D. José Acedo: caballero, amigo, académico
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D. JOSÉ ACEDO: CABALLERO, AMIGO , ACADÉMICO Por ENRIQUETA V/LA V/LAR Excmo. Sr. Director Excmos. e limo s. Sres. Académicos Familia de D. José Acedo Señoras y Señores: Un día de fastos académicos en el Alcázar, creo recordar que el 250 aniversario de nuestra fundación, me encontraba con un amigo en la puerta del cuarto del Almirante, desde donde se divisa en toda su grandeza el patio de la Montería, y le oí preguntar: ¿quién es aquel caballero venerable que viene por allí? Volví la vista y la imagen de D. José Acedo, vestido de frac, adornado con sus condecoraciones de las que tan orgulloso se sentía, con su figura erguida y pa so lento de lo s últimos ti empos, se grabó en mi retina como un lienzo de épocas que ya pasaron de cuyos vestigios aún quedaban algunas ráfaga s. Ésta que estaba contemplando -D. José cruzando aquel amplio y bello espacio- permanecerá en mi memoria co mo recuerdo imborrabl e. Porque para mí, D. José Acedo será siempre, y ante todo, un auténtico caballero. Caballero en su porte, que él cuidaba con esa coquetería que guardan algunos hombres y que el paso del tiempo no destruye; ca ballero en su palabra, escogiendo siempre la frase adecuada y grata para cada momento; caballero en su trato de lo que yo guardo muestras inequívocas desde el momento que entré en la Academia; caballero en su amistad a la que nunca fallaba. Algo difícil, como digo, de encontrar hoy, cuando podemos hacer nuestra la frase de Edmund Burke
216 ENRIQUETA YILA VILAR refiriéndose a la época de la Revolución francesa: " La era de la caballerosidad ha concluido. Ha triunfado la de los sofistas, la de los economistas y los calculadores". Un caballero del que me cabe el honor de haber s ido amiga. La amistad, esa difusa relación humana tan difícil de explicar y sobre todo de definir, surge, nace, de una forma espontánea. Del conocimiento nace la amistad, indudablemente, pero de todo conocim ien- to, de toda relación personal no deviene una amistad. Tiene que haber, por tanto, un componente en esa relación al que podemos considerar la causa primigenia de ella, como una semilla que, regada luego con el trato persona l, se desarrolla y da un fmto. Yo creo que esa causa primigenia, esa raíz origen de la amistad es, en muchas ocasiones, el sentimiento de admiración y respeto que el otro nos provoca que, con el tiempo, se convierte en un afecto mutuo desinteresado. No hay amistad sin respeto mutuo y siempre que existe ese respeto es porque de alguna manera se admira al que se elige por amigo. De ahí las frecuentes amistades que, en muchas ocasiones, surgen entre el profesor y el discípulo, que tal me sentía yo junto a D. José Acedo. Aprendí mucho de él en el corto espacio de tiempo que le conocí y siempre le agradeceré su ejemplo. Desde mi llegada a la Academia llamó mi atención su actitud en las sesiones ordinarias que, cada quince días, se celebran. Acudía a todas, siempre puntual, siempre atento, siempre dialogante con todos, siempre participativo, siempre ilusionado. Corno si acabara de ingresar, no dejaba pasar un curso en el que no expusiera un trabajo original, casi todos de temas literarios, en ocasiones relacionados con el derecho, en los que realizaba un auténtico trabajo de investigación como puedo ac reditar por la búsqueda exhaustiva de bibliografía que, con la ayuda de su nieto, le hacía acudir en bastantes ocasiones a una biblioteca tan especializada como la de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Por eso quiero centrar mis palabras en su actuación como Académico de Buenas Letras. En una vida tan dilatada y fructífera como la suya, centrarme en esta pequeña parcela puede parecer pueril, pero como asegura Castiglione en EL Cortesano "M uchas veces más se conoce a los valerosos- y me van a permitir que cambie esta palabra por 'valioso' -en las cosas pequeñas que en las grandes" ¿Pero se puede considerar como "a lgo pequeño" la labor de D. José Acedo en esta
DON JOSÉ ACEDO: CABALLERO, AMIGO, ACADÉMICO 217 Academia? Creo que no, porque a pe s ar de la s otras actividades importantes y difíciles que le tocó dese mpeñar y que probablemente se van a des ta car aquí hoy, el amor, la dedicación y el empeño que puso en sus tareas literarias lo convierten, sin duda, en un modelo a seguir. Fue elegido numerario de Buenas Letra s, por un animidad, en Junta celebrada el 1 de Febrero de 1963 a propuesta del entonces director D. José Sebastián y Bandarán y los Acadé mi cos, Sre s. Blázquez Bares y Peñalver y Bachiller, para cubrir la vacante de D. Manuel Beca Mateas. Sólo tres meses más tarde, en Mayo, en el salón de actos del Museo Provincial de Bellas Arte s, sede entonces de esta Academia, abarrotado de público y con una nutrida representación de autoridades, leyó su discurso de ingreso que tituló "Del despotismo absolutista al liberalismo constitucional", traba jo que D. Francisco de Cossío, en su contestación al nuevo Académico calificaría de " ... admirable estampa en que resplandece la madurez de su juicio y la claridad de su sistema expositivo" A partir de este momento, la pre se ncia de D. Jo sé Acedo en la Academia es continu a, tal como reve la el libro de Actas. Has ta el año 69 son muy pocas, casi ninguna, las sesion es en las que no está presente. En la década de los setenta, tan apasionante para la Historia de España, debió estar absorbido por cuestiones más inmediatas y candentes y sus ausencias son más numerosas, aunque nunca deja pasar un periodo l m·go sin hacer acto de prese ncia. Esta constancia en las Actas de su compromiso con la Academia se hace pública cuando en 19 73 se r ea nuda la publicación de nuestro Bole tín. A partir de ese momento las colaboraciones de D. José Acedo son amplias, constantes y variadas. De lo s treinta Boletines editados de esa segunda época, su firma aparece en diez y ocho de ellos. En su mayoría se trata de trabajos literarios so br e autores diversos: Maeztu , Teresa de Jesús, Lope, Pereda, Ganivet, Pemán. Pero también se interesa por temas hi stóricos -"Éc i ja ante la coloniz ac ión andaluza de Carlos III", "Sevilla, capital y corte de Felipe V "- o por se mblanzas de personajes ilustres -"Modernidad y tradición en el pensami ento de Jovellanos" o "D. Antonio Maura, a bo gado, político y académico "-. Sin olvidar, por supuesto, sus intervenciones públicas tales como el espléndido discurso de contestación al de recepción de D. Manuel Oli ve ncia o la Llludatio a Dª Pilar León cuando leyó su
218 ENRIQUET A VILA VILAR ~ ~~ ~ ~~~ ~ ~~~ ~ discurso como correspondiente de esta Academia, de la que actualmente es numenuia electa. Detenerme en el análisis de cada uno de ello s, es tarea que se escapa del ti empo de que dispongo, pero si me gustaría ofrecer algun as pinceladas de los trabajos que tuve la suerte de oír de primera mano, en la s distintas disertaciones que ofreció cada año d es de rrú ingreso, y con ello espero dejar co nstancia de la profunda labor que d es arrolló en esta Academia. En efecto des de el afio 1997 h as ta el 2003, D. José Acedo aparece como autor en todos los Boletines. La primera vez que tuve el placer de asistir a una de s us lecturas pre sentó un original trabajo sobre "La vida amorosa de Lope de Vega", ensayo realizado con una frescura temá ti ca y un estilo narrativo más propio de un trabajo de juventud, aunque en sus páginas es tá pre se nte la experiencia de un maestro. Con gran conocimiento de la obra de Lope, hilvana una biografía del poeta a través de sus amores y am01io s a la par que destaca su relación con otros escritores de la época: su enemi stad con Góngora, sus coincidencias con Quevedo, sus ocasionales encuentr os con Cervantes. Son páginas que, por si solas, demuestran su afi ción literaria y su conocimiento de los clásicos. Sólo unos me ses después de este trabajo, presentaba otro sobre "José M.ª Pemán en la España de su tiempo", en el que de fi ende la figura del escritor y lo califica, s in complejos, como " ... el máximo literato de su época ... " después de Azorín. Con un profundo conocimiento histórico de los primeros años del siglo XX, hace un espléndido retrato de la época que le tocó vivir al personaje y de su inequívoca postura ante hechos tan cam biantes.Al afio siguiente prese nta otra se mblanza: la de Ramiro de Maeztu, que como la de Pemán es una defensa a ultranza de la persona y del escritor. Pero una defensa argumentada y convincente; nunca un panegírico. "Maeztu ante el centenario del 98", es, como todos s us ensayos dedicados a fi guras relevantes, un a mezcla de biogra fía , conducta y pensamiento del protago ni sta qu e proporciona un con oc imiento del mismo, basado siempre en un amplio aparato crítico. Uno de los esquemas que mejor desarrolla es el modelo literario-jurídico que utili za para examinar una obra de Calderón y que más tarde emplearía para otra de Lop e. En el Boletín del afio 2000 aparece su ensayo "La conducta penal del capitán Atayde en el Alcalde de Zalamea" donde desarrolla toda un a teoría leg al en el mo -
DON JOSÉ ACEDO: CABALLERO. AMlGO, ACADÉMICO 219 mento de ocunir los hechos, examinando al mismo tiempo la conducta psicológica del delincuente. No puede ocultar su férrea formación jurídica cuando critica, de alguna manera, la actitud benévola del monarca ante la acción de Pedro Crespo. Nunca es ju stificable el incumplimie nto de la justicia. Los dos años siguientes, vuelve a la línea de las semblanzas, con la maestria que caracteriza a todas ella s. En el 2001 escribe sobre Jovellanos y en el 2002 sobre Maura. En el trabajo sobre el primero que titula "Modernidad y tradición en el pensanúento de Jovellanos", nos ofrece, junto a un detallado estudio de su personalidad tanto política como literaria, un espléndido marco histórico de la época. En su artículo sobre Maura, amplio, denso, erudito, se siente identificado con el per so naje y lo describe como " abogado ante todo y enamorado férv ido del Derecho" que "e ncontraba en sus conocimientos jurídicos panacea y recursos para todo". Al año siguiente elige nuevamente un tema tan profundo como la responsabilidad penal de un acto delictivo realizado, no por un individuo, sino por una colectividad y en "El motín de Fuente Ovejuna en el teatro de Lope. La psicología de las muchedumbres y la naturaleza de sus delitos" se plantea, igual que había hecho en el estudio de la obra de Calderón, el problema psicológico que esta situación compmta. Con un lenguaje claro y preciso hace un examen minucioso, lleno de erudición y conocimien to, tanto de la naturaleza de la obra de Lope como de los problemas jurídicos que van surgiendo. Todos sus ensayos, de los que aquí sólo nos hemos detenido en unos pocos, siguen una línea coherente de tal forma que, después de una lectura detenida se pueden adivinar algunos rasgos de su carácter: integridad férrea, catolicismo convencido, monarquismo irreductible y conservadurismo y modernidad en una mezcla atrayente y de óptimos resultado s. Fuente Ovejuna fue su último trabajo en nuestra Acade mia. Digno colofón de la obra desarrollada en ella. Una obra que será el sustento de su memoria imborrable co n el paso del tiempo. Pero todavía, ahora, mientras estemos aquí alguno de los que hemos tenido la suerte de conocerlo y tratarlo, su memoria, su recuerdo, estará en nuestro corazón.