Reflexiones sobre la teoría poética de Bécquer
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REFLEXIONES SOBRE LA TEORÍA POÉTICA DEBÉCQUER 1 Por ROGELIO REYES CANO Excmos. e Ilmos. Sres. Académicos, Señoras y señores : Por riguroso turno de antigüedad académica me corresponde pronunciar el discurso de apertura de este nuevo curso 2003- 2004 . Dejo, pues, por unos momentos la mesa presidencial co mo Director de esta Casa para ocupar esta tribuna en mi condición de profesional de la enseñanza y el estudio de la literatura, que es el ámbito científico en el que me de se nvuelvo y por el que tuve el honor de ser incorporado, hace ya má s de doce años, a la nómina de numerarios de esta Corporación. Como uste de s han podido leer en la invitación a este acto, he escogido como tema a Gustavo Adolfo Bécquer, una figura recurrente en mis trabajos universitarios cuya relectura me descubre siempre cosas nuevas y me reafirma una y otra vez en los que yo creo que son sus dos valores más destacados : su excelencia poéti ca y sus geniales anticipaciones en la teoría del arte. El correr de los años va haciendo, casi sin darnos cuenta, una lenta pero sostenida operación reductora en nuestros gustos de lectores y potenciando nuestro diálogo , corno dijo Quevedo, con esos " pocos pero doctos libros juntos" que forman parte de nuestro más secreto patrimonio per so nal. Cada uno tiene su íntimo y particular canon de lectura s, a las que vuelve una y otra vez buscando en ellas lo per-
]() ROGELIO REYES CANO manente sobre lo accidental, aquello que más nos reafirma en nuestro modo de ver la vida. Pues bien: Bécquer es para mí uno de esos autores canónicos, uno de mis escritores preferidos, quizá porque su obra posee la permanencia y a la vez la versatilidad de un verdadero clásico. la capacidad de proyectarnos al presente desde el pasado y de hablarnos con un lenguaje universal cuya vigencia trasciende el tiempo que le tocó vivir. Como escribió Cernuda, "hay en Bécquer una cualidad esencia l del poeta: la de expresarse con una claridad y firmeza que sólo los clásicos tienen". Ésa es también para mí su nota más esencia l y Ja razón más honda de mi altísima estima. Ya tuve ocasión de hablar de él en este mismo Jugar en noviembre de 2001 con motivo del Congreso conmemorativo del 250 aniversario de la fundación de nuestra Academia. Me centré entonces en la prehistoria lírica del gran poe ta de Sevilla. en lo que éste debía al mundo académico de nuestra ciudad y sobre todo a la figura de Alberto Lista . quien lo inició en el ejerci cio de una poesía de envarado corte clasicista que luego el discípulo supo convertir genialmente, sin romper del todo con aquélla, en la prodigio sa frescura de las Rimas. Hoy. volviendo al escritor, voy a comentar algunos aspectos de su teoría poética, es decir, de sus reflexiones sobre la naturaleza del hecho literario, porque también en ese dominio Bécquer resulta sorprendentemente moderno. Dedicaré. por lo tanto. esta lección a esbozar ante ustedes algunas ideas fundamentales de su poética, estrechamente conectada. por otra parte, o más bien deducida, de sus mismos textos literarios, en una de las formulaciones metapoéticas más interesantes de la modernidad lírica europea. A tal fin. lo primero que convie ne recordar ahora es que Bécquer fue un autor de muchos y muy variados registros. Está, en primer término, el poeta de las Rimas. el que renueva la poesía española de su tiempo. Pero Bécquer fue también el artífice. con sus leyendas y sus Cartas desde mi celda, de la mejor "prosa de arte" de nuestro siglo XIX. Y hay que contar asimismo con el periodista que recoge escenas de costumbres; con el impulsor de la recién inventada técnica de la fotografía, que él aplica por primera vez en nuestro país en su Historia de los Templos de España; con el aficionado a la pintura, en la órbita artística de su
REFLEXIONES SOBRE LA TEORÍA POÉTIC A DE BÉCQUER 1 1 familia (de su padre el "maestro Bécq uer ", de su tío Do míngu ez Bécquer, de su hermano Valeriano). Y ha sta con el libretista de zarzuelas, y con el hombre de fino se ntid o musical. Una versatilidad estética ciertamente notable que no s habla de una excepc ional predisposición natural para la cre ación artística. Todos estos registros acentúan má s si cabe la paradoja que siempre se ha visto en el caso lit erar io de Bécquer, y es que a pesar de su corta vida, que no llegó a lo s treinta y cinco años, y de la brevedad de su obra (unas ochenta rimas, las Leyendas. las Cartas ... y poco más), dejó. sin embargo, una profunda huella en la lírica española de nuestro tiempo. Como creador sienta las bases de toda la poesía contemporánea. Pero hay también en él una dimensión reflexiva y analítica sobre la naturaleza del hecho poé - tico, y en ese dominio dejó igual mente mar cas de su modernidad. Admiramos tan intensa dedicación al queha cer lírico -a la acción y al pensamiento poéticos- en un hombr e que en lo biografico pres en ta perfiles de innegable modestia; que pasa por la vida sin los reconocimientos ni oropeles de otros grandes poetas de su siglo co mo Espronceda o Zorrilla, y que sin embargo deja entrever, en un conjunto de textos milagrosamente cincelado s, un a vi da interi or de sorprendente dinamismo. Su actitud silente, su proverbial introversión, su co medimiento ed itorial... alejan su perfil humano del falso estereotipo sevillano. alegre y extrovertido. fraguado por el casticismo decimonónico y lo insertan, en mi qii - nión, en una línea de sevillanismo fino y culto, con ten de11cia a la interiorización, que tiene su precedente en algunos autores del Siglo de Oro (recorde mo s al silencioso y adusto Fernando de H errera) y que despu és reaparece en otros temperamentos líricos y ensimismados como José María Izquierdo, Joaquín Romero Murube o Luis Cernuda. Y es en esa tende ncia a la interiorización, al cultivo amoroso y recatado de un jardín oculto, donde hay que buscar sin duda la clave de su profunda reflexión sobre el ser de la poesía. Como tantas veces se ha dicho, no hay en Bécquer una po ética en se ntido estricto, si po r tal entendemos el resultado de una voluntad teórica sistemática, capaz de generar un texto especulativo y mu cho menos normativo. Na da más lejos de la concepción personalista que de la poesía ti ene el autor sevillano. Sí
12 ROGELIO REYES CANO la hay, en cambio, si por poética se entiende también, como es usual, la explicitación de unos ideales líricos, de unos criterios de creación que tienen el inestimable valor de proceder de un poeta, es decir, de alguien para quien la poesía no es primariamente lectura o audición sino actividad vital. En ese sentido sí puede hablarse de una auténtica poética becqueriana que se sustancia en tres de sus textos: las Rimas, las Cartas literarias a una mujer y la reseña al libro La soledad de su amigo Augusto Ferrán. Aun así - y como también ha resaltado la críticase trata de una poética muy particular, con varias notas distintivas. En primer lugar ha y que resaltar el tono de modestia en que está formulada. José Pedro Díaz subrayó, con razón, que cua ndo habla de la poesía Bécquer no parece querer postular nad a; más bien se confiesa. No adopta un tono de seguridad sino de d ud a. Sabemos, en efecto, que la duda es nota distintiva de su mu ndo poético, envuelto casi siempre en evanescencias y confusiones, cuando no en tules, gasas y nieblas; en inconcr ec iones paisajísticas y sentimentale s. Desde los nebulosos cuadros de inspiración nórdica ("valle de eternas nieves y de eternas/melancólicas brumas")a la irrealidad femenina ("cendal flotante de leve bruma") o a la cambiante y paradójica condición de los sueños ("Yo no sé si ese mundo de visiones/vive fuera o va dentro de nosotros ... "). Dudas, interrogaciones, vacilaciones ... , he ahí unos mecanismos recurrentes habituales en el discurso poético becqueriano que se transfieren al dominio de su reflexión sobre la poesía misma. Se ha dicho por ello que sus ideas se expresan como en voz baja, en un marco de indecisiones y de cautelas, sin el menor signo de seguridad. Otra nota de su poética es su carác ter intuitivo y se ntimental. Su visión de la poesía, según nos dice el mismo Bécquer, brota en primer término del se ntimiento, de su propia emoción de creador, aunque la formulación verbal de sus ideas sea finalmente un producto de la reflexión. Pero se trata siempre de un pensamiento asentado sobre un sentir: "He leído un poco, he sentido bastante y he pensado muc ho , aunque no acertaré a decir si bien o mal". Interesante esta gradación "in crescendo"(poco, bastante, mucho) que relativiza, en mi opinión, la vieja idea dieciochesca del valor de los mode los literarios en la formación del gusto y en la correcta definición de la poesía, y que ponde-
REFLEXIONES SOBRE LA TEORÍA POÉTIC A DE BÉCQUER 13 ra , por el contrario, la nota romántica del sentimiento, y, lo que es más significativo, la concepción, ya mu y moderna, del poeta reflexivo y distanciado del sentir. Esa int errelación entre lectura, sentimiento y reflexión, - referida ahora a la génesis de su poéti caes concomitante, como veremos luego, con lo que Bécquer dice del mismo proceso de creac ión líric a, por lo que en él poética y creación vienen a explicar se desde los mismos s upuestos. La valoración becqueriana del sentir es la que le lleva a reiterar la importancia de la ex periencia previa al poema, las vivencias preliterales. Conecta así con una línea de claro signo romántico según la cual el mundo preexistente al poema es siempre más rico que el poema mismo ya conformado en palabras. Idea asentada en la tradición del pensamiento platónico (y proyectada ahora en el estereotipo del poeta -vi dente, del poetadios, de sc ubridor del mundo) y retomada por la filosofía idealista alemana, que al convertir el yo en el instrumento esencial de la teoría del conocimiento, hará de esa experiencia preliteral uno de l os grandes mitos de la época. Bécquer no olvida que la poesía, para ser tal, nece sitará escribirse, materializarse en palabras, pero, fiel a la ide a romántica, insistirá una y otra vez en lo que la creación poética tiene de dependencia de un sujeto, de proyección de un yo cuya riqueza interior apenas si puede entreverse, con ojos nostálgicos, en el siempre pobre resultado verbal que genera. El ahondamiento en el propio yo hará de la poesía una forma de conocimiento que se apoya en una experiencia preliteral cargada de indeterminación. Por eso parece ser algo preexistente al poema mismo: "Espíritu sin nombre/ indefinible esencia ... "; una "cualidad . .. del espíritu del hombre" que "reside en su alma ... y para revelarla necesita darle forma". U na "aspiración melancólica y vaga que agita tu espíritu". E incluso en algún texto la poesía -identificada con la belleza natural, el misterio y los sentimientos- parece tener existencia ob jeti va al margen del poeta y desde luego al margen de cualquier plasmación textual: "Podrá no haber poetas, pero siempre / habrá poesía". Pero donde Bécquer aventura una definición m ás pretendidamente explícita de la poesía es en su famosa rima XXI:
14 ROGELIO REYES CANO ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¡Qué es poesia.' ¿Y tú me lo preguntas? Poesía ... eres tú. La pregunta ("¿qué es poesía ?) no era ciertamente origi nal , pues antes que Bécquer ya la habían fo1mulado, que se sepa, su íntimo amigo Narciso Campillo en el prólogo a sus Poesías de 1858, y Antonio de Trueba en un a11í culo de 1860. Se conoce que se trataba de un lugar común en los ambientes lit era rios de aquel tiempo. Pero lo que ahora nos importa subrayar es que es ta rima XXI, sustanciada prácticamente en la inten-ogación y en la res - puest a, viene a ser una síntesis lírica de un co nocido pasa je de la primera de las Cartas literarias a una mujer, pub licadas por nuestro autor en 1860 en la re vista El Contemporáneo. Comparando ambos textos. vemos cómo se ha pasado del de sar rollo analítico y argumental de la prosa a la sencilla pero expresiva contenci ón que cuadra má s al verso. El pa saje en cuestión dice así: En una ocasión me preguntaste: "Qué es la poesía?" ¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos mo - mentos antes de mi pasión por ella. ¿ Qué es la poesía?, me dijiste; y yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones, te r espondí titubeando: "La poesía es ... es ... ; y sin concluir la frase buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar ( ... ). Mis ojos que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos y excla mé al fin: "¡La poesía, la poe sía eres tú !". La poesía eres tú, porque esa vaga aspiración a lo bello que la caract er iza y que es una facultad de la inteligencia en el hombre, en ti pudiera decirse que es un instinto. La poesía eres tú porque el sentimiento, que en nosotros es un fenómeno accidental y pasa como una ráfaga de aire, se halla tan íntimamente unido a tu organización especial, que constituye una parte de ti 1ni sma.
REFLEXIONES SOBRE LA TEORÍA P OÉTICA DE BÉCQUER 15 Últimamente, la poesía eres tú, porque tú eres el foco de donde par ten sus rayos ( ... ). La poesía es en el hombre una cua - lidad puramente del espíritu; reside en su alma, vive con la vida incorpórea de la idea y para revelarla necesita darle una forma. Por eso la escribe. En la mujer, por el co!ltrario, la poesía está como encarnada en su ser. su aspiración, sus .presentimientos, sus pasiones y su destino son poesía; vive, respira, se mueve en una indefinible atmósfera de idealismo que se desprend e de ella como un fluido luminoso y magnético; es, en un a palabra, el verbo poé - ti co hecho carne. Al igual que en el poema, el desencadenante de la "definición" ha s id o la pregunta de una mujer, a la que el poeta no se sustrae con evasivas galantes si no qu e se demora en un razon amiento argumental (los porque) acorde con el sosiego de la situación, que, como ha su bra ya do López Estrada, tiene algo de escena de camafeo ro m án tico. En sustanc ia las ideas que se derivan de Jos dos textos que hemos visto son: 1 º) q ue en el hombre la poesía es una cualidad de la inteligencia y perteneciente por ello al mundo de las ideas; 2º) pero que la poesía es esencialmente sentimiento, y éste en el hombre es acci dental; y 3°) que en cambio en la mujer el sentimiento es algo consustancial y por ello la poesía está como encarnada en su ser. Ideas de no fácil interpretación, de las que no debemos deducir ni una visión unívoca y exclusiva de la mujer por parte de Bécquer (pues son muchas y muy variadas las mujeres que desfilan por sus rimas) ni mucho menos la alusión a una determinada mujer real. Esta mujer de las Cartas parece ser más bien una invención literaria, que posiblemente tenga mucho que ve r con una incipiente literatura para mujer es que por entonces se había pues to de moda en revistas y periódicos, como el famoso Álbum de seíioritas y Correo de la Mo da, en Ja que había colaborado el propio Bécquer. Pero la inte rpr etación de esta rima XXI no es fácil, pues no dice que la muj er sea poeta sino que encarna la poesía. Es "poesía" pero no expresa la poesía. Lo que Bécquer parece decir es que, al ser el sentimiento una cua li dad dominante
16 ROGELIO REYES CANO en la mujer, ésta posee una visión no conceptual de la existencia, hay en ella como una fusión instintiva con el mundo. Interpretación que J. Pedro Díaz rastrea en el pensamiento de la segunda mitad del s. XIX y muy particularmente en un texto del sociólogo alemán Georg Simmel (1858-1918): La esencia femenina descansa inmediatamente en lo fundamental, en el fundamento absoluto, de manera que en cada problema la mujer siente lo primario, lo indemostrable -que en cada caso puede ser o no plausible o racional-, y no necesita, no puede necesitar, por decirlo así, el rodeo de la demostración. Sumergido en la realidad universal, el instinto de la mujer habla como desde una identidad fundamental con los objetos. Dijérase que el conocimiento femenino tiene su residencia natural en esa última verdad a que todas las demostraciones se retrotaen y en la que todas están contenidas en germen; de manera que la forma discursiva del camino que es propia y peculiar de todos nuestros conocimientos demostrativos, resulta para la mujer superflua e ineficaz. La asimilación de la mujer a la poesía era también un lugar común con notables precedentes, entre ellos Federico· Schegel y Lamartine. Pero esa distinción de Bécquer entre ser la poesía y expresar la po esía era ya muy es plí cita en un pasa je de una novela de Teófilo Gautier -Mad emoi se lle de Maupin (18 36)- estudiado por Antonio Vilanova. En ella se dice: "Bien es verdad que las mujeres entienden tanto de poesía como la s coles o las rosas, lo que es muy natural y muy sencillo, puesto que ellas mismas son la poesía, o por lo menos los mejores instrumentos de la poesía: la flauta no oye ni comprende la melodía que con ella se interpreta". Recordemos la rima XXXIV: " . .. Mientras callando/ guarde oscuro el enigma, / siempre valdrá lo que yo creo que calla / más que lo que cualquiera otra me diga". Fiel a esa idea, Bécquer piensa que el poeta necesita para crear ciertas notas que son propias de la mujer: "En la escala de la inteligencia del poeta hay notas que pertenecen a la de la mu-
REFLEXIONES SOBRE LA TEORÍA POÉTICA DE BÉCQUER 17 jer, y éstas son las que expresan la ternura , la pasión y el sentimiento". Pero nunca dirá que la mujer, por el mero hecho de serlo, sea poeta. Es más: declarará expresamente, como Gautier, su dificultad para expresar la poesía, esa "poesía -dice- verdadera y espontánea que la mujer no sabe formular, pero que siente y comprende mejor que nosotros". Porque hemos llegado a un punto clave dentro de la reflexión becqueriana sobre la poesía: una cosa es sugerirla o sentirla -como ocurre en la mujer- y otra muy diferente ser poeta, es decir, formularla. Lo que Bécquer entiende por ser poeta queda muy bien aclarado en otro pasaje de su carta II: Cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes, hijas de la sensación, duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria, hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno, y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas transparentes que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis ojos como en una visión luminosa y magnífica. Entonces no siento ya con los nervios que se agitan, con el pecho que se oprime, con la parte orgánica y material que se conmueve al rudo choque de las sensaciones producidas por la pasión y los afectos; siento, sí, pero de una manera que puede llamarse artificial; escribo, como el que copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes. Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son. Este interesante pasaje está destinado a aclararnos el importante problema de la expresión poética. En él destacan algunas ideas sustanciales. En primer lugar, la explicitación de que la
24 ROGELIO REYES CANO ... ¿quién podrá escrebir lo que a las almas amorosas, donde él mora, haze entender? Y ¿quién podrá manifestar con palabras lo que las haze sentir? Y ¿quién, finalmente, lo que la s haze desear? Cierto, nadie lo pue de; cierto, ni ellas mesmas por quien pasa Lo pueden. Porque esta es la causa porque con figuras, com - paraciones y semejanzas, antes revosan algo de lo que sienten, y de la abundancia del espíritu vierten secretos y misterios que con razones Lo declaran .... Bécquer quiere paliar esa radical carencia ampliando el efecto comunicativo de los vocab lo s, trascendiendo su significado habitual y elevándolos al plano de los sentidos, asimilándolos, como subraya en la rima 1, a "suspiros y risas, colores y notas". De ahí el poder sugeridor de su lenguaje ; su dimensión musical y pictórica; su búsqueda permanente de nuevos efectos rítmicos; su inspiración en los modelos compositivos de la lírica popular, etc. Y de ahí, natura lm ente, su sintonía con el naciente simbolismo poético, que, como ya expresara magistralmente Baudelaire en el famoso soneto " Correspondencias", entenderá que la función de la poesía consiste en poner de manifiesto las hondas afinidades que existen entre el mundo sensible y el mundo del espíritu. Los simbolistas nos enseñaron a mirar las cosas, y también las palabras, como símbolos, es decir, con un sentido que trasciende sus aparentes significados. Les leeré el poema en una excelente traducción del profesor Esteban Torre: Nuestro mundo es un templo de pilares vivientes que susurran, a veces, imprecisas palabras; pa sa el hombre a través de una selva de símbolos que le observan con mil familiares miradas. Como alargados ecos, que a lo lejos se funden en una tenebrosa y profunda alianza, grande como la noche y como el mediodía, pe1fumes y colores y sonidos se llaman.
REFLEXIONES SOBRE LA TEORÍA POÉTICA DE BÉCQUER 2 5 Hay perfumes lozanos como la pi el de un niño, dulces como el oboe, verdes co m o la grama. -Y otros son corrompidos, ricos y triunfadores, como el benjuí, el incienso, el almi zcle y el ámbar, que tienen un afán de cosas infinitas y cantan los delirios del se ntido y del alm a. También Bécquer quiere en su rima I que la palabra poética vaya más allá de su ordinario poder comunicativo. Todo su afán se sustancia en esa lucha co ntra el lenguaje, instrumento insuficiente pero insoslayable, al que el poeta ha de extraer toda su virtualidad comunicativa y expresiva, enriqueciendo su dimensión simbólica, su capacidad rítmico-musical, su aptitud para la sugerencia ... Y abriéndose así a la modernidad lírica, que hará de la palabra la sustancia del poema. Gracias a esta actitud el poeta sevilla no , formado en la tradición ilustrada y romántica, trasciende, sin embargo, el Romanticismo y conecta con la re - flexión poética del "fin de siglo". Bé cquer, que tanta importancia concedió al mundo del yo, a la experiencia preliteral, fue, paradójicamente, quien a la postre haría la más cerrada defensa del poema-palabra, de la poesía como radical expresión de lengua je . No en vano una mente tan lú ci da como la de Juan Ramón Jiménez lo reconoció como el primer simbolista español. Alguien que, como el mismo Juan Ramón, só lo que con muchos años por delante, había definido la po esía como un producto de la inteligencia del hombre. Inteli ge ncia a la que el moguereño reclamaba "el nombre exacto de las cosas", es decir, la palabra esencial que recreara el mundo en cada poem a, y el sevillano aq uell as palabras "que fue se n a un tiempo/suspiros y risas, colores y notas". Por todo ello la poética de Bécquer se sitúa en el umbral de la reflexión lírica de nu estro tiempo y tras la aparente mod es tia de sus "suspirillos germánicos" se vislumbra una poderosa intuición lírica abierta al futuro. No en balde ha gozado del reconocimiento de casi todos los gra nd es poetas españoles de la primera mitad del siglo XX, desde Juan Ramón y Machado a Luis Cern ud a. Bécquer fue ciertamente un
26 ROGELIO REYES CANO pionero, no sólo por la novedad de sus rimas, sino por lo que sintió, pensó y escribió sobre la naturaleza del hecho poético. Es decir, por lo que tuvo de adelantado de la modernidad literaria. He dicho ( 1) Para la redacción de este discurso he tenido en cuenta, además de algunas referencias nuevas señaladas en el texto, los estudios ya clásicos que se ocupan con carácter más general de la teoría poética becqueriana, y entre ellos los muy conocidos de: José Pedro Díaz, Gustavo Adolfo Bécquer. Vida y poesía, Maddd, Gredos, 1964: Dámaso Alonso, "Or iginalidad de Bé cquer", en Poetas e.1¡wñoles contemporá11eos, Madrid, Gredos, 1952 ; Rafael de Balbín, Poética becqueriana, Madrid, Prensa Española, 1969 ; Jorge Guillén, "Bécquer o lo inefable soñado", en Lenguaje y poesía, Madrid, Revista de Occidente, 1962, pp. 14 3-182; y Francisco López Estrada, Poética para un poeta. Las "Cartas literarias a una mujer" de Bécquer. Madrid, Gredos, 1972. Por tratarse de una intervención oral dirigida a un público heterogéneo, no he considerado oportuno incluir más notas críticas a pie de página.