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Del espacio monofuncional a la heterogeneidad

Vorauer, Markus

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í ndice [ espacios mediados ] ] 471 [ í ndice [ INTRODUCCIÓN ] El principal objetivo de este texto es la explicación de las transformaciones que experimenta la sociedad bajo la acción de las fuerzas políticas y económicas, influencias que finalmente se materializan en estrategias de organización del espacio urbano y la arquitectura. Nuestra intención es la de ayudar a entender la ciudad como un reflejo de los intereses que determinan la organización de la sociedad, para lo que analizaremos el último gran cambio ideológico y social ligado a una reestructuración del modelo político y económico: el tránsito del fordismo al postfordismo. Para analizar la sociedad fordista nos situaremos en la Europa del Estado del Bienestar, pasando después a la observación de la filosofía neoliberal desde el punto de vista global. Con esta doble visión entenderemos mejor el cambio producido por esta erupción que Zygmunt Bauman define como el cambio de la modernidad rígida a la modernidad líquida, un recorrido histórico que enlazaremos con el tema de la vivienda y su relación con el espacio público. Debido a la complejidad de los temas estudiados no entraremos en el análisis de la profundidad del espacio micro, por lo que limitaremos nuestro texto a la realización de un recorrido abstracto: el paso de la homogeneidad a la heterogeneidad. [ METODOLOGÍA ] Si entendemos que la ciudad se construye en gran parte por la sociedad que la habita, podemos interpretar el espacio como una composición entre espacio físico y social, tal como lo describe el sociólogo Pierre Bourdieu. La primera cuestión que esto plantea es, quién construye estos espacios que percibimos como nuestro único entorno. Para concretar esta pregunta, en primer lugar hay que entender que el espacio social no es un espacio natural, sino un espacio construido por las fuerzas de la sociedad, marcado por la lucha de las posiciones sociales. Además, es la esfera de las experiencias, de las sensaciones y de los pensamientos desde el punto de vista de la gente que lo vive, es decir, el medio en el que el hombre realiza su vida cotidiana. Así, en este contexto, la pregunta correcta sería: quién construye la sociedad, cuando el espacio social sólo es reflejo de ésta. Esta cuestión nos interesa especialmente porque, al fin y al cabo, son las necesidades de la sociedad a quién debe responder el arquitecto y más aún si cabe, si enfocamos el tema de la vivienda. DEL ESPACIO MONOFUNCIONAL A LA HETEROGENEIDAD Markus Vorauer (Viena, Austria) Palabras clave: sociedad - economía - espacio Institución: Investigación personal. [email protected] Markus Vorauer htmhc ] 472 [ í ndice Tal como lo describe el intelectual francés Henri Lefèbvre, es importante entender que la sociedad es una construcción realizada bajo las influencias del espacio abstracto. Según sus palabras, “el espacio abstracto es la coexistencia de poder y conocimiento; un espacio jerárquico que sirve a los campos que quieren organizar la sociedad, como los políticos, los intereses económicos y los planificadores urbanos, que finalmente construyen el espacio físico”1. De manera simplificada, podemos decir que el espacio físico y el social se generan y se organizan bajo la influencia del poder, que localizamos en el espacio macro y que podemos definir por la economía y la política, cuya intención es ejercer su dominio a través de la organización del espacio. Como respuesta a la acción del espacio macro, se generan movimientos espaciales y transformaciones del espacio social por parte de los controlados –que, por supuesto, no aceptan en generalidad lo determinado desde arriba–, terminando, finalmente, por constituir un nuevo entorno de procesos sociales específicos. [ EXPOSICIÓN DEL TRABAJO ] El paisaje homogéneo Si reflexionamos un momento sobre los orígenes del auge económico de la posguerra tenemos que retroceder hasta finales del siglo XIX, momento en el que se produce la segunda revolución industrial. Fue realmente esta etapa marcada por los grandes avances tecnológicos –aparición del motor de combustión interna, inicio de la perforación del petróleo y de las telecomunicaciones eléctricas– la que preparó las bases del desarrollo de la producción en masa, apoyada en la aparición del sistema de producción fordista-taylorista. En Estados Unidos, este sistema fue renovado tras la crisis del 29 bajo la filosofía del keynesianismo, dando como resultado un auge económico enorme durante la II Guerra Mundial. La posguerra fue una etapa de grandes inversiones y de expansión geográfica, un momento para reconducir la sobreproducción de capital acumulado hacia Europa y, en especial, a Alemania. En Centroeuropa el nuevo sistema económico llegó acompañado de una ideología política cuya voluntad impulsó la construcción de un nuevo paisaje cualificado social, cultural y materialmente, el llamado Estado del Bienestar, con el que se cerró una época trágica de destrucción y discriminación. Los arquitectos conocemos bien la influencia que tuvo el sistema de producción taylorista en el pensamiento moderno. La ideología del urbanismo de principios de siglo se apoya directamente en el pensamiento racionalista, que aportó los primeros ensayos de aplicación de la lógica industrial a la arquitectura. La base del pensamiento funcionalista, apoyado en el distanciamiento de la naturaleza y en el entendimiento de la ciudad como producto industrial, generó modelos de ordenación urbana marcados por la zonificación funcional, en los que se organizó la ciudad a partir de las tres funciones básicas: habitar, trabajar y recrearse. En la escala de la vivienda, esta ideología se plasmó en la tipificación de las células de habitar y en el concepto de producción industrial aplicado a la construcción. Los términos racionalización, estandarización y normalización, adoptados del modelo de producción taylorista, fueron trasladados por primera vez a la escala de la arquitectura y el urbanismo. Estos elementos son interesantes para entender la organización de la sociedad del espacio homogéneo, con la que se introdujo una nueva comprensión del tiempo y del espacio en base a la sincronización Stained Glass Composition V, Theo van Doesburg “La Bouteille”, Le Corbusier. Del espacio monofuncional a la heterogeneidad í ndice [ espacios mediados ] ] 473 [ í ndice que dictaba la regularidad de la industria y las distancias entre los lugares principales. De esta forma se reguló la vida cotidiana de los habitantes de las ciudades, que quedó perfectamente encuadrada en la organización de un espacio zonificado y modulado. Henri Lefébvre observa este fenómeno planteando la siguiente pregunta, “¿Que se ha proyectado a la superficie? Una vida cotidiana cuidadosamente segregada y organizada, programada para que quepa en un horario exactamente controlado”.2 Lo que tuvo como consecuencia, entre otros, que el territorio urbano se empezó a dividir en casco histórico (con las administraciones principales, oficinas y gran parte de las funciones terciarias) y suburbios monofuncionales (en su mayoría ciudades-dormitorio), segregados y a la vez conectados por las nuevas infraestructuras. La concepción del espacio físico se reescribió por completo con el avance que supuso la superación de las distancias: la disminución de la resistencia del espacio, conquistada con el elemento del tráfico. Ésta fue la condición decisiva que hizo cristalizar la búsqueda de la isotropía, y con ella el equilibrio del espacio social. En la mayoría de estados de Centroeuropa la economía cooperativa de la posguerra generó un crecimiento enorme de la producción como respuesta a la irrupción del consumo de masas fomentado por las nuevas políticas salariales. La reestructuración económica vino acompañada por un ajuste de la política de impuestos y finanzas, así como por la redistribución y la ampliación de las infraestructuras. El ámbito principal de la economía se limitó al territorio nacional, en el que se intentó repartir el crecimiento económico y construir un espacio homogéneo. El primer paso consistió en el intento de producir un crecimiento demográfico nacional uniforme mediante la disposición equilibrada de núcleos industriales en el territorio. Una regulación controlada de la macroeconomía basada en el aumento constante de la producción, que hizo posible la subida continúa de los sueldos y la estabilidad de los precios, alcanzándose el equilibrio del espacio social dentro del territorio nacional. La estandarización de la producción forzó la adopción de un nuevo estilo de vida y el desarrollo de una nueva sociedad vinculada al llamado consumo de masas bajo las nuevas normas instauradas por parte de las instituciones. Se generalizó el consumo de bienes de producción industrial, como el frigorífico, la lavadora, el televisor, el automóvil, etc., en un proceso de normalización que abarcó también los ámbitos de la arquitectura y la vivienda. Las “células de habitar” normalizadas se adaptaron a la estructura social promovida por el auge económico y la imagen de la familia moderna con dos hijos, la mujer en casa y el hombre con puesto fijo en la fábrica. Para completar la imagen, la residencia se fijó en pisos de renta de las Großsiedlungen de las periferias promocionadas por la política municipal, abandonando los bloques residenciales del centro o la soledad del campo por células prefabricadas reflejo de las nuevas tecnologías Esta influencia provocó un cambio impactante en la sociedad, que fue analizado por Adorno y Horckheimer en su trabajo “Dialéctica del iluminismo” en los años 40, basado en experiencias recogidas en Estados Unidos. Un punto fundamental en la teoría crítica es la idea de que la difusión realizada por los medios produce una nueva cultura en masa, controlada por las instituciones que organizan el producto bajo la lógica del consumo y la tecnología, lo que unifica la producción de arte y cultura e impide, como consecuencia, la espontaneidad, la fantasía y el pensamiento activo como implicación del consumidor. Éste se convierte en un elemento totalizado, en un mero espectador bajo el poder del capital producido por la industria cultural, creado por una estructura institucional de la subjetividad. Los medios de produc- Markus Vorauer Neue Vahr en Bremen, Ernst May 1957-1962 htmhc ] 474 [ í ndice ción de cultura en masa a los que se refieren Adorno y Horkheimer se sitúan por un lado en el cine, la radio y las revistas, a los que la mayoría de la sociedad pudo acceder por primera vez en aquella época, pero también en la arquitectura. Así la analizan como la representación de los centros de poder de la administración y la organización de la vida bajo sus esquemas, aportando como ejemplo las ciudades compartimentadas por funciones y las viviendas estandarizadas y tipificadas en bloques monofuncionales en las que se materializa la nueva cultura. Otro instrumento fundamental en la regulación de la sociedad fue la intervención indirecta del Estado en la familia, lo que se concentró en el control de la vida femenina. Con eslóganes como “el trabajo de ser madre es la profesión principal”, lanzado por el Ministro de la Familia Franz-Josef Wuermeling en Alemania, o instrucciones publicadas en Inglaterra con reglas sobre cómo la mujer se ha de comportar frente a su esposo, se manipuló la sociedad en una dirección explícitamente machista. En el resto de medios de comunicación, lo habitual fueron eslóganes como “qué me visto hoy” o “qué le cocino hoy”, comunicados por amas de casa, para recordar a la sociedad femenina cuál era su posición. El efecto de la manipulación que ejercían los medios de comunicación se refleja en una encuesta realizada por el Instituto de Demoscopia Allensbach a principio de los años 60 sobre el doble ingreso de las familias en Alemania, en la que el 60% de las mujeres votaron en contra para no afectar a la educación de los niños y la imagen conservadora de la familia. No sorprende entonces que los barrios de viviendas sociales de esta década estuvieran ocupados casi exclusivamente por la sociedad femenina y por niños moviéndose entre la vivienda y el núcleo terciario dotado de equipamientos educativos, mientras que el hombre pasaba el día en la fábrica o en una oficina del centro. En la escala del barrio, la organización del espacio homogéneo estuvo muy apoyada por la intervención del Estado en el mercado inmobiliario, que descargó el ámbito de la vivienda de la presión del mercado libre. Esto se consiguió con la adopción de diversas medidas de regulación, como la promoción pública, las subvenciones para el alquiler y la fijación de los precios de alquiler. La participación del Estado hizo posible, además, el control de la distribución de la población en función del precio del suelo. “Las Großsiedlungen construidas por el Estado tenían la misión específica de elevar y equilibrar la calidad de vida de la clase obrera e integrarla en un ámbito social que la mayoría no podría haber conseguido en otro sistema socioeconómico”3. Un elemento más para superar las diferencias sociales fue la poca diferencia de ingresos en una sociedad ampliamente dominada por la clase media, que dio a pocas personas la posibilidad de pagar altos precios o especular. Esto quedó reservado a un pequeño sector de la población, mientras la gran mayoría residía en régimen de alquiler o en viviendas de protección oficial. El acceso a las viviendas públicas no estaba determinado por las posibilidades económicas y la exclusión en este caso dependía casi exclusivamente de las condiciones de acceso que dictaba la legislación, lo que en países como Austria y Alemania se aplicó a los inmigrantes, que fueron excluidos de este derecho, al igual que los que no estaban afiliados a la seguridad social. Pese a todas las medidas adoptadas, la política de homogeneidad impuesta por el Estado del Bienestar sólo funcionó durante dos décadas, hasta finales de los años 60. La estrategia racional del taylorismo comenzó a experimentar el fenómeno de la desaceleración de la productividad, un problema al que se añadió el de la saturación progresiva del mercado originada por los bienes de consumo duradero. El agotamiento del sistema vino acompañado por el fracaso del sistema económico global con la quiebra del Gasolinera, Alemania 1973 Del espacio monofuncional a la heterogeneidad í ndice [ espacios mediados ] ] 475 [ í ndice sistema monetario Bretton Woods, basado en el tipo de cambio fijo. A esto se unió la subida del precio de petróleo, que causó el hundimiento definitivo del mercado en Europa. Los intentos de fragmentar aún más la producción, extendiendo y conectando el espacio productivo para incrementar la productividad y ampliar el mercado ( worldwide sourcing ), fueron simplemente empujes con ciclos cada vez más cortos de acumulación e inversión de capital. El análisis de la crisis dio como respuesta que el capital no tenía la flexibilidad suficiente ni a nivel geográfico, ni tecnológico, ni a nivel de mercado de trabajo4. La aplicación de este diagnóstico a la realidad ha producido el cambio del espacio homogéneo al espacio de la heterogeneidad. Los problemas económicos pasaron factura en muchas de las Großsiedlungen, cuya uniformidad, en muchos casos, las había abocado a ser contenedores de clases sociales humildes. En efecto, en su estructura física no había lugar para la mezcla de grupos sociales, ni variación en la tipología y el equipamiento de viviendas, la densidad, las funciones, ni el apoyo de una política de subvenciones más flexible. Con la subida generalizada del paro, pronto comenzó a haber problemas sociales entre sus inquilinos. En algunas de ellas, los problemas comenzaron poco después de su construcción, como por ejemplo en la Gropiusstadt en Berlín, un barrio de 18.000 viviendas poblado por clases modestas. El barrio que se hizo famoso por la película “Wir Kinder vom Bahnhofszoo” (1978), una historia real que muestra con gran dureza la vida de una niña drogodependiente de 12 años, tomó rápidamente el camino de convertirse en un ghetto moderno. Al aumentar los problemas, y con la huida de los vecinos mejor situados, el barrio se fue despoblando a la vez que creció la concentración de grupos desfavorecidos. El proyecto del espacio homogéneo conseguido mediante la uniformidad social y la segregación funcional se fue diluyendo hasta hacer necesarias las primeras intervenciones en el espacio social, mientras que los centros permanecieron densos, ocupados por arquitectura moderna, con funciones terciarias y administrativas y un patrimonio de viviendas descuidadas. El fracaso del sistema económico dejó un paisaje urbano disperso ocupado por territorios monofuncionales. El paisaje heterogéneo Durante las décadas de los 70 y 80, el mundo de la economía y la política se esforzó en encontrar modelos de producción más flexibles. Para superar esta fase, las grandes empresas se embarcaron en la búsqueda de nuevos mercados y en el lanzamiento de una oferta de productos más amplia; se pasó de la producción en masa a la producción de calidad y las marcas, alejándose del concepto de la sociedad uniforme para buscar la individualidad. En este sentido, fueron acercándose a los críticos del sistema de los años 60 que se pronunciaron en el campo intelectual en los culture and gender studies institucionalizados en Inglaterra (Center of Contemporary Cultural Studies 1964). Fue esta una etapa marcada por la crítica del sistema y la agitación general, notando una cierta escalada en torno al año1968, conocida como la época en la que el pueblo saltó a la calle manifestándose contra la uniformidad y la falta de libertad. Una de las causas más conocidas fue el movimiento por la paz, pero lo realmente influyente, política y culturalmente, fueron los movimientos por la igualdad sexual, la igualdad de grupos desfavorecidos, el respeto por el medio ambiente y los que pidieron menos autoridad institucional. Todos tuvieron en común que pidieron en cierto modo más libertad para expresar su propia identidad, a lo que el sistema respondió después de la crisis introduciendo la filosofía neoliberal. Pero, por supuesto, estos cambios fueron aceptados por suponer la respuesta a otras cuestiones que inquietaban al poder; la más importante de ella era dónde relocalizar la sobreacumulación de capital, es decir, cómo ampliar el espacio productivo. El gran cambio de la estructura económica vino con los avances del campo de la telecomunicación, desarrollada y mejorada durante las dos décadas que duró la crisis del fordismo. Las tecnologías de la telecomunicación, la microtecnología, la informática, etc., hicieron posible la separación entre hardware y software, consiguiendo así la condición definitiva para flexibilizar el sistema. La superación del rígido vínculo entre máquina y ser humano, pasando al de la máquina y la informática, el llamado mundo de los flujos, ampliaba definitivamente los caminos del mundo global, reestructurando los territorios nacionales por la conexión internacional y creando un espacio más heterogéneo con políticas estructuradas de forma más horizontal5. Las transformaciones tecnológicas vinieron acompañadas por una revolución política estrechamente vinculada a los nombres de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que introdujeron la filosofía neoliberal a ambos lados del atlántico. El impacto de estas reestructuraciones ha reorganizado las últimas tres décadas de nuestro mundo, introduciendo el sistema que entendemos hoy en día como globalización en toda su complejidad, es decir, de forma económica, política y cultural. La descentralización de la economía y su orientación hacia las nuevas tecnologías han generado nue- Markus Vorauer htmhc ] 476 [ í ndice vos sectores dentro del campo económico que influyen en la sociedad trabajadora del primer mundo, transformándola en la sociedad de los servicios y el conocimiento. La industria pesada se ha trasladado a otros países más competitivos que ofrecen mejores condiciones a las multinacionales, en forma de salarios bajos e impuestos mínimos. Mientras tanto, los poderes del primer mundo apuestan por la investigación y el desarrollo de las altas tecnologías para no perder la hegemonía en el futuro y crear puestos de trabajo para el presente. Toda esta dinamización del espacio ha producido profundos cambios en la sociedad, cada vez organizada de forma más compleja por la autonomía cada vez mayor del individuo. La desregulación y la privatización también han provocado cambios en el espacio social, desplazando el centro del control de la política a la economía y pasando a estar dominado por las fuerzas del consumo y el mercado liberal del trabajo. El sistema da más peso al individuo, es decir, lo dota de más libertad a la vez que se descarga de la responsabilidad social. Pierre Bourdieu ya reconoció este proceso hace dos décadas, afirmando que las presiones sociales han sido sustituidas por estimulaciones. “Los patrones de conducta impuestos por la fuerza han sido reemplazados por la seducción; la supervisión, por la publicidad y las relaciones públicas; y la regulación normativa ha sido sustituida por deseos y necesidades6. Zygmunt Bauman describe este cambio hacia la precarización individual como una segunda revolución administrativa que ha empezado a desmontar la red institucional del Estado moderno para integrarlo en el área operativa del mercado y del consumo, lo que fomenta la política individual, que a su vez promueve la formación de un pensamiento egoísta y el alejamiento de la responsabilidad colectiva, al anteponer el bienestar del individuo único al bienestar de todos. Esta reestructuración del espacio social no tiene lugar sin cambiar a su vez la ciudad, el nudo donde más rápidamente se visualizan las estrategias del espacio macro que transforman la vida y el ritmo del espacio micro. La competición entre las ciudades por la globalización ha inducido un giro en las políticas estatales, que han reducido el control sobre el espacio económico nacional, realizando una nueva apuesta por la heterogeneidad. Las políticas de redistribución se han sustituido por las de subvenciones, dirigidas a las regiones y ciudades con más posibilidades de hacerse un hueco en el mercado internacional. El desarrollo del urban management ha suplido a la planificación urbana tradicional, es decir, las estrategias se orientan hacia la comercialización del producto espacio. Si la ciudad fordista recibía sus ingresos por la redistribución nacional de la economía, propulsora del crecimiento demográfico, la ciudad actual tiene que crecer mediante innovaciones y medios propios. Las estrategias más empleadas son la conversión de los cascos históricos en centros de consumo y aventura cultural, las subvenciones de empresas internacionales, las inversiones en eventos culturales o deportivos y, por último, la introducción de la industria creativa. En todo este proceso, las administraciones locales y estatales han tenido que replegarse al no poder afrontar los gastos y depender del mercado global, por lo que las grandes inversiones han pasado a estar en manos del capital privado. Esto no sólo afecta a las empresas sino también a las infraestructuras, los servicios públicos y, en especial, a la construcción de viviendas. La política de los PPP ( Public-Private- Partnership ) se ha convertido en una forma habitual de crear y rehabilitar ciudad y, consecuentemente, los mecanismos de gobierno y de protección social se reducen cada vez más. En la actualidad, el capitalismo se reproduce intensamente a través de la “producción de espacio” y el desvío de inversiones productivas hacia “ciclos secundarios”, y utiliza los mercados inmobiliarios locales como puros productos financieros7. La revalorización del precio del suelo es aprovechada por consorcios bancarios y multina- Board of trade, Chicago 1997 Nueva York, 2007 Del espacio monofuncional a la heterogeneidad í ndice [ espacios mediados ] ] 477 [ í ndice cionales para adquirir propiedades en sectores en alza, que pasan a ser controladas globalmente. La retirada de la protección del Estado, combinada con el uso del espacio urbano como activo financiero, ha terminado por generar un territorio desigual y fragmentado, estructurado fuertemente en función del precio del suelo. Este importante dato, combinado con, el cambio de la sociedad trabajadora a la de los servicios, el avance constante de la tecnología que aumenta el paro y el aumento de la inmigración, produce un espacio heterogéneo que fuerza las tensiones sociales por la presión de los grupos desfavorecidos, incapaz de ser contenida por los medios de control del Estado. La consecuencia es un reconocible crecimiento de la inseguridad en las ciudades, que viene acompañado por la privatización del espacio público, la vigilancia, los cuerpos de seguros privados, etc., lo que tiene como consecuencia la exclusión de grupos desfavorecidos y el aumento de la segregación social, tal como describe detalladamente Mike Davis para el caso de la ciudad de Los Ángeles. Aunque en Europa no se llega a los extremos de Estados Unidos, este proceso también se ha establecido en nuestras ciudades; lo podemos observar en conjuntos de viviendas equipadas con su propio cuerpo de seguridad, que integran en sus zonas comunes privadas las funciones propias del espacio público (juegos para niños, piscinas, jardines etc.), restringiendo la relación con el resto de la población. Al contrario que en estas zonas, casi siempre ocupadas por clases sociales bien situadas, los desfavorecidos se concentran en zonas de viviendas baratas menos interesantes para la especulación, muchas de ellas construidas en la época del urbanismo moderno. Es decir, las viviendas planificadas para las familias de la sociedad homogénea hoy en día tienen que absorber a una sociedad compleja y heterogénea, combinación de diversas culturas, con estilos de vidas muy distintos y en su mayoría con pocos recursos económicos, una combinación que a menudo termina por convertir estas zonas en territorios marginales. La respuesta a estos problemas que surgen de una sociedad cada vez más compleja no pueden encontrarse en los territorios monofuncionales como todavía crecen en las periferias de España. Jane Jacobs escribió ya hace cincuenta años en la segunda parte del libro “The death and life of great American cities” que un barrio tiene que ser diverso y complejo y debe de cumplir más de una función primaria, de forma que se garantice la presencia de personas fuera de sus hogares en circunstancias y por motivos distintos, dispuestas a usar los servicios comunes. Si se encajan estas exigencias en conjuntos de pequeñas manzanas, de forma que se garanticen muchas esquinas y cruces de calles y una mezcla compacta de edificios, altos y bajos, caros y baratos, se consigue un espacio público lleno de vida, fundamental para una ciudad segura y menos insostenible. Lo que Jane Jacobs propone es una mezcla de usos, variación en las tipologías edificatorias, densidades que permitan mantener una vida urbana digna. Si no trabajamos en esta dirección seguiremos el camino de la fragmentación social hacia un mundo cada vez más conflictivo. Zygmunt Bauman reconoce, “una vez que se produce la segregación espacial y durante largo tiempo uno se mueve en un entorno uniforme (…), se pierde el arte de la conciliación sobre convicciones comunes, de encontrar un modus covivendi de común acuerdo a partir de caminos de negociación8. Con lo que nos quiere decir que en la sociedad en que vivimos, llena de complejidad e incertidumbre, cada vez es más importante aprender a solucionar conflictos a través de la comunicación, es decir, de no tener miedo del desconocido. Lo que se debe poner en práctica diariamente, en la vida cotidiana, donde la arquitectura y el urbanismo juegan un papel importante, en especial en los barrios residenciales, que siguen caracterizados en gran parte por la monotonía funcional y tipológica. Markus Vorauer Barriada de viviendas, Sevilla htmhc ] 478 [ í ndice En la construcción de viviendas la uniformidad social podría ser evitada, en parte, por la acción de los organismos públicos. En el caso de España en concreto, la intervención de la administración ha sido muy débil durante las últimas dos décadas, lo que de algún modo explica el fuerte crecimiento especulativo de la vivienda en este país, al haber dejado el mercado en manos de los inversores privados. Otro dato importante es el poco peso del parque de viviendas de alquiler social, que se sitúa en España en un 2%, al contrario que el 18% de media en el resto de Europa9. En mi opinión, de esta forma se está forzando la compra, al anunciar la vivienda como una necesitad de propiedad (como artículo); una tendencia que viene respaldada por la política para apoyar el mercado financiero. La crisis económica actual podría ser útil para reequilibrar el espacio social, intentando mezclar distintos grupos sociales y proponiendo modelos de alquiler más flexibles, es decir, proyectar conjuntos de viviendas con distintos precios y tamaños, moderando así la uniformidad social de urbanizaciones y barrios y la segregación creada a partir de las diferencias de recursos económicos. Hasta ahora, la respuesta a estas necesidades se ha buscado casi siempre en proyectos emblemáticos llevados a cabo por arquitectos de prestigio. Son en su mayoría proyectos que implican un gran porcentaje de funciones relacionadas con el consumo como el comercio, la cultura, o el turismo reflejado en forma de hoteles, y, como segundo pilar económico, conjuntos de oficinas y viviendas tipo apartamento pensadas para una forma de vida determinada. Estos complejos que se definen como hibridaciones arquitectónicas suelen ir acompañados por espacios públicos destinados al consumo, lo que implica privatización y vigilancia. Los Gasometer en Viena (construidos en los años 1999-2001 por Jean Nouvel, Coop-Himmelb(l)au, Wilhelm Holzbauer y Manfred Wehdorn) son ejemplos en este sentido. El proyecto de recuperación de las cuatro torres tenía como objetivo la revitalización de un brownfield , ofreciendo una mezcla de funciones mediante la combinación de viviendas sociales, pisos de estudiantes, apartamientos de lujo y oficinas, un centro comercial y funciones culturales en la planta baja, y todo ello conectado por autobús y metro con el centro de la ciudad. Este proyecto introduce además muchos mecanismos de seguridad para que vecinos y visitantes se sientan seguros. Es de reconocer el esfuerzo de empresas públicas y privadas por intentar conseguir una mezcla social y funcional aplicada a nuestras costumbres, si bien, por otra parte, la definición de las viviendas sigue ajustándose –una vez más– a las funciones tradicionales. Creo que los Gasometer, que ofrecían una posibilidad única de proyectar y crear vida en un lugar extraño, se merecían viviendas que se alejaran más del concepto de célula de habitar como las que finalmente los ocupan. Creo que es tarea del arquitecto reconocer que se debería revisar el concepto tradicional de vivienda y concebirla por encima de las funciones tradicionales (baño, cocina, salón, dormitorio etc.), y de las normas del Existenzminimum . También la organización de las zonas comunes como un espacio residual deducido de la ordenación del conjunto de bloques. Esta forma de proyectar estuvo dirigida a la sociedad uniforme del Estado del Bienestar, dominada por las normas de la producción taylorista, el llamado Scientific Managment . Durante las últimas décadas, la sociedad ha cambiado en todos sus rasgos, el espacio y tiempo vuelven a tener otra relación que influye en las estructuras sociales y en la organización de la vida de las personas. En las nuevas clases que produce la industria del servicio y del conocimiento se diluyen cada vez más los límites entre trabajo, vivir y ocio, lo que produce una sociedad liquida, según palabras de Bauman. Es decir, el lugar deja de ser aplicable a un solo estilo de vida o a una función definida y tendría que dejar espacio para la improvisación. La vivienda también tendrá que dar este paso Del espacio monofuncional a la heterogeneidad Gasometer, Viena, 2001 í ndice [ espacios mediados ] ] 479 [ í ndice concibiéndose desde otro punto de vista, relacionando el espacio de la intimidad de las personas con el entorno proyectado anteriormente explicado. Para terminar este texto, quiero hacer referencia a algunos modelos de habitar desarrollados por diversos arquitectos en distintos países y entornos, que según mi opinión son caminos para superar los rígidos sistemas de pensar el espacio de la vivienda. A row of houses, Roosendaal, Holanda, (2005), Archer Courts, Chicago, EE.UU., (2001), Moriyama House, Tokio, Japon, ( 2005), Sargfabrik, Viena, Austria (1996), Social housing in Mullhouse, Francia, (2005), Ten in One, Berlin, Alemania, (2005), Tierra Nueva Farm Labor Housing, Alamosa, EE.UU. (2005), Wohnüberbauung Balance Uster en Suiza. [ NOTAS ] 1 Gottdiener, Mark. “Ein Marx für unsere Zeit: Henri Lefèbvre und Die Produktion des Raumes”, En: AN ARCHITEKUR 01-03, 2002. 2 Lefebvre, Henri. Evreyday life in the modern world, pag. 59. 3 Häussermann, Hartmut. Stadtpolitik. Frankfurt am Main: Shurkamp, 2008, pag. 151 4 Harvey, David. “Los nuevos rostros del imperialismo”. En: Herramienta, Revista de debate y critica marxista, Nª26, 2004. 5 Häussermann, Hartmut. Stadtpolitik. Frankfurt am Main: Suhrkamp, 2008, pag. 163. 6 Bauman, Zygmunt. Leben in der flüchtigen Moderne. Frankfurt am Main: Shurkamp, 2007, pag. 29. 7 David, Harvey. The limits to capital, 1999. 8 Bauman, Zygmunt. Leben in der flüchtigen Moderne. Frankfurt am Main: Shurkamp 2007, pag. 53. 9 TRILLA, Carme. La política de vivienda en una perspectiva Europea comparada. Fundación la Caxia, 2001, pag.74. [ REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ] BAUMAN, Zygmunt. Leben in der flüchtigen Moderne. Frankfurt am Main: Shurkamp, 2007. 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