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La piratería Japonesa del siglo XV

Muñoz Molero, Delia

Abstract

El objetivo principal de este trabajo de fin de grado consiste en profundizar y exponer el funcionamiento de la piratería japonesa durante el siglo XVI en una investigación que arroje luz de forma clara y práctica sobre la materia. Se realiza tanto en relación con sus países vecinos (principalmente China y Corea) en la región del Gran Mar de China como en su plano doméstico dentro del mismo Japón, ubicado en el Mar Interior de Seto. Entre los diversos aspectos de la piratería se pretende definir la figura histórica del wakou en contraposición con la del kaizoku. Ambas palabras se traducen como pirata pero aluden no solo a diferentes tipos de actividad naval, sino a distintos modos de vida.

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Facultad de Filosofía Grado en Estudios de Asia Oriental La piratería Japonesa del siglo XVI Trabajo de Fin de Grado presentado por Delia Muñoz Molero Tutor: Prof. Dr. Jesús San Bernardino Coronil Sevilla, Septiembre de 2020 1 FACULTAD DE FILOSOFÍA GRADO EN ESTUDIOS DE ASIA ORIENTAL TRABAJO DE FIN DE GRADO CURSO ACADÉMICO [2019-2020] TÍTULO: La piratería japonesa del siglo XVI AUTORA: Delia Muñoz Molero TUTOR: Prof. Dr. Jesús San Bernardino Coronil RESUMEN: El objetivo principal de este trabajo de fin de grado consiste en profundizar y exponer el funcionamiento de la piratería japonesa durante el siglo XVI en una investigación que arroje luz de forma clara y práctica sobre la materia. Se realiza tanto en relación con sus países vecinos (principalmente China y Corea) en la región del Gran Mar de China como en su plano doméstico dentro del mismo Japón, ubicado en el Mar Interior de Seto. Entre los diversos aspectos de la piratería se pretende definir la figura histórica del wakou en contraposición con la del kaizoku. Ambas palabras se traducen como pirata pero aluden no solo a diferentes tipos de actividad naval, sino a distintos modos de vida. 2 - This dissertation’s main goal is to delve into how Japanese piracy was runduring the 16th century in an investigation that throws light clearly and practically on the subject matter. This is both in relation to their neighboring countries (mainly China and Korea) in the Greater China Sea region, and on a domestic level inside Japan proper, in the Seto Inland Sea region. Among piracy’s distinct aspects, it is an objective to define the historical figure of the wakou, in direct opposition to the kaizoku, both of which are translated as “pirate” but refer to not only different tipes of naval practices but also lifestyles. TÉRMINOS CLAVE: Pirata; pirate; piratería; piracy; kaizoku; wakou; China; Japón; Japan; mar; sea; Corea; Korea; Murakami La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 4 ÍNDICE I. ¿Qué entendemos por piratería? …………………………………………… 5 II. Wakou y kaizoku, la figura del pirata ……..……………….……………… 7 II.I Estilo de vida ……………………………………………………………. 13 III. Navíos y lenguaje de los wakou y los kaizoku ………………………...…... 17 IV. El gran mar de China y el mar interior de Seto, el territorio de los piratas IV. I Los wakou en el Gran Mar de China ………………………………….. 24 IV. II Kaizoku¸ de piratas y mercenarios a señores del mar ………………… 31 V. Grandes piratas del este V.I Wang Zhi, el rey de los wakou, y Koxinga ……………………………… 38 V.II El clan Murakami ………………………………………………………. 40 VI. Los wakou y España ……………………………………………………….. 44 VII. Conclusiones ………………………………………………………………... 47 VIII. Índice de referencias ……………………………………………………….. 49 IX. Bibliografía …………………………………………………………………. 51 La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 5 I. ¿Qué entendemos por piratería? Según la RAE, piratería se define como: “ejercicio de pirata, robo o presa que hace el pirata, o; robo o destrucción de los bienes de alguien”. 1 (Real Academia Española: Diccionario de la lengua española 23 ed). Si concretamos en el término pirata, la RAE presenta (entre otras definiciones que se salen del contexto de nuestro interés); “perteneciente o relativo al pirata o a la piratería. Ilegal, que carece de la debida licencia o que está falsificado. Persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar. Persona cruel y despiadada” 2 (Real Academia Española: Diccionario de la lengua española 23 ed). Pirata y piratería no aluden solo a una actividad económica y naval de tintes ilícitos. Están indivisiblemente ligados a una moralidad (o la ausencia de ella) y una ética negativas. Los piratas son aquellos que viven al margen de la ley y la autoridad, más allá del poder de la misma y acometen acciones que las perjudican. Este es el constructo que han hecho todas las autoridades sobre el acto de piratear: desde las primeras incursiones en Corea en el siglo V, los multitudinarios ataques a las costas chinas durante todo el final de la edad media, los contratos de mecenazgo del Sengoku Jidai y el saqueo y robo de las embarcaciones europeas en el siglo de oro de la piratería occidental. “When trade is permitted, pirates become merchants. When trade is prohibited, merchants convert to pirates” (Antony, 2010, p.17). A nivel global, y a lo largo de la historia, ha sido la autoridad vigente la que define qué es la piratería a razón de cómo esta le afecta. Y es que “the meaning of “pirate” shifts depending on the political and cultural contexts” (Shapinsky, 2014, p.8). En el particular caso de la piratería japonesa existen dos vertientes claramente diferenciadas en lo que a este tipo de grupos se refiere. Cada uno posee su propia nomenclatura en japonés y, sin embargo, al trasladarlos al español ambos términos se traducen como pirata: wakou y kaizoku. Wakou es probablemente el más conocido y su origen etimológico resulta muy esclarecedor. “The Koreans called them waegu, which was rendered into Japanese as wako, the ‘brigands from the country of Wa’” (Turnbull, 2007, p.7). En chino lo pronunciaban wokou, traducido literalmente como “bandido” o “pirata”. “The Chinese and Koreans pejoratively called Japenese maritime raider and smugglers “dwarf 1 REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea]. Recuperado de <https://dle.rae.es/pirater%C3%ADa> [05/07/2020]. 2 IBID. Recuperado de <https://dle.rae.es/pirata> [05/07/2020] La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 6 bandits”” (Antony, 2010, p.7). “The term “Japanese pirate” mixes a character for the epithet for Japanese often rendered “dwarf” (Kn.wae/ Ch. wo) with the one meaning bandit (gu/ko)” (Shapinsky, 2014, p.190). La primera vez que se tiene constancia del uso de esta palabra se halla en una tablilla de piedra erigida en el 414 d.C. en el sur de Manchuria, en conmemoración del rey Gwanggaeto del estado coreano de Goguryeo. A pesar de lo poético de su origen, en su uso práctico era mayormente peyorativa, una palabra que, si bien evolucionó a lo largo de los siglos, nunca se sacudió su visión negativa de los wakou, y particularmente de los japoneses. Es tal que el propio Peter D. Shapinsky afirma que el término wakou, no suele aparecer en las propias fuentes históricas japonesas, y algunos de los piratas más famosos que actuaron entre los siglos XV y XVII, aunque afincados en Japón, eran de origen chino, como es el caso de Wang Zhi, o Zhèng Chénggōng (más popularmente conocido como Koxinga), que a pesar ser nipón actuó en las costas chinas y taiwanesas. Cuando hablan de su propia historia los japoneses utilizan kaizoku. Estos kaizoku estaban compuestos por una población situada en las cadenas de islas y costas de la región del mar interior de Seto, una amalgama de marineros, pescadores, rufianes y señores que no se reconocían en este término, kaizoku, ni lo utilizaban para designarse a sí mismos. En vez de actuar sobre las costas extranjeras, estos piratas domésticos utilizaban la intrincada geografía del mar interior de Seto en su beneficio. Mediante el desarrollo de técnicas navales y el conocimiento autóctono, se valían del control sobre esta zona del archipiélago para establecer peajes, puntos de control, rutas de pasajeros y mercancías en las que ofrecían protección ante los ataques de otros kaizoku y brindaban sus servicios a los daimyō 3 a conveniencia. Durante los siglos que abarca este estudio fueron sus capacidades de control del medio marítimo y sus habilidades las que catapultaron la figura del kaizoku de piratas y rufianes a figuras de poder naval, élites costeras de Japón: señores del mar. De entre ellos, el más destacable fue el clan Murakami. En definitiva, sendos términos se utilizaban para enmarcar la otredad de un grupo que operaba ajeno a la civilización y contra la ley; representaban lo ilícito, lo bárbaro e ilegal. Ambos, en el ejercicio de la piratería, se caracterizaron por despertar terror en las costas que perpetraban gracias al uso de la crueldad y la violencia. 3 Daimyo: Figura político/militar correspondiente al señor feudal occidental que gozó de gran poder entre los siglos X y XIX en Japón. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 7 II. Wakou y kaizoku, la figura del pirata En la percepción cultural moderna toda la piratería, tanto oriental como occidental, está afectada por la romantización. La palabra pirata evoca una serie de tropos recurrentes que son fruto de haber tergiversado la narrativa de esta figura. Figuras como Francis Drake, Henry Morgan, Charles Vane y coetáneos en la cultura occidental han paseado por novelas, videojuegos y productos televisivos que envuelven la realidad con una pátina narrativa muy ornamentada, enmascarando las prácticas y modo de vida que llevaban. El caso japonés es similar, por eso es importante detenerse a analizar cómo eran estos piratas asiáticos y sus características. Para ello tenemos que tener en mente una idea: “Across the globe in the premodern period, states did not dictate a monopoly on legitimate violence. Instead, state and nonstate actors alike treated violence as a commodity─something “democratized, marketized, and internationalized” (Shapinsky, 2014, p.21). La violencia y su uso no tenían las mismas connotaciones que en el mundo actual. Sendas ramas de la piratería japonesa se valían del uso de la misma como medio de vida, pero no siempre se consideraban y/o autodenominaban piratas a sí mismos. La violencia era algo común en el comercio marítimo, parte de la identidad y el modo de vida en alta mar. “The use of force was not a trait of piracy but more broadly of the commerce of that age. Sometimes mariners went armed to protect and raid, while at other times they sold their “protective” services to states and merchantes and became licensed pirates”. (Pérotin-Dumon, 2001, pp.29-30). Pero, ¿cómo eran? ¿Cómo funcionaba este modo de vida? La mayor parte de los registros históricos que existen sobre su aspecto o sus maneras proceden de origen extranjero. En el caso de los wakou figuran en relatos coreanos y descripciones de políticos y militares chinos, mientras que los kaizoku aparecen en escritos jesuitas. Las representaciones gráficas, aunque escasas, existen, y nos apoyaremos en estos materiales para definir y concretar la apariencia de estos piratas. Ya en 1468 fuentes de la dinastía Ming describían a los japoneses como traicioneros y engañosos, mientras que los mongoles de la misma época (más afectados La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 8 por las primeras incursiones wakou) afirmaban que los japoneses se resistían a rendirse en batalla. Mientras más fuerza utilizaban contra ellos más desobedientes se volvían. Mientras más los pacificaban, más se rebelaban. Varios testimonios de origen chino retrataban a los wakou que asolaban sus costas: “No less a person than the first Ming emperor depicted the Japanese pirates as a bunch of petty thieves ‘with shorn hair and mottled cloths’, ruled by ‘barefoot rulers and ministers’ and speaking ‘a language that sounds like the croaking of frogs’. Similar comments were made a century and half later by Zheng Mao, who wrote about a raid by wako on Zhapu in the summer of 1554. They were ‘bald and made bird-like sounds… They wore mottled green and white clothing’. In Ribenkai¸Ye Xianggao paints a description of toughness: ‘The men go hatless and their hair is disheveled. They have branded faces and tattoed bodies’.”(Turnbull, 2007, p.26). “They even used the term wae/wo to condemn the low-status, littoral inhabitants of their own coasts, (…). These shared prejudices were compounded by the sharing of intelligence on pirates between Korean and Chinese officials during diplomatic and tributary missions (…). Both described waegu and wokou as bestial and barbaric: as half-naked, barefoot, “water demons” who possessed uncanny skills in diving, swimming, fighting, and subsisting at sea”. (Shapinsky, 2014, p.191) Existen dos rollos muy similares entre sí, ambos datados en el siglo XVI. Uno es “Victoria en Taiwán de Ming Qiu Zhizhou” (Ming Qiu Zhizhou Taiwan zoukai tu) 4 , 1494-1552, de 32 centímetros de ancho y 522 de largo, que actualmente puede encontrarse en el Instituto de Historia de la Universidad de Tokio. El segundo, rollo ilustrado de los wakou (Wokou tujuan) (figura 3), se encuentra en el Museo de Defensa Costera en Ningbo, aunque es propiedad del Museo nacional de Historia China. Varias de las fuentes consultadas coinciden en que a pesar de la similitud en estilo y temática de los rollos no son del mismo autor, pero sí podrían ser un original y su copia. Ambos reflejan escena a escena una incursión wakou en las costas chinas. 4 Ver figuras 1 y 2. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 15 Para estos clanes, el comercio, el transporte y la protección eran sus principales medios de vida. Esta última resultaba la más lucrativa junto a los peajes, que se establecían en rutas estrechas y cuellos de botella que, a su vez, delimitaban el dominio marítimo de sus territorios. “Fishing, ship-building and salt-making all fell under the jurisdiction of the pirate lords” (Turnbull, 2007, p.39). Los kaizoku, definidos por su territorio, se asentaban en islas que podían variar de tamaño. Tanto Noshima (fig. 5), de menos de un kilómetro de circunferencia, como Yugesgima o Shiwaku fueron puertos y hogares de piratas. A diferencia de los wakou, lejos de ser aldeas pesqueras, los señores del mar mandaron construir castillos y fortificaciones en sus dominios. En ellos establecían sus centros de poder y se convertían en el eje desde el que controlaban el mar. El jesuita portugués Luis Frois dijo de Murakami Motoyoshi: “We arrived at a certain island. The greatest pirate in Japan resides on this island. He has built a large castle there. There are ships from his followers and from his territories. Their ships constantly pick up the spoils. This pirate is called the Lord of Noshima. It is a fact that he has strong support. Those who dwell on the coast and seashores pay him tribute every year out of fear that they may be destroyed by the Lord Noshima”. (Turnbull, 2003, p.38) Los señores del mar desarrollaron un estilo de castillo (umijiro) en base a sus necesidades, un asentamiento permanente que transformaba toda la isla en fortificación y residencia. Construyeron tres variantes: castillos en un grupo de, o una sola isla, castillos en la zona más alta con vista a puertos o una combinación de ambas clases. Figura 5. Fotografía actual de las dos islas de Noshima. Figura 6. Recreación de Noshima en 1585, basada en la reconstrucción del Museo Naval de Noshima Murakami en Miyakubo, Oshima. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 16 Los umijiro en altura como el de Aoki en Innoshima se asemejaban a los wajo construidos durante la ocupación japonesa en Corea (1593-1598). La posición a nivel de estos castillos permitía controlar los canales y el movimiento de barcos. En el caso de Noshima (fig. 6), dividida en dos por un canal, los Murakami unieron estas dos islas con un puente y establecieron un puerto en cada una de ellas como puede apreciarse en la figura 6. En los afloramientos rocosos que las rodean existen perforaciones para postes que podían servir para ubicar pasarelas que rodeaban la isla o incluso almenas. Peter Shapinsky afirma que estos umijiro también formaban parte de grandes redes de comercio. “Over ten thousand pieces of pottery dating from the thirteenth through sixteenth centuries were unearthed on Michijajima, including some seven thousand domestically produced pots, jars, flasks, mortars, and other pieces of utilitarian Bizen ware. Excavations also revealed significant amounts of overseas trade pottery: Chinese, Korean, and Vietnamese bowls, plates, serving implements, celadon jars, dishes, and censers. (…) Chinese coins from the Song and the Ming dynasties that circulated as currency in late medieval Japan were unearthed in conjunctions with the trade pottery”. (Shapinsky, 2014, p.138). La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 17 III. Navíos y lenguaje de los wakou y los kaizoku En los siglos XVI y XVII los wakou y los kaizoku llevaron a cabo distintos tipos de viajes. Mientras los primeros se aventuraban en trayectos más largos y necesitaban de una mayor capacidad de carga, los kaizoku adaptaron sus embarcaciones a tácticas navales y las inclemencias de la guerra. Estos barcos portaban pendones y símbolos que los identificaban como barcos de los kaizoku o bajo la protección de los mismos, como veremos más adelante. El barco articulaba la vida pirata, suponía su centro neurálgico. No solo era el medio utilizado para llevar a cabo una actividad, las embarcaciones convertían a los hombres en tripulaciones. El sentimiento de grupo, unidad, facilitaba el uso de violencia contra otros fuera del barco, fuera de la tripulación. “Ships provided heavens for mariners and a space for their social world, outside of which lay the lethal world of storms, sharks, enemies, and prey” (Dening, 1980, pp.158-159). Mientras las tripulaciones entendieran los barcos como su hogar, lo defenderían como tal. Aunque no se conserva ningún barco del medievo japonés a día de hoy, existen suficientes representaciones pictóricas y testimonios para saber qué aspecto tenían. Se especula que en sus primeros encuentros utilizaron barcos pesqueros para sus incursiones. A medida que la piratería se establecía como una actividad consolidada se especializaron y los navíos se sofisticaron. Ya en el siglo XIV tenemos reminiscencias de barcos wakou de largo recorrido, muy similares a los juncos chinos. Eran barcos largos, con cubiertas techadas, timones que podían elevarse y carecían de quilla. Existen también representaciones de los wakou en embarcaciones más pequeñas del estilo sampan chino, impulsadas a remo con un yuloh 5 . Medían su capacidad en koku, la medida del volumen del arroz (un koku equivalía a 180 litros). Detalles de los barcos del siglo XIV y XV figuran en pinturas de monjes budistas como el “rollo ilustrado de las legendas de Shinnyo-Do” (fig. 7) (Shinnyo-Do Engi Emaki). “Resemble Chinese seagoing junks in many particulars. (…) but auxiliary oars were provided. There was an open deck with railings around it, and a simple open wooden fighting castles at stem and stern. Larger versions had two masts and a central deck castle” (Turnbull, 2003, 5 Yuloh: Remo curvo de origen chino que se utiliza para impulsar embarcaciones de tamaño mediano o pequeño. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 18 p.24). Stephen Turnbull apunta al kenminsen (fig. 7) como el barco predilecto de los wakou debido a sus características. Aptos para viajes largos, se utilizaban frecuentemente en misiones diplomáticas y comerciales entre China y Corea. Estas embarcaciones versátiles podían adaptarse al conflicto armado. El kenminsen medía aproximadamente 55 metros de largo y se impulsaba con el velamen de dos mástiles. Los construidos para viajes largos contaban con dos camarotes y un trinquete más largo. Tenían una capacidad de 2.000 koku. Las embarcaciones del “Victoria en Taiwán de Ming Qiu Zhizhou” (fig. 1) se corresponden con estos navíos. Los kaizoku durante el siglo XVI diseñaron sus propias embarcaciones. Su poder dentro de Japón era tal que estos piratas controlaban los artesanos, recursos y astilleros que precisaba la creación y construcción de sus propios barcos de guerra. Sus contratos de patronazgo les granjeaban los contactos y los negocios para obtener hierro y madera. Noshima Murakami, Tokui y Kurushima Murakami fueron algunos de los que exigieron asignaciones de madera a cambio de sus servicios. Las maderas más apreciadas para la construcción eran el ciprés japonés (hinoki), alcanfor (kusunoki), cryptomeria (sugi), olmo (muku) y pino (matsu). El ciprés y la cryptomeria se trataban para impermeabilizarlas y que resistieran la putrefacción, mientras que el pino se utilizaba en las partes del barco que necesitaban fuerza para resistir el oleaje. Bajo el mandato de los kaizoku se construyó todo un abanico de navíos para la guerra, desde más pequeños y manejables hasta grandes acorazados. “Korean records describe Japanese flag ships from the 1592-98 Japanese invasions as ships with castle turrets on them” (Shapinsky, 2014, p.132). Figura 7. Kenminsen ilustrado en el rollo Shinnyo-do Engi Emaki (Leyenda de Shinnyo-do), 1554. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 19 Durante el Sengoku Jidai, en el siglo XVI, surgieron por primera vez barcos diseñados especialmente para la guerra. Se diseñaron varios tipos para cubrir las necesidades de los kaizoku. Destacaremos tres en particular por su extendido uso en las guerras navales del Japón medieval: ataku bune, seki bune y kobaya. Los ataku bune, navío insignia de cualquier fuerza naval del Sengoku Jidai, se erigieron como los barcos más grandes construidos en Japón durante el siglo XVI, “Edoperiod chroniclers designated ataku bune as “castles of the sea”” (Shapinsky, 2014, p.133). Lentos y sólidos, toda su superficie lateral se componía de una pared de planchas de madera con aspilleras para arqueros o armas de fuego. La cubierta superior era abierta, protegida por extensiones de las paredes laterales. Algunos poseían camarotes en cubierta, muchas veces desarrollados en forma de intrincadas torretas (yagura). Para desplazarse utilizaban el velamen de un único mástil (que pivotaba en el centro y se doblaba para guardarse en batalla) y el uso de remos tan grandes que se necesitaban dos hombres para manejarlos. Tenían una media de 30 metros de largo y 13 de ancho y podían transportar cientos de koku. Para manejar un ataku bune se necesitaba una media de 80 remeros, transportaba 60 soldados, y se armaban con tres cañones y hasta 30 arcabuces. Figura 8. Detalle de dos ataku bunes del Hizen Nagoyajozubyobu. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 20 En las batallas de Kizugawaguchi (1576-1578) que enfrentaron a Oda Nobunaga y Mōri Terumoto, apareció una versión superior de este navío: o ataku bune (Gran ataku bune). La derrota de Kuki Yoshitaka, almirante de Oda Nobunaga, en 1576 derivó en la necesidad de una embarcación que superase técnicamente a las del bando contrario. En 1578 el propio Kuki Yoshitaka presentó batalla de nuevo con seis o ataku bune. Su tamaño duplicaba el de un ataku bune normal (fig. 9) y su potencia de fuego era muy superior. Stephen Turnbull teoriza que incluso podrían haber estado reforzados con placas de hierro. Con o sin ellas, su velocidad quedaba lastrada por las dimensiones y su peso. Para los señores del mar, más allá de su valor práctico y táctico, los ataku bune suponían un símbolo de poder y autoridad. Se ornamentaban siguiendo la estética de los castillos de los daimyō. “Mid-sixteenth-century Noshima Murakami flotilla consisted of around one hundred ships decorated more beautifully than even the shogun could have managed”. (Shapinsky, 2014, p.135). El seki bune (fig. 10) corresponde al barco de batalla mediano. Más pequeño que el ataku bune, carecían de camarote y su forma destacaba por contar con una proa en Figura 9. Comparación del tamaño de un ataku bune (centro) con el o ataku bune de Oda Nobunaga. Figura 10. Ilustración de un Seki bune. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 21 forma de arco decorada con borlas de cuerda. La dotación contaba con 40 remeros, 30 soldados armados con un cañón y 20 arcabuces. Eran la piedra angular de las flotas feudales del Sengoku Jidai. Por último, el kobaya, el barco más pequeño y veloz. Algunos modelos tenían como protecciones un panel de madera frontal defensivo y estaban desprovistos de paneles laterales. En su lugar utilizaban un cortinaje alrededor del barco para detener flechas. Un total de 20 remeros podían manejarlas pero contaban con pocos soldados, unos diez, y ocho arcabuces, pero ningún cañón. Uno de los acorazados más célebres fue el Nihon maru (fig. 11), el buque insignia de Hideyosi Toyotomi, construido por Kuki Yoshitaka en 1591. Clasificado en la clase de o ataku bune, poseía tres habitaciones de 18 tatamis de tamaño superpuestas (3 pisos). Por su estilo ornamentado, Stephen Turnbull apunta a que podría haber surgido como un goza bune, un barco de entretenimiento, pero se destinó al combate durante los ataques a Corea del 1592. “The chronicle Shime gunki notes how Nihon maru with a ‘Mount Horai’, a Shinto decoration named after sacred mountain of Chinese mythology, and that a brocade curtain, which had the practical function of stopping spent arrows, added to the decorative effect” (Turnbull, 2003, p.35). Existieron otras embarcaciones con aspecto similar a las descritas anteriormente pero con funciones muy específicas. Los seiro bune contaban con una torre de asedio reemplazando la cabina central para situar arcabuceros que disparasen desde altura. La familia Shimazu utilizó durante la invasión a Corea los uma fune, embarcaciones especializadas en el transporte de caballos. En la campaña de Osaka de 1614-15 apareció el mekura bune, barcos blindados, muy similares a los kobaya que utilizaban hatos de bambú de 30 centímetros de diámetro sustituyendo el cortinaje y dotando a Figura 11. Recreación del Nihon Maru en Total War: Shogun 2 La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 22 toda la embarcación de una protección ligera pero resistente. Se perforaban cuatro troneras en cada lado en la que tres marineros maniobraban con cañones. Los kaizoku, con su carácter más militar, desarrollaron su propia terminología jerárquica: “Using both maritime occupational terminology and land-based institutional or status labels. Sea lords had a wide array of hierarchical, purely maritime titles from which to choose: commodore (sosendo), captain (sendo, funabito), shipmaster (kandori), vice-captain (wakisendo), clerk (kakitsuke), officer (shikan), ropesmen (itten, niten, santen), “head sailor” (kaburikako), and sailor (funako, kako)” (Shapinsky, 2014, p.141). También utilizaban combinaciones de profesiones y etiquetas utilizadas por los samuráis para organizar sus bandas/clanes. Con la legitimación de las actividades kaizoku, directamente relacionada con su servicio a los daimyō, desarrollaron también un lenguaje propio a su oficio: “protection (keigo), escort (uwanori/nakanori), harbor tallies (sappo), and “gifts” (reisen, shukoryo)”. (Shapinsky, 2014, p.123). Así como los wakou utilizaban pendones y estandartes que los caracterizaban y anunciaban su presencia, una sencilla bandera marcó la norma en el mar interior de Seto: el banderín de cresta monmaku (fig. 12). El monmaku cruzó los mares japoneses durante todo el siglo XVI. Fue el resultado del éxito de los Murakami en sus empresas de protección y transporte, “they had developed such a reputation for protection that the impetus for protection sprang from land based elites and travelers who sought out the Noshima and asked for guarantees of safe passage” (Shapinsky, 2014, p.123). Estas banderas se tejían con seda o cáñamo, con el carácter kami (上) en el centro. Hondeaban en los mástiles, indicando que los barcos en su posesión estaban bajo la protección de los Murakami, que las vendían u otorgaban. Junto al monmaku, se entregaba el origami gechijō, literalmente edicto en papel doblado. Aunque se encuentran más referencias históricas, físicamente solo se conservan dos, uno de 533 x 448 mm y otro de 579 x 430 mm). En estos restos físicos se aprecia que Noshima escribía a la izquierda la fecha de expedición y su firma, y a la derecha el nombre del beneficiario (fig. 12). El tiempo de validez que tenían se desconoce. Su presencia constituía una advertencia suficientemente poderosa como para que los kaizoku se pensaran dos veces asaltar un barco con este estandarte, aún cuando el navío no fuera posesión directa de los Murakami. Se debe de tener en cuenta, no obstante, que solo garantizaba la seguridad dentro de las redes de comercio y los territorios de los Murakami. Tuvo tal relevancia La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 23 que hasta los extranjeros que viajaban por el archipiélago lo solicitaban. Luis Frois, jesuita que ya hemos mencionado anteriormente, relató en 1586: “The Father Vice Provincial ordered a japanese brother to visit in order to ask him [Noshima Murakami Takeyoshi] for his good favor and permission for us to be able to travel freely under his sigil”. (Shapinsky, 2014, p. 124). El monmaku estuvo acompañado por otra serie de banderas y pendones que ondeaban en las embarcaciones japoneses. Habitualmente los daimyō proveían banderas con su emblema a los barcos que contrataban. “The iconography on the flag presented to all who saw it the identity of the power” (Shapinsky, 2014, p.124). También ondeaban banderas dedicadas a deidades, a las de Hachiman Daibosatsu que se mencionaron en la primera parte del texto, se le unían banderas en honor a Mishima Daimōyjin o Amaterasu Omikami. Figura 12. Bandera de Noshima Murakami. En el centro el carácter kami. A la derecha el nombre del beneficiario: Monomoshi de Itsukushima. A la izquierda, la fecha en la que se firmó: Tensho 9, 28 del 4 de 1581. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 24 IV. El gran mar de China y el mar interior de Seto, el territorio de los piratas Los piratas de origen japonés supusieron un problema constante en las costas de Asia a lo largo de su historia. Los wakou empezaron operando en las costas de Corea y paulatinamente se desplazaron al sur para castigar el litoral chino, con especial hincapié durante el siglo XVI. Se convirtieron en un serio contratiempo para la dinastía Ming. Afectaron tanto a sus recursos y puertos como a sus redes de negocios con Japón, país del que necesitaron y exigieron una cooperación activa para erradicar la piratería de sus aguas más de una vez. Al mismo tiempo los kaizoku luchaban en el interior de Japón no solo por riqueza. Las relaciones de patronazgo con daimyō los acercaban a la élite y muchos de los clanes participaron en las guerras al servicio de estos señores. Aparte de su beneficio, persiguieron tenazmente la legitimación de su modo de vida y la validación de su estatus de señores del mar antes que piratas. Ambos, wakou y kaizoku, configuraron una floreciente y fructífera red de comercio mediante el control de las rutas navales, la explotación del robo y el contrabando, que se apropiaría de los mares de Asia durante más de un siglo. IV. I Los wakou en el Gran mar de China Los primeros registros históricos de los wakou, como ya hemos visto, se remontan al siglo V en Corea. Estas incursiones se orquestaban por bandas pequeñas, pero lo suficientemente feroces para que la corte coreana pidiera que se reforzaran las conexiones de Kioto con el mar interior hasta tres veces en el siglo X. La petición correspondiente al año 932 concretaba que se estableciera un tsuibukai zokushi, un diplomático destinado exclusivamente a la persecución de la piratería entre Japón y Corea. No debió resultar efectivo puesto que en el 936 Fujiwara Sumitomo se autoproclamó como el primer rey de los piratas japoneses. Con una baja incidencia, esta primera piratería wakou se condicionó por las relaciones positivas con Corea y los desastres naturales. Una ayudaba a erradicarla y la otra empujaba a poblaciones con menos recursos a actividades ilícitas para sobrevivir. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 31 fue el primer inglés asesinado por un pirata japonés: John Davis, miembro de la tripulación del Tigre. El siglo XVII supuso el declive de la piratería wakou. Zhejiang, un objetivo habitual de los wakou sufrió solo seis ataques a principio de siglo. Con la dinastía Ming en declive, las rutas de comercio abiertas a un sistema cada vez más internacional y la persecución más efectiva de la piratería, las incursiones piratas se redujeron casi hasta extinguirse. IV. II Kaizoku¸ de piratas y mercenarios a señores del mar. Los kaizoku como piratas domésticos ocuparon un papel único en Japón. Su control del mar interior de Seto los convirtió en la principal bisagra entre el Japón medieval y el resto del mundo. Además se constituyeron como una figura indispensable durante el Sengoku Jidai que articuló las rutas de viaje, comercio interior y las batallas navales. El enclave geográfico que ocupaban fue primordial para ello. Los canales del mar interior de Seto conectan las tres islas más grandes de Japón: Honsu, Shikoku y Kyushu (fig.4). Con una extensión total de 450 kilómetros de largo, alcanza los 55 kilómetros en sus puntos más anchos y apenas 5 en los canales más estrechos. Está salpicado por una serie de islas de diversos tamaños que facilitan el control de las rutas de viaje en sus aguas. Su acceso al interior de Japón era sencillo a través de las vías fluviales, aunque sus características geográficas y medioambientales (clima estable con alta oscilación de la temperatura del agua de una estación a otra y fuertes corrientes marinas que formaban rápidos) limitaban su navegación a marineros experimentados, “japanese authorities early on recognized the usefulness of the Inland Sea as an artery for archipelagic and overseas shipping. (…) In the medieval period, warrior provincial governors, war-lords, shogun, bakufu officials, religious organizations, aristocrats, and others tried to dominate and manipúlate Inland Sea production and distribution networks through the administrarion of states, ports, toll barriers and shipping” (Shapinsky, 2014 p.29). A final del medievo la inestabilidad política de Japón, con el poder político descentralizado, permitió que la ambición de los daimyōs se extendiera hacia sus costas más remotas en busca de beneficios, allí donde hollaban los kaizoku. La división La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 32 política de Japón y el ambiente violento que atravesaba el archipiélago ofreció a estos kaizoku el abanico de oportunidades que necesitaban para ganar poder real en las costas de Japón. Surgieron durante el siglo XIV de pequeñas partes del litoral nipón y estados marítimos. Con sus conocimientos se adueñaron de las redes de comercio, los peajes, puertos, controles y las aldeas pesqueras hasta el siglo XVII, poniendo sus habilidades y embarcaciones al servicio del mejor postor. Durante el periodo Muromachi los kaizoku ya se habían establecido con un sistema de patronazgo para los daimyōs, y buscaban activamente que las élites para las que trabajaban cambiaran la concepción que tenían de ellos, marineros y piratas. A su servicio de protección lo denominaban keigo, que se consideraba una forma legítima de violencia con carácter defensivo. Durante el siglo XV se limitaba a un servicio de escolta y protección. Los kaizoku retorcieron el término a su favor. Para ellos, el keigo era un servicio que otorgaban a su juicio, cuando y como ellos estimaban. Cuando un mecenas pagaba por el keigo pagaba por protección, provisiones y sal entre otros servicios marítimos. A medida que avanzó el sistema su pago también evolucionó: “By sixteenth century, some sea lords accepted protection payments actually called “protection rice” (keigomai), whereas others might recieve salaries known as “floating rice” (umaki), cash and kind payments in lieu of confirmation of new holdings or protection businesses”. (Shapinsky, 2014 p.88). La sofisticación del keigo y el férreo control de los peajes y rutas del mar interior ostentaron las bases de su poder. Control equivalía a poder, y aunque los kaizoku compitieron entre ellos para controlar los canales y rutas del mar interior, también cooperaron. El reconocimiento mutuo entre los kaizoku hacía posible una legitimación de su modo de vida y aseguraba las vías de comercio. El diario de viaje de un embajador coreano, Song Hu i-gyo ng, de 1420 registró: “In this region, there are pirates of the east and west. If a ship coming from the east has an Eastern pirate on board, then the western pirates will not harm it. If a ship coming from the west has a western pirate on board, then the Eastern pirates will not harm it” (Amino, 2012, p.94). Este fragmento también ilustra que los señores del mar proveían protección, también, dotando a los barcos que solicitaban el keigo con sus hombres, no solo escoltando embarcaciones con sus propios navíos. Para desempeñar este negocio los kaizoku no se limitaban a controlar el territorio, necesitaban la cooperación de todo un sistema humano que lo mantuviera. Desde residentes de pequeños pueblos pesqueros y marineros hasta soldados, La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 33 carpinteros o artesanos estaban a su servicio, sin olvidar a los esclavos (normalmente chinos y coreanos secuestrados en incursiones extranjeras), el estrato social más bajo de estas sociedades litorales. Para organizar esta masa humana los señores del mar imitaban las formas estatales de poder estableciendo edictos y leyes. Estos edictos servían para administrar la población litoral y prevenir revueltas internas. También tenían un uso político: reforzaban la autoridad, construían una idea de unidad y despertaban un sentido de lealtad de los vasallos a sus señores kaizoku. Un ejemplo de ello fueron los edictos de 1582 para regular la situación de las islas Kutsuna, implantados por Noshima Murakami. “Laws for the Kutsuna Seven Islands:  The island’s inhabitants are not to engage in protection [keigo].  Coming and going by commoners [hyakushō] in the service of retainers with holdings here is forbidden.  Even in regular sea crossings in any direction, if by chance they take ship with retainers, it will be ruinous, so it is forbidden for resident to do so.  When making crossing by ship to perform services, servants and retainers of the various islands are to go as far as Ōshima and Tsushima, both coming and going. There are to be no violation of the aforementioned laws. Tenshō10 [1582] 4.25 Murakami Motoyoshi To: Kutsuna temples, shrines, and commoners and [the residents of] Nuwa, Tsuwaji, Futagami, and Muzuki Islands.” (Shapinsky, 2014, p.144). A nivel internacional los kaizoku también estuvieron implicados en el sistema tributario con China. “Sea lords entered into patron-client relationships with the religious, aristocratic, and warrior authorities that sponsored and fitted out tributary embassies” (Shapinsky, 2014, p.209). Estos señores del mar ayudaban a construir, suministrar, navegar y proteger los barcos de las embajadas tributarias. Su implicación directa en este sistema formó parte de los motivos por los que los funcionarios de la dinastía Ming terminaron por tachar todas las misiones tributarias japonesas de piratería. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 34 Dentro de Japón, el papel de los kaizoku fue fundamental en el Sengoku Jidai. Como vimos en el segundo y tercer punto, los kaizoku invirtieron multitud de recursos en el desarrollo militar de armamento y barcos adaptados a la guerra por este motivo. “In doing so, sea lords took advantage of their own dominance in the maritime world, as well as the relative inability of their patrons to operate in that space, and shaped technology and tactics for their own purposes: the interception of ships and the seizure and defense of the chokepoints that constituted the kernels of their domains”. (Shapinsky, 2014, p.153) Su influencia dependía directamente de su competencia bélica y su capacidad para asegurar el keigo. En los conflictos de la guerra civil del periodo Muromachi, Yoshimitsu Ashikaga contrató a los kaizoku para suprimir rebeliones mediante la fuerza. No fue ni el primero ni el último, todos los bandos enfrentados, y especialmente los daimyōs del sur, utilizaron los servicios de estos piratas en busca de lucro y recursos para costear sus campañas militares durante el Sengoku Jidai. El clan Hōjo de Odawara, los Kōno, Hosokawa, Miyoshi, Ōuchi, Mōri, Ōtomo, Shimazu, etc. Algunos tomaban una aproximación indirecta, financiando las actividades kaizoku mientras que otros se transformaban en verdaderos mercenarios marítimos. Los Ōtomo, por ejemplo, que se habían dedicado a la extracción y exportación de azufre desde 1450, tuvieron que contratar los servicios de keigo de los Murakami para proteger sus barcos mercantiles y evitar pérdidas cuando la demanda del azufre, uno de los componentes de la pólvora, se disparó en China con la llegada de las armas de fuego. El clan Shirai, al servicio de los Ōuchi, se dedicó a controlar las rutas de comercio que beneficiaban a su mecenas y defender sus costas de otros daimyō y piratas. Su armada se comparaba en números con la de los Mōri que poseían la potencia marítima más importante del siglo XVI. La participación de los kaizoku en las batallas del Sengoku Jidai estuvo muy extendida. En 1555 la familia Mōri consiguió su poder gracias a la batalla de Miyajima, aliándose con los Murakami. Esta alianza también se enfrentaría directamente con Oda Nobunaga en las batallas de Kizugawaguchi (1576-1578). Fueron el culmen de un largo conflicto de Nobunaga con el ejército popular budista de los ikkō-ikki, situados en la catedral fortificada de Ishiyama Honganji, actual emplazamiento del castillo de Osaka. Los Murakami se encargaron de abastecer a los ikkō-ikki durante todo el conflicto y su armada participó en las dos batallas libradas en la bahía de Osaka. Oda, una vez conquistadas las islas de Shōdoshima y Awahishima, contrató a Kuki Yoshitaka y otras La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 35 pequeñas bandas autóctonas para atacar a los señores del mar contratados por los Mōri. En 1578, Hideyoshi se había internado en el territorio de los Mōri, en Bitchu, y fueron los Murakami los que proveyeron refuerzo naval. Se retirarían en 1580, cuando Nobunaga derrotó finalmente al ejército popular. “These battles also demostrate the continued weakness of land-bases powers over the maritime world and their cotinued reliance on autonomus sea-lords clients. Sponsorship of sea lords gave patrons access to the sea that they might not have been able to acquire otherwise: the Mori could expand eastward to ward the capital, and Oda Nobunaga could defeat Ikkō Ikki.”(Shapinsky, 2014, p.185). Durante la etapa final del Sengoku Jidai, la multiplicidad de grandes castas que conformaban los bandos enfrentados de la guerra era para los kaizoku sinónimo de beneficios. “The emergence of powerful warlords like Mōri Terumoto, Oda Nobunaga, Hashiba (later Toyotomi) Hideyoshi and alliances like the anti-Nobunaga coalition meant that sea lords could ask for more in recompense by playing one side against and other” (Shapinsky, 2014, p.233). Los bloqueos navales entre los Mōri y Nobunaga en estas batallas en Kizu les daban a los kaizoku la oportunidad de considerar ofertas de ambos bandos, e incluso trabajar para los dos. “The Noshima and the Kurushima houses exchanged correspondance with the Oda to the point that Mōri leaders warned their subordinates of the great danger posed by the possibility of the Noshima Murakami or Koshima Murakami houses switching sides” (Shapinsky, 2014, p.233) Si el poder de los kaizoku alcanzó su auge en la mayor guerra civil de Japón, debido a su gran potencia militar, la alta demanda de sus servicios de protección y la ausencia de un poder que pusiera límites a su autonomía, la unificación de Japón supuso su declive. Cuando Hideyoshi Toyotomi y su sucesor, Ieyasu Tokugawa, pacificaron el país y establecieron un poder central, el modo de vida de los clanes kaizoku que controlaban el literal tenía casi dos siglos de antigüedad. Takeyoshi Murakami Noshima o Michifusa Murakami Kurushima tenían una concepción del espacio marítimo y el keigo como propios, parte indivisible de su identidad, en el que la violencia en el comercio marítimo era un servicio más. Intentaron perpetrar la independencia de la que había gozado el sistema de patronazgo pero al mismo tiempo se vieron obligados a cambiar los códigos que utilizaban y mimetizarse con la elite daimyō en pos de seguir colaborando con patrones poderosos. Hideyoshi Toyotomi tuvo que seguir confiando los espacios litorales a estos grupos, aceptando la combinación de comercio y violencia La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 36 de sus servicios al principio, pero el vaivén constante de lealtades de los kaizoku alimentó la pretensión de Toyotomi Hideyoshi de eliminar su figura y reclamar el litoral para Oda. A los kaizoku el expansionismo hacia el oeste de Toyotomi no les resultaba rentable, los kaizoku como Noshima Murakami, Kurushima Murakami o Terumoto Mōri se enfocaron a final de siglo en convencer a Toyotomi de que los aceptara como aliados formales en su unificación, lo que eventualmente los convertiría en daimyō formales una vez unificado el país. Para ostentar este cargo, los kaizoku tuvieron que renunciar a una de sus piedras angulares: la autonomía. Como daimyō le rendían cuentas al poder centralizado del Shogun. Hasta que grandes clanes de kaizoku no aceptaron este nuevo estado, Toyotomi no emitió edictos que redefinieran a los kaizoku y desterraran su acepción pirata. Además, Toyotomi les exigió a los kaizoku que sus castillos, controles y peajes se trataran como las propiedades de los daimyō del interior: debían rendirse a su poder centralizado. Se adueñaron de las rutas y redes construidas por los kaizoku y las adaptaron a sus intereses. “By the fall of 1585, Hideyoshi had granted much of the newly captured province of Iyo to Kobayakawa Takakage and ordered him to arrange for various local elites to relinquish and destroy unnecessary castles. In the fourth month of 1586, he ordered Mōri Terumoto to craft domainal laws that “reduce unnecessary castles” and “interdicted toll barriers on sea and land” (Shapinsky, 2014, p.241). De aquí en adelante, Hideyoshi iría conquistando poco a poco los elementos de la identidad kaizoku y promoviendo políticas anti-piratería. Apoyó sus argumentos en unas políticas centralistas y agrícolas, estableciendo el mar como una extensión de la tierra bajo el poder de su gobierno. Estableció la piratería como un acto de rebelión, definiéndola como la acción de explotar espacios marítimamente ambiguos entre provincias, algo que suponía un desafío directo al poder de Hideyoshi había establecido sobre las aguas de Japón. Aquellos kaizokus ascendidos a señores menores o daimyō tenían que participar activamente en la erradicación de la piratería bajo amenaza de que se expropiaran sus tierras si no cumplían con los requerimientos de Hideyoshi. “Hideyoshi and other land based authorities continued to perceive an experiential divide between the land and the sea. They saw the sea as space so dangerous that all who dealt with the maritime environment could be pirates, requiring the assistance of former sea-lord houses to pacify─setting (former) pirates to catch pirates.” (Shapinsky, 2014, p.250). La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 37 En el siglo XVII, los reductos de la piratería en Japón estaban centrados en la actividad más enlazada con los wakou que con los kaizoku. En esta época, Koxinga (Zhèng Chénggōng), instalado en Hirado, aprovechaba su ventajosa localización para ejercer la piratería en las costas de China y mercadear con los botines en Japón. Por el lado de los kaizoku, algunos perpetraron su modo de vida sobre las olas gracias al sistema del sello rojo (goshuin) autorizado y regulado por Tokugawa en el 1630. Similar a las patentes de corso occidentales, el sistema del sello rojo licenciaba el comercio bajo las nuevas políticas de Tokugawa, que censuraban cualquier tipo de violencia en el ejercicio del mismo. Tenían prohibido incluso el portar armas en los navíos amparados por este sistema, se iban cribando a aquellas tripulaciones que no cumplían la norma, eliminándolos así del sistema. Durante el siglo XVII, los Tokugawa redefinieron el sistema de comercio Japonés con el extranjero a un modelo inspirado en la diplomacia China, que desterró la piratería al separar la violencia del acto de mercadear por ley. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 38 V. Grandes piratas del este En la piratería asiática del siglo XVI y XVII destacaron algunos nombres debido a su poder, el alcance de sus redes de comercio o el temor que despertaban dentro de las propias sociedades que atacaban. Como ya hemos comprobado, a caballo entre comerciantes y piratas, veremos cuáles fueron los más relevantes en los siglos que nos atañen. V.I Wang Zhi, el rey de los wakou y Koxinga En el caso de los wakou es casi obligatorio ver en profundidad los casos de Wang Zhi y Koxinga, el primero con sus bases de operaciones instaladas en Japón y el segundo que era mestizo; medio japonés medio chino. Wang Zhi operó en China y Japón durante el siglo XVI, acumulando tal poder que le denominaron el rey de los wakou. De origen chino, provenía de una familia de mercaderes de sal de Huizhou, Anhui, empezó sus andadurías por la piratería en el 1540. Pivotaba entre China, Japón y su base primero en Hirado, y más tarde en Suangyu. Llegó a Japón en 1544 con una de las embajadas tributarias que, rechazadas por los Ming, había hecho contrabando en las costas Chinas. En los puertos que estaban bajo su poder se mercadeaba con elementos como el azufre de los Ōtomo, que tenía relaciones comerciales habituales con Wang Zhi. Zheng Ruozeng, autor del compendio ilustrado de estrategia litoral en 1562, escribió en su obra que Wang Zhi era popular entre las gentes del litoral chino, admirado y protegido. Las poblaciones de pequeñas villas daban de buena voluntad sus monedas de cobre para que pudieran fundirlas y hacer munición, el salitre para hacer pólvora, hierro para espadas y pistolas y cuero para sus armaduras. Este testimonio indica que Wang Zhi monopolizó villas pequeñas y varios pueblos de la costa China, probablemente poblaciones con escasos recursos que se veían beneficiadas al ser el centro del contrabando. En 1545 se instaló en Hirado, bajo el mecenazgo de familias como Matsuura Tanakobu, Ōuchi Yoshitaka u Ōtomo Sōrin. Gracias a su reputación tardó poco tiempo en construir una red entre comerciantes de otros países, “to protect his illicit business dealing, he created a band of “security guards” drawn from among his key henchmen. As Tanaka Takeo explained, Wang offered protection not only to Chinese merchants, but also to Japanese and Portuguese traders.” (Garzia, 2010, p.62). Wang Zhi no se La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 39 consideraba a sí mismo un pirata, él se cubrió de una máscara de títulos y símbolos que le dieran acceso a la élite y a clientes poderosos. Llegó a bautizarse como Wufeng, presentándose a sí mismo como un capitán y erudito confuciano. Su relación con las redes de comercio del mar interior comenzó en 1550. Se alió con los hermanos Xu, y entre los tres expandieron su red de contrabando a gran velocidad. “Because of his exceptional abilities in business management and maritime transactions, shortly afterwards, the Xu brothers elevated Wang to financial supervisor (guanku) for their family on Shuangyu, and, before long, they again promoted him to the positions of commander of the armed fleet (guanshao) and councilor on military affairs (liaoli junshi)” (Kim, 2010, p.51) Una de las redes más rentables que estableció Wang Zhi fue la del contrabando de la pólvora. Se dedicó a importar el salitre y carbón de China a Japón, mientras exportaba a China el azufre de los Ōtomo. Con lo que aprendió de los portugueses se especializó en la producción y comercio de la pólvora, aprovechando la creciente demanda que había en ambos países. A través de sus contactos con los portugueses también introdujo mosquetes en el mercado nipón de final del siglo XVI. En 1557 Wang volvió a China en una misión tributaria fletada por los Ōtomo. Allí, los funcionarios de la dinastía Ming, temerosos de que el movimiento fuera una nueva incursión wakou, mandaron tropas a la ciudad del desembarco. Estas tensiones llevaron a los militares chinos a buscar una negociación. Wang Zhi ofreció una serie de condiciones a su rendición, entre ellas un perdón imperial, a cambio de poner sus recursos al servicio de los Ming. Estas negociaciones no llegaron a ningún sitio y en 1560 Wang Zhi fue encarcelado y ejecutado. Zhèng Chénggōng, popularmente llamado Koxinga en occidente, le tomó el relevo como uno de los piratas más poderosos del siglo XVII. Como Wang Zhi, sus orígenes estuvieron enmarcados por una familia de comerciantes, pero con una clara diferencia. Mientras que Wang Zhi construyó su imperio desde una posición legítima de mercader, Zheng heredó las redes de contrabando de su padre, Zheng Zhilong. Zhilong comenzó su actividad en 1620, desarrollando una red de contrabando que incluía japoneses y europeos por igual. Sus actividades se expandieron por toda la costa sur; “All merchant junks passing through the South China Sea had to have Zhilong’s safeconduct pass. Therefore, all of the outlaws and rabble in the whole region pledged La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 40 allegiance to him and came under his control” (Calanca, 2010, p.87). Llegó a poseer una armada que superaba en número y dotación a la del propio gobierno Ming. Para 1628 controlaba la economía de Fujian. En el 1646 rindió su poder a los conquistadores Manchúes intentando granjearse algún beneficio, pero fue encarcelado y ejecutado en 1661. Zheng Chenggong le tomó el relevo al mando de la flota. Fingiéndose leal a los Ming, expandió el imperio marítimo de su padre. “For the next ten years, his fleets, like his father’s before him, monopolized shipping in Fujian, Taiwan, Guangdond, the Philippines, and much of the Southeast Asia.” (Calanca, 2010, p.89). Como todos los wakou, la violencia, el robo y el contrabando eran el sustento de su poder. Cuando los Ming fueron derrotados, Zheng Chenggong se retiró a Taiwán. Decidido a establecerse allí, capturó Fort Zeelandia y presionó a los holandeses hasta que estos abandonaron completamente la isla de Taiwán. En 1662 contrajo la malaria, que terminaría con su vida ese mismo año. V.II El clan Murakami Uno de los clanes kaizoku más importantes envueltos en este sistema de control y protección (keigo), y que seguiría siendo relevante hasta la unificación japonesa, fue el clan Murakami. En menos de un siglo pasaron de ser una familia menor con poder sobre el litoral a ser un ejemplo de poder y autoridad en todo el mar interior de Japón. “Travelers and authorities across Japan recognized their domains and treated the Noshima as the equivalent of central authorities in their ability to guarantee safety onthe seas through the issuance of protection passes” (Shapinsky, 2014, p.106) Las primeras apariciones de los Murakami se sitúan en 1349, cuando ofrecían sus servicios de escolta y protección a las élites de Yugeshima. Durante el siglo XVI se convertirían en los absolutos protagonistas del mar interior, destacando por encima de otras familias y relacionándose con la élite del Sengoku Jidai. El clan, dividido en tres ramas, se asentó en las islas de Noshima, Kurushima e Innoshima. En sus dominios los japoneses les pagaban tributo directamente a ellos. El jesuita portugués Luis Frois, que recorrió Japón amparado en las redes de transporte de los propios Murakami, decía de ellos que eran “[a] house that had endured for many years, had accrued a reputación as great lords [senhores grandes], and are treated and La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 47 VII. Conclusiones Tras esta revisión podemos constatar que, a pesar de las percepciones que tenían unos y otros de la piratería asiática del siglo XIV al XVII, es difícil, pero no imposible, establecer quienes fueron estos piratas y dónde actuaron. Uno de los hitos más importantes que ha de estar presente es que la autoridad vigente en cada época definía en qué consistía la piratería y quién era un pirata, siempre a razón de cómo le afectaba directamente. Los piratas no se autodenominaban así mismos como tal, su autoconcepción estaba a caballo entre el mercadeo y el mercenariado. Con esto esclarecido, podemos afirmar que tanto los wakou como los kaizoku tuvieron una implicación directa en la introducción de los países en los que actuaban en el comercio global, aunque fuera de manera ilícita. Entre unos y otros monopolizaron imperios comerciales con una demanda en alza, como fue el de la pólvora, o el de las armas de fuego mercadeadas con los portugueses. Por la acción mixta de ambos en China, Japón y Corea, no es factible intentar dividirlos en japoneses y chinos por separado. Los piratas japoneses del Asia del siglo XVI fueron un crisol multicultural y étnico que afectó a todas las costas de los mares asiáticos, independientemente del lugar de origen de los que perpetraban los actos de piratería. En la mayoría de los casos, no sería incorrecto denominarlos piratas japoneses aunque fueran de origen chino, porque las bases de multitud de estos piratas se concentraban en territorio japonés. Como demuestran las figuras recopiladas, durante el siglo XVI tuvieron un aspecto homogéneo. Utilizaban ropajes sencillos y prácticos, adecuados a sus necesidades en altamar y en batalla. La mayor diferencia entre wakou y kaizoku en este sentido reside en la creciente necesidad del uso de armadura por parte de los kaizoku a medida que se integraban en las batallas del Sengoku Jidai. Así mismo sus armas también tenían un punto común que se refleja en estas imágenes: la lanza y la katana. A medida que avanzó el siglo XVI la invención de nuevos sistemas y armas fundamenta una evidente sofisticación de la piratería wakou y kaizoku. Para el desempeño de esta actividad precisaron de nuevas herramientas más prácticas y concretas. Estas debían adecuarse a unas técnicas de abordaje y batalla que se modernizaban y adaptaban a un ritmo vertiginoso. Esto se extiende también a sus embarcaciones. Los navíos, particularmente los correspondientes a los kaizoku, exploraron un amplio abanico de variantes. La demanda de los daimyōs alcanzó tal magnitud que las embarcaciones se especializaban cada vez más para poder responderla. No solo variaron en tamaño (o La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 48 ataku bune, seki bune, kobaya) para componer armadas. Los piratas japoneses diseñaron embarcaciones especializadas en tácticas concretas (seiro bune/mekura bune) o el desplazamiento de elementos como la caballería (uma fume). Estos les permitieron llevar su ambición más allá de sus propias costas, movilizando tropas de caballería a Corea. El fenómeno de ambos es completamente indivisible de su contexto, que no deja de tener cierto paralelismo. Tanto los kaizoku como los wakou surgieron en momentos de inestabilidad política y económica, ocupando huecos en su propia sociedad que los gobiernos no podían suplir. Los Ming, que erróneamente etiquetaban a toda la piratería que asolaba a sus costas de japonesa por su visión de las misiones tributarias, dejaron abierta una puerta al contrabando cuando desterraron el comercio internacional de sus aguas. En el caso de los japoneses, las élites utilizaron a los kaizoku y sus fuerzas navales para llevar a cabo sus guerras civiles, tanto como los kaizoku los utilizaron a ellos para escalar socialmente y afianzar su poder en el litoral interior de Japón. Claro que posteriormente tuvieron que cederlo a cambio de poder político con la entrada de Ieyasu Tokugawa al poder. Sus acciones tuvieron también un marcado paralelismo geográfico durante el siglo XVI. Por su desarrollo, queda patente que a medida que avanzaba el siglo XVI la creciente confianza de los wakou y lo beneficioso de su actividad los empujaron a ampliar sus territorios de acción. A principios de siglo actuaron principalmente en Corea y el norte de China. Con los años sus incursiones fueron descendiendo por todo el litoral hasta Taiwán. Al inicio del siglo XVII apuntaron incluso más al sur, persiguiendo los botines del comercio español en Filipinas. Mientras, aunque los kaizoku estuvieron implicados en la protección de las misiones tributarias, la mayor parte de su actividad se delimitó por el control del mar interior de Seto, concentrándose en sus aguas. Su mayor divergencia con los wakou residió en el desempeño del keigo, que los ligaba vía contrato a las elites políticas que guerrearon durante todo el siglo. A pesar de paralelismo, sendas figuras de la piratería surgieron como respuesta ilícita a una necesidad de la sociedad de comercio y recursos. El auge de estas tripulaciones estuvo directamente ligado al empobrecimiento de la población y la falta de recursos. Cuando los chinos no pudieron mercadear libremente en los mares de Asia, personajes como Wang Zhi aprovecharon sus redes La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 49 internacionales para enriquecerse en aquellos lugares donde el comercio era la única vía viable de subsistencia. Cuando los japoneses no podían alimentar a sus familias con un trabajo lícito, daban la espalda a la legalidad y adoptaban un modo de vida ilícito por mera supervivencia. Aunque esta afirmación peca de ingenua. Estos piratas no se limitaron a hacer contrabando en las costas y huir de las autoridades. Los kaizoku y los wakou fueron ampliamente conocidos y temidos por su ferocidad en batalla. No fueron pocos, españoles, portugueses, chinos o coreanos, los que dejaron testimonio de su violencia. Acometían toda clase de atrocidades en el desarrollo de sus incursiones, violación, secuestro y asesinato estaban entre sus prácticas más habituales. Sus tripulaciones no eran solo violentas, eran ambiciosas, y su nivel de jerarquización y especialización fue más allá de la mera supervivencia. Unos y otros se preocupaban primordialmente de una sola cosa: su beneficio. Los kaizoku, particularmente, fueron decisivos para definir las batallas del Sengoku Jidai en el plano naval. A pesar de que su lealtad era voluble y sus alianzas con los daimyō pecaban de ser débiles, sin ellos, las flotas de unos y otros habrían estado incompletas, las tácticas del momento y la tecnología naval japonesa de finales del medievo no tendrían el mismo nivel de especialización sin la inversión de recursos y tiempo que dedicaron los kaizoku. Aunque ninguna de estas embarcaciones se conserva actualmente, la multitud de representaciones pictóricas y menciones en la literatura conforman un abanico de fuentes más que suficiente para establecer su relevancia. La figura del kaizoku tuvo más que ver con el ejercicio del mercenariado y el corso dentro de Japón (mediante el sistema del sello rojo), aunque se les definiera como bandidos. Esto podía deberse a su origen, humilde, o a su presencia activa en las batallas navales más relevantes del Sengoku Jidai. Su figura, dúctil, se adaptó a las necesidades de las élites políticas de Japón para perseguir la legitimación de su modo de vida. Durante casi tres siglos estos piratas actuaron en las costas de Asia casi impunemente, crearon redes de comercio complejas que se extendían por todo su territorio y hacía fluir mercancías, oro y plata por toda Asia, pero también hacia Europa a través de los portugueses y los españoles. Sin la piratería japonesa, el entramado comercial marítimo entre oriente y occidente habría sido completamente distinto. La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 50 VIII. Índice de referencias Figura 1. Shizhou, Qiu Ming (1494-1559), Ming Qiu Zhizhou Taiwan zoukai tu (Victoria en Taiwán) https://zhongguowuxue.com/2014/08/08/ming-victory-over- japanese-pirates-scroll/ [última comprobación: 09/07/2020] ………………………... 9 Figura 2. IBid, recuperado en: https://zhongguowuxue.com/2014/08/08/mingvictory-over-japanese-pirates-scroll/ [última comprobación 09/07/3030] …………... 9 Figura 3. Autor desconocido, Wakou Tujuan (Rollo de los piratas japoneses), extraído de Turnbull S, (2007) Pirates of the Far East 811-1639 p. 27, Osprey Publishing Ltd, Gran Bretaña ……………………………………………………….. 10 Figura 4. Antony, R. J. y Shapinsky P. (2010) extraído de From Sea Bandits to Sea Lords: Nonstate violence and pirate identities in fifteenth and sixteenth century Japan pp. 29. En R, J. Antony (ed.) Elusive Pirates, Persuassive Smugglers. Violence and clandestine trade in the greater China Sea (pp. 27-41). Hong Kong University Press: https://ebookcentral--proquest-- com.us.debiblio.com/lib/uses/reader.action?docID=3011730 [última comprobación: 28/08/2020]……………………………………………………………………….…... 14 Figura 5. Autor desconocido, fotografía actual de las dos islas que componen Noshima, extraído de Turnbull S, (2007) Pirates of the Far East 811-1639 p. 43, Osprey Publishing Ltd, Gran Bretaña ……………………………………………….. 15 Figura 6. Ilustración de Richard Hook, recreación de la isla de Noshima en 1585, extraído de Turnbull S, (2007) Pirates of the Far East 811-1639 p. 43, Osprey Publishing Ltd, Gran Bretaña ……………………………………………………….. 15 Figura 7. Hisakuni, detalle del Shinnyo−do Engi Emaki (Rollo ilustrado de las leyendas de Shinnyo−do) (1524), recuperado en: http://dla.library.upenn.edu/cocoon/dla/fisher/image.html?fq=worktype_facet%3A%22 Painting%22%20AND%20culture_facet%3A%22Japanese%22%20AND%20title_facet %3A%22Shinnyo- do%20Engi%20Emaki%20%28Illustrated%20Handscroll%20of%20the%20Legends%2 0of%20Shinnyo-do%29%22&id=FISHER_n2010050163& [ última comprobación 14/07/2020] ……………………………………………………………………..…… 18 La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 51 Figura 8. Mitsunobu Kano, detalle de dos ataku bune en el biombo del Castillo de Nagoya (1593), recuperado en: https://ja.wikipedia.org/wiki/%E5%90%8D%E8%AD%B7%E5%B1%8B%E5%9F%8E #/ [18/07/2020] ……………………………………………………………………... 19 Figura 9. Comparación del ataku bune con el o ataku bune, extraído de Turnbull S, (2003) Fighting Ships of the Far East (2) Japand and Korea AD 612 – 1639 p. 34, Osprey Publishing Ltd, Reino Unido ……………………………………….... 20 Figura 10. Ilustración de un seki bune, extraído de Turnbull S, (2003) Fighting Ships of the Far East (2) Japan and Korea AD 612 – 1639 p. 33, Osprey Publishing Ltd, Reino Unido ……………………………………………………………………. 20 Figura 11. Recreación del Nihon Maru, extraída del videojuego Total War: Shogun 2 …………………………………………………………………………….. 21 Figura 12. Fotografía de un pendón Murakami del siglo XVI, extraído de Shapinsky, P, D. (2014), Lords of the Sea. Pirates, violence and commerce in late medieval Japan, p. 125, Center for Japanese Studies, University of Michigan …..… 23 Figura 13. Mapa de las incursiones wakou en el siglo XVI, extraído de Turnbull S, (2007) Pirates of the Far East 811-1639 p. 18, Osprey Publishing Ltd, Gran Bretaña……………………………………………………………………..…………. 28 Figura 14. Mapa de los mecenas del clan Murakami entre el 1520 y el 1580, extraído de Shapinsky, P, D. (2014), Lords of the Sea. Pirates, violence and commerce in late medieval Japan, p. 108, Center for Japanese Studies, University of Michigan……………………………………………………………………………… 41 La piratería japonesa del siglo XVI Delia Muñoz 52 IX. Bibliografía ALMAZARA, R. Gonzales, (2015) La piratería japonesa en la edad moderna. ArthyHum, nº 17, 109-118. Recuperado en https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/463726 [última comprobación: 15/08/2020]. AMINO, Yoshihiko, (2012) Rethinking Japanese History Michigan Monograph series in japanese studies volumen 74, University of Michigan Press, Michigan. ANTONY, Robert J., (2010) Violence and Clandestine Trade in the Greater Chine Seas, pp. 15-26. En R, J. Antony (ed.) Elusive Pirates, Persuassive Smugglers. 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