Ludwig Wittgenstein desde Javier Sádaba
Abstract
El artículo tiene como objetivo mostrar la influencia del pensamiento de Ludwig Wittgenstein sobre Javier Sádaba centrándose particularmente en la Religión y la Ética y aportar información sobre la peculiar recepción que Sádaba hace del pensamiento wittgensteniano.
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«F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 LUDWIG WITTGENSTEIN DESDE JAVIER SÁDABA LUDWIG WITTGENSTEIN FROM JAVIER SÁBADA M ARÍA D EL O LMO I BÁÑEZ Universidad de Alicante [email protected] Resumen El artículo tiene como objetivo mostrar la influencia del pensamiento de Ludwig Wittgenstein sobre Javier Sádaba centrándose particularmente en la Religión y la Ética y aportar información sobre la peculiar recepción que Sádaba hace del pensamiento wittgensteniano. Abstract The article has as aim show the influence of Ludwig Wittgenstein's thought on Javier Sádaba centring particularly on the Religion and the Ethics and to contribute information about the peculiar receipt that Sádaba does of the thought of Wittgenstein. Palabras Clave: Ludwig Wittgenstein, Javier Sádaba, Religión, Ética Keywords: Ludwig Wittgenstein, Javier Sádaba, Religion, Ethics Introducción. onstituye un importante desafío tratar de aproximarnos a Ludwig Wittgenstein a través de la reflexión de Javier Sádaba ya que esta es muy extensa y se encuentra absolutamente impregnada del pensamiento wittgensteniano. Por ello el presente artículo me va a exigir un extraordinario esfuerzo de síntesis que permita recoger, aunque solo sea a grandes trazos, los vínculos existentes entre Sádaba y Wittgenstein. Como premisa previa es preciso indicar desde el principio que ambos pensadores se mueven y se relacionan, gran parte del tiempo en el que Sádaba dialoga con Wittgenstein, en un espacio que pertenece a esa parcela de la realidad que se nos escapa, que no puede expresarse enteramente con el lenguaje que nos hemos dado los seres humanos para entender el mundo. En ellos coexisten dos planos de la realidad: el plano que corresponde al reino de ese lenguaje nuestro y el plano que pertenece al reino de lo que no C
164 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 puede decirse, de lo puramente expresivo, ambos planos conforman nuestro mundo. En el segundo plano ellos nos hablan de los límites, del misterio y del silencio, elementos que conforman conjuntamente la expresión más rotunda de aquello que ni tan siquiera es expresable. Sin embargo, esta combinación de características que componen su reflexión, implican al mismo tiempo una reflexión abierta, inacabada para ellos mismos y que no finaliza en ellos. Por el contrario, se extiende hasta nosotros provocándonos a medida que los vamos leyendo y así fecunda nuestra propia reflexión probablemente del mismo modo inconclusa ante el misterio. En este comienzo también se hace imprescindible esbozar sucintamente el perfil de Wittgenstein. Si hay un personaje extraño y seductor en la historia de la filosofía del siglo XX, ese personaje es Ludwig Wittgenstein, ya su propia historia biográfica presenta rasgos de gran epopeya, de historia romántica, de argumento para una gran novela 1 . Nacido en Viena, en el seno de una rica e influyente familia, es educado y cultivado en las artes y las letras propias de su clase y condición. 2 Estudia ingeniería aeronáutica pero renuncia a un brillante porvenir en esa área y a su herencia familiar, cautivado por la filosofía. Escribe su principal obra: el Tractatus y una vez concluido abandona el mundo retirándose a las montañas austriacas para ejercer de maestro e, incluso, llega a trabajar como jardinero en un convento benedictino. Reaparecerá después, retornando a la filosofía, aunque dando un giro a su pensamiento. En torno a él se cierne el silencio y el misterio que acompaña su vida privada, su poca obra publicada, y su obra póstuma en manos de sus albaceas. Javier Sádaba, en el último artículo que ha escrito sobre Ludwig Wittgenstein, cuyo título indica bien la condición rupturista e iniciática de Wittgenstein, expresa perfectamente esa insólita atracción que ejerce el filósofo austriaco como personaje turbador y la condición de su personalidad poliédrica: Wittgenstein ha fascinado por su extraña, contradictoria y genial vida y ha influenciado, con su filosofar, a buena parte del pensamiento de los años que van desde su muerte hasta hoy. Según A. Kenny, es el pensador más relevante del siglo XX. El economista Keynes, su amigo y benefactor, llegó a llamarle “Dios”. Si queremos un testimonio de alguien que se mira en el espejo de Wittgenstein oigamos estas palabras de su amigo Bouwsma: “He encontrado en Wittgenstein un 1 La vida de Wittgenstein, como señala Sádaba en su artículo “Wittgenstein: El cabecilla de una nueva filosofía”, ha sido argumento de la película del director inglés: de- JARMAN, Derek. Wittgenstein 1993.Y de la novela: - DUFFY, Bruce. El mundo tal como lo encontré. Barcelona: Ediciones B, 1996. 2 Su hermana Margarethe fue retratada por Gustav Klimt, por ejemplo.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 165 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 magnífico tónico, como si fuese una purga… ¡Qué firme se mantiene contra el hábito de conformarse con simples sinsentidos arraigados! He de hacer todo lo posible por someterme a sus vapuleos y a aprender a hablar libremente, de modo que pueda exponer ante él todos mis trapos sucios!” Distante y próximo, duro y entrañable, comprensivo e implacable, este inquietante personaje fue, además, profesor, arquitecto, escultor, ingeniero, farmacéutico, enfermero, maestro de escuela y casi monje. Y ha sido, obviamente, un filósofo extraordinario, aunque algunos le llegaran a tomar por mago, que, no lo olvidemos, es el antecesor del filósofo. Sumemos a lo anterior películas como la de Derek Jarman o novelas como la de Bruce Duffy sobre su insólita vida /.../ Más moderadamente, John Moran se refiere a su viaje a la Unión soviética y su simpatía, moderada también, por el modo de vida ruso. Nada extraño en una persona influenciada por Tolstoi con su ideal de sencillez y su desprecio por una civilización occidental que consideró vacía y convencional. 3 Un encuentro entre filósofos. Javier Sádaba descubre a Wittgenstein en su estancia como estudiante en Salamanca, recién salido de Comillas. En el primer capítulo, con carácter autobiográfico, de su libro no “Sufras más”, Sádaba cuenta su primera lectura del Tractatus y la impresión que determinadas sentencias de Wittgenstein, entresacadas de esa lectura, dejaron en su alma adolescente: No es extraño, por eso, que en mi primera, adolescente y llena de fantasías, lectura del Tractatus de Wittgenstein quedara impresionado por aquella entrada en la que escribe “El mundo de los felices es distinto al de los infelices”. Al principio lo tomé como una boutade, una trivialidad o una de esas frases que lanzaba el filósofo a los cuatro vientos y que le servían de desahogo terapéutico. Después me pareció, y me parece, una relevante y elemental verdad: ser feliz/.../es como habitar en un lugar radicalmente distinto a aquel en el que impera la infelicidad. Otras dos sentencias, continuando con Wittgenstein y sin perder el hilo del buen vivir, me impactaron también en aquella época. Por ejemplo, la siguiente: “Vive eternamente quien vive con intensidad el presente” /.../la eternidad del presente consistiría, más bien, en que en él se acumula el pasado, y por otro lado, el futuro no nos ha mordido aún, o si se quiere ser más osados, lo tenemos al servicio del presente. O si se quiere ser ya de una osadía sin límites, la cuestión consistiría en salirnos del tiempo /.../La última sentencia que desearía comentar es la que cierra 3 SÁDABA, Javier. “Wittgenstein: El cabecilla de una nueva filosofía”. En Filosofía hoy. http:///filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.4209/idpag.5965/v _mem.listado/chk.3bae2dc6dd57a56e4c0cca35a12007fc.html (Cons. el 2/7/2015)
166 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 el Tractatus y que ha hecho correr tanta tinta. Recordémosla una vez más: “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. Wittgenstein siguió después hablando porque cambió de modo de filosofar. Sea como sea, se la puede interpretar en el sentido de que sobre las cosas que importan de verdad la mejor manera de referirse a ellas es por medio de la poesía, o en último término callando. 4 Después de ese primer decisivo encuentro en Salamanca y de la intensa impresión que sufrió Javier Sádaba al leer la más conocida obra de Wittgenstein, al comienzo del mismo libro: “No sufras más”, habla Sádaba de la vinculación entre religión y felicidad, y ahí relata su propia crisis de fe señalando el papel, quizás de tabla de salvación, que en ella jugó Wittgenstein, aunque lo haga de forma algo críptica: ¿Qué sucede si se viene abajo ese puñado de creencias religiosas? Qué en buena parte se derrumba la felicidad acariciada. Es precisamente lo que me ocurrió./…/ en este punto no tengo más remedio que volver al principio y a Wittgenstein. Porque Wittgenstein siguió pisándome los talones. Seguirle a él no es fácil. No solo porque interpela, despista, descoloca y te pone ante tu propio espejo. /…/ En un principio no encontré ahí mucho que me pusiera en la pista directa de la felicidad. Pero sí llegué a la conclusión de que todo lo que escribía giraba en torno al sentido de la vida y a cómo nos volvemos locos. 5 De lo que se dice entre líneas en este relato me atrevo a deducir que en el delicado momento juvenil en el que Sádaba se enfrentaba a la crisis de esas creencias potentemente introyectadas desde la infancia, si Wittgenstein no le dio la respuesta definitiva 6 , por lo menos le ofreció la posibilidad de afrontar con calma una situación que debió de suponer cierta angustia existencial, proporcionándole el convencimiento de que la búsqueda de la felicidad nos hermana fundamentalmente a todos los seres humanos: a los creyentes y a los incrédulos. Esta confesión que hace Javier Sádaba sobre su descubrimiento wittgensteniano, me sirve para documentar como Ludwig Wittgenstein le ha acompañado desde el comienzo de su reflexión y en momentos cruciales de su existencia. La obra de Javier Sádaba vinculada a Wittgenstein. A partir del instante preciso en el que se produjo el encuentro entre Sádaba y Wittgenstein gran parte de la producción intelectual del filósofo, iniciada con su tesis doctoral: “El concepto de filosofía en Ludwig Wittgenstein y su 4 SÁDABA. 2012: Pág. 19-20. 5 Ibíd. Pág. 32. 6 La respuesta definitiva tiene bastante de inalcanzable.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 167 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 aplicación al lenguaje religioso” ya enraizada en Wittgenstein, ha estado directamente o indirectamente vinculada al pensamiento wittgensteniano. En 1980 vio la luz un primer libro sobre él: “Conocer a Wittgenstein y su obra” 7 , cuatro años después Sádaba publica: “Lenguaje, magia y metafísica: el otro Wittgenstein” 8 , también fueron apareciendo sus estudios críticos y traducciones como: “Wittgenstein” de William Warren Bartley III 9 , “Las observaciones a la Rama Dorada de Frazer” del propio Wittgenstein 10 , el prólogo al libro “Ludwig Wittgenstein. Aforismos. Cultura y valor” 11 y sus, casi, incontables artículos sobre este pensador. Entre sus artículos cito algunos de ellos atendiendo a un criterio cronológico porque nos ayuda a confirmar su larga relación intelectual con Wittgenstein y la naturaleza de su interés por él a través de lo que revelan los títulos que Sádaba les fue dando: - “A vueltas con Wittgenstein, lógica, Viena y Gay Power” 12 - “Herencia y despojos de Wittgenstein” 13 - “Respecto a un próximo libro de Wittgenstein” 14 - “Las implicaciones políticas de Wittgenstein” 15 - “Wittgenstein, ética y religión” 16 - “Lo místico en Wittgenstein” 17 - “Asombro ante el mundo y sentido de la vida en Wittgenstein” 18 - “Wittgenstein y Tugendhat” 19 - “Wittgenstein: ¿conservador o progresista?” 20 - “Hacker sobre Wittgenstein” 21 7 SÁDABA 1980. 8 SÁDABA 1984. 9 BARTLEY1982. 10 WITTGENSTEIN 1996. 11 WITTGENSTEIN 2013. 12 SÁDABA 1978: 103-106. en este artículo de 1978 ya hacia una exhaustiva revisión crítica de toda la bibliografía filosófica sobre Wittgenstein. 13 SÁDABA 1979: 8 – 15. 14 SÁDABA 1982: 11 – 14. 15 SÁDABA 1984: 3. 16 SÁDABA1990: 44-54. 17 SÁDABA 1998: 57-64. 18 SÁDABA 2005:.115-128. 19 SÁDABA 2005: 31-38. 20 SÁDABA 2006: 145-152. 21 SÁDABA 2011: 159-168.
168 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 También publica otros trabajos relacionados con el pensamiento y las preocupaciones de L. Wittgenstein, como el artículo: - “¿Tiene sentido preguntarse por el sentido de la vida? 22 En esta relación bibliográfica hay que agregar que otro hecho clave en la biografía intelectual de Javier Sádaba ha sido su relación con el filósofo alemán Ernest Tugendhat y ese vínculo se forja precisamente a partir de la aproximación de Sádaba a L. Wittgenstein. E. Tugendhat constituye uno de los primeros nexos de unión entre ambos. Sádaba ha escrito, a este respecto, algún libro y diversos artículos en los que ambos pensadores quedan enlazados: “La filosofía moral analítica: de Wittgenstein a Tugendhat” 23 o “Wittgenstein y Tugendhat” 24 . Sádaba suele referirse a Ludwig Wittgenstein como su “gurú”, en término bien expresivo dirigido al pensador que tal vez más ha reflexionado sobre “lo expresivo” en el ser humano. Quizás, esa condición de “gurú” que le concede Javier Sádaba explica el hecho incontestable de que Ludwig Wittgenstein habita por derecho propio la obra de Javier Sádaba, como ningún otro pensador de la historia de la filosofía lo hace. Del análisis de esta prolífica bibliografía de Javier Sádaba sobre Wittgenstein se puede subrayar que Sádaba se ha concentrado en estudiar especialmente determinados aspectos del pensamiento de L. Wittgenstein. Entre ellos, le ha interesado particularmente la reflexión del filósofo austríaco sobre el fenómeno religioso, objeto primordial de la expresividad humana y una de las cuatro materias principales a las que Sádaba ha dedicado lo más importante de su obra: Ludwig Wittgenstein, Filosofía de la religión, Ética y Bioética, como he señalado en mi tesis doctoral sobre el filósofo 25 . La influencia wittgensteniana. a) La religión. En el ámbito de la Filosofía de la Religión destaca, entre la investigación efectuada por Sádaba, el capítulo segundo de su libro: “Lenguaje religioso 22 SÁDABA 1981: 179-196. 23 SÁDABA 1989. 24 SÁDABA2005: .31-38. 25 DEL OLMO: 2014.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 169 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 y filosofía analítica” que le dedicó a El “uso” de la creencia religiosa y su “juego del lenguaje” dividiéndolo en dos partes: “Wittgenstein y el lenguaje religioso” y “El fideísmo wittgensteniano”. En dicho capítulo ya apunta lo que considera una aportación sustancial de Wittgenstein, la desvinculación de la religión de la lógica: Wittgenstein nos habría enseñado a mirar de muchas formas (seeing as) las cosas. El Wittgenstein cuya doctrina se plasma fundamentalmente en las Philosophische Untersuchungen nos habría librado del imperio de la lógica: esta no sería sino una de las muchas formas de mirar las cosas. Por otro lado, ¿qué es la religiosidad? ¿No está más cerca del arte, de la poesía, etc. que de la ciencia? Ese modo de hacer wittgensteniano según el cual para sacar a flote el significado de las palabras se las compara, se las yuxtapone de modos sorprendentes sería sumamente apropiado para entender el discurso religioso. Estas y otras muchas razones que iremos viendo fueron las causas del increíblemente extendido maridaje entre Wittgenstein y la religión. 26 En cuanto a lo que Wittgenstein pensó que era la Religión Sádaba en su artículo “Lo místico en Wittgenstein” aporta dos datos, primero que para el filósofo austriaco el habla no es esencial en la Religión y segundo la separación que hace Wittgenstein entre las creencias de las religiones positivas y la religión como concepto independiente de estas: Lo que Wittgenstein entendió en su época postractariana por religión está diseminado en varias de sus publicaciones póstumas. De modo explícito trató de ello en sus Conversaciones sobre la creencia religiosa que son -como es bien sabidouna colección de apuntes tomados por algunos de sus discípulos. En cualquier caso, es en sus Observaciones sobre La Rama Dorada de Frazer y en los Aforismos recientemente republicados en castellano (ver, specialm, números 158 y 285) en donde queda expuesta con una mayor claridad su concepción de la religión. A pesar de ello es en las conversaciones con Waisman, alrededor de los años treinta, en donde encontramos tal vez la mejor descripción de lo que Wittgenstein pensó que es la religión. Dice, por ejemplo, lo siguiente: "¿es esencial el habla para la religión? Me puedo imaginar muy bien una religión en la que no existan dogmas y en la que, por tanto, no se hable. La esencia de la religión no puede tener nada que ver, obviamente, con el hecho de que hable, o mejor: si se habla, ello mismo es un componente de la sección (parte) religiosa y no teoría alguna. Así pues, tampoco importa en absoluto si las palabras son verdaderas o falsas o absurdas" (Ludwig Wittgenstein y el Círculo de Viena). Lo que 26 Óp. Cit.: 55.
170 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 Wittgenstein quiere decir es que en la religión no importa la creencia; es decir, el contenido que, en las religiones positivas, dice afirmar el creyente. Pero Sádaba, en su artículo: “Wittgenstein, ética y religión”, va a precisar aún más el pensamiento wittgensteniano, allí habla del empleo exacto que hace Wittgenstein del término “Religión”. Establece una importante diferenciación a tener en cuenta a la hora de aproximarnos a Wittgenstein y que, por otro lado, nos da la medida de la profundidad del estudio de Sádaba. Distingue entre las religiones positivas y Dios identificado como “el sentido que tendría la vida”: La palabra religión la utiliza Wittgenstein para referirse habitualmente a una religión positiva (Cristianismo o Judaísmo), es decir, la utiliza con un significado teológico. Sin embargo, cuando habla de Dios es para señalar aquello que entendemos hoy -pasados ya por el tamiz ilustradopor religión y que se expande hasta expresiones semejantes./…/ La consecuencia de lo dicho, por tanto, es que Dios es -significa- el sentido de la vida. Dicho de otra manera: el sentido que tendría la vida o el mundo considerados en su totalidad. 27 Al mismo tiempo, para ambos pensadores, la Religión conforma el espacio esencialmente propicio para que lo más expresivo del ser humano dance libre y este dato es importantísimo. En la Introducción que hace Sádaba a las “Observaciones a la rama dorada de Frazer” de Wittgenstein, es donde con más claridad podemos verlo: En Wittgenstein la religión es un sentimiento; un sentimiento que anhela lo que no puede. Y un sentimiento que no ha de dejarse engañar por las formalidades de la inteligencia /…/Volvamos de nuevo, al juego de lenguaje que nos interesa: el mágicoreligioso. Como vimos en este caso no es que los humanos se expresen religiosamente porque están poseídos por una determinada creencia que sería, así, la causa explicativa de su comportamiento. De lo que se trataría, más bien, es de que ante determinados acontecimientos del mundo se reacciona simbólica y expresivamente sin que la verdad o la falsedad sean los factores esenciales. 28 Desde el conocimiento del meticuloso estudio de lo religioso en Wittgenstein que ha realizado Sádaba se puede entender la polémica que 27 Art. Citado. Hay que añadir que Sádaba previamente explica algo que debemos tener en cuenta: “Una vez más Wittgenstein es bastante libre en el uso de las palabras de la tradición y comete traiciones semánticas que, como indicaba A. Kenny, vuelven loco al exegeta.” 28 WITTGENSTEIN 2008: 21-23.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 171 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 sostuvo en el diario “El País” con el escritor Vicente Molina Foix en torno a esta cuestión. Más allá de lo encarnecido del combate dialéctico, interesa por lo que aporta su contenido y porque pone de manifiesto la especial comprensión de Sádaba sobre esa parte sustantiva del pensamiento de Wittgenstein. La controversia se produjo en la década de los ochenta, un tiempo en el que Sádaba se encontraba enfrascado en el estudio de Wittgenstein. Dicha polémica tuvo como detonante la lectura de Javier Sádaba de un artículo de Molina Foix titulado: “Las lenguas muertas” en el que el escritor hablaba de la preocupación de Wittgenstein por la religión desde un ángulo y sobre unos conceptos próximos al ámbito de la teología 29 , territorio sobre el que Sádaba sostiene que Wittgenstein sentía desprecio. Javier Sádaba respondía con un contundente artículo en el que destaca su objetivo de delimitar el interés de Wittgenstein por el hecho religioso en su condición más pura frente a los desarrollos que este ha tenido después en forma de creencias varias y de las construcciones de la teología: /…/ Lo que dirá Wittgenstein es que la supuesta racionalidad del creyente es distinta, por ejemplo, de la del científico. Éste opera con evidencias empíricas, y no así el creyente. ¿Le llamará por eso irracional? No le llamará ni racional ni irracional: el creyente ha cristalizado su forma de vida en un juego de lenguaje que Wittgenstein no comparte y que sólo atacará si trata aquél de probarlo recurriendo, empíricamente, a los hechos. En este punto, Wittgenstein siempre fue tajante. Una cosa es ser religioso en un sentido amplio, poético o fundido con una ética contemplativa, y otra hacer teología. Esto último le parecía una perversión, pero eso no quiere decir que la religión sea algo abstracto. Lo que ocurre es que hay modos y modos de usar las imágenes que a uno le han enseñado. Cuando éstas se racionalizan se obtiene un híbrido insoportable, un absurdo que va contra la razón y la religión. Pero que alguien orientara su vida con esas imágenes, como el poeta expresa y refuerza sus sentimientos con lo que produce es algo que le impresionó favorablemente. De ahí su admiración por las exclamaciones retóricas de san Agustín, por la pasión religiosa de Kierkegaard, por las historias de Dostoievski o por los cuentos de Tolstoi. 30 29 MOLINA FOIX 1985. 30 SÁDABA 1985. Junto a Tolstoi Aparece también Dostoievski, el interés por la literatura rusa que Sádaba compartirá también con. Wittgenstein.
178 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 de la muerte. Todo estriba en que la muerte no nos muerda. Quien vive el presente “vive eternamente”. Quien teme la muerte no ha ajustado su conciencia: Incluso quien se suicida “peca” ya que se trata a sí mismo como si fuera un acontecimiento más. La expulsión de la muerte es la consigna central de la “vida buena” wittgensteniana. 39 Puede deducirse que L. Wittgenstein pretendió eliminar la muerte del horizonte de la vida, quiso ignorar el drama del acontecimiento del desenlace final, quizás, como otra vía para oponerse al dominio que esta ejerce sobre la vida a través de ese terror que nos infunde. Pero si comparamos lo que nos decía Sádaba con esta posición de Wittgenstein, creo entender que, de manera excepcional, se produce un cierto desencuentro en el pensamiento de ambos filósofos. Javier Sádaba en su libro “Saber morir” se enfrenta a la muerte como realidad ineludible, la mira cara a cara, y le reconoce su consistencia real. Su forma de contenerla tiene más bien que ver con la aceptación del hecho y con su conversión, desde el profundo respeto ante su misterio y en la medida de lo posible, en cotidianeidad: ¿Cómo hemos de hablar de la muerte si queremos ser fieles a una integración de la muerte en nuestras vidas que nos posibilite vivir mejor? Uniendo familiaridad y respeto. La cercanía y la lejanía de la muerte, cuando se hace patente en el habla, da a la muerte (tanto a la propia, como a la ajena) el sentido que necesitamos para vivir. La sabiduría de la muerte es la combinación entre un habla que la trata como algo que nos pertenece y un silencio que respeta su misterio./…/La vida cotidiana es otro lugar donde la muerte ha de concretarse; esto es, donde ha de ejercitarse la pedagogía adecuada para que no perdamos el sentido humano de la muerte. Para que no huyamos, por un lado, lejos de la muerte. Y para que, por otro no la trivialicemos hasta considerarla una cosa más entre las muchas que nos suceden. 40 Por el contrario, Ludwig Wittgenstein nos produce la impresión de que pretende hacerla desaparecer casi como los niños: cerrando los ojos. Los dos Wittgenstein. Javier Sádaba en el Seminario virtual “Bajo Palabra” al hablar de Wittgenstein comienza por reconocer que: siempre he vivido de los ecos de 39 Óp. Cit.: 24-25. 40 SÁDABA 1991: 75-76.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 179 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 Wittgenstein, uno de los personajes más importantes de la filosofía occidental. En ese mismo trabajo, a continuación, explica su reflexión sobre los dos Wittgenstein: la primera época recogida en el Tractatus, es la época que J. Sádaba identifica con “el ascenso al Monte Carmelo” y la califica de etapa de gran rigor intelectual. Wittgenstein pelea a brazo partido por conocer todo el pensamiento que le antecedió, pero también por descubrir dónde están los límites de lo que podemos conocer. Quiere hallar la frontera que divide lo que podemos saber y lo que no. Una vez descubierto el límite del conocimiento y ese espacio sobre el que se extiende el misterio, Javier Sádaba nos dice que, frente al tremendo hallazgo, Wittgenstein mantiene que solo nos quedan tres posibilidades: sentir, simbolizar o callar, con ese silencio pleno que respeta lo desconocido 41 . La otra parte de Wittgenstein o el llamado “Segundo Wittgenstein” se encuentra en las “Investigaciones filosóficas”, cuya gran genialidad, siempre desde la reflexión de J. Sádaba, es la aplicación extraordinaria que tienen. Son los famosos juegos del lenguaje: las distintas caras de la realidad en las que podemos posar la mirada. Sádaba pone de ejemplo el campo de la religión como distinto del campo de las ciencias. Es importante este punto porque considero que una de las aportaciones más interesantes de J. Sádaba sobre Wittgenstein tiene que ver con la explicación del proceso intelectual seguido por el filósofo austriaco, que le condujo a la sorprendente evolución de su pensamiento. Sobre ella Sádaba ha tratado en diferentes artículos en lo que nos muestra su personal proceso de búsqueda de delimitación y descripción de los dos Wittgenstein. Pero en su libro “No sufras más” realiza un rápido esbozo de su interpretación de las dos etapas, que resulta interesante para comenzar: Wittgenstein desea en, en cualquiera de las etapas del desarrollo de su pensamiento, colocar siempre las cosas en su sitio para así, retirarse a descansar. Es como la carrera hacia una vida donde reposar tranquilos. Añadamos a lo anterior que el paso de lo teológico, o primera época wittgensteniana, a lo antropológico e, incluso, etológico de la segunda época, nos patentiza cómo la carrera en cuestión hacia una existencia tranquila nos abre al sentido de la vida, y a su significado; a si merece o no la pena vivir. 42 41 Esta bella analogía que establece Sádaba entre el proceso de búsqueda wittgensteniano y el ascenso al Monte Carmelo, recorriendo la obra y la biografía de Sádaba parece que puede ser aplicado igualmente a sí mismo. 42 Óp. Cit.: 20-21.
180 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 Para J. Sádaba no hay ruptura entre los dos Wittgenstein, y este hecho constituye una substancial aportación suya a la reflexión sobre Ludwig Wittgenstein 43 . En su artículo: “Wittgenstein ¿conservador o progresista?” habla de que existe “un cambio” entre los dos Wittgenstein: Y es que, justamente, en el «segundo» Wittgenstein hay un cambio, respecto al «primer» Wittgenstein, que de ninguna manera va en la dirección apuntada por Nyiri. En el Tractatus el significado había que buscarlo en las inmutables reglas lógicas. En las I.F. tales reglas son mudas respecto al significado si no las entroncamos en una actividad específica. Es un cambio contra el inmovilismo dogmático y es un cambio que explica más y mejor. Wittgenstein, como Nietzsche, no desconocerá, ahora, que siempre hay una interpretación previa, que es la misma interpretación la que, de alguna manera, genera el significado. Cuando nosotros interpretamos una regla lo hacemos desde otra interpretación y ésta desde otra interpretación.../…/ Y si se recurre a la comunidad de reacciones de los seres humanos, como supuesto explicativo, entonces esto tampoco funda regla alguna, sino que es una manera de exclamar: «si no hubiera algo así como la naturaleza humana no habría significados; sólo que lo único que sé de tal naturaleza humana son las interpretaciones que de ella hago». No creamos mirando al cielo sino desde nuestras propias entrañas. Discurrimos desde lo que ya tenemos. 44 Wittgenstein rompe con “el inmovilismo dogmático” y se abre a la naturaleza humana que es más que la razón. Sobre este acierto meritorio de Javier Sádaba en torno a la articulación del encadenamiento de los dos Wittgenstein habla Eugenio Trías en el prólogo al libro de Sádaba “Lenguaje, magia y metafísica…” Trías habla de la compresión de unidad de los dos Wittgenstein por Sádaba: “El mérito de la interpretación de Sádaba consiste, creo, en asumir la unidad de la complejidad wittgensteniana, percibiendo sus diferentes momentos evolutivos como modulaciones sobre una misma preocupación ética y metafísica.” 45 Sádaba, como hemos visto, utilizando una célebre metáfora califica al primer 43 Al enfrentarse al potente pensamiento de Wittgenstein, creo que la mayoría de los autores, y sobre todo, la mayoría de quienes imparten filosofía en las universidades, presentan lo que se ha dado en llamar los dos Wittgenstein, precisamente como si se tratara de dos pensamientos radicalmente distintos, hablan de su alejamiento del mundo como un extraño suceso, un arrebato de locura, un punto de inflexión en su vida, que le llevó a algo así como una conversión tajante a un ser distinto de su anterior ser. 44 Art. Cit. 45 Óp. Cit.: 12-13.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 181 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 Wittgenstein como la subida al Monte Carmelo 46 , en ese recorrido duro, extenuante e ineludible, por todos los caminos que en la filosofía han recorrido los que le han precedido, y defiende que solo desde él se puede alumbrar el segundo Wittgenstein, ese Wittgenstein, en principio, entregado al lenguaje y, luego, rendido a la naturaleza humana y al asombro, ante el que casi no puede más que elaborar frases de apariencia inacabada. Sádaba en la “Introducción” a “Las Observaciones a “La Rama Dorada” de Frazer sobre los dos Wittgenstein lo explica clarísimamente: Digamos por el momento, que el paso de Wittgenstein I a Wittgenstein II se da a través del estudio que el filósofo hace de cierto tipo de actitudes expresivas de los seres humanos y que, luego, el lenguaje nos muestra. De esta manera los hombres no aparecen como representadores de cosas a través del entendimiento, sino como constructores de lenguajes que van recogiendo las expresiones primarias, las acciones básicas que son el comienzo de cualquier sistema lingüístico sustitutorio o posterior. Y de manera muy especial el ser humano se manifiesta como contingencia, finitud entre dos nadas, necesitado de salvación, sujeto de exclamaciones. 47 Pienso que si J. Sádaba lo explica con tanta nitidez, es porque, seguramente también está hablando de sí mismo. Cuando nos dice en sus memorias “Dios y sus máscaras”: El gran descubrimiento salmantino, sin embargo, lo constituiría Wittgenstein está expresando en esa corta frase una conmoción profunda, porque su encuentro con Wittgenstein fue un encuentro marcado por el estremecimiento. Es ese encuentro con otro que produce una honda turbación porque descubriendo a ese otro nos estamos descubriendo, en un destello decisivo, a nosotros mismos. Muchas de las semejanzas entre los dos filósofos, se dejan ver, en la observación detenida de la reflexión de J. Sádaba. Sin embargo, pensando en sus evoluciones paralelas, también hay un J. Sádaba incomprensible para mentes rígidas, obtusas y cuadriculadas (mentes entretenidas en entender esquemas preestablecidos y cánones rígidos), que encierra en su reflexión un riguroso y denso conocimiento previo de toda la tradición filosófica, aunque ni necesite ni quiera hacer alarde explícito de ello y busque por encima de todo hacer comprensible su filosofía para el ser humano común. Solamente quien ha recorrido el mundo filosófico, sus cordilleras y sus desiertos, puede ser, después, libre para pensar por sí mismo. Desde esa 46 Óp. Cit.: 12-13. 47 Óp. cit.: 10.
182 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 libertad, pensar con radical honestidad intelectual despojando la propia reflexión de todas las adherencias ornamentales y metafísicas, que solo enturbian la reflexión. Wittgenstein le antecedió en ese proceso y por eso su segunda etapa resulta incomprensible para muchas mentes, incluso para el mismo Russell como narra la propia hermana de Wittgenstein: Cuando Ludwig abandonó su carrera como maestro, esperábamos que volviera a la filosofía, pero primero entró en un estado intermedio, del cual cristalizó algo enteramente nuevo e inesperado. Por cierto, debo mencionar que Ludwig, quien antes de la guerra se había hecho tan buen amigo del profesor Frege que lo visitó en varias ocasiones, le envió a éste el manuscrito de la primera parte de su libro durante la guerra. Extrañamente, Frege no entendió el libro en absoluto y le escribió a Ludwig diciéndoselo con mucha franqueza. Al parecer, el desarrollo de Ludwig lo había llevado en una dirección que lo apartaba de Frege, y su amistad no continuó después de la guerra. Algo parecido ocurrió con Russell, aunque Russell había traducido el libro de Ludwig al inglés y lo había hecho publicar en edición bilingüe. 48 Sádaba comprende el método wittgensteniano y desde la coherencia intelectual actúa en consecuencia porque su encuentro con Wittgenstein, de ser humano a ser humano y desde el centro de la propia existencia, solo puede producir, de acuerdo con lo que conocemos de J. Sádaba, una revolución vital de infinita coherencia. Es esta una última reflexión que hace Sádaba sobre las aportaciones de Wittgenstein a la filosofía, que resulta fundamental y que se hace particularmente necesario destacar en este momento en el que parece que los filósofos, en un proceso de involución, se están volviendo a encerrar en el cuartel de invierno de la Academia y la teoría inerte. Parece que se repliegan en una filosofía que gira sobre ellos mismos y sobre oscuras elucubraciones, como distracción exclusiva del club privado de los intelectuales. Retoman lo más triste y turbio de la tradición filosófica en el preciso instante en el que la filosofía, como otras tantas humanidades, corre el riesgo de ser arrinconada como una reliquia del pasado, por quienes marcan los ritmos del decurso de la sociedad, contribuyendo con esa actitud a allanar el camino de su propia desaparición. Sádaba formula también su reflexión hablando del concepto de mente, en el capítulo 5 de su libro “La vida en nuestras manos”, titulado: “Vayamos al cerebro, oigamos el corazón”, y creo que constituye una 48 WITTGESNTEIN; RHEES 1989.
L. W ITTGENSTEIN DESDE J. S ÁVADA 183 «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 llamada urgente de atención ante el panorama que he descrito y ante lo que aparenta ser el abandono de la senda que abrió Wittgenstein en la filosofía del siglo XX: O, mejor, consistiría en la tentación omnipresente de reificar lo que nos sorprende, lo que escapa a una comprensión más sencilla y directa. Así, por ejemplo cuando nos quedamos extasiados ante el mundo, recurrimos a Dios y cuando nos preguntamos quien soy /…/ recurrimos a una mente independiente. Y, de esta forma nos autoengañamos. Son los filósofos, sin embargo, los que con mayor proclividad se han deslizado por la pendiente de la cosificación, de la creación de entidades que nos den alguna tranquilidad de ánimo. Fue el también filósofo Wittgenstein el que vigorosamente nos advirtió del desvío en cuestión. Wittgenstein ha sido, en este sentido, realmente profiláctico, enseñándonos a comprendernos sin tanto mito y sin tanta arrogancia. La reacción antimítica a la que acabamos de aludir se inscribe, por eso, en la sana tradición que ha formado Wittgenstein. 49 Por último, considero que es importante señalar, como muestra del respeto que siente por su gurú, que Sádaba ha mostrado en múltiples ocasiones su rechazo hacia todas aquellas investigaciones en torno a la persona de Ludwig Wittgenstein que, tras su muerte, han sacado a la luz informaciones sobre el ámbito más íntimo del pensador, sin aportar nada sustancial al conocimiento de su pensamiento, y, además, jugando a suscitar interés apelando a la curiosidad más morbosa del ser humano. Así lo expresa Sádaba en el artículo “El sexo de los filósofos”, publicado en “El País” en 1982, y que quiso recoger también en el “Apéndice” a su libro sobre Wittgenstein: “Lenguaje; Magia y Metafísica (El otro Wittgenstein)”: Volvamos a los filósofos y al sexo. Es probable que entendamos mejor a Wittgenstein -y a quien sea- si sabemos de sus dificultades sexuales y de sus esfuerzos por solucionarlas. Pero entender no es devorar. Existe un pequeño paso que en modo alguno hay que dar: ese que consiste en entrar en la vida privada de alguien como en terreno conquistado. Requiere habilidad unir vida y obra sin destruir la vida. Cuentan que a Wittgenstein le horrorizaba el que se penetrara en su vida privada. Incluso llegó a escribir: "No juegues con lo que está en lo profundo de otra persona". Tal vez porque, como también escribió, no suele ser muy bello lo que hay dentro. O, simplemente, añadimos nosotros, porque a nadie le importa. 50 49 Óp. Cit.: 155. 50 SÁDABA 1982.
184 M ARÍA D EL O LMO «F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 13 (2015), pp. 163-186. ISSN 1132-3329 Conclusión. Tras terminar el artículo considero que la impresión que con más fuerza queda arraigada después de acercarnos a la relación Sádaba-Wittgenstein es la de que hay algo singular en la aproximación que Javier Sádaba realiza hacia Wittgenstein. La documentación consultada sobre las aproximaciones de otros autores al pensamiento wittgensteniano me lleva a pensar que la mayoría de ellos se acercan a L. Wittgenstein pretendiendo, quizás inconscientemente, encajarlo dentro de los parámetros convencionales de la reflexión filosófica y se empeñan y aplican voluntariosamente a la tarea de situarlo en algún lugar concreto de la clasificación tradicional de la Filosofía. Frente a esta actitud, Javier Sádaba observa a Wittgenstein con libertad, despojándose previamente de prejuicios intelectuales y, así, transmite su descubrimiento de la genialidad del pensamiento de Wittgenstein. Desde esa perspectiva amplia y abierta que adopta Sádaba defiende con insistencia que constantemente encuentra aspectos y matices nuevos en la reflexión wittgensteniana. Lo que creo que Sádaba intenta comunicar con respecto a Wittgenstein es que se trata de un pensamiento en movimiento, vivo, colmado de vida propia. Mirar como mira Javier Sádaba a Ludwig Wittgenstein resulta complicado, supone un esfuerzo enorme por vaciar la mente, por desnudar el propio pensamiento de cualquier idea previa y por abrirse a lo asombroso del ser humano y del mundo. Bibliografía. SÁDABA, J (2014). “Wittgenstein: El cabecilla de una nueva filosofía”. En Filosofía hoy. http://filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.4209/id pag.5965/v_mem.listado/chk.3bae2dc6dd57a56e4c0cca35a12007fc.html (Cons. el 2/7/2015) SÁDABA, J (2012). No sufras más. Barcelona: Planeta. SÁDABA, J. (1980) Conocer a Wittgenstein y su obra. Barcelona: Dopesa. SÁDABA, J (1984). Lenguaje, magia y metafísica. Madrid: Ediciones Libertarias, BARTLEY, W. W. III (1982) Wittgenstein / trad. Sádaba, Javier. Madrid: Cátedra, WITTGENSTEIN, L. (1996) Observaciones a "La rama dorada" de Frazer/ intr. y trad. Javier Sádaba. 2ª ed. Madrid: Tecnos. WITTGENSTEIN, L. (2013) Aforismos. Cultura y valor/pról. Javier Sádaba. Barcelona: Austral.
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