El pensamiento libertario de Javier Sádaba a través de su libro Porque soy libertario
Abstract
El artículo analiza el pensamiento libertario del filósofo Javier Sádaba a través de su libro "Porque soy libertario". Pretende también realizar una revisión somera de su obra bajo el prisma de dicho pensamiento.
Full text
«FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», nº 18 (2020), pp. 109-121. ISSN 1132-3329 EL PENSAMIENTO LIBERTARIO DE JAVIER SÁDABA A TRAVÉS DE SU LIBRO PORQUE SOY LIBERTARIO THE LIBERTARIAN THOUGHT OF JAVIER SÁDABA THROUGH HIS BOOK POR QUÉ SOY LIBERTARIO MARÍA DEL OLMO IBÁÑEZ Grupo de investigación Humanismo-Europa. UA delolmo[email protected] RESUMEN: El artículo analiza el pensamiento libertario del filósofo Javier Sádaba a través de su libro "Porque soy libertario". Pretende también realizar una revisión somera de su obra bajo el prisma de dicho pensamiento. PALABRAS CLAVE : Pensamiento liberatario; Filosofía española contemporánea; Javier Sádaba Garay. ABSTRACT: The article analyzes the libertarian thought of the philosopher Javier Sádaba through his book "Because I am a libertarian." It also intends to make a brief review of his work under the prism of that thought. KEYWORDS: Libertarian thought; Contemporary Spanish philosophy; Javier Sádaba Garay. Javier Sádaba Garay Libros de la Catarata, 2019 96 pág. ISBN 978-84-9097-890-0
110 EL PENSAMIENTO LIBERTARIO DE J. SÁDABA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 Que el filósofo Javier Sádaba es libertario no se le escapa a nadie que lo haya seguido con cierto interés a lo largo del tiempo que lleva exponiendo su pensamiento en libros, artículos y medios de comunicación. Rara es una intervención suya, del tipo que sea, en la que en algún momento no haga una declaración, más o menos explícita, de su militancia política. Se puede recordar, por ejemplo, la reseña de un libro sobre derechos humanos: “Algunos elegimos el socialismo libertario, utopía irrealizable en ciertas voces, ideal a alcanzar, con la oportuna motivación, en los que confiamos en la parte más gozosamente exigente del ser humano.”1 O citar una entrevista para la Revista “Filosofía Hoy” en la que habló de su admirado N. Chomsky, con quien comparte ideología. A la pregunta “¿Qué pensador actual le interesa particularmente y por qué?”, Sádaba respondía: “De modo especial, Chomsky. Es un científico serio, un filósofo no menos serio y aspira a uno de mis ideales: el socialismo libertario”.2 Desde luego él había ido definiendo el socialismo libertario en sus textos de filosofía política. Sin embargo, lo cierto es que Sádaba no había escrito hasta ahora ningún libro dedicado al pensamiento libertario con carácter monográfico y que muchos lo echábamos de menos. Es por ello que resulta especialmente interesante este volumen que acaba de aparecer, y con el que nos ha sorprendido. En él reflexiona, por fin, extensamente sobre lo libertario y, tras leerlo, pienso que lo hace de un modo indudablemente singular. Estoy segura de que quien se adentre en su lectura acabará coincidiendo conmigo, pero argumento brevemente mi parecer a continuación. El filósofo ha estructurado el libro en ocho capítulos y los títulos que ha elegido para cada uno de ellos, ya revelan algunos rasgos de la singularidad de esta obra: I. Anarquistas, pensamiento libertario, librepensadores y libertinos II. Pensamiento libertario estado y nación III. Pensamiento libertario y filosofía IV. Pensamiento libertario y religión V. Pensamiento libertario y vida cotidiana VI. Pensamiento libertario y mal VII. Pensamiento libertario e Inteligencia Artificial VIII. Pensamiento libertario amor y humor 1 J. Sádaba (2014), Javier. 2 Revista Filosofía Hoy
MARÍA DEL OLMO IBÁÑEZ 111 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 De la simple lectura de los epígrafes, y dejando a un lado el primer capítulo conceptual, creo que llama la atención algún dato reseñable: el primero de ellos es que Sádaba ha vinculado en este nuevo texto suyo el pensamiento libertario a las grandes cuestiones sobre las que ha estado trabajando toda su vida: el espinoso tema del nacionalismo, la filosofía, la religión, la vida cotidiana, el amor y el humor. A estas cuestiones les añade el asunto del “mal” provocando cierto asombro y, por ello, merecerá atención este nuevo elemento. Por último, le suma un tema que le viene preocupando más recientemente, aunque solo es un apéndice más de su largo y conocido interés por la ciencia: la Inteligencia Artificial. Junto a ella se sitúa el conjunto inmenso del desarrollo científico de los últimos años, que a él le tiene atrapado. Lo que se puede deducir claramente de esta primera hojeada al libro es que el filósofo ha decidido, en este momento, exponernos bajo la luz de su ideología política su pensamiento que se ha caracterizado por una amplísima perspectiva de intereses. Una ideología política que no se deja constreñir por el reducido, tópico y agotado ámbito del par democracia y partidos. Un pensamiento traspasado definitivamente por el foco del credo político con el que él ha caminado y camina por la vida. Voy a dedicar unas líneas a cada uno de estos capítulos: Sobre el primero de ellos “Anarquistas, pensamiento libertario, librepensadores y libertinos”, como ya he señalado es el capítulo más conceptual y por tanto más extenso y más denso. En él Sádaba pretende describir y acotar muy bien el campo sobre el que quiere hablar individualizándolo con respecto al resto de conceptos relacionados con él semánticamente o por pertenecer a la misma familiar de palabras al compartir raíz. Para ello, (siguiendo su particular método: etimología, historia, paternidades, estudiosos diversos, anécdotas curiosas, contrarios u objeciones y presente), comienza definiendo términos que a menudo se mezclan en una masa de varias tonalidades, espesa y confusa, en la que resulta difícil saber qué es cada cosa. Sus descripciones suelen ser originales e impactantes, como muestra lo que dice sobre el anarquismo: El anarquismo baña poéticamente la vida política como no lo ha hecho nunca otra corriente de pensamiento político. Y, como pocos, nos ha enseñado que es mejor confundirse solo que autoengañarse por copiar a los demás. El
112 EL PENSAMIENTO LIBERTARIO DE J. SÁDABA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 anarquismo, además, tiene muchas alas, no se ciñe a una idea, no se puede encogerlo, atraparlo, delimitarlo, conquistarlo. A continuación separa y clarifica las voces liberal (económico-político), libertariano y libertario propensas al equívoco más característico del totum revolutum. La objeción mayor que Sádaba realiza al liberalismo tiene que ver con la ausencia de una justicia distributiva. Para él el libertariano es “una simple versión del liberalismo que reniega de control alguno en el juego de los intercambios comerciales”. Bien mapeado el territorio puede adentrase ya en el pensamiento libertario, que es el que realmente le importa y lo hace para empezar de la mano de Chomsky (también de T. Szacs), como no podría ser de otro modo tratándose de Sádaba. Y es que, además, las fuentes en las que bebió, el posicionamiento político que ha tomado y las críticas que Chomsky ha recibido a lo largo de su vida por su postura pública le sirven a Sádaba de herramientas excepcionales para esbozar un primer contorno de lo libertario. Resulta especialmente curioso en este punto la referencia a su “judaísmo revolucionario”. Para delimitar el difuso concepto de librepensamiento utiliza la figura de Russell, que para Sádaba encarna bien este perfil, junto con la contraposición que establece librepensamiento-dogmatismo. Este último es el “enemigo a batir” por los librepensadores. Lo libertino sostiene que está asociado a personajes como el Marqués de Sade o Casanova y que se suele confundir, por desgracia, con el hedonismo “escuela filosófica que defiende el citado placer como el máximo objetivo moral”. Por el contrario, para él el libertino “se excede, transgrede las normas, produce escándalo y se le mira como contraejemplo de una vida acorde con lo que se suele entender, no con mucha precisión, por dignidad humana.” A partir de aquí Sádaba puede acometer la tarea de emparejar el pensamiento libertario que defiende con cada una de sus preocupaciones reflexivas. El segundo capítulo lo ha titulado “Pensamiento libertario estado y nación”. Sádaba ha trabajado la cuestión del nacionalismo casi desde el comienzo de su reflexión y es necesario citar su libro “Euskadi. Nacionalismo e izquierdas”3. Se ha cansado de repetir a lo largo de los años el carácter oscuro, complejo y difuso del concepto de nación aludiendo a Durkheim o Weber, entre otros muchos. En uno de sus últimos artículos en prensa sobre el tema titulado “Nacional.ismo” decía: 3 J. Sádaba (1998)
MARÍA DEL OLMO IBÁÑEZ 113 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 Nación para Durkheim o Weber era una idea oscura. Totalmente de acuerdo. Yo añadiría, además, que ilimitable. Porque a no ser que se crea que un Demiurgo trazó los límites de lo que es una Nación, esta se desparrama y se escapa por todos los lados.4 En la introducción a este capítulo destaca el espacio que le dedica a los orígenes del problema sobre el concepto nación. Lo hace a través del estudio de O. Bauer sobre “nación cultural” y nación con proyecto, además de la contraposición que establece entre nación y Estado. Es en esa contraposición donde Sádaba coloca el concepto fundamental que le interesa para insertar el pensamiento libertario en este asunto: el derecho de Autodeterminación, que él ha defendido toda su vida. Creo que es digno de resaltar la vinculación que establece entre la autodeterminación individual y la Autodeterminación de los pueblos “El Derecho de Autodeterminación de los pueblos, y que incluye la posibilidad de que cualquier parte se emancipe de cualquiera de los Estados existentes, debe comenzar por recordar que los individuos nos autodeterminados por ser libres.” La libertad individual está para Sádaba en la base de todo y sobre esta se sustentan el derecho y la dignidad: “Desde aquí podemos saber qué es lo libertario. Y desde aquí podemos saber cómo se forja un objetivo en el que la comunidad sea la que mande sin intermediarios o entidades superpuestas que aplastan o apagan una libertad”. Es entonces cuando define su opción por un socialismo libertario con dos rasgos fundamentales que dan cabida a la Autodeterminación: es antiautoritario y respeta el poder de los individuos. El tercer capítulo empareja “Pensamiento libertario y filosofía”. Esencialmente Sádaba defiende en él que la filosofía libertaria huiría de las tentación de alejarse del suelo que pisamos y se dedicaría a examinar el lenguaje, siguiendo a Wittgenstein, con dos objetivos: “saber qué es lo que podemos conocer y, sobre todo, que es lo que podemos y deberíamos hacer dentro de las cuatro paredes en las que estamos en el espacio y en el tiempo”. Para él la filosofía libertaria tendrá una función “aclaratoria” y su centro sería la ética. Aplica él mismo esa actividad aclaratoria de la filosofía y la emplea para hablar de la ética, deslindándola de la moral, subrayando su carácter universal y sustentándola, nuevamente, sobre la libertad. Desarrolla, siguiendo a Aristóteles, los tres elementos de la actividad 4 J. Sádaba (2017)
114 EL PENSAMIENTO LIBERTARIO DE J. SÁDABA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 “libre moral”: sujeto, medios y fines. Termina afirmando con él, que el fin último es la felicidad o la vida buena, que para un libertario consistirá en: Cumplir con las normas justas que nos hemos dado libremente los que vivimos en la comunidad que nos haya tocado en suerte o que nosotros hayamos elegidos. Y por otro, gozar de todos los placeres, naturales y sociales, que están a nuestro alrededor. Por supuesto, Sádaba previamente ha expuesto las fuerzas contrarias a este objetivo desde una ética libertaria: el Estado, dominado hoy por el poder financiero y ambos tienen a su disposición, como herramienta de control y coacción, a los medios de comunicación. En el cuarto capítulo habla de “Pensamiento libertario y religión”. Es difícil tratar de imaginar de partida cómo Sádaba puede emparentar estos dos conceptos ya que los “maestros de la sospecha” nos definieron bien la esencia, el uso y la actividad de la religión. Por otro lado la idea de Dios parece que casa mal con el anarquismo, él mismo lo reconoce al comenzar su texto: “Si hay algo común en el anarquismo en general es la rotunda negación de Dios. Ni Dios ni Estado es uno de sus slogans más socorrido y conocido”. La Filosofía de la Religión ha sido uno de los ejes principales del pensamiento de Sádaba. Su producción bibliográfica en este terreno es inmensa, por ello en la primera parte del capítulo alude a la sociobiología para señalar el carácter “embridador” de las religiones. Habla, desde sus conocimientos en neurociencia, de la localización en el cerebro de experiencia religiosa y realiza una síntesis casi imposible de las distintas religiones que pueblan el mundo y su historia. Destaca la parte que le dedica a la Masonería. Aterrizando en el presente en la vinculación que establece entre ambos conceptos se inscribe su defensa radical del Estado laico y toda la crítica que realiza a la presencia “política” de la Iglesia católica en nuestro país. Distingue entre creencia religiosa, religiosidad y mística natural y esta distinción lleva implícita una graduación en el carácter coactivo de la religión. Acaba Sádaba defendiendo con Wittgenstein y Tugendhat la posibilidad de una “religión adverbial”, que describe así: Uno puede rodear los hechos con cierta magia, con cierta admiración, con asombro, con aura, con una combinación de miedo y amor a lo desconocido. Es semejante a lo que otro filósofo, Tugendhat, denomina mística natural. Se trata de olvidar todo lo posible nuestro yo en medio de un universo que no es ni padre ni madre, que no sabemos lo que es.
MARÍA DEL OLMO IBÁÑEZ 115 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 “Pensamiento libertario y vida cotidiana” es el título del capítulo quinto. Creo que se puede afirmar sin error, que en nuestro país Sádaba es el filósofo de la vida cotidiana,5 desde el éxito de su libro inaugural sobre el tema “Saber Vivir”. En el comienzo del capítulo habla precisamente de la génesis reciente del concepto de vida cotidiana, de su relación con los libros de autoayuda para la búsqueda de la felicidad y de su vinculación con el “carpe diem”. Pero a continuación dice que hay otra forma posible de afrontar la vida cotidiana y es la forma que él ya proponía en su libro “Saber Vivir”. Un libro que apareció nada más acabar la llamada Transición española y que afrontaba el dilema político, lo que Sádaba llama “traducción política de esa vida cotidiana”: “reforma o revolución”. Es decir, la disyuntiva entre una vida de inercia y despreocupación social o una vida comprometida con la sociedad a la que se pertenece. En parecidos términos vuelve a hablar ahora de la vida cotidiana. Es preciso señalar para empezar que es en este apartado donde parece que el pensamiento libertario se hace más militante. Sádaba, tras esa introducción, afirma para entrar de lleno en la relación pensamiento libertario - vida cotidiana, que: “Si hay una conducta que es incompatible con la actitud libertaria es la ceremonial.” Es una afirmación que casi nos desconcierta, pero explica enseguida que se refiere a la ceremonia de sumisión (al rey, al Estado, etc.). Siguiendo el rastro de la sumisión llega por fin a dónde quería llegar en esos brillantes ejercicios argumentativos del Sádaba “escolástico”. Su destino era el concepto clave de este capítulo: la igualdad. Con la noción de igualdad va a practicar de nuevo la actividad aclaratoria que atribuye a la filosofía. Distingue Sádaba aquí entre naturaleza y cultura (una distinción esencial en todos sus trabajos). Se vuelve, así, hacia la evolución para afirmar que la naturaleza no es nada igualitaria y aprovecha para refutar una vez más el principio antropocéntrico, que nos sitúa en el centro del universo. Se adentra en el campo de la cultura, que será quien concede posibilidad al concepto. Aunque señala que la primera parte de la historia de la cultura humana se caracterizó más por la desigualdad que por lo contrario y se refiere en ese punto también a la responsabilidad de las religiones. Una vez que se ha situado en las conquistas igualitarias tras la Revolución Francesa, Sádaba contrapone ultraliberalismo, liberalismo y pensamiento libertario con respecto 5 J. Sádaba (1984)
116 EL PENSAMIENTO LIBERTARIO DE J. SÁDABA «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 a su forma de integrar la igualdad y acaba exponiendo la fórmula igualitaria del libertario: El libertario tratará de rellenar toda la potencia de cada uno de los individuos y no se quedará en la seca y abstracta individualidad. Porque no es un libertariano. Este solo desea que el Estado esté al servicio de sus privilegios. Suplirá lo que falta, pondrá límites a lo que sobre y unirá la igualdad con la justicia y con la libertad. Concluye el capítulo afirmando que esta fórmula exige un cambio político y económico incompatible con la “fiesta de la democracia” en la que el ciudadano se contenta con ir a votar cada cuatro años como un rito y desentenderse del mundo entre elecciones. La propuesta libertaria de Sádaba pide participar peleona y activamente en el día a día: “manifestarse, resistir a las mentiras que vuelan como las águilas, en las reuniones pertinentes de vecinos y no vecinos, colaborando con los movimientos afines y todo aquello que pueda favorecer una causa que nos parece justa.” El sexto capítulo corresponde a la desconcertante pareja: “Pensamiento libertario y mal”. Lo comienza exponiendo un inmenso abanico antropológico sobre el mal y su presencia en nuestras vidas, más alguna disputa filosófica. Pero le interesa introducir desde el principio una clasificación importante en el concepto del mal: “el mal de la pena y el mal de la culpa”, y en esta diferenciación está implícita la presencia o no de la voluntad humana. El segundo, el mal de la culpa es en el mal humano y en el que interviene nuestra voluntad. El otro es el mal propio de los accidentes de la naturaleza, imponderables ante los que nada podemos hacer. Sádaba realiza un repaso a la historia humana para hacernos ver cómo está impregnada del mal que nos infringimos unos a otros y, seguidamente, expone también el tratamiento que la historia de la filosofía y la teodicea le han dado al mal. En este punto se hace presente el dilema de Eutifrón, un dilema al que le ha dado vueltas en muchos lugares de su obra6 llegando a la conclusión de que es insoluble. A continuación hace un recorrido por la historia de las religiones, un territorio que domina y que es especialmente fecundo para el desarrollo de la confrontación entre el bien y el mal. Sádaba admira los relatos fundacionales de las religiones, pero incluye, además, el impactante mito del vampiro 6 Por ejemplo y más recientemente en su libro: J. Sádaba (2016)
MARÍA DEL OLMO IBÁÑEZ 117 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 18, 2020, pp. 109-121. ISSN: 1132-3329 que le interesa. Y se extiende con las herejías, prestándole mayor atención al gnosticismo, culto por el que también siente predilección. Tras toda esta inmensa perspectiva que nos ha dibujado, encara ya el par pensamiento libertario y mal. Empieza recordando que va a tratar del “mal de males” que es propio de esa voluntad humana de la que nos ha hablado. Es el mal más terrible tal y como él lo describe: “el mal por el mal, el que huye de cualquier explicación, el que oscurece lo oscuro, el que estando presente se hace invisible, el que todo lo contagia y no hay medicina que nos libere de su viral propagación. Es, en suma, la sed de mal”. Pero añade que esa descripción tan espeluznante tiene una encarnación real: “es el Poder, el Poder por el Poder”. Y es ahora cuando nos ha desvelado el nexo de unión entre pensamiento libertario y el mal con un truco casi de magia: “Y el libertario ha de luchar, antes de nada, contra el Poder.” El filósofo no se quiere olvidar de que la mayor reivindicación del libertario es “la suprema libertad”. Por eso acaba planteando las tres opciones que hay en la lucha contra el poder y señalando que una de ellas puede caer en el uso del mismo mal que emplea el poder al que se quiere combatir. El capítulo siete se llama “Pensamiento libertario e Inteligencia Artificial”. En este caso quisiera hacer dos consideraciones previas, que me parecen importantes, antes de hablar del contenido del capítulo. La primera de ellas es que hasta ahora el texto tenía una cierta condición de intemporalidad relacionada con el hecho en sí de ser hombre en cualquier tiempo, por explicarlo de alguna forma. Sin embargo, en esta parte Sádaba nos coloca el pensamiento libertario en lo más propio del siglo XXI y en ese concreto espacio temporal. La segunda es que aquí Sádaba se transforma radicalmente en el filósofo de la ciencia, que también es, y desde ahí nos va a hablar.7 Quien conoce en detalle su obra sabe la extensión y el tiempo que le ha dedicado al ámbito de la ciencia, el estudio riguroso que lleva detrás y, también que para él el filósofo de hoy si no mira a la ciencia no está haciendo filosofía. Comienza su texto informándonos de que en esta ocasión quiere seguir el rastro de Tomás de Aquino y exponer, en primer lugar las objeciones al asunto. Las objeciones que plantea son tres: la primera le lleva a volver la vista al ludismo del siglo XIX y su combate contra la máquina como usurpadora de puestos de trabajo. Sádaba habla de los neoluditas de nuestra época y dice que estos luchan 7 Del Sádaba filósofo de la ciencia he hablado extensamente en mi libro: M. del Olmo (2018)