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Las enfermedades de la memoria

Ribot, Th. (Théodule), 1839-1916

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1 41---4, TH. RIBOT n • nnn ••• n •••• n LAS Enfermedades de la memoria TRADUCCIÓN ESPASORA DE RICARDO RUBIO MADRID LIBRERÍA DE FERN ANDO FE  LIBRERÍA DE VICTORIANO suARLz Carrera de San Jerónimo, 2  Preciados, 4S 1899 ES PROPIEDAD Me he propuesto en este trabajo hacer una monografía psicológica de las enfermedades de la memoria y sacar de ella algunas conclusiones, hasta donde lo permita el estado de nuestros conocimientos. El estudio de la memoria se ha hecho con frecuencia, pero apenas se ha ocupado nadie de su patología. Me ha parecido que se podría sacar algún provecho de estudiar el asunto bajo tal forma. He procurado ceñirme á esto sin ocuparme de la memoria normal más que lo preciso para evitar confusiones. He citado muchos hechos: este procedimien- to no es literario, pero creo que sea el único instructivo. Describir en términos generales VI los desórdenes de la memoria, sin presentar ejemplos de cada especie, me parece un tra bajo vano, porque importa que las interpretaciones del autor puedan comprobarse á cada instante. Ruego al lector que observe que se le ofrece aquí un ensayo de psicología descriptiva, es decir, un capítulo de historia natural, y nada más; y que, á falta de otro mérito, este pequeño volumen le dará á conocer un gran número de observaciones y de casos curiosos, dispersos en colecciones de todas clases que no habían sido reunidos hasta el presente. -+4 LAS ENFERMEDADES DE LA MEMORIA CAPÍTULO PRIMERO LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO El estudio descriptivo del recuerdo ha sido ya hecho, y muy bien hecho, por diversos autores, sobre todo, por los escoceses; así, que el objeto de este trabajo 'no es insistir en ello. Sólo me propongo investigar lo que los nuevos métodos psicológicos pueden enseñarnos sobre la naturaleza de la memoria; demostrar que las enseñanzas de la psicología, unidas á las de la conciencia, nos llevan á plantear el problema bajo una forma más amplia; que la memoria, tal como la entiende el sentido común y como la describe la psicología ordinaria, lejos de ser la memoria íntegra, no es más que un caso particular, el más elevado y más complejo y, tomado en sí mismo y estu- i ENFERMI . DADE S DE LA MEMORIA diado aparte, difícil de comprender; que la memoria es el último término de una larga evolución, corno un florecimiento, cuyas raíces parten de lo profundo de la vida orgánica: en una palabra, que la memoria es, por esencia, un hecho biológico; por accidente, un hecho psicológico. Así entendido, nuestro estudio comprende una fisiología y una psicología generales de la memoria, y al mismo tiempo una patología. Los desórdenes y las enfermedades de esta facultad, clasificados y sometidos á interpretación, dejan de ser un centón de hechos curiosos y de anécdotas entretenidas, que sólo se mencionan de paso y nos aparecen como sujetos á ciertas leyes, que constituyen el fondo mismo de la memoria y pOnen en claro su mecanismo. Según la acepción corriente de la palabra, la memoria, en opinión de todo el mundo, comprende tres cosas: la conservación de ciertos estados, su reproducción, su localización en el pasado. Esta no es, sin embargo, más que una clase de memoria: la que se puede llamar perfecta. Los tres elementos son de desigual valor: los dos primeros son necesarios, indispensables; el tercero, el que en el lenguaje de LA MEMORIA COMO HECII0 BIOLÓGICO  3 escuela se llama « reconocimiento», completa la memoria, pero no la constituye. Si se suprimen los dos primeros, se anula la memoria; si se suprime el tercero, la memoria deja de existir para sí, pero sin dejar de existir en sí misma. Este tercer elemento, que es exclusivamente psicológico, se nos presenta como superpuesto á los otros dos: aquéllos son estables; éste es inestable, aparece y desaparece; lo que representa es lo que aporta la conciencia en el hecho de la memoria, y nada más. Si se estudia la memoria, como se ha hecho hasta nuestros días, como « una facultad del alma», con sólo la ayuda del sentido íntimo, es inevitable ver, en esa forma perfecta y consciente, la memoria entera; pero esto, por efecto de un mal método, es tornar la parte por el todo, ó más bien, la especie por el género. Autores contemporáneos (Huxley, Clifford, Maudsley, etc.), al sostener que la conciencia no es más que el acompañamiento de ciertos procesos nerviosos y que es «tan incapaz de reaccionar sobre ellos como la sombra sobre los pasos del viajero á quien acompaña», han abierto el camino á la nueva teoría que ensayamos aquí. Dejemos por un momento el elemento psíquico, sin perjuicio de estudiarlo más adelante; reduzcamos el problema á sus más simples datos, y veamos cómo, fuera de toda conciencia, se implanta un nuevo estado en el organismo, se 4  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA conserva y se reproduce; en otros términos, cómo, aparte de toda conciencia, se forma una memoria. Antes de llegar á la verdadera memoria orgánica, debemos mencionar algunos hechos. que se le han atribuído á veces. Se han buscado analogías á la memoria en el orden de los fenómenos inorgánicos, en particular «en la propiedad que tienen las vibraciones luminosas de poder almacenarse sobre una hoja de papel y de permanecer, en estado de vibraciones silenciosas, durante un tiempo más ó menos largo, dispuestas á aparecer al llamamiento de una sustancia reveladora. Los grabados expuestos á los rayos solares y conservados en la oscuridad pueden, muchos meses después, con ayuda de reactivos especiales, re-velar las huellas persistentes de la acción fotográfica del sol sobre su superficie (1).» Colocad una llave sobre una hoja de papel blanco, exponedlas al sol, conservad este papel en un cajón oscuro y aun al cabo de algunos años todavía será visi« ble la imagen espectral de la llave (2). En nuestra opinión, estos hechos y otros semejantes tienen una analogía demasiado lejana con la memoria, para que se insista sobre :ellos. Presentan la primera condición de todo recuerdo: la (1) Luye, Le cerveau et ses fonctions, p. 106, (2) G.  LCNVOS, Problews of life and mirad, serie 3. a , p. 57. LA. MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  5 conservación; pero ésta es la única, porque aquí la reproducción es de tal modo pasiva, de tal modo dependiente de la intervención de un agente extraño, que no se parece á la reproducción natural de la memoria. Asimismo, en nuestro objeto, no hay que perder de vista que tratarnos de leyes vitales, no de leyes físicas, y que las bases de la memoria deben buscarse en las propiedades de la materia organizada y no en otra parte. Más tarde veremos que los que olvidan esto van por mal camino. Tampoco insistiré sobre ciertos hechos del mundo vegetal que se han comparado con la memoria; tengo prisa por llegar á hechos más decisivos. En el reino animal, el tejido muscular nos ofrece un primer bosquejo de la adquisición de propiedades nuevas, de su conservación y de su reproducción automática. «La experiencia diaria, dice Hering, nos enseña que un músculo se hace tanto más fuerte cuanto más á menudo trabaja. La fibra muscular, ciñe al principio responde débilmente á la excitación trasmitida por el nervio motor, lo hace con tanta más energía, cuanto más frecuentemente se le excita, suponiendo naturalmente pausas y reposos. Después de cada,acción, está más apta para accionar, más dispuesta á la repetición de un mismo trabajo, más pronta para la reproducción de un proceso orgánico. 1 2  ENFERMEDADES DE LA,. MEMORIA sufrido el sistema nervioso, cuando un grupo de movimientos está definitivamente organizado? Llegamos á la última cuestión que, sin salir de los hechos, es posible ponerse á propósito .de las bases orgánicas de la memoria; y si la memoria orgánica es una propiedad de la vida animal, de la cual la memoria psicológica no es más que un caso particular, todo lo que podamos descubrir ó conjeturar sobre sus condiciones últimas será aplicable á la memoria toda en conjunto. Nos es imposible en esta investigación prescindir en absoluto de la hipótesis. Pero, evitando toda concepción a priori, ateniéndonos casi exclusivamente á los hechos, apoyándonos sobre lo que se sabe de la acción nerviosa, evitaremos grandes probabilidades de error. Nuestra hipótesis, además, se presta á incesantes modificaciones. Por fin, en lugar de una frase vaga sobre la conservación y la reproducción. de la memoria, esa hipótesis constituirá en nuestro espíritu una cierta representación del proceso extremadamente complejo que la produce y la sostiene. El primer punto que hay que determinar es el relativo al asiento de la memoria. Esta cuestión no puede dar lugar actualmente á ninguna controversia seria. «Se debe considerar como casi demostrado, dice Bain, que la impresión renovada ocupa exactamente las mismas partes LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  13 que la impresión primitiva y de la misma manera.» Para tener un buen ejemplo, recordemos que la experiencia enseña que la idea persistente de un color fatiga el nervio óptico. Se sabe que la percepción de un objeto coloreado va frecuentemente acompañada de una sensación consecutiva que nos muestra el objeto con los mismos contornos, pero con el color complementario del color real. Lo mismo puede suceder con la imagen (el recuerdo): puede dejar, aunque con menor intensidad, una imagen consecutiva. Si, con los ojos cerrados, nos fijamos con la imaginación durante largo rato en una imagen de un color muy vivo, y después, abriendo bruscamente los ojos, los fijamos en una superficie blanca, veremos en ella durante un instante la imagen contemplada en la imaginación. Este hecho, observa Wundt, del cual lo tomamos, prueba que la operación nerviosa es la misma en ambos casos, en la percepción y en el recuerdo (1). El número de hechos y de inducciones en favor de esta tesis es tan grande, que equivale casi á una certidumbre y serian precisas razones bien poderosas para contrarrestarla. En efecto, no hay memoria, sino memorias; no hay un sitio de la memoria, sino sitios particulares (1) Para más pormenores sobre este punto, véase ► aiti, Les sens de trad. Cazones, p. 301, y apéndice D. 14  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA para cada memoria particular. El recuerdo no está, según la vaga expresión del lenguaje corriente, «en el alma»; está fijo en el lugar de su nacimiento, en una parte del sistema nervioso. Esto sentado, comenzamos á ver más claro en el problema de las condiciones fisiológicas de la memoria. Para nosotros, estas condiciones son las siguientes : 1.' Una modificación particular, impresa á los elementos nerviosos. 2.° Una asociación, una conexión particular que se establece entre cierto número de estos elementos. No se ha dado á esta segunda condición la importancia que merece, como trataremos de demostrar. Para atenernos, por el momento, á la memoria orgánica, tomemos uno de esos movimientos automáticos que nos han servido de tipo, y consideremos lo que pasa durante su período de organización; sean, por ejemplo, los movimientos de los miembros inferiores durante la locomoción. Cada movimiento exige que se pongan en juego cierto número de músculos superficiales ó profundos, de tendones, de articulaciones, de ligamentos, etc. Estas modificaciones— al menos la mayor parte—son trasmitidas al sensorio. Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre las condiciones anatómicas de la sensibi- LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  15 lidad muscular, lo cierto es que existe, que no da á conocer la parte del cuerpo interesada en un movimiento y que nos permite regularlo. ¿Qué supone este hecho? Implica modificaciones recibidas y conservadas por un grupo determinado de elementos nerviosos. «Es evidente, dice Maudsley (que ha estudiado también la función de los movimientos en el hombre), que hay en los centros nerviosos residuos que proceden de reacciones motoras. Los movimientos determinados ó efectuados por un centro nervioso particular, dejan, como las ideas, sus respectivos residuos, que, repetidos muchas veces, se organizan ó se encauzan tan bien en su estructura, que los movimientos correspondientes pueden realizarse automáticamente  Cuando decimos una huella, un vestigio ó un residuo, lo que queremos decir es que queda en el elemento orgánico cierto efecto, alguna cosa retenida que le predispone para funcionar de nuevo de la misma manera (1). » Esta organización de los «residuos», después del período de tanteos de que hemos hablado, nos hace aptos para ejecutar nuestros movimientos con una facilidad y una precisión crecientes hasta que, por fin, llegan á hacerse automáticos. Sometiendo al análisis ese caso vulgar de la (1) Maudsley, Physiologie de l'esprit, trad. Herzen, p. 233 y 252. 1 (i  ENFERMEDADES DE LA MEM01lIA memoria orgánica, vemos que implica las dos condiciones mencionadas arriba. La primera es una modificación particular, impresa á los elementos nerviosos; como ya la hemos señalado varias veces, nos detendremos poco en ella. Ante todo, el filamento nervioso, que suponemos virgen, al recibir una impresión completamente nueva ¿conserva una modificación permanente? Este punto es discutido. Unos ven en los nervios simples conductores, cuya materia constitutiva, turbada un momento, vuelve á su estado de equilibrio primitivo. Que se explique la trasmisión por vibraciones propagadas á lo largo del cilindro-eje, ó por una descomposición química de su protoplasma, es, sin embargo, difícil admitir que no quede traza de ella. Sin insistir, encontramos, por lo menos, en la célula nerviosa el elemento que, de común acuerdo, recibe, almacena y reacciona. Ahora, la impresión, una vez recibida, deja una huella. Por esto «se produce una aptitud, y con ella una diferenciación del elemento; aun cuando no tengamos razón alguna para creer que, en su origen, este elemento difiera de las células nerviosas homólogas (1) . » «Toda impresión deja cierta huella imborrable; es decir, que las moléculas, una vez arregladas y forzadas á vibrar de cierta manera, no volverán á colocarse (1) Mandsley, loc. eit., p. 552. LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  17 exactamente en el estado primitivo. Si yo rozo la superficie del agua tranquila con una pluma, el líquido no volverá ya á tomar la forma que tenía antes; podrá presentar de nuevo una superficie tranquila, pero hay moléculas que han cambiado de lugar, y un ojo suficientemente penetrante descubriría, ciertamente, el paso de la pluma. Las moléculas animales, cambiadas de fugar, adquieren, pues, un grado más ó menos débil de aptitud para sufrir ese cambio. Sin duda, si esta misma actividad exterior no vuel- ve de nuevo á actuar sobre esas mismas moléculas, tenderán á recobrar su movimiento natural; pero las cosas pasarán de muy otra manera, si sufren muchas veces la misma acción. En este caso, pierden poco á poco la facultad de volver á su movimiento natural, y se identificarán más y más con el que se les imprime, hasta el punto de que llegará éste á ser natural á su vez, y más tarde obedecerán á la menor causa que las ponga en conmoción (1).» Es imposible decir en qué consiste esta modificación. Ni el microscopio, ni los reactivos, - ni la histología, ni la histoquimia, pueden enseñárnoslo; pero los hechos y el razonamiento nos demuestran que el hecho se verifica. La segunda condición , que consiste en el establecimiento de asociaciones duraderas en- (1) Deihwitf, Théorie gén¿rale (le la sensibilité, p. GO. 1s  1 NFÉ11111EDADE S DE LA NEMOBIA tre diversos grupos de elementos nerviosos, no ha llamado hasta ahora la atención. Yo veo que los mismos autores contemporáneos hayan señalado su importancia. Es, sin embargo, una consecuencia necesaria de su tesis sobre el asiento de la memoria. Algunos parecen admitir, al menos implícitamente, que un recuerdo, orgánico ó consciente, se imprime en una célula única que, con sus filamentos nerviosos, tendría en cierto modo el monopolio de su conservación y de su reproducción. Creo que lo que ha contribuido á esta idea es lo artificioso del lenguaje, que nos hace considerar un movimiento, una percepción, una idea, una imagen, un sentimiento, como una cosa, como una unidad. La reflexión muestra, sin embargo, bien pronto, que cada una de esas supuestas unidades está compuesta de elementos numerosos y heterogéneos; que es una asociación, un grupo, una fusión, un complejo, una multiplicidad. Volvamos al ejemplo ya citado: un movimiento de locomoción. Puede ser considerado como un reflejo de orden muy complicado, en el cual el contacto del pie con el suelo es en cada momento la impresión inicial. Comencemos por observar este movimiento en su forma completa. El punto de partida ¿es un acto -voluntario? Entonces la impulsión, nacida, según Ferrier, en una región particular 1 L MEMORIA COMO HECHO B I OLÓGICO  19 . de la corteza, atraviesa la sustancia blanca, llega á los cuerpos estriados, recorre los pedúnculos, la protuberancia, la estructura complicada del bulbo, por donde pasa á la región opuesta, vuelve á descender á lo largo de los cordones anteco-laterales de la médula hasta la región lumbar, y de allí, á lo largo de los nervios motores, hasta los músculos. Esta trasmisión va acompañada ó seguida de una vuelta hacia los centros á través de los cordones posteriores de la médula y de la sustancia gris, el bulbo, el istmo del encéfalo, tálamos ópticos y la sustancia blanca, hasta la corteza cerebral. Tomemos este movimiento en su forma abreviada—la más ordinaria—la que tiene un carácter automático. En este caso, según la hipótesis generalmente admitida, el trayecto va -solamente de la periferia á los ganglios cerebrales, para volver á la periferia, sin interven- ,. ción de la parte superior del cerebro. Este trayecto, cuyas principales etapas hemos indicado groseramente, y cuyos pormenores distan mucho de ser conocidos por los más sabii)s anatómicos, supone que entran en actividaci elementos nerviosos, muy numerosos en lo que concierne á la cantidad, muy diferentes ea lo que concierne á la calidad. Así, los nervio-; motores y sensitivos difieren, por su constitución histológica, de los nervios de la médula y del cerebro. Las células difieren entre si por 20  ENFERMEDADES DE  MEMORIA el volumen, por la forma (fusiformes, piramidales, etc.), por la orientación, por el número de sus prolongaciones, por su posición en las diversas partes del eje cerebro-espinal, pues_ to que están repartidas desde la extremidad inferior de la médula, hasta las capas corticales. Todos estos elementos desempeñan su parte en el concierto. Si el lector quiere echar una. mirada sobre algunas láminas anatómicas y algunas preparaciones histológicas, se formará una idea aproximada de la suma inaudita de elementos nerviosos necesarios para producir un movimiento y, por consecuencia, para conservarlo y reproducirlo. Creemos, pues, de la más alta importancia. llamar la atención sobre este punto: que la memoria orgánica no supone solamente una modificación de los elementos nerviosos, sino la formación entre ellos de asociaciones determinadas para cada suceso particular, el establecimiento de ciertas asociaciones dinámicas, que, por la repetición, se hacen tan estables como las conexiones anatómicas primitivas. Para nosotros, lo que importa, como base de la memoria, no es solamente la modificación impresa á cada elemento, sino la manera de agruparse varios elementos para formar un complejo. Siendo este punto, á nuestro entender, de una importancia capital, no tememos insistir sobre él. Desde luego puede notarse que nues- LA MEMORIA COMO HECHO' BIOLÓGICO  21 tra hipótesis—consecuencia necesaria de lo que está admitido sobre el asiento de la memoria simplifica ciertas dificultades, que parecen complicadas. Se ha presentado la cuestión de si cada célula nerviosa puede conservar muchas modificaciones distintas, ó si, una vez modificada, queda polarizada para siempre. Naturalmente, estamos reducidos en esto á conjeturas. Se puede pensar, sin temeridad, que si la célula es capaz de muchas modificaciones, su número debe ser limitado. Hasta se puede suponer que no guarde más que una. Siendo el número de las células cerebrales 600.000.000, según los cálculos de Meynert (y Sir Lionel Beale da una cifra mucho más elevada) la hipótesis de una impresión única no ofrece nada de inaceptable. Pero esta cuestión es para nosotros de interés secundario: porque, aun admitiendo la última hipótesis,—la más desfavorable para explicar la complejidad , de los recuerdos organizados haremos notar que esta modificación ismica, puede entrar en diferen tes combinaciones y producir resultados diferentes. No hay que tener en cuenta sólo cada factor, tomado indivi- , dualmente, sino las relaciones entre ellos y las combinaciones que resulten. Cabe comparar la célula modificada, á una letra del alfabeto: esta letra, siendo siempre la misma, concurre á for- Mai' millones de palabras en las diversas lenguas vi vas y muertas. Por medio de agrupa- 28  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA Antes de llegar á conclusiones más claras y más sólidas sobre este asunto, notemos dos condiciones de existencia en la conciencia: la intensidad y la duración. 1." La intensidad es una condición de un carácter muy variable. Nuestros estados de conciencia luchan sin cesar por suplan tarse; pero la victoria puede resultar de la fuerza del vencedor ó de la debilidad de los otros que luchan. Sabemos — y es un punto bien dilucidado por la escuela de Herbart — que el estado más vivo puede decrecer continuamente hasta el momento en que cae «por debajo del umbral de la conciencia», es decir, donde falte una de sus condiciones de existencia. Puede muy bien decirse que la conciencia tiene todos los grados posibles tan pequeños como queramos; se puede admitir en ella modalidades ínfimas—estos estados que iVlaudsley llama subconscientes; pero nada autoriza á decir que este decrecimiento no tenga límites, aunque se nos escapen. 2.° Nadie se ha ocupada de la duración, condición necesaria de la conciencia. Sin embargo, es capital. Aquí podemos razonar sobre datos bien precisos. Los trabajos hechos desde hace unos treinta años han determinado el tiempo necesario para las distintas percepciones (el sonido  0",16 á 0' 1 ,14; el tacto = 0',21 á 0",18; la luz 1= 0",20 á 0",22) para el acto de LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  29 discernimiento más sencillo, más próximo al. reflejo  O",02 á 0',04). Aunque los resultados varían según los experimentadores, según las personas, según las circunstancias y la naturaleza de los. actos psíquicos_ estudiados, queda, por lo menos, determinado que cada acto psíquico requiere una -duración apreciable y que la pretendida velocidad infinita del pensamiento no es más . . que una metáfora. Sentado esto, claro es que toda acción nerviosa, cuya duración es inferior •á la que requiere la acción psíquica, no puede despertar la conciencia. En este sentido es instructivo comparar el acto nervioso, acompañado de conciencia al puro reflejef. Según Exner (1), el tiempo fisiológico necesario para un reflejo es de 0",0662 á 0",0578, número bastante inferior á los que hemos dado • más arriba para los diversos órdenes de percepciones. Si, como dice Herbert Spencer, el ala de un moscardón da diez . ó quince mil. aletazos por segundo (2), y que cada golpe implica una acción nerviosa separada, veremos ahí el ejemplo de un estado nervioso .. cuya rapidez confunde, y en comparación del cual el estado nervio- , (1) Pflieger's Arehiv, VIII (1874), p. 526. La duración de los reflejos varia según la forma de la excitación, según el sentido longitudinal ó trasversal de la trasmisión en la médula. Esta cuestión está, poi lo demás, lejos de ser dilucidada. (2) Príncipes de psychologie, I, 220. Según los trabajos de Ilarey, el ala de una mosca se mueve sólo 330 veces por segundo. Estas divergencias no hacen variar en nada la validez de nuestro razonamiento.  , E 30  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA so, que va acompañado de conciencia, exige un tiempo enorme. Resulta de lo que precede que, ocupando todo estado de conciencia necesariamente cierta duración, falta una de sus condiciones esenciales en cuanto aquella duración del proceso nervioso cae por bajo de aquel mínimo (1). Limitémonos á estas observaciones y concluyamos. La cuestión de lo inconsciente no está tan vaga, tan complicada de opiniones contradictorias, sino porque está mal planteada. Si se considera la conciencia como una esencia, como una propiedad fundamental del alma, todo se vuelve oscuro; si se la considera corno un fenómeno que tiene sus condiciones de existencia propias, todo se pone en claro y lo inconsciente no ofrece ya nada de misterioso. No hay que olvidar que el estado de conciencia es un fenómeno complejo que supone un estado particular del sistema nervioso; que esta acción nerviosa no es un accesorio, sino una parte integrante del fenómeno, que es su base, su condición fundamental; que, desde que se produce, el acontecimiento existe en sí mismo; (1) Los trabajos sobre la duración de los actos psíquicos 'pueden esclarecer algunos hechos de nuestra vida mental. Así, en mi opinión, contribuyen á explicar el paso de lo consciente á lo inconsciente, en el hábito. Un acto se ejecuta primero lentamente y con conciencia; por la repetición, se hace más fácil y más rápido: es decir, que el proceso nervioso, que le sirve de base, encontrando el camino ya trazado, se hace deprisa, y llega á en- . contrarse por bajo del mínimo de duración necesario á la conciencia. LA MEMORIA COMO HECHO BIPIAGICO  31 que, desde que la conciencia se le añade, el acontecimiento existe por sí mismo; que la conciencia le completa, le acaba, pero no le constituye. Si falta una de las condiciones del fenómeno conciencia, ya sea la intensidad, ya la duración ú otras que ignoramos, una parte de este todo complejo—la conciencia—desaparece; otra parte—el proceso nervioso—subsiste. No queda del fenómeno más que su fase puramente orgánica. No es extraño, pues, que más tarde puedan encontrarse los resultados de este trabajo cerebral: en efecto, ha tenido lugar el hecho, aunque no lo haya comprobado nadie. Esto comprendido, todo lo que se relaciona con la actividad inconsciente pierde su carácter misterioso, y se explica con la mayor facilidad; por ejemplo: las irrupciones repentinas de recuerdos que no parecen suscitados por ninguna asociación y que nos sobrevienen durante el día á cada instante; las lecciones leídas la víspera y aprendidas al día siguiente; los problemas á que damos vueltas mucho tiempo y cuya solución aparece de pronto en la conciencia; las invenciones poéticas, científicas, mecánicas; las simpatías y antipatías secretas, etcétera, etc. La cerebración inconsciente hace su obra sin ruído, pone en orden las ideas oscuras. En un caso curioso citado por Carpenter, un hombre tenía una vaga conciencia del trabajo que se realizaba en su cerebro, sin alcanzar el 32  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA grado de conciencia distinta: «Un hombre de, negocios de Boston me ha dicho que, estandoocupado en un asunto muy. importante, lo había abandonado durante una semana, como, superior á sus fuerzas. Pero se daba cuenta de una acción que pasaba en su cerebro y que era, tan penosa, tan extraordinaria, que temía estar amenazado de parálisis ó de algún accidente semejante; al cabo de algunas horas pasadas en, ese incómodo estado, desaparecieron sus perplejidades y la solución que buscaba se presentó por sí misma, naturalmente; durante ese intervalo perturbado y oscuro se había elaborado, la solución (1).,» En resumen, podemos representarnos el sistema nervioso corno atravesado por perpetuas. descargas. Entre estas acciones nerviosas, unas. responden al ritmo incesante de las acciones. vitales; otras, en muy pequeño número, á la sucesión de los estados de conciencia; otras, en gran número, constituyen la cerebración in- Carpenter, Mental Physiology, p. 533. El cap. XIII entero con-. tiene hechos interesantes sobre la cerebración inconsciente. Un matemático,. amigo del autor, se había ocupado de un problema de geometría, cuya solución había entrevisto. Volvió sobre él muchas veces sin éxito. Varios. años después la solución . se le presentó tan bruscamente «que sintió , un temblor como si otro le hubiere comunicado su propio secreto» (p. 536). Si quiere uno procurarse el espectáculo de un espíritu poderoso y penetrante,. embarazado por un mal método, hav que leer el notable :estudio titulado. Latency, de Sir William Hamilton (Lectores on metaphysies, t. I. ect. XVIII). Con su teoría de las facultades del alma y su olvido voluntario de toda fisiología, no consigue salir de ninguna dificultad LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  33 consciente. Los 600 millones (6 1.200 millones) de células, y los cuatro ó cinco millares de fibras, aun deduciendo de ellas las que están en reposo ó permanecen inactivas toda la vida, ofrecen un buen contingente de elementos activos. Ese encéfalo es corno un laboratorio lleno de movimiento, donde se hacen á la vez mil trabajos. La cerebración inconsciente, no estando sometida á la acción de tiempo, no haciéndose, por decirlo así, más que en el espacio, puede actuar en muchos sitios á la vez. La conciencia es el estrecho ventanillo por donde nos aparece una pequeñísima parte de ese trabajo. Acabamos de ver en qué consiste la relación de la conciencia con lo inconsciente; hemos fijado á la vez también la relación de la memoria psíquica con la memoria orgánica; esto no es más que un caso particular. De una manera general, lo que se ha dicho de la memoria fisiológica se aplica á la memoria consciente; no hay sino un factor más. Es útil, sin embargo, plantear la cuestión de nuevo y en pormenor. Tenemos que examinar aquí todavía dos cosas: los residuos y su agrupamiento. I. Las antiguas teorías sobre la memoria, no hablándola apenas considerado más que bajo su aspecto psicológico, le han dado por única base «huellas», «impresiones», «residuos», y 3 34  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA han cometido el error de emplear frecuentemente estos términos en un sentido equívoco. Ya se trata de impresiones materiales en el cerebro, ya de modificaciones latentes conservadas en el «alma». Los que han adoptado esta última opinión son lógicos. Pero esta tesis, aunque cuenta muchos partidarios entre los que se abstienen de la fisiología, es insostenible. Un estado de conciencia que no es ya consciente, una representación que no está ya representada, es un puro flatus vocis. Suprimir de una cosa lo que constituye en ella la realidad, es reducirla á un posible; es decir, que cuando sus condiciones de existencia reaparezcan, reaparecerá ella; lo cual nos lleva á la tesis expuesta más arriba sobre lo inconsciente. Para nosotros, la cuestión de los «residuos psicológicos» está resuelta de antemano: si todo estado de conciencia implica, á título de parte integrante,.una acción nerviosa, y si esta acción modifica los centros nerviosos de un modo permanente, el estado de conciencia queda allí inscrito por esto mismo. Puede objetarse, en verdad, que el estado de conciencia implica una acción nerviosa y alguna cosa más. Poco importa. Si el estado nervioso primitivo el que responde á la percepción—ha bastado para suscitar ese algo más, el estado nervioso secundario—el que responde al recuerdo — basta del mismo modo. Las condiciones son las mismas LA MEMORIA COMO HECHO B IOLÓGICO  35 en ambos casos, y la solución de esta dificultad, si es posible, incumbe á una teoría de la percepción, no á una teoría de la memoria. A este residuo psico-fisiológico, podernos llamarle con Wundt, una disposición y notar en que difiere de una im p resión ó huella. «Analogías sacadas del dominio fisiológico hacen ver esta diferencia. En el ojo que ha sido expuesto á una luz intensa, la impresión recibida persisté bajo la forma de una imagen consecutiva. El ojo que todos los días compara y mide distancias y relaciones en el espacio, gana cada vez más en precisión. La imagen consecutiva es una huella; la acomodación del ojo, su facultad de medir, es una disposición funcional. Puede ser que, en el ojo no ejercitado, la retina y los músculos estén constituidos como en el ojo ejercitado, pero hay en el segundo una disposición mucho más marcada que en el primero. Puede decirse, sin duda, que la costumbre fisiológica de los órganos descansa menos en sus cambios, propiamente dichos, que en las huellas que quedan en sus centros nerviosos. Pero todos los estudios fisiológicos relativos á los fenómenos del hábito, de adaptación á condiciones dadas etc., demuestran que, aun allí mismo, las huellas consisten esencialmente en disposiciones funcionales» (1). (I)  runslzi2ge der ph¿lo,9ophi,9chen, Psychologie, p. 791. 36  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA II. Estas consideraciones nos llevan al pun- to sobre el cual querernos insistir. Las asociaciones dinámicas de los elementos nerviosos, juegan un papel mucho más importante aún en la memoria de la conciencia, que en la de los órganos. Podríamos repetir lo dicho más arriba, pero este aspecto de la cuestión ha sido tan poco estudiado que es preferible volver á tomarle bajo otra forma. Cada cual puede hallar, en su conciencia, un cierto número de recuerdos; imágenes de hombres, de animales, de pueblos, de campos, de conocimientos científicos, históricos, de lenguas, etc. Estos recuerdos nos reaparecen en forma de series más ó menos largas. La formación de estas series ha sido muy bien explicada por las leyes de asociación entre los estados de conciencia: no tenernos nada que decir de ello. Lo que nos importa no son las series, sino sus términos. Buscamos el estado de conciencia simple, á fin de mostrar la complejidad que supone. Tomemos, pues, uno de estos términos; la memoria de una manzana. Creyendo el veredicto de la conciencia, esto es un hecho simple. La fisiología nos muestra que tal creencia es una ilusión. El recuerdo de una manzana es,. necesariamente, la forma debilitada de la percepción de una manzana. ¿Qué supone esta percepción? Una modificación de la retina, terminación nerviosa de una estructura tan com- LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  37 plicada, una trasmisión por el nervio óptico, los cuerpos geniculados hasta los tubérculos cuadrigéminos, de allí á • los ganglios cerebrales (, tálamos ópticos?), después, á través de la sustancia blanca, á las capas corticales (en la región del pliegue curvo, según Ferrier). Esto supone poner en actividad muchos elementos distintos, extendidos en un largo trayecto. Pero no es esto todo. No se trata de una simple sensación de color. Vemos, ó nos imaginamos, la manzana como un objeto sólido, que tiene una forma esférica. Estos juicios resultan de la exquisita sensibilidad muscular de nuestro aparato visual y de sus movimientos. Además, los movimientos del ojo están regulados por muchos nervios: el patético, el motor ocular común, el motor ocular externo. Cada uno de estos nervios termina en un punto particular del bulbo unido á su vez en un largo trayecto á la corteza cerebral donde se forman lo que Maudslev llama las intuiciones motoras. Hablamos grosso mudo; para el pormenor pueden consultarse tratados de anatomía y de fisiología. Se tendrá así idea del número inmenso de filetes nerviosos y de células diseminadas en islotes y en archipiélagos, en las diversas partes del eje cerebro-espinal, que sirven de base á este estado psíquico—el recuerdo de una manzana que la doble ilusión de la conciencia y del lenguaje nos hace considerar como simple. 44  ENEEMIEDADES DE LA MEMOBIA de proceder. Determinamos las posiciones en el tiempo, como las posiciones en el espacio, por relación con otro punto fijo que, para el tiempo, es nuestro estado presente. 1\ T otemos que este presente es un estado real, que tiene su cantidad de duración. Por breve que sea, no es, como nos inclinan á pensar las metáforas del lenguaje, un relámpago, una nada, una abstracción análoga al punto matemático: tiene un principio y un fin. Además su principio no nos parece como un comienzo absoluto; se une á algo con lo cual forma continuidad. Cuando leemos (ú oimos) una frase, á la quinta palabra, por ejemplo, queda algo de la cuarta. Cada estado de conciencia no se borra sino progresivamente; deja una prolongación análoga á lo que los fisiólogos llaman una imagen consecutiva (ó mejor aún en otros idiomas after-sensation, Nachempfindung). Así , la cuarta y la quinta palabra están en continuidad, el fin de una toca con el principio de la otra. Este es el punto capital. Hay una proximidad, no indeterminada, que consiste en que dos extremos cualesquiera se tocan; y en que el extremo inicial del estado presente, toca al extremo final del estado anterior.—Si se comprende bien este hecho sencillo, se comprenderá también el mecanismo teórico de la localización en el tiempo porque, es claro, que p uede - hacerse lo mismo el paso regresivo de la cuarta palabra á la tercera, y así sucesiva- LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  45 mente, y que, teniendo cada estado de conciencia su cantidad de duracion, el número de estados de conciencia, recorridos así regresivamente, y su cantidad de duración dan la posición de un estado cualquiera con relación al presente: su alejamiento en el tiempo. Tal es el mecanismo teórico de la localización; una marcha regresiva que, partiendo del presente, recorre una serie de términos más ó menos largos. Prácticamente, recurrimos á procedimientos muy sencillos y muy expeditivos. Hacemos muy pocas veces esta carrera regresiva á través de todos los intermediarios, muy raras veces á través de la mayor parte. Nuestra simplificación consiste sobre todo, en el empleo de puntos de referencia. Pongamos un ejemplo muy vulgar. El 30 de Noviembre espero un libro, pedido con urgencia. Tiene que venir de lejos, y el camino exige lo menos veinte días. ¿Lo he pedido en tiempo oportuno? Después de dudar un rato me acuerdo de que hice mi petición la víspera de un corto viaje, cuya fecha puedo fijar, de una manera precisa, en el domingo 9 de Noviembre. ' Desde entonces el recuerdo es completo.. Si se analiza este caso, se ve que el estado de conciencia principal—la petición del libro—se encuentra, desde luego, alejado . en el tiempo de un modo indeterminado. Aquel estado de conciencia despierta esta- 46  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA dos secundarios: comparado con éstos, se coloca tan pronto antes que ellos, tan pronto después. «La imagen viaja deslizándose, ya hacia adelante, ya hacia atrás en la línea del pasado; cada frase pronunciada mentalmente ha determinado un movimiento de báscula (1). Después de oscilaciones más ó menos largas, encuentra por fin su lugar; allí se fija y es reconocido. En este ejemplo, el recuerdo del viaje es lo que yo llamo un punto de referencia. Entiendo por punto de referencia un acontecimiento, un estado de conciencia en el cual conocemos bien la posición en el tiempo, es decir, su distancia con relación al momen- to actual, y ésta nos sirve para medir las demás distancias. Estos puntos son si e mpre estados de conciencia que por su intensidad luchan mejor que otros contra el olvido, ó, por su complejidad, son aptos para suscitar relaciones, ó aumentar las probabilidades de revivisz;encia. No son escogidos arbitrariamente; se nos imponen. Tienen un valor completamente relativo. Sirven para una hora, para un día, para una semana, para un mes; después, no usándolos, caen en el olvido. Tienen casi siempre un carácter puramente individual; sin embargo, algunos son comunes á una familia, (1) Taine. De l'intelligence, 2. a parte, libro I, cap. II, pár. 7. Se entontrará aquí, á propósito de un ejemplo análogo, un excelente análisis l il e nos dispensa de insistir sobre este punto. LA MEMORIA COMO IIECHO BIOLÓGICO  47 á una pequeña sociedad, á una nación. Si no me equivoco, estos puntos de referencia forman para cada uno de nosotros, diversas series, respondiendo aproximadamente á los diversos acontecimientos de que se compone nuestra vida: ocupaciones diarias, sucesos de familia, trabajos profesionales, investigaciones científicas, etc.; estas series son tanto más numerosas cuanto más variada es la vida del individuo. Tales puntos son como los postes kilométricos ó indicadores colocados en los caminos, que partiendo de un mismo punto, divergen en diferentes direcciones. Hay además la particularidad de que estas series pueden en cierto modo yuxtaponerse para compararse entre sí. Falta demostrar cómo estos puntos de referencia permiten simplificar el mecanismo de la localización. Si suponemos que el suceso llamado punto de referencia vuelve muy frecuentemente á la conciencia, se compara muy á menudo al presente, en cuanto á su posición en el tiempo; es decir, que los estados intermediarios se despiertan con mayor ó menor claridad. Resulta de aquí que la posición del punto de referencia es, ó al menos parece ser (porque veremos más tarde que todo recuerdo implica una ilusión) cada vez mejor conocida. Por la repetición, esta localización llega á ser inmediata, instantánea, automática. Es un caso análogo al de la formación de un hábito. Los inter- 4 8  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA mediarios desaparecen porque son inútiles. La serie se reduce á dos términos, y estos dos términos bastan, porque su alejamiento en el tiempo está suficientemente conocido. Sin este procedimiento abreviativo, sin la desaparición de un número prodigioso de términos, la localización en el tiempo sería muy larga, muy penosa, y reducida á estrechos límites. Gracias á él, por el contrario, desde que la imagen surge, supone una primera localización instantánea, y se coloca entre dos límites, el presente y un punto de referencia cualquiera. La operación se concluye después de algunos tanteos y es á veces laboriosa, infructuosa y quizá nunca precisa. Si el lector quiere estudiar bien sus propios recuerdos, no creo que presente objeciones serias contra lo que precede. Notará, además, cuánto se parece este mecanismo al otro de que nos valemos para localizar en el espacio. Allí también hay puntos de referencia, procedimientos abreviados, distancias perfectamente conocidas, que empleamos como unidades de medida. No es inútil tampoco demostrar en pocas palabras que la localización en el porvenir se hace por un mecanismo análogo. Nuestro conocimiento del porvenir no puede ser más que una copia del pasado. No encuentro en él más que dos categorías de hechos: unos, que son LA MEMORIA COMO HECHO B IOLÓGICO  49 una reproducción pura y simple de lo que sucedió en las mismas épocas, en los mismos sitios, en las mismas circunstancias; otros, que consisten en inducciones, deducciones, conclusiones sacadas del pasado, pero elaboradas por el trabajo lógico del espíritu. Aparte de estas dos categorías, todo es posible, pero todo es desconocido. Evidentemente, la primera clase de hechos es la que se parece más á la memoria, porque es simple reproducción de lo que ha sucedido. Un hombre tiene la costumbre de ir todos los años á pasar el mes de Septiembre á una casa de campo. En pleno invierno la recuerda con sus alrededores, sus habitantes, su género de vida. Esta imagen flota al principio indeterminada, es á la vez materia de recuerdo y de esperanza. Desde luego se aleja del presente; después se desliza por el invierno, la primavera, el verano; por fin, se localiza. El curso del año, con su sucesión de estaciones, de fiestas, sus cambios de ocupaciones, le suministra puntos de referencia. Este mecanismo no difiere del de la memoria más que un punto: este es, que pasamos del extremo final del presente al extremo inicial del estado ulterior. No vamos, como pasa en el recuerdo, de un principio á un fin, sino más bien de un fin á un principio. Recorremos, en este orden invarjable, teóricamente, todos los estados intermedios ; prácticamente, algunos 50  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA puntos de referencia. El mecanismo es, pues, el mismo que para la memoria, sólo que funciona en otro sentido. En suma, si dejamos aparte las explicaciones verbales, encontramos que el «reconocimiento» no es una «facultad», sirio un hecho, y que este hecho resulta de una suma de condiciones. Además, el «reconocimiento», la localización en el tiempo, varía á medida de estas condiciones, en todos los grados posibles. En el más alto están los puntos de referencia; debajo los recuerdos vivos, precisos, colocados con toda rapidez; más bajos, los que causan dudas y exigen un tiempo apreciable; más bajos todavía, los reconocimientos laboriosos, que no se obtienen más que á fuerza de ensayos y de estratagemas; en fin, en algunos casos el trabajo no resulta, y nuestra indecisión se traduce por frases de este género: «¡Me parece que he visto esta cara!» «¿Lo he soñado?» - Un paso más, y la localización es nula; la imagen, despojada de sus soportes y límites, rueda como un vagabundo, sin casa ni hogar. Hay numerosos ejemplos de este último caso y se encuentran donde menos se espera. Por causas de enfermedad ó ve jez, hay hombres célebres que no reconocen sus obras más personales. Al fin de su vida, Linneo se complacía en leer sus propias obras, y cuando estaba entregado á esta lectura, olvidando que él era el autor, exclamaba: « ¡Qué hermo- LA MEMORIA COMO HECHO I1 1 ÓGICOO  51 so! ¡Querría haber escrito esto!»  cuenta un hecho análogo, apropósito de "Newton y del descubrimiento del cálculo diferencial. Walter Scott, en su vejez, estaba sujeto á esta clase de olvidos. Se recitó un día en su presencia un poema, que le gustó mucho; pidió el nombre del autor: era un canto de su Pirata. Ballantyne, que le sirvió de secretario y que ha escrito su vida, expone, con los detalles más minuciosos, cómo le dictó una gran parte de Ioanhoe durante una enfermedad aguda. El libro estaba concluido é impreso antes que el autor pudiese abandonar el lecho. No había conservado ningún recuerdo, salvo la idea madre de la novela, que era anterior á su enfermedad. En un caso citado por Forbes Winslow, la imagen parece ser casi reconocida, localizada; está en el límite, un apoyo muy pequeño habría bastado, pero no lo tuvo: «El poeta Rogers, de noventa años, paseaba en coche con una señora. Esta le interrogaba sobre otra señora de la que él no podía acordarse. Hizo parar y preguntó al criado: ¿Conocía yo á lime. M...? — La respuesta fué afirmativa. Este fué un momento penoso para ambos. Entonces me cogió por la mano y me dijo:—No os preocupéis, querida; todavía no me veo reducido á hacer parar el coche para preguntar si os conozco (1).» (1) Laycock, A chapter on some organie laves of personal and ancestral memory, p. 19; Carpenter, Mental Physiology, p. 444; Ba- 5 ^  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA Un hecho mucho más instructivo para nosotros refiere Macaulay en uno de sus Ensayos, consagrados á Wycherley. Su memoria, dice, era á la vez extremadamente poderosa y extremadamente débil al final de su vida. Si se le leía alguna cosa por la noche, despertaba al otro día por la mañana con el espíritu lleno de . los pensamientos y de las expresiones oídas la víspera, y las escribía con la mejor fe del mundo, sin sospechar que no le pertenecían. Aquí el mecanismo de la memoria está claramente dividido en dos: la patología nos da el análisis. Interpretando éste según lo expuesto en los párrafos anteriores, diremos: La modificación impresa á las células cerebrales ha persistido; las asociaciones dinámicas de los elementos nerviosos quedan estables; el estado de conciencia, unido á ellas, ha surgido; estos estados de conciencia se han reasociado y reconstituido en series (frases ó versos). Luego, la operación mental se detiene bruscamen 'e. Estas series no despiertan ningún estado secundario; permanecen aisladas, sin relación que las una al presente ó las aleje de él, sin nada que las sitúe en el tiempo. Quedan en el estado de imágenes y parecen nuevas, porque ningún estado concomitante les imprime la señal del pasado. La localización en el tiempo tiene tan poco llantyne, Life of Walter Scott. cap. XLIV, Spring, Symptomatologie, t. II, p. 530; Forbes Winslow, loc. cit., p. 247. LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  53 de. acto simple, primitivo, instantáneo, que con frecuencia exige un intervalo apreciable, hasta para la conciencia. En los casos en que parece instantánea, su rapidez es un resultado del hábito. Del mismo modo juzga el ojo la distancia de los objetos, y es probable que para una memoria naciente, como para una visión naciente, ninguna localización sea instantánea (1). No hemos encontrado, en definitiva, en la más alta forma de la memoria, más que una operación nueva, la localización en el tiempo. Para terminar, nos queda que demostrar el carácter relativamente ilusorio de esta operación. Me represento en este momento con caracteres muy yivos, una visita que hice hace un año á un viejo castillo de Bohemia. Esta visita duró dos horas. Hoy la rehago fácilmente en la imaginación: entro por la inmensa puerta; atravieso sucesivamente los corredores, las galerías, las salas, las capillas; vuelvo á ver sus frescos y sus decoraciones originales; me oriento bas- (1) Notemos, además, lo que sucede en los acontecimientos cuya repetición ha sido frecuente. fíe hecho cien veces el viaje de París á Brest. Todas estas' imágenes se superponen, forman una masa indistinta, propiamente hablando, un mismo estado vago. Entre ellos, los viajes unidos á algún suceso importante, feliz ó desgraciado, son los únicos que tienen para mí recuerdos: , los únicos que despiertan estados de conciencia secundarios, que están localizados en el tiempo, que son reconocidos. Se ha debido notar que nuestra explicación del mecanismo del «reconocimiento» concuerda con la que se ha dado en el tratado de la rintelliyence, '2." parte, libro 1, capítulo II, párr. (1. 60  ENFERMEDADES. DE LA MEMORIA el objeto que ve moverse es un animal vivo. Se consideraría corno un abuso de lenguaje preguntar á otro si se acuerda de que el sol brilla, que el fuego abrasa, que el hierro es duro, que el hielo es frío (1). Y sin embargo, lo repetimos, en una inteligencia naciente, todo esto ha sido memoria en el sentido estricto. No es necesario añadir que lo que precede es un bosquejo ideal, un esquema. Seria doblemente ilusorio querer dividir en secciones bien definidas una evolución que se hace por transiciones insensibles y que además varía en cada individuo. ¿Se puede ir más lejos aún? Se podría. Por bajo de los reflejos compuestos que representan la memoria orgánica en su más alto término, hay reflejos simples. Se puede admitir que estos reflejos, que resultan de una disposición anatómica:innata, han sido ellos mismos adquiridos y fijados por experiencias sin número en la evolución de las especies. Se pasaría así de la memoria individual á la herencia, que es una 7nernoria específica. Basta indicar esta hipótesis. En suma, se ve que es imposible decir dónde la memoria—sea psíquica, sea orgánica concluye. En lo que designamos bajo este nom- (1) Iterbert Spencer, Principes de psychologie, t. I,  parte, C. VI. Este capítulo es muy importante para la memoria considerada desde el punto de vista de la evolución. LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  61 bre colectivo de memoria hay series que siguen todos los grados de organización, desde el estado naciente hasta el estado perfecto. Hay un paso incesante de lo inestable á lo estable, del estado de conciencia, adquisición mal asegurada, al estado orgánico, adquisición fija. Gracias á esta marcha continua hacia la organización, se establece una simplificación, un orden en los materiales, que hace posible una forma de pensamiento más alta. Reducida á sí misma y sin contrapeso, tendería al aniquilamiento progresivo de la conciencia, haría del hombre un autómata. Supongamos, por una hipótesis irrealizable, que un sér humano adulto sea colocada en condiciones tales que todo estado de conciencia nuevo—percepciones, ideas, imágenes, sentimientos, deseos—le falte: las series de estados de conciencia que constituyen cada forma de la actividad psíquica concluirían al cabo por organizarse tan bien que no se encontraría ya en él más que un autómata apenas consciente. Los espíritus limitados y rutinarios realizan esta hipótesis en una cierta medida. Encerrados en un circulo estrecho, del que han separado cuanto han podido lo nuevo y lo imprevisto, `tienden hacia el estado de estabilidad perfecta, llegan "áser «máquina en todo»; para la mayor parte de su vida, la conciencia es una cosa supérflua. fi?  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA Después de haber examinado nuestro asun- to en todos sentidos, volvamos á nuestra proposición del comienzo. La memoria consciente no es más que un caso particular de la memoria biológica. Podemos, por consideraciones de otro orden, hacer ver una vez más que la memoria va unida á las condiciones fundamentales de la vida. Todas las formas de la memoria, desde la más alta á la más baja, se apoyan en asociaciones dinámicas entre los elementos nerviosos y en modificaciones particulares de estos elementos, por lo menos de las células. Estas modificaciones que resultan de la primera impresión, no se conservan en una materia inerte, no se parecen al sello impreso en el lacre. Están depositadas sobre una memoria viva; ahora bien, todos los tejidos vivos están en estado de renovación molecular continua, el tejido nervioso más que ningún otro, y en el tejido nervioso, la sustancia gris más que la blanca, como lo prueba la excesiva abundancia de los vasos sanguíneos que la bañan. Puesto que las modificaciones persisten, hace falta que el acarreo de los nuevos materiales, que la disposición de las nuevas moléculas, reproduzca exactamente el tipo de las que son reemplazadas. La memoria depende directamente de la nutrición. Pero las células no sólo tienen la propiedad de nutrirse. Están dotadas, por lo menos du- LA MEMORIA COMO HECHO BIOLÓGICO  63 ra p te una parte de su vida, de la facultad de reproducirse; y ya veremos más tarde cómo este hecho explica ciertos restablecimientos de la memoria. En opinión de todos los fisiólogos, esta reproducción no es, por lo demás, sino una forma de la nutrición. La base de la memoria es, pues, la nutrición: es decir, el proceso vital por excelencia. No insisto más, por ahora, sobre este pun- to. Cuando hayamos hablado de los desórdenes de la memoria, de sus excitaciones y de sus depresiones, de su suspensión momentánea, de sus desapariciones y de sus vueltas bruscas, de sus debilitamientos progresivos, podremos volver sobre ella con provecho; entonces se revelará por si misma la función capital de la nutrición. Hasta ahora nos hemos limitado á los preliminares de nuestro estudio: la memoria en estado sano. Es tiempo de estudiar su estado morboso. La patología de la memoria completa su fisiología; veremos si la confirma. A CAPÍTULO II LAS AMNE S IAS GENERALES Los materiales para el estudio de las enfermedades de la memoria son abundantes. Se encuentran esparcidos en los libros de medicina, en los tratados de enfermedades mentales, en los escritos de diversos psicólogos. Se pueden reunir sin gran trabajo y se tiene así, á la mano, una colección suficiente de observaciones. Lo difícil es clasificarlas, interpretarlas, sacar de ellas conclusiones sobre el mecanismo de la memoria. Atendiendo á esto, los hechos recogidos tienen un valor muy desigual: los más extraordinarios no son los más instructivos; los más curiosos no son los más luminosos. Los médicos, á quienes las debemos, no las han deseripto ni estudiado, en su mayoría, sino desde el punto de vista de su profesión. Un desorden de la memoria, no es para ellos más que un síntoma; sólo á este título lo anotan; se sirven de 66  ENFERMLDADES DE LA MEMORIA él para establecer un diagnóstico y un pronóstico. Lo mismo para la clasificación: se conforman uniendo cada caso de amnesia al estado morboso del que es efecto; reblandecimiento, hemorraia, conmoción cerebral, intoxicación, etcétera, etc. Para nosotros, por el contrario, las enfermedades de la memoria deben ser estudiadas en sí mismas, á título de estados psíquicos morbosos que pueden hacernos comprender mejor el estado sano. En cuanto á su clasificación, nos vemos reducidos á hacerla según semejanzas y diferencias. No sabernos bastante para intentar una clasificación natural, es decir, según las causas. Debo declarar, pues, para prevenir toda objección, que la clasificación siguiente no tiene otro objeto que poner un poco de orden en la masa confusa y heterogénea de los hechos, y que no dejo de comprender, que en muchos respectos, es arbitraria. Los desórdenes de la memoria pueden limitarse á una sola categoría de recuerdos y dejar el resto intacto, en apariencia al menos; estos son los desórdenes parciales. Otros, por el contrario, afectan á la memoria entera bajo todas sus formas, cortando en dos ó muchos trozos nuestra vida mental, abriendo huecos que nada llena, ó bien destruyéndola en totalidad por acción lenta; éstos son los desórdenes generales. Distinguiremos pues, ante todo, dos grandes clases: las enfermedades generales y las enfer- LAS AMNESIAS GENERALES  67 medádes parciales de la memoria. Sólo las primeras serán objeto de este capítulo. Las estudiaremos bajo los títulos siguientes: 1.", amnesias temporales; 2.°, amnesias periódicas;  amnesias de forma progresiva, las menos curiosas y las más instructivas; 4.°, terminaremos con algunas palabras sobre la amnesia congénita. Las amnesias temporales proceden las más de las veces por invasión brusca y terminan también de una manera inesperada. Abrazan un período de tiempo, que puede variar de algunos minutos á varios años. Los casos más cortos, los más claros, los más comunes se encuentran en la epilepsia. Los médicos no están de acuerdo ni sobre la naturaleza, ni sobre el asiento, ni sobre las causas de esta enfermedad. Este problema no es ni de nuestro objeto, ni de nuestra competencia. No basta saber que todos los autores están unánimes en reconocer tres formas : el mal mayor, el mal menor y el vértigo, que los consideran, menos como variedades distintas que como grados de un estado morboso; que, en fin, cuanto más moderado es el ataque en sus manifestaciones exteriores más funesto es para la inteligencia. El acceso va seguido de un des- 68  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA orden mental, que puede traducirse bien por simples rarezas y actos ridículos, bien por crímenes. Todos estos actos tienen un carácter común que Hughlings Jackson designa bajo el nombre de automatismo mental. No deja ningún recuerdo, salvo en ciertos casos, en que quedan algunas huellas de memoria extremadamente débil. Una enferma, en consulta en casa de su médico, fué atacada de un vértigo epiléptico. Se rehizo al momento; pero había olvidado que acababa de pagar un momento antes del ataque (1). Un empleado se sintió en la oficina con las ideas un poco confusas y sin otro malestar. Recuerda haber encargado su comida en el restaurant; á partir de este momento, le faltaba todo recuerdo. Vuelve al restaurant; se entera de que ha comido, de que ha pagado, de que no parecía indispuesto y de que se puso en camino hacia su oficina. Esta amnesia había durado cerca de tres cuartos de hora. Otro epiléptico sufre un ataque, cae en una tienda, se levanta y huye dejando su sombrero y su cuaderno. Me encontraron, dijo él, á medio kilómetro de allí; pedí mi sombrero en todas las (1) Los hechos citados están tomados en su mayor parte de la Memoria de Ilughlings Jackson, publicada en el West Riding Asylum Reports, traducida en la Revue ÁS'eientífique del 19 de Febrero de 1876, y del trabajo de Falret sobre el estado mental de los epilépticos en los Ar(l¿ives ele 9nédecine,1863, Diciembre, 1860. Abril y Octubre, 1861, LAS AMNESIAS GENERALES  69 tiendas; pero no tenía conciencia de lo que hacía, y no volví en mí sino al cabo de diez minutos, al llegar al camino de hierro. Trousseau refiere el caso de un magistrado que, estando en una reunión en el Municipio de París, corno miembro de una sociedad científica salió sin sombrero, llegó al muelle y se volvió á su sitio para tomar parte en las discusiones, sin ningún recuerdo de lo que había hecho. Frecuentemente el enfermo continúa durante el periodo de automatismo los actos que realizaba en el momento del acceso, ó bien habla de lo que acaba de leer. De ello hemos dado ejemplos en el precedente capítulo. Nada es más frecuente que las tentativas infructuosas de suicidio, de las que no queda, pasado el vértigo epiléptico, ninguna huella en la memoria. Y lo mismo sucede con las tentativas criminales. Un zapatero, atacado de manía epiléptica el día de su casamiento, mató á su suegro á cuchilladas. Vuel- to en sí al cabo de algunos días, no tenía el más ligero conocimiento de lo que había hecho (1). Hay ya bastantes ejemplos para que el lector pueda comprender la naturaleza de la amnesia epiléptica mejor que por las descripciones generales. Un cierto período de actividad mental, que es corno si no hubiese existido; el (1) Ví"!ase también Morel, Trailé des malatlies mentales, p. 695. 76  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA tal está perdido. Estos casos son los que más impresionan la imaginación. Es posible que algún día, con los progresos de la fisiología y de la psicología nos sirvan para aprender mucho sobre la memoria. Por el momento no son los más instructivos. En mi opinión al menos, y sin querer prejuzgar lo que piensen otros. Tales casos difieren mucho entre sí. Ya la suspensión de la memoria arranca del principio de la enfermedad para extenderse hacia adelante, ya vuelve un poco sobre los últimos sucesos pasados; lo más frecuente es que se extienda en ambos sentidos, hacia adelante y hacia atrás. A veces reaparece la memoria por si misma, de pronto; otras veces lentamente y con un poco de ayuda; otras veces en fin la pérdida es absoluta y hay que proceder á una reeducación completa. Pongamos ejemplos de todos estos casos : «Una mujer joven, casada con un hombre al que amaba apasionadamente, fué presa en el parto de un largo síncope, á continuación del cual perdió la memoria del tiempo que había trascurrido desde su casamiento inclusive. Se acordaba exactamente del resto de su vida hasta entonces... Rechazó con espanto en los primeros momentos á su marido y á su hijo cuando se le presentaron. Después, no pudo recobrar jamás la memoria de este período de la vida, ni Ole los a contecimientos que le habían acompa- LAS AMNESIAS GENERALES  77 nado. Sus padres y sus amigos consiguieron, por medio de razones y por la autoridad de su testimonio, persuadirla de que estaba casada y de que tenía un hijo. Ella los creyó, porque prefería mejor pensar que había perdido el recuerdo de un año, que creer á todos unos impostores. Pero su convicción , su conciencia íntima, no entraba para nada en tales ideas. Veía allí á su marido y á su hijo sin poder imaginarse por qué magia había adquirido uno y dado luz al otro» (1). Tenemos aquí un ejemplo de amnesia irreparable, que se extiende solamente hacia atrás. En cuanto á su razón psicológica, puede encontrarse igualmente en una destrucción de residuos y en una imposibilidad de la reproducción. En el caso siguiente, referido por La ycock, la amnesia no se extiende más que hacia adelante, y no puede atribuirse, por consiguiente,. más que á una imposibilidad, para registrar y conservar los estados de conciencia. El maquinista de un navío de vapor se cae de espaldas y da con la parte de atrás de la cabeza contra un objeto duro; queda alglm tiempo sin conot,-imiento. Vuelto en sí, recobra pronto la más (1) Lettre (le Charles V ¡niers á G. (lacio . ( París, Lenormant, 1802), citada en Louyer Villermay, Essais sur les llialad¿es de la in6rwire, p. 76-77. Este pequeño trabajo de L. Villermay, de donde no hay ildenilts much,) que sacar, se publicó en las illénwtres de la Scwieté rle 111 4 ,deeine de París, 1817, t. 1.0 78  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA perfecta salud física; conserva el recuerdo de todos los años pasados hasta su accidente; pero, a partir de este momento, la memoria no existe ya, ni aún para los hechos estrictamente personales. «Al llegar al hospital, no puede decir si ha ido á pie, en coche ó por el camino de hierro. Al acabar de almorzar, ya ha olvidado lo que acaba de hacer; no tiene idea de la hora, ni del día, ni la semana. Ensaya, por reflexión, responder á las preguntas que le hacen y no lo consigue. Su palabra es lenta, pero precisa. Dice lo cine quiere decir y lee correctamente.» Esta enfermedad desaparece gracias á una medicación apropiada (1). En general, en los casos de amnesia temporal debida en una conmoción cerebral, se produce un efecto retroactivo. El enfermo, al recuperar la conciencia, no ha perdido solamente el recuerdo del accidente y del período que le ha seguido, ha perdido también el recuerdo de un período más ó menos largo, anterior al accidente. Se podían presentar numerosos ejemplos; no cito más que uno, referido por Carpenter (obra citada, p. 450). «Un hombre conducía en cabriolé á su mujer y á su hijo. El caballo, espantado, se desbocó. Después de varios esfuerzos para dominarle, el conductor fuá arrojado violentamente á tierra y recibió una fuerte sa- .(1) Layeock, On certains disorde p s arad defects of memory, p.12. LAS AMNESIAS GENERALES  79 cudida en la cabeza. Cuando volvió en sí, había olvidado los antecedentes inmediatos del accidente. La única cosa que recordaba era el encuentro de un amigo en el camino, próximamente á dos millas del sitio donde había sido derribado. Pero no ha recobrado, hasta el día, ningún recuerdo de sus esfuerzos para detener el caballo, ni del miedo de su mujer y de su hijo (1).» Observemos ahora casos de amnesia de un carácter mucho más grave, alguno de los cuales ha necesitado una reeducación completa. Están tomados de la revista inglesa Brain. La primera observación, presentada por el Dr. Mortimer Granville, es la de una mujer de veintiséis años, histérica, que, á consecuencia de un trabajo excesivo, fué presa de una crisis violenta, con pérdida completa del conocimiento. «Cuando la conciencia comenzó á volver, las últimas ideas sanas, formadas antes de la enfermedad, se mezclan de una manera extraña con las nuevas impresiones recibidas , como cuando se sale lentamente de un ensueño. Sen- (1) Se encontrarán otros casos en el Dictionnaire eneyclopédique. des sciences  art. Amnesie, por J. F 1 alret, p. 928. Esta parálisis de la memoria, debida á una conmoción, no es rara. Un caso reciente ha sido comunicado por el Dr. Motet á la Sociedad de Medicina de París, y lea dado lugar á una interesante discusión sobre la atinwia temporal, Véase la Union médicale del 18 de Junio 1819. 80  ENFEBIsfLUADES DE LA MEMORIA tada sobre su lecho, cerca de la ventana, para ver los que pasaban por la calle, la enferma llamaba á todos los objetos que se-movían «árboles en marcha»; y cuando se le preguntaba dónde había visto esas cosas, respondía invariablemente: «En el otro Evangelio». En una palabra; en su estado mental, lo ideal y lo real no se distinguían. Sus recuerdos eran indistintos; y en lo que concierne al gran número de cosas ordinarias que constituían el fondo principal de sus pensamientos antes del ataque, su memoria era nula. Las ideas inmediatamente interiores á la enfermedad parecía que habían saturado de tal modo su espíritu, que las primeras impresiones que recibió se impregnaban de ellas, mientras que la inscripción del penúlt¿rno trabajo cerebral se había, por decirlo así,. obliterado. Por ejemplo, aunque esta mujer ganaba su vida dando lecciones, no conservaba ningún recuerdo de una cosa tan sencilla como es lo que sirve para escribir. Si se le ponía una pluma ó un lápiz en la mano, como se hubiera podido hacer en la de un niño, no los cogía, ni aun por acción refleja. Ni la vista, ni el contacto del instrumento depert{-Lban asociación de ideas. La más perfecta destrucción del tejido cerebral no habría deshecho más completamente los efectos de la educación y del hábito. Este estado duró algunas semanas.» La memoria de lo olvidado la recobró despacio, tra- LAS AMNESIAS GENEHALES  81 lujosamente, sin necesitar, no obstante, una reeducación, tan completa como en el caso (iiw sigue (1). La segunda observación, debida al profesor Sharpey, es uno de los ejemplos más curioso de reeducación que se hayan descrito. No extracto de su largo artículo más que los pormenores psicológicos. Se trata también de una mujer de veinticuatro años, de complexión delicada, que durante seis semanas próximamente, tuvo una tendencia irresistible á la soñolencia. Este estado se agravó de día en día. Hacia el 10 de Junio llegó á ser imposible despertarla. Estuvo así durante dos meses. Para nutrirla, se ponía en sus labios una cuchara, y tragaba; cuando estaba satisfecha, cerraba los dientes y retiraba la boca. Parecía distinguir los sabores, porque rehusaba obstinadamente ciertos platos. Tuvo algunos cortos momentos de estar despierta, con raros intervalos. No respondía á ninguna pregunta, no reconocía a nadie, salvo una vez á «una antigua conocidft que no había visto desde hacía doce meses. La consideró largo tiempo, buscando, probablemente, su nombre. Habiéndolo encontrado, lo repitió varias veces, estrechándole la mano: después volvió á caer en su sueño.» Hacia (,1 (1) Brain, a Journal of Nenrology, Octubre, 1879, p. 317 y , ivuientes. ENFERMEDADES DE LA MEMORIA final de Agosto volvió, poco á poco, á su estado normal. Entonces comienza su trabajo de reeducación. «Al volver de su entorpecimiento, parece haber olvidado casi todo lo que sabía. Todo le parece nuevo; no reconoce ni á una sola persona, ni aun á sus más próximos parientes. Alegre, bulliciosa, distraída, encantada con todo lo que ve ú oye, parecía un niño. »Bien pronto llegó á ser capaz de atender. Su memoria, enteramente perdida en lo que concierne a los conocimientos anteriores, era muy viva y muy sólida para todo lo que había visto y oído después de su enfermedad. Recobró una parte de lo que había aprendido antes, con una facilidad muy grande en ciertos casos, menor en otros. Es de notar que, aunque el procedimiento seguido para recobrar sus conocimientos, haya parecido consistir menos en estudiar de nuevo que en recordar con la ayuda de sus allegados, sin embargo, no parecía tener conciencia, ni aun en un grado débil, de haberlos poseído antes. Al principio era imposible tener con ella una conversación. En lugar de responder á una cuestión, la repetía en Voz alta textualmente; y durante largo tiempo, antes de responder á la cuestión la repetía entera. No tiene al principio más que un corto número de palabras á su disposición; adquiere rápidamente gran número; pero comete extra- LAS AMNESIAS GENERALES  83 Dios errores al emplearlas. Sin embargo, en general, no confundía más que las palabras que tienen en cierto modo algunas relaciones. Así, por «té», decía «salsa» (y empleó mucho tiempo esta palabra para los líquidos); en vez de blanco, decía negro; por «calor», «frío»; por «mi pierna», «mi brazo»; por «mi ojo», «mi diente», etc. De ordinario usa ahora palabras con propiedad, aunque cambia á veces sus terminaciones ó las inventa. »No ha reconocido aún á nadie, ni entre sus más próximos parientes, es decir, que no tiene ningún recuerdo de haberlos visto antes de su enfermedad. Los designa por sus nombres ó por los que ella les ha dado; pero los considera como nuevos conocimientos y no tiene ninguna idea de su parentesco con ella. Desde su enfermedad no ha visto más que una docena de personas, y esto es para ella todo lo que ha conocido en su vida. »Ha aprendido de nuevo á leer; pero ha sido necesario comenzar por el alfabeto, porque no conocía ni una sola letra. Ha aprendido en seguida á formar las sílabas, las palabras, y ahora lee regularmente. Lo que le ha ayudado en esta readquisición, es cantar las letras de ciertas canciones que le eran familiares y que se le presentaban impresas mientras tocaba el piano. »Para aprender á escribir, comenzó por los 84  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA estudios más elementales, pero ha hecho l)r0- .;resos mucho más rápidos que una persona que no los hubiese ejecutado nunca. Poco después de haber salido de su entorpecimiento, ha logrado cantar muchas de sus antiguas canciones y tocar el piano con poco trabajo. Cuando canta, tiene en general necesidad de ser ayudada para las dos ó tres primeras palabras de un renglón; y ella termina el resto, de memoria a lo que le parece. Puede tocar ante una partitura muchos aires que no conocía de antes. »Ila aprendido sin dificultad muchos juegos de cartas; sabe hacer inedia y otras obras análogas. »Pero, lo repito, es notable que no parezca tener el más ligero recuerdo de haber poseído otra vez todo esto, aunque sabe evidentemente que ha sido ayudada enormemente en su trabajo de readquisición por estos conocimientos anteriores, de los cuales no tiene conciencia. Cuando se le ha preguntado dónde había aprendido á tocar mirando la música impresa, ha respondido que no podía decirlo, y se admiró de que su interlocutor no pudiese hacer otro tanto. «A decir verdad, con arreglo á diversas indicaciones, que ella ha hecho por sí misma, casualmente, parece que posee muchas ideas generales de naturaleza más ó menos compleja, LAS AMNESIAS GENERALES  85 las cuales no ha tenido ocasión de adquirir después de su curación (1).» Hasta donde es posible juzgar por el informe de Sharpey, esta reeducación no duró más de tres meses. No hay que creer, por lo demás, que este hecho sea único. «Un clergyrnaD, después de una conmoción causada por una caída, permaneció varios días privado de conciencia. Vuelto en si, se halló en el estado de un niño inteligente. Aunque de edad madura volvió á comenzar con sus maestros los estudios ingleses y clásicos. Al cabo de algunos meses, su memoria volvió gradualmente; tan bien que en algunas semanas su espíritu recobró el vigor y la cultura antigua (2).» Otro sujeto, de treinta años de edad, muy instruido, al salir de una grave enfermedad, había olvidado todo, hasta el nombre de los objetos más comunes. Restablecida su salud, comenzó á aprender todo como un niño; desde luego, el nombre de las cosas, después á leer; luego empezó á aprender el latín. Sus progresos fueron rápidos. Un día, estudiando con su hermano, que le servía de maestro, se detuvo súbitamente y llevó su mano á la frente. «Sien- to, dijo, en la cabeza una sensación particular, y me parece ahora que he sabido todo esto otra (1) Abril, 1879, p.1 y siguientes. (2) Vurbes \Vinslow, obra citada, ps. 31'7, 118. 92  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA meramente (observación de Laycock en particular) la facultad de registrar las experiencias nuevas se suspende temporalmente; á medida que aparecen los estados de conciencia, desaparecen sin dejar huella. Pero á los recuerdos anteriormente registrados durante semanas, meses y años, ¿qué les sucede? Han durado, se han conservado y recordado; parecían una adquisición estable, y, sin embargo, en su lugar no queda más que un vacío. El enfermo no lo llena más que artificiosa ó indirectamente, con ayuda del testimonio de otro y de sus reflexiones personales, que relacionan bien ó mal su presente con lo que le queda del pasado. Las observaciones no dicen que llene jamás este vacío por una reminiscencia directa. Se puede desde luego hacer igualmente dos suposiciones: ó que el registro de los estados anteriores se ha borrado, ó que, persistiendo la conservación de los estados anteriores, se ha aniquilado su aptitud para reavivarse por asociaciones con el presente. No estamos en estado de decidir con pertinencia entre las dos hipótesis. El segundo tipo morboso, poco frecuente, está, representado por los casos de Sharpey y de Winslow (la observación de Dunn, forma una transición hacia el grupo de las amnesias intermitentes). Aquí, el trabajo de destrucción es completo; la memoria bajo todas sus formas organizada, semi-organizada, consciente—que- LAS AMNESIAS GENERALES  93 da abolida; es la amnesia completa. Hemos visto que los autores que lo han descrito comparan al enfermo con un niño, y á su espíritu con una tabla rasa. Sin embargo, estas expresiones no deben tornarse en el sentido riguroso. Los casos de reeducación que hemos referido muestran que si toda experiencia anterior se aniquila, quedan, sin embargo, en el cerebro algunas aptitudes latentes. La extremada rapidez de la nueva educación, sobre todo en los últimos tiempos, no se explicaría sin esto. Los hechos llevan invenciblemente á creer que esta, vuelta, que parece obra del arte, es, sobre todo, obra de la naturaleza. La memoria vuelve, porque á los elementos nerviosos atrofiados suceden, con el tiempo, otros elementos que tienen. las mismas propiedades primitivas y adquiridas que aquellos á que reemplazan. Esto demostraría una vez más la relación que existe entre la memoria y la nutrición. Por último, como todas las observaciones de amnesia no se dejan reducir á una sola fórmula, en los casos en que la pérdida y la vuelta de la memoria son bruscas, es dificil no ver la analogía de estos fenómenos de suspensión de función, ó de «inhibición», que la fisiología estudia actualmente con tanto interés y de los que tan poco se sabe. No indicamos estas conclusiones más que de Paso. Sería prematuro detenernos ahora en 94  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA .ellas. Continuemos nuestra revista de hechos, ,estudiando las amnesias periódicas. 1 1 El estudio de las amnesias de forma periódica es mucho más propio para dilucidar la naturaleza del yo y las condiciones de existencia de la persona consciente, que para mostrarnos el mecanismo de la memoria bajo un aspecto nuevo. Constituye un capítulo interesante de un trabajo que no se ha hecho nunca bajo su forma completa y al que se podría titular: «De las enfermedades y de las aberraciones de la personalidad.» Es muy difícil no resbalar á cada instante en este asunto. Trataré de no decir de ello más que lo indispensable para la claridad de la exposición. Seré sobrio de hechos: son ya bastante conocidos. El estudio de los casos llamados «de doble conciencia» está muy de moda. La observación tan detallada é instructiva del Dr. Azam, en particular, ha hecho comprender al público, mejor que cualquier definición, en qué consiste la amnesia periódica. Me limitaré, pues, á pasar revista á los casos principales, yendo de la forma más perfecta de amnesia periódica á las formas que no son apenas más que su bosquejo. LAS AMNESIAS GENERALES  95 1. El caso más claro, el más franco, el más completo de amnesia periódica, es el que ha relatado Macnish en su Philosophy of sleep, y que después se ha citado con frecuencia. «Una joven americana, al salir de un sueno prolongado , había perdido el recuerdo de todo lo aprendido. Su memoria se había convertido en una tabla rasa. Fué preciso enseñarle todo de nuevo. Se vió obligada á adquirir otra vez la costumbre de deletrear, de leer, de escribir, de calcular, de conocer los objetos y las personas que la rodeaban. Algunos meses después volvió á caer en otro profundo sueño, y al salir de él, sel encontró tal como estaba antes de su primero, teniendo todos los conocimientos y todos los recuerdos de su juventud, y habiendo olvidado completamente, por el contrario, lo que había pasado entre sus dos accesos. Durante cuatro años, y aún más, ha pasado periódicamente de un estado á otro, siempre á continuación de un largo y profundo sueño... Tiene tan poca conciencia de su doble personalidad como dos personas distintas la tienen de sus naturalezas respectivas. Por ejemplo; en el estado primitivo, posee todos sus antiguos conocimientos; en 1 , el nuevo estado tiene solamente los que ha podido adquirir después de su enfermedad. En el estado antiguo tiene una bonita letra; en el nuevo no tiene más que una escritura torpe, habiendo dispuesto aún de muy ENF ERMEDADES DE LA MEMORIA poco tiempo para ejercitarse. Si le presentan personas en uno sólo de los dos estados, esto no basta; para conocerlas de una manera suficiente, debe verlas en los dos estados: lo mismo le pasa con otras cosas (1). Dejando á un lado por el momento lo que concierne á la alternativa de las dos personalidades, hay que notar que se han formado aquí dos nwinorias completas y absolutamente independientes la una de la otra. No es sólo la memoria de los hechos personales, la memoria plenamente consciente la que se ha dividido en dos partes que no se mezclan nunca y se desconocen recíprocamente; es también esta memoria semi-orgánica, semi-consciente, que permite hablar, leer y escribir. La observación no nos enseiía si esta escisión de la memoria se ha extendido hasta las formas puramente orgánicas, á las costumbres; si se ha obligado á la enferma, por ejemplo, á aprender de nuevo á servirse de las manos para las necesidades más vulgares (comer, vestirse, etc.) Aun suponiendo que este grupo de adquisiciones haya permanecido intacto, la separación en dos grupos cortados é independientes es tan completa como el observador más difícil pueda desearlo. El Dr. Azam ha referido un hecho que se .1. Macnish, en Ta.ine. De l'Intelligence, t.j, p. 165, y en Combe, Syste-ia of Phrenology, p. 173. LAS AMNESIAS GENERALES  97 aproxima al precedente, aunque mucho menos claro. La memoria normal desaparece y reaparece periódicamente. En el intervalo no se forma una memoria nueva, sino que el enfermo conserva algunos restos débiles de la antigua. Esto es, por lo menos, lo que se puede inferir de una observación cuyos detalles psicológicos no son siempre precisos (1). Se trata de un ..adolescente que, á consecuencia de accidentes histéricos ó coreicos, pierde por compléto la Memoria del pasado; ha olvidado todo lo que se le ha enseñado; no sabe ya leer, ni éscribir, ni contar, y no reconoce ya á las personas que le rodean, excepto á su padre, á su madre y á la religiosa que le cuida. Se ve, sin embargo, que mientras dura esta amnesia' (y dura de ordinario un mes) el joven puede montar á caballo, guiar un coche, hacer la vida ordinaria y decir muy regularmente sus oraciones. en el momento oportuno. La memoria vuelve en general. bruscamente. Hasta donde se puede juzgar, lo que se produce aquí es una suspensión periódica de la memoria, bajo sus formas inestables y semi-estables; « ó, si se prefiere, conscientes y semi-conscientes (estando, en general, la conciencia en razón inversa de la estabilidad). Pero todo lo que es memoria organi- ( 1 ) Reune scientifique, 22 Diciembre 1877. Se dice, por ejemplo, que durante uno de esos accesos el enfermo «puede baldar con inteligencia y vivacidad, no obstante no haber recobrado la memoria ('?9). 7 98  ENFERMFDADES DE LA MEMORIA izada rutina, no es atacado; las últimas capas de la memoria resisten. No es necesario insistir, por otra parte, sobre una observación que está demasiado abreviada para la interpretación psicológica. II. Una segunda forma, menos completa y más frecuente de la amnesia periódica, es la tan interesante que el Dr. Azam nos describe en el caso de Félida X..., y cuyo análogo ha encontrado el Dr. Dufay en uno de sus enfermos. Estos casos son tan conocidos y los documentos originales son tan fáciles de consultar, que bastará resumirlos en algunas palabras. Se trata de una mujer histérica, atacada desde 1856 por un mal singular, que la hace vivir con doble vida; pasar alternativamente por dos estados, que  Azam designa con los nombres de «condición primera» y «condición segunda». Si observarnos á esta mujer en sur estado normal ó condición primera, es seria, grave, reservada, laboriosa. Súbitamente, parece sorprendida por el sueño, pierde el conocimiento, y cuando vuelve en si, la encontramos en la condición segunda. En este nuevo estado, su carácter cambia: se ha hecho alegre, turbulenta, imaginativa, coqueta. «Se acuerda perfectamente de todo lo que ha pasado durante los otros estados semejantes que han LAS AMNESI kS GENERALES  99 precedido y durante su vida normal.» Después, al cabo de un período más ó menos largo, es de nuevo presa del adormecimiento. Al salir de el se encuentra en su condición primera. Pero en este estado, ha olvidado todo lo que ha pasado en su condición segunda; no se acuerda más que de los períodos normales anteriores. Añadamos que, á medida que la enferma avanza en edad, los períodos de estado normal (condición primera) son cada vez más cortos y raros, y que la transición de un estado á otro, que duraba en otro tiempo diez minutos, se hace ahora con una rapidez inapreciable. Tales son los rasgos esenciales de esta observación. En vista de nuestro estudio especial, puede resumirse en algunas palabras. La enferma pasa alternativamente por dos estados: en el uno, tiene toda su memoria; en el otro, no tiene más que una memoria parcial, formada por todos los estados de igual naturaleza que se sueldan entre sí. El caso de la enferma de Blois, relatado por el Dr. Dufay, es análogo. Durante el período que corresponde á la «condición segunda» de Félida, la enferma «se acuerda de los hechos más insignificantes que se hayan verificado en el estado normal ó durante el estado de sonambulismo.» Hay también el mismo cambio de carácter, y durante su período de memoria 100  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA completa la enferma califica su estado normal de «estado bestia (1).» Importa observar que en esta forma de la amnesia periódica hay una parte de la memoria que no es nunca atacada, que subsiste en un estado como en otro. «En estos dos estados, dice el Dr. Azam, la enferma sabe perfectamente leer, escribir, contar, cortar, coser.» Aquí no hay, corno en el caso de Maenish, una escisión completa. Las formas semi-cons cientes de la memoria cooperan igualmente á las dos formas de la vida mental. III. Para terminar nuestra exposición de los disversos aspectos de amnesia periódica, mencionaremos ciertos hechos que no dan más que el bosquejo de ella: se encuentran en el sonambulismo natural ó provocado. Generalmente, los sonámbulos, una vez pasado su acceso, no guardan ningún recuerdo de lo que han dicho ó hecho; pero cada crisis lleva consigo el recuerdo de las crisis precedentes. Hay excepciones de esta ley, pero son raras. Se ha citado á menudo, siguiendo á Macario, la historia de la joven que fué violada durante un acceso y no tuvo ningún conocimiento de ello al despertar, pero que en el acceso siguiente reveló el hecho (1) l'ara los detalles, véase Azam. 1?evue seientífique, 20 Mayo y /6 Septiembre 1876; 10 Noviembre 1877; 8 Marzo 1879; y Dufay, íbid , 15 Julio 1876. LAS AMNESIAS GENERALES  101 á su madre. El Dr. Mesnet ha sido testigo de una tentativa de suicidio, llevada á cabo con mucha lúcidez, por una enferma durante dos accesos consecutivos (1). Una criada joven estuvo, creyendo durante tres meses, todas las noches, ser un obispo; hablaba y obraba en consecuencia (Combe), y Hamilton nos habla de un pobre aprendiz que, en cuanto se dormía, se creía padre de familia, rico, senador; recomenzaba cada noche su historia muy regularmente, la contaba en alta voz muy distintamente y renegaba de su estado de aprendiz cuando se le interpelaba sobre este asunto. Es inútil multiplicar ejemplos que se encuentran por todas partes, y cuya conclusión evidente es que al lado de la memoria normal se forma, durante los accesos, una memoria parcial, temporal y parásita. Resumiendo los caracteres generales de las amnesias periódicas, tales como nos las muestran estos hechos, encontrarnos primeramente la constitución de dos me norias. En los casos completos (Macnish) las dos memorias son exclusivas la una de la otra; cuando una aparece, la otra desaparece. Cada una se basta; cada una reclama, por decirlo así, su material completo. Esta memoria organizada que permite hablar, leer, escribir, no es ) Archives générales cle inédedue, 1860, t. XV, p. 1-1-L 108  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA í_stado resiste, se hace el centro á que se unen las asociaciones nuevas; se forma así un nuevo Complejo, un nuevo yo. El antagonismo entre stos dos centros de atracción—el antiguo que está en vías de disolución y el nuevo que está .envías de progresión—produce, según las circunstancias, resultados diversos. Tan pronto lesaparece el antiguo yo, después de haber enriquecido al nuevo con sus -despojos, es .decir, con una parte de las asociaciones que le constituían, como los dos yo alternan sin conseguir suplantarse. O bien el antiguo yo no existe ya más que en la memoria; pero siguiendo ligado :L alguna cenestesia, aparece al nuevo yo como un extraño (1). La digresión que precede tenía por objeto apoyar en razones lo que simplemente se había afirmado. La amnesia periódica no es más que un fenómeno secundario; tiene su causa en un desorden vital—al pasar por dos fases alternativas—del sentimiento de la existencia que no es, hablando propiamente, más que el sentimiento de la unidad de nuestro cuerpo Tal es el hecho primitivo que - lleva consigo la (1) Así es colo explico un caso de Leuret (Fragments psych. sur a . tedie, p. 277) citado con frecuencia. Una loca que no se designaba más que por persona de mí mismo» había conservado la memoria muy exacta de su vida hasta el comienzo de su locura; pero refería este período de, su vida :á otra. Del antiguo yo, sólo la memoria había persistido. Habría mucho que decir sobre estos desórdenes de la personalidad, pero esto se n parlaría de nuestro objeto. LAS AMNESIAS GENERALES  109 formación de dos centros de asociación, y, por consiguiente, de dos memorias. Yendo aún más lejos, se presentan otras preguntas, que por desgracia no se pueden contestar: 1.° ¿Cuál es la causa fisiológica de estas variaciones rápidas y regulares de la cenestesia? No se han emitido sobre este punto más que hipótesis (estado del sistema vascular, acción inhibitoria, etc.) 2.° ¿Por qué razón van unidas á cada forma de la cenestesia ciertas formas de asociación con exclusión de otras? Nada se sabe de esto. Sólo se puede afirmar que en las amnesias periódicas, la conservación permanece intacta, es decir, que las modificaciones celulares y las asociaciones dinámicas subsisten: sólo es atacada la facultad de reviviscencia. Las asociacio- i nes tienen dos puntos de partida: un estado A despierta algunos grupos, pero es incapaz de despertar los otros; un estado B hace lo contrario; ciertos grupos entran igualmente en ambos conjuntos (caso de escisión incompleta). En suma, dos estados fisiológicos que, por su alternativa, determinan dos cenestesias, que á su vez determinan dos formas de asociación, y, por consecuencia, dos memorias. Para completar nuestras observaciones, sería bueno añadir algunas palabras sobre ese enlace que se establece, á pesar de las interniii- 110  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA dones algunas veces largas, entre los períodos (le igual naturaleza, particularmente entre los di versos accesos de sonambulismo. Este hecho, interesante por muchas razones, no debe examinarse aquí sino desde el punto de vista de la vuelta periódica y regular de los mismos recuerdos. Por extraño que parezca á primera vista, es lógico y concuerda perfectamente con nuestra concepción del yo. Porque si el yo no es en cada instante más que la suma de los estados de conciencia actuales y de las acciones vitales en que la conciencia tiene sus raíces, claro está que, cuantas veces este complexus fisiológico y psíquico se reconstituya, el vo se encontrará que es el mismo y se despertarán las mismas asociaciones. En cada acceso se produce un estado fisiológico particular; los sentidos están en gran parte cerrados á las excitaciones exteriores; por consiguiente, no pueden suscitarse ya muchas asociaciones. Hay simplificación de la vida mental, reducción á una condición casi mecánica. Claro está, por otra parte, que estos estados se parecen mucho entre sí, en razón de su misma sencillez, y que difieren totalmente del estado de vigilia. Por tanto, es natural que las mismas condiciones produzcan los mismos efectos, que los mismos elementos den lugar á las mismas combinaciones, que las mismas asociaciones se despierten con exclusión de las otras. Encuentran en el LAS AMNESIAS GENERAL' S  111 estado patológico sus condic iones de existencia condiciones que, en el estado normal, no hallan ó que están en lucha con muchas otras. En el estado de salud y de vigilia, en efec- to, los fenómenos de conciencia son muy variados, muy numerosos, para que la misma combinación tenga probabilidades de reproducirse varias veces. Esto sucede, sin embargo, en ciertos casos raros, á consecuencia de causas desconocidas. «Cierto clérigo, dice el Dr. Reynolds , al parecer muy sano, celebraba un domingo los oficios; escogió los himnos, las lecturas, pronunció una plegaria extemporánea. Al domingo siguiente procedió exactamente del mismo modo, eligió los mismos himnos., las mismas lecturas , recitó la misma plegaria, tomó el mismo texto y pronunció el mismo sermón. Al bajar del púlpito no tenía ningún recuerdo de haber hecho el domingo anterior lo que acababa de repetir por comple- to. Se asustó mucho; y temió por algún tiempo una enfermedad cerebral, que no sobrevino (1).» Se ha visto que la embriaguez produce la misma vuelta de la memoria, como en el ca c o muy conocido de aquel comisario irlandés que, habiendo perdido un paquete mientras estaba borracho, se emborrachó de nuevo y se acordó de donde lo había dejado. (1) Ileynolds, ap. Carpenter, p. 144. 112  ENFERMEDADI S DE LA MEMORIA Corno hemos dicho al comenzar,  am ñesias periódicas, por curiosas que sean, enseñan más sobre la naturaleza del yo que sobre la de la memoria. Encierran, sin embargo, una parte de enseñanza: volveremos á ellas en el párrafo siguiente. III Las amnesias progresivas son las que, por un trabajo de disolución lento y continuo, llevan á la abolición completa de la memoria. Esta definición es aplicable á la mayoría de los casos. Sólo excepcionalmente, la evolución morbosa deja de producir una extinción total. La marcha de la enfermedad es muy sencilla; poco llamativa, como todo lo que se produce por acciones lentas; muy instructiva, porque mostrándonos cómo se desorganiza la memoria, nos enseña cómo está organizada. No tenemos que referir aquí casos particulares, raros, excepcionales. Hay un tipo morboso, casi constante, y basta describirlo. La primera causa de la enfermedad es una lesión del cerebro, de marcha invasora (hemorragia cerebral, apoplegía, reblandecimiento, parálisis general, atrofia de los viejos, etc., etcétera). Durante el período inicial no existen más que desórdenes parciales. El enfermo está LA LEY DE REGRESIÓN  113 sujeto á frecuentes olvidos, que se refieren á los hechos recientes. Si interrumpe una labor, se olvida de ella. Los acontecimientos de la víspera, de la antevíspera, una orden recibida, una resolución tomada, todo esto se borra en seguida. Esta amnesia parcial es un síntoma vulgar de la parálisis general en su principio. Los asilos de locos están llenos de enfermos de esta categoría; al día siguiente de su entrada afirman que están allí desde hace un año, cinco, diez; que no tienen más que un vago recuerdo de haber abandonado su casa y su familia; que no pueden designar el día de la semana ni el nombre del mes. Pero el recuerdo de lo que han hecho y adquirido antes de la enfermedad permanece todavía sólido y tenaz. Todo el mundo sabe también que en los viejos el debilitamiento muy marcado de la memoria es relativo á los hechos recientes. A esto se limitan, poco más ó menos, los datos de la psicología corriente. Parece admitir, al menos implícitamente, que la disolución de la memoria no sigue ninguna ley. Vamos dar la prueba de lo contrario. Para descubrir esta ley hay que estudiar psicológicamente la marcha de la demencia (1). Desde el momento en que se pasa el período de (1) Tomamos aqui la palabra demencia en el sentido médico, y no room sinónimo de la locura en general. 114  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA los prodromos, se produce un debilitamiento general y gradual de todas las facultades, que acaba por reducir al individuo á una vida completamente vegetativa. Los médicos han distinguido, según sus causas, diversas especies de demencia (senil, paralítica, epiléptica, etc.) Estas distinciones no tienen interés para nosotros. El trabajo de disolución mental permanece en el fondo el mismo, cualesquiera que sean sus causas, y esto es lo único que nos importa. Ahora, la cuestión que se presenta es esta: ¿en esa disolución, la pérdida de la memoria sigue algún orden? Los numerosos alienistas que han dejado descripciones de la demencia no se han detenido en esta cuestión, sin alcance para ellos. Su testimonio tendrá más valor si podemos descubrir en él una respuesta: y se encuentra en efecto. Interrogando á las mejores autoridades (Griesinger, Baillarger, Falret, Foville, etcétera, etc.), se descubre que la amnesia, después de haberse limitado primero á los hechos recientes, se extiende á las ideas, después á los sentimientos y á las afecciones y, finalmente, á los actos. Tenemos aquí todos los datos de una ley. Para desenvolverla, basta examinar sucesivamente estos diversos grupos: t.' Es de observación tan vulgar que el debilitamiento de la memoria se refiere primeramente á los hechos recientes que no se nota LA LEY DE REGRESIÓN  115 lo chocante que es esto para el sentido común. :Sería natural creer a priori que los hechos más recientes, los más próximos del presente, sean los más estables, los más claros; y esto es lo que sucede en el estado normal. Pero al principio de la demencia se produce una lesión anatómica grave: un comienzo de degeneración de las células nerviosas. Estos elementos en vías de atrofia no pueden ya conservar las impresiones nuevas. En términos más precisos, ni una modificación nueva en las células, ni la formación de las nuevas asociaciones dinámicas son posibles, ó por lo menos duraderas. Las condiciones anatómicas de la estabilidad y de la reviviscencia faltan. Si el hecho es totalmente nuevo, no se inscribe en los centros nerviosos ó se borra en seguida (1). Si no es más que una repetición de experiencias anteriores ftodavia vivaces, el enfermo traslada el hecho al pasado: las circunstancias concomitentes del hecho actual se borran muy pronto y no permiten ya localizarle en su sitio. Pero las modificaciones fijadas en los elementos nerviosos, desde largos años, y convertidas en orgánicas, las asociaciones dinámicas y los grupos de asociaciones, cien y mil veces repetidas, persisten todavía; tienen una mayor fuerza de resistencia (1) En un caso de demencia senil, un enfermo, durante catorce meses no ha reconocido nunca á su médico, que venía á visitarle todos los días. <Felmann, Are/av. Ab . Psichia g rie, 1864). 116  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA contra la destrucción. Así. se explica esta paradoja, de la memoria: lo nuevo muere antes que lo antiguo. 2." Bien pronto este fondo antiguo con el cual el enfermo puede todavía vivir, se obstru- y e á su vez; las adquisiciones intelectuales se pierden poco á poco (conocimientos científicos, artísticos, profesionales, lenguas extranjeras, etcétera). Los recuerdos personales se borran descendiendo hacia el pasado. Los de la infancia desaparecen los últimos. Aun en una época avanzada se recuerdan aventuras, cantos de la primera edad. Con frecuencia, los dementes han olvidado una gran parte de su propia lengua. Algunas expresiones se recuerdan por accidente; pero de ordinario repiten de un modo automático las palabras que les han quedado (Griesinger, Baillarger). Esta disolución intelectual tiene, por causa anatómica, una atrofia que invade poco á poco la corteza del cerebro,. después la sustancia blanca, produciendo una degeneración grasienta y ateromatosa de las células, de los tubos y de los capilares de la sustancia nerviosa. 3." Los mejores observadores han notado. «que las facultades afectivas se extinguen mucho más lentamente que las facultades intelectuales». Puede sorprender al principio que estados tan vagos como los sentimientos, sean más estables que las ideas y los estados intelec- LA LEY DE REGRESIÓN  117 Cuales en general. La reflexión demuestra que los sentimientos son lo que hay en nosotros de más profundo, más íntimo, y más tenaz. Mientras que nuestra inteligencia es adquirida, y como exterior á nosotros, nuestros sentimientos son innatos. Considerados en su origen, con independencia de las formas refinadas y complejas que pueden tomar, son la expresión inmediata y permanente de nuestra organización. - Nuestras vísceras, nuestros músculos, nuestros huesos, todo, hasta los elementos más íntimos de nuestro cuerpo, contribuye á formarlos. Nuestros sentimientos somos nosotros mismos; la amnesia de nuestros sentimientos es el olvido de nosotros mismos. Es, pues, lógico que ésta se produzca en una época en que la desorganización es ya tan grande, que la personalidad comienza á caer á pedazos. 4.° Las adquisiciones que resisten en último término, son las casi enteramente orgánicas; la rutina diaria, los hábitos contraídos de larga fecha. Muchos pueden todavía levantarse, vestirse, hacer sus comidas regulara ente, acostarse, ocuparse en trabajos manuales, jugar á las cartas y á otros juegos, aun á veces con una aptitud notable, mientras que ya no tienen ni juicio, ni voluntad, ni afecciones. Esta actividad automática, que no supone más que un mínimum de memoria consciente, pertenece á esta forma inferior de la memoria, 124  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA Esto es, dice un fisiólogo, parecido á lo que ocurre en las grandes crisis comerciales. Las casas antiguas resisten la tempestad, las nuevas, menos sólidas, se desmoronan por todos lados. En fin, en el orden biológico la disolución se hace en sentido inverso de la evolución: va de lo complejo á lo sencillo. Hughlings ,Tackson ha sido el primero que ha demostrado al pormenor que las funciones superiores, complejas, especiales, voluntarias del sistema nervioso son las primeras que desaparecen; que las funciones inferiores, sencillas, generales, automáticas desaparecen las últimas. Hemos comprobado estos dos hechos en la disolución de la memoria: lo nuevo sucumbe antes que lo antiguo, lo complejo antes que lo simple. La ley que hemos formulado no es, pues, más que la expresión psicológica de una ley de la vida y la patología nos presenta á su vez en la memoria ese hecho biológico. El estudio de las amnesias periódicas ha puesto en claro nuestro aserto, al mostrarnos cómo la memoria se deshace y se rehace, y nos hace comprender de lo que la memoria es. Nos ha revelado una ley que nos permite, por ahora, orientarnos enmedio de numerosas variedades morbosas que nos permitirá más tarde reunirlas desde un punto de vista de conjunto. Sin ensayar un resumen prematuro, recordemos lo que hemos dicho más ari iba: desde LA LEY DE REGRESIÓN  125 luego, y en todos los casos, abolición de los recuerdos recientes, en las amnesias periódicas; suspensión de todas las formas de la memoria, salvo aquellas que son semi-organizadas y orgánicas; en las amnesias totales y temporales, abolición completa, salvo de las formas orgánicas; en un caso (Macnish), abolición completa, incluso de las formas orgánicas. Veremos en el capítulo próximo que los desórdenes parciales de la memoria están regidos por esta misma ley de regresión y sobre todo el grupo más importante, las amnesias del lenguaje. Quedando admitida la ley de regresión queda por determinar cómo obra. Seré breve en esto, no teniendo que proponer más que hipótesis. Sería pueril suponer que los recuerdos se depositan en el cerebro en forma de capas, por orden de antigüedad, á modo de estratificaciones geológicas, y que la enfermedad, bajando de la superficie á las capas profundas, obra como un experimentador que levanta pedazo á pedazo el cerebro de un animal. Para explicar la marcha de un proceso morboso nos hace falta recurrir á la hipótesis que hemos hecho antes sobre las bases físicas de la memoria. La recordaré en algunas palabras. Es muy probable que los recuerdos ocupen el mismo asiento anatómico que las impresiones primitivas y que exijan la actividad de los 126  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA mismos elementos nerviosos (células y fibras). Estos pueden ocupar posiciones muy diversas, desde la corteza del cerebro hasta la médula. La conservación y la reproducción dependen: 1.", de una cierta modificación de las células; 2-", de la formación de grupos más ó menos complejos que hemos llamado asociaciones dinámicas- Tales son para nosotros las bases físicas de la memoria. Las adquisiciones primitivas, las que datan de la infancia, son las más simples; formación de los movimientos secundarios automáticos, educación de nuestros sentidos. Dependen principalmente del bulbo y de los centros inferiores del cerebro; y es sabido que en esa época de la vida la corteza cerebral está desarrollada imperfectamente. Independientemente de su sencillez, tienen todas las probabilidades posibles para ser las más estables. Desde luego, las impresiones son recibidas por elementos vírgenes. La nutrición es muy activa, pero esta renovación molecular incesante no sirve más que para fijar las impresiones; reemplazando exactamente las moléculas nuevas á las antiguas, la disposición adquirida de los elementos nerviosos acaba por equivaler á una disposición innata. Además, las asociaciones dinámicas formadas entre estos elementos, llegan al estado de fusión completa, en virtud de innumerables repeticiones. Es, pues, inevitable que r4. LEY DE REGIIESIÓN  127 estas primeras adquisiciones se conserven mejor y sean más fácilmente reproducidas que cualesquiera otras, y que constituyan la forma más sólida de la memoria. En tanto que el individuo adulto se halla en estado sano, las impresiones y las asociaciones nuevas, aunque de un orden mucho más complejo que las de la infancia, tienen aún grandes probabilidades de estabilidad. Las causas que acaban de ser enumeradas obran siempre, aunue con menos fuerza. Pero si, efecto de la edad ó de enfermedad, cambian las condiciones; si las acciones vitales, sobre todo la nutrición, disminuyen; si las pérdidas, son excesivas; entonces las impresiones llegan á ser inestables y las asociaciones frágiles. Pongamos un ejemplo. Un hombre está en ese período de amnesia progresiva en que el olvido de los hechos recientes es muy rápido. Oye un cuento, ve un paisaje ó un espectáculo. El acontecimiento psíquico se reduce en último análisis á una suma de impresiones auditivas ú ópticas que forman ciertos grupos muy complejos. En ese nuevo relato, ó ese nuevo espectáculo, no hay de ordinario más que una sola cosa nueva: la agrupación, la asociación. Los sonidos, las formas, los colores, que son sus elementos, han sido probados y recordados muchas veces en la vida. Pero por efecto del estado morboso del encéfalo, este conjunto nue- 128  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA y o no llega á fijarse; los elementos que le componen forman parte de otras asociaciones ó grupos mucho más estables, formados durante el período de salud, á menudo repetidos. Entre el conj tinto nuevo, que tiende débilmente á. etablecerse, y los conjuntos antiguos, que están establecidos fuertemente, la lucha es desigual. Todas las probabilidades posibles son las de que las antiguas combinaciones se susciten más tarde, hasta en el sitio y lugar de la nueva. Bastan estas indicaciones. Observamos, por otra parte, que esta hipótesis sobre la causa de la amnesia progresiva es de una importancia secundaria. Que se acepte ó no, no hace cambiar en nada el valor de nuestra ley. IV Poco hay que decir de las amnesias congénitas. Hablaré de ellas por no omitir nada. Se encuentran en los idiotas, imbéciles, y, en un grado más débil, entre los cretinos. La mayor parte de ellos están afectados de una debilidad general de la memoria. Variable según los indiiduos, se acentúa tanto en algunos que hace imposibles la adquisición y la conservación de esos hábitos tan sencillos que constituyen la rutina diaria de la vida. LA LEY DE REGRESIÓN  129 Pero aunque la debilidad general de la memoria es la regla, se encuentran en la practica frecuentes excepciones. Entre estos enfermos los hay que, en un campo limitado, tienen una memoria notable. Se ha observado que en muchos idiotas é imbéciles, los sentidos son atacados desigualmente: así el oído puede tener una finura y una precisión superiores, mientras que los otros sentidos son muy obtusos. La detención en el desarrollo no es uniforme en todos los puntos. No es, pues, extraño que la debilidad general de la memoria coincida en el mismo suje- to con la evolución y hasta la hipertrofia de una memoria particular. Así ciertos idiotas, refractarios á toda otra impresión, tienen un gusto muy marcado por la música y pueden re tener un aire que no han oído más que una sola vez. Otros (el caso es más raro) tienen la memoria de las formas, de los colores, y muestran una cierta aptitud para el dibujo. Se encuentra con más frecuencia la memoria de las cifras, de las fechas, de los nombres propios, de las palabras en general. «Un imbécil se acordaba del día de cada enterramiento hecho en una parroquia desde hacía treinta y cinco años. Podía repetir con una exactitud invariable el nombre y la edad de los muertos, así como las personas que acompañaban el entierro. Fuera de este registro mortuorio, 110 9 1:30  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA tenía una idea, no podía responder á la cuestión más insignificante, y no era ni capaz de alinientarse.»—Algunos idiotas, que no pueden hacer los cálculos más elementales, repiten sin tropezar toda la tabla de multiplicación. Otros recitan de memoria páginas que se les ha enseñado y no aciertan á conocer las letras del alfabeto. Drobisch refiere el hecho siguiente, de que ha sido testigo: Un muchac:Io de catorce años, casi idiota, había conseguido con gran trabajo aprender á leer. Tenía, sin embargo, una facilidad maravillosa para retener el orden en que las palabras se sucedían. Si se le daban dos ó tres minutos para recorrer una página impresa en un idioma que no conocía, ó que tratase de cuestiones que ignoraba, podía decir de memoria las palabras que había visto absolutamente lo mismo que si el libro -estuviera abierto delante de él (1). La existencia de estas memorias parciales es un hecho tan conocido que se ha sacado partido de ellas para la educación de los idiotas y de los imbéciles (2). (1) DrobisGh, Empirische Psychologie, p. 95. Vinslow, obra citada, p. 561. Falret, art. Amnésie, en el Dietionn. encyclop. des scienees 9n1 ; 41. El Dr. Herzen me contaba el hecho de un ruso de Arkangel, hoy de 27 años, atacado de imbecilidad á consecuencia de excesos. No conservó de las brillantes facultades de su adolescencia más que una memoria extraordinaria., pudiendo hacer en el acto las operaciones más difíciles de aritmética y álgebra y repetir, palabra por palabra, largas poesías, después haberlas leído n oído una sola vez. (2) Véase, sobre esto, la obra citada de Ireland, On Idiocy anca Ln6eeility. Londres,-1877. LA LEY DE REGRESIÓN  131 Hay que notar además que ciertos idiotas atacados de manía ó de alguna otra enfermedad aguda recobran la memoria temporal. Así, « un idiota atacado de la rabia, cuenta un hecho muy complicado, de que había sido testigo mucho tiempo antes y que parecía no haberle hecho ninguna impresión (1).» En las amnesias congénitas lo que instruye son las excepciones. La ley no hace más que confirmar esta verdad vulgar: la memoria depende de la constitución del cerebro, que en los idiotas é imbéciles es anormal. Pero la formación de estas memorias limitadas, parciales, ayudan á comprender ciertos desórdenes de que aún no hemos hablado. \1e inclino á creer que el estudio metódico de lo que se produce en los idiotas, permitirá determinar las condiciones anatómicas y fisiológicas de la memoria. Volveremos sobre esto en el capítulo siguiente. ,(1) Griesinger, obra citada, p. 431. CAPITULO III LAS AMNESIAS PARCIALES El estudio de las amnesias parciales supone, ante todo, algunas observaciones sobre el estudio de las variedades de la memoria. Sin estas notas preliminares, los hechos que vamos á exponer parecerán inexplicables y hasta un poco maravillosos. Que un hombre pierda sólo la memoria de las palabras; que olvide una lengua y conserve las otras, ó bien que, una lengua olvidada hace tiempo, se recuerde de pron- to; que quede privado de ¡su memoria musical y sólo de ella, son acontecimientos tan extraños á primera vista, que si no hubiesen sido comprobados por los observadores más escrupulosos , nos inclinaríamos á colocarlos entre las fábulas. Si, por el contrario, se ha formado una O  ENFERMEDADES DE LA MEMORIA memoria habría podido establecerse con el solo razonamiento. Es, en efecto, un corolario de las dos proposiciones generales que siguen: 1. a Todo recuerdo tiene su asiento en ciertas partes determinadas del encéfalo. 2. a El encéfalo y los hemisferios cerebrales mismos «consisten en un cierto número de órganos totalmente diferenciados, cada uno de los cuales posee una función, permaneciendo, no obstante, en la más íntima conexión con los demás.» Esta última proposición está admitida actualmente por la mayor parte de los autores que estudian el sistema nervioso. Temo insistir demasiado. En la fisiología, en efecto, la distinción de las memorias parciales es una verdad corriente (1); pero en la psicología, el método de las «facultades» ha tenido tanto éxito para hacer considerar la memoria como una unidad, que la existencia de las memorias parciales ha sido completamente olvidada ó tomada por una anomalía. Había que traer al lector á la realidad, recordarle que no hay, en último análisis, más que memorias especiales, ó, como dicen ciertos autores, locales. Aceptamos sin dificultad esta última denomi- (1) Véase en particular Ferrier, Fonctions dv cerveaux. Gratiolet compaTée, etc., t. II, p. 460), hacía ya notar «que á cada sentido corresponde una memoria que le es correlativa y que la inteligencia tiene, corno el cuerpo, sus temperamentos, resultado del p  o predominio de tal cual orden de son:aciones en los hábitos naturales del espíritu:» LAS AMNESIAS PARCIALES  141 nación, con tal de que no se olvide que se trata. aquí de una localización diseminada, según esa hipótesis de las asociaciones dinámicas, de que hemos hablado con tanta frecuencia. Se ha comparado muchas veces la memoria á un almacén en que todos nuestros conocimientos se conservan como en estantes. Si se quiere mantener esta metáfora habría que presentarla bajo una forma más activa: comparar, por ejemplo, cada memoria particular á una sección de empleados encargados de un servicio especial, exclusivo. Una de estas secciones puede suprimirse sin que el resto del servicio se resienta de un modo notable. Esto es lo que sucede en los desórdenes parciales de la memoria. Después de estas observaciones preliminares entremos en la patología. Si las diversas formas de la memoria tienen en el estado normal una independencia relativa, es natural que en el estado morboso desaparezca una forma, quedando intactas las otras. Este es un hecho que debe ya parecernos sencillo y no exigir ninguna explicación, puesto que resulta de la naturaleza misma de la memoria. Es verdad que muchos desórdenes parciales no se limitan á un solo grupo de recuerdos, y de ello no hay que asombrarse si se reflexiona en la solidaridad íntima de todas las partes del cerebro, de 1 í2  ENFERMEDADI. S DE LA MEMORIA sus funciones y de los estados psíquicos con ellas relacionados. Encontraremos, sin embargo, cierto número de casos en que la amnesia está bien limitada. lin estudio completo de las amnesias parciales consistiría en recoger una tras otra las diversas manifestaciones de la actividad psíquica y en demostrar, por medio de ejemplos, que cada grupo de recuerdos puede desaparecer, temporal ó definitivamente. Estamos bien lejos de poder llenar ese plan. Ni aun podernos decir si ciertas formas no son jamás atacadas parcialmente y no desaparecen sino en el caso (le la disolución completa de la memoria. Es preciso resignarnos á esperar del porvenir documentos patológicos más amplios y más concluyentes. Propiamente hablando, no existe más que una forma de amnesia parcial que pueda estudiarse á fondo: la de los signos (signos hablados y escritos, interjecciones, gestos). Esta forma es rica en hechos de todos géneros, y explicable por la ley formulada más arriba. Reservándola para su estudio aparte, vamos á resumir lo que se sabe de las demás amnesias parciales. «Algunas personas; dice Calmen (1), han perdido la facultad de reproducir ciertos tonos ó ciertos colores y se ven reducidas á renun- (1) Metionnoire en trent; volantes, art. AffilleSiC. LAS AMNESIAS PABCIALIS  143 ciar á la música ó á la pintura.» Otras, pierden sólo la memoria de los números, de las caras, de un idioma extranjero, de los nombres propios, de la existencia de sus más próximos parientes. Vamos á presentar algunos ejemplos. Se ha citado con frecuencia el caso de Holland, que él mismo ha referido en su Mental Pathology (p. 160): «Había yo bajado en el mismo día á dos minas profundas del Harz. Estando en la segunda me sentí tan agotado por la fatiga y la inanición que me fue completamente imposible hablar con el inspector alemán que me acompañaba. Todas las palabras, todas las frases de la lengua alemana se habían escapado de mi memoria y no pude recobrarlas hasta después de haber tomado un poco de alimento y de vino, y de haber descansado un rato.» Este caso, que es el más conocido, no es el único. El Dr. Beattie refiere que uno de sus amigos, que recibió un golpe en la cabeza, olvidó todo lo que sabía de griego, pero que para todo lo demás no parecía que su memoria hubiese sufrido lo más mínimo. Esta pérdida de los idiomas adquiridos por el estudio, se ha observado frecuentemente como resultado de diversas fiebres. «Lo mismo sucede con la música. Un niño, que se dió un golpe violento en la cabeza, estuvo tres días sin conocimiento. Al volver en sí 1 '14  ENFERMEDADES DE LA. MEMOII1A había olvidado todo lo que sabía de música. Eso era lo único que había perdido (1).» —Hay casos más complicados. Un enfermo que había olvidado por completo el valor de las notas musicales, podía tocar una pieza después de haberla oído. Otro podía escribir las notas, y aun componer y reconocer una melodía por la simple audición; pero era incapaz de tocar mirando las notas (2).—Estos hechos que nos muestran la complejidad de nuestras operaciones mentales, en apariencia las más sencillas, serán estudiados más adelante (:3). En ciertos casos se ven desaparecer momentáneamente los recuerdos mejor organizados, los más estables, mientras que otros, que ofrecen el mismo carácter, permanecen intactos. Así Abercrombie refiere que un cirujano, que se cayó de su caballo y se hirió en la cabeza, cuando volvió en sí dió las más minuciosas instrucciones á los que habían de curarle. En cambio no se acordaba de que tenía mujer é hijos, y este olvido le duró tres días (4). ¿Hay que explicar este hecho por el automatismo mental? El cirujano, medio insensible aún, recobra sus conocimientos profesionales. (1) Carpenter, Mental Physiology, p. 413. (2) Kussmaul, Die 8Mrungen de? . Sprache, p.181; Proust, Archives yéné,rales de médecine, 1872. (3) Véase el párrafo 2.° (4.) Abercrombie, Essay on intelleetual Powers, p. 156. LAS AMNESIAS PARCIALES  1'i5 Ciertos enfermos pierden completa mente la 'memoria de los nombres propios, aun del swv() mismo. Veremos más adelante, al estudiar la amnesia de los signos en su evolución com- . pleta — lo que puede verse por lo demás en los viejos que los nombres propios son los que siempre se olvidan más pronto. En los casos siguientes este olvido era el síntoma del reblandecimiento cerebral. Un hombre que no podía encontrar el nombre de su amigo se vió reducido á conducir á su interlocutor ante la puerta, en que ese nombre estaba inscrito sobre una placa de cobre. Otro, después de un ataque de apoplegía, no podía recordar el nombre de ninguio de sus amigos, pero los designaba correctamente, por la edad de cada uno.-1'I. von B..., embajador en Madrid, después en San Petersburgo, tuvo, al entrar en una visita, que decir su nombre á los criados; lo busca en vano; se dirige á su compañero: «Por amor de Dios, dígame usted quién soy yo.» Esta pregunta excitó la risa. Insistió en preguntarlo, y la visita terminA allí (1). En otros, el ataque de apoplegía no va seguido de amnesia de nombres.—Un viajero, expuesto al frío mucho tiempo, experimentó un gran debilitamiento de la memoria. No podía (1) Vinslow, p. 266-269. Se encontrarán en la misma obra otro , in uellos casos de este género. 1 0 1 ti  ENFERMEDADES DE LA MEMOFIIA. calcular por sí mismo, ni retener durante un minuto el menor cálculo. El olvido de las fisonomías es frecuente. No es de extrañar esto, sabiendo que, en el estado normal, tienen muchas personas esta forma de memoria muy poco desarrollada, muy inestable; y además que debe ser resultado de una síntesis mental bastante compleja. Louyer Villermay da de ello un ejemplo basa n te curioso: «Un anciano que, estando con su mujer, se imaginaba estar en casa de una señora á la que en otro tiempo consagraba todas sus noches, le repetía constantemente: «Señora, no puedo detenerme más; es preciso que me vuelva al lado de mi mujer y de mis hijos (1).» «Conocí íntimamente desde mi infancia, dice Carpenter, á un sabio notable. A los setenta años era todavía muy vigoroso, pero su memoria comenzó á declinar. Olvidaba , sobre todo, los hechos más recientes y las palabras poco usadas. Aunque continuaba frecuentando el Museo Británico, la Real Sociedad y la Sociedad de Geología, no podía llamarlas por sus hombres; las designaba con el término «ese lugar pt`tblico». Seguía visitando á sus amigos, los reconocía en sus casas y en los sitios donde tenía costumbre de encontrarlos (como en las sociedades científicas); pero no en otras partes. (1) Lonyer Villermav,  scielle. méd., art. 111einoire. LAS AMNESIAS PARCIALES  147 Le encontré un día en casa de uno de nuestros más antiguos amigos, que reside ordinariamente en Londres, pero que entonces se encontraba en Brighton. No me reconoció en la casa, ni tampoco cuando estuvimos fuera... Su memoria continuó disminuyendo y murió de un ataque de apoplegía.» (Obra citada, p. 445). En esta observación hay á la vez amnesia de los nombres propios y amnesia de las fisonomías; pero lo más curioso es el papel que aquí desempeña la ley de contigüidad. El reconocimiento de las personas no se efectúa por sí mismo, por el solo hecho de su presencia. Para que se verifique, es preciso que sea sugerido, ó más bien ayudado, por la impresión actual de los lugares en que se presentan habitualmente. El recuerdo de estos sitios, fijado por experiencias de toda la vida, y que llega á ser casi orgánico, permanece estable. Sirve de punto de apoyo para evocar otros recuerdos. El nombre de «esos lugares públicos» no se reaviva; la asociación entre el objeto y el signo es demasiado débil. Pero el reconocimiento de las fisonomías se efectúa, porque depende de una forma de asociación muy estable: la contigüidad , en el espacio. La única categoría de recuerdos que haya sobrevivido ayuda á renacer á otra categoría que por sí misma y reducida á sus olas fuerzas, no lo conseguiría. Sería fácil hacer una enumeración más lar- ENFERMEDADES D(: LA MEMORIA ,tz'a (le las amnesias parciales, pero no tendría, ventajas para el lector. Basta haberle hecho, comprender, mediante algunos hechos, en qu,, consisten. Es natural preguntarse si las formas de la memoria, que la enfermedad desorganiza para siempre ó suspende temporalmente, son las mejor establecidas, ó por el contrario, las más débiles. No es posible responder á tal pregunta de una manera positiva. A no consultar más que la lógica, parece que los influjos morbosos debieran seguir la línea de la menor resisten cia. Los hechos parecen confirmar esta hipótesis. En la mayor harte de las amnesias parciales, las formas atacadas de la memoria son las menos estables. No conozco, al menos, un solo caso en que, habiéndose suspendido ó abolido alguna forma orgánica, las formas superiores: hayan quedado intactas. Sería, no obstante, temerario afirmar que esto no haya ocurrido nunca. A la cuestión planteada no podemos responder más que por una hipótesis, hasta más amplia información. Sería, por lo demás, contrario al método científico referir en conjunto á una ley única casos heterogéneos, dependiente cada uno de especiales condiciones. Se necesitaría un estudio profundo de cada caso y de sus causas antes de poder afirmar que todos son reductibles á una forma única. El proble- LAS AMNESIAS PIIACIAI ES  149 ma está actualmente demasiado oscuro para que pueda hacerse este trabajo. Las mismas observaciones son aplicables al mecanismo según el cual estas amnesias se producen. Desde luego, nada sabemos del mecanismo fisiológico propio de cada forma. Por este lado, nos falta todo medio de explicación. En cuanto al mecanismo psicológico, hé aquí lo que puede suponerse. Hay entre las amnesias parciales que nos ocupan dos casos principales: destrucción, suspensión. El primer caso es el resultado inmediato de la desorganización de los elementos nerviosos. En el segundo, ciertc, grupo de elemontos queda temporalmente aislado é impotente; en términos psicológicos, fuera del mecanismo de la asociación. El hecho citado por Carpenter sugiere esta explicación. La solidaridad íntima que existe entre las diversas partes del encéfalo, y por consiguiente entre los diversos estados psíquicos, persiste ,en general. Sólo estos grupos, con la suma de recuerdos que representan, se hallan en cierto modo inmovilizados, inaccesibles á la acción de los demás grupos, incapaces, durante cierto tiempo, de volver á entrar en la conciencia. Tal estado no puede resultar sino de condiciones fisiológicas, que escapan á nuestra investigación.