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La dimensión mexicana de Claudi Esteva Fabregat

Fábregas, Andrés; Lagunas Arias, David

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Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018, 291-308 | DOI: 10.17345/aec19.291-308 ISSN: 0212-0372 – EISSN: 2014-3885 – http://antropologia.urv.cat/revistarxiu El azar y la obstinación, como recordaba Françoise Héritier (2013), son definitorios, no de una carrera, sino de una trayectoria. También la de Claudi Esteva-Fabregat. La cronología y la biografía de Claudi guardan un estrecho vínculo con dos momentos azarosos: el primero, en 1939, cuando llegó a México por razones políticas —como exiliado republicano— huyendo de las atrocidades de la guerra civil española y donde, poco después, llevó a cabo su posterior etapa formativa y docente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de la Ciudad de México; el segundo, su retorno al país americano en 2002 para incorporarse a El Colegio de Jalisco, tal vez estimulado por la nostalgia en su memoria imborrable del México que una vez conoció y que lo seguía esperando. Sin embargo, estas dos coyunturas guardan algo en común: simbolizan una oportunidad y un renacimiento; en un primer momento, para un «joven en crisis» (Fábregas, 2010), cuya solución psicológica y catarsis es estudiar antropología; posteriormente, para un catedrático emérito jubilado que se siente bien y perfectamente útil para volver a la actividad frente al LA DIMENSIÓN MEXICANA DE CLAUDIO ESTEVA-FABREGAT Andrés Fábregas CIESAS-Occidente [email protected] David Lagunas Universidad de Sevilla [email protected] 292 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 Andrés Fábregas y David Laguna marco burocrático tras el abandono social y psicológico que conlleva el retiro impuesto. ¿Qué tiene de particular esta dimensión mexicana de Claudio Esteva- Fabregat? ¿Cómo se explica este movimiento hacia México? Y ¿cómo respetar a la vez el carácter primordial de no poder captar la complejidad de esta dimensión? Nos resulta imposible plasmar la totalidad de esta dimensión, la esencia de su dimensión mexicana. Nuestra tentativa es mucho más modesta y pasa por explicar aquello que sabemos y que saben las personas que trataron a Claudi Esteva-Fabregat. Para ello, nos centraremos en la segunda etapa (2002-2016) en México, de la cual no se conoce mucho. El planteamiento de nuestra reflexión se orienta hacia elementos singulares de su biografía y cronología, por un lado, y hacia los aspectos conceptuales y epistemológicos de su trayectoria académica mexicana, por el otro. Estos elementos están ordenados cronológicamente y reflejan la valoración de haber compartido amistad y magisterio, sobre todo a través de conversaciones cálidas y generosas con Claudi Esteva-Fabregat, tanto académicas como banales, que consistieron en verdaderas sesiones de aprendizaje. De la primera etapa en México disponemos de bibliografía del propio Claudi Esteva-Fabregat, en la que da cuenta de su experiencia mexicana en forma narrativa y autobiográfica, pero sin perder por ello su capacidad de ideación objetiva. Claudi Esteva-Fabregat llegó el 13 de enero de 1939 como un «joven en crisis». La condición de exiliado de la guerra civil española lo hizo más sensible con respecto a sus elecciones vitales y una de ellas lo llevó a estudiar antropología en México (Esteva, 2009: 125). Claudi Esteva-Fabregat (2009) entendía la antropología cultural de raíz boasiana de manera holística y desde la dimensión interdisciplinaria en dos vertientes: por una parte, se trataba de una disciplina que debía integrar las ciencias sociales en conjunto con las ciencias físicas, la antropología física; por otra, la dimensión interdisciplinaria también la entendía en el seno de las ciencias sociales, pues consideraba que debían participar la antropología social, la arqueología y la lingüística —según el esquema 293 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 La dimensión mexicana de Claudio Esteva-Fabregat boasiano—, junto con la historia, la etnohistoria, la antropogeografía y la geología (Esteva, 2010). Claudi Esteva-Fabregat siempre reconoció el carácter pionero de la antropología cultural durante su etapa formativa en la ENAH, marcado por la huella de Franz Boas y la tradición de la antropología indigenista mexicana, aunado al psicoanálisis de Eric Fromm. Por más que los antropólogos afirmen que observan la realidad, Claudi Esteva-Fabregat admiraba la humildad ante los hechos objetivos de la que hacían gala los antropólogos mexicanos, así como en la ENAH aprendió a ser empírico y a manejar metodologías rigurosas como los protocolos de verificación científica (Lagunas, 2012). Este realismo que invoca Esteva-Fabregat es el resultado de la influencia directa del ambiente intelectual de la ENAH, institución que reconoció como un centro mundial de orientación teórica y metodológica. La ENAH de aquel tiempo era para Claudi Esteva-Fa- bregat el primer gran centro de antropología de habla española, segundo en el mundo tras Estados Unidos, de inspiración boasiana y un ejemplo de las políticas académicas científicamente aplicadas y de liderazgo en los estudios prehispánicos, además de fundadora de nuevas tradiciones académicas y proveedora de una realización de ciencia natural (Esteva, 2010: 112-113). En definitiva, una antropología mucho más moderna que la española. En la ENAH en la que estudió Claudio Esteva-Fabregat se preparaban los antropólogos que habrían de impulsar la aculturación de los pueblos indígenas en aras de la construcción de una sociedad nacional. El Estado nacional mexicano no concebía una nación variada culturalmente. El convencimiento general en el México de aquellos días era que la cohesión nacional solo se lograría en un país homogéneo culturalmente. Esta cuestión fue objeto de debate de Esteva-Fabregat hasta el final de sus días y uno de los motivos que sirvió de acicate para sus reflexiones acerca de los grupos chichimecas, tan excluidos como forjadores, también, de la nación pluricultural que es México. Existe un paralelismo entre este contexto académico de la ENAH, al cual se integró Claudio Esteva-Fabregat de 1947 a 1953, con el que encontraría a su regreso a España en 1956. La enseñanza en México en aquellos 294 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 Andrés Fábregas y David Laguna años se desarrollaba en el espacio de los museos. Así, la sede de la ENAH se ubicaba en el Museo Nacional de la Ciudad de México, un espacio del que no se podía salir. La ironía es que, como Claudi Esteva-Fabregat recordaba, al llegar a España el régimen franquista no le permitía salir de Madrid. Debido a este encierro, trabajó en el Museo Nacional de Etnología (1965). Posteriormente, fundó la Escuela de Antropología (1966) como proyección de la experiencia anterior de la Escuela Mexicana de Antropología. Claudi Esteva Fabregat i Andrés Fábregas Puig. Zapopan, Jalisco, Mèxic 2005 © Berta Alcañiz. La segunda etapa de la dimensión mexicana se inicia con su llegada a El Colegio de Jalisco en 2002 gracias a la gestión de su presidente José M. Murià, mexicano hijo de exiliados catalanes del franquismo. Murià relata que conoció a Claudi Esteva-Fabregat unos años antes en unas conferencias en el CIESAS–Occidente en Guadalajara, a las que lo habían invitado. Unos años después, Murià se encontraba en Barcelona y aprovechó para visitar a Claudi Esteva-Fabregat en su domicilio. Cuando vio a Claudi Esteva-Fabregat en un piso pequeño, rodeado de libros y papeles, tuvo la sensación de que lo habían retirado y de que tenía escasas posibilidades 295 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 La dimensión mexicana de Claudio Esteva-Fabregat de publicar. Murià pensó que para El Colegio de Jalisco, que se encontraba en una etapa de revitalización y reposicionamiento entre las instituciones académicas del país, resultaba estratégico poder incorporar como valor añadido a investigadores que, a pesar de haber sido marginados de sus propias universidades, habían realizado aportaciones de trascendencia internacional. Fue el caso de la contratación del historiador Louis Cardaillac en el año 2000 y también del historiador y antropólogo Jacques Lafaye. Así, El Colegio de Jalisco tomó el camino de la optimización e integró entre sus miembros a personas en su madurez y plenitud, con un enfoque humanista. Precisamente por ello, la extraordinaria longevidad de Claudi Esteva-Fabregat se mostró como una ventaja y un mérito añadido para el impulso de la institución mexicana. Claudi Esteva-Fabregat estaba muy contento de ir a Jalisco para volver a ser activamente útil. Planeó quedarse allí como parte de su proyecto de rescatar lo que consideraba aún no perecedero tras la prueba del tiempo. Andrés Fábregas señala que las conversaciones que mantuvo con Claudi Esteva-Fabregat lo ayudaron a completar los detalles de la época en que fue estudiante de la ENAH, detalles sobre algunas personas, como Ángel Palerm, Pedro Carrasco, Juan Comas y Pedro Armillas, así como sobre la importancia del exilio republicano español en la intelectualidad de México. Como buen catalán, Claudi Esteva-Fabregat gustaba de comer y nos invitó muchas veces a compartir la mesa; le gustaba mucho el pescado y también comía pasta y jamón. Era un gran conversador y en las conversaciones se hablaba no solo de trivialidades, sino también sobre la formación nacional de México y los derroteros de la antropología. David Lagunas recuerda las palabras de Claudi Esteva-Fabregat la primera vez que comieron juntos en Zapopan, en las que percibió cierta obsesión respecto a dos temas: la incomodidad respecto a las sensaciones que vivió en el momento de su jubilación en la Universitat de Barcelona; y la crítica a la influencia de la antropología social de orientación sociológica y a sus promotores en el campo intelectual y universitario español. Él se encontraba muy cómodo en el ambiente mexicano: «[México] es el país al que amo por lo que éste tiene de orgánico en mi persona, de generosidad en los alientos significativos de lo que pienso y escribo» (Esteva, 2009: 120). 296 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 Andrés Fábregas y David Laguna En El Colegio de Jalisco le brindaron las mejores condiciones y facilidades posibles para su instalación: disponía de un despacho muy amplio con secretaria, así como de residencia en un domicilio próximo a la sede de El Colegio para que apenas tuviera que desplazarse. Claudi Esteva-Fa- bregat también se sentía muy contento de que en aquel tiempo la principal línea aérea de México inaugurara un vuelo directo entre Barcelona y Ciudad de México. En 2008 lo distinguieron como maestro emérito y recibió el homenaje de El Colegio de Jalisco con la participación de su presidente José Luis Leal y los académicos Andrés Fábregas, Salomón Nahmad y Horacio Capel. Se incorporó a la Academia Mexicana de Ciencias y recibió el reconocimiento del nivel III del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Sin embargo, y a diferencia de Cardaillac, Claudi Esteva-Fabregat se integró tan solo parcialmente a la vida comunitaria de El Colegio, tal vez debido a que estaba perdiendo la audición. Su participación en seminarios y cursos sobre la región jalisciense fue escasa y no mostró una especial vocación de tutorización a los estudiantes de los programas de posgrado de El Colegio de Jalisco, cuyo diseño estaba pensado para contribuir a fortalecer la identidad regional y la conciencia histórica del estado de Jalisco. Los estudios del centro se focalizaban en los temas jaliscienses: el arte, la cultura y las tradiciones, la evolución social y política, la religiosidad, la historia y las relaciones internacionales. Debido a que sus condiciones físicas lo limitaban para conocer el terreno de las zonas de Jalisco, su participación en los proyectos de aquella región fue escasa. Debido a que no trabajaba en un marco conceptual relacionado con el territorio jalisciense, recurría a su extraordinaria erudición con afirmaciones que en el seno de El Colegio de Jalisco se percibían como categóricas y que, aunque podían funcionar bien en otros contextos locales y regionales —como en Cataluña—, eran difícilmente aplicables a Jalisco. A raíz de las tensiones con la institución, en algún momento Claudi Esteva-Fabregat pensó en abandonar El Colegio. No obstante, también estableció vínculos importantes con el convento de los franciscanos de Zapopan, que disponía de un fantástico archivo y cuyo director era un sacerdote, profesor de historia. 297 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 La dimensión mexicana de Claudio Esteva-Fabregat A pesar de sus condiciones físicas menguadas, las facultades mentales de Claudi Esteva-Fabregat se mantenían intactas. Se sentía en plenitud, con el mismo poderío, vigor y energía para generar ideas que cuando se encontraba en activo. Con la edad, sus ideas resultaban más claras y panorámicas en su formulación y además las expresaba con mayor libertad. Esta condición explica en parte que su público percibiera contundencia en sus palabras, pero refleja, en cualquier caso, su intención de seguir aportando a la comunidad, de proseguir en la carrera profesional y, sobre todo, de ejercer el derecho a sentirse útil y activo. Uno de los temas que impulsó Claudio Esteva-Fabregat en esta etapa de su vida mexicana fue el de las relaciones entre la antropología y el arte. Su insistencia en tratar este aspecto remitía a una de las raíces intelectuales más profundas de la antropología mexicana, ejemplificadas en la novela de Ricardo Pozas, Juan Pérez Jolote (Pozas, 1948), o en los escritos indigenistas de Francisco Rojas González (Fábregas, 1998). La culminación de esta insistencia tomó forma con la fundación de una cátedra que lleva su nombre en el Centro de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad de Guadalajara bajo la coordinación de los antropólogos Arturo Chamorro y José Luis Rangel. En El Colegio redactó en 2004 el libro La identidad catalana contemporánea (Esteva, 2004a), resultado de una reunión de editores catalanes con investigadores del mismo origen de El Colegio de Jalisco. Con ocasión de la Feria Internacional del Libro celebrada en Guadalajara, dedicada a Cataluña, se gestó la idea de acercar a los mexicanos cómo se concebían los catalanes a sí mismos dada la especial vinculación del exilio catalán que llegó a México tras la guerra civil española (Esteva, 2004a: 11). Esta inquietud por el tema de la identidad se enmarcaba en las preocupaciones que acompañaban la reflexión en este periodo sobre los procesos de diferenciación y la diversidad en la cultura en relación con la ecología, las adaptaciones y demografías, las formas de subsistencia, los lenguajes y las migraciones humanas (Esteva, 2004b). El tema de la identidad no dejó de interesarle. Claudi Esteva-Fabre- gat reclamaba la necesidad de abordar con mayor profundidad el periodo del virreinato y la construcción de la conciencia nacional mexicana, pero 298 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 Andrés Fábregas y David Laguna encontraba un problema de proyección personal. Claudi Esteva-Fabregat señalaba que a pesar de que un 10% de la población mexicana forma parte de grupos indígenas, este 10% no queda diluido en la identidad nacional contemporánea, sino que está presente en términos de «un subconsciente colectivo que aparece históricamente comprometido con identidades prehispánicas de respeto y representación de sus componentes en imágenes de retorno al imaginario indígena. Parece como si este último estuviera licuado en forma de sustancias y fluidos que heredan las generaciones conforme van naciendo en la historia de la razón contemporánea» (Esteva, 2010: 197). La construcción de la identidad nacional mexicana a través del mestizo como prototipo fue objeto de una reflexión natural, intuitiva y explícita. Claudi Esteva-Fabregat captó históricamente la forja de la nación y la reflexión sobre este proceso e incluyó las aportaciones del psicoanálisis, por encima de la psicología y la antropología, que lo habían precedido. La cultura nacional mexicana ha sido un tema tratado por antropólogos como Arturo Warman, Guillermo Bonfil, Ángel Palerm y, desde el indigenismo, por Gonzalo Aguirre Beltrán, quien distinguía a los «académicos», interesados por la teoría, de los «aplicados», quienes se enfocaban al mestizaje para integrar a los pueblos indígenas regionalmente. Ello estaba inexorablemente imbricado con el carácter aplicado de la antropología desde su fundación como disciplina, ligada a la construcción del Estado nacional mexicano postrevolucionario; la antropología en México había surgido como antropología aplicada. Claudi Esteva-Fabregat se incorporó al Seminario Permanente de la Gran Chichimeca, fundado por Andrés Fábregas, como un reto profesional y por el gusto de hacer cosas diferentes. En este espacio encontró un motivo para formar parte, no solo de los debates acerca del contraste entre Mesoamérica y la Gran Chichimeca, sino también para continuar con la cuestión de la elaboración de la nacionalidad mexicana. Gracias a los aportes de la arqueología de la antropología holística, el gran norte mexicano se incorporaba a la reflexión sobre el proceso de forja de la nación. Todo ello se concebía con el fin de contribuir a la construcción de la gran historia de los mexicanos (Fábregas, 2010: 13-14). En este sentido, Andrés 299 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 La dimensión mexicana de Claudio Esteva-Fabregat Fábregas (2003: 65 y ss.) parte de la propuesta —que destaca la regionalización para entender el pasado prehispánico— desarrollada por Paul Kirchoff, quien planteó el contraste entre Mesoamérica, la macrorregión cultural de cultivadores complejos, y Aridoamérica, territorio de cazadores y recolectores, según un enfoque etnohistórico entendido como la aplicación de la antropología al estudio del pasado. Cabe subrayar que Claudi Esteva-Fabregat participó en el seminario sobre la Gran Chichimeca, tras leer mucho, aportando visiones globales de la cultura, siempre en calidad de antropólogo cultural que, en su definición, representa un pleonasmo: la antropología solo puede ser cultural, como la hemorragia solo puede ser de sangre. En la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla presentó sus avances de este trabajo en 2011 y advertía que había planteado un estudio breve, etnográficamente hablando, de la Gran Chichimeca con el fin de alimentar la conjetura y la imaginación. Es decir, Claudi Esteva-Fabregat trataba de describir al sujeto mediante el enfoque de la etnografía, pero compensando con la imaginación y la conjetura la escasez de datos que le ofrecía la etnohistoria; para ello, aplicaba la antropología para entender el pasado y analizaba cómo se iban articulando distintos ámbitos culturales. Por ello, insistía en que la única verdad solo podía ofrecerla la etnografía, de forma que cualquier conclusión siempre era etnográfica; consideraba que el holismo etnográfico era el factor definitivo de la realidad. Pensaba que la tendencia a producir materiales etnográficos era muy pobre en el campo de la antropología social: «Los materiales empíricos de campo suelen ser de menor tamaño que en el pasado, y ocurre que los antropólogos son menos etnógrafos y más analistas […] actualmente ser antropólogo social no es necesariamente ser un buen etnógrafo» (Esteva, 2004c: 76). Señalaba Claudi Esteva-Fabregat que «no hay historias ni buenas ni malas sino historias intencionales», según la visión de Eric Hobsbawn. Para Claudi Esteva-Fabregat los chichimecas constituían la pieza que no encajaba y a quienes se les negaba un lugar en la gran historia de la nación mexicana. Con ello se posicionaba en los debates acerca de la imposibilidad de plantear la región de Mesoamérica como una unidad cultural e insistía en que no podíamos quedarnos con la idea de las fronteras cul- 306 Arxiu d’Etnografia de Catalunya, n.º 19, 2018 Andrés Fábregas y David Laguna el lector como base para la seducción a través del conocimiento. Con todo, en ocasiones, se le reclamó que su yo no coincidiera con un posible lector empírico, sino con el yo del propio Claudi Esteva-Fabregat. Claudi Esteva-Fabregat regresó definitivamente a Barcelona a finales de 2016 por problemas de salud. Hoy es recordado y esto nos da fuerza. La dimensión mexicana de Claudi Esteva-Fabregat es la que lo impulsó a trazar nuevos caminos, a no repetir, a cambiar los marcos de la disciplina y a reorganizar los datos, a impulsar la reflexión y la motivación desde la premisa de que nunca está todo dicho. Las ideas son un producto. 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