La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de Yolanda Díaz
Abstract
La presente investigación persigue ofrecer un marco teórico sólido sobre el fenómeno de la feminización política en su aplicación a las alocuciones de líderes y lideresas, además de acometer el análisis del discurso sobre las entrevistas grabadas que la ministra mejor valorada de España según el CIS (datos del primer semestre de 2022), Yolanda Díaz, ha protagonizado en medios de comunicación españoles desde enero de 2020 hasta mayo de 2022.
Full text
IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de Yolanda Díaz THE FEMINISATION OF POLITICS AND ITS EXTRAPOLATION INTO THE DISCOURSE OF MALE AND FEMALE POLITICIANS. A CASE STUDY OF YOLANDA DÍAZ Raquel Quevedo Redondo Universidad de Valladolid [email protected] Resumen La presente investigación persigue ofrecer un marco teórico sólido sobre el fenómeno de la feminización política en su aplicación a las alocuciones de líderes y lideresas, además de acometer el análisis del discurso sobre las entrevistas grabadas que la ministra mejor valorada de España según el CIS (datos del primer semestre de 2022), Yolanda Díaz, ha protagonizado en medios de comunicación españoles desde enero de 2020 hasta mayo de 2022. Palabras clave Feminización política, poder blando, estudios de género, mujer política, Yolanda Díaz.
166 Raquel Quevedo Redondo IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 Abstract This research aims to provide a solid theoretical framework on the phenomenon of feminization of politics and its application to political discourse. Furthermore, the study analyses the recorded interviews that the highest-rated minister of Spain according CIS (data for the first half of 2022), Yolanda Díaz, has starred in Spanish media from January 2020 to May 2022. Keyword Feminisation of politics, soft power, gender studies, women in politics, Yolanda Díaz. Sumario / Summary 1. Introducción / Introduction 2. Estado de la cuestión / State of the art 3. Marco teórico / Literature review 3.1. Feminización de la agenda / Feminisation of agenda 3.2. Feminización de la actitud y discurso políticos / Feminisation of attitude and political discourse 3.3. Frames y mujeres políticas / Frames and women politicians 4. Metodología / Methodology 5. Resultados / Results 6. Conclusión / Conclusion 7. Bibliografía / References 1. Introducción La arena pública, históricamente reservada a los hombres, parece abocada a experimentar una feminización que, además de enlazar con la progresiva incorporación de lideresas a la carrera gubernativa, “impregne de los valores tradicionalmente asociados a la mujer el modo convencional de ejercer y comunicar lo político” (Quevedo y Suárez, 2017:536). Ante esta afirmación cimentada en la socialización diferenciada de varones y féminas, numerosos especialistas en estudios de género y disciplinas colindantes se detienen a preguntarse cuáles son esos valores. ¿Acaso varían los tipos de liderazgo y su proyección en función del género? (Rosener, 1990; Bass et al., 1996; Eagly y Johannesen-Schmidt, 2001; Delgado, 2004; Ramos, 2005; García-Retamero y López-Zafra, 2006). ¿O, más bien y de acuerdo con lo que aseveran académicos como Mary Beard (2017:85), una primera discusión habría de enfocarse sobre la estructura de poder y su visión, antes incluso que sobre la necesaria incorporación de más mujeres a la práctica política?
167 La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 Dentro de los espacios de mando a nivel empresarial, institucional, gubernamental y de casi cualquier otra índole, la percepción del hombre suele asentarse sobre la firmeza, la competitividad, el dominio, la practicidad y la confianza en uno mismo (Alexander y Andersen, 1993; Banwart y McKinney, 2005; Holmes, 2006; Banwart, 2010), mientras sus homólogas encarnan modelos transformacionales de interacción humana, empatía, voluntad de compromiso, trascendencia de las emociones y cohesión grupal (Bakan, 1966; Huddy y Terkildsen, 1993; Cuadrado, 2004; Burrel, 2004; Cuadrado, 2007; Meeks, 2012). Como resultado, el estilo femíneo enraizado en los hábitos del trabajo en equipo genera oportunas sinergias que se pretenden rupturistas con la jerarquía piramidal, pero que al mismo tiempo propician el “perfecto caldo de cultivo” para la prolongación de los estereotipos (Quevedo, 2018:135). Al margen de que la socialización sea uno de los ámbitos desde los que durante décadas se han proyectado las desemejanzas entre varones y féminas, resulta innegable que las diferencias también se forjan desde la práctica mediática en prensa, radio, medios digitales y televisión. En especial, esto se observa si se atiende a la clase de representación que se construye sobre características físicas, rasgos, roles y ocupaciones (Deaux y Lewis, 1984; Martin, 1993; Ashmore etal.,1995), agrandando así la discusión sobre los discursos hegemónicos de género. La representación mediática referida contribuye a que, a un idéntico nivel de cargo y responsabilidad, ellas sean con frecuencia mostradas en el papel de gobernantes-cuidadoras de la ciudadanía, a la vez que ellos cumplen con el de gobernantes-proveedores del Estado (Fraser, 1997, Pautassi, 2007). De este modo, cuando quien ostenta el bastón de mando enfrenta con su comportamiento el patrón implícitamente establecido, las conjunciones entre rasgos de personalidad, formas de comunicación y competencias temáticas descritas durante décadas como masculinas (o, por el contrario, como femeninas) exigen la acuñación de frames aplicables a sendos sexos por igual en un proceso de creación de nuevos marcos o de reencuadre –reframing– de los ya existentes (Watzlawick y Cebeiro, 2008; García Beaudoux, 2014) que evidencie los discursos celebrativos de la especificidad del poder femenino, así como de los efectos que éste causa en las instituciones. En otras palabras y al cobijo de una de las ideas centrales en los trabajos de Lipovetsky (1999): lo que se pretende es que la persistencia de lo femíneo se vea al fin como enriquecimiento y no como limitación. Ciertamente el estudio de las relaciones de género y política puede enfocarse desde la vertiente cuantitativa que atañe a cuestiones de representación y aplicación de cuotas, pero urge de igual manera una perspectiva cualitativa que incluya el análisis de las declaraciones de los líderes y/o lideresas y de los contenidos de la agenda gubernamental. Precisamente esta segunda dimensión y, en
168 Raquel Quevedo Redondo IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 concreto, la relacionada con las alocuciones que las mujeres políticas enuncian bajo el prisma de los medios constituye el objeto de estudio de la presente investigación, donde se atiende a una de las principales vertientes de la feminización del discurso político desde el análisis de algunas de las intervenciones más visualizadas de la ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del Gobierno de España: Yolanda Díaz. El objetivo no es otro que comprobar de qué manera logra la líder de ‘Sumar’ (proyecto político anunciado por Díaz en el verano de 2022) ejemplificar la feminización de la comunicación en sus entrevistas televisadas, además de ofrecer un marco teórico sólido sobre el fenómeno. 2. Estado de la cuestión En el último lustro, la representación mediática de las féminas políticas unida a la imagen que ellas mismas proyectan con sus acciones y discurso está contribuyendo a cambiar desde la base la idea de que, si las mujeres tradicionalmente se han desenvuelto mejor en la esfera privada (ámbito doméstico-familiar), ello las limita para ocupar puestos destacados en la esfera pública. Esta concepción empieza por asumir una afirmación de Lidia Heller (2002) recogida en la obra de Luciana Panke (2015:70) y que, pese a presentar un punto de vista complejo e incluso problemático, encaja con la “media logic” actual (Mazzoleni y Sfardini, 2009). «Varones y mujeres son diferentes, la cuestión es que hasta ahora estas diferencias habían sido vistas siempre como déficit en el caso de las mujeres. El concepto de “diferencia” no significa ni mejor ni peor, se ha comenzado a desarrollar desde inicios de los años ochenta y centra su atención en la heterogeneidad y en la posibilidad de que cada individuo aporte su talento y estilo particular dentro de los distintos ámbitos», (Heller, 2002:48). Lideresas como la que fuera presidenta de Chile, Michelle Bachelet, o la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, actúan conforme al razonamiento de Heller y se concentran en extraer lo que de positivo tendría reencuadrar las diferencias para averiguar si la identidad de género permite utilizar ésta como capital en la construcción discursiva (Valenzuela, 2015:168). No en vano, los mass media perseveran en su afán por resaltar en las mujeres los atributos clásicos que la sociedad les asigna –empatía, preocupación por los demás y otros aspectos– como elementos idiosincrásicos de una forma diferente (y para algunos mejor) de hacer política. En este contexto, parte de las representantes públicas o candidatas electorales interesadas en conectar con segmentos de electoras (Quevedo-Redondo et al., 2021) estarían dispuestas a reproducir ciertos estereo-
169 La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 tipos (Lévêque, 2005; Dulong y Matonti, 2005), y pese a que en múltiples ocasiones lo harían con plena consciencia de los riesgos que tal acto entraña, primero tratarían de despojarlos de las connotaciones negativas que los ejercicios de reframing permiten enfrentar. Uniendo lo explicado a la intención de activar el gender affinity effect (Plutzer y Zipp, 1996; Banducci y Karp, 2000; Dolan, 2008) parece oportuno traer a colación, finalmente, una aportación acuñada por dos profesores de la Arizona State University: la “strategic stereotype theory” (Fridkin y Kenney, 2014:15), que coloca a quienes la aplican en una ostensible paradoja… Por un lado, se hace hincapié en características estereotipadas como la mayor inclinación de ellas a cuidar de los demás –ethics of care– o agotar toda vía de entendimiento y aprovechar aquello que une a los ciudadanos ante amenazas de conflicto –soft power– (Iyengar et al., 1997; Kahn y Gordon, 1997); por otro, la autopresentación de las lideresas en un escenario que no deja de verse todavía como masculino exige delicados malabarismos para anular imágenes preconcebidas que actúan en detrimento de la igualdad de oportunidades sobre la que reflexiona la catedrática inglesa Mary Beard (2017). «En mi opinión, hemos de distinguir aquí entre una perspectiva individual y una perspectiva más general. Si observamos a algunas mujeres que “lo han conseguido”, veremos que las tácticas y estrategias que hay detrás de su éxito no se limitan a copiar expresiones masculinas. Un elemento que comparten muchas de estas féminas es la capacidad de convertir los símbolos que normalmente despojan a las mujeres en una ventaja a su favor» (Beard, 2017:83). Lógicamente, los peligros que acarrea aplicar la teoría del estereotipo estratégico son numerosos, empero, la presente investigación propone dirigir el interés hacia la comprobación de si el reencuadre de rasgos “femeninos” es posible a través del discurso, con elementos catalizadores de la popularmente conocida como “nueva política” (una alternativa a lo habitual, con propuestas rupturistas y discursos distintivos que llegan al imaginario colectivo para impulsar la idea del cambio). De este modo, aunque se observa un rechazo parcial del “estereotipo académico de mujer política” sobre el que diserta en un estudio López-Hermida (2009), así como de su equivalente masculino (el “new man” definido por Chapman en 1988), se abre la puerta a que la demostración de afectividad, cortesía, compasión y apacibilidad presuntamente inherente al papel de las representantes públicas se acepte con normalidad en el caso de los hombres, –e ídem en cuanto a las capacidades achacadas a ellos–. La revisión del estado de la cuestión permite comprobar en este apartado del artículo que, aunque sobre feminización de la política hay estudios recientes
170 Raquel Quevedo Redondo IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 tanto en el escenario nacional como en el internacional (Childs et al., 2005; García y Yáñez, 2012; Quevedo-Redondo, 2018; Ochoa, 2021), queda un vasto campo por cubrir en el plano cualitativo. Un vacío que, sin duda, justifica la necesidad de acometer una revisión bibliográfica en profundidad como lo que aquí se ofrece, a fin de abrir camino con la propuesta de un marco teórico tan sólido como específico. 3. Marco teórico Los representantes públicos trabajan su imagen y discurso al compás de la lógica mediática. En muchos casos, lo que autores como Vallès (2010:37) llaman “automediatización preventiva” no es más que una manifestación del afán por beneficiarse de una estudiada estrategia de marketing, sin embargo, cuando las acciones contribuyen a satisfacer metas más amplias que la mera consecución del voto o la mejora de la imagen, el universo comunicativo da lugar a una gran parcela en la que caben tanto técnicas de politing (marketing político integrado) como fórmulas derivadas de la feminización en las cuatro dimensiones que el fenómeno comprende: 1. Feminización de espacios gubernamentales mediante la incorporación a ellos de más lideresas, ya sea aplicando cuotas o no. 2. Feminización de las prioridades del Ejecutivo, observables en la modificación de la agenda política y en la revalorización de una suerte de “soft politics” (Miguel y Feitosa, 2009; Richardson, 2013) que integran los feminine o women’s issues –asuntos especialmente concernientes a ellas y que, a menudo, si una mujer tiene capacidad para conseguir avances desde el Gobierno, asume para su resolución– (Chaney, 1979; Alexander y Andersen 1993; Huddy and Terkildsen 1993; Koch, 2000; Fernández, 2014; Sénac, 2015). 3. Feminización de las actitudes y discurso de los gobernantes o aspirantes a gobernar, con variaciones sobre los estilos de liderazgo e impregnación de las estrategias de comunicación en los valores del ethos femenino, en la ética del cuidado y en el soft power. 4. Feminización de los marcos reproducidos por los medios de comunicación, pudiendo derivar en el surgimiento de frames nuevos o impulsando el reencuadre de roles ya existentes. Aunque esta acotación de esferas susceptibles de feminización aglutina las cuatro sugeridas por Norris (1996) y Lovenduski (2005:90), la propuesta que ocu-
171 La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 pa estas páginas conjuga la busqueda de la “equality rhetoric” (reconocimiento público de la necesidad de incrementar el número de mujeres en posiciones de poder), “equality promotion” (asentada en estímulos directos con los que se anima a las féminas a competir) y “equality guarantees” (estrategias de discriminación positiva garantizadoras de un mínimo de presencia femenina en los parlamentos) con una novedad trascendental: la indagación sobre el papel que juegan políticos y mass media a la hora de feminizar la comunicación política. Para ahondar en ello, eso sí, resulta preciso definir primero los elementos básicos que forman parte del proceso en el que se asienta esta investigación. 3.1. Feminización de la agenda Un importante sector del movimiento feminista, en ciertos razonamientos incrustados dentro del “feminismo de la diferencia” que explica Victoria Sendón de León (2002), se muestra confiado en que al elegir a más mujeres para ocupar cargos públicos las demandas que durante décadas han preocupado a madres e hijas obtendrán voz en los parlamentos, con resultados transformadores en la naturaleza y dirección de las acciones políticas (Carroll, 1994; Phillips, 1995; Swers, 2002). Esto es algo que se apunta en las revisiones bibliografías sobre masa crítica, y es que la consciencia de que sólo unos pocos asuntos conformadores de la agenda pública –aquellos que despiertan atención y debate en la ciudadanía– llegan a introducirse en la de los poderes públicos goza de absoluto vigor (López et al., 2014:174), alimentando la percepción de que un incremento en la cantidad de lideresas resulta inaplazable para operar cambios. Según Victoria Rodríguez (2003:189), para diputadas como las mejicanas las “preocupaciones de género” ocupan el segundo puesto en la agenda política, sólo por detrás de sus prioridades y desvelos por el conjunto (derechos humanos, educación, empleo, bienestar social y sanidad para todos). Investigadores que ponen el foco en estados como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos o Suecia prueban que tal observación se extrapola con facilidad a distintos países (Thomas, 1991; Bratton y Haynie, 1999; Freedman, 2002; Devlin y Elgie, 2008), no obstante, ningún análisis acredita que ser hombre o mujer se traduzca per se en un mejor tratamiento de las propuestas, ni niega la influencia de otros factores de influencia como la ideología o la cultura de partido (Sanbonmatsu, 2002:16). Sin atribuir exclusivamente a las féminas el mérito de innovar en medidas sociales, Shapiro y Mahajan (1986) sí concluyen en un famoso trabajo conjunto que, por norma general, las legisladoras se inclinan más que sus homólogos hacia propuestas de naturaleza compasiva o compassion issues (Piven, 1985; Erie y Rein, 1988; Seltzer et al., 1997), con las cuales ayudar a colectivos vulnerables
172 Raquel Quevedo Redondo IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 y a personas en riesgo de exclusión. Del mismo modo, resulta probado que ellas se revelan menos favorables que ellos al aumento del gasto en armamento, a la participación en conflictos bélicos y al despliegue de tropas (Smith, 1984; Gilens, 1988), al tiempo que aplauden una mayor inversión en ayudas sociales, la inclusión del aborto en el debate parlamentario, la ampliación y garantía de derechos o la protección del medio ambiente (Gilens, 1988:34). Por supuesto las cuestiones mencionadas se entienden trascendentes para todo ciudadano, pero su abordaje se asocia con más frecuencia al interés femenino y a carteras ministeriales “de prestigio bajo” (Escobar-Lemmon y Taylor-Robinson 2005: 838). Como explicitan Blondel y Thiébault (1991), Fernández (2014) y otros especialistas, bajo esa especificación de “prestigio bajo” se reúne a los ministerios que concentran competencias en Sanidad, Servicios Sociales, Cultura e Igualdad, encabezados por una mujer, caracterizados por la menor cobertura mediática y que se perciben, a consecuencia de lo referido, “menos visibles” para la sociedad (Mata, et al., 2010:139). La falta de visibilidad referida justifica por qué cada vez hay más esfuerzo por revalorizar las soft politics de las que hablan Miguel y Feitosa (2009:207), reivindicando con palabras y acciones un contenido muchas veces despreciado. Además, en la tarea no falta quien invita a aplicar un consejo del profesor John Kingdon (1995). Concretamente, el de aprovechar las “ventanas de oportunidad” sobre las que también diserta Ramírez Brouchoud (2007), permitiendo comprender la existencia de un momento y lugar adecuados para plantear cada problema y reconocer, a continuación, la coyuntura apropiada para su discusión. «Las agendas políticas incluyen temas que hace poco tiempo se hubieran considerado propios del mundo de lo privado. Un ejemplo de esto último lo tenemos en España, tras el triunfo de los socialistas en 2004, con la aprobación como primera ley de la nueva legislatura la concerniente a violencia de género», evoca Osborne (2005:177). Gracias a las demandas feministas que poco a poco asumen los gobernantes, el famoso eslogan de Hanisch (1969) “lo personal es político” permea en la agenda convencional para impeler que los españoles debatan sobre el divorcio (en España, ley aprobada en 1981), la despenalización de los anticonceptivos (votada en octubre de 1978), las medidas contra el maltrato (aprobadas en la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004) y otras cuestiones largamente desatendidas. En verdad abordar los efectos del proceso feminizador en la policy agenda significa hablar de temáticas que sobre todo repercuten en la población femenina, y que normalizan la aparición de las palabras “women´s issues” y “women´s
173 La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 interests” dentro de las investigaciones a revisar. Empero, cuando ni siquiera la academia logra zanjar sin polémica en qué consisten esos intereses que para Cuadrado son “colectivistas” en oposición a los “individualistas” del hombre (2004:274), no sorprende demasiado que los estudios examinados acusen falta de claridad. Se presupone que las mujeres serían las principales beneficiarias de una agenda de los poderes públicos feminizada, no obstante, una apreciación distinta sería que se convirtieran en sus máximas valedoras. A este respecto, investigadoras como Wirls se preocuparon de comprobar en 1986 que ellas, por ejemplo, suscriben antes las iniciativas ambientales y de reciclaje, mientras Deitch (1988), Page y Shapiro (1992) hallaron que electoras y elegidas apoyan más los programas de bienestar enfocados a tercera edad, enfermos y desfavorecidos. Innegablemente, generalizar entraña siempre unos riesgos, pero, al margen de estos, lo cierto es que quienes estudian la realidad en su conjunto afirman que en el ejercicio de poder las mujeres muestran estilos legislativos diferentes a los de sus homólogos (Kathlene, 1994; Rosenthal, 2000), a la vez que, en relación a la agenda política, conseguir una masa crítica de legisladoras se traduce en un mayor amparo de los women´s issues (Thomas, 1991; Burrell, 2004; Reingold, 2000; Carroll, 2001; Crowley, 2004; Bratton, 2005; Celis, 2008; Franceschet y Piscopo, 2008). En el terreno académico español, la doctora en Periodismo Nuria Fernández (2014:33) señala que la temática con que se asocia a los candidatos a un cargo varía en función del género, de tal modo que los mass media adjudican a las lideresas los “temas compasivos” (compassion issues) o estereotipadamente femeninos (feminine issues), y a los varones, el resto (masculine issues). Entre esos “temas compasivos” Fernández sitúa todo aquello que entronca con “la pobreza”, “la salud”, “el cuidado”, “los hijos”, “la familia”, “el “medio ambiente” y “los temas de mujeres” (aborto, acoso sexual e igualdad de derechos), mientras que los hombres se coligen más capaces ante problemáticas de economía, defensa, empleo, justicia y asuntos exteriores (Alexander y Andersen, 1993; Huddy y Terkildsen, 1993; Dolan, 2005; Jalalzai, 2006; Iyengar y McGrady, 2007). Conforme a lo explicitado, los issues “masculinos” enmarcados en los altos niveles de política copan desde hace décadas las páginas de los periódicos y minutos de la parrilla televisiva, a la par que los de la categoría “soft politics” (Miguel y Feitosa, 2009; Franceschet et al., 2012; Richardson, 2013) se mantienen a la espera de una agenda más inclusiva. El surgimiento de ésta, como quiera que sea, parece hoy menos lejano, y es que tampoco se debe ignorar que en trabajos como el de Farida Jalalzai (2006) se aprecia cierto auge en el posicionamiento mediático de los compassion issues que tanto importan en la agenda feminista.
180 Raquel Quevedo Redondo IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 que más me seduce de la apuesta de todas las formaciones es un verbo: sumar. Sumar gente, diversidades, proyectos. Sumemos. Si sumamos claro que hay futuro. Y me parece que claro que es posible”, asegura Díaz a la periodista Ana Pastor (entrevista en ‘El Objetivo’ en mayo de 2022). —Sobre la manifestación de un interés por el bienestar ciudadano que rebasa los parámetros de la ética de la justicia (ética del cuidado), se aprecia tanto a nivel grupal (la ciudadanía en su conjunto) como a nivel particular (hacia personas concretas como la periodista Julia Otero). Ejemplo de ellos es la frase “Julia, déjame que te envíe todo mi cariño, primero, porque estamos contentísimas de que te hayas incorporado. Creo que la sociedad española se siente cómplice de que estés con nosotras ahora mismo” (entrevista en ‘Onda Cero’ en septiembre de 2021). En especial, Díaz conjuga con frecuencia elementos propios del tercer nivel de la ethics of care, al buscar la inclusión del “yo” y del “los otros” en la responsabilidad de cuidar. Esa necesidad de equilibrio entre el poder y el cuidado de sí, por una parte, y el cuidar de los demás por la otra queda patente en la importancia que la lideresa concede a la familia como concepto (término presente en el 25% de la muestra). “Estoy desesperada. Como casi todos los españoles y españolas, tengo la duda de si podré ver a mi padre y a mis hermanos en breve”, asegura Díaz ante Susana Griso, durante un encuentro en Antena 3 donde la ministra muestra su añoranza por el lejano “hogar” (entrevista en ‘Espejo Público’ en octubre de 2020). —Sobre el soft power y el reencuadre de las debilidades como fortalezas, los ejemplos son múltiples. Sin ir más lejos, destacan frases como “voy a tender puentes, ya que la política del ruido y los muros no conduce a nada” (entrevista en ‘eldiario.es en abril de 2021), o “hay una cultura muy masculina de llevar al límite las negociaciones. A mí esto no me gusta” (entrevista en ‘Hoy por hoy’ en septiembre de 2021). Sobre este escenario de rechazo de las masculinizadas técnicas de confrontación, se huye de la tensión permanente como rasgo de “vida interna” de los partidos y se muestra fragilidad sin miedo en afirmaciones como “me ha costado mucho venirme a Madrid. No me he acostumbrado. Estoy en transición” (entrevista en ‘eldiario.es’ en abril de 2021). —Finalmente, sobre los frames impera apuntar que el más común es el encuadre de la lideresa como “agent of change” (agente de cambio), por su presentación como opción distinta a una forma de hacer y comunicar la política, rompiendo con los habituales patrones de comportamiento y oratoria derivados de décadas de ocupación de la arena pública por hombres. “Hay una alternativa a un país que es moderno, alegre, plural, diverso”, asegura la ministra (entrevista en ‘laSexta’ en mayo de 2022). Así, este
181 La feminización política y su extrapolación al discurso de líderes y lideresas. Estudio de caso de… IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 tipo de discurso disímil a lo implícitamente establecido en los gobiernos y parlamentos del mundo se abre paso en siete de cada diez apariciones mediáticas de Díaz. Huelga decir que en la compleción del trabajo de campo no se entran a valorar cuestiones de apariencia, no obstante, es un hecho que la vicepresidenta no esquiva las expresiones de feminidad desde una perspectiva estética meramente cultural, hasta cierto punto normativa y tan propia del siglo XXI como de la segunda mitad del XX. La pulcritud de Yolanda Díaz al vestir, su esmerado uso del maquillaje y el empleo de zapatos de tacón alto sin complejos son una prueba más de la importancia de no evitar lo que tradicionalmente se han considerado diferencias hombre-mujer. Por el contrario, reencuadrar las desemejanzas puede servir para despojarlas de connotaciones negativas y convertirlas en un valioso capital en la representación mediática que nos ocupa. 6. Conclusión De acuerdo a lo que se explicaba en el apartado teórico, la feminización no sólo resulta de la progresiva incorporación de la mujer al ejercicio gubernativo, sino que impregna el modo convencional de ejercer y comunicar lo político con los valores que históricamente les han sido atribuidos a ellas, pero que en modo alguno les son de aplicación exclusiva. No es ningún secreto. Si durante lustros la percepción del líder varón enlazaba con la evocación de firmeza y competitividad, mientras la de su homóloga se asentaba en el valor de la interacción, la cercanía y las emociones, en pleno año 2022 son cada vez más los políticos (varones y féminas) que apuestan por escudarse en este segundo modelo y dedicar más atención a los problemas que afectan a la vida cotidiana del ciudadano medio; buscan puntos comunes frente a la confrontación ideológica; aprovechan el valor de lo cultural, y explotan las ventanas de oportunidad que abre el empleo de un tono cercano e inclusivo que se opone radicalmente a los discursos del odio. La investigación que aquí concluye ha permitido comprobar que Yolanda Díaz es uno de los máximos exponentes de la aplicación de la feminización de la política a la comunicación y, más concretamente, de su extrapolación al discurso en un contexto de campaña permanente y posible allanamiento de terreno para un hipotético anuncio electoral. En un futuro próximo, como quiera que sea, puede interesar también analizar los tweets de la vicepresidenta segunda para comprobar si su particular estilo permea igualmente en redes sociales, e investigar cómo los líderes hombres ponen en práctica esta nueva forma de comunicación
182 Raquel Quevedo Redondo IC – Revista Científica de Información y Comunicación 19 (2022) ∙ pp. 165-188 ∙ E-ISSN: 2173-1071 ∙ https://dx.doi.org/10.12795/IC.2022.I19.08 política que la ministra mejor valorada y lideresa de ‘Sumar’ lleva, hoy por hoy, a radios, periódicos y televisiones de toda España. 7. Bibliografía Alexander, D., y Andersen, K. (1993). Gender as a factor in the attribution of leadership traits. Political Research Quarterly, 46(3), 527-545. Anderson, K.V., y Horn Sheeler, K.K. (2005). Goberning codes: gender, metaphor, and political identity. Oxford: Lexington Books. Ashmore, R.D.; Del Boca, F.K., y Bilder, S.M. (1995). Construction and validation of the Gender Attitude Inventory, a structured inventory to assess multiple dimensions of gender attitudes. Sex Roles, 32(11-12), 753-785. Bakan, D. (1966). The duality of Human existence: Isolation and communion in western man. Boston: Beacon Press. Banducci, S.A., y Karp, J.A. (2000). Gender, Leadership and Choice in Multiparty Systems. Political Research Quarterly, 53(4), 818-848. Banwart, M.C., & McKinney, M.S. (2005). A gendered influence in campaign debates? Analysis of mixed-gender United States Senate and gubernatorial debates. Communication Studies, 56(4), 353-373. Banwart, M.C. (2010). Gender and candidate communication: Effects of stereotypes in the 2008 election. American Behavioral Scientist, 54(3), 265-283. Barisione, M. (2016). Leadership, Political. En G. Mazzoleni (Ed.), The International Encyclopedia of Political Communication (pp. 636-648). London: Wiley- Blackwell. Bass, B.M.; Avolio, B.J. y Atwater, L. (1996). The Transformational and Transactional Leadership of Men and Women. Applied Psychology: An International Review, 45(1), 5-34. Beard, M. (2017). Mujeres y poder. Un manifiesto. Barcelona: Crítica. Benhabib, S. (1992). Una revisión del debate sobre las mujeres y la teoría moral. Isegoría, 6(1), 37-63. Blankenship; J., y Robson, D.C. (1995). A “feminine style” in women’s political discourse: An exploratory essay. Communication Quarterly, 43(3), 353-366. Bligh, M.; Merolla, J.; Schroedel, J.R., y Gonzalez, R. (2010). Finding Her Voice: Hillary Clinton Rhetoric in the 2008 Presidential Campaign. Woman’s Studies, 39(8), 823-850. Blondel, J., y Thiébault, J.L. (Eds.) (1991). The Profession of Government Minister in Western Europe. London: MacMillan. Braden, M. (1996). Women politicians and the media. Lexington: University Press of Kentucky. Bratton, K.A. & Haynie, K.L. (1999). Agenda-setting and legislative success in state legislatures: The effects of gender and race. Journal of Politics, 61(3), 658-679. Bratton, K. (2005). Critical mass theory revisited: The behavior and success of token women in state legislatures. Politics and Gender, 1(1), 97-125. Burrel, B.C. (2004). Women and Political Participation: A reference handbook. Santa Barbara: ABC-CLIO.
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