La tecnología de la piel y el cuero en la prehistoria de Canarias. Una aproximación etnoarqueológica
Full text
k ii~seo LII 1997 Canario
EL MUSEO CANARIO
CONSEJO DE REDACCIÓN: DIRECTOR: MANUEL LOBO CABRERA SUBDIRECTOR: MAXIMIANO TRAPERO TRAPERO SECRETARIO: JUAN ANTONIO MARTÍNEZ DE LA FE VOCALES: JOSÉ MIGUEL ALZOLA GONZÁLEZ ALBERTO ANAYA HERNÁNDEZ YOLANDA ARENCIBIA SANTANA JULIO CUENCA SANABRIA ERNESTO MARTÍN RODRÍGUEZ VÍCTOR MONTELONGO PARADA LOTHAR SIEMENS HERNÁNDEZ REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN: EL MUSEO CANARIO DR. CHIL) 25, 35002 LAS PALMAS DE GRAN CANARIA TLFNOS.: (928) 31 56 00 - 31 52 44 FAX: (928)31 49 98 E-MAIL: [email protected] TODA LA CORRESPONDENCIA AL SECRETARIO CON LA COLABORACIÓN DE LA C.E.C.E.L. MAQUETACIÓN Y FOTOCOMPOSICIÓN: JEAN-YVES BUARO IMPRESO EN ESPAÑA (PRINTED IN SPAIN) ISSN: 0211-450X DEPÓSITO LEGAL: G.C. 37 - 1961 IMPRESIÓN: GRAFO, SA.
EL MUSEO CANARIO Revista publicada por la Sociedad del mismo nombre de Las Palmas de Gran Canaria FUNDADA EN 1879 INCORPORADA AL CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS LII SUMARIO 1997 PREHISTORIA AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ: La tecnología de la piel y el cuero en la prehistoria de Canarias. Una aproximación etnoarqueológica 11 JAVIER VELASCO, MATILDE ARNAY, EMILIO GONZÁLEZ, MARÍA JOSÉ LUGO, LOURDES GÓMEZ y M. CRUZ JIMÉNEZ: Análisis de oligoelementos de la población prehistórica de Punta Azul (El Hierro): datos para el conocimiento del régimen alimen - ticio de los bimbaches 33 CARLOS SANTANA JUBELLS: Aproximación a la aplicación de téc - nicas dendroclimáticas en el Archipiélago Canario 49 JULIO CUENCA SANABRIA, MARI CARMEN GIL VEGA y ANTONIO BETANCOR RODRÍGUEZ: Carta arqueológica del término mu - nicipal de San Bartolomé de Tirajana 57 JULIO CUENCA SANABRIA y GUILLERMO RIVERO LÓPEZ: La es - tela de Gamona 167 JULIO CUENCA SANABRIA: Un nuevo ídolo procedente del ya - cimiento arqueológico de Los Caserones, Aldea de San Ni - colás. Gran Canaria 185 ERNESTO MARTÍN RODRÍGUEZ: Afinidades africanas de las ma - nifestaciones rupestres prehistóricas de la isla de La Palma (Canarias) 193 HISTORIA LUIS ALBERTO ANAYA HERNÁNDEZ: Un guanche ante la Inquisición.. 221 JUAN GÓMEZ-PAMO: Evolución del escudo de los Manrique en Canarias 227 PEDRO C. QUINTANA ANDRÉS: Los pósitos y el aprovisionamien - to a la población durante el Antiguo Régimen: el caso de Los Llanos (La Palma) 239 JULIO ANTONIO YANES MESA: Productores contra intermediarios: la otra crisis del sector frutero canario en la II República 267
MANUEL LOBO CABRERA: Sociedad y población en Canarias se - gún G. Frutuoso 295 ARTE JAVIER CAMPOS ORAMAS: Las esculturas de la colección del Gabinete Literario 317 SERGIO CALVO: La vestimenta tradicional en Gran Canaria y Néstor Martín Fernández de la Torre 343 LITERATURA YOLANDA ARENCIBIA: Reviviendo a José de Viera y Clavijo 359 SANTANA HENRÍQUEZ, GERMÁN: La preceptiva clásica en el Cari - be: El poema épico Espejo de paciencia de Silvestre de Balboa 373 GEOGRAFÍA CARMEN MILAGROS GONZÁLEZ DE CHÁVEZ: Urbanización del Barranco de Santos en Santa Cruz de Tenerife 383 BIBLIOGRAFÍA VÍCTOR M. MACÍAS ALEMÁN: Bibliografía sobre el Puerto de La Luz y Las Palmas 397 MUSICOLOGÍA CRISTINA MOLINA ROLDÁN: El archivo de la Banda Municipal de Música de Las Palmas de Gran Canaria 425 RESEÑAS WÓLFEL, DOMINIK JOSEF: Monumenta Linguae Canariae (tra - ducción al español de Marcos Sarmiento Pérez), por Maxi - miano Trapero 455 MARTÍNEZ, MARCOS: Las Islas Canarias de la Antigüedad al Re - nacimiento, por Maximiano Trapero 463 GONZÁLEZ SOSA, MANUEL: Cuaderno Americano, Las Garzas, La Laguna 1997, por Yolanda Arencibia 469 RODRÍGUEZ MARÍN, RAFAEL: La lengua como elemento caracterizador en las «Novelas españolas contemporáneas» de Galdós. Valladolid 1996, y MOLLFULLEDA BUESA, SAN - TIAGO: El Latín en los «Episodios Nacionales». Barcelona 1996, por Yolanda Arencibia 473 ARENCIBIA, YOLANDA: Tradición, Historia y Literatura: de Viera y Clavijo a Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria 1996, por María del Prado Escobar 477
ANAYA HERNÁNDEZ, LuIs ALBERTO: Judeoconversos e Inquisi - ción en las islas Canarias (1402-1605), Las Palmas de Gran Canaria 1996, por Francisco Fajardo Spinola 480 PÉREz DÍAZ, POMPEYO: La guitarra y los guitarristas-compo - sitores en Canarias, Las Palmas de Gran Canaria 1996, por Lothar Siemens Hernández 484 TRAPERO, MAXIMIANO: El libro de la Décima: la Poesía impro - visada en el Mundo Hispánico, Las Palmas de Gran Canaria 1996, por Lothar Siemens Hernández 487 DOCUMENTOS LOLA DE LA TORRE: Documentos de la Música de la Catedral de Las Palmas (1621-1640) 491 MEMORIAS Memoria de actividades de El Museo Canario del año 1996 585 JN MEMORIAM Rafael Vera Cominges 619
REHISTORIA
LA TECNOLOGÍA DE LA PIEL Y EL CUERO EN LA PREHISTORIA DE CANARIAS. UNA APROXIMACIÓN ETNOARQUEOLÓGICA. AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ INTRODUCCIÓN El trabajo de la piel es una de las actividades artesanales que exigen un mayor consumo de tiempo y energía. Convertir ese despojo o pro - ducto secundario de las labores de carnicería en una materia prima versátil, capaz de variar sus cualidades según el fin al que vaya des - tinada, exige la puesta en marcha de una tecnología más o menos sofisticada según el objetivo que se persiga y el nivel tecnológico de cada grupo humano. Las excepcionales condiciones de conservación que existen en al - gunos yacimientos de Canarias, así como la escasa distancia cronológica que nos separa de la época anterior a la conquista euro - pea del Archipiélago, han servido para que hoy en día podamos ad - mirar magníficos ejemplos de pieles trabajadas en los principales museos de las islas. La importancia de estos ejemplos de la industria corioplástica insular, suscitó desde una época temprana el interés de los investigadores. Ejemplos pioneros son el trabajo de L. Diego * Departamento de Ciencias Históricas. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
12 AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ Cuscoy (1962), o el de G. Mies (1960). Más tarde, B. Galván y C. G. Rodríguez Santana han analizado una buena parte del material que se ha conservado, permaneciendo inéditos los resultados de su trabajo. Por último M. García y M. Martín (1995) han publicado un trabajo de investigación sobre parte de las envolturas funerarias que se guardan en el Museo del Cabildo de Tenerife. Todas estas evidencias arqueológicas, junto al testimonio de las fuentes etnohistóricas, que son prolijas en referencias a distintos as - pectos relacionados con la piel, ponen de manifiesto la relevancia que los objetos de esta materia prima tenían en la vida cotidiana de los canarios prehistóricos. Es por tanto de enorme interés conocer el papel que desempeñó el trabajo de la piel y sus diferentes manufacturas en la sociedad aborigen, tanto desde el punto de vista tecnológico, como del socioeconómico y cultural. En este artículo se van a tratar sólo aquellos aspectos referentes a la reconstrucción de los procesos técnicos que exige la transformación de la piel en cuero, es decir, a la reproducción de las cadenas operativas que en ella intervienen, desde el momento de la extracción del pellejo del animal hasta las técnicas de confección y decoración de los di - versos objetos. Son varias las fuentes que van a posibilitar responder a todas estas cuestiones. Por una parte, las propias evidencias arqueológicas, traducidas tanto en el estudio de los restos de piel, como en la de los instrumentos que intervinieron en su elaboración. En este último caso, se impone el empleo de las técnicas del análisis funcional (Semenov, 1981; Keeley, 1980) para determinar cuál fue la verdadera función de estos utensilios. Los documentos etnohistóricos proporcionan una rica información acerca del aspecto, función y denominación de los diversos objetos, así como de las técnicas de elaboración de los mismos. La etnoarqueologÍa se erige en una herramienta fundamental para comprender mejor las informaciones emanadas en los dos ámbitos anteriores. Por un lado, las encuestas etnográficas han servido para conocer las pervivencias actuales del trabajo de la piel en las islas, proporcionando datos muy interesantes sobre el empleo, por ejemplo, de especies vegetales endémicas en alguno de los procesos técnicos. Por otra parte, los estudios referentes a otras comunidades más o menos alejadas de nuestro entorno cronocultural han contribuido a contras - tar, matizar e incluso descifrar, alguno de los datos proporcionados por la arqueología o las fuentes etnohistóricas. La experimentación, al intentar reproducir los procesos de curtido de la piel, además de la confección y decoración de los objetos, con - tribuye notablemente a verificar las hipótesis emitidas.
LA TECNOLOGÍA DE LA PIEL Y EL CUERO EN LA PREHISTORIA ... 19 importancia de la cabaña local de ovicaprinos. Según la escasa bibliografía sobre el tema y a tenor de nuestras propias encuestas etnográficas ~, el trabajo del cuero se realiza en el ámbito familiar para atender unas necesidades muy precisas, y cada vez con menor asiduidad. En este sentido, los trabajos etnográficos de M. Lorenzo Perera (Lorenzo, 1992; 1993) son de los pocos documentos publicados que hemos podido consultar. En ellos se describe la mayoría de los objetos de cuero empleados aún en varias islas, y se explican las cadenas operativas de algunos de ellos. Así, la mayor parte del trabajo actual del cuero se orienta a la fabricación de contenedores con diversas funciones: zurrones para amasar, foles, folas u odres para guardar vino o para la “mecida de la leche”. Trabajos secundarios son la prepara - ción de zaleas como mantas o alfombras, o la de tiras de cuero para usarlas como collares de ganado, cinchas o cuerdas, así como la fa - bricación de tambores. Este autor también ha descrito la forma de con - feccionar el calzado, los conocidos majos. Tenemos igualmente cons - tancia de la existencia de tenerías en varias islas. En la de Fuerteventura estas tenerías funcionaron a tiempo parcial hasta los años cincuenta, y en ellas se empleaban productos importados como el zumaque y el alumbre, lo que testimonia que los gestos técnicos que allí se ponían en obra no procedían de una tradición local anterior a la llegada de los europeos (Perera y Rodríguez, 1995). Durante el estudio en algunas islas, de las diversas cadenas operativas para conseguir todos estos objetos, se han obtenido las siguientes conclusiones: En primer lugar, parece que actualmente, y en un pasado muy re - ciente, en Canarias no se han realizado operaciones de verdadero curtido de la piel. Por un lado se utiliza la grasa, animal o vegetal, para conferir a la piel desecada propiedades como flexibilidad, impermeabilidad y fortaleza. En La Palma también hemos recogido que se untaban con leche de higuerilla (Euphorbia obtusifolia) con este mismo fin. Luego están los tratamientos bioquímicos en medio acuoso, como las infusiones de orchilla (Roccella sp. pl), o la inmersión en leche o vino descritas en la isla de El Hierro. Estos dos últimos líquidos son ácidos, por lo que su acción podría asimilarse a la del adobado, con la misión de engrosar y enriquecer la piel. La infusión de orchilla tiene una evidente función tintórea (Gansser, 1953). En Gran Cana - ria también se aplicaba estiércol, normalmente de perro, aunque los Quiero agradecer la amabilidad de los siguientes informantes: Don José Guedes (Sardina del Sur, Gran Canaria), Doña María Pérez y Don Adolfo Rodríguez (Bar - invento, La Palma), Don Antonio Pérez (Garafía, La Palma) yDon Teodoro de la Rosa (La Laguna, Tenerife).
20 AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ informantes no sabían exactamente con qué fin. En este caso se un - taba directamente sobre la parte interior de la piel con la ayuda de una piedra, aunque en otros lugares lo más común es hacerlo fermentar con agua. Los baños de estiércol son esencialmente bacterianos, creando fermentos que descomponen las sustancias albuminoideas hasta solubilizarlas, emulsionando las grasas al mismo tiempo. Una purga con este material ayuda a eliminar la cal que solía aplicarse en las tenerías para ayudar a la depilación y desengrase. La ceniza de leña, por su contenido en carbonato de potasa, tiene un efecto similar a la cal (Gansser, 1953), y fue empleada en la isla de La Palma. También se recurre en algunos casos al curtido por medio del ahumado. Con el ahumado, en el curso de la combustión lenta de sustancias orgánicas, se forman, mediante destilación seca, productos alquitranados y aldehidos que ejercen un efecto curtiente y antiséptico (Gansser, 1951). Sin embargo, la forma de tratamiento más común es el trabajo mecá - nico de los distintos cueros, el “sobado” o “amorosado”. Estos datos etnográficos pueden ilustrarnos sobre algunas de las operaciones más sencillas que llevaron a cabo los aborígenes, quizá especialmente en el caso de los contenedores de líquidos, o la fabri - cación del calzado, ya que las fuentes siempre aclaran que se trata de cueros crudos: «Su calzado era de pellejos crudos que revolvían a los pies; y al - gunos eran de cuero de puerco que desollaban». (Abreu Galindo, [1977]: 88). Pero la insistencia de esas mismas fuentes en admirar la calidad de los cueros insulares nos hace sospechar la existencia de cadenas ope - rativas más sofisticadas que lo descrito más arriba. En primer lugar, ya desde los primeros contactos entre aborígenes y europeos, los cueros constituyeron una de las mercancías objeto de interés para estos úl - timos, lo que es reflejo de su evidente calidad. Así, Tomás Arias Marín de Cubas [1986] describe episodios de razzias efectuadas por los europeos antes de conquistadas las islas, donde hicieron acopio de cueros, los cuales estaban almacenados para comerciar. Veamos la propia información de los datos etnohistóricos, referi - da a las operaciones del curtido en sí mismo. Estos textos, nos proporcionan datos inconexos acerca de las ca - denas operativas para la transformación de la piel en los diversos objetos de cuero. Sin embargo, vamos a intentar reconstruir algunos pasos de las mismas, creando una cadena operativa ideal, que conten - dría el máximo de operaciones posibles, pero que encubre múltiples
LA TECNOLOGÍA DE LA PIEL Y EL CUERO EN LA PREHISTORIA ... 2 1 realidades más simples. Ya se ha comentado que, con toda seguridad, debieron existir varias cadenas operativas diferentes, atendiendo a la naturaleza de cada tipo de piel y a la funcionalidad de los objetos trabajados. No es lo mismo preparar un cuero para hacer un odre, que para confeccionar un vestido, pues de él se van a exigir prestaciones diferentes. Asimismo, la elaboración de la vestimenta puede implicar operaciones más o menos sofisticadas, atendiendo no sólo a cuestiones de tipo práctico, sino también a otros de orden social y cultural. Por otra parte, debemos aceptar como muy probable que las cadenas operativas del trabajo de la piel tuvieran diversos grados de desarrollo en las distintas islas. En Gran Canaria, cuyo modelo de estructura socioeconómica responde ya a una organización preestatal, los textos sugieren la existencia de una actividad artesanal más organizada, que cuenta con la presencia de obreros especializados y remunerados por su trabajo. «Tenían oficiales que les cortaban los vestidos, y olleros que hacían loza y carpinteros que labraban con tahonas de pedernal y lo ven - dían, y la paga era cebada, carne y legumbre». (Abreu Galindo, [19771:297) Para las otras islas no se especifica este pormenor, y el trabajo de la piel se debió realizar en un ámbito familiar. Sin embargo, algunos datos, como los citados más arriba sobre las correrías de los europeos antes y durante la Conquista, indican que los cueros se almacenaban en islas como Lanzarote o Tenerife. Esto podría ser un indicio de que las pieles se guardan para trabajarlas en un momento determinado del ciclo anual, quizá cuan - do no se realicen otras actividades (el invierno?), y que en esos mo - mentos su elaboración necesitaría el concurso de varias personas. Entre ellas podía existir alguna más especializada, que dirigiese las opera - ciones, aunque compartiese este oficio con algún otro tipo de actividad productora. En Gran Canaria los textos etnohistóricos señalan a las mujeres como las encargadas de realizar la mayor parte de los trabajos de la industria corioplástica. Es muy probable que ésta fuera también una ocupación esencialmente femenina en las otras islas, ya que puede realizarse en el ámbito doméstico. Aunque, si como hemos sugerido, se acumulaba el trabajo para realizarlo en una época concreta, puede que también participaran otros miembros del núcleo familiar o grupal. Hechas estas precisiones, vamos a intentar reconstruir las operacio - nes de transformación de la piel en cuero. En primer lugar habría que
22 AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ tratar someramente la labor del carnicero, pues es él quien se encarga de extraer el pellejo en el momento de la matanza. La labor de desollado y descuartizado del animal se realizaba con instrumen - tos de piedra, como aparece en esta descripción para la isla de Lan - zarote: «Usaban, para su menester de cortar y desollar, de unas lajas de pedernales agudas, que llaman tafiagues». (Abreu Galindo, [19771:58) Puede que el carnicero realizara ya el descarnado de la piel a conciencia. También parece ser el carnicero el que procesa otros pro - ductos secundarios del animal, que van a tener gran importancia en la fabricación del cuero y la posterior confección de objetos en este material, así como en otro tipo de actividades: «Los carniceros sacaban de los lomos de las reses que mataban los nervios, y los secaban. Eran los nervios del espinazo todo del lar - go entero, y los untaban con manteca y los sobaban al fuego, y de allí sacaban hilos delgados o gruesos, y de los huesoshacían agu - jas para coser». (Abreu Galindo, [19771:159) No sabemos cómo se conservaba la piel desollada hasta el momento de su curtido definitivo. Lo más lógico sería el empleo de la sal, debido a sus propiedades desecantes, tal y como se hace en las islas en la actualidad. Sin embargo hay indicios de que el uso de la sal como conservante no era una práctica muy utilizada, al menos en algunas islas. Así, los normandos se extrañan de que los mahoreros no usen la sal para preservar la carne (Bontier et Leverrier, [1980]: 170). Es posible que las pieles se dejasen secar al sol antes de apilarlas. También es probable que se untaran con ceniza, que es otro de los medios desecantes y antisépticos conocidos desde la prehistoria, y de cuyo empleo ya hemos dado constancia en la isla de La Palma hasta hace poco. El curtido propiamente dicho apenas aparece definido. Abreu Galindo hace una referencia al tratamiento de los cueros con grasa, en la isla de Tenerife. Esta es una de las formas más primitivas de cur - tir, produciendo al mismo tiempo una acción emoliente o de engrase. Las grasas que contienen glicéridos se combinan con la fibra de la piel como los verdaderos curtientes. Esta parte combinada se transforma, por oxidación, en aldehidos y no puede ser eliminada, de manera que la piel no puede retroceder ya al estado de tripa. El producto de esta curtición es el cuero agamuzado (Gansser, 1953: 355).
LA TECNOLOGÍA DE LA PIEL Y EL CUERO EN LA PREHISTORIA 23 «Los hombres andaban desnudos, cubiertos de unos tamarcos que eran de pellejos de cabras o de ovejas, sobados con manteca». (Abreu Galindo, [19771:294). En realidad, el comentario más común es la referencia que se hace al trabajo mecánico del sobado o gamuzado. Puede que cuando se refieran al término gamuzas se haga alusión al curtido con grasa. «...Su traje eran samarros hechos de cuero sobado». (Ovetense, [1978]: 110). También hay referencias al adobado de las pieles. En época tardomedieval se designaba con este término a la maceración de los pellejos en distintas sustancias ácidas, especialmente afrecho. En las fuentes consultadas se nombra esta operación, pero sin hacer mención de la sustancia empleada. (Espinosa, [19801:37). El curtido con sustancias vegetales, ricas en tanino, también fue descrito por algunos autores. Un ejemplo es esta descripción del vestido para Gran Canaria: «...se cubrían solamente con pieles de cabras y ovejas, curtidas con cáscara de pino, cosidas con correas del propio cuero y con leznas de hueso que aguzaban con las mismas piedras tabonas». (Frutuoso, [1964] : 92). El documento más preciado proviene de la relación de Cedeño para Gran Canaria, donde parece describir una cadena operativa más com - pleja, aunque de forma poco clara. Además existe el inconveniente de que esta parte del texto está bastante mutilada, con espacios rotos en unas pocas líneas: «...las gamusas eran mui buenas adobaban [...roto] leche a cada i trigo o ceuada masada teníanlas con [...]caras de pino primero heruidas i echa tinta. Tenían mujeres dedicadas para sastres». (Cedeño, [19781:370-371). En las primeras líneas se hace alusión a un tratamiento con leche y con trigo y cebada amasados. Estos elementos corresponderían a la fase del adobado, y tienen por misión enriquecer la piel y prepararla para el tanino. A continuación se hace referencia a la tinción con cáscaras de pino hervidas. Aparte de sus propiedades como coloran - te, la corteza de pino es rica en tanino y ha sido empleada ampliamente como curtiente. Los bereberes de Argelia lo han empleado tradicio - nalmente de esta manera (Tassadit Yacine, com. pers.). Cedeño no tenía
24 AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ por qué conocer estas propiedades específicas, y sólo observaría el visible cambio de color de los cueros así tratados. Una vez curtido, el cuero puede ser teñido, aunque también hemos visto que estas dos operaciones pueden simultanearse cuando se emplea la cáscara de pino, la cual, según nuestra experiencia, proporciona al cuero una coloración desde marrón a rojiza, según la proporción empleada. En la mayoría de los casos, como ya ocurría con Cedeño, este proceder se relaciona exclusivamente con el deseo de cambiar el color del cuero. También se reseñan tinciones con otras sustancias vegetales, como los tajinastes en el caso de la isla de La Gomera (Torriani, [19781:201), o simplemente se hace alusión al empleo en Gran Canaria de flores y hierbas para teñir (Abreu Galindo, [19771:159). En los museos hay ejemplos de pieles teñidas de marrón, rojo y amarillo, además de existir cueros blancos. Las sustancias tintóreas pueden ser de origen vegetal o mineral. El proceso de tinción puede hacerse por inmersión de la pieza en un baño acuoso con la mezcla deseada, pero la existencia de objetos verdaderamente decorados indica que también se aplicaron tintes directamente. Nosotros mismos lo hemos experimentado decorando pieles de diferentes maneras. Por inmersión en una solución de agua y corteza de pino, el cuero adquiere una tonalidad marrón-rojiza. Cuando la inmersión es en una infusión de orchilla, éste se tiñe de amarillo (Lorenzo, 1992). También hemos aplicado directamente almagre y sangre de drago convertida en po! - yo para teñir de rojo, pues esta resma es conocida por sus cualidades tintóreas, entre otras propiedades. Estos productos se añadieron a la piel sin ningún tipo de aglutinante, o bien empleando sebo de cabri - to para facilitar su adherencia. En cuanto al color blanco, son muchos los procedimientos para lograrlo, aunque lo más sencillo es la prác - tica de poner los cueros al sol para blanquearlos. Los aprestos con harina también logran ese propósito. Como vemos, la tinción implica nuevos elementos de la cadena operativa, como son la recolección y posterior procesado de los ve - getales o minerales que proporcionan el tinte. Sabemos que las cor - tezas de árboles y arbustos deben machacarse o molerse para que li - beren más tanino y más color, y lo mismo sucede con el almagre, por lo que la molturación de estos productos entraba a formar parte de las operaciones relacionadas con la industria corioplástica. En Canarias se conocen molinos de tipo circular y abarquillado con moleta. Cualquiera de los dos puede servir para moler, lo mismo que el machaqueo de las cortezas con palos en otro tipo de recipientes de madera o piedra.
LA TECNOLOGÍA DE LA PIEL Y EL CUERO EN LA PREHISTORIA 25 El trabajo de pieles que guarden el pelo debió ser bastante común en las islas, pues en múltiples ocasiones se especifica que lo tenían. La conservación de este elemento implica la no utilización de taninos y otros productos que puedan afectar la queratina del pelo provocando su caída. Normalmente estas pieles se trabajan mecánicamente y se castran al sol. Tanto en las tenerías bereberes, como en las de la Cór - doba medieval, tenemos constancia de operaciones en las que inter - vienen cereales, pero el procedimiento no se especifica demasiado. Gansser (1953) alude al tratamiento de estas pieles con grasas como leche y manteca, con los efectos previamente descritos. Las zaleas, sobre todo de oveja, se han tratado tradicionalmente en Canarias con sal y agua, estirándolas al sol hasta que queden secas. En ocasiones se llevaban a lavar al mar. Para blanquearlas se lavaban repetidamente después de la operación inicial. Imaginamos que el tratamiento prehistórico de este tipo de pieles sería semejante, sobre todo cuando se trataba de hacer zaleas rígidas como las utilizadas para colchón. También pueden admirarse ejemplos de decoraciones plásticas del cuero conservado en los museos. En la mayor parte de los casos se trata de finísimas incisiones que levantan una parte de la dermis. Esta puede ser insignificante o sobrepasar los Smm., creándose un efecto como de pequeño volante o escama. También hay algunos casos donde, más que una incisión se observa una presión con objeto romo, quedando como resultado una especie de grabado. La reproducción experimental de estas incisiones con lascas de obsidiana tuvo asimismo excelentes resultados. LOS INSTRUMENTOS Y LA INFRAESTRUCTURA El análisis de los procedimientos técnicos de elaboración del cuero lleva aparejado el conocimiento de los instrumentos empleados en la industria corioplástica, así como de la infraestructura que ello exige. En efecto el trabajo de la piel implica la existencia de una infra - estructura más o menos desarrollada, según el grado de complejidad de cada cadena operativa. En las tenerías es imprescindible la presencia de una fuente de agua (un pozo, un río...), para una correcta realización de los trabajos de rivera. Esta agua debe ser canalizada y almacena - da en diferentes tipos de contenedores (estanques o noques, tinas de madera, tinajas de cerámica...) donde se mezclará con los diversos productos a los que hemos hecho alusión en este trabajo. También son necesarios los lugares para tender y estirar las pieles, y es asimismo
26 AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ conveniente tener cerca el molino para triturar los productos vegetales que proporcionan el tanino y la materia tintórea. En Canarias, nunca se han señalado evidencias arqueológicas re - lacionadas explícitamente con estas estructuras. Es posible que se acudiera al mar para realizar algunas operaciones de limpieza, tal y como continúa haciéndose en la actualidad. Sin embargo, debemos tener en cuenta que para otras fases de la cadena operativa es impres - cindible el agua dulce. Estas debían realizarse junto a las fuentes o en los cauces de los barrancos, que tenían caudales de agua mucho más apreciables que en la actualidad. En cuanto a los recipientes grandes para poner a macerar, curtir o teñir las pieles, presumimos que pudieron ser de madera. Estos podrían ser semejantes a las gavetas de madera que se han usado en las islas para almacenar todo tipo de productos alimenticios. M. Lorenzo describe que en El Hierro estas gavetas sirven de contenedores de los líquidos emplea - dos para curtir los zurrones (Lorenzo, 1992). Tampoco podemos dejar de mencionar la posibilidad de que haya tenido el mismo fin alguno de los grandes hoyos que aparecen en varios contextos habitacionales o en los graneros de Gran Canaria, cuya función no ha sido determinada. Si prestamos nuestra atención a los instrumentos propios de la industria corioplástica, habría que aclarar que existen unos elabora - dos exprofeso para realizar estas actividades, mientras que a otros los podríamos denominar como “útiles de fortuna”. Entre los primeros se podrían distinguir dos categorías de objetos, según tengan los filos cortantes o romos, es decir, según estén desti - nados a cortar o afinar la piel o el cuero, o vayan a servir para el trabajo mecánico. Los objetos de filos cortantes o agudos son, en su mayoría, cuchillos especiales que sirven, ya al carnicero, ya al curtidor. Con ellos se abre la piel del animal para despellejarlo, se cortan las partes no deseadas de la misma a lo largo del trabajo (patas, genitales, ubres...). También se utilizan cuchillos especiales para adelgazar y regularizar los bor - des del cuero. Los filos agudos también se emplean en las operacio - nes de descarnación, cuando se elimina la hipodermis y partes adhe - ridas de grasa y tejido muscular, así como en el depilado. En las islas los instrumentos cortantes son de piedra tallada, pues, como ya se ha comentado en múltiples ocasiones, en las Canarias prehistóricas no existía el metal. Es muy probable, igualmente, que una parte significativa del tra - bajo mecánico de gamuzado se llevara a cabo con instrumentos líticos tallados. Estas piedras debían tener sus filos activos embotados por el retoque, o por fracturas o terminaciones naturales. De esta manera,
LA TECNOLOGÍA DE LA PIEL Y EL CUERO EN LA PREHISTORIA ... 27 aunque presionaran la piel o el cuero, no los desgarraban. En este sentido, ya se ha identificado entre el material procedente de los ya - cimientos arqueológicos de la Montaña de Bilma y de Las Arenas, ambos en Tenerife, piezas de basalto y de obsidiana que muestran huellas de uso procedentes del trabajo de raspado y corte de piel seca, así como del corte de materia animal blanda (carne o piel) ~. Los documentos etnohistóricos también citan los instrumentos perforantes. En la mayoría de los casos se hace alusión únicamente a su intervención en las últimas fases de las cadenas operativas, es decir a las labores de costura o elaboración de los diversos objetos. Estos artefactos están fabricados con materia prima de origen animal o vegetal. Huesos, espinas de pescado, madera o espinas de diversos árboles y arbustos, son los soportes empleados para elaborar punzo - nes, leznas y agujas. Otro grupo de objetos óseos, denominados alisadores, se ha rela - cionado igualmente con el trabajo de alisar pieles. Estos se confeccio - nan sobre hueso largo que conserva el canal medular, y tienen la parte activa cortada en bisel, correspondiendo al tipo II de la clasificación de B. Galván (1979). Por el momento no hay análisis traceológicos que lo confirmen, aunque en otros contextos arqueológicos y actuales se relacionan con el descarnado ~. En las fuentes no hay ninguna alusión a los instrumentos de par - te activa roma, destinados al trabajo de suavizar las pieles, aunque, como hemos visto, sí se hallan recogidos estos trabajos. Los instru - mentos con filos no cortantes tienen una morfología muy variada, según la fase de la cadena operativa en la que intervengan y del tipo de sujeción del cuero que se vaya a trabajar. En nuestras encuestas etnográficas hemos recogido la existencia de espátulas de madera, y de instrumentos pulimentados de basalto vacuolar, para el trabajo mecánico de “amorosar” las pieles. Las espátulas óseas aparecen con cierta frecuencia en los yacimientos. Estas se fabrican sobre huesos planos o diáfisis de hueso largo~y tienen una parte activa roma y de delineación rectilínea o más frecuentemente convexa. La literatura arqueológica ha relacionado tradicionalmente este tipo de útil con el ~El análisis funcional del material lítico de estos dos yacimientos será objeto de un trabajo monográfico próximamente Entre diversas bandas de indios del Norte de América se emplean instrumentos de esta morfología para la operación de descarnado incluso en la actualidad, como yo misma tuve ocasión de comprobar en el curso de una investigación etnoarqueológica entre los indios Beaver de la Columbia Británica (Canadá). También 1. Sidera (1993) ha identificado descarnadores de hueso entre el material de yaci - mientos pertenecientes al Neolítico de bandas en Bélgica y Francia.
28 AMELIA C. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ trabajo de la piel, aunque todavía no hay pruebas documentales espe - cíficas que lo confirmen. En este sentido, nuestra opinión es que, efectivamente intervinieron en el trabajo mecánico de flexibilización del cuero. A este respecto, hemos recogido la existencia de espátulas de madera, con la misma morfología que las de hueso, que se siguen empleando en la isla de La Palma para esta labor. Con respecto a los instrumentos fabricados con basalto vacuolar, en el yacimiento de La Zarza (La Palma) hemos identificado uno con huellas de uso provenientos de este tipo de trabajo. Otro tipo de ob - jeto, de piedra pulimentada con forma de tendencia cilíndrica y con amplias acanaladuras, que se exhibe en el Museo Canario, se ha iden - tificado como estirador de correas de cuero, aunque desconocemos cuál ha sido la referencia para esta interpretación. La totalidad de los “útiles de fortuna” de los que hemos tenido constancia, pertenece al tipo de objetos con filos romos o no cortantes. Una primera categoría serían los cantos rodados o fragmentos de roca, con granulometrías muy variadas, empleados en muy diversos momentos de las cadenas operativas 6Así, en Canarias tenemos los fragmentos de basalto vacuolar empleados para depilar y los cantos rodados usados para el zurrado o flexibilización de las pieles (Loren - zo,1992; Martín, 1986). Este tipo de utensilios debió emplearse igual - mente en época prehistórica. En Marruecos se utilizan láminas de caña para las labores de de - pilación, y fragmentos de cerámica para raspar la piel (Jemma, sin fecha), lo que también pudo ocurrir en nuestro ámbito cultural. En Tenerife hemos visto aprovechar el mango de una azada para suavi - zar las pieles, y se nos ha relatado que en La Palma se utilizaba un tronco de higuerilla para “amorosar” las correas de cuero. En otros contextos culturales se han empleado igualmente las valvas de algunos moluscos para trabajar la piel (Mansur, 1984). La existencia de patellas con los bordes desgastados en los yacimientos palmeros nos llevó a diseñar un programa experimental donde se ensayaron diversas cinemáticas de trabajo sobre distintas materias para intentar reproducirlos. Entre otras actividades, se procedió a eliminar grasa y tejido adiposo de una piel de cerdo con una lapa cuyos bordes habían sido embotados ligeramente por abrasión. El instrumento fue muy eficiente, pero las huellas de uso resultantes no recuerdan, por el momento, los desgastes que aparecen en las piezas arqueológicas. 6 Diversos estudios etnográficos señalan el empleo de cantos y piedras no talla - das para descarnar, depilar, aplicar grasa, cerebro o colorante y para flexibilizar distintos tipos de cuero (Adams, 1988).