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– 115 – CAPÍTULO V EL CASO GABRIEL Y LA PPR EN LA PRENSA: CONTINUIDADES Y CONTRADICCIONES ENTRE DISCURSOS MEDIÁTICOS SOBRE DELINCUENCIA Y SOBRE POLÍTICA PENAL JUAN CASTILLO ROJAS-MARCOS Universidad Pablo de Olavide RESUMEN Existe una estrecha vinculación entre el tratamiento mediático de los delitos (sobre todo los más horrendos o espectaculares), la percepción social de la delincuencia, y la evolución de la política penal de una sociedad dada. Un aspecto hasta ahora escasamente estudiado de ese tema son las maneras en que los discursos mediáticos sobre delincuencia interactúan con los discursos mediáticos sobre política penal. Este capítulo expone los presupuestos teórico-metodológicos y primeros resultados de una propuesta de investigación que aborda este problema teórico desde el análisis de un caso de estudio concreto: la comparación entre los discursos con que una serie de periódicos (El País, El Mundo, Público y OK Diario) trataron, durante los mismos días, el asesinato conocido como Caso Gabriel y el debate público en torno a la Prisión Permanente Revisable (PPR). La hipótesis de partida es que, en dicho debate, cada periódico mantuvo un discurso coherente con su adscripción ideológica (algunos a favor, y otros en contra, de la PPR), mientras que al hablar del Caso Gabriel, todos los medios manejaron discursos muy parecidos, mucho más coherentes con una posición política pro- PPR que con su opuesta. De ser así, esto colocaría a los periódicos anti-PPR en una posición de enorme debilidad discursiva, casi de incapacidad para intervenir con solvencia en ese debate, frente a la solidez y fortaleza lógicas y retóricas de los periódicos pro-PPR. PALABRAS CLAVE Medios de Comunicación, Punitivismo, Estrategias discursivas, Prisión Permanente Revisable, Política Penal.
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– 117 – 1. INTRODUCCIÓN La forma en que los medios de comunicación hablan sobre la delincuencia influye en cómo ésta es percibida por la sociedad, y eso a su vez afecta a qué políticas penales son vistas como razonables, se demandan y acaban siendo introducidas (Varona, 2011; Botella, 2008; Botella y Peres- Neto, 2008). Dado además el escaso o nulo contacto directo que la mayoría de los individuos tiene con el crimen y la justicia penal, la capacidad de los medios para moldear las percepciones sociales y la opinión pública en torno a este tema es singularmente potente (Aizpurúa, 2015, 192). Suelen hacerlo favoreciendo que se demanden políticas de endurecimiento de las sanciones penales y de que éstas se orienten al mero castigo en lugar de a la reinserción; esto es, favoreciendo la difusión y consolidación del punitivismo (Varona, 2011; Botella, 2008; Botella y Peres-Neto, 2008). Esto no es sólo un problema de interés teórico o académico: de hecho, ese punitivismo lleva décadas marcando las políticas penales aplicadas en España, y los medios, con su tratamiento de las noticias sobre delincuencia, han jugado un papel decisivo en la normalización y legitimación de esas sucesivas reformas penales punitivistas (Soto, 2005; Pozuelo, 2013). De forma que, estudiando los discursos mediáticos sobre la delincuencia, comprendemos una pieza clave del proceso por el cual, de hecho, se producen las políticas públicas en un tema tan fundamental como la política penal. Numerosos estudios han analizado en España esa estrecha interrelación entre discursos mediáticos, opinión pública y políticas penales. Algunos estudios incluían en sus análisis sólo discursos mediáticos estrictamente en torno a la delincuencia y/o hechos delictivos concretos; otros incluían discursos mediáticos sobre delincuencia y discursos mediáticos sobre temas de política penal indistintamente, englobándolos en una única categoría, en un único conjunto. Lo que ningún estudio parece haber hecho hasta ahora es problematizar ese matiz, esa distinción entre discursos mediáticos que traten sobre sucesos delictivos y los que traten sobre cuestiones penales abordadas como un debate de políticas públicas. Es decir, preguntarse si esa tendencia de los medios a favorecer el
– 118 – punitivismo se circunscribe únicamente a las informaciones sobre crímenes, o si está presente también en la cobertura mediática de los debates en torno a políticas públicas de temática penal. La principal contribución de esta investigación al campo de estudio sobre punitivismo y medios será, precisamente, plantear esa pregunta. No para darle una respuesta definitiva ni universalmente válida, sino acotada a un caso de estudio en particular. En concreto, a ese singular momento en marzo de 2018 en que la atención social y mediática al infanticidio conocido como Caso Gabriel (asesinato de un niño a manos de la pareja de su padre, ocurrido en 2018 en Almería) coincidió en los mismos días con un debate parlamentario sobre la prisión permanente revisable (PPR) y una consiguiente reactivación del debate público y mediático en torno a esa medida. Ese total solapamiento temporal entre un suceso y el otro permitirá comparar los discursos mediáticos construidos en torno a cada uno de ellos (sus estructuras narrativas, los roles asignados a las partes implicadas, las estrategias utilizadas para hablar de los distintos temas planteados y las implicaciones políticas de todo ello, entre otros) sin que se planteen dudas acerca de la validez de los resultados de esa comparación. Es decir, que si analizáramos los discursos mediáticos acerca de temas entre los que mediaran semanas o meses, siempre cabría preguntarse si las posibles diferencias observadas no se deberían a cambios ocurridos en el propio medio (cambios de dirección, de plantilla, de dueños o de línea editorial, entre otros) o en el contexto social más amplio (cambios en los términos del debate público general, en los temas que estén en agenda o en los discursos de los partidos políticos con los que los medios inevitablemente dialogan, etc.). Sería arriesgado afirmar que toda diferencia observada se debe a que los medios se comportan diferente ante noticias sobre crímenes que ante debates sobre políticas públicas penales. En cambio, al analizar el tratamiento dado por unos mismos medios a dos temas que ocurrían exactamente al mismo tiempo, tendremos la certeza de que ninguno de esos posibles elementos perturbadores ponga en duda los resultados y conclusiones del estudio. De entre los distintos tipos de medios de comunicación, el estudio se centrará en la prensa escrita.
– 119 – Este trabajo es una propuesta de investigación cuya hipótesis de partida es que cada periódico habría enmarcado el debate sobre la PPR de forma diferente (acorde en cada caso a sus respectivas afinidades político-ideo- lógicas), pero todos, tanto los favorables como los contrarios a la PPR, habrían interpretado y contado el Caso Gabriel de forma muy parecida, en términos coherentes con una postura pro-PPR y pro-punitivismo. De confirmarse esa hipótesis, tendría importantes implicaciones para el tema de la difusión del punitivismo en los medios: significaría que sí existen algunos medios que, al menos cuando el problema se plantea de manera explícita, se oponen a la deriva punitivista de la política penal, pero que esos medios estarían socavando sus propias posibilidades de éxito en ese debate, su propia capacidad para transmitir de forma eficaz y convincente sus argumentos anti-punitivismo, por la forma implícitamente (quizá involuntariamente) pro-punitivista en que enmarcan las noticias sobre crímenes. O al menos, que así habría ocurrido en este caso de estudio. El principal objetivo de este estudio es comprobar si la prensa española enmarcó tanto las noticias sobre el Caso Gabriel como sobre el debate de la PPR de forma tal que favoreciera la difusión del punitivismo. Se empleará una metodología cualitativa, con técnicas de análisis de discurso. Ese análisis de discurso se centrará sobre todo en la aplicación de los postulados teórico-metodológicos de la teoría pragmática del discurso, complementados con técnicas de análisis semiótico estructural. Esta propuesta de análisis comprende el estudio de una muestra de 156 textos, que son los aparecidos en los cuatro periódicos durante la semana que va del domingo 11 de marzo al sábado 17 de marzo de 2018. En el resto de la Introducción, se profundizará en el concepto de punitivismo, central a esta investigación, y se expondrán las principales estrategias discursivas que los medios de comunicación ponen en marcha al hablar sobre temas relacionados con la delincuencia, como forma de situar el tipo de discursos que se espera encontrar en este caso de estudio. Después, en los siguientes apartados del capítulo, se desarrollarán en mayor detalle los objetivos de la investigación y las hipótesis de partida. A continuación, se expondrá la metodología de esta propuesta, así como un análisis piloto que ofrece unos primeros resultados.
– 120 – 1.1. PUNITIVISMO La política penal o política criminal es el conjunto de respuestas públicas (legislativas, administrativas, etc.) dadas por las autoridades a las actividades delictivas (Raigosa, 1993: 90-92). En las últimas décadas, las políticas penales aplicadas en España han estado marcadas por el punitivismo, que es una tendencia ideológica compleja que incluye ítems como: a) percepción de que las penas actualmente impuestas son demasiado suaves y permisivas, b) demanda de que se aprueben nuevas formas de castigo y más duras, c) apoyo a la restricción de los derechos de los penados y/o las garantías judiciales, o d) rechazo a cualquier tipo de condena que no pase por la estancia en prisión (Aizpurúa, 2015; Aguilar, 2018). En definitiva, vemos que los distintos aspectos cognitivos, afectivos o actitudinales del punitivismo implican sobre todo una preferencia por el endurecimiento de las sanciones a los penados y por políticas penales orientadas por la lógica del castigo (en lugar de, por ejemplo, la reinserción). El punitivismo está estrechamente relacionado con la concepción retributiva de la justicia, según la cual lo justo es que a cada culpable se le aplique un dolor equivalente al que causó en su víctima (García Arán, 2008). Otra actitud frecuentemente asociada al punitivismo es la de despreciar el efecto del contexto y la socialización en el comportamiento de los individuos y, en cambio, achacar cualquier conducta reprochable o delictiva al libre albedrío de cada cual (Grasmick y McGill, 1994). También se asocian positivamente al punitivismo la xenofobia y el rechazo a la inmigración (Varona, 2011: 25-26; Unnever y Cullen, 2010). De hecho, en España, los medios a menudo han hecho aparecer la inmigración y la delincuencia como fenómenos estrechamente relacionados, casi como si de un único fenómeno se tratase. Lo cual no puede sino favorecer que parte de la opinión pública perciba el rechazo a los inmigrantes y a los delincuentes como una misma causa (Wagman, 2006; Aierbe, 2002). Y, como ya se ha dicho, ese punitivismo ha sido la lógica que ha guiado la mayor parte de reformas penales de las últimas décadas en España,
– 121 – como el Código Penal de 1995, que al aumentar las penas por diversos delitos y eliminar la redención de penas por trabajo, dobló en pocos años el tiempo medio de estancia en prisión (Cid, 2008); las diversas reformas de 2003, que introdujeron delitos nuevos, aumentaron el tiempo máximo de estancia en prisión a 40 años y dificultaron el acceso de los penados a la libertad vigilada (Pozuelo, 2013: 97); la reforma de 2010, que introdujo una larga lista de nuevos delitos penados (Pozuelo, 2013: 98); hasta llegar a la introducción de la PPR en 2015, trayendo de vuelta la cadena perpetua tras casi un siglo desde su abolición en 1928 (Cabrera y Francisco, 2015). 1.2. CRÍMENES EN LOS MEDIOS Es de consenso en la literatura científica especializada que el tratamiento que los medios dan a las noticias sobre delincuencia tiene un gran efecto sobre los rumbos que toma el debate público sobre política penal (Varona, 2011). La dinámica parece consistir en que la forma en que los medios hablan sobre crímenes moldea el modo en que se representa en la sociedad a los delincuentes y a la delincuencia, y a su vez influye en qué políticas penales se perciben como razonables, se demandan, y acaban siendo aprobadas (Varona, 2011; Botella, 2008; Botella y Peres- Neto, 2008). Y téngase en cuenta que, como ya se ha comentado, la mayor parte de los individuos no tiene ningún o casi ningún contacto directo con la delincuencia ni con el sistema penal, por lo que la capacidad de los medios para moldear las percepciones sociales sobre ese tema es mayor de lo que sería en otros ámbitos en los que los receptores tuvieran alguna experiencia personal (Aizpurúa, 2015, 192). Aunque no hay que perder de vista que el público ya cuenta con herramientas conceptuales e interpretaciones de la realidad propias antes de mirar las noticias, lo cual implica: que cada individuo es más receptivo a las informaciones que mejor concuerden con su visión de las cosas (de modo que los medios no pueden permitirse ofrecer interpretaciones de los hechos demasiado alejadas de la opinión pública si quieren mantener su influencia), y que las interpretaciones de la realidad que cada sujeto recibe de los medios se combinan (se añaden, entran en conflicto, etc.) con la cosmovisión que el sujeto ya manejaba (Scheufele, 1999: 105). Lo cual
– 122 – no anula la capacidad de los medios para orientar la opinión pública, pero sí le pone límites, lo hace más difícil. Pasemos revista a las principales estrategias discursivas a través de las cuales los medios han intervenido en el debate público sobre política penal en el pasado. Primero, suele haber un esfuerzo por deshumanizar a los delincuentes, normalmente señalando su violencia y brutalidad (Rebollo, 2008; Baucells y Peres-Neto, 2008; Varona, 2011). Favoreciendo que la opinión pública imagine al conjunto de delincuentes como figuras horrendas en ese mismo sentido y que, en consecuencia, se demanden políticas penales orientadas a castigarlos y no a intentar reinsertarlos en la sociedad. Segundo, el centro del relato son las víctimas (Baucells y Peres-Neto, 2008; Pozuelo, 2013; Rebollo, 2008). La versión que los medios dan siempre es la de las víctimas y éstas son el interlocutor privilegiado, quienes más aparecen. Por otra parte, cuando la noticia se enfoca como un relato sobre un delito concreto, en que uno o varios personajes malvados deciden hacer daño a otros personajes (marco episódico), se potencia que el público perciba responsabilidades individuales, ligadas al libre albedrío de los criminales, favoreciendo así la demanda de políticas penales basadas en el castigo a esos individuos que decidieron hacer daño; mientras que si se habla de la delincuencia como fenómeno social (marco temático) se perciben sus causas socioeconómicas, sugiriéndose responsabilidades colectivas (Scheufele, 1999: 112). En España suelen enmarcarse de forma episódica (Varona, 2011: 24). Recientemente, en un estudio anterior (Castillo, 2020), he analizado el tratamiento dado por los programas de infoentretenimiento de la televisión al Caso Gabriel durante el mismo periodo que nos interesa en esta investigación. Prestar atención a los hallazgos de ese trabajo puede ser un punto de partida interesante desde el que abordar el tema que aquí nos interesa, que es el tratamiento dado al Caso Gabriel y a la PPR en la prensa escrita. Esto deberá ser comprobado empíricamente, pero a priori parece probable que existan parecidos, resonancias, entre el tratamiento dado al Caso en estos tipos distintos de medios de
– 123 – comunicación. Lo que ese estudio encuentra es que las estrategias discursivas recién comentadas están presentes, de una u otra forma, en los programas analizados. Por un lado, la forma de enmarcar los hechos del Caso se adaptó completamente a ese esquema del marco episódico: los programas construyen un relato del Caso en torno a la interacción entre unos pocos personajes bien conocidos por el público (Castillo, 2020). También hay por parte de los programas un ejercicio de deshumanización de la asesina, Ana Julia Quezada, aunque en este caso eso no se hace hablando de su brutalidad o su uso de la violencia, sino señalando su personalidad patológicamente egoísta y manipuladora (Castillo, 2020). En cuanto al papel de las víctimas en el relato (los padres del niño asesinado, en esta ocasión) es donde el tratamiento dado al Caso Gabriel resulta más peculiar dado que, anómalamente, en esta ocasión los padres se oponían a que se utilizara su desgracia para levantar campañas políticas punitivistas y/o xenófobas. Los programas se ven obligados a sustituir el marco habitual, por el cual el medio de comunicación se constituye en altavoz y defensor de las víctimas, por otro marco diferente: el de que Gabriel y sus padres serían un ejemplo de pureza y moralidad intachable. Esto permitió a los programas situarse como partidarios de la familia de Gabriel (tal y como su público les hubiera exigido) sin necesidad de responder a las peticiones de los padres de que dejara de utilizárseles, pues ya el tema de conversación no era ese, sino esa supuesta excepcionalidad moral de la familia (Castillo, 2020). Así, los programas establecían una oposición dicotómica entre, por un lado, Quezada y la gente como ella (psicópatas, delincuentes), y, por el otro, la familia de Gabriel y la gente como ellos (gente buena, gente normal). A partir de ahí, dividían simbólicamente la sociedad entre Nosotros, la gente como la familia, y Ellos, la gente como Quezada, de lo que, dentro de su discurso, se derivaría la necesidad de proteger nuestros intereses frente a los suyos, lo que de hecho exigiría políticas penales punitivistas en general, y PPR en particular (Castillo, 2020). En esta investigación se comprobará hasta qué punto la prensa escrita enmarcó los hechos del Caso Gabriel de forma similar.
– 130 – etc.) y de su contexto intertextual (lo que el resto de periódicos decían al mismo tiempo sobre el Caso Gabriel y/o la PPR, lo que se decía en otros medios, en redes sociales, las posiciones adoptadas por los partidos políticos, etc.). Finalmente, la fase de análisis interpretativo-sociológico implicará poner todo lo anterior en relación con los objetivos de la investigación: comparar las estrategias de construcción del discurso puestas en juego por cada periódico para hablar del Caso Gabriel y las puestas en juego para hablar de la PPR, comparar los resultados de esa primera comparación entre los distintos periódicos, etc. 4.3. MUESTRA DE TEXTOS Los textos se han escogido en función de dos criterios: uno temporal y el otro ideológico. En cuanto al criterio ideológico, la prioridad era que las distintas posiciones presentes en la prensa española estuvieran básicamente representadas en la muestra. Así, se ha optado por incluir dos grandes periódicos vinculados, respectivamente, al centro-derecha y al centro-izquierda y otros dos periódicos más pequeños, nativos digitales, y más cercanos a las posiciones extremas (en sentido descriptivo, no valorativo) del tablero ideológico mediático a derecha y a izquierda. Así, los periódicos cuyos textos se analizarán son: Público, El País, El Mundo y OK Diario. Entendemos que el espectro total de la prensa española de escala nacional queda básicamente cubierto con esos cuatro medios, en el sentido de que la práctica totalidad de periódicos o bien se sitúan en posiciones muy similares a la de alguno de esos cuatro (La Marea con respecto de Público, ABC con respecto de El Mundo, Libertad Digital respecto de OK Diario, etc.), o bien ocupan una posición intermedia entre dos de ellos, con cercanía a alguno o compartiendo características con dos (elDiario.es entre Público y El País, El Confidencial entre El País y El Mundo, etc.). En cuanto al criterio temporal, se han escogido las noticias y artículos de esos cuatro periódicos que se publicasen entre el día 11 de marzo y el 17 de marzo de 2018, por los motivos expuestos en la Introducción: en esa semana coincidieron el periodo de máxima atención social y mediática al Caso Gabriel (por el hecho de que el día 11 fue cuando se descubrió y detuvo a la asesina del niño), con un reavivamiento del debate
– 131 – público sobre temas penales, provocado sobre todo por el debate parlamentario en torno a la PPR del día 15 de marzo. De ese modo, la muestra está compuesta por todos los textos publicados en Público, El País, El Mundo y OK Diario entre los días 11 y 17 de marzo de 2018 y que trataran sobre el Caso Gabriel o sobre la PPR (o sobre ambos, en los que, en no pocos casos, como era previsible, se solaparon). Eso arroja una muestra total de 156 textos, siendo 12 de Público, 49 de El País, 55 de El Mundo y 40 de OK Diario. 5. RESULTADOS INCIPIENTES Tras plantear las hipótesis y preguntas de investigación, se han apuntado algunos hallazgos relevantes, especialmente en lo relativo a los discursos sobre el Caso Gabriel, cuyo análisis está más avanzado que el de los discursos sobre la PPR. En primer lugar, se va encontrando que el relato sobre el Caso construido desde el periódico El Mundo (sobre el que se ha realizado un análisis piloto) muestra múltiples resonancias con el que hemos comentado que construyeron los programas de infoentretenimiento: el grueso de las páginas se centra en la personalidad de la asesina, Quezada, destacando por encima de todo su frialdad, su comportamiento manipulador, y el hecho de que sólo actuaba movida por la búsqueda de dinero. Esos defectos de carácter de la asesina parecen ser, aquí como en esos programas, lo que más preocupa del Caso a los periodistas, por encima del propio acto de asesinar al niño. Y también aquí el relato opone a Quezada a toda España, toda una sociedad que aparecería como personaje secundario de la historia, apoyando a los padres de Gabriel y enfrentándose simbólicamente a la asesina. Toca ahora (además de seguir profundizando en la comprensión del relato del Caso movilizado por los textos de El Mundo, y buscar, por ejemplo, si ese relato va evolucionando o permanece igual a lo largo de toda la semana) ir analizando los textos sobre el Caso del resto de periódicos, para desde ahí ir estableciendo comparaciones. Además, han ido apareciendo en los textos un tipo (o un grupo) de discursos que no habían sido previstos originalmente en el planteamiento de la investigación: son discursos que podríamos entender que no son exactamente sobre el Caso Gabriel, sino sobre lo que ese Caso revelaría
– 132 – acerca de la sociedad española. Aunque, como ya se ha señalado, en este trabajo se realiza solo una propuesta de análisis con un estudio piloto sobre cobertura en el periódico El Mundo. Al detectar en sus textos este grupo imprevisto de discursos, he realizado una primera revisión de los textos de los otros tres, para hacerme una primera idea general de cómo son movilizados esos discursos en cada uno de ellos. La principal conclusión de esta primera aproximación es que esos discursos sobre lo que el Caso Gabriel revela de la sociedad toman formas muy diferentes en cada periódico. Por un lado, tanto en Público como en El País (y con más intensidad e insistencia en el primero que en el segundo), los textos señalan el cariz xenófobo de parte de las reacciones sociales al Caso Gabriel y dan importancia a las quejas en ese sentido de organizaciones como SOS Racismo. Esa temática parece estar básicamente ausente de los textos de El Mundo, mientras que es interpretada de forma opuesta por los de OK Diario. En este periódico, aparece varias veces el argumento de que a Quezada no se la estaba pudiendo criticar o atacar debidamente por el hecho de que era negra y migrante (dando de esa forma a las quejas de SOS Racismo y otros el sentido de una persecución de la crítica a Quezada). Además, desde este periódico se insiste también en la filiación ideológicamente izquierdista de la asesina. Vinculando su nombre al partido político Podemos en varios de sus textos. En definitiva, los primeros resultados parecen sugerir que, al menos en lo que respecta a lo que el Caso Gabriel revelaría de la sociedad más amplia (ya sea la presencia de racismo, o la situación de privilegio de las minorías y de falta de libertad de expresión para el resto, según de qué periódico se trate), cada periódico construyó discursos muy diferenciados entre sí y estrechamente vinculados a sus respectivas afinidades político-ideológi- cas. El completo desarrollo de esta propuesta de análisis podrá cómo encajar estos hallazgos en los objetivos e hipótesis planteados.
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