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Ideal andaluz : varios estudios acerca del Renacimiento de Andalucia / por Blas Infante Pérez

Infante, Blas

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By e % * O do N y Muestrarios ENCUADERNACIONES E as as tu) O y Al ZJ J > u 6) | | ES Ideal Andaluz. Varios estudios acerca del Renacimiento de Andalucía POR ir ¡o pá Cc 1 l Blas Infante Pére Es EN SEVILLA Imprenta de Joaquín L. Arévalo.—Sierpes, 51 1915 pe 7, LS NN Ideal Andaluz. ra “. C 2 las a a e ría presentada a la Sección dí jencias . Memo Sd A E E A a 19) continuar avanzando hacia la Pertección, produjo el efecto maravilloso de un Sér Creador, que tendrá su gloria en el goce de su propia Creación, como la Vida, por sus representantes, la tiene, ya, en el goce de la suya (4). Encadenar las fuerzas ciegas, ordenándolas al cumplimiento del Destino Humano, es crear fuerza consciente (5). El Pensamiento, para aquel fin, idea, explora y descubre la nueva conquista que es preciso efectuar. La Lucha consciente, la lucha creadora, responde a la ideación del pensamiento. Así, el hombre avanza, poniendo nuevos jalones, desde los cuales descubre horizontes nuevos en la ruta de su Fin. Porque el conocimiento de éste no puede ser absoluto. El Sér humano dirige la vida desde el instante fugaz de lo Presente, que palpita, como decía Carlyle, en el punto donde dos Eternidades confluyen, y, desde ese balcón, no alcanza a descubrir el Principio, oculto en el fondo de las sombras, que pesan sobre el seno fecundo de la Eternidad pasada; ni el Fin, escondido tras los vagarosos celajes de esperanzas, que velan el seno virgen de la Eternidad futura. Sólo alcanza a ver una porción de camino definida; es decir, la perfección se presenta concretada en una fórmula que podemos parangonar al límite de la extensión descubierta; a ella conducen otras, que son como ideales más próximos y secundarios; jalones o grados completos de perfección. Á esa concreción circunstan- cial del Fin, corresponde un amor también concreto, condensación del sentimiento del destino que alienta en todas las condensaciones de la vida universal. De lo dicho se desprende que el ideal humano es distinto del ideal absoluto de la vida (la Eternidad), y del objeto inmediato que ésta cumple a través de todos los seres (la Lucha). Es un ideal lejanamente mediato, para dar amplio margen a la libertad. El hombre puede, contemplándole, responder a los imperativos de la conciencia o las exigencias del instinto; aceptar los dolores del parto creador, cuyas explosiones hasta las alturas del Ideal elevan, a abandonarse al sueño de no crear, por el que descienden los seres hasta el abismo del sér incapacitado para obra creadora. Consecuencia de ser mediato, el ideal humano es concreto, es decir, formal; para excitar todas las fuerzas que en el hombre existen: las del cerebro, las de la fantasía, las del corazón. No hay idea como esa idea que fulgura en la chispa engendrada por el pensamiento, cuando rasga las sombras de la Historia y escapa buscando la radiosidad del Fin, como, nostálgico del sol perdido, parte, ansioso de la luz lejana, el insecto sumergido en la oscuridad del campo. No hay sentimien- to como ese sentimiento que ofrenda a la idea un trono de amor. Así se concentra el vago sentimien- to del destino para rendir culto al ideal; como al encontrar al amado el sér amante, recoge, en un núcleo de fervores, todas las energías de su amor, repartidas por la Naturaleza. No hay fantasía como la fantasía que tro- o ds GS AAA a dal .. y! 1 - de 1d dc ds 740 JOER TAE oe S > Y E ms E a - quela aquella idea al calor de este sentimiento; ni fuerza - gigante que pueda oponerse a la fuerza invencible de esos fantasmas gloriosos que, rebeldes al Tiempo, acuden, invocados desde lo Porvenir, pugnando por encender en su luz las tinieblas del Presente enemigo que les ahoga. Nada pueden los desgarramientos de todos los martirios; nada las caricias de todos los amores. Los fantasmas del ideal sobrenadan, triunfantes, en la sangre de las hecatombes humanas. Su grito de combate se yergue victorioso sobre los ecos de todas las voces potentes. Mueren los profetas... perecen los apóstoles...; pero, hasta el Fin, resurgirán los profetas. Cristo resucitará siempre de entre los muertos. Su hálito sagrado en todo tiempo levantará la pesada losa del sepulcro, arrojándola sobre los asustados guardianes. Pero, hasta el fin, sobrevivirán los apóstoles. Siempre, mientras el hacha del verdugo tenga filo, encontrará la cabeza de un apóstol aguardando reposada sobre el tajo de la muerte. Yo creo en la fatalidad de la muerte por la vida. Agquélla existe sólo como condición vivificadora. A través de los cataclismos, la vida triunfa por el renacimien- to. Así, entre los hombres, triunfa de la tiranía por la libertad, de los egoísmos por el amor. Por esto, antes perecerá la Humanidad que el Ideal no encuentre una voz en que modular su eterno canto a la perfección humana, Mientras exista un solo hombre existirá un alma - generosa en que tallar un altar para ofrendar el sa- + crificio. AS os Pa Sentido objetivo del Ideal. Considerémoslo ahora en su sentido objetivo, en lo contemporáneo, tal como alcanza a descubrirle la miopía S de mi inteligencia. El Ideal puede concretarse en una E fórmula amplia, expresiva no sólo de sustantividades 3 ideales, próximas o lejanas, que se perciben, más o Es menos borrosamente, en el camino del Fin, sino que, tamde bién, del medio, cuya práctica a éste siempre conduce. a Espiritualizar la Forma; Formalizar el Espíritu. En esta e síntesis superior todos los ideales se funden. La ciencia, ES el arte, la moral, aspiran a penetrar el misterio de los 3 arcanos, que son dominio de la eterna sabiduría; y a encarnar en la Forma, trasladando a la tierra el Poder, 3 la Belleza, la Justicia, cuyas fuerzas se creyeron, un día, privativas de un centro de Gloria, puesto en el cielo. E Así, hasta éste, elevan la Forma espiritualizada porla encarnación del Poder, de la Justicia, de la Belleza. Transformar la Tierra en Cielo, que es llevar, al Cielo, . la Tierra: He aquí la obra creadora reservada al Titán. E Ideal de los individuos y de los pueblos. Si E Este ideal de los individuos es tembién el ideal de los pueblos (6). En el criterio que preside a la moderna concepción de la historia, se aprecia cuanto es, en lo presente, la virtud de esa verdad que claramente se | vislumbra. Sólo se busca el resultado de la depuración de los hechos históricos, concretada en esta síntesis: "es- lead e es E eiga del Aoiiol. - Jesús tuvo conciencia de este ideal, claramente definido en los tiempos modernos, que santifica la vida y % ica la Santidad, cuando pedía en su sencilla oraón que la voluntad eterna, Fuente de los Poderes, de Belleza, de la Justicia, Mei, de la Eterna Gloria, imperase lo mismo en el cielo que en la tierra, y cuando A a sus eS "Se acerca el reino de E Dios", e. 2 d deal de las naciones. Un pugilato constante está. laten y se desarrolla entre los individuos, aspirando todos, en la realización - del Ideal humano, a explayar, en su esfera propia, el. triunfo de su personalidad. Esto mismo sucede con las naciones. e | ' En éstas, del mismo modo que en los individuos, a _través de las convulsiones internas que las agitan, se descubren, en último resultado, encontrados movimientos de la conciencia colectiva, impulsores de la lucha o sancionadores de la quietud y aun de la abdicación. El alma nacional tiene, a veces, trágicos desperezamientos, “cuando despierta arrebatada por el ansia de triunfo, ante el espectáculo de esa lucha sostenida, sia cesar, por los demás pueblos de la tierra. "E ZETA Ideal de España e a España, en el pugilato de las naciones, no hace pesar su potencia creadora. El triunfo de la civilización moderna no es español. No son los ecos poderosos de la voz de España los que vibran en el grito de yictoria que afirma sobre el planeta sojuzgado el avance de la especie. Sin embargo, la ausencia de España se nota en el concurso civilizador. Esa victoria necesita ser saturada con la sublime esencia de un idealismo caballeroso. España se desangró en un rudo batallar de siglos, tras los fantasmas desvanecidos de un ideal equivocado. A pesar de las cien derrotas, vive en el fondo del alma española un ansia perenne de robusta idealidad. Del aliento de esa alma necesita la civilización; como necesita el equilibrio que supone la vida mundial, del término necesario de un idealismo inquebrantable. Tal vez por esto, por ese instinto conservador del bien, que al hacernos sufrir ante las grandezas caídas nos habla de la necesidad de la Virtud de la Grandeza, las naciones contemplan el resurgir de España con respeto y simpatía. He aquí la razón de la inmortalidad de nuestra raza. No sólo damos al mundo Quijotes locos. También podemos ofrendar al Ideal Quijotes cuerdos. España es REN e es IA ¡be la patria de los Alonso Quijano; pero también lo es de a los Rodrigo Díaz. La civilización, el concierto de las naciones, tienen necesidad de un pueblo que encarne el espíritu de un Cid, nivelado un grado menos de aquel e alcanza la locura bla a veces trágica, cómica a ) pero slempre excelsa del Ideal. Falta un espíritu dos de absorber en ajenos jugos la constancia y los ntos precisos. para sus grandes empresas, prodigue en éstas, sin cesar, las energías inagotables del Tesoro y de su fe, Por esto es preciso que España no muera: por esto es necesario que el Cid vuelva a cabalgar: pero no para ganar batallas campales, sino para vencer en la Gran Batalla de lo porvenir, donde todas las naciones contienden. En la Gran Batalla por el Progreso. -——Elideal de España está, pues, en arribar al pugila- to mantenido entre las naciones, con fuerzas bastantes para sellar con su triunfo la realización del Ideal Humano. En esta fórmula, se comprenden un Ideal próximo y otro remoto, medio y fin que habrá de practicar o. perecer. za e que igualarse en la fuerza a las naciones que vel de cultura, su nivel di civilización, a la altura de las primeras naciones del mundo. Pero sólo en la inten” sidad, no en la cualidad. Esta ha de ser obra exclusiva y de nuestra raza; como lo será también el alzarse sobre ese nivel y rebasarle, para conseguir el triunfo sobre todas las demás naciones. El proceso denominado de | europeización ha de circunscribirse a dotar a España de la civilización de Europa (o por mejor decir, de los pueblos más civilizados del mundo, pues ya la hegemonía escapa de manos de Europa), pero sólo enlo que aquella civilización tiene de Universal; es decir, en cuanto suponga elementos de fuerza indispensables para la realización del Ideal Humano. El genio que ha de desarrollar e impulsar esa fuerza, cualificándola en los matices de creaciones originales, ese lo tenemos nosotros, Importarlo de fuera, equivaldría a la anulación, a la muerte por indignidad; a negar la misión histórica, substantiva e independiente de nuestra raza; o, lo que es lo mismo, a desconocer los fueros de su personalidad creadora. El genio español es el sagrado depósito que nos ha sido confiado por la Naturaleza y la Historia como acicate de nuestra vida, vinculada en la santa asplración de desplegar su gloria en la hora suprema del triunfo definitivo; y este jriunfo no será nuestro si en vez de ostentar en la lucha el carácter de factores activos y originales, renunciamos a nuestra propia personalidad y nos convertimos en instrumentos serviles de las. Inspiraciones de un alma extranjera. Medio de cumplir el ideal español. E sn Para cumplir ese ideal próximo, ese grado completo de perfección que alcanzaría al nivelarse con las más - fuertes naciones, España necesita de la creación y desarrollo de fuerzas privativas suficientes. Las unidades superorgánicas están constituídas por la suma de las fuerzas individuales más afines, y tienen por objeto robustecer esa suma, por el reobrar de la misma sobre sus componentes para la realización del Ideal Humano. De este modo, la fuerza general, el hálito de la - conciencia general, es el complemento superior de las particulares deficiencias. Y esto que sucede con respecto a To individuos, relativamente a la más inmediata unidad superorgánica (la familia), ocurre con respecto a ésta, relativamente a las unidades superorgánicas superiores, y así hasta llegar a la Sociedad Nacional, a la Supernación y a la Humanidad. Las familias serán fuertes si lo son los individuos; los municipios, si lo son las familias; las regiones si lo son los municipios; las naciones, si las re- - giones | lo son. : | En último término, la fortaleza de todas estas sumas es la de sus componentes hasta llegar a los individuos, así como el fin de éstos (el ideal humano) es la razón de su existencia. Pero para suplir con este objeto las defi- - ciencias particulares, convergen los elementos individuales en el seno de las unidades superorgánicas, y éstas en el de sus compuestos superiores, Por esto, los componentes necesitan de su recíproca variedad. Sólo estando en la suma representados todos los matices, podrán encontrar mediante ella su recíproco complemento. RE a Además, sin esta variedad, la vida, que en su aspecto adjetivo es un contraste de fuerzas engendradoras del movimiento, no existiría en el seno de las unidades superorgánicas. De este modo, respecto a los compuestos sociales, el progreso actúa y se mantiene por diferenciación, conforme a la ley de Spencer. ("Toda causa produce más de un efecto; toda fuerza más de un movimiento.) fin ella, sinla variedad o, mejor dicho, sin su resultado convergente, las creaciones serían homogéneas, por ser aisladas; el progreso carecería de motivos (7), los cuales, en la esfera de que nos venimos ocupando, no son otra cosa que resortes creados por el medio social. Los compuestos, por consiguiente, tanto son ricos por la intensidad como por la cualidad. De lo expuesto se induce que si a ellos importa la fortaleza de los factores, que es su propia fortaleza, a éstos no menos importa la del compuesto, cuyo reobrar les fortalece. Pero hemos visto, incidentalmente, y ahora directamente afirmamos, que, entre los compuestos sociales, existe un enlace más o menos inmediato, producto de una gradual subordinación natural, que constituye el cauce por donde natural y normalmente asciende o desciende la vida que entre ellos mantiene la relación. Cada unidad, en esa escala, es receptora y engendradora de fuerzas que, a las más próximas, comunica; y, claro es, que para todos los fines son ellas las que se han de relacionar primeramente (8). Las naciones son unidades que deben ser inmediatamente constituídas por las fuerzas regionales más afines, de JR No ee Ps 7 NARA SS A qn AS e ea Sy pol Sy z Em pe Ez A + ve E E di 4 FS 4 y O ARI e de A e d AL, ; Ñ $ 53 : : OS leza defiende los últimos hálitos de vida, y asegura el renacer de ese genio necesario, para el Progreso de la civilización; pero, por el triste y vivo ejemplo, de la apesar de todo, región hermana, de la protegida Portugal, pueden llegar a saber cómo la eterna justicia siempre encuentra un ejecutor de sus supremos fallos; cómo nunca falta un Inglés o un Francés, en suma, un instru- - mento para castigar en los pueblos, al igual que en los individuos, los atentados de lesa naturaleza. En España, pues, sólo regiones, hay. Sólo regiones puede haber. A las regiones se presenta, inmediatamente, como fin, al cual deben ordenar sus energías, el fortalecimiento nacional, del mismo modo que, siempre, el de la unidad superorgánica inmediata superior, se presenta, en tal concepto, a la inferior, hasta llegar al individuo, base prima de toda fortaleza social. En todas ellas ese fin, lo es, por ser aspiración, no exclusiva y accidental, sino colectiva y permanente, de alcanzar, mediante el cumplimiento del mismo, la consecución de un medio superior de realizar el ideal Flumano. Para cumplir esta aspiración, las regiones han de procurar robustecer el matiz que encarna su propio genio regional; pues, este resultado, implica una base; el desarrollo de todas las energías vitales que les sean privativas y su ordenado encauzamiento; dado que, en tal término, deben desembocar aquéllas naturalmente; y una consecuencia: el desarrollo de las fuerzas espirituales correspondiente a ese matiz, y su tendencia a la espansión por todo el ámbito nacional; lo que traerá, como secuela — 29: necesaria, el contraste de todas esas fuerzas, que lucharán, como las demás realidades, por imponer cada una el sello de su originalidad al alma de la nación; y triunfar en el triunfo del Progreso Patrio. Así se restaurarán las energías nacionales, y se crearán otras nuevas; las físicas, por las que las regiones hayan de crear para dotar a su genio de la fortaleza que la victoria precisa; las morales por la riqueza de las fuentes donde han de ser engendradas; por la intensidad de los elementos varios que han de contrastarse; por la intensidad del contraste que corresponde a la de la luz; a la del calor, a la de la vida. Y he aquí, como, la naturaleza, al sancionar, en general, en este orden de las ciencias sociológicas, los mismos principios que hemos demostrado en los demás órdenes oportunos, tratando en particular de las regiones españolas, determina el Ideal de éstas, concretándolo en una fórmula análoga a la que propusimos al ocuparnos de las naciones, relativamente a la esfera más elevada que en éstas han de desenvolver su actividad. Esto es, "Triunfar en el Pugilato que entre todas ellas se entable por el progreso de España". La que venza en ese Pugilato (y no hay en la Historia vencimientos definitivos) impondrá el matiz de su genio propio al progreso de la ya nación. Presidirá las expansiones del alma nacional. Así, la región más española, será la que ponga más alto el nombre de España; la que más eleve el nivel de grandeza de la patria común. Pero, este, es Ideal Común a todas las regiones Españolas. Es Ideal de Andalucía como Región que ha - de concursar con las demás regiones, en el pugilato por - el progreso de la Sociedad de todas ellas; no como realidad substantiva e independiente: Aquél es el Medio, éste será el Fin. Andalucía ha de tener por deal, - como Región española, el predominio de su cualidad como inspiradora de la obra del Progreso Español: el triunfo en ese Progreso de su dogma esencial; en una - palabra, ha de tener por Ideal el imponer su /deal en el pugilato que establezca con las demás Regiones, para que, por la virtud de su imperio, se eleve más alto que lo pudiera hacer otra alguna el Progreso Español, y, con él, el del mundo, y, por tanto, el nombre de Espaha. Ahora bien, ¿cuál es ese Ideal? ¿Cuál es el Ideal - Privativo, peculiar del Genio andaluz? Antes de intentar averiguarlo, hay que resolver, como cuestiones previas, las que, a este propósito, se plan- _ tean; tales como la existencia de Andalucía, y, por - consiguiente, la de su genio; y la de si, Andalucía, como creen algunos, está condenada por la Naturaleza a - perpetua incapacidad; y, por tanto, si es, o puede ser, - capaz de definir y de realizar su Ideal, para, en caso ' * afirmativo, concluir con la definición de éste, así como, también, con el análisis del estado actual de su capacidad; averiguando si carece circunstancialmente de ella, las condiciones o medios de remover las causas que tal resultado producen; los cuales medios, en su consideración substantiva, habrán de presentarse, como otros tantos ideales próximos, a cuyo cumplimiento, más o menos inmediato, habrá de tender el Pueblo Andaluz. e ANDALUCIA Existencia de Andalucía. Parecerá paradógico que se hable de Ideales, con relación a existencias problemáticas: pero tal es, en general, el estado actual de las conciencias. En el matiz de éstas, donde concluye la afirmación de los Imperativos individuales y van a dibujarse los colectivos, alienta esta vaga aspiración: " Andalucía debe cumplir un ideal, como realidad distinta y completa; como unidad espiritual, viva, consciente, libre". Y la sombra de una duda esfuma también su vaguedad en $ ee ,. o muchas vead A E 5 A de Pin Se de "¿Andalucía existe?"... HE ces expresar aquella aspiración y esta duda. Un querido amigo mío, y consocio nuestro, (José «* Izquierdo, cultísimo publicista), el mismo que en el Ateneo de Madrid hablara de la necesidad de dotar de un ideal a nuestra región, reconociendo, así, implícitamente, su probable capacidad o, lo que es lo mismo, su existencia, afirmaba no ha muchos días desde las columnas de El Liberal, este concepto, cuyo espíritu no está constituído por una idea definitiva, sino por un - sentimiento piadoso, denunciado por:su aroma de nosalias Y Ancha es Castilla..., por Andalucía... Andalu- A cla es un Ideal. Por eso ha podido hablarse del "Ideal Andaluz". Desde luego, como este ejemplo comprueba, sobre la duda, domina la afirmación y es que aquélla responde al choque, a la impresión del sentimiento y de la conciencia, más o menos vivos, pero o de bi cid di - nuestra existencia regional, con desconsola cunstancias, de negación y de muerte, Grovocadda y echas resaltar, tanto por nuestra propia debilidad, como por la injusticia ajena. Es una aspiración, es un Ideal, para los Andaluógó la Andalucía de alma robusta, fuerte y prepotente, la - Andalucía culta, industriosa, feliz, que ha de imponer 3 “encanto de su genio en la realización del Ideal Español; pero la Andalucía debilitada, la del alma postrada y expandida, saturada de tristezas, mustia,- sin sangre ni E : calor, la Andalucía a la cual apenas se le encuentra el j 3 33: pulso, como decía Silvela de España, esa Andalucía existe. Su realidad es indudable. — El genio de un pueblo descenderá con él hasta los abismos de la.más espantosa decadencia, ascenderá con €l hasta las cumbres del más glorioso renacimiento; pero sólo con la vida de ese pueblo puede llegar a perecer; y, recíprocamente, sólo se puede decir de un pueblo que ha muerto cuando su genio se ha perdido, ) Pues bien; la vida original, cuya continuidad perpetúa el genio de su antigua ascendencia, es alentada todavía por el pueblo andaluz. El espíritu de un mismo pueblo ha flotado siempre, flota aún, sobre esta tierra hermosa y desventurada que hoy se llama Andalucía, Su sangre ha podido enriquecerse con las frecuentes Infusiones de sangre extraña; pero sus primitivas energías vitales se han erguido siempre dominadoras; no han sido absorbidas, como simples elementos nutritivos, por las energías vitales de una sangre extranjera. Existencia del pueblo andaluz a través de la Historia. Tartesia pudo ser sometida, pero no muerta por «cartagineses' y romanos: cuando éstos se apoderan de spaña entera, su personalidad es en Bética reconocida. Ella se define con trazos vigorosos sobre toda la - complicación regional existente en el resto de la Iberia, resistiendo en la ulterior a la arbitraria división efectuada del territorio peninsular en dos grandes provincias: romanas. Prueba de ello es su reconocimiento poste- $ ERA rior en la división de Augusto. Ya antes de este acontecimiento la encontramos regida por un general de Pompeyo (Petreyo). También la Bética es reconocida por los godos. Los árabes hacen de ella el centro de - dominación de España; y se da el caso elocuentísimo de que no obstante el fraccionamiento de las Taifas y a pesar de reconquistar los cristianos, a pedazos, y con: intervalos grandes de tiempo, el territorio de Andalucía, ven y respetan en ella a la antigua Bética, reconociendo tácitamente su unidad. Y así ha llegado hasta nosolros, a pesar de haber sido combatida por varios ensayos de organización artificiosa provincial; desde cuando Leovigildo divide a España en ocho provincias civiles, poniendo dos en la Bética (Hispalis y Bética), “hasta el que actualmente nos rige. Es decir, que lo mismo al cabo de quince que de treinta siglos, nos encontramos con que el solar que habitaban los tartesios (término genérico, según Fernández Guerra), es, próximamente, el mismo recinto en que moran primero los béticos y después los andaluces. ¿Qué significa el hecho de esta constante demarcación? ¿Es sólo una consecuencia de la obra natural que diseñó con cordones de montañas y cavó, con la fuerza de los ríos, el recinto inconmovible de las regiones? No; porque aunque este elemento sea una base frecuente de formación de los pueblos, ni ella es bastante para de- - terminar por sí sola la unidad de éstos, ni resiste a las “expansiones o recogimientos de los mismos, que muchas VITARA ETE E A pd pes Rd Y Ja ; ad veces la desconocen. En la península, más lógico que dos naciones, como quería Ganivet (Idearium), una al Norte, España, y otra al Sur, Andalucía, sería el señalar tantas como son las marcadas por las cuencas de los grandes ríos, a los cuales bien se pudiera adicionar la constituída por las vertientes del Cantábrico. Y, no obstante, las líneas de marcatrices de los anfiteatros formados por las grandes cordilleras convergentes, jamás han coincidido exactamente, a no ser en Andalucía, y esto no de un modo perfecto ni con absoluta continuidad, con el área de expansión de individualidades regionales O nacionales, reconocidas por la Historia. Al contrario; en lo antiguo, la Gallaica y la Celtiberia, y en lo moderno, ese jirón de Portugal, por no citarlas todas; en más o en menos, ctiene algún fundamento o, a lo menos, un riguroso fundamento topográfico? Las mismas alteraciones que se llevaron a cabo, o, mejor dicho, que se reconocieron durante la dominación - romana, en que retroceden al Nordeste los límites de Tartesia (tal como los fija el señor Fernández Guerra), desde la punta de Aguiló (cerca de Villajoyosa), provincia de Alicante, hasta los que hoy tiene al Norte de Cabo de Gata, provincia de Almería, cerca del Puerto de Aguilas, y la que se nota entre el mapa actual, que concluye al Noroeste en las últimas estribaciones de la Mariánica, sobre la provincia de Badajoz, - y el romano, que subía los límites de Bética, por la Beturia, hasta llegar a la Lusitania, cerca de Pax Augusta y de Emerita Augusta, ¿a qué son debidas? Pues a ET fi PRES que, precisamente, el pedazo levantino de que hemos hecho mención circundaba el foco de la dominación de Cartago en la Península, y hubo, naturalmente, de africanizarse, al ser impuesto a sus habitantes el genio púnico por la fuerza incontrastable de una cruel y constante acción conquistadora. Es decir, que Roma encuentra a esa porción de contestanos más afines de Cartago que de Tartesia y, por esto, al mismo tiempo que sigue reconociendo como integrantes del territorio de ésta otros que, al tiempo de su invasión, estaban dominados por aquellos descendientes de los tirios, atribuye aquél como miembro mutilado de dicha nación, a la nueva región o provincia: la cartaginesa. Y un motivo semejante tiene la alteración del Noroeste, debida a las afinidades evidentes entre lós pobladores del Sur de Extremadura y los béticos, provenientes del fondo Turdulo común, dominado en aquéllos por la invasión celta; lo que estableció entre los mismos una semejanza de matiz que, aun hoy, ni fuerza la consideración de su unidad indivisa, ni tampoco la impide de una manera categórica. Hay, por tanto, que admitir, puesto que he demostrado con nuestra misma historia que pudiéramos denominar geográfica, el hecho de que para determinar el recinto de las regiones no bastan los límites geográficos, sino que éstos se subordinan al predominio de los matices étnicos o psicológicos, que ese constante reconocimiento, tácito o expreso, pero siempre elocuente, de Andalucía, no es debido a la existencia de una comar- a ES ca natiral, sólo conmovible por la virtud de fuerzas geológicas, sino a la existencia de un pueblo representante de un genio particular, cuya continuidad ha sido respetada por los azares o accidentes de la Historia. Pudiera decir más. Yo creo que el fondo, los elementos antropológicos, originales, físicas y psíquicos de una raza aborigen, a no ser destruída o expulsada como ha sucedido, v. g., en algunas naciones de América; si llegan a fundirse con los de sus dominadores, como ha ocurrido, precisamente, con los tartesios, que rechazados los africanos de Cartago, se funden con los ven-- cedores romanos, y después con los árabes que lo fueran de los godos; yo creo, repito, que ese fondo, que esos elementos autóctonos predominarán con el tiempo en la fusión, pues mientras ellos luchan teniendo en su abono la influencia inmutable, en la cualidad, del mismo medio que los creara, los invssores han de someterse a la ley indeclinable de la adaptación al medio. El genio Andaluz: Sus revelaciones positivas. El pueblo existe: bastaría este hecho para demostrar la existencia necesaria del genio, sin necesidad de - especificar sus revelaciones positivas. Pero mal o bien, he de abordar estas cuestiones de frente, y he de decir lo que con respecto a ellas pienso, Estudiemos directamente el genio aridaluz. Su fondo está constituído por el optimismo, que pudiéramos decir griego, resultante de una más o menos e Y E Y esta psicología es de siempre, revelándose en los hechos en que coinciden las grandes condensaciones de la Historia. Turdetania tiene un Hércules: el símbolo del hombre que vive para crear: el Hércules heleno. El genio comercial sombrío y avaro de los cartagineses que, incapaz para concebir la fuerza generosa que crea por amor, traduce en Melkarte el símbolo de la fuerza arbitraria que se mueve alimentada por la sangre hasta de los humanos sacrificios, no puede dominar la delicadeza de los espíritus tartesos. Cádiz fué conquistada por Cartago. Pero Cádiz purifica a Melkarte vistiéndole, como asegura Apollonio Tianeo, con los atributos del Hércules de Grecia. Mientras Tartesia por Arganthonio se ofrece a los griegos, mira agresiva el desarrollo del genio púnico y, aun aherrojada, éste no consigue hacerle abdicar de sus abolengos espirituales. Por esto acepta gustosa a Roma en cuanto es la propagadora del genio de Grecia y la creadora de la forma artística del Derecho. En Bética había el número más grande de ciudades libres. Se resistía a los romanos esclavizar a aquellos a quienes comprendían sus iguales. He aquí por qué antes de que Augusto cerrase el templo de Jano, sobre la historia desolada de aquellos tiempos luctuosos sólo se alza a intervalos el fantasma risueño de Andalucía. Las espléndidas ruinas de ltálica y las márgenes del Guadalquivir sembradas de restos de villas de recreo, de columnas y de estatuas rotas, dirán siempre cuanto, a través de Roma, Andalucía amaba a Grecia. Pero repugna a su espíritu la primitiva y cruda rudeza germa- na. Durante los dieciocho años que los vándalos estuvieron en su suelo, su genio sufre y se 1evuelve; de haber estado aquí más tiempo, hubieran sido dominados por los andaluces. Sus bárbaros usos se suavizaron rápidamente, subyugado el espíritu por el aliento civilizador; y con respecto a los godos, Córdoba aprovecha su rebelión y triunfa sobre Agila, para recobrar la liber- ; tad, y, como dice un historiador, acordándose desu antigua grandeza romana, se niega a someterse a Leovigildo (Lafuente, Historia de Gspaña). Dos años duró el $ sitio de Sevilla. Por aquel tiempo San Isidoro resumía en 1spalis las conquistas del genio humano creador en su famosa Enciclopedia. Al utópico y humano Witiza, — (nadie negará hoy estos calificativos al Rey, a quien sus enemigos acusaron de querer convertir las armas guerreras en instrumentos de labranza, de permitir el matrimo- Dio de los clérigos, de proteger a los judíos, etc., etcé- — tera,) sucede una reacción, a cuyo frente está Rodrigo. Andalucía la evita, entregándose al árabe, tolerante SE umano. Poco a poco, el genio andaluz llega a dominar al árabe. : Mientras las escuelas de Oriente descendían desde la tolerancia del Profeta a la intransigencia del fanatismo, las escuelas de Córdoba seguían un proceso inverso, que llegó a desembocar, como veremos después, en la más pura libertad de conciencia. El genio griego tiehe un templo en la Atenas de Occidente, primero; después se refugia en Granada, la hermosa ciudad, lámpara donde, al decir elegante de un historiador, se - do extinguieron los últimos fulgores del califato. En la primera y en los reinos taifas hubo un renacimiento de la ciencia antigua, es decir, de la griega. En ambas los juegos olímpicos se traducen en airosos torneos. La poesía tiene su Safo. Son premiados los oradores y exaltados los filósofos: en Córdoba, primero; después "en las pequeñas cortes, que eran otras tantas Academias, donde los literatos recibían magníficos sueldos, siendo los niños mimados de los príncipes" (Dozy, Historia de los musulmanes españoles). La Higiene protege la forma y la salud del cuerpo con baños públicos... El genio andaluz particulariza al árabe, substrayéndole a toda relación con la familia musulmana. Así, la estatuaria es cultivada por los árabes andaluces. De este modo, Andalucía fué el refugio del genio griego durante la barbarie medioeval en el resto del mundo (11). Sin la repugnancia de ese genio a la salvaje grosería de las tribus reclutadas más allá del Atlas, los andaluces no hubieran abandonado al emir Yusuf, y quizás Alfonso VIII y España habrían sucumbido en las Navas de Tolosa. Sin sus rebeldías e incompatibilidades psicológicas, provocadoras de una constante enemiga que imposibilitaba la solidaridad, aun ante los intereses de la religión, ni Fernando III hubiera hecho su entrada triunfal en Sevilla, ni Isabel I plantado la cruz en la Alhambra de Granada. Y llegamos a la Andalucía otra vez cristiana. Por la influencia de los tiempos, en que el patrón de su espíritu renacía en Europa, por la superioridad racional de la — 41 — nueva doctrina social, el genio andaluz iba a fortalecerse y a manifestarse con nueva y hermosa esplendidez. Gonzalo de Córdoba es el héroe en cuya vida están condensados todos los rasgos de ese genio, que paseó por Italia, encantando a Europa. Pero fué combatido por dos causas que, obrando idénticos efectos, habían después de extender su acción por todas las regiones españolas. Es la primera el fanatismo religioso, que principia en Sevilla, durante los primeros años de la Inquisición, con aquellas crudas manifestaciones de intolerancia fanática que, sea cual sea la religión en que se observen, ningún hombre religioso puede sancionar (tanto es así, que fueron rechazadas por el mismo Papa Sixto 1V), las cuales llegaron a hacer sus víctimas, como dice el Bachiller Bernáldez (en su Historia de los Reyes Católicos, tomo 1,) "de los más honrados, e de los más ricos, de caballeros veinte y cuatro, bachilleres, letrados y personas de calidad", consumiendo sólo durante los dos primeros años en las hogueras millares de individuos y lanzado a la emigración millares de familias (12); y en Granada, donde, rompiendo la santidad de los juramentos que sellaran las capitulaciones de la rendición, se queman los libros árabes, se prohibe el uso de esta lengua, se cierran escuelas y baños públicos y se esclaviza a los vencidos, despojándoles de sus propiedades y, porúltimo, se fuerza a la conversión a aquellos andaluces musulmanes, de espíritu más delicadamente depurado que el de sus cristianos dominadores; a aquellos que, considerando la MA irse pas rs AA a JE STA E pitos CE doctrina de Jesús en su aspecto social, eran cristianos en el fondo; como lo prueban los triunfos que en su apostolado alcanzara el gran Faquí, el generoso Hernando de Talavera, pero cuya resistencia'a la grosería fanática de los godos y a la de los lamtunas y tribus del desierto, ahora, con el mismo tesón de siempre, reaparecía. La otra causa es la tiranía política que expulsa a millares de andaluces (judíos y moriscos) del suelo de la Patria y un bárbaro régimen económico jurídico, que produce la opresión y la miseria, repartiendo el solar andaluz en grandes porciones entre orgullosos guerreros y vanos magnates, incapaces de trocar la espada por el arado, como los nobles árabes, ni de hacer otra cosa que mantener sus tierras en inacción o cobrar las rentas a sus colonos. El genio andaluz tiene puesta una losa que aplasta sus pruritos de vital originalidad, heterodoxa en aquel ambiente de muerte y de tiranía. Carece, además, de acicates provenientes del medio, que provoquen su progresivo desarrollo, Los jardines hanse convertido en soledades yermas: crece la maleza en los caminos regados con las lágrimas de la emigración; las ciudades más populosas del mundo vanse convirtiendo en aldeas miserables. España, loca, se desangra en una espantosa lucha incoherente. Su trágica locura por el Ideal la debilita hasta convertirla en esa sombra de Carlos il, que ha perdido aun la consciencia del propio vivir, hasta llevarla a la agonía imperceptible de un cuerpo moribundo en el cual los estertores concluyen; por lo que a su alrededor | e > congrega, para devorarla, ld los cuervos a e. 47 genio dali calla asustado. Pero no está muer- to. Resiste todas las vicisitudes de la Historia y las más “O menos prósperas que a nuestros días le conducen, y se tevela en la fastuosidad de sus poetas—-¿no es precisa- “mente la característica del divino Herrera, del maestro de la escuela sevillana, y de todos los poetas andaluces?>—; se revela en el realismo apasionado de sus pintores. : En el aspecto político, traducido en espíritu regio- ES _nal, también se revela a veces. Un escrito de aquellos - tiempos, en que Portugal se separaba del resto de la nación y se proclamaba en Sevilla, por medio de pas- 2 quines, "¡Viva el rey don Juan, y abajo los malos Gobiernos!", dice así: "Andalucía no puede andar, tiene necesidad de levantarse como sus vecinos" (los portugueses), (Correspondencia del P. Pereira: ATemorial His- E tórico Español, cit. por Guichot, t. VI). La conspiración para alzar como rey de esta región al capitán general de Andalucía y mar Océano, el duque de Medina Sido-- “nia, no fué debida exclusivamente a la ambición de un magnate poderoso, sino que, principalmente, a los agobios de aquel régimen insoportable, que traía trabajadas -Y descontentas a muchas casas de Andalucía, como lo demuestra el desasosiego general encontrado por el enviado del conde-duque de Olivares. Y, sobre todo, revela en las manifestaciones de la psicología popular “vehemente, repentista, en cuyo fondo está latente el — 50 — sentimiento apasionado de la alegría del vivir; en suma, perdura en el optimismo que ha llegado hasta nosotros, constituyendo el ambiente especial, particularísimo, que se respira en todas las provincias andaluzas; lazo de unión que no puede romper su disociación persistente n otros órdenes y que determina, entre todas ellas, la idad psicológica, el espíritu distinto y, por tanto, la tonalidad, la substantividad independiente del pueandaluz. Reconocimiento universal de la existencia del genio andaluz. a existencia de esta personalidad está, además, O, z. de ostrada por el universal reconocimiento. Todo el ROTA fundo distingue un espíritu gallego, catalán, aragonés, ” castellano, y, precisamente, al distinguir el espíritu an, daluz, es éste de los que más se hacen resaltar. Cuando se piensa en Galicia, levemente agita el corazón un vago sentimiento de nostálgica melancolía; cuando en Castilla, se aparece a la mente el fantasma de la gravedad severa; cuando en Aragón, el ánimo se dilata para recibir en auras de franca lealtad el aliento puro de la Naturaleza; cuando en Vizcaya, la voluntad tiende a fortalecerse, aspirando la sana acritud de una rudeza viril; cuando en Cataluña, el espíritu atisba un hálito de impaciencia rebelde; cuando en Andalucía, sólo se piensa en que la vida es hermosa, todo el mundo se siente agitado por el sentimiento o, a lo menos, por la noción de la alegría de vivir. De la gravedad castellana a la alegría $ 4 andaluza media qua ariaRd tancia espiritual que de es ésta a la expansiva franqueza de Aragón. hs Ancha es Castilla..., pero no por Andalucía; lo impide la Mariánica, y, sobre todo, la psicología, el matiz. psicológico o la distinta fisonomía moral, que es la úni- ¿a base cierta de la determinación de unidades nacionales o regionales, lo impide también. Ln Para existir, Andalucía no necesita de lengua propia. ¿La tiene Aragón? ¿No ha predominado en este. reino el castellano, desterrando a la lengua de Oc? ¿Si hay naciones que no tienen lengua propia, no han de poder existir regiones sin ese requisito? (13)... E, Ni necesita haber creado un «derecho. Andalucía entra en las actuales condiciones político-jurídicas como las demás regiones a Pero entra Eo de su sometimiento al actual régimen de a en - acción legislativa y de proscripción casi absoluta de _costumbre, como fuente la más natural del derecho ¿han podido crear uno nuevo? ¿Subsistirían, si no hubiera sido así, lás instituciones arcaicas de las legislacior forales? Pero el genio andaluz se revela en el arte. El artes en lo que no tiene de universal, es resultado de la presión de las particularidades del medio en el ter ramento del artista, Y son las particularidades pe e RIE ELA TRu FAA o EN E AE PA 1 lista, apasionado, gue se nota en las creacion:s del arte andaluz. Y si de este arte podemos decir como Ganivet (Granada la Bella), que en lugar de alma tiene resplandores de luz, es que esas particularidades no se anuncian en él vigorosamente, por corresponder a un estado de gran debilidad. Son las incoherencias brillantes de un pueblo artista que duerme; pero el que esté dormido no quiere decir que esté muerto. Quizás haya naciones en que, a pesar de esta debilidad, no sea el arte tan característico como en Andalucía. Hay pintura andaluza, música andaluza, teatro andaluz, hasta arquitectura andaluza, que radicará en Sevilla sólo, que necesitará aún de unamás acabada de finición; pero, ¿ao hemos convenido tácitamente en que Sevilla es el centro es- -piritual de Andalucía? Y éno es cierto que es el centro de todas las realidades, donde se conserva el mayor vigor de las energías que se extinguen y donde empiezan a manifestarse la vitalidad nueva y los primeros latidos del renacer? Confusión de los que niegan la existencia de Andalucía. Andalucía existe: no es preciso crearla. Hemos encontrado su genio vivo, aunque debilitado (14). Los que niegan la existencia de Andalucía confunden este concepto-con el de la capacidad para su afirmación política como existencia regional. Andalucía no es una región capaz de desarrollar su fortaleza y aspiraciones de reconocimiento político y de autonomía adminis- e trativa. Carece de la primera y no siente, por tanto, la necesidad de las segundas. Luego Andalucía no existe. ¡Como si la afirmación político-administrativa fuese condición necesaria de la existencia y no resultado de la fortaleza y de la capacidad! ¡Como si estos dos hechos, existencia y debilidad, fuesen dos extremos o patibles! Lo primero es la Vida. Su desarrollo hará surgir la necesidad del derecho. "Tenemos lo principal: la Base; el Pueblo. Habremos sólo de buscar los medios de fortalecerle y de capacitarla. Pero ante todo averigiiemos si la incapacidad o debilidad de Andalucía tiene un origen fatal, debido a la existencia de causas irremovibles, o si, por el contrario, es producida por la influencia de accidentes históricos que presentan obstáculos no invencibles para el avance de un pueblo que conozca y sienta su Ideal. 1 4 1 5 Ur los aborígenes fueron africanos. La más importante es la de que sus cráneos pueden referirse al tipo Cro-Magnon, de los cuales son los más puros los encontrados en el Norte de Africa y principalmente en las Islas Canarias. (Los restos paleontológicos distinguidos con el nombre de raza Cro-Magnon tienen por tipo los objetos descubiertos en la gruta del mismo nombre, en el Perigord.) Desde luego que está pureza ha de ser fijada artificialmente con relación a un tipo ejemplar, que puede ser o no el más perfecto, pues esta es cosa que sólo Dios sabe. Además, si en Canarias se conservó esta raza con más pureza que en las otras comarcas donde se encuentran sus restos, ¿quiere esto decir que fuera en Canarias aborigen, o que habiendo arribado a estas islas de extraños territorios se conservó en ellas libre de influencias de otras razas distintas? Pero es que si fundamos en tales bases la procedencia africana de los andaluces, es preciso afirmar el mismo origen, como es comúnmente sabido, para todos los pueblos de España y para la inmensa mayoría de los de Europa, con lo cual el estigma es igual para todos ellos. Citaré algunas opiniones sobre este punto tan conocido: La raza Cro-Magnon habitó toda España: lo mismo en Cataluña que en Castilla, en Andalucía que en Portugal. Don Feliciano Candau (Prehisioria de la provincia de Sevilla) afirma que los cráneos encontrados en España entera pueden referirse a esta raza. Don Rafael pl ES Altamira (Historia de España y de la civilización española, tomo 1), dice que la raza Cro-Magnon vivió en la Península, habiéndose hallado restos de ella o de su industria en muchas cuevas de las diversas localidades... La primitiva población de Eu:opa, después del Homo-Neanderthalensis, se originó en Africa, constituyendo por entero la población de los tiempos neolíticos. Así lo pretende demostrar Sergi, con gran copia de razones. (En la edición inglesa de su libro The Mediterraneam Race, etc., 1901.) Por cierto, que este autor, refiriéndose a los asiáticos arios, cuya sangre a algunos tanto enorgullece, demuestra también que eran unos salvajes, los cuales destruyeron en parte la superior civilización de las poblaciones neolíticas, no habiendo podido crear la civilización greco-latina. E Esto no quiere decir que si nos propusiéramos demostrar la procedencia asiática, careceríamos de argumentos contundentes. Al contrario. Deponen los hechos con más elocuencia en favor de aquella procedencia que de la africana. Si atendemos a los restos de civilizaciones perdidas, encontrados en las tumbas de los primitivos andaluces, hallamos en ellos vestigios de la influencia llamada oriental, más pronunciados que en ninguna otra región de España, y que aun en el Centro y Norte de Europa; de donde sería lícito concluir que, por lo enos en Andalucía, habían sido más intensas las ¡ inmigraciones asiálicas, E La civilización de Micenas, según Montelius, pro- SA cede del Asia Menor, aportada por pelasgos y tirre- Ls Ba ES nios; y den qué parte de España ni de Europa central o del Norte se han encontrado vestigios que demostrasen tan elocuentemente como en Andalucía el desarrollo de esta civilización? Insistiremos más adelante en estos extremos. Limitémonos ahora a dejar sentado que, como dice el señor Ramón Mélida (Arquitectura Dolménica ibera, publ. de la Rev. de Arch. Bibliot. y TáTuseos), el tipo de dolmen cupuliforme o micénico, sólo se encuentra en el mediodía de la Península, desde Almería .a Portugal.—Don Pelayo Quintero, en un reciente estudio sobre la Necrópolis prefenicia gaditana, al dar cuenta de nuevos descubrimientos de ejemplares en esta arquitectura, llega a la conclusión de la existencia en nuestro suelo de orientales o pelasgos anteriores a la colonización fenicia. Los descubrimientos arqueológicos en Carmona hablan con no menos elocuencia de ese carácter, que llaman oriental, de la civilización de los andaluces primitivos. Refiriéndose a ellos un autor sevillano, el señor Cañal (Sevilla prehistórica. Yacimiento prehistórico de la provincia de Sevilla), asegura "que un pueblo de notable civilización oriental debió pasar el Estrecho y venir a España". Hasta los nombres de pueblos y de individuos conspiran en favor de la procedencia asiático, en opinión de los autores. La etimología de los nombres Turdulo y Turdetano, dice Rives (Geografía histórica de la Edad Antigua), es oriental (thor: buey, y duluth: exaltado). (Se refiere a la gran afición de los andaluces * por la agricultura y por esos animales de labor.) ] A E El nombre de Arghantonio, asegura Costa, no es fenicio ni etíope, sino ario. | Esto sin contar con la mayoría de los historiadores, que a los iberos asignan procedencia asiática, ya vinieran por Africa o Europa, y prescindiendo de otros historiadores antiguos, conccidos generalmente, los cuales, desde Varron, asignan a España entera una población de inmigraciones asiáticas primitivas. Pero ya que hablamos de procedencias, diré que los descubrimientos prehistóricos en nuestra región es posible aclaren el problema de su raza y civilización aborigen, llegando a resultados o conclusiones inesperados. Los más interesantes, por referirse a las más primitivas épocas, son, sin duda, a mi humilde entender, los debidos a las exploraciones del señor Góngora (principalmente los de la Cueva de Albuñol), y de los cuales éste da cuenta en su libro Antigiiedades prebistóricas de Andalucía. Creo, como después justificaré, que pueden referirse tales descubrimientos a fines de la segunda mitad del período paleolítico o principios del neolítico. Los cráneos de los trogloditas andaluces examinados por el doctor Maestre de San Juan, dice éste se refieren al tipo caucásico, o sea al denominado tipo europeo por los antropologistas. Y si examinamos los restos de aquella civilización primitiva, tal como nos es revelada por los vestidos, utensilios, armas y objetos encontrados, y sobre todo por las inscripciones de que después hablaré, nos encontramos con el hecho de una civiliza- e Además de los finísimos vestidos, bolsas y collares papas, 7 de las armas de a pulimentadas con ed dde E Ts: los. aida usaban oro como idorno o símbolo de poder, aunque tal hecho no fuese le ellos privativo en aquella época. - Los ejemplares de cerámica encontrados en todas cuevas andaluzas de Granada, Málaga y Almería, elan en su ornamentación y estructura un gran desatico; Pero hay una síntesis progresiva que revela un alto rado de adelanto sobre todos los demás pueblos en quellos hombres de la Edad de Piedra. (Creo que los -por lo menos, a principios del período neolítico. Lo creo ol npletamente original, que no. se ld a Aa Asia, nia Europa, s sino a Andalucía, mientras nose así por la presencia en el yacimiento de hachas de pie- $ y e E : — 65 — dra y puntas de flecha de pedernal pulimentadas características de este período. Por los demás objetos hallados, pertenece esta cueva al calificado por algunos autores de período mesolítico, última fase del paleolítico o segunda de la industria Cro-Magnon, denominada magdaleniense.) Y, esta síntesis, es la Escritura: los autóctonos andaluces tenían escritura original, escritura independiente a la fecha de cualquier invasión históri- <a; y, por tanto, a la colonización fenicia. Y esta escri-- tura es no ya representativa de objetos o ideas, formas que aquélla adopta en las primeras fases de su evolución, sino simplemente fonográfica. Entre los trozos de cerámica encontrados per el señor Góngora se halla una inscripción en caracteres que he visto idénticos a algunos de los que aparecen en las medallas y monedas que sirvieron a Velázquez (Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, etcétera, 1752) para componer los alfabetos por él denominados bástulo fenicio, turdetano y celtibérico, y al denominado por Rhenferd fenicio español. (Después he visto algunos de estos caracte- Tes en otros monumentos prehistóricos.) No fueron, pues, los fenicios los que nos enseñaron A expresar con letras el pensamiento, Antes, mucho an» tes que ellos arribasen a nuestras costas, ya contaban con un alfabeto en Andalucía. Tenían razón todos los autores que desde el mar- - qués de Aula (carta a Rodrigo Caro en 1623, cit. por Velázquez) sospechaban ya en los siglos XVII y XVII la antigúedad del alfabeto español sobre el de las nacioid MAN y y A A h E IAS f É 1, IO A MA s Je ns a Y _nes que nos invadieron primitivamente. Y también tenía razón Erros al afirmar (El Alfabeto Primitivo, etc., 1806) la misma antigiedad del alfabeto ibérico, que él llama vascongado. Ya no es dudosa la raigambre española y hasta hoy andaluza de la escritura española primitiva. Parece . mentira que aquellos escritores y que tantos hechos elocuentes no hayan sido lo debidamente consideradcs por nuestros modernos historiadores. No hay más que comparar dichos caracteres con los del alfabeto propiamente fenicio y aun con sus derivados, y nos encontramos con que ambos son en absoluto diferentes. z Era, pues, verdad lo que decía Asclepiades, según Estrabon, y que han puesto en duda tantos autores, de que los turdetanos conservaban escritas las memorias ántiguas y poemas y leyes en verso, de seis mil años; de donde Guichot induce fué Andalucía el primer país de Europa que se poblara. Para perpetuar su historia y su canto balbuciente a la justicia eterna, los andaluces contaban con lo principal, con un pensamiento creador que lo era tanto, que ya había tenido potencia bastante para proveerse del necesario instrumento de las grandes crea- - ciones de la inteligencia. Pero no solamente existen tales pruebas para demostrar debe España a Andalucía este elemento civilizador. Ellas, con otras, vienen a constituir poderosos indicios que pueden servirnos más bien que para sospe” char, para sentar la tesis de que Andalucía hizo esa aportación a la civilización greco-latina, siendo, además, — 07 — o la cuna de esa civilización, o a lo menos, en sus orígenes, uno de los focos más potentes. Erros (ob. cit.) demostró que el alfabeto griego no era fenicio, sino de origen ibérico, como lo patentiza la coincidencia con este último, de las dieciséis letras primitivas del primero, las cuales difieren de sus correspondientes en el segundo. Pues bien; en todos los alfabetos griegos, desde el nombrado Cadmeo, se nota la existencia de los caracteres a que me referí. Y esto ocurre también con el alfabeto etrusco y con el frigio, pueblos como el griego, de origen pelásgico. Y lo mismo sucede con las inscripciones de los más antiguos monumentos de Creta. En el Disco de Pheestus (he examinado el que se publica en la traducción inglesa de la obra de Angelo Mosso The Dawn of WNKCediterranean Civilization, by M. C. Harrisson), se encuentran los caracteres neolíticos andaluces, reproducidos exactamente, formando en la inscripción con otros representativos. Tenía, pues, razón el autor anónimo (J. B. del libro Priscis Grecorum ac latinorum literis), citado por Masdeu Historia Crítica de España, etc., tomo 3.%), y del cual decía éste era increíble estableciera con tanta confianza "todo lo contrario a cuanto nos aseguraban los autores antiguos* al afirmar que no eran los fenicios, sino los pelasgos, los inventores de la escritura. Unase a este hecho el de la existencia en Andalucía de las construcciones megalíticas cupuliformes lla- Sea ae madas micénicas, las cuales constituyen ese género de arquitectura especial denominada tartesa por G. Moreno, sin que se baya probado si fué imporiado por Andalucía o exportado por ella; la nueva creencia (Philipos, Les Iberes) de que la civilización del Sur de España es anterior a la de Micenas (así lo cree también la cultísima escritora a quien tanto debe la arqueología andaluza, Mrs. Elena Whishaw, fundadora de la Escuela Anglo-Hispana, a cuya amabilidad debo el conocimiento de algunas de las obras que cito, de su Biblioteca); el origen incierto de los pelasgos, a los cuales Sergi hace pertenecer al stok de razas afromediterráneas, individuos de una sola gran familia, compuesta además por iberos, libios y ligurios, emigrados tal vez, como añade transigiendo con Montelius, al Asia Menor, y después inmigrados a Europa; las coincidencias de mitos y de psicología, y, por último, las relaciones fraternales más bien que de amistad, de las - cuales ya hemos citado un ejemplo elocuentísimo entre griegos y tartesos, y digasenos si es aventurado pensar en que Andalucía fuera la primitiva cuna de la civilización y de la raza pelásgica. ¡Quién sabe si los griegos, al poner en ella los Campos Elíseos, vagamente rememoraban el paraíso que perdieran en la emigración! Hasta la afición de los andaluces primitivos por las expediciones, induce a creer que ellos fueran los propagadores de esa civilización por Europa. Ya Hannon en su Periplo habla de las excursiones de los tartesos. Tan diestros eran en el conocimiento del mar, que precisa- Td mente los andaluces de las costas de Gibraltar informaron al cartaginés de la navegación por las costas occidentales de Africa. Costa, modernamente (Estudios Ibéricos), nos habla de la activa comunicación comercial que mantenían los tartesos con los países mediterráneos del Sur de Europa. Y he aquí cómo no sólo la latitud geográfica, sino que también la identidad de sangre, parece venir a justificar las analogías de los genios, y, por tanto, cómo ne sólo no nos comprende, por nuestros orígenes, el pretendido estigma de raza inferior, sino que, probablemente, se nos puede atribuir la paternidad de aquellas razas superiores. Es decir, que Andalucía es la patria de una de las civilizaciones originales más antiguas del mundo, contribuyendo poderosamente a destruir los prestigios del remoto Oriente, en lo moderno tan quebrantados, de cuna de la Humanidad y de la Civilización. ¡Quién sabe; tal vez ésta partiera de Occidente, y quizás Platón estuvo en lo cierto! ¡Quizás lo mismo que yace absorbido para siempre en el seno impenetrable de la Eternidad, donde tienen su tumba todos los instantes del Tiempo, el momento solemne en que con la razón y la libertad del Sér comenzó el hombre y la civilización : humana, yace para siempre, también sumergido, el pun-= to de la tierra consagrado por aquel instante, en los abismos insondables del océano! Y, defendidos los autóctonos andaluces, ocupémenos de los invasores. E | a Influencias árabe y bereber. El aluvión de sangre semítica es su consecuencia, La invasión árabe nutrió a los andaluces, principalmente, con sangre árabe y bereber. La sangre de sirios y moros, y en particular esta última, Lamtunas y demás tribus fanáticas, venidas con las invasiones de almoravides y almohades, no pudieron ejercer influencia grande en la constitución de la raza. Lo mismo los morabitos que los discípulos de El Mahadi, conservaron siempre su sectaria individualidad. Constantemente eran combatidos por los andaluces y menguados por los cristianos. Aquéllos sienten por los moros invencible repugnancia. Así se explica que, no obstante las afinidades religiosas, los abandonaran, como ocurrió en las Navas, hasta en el combate delante de los cristianos. Después de la llamada del desgraciado Motamid y de la traición del clero musulmán, por todas partes se clamaba contra los almoravides en Andalucía. Y eso que los almoravides no eran tan bárbaros como hasta no hace mucho se creyó. "Los musulmanes ilustres de la época, dice Francisco Codera en su libro Decadencia v desaparición de los almoravides en España, comprueban que en el período de los almoravides los españoles siguieron dedicándose al estudio, cuyo aprecio indican bien los versos de Abenasid, citados por Pons: El sabio vivirá eternamente... El ignorante es un muerto que anda for el mundo... Al estado de las ciencias hay que añadir la perfección artística de monedas, documentos, etc., todo lo cual parece demostrar Y 4 pl de a que los morabitos consiguieron, como diría su enemigo Dozy, "iniciarse en la civilización, tomando por modelo a los príncipes destronados". Menos rehabilitados los almohades, sus obras públicas, llevadas a cabo, en Sevilla principalmente, no dicen en su favor tanto como el haber florecido en su tiempo, entre otros, lIbu-Roschd, (Averroes) el gran cordobés comentador y rival de Aristóteles; de todos modos, su dominación fué un yugo humillante que sufrieron los andaluces, que tanto los odiaron. Este odio, de cuyas revelaciones está llena la His. | toria de Andalucía en dichas épocas, había de influir necesariamente para mantener la separación de las razas. Ya tengo dicho que el genio distinto impedía la solidaridad. Además, si es cierto que la sangre de esos invasores les arrastraba fatalmente a la regresión, habrá de serlo también que su separación de los andaluces fué irreductible, y nula su influencia étnica sobre éstos, como lo demuestra, en definitiva, el espléndido reverberar, con nuevos esplendores, de la civilización arábigo-española en el reino de Granada: Los almohades combatieron alos almoravides, que son, por fin, expulsados como aquéllos lo fueran a su vez por la espada de San Fernando. Y de los benimerines, ¿qué influencia iban a ejercer durante sólo cinco meses que azotaron a Ándalucía? (15 Agosto 1275, 18 Marzo 1276). Su acción después no fué constante, limitada a distintas correrías, en diferentes ocasiones, hasta que son-escarmentadas definitivamente por Fernando IV. Siendo, por tan- to, los árabes y los bereberes los factores principales de eS a - TR influencia semítica, considerémoslos con más atención: El árabe, dice Ratzel, es una grandeza histórica; Larey lo califica de uno de los tipos antropológicos más bellos. La actividad del árabe es ligera, rauda, como la carre- “ya veloz de sus caballos en el desierto. La riqueza de la imaginación y de la fantasía árabes se traduce en fuerza, que hace vibrar constantemente su espíritu apasionado por el amor, por la belleza fastuosa, por la hos» pitalidad, por la libertad sin trabas y, sobre todo, por los ideales superiores, en los cuales concentra sus entusiasmos. De aquí que el árabe sea fanático, sintiendo tanto, como los pueblos que más, el egoísmo intransigente de secta que le conduce al fatalismo, fuente perenne de sus desgracias. Y oigamos lo que dice Topinard de los bereberes: | "Un vivo sentimiento de igualdad, de caridad, de su propia dignidad y de libertad individual; una gran economía y un gran cariño a su hogar constituyen sus caracteres morales... De modo que podemos decir que el berberisco sólo es musulmán por casualidad." Aungue los berberiscos no sean propiamente semitas, es lo cierto que en España se confunden con los árabes, y podemos, por lo tanto, considerar al resultado como una raza mixta, a la cual, si se han de atribuir los estigmas, es preciso también, para ser justos, caracterizarla con las virtudes de cada una de ellas en particular. Viniendo a los primeros, se les asignan generalmente estos dos fundamentales: exclusivismo fanático y fatalismo. A O ES El primero produce la intolerancia, enemiga de la solidaridad, y, por tanto, del progreso. El segundo, la desconceptuación del sér, antecedente de la resignación y tumba de las rebeldías, que determinan la lucha. : Y se da el caso de que ni uno ni otro estigma se observan en los árabes andaluces, efecto seguramente, como ya dije, de preponderar el genio de la raza aborigen. Al contrario, prescindiendo de escepcionalidades, — quizás debidas más bien a ambientes de épocas que a atavismos de carácter, no hay ni en los siglos en que se desarrollara, ni aun mucho tiempo después, civilización más tolerante ni más libre que la árabe-andaluza. Pa No sólo en el orden político y administrativo, que esto pudiera caracterizar muchas dominaciones muslímicas conservan los cristiznos sus leyes, sus principios, sus jueces, sus cobradores y repartidores de tributos, sino que, y esto es lo originalísimo, lo que, como dice Guichot, no tiene ejemplo y hubiera sido imposible en Damasco, en Bagdad, en el Kairo y en Kairwan; lo que > hubiera sublevado a los sabios muslimes de Rufa y de Basora, es que cuando los cristianos, llevados de un celo inoportuno, desafían y escarnecen la religión de los vencedores, éstos, como en tiempos de Abderramán ll, someten el litigio a una asamblea, a un concilio de Obispos católicos, convocados por el mismo emir, Lo que levanta el ánimo es ver la paciencia tolerante de Abde- 3 rramán lll ante la tenacidad sublime del monge Gorza; ES contemplar en la Secretaría del Califa a religiosos tan _respetables como el obispo Rosemundo, y, en fin, los E 3 pa poro centenares de ejemplos que pudiéramos citar, los cuales confirman elocuentemente cómo el fanatismo árabe, cómo la intolerancia árabe, o habíanse quedado al otro lado del Estrecho o habíanse desvanecido ante la influencia humana del genio de Andalucía. Y esto sucede también con el fatalismo. Su enemiga es la razón, porque reconocér los fueros creadores de la razón es afirmar la libertad. La máxima amparadora de la inercia social, sancionada en más o en menos por todos los sistemas religiosos revelados y que tan bien expresa el Korán: "Toda doc- -brina nueva es un extravío y todo extravío conduce a la perdición", no es reconocida por los árabes andaluces, tachados de tibios creyentes por el resto de los musulmanes; ellos hubieran concluído bajo la acción constante del espíritu andaluz, por tener sólo una sonrisa compasiva para tales máximas y tales códigos, que interdicen la razón. Tan sensible es su avance en este orden, que desde la tolerancia y tibieza que ya hemos visto del Califato (durante el cual, a veces y contraviniendo el propio genio, ministros ilustrados, como Almanzor, han de dar al populacho, excitado por el clero, la bárbara satisfacción de quemar libros heterodoxos) a los reinos Taifas, va ya esta diferencia encontrada por Dozy. Dice el holandés: "La nobleza se constituye francamente en protectora de los libres pensadores. La condición de la ciencia era mejor que nunca. Los hombres se entregaban con irresistible ardor al estudio de la ciencia antigua (griega y romana). Algunos sabios y no pocos prín- 5 - cd E : Bl a «cípes, atacarcn audazmente con burdas y amargas ironías. los dogmas del Islamismo." Las fetvas del c'ero musulamán desposeían, por impíos, a esos príncipes de sus Estados, incitando a invadirlos al emperador Almoravide. La fama de malos musulmanes de los andaluces se per= petuó de tal modo, que en Africa maltrataban a los expulsados como tibios creyentes. No podía suceder de “otro modo a los compatriotes de aquel Mohamed IV que decía preferir a sus paisams los cristianos andolu- «ces sobre los hárbaros muslimes de Africa... Y contra el fatalismo, ni sombra de acusación deja, además, el mentís solemne de aquella civilización crea- «dora, una de las más hermosas de la tierra. S Las ciencias y artes de la antigiiedad griega se de JFundieron, primeramente en Occidente, por los traba= ES jos de la Universidad de Córdoba... Gl contacto de esta «civilización, el conocimiento de las obras literarias y científicas de la arabia española, ejercieron la más sa- Jdudable influencia en la civilización de Occidente. En | efecto, en aquella época se ven aparecer en Europa las - primeras Universidades. (Salermo, Mompeller, etc., et- | «cétera. Así habla un extranjero (Luis Figuier) La cien- «cia y sus hombres, Tomo l, trad. Pelegrín Casabó.) Séneca, Columela, Lucano, San Isidoro... Las fgu- Tas grandiosas, honra de la Bética, reaparecen y se mul-. tiplican en las ciudades del Andalos. pes Córdoba, apasionada por las ciencias, "seguro mer- «cado de libros", que decía Averroes en los tiempos que 3 “se creen de barbarie mahadita: escuela de los sabios E europeos, como Gerbert (Silvestre 11); con bibliotecas como la de Merwan (600.000 volúmenes), y numerosas academias y 8 escuelas superiores: patria de bi- -bliófilosi lustres, de príncipes y princesas literatos y es- -critores, de médicos como Albulkasin, inventor de la ciencia quirúrgica, fundada en el conocimiento de la anatomía; de historiadores como Aben Pascual; de filó- e “sofos como el incomparable Averroes, de los primeros entre los primeros en la Historia de la Filosofía; de literatas como Aixa y Habibah, rival de la poetisa de Mitilene en los jardines de Medina Azzahara. Sevilla, la ciudad de Motamid, sultán entre los muertos, rey de hombres y poetas, donde esclavas como omaiquia conquistaban el trono con las armas de su g :nio poético; que puede presentar lista inacabable de nombres ilustres; agrónomos de fama universal como. Abu Zacaría; matemáticos como Aflak; astrónomos como el Safita; químicos como Aben Motrif; cosmógrafos como Zeiat; gramálicos, oradores y hasta profesoras E de poesía y erudicción. - Granada, Málaga, Almería, Jaén, con nombres como 6 Fhofáilide Guadix, el Makrebi de Alcalá, Aben -— Beitar, el malagueño, que llama Menéndez Pelayo "Dioscorides del siglo X111", Aben Fátima, Zobair, et- ? cétera, etc., y bibliotecas como la de Zohair de Almela (400.000 volúmenes). En cuanto a las escuelas primarias, "eran buenas y numerosas": En Andalucía casi todo el mundo sabía deer y escribir, mientras que en la Europa cristiana, a a excepción del clero, nadie sabía (Dozy con referencia -a autores árabes), y por lo que respecta al orden matevial, añade este autor: "...Todo florecía. Existían numerosas industrias; les extranjeros admiraban por todas partes campos bien cultivados y ese sistema hidráulico ordenado con tan profunda ciencia, que hacía fértiles las tierras más ingratas. IMaravillábanse del orden per= fecto. Se asombraban del bajo precio de los géneros yz de los frutos deliciosos, casi de balde, de la limpieza de - los vestidos (y de los cuerpos. Sólo en Córdoba existía 900 baños públicos), y sobre todo, de aquel bienestar g neral que permitía ir a caballo a todo el mundo en lug de ir a pie... bastando las A duanas, por el desarrollo comercio, para subvenir casi todos los gastos públicos." Esto durante el califato. El citado esplendor intelectu: es exponente del material en los Taifas. Y conoci lanzada al rostro como un estigma, por O que al Sr parecer no han sacudido aún el atavismo del odio re-- conquistador, es nuestro más grande título de gloria; es la Andalucía gloriosa, a quien Europa y el mundo deben el haber nutrido durante ciertas épocas, casi exclusivamen= te con sus propios jugos, las raíces del Renacimiento. Elementos constitutivos de la rar iS za andaluza. Resumiendo: La reconstitución de la que dicen N taza andaluza, puede verificarse del siguiente modo: 1.2 Raza autóctona, de procedencia desconocida. e 1 2. Razas cuya sangre ha nutrido principalmente la primera: ¡beros (en el caso de que no constituyan la raza aborigen), griegos, romanos, árabes y berberiscoz (antes y después de la reconquista los naturales de las demás regiones españolas, principalmente de Castilla). 3. Razas que han influído de un modo secundario: tirios, germanos, griegos, bizantinos y moros (mezcla de árabes y bereberes, en la cual, según los antropólo- _gos, sólo como elementos secundarios entran las tribus | ul Atlas). + Ante la mezcla de tantas razas hay quien dice que : eS - duciendo la debilidad del compuesto. Para combatir esal graciosa teoría, únicamente he de decir que la homoas —geneidad y la infecundidad, sinónimas en Zootecnia, parecen serlo también en antropología Los todas y los esquilmales, razas homogéneas, son razas agonizantes. Veinte millones de arios puros, de esa raza tan exaltada, yacen en la India, sometidos a la servidumbre inglesa. Capacidad de Andalucía y cuando empieza su decadencia. Para terminar, podemos formular esta conclusión: Hasta que Andalucía entra definitivamente en las - muevas condiciones de solidaridad regional en la integración de España, es decir, durante el transcurso de las Edades Antigua y Media, es la región Española más civilizada. | No quiere decir esto que dejara de serlo después durante no poco tiempo. El renacimiento español estu- - sus “elementos fisiológicos antagónicos se destruyen, pro-. a TUE pos vo presidido por el esplendor de Sevilla, sobre todoa fines del siglo XV y durante el primer tercio del XVI E en que la capital andaluza era la capital del tráfico español, dueño entonces del mundo, como dice Juan Botero; el más populoso de todos los centros industriales, hasta el punto de que, como asegura Roberteon (cit. por Masdeu: tom, 1, ob. cit.) en su Historia de América, sólo de tejidos de lana y seda existía 16 000 telares con 130.000 artífices: el foco más potente de la cultura hispana y aun del mundo. ¿Quién no ha oído hablar de la Casa de Contratación, y de tantos nombres y hechos que pugnan por acudir a todos los labios, de: matemáticos, geógrafos, cosmógrafos, botánicos, naturalistas, filósofos, poetas, hombres y escuelas andaluces, e que elevaron la cultura española hasta un puesto de ho- nor abandonado más tarde, no por Andalucía, sino ESE todas las regiones de España? ¿Y no es grandemente significativo el hecha de que todos los grandes acontecimientos de la Historia moderna, desde el descubrimiento de América hasta las : principales revoluciones del siglo XIX, se hayan desarrollado o hayan tenido su origen en Andalucía? : Pero no es mi ánimo seguir su historia desde el : instante en que, integrando la unidad de España en- - cuéntrase sometida, casi únicamente, a lasinfluencias de las demás regiones peninsulares. Porque ya no es sólo el genio andaluz. Es también el de España entera, el ge e mio que viene a morar a Andalucía. E Me he propuesto sólo defender a los andaluces del para que vigorosamente defina su ideal, ¿Cómo es posible conseguir este fin? Unicamente "purificando de sus estigmas el espíritu andaluz". Tal es el primer ideal próximo que corresponde a la primera condición citada. A la intelectualidad andaluza y a los artistas andaluces se ofrece la obra especial de conseguir este fin, imprimiendo a ese genio una dirección espiritual conforme: a su naturaleza, He aquí el necesario plan de profilaxis psíquica que debe inspirar las obras de los intelectuales andaluces. Con un estigma principal ha llegado hasta nosotros el espíritu andaluz. Un optimismo enfermizo, no aireado, como ya dije, por el medio, es decir, por el espectáculo de la lucha, en que bajo el imperio de la libertad el hombre y la naturaleza se debaten y triunfan, ha determinado la preconcepción de la fatalidad de la vida, sin que para ello se precise del esfuerzo consciente; y de aquí la indolencia fatalista que hoy se nota en los andaluces, que no es el triste fatalismo de los que a sf mismos se consideran hojas secas a merced de los so- —plos de un destino o providencia: el fatalismo andaluz, como proveniente de aquella causa, es un fatalismo in-- dolente, pero alegre y regocijado. Ese fatalismo sombríono es propio ni aun de los árabes andaluces, como lo prueba la actividad laboriosa creadora desarrollada en las espléndidas civilizaciones por ellos producidas (15). Y es preciso hacer desaparecer este y otros estigmas secundarios, así como corregir las exageraciones y = Add ds da OS a apasionamientos característicos por medio de la educación metafísica del pueblo; afirmando en su conciencia la concepción exacta, definida del verdadero ideal humano, el cual santifica la lucha, presentando al hombre como sér creador que ha de fabricar, por la sola virtud de su esfuerzo propio, el edificio de su gloria. Así llegará a reconocer, al mismo tiempo que la diguidad, la responsabilidad. Y, entonces, la alegría de vivir por el imperio del equilibrio vendrá a ser intensa, sin ser apasionada. Y ella será el motor poderoso de un optimismo creador que hará vencer a Andalucía en el pugilato de las regiones por la grandeza de España; la esencia incontrastable de una fe robusta y consciente, que determinará el triunfo de la patria en el pugilato de las naciones. : Fortalecimiento del espíritu y de la conciencia colectivo-regional. ¿ La segunda condición eficiente para el cumplimien- to del ideal, falta casi en absoluto en Andalucía. Difuso el espíritu andaluz, las provincias andaluzas representan girones desgarrados de este espíritu. No acusan vigorosamente la existencia de la unidad mediante las determinaciones de una sola y gran voluntad, que se ma- FI A AS AE Ti E A ie: AE - A El : E f EEE LIE PE E O e ie 3 dde hifieste en todas las esferas, revelando la fortaleza de 'un pueblo capacitado para defender su vida e imponer “su triunfo. Y, por tanto, ha de faltarle también la tercera condición, pues aunque ningún obstáculo proveniente del momento histórico, representado por restric-. a - ciones orgánico-legales, impidiera a un pueblo en tales sible, porque su antecedente necesario es la existencia capacitada. Para que la vida de un pueblo sea reconocida por la ley constitutiva de una sociedad de pueblos es preciso que imponga su reconocimiento mediante vigorosas revelaciones, que demuestren, además, su capacitación para afrontar las consecuencias de tal acto; o sea el ejercicio de los fueros naturales que a toda existencia compete, para procurar por sí misma su propia conservación y progreso. La disociación entre las provincias y los municipios andaluces. Una gran disociación existe entre las provincias andaluzas y aun entre los municipios de una misma proz vincia; y claro es que siendo la sociedad el crisol don- -———desefunde el alma de los compuestos superorgánicos, la región, que está constituída por las fuerzas de los mumicipios más afines, no puede tener una existencia ro- -———busta ni una voluntad fuerte, si aquéllos se encuentran disgregados. ¿Pero esta disociación es causa eficiente o efecto sólo de la debilidad del pueblo andaluz? Esta cuestión - tiene gran importancia, pues de su solución depende el 238 que el remedio consista principalmente en combatir directamente la disociación, imponiendo la solidaridad condiciones el ejercicio de la libertad, ésta no sería po- . A pl hasta por medio de la ley, o en buscar el modo de for-- talecér el pueblo, haciendo así desaparecer esa mani-- festación de antisolidaridad. Dónde ha de buscarse la causa de la disociación y la índole de los remedios adecuados para combatirla. Yo creo en la realidad del segundo extremo: estoes, que la disociación, al menos en su raíz, no es causa dela debilidad, sino la debilidad causa de la disociación. Por esto creo que debe descartarse desde luego el. remedio harto desacieditado de las creaciones formales,, impugnando toda medida legislativa que impusiera a Andalucía una unidad artificial, que sería fin, a cuya - Consecución se debe tender, o mejor dicho, resultado de a alcanzar el fin del fortalecimiento de Andalucía; pero. que de ningún modo puede ser principio de este fin. Si el apostolado de su resurrección hubiera de circumscri=- birse a combatir la disociación externa de las provincias. andaluzas, imponiendo la solidaridad por medio de- Creaciones / legales, reclamando inmediatamente una morfología para su unidad y una esfera de libertad para. su acción, sería de hombres cuerdos el rehusar la res-. - —Ponsabilidad de ese apostolado, pues que la disocia-- - Ción permanecería en el fondo, y ya se sabe que la ac-- ción del incapacitado es contraproducente para la vida. y la libertad. a Las combinaciones humanas no pueden sustituir con. E sus obras formales y vacías las obras esenciales de la. 4 — 96 — Naturaleza. ¿Qué ha sucedido con el famoso decreto denominado de Mancomunidades, inspirado en el criterio que todos debemos defender, que todos debemos apoyar, sea el que sea quien lo sustente, de ofrecer una forma, un continente elemental al renacimiento de las personas y de las fuerzas regionales? ¿Ha respondido al mismo en todas partes igual afirmación, igual contenido de solidaridad regional? Esto sólo ha ocurrido vehementemente en regiones como Cataluña, en donde la esencia ya está creada. Cataluña es hoy la región más fuerte de España; por eso en ella es más débil que en cual- - quier otra la disociación. — No basta tallar la fuente. Esta de nada sirve si el manantial no se alumbra. La cuestión principalísima que se nos ofrece no es, pues, de reclamar formas para crear esencias, sino de crear éstas, cuyas expansiones determinarán la necesidad y las modalidades de la forma. Es decir: la riqueza de energías de todo orden, que se resumirá en la riqueza espiritual y que producirá, natu- —ralmente, la afirmación de la existencia política, juntamente con la capacidad administrativa. Creer lo contrario, es invertir la relación natural de causa a efecto, convirtiendo el efecto en causa. Ineficacia de las creaciones formales. Ideales de este orden de Andalucía, dependientes de la creación esencial. No admito la eficacia de las construcciones formales, ni aun como acicate del brote esencial. Si acaso, esta virtud será atribuíble a moldes tan elementales y tan 'mediato de la expansión de aquel germen, V. gr., como “sucede con la organización de las citadas Mancomuni dades, relativamente a Andalucía. Cuando la amplitud y complicación de la morfología no corresponden a la del espíritu, las energías de éste se expanden y cansan “incapacitándose para la creación, cuya causa no es otra «que la condensación de la fuerza. La organización provincial impedirá la solidaridad Es de todos los Municipios de la región. Pero provoca im-- a ' periosamente la de los de la provincia. Sin embargo, la más grande disociación reina entre éstos. Los organis-- - mos y fines provinciales encuentran el desvío municipal. Prueba de ello, entre otras muchas, la resistencia al Pago del contingente, que si después de la supresión de “Consumos se hace en general de imposible cobro, cierto que cuando las Haciendas locales contaban «: aquellos recursos daban lugar a la frecuente visita de comisionado. La disociación que existe entre los elementos que constituyen los mismos municipios, ¿cede ante las organizaciones de los Ayuntamientos? Y aun a la constitución nacional, ¿qué grado de esencia corres- -—ponde? ¿Han podido las Cámaras crear el Poder legislativo o existe el ejecutivo solamente? ¿No coincidieron en este criterio todas las eminencias españolas, en la in- - Jormación abierta a principios de este siglo por el Ate- Teo de Madrid? Al contrario de servir de acicate, lo repito, la esencia se debilita al difundirse en az inadecuadas. A id A a a O da Llegar primero a conseguir una foma expresiva de su unidad elemental, para lo cual la institución de las Mancomunidades ofrece un molde adecuado, y después una organización particular, mediante la cual se desenvuelva la capacidad creatriz de Andalucía, acomodada en absoluto a su genio propio, órganos para recoger y vaciar los brotes espontáneos de su especial sentimiento jurídico; otros por lus cuales pueda atender por sí al desarrollo y administración de sus fuentes de riqueza; organismos todos patentizadores de la afirmación robusta del espíritu regional en la unidad de un pueblo y de su capacidad para regirse por sí, ideales de forma son éstos para nuestra región; pero ésta no puede aspirar inmediatamente a su cumplimiento. Ya he dicho que las energías que han de exigir su realización no están suficientemente fortalecidas, y en este sentido, hay que producir otras nuevas; siendo además la preexistencia de ellos necesaria, por ser las mismas quienes han de determinar la cualidad de esas organizaciones, Heterogeneidad en la organización. De esto último indúcese el hecho, o, mejor dicho, la regla, de que Andalucía no puede querer que en Es. paña exista una organización regional uniforme. Cada región tiene una variable capacidad, a la cual es preciso proveer de medios formales, de recursos de actuación en armonía con el grado de aquella que en cada época alcance; así como deben las particularidades regionales ¿EAS AAA A EN A A A A A A AA o AS y ' 2 o AS A encontrar su correspondencia en la adecuación de los organismos. Como lo contrario es regatear a cada región medios de triunfo en el pugilato de todas por el progreso de la Patria, Andalucía, que ha de pensar en Es vencer, ha de procurar el que esas armas no se estorben, + para esgrimirlas cuando tenga fuerzas. Es decir, que sean libres las regiones capacitadas para la libertad. Si aun no lo está la nuestra, al reconocerlo así iniciará el camino de su redención. Pero entiéndase bien que se habla de libertad regional; otra clase de libertad, no sólo debe ser execrada, sino combatida; porque tan- to equivaldría a interrumpir, aunque sólo fuera temporalmente, la vida de España, y ya dije que el progreso español era indispensable para el progreso humano. Medios directos de fortalecer el espíritu y la conciencia colectivo-re- gionales. Lo primero es, pues, fortalecer el espíritu regional ay que invocarlo directamente, enseñando al pueblo andaluz su Historia, mostrándole sus ideales, propagando las especiales obras de su genio, despertando en la conciencia de sus elementos todos, el sentimiento de la solidaridad y de la dignidad de la región. Y, además, hay que despertar la conciencia colectiva regional, con fines de afirmación política y de reivindicaciones de libertad administrativa, haciendo ver a este pueblo la necesidad, si ha de dirigir el progreso de la nación, de llegar a regir su propia vida y progreso; y, por consi- ESO guiente, el deber de capacitarse para conseguir aquella afirmación, para obtener su reconocimiento por la Ley Constitutiva del Estado español y para el cumplimien- to de sus fines peculiares. Esta obra no puede dilatarse. Todas las regiones aspiran a definirse, a vindicar los fueros de su personalidad, hollados, hasta hoy, por una absurda organización centralista, que no ha vacilado en sacrificar su vida natural a exigencias artificiales de regularidad burocrática; desgarrando su cuerpo, aplastando los pruritos de su vitalidad, sustituyendo, en fin, como dice un escritor (Macías Picavea, en el "Problema Nacional"), con la obra del compás geométrico, la obra de siglos elaborada por el contraste de las fuerzas dimanadas de la Psicología, de la Geografía y de la Historia. Andalucía no puede quedarse atrás en este camino, so pena de quedar reducida en el orden interregional a una condición análoga a la de aquellas naciones que, en el internacional, son incapaces de sustentar y de desenvolver por sí la vida propia; es decir, al rango triste de las naciones dirigidas o esclavizadas; estigmatizadas así, naturalmente, por la fuerza negativa de su propia degradación. He aquí, pues, otro de los ideales próximos de Andalucía: alcanzar el fortalecimiento del espíritu y de la conciencia colectivo-regionales en todos sus aspectos, los cuales habrán de afirmar, reunidos, el imperativo de su existencia política, determinando el grado de su capacidad. Det — 101 — Insuficiencias de los remedios directos y de las energías existentes para el cumplimiento de los ideales próximos. e Pero esto no basta; estos ideales sólo pueden cumplirse con relación a las energías ya existentes. Su realización sólo podrá matizarlas, pero no crear otras nuevas; y ya hemos visto que éstas son indispensables, porque la extrema debilidad de aquéllas es insuficiente, no ya para sostener, sino aun para revelar el latir de la vida de nuestro pueblo. Además, sobre la eficacia de los medios expuestos para conseguir aquel fin, ese efecto de la debilidad del pueblo andaluz produciría un resultado contrario al de favorecer la tendencia a la solidaridad, porque la disociación es su consecuencia, y ésta siempre conduce al término negativo de la debilidad, o sea a la muerte. Pero, ¿en qué consiste nuestra debilidad regional? Si ella es la causa de la disociación que se nota entre los elementos que inmediatamente constituyen la unidad de la región, averiguando esta causa, tendremos contestada la pregunta. ¿A qué es debida la disociación existente “entre las provincias y comarcas, o más bien, entre los Municipios andaluces? La respuesta no puede ser más simple. La causa próxima de la debilidad. Ya lo hemos dicho. El espíritu andaluz liene graves estigmas: está depauperado y difuso. La conciencia colectivo-regional no se acusa. Pero esto ha de ser efecto — 108 — nistradores; los demás viven fuera de la región, a la que a lo sumo visitan como las golondrinas, durante la florida primavera. Esa denominada clase media está constituída: (A) Propietarios de la tierra que son al mismo tiempo sus cultivadores. De éstos puede formarse una escala gradual, que comprende desde el latifundista cultivador extensivo y principalmente ganadero, hasta el minifundista que necesita, para subsistir, de los productos del Jornal, Los grados intermedios constituídos por: la verdadera clase media campesina, por las que mediante un cultivo intensivo sobre las tierras propias satisfacen holgadamente las necesidades de sus familias, esos grados en muchos municipios apenas si existen en la escala. (B) Colonos. (C) Comerciantes e industriales. Mucho más de aquéllos que de éstos. Los últimos en la inmensa mayoría de los municipios están exclusivamente representados por algunos artesanos, maestro de taller, y por los que ejercen industrias elementales (harinas, bebidas alcohólicas, etc.,) generalmente, mediante procedimientos anticuados o primitivos. (D) Burócratas y profesionales. En la clase jornalera podemos incluir: trabajadores del campo, oficiales artesanos, obreros de las industrias, desde luego éstos en las capitales y grandes poblaciones. En los demás pueblos apenas si existen. " — 109 — En Andalucía predomina la clase agricultora. Es un pueblo de jornaleros. Tenemos, pues, que en Andalucía la clase predominante es la agricultora. Es decir, que tal es la vocación del pueblo andaluz. Esto lo comprueba la Historia, El progreso de Andalucía ha coincidido siempre en todas las épocas con elde la agricultura. Su decadencia, - Con la de ésta también. Resulta, además, del ligero bosquejo que acabamos de hacer de las clases andaluzas, que no existe clase media campesina. El pueblo de los distritos, en su inmensa mayoría, está constituído por jornaleros. ¿Y cómo van éstos a sustituir a la clase media en su función de sustentadora de los ideales colectivos? El jornalero andaluz. "Aseguro a V. E., escribía al Conde de Aranda, el ilustre Campomanes, el que no ha logrado ser sustituído después, como dice Costa, por los regidores de bandas políticas; aseguro a V. E., que al considerar la situación del jornalero acuden a mis ojos las lágrimas." Cuando así se expresaba el gran Campomanes, ganaba el jornalero cinco reales. Y desde entonces ha transcutrido cerca de siglo y medio. Las subsistencias han en. Carecido grandemente. El jornal no ha aumentado. : Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancla, la visión sombría del jornalero, Yo le he visto pa- — 110 — sear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales; he presenciado cómo son repartidos entre los vecinos acomodados, para que éstos les otorguen una limosna de trabajo, tan sólo por fueros de caridad; los he contemplado en los cortijos, desarrollando una vida que se confunde con la de las bestias; les he visto dormir hacinados en las sucias gañanías, comer el negro pan de los esclavos, esponjado en el gazpacho mal oliente, y servido, como a manadas de siervos, en el dornillo común; trabajar de sol a sol, empapados por la lluvia en el invierno, caldeados en la siega por los ardores de la canícula; y he sentido indignación al ver que sus mujeres se deforman consumidas por la miseria en las rudas faenas del campo; al contemplar cómo sus hijos perecen faltos de higiene y de pan; cómo sus inteligencias se pierden, atrofiadas por la virtud de una bárbara pedagogía, que tiene un templo digno en escuelas como cuadras, o permaneciendo totalmente incultas, requerida toda la actividad, desde la más tierna niñez, por el cuidado de la propia subsistencia, al conocer todas, absolutamente todas, las estrecheces y miserias de sus hogares desolados. Y, después, he sentido vergiienza al leer en escritores extranjeros que el escándalo de su existencia miserable ha traspasado las fronteras, para vergiienza de España y de Andalucía, Dauzat (La misére en Espagne, artículo en La Revue, núm. 20, 1913) describe la vida del jornalero, tomando de la realidad sus tintes sombríos, y cita, para A ES -— Podemos ver (16. ya célebre frase de Mr. Malhall (en su libro Progreffs Of the World) "no hay situación en el mundo a la suya comparable". Angel Marvaud (L'Espagne au XX siecle) y H. Loriu (artículo en Revue de deux Mondes, Octubre 1913) nos hablan también, compasivamente el primero, "de la masa considerable de campesinos, los cuales no tienen más capital que sus brazos ni otra re- en tribución que su salario miserable..." y el segundo "de las grandes masas de jornaleros sin protección alguna e sometidos a merced de los propietarios de la tierra". Y lo peor es que con relación a estos hechos evi= dentes no podemos consolarnos autosugestionándonos con la idea de que son las anteriores declaraciones producto del empeño que los extranjeros muestran en exagerar nuestros males para conseguir desacreditarnos; cosa frecuente en España y frente a la cual Mr. Dauzat viene a asegurar es el que le ¡ inspira un sentimiento | A piadoso, provocado por nuestra incapacidad para redimirnos de nuestras tremendas desgracias. El hecho está. vivo. La inmensa mayoría del pueblo andaluz está comstituída por jornaleros, por esas grandes masas de que nos hablan los escritores citados. Y todos los andaluces, con sólo querer observar, podemos convencernos de que M0 hay, por lo mísera, situación a la de este o comparable. Las más crueles descripciones alcanzarán, a lo sumo, a bosquejarnos lo que todos hemos podido - En un informe oficial consta acreditado el dicho del ] — 112 — referido escritor inglés, cuyo texto cita la Comisión de eformas Sociales, evacuando una consulta hecha por 'el Ministro de la Gobernación (inserta en el Resumen de la Información acerca de los obreros agrícolas en las provincias de Andalucía y Extremadura, publ. del Instituto de Reformas Sociales). "En general, dice dicha consulta, la situación del obrero español ha sido considerada como la más desventajosa de todos los obreros de las grandes naciones. Mientras en los Estados Unidos las necesidades de su vida nutritiva le distraen el 21 por 100, en España le consumen el 67 por 100 del salario. Sise compara la situación de los obreros agrÍ- colas con la de los industriales en nuestro propio país, es posible que se demostrasen olras desventajas de los primeros. Si.se comparase, en fin, la situación de los obreros agrícolas de Andalucía y Extremadura con la de otras regiones de la Península, se apreciarían seguramente diferencias muy significativas." Es decir, que está oficialmente demostrado que la última, la más espantosa de todas las situaciones, es la de los jornaleros andaluces. Considérense ahora los detalles de esta comprobación. Me circunscribo únicamente a los datos oficiales y prescindo de los adquiridos por la propia observación, los cuales pudieran parecer exagerados. Alcanzan los jornales más frecuentes (según la citada "Información") en las provincias andaluzas, los pagados en metálico, a 150 peseta en Almería, Huelva y Jaén; a 140 en las de Málaga, Córdoba y Sevilla; a 180 en la de Cádiz, y a 110 en la de Granada; y los eS As ¡ . qe, que se satisfacen parte en metálico y parte en alimen- en Huelva, a 1'80; en Jaén, a 2. Estos son, como heda provincia) cuyo jornal (incluyendo metálico y espe. inviernos, y en algunos pueblos en primavera y otoño, 2 dos entre las personas pudientes, perciben el jornal de - un modo incompleto; prolongándose dichos períodos, en. -Tepugnante y forzada catidad (17), hasta tres meses, co- 'mo ocurre en algunos municipios de Almería; que aun los (generalmente de horrible calidad), ascienden: en Almería y Cádiz, a 150; en Sevilla, a 160; en Córdoba, a 1'65; en Granada, a 140; en Málaga, a 145; mos dicho, los jornales calificados en la Información - referida de más frecuentes. Advirtamos que en este orden hay jornales mínimos, y, por tanto, que existe cabeza de familia que gana hasta ¡35 céntimos! len algunos lugares de Almería). Considérese, además, que en los lugares donde el jornal se percibe parte en dine- ES ro y parte en alimentos, llégase a pagar hasta el 60 por 100 en especie (como sucede en algunos pueblos de - Sevilla y Málaga); que existe una proporción respeta- 5% ble de braceros (el 10 por 100 en la últimamente citacie) no llega a una peseta; que este mísero salario deja de cobrarse en las frecuentes holganzas por fiestas o falta de trabajo; que hay períodos en el transcurso de los durante los cuales, al ser los obreros del campo repartique la dignidad del trabajo sucumbe humillada por una — 114 — rio (el 18 por 100); consideremos detenidamente todas estas cifras, que nos dan la clave de las expresadas miserias de los campesinos andaluces, y ante la im posibilidad en que éstos se encuentran, dados las actuales circunstancias, de mejorar de situación, como dicen muchos Ayuntamientos informantes, ante los hechos que así lo condenan a'clamar eternamente pan y trabajo en la puerta de las alcaldías, no solamente se sentirán acudir lágrimas a los ojos, como aseguraba el gran ministro de Carlos H, sino que habremos de preguntarnos con indignación cómo la más cobarde indiferencia ha respondido durante tanto tiempo a las causas que, provocando tal estado, han producido el envilecimiento de una gran parte del pueblo, constituída por la clase campesina, la más principal, la base del pueblo, en un país como Andalucía, esencialmente agricultor, Imposibilidad de redimir al jornalero para la vida colectiva en las actuales circunstancias económico-sociales. ¿Se comprende ahora la insuficiencia para hacer brotar entre los andaluces la conciencia colectiva de todos los remedios ordenados a su invocación directa? Aquellos que son tratados como bestias, sólo instintos pueden sustentar. ¿Cómo se ha de alcanzar aquel efecto en la inmensa mayoría de los andaluces, si tienen los cerebros apagados, si tienen los estómagos enflaquecidos, si una espantosa miseria les impide sentir los más simples afectos y concebir los más elementales fines de solidaridad farniliar? Hablad de ideeles colectivos a esos hombres, cuya aspiración suprema consiste en procurar que no les falte el penoso y embrutecedor trabajo, el cual, consumiendo en absoluto su vida, tiene por única retribución un jornal hasta de treinta y cinco céntimos, con el que han de procurar a toda una familia el miserable alimento de un grosero pedazo de pan; a quienes periódicamente, hasta durante trimestres enteros, han de ser recogidos por patronos, que les reciben como carga enfadosa u obligación pesada; a los que, desde la infancia al sepulcro, son martirizados por el hambre, no respirando otro ambiente que el de una constante humillación... ¡Son incapaces de comprender ni de sentir otro ideal que no sea el de la conservación de la vida física, reducida a sus últimas trincheras, a las más degradantes posiciones, por una miseria fatal, implacable, cuyos rigores no suaviza la más lejana esperanza de redención! 0 Y en este estado, cada individuo se encierra dentro de sí para procurar su propia defensa. No puede rradiar fuera de síideas y sentimientos que constituyan el espíritu del cuerpo social, porque sus fuentes están secas, porque todos los escasos jugos del cerebro y del corazón esián absorbidos por las imperiosas exigencias de aquel fin. Por esto la antisolidaridad es inevitable. La disociación empieza entre los individuos de la familia y llega a manifestarse y a impedir la constitución de las formas superiores de sociedad. Ni espíritu familiar; ni — 116 — municipal, resultante de la asociación de las familias; ni provincial, que pudiera resultar de la asociación de municipios; ni regional, producto de la asociación de las provincias. Las familias y los municipios y las provincias andaluces, sólo son sombras de realidades, que vienen a constituir en Andalucía, una sombra de región. Pero aunque esos individuos que componen el pueblo andaluz pudieran llegar a comprender y sentir los expresados ideales; aunque la acción directa, educativa, legal o extralegal, llegara a producir esos efectos, ¿de qué servirían? La efectiva libertad no correspondería a la depuración espiritual alcanzada por el imperio en las conciencias de tales ideales. Los jornaleros andaluces tendrían, por consiguiente, un nuevo motivo de sufrimiento. ¿Pueden hoy ejercitar sus derechos? ¿No están éstos a merced de quien les emplea? ¿Cuál si no ésta es la causa de la agudización del caciquismo en las provincias andaluzas? En ella el cacique encuentra una base firme que le permite reobrar impunemente, degradando más aún sobre el medio degradado que le creó, La libertad de la gran masa de los andaluces depende de la providencia de los pocos patronos (cada vez existen menos), propietarios y empresas mineras (éstas, en su inmensa mayoría, se encuentran en manos de extranjeros, con grave quebranto de la dignidad y aun de la independencia del país), que tienen la facultad de emplearles. Su vida, como dice Lorín, está a merced de los propietarios de la tierra, y — 17 — Hemos, por tanto, corroborado lo que nos proponíamos demostrar: esto es, que el obstáculo de la falta de energías primeras y de la imposibilidad de liberación de las existentes, es decir, la falta de primera materia, haría insuficiente la acción encaminada de un modo inmediato a crear una conciencia colectiva, a dirigir el espíritu del pueblo andaluz en el sentido de su ' purificación y a fortalecer el genio regional, como base de un robusto regionalizmo sentimental que provocara una estrecha solidaridad de afectos entre las provincias andaluzas; antecedente necesario del regionalismo artístico, cultural, jurídico, político, y, por consiguiente, del ejercicio por Andalucía de su libertad, como Todo distinto y unidad indivisa, para velar y procurar el cumplimien- to de sus privativos ideales. Y también hemos demostrado que las circunstancias económico-sociales que condicionan en lo presente al pueblo andaluz, han de producir necesariamente estos efectos. Inexistencia en Andalucía de un pueblo capaz de ser consciente y libre. Esto es, hemos llegado a la conclusión de que Andalucía no puede crearse o reconstitu/rse, porque en ella no existe un pueblo posibilitado mientras existan dichas circunstancias, o capaz de ser consciente ni de ser libre. Hay, pues, que llegar a crear un pueblo Que pueda llegar a conseguir esta capacidad, para traajar sobre él, para obtener, en una palabra, primera Materia moldeable. 10 ES UAT creados, en cuyo servicio se esgrimen los citados argunmentos. “ Por de pronto, veremas que esa acumulación no procede de la incapacidad de los jornaleros para poseer la tierra suficiente a la satisfacción de sus atenciones, mediante el correspondiente cultivo. Desde luego, no voy a alegar que esa incapacidad para poseer y dirigir los cultivos está únicamente demostrada con relación a los grandes propietarios territoriales que, lejos de cultivar sus terrenos, los dedican a cotos de caza, a cerrados de toros y a dehesas y prados naturales, cultivados sólo por la acción de los agentes y meteoros atmosféricos, Andalucía fué un extenso jardín con árabes y con romanos. Hoy es un erial sembrado de algún que otro oasis. Esto demuestra la capacidad de los actuales propieterios de la tierra en Andalucía. Diariamente, a la vista de todos, se desarrolla un hecho que patentiza la capacidad del jornalero. Este intenta su redención, procurando adquirir los elementos que le conviertan en individuo de la clase media campesina. ¿Qué significan, si no, esas determinaciones su- - premas en que los campesinos, sin campo, acosados por , la desesperación, deciden abandonar para siempre la tierra que les vió nacer? Es horrible examinar las estadísticas de emigración, sobre todo, las comparativas, publicadas por revistas extranjeras. No ya una cifra igual a la de los países que más, sino doce, quince veces mayor que la de las demás / — 1% — naciones juntamente consideradas, es lo que representa la emigración española. Y de las provincias andaluzas ya sabemos que emigran pueblos enteros. ¿Y qué van buscando los jornaleros en los países lejanos? Tengo dicho en otro lugar que muchas veces he Oído a los emigrantes hacer esta afirmación, la cual pro- Y duce un inmenso desconsuelo, que sólo puede calmar un firme propósito de apostolado: "¡Allí dan tierrasl..." Es la frase que se les oye exclamar cuando determinan alejarse de Andalucía, con la mira puesta en ajenas patrias ¿Cómo, pues, se afirma, es la incapacidad del jornaleto para poseer y cultivar las tierras de Andalucía, lo que determina la acumulación de la propiedad? ¿Pues cómo van a buscarla y a labrarla en los países que se las ofrecen? ¿Cómo las cultivaban antes de ser reducidos a jornaleros, los que han sido pequeños propietarios? ¿Cómo las cultivan aún en los pocos pueblos donde está repartida entre ellos la tierra? ¿No es sinónima la expresión de término municipal bien cultivado, a la de término municipal bien repartido? ¿Se alejarían de su patria si en ella encontrasen lo que buscan en la emigración? No. ¿Y sin tenerla aquí, cómo la van a cultivar? ¿De Qué les serviría ser todos peritos en agronomía, sin tierra y sin recursos para aplicar su ciencia? No necesitan que el propietario les conduzca a la tierra, para llegar a cultivarla, como para cumplir la función de votar les conducen los caciques a los colegios electorales. Van ellos 1 — 126 — por sí, ansiosos de encontrarla, aun más allá del Océano. : ¿Y qué significa esto sino que aquí no solamente el propietario no ofrece al trabajo sus tierras, sino que ni le deja saltar las vallas que garantizan la posesión, siempre exclusiva, sea o no acompañada por el uso que sobre aquéllas ejercen? Y esto último está demostrado porque no sólo no faltan, sino que sobran tierras en Andalucía para los excedentes de emigración. En general, todo el mundo sabe que el territorio español es uno de los más despoblados. Mientras Italia tiene ciento dieciocho habitantes por kilómetro cuadrado, Andalucía, no obstante la leyenda de su fertilidad, tiene cuarenta, alzándose apenas del promedio de España (treinta y nueve), mientras que a Francia resta por cultivar de su territorio sólo un nueve por ciento y a Inglaterra un veintiocho con cuatro décimas; España tiene incultos el cincuenta por ciento, y el resto, hasta el setenta y cinco, por cultivar. Ahora; es frecuente oir decir que esto sucede por la gran esterilidad del suelo y por la falta de irrigación. Pero es lo cierto que, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, sólo 3.500.000 hectáreas, de los 50.000.000 de hectáreas que componen la extensión de la península, son estepas incultivables, En Andalucía, prescindiendo de las ciento treinta mil hectáreas, próximamente, que ocupan las denorminadas marismas en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, son innumerables las dehesas, los cotos de caza, los terrenos inscritos en los amillaramientos como de Puro pasto; terrenos a los cuales, si los jornaleros tuvieran acceso libre, no se verían precisados a emigrar. He presenciado muchos casos elocuentes que demuestran cómo tal vez, con sólo tierra, sin necesidad de que los Poderes se preocupasen de facilitar capital al jornalero, éste lentamente llegaría a redimirse. Les he visto demandar tierras en montes, dehesas y prados naturales, para sembrar semillas, procuradas a costa de inmensos sacrificios, y negárselas despiadadamente, impidiéndoles de este modo trabajar durante las huelgas festivas O los paros forzosos, y privándoles así de la ayuda que buscaban para su jornal. No hace mucho, desde un pueblo de la provincia de Cádiz, un hombre compasivo, exgobernador civil y diputado provincial, impresionado por la salida en masa de 200 habitantes de la población, que se encaminaban a Gibraltar para embarcarse con rumbo a los archipiélagos de la Polinesia, solicitó de un noble, con ocasión del matrimonio de éste, el que dispusiera en los exten- Sos terrenos de cierta finca suya de aquella provincia (17.000 hectáreas de tierra virgen), la colonización de algunos de ellos como medio de restar a la emigración Unos cuantos centenares de familias obreras del campo. Según el periódico de donde tomo esta información (El impuesto Unico, órgano oficial de La Liga Española, Ronda, núm. 316), el terreno continúa tan salvaje Y los vapores siguen saliendo de los puertos de Cádiz y de Gibraltar abarrotados de emigrantes. El noble ha hecho tanto caso de la petición como de las coplas de Calainos. | | | 4 | | | A A e a e papa lg dei UA e — 128 — ¡Así laboran por la patria los propietarios territoriales! ¡Y extrañarán sin embargo que renieguen de aquel nombre sagrado, confundiendo su esencia con la de los intereses que les perjudican, los desdichados a quienes expulsan de la tierra que les viera nacer! Con ellos va España que se desangra por los puertos. Todos los años, la holganza de la propiedad territorial hace perder a la nación más defensores que si estuviese empeñada en una guerra continua. La acumulación de la tierra y el régimen de la propiedad. Casos de estos pudieran citarse todos los días, corroborando que no es la incapacidad de los jornaleros para redimirse y para cultivar sus tierras, lo qu> determina la necesidad de la acumulación de los terrenos y de su régimen por los grandes propietarios, sino lo contrario precisamente. Lo que determina la imposibilidad de la redención del jornalero, de su conversión en individuo de la clase media campesina, y mantiene inculto el solar andaluz, es la acumulación de esa denominada propiedad de la tierra y el régimen que la hace subsistir, reconociendo sobre aquélla un poder absoluto a los propietarios para impedir a ellas el acceso de esos infelices. Examinemos, pues, las causas que obran la acumulación, lo que equivaldrá, como se induce después de lo dicho, a analizar los principales efectos del régimen que la produce y mantiene, estudiando después si tal régimen está conforme con los principios del Derecho yde la Justicia social, y en caso negativo, si es posible sustituirlo por otro que, inspirándose en dichos princi- - plos, determine el resultado que nos proponemos obtener: la creación de una clase media campesina. Pero ante todo pongamos en claro una cuestión, la cual creo de palabras, no de conceptos, pues no quiero hacer la ofensa a los que defienden los actuales intereses, de creer niegan sistemáticamente lo que han visto y ven a su alrededor, haciéndose acreedores al desprecio que merece los que por miedo o interés se atreven a negar la evidencia. Me refiero a esa cuestión que he visto planteada algunas veces de manera más o menos tímida, acerca de si esa acumulación cuyas causas nos proponemos averiguar, es o no cierta; pretendiéndose negar al negar el latifundio, es decir, que se pone en duda por algunos la existencia del latifundio en Andalucía, y hasta se llega a preguntar si éste será un sueño de agitadores. Existencia y formas de acumulación Latifundio es un predio en el cual puede ejercita:- se la actividad de muchos, dominado por uno solo. Asi se induce de los elementos que fundamentan el valor gramatical de su etimología (fundo grande; es decir. desproporcionado, por esta causa, para la actividad y necesidades de un solo individuo o familia) y de su Primitiva significación histórica tal como la compren- 9 j Ho Y: paz dió Plinio cuando pronunció su célebre frase: "Los latifundios perderán a ltalia*, sugerida por el espectáculo de la acumulación de los fundos repartidos entre las familias romanas para su mantenimiento, por la ley de Licinio, el ilustre tribuno de la plebe. Así se llaman (actualmente, v. gr., en Irlanda los grandes dominios de los "lores"; en Galicia, las tierras dadas a foro entre muchos que pagan renta o pensión a un solo señor directo; y creo que en Andalucia puede llamarse latifundios a los inmensos predios capaces de sustentar y de consumir la actividad de centenares y aun de miles de familias, como los enormes ¿cazaderos, los más grandes por su extensión en el mundo civilizado (el coto de Doñana tiene 45 kilómetros de costa al Atlántico y más del doble tierra adentro), las famosas dehesas (sin incluir los pequeños cerrados) de toros bravos, que todos conocen, y las grandes extensiones de terreno (algunas lo son tanto que todavía -se denominan, y con razón, estados, v. gr., Castellar, donde se encuentra la "Almoraima"), procedentes o no de la conquista, vinculados en casas burguesas o de abolengo y sujetas al dominio de un propietario que, a su arbitrio, las cultiva.o no, por sí o por medio de arrendatario, sin que el concepto de latifundio pueda quedar desvirtuado por la concurrencia u omisión de tales circunstancias. La existencia del latifundio en Andalucía es un hecho que todos vemos, que todos podemos justificar con citas determinadas. ¿Cuántos pueblos hay en nuet= ho región que no padezcan del mismo mal? Remóntese - Acumulación en pocas manos de la propiedad inmueel Guadalquivir con sus islas y riberas; las vertientes de Sur y de Levante y el interior de todas las provincias; -€l mismo temor a esos grandes propietarios territoriales, — -Cipal, hasta reducir a sus vecinos al estado de jornale- T03, sometidos al dilema de emigrar o perecer. la Mariánica con sus selvas vírgenes y con sus peladas laderas y cumbres; gran parte de la costa andaluza del en todas partes se encuentran las mismas grandes fincas, cultivadas, a lo sumo, extensivamente, dedicadas a los Mismos usos citados más arriba, y en todos los pueblos : que, poco a paco, van apoderándose del término muni- Hasta las fronteras, al mismo tiempo y del mismo modo que el escándalo de las miserias del jornalero, ha traspasado el de la barbarie del latifundio. No he leído Un solo escritor extranjero que al estudiar el estado actual de la agricultura y de la emigración españolas deje de traer a colación los grandes dominios de Andalucía. Pero el latifundio es sólo un efecto específico de la | « le. No constituye su única forma de manifestación. El Proceso de dicha concentración se opera con respecto a predios contiguos, para constituir un gran núcleo, por a adición de todos, como es lo corriente (por el deseo Batural y la conveniencia del dueño de tener todas sus Propiedades comprendidas dentro de los mismos límites), u obra con relación a fincas situadas en lugares dishatos, con solución de continuidad más o menos exten” sa. En el primer caso se tiene propiamente un latifundio: unidad del elemento real (una sola finca) y del personal (un solo dueño o varios, pro-indiviso). En el segundo, no existe latifundio por faltar la unidad del elemento real. Pero revelándose más o menos inmediatamente, con mayor o menor crudeza, son iguales los efectos de una y otra especie de acumulación. Por esto lo importante es averiguar si ésta existe, llámese o no latifundio. 7 Simplificada así la cuestión, -sin remontarnos a épocas más lejanas, sólo hay que comparar en cualquier pueblo andaluz los datos más antiguos de los amillaramientos con los más modernos y con los actuales del Avance Catastral, y se verá patentizado el hecho de que la propiedad de la tierra se concentra, siguiendo un proceso regido por leyes semejantes alas físicas, que regulan el movimiento acelerado. La acumulación de la propiedad, generalmente bajo la forma de latifundio, pueden comprobarla con sólo mirar a su alrededor los lec-- tores de casi todos los distritos rurales de Andalucía (18). Lo mismo sucede con su necesaria consecuencia más inmediata. La reducción de los campesinos a jornaleros, o minifundistas o a colonos de ajenas tierras, que después de haberse debatido feramente contra la miseria, armada de rentas, usuras y contribuciones, van a engrosar la gran masa de los jornaleros, Este es el efecto que la referida acumulación produce ahora en Andalucía: el mismo que ha provocado siempre al existir, desde la Reconquista, en nuestra región; corroborándose con ello es esta la causa de la desaparición de la clase E y al media campesina, ya demostrada con la capacidad del Jornalero para poseer y cultivar las tierras. Prescindiendo de citar datos relativos a más antigua fecha, escritas parecen para la presente estas palabras que lo fueron en el siglo XVIII, dándoños a conocer la Persistencia del mal productor de nuestra espantosa decadencia y de sus consecuencias desastrosas. En 1767 un vecino de Osuna solicitaba protección de los Poderes, en nombre de otros desamparados, diciendo: "...que los poderosos tenían diversidad de cor- -Kjos y dilatadas porciones de tierra, en lo mejor y más fértil... y como dichos poderosos las usaban ahora para Porrajes de sus ganados... ponían a los vecinos en una Especie de esclavitud, cortándoles todos los caminos Que tenían para ganar el sustento, que no fuera el del preciso jornal; y aun éste incierto." "Uno de los mayores males que padecemos, decía Olavide, el intendente de Sevilla, en la Información Para una ley agraria (1781-1785), es la desigual re- Partición de las tierras, y que las más de ellas están en pocas manos", y el síndico personero de esta ciudad, haciéndose cargo de lo informado por los diputados e los diversos lugares", en un expediente instruído Para que puedan continuar los de cortas labores y no Quede en negociación de unos pocos el sustento de todos Os vasallos", se expresaba de este modo: *...y así se Ye que el pueblo de que se apodera alguna rica comu” Midad o alguno de estos caciques, queda en poces años reducido a la infelicidad; porque siendo su poder supe- — 140 — sos suficientes, dimanantes de otras fuentes de ingresos. 3,2 Influye también en los efectos indicados, la particular psicología de los propietarios andaluces, que necesitan, para sacudir la indolencia meridional, del acicate de grandes estímulos; y, acaso, la ignorancia de la estrecha relación existente entre la mayor explotación de sus fincas y la prosperidad de la patria; o quién sabe si la insensibilidad y la incomprensión que responden a este concepto, cuando exige el más leve sacrificio de aquellos que únicamente mueven los labios al pronunclar tan hermoso nombre. Se me dirá que existen propietarios cuyos terrenos son objeto de explotaciones agrícolas montadas conforme a las exigencias de los más modernos adelantos. Pero tales terrenos y explotaciones son como oasis perdidos en un desierto de tierras totalmente incultas o usadas en pobres cultivos extensivos (22). Además conozco algunas de esas explotaciones, y precisamente de las que se desarrollan sobre fincas o latifundios enormés de media docena de miles de hectáreas. Son exclusivamente debidas a las laudables condiciones personales de sus actuales propietarios, a quienes por tales muestras de actividad, de cultura y aun de noble civismo, es justo ensalzar y, por consiguiente, injusto incluir en toda apreciación general cuando de los hechos derivamos cualidades contrarias, atribuíbles a la mayoría de sus colegas. Pero esas condiciones se extinguen con las personas a quienes caracterizan, sin que pueda asegurarse la — 141 — perpetuidad de las mismas. Nada significan tampoco estos hechos aislados en beneficio del sistema, sino lo contrario, precisamente. El que esos casos sean tan poco Numerosos, patentiza la necesidad de concluir con un régimen que encomienda la prosperidad de la agricultura exclusivamente a la voluntad, a las dotes particulares o al poder de los propietarios. Aun esas inmensas explotaciones a que nos hubimos de referir, ¿producen efectos más beneficiosos que silos terrenos en ellas comprendidos estuvieran distribuídos entre centenares de familias, las cuales, como propios, los labraran? No voy a discutir las ventajas del cultivo intensivo sobre el extensivo. Datos elocuentes abonan las conveniencias del primero sobre el segundo, cuando la población es numerosa y escasa la cantidad de tierra disponible, bien porque en realidad haya poca, bien porque a ella impidan el acceso los propietários. Dando por su- Puesto en el cultivo intensivo la peor calidad del fruto, la producción es mayor que en el extensivo, y de mejor O peor calidad se produce para más grande número de habitantes. Pero, aun suponiendo fuese real el hecho de la mayor producción y al mismo tiempo de la mejor calidad de las cosechas obtenidas por el cultivo extensivo, * _tabonaría este hecho la conveniencia del régimen actual? En primer lugar, como hemos visto, el propietario no cultiva ni extensiva niintensivamente, y, además, ¿qué importaría esa mayor producción subsistiendo este régi- nas y ly E men? La opulencia de los opulentos se acrecentaría; ¿pero llegaría al hogar del pobre? ¿Llega hoy, cuando todo le falta, el todo que a la opulencia sobra? Tenemos que resolver un hondo problema de distribución, no de producción, precisamente. "Lo que conviene, decía Olavide, en la información citada, es que haya muchos vasallos ricos y bienestantes, y no que en pocos se reunan fortunas inmensas." Aunque a esta frase yo añadiría: Bien que existan los segundos, pero sin perjuicio de los primeros. Que todos los habitantes de Andalucía, en todo tiempo, tengan tierra para emprender sus labores, y, sin perjuicio de esto, que se formen grandes capitales, que vengan inmensas fortunas a explotar el suelo que resulte vacante. Eilo sólo producirá el efecto de aumentar la prosperidad de la región. Y si no hay que esperar cultiven, menos que existan propietarios los cuales, ya que no exploten por sí sus tierras, las cedan a los demás por una módica merced. Conozco algún caso. Renta invariable muy inferior al tonto por ciento que normalmente corresponde al capital representado por el valor en renta de los terrenos. Arrendamiento por seis años, y respeto al colono actual en la renovación de los arriendos, y aun a sus descendientes y cesionarios por título gratuíto u oneroso, Pero estos son hechos aislados (exactamente como el relacionado o que acuse tanta liberalidad, sólo conozco uno en todo Andalucía), aun mucho más escasos en número que el de esas explotaciones agrícolas a que antes nos hubimos de referir. Depende, como éstas, de las — 143 — condiciones personales del propietario; mejor dicho, de su abnegación en no aprovechar todo el margen de uti. lidad que le ofrece el derecho. Son casos singularísimos, que de ningún modo pueden justificar un sistema, Prueba de lo que decimos es que los arrendatarios, quienes de ese modo llevan sus tierras, temen a cada 1ns- tante el cambio de dueño o una rectificación de su proceder, que sumirían a muchos habitantes de las conta” dísimas poblaciones que de cllo tienen ejemplo, en el más grande desamparo. ; La acumulación de la propiedad en Andalucía es un hecho, cuya remoción tampoco puede abandonarse, esperando su fraccionamiento de la acción natural de los cambios, como sucede en algunos países de Awménxica, v. gr., en la Argentina, donde algunos enormes latifundios se fraccionan al considerar los propietarios negocio ventajoso la renta fraccionada de sus tierras, pues al factor de la miseria general y de las leyes económicas que hemos examinado, las cuales determinan la acumulación natural de los terrenos al actuar sobre el plano artificial que el actual régimen les ofrece, se une, para imposibilitar este Án de la venta de fracciones de la indicada propiedad, el carácter de abolengo que ésta tiene en los viejos países, ya ubservado por algún es- Critor, He mencionado algunas veces el hecho de solicitar de casas de abolengo la venta de parcelas de tierra más O menos grandes, y aun insignificantes, por precios €scandalosos, que asegurarían al vendedor una exagerada a ganancia, siendo rechazadas de un modo absoluto las ofertas de los compradores. Tampoco puede existir la esperanza de que se curen estos males por la virtud de esa acción anodina que los Poderés públicos ejercen mediante leyes de colonización, Sindicatos, Cámaras agrícolas, Pósitos, etc., etcétera, con que nuestros gobernantes se proponen redimir una agricultura sin tierra ni labradores, no obstante los fracasos continuados o la ínfima transcendencia y eficacia de esas medidas que carecen de objeto o de factores de aplicación. Lo primero que hay que hacer es proporcionar tierra a los jornaleros, esto es, poner la tierra a disposición de quien quiera trabajarla, asegurarle su posesión y el goce de las mejoras que en ellas hiciesen; convertirlos en labradores, en granjeros libres, de esclavos que son; en individuos de esa clase media campesina que nos proponemos crear. Hasta que esto. suceda, no se repoblará el país, nj los pozos surgentes alumbrarán las aguas, ni se aprovecharán los manantiales, ni el Gobierno encontrará el entusiasta apoyo de los particulares para llevar a cabo grandes obras de irrigación, ni podrá el Estado acometer grandes obras de utilidad regional, como el saneamiento de esas grandes extensiones de terreno de que ya hablé, denominadas marismas, de grandísimo interés para la región andaluza. Imperante el régimen actual, se daría la gran injusticia de que esas obras, satisfechas con recursos del Estado, es decir, de todos os contribuyentes, cedieran en beneficio casi exclusi- Yo de los actuales dueños de las tierras beneficiados, los cuales, probablemente, concluirían sometiéndolas al 'ismo uso que tantos otros hacen, como hemos visto, de terrenos de gran fertilidad: cerrados de toros, pobres cultivos extensivos o cotos de caza. Sólo cuando haya muchos labradores y no unos cuantos propietarios, de los cuales no pocos se adornan con este nombre, Se producirán, espontáneamente, tantos efectos e instituciones como hoy se buscan, en vano, por leyes anodinas a cuyas invocaciones responden únicamente el silencio de los campos despoblados, la hosca aridez de las estepas incultas o los estallidos de un odio de clases, irreductible, que como instrumentos decisivos de apasionadas reivindicaciones, sugiere a los unos la indignidad del látigo implacable, el aumento de guardia civil, y a los otros, la venganza de un sabotage feroz. El bárbaro crimen de las bombas incendiarias. Hay, púes, que convencerse. Manteniendo íntegros los actuales intereses, la acumulación de la propiedad Privada de la tierra y sus naturales o lógicos efectos, Causa de nuestra actual decadencia, es imposible aco- Meter empresa alguna de seria y verdadera redención. Ahora bien; ¿son justos tales intereses? Después de lo dicho, esta pregunta equivale a esta otra: ¿Es justo as- Pirar a vivir y a redimirse? Si fuese posible la esencia justa de aqueilo que im- Pide obra de vida, habían de ser justos esos intereses; y “ante sus resultados, que imposibilitan la vida y grandeza 10 — 146 — regionales, habría que pensar en removerlos. Son tam bárbaras las negaciones de vida que ofrecen en Andalucía los espantosos efectos de la enorme acumulación de: la propiedad de la tierra, que, contemplándola, los más. empedernidos individualistas antiguos pedían la intervención del Estado; y, así, Jovellanos, el que afirmaba rotundamente su credo de "suprimir la ley allí donde el interés puede hacer su oficio", aseguraba también que era preciso adoptar medidas encaminadas a estimular la división de los grandes cortijos de Andalucía. Ineficacia de las medidas encaminadas a corregir los efectos del actual régimen de propiedad privada de la tierfa. Hay, pues, que poner fin al actual estado insostenible; pero ¿se pueden corregir los efectos desarrollados por la consagración de tales intereses hasta obtener el ideal de la clase media campesina, sin variar radicalmente, totalmente, el régimen jurídico y económico que lo ampara? En este criterio parece inspirarse, entre otros sistemas. que pudiéramos componer con los antecedentes ofrecidos por la historia de las instituciones agrarias ju-, rídicco=sociales en nuestro país, ese que dicen de moderno socialismo agrario o intervencionismo del Estado, di”. rigido inmediatamente a corregir la crudeza de los mencionados efectos, Circunscrito el fin a este resultado de una mera co- — 147 — trección de efectos, nos parece la solución embarazosa, lncompleta e ineficaz. El aumento de oficinas y de funcionarios que su- Poncría la creación de los tribunales y "comisionados de la tierra" estilo Lloyd George, sería un paso atrás en la unificación de fueros, que vendría a aumentar la com- Plejidad burocrática, creándose, quizás, nuevos resortes al servicio del caciquismo. Esto, sia mencionar los conflictos a que las discrepancias de tasación de rentas, Causas de desahucio, etc., etc., darían origen. Además, esta doctrina que pudiéramos decir de intervencionismo Agrario, tiene en su contra los mismos argumentos que - Pudieran oponerse contra el intervencionismo industrial. a en el siglo XVIII observó esto último Olavide, Cuando decía que "para que la cuota fija... que el Con- Cejo debe señalar por tasa al arrendamiento de la tie- "la, no puedan burlarla los ' propietarios imponiendo Sraudulentamente otra mayor, y los arrendatarios se ani- Men a perfeccionar el cultivo y mejorar la tierra, es preciso vincularla en éstas mientras no dejen de pagar la a renta." Las leyes proteccionistas agrarias vendrían a tener, pozo más o menos, la misma eficacia que hoy tie- Men las dictadas contra la usura o las que integran el intrvencionismo industrial: descanso dominical, protec- Ción a la infancia, trabajo nocturno, etc., etc. En orden a la corrección de los mencionados efectos, € más radical, justa y simple, y tal vez de más amplia Y Próxima eficacia, aquella solución que encontramos en gunos códigos antiguos y fueros municipales españoles, Acid lira da cajita E A td ir fa + | Í Ñ 3 4 BN 14d al prescribir a favor de los labradores "e doquier que fallaren tierras desiertas non labradas, lábrenlas" (Fuero de Logroño: Alfonso Vl: Hinestrosa, 1287), y "que puedan labrar la tierra sin mandado de su dueño? (Fuero viejo de Castilla). De ese modo, como observó Costa, el derecho de excluir a los demás de tal o cual heredad o porción de tierra no nacería del simple hecho de su acotamiento o de una ocupación abstracta, sino de un laboreo efectivo, caducando con la cesación de éste. Una medida legislativa que tradujera en dichas prescripciones tal pensamiento, daría lugar a múltiples cuestiones o litigios. La determinación del primer agricultor que hubiese laborado los terrenos; el momento en que el laboreo hubiese de reputarse concluído, principiando el derecho de otro ocupante; renta o pensión que el dueño tuviese derecho a percibir; cuándo el derecho preferente de éste a labrar sus tierras iba a poder ejercitarse en perjuicio del ajeno cultivador, ya en ellos establecido, etc., etc. Cuestiones son estas susceptibles de ser objeto de múltiples contiendas. ¿Pero se presta menos a ello una acción continuada del Estado, relativa a intervenir en las relaciones de arrendatario y arrendador? Creo que medidas de esta índole conseguirían sólo entretener el tiempo, retardando la hora de la redención de Andalucía. La que se escoja habrá de ser la más simple, pero también la más ordenada posible por sÚ propia naturaleza. Hay que tener en cuenta que nuestr0 — 149 — País, el más castigado por la burocracia, es, sin embargo, el que más repugna las complejidades de organización, Caracteres que ha de reunir el sistema que se adopte. Si el fondo de la cuestión consiste en la creación de la clase media campesina, el único sistema adecuado será aquel que ponga la tierra andaluza a disposición del pueblo, de cada uno de los individuos y familias andaluces, para que cada uno de ellos cultive y explote tanta como necesitare o exigieren sus respectivas necesidades y actividad, asegurándoles al mismo tiempo la Posesión permanente de la tierra que reclamaren estos fines, con el objeto de estimular su mejoramiento, reali- -Zando con ello esta obra de justicia: la de atribuir al poseedor el producto íntegro de su trabajo, la creación de su propio esfuérzo, Esto, como se ve, contradice manifiestamente el fundamento de los intereses que hasta aquí hemos, de Un modo indirecto, combatido. Pero no indirectamente, sino directamente quiero abordar, antes de fundamentar aquel sistema, aunque sea a grandes rasgos, la cuestión de la justicia del régimen que tales intereses representan. Esto es, de la denominada "propiedad privada de la tierra". A ESA e “ ¿Cuál es ese término, o lo que es lo mismo, qué es la patria? ¿Qué se ama al amar la patria? Tanto equivale a preguntar qué relación tengan esos factores con nuestra vida. A ellos debemos la determinación de nuestra personalidad, es decir, el modelado de nuestra vida en la distinción cualitafiva de fuerza antropológica que representamos; y no sólo la determinación, sino que también debemos a esos elementos las condiciones que en ellos encontramos de triunfo de nuestra propia personalidad, propia p “razón de nuestra existencia. Los individuos modelados por un común medio geográfico, étnico, psicológico y por el ambiente moral particular que estos agentes producen, tienen una personalidad común resultante de las afinidades y rasgos comunes. El individuo, por esto, no sólo encuentra en esta personalidad superior una extensión de la suya propia, sino una fuerza de que necesita para que su débil personalidad no sea anulada por la más poderosa persona" lidad de otros compuestos superindividuales, y una garantía de su conservación y triunfo, al poder oponer en el pugilato de fuerzas humanas por el progreso de la especie, a la eficiencia de aquellos compuestos, la eficiencia del suyo propio. He aquí “por qué amamos también, sobre todas, las creaciones o conquistas de nuestra propia raza, en cuan” to no se opongan (como las instituciones sociales qué han perdido su vigor histórico) al progreso de la espe” cie, última razón de vida de los individuos y de los SN a URNA y A A O O at. DE TA O AA dE A E ES A A O Pueblos. Las amamos preferentemente, porque en esas Creaciones científicas, artísticas, "jurídicas y sociales, es Ruestro propio genio, nuestra propia personalidad la que Se explaya y triunía. AR Luego lo que amamos al amar a la patria no es Otra cosa que "una realidad constituida por las condiciones que determinan nuestra personalidad y la perso-. Malidad del compuesto antropológico de que formamos .Parte, y porlasque manifiestan supotencia o virtualidad". Es decir, que la patria es una realidad que conspira Ala determinación de la personalidad y a su triunfo en las esferas superindividuales, y está constituída por las Condiciones que a tales fines se ordenan fundamental- Mente, á Estas condiciones se dan en todos los términos de la * €volución social y política (familia, ciudad, región, na- Sión, son hoy los términos definidos de la evolución de £ste concepto, por la cual razón son constitutivos de verdaderas patrias). Patria familiar: (en los tiempos primiti- YOs, como-después, en épocas más próximas, la ciudad a la región, encarnó en la sociedad familiar, ampliada _€N el clán o en la tribu, etc., la idea superior e inde- Pendiente de la patria) patria municipal o patria chica, Patria regional y patria nacional). En efecto, cada uno € estos términos vincula un solar determinado, una dierenciación antropológica, un genio particular y, por tanto, ideales propios, más o menos definidos, y peculiates creaciones, es decir, todas las condiciones funda- e —— —— DA co mentales cuyas influencias determinan la personalidad: del individuo, así como la existencia de una extensión: natural de dicha personalidad, en la de la unidad constituída por los individuos o compuestos más afines. Y si todas esas realidades encarnan la esencia de la patria, es claro que a todas ellas debe ofrendarse el patriotismo o sea amor a las particulares condiciones que constituyen las mismas, así como con respecto a todas ellas debe sentirse la dignidad patriótica, la cual es instinto conservador de la personalidad común, o sea de la superindividual, del mismo modo que la dignidad particular lo es de la persona de este orden. La diferencia entre las patrias, que hemos definido, es solamente gradual; es decir, todas son de la misma naturaleza, como hemos visto; pero cada una de ella es un compuesto de las inferiores. La sociedad de varias familias determina la ciudad y su personalidad superior; la de las ciudades y la de las regiones, produciendo efectos de naturaleza idéntica, en un orden más amplio, dan lugar a la existencia de la región o de la nación. Y siendo así, es claro que la fortaleza de los componentes es antecedente necesario de la fortaleza del compuesto. Del mismo modo que la sociedad de individuos de personalidad robusta y de fuerza bastante a ésta ordenada, es base precisa de constitución de familias fuertes, las familias de iguales condiciones lo son de “las fuertes ciudades y éstas de las regiones, y éstas 0, aquéllas, de la nación. (Designo estas categorías con los nombres que tienen hoy en España.) cd RE 10% E Odbae personalidad débil son e de > débil voluntad, los pobres de espíritu, y éstos son inca= - Paces de conquistar fuerza material, que, además, les - £s innecesaria, pues la fuerza material es sólo un ins- - Uumento de triunfo, de una personalidad que no tienen. - Sólo los individuos de robusta personalidad son los. - grandes conquistadores, los grandes creadores de aquepo fuerza. Y esto que sucede con los individuos ocurre 0 - Son los compuestos super-individuales, dE Existe una personalidad natural en las familias, en dos municipios, en las regiones, en las naciones. Hay - que fortalecerlas como fuentes inagotables de vida. ¿Por qué ir contra la Naturaleza? S Pero para que tal fortalecimiento se obre, es:preciso Y RO impedir los fueros de esas existencias, que como to- * - das las realidades del Universo, necesitan de libertad para cumplir la ley indeclinable de procurar los medios de su propia vida y de su propio triunfo. 3 Ahora bien; ¿cuáles son las circunstancias que cons- Piran más eficientemente contra tales fines? Indudable- Mente, después de lo expuesto, las que afectan a la Constitución político-administrativa de las realidades Mencionadas, debidas a un exagerado funcionalismo, en - Principio natural, por el que la vida superior tiende a la absorción de los elementos componentes; fraccionando ¿az A unidad de éstos y conspirando, en su consecuencia, a. la extinción de su personalidad, o impidiendo la direc= Ción libre de sus energías en orden a Procurar los meos de su fortaleza. | AS - He aquí, pues, cómo todos los que defienden sistemáticamente estas circunstancias, cómo todos los que se - Oponena la consecución de aquellos fines, con respecto a cualquiera de las patrias, superiores o inferiores, men. : «cionadas, son consciente o inconscientemente antipatriotas con réspecto a todas ellas. En realidad, van contra la existencia de su indivifuerza antropológica que constituye la psicología propia dual personalidad, revelada en las condensaciones de de sus respectivas ciudades o regiones, cuyo fortalecimiento ya hemos visto, es antecedente imprescindible del de la patria nacional. Es decir, en nombre de la . patría atacan la razón de su existencia. Y no vale, para justificar esta actitud, la confusión - del concepto de la nación con el de la patria, otorgando, exclusivamente, tal rango a la primera. Ya dejamos demostrado suficientemente que ese rango, con dife” rencia de grado, es atribuíble a todos los términos refeidos. Añadiremos, ahora, que por igual motivo que se invoca la patria nacional para negar la patria regional | o ciudadana, se puede invocar la Humanidad para contradecir los fueros de la nación. En nombre de España no se puede pedir que se deje de ser catalán, gallego o andaluz: por la misma razón que en nombre _de la Humanidad no se puede pedir que se deje de - ser español, francés o britano; porque tanto equivale a exigir la abdicación de la personalidad originariz, en “aras de una realidad que, precisamente, existe por el m4 r je Contraste de todas ellas. La Humanidad tiene necesidad de genios nacionales diferentes, creadores de civilizaciones distintas. Y de esta distinción en genios y civilizaciones regionales y ciudadanas, tiene necesidad la nación para mantener el fuego de su vida interna y nutrir la potencia de sus energías. Y es que cada genio diferente y cada civilización distinta, son un ojo y una fuerza, mediante los cuales las naciones para la Humanidad, y las regiones y ciudades para las naciones, ven y conquistan un aspecto particular de perfección necesario para completar la obra de su engrandeci- “miento. Por tanto, hay que restaurar las patrias regionales y ciudadanas, y despertar el patriotismo a ellas correspondiente, como condición y estímulo de vida de las regiones y ciudades; antecedente del patriotismo nacionai y base de engrandecimiento de la patria española. Hasta el instante en que nos encontramos, la decadencia de ésta determinóse por una absorción de la vida de aquéllas, que llevara a cabo un bárbaro centralismo, representado por hombres que han hecho también de su soberbia, de su particular egoísmo, o de su vanidad o de su estolidez, el centro de la existencia nacional. La prueba está en que desde que con los monarcas de la Casa de Austria se determina el proceso centralizador, empieza la decadencia nacional, que concluye en la nación moribunda de nuestro tiempo; estado que corres- Ponde al triste estado de regiones y municipios, los cuales, negados o perseguidos por la acción inconscien- 17 te de políticos funestos, apenas si conservan el nombre como revelador de los fueros sagrados de su existencia natural. - ¿No basta a los españoles la elocuente y dura lección de tantos siglos? El pueblo español es el pueblo que más tarda en aprender las lecciones de la Historia. ¿Acabará la Historia de España sin ser comprendida por el pueblo español? Atendiendo, pues, a la Humanidad, la gran Patria Universal de todos los hombres, y'a la patria española, cuyos alientos creadores con su personalidad se extipguen, hay que reconstituir la patria regional andaluza, y hay que desperter y encender el fuego del patriotismo andaluz. ARTICULO ll La tradición de «independencia nacional, como base del regionalismo. El temor a la aspiración nacionalista. Antes de pasar adelante, es conveniente aclarar estas cuestiones, que se proponen frecuentemente para combatir el nacimiento del regionalismo andaluz. Yerran quienes, ofuscados por el hecho de que en Spuña el regionalismo político ha surgido en antiguos Telnos o principados, creen que se precisa de una tradi- -Ción de independencia nacional, como base de la aspitación regionalista. (De aquí la confusión entre nacionaismo y regionalismo que acusan estas palabras de un — 960 orador político: *...Es que el regionalismo político requisre, sobre todo los elementos que constituyen el sentimental, la añoranza que lleva a la restauración visionaria o a la defensa tenaz de una antigua independencia gozada y perdida." (El señor Alcalá Zamora en los Juegos Florales de Sevilla de 1914.) Este prejuicio está tan arraigado, que no obstante ser combatido de un modo magistral por el gran maestro Pi, al refutar el criterio histórico en la formación de las nacionalidades, cuando habla de la emancipación y distinción de la personalidad provincial, se refiere a las provincias que fueron antes naciones. (Las nacionalidades. Págs. 90 y 91 de la 4.* edición.) ltalia, p. e., para vindicar sus fueros de nación, no ha necesitado rememorar ni añorar la restauración de un estado de independencia, del cual, como unidad indivisa naciónal, nunca ha gozado (como dice el mismo Pi; durante la dominación romana fué sólo una provincia del Imperio; en la Edad Media sólo fué nación durante el reinado de Ocloacro y de los Ostrogos, desde el 476 al 533, es decir, unos 57 años). Y esto que decimos de ltalia, podemos también afirmarlo de Alemania, de Rusia, etc., etc. ¿Y si de tal base no necesita un pueblo para ser 0 constituir una nación, cómo va a ser indispensable fundamento de la afirmación de su existencia político-re- gional? Con los pueblos federados en los Estados Unidos de América se da este caso de aspirar a la autonomía, — 261 — dentro de la federación o de la unidad nacional; pueblos de formación reciente, que no pueden recordar, Por tanto, un estado de independencia perdida. Tal sucede durante los tránsitos a las categorías de territorio y de estado, por el que pasan los nuevos pueblos para llegar a formar en la federación. Producto de la concurrencia de circunstancias especiales, geográficas, étnicas, históricas, se constituye un pueblo; surgiendo con su personalidad, su aspiración a regirse por sí y a gobernar su propia vida. El alma de toda esa argumentación, cuando a Andalucía se refiere, no es otra que la de prevenir, entre nosotros, la aspiración separatista que se mantiene en algunas regiones del Norte, evitando así a dicha aspiración el apoyo de una nueva fuerza disgregadora. Esta previsión, que nace de una confusión inexplicable entre regionalismo (sistema de organización social natural que proclama el reconocimiento político y ad- Ministrativo de cada uno de los términos regionales, componentes de la nación dentro de la sociedad nacional) y separatismo (aspiración antisolidaria que tiende a sustraer de la sociedad nacional, para constituir un todo social y político en absoluto independiente, uno de sus términos regionales), es completamente infundada en Andalucía. Es esta última espiración tan extraña al sentimiento de los andaluces, que ni puede llegar a ser Por éstos comprendida, ni en caso de serlo, dejaría de ser rechazada con el horror que a las almas grandes y sencillas inspiran los repugnantes sacrilegios. Ya ten- A A A A A — 268 — Pero hay un hecho, citado desde Pi por algunos autores, que confirma elocuentemente cómo sienten todas las regiones españolas el imperativo de la conciencia nacional. A Por consecuencia de la invasión francesa y de los trastornos revolucionarios y guerras civiles del pasado siglo, ba faltado la afirmación del Poder central, o éste se ha encontrado debilitado hasta el punto de incitar y ofrecer ocasiones favorables para el triunfo de la aspiración separatista. ¿Y se ha manifestado en dichas circunstancias tal aspiración? En 1808, las Juntas de las provincias o reincs "a quienes una guerra que derribó la clave de nuestro sistema político volvió a dejar en libertad de organizarse", voluntariamente elegían una Junta Central que representase la unidad de la nación. Lo intentan también en 1820, en 1840, y hubo conatos de ella en 1854, en 1868... ¿Dónde está, pues, la falta de patriotismo nacional, el antecedente e apoyo en la Historia, de la aspiración separatista? Hasta con la misma historia de Andalucía puede demostrarse que no ha sido el odio a España, sino esa incapacidad para definir el federalismo o el sistema regionalista, lo que ha provocado frente.a las demasías del Poder central, expresiones de rebeldía ordenadas a la separación. ¿Puede alguien dudar del amor a España de Andalucía? Sin embargo, bajo el mismo ministro y el mis” mo rey, cuyo insensato proceder determinara las revoluciones de Cataluña y Portugal, los individuos y famílias de las casas trabajadas por el desastre de aquel ré- ; 8 e 00 = gimen, conspiran por levantar a Andalucía, como sus Vecinos (los portugueses), al conjuro de esta enseña, cuya ingenuidad confirma plenamente nuestra afirmación "Abajo los malos Gobiernos! ¡Viva el Rey don Juan!" Es decir, que para escapar al mal gobierno de Felipe IV de España, no se concebía otro expediente que proclamar rey de Andalucía al Duque de Medina- Sidonia. Compárese este proceder de los rebeldes andaluces del siglo XVII, con este otro, manifestado en el hecho que en seguida voy a citar, de los del siglo XIX, en que ya las provincias o regiones españolas, después de 1808 y de 1820, habían conocido cómo por mediación de sus Juntas podían hacer actuar su voluntad en la constitución y reforma de los Poderes centrales. En 1835, Andalucía da una muestra de existir en ella una conciencia de la unidad regional, así como de latir en esta conciencia su aspiración a tomar parte como unidad consciente en la soberanía del Estado central. Las provincias andaluzas unidas, constituyeron en la Junta de Andújar la más tenaz y resistente a Mendizábal, y en frente de los Poderes nacionales, un verdadero Poder Regional, que contó con fuerza armada Propia, trató de potencia a potencia con el gobierno de Cristina, proclamó doctrinas de Gobierno popular, se señaló honores y tratamiento. (Antonio Alcalá Galiano, Historia de España, etc. Tomo VII, capítulo V); y hasta hubo Junta, como la de Granada, que al propo- Mer para cumplir sus decisiones una corporación com- — 210 — puesta de todas las andaluzas, pedía se declarasen soldados a todos los hijos de la región. Pero ya, lo mismo en Andalucía que en las demás regiones, el movimiento de rebeldía no se concreta en la dirección separatista como medio de escapar al mal gobierno, sino en la acción intimadora encaminada a la reforma de éste; posibilidad que ya concebían por la virtud de los hechos arriba expresados. Y así, en este tiempo, lo mismo las propuestas de federación de los antiguos reinos de Aragón, Cataluña y Valencia, que la actitud de continua rebeldía de los andaluces, no es más que una intimación dirigida al Poder central y ordenada a su reforma. Y este mismo espíritu es el que ha animado los levantamientos posteriores. En el pueblo, pues, de todas las regiones, está arraigado el dogma de la unidad nacional. No hay, por tanto, que temer apoye ese delirio separatista, ni menos el vergonzoso y humiilante designio de agregación a otro país, sostenido por personas a quienes Rocaberti, el catalán historiador del mando francés en Cataluña, llamaría traidores a la historia de su propia región. El pueblo sabe que mediante la simple reforma de la Constitución central, pueden compatibilizarse perfectamente las aspiraciones de vida regional con la de la nación. Sabe que este es el medio patural de satisfacer dichas aspiraciones, y no el separatismo, que repugna a los sentimientos creados por largos siglos de comunidad de Historia, por los vínculos de sangre y por la unidad o continuidad del territorio. — 211 — . De aquí que, no obstante el aparente fracaso bajo el régimen republicano del federalismo en España, y como consecuencia del denominado regionalismo federalista apostolado por Almirall, en Cataluña; no obstante el fracaso del carlismo, con la cual causa se confundió la de los fueros en el ánimo de los sencillos habitantes de Vasconia; no obstante los tremendos desastres nacionales, principalmente los últimos del pasado siglo, presentados por algunos como fracasos no del Poder, sino de la unidad nacional, ni el separatismo catalán, ni su trasplante el separatismo de los batzokis vascos, la obra del estudiante/barcelonés Sabino Arana, han conseguido hacer estallar esas explosiones de voluntad y de entusiasmo populares que responden siempre a la causa de la libertad de un país, cuando ésta es amenazada O entredicha por el extranjero. Prueba evidente de que todas las regiones españolas considéranse comó miembros de una gran familia. Los partidarios de la idea separatista, o arrastran una vida lánguida, defendiendo alsladamente sus aspiraciones, o se suman a fuerzas O Partidos de transacción. No merece, pues, el separatismo la consideración que se le otorga. ¿Pero aunque así fuese, sería la per- Sistencia del régimen centralista actual el mejor medio de combatirle? ¿No es criterio más acertado el de otorgar al pueblo todo lo de justo que los separatistas pueden invocar? Así no quedaría ni aun sorbra de éstos, dejándolos Sólo representar la odiosidad de lo injusto. Olórguese —- 2712 — a los pueblos libertad para regirse por sus antiguos fueros o por las nuevas leyes que ellos fabricaren, en cuanto no perjudiquen la solidaridad naciomal, y así se privará a los separatistas del dictado de amigos de la libertad - de sus regiones, dejándoles sólo el de enemigos de la solidaridad. El propósito de concluir con esos vergonzosos estigmas de decadencia, por ser tan loable, debe ser entuslastamente apoyado. Pero por los medios de invocar y proteger enérgicamente contra esas pretensiones, las leyes, los derechos y los deberes derivados de la Naturaleza y de la Historia. Las regiones tienen derecho en principio a su autonomía o reconocimiento político regional. Proclámese con respecto a todas elas este de* recho. Concédase a las capacitadas para su ejercicio, espontáncamente, para que el proceder forzoso no parezca cobardía que aumente,el desprecio de las regiones al Poder central; francamente, en toda su amplitud, sin vacilaciones ni temores, procediendo con la firmeza re- =— veladora de la consciencia del propio poder. En un regionalismo progresivo está la única arma que puede esgrimir con éxito el espíritu de libertad contra el de retrogradación que informa al regionalismo separatista, el cual, para triunfar, acude a un recurso poderoso que» el primero, más propiamente, más legítimamente puede aprovechar y emplear como estímulo para sus fines de vida. Dicho recurso es el que representa la invocación al sentimiento de la personalidad regional, extensión de la individual. Los poderosos estímulos derivados de la — 273 — Mmecesidad de defender y de hacer triunfar la personali- «dad, no han sido creados para ayudar la causa de la tetrogradación, quien puede aprovecharse de los mis- :mos, buriando su inconsciencia, sino para servir de acicate generoso a la labor por el progreso. En este sentido, la doctrina que proclama la personalidad y fueros de la región o regionalismo, como la que defiende los de la ciudad y los del individuo, no es otra cosa que un complemento, una parte de la doctrina de la libertad, la cual proclama el respeto a los : fueros de los organismos creados por la naturaleza, como condición de su eficiencia para obra progresiva. El respeto al individuo supone el respeto a la ciudad y a la región. Sólo aproximando al individuo los órganos . del poder, podrá éste mover sus resortes para traducir en hechos sociales las creaciones de su genio propio. La verdadera doctrina del regionalismo, como ten== dremos ocasión de comprobar más adelante, no es, pues, una doctrina de conceptos excluyentes y antisolidarios. Se llama así porque precisamente el proclamar los fue- Tos de la región es su particular objeto; pero en cuanto €s parte de un todo, ha de hallarse animada por el mismo espíritu que a éste informa. | Libertad es uno de los términos de la doctrina del Progreso; pero el otro es solidaridad. Tanto come de la do Primera necesita aquél de la segunda. No sumas, sino. Compuestos de elementos libres. | E Un sistema que así traduzca el equilibrio armónico de la obra natural en la constitución nacional, no sería 18 — MA — causa de disgregación, sino que habría que esperar de su vigencia lo contrario en una patria como Iberia, desgarrada, precisamente, por la resistencia que victoriosamente opuso Portugal a serun elemento negado en la absorción de una suma. ¡ARTICULO IV La patria y el patriotismo andaluces. - E 4 En esta región existen muchos abres que creen en la necesidad de hacer Andalucía, tal vez por las ra- 20nes que he procurado condensar en mis anteriores artculos, NE sin embargo, ¡colmo de la abulia provocado tido de las palabras! Los unos dicen que se necesita crear; 10d otroki” Po o fortalecer; y por esta distinción de palabras (o cuanto se considere que, en definitiva, todo es dE 00) rehusan unirse para la gran obra que demanda. DS e E — 276 — el concepto en que ambas convienen. "Hacer Andalucía". : Hasta hay quien pregunta "¿Andalucía, existe?"... Ya, en otro lugar, he procurado poner en claro esta cuestión. (V. Ideal Andaluz. Parte 11.) Yo creo que si no existiera, nadie hablara de hacer Andalucía. Y la razón es bien sencilla: no existirían andaluces, ningún andaluz... En los dinteles del renacer hay que hablar a los hombres con razones de niños. Los principios del renacer constituyen una infancia de los pueblos. Y los pueblos se componen de individuos, a quienes es preciso penetrar de las verdades más simples. E, La región es una patria intermedia entre el munici pio y la nación. La patria regional está, por tanto, cons" tituída por las condiciones regionales que determinan nuestra personalidad y por las que conspiran a su tiempo. en esferas súper-regionales, es decir, en el pugilato entre las demás regiones por el progreso de la nación. Consideremos si en Andalucía existen estas condicio” mes, esto es, si constituye región, estudiando la existen” - - cia del solar y la de la psicología, genio o personalidad, - lo que implica la existencia de ideales peculiares y de particulares creaciones. Solar: Ninguno mejor determinado qus el compren” dido en el anfiteatro que constituyen la Mariánica, 2 Penibética y las sierras de Alcaraz. No sólo la barrer? de la Mariánica nos separa de Castilla, sino hasta l2 constitución geológica, menos uniforme en Andalucía — 211 — que en Castilla la Nueva, y, sobre todo, el clima, que tanto influye en la formación de las idiosincrasias. Un escritor ha podido decir que apenas se acaba de atra- Vesar la cima de los montes marianos, parece que nos encontramos rodeados de otra naturaleza diferente. Entre el solar andaluz y el castellano existe, pues, una radical distinción. Psicología: Todos se representan lo andaluz como Roción cualitativa distinta de lo castellano, de lo gallego, de lo vasco, aragonés o castellano. Un andaluz, en cualquier región de España, y aun del mundo, es ún carácter, una cualidad; es decir, representa una personalidad diferente a la de los hijos de cualquier otra región española. ¡Y, no obstante, se pone en entredicho que la re- Unión o sociedad natural de todos los andaluces en la Comarca madre de todos ellos, vincula una expresión Superior de ese carácter y de esa cualidad, esto es, una Personalidad diferente enfrente a las demás del mismo Orden! Nadie duda que Castillá es una región, Aragón Otra, otra Galicia, y Cataluña y Navarra... Andalucía €s un término que se deja fuera de la enumeración por RO poderse incluir en ninguno de sus términos. Es de- Cir, es algo espiritualmente distinto, inconfundible con as demás regiones españolas, y como éstas, es una Comarca donde alienta un pueblo que forma parte del Pueblo español. Si Andalucía no es región, ¿qué es, Entonces, Andalucía? a: 7 ES 2.2 Converger en sociedades con las más próximas de igual naturaleza, manteniendo la unidad de los compuestos súper-individuales, en los cuales han de buscar y prestar la eficiencia relativa.a dicho fin. Tratemos ahora de la primera necesidad. Abordar el camino que haya de seguirse para cumplirla, es hoy cuestión de dignidad para los andaluces. Como veremos más adelante, Andalucía debe procurar el progreso de la sociedad de regiones a que pertenece, es decir, de España. Y en una sociedad cualquiera, el individuo o la unidad componente que no procura por sí su fortaleza y progreso propios, dejando este cuidado exclusivamente a la tutela social, es un disolvente, que además de esclavizarse y recibir como migajas de caridad los dones que debieran ser conquistas, ha de sufrir el vilipendio de los demás asociados, cuyas energías padecen al no coadyuvar el cuerpo muerto en la obra del progreso social a todos encomendada. Con la premisa de estos asertos, considérese nuestra región. Compárese, v. gr., con Cataluña, donde las energías regionales de todo orden han capacitado la unidad para pedir con justicia su afirmación políticoregional y su consiguiente autonomía administrativa, a fin de cumplir la necesidad de que nos ocupamos ahora. En Cataluña, una sola voz, cada vez máz reforzada, exige del centralismo el respeto a sus derechos de este orden. Andalucía aún no tiene una sola voz. Apenas «clados. si las provincias aisladas cuentan con alientos para suplicar alguna providencia que a su vida importe. Cataluña, exige. Las provincias andaluzas, ruegan. No pare- - ce sino que a la primera protegen los fueros del derecho, y a la segunda amparan los de la caridad. En cuanto al vilipendio, cercana está para Andalucía su triste hora. Ya en otro lugar he combatido, no con armas de pasión, sino con serenas razones que tienden a un amistoso persuadir, la leyenda de nuestra incapacidad y de nuestra eficiencia en la ruina española. No digo que este sea el criterio de todas o de algunas de las demás regiones, con respecto a la nuestra. Lo que sí. afirmo es que estas o parecidas patrañas se vierten o siembran por libros y revistas, abonando el campo, ya abonado, con la creencia de que Andalucía es tierra de holganza, patria únicamente de políticos charlatanes o de toreros y de flamencos famosos. Y no hay que olvidar una circunstancia desconsoladora, que puede servir de base a estas o aquellas imputaciones. Y es que a cada afirmación de este género, contesta el silencio de la «a inmensa mayoría de los andaluces, cuya dignidad no se - siente atacada cuando contemplan herida la dignidad de la región. , Procurar por sí los medios de la propia fortaleza vi Progreso, es no sólo ley ¡adeclinable de conservación, les progreso y dignificación individual, sino de estos mismos S 308 resultados con respecto a la sociedad; por lo cual a dle conmina como pena la desconsideración de los. asoq ] pe E MPa para que ese ola sea pleno y eficaz, le existencia natural no basta. Se necesita también de la a “capacidad, en orden a la realización de tales fines: esto es, de la capacidad para administrarse por sí, como an- - tecedente, y del reconocimiento de esa capacidad por la ; - como condición de su ejercicio. La capacidad de Andalucía es antecedente de su reconocimiento políticoq Tegional, que tanto quiere decir como reconocimiento dd por el Estado nacional de las facultades jurídico-admi- ; nistrativas correspondientes a nuestra región, como unidad distinta y capacitada. Ahora bien: ¿lo está Andalucía? Indudablemente, no; y la prueba más elocuente la - encontramos en que no intenta ejercer, a pesar de que a ello ningún obstáculo se opone hoy, las facultades in- - - tegrantes de dicha capacidad, al menos en el grado elemental en que las regiones pueden, después del decreto | de Mancomunidades, hacer patente su existencia e im- - Poner su reconocimiento. Y no solamente carece actualmente de esa capacidad, sino que se encuentra bien le- _Jos de haberla conseguido, como se demuestra al analizar las causas próximas, productoras de tal resultado. La institución de E ASOTE tiende a hacer una invitación que se Ho e) E girones o ol del cuerpo regional para que manifiesten su natural co- - Provincial, fraccionadora, en pedazos, de la unidad del se las regiones, se barrenan los obstáculos artificiales que És impidieran a la acción atractiva de los elementos afines 00 alcanzar los resultados End os po de su na- Le z -tural influencia. $e Por varias razones: E 1.2 El espíritu regional es tan débil que su acción í RO €es suficiente para establecer entre las Eo - Provincias andaluzas una asociación tan elemental como ; la que se necegitaría para constituir la Mancomúnidad bélica. des 2.* Sin un espíritu patriótico regional que moviese los resortes del nuevo organismo con levantados fines - de fortalecimiento, no resultaría inútil, sino perjudicial, : a la creación de un nuevo centro burocrático, que ven-. Ñ dría a ser, en último término, un instrumento más entre E los que hoy sirven a los oligarcas.caciques para mofarse — impunemente de la sociedad y de la Patria. aC Como dice muy razonablemente un escritor (1), son en definitiva las Diputaciones las que habrían de admi- Nistrar la Mancomunidad; y la mayoría de las Diputa- - Clones, en unión de los gobernadores civiles, son una ñ Especie de Comités políticos, cuya vida artificial se des- , E LR des: on iene laicas en la region andaluza? Se- Ma, 1914. : p > e arrolla en suntuosos centros burocráticos, al servicio de dos caciques y a costa de los pueblos. 3.2 El real decreto de 1913 atribuye a las Man: comunidades recursos imaginarios en Andalucía. Las rentas de bienes de propios no existen, al nc poseer o ser insignificante lo que en láminas, censos, et -cétera restan a la inmensa mayoría de los municipios, de tales bienes. Tampoco aquéllos podrían ceder nada : la Mancomunidad, voluntariamente, puesto que con na: «da cuentan, como no sean deudas y obligaciones po - «cumplir. Conocido de todos es el conflicto planteado ant£ «la incapacidad para nutrir las Haciendas locales de lo: — sustitutivos del impuesto de Consumos, ni aun se ob tendrían imponiendo sobre los cupos de los pueblos, co- E mo el Estatuto de la Mancomunidad catalana, porque entre otras razones, los pueblos no pueden más. Par recaudar los contingentes provinciales ordinarios ha) necesidad de violar la ley con interpretaciones absur das, declarando responsables a los concejales, de canti: dades que no han sido recaudadas. Con decir que los municipios no podrían subvenir 2 os gastos de la Mancomunidad, está dicho todo; pueste que en sus propios fondos estaría la propia fuente de ingresos del organismo regional. En cuanto a las Diputones, dice en un juicioso trabajo el escritor seño! - Pardo López (1) que en las andaluzas, más de la mi- (1) Las Mancomunidades, etc. Trabajo presentado en los Juegos Florales por D. Manuel Pardo López. Lema! “El mal se destruye por el bien». (Sevilla 1914.) 'tad del contingente que se reparte a los pueblos lo ab= sorbe la Beneficencia, y otra gran parte las obligaciones “impuestas por el Estado, no quedando casi nada para obras públicas ni para otros servicios ds carácter provincia). Así y todo, se quejan los Ayuntamientos de lo «crecido del contingente. Y añade el autor primeramente «citado: "...Granada hizo la liquidación de su presupues- to provincial en 31 de Diciembre de 1913, arrastrando por débitos 1.168.691 pesetas... Cádiz cerró ese mismo año con un débito de 6.984.677 pesetas..." Y en ese. “respecto, puede estimarse el estado económico y finan- «ciero de las demás Diputaciones de la región. x Resumiendo, que determinándose por el Real de- ---cteto citado, como recursos de la Mancomunidad, los procedentes de cesiones voluntarias de los bienes de los Ayuntamientos y Diputaciones, después de cubiertas sus atenciones propias, o de impuestos sobre estos “mismos bienes, la Mancomunidad andaluza, por las “mismas razones aludidas, carecería en absoluto de re- “cursos económicos: y siendo así, claro es que ningún “servicio u obra podría costearse por ella; y consiguiente- 4 “mente, tampoco por-este concepto podría obtener renta -Q ingreso alguno, Resulta, pues, comprobado de todo lo expuesto, — +8 - «que Andalucía carece actualmente de capacidad para a satisfacer por sí misma la necesidad que examinamos; hasta en un grado elemental, ; Pero el que actualmente no pueda hacerlo no dee 23 19 — 290 — re decir que renuncie a ello para siempre, pues tante: equivaldría a resignarse a la muerte y a la humillación. Andalucía debe aspirar a satisfacer esa necesidad en joda su natural extensión, procurando por sí misma el desarrollo de sus intereses materiales y morales y desenvolviendo todas las fuentes de su riqueza y prosperidad. Todo lo concerniente a trabajos públicos, instrueción, beneficencia regionales, creaciones jurídicas, de orden privado, instituciones, organismos y funcionarios ordenados al cumplimiento de este y de aquellos fines, todas estas funciones deben ser vinculadas por poderes regionales, realizándose conforme al genio y peculiares recursos de cada región. Pero ante todo hay que capacitar plenamente a las regiones. Cada usa debe vincular esas funciones en el grado que” corresponda a su capacidad. Esto servirá también de estímulo a las incapacitadas para elevarse al rango de las que pueden ejercer desde luego dicha autonomía. Hay, por tanto, que ¡legar, puesto que la situación particular de cada región así lo demanda a la heterogeneidad en la organización, En Andalucía lo primero que es preciso conseguir es la unidad y tender a ensayar la capacidad con las elementales funciones para las cuales la Mancomunidad ofrece amplitudes adecuadas. Después, cuando haya vida, la vida rebasará, naturalmente, estos límites formalce, hasta realizar totalmente aquellas aspiraciones autónomas mediante los organismos adecuados. — 291 — Habiéndose, pues, de tender a ellas sólo mediatamente, no es oportuno todavía desarrollar un plan de organización. Sólo diremos que el mismo criterio que en el artículo 8.” se expresa con respecto a la intervención del pueblo en los poderes municipales, compromisos que deben asumir y cumplir sus representantes para ser elegidos, etc., debe adoptarse, al organizar en Cámaras, el poder regional, como medio de mantener por siempre encendido en el pueblo, el entusiasmo por losideales colectivos y la cultura y el bienestar y prosperldad material. Pero lo repetimos. Andalucía, en ordea al reconocimiento legal de su existencia regional, nada puede pedir, aun al Estado español. El regionalismo andaluz nace ajeno a toda inmediata reivindicación legal orgánica político-administrativa, Ánte todo, hay que dotar a Andalucía de capacidad, cuyo antecedente es la fortaleza de todo orden. e dirá que es extraña esta doctrina del regionalismo, la cual prescinde, inmediatamente, de las creaciones de forma y de los derechos políticos regionales, los Cuales se persiguen sólo de un modo mediato, pretendiéndolos alcanzar como espontánes manifestación o revelación de una evolución cuyos jalones esta doctrina liende a poner. Sólo he de contestar con unas cuantas Verdades, que a fuerza de repetidas constituyen verdaderos tópicos, pero tan incomprendidas como s1 jamás hubieran sido afirmadas. Esto es, que la acción del incapacitado es contraproducente para la vida y la liber- A A O A di GIRA III e tad. Que el mal de España persiste por haber faltado siempre la virtud de una acción reflexiva que se resignase a comenzar por el principio; y que la verdadera doctrina del regionalismo endaluz ha de ser pragmatista circunstencial; ha de ser aquella que ordene el remedio en armonía con el estado actual de la región, único medio de conseguir su fortaleza, Falta intensificar el espíritu regional, casi muerto, provocando, así, la estrecha unión de las provincias andaluzas. Faltan moral cívica y patriotismo regional, Faltan recursos y medios económicos, estímulos o instrumentos, todos de solidaridad y lucha. En una palabra: Andalucía está debilitada. Una vehemente y firme aspiración de vitalidad ha de ser el fundamental postulado de la doctrina, en los comienzos del regionalismo andaluz. ARTICULO VI Capacitación de Andalucía. Dirección espiritual. El ideal de los pueblos debilitados es fortalecerse para cumplir su ideal. Por eso los remedios adecuados que conducen a su fortalecimiento son otros tantos - ideales próximos, cuya práctica es preciso hacer objeto de su aspiración. Pero para que los espíritus se animen, engrandeciéndose por la virtud de tales aspiraciones, para que a calor de éstas bullan los fervores y despierten los entusiasmos que tales empresas necesitan, es preciso encender y alimentar su fuego con la visión objetiva y Constante del ideal permanente. A A ON DIA ó A de 7 VR ON: IS A ESA ; 30 Es, en realidad, una sola. A pesar de las divisiones administrativas y aun de los fraccionamientos. -—político-territoriales ocurridos a través de la Historia, es indudable que en Andalucía, sobre el fondo ancestral. de las primitivas tribus hermanas, han pasado con poca - diferencia, en la intensidad, las dominaciones funda: mentales, determinando todas estas circunstancias la unidad real de un solo pueblo. E. ! Prueba evidente de esto, el reconocimiento de la a ionidad regional, no obstante las divisiones administrativas en todos los períodos de su historia. (V. Ideal Andaluz, parte 11.) Entre cien, voy a citar un hecho elo- e cuentísimo: los Taifas tenían fraccionado el territorio an -——daluz. La reconquista se operó a retazos, y entre sus acontecimientos más transcerdentales, mediaron perio” | - dos de tiempo suficientes para que la comunidad de vida soldara lo conquistado en un solo cuerpo con la re” gión conquistadora. Después, las divisiones en reinos, - provenientes de aquel fraccionamiento, conspiraron Y - conspiran contra la unidad del territorio. Y no obstante - esto, Andalucía ha sido reconocida siempre como uni- ; - dad comprentiva de sus ocho provincias o de sus cuatro _ reinos, por todas las demás regiones, no obstante ciertos _ Proyectos de organización artificiosa. Ss (En el proyecto de organización provincial de EscoR% sura (1847), llama sólo Andalucía a Sevilla, Cádiz Y Huelva; Moret en el de 1884, y Silvela y Sánchez Toca en el informe al proyecto de 1891, reconocen la - existencia de dos regiones: Sevilla y Granada.) z q Indudablemente, existen diferencias entre las disponia comarcas de Andalncía, como existen entre sus _Teinos y entre las ciudades y los individuos de un mismo reino, comarca o ciudad. Pero esto no es suficiente para fundamentar una radical distinción con respecto al fin de que tratamos. : E Si se atiende como base al precedente de la anti- S gua distribución en reinos de Andalucía, no a dos, sino ; A cuatro, por cierto muy desiguales, habría que ampliar el número de las regiones. (Cranada, Sevilla, Jaén y Córdoba. ) Y si se atiende a la psicología, ¿no es cierto que enfrente de las demás regiones se funden todos esos reilnos, destacándose sólo la unidad de la región andaluza? h Una provincia andaluza, sino de todas ellas, aunque en cada una, como es lógico, resalten particulares modalidades. 4 se llegaría a instituir una división artificial por otra de términos más extensos, cuando precisamente s2 trata de hacer coincidir las líneas de organización con la que de- -Marcan la existencia regional; producto natural ya crea- El carácter andaluz, no es, por tanto, privativo di 08 4.2 Al fraccionar la unidad indivisa regional, sólo , do sobre la base presentada por la Historia a la actuaj ción de las leyes de la naturaleza. Y, siendo así, para conseguir que la disociación en- _tre las provincias andaluzas concluya, ha de fortalecer- Se y purificarse el carácter que hemos dicho patrimonio URREA A — 302 — peculiar de todas ellas; esto es, hay que fomentar el espíritu regional, enseñando que, no sólo por la común psicología y por el antecedente histórico, sino que también por las circunstancias actuales, que dejaron a dichas provincias una suerte común (al formar en la unidad de sus respectivas regiones las demás provincias españolas) es una la personalidad de todas ellas, una la dignidad que a esta personalidad salvaguarda; y, por tanto, que todas sus energías deben sumarse en un solo. esfuerzo, dirigido a conseguir la prosperidad de todo orden de la patria andaluza, por ella misma, por España y la Humanidad. Esta, más bien que obras de políticos, es obra de todos los andaluces, principalmente de los que vinculan la dirección de la idca y del sentimiento, de los intelectuales y artistas que antes aludí. Hay que extender y que propagar los alientos de renacimiento regional condensándolo en la expresión de todas las artes, procurando en todas las obras consagrar un altar al ideal de Andalucía; el cual, como ha podido deducir el lector atento de mi anterjor artículo, es lo suficientemente excelso, para inspirar una civilización de grandeza insuperable, francamente orientada hacia la verdad absoluta. / Í ARTICULO VIII E Capacitación de Ar dalucía. A : La conciencia colectivc-re- gional. Pero no es bastante trabajar sólo por fortaleter el espíritu resicnal. Dijimos que los andaluces carecían de - Civismo y de mo.al colectiva; esto es, que había necesldad de fortalecer la conciencia y los ideales colectivos. El pueblo español, más que otro alguno, como lo demuestra su historia interna de alávicos aislamientos, es Incapaz de formar directamente en la unidad de socie- - dades superiores y, por tanto, de vincular la conciencia y de comprender y sentir los ideales correspondientes a 5 las MisINAS. ; Pardidos los españoles en las amplitudes nacionales, A la falta de conciencia y de ideales colectivos determina da necesidad del cacique, es decir, de un absoluto diri-. «gente encargado de regular los reso:tes de un extenso y. artificial funcionalismo social que el pueblo espontánea- «mente no crea. Y el cacique, como salido de ese pueble, incapaz de vincular aquella conciencia y estos ideales, no puede ser el tutor que aspire al bien de sus ad- «ministrados, teniendo por regla el sacrificio; sino el hom- 'bre que se burla de esta regla, teniendo por aorma la rapacidad. Y así el cacique reobra sobre el mismo medio que lo creara, envileciéndolo más aún e impidiendo. “su purificación. Todos los cirujanos de mano de hierro, de que hablaba Costa, son inútiles para extirpar de España el f mal del cacique (como son inútiles todas las operacio- “nes quirúrgicas para extirpar los tumores de los cuerpos por donde circula sangre enferma), sin los médicos de <orazón sensible, que diría el gran maestro del renacimiento español, encargados de purificar la sangre, de ingerirla nueva, en suma, de restaurar la salud en el cuerpo lacerado de la Patria. Soy partidario de los pro- «cedimientos de ruda crueldad contra los caciques que “impidan la purificación del medio que los produjera; pero creo que sin obrar esa purificación, el cacique volvesía a surgir. Ante todo, hay que crear en cada com- «ciencia individual un templo a los ideales colectivos. si los españoles son incapaces para comprender y sentif los ideales amplios de la nación, es preciso afirmar €D MAA su espíritu la conciencia colectivo-regional, haciéndole - sentir los ideales colectivos regionales, preparándoles así para llegar a comprender ideales más altos. Los primeros son más asequibles a su espíritu que los segun= dos. Sólo ellos pueden modelar este espíritu, ordenándole de modo que pueda aspirar a solidaridad más amo plia. pS: A E, E | Arraigar en la conciencia de los andaluces, con la fuerza de un dogma, la convicción de su necesaria ca- E -pacitación, para demostrar enfrente de las demás regiones el podér de su eficiencia en el Progreso español; y por consiguiente, la necesidad de efectuar urgentemente toda empresa que conduzca o se relacione con su engrandecimiento moral y material, haciéndoles comprender y sentir, como ideales, todos los remedios que señaamos en estos artículos, ordenados al fin de la redención regional: esto sería no sólo trabajar por la región, sino , por el fortalecimiento de la conciencia nacional también. e : Pero por las mismas razones que debe forincAS dE conciencia colectivo-regional como base de la nacional, E es necesario hacer lo propio con la municipal y los ideales colectivos de este orden, como o/o firme de la pri- | Es decir, hay que recoger al pueblo en A regi “nes y municipios primeramente. Hacer de estas socieda «des los puntales más sólidos de la Sociedad Nacional. Si así no se procede, si por este principio no se comienza, si en estos hogares, coma diría Castelar; no se reco- y 20 — 306 — ge primeramente al pueblo español, éste continuará siendo un pueblo sin hogar, desorientado en las amplitudes. - de la nación, sin otra guía que la guía mezquina, afrentosa e interesada de oligarcas y de caciques. He aquí cómo el patriotismo regional y municipal, impulsando el movimiento renovador, es la última fuerza con que pueden contar los apóstoles de la resurrección o de la creación de España. Hase visto ya que la fuerza resultante de las grandes conmociones, por estar sufridas, ha side débil para conseguir el intento. Ni las catástrofes, ni las derrotas, ni el trágico espectáculo de las naciones enle- -quecidas que destruyen una civilización, poniendo al - descubierto el peligro de perecer, en que, violado el derecho, se encuentran naciones débiles y rezagadas; ningún choque ha sido lo bastante violento, ninguna herida haa sido lo suficientemente profunda para encontrar o, - por lo menos, para revolver la sensibilidad de los espa- - ñoles con la intensidad que exige la obra de una seria redención. | Hasta el instinto de conservación nacional, cuande es invocado por la amenaza de hechos de siniestra elo- A _Cuencia, apenas si tienen revelaciones, parece casi per- | dido o o muerto. Ahora bien: ¿Cómo resucitar el espíritu municipal? Yo creo que como medio directo ordenado a este in, habría de ser el más eficaz aquel que se practicase re- “sucitando, no realizando, desde luego, en todos los mu- _micipios andaluces el ideal de su más ámplia autonomía. A, este propósito, digo lo que ya hube de afimar EEE AA O PR A COL O EA A , 37d pi EL yy y Ape con respecto a la región. Una firme aspiración de vita= lidad, y la práctica de esta aspiración debe preceder a la realización de aquel ideal, el cual ha de resucitarse, ha: de hacerse sentir hondamente en la conciencia del pue blo, juntamerte con la noción de su responsabilidad, antes de proceder a su efectuación. Los municipios deben llegar a ser absolutamente autónomos en todo lo que se refiera a la determinación, - administración y dirección de sus peculiares intereses; sin traba alguna de expedientes y aprobaciones de gobernadores, Comisiones Provinciales o del Gobierno Central. Hacienda Municipal, adquisición y enagenación de bienes de todas clases, Beneficencia, Instrueción, Ornato y Obras públicas. Sus facultades en estos érdenes no deben ser en lo más mínimo restringidas. Pero estas reformas no han de solicitarse, desde luego, de los poderes centrales por los que aspiren a redimir al pueblo. Tanto equivaldría en las presentes circunstancias a provocar el peligro de robustecer, más e “menos transitoriamente con las naturales consecuencias, el poder de caciques despreciables y de sus miserables. | - Clientelas políticas. Esas reformas hay que solicitarlas del pueblo mismo. Enseñándole su importancia, su trascendencia y su necesidad. Los pueblos más capacitados serán los más A prontos en comprenderlas y exigirlas. Justo será también que se les otorgue sin aguardar a la capacitación de todos los demás municipios que no se encontrasen €n jguales condiciones. — 308 — Por esto, lo que es preciso es defender direc- ¿amente, solicitándolo, desde luego, de los poderes cen- -—qrales, es el establecimiento en el orden municipal del principio de la heterogeneidad en la organización, conforme al cual difieran las facultades de todo orden, hasta el límite que dejamos arriba indigado, según la capa- e Ejgad de cada municipio. .Con este fin pudiera prescribirse una prueba de di- e a capacidad, consistente en la perfección y prospert- * dad de la administración y hacienda municipales durante los últimos años, demostradas por las mejoras de to- : das clases realizadas por el municipio aspirante a las concesiones autonómica, habiendo de probar con tal fin el haber realizado un cierto número de obras públicas 0 de instrucción, beneficencia, higiene, ornato de las po- -— blaciones, etc, Así, el espectáculo de los municipios florecientes y - libres, serviría de estímulo a los rezagados para capacitarse, concluyendo ese absurdo de la organización. - uniformista, humillante y vergonzosa para las ciudades y pueblos conscientes, la cual hace que el peso muerto de los municipios rurales gravite sobre las ciudades cultas, “impidiendo su desenvolvimiento progresivo, al ser todos - igualados por la misma regla de gobierno; expresiva de un criterio arbitrario del poder central que no distingue en. su consideración al municipio de ánimo levantado - del desdichado pueblo rural, sumido aún en la ¡ inconsciencia, esclava de la barbarie. Pero todas esas medidas serían ineficases, si no se 3 » Es ds 00 E / procura el fortalecimiento de la conciencia municipal, a da $e e as | llevando a cabo la identificación en la conciencia de cada vecino de su propia personalidad, con la personalidad y la dignidad del municipio; es decir, despertando el patriolismo municipal, enseñando a cada municipio el de- E 3 ber y el derecho de engrandecerse por sí, para sí la re- a gión y España, y la necesidad de defender las indica= 4 das aspiraciones autonómicas; pues sólo cuando el pue= blo las sienta seriamente, y cuando las comprenda y se 4 levante a defenderlas con energía, habrá llegado la hora > de su capacitación. de. o Medios de despertar la conciencia municipal por E acción pedagógica de medidas legales, serían, además, — E el establecimiento del referendum en la solución de to= dos los negocios importantes de la administración municipal; principalmente con respecto al presupuesto anual. de los municipios, la tirada obligatoria por los Ayunta= mientos de una hoja mensual, como hacen en el municiplo ejemplar de Coria del Río y en otros pueblos de la provincia de Sevilla, que se reparta a los vecinos, dando cuenta del estado, la administración y de todos los proyectos y asuntos municipales, las informaciones públicas, obligatorias, relativaments a dichos asuntos, esta- E bleciendo turnos de discusión, a ser posible, en la plaza generales el compromiso de defender, en concreto, mejoras relativas al engrandecimiento moral y material de. | beclamaadó su defensa una atención preferente, principalísima. Sin embargo, la redención de Andalucía, si ha de ser urgente, es preciso sea procurada por una acción | directa que reclame la acción tutelar de los organismos. representantes del poder y la particular de individuos y - entidades de todo género, para llevar a cabo toda clase de obras que conduzcan al desarrollo de la agricultura, - de las comunicaciones, transporte y comercio, ornato, embellecimiento e higiene de la ciudad, etc.; y sobre: _todo, hay que atender a la transformación en absoluto de los planes de enseñanza, convirtiendo los institutos, — - más bien nocivos que inservibles hoy, en escuelas prácticas de ingeniería que desenvuelvan el progreso agrí- _ cola, industrial y minero, y desvíen el espíritu de la jur ventud de su tendencia hacia la burocracia y el funciona” rismo, multiplicando las granjas agrícolas, convirtiéndolas en centros directos de acción pedagógica, extendidos por todos los distritos rurales; creando escuelas de artes e industrias, principalmente de las relacionadas más inme- _diatamente con la agricultura, y emprendiendo con toda _ preferencia una enérgica cruzada contra las bárbaras es cuelas y los profesores funcionarios, fariseos de la ense-. q _Ñanzo, que usurpan en universidades, Institutos y escu el andaluz libre y culto, y más bien que las a je -nes directas de educación política, dirigidas a fomentar -el espíritu municipal y regional, obrarán estas medidas E. su espíritu, la creación de la conciencia colectiva, - capacitándoles para comprender y sentir los ideales de Andalucía y de España, y dotándoles al mismo tiempo | > la fuerza y el poder que la realización de tales ideaz E exige. is | : 1/ y A TS RS E RT OS DO AE MT AA o A A S E E ARTICULO X A Deberes de sociedad de las regio- : 3 nes españolas. Andalucía y la s0- IIS ciedad nacional. Ea Es , : | E > + s, . Ei E Consideremos ahora, puesto que en los artículos an- Pre ¡eriores nos hemos ocupado del primero de los deberes, el segundo de los que dijimos en el artículo V, erav tribuíbles a Andalucía: "Converger en sociedad con las demás regiones españolas”. A + Decía en el artículo ll, que la unidad nacional en España estaba garantizada por la naturaleza y por el nterés, y probé este hecho con sus revelaciones en las - manifestaciones de patriotismo nacional de que da cuen- 3 ta la Historia. En este lugar. me propongo demostrar de amente aquella afirmación, 54 e 10 E á Indudablemente, como he dicho antes de me ra, en ninguna otra parte de la extensión del globo ha modelado la naturaleza mejor que en Iberia, el soler de. una gran nación. Al cumplimiento ciego de las leyes geológicas, cuyo producto es el solar, ha respondido el: desarrollo de la Historia, no diré que fundiendo elementos étnicos distintos en la unidad de una raza komogénea, pero sí creando afinidades, no sólo de sangre Ye espíritu, sino afectivas también, resultantes estos efectos, además; del hecho de haber extendido por todo el territorio, aunque con varia intensidad y permanencia, las principales dominaciones del de haber marchado unidas constituyendo sociedad a través de un lustro de siglos, fecundo en glorias y en humillaciones, todas gozadas y; sufridas en común. "Por ls natural deben complementarse los términos de igual naturaleza, más afines y más próximos en el espacio. La suma de sus fuerzas es la de sus respectivas eficiencias y en ella encuentran complemento sus deficiencias recíprocas, La solidaridad es la fuerza. De ella se requiere, no ya para vencer en la lucha por el £n propio común, al cual responde la afirmación de la vida, sino para sostener o defender esta misma e impe- ; dir su anulación. Así proceden todas las realidades en la naturaleza. Y esta ley, por ser universal, ha de aplican a las distintas regiones de España. Ellas, entre sí, deben complementar sus eficiencias en un compuesto libre y eficiente, para cumplir sus propios fines y el fin común, el fin o fines nacionales; del. A sb» a , E ño 3 4 -se rompen los equilibrios »l parecer más estables, re- .sultantes de la conveniencia o temor mutuos de Jas naciones. El reciente espectáculo de la noble Bélgica, - guerreros, dice cuán necesaria es la fuerza material pro- -veniente de solidaridades amplias para defender la per- -sonalidad, la patria y la civilización. Convergiendo en - E 391 q mismo modo que las naciones, para cumplir el fin de la especie, el ideal humano, deben complementar las suyas en la armonía de la humanidad. Las regiones españolas, unidas entre sí por el espíritu español, si no rompen la unidad social y política que constituye la nación, siempre podrán ser libreg y eficientes. Agregadas a otra nación o formando naciones por sí solas, serían en el primer caso, a lo sumo, una provincia más, separada de la nueva metrópoli por lo. menos, hasta por una solución más pronunciada de continuidad territorial, la cual provincia habría de pasar por las necesarias humillaciones de adaptación, y su posición vendría a ser como la de huésped humilde, acogido por la hospitalidad de casa grande; y en el segundo, considérese que el derecho internacional necesita de una fuerza de este orden adscripta a su servicio para dotarle de condiciones de coacción, sin las cuales no es propiamente tal derecho. Encomendado hoy a la vo= luntad de las naciones poderosas, éstas son, por tanto, juez y parte en su relación con las naciones débiles.o pequeñas. | La guerra presente nos muestra con cuánta facilidad k inicuameate atropellada por la salvaje brutalidad de los 21 — 38 — sociedad todas las regiones españolas, incluso Portugal, cada una de ellas representaría por sí la gran nación Ibérica, y ésta en todas ellas estaría. Del mismo modo que los individuos, cuando sobresalen en el cumplimiento del deber relativo a laborar por el progreso de la sociedad a que pertenecen, se hacen dignos de representarla y dirigirla, las regiones que más sobresalieran en el cumplimiento de su deber respecto a la sociedad nacional serían las más dignas de representarla; y; por tanto, de dirigir su progreso. De esclavas aduladoras “del extranjero, a representantes y directoras de una gran familia libre. Tal es la distancia existente entre las seguras consecuencias de ua separatismo insensato y el resultado de una organización nacional que respetase la unidad y la libertad de las regiones para procurar los medios de realizar sus propios fines y de triunfar en aquel progreso. Dos ejemplos elocuentísimos podemos citar, que revelan cuánto interesa en este respecto a las regiones el eumplimiento de las leyes naturales: uno el de Cataluña unida a Francia, bajo Felipe IV; Cataluña, buscando libertad, se unió a Francia y encontró en el seno de su patria nueva esa despreciadora y más horrible tiranía, de que habla Rocaberti, la cual hizo levantarse a los catalanes, que indignados clamaron por la patria antigua. El otro caso es el de Portugal, y es también el de España separada de Portugal. ¡Portugal... Españal.. Yo no comprendo que pueda hablarse de ideales en España y Portugal, sin sentir, ante todo, en el fondo del espíritu el desgarramiento de la gran na- PARAR IO $ e : de ! a E AA ANA — 323 — ción. Portugal protegida; España humillada. Los extranjeros castigan su odio antinatural, su antisolidaridad - imbécil, cubriéndolas de baldón. La reconstitución de la solidaridad ibérica es el antecedente de la dignidad común. Yo no comprendo cómo' puede hablarse de atentados recíprocos; cómo pueden considerarse como extraños en todos los órdenes estos dos pedazos de un mismo cuerpo; cómo el ideal de su unión no se impone con imperio bastante a obtener el sacrificio de todos los estímulos, de todas las consideraciones, de todas las formas y de todos los intereses. Añádanse a estos resultados de la solidaridad con E respecto a los fines de defensa, los no menos convenientes derivados de la solidaridad de intereses económicos o comerciales, frente a los intereses contradictorios de las naciones extranjeras, los cuales habría entonces de combatir cada región, en los mercados de las restantes, con armas menos artificiosas que la proporcionada por el Arancel en el régimen actual; así como todos los efectos beneficiosos que, en general, produce la solidaridad, aumentando la potencia para llevar a cabo toda clase de empresas de prosperidad material y moral; y se 3 comprenderá cómo a las regiones importa, por amor, hasta a su propia conservación, el mantener a toda cos» ta la unidad nacional. Se me hablará de la libertad de las regiones para z organizar y dirigir su vida; pero la libertad debe ejercerse conforme a naturaleza: y ya hemos visto que, por | las razones expuestas, ésta prescribe imperiosamente ej A oido pacto, que dirían los federalistas, entre las regiones españolas. Yo quisiera conciliar los dos conceptos antagónicos de que la Región, la Nación y el Municipio son > naturales resultancias históricas, y de que son constituídos por el pacto. Indudablemente, sin el consentimien- to mutuo es imposible la solidaridad. ¿Pero no es cierto que es la solidaridad más natural (la cual, si se ha de obrar rectamente de acuerdo con la ley natural, ha de ser ratificada por el pacto) la de los pueblos más apro- -ximados por la Geografía y la Historia? á Además, entre las regiones españolas, ese pacto ha existido y existe, aun prescindiendo del hecho de su unión, tan poco protestada bajo los primeros descendientes de los Reyes Católicos, pues tácita y continua- - damente, revelando su voluntad de modo inequívoco en sus manifestaciones de patriotismo nacional, lo han rati- “ficado para siempre, como se demuestra mediante los hechos que se citan en el artículo lI. Y aun de un modo expreso y solemne ha sido concluída tal convención, acordando voluntariamente vivir en unión, cuantas veces durante la invasión francesa y revoluciones del pasado siglo se llevó a cabo, o se intentó al menos, la fusión de las j juntas elegidas por las provincias, en una «central. ¿Se quiere una más elocuente expresión de su voluntad de vivir agrupadas en el seno de su sociedad “natural? El hecho de la unidad nacional, por tener este ca- -rácter y haberse revelado la voluntad y el sentimiento “de las regiones, conforme a Naturaleza, debe defender- RA A A LY ra convencerse de que Andalucía llegaría a dar un sose a toda costa, evitando así que de hecho se convier- ; tan en Ideal, como hoy sucede con el ideal ibérico y aun con el ideal de la unión de todas las naciones en un solo gran organismo, que cuente con la fuerza de todas ellas para poder realizar con más grande eficacia el ideal humano. = No es Andalucía la región que más perdería en la E liquidación nacional. En otro lugar he demostrado que ella fué más grande que todas las” regiones, hasta que constituyó unidad con todas ellas. E Probablemente, la fuerza de la desilusión, la conciencia de su aislamiento y soledad, vendrían a despertarla. Y entonces no hay más que consultar su historia, dE que vendría a ser el estímulo de sus hechos futuros, pa lemne mentís a aquellos qne creen en la permanencia natural de su triste actual estado. e Pero Andalucía, sin hacer caso de sus vilipendiadores, en cuanto lancen contra ella el ataque injusto, ha 2 de vincular siempre el instinto de conservación social: el instinto de conservación de España. Andalucia, en su estado actual, es la resultante del esfuerzo mancomunado de todas las regiones. Y este hecho, que ha intensificado sus afinidades de sangre, y el de haber formado durante tanto tiempo en la unidad nacional, vienen Se constituir una base afectiva poderosa en una región cuya característica es sentir intensamente, Además, ya hemos. A e indicado que de la historia de este pueblo, que es historia de paz y de civilización, se induce que el regiona= a vos órganos de Poder, o por antiguos organismos e instituciones que, algún día, en todo o en parte las viacu- De no ser así, el regionalismo andaluz no podría existir, dado que éste no puede ser un regionalismo tra- - dicionalista, al no poder procurar para Andalucía anti- E Pia -guos fueros e instituciones, leyes y organismos peculiares; porque todos éstos desaparecieron para siempre, enterrados por las dominaciones y en absoluto olvidados por el pueblo, en las nuevas situaciones ofrecidas por la Historia, como planos de actuación, radicalmente distintos. Y lo mismo que Andalucía, no podrían llegar a - vindicar los fueros políticos de su existencia otras re- - giones, con lo cual se originaría el absurdo que hicimos pesaltar en el artículo III. Véase, además, si es ER sin esas facultades tra- -—ducir perfectamente en hechos jurídicos y sociales las creaciones del genio propio y las exigencias de accidentes o circunstancias privativos (derecho privado, social, etc.), ni si podrán sin ellas (sin las demás faculta” des) las regiones aprovechar y ordenar sus energías, mediante las leyes y acuerdos especiales de administración que en cada una de ellas se requiriesen. Además, hay que aspirar, como decía Pi, a dejar al Poder central libre en absoluto de cuidados requeridos por regiones y municipios, porque sólo así podrá se” - guir más atentamente la política de los demás pueblos y sentir mejor la nación. Y no se espere de esta medida da el efecto de la disgregación nacional, En último térmi- mo, "¿qué habría de importar la aspiración separatista... si entonces como ahora habría de unirlas (a las regiones) un Poder central, armado de la fuerza necesaria - «para defender contra propios y extreños la integridad del territorio?" Y expresadas las facultades constitutivas de la que - hemos denominado libertad regional, límite a que deben aspirar las regiones capacitadas, clar:mente pueden ya inducirse las que ha de reservarse el Poder na- -<ional. : Esto es, todo lo relativo a política internacional, de- - cisión de las contiendas que pudieran surgir entre las regiones, impuestos generales, hacienda general, legislación mercantil fluvial y marítima, comercio exterior y política aduanera, ferrocarriles, carreteras y telégrafos generales, obras públicas interregionales, beneficencia e instrucción de este orden, protección a las regiones que no contaren con los suficientes recursos, sistema monetario, acuñación de la moneda, defensa del territorio na- «cional y fuerza pública de todo orden. No creo que al servicio de las regiones pueda existir otra fuerza que la - «de mera policía. La fuerza debe ser la garantía del de- -xecho de todas ellas frente ai extranjero y contra los atentados dirigidos a la integridad del territorio; y ha de «estar, porstal razón, adscripta al Poder interregional, supremo definidor del derecho en caso de contienda entre las mismas, encargado de velar por la seguridad y las “facultades de todas: y representante y conservador de la forma superior que en la nación alcanza la sociedad. EDADES E ELA ES A ERAS . y Ea ñ Cas CA ME A ARAN — 334 — El cuadro expresado debe completarse con la guarda suprema que compete al Poder central de los derechos individuales, antecedente de toda verdadera sociedad; no otorgados por ninguna ley, sino por fueros imprescriptibles e inalienables, concedidos por Naturaleza, así como con la garantía que debe prestar a todos los españoles de una igual condición, en cuanto a gozar de la consideración y derechos de los respectivos regionales, en cualquier pueblo de España en que se llegaran a encontrar. Pero se me dirá que lo que aquí he tratado de bosquejar es regionalismo federalista; y aun se añadirá que la atribución de facultades a los poderes regionales, tal como se planea en las anteriores líneas, coincide con las facultades correspondientes a algunos pueblos, llamados naciones, unidos entre sí por el vínculo de la federación. ¿Admito que para fijar las esencias se necesita vaciarlas en el continente de los nombres; pero cuando éstos no bastan a contener la esencia (como sucede frecuentemente en ciencia política) creo que en vez de atender primeramente al nombre, debe olvidarse o su- - bordinarse éste a la consideración de la esencia. Y así, si lo que pudiera argiiirse es que entonces vendrían las regiones a ser naciones, subordinadas a una forma de nación superior, contestaría que no merece este punto ser discutido, porque llámese España nación o supernación, y las regiones naciones o regiones, lo cierto es que siempre vendrían a ser pueblos, formando en la unidad de | España. + AN SI — 335 — El fracaso del movimiento federal en 1873 es un argumento que a primera vista pudiera parecer formidable, contra la doctrina expuesta. Pero es lo cierto que los motivos de tal fracaso no comprenden al regionalismo que en la misma se defiende. He aquí los motivos de ese fracaso, tal como son revelados por la Historia, aun cuando sólo sea superficialmente interrogada: En primer lugar se intentó proceder de abajo a arriba, cuando para verificarlo con orden era preciso hacerlo de arriba a abajo; partiendo de la base de un Poder central existente durante siglos, y de la continuada acción absorbente de ese Poder; el cual es preciso vaya devolviendo a las personas regionales las facultades y el poder que de ellas absorbió, a medida que las mismas vayan mostrándose capacitadas. Ya lo conoció en 1872 la Junta Carlista Central del principado ante el manifiesto de Carlos VII (decía textualmente: "Yo os devuelvo. vuestros fueros".) "La obra terminada por Carlos V, Felipe II y. Felipe V, y respetada por la misma Revolución, no puede destruirse de una sola plumada." En segundo término necésitase de la acción consciente y dominadora de ese Poder central, porque es preciso ante todo, que se definan los términos naturales de la asociación o miembros de la sociedad nacional; evitándose de este modo el desorden del cantonalismo arbitrario y municipal, producido por la inexistencia de aquella base. De aquí el que se requiera de organismos incipientes, como, v. gr., las mancomunidades, los y e 4 bs A A e Y O A, A «cuales vengan a ser co mimántes elementales que revelen dicha definición. ¡ Por último, sin esa previa definición o revelación de la existencia de las regiones, con fines de afirmación política administrativa, no puede existir el patriotismo -¿xegional, que unifique el espíritu y la acción de cada una de ellas, siendo alma del orden que debe presidir la reforma. - Por tanto, el sistema regionalista que parte de la base de esa previa afirmación de las regiones, como términos o unidades naturales, y de la atribución a las -amismas del grado de libertad que a su capacidad coresponda, no puede fracasar como el sistema de federación que no tuvo en cuenta tales antecedentes. | El método de llegar a la organizanión propuesta, será, por consiguiente, despertar el patriotismo regional; el cual vendrá a definir la unidad de las regiones, ha- -ciéndolas así destacarse sobre las demás. Esta unidad cuenta ya, como hemos dicho, con la institución de las - Mancomunidades, como medio elemental de afirmación - política. Y una vez así reconstituídas y afirmadas las re-- - —giones, podrán reclamar de los Poderes centrales todas las facultades de que precise su capacitación. z - Claro es que para esto los poderes centrales han de | 'estar-lo suficientemente autorizados por la Constitución, «para lo cual se impone, desde luego, la reforma del Có- «digo Fundamental, en el sentido de admitir el princi” + plo de la hetereogeneidad en la organización, autori- - zando a las asambleas legislativas para conceder todas 2 das facultades que dijimos a las regiones, a medi lo demande su estado de capacidad. las que no los tuvieren, ecorodtcdolós a sus especii A TN AA A LAN ME . e ¿ Po Ñ 4 y . $ ; desde e o este principio des dde hi Entonces podrán exigir éstas, con la ia 4 circunstancias y carácter. - : Es preciso alcanzar, por tanto, Principalmente, demás se as capaciten. A ARTÍCULO xi 5 e BE. y triunfar be las demás regiones en la obra de Eo sia de. propia. vida y de propia dignidad pudo ES po Y propio esfuerzo. Ra 208 4 / Í s greso nacional. 2 d.9 De educación: Dirección espiritual en el sendo naturista por ella fijado. (V. art. VI) 2.2 De instrucción y cultura: Reforma de los sis- «cos a la capacitación técnica no literaria, sino ciertica e industrial, principalmente agrícola. (V. artículo LX.) 3,2 Economía social: Desenvolvimiento de todas > fuentes de prosperidad material, y muy principal- | pala oe E 4.2. Política: Fortalecimiento del espíritu regional -del patriotismo andaluz hasta alcanzarlo. - Unidad de las provincias andaluzas en una estrecha nunidad espiritual y de intereses materiales. + - Afirmación política de esa unidad, procurando su - espontánea manifestación en la constitución de la Maní comunidad andaluza, como base de reivindicación de las facultades de libertad regional, (Arts. V y IX.) 03 o al del a do (por los me- A e dl ' PAPAS A AN ds A E > e] AS E Y A e O o e - ella lo que decía Mistral de los provenzales, con respechombres honrados no son los que se abstienen del ma regiones. * * xk Se necesita Mh una fuerza nueva, drdenada prive vamente a la vida propia de la región, compuesta individuos identificados con ella, que la sientan bre sí en la conciencia ,y en el sentimiento, y en los cuales /el patriotismo regional s' sea acicate que espolee el noble estímulo de levantarla sobre todas, operando en to a la patria francesa, una esplendorosa reconstitució : regional de España. E En esta fuerza deben formar todos los hombrik capaces de sumarse a la reacción de que hablaba en el primer artículo. Todos los que sean lo suficientement dignos, viriles y honradus para no tolerar por más tiempo la obra de la incapacidad que, rebajando y humillando pp la patria española, nos ha rebajado y humillado a todos los españoles, poniéndonos en el trance de sentir rubor ante el extranjero. Hay que deshacer un equí voco que ya no lo era en las antiguas sociedades. Lo: sino los que luchan por el bien. No son hombres di bien los que se consagran por entero al gobierno de sus hogares, ni los que se encierran por siempre en la soledad - de las bibliotecas, ni los quese uinsigan en la obscuridad A E Pero estos hechos no significan exactamente la ma- _nifestación del ansia de vida y de prestigio propios, ganados con el propio esfuerzo, que deben sentir las regiones, no sólo por su privativo engrandecimiento como - unidades distintas, sino que también por el de la sociedad nacional, que es la inspiración del verdadero regionalismo; más bien, tales actos pueden traducirse como un intento de nacionalismo despertado por la ambición de un magnate sobre un medio trabajado por depreda- “ciones del Poder central o como un recurso intimador ordenado a la reforma de los poderes nacionales, o como un ensayo de organización político-administrativa, no reclamado, naturalmente, por el desarrollo y expan- _sión de las esencias expresivas de una seria y fecunda vitalidad que estuviese dirigida por aquella inspiración. Son de fecha muy reciente las manifestaciones de un tal regionalismo. Citaremos las más importantes: El concepto y el término regionalismo, por su sig- 1 ificado y aplicación en otras regiones, han sido consi- _derados recelosamente en Andalucía como envueltos en las sombras del prejuicio separatista. Prueba de ello el tema propuesto en los Juegos florales de Sevilla de : 1907: "¿Hasta qué punto es compatible el regionalismo con la unidad de la Patria?" E Indudablemente, esta institución de los Juegos florales ha respondido bien al propósito de sus resucitado- Tes catalanes. - En 1909, la vaga aspiración comienza a condensar- e venciendo al prejuicio. ba: AS a ÉS En la feta de esa e ada por el a de Sevilla, el mantenedor exalta la personalidad de An- ÉS -dalucía. En su hermoso discurso late una invocación al patriotismo de los andaluces, sentimiento distinto en grado, pero de naturaleza santa, como el Patriotismo nacional (1). cual causó en el DURO. «una impresión, la más OS que jamás han producido oraciones de su indole». ( od Juegos fiorales de Sevilla en 1909», por Antonio Rivero de la Cuesta), fué la primera y espontánea manifestación pú blica patentizadora de que el patriotismo andaluz no está muerto. Apenas fué invocado por la hermosa oración, respondió, demostrando que Andalucía, dormida en el fon: do de la conciencia de los andaluces, está pronta a del - pertar. Rebelde a la tumba, su fantasma esplendoroso. lo necesita de esas da evocaciones poa a E alas es GER lo que ha de ser nuestro regions «sano, fraternal, patriótico», resultan además de este e que la hermodisimia oración entraña, eso está muy a y Are Predicar el amor a... Andalucia, el Eegá 21) Es digna de publicarse esta plausible campaña iniciada y seguida por £i Liberal de Sevilla en pró del regio- -—nalíismo andaluz, con motivo de la discusión del proyecto de ley de Mancomunidades. (Números 4,183 al 4.219, Septiembre y Octubre de 1912.) El popular diario andaluz publicó tres artículos de dirección (¿«Qué piensa Andalucia»? «Una Asamblea andauza». «Labor que se impone»), patentizando la necesidad + de que Andalucia definiese su personalidad para poder afirmarla políticamente, una vez sancionado el proyecto, y conseguir los ventajosos resultados de orden moral y -— wnaterial obtenidos por las regiones donde el sentimiento y el patriotismo regionalistas hanse convertido en acicate progresivo. _Las provincias ada lizad: tienen unos caracteres comunes «tan definidos y precisos por ciertos detalles de aniformidad biológica y social, que ciego sería el que a Andalucia excluyera de la clasificación de región en todo el extenso concepto de la palabra.» «Pedimos que se despierte si está aletargado, o que se cree si no existiera, el sentimiento de un BUT propio reas de la región, de su dignidad y del ideal de una - patria nacional grande y fuerte,» «Pedimos una Asamblea donde se acuñe el sentimien-- 1 => En la primavera de 1913, la pidió se enCauza tras una finalidad inmediata y concreta, Cierto escritor to de oro del regionalismo andaluz... Que vengan aquí los genuinos representantes de Huelva, de Cádiz, de Almería, de Málaga, de Jaén, de Granada y Córdoba, y con frater- > nal concordia determinen lo que especialmente la región | debe hacer ante el proyecto de Mancomunidades, y en general, de todo cuanto afecte a sus intereses y a su porve= É nir.» E Secundando do idea, los periódicos y políticos andalu- e -Ce8 opiñaron lo que extractamos a continuación: - Diario de Huelva: «Es digno de encomio ese llamamiento... a provincias - que constituyen una región típica por su historia, su producción, sus costumbres, sus bellezas, para que unidas por estrecho lazo, laboren juntas en su desarrollo progre- e sivo-» ; La Provincia (de Huelva): : > - «Esta bandera regional que ahora se ira es lástima que no hubiera sido izada antes... A Otra sería la suerte de Andalucía, su progreso y suri | queza, si aquí se hubiera cultivado la nota que Cataluña - ha acentuado para provecho propio. > La Idea (de Jerez): Se muestra partidario de la unión de las ocho provincias hermanas... «Sólo así podría Andalucía levantar con acierto su voz, definir y afirmar su personalidad...» . El Debaos (de Sevilla): : 7 «De acuerdo en absoluto con la: concepción de see E Asamblea, sin carácter político, constituida por todas lar fuerzas productoras de la región, Universidades, Ins- 0 des «cetera, ete,, que laboren en la empresa de restaurar la personalidad andaluza, base firme de la Mancomunidad.» - El Diario de Avisos (Córdoba): «Por lo sensata y atinada y por el amor que representa para nuestra Andalucía querida, debe ser galardón de todo periódico andaluz el sacar esta campaña a la publiidad, el festejarla, el hacer que todos de ella se enteren ' para que n no se diga que somos el país del vino y del to- HO La Publicidad (Granada): €. La prensa aplaude la idea (de la celebración de una os andaluza) y exhorta a todas las entidades y orporaciones « de la región a que la secunden...» y LOL ahi debieron empezar todos y todas. Atender al El Cronista (de Málaga): de a que reconocer que en Andalucía no sólo el espí- TOS en primer tad porquen no son los eE ue corremos logs más propicios a esta inacción... y, , porque si las Cortes han de votar la Ley (de Mancomunidades), conviene que nos preparemos a reci- Don nuestra personalidad...» Ñ » Vgiio , . e . . . . . . . . . . . * . | Don Mario Méndez Bejarano lpulado a Cortes por. £ ¡Encuentra admirable la idea de reunir una Asam- E Ya dy, $ ¡ la ps Ñ $ A ss rt ts Te SAS RR AS AR e DA O O A a E E A ; = Y >” 4 > - ' É ¿ es fi 07 A e Aquel dicho se comenta y refuerza por otros escritores. Uno de ellos señala dónde el ideal ha de buscar- o menos divorciadas por habilidades del funesto centralismo... «Cuando nadie estudiaba tin hondos problemas, ya yo había consagrado mi humilde esfuerzo al servicio del regionalismo andaluz. En el discurso que pronuncié en los Juegos florales de 1909, concentré todos mis anhelos en el propósitu de realzar la personalidad regional. En el proyecto de Mancomunidades está el arranque de la prosperidad de Andalucía. Si no damos lugar a que otras comarcas se nos anticipen y procedemos com amplio y generoso espiritu, Andalucía volverá a colocarse a la cabeza de España...» ; Don Carlos Cañal (diputado a Cortes): | <...Pero esta Mancomunidad daría ningún fruto si las corporaciones locales no reciben antes savia y vigor.» «Hecho esto.. las provincias podrán realizar obras superiores a las fuerzas de una sola de las Mancomunidades... Asi, de esta manera, creo yo que únicamente podría avivarse en esta nuestra tierra el espiritu regional, fecundo y provechoso para la madre patria; restaurador de sus fuerzas cuando no suena a nacionalismos, repugnados por Andalucia.» Don Manuel de Burgos Mazo (diputado a Cortes por Huelva): «... ¿Que debemos procurar exista ese espiritu regional y que para conseguirlo tal vez sería conveniente la Mancomunidad? Bueno, pero es indispensable que ésta 8e €8- tablezca sobre bases muy claras y precisas... La Mancomunidad sín espíritu regional sería una ficción. El espiritu regional, si existiera, merecería mi respeto; pero no e8- toy dispuesto a trabajar para crearlo.» 23 se, to. pensando en la Aheiación Solbes de Ande : lucía, ante la invitación hecha por el Estado mediante El señor Coto Mora (senador por Huelva): E - Se muestra entusiasta convencido del regionalismo y s de la Mancomunidad. «En cuanto al regionalismo andaluz, ¿qué duda cabe que es indispensable vigorizarlo para que Andalucía tenga la homogeneidad y la cohesión que necesitan los intereses comunes de las ocho provincias - hermanas? La Maucomunidad será un tremendo acicate contra el centralismo y el caciquismo, causa los dog del arraso que padecemos.» - El señor Montes Sierra (diputado a Cortes por Sevilla): No €s partidario del proyecto de Mancomunidades. Si lo es de la autonomía municipal. Las Diputaciones proviniales son organismos nocivos. La base de toda reforma es E ALC a a munici A E iba es la normalización económica de los Municipios. - ¿Formamos la ón peor preparada para recibir y practicar esta novedad (las Mancomunidades) por falta de espíritu interprovincial.» El señor Calvo de León (diputado a Cortes por Po- Sadas): Estima el problema de vital interés y, sobre todo, altapa simpático. La cohesión de los distintos factores reoda lag provincias e indudable progreso para toda la yida local. El señor Sánchez Pizjuán (diputado a Cortes): E si Se declara entusiasta partidario del proyecto de Man- - comunidades, el cual votó. Tanto el señor Méndez Bejarano como el señor informante, convenían que en ningu- A ; $ A zS E E el decreto de Mancomunidades, con el objeto de que. las regiones definan su existencia de aquel orden, se enna parto de España tiene aquella institución más razón de ser que en Andalucía, proponiéndose trabajar por su ES E implantación. «Los hombres de buena voluntad y amantes del regionalismo deben coadyuvar a-la empresa... Andalucia, por SE esos caminos, vendría a ser el emporio de España; lo cual nos enorgullecería, porque honrando a nuestra patria E ante los ojos del mundo, nos honrariamos a nosotros mismos.» z == El señor Rodriguez de la Borbolla (diputado a Cortes por Sevilla y ex ministro): ? «La tradicional indiferencia de nuestra región nos ha hecho aparecer, en ocasiones criticas y solemnes, como gentes inferiores, no capacitadas todavía para la vida nueva...» ee Vivía hace poco Cataluña entregada al desenfreno de la imposición y de la arbitrariedad... Republicanos, carlistas, liberales y conservadores, todos se juntaron (enla coalición denominada Solidaridad) para defender su emancipación... consolidando lo que ante todo necesita un pueblo para alcanzar el respeto y la consideración de los demás.» Esto en cuanto a la vida espiritual. Con respecto a log intereses materiales... «bemos asistido, por ejemplo, a la Junta de Valoraciones... Cataluña y alguna otra región - ao de España llenaban con sus observaciones aquel ambiente, saturado en absoluto por el ambiente de sus hijos y sus q mandatarios... Por cientos se contaban sus reclamaciones... Los andaluces miembros de aquella Junta estábamos condenados a obra de mera contradicción o a cruZzarnos de brazos, presenciando con rubor aquel para nosotros triste espectáculo.» - tusiasma imaginando ver surgir a la nuestra para contes- _ tar al requerimiento, y creyendo realidad la hermosa vi- - sión exclama: "¡Ave Bética!" (1). 1914. La idea se va precisando. Y también el sentimiento - que exalta la idea, y una y otro hacen aumentar, y so- - bre todo, afirman a sus representantes. -— «Nosotros... no sabemos sacudir la pereza e imitar su - ejemplo (el de los catalanes). Y hora es de que tal baga- - 108.» : «Sin pensar, pues, en independencias que condenamos... sín abominar del Poder central... hay que pensar - en que si una región española vale más que las demás por gu energía, por su actividad y porque piensa en sus inte- - reses, no debe Andalucía mirar con indiferencia ese podesoso ejemplo, sino imitarlo, hasta igualarse siquiera con aquellos hermanos nuestros que están llevando la di- -—xección en todos los ramos de la vida nacional.» - «Precisa, pues, que meditemos sobre este tema (el de la Mancomunidad andaluza) si hemos de responder a los - requerimientos de nuestros deberes, y a lograrlo deben dirigirse nuestros esfuerzos. Desde luego, veo con suma complacencia que a ello EquaO ES El Liberal sus iniciati- Vas...» (1) El señor Izquierdo, con motivo de la discusión en el Ateneo de Madríd de la Memoria del señor Rivera Pastor («Orientaciones políticas»), habló de esa necesidad que hemos dicho de dotar de un ideal a Andalucía (Abril), y de modificar el viejo Derecho en relución con gus nuevas necesidades. Don Ramiro Guarddón, desde el ne ] E 3 ; 3 k i 7 A En el Ateneo de Sevilla se empieza a discutir. Un grupo de hombres anuncia en la prensa local el propósito de una acción continuada, (Por iniciativa del catedrático de Derecho penal en la Universidad de Sevilla, señor Castejón, se creó la denominada "Acción andaluza". Por lo visto, este grupo se ha disuelto. A lo menos, no da señales de vida.) Otros creen haber encontrado el ideal, y defendiéndole inician y afirman la acción, (Varios que sin organización han venido trabajando Ea por los ideales regionales, principalmente los económicos.) Los temas propuestos sobre el asunto con motivo de los Juegos florales, son concursados por más numerosos escritores y con mejor fortuna que el año precedente. periódico Fígaro (Junio), excitó a definir el ideal y a la? creación, después de concretado, de una fuerza que le elec AN IE apostolara, Don Alejandre Guichot, en un notable estu= dio «Acerca del ideal andaluz» (publicado en Bética, nú-= meros 1 y 2), después de decir que el «ideal consistirá en el carácter andaluz con los factores y elementos que co- - nocemos y los que concibamos para comenzarlo nosotros», resume su trabajo con estas palabras: «Se puede formar el ideal andaluz de rico y variado contenido, congtituyendo el carácter de Andalucía con las tres complejas sintexis, demótica y artistica de los vinculos internos y permanentes de los pueblos, y civica de los vínculos ex-. 2 ternos y variables.» Don Mavuel Rabadán excita en sus artículos (El Jiberal) a la constitución de la Mancomuni-. dad andaluza. — 364 — salvar, sino resucitar a España. Por esto sería inútil la acción de una mano de hierro que la contuviera al borde del precipicio en que ya se hundió. España necesita de una legión de creadores a quienes el destino cada vez más acorta el plazo para la piadosa tarea de hacerla revivir. Necesita urgentemente de una legión de aquellos hombres, sacerdotes y apóstoles de abnegado pensar y vehemente sentir, a quienes Nietzsche llamó. servidores de la vida, porque suspenden una fe y un amor sobre el alma de los pueblos que se extinguen. FIN E E ds A e id 3 VA a A Y I É EL IDEAL xy E 17 : . LAS Es Páginas Ideal de la da O AE E 9 -— Ideal humano: Su génesis. Sus factores. Sn mo" 08 S do dOaACcNACcióN: a NN - Sentido objetivo del ideal . . . . . . . . 16 -— Ideal de los individuos y de los ed A o eS ' Ideal de las macionBs -— Ideal de España. . . . . EAS Medio de cumplir el ideal prtol A Ideal de las regiones españolas . . . . . . y E A + ANDALUCIA -— Existencia de daa poa A l Existencia del pueblo andaluz a través de la da A Ñ toria EA AA A 33 El genio andaluz: Sus revelaciones positivas. —. VES E - Reconocimiento universal de la existencia del ES genio andaluz. A o Confusión de los que niegan la eS istancia de An- a IR E pes AN o Y EL IDEAL 5 Daparidad de Andalucia para A suideal . Razones de incapacidad derivadas del medio ALO o ara Razones de incapacidad derivadas de motivos de AOPrgdisposición BORA: 2 0 ae El estigma del origen africano... . . +. . Capacidad de los autóctonos andaluces. . . . Influencias ibérica y camítica . . . . . +. . Infinencias griega y rOMAaná . .* .... » . . . . . . o. , . Purificación de sus estigmas. Dirección espiri- UA A TR DO PRA. - Fortalecimiento del espíritu y de la conciencia $ polpetios regional E a DT EA E DA > La disociación entre las provincias y municipios ALDAMAS a Donde ha de busearse la causa de la disociación y la indole de los remedios adecuados para CODIDAUTIA 0 Se AR Ineficacia de las creaciones FúrmaloR Ideales de este orden de Andalucía, dependientes de la UrERCION Esencial a AS Heterogeneidad en la organización . . . . . Medios directos de fortalecer el espiritu y la conciencia colectivo-regionales. . .... . . +. Insuficiencias de los remedios directos y de las energias existentes para el cumplimiento de los ¡dorlo PrÓXIMOS 0 2 a La causa próxima de la debilidad. . . .. . . Debilidad o inexistencia del espíritu municipal y de la conciencia colectiva de este orden . . Necesidad de fortalecer, como base del espiritu colectivo y conciencia regionales, el espiritu y conciencia colectivo-municipales. Medios directos de realizar estefin. . . . EE Insuficiencias de la profilaxis directa para la creación del espíritu municipal. Incapacidad para la vida colectiva. <td e Las causas de la incapacidad para perseguir los fines de la vida colectiva. . ..... . . Circunstancias de tiranía político-administra- o E A Y Circunstancias e iiicaaciales: Composición de la sociedad andaluza . . . . .. .. En Andalucía predomina la clase agricultora. Es un pueblo de jornaleros . . . . . , . + El jornalero andal0z . +... . o...» Imposibilidad de redimir al jornalero para la vi- Páginas , 94 95 101. 101 103 104 105 106 106 107 109 109 Páginas da colectiva en las actuales circunstancias eco- OMIC oa A EN JInexistencia en Andalucía de un pueblo capaz de ser consciente y libro . . . . . . . . Inexistencia de la clase media. . . . . ; El problema en la creación de la clase niédia: En Andalucía ha de ser agricultora . . . . La-clase media campesina . . . . . . . . Por qué no existe clase media campesina . . . Tierra. Su distribución actual. . . . . . . ¿El jornalero es incapaz de cultivar la tíerra? . La acumulación de la tierra y el régimen de la Propiedad A E e Existencia y formas de actmalación PET Causas que obran la acumulación, y sus actuales y desastrosos efectos . . . . . . El régimen que determina la A dnpalación y los oLecios drena ASMA A Necesidad de variar ese régimen si se ha de constituir la clase media campesina . . . . Ineficacia de las medidas encaminadas a corregirlos efectos del actual régimen de propiedad:privada:de la tlerta-. e Caracteres que ha de reunir el sistema que se ALO A E e a e Justicia del régimen de ropisdad privada de la tierra. Este derecho niega el derecho de propiedad y la propiedad. . . . . IO El interés de la Región y el mismo de % propiedad exigen la abolición de este derecho. . Sistemas o soluciones para sustituir el actual ré- A, A RS La fórmula . . , Justificando la Mansión del dle Astocrático 114 117 118 119 120 no 122 122 128 129 134 137 138 146 149 150 153 154 156 en el programa de redención económica de An- e ES “Fundamentos del sistema TE PE E Efectos de las aplicaciones del sistema fisiocrá- A E E -—- La aspiración ideal y los intereses creados . .- Sistema de transición. Critica de estos sistemas - z con relación a Andalncía . A PO A Condiciones que ha de reunir en Andalucia el sistema de transición y enunciación del siste- AAA E A O RA - Complemento necesario del anterior sistema. El - propietario y el poseedor. Reforma de la legis- , RD IDIVLE Ai an 17 E | El sistema compatibiliza los erachas de todos ca 3 con la urgencia de los efectes que es. preciso a AAN PA a E CITAS DA k de La tierra a disposición del pueblo PU El capital . A AA PA A Medidas ordenadas ala adquisición directa de - 3 capitales por labradores y jornaleros. RAS o Caja Bruralesiió. tor as oa Banco Regional Agrario. . +... +... . Fomento del Crédito Agricola. . . . . . +. Medidas que reclama la obra de la formación del y pueblo, en el campo y enla ciudad ., , ... E El sistema fisiocrático en su aplicación al suelo E dela cindid oe 1 Abaratamiento de las subsistencias. Los arance- E e ¿2 AMO. AQUA a . ES Complemento de los remedios expresados. De- Es: -—senvolvimiento de todas las fuentes de prosperidad material. ” . > A AS : . . . LA Páginas Condición necesaria del OS los ideales RAS a Resumen de la OO de lós entes ds de Anilalucía . é El más inmediato y central de 0 alos oda E O IO o VE EL CAMINO DEL IDEAL _Cualidad de la fuerza y de la organización, O A 201 204 206 209 217 ACERCA DEL REGIONALISMO ANDALUZ Artículo I. —El momento político . Artículo I1.-—-De la reconstitución a y JA concepto de la patria . Artículo 111.—La tradición de ade pendencia nacional, como base del regionalismo. El temor a la aspiración nacionalista Artículo IV.—La patria y el E Andle ts Artículo O vcial y politica administrativo de Andalucía, Las Mancomunidades ; Artículo VI. e Deraciación ha Ab incl: De - ción espiritual Artículo VII, — Dinsotiación E Aida lubla: Unión de las provincias andaluzas. Artículo VIIT.—Capacitación de Andalucía. “Ta conciencia colectivo-regional Artículo IX, —Cnpacitación de Andalucia. Es dios esenciales . .-. 243 254 215 283 233 297 303 311 Páginas "Artículo X.—Deberes de las regiones españolas. Andalucía y la sociedad nacional . , Articulo XI.—Los Poderes regionales y el Dades nacional ps Artículo XIT, —Reosumén; a > reanlración: Artículo XIII.—Crónica abreviada del movimiento regionalista . 319 329 339 347