Tratado de medicina y cirugía legal teorica y practica : seguido de un Compendio de toxicología. T. 2
Full text
Paris,
1
Lóndres,
It
Áll.inzni‹. É
HIJO.
I
H. B.(
ILLI ERE.
Nueva-York,
RAIL!•
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HERMANOS.
J. B.
I.1.1wwr
TRATADO
DE
MEDICINA Y CHINA LEGAL
TEORICA Y PRACTICA
SEGUIDO DE UN COMPENDIO DE TOXICOLOGÍA.
POR EL DOCTOR
D.
PEDRO MATA
Catedrático de término en la Universidad central , encargado fle la asignatura
de
Medicina
legal
y Toxicología, etc.
Obra premiada por el Gobierno, oído el Consejo de
Instruccion pública.
CUARTA ED/CION
CORREGIDA, REFORMADA, PUESTA AL AIVEL DE LOS CONOCIMIENTOS MAS MODERNo&
Y ARREGLADA Á LA LEGISLACION VIGENTE.
« Los deberes que el médico legista tiene
que cumplir para con la sociedad en general,
son sin duda los mas brillantes, pero tambien
los mas difíciles. » MAIION.
TOMO SEGUNDO.
MEDICINA LEGAL.
MADRID
CARLOS BAILLY-BAILLIERE
LIBRERO DE CÁMARA DE
SS.
MIVI. DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL
DEL CONGRESO DE LOS SEÑORES DIPUTADOS Y DE LA
ACADEMIA
DE JURISPRUDENCIA
Y LEGISLACION.
LIBRERÍA EXTRANJERA
Y NACIONAL, CIENTÍFICA Y LITERARIA.
Plaza del Príncipe Don Alfonso (antes de Sall la Ana), n.°
8.
1886.
.
TRATADO
DE
MEDICINA Y CIRUGÍA LEGAL
TEÓRICA Y PRÁCTICA.
TITULO SEGUNDO.
De las cuestiones relativas á diferentes estados fisiológicos
y patológicos en que pueden hallarse las personas.
Las cuestiones comprendidas en este título no tienen ya nada que ver
directamente con los órganos genitales, ni el producto de sus funciones,
como las del título anterior; se refieren á diferentes estados fisiológicos
ó patológicos , en los que pueden hallarse los sugetos sometidos á nuestro
exámen , y á simulaciones de varios géneros y aptitudes para ciertos car-
gos
ú
obligaciones públicas.
Comprenderérnos en dicho título : 1.° las cuestiones de
identidad ;
2.°
las de
simulacion, disimulacion, pretexto , imputacion
y
comunicacion de en-
fermedad;
3.° las
de
exencion del servicio militar 6 cargos públicos ;
y 4t.° las
relativas á las
alteraciones mentales.
CAPÍTULO PRIMERO.
De las cuestiones de identidad.
ARTICULO PRIMERO.
PARTE LEGAL.
§ I.—Disposiciones legales relativas á la identidad.
En el título XII del Código penal vigente se habla de los
delitos contra el
estado civil de
las personas ,
y en su
capítulo
1,
que trata de la
suposicion
de parto
y usurpaciones del estado civil,
hay los siguientes artículos , que
se refieren á las cuestiones de
identidad:
(I
Art.
391 La suposicion de parto y la sustitución de un niño por otro serán
castigadas con las penas
de
presidio mayor y multo de 50 á 500 duros.
mismas
penas se
impondrán al
legitimo
hijo
hij
un
expusiere
ó
ocultare
que
con animo de hacerle perder su estado civil.
n
— • 6 ---
»Art. 393. El
facultativo ó empleado público 'que , abusando de s l p?ofesion ó
cargo, cooperare á
la
ejecucion de a!guno de los delito3 expresados en el arti-
culo anterior, incurrirá eq las penas del misma, y ad mas en la (le inha bilita-
cion temporal especial.
r
»Art. 395. El que usurpare el estado civil de otro, será castigado con la pena
de presidio mayor.
»Art. 49k. Serán castigados con el arresto de uno
á
cuatro dias ó una multa
z1u1
de uno á cuatro duros...
»9.° El que ocultare su verdadero nombre
y
apellid ) á la autn'idad ó per
sona que tenga derecho á exigir que los manifieste.»
§
IL—Critica de las disposiciones del Código penal relativas á la identidad.
Las cuestiones de identidad consisten en resolver si un sugeto es ó no
es el que él dice ó los demás creen que es; ó en determinar la individua-
lidad reconocida de un sugeto, por los caractéres que le son personales.
Las leyes han fijado las condiciones bajo las cuales se puede reconocer
9
á
un sugeto , y entre ellas están ciertos
indicios
de bastante gravedad para
ser tenidos en cuenta. Algunos de estos indicios se refieren á la parte
física del sugeto , y pueden necesitar para su
reconocimiento el dictá-
men
de los facultativos.
Ocultar la personalidad ó usurpar la de otro , puede ser un delito,
como se ve por el art. 395 ; porque la usurpacion del estado civil de
otro , es afectar una personalidad que no se tiene; es alterar, pues , la
identidad.
El art. 392 si bien , por lo de suposicion de parto, parece que deberia
pertenecer á las cuestiones relativas á este, porque realmente se re-
suelve por medio de los datos que en ellas hemos expuesto, tanto por lo
que dice de la sustitucion del feto, como por el fin del que supone parto;
viene á ser cuestion de identidad. Una simple suposicion de parto podrá
presentarse, sin referirse á un recien nacido ó á un hijo; pero por lo
comun siempre se refiere á él , y ya en estos casos , ya en los de sustitu-
ción , se trata de saber si el niño es el que se pretende ó
no : es ,
por lo
tanto, toda cuestion de sustitucion cuestion de identidad, corno ya lo
hemos indicado en otra parte. Bajo este concepto , nos hemos hecho
cargo aquí de los arts. 392, 393 y 394.
Nada tenemos que decir acerca del texto de estos artículos del Código
penal, ni de la escasez de disposiciones legales relativas á la identidad de
las personas.
Toda
cuestion de identidad presupone otra : jamás preguntarán los tri-
bunales
si
un sugeto es el mismo que se cree ó él se dice , por solo la
curiosidad de saberlo ; siempre será ó por reconocer á un criminal , ó
por resolver una cuestion de maternidad ó paternidad , ó por saber de
fijo si la persona que se presenta de nuevo es la que habia desaparecido,
6 de quién es el cadáver ó esqueleto que se encuentra, etc., etc. De estas
solas indicaciones se deduce ya , que no hemos debido consignar en
este
artículo mas disposiciones legales particulares relativas á la identidad
que los expuestos. Las que se refieren á las cuestiones para cuya resolu-
cion
se agitan las de identidad , en muchos casos se hallan en las que ya
llevamos dilucidadas, y las que no, se hallarán en las que en lo sucesivo
dilucidemos.
7
ARTICULO
II.
PARTE MÉDICA.
De las cuestiones que pueden suscitarse con respecto á la identidad de las personas.
El
medio que me parece mas á propósito para dar
á
comprender
qué
clase de cuestiones pueden ofrecerse en la práctica , con motivo de la
identidad de las personas , es presentar ante todo una porcion de casos,
en los cuales se ha tratado de determinar esta identidad. Despues de re-
feridos estos casos y en virtud de los mismos , formularé las cuestiones.
El dia 13 de agosto de 1766 , Francisco Miguel Noisen , de tres años
de edad , desapareció de su familia ; dos años despues , su madrina vió
pasar á un niño ; creyó que era Miguel; corrió á decírselo á su madre
presentándosele, y aquella creyó tambien que era su hijo. Bien pronto
se presentó otra mujer
á
reclamar al niño, asegurando que hacia dos
años le tenia de pensionista en
su
casa. Segun los cómputos que se hi-
cieron , resultó que el niño vivia en la pension dos meses antes de que
desapareciese de su casa Noisen. Un comisario de policía que conoció_
del negocio , adjudicó el niño á la que se decia su madre. La mujer que
le reclamaba, a !vistió á la viuda Labrie, á quien creia madre de aquel,
lo que acontecía : esta acudió; el negocio fué confiado al tribunal de
Chatelet , el cual confirmó provisionalmente la disposicion del comisario
de policía. Entonces se reprodujo la escena que nos ha trasmitido la his-
toria conocida con el nombre de juicio de Salomon. La viuda Labrie lan-
zaba alaridos y se desmayaba á menudo, como si se hubiese pronunciado
contra ella la pena de muerte. Provocóse la revision de la sentencia, y
fueron llamados algunos cirujanos para examinar al niño. Francisco Mi-
guel Noisen labia sido sangrado del brazo derecho; en la parte interna de
la rodilla izquierda le habian abierto un abceso con cáusticos, y no habia
tenido las viruelas. El niño en cuestion ó reclamado ofrecia una cicatriz
en la rodilla y algunas señas en la nariz, que se consideraron como que
podian ser de las viruelas locas. Los cirujanos fueron de pareceres diver-
sos; el tribunal resolvió definitivamente que el niño fuera devuelto á la
viuda Labrie.
A
esta resolucion llegó el turno de los lamentos y deses-
perácion a los esposos Noisen , y se apelaron al parlamento : este tribu-
nal confirmó la sentencia , apoyándose sobre todo en los títulos y pose-
sion de estado. La diversidad de pareceres facultativos hizo creer que
los signos deducidos de las cicatrices eran equívocos.
Sin
embargo, el
caso era fíen de decidir. La sangría del brazo no podia confundirse con
la cicatriz
de un
abceso , á que la atribuyeron los cirujanos de Chatelet,
no
solo
porque nadie les dijo que hubiese habido este abceso,
sino por
-que la cicatriz de un abceso es muy diferente de la de una sangría. La
cicatriz de la rodilla la explicaba Labrie por un grano que supuró ; pero
la cicatriz de un grano ó
boten supurado es muy diferente de
la que
es producida por los cáusticos. Las de la nariz podian ser muy bien de
las
viruelas aparecidas despues de
la desaparicion
del niño.
Lo
mas notable de este negocio fue que , se
r
tin declaracion de La-
b
r
ie , hecha anteriormente
en Melun, su hijo teñía los pies
contrahechos,
y el niño disputado
los
tenia conformes. He aquí un vicio de conform
a
-cion muy conducente para
determinar la identidad de la persona, maYor
_-
mente habiéndose tornado acta anteriormente de semejante deformida
d
,
____ 8 —
Sin embargo, los cirujanos del Chatelet no hicieron gran caso de seme-
jante dato, y le explicaron corno quisieron. El
.
autor de quien extracta-
mos este caso dice, que probablemente la mujer de la pension sabia el
secreto. Se le moriria un niño , y robó otro para colocarle en su lugar;
sustitucion fácil por no ver la madre Labrie muy a menudo á su hijo.
Un tabernero de Estrasburgo habia colocado á su hijo , enfermo de
escrófulas, en el hospital de San Luis , donde murió. La mujer á. quien
el tabernero habia encargado el cuidado de su hijo , se hizo presentar
otro niño que tuviese con el muerto alguna semejanza , hasta en ser es-
crofuloso. Este niño fu( enviado al tabernero de Estrasburgo. lin vecino
de Paris, padre de aquel, fué ‘á su vez al hospital á reclamarle. A fuerza
de pesquisas
é
indagaciones se descubrió el trueque, y el tribunal obligó
al tabernero de Estrasburgo á comparecer con el que pasaba por su hijo
y de quien estaba recibiendo las caricias. El parlamento hizo compulsar
los registros del hospital , y encontró en ellos la prueba de la entrada
y muerte del hijo del tabernero. El niño fué devuelto á su verdadero
padre , teniendo este los títulos de tal y la posesion constante.
La viuda Lemoine era madre de tres hijos: dos de ellos, Pedro y Ja-
col» , se evadieron de su domicilio , y la madre desesperada pidió vana-
mente socorro á la policía para saber su paradero. Transcurrieron tres
meses , y los vecinos de la viuda creyeron reconocer á Jacobo en el niño
que conducia á un mendigo, llamado Monrousseau. Al ver al niño, no
participó la viuda de tal creencia; ni el número , ni la calidad de las
personas que reconocieron á Jacobo fueron bastantes para vencer sus es-
crúpulos. Sin embargo, el mendigo fué preso y acusado de raptor de
niños , y la viuda perseguida , porque negaba á su hijo. El rapaz , bas-
tante astuto para conocer que mejor cuenta le tenia ser hijo de una ma-
dre rica que de un mendigo, se aprovechó de todo cuanto estaba obser-
vando y de las lecciones que se le dieron , y confirmó la opinion de que
era Jacobo hijo de la viuda Lemoine. Los jueces condenaron á la viuda,
la que, segura de la injusticia, se apeló al parlamento. Dios sabe lo que
iba á suceder; mas de repente aparece uno de los niños fugados , Pedro,
y trae consigo la prueba oficial y auténtica de la muerte de su hermano
Jacobo, acaecida en casa de un gentil hombre que los tuvo alojados por
espacio de diez y siete dias. Una certificacion de este gentil hombre, otra
del cura párroco y otra de los hermanos de la Caridad, en cuyo cemen-
terio habla sido enterrado, hicieron completa fé de
obiit
de Jacobo. Un
facultativo habia contribuido al error, declarando que habia encontrado
en la cabeza del hijo del mendigo la cicatriz de una llaga curada al hijo
de la viuda Lemoine. Júzguese de su confusion á la llegada de Pedro. El
parlamento puso en libertad al mendigo , y le volvió al perillan de su
hijo, que á tan tierna edad habia sacrificado á su egoismo y codicia sus
sentimientos filiales.
Martin Guerra se habia ausentado de su familia.; hacia de esto ocho
meses; de repente su familia cree encontrarle en la persona de un aven-
turero , que es bastante audaz
y
astuto para aprovecharse de este error.
Se da, en efecto, por Martin, y por Martin es recibido en la familia:
entra en posesion de los bienes
y
de la mujer de Guerra , de la cual tiene
dos hijos en el espacio de tres años. Al fin , empiezan á suscitarse dudas
sobre su identidad: el parlamento de Tolosa recibe á deelaracion tres-
cientos testigos. Treinta d cuarenta de ellos creen reconocer á Martin
Guerra, con el cual habla estado
en íntima
relacion cuando niños : un
111
;",1
-
r
9
número , á poca diferencia igual , de testigos asegura que el recien lle-
gado es.un impostor, y que su verdadero nombre es Arnaldo Dutille. Los
demás se quedan en la incertidumbre. El tribunal estaba dispuesto á re-
conocerle por Martin Guerra, mas que por conviccion , por el interés
de los niños , que habian nacido desde la aparicion del aventurero,
cuando el verdadero Martin se presentó , encarándose con el impostor
que le habla usurpado sus bienes, su mujer y hasta su nombre. La im-
prudencia y audacia de Dutille , y sobre todo , la asombrosa semejanza.
de su fisonomía hizo vacilar al tribunal y á los testigos por algun tiempo;
mas al fin , reconociendo al verdadero Guerra su mujer y sus deudos, los
jueces le volvieron á su debido lugar.
Un protestante, llamado Decaille, se refugió en Vevey (Estados-Uni-
dos), á consecuencia de la revocacion del edicto de Nantes : allí perdió
á su hijo, cual murió en sus brazos. Un soldado de marina , protes-
tante tamien , imaginó hacerse pasar por este hijo en la patria de De-
caille , ó sea en Monosque (Francia). Llega , abjura públicamente su re-
ligion , con lo cual puede heredar los bienes de su padre, aunque vivo,
puesto que así se lo autoriza la ley. Le prenden como impostor, y con-
ducido al tribunal de Aix, es reconocido por Decaille á los ojos de todos;
hasta tres ó cuatro nodrizas del verdadero Decaille hijo lo confirman.
El espíritu de secta se apodera de este negocio : los católicos acusan á los
protestantes de querer perseguir á uno de sus hermanos que se ha con-
vertido ; los grandes le protegen; ricos católicos le ofrecen sus hijas para
casarse. El parlamento de Aix no titubea , en vista de esto, en declararle
por el verdadero Decaille hijo. Quince dias despues el soldado marino
contrae nupcias solemnes con la hija de, una familia muy respetable de
Tolon. Hasta aquí todo iba á pedir de boca; pero desgraciadamente para
el aventurero , llamado Pedro Mega, este era casado anteriormente , y su
mujer que , habiéndose prometido no pocas ventajas de la farsa , guar-
daba profundo silencio y disimulo , cuando supo que su marido se habia
casado con otra , perdió la paciencia y'los estribos , se revolvió y denun-
ció el hecho al tribunal de Aix. Conoció de este ruidoso y singular nego-
cio el Consejo de Estado , luego el parlamento de Paris , el cual , al cabo
de seis años y á consecuencia del dictámen de Anguesseau , reconoció la
identidad del aventurero Pedro Mega.
El dictámen facultativo puso en claro que el verdadero Decaille hijo
era de corta estatura , que tenia una rodilla mas gruesa que la otra,
que ambas á dos rodillas eran zambas y se tocaban andando ; las piernas
algo torcidas y los piés contrahechos ,
su
cabeza larga, la frente elevada,
el pelo castaño claro, la nariz afilada y aguileña, los ojos azules y ras-
gados , el color blanco y las mejillas rosadas.
Pedro Mega, soldado de marina , que se habia matriculado varias ve-
ces, tema cinco piés y seis pulgadas de estatura , pelo negro, cara flaca
y morena , nariz chata , ojos pequeños , cabeza redonda , voz delgada,
poca barba ó lampifio, y era delgado.
Los
médicos
que visitaron á. Pedro Me<s
f
a le encontraron una deformi-
dad
s
de
sin
g
ular
sus dos mamas , en vez ocupar el pecho, estaban en
el vientre á tres pulgadas encima de las caderas. No tenia mas que un
testículo muy pequeño, y sil pene era exí
o
ato miserable : esta
confor-
macion
estaba en armonía con su voz dellada y
ninguna barba. Esto solo
bastaba para darse á
conocer. Si el
impostor hubiese sido
el
verdadero
Decaille, ¿no habia de haber aducido su deformidad
por
prueba? Y
lo
-- 16 —
medianos ó pequeños; entre los altos se ven , aunque raramente , gigan-
tes ; entre los pequeños , no tan raros, se ven de vez en cuando enanos;
pero aparte de estas anomalías, imperceptibles ante la inmensidad de
hombres , hay cierta fijeza en la estatura.
Buffon , en su recomendable obra de La
Historia 'natural ,
ha dejado una
observacion notable , que deberia ser repetida muchas veces para poder
establecer algunas bases acerca de la longitud ó estatura del sugeto con
relacion á su edad. Voy
á
trasladar esta observacion.
El dia 11 de abril de 1759 nació cierto sugeto, y tenia 17 pulgadas
de longitud.
•
A 6
meses ,
11 de octubre, tenia 2 pies ; creció, pues , 5 pulgadas en el
espacio de 6 meses.
A.
un
año,
11 de abril de 1760, 2 piés y 3 pulgadas.
A
18 meses, 11 de octubre de 1760 , 2 piés y 6 pulgadas.
A. 2
años,
11 de abril de 1761, 2 piés , 9 pulgadas y 8 líneas.
A 2
años y medio,
11 de octubre de 1761, 2 piés, 10 pulgadas y 3 lí-
neas y media.
A 3
años ,
3 piés y 6 líneas.
A 3
años
y
medio ,
3 piés , una pulgada y una línea.
A 4
años,
3 piés, 2 pulgadas y
10
líneas y media.
A 4
años y medio ,
3 piés , 4 pulgadas y 5 líneas y media.
A 5
años,
3 piés , 5 pulgadas y 3 líneas.
A 5
años y
7
meses ,
3 piés , 6 pulgadas y 8 líneas.
A 6
años,
3 piés, 7 pulgadas y 6 líneas y media.
A 6
años y medio
y
19 dias, 3 piés, 9 pulgadas y 5 líneas.
A. 7
años,
3 piés, 9 pulgadas y 11 líneas.
A 7
años
y
medio ,
3 piés, 11 pulgadas y 7 líneas.
A. 8
años
piés.
A. 8
años
y
medio, 4
piés, una pulgada y 7 líneas y media.
A 9
años ,
4 piés, 2 pulgadas y 7 líneas y media.
A 9
años ,
7
meses
y 12
dias ,
4 piés , 3 pulgadas y 9 líneas.
Á
10
años ,
4 piés , 4 pulgadas y 5 líneas y media.
A 11
años
y
medio ,
piés , 6 pulgadas y 11 líneas y media.
A 12
años , 4
piés , 7 pulgadas y 5 líneas.
Á 12
años
y
8
meses ,
4 piés, 8 pulgadas
y
11 líneas.
A 13
años ,
4 piés, 9 pulgadas y 4 líneas y media.
A 13 años
y
medio ,
4 piés, 10 pulgadas y 7 líneas.
A
14
años ,
5 piés y 2 líneas.
A 14
años
6
meses
y 10
dias ,
5 piés, 2 pulgadas y 4 líneas.
A 15 años
y 2
dias ,
5 piés, 4 pulgadas y 8 líneas.
A. 15
años
6
meses
y 8
dias,
5 piés , 5 pulgadas y 7 líneas.
A 16
años,
3
meses
y
8
días,
5 piés, 7 pulgadas y media línea.
A 16
años
6
meses
y 6
dios,
5 pies , 7 pulgadas y 9 líneas.
A 17
años
y 2
dias ,
5 piés, 8 pulgadas y 2 líneas.
A. 17
años
un
mes
y 9
dios ,
5 piés, 8 pulgadas , 5 líneas y tres cuartos.
A 17
años
5
meses
y 5
dias,
5 piés , 8 pulgadas
y 10 líneas y media.
A 17
años
7 meses
y 4
dias,
5 piés y 9 pulgadas.
Pasados cuatro meses de este último término, permaneció estacionaria
la estatura de este sugeto. Siempre fué medido con los piés descalzos.
Concibense los resultados ventajosos que podrian sacarse de la repeti-
cip4de
una observacion semejante. Unas tablas estadísticas nos permiti-
i
t
rilerstablecer
apunas bases con las que , si no se conseguia exactitud
•
—
17 --
completa , nos
acercariamos
á la verdad. En la observacion que precede
se ven tomadas las medidas en general por semestres, y comparando los
del verano con los del invierno , se nota mayor desarrollo ó
crecimiento
en los del primero: esto solo nos indica que deberian hacerse las obser
vaciones, no con referencia á las estaciones, pues no habia de servir de
mucho, sino por lo que atañe á los países ó climas , pues forzosamente
debe de haber alguna variacion entre los nacidos en climas frios y naci-
dos en países cálidos. Una advertencia se me ocurre, que parece estar en
puma con esta observacion; los hombres mas altos se encuentran en los
países del Norte. Esto acabará de convencer de la necesidad que hay de
repetir y multiplicar estas observaciones.
A los datos recogidos por Buffon , y que pudieran repetirse ó multipli-
carse fácilmente, tomando medidas á niños de edad conocida y diferente
hasta
la
pubertad, y á sugetos de esta edad hasta la adulta, podemos aña-
dir lo observado por Sue, Orfila y Chambroty acerca de la talla de los su-
getos, deducida del tamaño y longitud de los huesos y esqueletos.
4 año. .
4 pié 10 pulgadas 6 líneas.
3 años..
2 piés 9
—
algunas lineas.
Sue da á los de, .
40
. . .
3 — 8
—
6
44
5 — 7 — »
25
5 — 4 — »
—
Estas medidas se refieren al esqueleto ; añadiendo á cada medida una
pulgada por el grueso mayor que dan á un esqueleto las partes blandas,
podemos aproximarnos más á la exactitud.
Orfila presenta una tabla , donde hay cincuenta y cinco medidas de
cadáveres, todos , excepto tres , de adulto. Examinando con detencion las
medidas de cada uno, se ve que todos tenian un metro; y de 53 á 86 cen-
tímetros , desde el vértice á la planta de los piés.
Chambroty, por encargo de Orfila , midió veinte y siete esqueletos de
adulto Cambien, y el resultado dió un metro de 38 á 86 centímetros.
Sin embargo, confesemos que en el estado actual de la ciencia , las ob-
servaciones son pocas todavía para poder afirmar de una manera terivii-
nante la edad de un niño, de un jóven ó de un adulto por su sola longi-
tud ó estatura.
Veamos por lo mismo si cada una de las edades de la vida extra-ute-
rina , además de la longitud del sugeto , pre, tinta otros caractéres dife-
renciales. Los autores, al tratar de esta materia, además de los caracté-
res exteriores y objetivos ó apreciables durante la vida, añaden otros que
solo pueden reconocerse cuando han dejado de existir , tales son, por
ejemplo, los puntos de osificacion.
Por buenos que sean estos datos, gozando el sugeto de vida , vienen á
ser inútiles, porque no pueden apreciarse.
De todos modos, como ya llevamos
dicho
que lo que digamos respecto
de los datos para resolver una cuestion de identidad en un vivo , puede
tener su
.
aplicacion al cadáver , seguirémos en esta parte la costumbre de
los autores de presentar unidos los caractéres exteriores y los puntos de
osificacion.
Primera
infancia.—Corresponde , segun varios autores,
desde el
naci-
miento hasta los siete arios. Hemos dicho que las
diferentes mudanzas
que va ejecutando el niño hasta los cuarenta dias , serán expuestas en
otras cuestiones; por lo mismo nosotros tomaremos la primera infancia
desde esta
época. Los dientes y la osificacion son las mejores guías en
zdF.D. LEGA
i• —
Toni()
—2
— 18
estas primeras edades; así podemos subdividir la primera infancia en va-
rias épocas, refiriéndolas á los movimientos de la primera denticion y á
la osificacion.
1.
1
De
dos meses á siete.—E1
niño no tiene ningun diente. A la mitad de
esta edad, punto de osificacion en las ramas del hióides.
2."
De siete
á doce.
--Salida de los dientes, por este órden: dos incisivos
medios inferiores , tres semanas despues los dos superiores, otras tantas
despues los incisivos laterales de abajo, por último, los de arriba.
Punto de osificacion en la primera vértebra del cóxis, en la gruesa
tuberosidad del húmero y en la extremidad superior de la tibia. Cara
posterior de las vértebras unidas. Soldadura de las dos piezas del tem-
poral.
3.'
De catorce meses á los
cuatro
años.—Salen sucesivamente las ocho
muelas, primero las de abajo, luego las de arriba.
Punto óseo en la tuberosidad del húmero en la extremidad inferior del
radio, en la rótula y en la extremidad inferior del peroné.
De cuatro á ocho años.—Salen
las dos primeras muelas permanen-
tes. Epífisis de las falanges osificadas; láminas de la segunda vértebra
unidas.
r,
Segunda
infancia.—Comprende desde la primera hasta la pubertad, y
tambien puede ser dividida en varias épocas.
De ocho años á
nueve.—Segunda denticion, caen
los
dientes incisivos de
la primera, salen los ocho incisivos nuevos. Osificacion en el olécranon y
parte superior del radio; soldadura de las dos piezas del húmero.
De diez
años.—Salen la primera bicúspide, la canina secundaria, la se-
gunda bicúspide.
De diez años
y
medio á doce.—Las
primeras muelas gruesas.
Pubertad.—En
la mujer de doce
á
quince años, en el varon de catorce
á diez y seis ; en la primera aparecen las reglas; en el segundo sus
testículos segregan sémen fecundante. Segun Orfila , á los catorce años
están en parte osificados los cartílagos de la laringe , primero el tirói-
cst,
luego el crieóides, por último los aritenóides. Las observaciones
de Sedillot , sin embargo , no están de acuerdo con este aserto: dicho
autor no ha encontrado puntos óseos antes de los veinte y cinco años ; á
mayor edad es mas comun encontrarlos. En la pubertad las mamas se
abultan en la mujer; su
voz
se perfecciona y adquiere buen timbre ; su
moral sufre una mudanza notable; sale pelo en el pubis. El varon muda
su voz; de delgada que era, pasa
á ser ronca, luego sonora; le apunta la
barba, primero en el labio superior y entre las orejas y los pómulos y
sínfisis ó parte media de la barba , pelo á la rara del miembro y del es-
croto.
Osificacion del pequeño trocánter; la mayor parte de las epífisis quedan
soldadas á los cuerpos de los huesos.
Adolescencia de veinte á veinte
y
cinco
años.—Ultimas muelas, las del jui-
cio, barba completa ,
último
término de
la,
estatura, desarrollo .completo
en uno y otro sexo, punto óseo en la extremidad de la clavícula , cuarta
pieza del cóxis osificada, se osifican los trocánters y la cabeza del fémur
uniéndose al cuerpo del hueso y al cuello , soldaduras de las piezas de los
huesos largos; de las
-
piezas del esternon, de las apófisis transversas y de
los puntos epifisarios de las costillas.
juventud de veinte
y
cinco
á
treinta
y
cinco
años.—Como
no sean las
fac-
ciories
mas fáciles
de conocer por la práctica, que de describir, y la osifi-
19 —
cacion en lo general del esqueleto, nada queda que advertir para señalar
la juventud. Hay pelo en el pecho, espaldas; muslos y piernas.
Edad
adulta de treinta y cinco á cincuenta años.—E1
abdómen va tomando
desarrollo mayor; la fisonomía tiene una expresion
cara
cterística, va por
el estado de la
piel,
ya por ciertas líneas
del rostro;
los
huesos están
l com-
pletamente
osificados ó soldados, y sus asperezas son mayores.
E
plemento de la organizacion se deja ver en todas partes. Es la edad de la
gordura ó de la obesidad, en especial en las mujeres; mayor fuerza inte-
lectual en los hombres. A fines de esta edad los órganos de la generacion
en el hombre van perdiendo su vigor; la mujer cesa de menstruar y de
poder ser madre.
Vejez de cincuenta á setenta
y
cinco
años.—Piel
seca, menos provista de
vasos capilares, llena de arrugas. Debilidad; pobreza de músculos; pelo y
barba gris, calvicie tal vez en el vérticie; algunas ternillas osificadas ; cor-
vadura del espinazo; faltan dientes, muelas sobre todo, la sangre es mas
negra; pulso lento.
Vejez decrépita de setenta
y
cinco á ciento
y
más
años.—Los
fenómenos
de
la vejez en mayor grado. Huesos fr4iles, incontinencias, babeo , falta 'de
dientes, debilidad én todos los sentidos é inteligencia, y ninguna fuerza
muscular.
Con esta revista que hemos pasado á todas las edades, podemos con-
vencernos de las dificultades , hasta hoy dia invencibles, que se nos han
de presentar mas de una vez para determinar la edad del sugeto que á
nuestro examen se someta.
Por lo que atañe á la niñez ó infancias, la denticion es una quia bas-
tante segura. Sin embargo, tanto por las variaciones que sufre en ciertos
sugetos, como por no presentarse los dientes á un término tan rigurosa-
mente exacto que nunca falle, tampoco nos será permitido pasar de pro-
bables congeturas las mas veces.
La pubertad, la adolescencia, la edad adulta y las vejeces no necesitan
de signos particulares por
los
que puedan ser reconocidas; adviértase, sin
embargo, que estas edades abrazan períodos mas ó menos largos, com-
puestos de algunos años; y desde el momento que se trata de saber cuán-
tos ha cumplido el sugeto examinado, de poco ha de servir conocer que
sea púbero, adolescente, jóven, adulto, viejo ó viejo decrépito. Desde los
catorce hasta los diez y ocho años es un indiAíduo púbero '
- desde los
veinte y cinco á los treinta y cinco es jóven; de treinta y cincoá cincuenta
es adulto. ¿Hay medios de reconocer si el primero tiene diez y seis, el se-
gundo treinta, y el tercero cuarenta? Medios sin duda que los hay; no fal-
tan ciertos sugetos quejo adivinan á simple vista; es general esta habi-
lidad: por su fisonomía decimos á poca diferencia la edad de las perso-
nas. Pero este conocimiento fisonómico mas bien se adquiere por hábito
que por explicaciones. En el estado actual de la ciencia, toda explicacion
no rodaria sino sobre circunstancias accidentales, algunas inexactas: tras
muchos esfuerzos
no
saldriamos de la vaguedad.
Expuesto cuanto: las edades se refiere, y visto lo que de este estudio
podrémos alcanzar, concluirémos este punto recomendando
sobremanera
que se tenga siemprepresente
el conjunto de datos, que
no se guie el pe-
rito
por sus épocas, si no quiere exponerse á errores
de
cuantía.
Nunca
estará de
más
las reserva,
y en especial en aquellos casos en los que no
es posible afirmar nada terminante.
Estatura.—
La estatura es una condicion que en cierto modo está com-
— 20
prendida en los datos sobre que se determina la edad. Una de las bases
en que estriba, en efecto, la determinacion de edad, es la longitud en e
feto, y la estatura en el niño, el jóven y el adulto. Sin embargo, debe
formar punto de observacion aparte, sobre todo para los adultos, en quie-
nes la estatura suele estar relacionada tal vez con ciertos hechos sociales
que la hacen digna de atencion particular. Desgraciadamente, ya he ad-
vertido en su lugar, que en punto á estatura y relativamente al sugeto
nacido, no se ha adelantado mucho, encontrándonos faltos de suficientes
observaciones para poder establecer una regla digna de ser tenida por
ley. Todo cuanto sobre estatura podria decir , lo llevo expuesto ya en la
cuestion que atañe á la edad, y por lo mismo no lo repetiré. Unicamente
creo deber recordar en este párrafo, que á veces la identidad de la per-
sona se determina, en cuanto á la estatura, por el esqueleto, ó por uno de
los huesos cortos 6 largos. Tanto por ser esta determinacion mas propia
del tratado de las exhumaciones cadavéricas , como por estar el exámen
de los huesos 6 del esqueleto íntimamente enlazado con la manera de ex-
humar los cadáveres, aplazaré esta parte para cuando de dichas exhu-
maciones se tratare.
Sexo.—E1
sexo es un dato precioso para la determinacion de la edad
de la persona, pero de poca extension. Si se trata de saber si la persona
examinada es Juan, por ejemplo , por su sexo se puede determinar acto
continuo que no lo es , como se encuentre en dicha persona los órganos
del sexo femenino, y vice-versa, si se trata de saber si la persona exami-
nada es Teresa, ó María, etc. Fuera de estos casos, es el sexo casi insig-
nificante. El estado de
los
órganos genitales es mas bien atribucion de
edad que de sexo, y todo cuanto por su desarrollo signifiquen , mas qué
el sexo, se refiere á la edad y
uso
que de dichos órganos se haya hecho.
Cuando se trate de determinar el sexo por sola la inspeccion del esque-
leto, será aquel de algun recurso, porque la organizacion femenina y la
disposicion de las piezas del esqueleto llevan un carácter diferencial bas-
tante notable. Si la identidad se busca por el sexo , no teniendo mas que
algunos huesos, la dificultad será muchísimo mayor. Con todo, á su tiempo
expondré lo que la ciencia posee acerca de esta materia.
Constitucion.—No cabe ninguna duda que la constitucion de un sugeto
puede contribuir
á
su reconocimiento. La constitucion, como decia foyer
Collard, es el fondo de la naturaleza individual; cada persona la tiene de
un modo originario y primitivo; y
como
ella es la fórmula general, esto
es, el resultado, la expresion de todos
los
elementos orgánicos, á saber:
edad, herencia, hábito, temperamento é idiosincrasia, nada mas á propó-
sito, en efecto, para dar á conocer á un sugeto; "canto mas, cuanto que si
hay algunas influencias que puedan modificarla, no hay ninguna que al-
cance á destruirla. La constitucion, pues, como manifestacion de la fuer-
za, es un excelente dato para distinguir á un sugeto, y no deberá ser des-
cuidada en la exploracion que se haga del que haya provocado la cues-
tion.
Ternperamento.—Despues
de haber establecido qu'e la constitucion es un
excelente dato para determinar la identidad de una persona , ya se deja
ver que el temperamento
lo
ha de ser tambien; acabamos de decir que el
temperamento es otro de
los
elementos orgánicos que contribuyen
á
for-
mar la constitucion;
si
el todo es importante , importante será por cierto
la
parte.
Agréguese á esto la diferencia notable que existe entre
unos y
otros temperamentos bien caracterizados, y véase
si
realmente puede su-
— 21 --
ministrar
el temperamento del
sugeto
bastante luz para aclarar una cues-
tion difícil de identidad.
Idiosincrasia.—Lo
que acabo de decir de la constitucion y del tempera-
mento es aplicable, aunque en menor escala , á la
i
diosincrasia , y digo
en menor escala, porque, en efecto, la idiosincrasia no es mas que la ex-
presion de la actividad de cierto órgano , de cierta víscera , ó
de cierto
aparato,
al paso que el temperamento lo es de un sistema
general,
y la
constitucion lo es de toda la organizacion personal. Pero no por esto deja
de tener su silnificacion, y bien se concibe que conocida la actividad de
cierto órgano ó aparato, en términos que constituya idiosincrasia, ha de
servir muchísimo para la resolucion de un problema de los que nos ocu-
pan. Es una particularidad que, bien apreciada , es de un valor conside-
rable.
Señas.—Bajo el epígrafe
señas,
he comprendido varios puntos de ob-
servacion : las manchas, las cicatrices, las figuras de colores hechas en la
piel, las berrugas, lunares, lupias, etc. , y los vicios de organizacion ó
defectos físicos que los sugetos pueden presentar. Todas estas particula-
ridades son, en efecto, señas notables, por las cuales se viene en conoci-
miento muchas veces de la identidad de una persona. Veamos lo que
arroja cada una de estas señas.
Manchas. —Algunas personas nacen con ciertas manchas que suelen
presentar uno de estos dos aspectos: ó mudanzas de color de la piel , ó
ciertas elevaciones ó excrecencias. En uno y otro caso , estas manchas
están circunscritas, y son sumamente fáciles de reconocer.
Las manchas por coloracion congénitas son varias ; las hay rosadas,
rojas, violáceas y amarillas.
Su
forma caprichosa , junta con su color,
tiene alguna vez semejanza con esta ó aquella fruta , con este ó aquel
animal , y la preocupacion de las mujeres, que creen en los antojos , atri-
buye siempre á uno de estos la produccion de la mancha , para lo cual no
las falta nunca un antojo ó fuerte deseo , no satisfecho (ó satisfecho que
tanto monta para el caso), de comer de aquel animal ó fruta. Ciertos
lu-
nares
están inclusos en estas manchas.
Algunos medicamentos ó sustancias aplicadas á la piel pueden man-
charla de negro, amarillo, violáceo, etc. Cuando tratemos de las enfer-
medades simuladas , ya veremos que , en efecto, se simulan
á
veces afec-
ciones de la piel por medio de ciertas pomadas que la coloran de este ó
aquel modo,
Figuras pintadas ó picadas en varias partes del cuerpo.—Ilay
cierta clase
de sugetos que tienen particular aficion á hacerse grabar en los brazos,
piernas , pecho, vientre y otras partes del cuerpo, figuras, letras , núme-
ros , etc. Los soldados, los marineros , ciertos jornaleros y las prostitu-
tas , son los que con mas frecuencia presentan esos dibujos , los cuales
representan tan pronto imágenes sagradas, crucifijos, vírgenes, santos ó
símbolos religiosos , tan pronto herramientas de carpintero, zapatero,
cantero ó picapedrero, etc.; ya retratos, figuras de mujer, de hombre,
de niño, corazones atravesados por una flecha , manos apretadas, palo-
mas unidas por el pico ; ya letras iniciales , nombres enteros , juramen-
tos ,
frases, fechas; no es raro, en fin ,
que solas
al lado de otras figu-
ras se vean
grupos obscenos, priapos, vulvas, ú otras cosas por el estilo,
segun los gustos
y
costumbres del aficionado á esa clase de mamarrachos
y señas particulares. Regularmente , en los varones , son
los
brazos, y
más los antebrazos, las partes escogidas para esa clase de dibujos; y aun
— 22 —
cuando sean soldados , el antebrazo derecho es el preferido ; algunos tie-
nen á gala , cuando se arremangan , el enseñar las figuras que se han
hecho grabar.
Eso no quita, sin embargo, que se las hagan dibujar en otras partes,
y hasta en los órganos genitales ó sus cercanías.
Parent du Chatelet habla de prostitutas que llevaban ciertas figuras
debajo de las mamas, nombres de sus amantes ó frases de amor, prome-
sas de fidelidad , etc. El mismo autor indica que las de mas edad suelen
llevarlas de alguna amiga, dibujadas en el espacio que se extiende desde
el anillo umbilical al pubis. Si se las hacen grabar en el brazo, las muje-
res escogen la parte inferior de la regio') deltoídea, como para la vacuna.
Tardieu , en una estadística que recogió, presenta algunos que tenian
figuras de esas en el pene.
Esa costumbre, recuerdo de los salvajes que se pintan ó hacen figuras
simbólicas en la cara y demás partes del cuerpo, para distinguir su tribu,
casta ó familia, se va perdiendo á medida que las clases ínfimas adquie-
ren con los progresos de la civilizacion mayor cultura. Sin embargo, en
los navíos, cuarteles, cárceles y presidios, se encuentra todavía con fre-
cuencia. Entre las prostitutas, solo las de ínfima clase se dejan señalar
de esa manera.
Como esas figuras suelen ser indelebles, y algunos para quitárselas
apelan á sustancias cáusticas que les dejan cicatrices , son señales parti-
culares de grande importancia en las cuestiones de identidad, siempre
que conste que el indivíduo objeto del exámen haya tenido en esta ó
aquella parte de su cuerpo alguno de esos dibujos.
Los autores de Medicina legal no habian fijado la atencion en esa clase
de señas, á pesar de ser tanto ó mas importantes que las manchas congé-_
p
itas y las cicatrices ; pero habiéndose presentado casos prácticos en que
los tribunales preguntaron si era posible que esos dibujos desaparecieran
naturalmente con el tiempo ó por medios artificiales , los peritos consul-
tados hicieron dar á la ciencia un paso por esa vía.
En Alemania, en 1853 , el doctor Casper, de Berlin , fué consultado
para un caso de esa naturaleza ; y no hallando en la ciencia ningun ante-
cedente, tuvo la feliz idea de hacer investigaciones en un cuartel de
inválidos , donde encontró á treinta y seis sugetos que tenian ó habian
tenido alguno de esos dibujos.
En uno de esos sugetos se velan aun muy claramente las figuras, des-
pues de 54 años; en otros muchos despues de 40 años , en dos habían
desaparecido sin dejar vestigio alguno despues de 38: el resultado gene-
ral de esas investigaciones fué que en treinta y seis sugetos que se ha-
bian hecho grabar dibujos en varias partes de
su cuerpo, en tres habian
palidecido esos dibujos, en dos habian desaparecido en parte , y en cua-
tro se habian borrado completamente.
En el acto de dar cuenta de este resultado el señor Casper en la au-
diencia, en la vista del caso para el cual se le habia consultado, uno de
los testigos enseñó su brazo, en el que habia grabado algunas figuras
años atrás, y habian desaparecido del todo.
El paso dado por Casper ya permitió afirmar que los dibujos en cues-
tion pueden desaparecer despues de algunos años, y
.
de consiguiente no
ser
obstáculo la ausencia para afirmar la identidad de una persona,
cuando para ello hay otros datos.
Sin embargo, como el doctor aleman no habia consignado en su docu
4
.,.,
— "23 —
mento mas que el año en 'que se dibujaron las figuras, la sustancia con
que se hicieron (cinabrio solo ó asociado con pólvora, negro de humo
y
tintas encarnadas), y el estado en que las halló; otros profesores, abierto
el camino, se dieron á estudios é investigaciones de esa especie, y fueron
perfeccionando esta materia.
El doctor Hutin , de Paris, se dirigió al gran cuartel de los inválidos,
'del cual era cirujano-jefe , y entre 3000 halló 506 que manifestaron que
se habian hecho grabar figuras en varias partes del cuerpo. Ese autor
consignó en su cuadro : 1.° la edad en que se hicieron dibujar las figuras;
2.° el sitio ó region del cuerpo ; 3.° el color 6 sustancia empleada ; 4.° la
persistencia de los dibujos.
El resultado de las observaciones de Hutin fué que en 312 se veian
todavía perfectamente las figuras; en 117 se habian borrado en parte,
y en 47 habian desaparecido del todo. El tiempo á que desaparecieron
fué de 30 á 60 años con el cinabrio, de 45 y 60 años con tinta china.
Las observaciones de Hutin confirmaron lo establecido por Casper, no
solo respecto de la posibilidad de borrarse los dibujos grabados en varias
partes del cuerpo, sino que le dieron la misma proporcion, un 10 por 100
de individuos.
No contento con lo hecho por Casper y Hutin , M. Tardieu , en 1851,
se dió en el hospital la Riboissiere á esa clase de estudios, y entre 305
sugetos encontró 48 que se habian hecho grabar -figuras en diferentes
partes de la piel. Á este número añadió otros 3 , y entre todos formaron
76 dibujos con 100 imágenes variadas.
El trabajo curioso
é
instructivo que Tardieu ha publicado en los
Anales
de Higiene pública y Medicina legal ,
segunda série, tomo H1, pág. 171 y
-siguientes , presenta el cuadro de sus observaciones , y en él consigna
los puntos de vista bajo los cuales estudió este asunto, y son : 1.° el nú-
mero de casos ; 2.° la profesion de los que habian tenido ó tenian dibujos
ó figuras; 3.° el año en que se las hicieron grabar ; 1.° la edad de los su-
getos cuando se las grabaron; 5.° el sitio del dibujo; 6.° el proceder em-
pleado ; 7.° la naturaleza de las figuras ; 8.° el estado actual.
Tardieu recapitula ó agrupa de este modo los cuadros quetraza :
Entre 51 individuos habia 76 dibujos y 100 imágenes diferentes.
Las profesiones eran varias, pero los que mas figuras tenian eran sol-
dados ó lo habian sido, ó marinos.
La edad en que se hicieron marcar es diferente, pero flota entre los 15
á los 42 años.
La mayoría de los 15 á 25. Solo hubo tres que se las hicieron antes
de los 15 años , 4 de 25 á 30, y 6 de 30 á 42.
La época de que datan es por lo comun de 30 á 17 años, la mas re-
ciente es de 5.
El sitio es de preferencia el antebrazo; en el derecho 19, en el izquierdo
13 , en los dos H. Pocas en los brazos y manos , miembros inferiores,
pecho, cuello, y hay dos en el pene.
Las materias empleadas fueron principalmente la tinta china , sola ó
con cinabrio, etc.; la tinta azul , la pólvora , la tinta encarnada y el azul
de las lavanderas se emplearon poco.
En cuanto á las imágenes ó dibujos, hubo 17 iniciales, nombres
6
datas, 21 figuras diversas , 20 emblemas amorósos , 8 emblemas religio-
sos, 20 militares, 8 profesionales diversos, y 6 imágenes obscenas.
En
cuanto
al
estado de las figuras, hubo 23 con tinta china, bien
con-
— 24 --
servadas, y 5 borradas parcialmente ; pocas, de una á tres, con las demás
sustancias coloradas, ó medio borradas , y dos artificialmente.
En las de dos colores , aunque en menor número, las más se conser-
varon.
Tal es el estado de la ciencia en punto á los hechos recogidos sobre
esa clase de señas particulares.
Posteriormente , M. Berchon ha escrito un opúsculo sobre lo mismo,
pero se ha fijado más sobre los resultados patológicos que tiene esa prác-
tica , dejando la aplicacion de esos estudios á la Medicina legal , á los au-
tores va citados, Casper, Bautin y Tardieu ; añadamos el escrito del doc-
tor Chereau publicado en la
Union médica ,
1852.
Al estado
á
que han llegado esos estudios , no podemos prescindir de
consignarle en nuestro Tratado, hablando de las señas particulares, como
dato para determinar la identidad de las personas , en ciertos casos , y de
decir cuatro palabras sobre el modo de considerar esas señas y lo á
ellas relativo , para evitar cl error en que podriamos caer en los casos
prácticos.
Los diferentes puntos de vista bajo los cuales se han estudiado esas
señas particulares, son en efecto importantes, porque pueden conducir á
esclarecer casos dudosos.
La clase de personal es uno de ellos , y hemos visto que son por lo co-
mun marinos , soldados y artesanos. Las cárceles y presidios en España
son sitios que tambien dan esa clase de sugetos. Las prostitutas de ínfima
clase se hallan en igual caso por lo comun. Es raro que personas de al-
guna distincion social presenten esas señas.
Las observaciones de Hutin y Tardieu tambien nos autorizan para sos-
tener lo que hemos indicado al principio, que el antebrazo es el sitio pre-.
dilecto ; si bien no hay region donde no se hayan visto, incluso los órga-
nos genitales en el varon. Lo que dice Parent du Chatelet del sitio donde
ciertas prostitutas se hacen grabar esos dibujos, es significativo, y puede
arrojar alguna luz , no solo en casos de identidad , sino en los de abusos
deshonestos.
La naturaleza de los emblemas no deja de tener cierta relacion con las
profesiones y costumbres del sugeto, y bajo ese punto
de
vista tiene no
poca importancia.
La edad en que mas comunmente se hacen, tambien es digna de aten-
cien.
Pero lo que mas debe llamárnosla, en los casos de identidad, es la ma-
teria empleada y el modo cómo se emplea, por cuanto una y otra cosa
están íntimamente relacionadas con la duracion de las imágenes , y por lo
mismo con la cuestion que ha dado lugar á esos estudios.
Hemos visto por los estados de Casper , Hutin y Tardieu , que las ma-
terias empleadas son varias , ya solas, ya mezcladas, figurando en primera
línea la tinta china y el cinabrio, 6 sea el sulfuro rojo de mercurio.
El proceder que se emplea para grabar esas figuras , consiste en lo si-
guiente:
Se forma un haz de agujas
ó
alfileres, tres ó cuatro reunidas, y. em-
papando sus puntas de la materia , segun es encarnada ó azul , sola ó
mezclada, se va haciendo picaduras que p3rforan la epidermis y parte del
dérmis , ó este entero, siguiendo el dibujo de antemano trazado con tinta,
tal
vez
la misma materia de que están teñidas las puntas de las
agujas.
111
o
cia
yac
poi
pa
cr
— 25 ---
Como esa operacion no deja de ser dolorosa, en especial segun el sitio
en que se practique , á veces se hace en varias sesiones por partes. Los
salvajes , que se las hacen en grande escala , emplean para eso varios
dias, y á veces tienen que sujetar al paciente , que no puede resistir ese
matirio.
Hechas las picaduras , unos las lavan con orina , otros pasan por en-
cima la sustancia colorante , por si acaso no han dejado bastante en la
piel las puntas de las agujas. En algunas ocasiones sobreviene inflama-
clon , hinchazones , supuracion y otros efectos que hasta pueden compro-
meter la vida del paciente ó borrar las imágenes.
M.
Berchon ha estu-
diado bajo ese punto de vista esa práctica , y refiere varios casos de ma-
rinos . y otros sugetos que. sufrieron flegmones, erisipelas , gangrenas,
aneurismas y otras enfermedades, á consecuencia de haberse hecho mar-
car ciertas figuras en los brazos , dorso, etc.
Entre ellos figuran dos soldados de marina que se hicieren grabar en
la parte posterior del tronco, el uno toda una escuadra, el otro la batalla
de Trafalgar ; ambos murieron. El ministro de marina, el almirante Tia-
melin , visto el trabajo de
M.
Berchon , prohibió, el
11
de febrero de
1860,
á los marineros y soldados de marina el hacerse, ó dejarse hacer dibujos
en parte alguna del cuerpo por medio de agujas impregnadas de sustan-
cias colorantes.
Los que solo experimentan mas ó menos dolor en el acto, y poco des-
pues ligera irritacion y tumefaccion, que desaparece á los pocos dias, ya
por sí , ya á beneficio de emolientes, guardan por largo tiempo y acaso
para siempre esas imágenes.
Durante mucho tiempo se ha estado , y muchos están todavía en la.
creencia que esas imágenes no se borran; así lo pensaba Ra
y
er, y con él
no pocos profesores; tanto más , cuanto que macerada la piel así grabada,
no pierde la sustancia que da color á las figuras , experimento confirmado
por Tardieu. Herves de Chegoin vió uno de esos dibujos en un cuerpo
anasarcado, y aun cuando vino el esfacelo, se veia claramente la imágen.
Hutin añade , que en el cadáver se puede sacar la materia colorante que
ha servido para grabar las figuras, lo cual da razon de su permanencia
por tantos años.
Sin embargo, por lo que hemos visto en las investigaciones de Casper,
Hutin y Tardieu , si bien debemos considerar que esas figuras duran en
la mayor parte de los casos no solo mientras vive el sugeto, sino en el
cadáver, hasta que la putrefaccion
ó
destruccion de la piel las borra,
conservándose , tal vez , si este se saponifica ó seca , ramificándose ;
no
podemos negar que en algunas ocasiones, por causas no fáciles de apre-
ciar, se han borrado en parte y completamente despues de algunos años.
Casper, entre treinta y siete sugetos, vió seis en los que se liabian borrado
enteramente. Hutin , entre quinientos nueve, vió cuarenta y siete en igual
caso ; y Tardieu , entre setenta y seis , vió tres. Siquiera dichos autores no
den la explicacion de esos casos, no se debe atribuir este resultado á una
casualidad. Es un efecto que tiene su causa , y la ciencia puede hallarla.
Por de pronto, queda rectificado el error antiguo. Es posible que se
borren las figuras grabadas en la piel con agujas teñidas de materias co-
lorantes.
¿Cuanto tiempo se necesita para ello ? En el estado actual de la ciencia
no se puede afirmar. Fiemos visto que por lo comun transcurren muchos
años, pero que se han borrado á los cinco.
t6 --
¿Puede influir la sustancia empleada en la duracion de las imágenes?
IV aquí una cuestion que ha de arrojar no poca luz sobre esa materia.
Hutin cree que , el ser mas líquida la sustancia empleada , ser la roja y
poco profunda la incrustacion , y el roce de la parte dibujada, son cir-
cunstancias que contribuyen á borrar las imágenes.
Siendo mas líquida la sustancia, cree Hutin que puede ser mas fácil-
mente absorbida. Respecto á la naturaleza de la sustancia , ha visto que
las figuras de dos tintas se borran en parte , desapareciendo la encarnada
y quedando la negra.
Tardieu cree tambien, que no es la antigüedad del dibujo lo que da
lugar á que se borre , sino la poca profundidad de la incrustacion , y so-
bre todo la naturaleza de la sustancia empleada. La roja es la que más
comunmente se borra; por eso Casper y Hutin hallaron tantas imágenes
borradas; los sugetos habian empleado el cinabrio. Tardieu cuenta pro-
porcionalmente menos , porque la mayoría de observados habia hecho
uso de la tinta china.
Tardieu , que da tambien importancia al sitio en la mayor ó menor
persistencia de la imágen , dice que puede explicarse de tres maneras la
desaparicion. Ciertas materias pueden ser destruidas químicamente. Si la
incrustacion de la imágen no es profunda , si solo alcanza las capas su-
perficiales de la red de Maipigio, puede desaparecer con el roce y exfo-
liacion de las láminas de la epidermis incesantemente renovadas. Por
último, las partículas de color pueden ser absorbidas con la presion me-
cánica que ejercen en los vasos.
El profesor Berard , M. Follin , Michel y Casper han encontrado en
los gánglios linfáticos algunas de las sustancias empleadas para dibujar
imágenes en la piel. Micher y Casper le han encontrado, aunque no hayan
desaparecido las figuras. Casper no se atreve á determinar la influencia
que pueden ejercer la individualidad , el género de vida , y la profundidad
de las picaduras.
Yo convengo en que no es fácil, en el estado actual , determinar á punto
fijo la verdadera causa de la desaparicion en unos y la permanencia en
otros de las figuras en cuestion. Pero creo tambien que la causa no es
única, que es un conjunto de circunstancias el que influye y decide de
la permanencia , palidez , ó desaparicion de esas imágenes. La profun-
didad de la incrustacion, el sitio escogido, la edad , el mayor roce ó
ejercicio de la parte , el régimen , y sobre todo la naturaleza de la
sustancia y su solubilidad natural ó adquirida , y de consiguiente su
mayor ó menor facilidad de absorcion , son circunstancias que pueden
explicar en ocasiones la desaparicion y la permanencia de los dibujos en
la piel.
La tinta china , por ejemplo, tiene por base el carbon animal, que es
insoluble por sí , y que no puede adquirir solubilidad de ningun modo,
puesto en contacto con los humores de la economía. No siendo soluble,
no puede ser absorbido : todo lo que puede hacer es que algunas partí-
culas por sus cortes y puntas se abran paso mecánicamente y desaparez-
can del sitio donde las agujas las depusieron, como se ha observado
dando carbon en polvo á algunos animales, y cómo se transportan los al-
fileres que se tragan. Hé aquí por qué permanecen las figuras hechas con
tinta china, con negro de humo y con pólvora, á cuy:carbon se debe
exclusivamente el color, porque el azufre es blanco amarillento, y el ni-
trato de potasa blanco. Este es soluble y desaparece ; el azufre con los
— 27 —
cloruro
s
alcalinos desaparece tambien, y
solo
queda el carbon que , como
inalterab
le
, permanece.
Cualquier color vegetal que se emplee desaparecerá , porque á fuer
de sustancia orgánica sufrirá la accion descomponente de ciertos princi-
pios inmediatos de la economía , en especial los ácidos y cloruros alcali-
hos. Por eso no se emplean , y si alguna tinta encarnada ó azul se forma
con sustancias orgánicas, desaparece. Otro tanto le sucedería á la tinta
cornun , nunca empleada para esos fines.
El cinabrio ó sulfuro de mercurio es insoluble por sí ; no es pues,
absorbido , y si le han encontrado algunos autores en los gángl
'
ios del
sobaco:6 inmediato al sitio donde se han incrustado las figuras, ó se ha
abierto paso hácia los linfáticos de un modo mecánico, ó al abrir las de-
jas , algunas partículas han pasado al interior de dichos vasos para de-
tenerse en los gánglios.
Sin embargo, el sulfuro de mercurio puede ser atacado por los cloru-
ros alcalinos de la piel , y adquirir de esta suerte solubilidad ; en cuyo
caso será absorbido, y desaparecerá ó podrá desaparecer completamente
la imágen hecha con cinabrio. La mayor parte de las imágenes borradas
que vieron Casper y Hutin , se hallaban en ese caso; eran de cinabrio.
Todos saben que el mercurio metálico, que el protocloruro de mercu-
rio y que el compuesto plástico que forman las sales de mercurio solu-
bles, en los puntos con los que se ponen en contacto, pasan al torrente de
la circulacion , transformadas en cloro-hidrargiratos de albúmina so-
lubles por los cloruros alcalinos de la economía.
El azufre, insoluble como es, y los sulfuros insolubles , pueden tambien
adquirir solubilidad por medio de los cloruros alcalinos. Por ellós es ve-
nenoso el azufre para los animales herbívoros , que abundan en dichos
cloruros.
Esto sentado , se comprende cómo pueden desaparecer las figuras he-
chas con cinabrio, cómo puede influir el sitio, segun sea en él mas ó
menos activa la circulacion ,
cómo
el régimen puede tambien ejercer al-
guna influencia, y cómo pueden tenerla todas aquellas circunstancias que
facilitan esos movimientos moleculares.
Independientemente de las acciones mecánicas ó químicas quepueden
hacer desaparecer con el
tiempo
o
las
imágenes dibujadas en
la piel hay
p,
tambien el
artificioqu
,ee
se
el
s
empleo
h
de medios directos para borrarlas.
Algunos
sugetos tienen
hecho grabar una ó mas de esas imágenes,
andando el tiempo, por esta ó aquella causa interés en hacerlas
desaparecer , y esto es otro motivo que las hace importantes en las cues-
tiones de identidad.
Esa tarea no parece fácil, que hemos dicho respecto de la inso-
lubilidad y dificultad de a
/
lisr
y
cion de las materias empleadas , explica la
dificultad de borrar las imágenes , empleando medios exteriores y tópicos.
La frotacion no
s
a
e
rec
o
e eficaz, antes se irrita, hincha , inflama y supura
la parte, que borrarse por ese medio la imágen. Así
es que algunos
lo han
intentado con sustancias escaróticas que destruyen la capl de la piel
pintada, en cuyo caso queda una cicatriz en lugar del dibujo.
Parent du Chatelet
dice que algunas
amante borran
los dibujos
que
, cuando mudan
de
otros
d
edicados al nuevo favorito
añil
disuelto en ácido sulfúrico. Éspt ea r medio
lo con ba o
l rerlanl)al esa ipmtá
'ricecni eo sn ,e
e
l
dando mas
que una ligera
cicatriz, no deforme y menos colorada que la
,01
— 28 —
piel circunvecina
.
Algunas sufren algo más , y el
mismo
autor refiere un
caso de una jóven, á la que, habiéndose querido borrar un nombre que se
1
habia hecho grabar en la sangría del brazo izquierdo, le sobrevino una
,'1
inflamacion intensa , que la hizo sucumbir.
Rutin dice que fuertes frotaciones alcanzan á borrar los dibujos , apo-
yándose en que algunos artesanos, con el roce de las herramientas ú ob-
jetos usuales de
su
oficio , llegan á, ver borradas las figuras que llevan en
el brazo ó antebrazo. Tambien cree que se borran con picaduras de agu-
jas mojadas de leche de mujer.
Mas Tardieu le niega la eficacia de tales medios , en especial de la
leche , diciendo que ha buscado en vano entre los sugetos que andan en
eso , un caso práctico por el cual conste que la leche de mujer haya bor-
rado esas figuras. No es difícil comprender que la leche no tiene ninguna
virtud ni accion sobre las materias empleadas para dibujar la piel.
Lo que parece mas propio para eso son , como ya lo hemos dicho,
escaróticos , cáusticos , y sobre todo , una pomada acética hecha con en-
jundia y ácido acético, la que se coloca encima del dibujo. Luego se
hacen fricciones con una disolucion de potasa, y mas tarde con ácido clor-
hídrico diluido. A las veinte y cuatro horas de llevar la pomada, la piel
se pone encarnada , y la epidermis se levanta. Despues de las fricciones
con la disolucion de potasa, que causan algun dolor, se forma una costra,
la que cuando cae, que suele ser á los seis
ó
siete dias, deja ver la piel
como si se le hubiese aplicado una cantárida. Lavada con el ácido se for-
ma otra costra, y cayendo, queda la parte dibujada borrada del todo,
pero dejando una cicatriz aplanada y ligera , que con el tiempo se co-
noce poco. Sin embargo, parece que con detenido exámen se pueden ob-
servar todavía líneas blanquecinas
que
recuerdan el dibujo
ó
la figura
borrada.
Concluyamos este asunto diciendo dos palabras sobre otro aspecto, de
la cuestion no tratada por Casper, ni Hutin , ni Tardieu, pero apuntada
por Berchon. En el opúsculo citado se hace cargo de las figuras dibuja-
das en la piel como medio quirúrgico para borrar ciertas manchas na-
turales de color rojo, azul ó verdoso, que tienen ciertos sugetos. afeando,
su fisonomía , en especial si son ,mujeres. Una señora amiga mia tiene
en
el párpado inferior
y en
parte
de la mejilla derecha manchas azules, como
si hubiera sufrido un golpe en esa parte. Cualquiera diría que son equi-
mosis de una contusion que se van reabsorbiendo.
Pauli , médico de Laudan, propuso en 1835 el empleo de una
compo-
sicion de
color de carne, formada con cinabrio y albayalde , para borrar
el color de ciertas manchas nativas , practicando punturas de un modo
igual al que emplean los que graban imágenes en la piel. M. Gordier
trató , aunque en vano , de llamar sobre esa práctica la atencion de la
Academia de Paris , en 1148.
Los cirujanos clásicos no son partidarios de esa práctica. Nélaton,
Tarral y otros no hablan cte ella. Vidal de Cassis y Malgaigne hacen men-
cion, pero no le dan importancia , y los autores del
Compendio de eirugia ,
la consideran demasiado complicada, dolorosa é incierta en
sus
efectos
para recomendarla. Sin embargo, el profesor Schultz la ha practicado,
no hace mucho, en casos de queiloplastía para dar color á los labios.
Siquiera , bajo el punto de vista quirúrgico , no sea aceptable esa prác-
tica
para los autores , comprendemos que el grande interés que puede
tener, en ciertos casos, un sugeto en borrar de él una seña particular
— 29 —
qiib
le
individualice, apele
á esos medios artificiales', para desfigurarla'
dándole un
color igual á
lo
restante
dé la piel. Creemos el hecho osible
si bien tambien
comprendemos
que no
estaria fuera de nuestros Palcan
ces el deseubrimiento de ese artificio. Aplicando lo
que se hace con
ciertas cicatrices superficiales que al estado natural de la
piel no se ven,
y se marcan en cuanto la piel sé enrojece por el rubor, cansancio ó cual- .
quier otra causa , como la frotacion ó un ligero rubefaciente, habíamos
de descúbrir el fraude.
Excrecencias.—Son
á veces lo que se llama
ncevi
materni,
y
suelen ser
indelebles. Otras veces son simples berrugas 6 lunares abultados
y pro-
vistos de pelo. En
otras ocasiones hay lupias, lobanillos, ú otros tumores
análogos. Todas esas señas pueden, en ciertas ocasiones, ser datos muy
buenos para determinar á una persona.
Cicatrices.
No son menos conducentes que las manchas y demás
señas
particulares
las cicatrices , en especial si son de las indelebles. Su
sitio , su figura , su naturaleza , 6 sea la lesion de que son resultado,
herida ó enfermedad , son siempre datos preciosos
á los
que no se apela
en vano. Cuando para determinar la identidad de un sugeto se han
reunido ya varios datos y. puede agregarse el de una cicatriz en esta ó
aquella parte, de tal configuracion , lineal , crucial , curva, etc. , pro-
ducida por arma blanca , de fuego, 6 bien resultado de una enfermedad,
quemaduras, éscrófulas, antraces , etc. , ó de una operacion quirúrgica,
de la extirpacion por ejemplo de lupias , lobanillos , berrugas, etc.,
¿cuánto no aumenta la conviccion de la realidad
de la persona cuya
identidad se busca? Por esto es tan útil y necesario el estudio de las cica-
trices; á mas de lo que sirven para resolver ciertas cuestiones relativas
á
los datos contra la seguridad personal 6 sea las heridas , en cuyas cues-
tiones nos extenderémos mucho mas acerca del modo de reconocer una
cicatriz , tienen en las de identidad una importancia considerable. Solo
la ausencia de una cicatriz , siendo de las indelebles, bastará muchas
veces para afirmar que no es el sugeto en cuestion el que se tiene á la
vista.
Vicios de conformacion.—
Tampoco cabe la menor duda sobre que los
vicios de conformacion son buenos datos para determinar la identidad de
una persona.
Nada mas á propósito para reconocer
á
un sugeto que una
seña particular, que el ser raquítico , cojo , manco , mudo , ciego,
sordo,
contrahecho , ó tener cualquiera de las deformidades que hemos indicado
en el capítulo de la viabilidad. Cuáles pueden ser estos vicios , no lo di-
rémos , por haber expuesto ya en otro
capítulo cuanto sobre el particu-
lar puede decirse.
Tales son los datos que deben servirnos de quia
p
ara resolver cuestio-
nes de identidad. Pero esto no basta ; hay que estudar las mudanzas que
pueden
producir ciertas influencias interiores y exteriores, para dar
su
debido
valor á los antecedentes que se tengan de un sugeto , y saber si
lo que ha presentado en otros tiempos , y le falta despues , cuando se le
examina , es porque realmente no es el
mismo ,
ó porque las circunstan-
cias
en que se ha encontrado, ó las influencias que ha sufrido, le han
mudado en lo que era susceptible de mudanza. Ya hemos visto cuáles son
esas influencias. Veamos, pues, ahora
qué mudanzas pueden introducir
en las circunstancias personales , además de las
que va ofreciendo el su-
geto por su crecimiento ó edad, temperamento, etc.
Clima.—El hombre es cosmopolita; todas las partes del globo habita-
--- 30 —
bles
ó
que consientan la vida á los indígenas, la consienten al hombre
de lejanos países , de opuestos climas. El desarrollo de entendimiento,
que como un privilegio le ha concedido el Criador, le proporciona cien
recursos con los que se pone en armonía con el clima donde
.
ha de vivir.
Si el país es cálido , se aligera de ropa ó va esnudo; si es tri , se cubre
de pieles ó de lana , y
-
se rodea de objetos que no dan paso al calórico
que no se le dejan robar tan fácilmente.
El clima , sin embargo, no deja de imprimir en la economía entera de
los sugetos un sello particular. Está reconocido por todos los naturalis-
tas , que las tres principales variedades ofrecidas por la especie humana,
color, estatura y temperamento, son hechos fisiológicos dependientes de
las localidades 6 climas donde los hombres vivan. Seria curioso y muy
útil para la dilucidacion del punto que nos ocupa, recordar todas esas
razas que están poblando los continentes y las islas de la tierra ; con este
recuerdo veriamos las enormes diferencias que caben entre los hombres
de lós polos y los del Ecuador; entre los trópicos y los de las zonas tem-
pladas; diversidad de color, de formas y de costumbres encontrariamos
en ese viaje alrededor del mundo, teniéndola que atribuir al clima,
cuando no exclusivamente , como Cabanis , en
su
mayor parte. La natu-
raleza , y mas aun los límites que nos hemos propuesto dar á esta obra,
no nos permiten semejante digresion; mas quede consignado, que la
mudanza de clima introduce en la constitucion , color y costumbres del
sugeto tales modificaciones , 6 les imprime un sello tan notable , que con
dificultad puede ser aquel reconocido. Los caractéres de la persona, depen-
dientes del china, son positivos y altamente diferenciales.
Y no hay nece-
sidad de que los climas sean remotos; localidades muy cercanas ofrecen,
en punto á color , conformacion y costumbres , diferencias marcadísimas.
Hasta es fácil reconocer los que viven en el campo y los que en las gran-
des poblaciones. Un hombre-de tal raza , trasladado
á
otro clima , no ha
de mudar su organizacion como lo harian tras largos siglos sus des-
cendientes ; pero podrá mudar sus costumbres, y sufrir en color y
y
o-
lúmen alteraciones mas ó menos palpables. En cuanto á los sugetos de
una misma raza pueden sufrirlas tales, que no sean conocidos. Aquí
uno de piel blanca
ó
rosada se presenta teñido Como un mulato; allá otro
flaco y enjuto ha adquirido con su obesidad la mitad mas de circunfe-
rencia; tan pronto es uno que ha envejecido á los cuarenta años ; tan
pronto es otro que , gracias á la influencia del clima, conserva todavía la
frescura y lozanía de sus carnes. Concíbese con estas solas indicaciones
cuántos errores
podrán cometerse con respecto á
la identidad de la
persona.
Género de vida ó
alimentos.—Puesto que el hombre repara sus pérdidas
por medio de los alimentos , es fácil comprender cómo pueden. estos in-
troducir en
su
economía notables mudanzas. Entre los hombres de un
mismo país , de una misma comarca, tal vez solo por la diferencia de
alimentos, se advierten modificaciones de bulto. Una misma persona po-
drá presentar mudanzas que la disfracen por solo la diferencia de alimen-
tacion , bien que hay que advertir, con respecto á los alimentos , lo mis-
mo que. con respecto á otras causas capaces de modificar lo exterior ó
accidental del hombre , que por sí solos no suelen ser los alimentos cau-
sas bastante poderosas para desfigurar á un sugeto. La mudanza de
ali-
mentacion
va por lo
comun
acompañada de mudanza de clima, de cos-
tumbres
ó bien de posicion social . lo que puede tener acaso
mas
in-
45
— :31 ---
fluencia en las modificaciones de la economía que los mismos alimentos,
á consecuencia de lo que afecta la moral de la persona.
Miseria.—Falto
s
de todo los sugetos que yacen en la miseria , están so-
metidos á sus fatales resultados ; pasion de ánimo por un lado , mala ha-
bitacion , malos alimentos , malos vestidos , desprecio y abyeccion por'
otro , ¿qué ha de resultar? La persona que , colocada en otra posicion,
disfrutaba de todas las ventajas de salud , conformacion y lozanía , caida
en la miseria, bien podrá parecer otra diferente. En estos tiempos en que
hemos visto tantas familias arruinadas , cada uno de nosotros tiene sin
duda presentes las mudanzas que la miseria ha introducido en lo exterior
de esas familias.
Posicion social.—Así
como el salvaje se diferencia del hombre civilizado
por sus modales , maneras , costumbres y desarrollo de inteligencia ; así
Cambien , aunque no de una manera tan notable , se diferencian los civi-
lizados, por la posicion social. Segun cual haya sido esta posicion, segun
cual sea la educacion que se dé á un sugeto desde su infancia , á cierta
edad será completamente desconocido. Un niño del pueblo , do un rin-
con de la montaña, que viva y crezca junto á los cerdos ó cabras de su
padre ó de los amos de su padre; cuando mayor, sin mas roce que aque-
llos irracionales y los labradores toscos, será tan tosco como estos, cuando
no tan irracional como aquellos. Arrancado este niño de esa posicion
ínfima en la escala de la civilizacion , conducido á una capital , educado,
tal vez, si su organizacion lo consiente, será un hombre de privilegio,
el cual á los veinte ó treinta años nada presentará que revele lo humilde
de su origen. Supóngase un caso al revés : el vástago de una estirpe
casi régia ha desaparecido de la sociedad , por una maniobra criminal,
ya para no estorbar el goce de una herencia á un pariente desalmado
y
codicioso , ya para borrar los vestigios de una flaqueza : ha vivido hasta
una edad avanzada entre montañas ó labradores, sin mas educacion que
el manejo de los utensilios de la labranza; ¿ quién le reconocerá por
hijo de una familia aristocrática ? El influjo de la sangre es mas bien
una suposicion que halaga la vanidad y presuncion de las familias, que
un hecho fisiológico. Flace mas de dos siglos que el padre maestro Fei-
joo lo dejó probado con argumentos de raciocinio y de hechos incontes-
tables , en su
Teatro critico.
Proiesion.—Tal vez no hay ninguna influencia exterior que imprima
tantas alteraciones en las personas como las profesiones, y en especial
algunas de ellas. Antes de fijar la atencion en las mudanzas que le son
propias , solo con oir hablar á los sugetos muy á menudo , se puede
venir en conocimiento de la profesion á que pertenecen. Como cada una
tiene sus términos técnicos, y es instintivo en el hombre hablar figurado,
se hace aplicacion de esos términos á las acciones comunes de la vida.
Un marino que se despide de s-us amigos para recogerse , no dice me
voy á mi casa , sino me voy á bordo ; biremos
á babor,
te vas á pique,
ese
va viento en popa , el negocio hace agua, etc.; hé aquí las frases
que suele aplicar á ciertos hechos que el militar diría de otro modo; me
voy al cuartel , guía á la izquierda , á paso de car
g
a , tengo la plaza si-
tiada
,
-
mañana capitula ó le doy el asalto. Los médicos tienen á cada
paso en
los
labios las voces
científicas de que están llenas las obras de
sus estudios. Lo que decimos de estas profesiones , pudiéramos decirlo
de todas.
Pero lo mas notable y de carácter mas constante , es la modificador/
111
--
32
física que ciertas profesiones ocasionan, y no vacilamos en asegurar
que un estudio detenido hecho con el objeto de apreciar cuánto modifica.
el '
color. la consistencia y la figura de la cara , piel , manos, cuerpo,
piés , y otras partes , proporcionarla á la ciencia un caudal copioso é
interesantísimo de datos para resolver cuestiones de identidad. Corvisart
y Dupuytren conocian de una ojeada la profesion de los enfermos que se
les presentaban.
Los autores de medicina legal, igualmente que los de higiene, no han
profundizado este punto tanto como la ciencia y la práctica lo reclaman.
El mismo Ramazzini y su comentador Patisier, que tanto se han ocupado
en las enfermedades de los artesanos , no han recogido todas las obser-
vaciones que debian esperarse de su especial estudio , respecto de las
modificaciones físicas que las profesiones imprimen.
Para convencerse de la verdad de cuanto acabamos de indicar, véase
someramente cómo han tratado esta cuestion los Zachías , los Foderé,
los Orfila , los Devergie , los Bayard , los Briand y Chaudé entre los mé-
dicos legistas; los Ramazzini , los Patisier, los Merat , los Motard, los
Tourner-Trakrah , los Gerard , los Michel Levi , los Parent du Chatelet,
los Chevalier, los Bricheteau , los Melier entre los higienistas , y com-
párese con el ensayo que ha hecho Ambrosio Tardieu en dos excelentes
artículos publicados en los tomos XXXXII y XXXXI1I de los
Anales de
Medicina legal é higiene pública,
expresamente consagrados á estudiar las
modificaciones físicas producidas por mas de cuarenta profesiones. Lo que
acerca de ellas dice, es el fruto de las observaciones que ha recogido en
los hospitales, en la oficina central de admision , en los casos judiciales,
y en diversos artesanos á quienes ha tratado y preguntado.
El interés y novedad de esta tentativa, siquiera sea incompleta, tanto
porque no abraza todas las profesiones ú oficios, como porque respecto
de algunas de ellas apenas están apuntados los caractéres , ha dado lugar
á que los autores de medicina legal traten de este asunto con mas exten-
sion y plenitud de datos , reconociendo su importancia. Ya Devergie , en
la última edicion de su tratado , copia gran parte de los artículos de
Tardieu ; Briand y Chaudé dedican algunas páginas á este asunto, y otros,
como Vernois , segun verémos luego , han ensanchado esta clase de estu-
dios , y en lo sucesivo probablemente habrá otros que los acompañarán
en esta tarea.
Las modificaciones físicas causadas por los oficios y profesiones, no
solo pueden resolver ciertas cuestiones de identidad en las personas vi-
vas, sino tambien en los cadáveres y en los esqueletos, por no decir
hasta en los huesos sueltos, por lo cual , creeríamos faltar al deber que
nos hemos impuesto al publicar por tercera vez nuestro libro , si no le
enriqueciéramos con el paso que han hecho dar Tardieu y Vernois á
esta importante materia.
El escrito de M. Tardieu tal vez es mas importante por su segunda
parte que por la primera , puesto que en aquella hay un resúmen que
va mas directo á la solucion de la cuestion , aplicable hasta en los casos
ú oficios de que no trata.
Trasladando ese trabajo á una obra que ha de servir á profesores es-
pañoles , tal vez no tenga importancia respecto de algunas industrias des-
conocidas ó poco frecuentes entre nosotros; sin embargo, creemos que
no debemos quitarle nada, aun cuando no sea mas que por aquel refran
vulgar : «Por mucho pan nunca mal año.»
fI
4
— 33
Tardieu adopta el órden alfabético para tratar de las profesiones que
ha estudiado ; le seguiremos en esta parte, aunque alterando su órden,
por exigirlo así la diferencia de la lengua, y no solo añadirémos algo en
ciertos oficios de que habla , sino algunas profesiones que no figuran en
el escrito de Tardieu , cuyo trabajo traducirémós libremente para aco-
modarle mas á nuestro país. Serémos, sin embargo , sóbrios en estas
añadiduras, porque no tenemos todavía bastantes datos para ser exactos
siempre , cual conviene en materias de esta especie. Semejante asunto
no puede ser completo en una obra de Medicina legal; es materia de un
libro exprofeso , destinado exclusivamente á consignar estudios hechos
sobre todas las profesiones , con aplicacion á las cuestiones de identidad.
Quien publique este libro , hará un gran servicio
á
la ciencia.
Veamos , pues , qué es lo que en el estado actual podremos decir
acerca de las modificaciones físicas que ciertas profesiones ú oficios im-
primen en el cuerpo de los que los ejercen.
Albañiles.—Tardieu no trata de este oficio. Creemos que un albañil se
da á conocer por su traje, que suele ser de lienzo , y si es de otras telas
está manchado de yeso y cal , ó de argamasa. Por lo general son robus-
tos , con mas desarrollo muscular en los brazos que en las piernas , y en
especial la mano , que es grande , callosa , áspera de piel por el contacto
contínuo con los materiales amasados de que hace uso ; en las arrugas de
la epidermis hay siempre restos de esa masa que la hace blanquear; tal
cual chapa de yeso entre el pelo , patillas , cejas, párpados; color tomado
del sol y otros vestigios de la intemperie. Los peones de albañil
á
poca
diferencia presentan lo mismo , con algunos mas callos en las manos , y
señales en los muslos y la cintura del peso de los ladrillos y otros mate-
riales de que se cargan. Si son velludos , en esos puntos donde cargan los
materiales suele faltar el pelo y estar mas dura la epidermis.
Aguadores.—
Sobre llevar en Madrid y otros puntos en su constitucion
el sello de los asturianos y gallegos , que son los que se dedican á esa
industria con preferencia , y el traje provincial que los distingue , ofrecen
los aguadores mucho desarrollo muscular en sus extremidades , en espe-
cial las inferiores , por el contínuo ejercicio ; inclinan la cabeza hacia
abajo y á un lado, por ser la postura habitual á que los obliga la cuba, y
la piel del hombro ó espalda es mas dura y
á
veces callosa. Los múscu-
los del brazo que sostiene la cuba están mas desarrollados que los del
otro , sobre cuyo hombro descansa aquella. Los piés , encerrados en
zapatos gruesos y ferrados , sin calcetines , son gruesos, sucios, de epi-
dermis dura y callosa en las plantas.
Alfareros.--Tampoco habla Tardieu de estos artesanos que se caracte-
rizan por las impresiones del barro y su humedad , en las manos , entre
cuyas uñas suele estar; su epidermis es áspera y apretada. El brazo de-
recho mas musculado que el izquierdo ; otro tanto puede decirse de la
extremidad abdominal derecha , puesta en movimiento para dar vuletas á
la especie de mesa donde está el vaso que fabrican. Las nalgas, por ra-
zon de estar sentados , ofrecen igualmente cierta dureza y consistencia
en la piel. Llevan además el sello de la vida sedentaria y de la habitacion
en lugares bajos , húmedos y sombríos.
Bla
nqueadores de telas.--En
las fábricas donde se blanquean los tejidos
de lana ú otros , por medio del vapor del
azufre ó
ácido
sulfuroso ;
los
obreros ocupados en esta clase
de trabajo ó en extender las piezas
que se
desarrollan entre
los cilindros ,
tienen las manos en un estado particular,
MED. LEGAL. - TtAlk) 11.-3
-- 3 4 —
que los caracteriza. La piel está reblandecida por el contacto con el ácido
sulfuroso ; la epidermis se ha blanqueado completamente , arrugada , se
levanta en algunos puntos, y en otros está destruida. Semejante disposi-
cion
es mas
notable en el pulgar y el índice , porque son precisamente
estos dos dedos los que cogen las piezas. Existe á poca diferencia del mis-
mo inodo en ambas manos , porque para evitar que la piel se altere pro-
fundamente , ya tiene cuidado el obrero de mudar de sitio , y ocupar al-
ternativamente los dos extremos del cilindro-
Bruñidores era cobre.—La
mano derecha coge de lleno el bruñidor, y la
izquierda sirve para sujetar la pieza que se bruñe ó pule , colocada entre el
índice y el pulgar, y fuertemente apoyada contra la mesa. De eso resulta
que la mano derecha presenta toda la cara palmar callosa y ennegrecida,
excepto en el nivel de los pliegues de flexion. El falangete del meñique
permanece á menudo doblado. La mano izquierda es muy dura y callosa
en la piel que cubre la cara dorsal y el borde radial del índice, y sobre
todo en la parte correspondiente al segundo metacarpiano. Otro tanto po-
demos decir de la extremidad de la cara palmar del pulgar.
Carboneros.—Además
del traje y del color negro debido al polvo del
carbon , los carboneros se distinguen por la recia musculatura de sus bra-
zos y hombros. Todos los músculos de la espalda están muy desenvueltos,
y la piel suele estar como encallecida , sobre todo en los que descargan
el carbon , los cuales al fin acaban por quedar un poco encorvados. Los
que se echan sobre el gran palo de la romana para levantar la carga,
como hace su fuerza, no solo con los brazos , sino con su cuerpo, pueden
ofrecer dureza en la piel de esta parte, y hasta alguna deformidad , ya
que no en la caja pectoral, en el apéndice xifoides. El polvo del carbon
los tiñe de tal suerte, que por mas que se laven, lo cual no cuidan mucho,
siempre llevan entre las uñas y los pulpejos de los dedos , arrugas de la
piel , pelo , pestañas, ventanas de la nariz , orejas , etc., vestigios de ese
polvo.
Cardadores de
lana.—El antebrazo del lado izquierdo , sobre el cual
descansa de lleno el peine, aun cuando procura guarecerse el obrero con
un brazalete de cuero, presenta en la parte exterior una ancha superficie
oblonga , rugosa , endurecida y mas ó menos callosa. En cuanto á las
manos, se encuentran algunas callosidades que no tienen nada de par-
ticular.
Carpinteros.
—Por el uso frecuente de los cepillos, y en especial de la
garlopa, lleva el carpintero en la cara dorsal de la mano derecha, sobre
las articulaciones de la primera y segunda falange del índice, un callo
muy saliente , producido por la presion de la empuñadura donde entran
los cuatro dedós. Hay además en la mano izquierda , sobre el borde radial
del índice, otra callosidad en forma de media luna, causada por el roce
del mango del escoplo. Cuando son aprendices ú obreros de pasatiempo,
en vez de callosidades se notan en dichos puntos tumores mas ó menos
blandos y rojizos.
Carreteros ó fabricantes de carros
y
coches.
—Fuera de las callosidades pal-
mares
-
, peculiar á todos los artesanos que manejan con frecuencia mar-
tillos ó mazos, dice Tardieu que no ofrecen los carreteros nada de par-
ticular. Sin embargo , á algunos hemos visto con ciertos vestigios propios
del carpintero ; hay además notable desarrollo muscular en los brazos y
hombros , en especial derechos, por la gran fuerza que desplegan al le-
vantar el mazo y el martillo con que clavan los aros de las ruedas; cica-
—
al
cuente ni tan constante como supone Tardieu. Nosotros hemos escrito
mucho, estamos casi siempre escribiendo, desde una edad muy tem-
prana , y no tenemos nada de eso, ni en el meñique , ni en el medio. Lo
que tal vez es mas constante , es algun mayor crecimiento en los múscu-
los del lado derecho, y sobre todo cierta inclinacion del apéndice xifói-
des , hácia delante por su extremo inferior, por la postura encorvada ha-
cia adelante que guarda el que escribe.
Fabricantes de fideos. —
El
que fabrica fideos hace girar un manubrio,
al que pone alternativamente en movimiento con una y otra mano. La
presion de esta máquina determina en la base del pulgar de cada mano,
hácia la parte interna de la articulacion metacarpo-falangiana , cerca de
la cara dorsal , un endurecimiento oblongo ovoideo, del tamaño de un
huevo de pichon , móvil y formado por la epidermis levantada. La cara
palmar presenta en débil grado cuatro callos ordinarios , correspondien-
tes á la articulacion metacarpo-falangiana.
Floristas.—
Las oficialas ocupadas en hacer flores artificiales , clase in-
dustrial numerosa en ciertos países , llevan , á pesar de lo delicado de la
tarea, una marca característica entre el índice y el pulgar de la mano
izquierda. Están contínuamente dando vueltas á una varilla de hierro,
donde se fijan las diferentes partes de la flor. De esta presion y movi-
miento no interrumpido, resulta una prolongacion con aplanamiento en
forma de espátula estrecha de la yema de los dos dedos, y además un
endurecimiento y engrosamiento á menudo considerable de la epidermis.
El callo del pulgar se acerca mas al borde interno ; el del índice ocupa
casi todo lo ancho de la yema.
Fumadores.—
Tardieu , al hablar de los fumadores , á los cuales com-
prende entre los oficios, cosa que á la verdad no deja de ser extraña,
porque el fumar es una costumbre ó un vicio, no habla mas que de lo gas-
tados que se presentan los dientes por el uso de la pipa y de un agujero
que al fin se forma entre los incisivos y caninos , ó entre estos y las pe-
queñas muelas de una y otra mandíbula. En un caso práctico se encon-
tró esta señal, que contribuyó
:'t
reconocer de quién era el esqueleto. Sin
ánimo de invalidar los vestigios que puede dejar la pipa , creemos que el
cuadro es incompleto, en especial si liemos de comprender con el nombre
de fumadores á todos los que fuman , de cualquier modo que sea.
Los fumadores de cigarros puros no presentan nada de lo dicho; en
igual caso se encuentran los que fuman cigarros de papel. Mas unos y
otros suelen tener los dientes ennegrecidos , al menos por la cara interna
del esmalte , por poco que se descuiden la boca , y huelen á tabaco, ó
por mejor decir, echan cierto mal olor nauseabundo. Los fumadores de
cigarros de papel tienen además la cara palmar de la yema del pulgar
y del índice de la mano derecha principalmente ennegrecido ó de un co-
lor rojizo amarillento sucio, debido á lo tostada ó quemada que queda la
epidermis cuando el cigarro se acaba
'
si el fumador no se sirve de tena-
cillas ó no las sustituye con un poco de papel, á que sujeta el cigarro y
le coge para llevarle á la boca.
Grabadores en
nieta/.—Flállanse en la mano derecha del grabador en me-
tal las señales del buril. Consisten en un pliegue transversal que forma en
la cara palmar, encima del cuarto
y
quinto dedos , una eminencia pris-
mática muy dura , que no baja de 6 a 8 milímetros de elevacion , y se
extiende
tra
nsversalmente , siguiendo una línea curva , cuya concavidad
mira la base de los dedos. La eminencia hipotenar
y
el borde cubital del
— --
meñique , que se, apoyan fuertemente en la mesa 6 en la pieza que se
graban , presentan un endurecimiento bastante grueso.
Hormigueros,
ó que se dedican á buscar huevos de hormigas.—Esta
industria ,_ dice Tardieu, es poco conocida , y tiene por objeto hacer pro-
vision de huevos de hormigas , alimento muy buscado en las casas donde
se crian faisanes. Esos hormigueros no ejercen su oficio mas que tres ó
cuatro meses al año, desde mayo á agosto, recorren los bosques , y me-
tiendo las manos en los nidos de las hormigas , recogen los huevos , de
los cuales llenan á veces de diez á doce medidas poco menóres que la
fanega , cada una de las cuales venden á 2 francos ó 2 francos y medio,
segun estén los huevos mas ó menos mezclados con tierra.
En 1848, Tardieu vió á una mujer dedicada á este oficio por espacio de
quince años. [labia cesado unas tres semanas hacia su pesquisa anual , y
llevaba todavía vestigios de ella , tan singulares , que ha creido consig-
narlos en su escrito como uno de los ejemplos mas notables de las lesio-
nes físicas que puede producir el ejercicio de ciertas profesiones.
En ambas manos , la cara palmar de todos los dedos está enteramente
desnuda de epidermis. Aunque generalmente está engrosada y callosa en
las partes circunvecinas, allí se ve completamente destruida. El dérmis
está descubierto, y ofrece un color de escarlata , con una gran sensibili-
dad ; su superficie está muy arrugada. Alrededor de las partes desnudas
se levantan colgajos de epidermis ; las uñas no se alteran.
Esa mujer llevaba habitualmente guantes durante esta especie de caza;
mas no tardan en ser penetrados por el líquido particular que existe en
abundancia en los nidos de hormigas, y que aquella mujer llamaba orina
de estos animales, y alcanzando las manos, las lastima.
Aunque
á
menudo al fin del dia se le llenaba todo el cuerpo de hor-
migas , no sufria alteracion alguna mas que en las manos. Solo se notaba
en el cuello y en el pecho algunas vejiguillas , que se abrian y cubrian
de una costra.
Tardieu añade que ha observado lo mismo en un guarda-bosque , que
tambien se dedicaba á esta ocupacion para dar los huevos á perdigones
que criaba.
Labradores.—No
habla Tardieu de esta profesion tan general y comun,
y que tantos vestigios deja en los que la ejercen. Los labradores llevan
en su rostro, pecho, brazos y manos , muy á. menudo en los piés , los
efectos del sol y de la inclemencia. La piel ofrece notable contraste entre
las partes desnudas y las cubiertas por los vestidos, que son siempre
mas claras de color. Morenos , tomados del sol, con cutis áspero y
á
veces luciente , los dientes blancos por lo comun y bien conservados , las
manos callosas, gruesas, la musculatura generalmente desarrollada y
algo encorvado el cuerpo , en especial en los de alguna edad. Madruga-
dores , ignorantes de todo, rudos , no saben
.
hablar mas que de sus ani-
males domésticos, de las sementeras de la tierra y del tiempo, y son
dados á pronosticar lluvias , vientos y nevadas.
Latoneros.—
Con este nombre comprenderémos todos los que fabrican
utensilios de cobre. Las profesiones de esta especie son muy numerosas,
y todas ofrecen modificaciones profundas en el color y en la composicion
química de diferentes tejidos , por el contacto y absorcion de dicho me-
tal.
'M. Chevalier,
que tanto ha escrito sobre .las profesiones , dice que
en los fabricantes en cobre 6 los caldereros de Dufort (Tarn) que traba-
jan
el cobre
en frio,
tienen
los huesos, y en especial
el
esternon , verdo-
— 43 --
sos 6 azulados , al propio tiempo que se tiñen completamente de verde
los cabellos. Tardieu ha procurado valerse de este carácter, dándole mas
exactitud
y
aplicacion. Con tal objeto ha sometido á la análisis química
la epidermis de las manos y las uñas de muchos caldereros. La piel ca-
llosa de estos artesanos permite quitar fácilmente, por medio de un bis-
• turí, láminas 6 capas bastante gruesas de epidermis, y las uñas, conside-
rablemente engrosadas, suministran bastante cantidad de materia para
los experimentos. Se hacen hervir esos despojos epidérmicos en ácido
nítrico, y tratando luego la solucion que resulta con el amoníaco, toma
un hermoso color azul. El resultado no es siempre cabal , en cuyo caso
hay que recurrir á la incineracion en un crisol de platino ; luego se toma
el residuo
con
ácido nítrico, y se trata con el amoníaco.
Por este medio, Tardieu ha reconocido dichos vestigios en un calde-
rero, que ya hacia cuarenta dias que estaba en el hospital, y por lo tanto
no habia trabajado el cobre durante este tiempo. No obtuvo los mismos
resultados en un fabricante de botones de cobre , que ya hacia dos años
que no trabajaba. La análisis química no dió reaccion alguna.
Hasta aquí Tardieu. Nosotros añadiremos que lo que con los caldere-
ros pasa, sucede con todos los que trabajan de cualquier modo el cobre,
los latoneros, los fabricantes de varios utensilios de cobre, como tinte-
ros , velones , lámparas , braseros, copillas , etc., que liman , y frotan, y
manosean el cobre además.de las modificaciones debidas al manejo de
herramientas pesadas y duras, que les produce en las manos callosida-
des análogas á los de los demás oficios , y á las diversas posiciones que
tienen que adoptar, el polvo fino del metal se introduce por sus poros, se
incrusta en los repliegues de la epidermis, y atacado por los líquidos del
cuerpo, se oxida y pasa al estado de sal , y es absorbido y depuesto en
algunas partes , como los huesos y pelo, afecta estas el color azul ó ver-
doso, segun cual sea la composicion química que allí alcance. Lo que les
sucede á los herreros, cerrajeros, claveteros y cuantos trabajan en hierro,
cuyo polvillo se les implanta en las manos , y llevándosele por medio de
lavaduras , se reconoce la existencia del hierro ; así sucede con los que
trabajan el cobre , como debe suceder á los que trabajan en cualquier
otro metal.
Hay además algunas industrias que hacen varios artefactos de cobre,
empleando líquidos cáusticos para ello, en cuyo caso las manos y las
uñas sobre todo llevan el sello de la impresion cáustica de esos líquidos.
El ácido nítrico, el vinagre, etc., afecta la epidermis y las uñas. Aquel
suele ponerlas amarillas ; otros ácidos negruzcas.
Lavandera
g
.—Como no todas lavan la ropa del mismo modo, presen-
tan algunas diferencias , segun cual sea el hábito que tengan. Las hay
que lavan arrodilladas en los lavaderos , charcas ó ríos , al paso que
otras lavan de pié junto al pretil del lavadero, si le tiene, ó de artesas.
Unas y otras , sin embargo, cualquiera que sea su modo de lavar, llevan
en las manos callosidades bastante numerosas, irregulares, producidas
por la pala, rozaduras, grietas, padrastros y marcas de sabañones y pana-
rizos : donde no hay callos'dad , la piel está encendida , luciente; á veces
irisada y reblandecidapor el continuo contacto con el agua; áspera , y
corno herpética por la accion cáustica del jabon.
Además de eso, que les es comun, las que lavan de rodillas, apoyando
los brazos en el borde del cubo ó de lo que sea, suelen tener un en`dure-
cimiento en medio de la cara cubital del antebrazo, mientras-que las que
— i
4 —
lavan de pié no presentan esa callosidad en dicha parte. Unas y otras, si
se sirven de pala, tienen la mano izquierda, con la que sujetan la tabla
donde está la ropa, en semiflexion á la articulacion metacarpo-falangiana,
y el pliegue saliente que se forma en la palma de la mano, se convierte
en un reborde transversal muy calloso, prismático, ancho de 3 á centí-
metros , produccion de una eminencia de 6 á 7 milímetros ó más , seña-
lada sobre todo en la base de los dedos cuarto y quinto. La mano dere-
cha lleva callosidades debidas al manejo de la pala.
Marineros.—
Un marinero se conoce á la legua , tanto por su traje es-
pecial como por el color peculiar de su piel, en especial la descubierta y
expuesta á las inclemencias del tiempo y al aire del mar. Morenos, enju-
tos , robustos , ágiles , sobre todo para encaramarse por los altos ; manos
gruesas , callosas , con levantamientos de epidermis por el roce con los
cables y las cuerdas , y el manejo de los remos y otros utensilios pesa-
dos; audaces, listos por lo comun y fumadores.
Militares.—Los
soldados y militares llevan tambien su sello particular,
por el cual se revelan, hasta cuando visten de paisano. En las plazuelas es
fácil distinguir á los criados de los asistentes, siquiera vayan estos como
aquellos de chaqueta y calañés. El soldado que lleva algun tiempo de ser-
vicio, anda erguido, con la cabeza alta , los hombros echados hácia atrás,
los brazos arrimados al cuerpo, con paso regular, como si le acomodase
al toque del tambor ó la corneta ; las manos no tan callosas como las de
los artesanos, pero gruesas: algunos endurecimientos en los puntos donde
apreta el correaje y gravita el peso de su equipaje ; y si es en tiempo de
guerra, lleva además el sello inequívoco de la campaña ; enjuto de cuerpo,
moreno, tostado por el sol , curtido á las inclemencias , listo y agresor.
Mineros.—Tardieu no habla ni de los marinos y militares , ni de los mi-
neros. Sin embargo, son oficios ó profesiones dignas de figurar en este
estudio. Los mineros, segun qué clase de minas sean , ofrecen diferencias.
Los que trabajan en la explotacion de metales de plomo, mercurio, etc.,
además de ese sello peculiar á todo minero , que pasa largas horas en la
oscuridad y lugares húmedos, profundos, mal ventilados y llenos de ema-
naciones, presentándose pálidos , demacrados , con piel reblandecida y
fofa , y algunos padecimientos análogos á los de los descargadores de leña
de los ríos , sufro los efectos de las emanaciones saturninas ó mercuria-
les, cuya descripcion no hacemos por tan sabida. Además , como manejan
herramientas rudas y pesadas, llevan el las manos callosidades y engro-
samientos, tanto en las palmas, como en los dedos que mas juegan en
ese manejo.
Modistas.
—Hablando de las costureras , ya hemos dicho que habia al-
gunas diferencias entre las oficialas que manejan la aguja , conforme el
modo de usarla. Las costureras , cannseras, oficialas de sastre , etc., por
lo comun se sirven de agujas pequeñas que manejan tan solo con la mu-
ñeca , por medio de una série de movimientos pequeños y muy rápidos;
por lo cual tienen los tres últimos dedos replegados sobre la palma de la
mano. Las modistas , al contrario, se sirven de agujas largas y fuertes,
dan grandes puntadas , y no solamente mueven la muñeca , sino todo el
antebrazo, teniendo los tres últimos dedos tendidos. De aquí resultan di-
ferencias en la postura habitual de la mano, y notablemente en los agra-
vios que sufre el índice de la izquierda por la punta de la aguja , mas fre-
cuentes en las demás clases de costureras que en las modistas.
Molineros. —Además de lo cubiertos de harina que
están sus vestidos,
— 45 —
pelo, cejas y pestañas, igualmente que las arrugas y pliegues de su piel,
suelen tener algunos , en las manos , pequeñas manchas negruzcas dise-
minadas, producidas por partículas de hierro que se desprenden del mar-
tillo cuando el molinero pica la muela.
Mozos de cordel. — Por
lo comun
son hombres de recia
y
desenvuelta
musculatura, por el contínuo ejercicio de sus fuerzas, sus manos gru esas
y callosas, y la piel de sus hombros y espaldas endurecida por la presion
contínua que sufre con el peso de los fardos y los muebles que transpor-
tan. Adelantando en edad , se encorvan y suelen tener las extremidades
inferiores algo combadas y separadas.
Nacareras.—Las
que trabajan el nácar, mueven con el pié una muela,
sobre la cual apoyan fuertemente la pieza de nácar para darle la forma
necesaria. De ello resulta , tanto por la actitud del cuerpo, como por el
modo de trabajar : 1.° una eminencia notable en la nalga izquierda, sobre
la cual se apoya el cuerpo, y un descenso del hombro del mismo lado;
2.° en la extremidad del pulgar y del índice, en cada mano una especie
de desgaste de la epidermis y de las uñas que están cortadas oblicua-
mente. Obsérvase tambien un aplanamiento y una coloracion blanca,
como anacarada , en la yema de los dedos.
Organistas ambulantes.—
Estos industriales llevan el organillo apoyado
en la espalda cuando no tocan , y en el muslo cuando sí. En el hombro
donde se apoya la correa, y en la espalda donde se apoya el organillo,
suele haber endurecimiento de la piel ; en el muslo, encima de la rodilla,
hay tambien un engrosamiento, á veces muy notable, de la epidermis,
que forma en esa parte una eminencia ósea. Además en la mano dere-
cha , que da vueltas al manubrio, se ve un callo entre el pulgar y el
índice.
Panaderos. —
Tampoco habla Tardieu de estos artesanos , en los cuales
deja su oficio señales bastante significativas. Los que amasan el pan tie-
nen las manos y los brazos notablemente desenvueltos , y aunque de su
rudo movimiento participa todo el cuerpo, dándoles una constitucion ro-
busta , siempre está mas pronunciada la musculatura de las manos y bra-
zos , ó en las piernas y pies, si pisotea la masa , en lugar de batirla con
las manos. Su color suele ser pálido, y el polvo de la harina se lo
da mate.
Peluqueros.—Como
los barberos, tienen los peluqueros las manos re-
blandecidas, lucientes, olorosas y pringosas. Son afeminados, coqueto-
nes , y cuidan mucho de
su
pelo. Como
consecuencia de su actitud habi-
tual inclinan el cuerpo
y la cabeza hácia adelante. Scetninerring ha
notado que los peluqueros que dirigen el peine con una mano , mientras
que con la otra sostienen el pelo del parroquiano, acaban por levantar
mas su torax por el lado activo, á causa de la contínua y mayor accion
de los músculos de este lado. Pero además de esa actitud y de la sonrisa
halagüeña de que habla Foderé, que nada tienen de característica y pecu-
liar á ese oficio, los peluqueros llevan en la mano derecha una deformi-
dad mas especial, que les es propia , y que resulta del manejo de los
hierros ó tenacillas para rizar en caliente el pelo. Consiste esta deformidad
en un callo
duro,
saliente , redondeado como el callo comun de los pies,
que se encuentra, tanto en la cara dorsal de la segunda falange del
dedo
anular y el pulgar, como en la cara palmar y hácia el borde
interno de
la primera falange.
Pic
apedreros.—
El picapedrero que trabaja con el mazo y el
escoplo
— 46 —
tiene estas herramientas de un modo especial , y, por lo tanto, lleva
vestigios verdaderamente característicos de su estado. La mano derecha
coge fuertemente y con el puño cerrado el mango del mazo muy cerca
de la cabeza; de manera que
el
mazo se apoya en el borde del pulgar y
del índice ,y le aprieta. De eso resulta que el picapedrero lleva, además
de las callosidades comunes á todos los que manejan martillos, endure-
cimientos muy salientes , redondeados , al nivel de la cabeza de la pri-
mera y segunda falange del pulgar y de la primera del indicador. La mano
izquierda está armada con el escoplo, y sostenida por el pulgar y el
índice por un lado, y por otro en el cuarto y quinto dedo, lo cual hace
que se halle un círculo calloso en cada borde opuesto de los dos primeros
dedos , y además un callo muy notable en la cara dorsal del auricular, y
lo mas ordinario al nivel de la última articulacion.
Planchadoras. —Las oficialas que almidonan y planchan, presentan una
comba ó torcimiento muy notable de los tres últimos dedos de la mano
derecha, los cuales se inversan hacia la cara dorsal , á consecuencia de la
presion repetida que ejecutan, cuando hacen los pliegues con la yema de
esos dedos apoyados fuertemente.
Igual disposicion se observa en el pulgar de la mano izquierda , cuyo
pulpejo está comunmente aplanado en forma de espátula y combado.
Pioniberos. —Con este nombre , no solo comprendemos á los que hacen
artefactos de plomo y zinc , vidrieros , etc., sino á los que trabajan en
plomo de cualquier modo, ó en sustancias compuestas, en cuya forma-
cion entra dicho metal. Seria ocioso insistir en los fenómenos exteriores
que determinan las emanaciones del plomo en todos esos artesanos. Todos
conocen esa coloracion sub-ictérica ó clorótica de los que fabrican el al-
bayalde , rojiza de los que fabrican el minio, el cordoncillo azulado de las
encías, todo lo cual puede considerarse como signos bastante ciertos de
la intoxicacion saturnina. Los pintores ofrecen análogas señales. Tardieu.
cita un caso de una jóven de diez y seis años : muerta de un ataque de
apoplejía epiléptica, producida por las emanaciones del plomo. Era pin-
tora de abanicos.
Respecto de esos artesanos que manejan materiales plumbíferos , su-
cede lo que hemos dicho en cuanto á los que trabajan en hierro y cobre.
Recogiendo las sustancias que les manchan las manos y vestidos , se pue-
den someter á la análisis y á los reactivos del plomo, y añadir á
demás estos órdenes de datos.
Prostitutas.—Estas desgraciadas llevan en su aire, continente, modo de
andar y -vestir, y en su fisonomía, un sello tan característico, que no hay
nadie que no las conozca. Su interés está en ello, y nada tiene de extraño
que así se den á conocer. Mas fuera de eso, acaso no ofrecen datos para
resolver una cuestion de identidad. •
Parent du Chatelet, que tanto y tan bien ha escrito sobre las prostitu-
tas, dice, que sus órganos genitales no presentan nada particular y extra-
ño. Sin embargo, acaso el ano en algunas de ellas revelará su oficio. Los
hábitos
á prepostera venere
á que las obligan sus gastados y libertinos,par-
roquianos , pueden dejarlas huellas profundas de su modo de ganarse la
subsistencia. Tardieu habla de un caso en el que fué reconocida por el
estado del ano una mujer, cuyo tronco estaba mutilado, faltándole los
cuatro miembros. Nosotros creemos que á los datos escasos de Tardieu,
pueden añadirse los vestigios de afecciones sifilíticas , que por lo comun
no faltan en las rameras ,
y algunas particularidades de que habla Parent
Ma.
417
du Chatelet. Suelen hacerse
obesas, ganando años; tienen muchas la voz
ronca ó gruesa ; pasean poco 6 nada ; se dan al abuso de las bebidas y á
la glotonería , sufriendo losefectos que les son consiguientes.
Pulidores de espejos.
—El pulimento de las lunas de los espejos se hace por
medio de una pesada bigorneta de 24 centímetros de largo y 12 de ancho,-
provista de una empuñadura que el obrero coge con ambas manos. Esta
maniobra exige bastante fuerza y da lugar á los siguientes resultados.
Todas las eminencias de la palma de las manos están callosas ; pero prin-
cipalmente la hipotenar y el borde cubital del metacarpo, los cuales ofre-
cen un ancho callo epidérmico á un tiempo rozado, rayado y ennegre-
cido. En la mano izquierda se hallan los mismos caractéres , aunque en
menor grado. Además, vése en los pliegues de la epidérmis rayas rojizas,
formadas por el esmeril , polvo rojo que sirve para pulir y que parece
análogo al trípoli.
Pulidores de
concha.
—Regularmente se emplean las mujeres en pulir
la concha, el carey, el búfalo, el marfil, el cuerno con que fabrican una
multitud de objetos. Esta operacion se ejecuta frotando la chapa que se
quiere pulir con la mano impregnada de vinagre, y especialmente con la
masa que forma la eminencia hipotenar, tanto con la mano derecha como
con la izquierda , y
á
veces con la extremidad de los primeros dedos. En
semejantes partes , la piel se pone , no callosa , sino arrugada , agrisada,
hendida , llena de rayas y endurecida, tanto por el frote como por la ac-
cion astringente del vinagre.
Pulidoras de cucharas. — Las
pulidoras de cucharas llevan
á
la cara dor-
sal de todos los dedos , al nivel de cada articulacion , un callo muy fuerte
que procede del roce continuo de la mano sobre el pulgar. Además la
uña de los dos meñiques está gastada y dividida en su longitud, porque
el dedo está doblado hácia la palma de la mano, y sobre este punto carga
principalmente el roce. El interior de la mano está ennegrecido por el
aceite craso que sirve para pulir.
Relojeros.—Los
que están empleados particularmente en las reparacio-
nes de los relojes , tienen la uña del pulgar derecho considerablemente
engrosada y como aconchada por el modo como abren las cajas del re-
loj. Además la uña del pulgar y del índice de la mano izquierda presenta
en el punto donde se corresponde á los bordes , acercándose para soste-
ner las piezas mas delicadas que el oficial quiere juntar, un desgaste ó
casi una destruccion producida por el roce repetido
de la lima.
Ribeteadoras de calzado.
—En estas oficialas el índice de la mano iz-
quierda, sobre la cual se apoya la labor y la que hiere constantemente la
aguja , ofrece en el borde externo, en casi toda la extension de la primera
falange , una larga
chapa endurecida , callosa , sembrada de puntos ne-
gros y muy característicos; porque es mas notable que el callo poco apa-
rente de las demás costureras, y en especial de algunas de ellas, segun
el género de labor á que se dedican. La yema del pulgar de la mano de-.
l'echa ofrece tambien cierta dureza y algunas picaduras negras.
Sastres.
—Hay pocas profesiones donde
se
hallen tantos caracteres bien
terminantes como la del sastre. A consecuencia de la actitud particular en
que
trabajan los oficiales , constantemente sentados , con las piernas cru-
zadas y el cuerpo inclinado, sobrevienen :
1.°
un tumor rojo mas ó menos
voluminoso,
á
veces grande como una nuez y muy blando en los maléolos
externo del pié , al nivel de la extremidad tarsiana. del quinto inetatar-
en el borde
externos; 2.° otro tumor semejante , pero menos considerable ,
4 8 —
siano ; 3.° en fin , una callosidad rojiza sobre el quinto dedo del pié. En
los aprendices ú oficiales de poco tiempo, si hace alguno que no trabaja,
en lugar de tumores , se halla tan solo una rubicundez
muy circunscrita,
acompañada de una ligera hinchazon.
Además de estas deformidades características de las extremidades in-
feriores , los sastres presentan en la parte anterior del torax una depre-
sion considerable , causada por la inclinacion del pecho. Esta depresíon,
algo parecida á la de los zapateros, es muy
l
distinta. Colocado mas abajo,
debajo del apéndice xifóides , no se limita al esternon , sino que es el re-
sultado de una deformidad de todo el torax.
Tambores. —En los primeros tiempos que baten la caja, se les forma un
endurecimiento prominente y redondeado como un callo comun en la
base del índice derecho é izquierdo sobre el borde radial, al nivel de la
articulacion metacarpo-falangiana. La palma de las manos está por otra
parte irregularmente callosa.
Tintoreros. —41 primer golpe de vista es fácil, por lo comun , reconocer
al tintorero: Sus dos manos están impregnadas y teñidas casi uniforme-
mente, y mas en la cara palmar, de un color que no se quita por mas
que se lave , y que solo puede desaparecer incompletamente con cloro.
Ya no es tan fácil reconocer la- materia colorante. Sin embargo, se puede
recurrir al exámen químico de la epidérinis, levantándola , si es posible,
por capas.
Tiradores de
baston.
--E1
que se ejercita en la esgrima del baston , lleva
entre el pulgar y el índice de su mano derecha un endurecimiento cir-
cular que es comun á muchas profesiones en las que se maneja con fre-
cuencia un instrumento duro y redondeado.
Torneros en madera.--En
ellos la mano izquierda, que sostiene el cin-
cel ó el escoplo fuertemente apretado, entre el índice y el pulgar, pre-
senta, en el borde cubital del índice, un callo semilunar al nivel de la pri-
mera falange. En el punto correspondiente se halla en el pulgar, al nivel
de la articulacion metacarpo-falangiana , un callo muy grueso, duro y
saliente; otro callo existe en el borde cubital de la mano , al nivel y ex-
tremidad del grande pliegue transversal, y en el meñique , al nivel del
pliegue de flexion de la última falange. Al propio tiempo , todos los de-
dos, fuertemente aproximados y como entrando el uno en el otro, pre-
sentan una disposicion enteramente análoga á la de los dedos del pié,
esto es, una eminencia dura y aguda de su borde cubital.
Torneros en cobre.
—El tornero en cobre , maquinista , ó componedor
de instrumentos de mucha exactitud , etc. , trabaja de pié delante del
torno, aire y contra una barra que le sostiene por los lados y atrás,
dándle un punto de apoyo. Fijada la pieza en el torno, la herramienta
que ejecuta la obra , se apoya fuertemente en la parte anterior del pecho
del obrero , sostenida por la mano izquierda , mientras que la derecha la
dirige. El pié izquierdo hace mover la contrapieza que pone en actividad
el torno. Resulta de este trabajo para el oficial, no solamente un gran
cansancio de pecho, sino ciertas deformidades que debemos indicar.
En la parte anterior del pecho, al nivel de la segunda costilla, se nota
una salida considerable , que comprende á la vez el punto de reunion de
la primera con la segunda pieza del esternon , y las dos segundas costi-
llas , que á partir de su tercio anterior, se elevan notablemente hácia ade-
lante. Debajo de esta especie de eminencia ó cresta saliente , se halla un
bulto
ancho,
unido, formado por
el
esternon y
la
extremidad anterior
de
n
— 49 --
laS costillas, sirviendo de superficie de apoyo á la herramienta. Todo el
lado derecho del torax se lleva hácia delante, y se angosta por la flexion
de
las costillas, que se levantan mucho ,y corno si se encorvase hácia su
parte anterior. El hombro derecho sigue el mismo movimiento y se echa
para adelante , como todo ese lado del esqueleto.
Los pies son muy anchos
á
su extremo falangiano, pero el izquierdo lo
I jg
es mas que el derecho. Tiene completamente la forma de espátula , el al-
mohadon grasiento que forma la planta del pié es mucho mas volumi-
noso y está cubierto de una epidermis dura y callosa que no se nota en
.el otro lado. Esta disposicion es coman á todos los que trabajan en tornos.
A ella se refiere M. Gerard, cuando dice que en los artesanos de esta
profesion se nota una diferencia considerable en las proporciones de las
extremidades inferiores, puesto que la derecha siempre está ocupada en
hacer mover el torno , en tanto que la otra inmóvil , sostiene todo el
peso del cuerpo. Tardieu observa acerca de lo que dice Gerard, que esa
diferencia es siempre relativa al lado que se mueve , y que á menudo
ha encontrado el exceso á la izquierda. Esa diferencia tiene poca impor-
tancia , refiriéndose al hábito particular del oficial. Lo que hay de cierto
es que el pié que mueve el torno presenta un desarrollo particular y una
conformacion especial. Por último , debemos añadir una particularidad,
que no solo es propia del tornero, sino de muchos oficios , y es que los
vestidos se gastan en los puntos de apoyo ó roce. Así en los torneros, el
pantalon se roza y gasta mas en la nalga derecha y hácia atrás, en los
puntos donde roza con las barras de apoyo.
Vidrieros. —
Tardieu habla de los pintores de vidrieras mas bien que
de los que trabajan el vidrio ó le colocan en las vidrieras , faroles , etc.,
y se refiere solamente al uso que hacen de la masa ó mastique. El pul-
gar de la mano derecha tiene la forma de espátula, muy prolongada al
nivel de la circulacion de las dos falanges, y aguda en su extremo. El me-
dio del mismo lado , en su mitad inferior, está combado hácia el cuarto
dedo por la presion de la brocha. La yema está igualmente aguzada y
desviada en la misma direccion , de manera que del lado del índice está
completamente cubierta y hasta sobrepasada por la uña.
Zapateros.
—Entre los pocos ejemplos de que hablan los autores, en
punto á los vestigios de la profesion , los zapateros son citados como los
que presentan mas signos físicos de aquella. Pero se han limitado
á
decir
que tienen los pulgares ensanchados y el pecho deprimido. Eso es in-
exacto , por lo mismo que no expresan mas que generalidades vagas. Hay
otros muchos artesanos, además de los zapateros, que tienen anchos los
pulgares y hundido el pecho. Al contrario , son pocos los que ofrecen el
conjunto de caractéres del zapatero, y que vamos á describir.
En la mano derecha , el pulgar y el índice, que tiran del hilo para
darle pez , tienen la yema aplanada ; la del pulgar está un poco combada
hácia el índice. El pliegue que separa la segunda falange de la tercera
del índice está cortado por el hilo, y presenta una grieta profunda de
bordes callosos y muy duros.
En la mano izquierda , la yema del pulgar, combada como en la dere-
cha hácia el índice , tiene la forma de una espátula , muy ensanchada y
distinta de la deformidad análoga que se encuentra en el pintor vidriero.
Todavía
es
signo mas característico y notable la disposicion de la uña del
pulgar izquierdo ; está considerablemente engrosada y dura, su borde
libre es dentellado, raido, rasgado, y á veces ofrece surcos profundos
de-
hilED. LEGAL. -TONO
BO —
bidos á desvíos de la lesna. Este aspecto del pulgar izquierdo, en los
ofi-
ciales
de zapatero, es constante y verdaderamente característico.
En cuanto al hundimiento del torax que produce, á pesar del cuero
intermediario que lleva, la presion de la horma sobre el pecho, ha sido
mencionada, pero no descrita ; es , sin embargo, necesario decir en qué
se diferencia de las depresiones y combaduras que otros oficios pueden
determinar en la misma region. En los zapateros se halla, al nivel de la
articulacion condroesternal de la sexta, séptima y octava costilla , inme-
diatamente encima del apéndice xifóides, el hoyo profundo, regular, cir-
cular y muy circunscrito, que produce ese oficio, y no va acompañado
de deformidad general de la caja torácica. Por último, en los muslos,
sobre los cuales se apoya el delantal de cuero, suele estar aplastada la
piel , y los bulbos de los pelos se obliteran de tal suerte , que siquiera
sea velludo el zapatero, en esa parte está sin pelo.
Zurradores.—Los que se ocupan en preparar las pieles se sirven de
una estira de ancha hoja, provista en
sus
dos extremos de un mango que
forma con ella un ángulo recto. Este mango, sostenido fuertemente por
ambas manos , deja en la cara palmar, además de cuatro callos muy
gruesos en la cara de los dedos, un repliegue muy calloso y saliente, que
sigue exactamente la línea de fiexion
de
la articulacion metacarpo-falan-
giana. Además, la mano de los zurradores presenta una coloracion mo-
rena característica que resulta de la especie de curtido que la piel sufre.
Esta coloracion se distingue de cualquiera otra en que si se toca cual-
quiera de las partes donde existe con una solucion de cianuro de potasio
y de hierro, se pone acto continuo enteramente negra.
Tal es el estado de semejante estudio, segun Tardieu, á cuyas obser-
vaciones hemos añadido algunas nuestras , y no hemos querido aumen-
tarlas por lo que ya llevamos dicho anteriormente. Este trabajo es incom-
pleto, somos los primeros en declararlo; pero tal como está, siempre po-
drá servir mas para resolver ciertas cuestiones de identidad que lo que
hasta aquí han consignado los autores en sus obras de medicina legal.
Sin embargo, si tanto por no comprender todas las profesiones que ca-
racteriza , como por ser escaso el catálogo de datos relativos á muchas
de ellas, no alcanza la reseña que acabamos de hacer á prestar todo el
servicio que pudiera desearse, Tardieu ha entrado luego en reflexiones
generales que, como ya lo llevamos indicado, son, en nuestro concepto,
lo mejor de sus estudios sobre tan importante materia. Vamos, pues,
á
conocer esas reglas generales
ó
esas consideraciones que suplen lo que
no ha dado el estudio particular de esas cuantas profesiones , extrac-
tando de ellas lo que nos parezca mas conducente, y acabándoles de dar
un carácter mas sintético.
Examinando atentamente el estudio que hemos hecho de diversas pro-
fesiones, bajo el punto de vista de las modificaciones físicas que produ-
cen en varias partes del cuerpo del que las ejerza , se ve que hay carac-
teres comunes á muchas , y que no hay mucha variedad en aquellas.
Despues de haberlas estudiado de un modo particular ó
.
analítico, puede
ahora hacerse de un modo general ó sintético, tratando de ello: primero,
respecto de la naturaleza de esas modificaciones; segundo, respecto del
sitio 6
parte del sitio donde se nota.
I.
Naturaleza de las modificaciones. —
Hemos dicho que no hay mucha
--- 61 --
variedad en ellas, y así es en' efecto; pueden reducirse á cuatro tipos
principales.
1.* Engrosamiento de la epidermis.
2.° Alteracion de la estructura de la piel.
3.° Modificacion de la coloracion normal.
4.° Deformidad de algunas partes.
1.°
Engrosamiento de la epidermis.—Esta
modificacion puede considerarse
como el efecto mas directo y comun de todo trabajo de manos, cualesquiera
que sean las herramientas ó los instrumentos y el modo como los maneja ó
emplea el artesano. Es la gran diferencia que, se nota entre los que no
ejercen ningun trabajo manual y los que manejan herramientas ú objetos
mas ó menos rudos y pesados. Los primeros tienen las manos pequeñas,
dedos delgados, piel fina, epidermis blanca y delicada, uñas íntegras y
limpias, Todo lo contrario sucede á los segundos. Por el simple aspecto
de las manos , pues , ya puede establecerse esa diferencia en globo.
El engrosamiento de la epidermis puede tomar diferentes formas y muy
particulares, que no solo revelan el manejo de herramientas y cuerpos
duros y pesados , sino cómo los manejan y con qué objeto. Desde el
simple engrosamiento hasta el callo mas duro y saliente , hemos visto di-
ferentes grados , y siempre en relacion con el mayor ó menor roce ó pre-
sion que la parte sufre. Antes que empiece la epidermis á endurecerse, al
principio del oficio, las herramientas suelen producir vejiguillas y tumo-
res mas ó menos blandos y rojizos. Los grados, pues, del espesor epi-
dérmico, lo mismo que las formas de las callosidades, además de poder-
nos servir para afirmar que es un artesano, pueden conducirnos á deter-
minar
911
oficio ó las herramientas que maneja , si no de un modo seguro,
aproximado, lo cual en muchos casos bastará para asociarlo á otros da-
tos , y resolver la cuestion de identidad.
2."
Alteracion de la estructura de la piel.—No
es tan solo una altera-
cion superficial la que ciertos oficios producen , sino profunda de la piel.
El derma se reblandece, se gasta , se hiende , resquebraja, agrieta y
destruye. Sucede eso principalmente á los que , sobre manejar herra-
mientas ú objetos rudos y pesados, tienen las manos
ó
los piés sumergi-
dos en el agua ú otros líquidos , ó en contacto continuo con grasas , acei-
tes y líquidos mas ó menos ácidos ó cáusticos. Inflamaciones que se des-
envuelven en las partes sobadas contribuyen á esos estragos, igualmente
que esta formacion de grietas subcutáneas.
3.°
Modificaciones de la coloracion
normal.—El color de la piel sufre alte-
raciones en el rostro, manos , brazos , piernas; en todas las partes , en
fin , que no están cubiertas ó al abrigo del agente que las altera, presen-
tando notable contraste entre las guarecidas y las que no lo están. El
sol , el aire del mar, el relente de la noche, las inclemencias del tiempo,
en fin , la ponen morena y como curtida en todos los artesanos y demás
que por su profesion han de exponerse contínuarnente á esos agentes. En
una accion que hubo en el campo de Tarragona en 1838, entre los na-
cionales de !lens y los facciosos, murieron varios de uno y otro lado, y
en el campo de batalla se conocia cuáles eran facciosos , cuáles naciona-
l
es por el simple color de la piel. A todos los habian desnudado los fac-
ciosos vencedores; los nacionales tenian el cuerpo blanco, los carlistas
parecían etíopes ó mulatos • y era que estos andaban por el monte su-
friendo los rigores de todas las estaciones cubiertos de andrajos, al paso
que los otros vivian en sus casas y estaban bien vestidos.
52
Las materias empleadas en el oficio alteran tambien el color, ya total,
ya parcial de la piel. Los lugares insalubres y sus emanaciones dan ese
color subictérico ó clorótico que revela la profesion ; los líquidos y mate-
rias colorantes que emplean todos los que tiñen telas ú otros objetos ha-
cen otro tanto, dando á las manos y demás partes que están en contacto
con esas materias , su color. Otro tanto hace , en fin , el polvillo que se
desprende de los artefactos, ya frotándolos, ya limándolos, ya trasladán-
dolos ó manejándolos de cualquier modo. Ese polvillo se incrusta en los
poros, repliegues , uñas y desigualdades de la piel , y les da su color
particular, si ya no es absorbido, y produce coloraciones particulares,
tanto en la piel como en el pelo, como sucede á los que fabrican en cobre
y plomo.
Siquiera sean varias las materias, el color puede ser parecido ; de con-
siguiente, para evitar todo error y determinar el oficio por la materia co-
lorante, se necesita apelar al exámen químico y al empleo de los reacti-
vos propios para revelar la sustancia que haya teñido la piel ó el pelo.
L°
Deformidades de algunas
parees.—Hemos visto que las deformidades
tan pronto se circunscriben á una parte, como dedos ó manos, tan
pronto, en fin, sobre toda ó gran parte de la constitucion. Todo depende
de la mayor 6 menor concurrencia de los órganos de la locomocion
movimientos en el manejo de las herramientas y las actitudes que el tra-
bajo exige. Examinar, pues, la deformidad , su forma particular y su
extension y el modo como hay que manejar en el oficio los instrumentos,
igualmente que la actitud que hay que tener, y esto nos conducirá. á po-
der determinar, al menos de un modo aproximado, cuál es el oficio ó
profesion de la persona examinada. Ya hemos visto que hay deformida-
des tan características , que por ellas solas es posible determinar la pro-
fesion del sugeto.
Como todas esas modificaciones reunen , cualquiera que sea su grupo,
causas iguales, roce con la herramienta ó el objeto, presion 6 esfuerzo
continuo de tal ó cual parte del cuerpo, posicion viciosa ó forzada de este,
ó en fin , contacto repetido con ciertas materias que pueden obrar sobre
los tejidos , ya mecánica, ya químicamente , se concibe que con ellos
tengamos datos generales para descubrir, ya que no una profesion parti-
cular, una clase , y á veces por la particularidad de la lesion, hasta po-
demos determinar el oficio.
Que no se dude que en esas modificaciones ha de haber precisamente
grados , siendo siempre tanto mas notables en igualdad de las demás cir-
cunstancias, cuanto mas obren las causas que las producen. Por eso es
posible que desaparezcan del todo, en especial algunos, si el artesano
pasa mucho tiempo sin trabajar, y ya que no desaparezcan, que se hagan
poco notables. Hay sin embargo algunas, particularmente las que afectan
el esqueleto, cuyas deformidades no desaparecen jamás. Las alteraciones
de la piel en color y continuidad están mas sujetas á estas variaciones.
II.
Sitio de las alteraciones.—La
significacion que tienen las modificacio-
nes físicas respecto de su naturaleza, se aumenta y particulariza más, exa-
minándolas bajo el punto de vista de su asiento ó de la parte del cuerpo
que ocupan. Eso es lo que les da mas carácter. Estudiémoslas , pues , bajo
este aspecto; y si recordamos lo que hemos dicho, al hablar de cada pro-
fesion en particular, verémos que las partes mas modificadas por las pro-
fesiones, son :
1.°
Las manos.—Son
las partes
del cuerpo que mas modificaciones pre-
141
sentan,
p
lebidás á los oficios, y
se comprende desde luego ; porque rara
es
la profesion,
si hay alguna, que no deje vestigios en las manos. Con-
cíbese por lo tanto, que la simple alteracion de las manos, ya en consis-
tencia, ya en color, ya en continuidad, ya en forma, no nos ha de servir
para particularizar, puesto que es un carácter comun, por no decir uni-
versal. Para sacar el debido fruto de ese dato, es necesario fijarnos en la
particularidad de esas alteraciones, pues ella es la que permite determi-
nar la profesion.
Un exámen atento permite ver que las modificaciones de las manos
tienen á la vez caractéres comunes y caractéres especiales. Los primeros
sirven para conocer que el sugeto es un artesano que maneja cuerpos
rudos ó herramientas; los segundos sirven para determinar qué objetos,
qué herramientas son esas , ó lo que es lo mismo , qué artesano es, qué
profesion ú oficio ejerce.
Para apreciar , pues, los caractéres especiales , es bueno dividir las
modificaciones de la mano en unas que la comprenden toda ó las dos en
su totalidad ; otras que solo afectan la cara palmar de las dos ó de una
sola; otras que solo afectan ciertos dedos, y otras, ciertas partes de cier-
tos dedos, ya de las dos manos, ya de una sola, derecha ó izquierda.
Cuando son las dos manos y por igual, regularmente se ven dichos ca-
racteres en las profesiones que obligan al artesano á tener las manos me-
tidas en agua , líquidos , cáusticos, ó colorantes , etc. Cuando es una sola
mano, por punto general es la derecha, como el sugeto no sea zurdo, y
la parte palmar es la que mas sufre por el roce 6 presion 6 fuerza de la
herramienta. El pliegue de la flexion de la mano es el que mas atacado
se presenta, así como los callos suelen estar al nivel de las articulaciones.
Cuando el artesano tiene que coger
á
puño cerrado la herramienta, la
cara palmar es la afectada; así sucede á los que manejan mazos ó marti-
llos. Los desvíos de los dedos, las alteraciones de las uñas, las callosida-
des de estas 6 aquellas articulaciones , siempre se refieren á la acti-
tud particular que ha de tener la mano para manejar el instrumento de
que se sirve para trabajar el artefacto. De consiguiente, para resolver
una cuestion de identidad aplicando estos datos , hay que relacionar el
modo de emplear el instrumento ó herramientas con los puntos de la
mano que mas en contacto están con él , que mas presion sufren ó que
mas fuerzas tengan que desplegar, porque eso dirá donde ha de estar el
engrosamiento, la callosidad ó lo que sea.
2.°
Los piés.—No
son tan frecuentes de mucho sus alteraciones como
en las manos, pero por lo mismo son mas significativas; porque no son
tantas las profesiones en que se valgan de los piés los artesanos. Los que
los tienen en el agua ó dentro de
otros
líquidos y materias; los que se
sirven de ellos para mover tornos, ruedas, ó telares; los que están habi-
tualmente de pié ó sean andarines, andan mucho , presentarán mayor
desarrollo , anchura , deformidad espatuliforme , ó alteraciones de tejido
como los descargadores de leña.
3.
8
Los
brazos.—Son
musculados en todos los que han de emplear sus
fuerzas; están mas desarrollados que en los que solo manejan la mano,
y si en el antebrazo carga algun peso ó hay algun roce, el engrosamiento
la callosidad no falca. Las Coloraciones, como en los tintoreros, zurra-
dores, curtidores, etc., son tambien propias de los brazos. Los labradores
llevan en ellos señales de su oficio , porque par lo comun trabajan arre-
mangada la camisa hasta el sobaco.
—
a.' Las piernas.—Otro tanto dirémos de las piernas: cóloracion segun
los oficios, mas desarrollo muscular segun otros, desvíos, desigualdades,
segun las actitudes mas 6 menos forzadas, como en el chapucero, tornero
en cobre, etc.
5.°
El tronco.—Ya
es el pecho entero el que presenta alteraciones , ya
es uno de los hombros, ya el esternon solo , ya algunas costillas , ya las
caderas, ya el espinazo, conforme las actitudes molestas que la profesion
exija. Son muy características, y basta, para determinar á qué profesion
se deben, ver la deformidad
y
examinar la actitud que el artesano ha de
tener para ejercer su oficio. Hay combaduras comunes á muchas profe-
siones; por lo tanto, es necesario tener en cuenta este dato para no incur-
rir en error. Las del zapatero, sastre, tornero en cobre, chapucero, labra-
dor, etc. , son de las mas características.
6.° La
cabeza.—E1
pelo, los dientes , el estado de la vista y la inclina-
cion de la cabeza son datos que sirven para determinar la profesion. Los
que trabajan en el cobre, hemos dicho que tienen el pelo verduzco. Los
dientes se alteran notablemente en muchas profesiones. Ya hemos dicho
lo que le sucede al fumador. A los que trabajan el fósforo les sucede to-
davía ma
y
or desgracia, los dientes suelen cariarse. Otro tanto sucede á
los
que fabrican dulces , sobre todo , á los que cubren de adornos las
piezas para cajas y ramilletes. La vista suele alterarse en los que trabajan
en cosas diminutas y que necesitan de lentes aumentativos. Los relojeros,
los plateros, los grabadores y otros oficios por el estilo, suelen ser mio-
pes ó présbitas. Los labradores, los mozos de cordel, los soldados, etc.,
no llevan de igual modo la cabeza, segun los hábitos que tengan de ele-
varla 6 inclinarla á un lado ó al suelo.
7.°
Organos interiores.—Hay
ciertas profesiones, que no solo afectan
las manos, piés y otras partes exteriores del cuerpo, sino los órganos in-
ternos, por medio de la absorcion de los materiales que se manejan, ó á
cuyas emanaciones se expone el operario. Así les sucede á los mineros,
en especial, en la explotacion de ciertas minas metalíferas , á los fabri-
cantes de albayalde, minio, artífices en cobre, etc.
Asociando, pues, á los datos relativos , á la naturaleza de las modifica-
ciones físicas producidas por las profesiones, los relativos al sitio que se
presentan, y teniendo en cuenta las precauciones indicadas, podremos sa-
car de ellas gran partido en las cuestiones de identidad.
La regla general para lo último, es siempre relacionar las alteraciones
con el modo como se manejan las herramientas y la actitud que hay que
tener, y hasta los hábitos particulares de cada oficial, porque los hay que
no trabajan como los demás, y esto puede dar lugar á diferencias de cuan-
tía, siquiera sea de la misma profesion.
Si á todo lo dicho añadimos los vestigios que el
oficio
deja en los ves-
tidos del artesano, tendrémos en no pocas ocasiones mucha luz para re-
conocer su oficio.
Concluirémos este importante estudio, que tan bien ha iniciado el doc-
tor Tardieu , dando mas extension á una idea que ya hemos indicado, y
que se refiere al valor lógico de los datos hasta aquí expuestos. Esto es
lo
mas importante; si no tratáramos de ver cuál es la. sign.ificacion que
han de tener
para el
.
médico legista las modificaciones físicas introduci-
das
por las profesiones,
podriamos incurrir en gravísimos errores que
conviene evitar, para no hacer cometer á
los
tribunales actos
injustos.
Los datos de que hemos hablado, deben dividirse en unos que son
in-
— 55 —
ciertos; otros que son
ciertos, pero inconstantes,
y otros, en fin, que son
cier-
tos y constantes.
Esta sola division deja comprender cuán importante es
este punto.
Tardieu, refiriéndose á las profesiones de que ha tratado, dice que son
inciertos
los signos de los carreteros, costureras, fabricantes de fideos, mo-
distas, plomberos y prostitutas;
ciertos, pero inconstantes,
los de los carda-
dores, cocheros, peluqueros, cazadores, mineros, descargadores de leña,
encajeras, escribientes, fumadores, relojeros, molineros, nacareras, agua-
dores, encuadernadores y tambores , y por último,
ciertos
y
constantes,
los
de los demás de que él habla.
Sin ánimo de invalidar el juicio que Tardieu ha formado de las modi-
ficaciones físicas producidas en los sugetos por las profesiones que de-
termina, creemos que este importante punto debe tratarse de otro modo
mas general y aplicable á todos los casos y profesiones que puedan dejar
vestigios, y como lo ha hecho el mismo Tardieu , antes de establecer su
division.
Es necesario sentar primero que todo, que la designacion de dichas
modificaciones no ofrece datos de significacion absoluta , en especial en
sentido negativo; queremos decir , que no porque no ofrezcan esos vesti-
gios ciertos sugetos, ya los debemos declarar como no artesanos del ofi-
cio en que puedan presentarse. Todo lo mas que se les puede conceder
es una significacion probable , y si se trata de determinar la profesion,
en especial, si son inciertos y fugaces.
Es menester considerar, para ver cuán fundados andamos en esto,
que
diferentes circunstancias personales de posicion social ó de localidad
pueden producir diferencias de cuantía, en- los artesanos de un mismo
oficio.
Las alteraciones, por ejemplo, de color y consistencia de la epidermis,
pueden ser mas ó menos notables , existir ó no , segun cual sea el arte-
sano. Su carácter, su limpieza y aseo , su cuidado de neutralizar los efec-
tos de su oficio, lo mas ó menos delicado de su piel, su ma
y
or ó menor
trabajo, su constitucion, su temperamento , su género de vida , la locali-
dad de la fábrica, el empleo ó el descuido de precauciones y otras cosas
análogas , pueden influir mas ó menos en la produccion de esas modifica-
ciones físicas que causa su oficio. Así , por lo tanto, esa clase de alteracio-
nes no llevan un sello cierto ni constante, y no porque no los encontre-
mos en un sugeto , estaremos autorizados para afirmar que no ejerce tal
profesion. Cuando existen, su carácter coman con, otras profesiones nos
debe hacer tambien muy cautos, y como no ofrezcan á. vueltas de lo co-
mun algo particular y especial , no podremos declarar sino en el terreno
de la probabilidad ó presuncion.
Las que afectan el esqueleto , como resultado de su trabajo , largo
tiempo sostenido, y contra el cual no bastan las precauciones, ya tendrán
un carácter mas cierto y mas constante; sin embargo, fácil es conocer
que, segun la constitucion, el temperamento , la idiosincrasia , la habita-
clon, el género de alimentos , etc. , los huesos se han de prestar mas
menos á desvíos, y
-
por lo mismo hasta en estos casos es necesario andar
con mucho pulso , antes de decidirse de una manera terminante y cate-
górica.
En suma, el giro que
M.
Tardieu ha hecho dar á esta parte de los da-
tos para resolver cuestiones de identidad es importante; proporciona mas
recursos
de los que teníamos,
y
abre una senda para
llegar á la perfec-
— 56 —
cion; pero en el estado actual no podemos todavía vanagloriamos
de ha-
ber
vencido todas las dificultades que este punto de la cuestion presenta
en muchos casos prácticos. Por eso hemos aceptado las ideas y estudios
de Tardieu, pero con las debidas restricciones.
Posteriormente á los estudios de Tardieu ha publicado en los
Anales
de higiene pública
y
medicina legal,
segunda série, torno
XVII,
pág. 104 y
siguientes, el doctor Máximo Vernois, un extenso y curiosísimo trabajo,
titulado :
De la mano de los obreros
y
artesanos , bajo el punto de vista de la hi-
giene y
de la medicina legal.
Es una memoria que abraza tres puntos: el pri-
mero hace la historia analítica de las lesiones comunes y especiales en las
diferentes industrias y profesiones; el segundo comprende la historia y des-
cripcion general de las modificaciones referidas en la primera parte ; la
tercera está destinada á determinar el valor de todos y cada uno de los
signos estudiados en las dos anteriores.
Vernois comprende ciento cincuenta oficios ó profesiones, en lo que
aventaja á Tardieu que so'o publicó cuarenta y ocho, y en cada profesion,
despues de señalar las alteraciones que produce, ó los vestigios que le cor-
responden , indica las causas á que se deben.
Sin embargo, aunque no trato de disminuir el valor que tiene el tra-
bajo de M. Vernois , que acaba de adquirir mas curiosidad con la es-
tampa de varias figuras iluminadas de manos y piés , propias de ciertas
profesiones; aunque abraza mas oficios y desciende á mas pormenores
relativos á las manos del obrero, no creo deber hacer aquí lo que llevo
hecho con los estudios de Tardieu , puesto que lo esencial de esa clase de
observaciones está en lo que Ya llevo expuesto.
Vernois da mas materiales y añade algunos datos más; pero, en mi con-
cepto, no salva los inconvenientes que hemos apuntado como inseparables
de esos casos, y el mismo cuidado que recomienda para que no nos deje--
mos dominar de un solo dato sino de la reunion de muchos , indica bien
que no le inspiran confianza.
Vicios y
pasiones.—Hé aquí poderosas causas para transformar á los su-
getos y ponerlos desconocidos del todo. Los vicios y las pasiones gastan
el alma y el cuerpo á la vez; unos y otros se constituyen fecundo manan-
tial de sinsabores y enfermedades, las que, cuando no abalanzan á la per-
sona hácia el sepulcro, la demacran , desfiguran y transforman tal vez en
un esqueleto ambulante, en una figura raquítica y miserable, que ni som-
bra parece de lo que fué. La historia nos presenta casos muy notables de
mudanzas físicas de sugetos, bajo la influencia de fortísimas pasiones. El
terror profundo ha blanqueado el pelo casi instantáneamente á varias per-
sonas. La reina de Francia , María Antonieta , presentó este efecto en la
cárcel, presa por la revolución. Un autor, llamado San Prix , pasó una
noche colgado en un anillo del puente Espíritu Santo , despues de haber
naufragado la barca en que iba; al dia siguiente estaba' cano. Skenquio
refiere, segun Lemnio, que condenado á muerte cierto jóven , reo de es-
tupro, se aterró de tal suerte, que su pelo y barba se volvieron blancos
en una noche; el tribunal le desconoció hasta el punto de creer que habia
sido sustituido. Casi todos los reos que van al suplicio tienen el rostro tan
desfigurado, que no son conocidos ni por sus deudos.
E
n
fermedades.—Las
alteraciones que los sugetos pueden sufrir bajo el
influjo de las enfermedades, son tan numerosas como profundas. Las vi-
ruelas desfiguran horriblemente. Los cánceres , la tisis, las pérdidas se-
minales, la
lepra, la parálisis, una multitud, en fin,
de dolencias crónicas
r
itP
P
— 57 --
de esas que afectan la inervacion ó la nutricion de la persona , la alteran
muchas veces hasta el punto de no conocerla á primera vista ni los
mis-
mos
que mas frecuentemente la-visitaban 6 veian.
Artificio.—Por
último , hay personas en la sociedad á quienes interesa
desfigurarse para que nadie _las conozca, y puedan de esta suerte guar-
dar su incógnito, ya para huir las pesquisas de la justicia, ya para satis-
facer sus caprichos, ya, en fin , para conseguir la realizacion de los pla-
nes que hayan concebido. Algunos presidiarios 6 grandes criminales han
llegado á desfigurarse, cortándose parte de la nariz, mutilándose dedos,
haciéndose llagas , quemándose el rostro con ácidos concentrados , qui-
tándose el pelo, etc. Otros se tiñen el pelo, gastan'peluca, fingen ser cal-
vos, cojos, mancos, _mudos , sordos, etc. , y creen que por esos medios
podrán disfrazarse á los ojos de la sociedad, y sobre todo , de aquellos á
cu
y
as miradas quieren huir.
Puesto que las' cuestiones de identidad , difíciles ya de suyo, segun los
casos, pueden hacérselo mas por el artificio de la persona , cuya identi-
dad sea dudosa, conviene que el médico-legista conozca todas las formas
de ese artificio. Si consiste en manchas, cicatrices ó deformidades, ó en
alguna enfermedad simulada, será fácil reconocer el fraude por los me-
dios de exploracion, que al tratar de esa clase de simulaciones expondré-
nios. Si se ha desfigurado tiñéndose el pelo ó la barba, sobre que basta á
la simple vista para advertirlo, sin hacer mas que dejar crecer esa barba
y ese pelo , tenemos varios medios á propósito para el descubrimiento de
semejante artificio, en los cuales nos ocuparémos, al dilucidar la cuestion
segunda de este capítulo.
Con todo lo que precede tenemos reunidos algunos datos para resolver
las cuestiones de identidad y en especial la de este párrafo. Si una
atenta investigacion del sugeto, bajo el punto de vista de sus circunstan-
cias personales y el de las influencias que pueden modificar estas circuns-
tancias, no da resultado alguno, no será porque hayamos dejado de men-
tar lo que se necesita para la resolucion de esta clase de problemas, sino
por la dificultad del mismo caso , el cual no dará pié á semejante inves-
tigacion.
Y á propósito de- dificultades; dejaria este párrafo incompleto, si al re-
cordarlas , no recomendase al médico-legista la reserva y el aplomo en
toda cuestion de identidad. Los datos sobre que podemos apoyarnos,
raras veces nos darán tal se
c
auridad, que no caigamos en errores bochor-
nosos , capaces de comprometer , cuand) no la buena fé , la reputacion
del perito. Es menester no perder de vista que , cuando somos consulta-
dos para determinar la identidad de las personas, regularmente no hay
registros que compulsar, no hay documentos á qué acudir ; los sugetos
que dan lugar á la consulta, se presentan como nuevos, como aislados de
todo aquello que haya podido fijar los vestigios de su paso , las huella s de
su existencia natural y social. Un incendio , una devastacion , el fraude,
la desidia, dan márge'n á que se pierdan los documentos que pOdrian ar-
rojar alguna luz sobre la identidad de una persona; y si en este estado de
oscuridad y de dudas es consultado el facultativo, ¿cuánta no ha de ser
su
p
ifecaucion, teniendo que cimentar su voto sobre edad, estatura, sefias
particulares y mudanzas que á tantas cosas pueden ser debidas, mayor-
mente cuando no es materia fácil y trillada la determinacion y el
valor
positivo de cada uno de los datos que han de servirle de guia?
Por regla general, jamás dirá el facultativo que el sugeto examinado
58 —
sea este ó aquel; simple relator de lo que observe, expondrá cuanto
viere , dando á cada hecho médico su verdadera significacton; si lo que
él describe como observado en una persona pertenece al sugeto en cues-
tion , esto lo determinará el tribunal á tenor de los demás datos. Si al-
guna cuestion hay en medicina legal en que deban evitarse en lo posible
las prevenciones , seguramente que no deja de serlo cualquiera de iden-
tidad.
Por último, advertiré que esa reserva , recomendada en punto á iden-
tidad, ha de ser tanto mayor, cuanto mayor sea tambien la trascendencia
del caso. Si para determinar la identidad de una persona en casos de
confusion de un inocente con un reo , del heredero ó verdadero miem-
bro ó cabeza de una familia con el supuesto, y en otros análogos, hay
que guardar circunspeccion y prudencia , ¿cuánta mas no se habrá de
guardar, si el reconocimiento versa sobre una persona que ocupe en la
sociedad una posicion trascendental, un puesto público que esté mas ó
menos enlazado con las instituciones ? Hoy dia probablemente no se ofre-
cerá ninguno de estos casos. Pasaron ya los tiempos en que tras largas
guerras á paises lejanos , como en los dias de las cruzadas , por ejemplo,
regresaban los barones, los condes y duques , tenidos ya por muertos,
encontrando , no so:o sus castillos feudales ocupados por otros dueños,
sino á las harto precipitadas castellanas casadas, ó con un caballero que
las habia engañado , suponiendo y probado que eran viudas , ó con un
page que, cantándoles baladas en la soledad de las almenadas torres, las
habia hecho „olvidar tal vez sus mas fervientes votos. Pasaron todavía
mas aquellos tiempos en que era lícito á ciertos aventureros presentarse
como vástagos de reyes con derechos al trono de esta ó aquella nacion.
Hoy en dia , los Lamberto Samuel , los Pekins Warvick no alterarian la
paz de Inglaterra como en el reinado de Enrique VII. Los falsos condes
de Warvick , los falsos duques de York son tan imposibles en la actuali-
- dad, como los falsos Demetrios que perturbaron la Rusia. Nuestro fa-
moso soldado que pasó en Francia por el cardenal de Borbon durante la
guerra de la independencia , y que tantos obsequios mereció , ¿seria po-
sible que hoy reprodujese su farsa? La publicidad que á todo da la prensa
periódica , no solo no consentiria que se presentasen casos de confusion
de personas , sino ni aun que se tomasen en consideracion las pretensio-
nes de cualquier aventurero, que explotase su semejanza de fisonomía con
algun personaje desaparecido ó tenido por muerto. ¿De qué les ha ser-
vido á los farsantes que se han presentado en Francia , dándose por el
hijo del desdichado Luis XVI , el Delfin que la Convencion hizo desapa-
recer? Todos han sido tratados, y con razon , como impostores.
Pero si estos casos son raros , y en el dia tal vez solo imaginables, no
lo son los de aparicion de personas por largos años ausentes de su fami-
lia y país. Las emigraciones , los viajes á América , las guerras habidas
en este siglo y fines del pasado, pueden dar lugar á que se presenten su-
getos , sobre cuya identidad se levanten dudas, ó que sean causa de erro-
res graves, como los de los aventureros Dutille y Pedro Mega. Para
estos casos, que pueden ser muy prácticos, recomendamos la reserva en
alto grado.
Cuanto acabo de exponer, con respecto al sugeto vivo , es de general
aplicacion al muerto. Siempre que se presente un cadáver de persona
desconocida 6 se crea que pertenezca
á
este ó aquel sugeto determinado,
se resolverá la identidad, examinando las circunstancias individuales de
o
y
Vu
tl
111
59
ese cadáver , á saber : su edad, su estatura , su sexo , etc., y las influen-
cias que hayan podido modificar dichas circunstancias. Toda diferencia
que haya en el modo de investigar, ha de depender de la muerte. Es
evidente que en un cadáver no hay que averiguar, por ejemplo , su pro-
fesion por medio de su modo de expresarse , etc.
Lo que digo del cadáver íntegro , es aplicable al mutilado , igualmente
que al esqueleto ó hueso solo que se encuentre. Cuanto mas reducido sea
el campo que presente el sugeto á la investigacion, es evidente que serán
tanto menos aplicables los puntos de vista , bajo los cuales hemos dicho
que debe ser examinada la identidad.
Creo que estas razones bastan para dejar justificado el que no se trate
en este capítulo de las cuestiones de identidad , relativas á un cadáver
íntegro ó mutilado , ni al esqueleto entero , ó uno 6 mas huesos.
Tampoco me haré cargo de semejantes cuestiones en otra parte, por la
sencilla razon que de lo que acabo de manifestar se desprende. Si con lo
que llevarnos expuesto, hay cuanto se necesita para resolver una cuestion
de identidad , preséntese como se quiera, 'ya en una persona viva , ya en
otra muerta , cadáver ó esqueleto , íntegro ó mutilado, ¿á qué repetir en
otra parte lo que ya tengamos anteriormente explanado ? Lo único que
deberémos hacer, y, en efecto, harémos, cuando se trate de las reglas
generales para el examen de los cadáveres, será completar el catálogo de
datos que para las cuestiones de identidad, relativas al sugeto muerto , se
necesiten. Allí será oportuno y metódico , y allí remitirémos al lector
para llenar lo que le faltare en punto á identidad.
Demos , por lo tanto, por concluida la cuestion primera y pasemos á la
segunda.
Declaracion sobre
un
caso de identidad.
Dijeron : Que habiendo sido llamados por
el Juez de primera instancia del
distrito
de Lavapies, para
reconocer..á un sugeto que supone ser Francisco Sua-
rez,
y
determinar su identidad á
tenor
de los datos que acerca de este sugeto se
tienen,
se
han trasladado á
la cárcel
del Saladero de esta corte , i las diez de
la mañana del dia 20 de octubre del corriente año.
Que los datos suministrados por el juzgado, relativos á dicho Francisco
Sua-
rez, son los siguientes:
1.°
Se cree que es Antonio Dominc
r
uez , de cincuenta años de edad, casado,
padre de tres
hijos, natural de Guadalajara, de oficio zapatero, el cual desapa-
reció de dicha ciudad hace unos diez años por haber herido
á un
amigo suyo
en una reyerta.
2.° A la sazon en que desapareció, estaba bien nutrido; tenia buena consti-
tution, temperamento sanguíneo , bilioso, bien conformado, de estatura regu-
lar, pelo negro, un poco calvo
en la
coronilla y con entradas en las sienes; frente
pequeña y estrecha , cejas negras y pobladas, ojos pardos y pequeños, nariz
grande
y
aguileña, orejas regulares, boca grande,
con
buena y completa den-
tadura, cara algo ovalada.
3.° Habia sufrido cuatro sangrías, dos en la ílcxion del brazo derecho
y
una
en cada mano; se le halda') aplicado dos docenas de sanguijuelas en .el costado
izquierdo del pecho;
en
la muñeca izquierda tenia una cicatriz debida á
un
parche de cal que se aplicó para curarse un lobanillo , una berruga encima de
la cadera derecha y un lunar en el antebrazo izquierdo.
Qae con
p
resencia de dichos datos reconocieron al que se hace llamar Fra
n-
cisco Suarez,
y
cuyo oficio, segun dijo, era mozo de cordel , y observaron en
él lo siguiente :
Es,
en
efecto,
un
hombre
de unos cincuenta mi )s,
de constitucion bastante
— 66 —
RESUMEN.
Hay cuestion de identidad, cuando se trata de averiguar si un sugeto
vivo es tal como dice ser ú .otros creen. Háyla tambien cuando se trata de
declarar si un cadáver pertenece á tal ó cual sugeto , y si le pertenece un
esqueleto ó parte de él.
Las cuestiones sobre identidad de las personas se resuelven por medio
de la edad , estatura , sexo , constitucion , temperamento , idiosincrasia,
señas particulares, corno manchas ó tumores congénitos, cicatrices ó
figuras grabadas en la piel , vicios de conformacion y defectos físicos.
Los caracteres propios á cada una de esas circunstancias personales
sirven para determinar, segun los antecedentes que se tengan de las del
sugeto en cuestion, si es ó no en efecto el que se busca.
Para que no incurramos en error es necesario atender á las modifica-
ciones que en esas circunstancias pueden producir ciertas influencias,
como el clima , el género de vida , la miseria , la posicion social , la pro-
fesion , las pasiones , los vicios , las enfermedades y el artificio.
Igualmente es necesario fundar los juicios en el conjunto de datos,
nunca en uno ó pocos , como no sean de significacion tal que lo consien-
tan. Son pocos los que por sí solos pueden determinar á una persona.
Las profesiones y el artificio son las influencias que mas profunda y fre-
cuentemente pueden modificar, y modifican, las circunstancias personales.
Para apreciar debidamente las alteraciones 6 vestigios propios de cada
profesion , hay que atender á la naturaleza de las modificaciones y á las
partes del cuerpo del artesano en que se presentan.
Las alteraciones suelen ser :
Engrosamiento de la epidermis,
2.° Alteracion de la estructura de la piel,
3.° Modificacion de la coloracion normal.
4.° Deformidad de algunas partes.
Los órganos en que con mas frecuencia se presentan esas alteraciones
son: 1.° las manos ; t.° los pies; 3.° los brazos ; 4.° las piernas; 5.° el
tronco ; 6.° la cabeza ; 7.° órganos interiores.
Entre esas alteraciones hay algunas que son inciertas, otras ciertas y
permanentes , otras ciertas, pero que desaparecen , y otras que no siem-
pre se hallan, siquiera se tenga el oficio ó profesion donde suelen hallarse.
Para poder apreciar si las manos del obrero ó del que ejerce este ó
aquel oficio, tienen los vestigios propios , el medio mejor es averiguar
cómo se cogen las herramientas , ver qué partes son las mas sobadas, y
que por lo mismo han de ofrecer mas vestigios.
o
La comparacion con la mano de un- obrero de la propia clase puede
arrojar mucha luz.
El artificio puede hacer poco ó nada respecto de la estatura, sexo, cons-
titucion , temperamento é idiosincrasia.
opn casi igual caso se encuentra , respecto de la edad , vicios de con-
formacion y defectos físicos.
En cuanto á las señas particulares, algunas como lunares, manchas,
cicatrices y figuras , pueden borrarse por diferentes medios; mas raro es
qu'e se logre, y sobre todo que no queden vestigios ó cicatrices en
la
parte que por lo menos dé
á
sospechar
que se ha hecho desaparecer ar-
tificialmente
lo
que habia.
•
— 67
Las-figuras dibujadas en la piel pueden borrarse naturalmente con el
tiempo , cuando la sustancil empleada puede desaparecer por medio de
combinaciones químicas con los principios de la economía , como sucede
con el cinabrio y tintas vegetales. Las hechas con carbon, pólvora y tinta
china suelen ser indelebles.
El artificio puede alterar el color del pelo cano, rubio , blondo YCasta-
ño, no puede alterar el negro, castaño ni rubio , dándoles color blanco,
ni mas claro.
Los medios de que-se valen para teñir el pelo de color oscuro ó negro,
son preparados de plomo, bismuto ó plata, empleando diferentes proce-
dimientos. Los mas comunes hoy dia son por medio de líquidos y cepillos
que se pasan y repasan en todas direcciones por el pelo que se quiere
teñir.
Para descubrir ese artificio basta tomar un poco de pelo, hacerlo ma-
cerar en agua con un poco de ácido clorhídrico, y el pelo pierde el color
presentando el que tenia.
Tratando luego el licor con los reactivos propios de dichos metales, se
determina cuál la sido la preparacion empleada.
Si el sugeto vive ni eso es necesario : basta aislarle-, impedir que se
vuelva á teñir, y se verá cómo creciendo el pelo aparece su color natu-
ral á la raiz.
CAPITULO II.
De las cuestiones' relativas á la simulacion disimulacion , pretexto, imputacion
y
comunicacion de enfermedad.
ARTÍCULO PRIMERO.
PARTE LEGAL.
No hemos hallado en nuestros códigos ninguna disposicion que se re-
fiera directamente á las cuestiones de este capítulo. Simular y disimular
enfermedades no es delito, es un engaño que no está consignado nomi-
nalmente en el Código penal. Otro tanto diréanos del pretexto. En cuanto
á la imputacion , puede ser en ciertos casos injuria , y corno tal será cas-
tigada. Comunicar una enfermedad , puede causar perjuicios.
Al tratar de las enfermedades que eximen del servicio de las armas,
veremos disposiciones particulares contra los que , con el objeto de li-
brarse de dicho servicio, fingen enfermedades
ó
se mutilan.
Pasemos, pues, á la parte médica, puesto que nada tenemos de qué
hablar en la legal de estas cuestiones.
ARTÍCULO II.
PARTE MÉDICA.
De las cuestiones que pueden suscitarse con motivo de la simulacion, disimulacion,
pretexto, imputacion y comunicacion de enfermedad.
Hay sugetos á quienes repugna comparecer á los juicios verbales, y el
ser testigos. Hay presos que desean trasladarse de unacárcel,
ó
de un
presidio á otro ; culpables que procuran alejar el dia de su castigo; men-
— 68 ----
digos que con llagas ó tumores postizos explotan la conmiseracion del
público ; personas á quienes el juez trata de encarcelar y se fingen enfer-
mas, 6 lo están realmente.
Bay casados que aspiran á divorciarse; mozos que quieren eximirse del
servicio militar ; vecinos que no gustan de compartirse los cargos pú-
blicos. Otros son de corporaciones, sociedades 6 cofradías , en cuyos ins-
titutos está consignado que se den dietas ó pensiones á los socios enfer-
mos , y como para todos estos casos hay establecidas ciertas disposicio-
nes, unas legislativas , otras reglamentarias , que pueden favorecer las
pretensiones de cada uno de estos sugetos, si consiguen engañar á quien
corresponda ; muy á menudo se simula esta 6 aquella enfermedad, con
mas 6 menos probabilidades de buen éxito, segun cual sea el efecto si-
mulado y la maña ó la astucia del farsante.
Otros hay que la disimulan. Nodrizas ó amas de cria que buscan niños
á quienes dar teta ; mozos que quieren ser sustitutos ; ciertos sugetos lo-
cos 6 monomaníacos que rechazan como una injuria el que se los tenga
por tales, y otras personas de análogas circunstancias darán lugar á
cuestiones de disimulacion de enfermedad. Otros, realmente enfermos,
pretextan que su dolencia es incompatible con lo que se exige de ellos,
dando ocasion á cuestiones de enfermedad pretextada. Los hay que acu-
san á otros de locos , hecho no raro en ciertas familias, ó que les imputan
enfermedades venéreas, etc. lié aquí casos de imptrtacion de enfermedad.
Por último, hay ocasiones en las que ciertos indivíduos comunican á
otros enfermedades , y causándoles perjuicios , dan lugar á que se haga
el hecho judicial.
Indicar esos hechos , es ya dar una idea de las cuestiones que con esos
motivos se presentarán en la práctica.
Estas cuestiones están muy fácilmente formuladas, y puesta una, lo
están todas, por lo menos en lo concerniente á la forma. En todo caso
práctico que dé lugar á cualquiera de ellas, se tratará de saber si el su-
geto finge, si disimula , si pretexta , si se le ha pegado una enfermedad.
En los mismos casos de verdadera imputacion de enfermedad hay cues-
tion de disimulo ; es decir, hay que saber si realmente el sugeto á quien
se imputa una enfermedad , la sufre 6 no ; si la sufre , es evidente que
la disimula, cuando en su queja la da como imputada. lié aquí , pues,
cómo deberán presentarse estas cuestiones.
1.
a
Declarar si tal sugeto está. enfermo á lo finge.
t.' Declarar si tal sugeto trata de ocultar una enfermedad , ó si tal su-
geto que se dice estar sano lo está realmente.
3.
a
Declarar si la enfermedad que tal persona padece es realmente in-
compatible con el cargo que de ella se exige, coh el traslado á la cár-
cel, etc.
4.
a
Declarar si tal sugeto padece ó no de la enfermedad como tal otro
afirma.
5? Declarar si la enfermedad ha sido comunicada.
Vamos á ver cómo se resuelve cada una de estas cuestiones.
I.--Declarar si tal sugeto está enfermo ó lo finge.
Aunque los términos con que los jueces
nos
ponen la
cuestion varian
segun
las circunstancias del sugeto que da lugar á ella, siempre en el
fondo vendrá á ser
tal
cual la acabamos de formular. Siempre se tratará
— 69
de averiguar si un sugeto adolece ó no del padecimiento que acusa.
Cuando el padecimiento es fingido, pertenece siempre á los que se pue-
den fingir con alguna esperanza de buen éxito. No todas las enfermeda-
des son susceptibles de simulácion ; unas se prestan mas Ilue otras; por
eso importa conocer las que suelen fingirse.
Las enfermedades que se suelen fingir son numerosas , en especial las
que suponen algun defecto físico , y las crónicas, cuyo diagnóstico no sea
muy fácil de conocer á primera vista.
Percy y March han escrito sobre las enfermedades simuladas con gran
ventaja para el arte. El último , sobre todo , ha establecido ciertas re-
glas que se siguen y se seguirán por mucho tiempo en los casos prácticos
de esta especie (
1
).
Este mismo profesor ha propuesto que se dividan las
enfermedades simuladas en unas que lo son por
imitacion ,
y otras por
provocacion.
Lo son por
zmitacion ,
las que imitan ó remedan los que suponen pade-
cerlas.
Lo son por
prOvocacion ,
aquellas que se han desarrollado á consecuen-
cia del artificio.
Esta clasificacion admitida por Orfila y otros médicos legistas , no es
exacta. Para imitar algunas enfermedades. se fingen ciertos síntomas
que no lo son , y en estos casos no hay enfermedad , la ficcion es com-
pleta. En otros se provoca su desarrollo con algun medio artificial, de
lo cual resulta que la enfermedad es real y
.
positiva ; pero es fingida la
causa que la ha producido.
Admitamos la clasificacion, pero dando á las voces
imitacion
y
provoca-
cion
un sentido mas exacto. Así , dirémos que son casos de enfermedad
simulada por imitacion ,
todos aquellos que ofrezcan mas ó menos aparien-
cias de síntomas, pero que nunca son enfermedades , háyanse ó no em-
pleado medios para provocar algunos de sus síntomas.
Son casos de enfermedad
simulada por provocacion ,
los que presentan el
cuadro sintomático que les es propio, pero que han sido provocados ó
están sostenidos por medios artificiales.
Con esta clasificacion y definiciones acaso podamos evitar la repeticion
y confusion que de otro modo serian inevitables.
Devergie rechaza la clasificacion de March, y trata de las enfermeda-
des en cuestion por órden alfabético, despees de haberlas dividido en
tres grupos : el 1.° comprende las que dependen únicamente de la volun-
tad, que regula los movimientos y el pretendido estado vicioso desorde-
nado de la economía; los otros dos son iguales á los que hemos dicho.
No vemos ninguna ventaja real en esta clasificacion; así seguirémos con
la indicada. En cuanto al órden alfabético de exposicion , es una buena
idea para conservar dichas enfermedades en la memoria , y como no se
opone en manera alguna á la clasificacion que hemos adoptado, la añadi-
rémos á esta para la exposicion y estudio de aquellas.
Las enfermedades que se simulan imitando algunos de sus síntomas,
sin que haya realmente padecimiento, son las siguientes:
A. A
fonía , alteraciones mentales , almorranas, alopecia , amaurosis,
aneurismas del corazon , asma.
C. Caida del párpado superior, cálculos urinarios, cáncer, claudica-
con, contractura , contusiones, convulsiones.
(
f
)
Diccionario de medicina
en 11 voL art.
Decepcion.
— 70
D.
Deglucion difícil , dolores nerviosos , osteócopos y reumáticos.
E.
Edema del escroto, epilépsia , escorbuto, escrófulas, estrabismo',
éxtasis.
F.
Fístula del ano.
G.
Gastralgia.
H.
Hematérnesis , hematuria , herniplegia , hemoptisis.
1.
Ictericia , incontinencia de orina.
M.
Manchas de la córnea y de la piel , miopia , mudez.
N.
Nostalgia.
O.
Ocena , otitis crónica.
P.
Palidez, parálisis, pérdida de los testículos, pestañeo, pólipos na-
sales, frocidencia del recto.
R.
Rabia.
S.
Sarna , síncope , somnambulismo, sordera , sudor deopiés.
T.
Tartamudez, temblores, tiña, tortícolis, transpiracion fétida.
V. Vómitos.
Tales son las enfermedades que suelen simularse, imitando algunos
de sus síntomas. Su sola indicacion basta para comprender cómo, en
efecto, y
,
a sea por los medios naturales , ya sea por los artificiales , pue-
den ciertos farsantes remedar algunas de dichas enfermedades , presen-
tando cierto grupo de síntomas que á primera vista impresionen y hagan
creer á quien examine las cosas de ligero, ó
á
quien no conozca la cien-
cia del diagnóstico, que realmente' existe una enfermedad donde no hay
mas que el artificio y el fraude. Tal vez hubiéramos podido añadir algu-
nas otras; pero estas bastan, y las reglas generales que darémos al fin,
serán aplicables , tanto á las enfermedades de que hablamos, como á las
que pasamos en silencio.
Para la resolucion de las cuestiones que sobre enfermedades simuladas
pueden presentarse, se hace indispensable , además de saber cuáles sean
las que suelen ser objeto de ficcion, poseer :
1.°
La ciencia del diagnóstico y los caractéres de las enfermedades que
se fingen.
2.° El conocimiento de los medios de que se suele echar mano para si-
mular una enfermedad cualquiera,
3.
a
El conocimiento de los medios que debemos emplear para descu-
brir el fraude.
Con respecto á la ciencia del diagnóstico, diremos poco y aun como de
Raso, puesto que debemos suponer suficientemente instruidos de la parte
smtomatológica de cada una de las enfermedades expuestas en el cuadro
que precede, á cuantos hagan uso de los preceptos que en esta obra,
_y
sobre todo en este capítulo, establezcamos; sin que por esto se entienda
que pierda nada de su valor la necesidad de conocer bien esta ciencia. En
el diagnóstico estriba principalmente el juicio que va á formar el facul-
tativo del estado del sugeto que finge una enfermedad ; el diagnóstico es'
la base , es la parte esencial ; los demás conocimientos son accesorios,
ilustran la materia , facilitan, completan, corroboran el diagnóstico.
Pasemos, pues, á exponer los medios que se suelen poner en práctica
para simular las enfermedades que acabamos de indicar, los caractéres
con que se reconoce la ficcion de las dolencias y defectos corporales , y
por último, los medios de que deberémos valemos para descubrir el ar-
tificio.
Afonía.
—Esta afeccion es rarísima en el hombre, como no
dependa de
— 71 ---
algun vicio orgánico de la laringe: en la mujer es mas frecuente. Con-
cíbese que puede muy bien imitarse; mas, por muchas que sean las pre-
cauciones , es fácil sorprender al farsante con el terror, el dolor instan-
táneo, el sobresalto ; cualquiera medio de sorpresa , en fin , es á propó-
sito para que su voz se manifieste.
Alteraciones mentales. —
Son
estas afecciones de las que mas á menudo
se fingen, parecerles á los farsantes que son las
.
mas fáciles de fingir,
y á la verad se equivocan notablemente.
Los que se fingen locos , suelen ser criminales que han creido escapar
por este medio al condigno castigo, y como la ma
y
or parte son ignoran-
tes, se figuran que, para ser loco, es menester ser
'
furioso, atropellar, gri-
tar, hacer extravagancias, no conocer á nadie , olvidarlo todo y hablar
sin ton ni son, sin contestar jamás de acuerdo con lo que se les dice, re-
velando fácilmente la farsa con semejantes demasías y mal calculadas
exageraciones. Otros , mas astutos , fingen locuras pacíficas y taciturnas,
mas fáciles de fingir y sostener, y mas convenientes al mismo farsante.
Tal era Gerard de Lyon. Este sugeto mató á una mujer, y se fingió loco;
no quiso comer, permaneció echado
é
inmóvil , no respondia cuando le
llamaban , apenas se movia cuando le sacudían los miembros ó el cuerpo,
y mostraba en su fisonomía un aire estúpido, pareciendo que no oia ni
effiendia una palabra; tampoco articulaba un sonido siquiera. Al cabo de
ocho dias de esto comió, pero conservó lo demás. Los médicos , encar-
gados de informar sobre el estado de la inteligencia de Gerard, sospe-
charon siempre que era una farsa su locura , y recordando que Valentini
recomienda la cauterizacion superficial con el fuego para descubrir este
género de farsas , resolvieron aplicarla á Gerard. Este reo resistió cinco
cauterizaciones en la planta de los piés. Viendo que resistia , trataron
de aplicársela á la nuca mientras durmiese; no lo pudieron conseguir,
porque, al menor ruido que hiciesen cerca de él, se dispersaba. Le aplica-
ron otras tres cauterizaciones ,y al fin se decidió que le pondrían un se-
dal en la nuca. Gerad hizo gestos negativos, y obligado á explicarse , ha-
bló, negó su crimen, respondió á la acusacion que se le hizo de haber
fingido el ser loco, y probó, rompiendo el silencio, que ni era loco ni
mudo.
¿Hariamos otro tanto nosotros en un caso análogo? Yo me guardaré
muy bien de aconsejarlo. Por mas que Valentini , Zachías y otros médi-
cos legistas célebres recomienden la cauterizacion actual para descubrir
si la locura, si un dolor, si un encogimiento, etc., son verdaderas enfer-
medades ó farsas, no dejaré de opinar que semejante medio de explora-
cion debe ser rechazado de la medicina legal con el mismo sello de re-
probacion
é
infamia que lo ha sido de los tribunales modernos la abomi-
nable tortura.
¿Qué es, en efecto, sino una especie de tormento esa aplicacion del
cauterio actual paró saber si un sugeto está loco, si tiene un dolor reu-
mático ó nervioso, etc.? ¿Cuántos de los desdichados
.
que gimen ator-
mentados por dolores de esta ó aquella especie dirian que no sufren
nada, corno se les amenazase con aplicarles un hierro hecho ascuas? lié
aquí la confesion forzada que se arrancaba á los inocentes con el tor-
mento en el Tribunal de la inquisicion y en los antiguos procedimientos
judiciales. ¿Y cuántos verdaderos locos no darian señales de intensa sen-
sibilidad abrasados por un hierro ardiente? ¿Y cuántos podrian muy bien,
hasta cierto punto, enmendarse en sus locuras con esta prueba que mi-
— 72 —
rarian como castigo? ¿No los contiene á veces un hombre que les imponga
con su fuerza y su rigor? Si Gerard hubiese sufrido el sedal corno sufría
el cauterio, operacion que á la verdad hubiese podido soportar mejor,
¿se hubiese sacado con lógica por consecuencia que estaba loco? ¿Hasta
cuándo deberán tener aplicacion esas tentativas bárbaras para poder de-
cidirse á creer en la realidad de la locura?
Medios hay, á la verdad , mas racionales que , sin dar á la mision del
facultativo ese sabor de verdugo, pueden conducirle al descubrimiento
de la verdad con éxito mas probable. La observacion constante, metó-
dica, ilustrada de la persona , descubriria su farsa : y si á tanto llegan que
hasta pueden engañar á los médicos mas observadores, y hay que proce-
der á alguna tentativa cruel , no sean jamás los facultativos los que la
aconsejen , ni menos los que la ejecuten. Raro, muy raro será que un su-
geto pueda escapar á todos los lazos que se le tiendan : la astucia se vence
con la astucia.
Algunos autores aconsejan preferir ciertas expresiones , fingir ciertos
síntomas imaginarios de locura , de modo que lo oigan los locos fingidos
ó verdaderos, para ver si luego estos lo ejecutan; en el caso afirmativo,
se deduce que la locura es farsa; que es una realidad en el contrario. Así
lo dedujo March con respecto á un loco llamado Renard. Preguntóle
March si sentia una porcion de síntomas imaginarios. Renard respondió
constantemente que no. Dijo luego, de modo que el loco lo oyese, que el
síntoma mas característico del idiotismo era orinarse en la cama. Renard
no se meó en ella , y de aquí se dedujo que Renard era realmente un ena-
jenado. Mas el profesor Montegia hizo una tentativa análoga; el loco eje-
cutó cuanto dijeron para probarle; mas tarde hizo el mudo, y nunca
dormia. Se le dió una fortísima dósis de opio, y no le produjo nada,
hasta el fin , que tuvo algunos dolores, y curó.
Sin exponer todas las variedades de alteraciones mentales , no será po-
sible extenderme sobre los medios particulares que cada una puede recla-
mar para los casos de simulacion ; por lo mismo me contentaré con lo
que llevo dicho, guardando mayores desarrollos para cuando trate de las
cuestiones relativas á la locura. Allí verémos que hay formas que no se
pueden fingir, y de qué manera puede conocerse las que se fingen.
Almorranas.
—Esta enfermedad se finge introduciéndose el sugeto en el
recto pequeñas porciones de vejiga ó vejigas de raton llenas de aire y te-
ñidas de sangre , sosteniéndolas por medio de un resorte. El exámen mas
ligero del ano basta para conocer el fraude. Las almorranas presentan
un aspecto bien diferente ; el agua lava fácilmente las porciones de ve-
jiga; el tiempo las seca , ennegrece y corrompe; el dedo las saca , junto
con su resorte, y un alfiler las vacía.
Alopecia.
—Esta enfermedad se simula muy generalmente por medio de
unos casquetes de vejiga ó cuero preparados, que pueden servir para
hacer su efecto á largas distancias, como en el teatro; pero jamás se
ocultarán al exámen del perito. Otros se valen de pomadas en que entra
el ácido nítrico ú otro cáustico, con lo cual se destruye el pelo ; el sulfhi-
drato ó sulfuro de potasio, aplicado en capas de dos milímetros de gro-
sor, hace caer el pelo por su raiz á los diez minutos. Mas si la pomada no
toca la piel, solo es destruido el pelo que sobresale; los bulbos se quedan
intactos, y dan una tinta azulada al tegumento cabelludo despoblado,
como sucede cuando
está rapada la cabeza. En los
de pelo blanco seria
Mas fácil engañar.
44
fLa verdadera alopecia se
:
conoce por los caractéres siguientes : color
blanco, uniforme y mate del tegumento ; imposibilidad de distinguir. los
miraos
azulencos á que corresponden los bulbos de los pelos; el cabello
que no ha caido, del cual siempre se conservan algunos mechones, es
áspero, corto y crespo ; hay alguna que otra porcion de tejido cutáneo
nuevo ó anchas cicatrices. Nada de esto
.
se encuentra en la alopecia arti-
ficial , y, si el cáustico afecta el grueso de la piel, hasta -el punto de des-
truir los bulbos, entonces el aspecto del tegumento será del tejido de ci-
catriz; y si no ha cogido toda la cabeza, se verán islas de pelo que reve-
larán el fraude.
Mas no es regular que el farsante se martirice de esta suerte, ni se ex-
ponga á la flogosis erisipelatosa y flegmonosa de esta parte , que le seria
funesta. Hay ciertas enfermedades que producen la alopecia , en especial
el
pórrigo
decalvans.
En tales casos la alopecia es verdadera, y es nece-
sario no confundir estas enfermedades con los medios artificiales de que
se valen algunos para fingir la pérdida del pelo.
Amaurosis. —En
esta enfermedad no suele haber mas signo sensible
para
el
facultativo que la dilatacion é inmovilidad de la pupila. Es muy
lógico: los movimientos del iris están subordinados al grado de sensibi-
lidad de la retina; en la amaurosis no hay esta sensibilidad , de aquí la
dilatacion , de aquí la inmovilidad de la pupila. Los que se fingen amau-
róticos se procuran esta dilatacion
é
inmovilidad , por medio del extracto
del jugo de belladona , del beleño y del agua destilada del laurel cerezo.
Si uno los examinase tan solamente en el momento 'en que la sustancia
está ejerciendo su accion , no tiene duda que con un poco de maña por
parte del pretendido ciego, y alguna ligereza por la del facultativo, podria
hacérsele pasar por amaurótico. Mas la accion del ingrediente tiene sus
límites y su término.
•
El extracto de beleño, despees de la belladona , es el que mas hace
durar la dilatacion , y no pasa de tres
.
dias , de lo cual resulta mucha fa-
cilidad en descubrir el fraude. Observando al sugeto por espacio de al-
gunos dial, de modo que no pueda volverse á poner pomada alguna, la
supuesta amaurosis desaparece sin necesidad de emplear medicamento al-
guno que haga contraer el iris. No es raro, sin embargo, que el fraude se
ponga de manifiesto en la primera exploracion , por cuanto, ignorando el
farsante por lo comun hasta qu("; punto lleva su accion la sustancia rela-
jante, es tanta la dilatacion de la pupila que casi desaparece , y hay siem-
pre alguna inyeccion y lagrimeo, circunstancias que no se observan en
la verdadera amaurosis.
Otra particularidad ofrece esta enfermedad. En muchos casos es efecto
de oftalmías, y la pupila ha contraide adherencias , de lo que ha resul-
tado una deformidad en ella. La simulacion jamás alcanza á remedar
este defecto. Hay que advertir igualmente , que, en general, la amaurosis
simulada solo se observa en el ojo derecho. La razon está, en que los
falsos amauróticos suelen ser mozos que quieren eximirse del servicio
militar, y como basta para ello tener el ojo derecho inútil , solo se aplican
la belladona ó el beleño á este ojo. Por otra parte, aproximando una luz
al ojo que
se dice
enfermo ó insensible , se puede despejar muy á menudo
el campo de observacion. En la verdadera amaurosis, el iris es insensi-
ble, el ojo es saliente, y la córnea empujada hácia adelante por el
humor
ácueo. Si se encuentra un verdadero amaurótico, cuyo iris se contraiga á
la
impresion
de una luz viva, no por eso debe
decirse que
hay fraude,
---- 71 —
puesto que dicha contraccion es posible ; pero adviértase que en tales
casos la estrechez de la pupila se efectúa con lentitud y no es durable,
sucediendo todo lo contrario en el ojo que no padece realmente la amau-
rosis; jamás disminuye tampoco tanto la pupila en un ojo amaurótico como
en el sano, á la inspeccion súbita de la luz. Cuando el sugeto no se diga
enfermo mas que de un solo ojo, estas observaciones serán más fáciles y
terminantes.
El doctor Coche ha propuesto lo siguiente para distinguir el amauró-
tico verdadero del fingido , cuando solo lo está un ojo. Ciérrese el ojo
sano : si el iris del ojo amaurótico se queda inmóvil y la pupila se dilata,
quedando como angulosa, la amaurosis es cierta ; debe haber, sin em-
bargo , adherencias para que eso suceda. Si el iris se hace sensible á la
luz, se mueve y no queda irregular la pupila , la amaurosis es fingida;
como á fuerza de simularla no se haya hecho real.
Por último, podemos recordar que hay amaurosis susceptibles de disi-
parse por sí mismas al cabo de algun tiempo ; las producidas por un
golpe, caidas , convulsiones, una calentura grave, la embriaguez, etc.,
son de esta especie.
Lo que acabamos de decir es en parte aplicable
á
los que se fingen ciegos
sin aplicacion de belladona ni beleño ; háylos tan obstinados en suponer
que no ven, que á pesar de tener el facultativo todos los datos para creer
que hay farsa, le dejan perplejo y vacilante. Entre los autores de medi-
cina legal se cita el caso , copiado de Mahon , de un mozo que, despues
de haber pasado toda una noche en una avanzada, se fingió ciego. Sos-
pechóse la ficcion , y se le aplicaron ventosas , moxas , vejigatorios , se-
dales , etc. : todo lo resistió , dando las mas expresivas gracias á los que
se tomaban la pena de curarle. Le pusieron en el borde de un rio , y le
hicieron avanzar, estando preparados dos individuos en una lancha para
salvarle ; echó á andar, y se dejó caer en el rio , de donde le sacaron.
Creyóse entonces en su ceguera , sin poderse explicar la contraccion y
dilatacion de las pupilas ,y le dieron la licencia ; mas habiéndole adver-
tido que si fingia, la licencia no le habia de servir, porque en su país ha-
bian de ver que no era ciego , despues de alguna obstinacion acabó por
confesar la farsa , bajo la promesa de que le licenciarian , y se puso á
leer un libro.
Aneurisma del
corazon.—Los que han querido remedar esta enfermedad
no han sabido ó podido presentar mas síntomas que la cara encarnada y
los labios lívidos é hinchados. El medio con que esto se ha consegui-
do, á decir de Percy, ha sido tan simple que á nadie han podido aluci-
nar: un pañuelo fuertemente atado al cuello. La auscultacion pondrá
de manifiesto el fraude. El artificio no alcanzará jamás
á
convertir los
ruidos normales del corazon en anormales ó patológicos.
Asma.--Sobre haber alguna dificultad en imitar bien esta enfermedad
sofocante , casi raya en lo imposible el fingirla por algun tiempo. Es una
ficcion demasiado penosa ; por lo demás, la observacion y cuidado pon-
drá la verdad de manifiesto.
Cuida
del párpado
superior.—Esta
enfermedad se descubre con algun ar-
did , puesto que solo con el ardid se sostiene. Distraer el supuesto enfer-
mo para cogerle en una sorpresa y hacerle levantar el párpado, es á todo
lo que debe aspirarse. Cuando el párpado no esté edematoso , ni el globo
del ojo desviado hácia fuera, es
señal segura de que
el sugeto finge.
Cálculos urinarios.—Es
raro que nadie
los finja; los
que esta enferme-
/5
dad simulan , se introducen arenillas en la uretra , y dando alaridos des-
templados , las arrojan, orinando delante de las personas á quienes tratan
de engañar. Ni
la
facies tan atable de los calculosos, ni la calidad de
las orinas sujetas al análisis , estarán de acuerdo con la ficcion del su-
puesto enfermo.
Cáncer.—Los cánceres ocultos pueden simularse , fingiendo los sugetos
sentir los dolores característicos de esta terrible enfermedad ; mas ni el
tumor, ni los signos constitucionales, ni los síntomas patognomónicos es-
tarán al alcance del farsante para poder engañar á los peritos. Los cán-
ceres abiertos tampoco pueden remedarse sino muy torpemente. ¿ A quién
ha podido alucinar un pedazo de hígado ó bazo pegado á las mamas,
-como lo hizo la mujer, cuya superchería descubrió Pigray? ¿Qué faculta-
tivo no ha de conocer al simple aspecto el fraude ?
Claudicacion. —
Comparando ambos miembros inferiores para ver si
son iguales en longitud , lo mismo que las articulaciones, y hacien-
do algunas tentativas para prolongar el miembro que se presente enco-
gido , acaso se descubra la farsa sin embargo , farsantes de este
género tercos y de una voluntad vehemente , capaces de engañar al mas
experto.
Contractura. —Cuando
la fingen en los miembros inferiores , se parece
mucho á la claudicacion ; tarn bien hay cojera : es una ficcion del mismo
género. Otras veces se fingen contraidos los brazos, las manos , los dedos
ó el tronco. Cuando el brazo está -bien nutrido , no hay cicatrices de que-
maduras, de otra clase, por las cuales pueda explicarse la contraccion
de los deos , la sospecha de farsa es justa. En este caso, conviene la
aplicacion del vendaje arrollado y apretado alrededor del antebrazo,
de que se valieron Percy y Laurent para descubrir el fraude. Vendado el
miembro de ésta suerte , se hizo pasar por el agujero de una garita , y
por medio de una aguja ó sonda de sedal se introdujo en los dedos con-
traidos una cinta, de la que colgaba un peso de seis libras ; á los seis
minutos se advirtió ya en la mano v brazo ese temblor que anuncia que
la fuerza va faltando , cuando uno contrae con violencia sus músculos; á
las cuatro horas el peso cayó y los dedos se enderezaron.
Á veces, la contractura es de la pierna. Sugetos hay que han hecho
uso por largo tiempo de calzado con talon muy alto para acostumbrar á
su rodilla inclinarse hacia delante, al propio tiempo que se han
,
ven-
dado fuertemente la pantorrilla para demacrarla, atribuyendo luego el
estado de su pierna á una fractura antigua , á un reumatismo , á un en-
cogimiento, etc. Esta superchería puede descubrirse de varios modos.
1.° Midiendo comparativamente ambos miembros desde los íleos hasta
el dedo gordo , y enderezando el que parecia encorvado , por medio de
una fuerte presion ejercida sobre la rodilla.
2.° Se dice al pretendido cojo que es fácil alargar el miembro , pero
que nada puede impedir que vuelva luego á encogerse, como no sea cor-
tando algun tendon : con esta seguridad permite que se le alarguen ,
queda cogido en su embuste.
3.° Corno los hay que contraen el muslo con una fuerza invencible , se
les aplica un vendaje muy apretado , que se moja para que se apriete
más, con lo cual no puede efectuarse la flexion de la pierna.
° Por último , se obliga al sugeto á sostenerse de pié encima de una
estaca ó piquete con la pierna sana y guardar equilibrio. Poco tarda en
temblar y alargar el miembro que se suponia encogido. Percy y Laurent
--- 76 —
dicen , que doce farsantes sujetos á esta prueba no la han podido resistir,
y han puesto en descubierto su farsa.
Otros contraen ó encorvan el cuerpo , simulando un lumbago , su-
friendo moxas, vejigatoriosy demás medios revulsivos fuertes para dis-
frazar mas su estratajema. Pero estos farsantes que , ayudados de la pre-
vencion , han sabido soportar estos sufrimientos , se han enderezado invo-
luntariamente cuando los han pinchado de improviso por detrás.
Algunos han propuesto el uso del cloroformo para estos casos, fundados
en que, quitándoles el conocimiento, la contractura artificial debe des-
aparecer :
No estamos por semejante aplicacion del anestésico.
1.° Porque tenemos medios mejores y libres de todo peligro, que nos
pueden hacer descubrir el fraude.
2.° Porque, si bien la aplicacion del cloroformo , por lo comun no tiene
resultados funestos , puede tenerlos , y no es cosa de exponer los dias de
un desventurado , para saber si finge ó no un mal ó defecto físico.
3.° Porque los tetánicos verdaderos, sometidos al cloroformo , tienen
relajacion muscular, y el tétanos vuelve , en cuanto cesa la accion del
anestésico. De consiguiente , la cuestion no quedará resuelta , porque lo
mismo habrá facilidad de movimiento pasivo, en caso de verdadera con-
tractura que en caso de ficcion. Si el cloroformo no relajase los músculos,
cuando fuese real y positiva la contractura, podria ser conducente su
empleo , á no haber otros inconvenientes; mas no habiendo diferencia,
no se resuelve la cuestion, y nos exponemos á que la tentativa sea se-
guida de la muerte.
Contusiones.—Las
contusiones se fingen tiñéndose la piel de amarillo y
violado ; mas como no pueden dar á la parte supuesta contusa la hin-
chazon que acompaña ese fenómeno patológico, es difícil que le finjan
bien. Además , es fácil que se borre la tintura con algunos ensayos he-
chos con los debidos reactivos.
Convulsiones.—Es muy sencillo distinguir las fingidas de las verdade
ras: estas son rápidas , enérgicas, difíciles de reprimir, y los músculos
están tiesos ó rígidos: nada de esto se observa en las convulsiones simu-
ladas. Obrando con fuerza sobre los músculos antagonistas , se descubre
el fraude.
Deglucion difícil.—Hay
personas que fingen que no pueden tragar, y
arrojan lo que comen y beben por la boca y por la nariz. Mas cuando á
este est ido no acompaña la demacracion y las alteraciones que son pro-
ducto de la falta de alimentos, las sospechas son justas ó basta para con-
firmarlas vigilar al farsante y procurarle sorprender cuando coma á
solas.
Dolores nerviosos, osteócopos , reumáticos.
—Como la mayor parte de estos
dolores , cuando crónicos, no se revelan por signos exteriores , son muy
á menudo fingidos. Así son tambien los que con mas frecuencia certifican
en falso los facultativos , cuando tienen la debilidad de servir á sus ami-
gos ó allegados. Cuando se finge un dolor en una víscera , es fácil cono-
cer el engaño, porque este dolor va acompañado, cuando es positivo,
de algunos síntomas más, que el farsante no puede remedar ; pero un
dolor reumático , un dolor nervioso, un dolor osteócopo , ¿quién es ca-
paz de conocer si es real ó positivo? De aquí es que ha habido tantos,
engaños en la práctica. Percy y Laurent refieren el de un sugeto que fin-
gió un dolor en una rodilla , sufriendo con resignacion los revulsivos
— Ti .~.
mas crueles: fué conducido álos baños y se le dió la licencia
despules.de
cuatro años de hospital. Apenas hubo obtenido. lo que deseaba , arrojó al
fuego una pierna de palo de que se estaba sirviendo por espacio de tres
años. Las circunstancias del sugeto y el interés que pueda tener en fin-
gir, ilustrarán más el caso que el exámen facultativo. Húyase, sin em-
bargo , del extremo opuesto ; no porque sea comun simular el reumatis-
mo, difícil conocer si es real ó fingido, se ha de dudar siempre de que
le aya. Foderé se arrepiente en su obra de haber dejado perecer en un
hospital á un soldado , cuyos dolores reumáticos suponia desgraciada-
mente fingidos.
Edema del escroto.
—De dos maneras se simula esta enfermedad: intro-
duciendo aire en el tejido celular, ó inyectando en el mismo agua por
medio de una abertura practicada en el escroto. Se reconoce lo primero
por la ligereza , elasticidad y crepitacion que presenta el tumor compri-
mido con la mano ; lo segundo , que es mas raro , se distingue de la en-
fermedad verdadera en que no guarda armonía con el estado general ; de
modo que esto solo basta á veces para descubrir la superchería. Sin em-
bargo , no siempre podrá ser ligero el exámen. Y si á primera vista no se
pudiese decidir el perito , esperará algunos dias, durante los cuales el su-
geto deberá estar vigilado , el líquido será absorbido y habrá desapare-
cido el edema.
Epilepsia.-11é
aquí una de las enfermedades que mas se simulan , en
especial por los muchachos, y como no sea durante el ataque , no es li-
gero el empeño de distinguir la epilepsia real de la fingida. Esta fre-
cuencia de simulacion y esta dificultad de conocerla han conducido á los
autores á estudiar este punto con cuidado , para poder establecer un buen
diagnóstico diferencial, y han creido conseguirlo, descubriendo cierta
facies
especial que presentan los verdaderos epilépticos. Dicen que es raro
encontrar en el epiléptico alegría , chispa y vivacidad ; que, al contrario,
está triste, corno avergonzado que es tímido , estúpido ; que se advierte
en él una tendencia á inclinar los párpados, costándole mucho el levan-
tarlos. Cuando habla ó mira, su cabeza se inclina hácia adelante y como
si se desviase de su marcha natural. Parece que los músculos de su
cuello , cansados de tantas contracciones violentas á que están sometidos,
no tienen ya la fuerza debida para sostener la cabeza. Están pálidos, ofre-
cen cicatrices en el rostro , en la cabeza y en la lengua, la que se muerden
y destrozan á causa de sus frecuentes caldas y los
.
porrazos que reciben
al acometerlos el acceso ; sus mejillas están surcadas de arrugas, vesti-
gios de su risa sardónica; las venas del cuello , y principalmente las
temporales, son mas voluminosas que de ordinario.
Tal es el cuadro sintomático que los autores han trazado con respecto
á la epilepsia. No se les disputará la exactitud en cuanto se trate de un
epiléptico añoso , pues , á fuerza de reproducirse los accesos, se concibe
cómo pueden dejar esos vestigios físicos y fisiológicos que dan cierta fiso-
nomía al enfermo. Mas ¿cuántos epilé
p
ticos hay que nada de esto presen-
tan? Bueno es que se tengan en cuenta estas observaciones , este diag-
nóstico; mas guardémonos de mirarle, no solo como necesario para que
haya verdadera epilepsia , sino ni aun como comun.
Cuando se trate de distinguir el acceso verdadero del fingido , ya es
otra cosa ; ya es mas fácil la diferencia. En la epilepsia simulada el pulso
está normal , dilatado, con al
g
una aceleracion á lo más, la que causa todo
movimiento y agitacion violenta. En la enfermedad positiva es pequeño,
— 78 —
constreñido y regular; la pupila está dilatada é inmóvil , no es impresio-
nable á la luz. Hay insensibilidad completa de la piel, en términos que
el enfermo soporta, sin dar muestras de sufrimiento , hasta la aplicacion
del hierro hecho ascuas, por lo cual ha sido empleado ó aconsejado este
medio corno el mas á propósito para descubrir el fraude ó la realidad,
aplicándole en la insercion del deltóides al húmero. Tarnbien se aconseja
para el mismo efecto el lacre derretido.
Con tan notables diferencias, sin necesidad de atormentar bárbara-
mente al individuo , hay medios de distinguir durante el acceso la su-
perchería de la realidad. Yo conozco á un sugeto, que en su mocedad, ó
cuando muchacho todavía, fingia admirablemente la epilepsia : siempre
que se proponia obtener algo de su padre , que le quería mucho, le daba
el accidente ; débale tanibien cuando habla hecho alguna diablura para
evitar la reprensiones. Desconsolado el padre, hizo esta observacion á su
médico y sospechando la farsa, adoptaron el partido de hacer al rapaz
cosquillas en las plantas de los plés , mientras tuviese el acceso. Apenas
empezó el cosquilleo, cesaron las convulsiones, reemplazadas por la risa,
que no pudo contener el epiléptico fingido.
Igual resultado puede obtenerse, titilando la nariz ó aplicándole un
polvo de tabaco ó cualquier otro estornutatorio. El verdadero epiléptico,
como no siente, no estornudará , al contrario el falso. De Haen descubrió
la farsa de una muchacha, amenazándola que le iba á dar azotes. Mahon
refiere el curioso caso de un mendigo de Paris , el cual estaba tendido
sobre un monton de paja en un acceso; ocurrióle á un espectador pren-
der fuego á la paja, y el mendigo, en cuanto vió esto, se levantó mas
presto que la llama, y echó á correr
-
mas
a
ligero que un ciervo. Otro,
así que oyó al cirujano pedir instrumentos
-
para hacerle la castracion,
cesó tambien de ser epiléptico y pidió perdon de su jugarreta.
Los cáusticos ó cauterios , sobre ser una medida bárbara que nada jus-
tifica, pueden proteger á los que finjan la epilepsia. De Ilaen habla de
una mujer que sostuvo resuelta y sufridamente la prueba del fuego, sin
que se la pudiese hacer confesar que era un farsa. Mas tarde, presa en
la cárcel, declaró que era todo ficcion, é imitó el exceso delante de Van-
Swieten y De Ilaen con tal perfeccion , que estos creyeron el acceso real.
March dice que , por medio de pedazos de asafétida introducidos en
la nariz , ha determinado accesos epilépticos. Algunos alemanes hubian
hecho uso del mismo medio '
• mas posteriormente , Ilebrard no ha podido
conseguir delante del mismo March resultado alguno.
En resúmen de cuanto he dicho y podria decir acerca de la epilepsia,
consignaré:
1.° Que la lividez é hinchazon del rostro se finge con un lazo en el
cuello; la espuma con un pedazo de jabon que se deslie en la boca; las
convulsiones con movimientos artificiales de los miembros, cara y ojos,
y la insensibilidad con una voluntad firme de resistir á toda impresion
dolorosa ó mortificante.
2.° Que el lazo del cuello y el pedazo de jabon son fácilmente descu-
biertos explorando la parte ; las convulsiones falsas por la flacidez de
los músculos, y la insensibilidad por la sorpresa con pistoletazos, la
luz viva, excitantes de la nariz , etc.
3.° Que examinando bajo diversos puntos de -vista al que se nos pre-
sente como epiléptico , es difícil que pueda hacernos caer en el error. Es-
tos puntos se refieren al modo de invasion al estado del pulso , al de las
átretnidades, al
de la
percepcion , á la duracion del paroxismo , al há-
bito general del cuerpo y á los grados de epilepsia.
Modo de
invasion.—El
falso epiléptico nunca se lastima al caer, siem-
pre cae con regla, como los gladiadores romanos, y en puntos de elec-
cion. Adviértase, con todá, que hay epilépticos verdaderos con prodro-
mos , los cuales, sintiéndose venir el acceso , se echan y piden auxilio.
Estado del
pulso.—En la
falsa epilepsia no hay alteracion, á menos que
con alguna ligadura se compriman las arterias; por esto se examinan los
brazos y las mangas de la vestidura.
Extremidades.
—E1 dedo pulgar se dobla en la verdadera epilepsia, y
es muy difícil extenderle; pero una vez vencida la resistencia, se queda
tendido , á menos que sobrevenga nuevo espasmo. El falso epiléptico se
deja vencer con facilidad , y en cuanto le sueltan, vuelve á doblar el
dedo.
Percepcion. —
Todo signo de sensibilidad es un fraude , y en especial
en la vista ; los falsos epilépticos no pueden soportar la impresion de una
luz viva. Es el medio mejor y mas sencillo de descubrir si hay superche-
ría, porque toda la voluntad del mundo no basta á impedir que la pu-
pila se cierre á la impresion de una luz fuerte , si hay sensibilidad: el
epiléptico verdadero no la tiene ; de consiguiente , si el iris se contrae, es
un embustero. No se necesita nada más.
Duracion del paroxismo.—Los
falsos son largos , y solo' se observa des-
pues de ellos las señales del cansancio. Tras el paroxismo verdadero hay
disminucion de temperatura y sudor general; la orina es límpida.
Hábito del cuerpo.—El
que hemos trazado mas arriba como propio de
los epilépticos verdaderos, falta en todos los falsos.
Grados de epilepsia.—Dice
Frank , que con tal que el sugeto no se
acuerde del acceso , hay epilepsia aunque no caiga al suelo ni haya abo-
licion de todas las facultades del alma. Tal vez sea demasiada latitud
referirse solamente á la memoria ; como sea , queda indicada esta opinion
de tan recomendable práctico , quien apoya su aserto en notas de hechos
de observacion propia y ajena.
Concluyamos los comentarios sobre la epilepsia, diciendo que la imi-
tacion de esta enfermedad no es siempre una farsa, ni el acceso mas él
menos imitado , sino real y positivo. Entre las causas de la epilepsia
está la imitacion. Frank refiere que, queriendo evitar los efectos de esta
causa, dispuso que se destinaran á una sala particular les epilépticos
del hospital civil de Viena, por cuanto apenas le daba á un epiléptico el
acceso, habia ya algun enfermo epiléptico tambien. El resultado fué peor.
Reunidos los epilépticos en una sala , en cuanto sobrevenía el acceso á
uno , todos los demás entraban en convulsion, dando á la sala un as-
pecto horrible (1).
Cullier, Moreau, Metzger dicen que , á fuerza de imitar la epilepsia,
se acaba por ser epiléptico. La mujer observada por Yan-Swieten y De
Raen era tal vez de esta especie.
Escorbuto.
—Por medio de cáusticos se han irritado algunos quintos las
encías para imitar el escorbuto; mas nada tan fácil como descubrir el
fraude, sujetando á los farsantes á la mas sencilla observacion.
Es
eráfulas.
—Las úlceras irregulares que hacen los cáusticos , semejan
en cierto modo las escrófulas. Con el jugo del euforbio se completa la
Obra citada.
Enfermedades del sistema
nervioso;
epilepsia, §
1V.
---
Ro —
farsa; hinchando los párpados , la nariz y los labios. Mas las úlceras es-
crofulosas tienen un aspecto particular que con ningun otro pueden con-
fundirse, y mucho menos las facies especial y característica del tempera-
mento y constitucion escrofulosa.
Estrabistrw.—Es
un defecto físico muy fácil de imitar ; en desviando los
ojos, destruyendo la concordancia de sus ejes ópticos , se imita el
estraismo. Los niños sufren á menudo este vicio por imitacion.
Extasis.—Una
contemplacion profunda durante la cual el enfermo no
muda de lugar ; hay inaccion de sentidos sin apariencia de sueño ; el
gesto , las palabras ó los cantos indican ciertas visiones divinas, una co-
rnunicacion íntima con los ángeles ó demonios ; hé aquí lo que , segun
Frank , constitu
y
e el éxtasis. Esta definicion basta y sobra para dar á
comprender qué campo abre el éxtasis á la superchería. El éxtasis es
fingido por los que tienen interés en explotar la credulidad del vulgo.
•
Fanáticos ó hipócritas que quieren tener olor de santos, acuden á estas
y otras análogas farsas, sostenidas por algunos tontos ó malignos que ne-
cesitan de esa clase de espectáculos.
Frank, en cuyas obras encuentro mucha falta de lógica, por cuanto le
basta un hecho particular, tal vez no auténtico, para establecer un aserto
general , supone que uno de los síntomas del éxtasis es hablar una len-
gua extranjera sin haberla aprendido nunca. El hecho sobre que se
apoya este signo está poco averiguado , y el mismo Frank duda de él,
sin embargo de que entre los síntomas del éxtasis figura hablar un idio-
ma extraño.
El facultativo debe prevenirse contra los extáticos , por cuanto suelen
ser como los íneubos, los poseidos del demonio y otras ficciones por el
estilo , propias de los tiempos en que se confundian esas aberraciones de
la fé, esas prácticas de la supersticion é hipocresía con la religion cató-
lica, contra las cuales no pocha pronunciarse el filósofo , sin pasar plaza
de hereje y sin exponerse á ser el protagonista de un auto ó la víctima
de un verdugo inquisitorial.
Siendo el éxtasis un estado íntimo , será difícil conocer si es realmente
efecto de una vida contemplativa, de un aprendizaje de santo , de un
principio de manía religiosa ó una farsa de algun Tartufo , que será lo
mas comun. Aumenta esta dificultad la especie de proteccion que en-
cuentran los extáticos, por cubrirse con el manto de la devocion la ma-
yor parte, por lo cual rarísima vez es el facultativo consultado. Zachías
refiere un caso de esta especie.
•
Los autores aconsejan Cambien la fustigacion , las moxas , etc., para
descubrir la superchería. En otra parte hemos juzgado ya estos medios.
Lo que es la fustigacion , bien la merecen por cierto la mayor parte de
los extáticos , pero no ha de ser el médico quien la aconseje siquiera. Los
convulsionarios de San Medardo eran capaces de soportar la muerte con
la resignacion del mártir. Sugetos que lleven hasta este punto su manía,
son mas bien dignos de lástima que de otra cosa.
Fístula del
ano.—Practicando una incision á la márgen del ano é in-
troduciendo en la llaga un fragmento de raiz de lechetrezna , ó de elé-
boro, con el objeto de hacer desarrollar algunas callosidades y engrande-
cer la abertura , se tia imitado la fistula del ano. La presencia de dichas
ratees basta para descubrir la impostura. Otros menos diestros solo presen-
tan una cicatriz ó un trayecto sin callosidades; pero por mas que hagan,
jamás podrán presentar al perito ni una s nabra de verdadera fístula.
-- 81 --
Castralgia.
Lo mismo que la enteralgia , la gastralgia
es enfermedad
que se simula á menudo. Á fuer de efecto nervioso , se presta á la super-
chería, como todas las enfermedades que no necesitan para su existencia
que se revelen por síntomas palpables
é
inequívocos. Los que se fingen
gastrálgicos exponen un grupo de síntomas mas ó menos completo de los
que á la gastralgia pertenecen, y que han recogido de personas atacadas
de este mal ó de libros de medicina. La observacion , el estado general
del sugeto , el exámen de su temperamento , de su constitucion y género
de vida, podrán ilustrarnos sobre la materia. Sujetado
á
un método cu-
rativo , diametralmente opuesto á su pretendida enfermedad, tal vez re-
vele la farsa, dándose el enfermo por aliviado ó explicando los efectos del
método por síntomas ó efectos que no le correspondan.
Hematémesis. —
Los que fingen esta enfermedad, tragan sangre de
buey, de cerdo 6 de carnero , y luego la arrojan delante de aquellos á
quienes quieren engañar. Devergie ha visto á una mujer en el
Hotel-Dieu,
que fingía por este medio la hematémesis. Esta farsa es muy fácilmente
descubierta. La sangre que se arroja es coagulada , mientras que la de la
verdadera hematémesis es muy líquida; á mas de que el farsante no lleva
encima los caractéres generales, propios de aquella afeccion : muy á me-
nudo por no decir siempre , el falso hematemético presenta todas las se-
ñales de la mas completa salud.
Hematuria.—De
dos maneras se simula esta enfermedad : unos se in-
yectan sangre en la vejiga , otros se; introducen jugos colorados como los
de la remolacha , del higo chumbo y de la rubia. En cuanto á los prime-
ros, la enfermedad se cura cuidando de que no puedan procurarse nueva
sangre para la inyeccion ; en cuanto á los otros,
á
nadie engañan , por-
que es difícil imitar con esos jugos colorados la verdadera hematuria.
De todos modos , privar al sugeto de esos jugos ó de la ocasion de em-
plearlos , es descubrir la superchería.
Hemiplegia.—Percy
y Laurent refieren que un recluta fué conducido
por sus deudos á la sala de vista del consejo de revision con la cara des-
compuesta , la boca torcida hácia la derecha, la saliva se le escapaba
por la comisura de este lado , tartamudeaba , tenia el aire torpe , y cami-
naba describiendo medio círculo. Varias certificaciones atestiguaban que
habia caido de cabeza desde un lugar elevado , y que habia estado á pi-
que de ser trepanado, con todo lo cual fué declarado inútil. Mas cuando
se le dijo que pasase á la oficina para recibir su declaracion de inútil,
vieron que lanzó una mirada de inteligencia á su madre , y asomó en sus
labios una sonrisa maligna. Los medios de investigacion en tales casos
son análogos á los, que hemos expuesto para las contracturas y encogi-
mientos.
Hemoptisis.—
Varios son los medios de que se valen algunos para simu-
lar la hemoptisis. Con un alfiler se pinchan en alguna parte del cuerpo,
al alcance de los labios, los brazos por ejemplo,
ó
el dedo pulgar en la
parte dorsal de la última falange , entre la articulacion y la uña doblando
el dedo ; luego chupan la sangre que sale y la arrojan con tos. Otros se
pinchan las encías. Otros se introducen en la boca un pequeño aparato
pedacito de esponja empapado en sangre. Otros se colocan debajo de la
lengua un pedacito de bolo de Armenia. Otros se valen , en fin, de los
higos chumbos , de la ancusa y la remolacha, porque con estas sustan-
cias se queda la saliva coloradapor largo tiempo despues de haberlas
comido. Mas todos estos recursos no alcanzan jamás ni siquiera á pro-
MED. LEGAL --TOMO 11.-
6
--- 82 —
ducir la duda. Si la hemoptisis es aguda , además del vómito de sangre,
hay calor en la piel , elevacion ó descenso del pulso , latidos violentos del
corazon , exterior crepitante en una parte mas ó menos extensa de Ios
pulmones. Nada de esto hay cuando la hemoptisis es una superchería. Si
es crónica , corno consecuencia de una enfermedad de pecho antigua , se
advierten en el sugeto los signos de esta enfermedad. La sangre , ade-
más, sale pura ó mezclada con los esputos, que son mucosos incorpora-
dos con aquella , en términos que forman un todo homogéneo , al paso
que los esputos de las falsas hemoptisis son salivales.
Ictericia.—Esta
enfermedad se simula fácilmente , haciéndose friccio-
nes en la piel, con la solucion de cúrcuma en el agua ; pero mas fácil es
todavía conocer el fraude , puesto que estas fricciones no alcanzan á dar
á la esclerótica el color amarillo que presentan los verdaderos ictéricos.
La falta , pues, de este color en los ojos anuncia la farsa. Con la tintura
de ruibarbo , las flores de escordio , los granos de cártamo y los estam-
bres de lirio , se tiñe igualmente de amarillo la piel , figurando la icteri-
cia. Algunos han querido teñirse la esclerótica
y
la orina con tabaco.
Pero no han podido conseguirlo. Con agua de jabon se lava la piel y se
lleva uno fácilmente la materia colorante.
Incontinencia de
orina.—Esta
enfermedad se simula de un modo com-
pleto ó incompleto , esto es , durante la noche solamente , ó de dia y de
noche. Mas la dificultad que hay en sostener el fraude y lo fácil que es
descubrirle , ha hecho renunciar
á
los
reclutas ó
quintos la simulacion
de esta enfermedad. Esta superchería , como otras muchas , se pone de
manifiesto con la astucia y el ardid. La verdadera incontinencia de orina
es muy rara ; el pene , el balano , sobre todo , están pálidos , como ma-
cerados por la orina que continuamente sale, como rebosando; apenas
se acaba de enjugar , sale otra gota , y esto constantemente , circunstan-
cia muy notable que no presenta jamás el que simula ; solo á grandes es-
fuerzos consigue hacer salir un poco de orina, y
es
fácil advertirlo. Percy
y Laurent refieren el caso de un farsante que recibió veinte latigazos en
los lomos bajo la idea de curarle; sabiendo que debia repetirse la dósis
al dia siguiente y todas las mañanas del propio modo por algun tiempo,
se
fué á anunciar con fingida alegría que ya estaba curado , y que no
habia orinado ni una sola vez en toda la noche. Begin dice que
'
el amago
de un cauterio ha bastado muchas veces para desenmascarar al impostor.
En una epidemia de incontinencia de orina , Foderé hizo atar el pene de
todos los que se quejaban de ella , y ordenó que en el nudo del lazo se
pusiese un sello, que solo podria romper el gendarme ó el guarda, cada
vez que el enfermo quisiera orinar. Este expediente produjo maravillosos
resultados; el miembro que, á ser cierta la incontinencia, debia de ha-
berse hinchado por la acumulacion de la orina , nada ofreció de particu-
lar , y los guardas no tuvieron que romper el sello para orinar los pre-
tendidos enfermos , sino al tiempo ordinario.
Sin embargo, téngase en cuenta que
la
ligadura ,
si
hay verdadera in-
continencia , puede dar lugar
á
resultados funestos; la gangrena , la rup-
tura de la uretra y la infiltracion de la orina son los efectos de una indis-
crecion de esa naturaleza: solo teniendo una conviccion completa
de que
hay farsa ,
se podrá aplicar como medio de descubrirla.
Manchas de la córnea y de la piel. —
Con el nitrato de plata se
puede
cauterizar la conjuntiva
y quitar á la córnea
su
transparencia. Mas visto
el
ojo de lado, aparece
la cauterizacion que se cura en algunos dias. En
—
83 ---
diferentes partes del cuerpo tambien se' hacen algunos manchas para fin-
gir contusiones ú otras cosas. Una mezcla de aceite y hollin de chimenea
da á la piel el aspecto de las equimosis. El nitrato de plata tomado al in-
terior,
hile la piel
de un color oscuro. El iodo hace otro tanto. El1
c
Or0
y
el ácido nítrico la tiñen de amarillo.
Miopia. — Este
es un defecto físico que con el hábito se puede llegar
á
simular perfectamente. Durante las guerras del Imperio, observaron los
prácticos franceses que todos los jóvenes llevaban espejuelos, y se ejerci-
taban á leer con vidrios cada vez mas fuertes hasta llegar al número
tres, exigido para la exencion del servicio. El hecho es posible , porque la
miopia consiste en el poder demasiado refringente del cristalino, relativa-
mente á la distancia de la retina en que se halla el foco de los rayos lu-
minosos; los que reflejados por los objetos á la distancia corno de Ocho
pulgadas, forman su toco detrás del cristalino demasiado pronto; en cuyo
caso no llega á la retina , y el objeto se ve confuso. Esto depende , pri-
mero, de la forma demasiado convexa de la córnea ; segundo, de la forma
demasiado convexa del cristalino ; tercero , del mayor poder refringente
del vítreo.
Pues bien ; el globo del ojo tiene músculos que le mueven , y con-
trayéndose pueden comprimirle por arriba y abajo, y aun los lados,
aumentando así su convexidad, y de consiguiente, dar á sus membranas
y humores mas poder refringente y volver miope al que naturalmente no
lo es. Forzando gradualmente el ojo á ver al través de lentes cóncavos,
se llega á dar mas convexidad al ojo y lograr que el foco se reuna con
aquellos en la retina, y el sugeto lea y vea corno un miope. Pero cesando
por algun tiempo en el uso de los espejuelos cóncavos , el globo del ojo
vuelve á recobrar su forma natural , y la miopia artificial desaparece. No
hay otro medio de asegurarse de la realidad de esta afeccion , que la lec-
tura con vidrios del número tres, colocados, ya muy cerca del ojo, ya á
un pié de distancia , y hacer mirar de lejos los objetos con vidrios del
número cinco y medio.
Si damos con alguno que se haya habituado á los vidrios cóncavos , se
le tiene en observacion algun tiempo, quitándole todo anteojo. El tener
'los ojos convexos y muy salientes , el pestañear, y otras particularidades
meramente accidentales, que se consideran corno propias de la miopía,
son buenos indicios cuando existen, y cuando no, no por esto debe creerse
que el sugeto no es miope, porque , corno lo llevamos dicho, la miopia
no consiste solamente en la forma de la córnea. Estando esta poco con-
vexa, se puede ser miope y muy miope. Puede hallarse la causa en el cris-
talino que es demasiado convexo, y acaso en el humor vítreo, cuya den-
sidad puede variar, ser mayor, y por lo mismo refringir mas la luz.
Estos últimos estados no se conocen á simple vista, y hay por lo tanto
que examinar con mas cuidado al miope , y ser mas cautos en el juicio
que formemos. El miope mira los objetos ladeando la cabeza , lo cual
hace que los rayos no pasen por delante del cristalino sino por los lados
donde hay menos refraccion , porque este humor, como ha observado
Pouillet, está formado de capas desiguales en corvadura y espesor ; con
esa actitud , por lo tanto, disminuye el miope el poder refringente de su
cristalino.
Mud
ez.—Todo mudo que saca y menea la lengua libremente sin que
experimente ningun desvío anormal , si no es sordo, es un farsante. La
mudez accidental puede depender de la parálisis de
la
lengua, ó de cier-
-- 84 —
tas adherencias que contraiga- con los órganos vecinos. Es fácil , pues, de
reconocer: las consecuencias de dichas afecciones son la atrofia de la
lengua, su salida difícil y su desvío. Haciendo uso de sustancias estupe-
facientes , algunos han fingido la mudez. Mas como la accion de la sus-
tancia no se limita á la lengua, no hay dificultad en reconocer el fraude.
La reclusion , la privacion de alimentos , y sobre todo el ardid , son los
medios mas á propósito para descubrir la farsa.
Nostalgia. —Por lo mismo que es fácil fingir esta enfermedad , y que
muchos no la comprenden , no suelen ser creidos los nostálgicos. El deseo
que tienen muchos quintos de volverse á su país , les hace fingir, en
efecto, que se encariñan , y de poco les sirve, porque aun siendo real la
enfermedad , no los exime del servicio por no ser fácil reconocerla , lo
cual es causa en algunos de la muerte. Sagar, que fué nostálgico, dice,
que se reconoce el falso nostálgico por la fuerza y seguridad del pulso,
buen color y buen semblante , la aversion á la dieta severa y á los seda-
les. Otros añaden que el farsante habla siempre de su país , exagerando
su sentimiento de haberle dejado, al paso que el verdadero nostálgico no
habla nunca de su mal; está triste, taciturno, prefiere la soledad , y no en-
cuentra gusto sino en lo que le recuerda su patria. La nostalgia es una
pasion, y como todas las pasiones deprimentes no es muy fácil que tenga
imitacion verdadera.
Ocena. — Esta
enfermedad fétida se simula introduciéndose en la nariz
un pelotoncito de hilas empapadas de queso viejo y podrido, ó de jugos
fétidos. Mas explorando la nariz se descubre el fraude. Hay además otras
consideraciones que conducen al mismo resultado. Generalmente ha-
blando, las personas que padecen esta enfermedad , tienen la nariz chata.
Una contusion , una herida , una llaga , puede dar lugar á la ocena. El
vicio venéreo, el escrofuloso, el canceroso, el escorbútico, el herpético
igualmente. Examinando atentamente al sugeto, y no olvidando el legí-
timo diagnóstico de la' ocena, de seguro que todo el artificio no alcan-
zará que el perito se engañe.
Otitis crónica.
—Algunos se llenan de miel los conductos auditivos ex-
ternos; otros se ponen en ellos manteca rancia, aceite empireumático,
asafétida ó queso podrido, todo con el objeto de aparentar un flujo de
oreja y produccion de moco mas fétido, á consecuencia de una irritacion
crónica de dichos conductos.
Otras veces es la otitis crónica provocada, introduciéndose sustancias
irritantes , y la dificultad es mayor. En el primer caso, basta la simple
inspeccion y limpieza de las orejas para descubrir la impostura.
Palidez.—
hay varios medios de conseguir la palidez de la piel. El
azufre ardiendo, el humo de comino, el uso de la digitalpurpúrea , el
hábito de desmayarse, el abuso de los eméticos y purgantes, las san-
grías y sanguijuelas, la abstinencia, etc., son muy á propósito para el
efecto. Es ocioso entretenernos en designar de qué modo se persuade uno
que esa palidez es ficticia.
Parálisis.-
,
-
Si por un lado parece que la parálisis es enfermedad fácil
de fingir, por otro dista de serlo como no sea reciente. Toda parálisis
crónica acarrea la atrofia de los órganos paralizados , la flacidez de las
carnes, el estado mas ó menos relajado de las articulaciones. Hay además
la
concurrencia de otras particularidades anejas á la parálisis, ó las bue-
nas ele un ataque de apoplejía 15
una herida en el trayecto ú ,origen del
nervio que animaba las partes paralizadas, llos vestigios de,algunaiope.,
—
91
mera,
á
los motivos que pueda tener para ello. Al principio de este capí-
tulo los he indicado. Muchas veces esta sola consideracion nos pondrá
en via de descubrir el fraude. Un mendigo está interesado en inspirar com-
pasion ,_un quinto en eximirse del servicio, un hipócrita en abusar de la
credulidad, una persona vengativa en suponerse herida de su enemigo,
un codicioso en hacerse indemnizar, un preso en salir de la cárcel, un
reo en que se disminuya su pena, etc., etc.
La segunda regla será ver si la enfermedad que se presenta es de
las que suelen
y
pueden simularse.
3. Se examinará si la enfermedad es de las que suelen padecer los su-
getos de la misma edad , sexo , temperamento , y profesion ; si tiene al-
guna relacion con su género de vida y demás circunstancias del mismo.
4.' Se preguntará al enfermo de suerte que diga algo mas que sí ó no;
hacerle explicar como le ha sobrevenido el mal , lo que ha sentido,
á
qué lo atribuye; seguramente que' si finge , caerá en mil contradicciones
que le descubrirán. Es ocioso advertir , que se le dirá si siente lo que no
ha podido sentir, y que se fingirán síntomas extraños y los mas contra-
dictorios ; como ha de ser una persona ignorante y no sabrá cuándo ha
de decir sí ó no , nada mas fácil que poner de manifiesto su embuste.
5.* Mientras se esté examinando al enfermo, se le distraerá por medio
de preguntas ó de una conversación intencionada; entre tanto se exten-
derán sus miembros, si es una contractura , y se le hará ejecutar movi-
mientos y actos que no podria, dado caso que fuese cierta la enfermedad;
se irá bajando la voz si se finge sordo, etc.
6.'
Se prescribirán remedios repugnantes que no puedan producir
daño, y se examinará la manera de tomarlos y los efectos que causen.
En general, no los toman, y por lo mismo deberá prepararse todo para
dejarlos una libertad aparente de hacer el uso que quieran de los medi-
camentos, procurando sorprenderlos.
7.'
Se fijará la atencion en el género de alimentos y bebidas que el en-
fermo prefiera. Si fingiere una afeccion gástrica , bebiese caldo y pidiese
carne, ¿no habria suficiente motivo para dudar?
8.'
Si la enfermedad es de las que tienen accesos, se observará al en-
fermo durante el acceso y fuera de él.
9.'
Siempre que la astucia y habilidad del enfermo sea tal que burle
todos los medios de exploracion, y se crea prudente acudir á los que pue-
dan lastimar ó causar algun daño pasajero, los autores aconsejan las mo-
xas, los cauterios, la fustigacion, etc. Yo creo que no se debe hacer uso
de esos medios , que son castigos , por lo menos en cuanto á la parte fí-
sica. Que se suponga que se va á hacer , que se haga entender al sugeto
sospechoso que se va á proceder contra él con el hierro hecho ascuas,
con el bisturí, etc.; lo toleraria, porque al fin no se alarma 6 altera mas
que su moral, y es fácil que confiese su farsa ; mas tal puede ser su en-
fermedad, que tanto monta para nosotros , si finge , como si confiesa. Es
evidente que el ciego, el mudo, el cojo, el sordo falso , aterrados con di-
chas amenazas, pueden confesar su embuste y demostrarnos físicamente
que mentían. Mas el reumático, el epiléptico, el gastrálgico, etc., ¿de qué
serviráque nos digan que su mal es un embeleco? ¿No puede ser esta
confesión arrancada por temor de sufrir aquello con lo que los amenaza-
mos? En cuanto al uso del clor
of
ormo ó cualquiera otro
anestésico,
ya he
manifestado mi opinion. No le creo necesario ni útil en niegan caso
y
puede ser peligroso,
SI
.1P
11'
-- 92 —
Cuando se da con un sugeto astuto , lleno de prevencion y dotado de
una voluntad de hierro que le haga sufrirlo todo con paciencia, yo creo
que no hay otro medio que la constancia, el ardid y la sorpresa; él ha de
ser vencido; dormido , si no despierto. March ha dicho , que el médico no
puede descubrir el fraude sino empleando recursos ingeniosos y en cierto
modo improvisados,
§ II.—Declarar si un sugeto oculta una enfermedad.
Esta cuestion se presenta cuando el sugeto hace todos sus esfuerzos
para ocultar la enfermedad que padece y que le estorba la consecucion
de sus designios. Es el reverso de la medalla. Así corno hay personas
que tienen un interés mas ó menos grande en fingirse afectadas de esta ó
aquella enfermedad, ó en suponer que tienen este ó aquel defecto físico,
no faltan otras que ponen todo su esmero en ocultar estos defectos y estas
enfermedades. Nadie ocultará una pulmonía , una calentura cualquiera,
una erisinela , puesto que raras veces, por no decir nunca, exigirán sus
intereses el secreto, ni sufrirá su reputacion porque se divulgue la exis-
tencia de cualquiera de estos males. Mas una persona ha sido herida en
un desafío; padece una de esas enfermedades que se llaman vergonzosas,
como venéreo, herpes, tiña, sarna ó algun abceso frio escrofuloso. Es una
mujer que carece de leche y se empeña en criar; es un mozo que quiere
'11(
ser soldado ó sustituto y es hemoptísico; otro es impotente y aspira
á
en-
1
troncar con tal 6 cual familia ; una jóven no tiene la menstruacion ó ha
padecido una flaqueza que la ha comprometido , etc., etc.: á todos estos
sugetos podrá interesarles en alto grado el ocultar su enfermedad , y el
facultativo cae en desgracia con ellos, como se empeñe en sostener que la
padecen. Los maníacos, los locos que se fijan en una sola idea son los que
mas pugnan por ocultar su desdicha. Concíbese que así como los que fin-
gen estar malos nos abruman con e>posicion de síntomas que nunca han
existido, los que no quieren estar enfermos niegan constantemente que
sufren, y si se ven forzados á confesar algun síntoma palpable, le buscan
otra explicacion,.
El modo de conducirse en estos casos es muy análogo al que hemos es-
tablecido para los que simulan enfermedades. La ciencia del diagnóstico,
el conocimiento de los medios que pueden emplear los enfermos para dis-
frazar su mal , y la obs
e
xvacion atinada, nos pondrán en disposicion de
averiguar la realidad de las cosas. Mas difícil le será á un enfermo disi-
mular su mal, que al sano simularle. ¿De qué le serviria al sordo no que-
rerlo ser? Las personas que no quieren pasar por tales, ¿no están desem-
pefiandó en la sociedad un papel ridículo? Lo propio dirémos del que no
quiera ser cojo, miope, tartamudo, epiléptico, etc.
Devergie determina las enfermedades que suelen disimularse: entre
ellas están. algunas que se simulan. No creemos necesario descender á
estos pormenores.
Basta
con lo que llevamos dicho para resolver la cues-
tion.
§
III.—Declarar si la enfermedad que tal sugeto padece es realmente incompatible con el
cargo que de él se exige, traslacion á la cárcel, etc.
Tal es la cuestion que se nos pondrá en los casos de enfermedad pre-
textada.
Designanse con el nombre de enfermedades
pretextadas
las qu e se ale-
— 93 —
gan como impedimento para desempeñar
algun
cargo obligatorio ó como
motivo para alcanzar alguna gracia;
Una persona es llamada por una autoridad para ser testigo , por ejem-
plo, y alega por impedimento una tisis. Como puede muy bien un tísico
ir de su -casa á la del juez, es un pretexto su motivo.
Otro sugeto sufre una enfermedad, una calentura gástrica, por ejem-
plo, y supone que se la ocasionó cierto sugeto por haberle atropellado,
y
pide indemnizacion: es una enfermedad pretextada.
Otro es requerido para que vaya á la cárcel, y supone que la enferme-
dad que padece no se lo permite ó se agravará, si se lleva á cabo su
prision.
Para proceder debidamente en estos casos, se observarán las reglas
siguientes , por lo que atañe á las enfermedades pretextadas para hacerse
indemnizar :
•
1.
a
Se comparará cuidadosamente la causa alegada con el efecto, ó sea
la enfermedad. En la inmensidad de casos, esta sencilla comparacion bas-
tará para conocer la futilidad del pretexto.
2. Se tendrán en cuenta las causas predisponentes y determinantes de
las enfermedades. La edad , la estacion , el sexo, el temperamento, el
clima, el embarazo, etc.,
p
ueden dar lugar á que se desarrollen bajo el
influjo de una causa cualquiera enfermedades que, sin aquellas circuns-
tancias, no se hubiesen desarrollado.
3.
1.
La moralidad de las personas, los motivos desabonados que pue-
dan inducirlas á engañar, y los testimonios que se adquieran de su es-
tado, serán otros tantos datos sobre los que podrá marcharse para la re-
solucion de estos casos.
4.
a
Se examinará con detencion la naturaleza de las enfermedades rei-
nantes, por cuanto, si realmente la del sugeto en cuestion fuese de aque-
llas , podria considerarse la causa á que se atribuyese la enfermedad,
como meramente ocasional ó accidental.
Relativamente á las que se alegan para eximirse de algun cargo , se
comparará la gravedad de la dolencia, su naturaleza, y las causas bajo
cuyo influjo se desarrolle, sostenga ó exaspere con el cargo, cuya exen-
cion se pretende.
Por último, cuando se trate de alguna persona que ha de ser reducida
á prision, y se oponga pretextando la enfermedad que padezca, habrá que
tener en cuenta si su naturaleza es tal que pueda agravarla , favorecerla
y comprometer mas ó menos tarde la vida del sugeto. Casos habrá en que
eso será fácil de probar, y en ellos no será un pretexto la alegacion del
mal sino una razon atendible; mas en otros, lejos de ser perjudicial el en-
cierro y las privaciones de la cárcel , pueden favorecer notablemente la
curacion de la dolencia.
Creemos excusado descender á mas pormenores. El conocimiento que
debemos suponer en los facultativos sobre la etiología de los males y la
higiene que les conviene, bastará para comprender cuál ha de ser su con-
ducta en estas cuestiones.
§
I
V.—Declarar si tal sugeto padece ó no la enfermedad que se le ha imputado.
Es
imputada toda enfermedad que se supone padecerla un sugeto, es-
tando exento de ella.
La
mal
evolencia, la venganza, la codicia y otras pasiones ruines, con-
— 94 —"
ducen á los desdichados que están plagados de ellas á imputar
á sus ene-
,
4
'bi
migos ó parientes enfermedades que en realidad no padecen. Aquí se
1`
acusa de demente ó monomaníaco al posesor de una hacienda para ar-
rancársela de las manos; allá se supone que una
:
mujer está afectada de
venéreo ; uno es acusado de impotente, otro de epiléptico, etc. En todos
1
estos casos la mision del médico-legista es muy sencilla. Bien podrán acu-
Ç\f
mularse acusaciones contra una persona. Si el médico no le observa los
síntomas propios de la enfermedad que
á
aquella se impute , debe decla-
1
rar que la enfermedad no existe. ¿Cuántas veces la exploracion que se
haga dará lugar á que resalte más y más la buena salud y conforrnacion
del sugeto examinado? Acusado llemócrito de loco por sus compatriotas,
los Abderitas, dicen que Hipócrates fué llamado para visitarle. Cuando
el llamado padre de la Medicina hubo visto al filósofo de Abdera y tenido
con él un detenido coloquio, salió diciendo : «llomóerito es un sabio ; los
locos sois vosotros.»
V. — Declarar si tal ó cual enfermedad ha sido comunicada.
Al hablar de los delitos de incontinencia ó de las cuestiones á ellos re-
lativas , ya hemos visto que la comunicacion de la sífilis de cónyuge á
cónyuge ó del forzador ó estuprador á la forzada ó estuprada, puede dar
lugar
á
un litigio , en el cual tendremos que intervenir como peritos.
Pues, en esos casos habrá cuestion de comunicacion de enfermedad, puesto
que se tratará de si uno de los que han cohabitado , pegó al otro el mal
venéreo.
Mas , así como, en esos casos, el hecho de la comunicacion
ó
contagio
se investiga como
base
para resolver la cuestion de adulterio, fuerza, es-
tupro ó lo que sea ; en otras ocasiones ese hecho será la cuestion misma;
solo se tratará de saber que un sugeto enfermo ha comunicado á otro su
enfermedad , y causándole perjuicios de cuantía, que suelen ser á me-
nudo la muerte ó un trastorno de la salud, grave y prolongado, puede
haber lugar á que se entable una demanda ante los tribunales de justicia
y seamos llamados á demostrar ese contagio.
Cuando el hecho no se demuestra, es caso de
imputacion
de enfermedad;
se imputa al acusado un mal del que no padece. Cuando se demuestra
la realidad de ese hecho , hay cuestion de
disimula
de enfermedad; el que
la padece, la oculta. Es decir, pues, que , en cierto modo, las cuestiones
sobre comunicacion de enfermedad ya están envueltas en las de imputa-
cion y simulador' , y por lo tanto no debemos tratar de ellas aparte,
como una cosa nueva ó diferente de estas.
Añadamos
á
esto que las únicas enfermedades que pueden contagiar
entre las personas de un modo que puede ser demostrado, se reducen á
la sífilis, y sobre esto ya hemos dicho cuanto hay que decir, al hablar de
los delitos de incontinencia.
Respecto de la rabia y del muermo , que además de la sífilis son las
únicas que figuran en el
Tratado de Briand y de Chaudé,
con
el título del
párrafo que nos ocupa, hay una circunstancia especial que acaso no la
haga cuestion de medicina legal, por
lo
menos de un modo exclusivo; hay
algo de medicina veterinaria , porque tanto la rabia como el muermo son
comunicados por animales ; perros
en el primer caso, caballos
en el se-
gundo.
-
Y puesto que
son
muchos los médicos que creen en el contagio de las
er
11'1
Ir
—
98
viruelas, sarampion, tifus, cólera, etc., no sé por qué
Briand
y
Cbaudé
no
han incluido, como casos capaces
,
de dar lugar á cuestiones sobre comuni.
cacion de enfermedad , los que acabo de indicar. Tanta razon encuentro
para demandar resarcimiento de daños y perjuicios, cuando un sifilítico
afecte á un sano, cuando un rabioso, ó un atacado de muermo comuni-
can ó otro sugeto esos males, como cuando un enfermo de sarampion'
viruelas , escarlatina , crup , cólera , fiebre amarilla , peste, ó lo que
sea , propaga esos males á otro ú otros; si es que realmente haya, como
tantos creen , verdadera propagacion.
Sin embargo , los médicos legistas citados no hablan mas que de la
sífilis, de la rabia y del muermo. Es otra de las muchas contradiccio-
nes ó inconsecuencias que tan á menudo se encuentran entre los autores.
Prescindamos de ello y veamos qué hay que hacer en esos casos.
Sifihis. — En efecto, alguna vez se quejan ciertas familias de que la no-
driza ha infectado de mal venéreo al niño que se le ha dado á criar ; ó
vice-versa, es la nodriza la que se lamenta de que el niño le ha comuni-
cado el mal, infectándole primero el pecho, y luego toda la economía ,
habiendo aquel nacido de padres enfermos de la lue sifilítica.
te
.
Estos son los casos en que la cuestion será realmente de comunicacion
el
de enfermedad, puesto que se resuelve demostrando que el hecho existe
9f
6
no. En los casos ya indicados , en los que ese hecho ha de servir de
prueba para un delito de incontinencia , hay cuestion de otra índole;
sto
hemos tratado de ellos, y por lo mismo no debemos repetirnos.
Tambien pudiera ser cuestion propia de este párrafo y capítulo , si
constara que, con el objeto de hacer daño á una persona, se le aplicase á
los ojos ó cualquier otra parte igualmente abonada, cierta cantidad de
'
pus chancroso.
L,t:
Para resolver la cuestion entre nodrizas y padres de familia , no creo
que tenga necesidad de reproducir aquí lo que he dicho sobre lo mismo
entre cónyuges , ó entre el forzador, estuprador, autor de abusos desho-
nestos, y la forzada, estuprada ó víctima de esos abusos. Véase á qué pe-
ríodo del mal venéreo pertenece el afecto de la nodriza ó del niño; véase
si la forma en cuestion .puede desarrollarse espontáneamente , si puede
ser reproduccion de otra antigua ; y por último, si se puede distinguir de
la afeccion no sifilítica , y á beneficio del estudio ó aplicacion de esos
puntos, podrá, ya que no siempre, en no pocos casos , saberse quién ha
comunicado á quién el mal.
Raro ha de ser que el niño le comunique á la nodriza. Si trae el mal
venéreo del cláustro materno por la infeccion de la madre ó el padre , la
lue de que viene impregnado no tiene formas propias para el contagio.
Si al nacer ha pasado por un conducto afectado de llagas sifilíticas, tanto
las aguas de las membranas como el unto sebáceo que cubre al feto, han
de guarecerle del humor virulento. Luego que le laven, se ha de acabar
de librarle de ese peligro.
Mas demos que al fin , á pesar de todo el pus chancroso, le ataque los
ojos y aparezca la oftalmía purulenta, ó los labios, y haya chancros;
en esos casos podrá contagiarse la nodriza. Si esta estaba sana, el mal
aparecerá primero en el pezon , y luego se propagará á la economía en-
tera. El niño presentará con fecha anterior sus padecimientos, y recono-
ciendo á la madre , con la que la nodriza no habrá tenido contacto alguno
capaz de hacer que en ella se desarrolle el mal, fácil será probar de
donde ha partido el contagio.
-- 9
6 ---
Lo que hemos dicho en otra parte sobre la dificultad de distinguir las
formas del mal venéreo de las que no lo son , recordará á los peritos la
gran circunspeccion con que debe procederse en esos casos, antes de for-
mular un juicio terminante.
Rabia.—
Cuando un sugeto es mordido por un perro rabioso, se puede
pedir resarcimiento de daños y perjuicios; no al perro, pero sí al dueño
del perro. Por lo menos, así deberla establecerse , y acaso no tendriamos
que
-
lamentar tanto descuido por parte de los dueños de esos animales,
ni que deplorar tantas desgracias.
Cuando el rabioso la comunique á otro, no creo que pueda ser cues-
tion de demanda de perjuicios ni de nada que se le parezca. El enfermo
no es dueño del curso de los síntomas de su mal , y si muerde , caso de
que eso suceda alguna vez , no es por la voluntad , es un síntoma.
El médico podrá y deberá entender en diagnosticar el mal de las per-
sonas ; respecto de los perros y demás animales rabiosos , pertenece la
cuestion á la veterinaria.
No me creo en el caso de recordar el cuadro sintomático de la rabia,
le supongo sabido por aquellos para quienes escribo estas líneas; lo único
que advertiré, en primer lugar, es que no faltan autores , entre ellos
Tardieu (
1
),
que admiten la espontaneidad de la rabia en el hombre. Yo lo
creo tambien; me parece esto mas probable que el desarrollo de ese mal,
despues de meses y años de mordeduras de perros, y en especial no ra-
biosos. En segundo lugar, hay muchos que por el solo hecho de haber
sido mordidos por un perro, aunque no rabie , ya se creen condenados
irremisiblemente á la muerte, y mueren de una enagenacion mental
aguda , debida á la exaltacion de su fantasía y su terror. La verdadera
rabia , no solo es rara en el hombre, sino hasta entre los mismos perros.
Por último, hay que advertir que entre los síntomas de la rabia y los
de la intoxicacion séptica por sustancias putrefactas , hay muchos puntos
de contacto, y es fácil confundir una intoxicacion de esa especie con la
rabia, cuando muerde un perro ó un lobo despues de haber comido de
esas sustancias; sus dientes embadurnados de sustancias putrefactas ; su
baba conteniendo partículas de aquellas, al morder, las pone en contacto
con la sangre ; y de aquí la manifestacion de los síntomas sépticos , entre
los
cuales figura la hidrofobia.
Tengan presentes los
.
peritos todas esas circunstancias y nociones,
antes de formular un juicio sobre la existencia de la rabia.
Muermo.—Lo que acabo de decir de la rabia, respecto de las reclama-
ciones contra quien la comunica, es aplicable al muermo. Contra el
dueño de los caballos muermosos, debe reclamar el que adquiera el mal
por su roce con ellos. A los veterinarios pertenece la cuestion relativa á
los
caballos enfermos. Al médico diagnosticarle en las personas.
Que un muermoso contagie á un sano, ¿por
qué
ha de ser cuestion
médico-legal? Sin embargo, tales circunstancias puede haber en el caso,
que quepa lo de imprudencia temeraria , y bajo ese punto de vista, po-
drá indagarse pericialmente si hubo muermo
en
el hombre
y contagio de
otro,
y judicialmente
si
hubo en eso malicia, descuido ó ignorancia.
Sobre las demás enfermedades tenidas por contagiosas , no diré nada:
primero, porque no creo en 'tal contagio; segundo, porque es muy difícil
probarle como se necesita ante
los
tribunales , y
tercero, porque cuando
(
1
}
Ánales do Higiene pública y Medicina legal, 1861.
-- 97 --
los autores que creen en el contagio no hablan de esos casos, cómo he
de hacerlo yo, que tengo el tal contagio por una de las creaciones mas
absurdas y mas funestas?
Me he extendido poco en este párrafo, lo mismo que en el segundo, ter-
cero y cuarto, porque , como lo dije al principio de este capítulo , todas
esas cuestiones vienen á ser á poca diferencia las mismas en el fondo. Los
datos que he expuesto para resolver la primera, en su mayor parte, sir-
ven perfectamente para resolver las demás.
Completarémos este estudío sobre las cuestiones de simulacion , disi-
mulacion, pretexto, imputacion y comunicacion de enfermedad con al-
gunos casos prácticos. El de simulacion es curioso é importante , tanto
en sí, como porque abraza otras enfermedades fingidas ó leves por el
mismo sugeto. Le tomamos de Jacquemin y 011ivier d'Angers , que fueron
los peritos consultados.
Informe sobre un caso de simulacion de epilepsia, hematémesis
y
tumor
abdominal en un mismo sugeto.
Los infraescritos, doctores en medicina, residentes en Paris, en virtud
de
un
auto del 5 de abril de 1840, por el Juez de Instrucc ion , por el cual se nos ha
cometido visitar al llamado Jaime Guignard, de edad de cincuenta años, dete-
nido en la cárcel, inculpado de haber mendigado varias veces por Paris fingien-
do enfermedades, y dar nuestro dictamen acerca de si esas enfermedades que
pretende padecer Guignard son reales ó simuladas; hemos aceptado este cargo
y prestado el juramento prescrito por
la
ley; y habiéndonos enterado de
los
au-
tos
del proceso, nos hemos trasladado á la cárcel el 27 de abril de 1840, con el
objeto de ver á dicho Guignard y concertarnos, para emplear los medios mas con-
ducentes al esclarecimiento de la verdad.
Desde dicho dia, uno de los infraescritos, médico de la cárcel, ha visitado al
prevenido todos los días, y le ha hecho observar por los dependientes de la casa.
Además, nos hemos reunido entrambos varias veces para proceder á nuevos
exámenes, comunicarnos el resultado de las observaciones particulares, discutir
y establecer las opiniones que luego se expondrán.
De unos y otros datos resulta, que el 26 de marzo de 1840, el comisario de
policía
del cuartel del Louvre recibió aviso de que en la calle de la Moneda
yacia un hombre vomitando sangre en abundancia. Trasladóse inmediatamente
alli, acompañado del doctor Boniface. Examinando este á dicho hombre, se
asombró al reconocer en él al mismo sugeto á quien en poco tiempo había visto
d e
s veces en las calles ,de Paris en una posicion semejante. Eso le hizo sospechar
una superchería, y en este sentido se expresó en una declaracion juiciosamente
motivada. Conducido Guignard al hospital de la Charité, con órden de que le no-
taran en el registro,
M.
Bouillaud, médico de la sala donde aquel fué colocado,
despees de algunos días (le observacion , se convenció igualmente de que ese
hombre simulaba las enfermedades de que se suponía afectado. Segun el infor-
me que dió M. Bouillaud, Guignard fué arrestado y conducido á la cárcel.
Reconocióse ser el mismo sugeto que en 1828 habia sido preso y condenado
por darse á la mendicidad
y
simular enfermedades; en 1838 había sufrido nueva
condena por lo mismo, y
que en Versalles
y Rambouillet habla sido fainbien ob-
jeto
de
procedimientos por igual delito. SUpose, además, reparando los informes
remitidos
á
la policía, que tos comisarios, dependientes de la policía y guardias
municipales, que desde
el último
mes de enero,
Guignard habla estado en dife-
rentes calles
de Paris vomitando sangre y dando
lugar á que formase corro la
gente. Leyendo
y comparando estos partes, hemos
notado en ellos ciertas
par-
ticularidades dignas de referirse antes
de apreciar los hechos.
1.° Los accidentes de Guignard son
muy frecuentes,
porque los partes que
LEGA
L.—TOMO
it
98
dan cuenta de ellos se han sucedido con poco intérvalo; á veces las fechas solo
son de dias.
2.° Guignard es un pobre zapatero, que iviendo en el arrabal de San Mar-
celo, siempre se encuentra en los cuarteles mas ricos de la ciudad, cuando le so-
brevienen los ataques.
3.° Casi siempre es á la misma hora, de las dos á las cuatro, cuando le vienen
esas crisis, precisamente son las que, durante el invierno, circula mas gente por
dichos cuarteles.
4.° Las circunstancias que acompañan esos accidentes siempre son las mis--
mas. En todos los partes los hechos son iguales. Así, Guignard se halla siempre
delante de una puerta cochera cuanda le da el vómito, se echa al suelo, se agita
con movimientos cono ulsivos, hace esfuerzus para vomitar, y acaba por echar
una gran cantidad de sangre. Lleva el vestida suelto, el pecho descubierto, su
vientre distendido forma una salida que levanta la cintura del pantalon des-
abrochado; un mar de sangre le rodea; sus vestidos, sus manos, su pelo, su cara,
todo lo tiene manchado de sangre-, es un espectáculo asqueroso. Las gentes se
agolpan alrededor, le hacen sentar, y le socorren. Poco á poco recobra los senti-
dos y la calina, y responde á lo que se le pregunta. Dice que padece de una en-
fermedad grave de estómago, procedente de un culatazo que recibió en el vien-
tre, siendo soldado, en 1815. Esta enfermedad le da ataques de epilepsia, y de-
- termina
VemLitos
de sangre. Los médicos no pueden curarle. Hace tres dias que
La salido del hospital; trata de volverse á su país; pero le faltan diez francos para
hacer el viaje.
Apenas
acaba de decir esto, su sombrero, que siempre está a su
lado, se llena de algunas monedas; las recoge, y se va poco á poco rehusando
las ofertas que se le hacen de conducirle a su casa ó de hacerle entrar en el
hospital.
Tales son los hechos acerca de los cuales tenemos que dar nuestro dictamen;
y para proceder con tarden, examinaremos sucesivamente cada una de las en-
fermedades que presenta Guignard : 1.° la epilepsia ; 2.° la tumefaccion del
vientre;
3.`
.
el
vómito de sangre.
1.°
Epilepsia.—Cuando
uno es testigo , y lo hemos sido muchas veces, de un
acceso de epilepsia de Guignard , apenas puede creer que la simule ; tanta ver-
dad hay en la manera como reproduce los fenómenos de esta enfermedad. Es
necesario que haya observ ado á los .epilépticos con grande ahínco pai a imitar-
los tan perfectamente. Se echa de espaldas al suelo, se revuelca, se, contornea,
se hiere fuertemente , esconde los globos de los ojos en sus órbitas ; su cara se
pone lívida y agitada , con movimientos convulsisos. La boca se le llena de es-
puma, la lengua sobrepasa las arcadas dentarias y parece apretada entre ellas,
los puños cernidos con fuerza y los pulgares retraídos hacia la palma de la
mano. Asombra verle luego, despues de la crisis , tan tranquilo y tan vuelto á
su estado natural. A pesar de la frecuencia y violencia de esas crisis, jamás se
hace daño. No se le encuentra ninguna lesion, ninguna de esas cicatrices que
tan á menudo se hallan en los infelices afectados de esa enfermedad. La lengua
está intacta ; ni lleva la impresion de los dientes, ni ofrece tampoco ninguna
cicatriz por la cual se conozca que alguna vez haya sido cortada ó rasgada.
Hemos visto muchas veces en las cárceles á sugetos que simulaban tan per-
fectamente la epilepsia, que era muy difícil descubrir el fraude. Pensamos que
Guignard es
uno
de esos, tanto mas, cuanto que sus accesos están.ligados con
otros padecimientos que desde luego declaramos ser falsos, y por lo mismo for-
ma parte del mismo sistema de simulacion.
1°
Tumor abdominal. —Dice Guignard que, á consecuencia de un culatazo
recibido en la boca del estómago en 1815, le ha salido
en
dicha palie un tumor
que no ha desaparecido nunca , y enseña su vientre tumefacto. Esta teusion del
abdómen no ofrece los mismos caracteres, segun las circunstanciasen las que
se
examina
á Guignard. Si espera á que le visiten ;
si está preparado, la tome-
faccion es considerable, y presenta los signos de una timpanit!s; si, al contrario,
se le examina
de improviso, se siente
tan solo en el epigastrio un tumor duro,
desigual , como si
fuera un infarto escirroso.
de
9
91
• --
99
Guignard ha adquirido una verdadera habilidad en el ar
t
e de
la
simulacion
respecto de esa dolencia,
y
ha sido necesario luchar con astucia para descubrir
la
verdad. Así es que cierto dia
.
nos pusimos de observacion en un ventanillo
hecho en la pared de la enfermería de la cárcel, y dispuesto de manera que pu-
diese verse todo lo de la sala sin ser vistos nosotros desde ella. Guignard se
paseaba tranquilamente hablando con otro; el enfermero entró bajo el pretexto
de su servicio, y aparentando que Guignard no podía oirle, dijo á un enfermo
que 011ivier d'Angers estaba en el establecimiento y que iria
pr
obablemente á
la enfermería. Guignard se fué en seguida hacia su cama
y
se bebió todo lo que
contenía su puchero de tisana; luego le notamos en sus labios y cabeza movi-
mientos simultáneos parecidos á los que acompañan á una deglucion difícil y re-
petida. Al instante se le hinchó. el epigastrio, se• lo tentaba de cuando en cuando,
le miraba, entreabriendo
su
capote y camisa, para ver si la tumefaccion estaba
al
punto,
y al fin se apoyó en el borde de la cama , en la actitud de un hombre
que sufre.
Le mandamos que pasase al cuarto del enfermero, sin que se sospechase si-
quiera que hacia rato le estábamos observando. Le hicimos sentar , y con pre-
guntas varias procuramos distraerle del verdadero objeto de nuestro examen.
Al propio tiempo le obligamos á que estuviese echado para adelante, apoyando
los antebrazos en los muslos. En esta actitud, ejercimos con la mano una presion
sostenida sobre el epigastrio , hablando con él 9 y no tardamos en sentir que la
tumefaccion se aplanaba y desaparecía debajo de nuestra mano, pero sin pro-
ducir zurridos ni eructos.
Le hemos examinado durmiendo, y hemos visto que su vientre está aplanado,
flexible , flojo y que nada revela en él el menor tumor.
Segun las observaciones que hemos hecho, creemos que Guignard se vale de
dos procederes, ya aislados, ya combinándolos, para remedar la tumefaccion del
vientre.
Cuando se le coge de improviso, ó no tiene tiempo de prepararse completa-
mente, produce en parle ese efecto, empujando las vísceras abdominales con el
diafragma, al mismo tiempo que contrae fuertemente los músculos rectos del
abdómen, que han adquirido en él gran desarrollo con la repeticion de esas
contracciones forzadas.
El otro medio consiste en la deglucion del aíre, cuyo efecto se conoce por la
distension de la parte superior del vientre , que forma un tumor redondeado,
elástico, sonoro á la percusion ,
con
toda la forma y situacion del estómago. Al
propio tiempo se le nota una contraccion continua de los músculos de la cara
y de los labios, en particular, y un lagrimeo, resultante de los esfuerzos que
incesantemente hace para efectuar la deglucion del aire. Este lagrimeo existe
en todos los que, ya para hacer ensayos fisiológicos, ya para simular, ejecutan
movimientos de deglucion necesarios para tragar aire.
Tambien hemos observado con el doctor Bouvier en Guignard la existencia
de un hecho que nuestro hábil comprofesor habla ya visto y explicado en una
memoria publicada sobre este asunto ; á saber : que cuando el estómago está
fuertemente distendido por el aire , se perciben en el epigastrio latidos muy
distintos , echándose el sugeto de espaldas. Son los latidos del corazon trasmiti-
dos de la cara plana de este órgano á las paredes abdominales del estómago
hinchado de aire ; al paso que en el estado natural, la impulsion comunicada
por el corazon á esa víscera, se debilita, propagándese al través de su masa
blanda , poco elástica y poco lejana de la pared muscular del abdómen. Es
tarnbien muy verosímil que los inertes de la arteria celíaco concurran á de-
terminar esos movimientos pulsativos que se perciben á la sazon en el epi-
gastrio.
3.°
lienlaiénieSiS ó z Ólitil0
de sanre
—Las personas que han sido testigos de
las crisis de Guignard, no están deicuerdo en sus declaraciones sobre el hecho
del vómito de sangre. Unas afirman que le han visto realmente vomitar este
liquido otros dicen que no vomita, sino que vierte á su alrededor y encima de
sus vestidos /a sangre
que lleva dentro de una botella.
Y efectivamente, se le
-- 100 --
,14/'1
1
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)
ha encontrado un frasco que contenia sangre; mas él explica la presencia de
'1.
1
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este vaso diciendo que, expuesto
á
ponerse malo, se provee siempre de un
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frasco que contiene un licor espirituoso, del cual bebe algun sorbo cuando se
siente próximo á desfallecer; y que como á menudo le sobrecoge el vómito brus-
#' V
camente , una parte de la sangre que vomita penetra en la botella que tiene
I
,1
en la boca. Esta explicacion es especiosa ; porque es cierto que la botella ó el
1 t ,_\
frasco no contiene mas que sangre , y es uno de los instrumentos de su su-
le`
percheria.
Nosotros , que hemos sido varias veces testigos de las crisis de Guignard , es-
tamos ciertos que vomita realmente sangre, y que procede del estómago. Mas
¿ cómo se halla la sangre en este órgano? Tal es la cuestion que hay que escla-
fi)J:
recer. ¿Es el resultado de alguna exhalacion morbosa , de alguna lesion orgá-
nica? Mas una enfermedad que fuese acompañada de tan frecuentes y abun-
dantes vómitos de sangre, seria de la mayor gravedad, y esa dura hace veinte
y cinco años. Guignard no tiene calentura, come, bebe, duerme y digiere per-
fectamente, y
no
está delgado. ¿Es posible admitir en semejantes circunstan-
cias la existencia de una hematémesis? No vacilamos en responder que no. Es
positivo que hay tambien en eso una estratagema.
Guignard bebe, traga sangre , la que conserva momentáneamente en su estó-
mago para echarla en seguida por vómitos, cuya ejecucion la ha hecho fácil el
hábito. IIa podido procurarse sangre de varios modos; pero un consumo tan re-
de!
petido hubiese ocasionado gastos, dispertado sospechas ; él ha adoptado un me-
dio mas económico y mas seguro. Se basta á sí mismo; saca de su propio cuerpo
la materia de su explotacion.
[111
¿
Cómo podria explicarse de otra manera la innumerable cantidad de sangrías
cuando se le pregunta por los nombres de estos, ó se le hace citar fechas, en
11
.t11
c
11
que se-le han hecho en ambos brazos? Todas sus manos están , como se dice
1
vulgarmente , cosidas y deformes: hemos procurado contar esas cicatrices; mas
1
es imposible conseguirlo : son tan numerosas que se tocan , se cruzan, se re-
suelven y confunden. Es cierto que hay mas de ciento en cada brazo. Nótase
u
el
i1
tambien que son grandes, irregulares, y denotan un operador poco diestro.
Guignard no da explicacion plausible sobre el origen de todas esas cicatrices.
Verdad es que dice que le han sangrado muchas veces diferentes médicos; pero
especial respecto de las mas notables sobre las venas radiales y cubitales,
guarda silencio.
Cuando llegó á la cárcel tenia aun dos cicatrices rojas ó violáceas, que no
podian datar mas que de uno ó dos meses. No podia haber olvidado todavia el
nombre del médico que se las hizo ; pues bien , solo puede referir cuatro de
ellas á un cirujano de la calle de
•
Vendome , cuyo nombre ignora; respecto de
las demás no da ninguna explicacion. Para justificar tan gran número de cica-
trices , dice que es muy difícil sangrarle, que en él las venas ruedan , y que el
sangrador se ve obligado á picarle muchas veces.
Con el fin de probar lo que afirma, imitó cierto dia delante de nosotros so-
bre su brazo la maniobra operatoria de la sangría, y del modo como lo hizo,
comprendimos que mas de una vez habria manejado él mismo la lanceta.
Desde su permanencia en la cárcel, los vómitos se han renovado ; pero no se
ha sangrado, no se ha querido comprometer. ¿Cómo se ha procurado, pues,
sangre? Tambien lo hemos descubierto.
Muchas veces se habia notado que permanecia por largo tiempo solo en el
lu-
gar
comun, y se habla encontrado sangre en el sitio que ocupaba; tambien se
le habia notado delante de su camisa, y precisamente en esos dial vomitaba
a
sangre. El enfermero que le vigilaba nos dijo un dia : Guignard ha hecho sus
so,
preparativos; no tardará en tener una crisis, y
en
efecto, la prediccion se
cumplió durante nuestra visita.
El
dia
10
de junio, haciéndole desnudar delante de nosotros de improviso,
cayó de su camisa
un
pedazo de sarmiento seco de 12 centímetros de largo,
hendido por uno de sus extremos en muchas lengüetas, y por el otro grosera-
4
mente cortado como
una pluma de escribir ; estaba todo manchado de sangre,
LDe,
—
1 01 —
le 'd***
y aun
:tenia adherido un coágulo seco y negro, ¿Para qué os sirve, e dijimos,
esa especie de mechera? Para nada , repuso Guignard ,con la expresión de un
profundo disgusto ; no sé de dónde viene eso. No pudimos obtener de
él mas ex-
plicacion. Mas
como se le habla visto introducirse en las narices un cuerpo ex-
traño, no vacilamos en pensar que se servia de
ese instrumento para excoriarse
el interior de las fosas nasales, y que así se provocaba
un
flujo de sangre, la
que con movimientos repetidos de aspiracion y deglucion se hacia penetrar en
el estómago. Tal es la explicacion
.
que puede darse á los vómitos de sangre que
ha tenido desde que se le ha preso.
Como complemento de esta parte de nuestro dictamen, es necesario que de-
mos á conocer el resultado de u
p
a visita hecha en el
domicilio de Guignard , la
cual
practicó uno
de los infraescritos el 21 de junio. Desde que le prendieron,
habia persistido en
ocultar su
domicilio; mas las investigaciones de la policía
hicieron descubrir que habitaba en un gabinete de una casa de pupilos de la
calle de San Nicolás du
Chardeneret.
Siendo conducido á la cárcel, ha cesado
de negar que allí habitase cuando fué preso. La huéspeda declaró que , no ha-
biendo vuelto ese huésped ó inquilino el 26 de marzo y dias siguientes , habla
recogido todo lo que tenia en la habitacion dende vivia, y que lo habia reunido
en un paquete que presentó. Consistían los efectos de ese paquete en tres chale-
cos, algunos pañuelos del cuello, una gran cantidad de trapos, y todo manchado
de sangre.
Una botella , tapada con un tapon de trapo, contenia un líquido
descompuesto, en el cual la análisis química demostró los elementos de la
sangre. Entre
'
los trapos se encontraron dos ó tres tapones de lienzo , igual-
mente ensangrentados , y que claramente habian servido para tapar frascos de
un
cuello mas estrecho que el de una botella ordinaria. Por último , había tres
vendas de lienzo tambien teñidas de sangre. Las mas minuciosas investigacio-
nes no pudieron dar con lanceta alguna.
¿A qué tanto disimulo? á qué ocultar hasta el Un su
último
domicilio? á
qué negar que los efectos
en
él encontrados le pertenecian ? Es que Guignard
comprendia bien que esos trapos , esas vendas manchadas de sangre , esa bo-
tella que contenia algo de ese líquido, esos tapones de lienzo de diferente
tamaño, eran otras tantas piezas de conviccion que venias á confirmar las
demás pruebas de sus artimañas, y cuyo descubrimiento acababa de denun-
ciarle.
Hemos tardado tanto en dar
este
dictamen , porque persistiendo Guignard en
sus negativas y maulerías, debiamos por nuestra parte, para establecer bien
nuestra conviccion, perseverar en nuestras investigaciones , y teníamos que lu-
char con una parte fuerte, porque es hábil, y ha conseguido engañar á un gran
número de médicos. Los vestigios de multiplicadas aplicaciones de sanguijuelas
en el epigastrio , las cicatrices de numerosas escarificaciones que se le notan,
lo atestiguan demasiado. Uno de nosotros fué el juguete de sil bellaquería la
primera vez que se le arrestó en 1828.
Mientras se estaba instruyendo el proceso
mismo
actual, Guignard ha dado
una prueba de su habilidad. Segun su costumbre, tenia siempre un ataque en
ocasiones importantes. El 311 de agosto Ultimo, conducido á la presencia del
juez de instruccion , y en el momento que él entraba en el gabinete de este fun-
cionario , le acometió una de
sus
habituales crisis , seguidas de vómitos de san-
gre. El juez mandó que le viese un alumno interno del notel-Dieu , y le diese
los auxilios que considerase necesarios, previniéndole , sin embargo, que los
accidentes
de, que se hacia cargo, pechan ser simulados , y hasta constituía esa
sospecha el motivo de su arresto. Aquel jóven , aunque hábil y además adver-
tido , cayó en el
lazo ; afirmó
en una declaracion que
Guignard tenia un tumor
enorme ó
cancerase en
el estómago, V
después de (telar
largamente
su diagnós-
tico terminól
•
1
-
l
os
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.
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de
l
-
•
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•
reales
verdade-
( ¡cien( o que
OS a
ccidentes
en .es r e pi
enii o e
r
an
y
ros, que eran de la mayor gravedad , y que. no tardarían
en
producir
la
muerte.
De 1,1.1110
lo que precede concluimos
,
que la epilepsia, el im
p
ar abdominal
y
la
hematémesis, de que pretende estar
acometido
Gnignard, no existen real-
1
1‘1/5
—
102 —
,1,
mente, no son mas que
enfermedades simuladas.,=Jacquemin..01livier
t1iaC
1uo1
1
d'A ugers ( ' ).
Declaracion sobre una enfermedad provocada ó simulada por provocacion.
1111‘
Dijeron : Que , etc.;
para reconocer á N.
N. y
declarar si
la
oftalmía que pre-
'15
1;
lenta
una
enfermedad debida á las causas naturales de la misma, ó á algun
medio artificial que la haya provocado
y
la sostenga.
Que, reconocido dicho N. N., ofrece realmente una inflamacion de la conjun-
11111
tiva palpebral y ocular, bastante intensa, pero de carácter franco y puramente
inflamatorio. Presenta, en efecto, un color rojo vivo, tirando un poco al amarillo,
con algunos puntos violados. EGtinguese una multitud de vasitos sanguíneos,
de grueso variado, entrecruzados de muchas maneras, móviles y fáciles de des-
alojar, tanto mas pequeños, cuanto mas cerca se los ve de la córnea, á una linea
de la cual se terminan en general; pero hay algunos que hasta avanzan hacia la
misma membrana, prueba de la intensidad del mal. Distínguese en algunos pun-
tos el color blanco de la esclerótica. Hay bastante secrecion mucosa que du-
rante la noche se concreta en las pestañas, y las pega ; pero de dia corre por
9
las mejillas, limpia y transparente, poniéndoselas eczematosas. Se queja de dolor
agudo al menor movimiento de los párpados, como si tuviese arena dentro del
ojo. Las funciones del ojo no están perturbadas. N. N. ve perfectamente los objetos.
Que, no pudiendo dudar de la realidad del mal , se ha sometido
á
N. N.
á la
observacion y
á
un plan curativo sencillo, sin que la enfermedad acabase de
ceder del todo, encontrándosela exacerbada casi todas las mañanas, á pesar de
haber tomado todas las precauciones para impedir que pudiese echar mano de
cualquier causa
irritante
que se aplicase á los ojos. Mas sospechando que, á pe-
sar de esas precauciones, se valia de algun medio artificial para sostenerse la
oftalmía, le hicieron vigilar de dia y de noche, y el enfermo notó que N. N. ocul-
taba su cabeza dentro de las sábanas de su cama. Con este motivo le sorpren-
dieron una noche en esta actitud, y notaron que tenia la camisa mojada, y
re-
- torcida por un
cabo, y habiendo olido
esa parte
mojada, el olor orinoso que
arrojaba les dió á comprender que el pretendido oftálmico se meaba la camisa,
retorcia su cabo y se la pasaba y repasaba entre los párpados y el globo del ojo,
hurgándose luego con los dedos hasta que exasperaba el estado inflamatorio
de
la
conjuntiva.
Que, visto lo dicho, le ataron los brazos, impidiendo que se pudiese hurgar los
ojos, ni aplicar nada, y
á los pocos días de haber tomado estas precauciones y
de
someter al mas sencillo plan curativo, la oftalmía ha ido cediendo rápida-
mente, y en el momento de extender esta declaracion, N.
N.
está perfectamente
curado.
1,11
,Que de todo lo que precede deducen
1.°
Que la oftalmía de
N. N. es
real
y
positiva , de
carácter puramente infla-
matorio.
2.° Que
se la habia provocado con algun cuerpo extraño
ó
sustancia irritante,
y
que así
se la sostenia.
3.°
Que es, por lo tanto, una enfermedad provocada á simulada por provo-
cacion.
Que es
cuanto, etc.
Declaracion sobre una enfermedad disimulada.
Dijeron: Que, etc.;
para
examinar si N. N., ama de cria, padece de
una
enfer-
medad contagiosa, y que fecha tiene esta enfermedad,
y
si ha podido eomunicarla
al nido que ha criado.
(
1
)
En virtud de este informe, Guignard fué condenado por el tribunal correccional, con
fecha
29
de agosto de 1840, á un año de prision , y espirada la pena, á la reclusion en
un hospicio de mendicidad. En
enero de 1841, Guignard estaba perfectamente bueno, Y
no habla vuelto
á tener crlsirl.
—
103 —
Examinada la N. N., ha visto que es de edad de treinta años, constandon
bastante buena , temperamento sanguíneo flemático, estado casada y ama de
-cria hace algunos años. Su último parto data
de cuatro meses; su leche
no tiene
malas
condiciones; pero es poco abundante.-
En
el pezon derecho tiene algunas
grietas con aspecto herpético,
y en la base, comprendiendo la parte inferior de
la aureola hácia el lado interno, se le nota una ulcera de una
pulgada
de diá-
metro, redondeada, de fondo agrisado, y bordes poco duros, pero cortados per-
pendicularmente.
En sus órganos genitales se presenta un flujo vaginal amarillento, que man-
cha y acartona la
camisa, es bastante copioso, y le excoria la vulva. En la
parte
inferior de esta
.
aber tura, en el espacio correspondiente
á
la fosa navieular,
que no existe,
hay algunas vegetaciones.
La inoculacion practicada en la parte superior é interior de los muslos de la
N. N. no ha tenido consecuencias especiales, ni respecto de la úlcera de la
mama;
ni
respecto del flujo.
Además, se le notan en los pequeños labios vestigios de chancros cicatrizados
con algun endurecimiento todavía.
La N. N. explica la úlcera, diciendo que cuando vino de su pais (hace de eso
un mes), trajo consigo un perrito para darle la teta, y que este animal le excorió
el
pecho, resultándote la úlcera; y habiendo dado de mamar al niño
N. N.,
se le
exacerbó tanto más, cuanto que cree que el niño estaba malo, que tiene mu-
chos humores y que este le pegó algun mal.
El
flujo de la vagina, dice, que es todavía el loquial, que no le ha cesado desde
que parió, y que le sucede en todos los partos; los loquios le duran algunas ve-
ces en calidad de flores blancas, y que, tanto el flujo, como el ejercicio que
hace, le ha producido las vegetaciones.
Examinado el niño, se le ha observado una afeccion cutánea de aspecto her-
pético, con aftas en toda la boca. De ninguna de ellas, inoculada en el muslo del
propio
niño,
ha resultado nada.
Que faltos de los antecedentes relativos á la N. N. ,
tienen que referirse ex-
clusivamente á su estado
acl nal, y en virtud de él deducen:
1.° Que la afeccion del niño parece ser herpética.
2.° Que, en cuanto
á
los aftas, pueden haber sido producidos por el pus de la
úlcera del pecho del ama de cria, que ha podido obrar como agente irritante,
pero sin accion específica ó virulenta.
3.° Que la úlcera de la mama de N. N. tiene mas fecha de lo que ella dice, y
no es probable que reconozca por origen la accion de la boca del perro , ni el
roce de los vestidos en el viaje que hizo la N.
N.
desde su tierra
á
Madrid.
4.° Que los caracteres de la ulcera indican una afeccion mas bien constitu-
cional, de carácter sospechoso ó venéreo.
5.° Que el
(lujo
vaginal no es loquial, esas flores blancas tienen mas bien todo
el exterior de un flujo venéreo igualmente que las vegetaciones.
6.° Que hay vestigios de chancros cicatrizadas.
7.° Que la N. N., ó ignora la naturaleza de su mal, ó le disimula.
Que es cuanto, etc.
Declaracion sobre una enfermedad pretextada.
Dijeron:
Que, etc.;
para reconocer
á
D.
N.
N.
y
declarar si la enfermedad que
padece, le imposibilita para presentarse á prestar una declaracion como testigo en
una
causa criminal.
Que, reconocido dicho D.
N. N.,
les dió por resultado haber padecido una di-
sentería, de la cual se hallaba ya casi convaleciente, y aun cuando de tanto en
tanto se sentía molesto y se ve obligado á
hacer una deposicion característica,
pocha á
de su casa, tomando las debidas precauciones, y trasladarse al
juz-
lado
a
prestar una declaracion, puesto que sus facultades intelectuales estaban
integras,
sus fuerzas
bastante
restab!ecidas y su convalecencia ea un grld
o
que
no amenazaba
r
ecrudescencia temible para dar
dicho paso.
104 —
De
lo cual deducen:
.°
Que,
efectivamente, D. N. N. ha padecido
4:1e
una disentería , de la cual
está convaleciente.
2.° Que,
sin embargo, el estado en que se halla, »o es motivo suficiente para
no salir de su casa, tomando l ts debidas precauciones, puesto que no hay incom-
patibilidad entre los dos hechos, sin peligro de ninguna especie para su salud.
Que es cuanto, etc.
Para caso práctico de enfermedad imputada, véase
el documento
de.los
modelos de declaracion , páginas 12(c. y 125 , tomo I; y para el de enfer-
medad comunicada , el de las páginas 102 y 103 del tomo II.
RESUMEN .
Las enfermedades
y defectos físicos pueden ser fingidos, disimulados,
pretextados
é
imputados , y aquellas comunicadas.
Las cuestiones á que hay lugar se deducen de cada una de esas cir-
cunstancias; por ejemplo :
1.°
si se finge una enfermedad ó defecto físico;
2.*
si se simula , etc.
Las enfermedades pueden fingirse , imitando algunos
de
sus síntomas
sin serlo, no dándoles mas que apariencia de tales, ó bien provocando las
verdaderas por medio del artificio. Aquellas se llaman por
imilacion,
y
estas
por
provocacion.
Para resolver las cuestiones relativas á las enfermedades simuladas, se
necesita :
1.°
poseer bien la ciencia del diagnóstico ; 2.° conocer los me-
dios de que se valen los farsantes para fingir;
3.°
conocer los medios pro-
pios para descubrir el artificio.
Las reglas que hay que seguir en tales casos son las siguientes :
1.°
Examinar si el sugeto que se dice enfermo puede terler interés
en ello.
2.° Ver si la enfermedad que acusa es de las que pueden fingirse.
3.° Si esa enfermedad corresponde á la edad , sexo, constitucion, tem-
peramento, idiosincracia, estado, profesion , posicion social y demás cir-
cunstancias del sugeto, que puedan ser causa predisponente ó determi-
nante de lo que diga que padezca.
4.°
Hacerle preguntas sobre síntomas y demás que no sea propio del
mal,
y
observar lo que contesta.
5.° Procurarle distraer mientras se le examine, para cogerle en un
descuido ó distraccion.
6.° Prescribirle remedios ó pócimas repugnantes que no
,
puedan ha-
cerle
daño.
7.° Fijar la atencion en los alimentos y bebidas que tome.
8.°
Si es la enfermedad de las que tengan accesos, observarle en ellos.
9.° Apelar al ardid para sorprenderle.
10.
Observarle sin que el sugeto lo sepa (§
1).
Cuando se trate de disimular una enfermedad , todavía ha de ser mas
fácil descubrir la verdad , porque si el mal existe no es posible ocultarlo
á los ojos del perito.
Muchas de las reglas indicadas para el primer caso sirven para este
4
(§ 11).
.1i4k
—
tos —
Siempre que se pretexte una enfermedad, ora se alegue
para
eximirse
de algun cargo público, ora para evitar el
ser trasladado á
la cárcel ó
cualquier otro fin, se verá si es incompatible con lo que ese cargo exige,
y comprometer los dias del sugeto, ó si sucede todo
si puede exacerbarla
lo contrario.
Otro tanto debe hacerse respecto
á
la traslacion á la cárcel. Segun las
condiciones de esta y las de la enfermedad, se verá si puede el sugeto
agravarse, ó si dicha mansion le será indiferente, como puede serlo en
muchos padecimientos crónicos , y hasta en ciertos casos beneficioso
(§ III).
Si se tratase de una enfermedad imputada , como en el fondo se ha de
sostener la cuestion de existencia del mal, y esta se demuestra por los sín-
tomas, será aplicable á esos casos gran parte de las reglas trazadas para
el primero y segundo (§ 1V).
Para resolver que se ha comunicado una enfermedad de persona á per-
sona, ó de un animal á aquellas, es necesario que conste primero de
un modo indudable que sea -contagiosa.
En la práctica suelen dar lugar á esa clase de cuestiones tan solo la
sífilis , la rabia y el muermo.
Cuando la cuestion verse sobre la sífilis , será casi siempre porque una
familia se queje de que una nodriza ha contagiado al niño que se le ha
confiado, ó vice-versa.
Esta cuestion se resolverá atendiendo á los tres puntos que nos sirven
de base para esclarecerla, cuando uno de los cónyuges se queje de que
el otro le ha comunicado la sífilis (véase la primera cuestion sobre delitos
de incontinencia).
Si se trata de la rabia, será menester averiguar primero si el perro que
ha mordido rabiaba realmente , lo cual deberán efectuar los veterinarios.
Luego , si el sugeto padece realmente de la rabia. Como no es imposible
que se desenvuelva espontáneamente en el hombre ; como el terror y la
imaginacion pueden producir una afeccion mental aguda mortal , y como
la inoculacion de sustancias putrefactas en la sangre con la mordedura
puede producir una afeccion parecida , hay que andarse con mucho tiento
antes de afirmar que hay rabia y que ha sido comunicada.
Solo en casos particulares puede haber cuestion sobre la comunicacion
del muermo , y se resolverá de un modo análogo á lo que hemos dicho
sobre la rabia, menos
lo
de la
espontaneidac y sustancias putrefactas
como causas de un mal parecido (§ V).
CAPITULO III.
De
las
cuestiles
relativas á los
defectos físicos
y
enfermedades que excluyen
del servicio de
las armas.
ARTÍCULO PRIMERO.
PARTE LEGAL.
§
I.—De los
ar
tículos de la ley de quintas, y del reglamento vigente para Las exclusiones
por defecto físico y enfermedad.
Las disposiciones legales de que debemos hacernos car
t
,
o.
o en este pár-
rafo se refieren :
Qia
4!,
1
9
.
jI
— 106 —
1.° A
la ley de quintas.
2.° Al reglamento para las exclusiones por defecto físico ó enfer-
medad.
3.° A los cuadros de defectos físicos y enfermedades que excluyen del
servicio de las armas.
Respecto de la ley de quintas, solo debemos ocuparnos en aquellos ar-
tículos que contengan algo relativo á los profesores del arte de curar, de-
jando todos los demás á quien incumban.
Esos artículos, cuyo número asciende
á
unos 38 , están repartidos en-
diez capítulos, los que empiezan én el 6.° y concluyen en el 17, faltando
el 8.°
y el 13.°, cuyas disposiciones no atañen al médico-legista, corno las
que hemos tomado de los demás.
Aunque vamos á insertar á continuacion todos esos artículos y capítu-
los, con la expresion de los epígrafes de cada uno de estos últimos, cree-
mos útil para su estudio presentar de un golpe todos estos, con lo de que
trata cada uno.
El 6.°, que es el primero de los que nos interesan , habla de la recti-
ficacion de las listas.
El 7.°, de las reclamaciones á los Ayuntamientos.
El 9.*, de las exclusiones, exenciones y excepciones.
El 10,
del llamamiento y declaracion
de quintos y suplentes.
El 11,
de la traslacion de los quintos
á
la caja.
El 12,
de la entrega de los quintos
á
la caja.
El 14,
de las reclamaciones ante las Diputaciones provinciales.
El 15,
de las reclamaciones contra lo resuelto por estas.
El 16,
de la sustitucion.
El 17,
de las disposiciones penales.
El reglamento para las exclusiones y exenciones por defecto físico
6
enfermedad, contiene
14
artículos, donde se exponen los procedimientos
que hay que seguir para extender las declaraciones facultativas que se
refieren
á
las cuestiones de este capítulo.
Por último, el cuadro de los defectos físicos y enfermedades Comprende
dos clases, 1.
a
y l
a
, y cada una de ellas está dividida en nueve ór-
denes, por aparatos ó sistemas. La primera contiene 122 números, y la
segunda 114.
Dada esta idea general de 10 que constituye nuestra legislacion acerca
de las cuestiones en que vamos á ocuparnos en este capítulo , pasemos
á
la exposicion de las disposiciones que mas nos importa conocer.
LEY PARA EL REEMPLAZO DEL EJERCITO
4
decretada por las Cortes
constituyentes
y sancionada y promulgada en 20 «llenero de 1856.
CAPITULO VI.
De la
rectificacion
del alistamiento.
Art. 43. En el primer domingo del mes de marzo, y prévio anuncio al público
para la concurrencia de los interesados, se hará la rectificacion del alistamiento,
el cual se leerá en voz clara é inteligible, y se oirán las reclamaciones que ha-
gan los interesados, ó por ellos sus padres, curadores, parientes en grado cono-
cido,
amos
ó apoderados, así en cuanto á la exclusion , como á la inclusion
de
otros mozos y á la edad que se haya anotado á cada uno.
—
107 —
Art.
44. El
Ayuntamiento oirá breve y
sumariamente las indicadas reclama-
ciones, y admitirá en
el acto las pruebas que se ofrezcan, tanto por el interesado
como por los que le contradigan, acordando en seguida lo que le parezca justo á
pluralidad absoluta de votos. Todo lo
que
se haya expuesto constará sucinta-
, mente en el acta, así como tambien la resolucion del Ayuntamiento. Se dará á los
interesados que entablen reclamaciones una certificacion en que consten estas
con todas sus circunstancias, sin exigirles ningun derecho.
Art. 45. Serán excluidos del alistamiento :
3.° Los que en 30 de abril del año del alistamiento no lleguen á 20 años de
edad.
4.° Los
que pasen de la edad de 25 años cumplidos en dicho dia 30 de abril.
5.° Los que tienen 21 años y sin haber cumplido 25 en el referido dia, ha-
yan sido alistados y sorteados en uno de los años anteriores de haber cump lido
20 de edad.
Art. 46. Cuando los Ayuntamientos tengan datos para saber que un mozo
está comprendido en cualquier caso del artículo anterior, dispondrán que se le
excluya del alistamiento, aunque el interesado no produzca reclamacion al
efecto, quedando, sin embargo, á salvo el derecho de los interesados en contra
de la exclusion.
Art. 47. Si las justificaciones ofrecidas por los interesados no pudiesen verifi-
carse en el acto, ya porque sea necesario practicarlas en distintos pueblos, ya
porque hayan de presentarse documentos existentes en otras partes, se hará
constar asi en las
actas,
señalando el Ayuntamiento un término pru lente, den-
tro del cual se realicen y presenten dichas justificaciones. Entre tanto, y sin
perjuicio de la resolucion que recayere cuando estas se presenten , el hecho
alegado se considerará
como
si no se hubiese producido reclamacion alguna,
Las resoluciones en estos casos se dictarán breve y sumariamente con la forma -
lidad que queda prevenida ; en la inteligencia de que sí las justificaciones ofre-
cidas no se presentasen en el término señalado, trascurrido este serán desesti-
madas.
CAPITULO VII.
De las reclamaciones que pueden hacerse sobre el alistamiento.
Art. 49. Los interesados que pretendan reclamar contra las resoluciones del
Ayuntamiento, lo manifestarán así por escrito ó de palabra en el término pre-
ciso y perentorio de los tres dios siguientes al de la publicacion de aquellas,
pidiendo al mismo tiempo la certiticacion conveniente para apoyar su queja.
Esta certificacion comprenderá los demás pormenores que señale el Ayunta-
miento, se extenderá con citacion recíproca, y sera entregada al interesado
dentro de lus tres días siguientes al de la presentacion de su escrito, sin exigir
por ella ningun derecho, y anotando en la misma certificacion el dia en que se
verifica su entrega.
Art. 50. Dentro de los quince (has siguientes acudirá el interesado á la Dipu-
tacion provincial presentando la certiticacion que se le haya librado, sin la cual,
ó pasado dicho término, no se admitirá su instancia , á n1 ser en queja de que
se le niega ó re
r
tarda indebidamente aquel documento.
Art. 51. Si la Diputacion provincial considera que puede resolver sobre la
reclamacion sin mas instruccion del expediente, lo hará desde luego.
En caso
contrario dispondrá la instruccion
que deba dársele, limitando el término para
ello al puramente preciso, segun las respectivas circunstancias, á fin de que no
haya dilacion ni entorpecimiento.
Art. 52. La resolucion de la Diputacion provincial será ejecutada desde luego,
sin perjuicio de que los interesadospuedan recurrir al
Ministerio de la
Gober-
"
clon e
n
el plazo y forma que esta ley establece para todas las reclamaciones
que se hicieren al Gobierno.
,0
11
-108--
CAPITULO IX.
De las exclusiones, exenciones
y
excepciones del servicio militar.
Art. 73.
Serán excluidos del servicio militar, aun cuando no soliciten su ex-
clusion:
1.° Los mozos que no
tengan
la talla de
1 metro,
596 milímetros, ó sea 5 piés,
8 pulgadas y 9 líneas del marco de Búrgos.
1
2.° Los que fueren inútiles por enfermedad ó defecto físico que se declare,
segun lo que determine esta ley.
Art. 76. Serán exceptuados del servicio, siempre que aleguen su exencion
en el tiempo y forma que esta ley prescribe :
1.° El hijo único
que mantenga á su
padre , siendo este impedido o sexage-
nario.
5.°
El hijo único que mantenga á su madre pobre, si el marido de esta, tam-
bien pobre, fuese sexagenario ó impedido.
6.° Para los efectos de los cinco párrafos precedentes, el expósito será consi-
derado como hijo respecto á la persona que le crió y educó, conservándole en su
compañía desde la infancia.
8.° El nieto único que mantenga á su abuelo ó abuela pobres, siendo aquel
sexagenario ó impedido, y esta viuda.
9.°
El nieto único que mantenga á su abuela pobre, si el marido de esta,
tambieu pobre, fuese sexagenario ó impedido.
10.
El
hermano de uno ó mas, huérfanos de padre y madre pobres, si los man-
tiene desde un año
antes de la publicacion del reemplazo , ó desde que queda-
ron en la horfandad.
Serán considerados como huérfanos para la aplicacion de este artículo, los
hijos de padre pobre y sexagenario ó impedido para trabajar, ó que se halle su-
friendo una condena que no
deba cumplir antes de seis meses, ó ausente por
espacio de dos años, ignorándose desde entonces su paradero, á juicio del Ayun
tamiento ó de la Diputacion provincial. En el mismo caso se considerarán los
hijos de viuda pobre.
Se considerarán como huérfanos para el mismo fin en los casos expresados, el
hermano ó la hermana que no haya cumplido 17 años, ó el hermano ó hermana
que se hallen impedidos para trabajar, cualquiera que sea su edad.
11.
El
hijo de padre que, no siendo pobre, tenga otro ú otros hijos sirviendo
personalmente en el ejército por haberles cabido la suerte de soldados, si pri-
vado del hijo que pretende eximirse, no quedase al padre otro varon de cual-
quier estado, mayorde 17 años, no impedido para trabajar.
Cuando el padre fuese pobre, sea ó no impedido ó sexagenario, subsistirá en
favor del hijo en la misma exencion del párrafo anterior; pero se
considerará
que no queda al padre ningun hijo, aunque los tenga,
sí se hallan comprendi-
dos en alguno ó algunos de los casos que expresa la regla
primera del art.
77.
Lo prescrito en esta disposicion respecto al padre, se entenderá tambien res-
pecto
á
la madre, casada:ó viuda.
Art.
Ti.
Para la aplicacion
de las excepciones contenidas en
,
el artículo an-
terior, se observarán las reglas siguientes:
1.
a
Se considerará
,
un mozo hijo único, aun cuando tenga uno á mas herma-
nos, si estos se hallan comprendidos en cualquiera de los casos siguientes:
Menores de 17 años cumplidos.
Impedidos para trabajar.
L
a
Para que el impedimento del padre ó abuelo exima del servicio al hijo ó
nieto que los mantenga, ha
de ser tal que, procediendo de enfermedad habitual
ó defecto físico, no les permita el trabajo corporal
necesario para adquirir su
subsistencia.
Art. 78. Se excluirá del servicio á los mozos que se hallen comprendidos en
cualquiera de los párrafos de los dos artículos precedentes,
aun cuando no
ale-
1 te;
guen su excepcion al tiempo de hacerse el llamamiento
y declaracion
p
ie s oída-
---
109
dos,
si
reuniendo en esta época las circunstancias necesarias para gozar de la
exencion , no pudieron alegarla entonces por no haber llegado
á
su noticia.
CAPITULO X.
Del llamamiento
y
declaracion de soldados
y
suplentes.
Art. 80. Reunido 'el Ayuntamiento en el dia que fija el artículo anterior, se
reconocerá la medida á vista de los talladores, y constando por deciaracion
.
de
estos que se halla exacta para los efectos prevenidos en el párrafo primero del ar-
tículo 73, se llamará al mozo á quien haya correspondido el número primero en el
sorteo, y se procederá á su medicion en línea vertical á presencia de los concur-
rentes. El mozo tendrá los piés enteramente desnudos, y si así no llegase á la
talla fijada en dicho art. 73, se anotará como falto de ella, y se llamará al
número que sigue, sin perjuicio de alegar el mozo número primero la exencion
ó exenciones que le asistan, y que justificará si, reconocido de nuevo ante la
Diputacion , fuere declarado con talla suficiente. Cuando el mozo no guardare la
posicion natural debida al tiempo de tallarse, el Alcalde podrá apercibirle hasta
tres veces para que la guarde, y si no produjese resultado este apercibimiento,
la misma Autoridad deberá imponerle una multa de 20 á 300 rs., sin perjuicio
de sujetarle, si fuese necesario, á nueva medicion en cualquiera de los dias in-
mediatos, quedando entre tanto detenido y en observacion. Si tuviese la talla,
se anotará así , y se procederá al examen de las otras cualidades que son nece-
sarias para el servicio.
Art. 8l. El mozo ú otra persona que le represente, expondrá en seguida los
motivos que tuviese para ser excluido del servicio, y en el acto se admitirán,
así al proponente como á los que le contradigan , las justificaciones que ofrezcan
y los documentos que presenten. En seguida, y oyendo al concejal que haga
las
veces de Síndico, determinará el Ayuntamiento declarando al mozo soldado
excluido, y sin dejar el punto á la decision de la Diputacion provincial. A los
mozos
que aleguen exencion ó exenciones, se les expedirá certificacion en que
consten las que hubiesen alegado.
Art. 82. Para la presentacion de las justificaciones ó documentos de que trata
el artículo anterior, el Ayuntamiento podrá conceder un término, cuando lo crea
oportuno, siempre que esta presentacion se efectúe antes del dia señalado para
que los quintos emprendan su marcha á la capital, y de modo que el Ayunta -
miento pueda resolver antes de este dia, con presencia de las citadas justifica-
dones ó documentos.
Art. 83. Cuando la exclusion que pretende el
mozo
se fundare en inutilidad
para el servicio por defecto físico visible ó enfermedad notoria, se declarará la
exclusion , si convienen en ella los interesados.
Si todos no estuviesen conformes , el Ayuntamiento dispondrá que se reco-
nozca al referido
mozo
por uno ó mas facultativos, y resolverá con presencia
del diciámen -de estos , sujetándose para la declaracion de útil ó inútil á lo que
prescriba el reglamento de exenciones físicas. La declaracion de inutilidad se
hará sin consideracien á que esta haya sido reconocida en
otro
reemplazo, y
atendiendo al estado en que aparezca el quinto en el acto del reconocimiento.
Los facultativos tendran derecho á percibir de los fondos municipales 6
rs.
vn.
por cada uno
de dichos reconocimientos, ya sea que se practiquen en la persona
de un quinto, ya en otra cuya utilidad ó inutilidad convenga acreditar ante los
Ayuntamientos.
A
rt. 91. El
mozo
que pretenda eximirse del servicio por
no
tener talla sufi-
ciente, ó por padecer enfermedad ó defecto físico, deberá presentarse para ser
reconocido ante- el
Ayuntamiento del pueblo en que le haya tocado la suerte de
soldado.
Solo se dispensará esta
presentacion cuando los números siguientes al del
referido mozo convengan en que sea reconocido en otro punto, á cuyo
lin
po-
drán
nombrar una
persona que los represente.
Cuando el mozo se halle en las Islas adyacentes, en Ultramar, ó confinado
811
— 1 fi —
inutilidad, se ampliará la instruccion de dicho expediente del modo y con res-
pecto á los particulares ó extremos que manifiesten aquellos.
Cuando haya imposibilidad de formar el expediente justificado , ó de que este
comprenda todos los extremos prevenidos ; bien por haber vivido el mozo en
despoblado, por no haber tenido facultativo de asistencia, por haber este fa-
llecido ó ignorarse su paradero, ó por otras causas, se acreditará en
debida
forma esta imposibilidad para los efectos consiguientes, sin perjuicio de justi-
ficar en los caso: posibles las lemas circunstancias.
Art. 5.° El reconocimiento de los mozos sorteados que aleguen ante los Ayun-
tamientos causa de inutilidad para eximirse del servicio militar, se practicara
por los facultativos titulares y los de número ó efectivos de los establecimientos
de beneficencia de los respectivos pueblos. ó por los que libremente nombren
los Ayuntamientos.
Siempre que sea posible, deberá recaer con preferencia la eleccion de facul-
tativos en los que fueren á un tiempo :Médicos y cirujanos y en los profesores
castrenses y de la armada'retirados, jubilados, pensionados ú honorarios; y en
cuanto lo permita el número de los disponibles, se procurará sean tres los en-
cargados de practicar los reconocimientos, distintos en cada dia, y nombrados
con la menor anticipacion posible á la hora señalada para la celebracion del
acto de llamamiento y declaracion de soldados y suplentes.
Art. 6.° E] reconocimiento de los quintos , suplentes, sustitutos y prófugos
1.1
su ingreso en caja, y el que se disponga por las Diputaciones provinciales res-
pecto de los que ingresen en ella con la nota de recurso pendiente, se practicará
por dos facultativos nombrados, el uno por la Diputacion provincial y el otro por
la Autoridad militar respectiva ; en los casos de dificil resolucion ó de discor-
dancia de pareceres, se designará por suerte un tercer facultativo de entre otros
dos nombrados respectivamente por ambas partes.
La eleccion de los facultativos de nombramientos de las Diputaciones provin-
ciales recaerá con preferencia entre los de número ó efectivos de los estableci-
mientos públicos y de beneficencia, y entre los profesores castrenses de la ar-
mada , retirados, jubilados, pensionados ú honorarios; y á falta de unos y otros,
entre los civiles que no correspondan
á
ninguna de estas clases , procurando,
en cuanto sea posible, que sean médicos cirujanos, distintos en cada dia y nom-
brados tan solo con la precisa anticipacion.
El Comandante general de la provincia designará diariamente el oficial del
cuerpo de Sanidad militar que deba concurrir á los reconocimientos, de los
dos
ó más que durante las operaciones del reemplazo tendrá á sus órdenes inmedia-
tas con este objeto y para la asistencia y visita de la caja de quintos, nombra-
dos por el Capilan general del distrito, á propuesta del jefe de Sanidad, de en
tre los destinados en los cuerpos del ejército y hospitales militares existen-
tes en el mismo, y á falta de estos de entre los de reemplazo, retirados, jubilados
ú honorarios castrenses ó de la armada.
Art. 7.° Los facultativos, así civiles como militares, encargados de los reco-
nocimientos de los mozos sorteados, quintos, suplentes, sustitutos ó prófugos,
deberán percibir, como honorarios del servicio que prestan , 6 rs. cada uno por
el reconocimiento de cada individuo, cuando el acto se verifique ante los Ayun-
tamientos, y
10
si aquel tiene lugar ante las Diputaciones provinciales, cuya
cantidad ha de satisfacerse de los fondos municipales ó provinciales.
Art. 8.° Los profesores encargados del reconocimiento facultativo de los mo-
zos ante los Ayuntamientos reconocerán únicamente á los que aleguen causa de
inutilidad para eximirse del servicio militar, y á los que den motivo á sospe-
char que tratan de ocultar alguna enfermedad ó defecto, procediendo á califi-
car la aptitud ó inutilidad de unos y otros, con sujecion á las reglas siguientes:
1.
1
Inútil para el servicio militar al reconocido que tenga ó padezca uno
ó
más de los defectos ó enfermedades comprendidas en la clase primera del
cuadro , con las condiciones que en el mismo se exigen; á los que tengan
ó
padezcan alguno ó algunos de los que comprende la clase segunda , y cuya exis-
tencia y condiciones se conceptúen suficientemente acreditadas
por el reconoci-
4
— 117 —
miénto y por e
l
expedie
nte
justificati
v
o, y aquéllos en quiénes se compruebe por
el reconocimiento , de un modo indudable, la existencia y condiciones del de-
fecto ó enfermedad alegados, ó de otra equivalente á la misma clase, á pesar
de no hallarse completamente justificado en el expediente.
2." Pendiente :-1.° De la presentacion del expediente justificativo de su apti-
tud ó inutilidad y de los resultados de un reconocimiento, cuando dicho expe-
diente no se presentare, al que presuman, duden ó reconozcan que tiene o pa-
dece cualquiera de los defectos ó enfermedades comprendidos en la clase se-
gunda del cuadro.
2.° De la rectificacion ó ampliacion del expediente presentado, cuando este no
llene las condiciones requeridas.
3.° De
la decision de la Diputacion, cuando el juicio facultativo, resultado del
reconocimiento , no esté conforme á lo acreditado por el expediente justi-
ficativo.
L°
De los resultados de su enfermedad , y de los de un nuevo reconoci-
miento, que deberá tener lugar luego que esta termine, cuando se compruebe
que no tiene ni padece el defecto ó enfermedad alegada, ni ninguna de las com-
prendidas en
el cuadro, pero sí alguna otra que, aunque actualmente no le
inutilice , pueda inutilizarle durante el tiempo que haya de servir.
3.' Util : al que resulte no hallarse en ninguno de los casos ó condiciones
expresados en las dos reglas que anteceden.
Art. 9.° Los oficiales de Sanidad militar encargados de reconocer en las Di-
putaciones provinciales á los mozos que han de ingresar en caja , reconocerán,
sin excepcion, á todos los que se presenten , alegando ó no causa de inutilidad,
y procederán á declarar el resultado de su examen y observaciones en la forma
y con sujecion á las reglas ''
si
a
uientes :
1•
a
Inútil: á todo el que se halle en alguna ó algunas de las condiciones y
circunstancias que se mencionan en la regla primera para las declaraciones
facultativas ante los Ayuntamientos.
2.
a
Pendiente : — 1. De la presentacion de expediente ó de la aplicacion ó
rectificacion del presentado, cuando , comprobándose por el reconocimiento la
existencia del defecto ó enfermedad , faltare el expediente justificativo , ó no
se acreditaren por él las condiciones que constituyen dicha enfermedad ó de-
fecto como causa de inutilidad.
2.° De los resultados de su enfermedad y de. los de un nuevo reconoci-
miento, que deberá practicarse cuando este finalice , á aquel en quien se
compruebe que no tiene ni padece el defecto ó enfermedad alegados, ni nin-
guna de las comprendidas en el cuadro pero sí alguna otra que, aunque no
le inutilice en la actualidad, pueda inutilizarle durante el tiempo que haya de
servir.
3.
1
Pendiente de observacion, cuando no se compruebe completamente por el
reconocimiento la existencia y condiciones del defecto ó enfermedad alegados,
aunque se justifiquen en el expediente.
Los que se hallen en el caso anterior serán observados por dos meses á lo
más en las cajas respectivas, pasando los que lo necesiten á los hospitales mi-
litares, donde los hubiere, y en su defecto á los civiles. La observacion se prac-
ticará en dichos establecimientos por los profesores de los mismos, y en las
cajas por dos facultativos ; nombrados, tino por la Diputacion provincial y otro
por el Comandante militar : unos y otros formarán la historia circunstanciad
a
y
(hada de dicha observacion, que remitirán á la Diputacion provincial , cum-
plido que sea el término de ella. El nuevo reconocimiento se practicará ante
esta corporacion por los facultativos nombrados por la misma y por el Coman-
dante general , con citacion de los interesados : y los expresados facultativos, en
vista del diario de la observacion, del expediente justificativo y de lo que re-
sulte del acto del reconocimiento , declararán definitivament
e
acerca de la
ó inutilidad del quinto , correspondiendo á la misma Diputacion la deci-
sion de cuantas dudas ocurran .
Art.
10. Antes
de pasar los expedientes justificativos de que se trata en el ar-
— 118 —
tículo 4.° de este reglamento al examen de los oficiales de Sanidad militar que
actúen
en
los reconocimientos ante las Diputaciones provinciales , deberán ser
examinados por una comision de la misma Diputacion , la cual informará si
están conformes en la parte legal, y en caso contrario , dispondrán se llenen
todos los requisitos prevenidos, si del reconocimiento facultativo á que deberá
el mozo someterse, no resultare este inútil por algun defecto ó enfermedad de
los comprendidos en la clase primera.
Art.
11.
Los facultativos encargados de practicar los reconocimientos de los
mozos sorteados , quintos, suplentes, sustitutos ó prófugos, formularán las cor-
respondientes declaraciones de aptitud ó de inutilidad para el servicio militar 'de
los reconocidos por medio de certificacion, que expresará precisamente :
1.°
El nombre, clase facultativa, empleo ó destino de cada uno de los que los
practiquen.
L° Por qué autoridad y por qué clase de reconocimientos hubieren sido nom-
brados.
3.°
El
nombre del reconocido y su circunstancia de mozo sorteado, quinto,
suplente, sustituto ó prófugo.
4.° El reemplazo del ejército y cupo del pueblo á que pertenezca.
5.° El número que hubiere sacado en el sorteo ,y en su caso el nombre,
clase , reemplazo, cupo del pueblo ó número del que le supla ó sustituya.
6.° Si ha ó no alegado causa de inutilidad para eximirse del servicio, y en
el primer caso, cuál sea esta.
7.° Si ha ó no presentado el correspondiente expediente justificativo de
su inutilidad, cuando la que padece ó alega sea de las comprendidas en la se-
gunda clase del cuadro '
• y en tal caso , si está ó no arreglado y conforme á lo
prevenido en el art. 4.° de este reglamento , y si por él se acredita ó no cumpli-
damente la existencia y condiciones de aquella.
8.° Si de la apreciacion pericia' de los resultados del reconocimiento, ó
de la de los de este y del examen del expediente justificativo se sospecha, pre-
sume , aparece ó no comprobado que tiene ó que padece uno ó mas defectos ó
enfermedades , sean ó no de las comprendidas en el cuadro.
9.° Su estado, al parecer de completa sanidad , ó por el contrario, el de-
fecto , defectos ó enfermedades que tenga ó padezca , especificadas y distin-
guidas con la denominacion técnica mas propia y generalmente admitida, y la
enumeracion descriptiva , segun los casos de sus caractéres anatómicos, ó de
los síntomas y señales que principalmente las caracterizan de un modo induda-
ble, distinguiendo en todo caso las que se hayan presentado á la exploracion
facultativa en el reconochniento, de las que se hallaren solo justificadas en el
expediente, y designando al mismo tiempo la clase, órden y número del cua-
dro en que las consideren comprendidas.
10.
La calificacion que de las marcadas en el art. 8.° de este reglamento
hicieren del reconocido, con expresion del número, del párrafo y de lá regla
del mismo en que la funden ; y cuando alguno de los dos ó de los tres
facultativos encargados del reconocimiento, segun los casos , disienta del pa-
recer del otro ó de los otros dos en la apreciacion de los resultados del recono-
cimiento y del examen del expediente justificativo de la inutilidad del recono-
cido , ó en la consiguiente calificacion de su aptitud ó inutilidad para el servi-
cio militar, el punto ó puntos y calificacion en que no estuviesen conformes, y
los motivos fundados que tuvieren para no conformarse
y
separarse del parecer
de/ otro ó de los otros dos acompañados.
11.
Por
último, el nombre del pueblo y la fecha del dia , mes y año en que
hicieren la declaracion que acreditarán á conlinuacion con su firma entera y
rúbrica.
Art. 12. Si la enfermedad ó el defecto del mozo fuere de notoriedad pública,
podrá el Ayuntamiento prescindir, bajo su responsabilidad, de la formacion del
expediente justificativo y disponer se proceda al reconocimiento. Lo mismo po-
drá hacer cuando fuere igualmente pública y notoria la falsedad de la
exencion
alegada. Y
así en uno,
como
en
otro caso, todos los individuos del
Ayunta-
---
119 ---
miento que se hallen presentes, deberán firmar el acta, la cual hará las veces
y
servira como de expediente , sujetándose á la misma
r
esponsabilidad que este.
Art. 13. Los facultativos que declaren en los expedientes
j
ustificativos de ap-
titud ó de inutilidad para el servicio militar, y los que practiquen los recono-
cimientos de los mozos sorteados, quintos, suplentes, sustitutos
y
prófugos,
serán responsables :
1.° De las faltas de observancia y de ejecucion de este reglamento en la parte
que les pertenece.
2.° De la exactitud y verdad de los hechos de que declaren ó certifiquen.
Y 3.° De
los juicios ó deducciones que hagan de los hechos ,
observados
ó reconocidos por ellos ó por otros que no estén fundados en los principios de
la ciencia; pero no lo serán de los juicios ó deducciones legitimas que hagan
de
hechos .observados ó reconocidos por otros y consignados en forma legal, so-
bre todo, si estos son tales, que puedan no manifestarse á su exploracion facul-
tativa en el acto
del reconocimiento, ni de la diferencia ó discordancia de sus
respectivos diagnósticos y calificaciones , fundadas en los principios de la cien-
cia , cuando solo dependa del diferente modo de considerar la cuestion en los
casos conocidamente difíciles ó controvertibles.
Art. 14. Sin embargo de lo que se dispone en el artículo anterior, en ningun
caso se procederá á hacer efectiva la responsabilidad de unos y otros facultati-
vos, sin que en vista del correspondiente expediente de declaracion de aptitud
ó de
inutilidad para el servicio militar, de los resultados de los demás medios
de comprobacion que se crean convenientes, y de lo que expusieren en su des-
cargo los profesores interesados, preceda el dictamen fundado
y afirmativo de
la Academia médico-quirúrgica del distrito, con respecto á los facultativos ci-
viles y del Director y Junta superior facultativa del cuerpo de Sanidad militar,
respecto de los oficiales del mismo.
CUADRO
de los defectos físicos y enfermedades que inutilizan para el servicio militar
á los mozos sorteados, quintos, suplentes , sustitutos y prófugos , en los casos y con las
condiciones que en él se expresan.
CLASE PRIMERA.
Causas de inutilidad que deberán declararse por los facultativos, atendiendo solo
á
lo
que resulte del acto del reconocimiento.
ÓRDEN PRIMERO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al sistema cérebro-espinal y de los
nervios.
Número
1.
0
Deformidad excesiva de toda la cabeza ó de una
de sus principa-
les partes.
2. Lesiones del cráneo , procedentes de heridas considerables , de
depresion
ó hundimiento de los huesos, ó de su exfoliacion ó extraccion , capaces de
alte-
rar las funciones encefálicas.
3.° Hernias de cerebro ó del cerebelo.
4.* Hidrocéfalo é hidroraquis crónico.
5.° Caries y necrosis de los huesos del cráneo.
6.° Idiotismo é imbecilidad.
ÓRDEN SEGUNDO.
Defectos físicos y
e
nfermedades correspondientes al aparato de la vision.
Anquil
obléfaron, ó sea union preternatural de los párpados entre sí, total
ó parcial , considerable.
- 120 -
8 ° Simbléfaron, ó sea adherencia de cualquiera de los párpados con el globo
del ojo.
9.
Cicatrices con pérdida de sustancia de los párpados , que dificulten la
vision.
10.
Ectropion, ó sea introversion de cualquiera de los párpados por causa per-
manente.
11.
Entropion, ó sea extroversion de cualquiera (le los párpados por causa per-
manente.
12.
Tumores enquistados voluminosos de los párpados, que dificulten sus mo-
vimientos.
13.
Distiquiasis, ó sea doble fila de pestañas, cuando por la direccion de estas
se produzcan molestias y sufrimiento habitual al globo del ojo (9.
Triquinsis , ó sea introversion de las pestañas.
15. Opacidades , pannus, manchas ó cicatrices en cualquiera de las córneas,
situadas de modo que dificulten considerablemente ó impidan la vision.
1G. Hernias de la córnea.
17.
Fístulas de la córnea.
18.
Estafiloma del iris ó de la córnea.
19.
Sinequia del íris anterior ó posterior, ó sea adherencia del iris á la cara
posterior de la córnea ó á la anterior de la cápsula del cristalino, que dificulten
considerablemente la vision.
20.
Imperfpracion ú oclusion de la pupila.
21.
Ptherigion.
22.
Falta ó pérdida total ó parcial considerable de alguno de los humores de
cualquiera de los ojos.
23. Glaucoma.
24.
Hidroftalmía, ó sea hidropesía del globo ocular.
25.
Hemoftalmia, ó sea derrame sanguíneo en las cámaras del ojo.
26.
Hipopion de la córnea ó de las cámaras del ojo, que dificulte la vision.
27.
Catarata.
•
28.
Cirsoftalmia, ó sea estado varicoso del sistema venoso del ojo, que difi-
culte la vision.
29.
Atrofia considerable del globo ocular.
30.
Pérdida del globo del ojo ó de su uso.
31.
Exoftalmía, ó sea procidencia ó salida fuera de la órbita del globo ocular.
32.
Escirro, cáncer y demás degeneraciones de los párpados, del globo del
ojo, de la glándula lagrimal ó de la carúncula de este nombre.
33.
Caries , necrosis y degeneraciones de la órbita.
•
ÓRDEN TERCERO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al órgano del oido.
34.
Falta ó pérdida de la totalidad ó de una gran parte del pabellon de una
ó de las dos orejas.
35.
Pólipos
y excrecencias del oido, que dificulten la audicion.
36.
Cáries del oido.
ÓRDEN CUARTO.
Defectos
físicos y enfermedades correspondientes al aparato digestivo y sus anejos.
37.
Falta total á parcial considerable de cualquiera de los labios.
38.
Labio leporino.
39.
Cicatrices extensas de los labios ó carrillos con pérdida de sustancia y
retraccion de tejidos, que imposibiliten ó dificulten las funciones de estos ór-
ganos.
(
1
)
Por real órden del 14 de febrero de 1857 se hizo dicha moditicaci on.
•
-
121
-
40. TileloreS eréctiles y otras excrecencias
consi derablemente deforMes de
losiabios.
•
41. Cáncer de los labios.
42. Coartacion ó estrechez de la boca considerable y permanente.
43.
Division ,
pérdida ó falta total ó parcial del paladar, que dificulte la de-
glucion á altere considerablemente la voz ó el
uso de la palabra.
U. Cáries y necrosis del paladar.
45.
Cáncer del paladar.
46.
Pérdida ó falta total ó parcial de la lengua que dificulte la masticacion,
la deglucion 6 el uso de la palabra.
47.
Lengua demasiado voluminosa, prolongada, atrofiada, ó con adherencias
anormales á las partes inmediatas.
48.
Cáncer de la lengua.
49.
Falta de todos los dientes incisivos de una mandíbula (1)•
50.
Falta de dos incisivos contiguos y del colmillo inmediato en lados alter-
nos de ambas mandíbulas.
51.
Falta de todos los dientes molares de una mandíbula ó de los de lados al-
ternos en los dos.
52.
Deformidad excesiva' y falta de integridad ó de seguridad de la mayor
parte de la dentadura en una ó en ambas mandíbulas, que dificulten la masti-
cacion.
>
53.
Cáries y necrosis de todos los incisivos ó de todos los molares de una man-
díbula, ó de la mayor parte de las dos.
51. Pérdida ó falta total ó parcial, deformidades considerables, fracturas sin
consolidar, y las consolidadas viciosamente, de la mandíbula superior ó de la in-
ferior, que dificulten la maskicacion , la deglucion ó el uso de la palabra.
55.
Exóstosis considerables en una ó en otra mandíbula:
56.
Cáries y necrosis de la mandíbula superior ó inferior.
57.
Cáncer de la mandíbula superior ó inferior.
58.
Amigdalitis escirrosas é hipertróficas tan voluminosas
que
dificulten
la
de-
glucion.
59.
Ulceras cancerosas de las amígdalas.
60.
Fístulas salivales externas de todas especies.
61.
Escirro, cáncer y demás degeneraciones de una ó mas glándulas salivales.
62.
Fístulas del estómago, de los intestinos ó del ano.
63.
Fístulas hepáticas y biliares.
64.
Hernias de las vísceras abdominales de todas especies y graduaciones.
65.
Ascitis, ó sea hidropesía del vientre.
69. Fístulas de la laringe ó de la tráquea.
'70. Vicios de conformacion de la cavidad y de las paredes torácicas, que difi-
culten ó deban dificultar la respiracion, la circulacion ó el uso de las prendas de
equipo y armamento.
71. Gibosidades anterior, posterior y laterales de la columna vertebral, que
dificulten ó puedan dificultar la respiracion, la circulacion , la progresion o los
movimientos generales.
(
I
)
Se ha
dispuesto por una real
órden que no sean exenciones las
faltas consignada
s
en
los números 49, 50, 51, 52 y 53 de este órden.
ORDEN QUINTO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes á los aparatos respiratorio y circulatorio
y sus anejos:
66.
Deformidad congénita ó accidental, y falta ó pérdida total ó parcial de la
nariz,, de las fosas nasales ó del seno maxilar, que alteren considerablemente
la voz , ó dificulten visiblemente la respiracion.
67. Pólipos de las fosas nasales.
68.
Cáncer de la nariz.
--122-
72.
Fracturas sin consolidar, las consolidddas viciosamente y
las luxaciones
irreducibles de la columna vertebral.
73.
Cáries, necrosis y degeneraciones orgánicas de las vértebras, de las cos-
tillas ó del
esternon.
7/. Hidropesías y colecciones purulentas de las cavidades pleuríticas ó del
mediaslino.
75.
Tumores eréctiles voluminosos ó fungus hematodes, cualquiera que sea el
sitio que ocupen.
76.
Escorbuto constitucional.
77.
Fractura sin consolidar, las consolidadas viciosamente y las luxaciones
irreductibles de las costillas ó del esternon, que dificulten en cualquier grado la
respiracion ó la circulacion.
78.
Fístulas de las paredes torácicas.
79.
Hernia de los órganos torácicos de todas especies y graduaciones.
ORDEN SEXTO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al aparato génito-urinario.
80.
Deformidad de los órganos de la generacion , que se designa con el nom-
bre de hermafrodismo.
81.
Desarrollo considerablemente incompleto ó viciosa conformacion de los
órganos genitales, con lesion consiguiente en sus funciones.
82.
Falta ó pérdida total de los órganos genitales externos.
83.
Falta ó pérdida total ó parcial considerable del miembro viril ó de la
uretra.
84.
Epispadias, hipospadias y pleurospadias , situado del medio
á la raiz del
miembro viril.
85.
Cáncer y demás degeneraciones del miembro viril.
86.
Falta ó pérdida de uno ó de los dos testes.
87.
Atrofia considerable de los dos testes.
88.
Cáncer del teste.
89.
Detencion permanente de uno ó dos testes en la cavidad del abdómen , en
el conducto inguinal, en la inmediacion del anillo de este nombre ó en el
periné.
90.
Hidrocele vaginal
y el del cordon esperinático, que dificulten la marcha.
91.
Fístulas del escroto.
92.
Fístulas urinarias de todas especies.
93.
Estrofia l
i
le la vejiga.
9L Persistencia del uraco.
ÓRDEN SÉPTIMO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al sistema cutáneo y celular.
95.
Cicatrices extensas de heridas ó úlceras que por
su poca solidez propen-
dan á reproducirse con el movimiento ó la locomocion, y las que por efecto de la
pérdida de sustancia, de la retraccion, encogimiento ó tirantez-de la piel inme-
diata ó de adherencia á los huesos subyacentes, dificulten 6 imposibiliten los
movimientos de los órganos.
96.
Lepra y elefantiasis.
97.
Tiña bien caracterizada.
98.
Tumores enquistados ó en gran número, cualquiera que sea su sitio.
99. Obesidad ó
polisarcia -general ó ventral.
100. Albinismo.
e.
—
123
ÓRDEN OCTAVO.
Defectos físicos
y
enfermedades, correspondientes al sistema linfático y de los
ganglios de este nombre.
101.
Hidropesía general ó
anasarca
permanente.
102.
Constitucion y caquexia escrofulosas, caracterizadas por los fenómenos
que le son
propios.
103.
Escrófulas voluminosas, ulceradas ó en gran número.
104.
Bocio bastante voluminoso para incomodar la respiracion , dificultar la
circulacion ó estorbar el uso del vestido.
105.
Hipertrofia considerable de las mamas, en términos de incomodar por
su
volúmen.
ÓRDEN NOVENO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al aparato locomotor.
106.
Anomalías ó deformidades de magnitud , volúmen , forma, estructura,
disposicion ó número de las partes componentes de todo
un miembro ó extremi-
dad, ó de alguna de las principales, con lesion importante de las funciones res-
pectivas.
107.
Desigualdad marcada de longitud de las extremidades superiores ó infe-
riores, ó de cualquiera de las partes semejantes en que se dividen, con lesion
importante de sus funciones sinérgicas ó comunes.
108.
Falta ó pérdida total ó parcial considerable de una de las extremidades
6 de su uso.
109.
Falta ó pérdida de cualquiera de los pulgares, de los índices ó de los de-
dos gruesos del pié , 6 de dos ó mas dedos en cualquiera mano ó pié.
110.
Falla ó pérdida de una falange ó de su uso en los pulgares, en los dedos
gruesos del pié, ó en dos ó mas dedos de una misma mano ó pié (1).
111.
Union de dos ó mas dedos de la mano.
112.
Dedo ó dedos supernumerarios, que por su colocacion estorben para el
uso de la mano ó del pié.
113.
Atrofia considerable de toda una extremidad ó de cualquiera de las prin-
cipales partes en que se divide.
114..
Fractura de los huesos de las extremidades sin consolidar,
y las con-
solidadas con
deformidad y lesion en las funciones de los miembros
á
que per-
tenecen.
115.
Cáries y necrosis de los huesos de la pelvis y de las extremidades.
116.
Espina ventosa
y osteosarcoma, ó degeneracion cancerosa de los
mismos.
117.
Reblandecimiento y fragilidad general de los huesos: raquitismo.
118.
Seccion ó rotura de una ó mas masas musculares, sin restablecimiento
de la continuidad, ó con inserciones anormales y lesion de las funciones res-
pectivas.
119.
Seccion ó rotura de uno ó mas tendones musculares, aponeurosis
ó mem-
branas
fibi osas; sin restablecimiento de
su
continuidad, 6 con inserciones anor-
males y lesiones de sus funciones respectivas.
120.
Artrocaces ó tumores blancos de las articulaciones.
121.
Cuerpos extraños en las articulaciones.
122.
Cáncer, cualquiera que sea la parte en que se halle desarrollado.
(
l
)
Modificado por real Orden,
—
121—
CLASE SEGUNDA.
Causas
de inutilidad que se declaran por los facultativos , atendiendo
á lo
que resulta del
acto del reconocimiento y de un expedientejustificativ
o
de su efectiva existencia , de su
índole
y naturaleza,
de su antigüedad 6 rebeldía, de su estado de permanencia 6 de cro-
nicidad, 6 de su cualidad de habitual 6 periódica , segun los caso s.
ÓRDEN PRIMERO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al sistema cérebro-espinal y
de los nervios.
Número 1.° Flegmasías ó inflamaciones crónicas del cerebro, de sus
mem-
branas ó de sus dependencias.
2.° Lesiones orgánicas del cerebro, del cerebelo, de la médula espinal ó de
sus membranas.
3.° Vértigos inveterados.
I.° Accidentes apoplectiformes y epileptiformes frecuentes.
5.° Hemicránea y cefalea periódicas ó habituales.
6.° Demencia , manía y monomanía.
7.° Epilepsia.
8.° Somnambulismo permanente ó habitual.
9.° Corea ó baile de san Vito, permanente.
10.
Neuralgias ó dolores nerviosos crónicos ó habituales.
11.
Temblor general ó limitado á un órgano ó miembro antiguo ó habitual.
12.
Convulsiones antiguas ó habituales, generales ó parciales.
13.
Parálisis completas ó incompletas, generales ó parciales, permanentes.
lá. Debilidad ó demacracion general considerables ó permanentes del orga-
nismo, consecutivas á enfermedades graves ó de larga duracion
ÓRDEN SEGUNDO.
Defectos fisicos y enfermedades correspondientes al aparato de la vision.
15.
Caída
completa y permanente de las cejas.
16.
Falta total ó de la mayor parte de las pestañas de cualquiera de los párpa-
dos de uno ó de ambos ojos, permanente.
17.
Blefaroptosis , ó sea caida del párpado superior, permanente.
18.
Lagoftalmía , ó sea imposibilidad de cerrar los párpados, permanente.
19.
Ulceras crónicas é inveteradas de los párpados.
20.
Hidropesía del saco lagrimal antigua con tumor voluminoso y alteracion
de los tejidos inmediatos
21.
Obstruccion permanente de los puntos y conductos lagrimales.
22.
Epífora habitual.
23.
Blenorrea
del saco lagrimal ó supersecrecion mucosa del mismo perma-
nente.
Fístula lagrimal crónica.
25.
Ulceras rebeldes en cualquiera de las córneas.
26.
Estrecheces permanentes de la pupila que dificulten la vision.
27.
'Inopia, ó sea cortedad de vista que se caracterice por la posibilidad de leer
á 35 centímetros de distancia en
caractéres pequeños con lentes de los núme-
ros 2 y 3, y distinguir objetos distantes con los lentes del número
6.
28.
Nictalopia , ó sea ceguera diurna, permanente.
29. Hemeralopia , ó sea ceguera crepuscular, permanente.
30.
Amaurosis.
31.
Inflamaciones crónicas ó periódicas de cualquiera de las partes que cons-
tituyen el globo del ojo, los párpados ó las vías y carúncula lagrimal.
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UDEN TERCERO.
Defectos físicos y
enfermedades correspondientes al órgano del oído.
32.
Estrecheces y obstruccion permanentes del conducto auditivo 6 de las
(rompas de
Eustaquto, que dificulten la
audicion.
33.
Inflamaciones crónicas de las diferentes partes que constituyen el órgano
del oido.
34.
Flujos otorrágicos crónicos ; tanto mucosos como purulentos.
35.
Otalgia habitual.
36.
Disecea, ó sea torpeza de uno ó de los dos oidos , permanente.
37.
Cófosis, ó sea sordera en uno de los oidos, permanente.
ÓRáEN CUARTO.
Defectos físicos y enfermedades correspondientes al aparato digestivo y sus anejos.
38.
Ulceras crónicas rebeldes de los labios.
39; Ulceras crónicas rebeldes de la porcion blanda del paladar.
Ulceracion rebelde de la lengua.
41.
Pérdida ó falta total ó parcial de los movimientos normales de la man-
díbula , de los labios, de las paredes de la boca ó de la lengua , que dificulten
considerablemente la masticacion , la expuicion , la deglucion ó el uso
.
de la
palabra.
42.
Ulceras crónicas rebeldes de las amígdalas.
13. Hipertrofia considerable é infartos voluminosos antiguos de una ó mas
glándulas salivales.
44.
Inflamaciones crónicas de las glándulas
.
salvales.
45.
Obstruccion permanente de sus conduclos excretorios.
46.
Sialorrea ó flujo inmoderado y permanente de saliva.
47.
Deglucion difícil ó imposible por causas permanentes
é
irremediables.
48.
Disodia ó fetidez del aliento por causas irremediables.
49.
Inflamaciones crónicas
de
cualquiera de las diferentes porciones de ór-
ganos que constituyen el tubo
digestivo.
50.
Gastralgia
y enteralgia habituales.
51.
Pirosis , vómitos y demás neuroses rebeldes de los órganos digestivos,
con á Iteracion grave de sus funciones.
52.
Hematémesis periódica ó habitual.
53.
Diarrea y disentería crónicas.
54.
Lienteria crónica.
53. Incontinencia permanente de las heces ventraies
56.
Hemorróides antiguas voluminosas.
57.
Flujo hemorroidal habitual.
58.
Estrechez considerable y permanente
del recio.
59.
Procidencia antigua del recto.
60.
Pólipos, excrecencias voluminosas y úlceras antiguas del recto ó del ano.
61.
Flegmasías crónicas , obstruccion é infartos permanentes y demás lesio-
nes orgánicas del hígado.
62.
Cálculos hepáticos- y cisticos.
63.
Hepatalgia habitual.
64.
Inflamaciones , obstrucciones é infartos crónicos, lesiones orgánicas y
demás degeneraciones del bazo ó del páncreas.
65.
Flegmasías crónicas del peritoneo v de sus dependencias.
66.
Lesiones orgánicas de cualquiera de las partes del aparato digestivo.
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