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García Dauder, S.; Pérez Sedeño, E., "Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres", 2017 [Reseña]

Villamor Iglesias, Alejandro

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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 56, julio-septiembre (2017) pp.: 333-336. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X García DauDer, S.; Pérez SeDeño, e.: Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres. Madrid: Los Libros de la Catarata, 2017, 254 pp. Alejandro Villamor Iglesias Universidad de Santiago de Compostela (España) Si algún día se nos ocurriera, mientras caminamos por la calle, preguntar aleatoriamente a los viandantes por el número de grandes mujeres científicas que conocen, posiblemente no conseguiremos muchas referencias más allá de las clásicas Hipatia de Alejandría o Marie Curie. La presente obra, Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres, fruto del trabajo colectivo de las profesoras Silvia García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño, no sólo ahonda en la flagrante invisibilidad que las científicas han sufrido. Este trabajo vincula el mentado silenciamiento histórico de un determinado sector de la humanidad, con el propio quehacer científico. Es decir, el techo de cristal con el que las mujeres de distintas épocas se han topado a la hora de, simplemente, intentar hacer ciencia no está exento de consecuencias. Una de las más evidentes consiste en la producción sistemática de falsedades, en algunos casos verdaderamente aberrantes, ornamentadas con una fachada de cientificidad que dificultó sobremanera su desvelamiento. A esta clase de “falsedades científicas” dedicarán las autoras el primer capítulo. Posteriormente, el segundo capítulo de la obra indagará sobre la manifiesta ignorancia que recubre el papel de las mujeres en las diferentes disciplinas científicas. El tercer capítulo versa sobre aquellos conocimientos acerca de las mujeres interesadamente ocultados. La ulterior parte dirige el foco no hacia verdades, aunque conocidas como tales, soterradas, sino hacia aquellas falsedades fabricadas con determinados fines. Finalmente, el quinto capítulo del libro procura desmenuzar los sesgos sexistas y androcéntricos presentes en los distintos procesos de investigación científica en un sentido más general que los anteriores apartados. Aproximémonos de una forma un tanto más pormenorizada a cada una de estas secciones. Tras una breve introducción, la obra comienza presentando algunas de las principales teorías, aceptadas como científicas, que contienen en suma medida y subrepticiamente los estereotipos de género. Baste rememorar el uso de la teoría de la evolución darwiniana, incluso por su propio autor, como medio a través del cual justificar una serie de diferencias biológicas, innatas, entre Alejandro Villamor Iglesias Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 333-336. 334 aquel colectivo de individuos categorizado como “hombres”, frente a aquel otro denominado “mujeres”. De este modo, el mismo Darwin consideró que, tal y como sucede entre toro y vaca, en la selección sexual reside la razón de ser de la posesión de una serie de rasgos “superiores” por parte de los hombres con respecto a las mujeres. Estando “la idiosincrasia propia” de estas últimas vinculada con un conjunto de “estados menos evolucionados” (p. 26) y, en consecuencia, más imperfectos. En una línea semejante, los defensores del determinismo biológico, ora en la sociobiología ora en la psicología evolutiva, a través de su pretensión de reducirlo todo a lo estrictamente biológico, olvidan el papel de vital importancia que juega el proceso de inculturación. Así como también los contraejemplos a algunas de sus tesis presentadas, por ejemplo, por parte de algunas primatólogas que constataron la existencia de promiscuidad en chimpancés hembra, frente al mantra acerca de las ventajas evolutivas que la fidelidad conllevó para las mujeres, reiterado en estos campos hasta la saciedad. A pesar de las evidencias que apuntan a la relevancia de los factores de carácter ambiental, estas “falsedades científicas”, como la de la “inferioridad cognitiva” de las mujeres en ciencias como las matemáticas, todavía son hoy una constante. El capítulo 2, “Los silencios y las invisibilizaciones de las mujeres en la ciencia”, relata la manera en que las diferentes prácticas de producción de ignorancia presentadas por Nancy Tuana en “The speculum of ignorance: The women’s health movement and epistemologies of ignorance”, explican tanto la ausencia o, mejor dicho, el silenciamiento de las mujeres como sujetos en ciencia, así como la investigación de su salud. Desde el “saber que no se sabe, sin que importe” hasta el “cuando no quieren que sepamos”, pasando por el “ni siquiera se sabe que no se sabe”, en la historia de la ciencia se ha enmudecido la voz de importantes científicas como Agnes Pockels, Nettie Stevens, Rosalind Franklin, Frieda Robscheit-Robbins y un dilatado etcétera. Todo esto, presumiblemente, por mor de unos efectos, como el “efecto Matilda” o el “efecto Pigmalión”, según el cual “el rendimiento de las personas sobre las que hay mayores expectativas termina siendo mejor” (p. 74), que lastran la posibilidad de que, aun contando con mayores méritos, las mujeres tengan mayores dificultades para acceder a reconocimientos, como por ejemplo el del premio Nobel. Estrechamente vinculado al precedente capítulo, “Los secretos o lo que la ciencia oculta sobre las mujeres” alude fundamentalmente, dentro de esta “epistemología de la ignorancia”, a la verdad “que se sabe, pero no se cuenta”. Decimos que estrechamente vinculado puesto que posiblemente es debido a las trabas que desde antaño se han abanderado contra la presencia de mujeres científicas que todavía en el pasado siglo hayamos tenido que presenciar “el ocultamiento de la anatomía sexual femenina Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 333-336. García DauDer, S., Pérez SeDeño, e.: LaS ‘mentiraS’ científicaS Sobre LaS mujereS 335 sin fines reproductivos” (p. 15). Algo que muestra a la perfección el mismo debate histórico acerca de la existencia de la eyaculación femenina, u otros como el relativo al clítoris o a la próstata femenina. El cuarto capítulo, “Invenciones científica sobre las mujeres”, nos remite a todas aquellas invenciones “científicas” –propias de una “mala ciencia”− que se encuentran fomentadas por estrategias de marketing de, en muchos casos paradigmáticos, empresas farmacéuticas. Así, literalmente, las empresas “fabrican enfermedades ad hoc” (p. 145), mediante la creación de determinados grupos de investigación interesada, con el fin obvio de detentar beneficios económicos. La atribución de ciertas enfermedades de índole fisiológica y mental a las mujeres no se puede considerar otra cosa que un himeneo entre el androcentrismo y sexismo presentes en la investigación médica con la rentabilidad económica. Por una parte, nos encontramos con la patologización de algunos cambios naturales como los propios del momento premenstrual. Surgiría así, en torno a los años de la Gran Depresión de la mano del ginecólogo Robert Frank, según las autoras, el llamado “síndrome premenstrual”. Con este se torna una cierta “experiencia de tensión” en un “síndrome” con “más de cien posibles «síntomas»” (p. 165). Este paso del mero “cambio” al “síntoma”, por supuesto, repercutirá en la creación de un tratamiento farmacológico acorde. Más allá de este ejemplo particular habrá otros tan llamativos como el de la denominada “disfunción sexual femenina”, tomada como acicate para el desarrollo de la “viagra rosa” destinada a mujeres. El cual, este último caso, muestra con nitidez la curiosa aplicación de soluciones médicas destinadas a los hombres para las mujeres. “Sesgos de género en la práctica científica e investigadora” es el último capítulo de esta obra. En él las autoras analizan la construcción de las mujeres, en términos de Simone de Beauvoir, como lo otro en relación con los hombres durante todo el proceso de investigación científica. Los estereotipos de género distorsionan, en mayor o menor medida: la formulación de las hipótesis, la definición de las variables, los diseños y muestras empleadas, la recogida y análisis de los datos o, especialmente, la interpretación de los datos obtenidos. Esto último propiciado por un lenguaje ya contaminado por el sexismo de antemano. Realizado este somero recorrido por las diferentes partes que componen la presente obra, puede resultar ahora menos comprometido afirmar con las autoras que la investigación científica se encontró, y se encuentra, empañada por juicios de valor discriminatorios. Sucede que las mujeres no sólo se han encontrado con numerosos problemas a lo largo y ancho de la historia para poder hacer ciencia, ni que aquellas que lo han conseguido hayan sido silenciadas, sino también que, como consecuencia de esta pronunciada ausencia, existen en la actualidad numerosas lagunas Alejandro Villamor Iglesias Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 333-336. 336 y orientaciones cuanto menos sospechosas en la investigación acerca del cuerpo y salud de las mujeres. La reclamación del libro es clara: en aras de esa objetividad y neutralidad que desde las diversas disciplinas científicas se atribuyen, se hace necesaria la eliminación de prejuicios de cualquier tipo en la investigación. Los beneficios que esta “democracia cognitiva” acarrearían para el desenvolvimiento científico son indudables puesto que, en la construcción del género, la mirada de colectivos con un pensamiento alternativo no puede más que suponer un enriquecimiento. En la medida en que consideremos a Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres como un paso hacia ese fin, se esté de acuerdo o no con ellas, la relevancia y solidez de las tesis mantenidas pueden ser difícilmente puestas en duda.