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Desde los límites hacia la comprensión de la ciudad contemporánea. Ceuta y la mulitiplicidad de la frontera

Soria Pedraza, David

Abstract

La presente investigación tiene como objetivo el estudio del desarrollo urbano en las ciudades-frontera contemporáneas. El punto de partida será el estudio de procesos socioespaciales. Trabajamos desde la construcción genealógica de la frontera del estudio de caso, la ciudad Ceuta, y el análisis de sus transformaciones urbanas. Se han construido dos genealogías en busca de concretar las complejas problemáticas que nos encontramos en dos campos de conocimientos interrelacionados. La primera genealogía será histórica, de la frontera entre Ceuta y Marruecos, y la segunda será demográfica-urbanística, de la sociedad de Ceuta y el desarrollo de su espacialidad. Ambas se construyen para dar un contexto suficiente a las dos principales problemáticas desarrolladas, las fronteras exteriores y las divisiones internas. Después de desarrollar dichas genealogías, reflexionamos sobre los mecanismos de construcción urbana. La definición urbana, tanto en su perímetro como en su interior, viene dada por procesos como la exclusión social, el control biopolítico o la construcción identitaria. Estos procesos actúan sobre dos planos diferentes, un trasfondo de relaciones y una representación de la diferencia. Vemos que el desarrollo del borde urbano y la aparición progresiva de divisiones en el interior de la ciudad se basan en una desigualdad fundamentalmente de base económica, pero también sociocultural y política, conformando un marco de relaciones. A su vez, la construcción simbólico-representativa de la diferencia ayuda a consolidar los límites existentes y promueve, progresivamente, nuevas fronteras. De este modo, la espacialidad se construye desde una doble tensión (relación/diferencia), favoreciendo que el tejido urbano se materialice a través de los flujos que atraviesan los límites.

Full text

1 Desde lo s límites hacia l a c omprensión de la c iudad contemporáne a. Ceuta y la multipli cid ad de la f rontera . A mis pad res por c reer, A Miriam p or acom pañ arme, y a Carmen p or gu iarme e n cada p aso. Aut or: David Soria Pedraza Direc tora: Dra. Carmen Guerra de Hoyos DTO. D E HISTORIA , TEORÍA Y COMPOS ICIÓN AR QU ITECTÓN ICAS 2 Índice. Capítulo 1. Intr oducci ón. 1. Prologo. ........ ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ... 5 2. Ciudad y fronte ra: Ceuta como caso paradigm ático. ........ .......... ..... ........... ..... .......... .......... ... 10 3. Estado de la Cuestión. .......... ..... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ...... ..... ....... 11 4. Objetiv os ..... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... . 14 5. Hipótesis de partida. .......... ................ ..... .......... ............... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .... 15 6. Metodol ogía ......... ............... ...... .......... ............... ..... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... .. 18 Capítulo 2. L a Fronter a. 1. Descripción física. Parti en do de la frontera y lo s diez fuertes. ......... .......... . ......... ........... ..... .. 22 1.1 Descripción g eográfic a .... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... . 2 4 1.2 Componen tes .. .......... ............... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ...... ..... .......... ..... .. 28 1.3 Evolución his tórica .......... ..... .......... ............... ..... ........... ............... ..... ..... .......... ..... ..... ....... 42 2. Frontera contemporán ea. La piel d e la "ysla". ........ ........... . ......... .......... . ......... .......... . ......... ... 71 2.1 Significado de frontera de ayer a hoy. ............... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... .. 75 2.2 La Biopolítica c omo control de la p oblación. ............ .......... ..... .......... .......... ..... ........... ..... 84 2.3 Naturaleza biopolítica de la frontera. .......... .......... ................ ..... ..... .......... ..... ..... .......... ... 90 2.4 La biopolítica en los procesos d e regularización (1986-19 90). .............. ..... .......... ..... ....... 97 2.5 La acción biopolítica: de una teoría d e la ciudad a la práctica urban a. .. .......... ..... ......... 103 2.6 Marruecos y Europa. .... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ...... ..... .......... .. 107 3. Imagen, repr esentación y diferenci a. .............. ..... .......... ............... ................ ..... .......... ........ 114 3.1 Imagen. ..... ..... .......... ............... ...... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... .. 114 3.2 Representación postmoderna para el in m igrante t ransnacional. ....... ..... .......... ........... . 122 3.3 Diferencia . ........ .......... ............... ..... .......... ................ ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ...... .... 129 3.4 Paso fr onterizo del Tarajal ................ ..... .......... ............... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... .. 144 3.4.1 La fronte ra de Ceuta y su en torno. ............... ..... .......... ............... ..... ..... ........... ..... ... 153 3.4.2 Ley sobre derech os y libertades de los extranjer os en España d e 1985 .......... ........ 154 3.4.3 LOE 1985, Acuerd o Sc hengen y su influen cia biopolítica desd e España ........ .......... 158 3.4.4 El insulamiento y la frontera com o canal explicit ado ....... ..... .......... .......... ..... ......... 169 3.6 Las filtracion es y la fron tera como canal explicita do. ............. ...... .......... .......... ..... ......... 192 3.6.1 Trabajad ores transfro nterizos: portead ores y trabaja dores peregrino s como econo mía de frontera. ......... .......... ................ ..... .......... ............... ............... ...... .......... ...... 202 3 3.7 La isla y el vacío , relación d e dentro a afuera. ........ .......... ..... .......... ...... .......... .......... ..... 206 4. La frontera de las per sonas y las cosas. ..... ..... .......... ............... ................ ..... .......... .............. 239 4.1 El conflicto s ocial desde lo económico. ........ .......... ..... ........... .......... ..... .......... .......... ..... . 252 4.2 El inmigrante no marroqu í: ter cero com o otro. ....... .......... ........... ..... .......... .......... . ........ 259 Capítulo 3. Esp uma s sociales. 1. Estado so cial de la ciud ad .... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ........... ............... ............... ..... .. 265 1.1 Evolución de la cuestión . ..... ..... .......... ................ ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ..... 266 1.2 Raíces y cuerpos culturales , actores. ......... ..... ........... .......... ..... .......... .......... ..... ....... 270 1.3 Repaso histórico de la segrega ción previa a 1985, Genealogía. ............. .......... ..... ... 274 1.3.1 Ceuta islámica .......... ..... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ...... ..... .... 274 1.3.2 Ceuta Portuguesa .......... .......... ................ ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... .... 279 1.3.3 Ceuta Española ... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... . 282 1.3.3 Ceuta Española ... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... . 284 1.3.4 Periodo desde 1 985 hasta la Ceu ta contemporán ea. ... .......... ...... .......... .......... .. ..... 319 1.4 Desarrollo urban o: prob lemáticas paralelas. ..... .......... ..... .......... ........... ..... .......... .......... 330 2. De la diferen cia a la mezcla y viceversa .............. ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... 335 2.1 Diferencia en la rela ción entre "culturas". .......... .......... ...... .......... .......... .. ........ .......... .. .. 362 2.2 Incorporación a lo s procesos socio espaciales contemporáneos. ............. ............... 364 2.2.1 La economía intern acional y transnacional..... ...... .......... ..... .......... .......... ..... .......... . 365 2.2.2 La representaci ón postmoderna en la ciudad. ..... .......... .......... ..... .......... .......... .. ..... 371 2.2.3 La inmigración subsaharian a en la trama urbana .......... ..... ........... .......... ..... .......... . 3 84 2.2.4 La identidad cultural de los colectiv os minoritari os ........ ........... .......... ..... .......... .... 393 2.3 Identidad, Cultura y sta tu Quo. ........ ..... ..... .......... ...... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........ 405 2.4 Relación entre el modelo de esfera s antropógenas ... . ......... .......... . ......... .......... . .......... . 412 2.4.1 Esferas Flexib les. ... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ...... ....... 420 2.4.2 Espuma de microesfer as: Cantidad Energía . ............. ..... .......... ........... ..... .......... ...... 4 29 2.4.3 El caso de Ceu ta y el modelo de espumas. ............... . ......... .......... . ......... .......... . ...... 439 2.4.4 Fisuras, Salid as/Entra das. ......... ..... .......... ............... ...... .......... ............... ............... .... 443 3. Desarrollo por z onas de l a ciudad de Ceu ta. .... .......... ...... .......... .......... ..... .......... .......... . ....... 446 3.1 Perímetro exterior: El Prín cipe y Benzú. ....... .......... ..... ........... .......... ..... .......... .......... . .... 446 3.1.1 El desarrollo urban o d e las barriadas p eriféricas ............ .......... ........... . ......... .......... 451 3.2 Franja intermedia : Barriad as de transición. ....... .......... ........... ..... .......... ..... .......... .......... 458 3.2.1 El desarrollo urban o d e las barriadas d e transición. ........... .......... ..... .......... .......... .. 460 4 3.3 Desarroll o urbano hacia el ce ntro. ....... ..... .......... ............... ..... ........... ............... .............. 469 3.3.1 El desarrollo urban o d el centro urbano. ....... .......... .......... ..... ........... .......... .. ........ ... 471 4. Division es urbanas inter nas. .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... 473 4.1 Dualidad urb ana de Ce uta: desde los modelos de segregaci ón cultural a la consolidación del statu qu o. ......... ............... ..... ..... .......... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ...... ..... .... 475 4.2 Ciudad con -formada d esd e lo social. ......... ........... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ..... ...... ....... 489 4.3 Divisiones desde lo sociocultural a lo urban o . ..... ........... .......... ..... .......... ..... .......... ........ 499 Capítulo 4. Conclu s iones. 1. Desde límite hacia la comp rensión de las frontera s exteriore s. ........ .......... .......... ..... ...... 5 03 2. Desde límite hacia la comp rensión de las frontera s interiores. ......... .......... ..... ........... ..... 514 Agradecimien tos. ... .......... ............... ................ ..... .......... ............... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ... 524 Bibliografía .. ..... .......... ............... ..... ...... .......... ..... ..... .......... ..... ..... .......... ...... ..... .......... ..... ..... .... 525 Índice de Figu ras ........ ..... ........... ............... ..... ..... .......... ..... ..... ........... ..... ..... .......... ..... ..... ......... 533 5 Capítulo 1. Introducción 1. Prologo. Quizás uno de los temas recurrentes en la in vestigación tanto arquitectónica com o socioespacial actual sea el espacio urbano y su contacto o disolución con otros elemen tos, urbanos y naturales, en lo t erritorial. Probable mente el mo tivo de este interés es que los cambios que se han producido en la sociedad, la c ultu ra y la economía desde la segunda mitad del siglo XX han des encadenado un conjunto de procesos, que podemos calificar de revolucionarios en el espacio en el qu e desarr ollamos nuestra vida. Así, el estudio de la transf or mación del esp acio urban o se aborda por difer entes discipli nas (geografía, soci ología, antropología, arquite ctura o filosofía), con pensado r es 1 que desde perspectivas diferentes intentan esclarecer la dinámica de estos proces os y su interacción con los modos de vida y produ cción contemp oráneos. Profundizar en este campo de estudio implica abord ar algunas de las proble máticas que lo caracterizan a nivel tran sdisciplinar. Problemáticas complejas, teorizadas desde puntos de vist a mu y diferentes, por lo que, desde un principio, parecen necesarios acercamientos a t ravés de casos concretos en los que podamos desve lar esas interacci ones. Los cambi os en la segun da mitad del s. XX respecto a las condiciones de nuestro entorno inmediato de v ida, son el escenario do nde los límites de la ciudad y el modo de relaci onarnos con ellos se c onvierten en una problem ática funda mental d e la ciudad contemp oránea. Esto hace del lí mite una clave f undamental de comprensión de las nue vas formas de organización del territ orio, co mo la división público /privado, la marginalidad o los d espla zamientos forzados, siendo una d e l as situaci ones que ori ginan u na buena parte de los procesos de violencia urbana con temporán ea. Las t eorías existentes sobr e el lím ite urbano, se han formulado, con frecuencia, desde est udi os de ejemplos concret os, en momentos determinados, para comprender su funcion amiento. Por el c ontrario, las grandes teorías del urbanismo e n torno al funcionamiento del l ímite eran de aplicación a ciudades proto típicas, dej and o de lado lo c omplej o y c ambiante del cont acto de l a ciudad con su ent orno y lo es pecífico de cada sit uaci ón. Sin em bargo, notamos que será a través de propuestas de la epistemología crít ica, que se plantean desd e la mitad del siglo XX, donde se pod rán enco ntrar pun tos de vista que aborden la reflexión sobre las transformaciones d e los límites urb anos en la ciu dad contemporánea. Las teorías urbanas de principios del siglo XX, ligadas a la Arquitectura Moderna y a un planteamiento funcionalista del espac io, continúan una larga tradición geográfic a que, a través de la raci onalización y el control del espac i o, c ambió progresivamente el paradigma eur opeo del feudalism o hasta lleg ar al m odelo de Estado Nación (1648) 2 que regu la toda vía la 1 Como Edward Soja, Do reen Massey, R ichard Sennet, H enr y Lefebvre, Jane Jacobs o Mar c Augé. 2 Se suele consid erar l a fecha de la Pa z de West falia como el pr imer momento d e equ ilibri o entre los estados nación eu rop eos. Un equ ilibrio inestabl e que será r enegociado tanto en el e scenario europeo como en el coloni al en las di ferent es guerras qu e per mean l a h istoria de l os tres ú ltimos sig los. 6 organización t erritorial mun dial. Esta ser vidumbre a la raz ón c art ográfica 3 , e n b usca de la continuidad, isotropía y homogeneidad del territorio 4 , impregna el conocimiento urbano de la modernidad en todas la s esp ecialidades sin ap enas poner en duda su objetividad. “Todo pr oyecto urbanístico y de a rquitectura ha asumido el car ácter demostrativo aspirando a unos contenidos de verdad que trascienden la situación singular y la contingenc ia histórica en la cual se ha producido” (SECCH I, B. 1984:8) No resulta extraño que la ciudad mod erna, la ciud ad racionalista, se o rganice según es tos parámetros, constru yendo el tejido urbano m ediante la organización de l os distintos usos, la movilidad entre ellos y dem ás c omponentes prop ias de una concepción d e la ciudad en crecimiento co ntinuo. Secchi defiende est o com o e je c entral para el d esarrollo de l a arquitectura y la urbanísti ca modernas. Este tipo de pensamiento ha sido hegemónico durante el desarrollo e xtensivo e intensivo qu e experimentó la ciudad, primero por la constru cción de la ciudad industrial como protoasentamien to m oderno y, posteriormente, a tra vés del revisionismo que l a arquitectura moderna plantea so bre la ciudad industrializada, con la intención de convertirse en un “programa de investigació n científica: intento de reelaborar el dato de la experiencia dentr o de una estructura teóri ca y técnica en condiciones de prev er, y por ello dominar, el fluir de los acontecimientos y las estructuras de la s relaciones q ue hay en tre ellos” (SECCHI , B. 1984:8). Aunqu e las c ríticas al modelo funcionalista mo derno se empiez an a producir en los año s cincuenta del pasado siglo 5 , la caducidad de este plant eamiento se pone de m anifiesto a partir de la d écada de los 80 cuando se aprecian nuevos tipos de patologías urbanas qu e ponían en crisis las herramientas tradicionales de análisis, control y desarr ollo urbanos. La disp ersión urbana e industrial, la ap arición de vacíos interiores y la detención del crecimiento urbanístico 6 , los impedimentos a la movilidad o la segregación y la exclusión, como procesos crecientes, han m ostrado que, en grandes c iudades como Los Ángeles, P arís o Londres, la complejidad de las problemáticas u rbanas no puede abordarse desde perspectiva s exclusivamente racionalist as, y a sean funcionalistas, morfológicas o, incluso, estilísticas 7 . De este modo, a través del fracaso progresivo de los plantea mientos urb an os modernos, empezaron a perfilarse corrientes de pensamiento que serán fund amentales par a comprender en conjunto las transformaciones urbanas de l os últimos tiemp os y de entre las cuales queremos d estacar algunas . 3 “uno d e los pu ntos más impo rtant es de la razó n cart ográfic a de Farine lli: la idea según la cua l el territorio mod erno e s la copia o el modelo del mapa , y n o a l revés. Hemos vi sto que esta i nver sión del signo cartográfi co se po día a plicar a la fo rmación d e lo s Estad os mod ernos” (LLADÓ, B. 2 013:25 1),”El objetivo de l a geogra fía crítica bu rguesa era crear un d iscurs o geográfico ( un razon ami ento) capa z d e trascender la ident i ficación en tr e conocimient o geog ráfico y representa ción c artográfica” (FARINE LLI, F . 2013:165, 2000:94 3), “Debe r ecorda rse qu e la repr esentaci ón topográfica es just ament e la imagen a través de la cual el E stado mo derno , const ruyénd ola y u tilizándol a sobre el campo de bat alla, no solo ha reconocido sus pr opi os límit e s (y, por lo tant o, ha estableci do su prop ia identida d), si no que en su interior, u na vez ter minada la guerra , ha pr ocedido a la propia c onstrucción. Se trata d e un a imagen basada en las propieda des del espacio euc lidiano qu e son exactamente op ue stas a aqu ellas en el interior de l os mis mos estado s: cont inuida d, h omogeneida d e i sotropismo” F ARINE LLI, F. (2013: 157; 1999-2000 :12-13) 4 FARINELLI , F. (2013 :196, 200 2:229 -230) 5 Ver Sert y “ El corazó n de l a ciud ad” ( SERT, J.L. 1955:164 ) 6 SECCHI, B. (198 4:8 -9) 7 GREGOTTI, V ( 1984:2- 7) 7 Por un lad o , desde un p l anteamiento má s cons ervador, incluso continuista, se aboga p or intentar ext rapolar algun os de los planteami entos de la modernidad a las nuevas situaciones y escalas, implicand o además a otras disciplinas en el análisis y en el planeamiento. Así el estudio de la movilidad, los usos o la morfología dan un salto cuantitativo, mostrando una ciudad donde los transportes crecen y se distancian de la escala humana, don de los us os no generan zonas, s ino ciudad es dentro de ciudades y donde la densidad y la extensión llegan a cotas nu nca antes alcanzadas por n ingún asentami ento hu mano. Aunq ue es te m odelo de ciudad puede llegar a explicar patologías contemporán eas que se repiten en distintas ciudades en el m undo, no t ermina de soluc ionarlas, ni de c omprender los fenómenos que las originan, encuadránd olas como inhe rentes a los grand es asentamientos hu m anos. Por o tro, encon tramos disciplinas di vergentes c on la planificación más o rtodoxa , que tienen que ver con el “tercer otro” que defiende Edward Soja (“ Third Space”) 8 . Estos pun tos de vista reivindican plantea m ientos que han sido marginados por la epistemología gl obalizadora. Planteamientos que proceden de, o atienden a lo local y a las m inorías, a los s ectore s marginados por el conocimiento racional y objetiv o. De hecho, su punto de par tid a es la puesta en crisis de los planteamie ntos e stablecido s a t ravés del contraste con problemáticas reales , que no se contemplaban e n estos. Será a través de estas nuevas p erspectivas del conocimiento que aparecen diagnósticos q ue reconocen la profund idad de las prob lemáticas urban as. En el e studio de lo urbano, podemos apreciar có mo, ambas perspectivas se están entrelaz ando constantemente, para intentar comprender la complejid ad creciente que aparece en la ciudad contemporánea. Al c entra rnos en la proble mática de los límites urbano s, la ind efinición del perímetro urbano debido a nu evos tipos de c recimiento subu rbano o el en cuentro entre distintos núcleos serán, entre otras, las proble máticas donde el pensami ento o rtodoxo y el crítico aportan vectores necesari os para su comprensi ón. La tensión entre estas dos posiciones será fundamen tal en autores clave del pensamiento urban o contemp oráneo, co mo pueden ser Soja, M assey, Delgado, Sassen o Kymlicka, dand o muestras de la necesidad d e renovación y replanteamiento de los presupuestos teóricos so bre los límites de la ciudad . E stos presentan el escenario ideal para conju gar es tas dos co mponent es, en o casiones enfrentadas, una v ez se superen las limitaciones d erivadas de las c oncepci ones modernas y geográfi cas del lím ite urbano. Hoy en día se siguen es tableciendo teorías q ue separan radic almente la ciudad del campo, o lo urbano de lo no urbano. El ej empl o de est a div isión del territorio históric amente establecida proviene de la misma perspectiva c ar tográfica rac ionalista que permitió definir, tanto el límite d e los estados nación, co mo el borde d e los asentamientos y su clasificación jerárquica. La obsesión racionalista por cartografiar, cuantificar y c ualific ar el territorio, a través de herramientas científico-técnicas , per miti ó su c ontrol por las élites políticas que tenían a su servici o la producción de conoci miento de las distintas co munidades científicas , desde el siglo XVIII 9 , po r t anto los problemas del límite urbano reflejan clarament e la c risis del control sobre el espa cio a l a que asistimos en el ordenamiento urb ano y terri torial. El desarrollo urban o contemporáneo, estudiado desde las pr emisas de la modernidad , presenta constant emente el agotamiento de las f iguras, las categorías y l os elemento s construidos desde las disc iplinas geográficas. El paso del sistema racionalista, ya desde un planteamiento funcionalista, a la situación co nte mporánea se produce por diferen tes procesos de transformaci ón, entre los que la globalización es es pecial mente s ignificativa. Fundamental mente porq ue compromete el modelo del estad o nación, introduciendo 8 SOJA, E. (201 0:18 1-209; 19 99:260 -278) 9 FARINELLI , F. (2013 :165-188 ; 2000 :943-955) 8 simultáneam ente la m acro esc ala de los procesos y el aumento de la im portanci a de la es cala local ( regional, comarcal). La movilidad suf re t ambién este salt o es calar , c omo pued e apreciarse en las infraestr ucturas que articulan el territorio, y es en la conexió n con las redes de t ranspor te y c omunicación mundiales, donde, a la postre, estas infraestructur as encuentran su sentido y su utilidad. En ot ro orden de p roble mas se detecta una homogeneid ad cultural creciente, que se extiende no solo a los productos de consumo de masas, sino t ambién a los modos de vida, m odificand o sustancialmente las cu lturas tradicion ales. Una v ez planteada la globalización c omo uno de los pro cesos socioespacial es q ue influ yen de modo determinante en el hecho urbano, tendríamos que revisar la perspectiva que aporta a este escenario el conjunto de saber es y teorías opuestas a la ortodoxia racionalista que hemos descrito con anteri oridad. Son corrientes de pens amiento que se han ido formand o desde la segunda mit ad del s iglo XX. Podemos enc ontrar t ext os como “D ialéctica d e la ilu stración” de Horkeheimer y Ad orno 10 , qu e reivind ican la c rítica a la razón ilustrad a, lo que supone la inclusión en el debate epistemológico de colectivos mino ri tarios o marg inad os históricamente por el conocimien to ci entífico. Ent re ellos, po demos encontrar a los movimientos contracolonialistas como ejemplo de planteamiento de una reflexión profunda sobre lo s modelos territoriales establecid os y mantenidos en el modus operandi de la cultura urb anística ortodoxa. En este sent ido, frente a las dinámicas postcolonialistas, que están definien do desde el poder económico relaciones de subalternidad con territorios del lla mado tercer m undo, se propone una r e visión fundamental de las relacione s local-gl o bal que ayud a a com prender hasta qué punto esas relaciones local es-globales no son más que la prolon gación de las estructuras de dominació n anteriores, aunque cambiando l os a ctores intervinientes y las formas visibles del poder 11 . Creemos que el estudio de la ciudad y de sus límites necesita inc orporar las diferentes perspectivas que hemos i d o desc ribiend o , para p oder est ablecer una co mprensión profunda que t ransversalice realmente los factores que inciden en los procesos de trans formación. En esta investigaci ón intentar emos justific ar tanto el ago tamiento como las c ar encias de los modelos c ientíf ico-técnico s d e co m prensión d el h echo urb ano y p roc ederemos a s u r ev isión desde un espacio en el que confluyan las dos pers pectivas epistemológicas que revisan es e modelo. Esta confluencia de pers pectivas es e specialmen te necesaria en el estud io de los lí mites urbanos porque es, quizás, el c a mpo en el que más claramente se manifiesta la insuficiencia de cada un o de l os planteamiento s para explicar sus transformaciones p o r separado. En es e sentido creemos que el estudio de l os lí mites, desde la c omprensión de su complejidad , puede ayudar a aclarar las problemáticas de la ciudad contemporán ea, efectuando así una ex tensión a la ciudad de l as dinámic as que encontra mos en esos límites, c omo hipótesis de t rabajo. En este sentido, encontramos espacios de estudio cuyo contexto per mite plante ar d e forma clara los parámetros presentado s hasta ahora y pueden ayudar en la com prensi ón de lo s límites de la ciudad mediante objetos d e es tudio con cretos. Es tos esp acios s erán la s fr on teras, ya q u e presentan las prob lemáticas fundamentales que se han presentado, así co mo muc has otras derivadas de lo s límites urban os, siendo de gran ayuda para plan tear las cuestion es del límite. 10 ADORNO, T. y H ORKHEIM ER, M. (1994 ) “Dialé ctica de la Ilustración” . M adrid (España), Frag mentos filosófico s, Trotta. 11 Estudios Post colon iales, E nsayos Funda menta les , VVAA (20 09). 9 No queremos si mplificar con ello las difer encias existentes e ntre el concepto de límite y el de frontera, s ino proponer la comprensión de un t ipo de límite m uy concreto como es el que delimita la ciudad, con las situaciones de frontera. En las ciudades se ha pasado de la construcción d e un "lí m ite duro" como l as murallas o cercas me die vales, a un terreno de transición en el qu e se solapan las extensiones d e la c iudad en el campo y de la organización rural e n el territorio urbano. Así podemos reconocer un proceso similar en las fro nt eras contemporáneas : la evol ución en el concepto d e cerramien to y aisla miento desde las coordenadas políticas y sociales de cada periodo histórico y la influencia y permea bilid ad de los territorios situad os a ambos lados de la misma. Probablemente la situación do nde ese proceso se vea con may or c laridad, y con un grado máximo de t ensión en las problemáticas del límite, son las ciudades que se encuentran en una situación fronteriza, por lo que su límite urban o se confunde con la propia frontera. Las ciudades-frontera incluyen m últiples c apas de procesos y llevan al ex tremo las condiciones de los límites urbanos, espec ial mente en aquellos casos donde el e ncuentro fronterizo genera conflicto. En cie rto modo, los des equilibrios y las diferencias provocadas por las fronteras ayudan al esclarecimien to de esos pr ocesos, por el aumento escalar que tienen las problemáticas ur banas en esa s ituación. Así se c onfiguran como escenarios clave para entender c óm o se configur an los lím ites urbanos y en qué medida afectan a la ordenación y al funcionamiento internos de la propia ciudad. Las fronteras donde se produc e el enc uentro cultural procedente de tradiciones étnico-religiosas o socioculturales diferentes ayudarán a comprender fenómenos contemporáneos de exclusión urbana, aquellas que inclu yan fuertes desequilibrios económicos muestran como la inf luencia de los mo delos económico s transforman la relación territorial qu e tanto af ecta hoy a l os grandes n úcleo s urbanos en proceso de polarización económica y, por último, cómo temática central de Fra ncesco Indovina en su “archipiélago met rop olitano” 12 , el estableci miento de fronteras significa e l encuentro entre administraciones y mo dos de gobierno , en ocasiones muy diferentes, que pueden llegar a d esarrollar interacciones fu ndamentales para comp render las t ransf ormaciones propias d e las c iudades. Algo que será fundamental para entender cómo se complejiza el límite urban o, desde el encuentro y la superposición de todas estas p roblemáticas. 12 INDOVINA, F. ( 2012:136 -174 ; 2005: 49-75) 16 mantenido est ables durante much o tie mpo: un a po blación homogénea (s alvo pequeñas minorías de ot ras culturas ), y c recien te (sal vo peri odos pun tuales de repli egue o despliegue militar). Factores extern os, como la integración en la Uni ón Europea, y la adscripción al espaci o Shengen, o las po líticas migratorias de la administraci ón nacional, han hech o que la población europeo-cristiana oscile, en apenas 40 año s, de un 92% al ac tual 55%. El principal motivo será el cr ecimiento de la población árabe-musul mana en la c iudad , mayorit a riamente d e procedencia magrebí, haciend o que pa se de apenas el 10% al 41 % est imado para 2001 27 . Un cambio drástico que produ ce t ransf ormaciones impor tantes en la ciudad, tanto en sus dotaciones comerciales y de equipamientos, como en la dist ribución residencial de estas poblaciones. El estud io de estas transformaciones p ermitirá co mprender las divis iones internas de la ciudad, las fronteras más allá d e la frontera e xterior. Como tercer p unto de par tida, y a una escala m eno r en el estudi o, hay qu e co ntemplar las divisiones s ocioespaci ales pro vocadas por las d esiguald ades econ ómicas. Algo que se p odrí a entender en principio ligado a las diferencias culturale s, pero que en realidad se pro duce tanto en el cole ctivo musulm án como en el cristiano, y que se materializa en modos de habitar segregados por niveles económicos, en los que se ha acentuado la desigualdad, en los último s años, eliminánd ose progre sivamente la s capas ec onó micas intermed ias entre la riqueza y la pobreza. L a aparición de estas diferencias en el colecti vo mus ulmán, n os permi te detectar un tipo de poblac i ón arraigada en la c iudad , cohesionada religiosa y c ultural mente, que se separa de las barriadas de acogida mig ratoria. L a existencia de est a polarización económico-socia l creciente es v isible en las est adísticas de la ciudad, con un importante sector de la población en cond iciones de riesgo de exclusión y un grupo min oritario con rentas elevadas. Esto tendrá repercusión a nivel urbano debido a los desequilib rios que se producen. Al coexistir sectore s con v entajas económica s (para los t rabajad ores de la c iudad y para los funcionarios pú blicos), con sectores que tienen un índice de pobreza cre ciente, se retroalimenta u n proceso de segregación económica que afect a pr ogresivamente a las relaciones entre los diferentes colectivos de la ciudad . El conjunto de es tas tres singula ridades: frontera con M arruecos, multiplicidad cu ltural interna y una segregación económica creciente, han establecido atm osferas de exclusión, control y violencia, pero también de convivencia, y de adapta ción, con fuerte c arga socioespacial, que condicionan la construc ción de la ciudad y que giran en torno al c oncepto de lím ite, tant o interior como exteri or. Esta investigación se ha cen trado en la ciudad autónoma, realizan do un acercamiento al límite urbano contemporáneo gr acias a l os proces os extremos que se des arr ollan en fronteras como la ceu t í, so bre todo t eniend o en cuenta las diferencias políticas, económicas y culturales. La investigación se plantea desde la pers pectiva de la ciud ad de Ceuta, de su evolución histórica, social y urbana, y en relaci ón con un entorno con el que ha interactuado a difere ntes n iveles y formas, hasta consolidar la relaci ón fronteriza ac tual. La preeminencia de la fron tera hace del estudio d e caso un objeto de inv estigaci ón ideal pe ro complejo que obliga, en cierto sentido, a profundizar en él en detrimento de su entorno. 27 Navarro esti ma en el 41% l a pobl ación d el colectivo musulmá n entre 200 0 y 2001 ( NAV ARRO, M.J. 2001:3-4 ). Según e stimac iones de d iferente s fuente s para a ños posterior es, e ste valor p uede osci lar. Carlos Rontom é e stima en u n 36,8% la pobla ción musul mana en Ceuta , la UDICE e stima p ara el mi smo año un 37, 7% y para 2 009 un 42% (RONTOMÉ, C. 2012: 89-9 0). Uno de los pro blemas q ue an alizaremos será la dificultad de cuan tifi car la realida d social d e la ciuda d, debido a la marg inalida d de una pa rte d e la pobl ación. 17 Somos conscientes de las posibles li mitaciones del presente estudio al profundiz ar en la ci udad norteafricana y no desarrolla r un estudio equiva lente de su entorno, pero en este sentido se presentan d os f actores que n os h acen plan tear el estud io d e es te modo. P or un lad o, la condición propia d e l a ci udad . Se trata de un espacio de conflicto que históricamente s e ha diferenciado del entorno y ha establecido dinámicas de apertura y cierre respecto al mismo, lo que complejiza el objeto de estudio en sí e inclu ye al entorno desde su propia perspectiv a sobre el límite. Por otro lado, se presenta la prob lemática de un co n oc i miento p r ofundo del entorno. En este sentido hay que s ituar el ámbito de influencia de la fr ontera ceutí como un espacio ambiguo. Existen dos ciudad es anexas ( Fnideq y Belyounech ) c on un co nt acto directo y una re lación continu a con la ciudad, sin em bargo, estas carecen de relevancia a nivel político y económico en la región donde se insertan. Habrá otras dos ciudades (Tánger y Tetuán) separadas de la frontera, pero muy relevantes regio nalmente y cuya en tidad es tanto act ual como histórica, sien do dos referentes en la relación hispan o-marroquí y habien do influido en parte en el d esarrollo de la ciudad de C euta. Aunque seamos conscientes de la mirada transversal que nos aportaría el estudio de estas otras ciudades y del territorio intermedio entre las tres, nos encontramos ante la im posibilid ad de profundizar en este c o njunto de asentamientos l o suficiente en el presente trab ajo. De este modo, el trabajo que presentamos, realiza un es tudi o en profundid ad de la ciudad de Ceuta para comprender la interacción socioesp ac ial contemporánea en los espacios fronterizos. Aunqu e esta sea una investigaci ón parcial, se profund iza en los orígenes del asentamiento y se inco rporan numerosas dimensi ones de estudio que ayuden a r ealizar un análisis de la estruc tura urb ana en relación c on su en torno y su organizaci ón interna. Creemos que este estudio debe ayudar a la comprensión de la c iudad conte mporánea, tant o de las ci udad es-frontera, relevantes c omo mo delo de est udi o en la globalización creciente, como en las “ ciudade s globales” 28 , cuya com posición dem ográfica e xperimenta transformaciones progresi vas que en el caso de la ciud ad norte afric ana han sido profund as y rápidas. La interrelación entre el lím i te fronterizo y la o rganización urbana también será fundamental para compren der la construcción de la ciudad desde sus límites. Las tensiones del borde, ya sean aperturas o cie rres, des de el exteri or o procedentes d el interior, actúan h oy de manera profunda en el desarrollo de las ciudade s y el estudio del c aso de Ceuta será fundamental p ara en tend er factores q ue preocupan creciente mente a la so ciedad y a los investigadores, como pueden ser la in migración y la d iversidad cultural, la exc lusión s o cial y económica o las relaciones internacional es. Desde un primer momento, en la construcci ón de esta invest igaci ón, partimos del presupuesto de que las principales comp onentes de l a problemática serán étnico-religiosas y económicas, por lo que desarrollamos dos perspecti vas sobre la organiz ación urbana que p retenden dar explicaciones en paralelo sobre l as divisiones internas de la ciudad. Un presupu esto que se ha establecido con el objetivo d e reconocer el peso real de dos procesos segregad ores que actúan de forma simultánea en el caso de estudio. Sin embargo, con el desarroll o de la investigación se puede observar cómo se produce la hib ridación entre ambas perspectivas. No he mo s podido establec er dos dimensiones separadas donde lo económico pueda ser pr esentado sin una fuert e c omponente étnico-religiosa o v iceversa, po r lo que los análisis que hemos ido desarrollando trabajan en el equilibrio entre estos dos factores y se alejan de posibles categorías pu ras. Al igual q ue se propone un estu dio a través de las miradas h istóricas, 28 SASSEN, S. (1991 ) 18 sociales y urbanas, el desa rrollo de las divisiones internas de la ciudad se presenta de este modo simultáneam ente a n ivel económico y étnic o-religios o. 6. Metodología Como se ha ex plicado ant es, la elaboración de ge nealogías de cada uno de los t res temas estudiados será la princip al herramienta metodol ógica. La genealogía, segú n Foucault, se opone a una búsqueda del origen y p resenta la necesidad de r as trear hacia atrás con el objetivo d e encontrar su problemática, una g énesis contingente en luga r de un a esencia completa del concepto 2 9 . Por tanto, e stablecerem os sendos r ecorridos genealógicos para estudiar la condici ón de la frontera geopolítica entre Ceuta y Marruecos, la diversid ad cultural de la ciudad y las diferen cias socioeconómicas. Aunque los hem os planteado co mo supuest os distintos, en r ealidad en su d esarrollo lo q ue iremos apreciando es su codep endencia, por eso será necesario ir profundiz ando sucesivamente en los m ismos sucesos que, desde cada una de las capas de problemas , irán desvelando su complejidad y sus diferentes implicaciones en la realidad actual de la ciudad. La investigación se ha desarrollado a través de fuentes de o rígenes diversos, tanto fuente s directas c omo indirectas. Se ha barajado la p remisa de q ue las fuentes directas permitiesen que la in vest igaci ón consigui era el contraste de los datos oficiales con los de la experiencia directa, de mod o que no se ofr eciese un pan oram a alejado de la realidad del objeto de estudio. En un pri mer momento, los datos se han ido tomand o, a través de numerosas v isitas que i ban desplegando la ciud ad progr esivamente ante nues tros ojos, a sí h emos ido aprendiendo a mirar la ciudad desde cerca. En es te peri odo se ha elaborad o un archiv o fotográfico que ha ido permitiendo perfilar un paisaje urbano inte rior, reflejando la forma de la ciudad vista desde dentr o . A lo largo de la in vest iga ción he acabad o fija ndo m i r esidencia en la ciudad, circun stancia que ha permitido un acerca miento a nue vas d imensiones e interrelaciones, y esa prim era lectura, desde el paisaje y la forma urbanos, ha id o dejando paso a un ent endimiento de las relaciones q ue conforman el t rasfond o, las ur dimbr es sociales y políticas. El archivo f otográfico que se h a c onformado al h ilo d e la in vest iga ción, permite r egistrar procesos que ayudan a comprender el desarrollo reciente de la ciudad, como han sido la mejora de las instalacione s fronterizas, la construcci ón ( y posterior apertura) del paso del Tarajal II, las últimas actuaciones en Loma Colmenar o los incidentes que se han ido produciendo con relación a la inm igración en la ciudad . Este archivo, además, nos ha servido además para c ontextualiza r espacialmente los datos hist óricos y estadísticos qu e se re cogen en este texto. Esto permi te completar, e incluso plantear alternativas, al relato t eórico. La construcción de este arch ivo ha permitido visibilizar diferencias y s i militudes espaciales para que no queden relegadas, f rente al estudio teóri co, en un segundo plano. Dentro de las fuentes direc tas se han establecido contactos con v arios investigad o res y actores de lo s diferentes procesos urbanos. Para la construcción de un di scurso plural, se han ido desarrollando entrevistas con estos para profun dizar en c ampos de estudio de los que son referencias fundamentales, así como en los modos de vida de la ciudad. Los entrevistados ir án desde invest igadores discip linar es y trabajadore s r elacionados con pr oblemátic as d e Ceut a, a 29 Michel Foucault citado en DE’ CARLI, N . (2009:25) 19 individuos cuyas ex periencia s v itales con relación a la urbe, aportan perspectivas de rel evancia para comprender proceso s de difícil acceso. Tenemos que agradecer especial mente, entre estas entrevistas, a l os t ra bajadores del Archivo de la Ciudad de Ceuta, del Instituto Nacional de Estad ística de Ceut a, de la Consejería de Fomento de la Ciudad de Ceuta, de Cruz Roja Ceuta, a extrabajador es del CETI, a personal militar y a oficiales de la Policía Nacional y la Guardia Civil, sin los que ha bría sido imposibl e profundiz ar en las problemáticas de la ciud ad. Al recopilar aquellas fuen tes que hemos consi d erado indirectas, hem os qu erido incluir aquellos testimonios que no s sirv an para construir, desde diferentes enfoqu es, un estudio completo del desarrollo urb ano de Ceuta co mo ciudad -frontera. En este sentido , hemos tenid o en c uenta las investigaciones disciplinares sobre la ciudad , así como textos t eóric os que profundizan en las princip ales pr oblemáticas de la mi sma. Esta s fu entes han tejido las urdimbres n ecesarias par a n uestra inve stigaci ón y están relac ionadas, a ni vel te órico o práctico, con la ciudad autónoma. Si bien hem os establecido anteriormente que existe una serie de espacios en blanco, se han tomado en consideración los est udios exist entes sob re la ciudad para incorpor ar perspectivas y disc iplinas relevante s, que a s u vez están relac ionadas entre sí. Como hemos referido con anteriorid ad, la mayor parte de los estudios de la ciudad se han centrado en el estud io hist ó rico del conflicto con Marruecos, o bien el estudio de la frontera, desde su cambio de paradigma en los noventa. Es to último se presenta desde di versas disciplinas (sociología, economía, p olítica, etc.) y permite agrupar numerosas t e mát ica s (desd e la inm igración subsaharia na al est udio de l a economía fronteriza) que se han es tudiado y puesto en relación c on los discursos teó ricos consulta dos. Será a través del estudio de obras de referencia teóricas y de las investigaciones sobre el estudio de caso, que hemos podid o construir un pan orama de la ciudad sobre el que plan tear nuestra investigaci ón. Los es tudios sobre la c iudad de Ceu ta, au nqu e d e g ran calidad in vestigadora, no resultan l o suficientemente explicativos de algun as de las diná micas q ue surgen desde problemáticas globales. Así hemos contad o con un repertorio de pensadores que, desd e la geog rafía urbana, a la antrop ología, pasand o p or la filosofía y la arquitectura, nos permitan entender las cuestiones de fond o que afloran en los pr ocesos socio espaciales de la ciudad contemporánea. Se han recopilado textos relacionados dir ectamente con las disciplinas urbanística y arquitectónica, l os cuales nos h an permitido ent ender el territorio desde e l mun do de l a representación (Solá- Morales 30 ) o c entrarn os en el estu dio de l os límites (Gil Pita 31 ). También textos sobre ordenación urbana y arqu itectura, út iles para diagnosticar las probl emáticas en el tejido urbano ( Gehl 32 ). Sin embargo, el ap orte de otras d isciplinas h a si do fundamental. Nos han sido especial mente útiles los planteamientos geogr áficos pro puestos por Farinelli, especialmente aquell os relacionados con la puesta en duda del conoci miento geográfic o, como su “Crítica a l a raz ón cartográfica”. La geograf ía social a tra vés de autor es com o S oja (thirdspace 3 3 ) o Massey (geography mat ters 3 4 ), incluyen perspectivas revisionistas sobre las minorías o la epistemol ogía geográfica fundamentales. De sde la te oría d e la sociología se proponen pl anteamientos que nos interesan es pecialmente , al t ra tar de las migraciones y los 30 SOLÁ-MORALE S, I. (20 03) 31 GIL, J. L. (2001 ) 32 GEHL, J, (2006) 33 SOJA, E. (199 9) 34 MASSEY, D. (1984) 20 procesos que se derivan de ellas, entre estos autores dest acan los trabaj os de Sassen 35 , Kymlicka 36 y De lgado 37 . Otr as perspectivas discip linares ayudan a ampliar el horizonte investigador, como la fenomenología del espacio que propone Bachelard en L a Poética del Espacio 38 , la c ual nos permite enlazar l a matemática d el espacio Hodológico de Lewin 39 c on el análisis espacial que prop one Bollnow 40 . Finalmente, algunos textos filosóficos dan soporte teórico a las reflexiones aquí propuestas y plantean es tructuras donde in terrelac i onar diferentes planteami entos. Habrá que d est acar la f igura del filósofo ale mán Pe ter Sloterdijk que, a tr avés d e su obra Esferas 41 , p resenta un análi sis sobre l a condición h umana en el mundo, de mucha utilidad p ara comprender los lími tes de la ciudad contemporá nea. La componente espacial es es encial para el es tudio que aquí se presenta, por lo que el apartado gráfico es recurrente a lo largo de la obra. En este sentido, se ha trabajado principalmente con las planimetrías de la Ciudad de Ceuta incluidas en el F o ndo del Archiv o General de Ceuta. Las publicacione s urbanísticas de la c iudad , redactadas desde principios del siglo X X, nos han proporcionado información detallada de difere ntes espacios y momentos de la ciudad. Aunque el pla neamien to ge neral vigente es té fechado en 1992, se h a con tado, además, c o n la cons ult a d e las r evisi ones del pl aneami ento ge neral y de l os document os urbanísticos anteriores a este PGOU, fuentes qu e han sido mu y esc lare cedoras en la investigación. A su vez, la larga tradición militar de la c iudad aporta num eros os documentos gráficos históricos, sin e mbargo, una gran cantidad d e documentación cart ográfica de la ciuda d queda res ervada para uso m ilitar y se da la circun stancia de que el Archiv o General M ili tar, así como la Biblioteca M ilitar, no permiten el acceso a sus c artografías, que siguen siendo consideradas secretos o fic iales, por l o que n o hemos podido conseguir el ac ceso a d ichas fuentes 42 . La el aboración de cartografías propias también será necesario y se realizará m ediante fuentes cartográficas obtenidas en los diferentes es tudios consu ltados so br e la ci udad , sin e mbargo , los estudios estadístico s y las informacion es en prensa nos han permitido construir infografía s que t a mbién i nclui mos como elaboraciones propias, in tentando que los datos se hagan visibles en sus alcanc es espaciales. Hemos desarr ollado la tesis a t ravés de un proceso de profundiz ación progresiva. Éste requiere la re iterac i ón del r elato sobre los objetos de estudio para d esarrollar sucesivamente análisis que permitan desplegar problemáticas c ada vez m ás complejas. Pa ra ello se exponen da tos de la invest igación desde perspectivas “clásicas”, como la historia, la demografía o e l desarroll o urbanístico. Estos planteamientos permiten el acercamiento desde estudios ya des arrollad os sobre la ciudad que fundamentan las reflexiones posteriores que ahondan en los conceptos. Para co nseguir la profund idad de est udio sufic iente, s e han ido superp oniendo esos datos, capa a c apa, reiterando el recorrido genealógico, lo que entendemos e s necesario dada la 35 SASSEN, S. (1991, 2 003) 36 KYMLICKA, (19 96, 2003, 2 004 ) 37 DELGADO, M. (1 998, 200 8) 38 BACHELARD, G. (196 5) 39 LEWIN, K. (1951) 40 BOLLNOW, F. (196 9) 41 SLOTERDIJK, P. (2 003, 2004 y 2006) 42 A este resp ecto se h an conse guido dos pl animetrías militar es de l a ciudad de Ceut a, el “P lano del parcelario d e Ceuta y S u Cam po E xterior” (1969) con las pa rc elas propieda d del ej ército, y el “Tow n Plan of Ceuta” (194 1) con la tot alidad d e las estructur as repre sen tativas y milit ares d e la ciud ad d efinidas que se incluirán en el capítulo 3. 21 complejidad y la abun dancia de c apas a int r oducir en la investigaci ón. Es ta metodol ogía permite desplegar. Esta m etodología propone desplegar cada una de ellas y detectar aquellos puntos de contact o que visibili zan las urdimbres de la estructura urban a. Los objetos de estudio, siguiendo a Horkheimer y Adorno 4 3 , estarán inevitablemente condicionados p or la ele cción de los instr umen tos de conoci miento. Por otra parte , al posicionarnos como in vestigadores, lo harem os como parte interviniente c uya perspectiva sesgada e s inevitable, m ás aún al tratar el espacio de es tudio como pr opio, análogamente a la sucesión: cuerpo-casa-patr ia de Bollnow. Estos d os condic ionant es de partida se unen a la condición parcial de la in vestigación, cuya extensi ón limitada en el t iempo nos impide abordar algunos aspectos como, p or ejempl o, el estudio del otro lad o de la frontera. Proponem os así un es tudio que , aún con sus limitaciones de partida, y c onstruyend o desde dentro el objeto de estudio, t iene la intención de generar una per sp ectiva t ransdisciplinar y arraigada en la dimensión espacial de las proble máticas. Baudrillard presenta las imágenes com o construccion es de realidad 44 c on tanto valor com o la realidad misma, que queda rel egada a ser una entelequia imposible de aprehender si n transformar, de comprender sin mediar. Desde una metodología de profun dización progresiva se pretende generar parte de ese “devenir en mil imágenes” que prop one Solá-Morales a través del filó sofo francés 45 . Múlt iples imágenes, todas ellas mediadas, del objet o de estudio para así perfilar su compleja figura y proponer p erspect i vas comple mentarias que den visibilidad a los pliegues esp aciales que se han obviado en el estud io de la ciudad . La estrategia de estudio que se plantea abarca un conjunto de m irada s m uy variado, desd e l o local a lo g lobal, de los datos m ás aséptic os a los testimonios recabados o a la subjetividad de nuestra propia mirada. De ese mod o creem os qu e aquellos vacíos temáticos que se han diagnosticado en el estado d e la c uesti ón sobre l os estudios de la c iudad de Ceuta, son ocupados po r perspecti vas t rans versales que trabajan en la c onstrucción de un a espacialidad fronteriza, de este modo nos prop onemos profundiza r en una teoría del límite urb ano, lle vado al extremo gracias a l as ciu dades-frontera. 43 HORKHEIMER y ADOR NO (1994:79 ) 44 SOLÁ-MORALE S, I. (20 03:118 ) 45 SOLÁ-MORALE S, I. (20 03:119 ) 22 Fig. 1 Fotografía del límite terr itorial hispano-marroquí | SORIA , D. (2013). Capítulo 2. La f rontera. 1. Descripción física. Partiendo de la frontera y los diez f uertes. Cuando n os ac ercam os a la frontera, por carreteras, montes o m ares, esta se percibe c omo un elemento c lara mente continuo. Un vallado serpe nteante y escalador, recorre y m arca el límite p olítico ent re Ma rruecos y España, y constituye la frontera entre C euta y el res to de l continente a fricano. De la c osta norte a la c osta su r , es te espacio si n d imensi ón ap arente 46 , configura el territorio límite entre los dos estad os, como sucede normal mente entre dos países fronterizos. No obstante, s e apreci an diferencias resp ecto a otros casos de frontera, concretamente la existencia de trazas de elemento s fronteriz os del pas ado. Algo que hace singula r nuestro cas o de estudio, puesto que s e sol apan y contrastan c on el elemen to concreto que hoy delimita la frontera. Est as trazas consisten fundamentalmente en elementos defe nsi vos de o tras épo cas, que nos info rman de m omentos d e la historia de la construcción del territ orio fronteriz o, de la separación entr e l os d os países. Al observar el paisaje de la fr ontera pode mos ver c omo destacan las fortificaci ones que confor man los fu ertes neo medievales construid os en la segunda mitad del siglo XIX. Al entrecerrar los ojos y fijar la vista, podemos ver no solo estas dos estructuras, apar ecen puest os d e guardia, anti gu as dependencias def ens ivas, pu ntos de control y todo un conjunto de elementos que han llega do hasta nues tros días pertenecientes a la historia de la fr ontera. 46 Existe un a cuerdo en el qu e se delim it a un "c orredor neut ral" entre a mbo s países qu e se ve enmarcado por l as medid as de se gurida d: vallado, v igilanci a, video-vigilancia, et c. Establ ecido desd e el tratado de Wa d-Ras (1860). 23 Este s olape de elementos v aría según el punto de observación, siend o mayor o m enor en los diferentes tramos ac cesib les. La gran di mensión y reco rrido hac e que no podamo s obtener una v isión completa de los cruces entre los diferentes sistemas de defensa, po r lo que siempr e tenemos una visión parcial del sistema que conforman en su superposi ción. Esto condiciona nuestra percep ción porque aunqu e la parcialidad hace que perdam os e n parte la conciencia de la magnitud del elemento fronteriz o –en los difere nte s mo mentos del t erritorio- rápidament e a nuestra percepción lim ita da, se impone la representatividad del vallado, la seguridad del imaginario colectivo, del concepto abstra cto "frontera" que nos hace apreciar una realidad más allá de lo que vemos, de este paisaje que constituyen los montes, los caminos, el mar y los elementos edificados. A t ravés de esta idea de la frontera -intercon tinental en este caso 4 7 - el hombre es consciente de qu e ese fragmento de vallado pertenece a un elemento continuo qu e va más al lá de su percepción act ual in situ. En el caso de las ruinas de los e lemen t os defensi vos surgidos de an teriores e nfrentamientos terr itoriales, solamente desde el conocimiento de la historia se podrá t ener conciencia del conjun to. L a experiencia sensorial s olo es capaz de aprehender con la mirada partes de un conjunto del qu e no se tiene ya concien cia colectiva. Esa idea abstracta de fron tera, que aflora c uand o miramos, puede hacer perd er peso al sistema de los fuertes neomedievales, puesto que nos impone la im agen actual de lo que consideramos una frontera, es decir la i magen de alambrada 4 8 , pero en realid ad, tanto los fuertes como la alambra da fueron, o son, medios eficaces para delimi tar-d eterminar 49 el territorio. La suma de t ra zas anteriores al vallado y las perc epciones del con junto, si bien parciales, pueden generar una m ultiplicidad de horizon tes que enfrentar a la imagen abs tracta y generalizante del v allad o fronterizo. Esta idea, que tomamos del imag inario común, simplifica y marca prejuicios, reduciendo lo que vemos a una única realidad geopolítica, frente a lo que supone l a superposición rea l de diferentes siste mas d e delimitación t erri torial: u n a multiplicidad de realidade s-horizontes que se configuran desde el conj unto de perc epciones parciales del territori o que nos hablan de la perten encia al mismo. Al solaparse ambos órdenes colectivos (objetivo -generalista y subjetivo-parcialista) podemos solapar tambié n am bas definiciones e spaciales, sin saber a priori hasta donde enmarcan el espacio. La fr ontera es lo que v eo y lo que sé que no veo. El estudio de los límite s o su configuraci ón solap ada, se unen en un sistema complejo, es parte de la problemática al mirar este espacio. 47 Si consideramos E urop a com o un c ontinent e geopo lítico q ue se adentra en l a geo grafía física del continent e africano. 48 Imagen como pe rtenec iente al colecti vo re-cono cible a t rav és de las conc epcione s e i mag inario común de alambr ada front eriza. 49 Ambas con el pre fijo la tín d e- como indi cación d e "direcc ión d e arr iba abajo " como ind icación d e la colocación d e un límite ( lim itis : bo rde) o tér mino ( termina re : cerra r con un linde) o i mposición del mismo por una ent ida d superior que jerá rquicamente (d e arri ba abaj o) impone d icho ele mento. 24 1.1 Descripción geogr áfica Para empezar, consider emos la hipótesis de que Ceuta es una ciudad cuyo desarrollo está condicionado a su situ ación en-marcada a la manera que Peter Sloterdijk define su "isla antropógena", don de el ais lamiento fundamenta el d esarrollo de una s ociedad humana: "… en la isla antropóg ena s on lo s facto res humano s los que hay qu e conside rar como variables. En esas co nfiguracione s se trata de entender como seres humano s se convierten en nesiotas o isleños […] El hecho hu mano surge d e u n fenómeno de aislamiento, en el que e l papel del aislador sigue inaclarado po r ahora" (SLOTERDIJK, P. 2 006:275) Como esta ciudad queda rodeada aparentemente po r diferentes m edios de separación habría que repasar primero los grad os de insulamiento segú n Sloterdijk, a saber entre: separación den tro del m ismo medio (islas antr opógenas), separación con un material aislante- separador (islas atmosféricas) y separaci ón por falta de material- entorno (islas absolutas) ; para situar al caso de es tudio. La hipótesis de partida necesita la definic i ón del grado de insulamiento; el estudio caso pasa a ser analizado geogr áficamente para ello. Ceuta se encuentra en la penínsu la Ti ngitana rodeada por las masas de agua Mediterránea y Atlántica. Si bien existe un punto de contact o terrestre que comunica c on el resto del conti nen te -el istmo que fue núcle o de la ciudad que es hoy Ceuta- esta lengua de terreno se encuentra con un sistema m ontañoso al adentrarse en el continente african o que fue uno de los mayores intereses est ratégicos del territorio. El mismo origen et im ológico de Ceuta 50 viene determinado por estos ac cidentes topo gráficos, zona de García Alda ve en adelante, el cual será c la ve dentro del desarrollo histórico de la 50 Los Siete Herman os o " Sept em Fratres " en épo ca de d ominació n roma na: Septem > Sept ɘ > Seuta > Ceuta. E n época Fenic ia fue " E xilisa " y en la grie ga ya t enía refer encia a los montes c omo " Hep tadelfo s ", (SODDU, P. 2002:16). Fig. 2 Fotografía satélite de Ceut a | Google Developers (2014) . 25 plaza. La relevancia de este radica en generar una sep aración natural que dificu lta el acceso al istmo y a la penín sula de la Almina, dond e se estableció el asentamiento de la plaza d e Ceuta. Los diferentes límites naturales que rodean a Ceuta: Mar Mediterráneo, Océano Atlán tico y montes de la zona de Gar cía Aldave, configuran lo s elementos que en-marcan al lugar. Hacen de separación con el entorno y re-centran el territori o sobre este asenta m iento. " El marco, el límite que se retrotrae en sí m ismo de un cuadro, tiene para el grupo social un significado muy parecido al que tiene para una obra de arte […]: cerrarla frente al m undo qu e la ro dea y encerrarla en sí m isma; el marco proclama que dentro de él se encuentra un m undo sólo sumiso a sus propias nor mas…" 5 1 , es ta cita de Simmel hace referencia para Sloterdijk a la separación que se genera a t ravés de marcos y el orden interno que estos representan, am bo s puntos de interés en el estudio de los insulamientos. En el caso de las masas de agua rodeand o una porción de t ierra, estas hacen su función como elementos de separación a la manera que expresa Sloterdijk para su Isla Atmo sférica , l a cu al preserva su régime n c limático interior . Sloterdijk hace r eferencia a la revolución que supone para la arquitectura la posibilidad de regular el clima interior de los edific ios, desde la a plicació n del conoci miento científico al diseño de espaci os técnicamente controlados. E n n uestro caso no es tanto la segregación artificial del espacio sino de la separación que gene ran las m a sas de agua que ro dean una isla, que permiten una situación y un am biente distanciados de espac i os vecinos continentales, po r lo demás, cercan os. Dentro del estudio de caso, la separación por las masas de agua alcanza más de un 70 % de su perímetro, existiendo un punto de conexión a través de la lengua de t ierra que comunica con el continente. Sin embargo, la o r ografía del lugar, haciendo un recorrido histórico del asentamiento, ha propi ciado siempre un grado de separación con el rest o del territorio. Este elemento s erá considerad o también como un marco de separación que tiene su reflejo en l a situación estratégica de la línea fronteriza en este sistema mont años o desd e hace más de 15 0 años, así pues, será tr atado como b orde que completa el m arco de separación del estudio de caso como isla a tmosférica -con puntualizaci ones más ad elante-. El elemen to fronte rizo atraviesa de costa a costa el conjunto montaño so, un conjunto que representa ya en sí mismo una separación del r esto del territorio en un sentid o ambiguo. No marca realmente una separación m ate rial, pu esto que la lengua de tierra es co ntinua antes y después de la frontera. S i n embargo, la potencia de los ca mbios del reli eve físico podría considerarse como una frontera natural entre los dos lados de la frontera, pudiend o t rabajarse el co ncepto de frontera geográfica desde la perspectiva de esa separación mate ri al. Podríam os preguntarnos hasta qué punto s e hubiera pod ido mante ner la situación geopo lítica de Ceuta como p ertenecient e al es t ado es paño l a lo l argo de los siglos sin esa barr era n atural qu e ha colaborado e n el m antenim iento de la f rontera m ilitar . La separación es uno de lo s elementos que distancian y pr opician e l desarroll o de ot r os distanciamientos como el cultural, el social o el histórico. Es la acumula ción de elementos segregadores parciales, que coexisten en el espacio continu o de la tierra firme, la que puede llegar a diluir el c oncepto objetivo de continuidad espac ial, para pasar a otr os campos de trabajo más c ercanos a lo soc ioespacial. Dicho de ot r o mo do, el aisl amiento físico genera un c onjunto de proces os socioespaciales específicos. 51 SIMMEL, G. (190 8:22 6) 32 Fig. 7 Fotografía de la zona front eriza desde Marruecos |NOUR-EDDINE, T. (2014) Fig. 8 Fotografía satélite del pas o fronterizo | Google Developers (2014) 33 Paso del Biutz. No obstante, la c ercanía del po lígono del Tarajal y su flujo mercancías para el mat ute 59 propiciaron una diversific ación del paso fronterizo 6 0 e incluso la ampliación 61 de est e pa so exclusivo. De cualqu ier m odo, esta configu ración d e accesos, es un embud o ab ierto para el paso de m ercancías hacia Marruecos, v isibilizand o la pot encia eco nómica qu e representa para la ciudad su vecind ad. La creación de es te paso está ori entada al flujo consta nte de personas, por lo que su contro l es diferente. Se establecen con troles policiales españ oles fijos y otros it ineran tes en el ac ces o - y cercanías a este- en el m ismo polígono del Tarajal para la regulac i ón y segurid ad de lo s individuos (identifi cación) y en el extre mo marroquí se hac en los controles de recepción d e mercancías, puesto que la legislación vi gente en territorio español no contro la la salida de productos en este contexto. En el acces o a Marruec os se desarrolla n los c ontroles 59 "Matute: int rodu cción de gén eros en u na p oblación sin pagar e l impuest o de consumo " R eal Academia Españo la (RAE ). El matut e será la práctica c omer cial establ ecida ent re C euta y Marruecos po r no tener est ablecida u na fro nt era comercia l y n o realizarse pa go a lguno de aranceles de i mportac ión en Marruecos ni l a de volución de los im puestos loc ales a la i mportación portu aria pa ra el comercio transfron terizo. Esta p ráctica comer cial s erá variant e de la que se est ablec e, desd e la mita d del s. XX, en la ciuda d. E sta estará orientad a a l a introd ucción de mercanc ías en la pení nsula. Al ser Pu erto F ranco y cerrarse el pena l, se pr oduc e un a impo rtante impor tación en la ciud ad c on el o bjetivo de int roduc irlos en la pení nsula sin p agar imp uestos. 60 Se abre este pa so en julio de 200 5 por la n ece sidad creci ent e de da r respue sta al impo rta nte flujo de portea dores que ac udían a l polígono d el Tarajal a di ario. 61 "Marrueco s ya ha iniciado l as obras pa ra a brir el p aso del Tara jal II " (El Puebl o de Ceuta, 4/04/2014). Las obras de e sta ampl iación comienza n en el lad o marroq uí en 2014. Sigu e siendo un a necesidad ampliar el pa so ex clusivo para p ort eadores po r los numero sos conflic to s que se pr oduc en. "Los problemas del pa so del Biutz" (20 Minu tos, 16 /08/200 7). Fig. 9 Fotografía del Polígono del Tara jal |Diario Público (2009) 34 administrativ os de la mercancía, el destinatario y comprad or e incluso de los porteadores (identificación). La economía sumergida asociad a, así como las organizacio nes mafiosas que se lucran de estas actividades fuera del marco de la legalid ad, serán caso d e estudio en apartados posteriores. Finalmente, el ex tremo sur de la fro ntera queda c onfigu rado como un punto de re gulación de m ercancías y personas. A modo de esclusa, se pretende limitar todo contacto entre lo s lados opuestos. R educir la relación entre países a lo r egulado y n ormativo. Al ser c onfigurad o desde las ad m inistraciones d e cada país, s on a la vez medios par a hacer fren t e al territorio opuesto y cont rolar los flu jos entre ambos estados. Las características de los mecanismos utilizados está n condicion adas p or es to, ha ciéndol os i nsuficientes frente a la realid ad de los flujos ex istentes. Est o se visi bilizará internaci onalmente con episodios como la llam ada Tragedia del Tarajal de febrero de 2014 6 2 , pero el c onjunto de relaciones casuales que conectan, a través del elemento, ambos territorios representan un trasfondo s obre el que plantear la situación r eal del paso fronterizo. 62 El 6 de febrero d e 201 4, cent enares de in migrante s subsah ari anos, reun idos en l os territ orio s cercanos a la fro ntera, se un en en un frente común para in tentar el a cceso a l a ciud ad autónoma de Ceuta. Llegado s d esde las estr iba ciones mont añosas anej as al paso fro nterizo, int entar án a cceder primero po r el paso para po rteadores. Tras ser r echaza dos pasan al paso front erizo conv enciona l y a la playa p róxima al c ercado fronterizo. A l intento d esde la pl ay a se les re spondió d e di ferente forma d esde las autor idades de Marru eco s y España y con la investigación aún en marcha, el saldo fue d e 14 muerto s, en su mayorí a aho gados. 35 Fig. 10 y 11 Planos de la "Tragedi a del Tarajal" | El País (2014) 36 B. Ex tremo Norte El o tro punto de paso de la frontera se sitúa en el Extremo Norte, no obstante, este paso fronterizo Benzú-Belyoun e ch es un elemento auxiliar que en condici ones normales s e encuentra cerrado 63 . El pas o conecta la población magrebí de Belyounech -Beliones-, que se encuentra aislada a los pies de la agrupaci ón montañ osa Jbel Mouss , conocida c omo "La mujer muerta". Esta loc alidad se encuentra en un r égim en singular casi in comunicad a con otras poblaciones y en casos e xcepcionales se puede hacer uso de este elemento de c onexión para el servicio y asist encia. Desde el lad o españ ol tenemos la l ocalidad o pequeño poblad o de B enzú. Est e pequeño asentamiento se encuentr a lejos del núcleo de Ceuta siendo el ú nico espacio urbanizado sin conexión con otros barrios de la ciudad. Es un puebl o que surgió en torno a un a ballenera y próximo a una cantera. Su desarro ll o, al igual qu e el de B eliones, est á muy relacionado con la pesca, pero la existencia d e la cantera y o tr os emplazamiento s industrial es son el medi o principal de subsistencia h oy día. Ambos núcle os se encuentran aislad os en sí mis mos, si bien en el caso del municipi o marroquí es un caso más extremo con el conjunto mo ntañoso que le distancia y segrega del resto del territorio del país -a 10 km de pequeñas aglomeraciones de casas y 20 km del pueblo más cercano-, en el caso del barrio de Benzú ha sido su separación del núcleo de la ci udad. En los dos casos no son pun tos de pas o, son lo calidad es al final de c arreteras que finalizan en el vallado. Es esta distancia y la localización del monte lo que en gran parte dará sentido e interés al estudio de este p aso que ha dejado en parte de ser tal. El paso fronterizo de Benzú, dando servici o al pas o de perso nas y mercancía s, s e cerró definitivament e en 2003, dejando como pas o e n exclusiva el del extremo sur de la frontera. 63 El paso fron terizo de Benz ú-B elyoun ech tuvo en la década del 2000 varios con flicto s por la p resión sobre el mis mo. Fue c lausura do ya en octu bre de 2002 d ebido a qu e "las autorida des lo c onsideraban el princ ipal pu nto de ent rada de inmigración il egal y Menore s Extranj eros No Acompaña dos (MEN A) a Ceuta." (EUR OPA PRESS, 8/ 01 /2012). Po sterior m ente se co noc en ot ros cierres del mismo por co nflictos con los po rteador es, como co n el enfrentam iento ent re la s fuerza s de seguridad y 300 p o rtead ores, "Ceuta ci erra el paso fron t erizo d e Benzú oc ho días por inciden tes"(El País, 11/ 04/20 03). Q uedando finalmente clausurado en 200 3 p or Delegaci ón de Gobi erno . Fig. 12 Fotografía de Belyounech , "la mujer muerta" y la fr ontera |SORIA, D. (2 014) 37 Esto se produj o para evit ar conflictos entre los porteadores que masificaron el pas o, los residentes de Beliones y las autorid ades fronterizas. A su vez pretendía resolver la falta de control en el paso de m e nores, trasladand o el pro blema al o tro paso 64 . Ce ntra r el flujo de personas y mercancías en un so lo pu nto ha potencia do las instalaciones y la localización d e comercios en la zona del Puente del Biutz. En co rrespondencia a esa situación, en esta dualidad de municipios saca dos d e la dinámica fronteriza de paso de bienes e in dividuos, se ha estancado el desarrollo en la última déc ada frente a la explos ión urbana que han sufrido tanto los aledaños al Tarajal como el pu eblo cercano de Fnideq en Marruecos. En 2014 la p olémica regresa y s e formaliza un a p ro puesta 6 5 de reapertura de dicho paso para descongestionar el paso del extremo Sur. Estas propu est as han s ido r echazadas en Delegación de Gobierno y en el Pleno de la A samb lea de la ciudad. Pero es una solicitud recurrente que ya en 2006 fue denegada desde De leg ación de Gobierno 66 , argumentánd ose en su día po r la negativa de l a administración marroquí a abrir est e paso 67 . Finalmente queda suspendid a la reapertura del paso aun con las difer entes peticiones, centradas en aliviar la presión del actual pas o o perativo. Aunque la situa ción del pun to puede ca mbiar, para el presente estudio se pres enta como un fondo de sac o para ambos países que tiene una configuración de puestos de guardia mínimo s para controlar las áreas c ercan as a la costa, donde se si tuaba este paso fronterizo, y el acceso de los naturales de Beliones con pases especiales expedid os por D elegación de Gobiern o en c asos concretos y regulad os 6 8 . 64 Aznar, L uis Manu el: "El pleno se niega a pedi r la reap ertura del pa so de Benzú pa ra la s mercancí as" (El Faro de Ceut a, 24/01 /2012). 65 Se propone ta nto re abrir el pa so únicament e para el p aso de persona s y vehíc ulos, pero no mercancías, c omo r eabrir el p aso para el pa so de me rcancía s por la sat uración d e lo s pasos d e El Biutz y El Tarajal. (El Faro de Ceuta, 0 1/12/2 014 y 15/11/20 14). La clave estará en q ue la p etición d e la reapertura p ara p ersonas y veh ículos, pero no mercancía s, l a ha rá la AVV d e Benzú, mient r as que la petición p ara el pa so de mer ca ncías lo hacen l os empre sari os del Tarajal y pa rtidos po líti cos localist as afines a estos. 66 Diario Sur, 2/08/20 06. 67 "Polémica po r el paso de Benzú " (El pu eblo de C euta, 3/12/ 2014). 68 Los residente s nat urales de Belione s di sponen d e un pa se especí fico que le s per mite pasa r sin mercancías por el p uesto. Tambi én el apoyo médi co a l os p obladores de l a región qued a ga rantizado po r los servicios médico s de C euta q ue se trasladan a l pu esto de cont rol del p aso. Todas ellas son r elaciones vecinales de cort esía, Ceuta igua lmente rec ibía agua p ot able de l os manant iales de B elion es, ant es de la instalación de una d esalado ra en la c iudad, pa ra abastecers e. Informacion es r ecogidas d el Gua rdia de Primera Al fonso Cruza do, J efe de pr ensa de la Comand ancia de la Guar dia Civil en Ceuta. 38 Fig. 13 Imagen satélite del paso de Benzú |Google Developers (2014) 39 C. Vallado fron terizo Fig. 14 Vallado fronterizo entre C euta y Marruecos| RASO, F. (201 2) El t ercer componente es un frente continuo. E ste componente lineal recorre espacialmente el territorio desde el ex tre mo norte al sur. Se compo ne de do s vallados metálicos paralel os de seis m et r os de alt itud y coronados por alambradas de espinos con una separación para la circulación y v igilancia de la f rontera. La ho mogeneid ad del el emento solo se ve alterada ligeramente cuando nos encontramos ant e alguna c onstrucci ón utilit aria como puertas o pequeñas torretas de v igilan cia. Además de lo apreciable en las imágenes, el vallado incorpora sensores de m ovimiento, video vigilancia y alumbrad o en todo su recorrido. En definitiva, es un elem ento fuertemen te unidimensional que hace las veces de transcripción material de la frontera geopolític a entre España y Marru ecos. Este elemento se desarrolló en la "zona neutral" que tienen lo s dos países, una franja de 8 km de longitud que recorre el espacio de costa a c osta. Construida en 1996 para sustituir a l a anterior alambrada de meno res proporciones ( dob le vallado de apenas 1,5 m de altura , discontinuo y sin elementos de cierre) y en sintonía con la operación desarroll ada en Melilla con el m ismo objetivo: con trolar la inmigración ilegal que se inc r ementó a raíz de la entrada en vigor del Acuerdo de Schengen ( 1995). Este vallado fue construido por efectivos del Tercio d e la Legión y el Cuerpo de Regulares, tenía una altura de 2,5 m y er a de ala mbre. Est e fue sustituido progresivamen te en 1999 por otra de 3 ,1 m de acero galv anizado 69 (incluyendo circuitos d e sensores para la dete cción del ruid o y movimiento y alum brad os de alta potencia para la vigilancia). Finalmente, el v allado es doblado en altura hasta los 6 metros c on fondos del "Agencia Europea para la gestión d e la c ooperación oper ativa en las Fronter as Ext eri ores" 69 Primeras ob ras con un c oste na ciona l de 5.680 mil lones de p esetas y la a mpliación c on fon dos europeos de 30 millones de e uros (El P aís Digital, 0 2/02/ 1999) y un informe de la C omisi ón Eur opea (19/10/200 5). 40 (Frontex), organismo que visita anualmente la frontera para el diagn óstico y seguimiento de la presión migratoria y el estado del vallad o para el mante nimiento y pr óximas remodelaci ones. Fig. 15 y 16 Fotografía del vallado fronte rizo previo a 1990 | SORIA, D. (2016) Fig. 17 Fotografía de la frontera actual | NUÑEZ, F. (2011) 41 La última década de siglo XX y primeras del XXI han s upuesto una fuerte inversión para la definición c lara e imperm eable de una frontera sur de Europa en Marruecos . L os mism os informes de la zona se cen tran el hablar acerca de obras para el control de l a inmigración irregular que se incrementa anualmente. " El número de inmigrantes irregulares detectados en las fronteras de Ceuta y Melilla durante los cuatr o primeros meses de este año [2014] ascendió a 2.250, cifra que repres en ta un aumento del 208% respecto al mism o pe riodo d el año anterior, según los da tos difundidos […] por la Agencia Europea de Control de Front eras (Frontex)" 70 . La f rontera representa un límite t erritorial que s epara y conecta E uropa y Áfri ca de una manera dir ecta, por lo que lo s flujos migratorios sur- norte son de capital importancia hoy en día. Est a úl tima et apa del vallado para la ciudad de Ceuta y su entorn o inmediato, no puede eclipsar al conju nto de capas anteriores que se depositan sobre el territorio dejan do su huella. Como se ha mencionado anteriormente, la existenc ia de los fuertes neo-medievales son el testimonio de un pasado de esta frontera, de unas trazas defensi vas y un enten dimiento del territorio diferentes. Teni endo e sta perspectiva espacial, la "zona neutral" que hoy está definida geopolíticam ente con el vallado recorri éndola, se dilata y difumina en el territori o. Esta otra frontera superficial es antitética de la actual de un orden unidime nsi onal. Se contraponen en d icotomías: imp ermeable/permeable, concreta/dif usa, indiferenciada/e stratégica. La c ara cterización en una frontera lineal es la si mplificación de un pr oceso de apropiación del territ orio llevado hasta el límite políticament e. La superposición de esta línea de separación sobre un c onjunto de trazas históricas será una geografía ampliada del espacio que se acerca más a la realidad d e la convivencia entr e las poblaci ones a a mbos lados d e la frontera. Para tratar este tercer fren te del espacio fronterizo tendremos qu e t rabajar en paralelo la geografía actual y las precedentes, de esta form a, uniendo lo históri co-social y lo socio-espacial se pued e con formar una imagen social más completa del estudio de cas o. 70 Sobre el inform e del Front ex pu blicado el 14 d e mayo d e 2014. (E UROPA PR ESS, 14/ 05/2 014). 48 Fig. 24 Ilustración de l a Plaza de Ceu ta | HOGENBE RG, B. (1563) 1415-1580, Ceuta portuguesa Comienza el rec orrido p or las capas m ás profundas de la ciudad. Esta será la primera d e nuestro estudio ya que representa la llegada de europeos a la plaza y será el pun to de partida para es tudiar no sol o la ev olución histórica, sin o la evolución social y la espacial, puesto qu e desde este año, con la conqu ista que incorporaba la ciudad a la corona de J uan I, la población cambia completamen te al pasar de ser una ciudad islámic a, compuesta de musulmane s benimerines, a s er cristianos, habitada por conq uistadores lus os. Igualmente se produce un cam bio drástico en la ocupación t erritorial y el concepto de relación entre Ceuta y el continen t e. Se pa sa de una ciudad f uertemente integrad a en el territorio, con un d esarrollo urbano extensivo, y como encla ve est ra tégico al que dar apo yo continental a aislarse del continente y concentránd ose sobre su centro hasta quedar r educida a la extensi ón tra s las murallas del ist mo que c onformará l a ciudad vieja. El apoyo y comunicación se hará a t ravés del mar ahora, dan do la e spalda al continen te en todo lo posible. Uno de los puntos principales de comercio del mundo islámico y plaza est ra tégica de la costa norteafricana, con la llegada de Port ugal, queda únicamente como plaza m ilitar que da comienzo a la ex pansi ón lusa en África -liderada por E nrique el Navegante-. Al principio de esta expansión, Ceuta representó la pri mera y más importa nte conquista, una batal la que trasladó 200 naves de guerra con 45.000 efectivos para la conquista de este e ncla ve. Los benimerines no esperaban este ataque y fue tomada con facilidad. No obstante, en las décadas siguientes, la ex pansi ón continuó, de es te modo Ceuta pasó a ser solam ente un o d e lo s enclaves estratégicos en los que centrar la atención. P asó de acaparar los esfuerzos defensivos a t ener 49 serios problemas para mantener las fo rtificaci ones en buenas condiciones frente al as edio vecino. La c onfiguración urbana de la ciudad se encerró tras las fortificacion es del istmo, un repliegue de la ciudad para mejorar la defensa de la misma. Se refor zar on las murallas y a la vez se construyó un presidio para criminales desterrados (presos comune s por delitos graves y políticos de sus colonias) por la lejanía a la penínsul a y los me dios defensivos de la plaza. La ciudad se compacta dentro del istmo, detrás de las m urallas. La anterior ocup ación de la ciudad, la islámica, tenía una organiz ación territorial diferente, con una superficie mucho mayor que se extendía hacia el continente con miles de habitantes y que la admi nistración lus a no podía defen der tras la conquista , por ello se apost ó por desarrollar las fortificacione s mediante los trabajos de actualización de l os ingenieros de la época. S e localiza una población de 50 0 casa s tras las murallas precedentes, se refu erzan estas y se desarrolla una segund a línea defensiva con trinch eras y parap etos para d efender mejor el fr ente contine ntal del istmo. Se t iene constancia de que en 1521 se produce una la gran reforma en el sistem a defensivo de la ciudad, debido prin cipalmente a la i ncorporación del u so de art ill ería po r parte de los musulmanes at acantes de la plaza. Se ejecutan dos grandes baluartes en l os extremos de una nueva cortina de m uralla reforzand o el lado occidental de la plaza, repitiendo el patrón en el segmento oriental de la muralla. L os lad os me ridi onal y septentri onal se reforzaran con "un lienzo de muralla con escarp es o declive, plataforma y plaza de artillería en m edio […] levantándose esto a propo rción tal que la ciudad qued ase amparada" 8 1 . La ciudad q ueda protegid a de los constante s ataqu es y se reafir ma en su cie rre sobre sí misma, con la población constante y totalmente depe ndiente de las funciones de plaza militar y presid io, p or lo q ue la t raza urbana, más que social, f ue un efe cto col ateral de un emplazamiento estratégico y fu nci onal de los port ugu eses en la costa african a. No obstante, las relaciones con sus atacantes arraigan la población al lugar. Será con este c oncepto, del conflicto como el emento relacional, con el qu e abrimos este capítulo de repaso so cio- histórico-espacial. Esta historia de la relación y del c onflicto de Ce uta con el entorno será la que es tablezca las redes a través del territori o y hag an que la dimensión soc io- espacial de la ciudad sól o se a co mprensib le concebida en un conju nto, no como un esp acio aisl ado o un a serie de episodi os históri cos, sino haciendo este segu imiento previo. A part ir de aquí se plantea la relevancia de las tr azas defensivas de la ciudad, no sólo en relación con el lím ite de la frontera y el conflict o, sino con el desarr ollo urban o interior, socio-espacial, cultural y político del estudio d e caso que trata mos de desarr ollar. 81 CRIADO, M. y O RTE GA, M. L. (1925:122 -123). 50 1580-1656, El reino p ortugués- españ ol El principio de la h istoria es pañola de C euta comienza con la unificación de los reinos de España y Portugal (1 580) po r la crisis suces oria de Po rtugal, siendo gobernad a la corona lusa por el monarca español. Finalmente, la ciudad africana pasó a ser parte del territorio español con la separación de los dos reinos (1 640) despu és de qu e tres monarc as españoles gobernasen l a corona lusa. Será la población de Ceuta la que decidirá por votación quedarse como parte del territorio de la Monarquía es pañola. Son o bvias las v entajas que esto suponía para la ciudad, puesto que la lejanía hasta tierras portuguesas hacía que el abastecimiento y apoyo de los español es fu era mucho más rápido a trav és de Cádiz. En este periodo de fu erte relació n, principal mente por tener un mismo monar ca gobernante, se establecerán f uertes redes de sosten imiento para la ciudad que anteriormen te sucedían de manera m ucho más es porádica -apoyo y co mercio desde Andalucía-, de igual manera no se r á hasta la u nificación cuand o se f o rmen los f luj os mi gratorios. 16 40 será el añ o en que s e separan los reinos, posteriormente, en 1 656, se le concederá a la ciudad la Carta de Naturaleza, añadiéndol e el título de Fidelísima a la ciudad. En 1668 se establece, según el Tratado de Lisboa entre Esp aña y Portugal, que Ceu ta es de sob eranía españ ola 82 . El final de la relación en tre países s e dil ata en el tiem po, pero igualm ente, com o h emos mencionado, se había comenzad o la relación antes de la unificación. Si bien es en 1580 cuando se incorpora a la Monarq uía Española, la ciudad y a hacía tiempo que tendía puentes de relación co mercial y socia l c on E spaña. Durante el s. XV la plaza se verá abastecida por Andalucía y habrá inmigrantes procedentes de es tas t ierras castellanas de m an era esporádica. Pero será en el s. XVI, c onforme los conflictos y asedios lo reclamaban, cuando recibirá ayuda para refor zar su guarnición con flotas e inf antería. Esto hace que la presencia militar españ ola en Ceuta fuera n ormal para la ciudad antes de la unificación. Este ar co temporal representa cómo la ciudad se d ecanta por p ertenecer a l a Cor ona de Castilla. La población r efleja este cambio, porque si bien en números queda est ancada entre los 2.000 y 2.500 habitantes de la etapa lu sa, el p orcentaje de poblaci ón proced ente de Andalucía que irá inmigra ndo en es ta etapa hace bascular la población de Ceuta de lus a a castellana. Desde antes de la unificación y en la "uni ón ibérica", se fomentarán los laz os con la población lusa residen te, crean do la hege monía castell ana con el patr ocinio del es tado. En esta primera etapa españ ola la urbanización de la ciudad no será i ntensa p or el estancamiento demográfic o q ue demues tran l o s registros. Según los registros de la época permanecerá sin variacio nes en la línea fronteriza y sin desarrollo urban o más allá de la configuración lusa e n torno a 1622 83 . Las obras de reacon dicionamiento y restauración de l os sistemas def ensivos serán los cambios principales en esta etapa, puesto que, como v imos, la etapa lusa pasó de una primera conquista en la costa africana a la desidia d e mantener un gran número de plazas, entre las qu e estaba c omo una más Ceuta. 82 Como recuerdo y ho menaje a su pa sado l uso, la band era de Ceuta co nsta d e un castillo m uy similar al de la ba ndera d e Portugal y un fondo de t rián gulos blanco s y negros igua l al d e la band era d e Lisboa. 83 Según declaran el marq ué s d e Truci fal y el cond e de Torr es Vedr as en infor me sob re los pr oyectos de fortificac ión que realiza G. M ª Aflict o en 16 62. (Archi vo G eneral de Simanca s: Guerra A nt igua , leg. 2.023 ) 51 Fig. 25 Plano de las Murallas Rea les. | Biblioteca Nacional de Esp aña (1750-1800) 1656-1859, Ceuta hasta la Guerra de África Ceuta tuvo un antes y un después respecto al territorio tras la Gu erra de África, igual que anteriormente lo t uvo por la conquista p ortuguesa o posteri ormente lo tendría po r la supresión del presidio de 1910. Este último representó un cambio drástic o, dilatado en el tiempo, que se trata en el siguiente apart ad o. Por el contrario, el año 1860 su puso, com o 1415, un cambi o fundam ental en el en tendimiento de la ciudad. Al contrario qu e este, que supuso el cierre de la ciud ad, aquel producirá una gr an ampliación del t erritorio de la c iudad , desde la línea de Jad ú (Hadú) (1845) en las cercanía s a las Murallas Reales hasta e l límite actual atravesando el Garcí a Aldave 84 . De tener un conjunto complejo y continuo de m urallas, baluartes, fosos, baterías, túneles, fuertes y d emás construcciones d efensivas que contorneaban la ciudad, paso a t ener un c onjunto de elementos puntuales de def ens a escalonada en un territorio abierto. Las Murallas Reales so n u n ve stigio monumentalizad o de las construcciones m ilitares que se desarrolla ron durante siglos an teriores, permiti endo obse rvar desd e nuestros días la complejidad de las def ensas de la ciudad durante siglos 85 . Estas, junto con las construcciones 84 Las ampliacione s anteriore s d e la fron tera fueron: en 1799 la concesión m ediant e tratado de pa z con Marruecos de t erreno s del c ampo ex terior pa ra el pa storeo d el ganado (retomand o un tratado de 1 767 que fue p osterior mente canc elado ) y la l ínea fro nteriza rec ono cida po r Marruecos en 1845 qu e supu so la demolición d el sistema def ensi vo de Frente d e Ti erra por urb anizarse el e spacio hast a la s Murallas Reales. 85 Para mayor estud io de l as for tificaciones y las construc ci ones defens ivas de la ci udad c onsultar l a cartografía d e "Límit es, fortifi c aciones y e volución u rba na d e Ceuta ( siglos XV-XX) " (VILA R, J.B. y M.J. 2003) 52 diseminadas po r el territorio que culminan en la línea de fuertes neo medievales que recorren la frontera, deli mitan el territori o en cuestión que estará en conflict o de soberan ía hasta 1860. Anteriormente a l a Guerra de Á frica el tratamiento del límite último de la ciudad fue entendido como un frente continuo que defend ía una Ciudad amurallada y la península de la Almina. Podemos observar en el de sarrollo históric o de los lím ites de la ciudad c omo este conjunto am urallad o fue la barrera permanente que determinaba el c recimiento de la ciudad. El tejido urbano del casc o antiguo (istmo y Al mina), compacto y denso, es clara consec uencia de este construir hacia de ntro 86 . El cam bio que r epre sentó la nueva ocupación del t erritori o posibilitó las construcciones, m ilitares y civiles, que se establecieron en el Campo Exterior junto a las def ensas ex iste ntes en las cerc anías a las Murallas Reales. Es un c ambio n o sólo físico, sino de la identidad asociada al espacio. El t érmino Ca mpo Exterior llega a nues tros días -con algunas variantes como "Las P uertas del Ca mpo" q ue es u tilizado en las cartograf ías actuales-; per o originari amente, en los primeros c ompases d el s. XVI, se denominaba como el Ca mpo d el M oro 8 7 . Aunque desde el presente suene claramente peyor ativa es ta denominación, definía con c laridad el espacio m á s allá de los límites establecidos por el conjunto amurallado. Cómo menciona J. Mª Jover, para la Monarquía esp añola la frontera del sur era "c onfín de la tierra de cristian os, c omo zona d e contacto at ravesada por recíprocas correrías, entre cristianos e infieles" 88 . Finalme nte, en este periodo, desd e la retirada de las autoridades lusas hasta la Guerra de África, la frontera será un espacio de conflicto y de separaci ó n entre culturas muy diferenciadas por la fuerte vinculación a religion es disti ntas, como se apre cia en las líneas de Jo ver. Los intentos expansionistas de los castellanos en Áfric a buscarán alejar las fronteras con los infieles lo má ximo posib le y el con trol del medit errán eo y, en el caso de los m arroqu íes, el objetivo s erá recup erar la Ceuta musulmana perdida por los benimerin es ante los po r tugueses hacia 1415. Los conflictos se sucederán en este per iodo y el des arrollo físico de la ciudad vendrá determinado des de el exterior por estos: mantenimiento de la zona y ampliación de las defensas, urbanizaci ón militarizada del istm o y residencial a r esguardo de los embates del enemigo, p rincipalm ente en el des arrollo urban o e n la A lmina. Igualmente tendrán varios condicionantes interiores, algun os permanentes, como la utilización de la plaza como presidio mayor ( situación heredada de los portugueses) que determ ina la existenci a de sep araciones interiores en la ciud ad 89 , pero también otros c ir cunstanciales, como la peste que asol ó la población de Ceuta (1743-1744) 90 . 86 La trama u rbana fue tan densa qu e se han tenid o qu e ir r ealizando diversos trab ajos de sanea miento urbano como el pr oyecto de l a Gran Vía, La r ehabilit ación del Paseo d el Revel lín o nume rosas obr as de derribo y reconstru cción d e in fravivienda. 87 CRIADO, M. y O RTE GA, M.L. (1925: 122-123) . 88 JOVER, J. M. (196 3:207 ). 89 El presidio estaba ligado a la estruct ura u rbana, determina ndo murallas i nteriore s y p uertas de comunicación vigilada s para l a es tancia de p resos de di fere ntes tipos en d iferent es área s ur bana s. 90 La creencia de qu e el fuego p urificaba los hogare s afect ados po r la p este represent ó grand es pérdidas urbaní sticas a la pa r que h umana s (VILAR J.B. 2003:3 4 y 55) . 53 Dentro de l a h istoria militar de e ste perio do d estacar emos q ue la c iudad venía d e un periodo de soberanía c o njunta de l os reinos de E spañ a y Portugal 91 dond e se repararon las defensas. Antes, baj o so ber anía lusa, se cerró y conce ntró para optimizar la defensa dentro de las limitaciones de una ciudad asediada con regularidad, lo que pro dujo el deterioro de las defensas. En este periodo se comienzan procesos d e apertura de la ciudad, ocupando la Almina urbanísticamen te y el Ca mpo Exterior para la d efen sa principalmen te 9 2 . El más importante y largo de los conflictos de la ciudad fue el gran sitio de 1 694 a 1727, que condicionó una relac ión nula c on el entorn o continental. El autoabastecimiento y la dependencia de lo s recursos p eninsulares fue c la ve para la supervivencia de la plaza. Se construyeron a mpliacion es de lo s elem entos defensivos necesarios en este p er iodo; cuando anteriormente, en el s. XVII los inten tos de ampliación con pocos recursos fueron de rruidas por los marroquíes en sus at aqu es, o por los prop ios españoles p or la falta de recurs os y vulnerabilidad. Se des arrollaron varias líneas, trincheras y demás elem entos para proteger l os altozanos cercanos que representaban una ventaja para los m arro quíe s sob re la c iudad. Finalmente se establece un moderno s is tema de triple cordón de fuertes con túneles, caminos, trincheras, et c. Este sistema se irá completand o a lo largo del s. XVIII, hasta que e n 1845 alcanza la línea de Jadú rec uperado por el tratado de concesión de tierr as con M arruecos de 1799. El desarrollo de las obras de la ciud ad no se limitó al espacio entre Murallas Real es y la línea de Jadú , hacia sierra Bullones y el c ontinente. Los constantes ataques y b ombardeos perjudicaron también a las edificaciones tras los muros, principal mente en la zona del istmo , así como de los muros y for tificacione s m ismos. Se t uvieron que r ealizar grandes o bras de mantenimiento de las def ensas y reconstrucción del t ejido urbano de la c iuda d vieja, lo cual explica la falta de p ermanencia de construc ciones de la época lusa, concentrad as en el istmo, en la ciudad actual. La época española repre sentó la apertura hac ia la Almina por esto, así s e desarrolla u n tejid o urban o menos castig ad o por l os at aques y con terren os s uficientes una nueva c iudad . Las interven ciones en la ciudad v ieja incluyeron la apertura d e vías en el interior del istmo hasta la Almina. Se produce la reconstrucci ón de la parte bombardead a, bajando su densidad y abriend o plazas y espacios libres, estructura q ue se repetirá en la Almina. En est a se reconstruyen seccion es de muralla antigua y se construyen otros t ra mos nuevos hasta guarecer por c ompleto la península, reforzado con fuertes en el períme tro. E n e l centr o de la península q uedará la Ciuda dela del Hach o completand o el sistema defensi vo. Existen dos fosos -el na v egable y el fo so seco (s. XVIII)- que se paran el ist mo del continente y de la Alm ina. Esta condici ón de "cierres" se consolid ará fuertemente en la época españ ola. La distribución de la població n en cada sección de la ciud ad vendrá determinada p or e sta divisi ón. Durante este period o el desarrollo urbano de la Almina promueve el desplazamiento de la población a esta, además de convertirse en lugar de residencia de las c lases altas. Esta zona de 91 Los reinos de España y Po rtugal est arán gobernados po r un mismo monarca con d iferen t es coronas entre 1580 y 16 40, e sto fue p or la falta d e monarcas po rtug ueses, qu e conlle vó a qu e hu biera tres monarcas españ ole s en est e periodo cono cido como de la U nión I bérica. 92 La ocupa ción extramuros de l a ciud ad se limitará a instalac iones mil itare s y a l as infraestr uct uras necesarias p ara el uso d e pa storeo y agricultur a del terri tori o inmedia to a las Mura llas R eales qu e fu e concedido p ara u sufructo de la ciuda d en el tratad o de 1799 c on Marru ecos, ra tificado en 1845 de nuevo. 54 Fig. 26 Mogataz de C euta | Vinhuizen Coll ectión (1737) urbaniz ación rec iente tendrá la mayor parte de la superficie edificada de la ciudad y term inará en el límite con el recinto del monte Hacho, que incluir á la fortaleza con presidio: la Ciudadela del Hacho 93 . El des arroll o urbano de la Almi na, e n su zona limítrofe con el is tmo por el fo so seco, será el principal para la ciudad en esta épo ca, mientras que en el ist mo queda la ciudad vieja, donde se sufrirán ataques, se producirán incendios y se desarrollará finalmente una reurbanización castrense. De ntro del recinto amurall ado quedará: población vieja sin recursos para trasladarse, un porcentaje importante de la población militar de los destac amentos de la ciudad y los presidiarios del Cuartel de Barcas que tenían m a yor grado de movimiento mientras la ciudad qu edara abierta. Este p eriodo, tras el fin de la et apa lusa y la compartida, represen t a una época muy militarizada de la ciudad. La población, a nivel social, político y e c onómico, estará fuertemente ligada a la lógica castrense que marcará su ritmo. Desde e l gobernador de - que tenía relación o pertenecía al ejé rcito- , al biorritmo de la urbe -de term inad os por los tres cañonazos que deter minaban la rutina militar y del presidio 94 . Tanta es la ligazón entre población y ejército, que la pr imera osc ilar á en gran medida por dictamen el segundo en etapas con m ayor o menor necesidad de guarnición militar. Desde mediados de s . XVI la poblaci ón tendrá parte importante de la responsabilid ad defensiva de la ciudad -la población civil conformará hacia finales de XVI la Compañía de L anzas y la Co mpañía de Cazadores o M igueletes-, siendo o tra fracci ón i mp ortante d e la población la m ilitar destinada allí -C on las dos anteri ores coincidirá El Tercio de Infantería de Ceuta desde 1703-. Se configuró un "Regimiento Fij o" -que desde 1708 unificaba a las tre s compañías- y se estableció una población itineran te que representaba la g uarnición extraordinaria desti nada para enfrentar algún conflic to bélico. En el final del periodo, de 1656 a 1859, la ciudad t endrá 7.114 habitantes -mayoría de presidiarios y mili tares-. Se produce un c reci miento sostenido desde los 2.500 habitantes de mitad de s. X VII -y en la época anterior portuguesa-. Los dat os más relevantes se rán una etapa de recuperaci ón en la segunda mit ad del s . X VIII 95 , en las déc adas posteriores a la e pidemia de 93 Posteriormente se sepa rarán por recintos el M onte Ha cho y la Al mina, qu edand o po r cuatro ra strillos escalonados ( SALVA DOR, T. 1 975:30 6). 94 Amanecer, mediod ía y oc aso fueron lo s cañon azos originari os qu e deter minaba n la apert ur a de la ciudad, la h ora del a lmuerzo y el cierr e urban o cada día. Estos irán evoluciona ndo con el t iempo, má s desde el cierr e del p residio en 1910. Pa ra un a reseña co mpl eta ac udir a l a pub licación d e Juan José Contreras Garrido: "H istoria del cañ onazo de las 12:0 0 en Ceut a", el ún ico do cumento d ed icado al completo a e sta singular idad q ue ha acompa ñado a la h istoria de la ciud ad d uran te varios siglos. 95 1718: 2.895 h ab. 1733: 2 .352 ha b. y 1787: 7.0 76 hab. En diferentes r egistro s de pobla ción del I NE . 55 peste 1743-17 44, y la llegada en 1791 de la primera población m usulmana que se establecerá en la ciudad desde hacía cua tro s igl os 96 . Fig. 27 Plano de los nuevos límite s de Ceuta (Tratado de Wad-Ras) | Archivo Ceuta (1860) 1860-1912, Entre Guer ra y Protect orado, de pacto a pacto. Desde la finalización de la Guerra de Áfri ca hasta el Protectorado (1860-1912) se construye la red de fu ertes neo -m edievales, l a mayoría entre 1860 y 1870, tomando sentid o fundamentalmente por la am pliación de territorio s que supuso el Tratado de Wad-Ras. Delimitan la nu eva raya y d ominan el territorio c omo frente ante las incursiones en emigas. Tras la definición de unos límites geopolíticos en e l tratado de W ad-Ras (1860) 97 , el desarrollo urbano de la ciudad en el Ca mpo Exterior se produce en las inmediaciones d e destacamentos m ilitares como el cuartel de Regulare s de Hadú ( Jadú ) o el Fu erte del Príncipe Alfonso 98 . Pero en esta etapa las principales const rucciones en el nuevo territorio serán militares, con algun a inclusión residen cial en las pro ximidades a las Murall as Reales. 96 La compañía de "Mogat aces o Regulare s, descendi ente s de los mu sulmanes lea les a España llevado s a Orán" será i mplantad a como p art e del Regimiento Fijo y v e ndrán t ra s evacuar Orán y Maza lquivir, q ue pasaron a la Regencia d e Arge l. Se loc alizarán en un barrio y tendrán u n imán direct or, p ero con visita s de los jefe s religioso s procede ntes de Ma rrueco s (VILAR , J.B . y M.J. 2003: 30-37). 97 Los nuevos límit es de la ciud ad llegarán "hasta l a línea d el Serrallo, la lader a sept entrional de Sierra Bullones y la b ahí a de Benzú […] así c omo de l a seña lización de u n estrecho corr edor int ermedio o Zona Neutra l entre ambo s territ orios" R ecogido por Jua n B.y María Jos é Vilar del Archi vo del Minist erio de Asuntos Ex terior es (Madrid). Caja Tratado s, s. XIX (VILAR, J. B. y M.J. 2 003:29 ). 98 Barrios de Hadú , do nde se locali zaron residenc ias de fa miliare s, comercio s y b ares para l os militares del cuartel, Príncipe Al fon so y Prí ncipe Felip e situados alr ededo r de la zona d e la almadr aba do nde se requería un a vigilanc ia más c e rcana y d onde se localizarán también la s r esidencias d e fam ilias militare s y comercios pa ra los mismos. Estos de sarrollo s serán princip a lmente a pa rtir de 191 0. 56 La re lación entre los países en est e tie mpo es m uy desigual , po r la dicotomía de ro les vencedor/vencido desempeñ ada por las naciones. El descontento de la poblaci ón m agrebí se visibiliza en las cabilas (tribus) cercanas, que serán la prin cipal fuente de ataques en esta época en la frontera. La t ensión de estas se agudiza a finales del siglo XIX, pero c entrand o el conflict o entre las poblaciones rifeñas y Melilla, dando origen a la Pr imera Guerra del Rif o Guerra de Margallo (189 0). Por el contrario, Ceuta t iende pue ntes de relaci ón, tanto p or los años q ue España es tablece el control sobre Tetuán c omo parte del tratado de Wad-Ras (1860-6 2), como por el co mercio y el trabajo del que se beneficiará n las poblacion es a ambos lados 99 , aun cuando se suceden conflictos 100 . Las incursiones de cabil as lo cal es serán contrarrestadas por el nuevo sistema defensivo escal onad o, donde los fuertes serán la primera línea de defensa , tanto en Ceuta co mo en Meli lla 101 . Los fuertes que salpicaron el terreno de montes y repechos del García Aldave y Sierra Bullones fueron una construcción de esti lo neo- medieval para una primera o cupaci ón y defensa d el n uevo territorio fro nterizo. Es la primera línea d e u na es tructura es calonada d e defensa que c onstaba de fort ines a modo de peq ueño s torreone s para des tacamentos de entre 14 102 a 50 hombres 10 3 hac iendo las veces de localiz aciones reconocimiento y prime r a defensa. Tras esta pri m era línea tendríamos otros destacamentos con capac idad para un centenar de h ombres ap roximadam ente, como el Fortín d e Isabel II. Fin al mente e staban los grandes fuertes y cuarteles, como el Fuerte Serrall o, que c entralizaban las fu erzas en el c ampo exterior y enviaban s oldad os a aquellos pu ntos que lo necesitasen . La est ructura funcionaba con una primera línea defensiva que abarcaba visualmente el territorio fronterizo y en caso de incursión podía rápid amente acudir a enfren tarlo con un pequeño destacamento o aguardarlos para repelerlos desde sus t orres c on aspilleras 10 4 . En caso de una incu rsión excesiva para este destacam ento podía hacer llamadas dir ectas a fuertes vecinos y fortines mayore s, puesto que las distancias permit ían la comunicación directa ent re estos. Finalmente, si la incursión pasaba a ser un conflicto bélico de suficiente entidad, se podía dar aviso desde fortines o fuertes a lo s grandes acuart elamientos del Campo Exterior , haciendo posible un incremento rápido y progresivo de las fuerzas defensivas en el luga r, pero optimizand o las unidad es y optimizando su uso. El grueso de las unidad es permanecerá concentrado en un os pocos cuartel es y el resto serán destaca mentos menor es que rotarán. 99 Se desarrolla el área urban a cercan a la a lmadraba y esta i ndu stria trae consigo po blac ión del p aís vecino que viene a t rabajar en ella. 100 A la Guerra de Margallo ( 1890), h ay que aña dir los a taqu es sobre Melilla de 1893 p roced ente de la s Cabilas Ri feñas y at ajada po r un destacament o marroqu í e nviado p or el sultán Hasan I , para a cabar con la rebelión y siguiendo el trat ado de p az con E spaña . 101 El sistema defen sivo fue po pul ar en esta épo ca en la ingen iería militar de finales de si glo XI X, repitiend o el mod elo no so lamente en Ceuta y Melilla, sino en la fron tera del Pirineo co n Fra ncia. 102 La mayoría de lo s fortine s proy ectados: Ren egado, de Any era, de Fra ncisco de Asís y d e Piniérs. 103 Fortín de Ar anguren, de Benzú y de Mendi zabal . 104 Las aspilleras son abe rtura s verticale s que en el M edievo ser vían para d isparar fle chas a los ene migo s y pro tegerse de los d isparo s venid os de fuera. E l funciona miento se mant endrá, p ero p asará de apo star arqueros a tirado res con arm as de fuego ; de est e modo se reut ilizará n en la t ipología de l os fuert es por ser una defen sa ideal frente a la artillería l igera tan ext endi da entre la s cabilas po r si fácil adq uisición, uso y tra nspor te en comparac ión c on siste mas de artil lería pesada. 57 Fig. 28 Proyecto del fuerte de San Francisco de As ís | Comandancia genera l de Ceuta (1844) En el plano físico los nuevos límites establecidos incorporaban los territorios del Camp o Exterior -an teriormen te Campo del M oro- y más allá, hasta el Serrallo -antigua residencia del gobernador milit ar marroq uí- en el centro del Garcí a Aldave, Benz ú en el extremo norte y la Zona Neutral, que será el borde limítr ofe entre ambos estado s desde entonces. El espacio no quedaba cercado como hoy día, pero la fuerte red de elementos def ensivos conseguía el cierre efectivo del espaci o imponiéndose en el territorio y c ontro lánd olo visu almente. Nos encontramos c on un límite p ermeable por una trip le compon ente: imp osibilidad económic a del cierre , posibles ataques de poc a escala y/o aleja dos del núcleo urbano y relación entre poblaciones y la falta de re gulación en el pas o de individu os. Tras una guerra y un t ratado c ondicionante para el estado m arroquí se inicia un periodo de relativ a paz en la región en que se encontraba Ce uta-in terrumpido por incursi ones locales-. La es tructura defensiva montada fue imper meabl e frente a l os a taques y perm eable a movimientos de poblaci ón. La elección de una tipología rescatada del Medievo 105 - fortificaciones de avistamiento con pequeños destacamentos dist ribuid os por el territorio limítrofe reforzados por destacamentos may ores en fuertes y acuartela mientos- correspondía a lo que José Mª Jover define como segundo tipo de frontera, fro ntera "como sistema de 105 La elección de e structura s m edievales vino d etermi nada p or do s causas pr incipalment e: P or el u so masivo de caba llería e in fante ría, a sí como un uso creci ente de la a rtillería en un Ma rruecos medievalizado a nterior a 191 2, q ue sería interc eptado po r esta prim era línea alejad a del nú cleo u rbano; y po r el retorno a las estruct uras ne omedie vales -neo gótico p rincipa lmente- en las con strucciones militares muy i nfluenc iado por Violet-le-Du c (VILAR , J.B. y M.J. 200 3:39). 64 de la infravivien da ceutí. I gualmente será el t rabajo de estos últimos ot ro de l os factores que activarán la economía d e la ciu dad y el desarrollo ur banístico, au nque fu era e n condici ones insalubres en la mayoría de los c asos. Como hemos mencionado , la guerra y la participación de las tropas moras, tuvier on una consecuencia para la ciudad autónoma, ya que aunque fueron devueltos a su país t ras la guerra al s er licenciados 1 15 , hay que rec alcar que parte de estos pudieron permanecer, de manera irregular y con pagas oficiales por su participación e n la guerra, en la ciudad autón oma. Sin posibilidad de obtener la nacionalidad pero si de habitar las ciudades autón omas y el pr otectorado, serán par te del in cremento de población en la ciudad. Se establecieron v ías de com unicación por e l n orte africano como el f errocarril y las carreteras entre los núcleo s de población 1 16 , así como institu ciones para la integración de l as poblaciones marroquíes -hoy día pueden v erse todavía centros educativos españoles en ciudades como Tanger, Tetuán, L arache, etc-. Existe población descendien t e de es pañol es en poblaciones como Larache de esta é poca y obras de edificación de arquitectur a moderna en ciudades c omo Táng er y Tetuán. En conjunto el c onta cto fue constante y dejó m arca tras él aun c uando "esos y otros nexos c esaron taxativam ente en 19 56 al retirarse de Marruecos ambas [España y Fr ancia] potenc ia s protectoras" 1 17 . Hay datos que ponen en duda el despunte económico de la ciudad en la época del Protector ado por difuminarse en el territorio el conjunto de v entajas y por los problemas, poco est udiad os, de la infravivienda e n la ciudad 118 , que se desarrollaron principalmente en es tas décad as y todavía no han sido erradicados al completo. 115 Unos 120.000 soldado s moros reclutad os p or los mi litar es africano s para las fu erzas de F ranc o fueron trasladado s en barc os aleman es en dos gran des gr upos de 4 0.000 y 80.00 0 soldado s. Fuer on trop as conocida s y temidas, t anto fu e así que hasta qu edan mensa jes de t error que d ifund ían mi litares co mo Queipo de Llano p or los medi os d e comunicación. Una vez concluida la guer ra, la s promesas de "babuc has de oro" de Franco se ol vidaron y licenció d e vu el ta a África a las tropa s moras sin p osibilidad de habit ar en la pen ínsula. Solo un p equeño grup o d e guardia persona l permane ció a l servicio del ejército, la Guard ia M ora. "Lo s moro s de la 'cruza da ' de Fra nco" (BÁRB ULO, T. El Paí s, 1/03/2008 ). 116 Existe incluso un proyec to, ha cia la tercera d écada del n ov eciento s, para de sarrollar un a Ciuda d Lineal en el Norte de Mar rue cos (C euta-Tetuá n), d urant e la d ictadu ra de P rimo de Rivera . La Ciud ad Lineal será un a p ropuesta q ue emula a la pro puesta de A rturo Soria de finales del XI X par a Ma drid. La propuesta y pr omoción de esta idea correrá a cargo d el urbani sta y d iplomát ico Hilarión González d el Castillo. DA RÍAS, A. ( 2007 :175-185 ). 117 VILAR J.B. Y M.J . (2003:3 3). 118 Existe un estudi o sobre la p robl emática de sarrolla da pr incipa lmente entr e 1910 -1930 co n u n p roceso inmigratorio d e la penín sula q ue p ropic ió que más de u n cua rto de la pob lación viviera en b arracas, patios o chabo las. ALARCÓN, J. A. (2006 ). 65 Fig. 33, 34 y 35 De arriba abajo: Villa Sanjurjo (Alhucemas); Cole gio del Pilar (Tetuán) y Plaza Primo de Rivera (Tetuán) | Archivo de la Ciudad de C euta (1912-1956) 66 No obstante, si bien las co ndiciones de vida para los t rabajadore s llegados d e la península fueron duras 119 , existen ciertos registros qu e de terminan la época d e p osguerra c omo u n momento de prosperidad económica para el conjunto de la ciudad 120 . La m ejora económico- social de la población se hace visible en el colectivo milit ar y comercial, pero no tanto en el caso de la inmigraci ón peninsular civil, que tras finalizar la guerra deja de m igrar a la ciudad norteafricana. Los datos de inmigración y del número de asentamientos c habolistas recogid os por Alarcón mu est ran una desaceleración del problema de la infravivienda para estos añ os. En la vertiente cultura de l a ciudad, estos año s presen tan un enriquecimiento d e la ciudad por la fu erte ap ertura al continente, as í como a la población pen insular. En este period o, l a apertura d e las puertas d e la ciud ad al rest o del c ontin ente (Protectorado), l a sup resión d el Penal de Ceuta (1912) y declaración de c iudad abierta (1910), cambian la identidad de c iudad: de presidio o plaza militar, a ciudad integrada y relacionada con su entorno. En esta época el límite fronterizo queda dilu ido por la continuidad del t erritorio de sobera nía española alrededor d e la ciudad . La permeabilidad d e es te l ímite, que las puertas de la ciu dad n o encierren el núcleo urban o, la línea de ferrocarril, la ampliación del puerto y el comercio; suponen un cambio drástico en la identidad de la frontera, un paso de la impermeabilid ad anterior -y actual- a la per meabilidad absoluta, a la liberación de los flujos sociales, culturales y económicos a través d el territori o. 119 ALARCÓN, J.A. (2006:14 9-150 ) 120 Existe un claro ind icador en l a poblac ión y en este caso, los dat os recogidos po r el INE, d eterm inan que en las últimas d écadas de Protect orado (1930-196 0) se pro duce un incremento de 25. 000 per sonas en el cen so de la ciuda d. Aunqu e acrecentó también e l prob lema de la infra vivienda en l a c iudad como ya hemos expli cad o con anterio ridad. Dat os de pobl ación recogidos en el In stit uto N aciona l de Estadística pa ra la p obl ación de Ceuta. 67 Fig. 36 Puerto d e Ceuta y Monte Hacho | GLON, R. (1960 ) 1956-1978, Del fin del Protectorado a la democracia. Avanzando hasta el periodo entre 1956 y 1978, en la segunda mitad del r égi men franquista, se tiene constancia de una estabilidad de mográfica q ue rompe con el c ontinuo crecimiento experimentado en perio dos ante riores y la prosperid ad económica que la acompañab a pierde fuerza. No ob stante, sigue siendo superior al rest o del t erritorio nacional, pero localizada en las familias comerciantes y empresarios en vez de en trabajadores 121 . La pros peridad económica se centra en el come r cio y el puerto. Al se r un Puert o Franco, el comercio se beneficia d e m ejoras fiscales con r especto al r esto d el territorio n acional. Por ot ra parte, se produce por la intensa presencia militar que se m antuvo en los años siguien tes a l fin del Protectorado. Esto anima y dinamiza el comerci o interior de la ciudad. Aunque se produce en 1956, con un repliegue general de las fuerzas armadas , y la mayoría de esta población re torna a la península, en Ceuta seg uirá existiendo una gran presencia militar. No hay que olvidar que la problemática de la infraviviend a originada en la s primera s décadas de siglo no esta rá erradicada en esta etap a, no obst ante, será el ciclo de mayor intervencionism o de la a dministración en ese tema con la creación de viviend a soc ial e n nuevas áreas urbanas que configuraron l os nuevos barrios obreros y populares de Ceuta (Lo s Rosales 1970- Terrones 1968, Junta de Obras del Puerto), así como los parques residenciales militares. En este periodo, el límite entre España y Marruecos s e puede considerar anecdótico, puesto que n o existía el im portante flujo m igratorio que v endría después, ni la n ecesidad de 121 Entre 1968-1969 s e tien e constanc ia de u na rece sión pob lacion al en sintoní a con el desar ro llo de l a economía esp añola y entre 19 75-19 76 por t ension es con M arruecos coinc idi endo co n la "Mar cha Verde" (SOD DU, P. 200 2:24 ). La curva de d esarrollo econó mico e s ascenden te en el conj unto d el periodo, p ero el fina l del Prot ectorad o t erminó con una im por tante ac tividad y ya n o sirve de efecto llamada pa ra los ha bitant es peninsulare s de Anda lucía mer i dional. Se produc e un estanc amiento poblac ional que se t radu ce co mo emigración de la ciudad ( de los antig uos inmigr ant es anda luces) compensada po r la na talidad y la inmigración marr oquí. 68 regular el paso de mercancías, y a que el m atute en el c omercio local estaba orientado hacia la península en este periodo. En es ta época el desarroll o del norte de Marruecos se enc ontraba estancado tras el int ervencionism o del Protectorad o 122 y la focalización de la inversi ón económica en la zona sur del país. La industria que permanecía en las antiguas áreas francesas del protectorado y la invasión del Sahara Occidental (1975) situado en el estratégico litoral africano fuer on l os principales fo cos de desarrollo marroquí en esta et apa. Estos condicionantes promovieron el paso de personas a través de la frontera en un flujo m igratori o de trabajadores itinerante , peregrinos que iban desde po blaciones en el norte marroquí a Ceuta para t rabajar diariamente o para periodos de tiempo -cortos, estacionales o has ta jubilarse en la ciudad autónoma-. La s eparación entre países apenas t enía regulación y autóctonos ceutíes, marroquíes e historiadores de Ceuta, recuerdan como los trabajadores , principalmente mujeres, podían llegar por la frontera o "po r e l c ampo", expresión que hacía referencia al paso irregular por el vallado de apen as un metro en algunas zonas cuando perdían o les caducab a el permis o de trabajo. Esta época se des tacará por este último aspecto, el intento de regularización de magrebíes en Ceuta para t rabajar 12 3 . La sit uación viene heredada d e la presencia marroquí para comercio o trabaj o en la c iudad de épocas anteriores y un control laxo por parte de las autoridades que, hasta f inalizar el pr otector ado, no c ont rolaban el paso de la poblaci ón magrebí, sien do esta una importante fuerza de trabajo para la ciudad. Se em pieza a regular la sit uación de trabajadores con perman en cia en sus estancias 124 y los de actividad- m ovilidad diaria. El incremento poblacional en el censo a l incorporar e ste sector fue drástico. Al día si guiente de la aparición del decreto de la "t arjeta de estadística" hubo un t otal de 7.226 musulmanes censados. La permeabilid ad front eriza en este periodo no estaba completa mente regulada, pues ex iste un flujo continuo de filtraciones a trav és de la misma por necesidad es de ambo s lados: t rabajo, mano de obra o recursos. Est a p ermeabilidad es posible debid o al n ú mero de inmigrantes y a la posibilidad, en última instancia, de su devolución al r eino alauí. No se había producido aún el tipo de inmigración, de o rigen s ubsa hariano principalmente , qu e aume ntó la presión migratoria en la década de 1990 y o bligará a las autoridades a crear un límite m ucho más hermético para la ciud ad. 122 Se reducen drásti cament e las c omunicacione s ent re Ceuta y el resto de p obla ciones del no rte de Marruecos, ent re ot ros por el cierre d e la l ínea de fe rrocarril Ceut a-Tetuán en Jul io de 19 5 8. No ticia de ABC, 1/0 7/1978. 123 10 de Abril de 1958 se cr ea la "tarjeta estadí stica" por decr eto l ey de la admini stración G eneral, aceptada por E spaña y Marruecos -limitada a la s ciudades de Ceuta y Melilla en d erecho s- con el fin d e tener un c ontrol d e la p obla ción venida de M arru ecos y su a sentamient o en las ciudade s. (SODDU, P. 2002:26). 124 Se están empezand o a jub ilar, en las pri meras década s de s. XXI, los t rab ajadores que i nicia ron estos proceso s de regulariza ción labor al con más de 40 años de tr abajo en l a ciuda d. H acer notar q ue los traba jadores tenía n sus hijos en las ciud ades y figur an en lo s padron es españoles pa ra así, en el futur o, obtener la nacion alida d española (SODDU, P. 200 2:31- 33 y 3 5-38. Lo s trab ajador es que se a dscribieron a esta regula ción desde el 58 fu eron regulariza ndo su situac ió n, y la d e sus familias, como r esident es de Ceuta hasta la llegada de la ley de ex tranjería d e 1985 y los pr ocesos d e regulación de 19 86 excepcional es para C eut a y Melilla qu e realizó la admini stra ción del estado. 69 Fig. 37 Obras en el va llado fron teriz o | E l País (2005) 1978-2015, De la imp lantación de la democracia hasta la actual idad. El actual límite ha su frido, c omo se ha v isto en la descripción de l os compon entes de la frontera, una se rie de modificaciones en su historia reciente. Considera mos historia rec iente el espacio temporal en el que el régimen político a ambos lados de la fr ontera ha sido es table, esto es, desde 1978 con la llegada de la democracia a España. En este tiempo, la situación y recorrido de la frontera se ha mantenido respect o al periodo an terior. No obstante, el desarrollo econ ómico de la ciudad ha cambiado considerablem ente. Al comienzo de este period o, y con la incorporación a la Unión Europea, la ciudad entró en una p rofunda recesión ec onómica al perder p arte d e las ventajas fi scales qu e promovían el comercio en la ciudad 12 5 . Se c ompletan las obras para mejora de la alambrada y la localizaci ón de lo s pas os fronterizos en sus extremos, con los hitos referidos anteriormente a la entr ada en vigor del t ratado de Schen gen (1995) y la aper tura del CETI (2000). Esta mejora respo nde a los flujos migratori os que se orientaban al acceso a Europ a y s e resume en la mejora cualitativa del vallado fronterizo y la localización de dependencia s que sean capaces de gestionar el flujo de personas a trav és de la fr ontera. Al flujo de inmigrantes con voluntad de llegar a Europa se une un proceso de regularización de extranjer os, principalm ente marroquíes, que se enc ontraban en territorio es pañol 12 6 . En 1985 la recesión tras la inc orporación a la UE s e encuentra en un punto má ximo, con la pérdid a de gr an parte del com erci o hacia el exterior d e la ciudad . La ley de extranjería, a sí c omo el crecimiento de fluj os m igratorios de la décad a d e 1990, supu so un cierre soci al y t erritorial 125 Principalmente la ac ti vidad c omercial en la ciud ad d espués del Pr otectorad o se ba só en el comercio a través del e strecho de p rodu ct os de import ación (licor es o qu esos) o produ ctos electróni cos que no podían c omercializar se con E spañ a. E sto generó u n comerci o primero c on España , q ue estaba cerran do sus frontera s a pro ductos de este tipo, y po sterior mente co n P ortugal, en pleno d esarrollo económi co y como su stituto c uando el nivel de apertura de E spaña y el poder a dqui sitivo de la pob lación, les permiti eron adqu irir los pr oduc tos sin q ue vinies en por est os cana les irregular es del mat ute. E ntrevista al Archivero d e la ciudad, José L . Gómez Barceló (2013 ). 126 Ley Orgánica 7/198 5, de 1 de j ulio, sobre d erechos y liberta des de lo s extr anjero s en Españ a. 70 frente a los inmigrantes llegados de más allá de una frontera ahora c ada vez más im permeable frente al paso d e personas. Existe una tendencia en las últimas dos déc adas que acompaña a la impermeabi lización de la frontera fr ente a la in migración , est a es: la mejora para actividades económicas en la frontera. Esta s o peraciones, ad emás del r eacondicion amiento d el vallado, consistieron en la mejora d e las instalaciones fro nterizas p ara el paso de personas y el comerci o entre países. Esta última tend encia se r elaciona con la reorientación del comercio en la ciudad haci a Marruecos y es la responsab le del p aso fr onterizo d el Biutz, dentr o del mismo p olígono del Tarajal. De igual modo e s parte cen tral de la problemática del paso fronterizo : colapsos del flujo de individuos, enfrenta mientos ent re usuari os y f uerzas de s eguridad, etc. Las propuestas que se vienen realizan do en la última década: ampliación del paso del Tarajal (2014-?), obra de mejora de inst alaci ones del lado m agreb í (2013-2014) o la reapertura del paso de Benzú- Beliones (2012-20 14) visibilizan la importancia d e estos elementos fronteriz os para la ciudad. En conjunto, en el análisi s de la población de Ceuta se determinan dific ult ades sociale s serias: altos índices de desempleo (cifra m áxima de paro en 2014 del 28% en p oblación activa entre 25-54 años), aband ono tempran o de la educación (22%), desemple o juvenil (31% ocupación 15-24 añ os) y un gran porcentaje d e población acti va no cualifica da según las últimas encuestas registrad as en el INE. A esto se unen importantes flujos mig ratorios que incorpora p oblación c on p robl emáticas p ropias y las relaci ones ec onómicas t ransf ronterizas: crecimiento de comercio y trabajadores transfronterizos con el país vecino. Este t ripl e condicionamiento establece un esc enario en el que se llevan al extremo l o impermeable y permeable a la vez, una ambiv alencia antitética que ge nera conf lictos socioespaciales y es determinante para la co mprensión d e una ciudad histórica mente vinculada a su condición de frontera. En otras palabras, la situación lím ite de gran parte de la población se enc uentra frente a frente con la de los inmigrantes en un marco donde la economía de la ciudad depende en gran medid a de la apertur a de la misma. En este sentido, y com o estudia An a I Planet (1998), se presenta un marco polític o complejo con nuevos grupos sociales incorporados como consecuencia de la ap licación de la Ley de Extranjería de 1985 , que su ma un imp ortante s ector de la población a la vi da polít ica de la ciudad, afectando al reparto social, así c omo igualand o el reconocimiento de derechos y deberes. Igualmen te, la ciudad , se ve afectada p or una política intern acional d e plena integración de España en la UE y lo que ello supuso para C euta como borde del t erritori o europeo en contacto terrestre con el rest o de África. Todo est o hará que esta eta pa m arque un vuelco, un a reorien tación integral en ámbitos como la econ omía y la política local. La población acompaña igualmente est a transición, pasando de una situación límite por la economía interna de la c iud ad que tenía un escenari o común c on un Norte de Marruecos en depresión y marginado, a un nuevo es cenario de prosperidad económica relati va, apoyándose en la nuev a dirección del flujo comercial, que no ha alcanzad o a un im portante sector de la población d e la c iudad y con un crecimiento económico generalizado en Marruecos, con una visible mejora en la calidad de v ida del Norte de Marruecos al inc orpo rarl o en las dinámicas de inversión naci onales; con la conflictivid ad fronteriza de fo ndo -flujos s ociales y ec onómicos- para cualquier relaci ón entre estad os. 71 Fig. 38 Plano de Ceuta | Biblioteca de la Univers idad Hebrea de Je rusalén (1727) 2. Frontera contemporánea. La pi el de la "ysla". "…biene a ser como ysla formada de altos montes , y en ella tienen fabricadas munchas cas as de recreación, jardines y ermitas" Descripción geográfica de Ceuta, Almina y Puerto del Rey . Anónimo, 1600 Las m urallas de la ci udad que rodean a "la ciudad v ieja" desde la época islámica, la ampliación de estas hasta la t riple línea d efensiva que conforma hoy el r ecinto históric o monumental de las Mu ralla s Reales, la segun da líne a trazad a con baterías, f u ertes y demás elementos defen sivos h asta la línea de Jadú hacia finales del s. XVIII o el sistema de fuertes y cuarteles que se establecieron en la segunda m itad del s. XIX; fueron pieles qu e cubrieron la ciudad for tificada: plaz a m ilitar y pu nto estr atégico d el m editerráneo. La última línea militarmente defensiva de fuertes , funci onales hasta principios de s. XX con la llegada del Protectorado, se solapa co n la valla fronteriza genera ndo un paisaje propicio par a comenzar a estudiar en profun didad el límite fronte rizo. La frontera actual se singu lariza en los extrem os, con lo s dos pasos fronterizos, y se hac e monótona y continua en todo su desarrollo inter medio. El cuerpo intermedi o recorre las estribaciones montañosa s indiferenciadamente c on pequeñas modificaciones en su composición básica -incorporando sis temas de de control y vig ilancia-. Esta indiferencia del tratamiento es pacial del límite es constante e n el entendimiento moderno de la fro ntera, como trascripción material del límite g eopolítico determinad o c artográfica mente. La línea divisoria entre los dos estados está determinada, pero las referencias histórica s fro nterizas anteriores que cohabitan con aquella, marcan la diferencia de la concepción del espaci o fronterizo que estud iamos. Hemos analizado las es tructura s territoriales que s e ex tienden del lado españ ol, así como sus c ontextos geográfic os, históricos y so ciales. Al tratarse de un entorno de conflicto, sabemos que al otro lado -el opuesto al que se enfrenta la front era- se presentan es tructuras similares d e defe nsa del te rritorio - con diferencias e n la tradición milit ar y oc upación de un 72 territorio no urbano-. Alg o que se comprueba c on las ampliaci ones del lími te fronterizo español y la captura de construcciones como el fuerte Serrallo, perten eciente al jefe milit ar del ejército marroquí en la frontera. Se en frentan u na serie d e estructuras históricas, pri ncipalmente m ilitares, cuyo co mplejo trasfondo histórico-social y socio-espacial queda borrado frente a la deter minación y unidimensionalidad de la valla como límite y separaci ón entre los estado s vecinos. Un v allad o fronterizo que lim ita la relación entre los territorios contiguos a un punto de paso situado y determinado en su e xtremo sur, negand o cualquier otr a relación espacial y coar tan do lo s flujos migratorios emergentes con el control policial. Este enfoque choca tanto con la realidad contemporánea de la ciu dad, como con las capas que se sedimentan en el territorio del devenir histórico de Ceuta y su entorno. El entorno del e studio de caso lo r odea de relacione s comerciales, labo rales, fa miliares, culturales, religiosas… en definitiva, relaciones a tr avés del territorio para los asentamientos v ec inos que los influ encian. Esto qu eda enfrentado a l significado del límite fro nterizo actual, el vallado. Tanto la ciudad como su entorno, tendrán su sentido e identidad relacionados ínti mamente con la vecindad mutua y lo que est a ha representado a lo largo del territorio en su histo ria. Si nos planteamos la concepción del estado nación clásica, difundida en la modernidad, y principalmente en el s . XX, hoy po dría mos est abl ecer que el vallado fronterizo es un límite adecuado a la territorialid ad definida por la so beranía de dos estados en partes determinadas de un t erritorio cont inu o, con la definición de su población y del poder sobre esta y el territorio, por parte del g obierno. Igualmen te, los pun tos de control fronteriz o que se determinan r espond en a las necesidades de regular, por parte de cada na ción, los fluj os que alimentan -desde un exterior -de per sonas y cosas su ámbito te rri torial. Este modelo qued a en crisis -c omo han revisado invest igad ores c ontemporá neos de la postmodernida d 12 7 - al quedar sobrepasado por fenó menos d e globalidad como las soc iedad es transnaci onales, que afectan más allá de las fronteras y las naciones que las delimita n. Hoy día, organism os intern acionales, ONGs, industrias des-localizad as, est ados imperio, mercad o mundial, confor man una larga lista de entidades que afectan al modo d e comprender la soberanía y condicionan nuev as for mas de organizar el territori o y a las s ociedades adscritos a e llos 128 . En plena "superación " de la m odernidad -superar como rebasar, exceder un límite-, se mantienen mod elos de división estatal es que, igualmente superados, separan los territorios con el ementos c asi sin espesor m aterial como son los actuales v allad os fronterizos. El m odel o de estado nación, fru to de las negociaciones que condujeron a la Paz de Westfalia (1648), que tarda casi tres siglo s en completar su defin ición en el c ontinente europeo mediante suce sivo s enfrentamientos t erritoriales, empieza a sufrir un desgaste progresiv o desde mediados del s. XX. Algo que se considera en la actualidad como un agot a miento prop io del modelo, 127 Algunos autores a menciona r por tenerlos en cuent a en este text o pu eden ser: Do reen Ma ssey, Richard Sennett, E dward W . Soja , Ulrich Oslend er o M arc A ugé, a un cuand o la po stmodernid ad y l a crisis del estado nación pue de s er estudia do a través de ot ros mu cho s. Pero un d ato a t ener en cue nta es la de informe s desde final es de l a década de 1990 t ratado s en la UNESCO en torno al tema e n c uestión (FRANÇAIS, A. 2000 ). 128 Interesante a e ste respe cto e l estudio de Ulri ch Oslender sobr e cómo afe ctan en tidades transna cionales a las p oblacio nes locali stas del Pac ifico Colo mbiano y su concepto de "e spacialida d d e resistencia ". Si bien el t exto m uestra u n a nálisis de la r esiste ncia a nte las fuerza s transnac i onales globaliza ntes y neolibera l es, el pro pio estudi o de caso e s una muest ra de l a potenci a de est as sobre l as sociedade s. (OSLEN DER, U. 20 02) 73 consecuencia de la creciente incapacidad par a responder a una realidad que lo v a superand o en campos como la economía, la comunicación o la p olítica. Con el e scenario global de fondo y la p ostmodern idad que pres enta t ransf ormaciones en los mo dos de v ida conte mporáneos, nos será necesar io hacer una aproximación a la reali dad desde el modelo m odern o, pero con las sal v edades que han si d o presentad as por los investigadores. L a apert ura de ho rizon tes teóricos que significa esta complejidad contemporánea, d e un mu ndo globalizad o y de la sobre-modernidad , requie re de nu evos modelos (políticos, económicos y sociales) que hibriden aquellos otro s que tengan representatividad real c ontemp oránea, ya sea tanto e n lo globalizant e como en l o localista. En este sentid o p odem os repasar textos de teóric os autod enominados radicales como Edward Soja o bell hooks 1 29 , am bos , desd e la geografía o la sociología, detec tan un c orte, una fisura en la modernidad desde un t ercer punto de vista, o bviad o por el modelo consolidado hasta mitad del siglo XX. "Como punto de vista radic al, la perspectiva, la posic ión, la política de la localiz ación, necesariamente llama a identific ar los es pacios en los que empezamos el proceso de re-visión por parte de aquellos de nosotros que participamos en la formac ión de una práctica cultural contrah egemónica " (HOOKS, B. 1990:14 5) "La cultura postmoderna con su sujeto d escentrado puede ser el espacio donde se r ompan las a taduras o que pueda proporcionar la oportunidad para nuevas y variadas formas de vinculación. " (SOJA, E. 1999: 267) El encaje del modelo de estado nación válido desde los inicios del proceso de globalización emprendid o por la modernidad -que definió el límite de nuestro estudio de caso- y la superposición de los plan os y pr oc esos h istóricos en la fr ontera, servirán d e aproximación a esta hibridación, esta m ira da revisionista sobre el límite internacional geopolítico. Todo esto pretende ser un acercamiento a la determinación real del lí mite contemplando su complejidad. La época de la exp licación q ue sup uso la mo dernidad 1 30 puede h oy estar sirviendo de base para la com prensión de la complejid ad, entre ot ros, del terr itorio fronteriz o contemporáneo postm odern o, pero tenien do en cuenta la "re-visión" que s up onen nuevos 129 Gloria Jean Watkin s (1952 ), e scritora y activi sta femini sta aut odeno minada bell h ooks, e n minú sculas. 130 Peter Sloterdijk no s habla d e u na c ondi ción primera del h ombre qu e la mod ernidad transfor ma p ara siempre con l a explic itación. Según el au tor "E l ser-en-el -mundo hu mano medio h abía sido ha sta entonc es un ser-en-el -air e, o más exa ctam ente un ser-en-lo-re spirable" ( SLOTER DIJK, P. 2006:103) . Sin embargo, e sta condi ción c ambia p ara el filósofo a lemán en la Primera Guerra M und ial y en c ómo las tácticas milit are s incorpo ran la guerra d e gas o "El mode lo atmoterrori sta", explicit ando las cond iciones de vida n ecesaria s para el h ombre y mani pul ándolas y suprimiéndo las en dichos at aques. Este será el primer paso de una ex plicitac ión del mund o qu e vendrá d e la mano d e la mo dernidad y Slot erdijk relat a princ ipalmente a tra vés de lo atmosféric o. La expli cación m oderna como el despliegu e r acional científico -técnico s erá u na referenc ia recur rente qu e sirve de anda miaje al ale mán en su teoría de las esferas, per o será en el texto: "B. Const rucción celular, egos feras, aut oconta iner" (SLO TER DIJK, P. 2006:432) do nde ana liza en p rofun dida d la tipo logía del a partamento mod erno, en laza ndo su ejecución a tra vés de estándare s sanitar ios, míni mos e spacial es de exi stencia o sistema s de inmun idad , con la explicitación d e las c ondic iones de vida (moderna ). El apa rt amento q ueda c omo la mater ializa ción arquetípic a de la teoría mode rna de la explic ación. 80 Dentro del im aginari o c omún , al ot ro lado de la frontera está el Otro, que no es el Yo con el que s e identifica e l ho mbre en el par ontológico -Yo/Otro- que estudia Boll n ow 139 en torno al espacio propi o y el extraño, el e xtranjero: "Mas con los conceptos de 'lontanan za' (Ferne) y de 'extranjero' (Fremde ) penetramos en esfer as bien diferentes. Aunqu e los términos signifiqu en etimológicamente lo mismo, se han diferenciado en dos sentidos muy dist intos: la antitesis de extranjero (di e Fremde) es lo conocido y familiar, en general 'lo propio'. Así, pues, lo propio y lo extranjero se contraponen. Hay person as extr anje ras, usos y costu mbres e xtranjero s, países extranjeros, etc. Fremd ('extraño, ex tranje ro, forastero, desconocido, ajeno', etc.) es s iempre 'lo otro' , lo que s e opone al propio modo de s er, lo que nos intranquiliz a y alter a nuestra propia seguridad" ( BOLLNO W, F. 1969:89) La población, a ambos lados de la frontera, se identifica a un Yo que se enfrenta al es paci o de un Otro más allá del horizonte. En este contexto, el horizonte es m ás que una conc epción de percepción subjetiva y móvil y queda determinado materialmente por la f ro ntera en sí, que define el mi smo sentimiento d e pertenencia y extrañamiento q ue generaba para B ollnow la región frente al horiz onte del paisaje -la dicot omía dentro/fuera- 140 . Se presentan murallas, trincheras, fuertes y fortines al i gual que un v allado, para separar y marc ar lo que es propio y ajeno. Habrá interés por la s oberanía territorial, p ero igualmente hay un dist anciamiento qu e pretende la protecci ón frente a algo más allá de l o físico, este distancia miento te ndrá múltiples dimensiones y, entre ellas, la ge neración de un sentimiento de perten encia asociado en la población. De esta manera podemos apreciar que más allá de la soberanía territorial o social existen otr as capas que cond icionaron y condicionan el es pacio fronterizo y que se des vela n desde el pensamiento crítico socioespacial al que hacía mos referencia con anterioridad. El interés por t raer al frente e stas capas viene marcado por procesos socioe spac iales que cada día tienen mayor rele vancia en la p olítica y la geografí a. El límite se mu estra fí sicamente c omo el v allado fronterizo, este se pres enta como elemento continuo, reforz ado por las trazas defensivas y de s eparación anteriores: fuertes , vallados, etc. L a potencia sensorial, principal mente v isual, de la continu idad espacial del territorio puede empequeñecer la capacidad de segregación de este v allado fron terizo liviano, traslucido y casi sin materia. Per o la repre sentativid ad qu e lleva as ociada, heredada de un a larga t radici ón de lí mites y fronteras, cul mina técnica mente en el concepto de estado nació n como l a esci sión a bsoluta , el abismo. Una separación g enerada desde lo político y los 139 BOLLNOW, O.F. (19 69:8 9 y ss .) 140 En el mismo sentido qu e el Bollnow define el espacio pr opio : "El mod o como p osee mos un espacio propio d e manera viva lo c alificamos de 'habit ar' […] el ho m bre ha bita (be wohnt ) el espac io que le pertenec e o habi ta (wohnt ) en su espacio" (BOLLNO W, F. 1969:25 3); se puede ext rapolar desde el propio c uerpo-Yo hast a la pro pia región o na ción. E sto lo h ará a través de do s reflex iones, u na sobre el Yo y el ha bitar: "el ho mbr e o el yo ha bi tan en el cuerpo, en l a casa, en las co sas, en el mu ndo, en el espacio y el tie mpo" (BOLLNO W, F. 1969:2 49); y otra segun da sobr e la sucesión d el habit ar: "exi ste una sucesión gradu al de mo radas: Huevo, ni do, casa pa tria, un iverso". Cambiand o po siciones con más allá , con el espacio exterior y extra ño p ertenecient e al Ot ro, ta mbién p uede extrapol arse el h abitar ( tener- poseer) desd e el indi viduo-Ot ro h asta su región y su nación . Finalment e, e ste siste ma Yo-Otr o es de ida y vuelta, enfrent ando un par de espacio s propios, deter min ados y segregado s en el espac io po r el elemento fro nterizo. 81 organismos de poder so cial y cultural que hace fuertes diferencias y distanciami entos (representación d e las dif erencias culturale s, econ ómicas y políticas) frente a las relac iones, intercambios y acerca mientos que históricamente se han apoyado en el contacto fronterizo. En este s entido L uis Gil recoge que "hay q ue añadir [a la fr ontera] necesari amente el de barrera o membrana que permite e l fenómen o de ósmosis y enriquecimiento interior a t ravés de lo extranjero" (GIL, L. 2001:3). El imaginario de esta frontera recoge e incorpora elementos que hacen diferencias, que distancian (religión, cultura, iden tidad nacional, organización social, etc.), pero fren te a la divergencia, existe un es pacio de convivencia que tiende numeroso s puentes de relación en este espacio aparentemente inh óspito. Ya sean aspecto s ec onómicos, culturales, re ligiosos o incl uso c onflictos ar mados, hay un c onjunto de experiencias locales que no ti ene en cuenta la frontera geo política c om o separación absoluta entre estados establecida internacionalmente. La tensión entre la separación y el acercamiento, según Gil Pita, definen la naturaleza de la frontera: "la naturalez a de la frontera ha asu mido como característica intrínseca la de ser ár ea de peligro, espac i o de ins eg uridad […] l o cual supone un const ante reequilibrio de las fu e rzas q ue s obre ella actú an" 1 41 , en m edio de esta ten sión s e define un espacio que se opone al t ránsito, y a que hay qu e "vadear, bordear, salt a r, atravesar y penetrar" 142 , como describe el autor. La frontera com o límite q ue separa dos territ orios con soberanías diferente s - sobre el espacio y lo social- es un caso de doble afirmación con la que am bos estados s e reafirman e n sus po siciones como pro pias marcando una diferencia con el Ot ro. Se def ine un Yo en contraposición con un Otro que permi te la autoafirmación desde el es tado soberano, y se establece lo que es ajeno como aquello que no definimos c omo propio. En esta afirmac ión del Yo y de lo pro pio participarán los habit antes de a mbos lados haci end o que se consolide la separación por diferen cia a través de la pertenencia a la nación. Bollnow establece que l a relación con el Ot ro t rae co nsigo el conflicto como base 1 43 . El Yo desea protegerse del Otro y pro teger lo propio de él , puesto que al cons iderar lo propio como extensión m isma de su c uerpo y de su perten encia, la perm anencia de un ex traño -reconocido como Ot ro-, re presen ta una agresi ón hacia la esfera del individuo y/o la sociedad . En esta línea de pensamiento influye la conc epción del anhelo en el horiz onte 144 , del d eseo por lo que está más allá que rescata de Van Peursen. "extender el campo de despliegue espacial para el hombre y limitarlo simultáneamen te. "El hori zonte -dice- designa el lí mite que el homb re no pu ede alcanzar, per o igualmente el campo en que el hombre […] se despliega mediante su mirada, por sus dese os" (Van Peursen, "L'horizont", p. 208) Y acen túa especialmente el "dob le a specto del horizonte", de "ser inalcanz able y espacio para avanz ar " (VAN PEURSEN , 1975:208) 145 Igualmente hace una relación que enlaza el espacio libre que rodea al ho mbre con lo propio del espacio de la casa , el es pacio libre propio. 141 GIL, L. (2001:3) 142 GIL, L. (2001:2) 143 BOLLNOW, O.F.(19 69: 89 y ss.) 144 BOLLNOW, O.F.(19 69: 81 y ss.) 145 BOLLNOW, O.F.(19 69: 75) 82 "Mas el espacio que se despliega hast a el infinito, ¿cómo pu ed e procurar t al sensación de a mpar o? Esto indica que el espacio experimentado concreta men te, en que vivimos, n o posee en absoluto el carácte r de infini tud, s ino siempre el de un cobijan te es pacio interior o hueco, que es precisamente el car ácter que nos habíamos encontr ado en la cosmovisión mít ica e in clu so en el concepto de espacio de la Antigüedad. Es te espa cio es efectiva mente un e spacio hueco ampliado, una casa en mayor escala, de modo que los rasgos esenciales del habitar que habíamos concluido a partir de la casa, también los podemos aplicas a este espacio mundano. Así, pues, existe una s ucesión gradua l de mo r adas: "Huevo, nido, casa, patria, uni verso"." (BACHE LARD,G. 1957: 119) Hace referencia directa a la agresión inter nacion al y la soberanía terr itorial cuand o trata la extensión del cuerp o propio a la casa como espaci o agr edido por un extraño. "Habitan do en su casa, es tá presente e n ella de mo do inmediato y se siente casi físicamente he rido cuando un ext raño penetra contra su voluntad en su esfera. M as est e es pacio p ropio es más ampl io y se refiere, aunque de forma matizada , a todo espacio poseído por el hombre. Así se iden tifica el labrador con su campo, y su enojo porque se pise sin su permiso su t erreno no se debe a l a preocupaci ón de un posible per juicio material al pisa r el cereal, sino que se deri va directamen te d e su oposición fre nte a la p enetración en "su" espaci o, pu es cuando éste es pisado se siente él m ismo aludido y ofendido. Algo anál ogo acontece con el temor con que se defiende un Est ado contra la violación de su territorio de soberanía. Por un a transg resión, e n sí mis ma, de la frontera s e siente é l mis mo atacado en su honor." (BOLLNOW, O.F. 1969:259) . La presencia del Otro en el es paci o considerado como propio trae el conflicto por considerarlo una agresión, per o de igual m odo se tie ne el anhelo por lo que hay más allá. E l Otro tendrá estos senti mientos y anhelos respecto a l Yo, in virtiendo el sistema, y tendrá la necesidad de pro teger su pro pio espacio y desear llegar más all á de l horizonte. De ntro de un sistema Yo/Otro, intentan pro tegerse del contrario , proteger el espacio que con sideran com o propio extendido desde su cuerpo e identificado e n la patria -y la región- así como anhelan el lugar más allá del horiz onte, identificado como la patria perdida, con una serie de sueños proyectados más allá del horizonte como idealización. El c onstante fluj o de individu os en esta frontera permeable entr e los est ados vecinos, desarrolla en los habitantes la co nvivencia con un sec tor demográfico itinerante para la c iudad y ajeno -lo c ual suced e en la dirección opuesta en menor medida y predominantemente temporal-. El trasfondo del pensamiento conservad or frente a la llegada de Otros, hacia la conservación de lo que uno tiene como propio frente a la amenaza de que Ot ro se lo "arrebate", está relaciona do con el cuerpo central del "termotopo " descrito por Sloterdijk r esp ecto a la sociedad del r eparto de con fort 146 . "Los seres human os no están en casa en una ti erra o en un pa ís, sino e n u n confort. 146 SLOTERDIJK, P. (20 06:3 05-31 1.) 83 Uno de los motivos de la vida aislada en grupos consiste en cómo un grupo exitoso se procu r a y reparte internamente una ganan cia en bienestar. N o obstante: sólo se es consc iente tardía mente de que esa g ananc ia no es tant o el efecto del lugar en el que se efectúa el r eparto, cuanto que es el efecto del r eparto el que n os hace valorar el lugar. Entret anto hay que escuchar muchos absurdos: que hablan de naciones queridas, de ca mpos patrios a empapa r con la sangre impura de los extraños, del nomo s de la t ierra, del d erecho de los puesblos a s u propio Estado y del á rbol d e la libertad que hay que regar en cada generaci on c on la s angre de los patriotas. ¿No podría ser un patriota al guien que introdu ce confusión y desorden en los motivo s del apego al l ug ar propio?" (S LOTER DIJK 2006:305-30 6) Fig. 42 Porteadora en el Tarajal | HERE DIA, M. (2015) Este elemento fronterizo fun ciona como elemento de separación g eopolítica, pe ro el que se desarrollen flujos de indi vi duos o colectivos, qu e las relaciones económicas lo permeen y que no sirva como elemento efectivo de defensa al a taqu e entre estados, dan cuenta de u na dimensión diferent e. No se encarga de las invasiones neoliberales de comercio y consumo, no puede más que gestionar el flujo global izado m ediante aranceles, protocolos y demás herram ienta s burocráticas par a el libre m ercado imperante. La materialización de es ta frontera no está preparada para un conflicto bélico, y a que fu e un s istema de val las y elemen t os de control proyectado en vistas al incremento de la presión migratoria de la década de 1990 . Se trata d e un elemento frágil ante los art efactos bélicos existentes, es una barrera al pas o y su función primera es el control del flujo de personas como muestran los informes que ha ido desarrollando la Unión Europea. L a s noticias muestran constantemente - c on u na progresión desde los inicios que acompaña al inc remento de la p resión migratoria- las eventualidades de filtrado, detención o repulsa de los individuos -y a sean marroquíes de paso legal o inmigr antes 84 ilegales: m arr oquíes o subsah arianos, pero con énfasis a este último colectivo- ocurridos en l a frontera de Ceuta, así como la de Me lilla. Toda la tensión que se genera por la presión m igratoria no sólo afectará al pun to d e paso objetivo, como es el caso de la ciudad de C euta en su papel de puerta de Europa, sino también a los individuos participa ntes en itinerari os m igratorios : c eutíes, marroquíes e inc luso los originarios de o tras naciones involucradas como Kenia o Argelia; esto tend rá su reperc usión en la i nterpretación de est e elemento, así c omo su representatividad . Podríamos considerar qu e la influencia de es te eleme nto es alt a en el com porta miento de la población de ambos lados y en la c onvivencia entre ambos. Los individuos que c onforman los fluj os migratori os: subsaharian os o marroq uíes, l os trabajad ores diarios o t rabajador es peregrinos y l os ciudadanos ceutíes afectados p or la condición de la ciudad como punto de paso hacia Europa; conforman grupos relacion ados íntimam ente con la front era contemporánea. Po r ello se presenta la gestión de individuos como la función básica que tiene hoy la frontera, convirtiéndose en un elemento biopolí tico. 2.2 La Biopolítica co mo con trol de la pobla c ión. El con trol sobre el t erritorio sigue s iend o parte fundamental en las po lí ticas de nuestro estudio de caso, p ero la marcada diferencia entre los lados de la frontera no qu eda reducida a la soberanía territ orial. Marcar la di ferencia hace que desde cada l ado se identifiquen lo s rol es Yo-Otro que hem os visto. Para el individuo ser-en-lo-pr opio lo hace consciente de est ar dentro y, por o posición, el O tr o está fuera . La conciencia de un ex traño-al-otro- lado se refuerza con el conjunto front erizo que n o solo separa el territorio y determina un horiz onte artificial, sin o que también control a el flujo a trav és del territorio. El control que po demos apreciar en la frontera desde lo fís ico sería el de bienes y pers onas. No obstante, ex iste otra re gulación que parte de la id e a del Yo y el Ot ro. Desde Mar ruecos se reclama el territorio desde 19 80 oficialmente a través de los canales diplomá ticos, el estado marroquí reivi ndica el t erritori o como parte componen te de su terr itori o y a lo s ciudadanos de Ceuta los considera magreb íes hasta el punto de permitir y promover la doble nacionalidad, ya que la española no la contemplan legítima. S e h a l legad o in cluso a declarar q ue en caso d e conflicto la totalidad de ciud adanos musulmanes de Ceuta defenderían los intereses del R eino de Marruecos. Inclu so un ex minis tro de Hasán II a firmó: "…quiero referirme al tema de la defensa de la españo lidad de Ceuta y Melilla po r los musulmanes-marroquí es de estas dos ciuda des… estoy seguro y convencido d e que en el caso hipo tético de qu e M arruecos de cida mov ilizar a los musulman es- marroquíes de Ceuta y Melilla, estos responderán en m asa al llamamiento de su Rey y de su patr ia salvo algún que otr o traidor y renegado de su patria y de su religión . A este puñ ado de r atones, Marr uecos no los neces i ta pa ra nad a." (GARCIA FLORES, D. 1999: 222). Este ex trañ amiento indu cido de aquello situado más allá de la frontera como extraño y ajeno a lo propio, es un a de las i mágenes que se mo vilizan desde autoridades y ó rganos d e poder que c entran su atención ahora m ás en la p obla ción que en el territori o y que podemos 85 entrever en esta declarac ión. El ex ministro manda el mensaje no solamen te de que el territorio es soberanía de M arruecos, sino que aquellos individuos m usul manes que se fueron a v i vir allí siguen siend o marroquíes e incluso se aventura a asegurar c omo deberán actuar estos individuo s. No recon oce la Ceuta europea. Apreciamos una m ezcla de sentimiento nacional, cultural, t erritorial y religioso. En esta declaración -que no es m ás que una entre muchas en un sentido u otro- se visibilizan nuevas condiciones de la relación ent re es tados. Esta declaración concreta es consecuencia de un importante flujo migratorio que se produjo desde los años del P rotectorado y que se fu e formalizando a partir d el fin del mismo, cuando el territorio queda ba segregad o geopolíticamente. La aparición de la figura de "tarjeta estadística" y otros inst rumentos de censo, genera un aume nto de la población magrebí en Ceuta y Melilla, así como de aquello s musulmanes nacidos en t erritorio español. El c alificat iv o de apátrida queda vinculado a estos individuos que d ejaron atrás M arruecos para viv ir en Ceuta. Pa ra ellos , la esperanza de una mejora en el nivel de vida 147 , r epresentaba una forma de progresar en un no rte de Marruecos ajeno a las principales inversiones en infraestru cturas del país, hecho que limit aba fuertemente el desarr ollo económico de la región, quedando ruraliz ado y empo brecido. Fig. 43 Poblado de los Moros de Or án en Murallas Reales | Archivo de la Ciudad de C euta (1850) Lejos de ser algo i nesper ado , ya venía pro duciénd o se esta " movilidad de oportunidad" desde el s. XIX c uando se tiene constancia de los primeros " Moros de paz" que pod ían acceder libremente duran te el día a las ciudades africanas de Ceuta y Melilla para el comercio y 147 SODDU, P. (2002: 32) 86 abastecimiento 148 . L a mejora laboral y económi ca formó parte del imagin ario colectivo de los potenciales emigrante s a lo s que enfrenta su declaraci ón el ex ministr o. La vinculaci ón de la r eligión con el esta do, la sobera nía que d esautoriza la existencia d el estado español o la consi deración de l os musu lmanes de Ceu ta com o marroqu íes configura una imagen de influencia sobre estado es pañol determinado como el O tro. Esta sugestión queda totalmente enmarcada dentro de las políticas globales que se utilizan desde la segund a mitad del s. XX. L as a menazas co ntra la liberta d, los opresores ex tranjeros, los inmigrantes que roban l as posibilidades y se aprovechan de los servicios, todas est as figuras mediat izadas y tópicas intentan configurar una relación entre el Yo y el Otro que no sol o se art ic ula respecto a lo territorial sino también respecto a la identidad s ociocultural. El estudio qu e realiza B olln ow sob re el espaci o pro pio y la a menaz a o la agr esión de un extraño; o la sociedad de confor t del "termotopo" de Sloterd ijk frente a la llegada d e inmigrantes con los que rep artir el confort que consideran como propio los autó ctonos. A mbas teorías, y a considerad as anteriormente, se v inculan al ideario c onservador, consid erando al extranjero como Otro que es ex traño en el es pacio propio, y so n parte fundamental de la relación entre Ceuta y su entorno magrebí, como p odemos apreciar en las declaracion es anteriores del ex minist r o o bien en las manifestacion es de c iudadanos de origen peninsular en Melilla en 1 986 contra las m edidas especiales que adoptó en las ciudades autónomas la ley de extranjería de 1985 para la regularización de musulmanes residentes en l a ciudad. Bajo el lema "Si a la Ley de Extranjería" se reclamaba la ap licación de una ley a fa vor de inmigrante s vinculados histórica y culturalmente a España como iberoamericanos, filipino s, or iginarios de Ecuador y Gibraltar, andorranos y sefardíes, condenando a la ilegalidad a los residente s musulmanes en Ceuta y Melilla 1 49 La m aterializaci ó n de la separ ación entre est ados en el vallado fronterizo hace que el flujo de individuos fuera de los canales regulados -el pas o fronterizo- sea considerad o una agr esión. La continuidad y ex plicitación de este límite, así como el imaginario colectivo de lo propio y lo extraño usa de referencia es te elemento y su derecho a segregar el espacio geopolíticamente . Incluso los medios político s y sociales que re claman el terreno de Ceuta como m arroquí y n o reconocen la legiti midad d e la soberanía española, no obvian la i magen y r epresentatividad inherente de elemento separador. De este modo, recono cen igual mente la imagen del elemento y consideran que el pas o a través de e ste sea representación de un acto de agr esión. La historia reciente del conjunto fronterizo , con la subid a de la intensidad migratoria a t ra vés del elemento desde la déc ada de 1990, hizo que Europa en conjunto tomara como agresión este flujo y subvencionara la mejora def ensiva frente al paso de individu os. El co ntrol regular que se hace de este elemento desde organismos europeos es t ambién mu estra de la representatividad d e este elem ento. El v asto mund o más allá del hori zonte de Bollnow 1 50 quedaba distorsionad o, como extraño y ajeno, como la image n misma del territorio a través de las alambrad as que le dan materialidad a la frontera. Esta metáfora sirve para visibilizar como el v al lado dilata la 148 SODDU, P. (2002: 24) 149 SODDU, P. (2002: 26) 150 BOLLNOW, O.F. (19 69:8 1 y ss .) 87 segregación y hace de filtro entre los habitant es de ambos lados 15 1 . La imagen del h orizonte, se configura c omo es e ento r no que nos rodea pero que nos es extraño, que atrae y repele a la vez. Es un lugar de incer tidu mbre c argad o con la imagen de una nac ión, una cultura y un pueblo. De este modo finalmente es un anhelo por algo más allá, algo ajeno a nos otros. Bollnow habla acerca de ese horizonte 152 , de cómo tenemos un anhelo, esperanzas de retorno puestas en él y , ha sta cierto punto, un t emor que, o bien nos impide ir hacia él, o representa un esfuerzo, una puesta en valor del sacr ificio por alcanzarl o. L a relac ió n que hace entre esta lej anía -más allá del ho rizonte que se retrae c onforme uno avanza- y el hom bre, la fundamenta en la figura del extranjer o 153 y la añoranza. De cómo este desarrolla fuera de su patria esta nostalgia por lo perdid o y como la m irada del hombre a la lejanía, al horiz onte móvil que nos acompaña, t iene parte de es ta nostalgia por algo perdido. "La añoranza del hogar y el ansia de le janía se aproximan tanto, que debemos preguntarnos si en el fondo no son una m isma cosa [… ] El anhelo d e partir a la lejanía es efe ctivamente el des eo de recobrar el origen perdido, en que la vida t odavía era autén t ica" 154 . En el caso de l a fron tera, como física: límite y separación entre d os países, o como s ocial: separación o distanciamiento ent re dos culturas; tendrá est a carga s i mbólica. Más allá qu e la separación finita de dos territorio s determinados y diferencia dos e n el espaci o, se trata de una imposición de abismo con una gran carga si mbólica. La fr ontera c omo elemento par a l a ge stión de individuos aparec e a t ravés de la representatividad y carga simbólica qu e lleva as ociad o este elemento fren te a su uso como defensa territorial. Cercad os, murallas, fortificaciones, puentes levadizos o baluartes han sido, entre ot ros, diferentes medios de def ensa t erritorial utilizados según las nec esidades y capacidades de diferentes épocas. El cercado de la frontera, sin em bargo, difícilmente puede considerarse un elemento de protecció n acorde con l as necesidades y capacidades bélicas de nuestra é poca. P or esto en parte ganará peso la primera proposici ón -biopolítica- frente a la segunda -geopolíti ca- antes ap untada. 151 El conjunt o fro nterizo, compu esto po r do s líneas de alamb rad a, impid e un a percepción c ompleta y limita el alcanc e de l a persp ect iva sobre el e spacio má s allá. El espacio q ueda separado por un filtro q ue deja en trever el espacio p ero que lo distan cia en un desenfoqu e de l a realidad. Una cond ición inher ente al espacio que c onsi gue ser d istanc iada ha sta la segr egació n pu ede ser la si mple continu i dad del territorio. 152 BOLLNOW, O.F. (19 69:7 5,76, 91-93) 153 Expone Bollno w sobre el extr anjero, a través de la evolució n etimológica del t érmino en a lemán: " Fremd (ext raño , extranj ero, forastero, des cono cido, ajeno, et c.) es si empre 'lo o tro', lo q ue se opo ne al propio mod o de ser, lo q ue nos int ranqu iliza y alt era nu estra pro pia seguridad” BOLLNO W, O.F . (1969:89) 154 BOLLNOW, O.F. (19 69:9 2) 88 Fig. 44 Va llado fr onter izo en Benzú | sofm a88, wor ldmapz (2009) Fig. 45 Vallado fronterizo en el paso del Tarajal | ABC (2014 ) 89 El objet ivo del cercado es ob staculizar el movimiento libre de personas, principalmente los flujos m igratori os t ransna cionales que se han inte nsificado en las últ i mas décadas. Sin embargo, las mercancías y personas que se desp lazan por las relacion es comerciales-laboral es generan un t ráfico intenso a través d e la frontera a diar io. Es un elemento que no llega a impedir, obstaculiza cierta circulación y queda perm eable a otros flujos. A t odos se les aplica un c ontrol, como hemos visto anteri ormente. En el m ismo sentido, se determina un c o ntrol sobre las sociedades enfr entadas a trav és de filtros. Una regulación de la repr esentatividad y el imaginario colectivo que genera un d istanciamiento más allá de lo espacia l. El espacio fronterizo trabaja en el doble s entido de s egregar a las s ociedades limítrofe s a la v ez que relaciona a t ravés de m icroecono mías de hinterland g eneradas por la permeabi lidad. A t ravés del estudio de esta naturaleza bio política, y de la representación e imagen asoc iadas 15 5 al elemento -c onfigurador del imaginario colectivo del ind ividuo frente a la fronter a y al más allá de la m isma-, la regulación fronteriza queda expues ta como algo más allá de la separación territorial y sociocultural median te la soberanía, sino procesos de influencia transnacional y global que llegan a conformar las d inámicas lo cales y del lugar de l os individu os. 155 Manuel Delgado estudia rá esta re lación ent re ind ividuos y sociedad a través de l a i magen en diferent es textos a los qu e se pu ede acudir para referenciar est a te mática: "La ciuda d d e la diversida d" (1996), "Diná micas ident itaria s y espac io pú blico" (1 998), "El animal pú blico" (1999) o " In migración y cultura " (2003). 96 No o bsta nte, la expresión m isma del anh elo y deseo del que hablaba Bollnow se fundamenta en la imagen distorsionada de una reali dad-otra más allá del horiz onte, que era proyectada desde el interior del Yo, puede obser varse en los procesos migratorios sur-norte 17 2 . No se pretende efectuar un giro fundamentalista de c onfrontación con e l m odelo de es tado nación. Ha y q ue tr abajar en los espacios al margen (Thirdspace, Soja 1999) que plantean preguntas sobre las teorías y planteamientos -objetivos y racionales- dadas por sentado hoy día. De este modo, podemos ver cuánto de lo desplegado en el transcurso de la modernidad , ha sim plificado proceso s complejos dejando al marg en parte de la argumentación socioespacial asociada. Podríamos decir que la imagen objet iva y racio nal que se ex plicitó en el siglo XX tomada como u n tejido que se estira y aplana, tiene particularidades, arruga s y relieves que se han obviado e n los procesos de despliegue a favor de la abstracción y racionalidad. En s us arrugas, se incluyen las claves para c omprender el f uncionamiento profundo entre las sociedades en el territorio y hay que trabajar desde estos relieves obviad os, para entender est a superficie comp leja que la modernidad in tentó a planar. cartografías de r egione s hind úes fueron o tros medios de i mpo sición a tr avés de la r azó n instrum ental, cartografiand o pu eblos y a sentami entos en p arajes sin in tervención alguna po r la man o del ho mbre, puesto qu e los geógrafo s de l a época no tenían suficiente s herramienta s pa ra d escribir modo s locales d e ocupac ión del te rritorio. 172 SODDU, P. (2002: 70, 102 y 14 8) 97 2.4 La biopolítica en lo s procesos de re gularización (1986- 1990). Para r eorientar el estudio de la r elac i ón entre esta dos naci ón hacia la r elac ión d e sus sociedades, cohabitando un t erritorio parcial mente segregado, necesitamos comprender el significado biopolítico de la gestión y cont r ol de individuos que representan los límites fronterizos contemp oráneos. Sustit uir, para el estudio, al territorio como objeto de control, es un reposicionamiento hacia los m árgen es que pretend e rescatar fundamentos o bviados en la política territorial del cas o de Ceuta. Fig. 48 Colas para regularizar a e xtranjeros | GUTIÉ RREZ, R. (1985) Como ejemplo de lo comentado no s apo yamos en el estudio del sociólogo italian o P ietro Soddu y de la investigador a mult idiscip linar A na I . Planet 173 so bre los acontecimien tos que s e sucedieron en las ciudades autóno mas de Ceuta y Melilla tras el planteamiento de la Ley de Extranjería de 1985 y el conjunto de acciones y consecuencias de la siguiente déc ada, que se prolonga incluso tres décadas después siguen planteándose como condiciones excepcionales frente a la política naci onal y comu nitaria. A nivel r egional, dond e se e nmarca el estudio de caso junto al área v ecina de Marruecos, el límite físico y su permeabilidad hacen que exist an fenómenos (so ciales, econ ómicos, c ulturales y urb anísticos) q ue se apoyan en est e límite mismo. El comerci o, la industria, la agricultura, otras actividades producti vas, el desarrollo de c iu dades e i nfraestructuras , el tráfico de personas o la e xportación -importación de bienes; qued an como constant e recordatorio de que no se trata de una fronte ra imper meable. Existe un conjunto de flujos a t ravés de la frontera afectado po r las relaciones locales y deter minad o, en o casiones, por entidad es transnacionales que actúan a nivel gl obal. En la región ce rcana a l a frontera, debid o a la influencia de esta, t iende a extenderse un proceso de desarroll o superior al resto de regiones, en este c as o, del Norte marroquí, r egión 173 SODDU, P. (2002) y PLANET, A. I . (1998) . 98 cuya ruralidad destaca respecto al Sur. Esto es debido a que el desequilibrio entre regiones : Ceuta y Fnideq (Castil lejos) en el estudio de c aso, poten cia est a última por su proximidad a la primera. Este fenómeno lo estudia Ana I. Plan et refiriéndose al término retropa is 174 para denominar a los territorios relaci onados med iante el binomio: puerto/interior, que han c r eado lazos de dependencia. En el caso general, se desarrolla u na relación de aprovech amiento por la cercanía entre poblacion es costeras y un hinterland 175 . Territorios con un m ayo r desarrollo económico o comercial determinad o por su geografía y un territorio in terior q ue se sirve del primero para su propio d esarrollo. Esta región interior puede hacer de dist ri buidora en el interior para la ciudad costera o bien dir ectamente ser beneficiaria directa de los flujos llegados a la costa, por ello se o bserva normalmente entre ciudades costeras y ot ras c ercanas, tierra adentro 176 , sin ser necesario que pertenezcan al m ismo país. La cercanía entre c iudades de interior y portuarias es la que condiciona el suministro de productos y t ransp ortes de los que se benefic ian en el interior para su desarrollo. Mientras exista una relación es independien te la soberanía territorial. Aunqu e en el estudio de caso tendríamos que reconocer que es una co -dependen c ia que va más en miras de enlazar c on el término de co-aislamiento que defiende Slo terdijk 177 : mercancías a tr avés de l a frontera, t rabajadores en p eregrinación diaria, empre sas instaladas al otro lado de la frontera, flujos migratorios y su fuerza de trabajo, así com o una red comercial que se ext i ende por el territori o y se fundamenta e n este pun to de r elación con el Retr opaí s . Todo un conjunto de flujos movidos, en último t érmino, por la economía, el motor real de la sociedad globaliz ada. Hay diversos tipos de com ercio c omo fuerza motriz dentro del marco fronterizo , aun que u nos sean más rudimentarios que o tros, qu e generan los movimientos de las pe rsona s a través de la front era de Ceuta. Estudiando un flujo de individuos que es relativamente reciente y no está arraigado ni entrelazado c on los siglos de relación entre Ceuta y su entorno, pues como h emos visto s e constituyen a partir de la entrada en la Unión Europea d e España, s e o bser van aspect os relevantes de la gestión de individuos a través de l a frontera. El paso por las carreteras de montaña paralela s al v allado fronterizo (carretera Fn ideq-Eddalya) muestra cómo, grupos de inmigrantes subsaharian os y argelinos se aglomeran como pas o previo al posib le pas o por la frontera, habitand o en condiciones infrahu manas. El control de los m ism os lo hacen las autoridades m arroqu íes, no o bstan te, hasta que se producen incidentes con: la po blación , l a frontera o las autoridades fronterizas, obvian e ste conjunto de individuo s que se v an agrupan do en las c ercanías a l a frontera guiados en su mayoría por mafias m agr ebíes o internacionales. Los individuos se encuentran dest erritorializad os en una situación doble: a la vez fuera de España que pretende detenerlos -intentando entrar - y fuera de Marruecos que los obvia - intentando salir. Es una doble negación de pertenencia al territorio en el que se encuentran y 174 PLANET, A. I. ( 1998:69). Todo ello a tra vés del concep to de Lacoste, Y ves "Dict ionna ire de géopolitique", tér mino: "a rrière-pa ys". 175 Hinterland, en alemán " tierra interna " o "tierra po sterior", det ermina un espacio int erior qu e está comunicado a travé s de un primer pu nto qu e h ace de fronte ra. E n este caso será la rela ció n con los flujos maríti mo s y las reser vas del mar d esd e una "t ierra interna ". 176 WOODBURN, A. ( 2009) 177 SLOTERDIJK, P. (20 06:4 7) 99 que pueden habitar durante m eses hasta conseguir su objetivo. Esta corriente migratoria es relativamente recien t e, incrementánd ose progresi vamente d esde mediados de l a década d e 1990. Esta inmigración apa reció por las posibilidades de acceso a países de Europa c entral a través del paso p or las ciudades de Ce uta y Melilla. Estos individuos sin t ierra so n un m odo de desvelar la situación ambivalente entre uno y otro lado. La migración y los anhelos de lo s m arroqu íes que llegan a Ceuta pri ncipalmente a partir del fin del Protectorado, se presentaban exc lusivam ente en el sentido ec onómico 178 : hacia el m undo "des arr ollado" econ ómicamente, c on pos ibilidad es de prosper idad y m ejores condiciones de v ida. La aparición de las rutas m igratorias s ubsaharianas y estos individuos sin tierra, presenta diferencias respecto a la m igración económica. En este caso se inclu yen situaciones de insegurida d, desplazamientos por conflictos y refugiados, que presentan diferencias con los inmigrantes marroquíes de las últimas déc adas e inclus o de aquellas t ropas indígenas que anteriormen te acudi eron a la ciudad autónoma. Respecto a una migración exclusivamente eco n ómica o de condiciones de vida, e sta inmigración transnaci onal presenta motivaciones biopolíticas y se encu ent ran en una sit uación de pertenencia al territorio diferente a aquell os inmigrantes. Fig. 49 Principales itinerarios mig ratorios desde el África subsaha riana a la Península | SORIA, D. (2015) 178 "La independ encia de Marr u ecos en 1956 provo ca un cam bio en la estructura de la població n musulmana d e la ciudad . Pa rte de esta po blación, que p erten ecía a la s tropas indíg ena s del E jército Español, la a band ona para engrosar la s filas del r ecién creado ejército marro quí, mientra s que p or otro lado, se pr odu ce un aument o en la afluencia d e inmigra ntes marroq uíes que se asie nta n en l a ciuda d por motivos pr efer entemente económico s" RON TOMÉ, C. (2012:8 3). 100 Estos individuos recorren un buen númer o d e países en busca de un acceso a Europa. Más aún si consideramos que su objetivo son países d e centro Europa. El motor de estas corrientes se fundamenta en la economía, pero si esto fuera lo únic o, los flujos migratori os irían de las naciones más pobres de África en éxodo hacia las e conómicamente más poderosas en Euro pa , o si mplemen te accederían a aquellas con mejoras suf icientes en las condiciones de vida, para lo que v aldrían países periféricos de la UE y naciones africanas desarrolladas económicamente. Sin em bargo, se aprecia un considerable nú mero de naciones emigrantes en "v ías de transición" 179 , o lo que es l o mismo, naciones c uyo desarroll o e mpieza a despuntar y ti enen relaciones económicas con naciones del mundo "desar rollado" que auspician este crecimiento. El caso más obvio lo tendría mos en e l vecin o país de Marruec os, estimado por Europa com o un importante s ocio y país donde realizar inversione s. L a Unión Europea ha desarrollado numerosas inversiones par a ayudar en el desarrollo económico de Marruec os, y es el país c on mayor aporte migratorio h acia Ceuta. No obstante, por las condiciones exce pcionales entre estas dos regiones -princip almente una relación intensa de siglos-, pasa mos a o bservar las corrientes subsaharianas, argelinas e incluso asiátic as, cada vez m ás presentes en los flujo s migratorios desde 1990. Los países con mayor aporte de inmigran tes al CETI el año de su apertura (2000) fuero n por orden: M auritania, China y Argelia 18 0 , s iendo estas naciones 153,9 9 y 94 respectivamente por su PIB 1 81 de un total d e 19 0 registradas por el B anco Mu ndial (1 990-2010). Da t o a d estacar puesto que c asi 40 de l os últ imos 50 puest os de d icha lista se enc uentran en el continen te africano. En el apog eo de esta migr ación masiva se establece una relaci ón entre países en " vía d e transición" y países europeos. Princ ipalmente se produc e por el flujo de informaci ón hacia estos países e n transición. Estos empiezan a establec er canales de comunicación con los países más desarrollados econó micamente principal ment e g racia s al comercio y las relaciones internacionales. La pobla ción tendrá acceso en tonces a las imágenes de prosperidad, desarrollo ec onómico y estándar de un nivel de vida diferente que pro ducirán el efecto llamada. En el caso de los migrantes o riginarios de M arruecos s e produce un efecto multiplicador, puesto q ue a la difusión de la im agen europea por las rel aciones econó micas co n el cont inente -más i nt ensas por ser el primer est ado en la lista de socios de la UE 182 - ; se unen otros aspecto s a tener en consideración : - Los t estimonio s de aquellos trabajadores itinerantes o res iden tes en Ceuta, Melilla y otras poblaciones españ olas. 179 SODDU, P. (2002: 148) 180 Distribución por n aciona lidad de los inmigrant es pr esente s en el C.E.T.I. d e Ceuta e n may o de 2000 . Imserso Ceuta 2000. 181 World Develo pmen t In dicators dat aba se , "Lista según el B anco Mun dial ( 1990–2010) ". 182 En el añ o 2009 encabezó la lista de soc ios de l a Unión Europ ea con u na inversión de est a úl tima a modo de sub vencion es y prog ra mas para el de sarrollo de 2 05 millones d e euro s. Anterio rmente ha y que hacer referenc ia al acue rdo de 1976 d e coop eración financi era (109 1 mill. € ), los Progr am as: ME DA I (1995-199 9, 660 mill . €), ME DA I I (2000 -2006, 812 mi ll. €) y diferentes acu erdo s que h an p ropiciado el flujo de varia s partidas econó micas ha cia Marru ecos d e los fond os europeos (1996-20 06, 15+10 mill. € entre línea s horizont ales y ot ras esp ecificas a in vestigación, tecnolog ía y programas de d esarro llo). 101 - Las relaciones familiare s que ayudan a configura r es te im aginario colectivo sobre el emigrante potencial. - Los m edios de comunica ción europeos y occidentales a los que tienen fác il ac ceso en el Marruecos mediterráne o. - La relación histórica en tre los país es, incluso la relación debida al conflicto fronterizo. Todo lo anterior conforma una im agen compleja e idealizada de la prosperidad que les espera al o tro lado y que es fruto del desequilib rio e conómico entre los países. Este desequilibrio entr e M arruecos y España n o es el más acusado en el continente africano, pero promueve las corrientes m igratorias por l a gran influencia que tiene la imagen sobre la población marr oquí. En o tros países apare ce una i magen idealizad a, sin el tr asfondo y la historia del caso del reino alauí, pero se m aterializa en las corrientes migratorias que desde la década de 1990 llegan a la frontera ceutí. Dejando de lado por ahora el parecido de las razon es entre lo s diferentes flujos, en el estudio de la migración, la marroquí y la subsahariana est án necesariamente relacionadas, puesto que ambas se desarrollan p or l a contigüidad entre M arruecos y España. En este sentido, el colectivo subsahariano queda obviado por l a administ ra ción marroquí y de la sociedad como los sans de P arís 183 es tudiado s por Jordi B orja. Este c olectivo queda lejos de su territorialidad y a perdida y aún sin llegar a s u objetivo, que si bien n o tiene que ser España -y difícilmente sería Ceuta-, se encuentra a un paso de Europa y dentro de un estado que no lo reconoce principalmente por e star de paso 184 o ser "el problema" de la so ciedad destino. Este es un nuevo ejemplo de "t ermotopo", donde la sociedad marroquí obvia o discrimina al colectivo subsaharian o. “En sociedade s estratifica das, la reunión igualitaria en t orno al fuego s e traduce en la atracción por vent ajas posesivas, relativas todas ellas a un lugar d e preferencia. Entonces los rasgos ex clusivos del espacio ventajoso aparecen con un perfil crudo : lo que en un f ormato más pequeño crea solidaridad inclusiva, actúa desolidarizand o en uno m ás grande. Ventajas son justamente a quello d e lo que no hay bastante para todos. Otros fuegos, otros d estin os. «El calor», escr ibe Gastón Bachelard, «es un bien, una poses ión. Hay que custod iarlo celosamente y sólo puede hacerse obsequio de él a seres escogidos». ( BA CHELARD, G. 1985:55 ) Poder asegurar el contexto de bienestar de los suyos es lo que distingue al patr ón, al gran seño r. En el ámbito de alcance del es pacio ventajoso del que él se cuida, quienes dependen de él sienten que va en su propio interés gua r dar su secreto; por ello, t odos los g r upos que m antienen estrechamente el privilegio de pertenencia llevan un o y el mismo no mbre, nunca e xpresable: cos a nostra.” (SLO TERDIJK, P. 2006:309) 183 BORJ A, J. (200 0:29-33 ) 184 "Las autorida des marroquí es favore cían el trá nsito, basánd ose en que su p aís era sólo u n a vía d e paso, un tipo de vaso comuni cante d e estas ru tas [subsaha ria nas] migrat orias, la s cua les, tenían y tienen toda vía hoy un a única de sembocadu ra: la Península I bérica y lo s Estados d e la Unión Europea" ( SODDU, P. 2002:7 0; Dirección G eneral de Política Int erior y Dir ección General de la Poli cía. Minist er io del Interior, Memoria 1 996:42- 47) 102 Ejemplo de esta relac ión podemos verlo en la preferencia de las mafias para el tráfic o de personas a t erritorio español 185 y l a inacción de la admin istración o fu erzas de segur idad frente a las condici ones de los m igran tes subsaharian os a la es pera de una oportunidad de pas o en las cerc anías de Sierra B ullones en Ceuta o el monte Gurugú en Melilla. Precarias condicione s de habitabilid ad y salubrid ad a expensas de las accio nes de las mafias o rganizad oras de estas rutas migratorias , en la mayor ía d e los c asos dur miendo al raso a l a esp era del p aso por l a alambrada o la travesía en barca hasta territori o español. La defensa frente al Otro se hace exp licita en las ac ciones tomadas cuand o el conflicto se desencadena en la frontera con intentos de entra da m asivos, mome ntos en los que los cuerpos de seguridad marroquíes actúan contund entemente frente al colectivo de emigrados subsaharian os 186 . Esta defen sa explícita se co mplementa con la i mplícita antes descrita y puede analizarse c on la hipótes is del "termotopo " (y el reparto de confo rt dentro de un grupo ) y la relación Yo-Región frente al O tro-extraño (cuya presencia se considera agresión hacia lo propio). En nuestro estudio de caso, para trabajar la relación Ceuta-Marruec os, se incluye al colectivo subsah ariano como individu os deste rritorializados que interactúan c on estos territorios y soc iedades. El hogar y el extraño serán puntos de partida para este estudio, y e l caso subsah arian o en Marruecos y en España hace posible un primer gir o s obre lo normalmente establecido en los procesos migratorios. De este modo pretendemos argumentar una bidireccionalid ad entre Ceuta y M arru ecos. Así pues, repasando las reflexiones to madas hasta ahora, c on las imágenes de anhel o más allá del horizo nte que conforman un imaginari o c olectivo, el otro como extraño en u na r egión o nación qu e es considerada propia y extensión del mismo cuerp o y la amenaza frente a la perdid a del confort por un reparto ent re más individ uos, pretende mos dar cuenta de un pun to de vista dif erente sobre el que plantear el estudio de la fro ntera. Son reflexiones que pretenden deconst ruir y complementar la compren sión de la relación fr onteriza. 185 SODDU, P. (2002: 41) 186 "Bruselas traslad ará a Marruecos su "gra ve preocupa ción" po r "bruta lidad p olicial" cont ra inmigrante s" (EUR OPA PRESS, 12/02/2 015) "Un juez ind aga maltrat os de policías m arroqu íes a inmig rant es en Melilla " (El Paí s, 7/08/ 2014) "La Policía N acion al asegura que gend armes marroq uí es dispa raron contra inmigrantes" ( El Confiden cial, 29/09/2005 ) "Durante l a declaración de e ste mart es, los a gentes i mput ados apun tan a Marruec os como r esponsab le de las muert es d e Ceuta" (Eldi ario. es, 10/03/2 015) "Al menos tre s de los cinco i nmigrante s muerto s en C euta f ueron tirotead os desd e Marruec os" (E l País, 29/09/2005 ) 103 2.5 La acción biop olítica: de u na teoría de la ciudad a la práctica urban a. Si retomamos la idea de Bollnow, al igual que en el hogar, con su configuración com o patria, se establecen refugios en diferentes rangos habitados por el hombre. Se abanderan pueblos, ci udades y regio nes enteras con un a n oción de lo p ropio. Las nac ion es t ambién s e envuelven en estos pensamientos -nacionalis tas en este c as o-. Como Felix Duq ue rec uerd a a través de relat os cosmog ónicos par a la ciudad 187 , se est ableció desde el origen una diferencia entre lo propi o y lo ajeno. Esto últ imo co mo extraño, amenazador y de lo que se esconde l o propio, se aleja de su vista. Desde Enoc , el asenta miento que establece C aín fu era de la vista de Yavé -"dejada de la mano de Dios"-, se le vantan muros que segregan y protegen del desierto en el que fue desterrad o a vagar, con un suelo para un estar en el m undo superponiéndose a la tierra. E star-sobre- el-mundo, y negándolo con su capacidad técnica (reflejo de la c ultura), y de una t ierra de la que le habían sido negados sus frutos. Finalmente, y desde la técnica igualmente, el techo que protege de la mirada, y en consecuencia del co ntrol , del creador que l es negó la posibilidad de tener un lug ar donde echar raíces 1 88 . "Según el Gé nesis, pues, el origen de la ciudad no se debe únicamente al Crimen primigeni o, sino a algo mucho más g rave: C aín se niega a obedecer a Yavé y, en su hybris técnica, "dejada de la mano de Dios", se asienta d efinitivam ente, él y su descendencia, forjando ciudades amuralladas con u n doble cer ramiento: horizontal y perifér ica mente, con el que est ablece la distinción entre c ampo y ciudad ; y vertical mente, t echan do las viviendas int ernas a la ciudad para protegerse de un cielo que ha dejado de ser protector. El hombre cainita (el hombre de ciudad, "civilizado") establece su morada a la contra: contra l a tier ra - que según la maldición divina habría de n egarte sus frutos- y contra el cielo hostil y amenaz ador. L iteralmente, la habitación human a se yer gue de sde entonce s , desafiante, en m edio de lo inhóspito ( lo spaesante, dicen magníficamente los italianos: aquello que r eniega de t odo paese y de todo paesaggio)- La ciudad es agresivamente cent rífuga, portadora de muerte viole nta ad extra, y está en mano s de hombr es a dultos que "abren" espacios por el t raba jo, la quema y tal a de árboles y de maleza s elvática (r oza), y la gue rra, mientras que l a casa, en el interior de la ciudad, es pacíficamente centrí pe ta, p rotectora de la infancia bajo la mirada de l a madre. Y ade más, en la casa s e rinde culto a los muertos. La c a sa aparece así como un intervalo mater nofilial, pacífico y precar io, de una violencia en todo caso interiorizada , y ent ronizada en ella por el r ecuerdo. De nuevo, paz en la guerra: hospitalidad en el seno mi smo de lo inhóspi to." DUQUE, F. ( 20 03:88) Esta imagen que re-construye Duque del ori gen mít ico de la c iudad representa un refugiarse en uno mismo (ciudad, vivienda-hogar e inclus o región o patria ) frente a lo inhóspito, a una fuerza ma yor, para de este modo no verse atacado por lo que está más allá de este límite, más allá de est a frontera. Se construye una fachada que se m uestr a y enfr enta al exterior-ajeno, que en este ca so de estud io, se c onstruye d esde la inte racción entre ambos 187 DUQUE, F. (20 03:88) 188 Duque lo u tiliza cuan do ha bla de cómo Caín "echa raíces en el d oble sentido de l a palab ra, p uesto que t iene un hi jo y fun da una ciuda d" (DUQUE, F. 20 03:87) 104 lados. Esto es por la contr adicción misma que se menciona al fi nal del fragmento: " paz en la guerra: hospitalidad en el seno m ismo de lo inhó spit o". Igual que la c iudad se enfrentó a un Dios en es te origen, siend o "la primera ciudad" que pret endía dar cobijo frente a lo inhóspito de una tierra negada al hombre cain ita, cuando había nacido de una agresión, la ciudad s e enfrenta a la dualidad de ser una construcción para proteger intrínsecamente relacionada c on la violencia. El límite alrededor que c ierra y separa -ciudad y camp o-, el suelo artificial que se configura por la t écnica sobre la tierra y el tec ho que o culta del cont rol-vigilan cia ajeno y protege del agresor; todas e stas analogías que plantea Félix Du que configuran una pri mera c iudad que se enfrentaba a l o inh óspito que estaba fuera de s u cont rol y c onocimiento , con dioses que podían m aldecir al hombre. La razón de ser de la primera ciudad puede acercarse a la necesidad de prote cción frente al otro qu e trabaja Bo llnow para el h ombre en su casa, r egión o incluso nación, per o ¿qué qu eda de estas ciudade s con el cambio a una cultura globalizada? La mov ilidad y la aceleración, el in dividualis mo y el consumo, la desterritorializ ación y desarraigo inheren te del individuo posmoderno, aspectos deter minantes en la No -ciudad que describirá Duque, "ese monstruum mirabile que em pezam os a denominar convencional mente como Nociudad, la anticiudad de la distancia q ue suprime la s distancias" (Duq ue, F. 20 03:88). Se pueden relacionar procesos t ransna cionales con nue vas form as de generar o de configurar c iudad. El d esalojo de p uebl os nativos en Sudamé rica , con traslados forzosos que permiten el improvement em presarial de marcas internacionale s en busca de materias primas en s us antigu os hogares 18 9 , es una imagen representativa del m odo de control neo liberal y globalizado. Las p oblaciones nat ivas arraigadas a un territorio son desplazadas po r una acció n administrativa estatal dirigida por una empresa. Es esta em pr esa la que induce esta decisión condicionand o la autonomía de decisi ón del gobiern o. Existen casos en los que la administración por s i m i sma inicia un des plaza miento de los habitantes de un a región, este es el caso de los nativos af ro-a mericanos q u e trata Ulrich Oslender en el Pacifico C olombiano 190 . En este caso se pro duce por el cambio de c oncepción que propone la administr ación sobre un terr itorio y sus infra estruc turas produ ciendo un desplazamiento de sus hab itantes y un c hoqu e con la o rganización existente del territorio, cuando dicha ordenación estaba au todefinida por las necesidades locales. En el caso de la región del P acífico colombiano se trata de un espacio flu vial en el que sus habitantes se o rganizan dependiendo de variables como los r amales de los ríos, la dirección que estos marc an, su cau dal v ariable, etc. Este sist em a d e coordenadas no es el racional cartesiano, pero era cap az de ser vir a los h abitantes del espaci o en concreto. Orientaciones norte o sur se sustitu yen p or cauce arriba o cauce aba jo, siendo de utilidad a l os locales. A favor o en contra de la corriente so n factores de may or influencia para los habitantes de este ecosistema porque son las condici ones con las que tienen que convivir. El intento de 189 Un ejemplo paradi gmátic o ser á el estud io de ca so del confli cto c olombiano entre n ativo s, gobierno y empresas en la re-d efinición d e nu evas espacia lida des que e studia Vladi mir Mont oya (MO N TOYA, V. 2009:60-7 3). 190 OSLENDER, U. (20 09:142 -163 ) 105 organizar el territorio d e la administración mediante departa mentos, instituciones, div isi ones en hectáreas y demás intromisione s en la autoorganiz ación de la región, lo hace enfrentarse con los habitante s. Los nativos plan tean una "espacialidad de resistencia" 19 1 fren te a una agresión d esde el exterior. La ad ministración, d esde planteamientos neoliberales desd e la década de 1980, for mula varios pr oyectos -Plano centr al de Desarrollo (1 983), Plan Pacífic o (1992), Proyecto Biopacífico (1998)- que están o rientad os hacia una política de " apertura " de la región y " especialmente con m irada h acia l o s rec ursos na t urales y su potencial u s o farmacéutico" 192 . "Est as representaciones del espacio del Pacífico c olombiano en términos de su potenc ial para el desarrollo del resto del país han sido producidas fuera de la reg ión , y muy poco se ha tenid o en cuenta a las necesidade s de la población en la costa Pacífica y a sus espacios de representación ." C oncluye Oslender: "No sorprende entonces que muc hos de los proyectos estatales han atraído resistencia de las comunidades locales" (OSLEN DER, U. 2002:6). Podemos v er este proceso iniciado por la administra ción sobre el Pacifico Colo mbiano por partes: 1- Deja fuera de la gestación o discusi ón del proyect o a los nativos de la región. 2- De fine la región en t érminos de marginación y falta de desarroll o o infraestructur as para su i ntervención, cuando ha sido esa m isma administr ación la que ha gen erado las políticas de abandono en prim er lugar. 3- Organismos transnacionales actúan más allá de la influ encia indirecta. U na vez iniciados proyectos de r eforma y desarrollo de un modelo de des arr ollo n eoliberal, fin ancian su ejecución (Banc o Mundial 19 92 ). 4- Exist en cas os judicializados d e e mpresas q ue han producid o desplaza mientos fo rzad os para explotaciones d e tierr as en Colombia. Este caso de estudio y otros s i milares parecen producirse en pueblos aisla dos de la influencia que la mo dernidad , y del cam bio que supuso ésta para l as culturas occidentales. Rincones alejado s del largo brazo de l a racionalidad , que hoy se enfrentan a procesos de "desarrollo", y resultan afectados t ransna cionalmente en sus sistem a s local es. Recordando el caso de estudio de Oslen der, podemos hablar de un caso que s e desarrolla en España co n características similares, au nque con una escala de con secuencias much o menor. En algu nas regiones del norte del país ( Cantabria y País Vasco) el reparto y tasa ción de la tierra se hace depend iendo de una m agnitud compleja, diferent e a las acostum bradas hoy día y utilizadas por la administr ación y cualquier entidad para c ualquier ac ción sobre territorio. Si bien ex isten dif erentes u nidades de medida relacionables entr e sí : kil ometro-milla, g rad o centígrados-Fahrenh eit; estas so n m agnitudes que se cu antifican de dif erente m odo, pero igualmente racionaliz adas. 191 (OSLENDER, U. 200 2:1) 192 (ESCOBAR, A. 1997 :40 -64) 112 ciudad en lugar de pasar a terc eros países para alcanzar mejoras en el nivel de vida y conseguir más recursos al t ener más ingresos o integrarse en u na cultura occ identa l c apit alista. Lo s territorios a ambos lados de la frontera tienen una relación dentro-fuera, patri a-extranjero, muy definid a, en parte por el tie mpo de conflicto y la consiguiente sobrec ompensación identitaria. Au n así, su rgen relacio nes laborales, comerc ial es y fa miliares q ue han trazad o puentes entre los territorios. Estas relaciones s ocial es, por el contact o continuo y contiguo, dista de c as os similares como el de la ciudad de Melilla, que si bien m antiene también todo lo anterior, s e ve con dicionada religiosa y políticam ente. E ste h echo se recogen las crónica s políticas de Ana I. Planet 2 12 sobre la política en ambas ci udades de las últimas décadas del s. XX. El caso melillense incorporó lo religioso y é tnico a la vida po lítica, pasando p or encima de las relaciones comerciales y c reando grupos de presión unidos y cohesionado s en el sect or musulmán de la ciudad entorno a las proble máticas devenidas de la Ley de extranjería de 1985. En el caso de Ceuta no hubo esta co hesión, por lo qu e la relaci ón e integración se vi eron favorecidas y las tensiones diluid as a favor del co mercio. Esta interacción con la soci edad ceutí o melillense por parte de la inmigración marroquí -o descendientes d e marroqu íes- que habitaba la ciudad de f o rma irregular o solamente con la tarjeta estadística, presenta diferenc ias fundam ental es con las poblacion es inmigrantes de otras nac iones que han llegado a las ciudades aut ónomas recientemente. La falta de redes familiares de inte gración o interacciones socioecon ómicas con la población local; y la ausencia de una com unidad aut odefinid a y con reivindicaci ones social es para la ciu dad, presenta diferencias c lave respecto a la inmigración hacia centro Europa que se vie ne produciendo desde país es subsaharianos principal mente. Esta inmigración "de pas o" no presenta una comunidad cohes ionada y únicame nt e hacen r eivindi caciones de c olectivo p ara la obt ención de papele s o de mejores c ondiciones en su estancia temporal en la c iuda d 213 . L as redes familiares que existen en este colectivo pro vienen del viaje en si o se generan en su t rayecto, no ex istiendo una referencia familiar asentada en la c iudad para hacer las veces de soporte. Este último asp ecto condiciona igualmente la esc asa integración laboral de estos in dividuos. Residen poco tiempo, sin relaciones familiares o situación regular, por ello su oc upación laboral se centra en la mendicidad o los trabajos irregulares, t ales como los aparcacoches, normalmente organ izados b ajo estructuras similar es a las mafias. Centrando el caso de Ceuta en el presente trabajo, tendremos que comprender los divers os tipos de inmi graci ón y gru pos sociales emigrados existentes que llegan a la ciud ad. L egales o ilegales, de Mar ruecos u otros paíse s, marroquíes d el norte o del sur, in divid uos o fa milias, desplazados por co nflicto s, en busca de nuevos modos de habitar, m ejoras económicas, reagrupaciones familiar es, etc . serán un abanico amplio y d eterminará muchos condicionantes de c ada f luj o m igratorio. Para el presente capítulo t rabajaremo s con do s grupos: el pri mero serán lo s marroquíes del norte del país y el segun do englobará t odos aquello s inm igrantes procedentes de ter ceros países des territorializados. 212 PLANET, A. I. ( 1997:87 y ss). 213 Casos ejemplare s de est as reivindicacion es de a lcance medi ático serán, t anto el asentam i ento sirio que du rant e 6 meses acampa ron frent e a Delega ción de Go bierno (El Fa ro de Ceuta, 5/11 /2014) o lo s disturbi os del Ángulo ent re p olicías, pob lación ceut í y los in migrant es qu e allí residían (El Pa ís, 15/10/1995 ) 113 Nos encontramos pues, ante mov i mientos migratorios que representan generalment e mejoras ec onómicas, n o obst ante, el f in últi mo d e estos movimientos es al canzar n uevas formas de vida respecto a las d e sus países de origen. Po breza, v ulnerabilidad , desplazamientos forzad os o v ulneración de d erechos humanos son los precedentes de estos flujos m igratori os. La búsq ueda de modos de vida occidentales no se produce por renuncia a su cult ura, s ino que, conseguir esas m ejoras en las condic iones de v ida, es l o que genera el vector de movimien to entre los llamad os países en vías d e d esarroll o y los desarrollados. La diferencia fundamental que establecemos entre l os diferentes orígenes de los migrantes se debe a la c ondici ón de desterrit orialización d e los e migrados de es os terc eros países en los aledaños de la fr ontera fren te al mayor apo yo del que disponen l os migrantes ma rroquíes. El colect i vo m agrebí que atraviesa la frontera, como los otros, es un conjunto heterogéneo. Familias que acceden e scalonadamen te, jóvenes que prueban suerte a través de m edio s irregulares, individuos que pasan y no regresan mientras intentan conseguir su oportunidad, niños enviados a tener la o portunidad de es tudiar o de escapar de la pobreza, mujeres en busca de trabajo para mantener a la familia y todos los registros de los secto res sociales más vulnerables del país. Entre es tos habrá quienes t iene n información del m ás allá del horizont e menos p or la relación f ro nteriza, p ero aquellos inmigrados que in tentan d i rigirse a países centroeuropeos o a la penín sula para iniciar una nueva vida, t endrán un i maginario similar a aquellos que no llegan de países m ás alejados. Todos estos colectivos de inm igrantes , independien temente de s u país de pro cedencia, persig uen un mismo objetivo: el paso de una región propia, nación, patria u hogar, a una región extraña, un territorio de otro, para mejorar en su mo do de vida. Se plantea un salto m ás allá del ho riz onte, como planteaba Bollnow 214 , materializando este en el salto d e la frontera. Se sobrepasa aquí el horizonte pa ra llegar a u n más allá que en los textos d e " Homb re y espac io" estaba asociad o c on la im ag en de lo desconocido y el retorno. El m ás a llá es i ncertidu mbre que los i nmigrantes vuelven posibilidad. El l ímite que t ienen que tra spasar para salir del espacio propio es r etorno, pero no a una patria perdida que fue y ya no es, sin o el retorno a un habita r perdido, un ideal construi do. Se construye una imagen que engloba lo que significa Europa. M odos de v ida, nivel económico, desarroll o ind ustrial, posibilidad es labor ales, seguridad y libertad, todas estas imágenes se vuelven faceta s de un co ncep to cristalizado en el imaginario de los migrantes, justificando incluso abandonar lo propio para alcanzar un m ás allá del ho riz onte fronterizo. Se apuesta por una incer tidumbre e nvuelta en la imagen -de so ciedad del bienesta r- de la que no se t iene inf ormación. Esa imagen, más alterada o idealizada que cierta, queda interpu esta al mismo límite. Será, por tanto, parte de ese frente que supone la parte frontal de un t erritorio opuesto que es la frontera. Entre lazados l o tangible del vallado y lo intangible de la imagen, hay que estudiar c ómo la segu nda componen te hace que se s obrepase la primer a. 214 BOLLNOW, F. O. ( 1969:75, 76 , 91, 92 y 93). 114 3. Imagen, representación y dif erencia. El mercado, el cons um o, los actu ales modos de vida basado s e n una cultura del capital se apoyan en la im agen como parte fundamental d el proces o productivo. En la c ultura globalizada la imagen llega a ser el m odo de estar-en-el-mundo. El hombre recibe constantemente m ultitud de im pulsos en fo rma de imagen que amortiguan la percepción del resto de sentidos, de es ta forma se convierte, cada v ez más , en u n sentido hegemónico. De igual modo, la representación de uno m ismo, la imagen proyectada al resto, c obra relevancia y será en es te diálogo a t ravés de esas imágenes entendidas como filt r o de la realidad, aun asumiend o su mediatizaci ón, como pretende mos pla ntear en este apartado la s implic aciones de las relaciones fr onterizas para la c onstrucción d e los propios individuos. 3.1 Imagen. La modernidad establece un m odo m uy deter minado de relación con los objetos, v inculado a su ex plicaci ón racional y objet iva. Pero esta cosm ovisión o weltanschau ung del mundo dej a un conjunto de realidades sin ex plicar, en la sombra, por ello se genera un ho riz onte de cosas por desvelar. En este se ntido, si bien se presenta que l a racionalidad explica el m undo mediante sus imágenes, otros autores piensan que "Habrá siempre más cosas en un cofre cerrado que en un cofr e ab ierto. La comprobación es la muerte d e las imágenes" 215 . Como analiza Solá-Moral es en su estudio de las mediaciones entre el hombre y el espacio 216 , el m undo de la fotografía supuso un motor c reador que im puls ó en la m odernidad el modo cómo m irar al mundo. Solá- Morales expli ca la evolución desde la f otografía qu e congela mo mentos y divide en fragmentos la realida d desde finales del siglo XIX, al momento postindustrial, a partir de los años 70 del siglo XX, con un panorama de imágen es ilimitadas, expansivo e iconodepend ie nte: "Fotografiar no es tomar el mundo como objeto sino construirlo, hacerlo devenir a través de m il facetas" 217 , de es te modo Baudrillard es tablece cómo la fot ografía amplia el mundo con puntos de vista que serán creaciones que m ultiplican la realidad. No se apr ehende la r ealidad a través de la fot og rafía, sino qu e se construyen una multiplicidad de realidades a través de ellas. L a comprensión del hombre, es timu lada desde el mundo del arte a la filosofía, está constit uida por im á genes, que llegan a considerarse también como una realidad, puesto que e l hombre interactúa con ellas y el mundo queda dist anciado por el filtro amortiguador y generador de las imágenes que so n, a la vez paisaje y panorama 218 . La m ediación se propone como modelo de aprehensión del m undo, a sí "la visión nunca es alg o 215 BACHELARD, G. (1957:91 ) 216 SOLA-MORALES, I . (2003:1 07 ) 217 SOLA-MORALES, I . (2003:1 19 ) a t ravés d e texto de B aud rill ard: Ph otograph ies (1998) 218 Peter Sloterdijk di ferenc ia en tre ambo s conc eptos a t ravés d e su nivel d e plegam iento: "L as cosa s nuevas descubi ertas o invent ad as son articulac iones en medio de art iculacion es sobre un trasfond o compuesto de p ropue stas: despl iegu es en un pa isaje co mp uesto de despl iegues fr ente a un pano rama de pliegue s" SLOTER DIJK, P. ( 2006:1 71-172) . 115 que pueda sumergirse en el interior de lo s paisajes, de los edificios o de los cuerpos. Es, por el contrario, algo ex terno, separado, cuya c apacidad de comprensión de l a realidad depende ineludiblemente del me di o que organiza la v isión" 2 19 . Cere bro y ojo son ese medio y se convierten, por t anto, en los me diad ores, en los constructores de realidad desde la pues ta en marcha de esa etapa hegemónica. Entonces, cuando se habla de mediación se trata de v er cómo se filtra la realidad, cómo se distorsiona; el m ismo S olá-Morales aduce que la mediación esta por todas partes , "Los medios enmarcan el flujo t urbulen to de la realidad, lo re cort an y lo pro-ponen como una posibilidad de h ipótesis inteligi ble. La realidad no ex iste previamente esperando que nosotros nos acerquemos a contemplarla, sino que se produce a t ravés de los medios que constru imos para acceder a ella" 220 . Dicho de otro modo, nuestr o propio sistema de mediación-construcción tiene acceso a un repertorio de imágenes que filtran y construyen previamente lo que representan, p or lo que, desde la perc epción humana, natural y c ompues ta por lo s sentidos , no po demo s elu dir est a me diación. Si b ien "la visi ón moderna se c aracteriza po r ser una construcción exterior e indirecta, mediatizada" 221 , y a no pode mos integrarnos en el m ismo espacio que la realidad y siempre existe una distan cia que la m ediatiza hasta configurar la imagen que tenem os -una de tantas- d e la misma. De este modo, es imposi ble aprehender una realidad al completo por lo inab arcable e ininteligible de este "flujo turbulento". Nuestros sistemas de mediación-constru cción (ojos que enmarcan y c erebro que const ruye) presentarán la i magen mediada de la r ealidad y será nuestra instrumentación para relacionarnos con el mundo. De vuelta al caso específico de la frontera de Ceuta con Marruecos, esto hace que los habitantes de uno y otro lad o de la frontera tengan una imagen construida sobre la m isma, de igual mo do q ue c onstruy en imágenes de toda realid ad con la que interactúan. Este "construir sobre" vela la realidad a través de una m ediación. La imagen de la frontera ser á el frente que se opone a un t erritorio y hace d e fachad a t ras el qu e se si túa el mis mo. Por ello, los in divid uos mo vilizados en flujo s migratorios, como el resto de los que enmarcan la frontera para su en tendimiento, pr oducirán la im agen de tierra de oportunidad es aun c uando lo que v ean sea un v allad o de seis metros de costa a costa. El im aginario de una c ultura capit alista, de un occidente próspero, de un primer mundo, enmiend an la visión real de un mundo distinto del que se imaginan. En el caso de los in migrados m arroquíes, d ependiend o de su in-formación y a- cercamiento 2 22 , tendrán una imagen -más o menos idealizad a o ajustada- de la realidad. La línea qu e separa a m bos lados del territori o fronterizo se construye co m o imagen de separación pero también como puerta hacia algo má s, algo dif erente de lo que hay: para los individuos en flujos migratorio s escapando de niveles de pobreza alarmantes, la frontera será 219 SOLA-MORALES, I . (2003:1 15 ) 220 SOLA-MORALES, I . (2003:1 11 ) 221 SOLA-MORALES, I . (2003:1 14 ) 222 In-formación confor mada p or el prefijo in-: h acia den tro, con el cu erpo p reveniente d el la tín “ forma ": figura o imagen, y la t ermi nación -ción: a cción y efecto. U na definición p or pa rtes sería: e fecto d e introd ucir un a imagen o for ma hacia den tro. E n el caso de A -cercami ento, se for ma p or el pr efijo a- ( ad ): aproximación/p resencia/di r ección , su nú cleo semán tico e s cerca, p rovenient e del la tín circ a: poc a distancia y circus: c írculo, qu e rod ea- circare. Finaliza da con l a termina ción - miento: medi o o resultado . Agrupánd olo t odo sería el res ultado de estar en la dir ección de rodear en prox imidad. 116 la puerta hacia la opulencia del desarrollo eco nóm ico del norte, para los afectados por la marginalidad v erán un esp ac io de integra ción y para los afectados por guerras signif icará la paz, para los vulnerables la seguridad, para los que quieren m ejorar sus condiciones de v ida se muestra c omo la puerta hacia una tierra de oport unidad es. El anhelo que estudia Bollnow p or el m ás allá del h orizonte qu eda reflej ado e n la c onstrucción de la imagen del m undo transfronterizo europeizado para l os individuos in mersos en flujos migratorios. Bollnow establece una relació n entre el h orizonte y el hogar o pa tria perdida, la figuración de un hogar donde todo era me jor. La ince rtidu mbre de aquello m ás allá d e nuestro ho riz onte ha generado t oda una serie de mitologías. R elatos co smogónicos, la o tredad de la c ultura del extraño, todo ello con la do ble componente de riesgo y at ra cción que hizo al hombre mirar el horizonte c on esa mezcla temor e intriga que configur an el anhel o. "La añoranza del hogar y el ansia de lejanía se aproximan tanto, que debemo s preguntarnos si en el fond o no son una misma cosa. […] cuando la patria se le ha convertido en extranjero, sólo en este es tado insatisfecho de l a autoenajenación parece que el camino direc to para la renovación de su propio ser le es negado, y entonces se le aparece en la vaga lontananza la imagen de su patria perdida. El anhelo de partir a la lejanía es efecti va mente el deseo de recobrar el origen perdido, en que la v ida todav ía era auténtica" (BO L LNOW, F. 1969:9 2) El ir más allá del horizont e se plantea, según B ollnow, c omo un retorno al hogar en la medida en que era un r etorno hacia una tierra utópica donde se recuperará la patria que está perdiéndose y enajenándol o dentro de s u horizont e. Esta hipótesis podemos aplicar la también a la migración del campo a la ciud ad indu strial en Europ a en su proceso de mod ernización 22 3 . El cambio del campo a la ciudad, del hogar en el terruño a es ta ciudad lejana, ex traña e idealizada, res pondía al anh elo por la o portunidad de av anzar. El horizonte es el límite de nuestro entorno, aquella línea imaginaria que rodea al hombre, "lo que le permite al hombr e encontrarse en el mundo como en su casa" 224 , ya que "el horizont e le envu elve [al h ombre] y le da un ho gar" 22 5 . Pero, al igual que la carretera permitió al hombre avanzar y abrir su horizonte, la era mo dern a representó un anhelo: "¿Cómo puede buscar el hombre en la lejanía, tan lejo s de sí mismo, lo que e s su propia esencia? Cuan do s e ha perdido a sí mis mo en la agit ación cotidiana, cuan do en su morada ya no se encuen tra 'en su casa' " 22 6 . El comienzo de la desterritorialización del indi viduo encuentra en el desarraig o del t e rr uño un proceso continuo en la edad m oderna, esto irá en contra de la dinámica que limita al hombre en su entorno, su región, y en cada g eneraci ón lo hastía más en su cot idianeidad. La migración m asiva a las gra ndes ciudades de los países industrializ ados signif icó una separación y ruptura con los mo dos de vi da arraigados en la soc iedad rural durante gen eraciones. Al plantearse frente al hombr e del terruño un m ás allá de o portunidad es, aquellos individuos con anhelos propios más allá de los inherentes a la región, a la t i erra d onde pertenecían, generaron flujos m igrantes no tan alejados de los que analiza mos en esta frontera. Entre la s 223 John Berger trabaj a e sta temát ica en varios libro s, especialment e la trilog ía " De sus Fati ga s": "Puerc a tierra" (1979) , "Una vez en Eur opa"(1987 ) y "Lila y F lag"( 1990). 224 BOLLNOW, F. O. ( 1969:76 ) 225 VAN PEURSEN, C . A. (197 5: 207) 226 BOLLNOW, F. O. ( 1969:92 ) 117 diferencias es tará en el modo en que se configura esta imagen del más allá del horizonte, de este hogar de sus anhelos y deseos, así como en qué medida ha cambiad o el hombre (premodern o, modern o y aho ra postmoderno) en es te giro hacia la desterritorialización. Además, n o debe mos pasar por alto que todo ello s e produce en med io de una reestructuración co ntinua del mu ndo rural qu e tie ne mucho que ver con la in dustrializ ación del campo, com o lo estudia Raymon d Williams en “Campo y ciudad ” (WILLIAMS, 2001). El migrante queda prendido en una promesa, que construye la imagen de la realidad t ras la frontera sobre el anhelo y la esperanza de un más allá m ejor. El contacto y a s ea físico directo o mediatizado indirecto con el mundo e uropeo o, m ás genéricamente, occidentaliz ado, presenta como ti erra de l os anhelos individuales el mundo más allá de su horizonte. Est e horizont e queda e nclavado en la frontera. Por más que se acerque hacia la misma, n o avanza en esta ocasión el ho riz onte, no se amplía su mu nd o como refiere Bollnow, ya que queda cerrado para él y solo puede enfrentar la imagen de un m ás allá superpu esta a la frontera. Esta imagen será donde establezca esa patria perdida que, siguiendo a Heidegger, no t iene que remontarse a recuerdos propios de lo perdido, sino anhelos y fantasías de c onfort de un ser arro ja do al mundo cuyo Da sein 22 7 , como suerte a ciaga, es una carga contra la qu e lucha. Este "retorno" propon e un giro hacia dentro, sep arándose de la per tenencia a una comunidad, tal y como el hom bre del terruño aband on ó el c ampo por la promesa de cu mplir sus anhelos y deseos en la c iudad. No existe un y o inmerso en comunidad , junto a los demás miembros, compartiendo un anhelo : la prosperidad de la comunidad, se abandona el es tar-ahí comunitario en busca de algo más, como una e mpresa individual y, p or tanto, s olitaria. Gehlem explica la c ateg oría innovadora, según Sloterdijk, de descarga . Para el a lemán, l os mecanismos descarga ntes 228 son fundame ntales para comprender el cambio d e significado del dasein en su "ficción del ser de carencias" 229 . Para un s e r, al cual est ar en el m undo le significa una " superabu ndancia de im presiones perceptivas" 230 , la carga asume la condici ón de riqueza. A través de l os anhel os de est e hombre podremos dia gnosticar las carencia s qu e reclama. En este contexto: "si se puede decir que el ser-ahí es, efectiva mente, en principio, un ser-cargad o paradójic o […] la tarea de los mecanismo s descarga nt es es reducir la tensión primaria por la riqueza […] Descarga es, según ello, un mecanismo de ahorro : constituye un procedimiento par a echar el cer rojo a la tentación de autodesgaste. […] con el fin de tener a disposición las energías ahorr adas pa r a empresa s superiores, más a mbiciosas simbólicament e" (SLOTERD IJK, P. 2006:5 36-537). Las corrientes migratorias fundadas en el anhelo de un m ás allá serán el me canismo de descarga frente a la realidad adversa del ser-ah í. El anhelo de retorno como mecanism o 227 Dase in: t ermino a lemán form ado por "ser"- (s ein) y "ahí "- ( da) empleado o ntol ógicament e po r Heidegger como modo fun damental del h ombr e en el mun do: "ser-ahí", e star ab ocado a l mund o y a su Yo trasc endental, estar-en- el-mundo c omo a ceptar estar enfrenta do a la mu erte. ( BOLLN OW, F . 1969:241- 243) (BERCI ANO, M 1992:4 35-450) . 228 SLOTERDIJK, P. (20 06:5 36) 229 SLOTERDIJK, P. (20 06:5 29) 230 SLOTERDIJK, P. (20 06:5 36) 118 descargante se fundamenta en dos partes: un ser-ahí sobrecargado por las condiciones del entorno y unas imágenes mediatizadas que o frecen "empresas superiores, más ambiciosas simbólicamente" que hacen de motor del Yo . Las m igraciones serán un m edio de respuesta y descarga frente a los modos de vida v ividos y p erceptibles -a ambos l ad os d el horizo nte- que son parte del d esarrollo de individuación y desarraig o d el hombre moderno. Cambiando el la do de es tud io, para lo s habitantes de la ciudad fronteriza, existe un anhelo en la dirección contraria, por aquello que se encuen tra más allá de la fronte ra, pero en un sentido a mbiguo. Estos habitantes del m undo europeo, miran a la fron tera con una perspectiva diferente, en ocasiones, con prejuicios y temores por lo descono cido, p or el Otro, por el extraño c o mo algo amenazante. Esto lo plantea Sloteridjk en el régime n ter motópico, presentando un entorno cerrad o en el que el Otro, el extraño que no es parte de él, representa una amenaza ante el siste ma de bienestar 231 . Los habitan tes del termotopo se organ izan en un sistema de c al or repartido (conforts). L a integridad del sist ema con más individuos y el mismo confort a repartir significa un reparto con un descens o de la parte propia correspondiente. Las posiciones conservadoras, estiman que un extr año no tiene nada que aportar al sistema , sin o que lo que pretende es acceder al reparto. Esta pe rspectiva es fundam ento de numerosos movimientos ideo l ógicos, g eneralmente en territorios c on desacel eración econ ómica. Por o tro lado, la imagen del m ás all á para l os ceutíes, sobre todo para los de o rigen magrebí, presenta también un anhelo hacia un a patria perdida, enlazándose en es te c aso la nat uralez a perdida al modo en el qu e el habi tante de la ciudad tiene ensoñaciones sob re la tierra perdid a, estableciendo pu entes hacia la casa familiar heredada o la pr opiedad en el campo com o residencia de v acaciones. Po r norma estos casos no presentan un retorno real, en la m ayoría de ellos nunca hubo un o rigin al al que pudieran volver estos ciudadanos , pero a soc ia el hogar perdido a la i m agen p rop ia d el medio ru ral, aunque n o necesaria mente es aquel del que procede la fa milia. No obstante, si i mperan las posiciones conservadoras en la im ag en d e la frontera, la presen cia de un ext raño tiene fuerza su ficiente para l l enar de r ece los el paisaje fronterizo, y puede propulsar nacion alismos radicales, mo vimientos antiinmigr ación o, en el peor de los casos, provoc a r las tristes imágenes que v emos en los medios de comunicación de expulsión de inmigrantes en las diferentes fronteras del m undo entre las que se incluye la de l caso de estudio. La lógica conservadora, según Slote rdijk 2 32 , se caracteriz a por presentar recelos frente la posibilidad de cambio. Según él enuncia acerca del c o nservador: " el pr o greso nunca es m ás que la acel eración de la h uida ante lo bu eno, que, inalcan zable, q ueda tras n osotros" 2 33 . La creencia de una socied ad estacionaria se presenta co mo necesaria para el sosten imiento de la misma. De ntro de esto Sloterdijk c onc luye q ue la ley de Ricard o o ley del sala rio a cepta un principio de divisió n de c la ses en la que " la sociedad administradora al modo liberal-capitalista tenía que permanecer dividida para siempre entre los po cos felices que […] se aprovechan de los mecanis m os cread ores de riqu eza d el in tercambio d esigual en mercados aparentemente 231 SLOTERDIJK, P. (20 06:3 05) 232 SLOTERDIJK, P. (20 06:5 11 y ss) 233 SLOTERDIJK, P. (20 06:5 12) 119 libres, y la mayo ría de inf elices que, sin esperanza fundada en el cambio de su situación, permanecen encal lados en la condici ó n proletaria o agrario-p auperista" 23 4 . El model o conservad or liberal- capitalista d e la s ociedad europea de finales de s. XVIII, extrapolado a la escala global, puede encontrar paralelismos muy sorprendentes c on el contexto actual en las fronteras norte-sur del planeta, y a que situando a los paí ses del denominado primer m und o en la clase de los privilegiados, los fluj os migratorios de países del tercer mundo materializan la t eoría, haciendo que el m ovimiento socioeconómi co de masas de infelices se a tangible en las peregrinaci ones hacia territorios con mayores índic es de c onfort. Esto genera siemp re corrientes ideol ógicas contra es tas migraciones , presentando al extranjero com o un elemen to de desequilibrio del e stad o del bienestar. Las identidades cult urales han sido estudiadas por teó ricos c omo Manuel Delgado, que presenta en su interesa nte texto "Dinámicas identitarias y espacio público" cómo se establecen t érmin os parad ójic os c omo ident idad c ult ural. L a c ultura de una sociedad, v i va y cambiante, es un el emento sedim entado por el flujo de los pobladores de un det erminado lugar 235 y s e reconfigura a cada momento con el cambio constante de las t urbu lencias de la sociedad. Delgado trabaja sobre el concepto de inmigración y plantea una perspectiva muy diferente de las que se desarrollan desde las instituciones e inclus o las organizaciones en defensa de lo s inmigrantes. No será casuali dad que para profundizar en las din ámicas identitarias en el espacio p úblico inicie sus reflexion es con el cas o de los inmigran t es: "Se oye hablar con frecuen cia sobre la urgencia de “integrar culturalmente” a los inmigrado s. Pero hay que preguntarse: ¿acaso lo que encuentra el inmigrante al llegar a una ciudad es r ealmente una “cultura” ? ¿es la ciudad un espacio cultural cohesionado que acepta o no al que llega? ¿ no es má s exacto decir que el llamado inmigrante tiene que a moldarse a un embrollo de esti los de actuar y pensar? L a adapta ción d el inmigrante al medio ambie nte cultural de la ciudad q u e le recibe se produ ce como un a nueva aportaci ón sedimentaria a un d elta, don de se acumulan los residuos que habían dejado al pasar ot ras avenidas humanas. Referirse a la ci udad en térmi nos de “interculturalidad” o de “mestizaje cultural ” es, por tanto, un pleonasmo, ya qu e un a ciudad sólo puede r econocerse culturalmente como el fruto de herencias, t ránsitos y pres encias s ucesivas, que l a han ido conf igurando a lo largo de lustros." (DE LGAD O, M. 1998:17) Se plantea la "cultura" como parte de lo propio en una defensa, ya sea nacion al, regional, local, de índole conservad ora. Las ideologías radicales conservadoras presenta n al ext ranj ero como usurpad o r del lugar propio y como contaminación de una co nfigura ción cultural construida ficticiamente p or la sociedad mayoritaria (como cercana a los órganos de po der) y que se transfor ma, co mo c ualquier el emento culturalmente construido, en la presencia de otros que, por tanto, ame nazan su permanencia. Estas ideologías conservador as se visibili zan en movimientos antiinmigración o naci onalistas , pero, según De lgado, inclus o los s istemas de integración cultural que pueden abanderar las ONGs al uso, son ej emplos claro s de una 234 SLOTERDIJK, P. (20 06:5 13) 235 Lugar a la manera qu e present a Doreen Mas sey en su "Un s entido global del lug ar" (MAS SEY, D. 1991:24-2 9, 2012 :112-12 9). 120 conceptualización est ática r espect o a la cultura cercana a las posiciones relatadas por Sloterdijk. Est o ocurre fundamentalmente c uand o to man los valo r es de la cultur a mayoritaria como inal terables, y un ho rizonte que l os in migrantes deben asumir. En consecuencia, desd e una mayoría, se estab lece n lo s medios de integración y programas soc iales para al acceso de los inmigrantes. Con el objetivo de paliar la exclusión y m arginación de este colectivo s e dan procesos de inmersi ón cu ltural que obvian el bagaje cultural propio de estos e induce a una pérdida -a la que se enfr entan los c olectivos inmigran tes urban os. Esta teoría la defien de y visibiliza De lgado a través de la representación de ritos, cost umb res e incluso mo dos de vida, que se produce en regione s urbanas con altas po bla ciones de inmigran tes. En p aralelo a esta teoría se presenta Ceuta, la c ual, desde hace déca das, p resenta altas concentraciones d e inmigrantes y descendien tes de inmigrantes, con la complejidad añadida del con tacto cont inu o con el referente cultural d e procedencia de la mayoría de ellos. Se p ueden revisar los textos de Bollnow para acercar nos al cuadro que se configura de la frontera desde el lado ceutí y referirla al horizonte. De sde l a mirada del inmigrante ( tanto el marroquí como el subsahar iano), el horizonte más allá de la front era aparece co mo anhel o aún cuando el miedo y la incertidumbre van unidos a esta es peranza. Para el inmig rante el temo r surge por la pérdida de reconocimien to, de estar fuer a de l os límites de la región en la que uno habita y que considera prop ia. La coexistencia con aquellos del ot ro lado supone el reparto de "privilegios", o lo que es lo m ismo, el reparto de "mecan ismos creadores de riqueza" para los habitantes del espacio in -door ; a es to se une la desestabilización o evoluci ón "cultural", enfrentándose al imaginario colectivo de l os habitantes como imagen est ática y cont rolable en la que "integrar" a los inmigrantes. Los mismos mecanismos en los programas de regularización de in migrados o refugiados, se asient an sobre la base de u na integración a la cultura loc al, que además de po der ser una her ra mienta de utilidad para el colectivo, pres enta una concepción co múnmen te aceptada de la cultur a que rara vez se pone en du da. La cultura hom ogénea, las comunidad es cerradas, las ident idades c ultur ales, son representacion es conservadoras y estáticas de la sociedad, que se enfrentan de plano al desarrollo cultural m ismo. Podemos ver ese proceso a una escala m uch o menor en urbaniz aciones cerradas que carecen de diversidad cultural y se estancan en su desarrollo, pues se consigue una imagen fija que g enera un sentimiento de segurid ad y mimo en s us habitantes, de protección frente a lo diferente y c onfort repartido. Espacio s que se han establecido en nuestros días como complejos residenciales denominad os Gated Comunities o condo minios. En las c iudades se han id o generan do en las últ i mas d écadas desarrollos urbanísticos segr egadores similares a estas Gated Comuni ties , que gestionan el es pacio urban o en áreas privilegiadas, do nde s e concentr a la riqueza, el conf ort y aquellos que pueden disfrutarlos y, p or ot ro lado, r egiones m arginales , donde s e r etroali menta la dualidad exclusión-empobrecimien to has ta generar guetos de extrema pobreza. Lo sorprendente será que no so lo las áreas de opulencia abs oluta establece n un repart o de c onfort que defender de la entrada de otros al siste ma, sino que los espacios de pobreza extrema tambié n presentan un reparto de conf o rt y una segregació n que sal vaguardan de la pre sencia de otros que puedan poner en riesgo este régimen es tacionari o. Frente a estas comunidades homogeneizantes, el extraño, o el diferente, será una amenaza y la homogeneidad la seguridad, sean del nive l económico que se an. 121 Fig. 50 Gated comunity cerca de Ez eiza, Buenos Aires, Argentina | STEFFLER, A. (2009) Fig. 51 Gate d com un ity Seasid e, Florida, E UA | D AVIS, R. ( 1979) R ecup erad o en WEIR, P. 1998. 128 turismo, cuando realmente se trata de objetos homogeneizados a es cala global que es tán des- marcándose de lo s contenid os. Estas imágenes vac ías de contenido se alejan d e su t rasfondo, representacion es alejadas de lo que representan. En este sentido entendere mos que imágene s propias del mundo globalizado que no s rodea c omo: países en desarrollo, mundo occidentalizad o, terce r mundo, países del no rte o d el sur, pertenecientes al G8, a la ONU la OTAN o CEE, de tal o c ual continente, neoliberales, absolut istas, monárqu icos, republicanos, socialistas o co munistas, todas estas palabra s cargadas de significado etiquetan naciones cuya diversidad e stá m ucho m á s allá del repertorio d e imágenes que s e usan para co nformar las facetas de cada uno; son imágenes es tandarizadas que o cultan un t rasfondo necesario para su comprensión. Desde cie rtas posiciones teóric a s se reclama hoy la diferencia, la distancia ent re i magen y trasfondo en el mund o globalizado, ya sea desde posiciones en def ensa de lo local o desde el reconocimiento de la diversidad. A la v ez, nos encontramos en la sociedad donde más se ha extendido la homogeneid ad soc iocultural o ccidenta l, sobreponiénd ose o modificando la diversidad previa. L a sociedad c ontemporán ea se encuentra en proceso de globali zación y por ello se generalizan, al menos en superficie, las diversa s so ciedades locales del m undo. Primero ocurrió en el mundo occidentalizado y p aulatina mente est á ex tendiéndose por el rest o de zonas del p laneta. Se difunde m ediáticamen te un m odo de vida determinado, que t ermina por generar imágenes identita rias propias de lo que podría deno minarse una cultura occidental capitalista, en parte, influ enciada a través de la generalización del consumo (incluido el consumo de imágenes ). Aunque se dé por s entado que la ho mogeneización c ultu ral sucede en el m undo occi dental, donde Europa aparece c omo el caso paradigmático, esto también sucede a ambos lados de la frontera que nos o cupa. Des de un inicio se ha plantead o un límite políti co que además ll eva asociad o saltos sociales, culturales, ec onómicos y relig iosos. Se presentan dos imágenes claramente diferentes: explicitas (desplegadas) y vi sibles (primer plano), don d e se v isibilizan esos saltos. Pero el trasfondo e stá prese nte t ambién: la historia de la relac i ón, el conflicto, las filtraciones socioculturale s que conform an la sociedad a ambos lad os y las redes , principalmente económicas, que hoy se presen tan. Será en este t rasfondo don de se v isibiliza como se e x tiende la cultura o ccidental gracias a la g lobalización, au nqu e también signifiqu e cómo la sociedad ceutí está in corporando diná micas proceden tes del otro lado d e la frontera. Trasfondo e imagen, implí cito y explicito, panorama y paisaje 247 , la distancia entre ambos puede t anto acercar los territorios sociales segregados por la frontera, co mo separar las interpretaciones en estas im ágenes superficiales y homogeneizadas. E l c amino para comprender la diferencia nos lleva a que las relac i ones en tre los t erritorios enf rentados se visibilicen, a recorrer el camino d e lo implícit o a lo explí cito. 247 SLOTERDIJK, P. (20 06:1 71-17 7) 129 3.3 Diferencia. Existen elementos segregadores entre países o pueblos con repercusión glob al como el muro de Berlín o el de C isjordania 248 , es a repercusió n viene dada en gran medida por s u repercusión en los m edio s d e c om unicación. En este s entido tienen men os im pacto otros muros, vallados o lí mites como las murallas de las favelas de Rio 24 9 o e l Muro marroquí 250 , pero forman part e igualmente de lo s M ur os de la Vergüenz a, Schandmauer 251 , que desde la déc ada de 1960 incluyen estos elementos em blemátic os de la segregación entre los que incluyen, desde l os medios de comunicación, l os v allados fronterizos de Ceuta y M elilla. El conjunto de elementos fue calificado desde l os m edios, en principio como e quivalente al muro de Berlín, por su intenci ón de r emarcar situaci ones de separación y desiguald ad que se ha n fo mentado desde el poder para m antener la seg uridad int entando impedir el contacto. La segur idad es el valor al que se adhieren como defens or de la integridad y la paz entre las partes, cuya cercanía parece conducir irreversib lemente a la violencia. En cierto modo, esa justificación termina retroalimentando esta t ensión, la segregación para ev itar el conflicto de esta r: uno junto a otro, igualmente re-pr oduce los comp ortamientos conflictivos qu e se pretende evi tar. Desde la imagen en primer plano -y plana- del muro sep arador de "cosas" tan difere ntes que llegan irrevocablemente al conflicto, hay que hablar t ambién de la condición relacional de l muro. L a se gurid ad qu e aband eran y justifican estos elementos genera repercusiones en el entorno tendiendo a la seg regación y el distanciamiento de las partes enfrentadas por el m uro. Sin em bargo, se oc ulta otro conjunto de rel a ciones que se soportan en el límite y pasan a través o sobre él. D esde su razón de ser más profunda, de s u trasfond o, se rá donde se pueda n develar estos proceso s de relación. Los procesos de relac ión son i nmanentes a l elemento fronterizo. Al exponerse en el es tudio de caso co mo parte del dev enir histórico hasta llegar a las primeras décadas de s. XXI potenciado por factores gl obales, hem os visto una imagen extendida, capas superpuestas que dan profundidad al obje to p lano. Más allá del territorio a separar existen influencias transnacionales de polític as económicas que no co rresponden con la imagen aplanad a de segregación, límite hermético o "muro de la verg üenz a". De sarrollándolas en su profundidad, más allá de la imagen primera y representativa de estos m uros de la vergüenza, la imagen 248 Sobre el tema consul tar: “L a construc ción del e spacio pú blico frent e al miedo “ (DE ’CARLI, N. 2009) 249 Muro en const rucción para l a separación de las favelas del resto del tejido urba no en Rio de Janeiro iniciado en marzo de 2009 en la favela situada en el Morro Dona Mart a, en Botafogo, e n la Zona Sur . ""Rio de Janei ro: un muro en l as fav elas" (B BC Mundo, 4 no v. 2009). 250 Conjunt o de muros const ruidos d esde 1980 pa ra d efensa d e la admini stración marroqu í frente a l os saharauis de do s tercios de l S ahara oc cidental (el entor no c edid o en pr incipio al Frente P ol isario). Los objetivos m arroqu íes de d efensa son : la p rotección d e la p esca, d e las mina s de fos fatos y de la s ciudades pr incipa les. Construi dos en 6 part es consecuti vas y p rogresivas en el t erritorio d e conflicto, y también inc luye instal aciones militare s para h acer luc har co ntra el Frente Pol i sario. El terr itorio m ás allá de los muro s es consider ado e n c onflicto y d e escaso valor econó mico. "Lo s muros qu e sig uen en p ie a 25 años d e la caída del muro de B erlín" (BB C Mund o, 7 nov. 2014); "Voyage da ns le fie f d u Po lisario" (27 oct. 2003) ; "Sahara O ccid ental, 40 años de i njusticia" (El Pa i s, 18 no v. 2015). 251 Schand mauer fue la d enominac ión berlinesa qu e se le concedió a l cono cido c omo Muro de Berlín (1961) y qu e se ext endió mund ialmente de sde lo s m edios o ccidentale s a esta con struc ción d e la RDA (República De mocrática A le m ana) qu e separaba a l Berlín O ccidental del Or iental. Esta s r eferencia s las podemos ver en public acione s como "The Wa ll o f Sham e" (Revi sta TIME, 31 ago. 1962). 130 producida del objeto tiene una m ultiplicidad de im ág enes-otras des de persp ectivas y m edios diferentes que presentan una comprensión más profunda del objet o. Es a mult iplicid ad debe enfrentarse a la i magen me diatizada, a priori . Comprender el espacio de relac ión que se desarr o lla en t orno a la fro ntera de estudio pasa por hacer un repaso en profundidad a la genealogía de la diferencia entre imag en y trasfondo. El elemento de separación-frontera entre la s dos po siciones, se entiende de una misma manera: un frente q ue se muestra al otro lado, una i magen que envuelve y oculta. El espacio social, donde se desarrolla la relac ión, queda plegado tras esa imagen explicita indif erenciada conformada desde un dob le prejuici o, interior- exterior, Yo-Otro. Este es el es pacio donde habita la diferencia ent re un frente y un fondo. Será Bachelard el que nos traiga una analogía en su crítica a las metáforas de Bergs on frente a las i mágenes creadas p or el ho mbre: "La metáf ora viene a da r un cue rpo c oncreto a una impr esión difícil de expresar. […] La imagen, obra de la imaginación absoluta, recibe al contrario su ser de la imaginación. Exagerando luego nuestr a com paración entr e m etáfora y la imagen, comp renderemos que la metáfora no e s su sceptible de un estudio fenomenológi co. N o vale la pena. No t iene valor fenomenológic o. Es todo lo más, una imagen f abricada, sin raices profund as, verdadera s, reales. […] Son utilizadas por Bergson para explicar la insuficiencia de u na filosofía del concepto. Los conceptos son cajones que s irven para clasificar los conocimiento s; los conceptos son t rajes he chos que desindividua lizan los cono cimientos vividos. Cada concepto tiene su cajón en el mueble de las categor ías. El concepto se convierte en pensamiento muert o pue sto que es, por definición, pensami ento clasificado " (BACHELARD, G. 1957:8 0-81) Traemos este fragmento p ara presentar la similitud con nuestro caso de frente y fon do en la imagen del muro. L a construcción t an concienzu da de una imagen que en-frente al otro lado, hac e que toda l a m ultiplicidad de imágenes-otras que configuran el fond o no s e consideren. De igual mo do, la imagen-frente construid a, por su es taticidad y prejuicios de partida, dificulta un a lectura real del objeto de estudio. 131 Fig. 53 Plano de Ceuta | Archivo de la Ciudad (1875) La c iudad de Ceuta se est a blece en la Península Tingitana en el borde Norte de África, como límite topográfic o del el Mar Mediterráneo y con el Océano Atlántico y frontera po lítica con la Unión Euro pea. Frente a esta posición hemos visto y a que históricamente la ciudad fue puente para la comunicación entre am bos continentes y m ares, siendo un punto de paso casi obligado en el estre cho de Gibraltar. Como recuerda M assim o Cacciari: "El puen te es el más riesgoso y necesario de los senderos traz ados por el hombre" 252 y queda r eflejado en la est abilid ad de las rutas c omerciales est ablecid as por el hombre en la historia de Ceuta a pesar de los conflictos bélicos. Podríamos hacer la analogía a e stas rutas de comercio con las tra vesías m arítimas e n ferri, c arguer os e incluso las pateras de inmigrantes o las lanchas y motos de agua usadas en el tráfico de drogas, frente al choque de co rrientes atlántico-mediterráneas de l as últ i mas décadas entre las costas Sur y Norte del Mediterrán eo, entre las que destacan por su posición relevante las que parten de Ceuta. Hog ar de nu m erosas culturas, desde la ciud ad fenicia a la española, si ha y que dete rminar una ident idad para la región, esta será la de puerta y puente por su condición estra tégica inmanente . En el repas o his tórico de l a c iudad s e pudo apreciar cómo la defensa y la comunicación ha n sido claves en la pugna por su terri torio desarrollada durante siglos. Las f ortificaciones y los distintos siste mas defens ivos, así como el puer to y posteriormente el resto de las comunicaciones terrestres hacia el continente afri cano, son elementos qu e se han id o consolidando y potenciando progresivamente hasta la Ceuta de hoy día. La i magen del plano de 1887 muestra como desd e el inicio del asentamie nto portugués hasta finales del s iglo XIX 252 CACCIARI, M. (19 99:22). 132 los e lementos c la ve fueron las m urallas y el puerto. L a aper tura de la ciudad al co ntinente y de nuevos siste mas d e ocupación del territorio y de c omunicaci ón con él solo se produjeron más tarde, ya entrado el s. XX. Ha sta entonces el filtrado era más libre per o también más irregular. El desarrollo de las fortificaciones alcanzó su pun to máximo durante el Protectorad o (19 12 - 1956), desbordand o ligera mente el territorio act ual de Ceuta y relacionánd ose más c on el norte de Marruecos, del que España era administradora en este periodo. Cuando la ciudad , con los lí mites fronteriz os actuales (Wad -Ras 1 860), se uti liza c omo paso d e des tacamento s militares para toda la región norte afric ana 253 extenderá sus infraestructura s y red de relaciones en el c ontinente por primera vez desde 1415, concretamente carreteras y una línea de ferrocarril que potencian el flujo de personas y mercancías. Tras la Guerra de África (1859- 1860) 254 , que trajo consigo l a c onstrucción de los fu ertes neomedievales que serán la m ás adelantada ocupación del territorio que tendrá la ciud ad en el continente, pues se siguieron desarrollando una serie de conflictos con Marruecos hasta la pacifica ción del Protectorado: l a Guerra de Margallo (18 93–1894), la Guerra de M elill a (1909) y la Guerra del Rif (1911–1927). Durante e l Protectorado los enfrentamientos serán m enores ( aldean os, grupos locales, etc.) , no teniendo entidad como p ara limitar las relacion es y el desarroll o de infraestru cturas. El puerto de la ciudad iniciará una gran obra de ampliación a principios de siglo (1 906), trayendo numerosos camb ios a la mo rfol ogía de la ciud ad y provocando un vuelco demográfico importante. Antes de esta o bra, el puerto siempre estuvo supeditado y condicionado a las necesid ades defensivas, limitand o su flujo al abastecimiento de la ciudad y del pr esidio, así como de los destacamentos m ilitar es (fijo e iti nerante). La condición de la ciudad com o presidio determinó que no se consolidara como una ciudad abierta desde la época lusa, Circunstancia que limit aba la actividad comercial. Con la eliminación del presidi o (1910) s e origin a un despegue del c omercio q ue h a tenido una repercusión direct a e n el desarrollo del p uerto y de la ciudad. El régimen del P r otectorado español en M arruecos fue el motivo de los último s conflictos territoriales que afectaron a la ciudad de Ceuta pues representaba la ocupación y c ontrol administrativ os de grandes zonas del país para Francia y España. Esta distribución de l t errit orio entre dos potencias occidentales t u vo una gran influencia en el des arrollo -industrial y económico principalmente - de es tas regiones del país haciendo q ue sus ciudades, y el impacto de la cultura oc ciden tal en ellas, tuvieran una evolución muy dispar dependiendo de qué país las administraba. El desarrollo de plazas fuertes, como nuestro objeto de estudio, venía heredado del modelo portugués de expansi ón por la costa africana m ediante asenta mientos estratég icos al que se 253 Las regiones del Pr otec torado se de sarrolla n desde la co st a atlánt ica ha sta Melilla y su e ntorn o en una ba nd a territorial de var ios ciento s de ki lómet ros de anc ho. E stas se deno minarán: K ert (o R. Oriental), L ocus (o R. O cciden tal), Xa uen ( o Gomara), R if y Y ebala . Pa ra profun dizar en el tema consul tar "Origen y di námica del c oloni alismo españo l en Marrueco s ” (2001) de la Mat a, Ja vier Ramiro. 254 Conflicto bélico entre E spaña dur ante l os gobierno s de la U nión Liberal del R einado d e Isab el II y el sultanado de Ma rruecos en b usca de l a recupera ción del te rritorio I slámico q ue era Ceuta p erteneci ente al mismo desde 709 con el Califato O meya, h asta 141 5 cua ndo es conq uistada por el r ey de Po rtugal Juan I. Po sterior mente se une Port ugal a l reino de España (1580) en la llamada un ión Ibérica y en la secesión de 1 640 pa sa a ser e spaño la. 133 uniría el reino de Castilla 255 . La plaza fuerte no sólo había que defenderla de los reinos musulmanes preexistentes si no también de los ataques d e los piratas –berberiscos, t urcos , vikingos- que operaban en el Mediterráneo y en la costa at lántica del no rte de África. Algun as se fueron perdiendo hacia finales del s. XVI, per o grac ias a la unión de Po rtugal con el reino de España (1580-1640) es ta plaza se conservó como europea y llegó a ser españ ola. Tras los conflictos ya relatados en los primeros siglos de Ceuta como c iudad portuguesa -sin relaciones transfronterizas- y española -con alguna relación mino ritaria- llegó la Guerra de África y con ella un p eriodo de afianz amiento d e las nuevas t ierras incorporadas a la ciudad, con un a frontera más abier ta tanto material co m o conceptualmente. En este marco, ya en el siglo XX, el modelo de Protectorado es pañol, aplicado a "la zo na Norte (regiones del Rif y Yeb ala) y la m eridional de Tarfaya, al Sur del río Draa y li ndante con el Sahara Occidental" 256 , aun si endo una ocupación m ilitar que traía conflictos con la población , también fomentaba el des arrollo de relaciones con la misma. El grado de conflicto dependía de cada región, en publicaciones sobre la materia, como la de Ana I . Planet y M arcela Igl esias, se destaca el mayor conflicto s ocial e n las zonas del Rif frente a otras zo nas 2 57 . En este sentido se añade que las regi ones de Yebala, Tánger, Locus y Xauen muestran fuertes lazos con la sociedad es pañola en esas décadas de oc upación, fundamentalmente por las relaciones generadas en el retropaís ( hi nterland ) de abastecimie nto y comerci o tierra adentr o. Las relaciones entre el pu eblo autóctono magrebí y el es pañ ol que ocupa la zona pueden encontrarse en documentación sobre las sociedad es de judíos sefardíes de diferen tes ciudade s que apoy aron la relaci ón con el terr itori o español, los centros docentes es pañ oles que se conservan hoy en Marruecos heredados de es te periodo 258 y e l desarrollo de la economía de la almadraba Ceutí, en la que trabajab an j ornaleros magrebíes que ter minaron resid iendo en la ciudad de manera irr egular. Más allá de la ocupación en sí, impuesta e xterna mente y con un control de nac i ones eur opeas sobre t erritorio marroquí, hay que cons idera r la c onvivenci a entre las partes que aporta una serie de dinámicas sociales de relación y que se deben sumar a los c onflictos bélicos, tant o los de escala internacional como los enfrentamientos locales. E stas dinámicas se deb en al Prote ctorado y afectan al entorno ceutí, lo que puede apr eciarse en la diferencia de contactos con españoles en el norte y de franceses en el centr o-sur, y puede verse en e l desarrollo de las ciudades e incluso en la lengua misma hablada por los habitan tes - 255 En la segunda m itad del siglo XV y p rimera del XVI , Castilla ocup a sucesivament e M elilla (1496) , Cazaza y Maza lquivir (1505), el Peñó n d e Vélez de la Gomer a (1508), O rán (1509), el p eñó n de A rgel, Bugía y Trípoli (1510 ), Bona , Bizerta, Túnez y La Goleta ( 153 5). Portug al cent raba su exp a nsión en el litoral a tlántico, tomando Ceut a (1415), Táng er (14 71), Maz agán ( 1502), Mogado r (1 516), Agadir (1505). LOURIDO, R. ( 2004 :22). 256 IGLESIAS, M. (20 11:19). 257 PLANET, A.I. (1997 ) e IGLESI AS, M . (2010). 258 T ánger: Co legio Ra món y Cajal, Institut o Severo O choa, Tet uán : Colegio Jacint o Bena vente, I nstitutos Juan d e la Cierva y Ntra. Sra. Del Pilar, Raba t: Col egio de Ra bat , Na dor: Insti tuto L ope d e V ega, Larac he: Colegio Lui s Vives, C asablanca : Inst ituto Jua n Ramón Jim énez, Alhu cemas: In stituto Melc hor d e Jovellanos. E n n egrita los c entros de l a región del Prot ector a do Espa ñol. Fuent e: Registro E statal d e Centros Do cente s no Universi tarios, M inisterio de Edu cación, Cultura y Depo rte. 134 sesenta años después de acabar el Pr otectorado ex isten m uchos interca mbios lin güísticos que se mantienen en el dialecto de la regi ón y en hispano hablantes 259 -. El desarrollo de ciudades cercanas a Ceuta será de interés para nuestro es tudio, por lo que tratar la zona Tánger-Tetu án y el desarrol lo e im pacto en las rel aciones con la po blación , es parte del s ustra to para ese entendimiento profund o de las relaciones entre ambos lados de la frontera. Las obr as de urbanización, infraest ruc turas urbanas y evoluc i ón de la sociedad, s erá n parte fundamental de la comprensión de los cambi os. El Protectorado significó un a impo sici ón a la población, pero su i mpacto dif erirá m ucho entre las grandes ciudad es y las área s rural es. Es algo que se aprecia en los conflictos de las ciudad es autónomas, sien do más intenso en la región del Rif, de ex plota ción m inera principalm ente (próximo a Melill a), y más leve en el entorno ceutí, con fuer tes relaciones c omerciales con g randes áreas urbanas. Los conflict os del Rif, desde 1 840, cons is tieron en la formación de grup os de incursión a los territorios españoles llegand o a neces i tar un acuerdo mediador ent re el general O'Do nnell y el sultán de Marruecos. El acu er do t uvo la p articularida d de no incluir la plaza de Ce uta dentro de los espacios soberanos españ ole s reconocidos, lo cual fue la razón de que obras de refuer zo d e las fortificacion es en Ceuta fueran tom adas como provocación del est ado español haci a Marruecos 26 0 . En 1859 un grupo de rifeños ataca l as reparaciones de algunos fortines de C euta lo que resultó ser el d etonante de la Guerra de África. El gobierno del g eneral O'Donnell so licitó castigo para l os responsable s de la incursión, petición que no fue atendi da por e l sult án de Marruecos. E sto no hubiera si d o necesaria mente suficiente para el ataque expansionista sobre el territorio marroquí, pero , según fuent es de la época, resultó que esta guerra desigual -por el desequ ilibrio en potencia militar a fa vor de los españoles- servía p ara reafirmar las pos iciones de un gobierno al q ue las intri gas cortesanas venían haciend o mella desde hace tiempo. Ambas argumentaciones se utiliza n en conjunto para explicar e l detonante de una guerra de esta escala. Como manera de reafir marse frent e a problemas intern os, el gobierno realiz ará declaracion es públicas que def endían l as incursion es colonizadoras españolas como un "rehacerse en s us fértiles comarcas de nuestras pérdidas coloniales" 26 1 c on lo cual el conflicto se utiliza p ara generar un sent imien to patrio. Promociones militares y títulos nobiliarios de máxi ma dignid ad (Grandez a de Españ a), fueron los triunfos para los altos cargos en es ta acción bélica (i nclu yéndose el mismo general O'Donnell con el Ducado de Tetuán). El apoyo patriótico de todas las regiones y fuerzas políticas y la aprobación in ternacional de Francia e Inglat erra acompañaron a este conflicto que se desarroll ó entre 1859 y 1860; cuatr o me ses en los que un ejército mal preparad o 262 se impuso a un p ueblo con menor poder bélico sin mayores problemas en Castillejos, Tetuán y 259 Se estimó que en 19 93 exi stían 20.000 ha blan tes nativo s de español (E thno logue repo rt for Morocc o, 1993), y qu e sigu en habi tand o 7.000 españoles en Marr ueco s en 2013 (INE , 2013) y el da to más abrumado r -claro ej emplo de la relación int ensa - es que exi sten entre 4 y 7 m illon es de p ersonas que hablan o ent ienden el españo l (fuente: El e spaño l en el cont exto Sociolingüí stico marro qu í: E volución y perspectiva s, 2002) y el 21,9% d e la pobla ción d ice habl ar españo l (Encuesta CIDOB, 200 5) . 260 FUENTES, J.F. (2007 :215 ). 261 FONTANA, J. (2007 :267 y s s). 262 El ejército no t enía apr ovisiona miento sufic iente, e staba mal equi pad o, pr eparado y dirigido , esto en parte explica q ue d os tercio s de l os casi 8. 000 muert os esp añoles fueran vícti mas del cól era y d e otra s enfermedade s ant es que del ca mpo de ba talla FO NTANA, J. (2007 :301-302 ). 135 Tánger (marzo 1860) . El conflicto concluyó con la ren dición del c omandante marroquí Mule y Abbas y el Tratado de Wad-Ras con el que concluirían las hostilidad es, en él se establecían unas condiciones de rendición m uy ventajosas para España 263 y dio pié a la amplia ción de los territorios de la ciudad de Ceuta hasta l os lí mites que permanecen en la act ualid ad . Durante el conflicto se m antenían las fronteras y la se greg ación, pero con el tratado y la o cup ación en el territorio del nuevo sistema defensivo y el contro l so bre ciertas regiones cercanas (Tetuán) empezaron a trazarse puentes de relación m ás allá d e lo s usos compartido s que se tenían del área anexa al co mplejo am urallado que era la ante rior frontera. La Guerra de África f ue el primer enfrentamien to mod erno entre las naci ones de Marru ecos y España. Anteriormente no podía hablarse de guerr a, sino de asedios, incursion es y batalla s territoriales e ntre Mar ruecos y la plaza española (anteriormente fueron entre la plaza portuguesa y Marruecos o los calif atos y d inastías s egregadas que con f ormarían el p aís). La Guerra de Áfric a estabñeci ó los nuevos lím i tes para la ciudad de Ceut a y se reconocían e stos y los de Melilla a perpetuida d. La pérdida de la guerra y las condiciones impuesta s en el tratado incrementaron la tensión y el resentimiento de los habitantes m ar roquíes con España. No obstante, el contexto será diferente ent re Ceuta y Melilla. Para Ceuta, el conflicto cam bió el concepto terr itorial, además de la am pliación de territorios, la c iudad de Tetuán quedó bajo e l dominio es pañol durante el intervalo 1860 -62, periodo que m arcó el encuentro ent re españoles y los descend ientes de judíos sefardí es y moriscos exp ulsados sig los atrás, por lo que l os hablantes de una variante del español: jude oespañol o Haketía , ent raron en contact o con los que permanecier on en territorio españ ol. Est as relaciones social es se consolidaron en el P r otectorado como he mos visto. Las relacion es entre sectores de la población a ambos lados de la frontera como es tá n documentadas por dife rentes autores, como es el caso de la población judía en los añ os 1860-1862 y posteriorme nte en el Protectorado 26 4 . E l c onjunto de investigaciones sobre las relacion es social es a ambos lados de la frontera da un panorama d e cómo aun exist i endo conflicto y tensiones se irá n consolidando puentes sociales ent r e las regiones 265 . Pero no fue un a cuestión exclusiv a de sectores sociales descendientes de españoles residentes en Marruecos, desde siglos atrás, la Ceu ta es pañola había establecido relaciones de conveniencia con los habitantes de la región. Los primer os contactos norm aliza dos sucedieron al incorporarse el c uerpo de mogataces de Ceuta, antiguos musulmanes proceden tes d e Oran (1791). La llegada de f amilias musulmanas requería de la asistencia de Imanes de la región para mantener su culto . Estas r elaciones, junto al se rvicio que hacían en la recu peración de 263 El acuerdo de Wad-Ras inc luía n las siguient es ventajas par a E spaña: Rec onocimient o y c ese de las incursione s en las plazas espa ñola s de Ceuta y Melilla, a mpliac ión de los t erritorio s de Ce uta y Melilla a perpetuida d (dispa ro de cañó n), r econocimi ento d e la sobe ranía españ ola en l as islas Cha farina s, compensación econó mica (10 0 millone s de pe seta s), Tetuán se ría admini strada po r España h asta qu e el sultanat o pagara la deu da, ceder el territorio d e Santa Cruz d e Mar Pequ eña y declaració n d e vencedor para E spaña y de perdedor para M arruecos, ade más co mo ún ico responsable d el conflict o (IGLESIAS, M . 2010:19). 264 RONTOMÉ, C. (2 012:41 y 44) 265 El Haket ia (Haquetia) fue u na varian te d e hablan tes judeoe spaño les que trajo c onsigo ag rupa ciones de los ju díos sefardíe s como l a Alia nza Israelita en T etuán ( 1862) que po co de spués se instaló en c asi toda s las ciudades de Marru ecos y c olaboró c on el p aso a América l atina d esde el s. XVIII en dela nte de estos colecti vo s. 136 reos del presidio y otros contactos locales de orden com ercial, representan un panorama d e relación mínima qu e ca mb ia su stancialmente tras la Guerra de África, como hemos v isto, extendiendo las relaciones a cientos de kilómetros (cen tros docentes españoles, asociacion es judío sefardíes, e tc.). La p rimera p oblación musulmana en l a ciudad se compone fundam entalmente de es te grupo de musulman es de Orán tras la p érdida de la ci udad argelina. En el period o posterior a la Guerra de África, es te colectiv o se compone d e ciu dadanos que ya as umen la ciu dad como propia tras generaciones de permanencia en la misma, aunque la relación con el res to de la población estaba li mitada por su origen. Su residenci a en las mism as m urallas de la ciudad y la falta de integración, hace de este colectivo el ejemplo de relación que se ha mantenido durante m ás de un siglo entre las po blaci ones musulmana y cristiana. El incremen to de presencia musulmana en l a ciudad tras 1860 es debido al comercio y el trabajo para una población itinerante . Conforme esta se va asentando aparecerán medios de registro como padrón o tarjeta est adísti ca, no obstante, la i ntegra ción real y adquisición de derechos se alcanza con la in corporación de España a la Unión Eur opea y la Le y de Extranjería (1985) que se redactó entonc es y el po st e rior proceso de regularización extraordinaria que s e produjo en las ciudades autónom a s (198 6-1990). En el periodo e ntre la Guerra d e África y la Ley de extranjería (1860-1 985), a los descendientes de estos Moros de Orán se les incorporan grupos de judíos se fardíes y marroquíes que trabajan y com ercian en la ciudad . Lo s musulmanes que conformarán las tropas indígenas serán el grupo más numeroso de este period o, los cuale s serán sustituid os migrantes económicos a partir de la década de 1970 266 . Hay que llamar la atención sobre c ier tos ritos de la ciudad que hacen visible la integración. Al tratarse de un penal hasta 1910, el ritmo de la ciudad se marc aba por los tres c añonaz os diarios que deter minaban el inicio del día, su final y la hora del rancho 267 . Tras la etapa de penal, s e mantuvieron los cañonazos de inicio y fin del día que duran te décadas m arcar on la apertura y cier re de los puentes levadizos de la c iud ad, posteriormente se mantuvo c ierta ritualidad a través de la subida y bajada de bandera y gran parte de los habitantes e n Ceuta aún recuerdan como la ciud ad se paraba t ra s e stos cañonazos. El rito original abría y cerraba la ciudad a trav és del puente lev adizo situado en el Foso de San Felipe, que separaba t otalment e la ciudad antigua (i stmo y Almina) de los t errenos más allá de las Puertas del Camp o. Este ritual c otidiano, además de refo rzar la ident idad defensiva y milit ar de la c iudad, era el medio para segregar los barrios exterior es que albergab an a la práctica totalidad de poblac ión musulmana de origen ma rroquí, igual que siglos atr ás se localizaron a las fa milias de l os soldados mogataces en las partes más exteriores d el complejo defensivo de las Murallas Reales. El cañonaz o de m edio día se mantendrá durante déc adas en toda su ritualidad. L a antigua hora del r ancho para l os penados c oincidía con el rezo del Ángelus, razón p or la q ue las autoridades militares prosigu ieron con es ta tradición hasta bien entrada la democracia. En las últimas décadas si se modificará este cañonazo, cambiand o de ubicación y perdiendo gran parte de su represen tatividad para la vida urb ana. 266 RONTOMÉ, C. (2 012:83) 267 SALVADOR, T. (19 75) 137 Según los registros demogr áficos de 1986 y los planos adjuntos con los distrit os de la época, se puede observar cómo, en las últimas décadas del s. XX, todav ía, en las zonas interiores de la ciudad, el porcentaje de la representación musulman a pued e c onsiderarse nulo 268 . Est a condición se iría mo difica ndo en las últimas décad as d el s. XX y primeras del X XI, pero la sectorización de la ciudad queda patente en barrios exclusivos de confesión isl ámica (distri to 6: Pr íncipe Alf onso y Benz u), así c omo la alt a concentración no-islámica en otros (distrito 1: Centro). Si bien al comienzo de la llegada de m usulmanes, el cierre de la ciudad, el c onflicto abierto y las tensiones sociales, hacían que est a población se concentrara en l as zonas exteriores a las m urallas primero y posteriormente en las c ercanías a la raya fronteriza de 1860, hoy la distribución de la población v aría y esa diversidad está más ligada a intereses económicos, de identidad cultural o herencia. Rontomé presenta cómo se est á pr oduciendo en las primeras décadas de sigl o XXI una m igración desde las periferias a los barrios de transición (distrito 5: Los R osales o San José "Hadú") de p oblación m usul mana y hacia el centro d e la población no musulmana, principalmente cristiana; t ransf ormando en par te el escenario multiétnico de la ciudad, con el correlato urbanístico, sociocultura y po líti co que est o representa. Abordarem os el tema de las divisi ones interiores d e la ciudad en el siguient e capítulo por lo que, ahora intent aremos desvelar solamente la influencia de esta segregación en las relaciones fr onterizas. Fig. 54 Población musulmana en Ce uta por distritos (1986) |PL ANET, A.I. (1998) 268 Estudio estadístico de 1 986 s obr e la pob lación musul mana : Zona Centro (Distrito 1) 19 5, M ont e Hacho (Dist rito 2) 9 01. Un tot al int ramuros de ap ena s 1100 habit ant es frente a los ca si 12.200 habit antes registr ados (PLANE T, 1997:39). 144 3.4 Paso fronteri zo del Tarajal En estas tres imágenes, se aprecia la complejidad de las re laciones socioeconómicas existentes en el espacio e nt re la ciudad d e Ceuta y Marruecos qu e pued en ll e gar a g enerar conflicto con la interrupción del flujo de las actividad es. Estas int ensas relaciones van m ás allá de las convencionales entre dos países fronteriz os al uso, o de la imagen que se t i ene preestablecida de una frontera internacional, ya que se fundamenta en el concepto anteriormente me ncionado como retr opaís o hinterla nd 2 75 , por el que Ana I. Planet describe el paso de m ercancías y otras ac tividades de Ceuta (com ercio, servicio, materias) hacia su "tierra adentro", afect and o progresivamente gran parte del sistema económico del área Tánger- Tetuán . No obst ante, cabe destacar que lo s análisis realizados por Planet, aun siend o v igentes, no contemplan los c ambios en esta relación fronteriza que se han desarrollado desde finales de la década de 1990. Muy recientemente se ha establecido una gran zona de comercio fr onterizo que duplica al Tarajal original. La presente década se completa c on una llegada masiva de comercios de m arcas internacionales que se orientan a un me rcado más allá de la front era. La globalización inten sa, tanto de li bre mercado como de economías transnacionales de corto y largo alcance, representan el esquema económico tipo en los llamados países en des arrollo 2 76 , como podemos considerar a M arruecos por su relación con Europa en las últimas décadas. En el otro lado de la fron tera , tras dos déca das d esde el estudio de Plane t, se ha p roducido la ampliación del p uerto de Tánger y se han mejorado las redes de comunicació n del norte de Marruecos con el centro qu e constituye el m otor ec onómico del país. La consecu encia direc ta es el desarrollo ec onómico creciente de una región fuerteme nt e ruralizada históricamente, pero indirectamente el tráfico de los producto s que gestionan esta s infraestru cturas es tá afectando a los flujos v enidos desde España. El t ráfic o de puertos tan importantes como el de Algeciras y el bypass de mercancías llegadas desde C euta son lo s principales afe ctados de este desarrollo 2 77 . Aún con los sobrecostes por los aranceles del reino alauí, existe una competitividad real de las infraestructuras que o frece el país vecino, así como menore s cost es humanos que presen ta este país. La s a mpliaciones del puerto de Tánger lo acercan a las dimensiones del puerto de Algeciras, co mo se puede apreciar en las imágenes a esc ala de abajo, considerad o entre los 10 mayo res de toda Europa. A esto se le une el proyecto de zo na de libre co mercio en el norte marroquí con Europa , d onde s e presen tan ventajas para e l comercio transfronteriz o que puede afectar en un futuro al comerci o en las ciudades españolas. 275 PLANET, A.I. (1997 :69) 276 En estos países, do nde l a mano de ob ra es más econó mica , existe di sponib ilidad po r pa rte de las administrac iones y pr esent an en muchas oca siones la s mate rias pri mas nece sarias; se pre senta u n conjunt o d e factores que los c onvierte en opc iones de int er és para empr esa s deslocaliza d as aún c on los sobrecost es de tra nsporte. D e este modo, se incorpo ran estos países en vías de d esarro llo a la s economía s mundializa das y a su vez r eciben el apoy o de org anismos int ernacio nale s con interes es en este desarrollo, co mo es el ca so de la UE y el desarro llo eco nómico d e Marrueco s. 277 "T ánger apun t a a Algecira s" (El País, 14/09/ 2015). 145 Fig. 59 y 60 Fotografías satélite d e los puertos de Algeciras (arriba ) y Tánger (abajo) | . Google Developers (2014) 146 Volviendo a las imágenes de partida, e n e llas se identifican fác ilmente a los porte ad ores o matuteros, principales actores de las actividades económicas en la fr ontera. Se pueden distingui r los diferentes roles si m iramos con un poco de atención, así pueden entre-verse los trabajadores peregrinos, los t rabajad ores de la frontera o los turis tas, además de los porteadores. Incluso exist en individuos sin una función clara, aunque es to sea más v isible en e l espacio en sí, ya que su función es est ar en la front era, disponible para el c onjunto de actividades q ue se pued en dar: comerci o, ser vicio y apoyo a la s au toridades p rincipalmente marroquíes. Este co njunto de actividades mues tra el profundo tejido de este escenario social público pero con un fuerte control y una alta repr esentatividad. Más allá del punto de conexión concreto para el paso entre territorios lim í trofes, se trata de un ec os istema dond e confluyen los flu jos generados por la relación de la ciu dad con su ento rno. Existen dos categorías principales en tre los individu os que transitan por la frontera: los "profesionales" de la frontera y los "aficionados" a la frontera. Mientras que los profesionales configuran, po r su activida d, el sist ema de la fro nt era, los aficionados parti cipan pasivamente en esta es tru ctura fr onteriza. L a acti vidad profesi onal en la f rontera será c onfigurad ora y referencia para cond icionar el us o de los espacios. El grupo de los profesi onales de la frontera incluye a los cuerp os de seguridad, los servicios de aduan a, lo s co merciant es, los trabajadores per egrinos, los t rabajad ores de la front era y los matuteros 278 . Dent ro de un espectro tan amplio, de la normalización a la irregularidad pura, se disponen los diferentes act ores. Más allá de la presencia de cuerp os de seguridad y administración fronteriza, el resto de actores parece que no s e deberían entender como profesionales en una fronte ra entre dos países. L as fuerzas de seguridad y administración se encargan, según legislación y protocolos, de investig ar las irregularid ades que puedan existir y mantener el c ontrol sobre el es pacio. Irregularidades que pueden variar desde lo personal, con problemas de documentación o act i vidades ilícitas, hasta lo material c on el paso irregular de mercancías o mercancías p rohibidas. Los com erciantes, trabajadores y p orteadores, aun sin ser personal cont ratado para la fro ntera p or la administración, presentan gr upos bien defin idos que hacen uso a diario del elemento y presentan pautas con la s que las autorida des se han ido acoplando, mucha s de ellas en la alegalidad , cuando no en la ilega lidad expli cita. Los no-profesionales presentan diferencias fundamentales respecto a los grup os antes descritos, pues hacen uso de la frontera para el turismo, compras personales, p ara cambiar de residencia al otro lado, etc. En definitiva, s on usuari os eventuales y no presentan los modos y los ritmos que se pueden e xtrapolar ent re los individ uos de los anterior es grup os. Lo variable de su m anera de pasar la frontera hace que se adscrib an c on mayor facilidad a las regulacione s que se imponen desde l as fuerzas de seguridad y la administración. Este colectivo no presen ta tampoco la cohesión de los otros, que se han c onstituido en colectivo c uando el conflicto fronterizo les ha afectado: avalanchas de trabajadores cuando la frontera se colapsa, hacer frente grupos de inmigrante s desde las fuerzas de seguridad de ambos lados o el paso m asivo de porteadores p or el paso fronteriz o del Tarajal cuan do el Bi utz ha sido c ortado. 278 "Matutero: per sona qu e se d edica a matut ear", e s decir a int rodu cir "matute:1. Introd uc ción de género s en una poblac ión sin pag ar el impue sto de c onsum os. 2. Género a sí introd ucido " (RAE, 22ª edición DRAE, 2001 ). 147 El paso f ronterizo c omercial ( del Biutz) es al q ue se puede tener acceso no siendo u n porteador do cumentado d el polígono ind ustrial del Tarajal, cuyo paso s erá el B iutz. En este paso del Tarajal, el n úmero de policía s nacionales y gu ardias civiles españ oles, o de gendarm es, funcionarios de frontera y soldados m arroquíes, varía dependiendo de la hora del día y la época del año 279 , pero se esta blecen en 4 lín eas con funciones separadas. Comenzan do en la ciudad es pañola primero está la Guardia civil: encargada del registr o de entrada de vehículos y mercancías y l a policía nacional que es r esponsable de la iden tificación y registro de lo s individuos. D esde este pu nt o hasta la s líneas de co ntrol marroquíes se prese nta un espacio neutral donde la presencia de cuerpos de seguridad marroquíes es más bien di spersa y la presencia española es nula por norma general. El lado marroquí del cont r ol fr onteriz o recibe el control de la seguridad de los gendarmes del paso fr onterizo -con un apoyo militar des tinado a impedir el paso ilegal por segmentos anejos al pas o fr onterizo de la valla fronteriza- y el control de pasaportes p or parte de lo s funci onarios. Todo el flujo a tra vés de la fro ntera está regula do por estos m edios de c ontrol. La clara separación entre legal e i legal que ex iste se contrapone a una serie de c o nductas que se producen de facto y que no son penalizadas. Estas activi dades, al incluirse en el conjunto de relaciones en tre amb os lados de la frontera evitan parte de las tens i ones, tensiones q ue s e hacen v isibles si se impiden cuando el contr ol es más estrecho. En parte estas actividades, ilegales o alega les, en los márgenes alivian el cer co, llegando a generar enfrentamientos -entr e actividad al margen y control- cuan do se obstaculiz an, incluso con m uertes en este paso fronterizo 2 80 . Como po dem os ver en alguna de las imágenes, donde un retraso o el control exhaustivo de pasap ortes ha traído el conflicto c on los porteadores que se mantienen a la espera de poder realizar su trabajo. Esta al egalidad se ha convert ido en medio de vida de miles de personas ll egadas de Marruecos, así como empresas c omerciantes de Ceuta, po r lo que el conflicto aparece con cada intento d e regulación o control. Este el emento fronterizo es un regulador del paso de perso nas, lo que lo convierte en un filtro bio político -car ece de aduana com ercial-, per o independientemente de es ta condición abstracta de segre gador social, es soporte de fluj os económicos importan tes para la esc ala local de ambos entornos, flujos que explican las dinámicas de consolidación territorial que se extienden m ás allá de los núcleos urbanos limítrofes Ceuta-Fnideq (Castill ejos) a través de la relación tipo retropaís o hi nter land . Un ejemplo de estas economías locales extendidas pu ede verse en algunos de lo s grupos de los actores " profesionales" de la frontera. Las relaciones con M arruecos desarr olladas desde principios de s. XX, y más intensas en las últ i mas déc adas, muestran a los "t rabajad ores peregrinos" en su camino hacia el trabajo en Ceuta. Podrían c onfundirse c on los matuteros que t ransportan bienes , ya que realizan un porte diario normalmente, pero r ealmente t ienen dos act ividades bien diferenciadas. El gr upo de "peregrinos" son un conjunto de trabajadores, mayoritariamente m ujeres , ve nidos de M arruecos qu e desarrollan actividades laborales en la ciudad de Ceuta. El proced imiento de paso de la frontera a diario y el t rayecto d esde ciudades 279 Existen fechas pu ntua les que r equiere de un a vig ilancia ext rema o bien p or la ma siva aflue ncia de individu os para r ealizar el pro t ocolo d el paso legal co mo la O PE (Operac ión Paso d el Estr echo), como po r oleadas d e individuos en b usca d el paso irregular en c ercaní as al ini cio o fin d e la tempo rada estival. 280 "Una avalancha h umana pro voca la muerte de d os port ead oras en Ceuta" (El Paí s, 25 Ma y. 20 09). 148 cercanas como Tetuán (50 km) o Tánger (75 km) a través de carreteras de montañas, en autobuses o taxis m asifica dos (9 oc upantes ), se co mpensa con la diferencia salarial respecto a Marruecos, por ello llegan a hacer diariamente una hora de trayecto para trabaja r en limpieza, mantenimiento, cocina, etc . labores que hoy en día desempeña es te co le ctivo mayoritariamente en la ciudad. El t rabajo al o tr o lado de la frontera se r etribu ye con un me nor salario, por estar acorde con el niv el de v ida, así c omo por ser una regió n fuert emente ruralizada donde la v ariedad y disponibilidad de t rabajos fuera del c ampo están limitadas. Estos trabajadores peregr inos están mal pagados e n Ceuta co mparados con el nivel de salari os de otras ciudades española s, sin embargo, con estos salarios o acumulando contrat os aún menores ( principal mente en la limpie za del hogar), sustentan familias enteras en las localidades marroquíes c ercanas. Por est o , la mayoría de los "trabajadore s peregrinos ", mantienen hogar y trabajo separados, aun c uando supondría un importante aho rro de tiempo y molestias la s upresión de los viajes diarios. Este t ipo de plant eamientos vitales, así c omo los de los m atuteros y demás ac tores lab orales fronterizos, c onstituyen la m ayoría de los flujos humanos en la fr ontera. Un caso diferente, que se ha consolidado en las últimas cuatr o décadas, ha s ido la permanencia en la ciudad de trabajadores llegados de Marruecos mediante pas es especiales. La historia de los m usulmanes en Ceuta inicia con los "Moros de Orán", l legados a finales de s. XVIII y asentados en la ciudad como parte del c uerp o d e Tirado res del Rif. A mediados de s. XX se em pez ó a regular una práctica que y a era habitual y se había intensificado desd e principios de siglo 281 . Desde que com enzó la regularizaci ón de es tos tr abajad ores, tras finalizar e l Protectorado, cientos de p ersonas se estableci eron lejos de su núc le o f amiliar original al que enviaban dinero durante años y, en algunos casos, quedándose a v ivir permanentemente para conseguir la nacionalid ad española y traer a su familia. Este caso genera un modo de vida m ás estable que el de los actual es "trabajadores peregrino s" y requ iere de una docu mentación que la adm inistración ha ido reconociendo, de modo que consiguen percibir un s ueld o, declarar a la seguridad social y tener la condición de inmigrante legal con contr ato de trabajo algo que hace apenas cincuenta a ños no s e consid eraba 2 82 . El añadido a esta si tuación fue la regularización tras la Ley d e Ext ranjería de 1 985. La instrumentación de estos p rocesos es un reconocimiento de la excepcionalidad local, t anto fue así que la L ey Orgánica 7/1985 de niv el nacional se revisó para las ciudades autónomas por significar la expulsión de miles de habitantes. Estos "Permis os de estancia por trabajo", a la par que hacen permeab le la fronte ra , significan un primer paso p ara la residencia de los trabajadores marroquíes en Esp aña. Las dos situaciones que he mos descrito dejan ver un a relación profunda entre localidade s vecinas y co- dependientes. Para mostrar como la Administración española actúa con retraso regularizando 281 Población l legada de Marru ec os: 1905-10 ( 36 ), 1910 -20 (2 45), 1920-30 ( 906), 1 930 -35 (577), 19 60-7 0 (604), 1970- 80 (38 6), 198 0-86 (151). (PLA NET, A.I. 1997 :29, 30, 37-4 1). 282 La historia de l a Tarjeta E stadíst ica está r elacionada con el f ina l de la Guerr a Civil, cuan do l os moros del Ejército N aciona l o Fra nqu ista fueron lic enciados en l a s ciudade s de Ceuta y Melilla, esta t arjeta se extendería en su uso posterio rmente a lo s tr abajado res marroqu íes llegad os a ciento s a la ciudad, teniendo un a herr amienta c on l a qu e tener derechos y d eberes, p ero sin necesidad de co nstituir compromiso a lguno para l a obt ención d e la nac ionalidad. Los Permiso s de Trabajo (A, B, C, D, E o F) para diferent es regímene s labor ales y t emporale s (Ley Orgáni ca 7/1985, a rt. 3 4) serán de u so entre 1986 y 2000. El P ermiso de Trabaj o Tra nsfronterizo (L ey Orgáni ca 4 /2000, a rt. 43) es el a ctual ins trumento que regula, d e un modo diferente y l imitante, l a posibilida d d e obtener la nacion alidad e spañola q ue desde 1986 tuvieron mil es de per sona s por la a nterior ley de extr anj ería (Ley Orgánic a 7/1 985). 149 esta reali dad, se puede recordar cómo los trabaja dore s regulados casi siempre int enta n conseguir más trabaj os para o btener el máximo de i ngresos posible para su f amilia: n uevos centros de trabajo o incluso aprovechar sus pas os por la frontera para ll evar mercancías como matuteros. De este modo, el pluriempleo se está c onvirtiendo en un pro ble ma incapaz de ser regulado por lo s instrumen tos ad ministrativos actuales, algo que da m uestras del c a mino que queda aún por recorrer en el reconocimiento y la regulación de estas relaciones transfronterizas. Si repasamos l as dinámicas c readas a lo larg o de l os años de rela ción moderna, desde el Protectorado, hasta la L ey de Ex tranjería de 1985, v an más allá de l o abstracto d e la concepción de límite territorial, existen costumbres de mercadeo cada vez más v ivas, trabajadores socialmente aceptados y residentes o visitantes de la ciudad, transp ortistas, etc. En esa e v oluc i ón hay que dest acar el perio do p osterior a l a conclusión del Protectorado, cuando se estableci ó la sob eranía marroquí co mpleta. El m onarc a m arroquí Hasán II (1961- 1999), durante su reinado, cond icionó el desarroll o del país, relegand o el desarrollo de regiones c om o el Sahara oriental (p or el cierre de la costa en la ocupación ma rroquí d el Sahara) y el norte m arroqu í, de anterior control español en el Pr otectorado frente a la protección y promoción de o tras zonas. Centrar el desarrollo del país en las regiones que correspondían al Pro tectorado Francés se debía a la existencia en estas regiones de estr uc turas industriales implan tadas p or empresarios fran ceses. El "abandono" del S ahara y el norte produjo dos situaciones diferentes. Por un lado, el conocido conflicto del Sahara Occidental, en el que Marruecos y Maurit ania han ido real izando incursiones (198 2-1987) en un t erritorio descoloniz ado en proceso de independ encia. En el norte del país, al enc ontrarse fuertemente ruralizado y poseer relaciones ec onómicas y sociales previas c on España, proliferan l os tr abajos anteriormente m encionad os a falta de otros medios para sustentar a la población. Estas activid ades económi cas basadas en el trabaj o han ev olucionad o, una parte se ha transf ormado en los fluj os de los trabajadores itinerante s que v isitan la ciudad a diario, posib ilitado por la mejora en los t ransportes y la frontera, per o además de estos t rabajad ores, aparecen los profesi onales de la imp ortación-exp ortación de productos, los matuteros, que pueden alcanzar un total de 35.000 pases diarios de porteadores en la f rontera d el Biutz, que es de u so exclusivo comercial 283 . Las relaci ones c on el retropaís, que defi ende P lanet, se desarrollan a esc ala micr o entre regiones com unicadas por la frontera. En ella, los fluj os de personas y produ ctos condicionan el d esarroll o urbano de la s áreas cerc anas a la frontera de Ceuta, as í c o mo el de la cercana población de Fnideq ( Castillejos). Se produce un intercambio fundamentalmente económico, de servicios y bienes, que se afianza en la desigualda d entre las regiones par a crear dinámica s de beneficio para amb as partes. Esto n o es contradictorio, ya que, al existir una desigualdad, hay pos ibilidad es de mercado a t ravés de esta diferencia. U n menor co ste de la m ano de obra, materias primas y artesanos m ás económi cos en Marruecos o productos importados sin aranceles d esde España, son los pilares del m ercado de t rabajo fronterizo contemporáneo que 283 "según la Delega ción del Gob ierno en Ceuta , se p rodu cen unos 3 5.000 pa ses po r el puent e del Biutz, un pa so habilit ado junto a la fronte ra, destinado ún icament e al t ránsito d e mercancías, y que fun ciona desde el a ño 2005", ( elEconomist a, 16/ 07/2014). 150 tiene como actores a los "t rabajad ores peregrino s", los trabajador es desplazad os y lo s matuteros o por teadores. Fig. 61 y 62 Fotografías de padres e n una protesta en la frontera de l Tarajal | Ceuta al día (2013) A fi nales de noviembre del año 2013 t iene luga r una m anifesta ción sin re percus ión en los medios de comunicación nacionales 284 . M ediante una protesta pacífi ca los p ad res del C. P. Príncipe Felipe reclaman a las autoridade s el re-establecimiento de una es calera entre la carretera de la frontera y el cen tro. Esta fue dem olida por la ad ministración por ser u tilizada por los p orteadores que se dedican al m atute en el cercano políg ono del Tarajal y que tienen establecido un p aso e xclusivo para ell o, el p aso del Biutz. Las autoridades de fienden qu e el tráfico pas aba por delante del c entro y consideraron preferible demoler la escalera para que los p orteadores, q ue no a tendían a la ló gica del pas o front erizo y la u saban para agiliz ar su trabajo, n o entraran en mayores conflictos con los pa dres del centro. L a recla mación se realiza desde e l cercano barrio d el Pr íncipe, concretam ente desde la AVV de El Prínc ipe 2 85 . El interés se centra sobre la fr ontera po rque esta es calera comunicaba la carret era de la misma con el centro, por l o que no era necesaria para llegar al colegio desde el barrio, sólo si rve para acceder al cen tro desde la mis ma frontera. La reclamaci ón se m ateriali zó en una m anif estación q ue cortó la carretera de l a frontera a las horas de entrada y salida de los escolares por parte de los padres. Los manifestantes fuer on padres que, en s u mayoría, venían de sde la fro ntera misma. Consulta ndo fuentes 284 "Por un a cceso digno" (El Fa ro de Ceuta, 26/11/2013 ). 285 El Príncipe estaba compue sto origina lmente por dos b arrio s separado s que posterior me nte se han unido en su d esarrollo. El b arrio d el Príncipe Fel ipe, en el lit oral en torno a un g rupo d e viv iendas sociales de la s egunda m itad de s. XX y el ba rrio del Pr íncip e Alfonso, en un a loma pr óxi ma a la fron tera donde estaba el Cua rtel del Pr íncipe Alfon so, ant iguo cua rtel d e Prim, e stablecido en la pr i mera mitad de s. XX. G eneralment e a a mbos se les d enomina ho y d ía común mente co mo "El P ríncipe ". 151 administrativas, se aclara una situación ambigua, esto es: si un niño está empadronado en Ceuta tiene derecho a escolarización en un centro de la ciudad. Afirman que exist e un colectivo importante d e alumnos esc olarizados con pad rón en la ciudad autóno ma y residentes en Marruecos. Por tanto, e n este conflicto se hace visible una relación transfronte riza en el uso de servicios desde más allá de la fr ontera. La utilización de algun os servicios m uestra cómo la red de relaciones t ran sfronteriza, aunque principalment e de índo le laboral y c omercia l, se ext iende a otros c ampos como el aprovecha miento de los recursos soc iales. Un co l ectivo representativo de la población vec ina a Ceuta se ha integ rado en las redes sociales ceut íes por la mejora que esto supone para su nivel de vida. Como se vuelve a detectar, la desigualdad entre los p aíses ve cinos promueve l a relación irregular entre lo s m ismos. El uso del padrón de la ciudad para conseguir ciertos beneficios es una act ividad conocida, no es legítima, pero es permitida por las autoridades. L a regulación ac tual los hace capaces de reclamar una serie de servicios para los qu e, en realidad, no reúnen las condiciones necesar ias como ocurrió con el colectivo de padres del C. P. Prínc ipe Felipe que consiguió el acondiciona miento de una esc al era nueva, aunque en una z ona diferente. Este fen ómeno pued e detectarse también en otros ejemplos: -"Turismo sanitario", con el uso de tarjetas falsas de portead or generalmente, para acceder a la ciud ad y hacer uso de los servicios m édicos, con esp ecial relevancia en los cas os d e mujeres llegadas al Hospit al Universitario para dar a luz en busca de una mejor asistencia médica y/o facilidades para un a futura residencia en E spañ a. - R esidencias ficticias y pisos patera de residentes de Marruecos para hacer uso de s ervicios como el y a co mentado e ducativo y otr os com o ayudas so ciales y d el INEM, perm isos d e trabajo, etc. - Uso de pases es peciales -caso Belyounech y Castillejos 2 86 - con entrada libre que se utiliza para dedicarse al comercio tr ansfr onterizo de prod uctos en ambas direcciones, sin declarar impuestos o pagar a ranceles. La poblaci ón musulmana no r esidente ha obtenido un a serie de derechos por vía irregu lar, esto se ha v isto beneficiado por la mejora pro gresiva en los derechos de la comunidad musulmana res idente en la ciudad . Hemos visto qu e el aumen to de la p oblac ión llegada d e Marruecos, así como la regularización de est a , y un a población musulmana con unos altos índices d e nata lidad, han p rom ovido una c onviven cia cultural nunca an t es conocida en l a ciudad, en paralelo a un incremento demog ráfico sin prec edentes 287 . Adem ás de los derechos sociales que he mos visto anteriorm ente, fu ndamenta lmente de cará cter individ ual, también están recibiendo el recon ocimiento colectivo de su identidad, su patrimonio -material e inmaterial- y su confesió n religiosa. L a asim ilación a días festivos de fiestas religiosas 286 Los residente s de las poblac i ones de Bely ounech y Fni deq (Castill ejos) tienen condi ciones esp eciales para la a dministrac ión (al i gual q ue los ceutíes) pa ra facilit ar su paso por la front era. Esto supu so un abuso p ara el comercio ta l en la loc alidad de Belyoun ech que se d ecidió c ortar e ste pa so fron terizo y hoy día sólo co nservan privi legios pa ra el pa so sin p rodu ctos y la asistencia médi ca en l a fr ontera p or parte d e los equipos c eutíe s. Guardia d e 1ª Cruza do, E nlace de Pr ensa de la Gua rdia Ci vil de Ceuta. 287 Hacemos referencia a l a s dificult ades de u n censo r eal de musulman es en Ceuta y a que" el ordenamiento c onstit ucional españ ol impide la cua nt ificaci ón d e la pob lación a tendi endo a su religión" (PLANET, A .I. 1997 :41). 152 musulmanas y la a ceptación y promoción de costumbres como el Día del Sa crificio, e l Final de Ramadán, el Año nuevo musulmán, etc. representan grandes avances en la integración cultural de la "Ciudad de las cuatro culturas" 288 que s e convierte en un lema publicitario, un eslogan de reconocimiento que en cierto modo supone la construcción de una nue va i magen identit ari a de la ciudad. No obst ante, el av anc e en la int egra ción es simultáneo al crecimient o del nivel de conflicto s ocial en la convive ncia. La v iolencia permanece velada tras la imagen de concordia e igualdad entr e culturas, en el Capítulo tercero nos c entraremos en e l es tudio de la diferencia entre i magen y trasfondo en las divisi ones internas del tejido social; pero adelan tamos ahora que en es e c onflicto existe un p aralelis mo a l o v isto en l a diferencia entre la i magen de segregación ent re países y las relaciones subya centes que c osen el territo rio entre Ceuta y Marruecos. El crecimiento de la población musulmana en las últimas décadas ha sido determinante para la influencia del colectivo y el ac ercamiento a los ó rganos de p oder 2 89 . A co mienzos de s.XXI se realizan unas estimaciones demográficas según regist r os an tiguos, nacimientos y llegadas a la ciudad des de Marruecos, que estiman al conjunto de población europeo-cristiana y árabe-musu lmana c erca del 95% del t otal de Ceuta 290 . De ntro de esta dualidad c ultural sólo hay una pequ eña ve ntaja de la primera, aunqu e según fuentes del INE, entre la natalidad superior del colectivo m usu lmán 291 , la ex istencia de población no registrada y la f lotante, se compensarían am bas o inc luso la segund a superaría a la primera en un plazo muy breve. Este equilibrio poblacional n o corresponde a la distribución u rbana, pues los barrios tienden a tener mayoría de un colectivo o del otro, al go q ue s e pro duce en las ár eas urbanas cer canas a la frontera, de mayoría musu lmana, como es el c aso de El Príncipe. En este c aso, los conflictos por intereses a través de la frontera se entrelazan con los distanciamientos cul turales de los colectivos pri ncipale s y , aunq ue es tema del s iguien te capítulo, s e pondrán de relieve aquí algunas de estas con diciones excepci onales entre a mb os lados de la frontera. 288 Los días festivos son el del S acrificio y final de R amadá n, otras fe stividades r eligiosas se orga nizan y promocion an, pero no t ienen el ni vel de fi esta local, a l igual que el Janucá hebreo y el Diwali hi ndú . 289 Congreso “El pa trimonio inm a terial de Ceuta” ( TARRÉS, S. 2015) 290 NAVARRO, M. J. (2001:4) 291 Según un estudio del INE (Inst ituto N aciona l de Estadí stica) de 2012 sobr e p oblación en España , Ceuta y Melilla son las ciud ades con mayor cr ecimiento cua ndo en la may or p arte d el territorio español hay un decrecimiento p obla ci onal. Est udios d e 2013 afirma n que h an sido ellas las únicas en c recer en poblac ión. E sto es debido a l as costumbr es de n atalida d diferenc ial es con el r esto del t errit orio lo cual viene aportado po r una comunidad musulmana de ma trimo nios a edad t emprana y un a natalida d a lta. 153 3.4.1 La frontera de Ceuta y su entorno. El paso de mercancías fue reorientado a partir de la década de 1980, cuando la incorporación a la Europa del libre co mercio acab a con el fl ujo hacia la península de mercancías libres de i mpu estos desde el puerto fran co de Ceuta. Tras la crisis ec onómica que este ca mbi o s upu so para la ciudad, empezó a pote nciarse el comercio con Marruecos como país en crecimiento ec onómico con demanda de bienes y m ercancías. Esto motiva la construcción d e un p rimer grupo d e naves ind ustria les para el comercio fronte rizo. La explosión co mercial de la siguiente década (1990) explica la ampliación del área com ercial en el Polígono del Tar ajal, anexo al paso fronterizo 2 92 . Los porteadores dedicados al matute limitan su relación con la ciudad a es te p olígono y a los pas os fronteriz os. Las e mpresa s mayoristas de Ceu ta y las tiend as en la s regiones cercanas de Marruecos, conforman los extremos de los flujos comerciales a los q ue dan s ervicio los matuteros a través d e la frontera. La región d e influencia en el entorno magrebí será Tán ger-Tetuán. Est a re laci ón tiene su contrapartida con la entrada en Ceuta de productos agrícolas en su mayoría (frutas y ver duras ) exentos d e prohibiciones f ronterizas. La actividad comercial fundamentada en el concepto de retropais, c o mo la define All an Woodburn (Hi nterla nd), disp ersa p or el t erritorio interior las importaciones recibidas por l a ciudad puerto anexa. Esta teoría se aplica a la región m arroquí, tierra adentr o, que tendrá abastecimiento a través de esta ciudad 29 3 . Los avances eco nómicos del norte marroquí de las últimas dé cadas (Reinado de Mohamed VI desde 1999) permite n autoabastecerse de est os productos de importación mediante el puerto de Tánger, recientemente ampliado, pero aún existen una serie de productos 294 para los que se realiza el matute desde l a c iudad autónoma. Estas mercancías no se consiguen a travé s de las rutas marítimas llegadas a los pu ertos de Tánger MED o las ciudades costeras cercanas a Tetuán debido las limitacio nes puramente administrativas, no físicas. Los flujos t rans nacionales de comercio que afectan a la región tienen en la fro ntera ce utí m edios de gest ión dispuestos p ara regular actividades al egales venidas de la necesidad, l a cotidianid ad y el beneficio 295 . 292 El paso del Taraj al llega a du plicar su fluj o d e port eadores de mer canc ías por lo qu e e s necesario la apertur a del p aso del Biutz en 2002, lo calizado en el Pol ígon o del Tarajal y de u so exclusiv o de portea dores. Tanto es el flujo comerc ial que h oy se pla ntea la reapertur a del paso d e Benzú y se h a construido el paso d el Tarajal 2 (2015 ), q ue se encuent ra a la espera d e la valida ción d e las autorida des marroqu íes (El Paí s, 28/03/20 02 y E l Faro de Ceuta 05/07/2 015). 293 Ana I. Plane t aplica la teoría defendida p or Yve s Lacost e: arr iére-pays ( 1993) o Al lan Wo odbu rn: hinterlan d (2009) en su tesi s "Melilla y C euta, e spacios -front era hispa no-marroquíe s" ( PLANE T, A.I. 1997:69). 294 La política econó mica p rotecci onista d e Marruecos e stabl ece un os arancele s para l os pro duct os de importación que ju stifica la misma de sde co mercios c eutíe s . Además de esto s, exi sten fluj os minoritarios de p rodu ctos r eciclado s a ba jo coste o bienes de luj o compr ados al p or men or po r usuario s finales. Un estudi o de l a poblac ión magrebí de fiende el surgi mient o de u na clase media en el nort e del país que d emanda bi enes de con sumo medio, de d ifícil adqu isición en M arruecos, q ue con for ma el grueso de la i mport ación p ara el Tara jal. E n este sentido la i mport ación de textil de ba ja calida d d e China repres enta la últ ima tenden cia pa ra el comerc io por l a di ficultad de M arruecos pa ra d icha importación (mercado de d ivisas con A sia). (Ar chivo de C eu ta / I NE de C euta / El País 29/08/201 0). 295 No existe aduana , po r lo q ue no hay punto de control pa ra la salida o ent rada de bi enes en C euta. El comercio sin arancel es, qu e la c iudad retenga impuesto s qu e deberían s er devu eltos, la fa lta d e cont rol en las can tidades vendidas y l a s economía s sumergida s, so n un conjunto d e situac iones sin r egulación 256 protectorado y pérdida progresi va de los territorios oc upados y, finalmente, la reclamación de Ceuta como parte d e un teóric o "Gran Marrueco s" 55 3 . La construcción territorial y la imagen asociada se complejizan tanto por la incorporación, y presunción de inevitabilidad, d e la ec onomía transf ront eriza, c omo p or la b iopolítica, que regula los fluj os de individ uos , los que ha de conten er y aquellos que se moverán libremente. En este contexto, el t erritorio se presenta en primer plano, aunque e l conflicto hay a superado lo territorial, y s e cons truye una imagen que da por sentados los nuevo s marcos ec onómic o y biopolítico, tal y c omo se daba p or sentada objeti vidad d e la geográfica racionali sta. En el periodo del Protectorado, la convivencia impuesta tr ajo la riqueza de lo diferente, la mezcla y la mo vilidad que hizo de los límites algo dif uso y permeable en un periodo d e hegemonía territ orial y ocupación española del no rte marroquí. Las relaciones fronteriza s actuales presentan una permeabilidad similar entre las poblaciones española y marroquí 5 54 , pero la necesidad de una regulación de los flujos, que durante el Protectorado no se tenía en cuenta, impide diluir los límites. En este contexto, las sociedades conectadas por la frontera, están profundamente segr egadas a nivel social, puesto que el pla no económico es el m arco de relación y la conflictividad social se presenta como medio de expresión . Las dife rencias en la herencia cultural y religiosa se añaden a otras oposiciones, tales como las respectiva s posiciones en la red plane taria que es la c ultura global. Si bien no pode mos defini r una c ul tura global, puesto que sus dos preceptos son rebatibles 5 55 , si podremos identificar una diferencia entre la sociedad ceu tí y la sociedad d el Norte d e Marruecos, en la adscripción a d icha red. En este contexto gl obalizad o se f orman s ocie dade s compuestas po r individuos con menor arraigo territ orial y se ntido de co munidad, con una secularización creciente y u na integración plena del m odelo de c onsumo capitalista. Este mo delo se enfr enta a la sociedad del Nort e d e Marruecos, la cual se presenta dualizada económi camente y con estructuras sociales de organización tradicionales, jerárquicas, muy relacion adas con la religión y mayoritariament e 553 El Reino de Marr uecos ha hec ho r eclamacione s a la com uni dad interna cional sobre varios terri torios, aquellos oc upados po r los prot ectorado s francés y españo l y otros más allá de su s frontera s previas. Esto es present ado como el G ra n Marruec os, un con cepto d e 1944 qu e fue re scatado por Hasán II a su llegada al p oder (1961 ). Se tra ta d e un a conc epción d e Estado qu e incluy e territorios o cu pad os por dinastías pr evias a la confor ma ción de Marr uecos co mo paí s. Ent re otras recla macione s s e encontrab a la totalida d de Mau ritania , pa rt e de Argel ia y el Sah ara oc cidental, ocupa do ilegalmente d esde l os set enta (situado en el litora l Atlántico y con u n valor muy superio r al inter ior desért ico). Nacione s Unida s no reconoció e stas rec lamacion es irredent istas sobre e ste te rrit orio, per o finalmente será un a cuerdo ent re España y Marruec os (fuera del marco de N .U.) el q ue ceda estos terr itorios a Marruec os en 1975. L as reclamacio nes sobre C euta h an sido rechaza das po r la Comisió n de las N aciones Uni das p or c onsiderar que el territ orio ocupa do p or la ciuda d no t iene lazos hi stóricos de pert enenc ia al Reino d e M arrueco s y el último p ronu nciamiento de la Uni ón E uro pea sobre el Sa hara O ccidental ( diciembr e 2016) si guen sin reconocer la sob eranía sobre el territorio de Ma rru ecos y le han bl oquea do l as importaciones de materias pr imas extraída s en dicho s territorio s. 554 Aunque a día de hoy exista un per ímetro her mético d ebi do a la p resión migrat oria sub s aharia na, hasta p rincipios de l a década de 1990 apena s exist ían lím ites físico s y el p aso a trav és de l a fron tera presentaba aún más s imilitud es con la etapa del Pr ot ectora do d e España en Marru ecos. 555 No será realmente un a "cult u ra" p or no conf ormarse por la suma de los colect ivos qu e co nforman una socieda d en u n espacio y tiempo d eterminad os; ni " glo bal" p or no tratarse realm ente d e un fenómeno social que e mane d e di cha territ orialidad, sino un pro duc to social muy l ocalizado qu e ha alcanz ado alt os índices de exp ansión e influenc ia a trav és de l a generalización de los medi os de comunicación de ma sas y la d ifusión del mod elo c apitalist a de co nsumo. 257 rurales. L as diferencias entre las grandes ciudades y las áreas cercanas a la regi ón fronteriza, cuyas peq ueñas comunidades serán d e á mbito rural, tendrán su corr elato en las diferencias con el modelo social occ i dental europeo establecido en Ceuta, haciendo que las grand es ciudades de la reg ión ( Tánger y Tetuán) ado pten mod elos urbanos y modos de vida c ada vez más cercanos a los oc ciden tales. Las imágenes de "cultura islámica" que se forman a través del imaginario colectivo se presentan más profund as y t radicionales en regi ones rurales, con comunidades pequeñas fu ertemente arraigadas al te rritorio y menor rel aci ón con el exterior. Son comunidades con alt a interrelación y co-dependen cia ent re sus miembros. Sin em barg o, el imaginario de las sociedad es de individuos, pr opias del mundo occidentalizado y, cada v ez más en las gr andes ciudades de Mar ruecos, se o rienta a la repre sentación y la in dividualidad . S e incrementa la distancia entre imagen y trasfondo, haciendo que l os individu os se relacionen más superficial mente y el arraigo al territorio se reduz ca e n gran medida. La frontera pr esentada des de es ta perspectiva, utilizan do el m arco econó mico y bio político como punto de vista, presentará un conflict o so ciocultural fund amentad o en i mágene s propuestas desde ambos lados. L a particularidad será que estas imágenes depend en de unos colectivos en constante evolución. El punto de vist a , y a sea desde el campo marroquí, des de la élite económica ceutí, desd e las grandes ciudades del Norte de Marr uec os o des de las barriadas de m ayoría m usu lmana de la periferia de la c iudad autónom a; cond icio na la relaci ón fronteriza y conf orma una imagen concreta que genera un conflicto más allá de lo territ orial. Aunqu e la diferencia exista, y sea m uy v isible en ciert os compon entes sociales, o el arraigo y la territorialidad t odavía t engan peso para condicionar el conflicto, la pobla ción a ambos lados fund amenta en el i maginario una segre gación social que e n oc a siones tie ne un trasfo nd o de relaciones superior. Afirmar que la distancia entre las culturas no ex iste es un supuesto sin fundamento, no obs tante, se promu even imágen es contradictorias d e herman dad interior y diferencia con el opuesto q ue pierden peso en las últimas décadas con el d esarrollo local de las sociedades, debidas en parte a las re laciones t ransfro nterizas y sus fundamentos (económicos, sociales y culturales). Para presentar un tercer es pacio ( t hirdspac e 556 ) que surja del dialogo principal entre los actores enfrentados por la fr ontera de est udio, será nec esario determinar otro actor. N o será suficiente trabajar con las m inorías que se incluyan e n las poblacion es vec inas, puesto qu e estas dif ícilmente podrán ser d eterminadas como alteridad de los imaginarios comunes. Las relaciones económicas transfronterizas dificultan también un distanciamie nto capaz de presentar un t ercer punto d e vista sobre el conjunto. Sin embargo, l os movimiento s migratorios subsaharianos y demás orígenes no marroquíes, quedan fuera de los intereses económicos tipo hinterland que se reconocen en este espacio. P rovienen de países al sur de cualquier región "retropaís" y sus países de origen no ti enen relaciones con Ceuta más allá de las debidas a la inmigració n: administración, ONGs y redes soporte. Aunque sus o bjeti vos sean países de centro Europa, se genera en Ceuta y en el M arruecos, en la regi ón próxi ma a la frontera, una bolsa de inmigrados inmovilizados sin pos ibilidad de llegar al continente europeo. Este c olectiv o es rechazado por los c ontroles para acceder a Europa 5 57 pero tampoco 556 Referencia al tra bajo de E dward Soja (S OJA, E. 1996 ) 557 Los inmigrantes c onseguir án alcanza r suelo c eutí a t ravés d e las vallas front erizas o las cost as que marcan el lí mite front erizo. El p aso a través d e los cont role s les será i mposible, l legand o a cerrar el p aso 258 serán reconocidos por M arruecos, hasta el punto de dev olverlos a las fronteras de Mar ruecos con sus países de origen. Se trata de individuos en tr ánsito sin espacio al q ue pert enecer o llamar como propio. Desplazad os, expulsados o refugiad os de su lugar de origen, son detenidos en el último paso antes de llegar a Europa. Para ell os la frontera y su vallado serán l a imagen mis ma de la esperanz a y perc iben el espacio a tra v és de u n im aginario c olectiv o diferente al que presen tan los habitant es del espacio. Como oc urre con los turistas, el imaginario del inmigrante difícilmente estará fundad o en la experiencia o el conocimiento real; pro viene de la mediatización y e l co ntacto con los paíse s desarrollad os. C omo analiza Soddu Pietro, l os fluj os migratorios se ven influenciados por el contacto entr e oc ciden tales y naciones de origen, antes que por l os niveles de p obreza y conflicto de las nacion es de o rigen y de destino 558 . Por esta condición de ext raño, ajeno a cualquier pertenencia (t erritorial, social, económica o c ultural ) y por la fuerza que tiene la imagen y la representación en estos in dividu os, pre sentan el "t erc ero c omo otr o" ideal qu e puede ayudar desde una perspect i va lateral que deje de presuponer el marco biopolítico y económico de la frontera. fronterizo ante la llega da ma siva de i nmig rantes para su ex pu lsión. Una vez en la ciud ad a cceden a diferent es progra mas que con cluyen con su repatriaci ón, int egración en algún progra ma d e tra bajo o su desplazamien to h acia la península. 558 PIETRO, S. (200 2:101-1 03) 259 4.2 El inmigrante no marroquí: tercero como otro. El inmigrante no m arroquí llega en corrientes m igratorias transnacionales como un ext raño para ceut í es y marroquíes. Conforman un numeroso colectiv o social 55 9 que no pert enece a ningún lugar y viene de un más allá del horiz onte qu e queda demasiado atrás para v olver. S e convierten en el indicador de cierto tipo de relacion es transfronterizas, c omo pueden ser los flujos de individu os (com ercio vs. Ind ividuos) o las e structuras e conómicas en t orno a estas migraciones (mafias y s oborn os a la s autoridades). Este t ercer actor c arece de pertenencia y su movilidad está fuertemente limitada, a su vez un imaginario se aleja de la ex peri encia propia o heredada, por lo que presenta un punto de vist a al margen de las relac iones entre los lados de la fro nt era (soci oculturales, económicas, políticas, etc.) permitiendo una perspectiva diferencial de aqu ellas que se dan por sentado en Ceuta y el hinterland marroquí. Las relaciones económicas se han determinad o como el m arco fronterizo presupuesto, por lo que la no inclusión de este colectivo co mo tercer punto de v is ta t iene sentid o, en tanto en cuanto, no presentan dependencia directa o indirect a para las relaci ones laborales o comerciales transfronteriz as. Se encuen tran fuera del sistema de conf ort q ue aporta la economía de frontera. Hemos visto com o la frontera queda fuertemente c ond icionada por l o económico, a ún cuan do mantengan un conjunto de relaci ones venid as de antes, co mo l a territorial y la sociocultura l. La componente biopol ítica que limita el movimiento de los individuos y la influencia económica que permite el "libre" movimiento de c apitales, posicionan a e stos individuos desterritorializad os en el lado opuesto de la balan za respec to a los colectivos presentad os hasta ahora , dependientes d el modelo fr onterizo actual. El inmigrante no mar roquí es ajeno a geop olítica o identidades geográficam ente determinadas qu e confor man las "c ulturas", a la m anera estática y parcia lista, que se definen en el ento rno de estudio m ayoritariamen te. Al igual que la poblaci ón llegada a Ceut a desde Marruecos, este cole ctivo será e xcluido y cat egoriza do como ext rañ os en el espacio pr opio. Están inmer sos en una población que no los incluy e y, como máx imo, est ablece n procedimientos de integra ción. Aunque ya hemos t ratado que estos son herram ientas para la segregación y exclusión soci al, al concebirlos com o excluidos que únicamente podrán ser parte del s istema adoptan do nuevos modo s de vida, las formas socioculturales que determina la mayoría. Las autoridades marroquíe s y españolas gestion an la permanencia de estos individuos y su desplazamiento forzado fuera de sus fronteras cuando sea posib le. Las devoluciones están a la orden del día, los trayect os serán desd e España a los países d e origen o a la frontera con Marruecos, o bien desplaz am ientos forzosos desde el territorio magrebí cercano a la frontera hasta e l borde c on ot ros países o d irectamente el desierto 56 0 . L os acuerdos bilaterales entre 559 Las noticias recogi das en el te xto sobre las ent radas i legales y e stimaciones h echas p or So ddu Pi etro para la d écada de 1990 establ ece una t end encia en cr ecimi ento que desde entonc e s trab aja en unida des de millar. 560 A través de info rmaciones d e t ra bajador es de ONGs en C euta sobr e el trat amient o d e los inmigrante s, se tie ne constan cia de d esplazami entos for zos os, expulsione s en ma sa a los pa íses d e origen e incluso a pa íses que no correspondían como o rigin arios cua ndo los grup os alcan zaban números críticos para su g estión dentr o de i nstalaciones espe cíficas. 260 España y M arruecos s erán indisp ensables para est a gest ión d e l os fluj os m igra torios, lo qu e hace patente la influencia biopolíti ca. Es tristemente visible como otros acuerdos en mat eria económica (acuerdos de pes ca, t ra tados de libre comercio, tensiones fronterizas, et c.) han condicionado el modo de gestionar es tos flu jos de indiv iduos, tal y como s ucede c on las reclamaciones territ oriales. Una vez que los inmigran tes llegan a la fronte ra tienden un puente de relación c on el interior que no e s deseado desde este, como sí lo eran las filtraciones antes descritas que suponían una sobrepresión de producci ón y acumulación de bienes que potenciaba al comercio interior. Esto desvela diferencias ent r e las relaciones que se establecen, unas generan tensiones en los componentes del sistema y otras consideradas un trasfondo ideal para el c recimiento económico y p roductividad de ambas partes d el sistema. L a in m igración subsaharian a, por el co n trario, genera beneficios para los inmigrantes, al pretender una mejora en sus c ondiciones de v ida y los agentes de aquellas organizaciones que transportan y facilitan esta in m igració n. M afias, f uerz as d e seguridad sobornadas, empresas contratadoras de ilegales, restauradores que dan cobijo a los inmigrantes y un largo etcétera de grupos de individuos que pueden no estar a sociados entre sí, pero que se benefician de los flujo s migratorios llegados a la ciudad . Cabe destacar que est os colectivos son individ uos ajenos al sistema y, consecu entemente, el benefici o de su acti vidad no se revierte en la economía de las regiones fronteriz as. Los in migrantes no-marroqu íes, carecen de redes de sos tenimi ento familiar en Marruecos, por lo qu e acu den a redes de interés que c o nvierten s u estancia en un negocio . En este sentido, además de un rechaz o soc ial y ausen cia de programas de integración (que no son la solución, p ero ap o rtan opciones ), las redes a las que po drán a cceder es tos individuos serán principalmente m afias y organizaciones criminales que sustenta n a e stos individu os mediante pago o posterior beneficio económico, lo c ual i nfluye en la po blación local y hace que posiciones conser vadoras tracen analogía s entre este c olectivo y la delincu encia. Al acceder a Ceuta, a difer encia d e los marroquíes qu e se integran en b arriadas p eriféricas o redes familiares de sosten imiento, estos otros in migrantes tendrán que incorporarse a procesos de regulación esta blecidos p or la adm inistr ación. Estos procedimientos dependerán de la c ondición de los recién llegados (refugia do de guerra, político, sin acuerdos de extradición, expulsados, et c.), incluyen es tancias en el CETI, pro ces os buro cráticos, reconocimientos médicos, formación para su integr ación e incluso para t raba jar. Todo ello marca una cl ara diferenci a respecto a i nmigrantes magrebíes. La única similitud con los marroquíes vendrá de aquellos sin redes de sostenim iento fam iliar que recurren a estructuras similares para migrar a Europa. Sin embargo, en es te caso, igual que en el o tro, se ejercerá una exclusión mayor hacia los no marroquíes desde ambas sociedad es por no pertenecer a ningun o de las nac iones. Este punto únicamente presenta interés para comprender la segregación interna de Marruecos, que e ntre r egiones presen tan fen ómenos de ex clusión, l o que se ve influenciad o por la separación hispano-francesa del territori o durante el Protectorado ade más de por el nivel de exclusión so cial de los in dividuos. Los inmigrantes no-marr oquíes están sobre el territorio sin pertenecer a él, han abandonado sus países de origen , muchas veces sin posibilidad de retorno e inclu so renegando 261 de ellos para ev itar la repa triación. L as causas que los mov ieron son guerras ci viles, conflictos armados o las v ejaciones sufridas en su país natal (segregación religiosa, étnica o regionalista). Se producen cas os tan ext remos que hac en que los individuos pongan en ries go su vida en travesías de miles de kilómetros fuera de la legali dad y encontránd ose el rechaz o de las sociedades donde s e dirigen (muchas veces engañados por una imagen idílica del destino). Después de haber sobrevivido a su propia tierra y habiéndose desprend ido de es a pertenencia, encuentran como única esperanza un desplaza miento a Europa atravesando rutas diversas entre las que destacó C euta, hoy m ás c ontrolada, p ero qu e sigu e siendo principal punto de conflicto entre el límite europe o y los flujos migratori os Sur-N orte. Las necesidades de estos ind ividuos en peregrinación hacia Europa determina n modos de vida e specíficos. Al no poder integrarse legalmente en la soc iedad, de sarrollan actividades n o regladas, i ntentand o acu mu lar el capital suficiente p a ra su subsistencia y el c a mino aún por recorrer. Esto ex plica que en Ceuta, estancia obligada durante me ses, se generen redes que organizan trabajos como el d e aparcacoch es, t rans portistas o direct a mente la m endicidad. Estas ocupaci ones l as d esarrollan en Ceuta en mayor medida que en Mar ruecos, ya qu e l as estancias obligadas por los pro cesos que ofre ce el CETI serán m ás propicias que las estancias a contrarreloj con el inminente pas o a la ciudad au tónoma o la p enínsula. Fig. 83 Fotografía satélite del Centro de Estancia Temporal de In migrantes (CETI) | Google Developers (2017) El Centro para l a Estancia T emporal d e In migrantes es un complej o que incluye espacios para la est ancia y el servicio a los usuarios (aseos, com edores, administración, aulas, e tc.). Se encuentra al Norte de la ciudad, próximo a la playa de Cala mocarro. Se sitúa en las estribaciones montañosas, en el perímetr o urban o pero separad o del tejido res idencial. El complejo s e c onfor ma con v arios edificios rodeados de un vallado perimetral que lo separa d e su ent orno de b osques y terrenos militares. El centro se enc uen tra controlado in ternamente a través de sistemas d e videovigilancia, personal del centro y un control de acceso do nd e se tienen que ident ificar los usuarios, con horarios de apertura y cierre que condicionan el movimiento de estos indi viduos en la c iudad. Además del control interno, l a proxi midad a [Document text truncated for crawler view.]