Nuevos elementos de carros orientalizantes en la alta Andalucía. Algunas precisiones en torno a su función, significado y distribución
Abstract
El objetivo de estas líneas es la presentación de dos conjuntos de piezas de carros de Cástulo y Úbeda la Vieja, de cuyo análisis estilístico y comparativo con otros ejemplares peninsulares deducimos su filiación orientalizante. A la vez, pretendemos hacer una tipología provisional de las piezas existentes y distinguir los carros de este periodo de los ibéricos por su morfología y distribución. Por último, hacemos unas reflexiones sobre las sociedades que utilizan estos carros, y exponer la relación de estos con las estelas decoradas del sudoeste.
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NUETVOS ELEMENTOS DE CARROS ORIENTALIZANTES EN LA ALTA ANDALUCIA. ALGUNAS PRECISIONES EN TORN0 A SU FUNCION, SIGNIFICADO Y DISTRIBUCION El objetivo de estas lineas es la presentaci6n de dos conjuntos de piem de carros de Chtulo y Ubeda La Vieja, de cuyo andisis estilfstico y comparativo con otros ejemplares peninsdares deducimos su fdiaci6n orientalizante. A la va, pretendemos hacer una tipologfa provisional de las piem existentes y distinguir 10s carros de este period0 de 10s ibkricos por su morfologia y disuibuci6n. Por liltimo, hacemos unas reflexiones sobre las sociedades que utilizan estos carros, y exponer la relaci6n de btos con las estelas decoradas del Sudoeste. Summary: The objetive of these lines is the presentation of two groupe of pieces belonging to carts from "Chtdo y Ubeda la Vieja". Their stylistic and comparative analysis with other peninsular items makes us deduce their "Orientalizante" source. At the same time, our intention is to make a provisional typology of the existing pieces, and stablish the difference between the carts belonging to hi period and the Iberian ones, according to their morphology and distribution. Finally, we present some notes about the societies that use carts and the relationship between these and the decorated wakes from the southwest. INTRODUCCION. El estudio de 10s carros peninsulares y de sus distintos componentes han sido objeto de reflexi6n por 10s investigadores espafioles desde fines del siglo pasado, tendiendo principalmente a desglosar este estudio en tres focos de atenci6n: 10s hallazgos de fiagmentos de ruedas o las diversas
piezas de 10s carros aparecidos en excavaciones o museos, las representaciones votivas de estos carros, y 10s interpretados como tales en las estelas decoradas del Suroeste. Fue sin duda el hallazgo de Solana de Cabafias por Mariano Roso de Luna (1898) el que marc6 la pauta de estudio de estos elementos en este tip0 de representacibn. Al interks presentado por el descubrimiento de nuevos ejemplares sobre estelas a principios de siglo, estudiadas por Breuil entre otros (1916), hay que sumar tambikn 10s hallazgos de piem autknticas de carros en excavaciones como las de Toya o Galera por Cabrk (1924; ibid. 1925; y Motos, 1920), que suponen una constatacibn real de lo que hasta el momento s61o se habia podido apreciar esquemdticamente en algunas estelas decoradas. Serd a partir de estos aiios cuando encontremos una serie de publicaciones que abarcan el estudio de estos elementos se&n su representacidn: - En cuanto a la representaci6n del carro como exvoto o carro votivo, hay que contar con 10s primeros trabajos de Sandars (1906) sobre Ias piezas ofrendadas en 10s santuarios giennenses de la zona de Despefiaperros. No olvidemos que ejemplares de la colecci6n Sandars-Vives, pertenecientes a estos santuarios, han aparecido diseminados por varios museos espafioles, y heron objeto de andisis y catalogaciijn por otros investigadores como Alvarez Osorio, con las piezas depositadas en el M.A.N. (1935), o 10s trabajos de Serra Rafols sobre el carro votivo del Museo de Granollers, proveniente sin duda de Despefiaperros o del Castellar de Santisteban (1948, 379). Junto a estos objetos, heron apareciendo otros en zonas relacionadas con lo que se ha venido denominando "el impact0 Orientalizante", como el carrito votivo de Bencarr6n (Los Alcores, Sevilla), estudiado por Bonsor, y que se distingue por estar modelado en arcilla y no en bronce como 10s demh (1924, 175); o 10s carros votivos del hea extremefia, analizados repetidamente por autores como Forrer (1932), Blhquez (1955; ibid., 1975; ibid., 1976), y Almagro-Gorbea (1977; ibid., 1985). Se trata de 10s carros de MCrida y el de Almorch6n. - Por otro lado, tenemos las referencias de estos elementos sobre Ias estelas llamadas "decoradas del Suroeste". Como ya hemos visto, 10s primeros avances se 10s debemos a autores como Roso de Luna, Breuil o Cabrk, per0 serd precis0 esperar a 10s aiios cincuenta para contar con investigaciones mhs prohndas sobre el tema como las de Fernhdez Oxea (1950), estudios que sirvieron de base para que M. Almagro Basch realizara en 1966 el primer corpus sobre estas estelas, recogiendo toda la documentaci6n conocida hasta la publicaci6n de su libro, donde las representaciones con carros son incluidas en su tip0 11, fechado de forma global del800 a.C. en adelante (1966,208), y mhs concretamente, las estelas con carros de este grupo, se fechan a partir del700 a.C. (estela de Torrej6n El Rubio I como la estela mh antigua de este tipo) por la asociaci6n de otros elementos tambidn representados en ellas (1966, 195-96). Interesa tambikn destacar el dato ofrecido en su valoraci6n sobre 10s carros votivos, citando entre sus paralelos el nuevo ejemplar de Costa Figueira en Portugal, aparte de 10s ya mencionados de la zona giennense (1966, 195). A este esherzo tipol6gico realiido por M. Alrnagro, le siguen estudios como 10s de Pingel (1974), y una serie de trabajos aparecidos en el mismo afio, como 10s de M. Almagro-Gorbea en su obra sobre el Bronce Final y el Periodo Orientalizante de la zona exuemefia (1977, 185), Varela y Pinho, en su versi6n portuguesa y espaiiola (1977), y el de M. Bendala, quien nos recuerda en su andisis, como ya hiciera a su vez Almagro-Gorbea, que son dos las ruedas reflejadas en estas representaciones, y no cuatro como habia pensado M. Almagro al identificar como ruedas posteriores 10s asideros de estos carros. (1977, 183).
Desde entonces, son muchas las estelas que han ido apareciendo y suscitando una bibliografia tan abundante como diversa sobre temas ah no muy claros de su origen y cronologfa. Son las obras de M. Bendala (y otros, 1979-80) sobre estelas con representaciones de carros cordobesas; Bueno y Piii6n (1985,374) y S. Cel&o (1985; ibid., 1990; Celestino y otros, 1989), con estudios referidos a 10s nuevos hallazgos de la zona exuemefia; 10s trabajos de A. Muzzolini, quien intenta esclarecer el tema del origen de 10s carros representados en las losas ikricas y marroquies (1987); o 10s novedosos estudios de Barcel6, aplicando las avanzadas tknicas informdticas a su investigaci6n, y extrayendo conclusiones que chocan con las tesis tradiciondes, d considerar a estos objetos representados en las estelas 00s carros entre dos) como anteriores a la llegada de 10s semitas a la Peninsula, y otorghdoles por tanto una cronologfa entre 10s siglos XI (relaciones atlhticas) y VIII a.C. para su hd(1989). Se enfrenta de este mod0 a las dtimas investigaciones de autores como M. Pellicer, quien las sith desde el siglo IX d VI a.C., atendiendo a pardelos tanto atlhticos como mediterrheos (1 989, 173), o 10s dtimos trabajos de Blhquez, quien 10s relaciona directamente con el influjo de las actividades fenicias por el Mediterrheo (1986 b, 194). - En cuanto d tercer elemento, no vamos a contabilizar 10s numerosos estudios que han ido apareciendo a partir de 10s continuos hallazgos que se han dado en las excavaciones realizadas desde aquellas prirneras de Cabrd en Toya o Gdera (1925; y Motos, 1920), per0 si queremos destacar la importancia que ha representado para el mejor conocimiento de estos datos el tesbn de algunos investigadores como E. Cuadrado, quien, desde 1949, en su trabajo sobre 10s arreos de montar ibkricos, no ha dejado de investigar acerca de lo que el caballo y el carro ha representado para la cultura ibkrica en la zona de Murcia a raiz de sus excavaciones en El Cigarrdejo (1950; ibid., 1984; ibid., 1987), dando a conocer otros ejemplares como 10s restos aparecidos en El Macal6n. Tambidn hay que destacar 10s trabajos de Arribas en el Mirador de Rolando, quien cita como uno de sus pardelos 10s hallazgos de Villaricos, que habian quedado olvidados en las investigaciones precedentes (Arribas, 1967, 193), aunque si consultamos la publicaci6n de L. Siret (1906,78 y 84), podremos ver ciertas piezas relacionadas con posibles carros y arneses de animdes. Otras excavaciones posteriores como las efectuadas por J.P. Garrido en la necr6polis de La Joya, dieron a conocer elementos suficientes como para reconstruir gran pane de la estructura de estos carros utilizados en el mundo funerario, gracias a 10s descubrimientos de las tumbas 17 y 18. Son carros de dos ruedas (segcin el niunero de cubos encontrados) y doble tiro con pardelos chipriotas (Garrido y Orta, 1978). Otros estudios dedicados a este tema, se 10s debemos a autores como M. Almagro Basch, sobre la toredtica orientalizante, que documentar fragmentos tan representativos como 10s de Maquiz, en Jadn, ampliando el niunero de piezas presentadas en su &a por Arnador de 10s Nos (Ahagro, 1979, 173); 10s restos de herrajes de carro y bocados de caballo de la necr6polis de Baza (Presedo, 1982,37,237 y 264); o 10s espectaculares resultados de las excavaciones del pdacio-santuario de Cancho Roano, donde han aparecido ricos elementos de atdajes de cabdlos y piezas metAicas pertenecientes a carros (Mduquer, 1981; ibid. 1983; Mduquer y otros, 1986). Como hemos podido apreciar, eran muchos y muy dispersos 10s datos con 10s que se encontraba el estudioso del tema hasta hace unos aiios. Sin embargo, la excelente obra de FernhdezMiranda y Olmos (1986) sobre las ruedas de Toya, ha supuesto un gran esherzo de recopilaci6n y sfntesis con todos 10s documentos disponibles hasta su redizaci6n. Con todo, las nuevas actividades arqueol6gicas se prestan a ir sumando m& datos que dejan incomplete cudquier intento de corpus sobre el tema, como la aparici6n de una ruedecita de bronce del mismo tip0 que las halladas en Cancho Roano, en el yacimiento onubense de Tejada La
Figura NO 1 .- Localicicin de yacimientos. Vieja (FernQndez Jurado, 1987, Lh. LIII); o el interesante tramo del camino prerromano con huellas de ruedas de carros descubierto en Castellar de Meca (Broncano y Alfaro, 1990). De esta forma, las nuevas excavaciones yen otros casos hallazgos casdes hacen surgir en colecciones particulars nuevos elementos como las piezas correspondientes d enjaezamiento de caba110s y carros de la Fundacicin Alhonoz (I), que proceden de la zona giennense, tan prcidiga en estos materides (Fig. 1). Queremos con su estudio, avanzar un poco mb sobre la importancia que estos elementos guardan en 10s perfodos Orientdizante e Ibtrico en la Peninsula. - Depcisito: Fmdhcidn Albonoz. - Procedencia: Ubeda, Jatn. (1) Desde estas Uneas, queremos expresar nuestro agrad-ento alas personas encargadas de dicha Fundadcin, que han puesto amablemente a nuescra disposici6n todos 10s datos e inmmentos necesarios para el presente estudio.
- Circunstancia del hallazgo: Formito, sin contexto. - Estado de conservaciiin: Excelente. Ha sido restaurado recientemente, eliminando 10s focos de iixido y las concreciones que tenian las piezas (2). - Metal: Todas las piezas son de bronce. - Relaci6n de piezas: PIEZA A. 1 (Fig. 2, 1) Desmpcidn: Pasarriendas de bronce en el que se pueden distinguir nes partes diferenciadas: la cabeza, circular, forrnada por un aro de secci6n redondeada separada en dos por un fdete aplastado cuya funciiin seria la de enganchar las riendas; la corona o cresta que se sit& en la superficie exterior del aro a partir de la mitad superior de &te. La forman quince pequeiias piezas romboidales unidas entre sf en su pane inferior, con apariencia dentada, y que no son sin0 la estilizaciiin de motivos vegetales (FernhdezMiranda y Olmos, 1986, 94), posiblemente capdos de flor de loto. Esta parte es puramente ornamental, sin om funciiin que la de adomar, como lo prueban otras piezas (algunas de este catAlogo) que esth desprovistas de ella (Maluquer, 1981,408, b. XL; MartfnezBotella, 1980,302). Por dtimo la parte inferior o vhgo, aplastada y mh ancha en su uniiin con la cabeza que en extremo inferior. Es de secciiin rectangular y pieza de uniiin con la caja del carro. Dimensiones: - longitud mztxirna: 1 16 mm. - anchura mha: 85 mm. - longitud del vhtago: 48 mm. - dihmetro de la cabeza: 5 1 mm. - grosor del aro: 9 mm. Peso: 176 gr. PIEZA A.2. (Fig. 2,2) Desmpcih Pasarriendas de bronce muy parecido al anterior per0 de proporciones mk chatas. La corona se compone en esta ocasiiin de diecisiete capdos, y el vhtago, tambidn de seccibn rectangular, no tiene el estrechamiento inferior de la pieza A. 1. Dimensiones: - longitud mdxima: 104 mm - anchura mdxima: 85 mm. - longitud del vhtago: 37 mm. - dihetro de la cabeza: 52 mm. - grosor del aro: 11 mm. Peso: 207 gr. (2) Agradecemos el inter6 y diiposici6n del equipo de restauraci6n de la Fundaci6n Alhonoz, quienes nos enviaron desde Madrid 10s nuevos resultados obtenidos tras las labores de liipieza y restauraci6n de estas piezas. 117
PIEZAA.3. (Fig. 2,3) Desm-ipcidn: Siar a las anteriores per0 con catorce capullos de loto en la corona y el vhtago con estrechamiento. - longitud mAxha: 122 mm. - anchura mkima: 83 mm. - longitud del vhtago: 52 mm. - dihetro de la cabeza: 52 mm. - grosor del aro: 11 mm. Peso: 173 gr. PIEZA A.4. (Fig. 3, 1) Desrripcidn: Filete articulado de bocado de caballo compuesto por dos piezas trenzadas engarzadas entre si mediante dos argollas grandes, y terminado en dos argollas menores. Esta pieza se situaba dentro.de la boca del caballo e iba unida a placas laterales m6vile.s (carnas) con distintos remaches. Por encima de &as se situaba el tirante ( a veces en forma de T) cuya funci6n era sujetar el freno a la cabeza de 10s animales (Garrido, 1978, 87; Fernhdez-Miranda y Olmos, 1986,93). Dimemiones: las dos piezas que componen el filete son ideinticas. - longitud rn-a: 199 mm. - dihetro de la argolla mayor: 28 mm. - dihetro de la argolla menor: 17 mm. - grosor del cafi6n: 1 1 mm. Peso: 66,650 gr. MEZA A.5. (Fig. 3,2) Desmpcibn: De iguales caracterkticas que la pieza A.4. Dimensiones: - longitud maxima: 198 rnrn. - dihetro de la argolla mayor: 29 mm. - dihetro de la argolla menor: 17 mm. - grosor del cafi6n: 1 1 mm. Peso: 66,60 gr.
PIEZAS A.6.-A. 10. (Fig. 4) Descripci6n: Botones dnicos de bronce, en total cinco, muy semejantes entre sf per0 ninguno exactamente igual a 10s otros, hecho que se aprecia mas ficilmente en su secci15n. Son piezas macizas compuestas por una placa con el borde recortado, formando un dentado, y con varios cuerpos que acaban en punta, y un travesafio en el reverso, hndido en la misma pieza, que sobresale poco de Qta. El espacio necesario para introducir el sedal o la tira de cuero se ha hecho a expensas de la placa, rebajhdola un poco, lo que ha dado lugar a un pocillo. Su hciijn es, en el estado actual de nuestros conocimientos, puramente ornamental. Siempre van unidos a 10s adajes de caballos (Maluquer, 1981,331) por lo que debieron ir prendidos de las carnas o de las piezas frontales. Dimensiones: Piezas A. 6 A.7. A. 8. A.9. A. 10. dihetro: 42 39 39 44 41 mm. longitud seccicin: 22 24 19 20 25 mm. Peso: 68,20 53, 15 42,90 47,63 62,30 gr PIEZAA.11. (Fig. 5, 1) Desmpn'dm Desconocemos por ahora el nombre y la funci6n de este tip0 de piezas, per0 su pertenencia al conjunto A. y su similitud a otros elementos de carros, aunque con distinta hnci6n (Garrido, 1978,76, fig. 46), la hacen con seguridad pate integrante del atalaje de un caballo o del carro. Esti formado por una placa circular con orificio redondo central y bordes regruesados con dos argollas juntas unidas a la placa. Dimensiones: - dihetro de la placa: 68 mm. - dihetro orificio central: 23 mm. - grosor mkimo: 6 mm. Peso: 1 5 8 gr. PIEZA A.12 (Fig. 52) Descrzipn'dm Iguales caracteristicas que la pieza anterior con la diferencia que aquella estA en un estado de conservacicin casi perfecto y la pieza A. 12. aparece completamente doblada y con la placa corrofda en pane. Dimensiones: - dihetro placa: 62 mm. - dihetro orificio central: 22 mm. - grosor mhimo: 5 mm. Peso: 159 gr.
- EL TERCER SUBTIPO lo formarfan piezas de carlcter mls simple en cuanto a su ornamentacidn, como son 10s pasarriendas circulares de las lanzas de carro de Maquiz (Jatn), que siguen la tradicidn de las cabezas de felino de La Joya (Fernhdez-Miranda y Olmos, 1986, 94). S610 se conserva completo uno de 10s cuatro pasarriendas, en la cabeza de bronce no 4 de Maquiz (Almagro, 1979, 181), que consiste en una cabeza de lob0 con un fuerte aro que serfa utilizado con este fin (Fig. 10, I), si bien Fernlndez-Miranda, muestra ciertas dudas al respecto por su dificil colocaci6n en el carro, a la vez que seiiala la dificultad existente a la hora de situar cronol6gicamente estas piezas, que, aunque siguen una tradici6n del siglo VI a.C. en las representaciones grabadas (centuria en la que podrfamos situar tambitn las cabezas de felino de Portixolen Arnpurias), en Maquiz podrfan datarse en un momento posterior por su tratamiento (1986, 96). El dltimo ejemplar que situaremos en este subtipo, tambitin he recogido por Almagro en su trabajo sobre este tema (1979, 194 y fig. 13 a), y se trata de una abrazadera con un pasarriendas circular, perteneciente a un gran lebes de bronce de una turnba de Cbtulo, fechado por este autor en torno al siglo VII a.C. (Fig. 10,2). A la hora de establecer una posible evoluci6n cronolbgica de estos pasarriendas, chocamos con una serie de problemas como la descontextualizaci6n de las piezas con elementos decorados, e incluso, en algunos casos, al desconocimiento de sus lugares de procedencia, ya que constituyen 10s fondos antiguos de museos o colecciones particulares. Por ello, debemos recurrir al examen estilistico de las piezas. Por lbgica, el ejemplar mk antiguo, se corresponderfa con el que presenta 10s motivos vegetales mk detallados, es decir, con una mayor pureza en la representaci6n de 10s temas orientales. Este ejemplar (perteneciente a la colecci6n Vives), se fecha entre el 700 y el 600 a.C., y evolucionarfa hacia la simplificaci6n en modelos como 10s de Alcacer do Sal y el del Museo Arqueol6gico de Barcelona, representando 10s ejemplares de Ubeda, el dltimo paso en esta estilizaci6n de capullos de loto. El paso siguiente lo constituirfan las piezas sin decorar de Cktulo, Cancho Roano y Alboloduy, avalado por las fechas tendentes al siglo V a.C. del yacimiento extremeiio. Sin embargo, y para destacar la dificultad que supone la cronologfa basada exclusivamente en paralelos estilisticos, la aparicibn en un context0 estratig&~co de la pieza de Alboloduy, datada por otros materiales, supone la coetaneidad de todos estos tipos desde fines del siglo VIII hasta principios del siglo VI a.C., momento constatado para las rumbas de la necr6polis de la Joya. ELEMENTOS METMICOS DE LOS ANIMALES DE TIRO A) BOTONES CONICOS: No hemos encontrado en la bibliografia consultada, ningh ejemplar que podamos situar como paralelo exacto de las piezas de Ubeda la Vieja, con una rica y compleja decoraci6n estrellada. Sin embargo, tenemos constancia de otros botones similares, aunque mk simples, relacionados, en algunos casos, directamente con otras piezas de atalajes de caballos, que permiten tambitn asimilar estos ejemplares al resto de elementos pertenecientes al posible carro orientalizante de esta localidad giennense (Fig. 1 1). - Botones de bronce de Cancho Roano: son numerosos las piezas que este yacimiento ha proporcionado (Fig. 12). Algunos de ellos, ya heron recogidos antes de las excavaciones de Maluquer (1981,71), per0 a medida que se heron sucediendo las campafias de excavacidn, su nlimero he aurnentando de forma espectacular, llegando a alcanzar la cifra de 175 piezas al finalizar la nove-
1 .- Cabezo de Araya. 2.- Cancho Roano. 3 .- Ria de Huelva. 4.- Estacar de Robarinas. 5.- Molino de Caldona. 6.- Ubeda. 7.- Fonelas. 8.- Villaricos. 9.- Pefia Negra. 10.- Solivella. 1 1 .- Tossal Redo. 12.- Cones. 13.- Sanchorreja. 14.- Las Fados. 15.- Roc de B&ens. 16.- Grand Bassin I. 17.- Rieu-Sec. 18.- Belarga. Figura NO 11.- Mapa de dispersi6n de 10s principales yacirnientos con botones dnicos.
en hierro, y no en bronce como en 10s casos anteriores. Algunos de estos objetos, son 10s encontrados en la necr6polis de fitacar de Robariw (Cktulo), formando parte del ajuar de guerreros, si atendemos al resto de materiales que 10s acompaiian (Blfkquez-Garcia-Gelabert, 1985, 539). Otros de ellos, son 10s aparecidos en la necr6polis de El Cigarralgo (Murcia), formados por barras cortas y gruesas que se articulan con anillas fijas, y que han sido descubiertos en tumbas fechadas por Cuadrado a finales del siglo V a.C. (1987, 93 y Figs. 145, 203, 222). Otros posibles restos, son 10s fragmentos citados por Presedo, aparecidos en un ustrinum de la necrbpolis de Baza fechado a principios del siglo IV a.C., per0 sin ningin dibujo o descripcicin que nos aclare la naturaleza de estos elementos (1982,264). Para una posible reconstrucci6n de 10s cabezales y atalajes con 10s que irfan enjaezados 10s cabaIlos, podemos recurrir a otra fuente que nos brinda la Arqueologia: las representaciones escult6ricas de estos animales, que muestran en algunos casos arreos semejantes a 10s presentados en este estudio, con discos y rosetas que conipletan la decoraci6n de sus cabezadas, como vemos en la cabeza de caballo de Fuente de kz Higuera (Fig. 16, I), adornada con estos discos y una gran frontalera (Llobregat, 1972,146), y que siwe de modelo a Maluquer para representar el sistema de atalajes y enlace de correas en 10s caballos del Palacio-Santuario (1981, 105). Este sistema de discos y rosetas, tarnbidn esd presente en otros ejemplares de variada cronologia, como en la cabeza de arenisca de La Covatilkz (Marchena), con placas circulares en forma de rosetas de nueve pdtalos y bot6n central (Fig. 16, 2), de ascendencia claramente oriental en el mundo asirio del siglo VIII a.C. (de la Bandera, 1979-80,397), y que a nosotros se nos antojan muy parecidas al vktago cilfndrico rematado por una chapa en forma de roseta de ocho pdtalos (Fig. 16,3), que apareci6 junto a 10s bocados de caballo de la tumba 17 de La Joya (Garrido, 1978,84 y Fig. 48, g). Sin embargo, aunque otros eleaentos como la forma de 10s ojos, le recuerde la plktica griega del siglo VI a.C., esta cabeza se fecha entre 10s siglos 111-11 a.C. por la ausencia del bocado (de la Bandera, 1979-80,392 y 397), lo que viene a destacar la tradici6n que este tip0 de arreos mantiene durante mucho tiempo. Hay que constatar que existen tambidn algunos ejemplos de caballos sin representaci6n del bocado, en otros soportes como el jarro de bronce de la tumba no 18 de La Joya, de cronologia mAs alta (Garrido, 1978, 131-35), aunque pueda deberse en este caso a la dificultad que encontrarla el artesano en representar este detalle del bocado en un asa de estas caraaeristicas (3). Otra cabeza escult6rica con esta representaci6n de rosetas pertenece a un conjunto de caballo y guerrero del yacimiento de Cerrjllo Bkzmo (Porcuna), que presenta un puiial y unas fderas que pueden ser fechadas desde fines del siglo VI a dtimos aiios del V a.C. (Gondez Navarrete, 1987, 22 y 5 1). Tambidn contamos con la cabeza no 34 de su catdogo, que presenta fderas y camas laterales en forma de media luna, como en el conjunto de Cancho Roano (Gondez Navarrete, 1987, 184-88). Otras representaciones escult6ricas donde podemos apreciar el enjaezarniento de estos cabaIlos, estan presentes en el yacimiento de El Cigarrahjo (Murcia), pertenecientes a las tumbas de este complejo flnerario. Las cabezadas son de cuero, al estilo de 10s caballos ibdricos, con protecci6n en la nuca, frente y morro, y muestran en algunos casos 10s extremos del filete de sus bocados (Cuadrado, 1984,259-62). (3) Sugerencia que amablemente nos indid la Profesora Ma.L. de la Bandera cuando le comunicamos nuestras inquietudes sobre ate particular.
De esta forma, y debido a la ausencia destacada en 10s dos conjuntos presentados de piezas tan singulares como las camas laterales (del tip0 de Cancho Roano, con cabecitas de caballo, o un "despotes o potniosn bifronte), o las placas rectangulares y tirantes de La Joya (Fig. 16,4), o bien elementos decorativos como 10s discos y rosetas analizados, nos parecen ambos sistemas (Garrido, 1978, Fig. 53, 2; Maluquer, 1981, Fig. 40), vdidos para nuestros conjuntos, hasta que futuras investigaciones, aporten datos mk concluyentes en este sentido. C) PIEZA INDETERMINADA: Como hemos sefialado en el capitulo de descripci6n del cat& logo, no conocemos hasta el momento de su redaccidn, nin* otro elemento que se le asemeje y aclare nuestras dudas sobre la posible funci6n de estas dos piezas. Sin embargo, queremos adelantar dgunas hipbtesis, abiertas por supuesto a cualquier tip0 de correccibn, que nos sugiere el mero estudio morfol6gico de 10s materials. Pensamos fundarnentalmente en dos posibles usos: el primer0 de ellos viene motivado por la ausencia constatada en el conjunto, de piaas dogables como camas laterales de bocado, al estilo de las encontradas en otros yacimientos que han aponado materiales similares (ya Sean botones, filetes, pasarriendas, etc). Sin embargo, aunque las piezas de Ubeda, presentan un orificio central y mas argollitas por donde podrian sujetarse las barbadas [pensemos en las placas rectangulares de la tumba no 17 de La Joya, con ranuras para ese fin (Garrido, 1978,87)], el dihetro de este orificio central (22-23 mm.) nos resultaria desproporcionado en relaci6n al menor dihetro de 10s caiiones de 10s filetes encontrados en la misma colecci6n, (oscilan sobre 10s 11 mrn.), dihetro semejante a 10s filetes de Cancho Roano, per0 sin contar en nuestro caso con sus apdndices apuntados para mantener enhiestas sus placas laterales, y con orificios centrales de unas medidas sirnilares alas de Ubeda, per0 muy dejadas de Qtas tipol6gicamente (Maluquer, 1983, 52; Ibid., 1981, Fig. 38). La segunda hipijtesis que nos sugiere el estudio de estas piezas es su posible uso como pasarriendas circular, que, en este caso, pertenecerian a otro carro del mismo yacimiento, hecho que de confirmarse, vendrfa a sumarse a la ya gran diversidad de tipos sin decoraci6n. De esta forma las argollas que van unidas a estas placas pueden funcionar como suplente de 10s vktagos que las fijarian al carro o al animal, dejando el orificio central para el paso de las riendas o viceversa. Esto nos parece poco probable debido al nhero de piezas analizadas en este conjunto, que suponen la existencia de un carro con tr& de sus cuatro pasarriendas con su doble tiro de caballo, (10s dos filetes aparecidos en el mismo conjunto) y dos de sus cuatro camas laterales, si consideramos realmente que sea Qta la finalidad para estos elementos, asi como por lo extraiio y diflcil que resultaria explicar su colocaci6n en la caja del carro sin la ayuda del vktago. En cuanto al tiro de caballos, consideramos muy probable su similitud al tip0 de atalaje, ria y variado, que presentan 10s animals de Cancho Roano, al contar en el ejemplo de Ubeda, con botones de bronce similares, aunque con una decoraciijn mk refinada. La aparici6n en Cktulo de otras piezas interpretadas como camas laterales de bocado, iddnticas a las aparecidas en Cancho Roano (Maluquer, 1983,63), unido d nuevo hallazgo de otros elementos considerados como pasarriendas sin decoracidn, procedente tambiCn de Cktulo (Fundacicin Alhonoz), y semejantes a la mencionada por Maluquer (1981,408), nos indican que existe cierta vinculacicin entre la zona extremefia y la giennense a travds del Guadalquivir, quedando esta zona y sus importantes necr6polis (Cerrillo Blanco, Mengibar, Cktulo) como eje de una importante via de comunicacicin culturd entre el Bajo Guadalquivir y la zona de Levante, donde contamos con yacimientos como 10s Saladares o Pefia Negra (Ruiz Delgado, 1989 b, 255). Ruta que, como ya hemos avanzado en otros estudios (Mancebo y Ferrer, 1988-89; Ibid., 1991 e.p.), se sigue con facilidad atendiendo a otros
Guadalquivir o la Campifia Oriental donde las transformaciones no son tan acusadas. Un ejemplo bien notorio puede ser el Cerro del Salto, tan s610 a unos pocos kil6metros de Chtulo, donde 10s carnbios ocasionados por el estimulo orientalizante no se manifiestan en una transformacicin profunda de sus tradiciones y tecnologias. Apenas aparece cerhicas a torno, y entre el registro arqueol6gico de tradici6n indigena sblo se destaca el ejemplo de un peine de marfd con tipica decoraci6n orientalizante, material ex6tico relacionado con la Bite (Nocete y otros, 1986, 193). Otro punto que conviene resaltar, es la estrecha relacibn entre 10s sectores dirigentes de la sociedad tartcisica con la economia y la religibn, en una conexi6n muchas veces diflcil de analizar y discernir. Un buen f6sil director pueden ser 10s elementos de carros, al igual que otros materiales de la documentaci6n arqueol6gica, porque aparecen tanto en necr6polis (La Joya), formando pane integrate del ajuar de un poderoso, como en santuarios (Cancho Koano), como ofrendas. Podemos relacionar tambicin estas nociones con la importancia de la mineria y su conexi6n inequivoca con centros rituales como La Muela en Cktuio. En La Muela I se encontr6 un taller de fundidores sobre el que se construy6 el santuario (La Muela 11) posiblemente dedicado a Astartci, divinidad oriental relacionada con las labores metallirgicas (Blhquez, 1986,59-62; BlAzquez y Otros, 1984). Vemos pues, que estamos ante una serie de piezas interrelacionadas en el que la correcta disposici6n de todos 10s elementos nos conducid inexorablemente a las respuestas de 10s interrogantes planteados. Por tiltimo, no se puede dejar de'hacer referencia, al hablar de 10s carros orientalizantes, de su posible identificaci6n con 10s carros representados en las estelas del Suroeste. No es este lugar para entrar en el debate sobre 10s origenes y cronologia de estos monumentos funerarios, per0 sf para dar una pequefia contribuci6n que ayude al esclarecimiento de esta problemdtica. La estela de Monte Blanco (Olivenza, Badajoz) (Fig. 18), constituye una prueba ineludible del impact0 orientalizante en el Area tartdsica (Bueno-Pifibn, 1985,43). Estos autores la fechan en el siglo VIII a.C., y en ella se representan elementos que la relacionan directamente con 10s hallazgos de carros peninsulares. Se trata de un motivo circular que representa la abrazadera de un escudo de procedencia oriental, no griego, pues estos dltimos cuentan con un sistema de sujeci6n distinto por el borde (Blhquez, 1986 b, 192). La importancia de ate elemento esth en la semejanza con otro objeto de caracteristica similares hallado en La Joya (Bueno-Piii6n, 1985,42) que, como sabemos, tiene entre sus ajuares al menos dos carros. De esta manera, creemos que se puede establecer una relaci6n cronoliigica, todavia dificil, entre 10s carros representados en las estelas (Fig. 19), y 10s que denominamos como "orientalizantes". En estas lineas, hemos querido dar un rhpido repaso a cuestiones que precisan de andisis mh profundos, per0 creemos curnplido nuestros objetivos de presentar unos materiales inciditos, realizar estudios tipol6gicos y plantear cuestiones reabiertas al debate.
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