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La socialización de nuevos espacios: transformación del medio y explotación de los productos vegetales en el yacimiento de El Tendal, La Palma (Islas Canarias)

Morales Mateos, Jacob,Marrero Rodríguez, Águedo,Rodríguez Rodríguez, Amelia

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I LA SOCIALIZACION DE NUEVOS I ESPACIOS: TRANSFORMACION I DEL MEDIO Y EXPLOTACION DE LOS PRODUCTOS VEGETALES EN EL YACIMIENTO DE EL TENDAL, LA PALMA (ISLAS CANARIAS) JACOB MORALES MATEOS Becario del Cabildo de Gran Canaria ÁGUEDO MARRERO RODRÍGUEZ Jardín Botánico «Viera y Clavijo» AMELIA RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ Grupo «Tarha». Departamento de Ciencias Históricas Universidad de Las Palmas de Gran Canaria INTRODUCCIÓN La prehistoria de La Palma, como la de las islas Canarias en general, es bastante peculiar debido a su carácter insular y al hecho de haber sido poblada recientemente por el ser humano. Esta circunstancia tiene también su trasunto en las formaciones vegetales que la han colonizado, caracterizadas por tener uno de los más altos niveles de endemismos del mundo. Por ello, el archipiélago es un lugar ideal para estudiar los procesos de socializaCÍón y transformación del medio. La visión tradicional de la prehistoria de La Palma provenía de las fuentes etnohistóricas, textos redactados entre mediados del siglo XIV y finales del siglo XVII por autores con identidades y objetivos diversos, los cuales, a través de observaciones directas y testimonios orales en unos casos, o de la consulta de otras fuentes secundarias en otros, trataron diversos aspectos de la sociedad prehispánica que habitaba el archipiélago. La imagen ofrecida por estos primeros textos acumula imprecisiones y errores, motivados por lo somero de la aproximación y el carácter etnocentrista de este 20 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRíGUEZ tipo de discursos (González Marrero y Rodríguez Rodríguez, 1998; Morales Mateos, 2003). Según se documenta en estos escritos, los auaritas, nombre que recibían los indígenas de La Palma, obtenían los productos vegetales de su dieta a partir de la recolección de las formaciones vegetales nativas de la isla. La mayor parte de los autores destacan el consumo de los rizomas de helecho (Pteridium aquilinum) 1 en forma de harina, así como la realización de gofio a partir de las semillas del amagante (Cistus symphytifolius). También se citan otros frutos como los provenientes del mocán (Visnea mocanera) o el bicácaro (Canarina canariensis). La práctica de la agricultura se niega de forma explícita en el caso de esta isla, de forma que se define el modo de vida de estas poblaciones como eminentemente pastoril, confiriendo a la recolección vegetal un protagonismo secundario en la dieta, y obviando igualmente el aporte alimenticio que podría tener la captura de peces y moluscos del medio marino. Sin embargo, esta visión, que hasta hace pocos años era aceptada sin reservas, está siendo revisada debido a los datos aportados inicialmente por las excavaciones realizadas en la cueva de El Tendal. El estudio de este lugar se produjo a lo largo de la década de los ochenta, dentro del marco de un proyecto más amplio que afectaba al espacio que integra el poblado de las Cuevas de San Juan, entre las que se incluye El Tendal, y que desde una perspectiva ecológico-cultural trataba de responder a problemas derivados del poblamiento prehistórico de la isla y su evolución diacrónica (Martín Rodríguez y Navarro Mederos, 1984, 1988; Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1983, 1984, 1987; Navarro Mederos et al., 1990). De aquel proyecto surgieron diversos estudios específicos, entre los que queremos destacar, para el tema que nos ocupa, aquel que se interesaba por la importancia que ha tenido el medio vegetal en la configuración de la sociedad auarita (Machado, 1995). Para cumplimentar este objetivo se inició el análisis del repertorio macrobotánico obtenido en la campaña de excavaciones llevada a cabo en 1987. Estos nuevos datos generaron una novedosa visión de la prehistoria de la isla, ya que en los análisis preliminares se indicaba la existencia de especies domésticas que documentaban la práctica de la agricultura (Martín Rodríguez, 1992). El presente trabajo pretende ser una revisión y profundización en los datos aportados por las evi1 Los nombres científicos de las diversas especies que aparecen en este artículo sólo serán consignados en la primera ocasión en que se citen, mientras que el resto de veces sólo se recogerá el nombre común. LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 21 dencias macrobotánicas del yacimiento, centrándonos en los datos carpológicos. EL YACIMIENTO DE EL TENDAL El contexto actual El yacimiento de El Tendal se ubica en el Barranco de San Juan, dentro del municipio de San Andrés y Sauces, al noreste de la isla de La Palma, bajo la zona de influencia de los alisios. Se trata de una amplia cueva, localizada en la margen izquierda del barranco, a unos diez metros por encima de su cauce actual. Su orientación hacia el sur la convierte en una cavidad ideal para su ocupación, mientras que su emplazamiento a unos 150 m de altitud, y el estar a poco más de veinte minutos de camino de la línea costera, constituyen otros tantos argumentos para justificar que se trata de un enclave privilegiado. Así, se encuentra situada en la zona de bosques termófilos, con frecuentes elementos de monteverde. Esto le permite el acceso a diversas áreas de gran potencialidad económica, como la costa y las formaciones boscosas colindantes. El barranco de San Juan tiene una fisiografía bastante elemental. En la parte superior se presenta muy encajonado, estando dominado por márgenes vertiginosas con más de 200 m de desnivel. En los sectores cercanos al yacimiento sigue ostentando un llamativo encajonamiento, pero el desnivel respecto a sus márgenes es menor, alcanzando los 100 m, para terminar con un brusco acantilado en la costa. El clima de la zona es templado, con temperaturas invernales no excesivamente frías y con verano seco, con una media de precipitaciones de 580 mm al año (Marzal, 1988). Entre las principales formaciones vegetales visibles en el área circundante al yacimiento hay que destacar el monteverde, que avanza hacia la costa encauzado por la sombría de los barrancos y aprovechando la fuerte pendiente de sus márgenes. Existe aún un relicto compuesto de fayas (Myrica faya), laureles (Laurus azarica), brezos (Erica arborea), barbusanos (Apollonias barbujana), etc., ubicado en la ladera de umbría del barranco, prácticamente frente a la cueva. Por lo que respecta al pinar, existe un rodal de pinos (Pinus canariensis) en las cresterías del Cuchillete de San Juan, aunque lo más llamativo de la vegetación del área sea la existencia de un sabinar (Juniperus turbinata subsp. canariensis) en la cumbre del 22 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRíGUEZ citado Cuchillete de San Juan. El espacio de la cresta es compartido con una pradera que alterna las gramíneas' anuales con vivaces de tendencia xerófila y matorral termo-esclerófilo. En las zonas que enlazan los escarpes entre coladas se sitúa un matorral xerófilo en el que las especies más representativas son la tabaiba salvaje (Euphorbia obtusifolia), el verol (Kfoinia neriifolia), la vinagrera (Rumex lunaria) y otras especies más. El espacio interno Durante las excavaciones arqueológicas se procedió a una estructuración del espacio de la Cueva de El Tendal, que se articuló en tres niveles configurados por la estructura escalonada del piso rocoso originario. Cada uno de esos tres niveles fue individualizado como Área dentro de la estrategia metodológica del proyecto de intervención, partiendo del supuesto de que estructural y funcionalmente representaron espacios autónomos (Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1987; Navarro Mederos et al., 1990). El Área A ocupa el extremo occidental del abrigo, y constituye el nivel más elevado de todo el recinto. Apenas tiene relleno arqueológico, por lo que es imposible ver en ella procesos diacrónicos. Por sus condiciones, ha sido considerada hipotéticamente como lugar destinado a dormitorio y/o .redil, funciones que simultánea o separadamente ha seguido cobijando en épocas históricas. El Área B se sitúa en el nivel intermedio, ocupando la porción central de la cueva. Su potencia estratigráfica oscila entre 1'40 m y 0'70 m de espesor, distribuida en siete unidades arqueosedimentarias. Se han podido distinguir algunas de las funciones que recibió esta zona de la cueva, destacando entre ellas la de taller de instrumentos sobre soportes líticos, óseos y cerámicos. Además, en este espacio se llevaron a cabo otras actividades relacionadas con la ganadería, como atestiguan los coprolitos de ovicápridos, así como tareas domésticas, pues se han identificado varias estructuras de combustión. Por último, hay que destacar que en sucesivos momentos se procedió a individualizar la zona más resguardada del recinto, contigua al fondo, mediante un sistema de mamparas del que son testimonio las huellas de postes que se documentan de forma reiterada en casi todos los estratos, y que se ha identificado también como lugar de descanso o pernoctada. El Área C se sitúa en el extremo oriental del abrigo y está separada del Área B por una barrera rocosa natural. En esta zona se LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 23 acumula una extraordinaria potencia estratigráfica que supera los siete metros de espesor total. A este espacio de la cueva se le han asignado funciones que se relacionan principalmente con la realización de actividades domésticas debido al contenido orgánico de los sedimentos, con una amplia presencia de carbones y cenizas, y a que la acumulación de éstos es muy superior a la del Área B. Es preciso señalar que no se dispone de un repertorio muy amplio de dataciones radiocarbónicas para este lugar, y que los datos obtenidos presentan diferentes problemas de interpretación como puede consultarse en una publicación reciente (Soler Javaloyes et al., 2002). Las fechas obtenidas son más recientes que las de otros contextos de la isla con las mismas fases cerámicas, de manera que las semillas recuperadas en el yacimiento de El Tendal estarían cronológicamente comprendidas entre los siglos IV y VII de nuestra era. Presencia de Estratigrafía Fases cerámicas cronología semillas Tendal Superficial lII b, III c, IlI d I III b II III a 660-790 d.C. cal.; 770-1040 d.C. cal. X III II, III a 540-630 d.C cal.; 400-1000 d.C. cal. X IV II 420-530 d.C. cal. X Va I 350-420 d.C. cal.; 410-540 d.C. cal. Vb I 220-570 d.C. cal. VI I TABLA.-Correspondencia entre los estratos del área B donde han aparecido semillas, las fases cerámicas de la prehistoria de La Palma y la cronología a ellas asociada (según Soler Javaloyes et al., 2002) 2• METODOLOGÍA DE ESTUDIO El proyecto de investigaciones de Las Cuevas de San Juan parte de un marco teórico explícito inspirado por las propuestas de la ecología cultural, prestando un interés especial a la reconstrucción del medio vegetal, lo que ha impulsado el estudio del registro macrobotánico. En el caso del análisis antracológico los resultados ya han sido publicados (Machado, 1995). Sin embargo, los restos 2 En la tabla se presentan exclusivamente las dataciones obtenidas por C14, convencional o AMS, aunque en la citada publicación también se consignan los resultados obtenidos por termoluminiscencia, que por término general envejecen considerablemente la cronología de los estratos. 24 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRÍGUEZ carpológicos, a pesar de haber sido objeto de repetidos estudios debido a su riqueza y complejidad, tuvieron que esperar a ser presentados en su totalidad en la siguiente década (Morales Mateos, 2003). De esta manera, los análisis preliminares efectuados por R. Buxó e l. González, así como por T. Rolden, fueron revisados debido a que presentaban diversos problemas motivados por el gran número de endemismos presentes en la flora canaria, que exigían la elaboración de una colección de referencia propia. El presente estudio parte de la revisión de las muestras carpológicas (Marrero et al., en preparación) y de su análisis según una perspectiva social. El muestreo Entre los objetivos de la excavación no se incluía la recogida de restos carpológicos, ya que no se esperaba su aparición. Por ello no existe un muestreo planificado para la recuperación de semillas u otro tipo de macrorrestos botánicos. Durante las intervenciones, el sedimento se recogió enteramente para pasar a cribado con una luz de 2 mm. De esta manera, se cuenta con un repertorio de la totalidad del área excavada, aunque la forma de tratar los sedimentos no sea la más adecuada, debido a que se pierden aquellos restos inferiores al tamaño de la malla. La recuperación de los macrorrestos Los granos aparecen en forma de grandes concentraciones cenicientas que han permitido su detección y recogida con cribas de 2 mm. En el Área C las concentraciones de cenizas son mucho mayores y la zona para excavar más reducida, por lo que se optó por cribar exclusivamente las áreas con mayor concentración de carbones con una criba de 0'25 mm de luz (Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1990). Esto ha permitido que por primera vez en los estudios sobre la prehistoria de Canarias se cuente con un registro carpológico que cubra el espectro comprendido por las plantas cultivadas, los restos de su procesado, así como las plantas adventicias y silvestres. Hay que tener en cuenta, al interpretar los resultados de El Tendal, que la mayor parte del espacio no ha sido tratado de forma homogénea. La imagen que va a proporcionar este estudio estará, por tanto, condicionada por este tipo de tratamiento que prima el LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 25 Área C sobre el Área B. Este hecho se ilustra perfectamente cuando se observa el número de restos y especies encontrados en una zona y otra; a pesar de que el Área B sea más extensa, el Área C ha originado un repertorio mucho más rico. La identificación de los macrorrestos Como herramienta con la que identificar las diferentes especies, en este trabajo hemos empleado el material de la colección de referencia que en estos momentos se está confeccionando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, así como material actual recogido en las inmediaciones del yacimiento. Con el propósito de completar estos datos, hemos contado con la colaboración prestada por el Jardín Botánico Canario «Viera y Clavijo», que nos ha permitido utilizar material del Herbario y del Banco de Semillas de su institución; así como de la colección de referencia del Instituto de Arqueología del University College of London. LAS ESPECIES IDENTIFICADAS ESPECIES AREAB AREAC E/! E/O E/! E/! E/1 E/2 E/2 D/00 V/9 V/10 V/10 V/11 V/JO llld Illf IVc IVd IVe !Vd IVe Vb XXII XXVI/4 XXVI/7 XXVII XVlll PLANTAS CULTIVADAS Hordeum 16 18 15 28 2 3 3 12 26 19 3 vul}{are Hordeum 10 vulgare (raquis) Triticum 11 1 2 1 28 94 9 durum Triticum 5 durum (raquis) Vicia faba 1 Cf. Viciafaba 1 1 Lens culinaris 1 1 PLANTAS RECOLECTADAS Cedronella 1 canariensis Erica arborea 17 (hojas) Erica arborea 4 (inflorescencia) 26 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRÍGUEZ ESPECIES AREAB AREAC E/I E/O E/I E/I E/I E/2 E/2 D/00 V/9 V/10 V/10 V/11 V/10 IIId IIIf IVc !Vd IVe IVd IVe Vb XXII XXVI/4 XXVU7 XXVII XVIII Hypericum 1 grandifolium (cápsula) Cf. Ocotea 1 foetens Retama raetam 1 Cf. Retama 1 2 raetam Ilex sp. 4 Leguminosa 1 indet. VEGETACIÓN ADVENTICIA Amaranthus 3 sp. cf. Anagallis 4 arvensis Chenopodium 1 cf. mura/e Compositae 2 indet. Emex spinosa 1 Galium 1 2 1 avarine Gramínea 2 indet. Pequeñas 16 leguminosas Phalaris sp. 3 Plantago sp. 3 Rumex so. 1 Si/ene gallica 3 Si/ene sp. 4 Solanum 2 nif!rum Indeterminado 1 5 TABLA.-Relación de muestras analizadas y de las especies identificadas en cada una de ellas. LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 27 Plantas cultivadas Entre las especies cultivadas recuperadas en El Tendal hay que destacar la cebada vestida (Hordeum vulgare subsp. vulgare), de la que se han identificado tanto cariópsides (granos) como fragmentos de raquis. Se trata del cultivar más ampliamente representado en el yacimiento, con el mismo número de macrorrestos que el trigo, 154, pero con una mayor presencia espacial, siendo identificado en 10 de las 12 muestras estudiadas. Las semillas tienen unas medidas que están ·comprendidas entre 4'5 y 7'4 mm de largo, entre 2'1 y 4'7 mm. de ancho, y entre 1'5 y 3'3 mm de grosor. Una parte de las semillas presenta una asimetría, producto de su posición en la espiga, lo que está indicando su pertenencia a la cebada de seis carreras. La proporción entre granos con el hilum recto. y el hilum desviado es de 6: 1 a favor. de granos con el surco central recto, lo que puede indicar que no sólo cultivaban la variedad de seis carreras sino también la de dos carreras. La segunda especie más importante, por el número de restos identificados, es el trigo duro (Triticum durum). Se han recuperado fragmentos de raquis y semillas, oscilando las medidas de estas últimas entre 3'5 y 6'5 mm de longitud, entre 1'7 y 3'5 mm de anchura, y entre 1'7 y 3'3 mm de grosor. Su presencia a nivel espacial no es tan importante como la de la cebada, pues sólo se ha recobrado trigo de seis muestras. Hay que destacar que la identificación de los raquis ha permitido distinguir la especie concreta de trigo, ya que a partir de la morfología del grano sólo se puede distinguir si es una variedad vestida o desnuda de trigo (Hillman, 1984; Zohary y Hopf, 2000). Además, se trata de la primera identificación de esta especie de trigo para la prehistoria de Canarias, ya que los trabajos precedentes no habían llegado a este grado de definición. Es necesario destacar la ausencia de trigos vestidos en los yacimientos canarios, lo cual es una constante durante toda la ocupación histórica, a pesar de la antigua presencia de esta variedad de cereal en el Mediterráneo. A este respecto hay que señalar que los trigos vestidos son sustituidos como cultivo principal en el Mediterráneo por los trigos desnudos (Triticum durum y Triticum aestivum) en la segunda mitad del primer milenio a.c. (Van der Veen, 1992; Pelling, 2003). Estos datos coincidirían con los momentos en que se produce la primera ocupación del archipiélago y establecen una vinculación entre la expansión de esta especie y el poblamiento del archipiélago. 34 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRÍGUEZ Igual de interesante resulta el hallazgo de una semilla de algaritofe (Cedronella canariensis), cuyo uso tradicional se ha vincuIlado a la medicina. Esta especie presenta un agradable aroma, destacando sus propiedades como anticatarral, descongestionante, analgésico o diurético, entre otras cualidades (Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999). Por lo que respecta a las evidencias de brezo (E rica arborea), que incluyen hojas e inflorescencias, hay que señalar que dichos órganos son empleados en la medicina popular para distintas funciones (Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999). Sin embargo, y como sucede con la semilla de til ( cf. Ocotea foetens), es preciso indicar también su posible origen como subproducto de la leña. El hecho de que sean dos de los componentes principales de los carbones identificados en El Tendal (Machado, 1995), indica una probable combustión accidental junto a las ramas de dichas especies. Tampoco hay que obviar que ambas especies han sido usadas hasta prácticamente la actualidad en labores de carpintería y ebanistería. Parecida interpretación ha sido asignada a las semillas de retama blanca (Retama raetam), pues ha sido aprovechada tradicionalmente como leña. Sin embargo, este taxón no ha sido detectado entre los análisis antracológicos realizados (Machado, 1995), y su origen puede radicar en cualquier otro uso, entre los que hay que señalar los medicinales (Pérez de Paz y Hernández Padrón, 1999) así como de lecho para el ganado o incluso para decoración y perfume (Kunkel, 1991). LA SOCIALIZACIÓN DEL ESPACIO. ÜRGANIZACIÓN SOCIAL Y TRANSFORMACIÓN DEL MEDIO Las evidencias macrobotánicas de El Tendal están directamente relacionadas con diferentes actividades sociales realizadas sobre el medio y, como tales, suponen un testigo de las acciones que se ejercieron sobre éste. Sin embargo, para entender este aspecto no has~ ta con establecer la identidad y aprovechamiento de las diferentes especies. Es necesario acercarse a los comportamientos sociales y a su organización para comprender de qué manera se efectuó la explotación de los productos vegetales. Si bien este aspecto es difícil de detectar a partir de las evidencias carpológicas, una profundización en la relación espacial de éstas puede permitir un acercamiento hipotético a determinadas facetas como el grado de complejidad social. Para ello partimos, LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 35 sobre todo, de las huellas que reflejan la distribución y consumo de los productos vegetales. Así, el almacenamiento de los granos en lugares colectivos es asociado a una redistribución de la producción, en contraposición al almacenamiento en el ámbito doméstico, que se vincula a un acceso directo a los recursos y por tanto a una complejidad social no tan acusada como en el primer caso (Weber, 1999). En el caso de El Tendal, los restos vegetales comprenden semillas de las plantas silvestres y cultivadas así como los desperdicios de su procesado. Si se asume, como sucede en la mayoría de las comunidades campesinas, que la cosecha se almacena cuando los granos ya han sido librados de impurezas (Buxó, 1997; Peña Chocarro, 1999), los restos de El Tendal estarían sugiriendo que a la cueva no llegaban los cereales y las legumbres ya preparados, y que por lo tanto no había un almacenamiento previo entre el campo de cultivo y su posterior consumo en el espacio doméstico. Esto quiere decir que la cosecha era llevada de los campos de cultivo directamente hacia la vivienda, y que allí era procesada para su consumo o para su almacenamiento. Además, ni en el conjunto de las cuevas de El Tendal ni en la isla se han encontrado restos de estructuras evidentes de almacenamiento colectivo. Esto indicaría que el depósito de la producción agrícola se llevaría a cabo en el propio ámbito de El Tendal, y que sus habitantes ejercerían un control directo sobre ella. El acceso a la circulación de la producción agrícola en El Tendal pudo ser, por tanto, controlado por sus propios habitantes. Ello podría ser indicio de dos sistemas diferentes. O bien no existía ningún grupo que ejerciera un dominio en las relaciones sociales basándose en la redistribución de los productos agrícolas, o bien eran los habitantes de la cueva los miembros de ese grupo dominante. Habrá que esperar a futuros estudios en otros yacimientos para dilucidar la cuestión. Otro aspecto que también indica procesos de jerarquización es la intensificación de la producción agrícola, la cual se puede detectar a través de las prácticas del monocultivo (Buxó, 1997) o apoyándose en el descubrimiento de especies domésticas que sólo pueden subsistir a través del riego artificial, el cual se interpreta como una técnica de alimento de la productividad (Castro et al., 1999). En el caso de El Tendal, a pesar de la mayor presencia de la cebada, su proporción con el trigo no permite hablar de monocultivo, a lo que se une la aparición de legumbres cultivadas como habas y lentejas. No hay por tanto indicios en el análisis de los restos carpológicos· de intensificación de la producción agrícola. Siguiendo con esta dinámica, en uno de los aspectos en que más 36 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRÍGUEZ se han aplicado los recursos carpológicos, es en el estudio de las relaciones sociales de género (Gero y Conkey, ed., 1991), partiendo de la asociación positiva que existe entre el ámbito femenino y el mundo vegetal. Este hecho es evidente en la prehistoria de Canarias, donde los textos etnohistóricos así como la bibliografía etnográfica, y recientemente la arqueológica (Delgado Darlas, 2001; Morales Mateos, 2003), asocian a las mujeres con la manipulación de los vegetales y las tareas domésticas de preparación de la comida. Desde esta perspectiva se ha logrado inducir dentro del espacio doméstico las áreas de influencia femenina a partir de la distribución de los restos vegetales (Hastorf, 1991; Jackson, 1991). Adoptar este modelo que asocia «femenino-vegetal» puede perpetuar una visión antropológica no necesariamente universal y eterna, como parecen indicar los recientes cambios de rol en nuestra sociedad. Tras rechazar todo matiz genético en esta relación, la mencionada asociación es por otra parte más que evidente en toda la literatura etnográfica y etnohistórica. Esto responde en general a una división sexual de las labores dentro del espacio doméstico. Es necesario contrastar este hecho con más datos para poder aplicar este tipo de relaciones a la prehistoria, y ante la actual escasez debemos limitarnos a un planteamiento de hipótesis. En el presente estudio asumimos que las plantas, y por tanto las semillas, son productos manejados de forma preferente por las mujeres, y que la manipulación de éstos para transformarlos en comida es también una labor femenina. Partiendo de este presupuesto, los restos de hogares prehistóricos y las evidencias de semillas arqueológicas derivadas de la preparación de la comida se pueden interpretar como los subproductos de una actividad eminentemente femenina. Esto quiere decir que los restos carpológicos son, en gran parte, la materialización, el reflejo físico, del quehacer cotidiano de las mujeres en la prehistoria. Sin embargo, las mujeres no se limitan a hacer de comer; el marco y el abanico de labores e interrelaciones superan este espacio, lo que a su vez se escapa del método arqueobotánico, que sólo está detectando aquellas actividades que originan un subproducto vegetal susceptible de ser preservado. En cualquier caso, estas relaciones de género tienen su lugar arqueológico en el espacio doméstico, y unen a las mujeres con los molinos, los cuencos de cerámica, los hogares o la propia comida (Hastorf, 1991). En el caso del yacimiento de El Tendal, la distribución espacial de los restos carpológicos puede ser interpretada comq una posible señal de actividades femeninas relacionadas con la limpieza y preparación de los cereales. Sin embargo, no se observa ningún acota- LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 37 miento de estos restos, y comparten el espacio con otras actividades como el cuidado del ganado o la realización de cerámica, instrumentos líticos y herramientas elaboradas en diferentes soportes (Navarro Mederos y Martín Rodríguez, 1990). La superposición espacial de las distintas actividades podría estar sugiriendo una posición social de la mujer equilibrada o igualitaria, al menos en el espacio de la cueva, que no se encuentra delimitado salvo por unos agujeros de poste que han sido interpretados como testimonios del área de descanso. La exclusión espacial de las actividades domésticas en un área determinada ha sido interpretada en otros lugares como un indicio de la intensificación del trabajo femenino (Hastorf, 1991; Jackson, 1991; Ensor, 2000). La flexibilidad en el uso del espacio ofrece una imagen de un grupo en el que aparentemente la mujer disfiuta de una posición simétrica dentro del espacio doméstico, lo cual puede ser contrastado con los estudios bioantropológicos llevados a cabo en la isla de La Palma, que no muestran diferencias significativas en la dieta de hombres y mujeres (Pérez González, 2000). A este respecto hay que precisar que la posición de la mujer en otros ámbitos, como el político, podría ser secundaria, como muestran las fuentes etnohistóricas al referirse a los distintos varones que gobernaban cada uno de los bandos en los que estaba dividida la isla. Sin embargo, es precisamente en esta isla donde se han descrito determinados comportamientos que llamaron poderosamente su atención, como la participación activa de las mujeres en las luchas con los europeos (Abreu Galindo, 1977) 4• Este modelo social caracterizado por una organización no jerarquizada, al menos a un nivel visible en el registro carpológico, permite suponer que la demanda generada por esta sociedad sobre las tierras circundantes se mantendría dentro de unos niveles muy bajos, que limitarían su impacto sobre el medio. Estos restos son el primer episodio en el proceso histórico de conocimiento, aprovechamiento y transformación de los recursos isleños. El hecho de que 4 Determinados análisis actuales de esta circunstancia tienden a minimizar la cuestión de las mujeres «guerreras» palmenses, aduciendo que debió de tratarse de un comportamiento excepcional en los momentos de crisis demográfica, social e ideológica propiciados por el proceso de colonización. Sin embargo, habria que preguntarse por qué en La Palma y no en la totalidad del archipiélago, puesto que ésta fue una situación general. Quizá deberíamos admitir la posibilidad de que las auaritas tuvieran un estatus que las equiparara más a los varones o, simplemente, que la división sexual del trabajo tenía en la isla unos parámetros diferentes a lo que se suele aceptar como más común. 38 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRÍGUEZ la mayor parte de la vegetación nativa resultase desconocida, por el alto nivel de endemicidad, demanda esfuerzos en el conocimiento de las propiedades de las nuevas plantas, así como acciones encaminadas a la deforestación del terreno. El objetivo básico de estas últimas es la creación de espacios propicios para la práctica de la agricultura, así como del pastoreo, a la vez que se hace acopio de leña y madera para su utilización como materia ppma. La transformación del medio vegetal de El Tendal y las evidencias carpo lógicas Las especies identificadas a través del estudio de los macrorrestos botánicos provienen de contextos ecológicos bien diferenciados. Por un lado se han podido determinar seis taxones que corresponden a plantas silvestres que crecen de forma natural y que ocupan un lugar dentro de la flora nativa del archipiélago. Por otro lado se ha discriminado otro conjunto de plantas, con un marcado carácter doméstico y ruderal, compuesto por los cultivares y la vegetación adventicia. Las evidencias de brezo, til, maljurada, algaritofe e Ilex sp. están indicando que los habitantes de El Tendal tenían una relación muy estrecha con áreas de monteverde, formación en la que actualmente podemos encontrar estas especies. La retama blanca (Retama raetam) es la única especie que se puede asociar a un medio más cálido y seco. Esto podría llevarnos a la conclusión de que el paleoambiente de los alrededores de El Tendal tendría un carácter húmedo y que la vegetación circundante mostraría los rasgos característicos de una formación de monteverde. Este hecho estaría siendo confirmado por los resultados del análisis que se realizó sobre los carbones recuperados en El Tendal (Machado, 1995). En ellos se hace patente el dominio de las especies procedentes del monteverde, como el acebiño (Ilex canariensis), el brezo, la faya, el viÍiátigo (Persea indica) o el laurel, sobre la vegetación leñosa de otras formaciones más xéricas. Es preciso aclarar que el carácter paleoambiental de los datos carpológicos puede generar dudas debido al hecho de que su selección no responde a las características del medio, sino a las necesidades de las personas que habitan en la cueva. No obstante, el hecho es que tanto los carbones como las semillas y otros macrorrestos vegetales provienen en su mayor parte de plantas que hoy en día crecen en el monteverde, lo que estaría sugiriendo que el Barranco de San Juan, LA SOCIALIZACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS 39 cuando fue habitado por sus primeros colonizadores humanos, estaría ocupado por una vegetación un tanto diferente a la actual. Por otro lado, los macrorrestos de El Tendal también están aportando datos sobre plantas que están asociadas a ambientes de carácter antrópico. El iguaje (Galium aparine), la colleja (Silene gallica), las pequeñas leguminosas (incluyen Trifolium spp., Medicago spp., y otros), el abrepuño (Emex spinosa) y el resto, son especies típicamente adventicias y se desarrollan en lugares de actividad humana como los campos de cultivo, bordes de camino, escombreras, etc. Todas ellas, al igual que las especies cultivadas, necesitan unas condiciones especiales del terreno y una serie de actividades preparatorias para lograr desarrollarse. Por tanto estos nichos ecológicos, que van a estar asociados al tránsito de los humanos, necesitan de estos últimos para su creación y perpetuación. La transformación del medio original a cargo de las personas que habitaron El Tendal, sobre todo a través de la deforestación y del pastoreo, tuvo que tener un protagonismo preponderante en el origen de estos paleoambientes. Si se tiene en cuenta que la mayor parte de los carbones y otros macrorrestos silvestres encontrados en El Tendal proceden de un ambiente de monteverde y se asume que estas evidencias botánicas recuperadas sean el reflejo de esta actividad recolectora y deforestadora, entonces, estos datos podrían estar indicando que las áreas de actividad humana, campos de cultivo y zonas de recolección, se habrían establecido en lugares donde el monteverde era la formación dominante. En cualquier caso, estos resultados están reflejando dos espacios diferentes en los que se desarrollan las actividades de los habitantes de El Tendal, uno silvestre y natural, otro doméstico y humanizado. Por ello, son testimonios de la transformación del paisaje nativo, caracterizado básicamente como monteverde, en nuevos espacios socializados, ocupados por vegetación cuya introducción y supervivencia está directamente relacionada con las actividades sociales. A este respecto, los análisis antracológicos señalan un cambio en la pauta de recogida de leña, motivado por la escasez de especies arbóreas en las cercanías del yacimiento (Machado, 1995). Este proceso de socialización del espacio tendría su reflejo más visible en la deforestación, la cual sería llevada a cabo con instrumentos líticos (Rodríguez Rodríguez, 1998), y en la que también jugaría un papel activo la creciente cabaña ganadera (Pais, 1996). De todas formas, siempre hay que matizar que este impacto estaría condicionado por la fuerza de trabajo y la tecnología empleada. Todo ello daría lugar 40 JACOB MORALES, ÁGUEDO MARRERO y AMELIA RODRÍGUEZ a un paisaje en cierta manera domesticado, compuesto por los campos de cultivo, lugares de pasto, áreas de recolección, caminos, etc., que se establecería como un espacio separado de las formaciones vegetales nativas, que mantendrían su carácter silvestre e incógnito. Sin embargo, esta distinción entre espacios socializados y espacios silvestres no es estática. Forma parte del proceso de reconocimiento y apropiación de la isla efectuada por la poblaciól). auarita. Los espacios socializados en los primeros momentos de colonización serían escasos, a la vez que la mayor parte de la vegetación seria desconocida, como parecen documentar los restos silvestres de El Tendal, adscritos a los primeros momentos de ocupación de la isla y muy escasos si lo comparamos con los datos etnohistóricos y la biodiversidad de la flora palmera. Como parte de las relaciones dialécticas entre las formaciones sociales y el medio vegetal, y dentro de un proceso de socialización, el uso y la percepción de los espacios nativos se irían transformando y ampliando. BIBLIOGRAFÍA ABREU GALINDO, J. Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. Santa Cruz de Tenerife: Goya, 1977. 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