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El Rayo de Andalucía, ó, Francisco Estéban el guapo, natural de la ciudad de Lucena

Anonimo

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SN he o a e dd EROS A IICA IER > A EL RAYO DE ANDALUCÍA, : | ó 3 FRANCISCO ESTEBAN EL GUAPO, 7 NATURAL DE LA CIUDAD DE LUCENA, ANI PRIMERA PARTE. á Tiemble de mi nombre el mundo, — porque aunque valientes fueron, y estremézcanse los vientos, atemoricese el orbe, y los hombres mas soberbios; porque si digo quién soy, tengo formado concepto ue no hay valiente ninguno quien yo no cause miedo. No vale nada Benet, ni Corráles, ni Escobedo, ni Escábias, ni Pedro Gil, ni Gordillo, niJuan Bueno, Pedro Ponce, ni Carrasco, Sebastian Gil, ni Cañero, pi menos Martin Muñoz, £ é VS á vista de mis arrojos sus hechos se oscurecieron. ¿Pero para qué me canso, si soy tigre en lo soberbio, un leon en valentía, una fiera en lo sangriento? rancisco Estéban me llamo, y arrogante considero, que tendrán todos bastante 1 ver que todo es cierto. n la ciudad de Lucena, cuyos timbres van de aumento por su clima y por sus hijos, dándoles Céres sustento, dándoles Marte valor, y Minerva lucimiento. En esta noble ciudad nací de padres gallegos; porque me ejercilase, a un oficio me pusieron: mas el maestro me dió una Zzurra por travieso, y le apedreé la puerta, saliéndome siempre huyendo: y en la ciudad de Jaen me dieron plaza en un tercio, A Cataluña pasé á mi monarca sirviendo, donde tomando las armas, . hice tan nobles hechos que alcancé á muy pocos dias el empleo de sargento; le serví unos once meses, y por dos que desertaron me ultrajó mi capitan á donde todos lo oyeron. Yo que soberbio miraba á cualquiera con desprecio, lo pe una noche, y á dos cabos mandó luego me prendan, y á cuchilladas hice que fueran huyendo. Fui á Alicante en ocasion que habian llegado al puerto las galeras de Cerdeña, y en ellas mi plaza siento, donde hallé muchos amigos de Lucena, y conaliento, pasamos á Cartagena, «donde una noche siguiendo los pasos de mi fortuna, con una mujer me encuentro, y un chiquillo de la mano, que me dijo; caballero, aqueste hombre me persigue; ponga usted á ello rembdio. Dijele: señor hidalgo, tenga usted más miramiento; y con las pobres mujeres, nunca se pase á ser nécio, Respondió que no quería, y que á mí qué me iba en ello; —2= Mas con un tercerolazo le dí la respuesta á tiempo que la mujer por delante se puso, la paz pidiendo, y hombre, mujer y muchacho, de un tiro quedaron muertos. Retiréme á mi galera, y despues por mi provecho dí en tratante de tabaco: corrí de Valencia el reino, y volviendo á Cartagena, el gobernador severo, viendo el fraude que yo hacia, me sale armado al encuentro; y entrándose en mi posada, me cogen y llevan preso. Mas sucedió á mi favor, hallarse allí Juan Romero, y como hijo de la patria, fué en los arneses tan diestro, ue los guardas y alguaciles iban cual moscas huyendo. Quedáronse los caballos y las cargas en empeño, porque me las embargó el gobernador, diciendo:— que ya que no me prendia que me cortaba los vuelos. Supe que en una alquería de mulas habia un juego, que estaban dándolas verde: se las quité, y al momento le escribí que las tenia para recobrar el precio de los caballos y cargas. Mas metióse en este empeño el cuatralyo que se hallaba en esta ocasion al Puerto; me volvieron los caballos, Y luego un vale me hicieron; Málaga dí la vuelta, y por ella me paseo, donde supe que campaba A a y con aliento 0 desafié una noche: salimos, donde riñendo, quedó herido el contrario y quise dejar el duelo A a A a n= A o hasta que hubo curado, y segunda vez al puesto salimos, donde quedó de mi valor satisfecho, pues segunda vez llevó agujereado el pellejo. Fuime á Granada por ver un hombre á quien fama dieron del Guapo de Santaella, y reparo busquélo. o saqué desafiado, y á los primeros encuentros pidió confesion, y yo me ausenté al punto, sabiendo que me buscaba la Sala con recato y con anhelo. Me fui, por fin á la Córte, donde en tres meses riñeron seis guapos en desafio conmigo, en sitios diversos. Dile una vuelta á Lucena, y desde alli pasé al reino de Jaen, donde casé, or tener algun sosiego. Mas en las Carnicerías sucedió un doneso cuento, dns un garduño de las bolss iba la mano metiendo para agarrarme la mia; mas yo con mucho silencia, con el rejon, dije: amigo, remédiese con aquesto. Le eché las tripas afuera, y luego con paso lento me fui; y de allí la justicia sobre unas cargas quisieron descaminarme; mas yo hice que fuesen huyendo. Con el tabaco y la sal tuve mi mantenimiento, y por ser Jaen gran charco, otro busqué mas pequeño. Entónces me mudé á Cabra, en donde estuve viviendo, y con otros alentados viajes hacia al Puerto, donde sin sacar despacho, «odos fueron tan alentos, — 3 que nunca tuve embarazo, ni los que conmigo fueron. Me pasé á Cádiz un dia, donde á un almacenero once cargas de tabaco compré con mis compañeros. Hubo soplo, y al salir descuidados nos cogieron, vendiéronse los caballos, J quedamos sin remedio. ejé pasar unos dias, no muchos, y al cabo de ellos, con las armas, en la casa del gobernador me entro. Eché la llave, y subí mi trabuco previniendo, y dije: señor hidalgo, yo vengo por el dinero que importaron los caballos y las cargas, porque es cierto que estoy tan pobre, que ya casi que comer no tengo; y esto sin réplica sea, perque yo vengo por ello. El hombre todo turbado sacó al instante el dinero en doblones, y pagó, y quedamos despues de esto amigos para Otra vez. En Puerto-Real me acuerdo, que el arrendador de alli quiso embarazarmo, y luego que hube sacado las cargas me fuí á su casa corriendo. Pregunté si estaba en Casa, las mujeres respondieron: si señor; mas vuelva usted, porque ahora está durmiendo. £ntré en una sala baja, donde tenia su lecho, y con un tercorolazo allí me lo dejé muerto. Sucedióme en el camino, que faltándome el dinero, en la venta donde estaba me reventaba el venlero, porque pegar la costa, y paguéla tan de presto, que a la otra vida volando se partió dejando el cuerpo. Supe que Diego Ruiz y todos mis compañeros pretendian el indulto, y por aquiotarme, intentélo; mas el señor Presidente á todos negocia, menos á mi, pues dijo tenia — embarazo para ello. Fuí á Granada y en su casa con su persona me encierro. Dijo: ¿qué se me ofrecia? Respondi; señor, yo Vengo á saber por qué razon se me niega mi remedio. Yo soy Esteban el Guapo, ese leon que es tan fiero, y si no voy indultado, seré terror de este reino. Quiso dos criados, á la calle y estorbélo. Dijome entonces: ¿en qué, Estéban, servirte puedo? Y yo respondi: señor, á lo que arrastrado vengo, es á pedir que se quemen de mis causas los procesos. Y él replicó: pues Francisco, si eso solo es vuestro empeño, vedlo , que aquí á vuestra vista los consume en llama el fuego; mas á Ceuta por dos años, por mí y por vos ireis luego; fuime á Ceuta por dos años, y en salidas que se hicieron clavé las piezas al moro, y como me descubrieron, sobre mí todos se arrojan, y con el agua á los pechos, me embarqué para volver al presidio: pero presto me enfadé de estar en Ceuta; quitéle el barco á un barquero, con que pasamos á España seis 0 siete compañeros. Volvíme á mi contrabando, y hallándonos en el Puerto, alas supe que algunos decian, que sacaba yo sin riesgo el tabaco, por llevar conmigo gente de aliento. Tomé un saco y por las calles iba como un costalero, diciendo: ¿compran tabaco? y vingunos me tosieron. Despues en Cabra vivia públicamente vendiendo tabaco y sal por las calles, y tambien tenia un puesto en donde vino vendia sin pagar ningun derecho. Los serranos de Lucena á aquella villa vinieron, queriendo tambien vender, como yo lo estaba haciendo; entré y quebré las medidas, derramando por el suelo el licor de los pipotes; y ellos cuando lo supieron, al puesto que yo tenia á hacer lo mismo se fueron. Acudi con la noticia, cerrando con todos ellos, y valientes como Alcides con tal fuerza me embistioron, que lastimado quedé, poniéndome en cura luego. Supo el caso la justicia, y cogiéndome en el lecho me llevaron á la cárcel, y diligencias hicieron por privarme de la vida; mas tuve buenos empeños; y á las galeras de España me echan á remar sin sueldo. Y en otra segunda parte proseguiré mis arrestos. SEGUNDA PARTE. Desde donde empieza Europa hasta su término y cabo, no campe ningun valiente, escondan su espada y brazo; tiemblen al oir mi voz, y lo que mas les encargo, que con silencio me escuchen; les diré en breve rato - del guapo Francisco Esteban lo valeroso y bizarro. Ya saben que su ejercicio era andar al contrabando, que en toda Andalucía Jos ministros le temblaron, porque no jugaba burlas, ni hombres de malos tratos alcanzó comunicarle, fuese bueno ó fuese malo. Dejo guardas de millones y ministros de tabaco, porque estos nunca tuvieron con Esteban buen despacho. Los soplones, cuando andaba por el mundo eran contados, porque se holgara en dejar un soplon bien maltratado. Jamás llegó á pedir cosa que no le fuera otorgado; andando de aquesta suerte con otros acompañado, por Andalucía y otros reinos vendiendo tabaco. Llegaron un dia á Cádiz, en ocasion que diez barcos desembarcaron en tierra tabaco, donde ajustando Esteban cuarenta Cargas para él y sus paisanos, salió por cabo de todos, y la España atrevesaron hasta llegará Valencia, donde no habiendo despacho, pasó á Aragon, y una noche, junto á la villa de Grados, yendo Esteban muy seguro, tropezó y cayó el caballo, y se lastimó una pierva: sus amigos lo llevaron al lugar y en él quedó para ser allí curado. Sus compañeros siguieron, para despues aguardarilo, y llegando á Zaragoza ES sin susto, no imaginando de que fuesen detenidos; pero estando descuidados llegaron mas de cien hombres a gobernador por cabo. es embargaron las cargas; diez de ellos aprisionaron, los demás puestos en fuga muy en breve se escaparon. Llevan los diez á la cárcel, y las cargas y caballos los llevaron á la plaza y al pregon se despacharon. Repartió el gobernador entre guardas y escribanos la cantidad, y á su casa la mayor parte ha llevado. Vamos ahora á los presos, que al tiempo que les tomaron declaracion, fué forzoso que confesasen de llano; diciendo: Francisco Esteban es de las cargas el amo; y si es que á saberlo llega, lo sentirá, que es un rayo: replicó el gobernador, ¿eso decis? pues es claro que si llegara á cogerlo lo pusiera entre dos palos; y si no, si acaso hay quien me lo ponga en las m: mil doblones le prometo, solo por ver ese rayo en mi presencia, que tiene el mundo atemorizado, Oyen los presos lo dicho, y al punto un propio enviaron, noticiándole á Francisco cuanto el juez habia hablado. Toma la carta y leyóla dentro la villa de Grados, y bueno de sus achaques, tomó armas y caballos, y partiendo á Zaragoza dispuso un hecho bizarro, y fué que á las doce en punto del dia, sin mas reparo, se fué á casa de un Cura, == O un .. o con política hablando, le dice que le acompañe sin dilacion, que le ha dado un accidente á un amigo y es preciso confesarlo: | y sepa que tiene haberes - y es fuerza que haga inventario, porque de todos sus bienes haga finiquito y saldo. Siguióle el cura de prisa, y buscando un escribano un alcalde, se salieron á la calle todos cuatro, cura, escribano y alcalde, y sin caer en el chasco, siguen á Esteban, y llegan con el paso acelerado, á casa del gobernador los tres sin pensar el caso. Llegó, y tocando á la puerta, un criado se ha asomado á la ventana y le dice: avisa presto á tu amo, dile que quieren hablarle cuatro personas de garbo. Subió el paje y se lo dijo, y el gobernador bajando los recibe en una sala, y con política hablando, les hizo los cumplimientos; mas Francisco con cuidado, las puertas de dicha sala cerró las llaves tomando, metiólas en su bolsillo, y su trabuco montando ha dicho al gobernador: por saber que ha deseado ver vueseñoria á Esteban, y que le tiene mandado a aquel que se lo entregare, mil doblones, me ha obligado á ponerme en su presencia, y á obedecer su mandato. Ahi le traigo un confesor, un alcalde y escribano; uno para el testamento, y otro para el inventario, y otro porque su conciencia a ps disponga como cristiano, pues sé que á useñoría mortal accidente ha dado, y porque salve su alma esta prevencion le traigo: esto será si me niega el dinero que ha mandado, que juzgo son mil doblones y tambien lo que montaron . os caballos y las cargas, y por los aprisionados: despácheme cuanto antes, porque yo no estoy despacio, y estos señores querrán ir á descansar un ralo; yo no querré nada menos, que he venido caminando toda esta noche pasada por darle este deseado gusto á usía, y juntamente á obedecer su mandato. No haya escusa en lo que pido; si la hay, por los sagrados cielos, que con mi rejon y este cometa, este rayo, volcan que arroja centellas, seré dentro de este cuarto. Aquí remató Francisco, y el gobernador temblando le respondió que al instante seria todo pagado, y sin detenerse en nada fué á un escritorio, y sacando en oro todo el dinero, metió Francisco la mano, diciendo: ajuste primero el precio de los caballos, que el tabaco vendrá luero ues no lo traigo ajustado. dice el alcalde: amigo, ¿valdria cada caballo cincuenta reales de á ocho? Y Esteban dijo: no paso; menos de sesenta pesos no tomaré ni un ochavo, y aquesto es unos con otros, y aun cortesía le hago al señor gobernador 6 le meteré en cuidado, Y el gobernador le dijo: aquí está el monton contado: apartan la cantidad y entran en la del tabaco; le dice el alcalde; amigo, ¿se ha de ajustar libreado? Si señor, responde Esteban. Pues sea á real de á cuatro cada libra.—No señor, de doce reales abajo no lo doy, que lo tenia á ese precio despachado, Y cuando todo el dinero Esteban vió numerado, de los caballos y cargas dijo: solo lo mandado, que juzgo son mil doblones, es ahora lo que aguardo, pues no es justo de que falte un hombre de tanto garbo á su palabra, y por fin, mis compañeros amados, tres leguas de la ciudad espero sin intervalo, porque sino les prometo al cura y al escribano, alcalde y gobernador que sus vidas serán pago, porque al rigor de mi furia no habrá quien le ataje el paso. Temblando el cura y alcalde, gobernador y escribano le dicen vaya con Dios, que vantodo á ejecutarlo. Esteban salió á la calle, quedándose todos cuatro pasmados de la osadía y hecho tan desaforado. Alcalde, escribano y cura, al gobernador dejando, se salieron á la calle y á la cárcel van de paso, echando fuera los presos libres de todo despacho. Hubo noticias muy ciertas que al gobernador curando estuvieron mas de un mes y del susto; y Esteban paso, Je así que sus compañeros su presencia llegaron, les contó losucedido y quedaron admirados. Todos á voces decian: viva el azote de guapos, viva quien tiene en el mundo sus hechos tan laureados, que no ba de haber quien iguale á su rigor temerario. Entrególe á cada uno Esteban para un caballo; el dinero de las cargas lo partieron como hermanos, y tambien los mil doblones que tomó por ser mirado. Se pasó á la Andalucia y este caso divulgado fué en la ciudad de Sevilla, dándole todos mil lauros, confesando de que Esteban fué solo del. mundo el guapo; y en Otra tercera parle referiré un caso extraño que en las historias no se halla otro que iguale en lo rato; pues osadamente quiso esponerse á que encerrado en la ciudad de Granada mano le hubieran echado, pues en casa del Presidente con arrojo temerario se metió, pero su brio le sacó bien de este caso. TERCERA PARTE. Santo Cristo de Ja Luz, Señor de cielos y tierra, desatad mi torpe lábio y dad vigor á «mi lengua mientras la tercera parte canto de Francisco Esteban. Los que :blasonan de guapos, Oigan, escuchen y stiendan la hazaña: mas prodigiosa que en las edades se cuenta. a Alcanzó á saber Francisco (no sin alguna certeza) como don Pablo Diamante, Presidente de la escelsa Sala del Crímen, habia, á quien le mate ó le prenda, ofrecido cien escudos, que informacion tiene hecha de sus notables arrojos, valentias y proezas; con cuya noticia, al punto previno con gran presteza , sus armas, y en un caballo á Granada dió la vuelta; entró por el Triunfo, á tiempo que están tocando á la queda; llegó á casa de don Pablo, se desmontó, y de la rienda entró el caballo allí dentro, y con notable advertencia, por estar mas á su salvo cerró la puerta primera: llegó al porton y tocando cuatro ó seis golpes apriesa, ha salido un paje á abrir que á diez y ocho años no llega, diciendo: ¿quién es quien llama? Respondió con diligencia, dile, niño, á tu señor, que aquí está Francisco Esteban, y mira que vengas presto, orque aguardo la respuesta. levó á su amo el recado, al oirlo, se le hiela a sangre, y el corazon palpita y su pecho tiembla, - que aunque no le ha visto nunca, sabe quien es y recela. Se quedó un rato suspenso, y ya recobrado piensa el lance tan apretado: pero duda que se atreva un hombre con tantas causas á entrar en su casa mesma. Le manda que suba arriba: el paje baja y le lleva donde su señor le aguarda; mas aunque subió de priesa, - dejó el postigo cerrado, sin que radie lo advirtiera, dejando el caballo dentro de la una y otra puerta, Así que entró por la sala donde don Pablo lo espera, diestro, liberal y pronto, se le quitó la montera; don Pablo lo miró atento de los piés á la cabeza, pon notable recato e dijo: siéntate, Esteban, que quiero que de tu vida me des relacion estensa, porque dudo que tus hechos sean como me los cuentan. Dijole Esteban: señor, si he de estar en su presencia, sentado no lo he de hacer, en pié estaré que es decencia. Replicó segunda vez: buena política observas; siéntate, yo te lo mando, y es mi gusto que obedczcas. entóse diciendo airoso: perdone mi inadvertenncia. ¿Tienes padre? dijo entonces don Pablo, y fué la respuesta: si señor, vivo es mi padre, pobre, humilde, porque entienda que es la causa de que yo, ande de aquesta manera. —¿Tienes madre?—No señor, Dios la perdone, ya es mnerta. —¿Tienes hermanos?—Tres tengo, y á mí los tres se sujelan, —(¿Dónde casaste? y él dice con arte, y no sin viveza; en la ciudad de Jaen, que es de su reino cabeza. Cupido me hirió de amores, y lo logró de manera, ue recibí por esposa la mujer mas dispuesta que ha nacido en muchos siglos en valor y gentileza; María Josefa se llama, y muy servidora vuestra.