La fábrica de la catedral: Un enfoque económico (Siglo XXI)
Abstract
La Catedral de Sevilla era la sede del Cabildo, que fue una de las instituciones más poderosas del sur de España en la edad media, y en la era moderna y contemporánea desde un punto de vista religioso, económico y cultural. Las principales fuentes de ingresos del Cabildo eran, por un lado, una porción de los diezmos de la diócesis de Sevilla y, por otro lado, las rentas obtenidas de su patrimonio inmobiliario. En el siglo XVII, el Cabildo Catedral estaba dividido en siete contadurías; la Fábrica estaba administrada desde dos de ellas, y estaba destinada al mantenimiento del templo, y al pago de sus trabajadores. En este artículo se estudian los ingresos y gastos de esta organización.
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VAINART Revista de Valores e Interrelación en las Artes Nº DOI: https://dx.doi.org/10.12795/va-in-art.2020.i02.03 pág. - 30 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 La fábrica de la catedral: Un enfoque económico (Siglo XXI) The Cathedral Factory: An Economic Approach (Siglo XXI) José Julián Hernández Borreguero Universidad de Sevilla https://orcid.org/0000-0003-4818-8308 Resumen: La Catedral de Sevilla era la sede del Cabildo, que fue una de las instituciones más poderosas del sur de España en la edad media, y en la era moderna y contemporánea desde un punto de vista religioso, económico y cultural. Las principales fuentes de ingresos del Cabildo eran, por un lado, una porción de los diezmos de la diócesis de Sevilla y, por otro lado, las rentas obtenidas de su patrimonio inmobiliario. En el siglo XVII, el Cabildo Catedral estaba dividido en siete contadurías; la Fábrica estaba administrada desde dos de ellas, y estaba destinada al mantenimiento del templo, y al pago de sus trabajadores. En este artículo se estudian los ingresos y gastos de esta organización. Palabras clave: Catedral , Cabildo, ingresos, gastos, edad media. Abstract:The Cathedral of Seville, which was one of the more powerful institutions in southern Spain medieval, modern and contemporary history from a religious, economic and cultural perspective, was the council see. The council's sources of income were: on the one hand, a share of the diocese's tithes and, on the other hand, the renting of the immovable assets which it owned. In the 17th century, the Cathedral's council was divided in seven accounting offices: the council's "Fábrica" was managed in two of them, and cover the maintenance of the temple and pay its workers. In this article we study the incomes and expenses of the organization. Keywords: Cathedral , Cabildo , income, expenses, middle ages.
José Julián Hernández Borreguero pág. - 31 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 INTRODUCCIÓN Sevilla y su catedral, la Catedral y Sevilla han sido objeto de admiración y estudio durante siglos. Sin duda, la mayoría de las investigaciones se han realizado basándose en puntos de vista artísticos, alabando la belleza y grandiosidad arquitectónica de ese magno edificio. Sin embargo, nos atrevemos a decir que igualmente esplendorosa y digna de estudio era la organización que la dirigía y gestionaba económicamente: el Cabildo Catedral. Nuestras investigaciones sobre esta institución a lo largo de los siglos XVI y XVII, arrojan datos sorprendentes sobre las magnitudes económicas manejadas por el Cabildo: disponía de cuantiosos ingresos procedentes de los diezmos eclesiásticos, así como del alquiler de unas 1500 propiedades inmobiliarias. Con estas entradas tenía suficiente para costear continuas y costosas obras y reformas en el templo, retribuir a cerca de 300 trabajadores, mantener algunas importantes instituciones benéficas, así como destinar a los 80 miembros del Cabildo (canónigos, racioneros y medios racioneros, llamados genéricamente capitulares) unas enormes retribuciones. Partiendo de esta realidad económica, este artículo se centra en una de las parcelas económicas del Cabildo, denominada Fábrica, dedicada en exclusiva a todo lo relacionado con el templo, ya fuera el culto, limpieza y seguridad en el templo, o ya se tratara de afrontar y dirigir todas las construcciones que se realizaban continuamente en el templo. Era tan manifiesta la autonomía e importancia propia de la Fábrica que, tanto desde dentro del Cabildo como desde la ciudad solía hablarse de "Cabildo y Fábrica de la Catedral" para denominar a la institución en su globalidad. Sin duda esa "autonomía teórica" nacía en la disposición de medios financieros propios, principalmente originados por el arrendamiento de las más de 450 propiedades inmobiliarias que le pertenecían a la Fábrica, así como de la parte asignada de los diezmos. 1. METODOLOGÍA Para acometer este estudio básicamente hemos partido de la información contenida en los más de 1.700 libros que se conservan sobre la Fábrica en el Archivo de la Catedral de Sevilla, material frecuentemente consultado por expertos en arte y arquitectura, buscando fechas, personajes y cifras económicas relacionadas con obras en el templo o con adquisiciones de pinturas, esculturas y otros trabajos de indudable valor artístico. Apoyándonos en algunos de estos estudios (Rodríguez Esteve, 1998, pp.
José Julián Hernández Borreguero pág. - 32 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 46 y ss) podemos afirmar que la Fábrica, una vez terminado el techo del templo (en 1506) mantuvo un equipo administrativo y técnico parecido al que había, para afrontar las enormes obras y mejoras que se realizaron en los siglos XVI y XVII. Entre los gravosos proyectos afrontados en esos dos siglos podemos recordar la realización de la Capilla Real, el retablo mayor, coro, trascoro, Sagrario, reforma del techo (tras el derrumbe del cimborrio), subida de la altura de la Giralda, así como el final de las obras en numerosas capillas (de los Evangelistas, de Scalas, la de los Alabastros ...) . Al mismo tiempo, con parte de los fondos de la Fábrica y con las donaciones de nobles, canónigos y racioneros se adquirieron numerosas obras de arte realizadas por Murillo, Martínez Montañés, Valdés Leal o Pedro Roldán, entre otros muchos (Jiménez Alfonso, 1998 y Montoto, Santiago, 2001). Como acabamos de señalar, los gastos de la Fábrica tenían dos vertientes muy distintas: los desembolsos relacionados con su faceta "material" (obras en el templo) y los cultuales (costeando la suntuosa liturgia de la Catedral). Vamos a describirlos de forma separada. 2. LAS OBRAS EN LA CATEDRAL El asunto de realizar un estudio económico de las inversiones que acometió la Fábrica dentro del templo es tan interesante como dificultoso de abordar. Los gestores del Cabildo parece que nunca tuvieron interés en presupuestar ni hacer balance de lo que costó edificar una determinada capilla u otro tipo de construcción. Los miembros del Cabildo y sus administradores económicos entendían que esas obras eran tan largas en el tiempo, que sus costes, - tanto el de materiales como el de los albañiles y técnicos que las realizaban -, podían ser absorbidos por las inagotables fuentes financieras de la Fábrica, entre las que no se podían olvidar las donaciones económicas de nobles y miembros del Cabildo deseosos de que sus cuerpos descansaran tras sus muertes entre los muros de tan majestuoso templo construido en honor de Dios. Hemos buscado información económica sobre los materiales que se emplearon para todas las construcciones acometidas; del siglo XV sí se conservan algunos libros como el de "la obra nueva de la Santa Iglesia" de 1449 que registra los gastos de compra de piedras de pilar (medidas en pies), el pago por los bueyes que acarreaban esas piedras, cuerdas, troncos de álamo, costales de esparto, tablas ... Parece que esas importantes partidas de gastos disminuyeron a lo largo de los siglos XVI y
José Julián Hernández Borreguero pág. - 33 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 XVII; además no se recogían en libros de cuentas específicas, ni siquiera en cuentas independientes, sino que se encuentran dentro del apartado "libramientos ordinarios". Esos gastos no son muy numerosos ni costosos. Solo encontramos varios acarretos mensuales de piedras para las obras, procedentes de las canteras de Espera y de Jerez. Cada una de esas partidas apenas llegaba a los 12.000 maravedíes. Sí se encuentra más información sobre los gastos del personal encargado de realizar esos trabajos constructivos. Hemos encontrado que el total que pagó la Fábrica en concepto de peones el mismo año de 1645 fue de 4.450.877 maravedíes. A partir de nuestros datos sobre el salario de estos trabajadores estimamos que la Fábrica tendría contratados permanentemente entre 60 y 70 peones, cifra bastante considerable. Por otros libros sabemos que existía un contador de obra, encargado de la parte administrativa de las construcciones, y un maestro superintendente de obras que en 1645 era Pedro Sánchez Falconete. A partir de estos datos, podemos estimar el número de trabajadores asociados a labores constructivas en torno a 72 con un global salarial cercano a los 4.750.000 maravedíes. 3. LOS GASTOS LITÚRGICOS Todas las dificultades informativas que hemos encontrado en el apartado anterior se transforman en enormes cantidades de datos, explicaciones y detalles sobre la forma en que la Fábrica empleaba sus fondos en el culto divino. La nómina de trabajadores encargados de la liturgia en la Catedral vuelve a sorprendernos por su tamaño; pasamos a "desgranarla": a) El maestro de ceremonias: coordinaba y dirigía todos los cultos, por lo cual ganaba el mayor salario de todos (86.000 maravedíes al año en 1644). b) Sacristanes: hemos localizado cinco, dos mayores (que ganaban 60.000 maravedíes en 1644), dos menores (40.800 maravedíes) y el de la Capilla de San Pedro (20.700 maravedíes). Supervisaban y participaban en todos los cultos, según los cánones de tradición y solemnidad. Para ello se valían del "libro de costumbres litúrgicas" (1636-1693), en el que se escribieron la forma de celebrar 61 fiestas litúrgicas especiales cada año, entre las que destacaban las de Semana Santa, Corpus e Inmaculada. Para cada una, se describe minuciosamente las alfombras, tapetes,
José Julián Hernández Borreguero pág. - 34 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 facistoles, blandones y demás adornos que se colocaban conmemorando esas fiestas. c) Clérigos de la veintena: como dice su propio nombre, la Catedral disponía de 20 sacerdotes que cantaban todos los ritos de las horas (primas, nonas, etc ). Estos, como todos los demás, gozaban de un salario fijo, y eran elegidos "por oposición de canto y escogida voz". No hemos encontrado la contabilización de sus retribuciones, aunque según la crónica de Gómez Bravo ganaban cada uno al año 4.000 reales (136.000 maravedíes). d) Capellanes: podemos considerarlos como los siguientes en una teórica jerarquía dentro de los cargos litúrgicos. Estos solían estar asignados a una determinada capilla de la Catedral, de ahí su nombre. Concretar su alto número no es fácil. Nosotros hemos localizado 20 por su nombre y denominación del fundador y patrocinador económico de la capellanía (por ejemplo "la de los Santillanes", la del deán Femando de la Torre o la del Licenciado Ribera) que permitían el sustento económico de ese capellán ( o más de uno) a cambio de una gran cantidad de misas por su alma cada año. Casi todos estos capellanes cobraban 34.000 maravedíes anuales en 1644. Por otro lado, encontramos un resumen con el salario de "otros capellanes", que sumaron unos 2.717 .000 maravedíes. Si cobraban un salario medio parecido a los anteriores, estaríamos hablando de que en este apartado se incluirían otros 80 capellanes, hasta totalizar 100. ¿Es esta cifra obtenida exagerada? Parece que no, pues según Gómez Bravo en 1645 había 220 capellanías servidas por 57 capellanes; según Alonso Morgado en el año 1586 el número total de capellanes era de "ciento setenta y tantos", incluyendo 19 con atribuciones especiales (probablemente sean los 20 que aparecen identificados); según Sánchez Herrero el número era de 17 4 en el año 1581. Por prudencia, a efectos del cálculo total, tomaremos la cifra intermedia: 100 capellanes. e) Otros oficios litúrgicos: dentro de este apartado podemos situar al sochantre; al colector de la Capilla de Nuestra Señora de la Antigua, que recogía y custodiaba las limosnas (con un importante sueldo: 74.800 maravedíes); al confesor de la misma capilla (percibiendo unos 20.500 maravedíes); también encontramos a un maestro de capilla (75.000 maravedíes); por último encontramos el salario pagado al maestro de los seises, que estaba asignado a un patronato, concretamente al Colegio de San Isidoro, percibiendo 34.000 maravedíes. f) Músicos: también encontramos una nómina de cantores, que sumaban más de 1.680.000 maravedíes, por lo que podemos estimar el
José Julián Hernández Borreguero pág. - 35 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 número de ellos entre 30 y 40. Aparte aparecen los ministriles, bajo cuyo nombre se conocían al conjunto de músicos que tocaban ciertos instrumentos de viento ( chirimías, cometas, sacabuches y bajones); otros instrumentos musicales usados en la catedral hispalense eran las trompetas, atabales y los tamborinos. La nómina de estos ministriles ascendía casi a 860 .000 maravedíes, que podríamos asignar a unos quince músicos (ya en 1526 había tres chirimías y dos sacabuches, además de otros). También sabemos de la existencia de un organista (que ganaría unos 35.000 maravedíes) y de un ayudante de organista (este último ganaba 18.750 maravedíes anuales), así como un maestro afinador de órganos que, por su salario (37 .500 maravedíes), bien podría trabajar en exclusividad para la Fábrica de la Catedral. g) Otras labores: otros empleados permitían que el aparato litúrgico de la Catedral funcionara con la suntuosidad necesaria. Así hemos encontrado a dos porteros que vigilaban el acceso por las numerosas puertas del templo, percibiendo un salario anual de 30.000 maravedíes cada uno, que eran sacerdotes (según Gómez Bravo). Funciones similares a los anteriores realizaban los pertigueros, que, según el mismo autor, eran "nobles hijosdalgos, personas decoradas de que se les hace pruebas ( ... ); usan de toga de Damasco negro y gorra de los mismo con cetro de plata para más autoridad", que cobraban unos 35.000 maravedíes. Según Alonso Morgado (1586) estos pertigueros recorren el templo mientras se celebran los oficios divinos, "evitando cualquiera perturbación de corrillos y conversaciones indecentes"; también llevaban recados a los canónigos. Otro trabajador que cuidaba de la correcta ornamentación del templo era el campanero y relojero, empleos desempeñados por una única persona, que cobraba 49.400 maravedíes. h) Los adventicios: durante muchos años se utilizaron unos libros que registraban los gastos pagados a personas que no trabajaban a diario en la Catedral, sino que prestaban sus servicios por temporadas. Estos libros, denominados de adventicios, anotaban pagos a canteros, entalladores, bordadores... No hemos localizado ninguno a partir de 1615, pero muchos de estos gastos ( que en la economía moderna se conocen como "Servicios Exteriores") aparecen en el apartado de salarios de 1644. Entre éstos encontramos a un engeridor , que ganaba 10.000 maravedíes al año; un lamparero (17.500 maravedíes); un platero (16.000 maravedíes); un cañero (600 maravedíes); un jardinero y perrero, labores desempeñadas por una sola persona que ganaba 6.600 maravedíes; y dos hermanas
José Julián Hernández Borreguero pág. - 36 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 lavanderas, que se repartían 24.000 maravedíes. Lo exiguo de sus retribuciones y lo técnico de sus trabajos apoyan nuestra teoría de que trabajaban por su cuenta para varios clientes, por lo que pueden considerarse como gastos por adventicios En definitiva, estaríamos hablando de que directa o indirectamente relacionados con el culto en la Catedral trabajaban 200 trabajadores, lo cual suponía un gasto total de más de 9 millones de maravedíes anuales. Otro capítulo importante de los gastos litúrgicos era el realizado en cera para ornamento y alumbrado de los numerosos altares de la Catedral. De los escasos libros conservados hemos podido consultar el correspondiente a los años 1636-1641, en el que se controla la labor de la cerera Jerónima del Carpio, quien siguió el oficio de su difunto marido. El libro está dividido en dos mitades, para separar las cantidades entregadas a esta mujer para que las almacenara (cuando era cera nueva) o las "reciclara" (cuando era cera vieja). Por las anotaciones podemos deducir que normalmente la cera usada en la Catedral se compraba en Zalamea, Sanlúcar de Guadiana y El Cerro, y se medía en arrobas(@), libras (Is) y onzas (os), registrando las compras y consumos en dos columnas, según la cera fuera blanca o amarilla. De la cuenta del año 1639 podemos resumir que la cera recibida (nueva y vieja) llegó hasta 1297 @ 12 ls y 9 os; considerando el "desperdicio de cera" el consumo fue de 991 @ 5 Is y 13 os, por lo que la cerera debía de tener almacenadas al final del año 306 @ 6 ls y 12 os. Esta cifra se aproxima mucho a la que nos ofrece Gómez Bravo sobre el gasto de cera de la Fábrica de la Catedral: 1.000 arrobas (unos 460 kilogramos). Al mismo tiempo, nos ofrece otros datos muy interesantes sobre consumos en el templo, cuya valoración eco-nómica no hemos encontrado: la Fábrica empleaba cada año 800 arrobas de aceite, que ardían en 140 lámparas; de vino se consumían 900 arrobas; y el gasto de "incienso que se quema importa 400 ducados, sin las pastillas, pebetes y pomas en las más solemnes festividades y octavarios". Esos gastos en vino y cera aparecen agrupados con otros muchos dentro de los "libramientos ordinarios". Entre esos numerosos gastos no aparece ninguno con un importe que destaque sobre los demás, aunque superaron los 6 millones y medio de maravedíes: compras de leña para "hacer hostias" (4.964 maravedíes); paño para mantos para colegiales (88.060 maravedíes); elaboración de un candelero de plata (16.915 maravedíes); etc.
José Julián Hernández Borreguero pág. - 37 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 4. LOS BIENES DE LA FÁBRICA Hacia mediados del siglo XVII, fecha en la que hemos cen-trado nuestro esfuerzo investigador, la mitad de los ingresos de la Fábrica provenían del arrendamiento de su patrimonio inmobiliario. Las cifras de sus posesiones hacia 1645 son escalofriantes: 422 posesiones urbanas y 57 rústicas. El estudio urbanístico y geográfico de esas propiedades resulta fascinante. Entre las fincas urbanas predominan las situadas cercanas a la Catedral de Sevilla que, como parroquia de los que allí vivían, recibió numerosas donaciones en la Edad Media a condición de ofrecer culto por sus almas durante décadas. Legalmente esa donación se recibía en forma jurídica de vínculo, que impedía a la Fábrica la venta de esos bienes. Otros muchos de esos bienes provenían de los heredades y donadíos recibidos de la Corona desde la reconquista de la ciudad, hasta el reinado de Alfonso X. Volviendo a las casas vinculadas en la parroquia de la Catedral (Santa María) podemos resumir el inventario por calles de la siguiente forma: casas en el corral de Jerez (3 casas), en la calle cuernos3 (8), en San Miguel (5), a espaldas de la Catedral (7), en las gradas (20), en la plaza de Santa Marta (2), en la calle Bayona (1), en la de la mar (13), harinas (2), jimios (3), raperes (3), Génova (6), Castro (5), tintares (4), pajería (6), plaza de San Francisco (7), calle de la cárcel (5), la alcaicería (9), alfayates (3), escobas (1), placentines (12), francos (7), torneros (4), ropa vieja (3), catalanes (5), borciguinería (2), abades (17) y carretería (12), dados (1), siete revueltas (2), gallegos (4), arqueros (6), sierpes (10), carpinteros (2), especería (5), pescadería vieja (3) y carnicería (5), hasta sumar 211 casas. Las posesiones en otros barrios de la ciudad eran menos nume-rosas, probablemente debido a que los donantes medievales preferían cederlos a las parroquias más cercanas a su vivienda. De todas formas el inventario de casas de la Fábrica en otras collaciones (parroquias) es bastante cuantioso, como a continuación resumimos: casas en la collación de Santa Cruz (27 casas), en Santa María la Blanca (8), en San Bartolomé (10), en El Salvador (4), San Isidro (7), San Nicolás (6), San Esteban (2), San Ildefonso (4), Santiago (4), Santa Catalina (9), San Román (1), San Juan (5), San Pedro (3), San Marcos (2), San Andrés (8), San Martín (8), Omnium Sanctorum (5), Santa Marina (2), San Gil (1), Santa Lucía (3), San Julián (2), San Lorenzo (10), San Vicente (19), San Miguel (1), la Magdalena (30), Triana (30), para totalizar casualmente otras 211 casas.
José Julián Hernández Borreguero pág. - 38 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 Como ya hemos dicho el número de propiedades rústicas ascendía a 57, de tamaño y aprovechamiento muy variable; a algunas se las denomina "tierras", otras aparecen recogidas como "heredades", "huertas", "viñas", "casas", "bodegas", "solares", "cillas", incluso "cortijos". Estas propiedades estaban repartidas a lo largo y ancho de la diócesis; así encontramos una propiedad de un castañal en Constantina, una bodega en el Puerto de Santa María, hasta unas tierras en Villalba del Alcor (provincia de Huelva). Si la Fábrica no podía venderlas, no le quedaba más remedio que alquilarlas, obteniendo unos ingresos que posibilitaran remunerar a los sacerdotes encargados de oficiar las misas por el alma de los donantes. Normalmente esos arrendamientos se contrataban a largo plazo, casi siempre vitalicios. Al menos desde el siglo XV y hasta mediados del siglo XVIII esos contratos tenían como contraprestación económica una parte monetaria (en maravedíes) y otra en gallinas. Algunos estudiosos han pensado que detrás de esta peculiaridad solo había una tradición, y que se instauró debido a la frecuencia en el trueque como forma de cobro y pago. Nada más lejos de la realidad, pues el Cabildo, inteligentemente, arbitraba una forma de protegerse de una inflación que se sabía existente, aunque todavía no se había consensuado la forma de medirla. Una vez llegado el momento de la liquidación del arrendamiento, se tomaba un valor monetario medio de la gallina, se calculaba su equivalencia en maravedíes, y se cobraba el total en moneda; mediante este método de cuantificación de la renta se protegía el valor de la misma. Por tanto, cada contrato tenía una parte fija (reflejada en maravedíes) y otra variable (cuantificada en gallinas). Normalmente la proporción entre ambas partes era fija. Así revisando las rentas de los alquileres de finales de la primera mitad del siglo XVII encontramos que, en casi todos los contratos, existe una proporción de una gallina por cada 250 maravedíes; de esta forma hemos encontrado una casa en la calle Abades de la que se cobraba de renta 125.000 maravedíes y 500 gallinas, y otra extramuros, en la Carretería, arrendada por 4.000 maravedíes y 16 gallinas. Tenemos que aclarar que esas proporciones fueron más o menos estables, y que, de ningún modo, significa que el valor de una gallina fuera 250 maravedíes. Para tener una cierta idea de la evolución del precio de la gallina, diremos que como precio medio anual se tomó en el año 1597 el de 20 maravedíes cada gallina; en el año 1644 ascendía a 37 maravedíes; y en 1645 el valor era de 40 maravedíes. Por tanto, podemos concluir que en los últimos años del período que estamos estudiando la parte del arrendamiento
José Julián Hernández Borreguero pág. - 45 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 2 -- Año 2020 BIBLIOGRAFÍA GOMEZ BRAVO, Juan. 'Discursos sobre la grandeza de la Iglesia Catedral de Sevilla'. Biblioteca Capitular, legajo 59/5/26, 1645. JIMENEZ, Alfonso. 'Catedral de Sevilla: Guía de arquitectura'. Artículo incluido en la webwww.arquired.es/users/giralda, 1998. MONTOTO, Santiago. 'Nueva Guía de Sevilla'. Sevilla, 2001. MORGADO, Alonso. 'Historia de Sevilla'. Reedición de su obra de 1586. Sevilla, 2001. ORTIZ DE ZUÑIGA, Diego. 'Anales eclesiásticos y seculares de Sevilla'. Madrid, 1796. RODRIGUEZ ESTEVE, Juan Clemente. 'Los canteros de la Catedral de Sevilla'. Diputación de Sevilla, 1998.