Cinco arquitectos reflexionan sobre Sostres: Relatos de lo ya visto
Abstract
Josep Quetglas, Caries Martí, Manuel del Llano, Antonio Armesto y Xavier Monteys reflexionan sobre la figura del arquitecto Josep María Sostres a raíz de la exposición que se presentó en el COAC de Barcelona del 5 de mayo hasta el 12 de junio
Full text
RELATOS DE LO YA VISTO CINCO ARQUITECTOS REFLEXIONAN SOBRE SOSTRES José Luis Sanz Botey Josep Quetglas, Caries Martí, Manuel del Llano, Antonio Armesto y Xavier Monteys reflexionan sobre la figura del arquitecto Josep María Sastres a raíz de la exposición que se presentó en el COAC de Barcelona del 5 de mayo hasta el 12 de junio. Queridos maestros, el pasado miércoles asistí a este modesto homenaje-refle- xión sobre Sostres. La verdad es que mereció la pena. Salí con la sensación de haber pasado más de dos horas fructíferas, que no había pasado un tiempo vacío e inútil como en la mayoría de estos actos. J. Quetglas situó magistralmente la figura de Sostres, sin aspaviento s, en un tiempo y un lugar, como son las cosas. Ese tiempo y lugar no es, sin embargo, otro que el de cada uno de nosotros porque es un tiempo y un lugar que están vivos. Cualquier hecho tiene interés en la medida que nos hace reflexionar, pensar, actuar. Y Quetglas dijo algo que me tocó profundamente. Habló de Sostres y su generación, de la suya propia que le conoció personalmente y se refirió también a la generación más joven que se encontraba en la sala -s upongo que en su mayoría alumnos de los ponentes- y que ya sólo le podrán conocer por sus huellas, por los rastros que dejó y por vuestro relato. Ahí faltaba algo, no había espacio ni tiempo para una generación como la mía, una generación que comenzó a estudiar en la universidad justo en el momento del cambio (así se llama retóricamente a la muerte del dictador). Yo también conocí a Sostres. Él me dio las primeras clases de Historia del Arte en la Escuela de Arqui- - CXXXIX- 139 ASTRAGALO, 12 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i12.14 Arquitecto y crítico de arquitectura.
tectura de Barcelona. Y conocí, debo decirlo, a un hombre decrépito y amargado que asistía a las clases como un fantasma. Había que hacer verdaderos esfuerzos en aquellas aulas masificadas para escuchar su voz. Sin embargo, en ningún momento se doblegó ante las impertinencias o las quejas de sus alumnos. Murmuraba algo y seguía impertérrito con su programa. Sin embargo, si eras capaz de seguir sus explicaciones éstas surgían de su boca con una fluidez y erudición inusitadas en aquella escuela y en aquellos tiempos. Su saber era un saber enciclopédico, ordenado, transparente. Nos habló en un solo curso de arte egipcio y etrusco, de Phideas y Praxiteles, del Panteón y el Coliseo. Todavía recuerdo, como si estuviera aquí, sus explicaciones sobre los cuadros de Seurat, Signac y Monet. Sus lecciones sobre Wright, Le Corbusier y Aalto. Eran los últicaras) se imponía un nuevo sistema con método y rigor implacable. En el país se dictaron algunas leyes modernas y democráticas y se cerraron las puertas a cal y canto, tal cual. Durante más de veinte años nos ha gobernado la consigna de Tejero, ¡Qué nadie se mueva!, sin que nos diéramos cuenta. Una generación tomó las universidades, los ayuntamientos, el gobierno y, en definitiva, cualquier parcela donde hubiera un pequeño poder en donde instaurar una corrupción generalizada y moderna. A estas alturas conservo ya pocas faenas y menos interlocutores como para empezar a pensar que soy realmente un caso clínico y que estoy realmente delirando. Han pasado más de veinte años y os presentáis en público la misma cuadrilla: Quetglas, Martí, Armesto, Del Llano y Monteys (quizás algo más joven pero perfectamente integrado en el equipo). 140 mos estertores de un hombre y una época que ¿Es que acaso el tiempo no ha pasado? ¡Os pronto iban a desaparecer. Las cosas estaban «cambiando» Una nueva generación de «maestros» empezaba a ocupar las aulas. Maestros modernos, jóvenes y simpáticos. Hablaban de Foucoult, de Deleuze, de Freud, de Benjamin, de Tafuri y Cacciari, de las vanguardias y de la modernidad. Ellos eran capaces de hacer proyectos verdaderamente modernos, actuales, capaces de remodelar toda la habéis apropiado del tiempo! Y el tiempo es la verdad y es el poder. Ahora entiendo por qué cuando acabáis de hablar en público siempre decís: «lo sentimos, pero el tiempo se ha acabado». También lo dicen en la televisión, siempre se acaba el tiempo, no hay tiempo porque el tiempo siempre es de otros, de los que mandan. fachada franquista y competir en cualquier Me gustaría seguir hablando de Sastres, de mi lugar con sus dibujitos oblicuos, payasos y Sastres, de ese Sastres amargado, torturado, contorsionistas bajo cuya vestimenta y ropaje cansado y cabizbajo porque me identifico tono había casi nada. Bueno, algo sí que quedatalmente con su figura, con su tiempo que tamba de la intolerante actitud de sus predecesopoco lo tuvo, como tampoco lo tuvo Benjamin res. Con una actitud sutil y casi imperceptible que nos dejó esta máxima: «no nos es dada la (salvo que algunos lucían hermosos y largos esperanza sino por los desesperados». Es nebigotes como los de Dalí, Nietzsche o la benecesario recordar a Sastres, pero es necesario mérita que poco a poco fueron borrando de sus recordarlo también como yo lo recuerdo, con - CXL-
esa dimensión patética, porque nos dice mucho de sus contemporáneos, de Coderch y de Bohigas, y de vosotros que tanto le admiráis. También vosotros, todos los de la mesa, me parecisteis en algún momento patéticos, filósofos de las ruinas merodeando entre pequeños papeles pegajosos y amarillentos como los pobres y desgraciados rebuscan en las papeleras y los cubos de la basura buscando algo que llevarse al bolsillo o a la boca. Vosotros igual que yo buscáis algo que alimente vuestro pobre espíritu, entre las ruinas como decía Benjamín, con la mirada vuelta hacia el pasado, un pasado ruinoso y devastado que nos pertenece (por poco tiempo, ya que la consigna brechtiana se impone fatalmente: ¡borrad las huellas!) en un presente que no es nuestro: ¡patético! - CXLI- 141 ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672
Lyonel Feininger, Gross-Kromsdorf 111. 1921. - CXLII -