Curiosidades antiguas sevillanas : estudios arqueológicos
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CURIOSIDADES ANTIGUAS SEVILLANAS ESTUDIOS ARQUEOLÓGICOS POR JOSÉ GESTOSO YPEREZ. E3 PROPIEDAD. (Tirada de 100 ejemplares.) SEVILLA. En la oficina del periódico £l Universal.
6-M ei>S3 CURIOSIDADES ANTIGUAS SEVILLANAS tESTUDIOS ARQUEOLÓGICOS POR JOSÉ GESTOSO YJEREZ. SEVILLA. En la oficina del periódico JSlJJniversal 1885-PONACion MOHTOTt
AL' SR, D. FERNANDO BELMONTE YCLEMENTE. Debí ri V. desde mis primeros pasos en estas aficiones, muy provechosos consejos yútilísimas enseñanzas'. Elúnico medio con quepuedo corresponder ásu buena amistad es haciendo público el testimonio de mi reconocimiento, complaciéndome en que haya llegado ya esta ocasión. Sírvase V.,pues, de aceptar la dedicatoria de este li-- hro,pobrisimo como mío, peroque dlo ménos le acreditará los buenos deseos de su afimo., .•*'i ¿José Jjestoso yJ^erez.
10 sino también para todo amante de las pátrias glorias: no dudamos, pues, que nuestros lectores verán con gusto la descripción que de la primitiva cabeza del Rey don Pedro, colocada en la calle del Candilejo hasta los años de 1630, se hace en un manuscrito que se custodia en la Biblioteca Colombina (1). Creemos ser los primeros en publicarla (11), ycreemos que es de alguna importancia, pues si el hecho tan conocido que dió lugar ála tradición no tuvo hasta aquí fuerza de verdad histórica, puede tenerla por la razón de existir la cabeza del referido Rey colocada en el sitio (I) Tomo de Varios en su mayor parte M.M. S.S. En la portada se lee: Memorias Históricas Sevillanas, recogidas en este tomo primero para la librería del Dr. D. Ambrosio de la Cuesta ySaavedra, canónigo de la Santa Iglesia de Sevilla. (II) En una .nota de D. Eugenio de Llaguno y Amiróla ála Crónica del Rey D. Pedro, edición de Sancha, se hace alguna indicación ligerísima acerca de este particular al hablar de la estátua orante del Rey en su sepulcro de Santo Domingo el Real de Madrid, pero dice sólo que era de barro ypintada, refiriéndose áArgote. Además hemos procurado informarnos do algunas personas eruditas que se ocupan en inquirir noticias acerca de nuestras antiguallas, consultando al efecto con el reputado escritor Sr. D. Joaquín Guichot, quien lealmente nos ha manifestado que desconocía la existencia de la primitiva cabeza, yque estimaba como muy difícil hallar datos acerca de su historia.
de la actual, casi áraíz de su mismo siglo. Veamos lo que asienta el autor anónimo del manuscrito intitulado «Algunas noticias que ay en Seuilla dél Rey Don Pedro, de que se hace memoria por tradición enella.» Dice así: «Don Pedro de Pereda Jurado desta ciudad cuyas eran las casas donde está puesta la cabeza que las heredó del Jurado Pereda su padre yen ellas sucedieron los hijos del dicho Don Juan de Pereda me dixo: que amenazando ruina la pared de la casa donde estaba puesta esta cabeza, ysiendo necesario el reedificarla, su padre como Jurado desta ciudad, dió cuenta de la obra que se auia de hazer en el Cabildo para que por su acuerdo se mandase lo que se auia de executar. Yla Ciudad acordó que se hiciese una efigie de piedra, que representase la persona del Rey Don Pedro, en traje éinsignias reales, yque se pusiesen las armas de Castilla yLeón en un escudo ácosta de la Ciudad, yse colocase en vn nicho en el mesrno sitio donde la cabeza estaba, porque esta memoria no se perdiese, yse puso en execucion, loque la Ciudad mandó, colocando en vn nicho el bulto del Rey de medio cuerpo, como oy se vée. Yassi mesmo me refirió que siendo él muchacho, v‘ió que aquel eruditíssimo Príncipe el excelentísimo señor don Fernando Enrriqucz de Ribera Duque de Alcalá, llegó vn dia ásu casa buscando ásu Padre, á quien preguntó: que se auia hecho aquella antigua
cabeza que allí estaba? yel Padre le respondió que en algún rincón de la casa estaría yla hizo luego buscar, yla hallaron en vn sótano de donde se sacó yla dió al Duque, que la recibió con mucha estimación y le dió los agradecimientos por el hallasgo; yla puso en su coche yse la llebo: yque decía el Duque: que tenia aquella cabeza por verdadera efigie del Rey Don Pedro ómuy parecida. Yrepitiendo las señas de la cabeza dezia, que juzgaba era de barro cocida ypintada con el pelo corto, que solo le cubría el cuello cortado al rededor, ycercenado por la frente, como entonces se vsaba, sin bigotes ni barbas, el rostro algo abultado, yen la cabeza vn bonete redondo traje de aquel tiempo yque asistiendo ásu padre este dia vió lo que refería. Esta cabeza (sin duda) puso el Duque en su librería óen otra parte de su casa, que enrriqueció con muchas memorias ypiedras yestatuas antiguas ypor el poco cuidado de los Alcaydes de su pa-, lacio yfalta de estimación yaprecio de las cosas deste género, se an desparecido muchas antiguallas que se guardaban en la pieza que tenia destinada el Duque para los libros, ópuestas en diferentes sitios de su casa, entre las cuales padeció esta el propio naufragio.» D. Pablo Espinosa de los Monteros, en la II parte de la Historia yGrandezas de la gran ciudad de Sevilla, al fólio 52, habla también de la renovación de la cabeza ydice: «y por memoria dcste caso man-
—i3 — dó poner en aquella esquina en una concavidad, su cabeza, hecha de piedra (r) la cual se renovó pocos anos d,yse puso en lugar della el medio cuerpo que oyestá.» Hemos encontrado la fecha segura en que se quitó la primitiva cabeza áque nos referimos, como puede comprobarse por las siguientes palabras de 1}- francisco Fernandez Bertrand (n), al tratar dicho autor de la tradicional silla en que se dice que administraba justicia el Rey D. Pedro, añade: «de este linaje de desgracias fué la pérdida de la cabeza de mármol (m) de este Monarca, cuyo origen para conservación de la tradición, aunque parezca cuento, la pondré aquí Refiere el hecho del Candilejo yconhnúa: «que el Rey, en la forma que pudo, mandó poner en la esquina del sitio, una cabeza de mármol, retrato suyo, que vimos hasta nuestros tiempos,de hermosísimo rostro, dando admiración álos curio- Sos Avrá diez ódoce años que un Veinticuatro persuadió al Cabildo desta Ciudad que quitando de allí (i) Espinosa no tuvo ocasión como D. Juan de Pereda de ver yexaminar tan de cerca la dicha cabeza: no es extraño, pues, que se equivocára. (n) Comprobación de la piedra sepulcral del venerable Honorato sucesor del glorioso Dr. San Isidro, Arzobispo de la Sta. Iglesia Cathedral yMetropolitana de Sevilla, etc.—Sevilla: Francisco Lyra, 1630. (ni) Puede repetirse acerca de estas palabras lo dicho en la nota 1/ que antecede.
—14 — aquella cabeza se pusiese un medio cuerpo de Rey (como se hizo) de diferentísimo rostro, perdiendo tal antigüedad yvariando la circunstancia de la historia en suceso tan notable.» No es posible dudar del hecho de haber existido la cabeza del Rey en la calle del Candilejo, pues además de asegurarlo así la tradición, lo vemos corroborar por el autor anónimo del manuscrito áquien dijo don Juan de Pereda: «que asistiendo ásu padre este día vió lo que refería,» yademás por las palabras de Espinosa, yde F. Bertrand. Esto sentado, se nos ocurre el siguiente razonamiento. Según Ortiz de Zúñiga acaeció el hecho que dió lugar áque se colocára la cabeza del Rey uno de los dias del año 1354; desde esta época hasta los en que publicaron sus libros los citados autores (i 63o) van trascurridos dos siglos escasos; no repugna ála buena lógica que este tiempo hubiera permanecido la primitiva cabeza, yque ya por su mal estado, como parecen probarlo las mismas palabras de Pereda al referir que se halló en un sótano , ya porque la Ciudad quisiera representarlo más autorizadamente en traje éinsignias reales,se acordase la colocación de la existente. Desapareció, pues, la primitiva cabeza por los años 1618-20, como lo indican las frases del segundo escritor citado: «Avrá diez ódoce añ°s»Su folleto de la piedra sepulcral de Honora- to, vió la pública luz en 1630, como dejamos dicho. Se observa muy comunmente que los monumentos
—i5 — públicos, como estatuas, inscripciones, etc., que se colocaron en dias pasados para perpetuar algún acontecimiento, permanecen por lo general en sus respectivos lugares, bien hasta que se destruyen ó porque pasado algún tiempo desaparece el aprecio Que de ellos se hizo. ' _ Según nuestro juicio, entendemos que no es posiblc dudar, después de las anteriores citas, de que existió la cabeza del Rey en Ja calle del Candilejo hasta los años 1618-20 en que tuvo lugar la colocación de la existente, ypara probar de una vez que Quizá el Duque de Alcalá no se equivocaza en tener - por verdadero retrato de D. Pedro, fijémonos en Iadescripción de Pereda yveremos cuán al vivo está representado en ella un personaje de los siglos XIV óXV: «¿Vpelo corto quedólo le cubría el cuello cortado alrededor yeercenado por la frente,como e,/tónces se usaba,sin bigotes ni barbas,el rostro algo ocultado (1) yen la cabeza un bonete redondo.» Bastan estas ligeras indicaciones para no dudar que la cabeza rcpresentaba la de un varón perteneciente áuno de estos dos siglos; pues ya en el siguiente comenzó á (0 Dice Ayala: «É fué el Rey D. Pedro asaz ande de cuerpo,éblanco, érubio, éceceaba un poco en la fabla. Era muy cazador de aves, fué muy soudor de trabajos. Era muy temprado, ébien acosumbrado en el comer ybeber. Dormía poco, éamó ln ucho mujeres. Fué muy trabajador en guerra,» etc.
—i6 — decaer esta costumbre del cabello cortado alrededor del cuello ycorcenado por la /rente,así como se ésten* dio el uso de las barbas. De lo dicho deduciremos que, óse colocó en el mismo reinado de D. Pedro óen los sucesivos comprendidos hasta el siglo XVI, yen tal caso, será también razonable creer que si el hecho en que se funda la tradición no fue cierto, ¿cómo entóneos colocaron su cabeza en ios cuatro cantillos? Nada más diremos por ahora acerca de esta veneranda antigualla; nuestro interés por todo lo que se relaciona con este bizarro Monarca nos ha impulsado áescribir estos renglones, levísimo grano de arena que allegamos al hermoso pedestal que se comienza hoy álevantar ásu memoria. 1ocaba ánuestro siglo llevar ácabo la noble empresa de rehabilitar Ja figura histórica do este gran Rey. Muchos yeruditísimos escritos se han dado ála estampa por doctas plumas, ysu recuerdo, oscurecido hasta nuestros dias por la impotente saña de sus detractores, va mostrándose cada vez más claro y distinto, al mismo tiempo que se ennegrecen los de aquellos grandes desleales, de aquellos traidores perdonados, yde aquellos miserables enemigos, viles sicarios del fratricida de Montiel. / I
DESCUBRIMIENTO DE UNA ANTIGUA PINTURA EN LA IGLESIA DE S. JULIAN, DE ESTA CIUDAD, YNOTICIA DE SU AUTOR. ÁL ~v- '* ^ i Grandes esfuerzos han venido haciendo desde algún tiempo los amantes de nuestras glorias artísticas yespecialmente se afanan los doctos por esclarecer los 0n’genes de la antigua Escuela sevillana de pintura>debiendo al trascurso do los siglos, que en parte continúe envuelta en densas sombras. Desde que el diligentísimo envestigador Cean Bermudez se ocupó en sus diferentes escritos de tan im - Portante trabajo, hastanuestros dias, todas las disquisiciones ypesquisas hechas han resultado ineficaces ypocos datos han podido hallarse que aumentar nlos atesorados por él. Convienen críticos éhistoriadores en señalar como el primer maestro de la Escuela hispalense áJuan 3
:8 Sánchez de Castro, áquien el erudito escritor citado, en su «Carta sobre el estilo ygusto de la pintura sevillana,» califica con el título de Patriarca. Antes de él ninguna noticia ni el menor rastro se halla que pueda darnos luz para venir en conocimien- to de quién fuera el artista que le precedió, yen las escasas obras ejecutadas anteriormente como las interesantísimas pinturas murales de San Isidoro del Campo, no hay el menor rastro que pueda descubrirnos ásu autor. Antes del citado Sánchez de Castro ninguna noticia se halla que pueda darnos luz yaun de éste mismo ignorase la fecha ylugar de su nacimiento, quiénes fueran sus maestros ylos hechos más culminantes de su vida. De sus discípulos encontramos ligera re- | seña así como de las obras que ejecutaron. El tiempo, la ambición de poderoso magnate por adquirir valiosas joyas ymás que nada la ignorancia, el más duro de todos los azotes de nuestras glorias artísticas, han hecho desaparecer las principales obras del eximio Patriarca. El juicio del docto Cean Bermudez se fundó necesariamente en las conservadas hasta su tiempo y, si atendiendo áellas, le concedieron elevado puesto en la historia artística, sube éste infinitamente ámayor altura ccn el notabilísimo hallazgo de que vamos ádar cuenta. Ancho ydilatado campo se ofrece ála vista del
—i9— curioso ydel inteligente con el descubrimiento de esta obra, no sólo por la importancia que en sí tiene, sino por la luz clarísima que derrama sobre este Periodo tan oscuro de nuestra Escuela pictórica; llegándose también al conocimiento exacto de algún que otro problema de difícil explicación. No es para ios límites de esta noticia hacer el exámen detenido ni apuntar cada una de las útiles consideraciones y Provechosos resultados que pudieran deducirse de un detenido yrazonado estudio: vamos álimitarnos á narrar el hallazgo ydespués de descrita tan valiosa joya daremos áconocer su autor, ignorado hasta aquí, ya que ánosotros deparó la suerte la grata satisfacción de ser los primeros en descubrirlo. Existe en el muro del Evangelio, en la iglesia parroquial de San Julián, de esta ciudad, una puerta formada por tres arcos concéntricos de ladrillo, ojivales, sin más ornamentación que unos boceles, la cual sirvió en lo antiguo de entrada al templo. Es tradición seguida por todos los escritores antiguos sevillanos que por los años de 1380 habiendo llegado á esta ciudad Mosen Per de Tous con la imagen de la Virgen de la Hiniesta, al donarla áesta iglesia, en la que erigió para su culto digna capilla, de la cual aún Se c°uservan preciosas muestras, hizo su entrada la referida efigie por la puerta de que hablamos, tapiándose luego, ora fuese para conmemorar este señalado hecho, ya por exigirlo así otras necesidades.
SEVILLA ROMANA. Lejos de nuestro ánimo al escribir estos renglones trazar un cuadro histórico óartístico de nuestra c>udad durante el dominio de las armas romanas; tampoco hemos de detenernos en ir señalando los mi1 sucesos de grandísima importancia acaecidos en e^a,ni hablaremos, por último, de las infinitas portentosas fábricas con que los Césares la enriquecier°u: nos proponemos sólo, detenernos en el exámen de un notable monumento, bastante él de por sí para Probar el auge yexplendor alcanzado en aquellas centurias por la Colonia romulense. Desde los tiempos del docto Rodrigo Caro—que Segun nuestras noticias, fué el primer investigador, — hasta el presente, ningún dato hemos podido hallar en ^0s historiadores sevillanos que esclarezca alguna de las truchas aventuradas hipótesis formuladas porlos aman-
tes de la antigüedad, respecto al origen ydestino con que fué construido el ediicio subterráneo, existente en la casa de la calle Abades señalada con el número 16. Ysi alguno de lo,s referidos escritores anduvieron vacilantes ymedrosos en fijar el período histórico en que fué levantado, yno falta quien lo asigne también a’ musulmán; hoy nos atrevemos á clc.siñcr lo como notable manifestación del arte romano. Más, antes de en'irar en el exámen del segundo de los puntos arriba indicados, justo será que digamos dos palabras acerca de la disposición yestado en que se halla rlas partes que existen actua’mente, para que el cumoso pueda forma” siquiera sea, una ligerísima idea de esta magnífica fábrica. En la primera edición de los Arales sevillanos de Ortiz de Zúñiga, Era 1336, año 1293, el diligente y sábio escritor traslada una minuciosa descripción de estos subterráneos, debida ála erudita pluma de Caro, cuyo manuscrito se conservaba en la librería del Colegio de San Alberto de esta ciudad, que más adelante tendremos ocasión de comparar con la nuestra para mejor inteligencia del texto. En el año citado de 1293, dice Argote de Molina en un M. S., «cabauase para hacer cimientos áun edificio en Sevilla, en la calle Abades ydescubiéronse unos notables subterráneos, largas yprofundas cueuas de tortísima fábrica en casa de un canónigo
1£Q familiar del Arzobispo D. Sancho, que causaron notable admiración en la ciudad, porque lo curioso de algunos que quisieron escudriñar su profundidad, la bal órepartida en varios éintrincados callejones, formados de robustas bóuedas, en la que la crasitud del aire ymult'tud de morciélagos, impedían el paso «Cuando se descubrieron, se c~eyó ser las Escuelas de mágia diabólica, que tuvieron los moros; pero su 'fábrica más antigüedad supone en el sentir de Rodrigo Caro.» En efecto; el ilustre autor de la Corografía, los estima yjuzga como laberinto hecho ála manera del celebrado de Creta; opinión inadmisible hoy. Penetrando en el patio do la casa arriba citada, yen una de las habitaciones de la izquierda, se vé una puerta desdo la cual arranca una escalera con veintidós peldaños do ladrillo, divididos en dos descansos que conducen áuna rotonda casi frontera álos últimos esca'ones: ála distancia de 2mét-os se vé un pozo, Vahándose Ja superficie del agua con relación al terreno á2métros 25. El techo de esta pieza es de arco rebajado, construido de hormigón, con grandes cantos rodados yfragmentos de ladrillo. Los muros están interrumpidos con cinco entradas de galerías dc medio cañón, fabric das de la misma materia, así como su robustís'mo dovelaje. La primera 'enfada de estas cinco, ámano derecha, está obstruida áta distancia de 5métros 70. La correspondiente en el
—30 — lado izquierdo, termina en un fuerte muro asimismo de ladrillo, yla inmediata conduce áotra segunda rotonda, menor que la primera, midiendo esta galería 5metros 65. Hay en ella clatro entradas análogas álas anteriores; la de la izquierda, que mide 7me- tros termina en un enorme sillar, sujeto ála bóveda por su parte superior, que no descansa en el suelo, dejando un espacio próximamente de un métro. Una vez que se pasa por debajo do este monolito, descúbrese como ámanera de un entresuelo circular, formado también de hormigón, ybastante espacioso, en cuyo centro yen un anillo de ladrillos, converge una multitud de segmentos de arco que se apoyan en los muros, teniendo todos ellos grandes canales óbajantes para facilitar el descenso de las aguas. Llegados áeste punto tenemos que recurrir ála descripción de Caro. «El remate de estos arcos es un entresuelo que tiene una vara de cuerpo de argamasa ydebajo de él está otra capilla cuya labor es más tosca aún que las otras, podráse en su redondez volver una lanca de 12 palmos; su altura es de siete* Viene aquí su remate porque está impenetrable al curioso.» De esta segunda rotonda, ócapilla como llama el historiador, no puede verse nada actualmente por hallarse cegada. En la galería correspondiente aésta, del lado izquierdo, se vé otra piedra ósillar • como el ya citado, detrás del cual debe hallarse una
,-3i ~ construcción análoga ála ya descrita, pero que tam* bien se encuentra por completo obstruida. Por último, termina la bóveda que forma, por decirlo así, el eje de esta grande obra en un muro de ladrillo, en cuyos lados se muestran varias aberturas pequeñas cuadrangulares, construidas primorosamente ycuyo objeto es asimismo facilitar el descenso de las aguas. Muchos más pormenores podríamos citar que omitimos por no parecer difusos ypor los estrechos limites de que disponemos. Ahora preguntamos: ¿Ha sido esta fábrica en su origen también subterránea? Es posible que primitivamente no lo fuera tanto como lo está hoy. Hállase el piso sobre que se levanta á6metros 44 de profundidad en relación al suelo de la calle, si después de este dato, hecha la nivelación entre la casa de la calle Abades yla de los Mármoles, número 1, donde existen los tres colosales monolitos compañeros de las columnas que hoy vemos en la Alameda de Hércules, hallamos por única diferencia la de 0,38 entre dichas casas, ysi después consideramos el gran trozo que estos fustes tienen soterrado, contando además c°n las alturas de las bases yzócalos sobre que se levantára el templo de Diana óHércules, nos hallamos con una ligerísima diferencia de nivel inapreciable en estos casos. ¿Cuál fue el destino, preguntamos ahora, para * I
.“~2“ que se fabricó? Lo ignoramos. Sólo, sí, puede asegurarse que tuvo por objeto la conducción de agua, úotro uso que con éstas se relacione, inclinándonos ácreer que serían dependencias de algunas magníficas thermas. En el plano levantado para auxilio de nuestros estudios, vemos que una de las galerías de la cafe Abades sigue la dirección de la clie D. Remondo en sentido transversal yva precisamente ála casa eh que hoy se halla el Colegio de San Lea idro, donde hemos visto ámás de otros curiosos restos de cons-> trucciones al pareccr mudejares, un soberbio pozo de enormes propo-ciones yconstruido de igual manera que los descritos subterráneos. Tal vez fuera el depósito central de donde por medio de artificios óingenios, se surtieran las thermas. Nada más diremos por hoy acerca de esta singular ynotable fábrica, poco conocida al presente, y muy digna bajo todos aspectos de ser estudiada con la detención que merecen los antiguos monumentos que acreditan la grandeza de Sev”l¡
SEVILLA VISIGODA. Las injurias del tiempo yde los hombres han ido Paulatinamente destruyendo en esta ciudad las memorias de los monumentos cons.ruidos durante la dominación de los Atanagildos yRecaredos, yde fuellas suntuosas fábricas, así sagradas como profanas de que hace mención particularmente el docto y santo Isidoro en el inmortal libro de las Etimologías , COm°de otras que ha dado áconocer la diligencia yestudio de antiguos ymodernos escritores, nada resta al presente que sea robusto testimonio de su pasado esplendor ymagnificencia. No es posible dudar de la importancia de que gozó Sevilla en aquellos tiempos, pues que, según el decir de los árabes, era la mayor ymás importante ciudad de España, notabilí- Sl ma por sus monumentos, yademás cogsta por las actas del primer Concilio hispalense que éste se cele-
-34 - bró en la iglesia Sancta Hierusalem, la cual sería eminente basílica, fiel trasuunto de las ya construidas en Bizancio. Datos irrecusables tenemos hoy para afirmar también la existencia de cenobios ytemplos que se levantaron durante esc período histórico, pero de todos no queda más que la memoria. Esparcidos por esta ciudad, vénse aislados miembros arquitectónicos, restos esculturales yalgunos monumentos epigráficos, todos valiosos en alto grado para el estudio del estilo latino-bizantino. En ellos muéstrase evidentemente la unión de estos dos caracteres artísticos, ya por su forma yproporciones, como por sus rasgos decorativos, que ostentan, ora el sencillo funículo, ora las elegantes palmas, zig-zags, círculos enlazados ymil pormenores que los distinguen yseñalan, muy especialmente, de los demás diversos géneros de construir. La postración ydecadencia en que se vió sumido el arte romano en los tiempos de Constantino; la división de los dos imperios que formaron lazo entre el Oriente yOccidente; las íntimas relaciones que, áconsecuencia de estos hechos, los unieron, todo ello contribuyó considerablemente áque una vez confundidas las dos civilizaciones, latina ybizantina, se produjese el maravilloso templo de Santa Sofía, que ha inmortalizado los nombres de Isidoro de Mileto yAntemio de Tralles, y durante el reinado de Justiniano el baptisterio de San Juan ySan Vital, preciosísimas muestras de este esti-
—35 — lo que vemos reflejado más tarde en los monumentos españoles de la monarquía visidoda. Pórfidos ymalaquitas, polícromos mosáicos, brillantes combinaciones de fosei-fesá, y, finalmente, los más peregrinos adornos revisten los muros de aquellas ostentosas fábricas, apareciendo una nueva manifestación arquitectónica, cuyo conjunto ofrece particular ypropio carácter que los distingue de los géneros hasta entóneos empleados. Toledo yMérida poseen todavía copioso número de fragmentos, que reproducidos por la singular diligencia del señor don Manuel Assas los referentes ála primera de las citadas poblaciones, éilustrados los de la segunda por la docta pluma del señor don José Amador de los Ríos, han venido ácono- Cerse, merced á tan notables trabajos, las reliquias latino-bizantinas conservadas al presente, ycuya ordenada clasificación ignoraron los arqueólogos de anteriores centurias. Entre los restos arquitectónicos mas notables existentes en esta ciudad, citaremos duchos de los capiteles que sostienen las tablas vertíales de atahurique axaracado del gran alminar, *aGiralda, por la parte que mira al Pátio de los Naranjos, como asimismo los que sustentan la arquería horizontal que remata la soberbia fábrica, entre los que se advierten muchos cuya traza yórnala 3son análogos álos conservados en Toledo en el °spital de Santa Cruz yen muchos de los monu-
existen éstos, y, por ejemplo, vemos que entre la intrincada lacería árabe aparecen elementos ojivales ó del Renacimiento, entonces puede acertadamente hacerse dicha clasificación. No hay tampoco que tomar por basa la época en que se levantára el edificio donde se encuentra el techo, pues las diversas reparaciones hacen que muchas veces nos encontremos en monumentos del siglo XV obras de carpintería del XVIII. La gran influencia ejercida en las artes éindustrias por el vivificador aliento del Renacimiento, tuvo también que notarse muy ostensiblemente en partes decorativas tan principales, como son las techumbres de los edificios, yya en los comienzos del siglo XVI -empiezan áencontrarse peregrinas combinaciones del arte musulmán ydel clásico, importado de Italia, pudiéndose también citar notabilísimos ejemplares construidos solamente al gusto italiano yplateresco, entre los cuales recordamos álos inteligentes los ricos artesonados de las habitaciones de la planta principal del Alcázar, que datan de los tiempos de Cárlos Vyíelipell, uno en la parte baja* que hizo Juan de Simancas en 1534, el existente -en la casa , que fué de los Duques de Béjar (plaza de la Encarna" cion), los palacios de Medinaceli yAlba, yel que adorna la sala Capitular alta de la Casa Ayuntamien- to de esta ciudad. (1) (1) Acerca de esta soberbia techumbre hemos
-43- Un notable artífice, maestro de la carpintería de 0blanco,Diego López de Arenas, nos ha dejado interesante libro escrito por él, donde pueden encontrar los actuales carpinteros cuánto les sea convócente ynecesario para dar nueva existencia áeste Aportante ramo artístico-industrial. La miniosidad C>n que se hallan consignados en dicho libro los más ^significantes pormenores referentes ála construc- Clon de los techos, facilitaría el trabajo álos modern°s, que, valiéndose de tan experto guía, sin gran tra- ^aj° ysólo por las indicaciones del autor, podrían Uvantar las elegantes cúpulas de lacería, como los ri- C0S artesones planos. Como muestra de la claridad y encontrado el siguiente documento: «Antón Velazquez yMiguel Valles pintores de imaginería dezimos fipe en nosotros fué rematada la obra del dorado y P'ntura del cabildo alto en 88o ducados ymás 20 ducados que se nos dieron 'de todos los artesones de °s fondos que no eramos obligados ádorar ni esto- ar que fué en pro yaprovechamiento de la dicha obra Para quedar bien acabada ymeresce 80 ducado porn.Uo de oro nos llevó más de 32 ducados.—Itcn hercios un festón ála redonda que tampocos eramos Pagados áhazer que descubio el innovar de la cor- Xa si no se quitara no se veia ni descubría y aí> un friso que nos mandaron meter de azul ydes- Paos voluieron ámandar que hiziesemos un Romano ha °r°* ^0C*0cua^ans*clue eranios obligados á k cer como las demasías que en ello avernos fecho é en °hrado mefesce 2,000 ducados yantes mas que
—44 — detenimiento con que el citado Arenas escribió su tratado, vamos átrasladar aquí sus mismas palabras en lo referente ála manera de hacer los florones óracimosestalactíticos, que tan ricamente adornan las partes centrales de los techos, advirtiendo que él fué el inventor de este método, pues anteriormente se hacían de otro modo. Dice así: «Porque se forma en su caxa cuadrada yochauada, yallí Se le van clauando las piceas de sus adaraxas, siempre releuando, baxando ósubiendo más crespos ócolgantes, que toda esta licencia tienen los que saben jugar con los tnocárabes. Yo he hecho veinte yun razimos; los diez ynueve en la Iglesia y no menos. Yansi por V. S. fué mandada ver la dicha obra yla vio Antón Perez que fué veedor della el cual declaró estar buena conforme álas condiciones aunque no declaró sobre las demasías. Las cuales V. S. debe mandar ver yapreciar para que vistas por personas expertas V. S. nos lo mande gratificar pues lo merecemos yes nuestro trabajo ylo costeamos con nuestras haziendas álo menos V. S. sean servidos de nos mandar cumplir sobre nouecientos ducados que tenemos rescibidos ácumplimiento de 1,000 ducados que será la mitad del valor yprecio que toda la obra vale porque como tenemos dicho, vale dos mil ducados ycon esto nos contentamos porque tenemos mucha necesidad ylo demás remitimos áV. S. yen ello rescibiremos bien ymerce^* Antón Velazquez.—Miguel Valles. (No tiene fecha).
-45 — coro alto ysobre escalera de Santa Paula de esta ciudad, con diferentes armonías vnos de otros: otro de Portaceli yotro en la Iglesia Mayor de la villa do Mairena, ytodos los hago parejos por ámbas, de modo que no queden acubados, como hazian los anhguos, como lo he visto en el convento de Santa Paula en la armadura de la iglesia que desbaraté, y en la del convento de Santa María de las Dueñas y en Santo Domingo de Portaceli, porque los razimos que antiguamente se hazian, aunque no son de mucho Peso, cuaxados con clauitos muy pequeños ycon cotaj quedando pendientes de la almi^ate, que áno ester el estriuado muy bueno, su peso yel de la almi$a- to que es mucho, hazen notable daño ála armadura, yaunque son grandes algunos de los que yo he hecho, yhaciéndolos sólidos ymacizos, después de Puestos en el almigate les echo dos arcos de hierro bien clauados en el ñauo, con sus garras yenclauadas cu su hilera, de donde les hago que estén pendientes, yes gran descanso para éi alinéate, porque en lugar do pesar házia abaxo, no tan solamente no pesa, pero está descansando el almigate sobre él por respecto do los colgantes de hierro que le echo, de donde todo ello está pendiente, yasí viene ápesar más vn cubo, siendo releuado, que un razimo colgante siendo macizo, ydeste modo los razimos ni los almicates que Jos heuan, no pueden hazer daño al estriuado P°restar descansando el almújate sobre el razimo,
porque yo los considero como los botones del sayo.® De igual modo que describe la manera de construir de estos adornos, lo hace con las demás partes, y yaque poseemos tan útilísimo tratado, de sentir es que los actuales maestros de la carpintería no aprovechen sus enseñanzas, yde este modo los ridículos cielos rasos se sustituirían con las elegantes techumbres que tanto llaman hoy la atención de las personas ilustradas éinteligentes. Mucho nos complacería ver llevado ácabo algún ensayo de este género, ymás todavía que llegáran áconvencerse los artífices carpinteros de las conveniencias que átodos reportaría el reanimar tan notable tradición, perdida hoy por completo.
i- -4- LA ESPADA DEL CONDE FERNAN-GONZALEZ. En la biblioteca Colombina de esta ciudad, encerrada dentro de elegante urna de caoba ycristales, hállase expuesta álas miradas de los curiosos viajeros que constantemente nos visitan, una espada de bruñido acero, cuya empuñadura yguarnición la forjan elegantes lazos, yal pié de cuya ancha hoja descansa un tarjeton de madera, sobre el cual hállase adaptado un papel escrito en el siglo pasado, que contiene los siguientes versos: De Fernan-Gonzalez fui De quien receuí el ualor Yno le adquirí menor De un Vargas áquien scruí Soy la octaua marauilla
En cortar moras gargantas No sabré io decir quantas Mas sé que gané áSeuilla. Tal es el origen que la tradición asigna áeste curioso ejemplar de la panopia, yasí no es extraño que haciéndose eco de la misma opinión, hayamos oido siempre áinfinitas personas atribuirle tan remota procedencia. No nos extraña que tal versión se haya venido repitiendo hasta nuestros dias, pues seguramente que infinitos ejemplos pueden presentarse que comprueben la poca escrupulosidad que ha habido en la clasificación de este género de objetos; ycomo por otra parte nadie ha tratado de averiguar la verdad, sino que han aceptado la tradición en todas sus partes, de ahí que aun todavía, ápesar de lo mucho que han adelantado los estudios arqueológicos, se repitan en esta ciudad numerosos casos en que aparecen clasificados ciertos monumentos de subido interés, con el mismo criterio que hubieran podido hacerlo los Espinosa de los Monteros, Gordillos, Morgados yCaros. Podían pasar entonces muy aventuradas opiniones; pocos se detenían en estudiarlas yexaminarlas, yaunque lo hubieran intentado, habría sido en extre. mo árduo ydificilísimo esclarecer las dudas, porque precisamerte carecían de la base con que hoy con .amos nosotros. Pero si entónces nadie se fijaba
—49 — en estos pormenores, óáun cuando les llamáran laatencion hacían poco caso, hoy de ningún modo podemos ni debemos permitir que los viageros ypersonas entendidas que con tanta frecuencia nos visitan, formen pobre idea de nuestro adelanto, mostran do ciertos objetos desatinadamente clasificados como este deque tratamos. En buen hora que conservemos con cariñosa solicitud los recuerdos de antiguas memorias ytradiciones; justo es que en vez de hacer por borrarlas, procuremos perpetuarlas, pero siempre con Ia debida discreción, pues de lo contrario, el concep- to que ha de formarse de nuestra cultura no será muy favorable. Lo que un particular puede permitir- Se>vedado está para ciertas corporaciones, yel Cabildo eclesiástico de Sevilla no debe consentir, ya que done ásu cargo el cuidado de la Colombina, que se ouseñe ymuestre una espada seguramente del siglo XVI, como objeto perteneciente áun caudillo de la décima centuria. Mucha es la diferencia de seis Sl glos, yyamás de una vez hemos podido ver burlonas sonrisas en lábios de algunos sugetos que visitaban el rico tesoro de don Fernando Colon, cuando Se han fijado en la clasificación de la espada. Son tan distintos los caracteres artístico-arqueoló- glCOs que corresponden áaquellos remotos siglos, Icompararlos con los del tiempo del Rena- Cimiento, que en absoluto no queda lugar ála más s> eraduda, ysi vaciláramos ante otro cualquier 7
*> . —5o — objeto, en éste con la mayor confianza emitimos nuestro juicio, fundándolo en los razonamientos que siguen: II. No son, en verdad, tan graves faltas de clasificación particulares de los españoles; los principales Museos yArsenales de Europa todavía, ápesar del sumo interés de sus sábios directores, ostentan más de un objeto en que concurren tales circunstancias, yen prueba de ello, basta sólo leer el erudito prólogo de la obra recientemente impresa ypublicada en París por Mr. Auguste Demmin, intitulada Cuide des amateurs diarmes > donde dicho autor enumera infinitas piezas de las armerías de Viena, Zurich, Lóndres, París yMadrid, en que aparecen claros ymanifiestos tales defectos. Fué achaque de nuestros abuelos fiar más de lo que debieran en las tradiciones ymemorias antiguas, pero si en ellos era perdonable, porque este género particular de estudios no había alcanzado el desenvolvimiento que hoy, no puede serlo en nosotros por esta misma razón, merced ála cuál van extirpándose ydesapareciendo las más ridiculas clasificaciones que tanto abundaban ántes. El señor conde de Casa Valencia, recientemente encargado por S. M. el Rey don Alfonso XII de or-
-- 51— denar la riquísima colección de la Armería Real, sabemos que se encuentra animado del más loable deseo de hacer que desaparezcan tamañas faltas, yen Su consecuencia, después de muy detenido examen de los arneses yobjetos sueltos que forman tan rico tesoro, conseguirá que [las personas entendidas no so mofen como hasta aquí de nosotros. Es el principal objeto de los Museos el de enseñar álos aficionados yálos industriales; si, pues, son viciosas yabsurdas las clasificaciones, es evidente que el fruto de tales trabajos partirá siempre de una basa errónea, c°n lo cual, en vez de prestar un servicio ycumplir ta altísima misión de enseñaré instruir, habremos conseguido el efecto contrario. Hechas estas ligeras reflexiones, en demostración de la importancia que tiene el hecho de clasificar atinadamente los objetos que Se exponen para el exámen del público, pasemos ahora ádemostrar los fundamentos en que nos apoyarn °s para negar ála preciosa espada de la Bibliote- Ca Colombina el remoto origen que la tradición le asi’gna. Antiguas memorias sevillanas aseguran que al ser trasladados ála capilla de San Pablo, desde la que sirvió de primitivo enterramiento, los restos de los Caballeros conquistadores de Sevilla, entónces hubo extraerse del féretro que contenía las cenizas de Carci-Perez de Vargar la curiosa espada de que traeos, añadiendo que este caudillo la tomó del rao-
LA BANDERA YESPADA DE SAN FERNANDO En ciertas solemnidades religiosas, como son el dia Santísimo Corpus Christi yel de San Clemente, aniversario déla reconquista de esta ciudad por Fernando III, exhíbense en las solemnes procesiones que celebra el Cabildo eclesiástico los dos antiguos obje* l°s, cuyos nombres sirven de epígrafe áestos renglon°s?conservado el primero en el tesoro de la Catedral, yeiSCgUn(]o en poder de los señores capellanes reales. Enhiestos ámbos se ofrecen ála pública curiosidad, llevados 'en las manos, bien de nuestras autoridades, ya en las de Reyes óInfantes. Enrollada ^Primera en su asta, no puede, en manera alguna, Armarse juicio de su forma ypormenores, por lo Cual creemos que estas ligeras noticias habrán de a8radar ánuestros lectores. Desenvuelto el' paño en
—6o — toda su extensión, ofrece la forma de un rectángulo de tafetán, que mide de alto 2m. 0,18, yde largo 2m. 0,33. Hállase dividido en cuatro espacios ócuarteles, uno de los cuales, el superior del lado derecho, es el único que hay completo, ydeja ver, sobre el fondo en seda blanca, un le :>n morado, sobre el cual hállanse bordadas de seda amarilla floja algunos mechones de guedejas yotras labores de distinto dibujo, que al presente han perdido las primitivas formas de sus contornos. Los demás cuarteles están todos ellos lastimosamente mutilados, ybien se conoce la ignorancia de quienes han entendido yejecutado su reparación, pues sin arte ni concierto, han barajado las divisas heráldicas, hasta el punto que, en vez de alternar los castillos con los leones, como vemos en todos los escudos, aquí encontramos los tres cuarteles restantes ocupados por fragmentos de los castillos, yconservando sólo en el espacio de que antes hablamos el león morado, que, apesar de sus mutilaciones, ofrece gran interés para el estudio de los antiguos bordados, ycuyo carácter conviene con el estilo artístico empleado en los tiempos del conquistador de Sevilla. Algunos trozos de torres almenadas componen las * demás partes, siendo de notar los sencillos adornos1 en forma de zig-zags, que, ámanera de banda, dividieron la parte superior del castillo, que está á nivel ücl cuartel del león, compuesto de sedas rojas yama-
—6i — ribas, recuerdo vivo de la tradición románica. Pedazos de tafetán rojo se han sobrepuesto en los citados castillos, prodigándolos más de lo conveniente, y quitando de una parte para añadir en otras, se ha compuesto el más abigarrado conjunto de remiendos. No se nos oculta, que esta gloriosa enseña, debió quedar sumamente maltratada en las guerras, como también que los estragos del tiempo debieron contribuir en sumo grado ádestrozarla, pero si hubiese habido verdadero cuidado éinteligencia en quienes cuidaban de ella, todavía, no obstante los irremediables daños, hoy podríamos examinarla más completa. Por el contrario, cuando ha sido necesario acudir á su reparación, en vez de procurar subsanar tan graves faltas>sin hacer reparo en los colo-es heráldicos, se han cosido las nuevas sedas álas antiguas ycomo clara* tnente se observa, faltan considerables plazas en todos los cuarteles, lo mismo en su altura que en su extensión, pues en su origen debió ser un perfecto rectángulo, que era la forma que se daba álas anti- Suas banderas. Mosen Diego de Valcra, en su «Tratado de los ruptos,® dice al hablar de las distintas chases de enseñas militares, «que son siete: conviene Saver: vandera pendo n, palón, grin pola, guitón, estandai te ygonfalón,® consignando también los dibejos de cada una de ellas. Acausa de tantas desdicbadas reparaciones llevadas ácabo en el trascurso
de los siglos, no podemos hoy apreciar en todo su valor tan notable objeto, pues exceptuando el cuartel que contiene al león, los demás, ningún dato de verdadera importancia pueden suministrar al artista ni rl arqueólogo, porque no conservan absolutamente pormenores bastantes. Encontrándose en tan mal estado ycareciendo de aquéllos, aventurado sería clasificarlo exactamente, y si además se tiene en cuenta que las empresas ydivisas heráldicas como sujetas ádeterminado patrón, no eran susceptibles de alteraciones, comprenderemos que lo mismo puede atribuirse el origen de la bandera álos dias de San Fernando que álos de su hijo ynieto, pues que nos faltan caracteres para apreciarla como desearíamos. La tradición la atribuye al monarca Santo, yacaso sea cierta, esclareciéndose sólo estas dudas por la consulta de documentos que se conserven en el Archivo de la Catedral. Si estos existen ylas palabras consignadas no dejan lugar ádudas, es el único medio que podemos tener en defensa de su glorioso origen . Registrando algunos antiguos papeles del Archiv0municipal, hemos encontrado uno en que consta que á12 de Diciembre de 1488, se ordenó áFrancisco Pinelo, Jurado yFiel ejecutor de Sevilla, que gastase ciertos maravedises para hacer un nuevo pendón Real, «para lo poner en la Iglesia Mayor,* más
—¿3 — ya no se aviene el estilo ymanera de hacer del león (le la bandera, con los que se hacían en tiempo de ios Reyes Católicos, ypor otra parte, se dice claramente pendón. Ignoramos si este mandamiento de la ciudad llegó áefectuarse, pero sí puede afirmarse, que la bandera de que tratamos es de más remota antigüedad Que los dias en que reinaron Fernando VéIsabel I. Viniendo ahora atratar de la espada, que se custodia en la Real Capilla, también atribuida por la tradición al Rey Santo, encontramos en ella, áprimera Vlsta, muestras muy marcadas de la influencia del arte musulmán en las industrias españolas, pues los mismos Monarcas que profesaban tan enconado ódio a sus adversarios, tenían por fuerza que acudir áellos, reconociendo de este modo su cultura éilustración. No es aquí sólo donde se encuentran datos de tal indujo: llenas están nuestras crónicas de testimonios ^recusables, así como las infinitas pragmáticas délos Néyes igualmente lo certifican, y, no olvidando esta c'rcunstancia, compréndese áprimera vista que, dumnte el período más floreciente de las Monarquías castellanas, se erigieran famosos alcázares, suntuosos Palacios yhasta insignes templos, debidos al ingenio ysaber de los mahometanos. ¿Cómo ha de extrañarn°s)por consiguiente, hallar en la espada de Ferrando III reminiscencias del saber sarraceno, cuando su tn ¡smo hijo, el Infante don Felipe, adornaba sus
-64- trajes con leyendas musulmanas? Infinitos ejemplos análogos podríamos citar que afirman lo dicho, yque omitimos acausa del poco espacio de que disponemos. Empezando nuestra ligera descripción por el pomo, hallamos que acaso no sea el primitivo, como parece indicarlo los ligeros adornos que se ven en la abrazadera que sujeta los dos trozos circulares de cristal de roca de que consta, cincelados por ámbas haces: la empuñadura es de cortas dimensiones, é igual materia, compuesta asimismo de otros dos grandes trozos que asientan directamente sobre el arriaz, formado de las piezas siguientes: en el sitio del recaso se encuentra una lámina de plata levemente repujada con labores de ataurique ylacería, que lo revisten en sentido circular; de aquí arrancan unos trozos de mármol rojo que terminan la cruz, sujeta en sus centros por sencillas abrazaderas de plata. La empuñadura mide 0,10 m., yel arraiz 0,15 de largo. Con respecto ála hoja, inclusa la espiga, tiene de largo °,93 m. Por sus proporciones, parece un bracamarte; pero hemos creído, al examinarla, que ha de haber sido rebajada, pues se notan señales de esta operación en el arranque de la citada espiga. En la Armería Real de Madrid viene mencionándose también otra arma de esta clase, como perteneciente áSan Fernando. Ála página 6del «Resumen» sacado del inventario general histórico que se hizo en el ano 1793 por don Ignacio Abadía, hablando délas \
-65- espadas, se dice: «Una que, según la tradición, fué del Reydon Fernando el Santo;” yen el Catálogo publico por el Excmo. Sr. D. José María Marchesi, al nú. mero 654, se lee lo siguiente: «Espada de Fernando III el Santo. Es de cuatro mesas; en el recazo tien°j sobre fondo dorado, áSanta Bárbara yáSan Cristóbal, con labores de mal gusto. La figura de esta hoja Se usaba ya en el siglo IX. En el pomo, que es cuadrado, dice: IESVS MARÍA, repetido. Arriaz dorado.” La última nota que acabamos de trascribir qian'fiesta claramente que no se estudió esta arma con la detención que merece, pues bastará sólo fijarnos en las figuras del recazo, para poder clasificarla, estimándola producción de las industrias artísticas del siglo X(V al XV, ájuzgar por las fotografías del señor Raurent. En cuanto á la guarnición ydemás partes, Puede afirmarse que no se hicieron en el siglo XIII. Si el arma que se conserva en la Real Capilla tieúe algo ejecutado en la época del Rey Santo, es sin duda el arriaz, por más que uno, en extremo semejante iv¡mos que tiene la espada de la figura bordada en 0], , antiguo pendón de Sevilla, que fué ejecutado en jd Primer tercio del siglo XV, llegando la semejanza sta CIpunto de limitarse con las sedas los trozos de In as de plata ylos de mármol rojo, sujetos con ^fazaderas. Zúñiga, en sus Anales alaño 1254, haadela espada diciendo que parece haber pertene- *d° al conde Fernan-Gonzalez, concepto que hoy no 9
—66 es admisible, añadiendo que ya en el año de 1270 consta que la poseían los Capellanes Reales, pues en la procesión del diade San Clemente de aquel citado año, la l'evó el mismo San Fernando; al describirla consigna que con las limpiezas ha ido disminuyéndose, confirmando nuestro juicio de haberse rebajado, yal describir la cruz, después de decir que se compone de una piedra cornerina, asienta estas palabras, que convienen con lo dicho antes por nosotros, que no se sabe si fué su primera guarnición óposterior adorno. El mismo difidentísimo autor hace en su referida obra muy curiosas citas, con respecto álas solemnes ocasiones en que se hizo uso de la histórica arma desde antiguos tiempos, remitiendo ánuestros lectores álos años 1314, 1407, 1410, 1508 y1576, cuyos datos no trascribimos, porque con facilidad pueden consultarse. Como muy honrosa distinción se ha estimado siempre el acto de exhibirla en las procesiones, yhasta se conservan cédulas reales, ordenando las personas que deben llevarla, para lo cual en el momento de la entrega se levanta áun hoy mismo acta notarial con muy curiosa fórmula. V
VV ¡S^-íA/V- —Afir- -A/V—*>• I ESPADEROS YARMEROS ANTIGUOS SEVILLANOS. Escasas son las noticias que hasta nosotros han Segado acerca de los industriales que ejercieron este °ficio en nuestra ciudad, ysin embargo, su tradicionaI renombre yfama andan en boca de todos. Men°s afortunada Sevilla que Toledo no puede ofrecer ál°s curiosos ordenada ynumerosa nómina en que c°nstan los más sobresalientes artífices que desde los c°nnenzos del siglo XVI florecieron en la imperial metróP°li, ycuyos nombras, marcas ycontramarcas pulseáronse en un folleto bastante conocido, en el pa- Sado siglo. Algunos de los mencionados en este catá- ^°g° consta del mismo que trabajaron en Sevilla, co- ^0P°r ejemplo, los llamados Francisco de Zamora, Uande Leizalde, Juan Martínez el Mozo, Juan Marti-
—74 — Siglo XVIII.—1717 —Juan Antonio ¿Gómez? »»—-»—José Gutiérrez, w » —»—Alonso Masías. La mayor parte de estos artífices tenían sus tiendas en las calles de la Sierpe yde la Mar. También las hubo en la de Vizcaínos llamada antiguamente de los Cantos yalgunos vivieron diseminados en las varias collaciones de la ciudad. Tenemos ahora al tratar de los armeros que recurrir al diligentísimo don Diego Ortiz de Zúñiga, que en sus celebrados Anales de esta ciudad yal año 1569 hablando de la cárcel en que según vulgar tradición que corre entre los sevillanos padeció martirio San Hermenegildo, situada en un torreón de la Puerta de Córdoba, dice que no estaba (la capilla) con toda la decencia que le era debida «hasta este^ año en que traxo Dios áreconocerla la piedad ydeuocion del maestro ycronista Ambrosio de Morales, yexitó la de Francisco Guerrero,maestro de fabrica f armas,que reparó á su costa la torre yle labró la entrada ysubida con mucho adorno, en cuya renouacion se halló ydixo misa el maestro Ambrosio de Morales, etc.» Corría el año de 1619. La ciudad de Sevilla comisionó ásu Veinticuatro el señor don Gaspar de Vargas Machuca yPalomares yal escribano Hernando de Nájera, para que entendiesen en el remate sobre el aderezo ycompostura de ciertas armas propia
—75 — do la ciudad que se hallaban en la Alhóndiga. Ya el Pregonero Francisco González había cumplido con su oficio, poniendo en conocimiento de las gentes el ,doseo del Cabildo de llevar ácabo la reparación de dichas armas, ydado cuenta de las condiciones de la abasta, pero áun cuando había repetido sus pregones en los sitios más céntricos, ningún licitador se presen - por lo cual el dia29 del mes de Julio del año susodicho, ante las puertas de las Casas Capitulares hízose nuevollamamiento ypregón, en el que se especifica* ^an todos los géneros de armas que habían de arreglar - Se>entre las cuales contábanse 600 coseletes, todas las golas, escarcelas ymanoplas, 2.100 hierros de pi- Casi660 arcabuces, 2.100 frascos yfrasquillos para apólvora, 260 alabardas, 1.400 morriones, 67 rodelas y900 horquillas. Deseosa la ciudad de que el adobw yaderezo de estas armas se hiciese con la Pr°ntitud necesaria, imponía estrechas condiciones á *°smaestros armeros que intentasen acometer dicha °^ra ;Pero ya por estas circunstancias, como por los prec¡os que la ciudad marcaba, andaban rchacios los ardfices de este oficio, en hacer sus posturas, j ^no de los antiguos documentos que tenemos á Vl sta, dice apropósito de la anunciada subasta: abiéndose leydo ypregonado lo susodicho P°ralgunas personas de las que presente estaban er°n fechas las posturas ybajas en la forma ymancra siguiente:
/ —76— Primeramente la puso Lorenzo López,Armero vecino de Sevilla en Triana en frente del Pasage en 4000 ducados con que el término en que se áde hazer lo susodicho sea un año. Itcn pusieron lo susodicho Nicolás de Moya que \* haze caxas de arcabuces vecino de Sevilla ála Cruz de la Parra yAnd'és Gutiérrez,Armero vecino de Sevilla en la Cestería en la calle de las Vírgenes en los precios siguientes, etc.» No hubo en este dia otras personas que más bajas hicieran que los anteriores. Trascurrieron ocho meses sin que nadie ofreciese más ventajosas proposiciones, pero llegado el mes de Marzo de 1620 dióse cuenta ála Ciudad do una petición que sobre el aderezo de las armas había hecho Domingo Fernandez de Caruajal armero mayor de lasflotas yarmadas de la carrera de las yndias,en el cual se remató al cabo esta obra del adovio ylimpieza de las dichas armas que según manifestó el mismo estaban muy mal tratadas ycasiperdidas «añadiendo que» porque tienen mucho que hacer de manifatura yson género que no pueden aver buen adereco ádestajo en las manoplas yalabardas ypiezas yrodelas «pide ála Ciudad que lo mande hacer pregonar» yyo tomándolo ámi cargo no puedo compeler áningún oficial que lo entienda que trouaje en la dicha obra mayormente no habiendo hoy en Sevilla cuatro hombres que sepan y entiendan deldicho adereco yreparo)) suplica ála ciudad . - 1
—77 — Que haga estas obras por su cuenta proponiendo que «dará las herramientas ypondrá la diligencia que convenga)) álo cual accedió al cabo la ciudad después de bien enterada del estado en que se hallaban Jas armas por informe que de ellas dió el Veinticuatro don Gaspar de Vargas Machuca yPalomares. Concluyeron estas dilligencias por la obligación del armero Hernández de Carvajal de proceder átodo el repago ylimpieza por la suma de 2.000 ducados otorgándose escritura de convenio entre la ciudad yél en donde apatecc que era vecino do la miseá, en Triana en la vera del rio junto á-la puente. Para seguridad del cumplimiento del contrato hipotecó unas casas con todo lo que les pertenece,situabas en aquel arrabal «al cabo déla calle de Santo Donnngo con un pcdaco de guertas, suelo yárboles frutales, cuyos bienes dijo que eran suyos yle pertenocían» por aberlos traído de dote doña Luisa de rr°a su muger al tiempo de su casamiento.» Hipotecó frnibien una heredad de cepas yviñas yolivar en téruuno de la villa de DoS Hermanas yotro pedazo de Vlna, majuelo ytierra calma en el mismo lugar. Terciaremos diciendo que la limpieza se hizo en cuatro Ceses ácontar de la fecha del remate yque los dos Cñ ducados se obligó el municipio áentregarlos en tresplazos, uno al contado, el segundo dla mitad de ^as obras yel último terminadas éstas. Tan consideraos sumas tuvo que gastar la Ciudad en componer
-78 - sus armas maltrechas ydestrozadas como hemos vis- to en el espacio de 23 años. Decimos esto por parecemos que estas mismas son yno otras, el resto de las 143 cajas que de ellas remitió desde Milán el Jurado Rodrigo Suarez, áquien se cometió el encargo de ir ácomprarlas áItalia yque se desembarcaron en Sevilla en Abril de 1597, habiendo costado más de 12.000 escudos así como también las 4.000 picas adquiridas en Vizcaya ymultitud de mosquetes y arcabuces. Las causas que contribuyeron especialmente ála pérdida de tantas armas yal mal estado de las restantes constan de fehacientes documentos cuyas copias poseemos, procurando además adquirir acerca de estos particulares cuántas noticias puedan ministrarnos nuestros archivos para una vez reunidas las que.juzguemos necesarias, publicar la interesante historia de la Armería de la Ahóndiga de esta ciudad, notable por muchos conceptos.
(*V>'r « SEPULCROS ANTIGUOS DE LA CATEDRAL DE SEVILLA. Llama áprimera vista la atención de los sugetos entendidos que visitan nuestra insigne basílica la cseasez de monumentos sepulcrales que en ella se ad- Vlerte, pues si bien la fábrica actual data sólo de la XV1centuria, sabido es que al reconquistar esta ciudad Fernando III en 1248 uno de sus primeros cuidados fue el de convertir la gran aljama de los musulmanes en templo, cristiano. Los próceres ycaudillos qne auxiliaron al monarca en su empresa escojieron ^asprimitivas capillas para su enterramiento, dotándolas ámpliamente ylos esclarecidos linajes que se ^cedieron en el trascurso de los siglos, animados .Por el mismo espíritu religioso, buscaron en ellas el
—8o — lugar de eterno reposo para sus huesos. Las vicisitudes ytrastornos de los tiempos nos enseñan hoy cuán poco valen los humanos propósitos yapenas si de aquellos notables enterramientos se conservan pobres vestigios. Un escritor sevillano del siglo XVII (: )nos ha dejado memoria de los caballeros que tuvieron sepulturas dentro de la iglesia antigua, describiendo algunas de aquellas que, si existieran al presente, harían de esta Catedral un inapreciable tesoro para el estudio de las artes españolas. Los errores de las épocas, la falta de cuidado, el desdén yla ignorancia conque hasta nuestros dias se han considerado las reliquias del arte cristiano por excelencia, han sido las causas de que la gran basílica hispalense se encuentre despojada de tan ricos ornamentos. Magníficos sepulcros de mármol, como debieron ser los del almirante don Juan Mathe de Luna, yel arzobispo D. Fr. Alonso de Vargas, soberbias laudes sepulcrales de bronce como las de Juan de San Juan ydoña Guiomar Manuel, han desaparecido destruyéndolas, quien quiera que fuese, brutalmente, yalgunas de éstas en época no lejana. No hace muchos años veíase 'en la escalera de la (i) ^ D. Pablo Espinosa de los Monteros. Teatro de la Santa Iglesia Metropolitana de Sevilla, 1635.
—8i — Biblioteca Colombina un interesante bajo-relieve, asimismo sepulcral, de don Iñigo de Mendoza que bien merecería por parte del Cabildo Catedral mayor aPrecio yser conservada más decorosamente. Esta P'edra, al levantarse en Julio de 1775 (1) la loza del Clean don Fernando de la Torre hallóse por el revcr- So que tenía esculpida la figura del citado don íñigo Mendoza, yya que tan feliz casualidad dió ácono- Cer este monumento funerario, sería de desear, repelos, que se colocase convenientemente, pues lo merece por muchos conceptos. Fas anteriores noticias harán comprender ánuestros lectores las razones de hallarse el templo tan pobre hoy de sepulcros, cuando tuvo tantos ytan notaos, áque contribuyeron en alto grado las obras Actuadas en 1877 para colocar el pavimento actual. Con respecto álos que se han perdido, diremos breves palabras. En la capilla de San Martin que, según nuestras n°ticias estuvo en la nave llamada del Lagarto ya SUl°en que hasta el año de 1884 permanecieron las °ficinas del Juzgado eclesiástico, existieron varios enriamientos, merecieron particular mención el de Cartas del señor San Martin áEspinosa y I II
don Juan Mathe de Luna ysu muger doña Leonor Alfonso de Sayavedra en un sepulcro de marmor el qual se alzó por cierta causa el año de ióojyse halló dentro el dicho almirante armado hasta las rodillas con botas blancas yespuelas doradas calcadas yvna espada ancha en vaynct de terciopelo verdeyvna vandera, amortajado con vn manto de seda carmesíyel cuerpo todo entero No creemos que el sepulcro de que se hace mérito sea el mismo de este magnate que hoy se vé en la capilla de San Hermenegildo, pues este parece de modernísima ejecución afeado con pobres molduras yadornos de yeso. Ln la capilla llamada de Santa Cruz en el templo antiguo reposaban los huesos de Juan de San Juan en vn sepulcro depiedra negra sobre leones de la misma piedra. Encima estana vna lamina de metal grande como el sepulcro granado el nombreyfigura dcste canalloro,armado en la vna mano tenía vn escudo ven la otra vna vandera,con espuelas calcadas De la capilla de Santiago ha desaparecido el sepulcro del arzobispo don Fr. Alonso de Vargas que» según asienta el diligentísimo don Juan de Loaysa, (i) era de mármol, del cual sólo se ha salvado el epitafio con caracteres monacales. Por último, para no cansar más la atención de los lectores, trasladamos aquí las (r) Memorias sepulcrales.
—83 — Noticias que hemos podido hallar acerca de la laudo Manuel Saunin yJuana González su muger juntamente con su hija doña Guiomar Manuel (i). Tenía más de cuatro varas (n) con elegante inscripción y en ella de bajo-relieve los bultos suyo (de doña Guiomar) yde sus padres (ni). Este notable objeto existía en 1743 ysuponemos que se perdió cuando el losado del templo. Más noticias podríamos consignar referentes á los enterramientos de la Catedral, pero basta ánuestr°propósito con las anteriores. Pasemos ahora al exámen de las que se hallan en la capilla de San Andrés, pertenecientes al linage de los Perez de Guzman, cuyo ascendiente don Alvar, rePosa en ella, juntamente con otras personas déla Emilia. Zúñigay Farfán, citados por Sandier yPeña, di- Cen: «I- acapilla de San Andrés sustituida en vez de *a que dotó en el templo antiguo el año de 1348 don Al bult var Perez de Guzman en que estaban los cuatro •°s que se ven ahora todos de mármol de éste y (0 Loaysa: Memorias sepulcrales m.s. o(!I )Sandier yPeña: Adiciones al Teatro de la uta iglesia, m.s. \jüi111 )Insinuación apologética, por don Alonso m.s.
—9o— liante alabastro de la estatua con tintas imitando pie* dra. Yace, pues, poco menos que olvidado ycubier- to de polvo este monumento, como despreciable autigualla, cuando en sí contiene datos curiosísimos, para juzgar con acierto del estado de nuestras artes en aquel período, lo cual mucho nos importa, ya que tan poco abundan en esta ciudad, testimonios de este género. Por tanto, en vez de tan lamentable indiferencia, bien haría el Cabildo catedral en procurar su conservación por todos los medios posibles, dispo* niendo que una vez despojado de las tintas que ocul* tan las partes de alabastro, se defendiese por una verja, para que nadie le tocase, cuidándolo como una de las más preciadas joyas, que, bajo las grandiosas bóvedas del templo, existen al presente. Esto dicho* sin que nos guíe otro móvil que el amor yrespeto que se deben áestos objetos, entraremos en su l¡ge' ra descripción. Sobre un lecho óurna, ornamentado al estilo oj<* val del siglo XIV, vese yacente la imagen del prelad0 revestido de pontifical, con mitra primorosamente e5' culpida, imitando en sus adornos ricos borda -S, áfflt plia ysencilla planeta, manípulo, túnica óalba. La5 manos antiguas han sido sustituidas por otras sin ca rácter alguno, así como el báculo que sujeta al la^0 izquierdo es de madera tallada, en vez del de alabas* tro que tuvo en su origen. Los pies calzados con 2a* patos muy puntiagudos se apoyan de frente en uu
—9i — s°nnbrero pastoral que sostienen dos leoncillos de Cortijadas guedejas, ysobre la copa vese el escudo ^el prelado, que componen cinco estrellas de oro s°bre campo de azur. En cada uno de los ángulos del Pedestal, arrodillados en el mismo plano, velan el etern °sueño del venerable arzobispo, ángeles de peclueñas dimensiones: los déla cabecera tienen en las ma*os largas cintas ófilacterias sin inscripción algunaiylos de los pies sujetan libros abiertos. De cuatr°grandes piezas consta la estátua. En la primera Se contiene la mitra, cabeza yparte superior de la Paneta, el segundo hasta la mitad del cuerpo, el ter- Cer°hasta igual sitio de las piernas, ycuarto desde estc Punto hasta la terminación. Raro es que no se Sl§u¡era en esta estátua la costumbre de la época en Reamar de imitaciones de costosos bordados las te* todas, sino que, por el contrario, hay en ellas una ric dad de ornatos, que llama la atención de los ^donados hasta tal punto, que sólo en el manipulamos sencillos flecos; tanto ellos como otras es7debieron pintarse con colores en posteriores Oraciones. Fl la /^artldo depaños que ofrecen los plegados de ¿neta, están elegantemente esculpidos al estilo sen •'como *os del alba, que ofrecen notable ter3^Z‘^'ncuant0 ála cabeza, tiene marcado carác- (j 0. Cin dividuaIismo yes de formas abultadas yre-
—92 — Toda la estátua se vé que ha sido objeto de profanaciones, pues además de faltarle, como dijimos, las manos yel báculo, está mutilada en algunos sitios del plegado. Toda ella, que es de rico alabastro, se encuentra repintada groseramente, hasta en sus más pequeños pormenores, lo cual hace pensar ámuchas personas, que es de barro óde otra materia menos rica. Descansa su cabeza sobre dos almohadas ócojines, ámbos de muy rica ornamentación imitando brocado, ymide en toda su extensión, desde e! ex* tremo de la mitra álos pies, 2m. o‘i6. La importancia de este monumento, comprenderáse fácilmente, si tenemos en cuenta que es la pági°a de nuestra historia artística que enlaza las producciones esculturales anteriores, ósean las ejecutadas en pleno siglo XIV con las de los comienzos de la. sl” guiente, única que en estos tiempos conocemos c° Sevilla, yen la cual se manifiesta, que la t'adicion había sufrido variantes dignas de aprecio, como tarde se ofrecen, ya en los tiempos de don Juan Jw de don Enrique IV. Viniendo ahora ála descripción de la urna Qu0 sirve de lecho ála estátua yacente, consta sólo de u° cuerpo de planta rectangular, cuya moldura superi°r es simplemente un ancho visel en cuyo plano corfe la filacteria, donde consta la inscripción sepulcral c° caracteres góticos minúsculos interrumpida en su
—93 — tensión, por escudetes cuyas empresas son cinco estrellas de oro sobre campo de azur. La leyenda dice lo siguiente: ((Aquíyace don Gonzalo de Mena,natural éracido en Toledo, que Dios perdone, obispo que fué de Calahorra,édespi ’s de Burgos,édespués arzobispo de Senilla, el eral finó enjueves 21 dias del mes de Abril, el año del Nchr :ento de AT tro. Salvador Jesuchristo de iqoi años, yor el cual digamos Pater Nostero) Dicho letrero se eícuentra en muchas partes mutilado, por lo cual se hace dhíc lsu lectura. La parte del frente de1mausoleo yJas dos laterales tienen Por ornamentación, la primera, cinco compartimentos formados por otros tantos arcos semicirculares, con lóbulos en el interior yfrondas exteriormente, ydos de aquéllos en la cabecera ypies: dentro de cada uno de éstos, hay en alto relieve, un asunto rcl’gioso, siendo los más curiosos, los de la cabeza. En 1primero de el!o°¡ vése un rey sentado con la espada desnuda ylas piernas cruzadas, una sobre otra, á sus pies hay un guerrero arrodillado, cuyo traje se compone de sencillo capacete córneo, bajo el cual upamee un almófar ógran capellina que envuelve to da la cabeza, .y sólo tiene en la parte del rostro pequeño espacio, por el cual se muestra el rostro. El l°rso hállase revestido más bien que por coracina P°r una aljuba acaso, de cuero, yel tahalí, en vez de tenerlo en la cintura, está bastante más bajo, rodeando las caderas. Las piernas, no se conoce si
—94 — están armadas, por más que primitivamente tuviesen musteras ygrebones. Las espadas son todas de tas llamadas bracamartes,muy anchas ycortas. Aespaldas de estas figura, hay otra también militar, que se halla de pié con igual trage. Un monstruo alado aparece en la parte superior que figura dirijirse airado contra el monar- .ca. En el nicho próximo se encuentra la degollación de los Santos Inocentes, con tal carácter de sencillez ycandor que han bastado no más que cuatro figuritas al artista para representarla. Los sayones vestidos con el mismo traje militar ya descrito, arrebatan los infantes ádos mujeres, de espaldas una con otra, simétricamente puestas, las cuales en su desesperación se mesan las cabellos: una figurita, por completo destrozada, hay bajo el sitio de la clave del arco que no hemos acertado ádescifrar. El primer compartimento del frente ostenta la Anunciación de la Virgen; el segundo el bautizo de Cristo en el Jordán, donde abundan los caractéres infantiles en la ejecución, pues los ángeles sostienen la túnica del Salvador, que está fielmente representada con pueriles detalles, mientras que el Santo Pre cursor arroja el agua sobre la cabeza de Cristo por medio de un enorme vaso, casi tan grande, como las cabezas de las figuras; sigue áéste la Virgen rodeada de nubes; después el tránsito de la Madre de Dios, y, por último, la huida áEgipto, notable también por
—95 — sus pormenores, especialmente la imágen de San José, que lleva pendiente de una vara, apoyada en el hombro, una túnica, la cual no plega como debiera, en virtud de la ley de gravedad, sino que por el contrano, se sostiene recta cual si fuera de una materia dura. En la parte correspondiente álos pies, otras dos hornacinas, una de ellas, la primera, digna de estudio detenido: represéntase en ella la Resurrección de Cristo, que tiene ásus piés los guardias armados, representados por unas estatuitas muy interesantes. El asunto ya citado de la Degollación, recuerda ^voluntariamente la pintura de la Catedral de Mondoñedo, que debió hacerse casi a1mismo tiempo que este sepulcro, ejecutado ánuestro juicio en el Primer tercio del siglo XV; pero con arreglo álas influencias yestilos de la anterior centuria. Antes de CxPoner algunas ligeras reflexiones acerca de esta nota>ble obra, diremos que el fondo de muro sobre que Se hallan los arcos que forman cada uno de dichos compartimentos se ven adornados por una série de arquitos ornamentales de ojiva túmida, recuerdo del arte musulmán tan en boga entóneos. De extrañar es *atraza semicircular de los arcos referidos; pero no responden en nuestro concepto seguramente ála influencia italiana, que estimamos comenzó áaparecer flébilmente, por lo que hace álas artes sevillanas, Aespues de subido al trono el hermano de Isabel I. •^ a£>ta sólo fijarse en los trajes militares, en la relati-
—g6— va rudeza de la ejecución yen la sencillez ycandor que se revela en todos los pormenores para estimar la anterior á1454, época en que comenzó áreinar don Enrique IV. Por otra parte, hay motivos para suponer que pocos años después de la muerte del prelado (1401) le costeó el Cabildo Catedral el mausoleo de que tratamos. Como _término de la brevísima descripción hecha, añadiremos que la urna descansa sobre sencilla moldura, adornada en los trentes por cabezas de leones yen los ángulos se ven éstos representados por entero. Con respecto ólas traslaciones de que ha sido objeto este monumento, bien merece que digamos algunas palabras, pues las noticias trasmitidas acerca del particular por .los antiguos escritores sevillanos son bastante curiosas para llamar la atención de los aficionados áesta clase de memorias. Trascribiremos antes la lápida conmemorativa de estos sucesos que aparece sobre el sepulcro: (( Verdadera virtudcon qdi maior resplandor ami nilvstrc hnage me levanto ala silla obispal de Calaahorra ydespués ala de Bvrgos,vltimamentefvi arvícolaspode Sevilla.Biví incvlpablemente,yno contenvito con procvrar eomo bven pastor avmentar la greí 11 del Señor’ qve apaccntava, fvndéydoté ampllssim'a- 11 mente este monesterio para qve en él hallasen mvehas 11 almas carrera de salvaciónymvehos pobres permane-
—97 — ^cíente el socorro de mi liberalidad. Perdí la vida en tienpo depeste porq aplacado el Señor en mi, mitigase ^sv justa ira con mis ovejas, ydespvés de largos dias ))( ive cstvve sepvltado en la Iglesia metropolitana de mi Ckatedra, por diligencia ylágrimas de mis espiritva- '‘des hijos, fvi traído áesta mi Iglesia, donde cercado )] de svs piadosos trabajos qve son frudos de mi chari- ^dadyzelo,esperando la segvnda esto, la reposo en el ]) Señor: Don Gongalo de Mena, natvralde Toledo, mu- ))ri( íañoM.CCCCI. Fuétrasladado, año M.DXCIUI» Falleció el ilustre prelado en el año que arriba se d¡ce, enterróse provisionalmente en la capilla de Santlago de nuestra Catedral, pues áun no se había terminado la fábrica de Cartuja, que ásus expensas comenzó álevantar desde el año 1400. Para continuar la Creccion, dejó al canónigo Juan Martínez do Victoriala Sl>nia de 30.000 doblas de oro moriscas, que dieron *ugar áun heróico hecho por parte del citado canónigo. (1) No parecen conformes las fechas consignadas por i°s escritores sevillanos acerca del día en que tuvo efectola traslación del cadáver de don Gonzalo desde la Catedral ála Cartuja, siguiendo nosotros al Abad Gordillo, diremos que fué en el mes de Marzo (0 Véase en este tomo el artículo ((Hombres de an taño.» i3
—98— de 1594, yque ápesar de las inclemencias del tiempo, se celebró el acto con inusitada grandeza. Convidáronse todas las Religiones observantes, yámás de doscientos clérigos seculares, dándoles ácada uno de ellos un escudo de limosna. El cabildo eclesiástico asistió en masa, llevando capas blancas. Habíase colocado desde la noche anterior el cadáver del prelado fuera del sepulcro, que hallóse entero, vestido de Pontifical ymuy poco deshecho, ycon él encontróse un cáliz yunas ampolletas de plata con un plato, que todo se puso en la caja nueva de cedro, que se había labrado para llevarlo. En las puertas mismas de la Catedral se ordenó la procesión; iba primero la cruz metropolitana seguida de infinito número de religiosos de diversas órdenes, después los clérigos seculares ycuras del Sagrario, luégo veinticuatro cirios blancos llevados por otros tantos mozos de coro, yáhombros de los religiosos cartujos de las cuevas, monjes yfrailes, el féretro con el cadáver. Fué la procesión por Gradas, calle Génova, plaza de San Francisco, calle de las Sierpes; calle Ancha de la Magdalena hasta salir por la puerta de Triana. Una vez pasado el puente de barcas, que los cartujos habían tenido buen cuidado de afirmar, en evitación de cualquier desgracia que hubiera podido ocurrir con el peso de tantas gentes, ya en la plaza del Altozano, esperaban los clérigos ycapellanes de Santa Ana ySan Jorge, y, entonando la antífona Etc¿sd‘
—99 — cerdos magnus yalgunos versículos, encamináronse todos por la calle de las Almonas, Alcantarilla de los ciegos yCruz de las Cuevas al Monasterio de este último nombre. La música de los salmos que se cantaron en este acto, fue debida al ilustre compositor sevillano Francisco Guerrero. Cuando llegó la procesión álas puertas del Convento, esperaban en ellas todos los religiosos, sin capas, en número de más de treinta, contados monges, frailes ylegos, con cruz alta ycirios en las manos, Presididos por el prior don Cristóbal Calvo, que tenta una muccta, ricamente bordada, yuna cruz en las ^anos. Llegado el féretro, adelantáronse los monges yen hombros lo llevaron hasta la iglesia, donde ya estaba dispuesto un magnífico túmulo, cubierto de Paños de brocado, con sus almohadas, yen torno in* finitos blandones yhacheros de plata, dándose entónces comienzo ácantar una Misa muy solemne. Tersadas las ceremonias religiosas hubo convite generalen el Monasterio para cuántas personas quisieron yálos eclesiásticos ysujetos de calidad se les dió de c°naer con la mayor esplendidez yabundancia. Pocos ^'as después se celebraron las exéquias,con gran pom- Paiconvidándose áellas muchísimas personas, ya eclécticas, como seglares, títulos ynobleza, yla capilla niúsica de la Catedral. Predicó el sermón el ilusísimo señor doctor Alonso Coloma, obispo que fue eBarcelona. «Hízose el oficio como el primer dia, y
toó — Zúñiga lo traduce del siguiente modo: ^Después que el Reverendísimo Señor DonJuan de Cervantes con eximio resplandor de virtudes mereció muy bien el capelo,con título de San Pedro Advinetila ydio por el mundo dignísimos frutos,porque ful juzgadopuerta de toda eclesiástica honestidad,obtuvo la Iglesia de Ostiayadministrando al fin, ya en la edad más anciana la metrópoli de Sevilla,dexó heredera á la Iglesia (como áPrelado conviene) yentre otras obras de gran aprobación,edificó primeramente un hospital famoso ymuy dotado en la ciudad de Sevilla:falleció á 2J de Noviembre del año del Señor de iqjjP Yace la estátua del venerable prelado, que mide 2m. 7de largo, tendida sobre el hermoso paño do alabastro, (materia de que es todo el sepulcro) reposando la cabeza sobre cuatro almohadas ócojines con ricos adornos. Está revestido de pontifical con la casulla, que llamaron los antiguos planeta; túnica y dalmática: en la cabeza la rica mitra designada fr1' guita ybajo ésta se vé claramente el birretum (i). Ea riqueza de pormenores que avaloran sólo esta parte del tr age llama justamente la atención de los intelí- WPontificale romanvm ad omnes pontificias ceremonias quibus nunc vtitur sacrosanta Romana Kcclcsia accomodatum, etc. Venetiis, apud Iuntas 1572- En el glosario de Ducange vemos confirmado esto
—107 — gentes, pues imitando bellísimos bordados de imaginería, y, por tanto, en bajo-relieve, vese la Anunciación de la Santísima Vírjen, ejecutadas las figuras de ia Madre de Dios ydel Ángel Gabriel, con todo el primor ydelicadeza de los eximios artistas que trabajaron según el estilo ojival terciario. Piedras preciosas }' camafeos búllanse repartidos por ella yen el centro, en la franja que divide los compartimentos en que están la Vírjen yel Ángel, hay una figurita de otro Ángel que sostiene una filacteria: sobre éste la jarra de azuzenas, todo esculpido con singular maestría. La cabeza revela áprimera vista un carácter de realismo que no es posible dudar de que el artista ó bien la tomó del natural óálo ménos de un retrato hecho en vida del prelado. Hay tanta verdad en ella, ta lnobleza ytan hermosa ejecución, que cautiva la Vjsta cuando atentamente se le examina. Análogos ornatos ostenta la casulla: en las partes rftés inmediatas al cuello asimismo figurando bordados hay dos santos yen la gran tira central cuatro aPóstoles de los cuales dos representan áSan Pedro 'smo nombre yaplicado ála misma prenda, como Parecen probarlo las siguientes frases: (,^irretum: capitium, capitis tegmen, lineum tenue, strictum foraipsius capitis, Pontificum proprium fuit Erat vero piRRETUM interius capitis tegmen ita subter capitium aPP& dispositum ut nonnihil super humeros deíluere.
•í —108 — ySantiago. Por cima de este ornamento, cuyos paños todos son admirables, corre el pálio. En el brazo izquierdo sostiene el báculo cuya terminación que debió ser riquísima, hállase suplantada por un grosero aditamento de madera: todavía conserva el sudariolo plegado elegantemente. Las manos, que tiene sobre elpccho, están cubiertas con finísimos guantes, que imitan la seda, yen los dedos de ambas manos tiene siete anillos, colocados algunos en las segundas falanges de los dedos. Bajo la casulla aparece la dalmática de brocado recamada con prolijos adornos que oculta casi por completo la túnica sin labor ninguna. El calzado es de forma ancha pero muy puntiagudo yapoya los pies en el cuerpo de una cierva recostada, falta de las astas. La gran moldura viselada de la parte superior del mausoleo impide reparar ála primera ojeada en los elegantes tallos calados de estilo ojival florido que corren bajo ella, los cuales demuestran cuán concienzudamente fue ejecutada esta obra. En la cabecera del lecho yen su plinto léese con caracteres góticos: lorengo merendante de bretona entalló este bulto. Por fortuna, tan interesante inscripción nos dá á
—i09 — conocer el eximio artista áquien se debe, digno Maestro del ilustre Nufro Sánchez ycuyas enséñanos contribuirían áformar en esta ciudad una brillantísima falange de escultores, compañeros del eximio Pedro Millan. * ** Entre los más ilustres prelados que han ocu- Pad° ias¡nahispalense, distínguese en preferente ^ugar el arzobispo don Diego Deza, cuyo nombre n°sha trasmitido la historia con el recuerdo de los elevados puestos que obtuvo áconsecuencia de ^as virtudes ydel saber que atesoraba. Su gran Prestigio entre los sevillanos hizo que durante las grandes turbulencias movidas por los magnates de esti ciudad áraiz del advenimiento al trono del n. e’ar Carlos Vyen los momentos en que los áni- ,T | 0s se hallaban levantados ydivididas las opi- ^ l0 nes do todos, no se repit esen en este suelo sangrientas escenas que tuvieron lugar en otras Partes. \t0d0ouso remedio con su sábia pru- IlCla >yacudiendo áunos yá otros, aviniendo los enc °ntrados pareceres, demost'ó en aquellas cirür stancias, harto críticas, las excelentes dotes que ;’ e,a ,apreciadas de tal modo por la Reina Cat(jJlprv j ^ aique á. más de honrarlo con el difícil cargo Su confesor, ¿o instituyó su testamentario. Pero
—IIO — si tales honores contribuyen áesclarecer su nombre, otro más envidiable puede ostentar, de patrocinador del insigne Almirante descubridor del Nuevo Mundo, en cuyo obsequio interpuso su influencia yvalimiento en la Córte para que prosperasen las justas pretensiones de aquel cuando tenía ásu cargo la educación del príncipe don Juan. Bien dejó también confirmado su amor ála enseñanza con la fundación del insigne Colegio de Santo Iornas, cuyo edificio alterado yconvertido en cuartel áun subsiste en la plaza del mismo nombre. Para lograr los fines que se propuso con respecto ádicho Colegio, ámás de invertir considerables sumas en su erección, dejó instituidas grandes rentas para su sostenimiento, bien lejos de pensar que los hombres, juntamente con las vicisitudes de los tiempos, habían de hacer estériles sus nobilísimos esfuerzos. Atendiendo átodas partes, donde pensaba que su protección sería valiosa, no podía olvidarse do las grandes obras que por entónces se llevaban ¿ cabo en nuestra famosa basílica yámás de que auxilió con su largueza álas obras del maravilloso retablo mayor, por lo cual dispuso ol cabildo que se colocaran sus armas en el basamento, hubiera llevado adelante su liberalidad si ti cabildo se hubiera conformado áalgunas proposiciones suyas,según dice Zúñiga.
III Como noticia curiosa que juzgamos inédita, citaremos en este lugar las magníficas alhajas que dejó ála Catedral, (i) Dió más ála Santa Iglesia un cáliz rico. Dió más una mitra de plata granujada en campo blanco, cosa riquísima, que por antigua y710 servir se aplicó ála custodia de oro. Dió más un portapaz de plata dorado labrado de mazonería con la Santa Angustia ySan Juan yla Madalena: tiene álos lados dos ángeles, uno c°n las armas de Santo Domingo yotro con las del señor Deza. Yuna broncha de plata dorada. Yuna capa de brocado altibaxo sobre oro tifado con una azanefa de imaginería con siete historias de la Pasión desde la Oración del Huerto ^as ta la Crucifixión ylos encasamentos ypilares s°ntodos de plata labrada ámartillo de estampa yen el capillo la historia de la Resurrección c°nlas armas del señor Deza. ^dió una casulla de este mismo brocado de icapa con dos almáticas de lo mismo. Dió más un paño de terciopelo carmesí semrado de estrellas de oro bordadas con un cru- (0 Loaysa. \
II2 cifixo yNuestra Señora ySan Juan yla Madalena yel sol yla luna todo bordado. Ydió tres alba, dos estolas, tres manípulos ytres amitos del mismo brocado. Yun frontal de oro texido tirado sobre raso con frontalera de oro, tirado sobre seda con flocadura de oro ygrana. Ninguna de estas notabilísimas preseas conocemos ypoi lo que hace álos ornamentos que deberían ser magníficos yque hoy no tendrían precio, no los hemos visto en el tesoro de la Iglesia: acaso correrían suerte análoga ála de la mitra antes citada, que por ser antigua yno servir se aplicó ála custodia de oro. Presentado el Sr. Arzobispo por el Emperador para la silla de Ioledo yestando en su retiro del Monasterio de San Gerónimo de Buena Vista falleció a9 de Junio de 1523, trasladándose el cadáver desde aquel lugar con la mayor pompa, ásu capilla del Colegio de Santo Tomás, donde reposaron sus cenizas en suntuoso sepulcro hasta los nefastos días de la invasión francesa que .fué destrozado yesparcidos sus huesos por la feroz soldadesca. Del primitivo mausoleo, se ha salvado la ostátua solamente yal renovarse el templo en 1815» hubo el loable acuerdo de conservar la estátua ya* cente que se colocó en el sarcófago, en cuyo frente esculpióse el siguiente epitafio:
— ID. S- ILLMI .AC .RMI, D.D. DIDACI .DEZA .ARCHIE- plEPISCOPI .HISPALENSIS .SACRIS .ALIUS .INFUL1S . SuPREMISC^UE. HONORIBUS .AUCTI .AC .MUNIFICI- CENxiSSIMI .MAJORI3 .HUJUS .COLLEGII .FUNDATO- RlS .SAXEVM. .HOC .BUSTUM .AB .1RRUENTIBUS . .MDCCCX .GALLIS .NEFARIE .CONFRACTUM . ET .P1IS .C1NERIBUS .HINC .INDE .DISPERSIS .1N . FRUSTA .COMMINATUM .EJUSDEM .MAJORIS .CO- LlEGII .ALUMN1 .IN .PERENNE .GRATI .ANIMI . EBlTiqUE .ADVERSUS .EUM .AMOR1S .MONIMENTUM .OCIUS .ET .IMPENSE .REPARANDUM .ET .IN . PrISTINAM .SPECIEM .RESTITUENDUM .CURARUNT. A*HEPAR .SALUT .MDCCCXIV. Que traducido al castellano por el entendido bañista, nuestro amigo, señor don José Vázquez yRuiz, dice así: CONSAGRADO ÁDIOS. Este busto de mármol del Ilustrísimo yRcvercn- Eitno Señor Don Diego Deza Arzobispo de Sc-
—Ii4 — villa adornado con las sagradas ínfulas do otra Diócesis ycon los mayores honores: fundador munificentísimo de este Colegio mayor, fue destruido en pedazos bárbaramente por los invasores franceses el año 1810, esparcidas sus venerandas cenizas por todas partes yamenazado ádestruirse por completo; los alumnos de este Colegio siempre agradecidos yobligados hácia ól procuraron en tiempo de paz yásus expensas que esta prenda de amor fuese reparada yrestituida ásu prístina forma en el año de la reparación de la salud 1814. Hoy se halla el mausoleo en la capilla de San Pedro, al lado del Evangelio ybajo un arco abier- to en el grueso del muro, llamando sólo la atención el bulto yacente del prelado (pues la urna sobre que está tendido es de reciente construcción)) que se encuentra revestido de pontifical con sencilla mitra phrigiuta ycuya casulla enriqueen pre* ciosas tiras con adornos de estilo plateresco, no así el báculo que sus pormenores todos están muy bien ejecutados con arreglo al estilo ojival flor*' do, por consiguiente es muy interesanse ejemplo donde se manifiesta la transición del ai te nacido en Alemania al originario del antiguo clasicismo romano restaurado, que llamamos Renacimiento- Mide de largo, 2m. 4. El plegado de los paños> aunque bien esculpido, no ofrece nada de nota-
—115— ,3lc-Algunas partes del rostro están mutiladas, faltando ála estátua ambas manos, ypor entero Ja ^abeza del león que reposa ásus piés. Las dos ’nscripciones del mausoleo nos dan áconocer su historia yvicisitudes, por lo cual las trasladamos, Copiando ácontinuación la que se encuentra ado- Sada al muro, sobre el sarcófago: r Xi C? te «2 Mo Wen te O c n H c/i u8 en tsj O H< a •en 50 51 O w &« o *—*‘H gs ra en H> O 2^: <c" «te cn, en en w g 2 en te h5; ~M Cte Si 23 mo 2< 2te ng> »? ote 7? M te -<< te n te C3 Ote •<* r1 n ag «3 £5 te > «g C5 te ^ CH en •H H a> cS !X H 2S C *-( W te HC te “ en a*^1 2, 3 r* Mte Cte *** -•* 2^te c n > H n o o H te O te te ote w2 WO Crs r- a <c H O n o —v s> rá Cí > -3 v. > 3 n 3 -3 WJ S2-"«a tete O¡2 "3 75 h-H -1— rte f-i en _ S¡ •3 < c! ' «2 i» na >. W V13 OO ^t/J ~- «o te ^ ^te Í2 te <í > en W mOen H^ te a >¡> •>í M a MM 3n £«3 a'£ a3nc3 w »> w 2w 2 E-2M -- i-, e*j 5H-r V<te te S3H!te en >• te cC y =^y. en te
í22 bres, la generosa grandeza ytemplanza lo hicieron celebérrimo,como también la religión yla piedad para con Dios Optimo máximo ylo ensalzaron á Arzobispo de Sevilla,Patriarca de AlejandríayCardenal de las Espartas. Don /higo López de Mendoza, Conde de L'endilla,su hermano mayor,Capitán general del Reino de Granada,primer Alcaide del Alcázar iliberitano,puso ásu hermano,bastante merecedor de mayores honras,este túmulo de marmol. Murió de edad de J8años,el dia ude Setiembre de 1502. * * * En la capilla llamada hoy de Escalas, yantes de Nuestra Señora de Consolación, hállase otro de los antiguos sepulcros en que venimos ocupándonos, perteneciente al señor don Baltasar del K¡°> Obispo de Escalas, de donde ha tomado su nombre la capilla por haberla dicho señor dotado espión* didamente yescojido para su enterramiento. Delas primeras, consérvase en el tesoro de nuestra Cate* dral un relicario de plata sobredorada, estilo pur0 del Renacimiento, con fecha 1553; en cuanto ál;l3 segundas, el analista Zúñiga las menciona todas. El altar de esta capilla, que está en una tribuna alta, es todo de mármoles ricos yesculturas de 1°
—123 — ttiismo, donación del patrono, cuyo bulto sepulcral so vé al pié del muro de la citada tribuna en el compartimento central, de los tres en que se halla dividido este írente, asimismo revestido de costosos Mármoles labrados al estilo plateresco. Dícese que to do esto hizo venir de Italia el señor don Baltasar, concepto que no es dudoso, pues si bien apreciando todas estas obras en conjunto se notan raras desbaldados, sin embargo, muchos de sus pormenores revelan la maestría de los artistas italianos. Los tres espacios que antes citamos se encuendan divididos por columnitas abalaustradas, que enrifiuecen fantásticos adornos del gusto del Renaci- ^lento: en el nicho central, sobre sencilla urna cuadrilonga, cuyo pié entrante es como el de una gran CoPa, está la estátua yacente, con ornamentos pontificales, muy sóbiios de ornatos, las manos juntas por extremidad de los dedos sobre el pecho yel bácu- *° al lado izquierdo. Á1 pié del mausoleo, figurando s°stenerlo, hay dos geniecillos con targetas, en que está grabado el escudo del señor Obispo, ambos de buena ejecución, bastante mejor que la estátua. Ln el fondo del nicho aparece un precioso meda- °ncon la Virgen yel Niño Dios en brazos ylas esquitas de San Pedro ySan Pablo, que parecen obra ar tista más mediano. En la platabanda de la molra que corona toda esta parte hay una inscripción rlUe dice:
—124 — A.QTTI YACE DON BALTASAR IDEE RIO, OBISPO IDE ESC3A.EA.S,, ARCEDIANO D® NIEBLA ST C-A.JST ÓINTIGi-O ID EESTA. SANTA YQLESIA. No reposan en este lugar los huesos del ilustre Arcediano: mandado por él que se hiciera el mausoleo, antes de su muerte, le sorprendió ésta en Roma el año 1540 ysu cadáver fué sepultado en la iglesia de Santiago de los Españoles. r Je -ár Para terminar estas noticias, citaremos entre los antiguos sepulcros, el del señor Arzobispo don Luis de Salcedo yAzcona, que se encuentra en la capiHa de la antigua, írontero al del señor Hurtado de Mendoza. Fué ejecutado en el siglo XVIII yse quiso imitar en él al anterior pero sin conseguirlo. Su escaso mérito nos releva detenernos en su exámen.
ESCULTURAS ANTIGUAS SEVILLANAS LA VIRGEN DE LOS REYES. — Desde los tiempos de la Reconquista viene siendo entre los sevillanos objeto de singular veneración ^del más ostentoso culto esta antigua imágen, acer- Ca de la cual han llegado hasta nosotros piadosas ^adiciones, autorizadas por las doctas plumas de balistas éhistoriadores, de los cuales unos le han as'gnado milagroso origen yotros la hacen procedente de Francia óde Alemania. En cuanto al priííler concepto, dícese que estando Fernando III en cerco de Sevilla tuvo en sueños una visión, en la Cüal mostróse ásus ojos la imágen de la Virgen, que Prometió habría de conquistar la ciudad.
12Ó Deseoso el Monarca de poseer un simulacro que le recordase el divino rostro que había visto en sueños, convocó álos artistas imagineros para que ejecutasen la divina efigie de la Virgen, pero ninguna de las presentadas fue trasunto fiel de su visión. Desconfiaba ya de poder alcanzar su objeto, cuando se le presentaron tres jóvenes que le prometieron llevar á cabo su deseo, para lo cual manifestaron que tenían necesidad de trabajar ásólas, sin que nadie entrase en el taller, yque trascurrido cierto número de dias cntónces abriesen la puerta, que ya estaría finalizada la obra. Sucedió así en efecto; pasado el plazo entraron en la estancia yvió el Rey ejecutada la obra p°r completo; pero con gran extrañeza de todos observaron que los autores habían desaparecido, atribuyendo entónces, no sólo por esta circunstancia, sino por el exacto parecido de la imágen con el rostro que vió el Rey en sueños, que sólo ángeles hubieran sido capaces de tan exacta representación. Con ligerísimas variantes refiérenlo así todos los autores, por más que, como ántes dijimos, aseguran otros que fué procedente de Francia óAlemania* Creemos que nuestros lectores verán con gusto un brevísimo extracto de lo dicho por los escritores quC han tratado de esta interesantísima efigie. Don Pablo Espinosa de los Monteros en su tro de la Santa Iglesia de Sevilla,» impreso en Sev¡Ua
127 por Matías Clavijo, año 1635, libro que es ya muy raro yapreciable entre los aficionados, dice: «Sin encarecimiento ninguno se puede decir de esta preciosa imagen que es la reina de todas las imágenes de España, la cual fue del glorioso San Luis, Rey de Francia, :cgun consta de algunas historias francesas, dcual se la envió al Santo Rey Don Fernando, que era su primo hermano, cuando supo que venía áponer cerco áSevilla. La hechura es extraordinaria porque tiene movimiento por las conyunturas como S1 estuviera viva, yasí puede sentarse óestar de pié. los zapatos tiene plores de Uses ycada una letras Gabardas que dicen amor. Los zapatos son postizos, do cordobán azul oscuro, puntiagudos, muy apretados; tiene unas medias calzas pardas, las cuales son de barniz, yen la cabeza un mazo de cabellos muy Quesos ylargo más de una vara ymedia, de oro hilado como cabellos naturales.» Juan de Villafañe: Nada hay cierto respecto de antigüedad yartífice (de la Virgen)...» Algunos ayque discurren ser obra yfábrica de Alemania, Sla más fundamento que el débil de estar fabricada egoznes yque tal modo de labrar es propio de la cnrtosidad de los oficiales de aquella nación. Otros, c°nmás verosimilitud, juzgan que la flor de lis hUe tiene en el pié derecho esta santa imágen, se- SUn aseguran los que la han registrado, dá áenten der que vino de Francia, añadiendo que fué
don precioso presentado por San Luis áSan Fernando. El P. Juan de Pineda confirma las anteriores noticias, añadiendo en su corroboración, las siguientes frases: «Don Félix deGuzman, arcediano ycanónigo de esta Iglesia, digno capellán mayor que fué de esta Real Capilla, me dijo que le parecía obra francesa por haberle visto en el pié derecho de la Virgen una flor de lis. Más adelante dice que el Rey (San Fernando) como áemperatriz le puso casa con criados oficiales, reales guardas, reyes de armas, camarera mayor, etc., etc.» Casi en idénticas palabras tratan de la veneranda imágen los PP. Antonio de Quintanaducñas en sus obras «de los Santos de Sevilla» yJuan E. de Níeremberg «Corona virtuosa yVirtud coronada,» respectivamente. El docto analista don Diego Ortiz de Zúñiga» describe la imágen minuciosamente, consignando losmismos datos que los autores citados. El abad Gordillo, diligentísimo investigador de antigüedades sevillanas, refiere la tradición de los ángeles yañade que otros dicen que se labró en Al®' mania ápetición del Rey Fernando III ypor medio del Emperador Federico, que se la envió estando en el cerco de Sevilla; también, continúa, hay quien afir* ma que se labró en Francia por mandato de su prl* mo San Luis, que la envió al Rey durante el cerco, 'j
—•129 — que esto se prueba por lo que afirman sus camareras, que debajo de la saya principal tiene una basquiña de lana delgada en que están tejidas las flores de lis, 7en los zapatos también las tiene. Alonso Muñiz, después de elogiar los fáciles mohientos que en la veneranda imagen se producen Per medio de los goznes, describe los zapatos, «que s°u de color blanco de cordobán con orejas muy c°rtas puntiagudos ysemejantes álos que tiene el Santo Rey, yen cada uno de ellos, desde la punta del pié yhácia el talón, se ven várias letras antiguas lombardas que quieren decir amor.» Todavía podríamos continuar extractando de otr°s autores, como los padres Antonio do SoyJuan Bernal ylos autorizados escritores don J°sé Maldonado de Saavedra, don Juan Lúeas Corj^syotros más que sería muy prolijo enumerar, a"anse todos conformes con lo que acabamos de Manifestar acerca del origen ydescripción de tan fresante efigie, relatando minuciosamente las Candes honras ysingulares dones con que el Sanuonquistador mostró se expecialísima devoción. Esteban de Garibay en su «Compendio hisrial» refiere que durante el cerco de esta ciu- ^ adenvió San Luis ála Santa Iglesia de Tolehy preciadas reliquias, yacaso de ser cierto este hecho, nacería la creencia sustentada como 17 '
—130 — hemos visto por otros autores, de que San Luis regaló la imágen de Nuestra Señora de los Re' yes áFernando III. Hasta aquí no hemos hecho más que exponer opiniones para que el lector pueda estimar el espíritu de crítica con que juzgaban la santa efigie; ahora ya vamos áconsignar brevemente el concep' to que nos ha merecido después de haberla examinado atentamente de cerca, sintiendo muy de veras no poder ampiar más nuestras noticias p°r la imposibilidad de estudiarla desprovista de la3 várias ropas que la ocultan. Ls toda de madera yde tamaño algo may°r que el natural: el rostro carece en absoluto de modelado, ybasta sólo fijarse atentamente Para no dudar que puede sin repugnancia alguna considerarse como producción del arte románimo c° sus postrimerías: la nariz es de poco relieve y pequeña, los labios ligeramente marcados yl°s ojos están pintados ycon poco movimiento d0 líneas. Adviértese gran analogía entre la ejecución de la cabeza de la Virgen de los Reyes con las de las esculturas de Santa Ana yla Madre de que se veneran en la parroquia de Triana, procedencia creemos que corresponde ála mi,sríl3 XIIF Centuria. Curiosa en extremo es la disposición del c
/• —i3i — beJIo, pues no está tallado en la misma pieza de ciue consta la cabeza, sino que lo forman menúdos cordoncillos, que si en su origen fueron de 0ro>al presente sólo ha quedado de ello la seda de un color indefinible: cada uno de estos delgadísimos cordones se halla asegurado en el cráneo por medio de sutiles puntas de acero, ytan fundantes, que en la parte posterior se advierte ba¡o ha toca, que ámanera de mongil, le rodea crostro, una muy gruesa madeja. ha encarnación del rostro ha saltado por var,as partes, dejando ver perfectamente las múltibles capas de pintura con que se ha tratado de etubellecerla. La fisonomía en general revela noezayrepOSOj yno obstante la imperfección ársfica, agrada en extremo. Hasta el arranque del cuello yála mitad del ntebrazo ycerca del tobillo está cubierta con Una tela roja de seda, perfecramente adherida á los te la uxtremos de los referidos miembros, de suer- ’I116 como antes dijimos, es imposible estudiar- en conjunto. falt^ aS manos son muyentrelargas ylos dedos °sde modelado, revelan el estilo ojival ya dolante. En cuanto álos pies los tiene cubiertos con tttlog í/• 1Glslmos zaPatos dc raso bordados de oro, ernos, muchos más grandes que lo? piés, que
visitan el grandioso templo; pues la piedad yla devoción con que se la venera, es causa de que álos pies de la efigie, ydentro de la misma hornacina, so hallen colocados ramos de flores de papel yotros objetos que vienen áocultar casi hasta la parte media inferior de la figura, al mismo tiempo que la toca colocada sobre su cabeza, tampoco deja ver ciertos pormenores del tercio superior. Creemos, por tanto, que nuestros lectores estimarán la breve descripción que vamos áhacer de la veneranda imagen, ya que, por las causas antes expuestas, raramente se consigue poder apreciar por completo algunos de los interesantes caracteres, distinguen tan estimable producción del arte escultórico sevillano. Empezando nuestro breve exámen por la cabe?*» encontramos que las partes del cabello han sufrid 0’ en los pasados tiempos total mutilación, hasta ^ punto que, al presente, se ven con un casquete sobrepuesto de cierta pasta, que no alcanzamos ácom prender con qué idea se colocó; alterándose de cste -modo, no sólo las líneas generales del ro: tro, sin macizando, por decirlo así, de tal modo los cabefl°s’ que hoy desaparecen bajo aquélla. La expresión (lu0 anima álas facciones es de extremada senc¡HeZ ' ; muy mística, no obstaníe que el artista que la ej ecU tó cuidóse poco del modelado, el cuello C3 relaté' mente largo ydelgado: viste prolongada túnica c01
—139 “ Plegues verticales simétricos, que al llegar ála cintura, donde los sugeta una correa ócinta con hebilla, Parten hácia abajo, formando canales, que empiezan °auy estrechas, yluego van anchando hasta llegar al Suelo, en donde ya producen angulosos pliegues, al estilo ojival, de la tercera época de sus comienzos; ^arcándose muy bien por ellos que ésta efigie se hiz°quizá anteriormente ala venida de Juan Van-Eyck, Cll'cutistañcia que no podemos olvidar; pues conocida es la gran influencia que este maestro ejerció en los P'ntores yescultores sevillanos, hasta tal punto, que Sq determinan perfectamente las dos tendencias, una anterior ásu viaje por España yPortugal yotra postor. Esta misma sobriedad, que advertimos apri- .era vista en los paños de la Virgen déla Cinta, nos ln dican además de otros caractéres, que luego contaremos, fué ejecutada en los comienzos del XV, s’endo en extremo difícil precisar más, por las gran- ^es analogías que se conservan en las obras artísti- Cas ambos períodos. Si atendemos al dibujo muy prolongado de las tílan °s5yála forma del zapato puntiagudo de la Vírf t »°os inclinamos ácreerla ejecutada en los últimos ,°sdel XIV; pero si luego se examinan la cabeza y del Niño Jesús, que sostiene en el brazo izquierp >enactitud de hojear un libro abierto, con lo que y ece Que revela al pueblo la doctrina del Evange- °) hallamos ya otros caráctercs: ambas partes afee-
—140 — tan formas muy redondeadas, yen es pedal los últimos, estimando, en vista de ellos, que esta efigie ha de ser posterior al reinado de don Juan II de Castilla. Lleva la Virgen sobre los hombros manto, muy sóbrió también en su plegado, yapesar del interés con que hemos procurado examinar toda la figura, no hallamos la menor muestra que nos indicara haber sido estofados sus paños. Ni en el dorso de la Virgen, ni en su informe plinto hemos descubierto tampoco la menor señal de firma que acredite su procedencia, que no es raro encontrar en otras esculturas de barro cocido como ésta, hechas al mismo tiernp0 en los primeros años del reinado de Isabel I. III. LA VIRGEN DEL MADROÑO. :(j >'crHar. No ha merecido hasta el día, estudio preforeute de parte de los escritores sevillanos, la interesaotís* ma historia de la escultura sevillana, durante el tentoso período aitístico que comienza en los alb° res del siglo XV, yconcluye en el primer tercio . laXVr centuria, época en la cual, no sólo contiu11 la brillante tradición iniciada en la anterior, sin° clu
—I4i — llega áun grado de apogeo yesplendor ála verdad notable por varios conceptos. Más extraña todavía esta indiferencia cuando del exátnen de la estatuaria hispalense en aquellos tiempos, podemos deducir sin temor alguno de equivocarnos, que alcanzó entre nosotros muy marcado perfeccionamiento, bastando áprobar tal aserto los nombres de Nufro Sánchez, Márco yBernardo de Ortega, Pedro Millan ysu hijo que, junto á otros esclarecidos imagineros,enriquecieron la gran basílica sevillana con un sinnúmero de obras, de las cuales por fortuna, nos restan algunos que otros ejemplares. Fueron todos ellos fieles intérpretes del elegantísimo estilo aleman, que caracteriza las producciones de los Memling, Weyden, yVan-Eyck, yde este último especialmente nótanse áprimera vista los grandes recuerdos que, por espacio de muchos años, se conservan entre los pintores yescultores sevillanos, sus contemporáneos. Son tan conocidas las causas que motivaron esta influencia en nuestros artistas, que no trataremos de detenernos en ella, pasando desde luego ádar noticia álos aficionados del notable grupo escultural que se conserva en una de las capillas del Sagrario de nuestra iglesia metropolitana. Afortunadamente no ha sufrido igual destino que lasde San Pedro yCristo atado ála columna, obras deJuan Millan, según el decir de Cean Bermudez, flüe las históricas efigies de San Fernando, doña
—142 — Beatriz) don Alonso eí Sábio, que el hermoso retablo pintado por Juan Sánchez de Castro, que existió en la que es hoy capilla de San José, ypor último con otras, venerables antiguallas que, por una parte las extraviadas corrientes del gusto artístico de los siglos XVÍI yXVIII ypor otra la vandálica ignorancia de todo 5tiempos, hicieron desaparecer para ser sustituidas con imágenes churriguerescas óaltarcitos de mármoles. Data indudablemente el interesante grupo de la \úgen del Madroño con el Niño Dios yel Ángel adorante, de la catedral antigua, ópor lo menos, fué ejecuta'da durante las grandes obras de edificación del gigantesco templo, según manifiestan sus caracteres artístico-arqieológicos, ymás de una vez han acudido ánuestra mente varios pensamientos, imaginando los cambios ymudanzas que ha sufrido esta curiosa obra de arte, al verla ocupando él nicho central de un detestable retablo churrigueresco en una iglesia también modelo acabado de pésimo barroquismo. De este modo ha pasado inadvertida para muchos, pues no es fácil suponer que, entre las desatinadas hojarascas de un altar construido en el sigl° anterior, se encuentre esta joya digna de la atención de los arqueólogos. Hállase compuesto el grupo, por una estátua la Virgen, de pié, que mide de alto im. ncentímetros llevando al Niño Dios en los brazos, y;l
—143 — los pies del santo simulacro se vé un Ángel, cuya altura es de 0,36, con una rodilla en tierra ofreciendo una cesta de madroños al Hijo de Dios, que sonríe infantilmente así como su divina Madre. Las vestiduras de ésta son: manto ytúnica muy plegada, sobre todo la segunda, en las partes del pecho ála cintura, hechos minuciosamente en forma acanalada casi hasta llegar al suelo, donde ya se rompen las líneas para hacerse angulosas, entrantes ysalientes, según el estilo que caracteriza las producciones de esta época. El Ángel viste túnica ósobrevesta abierta en los costados por donde deja ver una segunda vestidura de tono muy oscuro, plegada con notable amaneramiento, pues todas sus líneas son angulosas: calzas rojas revisten las piernas ylos zapatos, extremadamente puntiagudos yde elegante corte, búllanse abiertos en ángulos por la parte de los tobillos. El plegado de la manga derecha es muy característico yrecuerda aprimera vista el dibujo al estilo aleman de estos tiempos. Las manos del Ángel, expecialmente,son en extremo entrelargas ysus dedos finísimos ydelgados. En cuanto úlos rostros, adviértese en ellos falta de modelado: siendo por decirlo así, muy Planos, ysus expresiones revelan falta de pericia en su autor, pues la estatuaria de esta época había llegado úun grade de perfeccionamiento notable, yla Paginación de los artistas dejaba de fantasear en duchos casos, ciñéndose ya exactamente al natural.
—144 — Los cabellos de todas las figuras son de pesada ejecución yensortijados según el gusto de la época. Las alas del Angel, que tienen grandes dimensiones, están muy bien ejecutadas. De sentir és, que todo el grupo se encuentre groseramente repintado yestofado, sobre todo las cabezas tienen gruesa capa de color muy basto, que las hace aparecer todavía como más ordinarias ytoscas. Examinada la basa ytodo el grupo, que es de barro cocido, con gran atención, para ver si descubríamos la firma del autor, nada hemos encontrado ysolamente podríamos averiguar algo, con respecto átan interesante particular, si nos fuera dado examinar de cerca las estátuas que decoran el gran retablo mayor de la Catedral, trabajada por distintos artistas, donde acaso encontraríamos otras, de cuya comparación resultasen datos para atribuir con algún fundamento la Virgen del Madroño, áalguno de los escultores que trabajaron las obras de nuestra Catedral áprincipios del siglo XV. Podemos, sí, asegurar, que esta obra no revela la perfección délas ejecutadas por Pedro Millan, ni por ninguno de los escultores contemporáneos; ánuestro juicio es anterior, aunque en ella se manifiesta áprimera vista, la influencia «eyckiana.» La magnífica efigie de la Virgen del Pilar, que se conserva en la capilla del mismo nombre, dentro de nuestra basílica, puede servir de comparación con ésta, yentónees veremos evidentemente, que el grU'
—i45 — P° del Sagrario es anterior áeste período, no obstante haber sido ejecutada en los comienzos del siglo XV. Con mucho interés hemos procurado adquirir norias en los autores sevillanos, acerca de ella, Peronada hemos encontrado hasta el presente, cual no es de extrañar, pues en la época de *°sOrtiz de Zúñiga, los Espinosa de los Monter°sjlos Morgados, ymás adelante, en la de Cean ^ermudez ydemás escritores de fines del siglo yprincipios del actual, se consideraban las °bras de estilo ojival con el mayor desdén, co- 1110 frutos de un estilo casi bárbaro. De igual mose estiman hoy estas obras por la generali- 'de las personas; yasí, no es extraño que aya pasado inadvertida para muchos la Virgen eMadroño, máxime cuando la capilla en que (a encuentra es bastante oscura, yademás la Vír- ^en tiene casi cubierta la cabeza por una toca de | e'a)yel tercio anterior de la figura está ocul- P°r algunos floreros do hoja de lata con floes contrahechas. Nosotros, que hemos debido el gusto de exaarle de cerca ála bondadosa deferencia del cJtrado presbítero Sr. D. Manuel Álvarez Fran- ja’ r°gamos ádicho señor haga desaparecer essatavíos yadornos, siquiera para que pueda mente vista por los aficionados, una pro- Set fácilt
duccion arqueológica tan interesante, que ocupará lugar preferente, si algún dia se lleva ácabo por doctas plumas la historia de la escultura se* villana. Entre tanto, nos limitamos ádar la noticia de su existencia, seguros de sugetos más competentes, encontrarán en ella sobrado motivo de estudio.
s= 9©a®im7S®m© (APUNTES) Conocida de propios yextraños ypor todos s ^'rada es la soberbia torre, áque vulgarmente dá este nom5re p0r jafigUra debronce (Gi- !l *°) que, sirviendo de colosal veleta, la re- ^ata> Comenzóse áconstruir el 13 de Safar del Cr° -^e^8o la Hcsira’J* yse en 1196, habiendo sido edificada, según s>Para que sirviese de observatorio astronó- a^°> y, estimando otros que fué la assumua ó t In ar de la gran mezquita. No ha llegado has- Nosotros el nombre del insigne arquitecto que Ir*gió his -'r su ^brica, no obstante que los antiguos r‘adores sevillanos la atribuyen áuno nom.
—250 — De todas las citadas obras, los relieves del Sagrario, el medallón de la clave do la portada de Santa Paula yla Virgen de la Trinidad, parecen hechos por la misma mano, ysi entre estos, el altar del Panteón de Arzobispos parece la más sobresaliente, no hay que perder de vista que el artista tuvo acaso que esmerarse más en ella teniendo en cuenta el destino que había de dársele yla poca altura desde donde iba áser expuesta. ¿Á quién se deben todas ellas, óálo menos, la singular ejecución del relieve del Sagrario? Tal es la pregunta que vienen haciéndose los aficionados, desde que nosotros dimos cuenta de la existencia de esta joya cerámica. Atribúyenla alguno^ al citado Francisco Niculoso, pero tal juicio des. trúyese fácilmente considerando que este artista, sl bien peritísimo en la fantasía de las pinturas decorativas, no lo fué tanto cuando se trataba de diseñar de las figuras, como fácilmente nos convenceremos fijando la vista en la laude de azulejos firmada por él, existente en la parroquia Santa Ana en Triana, acerca de la cual trc ceramógrafo, el Barón S. C. Davillier, dice 1° siguiente: «Aunque estos azulejos sean notable bajo el concepto del esmalte yde los coloi eS’ el conjunto dista mucho de alcanzar la pérfecc10 de las demás obras de Niculoso; el tono genera de un il U5
—251 — es algo duro yel dibujo deja que desear.» En efecto; de esta obra imperfecta, ála ejecución, por ejemplo, de Ja figura de San Sebastian, que forma parte del relieve del Sagrario, hay un distancia inmensa. Nosotros, con las debidas reservas, vamos áconsignar nuestro juicio y, con arreglo Aél, diremos que tal vez deba atribuirse su paternidad al famoso escultor yarquitecto Miguel Florentin. Eu los mismos dias que Niculoso trabajaba en Sevilla, consta que lo hacía también el citado Florentin, como lo comprueba el siguiente auto capitular de 18 de Marzo de 1510: «Item en este mismo día cometieron álos señores arcediano de Sevilla emaestre escuela ePedro de Fuentes eLuis de Soria que fablen con el Florentin, que fizo el enterramiento del Cardenal Don Diego Furtado, Para ver si le podían detener que no se vaya é que quede para facer obra para la Iglesia.» Se vé, pues, que ya en 1510 estaba hecho el mencionado sepulcro del señor Mendoza, obra que debió ejecutar poco después de la muerte de aquel varon acaecida en 1502. ¿Qué extraño, pues, que al mismo que hizo en 19el relieve en barro cocido para la Puerta del Perdón yque en dicho sitio se conserva, se considere como autor de aquel otro del Salario, cuando los estilos empleados en ambos y
—252 — Ja maestría en la ejecución en nada desmerecen? \si algunos reparos se nos hicieran con respec- to al uso del procedimiento del vidriado, más adelante probaremos que éste fué empleado por los imagineros hispalenses mucho antes de la vevida de Niculoso áSevilla (i) ypor tanto que no se debe áél su introducción en esta ciudad, como erróneamente se ha venido sosteniendo hasta aquí. Iso queremos cansar más la atención de los lectores, por lo que continuaremos historiando los nuevos métodos que en la fabricación de azulejos se realizan, ápartir del siglo XV. iv . La primera manifestación que hasta ahora se conoce, del azulejo plano policromo en Sevilla, P‘n‘ (0 Véase el artículo siguiente: «Un nuevo dái° para la historia de la cerámica sevillana. »
—253 — tado al estilo plateresco, hállase en el famoso altar de la Capilla del Alcázar, firmado por su autor Francisco Niculoso Pisano en 1303: éste procedimiento tuvo grandísima aceptación, empleándose en todo género de edificios, ya en pavimentos como en zócalos yotras partes, formando peregrinas combinaciones de frutas, flores, escudos, tarjetas, bichas yfiguras al estilo Rafaelcsco; muchas de ellas capaces de por sí para perpetuar los nombres de sus autores. Aplicóse también para verdaderos cuadros de composición que adornaban los cláustros de los monasterios, los frontales de los altares, los chapiteles de las torres, las portadas de los templos yen las calles también, colocados bajo característicos cobertizos yalumbrados de noche con algún farolillo atraían la devoción de Jas gentes. Nuestros más notabics artistas del siglo XVII no se desdeñaron de pintar estas losetas planas, pudiendo citar al propósito los nombres de Murillo yHerrera. Sin embargo de las nuevas influencias italianas que todo lo dominaban, 110 hemos de callarnos una observación que viene ádemostrar cuán profundamente Fallábase arraigada entro nuestros artífices ymaestros la tradición musulmana ómudéjar, como nos lo afirman los techos de alfarje ylos azulejos mismos; de éstos, citaremos dos notabilísimos ejemplares, que se conservan: uno, en
—254 — la Capilla del Sagrario de la iglesia de San Estéban yotro, en la de Santa Justa yRufina en Santa Ana de Triana. Ambas ofrecen ála vista peregrinas combinaciones de lacerías, notándose que el primero fué pintado en el siglo XVII yel otro en el XVIII. Para completar estos apuntes, diremos algo acerca de la manera de pintar estos azulejos planos, trascribiendo lo dicho por nuestro buen amigo el señor don Narciso Sentenach yCabañas: «Generalmente se desarrollan las fantasías platerescas de sus paños ycenefas medallones, bustos ycariátides, sobre un fondo amarillo indio muy brillante perfilando las líneas con el azul-cobalto ócon el negro-morado yempleando después en la iluminación de tan variada ornamentación, todos los colores más ricos que se han usado en la cerámica de Triana.» Fué en estos tiempos simultánea la fabricación de los azulejos que hemos llamado de cuenca y los planos, yen ambas producciones nótase de una manera singular, la decadencia artística que todo lo invadió yque, en plazo relativamente cor- to, hubo de contribuir áque se perdiesen los buenos recuerdos de otras épocas. En cuanto á los primeros, si bien los dibujos autiguos se repiten con poca precisión, vemos ya que los esmaltes no se circunscriben álos espacios ócana- .."i -r <vV f- ' <*•* A.ic. p K-V.
—255 — Jes en ellos marcados que constituyen sus adornos, sino que invaden los inmediatos, los manchan yadulteran; faltándoles aquella pureza que fué una de sus más excelentes cualidades, siendo también uno de los caracteres determinantes de la fatal postraccion de esta rama de la cerámica, la carencia del esmalte amarillo, llamado vulgarmente me- 1'ado,óéste mismo falto ya de vigor ybrillantez. En las losetas planas abundan vulgares yamanerados dibujos, ejecutados no por artistas, sino por manos inexpertas, llegando al punto de hacer verdaderos desatinos en cuanto al dibujo de las figuras: los esmaltes igualmente pierden su pureza como también algunos de sus mejores tonos. Por último, perdidas las tradiciones del buen gusto, olvidados los métodos referentes álos colores del vidriado, esta hermosa industria artística viene ámorir en los últimos años del siglo XVllf, por lo tocante al azulejo, pues si bien en este tiempo yen los comienzos del presente producen las fábricas trianeras algún que otro cuadro con imágenes de Santos, no merecen siquiera la pena de fijarnos en él. En cuanto álos hermosos ejemplares de la> drillos de cuenca,desaparecen ámediados del siglo último, perdiéndose con ellos, el procedimien- to que se usaba para obtener el color melado. La vasijerfa, como platos, tinajas, ydemás oboSEVILLA
—256 — jetos del uso doméstico, es lo único que se salva de este naufragio, pero de tal modo alterado el carácter de la mayor parte de ellos que los adornos que los decoran parecen obras salidas de manos infantiles, ysus esmaltes, escepcion hecha del azul-cobalto, del amarillo-pálido, del verde y negro-morado, apenas si dán muestras de ser conocidos. v. Viniendo ahora álos artistas que se dedicaron al ejercicio de esta industria, pocas noticias podremos allegar. Raros son los objetos salidos de las alfarerías sevillanas que tienen marca, yrarísimos los firmados por sus autores. De los primeros, conocemos sólo por referencia, la atribuida por M. Demmin áuna fábrica de Triana, yque consiste en un pez ligeramente dibujado, con azul. Esta marca, dice el citado autor, es ciertamente de una fábrica de Sevilla, yMr. Arosa conserva
—257 — un plato comprado en España, con la misma.» Como no hemos tenido ocasión de examinar este objeto, nos contentamos sólo con dar la noticia. En cuanto áfirmas sólo conocemos dos; una se vé en el cuadro formado con losetas que representa áNuestra Señora amparando bajo su man- to ávarios monjes ymonjas, procedente del convento de Madre de Dios en esta ciudad; firmado ^Augusta, ^ati 1577. Existo hoy en las galerías bajas del Museo provincial; la otra, se halla en un cuadrito también de losetas en que está representada la Giralda, que puede verse en la capilla de Santa Justa yRufina en Santa Ana de Triana. Al pié do la torre hay una cinta donde se lee: ;Año 1758, yálos lados: Pepigta (sic ) JOANNE pIAZ, No conocemos publicación alguna en que se consignen nombres de alfareros sevillanos ni tampoco de los artistas que decoraban las piezas, no obstante el interés que en descubrirlos han mostrado algunos ilustres ceramógrafos; por tanto, puede afirmarse que cualquiera noticia referente áellos tiene el valor de la rareza, yen tal virtud, estimamos que los aficionados apreciaran la lista de nombres que copiamos ácontinuación, extractaba de los libros de Escribanías de Cabildo referentes al siglo XVIII que obran en el Archivo 33
I municipal. Por más diligencias que hemos puesto de nuestra parte para encontrar otros de épocas anteriores ha sido inútil, observando con extrañeza que de los tiempos de explendor de esta industria ni uno siquiera podemos citar, mientras que ya en los decadentes fácilmente aparecen como lo prueba la siguiente nómina: MAESTROS DEL GREMIO DE ALFAREROS EN SEVILLA. % Siglo XVIII: 1710. —Juan Antonio González. —»—Cristóbal Martin Naranjo. —»—Sebastian García. —1712.—Santiago de Aguiar. —1713.—Juan Fernandez. —»—Juan de la Rosa. —1719.—Joan Muñoz. —1737.—Juan Ignacio de Silva. —»—Ventura Rabelo. —a—Manuel de Carmona. —»—Tomás Tello. —»—Fernando de ios Santos Rom1' driguez. —»—Miguel Moreno. —»—José de las Casas. —»—Sebastian de Rueda.
. —259 — Siglo XVIII: 1737.—Fernando Ortiz. —»—Bernardo Ortiz. —)) —Andrés Ortiz. —1742.— Diego Pichón. —»—Pedro Gaitan. —»—Lúeas Guerra. —»—Juan José Rodríguez. —»—Juan Gaitan. —1764*—Francisco Vázquez. —1760.—Miguel Espejo. —»—Diego Rodríguez. —»—José González. »—Fermín de los Reyes. —»—Joaquín Ballesteros. —»—Matías García. —»—Domingo Rodríguez. —»—Manuel Mensaque. (1) —x765.—Melchor del Ángel. —»—Francisco Leal Fernandez. —»—Miguel de la Cueva. —y> —José García. (1) En nota que nos ha facilitado bondadosamente el fabricante de cerámica Don Francisco Díaz, de maestros antiguos de esta misma industria, figuran J°s que citamos en el año 1760 comprendidos desde dicho año hasta el de 1800.
—266 — Don José del Pino. 8Antonio Gómez. «Joaquín García Montalban. *Manuel Soto yTello. 8Francisco García Montalban. 8Rafael Campos. 8Manuel Rodríguez. 8Francisco Díaz yÁlvarez. Distinguiéronse algunos de ellos en la pintura decorativa de vasijas yplatos, pudiendo citar ti este propósito los nombres siguientes: Doña Concepción Quesada. 8Enriqueta Montalban. Don Rafael Reyes. 8José de Castro. 8Juan López. 8Manuel Soto yTello. '* 8Manuel Rodríguez. 8Francisco Díaz Álvarez. 8JoséDurán. 8Manuel Perez. 8Vicente Fourrat yCampos, (i) (i) Natural de Valencia.
—26 7— Artistas pintores que se dedicaron ála ornamentación cerámica: Don Manuel Tortosa. ”Manuel Arellano (padre). ”Manuel Arellano (hijo). Hasta aquí han llegado nuestros esfuerzos: abrigamos el convencimiento de (jue estos Apuntes parecerán ánuestros lectores insuficientes, ymás todavía álos aficionados á este linaje de estudios; de aquéllos esperamos cierta benevolencia al juzgarnos, pues no se les ocultará lo árido de la materia, la escasez de datos ylas dificultades que hemos tenido que vencer sólo para reunir estas noticias. Mucho nos satisfaría ver el trabajo que ahora iniciamos, desenvuelto algún dia en toda su mayor extensión por sujetos de mayor competencia, ysi estos renglones sirvieran á lo menos para estimular áotros que Ueváran ácabo la historia de los grandes centros cerámicos que tanta fama dieron áMálaga, Granada, Almería, Valencia, Toledo, Talavera de la Reina, Alcora, Puente del Arzobispo ydemás poblaciones que se distinguieron en la fabricación de objetos cerámicos, nuestros deseos se verían colmados ysatisfechas nuestra aspiraciones. La lista que ácontinuación presentamos, como complemento de estos Apuntes,ofrece la más cum-
—268 plida serie de las producciones cerámicas sevillanas que hasta ahora hemos podido formar, partiendo del siglo XII hasta nuestros dias: Siglo XII torre de S. Marcos. í »XIV < i sia de S. Gil. icelias (Alcázar). |portada de la igle- 1sia de Omniura Sanctorum. la casa de Olea. »XIV-XV . de la Virgen. )) XV ajimez do la casa de los marqueses de la Algaba. »XVI i pilla de la Casa de Pilatos. . Sagrario.
I Siglo XVI. »XVII —269 — 1303 Altar de la Capilla del Alcázar (planos pintados). 1304 Sepulcro do Iñigo López j(Sta. Anade Tria- [na), planos pintados. 1304 Portada de Sta. Paula (relieves polícromos y píanos). 1540 Pabellón de Cárlós V, (Alcázar): cuenca. 1388 Convento de San Clemente (planos yde cuenca). 1568-69. Cámaras bajas contiguas á los jardines (Al- ;cázar): planos. i1576Escalera del Ex-convento de S. Pablo ([danos). 1577 La Virgen con varios Santos (Museo): planos. Losetas planas pintadas de azul yblanco. (Portada de la iglesia de la Caridad) (1) (1) Representan la Fé, Esperanza yCaridad. — San Jorge ySantiago ysus dibujos se atribuyen á Murillo. Son muy notables.
—270 Losetas planas polícromas de la ex-iglesia de San Francisco de ¡ Paula), (t) Id. id. de la ex-iglesia de Ntra. Sra. del Pópulo. (n) 1609 Parroquias de S. Lorenzo y S. Isidoro (planos) -'-o— -—->,1616 Monasterio de Santa Paujla ("planos). '1621 Tarjeta con volutas yfrutas en relieve, propiedad del señor Leguiña. T657 Sacristía del Sagrario de la Catedral (planos). 1674 Ex-convento del Cármcn (planos). »XVIII 1758 Cuadrito con la Giralda, Sta. Ana de Triana (planos) (1) Dícese por tradición que fueron diseñadas por Herrera el Mozo. Comprenden en cinco grandes cuadros áSan Francisco de Paula, San Cristóbal, San Gerónimo ydos Santos Obispos. (11) Seis cuadros con figuras de tamaño natural adornan esta portada. Son los más notables los centrales con San Agustín yla Virgen del Pópulo; los cuatro restantes contienen imágenes de Santos, monges yPapas.
UN NUEVO DATO PARA LA HISTORIA DE LA CERÁMICA SEVILLANA. Pocos meses bá, llevados de nuestra vehemente afición por rebuscar éinquirir alguna de esas curiosas reliquias de lo pasado, que causan la risa del vulgo y también de -muchos que de doctos se estiman, acertamos áentrar en casa de un viejo mercader de antiguallas, cuya amistad ycompañía nos complace. Pertenece al hoy escaso grupo de viejos anticuarios cuyo afán era poseer gran número de objetos de todas épocas, clases ymaterias, sin que jamás les asaltase la idea de coleccionarlos metódica yrazonablemente, ni tampoco que muchos de aquellos cachivaches po-
—272 — drian servir alguna vez de poderosísimos auxiliares para estudios históricos óartísticos- En medio de un verdadero maremagnum de objetos tan caprichosos como heterogéneos, comenzamos ádirigir la vista áun lado yotro, áver si entre tanto viejo lienzo, antiguas molduras, voluminosos infólios yraros trebejos hallábamos algo que pudiera importarnos. Esta exploración dió resultado, pues con gran sorpresa ycontentamiento logramos sacar de entre aquel cáos la curiosísima placa que ha dado lugar áestos renglones. Hoy que los doctos de todos los países se afanan por allegar materiales que ilustren yesclarezcan la historia de la Cerámica, contribuyendo con sus enseñanzas ála creación de innumerables ynotabilísimas fábricas que gozan de universal renombre, ycuyos productos son verdaderas maravillas artísticas; hoy que presenciamos un brillante renacimiento en el género que inmortalizó los nombres de los Giorgio Andreoli, Battista Franco yOrazio Fontana, estimamos que cualquier noticia que ve nga áaumentar el caudal de las conocidas será benévolamente acogida por cuántos se dedican áeste linaje de estudios. Si á más de tales consideraciones tenemos en cuenta que la placa de que tratamos corresponde álas antiguas alfarerías sevillanas, cuya fama ha permanecido átravés de los siglos, yque, en parte, viene állenar un vacío en la historia de aquellas, que áun yace envuelta
—273 — en la oscuridad de los siglos, será evidente que ha de reunir para el artista ypara el arqueólogo mayor y más grande estima, puesto que acerca de las antiguas fábricas de Triana no hemos llegado ni áun ádescubrir un nombre de aquellos peritísimos artífices que en tan alto grado contribuyeron áembellecer, con deslumbrantes alicatados de polícromos azulejos, los muros de las alfajías, ytarbeas del alcázar de Pedro I, la soberbia escalera ycámaras de los palacios ducales de Alcalá yAlba, ylas naves, capillas yretablos de nuestros templos. Como elocuentes testimonios de Ja maestría de sus autores, subsisten estas famosas obras, que en vano trátase hoy de imitar, yquizá no esté lejano el dia que algún afortunado amante de nuestras artes dé á luz esos mismos nombres que yacen al presente desconocidos en nuestros archivos ybibliotecas; acaso entónces llegaremos ásaber quiénes fueron aquellos maestros que en 1422 hizo ir desde Sevilla áAragón doña Juana de Mendoza, mujer del almirante de Castilla, para labrar azulejos (1) con destino tal vez á la morada de esta ilustre dama; pero mientras tan fe- (1) Debemos esta curiosísima noticia ála loable diligencia del reputado arqueólogo señor don Juan F. Riaño. Mus. Exp. de Antigüedades,tomo n, página 204. Monografía intitulada: Plato italiano del siglo XVI. 35
—274 — licísima invención, con otras de la misma índole, no llegan árealizarse, hemos de contentarnos con allegar nuevas obras, aproximándonos con ellas, en cuan- to sea posible, ácompletar la serie do los productos cerámicos de Triana, contando como el primero, en* tre los esculturales vidriados conocidos al presente, la placa en cuyo estudio vamos áentrar. Antes de proceder áél, lícito ha de sernos describirla, para mejor inteligencia délos lectores. Sobre un grueso ladrillo, cuyo espesor medio es de o, 3, aparece ejecutado, en alto relieve, el asunto místico de la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad; en el centro, sentada yoculto el escabel ósitial con los paños del manto, ocupando los dos tercios inferiores, hállase la Madre de Dios en actitud orante. A la derecha del espectador sirviéndole de basa unacolumnilla con su correspondiente capitel, está sentado el Padre Eterno; el brazo izquierdo extendido, yapo* yada la mano sobre la corona de Nuestra Señora; el derecho levantado, ybendiciendo con la diestra ala manera latina; frente áesta imágen se vé la del Hij°» en análoga posición; en el centro ytercio superior complétase el asunto por la cabeza de un barón barbado, que representa al Espíritu Santo bendiciendo con Ja mano derecha, de igual modo que el Padre y el Hijo, éimpuesta la izquierda sobre la corona de la Virgen. Curiosa variante es esta última, que recomenda-
—275 — mos al examen detenido de los eruditos; pues, como es sabido, mereció, andando el tiempo, enérgica prohibición por parte de losPontífices, con otras aun más absurdas, extravagantes yanticristianas, máxime cuando ya desde los tiempos de San Paulino de Ñola, figurábase al Espíritu Santo en forma de paloma, (i) Tuvo el artista que ejecutó esta obra que ceñirse yencerrar su composición en muy estrechos límites, yya por esta circunstancia como por la manera expecial ycaracterística de componer que distinguió álos artífices de los siglos medios, se observa áprimera vista, en todo el conjunto que ofrecen las cuatro efigies, aglomeración, estando, si se nos permítela frase, como apretadas yencogidas, de idéntica manera que aparecen en los relieves que ornan los muros exteriores del claustro que dá al Sur en la Catedral de Toledo. No cabe más sencillez en la manera de exponer este asunto, que involuntariamente nos recuerda la pompa que para ellos desplegaron los antiguos artistas, expecialmente la famosa tabla que pintó parala iglesia de Santo Domingo de Fiesole el eximio Fra (i) Epístola xxxn áSeveriano; describiendo Jas imágenes de la basílica de San Félix, dice: Pleno coruscat Trinitas mysferio—Stat Christus agno—vox patris cedo tonal—el per columbam Spintus Sanctus fluit.
282 — labores ycolores yasimismo bultos de hombres yotras cosas;» de este azulejo añade, «se hace mucha cantidad queso lleua ámuchas partes.» (1). ¿Qué otra cosa más que un azulejo, con figuras relevadas, es nuestra placa? Las materias todas que entran en la composición de aquéllos son las mismas que en ésta, ypor consiguiente, si demostramos que el procedimiento del vidriado fué conocido en Sevilla desde el siglo xn, como lo prueban los aliceres que ornan las enjutas de los ajimeces de la torre mauritana de San Márcos en esta ciudad, ¿por qué hemos de continuar creyendo, como hasta aquí, que áLúea della Robbia debemos los sevillanos la aplicación del vidriado álas figuras, cuando contamos ya con el notable ejemplar objeto de estos renglones, que si no es coetáneo del renombrado ceramista italiano, puede seguramente reputarse anterior áFrancisco Niculoso? Cuantos escritores han tratado de investigar la historia de la cerámica hispalense, todos hasta aquí muéstranse unánimes en considerar al citado artista pisano, que acaso trabajó en los talleres de Andrés della Robbia yen compañía de los hijos de éste, Juan, Lúeas, Ambrosio yJeróni- _(i) Libro de grandezas ycosas memorables de España, por el maestro Pedro de Medina, vecino de Sevilla, debido al serenísimo ymuy esclarecido señor don belipe, príncipe de España, nuestro señor, 1549* — Ms.Bib. Colomb. Tomo xxix, de P. P. V. V. F. F. 174-
—283 — mo, como el introductor de este nuevo género decorativo en Sevilla, pero basta fijarse en el carácter arcáico de las figuras que componen la placa de la Coronación para estimarla muy anterior al referido maestro italiano. En nuestro concepto, ysin que tratemos, ni por asomo, de debilitar el justo renombre del gran ceramista florentino, por lo que áesta industria sevillana respecta, podemos afirmar que el objeto que conservamos fue ejecutado en Sevilla ántes queNiculoso importára este mismo procedimiento de esmaltar figuras, yque, por tanto, hay que considerarlo como la primera página de nuestra historia de las esculturas de barro vidriadas.
*
ERRATAS MÁS NOTABLES. —KSxS*-^ Pág. Dice: Léase: 6—hemos querido reunir—reunimos 8—caprichosa Ii —D. Pedro 17 — envestigador 18 — antes de él »—se halla que pueda 25—nuncn 34—trasnunto 40—florores 48—panopia »—comprueben 55 — marcarll 56 — mucho deestacenturia- 5i—ruptos 54—recaso 59—contribuye 5i —la loza »—yasitio »—merecieron >4—calzados »—Ciíuente —caprichosas —D. Juan —investigador —con respecto áél —encontramos que pue da -nunca —trasunto -florones -panoplia -comprueban -marcarla -mucho de su perfec cionamiento en -Rieptos -recazo -contribuyen -la losa -y al sitio -mereciendo -labrados -Cifuentes
Pág. Dice: Léase: 97—de Cartuja loo—de la hospedería 120—de tadas 122—dotado esplendida - mente 146—seguros de sugetos 148 — simientos »—COL.ONLAE 149 — En su planta 15 1 — en somo adelanto »—en la menor de todas 152 — detenlladas 187 — MDLXII 220 REGNAMPLISIMA )) NEFA SILLVM »'VIXIX 224—manumento 247—aficiónanos -de la Cartuja -en la hospedería -de todas -dotado esplendidamen edejándole alhajas yreliquias y escojiéndola para -seguros de que sugetos cimientos -COLONIAE -Es su planta •en somo adelante es la menor -dentelladas -MDLXIV REGNA AMPLISIMA •NEFAS ILLVM VIX1T monumento aficionados
INDICE. — — Dedicatoria Al lector ....... La cabeza del Rey Don Pedro. . Descubrimiento de una antigua pintura en la iglesia deS. Julián, ynoticia de su auto;-. Sevilla román? Sevilla visigoda La carpintería délo blanco . La espada del Conde Fernán González. La bandera yespada de San Fernando. Espaderos yarmeros antiguos sevillanos. Sepulcros antiguos de la Catedral de Sevilla. Esoulturas antiguas sevillanas. La Giralda La parroquia de Santa Marina. Las Casas Capitulares de Sevilla . La iglesia de la Universidad literaria. . Apuntes sobre la cerámica deTriana.—Barros vidriados Un nuevo date para la historia de la cerámica sevillana
Acabóse de imprimir este primer tqmo DE LAS (( pURIOSIDADES ANTIGUAS SEVILLANAS,)) Á2Ó DIAS DEL MES DE JAAYO^ AÑO DE Jf.fi. jlESUCRIS-
500482233 BGU AMont. 06/3/22