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El libro que nunca se escribió

Guerrero Lovillo, José

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EL LIBRO QUE NUNCA SE ESCRIBIO * por JOSE GUERRERO LOVILLO Sabido es, sobre todo por quienes se aventuraron en los misterios de la creación literaria, de qué manera Joaquín fue tocado por tan notable inquietud desde su más temprana edad. Leía con avidez; devoraba y asimilaba, páginas tras páginas, especialmen te a los clásicos, y también a los modernos. Y cuando se disponía a escribir, lo hacía dominando y encauzando aquel vértigo de ideas que deambulaban, libres, en aquell os folios blan co s, apaisados, que raras veces solicitaban el rigor de una corrección. No se detenía en minucias gramaticales, pero, pese a todo, el nuevo texto resultaba milagrosamente correcto, señal de una só lida formación hum a ni sta y del impacto de los preceptistas franceses: de la 11111 siq11e avant toure chose. Era el ritmo, la armonía, lo que de manera sustancial le interesaba como so porte de su construcción id eo lógica. En muchas ocasiones le oí decir a la vista de un p á1Tafo recién alumbrado: ¡,Suena? Sí, suena, pues adelante. Con es tos presupuestos se co mprende, que la gestación literaria de su quehacer no era nada fácil, sino laboriosa, razón por la que se le adjudi có un punto de indolencia, a todas luces injusto. Una producción li teraria tan nutrida como la de Joaquín da fe cumplida de e ll o. • L eído en la Sesión Pública de la Academia el 25 de Noviembre de 1992. en conmemoración del XXV Aniversario de la muerte de Joaquín Romero Murube 70 JOSE GUERRERO LOVILLO Porque él amaba los libros. Lo mismo aquéllos que, en su pobreza externa, se envolvían en ascéticas vestiduras, como aquéllos que reclamaban para su atuendo los más suntuosos exornos, aquéllos que encandilaban tanto por su profundo contenido como por la esplend idez de su ornato. Pero hubo un libro ... , un libro que se erigió en la sublime obsesión de Joaquín. Un libro que no tuvo corporeidad tangible, un libro exento de toda beligeranc ia , un libro que nunca llegó a escribirse, para quedar relegado en la mera cond ición de un libro fantasma. Este libro comenzaba a insertarse en la propia personalidad de Joaquín, hasta el punto de que un escritor tan ca lificado como Manuel Halcón, vió en Joaquín al auténtico promotor, el alma de aque ll a singular empresa. El poeta se dió de inmediato a plasmar sus sueños, a buscar una digna realidad. Ello ocurría en los primeros meses de 1968. La primera preocupación se. cifró en Ja búsqueda del título. Un título que, a ser posible, había de condensar la esencia última del contenido de la obra. No era fácil tarea, pero al fin se encontró. La elección fue bien meditada. Me consta. Y al final la decisión se polarizó en el siguiente, conside - rado como el más extenso en su comprensión, y que mejor pudiera definir su significado: SEVILLA: BIOGRAFIA DE UNA CIUDAD No deja de ser curioso el hecho de que por estos mismos años se gestaron otros libros con idéntica orientación y títulos similares: París, biografía de una ciudad y Venecia, biografía de una ciudad. Pa - rece como si formaran los tres libros parte de una misma colección. Sin embargo cada uno surgió con identid ad diferente, al menos aqué - llos que se lograron. No quiso Joaquín que el libro en ciernes fuera obra de una sola pluma, ni tan siquiera de colaboración restringida. El propugnaba por un elenco determinado por la naturaleza misma de los temas a desarrollar, armónicamente encadenados. Dióse, enseguida, a la búsqueda de un equipo de colaboración del que los primeros en el tiempo habríamos de ser Muñoz Rojas, García Añoveros, Aguilar Piñal y mi persona. Ninguno de los dos últimos entonces residentes en Sevilla. Aguilar residía en Madrid y yo en Barcelona, donde servía doce años una Cátedra de aquella Universidad. Detrás de todo el proyecto fi g u- EL LIBRO QUE NUNCA SE ESCRIBIO 71 raba el mecenazgo del Banco Urquijo, entidad que patrocinaba la naciente publicación. En esta etapa inicial la imaginación de Joaquín no descansaba. Redactó un Propósito con la finalidad de unificar criterios o valorar iniciativas. Lo que Joaquín perseguía era sustancialmente un libro que delimite el tono, alcance y calidad de los textos. Esto -so n palabras del propio Joaquín-lo estimo inexcu sa ble para evitur esperanzas excesivas, o críticas que estim.en que la intención del libro pers ig ue .fines que 11u11ca han estado en nuestro ánimo. Queremos sólo hacer 1111 elegante, agudo y completo resumen de lo qu e ha sido, de lo qlle es y pueda ser Sevilla en épocas venideras, para sath,facer de modo fácil y responsable la curiosidad y el conocimiellto de las personas ajenas a la historia e intimidad de aquella ciudad. En el ánimo de Joaquín se iba diseñando implacablemente y con firmeza el perfil de esta ciudad. Primero la soñó y luego la vió como un ente vivo. A la vez se justificaba holgadamente el título del libro en ciernes. El quería no una historia, un relato de algo que fue , de algo que pasó, sino de algo que vive, que permanece, es decir, la biografía de una ciudad vitalista, irradiando v id a, fuente de vida, vida en sí misma. Era un fervor que él acariciaba, cuando tan poca vida le quedaba ya. En aquel entonces tomaban cuerpo las mil esquinas de la ciudad, su sombra apasionada y, como un ritual, Sevilla en los la - bios, cuando ya sus cielos aparecían irremisiblemente perdidos. En esta visión vitalista ele la ciudad llegó, sin apenas proponérselo, a aglutinar tres elementos propios de una biografía, que no de una hi storia, los tres pilares sobre los que habría de apoyarse el futuro libro. Joaquín concibió esta Biografía de una ciudad en tres apartados: el hombre, la ciudad y la vida. El hombre, en cuanto a su carácter, el carácter del sevillano; en cuanto a sus creencias religiosas, que tanto han definido a la ciudad; y en cuanto a la sensibilidad creadora, que la ha revestido de tant as maravillas. La ciudad, abordando el escenario de esta biografía, escenario tanto urbano como rural. La urbanística y el campo; la casa y el cortijo; sin olvidar el río, que tanto determinó su evolución. La vida, que no historia. Apartado éste contemplado como una auténtica biografía, analizando las distintas etapas, su devenir, y los distintos quehaceres, ya sean culturales, económicos o festivos. Con este propósito, Joaquín se convierte en el alma de un libro, en coordinador editorial, en gestor, en relaciones públicas, en director 72 JOSE GUERRERO LOVILLO de orquesta de una sinfonía sevillana que lamentablemente quedaría frustrada. Se adelantó Joaquín ahí a los tiempos modernos, al trabajo en equipo, a la gestión eficaz de recursos humanos, a la importancia de las relaciones públicas, él, todo un maestro de la diplomacia desde su Alcázar. Toda esta varia actividad se concentró en una circular enviada a todos los posibles colaboradores, donde se definía claramente la esencia del libro. Su contenido advertía contra Jo s peligros de Ja excesiva erudición, del dato innecesario, de la anécdota no significativa. Ahí queda reflejada la sensibilidad abierta y el espíritu ágil que Joaquín quería infundiPle al libro. La selección del cuerpo de colaboradores entrañaba una seria dificultad. Entre la más arduas figuraba la propia idiosincrasia de cada autor. Por otra parte la compleja estructura del líbro era una dificultad en sí misma. Había que seguir un criterio que unificara, hasta donde fuera posible, los distintos apartados y los diferentes estilos. En esta tarea consumió sus últimos me ses. Que yo recuerde, la relación de colaboradores iba resultando bastante completa, admitiendo que hubiese alguna ausencia que Joaquín trataba de subsanar. Dicha relación queda en el recuerdo más o menos de la siguiente manera: El contorno rural que rodea a la ciudad, el cortijo y la campiña, se lo encargó a un novelista tan conocedor del tema como Manuel Halcón; la parte urbanística se la encomendó a Chueca; la Sevilla prehistórica y romana a Blanco Freijeiro; la musulmana y mudéjar, a mí; la Sevilla de los Austrias, a Carriazo. Santiago Montoto habría de hacer el apartado de Sevilla y su río; Julio Guillén, el camino de América; José María Pcmán, Ja Sevilla de los Borbones. El carácter del sevillano y su sentido de Ja vida quedaría confiado a Julián Marías; Manuel Alvar sería el responsable del habla y de la lingüística andaluza; Luis Ortiz Muñoz habría de tratar la re li giosidad sevillana. Si mi recuerdo no falla, el apartado ai1ístico quedaría establecido de la siguiente forma: Lafuente Ferrari versaría sobre la pintura; José Hern:.índez Díaz, sobre la escultura; Rafael Manzano, sobre Ja arq uitectura. La poesía y la prosa fueron encomendadas a un poeta de la generación del 27 como era Dámaso Alonso, quien, por cierto, según me comentó Joaquín, fue el único que rechazó el encargo, disculpándose en razón de sus múltiples v iaj es y ocupaciones académicas. Joa - quín, sin embargo, quedó en insistirle. EL LIBRO QUE NUNCA SE ESCRJBIO 73 . ------ El humanismo y la cultura, apartado éste extenso, fue encargado a Aguilar Piñal hasta el siglo XVIII, y a Lópe z Estrada, desde esa fecha en adelante. El gobierno de la ciudad, con toda su compleja evolución histórica, habría de desarrollarlo Francisco Collantes de Terán; la Sevilla de los toros, José María Cossío; la vida económica, Romero Muñoz; el puerto de Sevilla, Lópcz Lozano. Por último, el tema de la ciudad moderna, proyectada hacia el futuro, quedaria a cargo de Jaime García Añoveros. He dejado deliberadamente para el final los dos apartados que se re servó Joaquín para él, de todo es te amplio panorama, como puede ser concentrar en un libro la biografía de Sevilla. ¿Qué temas eligió? Porque a él nadie se los encargó, los eligió con toda libertad, como alma y gestor que era del libro. Se reservó para sí el teatro, los mitos y la Sevilla en fie sta s. Es curioso hoy, que recordamos su memoria a los 25 años de ausencia, ati sbar por entre Jos entresijos de es te libro, que nunca ll egó a escribirse, pero que Joaquín ll egó a impregnar de su espíritu y de su vida, cuando ya muy poca le quedaba. Y en esos postreros momentos, es cuando él escoge lo s temas que más vida tienen de su ciudad soñada. La expresión del temperamento sevillano a través de sus fiestas, auténtico estallido de vida. Y los mitos, siempre los mito s, como definitorios de una ciudad indefinible. Se fue y no la pudo definir. Pero quizás él nunca hubiera querido llegar a definirla. Los mitos son así, intangibles, como también intangible quedó este libro. Tras haber concretado la estructura del libro, parece como si éste hubiera llegado a iniciar su ilusionada realización. Pero su camino se quiebra, como se quebró prematuramente la vida de Joaquín. Y quedó para siempre la sensación de que la Sevilla soñada por Joaquín se derrumba.