Educación y Promoción social en Pedro Poveda
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BOLETIN del Instituto de Estudios «Pedro Suárez» Estudios sobre las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar AÑO VI - NÚMERO 6 ENERO-DICIEMBRE 1993
- SUMARIO - Presentaclón,Consejo de Redacción 5 Colonia Julia Gemella Accitana, Miguel Sánchez Martínez 7 "Noticias sobre Guadix durante la Guerra de Sucesión (1700-1713)". (Primera Parte), Antonio Contreras Raya 13 Enajenación de bienes de menores en el año 1811, Manuel J. Ortiz López 19 La Industria Azucarera en Guadix. Una incipiente industrialización en el Inicio del Siglo XX, Antonio Lara Ramos 27 Guerra Civil en Guadix (1936-1939): La experiencia colectlvizadora, Santiago Pérez López 39 Educación y Promoción social en Pedro Poveda. Consuelo Flecha García 49 Pregón de San Torcuato, Manuel Amezcua 61 Monseñor Medina Olmos y los obispos de Guadix-Baza escritores, Manuel Jaramillo Cervilla 69 La Primera Carta Pastoral de D. Manuel Medina Olmos, Leovigildo Gómez Amezcua 77 El Obispado de Guadix-Baza en 1931, Francisco J. Fernández Segura 81 Presencia de D. Manuel Medina Olmos, en la ciudad de Baza y Villa de Caniles, Andrés Gea Arias 87 Datos para la biografía de D. Manuel Medina Olmos, Obispo que fue de la diócesis de Guadix. Su relación con Galera, Fernández y García 101 Comentarios Bibliográficos 103 Esta edición ha sido posible con la colaboración del Patronato "Sagrado Corazón" de Guadix, Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Guadix y Caja General de Ahorros de Granada. DIRECCIÓN DEL INSTITUTO Paseo de la Catedral, s/n. 18500-GUADIX
BOLETÍN del Instituto de Estudios «Pedro Suárez» AÑO VI - NÚMERO 6 ENERO-DICIEMBRE 1993
CONSEJO DE REDACCIÓN PRESIDENTE Francisco José Fernández Segura VICEPRESIDENTE Manuel Jaramillo Cervilla DIRECTOR Santiago Pérez López VICEDIRECTOR Antonio Lara Ramos ASESOR ARTÍSTICO Miguel Ángel Gómez Mateos ADMINISTRACIÓN Rafael Vera Martínez VOCALES Leovigildo Gómez Amezcua Josefina Jiménez Madrid Javier Beas Torroba © Autores varios I.S.S.N.: 1130-4049 Depósito Legal: GR-1.660-1991 Imprime: T.G. ARTE, Juberías & CIA, S.L. Rubén Darío, s/n. - Tlf. y Fax (958) 420040 18200-MARACEÑA (Granada) Portada: Miguel Ángel Gómez Mateos
Educación y Promoción social en Pedro Poveda. Consuelo FLECHA GARCÍA Referirnos a Pedro Poveda, que vivió en la ciudad de Guadix desde 1894 hasta 1905, años en los que finalizó sus estudios, fue ordenado sacerdote, y trabajó en diferentes proyectos, es una ocasión de recordar y de hacer presentes tantos hechos —unos acaecidos en esa ciudad, y otros ya fuera de ella—, que actuaron como elementos germinales de lo que hoy conocemos, y que han permanecido vivos en la memoria colectiva. ¿Quién era Pedro Poveda? La respuesta tiene que ver con la evocación de momentos de una historia, no demasiado lejana, a la que voy a intentar acercarme desde la dimensión social y educativa desarrollada por él. Poveda (1874-1936), fue un hombre andaluz que nació en Linares, y cuya vida transcurre en diferentes lugares de la geografía española: en Jaén, Guadix, Covadonga, Jaén de nuevo, y a partir de 1921, en Madrid: • En una época en la que a los regeneracionistas y a toda la generación del 98 "les duele España", y ponen en primer plano el problema de la escuela. La educación se planteaba entonces como una cuestión prioritaria, al menos, por dos razones: primera, el subdesarrollo cultural del pueblo —en 1900, un 59°7o de la población española mayor de 10 años era analfabeta, un 39% de hombres y un 61<7o de mujeres (Vilanova-Moreno, 1992)—; y segunda, por las implicaciones políticas que trae siempre consigo toda tarea educativa, y muy especialmente en aquellos momentos de especial beligerancia ideológica. • En una época en la que Giner de los Ríos y Manjón, trabajaban incansables en la búsqueda de un estilo diferente de plantear el quehacer escolar, con el convencimiento de que la escuela era el camino más eficaz para superar el cúmulo de problemas que acuciaban al pueblo español. • En una época en la que Azorín denuncia el problema de la "Andalucía trágica", porque en ella se asentaban, con más amplitud que en otras regiones españolas, el hambre, el analfabetismo, un decisivo desnivel económico. • En una época en la que Ortega y Gasset llegó a decir que el problema español era un problema pedagógico, y que en su libro La rebelión de las masas, de 1930, constataba que no se había sido capaz de educar a tantas personas fruto de la explosión demográfica de principios de siglo, y que de esa falta de educación se estaban sufriendo, dolorosamente, las consecuencias. • En una época, al fin, en la que los cristianos dudaban en replegarse ante una sociedad que empezaba a ser hostil para ellos, porque se culpaba al ca-
50 CONSUELO FLECHA GARCÍA tolicismo de muchos de los males que se sufrían, y la fe se planteaba, por algunos grupos, como un delito público (Galino, 1988). La andadura vital de Pedro Poveda estuvo inmersa en todos esos acontecimientos, participando con creciente intensidad en la inquietud por aplicar remedios eficaces. Y, en esa época, atento a cuanto sucedía: "Yo —escribiría—, que tengo la cabeza y el corazón en el momento presente" (Poveda, 1936), supo crear nuevos modos de pensar, de hacer y de vivir, para no caer en el peligro de infidelidad que se corre evadiéndose de los cambios históricos. Pero, por esta novedad, se vio envuelto en la polémica, suscitada incluso por católicos más tradicionales,' que actuaron con miedo frente a las innovaciones políticas, culturales, y desde luego, religiosas (Galino, 1988); y que proponían respuestas insuficientes para las necesidades del momento. Hacer lo que hay que hacer, en algunas ocasiones no cuesta nada, pero en otras requiere de un sentido determinante respecto de las propias obligaciones, y de dosis de entereza. Ayuda a ello el sobresalto que producen las situaciones extremas, junto a una llamada irrechazable de la conciencia, pero difícilmente una persona sola puede romper determinados esquemas. ATENTO A LA MODERNIDAD. España, en el paso del siglo XIX al XX, estaba caminando lentamente hacia la modernidad, pero cada vez más consciente de la distancia que iba acumulando respecto de otros países del entorno europeo. Un clima en el que Poveda se va a dejar interpelar por el movimiento regeneracionista, que empieza a dejarse oír, cuando aún no ha terminado el siglo de la gran soledad de España, -sus límites, con la pérdida de las colonias, se iban quedando reducidos a los de la penínsulahablando de la educación como verdadera panacea transformadora. Se deja interpelar por las preocupaciones sociales de los católicos que han leído con atención la encíclica de León XIII, la Rerum Novarum; lo mismo que por la perplejidad, y hasta el desconcierto, con que muchos buenos católicos habían recibido la condena del Modernismo; y, desde luego, se deja interpelar muy especialmente por la evidencia de un pueblo al que no se le proporcionan los medios necesarios para vivir con dignidad. Poveda, sacerdote joven cuando nace el siglo, se encuentra entre el grupo de católicos sensibilizados hacia el tema de lo social, y responde comprometiéndose no sólo con las situaciones que tenía más cercanas, sino también con las que, aunque a mayor distancia, debían ser abordadas como contribución a soluciones de más largo alcance. El problema social fue clave de referencia de sus principales decisiones. Había estudiado el bachillerato, y también en los Seminarios de Jaén y de Guadix, en los años que corresponden al Pontificado de León XIII. Un Papa abierto y preocupado por intentar conciliar a la Iglesia con el mundo moderno, que deja de condenar la participación de los católicos en la política, que los anima a compartir las aspiraciones de su tiempo y que postula el acercamiento entre las clases
EDUCACIÓN Y PROMOCIÓN SOCIAL EN PEDRO POVEDA 51 sociales; el Papa de la encíclica que en 1891 actualizó la doctrina social de la Iglesia, marcando una pauta de referencia obligada durante mucho tiempo —aunque todavía dentro de lo que se llamaba "filosofía cristiana", es decir, del reconocimiento de normas y principios, que sólo más tarde empezarían a provocar una dinámica nueva (Oriol, 1991)—, pero que fue la expresión actualizada del llamado catalocismo social, poniendo palabras a las preocupaciones sociales de los católicos más inquietos. Una encíclica universal —que había sido precedida por la dirigida a los católicos españoles en 1882 "Cum multa" en la que se les exhortaba a unir sus esfuerzos en favor de las clases sociales más necesitadas, y por la de 1885 "Inmortale Dei", sobre el servicio que los cristianos debían prestar a la sociedad actuando en las estructuras civiles—, que ayudó a una toma de conciencia de los problemas de desarraigo y de empobrecimiento que estaba produciendo el desarrollo industrial en los países occidentales; problemas contra los que se pronuncia audazmente, retomando, o mejor actualizando, viejos caminos de acción social. Poveda va a encontrar en ella un filón para sus primeros programas y actividades sociales en Guadix, consciente de que una de las dimensiones esenciales de la fe era, no sólo el conjunto de principios que sustentaban esa doctrina social, sino también la serie de esfuerzos que había que solicitar de cada sujeto eclesial para leer la historia desde el horizonte cristiano. Poveda se identifica con el mensaje, y se propone releerlo desde la situación particular que él está viviendo. Acoge el legado cultural y religioso que su tiempo le ofrece, y responde con la novedad de su propuesta. Guadix, lugar del que diría "fui con un entusiasmo loco", y en el que se encuentra con la situación socio-económica y cultural de los habitantes del barrio de las Cuevas, cuyas profundas desigualdades le resultaban inaceptables. Hecho, que hasta entonces había pasado desapercibido a la mayor parte de los habitantes de la ciudad, que vivían ignorantes del mundo distinto que constituían las Cuevas. Y en Guadix, en poco tiempo, aprendió a mirar desde otra perspectiva esa situación, lo que le llevó a descubrir la necesidad que allí surgía de un planteamiento pedagógico. Con la clara convicción de que la escuela primaria era el paso imprescindible que las clases populares habían de dar como comienzo de su integración y promoción social, Poveda crea allí escuelas y talleres —entonces novedosa y prometedora práctica educativo-social, para la que busca maestros y maestras formados en los métodos manjonianos—, como el mejor camino de preparación de aquella gente para salir de la marginación en que vivía, y para cuyo sostenimiento económico, dice Poveda, "pedí a todos". Una alternativa creíble, con la que despertó en otros la inquietud que les hizo salir de la indiferencia, y con la que logró atraer a muchas personas. El no quería actuar sólo, y planteó la acción como llamada a la responsabilidad social, a la colaboración, al cambio de las relaciones sociales; lo entiende, desde el primer momento, no como enfrentamiento con quienes ya disponían de esos medios, sino como ayuda, como solidaridad y como mejora de las condiciones de vida de unos y de otros, en la medida en que a todos, recíproca-
52 CONSUELO FLECHA GARCÍA mente, les ofrecía oportunidades para dar y para recibir, cada uno según su necesidad. Quizás se lanzó a una empresa más audaz de lo que su tiempo podía comprender: acercar, implicar en una tarea común, a personas de diferentes clases y grupos sociales; tarea que proponía, no como de beneficencia —rebasó las actitudes benéficas al uso—, sino con un estricto sentido de justicia. A partir de esta experiencia, va a iniciar un proceso de reflexión en el que tomará conciencia de lo imprescindible de ofrecer medios de formación seria, de calidad, a quienes tanto podían contribuir a un cambio social: para él, en primer lugar quienes se dedicaban a la tarea de educar. La desigualdad, y hasta la deshumanización, que marcaba entonces a aquellos habitantes de las Cuevas, como a los de tantos otros lugares de la península, no le hicieron sentirse impotente, ni pensó que podían desbordarle. AI contrario, planteó alternativas, primero para ese ambiente, y después para otros, porque fue capaz de vislumbrar los efectos que habían de producir los medios imaginados. En él fueron juntos el discurso y las palabras, los hechos y las actitudes; por eso enseguida va a focalizar su acción en el profesorado, en el acceso de las mujeres a una cultura que les permitiera asumir compromisos sociales más amplios, y en las consecuencias que se debían derivar de una fe auténticamente vivida, y de una cultura al servicio de una más cualificada acción social. Una evolución que no le supondría apartarse del compromiso humano y social contraído en sus años más jóvenes (Gómez Molleda, 1933) —en su escenario de juventud—, sino el abordarlo desde otras instancias, y con instrumentos, desde su óptica, más eficaces y multiplicadores. Lo que había entendido Poveda era que la necesaria reforma social no podría abordarse si no era desde la educación como único medio verdaderamente eficaz y perdurable, desde la cultura como instrumento liberador. Pero la guerra de ideas que caracteriza el primer tercio de nuestro siglo, mantiene además en el centro de la polémica la cuestión religiosa, aunque de los ingredientes de esa contienda formarán igualmente parte cuestiones políticas, ideológicas y, cómo no, educativas. La incidencia de la Escuela, del Instituto, de la Universidad, del profesorado, en todo ello no era desdeñable. Por aportar algún dato que sea expresivo de cómo afectaba esa beligerancia a toda la política de entonces, y especialmente a la educativa, baste decir que en los últimos veinte años del siglo XIX se llegaron a elaborar hasta 17 planes de Segunda Enseñanza, entonces el nivel educativo que actuaba de filtro de las aspiraciones de movilidad social; y que entre 1902 y 1923 van a sucederse 53 Ministros de Instrucción Pública (Puelles, 1980). Circunstancias que tuvieron como resultado la elaboración, desde diferentes marcos ideológicos, de programas de acción social en términos pedagógicos, y más en concreto de planes de formación del profesorado: Giner, Manjón, Costa, Ferrer Guardia —con la influencia indudable que Ferrer tuvo en Andalucía—, o las actuaciones de los múltiples Gobiernos de estas décadas. En este ambiente, el creciente laicismo de un Estado, celoso de la autonomía que legítimamente le correspondía como representante de una población que em-
EDUCACIÓN Y PROMOCIÓN SOCIAL EN PEDRO POVEDA 53 pezaba a ser plural también en lo religioso; las corrientes anticlericales que alimentaban, en muchos casos, las actitudes adoptadas por las mismas gentes de Iglesia; la progresiva estatalización de la enseñanza, como consecuencia de una mayor iniciativa del Estado en el desarrollo de un sistema educativo que pudiera acoger a una población más amplia; y unida a ella, la progresiva politización del tema escolar y la batalla por su control entre las distintas corrientes ideológicas, eran banderas utilizadas para delimitar la posición que cada persona o grupo adoptaba. Frente a todo ello, Poveda entendió que no era justo identificar autonomía con hostilidad, y analizando ese mayor protagonismo del Estado dentro de un proceso histórico que entonces parecía irreversible, no trató de hacer un contra-discurso, sino de ofrecer posibilidades concretas para una acción educativa de los seglares, más comprometida y más profunda, dentro de las estructuras del Estado, aunque su realización se desarrollara ya con un Pontificado distinto, el de Pío X, temeroso de la política de apertura al mundo moderno por parte de su predecesor, que ahora se consideraba imprudente y de consecuencias negativas. Voy a destacar algunos de los aspectos que delimitan, a mi juicio, el marco de referencia fundamental de la acción educativa povedana. Me centraré en la atención al Profesorado, en su respuesta a la cuestión femenina, y aludiré también a varios rasgos del estilo educativo que Poveda señala. ATENCIÓN AL PROFESORADO. Poveda, en este tiempo dramático para algunos, siente la necesidad de elaborar propuestas y de poner en marcha acciones. No quiso ser uno más entre los que se lamentan del rumbo de la historia, del "cómo está la sociedad", pero que omiten su responsabilidad en ella. En él, proyectos y realizaciones empezaron a surgir y a caminar juntas. Su compromiso fue con el pensamiento y con la acción (Galino, 1988). Y la actividad que va a desarrollar en esta circunstancia —él que en tantas ocasiones escribiría: "comentar haciendo", "hemos de contestar con los hechos", "las obras sí, esas dicen con elocuencia incomparable lo que somos", "el testimonio elocuente de los hechos"— es, aportar programas, concebir proyectos y crear instituciones encaminadas, en primer lugar, a salvar la responsabilidad que hay que reconocer al profesorado; a apoyar su despegue profesional, su promoción social, su actualización pedagógica; y, ante la progresiva estatalización escolar, a interpelar al profesorado cristiano presente en los centros educativos estatales, al que quiere competente profesionalmente, responsable y coherente con su fe, y capacitado para organizarse y colaborar (Velázquez, 1987). La preocupación por el profesorado, por su formación, por su coordinación, es la tarea más urgente que él se propone abordar; concede la primacía a la acción del profesorado: "Obra necesaria, urgente, de extraordinaria trascendencia, — escribe— y a ella debemos acudir... Nosotros creemos que la escuela será cual sea el maestro" (Poveda, 1910). "Ante todo y sobre todo —dice en otro momentodebemos contar con el profesorado, si queremos que nuestra labor sea provechosa. Sin contar con el maestro no podemos dar un paso" (Poveda, 1911).
60 CONSUELO FLECHA GARCÍA uAn pedago8°de ,a época--ae temerari°- vida ^«ta a la contradicción: incómoda para si, y para otras personas, porque actuó escrib,ó formo escuela, fundó, publicó (Calino, .986,; porque colaboró con cu ntas iniciativas incid,an en el mismo empeflo educador. Sí, quizás una utopía, pero con la que, a fuerza de convicción, consiguió no sólo confrontar a los que sLZn que pon,a palabras y acciones a lo que ellos sólo habían sido capaces d desear smo que constgutó enganchar, persuadir, a otros muchos hombres y mujeres más jóvenes, o menos habituados a pensar caminos alternativos bibliografía. Galino, Ángeles (1986): "Prologo", en Velazquez, Flavia P, Raices Linages, Madrid, Narcea; (1988): "El pensamiento educativo de Pedro Poveda" en Volumen-Homenaje Pedro Poveda, Madrid, Narcea Gómez Molleda, M.« Dolores (1933): Pedro Poveda, educador de educadores, Maarid, Narcea. Oril, José M' (1991): "El sujeto de la doctrina y de su practica", en /fev. Communto, sept.-oct. Poveda, Pedro (1910): "Estudio y presupuesto para la fundación de una Residencia de estudiantes"; (1911): "Ensayo de proyectos pedagógicos para la fundación de una mstitución Católica de Enseflanza"; (1912): "Consejos a Profesoras y Alumnas"; (1913): "Alrededor de un Proyecto"; (1914)- "Vida de familia"; (1919): "La mujer clave de la crisis espiritual de nuestro tiempo" ma"" n93anU"S.'ra fe' VÍr'Ud,"; °930): "A ,as universitarias: "««tro prograT ' L mujer y el mund0 intelectual"; (1933): "Hablemos de las ARCH1TO IX eStUdͰ"; <1934): "Car,a": °936): "Ef¡cacia de la °bra" Fuelles, Manuel de (1980): Educación e ideología en la Espato contemporánea Barcelona, Labor. Velázquez, Flavia Paz (1987): Proyectos Pedagógicos, Madrid, Narcea Vilanova, Mercedes-Moreno, Xavier (1992): Atlas de la evolución del analfabetismo en España de 1887 a 1981, Madrid, MEC. 11.
