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La transgresión del cuerpo en la sátira antiáulica española renacentista

Martínez Navarro, María del Rosario

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La transgresión del cuerpo en la sátira antiáulica española renacentista1 María del Rosario Martínez Navarro Universidad de Sevilla Con un origen lucianesco, la sátira antiáulica se inserta en una larga tradición tópica en la que se considera a la corte como nefasto lugar de corrupción, vicios y penurias (ambición, envidia, soberbia, avaricia, hipocresía, lujuria, adulación, gula, escasez, ingratitud, enfermedad, traición, esclavitud…), así como un mar tempestuoso (mare malorum)2; por tanto, se vincula, a su vez, a la rica imagen de la nave y es tratada por importantes autores medievales y prerrenacentistas, convirtiéndose en un subgénero de vital importancia en el Renacimiento e igualmente en vigor en el siglo sucesivo, como oposición crítica al ideal de El cortesano de Baltasar de Castiglione y de otras obras con esa marcada dirección procortesana. Por citar tan solo algunos de los ejemplos más representativos de este anticortesanismo, desde los primeros testimonios de Horacio o Juvenal, esta literatura se sucede en el tiempo y mantiene su legado en numerosas manifestaciones europeas como el De Nugis Curialium del inglés Walter Map, el De curialium miseriis, del destacado pontífice italiano Eneas Silvio Piccolomini (Pío II), o el Misaulus sive Aula del humanista alemán Ulrich von Hutten, entre otras. En la literatura española está representada, principalmente, por las aportaciones primordiales de fray Antonio de Guevara y de Cristóbal de Castillejo, con el Menosprecio de corte y alabanza de aldea y el Aula de cortesanos, respectivamente, en las que ambos hacen una descripción detallada de las miserias de este mundo. En concreto, el último, de formación cosmopolita y amplísima experiencia cortesana, 1 Este trabajo se enmarca dentro del proyecto de investigación “Del Sujeto a la Institución Literaria en la Edad Moderna: Procesos de Mediación” (FFI2014-54367-C2-2-R). 2 Ver María del Rosario MARTÍNEZ NAVARRO, «La corte como mare malorum: tradición y fuentes para un tópico renacentista», in S òn ia BOADAS, Félix Ernesto CHÁVEZ y Daniel GARCÍA VICENS, ed., La tinta en la clepsidra: fuentes, historia y tradición en la literatura hispánica, Barcelona, PPU. Promociones y Publicaciones Universitarias S. A., 2012, p. 35-50. M. del R. Martínez Navarro, « La transgresión del cuerpo en la sátira antiáulica española renacentista », Atlante. Revue d’Études Romanes, 5, 2016, p. 56-78. ISSN 2426-394X 57 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 resulta fundamental para la literatura del siglo XVI y, en definitiva, para el discurso antiáulico español por el reiterado cultivo que hizo del tema en muchas de sus obras y, sobre todo, por la peculiaridad que supone el haber trasladado al verso las críticas del ámbito palaciego, desarrollando, con ello, además, un lenguaje que anticipa aquel del teatro barroco español. De esta forma, la idea de la corte como un sitio donde la felicidad y la virtud brillan por su ausencia la reelabora Castillejo, por ejemplo, en su Canción a Nuestra Señora, viniendo en la mar, uno de sus poemas de devoción entroncados, a nuestro juicio, con la metáfora de la corte como navigatio y mare malorum 3 ; en ella alude al «cuerpo vicioso» en el espacio no solo de un mar alegórico entendido en el sentido religioso y trascendental de mundo y de pecado propio de la tradición medieval, sino también en alusión velada y satírica a la corte y a los peligros que allí se encuentran y de los vicios de los que se contaminan sus habitantes, además de una advertencia a la posibilidad del mal gobernar del señor a través de la comparación con un piloto 4 . Mediante el uso agudo de un léxico específico relacionado con la marinería 5 , Castillejo expresa que para sobrevivir a este «mar de males» encrespado como es la vida cortesana hay que tener los cinco sentidos bien despiertos y no dejarse llevar por instintos que nublen la razón y que lleven a la locura y al caos, por otra parte propias del aula, por la mala gestión del monarca y de sus privados. Las bajadas y subidas provocadas por la mudable Fortuna se materializan asimismo (v. 13-44): 3 Sobre este y otros textos como la letrilla amorosa «Lo que quiero me es contrario» y su relación con el tema de la corte como mare malorum y lugar de enfermedad, ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, «Amantes náufragos en el mar de la corte: la visión antiáulica del amor en la obra de Cristóbal de Castillejo», in María BASTIANES, Guillermo GÓMEZ SÁNCHEZ-FERRER y Ana MARTÍNEZ MUÑOZ, coord., A hombros de gigantes: nuevas líneas de investigación en literaturas hispánicas, Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, nº 33 (extra), 2015, p. 137-149. 4 Acerca de este motivo, ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, «La imagen del buen piloto como prudente gobernante en la sátira anticortesana española del siglo XVI», in Eduardo TORRES COROMINAS, coord., Poesía y Corte en el siglo XVI, Calíope. Journal of the Society for Renaissance and Baroque Hispanic Poetry, vol. 22, nº 1, 2017, p. 117-140. 5 Acerca del léxico de marinería de Castillejo, ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, La literatura anticortesana de Cristóbal de Castillejo: estudio especial del ‘Aula de cortesanos’, Vigo, Academia del Hispanismo, 2016. 58 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 Guardad la fusta en que vamos, qu’es nuestro cuerpo vicioso, deste mar, tempestüoso mundo por do navegamos. La quilla del sustentar, qu’es la carne peligrosa, vaya siempre temerosa adónde podrá topar. La proa, qu’es el desseo, no se empache en lo que se topa; la voluntad, qu’es la popa, no la hiera devaneo; y el piloto governar, qu’es el flaco seso humano, lleve tal tiento en la mano, que la sepa encaminar. El mástel, qu’es la razón, de tantas cuerdas asido, vaya enhiesto, no torcido, no le doblegue passión. Para atar y desatar suban y baxen ligeros otros que son marineros, puestos para executar. Las velas por do se guía, que son los cinco sentidos, sean de vientos heridos que vengan sin travesía; y si no pudiere andar nuestra flaqueza mezquina, 59 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 viento en popa a la bolina sepa al menos navegar 6 . En esta misma doble línea religiosa y política, ya el Canciller Ayala anteriormente en su Rimado de Palacio señalaba cómo el mal gobierno repercute intrínsecamente en el malestar corporal y anímico de sus súbditos, víctimas in eternis de ese ambiente de necedad, trabajos e ingratitud. Pero López de Ayala describe la dificultad de entrar en la corte, para luego cobrar sus innumerables servicios, el malvivir cotidiano y los peligros que acarrea, motivos antiáulicos relacionados con la eterna queja de los servidores que exponen, así, sus cuitas al darlo —y perderlo— todo por la corte. De esta manera, incluye el motivo de la fatal decisión de hacerse cortesano y de los años allí servidos y perdidos, tan recurrentes en toda la tradición antiáulica europea (sirvan como ejemplo los italianos Ludovico Ariosto, Francesco Berni, Cesare Caporali y, de nuevo, Piccolomini; junto a Hutten y Castillejo, entre otros) 7 : Las cortes de los reyes ¿quién las podría pensar? ¡cuánto mal e trabajo el omne ha de pasar!: perigros en el cuerpo e el alma condenar, los bienes e el algo, sienpre lo aventurar. Si mill annos los syrvo e un día fallesco, dizen que muchos males e penas les meresco; si por ellos en cuitas e cuidados padesco, dizen que como neçio, por mi culpa, peresco 8 . 6 Canción…, en Cristóbal de CASTILLEJO, Obra completa, ed. Rogelio REYES CANO, Madrid, Biblioteca Castro, 1998, p. 726-727. Para todos los textos de Castillejo se seguirá esta misma edición. 7 Ver Rodrigo CACHO CASAL, La poesía burlesca de Quevedo y sus modelos italianos, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2003; Vittorio CIAN, La satira, Milano, F. Vallardi, 1938-1939, vol. II; M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, «Cristóbal de Castillejo y la literatura antiáulica italiana», in Patrizia BOTTA, ed., Rumbos del hispanismo en el umbral del Cincuentenario de la AIH, vol. III: María Luisa CERRON PUGA, Siglo de Oro (prosa y poesía), Roma, Bagatto Libri, 2012, p. 84-94. 8 Pero LÓPEZ DE AYALA, Rimado de palacio, edición, introducción y notas de H. Salvador Martínez, Nueva York, Peter Lang, 2000, p. 73-74. 60 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 Las numerosas dificultades y padecimientos que los cortesanos encuentran en su día a día de servicio acaban por pasar factura y verse manifestados a través de distintos síntomas corporales, como detalla Guevara en el capítulo primero («Que más corazón es menester para sufrir la Corte, que para andar en la guerra») de su Aviso de privados: Estas, y otras cosas muchas passan los infelices cortesanos, a las quales ninguno dara credito, sino el que vuiere sido cortesano. Si vn cortesano que fuesse anciano, y cuerdo, se parase a contar los fauores, y disfauores, las penurias, y abundancias, las amistades, y enemistades, los contentamientos y descotentos, y las honras è infamias que ha passado en la corte, creo que no nos escandalizaríamos de cuerpo que tal ha passado, y de coraçon que tal ha sufrido 9 . En sus Epístolas familiares 14 y 32 opina que tanto para el cuerpo como para el alma es mucho mejor la vida retirada conventual que la cortesana: Otras enfermedades hay en esta corte que no son corporales, sino espirituales, así como iras, envidias, competencias, rencores, bandos y homicidios; las cuales enfermedades consisten, no en que andan los cuerpos dañados, sino en que están los baços hinchados y los hígados podridos 10 . Pues verdad, que es apazible la vida de la corte para tener appetito della? Sino que alli sufrimos hambre, frio, sed, cansancio, pobreza, tristeza, enojos, disfavores, y persecuciones: lo qual todo se sufre, porque no ay quien nos quite la libertad: ni nos pida cuenta de la 9 Antonio de GUEVARA, Aviso y doctrina de cortesanos compuesto por el Ilustre, y Reuerendissimo señor don Antonio de Gueuara, Obispo de Mondoñedo, Predicador, y Choronista, y del Consejo de su Magestad. Dirigido al Ilustre señor don Francisco de los Cobos, Comendador mayor de Leon, del consejo de estado de su Magestad, en Barcelona por Hieronymo Margarit, 1612, f. 105r-106v (Biblioteca de Catalunya, sign. 834.4Q.Guev). Se seguirá este mismo testimonio en el siguiente pasaje. 10 A. de GUEVARA, Epístolas familiares de don Antonio de Guevara, Obispo de Mondoñedo, Predicador, y Chronista, y del Consejo del Emperador, y Rey nuestro señor, Alcalá de Henares, en casa de Iuan Gracian, que sea en Gloria, 1600, f. 102-103 (Biblioteca Complutense, Universidad Complutense de Madrid, sig. BH DER 1785). 61 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 ociosidad. Creedme padre Abad y no dudeys que para el anima, y aun para el cuerpo, es mucho mejor vida la que teneys alla en Monserrate, que no la que tenemos aca en la corte: porque la corte muy mejor es para oyr lo que en ella passa que no para experimentar lo que en ella ay 11 . Y es que para Guevara toda prudencia no es suficiente para desenvolverse en una corte llena de amargas experiencias como la falta de reposo, el ajetreo constante y el trasnochar continuo, actividades poco saludables a la larga que convertirán a los cortesanos en muertos en vida: porque el pobre cortessano, y cauallero, mas mudas ha de hazer de ropas, que no los halcones de plumas. […] mas en la corte infinitas vezes trasnochan, no por mas de cumplir con el mundo. […] que en la corte es trabajoso el viuir, y muy peligroso el morir. El que se pone a ser cortesano a más peligro se pone, […] Vna de las cosas que veo en los cortesanos, es el mucho tiempo que pierden, y el poco prouecho que hazen; porque lo mas en que consumen los dias, y emplean las noches, es en contradezir a los que les preceden, deshazer a los que les ygualan, lisongear a los priuados, murmurar con los abatidos, y sospirar siempre por los tiempos passados. No ay cosa por que mas sospiren los cortesanos, que es por ver cada dia mudanças de tiempos; porque muy poco se les da a los tales, que las republicas se pierdan, con tal que sus estados se mejoren. […] La vida de la corte, no es por cierto vida, sino vna penitencia publica, y a los cortesanos, no los llamaremos viuos, sino que estan en vida enterrados; porque el cortesano tantas vezes traga la muerte, quantas oye que otro mas que no el priua. O que lastima es de ver a vn infelice cortesano, el qual mil vezes de noche despierta, da bueltas en la cama, tiene la cabeça desuelada, llora su infelice fortuna, sospira por 11 Ibid., f. 155. 62 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 su tierra, ha lastima de su honra: por manera que se le passa toda la noche en vela, y desuelado, pensando, y imaginando entre si, por donde va el camino del tener, y las sendas del valer. No pena, sino tormento, no seruicio sino tributo, no a tiempo sino continuo es lo que el cuerpo del triste cortesano passa, y lo que su coraçon cada hora sufre 12 . En esta vida tan ocupada, donde el tempus fugit se acrecienta, el cortesano, aparte de sufrir infinitos malestares, no puede librarse tampoco de las enfermedades, dolores y achaques que aparecen con la vejez (reuma, gota, sordera, sarna, bubas… 13 ) y son fruto, de igual modo, de esa mala vida llevada en las aulas durante años. La enfermedad corporal se acompaña de la mental, pues allí acaba por imponerse la locura 14 . Para Guevara (también para Castillejo y Francisco López de Villalobos), la corte (la galera) se convierte no solo en una cárcel, sino también en un hospital (de locos) en el que los cortesanos tan solo esperan el momento final de sus vidas y, con este, la liberación de sus padecimientos en el aula 15 . Se establece una interrelación entre la lamentable situación cortesana y el malestar físico y, por consiguiente, entre «espíritu y cuerpo» y «sentimiento y enfermedad» 16 . Así lo indica Guevara en el capítulo XX del Menosprecio de corte y alabanza de aldea y en las Epístolas familiares, respectivamente: Quédate a Dios, mundo, pues de tu palacio sale la cabeza cargada de canas, los ojos de lagañas, las orejas de sordera, las narices de reuma, 12 A. de GUEVARA, Aviso…, op. cit., f. 100r–102v. 13 Enfermedades cortesanas eran el catarro, la gota, la piedra, el dolor de hijada y el mal francés, según algunos médicos como Luis Lobera de Ávila. 14 Francisco MARQUEZ VILLANUEVA, ‘Menosprecio de Corte y alabanza de Aldea’ (Valladolid, 1539) y el tema áulico en la obra de fray Antonio de Guevara, Santander, Universidad de Cantabria, Servicio de Publicaciones, 1998, p. 120. 15 Sobre esta idea, ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, «“Porque es mi libertad / muy preciada...”. La nostalgia de la libertad perdida y anhelada: Representaciones, expresiones y reivindicaciones en el Aula», in María Teresa NAVARRETE NAVARRETE y Miguel SOLER GALLO, ed., El eterno presente de la literatura. Estudios literarios de la Edad Media al siglo XIX, Roma, Aracne Editrice, 2013, p. 117-126; La literatura anticortesana …, op. cit. 16 Ver A. de GUEVARA, Menosprecio de corte y alabanza de aldea/ Arte de marear, ed. Asunción RALLO GRUSS, Madrid, Cátedra, 1987, p. 185, en nota. Se seguirá esta misma edición en el resto de pasajes. 63 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 la frente de arrugas, los pies de gota, los muslos de ciática, el estómago de humores, el cuerpo de dolores y aun el corazón de cuidados 17 . Otras enfermedades hay en esta corte que no son corporales, sino espirituales, así como iras, envidias, competencias, rencores, bandos y homicidios; las cuales enfermedades consisten, no en que andan los cuerpos dañados, sino en que están los baços hinchados y los hígados podridos 18 . Los síntomas de la vejez tras una vida de necesidad y sin apenas recompensa los describe el médico cortesano Villalobos: Porque los ojos ya quasi no veen, ni oyen las orejas, y la barba cana está toda por el suelo, que no ay un diente para comer, aunque agora me lo diessen. Y pues que assi es yo determino de darme a partido con que me dexen salir la persona libremente, aunque vaya desnudo como sali del vientre de mi madre y despidome del mundo y de sus vanas esperanças 19 . Lo mismo hace el personaje del magister Prudencio en el Aula de cortesanos de Castillejo, para quien la corte es una «feria» (v. 470) repleta de cuidados y aflicciones (v. 472-488): donde unos pasan miseria y otros biven trïumphantes, abastados. Pero bien exsaminados los de más y los de menos, todos andan de cuidados, 17 A. de GUEVARA, Menosprecio…, op. cit., p. 279. 18 A. de GUEVARA, Libro primero de las Epístolas familiares, ed. de José María de Cossío, Madrid, Aldus, 1950, p. 102-103. 19 Francisco LOPEZ DE VILLALOBOS, Libro intitulado Los problemas de Villalobos, que tracta de cuerpos naturales y morales. Y dos diálogos de medicina…, Sevilla, en casa de Hernando Diaz, impressor de libros, en la calle de la Sierpe, 1574, f. 174v-176v. 64 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 congoxas y ruinas llenos, […] Pero el más o menos ser no salva sus coraçones de embidias y malquerer y despechos y passiones 20 . En otros poemas como la Consolatoria estando con mil males el poeta mirobrigense confiesa padecer el irremediable mal doblado de las aulas con insomnio, fatiga, angustia, ansiedad y dolor. Con una ágil proyección, aprovechando el doblete sinonímico de la palabra livianos, que en el Siglo de Oro tenía las acepciones tanto de ‘pulmones’ como de ‘ligeros’ 21 , el senex se refiere irónicamente en el Aula a esas banales conversaciones que se entablan en la corte y a esas palabras inconvenientes que encierran (v. 4028- 4046): embidias allí continas y malicias redobladas, palabras locas malinas y esperanças engañadas; y con éstas andan también muy compuestas otras dolencias y males; unas pesadas, molestas y más espiritüales y perfetas, iras, zizañas secretas, odios, vandos, competencias, qu’enclavan como saetas las almas y las conciencias 20 Aula…, en C. de CASTILLEJO, Obra completa, op. cit., p. 525-526. 21 Ver Carlos ALVAR (ed.), Gran enciclopedia cervantina, Madrid, Castalia, 2005, p. 2663. 71 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 si le veo triste y mustio, yo me entristezco y angustio como quien rescibe y siente gran tormento de su descontentamiento 40 . En relación con los versos anteriores, Castillejo ironiza sobre ese galanteo aparentemente formal, pero realmente encaminado al acto sexual, y es que «los palaçios sin las damas / serían cuerpos pintados» (v. 871-872), como el mismo amante Fileno asevera en el Diálogo de mujeres, también del salmantino. La cortesía llega un momento en que supone deshonestidad y consumación de relaciones carnales en personajes que tendrían que guardar un protocolo como caballeros y doctores y así nos lo cuenta Fileno, con el apunte incluso a los cuerpos desnudos y a la avidez doblemente económica y sexual (v. 2260-2279) 41 : mientras estuve en lugares por do anduve tras la corte encantadora; y se me acuerda aun agora de una huéspeda que tuve, madrigada, que aviendo sido casada con dos maridos primero, lo estava con el terçero quando allí tuve posada. Los primeros eran casi cavalleros, grandes y ricos doctores, pero no tan hazedores 40 Diálogo entre la Adulación y la Verdad (v. 136-141), ibid., p. 658. 41 Sobre la incontinencia sexual en varias de las obras de Castillejo, ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, La literatura anticortesana… op. cit. 72 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 quales ella en bivos cueros los querría, ni como se los pedía su coraçón desseoso; y el uno dis que potroso, hablando con cortesía 42 . El texto guarda bastante parecido con las Coplas a la Cortesía, donde el alter ego de Castillejo va en busca de la corte (Cortesía), rara avis y ente invisible 43 , y la llega a encontrar incluso haciendo la calle, prueba de su doble «personalidad», su faceta prostibularia y esas dos caras superpuestas de este espacio, en una especie de borderline entre castidad y lujuria. En el Diálogo entre la Adulación y la Verdad del autor, a través de la invectivas mutuas entre las dos interlocutoras se vuelve a hacer mención al cuerpo y a lo físico (la figura) como esa parte visible de la falsedad, de las apariencias, de la mentira y de lo inexistente. Si en un primer momento la Adulación, como la Cortesía, era esa entidad deshonesta que se oye pero tampoco se ve (v. 644) y era la acusada de ser falsa y malvada por su indumentaria fingida («la falsa color del paño» del verso 649), su máscara (v. 654-658) y el maquillaje de prostituta que oculta la realidad y la hace tener nuevas identidades con las que engatusar (v. 1805-1808), al pintarse la cara para despertar deseo (v. 646-648), será la Verdad la que pase a ser lo fantástico e irreal porque en la corte no existe esa virtud (v. 1335-1342): cuerpo fantástico vano, nombre compuesto profano, ave jamás conoscida ni hallada; fama de cosa encantada, nunca vista en su figura, y si vista, grave y dura 42 C. de CASTILLEJO, Diálogo de mujeres, ed. de Rogelio Reyes Cano, Madrid, Castalia, p. 139. 43 Sobre este aspecto, ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, «En busca de la Cortesía…», art. cit. 73 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 y a todo el mundo pesada 44 . Castillejo se centra en gran parte de su obra en aspectos como la insinceridad y el fingimiento, como señal de esa «nueva actitud» renacentista frente al problema de la verdad y las apariencias —también respecto de las relaciones entre el fondo y la forma— que sirvió de base para la eclosión del ficcionalismo barroco 45 . Los cortesanos ambiciosos y más duchos en estas lides usan también otras partes concretas de su propio cuerpo como los pies para medrar en su carrera, es decir, poniendo zancadillas, y los brazos para recoger sus posibles frutos en el intento. En el fragmento siguiente se aprecia, además, esa idea metafórica y gráfica del palpar y del coger a través de la expresión coloquial tomar el tiento 46 , entendiéndola no solo en el sentido de examinar la corte con habilidad y de tener cuidado y cordura en ella, sino también de no saber estar, como otros, con los brazos abiertos a la espera de acaparar méritos. Creemos que se reforzaría esta apreciación si tomamos el sentido de la palabra tiento como ‘tentáculo’ 47 , por lo que constituiría otra de las animalizaciones tan recurrentes en este tipo de textos (v. 4096-4113): Y assí es que muchos mueven los pies por ganar de qualquier modo, […] por do digo, en conclusión, que la corte y sus cuidados no es buena de condición sino para los privados favoridos, 44 Diálogo entre la Adulación y la Verdad, op. cit., p. 689-690. 45 Francisco Javier LASPALAS PÉREZ, «El problema de la insinceridad en cuatro tratados de cortesía del Renacimiento», in Rocío GARCÍA BOURRELLIER y Jesús María USUNÁRIZ GARAYOA, ed., Aportaciones a la historia social del lenguaje: España, siglos XIV-XVIII, Madrid, Iberoamericana/ Vervuert, 2005, p. 28. 46 Tomar el tiento: «Pulsarlo, examinarlo» (DRAE). 47 Tiento: Zool. «Tentáculo de algunos animales que actúa como órgano táctil o de prensión» (DRAE). En la Canción a Nuestra Señora y en otro pasaje del Aula se usan acepciones relacionadas metafóricamente con la prudencia y la cordura en el gobernar y con la experiencia áulica. 74 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 que con los braços tendidos recogen los frutos della, y mancebos atordidos que no saben entendella; ni entendida, saben tomalle medida ni tiento en ninguna cosa 48 . El atuendo del cortesano no necesariamente es identificativo de la miserable situación por la que atraviesa, ya que las apariencias en el vestir con «ropas buenas» (v. 2914), brocadas y elegantes que mayormente son prestadas, junto al uso de adornos ostentosos, abalorios y joyas de piedras y metales preciosos a modo de disfraz y la vanidad por ir a la moda (sobre todo extranjera), también son signo de una corte invertida, carnavalesca, falsa y descontrolada, donde la verdadera identidad se confunde en ocasiones con la alteridad y donde tienen cabida, por un lado, aquellos que no tienen ni para comer y simulan ellos mismos o sus pajes con la indumentaria de otros un estatus superior, como en el caso del motivo frecuente en toda la tradición antiáulica europea de los mancebos presumidos, galanes principales o pavones. Castillejo en el Aula introduce un recurso muy teatral y cómico, por las afinidades de este magistral diálogo con el género dramático, y es la utilización como parte del atrezo del sombrero (chapeo) que lleva el paje vestido de punta en blanco a modo de escondrijo y «cesta» improvisada de la ridícula compra —«cosas de poco dinero» (v. 1445)—, que, en este caso, también está compuesta por viandas típicamente bucólicas como el queso y algunas frutas que salen a relucir a escena. De hecho, Prudencio cuando ve al servidor venir de la plaza o mercado las confunde con chucherías o comida de poca monta (las golosinas del v. 1451): ni creyera, según su rica manera, vestidos, galas y arreos, 48 Aula…, p. 621-622. 75 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 que su despensa cupiera toda junta en un chapeo 49 , Por otro lado, nos encontramos con aquellos que, al no tener padrino quien les preste vestuario, tampoco tienen para alimentarse en condiciones y solo pueden ponerse harapos (v. 1763-1775; 2284-2285; 2966-2971): ay miserias infinitas, Lucrecio, que en el processo de palacio están escritas [...] y special quando camina, con sufrir en el comer y vestir diversas sobras y menguas y gravezas, que dezir no pueden cinqüenta leguas 50 , con diversa vestidura disfraçada 51 , pues essotro que dezís de las ropas y vestidos y cadenas, que a las vezes son agenas, es una vana locura de que van las cortes llenas 52 , 49 Aula…, v. 1457-1461, p. 551. 50 Aula…, p. 560. En algunos testimonios medievales como el Debate de Elena y María en la requisitoria contra la vida curial, además del hambre, también el frío es un mal por la poca ropa de la que se dispone (v. 51-60). Ver Ramón MENENDEZ PIDAL, «Elena y María (Disputa del clérigo y caballero): poesía leonesa inédita del siglo XIII», Revista de Filología Española, nº 1, 1914, p. 52-96. En el Aula otras referencias a la indumentaria están presentes en los versos 410-411; 555-558; 930-937; 1299-1302; 1435; 2914-2920, 2990-2997; y 3017-3018. Remitimos a M. R. MARTINEZ NAVARRO, La literatura anticortesana…, op. cit., p. 252-254. 51 Aula…, p. 573. 52 Aula…, p. 591-592. 76 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 Tampoco la ropa cara e indiscreta es sinónimo de virtud en la corte puesto que, por el contrario, parece que el boato en el vestir encubre esa miseria y necesidad en el sustento 53 . En la corte «ningún bien alcança / el cuerpo y menos el alma» (v. 791- 792) 54 , por lo que muchos de estos desfavorecidos que han estado «hazienda y cuerpo gastando / de mil suertes y maneras» (v. 3046-3047) 55 y desorientados solo podrán resignarse y esperar a que sus almas pasen a mejor vida, ya que: El cuerpo quedará acá, qu’es pesado para ir y proprio para morir 56 . Finalmente, en otras composiciones el color de ciertas prendas y sus complementos implican descortesía, como en el caso de La fiesta de las chamarras de Castillejo, donde se viste al personaje caído en desgracia con una chamarra roja como escarnio público 57 . Podemos pensar que el mismo procedimiento paródico sucede en el mencionado verso 649 del Diálogo entre la Adulación y la Verdad, ya que, aunque no se concrete, puede que la ramera lleve puesto un paño de color blanco para fingir pureza y nobleza o bien encarnado para aparentar ser una señora de alta alcurnia, como proceso de inversión bufonesca y descortés de su condición social, pues este color, desde la Biblia tenía esa connotación y estaba reservado a las clases altas, además de ser un color asociado a lo brujeril y diabólico, como son ella y la Cortesía. La Verdad acusa a la Adulación de decir «palabras coloradas» (v. 400), es decir, «deshonestas» e «impuras» (Aut.), a la vez que falsas (v. 398-403), que ella usa «por ley de cortesía» (v. 409): Buenas son, si tal fuese el coraçón, 53 Por ejemplo, en los v. 2966-2997 del Aula y en los v. 350-379 de la Consiliatoria, con una clara influencia de los Sileni Alcibiadis de Erasmo señalada por Beccaria (ver Vida y obra…, op. cit., p. 368). 54 Aula…, p. 534. 55 Aula…, p. 594. 56 En una partida de la corte, v. 64-66, in C. de CASTILLEJO, Obra completa, op. cit., p. 139. Nos recuerda a aquel verso «su cuerpo dejará, no su cuidado» del Amor constante más allá de la muerte de Francisco de Quevedo. 57 Ver M. R. MARTÍNEZ NAVARRO, La literatura anticortesana…, op.cit., p. 96-97. 77 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 tus palabras coloradas, y no fuesen desviadas tan lexos de tu intención y consciencia 58 . La Adulación, por su parte, defiende y justifica sin reparos su hipocresía como regla no escrita del juego en ese simulado y necesario modus operandi cortesano (v. 404-418): Ten, señora, pacïencia, pues mis palabras y modos sabes que son para todos señal de benivolencia. Y aun diría que por ley de cortesía devo ser cortés y blanda, por una regla que manda saludar con alegría, ser afable, dulce, mansa y amigable, mostrando gracioso gesto, y que en todo el mundo es esto natural y razonable y alabado 59 . En líneas generales, podemos concluir que los textos aquí seleccionados usan un particular código común donde participan diversas partes del cuerpo humano, animal, vegetal e incluso «paranormal» y, además, en ellos se encuentran representados los cinco sentidos, lo que supone que en la corte no solo sus inquilinos 58 Diálogo entre la Adulación y la Verdad, op. cit., p. 665. 59 Ibid., p. 665-666. 78 Atlante. Revue d’études romanes, automne 2016 estén ya acostumbrados y sean obligados a ver, oír y callar, sino también a oler, tocar y probar cada día esa aniquiladora rutina del ámbito más pernicioso del poder.