Observaciones de la Junta de Comercio de Bayona a la Comisión de comercio y de las colonias, sobre las causas de la decadencia y ruina de su comercio, industria y navegacion
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DE LA JUNTA DE COMERCIO DE BAYONA Á LA COMISION DE COMERCIO Y DE LAS COLONIAS, sobre las causas de la decadencia y ruina de su comercio, industria y navegación.
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DE LA JUNTA DE COMERCIO DE BAYONA Á LA COMISION DE COMERCIO Y DE LAS COLONIAS, sobre las causas de la decadencia y ruina de su comercio , industria y navegación. TRADUCIDAS Y COMENTADAS. PUBLÍCASE DE REAL ORDEN, MADRID, 1831. POR DON MIGUEL DE BURGOS, Impresor de la Real Junta de Aranceles .
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INTRODUCCION. No bien leimos un papel Impreso en Bayona de Francia, con el título de servacion que hace su Junta de Comercio á la Comisión del mismo y de las Colonias , cuando formamos juicio de su impor¬ tancia, siendo su objeto describir el esta¬ do de decadencia , y ruina del comer¬ cio y navegación bayonesa, demostrar cuáles son las causas, directas é indirec¬ tas, propias y extrañas, que han coopera¬ do á ellay los. remedios eficaces y po¬ derosos que reclama la gravedad del mal. La Junta presintió, que la España no debería ser extraña á esta gran revolución, que, de algunos años á esta parte, ha su¬ frido el comercio y la industria de Ba¬ yona y de su marco, siendo tan estre¬ chas nuestras relaciones con esta plaza, aunque no sea mas que por su vecindad
(VI) inmediata. Eran ,• por otra parte , mu¬ chos los artículos de que Bayona y su distrito surtía á las provincias exentas, al Aragón , y á una parte de Castilla: pero aun en el caso de que consideradas , por este lado, las observaciones de la Junta de Bayona , no tuviesen toda esta impor¬ tancia, todavía serían muy curiosas, y no enteramente inútiles, miradas por el fado puramente económico. Aunque la moral nos enseñe cuales son nuestros deberes, en toda su extensión y relaciones, no es la ciencia la verdadera estíllela del hombre: lo es el mundo, los pueblos, y aun las familias privadas : allí aprendemos cuáles son los efectos necesarios del vicio, y los de la virtud : los de las pasiones borrasco¬ sas , que hacen enmudecer nuestra razón: los caminos que nos llevan á aquel, y los que nos guian á ésta. ¡Qué de males no hubiéramos evitado, y qué de calamidades el mundo , si las lecciones agenas hubie¬ ran sido siempre nuestra escuela! Pero no parece sino que está escrito, que todos ha¬ yamos de correr unos mismos periodos, como si no tuviésemos ningunos modelos. Lo mismo que en la moral sucede en la economía de las naciones. Nuestra ver-
(VII) dadera cartilla no es el conjunto de unos consejos vagos y generales : es la historia fiel de los hechos, el resultado de la obser¬ vación y de la experiencia de todas las na¬ ciones, y de todos los tiempos: vemos elevarse y prosperar una nación que, hace dos siglos , no era mas que una miserable colonia de pescadores , que se surtía de afuera, aun de lo mas necesario. No lejos de este pueblo , vemos otro que , habien¬ do llegado á la cima de la opulencia y del poder político, dominando los mares, abasteciendo la tierra de un extremo á otro con su inmensa marina mercante, de¬ cae y se arruina, no dejando de él mas que la memoria de su eclipsada grandeza. ¿Có¬ mo se formó aquel: cómo se destruyó és¬ te? ¿Por qué medios se hizo opulento el primero: qué dificultades tuvo que vencer, y cómo las venció ? ¿Cuáles fueron los torcidos caminos que tomó el segundo, y en qué precipicios se estrelló ? Esto es lo que nos importa saber: esta es la econo¬ mía de los estados; reunir los hechos, com¬ binarlos , y hacer luego de ellos la debida aplicación, imitando el buen ejemplo , y abominando del malo. Bajo de este aspecto no pueden dejar
(VIII) de ser importantes las observaciones de la Junta de Bayona. Su comercio, en sus dias felices, consistía en la fabricación de tejidos de lana, en el curtido de pieles, en la manipulación de materias resinosas, y en la fabricación de jarcias y de papel: pro¬ ductos que, por lo común, consumía la España. Este comercio lucrativo apenas existe. La fabricación de las obras de hierro, los talleres dependientes de la construcción naval, sufren una decadencia horrorosa, por efecto de las pocas relaciones maríti¬ mas con la España, las costas de Francia, de la -Mancha y del Báltico. Los armadores para la pesca del ba¬ calao y de la ballena, no pueden ya sos¬ tener la concurrencia con los de la Bre¬ taña y Normandía ; y ya en el año de 1830 no fueron mas que siete los bu¬ ques armados para la pesca del bacalao, y uno solo para la de la ballena. Una gran parte del comercio colo¬ nial que hacía Bayona, ha emigrado Burdeos; y todo el que conserva, se redu¬ ce á unas pocas y miserables expediciones. La producción del tabaco era, en otro tiempo , un gran recurso para el co-
(IX) mercío de esta plaza, que exportaba sus excedentes , enriqueciendo al cultivador; ó por lo menos, sosteniendo su trabajo pro¬ ductivo , y ofreciendo al consumidor un género de buena calidad y á un precio eco¬ nómico : hoy está en manos de un mo¬ nopolio. Y, como si este estado incierto y pre¬ cario no fuese ya, por sí mismo, una cala¬ midad muy funesta; los tres dias de ju¬ lio de 1830 lo agravó estancando las existencias, inspirando mas temores que esperanzas, . por la división interior de doctrinas, de principios y de intereses que no asegura la paz ni dentro , ni fuera. No parece sino que se han conjurado todos los elementos contra el comercio de Bayona. Los aranceles de España, mas bien que por conveniencia, por resenti¬ mientos de nuestra conducta económica, y en represalia del rigor de nuestras tari¬ fas , dice la Junta de Bayona , no se can¬ san de recargar los productos de nuestra in¬ dustria ; y su Soberano, por su decreto de 4 de julio de 1830, interdice el comercio de Bayona, Burdeos y Marsella en los puertos de sus dominios, aunque de un modo implícito y encubierto; de modo que b
. (XVI ) . á V. S. para sil inteligencia y efectos cor¬ respondientes , devolviéndole adjunta la traducción de las mencionadas Observacio¬ nes. Dios guarde á V. S., muchos años. Ma¬ drid 20 de setiembre de 1831.= Balleste¬ ros. = Sr. Presidente de la Junta de Aran* celes. = Es copia . ú Oí
OBSERVACIONES DE L A. JUNTA DE GOMERCIO DE BAYONA, DIRIGIDAS Á LA COMISION DE COMERCIO Y DE LAS COLONIAS. Xja Junta de Comercio de Bayona, invitada por el se¬ ñor Presidente de la Comisión de Comercio y de las Co¬ lonias á exponer á ésta con la mayor exactitud el estado de los ramos de industria mas importantes de su cargo, comparándolos unos con otros, en diferentes épocas; y asi? mismo el de los diferentes ramos de comercio que le son peculiares, se lia dedicado á estudiar, con toda la atención que merece, estos grandes objetos, siguiendo rigurosa¬ mente el mismo orden de ideas con que está redactada Ja circular del 19 de febrero último. Por el mismo orden presenta hoy á la Comisión los resultados de su examen y de sus investigaciones, recordando de paso y rápida¬ mente las reclamaciones que, en diferentes circunstan7 cias, tiene hechas contra algunas disposiciones que com¬ prometen sériamente los intereses, cuya custodia y defensa
M le están confiadas. Su trabajo se aplica particularmente á estos intereses especiales, sobre todo, reduciéndose su exa¬ men al estado actual de las cosas; pero en cuanto á los medios que habrá de proponer para destruir ó enervar las causas del mal existente, no podrá menos de reclamar aquellas disposiciones generales que interesan á toda espe¬ cie de industria, y al comerció de todos los puntos del reino; y puede asegurar de antemano, que no diferirán esencialmente de las que propongan á la Comisión las de¬ más Juntas de Comercio. ¿ Cuál era el estado, mas 6 menos próspero, de las fábricas y del comercio, á principios del año de 1830? El marco ó distrito de la Junta Je Comercio de Bayo¬ na contiene establecimientos para la fabricación del hier¬ ro, y de tejidos de lana común; para el aderezo de las pieles, manipulación de materias resinosas de toda espe¬ cie , y fabricación de jarcias y de papel. El elemento prin¬ cipal de estos establecimientos es el consumo de la Espa¬ ña, y la actividad y extensión de nuestras relaciones , so¬ bre todo, de las comunicaciones marítimas con este reino; pues estas comunicaciones comenzaron ya á faltar, y su esfera se redujo mucho , y sin esperanza de vivificarlas, al principio del año de i 8 3 o , que no parece sino que fue la época designada para dar un golpe mortal á estos preciosos establecimientos. Muchas son las causas que, unida y separadamente, han contribuido á su desfalleci¬ miento y decadencia ; pero nosotros mismos somos los que hemos creado la mas eficaz de todas, la de mayor influenf
. t (i) * 3 l cia. Los derechos repulsivos de nuestras tarifas:, la perse¬ cución que han sufrido los productos extranjeros; las barreras fiscales que nuestras manos han levantado para impedir su introducción , han producido iguales tari¬ fas, excitado la atención de los diferentes gobiernos, y sugerídoles iguales medidas, si no como protectoras de su industria, á lo menos, como represalias, que han sido muy funestas al comercio francés. Pe aqui, sin duda, las trabas que gradualmente ha puesto el Arancel de España á la introducción de los productos de casi todos estos establecimientos, y entre otras, la prohibición absoluta de las ropas comunes de lana, de las pieles aderezadas, y del papel (i). Los establecimientos para la explotación del hierro , y todos los talleres dependientes de laeonstruccion de buques y de la navegación sufrian igual calamidad á los prin¬ cipios de i 8 3 o , por efecto de la poca actividad en nues- (i) No vituperamos al gobierno francés con tanta facilidad y ligereza, como lo hace la Junta de Comercio. Las trabas .que acon¬ sejan sus tarifas para los productos extranjeros son muy justas, si su introducción puede ofender los del pais. No es la causa prin¬ cipal de la decadencia de estos establecimientos, el vicio esencial de las tarifas , ni éstas han producido las represalias de que se lamenta la Junta, ni el Gobierno español acostumbra á tomar, ni por celos, ni'por resentimiento y venganza, disposiciones económicas contrarias al bien de sus pueblos. Recargamos el hierro porque abundamos de ferrerías; porque se han descubierto y explotado, con mucha felicidad, nuevas y abundantes minas:, porque en algunas fábricas locales se trabaja ya este metal con la perfección inglesa: recar¬ gamos los tejidos comunes de lana porque nos . bastamos á nosotros mismos: no queremos recibir curtidos de nadie, porque en todas las provincias florecen nuestras tenerías; y recargamos las jarcias y el papel porque podemos suplir de éste al extranjero; no carece¬ mos de aquellas : esperamos adelantar su producción. La decaden¬ cia de estos ramos es muy natural: proviene del adelantamiento en ellos de los pueblos consumidores, y de nuestra atención en impe¬ dir la entrada libre de ellos , especialmente del papel , que se ha¬ cía por las aduanillas de la frontera , para consumo de Navarra, y de aquí para las Castillas y el Aragón, por los medios que todos conocemos. i :
[4]. . tras transacciones generales, y principalmente en las que sostienen nuestras relaciones marítimas, ya con la Espa¬ ña , y ya con las costas de Francia, las de la Mancha y el Báltico. Armamento para la pesca del bacalao. Nada notable presentaban en esta época los armamen¬ tos para la pesca del bacalao. El beneficio de estas especu¬ laciones era cada dia mas miserable, ya por el bajo pre¬ cio á que se vendía este pescado, ya por la dificultad de concurrir con los armadores de la Bretaña y de la Normandía , que podían alzar el salario de sus marineros. Es tan considerable la diminución de este beneficio , y tan grandes las pérdidas que han tenido algunos armamentos, que debe temerse una baja todavía mayor, no obstante de haberse reducido su número. En el año de 1829 sa¬ lieron del puerto de Bayona seis buques para esta pesca, y siete en i83o; y uno solo para la pesca de la ballena en la bahía de Baffin. Progresos de la industria española. Desde que las colonias ó posesiones americanas se alza¬ ron contra el gobierno de su madre-patria, ya faltó á és¬ ta la moneda que alimentaba sus cambios: la población española , menos.rica , sin trabajo , tuvo que hacerse mas industriosa ; y, aumentando nuestras tarifas impolíticas el precio de los productos de nuestras fabricas, hemos ayudado, tal vez sin pensarlo, á fomentar la industria de España, con daño de la nuestra. Ya no necesita de infi¬ nitas cosas que hace treinta años demandaba al extrangero, y principalmente á la Francia, entre otras, las pie¬ les curtidas, el papel , las ropas de paño y algodón, los
[5] muebles, y Otras muchas de mercería común (i). Las mismas causas han contribuido á la perfección de los productos del suelo español, y á la maravillosa ex¬ tensión de sus exportaciones. No puede menos de lla¬ mar la atención la de los aceites y aguardientes: éste últi¬ mo, sobre todo, fiscaliza y está acusando de un modo irre¬ sistible la imprudencia de nuestras tarifas , porque cuan¬ do hace muy pocos años que no se consumía mas que aguardiente de Francia en el norte del Ebro y en todo el litoral del Océano , hoy ya nos prohibe la España su introducción. Arancel español El Arancel español, recargando los derechos dé la ad¬ misión de los productos extranjeros, ha sancionado y cor¬ roborado esta desgraciada revolución económica, y aun la ha agravado, á ejemplo de la Francia, por la diferencia (i) La opulencia hace indolente al hombre, y pasivas á las na¬ ciones : la industria no produce mas que dinero , y nada tiene de extraño, que la abundancia de éste hiciese ingrato y penoso el tra¬ bajo:, pero la Nación española, abandonada ásus inmensos recur¬ sos , ha conocido que al trabajo , y solamente al trabajo, deben las naciones su riqueza , su poder, y aun su existencia c indepen¬ dencia política. ¿ Qué necesidad tenia de asalariar al extranjero pa¬ ra sus propios consumos , abundando de primeras materias , tenien¬ do fábricas establecidas que no .pedian para su perfección mas que \inos estímulos indirectos, medidas prudentes de represión ? Yo me admiro de que haya habido tiempo en que una nación tan rica de vinos , y por consiguiente de aguardientes , como la España , haya tenido que surtirse de vinos y aguardientes extraños. Y cuando directamente recibíamos cargamentos enteros de cueros al pelo de Buenos-Aires, y poseíamos todos los elementos para aderezarlos, ¿no era una mengua el que tuviésemos que acudir á manos extrañas? -Lo mismo podemos decir, y con igual razón, de los tejidos de al¬ godón y lana: aun siento yo mucho que seamos , en esta parte, víctimas de palabras nuevas y de un diccionario desconocido; La • España adopta hoy el mismo sistema que adoptó la Francia : sU6 -resultados serán los mismos , porque no puede el hombre ni las na¬ ciones-torcer, el curso necesario de las cosas.
[6] de derechos en favor de la bandera nacional, y con per¬ juicio de las extranjeras (i). Estado de decadencia de las transacciones comerciales en general . De esta breve exposición que acabamos de hacer de la decadencia gradual del comercio francés, y de la de los progresos del comercio de España, se deduce naturalmente, que ya estaban en decadencia á principios de i83o to¬ das las transacciones mercantiles, de que era centro Bayo¬ na. Este era , en efecto, su verdadero estado, y lo con¬ cebiremos muy fácilmente, si al ligero bosquejo que he¬ mos hecho hasta aquí, añadimos que, los mismos males creados por nuestras tarifas, y agravados por las represa¬ lias de las extranjeras habían .destruido casi de todo pun¬ to, hace ya muchos años, el comercio de vinos y de aguardientes con los estados del norte; el de salazones, co¬ mercio que fue algún dia muy considerable: el de lienzos de Alemania, y aun su tránsito para España, en otro tiempo tan lucrativo en Bayona ; y debilitado infinitamen¬ te el de materias resinosas. (i) Nos parece que la Junta de Comercio se hubiera explicado con mas exactitud diciendo, que la España ha favorecido su pabe¬ llón , no á ejemplo de la Francia sola , sino á ejemplo de todas las naciones. Un buque mercante es para mí una mercadería de produc¬ ción nacional, que debe protegerse por los mismos medios con que se protege aquella •, y aun todavía es mucho mas esencial y de mas notable influencia. Como por el beneficio de la bandera extranjera se ha arruinado nuestra navegación , y se ha hecho extranjero todo comercio, introduciéndose á su sombra el clandestino y vicioso, ten¬ dré ocasión de indicarlo mas adelante. Por ahora básteme decir que hemos alejado el comercio de los puertos de Marsella, Burdeos y Bayona , sofocando en su nacimiento estos tres funestos depósitos, especialmente para los frutos coloniales \ y ¡ ojalá que comprendié¬ semos también á Genova, y á otros depósitos no menos ruinosos .
De las transacciones de los frutos coloniales. La misma parálisis y la misma decadencia sufria ya el comercio de productos coloniales. Las ingratas formalida¬ des administrativas; el complicado sistema de las aduanas para el despacho ; el conjunto de reglas, tal vez inútiles muchas de ellas, para las entradas y salidas de los depó¬ sitos y para las reexportaciones ,. fatigaban al comercio, que pide siempre orden , claridad y economía de tiem¬ po. Muchas casas ricas que, con sus grandes capitales, habian contribuido á la prosperidad dé este comercio, se disgustaron - de él y lo abandonaron. Las facilidades, por otra parte, que ofrece al viagero el transporte de las mer¬ caderías, la concurrencia y la latitud de las comunica¬ ciones, hicieron también que una gran parte del comercio de Bayona se concentrase en Burdeos; y cada dia se enri¬ quecerá esta plaza tanto, cuanto se empobrecerá Bayona, subsistiendo las mismas causas de su emigración; [porque; ¿cómo Bayona , que casi no puede comerciar directamente con las provincias de Ultramar por su peligrosa barra , y Otras muchas dificultades locales, podrá sostener la concur¬ rencia con Burdeos, abastecida siempre de todos los efec¬ tos que recibe directamente, y con abundancia, de los mis¬ mos puntos de su producción? Esta observación nos conduciría naturalmente á ha¬ blar de la necesidad de proveer pronta y eficazmente al remedio de estas dificultades locales, que son un obstᬠculo permanente, y que cada dia se hace mas insupera¬ ble para la prosperidad de Bayona, y de todo el distrito que se surte de este puerto. Pero no anticipemos las ideas: no hemos llegado aun á la parte de nuestro trabajo, qué reservamos para proponer á la Comisión nuestros pensar mientos en esta materia. Continuamos la exposición del .estado de las cosas á .principios del año dé i83,q.
[8] Fabricación de tabacos. La fabricación y exportación del tabaco de polvo y humo para el consumo de la España y del Portugal fue, en otro tiempo;, un ramo de industria muy lucrativo del comercio de Bayona : hoy ya no existe: el desastroso mo¬ nopolio del gobierno ha sido su tumba. La prohibición inesperada y repentina, repetida en dos distintas épocas, de exportar por tierra el tabaco exótico, acabó de arrui¬ nar este comercio. No hacemos aquí mas que sentar y cor¬ roborar los hechos, porque nuestros votos son el que se sepa en todo tiempo y lugar, que así nosotros, como los pobres cultivadores de las inmediaciones de Bayona , cu¬ yas suertes de tierra trabajadas con harto afan les produ¬ cía, sin muchos gastos, el tabaco que les es ya de pri¬ mera necesidad , y que hoy se ven colocados entre una privación cruel, y una infracción á la ley, imposible de reprimir, pensamos, como es justo pensar, y como pensarán también los roceros de Strasburgo , Tonnein , Marmande , y-todos los demas puntos de la Francia, á los que enriquecía el cultivo ó la fabricación .del tabaco, y los mismos consumidores, que tomaban entonces un géne¬ ro mucho mejor* y á menos precio (i). (i) No llamaremos desastroso monopolio k la exclusiva que se lia reservado el Gobierno sobre el tabaco, á no ser que se considere como una especulación comercial. No lo es es una contribución sobre el vicio, 6 , si se quiere,, sobre un objeto innecesario, ó de lujo y sensualidad y todo lo que esta paga es una economía para la producción. No hay duda que si se d jase libre el cultivo y la fabricación del tabaco, el labrador tendría un artículo mas de pro¬ ducción ; pero el Gobierno debe calcular de otro modo. La suma de estos beneficios parciales nunca sería igual al producto del estanco: el Gobierno pudiera recargar la producción, ó recargar las ventas; pero esta medida equivaldría á una prohibición, ¿ Cómo vendería el cultivador su tabaco al precio á que le sale , mas lo* derechos}
[ 9 ] ¿ Cuáles son los efectos que ha producido la revolución de julio? Esperanzas y temores. La revolución de julio, tal vez poco estudiada, pro¬ dujo en algunos muchas mas esperanzas que temores: vie¬ ron, como en perspectiva, la protección eficaz de su in¬ dustria , el restablecimiento de la libertad en las tran¬ sacciones , la supresión de las trabas fiscales , y, por una forzosa reacción, una actividad mayor en nuestros negoteniendo que luchar con él tabaco extranjero? El Gobierno apenas puede con toda su vigilancia, y los medios de represión , contener el contrabando: ¿ cómo lo contendrán los particulares ? Ellos se ar¬ ruinarían : la libertad de cultivar el tabaco sería una quimera , y el Gobierno habría perdido mas que ganado. Y , no se diga que el alto precio que le fija la exclusiva es el que sostiene el contrabando : no es sino el bajo precio á que el ex¬ tranjero vende el suyo, y la inmoralidad de nuestros agentes. No está lejos la época en que lo moderamos y le dimos toda la liber¬ tad posible^ y nunca hubo mas contrabando, ni mas ruinas de co¬ merciantes especuladores, que cuando costaba cuatro reales una libra. En lo que tiene mucha razón la Junta de Comercio es, en que, estancado el tabaco, debe el Gobierno procurar que el consumidor no sufra á un mismo tiempo los dos males que lleva siempre con-r sigo el monopolio : mal género , y gran precio. Yo no disculparé á los que infrinjan las leyes establecidas, buenas ó malas, justas ó injustas} pero si hay algún disimulo es cuando, á la sombra de las leyes , se ataca la propiedad} y es, en efecto, atacarla, el de¬ cir á un hombre : »tfi tienes un vicio} destinas una parte de tu « renta á sostenerlo : dame , pues, esa parte , y yo te daré un gé— «ñero con que no puedas satisfacer tu gusto, prohibiéndote que «tomes de nadie otro.” Nuestro Gobierno, que alguna vez habrá sido víctima de la codicia de los asentistas, y tal vez de la cooperación de nuestros empleados , pagando el mal tabaco como si fuese bueno, acaba de tomar, para ponerse á cubierto de toda recriminación odiosa, todas las disposiciones que están á su alcance} y nosotros mismos hemos visto, y aun probado, las muestras del excelente tabaco que acaba de contratar. 2 .
[ '6 ] bilidad de las arenas de sus riberas, por una parte , y el poco ó ningún encajonamiento que tiene este rio entre Bayona y el Boucau, de otra, han producido en su ál¬ veo dos bancos de arena que, estrechando el espacio na¬ vegable, aumentan la dificultad de la navegación. Hace mucho tiempo, que no hemos visto pasar un buque de grande dimensión por el recodo de Blanepignon, que no haya encallado en el banco de San Bernardo. Otro banco, que nace al pie de la Torre de Vigía, y se pro¬ longa subiendo la ribera izquierda, obstruye la mitad del rio , y obliga á una maniobra muy penosa; pues que, al entrar en el puerto, debe el piloto gobernar ácia la torre, para separarse luego de ella por un pronto , rápi¬ do , y peligroso movimiento , sopeña de precipitarse cuando entrase en el rio, en el banco de arena. Naufragios. La demostración mas convincente de este mal positi¬ vo , y de la necesidad de poner prontamente un reme¬ dio á él, es la fiel exposición de las muchas desgracias que han sufrido los buques dentro del puerto de Bayona desde i.° de enero de i83i. En el mes de diciembre de i83o naufragaron dos buques en las costas del departamento de las Landas: el uno cerca de Lit; el otro cerca de Capbreton, sin poder tomar el puerto de Socoa, que es el único refugio entre el Garonna y el Bidassoa. En enero de i83o, la barra de Bayona fue el teatro de muchos desastres. En la noche del ay se hizo pedazos , al norte de la entrada del Adour , un buque cargado de sal, y solamente pudo salvarse un hombre de su tripulación. El dia 28 , á me¬ dio dia, de cinco ó seis buques que se presentaron para entrar en él, uno de ellos, con carga de lienzos, perdió
[ *7.1 su timonero sobre la barra á impulso de una embrave¬ cida ola, y tuvo que virar de bordo y encallar en la costa sur, con pérdida de su tripulación ; y otro carga¬ do de diferentes efectos encalló también en la punta sur, dentro del rio , sufriendo grandes averías , si bien salván¬ dose su tripulación. Pocos dias después un buque cargado de materias resinosas , por cuenta de la administración de la marina, naufragó al salir del puerto, y fue á ha¬ cerse pedazos á la punta norte. Desgracias en el rio , por efecto del amontonamiento de arenas. Después de una interrupción de muy cerca de mes y medio , que es común todos los años en los meses de febrero y marzo, y que por lo regular es inas larga, la apariencia de un tiempo bonancible, permitió que el 19 de marzo se diesen á la vela unos cuarenta buques , de los cuales dos brigs, el uno cargado de trigo para Dun¬ kerque por cuenta de proveedores, y el otro destinado á la pesca del bacalao en Terranova, no pudieron salir, porque sus áncoras se habian enterrado en arena y lodo, durante su larga estadía en este fondeadero, donde cada dia se amontonan montañas de arena. Trabajos en la parte alta del Adour y sus afluentes. El ningún encajonamiento que tiene el Adour en su parte alta, y sus afluentes en el departamento de las Landas, perjudican mucho también á la navegación de estos rios, y á la rapidez de las comunicaciones necesarias al co¬ mercio. Pudiera formarse su cauce á muy poca costa: montes de arena han desaparecido por medio de algunos trabajos económicos, y á que ha hecho frente un mode-
[ »«] rado derecho de portazgo ó de peage; y la obra sería completa si se perfeccionase y concluyese la construcción de caminos de halar, ó tirar de los barcos á la sirga en los puntos donde están interrumpidos, que son cabal¬ mente en aquellos donde las riberas son unos terrenos movedizos, sobre los cuales es mas poderosa la acción de las corrientes. Comisión relativa al encajonamiento del Adour entre Bayona y el Boucau. Hace ya mucho tiempo, que la Junta de Comercio de Bayona llamó la atención del Gobierno ácia estos obstᬠculos permanentes contra la prosperidad de este pais. Pa¬ ra removerlos reclamó entonces la aplicación de todos los recursos disponibles, con especialidad, del producto de los derechos que se cobran por la navegación del Adour, esta¬ blecidos primitivamente para la mejora de esta navegación en todos los puntos: provocó la formación de planes de en¬ cajonamiento, y la creación de una Comisión que examinase y diese su parecer sobre ellos , y propusiese los medios mas adecuados de mejorar el estado de las cosas. Aun no se ba reunido: urge mucho el objeto en que debe ocu¬ parse ; y rogamos de nuevo que no se retarde por mu¬ cho tiempo, y estudie la materia con la atención y el interés que sugiere la situación del comercio.
[ i9] ¿ Cuáles son las causas acciden¬ tales ? Efectos de nuestras tarifas sobre la industria extranjera. La absoluta confianza que nos inspira el celo de la Administración encargada de todas las reformas útiles, nos hace clasificar , entre las causas accidentales de que nos proponemos hablar, los graves males que nos han pro¬ ducido las tarifas francesas y las extranjeras modeladas por ellas, y en fuerza de las represalias que no han po¬ dido menos de tomar sus ofendidos Gobiernos. Sin em¬ bargo , de estas causas puramente accidentales ha nacido otra que, por desgracia , subsistirá para siempre, y cor¬ responde á la categoría de las permanentes, y de la cual debemos hacer mérito, aunque no sea sino para pasar del examen de una cuestión á otra. Esta causa es el au¬ mento , la extensión y la perfección de la industria de nuestros vecinos que, aunque ha sido un efecto necesario del alzamiento y excisión de sus posesiones de América, no ha dejado de cooperar, con esta poderosa y esencial causa , la impolítica ó la imprevisión de nuestras tarifas, por lo menos con respecto á ciertos ramos de industria. Nosotros ya no podremos aumentar las cifras de nuestras exportaciones: el mal es irremediable : el consumidor se ha hecho independiente de nosotros:, pero es menester que pensemos en no perder mas de lo que hemos per¬ dido; y si bien no podamos absolutamente oponerá es¬ te mal un remedio eficaz, porque no lo hay, no será fuera de propósito que conozcamos su gravedad, sobre todo, con respecto á algunos artículos de nuestra indus-
tria y comercio. Aprenderemos siquiera esta máxima, cu¬ ya práctica es la que nos puede salvar: «el único medio, » no ya de destruir , pero sí de debilitar : los males que » s ufrimos, es abandonar cuanto antes el mal camino »que tomamos , y abrirnos otro nuevo que nos con- »duzca con seguridad á la renovación del orden y á la »restauración del comercio , compensando siquiera, en » parte, estos grandes males con algunos bienes.” Efectos sobre la industria francesa. Hemos llegado ya naturalmente á la llaga mas viva, mas ulcerada y sanguinolenta: á la causa principal de nuestros males; á esta carcoma de nuestra prosperidad in-, dustrial; á este fatal sistema de tarifas, en fin , que es la que ha causado, como lo acabamos de ver, la mayor parte de las desgracias que afligen al comercio de la Fran¬ cia, hoy ya en espantosa decadencia. Nuestra exposición, en esta parte, deberá ser demasiado larga, y también muy ingrata y desagradable. La Comisión nos escuchará con indulgencia , y disimulará las expresiones fuertes que, tal vez, pueda arrancarnos un excesivo celo; porque, co¬ mo órganos fieles de las profesiones industriales y de la mercantil , debemos demostrar, cómo nos hemos despeda¬ zado con nuestras propias manos , y cómo hemos puesto en la de nuestros enemigos las que teníamos para nuestra defensa, y con las cuales nos están haciendo impávida¬ mente una guerra mortal, aprovechándose de nuestros errores y de nuestras culpas. Es de muchas especies el da¬ ño que nuestras tarifas han hecho á nuestra industria y comercio. Dejando á otras Juntas de Comercio el cuidado de hacer ver los lastimosos errores que hemos cometido en nuestro sistema colonial; en todo lo que concierne al problema, no menos importante, de la producción de
hierros, ligada esencialmente con el del comercio de vi¬ nos y de aguardientes, nos ceñiremos á demostrar los grandes males que ha causado al comercio francés la exageración de los derechos de entrada sobre las primeras materias, que son el elemento necesario de las grandes fabricaciones, y entre otros, el derecho enorme de 33 por ciento impuesto á las lanas extranjeras, porque es el que mas interesa á nuestras relaciones con la España , y el que ha cambiado el sistema económico de esta nación, ha¬ ciendo menos importante el lucrativo de este vasto ramo del comercio francés. Se ha procurado , es verdad, justificarlo , alegando para ello los intereses de la producción francesa, y la pro¬ tección particular que reclamaba la cria y aumento de nuestros ganados. No estamos muy lejos de creer que este precioso objeto merecía una protección especial; pero te¬ memos mucho que un celo patriótico , indiscreto, ha¬ ya traspasado la línea que tenia ya marcada la justi¬ cia y la pública conveniencia; y que, con una volun¬ tad tan buena y tan eficaz, se hayan creado nuevos ma¬ les infinitamente superiores á los bienes que mirábamos realizados en perspectiva. Diminución de las exportaciones de géneros de lana. Ya hemos hablado de esta misma materia , y con mucho detenimiento , en nuestro papel de 26 de no¬ viembre de 1828, que dirigimos á la Comisión de examen é informe, que no se tomó el trabajo de dilucidar la cuestión. Ahora presentaremos á la Comisión de Comercio el triste cuadro de la horrorosa diminución de nuestras exportaciones de los mismos tejidos de lana, desde 1825 hasta el dia, la cual no será mas que un extracto fiel de las publicaciones oficiales del Gobierno: él solo nos de-
[«1 mostrará lo mucho que nos cuesta esta protección tan exagerada déla producción de las lanas francesas, sobre todo, si reflexionamos que una parte de los derechos que pagan las lanas se gasta en primas de exportación , en es¬ te estímulo tan ineficaz y tan inútil, por no llamarlo fu¬ nesto. En 182,5 el valor de los tejidos de Francos. lana exportados de Francia fue. . 37.688.722 En 1826. 3 o .25 1 . 648 En 1827.25.703.436 En 1828.24.709.202 No tenemos datos oficiales posteriores al año 1828; pero sí tenemos muchos motivos para creer que, lejos de haberse aumentado las exportaciones, han disminuido desde esta época. Es muy fácil convencerse, y con datos muy positivos, que la exportación de los tejidos de lana antes de 1825 era infinitamente superior á lo que lo fue después, trabada, de una parte, con el derecho impuesto á la primera materia, y perseguida, de otra, por el sistema restrictivo que la España nos opuso como una medida de represalia (1). Hemos recogido algunas noticias auténticas (i) «Educa al hombre, ponle luego en la necesidad de vivir «por sí mismo, y harás de él un miembro útil á la sociedad.” No po¬ demos citar al autor de esta máxima moral, porque aunque estamos seguros de haberla leido, no nos acordamos dónde. Hagamos ahora la aplicación de ella. La Francia no se contentó cou abastecer al mun¬ do de sus tejidos de paño. Ingrata con la España, que le ofrecía sus lanas, quiso arrebatarle hasta la riqueza de su suelolo quiso todo: aumentó sus ganadosmultiplicó sus tierras de pasto j nos usurpo nuestros merinos; hizo ensayos en diferentes quintas, sobre todo, en la de Rambouilletpretendió naturalizar el ganado inglés de lana larga } hizo traer á Jobert, y á mucha costa, y con muchos peligros, la 3 ovejas de la Cachemira •, en fin, quiso sacar partido de todo. No vituperaremos esta conducta \ pero, ¿ qué otra podía
[ -3 ] sobre la exportación anterior al año de 1 8 a 5 , y podemos asegurar que ascendía á un valor de cincuenta millones de francos por año; y no pudiendo boy valuarla con fundamento á mas de veinte millones 9 ¿ con qué frases podremos vituperar un sistema que nos ha acarreado re¬ sultados tan funestos ? ¿ dónde bailaremos expresiones tan fuertes que puedan manifestar toda la imprudencia , toda la imprevisión de los autores de aquel pensamiento ? Prohíbe España los paños comunes. Después de haber expuesto, en nuestro citado escrito del 26 de noviembre de 1828, las represalias de la Espa¬ ña que, vengando nuestros derechos sobre las lanas, ha recargado extraordinariamente nuestros paños finos, y prohibido los que valen menos de treinta y dos francos por ana; el sistema de la Inglaterra, que habiendo ob¬ servado después de la paz, que la Francia y la Bélgica competian con sus fabricantes en tejidos de lana, y que esperar de parte de los pueblos productores? ¿No dio ella el ejemplo? ¿No enseñó á sus Gobiernos el camino que deben seguir, cuando miran con una solicitud paternal los intereses de sus pueblos? La España estaba educada en esta fabricación : acordóse que en sus mas felices dias habia surtido de ricos paños á todo el levante:, que prosperaban las fábricas de Cataluña, especiálmente las de Manresa y Tarrasa, en cuanto á los paños finos y entrefinos:, y las de Alcoy en Va¬ lencia en estos y los comunes. Vió, que no necesitábamos ni de paños franceses é ingleses , ni de paños de la Bélgica:, que el excedente de nuestras lanas podíamos muy bien emplearlo nosotros : de aquí la prudente medida de hacernos independientes de todos, prohibiendo la entrada de los paños finos, sea su origen el que quiera , y recar¬ gando los que valgan menos de treinta y dos francos por ana. No es una medida de represalia :, es sí de represión s no es un dere¬ cho, ni una prohibición indiscreta dictada, por el resentimiento: es una disposición protectora de nuestra propia industria, á cuya adopción puede también haber contribuido alguna cosa el sistema de la Francia, que propende á hacerse suyos exclusivamente los productos de la industria , de la agricultura y del comercio.
[ H] esta competencia le era cada dia mas funesta en todos los mercados, procuró hacer menos costosa su producción, disminuyendo succesivamente el derecho de introduc¬ ción de las lanas extranjeras , hasta reducirlo , en fin, á no ser mas que un medio de reconocimiento y registro para su despacho en las aduanas: finalmente, después de haber indicado que no se reconocía en la Bélgica nin¬ gún derecho de importación, concluiremos, calculando sobre cifras, que no será fuera de propósito reproducir en esta exposición, así porque son exactísimos los resul¬ tados de ellas, como porque son muy importantes, las con¬ secuencias demostradas que pueden deducirse. Comparación del precio á que pagan la lana los fabricantes de los diferentes estados. Un kilógrama (i) de lana segoviana cuesta á un fa¬ bricante de Cataluña cerca de dos francos; y de Catalu¬ ña á la Italia no hay mas que un paso. Un fabricante de Manchester compra la libra inglesa por un chelin y tres dineros, á cuyo precio sale el ki¬ lógrama por tres francos y diez céntimas; ó, lo que es lo mismo, doce reales, catorce maravedís. Á un fabricante de Louviers ó de Sedan le costó en el año de 1828 , cinco francos y cincuenta céntimas, ó veinte y dos reales el kilógrama, á pesar de la baja que tuvo el precio; cuando apenas subirá á un franco y veinte céntimas , ó cuatro reales y veinte y siete mara¬ vedís, lo que le producirá el kilógrama de paño cuando los exporte, por el beneficio de la prima. Resulta de aquí que, pagando nuestros fabricantes (1) Un kilógrama equivale á a libras ia adarmes y i 5 granos del peso de Castilla.
[»S] esta lana por un precio superior en un tercio, ó en cua¬ tro francos y treinta céntimas, que un fabricante de Verviers, que éste la paga á mas precio que los otros por razón de la distancia: ni el uno ni el otro pueden soste¬ ner la concurrencia en los mercados extranjeros; porque lo que acabamos de decir de las lanas segovianas es apli¬ cable exactamente á todas las demas ,. y aun á las lanas francesas, cuyos precios se nivelan por los de las extran¬ jeras , recargadas con un derecho tan enorme. Haciendo este mismo cálculo en el dia, sería indis¬ pensable aumentar en cincuenta céntimas, ó en dos rea¬ les , el precio del kilógrama de Cataluña: en un franco, Ó cuatro reales muy cerca , el del kilógrama de Inglater¬ ra y de la Bélgica ; y en un franco y cincuenta céntimas, ó seis reales, el de Francia. La desproporción del precio de la lana francesa con el de las lanas de Segovia , Ingla¬ terra y Bélgica sería muy grande en esta hipótesis ; y es¬ to es precisamente lo que está sucediendo. ¡Con cuánta razón , pues , no podrá decir la Junta, que el estado ac¬ tual de cosas presenta unos síntomas horrorosos de decadencia y de miseria! Mientras que los especuladores in¬ gleses y belgas buscan las lanas con tanto afan , y hacen subir su precio notablemente en España ; mientras que arrebatan á la Francia casi todas las existencias que ha¬ bla en sus depósitos, los fabricantes franceses, aunque ayudados en el dia del aumento considerable del ejérci¬ to, y el equipo, todavía mas importante, de los grandes cuerpos de guardias nacionales, capaces por sí solos de absorver todas sus existencias de paños, no se atreven á comprar grandes cantidades de lana i y aun las pocas que compran las pagan con la baja de mas de cincuen¬ ta céntimas, ó dos reales, por kilógrama , sobre los pre¬ cios á que las compraron en setiembre de i 8 3 o , Verdad es que ? aun con esta rebaja, les salen las lanas españo- 4
Nuevo sistema que debería adoptarse , Hagamos, pues, desaparecer este lucro; bajemos loa derechos; todos los derechos, en general; acerquémonos cada día mas y con toda la celeridad que aconseje la prudencia á esta máxima filantrópica, y al mismo tiempo política y productiva; Dejad hacer ; dejad pasar , Este es el único medio de reanimar el comercio francés, y de reanimar, en particular, el del distrito de Bayona; de hacer sus aduanas mas productivas, la población de laa montarías mas industriosa y su agricultura mas flore’» cíente (i), (i) Buena máxima, por cierto; dejad hacer ; el gobierno que la adoptase introduciría el desórdon en el Estado , y acaharia con el. Esta máxima filantrópica fue el resultado de una gran verdad; mas sucede con ella lo que con otras muchas. La desmedida ey-* tensión que se le da, la generalidad con que se entiende, la trans-» forma en un orror muy funesto. El ejercido de la industria debo ser libre : toca al solo productor la elección de los medios de producir, y todo cuanto concierne á ella: toda intervención del Gobierno en esta parte, que la entorpezca y pueda contrariar las miras del productor, que siempre van dirigidas por un interes muy bien calculado, y con mupba inteligencia, M y debe ser muy fatal; por esta razón se ha lamentado mucho el *S?r. Say , pon todos loa buenos ecpnoipistas, fie los reglamentas, trabas fiscales¡¡ maestrías, compafierages, aprendizajes y prohibiciones de poder yo usar de mi tierra y de mis brazos á mi placer; y no que una mano extraña, tal vez, sin mis conocimientos , venga á marcarme una especie da producción, y un nuevo modo de producir. En este sentido, la man xima es filantrópica y muy justa; pero los gobiernos tienon que ha-s per otras combinaciones en grande. h.Qs productor (i) * * * * 6 ? quisiera» ah^ar-i ? e , y deben cooperar pnidos a un mismo fin: todos quisieran privi-í legio? y monopolios, y deben desterrarse de la sociedad. Un comer-: piante quisiera incendiar las aduanas y las tarifas, y estas 50V la? barreras contra la invasión de la industria extranjera; y aquellas las protectpras de la nuestra, El labrador quisiera que nada entrase de afuera de lo que el suelo puede prpdpcir, Víalo ó bupnp,, y b Q debe privarse á la industria de las materias que necesita. El fabri-s paute no quisiera que en el mundo hubiese otra manufactura que lo ^uya, aunque el consumidor estpyic$e mal servido, y pop escaseé
[33] Desarme general de rentas. El Ministerio lia manifestado que uno de sus gran¬ des esfuerzos, loable ciertamente para el bien de la Fran¬ cia, ha sido y lo será el conseguir el desarme general, que es el de nuestras rentas, y este es el que pide la Junta de Comercio. ¡Pues quél ¿es menos activa, menos perjudicial la guerra de las tarifas, que la de las bayo¬ netas? Tratemos de este desarme, es decir, créese un sistema de reducciones mutuas de las tarifas; demos nos¬ otros el ejemplo de esta moderación, y favorezcamos el consumo de lo que el extranjero pueda vendernos mas barato y mejor, aunqne lo podamos producir (i). Dirección que debe darse á las fuerzas productivas. La Francia , que es tan rica de tantos y tan dife¬ rentes productos, nada tiene que temer de la concur¬ rencia extranjera , mientras supiere dirigir sus fuerzas productivas. Es menester, que cada pais se resigne á no Tantos intereses distintos, debe llamarlos el Gobierno á un centro de unidad, favoreciendo sus intereses particulares, sin perjuicio del interes del Estado. En este sentido, es aquella máxima un solemne y fatalísimo error. (i) Aqni tenemos ya reproducida la doctrina de los corifeos de la libertad absoluta. No sabemos lo que podrán hacer otros gobier¬ nos , cuando vieren que la Francia modera sus tarifas, y deje á sus pueblos el cuidado de abastecerla de lo que pueden producir, con mas economía que ella. El gobierno español probablemente no com¬ placerá á la Junta de Comercio de Bayona. Su doctrina no es la misma que la que ésta profesa: sus tarifas no son un acto de ven¬ ganza : son el código de sus pueblos •, el barómetro de sus necesida¬ des. Cuando la España industriosa se elevare á la misma altura que la Francia, y no tenga que temer su concurrencia, ni la de ningún otro pueblo, entonces cambiará de sistema, y liará tal vez pedazos las barreras económicas que nos separan.
I 34 ] cultivar otros productos, que los que puede producir con menos dispendio que otros paises (i). Un pais, por ejem¬ plo , de viñedos, no debe obstinarse én producir trigo 9 lino, que le saldria mucho mas caro que á aquel Otro pais cuyo clima favoreciese esta producción: debe, por el contrario, ocuparse en producir , no solamente el vino que necesite para pagar el trigo y el lino que le comprare al vecino : el beneficio será entonces recíproco, y las aduanas quedarán simplificadas, desapareciendo para siempre tantas formalidades inútiles (2). Premio de exportación al bacalao. —Excepción d las expediciones marítimas de Bayona para la España. No debemos concluir esta exposición, sin reclamar de nuevo, contra una medida de excepción, que está gravi¬ tando de un modo funesto sobre el comercio de Bayona, y enyos fundamentos no alcanzamos á comprender. El Gobierno , con objeto de alentar la navegación y pesca. (1) El consejo es muy absoluto : será muy saludable; pero tó¬ melo para.jí_ la Francia. Nosotros no tendremos esa resignación: produciremos lo que podamos y debamos producir , aunque nos cueste, mas:'.sufriremos éstas dificultades, mientras que no tengamos fuerzas para vencerlas. Serán un sacrificio para el consumidor; pero CU cambio recibirá el Estado un grande y permanente beneficio. (a) Este nuevo consejo es muy moral; pero si lo hemos de limi¬ tar á los productos de la agricultura, no lo consideramos necesario. No sabemos que haya, ni pueda haber, un labrador tan imprudente y necio, que se émpefie en hacer producir á su tierra, situada al norte, lo que se produce en la zona templada; y en esta, lo que en la tórrida. El labrador conoce bien su tierra, y de qué productos es susceptible : no necesita, en esta parte , de libros ni de consejeros: tiene un maestro muy inteligente, muy activo, y comunmente infa¬ lible , su propio ínteres; pero si la Junta de Bayona extiende su consejo á los productos fabriles, entonces deja de ser saludable , y es muy funesto; y esto es lo que parece que quiere dar á entender, ya por el bonito principio de la baratura, ya por la grande revolu¬ ción que causaria en las aduanas.
( 35 ) concede premios de exportación á todo el bacalao de pesca francesa que se expidiere para el extranjero; mas exceptúa las exportaciones para la España por la línea litoral ó por agua; si bien los conceda á las exportaciones que baga Bayona por tierra; pero, ¿y por qué se conceden á las ex¬ portaciones de Marsella para la Italia por mar? ¿ cuál será el plausible motivo de esta diferencia ? No lo comprende¬ mos; antes por el contrario, vemos las grandes ventajas que resultarían; de asemejar las exportaciones de Bayona por mar para la España en toda bandera, á las que hace Marsella por el mismo camino para la Italia. Esta prudente disposición, permitirá tal vez á la Francia entrar en con¬ currencia con los extranjeros , y particularmente con los pescadores de Jersey y Güernesey para abastecer de este artículo á las provincias del nord-norueste de España, que hacen un consumo considerable de él. Aquellos mercados están surtidos á precios cuyo término medio no excede de treinta y seis francos por cien kilógramas. Los pescadores franceses no pueden entrar en concurrencia á estos precios, si no gozan del premio de diez francos por cien kilógramas, que parece debe concederles el Gobierno, como para las demas exportaciones. Su exclusión de estos mercados tan inmediatos á Bayona, es quizá una de las principales cau¬ sas de la gran decadencia de este ramo de industria en su puerto, de donde ya no salen mas que seis ó siete arma¬ mentos al año para la pesca del bacalao, en vez de ochen» ta ó noventa que salian antes. xi: f V TÍOJ * : : 5 :
Cuáles son los medios que puede adoptar el Gobierno, ó para destruir, ó para enervar estas causas. Llegamos ya al objeto principal de nuestro trabajo. Réstanos únicamente indicar las reformas y las obras que creemos indispensables á nuestra prosperidad futura , y que puede practicar el Gobierno, no de golpe, sino lenta y gradualmente, con circunspección y prudencia, por me¬ dio de algunos ensayos ó tentativas succesivas en todo lo que deba cambiar esencialmente el actual estado de cosas. Obras para la navegación del Adour. Antes de todo, y como el principio de todas las refor¬ mas, pedimos, y no nos cansaremos de pedir, la redacción mas pronta de los planos necesarios para encajonar el Adour entre Bayona y el Boucau, por medio de espolones bajos; y la conclusión de las obras que deben acabar sobre el pico de Gave en el Adour y sus afluentes; los caminos de halage y limpia de los bancos producidos por las riberas arenosas que no se han sabido contener. La primera me¬ dida que deberia tomarse para ello, es la de aplicar los derechos de tonelada y de navegación interior al objeto primitivo de su instituto, que previene la ley de 24 de marzo de 1825. Pero este medio, tal vez, sea insuficiente para el encajonamiento del rio entre Bayona y el Boucau. Si lo juzgase asi la comisión á quien se cometiese el exámen de los planos, el Gobierno, que conoce la importancia de un puerto donde hay muchos y considerables establecí-
[ 3 7 ] mientas, y donde hace muchas y costosas construcciones, le hará un abono supletorio luego que los trabajos de la comisión le hubiesen hecho ver el que pueda ser necesario. Artículos que deben modificarse en la tarifa. El examen y reforma de nuestras tarifas es una cosa absolutamente indispensable; y ¡ojalá que podamos llegar á tiempo! Es menester no perder momento, si es que que¬ remos salvarnos. La necesidad urge, y no da mas tiempo que el preciso para una revisión rápida, y proceder luego lentamente, dando un paso tras otro por el nuevo camino que nos vamos á abrir. El sistema es nuevo: sus ventajas son grandes; y no dudosos los peligros que corremos. Este sistema debe meditarse mucho; porque su objeto debe ser desterrar poco á poco todos los grandes derechos de toda especie, combinando su reducción con los tratados que negociemos con los paises extranjeros. De este modo nos haremos amigos de todos; y todos serán amigos nuestros. Con respecta á la España y á los estados del Norte, nece¬ sitamos de algunas medidas especiales para que cesen de una vez las represalias con que persiguen y afligen nuestra industria y nuestro comercio. Las principales son: i. a Disminuir gradualmente los derechos de entrada de las lanas, desde 33 por ioo, á ioó i 5 por ioo lo mas. a a Disminuir los derechos de entrada del extracto y raiz del orozuz ó regalisa. 3 . a Disminuir el derecho de entrada del cáñamo; ó cuando no sea asi, restituir el derecho por las cantidades que se exportaren después de su fabricación. 4. a Disminuir también el derecho de las sales: estamos persuadidos que no por eso se disminuirá su producto. 5 . a Extender los premios de exportación concedidos al bacalao de pesca francesa, á todas las exportaciones que Bayona hiciese por mar para la España y el Portugal.
[ 3 8 ] Diminución del derecho de entrada de los productos coloniales . Hemos dicho ya, que dejamos á la inteligencia y celo de las Juntas de Comercio de los departamentos mascen¬ trales é importantes que el nuestro, el cuidado de proponer las modificaciones necesarias para la introducción de los hierros, y de frutos y efectos del comercio colonial. Nos¬ otros nos contentamos con la diminución de los derechos de entrada de los cacaos, azúcares y otros productos colonia¬ les , como el único medio eficaz de extirpar el contraban¬ do , que cada dia echa nuevas y profundas raices, é inunda y devasta nuestras fronteras. Tratados de comercio para hacer que cesen las represalias de las tarifas extranjeras . Cuando nuestro Gobierno hubiese adoptado este nue¬ vo sistema de reducción de derechos, podrá reclamar con justicia de los Gobiernos extranjeros la cesación de toda especie de represalia, y la moderación de los derechos prohibitivos, con los que persigue el Norte nuestros vi¬ nos y aguardientes, y la España nuestros paños. Deberá sobre todo solicitar la revocación del decreto del Rey de Es¬ paña , que excluye de hecho de todo comercio directo con su reino á los puertos de Marsella, Burdeos y Bayona, privando del beneficio de bandera á los buques españo¬ les que procediesen directamente de aquellos tres puertos (i). (i) Si la Francia adoptase una tarifa mas sóbria, y tuviese consideración al trabajo y á la industria de sus vecinos, ningún derecho tendrían estos para usar de represalias con una nación
. [ 3P ] Réstanos únicamente indicar tres mejoras importantes, de las cuales no se nos ha presentado hasta ahora oca¬ sión de hablar. Simplicacion de las formalidades de las aduanas. La primera es la simplificación del trabajo de la admi¬ nistración de la aduana. Se han multiplicado y complica¬ do tanto, que el comercio se ha visto obligado á aumen¬ tar el número de sus dependientes para que no se retra¬ sen sus negocios , y es de temer que cada dia se em¬ brollen mas sus relaciones con las aduanas. Y, no solo es el comercio el que sufre los vicios de esta administración, sino que los sufren también los empleados, que , aunque en mayor número , apenas pueden desempeñar su traba¬ jo, no obstante la poca actividad de los negocios. Vea la Comisión en un solo hecho la demostración de esta ver¬ dad. Para la sencillísima operación de poner en consumo una mercadería extranjera recibida por la via litoral, tiene el capitán ó consignatario que sujetarse á veinte y una formalidades distintas unas de otras : intervienen quince empleados, y ocupan al dependiente del negociante ó del capitán casi las siete horas de oficina, y á veces mas. Las operaciones de poner una mercadería en depósito, las de que no los ofende j y puede esperar que la España sería, en esta parte, su mayor amiga \ pero no debe confiar en que abatiese el derecho de los paños, porque no son estos una represalia , sino un fomento, una protección que necesariamente reclama la producción de los nuestros. Ni menos , nos parece, debería confiar en la revo¬ cación de un decreto muy profundamente meditado , y que ha su¬ gerido el mismo comercio que hacian nuestros buques, si no muy sospechoso, por lo menos, contrario á los progresos del nuestro, y de la navegación nacional. No es verdad, que la España prive á aquellos tres puertos de todo comercio directo con ella : hagan el que quieran, pero por sí mismos, con sus propios buques, no por medio de los españoles, para defraudarnos de los derechos de ex¬ tranjería. ¿ No los pagan todas las naciones por sus productos ? ¿ Por qué no la Francia ?
sacarlas de él, y las de expedición por tránsito, son tan embarazosas y complicadas, que las mas simples de ellas absorven un dia entero. Este doloroso desperdicio de tiempo hace dispendiosas todas las operaciones mercanti¬ les , y con especialidad en Bayona, cuyo comercio consis¬ te principalmente en muchas, pero pequeñas especula¬ ciones; pues rara vez se obra sobre grandes cantidades de mercaderías. Si, pues, es tan grave y de tanta trascenden¬ cia este guirigay, no menos ingrato que inútil, de la ad¬ ministración , cuando no hay mas que un comercio en esqueleto; ¿qué no sería si renaciese, se extendiese y to¬ mase el vuelo rápido que todos deseamos? Bien es verdad que, permaneciendo este estado de cosas, y rigiendo este extraño sistema, no debemos esperar esta feliz revolución. El comercio de Bayona , espantándose de lo que sucede¬ ría, si los negocios tomasen mas actividad, no puede me¬ nos de comparar loque ven, con lo que vieron, y hacer¬ se esta pregunta : ¿ cómo es que cuando prosperaba y estaba por su franquicia en el apogeo de su gloria, diez empleados hacian frente á todo; y hoy treinta y seis ó cuarenta no son capaces de ejecutar el miserable trabajo que les ofrecen las expediciones de los mezquinos restos de este oomercio (i) ? (i) No necesitábamos {le esta franca confesión; conocíamos la complicación del sistema administrativo de la Francia; pero nos complacemos mucho en verla hecha por la misma Junta de Comer¬ cio , porque no será tan sospechosa, cqmo $i nosotros la hiciésemos. Rogamos á los maestros $e.economía política que salgan por un po¬ co de tiempo de sus gabinetes, donde se mecen con hermosos suc— ños y agradables quimeras , y estudien el mundo y los hombres como son en sí: verán, dentro de su propia casa, una poblacioji inmoral, que vive de la defraudación de las rentas; un ejército de empleados inútiles la mayor parte de ellos; un sjstema tan com¬ plicado de administración , que su aprendizaje suele ocupar da vida de un hombre ; una lista eterna de efectos prohibidos, y una tari¬ fa de sangre , de la que se lamenta la Junta de Comercio; y cuan-
1 4 1 1 Extensión que reclama el sistema de depósitos para facilitar los tránsitos. La segunda mejora de las tres que hemos indicado, es la extensión que reclama el sistema de los depósitos y de tránsito de los artículos prohibidos. La Inglaterra , sua¬ vizando los rigores de su acta de navegación sobre algu¬ nos puntos , en 182,8, creyó que el establecimiento de un sistema de depósito que se extendiese á toda clase de mercaderías extranjeras le compensaría, con usura, aquel sacrificio; y procuró llamar, por este medio, la mayor par¬ te del comercio europeo y colonial. La Francia pudiera hacer lo mismo, y con mejor suceso: su situación es mas ventajosa que la de su rival, sino para ejecutar un pro¬ yecto tan vasto para entrar, en parte, por lo menos, de sus beneficios: sus muchos puertos en ambos mares le ofrecen los mismos medios que á la Inglaterra, si los miramos por el lado de sus relaciones marítimas. Sus fronteras de tierra do esto vieren, les rogamos también qne nos 'contesten á esta pre¬ gunta : ¿ con qué razón se ha dicho, que la España no tenia ningún sistema de rentas, que caminaba á ciegas, como un pueblo bárbaro: que no conocía sus necesidades económicas, ni por consiguiente sus remedios , que un ejército de hombres corrompidos, de.voraba una gran parte de su riqueza y que con la otra asalariaba otro ejér¬ cito de empleados , si no tan corrompidos como aquellos,, por lo menos tan inútiles é innecesarios:, y que su material administración era una miserable rutina trasmitida de padres á hijos, sin consi¬ deración á los tiempos, ni á la civilización y que se perdia en la no¬ che de los siglos? ¡Ojalá que fuese así ! Este sería el camino de la prosperidad, si tienen algún fundamento sus hermosas teorías:, pe¬ ro no es cierto. Si el barómetro de la civilización fuese litela nues¬ tra estaría mas adelantada. Hay contrabando, porque hay hom¬ bres ; porque la necesidad crea leyes que no pueden menos de ofrecer á su codicia un interés: tenemos muchos empleados, que si 6on tan inútiles, como los suyos 1 , sou los puramente necesarios; nuestro sistema es muy conocido, y sus efectos lo justifican ^ é in¬ finitamente mas clara y sencilla nuestra administración.' 6
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