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Aproximación empírica a la reproducción social del género a través de los marcos perceptivos

Delgado Álvarez, Carmen; Sánchez Prada, Andrés

Abstract

Introducción. Desde una conceptualización del género como ordenamiento social inscrito en las psicologías individuales mediante procesos de socialización, se explora la configuración de marcos perceptivos en los individuos, acordes con la estructura social de género. Método. A una muestra incidental de 1437 sujetos (736 mujeres y 701 hombres) se administró el cuestionario CUPAV, en el que se describe una situación de violencia de género y un listado de atribuciones sobre la víctima, puntuables de 0 a 10. Resultados. Mediante Análisis de Componentes Principales se obtuvo una estructura de rasgos y estados emocionales. Las diferencias entre hombres y mujeres en los componentes atribuidos a las víctimas se corresponden con un patrón de género, que se observa también al comparar víctimas de distinto estatus socioeconómico. Mediante Regresión Múltiple por Pasos se obtuvo que emociones y rasgos atribuidos a la víctima influyen en la empatía con el agresor. Discusión. Los estereotipos actúan como marcos perceptivos que reproducen el orden social de género, prescribiendo comportamientos de victimización sumisa en las mujeres de acuerdo con el mandato de la feminidad. Hombres y mujeres difieren en la forma de reproducción, penalizando de forma distinta la transgresión de género en las mujeres víctimas.

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79 Artículo INFORMACIÓN ABSTRACT RESUMEN Recibido: Septiembre 10, 2024 Aceptado: Noviembre 13, 2024 Palabras clave: Estereotipos de género Violencia de género Marcos perceptivos Sistema sexo-género Modelos organizadores del pensamiento Keywords: Gender stereotypes Gender violence Perceptual frames Sex-gender system Organizing Models of Thinking Cómo citar: Delgado-Álvarez, Carmen y Sánchez-Prada, Andrés (2025). Aproximación empírica a la reproducción social del género a través de los marcos perceptivos. Apuntes de Psicología, 43(1), 79-92. https://doi.org/10.70478/apuntes.psi.2025.43.08 Autora de correspondencia: Carmen Delgado Álvarez, [email protected] Este artículo está publicado bajo Licencia Creative Commons 4.0 CC-BY-NC Apuntes de Psicología (2025) 43(1) 79-92 Apuntes de Psicología https://www.apuntesdepsicologia.com • e-ISSN: 0213-3334 • eISSN: 19896441 Aproximación Empírica a la Reproducción Social del Género a Través de los Marcos Perceptivos Carmen Delgado-Álvarez y Andrés Sánchez-Prada Universidad Pontificia de Salamanca, España Introducción. Desde una conceptualización del género como ordenamiento social inscrito en las psicologías individuales mediante procesos de socialización, se explora la configuración de marcos perceptivos en los individuos, acordes con la estructura social de género. Método. A una muestra incidental de 1437 sujetos (736 mujeres y 701 hombres) se administró el cuestionario CUPAV, en el que se describe una situación de violencia de género y un listado de atribuciones sobre la víctima, puntuables de 0 a 10. Resultados. Mediante Análisis de Componentes Principales se obtuvo una estructura de rasgos y estados emocionales. Las diferencias entre hombres y mujeres en los componentes atribuidos a las víctimas se corresponden con un patrón de género, que se observa también al comparar víctimas de distinto estatus socioeconómico. Mediante Regresión Múltiple por Pasos se obtuvo que emociones y rasgos atribuidos a la víctima influyen en la empatía con el agresor. Discusión. Los estereotipos actúan como marcos perceptivos que reproducen el orden social de género, prescribiendo comportamientos de victimización sumisa en las mujeres de acuerdo con el mandato de la feminidad. Hombres y mujeres difieren en la forma de reproducción, penalizando de forma distinta la transgresión de género en las mujeres víctimas. Empirical Approach to the Social Reproduction of Gender Through Perceptual Frames Introduction. Based on a conceptualization of gender as a social ordering inscribed in individual psychologies through processes of socialization, the configuration of perceptual frameworks in individuals in accordance with the social structure of gender is explored. Method. The CUPAV questionnaire was administered to an incidental sample of 1,437 subjects (736 women and 701 men), which describes a situation of gender violence and a list of attributions about the victim scored from 0 to 10. Results. A structure of traits and emotional states was obtained by means of Principal Component Analysis. The differences between men and women in the components attributed to the victims correspond to a gender pattern, which is also observed in the comparison of victims of different socioeconomic status. Using Stepwise Multiple Regression, it was obtained that emotions and traits attributed to the victim influence empathy with the aggressor. Discussion. Stereotypes act as perceptual frameworks that reproduce the gender social order, prescribing submissive victimization behaviors in women according to the femininity mandate. Men and women differ in the form of reproduction, penalizing gender transgression in female victims differently. 80 Delgado-Álvarez y Sánchez-Prada (2025) / Apuntes de Psicología, 43(1), 79-92 lógica de las teorías de la complementariedad con las que históricamente se justificó esta jerarquía (Cobo, 1995). Las obras de Maccoby y Jacklin (1974) y de Hare-Mustin y Marecek (1994) resultaron fundamentales para desvelar los mecanismos mediante los cuales los estereotipos se instalaron en el corpus científico de la disciplina, sin que sus deficiencias metodológicas y sus sesgos interpretativos fueran revisados (Ferrer-Pérez y Bosch-Fiol, 2019). En la Psicología española se publicaron obras pioneras (Barberá, 1998; Barberá y Martínez-Benlloch, 2004) y evaluaciones sobre su penetración en la academia (Barberá-Heredia, 1996; Barberá y Cala, 2008); pero el enfoque de la diferencia como explicación de la jerarquía fue el punto de vista predominante, y no solo en la Psicología (Harding, 2016). Así, por ejemplo, las publicaciones en neurociencia de los últimos años permiten rastrear los mismos sesgos androcéntricos a partir de datos “aparentemente neutros” (Fine, 2018). Rippon (2019) refiere un trabajo sobre pautas de conectividad cerebral a través de técnicas de neuroimagen, en el que los autores concluyen haber probado la diferencia entre hombres y mujeres a partir de diferencias significativas en el 0.51% de las 34.716 mediciones (¡obviando el 99.49% en las que no se obtuvo tal diferencia!). Si, como afirman este tipo de trabajos, la actividad cerebral ligada a las funciones psicológicas estuviera sexualmente determinada, nada más fácil que predecir el sexo de un cerebro observando su actividad cerebral. Ocurre, sin embargo, que lo predecible no es el sexo del cerebro, sino su entrenamiento para las funciones cuya actividad se registra. Podría decirse, en lenguaje metodológico, que las teorías sobre las diferencias sexuales cometían el error más grave en la especificación de las variables predictoras del comportamiento, produciendo modelos sesgados al dejar fuera del análisis las variables más relevantes para explicarlo (Hair et al., 2001). Y es que el problema no radica ni en el método ni en las técnicas de investigación, sino en la perspectiva adoptada que condiciona la interpretación de los resultados (Cala y Trigo, 2004; Shepard, 2016). La problematización de la producción psicológica bajo la perspectiva de género supuso un avance hacia la “buena ciencia” entendida como ciencia libre de sesgos (Council of European Union, 2014); pero la forma en que esta perspectiva se incorporó a la disciplina apenas tuvo incidencia en la revisión de teorías, resistentes a introducir variables estructurales como la posición de género. El constructo «género», como en otras disciplinas, fue operativizado de forma alterada y desvinculada (escotomizada) del marco epistemológico en el que surgió. Así, De las dos nociones implícitas en el término, la de división y jerarquía, se hace hincapié solamente sobre la división, con lo que “género” puede servir como otro nombre para “sexo” o “diferencia sexual”, sin que ello implique que uno de los géneros esté supeditado al otro. (Oliva, 2005, p. 15). Una investigación cualitativa lo constataba empíricamente al mostrar la disociación conceptual del género respecto a la crítica feminista de la desigualdad, reduciéndolo a la descripción de la diferencia sexual (Cabruja-Ubach, 2008). Introducción Cuestiones Críticas Sobre la Conceptuación del Género en la Psicología El género, como sistema de organización social que produce relaciones de subordinación de las mujeres respecto a los hombres, no solo estructura la vida de las personas, sino que configura un modo de ser y estar en el mundo a través de interacciones complejas entre el orden social y el desarrollo personal (Sau, 2000). El abordaje de la socialización de género desde la Psicología clásica se centró, sin embargo, en los aspectos diferenciales del comportamiento de hombres y mujeres, obviando el análisis de la funcionalidad de estas diferencias para la jerarquía del sistema sexo-género. El objeto de la Psicología y la propia metodología con la que se reivindicaba como ciencia empírica, contribuyeron a que sus teorías para explicar el comportamiento humano sobreestimaran las variables intrapsíquicas o las interacciones interpersonales, desconectadas de la estructura social en la que se ubican los individuos. Así, la irrelevancia de los elementos contextuales analizados resultaron ser su mayor deficiencia por “su tendencia a ignorar la vinculación entre las estructuras personales (conceptualizadas como actitudes o de otro modo) y los determinismos macrosociales, sobre todo a través del poder social” (Martín-Baró, 1990, p. 39). El modo en que surgió la propia disciplina no facilitó la incorporación de la perspectiva estructural en la explicación del comportamiento humano, perdurando hasta la actualidad la tendencia a estigmatizar como no científica o “ideológica” la investigación centrada en los determinantes difíciles de capturar en algunos diseños. Esto fue cuestionado en lo que Martín-Baró (1990) denominó tercer período de la psicología social, y dio lugar a teorías críticas que sí daban cuenta de cómo la psique individual se forja en el entramado social de intereses contrapuestos y enfrentados, en los que el poder determina tanto la realidad social del individuo, como su psiquismo individual. Pero esta posibilidad crítica apenas tuvo incidencia en la explicación del comportamiento de hombres y mujeres. El individualismo radical de la postmodernidad vino a dar soporte ideológico a la creencia de que lo estructural nada tiene que ver con el “hacerse a sí mismo” del individuo. De modo que se obvia la relevancia de la estructura jerárquica sexual en el comportamiento de hombres y mujeres concretos, y se etiqueta como “paternalista” la referencia a las posiciones de poder en la explicación del comportamiento de las personas (Delgado-Álvarez, 2020). Lo cierto es que el abordaje de las diferencias psicológicas entre mujeres y hombres, en lo que algunos filósofos de la ciencia denominaron un inadmisible salto epistemológico de la psicología evolucionista (Bunge, 2017), no sólo se mantuvo ciego a la posición de género, sino que a través de explicaciones biologicistas naturalizaron estas diferencias. Se interpretó que la estructura de género era el resultado, y no el origen, de tales diferencias; dicho de otro modo, sus teorías reflejaron más sus creencias que lo que los datos permitían inferir. Las teorías de la diferencia sexual vendrían a reforzar la jerarquía de roles y posiciones (Bonilla, 2004), en una versión psico- 81 Marcos Perceptivos y Reproducción Social del Género perceptivo implica la selección de unos elementos observables y la adicción de otros no presentes en lo observado, a los que se atribuye un particular significado. Esta teoría verificó “el importante papel que representan los sentimientos en la construcción del pensamiento y en las conductas ligadas a él” (Sastre, 2018, p. 59) y postuló que sobre los modelos organizadores se asientan las representaciones de mundo de cada persona (MorenoMarimón y Sastre, 2010, 2020). Puesto que el género prescribe sentimientos,valores, y conductas distintas (y jerarquizadas) para cada sexo, producirá diferencias en la configuración de modelos organizadores de mujeres y hombres socializados bajo estas prescripciones (Sastre y Moreno-Marimón, 2004). Desde esta teoría, los estereotipos de género funcionarían como modelos organizadores con un papel central en la formación de las visiones de mundo, y las construcciones científicas serían inevitablemente portadoras del modelo organizador de sus autores (Shepard, 2016). El androcentrismo en Psicología viene a ser, por tanto, una consecuencia lógica de la exclusión o el silenciamiento de las mujeres en la disciplina (García-Colmenares, 2011), y de la reproducción de estereotipos con el rango de teoría científica (García-Dauder y Pérez-Sedeño, 2017). La obra ya clásica sobre diferencias psicológicas entre hombres y mujeres (Maccoby y Jacklin, 1974), constataba que muchas de las conclusiones de investigación no estaban en los datos, sino en lo que podríamos llamar el modelo organizador del pensamiento de quienes interpretaban esos datos. Esta ley reproductiva de los valores y normas de la estructura de género se puede observar en cualquier disciplina que requiera interpretación de resultados. Y es que los estereotipos de género: No se limitan a describir lo observado (función descriptiva), ni tampoco son sólo estructuras representativas del conocimiento (función explicativa), sino que sobre todo cumplen una función prescriptiva, referida a “lo que debe ser” y “lo que debe hacerse”. El componente prescriptivo de un estereotipo está siempre sostenido por la estructura social (…) Ningún análisis psicológico de los estereotipos de género puede obviar esta función normativa que, en el caso de las relaciones entre los géneros, prescribe posiciones de poder de los hombres sobre las mujeres. (Barberá, 2004, p. 58). La función prescriptiva del estereotipo sirve al mantenimiento del orden de género, mutando permanentemente para adaptarse a los cambios sin alterar la estructura (Amorós, 2005). Aunque la forma del estereotipo varíe renovando los contenidos, la función permanece invariable en el tiempo y el espacio mientras persiste la estructura social que lo origina (Sau, 2000, 2004). Las diferencias de género, por tanto, más que informar sobre cómo son los hombres y las mujeres, informan sobre cómo deben ser (Lagarde, 1996). Un ejemplo de cómo se fueron modificando contenidos del estereotipo, lo encontramos en los estudios sobre la violencia contra las mujeres en relaciones íntimas. Las explicaciones que minimizaban el problema reduciéndolo a conflictos de pareja, y que responsabilizaban a las mujeres aludiendo a su personalidad masoquista o sus comportamientos detonantes de la agresión, fueSi bien es cierto que fue ésta la tónica general de la disciplina, hubo aportaciones que favorecieron una comprensión más próxima a la doble acepción del término, como, por ejemplo, la teoría del esquema de género (Bem, 1974, 1981). Desde este modelo, el autoconcepto de género adquirido por aprendizaje social derivaría de la interiorización del esquema de roles atribuidos a mujeres y hombres que, en función del grado de asimilación, produciría una tipología psicológica de sujetos esquemáticos [femeninos si se identifican con roles atribuidos a mujeres; masculinos si se identifican con roles atribuidos a hombres], o sujetos no esquemáticos sin dominancia de unos roles sobre otros [andróginos con alta identificación en ambos, o indiferenciados con baja identificación]. Así, la teoría del «autoconcepto esquemático de género» corrobora en términos psicológicos la conceptualización de feminidad y masculinidad como prescripciones que merman y constriñen el desarrollo individual, produciendo diferencias en personalidad y campos de acción de cada grupo sexual, que resultan funcionales para la diferencia de poder (Millet, 1970). En la investigación psicológica predominante la introducción del género también fue meramente nominal, ya que lejos de modificar la perspectiva sobre la diferencia sexual, siguió manteniendo y reproduciendo la visión androcéntrica en diseños e interpretaciones (Ferrer-Pérez, 2016), o limitándose a hacer comparaciones sin ponerlas en relación con la función social para el orden sexual jerarquizado (Delgado-Álvarez, 2016). Por otro lado, aunque no se aborde en este trabajo, señalar que las mutaciones semánticas del término «género», introducidas en los últimos años como consecuencia de lo que la socióloga francesa Christine Delphy denominó la «deriva norteamericana» (Delphy, 2001), añadieron nuevas dificultades al estudio del sistema sexo-género. Al hacer borrosa la conceptualización de la categoría «género», cuya utilidad epistémica apenas había entrado en la disciplina, el análisis psicológico de la jerarquía sexual quedó subsumido en la «diversidad». La crítica sobre el origen, trasfondo, contexto y consecuencias de este deslizamiento postmoderno del «género» aporta claves imprescindibles para una comprensión de problemas tan relevantes para la Psicología como, por ejemplo, el consentimiento sexual (Cobo, 2024). Los Estereotipos de Género Como Marcos Perceptivos El carácter subjetivamente construido de la percepción de la realidad forma parte de los hallazgos más tempranos de la psicología científica. Frente a corrientes como el realismo directo (Gibson, 1950), que la concebían como un proceso simple de aprehensión de información contenida en el estímulo sin intervención de procesos internos del organismo, otras corrientes plantearon su carácter activo-constructivo (Neisser, 1976; Piaget, 1975). El efecto ceguera disatencional probado experimentalmente, mostró cómo el enfoque determina el resultado de la percepción, pudiendo ignorar información muy sobresaliente de lo observado. Investigaciones desde el modelo de Inhelder-Piaget dieron lugar a la teoría de los modelos organizadores del pensamiento (Moreno-Marimón, 1996, 1998a, 1998b), corroborando empíricamente que el proceso 82 Delgado-Álvarez y Sánchez-Prada (2025) / Apuntes de Psicología, 43(1), 79-92 langer (2012) dirá que las actitudes privadas no son el peor problema para quienes sufren injusticias, sino la subordinación institucional sistemática ya que “cuando las instituciones refuerzan el sexismo o el racismo «secretan» afectos que juegan un papel importante en la formación de los caracteres y las relaciones de quienes son desfavorecidos” (Sáenz, 2021, p. 42). En el caso de las mujeres víctimas de la violencia masculina, su sujeción está ligada tanto a condiciones socioeconómicas, falta de recursos e ineficiencia del sistema judicial, como a la erosión psicológica provocada por la experiencia opresiva que afecta a cogniciones y emociones (Bosch-Fiol y Ferrer-Pérez, 2002; Villavicencio, 2001). El análisis de los motivos de renuncia al procedimiento judicial una vez iniciado por parte de las víctimas, muestra cómo las percepciones y los sentimientos vividos en relación con todos los intervinientes en el procedimiento, interfieren en el proceso de liberación o desvinculación de la situación (García-Jiménez et al., 2020a; García-Jiménez et al., 2020b). Aunque las mujeres víctimas del maltrato en la pareja son tan heterogéneas como las que no pasan por esta experiencia, y las similitudes entre ambos grupos son mayores que sus diferencias (Caro y Moreno-Marimón, 2007), el “estereotipo de víctima” sigue activo incluso en sentencias judiciales; pero lo común en las víctimas, no son sus características, sino los estados emocionales provocados por el maltrato: el miedo, la culpa, la vergüenza, el amor, la sorpresa, la soledad y el odio (Escudero et al., 2005). Estas emociones coinciden con las narradas por víctimas de otras opresiones, como la racial: “estados emocionales negativos y debilitantes, como la vergüenza, el miedo, y la sensación de ser deficiente o inadecuada” (Sáenz, 2021, p. 67). Si sentirse defectuosa y desorientada, tener sentimientos angustiantes y despersonalizantes, reprimir la ira e introyectar la culpa, experimentar miedo y vergüenza, son vivencias comunes y persistentes en víctimas de opresiones estructurales, parece lógico pensar en clave estructural un «patrón emocional de la opresión de género», que no se reduce a estados efímeros y disruptivos que perturban el equilibrio emocional individual, sino que constituyen la tonalidad afectiva de la experiencia de opresión. En este trabajo, el término «género» hace referencia al concepto introducido en los estudios feministas para distinguir los aspectos socioculturales (construidos) de los innatos (biológicos), como categoría analítica del control y dominación de las mujeres (Puleo, 2005; Rodríguez-Magda, 2020). Asume que la asignación de la posición de dominio a los hombres y de subordinación a las mujeres, teorizada por la crítica feminista como jerarquía de género (Oliva, 2005), es realidad social y realidad psicológica funcional para la reproducción del orden patriarcal. Se sitúa epistemológicamente, por tanto, en el período interdisciplinar de los estudios de género, cuyo punto de partida es la necesidad de superar la insuficiencia explicativa de “los marcos teóricos imperantes, encajados rígidamente en una u otra disciplina, y de establecer interconexiones entre diferentes modelos y teorías que permitan el abordaje de una realidad compleja” (Ferrer-Pérez, 2017, p. 38). Partiendo de estos presupuestos teóricos, y no habiendo encontrado en la literatura investigaciones previas sobre el objeto de este ron perdiendo crédito a medida que la evidencia empírica mostraba la insostenibilidad en el imaginario social de tales teorías (BoschFiol y Ferrer-Pérez, 2002; Villavicencio y Batista, 1992). Pero las explicaciones que exoneran de responsabilidad al maltratador, aduciendo problemas psicológicos o circunstancias personales adversas, resultan más resistentes al cambio; también entre investigadores y profesionales que interpretan correlaciones con déficits cognitivos o emocionales en los maltratadores como causa de la violencia, incurriendo en el error metodológico más elemental. Y es que, a la descalificación científica de una creencia no le sigue de forma automática su erradicación (Roudinesco, 2023). Nuevos mitos o los mismos en otro formato y más resistentes al cambio cuanto mayor sea su centralidad, mantienen inalterada la estructura (Bosch-Fiol y Ferrer-Pérez, 2012). Por otro lado, el análisis histórico muestra cómo reacciona un sistema cuando la deslegitimación de elementos centrales del estereotipo amenaza su pervivencia. El fenómeno de “reacción patriarcal” (Faludi, 1993) mostró cómo al mismo tiempo que crecía la notoriedad intelectual y visibilidad pública de las mujeres estadounidenses de los años 80, una oleada masiva de falsos estereotipos sobre mujeres independientes acompañó el recorte en las políticas gubernamentales de igualdad. En el caso de España, mitos y estereotipos que parecían superados reviven en los discursos negacionistas de la violencia de género, coincidiendo con recortes en igualdad y con el repunte de esta violencia (Lara, 2024; Rodríguez et al., 2021). El informe de la Fiscalía en la apertura del año judicial de 2023, alertaba sobre un incremento anual del 45.8% en agresiones sexuales realizadas por menores, y cifraba en 116% el incremento acumulado desde 2017 (Fiscalía General del Estado, 2023, p. 23). El rol de las Emociones en la Opresión de Género Los análisis estructurales de los mecanismos de producción y reproducción de la opresión de género, como de la opresión racial, suelen desconfiar de los análisis psicológicos por considerarlos individualistas y psicologizantes y prestar escasa atención a su función para la producción y reproducción de la estructura social, ya que Los sesgos cognitivos y emocionales no emergen de la nada; ambos son producto de la compleja interrelación entre lo individual y lo social (…). Nuestras actitudes son moldeadas por lo que vemos, y lo que vemos, a su vez, depende de las estructuras institucionales que moldean nuestras vidas y las vidas de quienes nos rodean. (Haslanger, 2012, p. 335-336, como se cita en Sáenz, 2021, p.40) Así, al enfoque psicológico de las emociones le interesó más sus funciones y sus correlatos fisiológicos, neuronales o cognitivos, que las condiciones de vida en las que se producen. La popularidad en los últimos años de corrientes como la psicología positiva muy sintónica con el giro postmoderno, favoreció aún más el recelo hacia la utilidad de la disciplina psicológica para el análisis de la opresión, tanto fuera como dentro de ella (Pardo, 2020; Pérez-Álvarez, 2012; Prieto-Ursúa, 2006). La filósofa Sally Has- 83 Marcos Perceptivos y Reproducción Social del Género • Finalmente, preguntas sociodemográficas utilizadas para la descripción de la muestra: sexo, edad, y ocupación (véase tabla 4). El cuestionario se aplicó en tres versiones variando únicamente la información sobre el estatus socioeconómico de la víctima. El tiempo requerido para completarlo osciló entre 10 y 15 minutos. Los escenarios fueron redactados igualando la edad de la víctima, la duración del maltrato, la circunstancia en la que se produce la agresión y la atención hospitalaria requerida. • Cuestionario N (estatus No informado): «María tiene 33 años. Desde hace 5 años sufre malos tratos por parte de Juan, su pareja. La semana pasada, a la vuelta de una boda familiar, se produjo la última agresión cuando llegaron a casa. Tuvo que ir a urgencias por fractura de una mano». • Cuestionario E (estatus Exitoso): «María tiene 33 años y dirige la filial de una empresa multinacional de diseño gráfico instalada en España, en la que trabajan 247 empleados/as. Quienes la conocen dicen de ella que es una gran profesional. Nunca da por perdida una oportunidad para la empresa, y en el último año incrementó los beneficios un 30%, lo que le valió salir en la prensa como “joven empresaria del año”. Desde hace 5 años sufre malos tratos por parte de Juan, su pareja. La semana pasada, a la vuelta de una boda familiar, se produjo la última agresión cuando llegaron a casa. Tuvo que ir a urgencias por fractura de una mano». • Cuestionario P (estatus Precario): «María tiene 33 años y es limpiadora de la filial de una empresa multinacional de diseño gráfico instalada en España, en la que trabajan 247 empleados/as. Quienes la conocen dicen de ella que lleva una vida dura trabajando de sol a sol. Nunca rechaza hacer horas extras, aunque esté agotada, con tal de llevar un euro más a casa. Desde hace 5 años sufre malos tratos por parte de Juan, su pareja. La semana pasada, a la vuelta de una boda familiar, se produjo la última agresión cuando llegaron a casa. Tuvo que ir a urgencias por fractura de una mano». Procedimiento Los cuestionarios en formato lápiz y papel, aprobados por el Comité de Ética de la Investigación (Acta 15/01/2021) de la universidad en que se desarrolló el estudio, fueron diseminados en la población por un grupo de estudiantes colaboradores, distribuyendo de forma aleatoria las distintas versiones del cuestionario. En la cabecera se informaba del objetivo del estudio y del anonimato de las respuestas que pasarían a para formar parte de un fichero estadístico con fines de investigación. Completarlo y entregarlo, sin ninguna gratificación por ello, implicaba no poder hacer uso del derecho de rectificación o retirada del estudio, ya que sería imposible identificar el cuestionario. El número de participantes válidos de cada condición fue 423 para el escenario E (211 mujeres y 212 hombres), 527 para el escenario P (274 mujeres y 212 hombres) y 483 para el escenario N (250 mujeres y 233 hombres). trabajo, se plantea un estudio exploratorio cuyo primer objetivo será explorar empíricamente la identificación de distintos componentes en el marco perceptivo de rasgos y emociones atribuidos a las mujeres víctimas de violencia masculina, y su congruencia con atributos y roles de género. En caso de identificarse una estructura dimensional consistente, el segundo objetivo será explorar su relación con la respuesta de empatía hacia la posición dominada [víctima] o dominante [agresor]. Finalmente, el tercer objetivo será explorar diferencias entre mujeres y hombres, y el efecto de un encuadre de mayor o menor estatus socioeconómico de la víctima. Método Participantes Una muestra no probabilística incidental de 1437 participantes formó parte voluntariamente de este estudio: 736 (51.2%) mujeres y 701 (48.8%) hombres. La edad osciló entre 17 y 87 años (M=34.16; DT=15.79) sin diferencia entre mujeres y hombres [t(1435) = 1.564; p = .118; d = .08]. Instrumentos Se diseñó ad hoc el Cuestionario de Percepción de Agresor y Víctima (CUPAV), en el que se describía muy brevemente un caso ficticio de violencia contra una mujer por parte de la pareja, seguido de una batería de preguntas. El instrumento consta de un listado de descriptores de rasgos y otro de descriptores de sentimientos característicos de las víctimas de violencia de género, extraídos de la literatura: • Percepción emocional de la víctima: listado de 18 sentimientos posibles de la víctima extraídos de trabajos previos sobre sentimientos experimentados por las víctimas de violencia de género (Escudero et al., 2005; Walker, 2012). Tras el enunciado “trata de imaginarte en la situación de [nombre de la víctima] y señala con qué intensidad crees que ella experimentará estos sentimientos”, se presentaba el listado de los 18 sentimientos (véase tabla 1) que debían valorar desde 0 (nada) hasta 10 (intensamente). • Percepción cognitiva de la víctima: se seleccionaron 18 rasgos atribuidos a las víctimas de esta violencia (DelgadoÁlvarez y Sánchez-Prada, 2022), debiendo valorar desde 1 (nada) hasta 7 (totalmente) el grado en que se podían aplicar a la víctima del caso (véase tabla 2). El enunciado previo fue “qué características de las siguientes incluirías en el retrato robot de [nombre de la víctima]”. • Empatía con víctima y agresor: una pregunta referida a la víctima y otra referida al agresor, sobre la dificultad de “ponerse en el lugar de [nombre del agresor o de la víctima del caso]”, que debían valorar desde 0 (extremadamente difícil) hasta 10 (extremadamente fácil). Se optó por introducir la pregunta específica referida al caso, ya que los cuestionarios de empatía miden esta variable como rasgo general, no adecuado para evaluar la respuesta empática en la situación concreta. 84 Delgado-Álvarez y Sánchez-Prada (2025) / Apuntes de Psicología, 43(1), 79-92 Tabla 2 Matriz de Componentes Rotada (Patrón) de los Rasgos Listado de rasgos 1 2 3 4 5 (4) 18 Peligrosa ,865 -,010 ,030 ,026 -,129 17 Manipuladora ,820 -,068 -,045 ,107 ,093 16 Dominante ,703 -,142 ,052 ,088 ,192 12 Agresiva ,605 ,201 ,035 -,194 ,172 11 Ansiosa ,098 ,678 ,103 -,117 ,086 14 Inestable ,103 ,678 -,043 ,093 -,108 10 Frágil -,216 ,656 -,092 ,151 ,047 03 Nerviosa -,077 ,612 ,329 -,189 -,056 15 Avergonzada ,001 ,486 -,151 ,412 -,070 01 Pensativa ,019 ,050 ,880 ,060 -,002 02 Reflexiva ,017 -,014 ,845 ,102 ,085 09 Comprensiva -,067 -,058 ,021 ,749 ,165 13 Emotiva ,134 ,110 ,177 ,650 -,066 05 Impulsiva ,085 ,260 -,045 -,189 ,729 07 Expansiva ,097 -,062 ,020 ,092 ,692 08 Directa ,171 -,119 ,083 ,034 ,666 04 Consistente -,176 -,129 ,145 ,159 ,629 06 Egocéntrica ,376 ,087 -,085 -,085 ,518 Autovalor 4.238 2.293 1.838 1.245 1.004 Varianza explicada 23.54% 12.73% 10.21% 6.91% 5.57% Alfa de Cronbach .809 .645 .789 .396 .748 Los datos resultaron adecuados para el Análisis de Componentes Principales de las emociones, con un índice KMO = .787 y un valor p < .001 en la prueba de esfericidad de Bartlett. La solución rotada de cuatro dimensiones explicó un 53.07% de varianza (tabla 1). Fueron desestimados los ítems con carga factorial < .40 (distanciamiento afectivo .387) o índice de homogeneidad corregida < .40 (desesperanza IHc = .032). La dimensión 1 agrupa un conjunto de emociones debilitantes. La dimensión 2 refiere emociones vinculares con el maltratador. La dimensión 3 agrupa emociones hostiles hacia el maltratador. Por último, la dimensión 4 agrupa emociones desvalorizantes. La correlación entre dimensiones fue baja, siendo la asociación entre las dimensiones 2-vinculares y 3-hostiles la de mayor intensidad e inversa (-.229), seguida de la 1-debilitantes con la 4-desvalorizantes que covarían de forma directa (.204). En cuanto a los rasgos estereotípicos atribuidos a la víctima, los datos también resultaron adecuados para el análisis, con un índice KMO = .818 y un valor p < .001 en la prueba de esfericidad de Bartlett. La solución rotada de cinco componentes explicó un 58.99% de varianza de los 18 rasgos evaluados (tabla 2). Análisis de Datos Para la reducción de dimensionalidad del listado de emociones y rasgos se realizaron Análisis de Componentes Principales con rotación oblicua por el método oblimin y normalización Kaiser. Los predictores de empatía se estimaron mediante Regresión Múltiple Por Pasos tomando como variables independientes las dimensiones obtenidas en el Análisis de Componentes y como variables dependientes la empatía con víctima y agresor. El efecto del estatus de la víctima y sexo del perceptor sobre cada una de las dimensiones atribuidas se analizó mediante MANOVA estimando el tamaño del efecto mediante eta cuadrado. Para la comparación entre escenarios se comprobó que los grupos estuvieran igualados en sexo y ocupación mediante Chi cuadrado y en edad mediante t de Student para grupos independientes. Todos los análisis fueron realizados con el programa estadístico SPSS v.25. Resultados Componentes Principales de Emociones y Rasgos Atribuidos a las Víctimas Tabla 1 Matriz de Componentes Rotada (Patrón) de las Emociones Listado de emociones* 1 2 3 4 09 Indefensión ,709 ,043 -,150 -,170 10 Soledad ,690 -,005 -,023 ,101 15 Tristeza ,574 -,025 -,040 ,213 11 Desconcierto ,573 ,163 ,141 -,040 16 Miedo ,535 -,121 -,002 ,350 17 Distanciamiento afectivo ,387 -,211 ,189 -,055 14 Compasión ,040 ,782 -,040 ,099 12 Cariño -,074 ,778 ,068 -,056 13 Lástima ,039 ,740 -,048 ,101 18 Amor -,064 ,717 -,041 ,010 01 Rabia -,044 ,057 ,869 -,019 02 Odio -,057 -,057 ,816 ,032 07 Ira -,008 ,017 ,812 -,009 04 Vergüenza ,014 ,208 ,063 ,706 05 Inseguridad ,336 -,045 -,006 ,623 06 Culpa ,020 ,436 -,111 ,518 07 Desesperanza -,292 -,470 -,023 ,501 03 Ansiedad ,260 -,049 ,321 ,442 Autovalor 3.341 3.254 1.669 1.289 Varianza explicada 18.56% 18.07% 9.27% 7.16% Alfa de Cronbach .662 .788 .785 .610 *En cursiva las emociones desestimadas para el cálculo de la consistencia interna de la dimensión. 85 Marcos Perceptivos y Reproducción Social del Género = .016], edad [F(2,1434) = 1.218; p = .296; η2= .002], y ocupación [χ2 (2, N=1437) = 1.049; p = .592; V de Cramer = .027]. Tabla 4 Descripción de Participantes en Cada Escenario Escenario E (n= 424) Escenario P (n= 530) Escenario N (n= 483) Sexo Mujer Hombre 212 (50%) 212 (50%) 274 (52%) 256 (48%) 250 (52%) 233 (48%) Edad Rango Media DT 17-85 34.98 16.11 17-86 33.39 15.24 17-87 34.27 16.09 Ocupación Estudiante Empleado/ Pensionista 192 (45%) 232 (55%) 253 (48%) 277 (52%) 216 (45%) 267 (55%) Tabla 5 Efecto del Estatus de la Víctima Dimensión* Estatus M (DT) F (2,1435) pɳ21-β E1_Debilitante Exitoso Precario No informado 7.82 (1.55) 8.07 (1.33) 7.96 (1.64) 3.157 .043 .004 .607 E2_Vincular Exitoso Precario No informado 3.88 (1.55) 4.13 (1.33) 3.87 (1.64) 1.870 .155 .391 E3_Hostil Exitoso Precario No informado 7.11 (2.06) 7.21 (2.09) 7.56 (2.15) 6.047 .002 .008 .885 E4_ Desvalorizante Exitoso Precario No informado 7.27 (1.66) 7.68 (1.59) 7.72 (2.15) 10.616 .000 .015 .989 R1_ Amenazante Exitoso Precario No informado 2.01 (1.12) 1.75 (1.06) 1.85 (1.73) 6.494 .002 .009 .907 R2_ Inconsistente Exitoso Precario No informado 4.83 (1.30) 5.19 (1.10) 5.37 (1.10) 25.055 .000 .034 1.000 R3_Racional Exitoso Precario No informado 4.95 (1.45) 4.64 (1.56) 4.60 (1.62) 6.776 .001 .009 .919 R4_ Autocentrada Exitoso Precario No informado 3.31 (1.15) 2.78 (1.08) 2.74 (1.22) 35.025 .000 .047 1.000 *E (dimensión emocional), R (dimensión rasgo) Se realizó un MANOVA tomando como variables independientes el tipo de escenario y sexo, y como dependientes las ocho dimensiones obtenidas en el Análisis de Componentes Principales. Teniendo en cuenta el tamaño muestral grande y los tamaños equilibrados de los grupos que se comparan, no se hicieron correcciones en los datos por su robustez a la violación de los supuestos de normalidad y homocedasticidad (Hair et al., 2001). Se obtuvieron efectos significativos tanto del encuadre de la víctima [Traza de Pillai F(16,2846)= 8.963; p < .001; ɳ2 = .048], como del sexo del perSe descartó la dimensión 4 por la baja consistencia interna de los dos rasgos agrupados en ella (α = .396) reteniendo como cuarta dimensión el componente 5 de la matriz, tras replicar el análisis eliminando los descriptores de la cuarta dimensión y comprobar que se mantiene la estructura. La dimensión 1-amenazante aglutina rasgos de peligrosidad y la dimensión 2-inconsistente, atribuciones de inestabilidad emocional. La dimensión 3-racional, si bien solo incluye dos rasgos, se retiene por la consistencia interna y la relevancia teórica. La dimensión 4-autocentrada (5 en la matriz) aglutina rasgos de autoafirmación. La correlación entre dimensiones fue baja, siendo las más alta y positiva la asociación de la dimensión 4-autocentrada con la 1-amenazante (.375) y con la 3-racional (.224). Predictores de Empatía con la Víctima Los análisis de Regresión Múltiple por Pasos se realizaron de forma separada para hombres y mujeres. En la muestra de hombres ninguno de los ocho predictores tuvo efectos significativos. En la muestra de mujeres sólo, con correlación negativa, la atribución de emociones hostiles [ β = -.09; t = -2.372; p = .018; R2 = .008)]. Predictores de Empatía con el Agresor La empatía con el agresor disminuye, tanto en mujeres como en hombres, si se atribuye a la víctima un estado emocional debilitante. En las mujeres aumenta cuando se percibe a la víctima inconsistente y emocionalmente vinculada con él; en los hombres, si se percibe autocentrada y racional (tabla 3). Tabla 3 Predictores Significativos de la Empatía con el Agresor Muestra de mujeres (n = 736) βtpR2∆R2 E1-Emocional víctima Debilitante - .130 -3.404 .011 .009 R2-Rasgo víctima Inconsistente .108 2.830 .004 .020 .001 E2-Emocional víctima Vincular .075 2.051 .041 .026 .006 Muestra de hombres (n = 701) R4-Rasgo víctima Autocentrada .086 2.151 .001 .016 E1-Emocional víctima Debilitante - .107 -2.822 .013 .025 .009 R3-Rasgo víctima Racional ,090 2.267 .024 .032 .007 Efecto del Estatus Socioeconómico de la Víctima y del Sexo del Perceptor La distribución de los 1437 participantes, 736 (51.2%) mujeres y 701 (48.8%) hombres, en los distintos escenarios según el cuestionario administrado se muestra en la tabla 4. No hubo diferencias significativas entre los grupos en cuanto a la distribución por sexo [χ2 (2, N=1437) = 0.357; p = .836; V de Cramer 86 Delgado-Álvarez y Sánchez-Prada (2025) / Apuntes de Psicología, 43(1), 79-92 Los hombres atribuyen más los rasgos 4-autocentrada (p < .001y 1-amenazante (p < .001) y las mujeres el rasgo 2-inconsistente (p < .001) y estados emocionales 1-debilitante (p = .001) y 4-desvalorizante (p < .001) (figura 2). Discusión No disponiendo de estudios previos sobe el tema, el estudio exploratorio mediante Análisis de Componentes Principales permitió identificar un marco perceptivo de las víctimas de violencia de género con componentes cognitivos y emocionales, como postula la teoría de los modelos organizadores (Moreno-Marimón, 1996, 1998a, 1998b; Moreno-Marimón y Sastre, 2020). Se identificaron cuatro dimensiones cognitivas (amenazante, inconsistente, racional, autocentrada) y cuatro dimensiones emocionales (debilitante, vinculare, hostil y desvalorizante). ceptor [Traza de Pillai F(8,1422) = 6.580; p < .001; ɳ2 = .036], sin interacción entre encuadre y sexo [Traza de Pillai F(16,2846) = 1.129; p = .321; ɳ2 = .006]. Tampoco se obtuvo interacción encuadre*sexo (p < .05) en los análisis univariados cuyos resultados se muestran en tablas separadas para cada variable independiente (tablas 5 y 6). En cuanto al sexo del perceptor, los resultados se muestran en la tabla 6. La prueba de Games-Howles no arrojó diferencia significativa de la condición “no informada” con las condiciones “exitosa” y “precaria” en ninguna dimensión (p > .05), si bien las puntuaciones de “no informada” se aproximan más a las de condición “precaria” que “exitosa”. A la víctima “precaria” se le atribuye mayor inconsistencia (p < .001) y más emociones debilitantes (p = .021) y desvalorizantes (p < .001) que a la “exitosa”. La víctima “exitosa” se percibe más autocentrada (p < .001), racional (p = .005), y amenazante (p = .001) (figura 1). Figura 1 Efecto del Estatus de la Víctima Sobre el Marco Perceptivo (*) superiores en condición “precaria”; (**) superiores en condición “exitosa” Figura 2 Efecto del Sexo del Perceptor Sobre el Marco Perceptivo (*) superiores en hombres; (**) superiores en mujeres 87 Marcos Perceptivos y Reproducción Social del Género Marco Perceptivo de Rasgos y Emociones Respecto al primer objetivo, se identifica empíricamente un marco perceptivo congruente con las dimensiones de género, tanto en rasgos como en estados emocionales atribuidos a víctimas de violencia masculina en la pareja, en consonancia con la teoría de los Modelos Organizadores del Pensamiento que postula componentes cognitivos y emocionales (Moreno-Marimón, 1996; 1998b; Moreno-Marimón y Sastre, 2020). El patrón de estados emocionales se ajusta al de las opresiones estructurales (Sáenz, 2021) y el patrón de rasgos, a la normatividad de género: dominio y autocentramiento (asignados a la masculinidad), inconsistencia (asignada a la feminidad), y amenazante (transgresión de la feminidad) (Lagarde, 2003). En la matriz de estados emocionales, la dimensión 1-debilitante describe la respuesta emocional de las mujeres víctimas, combinando impotencia y soledad con desconcierto y miedo. La dimensión 2-vincular fue descrita en el ciclo de la violencia (Walker, 2012), y refiere la interiorización del “ser-para-los-demás” femenino frente al “ser-para-sí” masculino (Basaglio, 1983; Lagarde, 2003), configurando una ética normativa para las mujeres que prioriza el cuidado de los demás al bienestar propio (Gilligan, 1982). La dimensión 3-hostil refiere emociones reprimidas en la socialización femenina formando parte de la prescripción normativa de la “ley del agrado” (Valcárcel, 2015). Esta represión de la hostilidad, ira o rabia tiene graves efectos en el bienestar psicológico de las mujeres víctimas de violencia masculina (Dio-Bleichmar, 1999; Santandreu y Ferrer-Pérez, 2014), por lo que el “desaprendizaje” de patrones de género es uno de los elementos de la recuperación terapéutica con perspectiva de género (Walker, 2012). Por último, la dimensión 4-desvalorizante se corresponde con la interiorización de la mirada del agresor, igualmente descrita en el ciclo de la violencia (Walker, 2012). La inducción de estados emocionales desvalorizantes, con un efecto destructivo sobre la autoestima de la víctima, facilita la indefensión y prepara para la adopción de un modelo mental inducido por parte de quien tiene el control de la situación, siendo referido en el fenómeno de “lavado de cerebro” en prisioneros de guerra (Schein, et al. 1961). En el estudio de víctimas de violencia de género se describió como estado emocional del proceso del “síndrome de adaptación paradójica de la violencia de género” (Montero, 2001) y del “modelo de persuasión coercitiva” que explica el comportamiento de las víctimas (Escudero et al., 2005). En la matriz de rasgos, la dimensión 1-amenazante refiere características del sexismo hostil (Glick y Fiske, 2001) con atribuciones de dominante y manipuladora, compartidas con el relato de peligrosidad de las mujeres transgresoras (Lagarde, 2003). La dimensión 2-inconsistente describe la inestabilidad emocional atribuida a las mujeres, más próximas al estado de naturaleza que de racionalidad, lo que ha servido históricamente como legitimación ontológica de su subordinación (Bonilla, 2004; Puleo, 2019). En contraposición, la dimensión 3-racional agrupa características históricamente atribuidas a los hombres y negadas a las mujeres con La consistencia interna de estos componentes, estimada mediante alfa de Cronbach, osciló entre .610 y .809 pudiendo considerarse suficientes para agrupar los descriptores descritos en la literatura (Bosch-Fiol y Ferrer-Pérez, 2002; (Delgado-Álvarez y Sánchez-Prada, 2022; Escudero et al., 2005; Santandreu y FerrerPérez, 2014; Walker, 2012). La relación del marco perceptivo con la empatía, explorada mediante Análisis de Regresión por Pasos, mostró escasa relación entre los componenetes del marco perceptivo y la empatía con la víctima, siendo únicamente significativa en la muestra de mujeres la relación inversa con la atribución de un estado emocional hostil. La empatía con el agresor, en cambio, está significativamente relacionada con un mayor número de componentes del marco perceptivo de la víctima: rasgo inconsistente y estados emocionales debilitante y vincular en la muestra de mujeres, y rasgo autocentrada y racional y estado emocional debilitante en la muestra de hombres. Como es habitual en fenómenos complejos, en los que se alcanza a explicar un porcentaje de varianza muy limitado, los tamaños de efecto son pequeños para todas las variables, confirmando la necesidad de enfoques multidisciplinares para el estudio de problemas estructurales como la violencia de género (Ferrer-Pérez, 2017). Si bien se confirma una estructura perceptiva de rasgos y emociones, se observan variaciones intraculturales (Stanciua et al., 2017, en consonancia con lo encontrado en otros estudios sobre víctimas de violencia de género (Delgado-Álvarez y Sánchez-Prada, 2022). Mediante ANOVA factorial se encontraron diferencias significativas en la intensidad con la que se atribuyen los componentes del marco perceptivo, en función del sexo de la persona perceptora y del estatus de la víctima, tal como se muestra en las tablas 5 y 6, y en las figuras 1 y 2. Tabla 6 Efecto del Sexo del Perceptor Dimensión* Sexo M (DT) F (1,1429) pɳ21-β E1_Debilitantes Mujer Hombre 8.09 (1.47) 7.82 (1.53) 11.481 .001 .008 .923 E2_Vinculares Mujer Hombre 3.87 (2.42) 4.08 (2.40) 3.265 .071 .439 E3_Hostiles Mujer Hombre 7.33 (2.14) 7.26 (2.08) 0.467 .490 .106 E4_ Desvalorizantes Mujer Hombre 7.87 (1.59) 7.36 (1.64) 22.000 .000 .015 .997 R1_Amenazante Mujer Hombre 1.75 (1.05) 1.97 (1.18) 13.474 .002 .009 .956 R2_Inconsistente Mujer Hombre 5.26 (1.15) 5.02 (1.20) 15.354 .000 .011 .975 R3_Racional Mujer Hombre 4.78 (1.53) 4.65 (1.58) 2.191 . 139 .316 R4_Autocentrada Mujer Hombre 2.80 (1.16) 3.05 (1.73) 17.415 .000 .012 .986 *E (dimensión emocional), R (dimensión rasgo)