La pandemia duplica el número de personas que viven en la calle en Sevilla
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Trabajo Fin de Grado LA PANDEMIA DUPLICA EL NÚMERO DE PERSONAS QUE VIVEN EN LA CALLE EN SEVILLA Martín Rodríguez Caro Tutor: Ramón Reig García
Índice 1. Memoria 2. Reportaje 3. Bibliografía
1. Memoria Elegir la temática para realizar el reportaje no ha sido difícil, debido a que es un problema social que me lleva interesando desde hace bastante tiempo. De hecho, este es el tercer trabajo que realizo sobre esto, debido a que en las asignaturas Periodismo de Investigación y Periodismo Social ya indagué dentro de este mundo. Desde hace varios años he vivido en casa lo que es la labor de ayuda social a las personas más vulnerables, debido a que mi madre fundó una asociación llamada Teranga Extremadura, dedicada a la creación de un centro de ayuda para los niños más necesitados en la ciudad de Dakar, capital de Senegal. Por esto, mi vida ha estado ligada en los últimos años a la ayuda a ciertos colectivos y he podido vivir de cerca los muchos problemas a los que mucha gente está expuesta en el mundo. Pero al ser este un tema del que ya algunos conocimientos, cuando empecé a buscar tipos de trabajos de denuncia social decidí no alejarme del lugar en el que resido actualmente, que es Sevilla, por lo que me pareció una idea correcta comenzar a conocer más sobre la vida de las personas que vivían en la calle en dicha ciudad. También hizo posible que esta idea siguiese adelante la aprobación del tema por parte del profesor de la asignatura optativa de tercero de Periodismo de Investigación, ya que, si el docente no hubiese aprobado el tema, igual el reportaje que he realizado sería totalmente distinto. Por suerte lo aprobó y desde que empecé a investigar junto a mi compañero de clase y trabajo, Gonzalo Escribano Fernández, mi interés no hizo más que aumentar. Al estar en ese momento en plena pandemia sanitaria provocada por el virus del Covid 19, nos centramos en saber qué había sido de las personas que vivían en la calle en la etapa de confinamiento en el domicilio que vivió el país en 2020, ya que nos pareció de interés conocer qué había pasado con las personas que habitaban en plena ciudad mientras que el gobierno prohibía a los españoles poder salir de sus casas, a no ser que fuese para realizar actividades para cubrir las necesidades primarias como eran trabajar, ir al supermercado o farmacia. Además, completamos ese trabajo añadiendo cómo se les atendía en ese momento, que fue el tiempo que abarcó desde marzo a junio de 2021, ya que, aunque no hubiese confinamiento sí existía todavía el toque de queda en la ciudad. Para llevar a cabo dicha investigación buscamos algunas asociaciones que nos pudiesen dar información sobre el tema, y en internet encontramos la página de Facebook de La Carpa, asociación disuelta en mayo de 2022 pero que en ese momento gozaba de bastante salud. Le mandamos un mensaje para ver si podíamos hablar con ellos del asunto y nos contestó Mariví López, activista sevillana que en ese momento formaba parte de la asociación y que se puso a nuestra entera disposición, cosa que debo agradecer porque desde entonces mi contacto con ella ha seguido en el tiempo hasta la actualidad, y es una fuente importante para el reportaje. De hecho, mi compañero y yo, estuvimos varios meses trabajando como voluntarios en dicha asociación, conociendo desde dentro la realidad de las personas que viven en la calle, así como la importante labor de el colectivo ha realizado en Sevilla, y como les cuento, Mariví nos animó a acompañarla en La Carpa los días de atención a los usuarios, ya que necesitábamos declaraciones de personas sin techo para realizar el reportaje, y nos aconsejó que fuésemos lo máximo posible, ya que si no cogían confianza con nosotros iba a ser complicado que nos contasen las cosas que necesitábamos, ya que son temas algo delicados para hablarlos con cualquiera. De hecho, otra cosa que nos indicó ella fue que a su parecer decir que éramos estudiantes de periodismo y que estábamos allí realizando un trabajo de investigación no era la mejor idea para que las personas que iban a
recibir ayuda confiasen en nosotros para hablar, así que fuimos presentados como personas que nos habíamos sumado a la asociación como voluntarios únicamente. La primera vez fui yo solo, por recomendación de nuevo de Mariví, ya que también pensaba que si nos presentábamos dos a la vez podía ser algo violento para ellos. La verdad que los momentos previos a asistir estuve algo nervioso, debido a que no sabía a qué me iba a enfrentar y me habían advertido que la mayoría de las personas que iban en busca de comida, bebida y algo de ropa, que también se repartían, eran personas con graves adicciones y problemas psicológicos, que por esto se habían quedado al margen de la sociedad y vivían en la calle. Llegué allí y una vez que vi lo que en realidad había me quedé bastante más tranquilo, era cierto que el perfil de las personas que asistían se asemejaba a lo que me habían contado, pero al fin y al cabo ellos saben que tú vas allí sin necesidad alguna a ayudarlos y se comportan, en general, de forma muy educada y respetuosa. Estuve media hora sirviendo leche, café y caldo de pollo que habían llevado en termos mientras que otros voluntarios, todas mujeres menos el presidente y yo, repartían comida y hablaban con ellos. Yo llevé para colaborar dos bolsas de dulces de leche que compré en un supermercado de camino a Plaza Nueva, que era donde se hacían todas las reuniones, en la esquina del lujoso Hotel Inglaterra, los viernes a las ocho de la tarde, hora en la que la plaza está llena de gente y en la que no para de pasar gente por las calles. Los siguientes viernes, ya acompañado de Gonzalo, se desarrollaron bastante bien y no paramos de asistir hasta junio. En todo ese tiempo, cogimos gran confianza con Mariví y con varios de las personas que vivían en la calle, que, aunque no fuimos presentados como estudiantes de periodismo, a las pocas semanas ya todos nos conocían como “los periodistas” ya que no lo ocultamos viendo la buena relación que estábamos teniendo con ellos. Además, nos percatamos de que estos individuos, aunque bien es cierto que acudían a por comida, dedicaban a ello cinco minutos, disfrutaban y les importaba mucho más el hablar con nosotros, el sentirse tratados como personas, ya que poder hablar con alguien fuera de ese ambiente les era imposible. La primera entrevista la realicé a mediados de junio de 2021, cuando finalizamos nuestro trabajo y Mariví muy amablemente accedió a que la entrevistase, fue una entrevista por teléfono y está grabada en audio. Un año después volví a hacerle una nueva entrevista para actualizar la información de cara a este trabajo, aunque eso lo explicaré después. También grabamos distintas declaraciones de personas que vivían en la calle contándonos su experiencia en la pandemia, qué habían hecho, cómo se habían refugiado y que ayudas se le habían puesto a su disposición, pero debido a las enfermedades mentales de estos y grabarlos durante distintas semanas decidimos descartar usar sus declaraciones para realizar el trabajo ya que no le dábamos mucha credibilidad a lo que decían. De hecho, varios fueron grabados en distintas ocasiones y cada día nos decían una cosa, por lo que desistimos y tomamos como testimonios más fiables a voluntarios de la asociación y personas que habían trabajado ayudando durante ese periodo de tiempo. Cabe añadir también que en el transcurso de la realización de ese trabajo y tras varias asistencias a La Carpa, observamos que no solo necesitan ayuda las personas que viven en la calle, sino también muchas otras que generan unos ingresos mínimos para mantener una habitación, pero no les llega para lo demás, por lo que asisten a las reuniones de este tipo de asociaciones para poder obtener comida y otros enseres como ropa y material de abrigo, como pueden ser mantas. Debido a esto, decidimos añadirlos al trabajo, ya que consideramos que también son personas que se encuentran en situación de extrema pobreza y forman parte del problema al que se le debe poner solución, ya que ningún ser humano debería estar falto de tener cubiertas
unas necesidades primarias que son imprescindibles para vivir, como son tener techo, comida y material de abrigo para el invierno. Una vez realizado ese trabajo, acabado en junio de 2021, hasta octubre de 2022 no volví a seguir trabajando con el tema. Comenzó de nuevo el curso y me matriculé junto a mi compañero y amigo Gonzalo de nuevo en Periodismo Social, para ver si podría ser posible volver a trabajar con el tema. De nuevo, nos dieron el visto bueno y volvimos para indagar en cómo estaba la situación una vez la pandemia sanitaria estaba más calmada y el país estaba volviendo la normalidad poco a poco. Ya no había toques de queda, ya había libertad de horarios para comercios y bares, en fin, estábamos en una situación lo más parecida posible a la realidad a la que estábamos acostumbrados antes de la llegada del Covid 19. Esta vez para ampliar decidimos hablar con la asociación pública Antaris, especializada en el tratamiento de personas con adicciones, que posee tres centros entre Sevilla y Dos Hermanas y atiende a cientos de personas al día. Al haber trabajado anteriormente con La Carpa creímos que era importante tener como fuente del tema a especialistas en adicciones, que trabajan día a día con estas personas ya que observamos que la mayoría de personas sin hogar sufrían este problema, ya fuese con las drogas o con el alcohol, que también es considerado como droga. Investigamos en internet de nuevo, dimos con ellos y les contactamos por correo electrónico. Nos respondieron que estaban abiertos a que les visitásemos y que pudiésemos realizar una entrevista a alguno de los trabajadores que forman parte de este organismo, que empezó hace años como una asociación de voluntarios financiada con aportaciones de estos, pero que a día de hoy casi la totalidad de su financiación viene de las arcas públicas, en concreto de la Junta de Andalucía. Fuimos a uno de sus centros, al Centro de Día, situado en Dos Hermanas, y allí nos atendió María, una trabajadora social que respondió a las preguntas que quisimos hacerle, indagando en el tema en el que están especializados. Nuestro objetivo prioritario era saber cuánta gente de la que iba allí no tenía techo, qué ayudas podían prestarles, cómo de importante era tener una casa para ser menos propenso a caer en dicha dependencia a ciertas sustancias y si dichas adicciones eran la causa de que muchas personas quedasen en la calle, o en cambio eran una consecuencia. Esta entrevista fue bastante útil y también es una de las fuentes utilizadas en la realización de este reportaje. Otra fuente utilizada para este trabajo y a la que acudimos en noviembre de 2021, fue a Eloísa Galindo, directora de COIS de Sevilla (Centro de Orientación e Intervención Social). Esta entrevista fue más complicada de conseguir y de realizar, después de varios correos accedió a prestarse a esta. Quedamos con ella en el propio COIS, situado en el barrio de la Macarena, cerca del Hospital Universitario. Nos atendió en su despacho, y aunque anteriormente se pactó que la entrevista se iba a poder grabar tanto en video como el audio, una vez que llegamos se negó en un primer momento, aunque pudimos al final convencerla de grabar el audio, ya que si no lo grabábamos la entrevista no tenía ninguna validez de cara a presentar ningún trabajo. Al final pudimos realizar la entrevista y grabar el audio, aunque a ella no le hizo mucha gracia y nos advirtió que a ver qué íbamos a publicar, que no se fiaba mucho de nuestro colectivo. También cabe destacar que no se mostró muy clara a la hora de responder ciertas preguntas, dando respuestas que no contestaban a lo que se le preguntaba o afirmando que desconocía datos que por su trabajo creo que debería saber, al final es un cargo público, pagado por todos y creo que se le debería exigir más rigor en lo suyo.
Creo conveniente añadir también que a todas las personas que he entrevistado para realizar este reportaje han sido preguntadas por Eloísa y por la labor del COIS, siendo no muy favorable la opinión de las distintas asociaciones o personas individuales sobre la labor de dicho organismo, otros ni siquiera sabían que esto existía. La última entrevista fue a Isabel María Martínez Portillo, persona que fue profesora de la Universidad de Sevilla y que ha colaborado con la Junta de Andalucía realizando estudios sobre el papel de la mujer que vive en la calle en Andalucía. Contactamos con Isabel María, natural de Colombia, gracias al consejo del profesor de la asignatura, Periodismo Social y Educativo, y nos respondió al correo citándonos en un despacho del Rectorado de la Universidad de Sevilla, junto a Puerta Jerez, a mediados de diciembre, ya que después se iba a Colombia y antes era imposible para ella, por lo que la cita era inamovible, o íbamos ese día o no había entrevista. Recuerdo esto perfectamente porque tanto mi compañero Gonzalo como yo tuvimos problemas para ir este día y haciendo malabares nos organizamos para poder asistir. Nos atendió sin problema, pudimos hacerle una entrevista profunda sobre la mujer en la calle y nos permitió grabarlo en audio. Una vez que contaba con todas estas entrevistas y experiencias tuve que pensar en marzo qué más necesitaba para poder realizar correctamente este reportaje para presentarlo en septiembre. Lo primero fue hablar con mi tutor asignado, el profesor Ramon Reig, al que le expliqué el material que ya tenía y el que tenía pensado conseguir para poder hacer el Trabajo de Fin de Grado sobre este tema. Por suerte de nuevo a él le pareció una buena idea y me animó a seguir indagando en el tema y realizar un reportaje en el que se profundizase en cómo la pandemia ha afectado a estos colectivos, qué tipo de ayudas reciben, cómo se puede poner solución a estos problemas e indagar también cómo está afectando o cómo se prevé que afecte la subida de precios que estamos sufriendo en España y toda Europa, provocada en cierto modo por la guerra que ha comenzado entre Rusia y Ucrania. Una vez marcado el objetivo, pensé en qué más necesitaba, a parte de lo que ya tenía a mi disposición. Pensé que la entrevista realizada a Mariví López ya estaba un poco caduca, debido a que había pasado un año y en ese año podía haber cambiado el tema bastante. Contacté con ella, esta vez ya llamándola a su móvil personal, no por la página de Facebook de La Carpa, y estuvo encantada en que quisiera entrevistarla de nuevo y me puso todas las facilidades posibles. La entrevisté al día siguiente de contactarla y esta segunda entrevista me aportó muchas cosas nuevas de las que antes no me había hablado, actualizándome sobre la situación que se vive en las calles de Sevilla donde ella trabaja. Esta entrevista fue realizada a principios de marzo de 2022. Ya que pensé que la fuente de Mariví y todo lo que había vivido junto a ella me había servido de gran ayuda para indagar, creí conveniente contactar con alguna otra asociación que realizase una labor parecida para ver si su experiencia era similar a la de Mariví y sus opiniones respecto a este problema coincidían a las que yo tenía después de esos meses colaborando con La Carpa de forma ininterrumpida. Busqué de nuevo en Internet y encontré a la asociación Sine Domus. A través del correo que facilitan en su página de Instagram contacté con ellos, recibiendo la respuesta de Miguel Ángel García, su presidente. Su respuesta fue de muy buenas formas y quedamos en hacerle una visita a la sede de la asociación situada en el barrio sevillano de Amate. Dicha agrupación está compuesta por numerosos socios de dicho barrio que con pequeñas aportaciones económicas y con su trabajo consiguen repartir todas las semanas en Sevilla más de cien raciones de comida a personas que viven en la calle o bien que necesitan apoyo de comida, ya que los ingresos que generan solo les permite mantener un techo en el que vivir.
Entre sus voluntarios cuentan con Manolo, chef profesional que trabaja como tal en una venta en la localidad de Dos Hermanas, que se toma la tarde de los miércoles libres, día del reparto semanal, para poder cocinar el plato que le permita los ingredientes que la asociación pone a su disposición. Intentan que cada semana sean distintos para no dar lo mismo siempre a las personas ayudadas. Acudí el miércoles veinticuatro de marzo a visitarlos, ya que era día de reparto, para poder ver de primera mano cómo realizaban sus tareas antes de cargar las dos furgonetas en las que se cargaba la comida y demás útiles que se daban. Me recibió Miguel Ángel en la puerta y me presentó delante de todos, ya que allí había más de treinta personas, cada una realizando sus tareas. La entrada del centro era la de una cochera que daba paso a un patio en el que en un lateral había una especie de techado que cubría una larga mesa en la que había personas empaquetando las raciones que se repartirían. Dichos paquetes no solo estaban compuestos por la comida que el chef Manolo preparaba ese día, sino que además se incluían varios tipos de bollería, y tetra briks de zumo y fruta. En la mesa había tres cajas repletas de frutas donde se iban cogiendo para meter en los paquetes, en este caso eran melocotones y manzanas, aunque Miguel Ángel me aseguró que cada semana también intentaban que fuesen frutas distintas. A la izquierda del patio, había una puerta donde estaba el almacén de ropa y mantas del que disponían, además del lugar donde Manolo cocinaba, y una mesa con un ordenador al final donde Miguel Ángel recogía datos y hacía las gestiones que debía para la asociación. Una cosa que me llamó la atención fue la gran cantidad de personas que había allí, todos muy bien organizados sabiendo cuál era su labor. Funcionaban como un equipo para que, a las ocho, hora que se iniciaba el reparto, las dos furgonetas estuvieran cargadas y todo el trabajo hecho. A parte de ser un gran número de personas, también observé que los había de todas las edades, ya que había dos niños de quince años ayudando como los que más y personas ancianas que también estaban ahí dando todo lo que podían ofrecer. Miguel Ángel me explicó que en el barrio hay mucha gente implicada con la asociación, ya que al ser un barrio que se podría denominar humilde, muchos sabían lo que es no tener dinero para comer y que la solidaridad allí estaba por norma, por lo que había mucha gente que se prestaba a ayudar en lo que se pudiese. Algo pasadas las siete y media, ya estaba todo empaquetado y llegaron a la puerta las dos furgonetas en las que se hacía el reparto. La actividad de cargarlas se hacía entre todos, de la manera más rápida posible, para no molestar al vecindario. Una vez cargadas las furgonetas hasta arriba, con los más de cien paquetes de comida que se daban, un montón bastante grande de ropa y mantas por si a alguno le hacía falta, varios dulces que no habían cabido en los paquetes, y las tres cajas de fruta llenas de las piezas que se habían quedado sobrantes por tampoco caber en los paquetes de las raciones, se ponía en marcha el reparto por los tres puntos que tenían como parada. Uno era el Mercado del Arenal, otro Plaza Nueva, donde operaba La Carpa también, y el otro en la Macarena en un punto muy cercano al Hospital Universitario. Miguel Ángel me aclaró que tenían esos puntos marcados porque era donde más gente se concentraba con necesidades, sobre todo gente que vivía en la calle. Tuve la suerte que me permitiesen acompañarlos en el reparto, debido a que hicieron una excepción conmigo ya que los huecos en las furgonetas eran muy limitados debido a lo llenas que iban. Acompañé a Miguel Ángel durante todo el trayecto, viendo cómo se repartían los paquetes y cómo se atendían las demandas sobre todo de ropa de las personas atendidas. La principal cosa que me llamó la atención era que tanto en el Mercado del Arenal como en Plaza Nueva había varias personas que yo había ayudado cuando colaboré con La Carpa, y que algunos de ellos además me reconocieron a mí, aun habiendo pasado casi un año desde que dejé de
verlos. El presidente de la asociación me explicó que gracias a que son varias las asociaciones que realizan esta labor, estas personas pueden por lo menos sobrevivir en la calle, ya que, si solo ellos o La Carpa fuesen los que ofreciesen comida, lo normal sería que muriesen de hambre, ya que comiendo una vez a la semana sería imposible. Todos conocían a Miguel Ángel, y aunque se iba con el tiempo justo porque había que estar a una hora en cada punto, después del reparto se invertía unos minutos en hablar con ellos y en preocuparse por su estado, por si necesitan algo distinto a lo común para poder llevarlo la semana siguiente. Se mostraron muy agradecidos, comportándose de una forma amable y respetuosa en todo momento y dando mil veces las gracias por la labor que hacían. Por último, observé que en ellos era una práctica habitual, al igual que hacían en La Carpa, el llevar encima algún bolso, mochila o bolsa de plástico para almacenar todos esos dulces y frutas que iban en la furgoneta, que no había entrado en los paquetes, ya que conocían que esto pasaba todas las semanas y así podían llevarse más cosas que se administraban los demás días, aunque era bastante poco en comparación con lo que necesita una persona a diario para estar bien alimentada. Una vez terminó el trayecto, Miguel Ángel ,con la furgoneta, me dejó en la estación de Santa Justa para que pudiese ir andando a mi casa, que estaba a unos escasos cinco minutos, ya que la ida la hice en metro y tuve que andar bastante desde la parada de Amate a la sede de la asociación, y ya era de noche. Tras esto, quedé con él para poderle hacer una entrevista más a fondo unos días después, ya que había conocido de primera mano la labor que hacían y ahora podía hacerle unas preguntas más adecuadas. Entre otras cosas, le pregunté sobre su experiencia durante estos años atrás, sobre todo la etapa del Covid 19 y el confinamiento, las situaciones a las que se exponían las pocas mujeres que se veían, los problemas a los que podrían estar sometidos los inmigrantes y el papel que realizaba el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía en este asunto. La entrevista la realicé por teléfono y quedó grabada en audio. Otra fuente que necesitaba, ya que quería indagar en los colectivos más vulnerables dentro de las personas que están en una situación de pobreza extrema, era la de personas inmigrantes que no tienen su situación regularizada en España, ya que quise diferenciar entre hombres españoles o europeos, mujeres y personas inmigrantes de otras partes del mundo. Como ya tenía como fuente sobre el papel de la mujer que vive en la calle a la profesora Isabel María Martínez, quise indagar en el colectivo de los inmigrantes ilegales, aquellos que no pueden regular su situación en España de forma sencilla y se ven en grandes problemas a la hora de poder trabajar y ganarse la vida de forma legal en España. Para eso hablé con Mahmoud Traore, senegalés que lleva once años en España y que ya posee la nacionalidad. Contactar con él fue tarea bastante sencilla, ya que me facilitó el contacto mi madre, que junto a Mahmoud realizan charlas de concienciación social a jóvenes y adultos, sobre racismo e inmigración. Una vez que hablé con él, supe que también conocía a Mariví López, la activista con la que había trabajado anteriormente en La Carpa. Sin ningún problema de nuevo se puso a mi disposición. Puedo decir que he tenido suerte a la hora de encontrar fuentes, ya que la mayoría solo me han puesto facilidades para poder hablar con ellas, aunque también es cierto que para ellos es algo bueno que se quiera dar difusión a la labor que realizan, que está poco reconocida por la sociedad, y a la vez, desean que la problemática en la que trabajan salga a la luz. Mahmoud a día de hoy trabaja como carpintero y en su tiempo libre es un activista muy conocido en Sevilla y una de las personas más involucradas en la asociación Senegal Social. Esta agrupación no es legal o no está reconocida, según él me afirmó, porque no poseen los medios necesarios para que se reconozca por las administraciones públicas, ya que la mayoría de los
integrantes que la componen no tienen regularizada su situación en España. Estas personas entran en el país de forma ilegal, y para poder obtener un permiso de residencia necesitan que alguien les ofrezca un contrato de trabajo y así obtener la residencia en España, que no es lo mismo que la nacionalidad, ya que esta es mucho más complicada de obtener, debido a que deben pasar varios años en el país con continuidad laboral. Como me comentó Mahmoud, prácticamente la totalidad de africanos que entran en España no saben hablar el idioma, por lo que en los primeros años es muy difícil que alguien te ofrezca un contrato de trabajo legal, además, por supuesto, de que la legislación no permite contratar a ningún inmigrante que no lleve tres años empadronado en nuestro país, todo ello provoca que muchas personas se intenten aprovechar de esta situación irregular para ofrecerles condiciones de trabajo bastante malas y para nada legales. Senegal Social es una agrupación conformada por una mayoría de personas senegalesas, pero no le niegan la ayuda a ningún africano, aunque provenga de otro país. Se dedica a ayudar a aquellas personas que lo necesiten. Básicamente funcionan poniendo cada uno una cuota anual de cincuenta euros para que cualquiera de ellos que lo necesite pueda tirar de estos fondos para solventar algún problema al que estén expuestos. Mi preocupación era preguntarle sobre cómo les había afectado la llegada de la pandemia mundial provocada por el Covid 19 y cómo estaban notando ahora la subida de precios en la actualidad, además de qué tareas realizaban para ganarse la vida, como de fácil o difícil era para ellos ganarse la vida en España y si recibían algún tipo de ayuda por las administraciones públicas o por el COIS. El testimonio de Mahmoud ha sido muy importante y enriquecedor para el reportaje ya que la llegada del Covid afectó especialmente a las personas africanas inmigrantes, cambió la forma de destinar los recursos de Senegal Social y la forma de vivir y trabajar de estos. La inflación que vivimos a día de hoy también les está atacando con fuerza, obligándoles a hacinarse en pisos para así poder pagar menos de alquiler, luz y agua, ya que ahora no se pueden permitir mantener una habitación y sus gastos ellos solos, complementa a lo aportado por estas fuentes además conocer problemas distintos a los antes planteados y ver otro punto de vista del tema investigado, ya que, al haber nacido en otra cultura, posee una mentalidad distinta a la que estamos acostumbrados. La entrevista se la realicé de nuevo por teléfono y está grabada en audio. Una vez que tenía las entrevistas que creía necesarias para la realización del reportaje, busqué información económica sobre las consecuencias que había tenido la pandemia en España, debido a que los testimonios que había recibido eran devastadores, pero debía de tener datos de organismos oficiales y fuentes económicas fiables para así poder confirmar la idea que tenía de la conclusión a la que se iba a llegar. Tuve que indagar bastante y leer muchos informes e interpretarlos para poder sacar datos claros, que confirmaban el destrozo económico que había provocado la pandemia. Fue difícil hacerse con varios debido a que hay informes y noticias desde 2020 hasta prácticamente 2022, por lo que para tener una idea clara y poder ofrecer una información veraz dediqué bastante tiempo. Lo mismo tuve que realizar sobre la subida de precios que estamos sufriendo en Europa desde finales de 2021, debido en parte a la guerra que se ha iniciado entre Rusia y Ucrania. Esta subida de precios es consecuencia de la inflación y pérdida de valor del euro, llegando a estar por debajo del valor del dólar, cifra récord desde que existe esta moneda europea. He buscado información de fuentes fiables y leído varios informes económicos para poder contar cuál ha sido el impacto real de esta inflación a la economía española. Tras tener todas las fuentes y la idea del trabajo en la cabeza comencé a redactar el reportaje, teniendo claro cuál era el objetivo de este y cómo debían encajar las fuentes. En el trascurso de
nadie ni aquí ni en su país de origen, ya que allí no pueden volver y aquí se les trata como si no existiesen”. Continúa contando que “no se les trata como seres humanos, se les castiga con una indiferencia que ellos perciben, tienen la sensación de que no existen. Se les niega la opción a trabajar, ya que no tienen papeles ni forma de conseguirlos, y se les niega también cualquier ayuda”. De hecho, cuando ellos venían a Plaza Nueva a recibir comida-indica Mariví- “en coger la comida y comer invertían diez minutos de las dos horas que estábamos allí, debido a que lo que más le gustaba era que hablases con ellos, que te preocupases en querer saber quiénes son, de dónde vienen y qué les ha pasado, qué ilusiones tienen en la vida y ellos poder hablar contigo sintiéndose personas”. Miguel confirma estas declaraciones de Mariví, aunque apunta que “nosotros tampoco podemos parar mucho tiempo a hablar con ellos porque son varios los puntos a los que tenemos que llegar con la furgoneta y tenemos que estar a una hora en cada sitio, ya que citamos a estas personas para que estén allí para hacer todo con la máxima agilidad posible porque nuestro tiempo es limitado, estamos toda la tarde preparando las cosas que vamos a llevar y comenzamos el reparto ya entrada la noche normalmente”. “No se les trata como seres humanos, se les castiga con una indiferencia que ellos perciben, tienen la sensación de que no existen” Furgoneta de Sine Domus cargada para el reparto. Para ahondar en este problema respecto a la situación de los inmigrantes en nuestras calles o en una situación precaria muy cercana a la extrema pobreza, Mahmoud Traore es una de las personas más indicadas para hablar. Mahmoud es un hombre senegalés, de 41 años, que lleva once años residiendo en Sevilla y que ya tiene la nacionalidad española. Es carpintero de profesión y una persona muy activa a la hora de ayudar a personas senegalesas y de procedencia africana en Sevilla. Es uno de los responsables de Senegal Social, “una organización que es no
oficial a día de hoy, porque no nos dejan, en la que nos encargamos de ayudar a todas las personas senegalesas y también de origen africano que vienen a Sevilla a buscarse la vida” cuenta Mahmoud. “Nuestra forma de funcionar normalmente era la de poner 50 euros al año cada uno para poder tener fondos y ayudar a las personas que lo necesiten”. Mahmoud señala que el destino de esos fondos ha cambiado desde que llegó la pandemia a España, debido a que “antes ese dinero se destinaba a comprar billetes para algún miembro que tenía un familiar enfermo en su país, para que pudiese ir a verlo, o por ejemplo si algún miembro fallecía y no quería ser enterrado aquí, poder llevar sus restos a su país” pero la llegada del Covid 19 al mundo y la pandemia mundial que provocó cambió la forma de invertir estos fondos. “Muchos del grupo no tienen la nacionalidad y se dedican a trabajar de temporeros en el campo o en venta ambulante, cobrando en negro por supuesto, ya que sin papeles es imposible trabajar legalmente, por lo que cuando llegó el Covid y nos encerraron en casa a todos, mucha de esta gente no podía seguir trabajando y se tuvieron que ir a vivir a la calle, entonces, entre todos usamos estos fondos para pagar alquileres y meter a esta gente allí”, declara Mahmoud. “Cuando llegó el Covid, mucha de esta gente no pudo seguir trabajando y se tuvieron que ir a vivir a la calle” No todo fue tan sencillo como puede parecer ya que otro problema que señala es que “la mayoría de los propietarios de los pisos, al ver que somos negros, se niegan a alquilarnos sus viviendas, por lo que era muy difícil conseguir que estos confiaran en que íbamos a pagarles”. Ya que los vendedores ambulantes no podían ejercer su trabajo, y los trabajos en el campo eran muy complicados porque muchos terratenientes no se atrevían ahora a contratar en negro por las inspecciones, muchos se quedaron sin trabajo e ingresos y tuvieron que tomar medidas drásticas. A todo esto, hay que añadirle que muchos no tienen nacionalidad, pero sí permiso de residencia, pero el Gobierno de España obliga a estos a cotizar un mínimo de seis meses, que con todo parado para muchos fue imposible de cumplir, por lo que perdieron el permiso de residencia, pasaron a ser ilegales y quedarse en la calle, ya que los caseros no los querían en sus viviendas. “Al final la situación era insostenible debido a que los fondos para pagar alquileres se iban agotando y la situación de pobreza era cada vez mayor en la población africana en Sevilla, muchos acabaron durmiendo en la calle pero la policía los perseguía porque no les gustaba ver a gente negra tirada por las calles” nos cuenta el senegalés, añadiendo que “al final la mayoría se fueron para Cataluña y Francia, ya que en Cataluña, nos decían que había algo más de trabajo, mientras que “en Francia no nos sentimos tan rechazados ni tan mal vistos por la sociedad, debido a que hay mucha más población francesa de origen africano que en España y además compartimos idioma, ya no con los senegaleses, sino con muchos países africanos”. Todavía quedan algunas personas de origen africano en la calle en Sevilla, pero “suelen ir a dormir al río ya cuando cae la noche, para solo dormir, y cuando amanece irse rápido, ya que siguen corriendo peligro de que las autoridades les persigan”. “Muchos acabaron yéndose a Cataluña y Francia, ya que nos llegaba la noticia de que allí había más oportunidad de trabajo”
Cuando es preguntado por su opinión sobre las ayudas que prestan las instituciones públicas para gente inmigrante responde que “nosotros no queremos ayudas de ningún tipo, de nadie, lo único que queremos es poder trabajar y aspirar a una vida mejor que la que hay en África, pero por desgracia es casi un milagro llegar a obtener la nacionalidad como he obtenido yo, que llevo once años aquí trabajando como carpintero”. Una de las quejas que sí tiene es el trato y la formación en los centros de menores donde meten a los niños que llegan desde el otro continente. “En España las autoridades y los trabajadores de los centros debe entender que un chaval de 16 años africano no es igual que uno español, debido a que allí con 11 o 12 años nos ponen a trabajar para poder mantener a nuestra familia y tenemos otro tipo de responsabilidades y proyectos desde muy jóvenes” comenta Mahmoud, además “en estos centros intentan inculcarles a los niños el mensaje de que solo pueden acabar trabajando en el campo o de cocineros, cuando hay muchos que tienen otros sueños y proyectos y que están muy capacitados para poder conseguirlos, pero les amoldan la mente a su forma de pensar y los niños no pueden decidir sobre su futuro” añade en un tono bastante enfadado. No le hace ninguna gracia este tema, ya que “sólo nos ven cómo ven como mera mano de obra destinada a realizar los trabajos de menos prestigio y más duros, mientras muchos de estos niños tienen grandes talentos que se pierden por el camino”. “Mira la semana pasada fui a hablar con un chaval que es amigo mío, que trabaja de ayudante de cocina en un bar de Los Remedios, su sueño es ser mecánico, y ya era muy buen mecánico de pequeño, pero en este centro lo único que le han formado es para ser ayudante de cocina y está muy a disgusto”. Como solución, Mahmoud cuenta que le propuso que aguantase unos meses y como tiene residencia y cobra legalmente, que cuando tuviese unos meses de paro parase e intentase ser mecánico, pero reconoce que es difícil, ya que “como esté unos meses sin conseguirlo y no cotice, pierde el permiso de residencia, se convierte en ilegal y ya se ha buscado el peor problema que te puede pasar en este país”. A la queja del trato de los menores por parte de las instituciones, añade otra, la de la desinformación a la que están sometidos y los problemas y las trabas que les ponen desde estas a la hora de recibir ayudas que se han ganado con su trabajo. “Cuando nos encerraron en casa y no podíamos salir a trabajar, al problema de no cotizar y poner en peligro nuestro permiso de residencia, nos pasó también que, a muchos, que estábamos trabajando legalmente, nos pertenecían unas ayudas extraordinarias igual que a todos los trabajadores españoles, los famosos ERTES, pero a nosotros nadie nos informó como pedirlos, y llamábamos a los números que teníamos que llamar y no nos daban ninguna solución. Yo por ejemplo que ya hablo muy bien el idioma, me enteré rápido y gracias a eso yo y muchos amigos míos pudimos cobrar ese dinero, pero costándonos muchísimo más trabajo que a compañeros míos españoles de la carpintería a los que no le ponían ningún problema” recalca Mahmoud. “Cuando nos encerraron en casa y no podíamos salir a trabajar, el problema de no cotizar puso en peligro nuestro permiso de residencia” Merecedor de análisis es sin duda, también, el colectivo de la mujer en este ámbito, debido a que la sensación general que puede tener la sociedad es que apenas hay mujeres viviendo en la calle, o por lo menos, se ven en una proporción mínima comparado con los hombres. Para afrontar este tema, Isabel María Martínez Portillo, mujer colombiana ex profesora de la Universidad de Sevilla, colaboradora frecuente con la Junta de Andalucía en la Consejería de
Asuntos Sociales y experta en el papel de la mujer en las situaciones de pobreza extrema, por sus estudios realizados tanto en España como en Sudamérica, declara que “en la calle es mucho más difícil ser mujer que hombre, para nosotras la desprotección es total debido a que por las pueden abusar de nosotras, violarnos, ya que física y numéricamente la mujer se encuentra en una situación de inferioridad”. Preguntada por cómo sobreviven las mujeres que se encuentran en estas situaciones, comenta que “muchas se reúnen entre ellas, ya que al estar todas juntas se sienten algo más seguras, como pasa aquí en Sevilla en el Pumarejo, eso en el mejor de los casos, ya que otras veces se buscan un compañero masculino que la proteja, normalmente a cambio de sexo”. También asegura Isabel María que “otras muchas no están en la calle porque las mantiene un señor a cambio de sexo también, es duro ver cómo muchas tienen que estar con un hombre con el que no quieren estar para poder dormir en una cama y comer todos los días”. Todo este relato de la profesora Isabel María es compartido por Mariví López, que confirma que “hay muchísimas que no están en la calle porque las mantienen a cambio de sexo, yo personalmente las únicas que conozco se dedican a la prostitución para poder sobrevivir”. Añade que “a La Carpa no venía ninguna a recibir ayuda porque viven juntas en las afueras de la ciudad donde ejercen la prostitución, se ponen en contacto con nosotros por otras vías, ya que no abandonan su zona. Además, viviendo juntas se sienten todas mucho más seguras para afrontar los posibles peligros a los que están expuestas”. A todo esto también se une la opinión de Miguel, que asegura con certeza que “nosotros unas de las personas a las que más años llevamos ayudando ha sido a una chica que de hecho se mueve por la ciudad disfrazada de hombre para evitar problemas, y ahora está con un señor que vive en la calle al igual que ella que le da protección a cambio de servicios sexuales, pero fíjate tú qué precio tiene que pagar para que no la violen ni abusen de ella, es una pena grandísima”. En cambio, Mahmoud Traore cuenta que “de mi colectivo no hay apenas mujeres ya que el poder llegar a España supone un esfuerzo físico grandísimo, ellas se quedan en el país para cuidar a la familia y nosotros intentamos mandarle todo el dinero que podamos”. “En la calle es mucho más difícil ser mujer que hombre, para nosotras la desprotección es total” Para estudiar y conocer mejor todo lo relacionado con las adicciones, una de las causas y también consecuencias de estar en situación de exclusión social, nos hemos acercado a la asociación sevillana Antaris. Es una asociación que nació como tal, con dinero aportado por socios de manera voluntaria, pero que a día de hoy el 99 % de su capital proviene de fondos públicos, teniendo una serie de especialistas contratados para acompañar y ayudar a estas personas que sufren esta enfermedad. Antaris posee actualmente tres centros distintos, cada uno enfocado a un tipo de tratamiento para estas personas. María, una de sus Trabajadoras Sociales, sostiene que “una realidad es que si una persona tiene problemas de adicción es mucho más probable que acabe en la calle o en una situación de exclusión social y pobreza muy grande, claro está, es un factor importante”. La mente de un adicto “funciona de una forma totalmente distinta, toda gira en torno al elemento al que sean adictos”. Añade también que “son muchos los casos de personas que dejan a su familia, cometen hurtos o incluso se gastan todo su sueldo para poder consumir, por lo que la relación con la pobreza es totalmente directa, se podría decir
que adicción y pobreza van de la mano”. Apunta también que ya no solo como una causa de la pobreza, sino como una consecuencia ya que “muchas veces vienen personas que están en situación de calle, y al poco tiempo vuelven con alguna adicción que normalmente es al alcohol. Al final en la calle pueden llegar a pasar mucho frío y a falta de calefacción o de un techo, recurren al alcohol, que, aunque no calienta, el estado de embriaguez hace que no percibas el frío”. De hecho, hasta han llegado usuarios a la asociación que decían consumir no siendo verdad simplemente por el hecho de que les da vergüenza que los vean en la calle, narra María. “Si una persona tiene problemas de adicción es mucho más probable que acabe en la calle o en una situación de exclusión social” Reunión de pacientes de Antaris con un profesional en el Centro de Día La situación de tener un techo o no, es clave para poder recuperar a estas personas, cuenta María, aludiendo a que “al final nosotros solo atendemos a las personas desde las ocho de la mañana a las ocho de la tarde, lo que hagan fuera de ese horario ya se nos escapa, por lo que si esta persona de aquí se va a su casa y de su casa viene aquí, es mucho más fácil que se recupere que si se va a la calle rodeada de personas que tienen este tipo de adicciones, pero que no hacen nada por salir de ellas, tienen el peligro al lado”. Bien es cierto que no todas las personas que acuden a los centros se recuperan, debido a que muchos abandonan por el camino fruto del esfuerzo tan grande que hay que hacer para superar este tipo de problemas. “Es lógico pensar que nadie quiere estar en la calle por gusto. Otra cosa es que lleve mucho tiempo en la calle y lo haya normalizado, pero rechazar ayuda no es tan lógico de pensar, porque ellos vienen voluntariamente, el problema aparece cuando hay continúas recaídas y dejan de venir porque la desesperación de no ver la luz al final del túnel les supera”. Al ser preguntada por la pandemia y cómo esta ha podido influir en la sociedad contesta que “ha hecho mucho daño, sobre todo en los grupos más vulnerables. Gente que ya se encontraba en una situación límite y otra a la
que la crisis económica actual los ha llevado a la quiebra han llegado ya, no con adicciones a alcohol u otras drogas, sino que hemos notado mucho incremento en la adicción al juego, ha crecido mucho la ludopatía”. Es lógico pensar que en situaciones de pobreza, la probabilidad, aunque sea mínima, de poder hacer dinero rápido se ha llevado a mucha gente por delante, cosa que María nos asegura que así ha sido, de hecho afirma que “los ingresos por gente adicta a las apuestas se han multiplicado en los últimos diez años, la cantidad de publicidad en televisión e internet y los numerosos locales de casas de apuestas que hay, han hecho que muchos caigan en sus redes y lleguen a estar en la ruina absoluta y con deudas por culpa del juego”. “Hemos notado mucho incremento en la adicción al juego, ha crecido mucho la ludopatía” Eloísa Galindo, directora del Centro de Orientación e Intervención Social del Ayuntamiento de Sevilla nos ha abierto su despacho para analizar el problema desde el punto de vista institucional. “El COIS es la puerta de entrada de los recursos que tiene el ayuntamiento destinados a las personas sin hogar” explica Eloísa, añadiendo que “la función de esta oficina, en la que hay trabajadores sociales y un educador social, es entrevistar a cada persona y valorar su situación, orientarla y ofrecerle un recurso, el más apropiado a su necesidad y a su realidad en ese momento”. Siendo preguntada por las responsabilidades que conlleva su puesto, comenta que “yo soy la directora del COIS, la que organiza el equipo, oriento y asesoro también cuando los compañeros tienen algún tipo de duda”. A día de hoy el COIS posee tres centros de acogida para las personas que viven en la calle, uno es el Centro de Acogida Municipal, que es el que tiene mayor capacidad contando con 168 plazas; está también el Centro de Alta Tolerancia que ofrece 40 plazas y después está el Centro de Puerta Abierta, que es más pequeño y solo dispone de 20 plazas. “Para poder acceder a una de estas plazas, la persona lo primero que tiene que hacer es demandarla. Cuando alguien demanda una plaza y no hay, se les hace una valoración técnica, para ver en qué situación se encuentra respecto a papeles, adiciones o enfermedades mentales, por si sería más recomendable llevarla a otro tipo de centros, y a partir de ahí se iniciarían los trámites para poder acoger a esta persona lo antes posible” afirma Eloísa. “Para poder acceder a estas plazas, las personas lo primero que tienen que hacer es demandarlas” Ofreciendo los centros del COIS unas 230 plazas para personas en la calle, preguntamos a Eloísa el motivo por el que sigue habiendo mucha gente durmiendo en diferentes zonas de la ciudad, a lo que responde que “hay muchos a los que se les ofrece el venir, pero no quieren entrar en nuestros centros de ayuda. Las UMIES (Unidad Municipal de Emergencias Sociales y Exclusión Social) cada vez que atienden a alguien que vive en la calle o se encuentra en una situación de exclusión social les ofrece ir a los centros, pero la mayoría de veces rechazan esa ayuda”. La realidad es que tiene que haber una voluntad de las personas para poder acceder a estos centros, como explica Eloísa “nosotros acogemos a la gente que viene por su propio pie a los
centros, pero por desgracia somos animales de costumbres y cuando te acostumbras a una forma de vivir es muy difícil salir de ella. Aunque pocas, en nuestros centros hay ciertas normas y horarios para asegurar una cierta convivencia, que ellos no están dispuestos a cumplir muchas veces”. Empleada social del COIS trabajando en el Centro de Acogida Municipal Eloísa continúa comentando que “por ejemplo nosotros a las personas que llegan con adicciones, que suelen ser la mayoría que vive en la calle, los intentamos trasladar a los centros de desintoxicación de Antaris, que son públicos también y ellos no quieren ir allí, ya que no desean dejar de consumir las sustancias a las que sean adictos”. Es más que evidente, añade, “que muchos no quieren acudir porque siempre se llenan las plazas en épocas de frío, mientras que cuando hace temperaturas más agradables siempre hay muchas plazas libres”. Eloísa afirma, al igual que comentaron Mariví López y Miguel de Sine Domus, que la gran mayoría de estas personas sufren adiciones y enfermedades mentales y un patrón que se repite mucho es un gran desapego familiar y un desarraigo social importante, aunque aclara que “las personas sin hogar, son personas como tú o como yo, y que por una serie de circunstancias de su vida se encuentran en una situación de vulnerabilidad” “Hay muchos a los que se les ofrece el venir, pero no quieren entrar en nuestros centros de ayuda” Volviendo a tocar el tema de la pandemia, Eloísa nos cuenta que “por supuesto que se ha notado un aumento de personas que han necesitado ayuda tras la pandemia, además de todo el trabajo que tuvimos que realizar para intentar mantener a salvo del virus a todas estas personas”. El Ayuntamiento de Sevilla durante 2021 habilitó pabellones para que todas las personas sin techo pudiesen salvaguardarse allí, aunque de nuevo hubo muchos que no quisieron ir y prefirieron quedarse en la calle y acudir a comedores sociales. “Tengo que decir que los servicios sanitarios han tenido un comportamiento ejemplar porque todos los alojados en los recursos del
ayuntamiento de Sevilla no han tenido problemas graves ni habido grandes incidencias” asegura Eloísa. Respecto a la eficiencia del COIS hay varias opiniones al respecto. Mariví López piensa que “deberían hacer una labor muchísimo más grande de la que hacen, al final que esta gente tenga unas mínimas condiciones dignas debería ser responsabilidad de todos y por tanto de las instituciones públicas”. La activista, muy crítica con el COIS, alega que “el día que nuestro trabajo no sea necesario será el día que realicen su trabajo correctamente, pero como somos varias las asociaciones que nos dedicamos a hacer esto, miran para otro lado”, además, añade que “a nosotros cuando teníamos La Carpa no querían ni hablar con nosotros, además de que sabemos que les molestaba una barbaridad que las reuniones las hiciésemos los viernes bien entrada la tarde en Plaza Nueva, por donde pasa mucha gente y ve cómo atendemos a las personas necesitadas”. Por su parte Eloísa reconoce que el COIS necesita la incorporación de más técnicos “pero es que no tengo recursos a día de hoy para aumentar este personal”. También hace hincapié en que “ahora en lo que estoy centrada es en que seamos lo más eficientes posible con los recursos que tenemos. A medida que funcionen mejor estos intentaré ir ampliando recursos para que el crecimiento de nuestra ayuda siempre sea acorde a nuestros conocimientos y capacidades en ese momento. Poco a poco iremos creciendo”. Aunque a la vez este mensaje puede ser algo contradictorio ya que se queja de que no puede contratar psicólogos para los centros, que los necesita como el comer, afirmando que “si muchas personas que tienen una vida normal necesitan ir a terapia por circunstancias de la vida, es primordial tener a varios psicólogos para atender a estas personas que la vida les ha tratado tan mal”. La oficina también carece de una auxiliar administrativa que para ella es de primera necesidad para poder ejercer bien su trabajo. “Es primordial tener a varios psicólogos para atender a estas personas a las que la vida las ha tratado tan mal” No hay datos oficiales, por ningún lado, sobre el número de personas que en Sevilla se encuentran en esta situación, ni la misma directora del COIS los tiene, solo encontramos recuentos a los que se le puede dar la fiabilidad que cada uno quiera. Eloísa Galindo comenta que “hace unos años se hizo un recuento de las personas que había y salió que eran unas 400 viviendo en la calle, también cabe decir que en esos momentos el COIS no ofrecía tantas plazas en su centro como ahora, por lo que no puedo asegurar con ninguna certeza el número actual”. Además, añade que “Sevilla es muy grande, no solo es Plaza Nueva, el Mercado del Arenal, el río o Triana, también hay muchas personas que no tienen hogar viviendo en Los Pajaritos, Pino Montano o Las 3000 Viviendas, por lo que sacar esa cifra con exactitud es prácticamente imposible, ya que la mayoría están escondidos”. En cambio, María, la trabajadora social de Antaris, comunica que en Sevilla en pandemia más de 700 personas fueron atendidas, cifra que se aleja bastante a la estimada por el COIS. Comparando opiniones y datos, Mariví nos asegura que según recuentos que tiene ella, en Sevilla hay entre ochocientas y mil personas viviendo en la calle, afirmando que “estos son los datos más aproximados que te puedo decir, ya que los organismos públicos ni se molestan en hacer estos recuentos porque los dejan en mal lugar a ellos”. La profesora Isabel María cuenta que “cuando yo colaboré con la Junta de Andalucía, ellos trabajaron con el objetivo de saber cuántas personas había en esta situación y en la provincia
de Sevilla había más de mil, estando el grueso en Sevilla capital” aproximándose más a los datos ofrecidos por Mariví. Miguel, de Sine Domus, por su parte comenta que él no puede asegurar ningún dato porque han pedido en numerosas ocasiones a la Administración que se les proporcione, pero nunca lo han conseguido porque no los tienen censados. Como solución a estos problemas, Eloísa nos cuenta que otra tarea realizada por su estamento dentro del Ayuntamiento de Sevilla es la de prevención y concienciación en los niños, ya que “es una de las tareas más importantes a realizar desde nuestro punto de vista, lo hacemos a través de charlas en institutos en las que participan personas de nuestros centros que antes estaban en la calle”. “Al ver los niños las consecuencias del consumo de drogas y alcohol, se dan cuenta que deben ser responsables y alejarse de los peligros que muchas veces la sociedad tiene” comenta terminando su intervención. Respecto a estas charlas, Mahmoud Traore es un habitual en los institutos de Sevilla, tratando los temas de la inmigración y la pobreza. “Yo los valores que intento transmitir a los niños son, el respeto a los demás, la tolerancia, el trabajo y el esfuerzo como pilares de la vida, al final si tienes todo esto es mucho más fácil que te vaya bien y te alejes de situaciones que pueden hacerte perder el camino” confiesa Mahmoud. Tras ver todas estas declaraciones y experiencias de gente muy cercana al problema que estamos tratando, toca analizar con datos cómo ha sido la influencia en la economía del país con datos, y si estos corroboran los testimonios aportados por estos. El estallido del coronavirus llegó a España en un momento de recuperación económica y social tras sufrir en 2008 una de las mayores crisis económico-financieras que se recuerde debido al estallido de la burbuja inmobiliaria. La pandemia ha supuesto, en cualquier caso, un freno en el proceso de reducción de la pobreza y del aumento del poder adquisitivo cuando todavía no se había conseguido aproximar el nivel económico de las familias a los niveles previos a la crisis de 2008, especialmente en aquellos casos que se vieron afectados con mayor gravedad por esta recesión. Según los datos que publicó la Encuesta de Condiciones de Vida realizada por el Instituto Nacional de Estadística, más del veintiséis por ciento de los niños españoles de menos de dieciséis años viven en hogares con ingresos inferiores a los parámetros que marcan el umbral de la pobreza, una situación que se agrava aún más en los hogares monoparentales, particularmente vulnerables a la volatilidad de ingresos y que se vieron especialmente afectados por las consecuencias de la crisis de 2008. Además, según INE y Eurostat, de cada 4 millones de hogares, casi 10 millones de personas se encuentra en una situación cercana a caer en la pobreza y en la que la mayoría de los casos es una amenaza inminente. Y es que la pandemia ha dejado a España y a muchos otros países sumergida en una crisis sanitaria, económica y social de la que se tardará en salir a flote. Numerosas personas han perdido su trabajo por el cierre de negocios o simplemente por el recorte de personal en las empresas, una situación que venía mejorando desde 2013 ante la crisis económica que sufrió España en 2008, pero que se ha visto invertida debido a la pandemia mundial provocada por el coronavirus y que ha dejado a muchísimas personas inmersos en la indigencia, además de los que ya se encontraban en ella. En primer lugar, los datos iniciales de desempleo durante la crisis de la Covid-19 han sido especialmente duros: el desempleo creció en 302.265 personas ya en el primer mes del Estado de alarma (SEPE) y cerca de un millón de puestos de trabajo fueron destruidos en este tiempo (lo que se tradujo en una reducción drástica de afiliados a la seguridad social) y varios millones de autónomos solicitaron prestaciones y ayudas tras verse obligados a cerrar sus negocios
durante varios meses en una gran parte de los casos. Asimismo, más de 3,5 millones de trabajadores fueron afectados por ERTEs en el mes inicial de confinamiento (con la lógica reducción de ingresos que eso supone) que desbordaron los recursos de gestión administrativa pública y aumentaron considerablemente el gasto estatal para protección por cese temporal de la actividad (con una previsión de más 5 mil millones mensuales que se vio superada enormemente por esta situación sin precedentes). En segundo lugar, las previsiones socioeconómicas a corto y medio plazo eran, cuantitativa y cualitativamente, desastrosas. Según el pronóstico que hizo el banco BBVA, el PIB español podría desplomarse hasta un 12%. Por otra parte, la CEOE advirtió a principios de abril que nuestro PIB podría contraerse entre un 5% y un 9%, y que la destrucción de empleo dejaría a más de medio millón de personas sin sus puestos de trabajo estas primeras semanas. Posteriormente el FMI, en su informe de abril de 2020 pronosticaba una grave caída del PIB de España de hasta un 8% para el año 2020 que se quedó corto, ya que al final caída fue de un 11%. Evolución del PIB español desde 2020 hasta 2021 Así, el Informe FOESSA 2020 alertó de que la pandemia había anulado en solo unos meses el efecto de la recuperación económica que se venía experimentando con anterioridad, volviéndose en cuestión de meses a los indicadores económicos y de empleabilidad del peor momento de la última crisis. Según el Informe, en la actualidad a tres de cada diez personas en exclusión grave no tienen ningún tipo de ingreso, por lo que dependen de ayudas externas, bien de familiares o amigos o bien de organizaciones benéficas. Todo esto teniendo en cuenta un contexto en el que todavía muchas sociedades no se habían recuperado de la crisis de 2008 cuando la pandemia de la COVID-19 ha vuelto a incidir negativamente sobre la pobreza y la desigualdad, especialmente en los casos que ya presentaban dificultades económicas