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Niebla cristiana: arquitectura religiosa y urbanismo (1262-1525)

Infante-Limón, Enrique

Abstract

El presente trabajo se plantea con el objetivo de estudiar la arquitectura religiosa iliplense del periodo comprendido entre la fecha de su conquista por Alfonso X y 1525, momento de transición a la realidad sociopolítica y artística de la España de la Edad Moderna. En esencia, hemos podido caracterizar el proceso de implantación del modelo urbano cristiano sobre la ciudad almohade. Asimismo, hemos conseguido delimitar el trazado de cada una de las collaciones, así como la ubicación aproximada de las iglesias parroquiales desaparecidas, pero más importante, si cabe, ha sido la concreción de la fisonomía de cada una de ellas. En relación con los edificios conservados, hemos constatado de qué forma estructuras constructivas previas determinaron sus morfologías, hemos conocido los procesos y fases de edificación desarrolladas, así como la datación de las mismas y los condicionantes culturales, sociales y contextuales concretos de cada una de ellas. No menos importante, ha sido la narración realizada sobre los procesos de pervivencia, destrucción y transformación, a lo largo de las edades Moderna y Contemporánea, tanto del modelo urbano, fruto del proceso repoblador que siguió a la Reconquista, como de los edificios religiosos vinculados al mismo.

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TESIS DOCTORAL NIEBLA CRISTIANA. ARQUITECTURA RELIGIOSA Y URBANISMO (1262-1525) Tomo I ENRIQUE INFANTE LIMÓN Bajo la dirección del Dr. D. Juan Clemente Rodríguez Estévez Sevilla, 2015 A mis padres y a la memoria de Manuel Limón Ávila, que un día me ayudó a descubrir la riqueza patrimonial de Niebla Índice 7" " INTRUDUCCIÓN Presentación del trabajo y objetivos ……………………………………………………..15 Estado de la cuestión..………………………………………………………………...…18 Metodología y fuentes empleadas …………………………………….…………………22 Agradecimientos…………………………………………………………...…………….28 PRIMERA PARTE 1262-1525: ARQUITECTURA RELIGIOSA Y URBANISMO DE LA NIEBLA CRISTIANA Capítulo 1- El marco histórico……………………………………………………….…..33 1.1- La formación de un nuevo modelo de ciudad y su organización…………..…..33 1.2- Un difícil contexto para las empresas edilicias (Noticias sobre la arquitectura parroquial)……………………………………..39 Capítulo 2- El urbanismo………………………………………………………………..51 2.1- Antecedentes, orígenes y condicionantes………………….…………..………51 2.2- El urbanismo bajomedieval………………………………………………...…62 Capítulo 3- La arquitectura religiosa……………………………………………………...71 3.1- La arquitectura parroquial conservada……………………...…………………71 3.2- Una redefinición de la iglesia parroquial de Santa María según las fuentes…….76 3.3- La iglesia parroquial de San Martín según las fuentes……………………..…..85 3.4- Las antiguas parroquiales de San Miguel, San Lorenzo y Santiago…………….96 Índice 8" " SEGUNDA PARTE PROCESOS DE PERVIVENCIA Y TRANSFORMACIÓN DE LA ARQUITECTURA RELIGIOSA Y DEL URBANISMO BAJOMEDIEVAL DE NIEBLA Capítulo 4. 1525-1810: El fracaso de un modelo de ciudad……………………………..107 4.1- Decadencia sociopolítica y urbana de la Niebla moderna………………….....107 4.2- La quiebra de la estructura eclesiástica medieval………………………….….111 4.3- Dificultades para la gestión de las Fábricas y la conservación de los templos……………………………………………….118 Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla……………..125 5.1- La Guerra de la Independencia y sus efectos sobre la arquitectura religiosa….125 5.2- Liberalismo y pérdida de poder de la Iglesia; la disolución definitiva del entramado parroquial medieval…………………………..……..130 5.3- Intento de enajenación de la iglesia de San Martín durante el Sexenio Democrático e inicio de su abandono………………..……134 5.4- Problemas de conservación en la parroquial de Santa María y respuestas de carácter pragmático……………………….…….140 Capítulo 6. 1889-1930: Un patrimonio reconocido, pero en peligro………………….…149 6.1- Cambio de siglo y deterioro definitivo de la parroquial de San Martín…….…149 6.2- La parcial demolición de la iglesia de San Martín…………………….………156 6.3- Una anacrónica intervención sobre la capilla del Señor de la Columna………164 6.4- Encuentro con el carácter arqueológico de la parroquial de Santa María y primeras intervenciones……………………………………167 Capítulo 7. 1931-1964: De la madurez patrimonial a la crisis del periodo República-Franquismo………………………………………………175 7.1- La cuestión religiosa durante la II República y sus duros efectos sobre el patrimonio de Niebla……………………………..175 7.2- El dubitativo camino hacia la reconstrucción de Santa María y la revalorización de los fragmentos de San Martín…………182 7.3- La reconstrucción de Santa María, obra de José María Pérez Carasa…...…….187 7.4- El tránsito hacia la época del desarrollismo y las últimas obras de reforma aleatorias en los inmuebles parroquiales………..193 Índice 9" " Capítulo 8. 1969-1980: Intervenciones de Rafael Manzano Martos en la arquitectura religiosa……………..................…….…199 8.1- Causas, directrices y planificación de las intervenciones…………...…………199 8.2- Enfoque y criterios para la intervención en Santa María…………….……….203 8.3- Resultados y alcance de la intervención en Santa María………….…...………211 8.4- Visión y proyecto de intervención en San Martín………………….……..…..217 8.5- Resultados y alcance de las obras en San Martín…………….……………….223 Capítulo 9. 1981-1996: Intervenciones de Ismael Guarner González y posteriores…..…231 9.1- Llegada de Ismael Guarner a Niebla y asunción de los proyectos patrimoniales………………………….……...…….231 9.2- Visión y criterios para la intervención en Santa María……………….……….234 9.3- Resultados y alcance de las obras en Santa María…………………………….237 9.4- Visión y proyecto para la intervención en San Martín………………….…….240 9.5- Resultados y alcance de las obras en San Martín…………………..…………245 9.6- La intervención de 1996 en San Martín………………………..……………..251 TERCERA PARTE ANÁLISIS DE LOS TEMPLOS CONSERVADOS Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios………………………………..……257 10.1- Fábricas de cantería………………………………………………………...257 10.2- Fábricas mixtas…………………………………………….……………….266 10.3- Fábricas de tapial…………………………...………………………………274 10.4- Fábricas de ladrillo……………………………………………...…………..277 Capítulo 11. Análisis del antiguo templo parroquial de San Martín……………….……..283 11.1- El punto de partida del conjunto edilicio: el arranque de la torre-campanario y su escalera…………………….……….283 11.2- La Capilla del Señor de la Columna: primer exponente de la arquitectura religiosa bajomedieval de la Niebla cristiana…….……...…288 11.3- Algunas consideraciones sobre el edificio andalusí que condicionó la configuración del templo…………….....……….295 11.4- La cabecera y el primer campanario………………………………………..304 Introducción 16 cultural que iba heredando, fue determinante para que, ya durante la Tardoantigüedad y la Edad Media, siguiera manteniendo un estatus preponderante, acrecentado con el establecimiento de una sede episcopal en época visigoda. El arraigo del cristianismo es, pues, un factor crucial para entender el desarrollo histórico de la ciudad. Se puede rastrear su influencia -al menosdesde finales del siglo V d. C., como demuestran algunos fragmentos de sarcófagos hallados en Los Bojeos (Bonares), especialmente el de Vincomalos (422-509 d.C.), uno de los prelados iliplenses (PÉREZ MACÍAS; GONZÁLEZ FERNÁNDEZ; OEPEN, 2004)2. La nómina de obispos conocidos es, sin embargo, bastante más extensa, gracias a las actas de los distintos concilios a los que acudieron (DELGADO, 1891: 503-504), lo que vendría a poner de relieve la vigencia que llegó a experimentar dicho modelo cultural. Este se perpetuó, incluso, en la Lebla andalusí, como demuestra la presencia en ella -al menos hasta la época almohadede una comunidad mozárabe (ROLDÁN CASTRO, 1993b: 203-208). Esto, sin duda, no vendría más que a enriquecer la nueva realidad de una ciudad que alcanzó un importante desarrollo a todos los niveles, llegando a constituirse como reino independiente después de la desmembración del Califato de Córdoba y tras la desaparición del poder almohade de la Península (ROLDÁN CASTRO, 1993b: 52-56 y 69-79). Con estos antecedentes llegó Niebla a 1262, momento en el que pasó a formar parte de la corona de Castilla (ROLDÁN CASTRO, 1993b: 69-79, 1993b; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984: 15-19, 2006: 30; GARCÍA SANJUAN, 2000). La ciudad islámica, a partir de este momento, sirvió de base para la cristiana, reorganizándose en función de la nueva situación social y política. Se repartió en cuatro collaciones encabezadas por sus respectivas parroquias, que aparecen documentadas ya en 1283: San Martín al norte, Santa María al sur y, al este y al oeste, respectivamente, San Miguel y Santiago (LADERO QUESADA, 1992: 24; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 274-275). En una época más tardía se incorporó una quinta collación en el arrabal extramuros, San Lorenzo, documentada por primera vez a mediados del siglo XIV (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 482-484). A estas se unirían otros edificios religiosos -capillas, hospitales y centros de beneficenciaque, junto con los centros del poder civil, vendrían a configurar un entramado condicionado, sin duda, por la importancia histórica de la plaza, su rico sustrato cultural y su hegemonía territorial. 2 Ya al concilio de Iliberis, celebrado a principios del siglo IV, había acudido un presbítero que, según criterio de Antonio Delgado (1846: 501-502), pudo ser de origen iliplense. Introducción 17 Esta se vio reafirmada a partir de 1368 con la fundación de un Condado - perteneciente a la Casa de Medina Sidoniaque llevaría su nombre y que quedaría bajo su capitalidad (LADERO QUESADA, 1992). No obstante, cuando Rodrigo Caro contempló y describió la urbe, esta ya mostraba un aspecto decadente que no era más que la consecuencia del proceso de degradación económica, social y política que venía sufriendo desde finales de la Edad Media (LADERO QUESADA, 1992: 104-105). Fruto del mismo fue la desaparición -a lo largo del siglo XIX- de las tres últimas parroquias citadas anteriormente. La de San Martín, por su parte, permaneció abierta al culto hasta mediados de esta centuria, pero las autoridades municipales procedieron, en la década de 1920, a demoler buena parte de su fábrica (JIMÉNEZ MARTÍN, 1980: 47; BELÉN DEAMOS, 2003: 143; ACOSTA FERRERO, 2006: 680). Hoy solo se conservan, de forma descontextualizada, su cabecera, una de sus capillas colaterales y su portada principal, formalmente muy desemejantes entre sí. La única iglesia que ha permanecido en uso hasta hoy, por tanto, ha sido la de Santa María, muy dañada en 1936 y ampliamente intervenida en las últimas décadas. Estos elementos edilicios, con todos los condicionantes expresados, no son más que hitos aislados y descontextualizados de una compleja y multiestraficada ciudad, que ha visto cómo el paso del tiempo ha ido vaciando su contenido para dejar paso a un caserío moderno y de escasa relevancia patrimonial. Esto, paradójicamente, ha ocurrido a la vez que se ha conservado, casi en su totalidad, la membrana exterior de la localidad, un perímetro fortificado que permite identificar los límites de la ciudad histórica. De aquí que el presente trabajo se haya planteado con el objetivo de estudiar la arquitectura religiosa iliplense del periodo comprendido entre la fecha de su conquista por Alfonso X y 1525, momento en el que tenemos documentado el último hito relacionado con dicho particular: la ornamentación de la capilla del hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, realizada –por otra parte- en un contexto de transición a la realidad sociopolítica y artística de la España de la Edad Moderna. Lo hemos hecho desde el convencimiento de que el análisis de estas formas constructivas, estrechamente vinculadas con las urbanísticas, ofrecerán una visión más amplia de la realidad de la ciudad en el pasado, poniendo de relieve su verdadera dimensión, sus condicionantes y el alcance de su influencia en el territorio. Pero pensamos, además, que este caso concreto, por su carácter paradigmático, puede resultar una interesante aportación para el conocimiento de los procesos de transformación que, a nivel general, sufrieron las ciudades del suroeste peninsular durante el periodo a estudiar. Introducción 18 Estado de la cuestión La palpable antigüedad de Niebla condicionó, desde bien temprano, el posicionamiento que hubieron de adoptar estudiosos y cronistas al situarse frente a la ciudad. Solo así puede explicarse que la Crónica General de Alfonso X refiera que este fue el primer lugar de la Península en poblarse, después de que una gran sequía hubiese asolado todo el territorio (ALFONSO X EL SABIO, 1906: 13-14), noticia que alcanzó cierto eco en la Baja Edad Media, como demuestra que quedase recogida en la Crónica Abreviada de don Juan Manuel (c. a. 1320-1322)3 o en el Repertorio de Príncipes de España, de Pedro de Escavias (1467-1475)4. Fruto de la erudición renacentista, a partir del siglo XVI, el número de trabajos que refirieron la antigüedad de la población con enfoques que superaban ya lo meramente legendario fue creciendo. Entre estos podríamos citar los de Morgado (1587) o Merula (1588-1607), que señaló que fue aquí donde se asentó el pueblo cuneo, error superado por Rodrigo Caro (1634), que fue quien identificó la ciudad con la Ilipla que aparece en las fuentes antiguas. Estas obras no serían más que los antecedentes del buen número de trabajos que siguieron sucediéndose a lo largo de las siguientes centurias, dotados, todos ellos, de un importante valor como fuentes para el conocimiento de la ciudad histórica5. Mucho más interesantes, en este sentido, serán las referencias y obras del siglo XIX, como las de Madoz (1849) o Climent (1866). Entre todas, no obstante, podemos destacar los trabajos de Antonio Delgado (1873 y 1846), más que nada el “Bosquejo histórico de Niebla”, escrito en 1846 y publicado en 1891 en el Boletín de la Real Academia de la Historia. Más trascendente, si cabe, será la información contenida en el volumen dedicado a Huelva dentro de la serie España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e Historia, obra de Rodrigo Amador de los Ríos (1891), que más adelante dedicó un interesante artículo al recinto fortificado de la localidad (1906). De este autor también tenemos el Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Huelva, que, aunque realizado en 1909, no fue publicado hasta 1998. Muy interesantes son, desde el punto de vista arqueológico, el texto de Eduardo Díaz, “Niebla”, aparecido en 1925 en las Actas de la Sociedad Española de 3 REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <http://www.rae.es> [6/3/2013)]. 4 Ibídem. 5 Encontramos un extenso repaso de las fuentes para el estudio de la Niebla histórica, de los trabajos que entre la Edad Media y la Contemporánea han tratado el asunto, así como de las investigaciones arqueológicas desarrolladas aquí, en CAMPOS CARRASCO, 2005: 16-47 y en CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 19-35. Introducción 19 Antropología, Etnología y Prehistoria y, sobre todo, algunas publicaciones de la inglesa Elena Whishaw, realizadas también en la década de 1920. Entre ellas, podemos citar Niebla. La Escuela Anglo-Hispano-Americana de Arqueología. Memoria con guía de los lugares colombinos y Notas sobre el puerto de Palos y las basílicas de San Jorge de Palos y Santa María de Niebla (1927), en la que, además, nos deja un importante testimonio sobre dicho templo parroquial, incendiado en 1936. No podemos obviar, de ninguna manera, los tres trabajos que editó el sacerdote Cristóbal Jurado en la década de 1930, en los que nos ofrece un compendio de leyendas históricas, ciertos aspectos de la vida cultural iliplense del momento y numerosas noticias sobre cuestiones arqueológicas de la localidad (BELÉN DEAMOS, 2003). Fundamental para la historiografía de Niebla sería la llegada a ella, en 1916, de Elena Whishaw (ACOSTA FERRERO, 2003, 2006, 2012). La inglesa, atraída por las posibilidades que esta podía ofrecerle en torno al conocimiento del pasado tartésico, romano e islámico, fundó un museo en la Puerta del Buey de la muralla y la Escuela Anglo- Hispano-Americana de Arqueología. Esta llevó a cabo excavaciones en lugares como el Desembarcadero, la cueva de Los Bermejales o el alcázar de los Guzmanes, aunque los dudosos criterios seguidos y sus arriesgadas interpretaciones apartaron a investigadores mucho más solventes, que inicialmente colaboraron con ella y cuyos trabajos, a pesar de todo, han resultado fundamentales para el conocimiento de la ciudad histórica (BELÉN DEAMOS, 2009: 708). Tal es el caso de John P. Droop, que excavó la gran estructura muraria protohistórica que determinó el devenir posterior de la arqueología iliplense (DROOP, 1925). Algunas décadas después, en los años 50, Niebla volvió a despertar el interés de los investigadores, que vieron en ella un hito fundamental para el conocimiento de Tartessos. Los trabajos de García y Bellido (1956, 1960) sobre el jarro de bronce de El Palmarón, el de José María Luzón (1962) en torno a la caracterización territorial de la zona en dicha época y los de Garrido Roiz y Elena Orta (1967, 1975a, 1975b; GARRIDO ROIZ, 1969), que excavaron el Tholos de El Moro, vinieron a sentar las bases del conocimiento que se tiene hoy en día sobre la Niebla protohistórica. Entre finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, arqueólogos de la Universidad Complutense realizaron una excavación en la zona de la Puerta de Sevilla que llevó a definir la estratigrafía de la ciudad medieval, de la tardoantigua, de la romana y de la protohistórica, lo que permitió a sus autores determinar que el origen de la población podía situarse entre los siglos VIII y VII a.C. (BELÉN DEAMOS, et al., 1983; BELÉN DEAMOS, ESCACENA CARRASCO, 1990, 1993; BELÉN DEAMOS, 1993). En paralelo, arqueólogos vinculados con la Universidad de Huelva, que habían comenzado a Introducción 20 excavar de nuevo la zona del Muro de Droop (BEDIA GARCÍA, BORJA BARRERA, 1992; BEDIA GARCÍA, PÉREZ MACÍAS, 1993) y que pusieron en marcha un proyecto sistemático de arqueología urbana en la localidad (CAMPOS CARRASCO, et al., 1996), empezaban a definir de forma más amplia el trazado y evolución de sus fases históricas. El desarrollo de estos trabajos, a la larga, les ha permitido realizar una caracterización bastante avanzada de la cuestión y retrasar los orígenes de la urbe hasta los comienzos del I milenio a. C. Con respecto a la ciudad bajomedieval y moderna, el estado de la cuestión se encuentra, sin embargo, en un estado bastante más embrionario, debido a que la atención de los investigadores se ha centrado en los problemas que tradicionalmente más han llamado la atención de la arqueología, es decir, los relacionados con la protohistoria y el mundo antiguo, comenzando a presentar problemas de consideración lo relativo a la Niebla del periodo hispanomusulmán. Esta situación no es privativa de Niebla, puesto que el contexto investigador y metodológico ha sido similar en toda la zona del Bajo Guadalquivir. Magdalena Valor, de hecho, en el congreso dedicado en 2005 al mundo urbano de al-Andalus, celebrado en Toledo bajo el título Al-Andalus, país de ciudades (2007), llamó la atención sobre cómo se habían venido ignorando las evidencias del periodo medieval cristiano en los trabajos arqueológicos desarrollados en el territorio mencionado, que solo hacían leves consideraciones sobre las del periodo andalusí. También señaló la importancia que tuvo la puesta en marcha del plan de arqueología urbana de Niebla, que ha supuesto que este sea el yacimiento más estudiado y publicado dentro de esta parcela6. Fruto del mismo ha sido la trascendental definición del proceso de configuración del recinto almohade, aunque no se han obtenido conclusiones de consideración en lo relativo al tránsito entre la ciudad tardoantigua y la andalusí o a la propia configuración urbana de la medina en su última etapa. De este periodo también es bien conocida la existencia de una mezquita que quedó amortizada, después, en la iglesia parroquial de Santa María. Sobre su existencia ya llamaron la atención Antonio Delgado (1846), Amador de los Ríos (1891) y Ricardo Velázquez Bosco (1914), aunque fueron las intervenciones de Rafael Manzano (1969-1980) las que vinieron a poner en valor, definitivamente, los fragmentos que se habían conservado de la misma. Su datación, no obstante, sigue siendo conflictiva; Alfonso Jiménez (1980: 21) opina que debió edificarse a lo largo de los siglos X u XI, durante el primer periodo de 6 Encontramos un estado de la cuestión sobre la arqueología medieval en el área onubense en CAMPOS CARRASCO, 1998. Introducción 21 taifas. Ana Marín Fidalgo (1982: 60-62) suscribió dicha idea, aunque especificando que debe ser del XI, reformada en época almohade. Basilio Pavón (1986: 87-95) por su parte, llegaba a la conclusión de que debía existir una mezquita previa de los siglos IX o X –según las características de su torre-, que fue suplantada a principios del XII por la que se puede ver actualmente7. El principal problema, sin embargo, radica en que hasta ahora no ha podido establecerse una relación clara y directa entre el edificio y el contexto arqueológico de la ciudad, habiendo sembrado de dudas, el proyecto de arqueología urbana, todos los planteamientos hechos hasta ahora. De cualquier modo, lo que más nos interesa es que la incidencia que la organización cristiana tuvo en el trazado urbano de la ciudad tras la Reconquista, es una cuestión que solo ha sido planteada someramente por la historiografía. Esto mismo sucede respecto a la ubicación de las parroquias y del resto de edificios religiosos desaparecidos; a la relación de estas estructuras con las andalusíes; o a la propia ubicación y caracterización de las mismas. Hemos de aludir, en este sentido, a una serie de trabajos que, en función de unos medios muy determinados y condicionados, en la mayoría de los casos, por el arrasamiento de unos niveles estratigráficos y constructivos que, por ser más recientes, se han encontrado más expuestos, han supuesto un encomiable esfuerzo por abordar la cuestión (RODRIGO CÁMARA, GÓMEZ TOSCANO, 1996; PÉREZ MACÍAS, et al., 2000; RODRIGO CÁMARA, et al., 2002; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006; RASTROJO LUNAR, 2006). Tanto el periodo andalusí como el bajomedieval cristiano -frente a la situación que acabamos de describirsí han sido caracterizados con bastante solvencia, a nivel coyuntural, sociopolítico y administrativo, mediante el estudio y el análisis de las fuentes. Los trabajos de Fátima Roldán -ante todo el titulado Niebla musulmana (1993)- y Alejandro García Sanjuan (2000, 2002, 2003) sobre el primero de ellos, así como los de Miguel Ángel Ladero Quesada (1992) y Ana Anasagasti y Laureano Rodríguez Liáñez (1984, 2006) para el segundo, han venido a ofrecernos unos horizontes que no han hallado su correspondencia en lo relativo al estudio de la arquitectura no militar del periodo. Solo podemos recurrir, para acercarnos a la misma, a los inestimables trabajos de Rodrigo Amador de los Ríos (1891 y 1909), frutos de una erudición decimonónica que los convierte, ya, más en fuentes que en herramientas para el análisis; al poco riguroso de Elena Whishaw (1927b); a las certeras apreciaciones realizadas por Diego Angulo en su imprescindible Arquitectura mudéjar 7 En 2014 ha visto la luz un trabajo sobre las mezquitas de al-Andalus, que ha venido a sumarse a los que han tratado sobre la de Niebla. Su autora llega a una conclusión con respecto a su datación similar a la de Basilio Pavón (CALVO CAPILLA, 2014: 618-625). Introducción 22 sevillana de los siglos XIII, XIV y XV (1932); y a los más recientes y someros análisis, después de todo, de María del Carmen Fraga (1977), Basilio Pavón (1996), Ana Marín (1982) y Alfonso Jiménez (1980). Con respecto a los templos parroquiales, habría que referir que los dos últimos ya se hicieron eco de algunas de las conclusiones obtenidas de las intervenciones arquitectónicas dirigidas por Rafael Manzano Martos en Santa María y San Martín (1969-1980), que conllevaron la exploración de sus estructuras emergentes y de las del subsuelo. Este último particular, y el hecho de que fueron estas obras -junto con las llevadas a cabo por Ismael Guarner poco despuéslas que le confirieron a los edificios su aspecto y morfología actual, hace que el análisis de las mismas resulte imprescindible para el conocimiento de las fábricas históricas. Sin embargo, los resultados de las mismas no fueron publicados ni trascendieron a la comunidad científica. Si a esto le sumamos que fueron realizadas en un momento en el que, ni la arqueología estratigráfica ni la medieval - ni la arqueología de la arquitectura, por supuesto-8, se encontraban plenamente desarrolladas, podremos hacernos una idea de las dificultades existentes para la correcta comprensión de estos edificios y sus contextos. Metodología y fuentes empleadas Todo lo expuesto hasta ahora es lo que justifica que hayamos realizado el análisis de esta parcela de la historia de la ciudad. Hemos partido de –y no hemos perdido de vistala premisa de que la arquitectura se encuentra estrechamente relacionada con el urbanismo y la sociedad de cada momento, por lo que el presente trabajo se nos antoja como una aportación fundamental para el conocimiento general de la Niebla bajomedieval y, por tanto, de la de los periodos sucesivos. La primera parte del trabajo la hemos dedicado a la caracterización de la Niebla cristiana bajomedieval, su urbanismo y su arquitectura. Desafortunadamente, las fuentes documentales o impresas referidas a los templos en el periodo analizado, a las 8 Habría que recordar que hasta 1991 no se publicó en España la obra Principios de estratigrafía arqueológica de Edward Harris, no comenzando a aparecer contribuciones españolas al tema de la lectura estratigráfica de paramentos hasta mediados de la misma década (CABALLERO ZOREDA, 1996; TABALES RODRÍGUEZ, 2002). Hasta mediados de la década de 1980, por otra parte, no comenzaron a sistematizarse en Sevilla los trabajos arqueológicos en apoyo de los trabajos de rehabilitación o restauración de inmuebles históricos (TABALES RODRÍGUEZ, 1997: 264-268), quedando relegada la arqueología medieval a un plano marginal hasta la década de 1990 (VALOR PIECHOTTA, 2000). Introducción 23 circunstancias que rodearon sus edificaciones o a sus procesos de evolución formal y constructiva son realmente escasas. Las lecturas realizadas en este sentido, así como los sondeos llevados a cabo en todos los archivos explorados –recogidos en el listado correspondiente-, arrojan, a nivel general, un silencio bastante significativo. Esto nos ha obligado a realizar un planteamiento de partida basado en la recopilación de todas las fuentes conocidas y referidas a la ciudad y a su arquitectura bajomedieval. Hemos tenido que realizar análisis que han venido determinados por la necesidad de extraer el mayor volumen de información indirecta posible y, así, reconstruir los contextos relacionados con el tema. En este sentido nos ha resultado especialmente útil el amplísimo trabajo publicado por Ana María Anasagasti y Laureano Rodríguez Líañez en 2006, en el que se recogió y editó una extensa colección de fuentes documentales bajomedievales referidas a Niebla, procedentes de distintos archivos españoles. No obstante, dado que las referencias comienzan a ser realmente abundantes a partir del siglo XVII, le hemos concedido especial importancia al estudio de las fuentes modernas y contemporáneas, lo que, ante las carencias mencionadas, nos ha permitido una aproximación bastante certera al objeto de estudio. Igualmente útil ha sido, por último, la revisión de los trabajos arqueológicos que, afortunadamente en buen número, se han venido realizando en las últimas décadas. Esto nos ha permitido levantar las distintas fases de la ciudad histórica y la repercusión que han tenido sobre la configuración del entramado de la época estudiada y sobre los templos parroquiales. * Desentrañar cuál ha sido la evolución morfológica y material de la trama urbana y sus edificios religiosos ha puesto a nuestro alcance tal volumen de información y nos ha proporcionado conclusiones tan extensas, que hemos decidido dedicar la segunda parte del trabajo a este particular. El Archivo General del Arzobispado de Sevilla ha sido, por ejemplo, fundamental para realizar esta tarea. Las Visitas nos han permitido conocer con bastante exactitud -para un periodo comprendido entre finales del seiscientos y principios del ochocientoslas vicisitudes materiales sufridas por los edificios, su morfología –sobre todo de aquellos que no se han conservado-, los problemas para su gestión, etc. También hemos consultado en él la Serie de Casas Parroquiales y Reconstrucción de Templos, igualmente útil para lo referente al siglo XIX. El Archivo Diocesano de Huelva ha permitido ampliar el arco cronológico gracias a la documentación de Fábricas y Capellanías de la Sección Justicia, en las que hemos encontrado referencias a los templos iliplenses desde principios del XVII. No obstante, la serie documental más amplia y fructífera la Introducción 24 hemos encontrado en los Asuntos Despachados de la Sección Gobierno. En ella existe una abundante documentación sobre la vida eclesiástica de Niebla en los siglos XIX y XX, salpicada de referencias a la cuestión material de los inmuebles sagrados y al ambiente social existente en torno a la Iglesia. Aquí se encuentra el expediente de cesión, del Arzobispado al Ayuntamiento de Niebla, de la iglesia parroquial de San Martín, previa a su parcial derribo. También existen abundantes noticias sobre la actividad cultural del párroco Cristóbal Jurado y el tratamiento que otorgaba al patrimonio eclesiástico. El Archivo Municipal de Niebla, también ha sido ampliamente explorado, lo que nos ha permitido conocer el pulso de la población con respecto a su arquitectura histórica en los últimos y cruciales siglos. Los libros de actas capitulares y de actas de la Comisión Municipal Permanente (1924-1977), han sido cruciales en este sentido. La Sección Obras y Urbanismo recoge información sobre determinadas intervenciones que han resultado interesantes para contextualizar el trabajo. Igual de interesante nos ha parecido la Sección Archivo, que guarda documentación relacionada con el ambiente cultural, turístico y patrimonial de la localidad durante la época del desarrollismo. La Sección Padrones, Censos y Estadísticas ha sido analizada prácticamente al completo, permitiéndonos hacer un exhaustivo balance social de la Niebla del siglo XIX. Habría que señalar, por otra parte, que en las mismas dependencias municipales se encuentra el Archivo de Elena Whishaw, que ha sido consultado de forma puntual, sobre todo para cuestiones relacionadas con la Guerra Civil a nivel local. En el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se conservan tres legajos, dentro del fondo de las Comisiones Provinciales de Monumentos, que recogen buena parte de la vida de la comisión onubense desde 1844 hasta la década de 1930. Esta serie ha sido esencial para conocer todas las vicisitudes que rodearon la cuestión de la demolición del antiguo templo parroquial de San Martín, las medidas puestas en marcha para lograr la conservación de sus fragmentos y las gestiones realizadas para su declaración como monumento histórico-artístico. Las lagunas que presenta han sido solventadas con la documentación de la Academia de la Historia que, dentro del fondo de la Comisión de Antigüedades, guarda una amplia documentación relacionada con la gestión del patrimonio de la provincia de Huelva desde el siglo XIX, entre la que aparecen algunos papeles relacionados con el mismo asunto. El fondo de Comisiones Provinciales de Monumentos de este archivo, aunque resulta más breve que el de la Academia de Bellas Artes, ha servido, igualmente, para complementar la visión del tema. En el Archivo Central del Ministerio de Cultura, por su parte, tratamos de localizar el expediente de declaración de monumento Introducción 25 histórico-artístico de San Martín, sin embargo, pudimos constatar que se encuentra en paradero desconocido. No obstante, sí hemos podido consultar el expediente de declaración de conjunto histórico-artístico en favor de Niebla, que se inicia en 1970 y concluye con el Real Decreto 559/1982 por el que se hace oficial. En el Archivo Histórico Provincial de Huelva hemos localizado el proyecto de intervención sobre el antiguo hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, redactado en 1980 por Rafael Manzano. También nos han resultado útiles los fondos de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana de Huelva y de la Junta Provincial de Cultura Histórica y Tesoro, que recogen documentación relativa a los daños sufridos por el patrimonio durante la Guerra Civil y sobre la gestión de dichos asuntos durante un breve periodo de tiempo coincidente con la contienda bélica. En este mismo sentido ha sido muy práctica la documentación del fondo de la Dirección General de Regiones Devastadas custodiada en el Archivo General de la Administración. Aquí hemos podido consultar todo lo relativo a la reconstrucción de la iglesia de Santa María, proyectada por el arquitecto José María Pérez Carasa. Dicho archivo, por otra parte, ha sido uno de los que ha aportado mayor volumen de información para el trabajo, puesto que entre los fondos de Cultura se encuentran todos los proyectos de restauración del recinto fortificado, el alcázar, la parroquial de Santa María y la antigua de San Martín, desarrollados desde finales de la década de 1950 hasta el comienzo de la de 1980. Aquí no solo se pueden ver las memorias, la documentación técnica y planimétrica, sino que también aparece la documentación administrativa relativa a dichas obras. La información ha sido completada con algunas consultas al Archivo del Instituto del Patrimonio Cultural Español, donde también se custodian los proyectos, en ocasiones más completos que los de la institución anteriormente citada. Uno de los principales activos del trabajo es, precisamente, el amplio análisis que hemos realizado sobre las intervenciones arquitectónicas de estos años, siendo la primera vez que se desentraña el alcance y los resultados de las mismas, lo que resultará fundamental para el conocimiento de las fábricas bajomedievales9. Además del amplio porcentaje de fuentes inéditas utilizadas para tal particular, hemos de referir la presencia de testimonios orales -igualmente novedosos y recibidos en primera personade algunos de los protagonistas implicados en ellas, fundamentalmente Rafael Manzano e Ismael Guarner, los dos arquitectos que intervinieron sobre Santa María y San Martín. No solo 9 Parte de esta tarea ha sido realizada gracias una de las Ayudas a la Investigación para temas Mudéjares y Moriscos que concede el Instituto de Estudios Turolenses-Centro de Estudios Mudéjares de la Excma. Diputación Provincial de Teruel. Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 33 Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 1.1- La formación de un nuevo modelo de ciudad y su organización En 1261, Alfonso X, obligado por la presión que venía ejerciendo la corona portuguesa sobre la zona meridional del Guadiana, tomó la determinación de anexionar definitivamente a la de Castilla el último reducto andalusí del occidente peninsular, el reino taifa de Ibn Mahfuz, emir del Algarbe10. La capitulación supuso el inicio de una etapa radicalmente nueva para Niebla. Las palabras “echamos ende los moros e poblamosla de christianos a seruiçio de Dios”11, referidas por el monarca a la propia ciudad al concederle el Fuero Real, sintetizan a la perfección el cambio que se operó, permitiendo advertir las lógicas y evidentes consecuencias que tuvo el acontecimiento para su historia posterior. Ibn Idari, a principios del siglo XIV también se hizo eco de la salida de la localidad que tuvo que protagonizar su población andalusí ante la llegada de los cristianos, cosa lógica si tenemos en cuenta que una parte de la política que venía desarrollando el rey sobre el suroeste peninsular en aquellos momentos estaba destinada a la reducción de la presencia 10 Sobre el reino de Ibn Mahfuz y la política desarrollada por las coronas de Castilla y Portugal en relación con el mismo, así como sobre la conquista, sus fechas y circunstancias, ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984: 9-19, 2006: 28-30; GONZÁLEZ GÓMEZ, 1986: 31-33 Y 47 y ss.; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991: LVI-LIX, 2004-2005: 22-28; ROLDÁN CASTRO, 1993a, 1993b: 69-79; GARCÍA SANJUAN, 2000. 11 AGS. Varios (Medina Sidonia), carpeta 3, documento 33a, Alfonso X concede, el 28 de febrero de 1263, el Fuero Real a Niebla. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984:35, 2006: 259; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991: 292. Primera parte 34 de los numerosos contingentes islámicos de la zona (GARCÍA SANJUAN, 2000: 18-22). Sin embargo, existen evidencias suficientes para suponer que muchos de los musulmanes iliplenses permanecieron en el que había sido su lugar de residencia hasta ese momento, como demuestra que se recurriese a ellos para realizar los deslindes de términos de 1267 y 1268, que en 1300 se le concediesen al concejo de la villa nuevas leyes relativas a los asuntos de adulterio de moros con cristianas o que en 1304 hubiese incluso un alcalde para ellos12. Es por esto por lo que se le ha supuesto a las afirmaciones referidas al principio del párrafo un carácter más simbólico que efectivo (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 179), entendidas dentro del contexto de relevo o superposición política, social e institucional que se venía dando. Y es que, ese cambio de paradigma debía articularse inicialmente –entendemos que de forma inevitable- a través de una sucesión de actos simbólicos que viniesen a evidenciar el tránsito a la nueva realidad. Así ocurrió en Sevilla apenas década y media antes, cuando tras su capitulación fueron sucediéndose una serie de pasos que, oscilando entre lo efectivo, lo ritual y lo emblemático, desembocaron en el traspaso irrevocable del control de la urbe y su territorio. En primer lugar se produjo el acto de toma de posesión del alcázar, otorgándose a continuación un mes de plazo para que se preparase todo lo relativo a la salida de los anteriores pobladores, al repartimiento que había de hacerse de propiedades y territorios y a la entrada solemne de Fernando III, que estuvo acompañada finalmente por la purificación de la mezquita aljama y por su consagración como catedral de Santa María (LAGUNA PAUL, 1998: 41-43). El caso de Niebla debió operarse de un modo muy similar; aunque hasta principios de 1263 no se fechó la merced por la que se concedía su fuero, en julio del mismo año el propio Alfonso X hacía alusión a cuando había estado en la villa, el día de “Santa Maria mediada de agosto” –del año anterior por tanto-, para entregar al concejo “el fuero y la seña”13. La presencia del rey en una fecha tan señalada y 12 Sobre este asunto han tratado GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991: LVIII; ROLDÁN CASTRO, 1993b: 222- 230; GARCÍA SANJUAN, 2000: 18-22; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 179 y ss. Miguel Ángel Ladero (1992: 21), basándose en una inexacta ausencia de referencias posteriores a los mudéjares de Niebla -aunque sin dejar de reconocer determinados indicios que hablan de la permanencia de algunos de ellos-, supuso que el exilió debió ser generalizado, si no a consecuencia de la conquista, si al menos de la revuelta mudéjar de 1264-1265. 13 ADMS. Medina Sidonia, legajo740, Alfonso X concede a los vecinos de Niebla, el 13 de julio de 1263, la reducción a un año de los dos a los que estaban obligados para no comprar y vender los heredamientos otorgados. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 260. Los mismos autores han tratado el tema en el estudio introductorio que acompaña a la compilación documental (2006: 30 y 73). También en LADERO QUESADA, 1992 20-21. Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 35 simbólica del calendario cristiano y el hecho de que ese día, pasados solo unos meses de la capitulación14, se dotase a las nuevas autoridades de su emblema y de la que sería su primera herramienta legal, nos lleva a pensar que el acto que debió organizarse fue el que marcó el arranque fáctico de la vida cristiana de la ciudad y de su nueva organización. Es muy probable que en aquel momento, después de lo que había sido un plazo razonable para la preparación de la toma definitiva, el repartimiento ya estuviese concluido, como indicaría el mismo documento al que venimos aludiendo, que refiere que ese mismo día se había establecido que los nuevos habitantes de la villa tenían que residir en ella un mínimo de dos años, sin que pudieran comprar o vender los heradamientos y casas mientras tanto (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984: 22-24). Pero además hemos de suponer que, como en el caso sevillano, fue entonces, el 15 de agosto de 1262, cuando se purificó y consagró como iglesia la que había sido, por tanto, la aljama de la Labla andalusí, que comenzó a ostentar a partir de entonces el título de Santa María de la Asunción, perdido hoy pero presente, aún, en la documentación moderna15. Desafortunadamente no conocemos como se hizo el repartimiento de la ciudad16, cuestión de crucial importancia para el asunto que nos atañe pero que no nos impide realizar algunas consideraciones sobre la planificación trazada para la urbe. Después de 1248, las mezquitas sevillanas habían sido puestas a disposición del arzobispo don Remondo, que determinó cuáles se destinarían al culto y cuáles a la obtención de rentas (MORALES, 1998: 97-98). Hemos de entender que en Niebla debió procederse de un 14 Erróneamente se había venido manteniendo que la toma de Niebla se produjo en 1257, cuestión solventada por Antonio Ballesteros (1984: 316-317); hoy sabemos que el cerco a la población debió iniciarse en el verano de 1261, concluyendo, con la correspondiente capitulación, durante los primeros meses de 1262 (GARCÍA SANJUAN, 2000: 105-106; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 30). 15 En la visita arzobispal de 1685 se aludía a que en la localidad había cinco iglesias, entre ellas la de “Santa Maria de la Granada, titulo de la Asumsion” (AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685). En la de 1743, por su parte, se especificó un gasto que se había hecho para la “fiesta de nuestra sennora de la Asumpcion, titular de esta yglecia” (ibídem, legajo 05218, visita a Niebla del año 1743). 16 El anticuario de la Real Academia de la Historia, Antonio Delgado (1846: 535-536), aseguraba que en su círculo era sobradamente conocido que el repartimiento de Niebla se encontraba en el Museo Británico, procedente de la biblioteca de Gregorio Mayans. Desde luego es bien conocida la relación que tuvo el ilustrado con el duque de Medina Sidonia, al que instruyó en gramática y retórica (DAHLMANN, 1987; SANTOS PUERTO, 1997: 406 y ss.). También hemos podido comprobar que colecciones de su propiedad fueron vendidas en Londres en el siglo XIX junto con otras procedentes de España, yendo a parar muchas de ellas al citado museo, de donde fueron transferidas, en 1973, a la British Library (TAYLOR, 1996). Las gestiones que hemos realizado con dicha institución para tratar de comprobar la veracidad de la información y de localizar el documento, han sido infructuosas no obstante. Primera parte 36 modo muy semejante, sobre todo si tenemos en cuenta que el organizador de toda la estructura de la nueva diócesis sevillana, el propio arzobispo, había participado directamente en el asedio previo a la capitulación de Ibn Mahfuz, lo que debió dejarle en una posición de privilegio para intervenir en la organización de la nueva ciudad y para obtener de ella los mayores beneficios posibles17. Sea como fuere, y aunque desconocemos qué número de oratorios islámicos había aquí, lo cierto es que la nueva distribución social se articuló a través de cuatro collaciones que, encabezadas por sus respectivos templos parroquiales y advocadas de un modo altamente simbólico a Santa María, San Martín, San Miguel y Santiago, quedarían de algún modo bajo la primacía de la primera18. De hecho, la primera en aparecer en la documentación es esta de Santa María, al hilo de una cesión realizada por Alfonso X al arzobispo, en 1264, de unas casas de dicha collación, en la que igualmente tenía las suyas el arcediano de Niebla, cosa que resulta realmente significativa al respecto del asunto que tratamos19. Aunque parece evidente que en ese momento ya se había hecho el resto de la división eclesiástica, las fuentes no mencionan al resto de parroquias hasta 128320, justo en un momento en el que parece 17 Sabemos esto por la concesión de unas casas que le hizo Alfonso X en 1264. En ella, el monarca le refería al prelado lo siguiente: “porque uso acertastes connusco en la cerca de Niebla e nos fiziestes ý seruicio” (ACS. Fondo Histórico General, legajo 113, Alfonso X hace donación al arzobispo don Remondo, el 27 de febrero, de unas casas en Niebla y de otros bienes. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984: 40, 2006: 261; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991: 305). 18 Pensamos que el espíritu y el orden jerárquico de esta planificación está presente en la propia merced por la que Alfonso X le concede el fuero a Niebla, señalando que la puso “a seruiçio de Dios e de Santa Maria e de todos los santos”. Véase la nota 10. No podemos perder de vista la importancia que tenían los símbolos y los gestos en una época en la que, además, tal y como hemos visto, debía hacerse visible la incorporación al nuevo orden de los territorios islamizados. Rodrigo Caro (1634: 198v) dejó constancia del ritual que regía la planificación de la ubicación de los arcedianatos de una diócesis, tomándose como el centro de una hipotética cruz la posición de la catedral correspondiente y ubicándolos en la posición que marcarían sus brazos. Sobre los motivos de las advocaciones de los templos parroquiales sevillanos encontramos algunas notas y reflexiones en SÁNCHEZ HERRERO, 1992a: 135-136. 19 ACS. Fondo Histórico General, legajo 113, Alfonso X hace donación al arzobispo don Remondo, el 27 de febrero, de unas casas en Niebla y de otros bienes. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984: 40, 2006: 261; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991: 305. 20 En realidad, la primera referencia a la collación de Santiago está documentada en 1280, año en el que Pero Nuño, “uezino [de la] collaçión de Sant Yague de Niebla”, firmaba como testigo una carta de venta de unas viñas y un higueral de unos vecinos de Moguer (A.D.H. Pergaminos de Santa Clara de Moguer, carpeta 3, documento 95, Simón el Romo y doña Alberta su mujer, vecinos de Moguer, aldea de Niebla, venden el 7 de septiembre de 1280 a don Fernando y a Mari García, su mujer, vecinos del mismo lugar, una viña y un Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 37 constatarse el final de la inicial etapa de organización administrativa, territorial, política y repobladora del lugar (LADERO QUESADA, 1992: 24). Aquel año, el clero iliplense se obligó a establecer una buena vecindad con el concejo de la villa, firmando la carta que se otorgó para tal efecto cinco clérigos de San Martín, cuatro de Santa María –uno de ellos lo hizo sin especificar su adscripción, habiéndosele supuesto a esta (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 160)-, dos de Santiago y otros dos de San Miguel21. Este hecho, en nuestra opinión, no tendría por qué significar que la primera fuera la principal; lo más probable es que los rubricantes no representasen la totalidad de los eclesiásticos de la localidad. Además, que fueran clérigos de las parroquias no implicaría que fuesen necesariamente beneficiados, puesto que había otro tipo de categorías. En cualquier caso, de ser así, sabemos que la dotación de beneficios se hacía en función de las rentas que percibía cada una de las parroquias (MUÑOZ TORRADO, 1914: 43 y ss.; SÁNCHEZ HERRERO, 1998: 153 y ss.), por lo que el dato solo podría estar indicando que la de San Martín, coyunturalmente en ese momento, era la que garantizaba mayores réditos. Además, ya en 1411, el Libro Blanco de la catedral sí ofrece el número exacto de beneficios existentes, hablándonos de cinco en Santa María, de dos en San Martín y de uno en las de Santiago, San Miguel y San Lorenzo, que no aparece mencionada en la documentación del siglo XIII (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, LADERO QUESADA, 1979: 29-30; SÁNCHEZ HERRERO, 1998: 150). El libro de subsidio eclesiástico de 1491 pone de relieve, por otra parte, que la primacía de Santa María se encontraba sobradamente consolidada en esos momentos, como demostraría que contase ya con siete beneficios frente a los tres de San Martín o los dos de Santiago, mientras que San Miguel y San Lorenzo solo contaban con uno cada una (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, LADERO QUESADA, 1979: 29-30; SÁNCHEZ HERRERO, 1992a: 130)22. Este entramado, y el consecuente despliegue dotacional descrito, estaba a la altura de lo que requería una ciudad con un sustrato histórico y urbanístico como el de Niebla, higueral. Editado por VILAPLANA MONTES, 1975: 104; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 269). 21 AHN. Diversos (Concejos y ciudades), legajo 75, los clérigos de Niebla se obligan, el 12 de septiembre de 1283, a mantener buena vecindad con el concejo de la villa. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984: 59, 2006: 274-275. 22 La situación permaneció durante buena parte de la Edad Moderna sin apenas variación al respecto; únicamente habría que reseñar que San Martín y Santiago contaron durante el periodo con 4 beneficios cada una y San Miguel con dos que, como veremos más adelante, terminarían reduciéndose a uno (SÁNCHEZ HERRERO, 1998: 150). Primera parte 38 pero también respondía a la realidad de la que estaba destinada a ejercer como una capital de segundo orden territorial, un lugar de crucial importancia para los intereses de la corona en el sureste peninsular23. Desde aquí debía gestionarse un extenso alfoz que, además de ser rico en recursos y de contar con salida al mar (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 31-33), debía desempeñar un papel fronterizo fundamental, dadas la proximidad de las costas africanas –en una época en la que eran frecuentes los ataques benimerines- y la vecindad con el reino de Portugal (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1998; CARRIAZO RUBIO, 2002). El planteamiento hecho por los conquistadores, por tanto, no solo estaba destinado a hacer efectiva y a consolidar la ocupación, la apropiación y la sacralización de un espacio que había sido previamente islámico, sino que era necesario para articular correctamente la nueva sociedad resultante de la repoblación, consecuentemente compleja y probablemente -debido a su rol político y productivosustentada sobre una abundante población24. De aquí que se estableciese en ella la sede de una amplia vicaría, que era la división territorial de mayor rango que había en el Arzobispado y en la que el vicario actuaba como representante del arzobispo. De la iliplense dependerían, entre otras, La Torrecilla –Villarrasa-, La Palma, Villalba, Bollullos, Almonte, Rociana, Bonares, Lucena, Trigueros, Beas, Calañas, Valverde y las iglesias de la zona del Andévalo25, aplicándose directamente a los beneficios y prestameras de sus parroquias, además, las rentas de la llamada “cilla del Campo de Niebla”. No obstante, desde los mismos inicios de la andadura se revelaron una serie de dificultades que a la larga harían que el proyecto fracasase y que Niebla se viese dotada de unas estructuras que no podía mantener. El significativo arranque de las mismas giró en torno a la restitución de su antigua sede episcopal, cosa que nunca llegó a ocurrir. Fernando III, antes de la toma de la ciudad, había otorgado a la Iglesia hispalense un privilegio por el que podía disponer de las rentas de los lugares que se fueran conquistando, en tanto –eso 23 De hecho, a la ciudad se le dotó de unas herramientas legales y de organización administrativa muy similares a las de la propia Sevilla o a las de otras ciudades de rango semejante, tales como Jerez (LADERO QUESADA, 1992: 19-59; GONZÁLEZ GÓMEZ, 1986: 48-49). Muy interesantes, a este respecto, son las consideraciones introductorias de LADERO QUESADA, 1998. 24 Para percibir el rol al que debía estar destinada Niebla, basta con comparar los números de sus parroquiales y beneficios con los que han recogido Miguel Ángel Ladero y Manuel González Jiménez (1979), así como José Sánchez Herrero (1998), para el resto de lugares de la diócesis sevillana. 25 Sobre la organización y estructura otorgada a la Iglesia sevillana han tratado ampliamente MUÑOZ TORRADO, 1914; LADERO QUESADA, GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1979; SÁNCHEZ HERRERO, 1992ª, 1998, a los cuales nos remitimos en lo referente a los asuntos relacionados con la estructura parroquial otorgada a Niebla, su jerarquía dentro de la diócesis y al papel que debía desempeñar. Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 39 síno se volviesen a poner en funcionamiento las diócesis disueltas durante el periodo andalusí (MUÑOZ TORRADO, 1914: 22). El motivo por el que no se hizo esto con la silla iliplense radica en la postura que adoptó el propio don Remondo a la hora de defender la preeminencia de su Arzobispado (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 160). Tal y como se ha apuntado (SÁNCHEZ HERRERO, 1992a: 124), fueron motivos económicos los que le llevaron a expresar su negativa a la instauración en Cádiz de la desaparecida sede de Medina Sidonia, cosa que, al contrario que en Niebla, terminó ocurriendo (MANSILLA REOYO, 1957). Eso sí, aquí se estableció un Arcedianato que en nada repercutiría en la consolidación de la nueva ciudad y su estructura religiosa, puesto que sus titulares no tendrían jurisdicción real sobre sus territorios, sino únicamente un título honorífico con rango de dignidad dentro del cabildo catedralicio (SÁNCHEZ HERRERO, 1992a: 137-138). Finalmente, los problemas para consolidar la repoblación y la continua pérdida de poder económico del Concejo -como consecuencia de la cada vez más alta presión de los señoríos colindantes, que terminarían incluso por apropiarse de territorios de Niebla-, los que harían que el lugar fuese quedando relegado a una posición cada vez más marginal y periférica, lo que sin duda condicionó el devenir de su conjunto urbano y de su arquitectura religiosa. 1.2- Un difícil contexto para las empresas edilicias (Noticias sobre la arquitectura parroquial) A pesar de los problemas latentes, hacia 1285 Niebla era aún un concejo de realengo importante, debido a su tamaño y a las posibilidades de explotación que ofrecía (LADERO QUESADA, 1992: 26). Sin embargo, y a pesar de la complejidad de su configuración urbana y de su importante aparato eclesiástico, no tenemos constancia documental de procesos constructivos en ella hasta 1349, si exceptuamos una noticia que refiere que antes de 1310 habían sido reparadas las murallas y el alcázar26. Sea como fuere, el año aludido, Urraca Fernández, mujer del alcalde Pero Ferrández de Pigara y avecindada 26 En 1310, Niebla tenía embargados sus bienes y rentas de propios. Antes esta situación, el concejo hizo alegaciones de pobreza, señalando sus contribuciones en años anteriores a las guerras con Gibraltar y Portugal, así como los gastos realizados para la reparación de sus fortificaciones (LADERO QUESADA, 1992: 31). Primera parte 40 en la collación de Santiago, otorgaba su testamento ante el escribano público Pero Simón27. Entre las mandas testamentarias del mismo incluyó las siguientes: “E mando a la obra de la iglesia de Santa Maria de aqui de Niebla, tres maravedis. E mando a la obra de la eglesia de Santiago tres maravedis. E mando a la obra de la iglesia de Sant Martin, tres maravedís. E mando a la obra de la iglesia de San Lorenzo del arraual, tres marauedis. E mando a las obras de las eglesias de Santa Maria de Lauapies, e de Santa Maria de Furugente, e de San Pedro de las Torronteras, e de San Juan de Morannina, e de San Christoual, e de Santa Maria de las Rozinas, dos marauedis a cada vna”. En definitiva, en aquellos momentos estaba teniendo lugar en la región una intensa actividad edilicia que afectó ampliamente -por lo que pareceal panorama de la arquitectura religiosa de Niebla. Como hemos indicado previamente, las parroquiales de Santa María, San Martín y Santiago están documentadas con anterioridad a esta fecha, pero no conocemos ningún pormenor sobre sus primitivas fábricas, lo que nos impide conocer el alcance de las intervenciones mencionadas. La de San Lorenzo, por su parte, es la primera vez que aparece reflejada en la documentación, lo que podría llevarnos a pensar que era entonces cuando se había fundado, particular que de cualquier forma habría que tomar con cautela, puesto que durante aquellos años, como veremos a continuación, Niebla comenzaba a mostrar serios problemas para mantener a su población, un contexto poco propicio para la creación de una nueva collación. De hecho, el arrabal –lugar en el que estuvo ubicada, según veremos más adelanteya estaba habitado con anterioridad, como demuestra que el infante don Felipe, en 1320, prometiese proteger y guardar “a los vezinos de la villa de Niebla que moran del muro adentro e del arrabal de la villa” si se le reconocía como tutor de Alfonso XI28. Con respecto a la ermita de Lavapies -ubicada en un paraje natural al norte de la villa, donde se rendía culto a la Virgen del Pino (VÁZQUEZ LEÓN, 1997: 283-291)- podemos hacer un juicio similar, aunque carecemos de más noticias al 27 ADH. Pergaminos de Santa Clara de Moguer, carpeta 3, documento 120, testamento otorgado por Urraca Fernández el 10 de febrero de 1349. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 482-484. 28 AHN. Sección Diversos (Concejos y ciudades), carpeta 3, documento 115, el infante don Felipe jura, el 14 de diciembre de 1320, los fueros de la Hermandad de Andalucía así como los privilegios de Niebla a cambio de su reconocimiento como tutor del rey Alfonso XI. Editado por ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 335. Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 41 respecto. Lo que nos parece reseñable, igualmente, es el hecho de que la única parroquial que no estuviese en obras por entonces fuese la de San Miguel. Paradójicamente, a lo largo de aquellos años la ciudad y su término venían experimentando los primeros síntomas graves de decaimiento, lo que terminaría desembocando poco después, concretamente en 1368, en la cesión definitiva en señorío – en forma de condado- a don Juan Alonso de Guzmán, señor de Sanlúcar de Barrameda (GARCÍA FERNÁNDEZ, 1986; LADERO QUESADA, 1992: 25-60, 1998). Como hemos adelantado más arriba, durante las primeras décadas del XIV el poblamiento de la ciudad se había visto seriamente amenazado como consecuencia de las luchas de bandos que protagonizó la oligarquía local, posicionada a favor de uno u otro de los tutores de Alfonso XI. Una vez cumplida la mayoría de edad, el monarca tampoco contribuyó a estabilizar la situación, manteniendo una política contradictoria de concesión de privilegios y franquezas y de enorme apremio económico para poder sostener las guerras con Portugal y Granada. La Batalla del Salado en 1340 y la conquista de Algeciras cuatro años después, habían consolidado y alejado la frontera, apartando definitivamente de Niebla el foco del interés político, lo que en unión con la presión de los señoríos de su entorno la haría entrar en una nueva etapa. En esta primarían los intereses de los sucesivos señores frente a los del concejo y los de la villa, sin manifestarse una voluntad real de potenciar el Condado hasta la época del IV conde de Niebla, Enrique de Guzmán (LADERO QUESADA, 1992: 66 y ss.). Entre otras cosas, durante su tutela -desarrollada entre 1469 y 1492- se produjo un replanteamiento de la gobernanza de dichos territorios –sobre todo con los Capítulos de 1469-, se pusieron en marcha nuevas políticas repobladoras y se mostró mayor generosidad en lo fiscal para no dañar a la población. Con estas medidas, Enrique no buscaba otra cosa que afianzar sus territorios y su posición en un contexto político ciertamente complejo. De hecho, los graves enfrentamientos que mantuvo la Casa de Niebla con la de Arcos - gobernada por Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádizentre 1471 y 1474 (BARRANTES MALDONADO, 1541: 235 y ss.; CARRIAZO RUBIO, 2003: 299-389), no fueron más que el reflejo de la profunda división que experimentaba la nobleza castellana durante el reinado de Enrique IV. La figura de Enrique de Guzmán, por tanto, resultó decisiva para el desarrollo de los acontecimientos políticos del momento, lo que repercutió en el paisaje constructivo de esta zona del suroeste peninsular. Así quedó reflejado en las crónicas: Primera parte 48 planificando junto a él, tanto la intervención de los señoríos de los Guzmanes, como su nombramiento como gobernador de los mismos, lo que demuestra su interés por controlar uno de los estados más importantes de Castilla48. El huido Enrique de Guzmán regresó con el perdón regio a finales de 1512, pero su súbito fallecimiento configuró un nuevo escenario de pugna por el control de sus territorios (GALÁN PARRA, 1988: 63-65). Su antiguo tutor, Pedro Girón, trató de hacerse con ellos, pero encontró la frontal oposición del rey, de Leonor de Guzmán -segunda mujer del duque Juan- y del propio arzobispo, que no estaban dispuestos a descuidar los intereses que tenían depositados en los estados de la Casa de Medina Sidonia. En 1513, finalmente, consiguieron que la herencia recayese en Alonso Pérez de Guzmán, hijo de la duquesa viuda, que quedaría como regente. Deza, que mantenía una buena relación con ella, debió seguir influyendo en la gestión que se hacía de los territorios ducales y condales, como demostraría que fuera él mismo quien escribiera a ciertos lugares de los estados para pedir que se recibiera como señor a su hijo (BARRANTES MALDONADO, 1541: 449- 450). La correspondencia conservada en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia, además, pone de manifiesto que el prelado, en los años sucesivos, fue el intermediario entre la regente y el rey para lo concerniente a los territorios señoriales (COTARELO Y VALLEDOR, 1902: 361-370). Asimismo, sabemos que en 1520, cuando el linaje recuperó definitivamente las fortalezas intervenidas, la de Niebla aún seguía en manos de Deza (ANÓNIMO, 1881: 106-107). Es probable que fuese durante estos años de valimiento hacia doña Leonor cuando el dominico se volcase en el patrocinio de obras de estos territorios, también en la iglesia de Santa María. Es de suponer que antes de aquello, dado el provisional escenario que debía configurar la ausencia del titular legítimo, el prelado solo se limitaría a ejercer las funciones básicas para la gestión de los estados. Hemos de tener en cuenta que su perfil biográfico se ajusta, con muy poco margen de diferencia, al del obispo promotor de obras constructivas en la Castilla de los últimos años de la Edad Media (OLIVARES MARTÍNEZ, 2013: 167-177). Dotado de una sólida formación intelectual, interviniente en la política de la corte y siempre implicado en la forja de una carrera destinada a la obtención de mayores honores y beneficios, desarrolló una amplia actividad de mecenazgo, favorecida por su posición y orientada, sin ninguna duda, a la perpetuación de su memoria y a la 48 Así lo refleja la correspondencia conservada en la colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia. Valga como ejemplo la carta signada con el número 5 en la obra de Cotarelo y Valledor (1902: 355- 357). Capítulo 1. El marco histórico de la Niebla cristiana bajomedieval y su arquitectura 49 demostración de su poder y su nivel de ostentación. Aquí en Niebla, además, la arquitectura debió convertirse en un medio excelente para la legitimación y la redención con una población ampliamente damnificada. 50 Capítulo 2. El urbanismo 51 Capítulo 2. El urbanismo 2.1- Antecedentes, orígenes y condicionantes Cuando las tropas de Alfonso X llegaron a las puertas de Niebla encontraron, quizás inesperadamente, que esta, cabecera y capital del que había sido hasta ese momento un reino vasallo e incluso sometido a la política del monarca castellano, opuso una resistencia que obligó a mantener su cerco durante más de nueve meses. La causa, -según narra la Crónica del rey sabio (ALFONSO X EL SABIO, 1999: 16-19)- fue el buen abastecimiento que se había hecho de la misma y lo potente de sus defensas. De hecho, ese “buen muro”, así como sus “buenas torres labradas todas de piedra”, se ha conservado de forma prácticamente íntegra hasta hoy, habiendo permitido la fosilización de las líneas esenciales de la ciudad histórica (AMADOR DE LOS RÍOS, 1906: 213 y 215; JIMÉNEZ MARTÍN, 1980: 22-23; ROLDÁN CASTRO, 1993b: 239). Adaptada al perfil de la meseta que define el meandro que realiza el Tinto en este lugar, se trata de una imponente cerca de tapial de casi 2 km de perímetro y que encierra una superficie de 16 hectáreas aproximadamente. Su planta describe un polígono que recuerda, de forma muy irregular, a un triángulo cuya base y lado menor se levantan en paralelo al río, que realiza un cambio de dirección a la altura del ángulo sureste de la población [Fig. I.1; imag. I.3]. Cuenta con un total de 50 torres. Estas, obviando las cuatro que se encuentran en el interior del alcázar, que ocupa parte del vértice norte –en concreto uno de los lugares más altos de la meseta, aproximadamente a una cota de 45 m sobre el nivel del marson de planta cuadrangular y presentan una fábrica maciza. Se rematan, por Primera parte 52 otra parte, en azotea y presentan sillería en la base y en los ángulos. Cinco de ellas albergan las puertas de la ciudad: la del Socorro, la del Agua, la del Desembarcadero, la del Buey y la de Sevilla, que obligaban a un acceso en recodo simple desde uno de sus laterales, dotados de arcos pétreos de herradura ubicados en los planos rehundidos que determinan sus alfices. Solo en las dos últimas hay una concesión a la ornamentación, puesto que sus portadas exteriores se rematan con una tanda de arquillos polilobulados, ciegos y de ladrillo [Imag. I.4]. Las torres que ocupan los vértices noreste y sureste del recinto -las más próximas al Tintose diferencian del resto por su mayor tamaño, por presentar un carácter más sobresaliente con respecto a la línea defensiva y por su alzado octogonal a partir de una base cuadrangular49 [Imag. I.5]. Sobre su filiación cronológica se ha generado una abundante literatura. Autores como Marçais la consideraron, simplemente, como obra posterior al Califato (ROLDÁN CASTRO, 1993b: 241). Antes, Amador de los Ríos (1891: 209-210 y 235-236; 1906: 221) había propuesto su pertenencia al periodo almohade, si bien Torres Balbás (1952b, 1960: 431-432) lo hizo al almorávide, criterio seguido posteriormente por Alfonso Jiménez (1980: 23) y Basilio Pavón (1996: 19-21), que no obstante la había fechado, previamente, en el primer periodo de taifas (PAVÓN MALDONADO, 1980). Fátima Roldán (1993b: 241- 242), por su parte, propuso que su aspecto definitivo pudo ser fruto de un proceso prolongado de reformas que debió culminar en el periodo de dominio norteafricano. De cualquier modo, antes de esto ya se había podido comprobar que la obra fue fruto de un mismo proceso constructivo (JIMÉNEZ MARTÍN, 1980: 22-23), cosa que se corroboró con las intervenciones a las que fue sometida en la década de 1980, que también sirvieron para volver a considerar su factura almohade (GUARNER GONZÁLEZ, 1991: 144). Esto último ha sido confirmado por las excavaciones desarrolladas dentro del proyecto de arqueología urbana de la Universidad de Huelva, que han constatado que antes de la construcción de la puerta de Sevilla -a finales del siglo XII o a principios del XIII según el contexto estratigráficose había llevado a cabo un un arrasamiento de las estructuras previas, así como la presencia de cerámica del periodo unitario en el relleno de la bóveda de la misma puerta y en los tapiales del sector comprendido entre las torres 23 y 24 (GÓMEZ 49 Encontramos extensos análisis formales y descripciones de la muralla y sus puertas en AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 181-206, 1906: 212-232; PAVÓN MALDONADO, 1980; COOPER, 1991: 253; ROLDÁN CASTRO, 1993b: 239-254; PÉREZ MACÍAS, et al., 1998; VALOR PIECHOTTA, 2007: 140-142; CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 45-49. Podemos ver, por otra parte, algunos datos sobre su sistema constructivo y sus materiales en GUARNER GONZÁLEZ, 1982; PAVÓN MALDONADO, 1996: 19-33; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 365-368. Capítulo 2. El urbanismo 53 TOSCANO, et al., 2001; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 197-220 y 274). Esta cronología se ve reforzada por el hecho de que las características formales y constructivas de la cerca -como han puesto de relieve Samuel Márquez y Pedro Gurriarán (2008)- responden a unas directrices unitarias que están presentes en un significativo grupo de fortificaciones de dicho periodo. Una de las ideas que tradicionalmente ha mantenido la historiografía es la de que el recinto islámico descrito habría sido aproximadamente coincidente con el de la ciudad romana previa, identificándose el cardo máximo con el viario que comunica las puertas del Socorro y del Agua y el decumano con el que une las puertas de Sevilla y del Buey (AMADOR DE LOS RÍOS, 1909: 296 y 308 y ss.; JIMÉNEZ MARTÍN, 1977: 224-226; ROLDÁN CASTRO, 1993b: 233-264). El foro, situado en la intersección de estas dos arterias, vendría a coincidir con la actual plaza de Santa María, lugar en el que se levantaría un templo visigodo sobre el que se alzaron posteriormente la mezquita y la iglesia parroquial de Santa María. Antes, no obstante, se había planteado que el arce de la ciudad romana pudo ubicarse en las proximidades del que luego sería el alcázar de los Guzmanes, debiendo situarse el centro administrativo y religioso de la urbe entre éste y la zona de la Puerta del Socorro (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 81-82). Con apoyo en la presencia de una serie de dispersos elementos arqueológicos, se propuso que en el entorno de dicho acceso debió alzarse una supuesta aula episcopal y la principal basílica cristiana, sobre la que más tarde se levantó la parroquial de San Martín (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 237- 242). Sin embargo, las intervenciones arqueológicas de las últimas décadas han verificado que la construcción de la muralla almohade se hizo para superar ampliamente la extensión de la ciudad anterior, cuya superficie quedó arrinconada y desplazada hacia el vértice noroeste del nuevo recinto. Es solo en esta zona donde ha podido documentarse la presencia de los muros defensivos anteriores, amortizados en la muralla actual o en los taludes del tell que ha ido configurando el asentamiento a lo largo de la historia [Fig. I.3]. El más antiguo -datado en el periodo del Bronce Final y vinculado con el primer poblamiento de carácter establees de mampuestos, está dotado de bastiones semicirculares y ha sido localizado tanto en la zona del Desembarcadero y del muro de Droop, como bajo el tramo de la muralla almohade comprendido entre la puerta de Sevilla y la torre 26 (BEDIA GARCÍA, PÉREZ MACÍAS, 1993; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 226-278 y 336- 343; GÓMEZ TOSCANO y BELTRÁN PINZÓN, 2006). De una fecha posterior es el propio muro de Droop, que se encuentra vinculado con una gran estructura de sillares Primera parte 54 ciclópeos y mampostería que ha sido fechada entre los siglos V y IV a. C. y relacionada con morfologías de origen oriental (BELÉN DEAMOS, ESCACENA CARRASCO, 1990: 237-238; BEDIA GARCÍA, PÉREZ MACÍAS, 1993; PÉREZ MACÍAS, BEDIA GARCÍA, 1995). En zonas próximas a la puerta de Sevilla, en concreto entre las torres 24 y 25, también parece haber evidencias de la misma estructura, habiéndose interpretado que su construcción pudo venir derivada, bien de la necesidad de reparar la cerca anterior, o bien de la de construir una nueva (BEDIA GARCÍA, PÉREZ MACÍAS, 1993: 20-21; PÉREZ MACÍAS, BEDIA GARCÍA, 1995: 381-382; PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 106; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 272 y 342; GÓMEZ TOSCANO, BELTRÁN PINZÓN, 2006: 645-646). Sea como fuere, todo parece indicar que esta última también pudo sufrir reformas o reconstrucciones a lo largo del periodo turdetano y romano-republicano, como vienen a poner de relieve determinadas evidencias arqueológicas localizadas, de nuevo, en zonas cercanas a la puerta de Sevilla (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 272 y 277; GÓMEZ TOSCANO, BELTRÁN PINZÓN, 2006: 646-47)50. En este lugar también se pudo constatar la existencia de determinados tramos que, embutidos en la cerca almohade, formaron parte de la que debió ser la muralla romana de finales del siglo I o de principios del II, construida con paramentos de sillares y un núcleo interior de mampostería y que debió ser una obra de gran magnitud, pues sus materiales aparecen reutilizados en buena parte de la cerca almohade (PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 111; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 273-274; GÓMEZ TOSCANO, BELTRÁN PINZÓN, 2006: 647-648)51. Entre la puerta del Desembarcadero y la torre 26, por encima del muro de Droop y calzando la muralla de tapial almohade, por último, se han encontrado evidencias de una posible muralla de época emiral o califal, compuesta por una base de sillares y un cuerpo de mampostería (BEDIA GARCÍA, PÉREZ MACÍAS, 1993: 21-22; PÉREZ MACÍAS, BEDIA GARCÍA, 1995: 382). Más tarde, no obstante, se ha planteado que esta no sería 50 En la excavación desarrollada a principios de la década de 1980 por la Universidad Complutense en la zona interior de la puerta de Sevilla, fue localizada toda una serie de estructuras de época republicana que, ubicadas en disposición concéntrica con respecto a la línea defensiva actual, fueron vinculadas con una funcionalidad poliorcética (BELÉN DEAMOS, et al., 1983). No obstante, sus autores, aunque ratificando la datación, han mostrado posteriormente algunas dudas sobre el particular (BELÉN DEAMOS, ESCACENA CARRASCO, 1990: 198-200). 51 Amador de los Ríos (1891: 200) ya llamó la atención sobre la presencia de sillares romanos reutilizados en la Puerta del Agua, en los que incluso podían apreciarse los huecos que habían servido, previamente, para unirlos mediante grapas. Capítulo 2. El urbanismo 55 más que parte de la propia muralla romana reparada en época medieval (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 224-225). En definitiva, las distintas etapas históricas de la ciudad parecen haber respetado, solo con leves variaciones, la línea definida por los sectores comprendidos entre la puerta de Sevilla y la torre 26 y el que discurre entre esta y la puerta del Desembarcadero. Ahora bien, todo parece indicar que el resto del trazado varió sustancialmente en función de cada momento. La muralla del siglo V a. C. parece girar hacia el interior de la población - metiéndose bajo la cerca almohadeantes de alcanzar la Puerta del Desembarcadero (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 224-225) [Fig. I.3]. Todos los indicios llevan a pensar que este recinto, además, fue el que determinó el de la ciudad romana, puesto que los estratos de ambas urbes aparecen relacionados en la zona de la plaza de la Feria [Fig. 2] (GÓMEZ TOSCANO, et al., 1999; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 69-91), estando ausentes, unos y otros, de todas las excavaciones realizadas al sureste de esta, incluida la llevada a cabo en la cercana confluencia de la calle Siete Revueltas y la plaza de Santa María (PÉREZ MACÍAS, et al., 1997; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 45-51). Entre estos dos lugares mencionados, en otro solar de Siete Revueltas, ha aparecido un muro romano de sillares perpiaños que se superpone a otro similar, pero de época prerromana, habiéndose interpretado que serían los que marcarían el límite, por este lado, de la ciudad en ambos periodos [Figs. I.2 y I.3] (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 294-295 y 344). María Belén y Juan Luís Escacena (1990: 238-239) ya pusieron de manifiesto la presencia en la zona de estructuras similares, cuyos materiales coincidirían con los de algunos de los muros aparecidos en la excavación llevada a cabo por la Universidad Complutense en el interior de la puerta de Sevilla, datados en época imperial romana52. Todo apunta a que estas estructuras analizadas podrían estar relacionadas, a su vez, con otras que fueron localizadas en un solar próximo a la parte trasera de la iglesia de San Martín y a la muralla en su tramo comprendido entre las puertas del Socorro y del Agujero, lo que vendría a completar el circuito de la Niebla romana y prerromana (BELÉN DEAMOS, ESCACENA CARRASCO, 1990: 238-239; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 350). Por su parte, la ciudad del Bronce, la más antigua, parece haber sido más extensa que estas. En primer lugar, habría que decir que en la zona de la puerta del 52 En la segunda ampliación sur de la denominada cata 8, corriendo de oeste a este, en paralelo a la muralla, apareció un muro vinculado con habitaciones de entre los siglos I y II d. C. Fue construido con un potente zócalo de mampostería sobre el que apoya una fábrica de sillares dispuestos a soga y tizón y dotados de unas medidas que oscilan entre 60 y 130 x 60 cm (BELÉN DEAMOS, ESCACENA CARRASCO, 1990: 196). Primera parte 56 Desembarcadero su muralla no gira con la cerca del siglo V a. C. hacia el interior de la población, sino que se prolonga hacia el sur, acompañando, hasta algún punto indeterminado, a la cerca almohade (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 224-225). Por otra parte, ha podido constatarse que el poblamiento de esta época se extiende por toda la superficie de la Niebla intramuros actual, como demostraron las excavaciones de la calle Constitución (CAMPOS CARRASCO, et al., 1999b; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 92-107), Niña (PÉREZ MACÍAS, et al., 2001; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 165- 188), Escalera (BELTRÁN PINZÓN, et al., 2001; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 151-164) y Cristóbal Colón (CAMPOS CARRASCO, et al., 1999a; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 108-115) [Fig. I.2]. Ante esto, se ha propuesto que la urbe quizás solo contó con una reducida ciudadela fortificada en la zona más alta de la meseta -coincidente con los sectores conocidos de su muralla-, junto a la que se extendería un irregular, disperso y desprotegido caserío, aunque tampoco se ha descartado que hubiesen existido otros recintos concéntricos y más amplios, tal y como ocurre en los yacimientos de la misma época de Aznalcóllar y Tejada (PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 106; GÓMEZ TOSCANO, 1997: 191). Sea como fuere, de todo lo expuesto se infiere que este asentamiento no influiría determinantemente en el trazado de las ciudades relacionadas con las murallas del siglo V y de época imperial, como demostraría la diferencia de extensión existente entre el primero y las segundas. Únicamente debió hacerlo al perfilar el borde del asentamiento en una zona que, por la topografía del terreno y la presencia del río, se perpetuó como el emplazamiento más privilegiado y fuerte de la zona. La superposición alineada de todas las cercas defensivas que se han levantado entre la puerta de Sevilla y la del Desembarcadero denota la recurrente intención de respetar la configuración del sector, junto al que sigue alzándose, de un modo muy significativo, el último alcázar construido [Fig. I.3]. La urbe de época púnica -ampliamente condicionada por influencias constructivas orientales, que se constatan no solo en su perímetro defensivo, sino también en su caserío (BELÉN DEAMOS, ESCACENA CARRASCO, 1990: 237-238, 1993; PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 106-107)- sufrió amplios niveles de arrasamiento en torno al siglo III a. C., derivados incluso de incendios que han sido vinculados con los acontecimientos de la II Guerra Púnica (PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 106-107; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 343-344). A partir de ese momento, por tanto, debió comenzar a configurarse un nuevo entramado urbano, que iría definiéndose conforme se producía el lento y progresivo proceso de romanización que –como en otros lugaresparece advertirse en la misma y que culminaría entre los siglos I o II d. C. con su ascenso a municipium y la construcción de su Capítulo 2. El urbanismo 57 nueva muralla (PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 111 y ss; VIDAL TERUEL, 2007: 199 y ss.). Ha sido con esta creciente consolidación de su estatus y de su condición como punto de articulación territorial con la que se ha relacionado la construcción del puente que vadea el Tinto en sus proximidades [Fig. I.1; imag. I.6]53, así como la presencia de determinadas y muy descontextualizadas piezas arqueológicas que vendrían a evidenciar la existencia, por ejemplo, de un edificio de espectáculos, de un foro y de otras fábricas de importante carácter simbólico, muy probablemente algún templo (PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 108 y ss.; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 347-353; VIDAL TERUEL, 2007: 205-206)54. El hecho de no contar con suficiente información sobre la procedencia de los elementos citados y de que el registro arqueológico no haya permitido conocer mucho más al respecto, hace que determinar la configuración urbana de Niebla en esta época sea harto complicado. La tradición oral iliplense, por ejemplo, ha venido refiriendo la existencia de un graderío soterrado en la zona de la actual plaza de la Feria –en un extremo, por tanto, del recinto que hemos trazado anteriormente [Figs. I.1 y I.3]-, particular que recogió Fátima Roldán (1993b: 388) en la lámina nº 14 de su trabajo Niebla Musulmana. En realidad, esto no ha podido comprobarse, y tampoco tenemos más noticias sobre un asunto que se complica cuando leemos que Eduardo Díaz (1925: 18) -no sabemos en función de qué informaciónllegó a señalar que hubo un edificio de espectáculos en la actual zona extramuros de la población, frente a las murallas55. Últimamente, por otra parte, se ha puesto de relieve que la estructura de la actual puerta del Agujero fue condicionada por la de una puerta monumental romana que fue reformada cuando se llevó a cabo la obra almohade [Imag. I.7] (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 350). Efectivamente, definida por dos extremos que parecen proyectar la estructura de sendas torres de planta poligonal que flanquean el vano de entrada a la ciudad, avanza con respecto a la línea de la cerca, repitiendo la tipología, por ejemplo, de la puerta de Córdoba de Carmona. Además, testimonios orales 53 Sobre la filiación romana del puente y su importancia para las comunicaciones en dicha época han tratado, entre otros, FERNÁNDEZ CASADO, 1973: 69-72; CORZO SÁNCHEZ, TOSCANO SAN GIL, 1992: 168-170; ROLDÁN CASTRO, 1993b: 234; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 344. 54 Es el caso de una serie de capiteles que, repartidos por la actual población y procedentes de diversos lugares, han sido clasificados como de época adrianea y trajanea (PÉREZ MACÍAS, et al., 2000: 112-113; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 351-353). También hay que hacer referencia a una tessera gladiatoria que, procedente de algún lugar desconocido de la ciudad, hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional, así como de un ara en el que se consagran juegos a la diosa Minerva (GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, 1989: 136-137 y 138). 55 El autor, de hecho, señaló que el edificio aludido se había conservado durante el periodo visigodo, siendo destruido durante el periodo andalusí para reutilizar sus materiales en la construcción de la muralla. Primera parte 64 la calle mencionada se corresponde con la actual calle Real, la que hemos descrito como la principal arteria de la localidad [Fig. I.4]. A un lado y a otro de esta vía, en paralelo y manteniendo una evidente disposición de relación jerárquica con la misma, transcurren las actuales calles Siete Revueltas y la formada por Espejo y Condes de Niebla, conformando un entramado que recuerda al de la alcaicería que se construyó en la Sevilla almohade junto a su nueva aljama. Podemos inferir, por tanto, que la actividad comercial de la Niebla del último periodo andalusí se concentró en este lugar, permaneciendo vigente su trazado y su funcionalidad después de la conquista. Ya hemos puesto de relieve el carácter preponderante de la parroquial de Santa María con respecto a las demás, papel que también debió desempeñar a nivel simbólico y en cuanto a la articulación urbana, al ubicarse en el centro geográfico de la población, que era, a su vez, uno de los extremos del eje que concentraba la actividad comercial y el lugar en el que, presumiblemente, se había ubicado la antigua aljama iliplense. Era a su collación a la que pertenecía, fundamentalmente, la calle del rey [Fig. I.4], como demuestra la documentación relativa a las compras y ventas de inmuebles del periodo bajomedieval y algunos padrones del siglo XIX que aún siguen mostrando la división en barrios parroquiales70. La documentación notarial de la colección de pergaminos de Santa Clara de Moguer, efectivamente viene a poner de relieve que la actividad económica del de Santa María –el más poblado por otra parte, como demuestra que sean sus habitantes los que con mayor frecuencia otorguen escrituras notarialesera la más importante de la localidad (VILAPLANA MONTES, 1975; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ García, escribano de Niebla, unas casas en esta villa por quinientos maravedís de precio; carpeta 4, documento 160, Juan Durán, vecino de Lepe, vende el 9 de abril de 1359 a Ruy Sánchez y a Isabel Pérez su mujer, vecinos de Niebla, una casa en ésta última. Estos documentos han sido editados por VILAPLANA MONTES, 1975: 120, 146 y 194 respectivamente; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 353, 458, 509. 70 “…las quales casas son aquí en Niebla a la collaçión de Santa María, en las quales casas mora el dicho [Martín Martínez] mercader. Que an estas casas todas por linderos la alcaçería…” (ADH. Pergaminos de Santa Clara de Moguer, carpeta 3, documento 87, Gonzalo Rodríguez ordena el 22 de diciembre de 1321 al escribano público Juan Martín, sacar traslado de una carta notarial de compraventa otorgada por Pedro Frade y María Domingo a favor de Salvador Sánchez y Teresa Martínez en Niebla, el 18 de febrero de 1319. Editado por VILAPLANA MONTES, 1975: 116; ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 340-341). Los padrones del siglo XIX referidos: AMN. Sección Padrones, Censos y Estadísticas, legajo 166, 1824, padrón de los vecinos que se comprenden en el barrio de Santa María; ibídem, Sección Ayuntamiento Pleno, legajo 18, 1801, padrón del vecindario de la muy noble y muy leal villa de Niebla, correspondiente a la parroquial de Nuestra Señora Santa María de la Granada. Capítulo 2. El urbanismo 65 LIÁÑEZ, 2006). Sabemos que la collación se extendía por la calle Doctores, probablemente un tramo de la actual calle San Walabonso, que parte de la misma plaza para discurrir por el costado del antiguo hospital de Nuestra señora de los Ángeles, así como por la totalidad de la del Arco, actual Cristóbal Colón, que partiendo desde el costado sur de la parroquial alcanzaba hasta la puerta del Buey. En esta se levantaba, probablemente ya desde los últimos del Medievo, la ermita de la Misericordia, que contaba con una puerta ojival de ladrillo (JURADO CARRILLO, 1936: 59) y era “de tres naues, dos puertas y un altar sin ara, con un retablo de pintura”, construida con “ladrillos, tapias y mescla” y a cargo de la cofradía que llevaba su nombre71. Hacia el lado nororiental de la calle Real y la plaza resulta complicado determinar qué calles y espacios pertenecían a esta parroquia, puesto que, como veremos más adelante, en plena Edad Moderna absorbió a la de San Miguel, no reflejando los padrones citados la división entre ambas. Sea como fuere, la calle Altozano -que comunica la plaza de Santa María con la de la Feria- y la actual plaza de la puerta del Sol -ubicada justo en el flanco meridional del templo parroquial y llamada plazuela de Santa María en la documentación-, debieron formar parte de ella. Tenemos dudas de que así lo hicieran la propia plaza de la Feria y las calles Convento –actual Almirante Pinzón-, Espuertas –actual Alcalde Orta Boza-, Campo del Castillo –en torno al alcázar-, así como una parte de la calle Cruz, puesto que cabe la posibilidad de que hubiesen pertenecido ya a la collación de San Miguel. No conocemos la ubicación exacta de esta parroquial, habiéndonos quedado de ella, únicamente, el nombre de la calle que partiendo de la puerta del Socorro conduce hasta la de Sevilla [Fig. I.4]. Se ha supuesto que su emplazamiento debió ser la zona del cruce entre esta y la calle castillo, la que viene de la puerta del Agujero (GÓMEZ TOSCANO, 1999: 613-614), es decir, cerca del centro aproximado de la ciudad romana según vimos anteriormente. No tenemos la seguridad de que sea así, puesto que la prospección visual que realizamos en la vivienda que ocupa el lugar señalado, no nos permitió arrojar ninguna 71 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05152, visita a Niebla de 1682. Las cofradías de la Misericordia fueron muy abundantes en la zona de la Andalucía occidental. De la de Moguer, por ejemplo, se supone su existencia ya en el siglo XV, vinculada a un hospital del mismo nombre (DÍAZ DOMÍNGUEZ, 2005: 36-37). La de Huelva, por su parte, se fundó a lo largo de las primeras décadas del quinientos para regentar su propio hospital y con un carácter eminentemente asistencial por tanto (LARA RÓDENAS, 1995: 111-112). Primera parte 66 conclusión al respecto72. Parte de la tradición oral, además, refiere que la iglesia se ubicaba en las proximidades de la plaza de la Feria73. La documentación refiere pocos datos útiles sobre este caso. En 1711, el visitador arzobispal ordenaba que “para preseruar de ruina a la yglesia de San Miguel” debía limpiarse “todo el estiércol que esta junto a la pared que mira a Santo Domingo, dexandole a las aguas la corriente libre”74. Por las respuestas al formulario de Tomás López para la elaboración de su Diccionario Geográfico-Histórico, firmadas por el párroco Pedro Valiente a mediados del XVIII, sabemos que el convento de Santo Domingo, fundado en 1531, se encontraba intramuros, “a oriente”, llegando “hasta las murallas de la villa” (RUÍZ GONZÁLEZ, 1999: 210). La visita de 1711 también habla de unas casas que, ubicadas en la mencionada plaza de la Feria, eran linderas al cenobio dominico75, lo que en conjunto nos permite extraer una serie de conclusiones; en primer lugar podemos suponer que el convento ocupó la manzana de casas que hoy cierra la plaza por su costado oriental. La calle Almirante Pinzón, paralela al lado norte de la plaza, recibía el nombre de Convento, hemos de suponer que porque -al desembocar perpendicularmente frente a la manzana aludidaconduciría hasta él. Por tanto, este estaría desplazado hacia el lado norte de la actual agrupación de viviendas, viniendo a coincidir con la manzana donde dijimos que se ha supuesto la ubicación de la iglesia. El hecho de que se aluda al montón de deshechos que amenazaba la estabilidad del templo, así como a que era necesario dejar correr las aguas, nos lleva a pensar que la iglesia ocuparía el centro de un terreno baldío entre la casa dominica y la zona del Campo del Castillo [Fig. I.4]. De ser así, y si tenemos en cuenta que este sería el único templo levantado dentro del perímetro de la urbe pre-almohade -puesto que la de Santiago, como veremos más adelante, fue construida en el extremo opuesto, mientras que las de Santa María y San Martín ocuparon lugares cercanos al mismo, aunque en su parte exterior-, no habríamos de perder de vista la posibilidad de que, efectivamente, esta se hubiese levantado sobre un edificio más antiguo, relacionado con la ciudad prealmohade. La antigua iglesia parroquial de San Martín, por su parte, también ocupó un lugar ciertamente significativo de la trama urbana, en este caso el otro extremo del eje comercial, de mayor trascendencia para la urbe, si cabe, por su estrecha vinculación con la puerta del 72 Pudimos analizar el interior de la vivienda y los espacios anexos a la misma por su parte trasera, incluidos en una amplia parcela no edificada. Solo pudimos observar distintos paramentos antiguos, amortizados en las estructuras actuales, aparejados de una forma habitual en Niebla, es decir, alternando sillarejo y ladrillo. 73 Entrevista con Justo Mantero, vecino de Niebla, el 25 de abril de 2012. 74 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05180, visita a Niebla del año 1711. 75 Ibídem. Capítulo 2. El urbanismo 67 Socorro, que relacionaba directamente, como ya señalamos, la realidad urbana con la territorial [Fig. I.4]. El carácter nodal del emplazamiento, de hecho, quedó fosilizado en un pórtico que se adosó al costado nororiental de la antigua iglesia, elemento que estuvo dotado de evidentes connotaciones comerciales [Imag. II.1.1]. En 1784, el visitador arzobispal se percataba de que aquel se encontraba en un estado poco apropiado para un lugar sagrado, lo que le llevó a iniciar unas diligencias para su demolición o cegado que no llegaron a buen puerto, puesto que desde “tiempo inmemorial” pertenecía “al Cauildo de la Santa Yglesia de Seuilla, para la subasta y remate de sus rentas”76. Su collación abarcaba la actual plaza de su nombre, un tramo de la calle Escalera, las calles Espejo –actuales Espejo y Condes de Niebla- y Siete Revueltas, las paralelas a la calle del rey y, por tanto, partes de la alcaicería [Fig. I.4]. De hecho, también sabemos que un tramo de la calle Real pertenecía a dicho barrio, así como un sector del Campo del Castillo y la parte de la calle Cruz que no estaba incluida en la collación de Santa María o San Miguel. A esta se anexionó la parroquial de San Lorenzo en el periodo moderno, cuya feligresía habitaba el arrabal de la localidad, ubicado frente al costado noroeste del alcázar y de la cerca defensiva. El Croquis topográfico de la villa fortificada de Niebla [Fig. II.1], realizado por el capitán José Ibáñez, ingeniero de la división del mariscal Copons, con motivo de la Guerra de la Independencia incluyó el curso del río, el trazado de los caminos que circundaban la localidad y, apartada del arrabal, junto a una zona que quedó rotulada como ”alturas escarpadas por donde se baja a la orilla del río y camino del puente”, lo que denominó como “Hermita arruinada”. Estamos en disposición de asegurar que aquel edificio deteriorado era la iglesia parroquial de San Lorenzo. Como hemos apuntado anteriormente, se encontraba extramuros y en la zona del arrabal. La visita arzobispal de 1685 nos dice de ella que estaba, de Niebla, “tan distante como está el convento de S. Diego de la puerta de la carne de Sevilla”77, mientras que Rodrigo Caro (1634: 211v) puntualizaba que se levantaba “bien lexana de la villa, que hasta alli ocupava su arrabal, y se ven los fundamentos de las casas y calles”, datos que concuerdan con el entorno dibujado por Ibáñez. La collación de Santiago es, quizás, la menos mencionada en la documentación medieval. Los padrones del siglo XIX señalan que a ella pertenecían la calle Escalera –salvo el pequeño sector perteneciente a la de San Martín- y la calle Botica -el tramo de la actual calle San Walabonso que no debía pertenecer a la de Santa María- [Fig. I.4]. Tampoco 76 Ibídem, legajo 05181, visita a Niebla del año 1784. 77 Ibídem, legajo 05158, Visita a Niebla del año 1685. Primera parte 68 conocemos la ubicación de su templo parroquial, aludiendo la tradición oral a un sector de la población que, ubicado aproximadamente en el último tramo de la calle Santiago, en el extremo suroccidental del recinto, recibía el nombre de Corrales de Santiago [Fig. I.4]78. Quizás estemos ante el problema de localización más complejo, revelando las fuentes del periodo moderno una configuración urbana, en torno a la iglesia, difícil de interpretar. En 1665 se preparaban los trámites para entregar a censo una casa que pertenecía a la Fábrica de dicha parroquia, describiéndose su ubicación del siguiente modo: “…las casas que la dicha fabrica tiene en esta uiya en la callejuela de la palma en se yncluye el cortinalillo questa frontero de la calleja que de la puerta del sol de la dicha yglesia sale a la puerta del buey...”79 Que la iglesia mantenía una relación directa con la puerta del Buey parece entreverse, igualmente, en uno de los mandatos de visita dictado en 1704, por el cual el mayordomo debía “haser puerttas… para las porttadas que llaman la de la Cadena, puertta de el Buey, lo qual executtara quantto antes… para la maior seguridad de estta yglesia”80. Poco más sabemos al respecto, lo que dificulta cualquier lectura que podamos hacer. Tampoco queda memoria de la ubicación de los hospitales que tuvo la villa hasta finales del siglo XVI como veremos más adelante. Además del de Nuestra Señora de los Ángeles, que es el único que se ha conservado, ubicado en la plaza de Santa María junto a la parroquial, las fuentes refieren, de forma confusa, la existencia de hasta cuatro más, los de San Sebastián, San Martín, San Nicolás y San Esteban81. Si nos atenemos al ejemplo del primero, es posible que los demás se hubiesen construido, a lo largo de los siglos posteriores a la Reconquista, en las proximidades de las parroquiales. Es bien conocido que, sobre todo a finales del periodo, las iglesias parroquiales, siguiendo el modelo de los grandes complejos catedralicios, comenzaron a aglutinar en torno a sí una serie de instalaciones destinadas al servicio y a la beneficencia (RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, 2011b: 86). El hecho de que en la calle que bordea los restos de San Martín por su parte trasera se 78 Entrevista con Justo Mantero, vecino de Niebla, el 25 de abril de 2012. 79 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, legajo 380, 1665, Francisco de Godoy, en nombre de la fábrica de Santiago, para que se dé a censo de por vida una casa de dicha fábrica. 80 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 81 Ibídem, legajo 05183, visita a Niebla de 1714; legajo 05215, visita a Niebla de 1740; legajo 05181, visita a Niebla del año 1784. Capítulo 2. El urbanismo 69 haya conservado un cuerpo de fábrica con forma de qubba podría confirmar el particular, si bien no tenemos más noticias al respecto [Fig. I.4]. Hay un último aspecto que resultaría fundamental para entender la organización de la ciudad, y es el de los lugares que habitaban las minorías étnicas. La presencia de mudéjares y moriscos en Niebla está bien constatada (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 199-203); de hecho ya señalamos que incluso contaban con su propio alcalde en 1304, aunque no tenemos ninguna noticia referida a la ubicación de su aljama. La judía dejó rastros de su existencia, igualmente, hasta que a mediados del XIV se fue desvaneciendo (ANASAGASTI VALDERRAMA, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 2006: 198-199), aunque tampoco sabemos nada de la judería. Sin embargo, Antonio Delgado (1849: 539), refiere que la sinagoga se ubicó en el lugar en el que se emplazó la iglesia parroquial de San Martín, que transformó al anterior edificio para adaptarlo al nuevo culto. No sabemos en base a qué criterio expresó este particular, aunque es posible que lo hiciera a través de noticias sobre el repartimiento de la ciudad, que como hemos aclarado anteriormente, tampoco pudo examinar directamente. Cristóbal Jurado (1934: 105-113), más tarde, quiso identificar el lugar de culto judío de Niebla en una vivienda de la actual calle Real, donde aparecieron pinturas murales de época medieval, y que tampoco se ha conservado que sepamos. 70 Capítulo 3. La arquitectura religiosa 71 Capítulo 3. La arquitectura religiosa 3.1- La arquitectura parroquial conservada Tal y como hemos señalado, la parroquial de Santa María ocupa el costado meridional de la plaza de Santa María, en concreto uno de los dos menores de dicho espacio. Se trata de un conjunto que se compone de tres elementos fundamentales [Fig. I.5]. El primero de ellos, el templo propiamente dicho, se orienta de suroeste a nordeste y presenta la típica planta basilical de tres naves. Estas, que se dividen a su vez en tres tramos, desembocan en una cabecera tripartita de gran desarrollo con respecto al resto del inmueble. Adosado a su flanco noroccidental se levanta el segundo de los elementos a los que aludimos, un patio achaflanado con galerías porticadas en sus lados suroeste y nordeste. El ángulo noroeste del mismo lo ocupa, por otra parte, el tercer y último elemento, una torre de planta cuadrada y girada levemente con respecto al eje principal del conjunto. Al patio se accede, desde la plaza, a través de un arco de herradura enmarcado por alfiz descentrado, abierto en el muro de cierre del recinto junto a la base de la torre. Ya en el interior observamos que las galerías laterales se abren al espacio descubierto a través de sendas parejas de arcos de herradura, enjarjados y geminados, soportados por pilares en los extremos y por columnas y capiteles de acarreo en el centro, a modo de mainel [Imag. I.11]. Aparecen enmarcados por alfiz –también descentrado, como el resto de los que vamos a citar-, siendo sus claves e impostas de piedra. El frente principal del patio, el sureste -el que comunica con el interior de la iglesia-, presenta una disposición tripartita. En el centro, y a eje con el vano que permite el ingreso desde la calle, se alza un arco polilobulado Primera parte 72 sustentado por columnas y capiteles reaprovechados [Imag. I.12]. Se ve coronado por los arranques de dos grandes ménsulas que debieron soportar un tejaroz y queda enmarcado por su correspondiente arrabá, al igual que los otros dos vanos que lo flanquean, que son en este caso de herradura sobre pilares. Aunque estos últimos también aparecen enjarjados y en su traza son similares a los de las galerías laterales, hay que señalar que presentan mayor luz y flecha. De todo lo expuesto se pude inferir con claridad la pervivencia del sahn de la mezquita. Así lo entendió Antonio Delgado ya a mediados del siglo XIX (1846: 531-532) y así lo manifestó, algunos años más tarde, Rodrigo Amador de los Ríos (1891: 258-260). Entre las naves perimetrales del patio y el interior del templo también median arcos de herradura que, aunque tapiados –al igual que los que flanquean al polilobulado del centro-, debieron comunicar con el interior del haram. Ya en el interior del templo, en el muro del costado de la epístola y a eje con el vano polilobulado de entrada y con el de herradura del exterior, se abre el mihrab, un pequeño espacio poligonal al que da acceso un arco de herradura enmarcado por alfiz. La datación de este edificio ha suscitado no pocas especulaciones. Por ejemplo, Alfonso Jiménez (1980: 21) opina que debió edificarse a lo largo de los siglos X u XI, durante el primer periodo de taifas. Ana Marín Fidalgo (1982: 60-62) suscribe dicha idea, aunque especificando que es obra del XI y que en época almohade se reformó, añadiéndosele una nave más, la segunda que se conserva en el costado oriental del patio y su correspondiente prolongación en el interior. Basilio Pavón (1996: 87-95), por su parte, llegaba a la conclusión de que debió existir una mezquita primitiva, de los siglos IX o X –en función de las características de la torre-, que fue suplantada a principios del XII por la que se puede ver actualmente. Se basaba para ello, por ejemplo, en la planta poligonal del mihrab, en los pilares cruciformes que soportan los arcos del muro de comunicación entre el patio y el interior o en el arco polilobulado que se abre en el mismo82. Hoy, sin embargo, y según hemos visto en el epígrafe 2.1 del presente trabajo, debemos dudar de estos planteamientos, puesto que el edificio está ubicado en lo que fue la periferia de la ciudad pre-almohade. Hablando de la iglesia propiamente dicha, hay que decir que presenta la típica cubierta a dos aguas, aunque ordenada en tres niveles. La nave central sobresale por encima 82 Marianne Barrucand y Achim Bernodz (1992: 158-159), aunque mostrándose precavidos, por los problemas interpretativos que manifiesta el edificio, también se han mostrado partidarios de clasificar la mezquita de Santa María dentro del periodo almohade, planteando que también su alminar debe pertenecer al mismo. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 73 de las laterales, mientras que por debajo de los colgadizos de estas aparece una pequeña franja de tejado que cubre –únicamentela cornisa de canecillos de doble nacela que recorre los costados del edificio [Imag. I.13]. Originalmente se podía acceder al mismo tanto a través del patio como a través de sendas portadas levantadas en los testeros de los pies y del lado de la epístola. Aunque se han conservado de modo desigual, se puede decir que la primera, cegada en la actualidad, es prácticamente idéntica a la segunda [Imags. I.14 y I.15]. Ambas son de ladrillo y están compuestas por un arco apuntado de doble rosca que queda enmarcado por dos alfices escalonados. Las naves del interior, por otra parte, quedan divididas por dos tandas de arcos apuntados sobre pilares cruciformes [Imag. I.16]. Sobre cada una de las claves se abre un óculo que permite la entrada de luz en la nave central. La cubierta es un simple forjado de vigas metálicas y ladrillo contemporáneo -plano en la nave mayor y de colgadizo en las otras dos-, mientras que los tramos colaterales de la cabecera se cubren con bóvedas de terceletes. La del tramo central cabalga a mayor altura que estas y se cubre, además, con una bóveda más compleja, fruto de la unión de la traza de cuatro de terceletes simples. En el muro del lado de la epístola, junto a los pies del templo, se abre un arco de herradura enjarjado [Imag. I.17]. Da paso a una capilla de planta cuadrangular que se anexa, por el exterior, al buque del templo. Se trata de un sencillo cuerpo prismático de ladrillo que se ve coronado por un listel corrido y un antepecho con merlones escalonados sobre este último [Imag. I.18]. Por su parte, en el muro del lado del evangelio -aunque esta vez en el tramo más próximo a la cabecerase abre lo que parece uno de los vanos originales de entrada a la mezquita, de herradura y soportado por columnas y capiteles de acarreo [Imag. I.19]. Comunica con la nave más oriental del patio, que ha sido aislada del resto para integrarse en el interior del templo como capilla sacramental. Adosadas a la parte trasera de la cabecera, por último se levantan distintas dependencias parroquiales, entre las que podemos citar la sacristía y un patio [Fig. I.5]. Amador de los Ríos (1891: 256) ya apuntaba que la reforma del interior del recinto sagrado debió llevarse a cabo entre los siglos XIV y XV, una vez que Niebla había pasado a formar parte de la casa de Medina Sidonia, agregándosele con posterioridad la cabecera. Sin embargo, pensaba que las tandas de arcos de las naves pertenecían –aunque reformadas- a la antigua mezquita, a la que se le habían suprimido las naves extremas (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 260). Algunos años más tarde se atrevía a ofrecer una datación más concreta para la obra, señalando que debió ser realizada en tiempos del tercer o cuarto conde de Niebla, Juan Alonso (1410-1468) o Enrique de Guzmán (¿?-1492) Primera parte 80 * Una cuestión que corrige la documentación eclesiástica con respecto a lo expuesto por Rodrigo Caro, se refiere al sistema de cubiertas de la iglesia: aunque la cabecera del templo se encontraba abovedada, el resto del edificio se cerraba con una cubierta de “enmaderado”. Para hacernos una idea de cómo era esta armadura tenemos que recurrir, una vez más, a la obra de Rodrigo Amador de los Ríos (1891: 261-263), que señalaba que se trataba de un “artesonado”105 dotado de “hermosa lacería, diestra é ingeniosamente combinada”, ostentando “en los centros delicados cupulinos de tracería vistosísima, los cuales producen sobre la entonación oscura de la cubierta maravilloso efecto”. Además, atestiguaba que en las naves laterales, en los lugares más próximos a la cabecera, aún se conservaban varias tabicas ornamentadas: “Sobre la preparación de cal conveniente, y aún no disueltos con linaza los colores, sino con cola ó huevo, sobre fondo rojizo, contorneados de negro, aparecían conforme á la tradición granadina desarrollados profusión de hojas, vástagos, flores, tenas, y otros motivos de tal suerte combinados y confundidos, y con tanto arte diseñados y dispuestos, que, cubiertos de oro, todavía dejaban espacios bastante frecuentes para que armonizase este matiz con el rojo y con el negro, sin hacer pesada la decoración, á despecho de su excesiva abundancia…” Existen otras referencias que nos aclaran más pormenores. Por ejemplo, después de su incendio, en 1936, se publicó en la prensa regional una descripción que aseguraba que era “un artesonado de estilo único, no conocido en ninguna otra parte, ni siquiera en la mezquita de Al Azhar de Fostat (hoy Cairo) donde hay otro artesonado del mismo dibujo de lo que se llama «La Estrella de Tulun»” (WHISHAW, 1936a). Se indicaba, de igual modo, que había sido “labrado a fuerza de una pericia inconcebible de carpintero iliplense, quien lo fabricó, sin una sola puntilla siquiera, sino todos los detalles enlazados…”. Angulo (1932: 120), por último, contaba que en el alfarje lucían “las armas del arzobispo de Sevilla fray Diego de Deza (1502-15)”, lo que nos ofrece una valiosa referencia para su datación y posible morfología, puesto que la armadura de la iglesia de San Felipe de Carmona también cuenta con los escudos de Diego Hurtado de Mendoza y del propio Deza (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 80; MORALES, et al. 2004b: 156; HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 2014: 105 Imágenes de finales del siglo XIX [Imag. II.2.2] nos permiten observar que la armadura de la nave central, en realidad, debía ser de par y nudillo. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 81 242). Las descripciones de la techumbre iliplense nos permiten inferir que su diseño, probablemente, se ajustó al modelo carmonense, al que también se ciñe la de la capilla sevillana de Santa María de Jesús, construida entre 1509 y 1517 (HAZAÑAS Y LA RUA, 1909; SANZ SERRANO, 1984; DUCLÓS BAUTISTA, 1992: 186-187). Sabemos, por último, que la armadura de Niebla, al exterior, quedaba cubierta por un tejado a dos aguas simples que apoyaba sobre la cornisa de canecillos de los costados de la iglesia [Imags. II.2.1 y 2.2.13]. Fotografías de finales del siglo XIX y otros testimonios nos muestran que la techumbre no era el único elemento de carpintería que ornamentaba el interior del templo. En la obra de Amador de los Ríos, Huelva (1891: 262), aparece un grabado del presbiterio desde la nave central. En su Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Huelva (1909) también incluyó la misma imagen, pero esta vez en su modalidad fotográfica [Imag. II.2.2], lo que nos hace pensar que esta debió servir de plantilla para la elaboración del dibujo mencionado anteriormente. Lo que nos interesa de dicha vista es la potente viga que aparece extendiéndose entre las impostas del arco triunfal, de la que el propio Amador (1898: 261) decía: “Descansando sobre laboreadas zapatas cubiertos de relieves, y estos primitivamente dorados, -á altura menor que la de la clave de los arcos, tiéndese cuadrada y resistente viga, también entallada, que haciendo allí el oficio de tiranta, traba y retiene la fábrica, desquiciada al despojarla de sus naturales sostenes en los muros exteriores, produciendo muy singular efecto por su rareza en la construcción; no es hoy cumplidero el formar juicio exacto en orden á las labores que la enriquecen, porque oxidado ó perdido el oro, á simple vista no ofrece sino una serie de labores no determinables…” Diego Angulo (1930: 242), al tratar de las tablas que pintó Alejo Fernández para la viga de la catedral de Sevilla, se planteaba que esta “quizá se proyectaría de pilar a pilar, donde está hoy la reja, algo así como la que se conserva en Sta. María de la Granada, de Niebla…” No conocemos nada más sobre la viga iliplense, pero no nos parece improbable que hubiese sido colocada por iniciativa de Deza durante el proceso de construcción de la cubierta. No podemos olvidar que el Arzobispo, al fin y al cabo, estuvo implicado en las tareas de ejecución del retablo mayor de la catedral hispalense y de su viga de imaginería106. 106 En las actas capitulares del Cabildo de la Catedral de Sevilla se recogen las siguientes afirmaciones: Primera parte 82 ** El “corral de naranjos” citado por Caro en 1634, por otra parte, debe corresponderse sin muchas dudas con el patio actual. Aparece mencionado del mismo modo en la documentación posterior107, diciendo de él Amador (1891: 258) que era un patio “pequeño y entrelargo” y que estaba “limitado á oriente y poniente, es decir á izquierda y derecha, por la obscura y desmantelada habitación del campanero y por el patinillo inmundo que conduce al ingreso de la torre”. Esto nos lleva a deducir que la configuración de dicho espacio difería de la que conocemos hoy. Una fotografía del ángulo noroeste de su interior, realizada por la Comisión Provincial de Monumentos hacia 1920 [Imag. II.2.9], nos permite apreciar, efectivamente, que el cuarto de campanas citado, al que caían directamente las cuerdas desde la torre, se encontraba adosado al ángulo que formaban esta y las arcaturas de la antigua mezquita, otorgándole un aspecto confuso al conjunto. El patinillo referido por el mismo autor debía corresponderse, por otra parte, con el espacio que ocupa hoy la nave perimetral del costado suroeste, que se encontraba en alberca, como se aprecia en una fotografía de 1922 perteneciente a la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla [Imag. II.2.11]. Sabemos que esta se cerró, originalmente, con una cubierta a dos aguas, puesto que en el muro de la contigua torre aún se apreciaba su impronta en la década de 1920 [Fig. 2.2.9]. De hecho, este espacio fue el granero de la parroquial, aunque a principios del siglo XIX, debido al estado de ruina que presentaba, ya no se empleaba para tal uso, sirviendo, únicamente, para almacenar las esteras108. Otras fotografías de la misma época nos muestran que el tejado del buque del templo, en la zona más próxima a la cabecera, sobrepasaba la cornisa de canes para descender sobre el patio y cubrir el espacio ocupado hoy por las naves del lado oriental del “…sus merçedes diputaron al sennor maestre escuela e al sennor arçediano de Eçija e al canonigo Hernando Ramos, como mayordomo de la fabryca desta Santa Yglesya, para que en nombre del cabildo contraten e asyenten con el pyntor e ymagynero que an de haser el retablo parel altar mayor desta dicha yglesia… que su sennorya del sennor arçobyspo tenia con ellos platycado”, ACS. Sección I, Secretaría, Autos Capitulares, libro 7, Auto capitular de 5 de enero de 1508. “Hace merced de ello para la peana de dicho altar mayor de esta iglesia, que son contenidos, e que les place que su señoría reverendísima mande tomar para el retablo de la dicha su capilla los tableros pintados del envés de la viga que hizo el maestro Alexos, pintor aleman, para esta Santa Iglesia…”, ibídem, libro 8, auto capitular de 9 de mayo de 1513. 107 “Tiene a la entrada de la iglesia un pórtico con un corral de naranjos…” AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas Pastorales, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 108 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, Fábrica, legajo 379, 1806, autos formados sobre aprobación de las quentas de don Benito de Castro, mayordomo de la Fábrica de Santa María. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 83 patio, que debió servir, igualmente, como lugar de apoyo logístico a las tareas parroquiales [Imag. II.2.13]109. El acceso al conjunto desde la plaza110 también ofrecía un aspecto completamente diferente al que conocemos hoy [Fig. 2.5; imags. II.2.1 y II.2.13]. En el muro de cierre, junto a la torre, se levantaba una portada compuesta por un arco de medio punto que quedaba flanqueado por pilastras sustentantes de un entablamento superior. Por delante se extendía un ándito elevado que quedaba delimitado por una serie de fustes de columnas reutilizadas. Es posible que su configuración hubiese sido fruto de una reforma de principios del siglo XVIII, puesto que en la visita de 1711 se ordenó al mayordomo lo siguiente: “se alargue el porttigo (sic) que sale a la plaza hasta la esquina, para preseruar de esta suertte a la iglesia de la humedad que padece”111. Algunos años más tarde se confirmaba que se habían gastado ciertas cantidades en “auer ensanchado y solado todo el porche de la ygleçia”112. Sea como fuere, así describía Amador de los Ríos (1891: 258) este lugar: “Como determinando el límite jurisdiccional del templo, y como procedentes de otro edificio, ya desaparecido, -á intervalos casi regulares y en la línea exterior de la torre, por el lado de Oriente,- aparecen tres blancos fustes de mármol, en pie, cogidos por las dos gradas de ladrillo que dan paso á la puerta exterior de Santa María dos de ellos, y el tercero, fraccionado, por el ándito que se hace delante de la iglesia. Labrada en rojizo ladrillo, y conforme á las enseñanzas de la tradición perpetuada por los mudéjares en Andalucía, la portada exterior parece ser obra del siglo XVI según la limpieza del arco de medio punto que la constituye, la esbeltez 109 De hecho, en 1693 se ordenaba que se hiciera “cuarto taller” para guardar “las andas… y otros trastos” que había en la iglesia, AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05163, visita a Niebla del año 1693. Realmente no sabemos donde se instaló, pero todo nos lleva a pensar que éstas dependencias del patio debían cumplir dicha función o una semejante. 110 Sabemos que la portada del costado de la epístola, orientada hacia el mediodía, recibía el nombre de Puerta del Sol, denominación que ha quedado fosilizada en el nombre que recibe la plaza que se extiende frente a ella. Sin embargo, en la visita de 1697 se ordenó componer “las Puertas de el Perdon” (AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697), denominación que, probablemente, y al igual que ocurría en las catedrales de Sevilla y Córdoba, se aplicaba a las que permitían tanto el acceso al patio desde la plaza, como a la iglesia desde este. 111 Ibídem, legajo 05180, visita a Niebla del año 1711. 112 Ibíbem, legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. Primera parte 84 de las pilastras que á aquél flanquean, y la sobriedad y sencillez en la decoración del conjunto…” Pero es más, según una descripción de José Cascales Muñoz (1921: 120), el vano que permitía transitar entre el patio y el interior de la iglesia era “de herradura apuntado”, cuestión que también había reflejado Amador de los Ríos unos años antes (1891: 258, 1909: 309). Ninguno de los dos autores hacía mención del arco polilobulado que conocemos en dicho lugar en la actualidad, ya que se presentaba bajo el irregular aspecto de un simple arco de herradura túmido [Imags. II.2.4 y II.2.5]. *** La Sacristía fue construida en la primera mitad del siglo XVII. En 1638 se ordenaba que, puesto que la iglesia tenía mucha necesidad de ella, se continuasen las obras para la construcción de la misma, iniciadas algún tiempo antes113. En 1704 ya se indicaba que era “mui hermosa y dilatada”114. No tenemos ninguna referencia, sin embargo, acerca de la primitiva ubicación de la misma, pudiendo suponerse que ocupó el mismo lugar o alguna de las dependencias del patio, en concreto la del lado oriental, es decir, la más próxima a la cabecera. Con respecto a la torre, por último, las fuentes modernas y contemporáneas no refieren una configuración que difiera significativamente de la actual. Únicamente podemos hacer mención del reloj, que ya aparece citado en 1685115 y que, como vemos en las fotografías de finales del XIX, se ubicaba en el tercer cuerpo del campanario, en el frente que miraba hacia la plaza [Imags. II.2.1, II.2.13 y II.2.17]116. Asociado a este elemento 113 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, Fábrica, legajo 380; también encontramos documentación sobre el mismo asunto en AHN, Sección Clero, legajo 2361. 114 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 115 “…tiene buena torre con tres canpanas o vita del reloj y una esquila con que se alza a Dios…” AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas Pastorales, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 116 Se tiene constancia de la existencia de diversos mecanismos que medían el tiempo en los monasterios, para marcar el ritmo litúrgico del día, desde comienzos del siglo XI. No será hasta la segunda mitad del XIII, sin embargo, cuando aparezcan los primeros relojes mecánicos de pesas, una vez inventado el mecanismo de “escape” y “foliote” que los mantenía en funcionamiento. A partir de entonces, en paralelo con el crecimiento urbano de los siglos del Gótico y, por tanto, con una intencionalidad civil evidente, comenzarán a proliferar por toda Europa, apareciendo en catedrales y en torres de distinta índole e incorporando mecanismos de sonería para dar las horas (JÜNGUER, 1998; LIPPINCOTT et al., 2000; CIPOLLA, 2010). Sabemos que a principios del siglo XV se instaló el primer reloj público en la Giralda y que, en torno a 1440, comenzó a efectuarse la instalación de otro, del tipo que mencionamos, en el interior de la catedral, junto al coro (RÍOS COLLANTES DE TERÁN, 2010: 5-27). Capítulo 3. La arquitectura religiosa 85 estaba el remate poligonal que cerraba la estructura, citado por Amador (1891: 244) como “el informe frogón que en su centro superior se advierte” y que no era más que el habitáculo que cobijaba la maquinaria y desde el que descendían, a través del interior de la torre, las pesas117. 3.3-La iglesia parroquial de San Martín según las fuentes Las fuentes de época moderna señalan que la iglesia parroquial de San Martín era de tres naves y tres puertas, cubriéndose las primeras con una estructura de “enmaderado de pino de Flandes”. De la “capilla”, es decir, de la cabecera, se decía que era obra de “canteria mui fuerte”118, tal y como puede verse hoy. Aunque Amador de los Ríos (1891: 230) señaló que el interior del templo se articulaba mediante “tres naves de distinta aunque equiparable anchura, tendidas de SE á NO” y “repartidas en tres tramos”, las excavaciones llevadas a cabo por Rafael Manzano en 1981119, así como la dirigida por Javier Rastrojo Lunar y José Manuel Beltrán Pinzón en 2003 (RASTROJO LUNAR, 2006), pusieron de manifiesto que este solo se dividió en dos tramos [Fig. I.7]. Amador (1891: 230) también indicó que estas naves se articulaban mediante “grandes arcos ojivos, semejantes en su estructura á los… del atrio” (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 230), es decir, arcos apuntados sobre pilares, según vemos en las imágenes fotográficas anteriores al derribo del mismo [Imags. II.1.1 y II.1.2]. El mismo autor barajó la posibilidad de que en origen hubiesen sido de tipología túmida (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 231), cuestión que nos resulta poco probable. Los fragmentos de pilares conservados –flanqueando la portada de los pies del edificio y junto al arco toral, en el lado del evangelioindican que tuvieron planta cruciforme y los ángulos exteriores achaflanados, esquema que debió prolongarse en la rosca apuntada de los arcos, como ocurre en buena parte de la arquitectura bajomedieval de la zona y, sin ir más lejos, en la iglesia parroquial de Santa María. Existe un elemento en la narración de Amador que introduce cierto nivel de confusión en la comprensión de la morfología interior del inmueble. El arqueólogo pudo comprobar que las naves laterales eran atravesadas perpendicularmente, a la altura del 117 Entrevista mantenida con Justo Mantero, vecino de Niebla que lo conoció en funcionamiento, el 25 de abril de 2012. 118 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682; legajo 05158, visita a Niebla del año 1685; y legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 119 Véanse los epígrafes 8.4 y 8.5 del presente trabajo. Primera parte 86 primer tramo, por sendos muros “perforados” por arcos de herradura. Desde luego no tenemos más noticias sobre ellos, así como tampoco de su posible funcionalidad, llamándonos la atención el hecho de que su “elevación” era “mucho menor que la de los muros de las naves”, por lo que quedaba “grande espacio al descubierto” (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 230). Este hecho nos lleva a plantearnos si pudieron haber estado relacionados con el coro, “situado al paso que se halla delante de la puerta” (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 231), aunque desde luego tenemos constancia de su especial y sencilla configuración, similar a la del más antiguo de Santa María. En 1704 se indicaba que simplemente estaba compuesto por “tres bancos largos de respaldar alto”, aunque no se consideraba oportuna su sustitución, por pertenecer a “la parroquia menos principal y de pocos eclesiasticos”120. Esto, a pesar de todo, no fue óbice para ordenar alguna reforma de su “cansel” y la colocación de “respaldares” en cada lado de la estructura121, lo que vendría a indicar que los escaños mencionados, en principio, no se encontraban integrados en una estructura que los aislase del resto del cuerpo de naves. Sí consideramos más factible la relación de los muros citados con la tribuna que, según la visita celebrada el mismo año, contenía el “realejo o organo pequenno”122, aunque tampoco podemos abundar mucho más sobre el asunto. La organización del interior del templo giraba, lógicamente, en torno a la capilla mayor, a la que se accedía mediante “unas gradas de azulejos” que conducían hasta el retablo principal, en el que se encontraba el sagrario123, la imagen escultórica de San Martín y una serie de “pinturas a trechos muy decentes”124. Este, fruto de un dilatado proceso que se prolongó entre finales del siglo XVI y principios del siguiente, y en el cual tomaron parte Pedro Díaz de Palacios, Juan de Oviedo –el Viejo y el Mozo-, Jerónimo Hernández, Gaspar del Águila, Blas Hernández, Antonio y Alonso de Alfián, Francisco Pacheco y Diego Gómez (CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 39-40), debió quedar inconcluso, puesto que, a pesar de la insistencia de los visitadores en señalar que estaba dorado125, a finales del siglo XIX se encontraba “despojado de pintura y de oro” y 120 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 121 Ibídem. 122 Ibídem. 123 Sabemos que en el pequeño habitáculo abierto en el lado del evangelio del ábside estaba destinado a guardar los Santos Óleos (AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704), aunque no es descartable que se hubiese empleado originalmente como reservado para el Santísimo. 124 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682; y legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 125 Ibídem. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 87 “completamente la madera al descubierto” (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 231). Sea como fuere, su estructura condenó las pinturas murales del siglo XV que decoraron el presbiterio hasta ese momento, de las que se han conservado dos pequeños fragmentos en los que aparecen San Martín partiendo la capa y un ángel (CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 38). Presidiendo los testeros planos de las naves laterales, por su parte, se alzaban sendos retablos pictóricos, dedicado a las Ánimas Benditas el del lado del evangelio -en el que aparecían igualmente San Miguel y San Nicolás- y a Santa Catalina y San Cayetano el de la epístola126. Poco sabemos, sin embargo, sobre la techumbre del cuerpo de naves, debiendo recurrirse a la narración de Amador de los Ríos (1891: 231), una vez más, para obtener cierta información: “De madera, como en casi todos los templos de Andalucía, es la techumbre de este, formada por un artesón contenido por pareados tirantes con una estrella de lacería que los une al medio…” El mismo autor indicaba que en ella, además, no se advertía –al menos en ese momento- “resto alguno de labor pictórica”, llamándole la atención su “severidad” y el hecho de que era idéntica a las de “otras fábricas conocidamente cristianas” (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 234-235). También conocemos algunos detalles de los colgadizos de las naves laterales, que fueron construidos por Duarte Rodríguez, carpintero de Gibraleón, en 1628127. Según Miguel Cano, que reconoció la obra en 1632, estas cubiertas, sostenidas por treinta y un cuartones en cada nave, se disponían a cinta y saetino, contando cada una de las calles con doce faldetas y apoyando todo sobre una solera labrada con puntas de diamante128. Por su parte, las dos puertas del recinto, que no se han conservado, se abrían en los costados del evangelio y de la epístola respectivamente. La más próxima a la muralla, protegida por el pórtico que se levantaba en este lado del edificio, la conocemos por una de las fotografías de la colección de la Comisión Provincial de Monumentos de Huelva [Imag. II.1.9]. Tal y como indicaba Amador (1891: 222), se trataba de un vano adintelado, pero 126 Ibídem. 127 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, Fábrica, legajo 380, 1632, pleito de Duarte Rodríguez contra la Fábrica de la parroquial de San Martín, por la obra de las naves laterales de dicha iglesia. 128 Ibídem, reconocimiento de la obra de Duarte Rodríguez en la iglesia parroquial de San Martín, realizado el 11 de noviembre de 1632 por Miguel Cano. Primera parte 88 sabemos, además, que estaba flanqueado por dos pilastras neoclásicas que soportaban, al menos, un sencillo entablamento. Lo que nos permite apreciar la fotografía nos lleva a suponer que su tipología debió ser similar a la de la portada de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada, de La Granada de Riotinto, que ha sido fechada en la segunda mitad del siglo XVIII (CARRASCO TERRIZA, et al., 2006: 250). Es muy posible que la del costado contrario, calificada por Amador (1891: 230) como “vulgar puerta greco-romana”, fuese fruto de la misma reforma que configuró la primera. Sea como fuere, ambas se abrían a la altura de los pilares centrales de las naves, donde se encontraban sendas pilas de agua bendita (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 230). La primera, en el lado de la epístola, era un capitel antiguo y vaciado para tal efecto129, mientras que la segunda era “un cuenco de barro, colorido de verde y vidriado, con varios resaltes deformados ya” (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 230). Dicha descripción nos permite suponer que esta y las pilas bautismales de la misma parroquia, de Santa María y de Santiago -todas descritas en la documentación como obras de barro vidriadodebieron ser similares130. Las últimas fueron eliminadas a raíz de un mandato del arzobispo Palafox que obligaba a sustituirlas por otras de mármol o jaspe131, si bien en lugares próximos se han conservado otras del mismo tipo, vidriadas de verde manganeso y decoradas con motivos aplicados o tallados. Según Gestoso (1903: 137-144), este tipo de pilas bautismales podrían ser atribuibles a alfares trianeros de los siglos XV y XVI. De hecho, la de la iglesia de San Pedro de Carmona está firmada y fechada por Juan Sánchez a principios del quinientos (MORALES, et al., 2004b: 148-149), habiendo sido datada la de la parroquial de Santiago el Mayor de Castilleja de la Cuesta a finales del XV (MORALES, et al., 2004b: 29)132. En este caso, contrariamente a lo que ocurría en la parroquial de Santa María, la pila bautismal de San Martín sí estaba “dentro de una capilla zerrada, cuio techo es bobeda, y el arco o portada tiene varandas lebantadas hasta su mitad, y se intitula la capilla de la 129 Este capitel se encuentra hoy en el patio del antiguo hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, sirviendo como fuente [Imag. I.28]. Llegó hasta aquí procedente de la colección arqueológica que recogió el párroco Cristóbal Jurado a finales del siglo XIX en el patio de la parroquial de Santa María, donde fue fotografiado por Amador de los Ríos para ser incluido en su Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Huelva (1909). Se trata de un capitel visigodo dotado de peces en relieve y motivos vegetales (CAMPOS CARRASCO, et al., 2009: 358-359). 130 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 131 Ibídem, legajo 05161, visita a Niebla del año 1686. 132 Gestoso (1903: 137-144) estudió un buen grupo de pilas bautismales andaluzas de este tipo, atribuyéndolas a alfares trianeros de los siglos XV y el XVI. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 89 Cruz”133. Las fuentes confirman que, efectivamente, en esta iglesia parroquial había “sinco altares, inclusas dos capillas” cubiertas, a diferencia del resto del cuerpo de naves, por sus respectivas bóvedas134. Amador (1891: 230-231), que señalaba que a estas -“de cúpula hemiesférica”- se accedía mediante sendos arcos de herradura, hablaba así de la configuración del templo en relación con la posición de las mismas: “Su planta”, refiriéndose a la de la iglesia, “es la de una cruz latina, formando los brazos del crucero dos capillas que se hacen fuera de las naves laterales y que al exterior se manifiestan por el cuerpo saliente que en el costado septentrional sigue al atrio, y por el que en el meridional surge al lado de la casa del señor cura y en línea recta con ella”. La ubicada en el costado noroeste de la iglesia -o la del lado del evangeliose ha conservado hasta hoy; se trata de la capilla del Señor de la Columna. La otra, la bautismal o de la Cruz, ocupaba el lado opuesto, adosándose al muro perimetral de la epístola justo por delante del testero que separaba la cabecera del templo de su cuerpo de naves. De hecho, hemos podido comprobar que la casa rectoral, adosada al flanco sureste del ábside, se adhería al nororiental de la capilla al mismo tiempo, quedando ambos cuerpos alineados, tal y como señalaba Amador de los Ríos [Fig. 1.7]. Los visitadores arzobispales dejaron testimonios que confirman la posición de la capilla de la Cruz, puesto que después de hablar del altar de San Cayetano –ubicado, recordemos, en el testero principal de la nave de la epístola-, señalaban: “síguele una capilla con otro altar que en un nicho tiene una Santa Cruz, y en ella esta la pila del baptismo”135. Algunos años más tarde volvía a insistirse: “A continuazion de este altar esta una capilla con el titulo de la Cruz, en que ay un crucifijo pintado en la pared, con total desaliño”136. Hasta tal punto debía considerarse inapropiada la imagen mural citada, que en 1743 se ordenó su ocultación137, no volviendo a ser descubierta hasta mediados de la década de 1910. Fue el párroco Cristóbal Jurado (1917; 1934: 58-60) quien, en 1917, después de 133 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 134 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 135 Ibídem, legajo 05152, isita a Niebla del año 1682. 136 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 137 “Y mediante que el Santo Xristo que está en la capilla baptismal, pintado en la pared del altar de ella, causa yrreberencia por lo yndezente, mandó Su Illustrisima se borre y pinte otro”, ibídem, legajo 05218, visita a Niebla del año 1743. Primera parte 96 Niebla151. Desde el interior de esta, que se encuentra adosada al costado de la epístola de la cabecera, puede apreciarse con claridad el vano cegado que comunicaba con el interior del presbiterio [Imag. I.30]. Dicho espacio se organiza en dos crujías paralelas al eje longitudinal de la iglesia, pero sabemos que, por la parte exterior del muro que la separa de la plaza que rodea actualmente al ábside, se levantó la escalera que comunicaba con su planta superior. De ella se habla en documentación de finales del siglo XVIII para aludir a la reconstrucción que debía hacerse de su cubierta, que se encontraba hundida, y a la función que desempeñaba, que no era otra que la de comunicar con “unos quartos altos que estan detras de la sacristia”, o la de dar “uso a el granero y quartto taller” 152. Estos estarían ubicados, por tanto, en el piso superior citado o en los de los alpendes contiguos, que rodeaban el patio, tal y como se aprecia en la documentación gráfica de Ismael Guarner, levantada antes de su demolición. 3.4- Las antiguas parroquiales de San Miguel, San Lorenzo y Santiago Además de no haberse conservado ningún elemento de las mismas, las fuentes tampoco son excesivamente prolijas en cuanto a noticias que pudieran permitirnos restituir la morfología de las parroquiales de San Miguel, San Lorenzo y Santiago. Podemos advertir, no obstante, que las dos primeras fueron sensiblemente más modestas que los otros templos parroquiales de la localidad. Por ejemplo, los únicos altares que había en ambas eran los de sus capillas mayores153. El de San Miguel, en concreto, era “un altar desnudo y sin ara, con retablo antiguo dorado y con pinturas, y en el, de lo mismo, San Miguel”154. Sabemos que Alonso Pérez, en 1541 y antes de traspasar el encargo al pintor Juan Ramos, 151 A finales del siglo XIX, el párroco Cristóbal Jurado solicitó permiso del Arzobispado para vender la anterior Casa Rectoral, por encontrarse en mal estado, y destinar la ganancia a concluir la obra que había iniciado en la que había adquirido junto al ábside de San Martín, ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 20 de junio de 1896, por la que Cristóbal Jurado solicita permiso al Arzobispado de Sevilla para vender la Casa Rectoral de Niebla. En su testamento cedió al Arzobispado de Sevilla dicho inmueble, con la condición de que se rece una misa cantada por su alma todos los años, Ibídem, testamento de Cristóbal Jurado, fechado en 21 de julio de 1933. 152 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, Fábrica, legajo 379, 1794, autos sobre reconocimiento, aprecios y ejecución de obras en la iglesia de San Martín, declaraciones de Francisco del Valle y de Santiago de la Losa de 17 de febrero de 1800, sobre el estado de conservación de la techumbre del edificio. 153 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 154 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 97 ejecutaba un retablo de talla y pintura para dicho templo, probablemente el descrito por el visitador (CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 25). El de San Lorenzo debía ser similar, puesto que también se describe como “un altar desnudo con retablo pequenno, antiguo, de madera, dorado y el santo en él de pintura”155. Este fue contratado con Antonio de Alfián en 1577, que pintó en cuatro tablas un Calvario, una Santa Catalina, una Magdalena y una imagen del titular de la iglesia (CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 25). Sabemos por otra parte que estos templos, aunque dotados de cabeceras abovedadas, eran de una sola nave cubierta con techumbre de madera, abriéndose en ellas dos únicas puertas, de las que desconocemos sus ubicaciones y orientaciones156. Los materiales de la parroquial de San Lorenzo eran los habituales de la zona, debiendo ser su fábrica muy similar, sin duda, a las de las parroquiales de Santa María, San Martín y Santiago. De hecho, en el informe de la visita de 1682 se hizo constar que todas estas parroquias eran de “ladrillo, piedras, tapias y mescla”157. Por el contrario, la única noticia que conocemos sobre la materialidad de la de San Miguel, a parte de la referida a la cubierta de “enmaderado” de su nave, es una que alude a que antes de 1714 se había gastado cierta cantidad de dinero en reparar una parte de su tejado, en concreto en “reuocar y encalar todo el dicho texado y bouedas de la capilla mayor… y metter diferentes maderos en el techo”158. Lo que sí sabemos de esta parroquial es que, al igual que la de San Martín, tuvo un pórtico159. No conocemos el emplazamiento exacto del mismo, aunque es de suponer que debió ocupar, como en la otra iglesia citada, algún flanco estrechamente relacionado con los espacios públicos colindantes. Hemos de recordar que la iglesia ocupaba un espacio baldío situado entre el Campo del Castillo y la plaza de la Feria, lugar que debía ser de cierta entidad y significación para la trama urbana, puesto que, como se señalaba en el informe de la visita de 1743, “en el porche de la yglesia de San Miguel… se hizo una tienda que se arrienda en los tiempos que se celebra feria en esta villa”160. El conjunto se completaba, al 155 Ibídem. 156 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682; legajo 05158, Visita a Niebla del año 1685; y legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. 157 Ibídem, visita a Niebla del año 1682. 158 Ibídem, visita a Niebla del año 1714. 159 Ibídem, visita a Niebla del año 1682. 160 Ibídem, legajo 05218, visita a Niebla del año 1743. En una relación de rentas de la parroquial, recogida en el informe de una visita tres años anterior, ya se había hecho mención del particular: “En el arrendamiento Primera parte 98 menos que sepamos, con una torre que antes de la década de 1640 albergaba dos campanas, de las que solo quedaba una en 1685, antes de que la estructura del campanario se hubiese caído, en su “maior parte” e irreparablemente, en 1704161. Las fuentes no refieren la existencia de ninguno de estos dos elementos en la parroquial de San Lorenzo, lo que resulta extraño, al menos en lo referente al campanario, con el que debió contar aunque fuese de un modo más o menos modesto. Sí tenemos noticia, sin embargo, de su sacristía, que antes de 1740 había sido desagregada de la iglesia para, después de abrirle una puerta directa al campo, arrendarla también como local comercial a los administradores de alcabalas que asistían a la feria que se celebraba en Niebla por San Miguel162. Otra interesante noticia sobre la configuración interior de esta parroquia de San Lorenzo es la que nos ofrece el visitador arzobispal de 1685, que señalaba que tenía “la obra de teja y ladrillo toda ella, que biene a ser vna nabe con quatro arcos”163. Carecemos de otras herramientas que nos permitan establecer un juicio más certero sobre el particular, pero la referencia aludida podría estar poniendo de relieve que el templo se adscribía a la tipología de iglesias de arcos transversales, modelo que partió de Córdoba tras la Reconquista y que se extendió principalmente por Sierra Morena y algunos lugares de Extremadura durante la segunda mitad del siglo XIV y, fundamentalmente, el XV (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 128-131; MORALES, 1976: 99-101; MOGOLLÓN CANOCORTÉS, 1996: 88). No resultaría extraño que así fuese, puesto que también existen ejemplos al sur del Guadalquivir, como los de Estepa, Coria del Río, Vejer de la Frontera y Tarifa (MORALES, 1976: 99, 1996a: 127). Un caso más cercano es el de la iglesia parroquial de Villalba del Alcor, con dos naves de arcos diafragma que confluyen, en ángulo recto, en la capilla mayor; la principal se considera obra almohade del siglo XII, pero la segunda debió ser levantada entre los siglos XIV y XV (JIMÉNEZ MARTÍN, 1980: 26-32; MARÍN FIDALGO, 1982: 85-90; CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 289-295). Al margen de esta última, que presenta unas particulares disposición en planta y cubiertas abovedadas –determinadas por el edificio andalusí reaprovechado-, estas iglesias suelen contar con cabeceras cuadrangulares y abovedadas, así como con una sencilla nave con techumbre de madera sobre arcos diafragma de perfil apuntado. temporal de un portal que se arrienda a mercaderes en las tres ferias que se zelebran en esta villa, segun regulazion cada anno, veinte reales que valen....... 680”, ibídem, legajo 05215, visita a Niebla del año 1740. 161 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685; y legajo 05169, Visita a Niebla del año 1704. 162 Ibídem, legajo 05215, visita a Niebla del año 1740; y legajo 05218, Visita a Niebla del año 1743. 163 Ibídem, visita a Niebla del año 1685. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 99 * Los problemas para el correcto conocimiento de la iglesia parroquial de Santiago se multiplican, puesto que, a pesar de que las fuentes narran un mayor número de detalles referentes a su fábrica y a su configuración, se trataba de un edificio más complejo y de mayor categoría arquitectónica, equiparable, tal vez, al de las parroquiales de Santa María y San Martín. De hecho, en el informe de la visita de 1721 se aludía a que era una iglesia “capaz para el vesindario de su collazion”164, especificando el de la de 1714 que estaba “como las otras dos, mui adornadas y con mucho aseo”165. Podríamos comenzar por referir, no obstante, que su fábrica era de “ladrillo, piedras, tapias y mesclas”166, como señalamos anteriormente, si bien otra noticia algo más tardía aclara que estaba compuesta, en su mayor parte, por “paredes doble (sic) de ladrillo y cal, teniendo por alguna parte pared de tapia”167. En lo que también coinciden las fuentes es en destacar la solidez de la misma y su antigüedad; en 1697, por ejemplo, se señalaba que el edificio era “de antigua pero buena hechura”168, cosa que volvía a hacerse en 1721, cuando se indicaba que en la iglesia era “todo fabrica antigua, fabrica fuerte”169. En 1784, por último, volvía a recalcarse que era “obra antiguissima” (sic), como se decía, por otra parte, de las parroquiales de Santa María y San Martín, pero “de fea planta”170. Desentrañar el porqué de este último particular es una de las tareas que más dificultades presenta a la hora de analizar la documentación referida a la parroquial de Santiago. Desde luego sabemos que tuvo tres puertas171, una de ellas denominada del Sol, que por tanto debía estar orientada hacia el mediodía, como en Santa María de la misma localidad, o hacia levante, como en San Bartolomé de Villalba del Alcor (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 111). Los mandatos de visita de 1697 ordenaban hacer “mayor su portada, por la escasez de luz y necessidad de mayor cabidad para las processiones”172. El visitador, sin duda, debía estar refiriéndose a la principal, aunque no hemos podido determinar ni su posición, ni si se trataba de la puerta del Sol. Sí es bastante probable que 164 Ibídem, legajo 05190, visita a Niebla del año 1721. 165 Ibídem, legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. 166 Ibídem, visita a Niebla del año 1682. 167 Ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 168 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 169 Ibídem, legajo 05190, visita a Niebla del año 1721. 170 Ibídem, legajo 05181, visita a Niebla del año 1784. 171 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682; y legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 172 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. Primera parte 100 hubiese sido, originalmente, una portada de carácter bajomedieval, quizás similar a las de San Martín y Santa María, como vendría a poner de relieve su escasa amplitud. De cualquier modo, las portadas daban acceso a un interior que generaba cierta confusión en los visitadores. En 1682 se indicaba que se organizaba en tres naves, detallándose, incluso, que la capilla bautismal estaba “a lo ultimo de la yglesia, en la naue colateral del euangelio”173. Tres años después, sin embargo, se rectificaba la información para señalar que era “de vna nabe que se conpone de 4 arcos y de vn arco a la cappilla mayor”174, descripción que parece coincidir con la que se realizó, el mismo año, para la de San Lorenzo. Que se trataba de una iglesia de arcos transversales parecen confirmarlo los informes de las visitas de 1721, donde se recogió que la iglesia era “un cannon, y en lugar de naues vnos arcos”175, y de 1704, que refería que su interior era de “quatro naues”, aunque “formadas por la latitud y ancho de la yglesia”176. Este último testimonio, además, aclara que la estructura del edificio se apoyaba “sobre arcos y postes”, pilares en realidad, como se deduce del hecho de que el mismo visitador, aquel año, emplease el mismo término para referirse a los de Santa María. No obstante, lo que resulta más interesante es que la iglesia era “bastante capaz, pero de menos proporcion, por ser casi tan ancha como larga”177, lo que podría suponer que para su construcción se reaprovechara una antigua mezquita. Sea como fuere, la cubierta del buque del templo llamó poderosamente la atención de los visitadores de 1685 y 1704, que, adoptando una actitud contraria a la que se observa con respecto a las techumbres del resto de edificios religiosos de Niebla, optaron por destacar su morfología. Gracias a ellos sabemos que era de “madera, mui labrada a lazos con primor y dada de color y pintura”178. Otro testimonio aclara que eran “vnas obras doradas que es el techo, y por sima tejado y enmaderado”179. Esta traza y composición resulta excepcional para un edificio de arcos transversales, que solían contar con techumbres modestas, no apareciendo en ellas buenas y elegantes obras de carpintería hasta que el modelo se extiende por el antiguo Reino de Granada a principios del siglo XVI (MORALES, 1996a: 127-128). 173 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 174 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 175 Ibídem, legajo 05190, visita a Niebla del año 1721. 176 Ibídem, legajo 05169, isita a Niebla del año 1704. 177 Ibídem. 178 Ibídem. 179 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. Capítulo 3. La arquitectura religiosa 101 A todas estas particularidades hemos de sumar la presencia de una cabecera igualmente poco común. Se encontraba abovedada180 y su acceso desde la nave se hacía a través de un arco, tal y como hemos visto anteriormente. Ahora bien, en el presbiterio, que ocupaba “casi la cabidad de la yglesia”, se encontraban “con el altar mayor sus colaterales”181. De hecho, en el informe de la visita de 1704, sin aludir a ningún otro tipo de distribución, solo se hizo constar que “los demas altares” –los que no eran el principaleran “nichos y pinturas”182. Sea como fuere, el retablo del principal, al que se llegaba a través de “unas gradas de azulejos” 183, era “de talla”184, “dorado, antiguo” y “con pinturas”185, se componía “de coronaciones y lazos a lo antiguo”186 y contenía “el Sagrario y el Santo titular”187, que era una “ymagen de pintura en tabla muy bien hecha”188. Todo esto nos hace suponer que fue una obra bajomedieval189. Junto a él, en el lado del evangelio, estaba el de Nuestra Señora de la Antigua, “con retablo antiguo” y pintura de la titular; a este le seguía un tercero, “y en un nicho del” estaba “Nuestra Sennora de la Soledad”190, en “su ymagen debota y bestida”191. Por el lado de la epístola había, en primer lugar, “un retablo dorado viejo” con la imagen pictórica de Santa Ana, al que seguía otro altar con una talla de San Sebastián192. Ahora bien, algunas otras noticias vienen a introducir elementos 180 Ibídem. 181 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 182 Ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 183 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 184 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 185 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 186 Ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 187 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 188 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 189 En 1757 se ordenó su sustitución, por hallarse “mui maltratado por su anttigüedad”, ADH. Sección Justicia, Serie Ordinario, Fábrica, legajo 379, testimonio de verdad del escribano público, apostólico y de la Vicaría de Niebla, Esteban Aquilino Lozano, extractando los mandatos de la visita realizada en 1757 por Lorenzo Garrido y Mesa, visitador general del Arzobispado. No tenemos noticias, sin embargo, sobre si llegó a ejecutarse el mandato. 190 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 191 Ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 192 Ibídem, visita a Niebla del año 1682; y visita a Niebla del año 1697. Para los dos altares extremos, los de la Soledad y San Sebastián, no se refiere la existencia de retablo alguno. No fue hasta 1788 cuando, por iniciativa del presbítero Juan José Pacheco, se realizasen ambos. El autor fue Miguel González Pacheco, y aunque no se explicita nada sobre su destino, podemos suponer que fue para ambas imágenes, puesto que el tallista se comprometió, al mismo tiempo, a realizar un Cristo resucitado “de siente (sic) quartas de alto” que había de Primera parte 102 de juicio que complican la lectura; por ejemplo, el informe de la visita de 1682 refería que “la capilla mayor y colaterales” se cubrían con bóveda193, aludiendo el de 1685 solamente a la capilla abovedada que ocupaba la Virgen de la Soledad194. El de 1714, no obstante, confirma que este particular era aplicable a los dos extremos de la cabecera, pues se había gastado cierta cantidad monetaria en “auer pinttado y estofado la capillla de el sennor San Seuastian y las dos fachadas ynmediatas a la capilla de la Soledad”195. En 1757, por otra parte, se señalaba que el retablo principal era muy pequeño, pues solo ocupaba “el ambitto de el arco”196, lo que podría llevarnos a pensar que la compartimentación de dicha cabecera era aún mayor de la planteada, puesto que entre el central y los de San Sebastián y la Soledad mediaban, recordemos, los altares de Santa Ana y la Antigua. Sin embargo, el informe de la visita de 1697 aclara que el del centro era pequeño “a ocasion del corto espaçio del nicho”, no del arco toral, encontrándose junto a él, el de la Virgen de la Antigua, efectivamente, “sin mas diferencia que el sitio”197. De todo lo expuesto se puede deducir, por tanto, que el templo contaba con una cabecera especialmente desarrollada en anchura; era tripartita, siendo el tramo central -de testero plano muy probablementelo suficientemente amplio como para acoger tres retablos pequeños198. Los detalles ofrecidos por las fuentes, por otra parte, permiten suponer que los secundarios, aunque independientes, debían estar comunicados con el central, aunque no sabemos si también con la nave. De hecho, en cierta ocasión, al aludirse al carácter colateral del altar de Santa Ana –uno de los dos más próximos al centralno dejó de señalarse que estaba “por frente de la naue”, especificación que no se hizo de ningún colocarse en uno de ellos, sin duda el de la Soledad. ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, Fábrica, legajo 379, 1788-1789, expediente sobre los retablos de Miguel González Guisado, a instancia del licenciado don Juan José Pacheco, mayordomo de la Fábrica de la iglesia parroquial de Santiago. 193 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 194 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 195 Ibídem, legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. 196 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinario, Fábrica, legajo 379, testimonio de verdad… extractando los mandatos de la visita realizada en 1757… 197 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 198 No conocemos iglesias de arcos transversales con cabeceras tripartitas, pero sí con suficiente amplitud, tanto en sus capillas mayores, como en los testeros que las separan de sus naves, como para haber adoptado una disposición similar a la de Santiago de Niebla; valgan los ejemplos de la de Nuestra Señora de los Remedios, de Cortelazor la Real (CARRASCO TERRIZA, et al., 2006: 149 y ss.), y de la de Nuestra Señora de la Antigua, de La Umbría (Aracena) (CARRASCO TERRIZA, et al., 2006: 122). Capítulo 3. La arquitectura religiosa 103 otro199. Es algo que, de cualquier modo, no podemos resolver de un modo satisfactorio, puesto que todo parece indicar que en 1682, cuando se decía que la capilla bautismal estaba “a lo ultimo de la yglesia, en la naue colateral del euangelio”, se estaría haciendo referencia a la cabecera, no al propio cuerpo de naves. Hay que tener en cuenta que en la visita de aquel año también se mencionó que la pila de San Martín estaba “a lo ultimo de la yglesia, en una capilla” que como sabemos se encontraba en la zona de la cabecera del templo, lo que nos lleva a pensar que la de Santiago se encontraba en la de la Soledad200. De ser así, las capillas de la cabecera se proyectarían de algún modo hacia el buque del templo. Por último, habría que referir que la iglesia contaba con tribuna y órgano201, así como con un coro de carácter básico, como los más antiguos de las parroquiales de Santa María y San Martín202. De hecho, en 1757, tal y como había ocurrido en las otras dos, se ordenó la ejecución de uno nuevo, “zerrandolo con madera de Flandes para la separación del clero y poniendo sus correspondientes asienttos y escannos”203. La sacristía, por su parte, era “mui buena” y de “bastante capacidad y proporción”204, estando anexa, además, a un corral al que tenía salida205. A esta aparente suficiencia en lo que se refiere a espacios de servicio habría que sumar las posibilidades de su almacén, que fue ampliado en 1711, “asiendo que corra hasta la esquina para que, poniéndole por denttro vn tauique, se puedan guardar en el los trastos de el monumentto y demas alajas”206. El conjunto parroquial, equiparable definitivamente a los de Santa María y San Martín, se completaría con una “torre con dos canpanas y una con que se alsa a Dios nuestro Sennor”207. 199 Ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682. 200 Más adelante, una vez suprimida la pila de barro vidriado y construida la nueva, debió buscársele una nueva posición a la capilla bautismal, puesto que a principios del siglo XVIII esta ya era “de las mesmas circunstancias que la de Santa Maria”, es decir, un espacio simplemente acotado dentro del cuerpo de naves de la iglesia, ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. De hecho, en 1697 se había ordenado hacer “reparasion con verjas o barandillas a la capilla baptismal”, ibídem, legajo 05165, visita a Niebla del año 1697. 201 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 202 “El choro se compone de tres escannos de respaldo sin mas obra ni adorno”, ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 203 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinario, Fábrica, legajo 379, testimonio de verdad… extractando los mandatos de la visita realizada en 1757… 204 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682; y legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 205 Ibídem, legajo 05197, visita a Niebla del año 1725. 206 Ibídem, legajo 05180, visita a Niebla del año 1711. 207 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. En la visita de 1682, sin embargo, no se hace mención expresa de la torre, haciéndose alusión, simplemente, a un “canpanario y dos canpanas”, ibídem, legajo 05152, Primera parte 104 visita a Niebla del año 1682. En ambos casos, evidentemente, se está haciendo alusión a la misma estructura, de la que desconocemos su verdadera morfología. SEGUNDA PARTE PROCESOS DE PERVIVENCIA Y TRANSFORMACIÓN DE LA ARQUITECTURA RELIGIOSA Y DEL URBANISMO BAJOMEDIEVAL DE NIEBLA Segunda parte 112 por otra parte, los cuatro beneficios que había en la parroquial de San Miguel fueron concentrados en solo dos217, y tanto esta como la citada con anterioridad, ya en 1682, se encontraban sin sagrario, agregadas a las parroquiales de Santa María y San Martín respectivamente y cerradas, abriéndose únicamente en las festividades de sus advocaciones y para otras celebraciones puntuales218. No conocemos las fechas exactas de estas clausuras, pero en 1721 se consideraba que las dos parroquias estaban cerradas desde tiempo inmemorial, no pudiendo concluirse desde cuándo lo estaba la de San Miguel, en concreto, “por lo antiguo que en ella se consumio el Santisimo Sacramento”219. El visitador, ya se expresaba de un modo similar en 1685, al señalar que la renta de esta parroquial se gastaba en la de Santa María desde “muchos annos a”220. A estas apreciaciones, en 1714, se añadían otras que indicaban que las iglesias se cerraron por ser “vastanttes” las tres restantes221, lo que viene a dejar meridianamente clara, por el contrario, la causa del particular. En el informe de la visita de 1704 se resumió cuál venía siendo la situación, a nuestro entender, de un modo muy aclaratorio: “Vnieronse las rentas destas parrochias a las antecedentes… y se extinguio su parrochialidad, dejandoles vn moderado culto y celebrandose con especial las festiuidades de San Lorenzo y San Miguel en sus propios días, en sus yglesias titulares, a donde concurren la clerecia de las demas parrochias... La extincion de dichas dos parrochias se ocasiono de auerse minorado la vecindad”222. 217 En el informe de la visita de 1685 se dejó constancia de que la iglesia tenía dos beneficios, “por que avnque eran 4, aora 40 annos se juntaron los 4 benefisiado y disen pidieron a su santidad que conforme fuesen muriendo fuese agregando las rentas de todos 4 hasta que quedasen en dos…” (AGAS, Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685). 218 Ibídem, legajo 05152, Visita a Niebla del año 1682. 219 Ibídem. En 1708, además, se especificaba sobre el asunto lo siguiente: Dige que la fabrica de San Miguel esta y tiene agregada con sus rentas a la de Santa Maria, como tambien la fabrica y rentas de la yglesia de San Lorenzo a la de San Martin, y que assi la yglesia de Santa Maria se vale y aprovecha de las rentas de la de San Miguel como la de San Martin de las de San Lorenzo, pero desta agregazion no consta como ni de que aya lizencia ni despacho de juez para valerse de dichas rentas, si solo vn estilo y permision antiquissima de ello, la que no ha bastado para para incorporarse vnas rentas con otras”. Ibídem, legajo 05171, visita a Niebla del año 1708. 220 Ibídem, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. 221 Ibídem, legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. 222 Ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. Capítulo 4. 1525-1810: El fracaso de un modelo de ciudad 113 Hemos de suponer, por tanto, que la feligresía de San Lorenzo fue desapareciendo a lo largo del XVI, puesto que su parroquial, en 1634, ya estaba ubicada en mitad de un despoblado. Queda claro, no obstante, que esta aún no se había anexionado a San Martín en 1627, como se deduce que el mayordomo de Santa María quisiese contar con sus rentas. En 1638, además, seguía habiendo presbíteros en ella, lo que indica que su estructura seguía en funcionamiento223. En esta primera mitad del XVII, la collación de San Miguel también debía encontrarse en una situación de bastante precariedad demográfica, aunque podemos sospechar que la oficialización de la extinción de su parroquia –probablemente decretada a la misma vez que la de San Lorenzono se produjo hasta pasada la epidemia de 1649-50, que debió ser la que le asestó el golpe definitivo. La concentración de sus beneficios en 1645 vendría a probar que antes de aquel acontecimiento, aunque en precario, la parroquial seguía funcionando independientemente. Antes de esto, la red hospitalaria y de beneficencia adscrita a las parroquias había sufrido una suerte semejante, puesto que todos los centros habían sido anexionados al hospital de Nuestra Señora de los Ángeles [Imag. I.31], vinculado a la de Santa María224. Tampoco conocemos la fecha de la concentración, puesto que incluso en plenos siglos XVII y XVIII se había perdido cualquier referencia legal a la misma. Los visitadores arzobispales, desde luego, eran incapaces de encontrar entre los antiguos libros parroquiales alguna razón sobre el tema: “Huvo en este pueblo varios hospitales, a sauer, el de San Estevan, San Martin, San Nicolas, San Sebastian y el de los Angeles, y todos aquellos se huvieron de agregar a este que oy existe, pero no consta huviese bula de agregacion, pues no se han hallado instrumentos, papeles ni escrituras que lo manifiesten, no obstante que se han solicitado aun por el medio de censuras. Tampoco consta la separacion de hacienda, fincas y numeros pertenecientes a cada uno de dichos hospitales, como lo estarian en sus antiguos respectivos protocolos, pero hay noticia de que se visitaban 223 Lo sabemos porque en verano de ese año, el visitador del Arzobispado había tomado las cuentas de San Martín y San Lorenzo al mayordomo de ambas, que era Francisco Bellerino de Parrales, que era, a su vez, presbítero en la segunda (ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, Fábrica, legajo 380, 1638, expediente sobre el pago del retablo de Santa María). 224 Así lo refieren, de forma recurrente, los informes de las visitas de 1685, 1714, 1740 o 1784 (AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajos 05158; 05183; 05215; y 05181). Segunda parte 114 separadamente, lo qual me conduxo a buscar aquella primera visita que supusiese ya la reunión, pero no siendo posible hallarla, suspendi todas las diligencias...”225. Es de suponer, no obstante, que la reducción se llevó a cabo en las últimas décadas del siglo XVI con la intención de garantizar el sostenimiento de, al menos, un centro asistencial en una localidad cada vez más mermada en lo económico y en lo demográfico. A lo largo de aquellos años fue cuando se puso en marcha en la archidiócesis sevillana la reforma que, a nivel de todo el reino, venía promoviendo Felipe II desde mediados de la centuria, con la intención de solucionar las carencias de un sistema hospitalario que se mostraba ineficiente e incapaz de atender a la amplias masas de población que requerían asistencia (CARMONA GARCÍA, 1979: 177-326; GARCÍA ORO, PORTELA GARCÍA, 2000). Como demuestran algunos casos conocidos, los recursos de todos los centros sujetos a la concentración se ponían a disposición del que debía ejercer las funciones de un modo más solvente y desahogado, que normalmente era el principal de todos o el más capaz –en este caso el vinculado a Santa María-, procediéndose luego a la desacralización y venta de los restantes (GARCÍA ORO, PORTELA GARCÍA, 2000: 90-99; RECIO MIR, 2000: 39-45; AMORES MARTÍNEZ, 2006: 819-821). Los efectos de la reducción y empobrecimiento de la población estaban siendo letales, en definitiva, para la estructura parroquial de Niebla. Resulta obvio que la situación no era más que el reflejo del fracaso de un modelo de ciudad impuesto en la Edad Media y deudor de un proyecto sociopolítico que había quebrado poco antes. La ausencia de feligreses hacía innecesaria la existencia de un aparato religioso como el que se había configurado tras la Reconquista; pero es más, esto, unido a la falta de caudales de consideración, provocaba una manifiesta incapacidad económica y estructural para el mantenimiento del organigrama eclesiástico. La reducción de hospitales sería un buen ejemplo de ello, pero, además, podemos decir que la decisión de clausurar las parroquiales de San Miguel y San Lorenzo no solo se sostuvo sobre la idea de que eran innecesarias, pues también se advirtió que sus rentas serían imprescindibles para garantizar el funcionamiento y el sustento de las otras iglesias. Aunque sus cuentas seguían tomándose por separado y de forma independiente, los caudales que sobraban de sus escasas obligaciones eran aplicados directamente a las parroquiales a las que se habían anexionado, viniendo a socorrerlas cada vez con más frecuencia conforme avanzaban los años. Muy 225 Ibídem, legajo 05181, visita a Niebla del año 1784. A principios del mismo siglo, concretamente en 1714, el visitador correspondiente encontró exactamente la misma dificultad (ibídem, legajo 05183). Capítulo 4. 1525-1810: El fracaso de un modelo de ciudad 115 aclaratorias, a este respecto, son las palabras recogidas en el informe de la visita de 1721, que señalaban que Santa María “quisas estaria cerrada sino fuera por estta”, refiriéndose a la parroquial de San Miguel226. A pesar de la mención de Rodrigo Caro (1634: 211v) a su abundancia, hemos podido comprobar que el número de capellanías y memorias existentes en las tres parroquias que quedaron habilitadas era realmente corto, debido, muy probablemente, tanto a la mala gestión de las mismas –lo que provocaría la pérdida de muchas de ellas-, como a la falta de potenciales benefactores. Entre 1685 y 1784 hubo entre 18 y 22 capellanías en Santa María, entre 8 y 13 en San Martín y entre 5 y 6 en Santiago, muchas de ellas efectivamente irrecuperables227. Si comparamos estas cifras con las de localidades del entorno que estuvieron llamadas, en un principio, a desempeñar papeles territoriales y políticos equiparables al de Niebla, nos daremos cuenta del escaso poder económico de la iglesia local; en 1581, por ejemplo, había en Écija 292 capellanías, 164 en Jerez, 92 en Utrera, 70 en Carmona, 62 en Marchena y Aracena y 56 en Huelva (SÁNCHEZ HERRERO, 1992c: 458). No obstante, la verdadera dimensión del problema la determina el hecho de que las capellanías iliplenses, además, procuraban pobres rentas228, lo que repercutía en la configuración de un reducidísimo estamento clerical. Como sabemos, fueron las ganancias derivadas de los beneficios y capellanías las que procuraron la abundancia de clero en las ciudades andaluzas (SÁNCHEZ HERRERO, 1992c: 458); de hecho, en la zona sur de la actual provincia de Huelva se produjo en el siglo XVIII un notable incremento del número de eclesiásticos, debido a que la prosperidad agrícola de la zona provocó un aumento de fundaciones de este tipo (LARA RÓDENAS, 1995: 32-33). En Niebla, sin embargo, vuelve a constatarse la tendencia inversa; por ejemplo, de forma indicativa diremos que en 1685 servían en las tres parroquias veintidós eclesiásticos - contando a los curas, a los clérigos de mayores y de menores y a los distintos ministros-, reducidos a 21 en 1725, a 15 en 1760 y a 13 en 1784229. Como sabemos, la parroquial de Santa María gozó de mayor importancia que las demás. Así continuó siendo hasta el siglo XIX, pues se mantuvieron los siete Beneficios con que contaba ya en 1491 frente a los cuatro que gozaron San Martín y Santiago durante 226 Ibídem, legajo 05190, visita a Niebla del 1721. 227 Ibídem, legajos 05158; 05173; 05171; 05188; 05190; 05154; 05218; 05219; 05181. 228 “Las cappellanias de todas las iglesias son treinte y dos, 19 fundadas en Santa Maria, 8 en San Martin y cinco en Santiago, las mas de poca renta” (ibídem, legajo 05173, visita a Niebla del año 1694). 229 Ibídem, legajos 05158; 05197; 05225; y 05181. Segunda parte 116 el mismo periodo230. Los informes de las visitas arzobispales confirman, además, que esta era la más importante y la cabecera religiosa de la localidad: “Ai en esta uilla 5 yglesias, que son Santa Maria de la Granada, titulo de la Asumsion, Santiago, San Martin, San Miguel, San Lorenzo. La matris y prinsipal, a cuyo gobierno estan sujetas, es a esta de Sennora Santa Maria, titulo de la Asumcion”231. A pesar de esto, a finales del siglo XVII aún existían tres curatos, uno por cada una de las parroquias232, aunque el número total de eclesiásticos de las mismas fuera tan corto que todos tuvieran que servir alguno de los beneficios existentes233. Esto, unido a la deficiente situación que venimos describiendo, llevó el arzobispo Jaime de Palafox a ordenar en 1693 la supresión de las de San Martín y Santiago, que se agregarían a la de Santa María del mismo modo que se habían agregado a las dos últimas, las de San Miguel y San Lorenzo234. La escasa feligresía de Niebla podía ser perfectamente atendida por una única parroquial que necesitaba fortalecerse, en lo material, en lo cultual y en lo espiritual, con los recursos de las otras dos. De cualquier modo, los continuos enfrentamientos y choques entre el prelado y las distintas instituciones dependientes de su Arzobispado (SÁNCHEZ HERRERO, 1992c: 448-451) debieron dejar en suspenso el plan, puesto que en 1721 el visitador volvía a insistir en el asunto: “…si Vuestra Excelencia manda se zierren las dos yglezias de Santhiago y San Martin y que solo quede la de Santa Maria la mayor y en ella se cumplan las obligaciones de thodas, sera mui azepto a los ojos de Dios y dezençia de su culto, y estto vi es mui posible y creo no tendra la contradizion que hubo en tiempo de el 230 En las Visitas Pastorales del Arzobispado de Sevilla se puede comprobar cómo fue constante la presencia del mismo número de Beneficios en las parroquias de Santa María de la Granada, San Martín y Santiago entre finales del siglo XVII y principios del siglo XIX, fechas extremas de las conservadas. 231 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 05158, visita a Niebla del año 1685. En las visitas de otros años es frecuente encontrar, igualmente, referencias a la parroquia de “Santa María la Mayor” o a la “Iglesia Mayor de Santa María” (ibídem, legajo 05152, visita a Niebla del año 1682; y legajo 05146, visita a Niebla del año 1746). 232 Ibídem, legajo 05162, escrutinio de clérigos del año 1693. 233 Ibídem, legajo 05173, visita a Niebla del año 1694. 234 Ibídem, legajo 05163, visita a Niebla del año 1693. Capítulo 4. 1525-1810: El fracaso de un modelo de ciudad 117 Yllmo Sennor Don Jaime de Palafox, y con estta yglezia sola ai mui bastante para el vezindario de esta villa”235. Sea como fuere, en la década de 1730 los tres curatos ya se encontraban concentrados en uno solo, celebrándose, además, las principales funciones religiosas únicamente en Santa María236, medidas que solo vendrían a poner un parche al problema, puesto que la anexión, oficialmente, no se había producido. En 1784, de hecho, la administración arzobispal seguía a vueltas con el asunto: “Por lo que este se ha desolado y minorado de uezinos”, refiriéndose al pueblo, “ha dado motibo a ello para lo que seria mui oportuna la reducción de parroquias, agregando a la única que quedase las rentas, beneficios y obligaciones de las quatro que resultasen extinguidas, pues sin ellas el pueblo estaria bien seruido, respecto del expresado corto uezindario que le compone, y el culto diuino mas solemnizado reuniéndose en una sola iglesia las rentas, el clero y los fieles”237. Hubo de esperarse hasta la última década de la centuria para que, en el marco de las políticas impulsadas por Carlos III para restablecer la disciplina eclesiástica en el reino, se reformase la estructura parroquial de la localidad. La nueva organización fue determinada por el Plan y Decreto de Erección y Dotación de Curatos del Arzobispado de Sevilla, elaborado entre 1786 y 1787 -y publicado en 1791- con objeto de racionalizar las estructuras de la archidiócesis y de hacerlas más efectivas en lo económico y en lo pastoral (MARTÍN RIEGO, 1992: 596-603). Este (ARZOBISPADO DE SEVILLA, 1791: 71 y 72) seguía asumiendo la inutilidad de las iglesias de San Miguel y San Lorenzo, que no contaban con vecindario, estableciéndose, al mismo tiempo, la unión quoad curam –es decir, solo en cuanto a la atenciónde las otras tres. La principal seguiría siendo, lógicamente, la de Santa María, tres de cuyos beneficios se adjuntaban a la renta del curato, que sería único para toda la población. Uno de los cuatro restantes se aplicaría a la Fábrica Parroquial, dada “su pobreza”, unificándose el resto en otro que gozaría un eclesiástico en calidad de residencia. Las parroquiales de San Martín y Santiago se conservarían “con algun uso” y se unirían “para fomentar la población”, estableciéndose un “Vicario perpetuo” para ambas. Su 235 Ibídem, legajo 05190, visita a Niebla del año 1721. 236 Ibídem, legajo 05201, visita a Niebla del año 1730; y legajo 05209, visita a Niebla del año 1733. 237 Ibídem, legajo 05181, visita a Niebla del año 1784. Segunda parte 118 dotación se obtendría de la unión de dos de los beneficios de la segunda y uno de los de la primera, donde además se establecía un nuevo beneficio con obligación de residencia, resultante de la unificación de otros dos de los antiguos y una prestamera. En resumen, las rentas fueron concentradas, el número de clérigos reducido al mínimo y concedida definitivamente la primacía a la parroquial de Santa María, que pasaba a convertirse en el centro fáctico de la vida religiosa local. No obstante, se garantizó la pervivencia de las de San Martín y Santiago, frenándose momentáneamente la corriente que se encaminaba a la disolución total del esquema urbano medieval. Este, a pesar de todo, ya estaba definitiva e irremediablemente condenado, puesto que la dinámica que conducía hacia dicho destino no era más que el lento y gradual fraguado de un modelo de ciudad más acorde con la realidad de Niebla, una pequeña y deprimida población de carácter rural a la que solo le quedaba el recuerdo de un pasado más próspero. 4.3-Dificultades para la gestión de las Fábricas y la conservación de los templos Ante la situación descrita, no deberían extrañarnos las dificultades a las que tuvieron que hacer frente las Fábricas parroquiales a la hora de llevar a cabo la labor de gestión y conservación de los edificios. Éstas ya eran patentes cuando la de Santa María, en 1627, impulsó la ejecución de su retablo mayor, basándose en que el templo estaba “muy indecente por no tener ninguno”238. El problema era que la parroquial no contaba con fondos para ello, por lo que, con el beneplácito del duque de Medina Sidonia, el Concejo tuvo que contribuir con seiscientos ducados, a los que habría que sumar los cuatrocientos que había reunido la feligresía. A pesar de todo, aún eran necesarios otros mil, una cantidad nada desdeñable que pretendía ser obtenida de las fábricas de San Martín, Santiago y San Lorenzo. El mayordomo de Santa María, amparándose en la pobreza de su Fábrica y alegando que las otras tenían fondos suficientes y no necesitaban gastarlos, solicitó al Arzobispado la cesión de caudales, obteniendo una respuesta positiva. La de Santiago se dispuso a ofrecer cinco mil reales, pero la de San Martín se negó, alegando –en contra de la opinión del mayordomo de Santa María, que pensaba que no era más que una excusaque necesitaba el dinero para cubrir distintas necesidades. Ya en 1638, un nuevo mayordomo solicitaba la suspensión temporal de la obligación de pagar a Miguel Cano lo que se le 238 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, legajo 380, 1627, 1628, 1629, expediente sobre el retablo de la parroquial de Santa María. Capítulo 4. 1525-1810: El fracaso de un modelo de ciudad 119 adeudaba por la hechura del retablo, volviendo a solicitar, al mismo tiempo, la participación de las otras parroquiales en la obra de una sacristía que le era muy necesaria a la iglesia mayor y que no había podido ser concluida por la misma falta de medios239. Hemos de dar por ciertas las carencias de la Fábrica de Santa María, pues las medidas solicitadas por el mayordomo habían sido ordenadas previamente por el visitador arzobispal, que aludía a que si se saldaba la deuda con el tallista, la parroquial no podría atender a sus necesidades más básicas240. Sin embargo, el argumento empleado a la hora de exigir la colaboración de la de San Martín en el asunto del retablo no formaba parte más que de una interesada estrategia, puesto que, durante aquellos mismos años, esta última sí tenía la perentoria necesidad de gastar en sus propias obras. En 1624 se había concertado con Duarte Rodríguez, carpintero de Gibraleón, la construcción de las cubiertas de las naves laterales de dicha iglesia, una intervención de envergadura y trascendental para la conservación del edificio que terminó generando, no obstante, otro conflicto monetario241. Al parecer, la Fábrica había dilatado excesivamente el pago acordado, no haciéndolo efectivo hasta 1628, lo que perjudicó enormemente al artífice, puesto que durante aquel lapso de tiempo la moneda se había devaluado y el precio de la madera encarecido notablemente. En 1630 tuvo que solicitar que se le indemnizase por las pérdidas que le había ocasionado la obra, cosa que no surtió efecto, puesto que en 1632 tuvo que volver a hacerlo. Nos resulta especialmente llamativa la continuada y recurrente incapacidad demostrada por estas instituciones a la hora de llevar a buen puerto sus proyectos, situaciones que se enturbiaban en mayor grado, como hemos visto, con la sombra de enfrentamientos que no parecen más que demostrar el insano ambiente de competencia que existía entre las Fábricas. El hecho de que este se hiciese patente en relación con asuntos económicos es indicativo de que las parroquiales no eran solo víctimas de su escaso potencial monetario, sino también de la mala gestión -e incluso de la corrupciónde sus rectores. Es bien conocido que la deficiente formación del clero y las malas costumbres instaladas en el estamento facilitaban que se cometiesen múltiples abusos, sobre todo cuando había fondos que gestionar, lo que resultaba una fuente continuada de conflictos internos y externos (CUENCA TORIBIO, 1980: 19 y ss. y 40 y ss.). 239 Ibídem, 1638, expediente sobre el pago del retablo de Santa María. 240 Ibídem. 241 Ibídem, 1632, pleito de Duarte Rrodríguez contra la Fábrica de la parroquial de San Martín, por la obra de las naves laterales de dicha iglesia. Segunda parte 120 Sea como fuere, los problemas para la Fábrica de San Martín fueron creciendo con los años debido a las rentas que percibía y a los gastos a los que estaba obligada. Si tomamos como muestra las cuentas de los años comprendidos entre 1685 y 1746242, comprobaremos que, normalmente, era la Fábrica que menos beneficios obtenía. La de Santa María era la que más solía ingresar, pero también sus gastos eran los más elevados, destacando la de Santiago por ser la que menos obligaciones tenía, lo que le garantizaba, en la mayoría de las ocasiones, las ganancias más altas. Creemos que resultan muy significativos, a este respecto, los tanteos de 1704. En aquella ocasión, la parroquial de Santa María había ingresado 211.006 maravedíes, invirtiendo en gastos fijos –surtimiento de cera, pago a ministros, aderezo del reloj, etc…- 140.810, lo que le dejaba un remanente de 70.196 maravedíes. La de Santiago, por su parte, había ingresado 201.051 maravedíes, pero sus gastos fijos tan sólo ascendían a 97.822, lo que le dejaba unas jugosas ganancias de 103.229 maravedíes. La de San Martín, por último, solo había percibido 115.094 maravedíes, subiendo sus gastos a 106.523, quedándole unos exiguos 8.571 maravedíes para los gastos que no tenían regulación fija, entre los que se encontraban los de albañilería, carpintería, cerrajería, etc243. En 1708 el saldo incluso fue negativo, aunque la renta de San Lorenzo le permitió cubrir la deuda244. En 1740 la Fábrica no tenía con qué afrontar los gastos, lo que llevó al visitador a tomar una serie de decisiones que paliasen la difícil situación; se suprimieron el canto de “las passiones de martes y miercoles santo” y los “fuegos y luminarias el dia de la fiesta de San Martin”, ordenándose a las parroquiales de Santiago y Santa María que pagasen a medias el gasto de cera de dicha iglesia245. En 1746 242 Nos hemos basado, para al siguiente análisis, en los tanteos recogidos en las visitas de los años 1685, 1704, 1708, 1711, 1714, 1716, 1725, 1730, 1733, 1743 y 1746 (AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajos 05158; 05169; 05171; 05180; 05183; 05188; 05197; 05201; 05209; 05218; y 05219). 243 Ibídem, legajo 05169, visita a Niebla del año 1704. 244 Ibídem, legajo 05171, visita a Niebla del año 1708. 245 Ibídem, legajo 05215, visita a Niebla del año 1740. Parece que la solidaridad entre fábricas, al contrario de lo que ocurría a principios del XVII, era cosa habitual, al menos desde 1714, como se recogía en el informe de la visita de dicho año: “Como en las otras dos”, refiriéndose a la parroquial de Santa María, “falttan algunos ornamentos para las funciones publicas, se suple este defectto con el estilo de prestarse mutuamentte las unas a las otras los que cada una nesesitta para sus funciones. Por los mandattos queda prouidençia para que se haga asi, en esta como en las otras dos...” Ibídem, legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. Capítulo 4. 1525-1810: El fracaso de un modelo de ciudad 121 volvía a repetirse la situación al obtenerse un balance negativo de 11.661 maravedíes que ni siquiera la anexa de San Lorenzo podía solventar, puesto que solo aportaba 8.410246. * La precaria situación descrita sería la causante de que los templos parroquiales comenzasen a mostrar una serie de patologías que en muchos casos, y con el tiempo, se harían crónicas, condicionando a la larga, como iremos viendo, la materialidad de los mismos. El caso de las cubiertas de la iglesia de San Martín resulta paradigmático al respecto. La obra de Duarte Rodríguez no consiguió resolver el que probablemente fuese su problema más recurrente desde años anteriores, llegando a convertirse el estado de las techumbres en la principal causa del absoluto deterioro del inmueble en el siglo XIX y, por tanto, de su parcial demolición a principios del XX. En 1708, por ejemplo, se informaba de que la iglesia necesitaba la reparación de sus tejados, dada la presencia de “algunas goteras de consideracion”, causantes probablemente -entre otrosde los problemas de humedad que experimentaba la capilla bautismal en 1711247. En 1714 se había gastado cierta cantidad de dinero en “reuocar las bobedas y echarles capas, recorrer los tejados de la yglecia y descargar la texa de la casa taller, que amenasaua ruina”248, pero sólo seis años después, si se quería evitar la quiebra de la techumbre a consecuencia de las filtraciones provocadas por las lluvias, se hacía indispensable poner dos o tres nuevas vigas en una de las naves “y aser lo demas necesario, hasi en dicha naue como en las demás”249. La situación llegó a tal punto que el visitador en 1794 -dado que las aguas ya penetraban en el templo de forma abundante, amenazando las cubiertas con un inminente desplometuvo que ordenar que se iniciasen las diligencias oportunas para que un maestro competente determinase qué obras eran necesarias para resolver el problema250. Según distintos informes de Santiago de la Losa y Francisco del Valle, maestros mayores de obras y carpintería, respectivamente, del Arzobispado de Sevilla251, el problema residía en que la distancia entre la solera de la cubierta del cuerpo de naves y el borde de la del pórtico de la iglesia, sobre el que se prolongaba el tejado, era de más de doce varas, una longitud 246 Ibídem, legajo 05219, visita a Niebla del año 1746. 247 Ibídem, legajo 05171, visita a Niebla del año 1708; y legajo 05180, visita a Niebla del año 1711. 248 Ibídem, legajo 05183, visita a Niebla del año 1714. 249 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, legajo 381, 1720, expediente sobre obras en San Martín. 250 Ibídem, legajo 379, 1794, autos para el reconocimiento, aprecio y ejecución de obras en la iglesia de San Martín. 251 Estos informes recogían las conclusiones de los reconocimientos efectuados en diciembre de 1794, enero de 1795 y febrero de 1800 (ibídem). Segunda parte 128 habría que tener en cuenta la presencia de cinco templos parroquiales, un convento dominico y una serie de instalaciones que, muy probablemente, debieron ser utilizadas por las tropas como lugar de acuartelamiento, almacenes e incluso baluartes defensivos271. Estos motivos hicieron que la villa se viese sometida a los continuos asaltos de las fuerzas españolas, que hicieron huir al enemigo en diversas ocasiones teniendo que hacer frente, posteriormente, a los correspondientes contraataques. El mariscal Lacy, en agosto de 1810, después de desembarcar en la costa onubense comprendida entre Torre Arenilla y Torre del Oro, marchó sobre Niebla para expulsar al invasor del Condado. Según nos cuenta el diario de dicha operación, los franceses fueron batidos por la columna atacante en Moguer, iniciando la retirada hacia Sevilla sin detenerse en Niebla272. Pero Francisco de Copons, que había acudido a la plaza con sus tropas para ocuparla y reemplazar a las de Lacy, sí tuvo que hacer frente al contraataque francés en las proximidades del puente que vadea el Tinto junto a la población: “La vanguardia se separó antes de llegar a Niebla y pasó por el vado de arriba del puente. Los enemigos llegaron a el vado (sic) y no se determinaron a pasarlo; la guerrilla se vino por el puente de Niebla, donde se hicieron fuertes, los unos en las alturas inmediatas y los otros en el mismo barranco del río…” (IBÁÑEZ, s/f: 73 y ss.) Recordemos que unos meses antes, un ingeniero del propio Copons, Francisco Ibáñez, había realizado el Croquis topográfico de la villa fortificada de Niebla, en el que reflejó la posición de la iglesia parroquial de San Lorenzo en las “alturas escarpadas por donde se baja a la orilla del río y camino del puente” [Fig. 2.1]. Es de suponer, por tanto, que por su 271 Existe constancia de que Niebla actuó como centro logístico del frente francés y como depósito, al mismo tiempo, de toda la mercancía incautada en las localidades de la zona, desde donde era conducida, mensualmente, hasta Sevilla. A este respecto, AHN. Sección Diversos, Colecciones, 90, N.76, información de Pedro Elda sobre las negociaciones para la rendición del castillo de Niebla (Gazeta de la Regencia de España e Indias, nº 1, 1 de enero de 1811, p. 6 y suplemento del 6 de julio de 1811, p. 715; IBÁÑEZ, s/f: 125). 272 AHN. Sección Diversos, Colecciones, 91, N.40, diario de las operaciones de la división expedicionaria que, al mando del mariscal de campo Luis Lacy, realizó una expedición contra el enemigo en el Condado de Niebla, entre los días 22 y 30 de agosto de 1810. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 129 posición, dominando el vado desde un alto, el edificio debió sufrir el envite de ambos bandos en esta y otras escaramuzas que tuvieron lugar en el entorno del río y su puente273. Las consecuencias de todas estas circunstancias, en definitiva, fueron devastadoras para los edificios parroquiales. La carencia de medios para el mantenimiento de los templos, las acciones bélicas y las demoliciones por motivos estratégicos -que también se dieron aquí, como pone de manifiesto el episodio de la brutal voladura del antiguo alcázar de los Guzmanes, ejecutada antes de la retirada definitiva del ejército invasor274-, dejaron un panorama que quedó bien plasmado en distintos testimonios posteriores a la guerra. Sin ir más lejos, en 1812, uno de los presbíteros de la parroquial de San Martín informaba del particular en los siguientes términos: “habiendo entrado los franceses en dicha villa, entre otras tropelías e insultos que hicieron fue una haber destruido no solo la parroquia de San Martín sino también la de Santiago, dejando a las dos enteramente inútiles e incapaces de celebrarse en ellas los divinos oficios”275. Algunos años más tarde, concretamente en 1817, las autoridades eclesiásticas confirmaban que, como consecuencia de aquel periodo bélico, la situación de la arquitectura religiosa de Niebla seguía siendo realmente negativa: "En esta villa se hallan en uso dos parroquias que son: la iglesia de Santa María y la de San Martín. La de San Lorenzo extramuros fue del todo destruida por los franceses, la de San Miguel hace tiempo que está sin uso y la de Santiago está tapiada desde el mismo tiempo de los franceses… Con el producto de la fábrica de la iglesia de Santiago son socorridas las otras iglesias… La de San Martín está 273 Además de la ya mencionada entre las tropas francesas y las de Copons, debemos citar otra que tuvo como protagonista, por parte del bando español, al general Ballesteros en marzo de 1811 (Gazeta Extraordinaria de la Regencia, nº 34, 9 de marzo de 1811, pp. 258 y ss.). 274 Encontramos el relato de la voladura en PEÑA GUERRERO, 2000: 42. La autora recoge el relato de J. ORLEANS, Un village andalou, sous le Premier Empire, pendant l´occupation française, París, Librería e Imprenta Militares de Edmond Dubois, 1902, que a su vez se hace eco del relato que aparece en L. LAMAITRE, Historique du 4e. régimen de dragons (1672-1894), París y Limoges, Imprenta de H. Charles-Lavauzelle, 1894. 275 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, legajo 387. Ha sido publicada por CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 37. Segunda parte 130 sumamente miserable en todo y es prestado lo poco que tiene. El piso es malísimo e indecente. Todo respira miseria"276. Esto viene a confirmar que la iglesia de San Lorenzo quedó arruinada completamente, debido, muy probablemente, a su utilización como elemento defensivo. De cualquier modo, la guerra no fue más que otro hito en su trayectoria, puesto que al estar abandonada habría corrido la misma suerte tarde o temprano, como ocurrió con San Miguel posteriormente. El caso de la de Santiago es distinto; antes de la invasión había estado a punto de absorber a la parroquial de San Martín, pero la guerra, finalmente, vino a acelerar su incipiente estado de decadencia, lo que la haría entrar en un periodo que también desembocaría en su ruina y posterior desaparición. La única que permaneció indemne fue la parroquial de Santa María, que consecuentemente fue la que asumió el mantenimiento fundamental del culto religioso de la localidad. 5.2- Liberalismo y pérdida de poder de la Iglesia; la disolución definitiva del entramado parroquial medieval Después de la guerra de la Independencia, como hemos apuntado, los recursos económicos de la antigua iglesia parroquial de Santiago comenzaron a destinarse al sostenimiento de los templos de Santa María y San Martín. Esto, unido al deterioro provocado por la contienda, determinaría que permaneciese clausurada y, probablemente – como indica la utilización del calificativo “tapiada”-, en un estado de conservación bastante alejado de lo que debía requerir. Buena prueba de lo expuesto la encontramos en una carta de 1840, enviada por el responsable del Arciprestazgo de Niebla a la Secretaría del Arzobispado de Sevilla para informar sobre las cuentas de las fábricas parroquiales: “De estas tres Fábricas”, refiriéndose a las de Santa María, San Martín y Santiago, “dos solas tienen que hacer gastos en el culto de sus yglesias, por hallarse arruinada y sin culto la de Santiago… Con el sobrante de sus rentas atiende el mayordomo al 276 AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas Pastorales, legajo 5150, visita a Niebla del año 1817. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 131 culto de las otras dos parroquias, que estan de uso y no tienen con sus propios lo suficiente para el culto”277. La situación debió ir agravándose paulatinamente hasta su total desaparición en algún momento indeterminado de la segunda mitad del siglo XIX, como podemos deducir de un conocido testimonio de 1846: “Las parroquias de San Miguel, de San Lorenzo y de Santiago, las casas municipales, el cuartel de Milicias, el palacio del Arzobispo, el convento de dominicos y todas las casas antiguas solariegas yacen derruidas. Solo aparece tal cual edificio por entre escombros” (DELGADO, 1846: 549). La iglesia de San Martín, por el contrario -y a pesar de los daños que también había recibido-, pudo seguir desempeñando sus funciones religiosas y compartiendo con la de Santa María las tareas parroquiales de la localidad, gracias, precisamente, a la dotación de fondos económicos que procedían no solo de Santiago, sino también, como venía ocurriendo desde las centurias anteriores, de la extinguida San Lorenzo278. Además, en 1812 el Concejo de Niebla había solicitado al gobernador provincial de Sevilla que se destinase lo recaudado por la venta de sal en los pueblos próximos a la reanudación del culto al Señor de la Columna en dicha parroquial, lo que también debió redundar en su mantenimiento279. No obstante, a lo largo de las décadas siguientes sucumbiría definitivamente. Las causas finales de su clausura y posterior deterioro habríamos de buscarlas, fundamentalmente, en los múltiples problemas que encontró la Iglesia católica a partir de entonces, derivados del creciente arraigo social experimentado por la ideología liberal. La nueva situación traería consigo un rechazo de los privilegios que había venido disfrutando el estamento eclesiástico, suprimiéndose entre otros los de orden económico. Consecuencia de esto fueron las desamortizaciones y la eliminación del cobro de diezmos y primicias. La responsabilidad del mantenimiento de los templos, al suprimirse la posibilidad de que las parroquias pudieran contar con los bienes de Fábrica, pasó a manos del Estado, lo que 277 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 25 de octubre de 1840, por la que el vicario Antonio García Moreno informa al Arzobispado sobre las cuentas de fábrica de Niebla. 278 “…el sobrante de la yglesia de San Lorenzo, que ya no existe, va aplicado a favor de la de San Martín…” (AGAS. Sección Gobierno, Serie Visitas, legajo 5150, cuentas de entradas y salidas de la Santa Visita de 1817). 279 AMN. Sección Ayuntamiento Pleno, legajo 19, libro de Actas Capitulares de 1808-1839, sesión capitular del día 8 de noviembre de 1812. Segunda parte 132 generó una situación que perjudicaría enormemente al patrimonio arquitectónico religioso (ORDIERES DÍEZ, 1995: 64). En 1839, concretamente, San Martín ya había comenzado a pasar largas temporadas sin ofrecer servicios religiosos. El sacerdote que ocupaba interinamente su Vicaría, fray Francisco de Caso –exclaustrado del convento sevillano de San Pablo-, renunció a su cargo obligado por la escasez de recursos que esta le proporcionaba280. El cura de la villa, Andrés José Mangas, justificaba su decisión y la achacaba al hecho de que la Junta Diocesana le hubiese concedido, únicamente, la mitad de la asignación económica de dicha Vicaría, otorgándole la otra parte a su anterior ocupante, retirado y enfermo281. Le indicaba al gobernador eclesiástico del Arzobispado, además, que “la dotación señalada por la citada Junta a esta Vicaría Perpetua es tan corta que por toda ella no encontrará vuestra señoría quien venga a servirla…”282 Efectivamente, la situación -ya fuese por este motivo o por cualquier otrose repetía algunos años más tarde. La persona que renunció en dicha ocasión fue Bartolomé de Torres, que alegando estar enfermo se retiró a Moguer, dejando el templo cerrado y sin funciones283. La última referencia que tenemos de la parroquial sirviendo como tal coincide con el reinado de Isabel II, durante el cual -gracias al predominio moderado en el Gobiernopudo la Iglesia entrar en un periodo de cierta recuperación y estabilidad284. La noche del Domingo de Ramos de 1853 fue forzada la puerta que desde el patio trasero comunicaba con la sacristía, con el único objeto de proceder al robo de algunos de sus más valiosos enseres litúrgicos285. En el expediente que instruyó el Juzgado Eclesiástico de Sevilla para determinar la responsabilidad del delito queda bien claro que ya, en aquel momento, solo 280 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 7 de febrero de 1839, por la que Fray Francisco de Caso presenta al Arzobispado de Sevilla su renuncia a seguir sirviendo la Vicaría de San Martín. 281 Ibídem, carta de 14 de febrero de 1839, por la que Andrés José Mangas comunica al Arzobispado la renuncia del vicario interino de San Martín y propone el nombramiento de José de Rivera. 282 Ibídem. 283 Ibídem, carta de 5 de agosto de 1842, por la que Andrés José Mangas comunica al Arzobispado que el vicario de San Martín, Bartolomé de Torres se ha retirado a Moguer, dejando sin servicio a su Parroquia. 284 En estos momentos, entre otras cuestiones, se normalizó la participación estatal en las obras de reparación de templos, con compromisos como el expresado en el artículo 36 del Concordato de 1851 entre la Santa Sede y el Gobierno (ORDIERES DÍEZ, 1995: 64-67). 285 ADH. Sección Justicia, Serie Ordinarios, legajo 378, expediente formado en virtud de comunicación del Cura de Niebla sobre averiguar el paradero de las alhajas que han sido robadas el día 20 de Marzo de la iglesia de San Martín de dicha villa. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 133 había un sacerdote encargado de atender a las dos iglesias de la localidad, como él mismo aclaraba: “…el día anterior, Domingo de Ramos, hise la función con mucho trabajo por tener calentura. Y que de resulta de haberme levantado hacer (sic) dicha función, por no haber más sacerdote en esta, me había agravado de la enfermedad…”286. Como sabemos, en Niebla se habían ido concentrando los recursos eclesiales en torno a la institución más destacada, la parroquial de Santa María, mientras que las demás fueron quedando relegadas a desempeñar un papel secundario. Esta tendencia se aprecia con claridad en la correspondencia parroquial del XIX. Por ejemplo, el sacristán menor de dicho templo solicitaba al Arzobispado, en 1844, que se le concediera la posibilidad de servir también la sacristía de San Martín, fundando su petición en el hecho de que la persona que ocupaba esta última tenía abandonado el cargo y expresando que en la localidad solo había un cura y un teniente que reducían todo el servicio a una misa diaria en cada templo287. Aunque el Palacio Arzobispal no accedió a favorecer tal proposición, tampoco cerró la puerta a la posibilidad de que en el futuro no hubiese más remedio que recurrir a tal particular288. De hecho, ya en 1850, al elaborar el presupuesto parroquial, el responsable del Arciprestazgo de Niebla volvía a proponer lo siguiente: “La de Santa María que esté (sic) de uso entero, necesita de completa asistencia… La parroquia de San Martín sólo debe quedar como una hermita para decir misa, y así le basta con un encargado de su custodia, aseo y servicio, con treinta reales mensuales.”289 Finalmente, hacia 1864, y debido a esta pérdida de protagonismo y a la ya más que reiterada falta de medios económicos, San Martín ya había interrumpido sus actividades 286 Ibídem. 287 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 28 de julio de 1844 por la que Gabriel de la Vega, sacristán menor de Santa María, solicita al Arzobispado la plaza de sacristán de San Martín. 288 Ibídem. 289 Ibídem, carta de 24 de noviembre de 1850 por la que Antonio García Moreno, vicario del Arciprestazgo de Niebla, explica al secretario de cámara del Arzobispado el criterio seguido para elaborar el presupuesto de gastos para el culto parroquial de dicha localidad. Segunda parte 134 litúrgicas y cultuales definitivamente290. Tan solo unos años antes, en 1857 concretamente, habían tenido que venderse algunos de sus enseres de plata junto con otros procedentes de Santiago, todos sin uso ya, para sufragar la construcción del cementerio de la villa291. Por otra parte, en el momento del cese de las actividades, la localidad se encontraba sumida en una crisis derivada de la mala cosecha del año 1862292. Las autoridades municipales venían constatado, además, un considerable alejamiento entre el vecindario y las prácticas religiosas, como demuestra el que hubiesen solicitado al Arzobispado, precisamente en 1824, una misión apostólica que permitiese un rencuentro entre la población y la doctrina católica293. 5.3- Intento de enajenación de la iglesia de San Martín durante el Sexenio Democrático e inicio de su abandono El Sexenio Democrático, iniciado con La Gloriosa, revolución de septiembre de 1868 que puso fin al reinado de Isabel II, supuso la culminación de la revolución liberal iniciada a principios de siglo, por lo que también resultó especialmente negativo para la Iglesia española. En las bases ideológicas del movimiento se encontraban el rechazo al autoritarismo y una apuesta decidida por el laicismo (RUIZ SÁNCHEZ, 1998: 220-223). Esta situación trajo consigo una serie de ataques contra el estamento clerical y sus bienes inmuebles, así como una nueva oscilación legislativa hacia medidas que afectaron muy negativamente al patrimonio eclesiástico, tales como la supresión de comunidades religiosas 290 Tenemos constancia de este particular gracias a un acuerdo capitular de 1869, del que trataremos por extenso en el siguiente epígrafe (AMN. Sección Ayuntamiento Pleno, legajo 22, libro de actas capitulares de 1867-1876, acta capitular del día 19 de junio de 1869). 291 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, correspondencia de julio de 1857 entre el Gobierno Eclesiástico del Arzobispado de Sevilla y el cura de Niebla, Cristóbal Borrero, sobre la venta de distintos enseres de plata para la construcción del cementerio. 292 El Gobierno promovió, en 1863, una suscripción para que los municipios ayudasen a las víctimas de un terremoto que había sacudido Filipinas, ante lo cual “…en vista de la escasez de recursos de la población efecto, de la mala cosecha del año anterior, cuya falta no ha podido repararse ni con mucho en la actual, se acordó que no se moleste al vecindario y que de los fondos municipales de beneficencia se satisfagan cuatrocientos reales…” (AMN. Sección Ayuntamiento Pleno, legajo 21, libro de actas capitulares de 1857- 1866, acta capitular del día 29 de agosto de 1863). 293 Ibídem, acta capitular del día 19 de marzo de 1864. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 135 fundadas con anterioridad a 1837 o la incautación de archivos, bibliotecas y otras colecciones en poder de la Iglesia294. En Niebla, sin embargo, pareció existir una ligera tibieza en la postura de las nuevas autoridades municipales con respecto a la comunidad religiosa. A pesar de que se celebraron con grandes festejos los acontecimientos revolucionarios295, días más tarde, tras una orden del Gobierno Civil de la provincia que recomendaba restablecer las Juntas Locales de Instrucción Pública, se incluía como vocal nato de la misma al cura párroco296. Con anterioridad, los ediles se habían dirigido al sacerdote para solicitar la cesión de una casa que había en la trasera de San Martín, manifestando hacia él una actitud nada hostil, lo que no correspondía con el carácter anticlerical que se estaba dando en otros lugares de Andalucía: "Por algunos señores se resolvió la necesidad de señalar, si era posible, un local que sirviese de recogimiento nocturno a los pobres transeúntes… Y habiéndose tomado en consideración y visto que el municipio no tenía proporción de disponer de espresado local (sic), acordaron que se escitase la caridad del señor cura párroco, en solicitud de que cediese para este objeto la casa de la Fábrica que está detrás de la yglesia de San Martín."297 Este particular se puede explicar si tenemos en cuenta que el calado ideológico de las Juntas Revolucionarias no fue el mismo en todos los lugares de Andalucía, siendo Huelva una de las provincias donde se mostró mayor moderación (RUIZ SÁNCHEZ, 1998: 222). De igual modo, habría que aclarar que la tendencia ideológica de la que hacían gala los miembros del Ayuntamiento de Niebla, en estos momentos, los situaba en las posiciones más centristas del ambiente político español. En 1870, en unos momentos en los que los sectores más tendentes a la izquierda intentaban acudir a un régimen 294 En el caso de Sevilla, la lista de conventos, parroquias, capillas e iglesias suprimidas fue extensísima, produciéndose, irremediablemente, la pérdida de un buen número de bienes patrimoniales (RUIZ SÁNCHEZ, ÁLVAREZ REY, 1992: 672-675). A pesar del intento de las autoridades y del estado por regularizar las acciones incautadoras, estas supusieron grandes abusos contra el patrimonio (ORDIERES DÍEZ, 1995: 31). 295 AMN. Sección Ayuntamiento Pleno, legajo 22, libro de actas capitulares de 1867-1876, acta capitular del día 3 de octubre de 1868. 296 Ibídem, acta capitular del día 24 de octubre de 1868. 297 Ibídem, acta capitular del día 10 de octubre de 1869. Segunda parte 136 republicano, el gobernador civil de Huelva solicitaba a los miembros del consistorio que expresasen cuáles eran sus convicciones, a lo cual todos respondieron ser monárquicos progresistas, excepto dos, que se declararon monárquicos democráticos298. Ambas tendencias, de corte liberal burgués, apostaban por la Constitución y por la Monarquía de Amadeo de Saboya, enarbolando un programa político más moderado y conservador que el de los republicanos federales. A la larga, no obstante, y tal vez como consecuencia del creciente ambiente de inestabilidad que venía provocando el choque de las distintas posturas de los sublevados299, fue imposible evitar la aparición de serios conflictos entre las autoridades y el párroco. Al parecer, poco antes de concluir el año 1868, la autoridad militar presente en Niebla alentó un irrespirable clima de tensión contra el religioso, que se vio obligado a abandonar el desempeño de sus funciones para refugiarse, al menos durante un año, en la vecina localidad de Bonares300. El origen del conflicto parecía estar en el choque de ideologías que pugnaban por prevalecer en la España de aquel momento. El sacerdote decía sentirse amenazado físicamente y víctima del estado anticlerical que habían impuesto unos dirigentes carentes de moral, mientras que estos apuntaban a la falta de responsabilidad del anterior y al carácter manipulador de una clase eclesiástica que trataba de interferir en asuntos políticos. A partir del verano de 1869, finalmente, las autoridades civiles determinaron ejercer una serie de medidas para coaccionar al clérigo, comenzando por una orden del Ministerio de Gracia y Justicia para que cesase el pago de su salario301. Unos meses antes, la Diputación Provincial había pedido al Ayuntamiento que le exigiese explicaciones sobre por qué había tomado como vivienda varias habitaciones de la planta 298 Ibídem, acta capitular del día 25 de noviembre de 1870. 299 Los intentos del Gobierno de encauzar la revolución de un modo continuista provocaron la reacción popular de las clases más bajas, que veían pasar la oportunidad de llevar a cabo una revolución social. El ascenso del republicanismo federal trajo consigo múltiples choques ideológicos entre las partes, traduciéndose en “dificultades económicas para los municipios y en conflictos con la Iglesia” (RUIZ SÁNCHEZ, 1998: 222- 226). 300 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, correspondencia, fechada entre diciembre de 1868 y octubre de 1869, relativa a la ausencia del párroco de Niebla en la localidad y sus causas. 301 Ibídem, carta de 24 de septiembre de 1869, por la que la Administración Diocesana del Arzobispado de Sevilla comunica al secretario de cámara del mismo la orden emitida por el Ministerio de Gracia y Justicia para la suspensión de pagos al párroco de Niebla. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 137 superior del hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, con la intención de proceder al correspondiente desalojo si era necesario302. Es dentro de este contexto donde debemos situar una resolución municipal de junio de 1869, por la que se acordaba solicitar al Gobierno “…la dación en propiedad de la yglesia de San Martín para destinarla a escuelas públicas de ambos sexos y habitaciones para los maestros… toda vez que la referida yglesia se encuentra cerrada y hace más de cinco años que en ella no se tributa ningún culto”303. El Ayuntamiento pretendía apoyarse en la reciente Ley de 1 de Junio de 1869 sobre cesión de edificios y terrenos pertenecientes a la Nación304, normativa que permitía a las corporaciones municipales y provinciales solicitar la cesión de edificios en manos del Estado para destinarlos a actividades de utilidad pública: “hospitales, hospicios, casas de maternidad, establecimientos de instrucción, cárceles, casas consistoriales… y otros establecimientos de igual o parecida índole, dedicados al fomento de cualquier ramo de instrucción o de riqueza pública”. A cambio, según su artículo 5º, los beneficiarios solo debían comprometerse a llevar a cabo las obras que estos necesitasen. Habría que matizar, no obstante, que la propuesta del consistorio parecía basarse en una mala interpretación de la ley, puesto que el edificio no había sido enajenado y seguía perteneciendo al Arzobispado de Sevilla, que no lo cedió al municipio hasta 1921305. No sabemos si el Ayuntamiento era consciente de este particular, aunque el hecho de que se señalase el tiempo que llevaba cerrado el templo tal vez podría indicar que existía la intención de justificar una petición que, a priori, estaba fuera de derecho. Finalmente, la gestión emprendida no tuvo ningún efecto, como demuestran las palabras que Antonio Delgado dirigió en 1870 a don Aureliano Fernández-Guerra, anticuario de la Real Academia de la Historia, sobre el epígrafe latino de C. Fabato, empotrado en aquel momento en un muro del templo. La carta, aunque escrita solo con la 302 AMN. Sección Ayuntamiento Pleno, legajo 22, libro de actas capitulares de 1867-1876, actas capitulares de los días 26 y 30 de junio de 1869. 303 Ibídem, acta capitular del día 19 de junio de 1869. 304 Decreto del 9 de junio de 1869 por el que se da publicidad a la Ley de 1 de junio del mismo año, sobre cesión de edificios y terrenos pertenecientes a la Nación (Gaceta de Madrid, nº 161, 10 de junio de 1869). 305 Sobre esta cuestión trataremos por extenso más adelante, en el capítulo correspondiente. También puede verse INFANTE LIMÓN, 2013a. Segunda parte 144 cuentas y los edificios. Esto, aunque también nos lleva a tomar con cautela los particulares expresados por los propios protagonistas, nos hace pensar que el desempeño de ciertos cargos, en una localidad tan deprimida como esta y en un momento sociopolítico tan convulso, debió verse salpicado por los enfrentamientos personales y la corrupción. Así hablaba Cristóbal Borrero, por ejemplo, de Fernando de Reyna: “Constituido mi respetable antecesor en una especie de postración mental por sus años y sus padecimientos, e imposibilitado, por su lamentable estado, de ejercer una inspección inmediata y conveniente en todas las cosas pertenecientes a la iglesia, éstas, forzosamente, hubieron de sentir las consecuencias naturales a la falta de un buen pastor que las administrase, y este, por su estado, debió incurrir en notabilísimas faltas, hecho un nuevo instrumento, sin culpa suya, de las personas que le rodeaban…”328 Consecuencia de esto, según el exponente, fue el que se hubiese gastado en otros asuntos un fondo que reunió el pueblo para la reedificación de la sacristía de Santa María. El Arzobispado se puso en contacto con Manuel Serra, administrador local de correos, para obtener información al respecto. La respuesta arroja mayores sombras sobre el asunto, puesto que indicaba que la cantidad referida por Borrero ni era exacta ni había sido aportada por los vecinos, sino por otro párroco anterior a los implicados. También apuntaba que había sido gastada, por recomendación de un alarife, en la reparación de las cubiertas de la propia iglesia, más urgente y necesaria. Además, según el declarante, la obra de la sacristía sí se había ejecutado y era el recién llegado sacerdote quien se movía en función de los inmorales intereses de ciertas personas329. Sea como fuere, el sustituto de Borrero, José María López, también acusaba años más tarde a su predecesor de dejar en mal estado las cuentas parroquiales, insinuando que la ruina de los templos venía derivada 328 Ibídem, carta de 13 de septiembre de 1850 por la que el cura de Niebla, Cristóbal Borrero, comunicaba al Arzobispado de Sevilla una serie de particulares relacionados con la mala gestión de su antecesor, Fernando de Reyna, y las obras que necesitaba la sacristía de Santa María. 329 Ibídem, grupo de cartas del 18 de octubre de 1850 por las que Manuel Serra, administrador de correos de Niebla, comunicaba al Arzobispado una serie de particulares relacionados con la gestión del cura Fernando de Reyna en relación con las obras que necesitaba la sacristía de Santa María. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 145 de tan nefasta gestión330. Pero es más, ya en 1878 un nuevo sacerdote, Antonio Lobo, hablaba de “la bancarrota que en ésta había con lo perteneciente a la yglesia, por el abandono del Señor García Fuentes…”, lo que viene a confirmar que el factor que analizamos debió ser realmente determinante para la conservación de Santa María331. La situación, en conjunto, explica a la perfección por qué los problemas del edificio no solo no se solventaron, sino que empeoraron a lo largo del periodo analizado. La documentación conservada así lo pone de manifiesto. Por ejemplo, Cristóbal Borrero, en la carta de 1852 en la que hacía saber al Arzobispado que sería imposible construir un cementerio extramuros, corroboraba que la sacristía no se había reparado, poniendo en evidencia lo expresado años antes por el administrador de correos en defensa del anterior párroco332. Pero es más, ahora solo quedaban de ella las paredes cuarteadas, daño que, incrementando el que en el siglo XVIII se había detectado en la zona del baptisterio, también padecían los muros de los pies del templo. A esto habría que sumar que una de las dependencias del patio, concretamente la que ocupaba junto a la torre el espacio de la antigua nave suroccidental del sahn, se encontraba “caída” [Fig. 2.2.11]333. En realidad, los problemas de esta estancia, ya presentes en la centuria anterior, como vimos, eran los mismos que los de la sacristía, es decir, su cubierta de madera se había desplomado y sus paredes comenzaban a deteriorarse, tal y como se señalaba en un presupuesto realizado en 1853 para su reparación334. 330 Ibídem, carta de 25 de abril de 1868 por la que el cura de Niebla, José María López y Jiménez, informaba al Arzobispado del mal estado de las cuentas de la parroquial de Niebla y solicitaba el nombramiento de un administrador para las capellanías vacantes. 331 Ibídem, carta de 27 de noviembre de 1878 por la que el cura de Niebla, Antonio Lobo, informaba al Arzobispado de distintos asuntos relacionados con la casa rectoral de San Martín, la conservación de los edificios religiosos y el estado moral de la feligresía. 332 Ibídem, carta de 20 de octubre de 1852 por la que el cura de Niebla, Cristóbal Borrero, comunica al secretario de cámara del Arzobispado que el gobernador civil de Huelva pide a la Fábrica Parroquial que costee la edificación de un cementerio extramuros. 333 Ibídem. 334 “…hallándose caída la tigera o techumbre de la oficina del cuarto taller, como igualmente sus muros quebrantados…” (ibídem, presupuesto elaborado el 2 de agosto de 1853 por Juan de Dios Salvatierra y José Salcedo para la reparación del cuarto taller del patio de Santa María de la Granada). Segunda parte 146 A pesar de que el Arzobispado aprobó el mencionado documento, dando permiso para realizar la obra335, ni esta ni la de la sacristía llegaron a ejecutarse. Así se desprende de las cuentas de fábrica del periodo comprendido entre 1850 y 1856, donde solo se mencionan pequeños gastos de mantenimiento, materializados en la limpieza de tejados, en blanqueos, reparos de albañilería y carpintería, reparos en las gradas del presbiterio, solado de sepulturas, composición de ventanas, etc.336 Además, en 1859 el responsable del Arciprestazgo de la zona de Niebla emitía un informe en el que ponía de relieve que nada se había solucionado y en el que incluso mencionaba nuevos daños: “El templo de Santa María de esta villa, que es su yglesia parroquial, se halla en un estado ruinoso en su mayor parte, y más principalmente en el arco que sostiene la tribuna del órgano, que está vencido más de tres pulgadas, y el testero trasero de la nave principal, que está todo cuarteado. Carece esta yglesia de sacristía por haberse caído toda su techumbre hace años, sin haber quedado más que las paredes, que hallándose al descubierto se van deteriorando con las lluvias y llegarán á arruinarse. La habitación donde se guarda el monumento está toda destruida…”337 Las cuentas de Fábrica de los siguientes años reflejan, ligeramente, una mayor actividad reparadora y mayores inversiones, aunque sin dejar de ser poco significativas, lo que nos lleva a pensar que tampoco se ejecutaron obras de gran alcance338. Destaca en este sentido el periodo comprendido entre 1866 y 1869, momento en el que se solaron las naves laterales, en el que se compró cal, yeso y almagra -probablemente para enfoscar ciertas partes del edificio-, se adquirieron once vigas de madera para las cubiertas y se procedió a la 335 Ibídem, carta de 10 de octubre de 1853 por la que el cura de Niebla, Cristóbal Borrero, presenta un presupuesto al Arzobispado para la reparación del cuarto taller del patio de Santa María. En el margen de dicho documento aparece un borrador de la aprobación del Arzobispado, fechada el 18 de octubre. 336 AGAS. Sección Administración, Serie Cuentas de Fábricas, legajo 284, Niebla, cuentas del culto de cuatro años a fin de 1853 y Niebla, copia del culto de tres años a fin de 1856. 337 Ibídem, Serie Casas Parroquiales y Reconstrucción de Templos, legajo 3226-C, informe elaborado por Antonio García Moreno el 13 de mayo de 1859 sobre el estado de conservación de los templos de Bollullos, Bonares, Niebla, Rociana, Almonte, Villalba, Villarasa y Lucena del Puerto. 338 Ibídem, Serie Cuentas de Fábrica, legajo 284, Niebla, cuentas del culto de 3 ½ años a fin de 1860; Niebla, cuenta del culto desde fin de junio de 1860 hasta el mismo plazo de 1863; Niebla, cuenta del culto desde 1 de julio de 1863 hasta fin de diciembre de 1865 y Niebla, cuenta final del culto desde 1 de enero hasta fin de mayo de 1866. Capítulo 5. 1810-1889: La gran crisis de la arquitectura religiosa de Niebla 147 sustitución de una campana y su sistema de anclaje339. Estas acciones, de cualquier modo, se nos antojan insuficientes para lo que debía exigir el grado de deterioro del inmueble. Tanto es así que en 1876 seguían arruinándose otros elementos que hasta ese momento habían permanecido en buen estado. El Ayuntamiento de Niebla, ese año, se dirigía al Arzobispado para hacer saber que “El tejado de la parte de la yglesia de Santa María, y habitacion á ella unida que da frente a la plaza, está en eminente peligro de caerse, y puede su autoridad considerar el daño que puede causar al edificio principal, y con mas razón en la presente estación de llubia, mojándose como están las paredes.”340 En 1884, por otra parte, un temporal provocó “graves desperfectos en el artesonado y clarabollas de la yglesia parroquial de ésta, hasta el punto de amenazar grandes ruinas en sus techos…”341. La situación debía ser crítica, puesto que el sacerdote se vio obligado a trasladar el Santísimo a la antigua parroquial de San Martín, también en pésimo estado de conservación. Gracias a este asunto también sabemos que el párroco, en 1883, había promovido la incoación de un expediente de reparación de ambos templos ante el Ministerio de Gracia y Justicia, gestión que –según documentación de años posterioresnunca llegó a fructificar342. 339 Ibídem, cuenta del culto desde 1 de junio de 1866 hasta fin de junio de 1869. 340 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 15 de octubre de 1876 por la que el Ayuntamiento de Niebla comunicaba al Arzobispado el mal estado en el que se encontraban las parroquiales de Santa María y San Martín y pedía que se pusiese remedio. 341 Ibídem, carta de 22 de abril de 1884 por la que el cura de Niebla, Antonio Lobo, comunica al Arzobispado que un temporal había provocado importantes daños en Santa María de la Granada, viéndose obligado a trasladar el Santísimo a la antigua parroquial de San Martín. 342 Ibídem, carta de 20 de mayo de 1888 por la que el cura de Niebla, Antonio Lobo, pide al Arzobispado que haga gestiones para resolver el expediente de reparación de los templos de San Martín y Santa María que se había incoado en 1883 ante el Ministerio de Gracia y Justicia. Existe un escrito similar en AGAS. Sección Administración, Serie Casas Parroquiales y Reconstrucción de Templos, legajo 3907, carta de 18 de mayo de 1889 por la que el cura de Niebla, Antonio Lobo, comunica al Arzobispado que el deterioro de los templos de Niebla sigue acentuándose y que el expediente incoado ante el Ministerio de Gracia y Justicia en 1883 sigue sin resolverse. 148 Capítulo 6. 1889-1930: Un patrimonio reconocido, pero en peligro 149 Capítulo 6. 1889-1930: Un patrimonio reconocido, pero en peligro 6.1- Cambio de siglo y deterioro definitivo de la parroquial de San Martín En 1890, Amador de los Ríos (1891: 222) dejaba por escrito un duro testimonio sobre el estado de conservación del templo parroquial de San Martín: “…al trasponer con nosotros, lector benévolo, el esbelto baluarte en que se abre la Puerta del Socorro, detén la atención en el edificio que frontero a ella se levanta, pues habrá de llamarla de cierto, a pesar de su exterior ruinoso y del abandono que revela.” Y es que, en las últimas décadas del XIX, al encontrarse clausurado y sin uso, el edificio debió sufrir impunemente la acción destructora de la naturaleza y, lo que es peor, del hombre. Son muy significativas a este respecto, las palabras escritas por el párroco Cristóbal Jurado al Arzobispado para justificar su decisión de retirar de los muros de la iglesia el epígrafe de Fabato mencionado anteriormente: “Que precisamente fue removida de aquel lugar porque se hallaba cubierta de un espeso revoque de cal, efecto… de la ignorancia e incuria de los vecinos. Que tratándose por otra parte de una plazuela a la que concurren diariamente los muchachos,… habían estos ocasionado a la inscripción varias lagunas, haciendo también desaparecer algunas palabras, siendo de temer por tanto que andando el Segunda parte 150 tiempo, o llegase a perecer completamente, o se perdiese el sentido de la mencionada inscripción.”343 Los históricos problemas de sus cubiertas, reparadas de forma sucinta, muy probablemente, cuando a principios de siglo el edificio se encontraba en estado crítico, agravados por el paso del tiempo y la más que probable acumulación de agresiones, debió acelerar el deterioro del resto de la fábrica. Amador de los Ríos (1891: 222) ya había observado que el atrio se encontraba descubierto, particular que se aprecia con gran claridad en la fotografía que acompaña a su texto [Fig. 2.1.1] y que volvía a confirmar algunos años más tarde en el Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Huelva (AMADOR DE LOS RÍOS, 1909: 307). La techumbre del cuerpo principal de la iglesia, por su parte, debió sufrir un proceso análogo a la del pórtico. No obstante, su degradación fue más lenta, probablemente porque su sistema estructural era de mayor potencia. Sabemos que en 1890 aún se encontraba sobre el espacio para el que había sido construida, aunque con bastantes problemas de conservación y carente de algunos fragmentos (AMADOR DE LOS RÍOS, 1891: 231 y 234). Diez años más tarde su mal estado había avanzado de forma evidente, lo que afectaba muy negativamente al interior del inmueble. Lo sabemos por el testimonio de José Nogales, que en el verano de 1900 había visitado Niebla, escribiendo a continuación un artículo en el diario La Vanguardia en el que ponía de relieve cómo el tiempo había ido modelando las ruinas de la vieja iglesia: “De su techumbre sólo quedan la bóveda del ábside, las de aquellas capillitas que fueron parte de la mezquita y un resto del artesonado central… Por los huecos del artesón y las franjas de cielo laterales entraban rayos de sol que, como hachazos, iban partiendo las imágenes: allí un Cristo lleno de polvo, rajado desde la frente a la cadera; allá una Dolorosa con el manto sucio de cal y el barniz del rostro derretido... y en lo alto del retablo principal, por cien partes cuarteado, la espada y el báculo, sirviendo de estéril marco a la mitra abandonada.” (NOGALES, 1900: 4) Entre finales de 1915 y principios de 1916 fue José Bernal Montero quien acudió a la localidad para recabar información sobre sus monumentos y la constitución geológica de 343 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 6 de agosto de 1893, dirigida por el párroco Cristóbal Jurado al Arzobispado de Sevilla, comunicando los motivos que le habían llevado a retirar el epígrafe de C. Fabato de los muros de San Martín. Capítulo 6. 1889-1930: Un patrimonio reconocido, pero en peligro 151 su suelo, cuestiones que quedaron plasmadas en un par de artículos publicados en la revista Bética. En el segundo de ellos, refiriéndose a San Martín, dejaba algunos comentarios que recordaban a los que había hecho Nogales años atrás, aunque sus palabras plasmaban una realidad material mucho más cruda: “El estado en que se encuentra es lamentabilísimo; causa profunda pena entrar en ella y ver que sólo quedan en pie sus muros y su precioso ábside; pero de sus techos, que debieron estar adornados de lindos azulejos, no quedan ni vestigios; por todo el recinto se ven, rodando por rincones, mutiladas imágenes, restos de tallados retablos, y en el centro del ábside, tras un retablo lleno de inmundicias, pues de gallinero sirve, una pintura mural primitiva de extraordinario interés.” (BERNAL MONTERO, 1916) Sabemos que entre la noticia de 1900 y esta última había tenido lugar un fuerte temporal en Niebla que, según Cristóbal Jurado, afectó considerablemente a las cubiertas de los edificios sagrados de la localidad. El “ciclón” y la “tempestad” tuvieron lugar a principios de 1912 y dejaron destacables secuelas materiales en San Martín, como vemos en las siguientes palabras: “En la derruida iglesia de San Martín ha determinado el señor alcalde echar abajo un lienzo de pared que amenazaba peligro para los transeúntes”344. Por tanto, en 1921, momento en el que las autoridades procedieron a su parcial demolición, la iglesia carecía absolutamente de su cubierta de madera, como bien señalaba el Ayuntamiento al referirse al convenio al que había llegado con el Arzobispado para la cesión y derribo de “la parte que sin techumbre existía de lo que fue iglesia de San Martin de esta ciudad...”345. La zona sin techar a la que se refería el consistorio abarcaba todo el buque del templo a excepción, como sabemos, del ábside y las capillas laterales, cubiertas por bóvedas. Así lo manifestaba la Comisión de Monumentos de Huelva en 1922: “Existían en la histórica villa de Niebla, en estos últimos años, el ábside y las paredes, sin techumbre, de la nave de la llamada iglesia de San Martin…”346. 344 Ibídem, carta de 12 de febrero de 1912, dirigida por Cristóbal Jurado al Arzobispado de Sevilla, comunicando los daños causados en los templos de Niebla por un temporal. 345 AMN. Sección Ayuntamiento Pleno, Actas Capitulares de 1914-1932, legajo 25, acta capitular del día 27 de octubre de 1923. 346 BRAH. Comisión de Antigüedades, CAHU/9/7957/23(2), oficio de 3 de mayo de 1922, en el que se comunica a la Real Academia el estado de ruina en que se encuentra la iglesia de San Martín de Niebla y se interesa que dicho inmueble sea declarado Monumento Histórico-Artístico. Segunda parte 152 A la luz de la documentación podemos deducir que en aquel proceso de deterioro no solo influyeron el paso del tiempo, las condiciones atmosféricas o posibles agresiones puntuales. La actitud de Cristóbal Jurado hacia el inmueble también debió determinar su degradación. El párroco, como representante del Arzobispado en Niebla, era quien debía velar por su mantenimiento y por la correcta gestión de su fábrica; sin embargo, todo indica que no contribuyó a paliar el abandono que venía sufriendo, sino más bien al contrario. José Nogales, en su visita al edificio, pudo compartir algunos momentos con el sacerdote, que al hilo de una conversación sobre la bóveda de la capilla del Señor de la Columna le comentó que bajo sus órdenes, en algún momento determinado, trabajaban unos albañiles “que limpiaban esos trozos que quedan de techumbre” (NOGALES, 1900: 4). Esto nos lleva a pensar que, conforme se deterioraba la cubierta, él ordenaba la eliminación de los fragmentos más problemáticos. Por otra parte, a la sustracción del epígrafe de Fabato de los muros del templo y posterior traslación al patio de Santa María de la Granada habría que sumar la de otros elementos arqueológicos que, reaprovechados, también formaban parte de la fábrica. Fue el caso, entre otros, del fragmento de cancel de mármol, decorado con arquillos ciegos, que aparecía en el pórtico del costado norte del edificio, o el del llamado sillón episcopal, llevados por el párroco, igualmente, hasta la iglesia principal (AMADOR DE LOS RÍOS, 1909: 290 y 314). También sabemos que en 1901 trató de vender a su homónimo de Lucena del Puerto el coro de la iglesia, bajo el pretexto de que dicho elemento, “expuesto a la intemperie”, terminaría desapareciendo “por la acción del tiempo o por los numerosos derrumbamientos que constantemente se suceden en dicha iglesia ruinosa”347. Aunque la transacción no llegó a efectuarse en ese momento, puesto que parte del vecindario se opuso violentamente, podemos pensar que el coro debió ser expoliado tarde o temprano, puesto que no existen más noticias acerca de su suerte. Buena prueba del modo de proceder del párroco y de las motivaciones que le llevaban a actuar de ese modo la encontramos en el caso del retablo de la capilla lateral del lado de la Epístola y unas pinturas murales halladas tras el mismo. El 14 de julio de 1917 aparecía en la revista La Semana Católica un artículo suyo, en el que daba a conocer la presencia de estas últimas (JURADO CARRILLO, 1917). El trabajo comenzaba de esta forma: 347 ADH. Sección Gobierno, Serie Asuntos Despachados, caja “Niebla”, carta de 5 de septiembre de 1901, dirigida por Cristóbal Jurado al Arzobispado de Sevilla, comunicando que algunas personas de la población habían impedido la compra, por parte del párroco de Lucena, del coro de la iglesia de San Martín. Capítulo 6. 1889-1930: Un patrimonio reconocido, pero en peligro 153 “Entre las bellezas pictóricas de los tiempos de la Reconquista, descubiertas últimamente en la iglesia ojival de San Martín de Niebla, figura, en la capilla árabe de la derecha, el Cristo de las Palmas.”348 Don Fidel Fita, presidente de la Real Academia de la Historia, recibía a principios de agosto de ese mismo año una comunicación del sacerdote, en la que le participaba que le había dedicado el escrito, a la vez que le hacía llegar un ejemplar de la revista349. En dicha carta, Jurado volvía a insistir en que las pinturas habían sido “…descubiertas en las paredes de la capilla árabe adosada a la iglesia de San Martin…”. Efectivamente, la aparición de estas constituyó un auténtico descubrimiento, puesto que hasta aquel momento habían permanecido ocultas tras el retablo, convenientemente retirado para dejarlas a la vista. Esto lo sabemos gracias a un informe realizado por la Comisión Provincial de Monumentos poco después del derrumbe, en el que, además, al mencionarse los restos que habían quedado de la citada capilla, se aseguraba que las pinturas no tenían ni el valor ni la antigüedad que les había atribuido el párroco. Al parecer, también se encontraban en muy mal estado de conservación, “…debido a la intemperie por haber estado largos años descubierta la Iglesia…”350. Todo lo expuesto no viene más que a confirmar que Cristóbal Jurado, en función de sus intereses particulares, quitó, movió y modificó elementos y mobiliario de la vieja iglesia con total libertad, contribuyendo a su desmantelamiento. Por otra parte, a finales de 1898 había escrito al Arzobispado de Sevilla para enumerar una serie de necesidades materiales que tenía la Parroquia de Niebla en aquellos momentos. Aludía a la pobreza de la institución y a los sacrificios económicos personales que había hecho desde su llegada a la localidad para renovar los enseres del culto, abordar las obras de la casa rectoral contigua a San Martín y sufragar otros gastos derivados de sus funciones. No obstante, solicitaba ayuda económica para afrontar otras muchas obras que quedaban pendientes, entre ellas las de “composición de la capilla de la venerada imagen 348 Para el autor, este mural era obra de mudéjares realizada entre los siglos XIII y XIV con una clara inspiración oriental. Representaba a Cristo crucificado sobre una frondosa palmera en el desierto, acompañado de la Virgen y San Juan. 349 BRAH. Comisión de Antigüedades, CAHU/9/7957/19(1), carta de Cristóbal Jurado a Fidel Fita, remitiendo un ejemplar de la Semana Católica. 350 Ibídem, CAHU/9/7957/23(3), copia del informe de la Comisión de Monumentos de Huelva de fecha 27 de noviembre de 1921 en el que se describe la visita realizada a la iglesia de San Martín de Niebla el 2 de octubre de 1921). Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 257 Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 10.1- Fábricas de cantería A pesar de su relativa escasez, los fragmentos arquitectónicos y los edificios religiosos bajomedievales conservados en Niebla muestran un variado catálogo de tipos de fábrica y paramentos, así como de métodos constructivos. El medio geológico sobre el que se asienta la ciudad ha puesto a disposición de su arquitectura amplios recursos materiales, algunos de los cuales son escasos incluso en el entorno más próximo599. Por ejemplo, en su suelo aflora la base de la serie neógena del relleno del valle del Guadalquivir, un depósito marino detrítico-carbonatado que da lugar a una roca calcarenítica muy porosa, blanda y sometida a procesos de disolución y karstificación (CÁCERES, et al., 1997). Niebla ha sido desde antiguo, gracias a este particular, el único centro de producción pétrea en la región, con canteras dedicadas a la extracción de una piedra de fácil y rápido tallado pero que, por el contrario, no permite niveles óptimos de acabado600. Los Bermejales, en la margen 599 Encontramos un análisis geográfico y geológico de la zona sur de la provincia de Huelva, así como de su repercusión en los materiales y sistemas constructivos que se utilizaron en época bajomedieval, en MARÍN FIDALGO, 1982: 14-15 y 93-96. 600 Francisco de las Barras de Aragón, en 1927, ya reparaba en el hecho de que en toda la zona, desde la Antigüedad, se había utilizado material de estos yacimientos (BARRAS DE ARAGÓN, 1927). Juan Pedro Garrido Roiz y Elena Orta (1967: 6), de forma más concreta, también se refirieron al empleo de la piedra calcárea local -conocida como asperón- en obras protohistóricas del entorno, tales como el Tholos del Moro, mientras que poco después, en una excavación realizada en el número 6 de la calle Puerto de Huelva de dicha Tercera parte 258 izquierda del Tinto y a escasa distancia del recinto murario de la localidad, ha sido el principal yacimiento, estando constatada la actividad sistemática en él, al menos, desde el periodo romano (LUZÓN NOGUÉ, 1975: 313; PÉREZ MACÍAS et al., 2002: 140; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 316). Fruto de las mismas circunstancias fueron las intensas labores desarrolladas en torno a la producción de cal601, material fundamental, entre otras cosas, para la elaboración de morteros, revocos y tapias aceradas o reales, tan características a partir de la época almohade (TABALES RODRÍGUEZ, GRACIANI GARCÍA, 2008: 144-146) y de las cuales tenemos un extraordinario ejemplo en la muralla que circunda la población. Muy cerca de ella, otras formaciones neógenas de arcillas y arenas, superpuestas a la plataforma de calcarenita gracias a la acción de los ríos próximos, han terminado de poner al alcance de los constructores locales toda la materia prima necesaria para la elaboración de este tipo de fábricas, así como de morteros y ladrillos. Fue este contexto el que permitió la presencia de fábricas de cantería en Niebla, si bien muchas de las que forman parte de los edificios religiosos bajomedievales parecen estar constituidas por materiales romanos reutilizados. Esto podría tener que ver con la tendencia que parece apreciarse en al-Andalus desde el siglo XII, relacionada con el abandono de las técnicas de cantería a consecuencia, según opinión de Rafael Azuar (2004: 62), de la progresiva desarticulación de los sistemas productivos y constructivos califales y de la selección consciente y especializada de las técnicas de encofrado que se dio en los periodos de dominio norteafricano. La arqueología, desde luego, parece apuntar en esa dirección; en una excavación realizada hace pocos años en el entorno de la Giralda pudo constatarse la presencia de un muro vinculado con el proceso de replanteamiento del patio de la gran aljama almohade de Isbiliya, cuyos sillares, por medidas, morfología y nivel de rodamiento, podrían ser materiales de acarreo (TABALES RODRÍGUEZ, ROMO SALAS, et al., 2002: 138). El muro de la quibla del mismo edificio, localizado en el patio de la cilla de la catedral hispalense, también fue levantado con mampuestos, sillarejos y otros bloques reaprovechados (TABALES RODRÍGUEZ, JIMÉNEZ SANCHO, 2002: 234-235 y 243-244), mientras que en los cimientos de su alminar llegaron a amortizarse incluso distintas aras romanas (TABALES RODRÍGUEZ, ROMO SALAS, et al., 2002: 139-142; ciudad, se pudo advertir la existencia de un horno fechado en el siglo VII a. C. y construido con mampostería caliza, probablemente también procedente de los mismos lugares (FERNÁNDEZ JURADO, RUIZ MATA, 1985: 28). 601 La cal de Niebla, hasta tiempos relativamente recientes, era ampliamente reconocida en la zona de la tierra llana de Huelva. Baste recordar, a este respecto, la mención que hace Juan Ramón Jiménez a los caleros de la localidad en uno de los capítulos de Platero y yo, el titulado “Obstinación”. Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 259 TABALES RODRÍGUEZ, HUARTE CAMBRA, et al., 2002). Todo esto se dio en un contexto en el que el programa de obras oficiales ejecutado por los gobernantes norteafricanos pudo suponer, según la opinión de los autores de los trabajos referidos, el práctico desmonte de la ciudad romana (TABALES RODRÍGUEZ, ROMO SALAS, et al., 2002: 138). Las recientes campañas arqueológicas también nos han permitido conocer el desarrollo del proceso similar que se dio en Niebla en los mismos momentos, que trajo consigo, según las posibilidades de reaprovechamiento de numerosas estructuras y materiales de épocas antecedentes, la ampliación y la remodelación del recinto urbano (CAMPOS CARRASCO, 2005: 72-75; CAMPOS CARRASCO et al., 2006: 365 y ss.). Como vimos, parte de la muralla de cantería de época romana imperial sirvió para apoyar la cerca almohade en determinados sectores, funcionando, al mismo tiempo, como cantera que abasteció la construcción de los basamentos y de las cadenas angulares de las torres de la misma (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 216-217 y 253-254). Así lo demuestran las medidas de los sillares utilizados o el carácter irregular y concertado del aparejo, así como la presencia de almohadillados y algún epígrafe latino en las piezas de la cimentación de la puerta de Sevilla o de cuñas de ladrillo de módulo romano en otros sectores, como el comprendido entre las torres 22 y 26. En el tamaño de los materiales que conforman los arranques de determinados paramentos de las iglesias de Santa María y San Martín se aprecia la misma ligera arbitrariedad –y la misma disposición concertada, por tantoque se da en los de la muralla y en los de las obras sevillanas citadas con anterioridad. La modulación, de cualquier modo, es similar en todos los casos, observándose semejanzas, incluso, con las medidas de sillares de edificios de época califal602, lo que pone de relieve que las piezas de las parroquiales iliplenses también debieron ser extraídas de obras de épocas precedentes. Es el caso, por ejemplo, de los pilares que separan el interior del primero de los templos de su patio anexo –los mismos que articulaban la fachada principal del oratorio de la mezquita-, donde aparecen piezas talladas para una disposición engatillada y con lados que oscilan entre los 60 y los 150 cm, rasgos que podrían ser sintomáticos de su carácter reutilizado [1.34]. Igual ocurre en el muro que cierra el mismo templo por su lado occidental, el de los pies, donde aparece un basamento compuesto por sillares y sillarejos que, aunque oscilan en torno a la 602 Para la puerta de Sevilla se han señalado medidas de 80x50 y de 126 x 50 cm. (CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 205). Para la fase califal de la mezquita de Córdoba se han constatado medidas de 107/115 x 53/60 x 48 o de 40 x 40 cm. (AZUAR, 2005: 152). Tercera parte 260 modulación romana y califal, presentan desiguales medidas, siendo de mayor tamaño, incluso, los que ocupan los dos extremos del lienzo603. Para nivelar las tongadas no hubo más remedio que acudir a encintados de ladrillo y a abundantes cuñas de material cerámico . Un caso similar es el de la torre-campanario de la antigua iglesia de San Martín, un gran paralelepípedo macizo que apoya sobre una especie de zócalo cuya fábrica se asemeja a la de la vecina puerta del Socorro: ambas están compuestas por sillares de gran tamaño y distinta modulación604, lo que obligó a recurrir, una vez más, a abundante ripio –guijarros, fragmentos de pizarra y fragmentos de teja y ladrillopara una correcta nivelación de los mismos [Fig. 1.35]. A pesar de todo lo expuesto, Miguel Ángel Tabales (2004: 80 y 83), sin dejar de incidir en la idea de la mayoritaria reutilización de materiales romanos y tardoantiguos durante el periodo de dominio norteafricano, ha indicado que también se dieron trabajos de nueva talla, aunque de forma minoritaria y, sobre todo, en momentos de especial repunte de la técnica. Sin embargo, Alfonso Jiménez (2002: 474-475), a la vista de las evidencias ofrecidas por la serie de excavaciones arqueológicas desarrolladas en los últimos veinte años en la catedral de Sevilla, se ha mostrado partidario de la existencia de una industria de la cantería propiamente almohade, que pudo ser responsable, incluso, de la realización de buena parte de las que han sido consideradas como reaprovechadas. No podemos olvidar que los unitarios, en el norte de África, emplearon piedra tallada para la construcción de sus fortalezas (MARTÍNEZ LILLO, 1995: 152 y ss.), lo que viene a indicar que, realmente, supieron optimizar los recursos que tuvieron a mano, cosa que se advierte en la fábrica del alminar de la mezquita de Hasan de Rabat. Nosotros, desde luego, tampoco podemos descartar esta opción para el caso de Niebla, puesto que en zonas pertenecientes a la mezquita sobre la que se asienta la iglesia de Santa María hemos detectado la presencia de trabajos pétreos caracterizados por un cuidadoso despiece y puesta en obra. Es el caso, fundamentalmente, de la base del alminar, embutido en la actual torre campanario y desde cuyo interior pueden observarse tanto el arranque de la escalera islámica, como su acceso original. El basamento del muro que envuelve circularmente a la primera está compuesto por sillarejos de pequeño tamaño y desiguales formas y medidas, aunque su talla, sin duda, vino determinada por la intención 603 Las medidas de estas piezas pueden agruparse del siguiente modo: 80/115 x 54 cm; 40/50 x 20/22 cm; 60/80 x 34 cm; 90/107 x 45 cm. 604 En la base de la torre de San Martín hemos medido sillares de 120 x 48 x 74 cm, de 50 x 47 y de 70 x 50/60 cm. En la puerta del Socorro hemos medido piezas de 100 x 55 x 43 y de 47/48 x 50 cm. Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 261 de disponer un aparejo concertado de evidente tendencia geométrica [Imag. I.36]. El caso de la puerta también es significativo, porque las piezas que forman su dintel y sus jambas describen, perfectamente, la molduración que determina la forma del vano, algo que también se observa en la obra de cantería de la puerta de Sevilla de la muralla (CAMPOS CARRASCO et al., 2006: 218). No debemos olvidar, al hilo de esta última referencia, que las fachadas en las que se insertan las puertas de la cerca defensiva muestran un cuidadoso acabado que incluye el complejo despiece de sus arcos de herradura, cuyas dovelas, en un juego estereotómico bastante interesante, llegan a introducirse en los alfices (MÁRQUEZ BUENO, GURRIARÁN DAZA, 2008: 126-128). Los templos parroquiales, por tanto, heredaron gran parte de la materialidad de los antiguos edificios almohades, llegando a amortizarse, tal cual habían sido dispuestas y aparejadas en los momentos fundacionales, un buen número de fábricas. A finales de la Baja Edad Media, no obstante, volvieron a emplearse piezas que habían pertenecido a zonas que, o bien se habían arruinado, o bien fueron demolidas, otorgándoseles un nuevo uso en las reformas plenamente cristianas de los edificios. Así ocurrió en el fragmento central del muro del costado de la epístola de la parroquial de Santa María, rehecho desde la base, como luego explicaremos, sobre la línea de la antigua quibla. Para ello, probablemente, se reaprovecharon los materiales resultantes del derrumbe previo. Así lo atestiguan sus sillares, similares a todos los anteriores605, dispuestos a soga y a tizón y encintados por verdugadas de ladrillo. * De cualquier modo, en esta misma época sí se dieron trabajos de cantería propiamente dichos. Buen ejemplo de ellos son el campanario más antiguo que se ha conservado en la torre de la parroquial de San Martín o determinados elementos tectónicos de la de Santa María, como son los machones y cadenas angulares de sus muros altos. Estos últimos están realizados, fundamentalmente, con sillarejos tendentes a adoptar una disposición isódoma, si bien entre ellos aparece algún que otro ladrillo a sardinel y un encintado del mismo material cada dos o tres tongadas, aunque no de forma totalmente sistemática. En los pilares que definen los huecos de las campanas del primero de los elementos citados también encontramos sillarejos relativamente bien escuadrados, aunque de medidas ligeramente desiguales -30 x 26 x 28 cm, 40 x 28 x 30 cm o 44 x 22 x 20 cm principalmente-, y trabados mediante un mortero blanco de cal dotado de una importante 605 Estos cuentan con medidas de entre 70 y 90 cm de largo por 50 y 59 de alto, en el caso de las sogas, y de entre 30 y 50 por 50 en el de los tizones. Tercera parte 262 carga de árido relativamente grueso. No obstante, hemos de considerar que estas son obras poco significativas dentro del conjunto monumental de la localidad, sobre todo si tenemos en cuenta que el ábside de la primera iglesia mencionada y los dos cuerpos inferiores de la torre de la segunda también fueron construidos con este tipo de material, mostrando ambos elementos una rotunda imagen pétrea. El exterior de la cabecera de San Martín también presenta una fábrica prácticamente isódoma, de sillarejo relativamente bien escuadrado y dispuesto a soga y tizón. A pesar de la regularidad que a nivel general se observa en el aparejo, hemos de decir que las medidas de las piezas varían ligeramente606 y que la disposición a soga y tizón no sigue una pauta aparente. La trabazón de las piezas se realiza con un mortero blanco de cal y árido grueso similar al que mencionamos anteriormente al hablar del primer campanario del templo. Además, aunque no de forma recurrente, con bastante frecuencia aparecen cuñas en los intersticios –fragmentos de teja, ladrillos, etc.- e incluso algún ladrillo a sardinel [Imag. I.37]. Estas mismas características se repiten en la torre de Santa María, incluida la presencia de cuñas –en este caso guijarro y fragmentos de pizarra- y del mortero blanco de cal con árido grueso, representando la única salvedad la inclusión, también, de algunos sillarejos de tamaño ligeramente mayor607, debido, quizás, al hecho de tratarse de una obra con cierto desarrollo en altura. En ambos casos hemos podido comprobar, además, que el sistema constructivo empleado fue el tradicional de costras, es decir, aquel que cuida las dos caras externas del muro para rellenar el hueco interno con mampuestos, ripio, argamasa, etc.608 Las fotografías de la intervención a la que fueron sometidos los restos de la parroquial de San Martín en 1996 nos muestran cómo, al desmontarse parte del hastial de la cabecera, quedó al descubierto su estructura, definida por las caras de cantería del exterior y del interior del edificio y un relleno compuesto por argamasa, mampostería, cantos y grandes e irregulares bloques de piedra [Imag. IV.2.9 ]. La fábrica pétrea de la torre de Santa María, por su parte, y como señalamos al hablar de las obras de Rafael Manzano, envuelve al antiguo alminar de 606 En los contrafuertes encontramos piezas con unas medidas medias de 44 x 29 x 23 cm, habiendo sido constatada la presencia de las siguientes medidas extremas: 36/48 x 26/30 x 21/24 cm. En los lienzos que aparecen entre los contrafuertes hemos tomado las siguientes medidas medias: 45 x 25 x 21 cm; las medidas extremas de las piezas son: 34/54 x 21/30 x 13/26 cm. 607 Las medidas del sillarejo de la torre de Santa María son las siguientes: 68/80 x 50, 34/38 x 23/25 o 42/48 x 23/25 cm. 608 Ya lo describe Vitruvio (Lib. II, cap. VIII), que lo denomina emplecton, por ser el nombre que le daban los griegos. Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 263 la mezquita, obra de ladrillo que puede apreciarse en el interior de la actual estructura. Gracias a la apertura que practicó el arquitecto a la altura del vano original de acceso, que supuso la horadación de la estructura externa, se puede apreciar cómo, para la reforma cristiana, se delimitó, con la hoja de sillarejo que vemos hoy desde fuera, el área que ocuparía la nueva torre alrededor de la antigua, rellenándose el espacio que quedó entre ambas con cal, cantos de cuarcita, mampuestos calizos y otros materiales irregulares y de distintos tamaños. Nos parecen evidentes las relaciones existentes entre estas dos obras, paro también entre estas y el campanario de San Martín. No solo son similares las medidas y los cortes de las piezas que las conforman, sino que además fueron trabadas con un mortero prácticamente igual, lo que nos lleva a pensar que fueron fruto del trabajo de un mismo taller o, al menos, de talleres que en momentos próximos pudieron ser depositarios de tradiciones edilicias similares. Estamos, por tanto, ante la evidencia de una actividad constructiva plenamente organizada en torno al trabajo de la piedra e inserta, además, en redes productivas que abarcaban un territorio bastante más amplio que el de la región en la que se ubica Niebla. Tenemos que hacer notar, a este respecto, que el formato de la piedra empleada en estas obras y su disposición en las mismas nos hablan de una discontinuidad con respecto a la tradición almohade local. Nos recuerdan más, sin embargo, a las obras de cantería que se dieron en la Córdoba cristiana de los siglos XIII y XIV, recientemente caracterizadas y analizadas por Antonio García-Ortega (2009a; 2009b; 2010). Al parecer, aquí, aunque el fuerte sustrato islámico de la zona también fue consecuentemente asimilado, una mano de obra fundamentalmente cristiana levantó, siguiendo planteamientos de ascendencia castellana, muros que se caracterizan por la utilización del sistema de costras, común a todo el gótico europeo. En un grupo de obras en el que se incluyen las iglesias de La Magdalena y de San Lorenzo, se empleó un tipo de sillar que, dispuesto fundamentalmente de forma diatónica, mostraba cierta irregularidad en unas medidas que oscilan entre los 40 y los 70 cm de largo y los 30 y los 40 de alto. Se trababan, además, mediante una fina lechada de mortero de cal, incluyéndose en los intersticios guijarros con forma de laja y fragmentos de ladrillo y de teja (GARCÍA-ORTEGA, 2012: 280). Rafael Cómez (1979: 92 y ss.) señaló que, muy probablemente, después de pasar por Córdoba, el llamado Maestro de 1248, de origen burgalés, difundiría los modos del gótico castellano por Jerez y Sevilla. Esta hipótesis, hoy, se encuentra en tela de juicio (GARCÍA-ORTEGA, 2009b: 40), aunque se sigue manteniendo que la morfología de la Tercera parte 264 arquitectura del foco bajomedieval jerezano debe su marcada personalidad al hecho de que se conjugaron con gran creatividad elementos procedentes de la tradición islámica almohade y nazarí y del gótico burgalés, gracias, probablemente, a la llegada a la ciudad de constructores cordobeses, aunque después de 1340 (LÓPEZ VARGAS-MACHUCA, 1999a, 1999b, 2000b y 2014). Aquí, desde luego, dada la relación del lugar con las canteras de la sierra de San Cristóbal, se emplearon aparejos pétreos que, en su disposición, recuerdan tanto a los cordobeses como a los iliplenses. En la torre de la Atalaya, por ejemplo, se emplearon piezas de 75/105 x 28 x 25/29 cm, medidas que pueden recordar a las modulaciones empleadas en Niebla, aunque con longitudes sensiblemente mayores. Se dispusieron a soga, aunque alternando de forma irregular con algunos tizones y, probablemente, formando el ya aludido sistema de costras (GUERRERO VEGA, 2009: 705). Excepto las iglesias de Nuestra Señora de los Dolores de Aracena y de la Asunción de Aroche, así como la cabecera de San Pedro de Huelva, obras deudoras del influjo de las obras de la catedral de Sevilla -que entre finales del siglo XV y principios del XVI provocó la transformación de la arquitectura de la zona (RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, 2007; 2011b)-, no hay muchas más en toda la provincia de Huelva que destaquen por su fábrica pétrea609. Solo encontramos relación, a este respecto, con los cuerpos inferiores de la torre de San Bartolomé de Villalba del Alcor, con la más lejana fachada de los pies de Santa María de Zufre, con la portada de América de la iglesia parroquial de San Jorge de Palos de la Frontera y con la iglesia de Santa María de La Rábida, donde también encontramos aparejos compuestos por piezas en formato de sillarejo. Tradicionalmente se ha considerado que la portada de Palos es obra de mediados del siglo XV (MARÍN FIDALGO, 1982: 65 y ss., LAGUNA, 1992: 404-405), mientras que la iglesia del convento de La Rábida debe ser posterior al año del establecimiento de la comunidad franciscana en el lugar -1412 (ORTEGA O.F.M., 1925: 71 y ss.)-, siendo el conjunto monacal fruto de un proceso constructivo que debió prolongarse a lo largo de la misma centuria (JIMÉNEZ MARTÍN, 1980: 51 y ss.; MARÍN FIDALGO, 1982: 68 y ss.). Aunque no parece existir 609 En la arquitectura bajomedieval onubense predominan las fábricas de ladrillo, mampostería o tapiales. En general, los edificios que presentan obras de cantería lo hacen, únicamente, en determinados elementos estructurales, tales como nervios de bóvedas, baquetones, cadenas angulares, etc. A este respecto pueden verse las apreciaciones realizadas por Alfredo J. Morales (1978: 33-42) sobre el grupo de obras de la Sierra o por Ana Marín (1982: 93-95) sobre las del sur de la provincia, así como las recogidas en la publicación que se realizó con motivo de las Jornadas Europeas de Patrimonio del año 2000, dedicadas al mudéjar andaluz (PAZ SÁNCHEZ, 2000). Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 265 una relación directa entre ambas obras, sí creemos que son deudoras de un contexto edilicio común o similar610, que las conecta, igualmente, con el foco de arquitectura bajomedieval jerezana. La influencia de un grupo de obras de este último, realizadas a lo largo del cuatrocientos –cuerpo de naves y torre de la Atalaya de San Dionisio, nave principal de Santo Domingo, cabecera de San Juan de los Caballeros, capillas de la Astera, Zarzana, de los Pesaños, de los Villacreces, etc.- ha podido detectarse en El Salvador de Vejer de la Frontera, en Nuestra Señora de la O de Sanlúcar de Barrameda o en la iglesia del convento de Santiago de la Espada de Sevilla. Precisamente, además de contar con facturas pétreas que recuerdan a las de todos estos inmuebles, la iglesia de La Rábida también muestra un repertorio formal y ornamental similar al de los mismos, estando dotada la portada de Palos de la Frontera de una cornisa soportada por canes de cabezas humanas y animales que recuerdan a las que vemos en algunos de los inmuebles gaditanos. Alfonso Jiménez (1980: 57-41), dada la presencia de marcas de canteros y de motivos ornamentales similares, ha llegado a vincular la factura de la cabecera de San Martín de Niebla con las de las iglesias de La Rábida y del convento de Santiago de la Espada, que como todas las del grupo mencionado se levantó en el siglo XV, concretamente en torno a 1409 (LÓPEZ VARGAS-MACHUCA, 2000a y 2000c; GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, GÓMEZ DE TERREROS GUARDIOLA, 2011: 245 y ss.). Desde luego, la obra iliplense comparte con todas las demás ciertas características materiales y una serie de elementos que proceden del tronco común del gótico burgalés y, en último extremo, del franco-borgoñón. No obstante, la disposición de su aparejo hace que nos encontremos más próximos a la torre de Villalbalba del Alcor –que ha sido relacionada directamente con la de Santa María de Niebla (MARÍN FIDALGO, 1982: 89- 90)- y a la fachada de los pies de Zufre. En la obra serrana, además, adquiere especial protagonismo la intrusión del ladrillo, así como la presencia de ciertos elementos ornamentales de aire arcaizante, como los modillones de rollo de tipo cordobés que soportan la cornisa que vuela sobre la portada (LAGUNA, 1992: 416), lo que ha llevado a proponer para la misma una datación de mediados del siglo XIV (MORALES, 1976: 36). Es posible, por tanto, que las obras de Niebla fueran consecuencia de la acción de talleres que -dado el trasiego de artífices e ideas que se dio en Castilla y, concretamente, en el antiguo Reino de Sevilladebieron ir extendiendo las formas y los modos constructivos 610 Sí han sido relacionadas, por ejemplo, la portada de acceso al templo de La Rábida y la otra que posee la iglesia de San Jorge, la de “los Novios”, que no obstante se considera obra de finales del XV (VELÁZQUEZ BOSCO, 1914: 62-63; MARÍN FIDALGO, 1982: 66). Tercera parte 272 (GÓMEZ TOSCANO, BELTRÁN PINZÓN, 2006: 649; CAMPOS CARRASCO, et al., 2006: 255-278). En concreto, se han caracterizado dos periodos de reformas en la cerca, uno de entre finales del siglo XIV y principios del XV y otro de finales de esta última centuria, diferenciados, fundamentalmente, por la cantidad de cal que presentan los morteros, poca o ninguna en el primero de los casos y abundante en el segundo. De cualquier modo, los materiales empleados y su disposición son prácticamente idénticos en ambos casos: sillarejo que alterna con ladrillos agrupados en dobles o triples verdugadas, dispuestos a soga fundamentalmente, entre tendeles de en torno a 4 cm y dotados de medidas de 30 x 15 x 5 cm. Tanto en la parroquial de Santa María, como en los fragmentos de la antigua parroquial de San Martín hemos podido caracterizar fábricas similares que, efectivamente, según el contexto constructivo, corresponden a distintos periodos de reformas fechados en los últimos años bajomedievales. Se pueden diferenciar varios tipos, no solo por el empleo, o no, de cal en los morteros o en los rejuntados, sino también por el uso de distintos tipos de enripiados y por sutiles diferencias en la forma de aparejar los materiales. Todo esto, a nivel global, nos ha ayudado a comprender la evolución de los inmuebles, evidenciándose, al mismo tiempo, la significativa pervivencia de unos modos de construir que estuvieron bien enraizados en la localidad. En todos los casos se empleó el sillarejo alternando con el ladrillo, de un modo muy similar al que hemos visto en los fragmentos de la quibla de la antigua mezquita [Imag. I.40]. En este caso, sin embargo, sí es cierto que se emplearon piezas latericias de 30 x 15 x 5 cm, en lugar de las de 28 x 14 x 4 cm de época almohade y sus variantes. Siempre aparecen dispuestas, por otra parte, en un número variable de verdugadas y, normalmente, a soga y tizón en hiladas alternas. El grosor del tendel suele estar, siempre, en torno a los 4 cm, por encima de los 2 o los 3 cm de los muros islámicos. Además, suele aparecer, con mayor o menor frecuencia, algún ladrillo a sardinel entre las piezas de piedra. Existe, por último, una modalidad que se corresponde, según el contexto edilicio y la morfología de los espacios, soportes, elementos sustentados y ornamentales que se asocian al mismo, con las fábricas más tardías. Es el caso, por ejemplo, de la representada en los muros de la cabecera de la parroquial de Santa María, en los que la disposición general del aparejo es muy similar a la ya analizada, aunque la piedra aparece en forma de mampuesto y el ladrillo vuelve a presentar un módulo ligeramente menor -28 x 13 x 5 cm aproximadamente-. Únicamente existe un caso que distorsiona el razonamiento que venimos exponiendo; se trata del constituido por la base de la torre campanario de San Martín y por Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 273 la mitad inferior de la escalera que, anexa a la misma, permite el acceso a su parte superior. Ambas forman una obra unitaria, puesto que traban perfectamente [Imag. I.35]. El tipo de aparejo que se emplea, como vimos en su momento, vuelve a ser mixto y a estar compuesto por tongadas de sillarejo de desigual tamaño y altura –algunos aparecen en disposición perpiaña, como en las bases de determinadas torres de la cerca defensiva-, lo que obliga a concertar la fábrica con ripio y con un abundante número de cuñas, pero también con cintas de ladrillo que, en muchos casos, no encuentran un desarrollo completo. Estas, al margen de este particular, se componen por un número desigual de verdugadas –entre una y cinco-. El tamaño del material latericio, por otra parte, vuelve a ser de 30 x 15 x 5 cm, siendo el de la junta de 4 cm de grosor. A nivel general, y según lo visto anteriormente, las características materiales vendrían a ubicar la obra en el periodo bajomedieval cristiano. Sin embargo, el mortero se diferencia del que aparece en el resto de paramentos de la misma iglesia. Mientras que aquí solo se utilizó una argamasa terrosa, en los demás muros que constituyeron el antiguo templo de San Martín –de factura cristiana según el contextose empleó una apreciable carga de cal. Fue esto lo que nos puso sobre el aviso de que nos encontramos ante una estructura previa, adscrita al periodo andalusí como veremos al analizar los primeros tramos de su escalera. Los aparejos mixtos de la Niebla cristiana bajomedieval, por tanto, no son una consecuencia de las formas constructivas del ámbito toledano, sino del propio sustrato almohade de la localidad y su región. Basilio Pavón (1996: 90 y ss.) le otorgó la consideración de islámicas a varias fábricas de este tipo que aparecen en las zonas superiores de las puertas del Agua y del Embarcadero, compuestas por tongadas de mampostería de unos 25 cm de altura y cintas de ladrillo de 27 x 13,5 x 4 cm. Desde luego, el sistema defensivo de Jerez de la Frontera, del periodo almohade igualmente, también contó con ellas: en las torres que flanquean las puertas del alcázar, por ejemplo, alternan el sillarejo de 50 x 20 cm con un número variable de hiladas de ladrillo –de dos a cuatro- (GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, AGUILAR MOYA, 2011: 46-47)622. Pero habríamos de 622 Basilio Pavón (1996: 45-50) también relacionó con este tipo de obras almohades algunos de los paramentos de carácter mixto que aparecen en el castillo de Aroche. Recientemente se ha podido constatar arqueológicamente que la fortificación fue construida durante el periodo de dominio norteafricano, si bien no se ha podido caracterizar si los paramentos de mampostería encintada con ladrillo pertenecen al mismo periodo o son fruto de las diversas reformas a las que, según la documentación, fue sometida la obra entre los siglos XIII y XV (RIVERA JIMÉNEZ, ROMERO BOMBA, 2006). En un estudio y caracterización arqueológica de la fortaleza almohade de Miraflores, en Piedrabuena –Ciudad Real-, sí se ha considerado, sin Tercera parte 274 concederle especial significación a los muros que, pertenecientes a viejos edificios andalusíes, quedaron fosilizados en los templos parroquiales, que fueron, sin duda, los que debieron marcar la pauta constructiva de los periodos sucesivos. Es este particular el que puede poner en relación al mundo edilicio iliplense de la época con el del norte de la provincia de Huelva -donde son harto frecuentes fábricas similares (MORALES, 1976: 38)- y con el de determinadas áreas de Extremadura, para las que la historiografía, igualmente, poniendo el foco de atención en la tradición local de los últimos años de dominio islámico, ha tratado de minimizar el impacto de análisis basados en el establecimiento de relaciones de dependencia con experiencias generadas en zonas limítrofes (MOGOLLÓN CANOCORTÉS, 1987: 41-46 y 57, 1996: 83-86). Solo de esta forma podríamos considerar una conexión remota con el centro peninsular, entendiéndose que los modos edilicios andalusíes, en todas las áreas señaladas, experimentaron, según el área geográfica, distintos grados de asimilación y evolución. 10.3- Fábricas de tapial Algo similar a lo expuesto en el apartado anterior fue lo que ocurrió con las fábricas de tapial, que, generalizadas y perfeccionadas durante el periodo de dominio norteafricano (AZUAR, 2004: 59 y ss.; TABALES RODRÍGUEZ, 2004: 80 y 84 y ss.; TABALES RODRÍGUEZ, GRACIANI GARCÍA, 2008: 141-146), también encontraron su preceptivo eco en el periodo bajomedieval cristiano (TABALES RODRÍGUEZ, GRACIANI GARCÍA, 2008: 146-150). Según se ha señalado, los muros encofrados volvieron a generalizarse en el Reino de Sevilla a partir del siglo XIV, después de un primer periodo -tras la conquista- en el que probablemente se impusieron usos constructivos foráneos. De cualquier modo, ahora mostrarían algunas diferencias con respecto a los tapiales de época islámica, observándose una preferencia, por ejemplo, por los modos mixtos: tapiales encadenados con piedra o ladrillo y tapiales de fraga, es decir, que integraban en el paramento verdugadas de este último material. Otra cuestión a tener en cuenta es que estas fábricas, en estos momentos, presentarían una ejecución menos cuidada, menores proporciones de cal y mayor abundancia de cascotes cerámicos en la argamasa. En Niebla, de hecho, también se ha podido constatar arqueológicamente esta embargo, que algunas fábricas similares a las de la obra onubense pertenecen al periodo aludido (MOLERO GARCÍA et al., 2014). Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 275 evolución; a la extraordinaria muralla encofrada de época almohade que circunda a la población623 se le superpusieron, en determinados sectores –concretamente en el comprendido entre las torres 23 y 26 -, otras de tapiales de más débil consistencia y escasa carga de cal, que han sido vinculadas con las ya mencionadas fases de reformas de la segunda mitad del siglo XV (CAMPOS CARRASCO et al., 2006: 260 y 275-276). Pero lo que a nosotros más nos interesa es que en los templos parroquiales iliplenses también hemos podido detectar obras de factura similar. Sobre la base, ya analizada, de la torre campanario de San Martín se levanta una gran caja de tapial que queda encadenada por una serie de aparejos mixtos624. La enorme erosión que presenta su superficie, así como las numerosas reformas y acciones de revocado que ha recibido, hace difícil su caracterización, aunque es evidente que se trata de un tipo de argamasa bastante pobre, de color parduzco y dotada de un alto porcentaje de cascotes y de fragmentos cerámicos. En algún punto, igualmente, puede advertirse la presencia de una doble verdugada de ladrillo, lo que nos llevaría a establecer que se trata de un tipo de tapial similar al signado con el número 10 en la clasificación de Tabales y Graciani (2008: 139), adscrito a los periodos bajomedieval cristiano y moderno. En el mismo edificio, la parte correspondiente a la casa rectoral del denominado Muro D, que se adosó a la cabecera por su costado meridional, también presenta una factura de similares características, compuesta por una argamasa de color parduzco, cal aterronada –como la del mortero empleado para trabar las fábricas mixtas de época cristiana del mismo templo- y abundantes fragmentos cerámicos, ripio, etc. Se levantó sobre una base de aparejo mixto 623 Hasta ahora no se ha realizado ninguna caracterización material exhaustiva de los tapiales del recinto fortificado de Niebla, por lo que desconocemos la composición exacta de los mismos. Las más completas son las efectuadas por Ismael Guarner, a raíz de su intervención en la muralla a principios de la década de 1980 (INFANTE LIMÓN, 2012: 179-190), y la realizada por los arqueólogos de la Universidad de Huelva, consecuencia de las actividades de seguimiento de las restauraciones desarrolladas algunas décadas después, cuyos resultados fueron publicados en una extensa monografía en 2006. El primero se limitó a señalar que para la construcción de la cerca se emplearon tierras rojas de la zona y abundante material cerámico como conglomerante, señalando, igualmente, la presencia de rejuntados de cal entre los cajones (GUARNER, 1982: 51). Los segundos corroboraron que, además de las tierras calizas del entorno, los encintados de cal para la protección de las juntas entre cajones y los fragmentos cerámicos y cantos de río como aglutinante, también aparecen diferentes proporciones de cal, según la zona (CAMPOS CARRASCO et al., 2006: 363-365). 624 Creemos advertir en ellas varias fases, compuestas por distintos tipos de ladrillo dispuesto, fundamentalmente, a soga y tizón en verdugadas alternas y alternando, en distinto grado, con tongadas de sillarejo. Tercera parte 276 igual al que puede verse, por ejemplo, en el muro de la portada de la antigua iglesia, aunque queda trabada por cadenas de ladrillos posteriores a esta última625. Para terminar, debemos hacer referencia a las partes más altas del cuerpo de naves de la iglesia de Santa María, es decir a aquellas que, para dotar de la configuración actual al templo cristiano, fueron levantadas con tapiales encadenados que se situaron por encima de los paramentos que se habían conservado de la antigua mezquita y de aquellos que, ya posteriormente, vinieron a sustituirlos. Las cornisas latericias de canes de la iglesia fueron encastradas con los encofrados de los costados del evangelio y de la epístola, lo que impide, por otra parte -unido a que han sido bastante restaurados-, una caracterización exacta de los mismos. Sí sabemos, gracias a que puede apreciarse con facilidad en el hastial de los pies del edificio, que fueron trabados con las cadenas de sillarejo y cintas de ladrillos que analizamos en el apartado anterior. En una estrecha franja del exterior del muro de la epístola, por otra parte, parece advertirse que estos tapiales tienen una consistencia débil y cuentan con una abundante carga de ripio y de fragmentos cerámicos, pudiendo adivinarse, incluso, que los mechinales fueron rematados con una pieza de ladrillo. Todo esto nos llevaría a vincularlos, junto con el hecho de que fueron encadenados con elementos pétreos, con modalidades que Tabales y Graciani (2008: 139) han fechado en los últimos años de la Edad Media. Esto se hace evidente en la propia morfología de los muros; no solo valdría como prueba el hecho de que aparecen vinculados con las cornisas del edificio cristiano, sino que las cadenas no solo se ubicaron en las esquinas de los muros, apareciendo también en el centro de la mitad superior del imafronte, para que las tandas de arcos que dividen en naves el interior del oratorio, trabasen con ellas626. 625 Por el lado que se adosa al ábside de la iglesia presenta una cadena de ladrillo de 28 x 13 x 5 cm –por tanto igual al empleado en la cabecera de Santa María-, con tendencia a aparecer dispuesto a soga y tizón en verdugadas alternas y aparejado con una junta que queda rellena por un mortero fino de cal. Por el lado contrario traba con la parte correspondiente a la casa rectoral del denominado Muro 5, que como veremos más adelante también puede adscribirse, por la morfología de sus arcos, a los comienzos del siglo XVI, aunque el tipo de ladrillo y el mortero empleados son distintos a los que presenta la cadena anteriormente citada. Ahora, el primero mide 30 x 14 x 5 cm, mientras que el segundo vuelve a ser un mortero de cal, aunque cuenta con una abundante carga de árido. Esto vendría a indicar que la configuración del muro fue el resultado de diversas reformas que pudieron darse, no obstante, en un corto periodo de tiempo. 626 Miguel Ángel Tabales y Amparo Graciani (2008: 150) han señalado que esto es algo propio de las fábricas de tapial de época bajomedieval cristiana, que, lógicamente, debían adaptarse a la morfología de los nuevos templos. Sin embargo, han apuntado que no conocen ningún caso en el que las cadenas que articulan las partes centrales de los muros –para trabar con los muros interioressean de piedra, siendo la iglesia de Santa María, por tanto, un caso excepcional. Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 277 10.4- Fábricas de ladrillo El ladrillo ha sido considerado un elemento básico y fundamental del sistema constructivo peninsular (DÍEZ JORGE, 2001: 155 y ss.) y, concretamente, el material por excelencia de la arquitectura mudéjar (LÓPEZ GUZMÁN, 2000: 95-103). En esta línea, Basilio Pavón (1996: 6), refiriéndose al caso de la provincia de Huelva, expresó que, mientras en la sierra se emplearon fábricas mixtas derivadas del “mudéjar toledano”, los templos de la tierra llana se levantaron con “ladrillo exclusivamente, siguiendo pauta sevillana que arranca de la arquitectura islámica de época almohade”. Ya hemos visto, sin embargo, que esta apreciación es ampliamente matizable, en primer lugar porque las obras unitarias, en un alto porcentaje, no fueron exclusivamente latericias. Por otra parte, y es lo que nos induce a reflexionar sobre el asunto, hemos de aludir a que en Niebla, ubicada entre la campiña y la costa, se utilizaron de forma significativa la cantería y los paramentos en los que alternaban el ladrillo y la piedra, detectándose en ellos, ahora sí, cierto nivel de asimilación de modos que parecen propios de los últimos decenios del periodo andalusí. Bien conocido es el intenso debate historiográfico que ha generado durante décadas el tema de la arquitectura mudéjar (RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, 2012: 102-107), que fue recurrentemente vinculada a la utilización concreta de una serie de materiales de tradición islámica y considerados pobres –yeso, madera y ladrillo-. Este es un asunto ya superado, fundamentalmente desde las caracterizaciones realizadas por Gonzalo Borrás (1978; 1984; 1990; 1999: 200-202), que ha considerado que la condición de mudéjar reside, realmente, en el conjunto de técnicas, tradiciones y modos de trabajo que, derivados del mundo hispanomusulmán, pervivieron en los reinos cristianos peninsulares627. Sin querer entrar en discusiones metodológicas, y aceptando como punto de partida de cualquier análisis que nuestra arquitectura bajomedieval se vio condicionada por el sustrato andalusí y por las asimilaciones que del mismo se hizo, consideramos que el de Niebla es un caso que viene a poner de relieve las múltiples y complejas casuísticas que pudieron confluir en la configuración material de la misma (RUIZ SOUZA 2004; RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, 2012). En Huelva, realmente, no abundan las fábricas completas de ladrillo, que limita su presencia, en la mayoría de los casos, a portadas y a elementos estructurales y ornamentales de paramentos de mampostería, tapial, etc. (MARÍN FIDALGO, 1982: 94-96; PAZ 627 Sobre estas cuestiones resultan altamente interesantes las consideraciones realizadas por el propio profesor Borrás (1987) en respuesta a las tesis postuladas por Philippe Araguas (1987, 2003). Tercera parte 278 SÁNCHEZ, 2000). Siguiendo esta pauta se levantaron las portadas de los pies y del Sol de Santa María y la principal de San Martín, obras latericias plenamente insertas en las fábricas mixtas de época cristiana que analizamos en el apartado anterior [Imag. I.42]. Tanto en portadas como en muros se empleó el mismo tipo de ladrillo628 y, excepto en el primer caso, donde se revela una trabazón algo problemática entre una y otro, se puede observar que las primeras fueron construidas coetáneamente a los segundos629. Lógicamente, la decisión de no incluir material pétreo en estas portadas –salvo en las nacelas de las impostasvino determinada por la necesidad de obtener unos resultados compositivos y ornamentales determinados. El hecho de haberse recurrido al mismo material que en los paramentos, un ladrillo ciertamente grueso y poroso y que obligaba, además, a aparejarlo con juntas de 4 cm, no tenía por qué ser determinante con respecto a este particular, puesto que la obra debía estar destinada a ser revocada. De hecho, aunque las de los pies de San Martín y Santa María han perdido este guarnecido, en la de la epístola de este último templo se ha conservado buena parte de uno que, por el esgrafiado, que simula el despiece de una fábrica de sillería, debe ser ya, no obstante, de época moderna630. Nos encontramos algo lejos, por tanto, del relativamente abundante conjunto de portadas que en la zona, entre finales del siglo XV y principios del XVI, fueron ejecutadas con ladrillo agramilado631, material que permitía tanto unos acabados mucho más minuciosos y cuidados como dejar el paramento visto, sin revocos. Aquí en Niebla, no obstante, también tenemos un buen 628 El ladrillo empleado tanto en las portadas como en los paramentos mixtos en los que quedan insertas, es el de 30 x 15 x 5 cm de tonalidad rojiza. También el grosor del tendel es igual en ambos casos: 4 cm. 629 Una de las impostas pétreas del vano de la portada del Sol de Santa María se prolonga en la molduración que la enmarca y en las tongadas de sillarejo del muro perimetral de la epístola de la iglesia. Además, el mortero y los revocos empleados en toda la zona son exactamente iguales. Lo mismo ocurre con los materiales en el caso de la portada de San Martín, aunque la unión entre el paramento y la portada es distinta. En este caso, la última quedó perfectamente trabada con las dos cadenas dentadas de aparejo mixto que articularon el muro de los pies de la iglesia, revelándose una construcción simultánea. 630 La fachada de la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla, templo medieval que recibió su configuración actual en el siglo XVII (FALCÓN MÁRQUEZ, 1988), también presenta un esgrafiado que simula el despiece de sillares. Esta ha podido ser datada, no obstante, a mediados del XVIII, gracias a una inscripción que, por debajo de la cornisa, recoje la fechada de 1741 (AGUILAR GUTIÉRREZ, ARENILLAS, 1996). El esgrafiado que aparece en Niebla es más sencillo, aunque creemos que la comparación viene a evidenciar un contexto de ejecución similar o, quizás, algo anterior. 631 “Ladrillo prensado con sus caras mayores rehundidas para permitir que penetre en ellas la masa y así evitar eu las junturas queden demadiado abiertas (se suele emplear en paramentos de ladrillo visto)” (HOZ ONRUBIA et al., 2003: 136). Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 279 ejemplo de este tipo: la portada del antiguo hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, que contrasta sobremanera con las anteriores. * Dos ejemplos excepcionales de fábricas casi exclusivamente latericias en la zona, sin embargo, son la iglesia de San Antón de Trigueros y la cabecera de la del monasterio de Santa Clara de Moguer. Tradicionalmente, los autores que han tratado sobre la primera, que parece reaprovechar una fortificación andalusí anterior, la han adscrito a los siglos XIII o XIV632, en concreto al grupo que ha recibido la denominación de arquitectura fronteriza (CÓMEZ RAMOS, 2004). Alfonso Jiménez (1980: 41), de hecho, ha considerado que en 1338, fecha en la que se fundó el monasterio de Santa Clara, la obra de Trigueros debía encontrarse bastante avanzada, sirviendo de modelo para la moguereña. Aunque no debemos descartar la posibilidad de que ambos edificios se hubiesen levantado en épocas más tardías633, lo que realmente nos interesa es que la cabecera de San Martín también presenta algunas características similares a las de estos. Las relaciones no solo se advierten en la utilización de un corpus formal, ornamental y estructural que deriva de un tronco común, sino que las tres integran partes de cantería y fragmentos latericios. Mientras que en Trigueros y Moguer los muros y los plementos de las bóvedas son de ladrillo -siendo de piedra los nervios, los soportes o las molduras-, aquí es la piedra la que predomina, apareciendo en todo el exterior, así como en la plementería, los soportes, los nervios y las molduras interiores. Sin embargo, la mitad inferior del presbiterio, hasta la altura de la cornisa que marca el arranque de los nervios de la bóveda, fue dotada de un forro de ladrillo de 29 x 14 x 5 cm y dispuesto a soga y tizón en verdugadas alternas, aunque con cierto grado de desorden [Imag. I.22]. La junta oscila entre los 3 y los 4 cm y está rellena por un mortero que recuerda al de las fábricas mixtas de la misma iglesia: terroso, aunque dotado de una apreciable carga de cal y de abundante árido634. Este careado latericio está perfectamente alineado, trabado e integrado en la composición que determinan los elementos de calcarenita, al igual que en los otros edificios mencionados, pero aquí –como 632 Encontramos un amplio repaso historiográfico sobre el asunto en MARÍN FIDALGO, 1982: 75-84. 633 En San Antón se construyó, a partir de 1468, una “torre de las campanas” que puede estar atestiguando el final del proceso de obras, iniciado quizás algún tiempo antes (CARRASCO TERRIZA, GONZÁLEZ GÓMEZ, 2009: 214-215). 634 El mismo tipo de aparejo, exactamente, es el que aparece en el cuerpo que se anexó a la capilla del Señor de la Columna por su lado septentrional, para su ampliación. Esto nos lleva a pensar que dicha reforma se llevó a cabo al mismo tiempo que se construía la cabecera de la iglesia. Tercera parte 280 veremos más adelantefue fruto del replanteamiento de un proyecto que no había contado previamente con el mismo. A pesar de las múltiples reformas y refacturaciones que ha sufrido, el hastial en el que se abre el arco triunfal de la cabecera -testero del desaparecido cuerpo de navestambién es una obra principalmente latericia. La disposición del aparejo, el tipo de mortero empleado y el método constructivo, en general, son similares a los que se observan en el interior del presbiterio, aunque en el arranque de la fábrica se colocaron varias tongadas de sillarejo, siendo la métrica de los ladrillos también ligeramente diferente635. Las fotografías de la intervención de 1996, no obstante, no nos muestran evidencias de otro planteamiento distinto para el cierre de la cabecera en su unión con el buque del templo, apreciándose que el arco pétreo de la embocadura del presbiterio y el muro fueron levantados prácticamente de una vez [Imag. IV.2.11]. Las imágenes también nos muestran que este último se construyó con el mismo sistema de costras que se utilizó en la cabecera y que giraba, en su extremo meridional, hacia los pies de la iglesia, presentando una cadena achaflanada de sillarejos en la esquina exterior636 [Imag. IV.2.9]. Hemos podido comprobar, por otra parte, que el único fragmento de pilar del cuerpo de naves que se ha conservado en esta zona no traba con el hastial, sino que se adosa de forma simple al mismo637, mientras que por encima de la línea de imposta del arco triunfal, en el lado de la epístola y avanzando hacia los pies del edificio, aparece el enjarje pétreo de otra estructura que quedó inacabada. Por tanto, no podemos descartar la posibilidad de que, a pesar del evidente cambio de materiales que se aprecia, se hubiese proyectado un cuerpo de naves similar al de Santa 635 Los ladrillos del forro del presbiterio medían 29 x 14 x 5 cm, mientras que los del hastial miden 29 x 14´5 x 4´5 cm. La medida de la junta oscila ahora entre los 4 y los 4´5 cm, cuando en el interior de la cabecera oscilaba entre los 3 y los 4 cm, siendo el mortero muy similar en ambos lugares. 636 Esta puede verse perfectamente en las fotografías de la intervención de 1996 y, hoy, aunque reconstruida desde entonces, por el interior de la que fue casa rectoral. En San Antón de Trigueros, aunque no exactamente iguales a los de San Martín, también aparecen distintos esquinales de sillarejo, sobre todo en los ventanales de la cabecera, muy similares -también en lo referente a las cadenas pétreas- a los de San Andrés de Sevilla, considerada por Angulo (1932) entre el grupo de 1356. Donde sí vemos esquinales pétreos en fábricas de ladrillo, y en este caso también con el ángulo achaflanado, es en la iglesia más antigua de San Isidoro del Campo, levantada en torno a 1300 (RESPALDIZA LAMA, 1996, 2002 y 2004). 637 El pilar que se adosa al hastial de la cabecera muestra una materialidad diferente a la de este. Aunque también de ladrillo, aquí muestra una tonalidad y unas medidas distintas (30 x 14,5 x 4,5 y juntas de entre 3 y 4 cm.), aunque similares a las que se dan en las fábricas mixtas de la portada de los pies y en los pilares de las tandas de arcos en su unión con estas. También se aprecia claramente cómo su adosamiento supuso el taponamiento de la molduración del arco triunfal pétreo. Capítulo 10. Consideraciones sobre los materiales, las fábricas y los paramentos de los edificios 281 Clara de Moguer o al de San Antón de Trigueros: de ladrillo, pero abovedado y con elementos estructurales y ornamentales de piedra que le otorgaran a la obra una imagen unitaria. Esta, probablemente, quedó inconclusa durante algún tiempo, no abordándose su conclusión hasta más tarde, con un planteamiento totalmente diferente, como se señalará más adelante. ** Durante los últimos años de la Edad Media y los primeros de la Edad Moderna debió producirse, no obstante todo lo anterior, un significativo cambio de paradigma en los modos constructivos, puesto que en este periodo parecen multiplicarse las fábricas exclusivamente latericias. La parroquial de San Bartolomé de Villalba del Alcor, por ejemplo, aunque vinculada con fases más antiguas, parece haber sido fruto de un complejo y poco conocido proceso de reformas que debió culminar entre finales del siglo XV y principios del XVI con la construcción de dos de sus portadas, la que se abre a poniente y la del Sol, ornamentada con la heráldica del cardenal Hurtado de Mendoza (arzobispo de Sevilla entre 1485 y 1502) (CARRASCO TERRIZA, 1981; JIMÉNEZ MARTÍN, 1980: 26- 32; MARÍN FIDALGO, 1982: 85-90). Sabemos por otra parte que las cabeceras de las iglesias del Valle de La Palma del Condado y de Santiago, de Hinojos, debieron ser edificadas en las décadas de 1460 o 1470, puesto que ambas, que forman parte de un mismo grupo (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 102-107), están evidentemente relacionadas con la portada de los pies de la iglesia de San Felipe de Carmona, documentada entre 1468 y 1470 (HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 2014: 242). Por último, cabe referirse a obras más tardías, como son la cabecera de San Jorge de Palos de la Frontera –excepto en lo que a elementos estructurales se refiere-, de entre finales del XV y principios del XVI (LAGUNA, 1992: 404-405), el conjunto de edificaciones adosadas a posteriori a la de San Pedro de Huelva (CASTILLA REYES, et al., 2006: 554-556; CARRASCO TERRIZA, 2007: 53-58), o el antiguo Hospital de la Misericordia de Villalba del Alcor, cuya portada quedó rematada con un crucificado de cerámica esmaltada de las primeras décadas del XVI, atribuido a Francisco Niculoso Pisano (PLEGUEZUELO HERNÁNDEZ, 1992). En Niebla también tuvo repercusión, en este periodo, el recurso del ladrillo como material exclusivo en la construcción de paramentos. Un grupo de obras que, a nivel formal, pueden incluirse dentro del mismo, como son el muro que divide las dos crujías de la casa rectoral de San Martín -que se adosó al cuerpo de naves de la antigua iglesia por su lado oriental- o el campanario más alto de su torre, así vienen a demostrarlo. Sin embargo, en obras de cierta importancia, como fueron las cabeceras de la parroquial de Santa María y Tercera parte 288 mixto da paso a una fábrica de ladrillos, produciéndose evidentes cambios en el interior a nivel compositivo, lo que denota que, o bien la torre original no fue concluida, rematándose más tarde –ya en el periodo bajomedieval cristiano, como veremos más adelante-, o bien fue rebajada para acometer las reformas conducentes a la construcción de la iglesia. 11.2- La capilla del Señor de la Columna: primer exponente de la arquitectura religiosa bajomedieval de la Niebla cristiana La capilla del Señor de la Columna, como hemos referido con anterioridad, se encuentra adosada de forma simple y limpia a la cara suroeste del primer cuerpo de la torrecampanario, junto al hastial de la cabecera del antiguo templo en el segmento correspondiente al testero de la que fue nave del lado del evangelio. Se revela al exterior como un sencillo y masivo prisma del que sobresale, trasdosada, la bóveda esquifada de ocho paños que cubre su interior. En 1900, José Nogales, en su artículo sobre la iglesia parroquial de San Martín, recogió un testimonio de Cristóbal Jurado relacionado con el embotijado que llenaba el trasdós de la “bóveda árabe” de la capilla del Señor de la Columna647. Siguiendo a un enjambre de abejas, unos albañiles “levantaron un trozo de la cobertura de ladrillos” y localizaron “ánforas, muchas ánforas llenas de panales chorreando de miel dulcísima” (NOGALES, 1900). No tenemos ningún tipo de dato que nos hable de la presencia, o no, de estos elementos sobre la capilla del Señor de la Columna actualmente, pero hay que tener en cuenta que la zona ha sufrido una importante transformación. No olvidemos las posibles intervenciones que el propio párroco iliplense pudo llevar a cabo sobre ella, así como la que desarrolló Ismael Guarner, que suprimió el tejado que la cubría, reformando, al mismo tiempo, el coronamiento de la propia capilla. Solo un análisis arqueológico de la cubierta podría resolver la duda. Sea como fuere, el arranque de la estructura muraria, en la cara suroccidental -el lugar más bajo que puede observarse, debido al desnivel del terreno-, está realizado con un aparejo mixto compuesto por varias verdugadas de sillarejo de distintos tamaños y formas –algunos en disposición perpiañaque se encintan con tandas de dos irregulares verdugadas 647 Aunque el autor del artículo no hacía mención explícita de la capilla del Señor de la Columna, sabemos que se refería a esta, y no a la del lado de la epístola, gracias a una de las leyendas de Cristóbal Jurado, Las abejas del santuario (1934: 138-141). Capítulo 11. Análisis del antiguo templo parroquial de San Martín 289 de ladrillos dispuestos, principalmente, a tizón. Las caras visibles de estos miden 13 x 4 cm, mientras que el mortero que rellena las juntas –de 4 cm de grosores terroso y está dotado de una destacable carga de áridos, siendo reseñable, igualmente, el número de fragmentos de tejas que fueron amortizados en los tendeles. Sin embargo, desde la actual cota del suelo de la plaza, que viene a coincidir con la del interior de la propia capilla, parece observarse un cambio en la disposición de los muros. Ahora, aunque no se aprecian signos evidentes de una ruptura o un cosido posterior, el ladrillo presenta un módulo mayor que el de la base y se dispone a soga y tizón en verdugadas alternas, mientras que el sillarejo limita su presencia a los ángulos de la obra, aunque alguno de ellos marca el arranque de alguna tongada que se prolonga a lo largo de los lienzos. La puerta de ingreso al recinto se abre en la cara sureste, articulada por un arco enjarjado de herradura ligeramente apuntada y que parte de sendas impostas con perfil de nacela, aunque realizadas con el mismo material latericio del resto de la fábrica [Imag. I.25]. Está ubicado en el plano rehundido que delimita el trazado del alfiz, que engloba dentro de sí a las impostas y que corta ligeramente la rosca del arco en la zona de sus riñones para ceñirla, simplemente, en la de la clave. Esta morfología y geometría lo vinculan con el mundo almohade. Aunque el arco túmido ya había sido empleado en época califal –en concreto en la última fase de ampliación de la gran aljama de Córdoba (BORRÁS GUALÍS, 2014: 43-45)-, fue durante el periodo de los unitarios cuando se convirtió, bajo el patrón descrito, en un elemento recurrente (PAVÓN MALDONADO, 1996: 130-131). La aljama sevillana, auténtico referente constructivo de al-Andalus en su época, se articulaba mediante arcos de este tipo, tal y como puede comprobarse en el patio de los Naranjos (JIMÉNEZ MARTÍN, 1995: 156, 2007b: 105 y ss.). Aquí, de cualquier modo, los alfices, aunque igualmente descentrados para cortar los riñones, fueron elevados considerablemente por encima de las claves, puesto que, ahora, las rígidas normas compositivas califales se habían disuelto, haciéndose un uso radical y libre de dicho elemento (RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, 1998: 63). Samuel Márquez y Pedro Gurriarán (2008: 123-133), por su parte, han realizado una caracterización técnica y compositiva de las puertas monumentales andalusíes de dicho periodo, poniendo de relieve que prácticamente todos los arcos se ajustan a unas pautas comunes, que pasan por el trazado ultrasemicircular y ligeramente apuntado, obtenido del cruce horizontal de dos circunferencias tangentes a los laterales del omnipresente alfiz rehundido, como ocurre, según hemos podido comprobar, en el de la capilla del Señor de la Columna [Fig. I.8]. Además, una gran parte de ellos –los de la alcazaba de Badajoz, el de Tercera parte 290 la puerta de Sevilla de Carmona648, el de la puerta de las Pesas de Granada649 o el de la puerta de Morón de Marchena, por ejemplotienen el alfiz descentrado en los riñones pero ceñido sobre la clave, estando enjarjados según la tradición califal. Conocemos, por otra parte, algunos ejemplos bastante próximos al de la capilla iliplense, ajustados al mismo modelo y realizados con el mismo material. El primero se localiza en la propia Niebla, conectando la nave occidental del patio de la antigua mezquita sobre la que se asentó la iglesia de Santa María con el interior del oratorio. La puerta de la Reina del castillo de Aroche, de la segunda mitad del siglo XII según los más recientes sondeos estratigráficos realizados (RIVERA JIMÉNEZ, ROMERO BOMBA, 2006: 231), también es similar650. No debemos olvidar, sin embargo, que, por asimilación de la arquitectura almohade, este tipo de trazas fue frecuente en los vanos del periodo cristiano. A este respecto podemos citar el caso extremeño, donde se convirtió en un rasgo definitorio, siendo el claustro del monasterio de Guadalupe -levantado a finales del siglo XIV- el ejemplo más reseñable (MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, 1987: 63, 1995: 83-95, 2006: 207-231). Angulo (1932: 8 y 98-102), no obstante, advirtió que su presencia en la zona de influencia sevillana no era proporcional a la importancia del sustrato arquitectónico dejado por los unitarios, lo que no implicaba que no se hubiesen conservado numerosos ejemplos de arcos cristianos de este tipo. Efectivamente, entre ellos podemos citar los de los cuerpos de naves de Santa María de la Oliva de Lebrija, de finales del siglo XIII (MORALES, 1998: 103-104; MORALES, et al., 2004b: 91); de Santa María del Castillo de la misma localidad, del tercer cuarto del XIV (MORALES, et al., 2004b: 102); de la ermita de San Mateo de Carmona, tradicionalmente fechada en el siglo XIII, aunque debe ser de la misma centuria que la anterior (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 101; MORALES, et al., 2004b: 169; HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 2014: 232-233); o de San Marcos de Sevilla, datada de forma similar (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 100-101). La disposición del interior de la capilla, por su parte, sigue basándose en el esquema prismático que se observa desde el exterior, aunque a cada uno de los frentes -excepto al de la puerta de entradase adosó a modo de refuerzo un gran arco apuntado, lo que generó 648 Aunque Alfonso Jiménez (1989b) lo consideró del siglo X, los autores del trabajo citado estiman que, por sus evidentes características técnicas y compositivas, es obra almohade. 649 Tradicionalmente se ha considerado que sería de época Zirí, aunque, según datos inéditos de intervenciones arqueológicas recientes, incluidos en el trabajo que venimos citando, sería del siglo XII. 650 Encontramos otra similar en la sacristía de la iglesia parroquial de Guadalcanal (Sevilla), que reaprovechó una antigua fortificación almohade (MORALES, et al., 2004b: 386). Capítulo 11. Análisis del antiguo templo parroquial de San Martín 291 una planta de cruz griega de brazos poco pronunciados651. Estos arcos contribuyen al sostén de la bóveda ochavada sobre trompas que, volteando por encima de ellos, cierra el espacio. Tipológicamente, la obra vuelve a estar relacionada con la arquitectura islámica, puesto que el modelo que rige la composición es el de la qubba (MANZANO MARTOS, 1994; PAVÓN MALDONADO, 1981a, 1996: 101-111; LÓPEZ GUZMÁN, 2000: 173- 176). Estas, usadas como morabitos, mausoleos o lugares de enterramiento –así como vinculadas, por otra parte, con la arquitectura palaciega-, se basaban siempre en la idea de cubrir un espacio cuadrangular mediante una bóveda o cúpula. Tuvieron su origen en oriente próximo y pronto fueron asimiladas por la arquitectura islámica, obteniendo una amplia repercusión en el Magreb y en al-Andalus, donde prolongaron su vigencia tipológica durante el periodo bajomedieval cristiano. De hecho, en toda la zona del antiguo Reino de Sevilla se construyeron con una alta frecuencia, anexándose a los templos para servir como capillas funerarias particulares652, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIV y ajustándose a un modelo bastante cerrado que solo mostraba grandes variaciones en lo referente a la ornamentación interior de las cubiertas (ANGULO ÍÑIGUEZ, 1932: 139 y ss; MORALES, 1996a: 130 y ss.; LÓPEZ GUZMÁN, 2000: 289 y ss.). El tipo más utilizado para estas fue -al margen de la presencia o no de motivos geométricos de entrelazoel que aparece en Niebla, es decir, la bóveda esquifada de ocho o más paños con arranque en una línea de imposta con perfil de nacela, apoyando todo sobre cuatro trompas conformadas por medias bóvedas de arista cortadas en diagonal que, situadas en cada uno de los ángulos del recinto, permitían la adaptación del espacio cuadrangular de la base al del polígono que describe la cubierta. Evidentemente, estas eran una consecuencia de obras del 651 El frente que mejor ha conservado su fisonomía es el occidental, es decir, el que mira a la plaza. Aunque un día acogió el vano que comunicó la capilla con el anexo construido en 1907 por Cristóbal Jurado –aún se puede apreciar el trazado de un arco rebajado bajo el arco apuntado original-, su muro de cierre fue rehecho a posteriori (Véase el epígrafe 6.3). El del frente septentrional, sin embargo, sigue roto bajo el arco apuntado, comunicando el espacio principal con el de un anexo más tardío del que hablaremos más adelante. No se aprecia la presencia de dicho arco apuntado, por otra parte, en el frente oriental, ocupado por el retablo de rocallas que alberga la imagen del Señor de la Columna. De cualquier modo, podemos sospechar que éste fue instalado aprovechando su hueco, por lo que su estructura, realmente, sólo estaría camuflada. 652 El catálogo de este tipo de capillas es amplísimo en toda la zona de las actuales provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz. Citaremos, a modo de ejemplo, las capillas del Sagrario de las iglesias de San Pedro, San Andrés y San Esteban, la de la Exaltación de Santa Catalina, las que configuran la actual de la Quinta Angustia en la iglesia del antiguo convento de San Pablo o la de la Piedad, en Santa Marina, todas ellas en Sevilla. En Huelva podemos citar las de la iglesia parroquial de San Pedro, es decir, la Sacramental, la de la Cinta o la de Ginés Martín. Tercera parte 292 periodo de dominio norteafricano, como demuestran algunos ejemplos conocidos en la zona, ajustados, igualmente, a la misma descripción. Podemos mencionar, a este respecto, las bóvedas del alcázar de Jerez de la Frontera, tanto la de su antigua mezquita –que apoya realmente sobre cuatro grandes arcos apuntados que actúan como trompas-, como la del pabellón Real653, así como la de la torre de Quintos, en Dos Hermanas, que ha sido considerada de época almohade tardía (VALOR PIECHOTTA, 2004: 158)654. La bóveda de Niebla presenta algunas particularidades que la distinguen de buena parte de los ejemplos restantes [Imag. I.45]. La primera es la ausencia de nacela en su arranque, sumada, como consecuencia de la misma, a la no presencia de los arquillos ciegos de medio punto que, adosados a los muros, entre las trompas, permiten su apeo en la mayoría de los casos. Esto viene a generar una completa sensación de continuidad entre el plano inferior de la capilla y su cubierta, que, en un juego que potencia tremendamente el carácter purista y geométrico de la composición, actúa como la lógica y meridiana prolongación de los muros de la base. La segunda particularidad puede tener relación con lo expuesto, y estriba en el pronunciado peralte de la bóveda, lo que acentúa, definitivamente, el sentido ascensional del espacio. Este rasgo nos lleva a relacionarla con la que cubre la antigua mezquita del alcázar de Jerez, que también presenta un acentuado rampante. Ni esta ni la bóveda de la sala central del pabellón Real del mismo conjunto apoyan, por otra parte, sobre los citados arcos ciegos que voltean entre las trompas y, aunque la segunda sí –al igual que el resto de ejemplos almohades mencionados-, la primera tampoco arranca desde la recurrente imposta moldurada. En este caso, lo que sí observamos es un somero y poco pronunciado cambio en la rasante de los muros a la altura de la base de los paños de la bóveda, que se adelantan sutilmente, como si esta no llegase a cubrir, por muy pocos centímetros, el área total del oratorio. Las trompas iliplenses, además, son idénticas a las del pabellón Real; en ambos casos son medias bóvedas de aristas seccionadas en diagonal y con arcos formaletes apuntados, pero la arista que parte desde el ángulo del recinto no llega a cruzarse con la que se alinea con el paño de 653 Hay que reseñar que algunos investigadores consideran que su configuración actual es obra cristiana del periodo alfonsí (CÓMEZ RAMOS, 1979: 148-151). Aunque otros no se han atrevido a decantarse (PAVÓN MALDONADO, 1981b: 175-177), la historiografía (AGUILAR MOYA, 2011: 146-154; CALVO CAPILLA, 2014: 546-551) parece haberse inclinado por la datación almohade de todos sus elementos arquitectónicos, siguiendo los razonamientos de Alfonso Jiménez (1983: 142-143). 654 Aunque más lejano desde el punto de vista geográfico, otro ejemplo similar, y fechado a caballo entre el periodo almohade y el nazarí, es el de la bóveda de la torre del Homenaje de la alcazaba de Loja (Granada) (MÁRQUEZ BUENO, GURRIARÁN DAZA, 2010). Capítulo 11. Análisis del antiguo templo parroquial de San Martín 293 la bóveda. Curiosamente, en la propia Niebla, muy cerca de la que analizamos, existe otro ejemplo que repite algunos de estos rasgos; se trata de la bóveda que cubre la pequeña qubba conservada en la calle trasera de la propia iglesia de San Martín. Se trata de una bóveda de media naranja que apoya sobre cuatro trompas que, aunque de ejecución muy tosca, recuerdan a las de la capilla del Señor de la Columna. Solo se diferencian de éstas en el hecho de que la arista que se dirige hacia el ángulo de la estancia apoya sobre otra trompa de menor tamaño, configurándose un sistema de apeos escalonados poco común. Tampoco existen nacela de arranque o arcos ciegos entre trompas, pero en realidad nada sabemos sobre este cuerpo de fábrica, lo que, sumado a la imposibilidad de realizar un análisis que no sea a través de fotografías, hace que nos resulte imposible establecer conclusiones relevantes. A pesar de todo, existen ejemplos, caracterizados perfectamente como de época cristiana, que también recurren a elementos similares. El primero de ellos se encuentra en la iglesia de San Pedro de Huelva; se trata de la capilla Sacramental, adosada al costado del evangelio de la cabecera de dicho templo. La tipología de las trompas vuelve a ser similar y tampoco encontramos restos de la imposta de arranque o de los arcos ciegos. En este caso, además, la fábrica del exterior parece recordar a la que nos ocupa, puesto que es de ladrillo de 30 x 14 x 4 cm que alternan con un par de tongadas de sillarejo de calcarenita (CASTILLA REYES, et al., 2006: 554). Para los autores de la intervención arqueológica que tuvo lugar en el edificio en 2003, este espacio sería coetáneo a la primera fase del mismo, es decir, la relacionada con la construcción -entre finales del siglo XIV o principios del XV- del primer tramo de naves y el presbiterio (CASTILLA REYES, et al., 2006: 558). Se basan, para ello, en la continuidad que existe entre su muro norte y el análogo del buque del templo, así como en el hecho de que es la cubierta de colgadizo de la nave del evangelio la que cubre su bóveda. Sin embargo, para Manuel J. Carrasco Terriza (2007: 45 y 55), que de cualquier modo acepta la datación propuesta anteriormente para el cuerpo y la cabecera de la iglesia, la capilla fue adosada posteriormente, concretamente a principios del siglo XV, habiendo quedado cubierta por el colgadizo de la nave ya en 1791. Si aceptamos la revisión de las cronologías propuestas por estos autores, retrasándola según la argumentación desarrollada en las páginas 88 y 89 del presente trabajo, habríamos de entender que la capilla es más reciente aún, probablemente de principios del XVI. Sea como fuere, en la de la Salud de la iglesia sevillana de San Isidoro encontramos otra bóveda que, aunque decorada con motivos de entrelazo, repite alguno de los rasgos [Document text truncated for crawler view.]