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El equilibrio informativo : primer paso hacia una auténtica cooperación mundial

Corredor Jiménez, Antonio Javier; Moreno Espinosa, Pastora

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~O~r~DM~IIICOmn~~LdddddddXXXCCCCCCC Uhm'97. SIVIIU, ,992, El equilibrio informativo: primer paso hacia una autkntica cooperation mundial Antonio Javier Corredor Jimknez Diueccidn: Pastora Moreno Espinosa Si decimas que esa ename porcibn del planeta, que habirualmenee definimos bajo el nombre genhrico de Tercer Mundo se hunde bajo el peso de un cbmulo de adversidades aparentemente sin fin, no estamos desde luego, descubriendo nada nuevo. Y el caso es que en teoria, las cosas deberian ir cuando menos, mejorando Ago. Hasta hace bien poco, la camunidad international se dividia en dos grandes bloques contrapuestos: el occidental y el comunista, enemigas irreconciliables que pugnaron desde 1945 en la Uamada *Guerra Fria*, arrastrando en la dinhica del conflict0 a una serie de paises subdesarrollados o en fase de desarralla. Hoy, dentra de un nuevo context0 histbrico, continentes enteror coma Africa, Iberoamhrica, o Asia (si cxcepmamas en hste bhimo casos como el de Japbn), cantinban sin poder salir de esa siruacibn de dependencia que han padecida durante la fase anterior. En este sentidn, el papel de 10s medios de comunicacibn como vehiculos de canservacibn del estams quo. establecida, es alga que hay que destacar al mjximo nivel, porque si el None se beneficia del Sur en rodo lo posible, en esa mercancia que es la informacibn su dominio es asfixiante. Unidireccionalidad y control del mensaje Ya sea en Prensa escrita, en emisiones radiofbnicas, y por supuesto en televisibn, esa hegemonla a la que nos hemas referido, se deja seneir con fuerza. El mensaje que plasman 10s medios radicados en estas areas preponderantes es siempre unidireccianal, va desde el centro a la periferia, pero nunca al revhs, de farma qne se constmyen imigenes que a veces son acertadas, y otras se quedan en la superficie de las cuestiones, corriendo con ella el riesgo de desfigurar el fondo. Pero ademb, es en el Primer Mundo donde hallamos la constelacibn de nombres y siglas que integran el universo de la comunicacibn contemporhea. Si no fuera asi, esa unidireccionalidad que acabamos de indicar no podria existir. Paralelamente, estas empresas periodisticas y de entretetllrmento @nest0 que lo uno y la otro van ya indisolublemente unidos), respanden a unas pautas y compromisos en relacibn a sus respectivos gobiernos y nbdeos de poder, cosa que les leva a conformar un discurso muy determina- No olvidemos, par supuesto, que el proceso de concentracibn de medios en unas pocas manos, ha favarecido la creacibn de grandes nmonstmas,, transnacionales, apare ciendo en escena grupos de comunicaci6n cuya capacidad de influir nadie ignora ya, y que va unidad en ocasiones al nombre, el capital y 10s caprichos de ma sola persona. Camo muestra, poddamos paner 10s ejemplos de Ted Turner (creador de la CNN), y de Rupert Murdoch, caheza visible de un impresionante imperio cuyas ramificaciones se extienden por doquier. Partiendo de todo lo expuesto anteriormente, hemos de trasladarnos ahora al extremo opuesto, e intentar averiguar quC es lo que esperan las zonas suhdesarrolladas dentro de la cuestidn informativa. Uno de 10s numerosos tehricos que ban abordado el problema apunta que en resumen, la que parece desear el Tercer Mundo del periodisma occidental es esto: una especie de flujo de noticias .balanceado. dentro y fuera del Tercer Mundo; una cahermra period;stica m8s cabal, incisiva y desprejuiciada; m$ Cnfasis en las noticias ibuenasn o positivas del Tercer Mundo, induido lo que ha llegado a denominarse naticias de ~~desarr~llo~~~. AcerquCmonos pues a estas peticiones. En la primera de ellas hemos de admitir que pese a que las tres cuartas partes de la pohlacidn mundial vive en estos lugares desfavorecidos, lo den0 es que la mayoria de las noticias se refieren usualmente al Primer Mundo, que, como ya vimos, controla tanto el medio como la direcci6n del mensaje. Por otro lado, cuando se habla de una cobertura mbs cabal e incisiva, se esd atacando claramente a todos esos estereotipos, a esa falta de ma documentaci6n dnima, que se obsema incluso cuando medios extranjeros se ocupan de hechos naticiables acaecidos en Espa6a, que en dertas redacciones sigue siendo vista halo el prisma de lo t6pico y lo tipico. Pues hien, esto mismo rucede con razas y espacios geogrkficos enteros, sin que nos parezca extra60 que se reincida en esas deformaciones, porque entre otras cosas, las tenemos ya plenamente asumidas y simen para justificar que idas cosas son como son>,. La idtima de las reivindcaciones del Tercer Mundo hacia el infarmador occidental, no resulta menos importante y va intimamente emparejada con la segunda de ellas. Para 10s <,mass median el Sur adlo exlste cuando una guerra, un golpe de Estado, una catkst~ofe natural, o cualquier otro suceso luctuoso le hace saltar por alghn tiempo al primer plano de la actualidad, que vuelve a perder en cuanto todo regresa a su cauce, o cuando otra desgiacia ah mayor que pase en otro lugar le resta inter& a la anterior. Unos cuantos nomhres nos ilustran hastante hien sobre esto que decimos: quibn se acuerda hoy de ese Haiti que hace tres a6os hizo correr rios de tinta; quiCn se ha preocupado realmente por solventar la explataci6n sexual de 10s nZos en Tailandia, Mkjico, Brasil, etc .; quiCn se ocupa ya de las violaciones de 10s Derechos Humanos en sitios como Irh a China, con 10s que gigantes coma Estadas Unidas o Alemania realizan pingiies negocios. Pera tambikn, y aqui estriha la tercera cuesti6n que estamos tratando, podemos ver que la literatura, el cine, el arte, a 10s avances de cualquier gknero que tienen su origen en 10s paises pohres simplemente son winvisihles~~ para 10s medios de co- ' AAW. Elpoderdeior mediosm kzpolitica, coordinado por Doris A. Greiber, Buenos Aires. Gmpo Editor Latinoamericano, 1986, p. 410. municacibn del None, que privan a sus receptores de la posibilidad de enriquecerse ad- e intelectualmente, dejando atr& clichks y convencionalismos. Tenemos por tanto un problema: el desequilibrio informative en el mundo; y tenemos a la vez un sinfin de problemas que golpean sin piedad enormes porciones del globo terrLqueo: violencia, fanatismo religiose, racismo, depauperaci6n im~arable, etc. Evidentemente, 10s medios de comunicaci6n occidentales no son 10s responsables del nacimien- to de estos males, pero, como venimos defendiendo, la articulacibn informativa del Primer Mundo represents un elemento que estL cimentando @or activa o por ~asiva) esos problemas, que a su vez, tarde o temprano, acaban repercutiendo directamente en las naciones privilegiadas. Para quien pueda dudar de esto que comentamos, vamas a recardar algunos datos. Empecemos con el Sida; la tristemente cklebre nplaga del siglo XXr hacia tiempo que azotaba el corazbn de Africa sin que nadie, al parecer, hubiera reparado en ella. Sblo cuando algunos personajes famosos contrajeron la enfermedad pudimos percatarnos de que un nuevo peligro nos acechaba a todos. Si 10s territarios desarrollados hubieran conocido su existencia antes, si la opinibn publica international hubiese podido acceder a esta noticia en su momento justo, millones de vidas se habrian salvado. A uno y otro lado de la frontera de la prosperidad Miremos ahora el tema de la inmigraci6n. El derecho a una vida digna es algo que nadie osaria cuestionar en pliblica, de forma que no tendriamos que poner barreras al trasiego de personas que buscan vivir mejor. Pero si alguien abandona su hogar, su familia, sus raices en suma, es debido a que a116 lejos hay persecuciones, conflictos, hambmnas ciclicas, cuando no permanentes. Si, alli el infierno es algo mL que una alegoria, y por esa, miles de desterrados tratan de alcanzar nuestras costas, nuestras ciudades. Y vienen para trahajar en lo que uadie, absolutamente nadie, quiere trabajar en nuestra sociedad, al igual que le sucedi6 a tantos espdoles en la Eurapa de las dkcadas pasadas. Resultda innecesario que nin& hombre o mujer se convinieran en inmigrantes si su pais marchara medianamente bien. Desaparecerian entonces las pateras del Estrecho, 10s centros de acogida donde llegan 10s desheredados buscando algo de calor, desaparecerim quienes trabajan a destajo porque no tienen 10s papeles, 10s dichosos papeles. Y no nos olvidemos de la xenofobia, porque siempre hay quien estk interesado en azuzar el odio criminal contra otras gentes, incubando en mentalidades dkbiles toda su ponzofia, duso con argumentas de apariencia cientifica. El racismo, que ayer se dirigia contra el recikn ilegado, te-a haciendo caer en sus garras a todos 10s pueblos que no lo exrirpan deddidamente, y 10s paladines de la raza superior acaban senthndose (de momeuto ~~sblon eso, pero todo se andark) en 10s Parlamentos democrkticos: Le Pen en Francia, 10s fascistas del MSI en Italia, el neonazi Haider en Austria, o sus ~orreli~ionarios Republikaner en Alemania. En pocas palabras, la aldea global existe, nuestra casa est6 en Kigali, en Sarajevo, en Grozni, en todas esas ciudades y pueblos de 10s que no hemos oido, y probablemente nunca oiremos hablar en 10s telediarios, en 10s peri6dicos y en la radio. En consecuencia, y si trasladamos la modificacihn situacional que proponemos a una escala meramente indvidual, podemos plasrnar un esquema con cuatro elementos a considerar: Conciencia--Informacihn--Attitudes---Conducta Concienda indvidual, ranto del infarmado como del informador; conciencia de que las cosas deben cambiar, de que hay qne corregir 10s eriores. Informacihn, que ilustre sobre cuaes son, dbnde y por qu& pasan estos errores que hemos serialado, para favorecer unas attitudes de cooperaci6n, de prophsito de enmienda, de desfacer entuettos, sin caer nunca en reacciones quijatescas, ni tampoco en el deshimo anulador de voluntades. Y conducts, que lleve a la prictica el nuevo horizonte que se bnsca conquistar. El marro informatiuo y lor organirmor internacionales de cooperaridn Pese a todo lo que hemos dcbo hasta ahora, quedaria incompleta esta investigacibn si no mvi6ramos en cuenta qne la cornmidad internacional dispone de una serie de foros, de orgmismos de cooperacihn, en cuyo seno puede alumbrarse el inicio de una nueva era que altere el actual marco informative. Desde luego, sobresale por endma de todo la Organizacihn de las Naciones Unidas, y en su hrbita, la Unesco, que alumbrh el inclito Informe McBride, en el que se recalcaba la conveniencia de un Nuevo Orden Mundial de la Informacihn y dde la Comunicacihn, y que suscith sonoros ecos que ah no se ham apagada del todo. Lhgicamente, hay qne subrayar varias cosas en este punto. La primwa es que 10s organismas de cooperacihn no pneden nunca suplantar la soberada de 10s Estados, ni las leyes que rigen las actividades que se realizan a sn amparo, y por tanto, nunca se podrd ir mi alli del terreno de las recomendacianes, que a nada obligan ni a lor Gobiernos ni a las empresas pGblicas o privadas. Igualmente, queremos recalcar que dichos organismos nunca han padido sustraerse a 10s vaivenes de la economla y la politica mundial, ni a 10s golpes de timh qne determinan ambas. Esto es asi desde 10s tiempos de la Sociedad de Naciones hasta hoy mismo. El hico y verdadero peso que han tenido estas entidades supranacionales es el del momento que les ha tocado vivir. Vaya esto por delante. Pero tampaco seamos derrotistas,porque 10s obsticulos pueden salvarse como demuestra el Informe McBride, cuya impottancia reside en el hecho de que 10s paises del Tercer mundo consiguieron a finales de la dCcada de 10s setenta la suficiente fuerza politica para inpulsar una comisihn de investigaci6n, encargada de estudiar 10s problemas relacionados con la circulaci6n internacional de la comunicacihn de masas y de esta forma, hacer emerger una serie de temas que hasta ese momento no habian sido reconocidos por el canjunto de la comunidad internacional.' Y si en 10s setenta, en plena tensihn semi-bklica, los paises pobres metieron baza en este campo tan decisivo, por quC no lo van a volver a hacer ahora que aquel peligro se ha superado. Tampoco ignorernos los organismos regionales como la Organizacihn de Esta- ' AAW. Lacornuniacidn intdonal, Barcelona, Mitre, 1985, p. 38 ~~~i~dadMuitlrultura11. ActzrdelXXYCongrrio Univ'97 Spuilla, 1997 115 dos Africanos, o su hom6nima americana, ni las iniciativas emanadas de 10s Gobiernos que apesar de sus limitaciones materiales, cuentan con el entusiasma y las ganas de hacer de su pobladbn. Traigamos a la memoria que esa misma Unesco que tan impotente ha sido a veces, ha podido articular elementos vsidos de futuro, como el Programa de Informaci6n para el Desarrollo (PIDC), con el que se tratb de hallar un punto de consenso para impulsar medidas de caricter prbctico, que a su vez se tradujeron en vaiios proyectas de descentralizacibn como la Agencia de Noticias Pan-Africana (PANA), la Red de Noticias para Asia, o la Agencia Latinoamericana de Semicios Especiales. En pocas palabras, el monopolio que concentra la propiedad de 10s medios de comunicacibn en Occidente, y en manos de unos glupos cada vez m6s reducidos, asi como el contenido, la profundidad, variedad y unidireccionalidad de las naticias que produce este manopolio, no tiene, ni mucho menos, 10s &as contados. Tado lo contrario. Su permanencia est6 m6s que asegurada a cona y medio plazo. Pero nada es eterno, y la sociedad multicultural en que se transformado el mundo en que vivimos, no podr6 permitirse que el mdana aparezca dibujado con 10s mismos tintes que hemos venido describiendo en estas phgiias. Tan solo las protestas del hemisferio de 10s parias, son ya de por si una brecha que irb agrandhdose poco a poco en el muro del oligopolio. Y tambikn esd, como no, la Democracia, el sistema politico que permite que el contribuyente haga valer sus pensamientos mediante el asociacionismo, la accibn personal y el contact0 humano para el que todavia na se ha inventado limite capaz de frenarlo. Si, no hay duda, la consecucibn del equilibria informativo seri tl primer y mas importante paso hacia una autbntica cooperacibn mundial. Referenciar bibliogrdficar - AAW. Lo comuniMdn intdonal. Barcelona. Mitre. 1985. - AAW. Paiiec y mdioi de cornunicandn. Mitre. Barcelona, 1986. - AAW. Elpnierde lor medior m lapolitid. Cooidinado por Doris A. Greiber. Gmpa Editor Latinoamericano. Buenor Aiies, 1986. - Casdr, JosC Mada. Ideologir y nndlisir de lor rndzdroi de camun$cncidn. Barcelona, 1985. Macho, 144s; PCrez, David. Innoduccidna lo economiade la informacidn. Ariel Econornia. Barcelona 1994. -Murciano, Msrcial. Err-ura y dlndmicd de la omunickdn int&onai. Barch. Barcelona, 1982. - Zallo, Rarnbn. Elmocado de la culturo. Tercera Prensa. San Sebutiin, 1992.