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Los oradores de 1869 : Aparisi y Guijarro, Ayala, Cánovas del Castillo, Castelar, Echegaray, Figueras, Manterola, Martos, Moret, Olózaga, Pi y Margall, Posada Herrera, Prim, Ríos Rosas, Rivero, Ruiz Zorrilla, Sagasta, Serrano y otros

Cañamaque, Francisco, (1851-1891)

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LOS ORADORES DE 1869. Biblioteca PixeLegis. Universidad de Sevilla. APARISI Y GUIJARRO , AYALA, CÁNOVAS DEL CASTILLO, .CASTELAR, ECHEGARAY, FIGUERAS, MANTEROLA, MARTOS, MORET, OLÓZAGA, Pi Y MARGALL, POSADA HERRERA, PRIM, RIOS ROSAS, RIVERO, RUIZ ZORRILLA, SAGASTA, SERRANO Y OTROS, por FRANCISCO CAÑAMAQUE MADRID ADMINISTRACION LIBRERÍA DE LOS SRES. SIMON Y OSLER r8 Infantas — 18 1879 Es propiedad del autor, sin cuyo permiso no podrá reimprimirse esta obra. Queda hecho el depósito que exige la ley. MADRID, 1879.-IMPRENTA DE M. G. HERNANDEZ, SAN MIGUEL, 23, BAJO. 11, Tengo la manía incorregible de dedicar á alguien mis pobres libros. El presente, por consecuencia, no ha de ser ménos que sus hermanos. Pero, ¿á quién se lo dedico?... A las Córtes. Parece lo más lógico y corno que se cae de su peso, Asáltame, sin embargo, una duda. Las Córtes las constituyen el Senado y el Congreso reunidos. ¿A qué lado me inclino? Lo echaré á la suerte para evitarme preferencias enojosas. .. Tócale al Congreso. A él, pues, se lo dedico, y en su representacion al digno Presidente DON ADELARDO LOPEZ DE AYALA. FRANCISCO CAI n IANIAQUE. _ PIDO LA PALABRA. Mucho he vacilado ántes de poner á este libro el título con que aparece. De primera intencion escribí en la cuartilla este otro, más atrevido y expresivo : Los Oradores de la Revolucion. Pero la palabra revolucion parecióme inexacta por su amplitud histórica, y la taché incompasivo prometiéndome tomar justa revancha en su esencia. Dí tortura al pensamiento buscando el nombre con que habia de bautizar mi trabajo, y los cuatro números de. un año inolvidable disiparon mi perplejidad: 1869. "Ya está aquí, \  LOS ORADORES DE 1869 exclamé poco ménos que alegre; ya encontré lo que deseaba:—Los ORADORE S DE 1869. Este título no crispará los nérvios de ningun político gomoso (los hay que parecen hechos de bandolina), y corresponde con más propiedad á la galería de bustos y perfiles parlamentarios sacada exclusivamente de aquellas Córtes inmortales." Tiempo há que acariciaba yo la idea de emprender un estudio, más profundo y extenso c i ne el presente, de nuestra oratoria parlamentaria„ la primera, sin duda, del mundo: En algunos demis libros llegué ha anunciarle con este nombre :—Los Oradores I-'spañoles, debiendo comprender desde las Córtes de Cádiz hasta nuestros dias. Empero sobre ser asunto de dificilísimo desempeño, requiere tres cosas de las cuales vengo careciendo con pertinaz constancia: humor, tiempo y dinero. Quizá otro , escritor más afortunado é idóneo, y o mismo si hallo editor que se arriesgue cuando libre mi voluntad se decida, realice dicho trabajo, por hacer todavía en esta patria tan fecunda en brillantes y elocuentísjmos oradores. No pudiendo, por consiguiente, abarcar los grandes oradores de casi un siglo, he reducido LOS ORADORES DE 1869  IX mi pretension á los grandes y pequeños .de un sólo año. ¡ Pero qué año! El más activo, el más tempestuoso, el más sábio de nuestra historia constitucional y parlamentaria. Como las Córtes de 1869 ha habido pocas en el mundo. España no tiene ningunas. La Asamblea legislativa francesa, aquella que produjo á Mirabeau, á Barnave, á Gregoire, á Robespierre y á tantos otros, cede en elocuencia y sabiduría á nuestras Constituyentes de la Revolucion. -En 1869 la tribuna española quedó proclamada la primera de los pueblos modernos . Sólo tiene rivales en la griega y la romana. Llamadas todas las escuelas y todos los partidos á aquel debate supremo, aparecieron los oradores en número y calidad tales, que asombra aún y maravilla. Si uno hablaba bien, otro hablaba mejor; si éste era más profundo, aquél era más brillante; si Castelar_ y Moret seducian con su poesía, Pí y Cánovas cautivaban con su saber; y rejuveneciéndose lo viejo al estímulo de lo nuevo, y lo nuevo templándose al contacto de lo viejo, competian en arte y elocuencia Martos, Rios Rosas, Manterola, Sagasta, Rivero, Olózaga, Figueras, Ayala, Monescillo, Echegaray. Y al lado LOS ORADORES DE 1869 de éstos y como siguiendo sus pasos, jóvenes de provecho que no conseguirán ménos que conservar el prestigio de nuestra tribuna. Ahora bien; ¿no es sensible que, trascurridos ya diez años, carezcamos, sin embargo, (le un libro donde, á vuelta de alguna ironía de buena ley, se determinen las condiciones oratorias de hombres tan eminentes; donde la condensacion de sus aptitudes supla la brevedad del espacio destinado á cada uno de ellos? ¿No es hora de reunirlos en un sólo cuadro, trazar su fisonomía, dibujar su palabra, copiar de ésta lo que le sea más característico y darlo al público como testimonio de admiracion y á manera de esbozo de la grande obra que está por empezar? Tal es el objeto de estas páginas, que doy á la imprenta sin la vanidad de haber escrito una obra clásica. Me contento con que parezcan bien intencionadas y oportunas. Sin descuidar su forma (los cuerpos defectuosos son los más necesitados de galas y atavíos), el fondo de mi trabajo, su esencia, su sustancia, en verdad fué lo que más mereció la preferente solicitud de mis esmeros. A este fin lo he sacrificado todo: amistad, pasion política, pretensiones literarias quizá provechosas conveniencias personales. LOS ORADORES DE 1869  XI Para nadie ni por nadie he escrito Los ORADORES DE 1 869. Mi ambicion es más honda: lo he escrito por todos y para todos. Quiero que sea un libro neutral en cuanto esto es posible aquí donde el veneno de la política nada respeta y lo más impenetrable inficiona. Al juzgar la palabra de nuestros oradores, hícelo guiado por espíritu de escrupulosa imparcialidad, dejando á cada cuál lo suyo y dando á todos lo que de derecho les pertenece. Al apreciar su política bajo mi propio criterio acerca de los negocios públicos, he procurado tildar lo que considero tildable desde mi punto de vista personalísimo, haciendo caso omiso de toda afeccion de partido, entre otras razones por la sencilla y concluyente de que en estos momentos no pertenezco á ninguno. Público es que soy liberal, que tengo culto fervoroso, profundo, por el espíritu imperecedero de la Revolucion de Setiembre; de aquella Revolucion que vive y vivirá porque está en las leyes, en las costumbres, en los hombres, en cuanto vemos y nos rodea. Fecunda como las inundaciones del Nilo, toda la tierra española está empapada , de su esencia. Los mismos que la condenan no pueden ménos de 2  LOS ORADORES DE 1869 ra—como lo haré—de Manterola , y pasase en silencio una de las figuras más dignas, más nobles, más interesantes de la España contemporánea. Dejadme, pues, que yo sé lo que me hago, ó lo que es lo mismo, yo sabré cómo he de salir del berengenal oratorio en que me he metido. D. Antonio Aparisi y Guijarro... Vara un hombre! Valía por mil de los suyos y era más demócrata que muchos que yo conozco. Su historia es la historia de un hombre de bien, su conducta, la de un santo cercado de demonios; su alma, pura y tierna; su corazon dulce y cariñoso; su pensamien- to espejo donde se reflejaban con sus más bellos colores las grandezas de lo pasado en lucha abierta con las grandezas de lo presente. Tenia creencias y sentimientos; aquéllas católicas, éstos liberales. Y corno su fervoroso catolicismo era incompatible con la libertad moderna, de ahí el choque constante y contradictorio de su espíritu, la hermosa y peregrina batalla que libró hasta morir, los sacudimientos de su fé en pugna con los arrebatos de su corazon. No conozco orador más desigual, más desordenado, más libre; pero tampoco he oído ni leido nada más bello, más encantador, más castizo. Era un prodigio de imaginacion, un tesoro de sentimiento, un archivo inacabable de seductoras antiguallas. La vez primera que habló en el Congreso hízolo bajo los peores auspicios. Otro que Aparisi hubiera naufragado. Un representante del país, progresista por más señas, siguiendo la manía de los antiguos progresistas censuraba acremente y no sé con qué motivo los APARISI Y GUIJARRO  3 verdaderos progresistas hallan siempre ocasion para hablar mal de los curas—la conducta de los obispos españoles. El novel diputado no pudo contenerse. —Pido la palabra para una alusion personal. —Ignoraba—contestó el interrumpido orador— que en esta Cámara hubiese obispos. Una explosion de risas estalló en todos los bancos. El comienzo parlamentario de Aparisi habria reducido á cualquiera á perpetuo silencio. Aparisi se recogió modestamente en el descalabro de su inexperiencia, agitóse en uno de los extremecimientos nerviosos tan comunes en su constitucion física, y esperó, entre tímido y burlado, la vénia del señor presidente. Se levanta, y habla. A las primeras palabras, pronunciadas á modo de sermon, la Cámara permanece fria, impasible, indiferente; pero á los pocos momentos, posesionado ya de'sí mismo, dueño de su habitual serenidad, dominando al auditorio, elevándose á la altura de su rica imaginacion y arrojando por la boca párrafos de pureza clásica, de corte castizo, de poesía seductora, cautiva la atencion del auditorio que reconoce en él, á pesar de lo descompuesto de su persona y de su poco artística figura, uno de los primeros oradores de nuestra tribuna. Aquel dia se reveló, por tan extraña manera, el génio de Aparisi y Guijarro. Despues todos fueron triunfos. Y no triunfos conseguidos de un público benévolo, de una Asamblea amiga, de ánimos dispuestos al aplauso. No. Aparisi triunfaba de enemigos irreconciliables, de adversarios resueltos, de compañeros que le escuchaban con la sonrisa de la in- 4  LOS ORADORES DE 1869 credulidad en los lábios. ¡Tan grande es el poder de la elocuencia cuando la elocuencia es hija de un corazon puro y un propósito recto! Daba, sin embargo, risa en medio del profundo respeto que inspirara, el aspecto de Aparisi cuando al calor de la polémica su alma se enardecia y desbordábase su palabra. Nervioso, terriblemente nervioso, cual si opuestas corrientes eléctricas sacudieran su sér; moviéndose sin cesar en el angosto espacio de su banco; accionando en visible desórden como si fuera víctima de una pesadilla; sin dejar un sólo momento el ámplio pañuelo con que secaba el sudor de su ancha y hermosa frente; agitado, inquieto, fuera de sí; los brazos en continuo y chocante batallar hasta el punto de que parecia imposible tanta resistencia, tejido muscular tan robusto; todo esto, unido al candor político de Aparisi, á su original manera de expresarse, á las contradicciones infantiles de la quimera que perseguia, causaban en el espectador la risa mejor intencionada y la admiracion más sincera y profunda. Y es que Aparisi no era un hombre político, un hombre de partido, un hombre como los demás. Era el Jeremías de la Jerusalen del tradicionalismo, el cantor de lo que fué, el ave que vive en las ruinas de lo que cayó; era el alma pura que, en sus místicos delirios, no comprendia la existencia de las sociedades sin un Papa y un rey; era el soñador que quería resucitar á los impulsos de su fé los primitivos tiempos patriarcales. Por eso era escuchado con tanto recogimiento. Aquellos representantes, que no vivian otra vida que Al'ARISI Y GUIJARRO  5 la de las intrigas, las murmuraciones y las crisis; aquellos diputados, escépticos y burlones como hijos del siglo, más atentos al rumor de un cambio ministerial que á las grandes especulaciones de la política, acomodábanse en los bancos con visible respeto cuando Aparisi hablaba. Al levantarse de su asiento el Berryer español mirábanse unos á otros los diputados y se sonreian. Sonrisa que venia á decir:—«Vamos á oir al bueno de D. Antonio; es un niño hermoso enamorado de una vieja fea y contrahecha.» El niño era aplaudido, y la vieja contrahecha, con tales galas y atavíos la presentaba Aparisi, que más de una vez pasó fugazmente á la vista del público como doncella hermosa llena de hechizos y primores. Entónces daban ganas de ser carlista, de abrazar á Aparisi y declararse soldado de la nueva pacífica cruzada. Pero pasada la momentánea alucinacion, los esplendores de aquella riquísima fantasía, los prodigiosos efectos de aquella retórica dulce y viril, enérgica y conmovedora; disueltos los brillantes colores de aquella oratoria florida y entusiasta, en la terrible aridez de la realidad no quedaba más que una cosa: la persona de Aparisi con su candor, sus sueños, sus contradiciones, sus errores, su singularidad, su extravagancia, su gran palabra, su noble corazon, su llanto jeremiaco. Su estilo, así cuando hablaba como cuando escribia, tenia algo de bíblico, es decir, era sencillo y profundo. No contribuyó poco á educar su naturaleza la lectura de la Biblia, que jamás olvidó. Ni una sola noche retirábase á dormir sin ántes haber leido algunos LOS ORADORES DE 1869 pasajes del famoso libro. Constituia su encanto predilecto. Cuando su familia le creia en brazos del sueño, Aparisi estaba más que nunca engolfado en su lectura religiosa. Apoyada su inquieta cabeza en la nerviosa mano, puestas las indispensables gafas, fijos los ojos en el papel y en Dios y en la otra vida el pensamiento, Aparisi no se acordaba de Morfeo hasta que Morfeo, haciéndose superior al misticismo de su vasallo, le arrancaba de la silla para dejarle caer en el lecho. De aquí su corte bíblico, su prosa bíblica, su poesía bíblica, su política bíblica; es decir, de aquí su imposible, su aspereza, su incorruptibilidad; de aquí estas frases felices que parecen robadas á la Biblia: «Si un tirano golpea con su cetro de hierro mi »cabeza, ó si hundís, verdugos, el puñal en mi pe 9cho desarmado, á aquél y á vosotros diré: sabed, desdichados, que habeis de morir....» «Recia cosa debe ser para los grandes criminales »que el mundo laurea, caer de repente, y desnudos, y gtem blando, entre las manos de Dios vivo....» Aparisi conocia la historia de España como la conocen muy pocos; su ilustracion era grande. A lo mejor empezaba á citar cosas, hechos y personajes, todo para probar que antes habia más libertad que ahora y que el mejor de los gobiernos es un rey absoluto, y tan bien lo hacia, barajaba y componia, que el auditorio entraba en ganas de pedir á grito pelado el rey de Aparisi, los ministros de Aparisi y la política de Aparisi.—«El mal está, díjole un dia cierto diputado unionista, en que el rey de Vd. no existe, sus ministros son una fantasía y su política un APARISI Y GUIJARRO  7 idilio. Créame, Sr. D. Antonio, prosiguió el unionista, todos estariamos con Vd. si Vd. no quisiera un imposible. ¿Dónde está el rey que Vd. nos pinta tan bellamente? ¿Dónde tales ministros? ¿Dónde política semejante?»—Aparisi inclinó la cabeza, estretnecióse de una sacudida nerviosa, signo de lo violento de su situacion, y nada repuso. ¡Ah! ¡Quizá se hubiera hecho alguna vez la misma pregunta aquella conciencia honrada, y nada se habria contestado; quizá supiera Aparisi, mejor que nadie, que anhelaba un imposible; quizá fué voluntario y á sabiendas al sacrificio! Yo lo creo desde luego. Aparisi conocia que estaba fuera de la realidad de la vida y de las cosas en los tiempos modernos, conocia que predicaba en el desierto. Voy á probarlo con sólo copiar algunas palabras suyas, algunos de los deseos de su exagerado sentimiento, algunas de sus frases más celebradas y felices. En el primer discurso que pronunció en el Congreso con motivo del incidente de que hago mencion más arriba, expresábase así: ((Digo desde ahora para siempre que yo no tengo »pretensiones, que yo no tengo obligacion de ser ora- »dor; pero tengo obligacion de ser hombre de bien; y »si todo se corrompe, la de permanecer incorruptible; »y si todo se doblega ante el poder ó el capricho de ,, »un hombre ó muchos hombres, la de permanecer »en pié, inquebrantable y entero.» Calculen Vds. ahora si era posible un hombre inquebrantable y entero en uno de los periodos históricos más desdichados de nuestra pátria, cuando los 8  LOS (iRADORES DE 18.69 moderados se vendian—Con raras excepciones—en almoneda pública. y -los unionistas tenían encendida una vela al diablo y otra á San Miguel; cuando los neos iban á besar las llagas de Sor Patrocinio y el anillo del P. Claret para conseguir por este medio, es decir, piadosamente, algunas prebendas y credenciales, y los progresistas, siempre los mismos, no se cansaban de hacer el oso. «Recibí la diputacion , que se vino á mi casa, ,como se recibe á un huésped noble, pero importuno »v molesto.» Vamos, ¿no es esto estar loco, rematadamente loco? «Nada quiero de nadie, ni rey ni pueblo, fuera »de la justicia que se nos debe á todos.» ¿Se van Vds. convenciendo? «Yo podré ser el tiempo pasado; pero quiero el »régimen verdaderamente representativo, entendedlo »bien, no el sistema parlamentario, que es corruptor »y francés; porque yo quiero la verdad en todo y la ›)justicia para todos; porque no gusto ni de despotis- »mo disfrazado, ni de repúblicas vergonzantes.» ¡Pobre D. Antonio! Quería un cangrejo blanco. Y es el caso que Aparisi era, sin saberlo, liberal; más que liberal, demócrata; más que demócrata, republicano. Presten Vds. atencion á lo que sigue, que tiene miga: «Yo amo la libertad, pero la libertad verdadera, »que tan necesaria es al espíritu como lo es al cuer- »po el aire que se respira; mas la quiero católica, española y hasta vestida la quiero con los galanos ata- »víos de nuestra tierra, no con los de una dama ó » meretriz extranjera.), A-PARIS1 Y GUIJARRO  9 ¿Lo ven Vds.? Ya la echó á peder, es decir, ya pidió otro imposible... Libertad • católica... Como si dijéramos, pares y nones, blanco y negro, Voltaire y Bossuet. Esto es lo que se llama querer atar moscas por el rabo. «Yo no quiero un tirano, menos quiero mil: ¡fj »de mis padres quiero yo, patria de mis abuelos, in- »dependencia y libertad!» ¡ Bien! «De hombres honrados y de pueblos sobrios v »virtuosos se hacen pueblos libres; pero de hombres »ó pueblos á quienes domina el libertinaje del espíri- »tu ó el apetito desenfrenado de goces materiales—ha- »ced las Constituciones que querais—no hareis más »que pueblos turbulentos ó esclavos.» ¡Muy bien! «Hoy el dinero lo hace todo; hace al elector. »hace al diputado, hace al aristócrata; hoy lo puede »todo, es casi una divinidad, en cu y as aras no he de »quemar jamás incienso.» ¡Bravo, magnífico! «Humilde y pobre, sólo me siento bien hallado »entre los pobres y los humildes.» Ya se declaró demócrata. ¿«Por qué no he de decirlo? Si fuera posible que »un hombre escogiera diversa patria de aquella en »que nació, sobre todo llamándose esta patria Espa- »fia; si eso fuera posible y me viera forzado á elegir »patria distinta de la amadísima en que ví la luz, yo »eligiera un rincon oscuro de Suiza.» Ya se declaró republicano. Pero vamos á cuentas; ¿no es un dolor que Aparisi LOS ORADORES DE 1869 equivocara el lugar de su asiento, y en lugar de sentarse al lado de Olózaga y Rivero lo hiciera entre los fclriseos del catolicismo, en cuyo fondo se destacaba como esplendente luz en la oscuridad de tenebrosa rioche? Porque esas palabras, esos apóstrofes, esos anhelos, no son ciertamente carlistas; son hijos de un espíritu ámplio, cohibido, ahogado por la fé. Así hablan y sienten los apóstoles del progreso, las almas que no conciben á Dios en la mísera estrechez de un dogma, sino en los espacios infinitos del universo; ese es el lenguaje del derecho moderno, la aspiracion de los tiempos contemporáneos, el bello ideal de las naciones libres: nada sin la justicia, libertad para todos, amor á la patria: el mérito sobre los pergaminos, el derecho de todos sobre el despotismo de uno, la razon sobre la intolerancia. Sí, el gran orador quería esto, practicaba esto, perseguia esto; pero lo quería con un rey absoluto, lo practicaba sin que le imitasen, lo perseguia en nombre de la fé y del Papa; creía honradamente, considerando á los demás por sí, atribuyéndoles el mismo molde, dándoles idénticas cualidades, pensamiento igual, que la conciencia humana cabe dentro del catolicismo y la sociedad moderna dentro de la monarquía tradicional. ¡Error profundo de aquel hombre de bien, de aquel entendimiento tan claro, perspicuo y generoso! En ninguno de sus magníficos discursos he visto nada que se oponga abiertamente á la libertad. Casi siempre tiene su palabra un sabor democrático que seduce, una humildad que fascina, arranques y generalidades propias de un tribuno. Define la institu- APARISI Y GUIJARRO  lY cion del Pontificado, y dice lo siguiente, que cualquier demócrata puede aceptar como suyo sin grandes escrúpulos: «En aquellos tiempos de hierro, oscuros y tempestuosos, en aquellos tiempos en que sobre la haz »de Europa habia mil déspotas con la espada en la »mano, el Pontificado sólo con su inmenso poder »pudo salvar la civilizacion, pudo salvar la libertad; »el Pontificado, que si no fuera institucion divina »seria la institucion más admirable que pudiera concebir el entendimiento de los hombres; institucion »que eleva al plebeyo, al hijo del pastor, á una altura superior á todos los tronos de la tierra, como »para desmostrar al mundo que la virtud y la ciencia »reunidas están muy por encima de las riquezas, de »las espadas y de las coronas.» Ya lo he dicho. El estilo oratorio de Aparisi no era siempre igual, revelándose en sus formas el orador forense más que el parlamentario, sin embargo de que no habló una sola vez en el Congreso que no lo hiciera convenientemente y de antemano preparado. Gustábale producir efecto y que se encomiara su palabra en lo que tenia de castiza y galana. A reunir Aparisi las formas exteriores que deben acompañar á un gran orador, sus discursos se hubieran oido con más agrado; pero de figura vulgar, de voz poco simpática, de maneras nada distinguidas; fantástico, desordenado, inquieto; sencillo á las veces hasta la llaneza, elocuente otras hasta lo sublime, franco y natural siempre, de su oratoria puede decirse lo que de la de Moreno Nieto decimos cuantos hemos tenido el placer de oirle: éste habla... como LOS ORADORES 1)E 1869 público aplaudió, los jueces palidecieron ante la treta de Ayala, El Padre Cobos fué absuelto, y su defensor celebrado por el recurso ingeniosísimo á que apelara para demostrar que los versos no eran penables. Obtuvo una credencial de diputado unionista, y con una elocuencia que cautivó desde los primeros momentos á la Cámara arremete contra la ley de imprenta de Nocedal; la hiere, la malpara, la descoyunta, y pronuncia frases tan magníficas como estas:— «Cuando la imprenta vive libre, la calumnia es nula; cuando se encuentra comprimida, la calumnia es terrible. ¡Triste suerte la del Gobierno que nadie acusa en público, pero todos acusan en secreto!» Fué tal el efecto que produjo su primer discurso, que un periódico de entónces, 1857, decia: «El Sr. Ayala es un verdadero atleta parlamentario. Su palabra, que resonaba por primera vez en el Congreso, produjo un inmenso efecto moral en el ministerio, en la mayoría y en el público que asistia á las tribunas. Tal y tan honda fué, en nuestro concepto, la impresion que ocasionó su discurso, que si el ministerio, sin peligro de su propia existencia y sin producir una gran perturbacion en los negocios públicos, se hubiese encontrado en libertad de retirar en el acto la ley, tal vez lo habria hecho.» ¡Ah, D. Adelardo! ¡Quién hubiera creido entónces que despues, en 1878, habia Vd. de aceptar la ley de imprenta de Cánovas y Romero Robledo! ¡Que habia de formar parte de un ministerio, en 1874, que suprimió de un arranque todos los periódicos democráticos de España!... Francamente, eso no se lo per- AVALA  19 dono yo, que soy periodista; no se lo perdona la consecuencia, que es exigente; no se lo perdona la razon, que es lógica, invariable, inflexible. Ayala no es un orador abundante; carece de facilidad, no tiene aquella soltura de palabra que caracteriza á los grandes oradores y á los grandes parlanchines. Es duro, tardo, premioso. Parece que cada palabra le cuesta un esfuerzo profundo, que se violenta demasiado, que su estómago trabaja más que el pulmon. Su voz es ronca, honda oscura, si me permitís la palabra. Su accion, sin los grandes movimientos tribunicios, es severa, estudiada, quizá un si es no es dramática. Su aspecto es sério sin pecar de ridículo; grave sin ser afectado; solemne sin ser campanudo. Su diccion de lo más puro, de lo más correcto, de lo más castizo, de lo más bello, de lo más irreprochable que ha resonado en la tribuna parlamentaria. Oidle un momento, daos este placer. Discutíase en las Constituyentes la forma de gobierno. Ayala habia hablado poco hasta aquel dia; ántes de entrar en materia quiso explicar su silencio. Hé aquí el párrafo en que lo anuncia: «Permitidme una digresion, con la protesta de que será la única. Mucho temo que los que recuerden el dilatado silencio en que he permanecido por mucho tiempo, al ver que ahora por primera vez me levanto á pedir la palabra con objeto de intervenir en la cuestion más solemne, en la cuestion de más graves consecuencias que jamás ha presenciado el pueblo español, uniendo estos dos hechos, me suponga cierta inmodestia, tan ajena de mi cayácter, que sólo 2 0  LOS ORADORES DE 1869 imaginada me perturba, y el sólo temor de que podais sospecharla constituye la mayor de las contrariedades que en este momento me rodean. Yo os suplico que no me hagais semejante injusticia; y para poder entrar á cumplir mi breve programa sin la rémora, sin la molestia, sin la inquietud que en mí produce esta sospecha, recordaré por qué he callado y diré por qué hablo, ya que tan crítica es mi situaclon que tengo que explicar á la vez la palabra y el silencio.» Vamos, ¿no es esto verdaderamente hermoso? ¡Qué ternura, qué amplitud, qué correccion, qué giros tan admirables, qué final tan armonioso y redondo! Aquel mismo dia, en este mismo discurso, Ayala no pudo, no supo contenerse, y fué apasionado, quizá injusto con el pueblo de Cádiz, con las masas republicanas de la histórica ciudad. Importándole poco dejar el ministerio, creyendo que la verdad es ántes que el disimulo de la propia egoista conveniencia, áspero hasta la intransigencia, resuelto hasta la tenacidad, ni los consejos de Serrano ni las miradas conciliadoras de Prim hicieron torcer su propósito. Entendió que el pueblo, traido y llevado por la minoría republicana, era á la sazon tan arrogante como pasivo fué é indiferente en los dias aciagos de desventura; y apasionándose en extremo pintaba así la partida de los generales desterrados y la actitud de los gaditanos. «Llegó el momento del embarque, señores; aún me parece que estoy viendo alejarse de los muros de Cádiz al vapor Vulcano, que era el encargado de c onducirlos al destierro. Allí estaba la protesta de la AYA LA  2 1 libertad contra la reaccion; allí estaba el pacto de los partidos liberales; allí estaba la esperanza, la libertad: yo veia que todo esto se iba alejando, y parecia que el mar se lo tragaba, y me encontraba sólo en la playa, sólo y con el más profundo silencio... Pero no; no era tan grande este silencio: allá, allá á lo léjos, dentro de la ciudad, resonaban á intérvalos frenéticos aplausos y grandes gritos; pero no hay que alarmarse, señores, eran gritos y aplausos con que manifestaba su regocijo en la plaza de toros la muchedumbre republicana.» La minoría republicana protesta; Orense pide la palabra, la piden Figueras y Rubio; Paul y Angulo grita, escandaliza, patea, quiere comerse á Ayala; las exclamaciones ensordecen el espacio, todas las voces apagan la del orador; Topete acciona, Serrano se lamenta, Prim se calla. Rivero quiere restablecer el órden y el órden no se restablece; la confusion aumenta, crece el ruido, cámbianse durísimos apóstrofes... Ayala, sereno y mudo, espera que la calma se haga para continuar sus disparos de bala rasa. «Decía, señores, que pocos dias ántes de estos sucesos, la autoridad militar (y es un detalle histórico muy importante) tuvo la autoridad militar de Cádiz que tomar algunas precauciones. El motivo de puro pueril se convierte en altamente significativo. Trabajaban en competencia dos toreros: los partidarios del uno y del otro se encontraban en tal estado de excitacion, que todo el mundo temió un choque y halló muy prudentes las precauciones que para evitarlo se habian tomado. Ni la presencia de los generales, 22  LOS ORADORES DE 1869 ni el momento del embarque, ni la alianza ya pública de todos los partidos liberales, mediante la cual se encontraban en el vapor lo mismo el conde de Reus que el duque de la Torre; lo mismo los que iban á ser desterrados que los que gemian en el destierro, ninguna de estas circunstancias, con ser todas tan ocasionadas á mover la ira, movió á aquel pueblo, hoy republicano, á dar la más leve muestra de sentimiento. Y en efecto, no hubo necesidad de tomar ninguna precaucion militar, absolutamente ninguna... (profunda agitacion): lo mucho que escuecen estas palabras prueban su verdad, y á todos importa reconocerla.»  • Calculen Vds. el efecto político de este discurso, con diccion tan admirable dicho como con sobra de impremeditacion lanzado. Avala no podia seguir un momento más en el banco azul; las conveniencias del momento lo prohibian, altas razones lo mandaban. Ayala salió del ministerio. Fué el primer unionista que no quiso disimular más; era revolucionario hasta cierto punto; rebasado este punto volvia á ser el que fué. Cánovas le dedicó cuatro guiños, alguna frase de admiracion, y Avala, ásperamente ingénuo, poco diplomático, alistóse como primer voluntario en el partido conservador del porvenir. Todavía cedió alguna vez; pero su alma estaba en otra parte, era monárquico á macha martillo. Echóse á dormir—Ayala es hombre que duerme mucho—y esperó los sucesos sin impaciencias. Dedicóse á su bigote, á su pera, á su salud y á sus versos. Indolente como nadie, perezoso como ninguno, nunca está mejor que cuando no hace nada. Su Dios es AVALA  23 la holganza, su culto el dolce far niente, sus sacerdotes los amigos que le dan conversacion. Viene la Restauracion, y Ayala es su primer ministro de Ultramar. Volvió, pues, á ser ministro; pero no pudo, como en 1868, poner su firma en un decreto inmortal; no pudo dar otro decreto como aquel de la Revolucion que declaraba la libertad del vientre en Cuba. Su primer acto en 1868 grabado está en el corazon de muchas madres, en la gratitud de muchos negros infelices, en las páginas de oro de la historia. ¡En 1874 nada hizo!... El Congreso de 1876, retirado á Llanes Posada Herrera, lo elige su presidente. Al tornar posesion de este sitial altísimo, el más alto á que puede aspirar un ciudadano, pronunció un discurso notable. No sé qué admirar más en él, si la galanura, la correccion ó el vigor de los tonos. Escuchad este párrafo, modelo de armonía, que arrancó aplausos unánimes de toda la Cámara. No es posible hablar mejor, tan gallardamente. «No á impulsos de rutinaria modestia, sino movido de profundo convencimiento, yo me detendria gustoso á manifestaros cuán inferior me juzgo al sitio en que me encuentro; pero á falta de otras cualidades, tengo la de comprender con mucha claridad y sentir con grande vehemencia la dignidad y el prestigio del alto puesto con que me habeis honrado, y creo que una vez colocado en este sitio por vosotros, no me es lícito detenerme á demostrar la escasez de mis merecimientos, la injusticia de vuestros votos, y debo pasar de largo sobre este asunto, aventurándome á parecer soberbio de puro comedido y respetuoso.» '24  LOS ORADORES DE 1869 Ese es el literato, el hablista, el verdadero académico. Como presidente del Congreso—la verdad debe decirse siempre—todos creimos, hasta sus amigos, que íbamos á tener un presidente en verso, de drama, de décimas y quintillas. Nos hemos equivocado. Ha salido un presidente en prosa. La calidad de la prosa ya la conoceis. Imparcialidad, buen golpe de vista, tolerancia, todo lo tiene. Alguna vez, contemplando su artística cabeza desde la tribuna, mirando su aspecto severo y reposado, su continente grave y circunspecto, ocurrióseme esta duda peregrina: «¿Si será Apolo presidiendo á las Musas?...» La vision pasó pronto. Miré á la izquierda, ví á Gaviña, tropezaron mis ojos con un D. Pedro La Casa, entró Pavía, y la realidad fué conmigo... Estaba soñando: Ayala presidía el Congreso de los Diputados. Ayala ha tenido la fortuna, por todo extremo envidiable, de ser el primero en saludar en el Congreso la representacion de nuestros hermanos de Cuba. ¿Cómo lo hizo? Vais á oirlo, escuchad... «Bien venidos sean, señores diputados, á intervenir con sus hermanos de la Península en todos los negocios de la monarquía, los representantes de la gran Antilla. La madre patria los recibe con los brazos abiertos, que hace ya largo tiempo que tenia acordado el derecho de que ahora se posesionan; consignado está en la Constitucion vigente; guerra fratricida. impidió su ejercicio; la paz lo facilita; y pues han nacido con la paz, bien venidos sean á ayudarnos á c onsolidarla, á armonizar todos los intereses, á crear nuevos vínculos y á persuadir á todos que la sangre AYALA  25 vertida no nos divide, porque toda ha brotado del mismo corazon, y ántes nos une y estrecha con los lazos del comun dolor que nos inspira.» El autor de El tanto por ciento tiene, cuando quiere, ática sal que acaba de completar su presidencia. Un diputado, me parece que Turull, habló un dia de víboras, y Ayala, sin moverse de su sitio, aplastólas con un chiste. Otro dia se habla de encinas y bellotas; un diputado pide la palabra para una alusion personal, y Ayala, en medio de unánime carcajada, deshace la nunca vista alusion con esta brevísima respuesta:—«Señor diputado, en esta Cámara no hay encinas ni bellotas.» Ignoro si Ayala es hombre de una sólida y profunda ilustracion política. Inclíname á creer que no, porque su pereza no le habrá permitido estudiar, ni sus versos meterse en filosofías. Y corno sus discursos son pocos y en ninguno campea la erudicion, me parece que acierto diciendo que su talento natural es grande, su perspicuidad notable, su intuicion profunda, su estilo como ninguno, su ilustracion mediana. Es un poeta inmortalizado por su obras dramáticas, un orador sobresaliente y de palabra purísima. Quizá. sus discursos, como los de Demóstenes, huelan al aceite de la lámpara; quizá los cuidadosos esmeros de su reputacion los ha pulido y preparado como el guerrero limpia y prepara ántes del combate sus armas. Pero como yo no sé más sino que cada vez que nos suelta un discurso nos dá un buen rato; como yo no veo más que lo bello, como no me llamo Arrieta que le trata tú por tú, consigno lo que sé y no aventuro lo que ignoro. 26  LOS ORADORES DE 1869 Para concluir: Avala es un gran orador, si bien algo dramático, acaso por sus relaciones teatrales, por su amor á las tablas; su voz es, ya lo he dicho, un poquillo oscura; su enunciacion, tarda y premiosa; su aspecto en la tribuna, grave y digno; su palabra, pura, galana y correcta cual no otra. Pero me gusta más cuando hace versos y se presenta, siendo presidente del Congreso, á recibir mis aplausos y los aplausos de todos en el escenario del teatro Español por su obra Consuelo, que cuando se mete á político. Y no porque lo haga mal como político, sino porque me acuerdo de 1868 y el alma se me cae á los piés. Si todos hicieran lo mismo—me digo,—si todos imitasen su conducta, ¡ Qué espantosa soledad! CÁNOVAS DEL CASTILLO. Es orador, político, literato, tres veces académico, historiador, poeta, jurisconsulto, diplomático, periodista, geógrafo, artillero, aljamiado, mónstruo , malagueño, conservador liberal, liberal conservador v bizco. Todo eso es, en breves palabras expuesto, mi paisano D. Antonio Cánovas del Castillo. Para ser la novena maravilla no le falta más que morir obispo. confesor, virgen y mártir. No creais, sin embargo, que su presencia revela nada de lo que es. El pícaro lo disimula mucho, da un chasco á cualquiera. Parece un hombre vulgar si lo contemplais sin saber quién es, como se mira al transeunte que pasa por la calle. No tiene la melena 34  LOS ORADORES DE 1869 que sabes al dedillo la causa de todas las revoluciones y descontentos, no comprendes, digo, que cerrar la puerta al derecho es abrirla á la rebeldía? ¡Soberbio! Dulcificar, mimar, atraer, limar asperezas, olvidar agravios, perdonar ofensas, esa, esa es la obra de los que en tu caso se hallan. Y ya que tu política, lo escribo con gusto, no ha sido vengativa, ni cruel, ni perseguidora; ya que supiste dejar á cada cual en su casa obrando en esto como no obrará nunca ninguna restauracion, ¿por qué no has hecho lo demás? ¿Crees, quizá, en la eficacia del vacío? Pero prosigo mi empeño y déjome de aconsejar. :Bonito es el mozo para recibir consejos! A Cánovas le ahogan dos cosas: la soberbia y el talento. Por salirse con la suya, nada más que por salirse con la suya y hacer rabiar á Romero Ortiz, se le pone en la cabeza que las Córtes, elegidas cuando no habia otra legalidad que el Código de 1869, debian durar legalmente cinco años con arreglo á la Constitucion de 1876, esto es, á una ley posterior al nombramiento y reunion de aquéllas, y dicho y hecho, vá y le dan la razon. ¡Soberbia! Otro dia se empeña en que la causa del órden exige la vida del triste y criminal Oliva, y Oliva sucumbe á pesar de altísimas insinuaciones. ¡Soberbia! Otro dia se levanta de mal humor, mira de reojo á Elduayen, y ¡zás! de un plumazo más seco que las esperanzas de los constitucionales arroja al ingenioso ingeniero del Gobierno civil de Madrid. ¡Soberbia! Sin embargo, ¡cuán titánico ha sido su trabajo! Otro que él no habria hecho ni la milésima parte. Encargóse de la presidencia del Consejo de minis- CÁNOVAS DEL CASTILLO  so tros cuando en el país no habia nada, absolutamente nada más que polvo y escombros. El polvo de una catástrofe, los escombros de un derrumbamiento. La catástrofe de Setiembre de 1868, el derrumbamiento de Diciembre de 1874. Los carlistas le estorbaban más que nada. Se mete entre ellos y los divide: á un lado Cabrera, á otro Dorregaray. Le estorban luego los moderados. Los divide igualmente: á un lado Toreno y Barzanallana, á otro Cheste y Moyano. El partido constitucional le hace cosquillas. Divídelo tambien: á un lado Sagasta y Ulloa, á otro Santa Cruz y Alonso Martinez. La democracia permanece entera en los rigores de la adversidad. La perturba: Castelar tiene un asiento en el Congreso, Sardoal otro; Ruiz Zorrilla, víctima de un arranque pueril, yacia de antemano en el extranjero, estaba desterrado. ¿Le queda algo por hacer? Sí, la paz en la Península y en Cuba. Pues ahí está Martinez Campos. La paz se hace en todo el territorio español. ¡Bendita sea la paz! ¿Queda algo todavía? Sí, le queda un entretenimiento: divertirse con los constitucionales. ¡Y se divierte como hay Dios! Les da diputaciones, senadurías, promesas, bombo, mucho bombo, alguna que otra credencial, razones, esperanzas, todo, todo lo necesario para embarcarlos. Se embarcan, y empieza el mareo, la trastienda, el sí, el no, el veremos, no es tiempo aún, robustecerse, unirse, definirse, arrepentirse, convertirse, contarse, purificarse, disciplinarse, prepararse, alinearse, declararse, y todos los acabados en arse, como no hay que impacientarse, apaciguarse, moderarse y fastidiarse. 36  LOS ORADORES DE 1869 Pero para llegar á todo esto, ¡qué prodigio de palabra! ¡Qué tesoro de recursos! ¡Qué caudal de inteli a encia! ¡Qué habilidad parlamentaria! ¡Qué fuerza de dialéctica! ¡Qué ingeniosa sofistería! ¡Qué broma tan divertida! ¡Qué política tan preñada de peligros! Ha jugado con fuego, y el fuego concluye por convertirse en ceniza. Lo que no ha querido comprender es que debajo de esa ceniza hay rescoldo. Cuando ménos lo piense el rescoldo constitucional echará chispas. Despues de la crisis de Marzo se han notado algunos síntomas. Menos los constitucionales, á quienes trata como arquitecto á maestro de obra que le ayuda á conservar un edificio, todos han sufrido más que aquéllos la soberbia de su carácter, los ímpetus de sus genialidades, las imposiciones de sus caprichos, las exigencias de su absorbente personalidad. Como buen artillero, en diciendo «quien manda manda y cartuchera en el cañon,» hasta Fabié se echa á temblar, es decir, la pura encarnacion de la filosofía liberal-conservadora ó conservadora-liberal, por más que no es ni lo uno, - ni lo otro, ni esotro: ni liberal, ni conservadora, ni filosofía. Cánovas es hombre que se vá siempre al bulto, á no ser que el bulto se llame Martinez Campos. En este caso el ilustre malagueño emplea toda su trastienda, que es mucha; todo su talento, que es grande; toda su habilidad, que es consumada, y el bulto se viene á él. Lo coge, lo mira desdeñosamente le dá 5 vueltas, juega con él, lo pone en un fanal ó lo arroja por la ventana del desprestigio, y guiñando y torciendo la boca se eleva inconmensurablemente sobre el ni- CÁNOVAS DEL CASTILLO  37 vel conservador diciendo urbi et orbi:—« Aquí no hay más bulto que yo.» Así es, en efecto. Su bulto abulta tanto que todo lo llena. Congreso, Senado, presidencia, ministerios, prensa adicta que le proclama mónstruo, oposiciones que le proclaman génio. Todo lo llena con su poderosa personalidad. El dice modestamente:- 1 Yo!— Las oposiciones gritan rabiosas:—iEP—Tiene todas las aptitudes de un enciclopedista á la moderna. ¿Hay que sustituir á Salaverría porque está enfermo? Pues Cánovas se encarga interinamente de la cartera de Hacienda y confunde á Angulo y á Barzanallana menor con sus sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. ¿Hay que hablar del estado de la guerra civil cuando vino la restauracion? Pues Cánovas pide la palabra ó se la toma, coge los ejércitos, distribuye los generales, explica las operaciones, dá batallas, toma trincheras, se cubre de gloria en Lacar y Lorca, y Saturnino Estéban Collantes se pasma asombrado de las hazañas de su presidente. ¿Hay que perorar un poco en defensa de la ley constitutiva del ejército? Pues ahí está Cánovas que lo hace que no hay más que pedir, y el buen Cevallos se levanta en pleno Senado y le dice al marqués de la Habana:—«Ya ve usted si yo hago bien no haciendo nada; Cánovas es un gran artillero.»—¿Hay que dejar la presidencia para escribir un discurso académico sobre la literatura aljamiada? Pues ahí está Cánovas que resucita los apuntes de su tio D. Serafin Estévanez Calderon, vá á la Academia, los lee haciendo guiños y morisquetas, convence al marqués de San Gregorio, electriza á Marianito Catalina, conmueve al ingeniero de mon- 3 3 LOS ORADORES DE 1869 Ir tes D. Agustin Pascual, y Perez de Guzman, que aunque no es académico como éstos ha tenido la fortuno de oirle, sale corriendo y dice:—«Nada, caballeros, está visto: es un mónstrup aljamiado.» Cánovas es un gran orador. Excluyendo á Castelar, hoy dia no tiene más que dos rivales: Salmeron y Martos. No abunda en Cánovas la poesía, ni las imágenes, ni las grandes figuras retóricas; pero es bastante correcto, enérgico, rápido, puro, castizo. Se estaria hablando una semana seguida sobre cualquier asunto, por ejemplo, sobre la langosta, y si su propósito era negar su existencia el auditorio acabaria por confesar, á despecho de Mariscal y de Salido, que, en efecto, no hay más langosta que ellos. Lo mismo defiende el contra que el pró; lo mismo dice hoy que un rey puede pecar, como afirma mañana que es impecable. Pero habla muy bien. Su voz es clara, robusta, penetrante, hermosa. Es una lástima que tenga el vicio de bajarla en los finales, porque la transicion es brusca, fea y de mal gusto. No es ménos sensible su manía digo y repito, que tanto abunda en sus discursos. Dije y digo; aprobé y apruebo; censuré y censuro; manifesté y manifiesto; declaré y declaro, y no se cánsa de esta machaconería, de este estribillo molesto y chocante. Fíjense Vds. en el digo y repito el primer dia que suelte el pico, y digan si no dan ganas de contestar como el personaje de la comedia:— « iReflauta que ya lo he oido!» No tiene lo que se llama la exterioridad, los mo. dos, los ademanes, la compostura de un gran orador. Al concluir los períodos hace cinco ó seis subidas de hombros, como si tuviera entre camisa y espalda un GÁNOVAS DEL CASTILLO  39 bicho que le picase; se vuelve á los suyos con ceño de Júpiter, y su mano acaricia los quevedos para que no se caigan de su sitio. En los de más efecto, cuando se incomoda ó Sagasta le mira con mirada entre irónica y sarcástida , suele concluir dando como una media vuelta, los faldones de la levita flotan por el espacio y parece que va á dar principio á una pieza de baile. Tampoco escasea los golpes sobre el pupitre, como si el pupitre, benévolo y silencioso, tuviera la culpa de que le quieran desalojar del poder los oradores de la oposicion.—No, hombre, no; no dé Vd. esos porrazos, que para ser enérgico en la palabra y en los conceptos no hay necesidad de castigar la madera que se tiene delante, ni de ponerse las manos hinchadas como botas. Pero lo que á mí me hace más gracia en Cánovas del Castillo, lo que desde el primer dia hubo de chocarme, lo que merece algunas palabras de reprension, es la costumbre, fea y poco elegante, de meterse una mano en el bolsillo del chaleco. Observadlo y vereis cómo tengo razon. En los momentos más supremos, cuando trata de un asunto grave y el párrafo le ha salido armonioso y redondito; cuando amigos y adversarios le prestan religiosa atencion, mi hombre mete una mano, la izquierda generalmente, en el bolsillo del chaleco, y despues de contonearse, arreglar los quevedos y llamarse á sí mismo mónstruo, continúa fiero y arrogante su peroracion... Pero, hombre, saque Vd. esa mano de ahí. ¿No vé Vd. que no está bien? Sea usted elegante una vez siquiera. ¿Es que quiere decir: «aquí me los meto á todos?» Bueno, porque ya sabemos 40  LOS ORADORES DE 1869 hasta dónde llega su soberbia; pero quite Vd. esa mano del chaleco y metásela en otra parte.—Despues de todo—héroe dicho muchas veces—para que una mano tan medrada como la de Cánovas quepa en el bolsillo de su chaleco, ¿qué tal será el bolsillo? Debe ser una alforja ó poco ménos. Cuando quiere—y quiere siempre sabe ser irónico, gracioso, epigramático, punzante , venenosillo. ;Quién ignora que, privadamente, es uno de los hombres más chistosos, ocurrentes y decidores? Su defec- to consiste en que á una gracia • , á un equívoco, á una frase, lo sacrifica todo: amistad , conveniencias, discrecion, todo. Un dia quiso hacer un chiste, y lo hizo terrible :—EI ciego que canta y el lazarillo que pide.—Quiso há poco hacer una frase, y la hizo depresiva:—? Tan mal le ha ido de villano que quiere ser caballero? Sus sales como orador son otras; son cultas, oportunas, irreprochables. Pero cuando se propone herir, hiere; cuando se propone ridiculizar, ridiculiza; cuando se propone hacer sangre, la hace. Y metiendo entre col y col una lechuguita; manejando la palabra á su placer; ágil, vivo, enérgico; apoderándose de los detalles de la discusion; elevando los asuntos á gran altura; haciendo cada inciso que extravía sin extraviarse él; dando á cada cosa su palabra y á cada palabra el acento claro y preciso de su hermosa voz; inventando teorías por un quítame allá esas pajas, teorías que las más de las veces no valen un pepino; dueño siempre de sí; superior á casi todos los que le oyen; malagueño y artillero, su nombre como orador es grande y sus aptitudes varias y notables. CÁNOVAS DEL CASTILLO  41 Le gusta discutir con Castelar porque Castelar le cubre de flores, y Cánovas, como buen andaluz, tiene pasion por las flores. No le gusta discutir con Sagasta, porque Sagasta, que es muy cuco, le busca, le acorrala, le reduce, le estrecha, le ahoga devolviéndole al cuerpo todas sus teorías y acaba por presentar como negro lo que el mónstruo dijo ser blanco. Con Martos riñe, se atufa, rabia, grita, pelea, saca el Cris- to, se dá á todos los demonios, echa por aquella boca todas las amenazas habidas y por haber. El mérito principal que para mí, corno para todos los hijos del trabajo y las contrariedades, tiene Cánovas del Castilla, es que de la nada, de una escuela, se ha elevado por sus propios méritos á la altura de los grandes hombres. Pobre y desconocido, todo lo que es, todo lo que vale, todo lo que significa se lo debe á sí mismo. Aprovechado desde jóven, no ha perdido ripio. Ha aprovechado hasta las locuras de Martinez Campos. No es su historia, como la de otros políticos, una historia de destierros y persecuciones. Solamente en 1867 marchó desterrado á Palencia, pero sin rigor, y nada más algunas horas estuvo detenido en el Gobierno civil de Madrid en Diciembre de 1874, donde fué tratado á cuerpo de rey por Moreno Benitez que, conocedor del juego, comprendió que no trascurriría mucho tiempo sin ser su correligionario en lo fundamental. En resúmen; Cánovas vale mucho y es uno de los primeros oradores de la Europa contemporánea. A él le debemos, entre otras cosas, la desesperacion de los constitucionales, el nacimiento de los centralistas, un hipódromo, una Constitucion más, la unidad 42  LOS ORADORES DE 1869 constitucional del país y cierta expansiva libertad para el libro. ¡Lástima que no hiciera lo mismo con la prensa, á la que tan despiadadamente trató! ¡Hijo desnaturalizado y desagradecido!... ¡Mónstruo! j CASTELAR, Señoras y señores: Triste, muy triste; desventajosa, muy desventajosa es mi situacion en este momento. ¡Ah, señoras y señores! Puesta la mano sobre el corazon; trémula al sacudimiento de la perplejidad la pluma, el espíritu incierto; estática la idea corno si el peso de mi propósito la agobiara con su inmensa pesadumbre; triste y acongojado el sentimiento; inmóviles los ojos como en presencia de la terrible vision de lo imposible; agitado el cerebro por el choque estruendoso de la duda; de la duda, señoras y señores, más horrible que el frio inviolable de la muerte, más espantosa que las asperezas de la realidad, más destructora que el Etna encendido; pensativo como las grandes creaciones del misticismo; me- 50  LOS ORADORES DE 1869 el silencio más religioso, en la calma más inalterable, en la atencion más profunda. Ahora bien; ¿cómo describo yo la palabra de Castelar? Imposible, absolutamente imposible. Id á la historia, antigua y moderna, sagrada y profana; tomad á Solon, á Pericles, á Temístocles, á Alejandro, á Demóstenes, á Sócrates, á Platon, á Aristóteles , á Escipion, á Marco Aurelio, á Bruto, á César, á Fabio Máximo, á Ciceron, á Caton, á Tácito, á Séneca, á Moisés, á Santo Tomás, á San Agustin; tomadlos así, como los tomo yo, sin órden ni concierto; apresurad el paso y venid más acá; cojed á los árabes, á los cristianos, á los protestantes, á los católicos, á los enciclopedistas, á los revolucionarios; pedid en vuestro auxilio los colores de Rafael y de Murillo, la inspiracion de Hornero, de Virgilio, de Horacio, de Dante, de Petrarca, de Goethe, de Shakespeare, de Víctor Hugo, de Espronceda; reunid todos los Papas y todos los reyes; pedid al arte sus encantos y á la poesía sus maravillas; revolved las fantasías de la imaginacion y las afirmaciones de la filosofía; encarnad en una sola palabra la energía de Demóstenes, los apóstrofes de Ciceron, los arranques de Mirabeau, la poesía de Lopez, la diccion de Ayala, el vigor de Cánovas, el relámpago de Rios Rosas, la facilidad de Moret, la pureza de Martos ; tomad, pedid, cojed, reunid todo eso; confundidlo, barajadlo, extraviaos si quereis , soñad; pero hacedlo bien, con arte, con esplendor, con raudales de elocuencia, con prodigios de retórica, con asombros de armonía, y tendreis al primer orador del mundo, á Emilio Castelar. ¡Y qué bien lo dice! El mismo está enamorado de CASTELAR  5 1 su palabra. A veces no puede contener el orgullo que nace del efecto que produce instantáneamente su palabra, y las situaciones más sérias las echa á perder. Un dia trazó en las Constituyentes de 1869 el cuadro pavoroso de Maximiliano fusilado, de Carlota demente. La Cámara estaba estupefacta, asombrada, atónita. Le parecia ver la realidad, creia tener allí, en el hemiciclo, el cuerpo yerto y ensangrentado del uno, la imágen triste y desdichada de la otra... Concluye el orador su párrafo; los diputados aplauden.... ¡Castelar se rie!...—Eso no está bien, D. Emilio, eso no lo hacen más que los malos cómicos. Sea usted actor hasta lo último, deje Vd. esa risita para cuando esté de conversacion con sus amigos. La voz de Castelar, que en la prosa de la vida tiene un metal femenino que choca, en la tribuna es •clara, robusta, armoniosa, igual. Sin embargo, alguna vez sus admiradores le hemos oido más de un gallo despiadado y sin entrañas. Entónces dice— como lo escuché de sus labios en el Circo de Price en 186 9 —que está constipado... Su figura es simpática, proporcionada, agradable. Unas pulgadas más de estatura es lo único que le falta. Si las tuviera seria un orador completo, es decir, tendría todas aquellas exterioridades que en un perfecto orador deben concurrir. Noto que va echando abdómen á última hora, y en verdad, en verdad te digo, Emilio, que por ese camino serás un orador, de puro gordo, hinchado. Ya lo he dicho. Castelar es el primer orador del mundo; pero no es el mejor orador parlamentario. Cánovas, Martos, Figueras, 'Sagasta , le aventajan '712  LOS ORADORES DE 1869 bastante. Castelar no es el hombre de los pormenores, de los detalles, de los incidentes; es generalizador por excelencia, amante de las grandes síntesis.. Como parlamentario casi siempre es cogido, vencido, superado por sus adversarios. Es el hermoso ruiseñor que, embebido en su canto , olvida los perdigones del implacable cazador. A lo mejor es víctima deuna terrible perdigonada, y por más trinos que da y más arpegios que hace ni Anglada le saca los perdigones del cuerpo. Tiene el ilustre tribuno palabras favoritas, frases que le enamoran, conclusiones que le fascinan. Leed con atencion todos sus discursos, y si en todos ellos. hable de lo que hablare, no dá mil vueltas y rodeos para decir este final:—«Cómo se muere por la libertad y por la pátria»—dejo que corteis la melena de su excorreligionario Aniano Gomez. ¿Y la palabra absolutamente? Tanto la prodiga, abunda tanto en sus oraciones, tan sin ton ni son la emplea muchas veces,. que dan ganas de replicarle:—«Bien, hombre, bien; quedarnos absolutamente enterados y no sea Vd. tan absolutamente absoluto.» • Ya sé yo que él extrema muchas cosas y abusa de muchas frases de efecto por su amor sin límite al aplauso. ¡Ah! en este respecto es hombre al agua. A un aplauso lo sacrifica todo, sin embargo de que de 1873 á la fecha escasea cuanto puede, y hace bien, el halago sin tino ni medida que oíamos ántes en todos sus discursos. Pero á pesar de los pesares, cuando lleva media hora de hablar y los aplausos' no. parecen, echa mano de los recursos inagotables de su fascinadora elocuencia, y quiera que no quiera el CASTELAR público junta las manos y aplaude. ¡Ya está satisfecho! Toma un sorbo de agua, acaricia y extiende su bigote, saca los blancos puños de la finísima camisa, dirige una mirada á las tribunas, pone sus manos sobre el banco que tiene delante, prepara la voz para que no le haga traicion, y prosigue el camino sembrado de flores de sus inacabables triunfos oratorios. Yo protesto de que los-ingleses le llamen el O'Connell español, y nuestros vecinos traspirenáicos el Gambeta español. No, y mil veces no. Castelar es mejor orador que lo fué O'Connell y lo es Gambeta; Castelar no tiene superior y ménos igual ; Castelar , si os tomais—como yo me lo he tomado—el trabajo, ciertamente curioso, de compararlo con Ciceron y con Demóstenes, los oradores más grandes que hay en la historia, resulta todavía más elocuente que ellos. Un, dia oí decir á D. Nicolás María Rivero en las Constituyentes del 69, que lo más bello que ha producido la palabra humana es el discurso por la Embajada de Demóstenes. No; lo más bello que ha producido la palabra humana es el discurso de Castelar en defensa de la libertad de cultos. No hay nada corno eso, ni más enérgico, ni más brillante, ni más oportuno, ni más poético, ni más contundente, ni más sublime. Aquel dia, el dia que oí á Castelar su memorable discurso, vi, escuché, me conmoví ante lo sublime. Ni las catilinarias de Ciceron ni las filípicas de Demóstenes habian realizado en mi pensamiento la idea de lo sublime de la palabra. Hasta entónces habia dudado, desde entónces creo. Lo verdaderamente sublime de la palabra existe: ahí está, léase el discurso que, por excepcion, pongo al 54  LOS ORADORES DE 1869 final de este retrato. ¿Pero á qué dejarlo para luego? Ahora mismo van Vds. á conocer su conclusion, su magnífica, su soberbia, su inimitable conclusion. ¿No se desvanecerá Vd., eh, D. Emilio?... Sólo en esta inteligencia lo copio. Vaya, allá vá. «Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el magestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios, y, sin embargo, diciendo:—«iPadre mio, perdónalos, perdona á mis verdugos, perdona á mis perseguidores, porque no saben lo que se hacenl»—Grande es la religlpn del poder, pero es más grande la religion del amor; grande es la religion de la justicia implacable, pero es más grande la religion del perdon misericordioso; y yo, en nombre de esta religion; yo, en nombre del Evangelio, vengo aquí á pediros que escribais al frente de vuestro Código fundamental la libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entretodos los hombres.» Vamos, ¿qué dicen Vds. despues de respirar y aplaudir? ¿Hay algo mejor que esto, igual á esto, parecido á esto? Pues bien; yo no comprendo que un hombre que habla así, tan bien, aspire á ser Presidente, es decir, á no hablar. Porque, una de dos: ó no habla, en cuyo caso revienta, ó habla con desprestigio de la institucion. La disyuntiva es terrible, atroz, inevitable. ¿No habla Castelar, no suelta el pico? Pues enferma, pa- CASTELAR  55 lidece, le dan vahidos, calambres, la boca se le hace agua, -cae en el lecho con fiebre de palabra, con indigestion de palabra, y nada, lo dicho, revienta como un cohete. ¿Habla el señor Presidente, hoy con un pretesto, mañana con otro, al abrirse una zanja, al inaugurarse una tienda, al celebrarse un bautizo? Pues los griegos, los romanos, los grandes pintores, los grandes místicos, el Renacimiento, las joyas del arte, el espacio infinito, el cosmos, la humanidad acongojada y otras bellezas por el estilo darán en tierra con el señor Presidente y, lo que es peor aún, con la señora Presidencia. De modo que no sé para qué quiere Castelar que las cosas cambien. ¿Para que los diputados gallegos le den otro disgusto como el del 3 de Enero? ¿Para colócar á Zavala, Turon, Jovellar, Sanchez Bregua, Martinez Campos y demás demócratas? ¿Para nombrar obispos? ¿Para verse y desearse á fin de que parezca un collar empeñado en no parecer? ¿Para darle un mando á, Pavía ? ¿Para qué, hombre, para qué anhela Vd. las alturas? No sé para qué las quiere, lo que sí sé es que está muy desesperánzado. Un dia fué á visitarle uno de sus muchos admiradores. —Vaya, vaya, D. Emilio.... ¡Si supiera Vd. qué ganas tengo de que mandemos! Por supuesto, que me nombrará Vd. gobernador de.... el dia que sea Presidente. ---jAy, amigo queridísimo! Como no lo sea en otro planeta.... ' LOS ORADORES DE 1869 SESION DEL 12 DE DE ABRIL DE 1869. RLCTIFICACION DE CASTELAR Á SU DISCURSO EN DEFENSA DE LA LIBERTAD DE CULTOS. SEÑORES DIPUTADOS: Inmensa desgracia para mí, pero mayor desgracia todavía para las Córtes, verme forzado por déberes de mi cargo, por deberes de cortesía, á ocupar casi todas las tardes, con tra mi voluntad, contra mi deseo, la atencion de esta Cámara. Yo espero que las Córtes me perdonarán si lo hago en fuerza de las razones que á ello me obligan, y que no atribuirán de ninguna suerte tanto y tan largo y tan continuado discurso á intemperancia mia en usar de la palabra. Prometo solemnemente no volver á usarla en el debate de la totalidad. Decia mi ilustre amigo el Sr. Ríos Rosas en la última sesion, con la autoridad que le da su palabra, su talento, su alta elocuencia, su íntegro carácter, declame que dudaba si tenia derecho á darme consejos. Yo creo que S. S. lo tiene siempre: como orador lo tiene para dárselos á un principiante; como hombre de Estado lo tiene para dárselos al que no aspira á serlo, ni tiene estos títulos; como hombre de experiencia lo tiene para dárselos al que entra por vez primera en este sitio. Yo los recibo, y puedo decir que el dia en que el Sr. Rios Rosas me aconsejó que no tratara á la Iglesia católica con cierta aspereza, yo dudaba si habia obrado bien, yo dudaba si había procedido bien, yo dudaba si había sido justo ó injusto, si había sido cruel, y sobre todo, si habia sido prudente. ¿Qué dije yo, señores, qué dije yo entónces? Yo no ataqué ninguna creencia, yo no ataqué el culto, yo no ataqué el dogma. Yo dije que la Iglesia católica, organizada como vosotros la organizais, organizada corno un poder del Estado, no puede ménos de traernos grandes perturbaciones y grandes conflictos, porque la Iglesia católica con su ideal de autoridad, con su ideal de infalibilidad, con la anabicion que tiene de extender estas ideas sobre todos los pueblos, no puede ménos de ser en el organismo de los Estados li- 5 6 CASTELAR  57 bres causa de una gran perturbacion, causa de una grande y constante amenaza para todos los derechos. Sefiores, si alguna duda pudiérais tener, si algun remordimiento pudiera asaltarnos, ¿no se ha levantado el Sr. Manterola con la autoridad que le da su ciencia, con la autoridad que le dan sus virtudes, con la autoridad que le da su alta representacion en la Iglesia, con la autoridad que le da la altísima representacion que tiene en este sitio, no se ha levantado á decirnos en breves, en sencillas, en elocuentísimas palabras, cuál es el criterio en la Iglesia sobre el derecho de la soberanía nacional, sobre la tolerancia ó intolerancia religiosa, sobre el porvenir de las naciones? Si en todo su discurso no habeis enontrado lo que yo decia, si no habeis hallado que reprueba el derecho, que reprueba la conciencia y . que reprueba la filosofía moderna, yo digo que no he dicho nada, yo digo que todos vosotros teneis razon; pero su discurso, absolutamente todo su discurso, no ha sido más que una completa confirmacion de mis palabras; cuan- to yo decía, lo ha demostrado el Sr. Manterola. Pues qué, ¿no nos ha dicho que el dogma de la soberanía nacional, expresado en términos tan modestos por la comision, no es admisible puesto que él no reconoce más dogma que la soberanía de la Iglesia? Y ¿no habeis visto ya que despues de tantos y tan grandes cataclismos, que despues de las guerras de las investiduras, que despues de las guerras religiosas, que despues del advenimiento de tantos Estados Micos, que despues de tantos Concordatos en que la Iglesia ha tenido que aceptar la existencia civil de muchas religiones, aún se acuerda, aún no ha podido desprenderse de su antiguo criterio, del criterio de Gregorio VII y de Inocencio III, y aún cree que todos los poderes civiles son una usurpacion de su poder soberano? Sefiores, nadie como yo ha aplaudido la presencia en este sitio del Sr. Manterola, la presencia en este sitio del ilustre Obispo de Jaen, la presencia en este sitio del ilustre Cardenal de Santiago. Yo creia, yo creo, que esta Cámara no seria la expresion del país si á esta Cámara no hubieran venido los que guardan todavía el sagrado depósito de nuestras antiguas creencias, y los que aún dirigen la moral de nuestras familias. Yo los trato con mucho respeto, yo los 4 58  LOS ORADORES DE 1869 miro con gran veneracion por sus talentos, por su edad, por el alto ministerio que representan. Consagrado desde edad temprana al cultivo de las ideas abstractas ó de las ideas puras, en medio de una sociedad entregada, en verdad, muchas veces al culto de la mate ria, en medio de una sociedad muy aficionada á la letra de cambio, en esta especie de indiferentismo en que ha caido un poco el espíritu, la idea, admito, sí, admito algo de infinito, algo de divino, si es que ha de vivir el mundo incorruptible en medio del gran progreso de la historia, en medio de nuestro siglo. Pero, señores, digo más: hago una concesion mayor todavía á los señores que se sientan en aquel banco (señalando al de los prelados): les hago una con cesion que no me duele hacerles, que debo hacerles, porque es verdad. A medida que viene la libertad, se aflojan los lazos materiales; á medida que los lazos materiales se aflojan, se aprietan los lazos morales. Así es necesario, para que una sociedad libre pueda vivir, es absolutamente indispensable, que tenga grandes lazos morales, que tenga grandes lazos de ideas, que tenga derechos, que tenga deberes, deberes impuestos, no por la autoridad civil, no por los ejércitos, sino por su propia razon, por su propia conciencia. Por eso, señores, yo no he visto, cuando he ido á los pueblos esclavos, no he visto nunca practicar la fiesta del domingo: yo no la he visto practicada en España, yo no la he visto practicada jamás en París. El domingo en los pueblos esclavos es una saturnal. En cambio, yo he visto el domingo celebrado con una severidad extraordinaria, con una severidad de costumbres que asombra, en los dos únicos pueblos libres que he visitado en mi larga peregrinacion por Europa, en Suiza y en Inglaterra. ¿Y de qué depende esto? Yo sé de lo que depende: depende de que allí hay lazos de costumbres, lazos de i nteligencia, lazos de costumbres y de inteligencia que no existen donde la religion se impone por la fuerza á la voluntad, á la con ciencia por medio de leyes artificiales y mecánicas. Así me decia un príncipe ruso en Ginebra que habia más libertad en San Petersburgo que en Nueva-York; y preguntándole yo el por qué, me contestaba: "por una razon muy sencilla, porque yo soy muy afielo- CASTELAR  59 nado á la música y en San Petersburgo puedo tocar el violin en domingo, mientras que no puedo tocarlo en Nueva-York." Hé aquí cómo la separacion de la Iglesia y el Estado, cómo la libertad de cultos, cómo la libertad religiosa engendra este gran principio, la aceptacion voluntaria de la religion ó de la metafísica, 6 de la moral que cada individuo tenga en su conciencia. Ya sabe el señor Manterola lo que San Pablo dijo: Nihil tan voluntarium guaya religio. j Nada hay tan voluntario como la religion. El gran Tertuliano, , en su carta á Escápula decia tambien: Non est religionis cogere religionem. No es propio de la religion obligar por fuerza, cohibir para que se ejerza la religion. ¿Y qué ha estado pidiendo durante toda esta tarde el Sr. Manterola? ¿Qué ha estado exigiendo durante todo su largo discurso á los señores de la comision? Ha estado pidiendo, ha estado exigiendo que no se pueda ser español, que no se pueda tener el título de español, que no se puedan ejercer derechos civiles, que no se pueda aspirar á las altas magistraturas políticas del país sino llevando impresa por fuerza sobre la carne la marca de una religion forzosamente impuesta, no de una religion aceptada por la razon y 'por la conciencia. POr consiguiente, el Sr. Manterola en todo su discurso no ha hecho más que pedir lo que pedian los antiguos paganos, que no comprendian, que no comprendieron jamás esta gran idea la de separacion de la Iglesia y del Estado; lo que pedian los antiguos paganos, que consistia en que el rey fuera al mismo tiempo Papa, ó lo que es igual, que el Pontífice sea al mismo tiempo en alguna parte y en alguna medida rey de España. Se ha concluido para siempre el dogma de la proteccion de las Iglesias por el Estado. El Estado no tiene religion, no la puede tener, no la debe tener. El Estado no confiesa, el Estado no comulga, el Estado no se muere. Yo quisiera que el Sr. Mantero la tuviese/ la bondad de decirme en qué sitio del valle de Josafat va á estar el dia del juicio el alma del Estado que se llama España. Andaba un dia un gran poeta aleman allá por el polo, y era una 66  LOS ORADORES DE 1869 fué cuando, despues de haber oido á San Vicente Ferrer, degollaron á muchos judíos de Toledo, que hablan hecho de la judería de la gran ciudad el bazar más hermoso de toda la. Europa occidental. Y para esto no ha tenido una sola palabra de condenacion, sino antes bien de escuna, el Sr. Manterola, en nombre de Aquél que habia dicho: "Perdónalos, porque no saben lo que se hacen." Lo detestaba, ha dicho el Sr. Manterola, y lo detesta: pues entónces debe S. S. detestar toda la historia de la intolerancia religiosa en que, siquier sea duro decirlo, tanta parte, tan principal parte le cabe á la Iglesia. Porque sabe muy bien el Manterola, y esta tarde lo ha indicado, que la Iglesia.se defendia de esta gran mancha de sangre, que debia olerle tan mal como le olía aquella célebre sangre á lady Macbeth, diciendo: "nosotros no matábamos al reo; lo entregábamos al brazo civil." Pues esto es lo mismo que si el asesino dijera: "yo no he matado, quien ha matado es este puñal." ¡La Inquisicion, señores, la Inquisicion era el puñal de la Iglesia! Pues qué, Sres. Diputados , ¿no está completamente averiguado que la Iglesia perseguia por perseguir? ¿Quiere el Sr. Manterola que yo le cite la encíclica de Inocencio III, y mañana se la traeré, porque no pensaba yo que hoy se tratase de librar á la Iglesia del dictado de intolerante, en cuya encíclica se condenaba á eterna esclavitud á los judíos? ¿Quiere que le traiga la carta de San Pio V, Papa Santo, el cual, escribiendo á Felipe II, le decia "que era necesario buscar á toda costa un asesino para matar á Isabel de Inglaterra, con lo cual se prestaria un gran servicio á Dios y al Estado?" Me preguntaba el Sr Mantero l a si yo habia estado en Roma. Sí. he estado en Roma; he visto sus ruinas, he contemplado sus b00 cúpulas, he asistido á las ceremonias de la Semana Santa, he mirado' las grandes Sibilas de Miguel Angel, que parecen repetir, no ya bendiciones, sino eternas maldiciones sobre aquella ciudad; he visto la puesta del sol tras la basílica de San Pedro, me he arrobado en el éxtasis que inspiran las artes con su eterna irradiacion, he querido encontrar en sus cenizas un átomo de fé religiosa, y sólo he encontrado el desengaño y la duda. CASTELAR  67 Sí, he estado en Roma y he visto lo siguiente, señores diputados; y aquí poclria invocar la autoridad del Sr. Posada Herrera, embajador revolucionario de la nacion española, que tantas y tan extraordinarias distinciones ha merecido al Papa, hasta el punto de haberle formado su pintoresca Guardia noble. Hay, señores, en Roma un sitio que es lo que se llama sala régia, en cuyo punto está la gran capilla Sixtina, inmortalizada por Miguel Angel, y la capilla Paulina, donde se celebran los misterios del Jueves Santo, donde se pone el monumento, y en el fondo está el sitio por donde se entra á las habitaciones particulares de Su Santidad. Pues esa sala se halla pintada, si no me engaño, aunque tengo muy buena memoria, por el célebre historiador de la pintura en Italia, por Vasari, que era un gran historiador, pero un mediano artista. Pues bien; este gran historiador habia pintado aquello á gusto de los Papas, y Labia pintado, entre otras cosas, la falsa donacion de Constantino, porque en la historia eclesiástica hay muchas falsedades, las falsas decretales, el falso voto de Santiago, por el cual hemos estado pagando tantos siglos un tributo que no debíamos, y que si lo pidiéramos ahora á la Iglesia con todos sus intereses, no habria en toda la nacion española bastante para pagarnos aquello que indebidamente le hemos dado. Pues bien, señores diputados: en aquel salon se encuentran varias cosas, entre otras, D. Fernando el Católico, y esto con mucha justicia; pero hay un fresco en el cual está un emisario del rey de Irancia presentándole al Papa la cabeza de Coligny; hay un fresco donde están, enmedio de apoteosis, enmedio de ángeles, los verdugos, los asesinos de la noche de San Bartolomé; de suerte que la Iglesia, no solamente acepta aquello, no solamente en la capilla Sixtina ha llamado admirable á la noche de San Bartolomé, sino qu'e despues la ha inmortalizado junto á los frescos de Miguel Angel, arrojando esta eterna heregía á la razon, á la justicia y á la historia. Nos decia el Sr. Manterola: "Pues qué, ¿qué teneis que decir de la Iglesia, qué teneis que decir de esa grande institucion, cuando ella 68  LOS ORADORES DE 1869 os ha amamantado á sus pechos, cuando ella ha creado las universidades?" Es verdad; yo no trato nunca, absolutamente nunca, de. ser injusto con mis enemigos. Cuando la Europa entera se descompon ia , cuando el feudalismo reinaba, cuando el mundo era un caos, entonces (pues qué, ¿vive tanto tiempo una institucion sin servir para algo al progreso?) ciertamente, indudablemente, las teorías de la Iglesia refrenaron á los poderosos, combatieron á los fuertes, levantaron el espíritu de los débiles yextendieron rayos de luz, rayos benéficos, sobre todas las tierras de Europa, porque era el único elemento intelectual y espiritual que halda en el caos de la barbarie. Por eso se fundaron las universidades. Pero ¡ah, Sr. Manterola! ¡Ah, señores diputados! Me dirijo á la Cámara: comparad las universidades que permanecieron fieles, muy fieles, á la idea tradicional despues del siglo XVI, con las universidades que se separaron de esta idea en los siglos XVI, XVII y XVIII.. Pues qué, ¿puede comparar el Sr. Manterola nuestra magnífica Universidad de Salamanca, puede compararla hoy con la Universidad de Oxford, con la de Cambridge ó con la de Heidelberg? No.. ¿Por qué aquellas universidades; como el Sr. Manterola me dice y afirma, son más ilustres, son más grandes, han seguido los progresos del espíritu humano y han engendrado las unas á los grandes filósofos, las otras á los grandes naturalistas? No es porque hayan tenido más razon, más inteligencia que nosotros, sino porque no han tenido sobre su cuello la infame coyunda de la inquisicion, que quemó hasta el tuétano de nuestros huesos y hasta la médula de nuestra inteligencia. Ei Sr. Manterola se levanta y dice: "¿qué teneis que decir de. Descartes, de Mallbranche, de Orígenes y de Tertuliano?" Descartes no pudo escribir en Francia, tuvo que escribir en Holanda. ¿Por qué en Francia no pudo escribir? Porque allí habla catolicismo y monarquía, en tanto que en Holanda habla libertad de conciencia y república. Mallbranche fué casi tachado de panteista por su idea platónica de los cuerpos y las ideas en Dios. ¿Y por qué me cita el Sr. Manterola á Tertuliano? ¿No sabe que Tertulia- CASTELAR  69 'no murió en el molinismo? ¿A qué me cita S. S. tambien á Orígenes? ¿No sabe que Orígenes ha sido rechazado por la Iglesia? ¿Y por qué? ¿Por negar á Dios? No, por negar el dogma del infierno y el dogma del diablo. Decía el Sr. Manterola: "La filosofía de Hegel ha muerto en Alemania." Este es el error, no de la Iglesia católica, sino de la Iglesia en sus relaciones con la ciencia y la política. Yo hablo de la Iglesia en su aspecto civil, en su aspecto social. De lo relativo al dogma hablo con todo respeto, con el gran respeto que todas las instituciones históricas me merecen; hablo de la Iglesia en su conducta política, en sus relaciones con la ciencia moderna. Pues bien; yo digo una cosa: si la filosofía de Hegel ha muerto en Alemania, señores diputados, ¿sabeis dónde ha ido á refugiarse? Pues ha ido á refugiarse en Italia, donde tiene sus grandes maestros; en Florencia, donde está Ferrari; en Nápoles, donde está Vera. ¿Y sabe S. S. por qué sucede eso? Porque Italia, opresa durante mucho tiempo; la Italia, que ha visto á su Papa oponerse completamente á su unidad é independencia; la Italia, que ha visto -arrebatar niños como Mortara, levantar patíbulos como los que se levantaron para Monti y Togneti, cada dia se va separando de la Iglesia y se va echando en brazos de la ciencia y de la razon humana. Y aquí viene la teoría que el Sr. Manterola no comprende de los derechos ilegislables, por lo cual atacaba con toda cortesía á mi amigo el Sr. Figueras; y como quiera qué mi amigo el Sr. Figueras no puede contestar por estar un poco enfermo de la garganta, debo decir en su nombre al Sr. Manterola que casualmente, si á alguna cosa se puede llamar derechos divinos, es á los derechos fundamentales humanos, ilegislables. ¿Y sabe S. S. poi qué? Por q ue despues de todo, si en nombre de la religion decís lo que yo creo, que la música de los mundos, que la mecánica celeste es una de las demostraciones de la existencia de Dios, de que el universo está organizado por una inteligencia superior, suprema; los derechos individuales,. las leyes de nuestra naturaleza, las leyes de nuestra organizacion, las leyes de nuestra voluntad, las leyes de nuestra concienc i a, las leyes de nuestro espíritu, 70  LOS ORADORES DE 1869 son otra mecánica celeste no ménos grande, y muestran que la mano de Dios ha tocado á la frente de este pobre sér humano y lo ha hecho á Dios semejante. Despues de todo, como hay algo que no se puede olvidar, como hay algo en el aire que se respira, en la tierra en que se nace, en el sol que se recibe en la frente, algo de aquellas instituciones en que hemos vivido, el Sr. Manterola, al hablar de las Provincias. Vascongadas, al hablar de aquella república con esa emocion extraordinaria que yo he compartido con S. S., porque yo celebro que allí se conserve esa gran democracia histórica para desmentir á los que creen que nuestra patria no puede llegar á ser una gran república, y una gran república federativa; al hablar de aquel árbol cuyas hojas los soldados de la revolucion francesa trocaban en escarapelas (buena prueba de que si puede haber disidencias entre los reyes no puede haberlas entre los pueblos), de aquel árbol que desde Ginebra saludaba Rousseau como el más antiguo testimonio de la libertad en el mundo. Al hablarnos de todo esto el Sr. Alanterola, se ha conmovido, me ha conmovido á mí, ha conmovido elocuentemente á toda la Cámara, ¿y por qué, señores diputados? Porque esta era la única centella de libertad que habia en su elocuentísimo discurso. Así decía el Sr. Manterola que era aquella una república modelo, porque se respetaba el domicilio: pues yo le pido al Sr. Manterola que nos ayude á formar la república modelo, la república divina, aquella en que se respete el asilo de Dios, el asilo de la conciencia humana. Ahora bien, señores; nos decia el Sr. Manterola que los judíos no se lkvaron nada de España, absolutamente nada; que los judíos lo más que sabian hacer eran babuchas, que los judíos no brillaban en ciencias, no brillaban en artes, que los judíos no nos han "quitado nada. Yo, al vuelo, voy á citar unos cuantos nombres europeos de hombres que brillan en el mundo y que hubieran brillado en España sin la expulsion de los judíos. Spinoza: podreis participar ó no de sus ideas, pero no podeis negar que Spinoza es quizas el filósofo mas alto de toda la filosofía moderna; pues Spinoza, si no fué engendrado en España, fué en CASTELAR  71 • gendrado por progenitores españoles, y á causa de la expulsion de los judíos fué parido lejos de España, y la intolerancia nos arrebató esa gloria. Y sin remontarnos á tiempos remotos, ¿no se gloría hoy la Inglaterra con el ilustre nombre de Disraely, enemigo nuestro en política, enemigo del gran movimiento moderno; tory, conservador reaccionario, aunque ya quisiera yo que muchos progresistas de aquí fueran como los conservadores ingleses? Pues Disraely es un judío, pero de (»igen espafio]; Disraely es un gran novelista, un grande orador, un grande hombre de Estado, una gloria que debia reivindicar hoy la nacion española. Pues qué, señores diputados, ¿no os acordais del nombre más ilustre de Italia, del nombre de Manin? Dije el otro dia. que Garibaldi era muy grande, pero que al fin era un soldado: Manin es un hombre civil, el tipo de los hombres civiles que nosotros hoy tanto necesitamos, y que tendremos, si no estamos destinados h perder la libertad: Manin, sólo, aislado, fundó una república bajo las bombas del Austria, proclamó la libertad, sostuvo la independencia de la patria, del arte y de tantas ideas sublimes, y la sostuvo interponiendo su pecho entre el poder del Austria y la indefensa Italia. ¿Y quién era ese hombre cuyas cenizas ha conservado París, y cuyas exequias tomaron las proporciones de una perturbacion del órden público en París, porque habil ' necesidad de impedir que fueran sus admiradores, los liberales de todos los países, á suspirar en aquellos restos sagrados (porque no hay ya fronteras en el mundo, todos los. amantes de la libertad se confunden en el derecho), quién era,. digo, aquel hombre que hoy descansa, no donde descansan los antiguos dux, sino en el pórtico de la más ilustre, de la más sublimebasílica oriental, de la basílica de San Marcos? Allí descansa Manin„ ¿Y qué era Manin? Descendiente de judíos. ¿Y qué eran esos judíos? Judíos españoles. De suerte que al quitarnos á los judíos nos habeis quitado infinidad de nombres queihubieran sido una gloria para la patria. Señores diputados, yo no sólo fuí á Roma, sino que tambien uí á Liorna: me encontré con que Liorna era una de las más ilus- LOS ORADORES DE 1869 tres ciudades de Italia: no es una ciudad artística ciertamente, no es una ciudad científica, pero es una ciudad a t ercantil é industrial de primer órden. Inmediatamente me dijeron que lo único que habla que ver allí era la sinagoga; fui allá, y me encontré con una magnífica sinagoga de mármol blanco, en cuyas paredes se leen nombres como García, Rodriguez, Ruiz, etc. Al ver esto, acerquéine al guía y le dije: "nombres de mi país, nombres de mi patria;" á lo cual me contestó: "nosotros todavía enseñamos el hebreo en la hermosa le ,gua española; todavía tenemos escuelas de español, todavía en señamos á traducir las primeras páginas de la Biblia en lengua española , porque no hemos podido olvidar, no hemos olvidado nunca, despues de más de tres siglos de - injusticia, que allí están, que en aquella tierra están los huesos de nuestros padres." Y 'labia una in.scripcion, y esta inscripcion decia que la habian visitado reyes españoles, creo que eran Carlos IV y María Luisa, y hablan ido all í y no se habian conmovido y no habian visto la causa de nuestra desgracia, y no habian visto los nombres españoles allí esculpidos. Los Médicis, más tolerantes; los Médicis, más filósofos; los Médicis, más previsores y más ilustrados; recogieron lo que el absolutismo de España arrojaba de su seno, y los restos, los residuos de. la nacion española los aprovecharon para alimentar su gran ciudad, su gran puerto, y el faro que le alumbra arde todavía vivificado por el espíritu de la libertad religiosa. Señores diputados, me decia el Sr. Manterola (y ahora me siento) que renunciaba a ' todas sus creencias, ,que renunciaba á todas sus ideas si los judíos volvían á juntarse y volvían . a levantar el templo Jerusalen. usalen. Pues qué, ¿cree el Sr. Manterola en el dogma terrible de que los hijos son responsables de las culpas de sus padres? ¿Cree el Sr. Manterola que los judíos de hoy son los que mataron á Cristo? Pues yo no lo creo; yo soy más cristiano que todo eso. Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le, acompaña, la luz le envuelve, tien a tiembla, los montes se desgajan; pero hay tin Dios más grande, más grande todavía, que no es el magestuoso Dios de Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas con la 72 CASTELAR  73 hiel en los lábios, y sin embargo, diciendo: "¡Padre mio, perdónalos, perdona á mis verdugos, perdona á mis perseguidores, porque no saben lo que se hacen!" Grande es la religion del poder, pero es. más grande la religion del amor; grande es la religion de la justicia implacable, pero es más grande la religion del perdon misericordioso-, y yo, en nombre de esta religion; yo, en nombre del Evangelio, vengo aquí á pediros que escribais al frente de vuestro Código fundamental la libertad religiosa, es decir, libertad , fraternidad, igualdad entre todos los hombres. (Frenéticos y prolongados a lausos. individuos de todos los lados de la Cámara. se acercan á Castelar dándole calurosas muestras de felicitacion.) '11 • ECHEGARAY. Era la tarde del 5 de Mayo de 1869. Las Córtes, fatigadas ya por el choque formidable de tantas opuestas ideas y tantos eminentes oradores; rendidas como viajero que ha caminado deprisa salvando bosques, llanuras y montañas, y en cuyo rostro se marcan las huellas de grandes peligros superados, de grandes amarguras pasadas, de grandes crísis vencidas, pero de aliento aún para proseguir hasta el fin la áspera y gloriosa jornada; las Córtes, digo, discutian el articulo 21 del proyecto constitucional. Habían llenado ya con su acento el espacio oradores como Pí, como Cánovas, como Rios Rosas, como Mártos, como Montero Rios, como Castelar, como 82  LOS ORADORES DE 1869 sacaron de esas capas de cenizas tres objetos que tienen grande elocuencia, que son tres grandes discursos en defensa de la libertad religiosa. Sacaron un pedazo de hierro oxidado, una costilla humana calcinada casi toda ella, y una trenza de pelo quemada por una de sus extremidades. »Estos tres argumentos son muy elocuentes. Yo desearia que los señores que defienden la unidad religiosa los sometieran á severo interrogatorio; yo desearia que preguntasen á aquella trenza cuál fué el frio sudor que empapó su raíz al brotar la llama de la hoguera y cómo se erizó sobre la cabeza de la víctima. Yo desearia que preguntasen á la pobre costilla cómo palpitaba contra ella el corazon del infeliz judío. Yo desearla que preguntasen á aquel pedazo de hierro, que fué quizá una mordaza, cuántos ayes dolorosos, cuántos gritos de angustia ahogó, y cómo se fué oxidando al recibir el ensangrentado aliento de la víctima, con la cual el duro hierro tuvo más entrañas, tuvo más compasion, fué más humano, se ablandó más que los infames verdugos de aquella infame teocracia.» Aplaudid, aplaudid sin miedo, que yo aplaudí entónces, aplaudo ahora y aplaudiré siempre. ¿Sabeis ya cómo y qué fué aquello de la trenza de pelo? No cabe negar que está bien dicho, bien traido, bien presentado, como diría un comerciante. El efecto que produjo en la Cámara fué inmenso, profundo, indescriptible. Los aplausos se repitieron y prolongaron. El orador tuvo que asirse á la trenza para no perder el equilibrio. Rivero, que presidia, exclamo para sí: «¡Valiente ci m b rio!»—Castelar sa- ECHEGARAY  83 'cando los puños de la camisa: «¿Poetas á mí?» Rios Rosas:—«Eso de infame es de mucho efecto.»— Sufier y Capdevila:—«Este es de los mios.»—Monescillo:—«¡Ave María Purísima!» El preopinante Diaz Caneja:—«¡Me aplastó!» Echegaray ha hablado despues muchas veces; pero en ninguno de sus discursos se reproduce el milagro de la trenza, en ninguno hay nada de tanto efecto. Tiene su mérito: la originalidad. En vano un orador cáustico é incisivo como pocos, Sanchez Ruano, decia luego en otra sesion con aquel afan que de ridiculizar tenia:—«Y la que el Sr. Echegaray ha supuesto poblada trenza de doncella hermosa, ¿no puede ser mermada cola de rocin sarnoso?» Cola de burro ó pelo de doncella, que yo ni quito ni pongo rey, es lo cierto que la por Echegaray supuesta trenza dió mucho ruido y una cartera. ¡Calculen Vds. si Fabié pudiera, con cola de burro ó con pelo de doncella—que esto seria para él ocasion de la más honda filosofía,—hacer un discurso semejante á dónde no iría á parar, si no daria con sus huesos en , el ministerio de Hacienda, objetivo de sus emplastos como político y de sus especulaciones como boticario! Echegaray siguió en el mismo tono su discurso, apelando á la naturaleza para explicar algunos pensamientos, barajando la astronomía, la física, la química, las matemáticas, la retórica, los tesoros de su poética imaginacion, los recursos de su fantasía. A lo mejor se le escapaban, quizá sin conocer todo su mérito, como el poeta romano hacia versos sin saberlo, imágenes tan bonitas como esta: «Yo limpio á toda religion de toda mancha: toda 84  LOS ORADORES DE 1869 religion para mí en sus aspiraciones nobles y levantadas, es pura y blanca como la nieve. iQué culpa tiene la nieve de que la pise la planta humana y la convierta en barro!» Más adelante dice que para que la verdad sea posible, para que se realice en la historia, para que triunfe, necesita cierto procedimiento. Parécele esto, muy metafísico, demasiado oscuro, y exclama: «Permitidme que con una imágen os exprese mi pensamiento, y condense lo que hubiere de decir en un discurso más extenso. »¿Habeis visto flotar en el cielo esas blancas neblinas, esos trasparentes tules, esas gasas de sutilísimas. mallas, que ya caen en profusos pliegues en el fondo de los valles, ya se rompen en las crestas de las montañas, ya cubren pudorosamente el azul del cielo? ¿Qué son? Vapor de agua, agua diluida, agua en un estado tenuísimo de densidad, y en ese estado parece que nada son. En ese estado las neblinas del cielo son impotentes para todo; no son una fuerza: el soplo del viento las disuelve, un rayo de sol las evapora; son la idea flotante en la region del pensamien- to; son la idea científica vagando en la region de las abstracciones. Es bella, es hermosa está llena de 5 promesas, pero como está llena de promesas toda ilusion. »Mas encerrad ese vapor en las entrañas de una locomotora, dadle temperatura dadle un organismo, dadle, por decirlo así, carne de metal, dadle palancas. de acero, dadle grandes ruedas, colocadlo todo sobre dos carriles, y aquello que parecia impotente, que parecia una ilusion, se convierte en una inmensa fuer- ECHEGAR AY  85 za industrial, que pasa por encima de los abismos 'que rompe las entrañas de la montaña que de él se burlaba ántes, y que hace estremecer el espacio con sus poderosos silbidos.» ¿Lo veis? Es un gran poeta, y Castelar, que ha de 'sucederle en el uso de la palabra, prepara este exordio que es una estocada para Olózaga que ha de contestarle, y una caricia para Echegaray que le ha precedido:—«Mi discurso está colocado, como la humanidad, entre dos paraísos, entre un gran recuerdo y una gran esperanza.» Echegaray concluyó su discurso con este período -admirable, tan poético y entusiasta, más poético y , entusiasta si quereis que todos los anteriores: «¡Cuántas veces, á la caida de la tarde, cuando ese lienzo de muralla desploma sobre nosotros su extensa sombra, y en su sombra nos envuelve, mientras que nosotros discutimos, y discutimos siempre con gran elocuencia, pero no siempre con toda oportunidad; cuántas veces, repito, mientras aquí luchamos intestinamente y la luz pálida del crepúsculo -que pasa por aquellos cristales ilumina tan sólo esa triple hilera de escudos de armas que representan á mis ojos la España rota y deshecha, é ilumina aún la platina de ese relój, que representa á mis ojos el tiempo que pasa; cuántas veces, señores, me parece (oil-fuera de este recinto la voz de España que nos dice: «¡En guardia, señores diputados, adelante; es preciso que la revolucion triunfe , y la revolucion peligra; la anarquía se aproxima; se aproxima la reaccion!» Sí, señores diputados, la reaccion nos espía, y caerá sobre nosotros y convertirá la gran obra re- 86  LOS ORADORES DE 1869 volucionaria, corno decia con severa elocuencia el presidente de esta Cámara, es una gran vergüenza pr ante la historia.» Diputados de todos los partidos, los mismos carlistas se acercan al orador y le felicitan calurosamente por su magnífico discurso. La sesion quedó interrumpida por algunos momentos. El éxito fué completo, grande su resonancia, halagüeñas para el interesado sus consecuencias. A los pocos dias era nombrado ministro de Fomento, en cuyo departamento entró victorioso coa su trencita en la mano como César en Roma con sus legiones invencibles. Aquella trenza chamuscada, ¡cuánto ha dado de sí! Fué el principio de la carrera política de Echegaray. Por ella llegó á ministro, siendo ministro se le abrieron las puertas del teatro, dentro ya del teatro conmovió la opinion y la crítica con sus dramas sangrientos y terroríficos. Sirve para todo y tiene talento para todo. Es un estuche completo. Lo mismo escribe Cómo empiga ycómo acaba, drama tremebundo, que Iris de pat, comedia lindísima de versificacion fluida, inspirada y galana; lo mismo habla de filosofía que de bellas artes; lo mismo hace un discurso de política que de Hacienda. Aún recuerdo la discusion habida en el Congreso, acerca del Banco Hipotecario. Las oposiciones arremetian, la mayoría callaba, Ruiz Gomez, ministro de Hacienda, estaba ausente. El fracaso podía ser inmenso. ¿Quién dijo miedo? Echegaray toma la palabra, defiende el asunto, lo presenta con sus más bellos colores, echa mano de la poesía, baraja los números y la retórica, torna favorable la opinion, la se- ECHEGARAY  87 duce, la conquista palmo á palmo, y el Banco Hipotecario se salva. ¡Ojalá hubiera sucumbido! Tendriamos más dinero, y el partido radical ménos fragilidades en su historia. Echegaray sabe de todo. Una noche nos habló en el Ateneo del cuerpo humano, nos describió el organismo de la cabeza. Lo hizo admirablemente. Federico Rubio que le oia estaba con la boca abierta; nosotros, sorprendidos; él, Echegaray, como si explicara la cosa más sencilla del mundo. Como orador es expresivo, exacto, fácil, concluyente; pero no es puro ni castizo. Echa mano de los galicismos con bastante frecuencia. Su voz es tan fina, tiene un metal tan vibrante, que si fuera más robusta oiríase mejor, seria más bella. No es su accion agitada ni vehemente, ménos es dramática y pretenciosa. Expone, narra, explica, persuade, cautiva. No hay en él grandes arrebatos, movimientos desiguales, subidas y bajadas. Sus manos, largas y descarnadas, expresan toda la energía de su alma y toda la pasion de su pensamiento. Juega bien la cabeza, adelanta oportunamente el cuerpo, pronuncia sobre todo con una precision tal, que este es uno de los méritos principales de su palabra notabilísima. No es hombre que se rodea de papeles, de apuntes, de libros, de lo que en muchos oradores es farsa pueril y ridícula. Echegaray lo lleva todo en la cabeza, que es su archivo, su biblioteca, su depósito y su arsenal, lo que el auditorio oye y lo que no oye, lo que vé y lo que no vé. No abusa de la tribuna, y esta modestia le reco-, mienda doblemente siempre que habla. No así su figura, que no reune ninguna de las condiciones de 88  LOS ORADORES DE 1869 un buen orador. Antes con la espesa barba y las doradas gafas, hoy echo un trovador de vulgares quevedos, pera descuidada y bigote aspero, grande y recio, siempre ha carecido de aquellas prendas físicas, de aquel aspecto que tanto agradan en Abarzuza y Moret. Flaco, muy flaco; casi con joroba; demacrado; metidos los ojos donde nadie los vé' aunque hieren con la luz que despiden; de piernas de alambre; de cabeza calva y poco artística; de elegancia en el vestir bastante disimulada, Echegaray carece, lo repito, de una gran figura, de una buena figura. La modestia de su aspecto corresponde á la de su trato, que es sencillo, agradable, simpático. Habla con todo el mundo y á todo el mundo dá la mano con esquisita cortesía á la par que con llaneza. Y como el que esto hace es un sábio, un poeta de vuelo, un orador elocuente, un matemático insigne, y aquí hasta los necios se creen con derecho á la vanidad, claro es que yo, que no le he alargado la mano una sóla vez ni le trato más que Vds., no debo pasarlo en silencio. Como político, corno hombre de partido, Echegaray me ha parecido siempre inferior á la altura de sus diversas aptitudes. Es un político de ocasion, un político por compromiso; un filósofo que por nada se entusiasma, que por nada se irrita, que por nada toma á pecho las cosas políticas. Ni quiere ni ambiciona, ni envidia ni se impacienta. Cuando otros intrigan á su lado por tal ó cual cosa, Echegaray mide probablemente allá en su magin los versos de un soneto ó de una quintilla; cuando otros se devanan los sesos pensando cómo han de obtener este puesto ó ECHEGA RAY  89 aquél, Echegaray medita cuántos personajes deben morir en el drama que está escribiendo; cuando otros se lamentan de que acaso la entreguen sin haber sido ministros, Echegaray acaba de dar una estocada al lucero del alba porque se interpone en el nudo ó desenlace de su obra. Como católico raya á gran altura: es hermano mayor de Suñer y Cápdevila. 4 FIGUERAS. Pero, señor, ¿y Figueras? ¿Dónde está? ¿Se habrá ido ? ¡Figueras! ¡D. Estanislao l Nada, no parece, se evaporó, no le veo por ninguna parte. Voto va Den.... ¡ Estanislao!.... ¿Dónde diablos se ha metido que no puedo echarle el ojo encima? ¿Estará debajo de la mesa? Miro, y nada, mi hombre no existe. ¿Se habrá escondido detrás de la librería? Me levanto, hago una minuciosa pesquisa, registro hasta el último rincon, remuevo todos los papeles. Trabajo inútil. Figueras no está, ha desaparecido como por encanto... Pero no, ya le veo; asoma la cabeza por la puerta entreabierta y mira con ojos de recelo... «Entre usted, hombre; entre Vd... Tranquilícese 9ue no le pasará 98  LOS ORADORES DE 1869 como republicano ardiente y decidido. Por consi- a i u ente, su deber era combatir el art. 33 del proyecto constitucional. Lo cumplió. Hizo uno de sus mejores discursos. Un orador había dicho que España, histórica y geográficamente, es un país monárquico. Figueras le replicó en estos términos cuya sobriedad encanta, cuya energía es admirable: «Yo no sé lo que quiere significarse con que España históricamente es monárquica. ¿Es este un argumento serio? De que una cosa haya sido por espacio de mucho tiempo, ¿se sigue lógicamente que deba continuar siendo? ¿Es esta una buena deduccion en lógica, es este un buen pensamiento en filosofía? Pues qué, si la continuidad histórica fuese razon para seguir siendo, ¿no seria la negacion del progreso? ¿Qué han hecho todos los reformadores del mundo más que romper esa continuidad? Y no sólo los reformadores políticos, sino los reformadores en ciencias , en artes, en literatura (que tambien en literatura hay reformadores), ¿no han roto esa continuidad histórica: Y los reformadores religiosos, ¿no rompen siempre la tradicion histórica? ¿Qué razon de ser tendria Jesucristo si no hubiese venido á romper la continuidad histórica de la ley mosáica? Y cabalmente este es uno de los títulos que brillan con más explendor en la aureola, en la inmarcesible corona que ciñe su frente. Y este hecho lo ha perpetuado la Iglesia en el sublime y atrevido cántico de: recedant p etera nova sint o;nnia. Nada de lo pasado queremos; queremos fundar el derecho moderno.» ¡ Lástima grande que tanta energía, que tanta reso- FIGUERAS lucion, que carácter tan entero fracasaran con asombro unánime en la aún misteriosa desaparicion de 1873! Vamos á ver, D. Estanislao. En 1869, lo acaba-, mos de oir, quena Vd. fundar el derecho moderno. ¿Qué quiso Vd. fundar en 1873 cuando desapareció abandonando la presidencia del gobierno de la república? Explíquese, señor mio. ¿Qué fué aquello?... Pero no insisto más; luego hablaremos largo y tendido; ahora estoy con el orador. D. Augusto Ulloa, en un discurso lleno de doctrina y de recuerdos históricos, acababa de decir que la .tiranía ha existido más de una vez en las repúblicas. El diputado republicano echa mano de su memoria, saca de ella los ejemplos que más le convienen, y presenta á la Cámara con estos bellos y bien preparados ,colores las grandes repúblicas de la historia: «Mas áun para juzgar esas repúblicas es preciso compararlas con las monarquías á ellas coetáneas. Así se argumenta de buena fé: así es provechoso el debate, así da resultados. Sean lo que quieran las repúblicas antiguas, los vicios de Pericles, la inmoralidad de Alcibiades, la misma inmoralidad de Temístocles; sea la que quiera la ingratitud del pueblo dejando morir en la miseria á Milciades; sea la que quiera tambien la ingratitud del pueblo respecto al virtuoso Arístides; sean los que quieran los vicios de las repúblicas de Esparta, de Tebas y Corinto, decidme, en aquellos tiempos, ¿quién tenia la idea? ¿Eran los medos, los persas, los asirios ó los egipcios? ¿Hubo ningun modo, persa, asirio ni egipcio que fuera tan libre corno un espartano, ó un tebano ó un corintio? Pues así se argumenta. 100  LOS ORADORES DE 1869 »Grandes fueron los defectos de las repúblicas de Venecia, grandes las perturbacione s de la república florentina, grandes los desórdenes de la república de Pisa, grandísimos eran los inconvenientes que producia la república de Génova. ¿Pero hubo ningun español que fuera más libre entónces que un veneciano, ningun francés que fuera más libre que un florentino, ningun inglés más libre que un pisano, ni ningun aleman que fuera más libre ni tanto como un genovés? »En todas partes las repúblicas han vencido á las monarquías en armas, en literatura, en ciencias, en artes, en industria y en comercio. ¿Quién dominaba en los tiempos medios los mares de Levante? Yo no veo más que la bandera y el gallardete de las naves de Génova, Pisa y Venecia. En Florencia nace la letra de cambio. En Génova se enseña y se propaga el arte provechoso de la banca. En Venecia se enseña el sistema de Hacienda y de crédito más perfecto que se habia conocido hasta entónces. ¿Qué hacian las monarquías entre tanto? Mirad lo que haciamos nosotros, lo que hacian los franceses y los ingleses. ¿Quién monopolizaba el comercio en los mares de Levante? Las repúblicas italianas que os he citado antes. Y hasta en los grandes hechos históricos y trascendentales para la humanidad, está allí la mano y la huella de las repúblicas. Hubo un tiempo en que la Europa estuvo expuesta á perecer víctima de los hijos de Mahoma. Pasaban el Danubio sus huestes; llegaban á la entrada de nuestros mares y cerca de nuestras costas; dominaban el Mediterráneo y las costas del Asia menor. Y hubo necesidad de acudir á FIGUERAS  101 combatir con las naves de Lepanto aquel coloso que amenazaba tragarse á la Europa. ¿Quién estaba al lado de ellos, señores? ¿Con qué naves se aliaban sus naves? Con las naves de la república veneciana. Ellas entraban en el corazon de las huestes enemigas y enarbolaban el pendon veneciano que llevaba en la mano el heróico republicano Barberini. »En todas partes, siempre que han contendido una monarquía y una república, la ventaja en todos los terrenos ha sido en favor de las ciudades que representaban la idea republicana. Ved lo que valen, señores, estas ciudades italianas, que por sí solas eran tan fuertes, hoy que están unidas á una monarquía. Pero este ejemplo, señores, lo tenemos en naciones que han sido una vez republicanas y otra vez monárquicas. Mirad á Holanda: cuando era republicana, luchaba con ventaja con Francia y con Inglaterra, y á su apogeo llegó la marina en tiempo de los almirantes Tromp y Ruyter. Ved Holanda monárquica: -¿qué significa en el concierto europeo? ¿Quién se ocupa de Holanda? ¿No habeis de convenir conmigo en que desde el momento en que se ha convertido en monarquía arrastra una vida lánguida, que se ha hecho precaria despues de la batalla de Sadowa, y que aquella que supo resistir á Luis XIV hoy está amenazada de ser absorbida por la Confederacion de la Alemania del Norte? »Inglaterra, que tiene por principal elemento de prosperidad la marina, cuando la levantó en tiempo de la república, ¿por quién la levantó? Por el republicano más virtuoso que habia en la Gran Bretaña, por Blak. Blak acorraló á los almirantes holandeses, 1C)2  ORADORES DE 1869 venció al príncipe Roberto y fué más grande que el mismo Nelson. Grande es Nelson, en verdad, señores, cuando combatió ' contra la Dinamarca contra las órdenes del almirante Parker; grande cuandodestruyó la escuadra francesa en Avonkir; más grande cuando combatió con nosotros en Trafalgar, con, nosotros, que abandonados por el irresoluto almirante francés Villenauve, fuimos por él vencidos y murió en aquella célebre batalla; pero al fin Nelson encontró la marina en un alto grado de prosperidad y de alza. Blak tuvo que crearlo todo en la marina inglesa en tiempo de Isabel, la reina que llamaban por antonomasia virgen; Blak creó aquella marina y la. puso tan potente, que era por entónces la primera del orbe. ¿Y quién hizo esto, á quién se debe? A Blak. ¿En qué tiempo? En tiempo de la república.» Ya veis que Figueras es un distinguido orador, un argumentador contundente, un dialéctico que sabe aprovechar las más nimias ventajas. Su palabra es fácil, aunque no muy pura; su acento claro y simpático, si bien se resiente algo, no más que algo, del acento catalan. Es su aspecto agradable, digno, severo, tiene no sé qué atraccion misteriosa que se-- duce. Cuando Figueras hablaba—no me atrevo á decir cuando habla despues de 1873—todos acudian á oirle, amigos y adversarios. La accion de sus brazos es monótona, reglamentada, fea. Durante un período mueve el derecho, el izquierdo durante otro, y así sucesivamente alternan los dos soportando el trabajo por igual. En pocas ocasiones los agita á la vez. Concede gran importancia á la mano que está de turno, pues con ella da carácter á todos sus movi- ,ri FIGUERAS  103 mientos y actitudes: generalmente la juega de manera que parece saludar desde léjos á un amigo y decirle adios. Como jurisconsulto tiene renombre envidiable, y la misma doña Isabel II y su esposo D. Francisco han utilizado sus servicios despues de 1868. Es un eminente abogado. Y llego—¡ojalá no hubiera llegado nunca ► —á 1873; al año de los grandes sucesos v del inesperado viaje á Canfranc; año de carlistas, de cantonales, de monárquicos sin monarca, de federales sin federacion, de muchedumbres sin bríos, de generales sin carácter, de soldados sin disciplina, de envidias y rivalidades, de gorras coloradas, de diputados por 15 votos y de ministros que no saben hablar ni escribir. Llego ¡oh vergüenza! al año en que Anrich, carlista, nombróse á sí mismo ministro de Marina. Figueras habia pronunciado una palabra indiscreta, arriesgada, peligrosa.—«De aquí no saldremos— dijo á las turbas que asediaban la Asamblea—sino con la república ó muertos.» Salieron con la república porque se la dimos nosotros, el entónces partido radical... El 23 de Abril se la tomaron ellos. En Barcelona no andaban las cosas muy bien. Hacia falta un catalan que fuera al Principado. Figueras coge á Rubau Donadeu, y allá van dos catalanes: uno presidente del Gobierno, otro ninfa Egéria del señor presidente. Llegan... Discursos, promesas," genialidades, la anarquía. Contreras y Rubau mandan, Figueras se aturde. Satisfecho de su obra vuélvese á Madrid el gran republicano, aquél que el i t 104  LOS ORADORES DE 1869 de Febrero fué para todos sin excepcion la más sólida garantía de órden, de ley, de libertad, de respeto, de consideraciones, de gobierno. Ya en Madrid, todos dirigen ménos él, todos disponen ménos él, todos hacen más que él. Se atolondra, se confunde, se hace un lio, no sabe por dónde anda ni lo que se pesca. El ministerio de la Guerra fué invadido por todo el que quiso, la presidencia por todo el que le dió la gana. ¿Qué era del ilustre Figueras? El hombre de la república, ¿en qué se ocupaba? El caudillo de la valiente y afortunada minoría ¿qué hacia?... ¿Qué hacia? Una mañana se levantan los españoles y encuéntranse con que el presidente del Poder ejecutivo ha desaparecido como por ensalmo. ¿En qué circunstancias? Cuando los carlistas se extendian por toda la Península como extiende la oscura noche su negro velo; cuando el ejército prefiere bailar á batirse; cuando los cantonales desgarran las entrañas de la patria; cuando todo era desórden, anarquía, oprobio, vergüenza.... Pero vamos á ver, D. Estanislao, ¿qué fué aquéllo?.. ¿Fué miedo cobarde? No, no lo creo en Vd. ¿Fué espanto? Tampoco lo creo: son las mujeres y los niños los que se espantan y huyen ante la patria en peligro. ¿Fué caso de conciencia? Ménos lo creo, la misma conciencia tenia Vd. ántes del i x de Febre- 'ro que despues del r i de Febrero. ¿Fué arrepentimiento? ¡Ni que hubiera Vd. comido carne en vigilia de Cuaresma!... ¿Qué fué, mi Sr. D. Estanislao, qué fué aquéllo? ¿Fué que temió la venida de FIGUERAS  105 un nuevo Herodes pronto á degollar todos los niños de sesenta años? Alguien ha dicho que fué caso de conciencia, fundándose, sin duda, para decirlo en que es Vd. pio y ortodoxo. Y corno yo me acuerdo de la Semana Santa de 1873, de aquel ejemplo que dió Vd. á todos sus correligionarios visitando las estaciones casi lloroso y compungido, me pregunto: ¿seria caso de conciencia? Responda Vd., simpático D. Estanislao.... ¿No dice Vd. nada?... Pues hasta que conteste no le absuelvo. Queda Vd. en pecado mortal. u 07 "... 4 1 1 .• t ilu , 1I 4,,  it:19  111111in, ""14r 191 1 1 MANTEROLA. Iba á librarse ruidosa y formidable batalla: la intransigencia contra la libertad, ayer contra hoy, el catolicismo contra el progreso. Todos la esperaban, nadie la sentia. El choque, sin embargo, debia ser terrible. Eran muchos siglos contra la audacia de uno, uno contra los agravios de todos. Los combatientes estaban dispuestos: de un lado Cánovas, Monescillo, Cuesta, Manterola; de otro Rios Rosas, Mata, Castelar, Becerra, Montero Rios, Echegaray. ¡Qué hermoso espectáculo! España iba á decir el por qué de su rompimiento con la tradicion, el motivo de su divorcio con la intolerancia, el derecho de conservar libres las ideas de su pensamiento y las preces de su conciencia. 114  LOS ORADORES DE 1869 notable defensa de los progresos realizados por la Iglesia, dice con la frescura mayor del mundo:—«Yo, señores diputados, soy apasionado partidario de la libertad, y no lo digo por jugar con la palabra; soy partidario de todas las libertades, de todas, absolutamente de todas; pero no quiero ninguna absoluta.» ¿Habráse visto? ¿Qué entenderá Manterola por libertad relativa? ¿la de entrar en Cuenca, saquear, incendiar, asesinar á mujeres indefensas y á tiernas criaturas? ¿la de arrojar bombas de petróleo sobre Puigcerdá? ¿la de robar á los viajeros de los trenes? ¿la de fusilar á los tristes carabineros de Olot? ¿Entiende quizá por libertad relativa la de Rosa Samaniego echando á los pobres soldados prisioneros en la sima sin fondo ni entrañas de Iguzquiza?... Vamos, les digo á Vds. que este canónigo es de lo más gracioso que hay. Pero es tambien el más elocuente, el más profundo, el más brillante de todos los curas que se han dado á luz. Su entendimiento es claro; su comprension, rápida; su talento, cultivadísimo. Si los obispados se dieran al saber, Manterola debia ser obispo. Ha leido muchos libros, sagrados y profanos, es buen teólogo , y polemista respetable. Alguna vez, sin embargo, echa mano de argumentos que, en fuerza de ser violentos y ridículos, resultan contraproducentes. Prueba al canto. «España (y este es un hecho, y los hechos se aceptan tal cual son, no tal cual nosotros quisiéramos que fuesen), la España ha sido católica; aquí, en España, no se profesaba públicamente ningun culto que no fuera el culto de la Iglesia católica; el Estado recono- MANTEROLA  115 .cia la religion católica como religion propia, exclusivamente suya. Pero si este proyecto llega á ser Constitucion definitiva de España, se presenta esta Cámara, se presenta el Gobierno diciendo á los españoles: «Españoles, sabedlo, nosotros hasta aquí creimos que la religion católica era la única religion verda- ,dera, y en este concepto tratamos de basar sobre ella el órden morll y social en España; pero desde hoy ya, prescindiendo de nuestras creencias particulares, de las que podamos tener como individuos, desde hoy abrimos las puertas de España á todos los demás cultos, á todas las demás religiones, y podrán venir todos los cultos y todas las religiones, podrán venir con sus sacrificios, áun cuando estos sacrificios sean de sangre humana.» Los rumores de indignacion de la Cámara interrumpieron su fácil palabra. Era demasiado, lo iba echando á perder. A la sabiduría de aquellas Córtes inmortales, á su templanza y benevolencia no se debia ir con argumentos tan vulgares é inexactos, con proposiciones tan absurdas. Comprendiólo así el perspícuo canónigo, y recogió velas. Tomó otro rumbo. Para probar las razones que tuvo la Iglesia al condenar la revolucion de 1789, Manterola hizo un período sin duda alguna elocuente. Quiero ser imparcial y lo copio á continuacion. Aplaudamos al orador, censuremos al sacerdote y al político. «No vengo á hacer historia, segun la frase hoy recibida, señores diputados; vengo á recordar lo que todos habeis leido, lo que ha sido objeto de estudio para todos vosotros. Cuando la Francia contemplaba asombrada en el anonadamiento de un estupor ine- 116  LOS ORADORES DE 1869 fable aquella aberracion suprema; cuando la Francia vela conducir en triunfo y entre aplausos una inmunda prostituta con el nombre de la «diosa razon;» cuando la vió colocada en sus altares, recibiendo los. honores de la Divinidad; cuando más tarde vió su presentacion en la Cámara, en el Congreso; cuando Chaumet, dirigiéndose á la Asamblea, pronunció, estas palabras :—« Señores diputados colistituyentes, hoy por primera vez ha resonado bajo las bóvedas góticas (se referia al templo de Nuestra Señora de París), hoy por primera vez ha resonado el acento de la verdad, donde tanto se habia mentido; hoy han muerto los dioses, y la Francia no adorará más que estas bellas creaciones de la naturaleza.»—Y decía esto, refiriéndose á la «diosa razon,» refiriéndose á aquella miserable criatura. Cuando Chabot, el desgraciado apóstata, tornando ocasion de las palabras de su digno, correligionario Chaurriet, presentó á la Cámara una proposicion de ley pidiendo que el Parlamento decretara la supresion de Dios, como si se tratase de la supresion de una contribucion de consumos, cuando esta proposicion fué estimada y tornada en consideracion por unanimidad y unánimemente aprobada, entónces la Francia se extrañó de Dios, le excluyó, de su seno. ¡Qué locura, señores diputados!» Bajo el punto de vista del arte, este final de su discurso es enérgico, bello, de gran efecto: «Señores diputados; yo creo que si la España, que si nuestra desventurada patria tiene la desgracia inmensa de dejarse fascinar por unos bienes temporales que no vendrán; que si tiene la desgracia de lanzarse en los descarnados brazos del libre-cultismo, fr 1 MANTEROLA  117 ese dia la España de los recuerdos, la España de las antiguas glorias ha muerto, ese dia su nombre habrá desaparecido del mapa de los pueblos civilizados, ese dia ¡Dios no lo permita! caerá esta pobre nacion abrazada á su osario, el ángel exterminador habrá congregado sus frias cenizas, las habrá amontonado en la tumba inmunda del olvido, y sobre la tierra de aquel sepulcro desconocido escribirá con caracteres de fuego: aquí yace un pueblo apóstata que renegó de sus bienes eternos por alcarqar los temporales y se quedó sin éstos despues de haber perdido aquéllos.» El aprovechado é intrépido canónigo rectificó despues muchas veces, siempre como orador parlamentario, mejor dicho, siempre como orador profano. Porque Manterola no es, aunque debiera serlo, un orador sagrado. Le faltan para ello muchas cosas: la serenidad del ánimo, la templanza, la dulzura, la modestia, todas las exterioridades que tantas simpatías conquistaron á Monescillo. Manterola es una naturaleza díscola, ardiente, apasionada, acometedora, irritable. Como orador político es notable, como orador sagrado carece de no pocas prendas; carece, además de lo ya dicho, del ademan, del gesto, de la postura, de la calma propia de su ministerio religioso. Gustó entónces su palabra fácil y elocuente; pero el auditorio echó de ménos en él la compostura y los argumentos de buena ley y bien intencionados del sacerdote. No fué á los constituyentes á persuadir, á dulcificar, á recomendar el amor; fué (sin duda contra su propósito) á herir, á lastimar cosas y personas, á hablar el lenguaje de la pasion y de la ira. A nadie le pasó 118  LOS ORADORES DE 1869 por la mente cuando hablaba que oia á un sacerdote; todos consideraban en él al político vehemente, al futuro faccioso. De aquí que sorprendiera y áun cautivara la inesperada destreza de su palabra, que disgustara á todos sus ataques violentos y apasionados ya directos, ya indirectos, á la revolucion y á sus hombres. Agradaba el orador, prevenia el sacerdote. Manterola, quizá por su edad relativamente corta,. en lugar de preparar bien los ánimos los encendia y exaltaba. Aquel manteo gallardamente recogido, como recoge el chispero la capa; aquel gesto fiero y arrogante; aquella mirada oscura y violenta; aquel desenfado propio de un seglar que ni debe ni teme; aquel acen- to de mal reprimido despecho; aquel conjunto, simpático sí, porque siempre gusta el saber, la junventud y la fuerza; pero descompuesto por la pasion del ánimo y el descuido de las formas, si por un lado le dieron notoria popularidad como orador político, quitáronle por otro no poco al sacerdote y al cristiano. Los suyos, esto es, los carlistas, hicieron una gran tirada de su magnífico discurso, que circuló rápidamente por toda España sirviendo de estímulo para los tibios, de acicate para los dispuestos, de llanto, de admiracion y de consuelo para las beatas. En todas partes tropezábamos con su discurso y su retrato, extendióse su fama hasta el último rincon, considerábanle los carlistas más profundo que Santo Tomás,. más sábio que San Agustin, más elocuente que Bossuet. Manterola y Suñer, cada uno por su estilo, fueron MANTEROLA  119 los héroes de la caricatura y de la fotografía. Un chistoso hubo de tener la peregrina ocurrencia de unirlos en una fotografía dándose el brazo, amantes y confundidos como Julieta y Romeo, y la tal ocurrencia obtuvo un éxito extraordinario. Vendióse en cantidad de muchos miles. Pasó corno una broma. Concluido aquel debate luminosísimo, inmortal; aprobado el artículo 21 de la Constitucion, Manterola se retiró de las Córtes. ¿A dónde? Al periódico, á la política clara y sin ambajes ni rodeos. Era uno de los primeros carlistas, y por su saber de los más ilustres. Entónces se prepararon intentonas á favor de D. Cárlos, se reunieron los formidables elementos que habian de estallar con terrible explosion en la última guerra civil. Manterola dejóse de disimulos y fué á Estella á predicar la guerra santa. Recibiéronle con los brazos abiertos, colmáronle de atenciones y obsequios. En la faccion habia de todo: caballeros, farsantes, hombres de bien, salteadores, bandidos, condes, duques, marqueses, príncipes, monjas, curas, obispos: faltaba un canónigo y tuvieron á Manterola. Espectáculo completo, córte cabal, ejército invencible. Concluye la guerra porque tenia que concluir, porque los carlistas no triunfarán jamás, y Manterola se acoge al indulto y presta juramento al rey D. Alfonso. Entra en España y se dirige á Madrid, donde el cardenal Moreno, á ciencia y paciencia de Cánovas, le nombra cura de la parroquia de San Andrés. El curato es poco para un hombre de la actividad y la iniciativa de Manterola, y de la noche á la mañana arremete contra el espiritismo en una obra que anda 120  LOS ORADORES DE 1869 por ahí y que se vende por entregas. ¡Oh pequeñez de las cosas humanas! f El catolicismo vendiéndose por entregas, ni más ni ménos que Diego Corriente ó Los Siete niños de Ecija! Y á propósito de Ecija, pásmense Vds. Manterola, aquel Manterola batallador, aquel Manterola carlista, aquel Manterola faccioso ha hecho un cuarto de conversión y abrazado la causa del rey don Alfonso.—«Eso no puede ser,» contestarán ustedes. Pues puede ser y es. Nuestro canónigo ha debido comprender que no están los tiempos para melindres, y en Ecija, patria de los Siete niños como ha recordado santamente con este motivo un periódico carlista, Manterola ha abjurado de sus ideas políticas. El acto tuvo lugar en un banquete civil , municipal y andaluz, al choque de las copas de Jerez ó de las cañas de manzanilla, segun El Fénix, periódico católico del dia 2g de Setiembre último. Esto parece imposible, pero es verdad. El Tiempo lo ha dicho.— ¡Cómo empe1ó y cómo acaba! exclamará Echegaray. Por mi parte voy tambien á acabar. Como orador Manterola es notable, fácil, diestro, ilustrado. Afluye la palabra á sus labios naturalmente y sin violencia; su gran memoria le ayuda mucho en las citas con que avalora sus discursos; la energía de su alma y el fuego de sus pasiones prestan á su elocuencia acentos vigorosos y arranques de mérito. Es más sofista que lógico, y en las rectificaciones suele rebasar el nivel del discurso que quizá prepara en el silencio del gabinete con los cuidados y pulimentos del amor propio. Se crece en las rectificaciones, aprovecha las faltas del contrario, le estrecha y apri- MANTEROL4  121 siona en sus contradicciones ú olvidos. Es un orador político de primera fuerza y un orador sagrado de mérito relativo. Fué en las Córtes digno y elocuente competidor de Castelar; ha sido en el carlismo correligionario de Ochavo y Telaraña. n. MARTOS. De tribuno, la palabra; de veneno, la intencion; la cara, de mozalvete; el génio, de destruccion. (De un Almanaque del 76.) Contempladle en lo alto de la tribuna. Es bajo y rechoncho; pero cuando perora lo hace empinado, erguido, insolente... He dicho insolente, y no me retracto. No he visto nada tan insolente, tan arrogante, tan provocador como las actitudes de Martos en la tribuna. Es el gladiador de la palabra. No creais, sin embargo, que su figura es una figura del otro jueves. Nada de eso. En su redonda cara no 3 0  LOS ORADORES DE 1869 cona, porque la Corona convocó Córtes Constituyentes como medio de salvacion; porque aquellas Córtes Constituyentes pudieron ocuparse y se ocuparon detodo, pudieron resolver y lo resolvieron todo: acerca del principio de gobierno, pudo votar la república la mayoría de los diputados así como la votó la minoría, y acerca de la persona que habia de ocupar el trono, acerca de la dinastía, pudo sentar otra dinastía en el trono si lo hubiera tenido por conveniente la mayoría, así como creyó más acertado conservar la dinastía reinante: aquella era una Asamblea soberana, y aquella Asamblea soberana fué disuelta por un decreto régio. ¡Ah! bien veo que á pesar de no ser aficionado el Sr. Rios Rosas á los golpes de Estado parlamentarios, S. S., segun se advierte, prefiere los golpes de Estado gubernamentales. (Risas.) Por eso con gran elocuencia decia aquí que él no vendria nunca á dar golpes de Estado vergonzantes, á violar la Constitucion por la mano de la Asamblea, sino que si alguna vez quería desgarrar la Constitucion, nos presentaria sus pedazos clavados en las puntas de las bayonetas; y aquello fué aplaudido por vosotros ¡señores republicanos! Ya lo com p rendo; aplaudíais allí la inmensa elocuencia del orador, porque perteneceis, y pertenecemos todos, á esa entusiasta é impresionable raza latina que gemia bajo el látigo de Neron tirano, y coronaba de flores y aplaudia á Neron artista.» ¡Qué recuerdo tan sangriento! ¡Qué intencion tan profunda! ¡Qué ironía tan mortificante! Todo el mundo se convenció de una cosa • . de que Martos, además de ser elocuentísimo, es un orador temible cuando MARTOS  13 / se propone abrumar con las sales de sus chistes v el peso de su fuerza. Rios Rosas le contestó «que tenia la epidermis muy dura y estaba muy baqueteado en las lides parlamentarias para que Martos lograra mor- _ tificarle.» Pero es lo cierto que el orador demócrata habia clavado en epidermis tan dura flechas envenenadas. En aquella misma sesion otro diputado, Calderon Collantes, permitióse genialidades de índole irrespetuosa al comentar la noticia, leida en un periódico, de que el rey Amadeo haria su entrada á caballo. Martos le ridiculiza con un chiste. Héle aquí: «Ocurriéronsele á este propósito á S. S. cosas que provocaron la hilaridad de una parte de la Asamblea: gran irreverencia en un monárquico tan viejo como S. S. Yo no sé de qué infundados temores pudo verse asediado por la noticia de que el rey iba á entrar á caballo, ni tampoco me puedo imaginar cuál es la razon de su preferencia hácia un rey de infantería.» Hay tambien en la palabra del imberbe D. Cristino acentos elocuentísimos para expresar el dolor, para expresar penas y amarguras de su alma. La muerte alevosa del inolvidable general Prim habia arrancado pésames sentidos, lamentaciones bellísimas de todos los lados de la Cámara. Tócale á Martos su turno, y pronuncia esta oracion , conmovedora á la par que enérgica y viril: «No voy á pronunciar un discurso, señores diputados; la pena me ahoga , y no puedo expresarla con palabras; que se agolpa á mi coraon, y deshecha en lágrimas quiere asomarse á mis ojos. 132  LOS ORADORES DE 1869 »Yo no puedo preocuparme en estos momentos de la gravedad y de la trascendencia del triste suceso que todos lamentamos, porque me acuerdo sólo, me acuerdo principalmente de aquella ilustre dama, de aquella amiga nuestra que fué en la emigracion, que fué en nuestra emigracion, cuando soñaba con la vuelta á la patria que tan funesta ha sido para el general Prim, aunque tan gloriosa; que fué en la emigracion ángel de los desvalidos; porque recuerdo aquellos pobres niños que tambien soñaban con alegría infantil con la vuelta á la patria, y que al volver á la patria, á poco de regresar á la patria, han visto morir á su querido padre bajo el plomo de cobardes y miserables asesinos; porque pienso que el que expuso su vida en cien batallas en favor de la libertad y de la patria, de las cuales salió con el cuerpo acribillado de heridas, pero vivo, ha muerto oscurecido al caer de la noche, en una calle de Madrid, herido en su coche sin poder defenderse, él que era el valor mismo, muerto á manos de cobardes asesinos! »¡Ah, señores! ¡Qué misterios tan grandes encierran los decretos de la Providencia! ¿Quién habia de esperar que tan gloriosa vida terminase de tan triste man era? »No quiero recordar, entre ciento, ninguno de los hechos que ilustran, que honran, que glorifican la memoria del general Prim; no quiero hablar de su grandeza militar, ni de su bizarría ante el peligro, ni del valor con que corria intrépido al fuego enemigo, que siempre le ha respetado, ménos cruel que el plomo de sus asesinos; quiero recordar tan sólo que el que ha muerto á manos de esos miserables, ha sido MARTOS  133 siempre todo misericordia, todo clemencia en el gobierno. Yo era ministro con él hace un año: hablase realizado una grande insurreccion en España, y habia venido acompañada de grandes crímenes y de grandes violencias. »Pues bien, señores diputados; yo me glorío en re• cordar aquí que si alguna duda pudiera haber respecto á la suerte de aquellos criminales, el general Prim la resolvia siempre por la clemencia; por su voluntad, por su deseo, por su ruego, casi de rodillas se puso algunas veces el general Prim, no se derramó ninguna gota de sangre, porque todos, absolutamente todos, fueron perdonados los que por error político ó por otras causas habian apelado á las armas y cometido excesos. No quiero hacer más que este recuerdo, porque respecto á la cuestion de gobierno, claro es que estoy á disposicion del gobierno; todos los diputados estamos á su lado; todos hemos de salvar con él la patria y la libertad, porque hemos de recordar que la mejor honra que podemos hacer al ilustre muerto á quien en este momento estamos llorando, es seguir sus tradiciones, que han sido siempre dar su vida por la libertad.» En aquellas Córtes pronunció además un profundo discurso en defensa del matrimonio civil. En Córtes posteriores y en otras partes, no sólo no ha decaido, sino que ha progresado su elocuencia, que es, sin embargo, parlamentaria más que tribu nicia. Como tribuno no creo que valga mucho: como parlamentario quizá no tenga hoy rival. ¡Lástima grande que no hayan aprovechado lo 1;34  LOS ORADORES DE 1869 mismo sus actos como político y corno ministro! No quiero hablar de la monarquía de D. Amadeo, entre todos destruida y desprestigiada, por el mismo Castelar, hoy tan respetuoso, herida mortalmente al llamar á los Saboyas príncipes hambrientos. No quiero hablar de las sesiones de la Tertulia progresista, ni del atentado—que debió evitarse—de la calle del Arenal, ni de las miserias y rivalidades intestinas, ni siquiera de la benevolencia y casi parentesco con los federales más rabiosos. No quiero hablar de nada de eso. A lo pasado se le dice adios, y en la experiencia aprendemos y nos reformamos. Tiempo hacia que la persona de Rivero molestaba, por su carácter, sin duda, al maquiavélico y elocuente cimbrio. Elevado por sus propios méritos, Martos no quiso sufrir más ningun género de imposiciones. Declaróse independiente la noche del r r de Febrero. D. Nicolás, tomando á pecho su posicion de presidente de la Asamblea soberana, atribuyóse una dictadura moral que, extremada, debia romperse; empeñóse en que los que acababan de ser ministros de la monarquía ocuparan de nuevo el banco azul. Los ministros se niegan, Rivero insiste; algunos piden la palabra y se la niega; promuévese largo tumulto que presencié desde la tribuna; todos quieren hablar, explicarse, y Rivero, dando golpes y campanillazos, llega á pronunciar estas palabras:--«En este momento asumo todos los poderes como presidente de la Asamblea. Mando que los ministros ocupen su puesto.»— Nueva y más grande confusion. Martos exclama en medio de los aplausos de la Cámara:—«Es sensible, MARTOS  135 señores diputados, que el dia mismo que desaparece la institucion monárquica se levante aquí la sombra de la tiranía.» El efecto de estas palabras es instantáneo y terrible. Los aplausos no dejan continuar el orador revelde; D. Nicolás comprende su situacion y abandona en el acto la presidencia. Manos triunfó; pero la república empezaba mal. El mes de Marzo, siendo Martos presidente de la Asamblea, los elementos más conservadores del nuevo órden de cosas, los radicales, proyectan con Moriones un golpe decisivo que pusiera límite á la naciente anarquía. Martos vacila, se encoge de hombros y retírase perplejo y débil á su casa. El 23 de Abril fué una funcion de fuegos artificiales exornada con navajas de afeitar que no tenian punto de reposo quitando bigotes y patillas. Llega el 3 de Enero, y como Manos valla, como Martos valdrá mucho mientras viva por su talento y su palabra, entró á formar parte de la nueva situacion con algunos radicales, no con todos porque la division entre ellos era ya pública y notoria. Cae el 13 de Mayo, y á pesar de las promesas de alguna elevada señora y de algun alto personaje, Martos no volvió al poder. En su casa le cogió el 2g de Diciembre de 1874. Encerróse en ella, dejó pasar entre dudas y vacilaciones las Córtes de 1876, y en las de 1879, despues de resucitar el antiguo partido progresistademocrático proclamándose su jefe, preséntase como siempre: fresco, intencionado, demoledor, elocuentísimo. Al sólo anuncio de su eleccion el Gobierno se 136  LOS ORADORES DE 1869 prepara, los ministeriales tiemblan, las oposiciones. se animan, el público se regocija. Ahí tenemos ya• al gran luchador de la palabra... Ahora verán Vds. lo que es bueno, señores conservadores; sacad hilas y árnica, tened dispuesto el botiquin, que los agravios de cuatro años os van á herir mortalmente... Le. dicen que jure; pero ántes de jurar pronuncia en son de protesta estas hermosas palabras: «El juramento supone un estado de exaltacion del alma, y así se concibe jurar:—«Juro que he salvado á Roma.» «Juro dar la vida por la libertad.»—Se jura por estas eternas é inalterables esencias, y no por accidentes fugaces y por formas mudables, y como mudables perecederas.» ¡Qué final de discurso tan varonil y elocuente! La campaña parlamentaria que ha hecho despues,. inmensa resonancia ha tenido , y hasta un banquete le dieron sabiendo que le gusta comer mucho, y bien. Yo creo que Martos no es un gran carácter, porque si fuera un gran carácter no veríamos lo que vemos: un dia el cuerpo vivo de un partido que resucita por la fuerza de su iniciativa, otro dia el cadáver de ese mismo partido que muere por la fuerza de su inconstancia. ¿En qué quedamos, D. Cristino, somos ó no somos? Ya sé yo que de sábios es mudar de consejo, y Vd. sabe mucho. Tarnbien sé que las circunstancias mandan. Pero convenga Vd. conmigo en que ese teje maneje, ese ir y venir, ese cambiar de. pensamientos no son propios de un hombre de su al. tura, de sus méritos, de su indisputable talento. ¿Por qué no toma Vd. de una vez la postura que mejor MARTOS  137 sienta á su condicion de envidiable parlamentario, y hace alta política, política fecunda, política de afirmaciones que es la que necesita nuestro pobre país? Cr¿ame Vd., imberbe D. Cristino: Vd. no puede ser intransigente ni demagogo, Vd. tiene que ser conservador y hombre de grandes y elevadas miras. Deje las asperezas y las esquinas para los políticos de tercera y cuarta fila; tome la diplomacia y el ten con ten de los políticos que tienen las relevantes cualidades que á Vd. le adornan. De este modo edificará, del otro no hará más que destruir. ¡Y triste destino el de los pueblos que se agitan entre escombros, hoy de la libertad, mañana de la reaccion! La palabra de Martos tiene una ventaja sobre la de Castelar: la de que no va más allá de donde quiere. Castelar corre á veces hasta perderse: Manos no se pierde nunca. Y se domina tanto el orador radical, que asombra verle volar, volar mucho , elevarse, desaparecer á nuestra vista; pero de pronto se detiene, empieza á bajar, á descender, y ni se ha extraviado arriba ni cae de golpe en el suelo. Dice todo lo que quiere y como quiere sin que la campanilla del presidente se aperciba del peligro hasta que las risas ó los aplausos del auditorio lo anuncian. Juega con todo y nada le arredra. Acordaos de una famosa indi recta directa que dijo á Rios Rosas en las Constituyentes de 1869, en plenas Córtes. Es un prestidigi tador de primer órden, un escamoteador sin rival que tiene el vicio de ponerse y quitarse los quevedos cada dos minutos. Su flaco es la pereza, su diversion, el tresillo. Cués- 13 8  LOS ORADORES DE 1869 tale trabajo vestirse, y cuando juega al tresillo ya puede hundirse el cielo. Le cojerá debajo; pero no suelta las cartas ni á tres tirones. A mi juicio á Martos le faltan dos cosas: buena mano para echar amigos, y un bigote siquiera corno el de Ruiz Zorrilla. MORET, Encuéntrome en presencia del bello Moret: bello por su figura y bello por su palabra, esto es, dos veces bello. Algunos le han llamado el orador de las damas, fundándose, sin duda, para ello en que es simpático, elegante y buen mozo. Yo aseguro que es un gran orador, ya hable á las señoras, ya se dirija á los hombres. Lo que hay es que Moret entiende que ni la elocuencia ni el talento están reñidos con el buen porte, el aseo y la moda, y sin pecar de gomoso se presenta al auditorio hecho un Adonis. No le falta, sin embargo, ni la energía ni la entereza de un elocuente orador. Por el contrario, contrastan estas prendas de su carácter con el aspecto ex- 242  LOS ORADORES DE 1869 »¿Y qué significa ese hecho? ¿Qué? Significa que la vida de los pueblos anglo-sajones, aparte de toda constitucion, aparte de toda ley, aparte de todo reglamento, aparte de toda manifestacion anterior, representa la seguridad individual perfectamente garantida, la libertad absoluta de imprenta, el derecho de reunion y de asociacion, la absoluta libertad del sufragio, el jurado para toda clase de delitos, la descentralizacion administrativa, esto es, la libertad individual aplicada á la administracion de los pueblos.» De los labios de Rivero aprendieron democracia todos los demócratas de entónces. No pocos de los de hoy no saben de ella sino lo que Rivero les enseñara. Habia demócratas por instinto, por sentimiento, por naturaleza; sólo él, que nunca fué demócrata por ninguna de estas tres cosas, era demócrata por la razon, por el convencimiento, por la filosofía. De aquí el prestigio que logró sobre sus correligionarios, á quienes mandaba y dirigia corno maestro, si bien como maestro duro, inflexible, á las veces inaguantable. El era la cabeza; los demás el ruido, el movimiento. Cuando Rivero hablaba, sus correligionarios, altos, medianos y bajos, limitábanse á oir y obedecer. guay del que se atreviera con D. Nicolás! Salia, no por la puerta, sino por la ventana de la nueva iglesia. Lo que más resaltaba en la elocuencia de Rivero era la energía. En una ocasion lanzó al rostro de los unionistas estas palabras: «Pues si no sois un partido, no aspireis á hacer creer al país que porque votais juntos vais juntos; RIVERO  243 yo conozco los lazos de vuestra un ion y me cubro la cara de vergüenza por no veros.» Otro dia le dice el ministro Posada Herrera que es faccioso por defender una doctrina ilegal, la democrática, y exclama: «¿Soy un faccioso? Si hay aquí algun faccioso, no soy yo; es quien no quiero nombrar; pero tenga el señor ministro de la Gobernacion una seguridad, y es, que este faccioso siempre presenta su pecho, siempre combate de frente, nunca presenta la espalda, como tiene por costumbre hacerlo el señor ministro de la Gobernacion. (Momentos de alboroto y confusion. Las tribunas aplauden.) «¿Soy yo faccioso, señor ministro? Pues entónces el reproche no es á mí; entónces la censura es á la mayoría que permite que un faccioso se siente en este sitio. Señores diputados de la mayoría: si soy un faccioso, si soy un perturbador, echadme de aquí si os atreveis... ¿No me echais? (Muchos diputados: No, no.? Pues entónces censarais al ministro de la Gobernacion.» Por aquella época dedicóse Rivero á la organizacion del partido democrático en comités que procuraba constituir donde quiera que podia, ya con muchos, ya con pocos amigos, Al formar el de Madrid. cu y o acto tuvo lugar en casa de Sorní, el representante de una provincia dióle motivo á Rivero para uno de esos chistes, para una de esas salidas que dejan corrido al más firme y sereno. Dispensad= que os refiera el ingenioso y oportuno correctivo de don Nicolás. Habíase constituido ya el comité y la sesion iba á 244  LOS ORADORES DE 1869 darse por terminada, cuando un representante, que sin duda traia aprendido un discursito y quería soltarlo á todo trance, pidió la palabra. —¿Para qué pide Vd. la palabra?—le preguntó Rivero. —Señor presidente, para explicar los orígenes de la democracia. —E1 momento no es el más oportuno, señor representante; pero le concedo la palabra á condicion de Q ue sea breve. —Señores--empezó tomando aliento el orador,—la tierra ha sido creada ó increada, esto no lo . sabemos., mas está fuera de duda que su primer estado fué incandescente, luego vino el enfriamiento y con el enfriamiento aparecieron las especies. Despues de estasépocas paleontológicas... —Permítame Vd.—interrurnpióle -gravemente Rivero—voy á pedir un paraguas para cuando lleguemos al diluvio. Excuso deciros el efecto de esta sal andaluza. Levantóse la sesion en el acto, y el chasqueado fuese á su pueblo lamentando que una gracia de Rivero malograra un discurso que tanto prometia. Hombre de corazon, D. Nicolás tomó un fusil el 22. de Junio y batióse al lado de algunos demócratas en la Plaza de. Anton Martin. Al estallar la revolucion del 68 estaba en Madrid , donde su prestigio era. grande, y de acuerdo todos los partidos le nombraron alcalde popular. No voy á herir la memoria de Rivero; diré , por el contrario, que jamás hubo alcalde que comprendiera como él la importancia de su cargo. Llenábalo todo RIVERO  24 5 con su personalidad, con su influencia, con su baston y su ancho y famoso sombrero. Era el dueño de Madrid; y si en su adrninistracion se cometieron torpezas y abusos, no es ménos cierto que en aquellos dias de fiebre y desbarajuste prestó grandes servicios á la causa del órden y la libertad. Lo disponia todo y en todo se metia corno un czar de las Rusias; pero quizá sin esta conducta de Rivero Madrid no se hubiera contenido en los límites que entónces aplaudimos con entusiasmo y hoy recordarnos con orgullo. Jefe aún de toda la democracia, su voz era oida con respeto, sus mandatos obedecidos, sus caprichos y prontos tolerados. Serrano, Prim, Topete, la trinidad revolucionaria descansaba tranquila en el carácter y el patriotismo del gran alcalde popular. Victoriosos por otra parte sus principios, á nadie correspondia ántes que á él un puesto en aquellos dias tan distinguido y eminente. Supo ser alcalde, lo fué como ninguno. No escatimó su prestigio ni dejó de exponer cien veces su vida. Allí donde era menester, allí estaba; allí donde habla peligros , allí acedia el primero y en ocasiones completamente sólo , acompañado de su energía, de su popularidad, de su haston con borlas. Aparece luego el Manifiesto de Noviembre en que se declara monárquico democrático. ¿Hizo mal? No, prestó un servicio á la causa de la libertad. Si Rivero hubiera perseverado en su ideal republicano, ni el Código del 69 ni sus leyes orgánicas habrian sido hechas teniendo por base los derechos del individuo y la descentralizacion administrativa. Obró corno un hombre de gobierno de altas miras políticas. 246  LOS ORADORES DE 1869 Su prestigio despues del Manifiesto era tan grande entre las diversas fracciones monárquicas , que casi por unanimidad fué elegido presidente de las Córtes soberanas, puesto entónces el más elevado de la naclon. Ocupólo dignamente. Hé aquí algunos períodos del elocuentísirno é intencionado discurso que pronunció al posesionarse del codiciado sitial con gran regocijo de todos y la envidia más profunda de Olózaga. «Mi gratitud, por lo mismo, es vivísima y me conmueve hasta tal punto, que no acierto á expresarla más que inclinándome respetuoso ante el poder y ante la voluntad de las Córtes. Quieren que sea el Presidente yo, el último de todos; obedezco sumiso. su mandato. »Me anima el firme propósito de que ninguna opi nion se encuentre aquí huérfana ni desvalida; porque toda opinion que acepta el criterio de la razon y de la controversia, es para mí santa é inviolable, como santo é inviolable es el pensamiento; santa é inviolable la conciencia; inviolable y santa la personalidad humana. Y sobre todo, señores, vosotros que me habeis elegido, sostened me con vuestro aliento, ilu minadme con vuestro consejo, fortalecedme con vuestra autoridad, pues solo así podré yo descender en su dia de este sitio con honor, única aspiracion que ya tengo, porque despues de haber alcanzado la honra de ocupar un alto puesto, no puedo ni quiero ser nada más en España. »Señores: la España acaba de consumar la más RIVERO  247 grande y la más maravillosa de las revoluciones, reflejando en ella el carácter que durante la larga historia de este glorioso pueblo le ha distinguido de todos los demás del mundo. Es una cualidad propia, es una cualidad distintiva de la nacionalidad espariola donde quiera que esté, que cuando parece más postrada, cuando parece más abatida, cuando menos figura en el mundo, se levanta de repente, osténtase más fuerte y vigorosa que nunca, y viene á pesar con irresistible influjo en el movimiento de la civilizacion y en los destinos generales de la humanidad. »¡Cómo olvidar, señores, que nosotros somos los hi j os y los herederos de aquella egregia estirpe de jigantes que hace sesenta años se levantaron contra el conquistador de los siglos, quebrantaron su poderío cuando estaba en el colmo de su grandeza, defendieron el territorio invadido por numerosos ejércitos, escribieron con la punta de su espada ese magnífico poema que comienza en los campos de Bailén y termina en los muros de Tolosa, ya dentro de la Francia, é hicieron en medio de los horrores de un sitio una Constitucion verdaderamente inmortal, porque vive eternamente en la historia para inmarcesible gloria de los legisladores de Cádiz! »Yo tengo, señores, el íntimo convencimiento de que una Constitucion que proclame la soberanía de la nacion, el sufragio universal v los derechos individuales, será aceptada unánimemente por el país. Yo creo que esa Constitucion no solamente asegura las conquistas revolucionarias, sino que abre ancha 248  LOS ORADORES DE 1869 puerta para que España, siguiendo en adelante las vías del progreso, sin agitaciones y sin conflictos, llegue pacíficamente á esas trasformaciones que los pueblos modernos están llamados á experimentar por sus mismos adelantos y por el curso irresistible de la civilizacion. »A la sabiduría de las Córtes Constituyentes toca, cumpliendo su alta mision, convertir en instituciones políticas y en leyes duraderas los principios dictados por la revolucion. A la obra que va á salir de sus manos deberemos cerrar para siempre el período, largo período constituyente, que nuestros padres abrieron con tanta gloria en las Córtes de Cádiz. La nueva Constitucion del Estado será estable, porque todos los ciudadanos verán en ella la sólida garantía de sus libertades, de sus personas y de sus derechos. »¡Plegue á la Providencia iluminar el espíritu de las Constituyentes para que lleven á término tan difícil obra con acierto v con ventura! »Concluiré, señores, con un voto ardiente que hago de lo íntimo de mi corazon: que los legisladores de 1869, cuando terminen la grande obra de la regeneracion del país, dejen su nombre unido con aplauso, al de los legisladores de Cádiz, para que su memoria imperecedera se trasmita con respeto y con admiracion á las generaciones venideras.» ¿He copiado mucho? Notad que es un discurso bellísimo, lleno de intencion, sóbrio , enérgico cual el caso lo requería, elocuente como salido de su boca, estudiado y pulido como para momento tan notorio y supremo. Por sus lábios hablaba la revolucion, todavía incierta y agitada por las asechanzas de unos RIVERO  249 y las impaciencias de otros. Es un discurso digno de Rivero, digno de la revolucion, digno de las Constituyentes del, 69 que tantos y tan magníficos y tan elocuentes habia de oir. No prestó menos servicios en la presidencia que en la alcaldía. Eran á propósito para sesiones tan tempestuosas é intereses tan encontrados, el carácter, el talento, la autoridad, hasta las imposiciones y genialidades de Rivero. Intransigente unas veces, templado otras, decidor cuando la razon lo quería, imparcial siempre y con todos, sólo él pudo presidir las primeras sesiones de aquellas Córtes sin ejemplo. ¡Cuántas veces terminó encarnizadas disputas con una sola palabra! ¡Cuántas otras con un llamamiento al patriotismo! ¡Cuántas tambien con un chiste de su gracia andaluza! Razones políticas ó propósito firme de que se gastara en el poder—la verdad no se sabe aún,-11evá- ronlea1 ministerio de la Gobernacion, donde poco á poco fué su nombre desprestigiándose. Suyas son, sin embargo, las leyes orgánicas del 70, y á Barcelona fué cuando la fiebre amarilla á cumplir como bueno su deber, presentándose animoso en la aterrada ciudad á darla consuelos y energía para salvar el conflicto. No se mostró tiránico con la prensa, que tanto le mordía y maltrataba. Fué tolerante, expansivo, verdaderamente liberal. Recuerdo estas palabras suyas, pronunciadas al contestar una interpelacion de los federales quejosos de que no tenian libertad para escribir: «Señores, se afirma que no hay libertad de imprenta. ¡Qué sarcasmo tan ridículo! Pues casi hay licencia. Aquí tengo un número de El Combale que 250  LOS ORADORES D1 1869 dice de mí, del ministro de la Gobernacion, «que he vendido la república por un cuartillo devino.» ¿Es esta libertad? No, esto es licencia incalificable. ¿Y sabeis lo que he hecho? Pues no he hecho nada; me lo han dicho, lo he leido con calma y lo he despreciado. Sí, lo desprecio, porque la prensa que así calumnia y á ese terreno desciende, no me merece más que compasion y asco.» En 1872 fué presidente del Congreso radical, y al hacer el discurso de gracias cometió la ligereza, en un hombre de su talento imperdonable, de decir que si los conservadores no tenian representacion tampoco se necesitaba. ¡Cómo ciega la parcialidad las inteligencias más claras y cultas! Así salió ello, y bien caro lo hemos pagado. En el mes de Diciembre del mismo año hubo una algarada y algunos tiros en la plaza de Anton Martin. Rivero dirigióse al lugar de los sucesos acompañado de un secretario del Congreso. Era de noche, y, sin embargo, llovian balas en la calle de Leon. Rivero avanzaba como si tal cosa; el secretario, hombre de valor y digno, pero temeroso, como lo hubiera sido yo, de exponerse tontamente á un balazo, decíale que debia guardar su persona y retirarse al Congreso. Tanto insistió, que Rivero accede.—«Pero con una condicion, señor secretario; con la condicion de que seguirá Vd. hasta el lugar de los tiros, y una vez enterado de lo que sucede volverá á darme cuenta.»—Figúrense Vds. cómo se quedaria el pobre secretario, que lo que iba buscando era la retirada. Su conducta el i i de Febrero, por aclarar está todavía. Para mí es indudable que fué el primer cau- RIVERO sante de mucho de lo que aquel dia sucedió. Empeñóse en abrir la sesion del Congreso á la hora de costumbre, y por más recados que recibió de Ruiz Zorrilla, por más que hicieron i:, Beran a er y Juan Manuel Martinez para que esperase el resultado de las últimas gestiones cerca de D. Amadeo, D. Nicolás encastillóse en que no y abrió la sesion con gran alegría de los federales. Antes habia pronunciado estas palabras:—«A enemigo que huye, puente de plata.»— Cómo cayó de la presidencia? Bien pronto y con gran estrépito. No supo apreciar las circunstancias, quiso ser absoluto cuando debia ser diplomático, empezaron á mirarle de reojo, y bastaron unas palabras de Martos para que viniera al suelo corno un dios en desuso. Nadie puede, sin embargo, disputar á Rivero el título de jefe de la democracia espaliola. Bien fresca está aún su sentida muerte, á cuyos funerales acudieron respetuosos y tristes todos los demócratas, desde los que han sido presidentes de la república hasta los más humildes artesanos. ¡Digno tributo á un talento esclarecido, á un carácter entero, á un jefe ilustre! Como orador Rivero era más filósofo que parlamentario, más metafísico que práctico. De poca voz, aunque recia y agradable, hacíase admirar por la propiedad de sus palabras y lo profundo de su conceptos. No era igual en el tono, casi siempre se perdían sus finales de tanto como bajaba la voz creyendo dar más solemnidad á sus conclusiones. En la accion era arbitrario, volviendo la vista y el cuerpo de un lado á otro como buscando en la fisonomía del auditorio el efecto de sus períodos. Algo aparatoso, gustábale el 28  LOS ORADORES DE 1869 No sov amigo de Zorrilla, no sé si el dais de su mano es áspero ó es suave, no le he saludado una sola vez; pero debo ser justo, y así como afirmo que no es un gran orador, me explico que su reputacion de honrado é incorruptible le haya servido tanto en su carrera. ¿Por qué no hemos de dar á la rectitud de la conciencia, siquiera lo que darnos á la belleza de la palabra? Neguemos á Zorrilla una profunda educacion literaria, no le neguemos lo que hay en él más íntimo, más saliente, más notorio: honradez á toda prueba. Ha pasado por altísimas posiciones, ha podido hacer una gran fortuna, la han hecho, sin duda, á su sombra algunos set : lores; él tiene hoy el capital que tenia ayer, y á su pesar se han realizado aquellas inmoralidades. Como orador no es un modelo, como patriota de purísima honradez puede serlo para muchos. Añaden sus amigos, y áun los indiferentes, que Zorrilla es un gran carácter. Vamos punto por pun- to, que esto toca ya á la política y en política merece algunas censuras. No serán fuertes, porque está emigrado y yo gusto de decir las cosas cara á cara; pero me explicaré, Dios mediante. Nada es tan plausible como una noble ambicion. Solo las almas grandes son profundamente ambiciosas. ¿Pero justifica esto el célebre discurso de los puntos negros, lanzado contra la administracion de Prim desde la popa de la Villa de Madrid al zarpar para Italia? No; en aquella ocasion Zorrilla fué mal aconsejado por un personaje unionista que le metió en tales disidencias para mejor servir la causa del unionismo, herida de muerte por 'la política de Prim. ¡Qué RUIZ ZORRILLA  259 pesar tan grande experimentó éste cuando leyó aquel discurso! Zorrilla no mentia, no exageraba, dijo la verdad; ¿mas se puede en política decir siempre la verdad? ¿era aquel el momento oportuno? ¡Cuánto daño hizo á la revolucion el desahogo juvenil de don Manuel! Y posteriormente, ¿debió dejarse sin un paliativo el oreo que pidió Echegaray para Palacio? ¿respetábase así la monarquía democrática del caballeroso hijo de Víctor Manuel y de su virtuosisima esposa? ¿qué fé monárquica era aquella? Las escenas de la patriótica é ingénua Tertulia progresista, ¿á qué altas miras respondian?... Vamos, D. Manuel, convenga usted conmigo y con la opinion neutral y sensata del país, en que no se fué muy práctico ni muy político entónces. ¡Ah! Estoy seguro, segurísimo, de que usted, ahora que tiene más años y, por consiguiente, más experiencia, darame la razon en este punto, como maldecirá asimismo la coalicion electoral con los federales, carlistas y moderados. La corazonada de irse á Tablada triste y pesaroso como víctima de cruel desengaño, ¿no fué una torpeza insigne? ¿Cómo habia de consolidarse una monarquía cuyos principales sostenedores retiraban el hombro al más leve contratiempo? Y la libertad, la casi licencia de la política que se hizo poco despues, ¿no fué peligrosísima? La benevolencia con los federales ¿no era contraproducente?... En cambio aplaudo con mis dos manos la disolucion del cuerpo de artillería. Obró en esto Zorrilla como debia, como un hombre de gobierno, corno un carácter. Primero el principio de autoridad, luego las contemplaciones. ¿Eran éstas 260  LOS ORADORES DE 1869 inútiles? Bien hecho fué lo hecho. Cien veces que ocurra lo mismo, otras tantas debe procederse como entónces. Aquella indisciplina trájonos más tarde la de 1873, la carnavalada que todos recordarnos. ¡Ojalá hubiera tenido Estévanez la energía de Zorrilla, y procedido con todos como los radicales con los artilleros! Porque no cabe duda que los radicales, en presencia de una guerra civil y del principio de autoridad quebrantado, no podían, no debian consentir la rebelion, pacífica, sí, pero rebelion al cabo, del cuerpo de artillería. Mil veces haria yo lo mismo, más quizá, porque no toleraría la impunidad de actos semejantes corno la toleró Zorrilla. El ejército debe obedecer y no discutir, debe callar y no imponerse, debe ser fiel y respetuoso siempre que no se trate de uno de esos hechos, de una de esas situaciones extraordinarias que legitiman actos de dignidad é independencia: como socorrer la patria en 1808, como proclamar la libertad en 1820. Aplaudo, pues, á Zorrilla; y si la disolucion del cuerpo de artillería produjo lamentables consecuencias, que sí las produjo, no por eso es censurable. En política corno en la vida privada, la dignidad es ántes que todo, el decoro ántes que la conveniencia, el honor ántes que el egoismo de prolongar una existencia falsa y miserable. No puedo ¡oh, D. Manuel! decir lo mismo del I / de Febrero. Quisiera, bien lo sabe Dios; pero no puedo. Todas las cosas tienen su nombre, y la cosa del 11 de Febrero, refiriéndome ahora á Vd., fué una gran falta primero, una gran debilidad despues. RUIZ ZORRILLA  261 Fué una gran falta, porque Zorrilla debió acallar en su pecho todas las rivalidades y aceptar el ministerio de conciliacion que, como última respuesta, propuso D. Amadeo. Negóse en absoluto segun dicen los que pasan por enterados, y vino la proclamacion inconstitucional de la república. Aplaudo su alejamiento del nuevo órden de cosas, su honrosísima delicadeza no queriendo acceder á los que le brindaron un instante con la dictadura para luego volverle la espalda en la Asamblea cuando quiso hablar y no le dejaron. ¡Ingratitud que merece todo mi desden, toda mi censura! ¿Era así como debian tratar al que momentos antes no sabia qué hacer con tanta baja adulacion, con tanta peligrosísima lisonja? No, yo digo que no, yo digo que el espectáculo que presencié desde la tribuna y en el salon de conferencias la noche del t i de Febrero, no fué el más edificante. Voy á lo que he llamado una gran debilidad de Zorrilla. Hizo bien retirándose del Gobierno; pero ihizo mal en alejarse totalmente de la república, cuyo primer ministerio debió combinar con Serrano, Castelar y Rivero, echando los fundamentos de una fecunda y provechosa conciliacion. ¿Para servir los intereses de su partido? No; para servir los intereses de la libertad y de la patria, para evitar los sucesos posteriores, para demostrar lo que tanto pregonan sus amigos: un gran carácter. Desgraciadamente no lo hizo así, y marchóse á Elvas llorando como un niño y desesperanzado cual mozalvete que acaba de recibir de su novia inesperadas y furiosas calabazas. De su conducta posterior no puedo hablar, limitan- 262  LOS ORADORES DE 1869 dome á decirle que no se meta en filosofías ni metafísicas con Salmeron, cuyo socialismo y principios políticos, respetables corno todo lo que es de su cosecha, son un sueño más aquí donde tanto se sueña. Antes de hacer el resúmen del juicio que me merece D. Manuel, permítanme Vds. que le dé un abrazo por su decreto estableciendo la libertad de enseñanza, y un fuerte apreton de manos por el discurso que pronunció en las Córtes del 69 contra la milicia nacional. Aquél fué digno de un revolucionario, éste de un hombre de carácter dadas las circunstancias y los batallones de voluntarios de entónces. Tampoco omitiré que D. Amadeo quiso hacerle duque y grande de España, y Zorrilla prefirió llamarse siempre D. Manuel. Y allá va al resúmen. Como orador es incorrecto, enérgico, ardiente, quizá algo prolijo; corno político, liberal si los hav y honrado á carta cabal; como ministro, resuelto y muy sobre sí; como jefe de pelea, entero, vigoroso; como carácter, así así; como hombre, llano, agradable y un sí es no es progresista. NOTA. De los trabucazos de la calle de San Roque no digo nada, porque caen bajo el dominio de la historia. SAGASTA. "Verde la color, grande la boca; El tupé, recogido y aplastado; Cuando habla, la bilis le sofoca Y le zurra con gracia al más pintado." (De un Almanaque del 76.) ¡Cuánto me gusta cuando habla!... Aquella mirada inquieta y vivísima que parece registrar todos los semblantes; aquella cabeza inteligente peinada con cierta estudiada coquetería; aquella nariz aguda como su ingenio parlamentario; aquel cuerpo que va y viene del ministerio á la mayoría dejando en todas partes la expresion de sus movimientos; aquellas manos cuyos índices parecen clavarse en el corazon del ad- LOS ORADORES DE 1869 versado; aquella sonrisa burlona, sarcástica, venenosa; aquellas palabras que salen de sus lábios limpias v cortantes como el filo de una espada; aquellos finales que siempre producen una tempestad ó una víctima; aquella destreza, aquella agilidad que semeja la de la ardilla; aquella bilis que ahoga at enemigo sin conipasion; el tono, el gesto, la postura, todo lo que hace de Sagasta un temible y elocuente tribuno, ¡cómo me gusta y regocija! ¡cómo me seduce y enamora! Alguna vez he ido á oirle con prevencion porque defendia malas causas. Fuírne dispuesto á callar, á no desplegar mis lábios, á negarle mis simpatías. Y cuando se ha levantado de su asiento sonriente y nervioso; cuando ha empezado á herir, á machucar con el arte que él sabe; cuando le he visto sortear los peligros y de vencido proclamarse vencedor con una ironía terrible ó un apóstrofe aplastante, el brillo de su talento y la atraccion irresistible de su persona han podido más que mi voluntad, trocándose la prevencion en entusiasmo secreto y profundo. Se me dirá que carece de las formas de Castelar, de la correccion de Martos, de la abundancia de Cánovas. Pero tiene fuego, electricidad, mucha electricidad en su palabra y en su persona. Tiene, sobre todo, algo que cautiva, que retiene, que agrada, que regocija interiormente como pocos oradores, quizá como ninguno. Enérgico y apasionado, jóven su espíritu aunque canosa su barba, da á todo lo que dice tal expresion, tal arte, tal intencion política, que uno no puede ménos de exclamar: ¡Bien, muy bien por D. Práxedes!—y nadie qui- SAGASTA  26 5 siera encontrarse en el pellejo de sus adversarios. Lleva siempre abrochado el ceñido y elegante chaquet, por cuyo bolsillo exterior asoma, blanca como el color del enemigo, la punta del pañuelo. En el momento que va ha hablar desabrocha el casaquin como si esta leve sujecion le estorbara para la lucha de florete parlamentario que va á descargar sobre los que tiene enfrente. Apoya las manos sobre el banco, inclínase un momento hácia el suelo corno si buscara algo , recoge los casi rizados cabellos que le caen sobre los ojos, pasea por todas partes una mirada que parece tocada de iman y una sonrisa que parece una promesa, y allá va cual torrente impetuoso que todo lo inunda y destruye. A lo mejor le interrumpen, y dando un salto corno si se sintiera herido, lánzase sobre el infeliz que se le atreve y lo aplasta bajo el peso de este apóstrofe:— «,i_Quién me interrumpe? ¡Ah! es el general Primo de Rivera, á quien tuve el gusto de conocer de comandante en el puente de Alcolea.»--Censura otro dia la constitucion de los tribunales de imprenta, un Borrajo de la Bandera respira algo fuerte, y Sagasta le reduce al silencio con esta magnífica atrocidad:— «¡Miradle, miradle cómo se levanta á protestar de mis palabras como un energúmeno!» El público aplaude, los enemigos tiemblan, los suyos se emboban, y él, satisfecho pero sin haber concluido, enjuga el sudor que baña su rostro lívido y trasfigurado. Sigue acometiendo y el hemiciclo recogiendo víctimas. Sagasta reune dos clases de oratorias: la parlamentaria y la tribunicia. ¡Ventaja inmensa que le permite 266  LOS ORADORES DE 1869 defenderse como pocos en el banco azul, y combatir como el primero en el banco encarnado! Corno parlamentario arguye, discurre, mistifica, marea, aprovecha todos los claros y se mete por todas las rendijas; como tribuno, estrecha, confunde, aprisiona, desconcierta, mata. En el banco azul apenas cae de sus labios la sonrisa; en el banco encarnado, pónese sério cuando quiere y el acto torna profunda solemnidad. Tiene la intencion de Calvo Asensio, la energía de Madoz, el calor de Lopez, el veneno de Olózaga, los prontos, los rasgos, los giros inesperados que no he visto ni leido en nadie. Hé aquí en qué términos tan valientes acusaba á la union liberal de inconsecuencia: «Y los que vienen al Gobierno á plantear lo contrario de lo que dijeron en la oposicion; los Gobiernos que vienen á plantear lo mismo que en la oposicion combatieron, esos olvidan sus compromisos, faltan á su palabra, reniegan de su historia, defraudan las esperanzas del país y engañan al trono.» En otra ocasion atrevióse á pronunciar, siendo individuo de la minoría progresista, estas palabras hasta entónces no oidas en aquellos bancos: «Los tronos no son más que instituciones políticas llamadas á satisfacer las necesidades de los pueblos.» Sagasta, que es hombre modestísimo en su trato, que no conoce el orgullo en su casa, que no sabe lo que es vanidad, en la vida pública suele ser altivo y arrogante cuando cree que se le humilla. Entónces arremete contra los que le juzgan equivocadamente, y dice: «Tampoco yo soy rico, tam bien soy humilde; pero SA GA STA  2 6 7 con mi humildad y todo, Yo que apenas tengo valor para resistir á la súplica, nunca cedo á la exigencia; no me creo de ninguna manera superior al pobre, pero jamás me considero inferior al poderoso; se me encontrará siempre dispuesto á bajar mi cerviz ante la desgracia, pero jamás abatiré mi frente ante los potentados de la tierra.» No es tampoco D. Práxedes hombre que se acobarda ni intimida así como así. Nada de eso. Si le hablan fuerte, responde echando fuego. O'Donnell, sin dar verdadero alcance á sus palabras, pero pronunciándolas con cierto retintin, dirigible una vez esta amenaza: «Lo digo con sentimiento, señores, lo digo con pena, porque el Sr. Sagasta es un jóven simpático y un talento distinguido; pero cuando oigo sus anárquicos discursos, sus discursos disolventes y revolucionarios, como que presagio que S. S. ha de morir fusilado por faccioso. (Grandes risas.)» Réplica audaz de Sagasta: «Y á mí me parece, señores diputados, á mí me parece que estoy viendo al general O'Donnell, si sigue por el camino que marcha, arrastrado por las calles de Madrid. (Nuevas risas en toda la Cámara y aplausos en la tribuna pública.)» Es tambien poético y dulce, como lo prueban estos dos períodos del discurso que pronunció pidiendo gracia para los sublevados de Loja: «Acostumbrado siempre á encontrarme en este sitio, con mis enemigos enfrente, obligado un dia y otro dia, constantemente, sin descanso, á luchar sin fortuna, es cierto, pero con ánimo sereno y con leal- 74  LOS ORADORES DE 1869 esta ó de otra proposicion, aprobar la conducta del Gobierno durante la dictadura; puede, si le parece poco, concederle un voto de gracias por lo bien que la ha ejercido; puede, si esto no le basta, acordar esculpir el nombre de los señores ministros en mármoles y en bronces; puede levantarles estátuas, puede convertirlos en ídolos, puede declararlos dioses, que de eso y más serán capaces los firmantes de esa proposicion, si á sus patronos no les parece todavía demasiado temprano para atravesar los umbrales de la inmortalidad dejando de ser ministros aunque míseros mortales; pero lo que la mayoría no puede ni por esa ni por otra proposicion es dar dictaduras, porque las dictaduras se toman, no se dan.» Por lo que llevo dicho habráse deducido , que no es Sagasta hombre de miramientos cuando no quiere guardarlos; pero á fin de que no les quede á Vds. duda alguna, allá vá una débil prueba de mi afirmacion: «Ha estado el señor presidente del Consejo verdaderamente desgraciado esta noche. (Rumores.) Para la mayoría que Aplaude la palabra baratería y otras por el estilo, nada tiene de particular que haya estado admirable.» Paréceme que no fué mal despachada la mayoría. Esto se llama dar el peso corrido. Respecto á su política, ¿qué quieren Vds. que les diga? En 1868, 69 y 7o, buena; en 1871 y 72, mediana, algo intransigente, quizá demasiado personal y funesta para la fé en las elecciones; en 1874, imprevisora y exclusivista, porque la crisis del r3 de Mayo, la salida de Martos, Mosquera y Echegaray, tengo para mí que fué la torpeza más grande de su vida, el SA GASTA  275 acto más impolítico de su historia, la pitada más horrorosa del partido constitucional. Con el partido radical pudo hacerse mucho y bueno; sin el partido radical se salió por la ventana y con las manos en la cabeza. Las intransigencias en política no conducen -á ninguna parte, y son el peligro más cierto de todo y de todos. Hubiérase paliado entónces, y 1868 no habria muerto á manos de 1874. En cuanto á su política desde 1874 al presente, diré una cosa, haré una confesion. Jamás tuve á Sagasta por verdadero progresista, esto es, por cándido, por confiado, por bonachon, por miliciano nacional. He creido siempre que se separa de los progresistas hasta en la exterioridad de su persona. Ningun progresista se peina como él ni viste con su elegancia y distincion. Pero desde que presencié la asamblea del Circo de Rivas no las tengo todas conmigo. ¿Por la esencia de aquel acto? No, por la precipitacion con que se llevó á efecto. Dejarse querer en política, es muy útil: entregarse en seguida, muy tonto. Ya sé que tuvo la culpa Ulloa; pero Sagasta debió negarse rotundamente y se habria impuesto. Un dia de carácter, una hora, y no seria su situacion la que todos ven con dolor, yo con muchísimo dolor. Ya embarcado, su política me parece digna de su talento y de sus altas miras. Quiere hacer el último ensa y o, la última prueba, el último sacrificio. Obra corno un hombre de Estado, no como un político de asperezas é impresiones. Conoce las circunstancias del país, sabe que éste está algo adormecido á consecuencia de las fatigas que todos le hicieron pasar, y no es 2 76  LOS ORADORES DE 1869 hombre que cree en los milagros. Pero lo que no le perdono es que vaya arrojando al agua poco á poco los principios democráticos del Código del 69. Esto no se lo perdono yo ni se lo perdona ninguno que haya nacido, como Izquierdo, en el puente de Alcolea. Se puede ser muy monárquico sin dejar de ser demócrata, se puede ser dinástico sin dejar de ser muy liberal. De todos modos Sagasta es un gran orador y un político hábil y de valer positivo. Ni los más elocuentes oradores le arredran, ni las trasferencias le anulan. Contesta brillantemente á los primeros, y su personalidad se levanta incólume sobre las segundas, cuyo secreto es va notorio : fué un recurso electoral, de ninguna suerte un hecho privado. No es Sagasta un orador erudito, metafísico, profundamente ilustrado; es un orador oportuno, enérgico, incisivo, de lógica contundente, de palabra bastante correcta y fácil, de giros y prontos tribunicios, de apóstrofes magníficos, de ironías mortales, de exposicion clara, de verdadera elocuencia política. Su talento es más práctico que teórico; su naturaleza, de lucha más que de paz. No ilustra cuando habla; pero enardece, entusiasma, agrada. Hiere el sentimiento y llama la risa, toca al corazon y produce regocijo. Una de las cosas que más le favorecen es su figura. Sagasta es feo; pero tiene cierto ángel que engendra la simpatía. Vivo y expresivo, en cuanto empieza á hablar empieza á seducir. He visto pocas caras tan inteligentes, tan burlonas, tan animadas. ¡Lástima grande que su color sea verde! El tupé, el famoso tupé de Sa o -asta ese tupé que se t7  1 vendió en graciosas alelu y as y se reproduce en chis- SAGASTA  277 peantes caricaturas, ese tupé no existe. Hace más de diez arios que conozco de vista á D. Práxedes, y por más que miro y remiro su cabeza el tupé no parece. Falta sensible, porque Sagasta sin tupé deja de ser Sagasta. Como si desaparecieran de su lado los antiguos amigos que le rodean constantemente. ¿Comprenderiais á Sagasta sin Muñiz, Abascal y Moreno Benitez? No; como tampoco los derechos individuales sin el aditamento de inaguantables. ¡Pesaban sobre él cual losa de plomo? il SERRANO. ¿Come el duque? ¿Ayuna el duque? ¿Duerme el duque? ¿Pasea el duque? ¿Viene el duque? ¿Se va el duque? ¿Conferencia el duque? ¿Escribe el duque? Se rie el duque? ¿Monta á caballo el duque?... ¿Pero habla el duque?—me preguntarán Vds. por ser lo que más les interesa en este momento. Sí, habla. No es un gran orador; pero navajea como pocos, como ninguno, como un maestro consumado. No arrebata; mas tiene simpática y noble presencia, ademanes distinguidos, palabras de conciliacion y de paz. En 1869 evitó con su oportuna intervencion más de cuatro borrascas. Fué entónces la calma y la prudencia. Para todos tenia una sonrisa, un saludo, frases en blanco que hacian su efecto. 280  LOS ORADORES DE 1869 Figura principalísima en las Córtes del 69, hijas de su victoria de Alcolea; parlamentario hábil y veterano ; jefe del Estado en dos distintas ocasiones y ámba s haciendo un sacrificio; repúblico eminente; diplomático que sabe más que Bismark, porque Bismark ignora lo que es ver venir; andaluz de setenta años á quien no es muy fácil coger por mucho que se corra, su busto debe figurar en esta galería al lado del de Prior. Y, pues queda ya colocado en su sitio, réstame tan sólo dejar la pluma, llevarme la mano al sombrero y enviarle un saludo respetuoso. Mi general... he dicho. SEGUNDA PARTE. PERFILES PARLAMENTARIOS. a ABARZUZA. Si su posicion independiente le permitiera ser más activo y ambicioso, tendría envidiable porvenir en las letras y en la política. Pero dueño de una buena fortuna, preocúpase más de viajes y recreos que de seguir la conducta de casi todos los hombres públicos. Castelar nombre embajador en París, y en verdad que las francesas y los franceses quedarían prendados de su esquisita educacion, elegante figura y claro talento. Abarzuza es quizá el más conservador de los demócratas históricos. Le repugnan los demagogos y la demagogia. No le veo una sola vez que no me acuerde de los Girondinos. Su palabra es fácil, correcta y elocuente. No declama ni alborota. Persuade, apostrofa con oportunidad, se conquista al auditorio. 29()  LOS ORADORES DE 1869 BÁRCIA. ¡A dos cuartos el papel que acaba de salir ahora con la última chifladura de Roque Bárcia! BECERRA. El vulgo dice que Becerra ha sido ministro porque su popularidad de demócrata de pelo en pecho le impuso en momentos determinados. Becerra posee una ilustracion poco comun, es un matemático notable, habla casi todas las lenguas vivas y conoce bien el griego y el latin. No es poeta, es razonador. Polemista de lógica inflexible, cuando se propone estrechar al adversario, difícil es que no lo consiga. El 69 tuvo que habérselas con Manterola y Cuesta defendiendo la libertad de cultos. Hé aquí un párrafo de su intencionado discurso: «Se quejaba S. S. de que yo le habla llamado blasfemo. Declaro como hombre de honor que si esa palabra ha salido de mis lábios dirigida á S. S., hablando genéricamente, no ha sido de ninguna manera para ofenderle ni lastimarle. ¿Sabeis cómo usabá esa palabra, señores diputados? Pues hacia el raciocinio siguiente: el Sr. Manterola habia dicho en el dia PERFILES PARLAMENTARIOS  291 anterior:--«habeis permitido la libertad de cultos, y eso es el ateismo.»—Estas eran, ó muy parecidas, sus palabras. Y decia más tarde:—«Dios ha dado condiciones tales al entendimiento, que la verdad posee una fuerza irresistible.» --Y yo decia lo siguiente: si el entendimiento es obra de Dios, si lo ha hecho de manera que se apodere de la verdad y de la luz donde se encuentren, y sin embargo, la fé católica es tal que cuando el Estado no la protege, cuando la fuerza secular no emplea sus medios coercitivos, se dice que eso es el ateismo, deducia, repito, creo que lógicamente, hablando en el terreno de la lógica_ una cosa, aunque resulte y parezca algo dura, á saber: que la religion católica no era la luz, no era la verdad. Más todavía: que Dios se desconocía cuando el Estado no empleaba los medios coercitivos de que puede disponer; y digo sobre esto lo que decia un filósofo: que Dios no se demuestra, que á Dios se le siente. Pues bien: en este sentido, y colocándome bajo el punto de vista de S. S., decia que al manifestar eso prorumpiais en una blasfemia. Las religiones tienen su origen en las profundidades de la conciencia humana; y si no es así, no son nada, y no hay poder humano coercitivo que pueda obligar á un hombre á otra cosa que á sufrir el martirio si es alma de gran temple, ó á convertirle en un mísero hipócrita por causa de la peor de las pasiones que puede tener el hombre, que es el miedo. En ese sentido, pues, empleé la palabra blasfemia.» Becerra es un gallego de mucha travesura, gran conocedor de los hombres, de buen sentido práctico. Es una lástima que su acento galaico sea tan rebelde. 292  LOS ORADORES DE 1869 BENOT. Excelente gramático, profesor ilustrado, lingüista notable, científico de mérito, político imposible, ora dor mediano y frio. B UGALLAL. ¡Al fin fué ministro! Lo merecía porque es jurisconsulto de nombre, conservador consecuente, orador de fondo y de doctrina. No es fácil ni galana su palabra, no seduce ni es irreprochablemente correcta y literaria. Le gusta más la esencia que la forma, la sustancia que el aparato. Su aspecto es severo , si bien se le van pegando poco á poco los guiños y extremecimientos nerviosos de su apóstol Cánovas. Bugallal es un político sério á quien las travesuras de Romero Robledo han puesto más de una vez en berlina. Pero como hombre de mérito las ha vencido con paciencia y saliva hasta llegar á la codiciada poltrona. El 69 hizo buenos discursos bajo la inspiracion y auspicios de su maestro D. Antonio. Es un galleguito aprovechado. PERFILES PARLAMENTARIOS  293 CALA. Barba de carbonario, cabeza de conspirador tremebundo, aspecto de filósofo griego, ilustracion revolucionaria, inflexibilidad de sectario, palabra razonadora y lógica. Es un soñador que quiere llevarlo todo á punta de lanza, resultando que la lanza se clava en el corazon del país. Cala morirá siendo federal, socialista, sombrío y sin una peseta. CALDERON COLLANTES. ¿Cómo le quieren Vds., como abogado ó corno ministro? ¿Cuál de estas dos naturalezas les gusta más? Porque supongo que como marqués de Reinosa no les hará maldita la gracia. Unos le llaman Fernando IV el Empla1ado, otros Fernando el Patibulario. Por mi parte no sé cómo Es un notable orador, si Pien se irrita y exalta á lo más leve. Su voz parece que sale del fondo de un sepulcro; su cuerpo cuando perora, que está empalado. Tan rígido se presenta. Diríase que es una figura que 294  LOS ORADORES DE 1869 sólo gira á derecha é izquierda. La vulgar patilla que adorna su cara seca y huesosa dále aspecto de mozo de café. En la oposicion es un orador de brios; en el banco_ azul, un ministro que se defiende. En la presidencia del Supremo resulta inferior á sus ilustres antecesores. El 6q pronunció varios discursos. Combatiendo el matrimonio civil decia: «Nunca los filósofos antiguos habian llegado ni podian llegar á la perfeccion que dió al matrimonio la verdad católica: le hizo ante todas cosas indisoluble: Si quis viven te uxore alliam duxerit, mecalur. »Y no son palabras de ningun Concilio, ni de ningun Pontífice, ni de ningun Santo Padre, que siempre serian respetabilísimas; son palabras de Jesucris- to: «Viviendo la mujer, nadie puede tomar otra.» Hé ahí establecida la monogamia, uno de los dos grandes principios; la monogamia, y á la vez la indisolubilidad del matrimonio. Estos dos grandes principios constituyen la organizacion de la familia católica, la más perfecta; lo reconoce así el proyecto de ley. El proyecto de ley, señores, acepta todos los fundamentos, todas las condiciones esenciales del matrimonio, católico. Llega el siglo XVI, y se publica la famosa protesta religiosa; ejerce, sin embargo, sobre la institucion del matrimonio mucho ménos efecto del que podia esperarse, porque era tal la raíz que habia echado el sentimiento católico, el dogma del Evangelio, en la conciencia humana, que en la cuna misma del protestantismo siguió todavía el matrimonio casi en la misma situacion, sólo varió un tanto en los Países Ba- PERFILES PARLAMENTARIOS  295 jos; pero en Alemania, en la verdadera Alemania, cuna del protestantismo, ni ántes ni despues han cambiado la índole, la esencia, ni las formas del matrimonio. Estaba reservado á otros poderes, á otros grandes errores el cambiar la faz del matrimonio católico. Esto fué obra exclusivamente de la revolucion francesa, no . de la revolucion francesa de 178q , diré yo á mi querido amigo el Sr. Madrazo. Los principios de la revolucion de 1789 yo los respeto, yo los venero, yo los aplaudo, porque ellos son el orígen de las libertades políticas que disfruta hoy toda la Europa moderna. ¿ . Pero qué tienen que ver los principios de la revolucion de 1789 con los deletéreos, con los disolventes que se proclamaron despues en 1791, 1792 y 1793? No sólo no son una misma cosa, sino que son la antítesis: los unos fueron la luz que alumbró al universo; los otros fuer on el incendio que le abrasó. »Vino la Convencion. ¿No habia de poner las manos sobre el matrimonio? ¡Pues si las puso en todo, si fué el poder más tiránico que ha existido en la tierra! Tal vez con esa tiranía salvó la Francia la unidad que otros rnénos expertos querian romper, y que hoy pretenden tener imitadores en Espada. Eso tiene que agradecérselo la Francia; pero la humanidad no tiene que agradecerle más que el recuerdo de sus crímenes execrables, por los patíbulos que levantó para castigar, no delitos, sino meras sospechas, opiniones ni siquiera emitidas por la prensa ni por la palabra. No es, pues, digno de irnitacion el ejemplo del poder más tiránico que ha existido en los tiempos modernos, y no es propio de buenos liberales, de 296  LOS ORADORES DE 186(-) verdaderos liberales, en el buen sentido de la palabra, el aceptarlos como ejemplo, ni tomarlos .como modelo. Pues este es el modelo que se toma.» Calderos Collantes no es fácil ni siempre elocuente. El mérito de su palabra es la energía, la intencion, el arte parlamentario con que dice. En frente de un ministerio cumple bien su papel. Como político fué consejero de Estado con Ruiz Zorrilla despues de haber sido moderado y unionista, y despues de defender los derechos individuales en el Senado radical de 1872 ha renegado de ellos en 1878. Es un político de dos naturalezas distintas y ninguna verdadera. No puedo decir más del moderno Licenciado Vidriera. CANTERO. Todos le respetaban y querian por sus virtudes é inteligencia. Era orador de mérito, liberal templado, hacendista de profundos conocimientos. Ultimamente dedicóse al Banco de Espada , en cu y a direccion le respetaron todos los partidos. Cantero fué siempre más práctico que teórico. PERFILES PARLAMENTARIOS  297 CHAO. En 1870 las mujeres de Madrid hicieron una manifestacion ruidosa contra las quintas. El espectáculo fué curioso. Agolpáronse á las puertas del Congreso é interrumpieron la sesion. Los diputados federales salieron á calmar los ánimos. Los ánimos no se calmaban; ciudadana habia que quería comCrselos crudos; ciudadanos que, revueltos con las mujeres, gritaban desaforadamente pidiendo la cabeza del tirano. Ví á Chao asomarse por una de las ventanas del Congreso que dan á la plaza de Cervantes, sacar irritado la espiritual cabeza y aprostrofar así á los patriotas que tenia más próximos:—«¡Cobardes! ¿dónde estabais cuando hacia falta vuestra presencia y vuestro enojo? Sois unos miserables que vais á perder la libertad con vuestras imprudencias.» Desde entónces tiene Chao mis simpatías. No es orador; carece de voz, de energía, de vuelos, de apasionamiento. Tiene de filósofo y de literato lo que le falta de parlamentario y de tribuno. Oyesele con gusto porque es hombre de talento; mas nunca será un buen orador. Como político es tambien de los que sueñan despiertos, aunque sin dar las voces que dan otros que no discurren tanto como él. 298  LOS ORADORES DL 1869• CORONEL Y ORTIZ. Facciones casi bellas; cara llena, sonrosada; abdomen, terrible; palabra, fácil; memoria, prodigiosa; aptitudes, diferentes; archivo de nombres, años, sucesos y libros. Distinguíase por su laboriosidad, por su apetito y por los muchos vasos de agua que necesitaba para decir un discurso. Era el cimbrio de más peso. CUESTA. Este es el Cardenal. Cura pretencioso; palabra violenta, cruda; acometedor, audaz, despreciativo, antipático. Habló, y dijo... vulgaridades. Monescillo y Manterola lo hicieron mucho mejor. Su discurso fué un verdadero cardenal. ¡Oh eminencia de la Iglesia española! ¿quién te habia de conocer tan ramplona y desfigurada? PERFILES PARLAMENTARIOS  299 ELDUAYEN. José, Elduayen, Marqués, Pazo, de la Merced, ingeniero, hacendista y ultramarino. Tambien es bizco, y gasta unas pipas que no hay más que pedir ni que prolongar. No es un orador adocenado, aunque no es un buen orador. Su palabra es áspera, difícil, incorrecta ; su voz cascada, altisonante, desagradable. Violento y enérgico, siempre que habla produce ó rumores ó protestas. Tiene más intencion que elocuencia, más veneno que formas. Sabe bastante, especialmente de Hacienda, de cuyo departamento fué ministro del rey D. Amadeo cuando la minoría conservadora de la revolucion no sabia á qué carta quedarse y quedóse con un pié en cada campo. Afirman que no vale mucho como ingeniero; pero yo aseguro que es hombre de pesqui é ingenioso. Se las mantiene tiesas con todo el mundo. El mismo Cánovas se vé en la precision de nombrarle ministro de Ultramar y director del Banco para evitarse disidencias y malos ratos. Elduayen es de los que no perdonan así corno así. El 69 pronunció algunos discursos, siendo los que más gustan por su plausible resolucion los referentes á las alhajas de la Corona. Tiene pocos amigos; pero son muchos los que le 306  LOS ORADORES DE 1869 do recurren á la fuerza y provocan la guerra civil para salvar sus privilegios, son tambien inevitables los excesos y luchas cuando no se establecen principios justos y de igualdad entre los ciudadanos, terribles revoluciones que vengan á castigar las grandes iniquidades, las grandes maldades cometidas durante siglos, y que no supieron reparar á tiempo los que estaban , corno nosotros hoy, encargados de ello.» Su fuerte son los curas, contra los cuales ha publicado libros con estadísticas muy curiosas. Un Gobierno que se estime en algo no debe, en época de libertad, perder de vista á Garrido. Es agitador temible. GIL SANZ. Un erudito que sabe mucho. Corno orador vale poco. GIL BERGES. Templado, prudente, instruido y aragonés. No habla mal del todo; pero no es un buen orador, aunque sí un abogado de mérito y de conciencia. PERFILES PARLAMENTARIOS  307 Es persona de ideas moderadas, de trato llano, de condiciones muy estimables. Como ministro de Fomento demostró que era discreto á la par que enérgico. Ha renegado de la populachería. GONZALEZ MARRON. Muy alto, muy corpulento, casi gigante. Dicen que es un buen letrado. Yo afirmo que es un mal orador. GONZALEZ (D. VENANCIO). No ha sido ministro; pero lo será si la soga no se rompe. De poco tiempo á esta parte y con gran sorpresa de Camacho y Angulo, viene tratando con lucidez las cuestiones de Hacienda, en las que se ha metido como en su casa. Sagasta le hará ministro. Por mi parte no puedo hacerle nada, ni siquiera lo que se llama en el arte un buen orador. No habla mal, no, señor; tiene calma, intencion, 3o8  LOS ORADORES DE 1869 cierta facilidad, dominio de sí mismo, y no se cansa ni cansa mucho á los que le oyen. Es hombre que consume él solito dos sesiones quedándose tan fresco. Como es algo manco, la accion de sus manos no puede ser viva ni expresiva. No enciende ni arrebata: razona y persuade. En fin, que le hagan ministro de Hacienda. No pide más un padre español para un hijo idem. HERRERO (D. SABINO). Ilustrado comentarista de nuestro derecho civil, la borioso, minucioso, estudioso; pero orador vulgar. He sentido su muerte. HERREROS DE TEJADA. No habla mal. Es persona entendida y de juicio. PERFILES PARLAMENTARIOS  309 JOARIZTI. Fué jóven, alto, seco, escuálido, declamador, díscolo, catalan, federal rabioso. Habló siempre con las manos metidas en los bolsillos del pantalon, los ojos encendidos de coraje, la fisonomía contraida y sudosa. Era tremendo para atacar y pelearse con los monárquicos, tiranos abominables de su Aldonza Lorenzo. Peroraba con dificultuad por lo premioso de su elocucion y lo débil de su salud. Cuando presidia el club de la Yedra los más fuertes temblaban, los más altos caian, los más puros eran hipócritas , mistificadores, retrógrados, pasteleros, tibios, agentes miserables é instrumentos indignos de la reaccion. Alguna vez impúsose á la minoría desde su célebre club. Era un fanático honrado. LASALA. Es un publicista ilustrado. Como orador le puede cualquiera. Habla mucho; pero mal. 31 0 LOS ORADORES DE 1869 LLANO PERSI. De puro hidalgo que es, algunos le llaman El caballero de la tabla redonda. No hay nada tan escrupuloso, tan consecuente, tan digno, tan mirado, tan espiritual como el antiguo redactor y director de La Iberia. No es camorrista; pero si se ofrece le pega un tiro ó una estocada al más terne. Despues le dá la mano y siéntalo á su mesa. Llano Persi debió nacer en el siglo XVI. Su aspec- to y su conducta están pidiendo á voces una espada al cinto, y un laud para trovar cuitas dulces y secretas al pié de torre encantada ó de palacio misterioso que guarde los primores de esquiva y hermosa castellana. Pudo ser ministro cuando el célebre gabinete Malcampo•Candau. No quiso. Contestó que era radical. Tiene imaginacion; su palabra es fácil y abundante. Fué vicepresidente del Congreso en 1872. PERFILES PARLAMENTARIOS  311 LOPEZ DOMINGUEZ. ¡Jóven general, yo te saludo, tuyo es el porvenir! Pero además del porvenir tiene aptitudes oratorias que le permiten terciar dignamente en los debates del Congreso. No lo hace con frecuencia, y esto dá más prestigio á lo que dice. Acciona con soltura, habla con desembarazo, tiene energía para hacer confesiones como ésta: «Yo no puedo negar que carezco de la fé monárquica del Sr. Cánovas del Castillo, que no tengo tanta fé monárquica como S. S.» Educado en la diplomacia de su ilustre tio, promete ser con el tiempo su heredero en todo, por todo y para todo. Ha hecho buena carrera; pero es uno de los generales más ilustrados de nuestro ejército. En suma, es sobrino de su tio. MADOZ. Feo como él sólo, ilustrado, terco y progresista. Distinguíase su elocuencia por lo enérgicamente patriótica. Quejándose en tiempo de la primera guerra civil 3 1 2  LOS ORADORES DE 1869 de la situacion general de España, exclamaba con furia: «¡El Gobierno es el que tiene la culpa de todos los males! La primera reforma que se debia hacer era volar todos los ministerios. Los jefes cobardes han sido absueltos: los valientes no han sido empleados por no tener un entorchado. Pero, ¿hay más que dárselo? Las causas de los males son bien conocidas: hemos prescindido de que estamos en revolucion, y hemos querido marchar por el carril de la legalidad; en cuanto á los militares, debemos decir como en la revolucion francesa:—«Tal dia bata Vd. á la facclon.» En otra sesion fueron acogidas con murmullos algunas de sus palabras. Volvióse airado á los interruptores apostrofándoles con esta frase oportunísima: «Me importan muy poco los murmullos. Yo pereceré por la causa de la libertad; y como dije en una ocasion célebre en 1837, cuando ella peligre, * de seguro no encontraré á mi lado á los que ahora me interrumpen.» Madoz era la irritabilidad personificada. Nervioso en extremo, lo más leve encendia su ánimo, alteraba su naturaleza. Duro, violento, jamás retrocedió ante ningun obstáculo ni peligro. Su accion era poco artística, aunque expresiva; su palabra, correcta y á las veces elocuente. No carecia de gracia ni de oportunidad cuando el caso lo demandaba.  • Fué un hacendista distinguido, un ministro íntegro, puro. En los últimos años de su vida flaqueáronle el ca- PERFILES PARLAMENTARIOS  313 rácter y la energía. Habíase cambiado en otro hombre, en otro político. No quiero hablar de la historia de su magnífico Diccionario geográfico; ménos aún de La Peninsu lar. Respetemos el sagrado de la muerte. MAISONNAVE. Es un jóven orador de administracion. Su palabra es fácil; su figura, distinguida; su talento, claro y modesto. Gustóme como ministro en 1873. Hizo entónces discursos y actos dignos de un político sensato. Colocado frente á frente del cáos, supo en la medida de sus fuerzas mostrarse á la altura de las circunstancias. Es uno de los niños mimados de Castelar. Yo me atreveria á recomendarle mucho estudio y más intencion. Sólo así podrá conservar lo ganado en 1873. 3 14  LOS ORADORES DE 1869 MALUQUER. Persona apreciable, abogado catalan de pleitos, político consecuente, proteccionista decidido, orador hábil é intencionado. Lo peor que tiene es el acento catalan. Cuando habla conócese á cien leguas que es del Principado. Repito que la persona de Maluquer cuenta con todas mis simpatías. Es un catalan de lo más fino. MATA. Fué profesor insigne, médico eminente, poeta inspirado, filósofo de miga, político progresista, orador de punta, gobernador detestable. Mata era un gran filósofo y una buena persona más que otra cosa. Pronunció, sin embargo, en 1869 discursos notabilísimos defendiendo el proyecto constitucional. Despues de decir que los republicanos se daban al calor de la revolucion Como en espeso matorral los hongos, añadia dirigiéndose á los federales: PERFILES PARLAMENTARIOS  315 «¡Desgraciados de vosotros si pudiera hacerse un ensayo sin perjuicio del país! Desgraciados de vosotros si hoy pudiera decirse: , venid aquí; sentaos como Gobierno republicano en este banco; sed vosotros Gobierno; dirigid esas masas, á las cuales habeis enseñado de una manera tan empírica lo que es la república. Mañana mismo veríais á .vuestros oradores, á vuestros Tiberios, á vuestros Cayos Gracos , que despues de haber dado la lev Agraria, despues de haber dado al pueblo toda clase de bienes, irian á parar, ¿sabeis á lo que irian á parar? A que, vencidos por tribunos pagados por los reaccionarios, corno los de Roma por los patricios y senadores, los Tiberios Gracos fueran arrojados al Tiber, y á que los Cayos Gracos se hicieran atravesar el pecho por un criado en el bosque de las Furias, y perecieran horriblemente sus amigos á centenares en otro monte Aventino. Y poco importaria que me recordarais aquella magnífica frase de Mirabeau: que del polvo arrojado á los dioses vengadores por el último de los Gracos al caer moribundo, nació Mário, porque la historia nos dice que despues de Mário vino al fin César, y despues de César, todo lo que vosotros sabeis, funestamente destructor de la república romana. Este es el órden, y esta es la conservacion que nos prometeis y que podeis prometeros hoy vosotros mismos con vuestra república federal. Si me habíais para más tarde, yo estaré con vosotros; pero en estos momentos no lo estoy ni puedo estarlo.» Contéstale Castelar diciéndole, no sin motivo, que, como el capitan Araña, habia embarcado los soldados quedándose en la playa: 322  LOS ORADORES DE 1869 sional. ¿Os basta esto, señores diputados? ¿Reconoccis en mí la buena fé? (Muestras de adhesion .) Yo tengo el consuelo y además la satisfaccion de que los señores de la comision han visto mi corazon en la mano. ¡Ojalá que lo vierais vosotros Cambien! (Bien, bien.)» Esto es lo que se llama meterse al auditorio en el bolsillo, conquistarlo, ganarlo, seducirlo. ¡Díjolo tan bien, con palabra tan dulce, tan cariñosa, tan elocuente! Pareció que el Congreso habíase convertido en templo. Todos le escuchaban con respeto, con agrado, con veneracion, sin duda. Él, reposado y tranquilo, sonreia alguna vez para matar el último recelo. Suñer y Capdevila no cesaba de moverse en su asiento; como que le sorprendia un prelado tan digno, tan prudente, tan sábio corno Monescillo. Todas las miradas estaban fijas en el sacerdote católico, todos los oidos atentos, todas las simpatías con él. Pero quedaba aún otra sorpresa. Monescillo declaróse liberal, periodista é hijo del siglo. Escuchad cómo: «Vais á extrañar, señores diputados, y va á extrañar el pueblo que me escucha, lo que voy á decir: yo no temo los escándalos cuando son la gloria del género humano, cuando son la gloria de la personalidad humana. ¿Querreis creer que tambien yo vengo del campo de la libertad? Vosotros direis: ¿y cómo viene este obispo del campo de la libertad? ¿Cómo? Cuarenta años hace discutiendo, cuarenta años hace definiendo, cuarenta años hace argumentando en el PERFILES PARLAMENTARIOS  323 periódico, porque yo tambien he sido periodista', pobre periodista, miserable periodista, he venido del campo de la libertad peleando sin cesar en el periódico, en el libro, en el folleto, en la controversia. No he disimulado ninguna clase de argumentos, no sé si he respondido á todos, porque no me considero con capacidad suficiente para ello; pero yo os aseguro que lo he procurado, que vengo del campo de la libertad, y tal vez el haber vivido en el campo de la libertad, de la discusion, de la enseñanza, de la controversia, el haber vivido entre hombres de todas clases, ha hecho que una persona que debiera ser desconocida por su insignificancia, haya llegado á estos bancos, y sobre todo lleve una mitra que es indigna de llevar. .»Vengo, pues, del campo de la libertad y no temo la libertad; yo quiero la consagracion de las libertades, pero no quiero la impunidad de la culpa ni delpecado; y digo el pecado, porque lo mismo en lo criminal que en lo moral, el pecado, como el delito y la falta leve, es la trasgresion, es un apartamiento de la ley: por manera, que al hablar de una trasgresion cualquiera, sea crimen ó sea falta, puedo llamarla con el nombre genérico de pecado. Este pecado lo tenernos todos. ¡Ah, con qué hermosa frase lo decia mi querido amigo, pues le amo de todo corazon, el Sr. Moret: «hay una culpa comun á todos!» Y en efecto, yo veo que todos estarnos inficionados de esa culpa cornun; y cuenta que ahora no hablo del pecado de origen. »¡Qué desgracia para vosotros, entendimientos generosos, qué desgracia para vosotros, corazones magnánimos, qué desgracia para mí el vernos en diversos campos, unos que piensan de una manera, otros que 324  LOS ORADORES DE 1869 pensamos de otra! Y cuando somos intolerantes unos respecto de otros, y la intolerancia está en habernos dividido, ¿no es verdad que con dolor señalamos á unos bancos en excision con otros y que con profundo pesar hacernos mil apartes? Pues bien, cuando los partidos son intolerantes y se excluyen, no queramos que la verdad sea tolerante y que se amase con el error. Yo pienso, señores, que lo que es permitido para aquellas cosas en que los hombres ,somos falibles y podernos engañarnos, no debemos pasarlo á las altas regiones de la revelacion, de los misterios, de las grandes cuestiones trascendentales, y bien sabeis vosotros á qué llamo cuestion trascendental.» Paréceme que no es posible hablar mejor, sortear más hábilmente las circunstancias, presentarse más digno ni más simpático. Monescillo logró lo que queria: cautivar á las Córtes y á las tribunas. Su accion expresiva, digna; su cabeza inteligente y venerable; su postura severa, pero sencilla como su palabra; su acento vibrante y sonoro; sus ojos despidiendo luz, tolerancia y respeto, impresionaron de tal manera á la Cámara, que las muestras de agrado fueron espontáneas en todos los bancos. Alentado el cauteloso sacerdote por estas deferencias á su persona, entró de lleno en la cuestion: ((Tratemos ya de la unidad religiosa. Sabeis, señores, que además de diputado soy obispo, y no puedo ni quiero desprenderme de este carácter. Hice cuanto estaba de mi parte para no admitir el cargo que aquí ejerzo; rehusé, no se aceptó la renuncia; no hubo más remedio que admitirlo, pero al desempeñarlo procuro ser ministro y procuro ser prelado.» PERFILES PARLAMENTARIOS  325 »Pues bien: yo, partiendo del mismo argumento, lo amplío diciendo: si creeis que todas las religiones son iguales, ¿por qué no proclamais el indiferentismo? Y vosotros, los de ardiente corazon, los de cabeza escudriñadora de las cosas altas, testareis por el indiferentismo en religion cuando no lo estais respecto á nada de lo demás que os atañe? Yo no os haré la injusticia de creer que si en las cosas naturales de la vida no sois indiferentes, habriais de serlo en materia de religion. Entónces habria que declarar la no existencia de religion, y esto no debe declararlo una sociedad, porque la traeria funestas consecuencias: la historia lo demuestra: cuantas naciones se han regocijado con semejante idea, han visto pronto su perdicion. Yo no quisiera que se regocijara en este sentido nuestra patria, que hartos conflictos y hartos quebrantos tiene que deplorar. Pero se dice que algo hemos llegado á establecer en el proyecto. Verdad es que en el proyecto se consigna hecho, á saber: que la nacion española, ó el Estado, se obliga á mantener el culto y los ministros de la religion católtca. Es decir, que se supone existente la religion católica; que hay una religion, que es la católica, cuyo culto y ministros se obliga á mantener la nacion. Pero, señores, ¿no está ya obligada la nacion á este sostenimiento? Pues si lo está, no tiene para qué obligarse. Pero ya que se dice que la nacion se obliga á mantener el cul- to y los ministros de la religion católica, ¿por qué no añadir la frase que profesan los españoles? No creo que pudiera calificarse esto de prodigalidad de palabras. Y además, que esto es una verdad: que los es- 326  LOS ORADORES DE 1869 pañoles profesan la religion católica. Yo no veo que ha y a ninguno que no sea católico, por la misericordia de Dios; y si lo hubiera, yo le llamaria para atraerle, que tengo corazon y voluntad bastante para darle vida de mi vida, sangre de mi sangre, y daria cuanto so y para atraer al buen camino al extraviado. (Bien, bien.) »Pero áun suponiendo que haya alguno, ¿son tantos que sea necesario garantirles el culto de otra religion distinta? Yo, tal vez por ser eclesiástico, no veo realmente la necesidad de establecer esa libertad religiosa. »Se ha indicado tambien que el hombre es religioso por temor. No: oid lo que ha dejado consignado un escritor á quien no desdeñará la Cámara: «el hombre, ha dicho, no es religioso porque sea tímido, sino porque es hombre.» ¿Y sabeis quién es el que ha dicho esto? Pues es Benjamin Constant. El hombre es religioso porque es hombre. Yo por temor no seria católico; la religion católica no intimida, no amenaza, ni, ¿cómo? si es todo amor. El hombre es religioso porque es hombre; y el que diga que no tiene religion, le faltará la caridad, pero estad seguros de que tendrá supersticion. El hombre, naturalmente, por más que sueñe en un delirio noble, por más que tenga altísimas aspiraciones, por más que se crea soberano, ya sabe al fin que es miserable.» Con estos bellísimos párrafos puso término el hábil Monescillo á la primera parte de su discurso, dejando para el dia siguiente la segunda. Y así como ántes no he escatimado elo g ios, por lo que respecta I á la segunda parte de su oracion—¡nunca segun- PERFILES PARLAMENTARIOS  327 das partes fueron buenas!---merece algunas censuras. Decayó en ella de un modo lastimoso. Parecíanos imposible á los que le oíamos que fuera el mismo orador, el mismo hombre, el mismo sacerdote del dia antecedente. Ni en la forma, ni en el tono, ni en la mansedumbre, ni siquiera en los ademanes correspondió á lo que se esperaba. Dijéronle los reos, sin duda, que debia ser más fuerte, más apasionado, y nuestro hombre la echó á perder. Estuvo algo violento, algo difuso, quizá desconcertado porque hablaba bajo la exigencia de sus amigos. Todavía, sin embargo, produjo las risas de la Cámara con este ejemplo lleno de gracia é intencion: «Una vez que he dicho que no tengo miedo á las palabras, ¿he de ser ménos animoso, ménos valeroso que vosotros? Por cierto que no. »Y yo que no tengo miedo á la palabra reaccion, ¿por qué he de creer que vosotros le teneis? Pues qué, ¿no puede haber una reaccion de libertad contra una tiranía? Y en este caso, ¿renegariais de la reaccion? La sociedad está enferma y perturbada, y para recobrar la salud debe rehacerse. Cuando el médico visita al enfermo no dice al mal: ¡avanza, avanza, avanza! sino que para consolar al enfermo, le dice: ya vendrá la reaccion, ya vendrá la reaccion. (Grandes risas, sensacion.1» En resúmen; Monescillo demostró en la primera parte de su discurso ser un gran orador, hábil, fácil, dulce, elocuente, intencionado. En la segunda apenas rebasó la altura del cardenal Cuesta. Me han dicho que su eminencia, que parece tan dócil y blando, tiene el geniecito bastante fuerte. 328  LOS ORADORES DE 1869 MONTEJO ROBLEDO. Abogado de mérito, buen gobernador de Sevilla en 1869, hombre de integridad, consecuente, orador que cumple, persona muy apreciable, ex-ministro de Fomento. Se mira en los ojos de Sagasta. MONTERO RIOS. Mirad, mirad cómo hace equilibrios... Es su flaco y su fuerte. Corno buen gallego se escurre por entre los agujerillos de la red más tupida, más apretada. No hay quien le coja: ni su cariñosísimo amigo y paisano Becerra. Siempre está vacilando, dudando, recelando, dando quiebros y capeos. Jamás le vereis con los piés en firme. Un día es monárquico del rey X, otro republicano, el siguiente otra vez monárquico , el cuarto republicano decidido. Es la disidencia consigo mismo. Sus distingos, sutilezas y habilidades le han dado fama de astuto. Por mi parte sé decir que siempre que le veo me acuerdo de Arrazola. Se parecen mucho, como un huevo á otro huevo. PERFILES PARLAMENTARIOS  329 Yo lamento su política de triquiñuelas, porque Montero Rios es uno de los hombres más ilustres de la revolucion, un ministro de poderosa y fecunda iniciativa, un jurisconsulto eminente. ¡Cuántas leyes y reformas le deben la libertad y la democracia! Sin su paso por el ministerio de Gracia y Justicia, quizá la revolucion no hubiera dejado huella tan profunda, tan luminosa en la historia. Pero soy franco, y declaro que no me gustan sus meticulosidades, reservas y melindres. Parece mentira que sean de un hombre de su gran talento. Alguna vez he pensado si tendrá la ambicion de formar iglesia y ser su Pontífice sumo. Otras heme dicho si será la fuerza misma de su inteligencia perspícua la que le traiga en tales desasosiegos. La verdad es que no sé qué pensar. Será mucho si él sabe hoy lo que pensará mañana. De todos modos, y sea lo que fuere—el tiempo y los sucesos dirán—Montero Rios es un orador notable. Lo que más le distingue es la intencion y la dialéctica. En este terreno hay pocos que le aventajen. Su voz es poco extensa; su cuerpo, endeble y pe-lue- .ño; su fisonomía, varonil y expresiva; sus ojos, inteligentísimos; su accion, mediana; su palabra, premiosa, enérgica, algo galáica , silba al salir y agradan su rapidez y sobriedad. No entusiasma, convence; no seduce, ilustra; no fascina, se hace escuchar con gusto. Vais á ver cómo defendió la libertad de cultos contestando á Monescillo. Este art. 21 fué el que dió á conocer á todos los oradores del 69, corno que era el más importante del proyecto constitucional: «Afortunadamente para mí, señores, yo no habré 330  LOS ORADORES DE 1869 de herir vuestro sentimiento, que tan - vivamente han herido los elocuentísimos acentos del señor obispo de Jaen. Yo considero como una de lás primeras dichas de mi vida el ser el más humilde, el más leal, el más ardiente hijo de la Iglesia; yo me precio de católico; yo conservo todavía en mi corazon con toda su pureza la ardiente llama de la fé que me inspiró mi madre, llama que no han debilitado mis estudios, y que procuro infundir en el tierno corazon de mis hijos, corno una de las más gratas esperanzas de su felicidad doméstica, corno la prenda más preciosa que podré legarles, como el asilo más seguro que podrán tener en su dia, cuando en el tempestuoso mar de la vida se vean rodeados de los contratiernpós y desgracias que constantemente la rodean. s»Yo no he podido jamás comprender cómo un obispo de la Iglesia católica, cómo un. representante de esa purísima doctrina, cómo un apóstol de esa verdad religiosa, de esa verdad absoluta, de esa verdad divina, pudiera ponerse en contradiccion con esa misma doctrina, que ha proclamado siempre la libertad del individuo en todos los órdenes de su manifestacion exterior: yo no he podido nunca comprender , ni cuando me he entregado á mis estudios en la soledad de mi gabinete, ni meditando sobre la doctrina católica, ni cuando tenia esta tarde el placer de oir al señor obispo de Jaen, no he podido comprender nunca, repito, cómo tan venerable prelado podia conciliar sus doctrinas con las doctrinas que inspiraban á los primeros padres de la Iglesia, cuando en nombre de esa personalidad humana, en nombre de esaliber- PERFILES PARLAMENTARIOS  331 tad moral y en vindicacion de su ejercicio, no en nombre de la verdad revelada, ni en el de su Divino Autor, reclamaban la libertad de conciencia ante los despóticos poderes del caduca imperio romano. Yo no he podido comprender cómo el señor obispo de Jaen podia conciliar sus doctrinas con las doctrinas del ilustre San Martin de Tours, que rehusaba comunicar con los obispos españoles Idacio é Itacio de Estoy, que no satisfechos con la sentencia canónica dictada contra Prisciliano, habian acudido ante el emperador, el tirano Clemente Máximo, impetrando la sancion civil en un asunto esencialmente religioso. »Y si entónces esa libertad  b reli cr iosa era el gran principio político de la Iglesia católica, si era la base de su existencia social, si era el fundamento sobre que pretendia legítimamente subsistir y ser contada entre las instituciones humanas, ¡cómo es posible que haya cambiado de tal manera el pensamiento de la Iglesia que venga á proclamar hoy como legítimo y bueno lo mismo que entónces anatematizaba como abusivo y pernicioso! ¡Cómo es posible que el señor obispo de Jaen, en nombre de la Iglesia, venga á proclamar hoy aquí lo contrario á lo que sostuvieron en nombre de la misma sus ilustres padres de los cuatro primeros siglos!» La verdad es que Montero Rios no era conocido, ántes de pronunciar este profundo discurso, sino como catedrático de la más pura ortodoxia. Despues de este discurso fué cuando adquirió notoriedad, nombre, verdadera importancia. Prim le hizo ministro, y en el ministerio de Gracia y Justicia robusteció su prestigio dando á conocer su fecunda laborio- 338  LOS ORADORES DE 1869 suizo, y no sabemos que haya condenado los que se celebren en Francia entre católicos.» ¡Hasta dónde puede llevar un primer paso dado en una direccion equivocada! La Iglesia, ya lo habeis visto, condena al matrimonio civil; es decir, condena que los Estados que eran cristianos, renegando de su fé y rompiendo la alianza que con ella habian contraido, se pongan á organizar esa institucion sacramental fuera de la idea v del sentimiento religioso: ella mantiene su doctrina y su jurisdiccion de tal manera, que los matrimonios que son nulos segun los impedimentos por ella declarados, nulos continúan: si la ley admite el divorcio, ella le condena; pero si el Estado, respetando estos impedimentos y la indisolubilidad. del vínculo legisla sobre el matrimonio y no da efectos civiles á los casamientos de los católicos si no se juntan segun la forma por él establecida, ¿quereis que Ja Iglesia vaya á anular los matrimonios de millones de católicos ó poner á éstos en la alternativa de vivir en eterno celibato, ó ver privadas sus uniones de efectos civiles? Ella lo que hace es no aprobar, sino tolerar el mal que no puede remediar.» Moreno Nieto es un gran orador, el orador más fácil, más abundante que hay en España; un filósofo sin filosofía concreta; un catedrático eminentísimo; un caballero en toda la acepcion de la palabra; una conciencia pura y recta; un presidente del Ateneo á quien todos queremos mucho y admiramos más. Como político... ¡es un bendito de Dios! PERFILES PARLAMENTARIOS  339 MORENO RODRIGUEZ. Uno de los posibilistas más simpáticos, ilustrados, elocuentes y ricos. Fué ministro. Pocos lo han sido con más justicia. Hombre de órden, rechaza, corno su amigo Abarzuza, la demagogia y los demagogos. Le gusta la camisa escoge las formas, no declama, no grita, no echa á perder la libertad. En 1869 pasó como uno de tantos oradores de mérito; pero el discurso que hizo cuando la célebre trasferencia de los dos millones, acreditóle de orador elocuente y de abogado que sabe derecho y sirve como cualquiera para acusar. Tiene talento y dinero. Todo lo que se debe tener en política. MOSQUERA. Fué protegido de Montero Rios. Dicen que ahora campea por sus respetos de ex-ministro. Es gallego, sutil, lince, aprovechado, cauteloso; sabe donde le aprieta el zapato. Buen jurisconsulto. Mediano orador. Pescador que coge las truchas á bragas enjutas. 340  LOS ORADORES DE 1869 MOYA. (D. FRANCISCO JAVIER). Entusiasta por la libertad, por el progreso y por Sagasta. Cara de señor de horca y cuchillo, carácter dulce, trato simpático, quizá demasiado modesto.. Tiene grande aficion á los pájaros y á las flores. Es persona ilustrada, orador que cumple y amigo mio. MUZQUIZ. Hizo buena campaña carlista en 1869. Su fuerte es la Hacienda, en la que tiene conocimientos no vulgares. Habla bien.  • Es rubio como las candelas, elegante y enamorado. Hace tiempo que no suena. Rompe-cabezas:-¿Dónde está Muzquiz? PERFILES PARLAMENTARIOS  34 1 NAVARRO RODRIGO (D. CARLOS). Nuevo Demóstenes, ha tenido que vencer defectos de la naturaleza. Era un poco tartamudo, y apenas se le conoce ya cuando habla. Se vé todavía, sin embargo, que su lengua es gruesa, algo difícil de mover. Pero es un orador elocuente. Tanto pueden la fuerza de voluntad y el talento. Hasta hace poco no ha pasado de ser un guerrillero de mérito. Desde la restauracion se ha puesto á la altura de los buenos oradores parlamentarios. Nótase á mucha distancia que sus discursos están hechos á fuerza de quitar y de poner, de insomnios y esmeros y á la luz de la lámpara. De aquí que no sea un orador repentista; sino un orador de estudio, pulimentos y preparacion. Pero vencida la tartamudez, aprendidos sus discursos, pronúncialos correcta y elocuentemente, alternando en ellos lo hábil con lo enérgico, lo ático con lo profundo, lo erudito con lo oportuno y lo mordaz. Navarro Rodrigo es hoy dia uno de nuestros más distinguidos oradores parlamentarios. El discurso que pronunció en 1878 tiene pocos lunares. Es una magnífica oracion política. Vean Vds. con qué valentía empezó al contemplar los bancos casi desiertos: 3 4'1  LOS ORADORES DE 1869 «Señores diputados, un ministro que no es diputado, en el banco azul ; ocho diputados, alguno de ellos dormitando, en los bancos de la mayoría... ¡Grande estímulo para un orador que tiene que dirigir la palabra al Congreso, si no tuviera presente el interés del país! Si hubiera hoy una votacion nominal que pusiera en peligro la existencia de ese Gobierno que tan satisfechos os tiene, no faltarian ministros que excitaran vuestro entusiasmo; pero hoy se trata del interés del país, hoy se trata de la cuestion de presupuestos, se trata de un debate que tiene una doble solemnidad: la solemnidad de los debates del Mensaje y la solemnidad de los debates del presupuesto, que son la coronacion de la legislatura. Así me explico yo esa ausencia. Pero se van poniendo de tal manera las cosas, que debe importarnos poco la ausencia de los diputados de la mayoría ; hasta debe importarnos poco la ausencia de los señores ministros, porque nosotros podemos creer que ha llegado la ocasion de protestar, no ante vosotros del ministerio, sino del ministerio y de vosotros á la vez ante la nacion y ante los altos poderes del Estado.» Despues arremete contra el ministerio Cánovas- Romero Robledo hasta no dejarle hueso sano. Todos los cargos de la opinion, todas las quejas del país, todas las censuras de la prensa las recoge y compone en un período elocuente que sale de su boca en estos términos enérgicos, precisos: «No importa que el país sufra; no importa que en Madrid se cierren á centenares los establecimientos industriales; no importa que se embarquen para Africa como rebaños humanos millares de braceros PERFILES PARLAMENTARIOS  343 de Almería, Múrcia, Alicante y las islas Baleares; no importa que en el distrito del Centro de Madrid; el más rico, por primera vez en el último trimestre se hayan incoado 268 expedientes por falta de pago de la contribucion; no importa que la industria minera perezca; no importa que los navieros agonicen; no importa que se cierren las fábricas en Bejar, en Alcoy, en Valencia, en Barcelona; no importa que la contribucion de consumos en Madrid y en otras capitales llegue á un punto insoportable, estimule el contrabando y acarree la muerte de pequeñas industrias que con el contrabando no pueden luchar, v lleve en sí el germen de grandes tumultos sociales. ¡No importa! ¡Aquí somos felices! ¡Todo va bien, muy bien, ricamente bien! »Vosotros prodigais mientras tanto á centenares las distinciones nobiliarias, es decir, estimulais los vicios ingénitos de este país, porque por desgracia las duquesas de Medinaceli son una rara excepcion en nuestra aristocracia; vosotros otorgais premios y recompensas en grandes proporciones á todas las clases del ejército, singularmente á clases superiores; vosotros manteneis todos los vicios y defectos que el Sr. Salamanca ha demostrado que tiene nuestra organizacion militar, á pesar de que el señor ministro de Hacienda se quejaba en las Cortes de no haber podido hacer todas las economías á que era justo aspirar, equivocando S. S. el camino de alcanzarlas, que no es el de venir á esta Cámara con lamentaciones estériles y femeninas„sino el de imponerlas con la dimision en la mano en los Consejos de Ministros; vosotros creais embajadas donde no son siempre ne- 344  LOS ORADORES DE 1869 cesarias, para curar á vuestros amigos de la nostalgia del poder cuando el poder dejan; vosotros creais la embajada de Lisboa para el Sr. Castro; la de París para el marqués de Molins; la de Roma para el señor Cárdenas; mañana la de Berlin para el Sr. Silvela; ayer la de San Petersburgo para el marqués de I3edmar, embajadas que luego suprimís cuando la conveniencia de los interesados los llama á la madre patria. Vosotros creais la escuadra del Mediterráneo, de puro lujo, para otro de vuestros ministros dimisionarios. Manteneis, despues de hecha la paz, los ejércitos del Norte y Cataluña, y suprimís el de Cataluña cuando necesitais llevar á Cuba al general Martinez Campos, con lo cual demostrais que el ejército de Cataluña no era necesario. Vosotros publicais cartas de Indias que son un estéril monumento de vanidad bibliográfica que cuesta algunos miles de duros, en momentos de verdadera angustia; costeais hipódromos que cuestan algunos millones, para que proporcionen éxitos ruidosos á la musa juguetona de los bufos. Vuestros altos dignatarios pasean en momentos de ócio sus ilustres personas en lujosos carruajes en la Castellana y en el Retiro. Vosotros, en momentos en que hay una verdadera lucha entre dos ministerios, los de la Gobernacion y Gracia y Justicia, para saber cuál de los dos ha de pagar la miserable luz que ha de alumbrar al juzgado de guardia, constituido en el piso bajo del ministerio de la Gobernacion, y cuando entablais esa lucha entre dos ministerios para pagar esa miserable luz, vosotros tolerais que se acumulen en una persona, bien que sea honra de la pátria por su ilustracion, las dotacio- PERFILES PARLAMENTARIOS  345 n . es de dos supremas gerarquías, y soleis encontrar ingeniosas maneras de proporcionar coche á algun os os de vuestros amigos para que nO se fatiguen en el desempeño del destino de visitadores de la cárcel-mode- lo, que se encuentra á las puertas de Madrid.» Notad que están bien escojidos los colores, el efec- to oratorio perfectamente combinado para impresionar al público. Hé aquí ahora el intencionado párrafo con que puso remate á su peroracion. Alude á la retirada de Posada Herrera, que él interpreta corno una protesta muda contra la política del primer ministerio de la restauracion, y dice: «Yo espero que esta protesta silenciosa no tendrá las consecuencias que la protesta silenciosa que tuvo la ausencia en otros tiempos; yo espero que el señor Cánovas del Castillo, á solas con su fervoroso patriotismo, á solas con su razon de hombre de Estado, aspirarká algo más que á ser el primero y el más ilustre de los oradores parlamentarios de nuestros tiempos. Yo, por más que el señor presidente del Consejo de ministros se presente tan iracundo en esta lucha, en las postrimerías de mi discurso, no por eso he de dejar de hacerle plena justicia. El Sr. Cánovas, lo digo con orgullo para mi patria, ilustra el puesto que ocupa con su elocuencia y con su talento, como no lo hace tal vez ningun jefe de gabinete de Europa; pero demasiado sabe el.Sr. Cánovas que á los hombres de Estado no se les juzga sino por los resultados definitivos que obtienen para la política de su país, para su prosperidad, para su grandeza, para su tranquilidad, como juzga Inglaterra al hijo de lord 346  LOS ORADORES DE 1869 Chatham y á Robert Peel, como juzga Italia á Cavour y á Ratazzi, como juzga Alemania al baron de Stein y al príncipe de Bis mark, como juzga Francia á Casimiro Perier y á Thiers; pero yo temo, por las razones que he tenido el honor de exponeros esta tarde, que los resultados definitivos de la política del Sr. Cánovas del Castillo sean estériles, cuando no funestos, para la monarquía y para la pátria.» Navarro Rodrigo es muy aficionado á sacar ejemplos, alguna vez oportunos, de la historia constitucional y parlament aria de Francia é Inglaterra. Diríase que esta historia constituye el arsenal de sus estudios, experiencias y meditaciones, que todo lo busca y aprende en ella. A lo mejor apela á esta erudicion, lanzando sobre sus adversarios palabras tan intencionadas y amargas como las siguientes, dirigidas á Cánovas: «Y aquí, ya . para concluir, vuelvo á rogarle que medite un poco entre el papel de Roberto, Peel en Inglaterra y de Guizot en Francia. S. S. no se cansó de admirar á Guizot en la última sesion; enhorabuena, no le envidio el gusto, porque Guizot, siendo verdaderamente incorruptible, corrompió la Francia, porque se valia de sus periódicos, del Journal des Debats entre otros, para irritar á los irreconciliables con los liberales dinásticos; porque él fue el que decia constantemente á las oposiciones dinásticas que mientras no lo derribasen, mientras no estuviesen en mayoría, su deber era resistir, porque esa era la regla en todas partes, en Lóndres como en París,'porque Guizot, en fin, tuvo el triste privilegio de concitar los ódios, de concitar las antipatías, de concitar las pre- PERFILES PARLAMENTARIOS  347 venciones de todo lo que habia de liberal en la Francia de entónces, empezando por los individuos de la familia real y siguiendo por Odilon Barrot, Thiers, Dufaure, Tocqueville y Remusat. »Dejo á S. S. en esa admiracion interesada por Guizot, admiracion en que no le acompaña ningun grande hombre de Estado, ningun historiador ilustre, y yo al ménos me quedo en lá compañía de uno de esos hombres de Estado oscuros que la Providencia coloca al lado de los tronos como ángeles de luz para salvarlos, así como coloca á otros como ángeles de soberbia y de perdicion; me quedo al lado del baron de Stockmark, que ve en Guizot el hombre más funesto para la Francia, para la moralidad , áun siendo incorruptible; para la monarquía liberal y parlamentaria, áun siendo parlamentario y monárquico; para la Europa, en fin, porque áun siendo conservador, es el hombre de las catástrofes del 48 y hasta el predecesor fatal de las catástrofes que han sobrevenido despues. ¿Sabeis quien es el baron de Stockmark? Pues es el consejero íntimo, el ilustre consejero de los Reyes de Inglaterra y del rey Leopoldo de Bélgica, quizá el consejero tambien en determinados instantes del que es hoy emperador de Alemania. »Pues este hombre ilustre vé la mayor calamidad europea en Guizot. Y todavía estoy en compañia de otros hombres ilustres que alcanzan la memoria más pura y más envidiable en Inglaterra, al lado de Roberto Peel. Cuenta Cobden que cuando fuá á ver á Roberto Peel y le dijo que Luis Felipe habla caido en Francia, le contestó con la melancolía propia del 354  LOS ORADORES DL 1859. en la fuerza, en la unidad absoluta, en la monarquía. Consultad la historia, interrogad los hechos, y vereis á las sociedades antiguas organizarse en grandes imperios, como los de Nembrot, Asur, Sesóstris, Salomon y Ciro, imperios absolutos y teocráticos que se presentan á la imaginacion corno inmensos gigantes, cuyas moléculas orgánicas son hombres y cuyas almas son los autócratas que los presiden. »La monarquía, como institucion de carácter esencial y permanente, es, permitidme la frase, señores diputados, el panteismo político. El rey es el propietario eminente del suelo, el señor absoluto de las vidas de sus súbditos, el origen y el dispensador de la justicia; en una palabra, el representante de toda la conciencia social. En todo está el rer,y el rey lo es todo. Esta es la fórmula definitiva y dogmática del sistema monárquico.» Palanca es más filósofo que político, más abstracto que práctico, más científico que parlamentario. Lo habreis conocido le y endo su notable manera de expresarse y de discurrir. No tiene arranques sublimes ni apóstrofes brillantes, ni siquiera la fantasía, la imaginacion propias de su país; pero razona bien, argumenta lógicamente, penetra con segura audacia en las entrañas de los grandes problemas, elevándolos con su dialéctica y su talento. Es un profundo pensador, un polemista que no deja ningun cabo suelto al adversario. Mirad cómo define la democracia: «¿Que es la democracia? La democracia, á mi parecer, en sentido meramente político, es el gobierno del pueblo; en su sentido social, la democracia es PERFILES PARLAMENTARIOS  355 aquel sistema de vida que, arrancando del hombre, consagra al individuo, haciendo inviolable todo aquello que es necesario y esencial á su naturaleza y á sus fines. La democracia tiene dos aspectos: uno individual y otro social. Bajo el aspecto individual consagra, como ántes he dicho, al hombre. Su razon es soberana, sus derechos naturales, aquellos que van inherentes á su persona, son inalienables é imprescriptibles: es decir, que ni el hombre mismo, en uso de su libertad, puede enagenarlos, puede privarse de ellos; y si lo hiciera, si los enagenara, no por eso prescribirian, sino que, por el contrario, la enagenacion se consideraria como nula y de ningun efecto. »La democracia en su sentido social considera al hombre como exclusivo elemento de la sociedad política, y de él deriva, por consiguiente, la regla de vida de la sociedad. La democracia, como doctrina social, únicamente reconoce la soberanía del pueblo, soberanía que.viene á constituirse con las soberanías parciales de todos los ciudadanos, de todas aquellas personas que se hallan en la plena posesion de su personalidad. La democracia, como doctrina social. consagra tambien los derechos del pueblo, consagra la soberanía popular, y los consagra lo mismo que ha consagrado los derechos del hombre, como inalienables y corno irnprescriptibles.» Hay algo de utópico, de soñador, en este discurso notable. Parece la bella quimera de un filósofo al tenor de Salmeron y de Pí. Poieso he cre í do siempre que Palanca, una de las 356  LOS ORADORES DE 1869 inteligencias más cultas de la democracia, no hará milagros en política. Es modesto, poco aficionado á que le traigan y le lleven. En Málaga se está; allí espera los sucesos. PAUL Y ANGULO. El presidente: Señor diputado, descúbrase V. S. ante la representacion nacional. Paul y Angulo: Pero, señor presidente, ¿qué más tiene que me cubra dos dedos más acá que dos dedos más allá? El presidente: Que se descubra V. S., se lo mando. Paul y- Ángulo:, Pues bien, presidente reaccionario y abominable, no me dá la gana. PEREZ ZAMORA. Se dice que Castelar es un ruiseñor que canta en la tribuna. Perez Zamora es un canario que canta en la mano. Se dice que hay quien oye crecer la yerba. D. Feliciano oye más que eso: oye en 1879 el rumor de una crisis en 189o. ¡Vaya un peje! PERFILES PARLAMENTARIOS  35 7 RAMOS CALDERON. Ex-radical, ahora posibilista; ayer de Rivero, hoy de Castelar; siempre de la democracia. Habla con cierta sal andaluza; es ilustrado, sobre todo, en Hacienda. Le perjudica mucho su lengua, que debe ser bastante pesada, y su pronunciacion, que es notoriamente incorregible. Es un andaluz muy cerrado. RODRIGUEZ PINILLA. a Cabeza de fraile capuchino con gafas. Poeta, publicista, buen abogado, político consecuente, orador que puede pasar. e RODRIGUEZ. (D. GABRIEL), ¡Este es, este es el que no ha querido ser ministro! Ustedes no lo creerán, dirán que me burlo, que no 358  LOS ORADORES DE 1869 ha y en nuestra política semejante fenómeno. Pues es lo cierto y lo honroso. Gabriel Rodriguez, que vive de su trabajo, no ha querido ser ministro, ha tirado por la ventana la cómoda y codiciada cesantía. Decididamente tendremos que levantarle una estatua para colocarla en medio del salon de conferencias á fin de que sirva de ejemplo y resucite la dignidad y el pudor. Pero, vamos ¡si parece mentira!... Aquí donde por una cartera se ven los milagros más estupendos, las apostasías más desvergonzadas, las flexibilidades más indecorosas; aquí donde hay ciudadanos que no viven sino para ser ministros, donde hasta por una direccion se anda á cachetes y por un gobierno civil á sablazo limpio; aquí que debia haber tantos ministerios como españoles, un hombre se alza sobre los demás y afirmando sobre sus orejas las doradas gafas, grita incomodado furioso:—«¿Lo oyen Vds.? Que no quiero ser ministro, que no me dá la gana ser ministro.» ¿Quién es este fenómeno imprevisto? Uno de los caracteres más puros de la España moderna, un hombre de gran talento, un economista eminente, un orador notable, un músico que hace vender buenas entradas á la Institucion libre de enseñanza: Gabriel Rodriguez. Y cualquiera, sin embargo, se llama aquí Gabriel y Rodriguez. Lo que no puede cualquiera, ni todos los Gabrieles y Rodriguez juntos, es llegar á donde llega el verdadero, legítimo é infalsificable Gabriel Rodriguez. Su oratoria es lógica, sobria como pocas. A las veces es tambien demasiado cruda, es decir, clara, PERFILES PARLAMENTARIOS  359 que no se anda por las ramas. Dice todo lo que siente caiga quien caiga. Parece como que se atropella al hablar, pues no deja de ser fácil y abundante. Su frase es correcta, propia, enérgica. Carece de follage y de poesía. Vá á persuadir, á convencer, á probar, y lo hace con una dialéctica de hierro. Nada perdona ni nada se le olvida. Reduce, estrecha, aprisiona, vence con toda las reglas del arte. En 1869 combatia así la república federal: «Y si no es así, señores republicanos, si no es este vuestro procedimiento, insisto en ello, venga la Constitucion de la república federal, sepamos cuál es, yo os ruego en nombre de la mayoría de la Cámara, en nombre del país, que nos presenteis esa Constitucion, porque esta es la ocasion más solemne y oportuna para hacerlo. Y si no la presentais, os diré: ¿Para cuándo la guardais? ¿Es de legisladores serios cuando vamos á votar la forma de gobierno el guardar reservado aquello que más interesa y conviene saber al país? Si no podeis traernos vuestra fórmula, me creo autorizado para deciros que no la teneis, que, como os dije ántes, no sois un partido político, ni una escuela; que no teneis más que ideas vagas é indeterminadas y una negacion, con la cual sois fuertes para destruir, pero no podeis crear absolutamente nada. (Bien, bien.) »No teneis, pues, señores diputados republicanos, más que una idea vaga respecto de la forma de ese organismo político, de esa república federal; y os sucede otra desgracia más, y es que esa idea no corresponde al ideal político; porque la república federal no es la forma definitiva del Gobierno, no es más que 3 60  LOS ORADORES DE 1869 un procedimiento para llegar á esa forma definitiva. La federacion no es más que un medio para llegar á la unificacion del derecho entre los pueblos; la federacion no ha sido nunca un estado definitivo, final, de las sociedades; ha sido el medio por el cual Estados que vivian en condiciones diferentes de derecho, que tenian diferentes condiciones económicas y sociales, han podido defenderse y darse mútuamente fuerza para ir cada uno dentro de si realizando la elaboracion del derecho y la unificacion política de todos los Estados, llegada la cual, señores republicanos, es ya completamente inútil la federacion. »Así, pues, la federacion no es un ideal político; habeis confundido un procedimiento político con una forma definitiva de Gobierno, y en ese procedimiento político puede haber un carácter progresivo ó un carácter reaccionario, segun se adopte, y vosotros habeis adoptado ese procedimiento político en su sentido reaccionario. »Yo comprendo, en efecto, la federacion entre España y Portugal, entre esas dos unidades políticas, para ir adelante; comprendo la federacion entre todos los pueblos latinos para ir adelante; la comprendo entre todos los pueblos de Europa y luego entre todos los pueblos del mundo para unificar el derecho, para realizar un sólo derecho en todos los pueblos del mundo con un sólo Estado. Pero el tomar la federacion á la inversa, de arriba á abajo, en vez de abajo á arriba, tratando, no de crear Estados superiores, sino de deshacer los Estados que han ido unificándose á fuerza de luchas, de lágrimas y de desastres en el curso de los tiempos, esto es ser un partido reaccio- PERFILES PARLAMENTARIOS  361 nario. Representais, por lo tanto, una idea de reacdon en esta Cámara y en la política general del país. (Aplausos.)» .Se habrán convencido Vds. de que la lógica y la sobriedad son los caractéres más salientes de la oratoria de Gabriel Rodriguez. Ved ahora cuán graciosamente se burlaba de una inocentada del viejoSorní: «Hay, pues, solamente en España enfrente de la forma monárquica, la forma republicana federal, con la república federal hemos de comparar la monarquía, batallando, no como decia el Sr. Sorní, para morir mañana corno cristianos ; no tenga cuidado el Sr. Sorní, no tratamos de matar á S. SS.; morirán de enfermedad ó de vejez, ó como quieran, y como cristianos ó de otra manera; y digo esto, no sea que vaya á pedir tarnbien la palabra para una alusion el señor Suñer. (Risas.)» Figurando entónces en la fraccion de los cimbrios, parecióle mal no afirmar nada en defensa de la monarquía democrática, y dijo al concluir: «Y ya que he hablado tanto de la república federal, voy á decir algo sobre la monarquía. No debo prescindir de lo que estais diciendo y repitiendo todos los dias, del argumento, contestado ya por la comision hasta la saciedad, de que la monarquía que establecemos es igual á la anterior. ¿Qué tiene que ver esta monarquía con la otra? En la otra monarquía habia un resto de derecho divino, vivia por una especie de tratado de paz con la soberanía popular; pero ese tratado de paz se rompia con frecuencia, porque el derecho divino trataba de sobreponer se á la soberanía 36 2  LOS ORADORES DE 1869 de la nacion, y ésta á su vez trataba de impedir que aquél lograra sus fines. Esta es la historia política de España desde 1812: los golpes de Estado del derecho divino contra la soberanía popular, los pronunciamientos de la soberanía popular contra el derecho divino. Pero la Revolucion de Setiembre ha acabado con el derecho divino: el rey que venga no tiene otro derecho que el que le dá nuestra Constitucion: el rey que venga es un magistrado, es un poder que creamos nosotros mismos: el absolutismo de su origen, como decia el Sr. Gil Berges, radica en nuestra soberanía, y por consiguiente, en nosotros está el límite de sus atribuciones, el límite de sus ambiciones, el límite de su voluntad.» En resúmen: 'Gabriel Rodriguez es un gran orador, si bien creo yo que sirve más para atacar que para defender; un hacendista eminente, un político que está de non. Su cara es severa, simpática, barbuda; la accion corresponde á su palabra; sus giros y movimientos cuando se acalora dan más fuerza á sus razones y argumentacion. ¡Pero cuidado con no haber querido ser ministro!... Lo mismo que Fabié. PERFILES PARLAMENTARIOS  363 ROJO ARIAS. ¿Se acuerdan Vds. de los sábados negros de Romero Robledo? Rojo Arias es un buen jurisconsulto. Como político no goza de buen golpe de vista. Se equivoca á menudo. Hablaba bastante, de todo, y con los guantes puestos. No entró un sólo dia en el Senado de 1872, que no los luciera para regocijo de los periodistas que le veíamos desde la tribuna. ¿Qué inspiracion espera rán de los guantes tantos oradores que no se los quitan ni siquiera distraidos? Rojo Arias no es un buen orador, cumple nada más. Sin embargo, á las veces se excede á sí mismo. ROMERO GIRON. Es buen orador, y en pocas ocasiones pierde la serenidad. Es de los que se van al bulto á vuelta de algunas proligidades. Sabe mucho derecho, posee la necesaria ilustracion para no quedar mal en ninguna parte, no le falta travesura y hasta hace pinitos en filosofía. 370  LOS ORADORES DE 1869 SAL VIERON (D. FRANCISCO). Orador progresista. Tenia cierta elocuencia lúgubre y tremebunda. De su boca no salian más que sombras, ruinas, de solaciones, peligros, temores, augurios, horrores que ponian los pelos de punta. Era el encanto de la tertulia progresista. SANCHEZ RUANO. El sólo era un partido: el partido republicano unitario. Los federales le temblaban, el gobierno le temia, Rivero que era su presidente no podia hacer carrera de él. Fué vivo, díscolo, inquieto, ilustrado, mordaz, elocuente, brillantísimo. ¡Qué lástima de jóven, muerto cuando el porvenir le sonreia, cuando su gran talen- to asegurábale los honrosos provechos de una vida consagrada al trabajo y al estudio! Sanchez Ruano fué una de las inteligencias más agudas y perspícuas de las Córtes del 69, quizá la primera. PERFILES PARLAMENTARIOS  '371 Como escritor lo era notable, como abogado pasaba por uno de los mejores. Era su palabra acerada, venenosa, correctísima, castiza como pocas. Tenia la vanidad, en otros menos disculpable que en él, de ser un buen purista. Lo era ciertamente, así como un gran latino. Mirad con qué sal se burlaba del adjetivo federal, y con qué terrible intencion aludia á algunos cimbrios: «Pero al fin se me ha de permitir, porque es la conclusion, decir una cosa muy sencilla: recordaré á la Cámara que Cervantes deja á su héroe en lo más áspero y crudo de unas montañas, en donde se entrega á dulces pensamientos, á deliquios tiernísimos sobre la señora de su corazon, y pone en su boca unos versos, cuya primera estrofa voy á referir. Dice así: «Arboles, yerbas y plantas Que en aqueste sitio estais Tan altos, verdes y tantas, Si de mi mal no os holgais Escuchad mis quejas santas. Mi dolor no os alborote Aunque más terrible sea, Pues por pagaros escote Aquí lloró D Quijote Ausencias de Dulcinea del Toboso.» »Dice despues Cervantes que este del Toboso lo ponia á la conclusion de todas las estrofas para que no se con fundiese á su Dulcinea con ninguna otra de 372  LOS ORADORES DE 1869 las Dulcineas habidas y por haber. Y digo yo: ¿qué empeño hay, qué fin, qué objeto por parte de algunos de los que nos sentamos aqui en poner siempre el adjetivo federal tras del sustantivo república? Pues qué, lo que se defiende, lo que ha defendido con tanta energía el decano de la democracia española Sr. Orense, ¿puede confundirse con ninguna de las repúblicas pasadas, con ninguna de las repúblicas presentes, ni con ninguna de las repúblicas venideras? Por lo demás, yo celebro en el alma ver al Sr. Rodriguez con algunos de sus amigos y colegas de portaestandartes de la democracia, como me hubiera alegrado, como me hubiera felicitado en el fondo de mi corazon de verlos á nuestro lado en los dias del peligro y de las tribulaciones.» La palabra acudia á los lábios de Sanchez Ruano con mucha facilidad, y salia de ellos con brillante elocuencia. Hubiera sido ministro en 1873. Sus camaradas en las Córtes del 69 eran los demócratas Abarzuza y Moreno Rodriguez. Formaban una trinidad llena de juventud, de talento y de entusiasmo. Sin Sanchez Ruano el partido unitario no habría tenido nunca verdadera importancia. Él fué el principal autor de la célebre Declaracion de la prensa republicana. ¡Pobre Sanchez Ruano! PERFILES PARLAMENTARIOS 372 SANTA CRUZ (D. FRANCISCO). En 1854 era ministro de la Gobernacion por obra y gracia de Espartero. Un diputado preguntóle por no sé qué ley ó reglamento. --¿Cuala?—le interrumpió Santa Cruz, Hubo un desmayo general. Pero sabe mucha gramática parda. SARDOAL. ¡Cómo se ha crecido el ilustre marquesito! Antes de la restauracion era un jóven disidente que prometia, despues de la restauracion es uno de los oradores más cáusticos y temibles de nuestro Parlamento. ¡Infeliz del que se le ponga por delante! No conoce la misericordia ni el perdon. Frio como la nieve, sereno cual no otro, sonriente, burlon, hiere al más fuerte y coge prisionero en la red de su lógica al más hábil y sutil. El mismo Cánovas tiene que reducirse y huirle el bulto cuando le prueba haber sostenido que un rey puede pecar. 374  LOS ORADORES DE 1869 Sus últimas campañas son un modelo de ironía, de talento, de recursos parlamentarios, de poco comun habilidad. Nada le arredra ni detiene; desafia desde su escaño todas las iras y todas las tempestades. Vá á su objeto como la bala al blanco, sin que ni el presidente ni nadie logre atajarle en su camino. Es mordaz. Un dia se propuso llamar loco á Diaz Quintero, que tenia tanta fama de chiflado como de hombre de bien, y discutiendo con él la ley electoral de la revolucion díjoselo en esta forma: «A buen seguro que el Sr. Diaz Quintero, que ha profundizado estos estudios y que se ha dedicado con especialidad á la filosofía y al derecho natural, sólo en un momento de pasion política, sólo arrastrado por la fuerza de determinados principios, se atreverá á sostener que, racionalmente considerado, el sufragio es un derecho individual; seriamente hablando, en una discusion formal, no se hubiera atrevido á sostenerlo: yo tengo la evidencia de que el Sr. Diaz Quintero, discurriendo en una reunion de sábios, que en otro tiempo frecuentaba y que se llamaba el Manicomio, no se hubiera atrevido á sostener el sufragio tal y como la Constitucion lo reconoce, como un bello ideal en todos tiempos y en todas las circunstancias: S. S. hubiera por lo ménos establecido ciertas limitaciones, las limitaciones que establece el jefe de su escuela, las condiciones de independencia y de capacidad; hubiera fijado como condicion necesaria para el ejercicio de esta funcion política (no quiero llamarla derecho), por lo ménos el saber leer y escribir. Verdad es que el saber leer y escribir, por si sólo, no indica mucha instruccion; verdad es que PERFILES PARLAMENTARIOS  375 en el trato y en el comercio social puede un hombre adquirir conocimientos que no adquiera delante de una muestra litografiada que copia en un papel; pero tambien es verdad que en estas materias sólo se puede apreciar por manifestaciones exteriores la capacidad individual.» Repito que Sardoal en la tribuna es frío como ninguno. Quizá sin esta condicion de su naturaleza valdría ménos. Dice con la mayor frescura y naturalidad las cosas más graves y difíciles. Corno diputado de oposicion pocos son los que dan tanto juego como él. Es delicioso cuando le oimos como amigo, implacable y sangriento cuando le oimos como adversario. Tiene poca voz, y su figura parece la de un niño crecidito. Su palabra es tarda, perezosa, indolente para el arranque. Sus impaciencias no le han hecho ministro; pero debe serlo antes que otros si llega la ocasion de repartir carteras segun méritos. Pero ¡ay! ese dia promoverá una disidencia cada cuarto de hora. SERRACLARA. Es un orador facilísimo y distinguido. Lo acreditó el 6 9 corno individuo de la minoría federal. 3 76  LOS ORADORES DE 1869 Si no supiera que goza de escasa salud, diría que es un jóven de brillante porvenir. Disfruta en Barcelona de lisonjero concepto como letrado. SILVELA (MAYOR). Tieso como él sólo, fachendon , y diplomático. Cuando leo ¡Sin nombre! Velisla me regocija, cautiva y enamora; cuando oigo á Silvela mayor quédome tan fresco y como si tal cosa. Lo mejor de su palabra son la correccion y la pureza. Es un hablista irreprochable; pero como orador resulta frio, desgarbado. Es jurisconsulto de mucha suerte, político que no conoce la desgracia. Estad tranquilo, que ninguna ruina le cojerá debajo. A través de sus quevedos distingue lo más remoto y procura ponerse en paraje de salvacion. Pertenece á la primera rama de la dinastía de los Silvelas. PERFILES PARLAMENTARIOS 377 SILVELA (MENOR). Este vale más, tiene más intencion y veneno que toda su dinastía junta. Habla muy bien, es un orador de formas escogidas, de arte, de talento, de tonos y colores, de elocuencia parlamentaria. Mantiene todo lo que dice, no se retracta ni á tres tirones aunque haya dicho una atrocidad. No le falta travesura para habérselas con Martos y Sagasta, ni brios para responder y desconcertar al mismísimo Romero Robledo, su cariñoso y queridísimo amigo. ¡Como que no se pueden ver! Silvela menor—pertenece á la segunda rama de su dinastía—pronunció buenos discursos en 1859 bajo el amparo y la advocacion de Cánovas del Castillo, á quien tanto y de tan diversas maneras ha auxiliado en muchas ocasiones. En las Constituyentes ganóse desde luego un puesto de honor entre la juventud de brillo y provecho. Su figura es esbelta, morenita , simpática; su accion, algo embarazosa; su frase, correcta; sus períodos, cortos, intencionados, sabrosos. Nada se le escapa ni desdeña; de todo saca partido para atacar al contrario. Combatiendo la disolucion de las Constituyentes 3 78  LOS ORADORES DE 1869 del 69, escuchad con qué ingenio resucitaba y exponía el cargo de la célebre Partida de la Porra: «Todos vosotros sabeis que por mito no se entiende una fábula ó un pensamiento que no tenga relacion ninguna con la realidad, una cosa que sea hija pura y exclusivamente de la imaginacion del poeta, como los programas del Sr. Zorrilla, no; por mito se entiende en la filosofía de la historia la representacion de un gran período histórico, de una trasformacion genesiaca. Hércules, venciendo los mónstruos, es el hombre sucediendo á los grandes períodos zoológicos. Orfeo, cautivando á las fieras con su lira, es la representador' de la . fuerza que tuvo el arte y la belleza sobre los hombres primitivos, reduciéndolos á vida social. Mito, elocuentísimo en este sentido, y que pasará á la posteridad, es la Partida de la Porra, representacion mítica de la política radical, representacion del medio que el Gobierno radical tiene de resolver por la fuerza las dificultades que suscita en la práctica el ejercicio de todos los derechos individuales en un país mal preparado moral y legalmente para ejercerlos en esos límites. »Despues que pasó la luna de miel de la revolucion de Setiembre, porque tambien las revoluciones tienen su luna de miel; cuando hubo pasado aquella perfecta armonía, hija en unos de la esperanza, en otros del miedo y en otros de la expectacion, empezaron á surgir las dificultades de la realizacion de los principios absolutos, de la libertad de teatros, de la libertad de asociacion, de la de imprenta, etc. Surgieron estas dificultades, y fueron tomando un carácter gra- ve y alarmante para el Gobierno y para el órden pú- PERFILES PARLAMENTARIOS  379 blico, yo soy el primero en r econocerlo; pero el Gobierno, insistiendo en el propósito de no reconocer cuáles son las necesidades del estado histórico presente del pueblo español, no quiso modificar ninguno de los principios de la Constitucion y de los programas, y la situacion iba haciéndose insoportable, cuando apareció por suerte del Gobierno español un medio que imposibilitaba los excesos de reaccionarios y republicanos, medio parecido al que se habia usado contra el bandolerismo y respecto del cual tampoco tengo pruebas directas que me permitan formular una acusación completa y definitiva, pero sí las suficientes para apelar al fallo de la opinion y al jurado del país. »Vino tan oportunamente esa oficiosa intervencion como el maná del pueblo de Israel en el desierto. Esa organizacion de la fuerza y de la violencia para reprimir los periódicos que se habian extralimitado en el uso de los derechos individuales á juicio de los amigos del Gobierno, realizó allanamientos de morada, atropellos de varios periódicos, empezando por El Siglo y siguiendo por otros satíricos, todos de oposicion por supuesto; se infirieron lesiones graves á varios redactores; hubo robos con violencia en las casas y en las personas, apoderándose los oficiosos protectores de los libros de suscricion , causando así grandes perjuicios en los intereses de las empresas, y en un periódico hubieron de realizar un acto singalarísimo, que prueba disfrutaban de una tranquilidad no comun en los que temen el castigo de las autoridades; hubieron de recoger de una redaccion la tirada, que era numerosa, para las provincias y la que al 386  LOS ORADORES DE 1869 perjudica en nada al desarrollo de la libertad; si por otra parte la forma de gobierno no implica en el carácter esencial de éste, pregunto yo á los señores de enfrente: ¿á qué ese empeño de hacernos caer en la república, en esa planta exótica en nuestro país, y que tantos v tan malos frutos ha dado áun en los pueblos más civilizados del mundo? Si el objeto principal de las instituciones es asegurar la mayor suma de libertades; es demostrar con los derechos las facultades físicas é intelectuales, ¿á qué ir á buscar en una forma extraña el resultado que podemos encontrar en la monarquía sin ninguno de los inconvenientes de la república? »No lo comprendo. ¿Es que debajo de esa pretension republicana hay algo, hay el deseo de traer al poder supremo del Estado algo más que la democracia? ¿Es que ha llegado á picar en la minoría el áspid del socialismo? Señores, puedo creerlo así; y puedo creerlo así, porque las masas populares que S. SS. representan, así como las masas populares de toda Europa, no son exclusivamente republicanas, son principalmente socialistas. »iSeñores, qué leccion y qué enseñanza para los verdaderos demócratas ha dado hace veinte años el socialismo! A los señores de enfrente especialmente les ruego que no pierdan de vista la leccion del año 48. Alguna semejanza, bastante semejanza hay en la posicion de S. SS. y la que tenian en Francia otras personas importan tes, patriotas distinguidos, inteligentes, como son los jefes que se sientan enfente. Algunas veces he estado yo en este Congreso meditando silencioso sobre los discursos que aquí se pronun- PERFILES PARLAMENTARIOS  38 7 ciaban, y he encontrado algunos rasgos parecidos entre los señores de enfrente y los que se encontraron á la cabeza del movimiento de 18 48. V eo eo aquí en el Sr. Figueras, con sus maneras insinuantes y su táctica parlamentaria, algo de parecido á Armand Marrast: el señor marqués de Albaida, salva la edad, pora que es más jóven, tiene una semejanza con Dupont d'F-Ieure, que era el patriarca de la democracia, y claro es que el Sr. Castelar es el Lamartine de nuestra Cámara, es la lira de la república poeta y socialista. »Yo les conjuro con la buena fé de un liberal honrado á que no pierdan de vista el ejemplo del año 48. El socialismo entónces fué la levadura mala de aquella revolucion, el socialismo fué el puñal que asesinó la libertad en Francia, el socialismo fué lo que trajo la reaccion en toda Europa, el socialismo trajo la dictadura de Cavaignac primero, la dictadura de Bonaparte despues, y . por último, el imperio.» D. Augusto Ulloa tenia buena voz, noble presencia, cara ancha, colorada é inteligente; aspecto de acaudalado banquero, aunque no era ninguna su fortuna; . ademan distinguido, tono algo pretencioso, palabra correcta, ilustracion bastante honda. No era verboso ni brillante. Gustaba oirlc por su autoridad, por su templanza, por sus buenas l'armas parlamentarias. Mucho pesó, que no fué hombre de poco peso, en la conducta del partido constituciona l , al que puso en apurado trance y prematuro compromiso en la famosa asamblea del Circo de Rivas. 388  LOS ORADORES DE 1869 VALERA (D. JUAN). Prosista inimitable, académico de gran erudicion, crítico sin ideas fijas, filósofo escéptico, político que no sirve, orador de mucha sal, profundo ingenio y forma correctísima. D. Juan Valera escribiendo Pepita finienq dá el tono á la novela contemporánea: haciendo política métese en libros de caballería que no armonizan con sus aptitudes de crítico y literato. Es tan hábil y afortunado político como Moreno Nieto. Los dos saben muchísimo más que casi todos los que han sido ministros, y ninguno de ellos ha pasado de director de Instruccion pública. No les dá el naipe por la política. Valera sostiene hoy lo mismo que niega mañana nada más que por llevar la contra. Es la contradiccion en figura de cordobés. Pero lo hace tan bien, con frase tan pura y castiza, con ingenio tan sutil, con sal ática tan irreprochable, que nadie le excede, ni siquiera le iguala. Lo más venerable cae triturado á los golpes de su crítica incompasiva, irrespetuosa, demoledora. Una noche dijo en el Ateneo en medio de la risa del auditorio, que el Cid no fué, despues de todo, más que un caballero particular que anduvo por estos PERFILES PARLAMENTARIOS  389 mundos de Dios buscando lanza en ristre príncipes con quienes casar á sus hijas. Corno religioso parece engendrado en el molde de Voltaire. Como político en teniendo un distrito no se acuerda de nada más, ni áun de los electores. Como hombre de principios algunos le lleman el socialista de corbata blanca por el discurso que pronunció en 1871 combatiendo la Internacional, pues resultó que en lugar de combatirla casi habíala defendido. Como prosista es el primero, el más eminente de nuestro tiempo. VEGA AR MIJO. No es lo que se llama en retórica un buen orador; pero es audaz, intencionado, enérgico. Tiene talento, mucha travesura, mucha actividad, mucha ambicion, mucha conciencia de sí mismo. Es el que más vale de todos los centralistas. Sin él éstos no tendrian la importancia que han alcanzado. Vega Armijo viene á ser entre ellos como el fuego entre la pólvora. No está quieto un segundo, no perdona nada, no se contenta con cualquier cosa. En la punta de un rumor arma un caramillo, un conflicto, un zipizape de dos mil demonios. Siendo embajador en París en 1874 descubrió de grandes condiciones de carácter. Estuvo á la altura 390  LOS ORADORES DE 1869 las circunstancias y ganóse el aplauso de los liberalw. Es amigo queridísimo y apasionado por todo extremo de Cánovas del Castillo. Media vuelta á la derecha es lo mismo que media vuelta á la izquierda, solo que es todo lo contrario. VILDÓSOLA (D. ANTONIO JUAN). Ayer dirigió La Esperan a, hoy La Fé, mañana quizá dirija La Caridad. Tales pueden ser los tiempos y las circunstancias. En 1869 no habló mucho ni bien. Las pocas veces que lo hizo fué para defender á los obispos. Orador detestable, político sin desmayos, literato eminente, periodista como pocos. Su palabra, aunque pura y escogida, parece tener beleño. Es cosa de dormirse oyendo el llanto de Jeremías de este carlista viejo que no puede ver á los neos ni pintados. Puede enseñar gramática—por lo ménos—á un Ceferino Suarez Bravo que garrapatea en El Fénix. PERFILES PARLAMENTARIOS  391 VINADER. Los notables de un pueblo enseñaron á un inglés inteligente en pintura un lienzo de mérito restLaurado por un principiante. Lo examinó el inglés, y nada dijo. Los notables interpretaron su silencio en buen sentido, y un dia presentáronle el satisfecho restaurador. -Qué opinion le merece á Vd.?—le preguntaron luego al hijo de la Gran Bretaña. —Buen hombre; pero mal pintor—contestó éste friamente. Lamento no poder decir más ni rnénos del activo é infatigable católico D. Ramon Vinader. Buen hombre; pero mal orador. ÍNDICE. DEDICATORIA.  ¡PIDO LA PALABRA!  PRIMERA PARTE. BUSTOS PARLAMENTARIOS. Aparisi y Guijarro  1 • Ayala.  15 Cánovas del Castillo..  27 • Castelar  •  •  43 Echegaray  75 Figueras.  91 Manterola.  107 Martos  123 Moret.  139 • Ológaza  151 Pi y Margall  171 • Posada Herrera  1 89 .Prim.  2( n :3 Rios Rosas   ou5 Rivero  2 3 7 Ruiz Zorrill i Sagasta.  263 Serrano.  79 PÁGS. SEGUNDA PARTE. PERFILES PARLAMENTARIOS. Abarzuzl  283 Aguirre (ID. Joaquin)..  285 Alarcon  285 Alhareda  286 Arclanlz  a  288 Alvarez (D. Cirilo)  288 Bal4uer  289 Barca  289 Bñrcia  290 Becerra  290 Benot.  292 Bugallal.  • • • •  292 Cal?  293 .Calderon Collantes  293 Cantero  296 Chao.  297 Coronel y Ortiz.  298 Cuesta  298 Elduayen  299 Figuerola.  300 Fuente-Al2ázar.  301 García Briz (D. Joaquin)  302 García Lopez (D. Francisco)  302 García San Miguel.  •  303 Garrido (D. Fernando)  304 Gil San7.  306 Gil Berges  306 Gonzalez Marron  307 Gonzalez (D. Venancio)  307 Herrero (D. Sabino)  308 Herreros de Tejada.  308 Joarizti.  309 PÁGS Lasala (D. Fermin)  ..  309 Llano Persi  310 Lopez Dominguez  311 Macloz  311 Maissonnave.  313 Maluquer. .  314 Mata  314 Martin Herrera.  318 . Moncasi (D. Manuel Leon).  310 Monescillo .  319 -Montejo Robledo.   328 °- Montero Rios.  328 ' Moreno Nieto   334 Moreno Rodriguez.  339 Mosqu era  339 Moya (D. Francisco Javier)  340 Muzquiz.  340 Navarro Rodrigo (D. Cárlos)  341 Nuñez de Arce.  349 Ochoa (D. Cruz).  350 Orense   351 Ortiz de Zárate  351 Palanca  351 Paul y Angulo.  356 'Perez Zamora.  356 Ramos Calderon  35 7 Rodriguez Pinilla  35 7 Rodriguez (D. Gabriel).  357 Rojo Arias.  363 ° Romero Giron  .63 3 Romero Ortiz  364 Romero Robledo.  367 Rubio (D. Federico)  " Ruiz Gomez.  Salmeron (D. Francisco).  369 370