Castilla y Portugal en la Sierra de Aracena
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CASTILLA Y PORTUGAL EN LA SIERRA DE ARACENA ("') Por FLOR ENTINO PÉREZEMBID Al elegirme para formar parte de ella, la Real Academia Sevillana de Buenas Letras no sólo me regala un honor, sino que me proporciona una alegría a la vez intima y profunda. Se gún van pasando los años, queda cada vez más claro en el fo11do del alma que las cosas que de verdad le importan al hombre son las que le devuelven a su ámbito moral y físico genuino. Por encima de éxitos o fracasos cosechados en climas ajenos, nada es tan esperanzador, tan estimulante, tan lleno de vida, como reencontrarse en la tierra propia, entre los amigos de siempre, ante las tareas intelectuales o sociales que nos encendieron afanes o ilusiones en plena juventud. Por eso, esta Corporación -que lleva en su sello, a justo título, el mote de "Minerva Baetica"- despierta hoy y siempre en mi espíritu resonancias de radio incalculable, en orden a la responsabilidad intelectual. Es -como su propio nombre pregona- un símbolo de nuestras 111.ejores tradiciones humanísticas. No puede ser para nosotros un dato que Sevilla fuese en los siglos centrales de la historia de España la primera metrópoli de nuestro país. Sevilla tiene lu ga r propio en la evolución de la poesía y del arte españoles. Fue Sevilla capital del humanismo hispánico, y un digno ámbito para las luces de la Ilustración. Hasta el siglo XX ha llegado operativa entre nosotros la inquietud creadora de los saberes liberales, y la tradición bibliográfica que Hernando Colón iniciara. Por añadidura, en estos años recientes asistimos a un claro renacimiento de la literatura sevillana de creación. En el campo de la Historia -que es la parcela de las Buenas Letras a la que yo estoy adscrito por oficiolos últimos decenios nos han traído síntesis científicas certeras acerca de nuestra Protohistoria, de nuestra vida bajomedieval ur- (*) Di scurso de ingreso en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, pr onunciado el 21 de mayo de 1974 , y Contestación, por el Exmo. Sr . D. Sebastián García Díaz.
6 FLORENTINO PÉREZ-EMBID bana y economzca, de nuestra arquitectura barroca, y de la Sevilla ilustrada dieciochesca. Amigos hispanistas nos han reconstruído -con rigor y ambiciónla empresa cultural isidoriana y la historia cuantitativa del comercio sevillano con Am érica. Ciertamente es una vergüenza que no sepamos aún de modo amplio y preciso qué pensaban los sectores intelectuales dirigentes de la Sevilla del Renacimiento y del Barroco. Otros muchos temas grandes -la Sevilla romana y la califal, la dulce y quebradiza Sevilla de Mutámidesperan el trabajo nuestro y de nuestros continuadores. En la empresa común de hacer cada día más vibrante el ambiente cultural que acabo de esbozar, hay sitio para la tarea concorde de muchas instituciones. En primer lugar, para la Universidad. Para la Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Para el Instituto de Estu dios Sevillanos. Para el Ateneo de Sevilla, y los demás centros culturales o científicos, tanto oficiales como privados. Para todas las colaboraciones. También para esta Academia, que lleva dos siglos manteniendo en alto la antorcha de las Buenas Letras, y que cada día intensifica con nuevas iniciativas un ambicioso programa de labor, que ahora se refleja en la s páginas de nuestro renacido "Boletín". * * * Al incorporarme a ella activamente sucedo a un gran caballero, a un admirable y querido amigo. La alta y noble figura de D. Francisco Blázquez Bares nos era a todos tan familiar que se diría sigue físicamente entre nosotros, por haber vencido una vez más a la muerte a la que él había sabido derrotar en cien combates. Es ésta, en definitiva, la s upr ema excelencia de una profesión como la del médico, tan áspera en muchas otras ocasiones. Desde su tierra antequerana, a la que tanto amó, el doctor Blázquez Bar es se afincó en Sevilla, apenas terminados sus estudios en la Facultad de Madrid. En nuestra ciudad fue Presidente del Ateneo, Director del Hospital General, Presidente del Colegio Médico, Académico de número y Secretario de la Real de Medicina, así como ocupó otros muchos puestos
CASTILLA Y PORTUGAL EN LA SIERRA DE ARAC ENA 7 de dirección y de trabajo, entre los cuales los más próximos a nosotros en este momento son los de Preeminente, Secretario y Vicedirector de nuestra Corporación, en la que su último discurso público es justamente el de contestación al profesor Sebastián García Díaz, que hoy me proporciona el orgullo de ser quien me contesta a mí . La condición de médico militar llevó al Dr. Blázquez Bares a prestar servicios eminentes en la guerra española, al igual que antes los había prestado en Marruecos. En todos esos hechos ganó condecoraciones muy preciadas, entre las que destaca la Gran Cruz de Sanidad. Numerosos fueron asimismo sus discursos académicos, sus conferencias profesionales y culturales, sus publicaciones médicas. En su dedicación a las Buenas Letras llenan capítulo especial los trabajos dedicados a la historia, al arte y a las tradiciones de Antequera. Por encima de tantos méritos, los valores más característicos y más entrañables de mi antecesor en la Academia son los de sus virtudes morales. La caballerosidad, la fe recia y viril, el bondadoso talante, la firmeza ante el deber, el espíritu de trabajo, la generosidad ejercida siempre con sus bienes y con su tiempo. Me place a mí sobre todo evocar la cariñosa amistad que al final de sus vidas le unió con mi madre y con mi hermano, de la cual se derivó -como en tantas otras fortunas míasel afecto que luego me dispensó a mí. El Señor les habrá reunido a los tres, sin duda, en la felicidad eterna. * * * Vengamos, pues, ya derechamente a acatar la ley de la ocasión. Como disertación inaugural, paso a ofrecerles las primicias de una investigación histórica que atañe en común a Sevilla y a mi nativa sierra de Aracena. Inicié este trabajo hace treinta y tres años, cuando el Laboratorio de Arte de nuestra Universidad becó a aquel flamante Licenciado en Letras con una pensión para estudios en Portugal. De aquel viaje salió mi primer libro. Al evocar el lejano episodio juvenil, no me de-
8 FLORENTINO PilREZ·EMBID jaré llevar por la pendiente fdcil de las melancolías. D esde entonces han esperado su momento entre mis notas las que en estos meses últimos me han permitido redactar por fin aquel estudio, varias veces anunciado, y que empecé - como tantos otros aprendicesmovido por la ingenua emoción de encontrar el nombre de mi pueblo en el índice de los archivos de otro país. Pero el significado de los estudios de historia local no es siempre irrelevante. Palpitá en ellos con frecuencia - y este es el caso presente, según creo-una simbólica ejemplaridad. En nuestro tiempo la sociedad de consumo es la forma de vida de Occidente. Sus ventajas materiales son también el anhelo de los países socialistas, y aún la meta lejana -pero ambicionadadel tercer mundo. La Península Ibérica, no con mds retraso respecto a Europa que en pasadas épocas, ha entrado por fin en la carrera del desarrollo socioeconómico, de la civilización industrial. Y en el mosaico de la piel de toro, frente a comarcas de alto nivel, hay zanas evidentemente deprimidas, distantes aún de las medias nacionales del nivel de vida. Ninguna tanto c omo los bordes lusitano y espaifol de esa larga herida -la frontera-que cruza de alto en bajo la piel de nuestros pueblos. ¿Acaso tal hecho básico será ajeno a un resultado tan espectacular? La incomunicación que el muro fronterizo ha traído a los espacios geogrdficos inmediatos produce en ellos un ahogo que explica su actual situación. Una de esas zonas es la Sierra de Aracena. Parecerá tópico decir que un aire cargado de aromas silvestres envuelve en ella los pueblos blancos. O que un telúrico silencio se abate majestuoso sobre las montuosas soledades. Dentro de algunos decenios podrá verse qué proporción de dificultades y de bienes hay en ese alejamiento que es la realidad de hoy. Porque -cada día más-son tierras que empiezan a aparecer como intactos paraísos para las gentes hipertensas de las grandes ciudades.
I. ANDALUCIA Y SIERRA MORENA Desde el punto de v ista geográfico -ind ependientemente de su antigua parcelación política y de su contemporánea imprecisión socioeconómica- Andalucía es fundamentalmente el valle del Guadalquivir 1• Al N ., está Sierra Morena. Al S., las crestas que van desde Gibraltar y la serranía de Ronda , por Antequera y Cazorla, hasta Alcaraz. Delante, al S. W., el Atlántico. Entre el Guadalquivir y el Guadinna 2, los terrenos pri - marios del reborde sur de la Me seta -que figuran entre los más antiguos de la Penínsulase alinean de N. W. a S. E., en largas band as de rocas de diferente dureza. La erosión ha unificado ha sta cierto punto estos paisajes en una penillanura suavemente inclinada hacia el viejo Betis, a unos 700 metros de altitud. Pero en ella se cons e rvan alineaciones serranas dirigidas en tal dirección, lo cua l queda patente en el propio curso de los ríos. Unos afluyen por la derecha al Guadalquivir y otros cruzan camino del Guadiana la s planicies sureñas de Badajoz -como el Ardila- o los abruptos bar rancos que enmarcan las sierras de Aroche y de Aracena, entre las cuales crean a trechos algunos valles de una f ertilidad y una belleza forestal impresionantes. Semejant e topo grafía parece abrir camino para que a estas comarcas del Occiden te de Andalucía se llegue c on más facilidad de sde el Alemtejo que desde el reino de Toledo. l. Cfr. Guadalquivir. Memoria de la Confede ración Hidrogrtífi ca del Guadalquivir (aiios 1939-1 963), San Seba s tián, 1 964 , especia lmente pá!)s. 21-134. Y tamb ién BRA IN, M.· LHENAFF, R. y VAN N l> Y, J. R. : Le bas Guada lq uivir . ln trod11ction ge og rap/Jiq11 e, Casa de Vel ázquez, París , 1971. 2. S!!RMET, JEAN: La España del Sur, Bar celo na , Juv en t ud , 195 6, 305- 6.
10 FLORENTINO PÉREZ-EMBID Dicha orientación condiciona, como es sabido, el trazado de las vías antiguas de tráfico. Tal es el caso de las tres calzadas romanas -entre las que destaca la de Hispalis o Itálica hacia León, por Emérita Augusta-, o las medievales de la Mesta, o las de hoy, como la llamada con fundamento histórico «camino de la Plata». Siempre condicionadas por la geografía y protegidas por estratégicos castillos 3• Aún en la actualidad la carretera directa entre Sevilla y Lisboa cruza la serranía por Aracena y Rosal de la Frontera, así como la más transitada -por de más fácil trazadopasa de Sevilla a Badajoz por el puerto de las Marismas, al pie de la sierra de Tentudía. Queda así de manifiesto la principal característica de estas comarcas serranas: la de ser tierra intermedia, de transición. Geológica y topográficamente, son Sierra Morena. Desde el punto de vista más amplio de la geografía, sobre todo humana, son una región con características peculiares en el complejo cuadro de la más estricta Andalucía. Sierra Morena, en efecto, se desarrolla como un largo triángulo isósceles que arranca del nudo de Alcaraz y continúa en la áspera depresión por la que cruza perpendicularmente la carretera de Madrid a Cádiz, por Despeñaperros y Santa Elena. Seguidamente se amplía en la que es su zona más ancha, que incluye la sierra de la Alcudia y el valle de los Pedroches hasta el reborde mismo sobre Córdoba. Luego el límite norte de la región desciende en busca de la cuenca minera de Peñarroya, y finalmente continúa por las crestas de Constantina y Cazalla de la Sierra hacia las otras arriba nombradas, que jalonan la linde sur de Badajoz hasta la frontera portuguesa. En este conjunto de alineaciones serranas es preciso distinguir al menos tres zonas o regiones. La primera es el sec tor oriental, entre el nudo de Alcaraz y los pasos de Despeñap er ros , esto es, desde el origen hasta la depresión que es camino na - tural desde la Mancha a los olivares andaluces de Bailén. La segunda o zona central es por antonomasia la cordobesa: desde 3. TERRÓN ALBARRÁN, MANUEL : El so lar de los Aftásidas. Bad ajoz, Centro de Estur!ios Extremeños, 1 97 1, 255-57 .
CASTILLA Y PORTU GAL EN LA SIERRA DE ARACENA 11 dicha depresión va hacia el W ., por el macizo de Santa María de la Cabeza, y luego por la región minera de Sierra Chimorra y de Peñarroya, que se continúa naturalmente por lo s términos sevillanos de Constantina y Cazalla, hasta el otro paso natural de la Sierra en tr e Sevilla y las ricas tierras llana s de Badajoz; estos maci zos cor dobeses de Sierra Morena son los más abruptos, los menos poblados, y los que más separan la vertiente norte -el valle de Alcudia-de la ladera meridional; son también el emplazamiento de las más famosas fincas de caza mayor existente s en España, lo cual es buen indicio de sus condiciones naturales. La tercera zona es el bas t ión occidental, y va desde el desfiladero Sevilla-Mérida por el puerto de las Marism as hasta la frontera portu g uesa; está constituido fundamentalmente por dos alineaciones comarcales, la Sierra de Aracena y los Picos de Aroc he , para al final cambiar ligeramente de rumbo hacia el S. W. y configurar la región del Andévalo. En conjunto, se trata de una verdadera barrera natural. en la que lo s caminos importantes de norte a sur están forzados a seguir l as rutas que seña l an las citadas hendiduras. Cuando la moderna red de comunicaciones se ha empeñad o en abrir otras, los resu lta dos han sido más bien mediocres: basten, como ejemplos, las carreteras de Andújar a Puertollano, la de Córdoba a Peñarro ya y Extremadura, por la cabeza del Zújar, o la que lleva de Huelva a Zafra, por la s Cumbres y Fregenal de la Sierra , rumbo a la fértil Tierra de Barros y a Mérida. El primer carácter de los que tipifican a Sierra Morena es, pues, ser un obstáculo físico entre Castilla y Andalucía. A él se añaden desde siempre su bronco -espléndido- paisaje natural, de encinares y monte bajo , y su población escasa, no en épocas prehistóricas, pero sí desde la Edad Media, como inmortalizó el Quijote, y se simboliza históricamente en la colonización 4 de Carlos III. 4. A GUILJIR PIÑAL , FRANCISCO: La Sevilla de Olavide, Sevilla, Ayuntamiento, 1966; MAPELLI L órez , Lui s: La colonización de Si er ra Morena por Carlos J ll , Córdoba, 1962; y DEFOUHNl'AX, MARCELTN: Pablo de Olavide 0 11 /'Afrancesado (1725-1803), Parfs, Presses Univer sitaires , 19 59.
12 FLORENTINO PÉREZ·EMBID Una reg1on, por tanto, que explica el arduo traz ad o que hubo de seguir el proceso reconquistador desde la batalla de las Navas de Tolosa (1212) , con la que se abrió el p or tillo principal de la cordillera, hasta la conquista de la ca pital del Betis ( 1248), y luego la liberación de la zona occidental de la propia Sierra Morena, es decir, la Sierra de Aracena, dond e se darán la mano las vanguardias recon qui s tadoras de Castilla y de Portugal. Veamos, pues, sucesivamente el proce so de la recon quis ta castellana en Andalucía, y el de la portu gue sa en el Al gar be y en la Sierra .
II. LA RECONQUISTA DE ANDALUCIA Prescindiendo del antecedente que son los intentos, al fin fracasados por prematuros, de Alfonso VII, la entrada definitiva hacia el valle del «gran río» había sido la obra brillante de Alfonso VIII, tras negarse a prorrogar la tregua con los almohades (1211). Un año después, vencedor en Las Navas, ocupaba definitivamente los castillos -ya andalucesde Vilches, Ferral y Tolosa, más el de Baños y las ciudades de Baeza y Ubeda, que poco después volverían a manos musulmanas . Y en 1213, a más de la conquista de otras fortalezas en la margen norte o derecha del Guadalquivir, con la ocupación del lugar clave que es Alcaraz, y con la del castillo de Riopal, unas leg uas aún al sur, colocaba sus vanguardias más allá del curso fluvial en su arranque mismo. Por haber pa sado a la vertiente meridional del valle -a unqu e fue se más arriba de las fuentes mismas del río- Alfonso VIII había logrado morder la primera presa en plena Andalucía. En 1214 pudo firmar paces con el nuevo miramamolín, Almonstansir . Mientras tanto, el rey de León disponía el ataque contra Cáceres. Ello evidencia que el empuje de Castilla bajo Al - fonso VIII había logrado avanzar hacia el sur más que los otros reinos cristianos, y dibujar una punta de flecha, de la que partirá Fernando III. En efecto, vista sobre los mapas de la España meridional, la aportación de San Fernando a la Reconquista consistirá en seguir el curso del Guadalquivir, envolviendo por el sur las zonas agrestes y semidespobladas de Sierra Morena.
20 FLORENTINO PEREZ-EMBID ---- - ----- fermo en Burgos, San Fernando encomendó la campaña a su hijo Don Alfonso, futuro Rey Sabio. Tras recibir ya en Toledo una primera embajada murciana, llegó el Infante a Alcaraz y allí firmó con los moros de Murcia un tratado por el que se le rendía el reino (seg unda mitad de 1242); sólo unas pocas plaza s resistieron algún tiempo. A 2 de agosto, el rey entregaba a la orden de Santiago 12 -en la encrucijada de Murcia, Almería y el valle- un pue s to clave, llamado a gran renombre literario, fronterizo y aún paisajístico: la villa y el admirable castillo de Segura. Había quedado en manos cristianas todo el oriente de la España meridional llamado a ser castellano. * * * El siguiente empujón era lógico que fuera contra el núcleo saliente de Ja é n, que -dependiente de Granadapermanecía musulmán, entre la sierra de Cazarla y la cam piña cordobesa. Jaén era una de las ciudad es más grandes de Al-Andalus y quizás la más fuerte . El ejército castellano la sitió a principios de agosto de 1245, y tras pacto con Alhamar , que se reconoció vasallo suyo, Fernando III pudo ocupar la población, pr e vio abandono de sus moradores (marzo-1246). Sólo qued aba Sevilla. En la ciudad los go bern a dores musulman es se sucedían vertiginosamente en co ntinuo s cambios contradictorios, provocador es de una loca danza de la muerte. Por último , el jeque sevillano Abenaloh ad, inspirador de la unión con el e mir de Tún ez y de la pa z con Castilla, fue muerto tambi én por lo s suyos. San Fernando había sido su amigo, y los hechos le da ban pi e una vez más para iniciar en justicia su últim a g ran acción. Jaén pasó a ser puesto de mando para la gran conquista , y en especial allí a doptó las medidas fundacional es de la que h abía de ser armada real 13• Dos años y medio más tarde, S ev illa y tod a su comarca estaban asimi smo lib eradas 14 (día de San Clemente, 23-noviem- 1 2. GONZÁLl!Z: Las conquistas, 596. 13 . P~REZ-EMBr o : La marina real, 143. 14. Cfr. SÁNCHEZ AuloRNOZ: La España musulmancJ, II, 427-29.
CASTILLA Y PORTUGAL EN LA SIERRA DE ARACENA 21 bre-1248). Los detalles del cerco, de las luchas en el río, y de la entrega de la ciudad, son bien conocidos . La reconquista del Occidente serrano, desde Portugal. Pero Sevilla, capital almohade de Al-Andalus, capital natural del valle del Betis, y ciudad populosa y de larga historia, no había atraído solamente al ímpetu conquistador de Fernando III de Castilla. A ella habían aspirado tres reinos. El de León quedó fuera de posibilidades con ante l ación de un siglo, al pactar con Castilla la división de conquistas en Andalucía (Sahagún , 1158). Portugal, en cambio, a mediados del siglo XIII, había consolidado su existencia independiente, y parecía llamado por imperativos geográficos -como hemos visto- a llenar el vacío q ue entre el Guadiana y el Guadalquivir dejaban los moros al huir de las zonas serranas, ante la amenaza de copo creada por los avances de Fernando III desde la cabecera del valle. 1230, rota de Alange, conquista de Mérida y de B adajoz 15 • La presión leonesa está protagonizada por las Ordenes militares, en especial la de Alcántara y después la de Santiago 16 • Todo el sur extremeño y los macizos serranos de Occidente y del Sur van siendo ganados por los caballeros alcantarinos y santiagueses: Montánchez, Trujillo, Mérida, Medellín, Montemolín, Hornachos, Al ájar, Mértola y Ayamonte. En la Sierra, con cabeza en el conventual de Calera y en el pico de Tentudía, se establecerá años después una encomienda de Santiago, en la que todas las poblaciones conservan aún el topónimo de León. En Portugal, desde un siglo ante s (1169) Alfonso 1 había contado con las Ordenes militares para la expansión reconsquistadora , pu es en esa fecha prometió a los Te mplarios 17 la tercera parte de cuanto ellos ganasen desde el Tajo hacia 15. GoNZÁLEZ: Alfo nso IX , 1, 206 , y s igs . 16. GoNZ~L EZ, Juuo: Repartimiento de Sevil/a, Mad rid, C.S.I.C., dos tomo s, 1951 , 1, 7-8 y mapa de pág. 40. 17 . Donación de Alfon so 1 a l os Templarios, La foen s, IX -1169 . To rre de Ta mbo , gav. 7, ma 9. 13 , n. 0 6. (Rcf .• apud. HU ARTE: Catálo go , • B.H .A .», CVIII . pág. 314).
22 FLORENTINO PÉREZ-EMBID ----- - el mediodía. Y Sancho I debió igu almente a las Ordenes sus conquistas en el Alto Alemtejo 18, dejando la frontera con lo s moros jalonada por tres puntos capitales: Evora, Montemor- o-Novo y Alcacer do Sal. Una vez más el paralelismo básico en la historia de allende y aq uend e front eras queda de manifi es to. Al est e de Evora el dominio musulmán penetraba hacia el norte, en el núcleo bien defendido de Jurumenha, Elvas y Badajoz . Pu es bien, la Corona lusitana, por su parte, aprovechó el quebranto musulmán de 12 30 (pérdida de Mérida, rebelión de Aben Mafot de Niebla, y muerte de Ben Hud) y, tras ocupar Elvas, se extendió con facilidad por las pl anas extensiones del Alemtejo y el Algarbe. Gracias del mismo modo a la s Ordenes militares, ahora pasaron a la soberanía de Sancho JI las principales pueblas del sur lusitano 19 a ambos lados del río Guadiana (A l justrel, 1234; Mértola, Alájar y Ayamonte, 1238; Tavira y Cacella, 1239). Toda s ellas eran entregadas siempre poco después a las Ordenes , y c onc retamente a la de Santiago de la Espada los territori os más al sur 20 , primero Mértola y Al ájar (1239) y l uego Ayamonte (1240), cuyos términos incluían Gibraleón y H uelva y llegaban h asta el Odiel 21 • P ero, ya en marcha, los portugueses habían atravesado asimismo el Guadiana a la altura de Sierra Morena -por la famosa vía romana XXI , lu ego ruta musulmana 22 - , y se habían lanzado por los valles occid entales de la Sier ra , hacia las campiñas en las que Sevilla era la presa de primera magnitud. Así las vanguardias de la Orden del Ho spita l, di rigidas por Afonso Pérez Farinha , ocuparon (1230-33) Maur a y Se rpa, y 18 . HERCULANO , ALEXANDRE: Historia de Portugal. 3.• ed .. Lisboa. Jmpr ens a Nacional. 1863-68 . II . 281. 19. HERCUJ..ANO: Historia de Portugal. lI , 337 y 363-65. B RANDAO , fRA Y ÁS T OS IO: Af o- 11archia Lusitana, Lisb oa, 1632 , IV, lib. XIV , ca ps . 15 y 18-20. 20. GONZ.\LEZ: Repartimiento de Set•i//a, I, 85-86; HF.RCUUNO: Tlistoria de Porttt~nl. II , nota XXIII. 21. El documento <le donación de Ayamontc , h ec ho po r San c ho 11 a Ja Ord en de Santiago (1240), en Monarchia Lusitana, IV, fol. 275 \'.º y en ~l.IOOR DE LOS Ríos, R OD RIGO: Huelva. Barcelona , 1891, ap. II . BRANDAO: Monarcllía Lusitana. IV . lib. XV. ca p. XI. fols. 190 -2, deduce de esta y otras razones que Ja Corona de Portugal no te nía lim it ada ni originariamente ni por pactos previos su zona d~ expansión por t ierras mu s ulma n as peninsulares. 22 . TE R RÓ N ALBARRÁN: El solar de los Aftásida s, 359 y mapa ju nto a pág. 352.
CASTILLA Y PORTUGAL EN LA SIERRA DE ARACENA 23 - ----- se ha dicho 23 que también Aroche y Aracena, en las que reconocieron el señorío del rey portugués, Sancho II. El famoso caballero citado sería más tarde prior de la Orden en Portugal, y un eficaz guardián de la frontera contra los moros, desde su residencia habitual en Maura 24 • Sin embargo, no está concluyentemente probado que la Reconquista de las dos plazas hoy españolas de esta comarca -Aroche y Aracenase realizase en esta época tan temprana de 1230-33, bajo el reinado de Sancho II de Portugal, como parece más probable que ocurriese con la zona hoy portuguesa de Maura y Serpa. No ha aparecido aún documentación fehaciente sobre ello. Por otra parte, los testimonios sobre ocupación de aquéllas bajo Alfonso III, que más adelante se registrarán, permiten pensar en que dicho extremo de la punta de flecha lusitana de Sierra Morena no fue ocupado materialmente por las vanguardias portuguesas sino después del vacío de poder provocado por la caída de Sevilla. Es un detalle erudito que ha de quedar pendiente de mejor fortuna para investigaciones posteriores. Por el momento, me parece improbable. Tales avances de Portugal más acá del Guadiana tenían que ser mal vistos por Fernando III, que sin embargo poco podía hacer por el momento para oponerse a ellos con eficacia. Po co después quedarían a su favor, cuando Sancho II fue depuesto por el Papa a causa de su rivalidad con el poder eclesiástico ( 1245) y tuvo que rec urrir a auxilios de Castilla. Fernand o III estaba en aquel momento retenido por sus responsabilidades bélicas personales . Fue por eso el infant e D. Alfonso el encargado de apoyar con una hue s te al depuesto 28. HERCULANO : Hi storia de Portugal, U , 326 -2 7 y not a XXII, y GoNz.ü.llZ: Reparti· miento de Sevilla, I, 85. En cuan to a Ar acena, hito eJ m ás avanzado de la penetrac i ón lusitana , pa rece h aber sido una de la s •villas• fundadas en época romana como bases de explotación agrícola; es frecuente que los topón imos de és ta s terminen en l os s ufi jos -«ena», «i na •, o • ana »- (c fr. GoNz,\LEZ : Repartimiento de Sevilla, I, 401 y 387); hasta ahora no hay la menor confirm ación arqueo lógica de es ta hipót es is . En el siglo XI , en el momento de la i nv asión almo ráv ide, el l ugar aparece como exist en te en los cuatro mapas de España de MENÉNDEZ P rnAL, RAMóN: La España del Cid, Madrid , Plu tar co, 1929, carpeta aneja al tomo II; ignoro con qué fundamen t o, pues el t opónimo no está re g istrado ni en el texto ni en los índices, 24, RrnEIRO , A ~GELO: E/vas, Merto/a, Tavira, en PERES DAMTÁO: Historia de P or tugal, Barc clo s, Portucalense Ed itora , 192 9-31, II, 223.
24 FLORENTINO PÉREZ·EMBID monarca portugués, empresa que el futuro Rey Sabio inició (1246) por el sector de Cima-Coa 25 (entre este río y el Duero), si bien hubo de suspenderla muy poco después sin acciones efectivas, y regresó a Toledo en compañía del vencido rey por - tugués Sancho II . Se ha dicho 26 que entonces consiguió el futuro Alfonso X la cesión de todas las tierras al E. del Guadiana, es decir , que la frontera quedase en el cauce del citado río de s de el norte de Moura ha sta el mar, razón por la cual-que- dar aquellas plazas en el señorío de D. Alfonsoél comenzó a usar el título de «rey del Algarbe». Mientras tanto , los moros insumisos de las zonas sevillanoextremeñas de Sierra Morena, tanto en la ladera norte como en la meridional, quedaban muy comprometidos. Estaban de hecho casi cercados, entre la zona liberada por los portugueses y cedida a Castilla - o sea el oeste de la Si e rra, el Andévalo y la costa onubense - de un lado, y del otro el avance de Fernando III por el Guadalquivir. Optaron, pues, aquellos musulmanes de Reina y de Constantina por s ometerse a San Fe rnando , quien -con su constante política de flexi bilidad en lo accidentalles prom etió quedarían con sus propiedades y leyes, entregando en c ambio las fortalezas y los tributos señorial es. El castillo de Reina -localidad que más adelante se rá c ab eza del fam oso arcedi anato 27 de la iglesia de Sevill afu e co ncedido ent onces (1246) al ma es tr e de la Ord en de Santi ago 28 , y po co más t ar de F erna ndo III desde el real s obr e Sevilla (27- en er o-1248) r atificaba 29 a la misma Orden las anteri or es conces io ne s portugue sas de Mé rt o la y Aya mon te, condiciona lm ente, pa ra el caso de qu e tales castillos fu esen más tard e cons id erados com o par te de la con q uista c orr es pondi e nt e 25. HERCU LAN O: Historia de P ort ugal, ll , 41 9, y III , 1 6-1 7. RmEIRO: A revotu ,áo do Bo lo nhes, en PERES: Historia de Po rt ugal, II, 248- 49. B RAND.\o: Mo narchía Lusitana, IV, libro XIV, cap. X XVIII . 26. M oNDtIAR. M ARQU~S DE (G ASPAR I DÁÑEZ DE SEGOV!A ): Memorias históricas del Re í D. Al onso el Sabio, l.• ed., M adrid, ! ba r ra, 1 777, cfr. págs. 27, 74, 77-79 y 59 6-7. 2 7. MUÑOZ T ORRADO, ANTONIO: La iglesia de Se villa en el siglo X II l , Sevilla, 1914, 26 y sigs. 28 . C art a de F ernando II I a Do n Pelay Correa, Jaén, 13 -IV -1246. Arch. Hco. Nac., Alhange, sala VI, caj. 11 , Uc!és. (Ref. apud B AL LESTEROS: Historia de España, III , 9, y ca p. 1, 146, nota 53). 29. ÜR TI Z DE ZtlÑIGA, D IEGO: Anal es eclesiásticos y seculares de Sevilla, l. • ed ., M ad rid, 16 77, añ o 124 8, 5. R1sE 1Ro: Ultimas conquistas, en PERES: H is tor ia de P or tu gal, II , 256.
CASTILLA Y PORTUGAL EN LA SIERRA DE ARACENA 25 al reino de León. A ellos añadía poco después (20-mayo-1248) la concesión de Montemolín y sus términos 30, en la ladera norte de Sierra Morena. Ocupados, pues, por Castilla el bastión oriental de Sierra Morena y las cumbres del sector central inmediatas a Córdoba, cedidas por los moros a San Fernando mediante pactos las serranías de Reina y de Constantina , y ocupado por Portugal el saliente de más acá del Guadiana constituido por Serpa y Maura, quedaba en situación tensa e indefinida el núcleo de Aroche y Aracena, prolongación natural de las sierras sevillanas de Cazalla y del Almadén, y zona que -naturalmente- pronto será incluida por el monarca castellano en el alfoz de Sevilla. Hemos visto un poco más arriba un testimonio inseguro de que aquellos pueblos hubiesen sido reconquistados por Sancho II de Portugal (1230-33) a la vez que Maura y Serpa . Lo hemos considerado improbable . De todos modos , su seguridad militar sería en extremo lábil, como una verdadera «tierra de nadie ». Al N. tenían la presión de las vanguardias leonesas, al E. el empuje de la zona serrana sometida a la Sevilla reconquistada, y al W. el de las avanzadillas de las Ordenes militares de Portugal. En suma, una situación inestable, que no podía prolongarse . En efecto, cuando Sancho II de Portugal murió destronado en Toledo (1248) y su hermano el hasta entonces conde de Bolonia se afianzó en la Corona , quedaba terminada la transitoria inferioridad lusitana, que había conducido a la renuncia de 1246 al Algarbe. El nuevo monarca Alfonso III , tan pronto consolidó su poder, acudió con rapidez a terminar la reconquista de la zona meridional algarbía, donde ocupó Faro (mayo-1249), y en seguida Albufeira, Porches y otros lugares, así como al año siguiente (1250) Ayamonte, Cacella y Tavira. Con ello 31 «Portugal attingia , emfim, pelo meio-dia os seus límites naturaes, a orla do mar ... ». 30. ÜRTIZ DE ZllÑIGA: Anales, año 1248 . Cfr. Mufloz TORRADO: La iglesia de Sevilla, 35. 31. HER CULANO: Hi storia de Portugal, III , 7-9.
26 FLOREN TI NO PÉ REZ- E MBID Para Portugal era ya tarde para pensar en Sevilla, que mientras tanto había sido conquistada por Fernando Ill , incluso con ayuda de caballeros portugu eses que quedaron en Andalucía fieles al recuerdo de Sancho 11 y mal avenidos con el conde de Bolonia, pero el ya monarca lusitano quiso tam - bién afianzar en la Sier ra las avanzadillas que en el re inado anterior había conseguido su reino . Las fuentes locales españolas 32 hablan de que, a tal efecto, entró por seg unda vez en Aroche y Aracena. Pero el mejor cronista de los h ec ho s 33 pi e nsa que la reconquista de ambos lugares fu e entonces (1251) realiz ada por vez primera por Alfonso III, sin referencia ninguna a aquella otra supuesta ocupación anterior que se dice he c ha por los Hospitalarios, en tiempo de Sancho II, junto con las de Moura y Serpa. Es lo que me parece más verosímil, a más de tener a su favor el testimonio histórico más digno de crédito. 32. Cfr . A MADO R DE LOS Rí os: Huelva, 44 3, quizás in spirado en ÜRI!Z DE ZúÑ IGA. Lo mismo afi rm a M oNDt.IAR: Me morias, 94 , y Jo acepta GONZ~LEZ: Repartimiento, I, 86. HERCU· Lrno: Historia de Portugal, IU , 16 -17, no habla para nada de una segunda e nt rada portugu e sa en amb as villas. En cambio RIBEIRO : Ultimas conquistas, en PERES; Historia de Po rtugal, II , 259, citan do de un modo mu y vago como fuente la •i nscripi;ao do rn osteiro do M ar rnelal>, se li m it a a decir qu e ambas localid ades habían sido t omadas p or Jos H os pit al arios y en tregadas a Al fo nso II . 33 . BRAND Á O: Monarchía Lusitana, IV , libr o XV, ca p. X II , foJ s. 1 92-93 .
III. FLEXION DE LA FRONTERA EN LA SIERRA MORENA SEVILLANA En aquellas mismas fechas en que el reino portugués avanzaba su punta de flec ha serrana hacia la c apit al del Guadalquivir, el Rey Santo se acercaba en Sevilla al final de sus días. Pero en su nombre su hijo y heredero el infante Don Alfonso mantenía relaciones amistosas con el reyezuelo de Niebla, que desde el punto de vista musulmán era soberano teórico de todo el Occidente de Al-Andalus, incluida la región algarbía hasta Sagres. Suyos, pues , eran los territorios del sur portugués que en· torrees había ocupado el monarca lusitano . Y el rey de Niebla, en tr ance de perderlos, los cedió formalmente al infante de Castilla 34 • Comienza así la llam a da <<cuestión del Al gar b e» que enfrentó a l as Coronas de Castilla y de Portu ga l 35• Con este problema estará, en adelante, es trecham ente ligado el largo forcejeo -que durará tres siglospor la frontera en la Si e rra de Ara cena. Su d esarro llo y a ún su problemática concreta no han sido es tudiado s nunca de modo satisfactorio, h as ta hace poco. Sus hitos principales son los sig ui e nt es: 1253. Paces entre Alfonso el Sabio y Alfonso III, logradas gracias a la intervención de los le ga dos del papa Inocencio IV. 34. BRAND .\o: Monarchia Lusitana, IV, lib. XVI, cap. IV, fol. 8, que acep ta el testimonio de ZURITA. 35. Cfr. PEREZ-farnm: La frontera entre lo s reinos de Sevilla y Portugal, traba jo al cu al el present e discurso es una introducción.
28 FLORENTINO PÉREZ-EMBID El rey de Castilla obtiene el usufructo del señorío del Algarbe y de las plazas al este del Guadiana, hasta que su hija Doña Beatriz, reina consorte de Portugal, tuviese un hijo de siete años de edad. Alfonso el Sabio cedió el Algarbe a su hija, en feudo, como dote, pero no las plazas del oriente del río, por lo cual Alfonso III devolvió al menos legalmente a su suegro las villas de Aroche y Aracena, ocupadas dos años antes. En aquel mismo año, al señalar los territorios concedidos a Sevilla como alfoz, Alfonso el Sabio incluye en uno de los privilegios que a ello dedicó todas las comarcas del norte, es decir, el Aljarafe, la Ribera y la Sierra, incluyendo por supuesto Aroche, Aracena, Maura y Serpa, si bien pronto fue necesario mutilar esa concesión, justamente en la zona más lejana, la de Serpa y Maura, concedidas a los Hospitalarios (1259). Probablemente era un reconocimiento de la situación de hecho. Por su parte el rey de Portugal, enfriadas las buenas relaciones con su suegro, aplazó la entrega de las otras dos villas serranas, e incluso inició en la comarca una política de repoblación, para lo cual dio a Aroche (1255) el fuero de Elvas. 1263. Por acuerdo firmado en junio, Alfonso el Sabio cede a su nieto D. Dionís, heredero de Portugal, el 5eñorío de la provincia disputada , conservando sólo «ad vitam» algunas regalías y dejando con guarniciones portuguesas los castillos del Algarbe, si bien reteniendo para Castilla los del ori en te del Guadiana. 1267. Tratado de Badajoz. En la emoción del inminente estado de guerra con los Benimerines, y pr ev ia visita del nieto niño D. Dionís a Sevilla, Alfonso X cede al monarca lusitano todos los derechos que aún pudiera alegar sobre el Algarbe, a la vez que de Alfonso III obtiene Aroche y Aracena. «E nos, Reyes sobredichos, partimos los reinos de Portugal e de León, assi como entra Caia en Goadiana , e Guadiana como se va por la vena al mar». Es decir, la frontera de Portugal con León y Castilla en Sierra Morena queda establecida por los cursos fluviales del Caya y del Guadíana. Parece que es ahora cuando se realizaría efectivamente la entrega al Rey Sabio de
CASTILLA Y PORTUGAL EN LA SIERRA DE ARACENA 29 Aracena y Aroche, que habrían permanecido portuguesas desde 1251 a 1267. Quedaba, pues, redondeada para la Corona de Castilla y León la reconquista efectiva de Andalucía, hasta los límites fronterizos que han continuado hasta hoy. Con las ya conseguidas ocupaciones de Niebla (1262) y Cádiz (1262), todo el valle del Guadalquivir y sus cumbres serranas habían obtenido la que había de ser su definitiva situación política. Las tensiones fronterizas y aún los amagos de modificación del «statu qua» continuaron, de todos modos, hasta fin de siglo, y las discusiones de límites hasta mediados del XVI. El momento de máximo peligro iba a ser la minoridad de Fernando IV, cuyo tío y tutor y «guarda de los reinos» el infante D. Enrique cedió a D. Dionís, el gran monarca lusitano, las villas de Maura y Serpa (1295) y prometió cederle también las otras dos villas serranas. Pero dos años después el tratado de Alcañices (1297), a cambio de otras concesiones, retuvo para los reinos de León y Castilla la plaza de Ayamonte y las dos villas de Aroche y Aracena. * * * Tierras de Sevilla han sido pacíficamente desde entonces. De derecho, hasta que el Estado liberal implantó la decimonónica división en provincias, tantas veces artificiales para muchas comarcas españolas. Siempre lo han sido de hecho, por razones de gravitación socioeconómica, de facilidad de comunicaciones, de vinculación afectiva y humana . Un modesto símbolo de esta verdad histórica es mi propia vida. De uno de esos rincones de la Sierra sevillana vine yo para siempre a nuestra ciudad hace ahora cuarenta años. Sevillano me he sentido desde que allí nací, y mucho más de s de que a los diez y seis añ os me vine a estudiar a Sevilla. En suma, sevillano he sido y soy -y ese es mi orgullo y mi alegría- por la fuerza de la geografía y de la historia , y también - permitidme decirlo una vez máspor mi libre elección. Muchas gracias.