de los torneos yen las peripecias de las dispendiosas cabalgatas. Escándalos palaciegos, amoríos criminales, dilapidaciones que arruinaban,; duelos que ningún motivo honesto sancionó, todo el cúmulo de entuertos que tegia la urdimbre de las crónicas contemporáneas, hallaba su reprobación mas ó menos esplícita en el «Quijote.» Azotábase en sus páginas el orgullo de los grandes, cuando se ensalzaba álos pequeños; hacíase mofa de la riqueza, cuando no la sancionaba la virtud; dábase en 8 114 rostro álos soberbios con la dicha de los humildes; poníase en ridículo el mal comprendido ho- nor, fijando el concepto del que ningún hombre debia mirar indiferente, yel desgobierno yla intolerancia eran fuertemente combatidos. Ycuando hay beneficios, pensiones ydádivas hasta para los menos dignos, cuando se despilfarran gruesas sumas en ridiculas empresas, Cervantes no encuentra puerta alguna para salir de su miseria. Olvídanse sus servicios, menosprécianse sus méritos, yél que llevará el nombre español á todos los confines en alas de su génio, gime desvalido, mientras se dilapidan las rentas, se acumulan los oficios yse encumbra la ruindad yel crimen. ¿Influyó Aliaga en tanta desventura? Podrá sospecharse, pero no afirmarlo ni aun hipotéticamente. Cierto es que entre la familia dominica yCervantes mediaban antiguos agravios; mas no seremos nosotros los que, sin tener conciencia de ello, presentemos al afortunado aragonés como rudo perseguidor de nuestro literato. Que Aliaga fué cómplice con los demás poderosos de su tiempo de tanto infortunio; que le toca su no pequeña parte de responsabilidad en esta desgracia, cosa es que no necesita razonarse con nuevos argumentos. Juzguémosle no por lo que hizo, que nos es desconocido, sino por lo que dejó de practicar. Representaba Aliaga el poder, lo pasado, yla descomposición creciente de la sociedad española. il5 Personificaba Cervantes la protesta del buen sentido ylo porvenir. Este era todo abnegación y patriotismo, buen gusto ycultura; aquel egoísmo estólido, aspereza irritante, ignorancia yvulgaridad. ¡Ni con un solo relieve de su bien abastecida mesa quiso satisfacer el hambre de Cervantes; ni con una sola muestra de generosidad alegró, por acaso, sus melancolías! No fueron los grandes y los encumbrados amigos verdaderos del manco! Reclutaba los suyos entre los hombres realmente bondadosos. Martínez Marina, dignísimo sacerdote, le abre sus brazos cuando ya la despedazada yraída ropilla debe cubrir imperfectamente el demacrado cuerpo; comparte con él, permítasenos afirmarlo, su frugal alimento yfortalece su resignación con advertencias discretas. Tiene valor el maestro Valdivieso para llamarle, ante la faz de los cortesanos, honra ylustre de la nación, admiración ygnvidia de los extraños; elogíale el licenciado Márquez Torres sin hallar límite ásus encomios, ylas humildes Trinitarias concédenle un pedazo de tierra donde descansaran sus preciosos restos! ¿Qué hacen en tanto los grandes, los autores de título, los poetas palaciegos, los cortesanos en preponderancia? Si esceptuamos áLemos yal arzobispo D. Rernardino de Sandoval yRojas, que compraron demasiado barata la alta honra de aparecer cual Mecenas del mas alto ingenio que contemplaron los siglos, la turba entera de dichosos olvidóse del necesitado 116 dejándole morir de necesidad! Mas vale así. Cervantes habia dicho: «¡Venturoso aquel áquien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo áotro que al mismo cielo!» Comió Cervantes su pan con el sudor de su frente, nada tuvo que agradecer álos que disponían de los tesoros públicos yde los puestos oficiales, nada, hablando sin empacho, ála magnificencia de sus contemporáneos. Hiciéronle justicia las muchedumbres, admiróle el mundo, yla posteridad le adora. Repítese su nombre con respetuoso entusiasmo en todos los extremos del globo que ilumina la antorcha de la civilización, yno hay quien no simpatice, de conocerla, con esa pobreza que es el mas honroso timbre de una vida austera ysiempre bien encaminada. Ypara que todo sea grande relativamente ásu persona, hasta es grande éimpenetrable el misterio que cubre el origen de sus desventuras yel secreto que oculta el nombre de su émulo tordesillesco. No consiguió romperlo nuestra diligencia; pero colmó nuestro anhelo ver por tierra ysin crédito la doctrina que, condenando injustamente áAliaga, presentábale como enemigo convicto y confeso de Cervantes ypadre encubierto del libro tarraconense. EL BARRIO DE LAS MUSAS t o DE CERVANTES. % % 9 EL BARRIO DE LAS MUSAS ÓDE CERVANTES. Durante los revueltdl tiempos de la Edad media, cuando limitaban el perímetro de la que al cabo habia de ser asiento ynormal residencia de los reyes de España, los cubos ycontrafuertes de las puertas del Sol yde Guadalajara extendíase desde el último de estos ingresos, con dirección á la iglesia de Atocha ycruzando ramblas, breñas y aguas cenagosas, un descuidado ytortuoso sendero que, encerrado en doble hilera de añosos yco - pudos álamos, guiaba desde la Villa álos fieles que en determinas épocas del año concurrían, ora 126 donde había de exhalar el último aliento. En aquel refugio que bizarramente le deparó la fraternal amistad ylos lazos que como miembro de la Orden Tercera le unían con el dignísimo sacerdote, trinitario como él, vió Cervantes extinguirse para él la luz del dia, en reducida estrechez confinado, puesto áprueba de enojos ydesabrimientos, sin otros consuelos que los de la caridad bien entendida yel amor de su ejemplar ycariñosa conyuge. Las livianas mujeres que habitaban los contornos, los soldados que en reprobados coloquios incitábanlas al pecado, los galanes que, atraídos por el cebo de las comediantas, frecuentaban el suburbio ,obligando álos magistrados ámedidas extremas atentos áimpedir los escándalos ydesmanes que solian cometerse, pudieron contemplar el 23 de abril de 1616 la traslación del ya yer- to cadáver al panteón de las Trinitarias. Vistiendo el grosero hábito propio de la hermandad, acariciado el noble yconcertado semblante, que la regla descubría ála contemplación lastimosa de los devotos, por las perfumadas esencias que de las inmediatas yespesas arboledas brotaban abundantes; limpia, tersa ydespejada la serena frente, velando los plegados párpados la apagada llama de los ojos, recogidas las manos, sin esfuerzo, sobre el pecho; sin cortejo, ni mundana pompa, era Cervantes conducido al eterno descanso, sobre los hombros de cuatro hermanos terceros, en rus™ 1^7 tico ataúd. ¡Qué doloroso espectáculo! Lope de Vega, mimado yfavorecido por la suerte; Lope de Vega, el cantor de las fiestas palaciegas, el ídolo de las muchedumbres, que ponia su vena al servicio de reprobados sentimientos, vivia ádos pasos de la casa del desdichado escritor. El Fénix de los ingenios sintió que se aproximaba el término natural de sus dias, rodeado de no comunes anchuras ysatisfacciones. Egregios proceres sentábanse ásu hogar; un ameno yespacioso huerto dábale ocasión, cultivándolo, para desechar melancolías; ycuando, agotada la existencia, reclamó la tierra los fúnebres despojos, Madrid entero acompañólos ála huesa, dando por tal manera indicios de un duelo que solo el tiempo mitigaría. ¡Inescrutables misterios del destino! Cervantes fallece en la indigencia; Camoens yGuillen de Castro rinden el ánimo en la sala de un hospital; Milton espira pidiendo limosna, ysin embargo, detrás de sus harapos brilla refulgente la aurora de la inmortalidad. Entre Lope de Vega yCervantes, fijó Quevedo su domicilio. Vérnosle empadronado en la calle del Niño, que recta conduce ála tumba del segundo. ¡A cuántas consideraciones no lleva esta triple aproximación! De un lado el fecundo poeta, que acomodándose álas exigencias de su época, emplea sus talentos en fomentar los gérmenes que la vician yarruinan; del otro dos poderosos gé~ nios que por caminos divergentes dánse la mano 128 cuando se trata de censurar excesos yseñalar torpezas: Lope de Vega, corruptor ycorrompido, no columbra el ideal de la vida circunscribiéndo - se al estrecho círculo de la vulgaridad en predominio; Quevedo, con satánica complacencia, descubre la podredumbre que corroe la fingida alegría de los dichosos; Cervantes, con intuiciones que asombran, señala el triple derrotero de la virtud, de la justicia ydel buen sentido álas generaciones que habrán de sucederle. III. En torno de estos génios agrúpanse legiones de artistas yliteratos que hasta en nuestros mismos dias son ála manera de voluntarios guardadores de los preciosos recuerdos que el barrio encierra. Sin atenernos áuna cronología rigurosa, recordaremos que en la plazuela de San Juan nació el preciado autor del «Sí de las niñas,» D. Leandro Fernandez de Moratin, yen la parroquia de San Sebastian, sepultura de Lope de Vega, recibió las aguas del bautismo el no menos estimante D. Ramón de la Cruz. Distrito preferido de los cultivadores de las bellas letras, fué asiento en el si- 129 glo xvn de la Academia Selvaje, que en su casa, calle de Atocha, fundó D. Francisco de Selva, hermano del duque de Pastrana. Allí exhibió Cervantes algunos de los hijos de su entendimiento, Lope de Vega dió lectura áunos versos, sirviéndose de los anteojos de su rival, yallí también concurrían, según Soto de Rojas, los mayores ingenios de España. Acercábase ásu fin el siglo xvm, cuando en la fonda de San Sebastian, próxima al cementerio del mismo título, establecían los restauradores de los fueros del buen decir, íriarte, Cadalso, Melendez, Contiy Bernascone, otra academia: refiriéndose áella, decadente yprostituida en manos de Nifo yde Comella, el ingenioso Moratin, crea la sátira dramática envuelta en la fábula del «Café,)) yhalla medio de echar los fundamentos de la crítica literaria moderna, sacándola de las pobrísimas veredas ádonde,tla llevara el artificio de cultos ygerundianos. Emula la actual centuria de sus predecesores, inauguró en la calle de San Agustín, casa de Abrantes, allá por los años de 1835, el Ateneo de Madrid, centro reconocido hoy de todo el movimiento intelectual de España, yen el palacio de Villahermosa residió la sociedad del antiguo Liceo artístico yliterario, campo fecundo donde apuntó la regeneración de nuestra decadente literatura. Pero hay más; celebráronse en la calle del Prado las reuniones literarias que presidia Luis Sartorius; en la misma tuvo las su- 9 *3° yas Roca de Togores, diligente investigador de la sepultura de Cervantes; recibía Fernandez Guerra célebres escritores en la casa donde murió su padre, también literato distinguido, calle del León número 8, yCruzada Villamil congregó la tertulia que tanto nombre le daria en la que ahora denominan de Lope de Vega. Atraídos no se sabe por qué incentivo ófuerza misteriosa éinexplicable, han vivido óviven en las cercanías de las Trinitarias, el historiador de Cuenca Juan Pablo Mártir yRizzo; Mira de Arnéscua; Zorrilla, que escribió su «Eco del torrente» en la plazuela de Matute, habitando la propia casa que González Brabo; Andrés Borrego, que tuvo la redacción del «Correo Nacional» en el Nuevo Rezado; mientras acariciaba sus sueños de gloria el futuro conde de San Luis en uno de sus sotabancos, tal vez el mismo donde ha residido nuestro queridísimo amigo Vicente Bar/antes; Romero Larrañaga, morador por largos años de la plazuela de Jesús; Narciso Serra, vecino de la calle de San Agustín; Patricio de la Escosura, de la del Amor de Dios; Gabriel García Tasara, Pacheco, Manuel Moreno López, Eduardo Asquerino, de la del Baño, no tan apartada del barrio que nos ocupa; Bretón de los Herreros, domiciliado en la del Príncipe; Corradi en la de Cantarranas; Valladares, Rosell, Carderera, Luis Guerra, en el trayec- to desde las casas de Santa Catalina al Prado; su hermano Aureiiano, ya citado, en la de la Mag- *3i dalena; Gil de Zárote, en la misma casa que perteneció áQuevedo, yen otros puntos, cuya designación fuera enojosa, Ventura de la Vega, Leopoldo Augusto de Gueto, Eulogio Florentino Sanz, Pedro Antonio de Alarcon, Luis Rivera, Alejandro Llórente, Eguílaz, Manuel del Palacio, Julián Romea, Eugenio 'Moreno López, Gueto y Herrera, Tamayo, Blasco, Escriche, Javier de Ramírez, los infortunados hermanos Bécquer, José María Diaz, Agustín Pascual, Fernandez de Sotomayor (el anticuario,) Ynza, Gasset, Eduardo de Mariátegui, Manuel de Assas, Isidoro Fernandez Florez, Pedro Mata yCárlos Frontaura. Alos literatos ypublicistas siguieron los artistas: Francisco Rómulo Gincinato, Eugenio Laxes, Vicente Garducho, Manuel Pereira yBartolomé Cuatreras, pintores yescultores aventajados, aquí residieron, yen orden álos tiempos actuales, para no ser difusos, solo recordaremos que Mendoza vive en la calle del Baño, Pescador en la de San Juan, Dióscoro Puebla en la de Atocha, Antonio Gisbert, en el Museo*, residiendo antes en la calle de las Huertas, en la propia casa donde ahora se escriben estos renglones ylos Balacas en la de San Agustín, Sierra, el grabador, en la de San Juan, Fernandez Acevedo, en la Costanilla de los Descalzos, Jover yOrtego en la dicha de las Huertas. Farsantes ycomediantas eligiéronlo con preferencia átodo otro punto. Habitábanlo en los si- glos xvii yxviii Miguel Godinez; la célebre Josefa Vaca; la María de Córdoba, conocida con el pseudónimo de Amarilis; Juan Rana, el imponderable gracioso; Juan Mudarra; Francisco Iribiño; el divino Miguel Sánchez; Isabel Ana; Agcistin Rojas; Alonso Olmedo; Mariano Querol; la Riquelme; la Tirana; la bella Ladvenant yla no menos famosa María Calderón, madre de don Juan José de Austria, todos servidores de la carátula; Sánchez de Vargas, Andrés de Vega, Juan Morales Medrano yDamian Arias, autores de comedias óentremesistas. Al principio de nuestro siglo vivía Rita Luna en la calle de San Juan, Isidoro Maiquez habito en la de las Huertas, saliendo para el destierro donde debia morir, del número 10 de la de Santa Catalina, Pedro López, Pizarroso yArjona, aparecen en la calle ciel Lo— bo; Valero, en la de Atocha; Barbara Lamadrid , en ^la del León; Mate, en la plazuela del Angel; Latorre, en donde hoy habita Gregorio Cruzada; Guzman, Romea, Capo, Cármen Fenoquio, Mario, Oltra, Galvet, Rochel, Reneíti, Paca Tutor, Cármen Carrasco yJoaquina Baus, en ias de San Juan, Huertas, Amor de Dios, León, Santa María óRelatores. Hasta la política mirólo con afecto, ysi un día tuvo en esta parte su residencia el secretario don Luis Velazquez, también el palacio del duque de Lerma fué teatro de las intrigas ymaquinaciones que, comenzando en el reinado de Felipe ni, ha- *33 bian de dar en tierra con el prestigio de la realeza años adelante. Nuestros padres han visto morir en la calle de Cantarranas, número 45 nuevo, al preclaro Agustín Argüelles, áMartin de los Heros yáRamón Gil de la Cuadra, compañeros inseparables del elocuente orador yvirtuoso patriota. Nosotros contemplamos áSan Luis ocupando la casa que fué del marqués de Ovieco en la calle de San Agustín, áGonzález Brabo huyendo al extranjero desde la de Lope de Vega; á Corradi encerrándose como en una Tebáida en el comedio de la propia vía; áEmilio Castelar reemplazando al último ministro de la Gobernación borbónico, en el cuarto que este abandonara. Cuando la mayor privanza del duque de Lerma, el paseo ála moda estendíase entre el Ingenio del agua, frontero al hospital de Atocha, yla trasera de la huerta del magnate, desembocando en el prado viejo de San Gerónimo.Registran las crónicas de aquellos dias mas de una aventura escandalosa acaecida entre damas ygalanes bajo sus corpulentos árboles, yfué el sitio palenque obligado de amoríos ypendencias, hasta que hubo de sustituirle el salón construido"' frente álos jardines de Lerma, Maceda, Alcañices yMonterey. Mientras la córte de España llamóse córte del Buen-Retiro, porque sus bosques ypraderas eran la residencia habitual de la que ásu talante regia el conde duque de Olivares, el barrio de las Huertas añadió ásus acostumbrados moradores 134 / buen número de empleados en las oficinas de Palacio yno pocos soldados de la guardia palatina. Contribuyó esta circunstancia en mucha parte áacrecentar el número de las sacerdotizas de Príapo,. que en él colocaban sus altares, llegándose al estremo de que una previsora autoridad — según asienta pluma competente—intentara vincular en este distrito los templos del degradante culto, obligando ásus impúdicas adoratrices á habitarlo. ¡Singular coincidencia, esclama el escritor que nos suministra la noticia, la aproximación instintiva hácia los hospitales de los favoritos de las musas yde las sacrificadoras de Venus Citerea! IV. Cuando durante las altas horas de la noche el autor de este" esbozo cruza por enfrente del templo que en su sentir guarda el precioso tesoro de los cervánticos despojos; siguiendo antigua costumbre, consagra melancólico yternísimo recuer do ála memoria del muerto; yla soledad de la desierta calle, el silencio que en ella reina, la libia luz esparcida por el espacio que lucha en *35 vano con las sombras, el aspecto mismo, anticuado yestrado de algunas viviendas, yhasta el tañido de la esquila que marca ála trinitaria el trascurso de la vigilia; háblanle con el lenguaje mudo, pero elocuente ypoderoso de la fantasía, del vate que con su aliento llena el privilegiado recinto. Amarga pena le contrista entonces, que el simulacro del manco preséntasele triste yamarillo, con la ropilla por el uso destruida, con el cuerpo gallardo, que ahora deformó la hidropesía, con las barbas blancas ymacilentas, la color quebrada yel mirar turbio yvacilante. Mientras cerca de su albergue, los codiciosos Fúcares atesoran cuantiosas riquezas, secando las fuentes de la Hacienda nacional; yallá abajo, detrás de las tapias del Jesús, Lerma, para obsequiar álos reyes, que no se desdeñan de habitar bajo los techos de su palacio, consume tesoros, á poca costa reunidos, em ostentosos festines, sin que ni uno siquiera de los relieves de su mesa venga áregocijar al valeroso soldado de Lepanto yde las Terceras; mientras producciones agenas de Invención yfrutos literarios sin enseñanza ni mérito intrínseco, encumbran ásus autores hasta la cúspide de la mayor fortuna, Cervantes, discreto yprudente al lado de los soberbios ypetulantes; agudo yfestivo sin atropellar las leyes del decoro yde las usuales conveniencias; morigerado, sufrido, yautor del libro mas popular de 238 poeta, asistido de buen golpe de gente, no logrando alcanzar al Villegas que habla tomado asilo en la clausura. Instruida la justicia ordinaria, compare - ció representada por un Alcalde ysu ronda, quie nes intimaron ála comunidad la entrega del reo: negóse esta áobedecer, llevada de seguro, de caritativo sentimiento, yavisado el vicario de la villa acudió ásostener la resistencia, amenazando con censuras álos profanos, mientras estos hacían irrisión de sus bríos conminándole con penas de azotes. Acreció el tumulto en el entretanto yal postre abriéronse forzadas, las puertas del cenobio, ysin que álos perseguidores detuvieran las monjas que intentaban cerrarles el paso, registraron celdas, levantaron velos yescudriñaron desvanes hasta que al fin se apoderaron del culpable. Motivó la aventura que pocos dias después, como predicara ante la magestad del Rey católico nada menos que el Padre JParavicino, cuyos humos tocaban en las nubes, se quejara del poco respeto que se tenia áDios en ios Templos, de la ofensa que había padecido la religión en semejante caso, vituperando álos que humildes no se habían sometido al parecer de los eclesiásticos. Liego ánoticia de Calderón de la Barca lo ocurrido en la plática, yen su drama el «Príncipe Constante» ingirió unos versos, visiblemente dirijidos ámofarse de la oratoria fúnebre del gerundiano predicador, calificando los suyos de sermones de Berbería, irrítase la susceptibilidad de Fray Hor- 239 tensio yacude en queja álos Protectores de las Comedias yal Cardenal Presidente del Consejo de Castilla, pidiéndoles el castigo del atroz delito de que es inocente víctima. Apercibidos los jueces disponen que Calderón permanezca detenido en su propia casa con dos guardas, dando márgen áque el humilde padre se estrañe de un tratamiento de señor,ádeshora empleado con un .. . hombre particular, calificando el castigo antes que pena cual premio de hazaña. No dolian prendas áCalderón. Mozo de arres - to, recien venido de la guerra, de ánimo altivo y corazón entero, rompia por donde mayores eran las dificultades, sin reparar en ruegos ni inconvenientes. No hacia mucho que como un sujeto le faltara bajo las bóvedas de cierta iglesia, el poeta, olvidándose del sitio, castigó la ofensa con recio bofetón que halló eco en los círculos de la Córte. Propuesto por lo visto á, mortificar al Padre Hortensio, hizo, al decir de este, que los representantes en sus rótulos-—carteles-llamasen la atención del público con tinta colorada sobre las alusiones de la comedia, temiendo en consecuencia el sacerdote, blanco de tales libertades, que llegaran á pretender el escribirlos con su propia sangre. Acude de nuevo en queja, pero esta vez deposítala álos pies del monarca. Declaraban los rótulos en verso ácuantos la pudieran ignorar, la naturaleza de la injuria: la Religión peligra visiblemente, la honra del Rey yde sus ascendientes an- 24° da por el suelo, nunca se vió tamaño escándalo, nunca se dió caso tan nuevo en religión; el Padre Paravicino trasformose en un resignado mártir. Pasa la súplica al cardenal Trejo, quien pone las cosas en su punto yfijando la índole de la falta, reprende al sacerdote, tachándole de entrometerse ácriticar asuntos que no son de su competencia, yde exagerar ála vez la gravedad del suceso que no tiene la importancia que le atribuye. VI. Tales son los que podríamos llamar antecedentes literarios del convento de Trinitarias, donde anualmente se dán cítalos individuos ae la Academia de la Lengua para celebrar unas honras por el alma de Cervantes. Averiguado por la düigen cia del señor Madoz, óde quien redactara el articulo de su «Diccionario geográfico, histórico yestadístico,» que áeste convento se refiere, que en él permanecen las cenizas de nuestro molvidab e novelista, sin que tenga fundamento la idea sostenida por Navarrete de que fueron trasudados a la calle de Humilladero: aceptado aquel aserto por el señor Mesonero Romanos yconfirmado en sentencia ejecutoria por el celoso investigador del problema, señor marqués de Molins, en un precioso a41 libro, que tuvimos presente ai trazar este boceto bien podemos calificar al modestísimo caserón de la calle de Lope de Vega como suntuoso mausoleo del príncipe de nuestros escritores, como el Po~ blet de los cervantistas ysitio privilegiado, ante el cual no pasará el amigo de nuestras glorias literarias sin sentir cariñosa simpatía hácia las modestas religiosas, que vestales también del cuito cervántico, hallan hueco en su ánimo para distinguir yapreciar las dotes del ingénio, cuando le realzan los merecimientos de la virtud. (66) # ILUSTRACIONES Y NOTAS. # ILUSTRACIONES YNOTAS, NUMERO 1. La primera edición del Quijote de Avellaneda publicóse en Tarragona. Su portada dice así: “Segundo tomo del Ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, 44 que contiene su tercera salida: yes la quinta de sus aventuras. Compuesto por el Licenciado Alonso Fernandez de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas. Al Alcalde, Regidores jhidalgos de la noble villa del Argamesilla, pátria feliz del hidalgo Cauallero Don Quixote de la Mancha. Con Licencia, En Tarragona, en casa de Felipe Roberto. Año 1614.44 Un volumen en 8.° Sigue la aprobación dada por el doctor Rafael Ortoneda, con fecha 18 de abril de 1.614; después aparece la licencia, datada el 4de julio del mismo año, con la firma del Doctor Francisco de Torme yLiori, vicario general del arzobispado de Tarragona. 246 Una segunda edición publicóse en Madrid en 1615, en 4.°, según dice Germond de Lavigne, apoyándose en el 44 Allgemeines bibliográphisches lexicón- 4de Ebert: pero don Cayetano Alberto de la Barrera sospecha que este ejemplar fuese, con portada apócrifa, alguno de la edición publicada por el bibliotecario don Blas A. Nasarre, en Madrid, en 1732. Lessage, que tradujo la obra, dice, que parecia que no se había vuelto áimprimir desde 1614. Escribía en 1704. La tercera edición, ósegunda, pareció en Madrid en 1732, en 4.°, siendo su editor don Isidro Perales y Torres, imprimiéndola Juan Olíveres. Parece que detrás de Perales se ocultaba el Nasarre, verdadero editor del libro. Era Nasarre aragonés, como su discípulo don Agustín' de Montiano yPuyando, que aderezó la obra con una encomiástica aprobación. Enriquecíala, además, otro discurso critico del editor, yotra aprobación, escrita por el mismo Nasarre, aunque se halla firmada por el licenciado don Francisco Domingo, presbítero beneficiado de la iglesia parroquial de Aliaga, en Aragón. También Nasarre había dado áluz una “Disertación sobre la comedia española44 al frente de las seis de Cervantes. Salió áluz la cuarta edición en Madrid en 1805, en la imprenta de Villalpando, con un corto prólogo del editor, la aprobación de Montiano yLuyando y el juicio de los autores del “Diario de los Sábios44 de París. Germond de Lavigne atribuye esta edición á Nasarre, que había muerto en 1751 yla coloca, con error, en el año de 1803. En ella se han incluido los dos episodios novelescos intercalados en la original. Dos tomos en 4.°: el texto espurgado. Según el propio Germond de Lavigne el libro de Avellaneda volvió áreimprimirse en Madrid en 1847 ó1848. Nuestros literatos no citan esta edición. No- H7 sotros la hemos buscado sin haber podido dar con ella, hasta ahora, si es que existe. Ultimamente se incluyó en la “Biblioteca de Autores Españoles41 del señor Rivadeneira, en el tomo décimo octavo, bajo el epígrafe de “Novelistas posteriores áCervantes. 44 Figura, en primer término, con una noticia crítico-bibliográfica de don Cayetano Rosell yalgunas notas de su docta pluma. Tradújose al francés en 1704 por Lessage, que lo modificó grandemente en sentido favorable. Germond de Lavigne ha vuelto átraducirlo con fidelidad en 1855, (París—Didier, en 4.°) haciéndolo preceder de una erudita introducción ála que acompañan notas muy estimables. Germond de Lavigne muéstrase por extremo, apasionado del Fernandez de Avellaneda. NÚMERO 2. Cantó misa Lope de Vega en Toledo ántes de 1614. NUMERO 3, «0 Don Adolfo de Castro en su Discurso Preliminar al “Buscapié. 44 Edición de 1850, en la 44 Biblioteca Universal44 de Fernandez de los Rios. Decia Mateo Alemán en su ortografía (Méjico, 1609) 4 4 Agora de pocos años áesta parte dicen los papelistas cortesanos Castillavieja. Uo sé qué fundamento hayan tenido para ello: salvo si quieren imitar álos latinos y no lo aciertan. 44 NÚMERO 4. “Fundación milagrosa de la Capilla del Pilar44 y excelencias de Zaragoza, por el P. F. Diego Murillo, 254 hizo en su alabanza yde sus mártires. (Escudo de armas de Zaragoza yálos costados, año 1619.) En Zaragoza, por Juan de Lanaja yQuartanet. Imprenta del Reino de Aragón yde la Universidad. La Aprobación tiene la fecha del 30 Setiembre de 1619 yla licencia del 26 de Octubre, Un volumen en 4.° de 304 folios. Contiene las numerosas composiciones premiadas en el certámen. —“Historias eclesiásticas yseculares de Aragón en que se continúan los anales de Zurita, desde el año de 1556, hasta el de 1618.“ Dos volúmenes en folio por el doctor don Vicente Blasco de Lanuza, Canónigo penitenciario de la Santa Iglesia Metropolitana de Zaragoza ycalificador del Santo Oficio de la Inquisición. Año de 1622. Zaragoza. Juan de Lanaja imprenta del Reino yde la Universidad. —“Manual de los dominicos/' informe de los blasones mas gloriosos de la Religión de predicadores, por el maestro Fray Tomás Madalena, de el mismo orden. Zaragoza. Francisco Moreno. 1746. —“ Memorias literarias de Zaragoza, “por don Inocencio de Camón yFramulles. Año 1768. Zaragoza. —“Biblioteca Nueva de los escritores aragoneses, que florecieron desde el año de 1600 hasta 1640, su autor el doctor don Félix de Lastanosa yotros. Pamplona. 1799.7 NÚMERO 26. Esta noticia la trae Quevedo en su diatriba contra Aliaga. No la he hallado en ninguna otra parte. NÚMERO 27. Carrillo, Rector de la Universidad, dijo que Alia- *55 ga la había ilustrado “leyendo como leyó sagrada teología con grande provecho yaceptación de todos. “ Blasco de Lanuza escribe: “Fué catedrático de teología muchos años en esta universidad, enseñó yleyó con eminencia ysatisfacción grande. “Queda destruida la noticia relativa ála reprensión yextrañamiento. NÚMERO 28. “Relaciones de las cosas sucedidas en la córte de España,“por don Luis Cabrera de Córdoba. Impresa de Real órden hace pocos años. NUMERO 29. En la Biblioteca Nacional. Uncódice en folio. Sección de manuscritos G. —84, intitulado: “Papeles del Padre Confesor Fr. Luis de Aliaga tocantes ádiversos negocios de que se le ha pedido parecer ydel año de 1610.“ Está la portada escrita en el forro de pergamino’ Hay algunas otras consultas del mismo Aliaga. Además existen tres tomos de ellas en poder de los herederos del señor Cavanilles, según me ha manifestado el señor Fernandez Guerra. NUMERO 30. & Gaspar López de Funes. Véase el compendio, &c,\ de las Fiestas, de Luis Diez de Aux. NUMERO 31. 1606. Llegaban áSevilla los galeones de la Plata de Tierra Firme, con valor de mas de diez millones en cuya ocasión “no tomó S. M. mas de lo que le to- ^256 caba, entregándose el resto alos particulares aquienes venia consignado, circunstancia peregrina que asombró/4Véase Luis Cabrera. 4 4 Relaciones4*citadas. NÚMERO 32. “Relación de las órdenes que S. M. ha mandado dar por via del Consejo Supremo de Italia44 ásus vireyes del Reino de Sicilia en materias de gobierno y hacienda yde las respuestas que hay áellas desde principio del año de 162t> hasta fin de I60Q. 4MS. de la Biblioteca Nacional. I. 87. 44 En este códice existen antecedentes para poder juzgar de la importancia de esta prebenda. En 13 de Agosto de 1625 consultó el Consejo al Rey si obligaba al Archimandrita de Messina áresidir en esta ciudad. Se dijo que el Padre Luis de Aliaga, que disfrutaba la prebenda, no podia por su edad yachaques ir áSicilia, por lo que parecía que debia dársele una buena pensión yproveer en otro la dignidad. Conformóse el Rey ycuando se trataba de cumplimentar sus órdenes murió Aliaga, sustituyéndole don Diego de Requesens. En 23 de Enero, 1627, se mandó al Virey hiciese el espolió de lo que en Sicilia resultase pertenecer a Aliaga ,Archimandrita de Messina yPrior de San Andrés de Piara. Contestó Tavares que habia cumplido la orden. En 27 de Enero, 1628, se repitió. En 21 de Agosto contestóse que importaba 9000 escudos. En 28 de Mayo, 1630, se recibió otra comunicación del Virey diciendo que el espolio ascendia á 9500 escudos que estaban disponibles. NÚMERO 33. Entre las personas que en nombre de Aragón se 257 presentaron áAliaga para felicitarle, debemos citar aBartolomé Leonardo de Argensola. NÚMERO 34. Véase el manuscrito déla Biblioteca Nacional H.— 54, donde se encuentra un impreso anónimo que dice: “Copia ydeclaración de la plática que tuvo S. M. con el P. Florencia ysus hijos yotras personas de su Consejo ála hora de su muerte, 1621.“ Véase tambien otro papel MS. H—4—página 108. NÚMERO 35. Apuntamiento de cosas que van sucediendo en Madrid.“MS. Biblioteca Nacional, T. 234, “Be allí á poco rato, vióse bajar al confesor en una silla, sin que nadie le acompañase ni aun le hiciese cortesía ni mirase al rostro. “ NÚMERO 36. o Resumiremos en este lugar los principales papeles, sátiras ylibelos que circularon contra Aliaga luego de su caida. 1apel dado ai Rey beiipe IV, ano^l621, sobre lo que debe hacer antes de entablar estilo nuevo en el gobierno presente ylas causas de la destrucción de la monarquía.“Biblioteca Nacional. MS.—H.—54. Lióse ai Rey habiendo solo seis dias que reinaba. Como es posible que el dia menos esperado se pierda este documento, ápesar del celo que para evitar hechos parecidos ponen en juego los dignos empleados de la Biblioteca, no creemos escusado reproducir los párrafos que mas nos interesan, yque quizá apreciará 17 en mucho el que algún ella escriba la historia de aquellos tiempos calamitosos. Dice así: UE1 primero con quien parece forzoso esta ejecución es el Inquisidor General porque tratando de la conciencia de V. M., sabiendo todos de su celo real cuanto respetaba estas materias, las trató esta persona de suerte que mereció oir de su rey que le habia engañado en todo ycuanto por esta razón no fuera digno de castigo ejemplar por haberse cargado ambiciosamente de tantos ministerios tan grandes y distintos de que por su capacidad ydiversión de vicios ydilicia propia no pudo ni quiso jamás dar satisfacción ygrande es la necesidad de apartai le y castigalle para escarmiento ypor lo menos reformarle subrogando otra persona en su lugar. u Aeste papel siguieron otros muchos. Mé aquí un extracto fiel de otro memorial que circuló mucho en aquellos tiempos por Madrid ydel cual se hallan varias copias, con algunas variantes, en diferentes bibliotecas. (En la Nacional se encuentra con las marcas siguientes: sección de MS, CC.— g5_:H„97—Id—54. f.° 4Q4=:H—5Q.=:CC—-59=:H —I27.=S—10= En la Biblioteca de Palacio encuéntrase otra copia. (Sala 2. aH-3.) El señor Fernandez Guerra cita otra copia. 1'-Memoria!qdado áS. M. contra el confesor Aliaga. 14 Estracto: (I) Decíase en él que era público su bajo nacimiento en una aldea de Teruel, que habia estado de mozo de una tienda de paños, que le hablan visto áél yásu hermano llevarlos fardos al hombro. —Que después lo tomó Javierre por compañero para que le sirviera: que cuando cayó el de Yillalonga con (1) No hemos creído conveniente alterar el estilo bárbaro, ámenudo, de este documento. ¿5^ peligro de llevarse detrás al duque de Lerma, esté tomo por espediente recibir aAliaga de confesor para que templara al de S. M. yle encaminase ásus fines yen todo el tiempo en que se ocupó de esto, siempre estuvieron muy conformes; cuando murió el cardenal Javierre, Lerma le hizo confesor de S. M. yquiso Dios que elección de tan mala fé recayese en hombre ni bueno ni autorizado, ni bien nacido, ni de letras, ni de gobierno, pues luego se conocieron sus encuentros yemulaciones hasta la fin, que es tan público; diciéndose las verdades el uno al otro, acaso bastante para que cayeran entrambos, áno tomar el Duque de Uceda la parcialidad del confesor. Dicho Duque de Uceda apartado su padre, hízole dar la Inquisición general para tenerle mas obligado yásu devoción, ypara atajar yhacer noche el castigo de don Rodrigo Calderón. Todas las mercedes que se hicieron ádon Rodrigo las pidió Aliaga, en cambio el Duque le cargaba de pensiones, la plaza de Estado, ios Obispados para su hermano ylos acrecentamientos de los Secretarios Villanuevas, sus íntipios amigos, por cuya ocasión se hizo noche el castigo que merecían. Gayó el de Lerma yuniéndose Aliaga áUceda comenzó ádescubrir sus malas costumbres yambición de oficios yde negocios, adornando su casa con escritorios riquísimos, con piezas de plata ^preseas que le daban, mostrando su codicia; todo el mundo colgaba de su mano en la codicia de hacienda, mostraba su poca iehgion en tener la casa llena de monos, micos ylebreles no viendo un pobre ásu puerta, ygastando lo que pudiera un príncipe secular yprofano no perdiendo comedias, toros, ni fiestas públicas á vista deS. M. con grande escándalo de todo el pueblo que entre algunos religiosos es tenido por infame. Mostró también sus venganzas en muchos que 2Ó0 persiguió, su descortesia hasta con personas graves, su crápula yvicio en el comer abunclantísimamente, teniendo presente muchos títulos, ycaballeros en conversaciones profanas yharto indecentemente, aunos en pie yáotros descubiertos yámuchos de rodillas, que áesto se bajaban los codiciosos. Comenzó también ámostrar otras malas artes, como ser amigo de astrología yde los que la profesan no limpiamente, como lo permiten los derechos, sino en mucha nota de hechicerías, supersticiosas la bricas desiguales yotras cosas mal sonantes, de que nació el acumularle el cargo que se le hizo ante el te niente Barreda en tiempo del Presidente don Juan de Acuña, ydespués una visita que le hizo el pro vincial de Santo Domingo fray Pedro González Obispo que es agora de Palencia, en materias de torpezas de mujeres ymonjas: Se hizo todo noche yS. M. que está en el cielo, estubo tan engañado que lo tubo por persecución injusta, pero el tiempo ha mostrado aunque tarde, cuan fingida yaparente era la verdad y cuan natural yverdadero era el vicio: inventó aquella negra jornada de Portugal para apartar aS. Mde esta corte yde la señora Infanta Margarita, de los presidentes ypersonas religiosas que le daban aviso de cosas de su servicio ycuan intempestiva, dañosa ydesacertada fue, ni es menester encar gai .xO que hi zo allí de hacíchda de enemigos, de quejosos por su descortesía ymalos tratamientos, díganlo lo^ que a vieron: Sus mismos religiosos que juraban que en todo el tiempo que estuvo en su casa no supieron que dijese misa, ni puso los pies en el coro: la soberbia, la ocasión de hablar de sus liviandades no hay quien no lo sepa; ministros graves, testigos de todo esto, tiene V. M. cerca de sí, que si se lo pregunta dirán la verdad. Volvió de ella mas apoderado délos negocios yde la voluntad de S. M. para todo lo cual tenia al 2ÓI O Protonotario Villanueba que teniendo cuatro oficios no los servia yservia de ir del confesor al Duque de Uceda, concertándolos con las pretensiones propias, yde particulares en que se encontraban, siendo esto tan público que lloraban las piedras de verá tan San- to Rey tan engañado con tan malos ministros, áquien teniéndose ya por dueño de todo con la privanza, con la inquisición general, con el puesto de confesor, con la plaza de Estado, con las consultas de Hacienda, de Portugal, muchas de Aragón yotras partes, con mucha Renta, dinero yambición, comenzaron áavivarse todos sus vicios no habiendo hartos beneficios, abadías ypensiones para el solo: aqui era el comisario de astrólogos, de judiciarios ygente perdida por esta materia; tanto que habiéndole acusado aquel clérigo, de haber hechizado áS.M. yhablándose tan- to en este por la señora Infanta Margarita, por los religiosos descalzos yotros santísimos ypor el príncipe Filiberto, que todos se dolian de ver la opresión yengaño en que S. M. estaba, en el tiempo que esto andaba con mas calor; hallándose en San Lorenzo coiivS. M., tubo allí hospedado ásu misión ycon cama en la celda de su compañero, áFray Luis de León, un clérigo menor que habiendo sido fraile mercenario le echaron de la orden por hechicero por condenación yproceso que le hizo la Inquisición, yavisado de ello' el Príncipe Filiberto áS.M. don Beri^bé de Vivanco por mano de don Fernando Verdugo su cuñado, que es toda su privanza ylo ha sido siempre, le envió á decir que lo echasen luego de allí que parescia muy mal yque S. M. lo había mandado. En materia de tomar (en la presencia de Dios digo la verdad áV. M.) que D. Pedro de Aragón hijo del duque deTerranova, del Consejo de Italia, del me dijo, que el ysu madre la Duquesa de Terranova le habían dado mas de seis mil ducados en joyas ypre- t)262 seas, ylo mismo me dijeron criados suyos que andar! por esta corte yseria fácil de preguntar, ypuede se bien creer la fama pública que clesto corría yde lo que se sabe que desde Valladolid le envió el Duque de Lerma presente que valia mas de 12,000 ducados cuando puso casa, en plata, camas ycolgaduras yde los que dijeron públicamente por esta corte los marqueses de Cañete que después de habérseles comido 50 ó60,000 ducados con promesas ypalabras, les decía que no tenia S. M. que darles ycon fray Gaspar de Aguirre de la Orden de S. Benito le embió áquejar yáreñirles —Continuó siempre la plática con astrólogos, las figuras que les hacia levantar, es tan público que era esto tan público su entretenimiento, que no llegaba hombre ála corte desta profesión que no fuese muy comunicado, ayudado ypagado yfavorecido de su imano; muchos están aquí que lo dirán. Uno tiene hoy en dia, sino lo ha despedido de diez dias áesta parte, el cual es un clérigo que venia de Aragón ydijo que algunas personas álo que me dijo una de todo crédito, que venia ayudar el clérigo que estaba preso yen prosecución del mismo caso yhabiendo aportado casa de cierto ministro forastero aragonés, áquien siendo antes el confesor mal afecto le hizo hacer de S. M. dos mercedes sobre otra muy grande que tenia, yse tiene por cierto que le apartó de aquel proposito yle llevó ácasa del confesor y luego amaneció muy bien vestido ycon ración en su despensa, aunque no vive en su casa ysiendo esto asi que modo señor era de averiguar un proceso de cosa tan grave, como si se habia óno echizadoáS. M. por mano de un Inquisidor general que por privado podia perder áquien quisiere ycomo inquisidor general quemarle. Andando don Francisco Verdugo por una parte, por otra haciendo juntas de Obispos todos hechuras o 263 recientes de su mano, vuélvanse agora ápliego aquellos procesos por manos de hombres doctos ypláticos sacándolo del oficio ydel lugar yverá Y. M. que diferente cara hacen.= Yisitele la ocupación de privado, búsquesele la hacienda que se la administra uno de los secretarios Villanueva, búsquesele lo que ha enviado áAragón en diferentes veces, que presidentes tiene Y. M. de su mismo Reino, que le saben la vida yle sacarán la hacienda siete estados debajo de la tierra, yverá Y. M. si es ordinario socorro, ni tiempo malgastado el que se hará en visitarle. No es menor en algo su hermano el arzobispo de Yalencia, aunque entró ápies descalzos en aquella ciudad, pues después de entrado la ha tenido tres ó cuatro veces ápique de perderla yal Reino encontrándose con todo el, yvaliéndose de la privanza de su herm,0oprimiendo aquellos pobres vasallos tomando puntos con los vireyes sobre 110 quererle llamar excelencia, cosa la mas descompuesta que se sabe, pudiendo el con mucha honra servirles de criado, sino también aquella dignidad, ypor remate de sus ambiciones, vicios ydesgobierno, en una iglesia de 6000 ducados de renta con lo cual sus antepasados sustentaban ámedia Yalencia de limosnas, el no solo hadado un real que se sepa, sino en cambios yrecambios se ha perdido, de manera que habiei^o emprestillado álos mayores amigos que tenia en 30000 ducados de renta, con la cual áunos yen mas áotros ha hecho puerto, de acreedores, la primera cosa que se ha sabido ni oido jamás de prelado alguno católico. En las cosas de Aragón solas dos quiero contar á Y. M. del cilio confesor, de muchas que se le averiguan que teniendo preso áun sobrino suyo llamado juan Miguel de Palomares en las Cárceles públicas para ahorcar por insultos ydelitos gravísimos, dió ór~ 270 providencia fué divina redimir la inquisición, porque cualquiera ladrón de lo temporal, no escecle, pero el Inquisidor puede robarnos la salvación. Hé aquí otra: Comprenderle en la espulsion, mormorase que es ladrón, no lo afirmo, pero sé que en quien guarda poca fé no está bien la inquisición. Códice M. 200. Bib. Nac. Véase otro epigrama: Jam recesiit sicut fumus “Aliaga44 Aragonse et Laqueo contrictus est et nos liberati sumáis. Ved lo que en el mundo pasa pero áninguno traspasa: ver entan mísero caso al que' de nadie hizo caso yde todos hizo casa. (1) En el propio códice ymas adelante se halla esta décima de Villamediana; Sancho Panza, el “confesor44 (I) BeNac. MS. T. 234. ^7i del ya difunto monarca que de la nave del arca fué de Osuna sangrador; el cuchillo del dolor lleva áHuete atravesado, en tan miserable estado, yque será (según he oido) de Inquisidor inquirido de confesor confesado. Publicáronse ála vez sermones burlescos ysatíricos. Uno decia: Per signu cruces de ávara tengan los enemigos en la cara: líbranos Señor de vistas del doctor no tengan las monjas padre, ni perrito que las labre Amen Jesús. Quod natura dat Nemo negare ai ñipóte Al capítulo sexto Don Quijote. Según Villamediana, Aliaga era conocido con el apodo de Sancho Panza. Siendo esto así, yconstando por el testimonio de Quevedo que estos sermones se escribieron contra Osuna yAliaga, parece que á este último pueden aplicarse las dos s^ Jiras siguientes: ... ypues de San Antón hoy es el dia, al Santo se ha de hacer el alegría. Yno que las devotas consagren esta fiesta álas bellotas, que no lleva camino solicitar bellotas al ucochinou(1) (1) Entre esta palabra yel nombre Sancho pa rece que en lo antiguo hubo alguna relación. o272 yfuera asunto terco hacer tan gran fiesta para un puerco: Pero por él, responda Don Quijote. Lo que natura dat nenio negare al ñipóte. Si realmente se referian estos versos áAliaga, lo del (ñipóte) sobrino debia aludir al Obispo de Lérida, sobrino realmente del ex-confesor, el cual lo habia elevado áaquella dignidad, donde se mostró no me nos licencioso que su tio. Existe en la Biblioteca Nacional MS. H.—57 un papel que dice en la cubierta: “Conde de Chinchón— Dipp—Consejo de Aragón— con una consulta sobre el memorial que se dió S. M. contra el Obispo de Lérida. Año 1624.“ El memorial denuncia el escandaloso comportamiento del Reverendo, que no solo daba títulos falsos, sino que vivia ilícitamente con varias mujeres, permitiéndose los escesos mas vergonzosos. Enumeranse estos al poi menor. E11 20 de Enero dispuso el rey se pasara al Consejo de Aragón; este dispuso el 10 de Marzo que se hiciera una información secreta en Valencia yLérida: conformóse el Rey: Bajo el epígrafe de uálos ministros yprivados del Rey D. Felipe III, escribió Villamediana una sátira donde se halla lo que antes hemos reproducido y otros: una empieza así: (1) Al confesor que en privanza fué con todo descortes, &c. Luego se leen las décimas que comienzan con estos versos: Sancho Panza el confesor, &c. (1) Sátiras. Villamediana.-—Biblioteca Nacional. M—8—M, 200. 273 Del confesor se imagina, &c. Murió Felipe TIL &c. No las reproducimos por ser harto conocidas. También Quevedo en sus “Grandes Anales de Quince dias trato mal al dominico aragonés NÚMERO 37. “Para vuestra conveniencia ymi servicio, convíe-* ne esteis en la ciudad de Huete dentro de dos dias, donde vuestro confesor os ordenará lo que habéis de hacer. Madrid yAbril 22 de 1621. Yo el Rey/4 NUMERO 38. •'MS. T. 234. Biblioteca Nacional/ 4 “Viernes 21 de Abril (debió decir 28J 9de la mañana. Salió de esta corte por mandado del S. M. el P. Fr. Luis de Aliaga, Inquisidor general, habiéndosele enviado anotificar con Villegas, administrador del Arzobispado de Toledo, con orden que vaya via iecta aHuete de Cuenca, sin detenerse yesté recluí * do en un convento que hay allí en desierto, de su hábito, sin salir de allí, quitándole los ^cios; yfué sin compañero ycon dos criados/ 4 NUMERO 39. La complicidad de Aliagaen los malos manejos que se atribulan áOsuna, resultó probada. Véase la causa que al mismo se siguió yáUceda yOsuna, que existe en Gracia yJusticia, según afirma el señor Fernandez-Guerra. Dicho señor ha publicado en el se- 18 374 gundo tomo de las obras de Quevedo carias cartas de este áOsuna, de donde se deduce que Aliaga sostenia la causa del último, recibiendo regalos por el servicio. Quevedo era medianero en estos tratos. Una carta fecha 21 de Febrero de 1616, demuestra que la amistad entre Osuna yAliaga databa de antiguo, pues dice Quevedo en ella: “El Padre confesor es purísimo amigo de vuecelencia yreconocidísimo ála oferta que vuecelencia le envió áhacer desde Pe ñafiel cuando murió Javierre, yámi me lo ha dicho, yes valentísimo amigo. 44 f, 'Cuando cayó Aliaga, Quevedo escribió contra el en los “Grandes Anales de quince dias, “diciendoentre cosas que fué hijo de padres humildes yque habiéndose mostrado licencioso en alguna proposición, cuando leia teología en Zaragoza, fué apartado de la ciudad con reprensión. Ya hemos visto que esto es inexacto. Quevedo debió escribir ateniéndose amfor mes apasionados yfalsos, pues tanto lo uno como lo otro carecía de fundamento. Ylo estraño es que el mismo Quevedo que tan íntimas relaciones mantuvo con Aliaga, siendo el mediador entre este yOsuna, sacara después ála vergüenza ásu cómplice en el ci tado escrito, aunque en otro parecía defenderle. Don Antonio Valladares ha publicado en el bemanario Erudito,“tomo sesto, un memorial de Quevedo contra Orares. En él, censurándose la conducta de este ministro, se lee: “Prendió al Duque deUceda, sin otro pretexto que ser amigo del Duque de Csu na yal Secretario de Uceda por serlo, con que e Duque murió en la prisión yel secreto padeció esautorizó al confesor de S. M. pasada, Fr. Luis Aliaga, quitándole los empleos que poseía. u NÚMERO 40. Hicimos cuantas diligencias fueron posibles para descubrir el proceso que se siguió áAliaga sobre el asunto del reino de Valencia, sin obtener resultado satisfactorio. En el tomo tercero de Latassa se lee que el Superior Consejo de Aragón en 15 de Diciembre de 1625 le declaró libre del cargo condenando al impostor ágaleras. El Rey le escribió una carta satisfaciéndole. Habiendo nosotros acudido al Archivo de la Corona de Aragón en busca de antecedentes, recibimos por conducto de nuestro amigo el ilustrado escritor señor Feu, la siguiente respuesta del diligente bibliotecario que guarda aquel tesoro. Don Antonio de Bofarull áD. J. Leopoldo Feu.™ Barcelona 17 Enero 1871.—....Desde la unión de las Coronas, no habiendo corte ni cancillería en Barcelona, entraron solo en el archivo los registros ele Lugartenencia de Cataluña, sin que en él hayan existido jamás procesos ni expedientes, ysí tan solo causas políticas ópor razón de Estado de los antiguos Reyes: yai erigirse el Supremo Consejo de Aragón en la Córte, única ócentral, cometióse la irregularidad de remitir todos sus papeles no al archivo de la antigua nacionalidad que representaba, sino al de Simancas; pero como estos los hayaaos adquirido ya, hace pocos años, los he examinado y, como resultado, puedo decirle, que entre ellos no existe ningún proceso ni causa, ni menos legajos óregistros que comprendan esclusivamente sentencias, de todo lo que vengo adeducir que cualquier sentencia que se busque ha de ir unida áun proceso yeste, si no existe en un depósito particular úotros generales, mas ómenos propios, hemos de darlo ópor extraviado ópor anonadado en alguna délas indiscretas que- 2j6 mas, que, por sistema se practicaban antes, hasta en las audiencias, de lo que llamaban papeles inútiles. “ Respecto al proceso de la Inquisición sabemos lo que sobre él escribe Llórente en su “Historia crítica de la Inquisición. “Tomo octavo. Edición de Madrid de 1829, página 125. NÚMERO 41. “Borrador de la Biblioteca de Scriptores del Reino de Aragón que escribe el Dr. Juan Francisco Andrés (de Uztarros) cronista del mismo reino (MS. de la Biblioteca Nacional. CC.=77.) Al pié de la portada una papeleta impresa que dice: “De la Biblioteca de Vicencio de Lastanosa, caball0Infanzón, ciudadano de Huesca yseñor de Figaruelos.“ Este códice fué consultado por D. Nicolás Antonio. Contiene algunas notas de Dormer. “Aganipe de los Cisnes Aragoneses, celebrados en el Clarín de la fama, escribióla el doctor Juan Francisco Andrés, cronista del Reyno de Aragón. Año MDGIII. (MS. de la Biblioteca Nacional.) Este códice fué impreso según Latassa, en Amsterdam en 1781, por don. Ignacio de Asso, quien lo ilustró con notas yun curioso prólogo. yNUMERO 42. Véase Vicencio de Lanuza. NUMERO 43. Ballestee.“Identidad de la imágen del Cristo de S. Salvador de Valencia con la sacrosanta imágen de Christo de la ciudad de Berito en Tierra Santa. Su autor Juan B. Ballester, arcediano de Murviedro en 277 la Sta. Metropolitana Iglesia de Valencia. Gerónimo Vilagrasa. 1672.“ Un volumen en cuarto. NUMERO 44. Echard. “Scriptores Ordinis Prsedicatorum Recensiti, &c. ,&c., por Quetif yEchard .Lutetne Parísiorum. 44 MDCGXXI. NUMERO 45. Véase Latassa. NUMERO 46. Historia de la Universidad de Zaragoza. MS. de la Biblioteca Nacional de 96 páginas. D.—96. Refiriéndose el autor al 12 de Mayo de 1603 dice a1a, hoja 62 vuelta: “La cátedra de Sancto Tomás tuvo Fray Nicolás Crespo, tiénela ahora fray Luis Aliaga de la Orden de Predicadores, su salario es 70 libras44 ™ % NUMERO 47. El erudito investigador de la vida de Lope de Vega, don Cayetano Alberto de la Barrera, ha demostrado que aquel ingenio residia en áívilla en 1601 y que de allí salió para Toledo, regresando nuevamente ála capital de Andalucía, donde imprimió el 4 4 Peregrino, 4 4 dedicándolo al marqués de Priego, según dedicatoria firmada en dicha ciudad el 31 de Diciembre de 1603. Hasta el 4 de Agosto de 1604 no se le halla en Toledo. También Cervantes residió en Sevilla por aquella época. 278 NUMERO 48. En una carta ele Lope, sin fecha, se lee: UE1 confesor bueno yretebueno44 ynada mas. En otra: “ayer fue el confesor al Escorial ya bueno. “ En 6de Julio de 1611 decia: “Pero Garcia el médico celebradísimo yúnico, trahido de su cátedra de Alcalá ácurar al confesor. 44 NUMERO 49. Hemos adquirido este convencimiento después de un examen detenido yconcienzudo del asunto. Tratándose de la bibliografía de Quevedo, la autoridad por hoy aceptada yreconocida es el notable estudio publicado acerca de ella en la “Biblioteca de Autores Españoles44 por el señor Fernandez Guerra, quien no ha escusado medio, diligencia ni fatiga para inquirir cuanto pudiera completar yperfeccionar su trabajo, ypor cierto que lo que en él no se encuentre difícilmente se hallará en otra parte. Ahora bien, el señor Fernandez Guerra publica en el tomo primero el Catálogo de las obras de Quevedo, clasificadas yordenadas. Bajo el epígrafe 4'Discursos críticos-literarios44 yal número 115 léese textual lo siguiente: “Cuento de cuentos. Donde se leen juntas las vulgaridades rústicas que aun duran en nuestra habla, barridas de la conversación. (1626-1626) Existe el manuscrito original de letra del amanuense de Quevedo.44 En el tomo segundo se incluye el Cuento de Cuentos yal principio se halla un curiosísimo Registro de los manuscritos que se han confrontado para la impresión del segundo tomo.44 Al número 24 leo esto: “24 D. Fran.co quebedo Villegas áD. Antonio de 279 © Messa yLeiba. La fecha ele esta dedicatoria es 19 de Marzo de 1626. Sigue el “Quento de Quentos.44 Acaba, “el padre que daba gracias áDios de ber acabada la boda. Es como te lo quento, hermano de la vida. 44 Al fin se lee de lápiz. “N.B. Desgloso esta copia del Cuento de Cuentos de un tomo MS. de Papeles varios que perteneció áD. Andrés González de Barcia Carvalledo el año de 1595. B. J. Gallardo™Copía de 1627, de que hoy es dueño el señor don Juan Antonio Gallardo. (Cinco fojas útiles en 4.°) 25 D. Fran.co de quevedo Villegas ádon Antonio de Mesa yleiva. MS. contemporáneo, de la biblioteca de Salazar. L. 69 de la Real Academia de la Historia, incompleto yde escaso mérito. (Siete fojas en 4.°)“ Visto que no citaba el señor Fernandez Guerra la copia auténtica del “Cuento de Cuentos, 44 original de letra del amanuense de Quevedo, recurrí ásu fina amistad para que se sirviera descifrarme el enigma. El señor Fernandez Guerra se ha servido manifestarme que estampó aquella noticia con referencia ádon Agustín Duran, que se la trasmitiera, pero que no llegó áver la copia referida. Resulta, pues, que go se conoce ese manuscrito auténtico yoriginal. Al reimprimir el 4'Cuento de Cuentos,44 en una erudita nota dice el señor Fernandez Guerra que “sospecha44 que vió la luz áprincipios de 1626, en Huesca. No dice en qué se funda e#sospecha, (a) pero pocos renglones mas abajo escribe: '“Tengo noticias de las siguientes ediciones del '“Cuento de Cuentos. 44 En la colección de obras satí- (a) Escrito esto he sabido que el señor Fernandez Guerra fundó su sospecha en que Quevedo suscribió el “Cuento de Cuentos44 en Huesca en 17 de Marzo de 1626 yen que estuvo en dicha ciudad según todos los cálculos mas racionales. INDICE. Prólogo Vil CERVANTES YLUIS DE ALIAGA. IAparición clel falso D. Quijote. .... 11.. .. La critica en busca del autor anónimo. . 111.. Biografía apócrifa de Aliaga. IV. .Biografía auténtica de Aliaga. .... V.... ¿Es Aliaga autor del falso D. Quijote? .. VI. .¿Con qué fin se escribió el Quijote anónimo?. VII .Exito del Quijote. —Los Emulos —Ladesventura de Cervantes. VIII Aliaga yCervantes^—Resumen. .... EL BARRIO DE LAS MUSAS ÓDE CERVANTES. EL SENTIDO OCULTO DEL QUIJOTE. . LA CABALLERÍA ANDANTF^Y DON QUIJOTE ¿NECESITA EL QUIJOTE COMENTARIOS? LA SEPULTURA DE CERVANTES. .. ILUSTRACIONES YNOTAS. ..... 1 9 32 40 50 65 83 108 117 139 169 195 219 245 OBRAS DE FRANCISCO M. TUBINO. MURILLO, SU EPOCA, SU VIDA, SUS CUADROS. 3pesetas, PABLO DE CÉSPEDES, premiado en singular certamen con medalla de oro por la Academia Nacional de Bellas Artes. 5pesetas, EL ARTE Y LOS ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS EN LA PENÍNSULA. * 5pesetas. VIAJE CIENTÍFICO ÁDINAMARCA YSUECIA, en colaboración con el Doctor Vilano-va, 10 pesetas. CERVANTES YEL QUIJOTE. J Madrid 5pesetas. Provincias 5’ 50 ' EN PREPARACION: CASTILLA BAJO EL REINADO DE PEDRO I. OBRAS DE BENITO PEREZ GALDÓS. LA FONTANA DE ORO. 3pesetas. EL AUDAZ. Historia de un Radical de Antaño, 3pesetas. __ SEVILLA -LA ANDALUCÍA,