La estética académica en los territorios periféricos del Imperio Español: la Iglesia y el retablo mayor de San Juan Bautista de Pocoata (Bolivia)
Abstract
Entre 1779 y 1791 el arquitecto Joaquín Marín diseñaba y ejecutaba la iglesia y el retablo mayor de San Juan Bautista de Pocoata, partido de Chayanta, cuyas trazas se conservan en el Archivo General de Indias entre la documentación perteneciente a la Real Audiencia de Charcas.
Full text
LA ESTÉTICA ACADÉMICA EN LOS TERRITORIOS PERIFÉRICOS DEL IMPERIO ESPAÑOL: LA IGLESIA Y EL RETABLO MAYOR DE SAN JUAN BAUTISTA DE POCOATA (BOLIVIA). José María Sánchez Planta y alzado de la iglesia de San Juan Bautista de Pocoata (Bolivia). Joaquín Martín. 1782.
Retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista de Pocoata (Bolivia). Joaquín Martín. 1782. Entre 1779 y 1791 el arquitecto Joaquín Marín diseñaba y ejecutaba la iglesia y el retablo mayor de San Juan Bautista de Pocoata, partido de Chayanta, cuyas trazas se conservan en el Archivo General de Indias entre la documentación perteneciente a la Real Audiencia de Charcas (Documento nº 1). El expediente, aunque conocido desde el año 1933 1 [1], nunca ha sido trascrito, ni objeto de estudio y, en particular, el retablo sólo ha sido reseñado muy marginalmente en algunos trabajos sobre escultura boliviana 2 [2].
La iniciativa de ambos proyectos se debió al "mecenazgo" del doctor Francisco Javier Troncoso, cura y vicario de dicha doctrina. No son muchas las noticias que conocemos sobre este eclesiástico, no obstante, sabemos era natural de aquellos dominios y procedía de familia noble 3 [3]. Su carrera eclesiástica la inició como preceptor de latinidad en el Colegio de los Regulares de la ciudad de la Plata, de donde posteriormente pasó a Pocoata tras obtener su curato el 7 de septiembre de 1779. Troncoso entendió su estancia en Pocoata como un mero impás durante el cual reunir los méritos necesarios para poder ascender a puestos más relevantes en la jerarquía eclesiástica 4 [4]. Por ello no sólo cumplió las obligaciones apostólicas de su ministerio, sino que además se implicó en asuntos de carácter político para, con el reconocimiento del Rey, poder conseguir sus propósitos con mayor celeridad. Así se entiende el papel decisivo que jugó en la sublevación que, contra la Corona, protagonizó el cacique Tomás Cataride en 1780, que consiguió abortar con la ayuda de los indios de su doctrina, impidiendo que el levantamiento alcanzara Potosí y Charcas. Por tan singular servicio el Rey le concedió una pensión vitalicia de dos mil pesos anuales sobre las rentas del Arzobispado de Charcas. En este mismo contexto, pero en el plano eclesiástico, debemos situar la iniciativa de costear de su caudal el levantamiento de una nueva iglesia y retablo mayor para su doctrina 5 [5]. La renovación del templo fue iniciada con cierto montante que, su antecesor en el cargo, don José de Arcayne dejó por cláusula testamentaria para el reparo y ampliación de la vieja parroquia; y que, sin embargo, Troncoso, advirtiendo que el edificio anterior era construcción imperfecta y llena de defectos, contrarios a la majestad del lugar y disposiciones reales...; decidió emplearlo en la edificación de un templo de nueva planta.
El proyecto fue encargado a Joaquín Marín, arquitecto de posible origen francés, del que sabemos que en el año 1782 era alarife mayor de la ciudad de Chuquisaca 6 [6] y que llegó a Pocoata procedente de Buenos Aires, donde había participado en la construcción del Santuario de Luján, no lejos de la capital Argentina 7 [7]. Marín, siguiendo el esquema habitual de las iglesias de indios, diseñó un edificio de planta de salón, de una sola nave con cinco tramos abovedados y presbiterio cubierto con media naranja sobre pechinas; completando su planta con dos sacristías añadidas a la cabecera. La fachada la resolvió mediante una portada adintelada enmarcada por columnas pareadas de orden toscano sobre pedestales y coronada con frontón semicircular partido con remate piramidal. En el vértice del hastial colocó una monumental espadaña formada por dos cuerpos, de tres y dos vanos respectivamente, rematada con un frontón de perfil mixtilíneo y elemento piramidal (Ilustración nº 1). El empeño de Troncoso no concluyó con las labores arquitectónicas, sino que, en el interior del edificio, también costeó un colosal retablo para su altar mayor. Proyectado también por el citado Joaquín Marín, lo resolvió mediante banco, un cuerpo compartimentado en tres calles por cuatro grandes estípites, y ático semicircular tras una potente y moldurada cornisa. La máquina estaba presidida por dos nichos en su calle central: uno inferior para ser utilizado como manifestador y otro superior, posiblemente para contener la imagen de San Juan Bautista, advocación titular del templo (Ilustración nº 2). Tales prácticas de "mecenazgo artístico" fueron frecuentes entre el clero colonial pues, presentadas y reconocidas como méritos por el Rey y su Consejo de Indias, constituían una de las vías más directas para poder promocionarse en la jerarquía eclesiástica 8 [8]. Sin embargo, no pocos fueron los casos de notables abusos con tales costumbres, al hacer trabajar a los indios en estas obras sin sueldos o recompensa alguna 9 [9]. El análisis de ambos proyectos manifiesta, por una parte, la escasa formación teórica de su autor, quizás un simple maestro alarife cuyos
conocimientos arquitectónicos estaban basados únicamente en la práctica artística; y, por otra, el retraso en la difusión y asimilación de las nuevas ideas estéticas en los territorios más periféricos del Imperio español. Respecto a su autor, en primer lugar, la planimetría de ambas obras presenta inexcusables incorrecciones en sus dibujos, faltos del rigor científico exigido en la formación superior de los arquitectos. Se advierte errores elementales en el abatimiento de planos o en el simple hecho de sumar varias vistas -interiores o exteriores, laterales o de frente- en un mismo alzado. En segundo lugar, Marín denota un nulo conocimiento de los lenguajes, tanto estructurales como formales, de la arquitectura europea de la segunda mitad del siglo XVIII. En ese sentido, los diseños de ambos proyectos muestran cierto titubeo o dualidad estética entre el nuevo lenguaje clasicista impuesto por la Academia, junto a ciertos resabios barrocos característicos del siglo XVII. Tanto en el edificio como en el retablo son notas clasicistas el nuevo dominio de lo estructural, de formas más sobrias y contundentes, desterrando el aparato ornamental que caracterizó al anterior estilo mestizo; sin embargo, aún son claros residuos barroco en la fachada del edificio el uso de los frontones partidos y el protagonismo dado a la espadaña, y en el retablo el empleo del estípite como elemento estructural y el movimiento de planos cóncavos/ convexos de su planta y cornisa. En relación al retraso en la asimilación de los nuevos lenguajes estéticos en estos territorios periféricos, cabe reseñar, según Mesa y Gisbert, que el retablo de Pocoata es la primera obra en la que aparece el estípite en la arquitectura barroca boliviana, aun cuando el elemento tenía ya por entonces amplia difusión tanto en España como las principales capitales de las posesiones españolas de ultramar 10 [10]. Por último, otro hecho a destacar es el empleo del estuco imitando mármoles polícromos en su tratamiento de superficie. Así lo resalta el propio Troncoso al describir la obra al intendente de Potosí: ... que no es de madera sino de yeso y ladrillo, pues aun en esto he querido mirar no solamente por la mayor duración y firmeza sino también conformarme con la novísima determinación de su Majestad.
Tal afirmación hace referencia, sin duda, a la Real Orden de Carlos III de 1777 por la cual el monarca prohibió el uso de la madera dorada como material para la construcción de retablos; debiendo ser sustituida por el mármol o, en su falta, por el estuco, es decir, obra de fábrica enlucida con apariencia marmórea. La Real Orden justificaba la prohibición esgrimiendo como excusa el peligro de incendios y el dispendio económico de los dorados; aunque la verdadera razón era que la Casa Real pretendía desterrar la madera dorada y estofada como símbolo del barroco, signo inequívoco del antiguo gobierno de los Austrias. El nuevo monarca, en el contexto de la profunda regeneración en que pretendió sumir a la Nación, procuró también una reforma de los esquemas artísticos, empeñando sus esfuerzos en desterrar el barroco, muy arraigado a nivel popular, y favorecer e implantar los cánones estético académicos, más acordes con sus ideas ilustradas. De esta manera, la tradición barroca de la madera dorada fue reemplazada en los retablos por el mármol, el estuco o simplemente por la madera pintada en blanco, donde los dorados habrían de quedar limitados a contados motivos decorativos, molduras y capiteles. Tales planteamientos alcanzaron también los territorios coloniales, permeables en los altos funcionarios del Estado y del clero 11 [11], aunque el control de la Academia quedaba demasiado lejos en los territorios periféricos y la interpretación de sus postulados fue más subjetiva. La lectura de la ley, al menos en este caso, fue de manera literal, traduciéndose formas aún barrocas a los nuevos materiales. Joaquín Marín conocedor de la Real Orden, sigue al pie de la letra sus instrucciones y, por ello, lo realiza en estuco, pero no capta el espíritu de fondo levantando un retablo barroco. Este ejemplo manifiesta la imposibilidad de que sólo mediante un Real Decreto se lograse un efectivo cambio del gusto, sobre todo en un territorio alejado miles de kilómetros de la metrópolis y donde incluso la minoría supuestamente culta estaba a una distancia infinita de la estética ilustrada. Este retablo sería la primera obra de estuco en Bolivia, sirviendo de modelo para otras estructuras posteriores 12 [12].
BIBLIOGRAFÍA AA.VV. (1969): La iglesia y el patrimonio cultural de Bolivia. Comisión Nacional de Arte Sacro. La Paz. ANGULO IÑIGUEZ, D. (1933): Planos de monumentos arquitectónicos de América y Filipinas existentes en el Archivo de Indias. Laboratorio de Arte. Universidad de Sevilla. MESA, J. y GISBERT, T. (1970): Bolivia monumentos históricos y arqueológicos. Instituto Panamericano de Geografía e Historia. México. MESA, J. y GISBERT, T. (1972): Escultura virreinal en Bolivia. Academia Nacional de Ciencias de Bolivia. La Paz. VARGAS UGARTE, R. (1955): Ensayo de un diccionario de artífices coloniales en la América meridional. Lima. WETHEY, H. E. (1949) Colonial Architecture and Sculpture in Perú. Cambridge. WETHEY, H. E. (1961): Arquitectura virreinal en Bolivia. La Paz. Documento nº 1 Probanza de méritos del doctor don Francisco Javier Trocoso, cura de la doctrina de San Juan Bautista de Pocoata, partido de Chayanta. Petición: Señor Gobernador Intendente. El doctor don Francisco Javier Troncoso, cura y vicario de la doctrina de San Juan Bautista de Pocoata, ante su señoría, en la mejor forma que haya lugar en derecho, me presentó diciendo: que siendo una de las principales obligaciones de los párrocos el atender al ornato decente, reparación oportuna y ampliación bastante de las iglesias de sus beneficios para que, celebrándose en ellas con el decoro debido los divinos misterios, pueda cómodamente asistir y congregarse dentro toda la feligresía, conforme las disposiciones canónicas e intenciones de Nuestros Soberanos en sus leyes de estos reinos, movido de tan justo celo, dejó por su fallecimiento mi antecesor doctor don Josef de Arcayne su corto caudal para el reparo, ampliación y como nuevo edificio de esta iglesia parroquial de este pueblo de San Juan Bautista de Pocoata en esta provincia de Chayanta subvicaría de la intendencia de V. Señoría, la que habiendo sido en su primera construcción imperfecta y llena de defectos, contrarios a la majestad del lugar y disposiciones reales, amenazando su total ruina y destrucción, se halla en el día de hoy en una metamorfosis tan admirable que puede, más bien, llamarse nueva creación, que generación de algún antecedente presupuesto, debiéndose en sus principios esta
construcción al caudal de dicho mi antecesor y a la aplicación que desde sus principios me dediqué mirándola como obra propia. Tuvo sus principios este edificio por los años de ochenta y uno, por lo que no pudo cumplirse con la disposición y formalidades que prescribe la ordenanza sesenta y seis de Intendentes que, aunque posterior a aquellos comienzos parece debía tener lugar, en el presente caso de transmutación total y exorbitante mejora en que se halla esta iglesia. Posesionado yo de este beneficio a siete de septiembre del año de setenta y nueve por legítima presentación del Real Vicepatronato y canónica institución del ilustrísimo Señor Arzobispo de la Plata, creí desde mi ingreso ser uno de mis principales desvelos el atender a la prosecución de esta grande obra, la que habiéndose suspendido su construcción por falta de dinero por espacio de tres años, tendiendo yo en este tiempo el auxilio con que la liberalidad del Soberano premió mis méritos contraídos en la sublevación de este reino, seguí la construcción de su edificio a expensas de mis cortas facultades, sin perdonar a fatigosa actividad ni gastos algunos de los ingentes que se insumen en obras de esta naturaleza, mejorando en cuanto me ha sido posible las primeras ideas e intenciones que se tuvieron en la construcción de esta iglesia. En efecto así lo he verificado teniendo la gloria en el día de pasar a manos de V. Señoría los dos adjuntos ejemplares o prospectos, el uno que representa lo principal y cuerpo del templo con el número primero, y el del segundo que hace ver la planta y fábrica del altar mayor y retablo (que no es de madera sino de yeso y ladrillo, pues aun en esto he querido mirar no solamente por la mayor duración y firmeza sino también conformarme con la novísima determinación de su Majestad) a fin de que V. Señoría en ejercicio de sus facultades y con arreglo a la dicha ordenanza sesenta y seis, se sirva comisionar a la persona o personas que fueren de su agrado para que reconociendo y aprobando estas, la conformidad de la obra, pueda y se digne V. Señoría aprobarla, sin la necesidad de remitirse a la Junta Superior como lo previene la referida ordenanza, pues habiendo sido esta posterior al comienzo de la obra y no habiéndose podido remitir previamente para su examen los dichos planos creo suficiente en el día (por conformarme en cuanto sea posible con el espíritu de la Real Disposición) el que V. Señoría se digne mandar reconocer y confrontar la obra, para la que no se ha podido auxilio alguno del Real Erario, aun franqueándolo la piedad del Soberano como se expresa en sus reales leyes, en esta atención y en la de ser así cierta su hermosura, duración y decencia aprobarla para los efectos que convenga. Así mismo, suplico a V. Señoría se sirva mandar a la persona o personas a quien se sirviere comisionar, siendo inteligentes, o en su defecto con asistencia de peritos, tasen y justiprecien el valor y costos que se han insumido en dicha obra, para hacer de ello el uso que me convenga, en todo lo que espero recibir merced y justicia de la acreditada justificación de su señoría, por tanto. A V. Señoría pido y suplico se sirva proveer y mandar como llevo pedido que sería justicia y para ello juro lo necesario en derecho etcétera. Doctor Francisco Javier Troncoso. Potosí ocho de enero de mil y setecientos y noventa y uno. Vista Fiscal: El defensor fiscal vista la representación del doctor don Francisco Javier Troncoso, cura del beneficio de Pocoata en el partido de Chayanta, haciendo presente que ha concluido la iglesia de aquel pueblo y que desea se reconozca para
acreditar lo firme y suntuoso del edificio y los gastos que ha impedido en lo costoso de la obra, dice que en ella no encuentra reparos por ser dicho reconocimiento conforme a la leyes y muy al caso para proporcionar al cura la justificación de su mérito, otro tanto apreciable cuanto ha sido su esmero, dedicación y el costo que ha hecho de sus rentas a beneficio de esta obra; por tanto podrá su señoría, siendo servido, comisionar sujeto que, con asistencia de dos peritos, pase al examen y reconocimiento de ella, encargándole que todos tres compongan con individualidad lo particular de la arquitectura, la capacidad, duración, buen aspecto y los gastos que se pueden haber invertido desde el estado en que la tomó a su cargo el doctor Troncoso; y que evacuadas estas diligencias se devuelva el expediente para que V. Señoría tome las providencias que convenga. Potosí enero 8 de mil y setecientos noventa y uno. Auto del Comisionado: Vista la comisión librada por el Señor Gobernador Intendente del partido con fecha de ocho del que rige, contractiva al reconocimiento de la duración, firmeza y buen aspecto de la obra de esta iglesia, los costos que se habían motivado hasta su total perfección con la demás importancia de su cometido, cuyo cumplimiento que se ha confiado a mi desvelo, después de rectificado el juramento que hice al ingreso del empleo que ejército, nombro por peritos para la práctica de la operación que demanda el superior decreto al general don Esteban de Amezcaray y a don Benito Moreno, facultativo y examinado en los reinos de España en los cinco órdenes de arquitectura, los que hallándose presentes aceptaron y juraron el cargo y de evacuarlo con arreglo a las legales prevenciones de dicho señor intendente, a cuyo efecto pasarán en consorcio mío y con su inspección expondrán con la especificación y prolijidad que corresponde para dar el debido lleno a una confianza que arrastra la primera atención por la recomendación de un objeto tan Sagrado, lo que así mismo se certificará por mí con intervención y a continuación de la exposición de dicho peritos; y firmaron conmigo y testigos de mi actuación a falta de escribano en esta villa de Alcázar de San Juan Bautista de Pocoata en 28 de enero de mil setecientos y noventa y un años. Miguel de Toro y Villalobos, Esteban de Amescaray, Benito Moreno; testigo doctor Juan Bautista de Ormaechea, licenciado José Arias, José Antonio de Amaral. Reconocimiento: En dicho día, mes y año, en cumplimiento de lo mandado en el auto que antecede, en obsequio de lo ordenado en todas sus partes por el Señor Gobernador del Partido, practiqué el reconocimiento de la obra, material del suntuoso templo, su estado y demás concerniente con los peritos nombrados, quienes expusieron, después de antecedido formal y específico reconocimiento de su consistencia ser firme, según su concepto y de consistencia duradera por los embasamentos, firmeza de postes y sus cimientos, con los trabazones correspondientes en sus respectivas bóvedas, formadas con buenos materiales; sin embargo de ser sus paredes de suficiente ancho, se hallan estribadas por ambos extremos para su mayor seguridad y resguardo, lo que persuade su mayor duración a que es acreedor una obra de igual magnitud y Santuario del Señor, que arrastra la atención de toda esta provincia y en destino tan sagrado. Ella toda se halla estampada y descifrada en el respectivo plan comprensivo a la construcción y conclusión de toda ella, con cuyo tenor se halla conforme, como también el retablo del altar mayor con toda la estructura que instruye dicho plan, con prevención de ser exquisitas sus molduras y partes que le adornan, así de estípites y de pedestales, como de pintura esmaltadas en oro, en
9 de enero de 1793. En vista de lo informado... ha resuelto el Rey que la Cámara tenga presente el mérito de este eclesiástico en las vacantes que ocurran en las iglesias catedrales de aquellos dominios. Pretende que V.M. le atienda en la provisión de la canongía vacante de la iglesia de la Plata. (Archivo General de Indias. Audiencia de Charcas, Legajo 580; año 1791; fol. s/n.) [1]. ANGULO IÑIGUEZ, D. (1933): Planos de monumentos arquitectónicos de América y Filipinas existentes en el Archivo de Indias. Laboratorio de Arte. Universidad de Sevilla. [2]. HAROLD WETHEY (1945) comenta: ...lo que conozco sobre este edificio se debe a las publicaciones de don Diego Angulo referentes a los planos que se conservan en el Archivo de Indias de Sevilla; por su parte, MESA Y GISBERT (1970 / 1972) apenas si le dedica un párrafo para señalar su autoría. Incluso, en la actualidad, desconocemos si aun existe pues en 1965 los citados autores encontraron el templo semiarruinado y con un proyecto para derrumbarlo y hacer en su solar una nueva edificación: ...hace cinco años la iglesia de Pocoata estaba en muy mal estado, pues parte de la nave se había caído; lamentablemente en lugar de pensar en una restauración había el proyecto de echarla abajo para hacer una moderna en su lugar (MESA Y GISBERT, 1970: 63). [3]. Era sobrino de Agustín de Pinelo que fue presidente de la Real Audiencia de Buenos Aires. [4]. Pretendía conseguir una canonjía vacante en la catedral de la Plata. [5]. Por un escrito enviado al Gobernador Intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz el 8 de enero de 1791, Troncoso solicitaba el reconocimiento y aprecio de las citadas obras levantadas a su costa, a fin de poder presentarlas como mérito ante el Rey. Para tal efecto fueron nombrados el general Esteban de Amezcaray y el arquitecto Benito Moreno. [6]. MESA Y GISBERT, 1970: 63. [7]. HAROLD WETHEY, 1961: 98. [8]. Ciertamente, el prototipo de mecenas como persona amante, protector y promotor de las Artes, nada tiene que ver con estas actuaciones cuyo objeto único era favorecer intereses particulares. [9]. Este hecho era, sin duda, conocido por el propio Troncoso, por ello solicita que el protector de Naturales declarara si dichos indios han contribuido para las labores de la iglesia con alguna cantidad de dinero, y si a ellos, cuando han trabajado se les ha dado de mi cuenta un real diario y concluida la semana dos reales a cada doce indios; y hecha esta declaración, con la cuenta que exhibiese dicho Marín, se agregue a los autos de esta materia.
[10]. MESA y GISBERT, 1970: 63. [11]. El cambio estético se detecta a comienzos de la década de 1770 alentado por altos funcionarios de la Corona y miembros del clero con ideas ilustradas. Como ejemplo puede citarse la pragmática del obispo de la Paz Gregorio Campos en 1772 al indicar que los franciscanos no debían adornar sus iglesias con aves, animales, ...ángeles disfrazados de mujeres, espejos cornucopias, cintas, encajes, etc que convertían los templos en salones de baile (MESA Y GISBERT, 1972: 209). [12]. Como el caso del retablo del testero de la epístola del crucero de Santo Domingo en Sucre, datable hacia 1790 (WETHEY, 1960: 113).