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La sacralización del acto de cenar desde su visión espacial y su carácter ritual

Muñoz García, Agustín

Abstract

He decidido dividir mi trabajo de fin de grado en dos secciones que tratan la temática de la cena desde una visión espacial y una visión temporal. En la primera, hablaré sobre como la mesa donde se cena actúa como espacio nuclear a la hora de formar relaciones íntimas y vínculos culturales, demostrando que no es tan relevante el espacio físico como el factor humano para designar este tipo de reuniones. Más adelante, hablaré de la importancia de reunirse para cenar al ser un ritual asentado en nuestras vidas cotidianas que transforma una necesidad fisiológica en una comunión sacra, haciendo de la cena un acto sagrado. Pero antes, haré un repaso del estudio de esta materia en el campo de las artes pictóricas haciendo ver diferentes ideas que ya se asociaban al frecuente acto de reunirse para cenar.

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La sacralización del acto de cenar desde su visión espacial y su carácter ritual Agustín Muñoz García Trabajo de Fin de Grado de la Universidad de Bellas Artes de Sevilla. Curso 2022 - 2023 Trabajo de Fin de Grado Grado en Bellas Artes Universidad de Sevilla Curso 2022 - 2023 Título: "La sacralización del acto de cenar desde su visión espacial y su carácter ritual" Autor: Agustín Muñoz García Tutora: Mª del Mar Bernal Pérez Marco Teórico Objetivos Conclusiones Justificación 1 - 21 1 - 2 Metodología: Producción artística 23 - 24 27 - 39 40 Introducción Llenarse el ojo antes que la tripa ¿Dónde cenar? Espacios de reunión El espacio expositivo y el restaurante son uno La cena como evento: El arte se acerca a la vida Acto de cenar, acto ritual, acto sagrado Un desastre, cuando el ritual falla Rituales nocivos, consecuencias fatales Bibliografía e Índice de figuras 3 - 6 7 - 8 9 - 12 13 - 14 15 - 16 17 - 18 19 - 21 25 41 - 45 Índice Motivaciones artísticas Motivaciones personales 23 - 24 24 Restos de una pelea Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! Todos comen Lo insaciable 27 - 29 30 - 35 36 - 37 38 - 39 1 Introducción 1. Los artistas presidimos el medio de la imagen, inclusos aquellos que no producen obra gráfica directamente. Un escultor, por ejemplo, ejerce ayudándose de otras imágenes de referencia o un artista que estriba en la performance registra su obra mediante fotografías o vídeos, imágenes en movimiento. Precisamente debido a nuestro campo de trabajo, estamos sometidos a la información que nos es dotada por el sentido de la vista, al igual que otras muchas áreas del conocimiento como son la filosofía, la medicina o la historia. La información dotada por la vista, y en ocasiones el oído, tiene la capacidad de arraigar en nuestra memoria y ser conducto de la reflexión necesaria para entender y participar en los conocimientos universales. En cambio, sentidos como el olfato, el gusto y el tacto procesaban información relacionado con lo corpóreo, impulsos naturales que avocaban a saciar el apetito, deseos que antiguamente creían que podía destrozar el carácter moral de un hombre. El argumento que sostenía esta jerarquía era que la mayor muestra de superioridad del hombre frente a todas las cosas era su capacidad de razonar, innata en él, por ende los objetos físicos apreciados a través del gusto, es decir comida y bebida, son objetos de consumo que si acaso llegan a ser placenteros; mientras que un objeto creado para ser visto, como una escultura o pintura; es un medio de sensibilización, una forma de deleite apto solo para los ojos entrenados. Existe por tanto una separación intelectual: el bruto de alma no cultivada no puede llegar a entender la belleza de un grabado de Durero y la armonía de una ópera de Debussy; mientras que saben perfectamente cómo devorar cualquier plato que se encuentre delante suya. ¿Por qué el placer sensorial de una buena comida no se corresponde al placer sensorial de una sonata de Beethoven? En los inicios de la filosofía las ideas epistemológicas del conocimiento otorgaron una jerarquía a los sentidos en función de su relación con las ideas racionales. La vista y el oído eran consideradas compañeras de la actividad intelectual, ya que su uso permitía el cultivo de conceptos abstractos, ideas de las que se alimentaba el alma inmortal en busca de razón. Según los pensadores del siglo XVIII y XIX, los objetos gustativos estaban demasiado condicionados por la experiencia individual como para ser considerados capaces de producir una genuina experiencia estética. La Iluminación trató de acuñar parámetros objetivos a la noción de belleza, dicho de otro modo, proclamar que algo era bello significaba que el otro podía y debía complacerse también en el objeto señalado. La contemplación de la belleza se regía por leyes de la razón universal, por lo que los juicios sobre el arte eran más importantes que meros dictámenes de manifestaciones subjetivas y requerían, por tanto, de criterios de evaluación compartidos. Una preferencia culinaria contenía la misma importancia epistemológica que una elección cromática de dos objetos idénticos: ninguna. El funcionamiento del gusto requiere de la experiencia individual, ya que el hecho de sentir un sabor específico se encuentra encerrado dentro de la boca del sujeto que lo siente; por lo que es imposible someterlas a parámetros universales de apreciación estética, quedándose, en cambio, en la escala inferior de la sensación placentera. La máxima demostración lujosa desligada de todo su contexto no ofrece la misma relevancia artística que tiene las connotaciones simbólicas de la simple manzana del jardín del Edén. Sin embargo, descalificar todo acto de reunión dedicado a compartir alimento y considerarlo un espacio donde exclusivamente se sana la necesidad fisiológica de la nutrición significaría ignorar el sustrato cultural y social que sostiene todas estas reuniones, al igual que los intentos contemporáneos de emplear la cocina como un medio en el que se desarrollan ideas complejas y se estimula el intelecto. Actualmente todavía se aboga por una separación entre la escena culinaria y la artística, ya que una obra de arte es valorada por las propiedades cognitivas y estéticas inherentes a ella misma, es decir, cualquier obra artística es apreciada por el hecho de existir, se sostiene por sí misma. En lo contrario, una buena comida desligada de su contexto no es más que un buen alimento correctamente preparado, o incluso, exquisitamente presentado. He decidido dividir mi trabajo de fin de grado en dos secciones que tratan la temática de la cena desde una visión espacial y una visión temporal. En la primera, hablaré sobre como la mesa donde se cena actúa como espacio nuclear a la hora de formar relaciones íntimas y vínculos culturales, demostrando que no es tan relevante el espacio físico como el factor humano para designar este tipo de reuniones. Más adelante, hablaré de la importancia de reunirse para cenar al ser un ritual asentado en nuestras vidas cotidianas que transforma una necesidad fisiológica en una comunión sacra, haciendo de la cena un acto sagrado. Pero antes, haré un repaso del estudio de esta materia en el campo de las artes pictóricas haciendo ver diferentes ideas que ya se asociaban al frecuente acto de reunirse para cenar. 2 Llenarse el ojo antes que la tripa 3 2. El arte, desde sus inicios, ha sido utilizado para hablar de la condición humana y su lugar en el mundo, el pensamiento queda registrado en una imagen u objeto exento que permite comunicar conceptos abstractos o ser huella de la realidad visible. Antes de tratar la trascendencia del acto de cenar físico, mundano, quisiera analizar el uso iconográfico que se le ha prestado a estas temáticas a lo largo de la tradición pictórica para demostrar que, incluso en la antigüedad, este simple acto emanaba múltiples significados. género grecorromano llamado Xenia, del término xenos, que quiere decir “extranjero” o “huésped” y cuya traducción en griego significa “hospitalidad”. Las demostraciones más claras de estos casos son las representaciones que aíslan la comida de cualquier otra distracción y sobre todo libre de ninguna presencia humana. Los bodegones o naturalezas muertas, son despliegues que centran su atención en objetos inertes, inmóviles, siendo retratados especialmente aquellos útiles de manejo diario y piezas ornamentales, con gran hincapié en los arreglos florales. Pocos ejemplares pictóricos datados durante la Antigüedad clásica perduran intactos, o siquiera en buenas condiciones; pero, a pesar de ello, ha sobrevivido el registro de un En ocasiones, el arte se mueve en mundos donde lo comestible solo es tolerable como representación, pues el arte alcanza límites de tolerabilidad que la práctica no puede. (Korsmeyer,2002, 147) Dentro de las casas romanas era común encontrar estas imágenes en las despensas de las habitaciones para las visitas como demostración u ofrenda de la cantidad y variedad de alimentos que el anfitrión ofrecía al invitado. Fig. 1 Detalle de un fresco funerario de la tumba del escriba Menna en Tebas (1422-1411 a.C) Los happenings, que consideraban la intervención de los asistentes como parte esencial del producto final, permitieron el acercamiento del espectador bajo una postura independiente. La participación dentro de una galería pasó a ser de uso exclusivo, con la compraventa de objetos de lujo, a pública y accesible, lo que transformó la experiencia del observador de sumisión, resignarse a contemplar lo que estuviera enfrente; a entender que el nuevo modelo artístico devuelve la mirada al ojo del observado. La pareja creó un espacio íntimo y entusiasta donde la nueva escena artística satisfacía su necesidad creadora entorno a una performance constante: Artistas invitados como Rauschberg (1925 – 2008) o Donald Judd (1928 – 1994) inventaron y sirvieron, más tarde, su propio menú, a veces comestible y otras veces no tanto. La producción era duradera, los desechos, como los huesos, servían como material prima para la creación de orfebrería personalizada, por ejemplo. La conclusión de juntar las nociones de galería y restaurante fue bastante popular, y no hubo un solo indicio. El restaurante Food situado en la zona del Soho en Nueva York es conocido como el ejemplo consabido de este concepto, creado por Gordon Matta-Clark (1943 – 1978) y su pareja en el momento, Carol Gooden (1948) durante la época cultural del expresionismo abstracto y el movimiento Fluxus. La actitud transversal del espacio dio a experiencias gastronómicas innovadoras que ahora damos por sentado como son los menús vegetarianos o el sushi, apostando por un negocio en el que era posible disfrutar de una buena comida mientras se era partícipe de una actividad performática. 10 Fig. 5 Tina Girouard, Carol Goodden and Gordon Matta-Clark en frente del local cerrado que se convertiría en su restaurante Food, 1971. Por unos breves instantes dentro de Food la línea entre el arte y la vida desaparecía Otros lugares con el mismo espíritu interdisciplinario fueron erigidos posteriormente. Una década más tarde apareció El International: Tapas and Bar Restaurant gracias a la cocinera Montse Guillén (1946) y el artista Antoni Miralda (1942). 11 El cierre del restaurante dos años después de su apertura no fue motivo de desgracia, de hecho, para Miralda fue motivo de alivio: “No estaba previsto como un negocio; sino como un proyecto de arte que se autofinanciaba. Si hubiéramos seguido adelante ya no hubiera sido arte, hubiera sido decoración” (Miralda, 2019) Según Miralda: Regularmente El International era un sitio donde disfrutar tapas españolas mientras uno se sumergía en el ambiente excesivo y camp de las cuatro salas disponibles, cada una con sus conductas rituales específicas: Cenar en “La habitación de los claveles” significaba ser abastecido con un pintalabios junto a su comida, en el caso de que el cliente quisiera dejar registro de su paso por el restaurante besando las paredes. Cenar en “La habitación Marina” suponía ser servido bajo un techo de estalactitas mientras se apreciaba una vitrina en el suelo en honor a la historia del bacalao. Además de la impresionante experiencia cotidiana, en ocasiones se celebraban eventos performáticos como el famoso Face to face, donde en San Valentín varios gemelos tomaron una comida espejo: platos de misma apariencia; pero distinto sabor. El Internacional era una experiencia basada en un restaurante, en un espacio culturalmente cargado, artístico, en el cual se comía y se bebía. Ya en un restaurante normal, estándar, el participante forma parte del ritual y demás. Pero aquí pasaban otras muchas cosas. Y tenían que ver con un espacio creativo, de performance, en el cual podías compartir comida y, sobre todo, ver el espacio, pensar. (Miralda, 2019) Fig. 6 Fachada del International con motivos camuflaje en blanco y negro y la corona de la Estatua de la Liberta como parte de Tribeca Coronation, 1985. El restaurante era un ejercicio de descontextualización y redefinición de nuestras “banalizadas, pero con chispas” tradiciones gastronómicas, de hecho, una tapa es un evento gastronómico que, pese a ser pequeño, es capaz de convertir una mesa en una fiesta. El local dio su fin con la Crowning ceremony donde el restaurante se vistió con la misma corona de la Estatua de la Libertad, aportando la apariencia por la que es conocido el local. La experiencia de El International era la vivencia de una performance constante, simbiosis entre producción, arte y cocina. Una experiencia que solo se repite cuando uno entiende y disfruta con la sensación que produce el porrón, el ajo y las tapas. Las vivencias concedidas por cenar en este restaurante solo se repite cuando uno entiende y disfruta con la sensación que produce el porrón, el ajo y las tapas. Las mesas dedicadas para comer son oportunidades de intercambio, la importancia no reside en los platos que se consumen sino en la permuta entre los comensales; el éxito, gozo o disfrute dependen de la participación de lo desconocido. De modo que, con la desmitificación del objeto y la vinculación del arte a lo que es en sí la vida, la experiencia humana; varios artistas encontraron valor en la propia consumición, e incluso preparación, de los alimentos. Explora cuestiones sobre las identidades humanas, sus rituales universales, su relación con la memoria autóctona, sus procesos de mestizaje, sus estrategias de preservación y cohesión, sus vehículos para transmitir o subvertir las tradiciones o sus prácticas sociales contemporáneas. En este sentido, la comida es quizá el primer y más esencial elemento de cohesión comunitaria, ya que refleja los condicionamientos sociales, económicos e ideológicos y, al mismo tiempo, los resignifica. (FoodCultura, 2007) 12 Fig. 7 Entrada del International conocida como Flag entrance cuyo diseño celebra la diversidad cultural del barrio de Tribeca, 1984 - 86, fotografía por Peter Aaron. Antoni Miralda y Montse Guillén continuaron trabajando juntos en años posteriores siendo responsables del concepto FoodCultura, un proyecto que: 13 No ves la obra de arte; pero eres parte de ella. La distancia entre artista y arte y audiencia se vuelve algo difusa. Arte que puede ser considerado arte por el contexto en el que se encuentra, una obra de arte sostenida por las relaciones, interacciones, conexiones entre seres humanos y por tanto cargada de aleatoriedad, impredecible. La necesidad de establecer este movimiento quiere decir que el autor considera que las mismas temáticas ya tratadas durante los años sesenta, como en los happenings de Allan Kaprow (1927 – 2006) donde se exigía la participación externa para su desarrollo, han evolucionado dentro de un nuevo ambiente cultural. La cena como evento 4. Las principales ideas de los primeros movimientos artísticos postmodernistas, sobre la consideración de los actos cotidianos como forma de arte y la atención hacia la comunicación humana, fueron decisivas para muchos artistas posteriores. Un claro sucesor contemporáneo, paralelo en cuanto a motivo a Spoerri, es Rirkrit Tiravanija (1961). Su obra es planteada como un espacio abierto, una experiencia multisensorial capaz de trasladar carga simbólica al acto insignificante de preparar la cena y servirla. Su interés reside en la creación de condiciones que fomenten la interacción entre los visitantes de sus exposiciones. Tras el evento Untitled (Free), por ejemplo, los asistentes pudieron charlar abiertamente mientras les era servido curry tailándes. Más tarde, los útiles usados fueron expuestos como instalaciones propias para reflejar, al igual que Spoerri, el vestigio de un encuentro. Tiravanija es un importante representante del arte relacional, un concepto designado por Nicola Bourriaud (1965) en su libro Estética Relacional (1998) sobre un arte como intersticio social; un arte que toma como horizonte teórico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social. El intersticio es: El arte se acerca a la vida Un espacio para las relaciones humanas que sugiere posibilidades de intercambio distintas a las vigentes en este sistema, integrado de manera más o menos armoniosa y abierta en el sistema global. […] favorecer un intercambio humano diferente de las “zonas de comunicación” impuestas (Bourriaud, 1998, 16) Varios pensadores han criticado la argumentación teórica de su publicación, considerándola una generalización de poco fundamento e incluso cuestionando la calidad de las relaciones supuestamente democráticas que en las obras de este estilo se mantienen. Sin embargo, lo importante es reconocer la conversación que se está generando en torno a las limitaciones e inconsistencias del panorama actual artístico donde, incluso si conceptos como la estética relacional no han tenido éxito, dejan paso a un potencial valioso para referirse al comportamiento humano como obra de arte. En este aspecto, creo que es importante destacar el trabajo de Lee Mingwei (1964), conocido por sus instalaciones interactivas de gran variedad, donde asigna instrucciones que focalizan pequeños gestos como arreglar una prenda, escribir una carta o dedicar una canción para hablar sobre la intimidad y la comunicación. 14 Fig. 8 The Dining Project, Lee Mingwei, 1993 - Presente, Acción, vídeo e instalación. odo su trabajo dedica un papel fundamental al visitante y suele permitir su interacción directa: “Como artista considero que estoy al cuidado de los desconocidos que hacen de este mundo mucho más poético de lo que yo pueda imaginar” (Mingwei, 2022). En relación con Tiravanija, The Dining Project es un proyecto suyo que abarca ideas similares a través de un marco opuesto. El artista convoca varios encuentros privados con distintos desconocidos, siendo invitados a compartir alimento y conversación con una pequeña cena preparada, a medida, cuya celebración se resuelve en el espacio expositivo.Una cámara graba, a ojos vista, los primeros contactos de esta actividad siendo, su grabación, exhibida junto al espacio arquitectónico, levantado para que reflejase un comedor oriental. La comida y el entorno son catalizadores del diálogo. El objetivo del artista es evocar las dimensiones sociales, psicológicas y espirituales que encierra el acto humano de comer. Mientras que el encuentro de Tiravanija es público, para Mingwei es, parcialmente, privado; los gestos son individuales, no comunes. Dos propuestas diversas de mismos intereses que discuten sobre la esfera de lo público y lo privado, las relaciones frente a los demás y a uno mismo y las tensiones entre el que ofrece y el que recibe. “La idea de la tensión es muy importante para mí. ¿Qué es la tensión? Es ese elemento desconocido que hace que mi trabajo esté abierto a todo tipo de posibilidades” (Mingwei, 2022) 15 Los rituales se continúan ejecutando por un deseo común de búsqueda de lo trascendental en la rutina desacralizada. Actualmente, la experiencia humana no requiere la aproximación espiritual a través del contacto directo con la religión, existen las comunidades religiosas; pero su influencia ha disminuido y, además, su integración dentro de la esfera íntima ha desaparecido. Acto de cenar, acto ritual, acto sagrado. 4.1 Regresando a la mesa de comedor, quisiera dirigir la mirada ahora no al espacio donde se celebra la cena, sino a lo que ocurre en él. El hecho de cenar juntos va más allá de lo necesario, lo eficiente; se vuelve emocional, es un acto que nos une. Los modos de ser dependen de los diferentes enfoques con los que el ser humano se aproxima ante el mundo, lo divino, el cosmos. Sin embargo, para una persona cuya vida se encuentre totalmente desacralizada sigue siendo imposible llegar a desprenderse de todo comportamiento religioso. Para la conciencia moderna, un acto fisiológico, como la alimentación, no es más que un proceso orgánico […]. Pero para el “primitivo” un acto tal no es nunca simplemente fisiológico; es o puede llegar a serlo, un “sacramento”, una comunión con lo sagrado. (Eliade, 1957, 17) Una comunidad se define en su cultura y esta cultura se alimenta de rituales. Los rituales no son exclusivamente actos de carácter religioso o político, parafraseando a Antoine de Saint- Exupéry, se puede decir que los rituales son en la vida lo que en el espacio son las cosas. Un beso de buenas noches puede ser una obligación no escrita entre un padre y su hijo, una responsabilidad no consciente que refuerza una comunidad y, en este caso, denota afecto, protección y amor, al fin y al cabo. El uso de modales y etiqueta es otra demostración de pequeños gestos que causan gran impacto en el entretejido social de una comunidad. La repetición de los mismos provoca estabilidad, la pérdida desequilibrio. Ya no se piensa del apareamiento como un deber para con Dios, ni se santifica labores mundanas como la limpieza, la higiene, la cocina o el sueño. No obstante, la humanidad es susceptible de perdurar comportamientos y tradiciones equiparables a ceremonias religiosas, consagrando la vida cotidiana. Durante la realización de estos actos, el tiempo sufre un cambio ontológico: se vuelve reversible, recuperable, siempre presente. Participar en un ritual es reintegrarse en el tiempo mítico, la duración lineal es “detenida” reiteradamente por la inserción, mediante ritos, de un “tiempo sagrado no histórico” (Eliade, 1957, 55). La vida de una persona se divide en dos planos, la subsistencia humana y la existencia transhumana, donde nuestro cuerpo como canal es capaz de rencontrarse con la santidad a modo de imitatio dei. La repetición del ritual proyecta aquello que se esté haciendo como simulación de las intenciones santas y, por tanto, el plano sensible se solapa con el espacio eterno aislado de causa, efecto y consecuencia. Regresar a la hora de cenar después de una pérdida es permitirse retomar el espacio sagrado donde es posible vivir en su presencia; aunque esta no sea visible. 16 Para Hannah Arendt es la durabilidad de las cosas lo que las hace independientes de la figura del hombre. Las cosas tienen la misión de estabilizar la vida humana. Su objetividad consiste en que: Esta idea es perceptible en el uso que damos a los objetos rituales que utilizamos durante una cena. Dotamos a los objetos domésticos, ayudantes de la familia, de significado humano. Su valor asciende más allá de la naturaleza útil porque son compañeros de nuestra existencia. brindan a la desgarradora mutación de la vida natural […] una mismidad humana, una identidad estabilizante que se deduce de que día a día, mientras el hombre va cambiando, tiene delante con inalterada familiaridad la misma silla y la misma mesa”. (Arendt, 2002, 163) Con el uso, empezamos a mantener nuestras posesiones de la misma manera que se cuida a un hermano, nos importan porque nos vemos reflejados en ellos. Esta humanidad inherente en cierta manera sirve de retrato humano a pesar de no haber figuración alguna, ya que son la huella de su paso por el mundo, es decir, son vestigios de la presencia humana. En nuestro caso, los platos han sido un soporte material muy utilizado a la hora de hablar de la relación ontológica entre ser humano y el acto de cenar. Los platos son canalizadores comunitarios, la disposición de una vajilla entera sería como el inventario de los hábitos alimenticios de todas las congregaciones del mundo, su variedad demuestra el valioso peso cultural de un plato de comida. Aunque, además de comunidad, el plato contrariamente puede ser señal de individualismo. Julie Green (1961 – 1921) en su proyecto La última cena retrata las peticiones de comida de presos condenados muerte en Estados Unidos. Uno de sus platos más famosos lee: “Él nos dijo que nunca había tenido una tarta de cumpleaños” (2007). Para estos presos la única información, la parte de ellos que no caerá en el olvido, es su último deseo. Para algunos fue pizza, otros quisieron algo de carne y algunos hubo que pidieron un poco de helado; aunque claro está, hay quienes no quisieron tener una última cena. 17 Aunque en Occidente no exista una palabra para describir este concepto, también podemos apreciar inconscientemente los ideales estéticos de esta filosofía. Una interpretación americana del wabi-sabi es la obra cerámica de Glen Martin-Taylor, una oda a los trozos rotos desligada del sutil arreglo por una opción más agresiva. Sus objetos son interpretaciones de lo difícil que es ser humano, sus heridas se transforman en tajos de duro metal que encuentra su sitio dentro de la fina porcelana: incide, perfora, funde, moldea, dobla etc. Un desastre 4.2 Lo roto habla de la imperfección humana, el dolor intrínseco, la fealdad inherente a cada persona. Esta sombra puede ser portadora de gran belleza, la reflexión japonesa denominada wabi-sabi trata la naturaleza como conductor principal estética, incluso en su estado más agresivo o vulnerable. Su filosofía trata la rotura no como un defecto que haya que disimular; sino como parte esencial de la historia del objeto merecedora de ser destacada. La belleza del wabi-sabi es: El hecho de aceptar lo que se considera feo. El wabi-sabi sugiere que la belleza es un acontecimiento dinámico que se produce entre uno mismo y algo más. La belleza puede aparecer espontáneamente en cualquier momento en el que se den las circunstancias, el contexto o el punto de vista apropiados. La belleza es pues un estado de alteración de la conciencia, un momento extraordinario de poesía y gracia. (Koren, 2015, 51) Lo maravilloso de estas reuniones es que sacan a la luz las complejidades del ser humano. La repetición necesaria del acto hace del individuo un ser ciertamente predecible. Los hábitos que una persona practica lo acostumbran a un modelo de normalidad y a unos ideales de perfección, y cuando estos ideales se rompen dejan a la luz la “herida” que Borges consideraba identitaria del ser humano. Cuando el protocolo sucede según nuestras expectativas, los eventos suelen ser pasados por alto; mientras que, si la ceremonia fracasa, se rompe el ritual por algún motivo; quieren decir algo importante. Es interesante analizar estas vías menos convencionales, la fisura del ritual. Cuando algo sale mal Nos sentimos fascinados por estas manifestaciones artísticas alternativas que, al igual que las demostraciones de los ideales de belleza clásicos, nos escoltan toda la vida. Interesa asociarse con el desastre o lo desastroso porque nos da la oportunidad de intimar con ello en un espacio seguro. Umberto Eco habla de una fealdad “mucho más profunda, que nos asedia, nos terroriza y quisiéramos ignorar” (Eco, 2007, 431) con la que nos acomodamos a través de representaciones superficiales que nos recuerdan que en este mundo hay algo irreductible y tristemente maligno. Involucrarse 18 Fig. 9 Contraste entre una pieza de kintsugi con polvo de oro y porcelana (arriba) y El dilema de ser humano, de Glen Martin Taylor con una combinación de cerámica y metal en 2022 19 Rituales nocivos, consecuencias fatales 4.3 No solo debe prestarse atención a los círculos cercanos de intimidad, nuestros hábitos nacen de las comunidades con las que hemos crecido y a las que pertenecemos. Actualmente, en una sociedad insensibilizada e inestable, las formas en las que elegimos cómo reunirnos para cenar pueden estar influenciadas, más de lo que desearíamos admitir, por intereses económicos. El matrimonio Sonja Stummerer and Martin Hablesreiter, conocidos popularmente como Honey y Bunny, buscan hacernos cuestionar aquellas conductas interiorizados perjudiciales. La producción económica ha transformado tanto nuestros hábitos alimenticios que dependemos de sus necesidades sin nosotros darnos cuenta. La problemática climática altera nuestra relación con la comida, al igual que el entorno cultural modifica nuestra forma de comer. Su trabajo, ya sea fotografía, videograbaciones o meros actos; insinúa con humor que las normas sociales no escritas pueden llegar a ser más arbitrarias que las que ellos llegan a inventarse. El valor simbólico de los objetos pierde opacidad: Un bisturí llega a ser un cuchillo de sobremesa, un parterre una mesa de comedor; de tal forma que los modales, consideradas herramientas sociales, pueden estar, a su vez, sujetos al cambio. Sus performances imitan las convenciones sociales de una aparente cena cuyos principios nos son desconocidos: a lo mejor la comida se encuentra enterrada en varias capas de celofan plástico que deben cortar para alcanzarla, o disfrutan de varios vegetales plantados en un parterre. En cualquier caso, sus ostentaciones no son mero espectáculo, sirven para dirigir nuestra mirada hacia el diseño gastronómico: “No comemos naturaleza, comemos diseño” (Hablesreiter, 2020) . Las normas que precisamente más molestan a los artistas, tienen que ver sobre todo con aquellas conductas carentes de juicio crítico que impactan de forma grave al cambio climático. Actualmente el sistema alimentario mundial es insostenible. 26 Producción artística: 27 Mi proyecto “Restos de una pelea” o “Solo un malentendido” consiste en descompuestos trampantojos semi cortados de trozos de platos sobre platos. La forma más óptima de exposición es el fotograbado, ya que el uso de la fotografía permite una mayor descripción de la realidad. Los platos son una recreación que, al igual que el resto de trampantojos, interactúa con el espectador constantemente, haciéndole plantear los límites entre realidad y simulación, objeto e imagen. Encontré vajilla a la manera object trouvés, es decir, los trozos de las imágenes vinieron a mí gracias a roturas accidentales de mis conocidos o bien por el encuentro fortuito en basureros cercanos; aunque es cierto que algunos platos fueron heridos de forma más zafia para la elaboración de este proyecto. El resultado del destrozo, producto final de la casuística, aporta a lo que previamente Mingwei consideraba como tensión originaria de lo desconocido, esa aportación azarosa añade mayor valor a las composiciones finales puestas en la obra. Metodología 1. Tras la insolación de varias planchas en un tamaño circular estandarizado, alrededor de los 20, 7 cm de diámetro, proseguí con la estampación de los distintos diseños. Primero sobre papel japonés tengucho, a modo de catálogo asegurando así un correcto resultado del procedimiento, y más tarde sobre papel de servilleta o de seda, el cual servirá al futuro encolado. Una vez hecha la estampación, fueron cortados los trozos y a continuación se aplicaron sobre la superficie lisa del plato utilizando un adhesivo de secado rápido óptimo para papeles de poco gramaje mediante un pequeño pincel de aguja o un trozo de algodón. Al sobreponer la imagen fue importante realizar movimientos céntricos rápidos y decisivos hacia los bordes; de no ser así los fotograbados hubiesen quedado como un diseño del plato y no como parte del plato en sí. La presentación del proyecto está relacionada con el ritual de la preparación de una mesa de comedor en sí, los platos imitando el papel de unos platos hermanos en posición de pronto utilizarse para manejar comestibles. Se pone una mesa de verdad; pero solo se mira, no se come ni se toca. 28 Los trozos aluden claramente a el desarrollo erróneo del ritual, ya sea por desacuerdos familiares o situaciones de mayor gravedad. Los dos títulos supones dos narraciones distintas de los hechos: la cara privada y la respuesta pública del mismo acontecimiento. El trampantojo es la mejor forma de representación de este segundo caso, la celebración de una cena en la que faltan trozos, se solapan o no quieren aparecer. Es evidente que algo no funciona, pero se realiza un esfuerzo para aparentar lo contrario, porque hay visitantes presentes, los espectadores, y el ritual debe consumarse. Fig. 11 Restos de pelea o Solo un malentendido, Agustín Muñoz García, 2022, fotograbado sobre papel japonés, 21,5 x 21,5 cm Fig. 12 La familia cenando: Restos de pelea o Solo un malentendido, Agustín Muñoz García, 2022, fotograbados encolado sobre cerámica, 20 cm de diámetro. 29 30 Sobre el soporte de entretela, una estampación previa en tonos blanquecinos añade corporeidad a la vajilla presente en el desarrollo de la velada que, a diferencia de su semejanza entre todos los comensales, diferentes imágenes, objetos misceláneos, adornan los alrededores del espacio acordado para cada persona. Estas impresiones corresponden a una arqueología de la vida íntima, pequeñas aportaciones olvidadas encima de la mesa cuya aparición demuestran que realmente se reunían para cenar. En contraste con la monocromía general de la porcelana y los cubiertos, los vestigios del encuentro fueron estampados con degradaciones tonales, únicas a cada serie de objetos, en una sola capa de tinta; persiguiendo una sensación de levedad que casara con la idea de recuerdos efímeros, objetos de la memoria Otras técnicas de estampación diferentes permitieron propuestas paralelas entorno a las representaciones de una cena. Alejándose del trampantojo a favor de una imagen más simbólica, el proyecto “Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad!” (siendo el título un guiño al sincero texto de Hamilton para el New York Times), aborda de igual forma los ideales principales de esta investigación. 2. “La cena es lo que se dice, no lo que se come” (Hamilton, 2017) o, en otras palabras, la cena es una demostración de la simpatía y el querer genuino. No es estimable una buena cena tanto por la exquisitez de la comida; sino por quién se encuentra sentado en la mesa. Este concepto abstracto se ha manifestado físicamente con la creación de otro objeto, un mantel esta vez, en el que se emula la organización de un cercano evento: una reunión familiar. Cinco manteles, correspondientes a cinco comensales, se disponen próximamente formando un solo lienzo que delimita el espacio imaginario de una mesa recientemente utilizada. Cada módulo maneja el mismo patrón del plato con cubiertos a su derecha que los sitúa en un simultáneo encuentro, la explícita ausencia de comida es necesaria pues la idea de comer es solo la excusa para poder reunirse a la misma hora. El mantel cumplirá su papel de sobremesa imaginaria con la simulación de un soporte inexistente sobre el que reposa la obra serigráfica gracias a una estructura que la mantenga suspendida. Para ello, se llevó a cabo el montaje de un armazón de aluminio apoyado en el suelo que sujetase la tela desde arriba mediante finas tanzas aferradas a los extremos; capaz de levantar la obra firmemente sin ser un elemento de distracción. Este enfoque refuerza el concepto de la mesa como centro físico, espacio nuclear y lugar donde se exteriorizan conflictos generales de una familia. Como John Berger considera en Modos de ver (1972, pg. 58) el escenario del drama no es, como normalmente podría pensarse, el espacio íntimo del dormitorio; sino la mesa de comedor. La conducta ritual acaba convirtiendo la cena en una representación teatral donde observar, a través de comportamientos individuales, una mayor estructura colectiva que se desarrolla bajo la complejidad de un hogar. “¡Una cena de verdad!” es la oportunidad de observar, bajo la postura de extranjero, los servicios habituales de una familia cualquiera. 31 Fig. 13 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! I/V o El asiento de la abuela, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Arriba, un detalles de la imagen. Fig. 14 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! II/V o El asiento de la madre, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 15 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! III/V o El asiento del padre, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 16 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! IV/V o El asiento de la hermana, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 17 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! V/V o En realidad, no recuerdo donde estaba sentado, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Laudo, A. (2016). Art Menu. Reflexiones fragmentarias sobre el comer como práctica artística. A*Desk, 24 de Octubre de 2016. https://a-desk.org/magazine/art-menu- reflexiones-fragmentarias/ Llerena, J. (2013). Caen sílabas negras. Recuperado el 3 de Enero de 2023 dehttp://www.juliallerena.com/index.php/caensilabas-negras/ Mingwei, L. (2013). 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Eat, Live, Work in Walls Paper 1972 by Gordon Matta-Clark, Tate Research Publication, Recuperado el 24 de diciembre de 2022 de https://www.tate.org.uk/research/in-focus/wallspaper/eat-live-work 43 Índice de figuras Fig. 5 Tina Girouard, Carol Goodden and Gordon Matta-Clark en frente del local cerrado que se convertiría en su restaurante Food, 1971. Disponible en: https://elpais.com/babelia/2021-07-31/todos-a- la-mesa.html Fig. 6 Fachada del International con motivos camuflaje en blanco y negro y la corona de la Estatua de la Liberta como parte de Tribeca Coronation, 1985. Disponible en: https://stomakdigital.org/obra/el_internacional_ 12._facade.html Fig. 7 Entrada del International conocida como Flag entrance cuyo diseño celebra la diversidad cultural del barrio de Tribeca, 1984 - 86, fotografía por Peter Aaron. Disponible en: https://stomakdigital.org/obra/el_internacional_ 01._flag_entrance.html Fig. 8 The Dining Project, Lee Mingwei, 1993 - Presente, Acción, vídeo e instalación. Disponible en: https://www.leemingwei.com/ Fig. 9 Contraste entre una pieza de kintsugi con polvo de oro y porcelana (arriba) y El dilema de ser humano, de Glen Martin Taylor con una combinación de cerámica y metal en 2022. Disponible en https://glenmartintaylor.com/ Fig. 1 Detalle de un fresco funerario de la tumba del escriba Menna en Tebas (1422-1411 a.C). Disponible en: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/diet a-en-antiguo-egipto-pan-cerveza-fruta-y- legumbres-2_18523 Fig. 2 Juan Sánchez Cotán, 1602, Bodegón con membrillo, repollo, melón y pepino, Óleo sobre lienzo, 68,9 x 84,5 cm. Disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:S%C3%A 1nchez_Cot%C3%A1n_(Bodeg%C3%B3n_con_ membrillo,_repollo,_mel%C3%B3n_y_pepino).j pg Fig. 3 Autor desconocido, s. XVI, La dama y el unicornio: Á mon seul désir, tapiz, 3, 11 x 4, 73 m. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/La_dama_y_el_uni cornio#/media/Archivo: (Toulouse)_Mon_seul_d%C3%A9sir_(La_Dam e_%C3%A0_la_licorne)_- _Mus%C3%A9e_de_Cluny_Paris.jpg Fig. 4 Daniel Spoerri, 1960, Cuadro trampa de la guardería, obra tridimensional, 43.5 x 99 cm. Disponible en: https://www.artedio.com/daniel-spoerri- kinderstuben-fallenbild-3-d-edition 44 45 Fig. 10 Food design Honey and Bunny, 2018, fotografías por Daisuke Akita. Disponible en: https://www.honeyandbunny.com/ Fig. 11 Restos de pelea o Solo un malentendido, Agustín Muñoz García, 2022, fotograbado sobre papel japonés, 21,5 x 21,5 cm Fig. 12 La familia cenando: Restos de pelea o Solo un malentendido, Agustín Muñoz García, 2022, fotograbados encolado sobre cerámica, 20 cm de diámetro. Fig. 13 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! I/V o El asiento de la abuela, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Arriba, un detalles de la imagen. Fig. 14 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! II/V o El asiento de la madre, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 15 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! III/V o El asiento del padre, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 16 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! IV/V o El asiento de la hermana, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 17 Vino y ensalada y pan y estofado; chocolate y fruta y nueces y espumoso pato frío. ¡Una cena de verdad! V/V o En realidad, no recuerdo donde estaba sentado, Agustín Muñoz García, 2023, serigrafía sobre entretela, 54,5 x 80 cm Abajo, dos detalles de la imagen. Fig. 18 Todos Comen I / X, Agustín Muñoz García, 2023, Serigrafía de tinta sepia sobre tortillas mexicanas Fig. 19 Todos Comen IV / X, Agustín Muñoz García, 2023, Serigrafía de tinta sepia sobre tortillas mexicanas Fig. 20 Lo Insaciable, Agustín Muñoz García, 2023, Escultura de bronce e instalación de madera.