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La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista: el caso de la televisión en catalán

Durán Froix, Jean-Stéphane

Abstract

Durante los doce últimos años del franquismo, el más potente de los medios de comunicación del régimen produjo y emitió toda una programación en catalán. Fue la única lengua regional en gozar de tal privilegio. Si así se puede llamar lo que empezó siendo un paradójico acto de propaganda y posteriormente, una curiosidad cultural de la dictadura de inesperadas consecuencias.

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La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista: el caso de la televisión en catalán Jean-Stéphane Durán Froix (Universidad de Borgoña) Resumen: Durante los doce últimos años del franquismo, el más potente de los medios de comunicación del régimen produjo y emitió toda una programación en catalán. Fue la única lengua regional en gozar de tal privilegio. Si así se puede llamar lo que empezó siendo un paradójico acto de propaganda y posteriormente, una curiosidad cultural de la dictadura de inesperadas consecuencias. Palabras clave: Franquismo, cultura franquista, televisión española, cultura catalana, catalán, televisión catalana, medios de comunicación de masas, historia de los medios de comunicación Abstract: The twelve lastest years of Franquism and one of the most powerful of its mass-media produced and broadcasted programs in Catalan language. They were the only ones to take advantage of such a privilege. Whereas it was at the beginning a paradoxal propaganda action, it was later a cultural curiosity of the dictatorship with at least unexpected consequences. Keywords: Franquism, franquism culture, spanish television, catalan culture, catalan language, catalan television, mass-media, history of the mass-media Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 143 La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista “Páramo cultural” descrito y proscrito por el filósofo e historiador del pensamiento, José Luis Abellán, el franquismo depara a veces alguna que otra curiosidad cuya riqueza no radica forzosamente en su valía artística o intelectual, sino en lo que revela sobre las desavenencias y carencias de un régimen que llegó a tener en este ámbito la pretensión de ser el único administrador de los “bienes del espíritu” de la sociedad española. A pesar de que todavía seguían oficialmente vigentes, la censura y la normativa antiplurilingüísta de 19381, televisión española ofreció durante los doce últimos años de la dictadura una programación en catalán. A razón de un programa mensual al principio, dos a partir de 1967, el doble a mediado de los setenta, alguno de los cuales, como el informativo Miramar, a diario. Privilegio del que sólo gozó esta lengua “vernácula”2. Que esta singular deferencia no recayera ni sobre el vascuence ni sobre el gallego, se debe ante todo a la conjunción de motivos histórico-políticos, culturales y técnicos que en los sesenta situaron a Cataluña en el centro de la acción modernizadora y aperturista del régimen. Era por lo tanto natural e inevitable que el popular emblema del progreso técnico de aquellos años, la televisión, reflejase de la forma más propia y concreta posible, este estado de cosas. Sin embargo, la presencia de la lengua y de la cultura catalanas en la pequeña pantalla no debe por ello dar pié a falsas ilusiones o si se sospecha de la buena fe de quién las propaga, a interpretaciones tendenciosas. Contrariamente a lo que pretende Manuel Martín de Blas, estos “doce años de emisiones en catalán” ni prueban la libertad de acción del ente público, ni la decisiva contribución de TVE a la gestación de una cultura catalana de masas. No eran éstas sus finalidades. Aunque, qué duda cabe de que la existencia de este espacio facilitó, sobre todo a partir de 1973, el acceso a la fama y al éxito comercial de canta-autores, hoy tan emblemáticos como Joan Manuel Serrat, Lluis Llach o María del Mar Bonet, de actrices de la talla de Mari Sempere y Mónica Randall, o de compañías del prestigio de Els Joglars, Els Comediants o la Trinca. Pese a todas sus limitaciones, la programación catalana de la TVE tardofranquista no fue por consiguiente, ni vana en su dimensión mediática, ni tan inocua para el régimen como lo pretendió en su día su principal iniciador, Manuel Fraga Iribarne para quien esta experiencia debía hacer más aceptable el centralismo franquista a las nuevas generaciones de catalanes. Su significado y papel tanto en la política cultural como en la propaganda de la dictadura son dignos de interés al poner de manifiesto, por una parte las contradicciones introducidas en estos ámbitos por el aperturismo, por otra, el desinterés y / o la incompetencia de los últimos dirigentes franquistas a este respecto, justo cuando los españoles en su conjunto y los catalanes en particular accedían a la sociedad del ocio. Muy pocos fueron, incluso dentro de la propia televisión y de sus órganos directivos, los que tuvieron conocimiento de la existencia de este espacio catalanófono. 1 En la orden del 18 de mayo rezaba entre otras la formulación siguiente : “La España de Franco no puede tolerar agresiones contra la unidad del idioma...”. 2 Según la denominación entonces en boga. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 144 Jean-Stéphane Durán Froix 1. Doce años de programación televisiva en catalán Cuando, el 27 de octubre de 1964, se emitió por primera vez, el programa Teatro catalán, nada dejaba presagiar que la lengua y la cultura catalanas gozarían todavía de antena doce años más tarde. Sobre todo, si se tiene en cuenta que esta medida obedecía en realidad a dos imperativos propagandísticos puntuales: dar primero, un mínimo de contenido real a la somera operación Cataluña, iniciada por el propio caudillo en Pedralbes en mayo de 1960 y segundo, mostrar a los catalanes hasta que punto los “XXV años de Paz” habían cambiado al régimen. Pero, no se hizo ninguna modificación organizativa dentro de TVE, ni se afectaron medios y presupuesto específicos a esta nueva programación. Se rellenó sin más una de las casillas menos atractivas de la parrilla de programas, evitando darle la más mínima publicidad en contra de la práctica habitual. La discreción (paradójica en el ámbito mediático) se convierte desde entonces, con la lentitud de su evolución y la escasa frecuencia de su difusión, en los criterios determinantes de la historia de esta programación. Durante los tres primeros años, la programación en catalán inicial sufrió pocos cambios. El único espacio reservado a este efecto siguió siendo Teatro catalán que aparentemente por esta simple razón sirvió de patrón, prestando sus características televisivas formales al resto de los programas en esta lengua que le sucedieron, por lo menos hasta 1974. Fecha en que con la aparición de un informativo diario y difundido durante veinte minutos (posteriormente pasará a treinta) en apertura de la programación a las 14 horas, se derogó a la costumbre de emitir estos programas los martes, después de la sobremesa y antes de la programación infantil y juvenil, es decir normalmente de cuatro y media a cinco, y de seis y media a siete. La elección del día de emisión de estos espacios, durante sus dos primeros periodos de existencia, también obedece a motivos de la misma índole. La única razón para que se ofrecieran durante años, los martes exclusivamente, se debe simplemente al azar de haberse dado ese día su nacimiento. De igual manera se explica que la periodicidad mensual de los únicos programas en lengua regional de la televisión franquista recayera en el último martes del mes. La existencia de estos espacios era tan inverosímil que nadie, hasta un año antes de la muerte de Franco, se atrevió a modificar un ápice de su programación, por temor sin duda a que el milagro desapareciera. Tengamos en cuenta que a pesar de los cambios introducidos en este ámbito por la política aperturista de Fraga y de Pío Cabanillas, los idiomas “vernáculos” quedaban prohibidos y sólo se toleraba (y no siempre) su uso en privado. Lo que hacía todavía más sorprendente, si cabe, que fuera un espectáculo tan público y representativo como el teatro, él encargado de servir de primer soporte televisivo al catalán. En este caso fueron varios, y de índole muy diversa, los criterios que entraron en línea de juego. Pese a que, prácticamente desde su inauguración en 1959, el Centro de Producción de Programas de Barcelona se había especializado en la realización de “musicales”, tuvo también que desarrollar la opción teatral para hacer frente al crecimiento de la demanda originada por la ampliación de los horarios de emisión y a partir de 1966, por la entrada en servicio de la segunda cadena. Pocos medios le quedaban, por lo tanto, para lanzarse en la producción de nuevos programas o de realizaciones más caras en una lengua cuyo uso seguía siendo además ilegal. Estos motivos descartaban igualmente la producción de telenovelas en catalán. A pesar de que, por aquellos Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 145 La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista años, este genero gozaba de una fama comparable al de su antecesor radiofónico, gracias paradójicamente a autores catalanes como, Ignacio Agustí3. Aunque elegido por defecto, el recurso a los “dramáticos” para satisfacer a los telespectadores catalonoparlantes, no suponía en este sentido menoscabo alguno, al contrario. Creados por el realizador, Juan Guerrero Zamora y el dramaturgo Domingo Almendros, estos espacios tuvieron en la década de los sesenta su hora de gloria. Gracias al mismo Guerrero Zamora y a sus colegas, Pedro Amalio López, Gustavo Pérez Puig, González Vergel y Cayetano Luca de Tena – por no citar más que a los principales –, programas como Fila cero o más tarde, Estudio 1, triunfaban entre el público. Que duda cabe de que este éxito nacional desempeñó también un papel determinante a la hora de encontrarle a la difusión televisiva del catalán, un soporte viable. Y más si se tiene en cuenta que de esta forma se incrementaba la capacidad de combatir el antiguo monopolio madrileño sobre la producción teatral de TVE y se evitaba que la recuperara o transfiriera al nuevo centro de Sevilla. Hasta ahora la tradicional rivalidad entre las dos ciudades se había limitado, en el ámbito de la comunicación de masas, al terreno técnico-estructural. Tras acceder tres años después que Madrid al nuevo invento mediático, Barcelona modernizaba y duplicaba en 1962, sus instalaciones, dos años antes de que la capital se dotará a su vez de una nueva sede en los terrenos baldíos de Prado del Rey. Esta competencia favorecía la política expansionista querida por Fraga y encomendada, a partir de 1964, a un nuevo Director de Radiodifusión y Televisión, Jesús Aparicio Bernal. Este antiguo jefe nacional del SEU, hasta entonces Presidente del Sindicato Nacional del Papel, Prensa y Artes Gráficas vinculado a la Comisión española de la UNESCO, se muestra desde un principio partidario de ligar desarrollo técnico y difusión cultural. A este efecto, reúne una Comisión Asesora integrada, entre otros por, José María Pemán, Ricardo Fernández de la Torre, José Luis Barcelona y José Palau4, que influenció sin duda alguna – aunque sea difícil de determinar en qué medida –, la decisión de lanzar un programa dramático en catalán cuya consecución se encarga enseguida al escritor y realizador, Jaime Picas. La apertura de esta nueva experiencia televisiva recayó sobre la Ferida iluminosa de Josep María de Sagarra, que ofrecía para este delicado cometido, las bazas incomparables de haber sido en 1954 (año de su estreno), Premio Nacional de la Comedia, de tener por lo tanto el beneplácito del régimen y por si fuera poco, de complacer por su trama5 a la censura eclesiástica. El resto de las piezas que se televisaron a lo largo de estos tres primeros años, eran igual de inocuas e insulsas, aunque no todas correspondiesen tanto a los gustos del régimen. Para mayor seguridad o por falta de tiempo y de medios para renovar la plantilla, siempre se encomendaban al mismo elenco de actores, entre los que destacaban por su asiduidad, Jorge Serrat, Paquita Ferrándiz, Carlos Lloret, José Castillo Escalona y Pedro Gian, sin que su actuación diera, durante este tiempo, lugar a crítica alguna ni la propia TVE, ni en la prensa. 3 Autor de los guiones de las series Mariona Rebull, (la primera en ser producida y realizada integralmente por TVE) y El viudo Ríus. 4 Los demás miembros de esta comisión fueron: Gaspar Gómez de la Serna, Miguel Fisac, Carlos Sánchez del Río, Ramón Solís, Navarro Latorre, César Alonso, Valentín Álvarez, Eduardo Casanova, Ramón Díez, Carlos Jiménez Bescós, Vicente Llosá, E. M. Maqueda, y J. M. Quero. 5 Se trata de un drama burgués de intención religiosa. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 146 Jean-Stéphane Durán Froix A partir de 1967, en este como en otros aspectos, las características iniciales de la presencia del catalán en la televisión franquista fueron modificadas. La primera serie de ajustes e incorporaciones se prolongó hasta bien entrado 1973, a causa principalmente de los cambios de orientación política intervenidos entonces y de sus repercusiones sobre el personal directivo del ente público. Si este conjunto de avatares no llegó en ningún momento a cuestionar seriamente la existencia de las difusiones en catalán, frenó ciertamente su desarrollo, ya que achacar esta obstaculización a problemas derivados de la modernización técnica o a la entrada en servicio de la segunda cadena, sería poco plausible cuando en uno como en otro caso, el resultado era el aumento del tiempo de emisión y por lo tanto teóricamente el disponible para incrementar la programación en lengua catalana. Aunque de la teoría a la practica medie a veces una distancia insalvable, se puede considerar que este periodo fue el del afianzamiento del catalán en TVE y no sólo por las novedades entonces presentadas, sino también por el eco que estos espacios empezaban a tener en los otros medios de comunicación y en particular en la prensa regional. El 19 de septiembre de 1967 se incumple por primera vez la regla implícita de no emitir en catalán, salvo el último martes de cada mes, para dar a conocer el programa Mare Nostrum. Bajo este título tan ambivalente como evocador de nuevos rumbos, se lanza un concepto diferente de espacio catalanizante, a la vez, revista cultural y show musical, totalmente acorde con la especialización que van tomando los estudios de Miramar en donde se producen los “musicales” de mayor éxito como Noche de estrellas y series culturales memorables como Escritores de hoy. La concepción y la realización de este “magazine” correspondió al ecléctico, Andreu Avel-lí Artís, alias Sempronio, a la sazón narrador, dramaturgo, periodista y por aquellos años, director del semanario Tele-Estel, uno de los primeros publicados en catalán. La diversificación así emprendida no dio lugar a un aumento del tiempo de antena dedicado al catalán. Mare Nostrum fue simplemente difundido en alternancia con Teatro catalán. Tras tres años de existencia y a pesar de la liberalización que supuso en el ámbito de la comunicación de masas la famosa Ley de Prensa e Imprenta, la experiencia iniciada por Fraga y Aparicio Bernal seguía siendo percibida como demasiado osada para salir del terreno de la confidencialidad. Pese a ello, se intentó dar cierta significación identitaria y publicidad a este nuevo espacio al hacer coincidir su estreno con la reanudación de las muy catalanas festividades de La Merced6. Lo que suponía hacer un primer inciso en la norma programática inicialmente establecida. Un segundo vendría dos años más tarde cuando, en la noche del viernes 28 de noviembre se emitió por la segunda cadena y durante media hora, un reportaje de José Luis Viloria sobre Vich y el mercat del Ram. Sin embargo estas excepciones no dieron lugar a mayores cambios. A lo largo de esta etapa, ninguno de los programas aparecidos posteriormente derogó a la parrilla y frecuencia iniciales. Este encorsetamiento, no impidió que TVE sirviera de caja de resonancia a la “nova canço”7, abriendo sus platós barceloneses a los todavía poco conocidos Lluis Llach, María del Mar Bonet o Joan Manuel Serrat y no sólo para que hiciesen gala de su talento lírico. Joan Manuel Serrat, por ejemplo, se dio a conocer tanto como autor compositor e interprete de excepción, que como portavoz del catalanismo renaciente, 6 Con motivo de su noventa conmemoración. 7 Aparecida en 1963. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 147 La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista al rehusar cantar en castellano su pegadizo la, la, la en el festival de Eurovisión de 1968. Misión que se tuvo que confiar in extremis a la joven y prometedora, Massiel. Pero no todo fueron aciertos musicales y actos heroicos. El crítico de televisión, Juan Francisco de Lasa, columnista habitual del diario barcelonés Tele-expres, no duda en descalificar, alguno de estos programas y en particular Mare Nostrum : “espacio muerto en estado fetal” que ofrece “una estremecedora apariencia de subdesarrollo” debido a “su extraño desorden de antiguo cajón de sastre”8 en donde tan pronto se entrevista a un especialista en setas como se da paso a la actuación de cupleteras del garbo de Nuria Feliu. El Teatro catalán tampoco le merece mejor opinión. Aunque en este caso la sensación de amateurismo que produce su “mediocre calidad”9 deba achacarse a su falta de medios. Con todo, este espacio también se renueva y diversifica. Si se siguen dando dramas de tipo costumbrista como Terra Baixa o La filla del mar de Ángel Guimerá, también se emiten comedias como Tot a punt per al senyor de Joaquim Carbó o Home felic de Enric Larreura, que no consiguen, sin embargo mejor prensa. Bajo el título Meditación en dos suspiros sobre “Teatro catalán” 10, Juan Francisco de Lasa sigue quejándose en las columnas del diario Tele-expres11, de la falta de interés y de la insulsez de las obras propuestas, no sin cierto eco esta vez, ya que en los meses siguientes, la calidad de las obras y de los autores seleccionados experimentó una notable mejoría. En julio de ese mismo año se emitía la versión de Antigona de Salvador Espriu, y posteriormente, Náusica de Juan Maragall, L’escorço de Iglesias, Soc el defecte de Manuel de Pedrolo, por no mencionar más que las más relevantes. Al mismo tiempo que se incorporan nuevos nombres a la realización como Manuel Rato y Antonio Chic y se dan papeles a actores noveles, entre los que destacan, Monserrat Sagués, Jordi Serrat y sobre todo Joan Borras, “verdadera revelación”, según el crítico de Tele-expres, tras su actuación en el “memorable”12 Silenci de Adría Gual, ofrecido el 27 de marzo de 1973. Pero para entonces las Lletres catalanes habían remplazado ya al viejo Teatro catalán en la primera cadena. Estas tendencias se acentúan y amplifican durante los dos últimos años de la dictadura. No sólo aparecen nuevos programas como Giravolt dirigido por Antonio Serra y Luis López Doy, sino que aumentan también su tiempo de antena. Los reportajes, entrevistas y actuaciones que componen esta miscelánea creada a principios de 1974, gozan ahora de dos horas y media de emisión, frente a los escasos ciento veinte minutos que hasta entonces se concedía mensualmente a los espacios destinados a los catalanoparlantes. Más aún se incrementa su frecuencia de difusión que se vuelve ahora semanal y consecuentemente más variada y especializada. Esta evolución es particularmente sensible en el genero de los “magazines” culturales donde el ya clásico, Mare Nostrum queda cada vez más relegado a la exposición de los aspectos más artesanales y folclóricos de la cultura catalana13, mientras que el reciente Giravolt va adquiriendo fama al compaginar temáticas intelectuales como “los artistes del Noucentisme”, con preocupaciones mucho más prosaicas como “las Guarderias infantiles”, en espera de que Tot Art se ocupe más específicamente de la 8 Juan Francisco de Lasa, “Mare Nostrum” in Tele-expres del 14 de noviembre de 1970. 9 Juan Francisco de Lasa, “Mare Nostrum” in Tele-expres del 7 de noviembre de 1970. 10 Juan Francisco de Lasa, “Meditación en dos suspiros sobre “Teatro catalán”” in Tele-expres del 1º de mayo de 1971. 11 En fecha del 1º de mayo de 1971. 12 Juan Francisco de Lasa, “Televisión” in Tele-expres del 31 de marzo de 1973. 13 El de el 16 de febrero de 1974 estuvo, por ejemplo, enteramente dedicado a la cerámica catalana. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 148 Jean-Stéphane Durán Froix producción plástica de esta región. Alternativamente se emiten espacios “musicales” dedicados a una o varias figuras casi siempre representantes de la “nova canço”. El fabuloso guitarrista, compositor y cantante, Toti Soler fue así la estrella del Especial musical catalán del 12 de febrero. Toda esta diversificación y consolidación de la presencia del catalán en la televisión franquista se lleva a cabo dentro de una estricta esfera culturalo-elitista, por lo que pese a beneficiarse de la potencia comunicativa del más importante de los massmedia de la época, no deja de ser un fenómeno puramente marginal en su propia área geográfica de difusión en la que además goza de absoluta exclusividad. Esta marginalización empieza a resquebrajarse cuando José Joaquín Marroquí, Director de TVE-Barcelona, inaugura en noviembre de 1974, un Especial informativo para Cataluña emitido diariamente en sobremesa, excepto los sábados y los domingos. Programa que bajo el nombre de Miramar, gana gracias a la agonía del caudillo tiempo de antena y audiencia, sacando por primera vez al catalán de su habitual reserva cultural que para entonces se había extendido hasta las apacibles tardes del domingo. A partir de las 17 horas, se vuelven a emitir, por la segunda cadena, los programas dados los martes, con lo que el catalán alcanza su mayor presencia televisiva antes de la llegada de la democracia y de los regímenes autonómicos. La existencia de esta programación constituye por lo tanto una verdadera excepción cultural. 2. Una excepción cultural a más de un título Es difícil de entender que tras el “odio” que durante tanto años manifestó el franquismo por la cultura catalana y que llevo al conde de Rodezno a exigir la trascripción de todos los nombres catalanes al castellano14, el régimen se aviniese, no sólo a tolerar, sino incluso a fomentar, la presencia del catalán en el media de masas por excelencia, en el de mayor éxito y reconocimiento popular, en el que era en aquellos tiempos, símbolo de modernidad y bienestar para la inmensa mayoría de los españoles. Tal cambio no puede achacarse a una causa única, aun bajo una dictadura tan intelectual y creativamente pobre como la franquista. Lo que tampoco resta preponderancia, ni eficacia en este cometido explicativo, a la influencia del factor político. La decisión de permitir el acceso del catalán a la televisión corresponde al mismo y renovador ministro que había ideado y lanzado unos meses antes la primera campaña de propaganda política del franquismo que no hacía referencia explícita al “glorioso alzamiento del 18 de julio”, ni a la “victoria”. Convenientemente orquestados por Fraga, los XXV Años de Paz intentan ya romper con la tradicional imagen que la dictadura se empeñaba en dar de sí misma. Franco otorga, en esta ocasión y en contra de su habitual costumbre, un indulto general (de escaso alcance real) y sobre todo asocia por primera vez a las diferentes conmemoraciones oficiales al príncipe Juan Carlos que de esta forma empieza a encarnar, cara a la opinión pública, el devenir del 14 Lo que llevo a ciertos autores como Benet a hablar de “voluntad clara de genocidio cultural contra la cultura catalana”, (Riera 1998 : 91). Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 149 La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista régimen. Esta apertura hacia el futuro tiene en Fraga su máximo exponente15 y de hecho se concretiza en una de sus más comentadas medidas, la famosa Ley de Prensa e Imprenta de 1966. Aunque la más audaz fuera, sin duda alguna, la de abrir la pequeña pantalla al catalán, sobre todo visto la epidérmica intolerancia del régimen a este respecto. A finales de mayo de 1960, Jordi Pujol había sido detenido y torturado tras entonar en compañía de una veintena de personas, el himno de La Senyera, al final del concierto ofrecido en el Palau de la Música, en honor de cuatro de los ministros venidos a asistir al Consejo de Ministros reunido por Franco en el castillo de Pedralbes. Plato fuerte de una “sutil” Operación Cataluña con la cual el caudillo pretendía ganarse el reconocimiento de los catalanes a cambio de concesiones tan insignificantes como la cesión del castillo de Montjuic a la ciudad condal, una compilación (sin ningún valor jurídico) de los Derechos Civiles catalanes y el otorgamiento de una Carta Magna Municipal a Barcelona que en realidad reforzaba la autoridad de un alcalde directamente nombrado por el Jefe del Estado sobre el resto del consejo municipal. Quedaba claro que en la mente del generalísimo, Cataluña seguía siendo un frente. El día mismo en que se inaugura la emisión de programas en lengua catalana, el ministerio de Gobernación se opone a la publicación de suplementos en catalán por parte de los diarios de Barcelona, según revela el propio Fraga en su Memoria breve de una vida pública que no menciona en la relación de hechos relevantes que hace, de este 27 de octubre de 1964, la difusión de la Ferida iluminosa por TVE. Curiosa omisión cuando se conoce la irreprimible propensión del ex Ministro de Información y Turismo a recalcar y hacer valer16, todo cuanto de liberal y democrático acometió durante su trayectoria ministerial franquista. Sin embargo, puede perfectamente achacársele al simple olvido o desconocimiento momentáneo (Fraga se encontraba entonces de viaje oficial por Estados Unidos) ya que, tres días más tarde, según él mismo reseña, quedo “emplazado”, durante el Consejo de Ministros, por Camilo Alonso Vega, a la sazón Ministro de la Gobernación, para “tratar del tema catalán, en el que [Fraga] consider[aba] necesaria una amplia apertura cultural.” (Fraga, 1980 : 123). Tolerancia que no era compartida por el resto de los sectores reformistas. Los tecnócratas opusdeístas y más concreta y paradójicamente, López Rodó, no apreciaban en demasía tales liberalidades. No tanto porque pudieran dar pié a una crítica interna de la sacro santa unidad de la patria, como por emanar de quien emanaban. Sin embargo, estas disensiones político-personalistas no llegaron a poner en tela de juicio la existencia de una programación en catalán en TVE. El reemplazo de Fraga al frente del Ministerio de Información y Turismo, por uno de sus más animosos rivales, Sánchez Bella, el 30 de octubre de 1969, no impidió que al mes siguiente se emitiera el reportaje Vich y el mercat del Ram. Y fue incluso durante el mandato de este destacado miembro del Opus Dei, cuando el Teatro catalán empieza a mejorar su oferta. Bien es verdad que visto el poco interés que, desde el principio, este epígono de Carrero mostró por el futuro ente público, no le debió costar mucho dejarlo enteramente en manos del oscuro “recomendado” que para el cargo de Director General de Radio y Televisión, le había propuesto Presidencia (de la Cierva, 1978 : 15 El propio interesado lo hace valer en el primer tomo de sus memorias, Memoria breve de una vida pública, Barcelona, 1980, Planeta, p. 115. 16 Particularmente en este libro publicado en 1980. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 150 Jean-Stéphane Durán Froix 316). El mantenimiento de la presencia de la cultura catalana en televisión aparece así como uno de los primerísimos actos directivos inesperados de Adolfo Suárez. Debido a su insignificancia, tampoco dieron al traste con ella acontecimientos mucho más graves como el estado de excepción decretado por tres meses a nivel nacional, a principios de 1969 y que llevó a confinamiento a numerosos intelectuales, sobre todo catalanes17, o el endurecimiento de la dictadura consecutivo al asesinato de Carrero Blanco que supuso un retorno a la ortodoxia falangista inicial. A la inversa, las mejorías aportadas a esta curiosa experimentación mediático-cultural suelen revelar o anunciar el pase a nuevas fases aperturistas del régimen. La aparición de Mare Nostrum en 1967 fue así una de las primeras concretizaciones de la liberalización introducida en el ámbito de la comunicación social por la Ley de Prensa e Imprenta de 1966. El estreno de Giravolt precede, a su vez, de un mes, al democrático espíritu que Gabriel Cisneros supo insuflar al verbo febrerino de Arias Navarro. La multiplicación de los espacios televisivos y el aumento consecuente del tiempo de antena que, partir de esa fecha, caracterizan a la programación en catalán, evidencian la descomposición tanto ideológica como organizativa de una dictadura que fue instaurada, entre otros objetivos prioritarios, para anegar las culturas periféricas. La catalana no sólo no había sucumbido, sino que además empezaba a brillar con luz propia dentro del más potente de los medios de comunicación de masas del país. Su renacimiento estaba en marcha. Un año antes del estreno del programa Teatro catalán, la aparición de la “nova canço” había empezado ya encarrilar la cultura catalana por la vía de la modernidad abriéndose, tanto en sus formas de expresión como en su creatividad y en su público, a las nuevas generaciones. Al final de la década, esta ansia de renovación afecta incluso al muy conservador mundo cinematográfico en el que el futuro “grupo de Barcelona”18 empieza a hacer sus pinitos experimentales. Desde el principio, el significado innovador de todo este movimiento es tal que el propio Fraga, al acecho entonces de todo aquello que pudiese fomentar su imagen de progresista, no duda en anunciar, en abril de 1964, durante una visita a la ciudad condal, la próxima apertura de ediciones en catalán. Promesa tan inútil como propagandística cuando, para entonces, según Francesc Vellardú, ya habían salido de las prensas barcelonesas (y en particular de las de La Editorial Selecta), unos 800 títulos en lengua catalana (Pagès i Blanch, 2004 : 183). Junto con el posterior permiso de emitir en catalán, esta iniciativa constituye una clara maniobra de recuperación de uno de los movimientos intelectuales que se barruntaba como de lo más prolífico y completo que se había dado bajo de la dictadura. Sólo en 1964 y aparte de las novedades ya mencionadas, tuvieron lugar la publicación del polémico libro de Pierre Vilar, Catalunya disn l’Espanya moderna y sobre todo, la celebración de un primer congreso de cultura catalana que, aunque casi clandestino para evitar su prohibición, contó con un buen número de participantes. En los años siguientes se intensifica y diversifica esta actividad. Revistas, más tarde emblemáticas, como Serra d’Or, Oriflama, Ediciones 62, Nova terra, Presencia o más populares como Tele/estel, multiplican sus ediciones (está última llegó a tener por ejemplo una tirada de 80 000 ejemplares). Escritores hasta entonces proscritos, ven ahora algunas de sus obras estrenadas en los teatros de 17 Medida represiva consecutiva a la firma por 1500 intelectuales encabezados por el abad de Montserrat, Monseñor Just, de una carta denunciando los malos tratos policiales infligidos a los estudiantes huelguistas de Madrid y Barcelona. 18 Compuesto por Luis Marquina, Vicente Aranda, Jacinto Esteva, Gonzalo Suárez y Pere Portabella. Comunicación, Vol.1, Nº6, año 2008, PP. 143-158. ISSN 1989-600X 151 La única excepción al monopolio del castellano en la cultura de masas franquista REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BENET, Josep (1979): Cataluña bajo el régimen franquista, Barcelona, Blume. CISQUELLA, Georgina, ERVITI, José Luis, SOROLLA, José A. (2002): La represión cultural en el franquismo. Diez años de censura de libros durante la Ley de Prensa (1966-1976), Barcelona, Anagrama. 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