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Relacion nueva y burlesca, su titulo, el libro de los casados

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Núm. 245. BTOLSSOA, su TITULO. LOS CASADOS. Gracias áDios que llegué dar fia ámi jornada. ¡Qué estropeado vengo! ¡Qué molido, yqué sin ganas ni aun siquiera de mirarme! áDios le doy las gracias de verme ya cegresado ydescansando mi casa. Ustedes no habrán sabido como un domingo de Pascua salí con sola intención de introducirme en Granada, porque me dieron noticia en el fuerte de la Alhambra un establecimiento, con grande eficacia instruyen átodo hombre en la debida observancia que ha^de guardar justamente desde el dia en que se casa, y4(f{í dan las medicinas que conviene ácada llaga. ¡0^escuela, señor, qué escuela, qué escuela tan bien montada! Pues señor, aunque cansado de tan dura caminata, voy ácontarles ustedes, sin faltar áuna palabra todo cuanto he aprendido erTesta escuela tan santa. Llegué al edificio dicho, pregunté ysubí ála sala, T áonde había coneurreneis de mozos de toda España, sentados por ambos lados en anos bancos óbancas, que llaman dé la paciencia ytodos juntos miraban, ycon ellos el maestro, áun esquilón ócampana que llaman el porvenir; yen seguida se agarraban áestudiar en unos libros qoe llaman de la cachaza: yo estuve tras un cancél que había en aquella entrada observando atentamente para no caer en falta cnando discípulo fuese de estas escuelas sagradas: el maestro estaba aT frente sentado en silla de plata, Goji un gorro blanco ynegro yunas dilatadas gafas, que tendría cada una de diámetro una cuarta: ,^^^^^^tT^esponden, ,pido permiso yme mandan quepas» sin. detenerme, ló que hice sin tardanza: me llego al señor maestro yle espuse mi embajada, me mandó al punto sentar en unas de aquellas bancas que tenia junto ási, yme diee estas palabras. ¿con que usted viene sin duda áestudiar en estas aulas? Sí, señor, le respondi, con mi cabeza agachada: vo pienso casarme pronto, yquiero, si áusted le agrada; lomar algunas lecciones de su discreta enseñanza, por ver si puedo triunfar del estado que me aguarda. El respetable señor de su asiento se levanta, yde ua grande escaparate, an libro pequeño saca. yentregándomelo, dice: *!sta es primera enseñanza, aqui deberá estudiar por noche, tarde ymañana, hasta aprender de memoria sin equivocarse en nada cuanto encierra ese volumen; ylas lecciones marcadas, qué son de sesenta líneas, después de bien repasadas, las dará usted dos ai día; yluego que sea pasada esta obrita, tomará otra de otras circunstancias: quedé alegre con mi libro, yluego que fue llegada la hora de marchar todos, marcho para mi posada deseando principiar la lectura consignada. Ultimamente, señores, me siento al pié de mi cama áestudiar en la lección; __ ntn en ella n*®' eeba&ev que leí en poco tiempo este libro que constaba de cinco capítulos solos-, los que en muy brebes palabras referiré, porque sepan álo que el estudio alcanza. CAPITULO PRIMERO- El hombre que por desgracia casa con mujer que tenga los cascos de calabaza, debe aconsejarla bien; pero si aquesto no basta, debe celar su conducta sin que se olvide la yara, Vesta que sea de mimbre, Vmejor si es bien delgada; póngala en chupa de pelo Vdéla solo en las nalgas, (le suerte que aunque dé cuenta que su marido la mata, no pueda enseñar heridas; ysi por adelantada se arroja áenseñar el culo. esta ia respuesta dadaautoridad ha sido desvergonzada, hapmonos cargo ásojas que ta! andara Ja tana: ®®ta suerte se queda con afrenta ycastigadaySI por no sucuffiSr ’ se divorcia, santas pascuas capitulo II. Si la mujer es bonita ysumamente agraciada debe olvidar loí amigos’ yas tertulias en casi salir poco yesto de noche ^?f«bre en su comp’aña- Ro debe ir con su madre ^ cubierta con su marido que su hija tenga corteío^ ymas SI por esta causa sobreviene ásu boba ysE «mejicanas. disponer una bebida yuya receta se halla ’ fu este libro que dije se echa ,? cuartillo ™.Ja .-S *‘-Plan.,, yde paciencia una taza’ L, "Paes de meneada poí»Tco°„"¿r„¡S‘»». ‘mucho ¡a panza. se hace una silla poltrona con tranquilidad clavada, se pone cerca del fuego, se come, bebe yse calla. Capitulo iii. que habla; la mujer fuere rica ?eS« arrogancia, ^paciencia Vsi ^hn niandada: ySI el hombre fuese pobre en tiempo de mucho frió decirla por las mañanas, ^no te levantes, mujer, que se hielan las palabras; ñnp ®“°a mujer que le ^^rra, que le haga chocolate ryío tomas en la cama: ,¿^0 sera un gran disparate Lijoé seria ¿I ®y filos mío ycon eslas^v ífi ^^''^^tas.-' estarle haciend^^f* ®dsas es el S'acha; P^ca caer E®^caz ypasarse en WothEul no" ^esq¿5on -'-pues que esm I^“ecíe, h«3cf„®fí^acha.- l5sei„r_\“''P>esci„„,,, ’“="« «o Ka?f'“• 4 CAPITCLO IV. Este áledo hombre manda que s¡ viudo llega áser yen una edad avanzada, de media edad adelante, yprecisado se halla ácasarse de segundas, no se case con muchacha, porque le serán estrechas las puertas ylas ventanas: ^hora, si es hombre de humor, ála receta se agarra, yque digan óno digan, nunca hacer caso de nada; hacerle una fiestecita una vez en la semana, yamarrarla áuna soga; yesta que sea bien larga, ydejarla que dé vueltas tantas como una campana: se consigue una vejez mas suave que unas natas. CAPITCLO t. El quinto yúltimo dice las verdades asentadas: para verse el hombre libre , de estas cargas taq pesadas, es no casarse en lá vida opinión bien acertada; se ahorra que la mujer le acuchille la garganta, ni que el chiquillo le llore; ni que le cague la camas,; ni el cuidado lo desvele, ni le pidan lo ^pie gana, ni le echen contribución, ni aguante estas cabronadas, ni castigue ála mujer, ni ella se incomode en nada, ni le haga comer vetillas, ni tenga una mala cara: la que quiera tomar leche puede comprar una cabra, CARMONA; —imprenta ysi no, que s« haga rosca yse muerda las cascarrias, JEste capítulo, amigos, es el que ámí mas me agrada porque bien reflexionado, tenemos por cosa clara jque aquel que anda tropieza; pues si tropieza, que caiga, que yo no meneo un pié 'porque no me dá la gana. Cuando la calor apriete, ^nos refrescos de orchatá: -el hombre que se ve libre, el jornal que gana gasta en vestir bien ycomer yrequebrar álas damas; ysi se ofrece un remiendo, lavarse las zurrapas, ólimpiarse los faldones, —tquién teme, mientras que haya mujeres de otro, ydinero, que es el que todo lo allana? ySI fuere militar, porguela edad acompaña, tiempo débü 'CtñpfíSo"' endo lo que le mandan; vale servir diez años rigorosa campaña, Hsponerse ámalos ralos, -las bombas yálas balas, íervir desde el general -fasta al cabo de la escuadra, fue sufrir áuna mujer 4chillera ydesollada. prended todos el libro gji rue he traído de Granada; no queréis aprenderle, Vcaéis en la desgracia Jq que una tuna os agarre, jasareis la vida amarga, llegareis ácoronel |sin haber sentado plaza: ^on que haced lo que os agrade ique me marcho ámi casa, jy perdónenme si quieren, ^si no, no me dá nada. jibreria de D. José M. Moreno.