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Mitos y fábulas del siglo espacio y construcción de la significatividad

Trachana, Angelique

Abstract

El siguiente artículo trata de la génesis de la significación en la sociedad moderna; de los viejos y nuevos mitos que han instituido lo imaginario social y de su representación en el espacio construido. En este intento se vislumbran los mecanismos de propagación ideológica y de control social del capitalismo tardío.

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MITOS Y FÁBULAS DEL SIGLO Espacio y construcción de la significatividad Angelique Trachana El siguiente artículo trata de la génesis de la significación en la sociedad moderna; de los viejos y nuevos mitos que han instituido lo imaginario social y de su representación en el espacio construido. En este intento se vislumbran los mecanismos de propagación ideológica y de control social del capitalismo tardío. Mito El Mito ha consistido en una búsqueda filosófica-ontológica en las sociedades «predesarrolladas». Aparecía como una referencia que establecía y facilitaba la comunicación entre los entes sociales. Grecia a través de los mitos interpretaba sus orígenes. Los mitos de una sociedad expresaban la necesidad de una superestructura. El tiempo potenciaba el mito y la naturaleza estaba siempre presente en él. El mito siempre nacía de una unión entre la naturaleza, lo humano y lo sobrehumano; venía así a constituir una unidad y dar coherencia al complejo de las significaciones que orientaban y dirigían la vida de una sociedad y de las personas que la constituían. El magma de las significaciones imaginarias sociales instituye la sociedad; crea su ánimo. Lo imaginario social no siempre corresponde a elementos racionales o reales y no se agota como referencia a dichos elementos. Y las instituciones son proce- 95 sos que no se pueden reducir a conceptos o a ideas. La institución de lo imaginario social constituye un proceso dinámico; corresponde a la institución por creación participativa del ente social impersonal y anónimo; opone por tanto la sociedad instituyente a la sociedad instituida y reductible a ciertos tipos. La institución de una sociedad es una construcción, una constitución, la creación de un mundo, de una imagen de ese mundo. De hecho su identidad constituye un sistema de interpretación del mundo, ese mundo que ella crea 1• Como el propio ser humano, las sociedades tienden inevitablemente a finalidades que constituyen sus visiones y prospecciones a través del tiempo. Se trata de las significaciones imaginarias de cada sociedad que en cierto -XCV- ASTRAGALO, 13 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i13.10 Arquitecta y crítica de arquitectura. Enseña en las universidades Politécnica de Madrid y Alcalá. 96 modo están gobernadas por un principio de conservación, aunque sea conservación de atributos arbitrarios y particulares. No hay sociedad sin mito como no hay sociedad sin aritmética. El hecho que en la sociedad moderna la aritmética llegó a ser el mito principal y que ha predominado la cuantificación no tiene un fundamento racional, ni el mundo se organiza lógicamente por medio del mito como querían los estructuralistas. El mito no se reduce a la lógica aun cuando contiene lógica, es esencialmente un modo por el que la sociedad se apropia del mundo y dota su propia vida con significaciones; de otra manera estaría privada de sentido. La institución de sociedad se despliega siempre en dos dimensiones indisociables: la dimensión lógica y la dimensión propiamente imaginaria. En la primera todo lo concebible está sometido a la determinación. La existencia es determinación. En la dimensión imaginaria, la existencia es significación. Las significaciones se relacionan indefinidamente las unas con las otras según un modo fundamental de remitirse presentando una organización desconocida en otros dominios y no son reducibles a sistemas en la esfera histórico-social, tal como fue la esperanza del funcionalismo y del estructuralismo, del causalismo y del finalismo, del materialismo y del racionalismo 2• gico de nuevo orden, característico del género sociedad sino que ese tipo es cada vez materializado por medio de otras formas, cada una de las cuales representa una creación, un nuevo eidos de sociedad. Nada substancial es común a la sociedad capitalista moderna y una sociedad primitiva. Las formas sociales nuevas emergen por creación, aunque eso no quiere decir que la creación histórica se realiza en la tabula rasa. Lo viejo de una manera u otra prepara lo nuevo o se relaciona con lo nuevo. No hay leyes o procedimientos determinados en virtud de los cuales una forma dada de sociedad pudiera producir otra sociedad o causar su aparición. Lo antiguo entra en lo nuevo con la significación que lo nuevo le da. Basta recordar hasta qué punto ideas y elementos griegos antiguos o cristianos fueron durante siglos continuamente redescubiertos y reinterpretados en el mundo occidental con miras a satisfacer los esquemas imaginarios del presente. Así nació la disciplina de la historiografía que indaga sobre los cambios de puntos de vista del Occidente respecto a la antigüedad clásica y cuyas indagaciones nos instruyen más sobre los siglos XVI, xvn o xx occidentales que sobre la antigüedad clásica. Éstos son los procesos que han dado lugar a las dos formas sociales innovadoras del Occidente: la polis democrática en la antigua Grecia y después el capitalismo 3. El orden y Ja organización social no pueden Consideremos el nacimiento del capitalismo y reducirse a los conceptos habituales del orden un posible enfoque neodarwiniano de la situa- y de la organización en la matemática, en la fíción actual: lo que observamos en la Europa sica o en la biología, los cuales han sido los occidental a partir de la edad media no es una paradigmas del urbanismo moderno. Lo históproducción aleatoria de sociedades diversas y rico social no crea de una vez un tipo ontolóla eliminación de todas ellas como ineptas, -XCVI- salvo una que es seleccionada como la única forma social apta. Lo que observamos es el surgimiento de una nueva significación imaginaria social: la expansión ilimitada del dominio racional. El racionalismo ha venido a significar la posibilidad de una expansión ilimitada de las fuerzas de producción que va acompañada de la acción de un gran número de factores de extrema diversidad. Ex post, y una vez en posesión del resultado, no podemos dejar de admirar la sinergia increíble y enigmática de esos factores en la producción de una forma impensable por uno o varios actores y que ciertamente no podría haberse construido en virtud de una reunión aleatoria de elementos preexistentes. Esos elementos entran en la institución de la sociedad capitalista cuando pueden ser utilizados o instrumentalizados por ella. Un ejemplo de ellos es el de la monarquía absoluta que creó el aparato del Estado moderno y centralizado que Tocqueville describía en L'Ancien Régime et la Révolution: concebido y construido para servir al poder absoluto del monarca, ese aparato se convirtió en el dominio impersonal de la racionalidad capitalista 4. Ese modelo de pensamiento se reproduce en un modo de acción visible del hombre sobre la naturaleza que es un proto-tipo de ciudad moderna: Versalles. La ciudad moderna surge de una crítica al París medieval y es concebida como una ciudad ideal, donde se llevaban a cabo en pleno barroco las ideas del Quattrocento. Es ahora cuando se dan las condiciones políticas para imponer una arquitectura y un diseño total. Versalles es el modelo unitario completo, el triunfo de la generalidad, la primacía de una idea controladora presente en los proyectos de la ciudad de las vanguardias arquitectónicas del siglo xx, donde el orden geométrico que organiza el espacio pretende ordenar y jerarquizar la actividad y la vida humana 5. Lo nuevo aparece como un orden. Lo que se manifiesta como desorden en las sociedades es ya algo significativo y negativamente evaluado. En todo caso el desorden coincide con los viejos sistemas en crisis o con un nuevo principio unificador que se impone desde fuera. En este caso el derrumbe del antiguo orden no hace sino continuar 6• Lo que establece la diferencia radical entre el mundo histórico social respecto al nuevo orden emergente y el mundo biológico, por ejemplo, es el surgimiento en el primero de la autonomía o de un nuevo sentido de la autonomía. La autonomía no como un cerco de organización, de información, de conocimiento, lo que significaría que el funcionamiento del sí mismo vivo y su correspondencia con las diversas cosas que son exteriores a él están gobernadas por reglas, principios, leyes, sentidos que son dados y una vez dados son inalterables. La autonomía no como cerco sino como apertura, creación histórica que rompe con el pasado, tuvo lugar por primera vez en la antigua Grecia y luego de nuevo en la Europa occidental a finales de la Edad Media. En virtud de esa ruptura se creó por primera vez la autonomía en el sentido propio del término: la autonomía de un ser que pone abiertamente en tela de juicio su propia ley de existencia, su propio orden dado. Esas sociedades cuestionan su propia institución, sus significaciones imaginarias sociales, sus representaciones. Todo esto estaba evidentemente implícito en la creación de la -XCVII- 97 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 democracia y de la filosofía que rompió el cerco de la sociedad instituida que prevalecía hasta entonces y abrió un nuevo espacio del pensamiento y de la acción política. La autoinstitución de la sociedad implica evidentemente el individuo autónomo, en adelante más o menos cuestionable, y lleva pareja la lucha contra el viejo orden o los viejos órdenes heterónomos, lucha que dista mucho de haber terminado 7• En las sociedades poscapitalistas de la mundialización cultural la automomía está en entredicho. La revolución tecno-me- diática y el nuevo régimen de economía global somete la democracia imponiendo un nuevo tipo de control social. Los procedimientos de creación y propagación de significados según el patrón y la potencialidad de los mass-media ponen en entredicho la propia razón. quía absoluta o la Contrarreforma de la iglesia, si el urbanismo ilustrado representó el triunfo de la razón en la evolución de la ciencia, la industrialización, la urbanización y como consecuencia la revolución social, si las propuestas arquitectónicas y urbanas de las vanguardias del siglo xx se nutrieron de contenido utópico de renovación social y política, el contexto urbano que se construye hoy carece de significatividad, tendencia hacia una finalidad o situación ideal, y sin embargo está pleno de referencias y de mensajes. Comunicación y comunicabilidad sin significatividad. El ser humano ya no posee las claves de la comprensión del mundo que le rodea, comprensión sin la cual la actividad humana no puede realizarse plenamente. La autonomía y la posibilidad de verdadera acción política se 98 Logos y razón, que en el antiguo griego tienen enfrenta con un dominio lingüístico, el de las el mismo significado y desde el Renacimiento constituye el fondo sobre el cual se despliega un sistema de representación, se desdobla ahora en dos direcciones distintas. La representación establece una correspondencia entre forma y contenido, entre producciones materiales o lingüísticas y conciencia social, lo que implica unos conceptos previos objetivos y un lenguaje común. La crisis de la representación ha supuesto la destrucción lingüística con la proliferación de lenguajes que son fragmentos y mezclas de representaciones ideológicas, discursos irracionales, informaciones sígnicas inconexas, intercambiables y efímeras. El espacio moderno se había construido como un lenguaje para establecer una comunicación entre la sociedad y el poder. Si la ciudad barroca había significado el poder de la monarmitologías de masas. Los mitos de la sociedad de hoy, según Roland Barthes, tienen una función instrumental en la propagación ideológica y reduccionista a ciertas determinaciones. El mito es un lenguaje, constituye un sistema de comunicación, es un mensaje, un modo de significación y una forma al mismo tiempo. Todo lo que justifique un discurso puede convertirse en mito. El mito se define ya no por el objeto de su mensaje sino por la forma en que se profiere: sus límites son formales, no substanciales. Todo puede ser un mito en la sociedad medíatica, todo puede entrar en la multiplicidad de los procesos de elaboración de la información, todo puede ser masivamente apropiado por la sociedad del consumo. El mito es algo que pasa del estado real al estado del lenguaje, es algo ins- -XCVIII- tantáneo y efímero que sin embargo tiene fundamento histórico. El mito es un lenguaje elegido por la historia, no surge de la naturaleza de las cosas 8. El mito pertenece a la vasta ciencia de los signos que Saussure postuló bajo el nombre de semiología. Aquí, la crítica histórica se adentra en el estudio de las formas y estudia las ideas como significantes. Estamos en el dominio de la fenomenología, el mundo de los significantes donde el mito opera deformando la significación para convertirla en algo fácil incidiendo inmediatamente sobre las condiciones de la percepción. El marco físico y conceptual que han creado los medios de comunicación ha favorecido la propagación de mitologías, que ya constituyen lugares comunes para la comprensión de la realidad; un marco donde se desarrolla una iconografía sustitutiva de la realidad, donde las imágenes y los símbolos que operan en la institución de lo imaginario social responden a una voluntad de reforzar las formas de dominio ideológico y cultural. De ese modo también las construcciones se insertan con un papel activo en los modos de regulación social y política propios de las modalidades de la acumulación flexible de la nueva urbanización del capital. Una imperativa exigencia comunicacional y persuasiva se imprime sobre todos los procesos de transformación del medio físico con la activación de mecanismos ideológicos y propagación de mitologías que actúan sobre la memoria, la experiencia y el conocimiento, transformando y borrando estructuras sociales existentes. Las mitologías según Barthes son formas que vaciadas de sentido se llenan de un concepto arbitrario, abstracto e inmediato. Al ser vaciado el contenido de la forma, e! contenido que postula un saber, un pasado, una memoria, un hecho comparativo de sucesos, de ideas, de decisiones, la función del concepto es la de imponer una voluntad. Para ello puede simular o manipular un sentido. El mito, lejos de constituir una categoría de creación participativa, sin embargo, se constituye cuando se apropian de él las masas y se constituye porque contiene las condiciones para ser apropiado; porque es la forma comunicativa y persuasiva que, presentada en el ámbito de la producción arquitectónica por ejemplo, bajo el signo de la innovación, posee una enorme facilidad para apropiarse por las masas; porque cuanto más simple y común es el concepto más fácilmente e instantáneamente apropiable es. Siendo el mito un concepto pobre, el significante aparece rico. Asombra en la práctica arquitectónica ver desvelar por los propios autores la simplicidad de los planteamientos para formas de aparente complejidad. La presencia de la forma literal e inmediata que no ofrece ninguna resistencia, la forma generada como puro gesto, sólo tiene sentido en sí. El mito es un concepto abstracto de naturaleza puramente lingüística, y a la vez es forma; tiene la doble faceta de sentido y forma a la vez. La apropiación de mitos por los discursos políticos y urbanos y su capacidad atractiva para la ciudadanía es hoy algo de índole común y general. El mito no solamente describe sino que construye el sentido y la corporeidad de los hechos urbanos. Es el procedimiento de dotar de significación los conjuntos residenciales con un registro de determinado - XCIX- 99 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 status social; de crear cualificaciones para los edificios, como por ejemplo, con la categoría de alto standing; de propagar determinaciones respecto a lo que es calidad de vida a través de las categorías, como por ejemplo, el aislamiento y la seguridad, cualidades que por norma general son nuevas y no verificadas históricamente, pero que la propaganda presenta como esenciales. Como ejemplo, podríamos observar el barrio de Nueva Icaria que se construyó en el litoral barcelonés en el lugar de un antiguo barrio industrial. Nueva Icaria representa una de las más grandes operaciones especulativas del capital, programada ya hace muchos años y llevada a cabo con un procedimiento de urgencia bajo el pretexto de la Olimpiada. El nuevo barrio residencial se crea como una nueva identidad urbana para la nueva clase media emergente, pero el conlOO cepto promocionado fue el de abrir la ciudad hacia el mar y el de crear una ciudad de alta calidad. Ése fue efectivamente un concepto especulativo que junto con otros tropos lingüísticos no reflejaban la realidad construida ya que no se trataba ni de una ciudad abierta al mar, ni de una ciudad de alta calidad, sino de una ciudad que, en la realidad, tiene una altísima densidad, una mediocre calidad constructiva y donde los lugares de la comunidad se suplantan por algunos hitos o signos innovadores del lenguaje arquitectónico y urbano 9. Algo análogo ocurre en la escala del proyecto arquitectónico. Cuando observamos las arquitecturas de Peter Eisenman o de Frank O. Gehry u otros arquitectos de la posvanguardia, vemos que se asimilan cada vez más a discursos que no remiten a ninguna realidad, a ninguna experiencia y memoria. Los contenidos estan sustituidos por ficciones y simulaciones donde cabe también la simulación de la razón y la simulación de la historia. Históricamente, los signos o monumentos de una sociedad de un período concreto tienen un valor instrumental coyuntural, independientemente de si ese valor se ha mantenido a veces durante siglos. Pero en nuestra época, la aceleración del tiempo por la tecnología y sus implicaciones directas en la percepción del espacio, han hecho inmensamente frágil la vigencia de los signos. La vivencia en tiempo simultáneo que enseñan los medios de comunicación se convierte en el tiempo de la percepción y de la comprensión de la realidad. Nuestra época prolífica en la producción de signos incorpora también los signos caducos de otras épocas a los que dota con un nuevo concepto semántico que por lo general es artificial. La multiplicidad de signos habilitados de todos los períodos históricos, de todas las tendencias estéticas, crea un efecto de desorden, una falta de sintaxis o mala sintaxis sígnica que caracteriza nuestra época y nuestras ciudades en concreto. Se expresa deseo de arbitrariedad, predilección por situaciones irracionale s, lenguajes inacotados y producción de objetos acotados como signos de la temporalidad. Los mitos, como dice Barthes, no tienen ninguna fijeza. Pueden hacer se, alterarse, desaparecer completamente, como ocurre con todos los símbolos de nuestra contemporaneidad. Es - trellas de la televisión y del cine, de la música o de la moda pueden subir y bajar de popularidad o desaparecer del firmamento. En la constelación del star system arquitectónico, tanto en figuras individuales como tendencias estéti- -C - cas, se descifran mitos como insistencias de conductas que muestran una intención con la repetición de un mismo concepto en formas diferentes. La abundancia y diversidad de formas arquitectónicas producidas hoy, parecen disponer de una masa ilimitada de significados pero, en la realidad, es pobre, corresponde a un numero pequeño de conceptos. En cierto modo se podrían descifrar en una corta serie de ismos: posmodemismo, deconstructivismo, minimalismo, contextualismo, historicismo ( ... ). El mito se descifra nombrando los conceptos. El mito es un metalenguaje: un lenguaje que habla del lenguaje arquitectónico y cuya significación es el mito mismo, una entidad concreta que se consume, un lenguaje objeto, una conciencia puramente significante, una conciencia puramente imaginante. objeto arquitectónico, aniquilando la monumentalidad del espacio urbano en sí, que ha venido a convertirse en mero espacio libre. Ese aura de la arquitectura se ha perdido en la metrópolis posindustrial, así como se ha perdido el aura del espacio público. Ambos, hoy se subordinan a una monumentalidad que pertenece a los grandes sistemas técnicos y la actividad del negocio y del gran consumo, que se erigen como los nuevos monumentos. En nuestros días las infraestructuras de autopistas, aeropuertos, hipermercados, edificios de la imagen corporativa ... son los hitos del progreso y de la modernización; instituyen los mitos de la comunicación y el bienestar. Las nuevas catedrales se erigen a la fe en el poder adquisitivo y los verdaderos monumentos que propagan ideología son los anuncios publicitarios, mientras que los lugares del ocio y del El mito crea la convicción de actuar con un tiempo libre se instituyen en los lugares públi- 101 concepto y una razón mientras lo que produce cos y de comunidad. en la realidad es un efecto de regresión y empobrecimiento del contenido, del saber y de la memoria de la forma: El mito crea una relación débil, intercambiable y efímera entre forma y significado. El significante resulta entonces ambiguo, a la vez intelectivo e imaginario, arbitrario y natural... Es procedimiento habitual del mito para apropiarse de la forma arquitectónica, la singularización y la monumentalización. Por lo general, el concepto de monumento o de espacio público, que cada sociedad tiene, traduce sus mitos. Las contingencias ideológicas de la sociedad burguesa del siglo pasado y principios de éste han dotado de monumentalidad el espacio público. Las vanguardias arquitectónicas del siglo xx han transferido esa monumentalidad al propio La atribución a la naturaleza del mito de los efectos negativos de la difusión de ideología, cultura oficial, heteronomía, homogeneización, materia de evasión y homologación en la cultura de los massmedia de hoy sería injusta sin aunar a esos efectos la contribución de los medios de comunicación desde la alfabetización a la pacificación y sin tener en cuenta la no casual concomitancia entre prensa y civilización democrática, nacimiento de la igualdad política y civil y la Revolución. Pero sí efectivamente en las sociedades tecnocráticas avanzadas, las pautas dictadas por la tecnología contemporánea de la comunicación están realizando una operación masiva de homogeneización y de sentido unidimensional, implicando la produc- - CIASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 ción del espacio en esta dinánica de las técnicas de institución social. Existe una esperanza que el aumento cuantitativo de la comunicación pueda producir una sensibilidad renovada nutrida, ya no de los contenidos sino de la formas mismas y de la multiplicidad de los mensajes 10 • Cabe la posibilidad que la circulación de ideas, independientemente del proyecto ideológico que las determine, puedan entrar en dialéctica entre sí y con las circunstancias dadas, para producir una renovación social, pero se vislumbra todavía lejos de ser cumplida. Aunque los resultados pueden ir mucho más allá y volverse en contra de las previsiones y proyectos de los estrategas de la sociedad, por lo que se puede mantener esperanza de un posible cambio radical, lo que se puede hoy día comprobar es el debilitamiento y la desintegración social, la desestructuración de identidades histórica y local- ¡ 02 mente constituidas. Y en eso es primordial la contribución de los procesos de la producción espacial homologados hoy a nivel global. La desintegración y la desestabilización social se pretende hoy compensar con tecnologías culturales y de identidad de promoción que en la construcción del espacio se traducen en la escenificación de la ciudad como comunidad y la construcción de simulacros. Desarrollo El mito del desarrollo ha nutrido la ideología oficial y las políticas de las sociedades modernas; ha constituido el complejo de ideas y la mentalidad que dominaron y configuraron la vida, la acción y el pensamiento del Occidente, desde hace seis siglos, a través de los cuales dominó el mundo cambiando las estructuras sociales, la mentalidad, los significados, los valores y la organización psíquica de los seres humanos, produciendo la crisis de las sociedades donde se implantaba el modelo social occidental con las ideas que encarnaba. El desarrollo que se preocupa sólo por el crecimiento y realiza sólo el crecimiento de un tipo dado, de un contenido específico no ha dejado de traer consecuencias negativas en las sociedades y las personas in di vi duales 11 • ¿Qué es el desarrollo? Desarrollo sería un proceso de la realización de lo posible, el paso de la potencia al actus. Lo que significa que existe un actus que puede determinarse y definirse, que existe una situación fisiológica que pertenece a la sustancia de ese desarrollarse o, según Aristóteles, esa. sustancia es el acatamiento de una regla que se define por una forma final, la entelequia. En ese sentido, el desarrollo implica la determinación de la madurez y aún más, la determinación de un límite natural, siendo así la otra manera de llamar a la naturaleza aristotélica. Los seres se desarrollan hacia un propósito. El desarrollo como idea central de Grecia era paideia. Y eso era posible porque existía la polis como norma y como límite. Al cuestionarse la institución política y al relativizarse su carácter, quedó sin respuesta la cuestión del desarrollo, un punto oscuro en el pensamiento del Occidente: desarrollo sin punto de referencia, sin definición de una situación final al que hay que llegar. El cambio sucede con la irrupción de la noción del infinito, a partir del siglo XIV. Con la creación y crecimiento de la sociedad urbana se ha podido realizar la necesidad psíquica e interés -en- por la investigación y los descubrimientos. La Reforma dio fin a la representación medieval del mundo y de la sociedad dando paso del mundo cerrado al universo infinito. La perspectiva de un desarrollo infinito del conocimiento, la idea de que el uso de la lógica es condición necesaria y suficiente para dominar la naturaleza, la matematización de la ciencia, y, finalmente, la nueva idea del crecimiento ilimitado de la producción y de las fuerzas productivas que ha surgido con la sociedad urbana constituyen las nuevas significaciones imaginarias de la sociedad. A las nuevas finalidades corresponden nuevos valores y normas, una nueva definición social de la realidad del ser, de los valores, de lo que cuenta y lo que no cuenta. En otras palabras, lo que cuenta es lo que se cuenta. Un giro nuevo del pensamiento y del conocimiento se impone. No existen límites en el poder y las posibilidades de la Razón. La razón por excelencia, la que al menos afecta la res extensa, es la matemática (Leibnitz) y su expresión: la aplicación racional de la ciencia a la industria (Marx) o la aplicación (racional) de la industria en la ciencia. En toda la ideología del progreso se expresa la no existencia de límites. No existen límites en el progreso del conocimiento, no existen límites en el progreso del poder. Los límites donde los haya tienen un valor negativo y deben superarse. Así que no alcanzaremos nunca el conocimiento absoluto ni el poder absoluto pero nos aproximamos constantemente. De allí la situación paradójica, donde llegó la ciencia: la divergencia entre progreso del conocimiento y verdad. Así, no puede existir un punto fijo de referencia para el desarrollo, una situación determinada y definitiva a la que hay que llegar; pero el desarrollo es un movimiento hacia una dirección constante y, se entiende, este movimiento se puede medir sobre un eje dado como un incremento de valor, en cada momento. El movimiento se dirige hacia cada vez más y más. Más mercancías, más años de vida, más decimales, más publicaciones científicas, más personas con doctorado -cuanto más mejor-. Llegamos así a la situación presente. El desarrollo social histórico consiste en salir de cada situación determinada para llegar a otra que no se determina por nada excepto por la capacidad de llegar a situaciones nuevas 12 • El espacio constituye una metáfora espacial que nos sirve para señalar una situación de tránsito permanente. La forma arquitectónica y urbana se desarrolla en multiplicidades performativas sin límite que se oponen a toda estructura, a toda representación y trascendencialización. La disipación, la innovación, la diferenciación se enfrentan a toda categoría respecto a qué disiparse, innovarse, diferenciarse ... El desarrollo termina significando crecimiento infinito y la madurez capacidad de crecimiento sin fin. El límite es que no hay límite. Y como la indeterminación nos es insoportable, se nos da la determinación a través del incremento de las cantidades. Esa idea del desarrollo está alienada con una serie de demandas teóricas y prácticas que son: la omnipotencia de la técnica, el exceptiCismo respecto al conocimiento científico, la racionalización de los mecanismos económicos, la burocratización y la planificación como soluciones universales aplicables a cada problema. - CIII- 103 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 gos, economistas, urbanistas, arquitectos. Vi- Ante la prepotencia tecnicista de los discursos vimos y nos movemos en el marco de las cienpolíticos y expertos en las democracias reprecias objetivas en un espacio igualmente objesentativas, que pretenden vender una opción tivo, isótropo e inacotado de las metrópolis en el mercado de las resoluciones, decae toda contemporáneas. El espacio se ordena según actitud dialógica 21 • diagramas, medidas métricas, cifras monetarias y normas legales. La histórica cultura urbana -usos, costumbres, relaciones sociales representados en formas construidas y configuraciones urbanasse altera profundamente por nuevos conceptos que sustituyen sus valores derivados del significado. La concentración humana regida por normas sociales, jerarquías y representaciones consteladas como elementos definitorios de un tipo de tejido urbano, un centro, un límite, monumentos, plazas, calles y tipos de propiedad están suplantados por una homogeneidad y una indiferenciación antes desconocidas. El espacio 11 o construido por los expertos es frío, neutral y vacío; es un espacio geométrico. El contenido antrópico que lo convertirá en lugar, creando relaciones humanas y estructuras sociales, vendrá por añadido o no vendrá. La lógica del espacio geométrico pretende hacer posible la vida buena y la democracia como implemento de la estructura física. La cultura tecnocrática cae en esa simplificación al creer poder manejar el mundo de sentido con la misma lógica y los mismos métodos que se manejan para ordenar la realidad física. La construcción de sentido por ese procedimiento se dirige hacia fines propios. La ausencia de sentido en la construcción del espacio, sentido que no sea meramente formal y que represente voluntades participativas se sustituyen habitualmente por discursos retóricos. La significación de los artefactos se torna autorreferencialidad y la configuración urbana simulacro de comunidad. Las implantaciones técnicas están dando un soporte isótropo para la construcción que se realiza bajo un concepto técnico bastante homogéneo, independientemente de la diversidad formal que a su vez depende de la alienante condición del dinero del coste. Porque cuanto más disponibilidad de dinero, más diversidad, más formalismo y más ostentación de forma. La accesibilidad y el suministro de servicios, energías, información viene a ser toda la cualificación requerida para un territorio convertido así en apto para cualquier instalación, cualquier tipo de edificación, cualquier uso. Las redes infraestructurales racionalizan el territorio según su propia lógica mientras que lo construido aparece en el fondo como residual. Los cambios de densidad, la irregularidad, el desorden visual, y el crecimiento indefinido de lo urbano, son las características del urbanismo de la periferia metropolitana que tiende a convertirse en el paisaje genérico del mundo moderno. La comprensión de lo urbano como continuum espacio-temporal definido y limitado corresponde a una cualidad restringida de las áreas históricas de las ciudades. Estas áreas representan en realidad unos enquistamientos y en cierto modo unas obstrucciones del pleno desarrollo de los sistemas técnicos que atraviesan la totalidad del terri- -CX- torio, permitiendo el continuo flujo de perso- !ante. El conductor desea atravesar el espacio, nas, de mercancías y de informaciones. Por no que éste atraiga su atención» 22• eso se las ha recluido en bolsas asépticas, se las ha envuelto con autopistas, se las traspasa por el subsuelo, se las esquiva fríamente y sin afecto para que el sistema pueda cumplir su función y su fin impíamente. Las redes de infraestructuras metropolitanas son puntos neurálgicos de densificación del sistema global: de redes que traspasan las fronteras nacionales para insertarse en redes internacionales, mundiales. Dentro de ese sistema global, la arquitectura y los fragmentos urbanos contemporáneos también se neutralizan y se aíslan por las autopistas o los terrenos baldíos. La arquitectura que tiene escasa trascendencia en la configuración del medio natural tiene sin embargo un gran impacto sobre el medio ambiente. Las masas construidas son el factor principal de la destrucción del medio ambiente con un gran impacto visual junto con la contaminación atmosférica y la explotación irracional de los recursos naturales. « El espacio se ha convertido en un medio para el fin del movimiento puro. Ahora clasificamos los espacios urbanos en función de lo fácil que sea atravesarlos o salir de ellos. El aspecto del espacio urbano convertido en esclavo de estas posibilidades de movimiento es necesariamente neutro: el conductor sólo puede conducir con seguridad con un mínimo de distracciones personales. Conducir bien exige señales convencionales, líneas divisorias y alcantarillas, además de calles carentes de vida aparte de otros conductores. A medida que el espacio urbano se convierte en una mera función del movimiento, también se hace menos estimu- Asistimos a un cambio histórico que puede leerse en el carácter mudable de la muchedumbre urbana. Si una vez existió una masa ligada a los centros de las ciudades hoy se dispersa en los centros comerciales para el consumo en vez de reunirse para los objetivos más complejos de la comunidad o del poder político. En la multitud moderna, la presencia física de los otros seres humanos es sentida como algo amenazante. En el campo de la teoría social estos argumentos han sido presentados por los críticos de la sociedad de masas, especialmente Theodor Adorno y Herbert Marcuse 23• La geografía de la ciudad moderna, al igual que la tecnología moderna concibe los espacios de modo que los cuerpos humanos no sean conscientes unos de los otros. La pantalla del ordenador y las islas de la periferia urbana son consecuencias espaciales de problemas quizá no resueltos con anterioridad en las calles, en las plazas de las ciudades, en las iglesias y los ayuntamientos, en las casas y en los patios, diseños que fracasaron a la hora de despertar la conciencia del contacto humano24. Viajar por la geografía de la sociedad contemporánea requiere poca concentración, poco esfuerzo físico, poca participación. Como complemento al aislamiento que impone la velocidad, las acciones necesarias para conducir un automóvil, el ligero toque del acelerador y de los frenos, las miradas continuas al espejo retrovisor, son micromovimientos comparados con los arduos esfuerzos que exigía conducir un coche de caballos. De esta manera, la nueva geografía refuerza Jos medios de masas. El via- - CXI- 111 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 jero, como el espectador de televisión experimenta el mundo en términos narcóticos. El cuerpo se mueve pasivamente, desensibilizado en el espacio hacia sentidos situados en una geografía urbana fragmentada y discontinua. Tanto el ingeniero de caminos como el realizador de televisión crean Jo que podría denominarse liberación de la resistencia. El ingeniero idea caminos por los que la gente pueda desplazarse sin obstáculos, esfuerzo y participación. El realizador explora las formas de modo que la gente contemple algo sin sentirse demasiado incómoda. Según el sociólogo M. P. Baumgartner en sus estudios sobre el suburbio, «en la experiencia cotidiana, la vida está repleta de esfuerzos destinados a negar, minimizar, contener y evitar el conflicto>>. Nuestra tecnología nos permite evitar esos riesgos 25• 112 En esa geografía se han borrado los paisajes urbanos, esas configuraciones morfológicas que son al mismo tiempo condición cultural substancial de un contexto con que se identifica una sociedad. Hoy se suplantan, gracias a las tecnologías de la comunicación, con promociones inmobiliarias a las que se identifican clases sociales, y que primero se crean como discursos especulativos sobre ciertas imágenes. Los textos de los discursos publicitarios venden el aislamiento como contacto con la naturaleza, las comunicaciones como proximidad, la autosuficiencia de las áreas construidas como alta prestación de servicios, la ostentación como calidad y, sobre todo, abusan de los conceptos cambio de vida y de seguridad. Se trata de un doble discurso que por un lado descalifica la ciudad tradicional, presentándola como algo, incluso, peligroso, mientras que, por el otro lado, exalta algunas de sus cualidades como si pertenecieran a la urbanización: proximidad, servicios ... , que nada tienen que ver con Jos servicios prestados por la ciudad, promocionando así una idea de ciudad falsa. Un paisaje urbano es un lugar y una imagen, una realidad física y un complejo de relaciones entre sus habitantes, relaciones no sólo materiales; es a la vez una figuración y una configuración. Esta última se compone de elementos y de relaciones que poseen una estructura interna; es más que una visualización, más que un escenario con figuras; Jo constituyen también elementos vivos, organizaciones morfológicas por aportaciones antrópicas. Ese paisaje urbano sería una configuración de realidad geográfica completa y significativa, un lugar, una especificidad, una estructura espacial, pluralidad e integración de componentes, temporalidad y memoria, intercambio con otros sectores urbanos. De todo eso deriva la significación más que de la monumentalidad y la singularización de ciertos elementos. Un paisaje completo lleva dentro los ojos del hombre, Jo que significa que no puede erigirse autónomo y totalmente objetivo sino que depende de una mirada, implica mirar con una filosofía y una ética y no solamente desde unos presupuestos técnicos o económicos. El utilitarismo es una teoría ética que no proporciona una plataforma viable para asegurar las libertades individuales y para enfocar Jos problemas del medio natural. El impacto destructivo y la insostenibilidad a largo plazo de nuestra civilización urbana plantea inmensos dilemas morales y políticos. La concepción de la naturaleza como un mero objeto de explota- - CXII - ción por parte de los humanos, en la antropocéntrica tradición occidental, todavía perdura y a pesar del desarrollo de la ciencia que en los últimos cinco siglos ha ido eliminando todos los elementos del antropomorfismo. Nuestra ética y filosofía es incapaz de analizar o iluminar problema moral alguno que vaya más allá del mero conflicto de intereses entre los humanos 26• Mientras que el hipertrófico desarrollo urbano avanza hoy aniquilando la diversidad de la tierra, convirtiendo la imagen del planeta en una inmensa conurbación indiferenciada sin que ningún paisaje natural pueda salvarse del arrasamiento uniformador y ninguna variedad de modos de ser hombre y organizar el espacio entre las plasmaciones de los pueblos en sus territorios pueda resistir, el yo se sumerge en lo que Ortega definía como «zozobra del yo sin circunstancia». Relatividad El problema de la significación considerado como un problema del lenguaje, abordado por figuras lingüísticas y mitos, puede hoy caer en el más absoluto relativismo. Estamos inmersos en un relativismo que se rebela contra las consecuencias negativas que derivan de la idea de que todo juicio tiene que remitir a algún modelo normativo y que las normas se conviertan en culturas. El relativismo postula la liberación de todos los límites, la posibilidad de examinar de un modo las obras humanas en «clara oposición con el objetivismo que las deshumaniza y nos incapacita para tomar parte en una interacción comunicativa» 27• El relativismo se inserta en la filosofía pragmática proporcionándonos una interpretación antirrepresentacionalista de la realidad. Según este postulado, el conocimiento no consiste en la aprehensión de la verdadera realidad sino en la forma de adquirir hábitos para hacer frente a la realidad. Esta concepción nos deja sin un anclaje. Los relativistas-pragmáticos esgrimen: partir de las creencias como adaptaciones al entorno en vez de las representaciones cuasi imágenes; partir de Darwin en vez de Descartes; las creencias son hábitos de actuar construidos por el organismo para ayudarle a enfrentarse al mundo, en vez de partir de un modelo del mundo. Este enfoque no cartesiano y antirrepresentacionalista no ve la necesidad o posibilidad de una teoría que enlaza el lenguaje con la realidad. Para el neoliberalismo, coincide con esa otra noción de la verdad como «el encuentro libre y abierto» de opiniones 28• El derrumbe de la metafísica, la destrucción del plano moral por Nietszche, Marx y Freud, del mismo modo que Einstein con la teoría de la Relatividad destruyó el campo del conocimiento y James Joyce lo hizo con el campo estético al acabar con la idea de la narración absoluta, tendrían extraordinarias consecuencias también en la construcción del espacio. El colosal vacío que se abre en el pensamiento occidental sería la historia de la ciudad moderna; en gran parte convertida en la historia de cómo se ha llenado ese vacío. Nietszche había reconocido como el candidato más calificado para cumplir esa función «la voluntad de poden>. Con el relativismo aparece el exceso; como cosecuencia de la desaparición de la figura del - CXIII- 113 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 114 mal, que implica alguna norma, prohibición o simplemente juicio, aparece el mundo del exceso donde la transgresión ya no es posible o es imposible prohibir. Todo resulta posible finalmente, hecho que afecta a todas las liberaciones, aunque esto crea la nueva situación paradójica donde todas las posibilidades existen pero no hay realmente una finalidad. Después de la explosión de la modernidad, se vive ahora una tardomodernidad de implosión o de finalidades problemáticas; ambigüedad, e incertidumbre, dificultad de establecer un juicio de valor, imposibilidad de cualquier crítica. Detrás del relativismo acecha el nihilismo. En medio de un universo de absoluto relativismo, la devaluación de todos los valores. Emerge entonces el poder absoluto de la técnica, el triunfo de los tecnócratas y estadistas. Ante la imposibilidad de síntesis, la imposibilidad de pensar en algo por uno mismo, sino pensar las cosas por sí mismas, como fragmentos, y concebirlas como meros fenómenos, la tendencia es interpretar, teorizar, conceptualizar, crear discursos que contextualicen, es decir, relativicen los fenómenos respecto de una situación dada. Relativizar viene así a significar justificar. Justificar lo inevitable, sería la pretensión teórica de la disciplina urbana desde que se ha perdido por el neoliberalismo todo compromiso con la sociedad. La eclipse del espacio público y de la cohesión social, las patologías sociales desencadenadas no son cuestiones que tengan soluciones meramente técnicas. Y la planificación del espacio no consiste en la mera implantación de consumos masivos: consumo de vivienda, espacios lúdicos, comunicaciones y no lugares. Hacen falta soluciones pensadas para el ser humano, esa densidad perdida de individuo, no consistente sólo en necesidades materiales sino también espirituales y comunicacionales, demandas de un ser político. Azar La poetización del azar es otra manera en que el mito captura el sentido. El pintoresquismo del desorden y la deformidad reciben un bombardeo especulativo de sentido, según el cual el desorden se convierte en un concepto de orden esencial. En una lógica del mundo donde el mal es inefable o es imposible ejercer la negatividad, lo único que puede ocurrir es que haya inversiones y accidentes, que sea éste un mundo del accidente total. El orden de apariencia pintoresca que regía la disposición de los templos en los santuarios griegos o las construcciones de las ciudades medievales respondían verdaderamente a un orden natural, profundo y esencial. K. Doxiadis, que estudia la disposición de los templos de la Acrópolis, llega en conclusiones de ese tipo, y los estudios eruditos de la antropología, la etnología, la sociología o la historia así iluminan la disposición de los trazados de los asentamientos medievales. Un orden natural que surge de la sinergia de las fuerzas telúricas y de las fuerzas de la gravedad, refleja asimismo un ensayo general de las fa - cultades psíquicas y mentales del ser: compresión de la realidad, experiencia y conocimiento teórico. El orden aparente como resultado que surgía orgánicamente de la aplicación de la racionalidad y las creencias -CXIV - míticas, de la coherencia entre razón práctica y metafísica nada tenía que ver con el orden como un concepto estético a priori aplicado o una estimación estética a posteriori establecida. La relación directa entre sujeto, objeto y naturaleza que constituía el orden natural quedaría definitivamente abolida en nuestra cultura moderna. El conocimiento que nos proporciona la cultura administrada hoy nos niega esa posibilidad de la experiencia, mientras que por otro lado crea una disposición estética hacia el mundo; narcicismo, entrega a la distracción y autocomplacencia que se convierte en el comportamiento social por antonomasia. La imagen del espacio del hombre se concibe con ambigüedad y un pretendido carácter lúdico. Las construcciones surgen de la perplejidad intelectual como imágenes espectrales de la memoria o el sueño, residuos del pasado y de lo olvidado, de lo muerto resucitado como imagen espectral o de un futuro inesperado. Un nuevo concepto estético y funcional asume la significación sin comprensión del mundo que nos rodea. La apariencia casual o azarosa de las formas en el espacio construido y habitado, como juegos libres de la imaginación cargadas de sentido lúdico, son fruto de la misma mentalidad que también promueve la explosión delirante de las loterías y las apuestas, los juegos-concursos emitidos por la televisión que derraman ante los ojos pasmados de tantos excluidos una insólita lluvia de millones y felicidad. Las formas arquitectónicas en el espacio urbano entran en juegos y enfrentamientos insólitos ofreciendo a las masas espectáculo y distracción tal vez para ayudar a evacuar de la sociedad la angustia y la insatisfacción. El traumatismo económico, social y cultural, que sufren actualmente las sociedades desarrolladas, fácilmente podrían transformar éstos en elixires en una nueva barbarie. El apoyo de las mayorías de las naciones a sus gobiernos, que apoyaban a su vez los ataques norteamericanos a Kosovo, bajo la insignia de la OTAN, así lo demostraron. La sinrazón, que se nutre de la ignorancia y la credulidad de los mitos y las pasiones suscitadas, incluidos los nacionalismos y los no nacionalismos y demás manipulaciones del poder, subyace bajo el camuflaje festivo y cosmopolita de una urbanidad donde realmente late la violencia que engendran los intereses del poder económico y político. La sensibilidad creadora de ese final de siglo y de milenio regresa hacia un expresionismo como tendencia final y decadente de la formalización. La condición expresionista que emerge en los impulsos renovadores del siglo xx 29, se abre hoy como un espacio de exploración inacotado para la arquitectura de la posvanguardia. Pero la tendencia a la disgregación de la forma tradicional que caracterizó el expresionismo moderno desemboca hoy a una tendencia de forzar un discurso de la forma. Superados los azares de la deconstrucción y de los eclecticismos historicistas se observa hoy una intención de forma afirmativa en busca de la máxima expresión y la distinción entre las demás. Ciertamente, la sensibilidad contemporánea hacia un final de ciclo que tiene que sintetizar un discurso formal apunta directamente hacia una abolición de la reali- - cxv- 115 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672 dad y de su representación 30. La arquitectura ya no representa su estructura portante, sus elementos constructivos, las relaciones de su interior con el exterior, sino que busca otra realidad distinta y en este caso nada tiene que ver con una realidad más verdadera y profunda como la que había buscado el expresionismo moderno. La destrucción de la forma tradicional se hace sobre el fondo de la construcción de un simulacro y la utilización del lenguaje como objeto de exposición. Lo que representó el «Grito» de Edward Munch en la pintura, o «La decadencia del Occidente» de Oswald Spengler en la filosofía fue la desesperación y la angustia que impulsó a los artistas modernos a abolir la realidad, ya sea retirándose a un mundo más primitivo y más auténtico, ya sea a un mundo 116 más abstracto. La impotencia del yo en formular la síntesis, de expresar la individualidad, de arrojar una visión subjetiva sobre el mundo y formular lo nuevo, se expresa sin embargo en el arte y la arquitectura tardomoderna más que en la destrucción en las nuevas tentativas y reelaboraciones del lenguaje. Si la cultura moderna se había marcado por una angustiosa protesta ante lo dado con la destrucción de los lenguajes, la cultura posmoderna en un acto de exaltación de su naturaleza lingüística está llevando a cabo una incesante reelaboración de los fragmentos de la catástrofe lingüística creando con ellos nuevas sintaxis y vocabularios figurativos. Con sobrevivientes de la catástrofe moderna y escombros de lo existente reconstruye lo paradójico y lo sorprendente realizando así hoy aquellas visiones de Piranesi o de la imaginería futurista, movimiento abortado en su tiempo y hoy resucitado para realizar plenamente su imaginería sin contenido alguno. De la incongruencia del sentido, de la tarea deconstructiva de la estética y la sublevación a la cultura y la memoria, emerge un mundo de imágenes de la expresión de la nada. Lo Kitsch surge como la representación más generalizada de la imposibilidad de síntesis, como forma de la descomposición y de la acumulación, de la incapacidad de actuar culturalmente. El automatismo, la irreflexibilidad y el azar como actitudes románticas engendran formas sin tradición; figuras de un romanticismo y de una sublimación del yo antes desconocidos; de un sujeto puro y carente de verdadera tradición. Valery afirmaba que lo mejor de lo nuevo es la respuesta a una necesidad antigua. Entonces, las obras auténticas son crítica de las pasadas. El contenido de las obras humanas es la tradición. Por el contrario y según Adorno, un conocimiento que condescendiera sin reservas con el ídolo de esa pureza del yo, la intemporalidad total, coincidiría con la lógica formal, se convertiría en tautología; y ya no habría lugar para la lógica trascedental 31 • La lección adorniana sobre la tradición se sucedería un allanamiento de la crítica y la abolición de la dialéctica negativa. Los discursos de la posmodernidad habilitaron teorizaciones hermenéuticas y conceptos que legitimaban la imitación de la realidad y la innovación formal sin límites. La lógica de lo intrascendente en la poética del azar es la inexistencia de una finalidad y el fin del juicio ético de las creaciones humanas. - CXVI- NOTAS 1 Cornelius Castoriadis, Los dominios del hombre. Las encrucijadas de/laberinto, Ed. Gedisa, Barcelona, 1994. 2 Ibídem. 3 Ibídem. 4 Ibídem. 5 Colin Rowe y Fred Koetter, Ciudad collage, Colección Arquitectura y Crítica, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, pp. 89-91. 7 Cornelius Castoriadis, Los dominios del hombre. Las encrucijadas de/laberinto, Ed. Gedisa, Barcelona, 1994. 8 Roland Barthes, Mitologías, Siglo XXI Editores S.A, séptima edición en español, México, 1988. 9 Juan de la Haba, <<La ciudad y sus metáforas. Formulación ideológica y procesos de reestructuración urbana en la Barcelona contemporánea>>, Astrágalo XII, Madrid, septiembre 1999. 10 Uberto Eco, Apocalípticos e integrados. Ed. Lumen, Barcelona, 1968. 11 Cornelius Castoriadis, Los dominios del hombre. Las encrucijadas de/laberinto, Ed. Gedisa, Barcelona, 1994. 12 Ibídem. 13 Ibídem. 14 Ignacio Ramonet, El mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo, Ed. Debate, Madrid, 1997. 15 Angelique Trachana, Astrágalo X, editorial, diciembre, 1998. 16 Ignacio Ramonet, El mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo, Ed. Debate, Madrid 1997. 17 Entrevista con Pierre Boordieu, Polítis, abril 1992. 18 Ignacio Ramonet, El mundo sin rumpo. Crisis de fin de si~lo, Ed. Debate, Madrid, 1997, pp. 120-21. 19 Sigfried Kracaur, De Caligari a Hitler, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1961. 20 Jesús Ibáñez, <<El Centro del caos>>, Archipiélago 13, 1993, pp. 14-26. 21 José Luis Ramírez, <<La construcción de la ciudad como lógica y como retórica. Los dos significados de la ciudad>>, Astrágalo XII, septiembre 1999. 23 Véase especialmente, Max Horkheimer y Theodor Adorno, <<The culture industry: Enlightenment as Mass Deception>>. Dialectic of Enlightenment, Nueva York, Continuum, 1993, 1994, pp. 120-167; Theodor Adorno, <<Culture Industry Reconsidered>>, New German Critique 6, 1975, pp. 12-19; y Herbert Marcuse, One dimensional Man: Studies in the Ideology of Advanced Industrial Society, Boston, Beacon Press, 1964) . 24 Richard Sennett, Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental, p. 20, Alianza Editorial, Madrid, 1997, p. 23. 25 Ibídem. 26 Eduardo Martínez de Pisón, <<El pmsaJe, patrimonio cultural>>, Revista Occidente, julio-agosto 1997. 27 Richard Rotry, Objetividad, relativismo y verdad. Escritos filosóficos I, Ed. Paidós Ibérica, Barcelona, 1996. 28 Ibídem, pp.lS-27. 29 María Teresa Muñoz, El laberinto expresionista, Molly Editorial, Madrid, 1991. 30 Ibídem. 31 Theodor Adorno, Teoría Estética. 32 Theodor Adorno, La dialéctica ne~ativa. ~ 1 1 - CXVII- 117 ASTRAGALO,13(1999)ISSN 1134-3672