El régimen dual en Israel desde 1967
Abstract
Este artículo aborda el establecimiento del peculiar régimen de dominación dual de Israel desde 1967, argumentando que la estructura de este régimen convierte a las élites militares en un actor político crucial. El régimen dual se basa en la separación ge
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E Araucaria. Año 10, Nº 19 Primer semestre de 2008 El régimen dual en Israel desde 1967 [*] Lev Grinberg | Universidad Ben Gurión de Tel Aviv (Israel) Resumen: Este artículo aborda el establecimiento del peculiar régimen de dominación dual de Israel desde 1967, argumentando que la estructura de este régimen convierte a las élites militares en un actor político crucial. El régimen dual se basa en la separación geográfica entre dos regímenes diferentes de control y legitimación. Argumentaré aquí que la guerra de 1967 fue un parteaguas histórico, ya que acarreó un desdibujamiento de las fronteras israelíes y la llegada de un régimen dual que legitima la división del poder político entre las élites militares y civiles que gobiernan Israel-Palestina. Mi objetivo es mostrar las contradicciones inherentes de este régimen dual de "ocupación democrática" y así arrojar luz sobre la dinámica de los espacios políticos de acuerdo a la población ocupada: su apertura, por reconocimiento y negociación, y su cancelación, por el uso de la violencia. Palabras clave: Israel, Fronteras, Ejército, Ocupación, Política, Democracia Abstract: This article discusses the establishment of Israel's peculiar dual domination regime since 1967, claiming that the structure of this dual regime makes the military elites a crucial political actor. The dual regime is based on geographic separation between two distinct regimes of control and legitimization. I will argue here that the 1967 war was a historical turning point, as it brought about the blurring of Israel's borders and the setting up of a dual regime that legitimizes the division of political power between the military and civilian elites that rule Israel/Palestine. My aim is to show the contradictions inherent to the dual regime of "democratic occupation" and thus shed light on the dynamics of political spaces regarding the occupied population: their opening, by recognition and negotiation, and their closure, by the use of violence. Key words: Israel, Frontiers, Army, Occupation, Politics, Democracy ste artículo aborda el establecimiento del peculiar régimen de dominación dual de Israel desde 1967, argumentando que la estructura de este régimen convierte a las élites militares en un actor político crucial. El régimen dual se basa en la separación geográfica entre dos regímenes diferentes de control y legitimación. Dentro de sus fronteras, Israel se define como un estado democrático, regido por partidos que compiten en elecciones generales abiertas basadas en la participación ciudadana universal. Del otro lado, existe un gobierno militar hacia la población palestina con ciudadanía negada, a la cual se define como "temporal" y "externa" al estado
democrático. Los límites entre las dos áreas fácilmente se desvanecen debido a su contigüidad geográfica, creando una dependencia económica directa y estableciendo ciudadanos israelíes en los territorios ocupados. Argumentaré aquí que la guerra de 1967 fue un parteaguas histórico, ya que acarreó un desdibujamiento de las fronteras israelíes y la llegada de un régimen dual que legitima la división del poder político entre las élites militares y civiles que gobiernan Israel-Palestina. Mi objetivo es mostrar las contradicciones inherentes de este régimen dual de "ocupación democrática", y así arrojar luz sobre la dinámica de los espacios políticos de acuerdo a la población ocupada: su apertura, por reconocimiento y negociación, y su cancelación, por el uso de la violencia. Desde el inicio de la segunda intifada, una creciente cantidad de textos de periodistas, políticos, historiadores, sociólogos y politólogos se ha dedicado a explicar la influencia de las FID (Fuerzas Israelíes de Defensa) sobre la política israelí y sobre los procesos de toma de decisión [1] . Sin embargo, han propuesto una visión formal de la democracia, dando por descontado que el ejército está subordinado a las autoridades políticas electas. Deseo presentar aquí un paradigma diferente, que percibe a la democracia como un proceso dinámico de apertura de los espacios políticos para la representación y mediación del conflicto social dentro del marco de un territorio determinado. Los regímenes democráticos tienen la posibilidad de contener los conflictos sociales debido al balance en el poder entre las clases dirigentes y los grupos sociales subordinados [2] . Con la ausencia de límites geográficos reconocidos y de fronteras sociales, el proceso democrático de apertura de los espacios políticos no tiene la posibilidad de contener los conflictos sociales. Como resultado, se desarrolla una tendencia al uso de la violencia y las organizaciones armadas se convierten en actores principales, particularmente si se presenta un balance desigual del poder entre los actores [3] . Resulta claro que el uso de la fuerza militar para reprimir ciudadanos dentro de los límites de un Estado es contrario a un proceso democrático de apertura de espacios políticos. Este es el caso del régimen dual israelí de "ocupación democrática" y de su incapacidad de prevenir y contener la violencia. El papel político del ejército dentro del régimen dual está definido como delineador de los límites del "estado democrático" y controlador de la población palestina en Cisjordania y la Franja de Gaza. Este papel político fue institucionalizado por el cambio estructural que resultó de la expansión de los límites del estado en 1967. La dinámica de la política israelí
puede entenderse entonces como sigue: en tanto las acciones de las FID sean entendidas como las encargadas de defender las fronteras del estado democrático y a sus ciudadanos, esta actividad política se asume como apolítica, una actividad de seguridad. Sin embargo, cuando la violencia se utiliza para propósitos expansionistas en áreas que no se entienden como parte del estado democrático y las protestas públicas se levantan contra este uso de la violencia, el ejército pierde poder y aumenta la necesidad de abrir los espacios políticos. Como veremos, el contexto político es el factor decisivo para interpretar el escenario de violencia y determinar si se utiliza por razones de seguridad o políticas. Aventurarse más allá de los límites reconocidos para Israel y la pérdida de vidas de sus soldados crea una oposición civil a la lucha continua. Esta es la diferencia básica entre la violencia en el Líbano y la violencia en Cisjordania y la Franja de Gaza, donde las fronteras son más permeables. Ambas regiones son consideradas como "zonas de seguridad" en las cuales las FID operan con mayor legitimidad, controlando las fronteras "externas" (con Egipto y Jordania) y las "internas" (con Israel), pero también con operaciones dentro de los "territorios". Desde la firma del acuerdo de paz con Egipto, las FID fueron neutralizadas del círculo vicioso de las guerras; su función principal ha sido política, sobre todo para consolidar su control sobre los palestinos y los territorios ocupados. Demostraré que los cambios que se han dado en las políticas israelíes hacia los palestinos provienen de esta permeabilidad de las fronteras de la soberanía del estado, del contexto político de la lucha palestina y de las amenazas percibidas por los israelíes. A. Teoría sobre el papel del ejército en la democracia: el caso de Israel El primer sociólogo en establecer las limitaciones del régimen democrático en Israel fue Jonathan Shapiro [4] . Afirma que la democracia es un régimen que facilita el debate público de las políticas estatales, produciendo de esta manera soluciones alternativas a problemas colectivos. La existencia de partidos de oposición y un debate abierto exige al partido en el poder a responder a sus críticos; de otra manera, puede esperar ser derrotado en elecciones democráticas. De acuerdo a esta visión, la democracia solamente puede existir si una sociedad posee diferentes centros de poder que puedan contrapesar al partido en el poder. Según Shapiro, la democracia israelí estaba limitada desde su origen debido a que el partido gobernante frustraba el
potencial dinámico del proceso democrático al controlar todos los centros de poder. Por tanto, asegura, Israel es tan solo una democracia formal, con elecciones y un sistema multipartitos, pero sin debate público ni ciudadanos con poder capaces de cambiar su gobierno. Desde la perspectiva de Shapiro, la escasa democracia vino a ser más evidente después de que el Partido Likud asumió el poder en 1977 y la movilización política se basó en un discurso populista y no en debates abiertos sobre las políticas y sobe la presentación de políticas alternativas [5] . En los años noventa, se dio un debate diferente sobre el mayor de los problemas de la democracia israelí la idea de un estado "judío y democrático" que otorgara privilegios a los judíos pero discriminara a los ciudadanos árabes [6] . Smooha afirma que Israel representa un tipo especial de democracia, llamada "democracia étnica", en la cual la mayoría judía se protege a sí misma por medio del gobierno, aunque concede derechos civiles a los sujetos no judíos. Peled distingue diferentes tipos de ciudadanía, argumentando que los ciudadanos árabes poseen derechos civiles opuestos a los derechos étnicos de todos los judíos y a los derechos "republicanos" de la élite social gobernante. Yiftachel, en contraste, afirma que el régimen no es una democracia, sino una "etnocracia" un régimen que constantemente extrae recursos del grupo étnico subordinado, sobre todo sus tierras. Sin embargo, creo que la diferencia fundamental entre estas visiones yace en la definición de los límites del Estado: Smooha y Peled se refieren al "régimen democrático" en Israel dentro de las fronteras de 1967, mientras Yiftachel también incluye las áreas bajo la ocupación militar como parte del régimen etnocrático. Propongo aquí incluir los territorios ocupados como parte del régimen dual de Israel y centrarme en el significado político de la distinción entre el control militar de un lado de la frontera y el control democrático del otro lado de la misma. La existencia de una frontera legal que diferencia entre tipos de áreas y de ciudadanos crea lo que previamente definí como "democracia imaginada", en la cual el ejército juega un papel político central mientras conserva su definición de "apolítico" [7] . Naturalmente, sin la participación militar en la administración rutinaria de la población palestina, el estado israelí no tendría posibilidad de expandirse territorialmente, de expulsar a los palestinos de sus tierras y de construir asentamientos judíos separados [8] . Para analizar este régimen peculiar aplicaré dos visiones teóricas principales: 1) la conceptualización del ejército como una institución con intereses distintivos (una
corporación), la cual tiende a expandirse territorialmente y requiere recursos materiales y humanos para lograr el éxito [9] ; 2) la convicción de que no hay "solución democrática" a los conflictos territoriales [10] . En este nivel, puedo sugerir una explicación a los límites del régimen democrático israelí: desde 1967, el sistema político de Israel ha estado gobernando a los palestinos en los territorios ocupados negándoles sus derechos civiles y políticos. La negación de estos derechos la toma la mayoría de los israelíes como algo dado, como una "necesidad de seguridad", o como "el derecho heredado de los patriarcas". Tampoco el asunto de las relaciones económicas con la población palestina y la manera en la cual éstas mejoran o empeoran la condición de los ciudadanos israelíes es objeto de debate público. La ausencia del debate político sobre las relaciones con los palestinos también ha penetrado las agendas "internas" israelíes y ha prevenido la organización de un sistema político capaz de representar diferentes intereses y opiniones con respecto a los conflictos "internos". Los sociólogos israelíes están preocupados porque la relación entre el ejército y la sociedad se ha fincado sobre todo en la similitud ideológica y sociológica entre las élites del orden y la seguridad y los partidos políticos gobernantes, que pertenecieron en su mayoría a la misma corriente política del movimiento laborista hasta 1977 [11] . Estas élites aceptaron la suposición de que la hostilidad fue impuesta "externamente" a Israel por sus "enemigos", con independencia de las políticas de estado. Aun el control israelí de los "territorios" fue interpretado como el resultado de continuas amenazas "externas" a la seguridad del país. Por tanto, estos académicos no vieron la corporación militar como una institución separada, con diferentes características, intereses y procesos de toma de decisiones. Sin embargo, después de la llegada al poder del Likud, el acuerdo de paz con Egipto y la primera guerra del Líbano, este punto de vista probó ya no ser satisfactorio. El siguiente paso teórico fue propuesto por Uri Ben Eliezer [12] , quien mostró cómo el uso de la violencia puede servir a los intereses de poder de las élites militares al reclutar hombres y apoyo de los civiles. Al utilizar la violencia, esas élites definen y construyen socialmente la comunidad cultural y política como una "nación en armas". Kimmerling [13] afirmó que se estaba construyendo una cultura militarista por la sociedad civil y los grupos políticos, no necesariamente por el ejército. La cultura
militarista israelí, compartida por soldados, ciudadanos y políticos, puede explicar la ausencia del debate político sobre los sujetos palestinos de la ocupación militar. Esta cultura ha construido a los palestinos como "el enemigo", que debe ser reprimido y al que no se le concede representación democrática. Es, de hecho, el uso de la violencia, así como el odio y el miedo que esto provoca, lo que ayuda a justificar y legitimar la ocupación continua de los territorios por un "estado democrático". La cuestión es cómo explicar un proceso dinámico de apertura de espacios políticos para la negociación, si la resistencia palestina a la ocupación siempre se interpreta como una amenaza a la seguridad que debe suprimirse con la fuerza. El marco teórico para la dinámica del cambio y la democratización lo proponen Helman, Ben Eliezer y Levy [14] , y está basado en el cambio de actitudes de los soldados cuando se niegan a ser reclutados o cuando abiertamente rehúsan obedecer las órdenes. Aunque las explicaciones de las motivaciones de los soldados varían desacuerdo político acerca de la necesidad de la guerra (Helman), el desarrollo de una economía de mercado hedonista (Levy) o la reacción de los niveles profesionales a la economía de mercado (Ben Eliezer), hay acuerdo en que la dificultad en reclutar soldados se ha convertido en un obstáculo para el ejército y un factor en la toma de decisiones del sector militar. Empero, tales puntos de vista aún se refieren a los palestinos como elementos "externos" en la teoría, y los diferentes tipos y ubicación de la resistencia no se incorporan a las explicaciones acerca de las actitudes de los soldados. Yo afirmo que es muy importante, desde el punto de vista teórico y analítico, reconocer el hecho de que la población palestina de los territorios ocupados ha sido incorporada a la economía del estado y mantenida por el gobierno estatal bajo un estatus especial de no ciudadanía. La resistencia palestina es reprimida por los soldados israelíes; por tanto, la legitimidad del uso de la violencia contra una población civil deviene crucial para el mantenimiento del régimen dual. La dinámica de la apertura y el cierre de los espacios políticos se origina precisamente en la contradicción interna de la dualidad del régimen democrático-militar. La resistencia palestina y las reacciones de los soldados son factores centrales en esta dinámica. Mi argumento es que al explicar la dinámica de los espacios políticos se requiere analizar la lucha por el poder entre los grupos dominantes, que buscan gobernar de manera unilateral, y la resistencia de los grupos dominados a los que se les niegan
derechos iguales. Para entender esta dinámica debemos analizar el significado de la dominación utilizada por el poder en el gobierno y los medios de resistencia utilizados por el grupo subyugado. Los palestinos bajo la ocupación no son entidades pasivas que acepten que se les nieguen sus derechos; al contrario, luchan en varios frentes y con diferentes métodos para abrir un espacio político a sus reclamos. El reto que enfrentan las FID es mantener el control sobre los sujetos de la ocupación; para lograrlo, las FID requieren legitimar sus acciones entre los ciudadanos israelíes bajo diferentes medios: el uso de la fuerza debe ser interpretada en términos de "seguridad". La teoría que apoya la apertura de espacios políticos propone un marco que puede conceptualizarse tanto por el uso de la fuerza militar y la posibilidad de reconocer los reclamos de los grupos dominados que pelean por sus derechos. Por tanto, crea una base teórica para explicar los cambios de dinámica la apertura y cierre de los espacios políticos. Un régimen democrático está basado fundamentalmente en la institucionalización de la apertura dinámica de los espacios políticos. Sin embargo, a pesar de la institucionalización formal de los regímenes democráticos, los espacios políticos todavía están sujetos a una dinámica de expansión y contracción de acuerdo a los cambios en el balance de poder entre grupos sociales dominantes y subordinados, en la habilidad de la sociedad civil para organizarse y movilizarse y en la capacidad de la sociedad política para mediar y negociar. En el régimen dual israelí, las relaciones de poder entre los israelíes dominantes y los subordinados no-ciudadanos palestinos cambian de acuerdo a la legitimidad percibida por el uso de la fuerza de las FID a los ojos de los ciudadanos y soldados israelíes. Una condición básica para la existencia de un espacio político es el acuerdo acerca de las fronteras de la comunidad política que contiene a las partes en conflicto [15] . Ésta puede ser una frontera geográfica o simbólica que reconozca la igualdad formal entre los individuos contenidos dentro del marco de cierta comunidad. En ausencia de un tratado sobre las fronteras de contención, esto es, sobre el asunto de quiénes son los ciudadanos con derechos iguales, ningún espacio político puede institucionalizarse y el mecanismo de mediación por medio de la representación y la negociación no puede funcionar. En tales casos, la fuerza se convierte en el medio para lograr metas políticas, si es por aquéllos que se levantan contra la subyugación o por el régimen, que pretende reprimir a los primeros [16] . Un resultado posible de este uso de la violencia es el reconocimiento de ambos lados que la coerción no es efectiva, conduciendo a la
conclusión que el conflicto podría ser resuelto por negociación. Esto significa que los espacios políticos pueden abrirse por la violencia usada por los grupos sociales sojuzgados, pero legitima los compromisos que pueden alcanzarse sólo después que los gobernantes reconocen la legitimidad de las demandas de esta población dominada y sus representantes. Estas demandas siempre se relacionan con las fronteras de la comunidad política, ya sea que demanden inclusión, a través de derechos iguales, o la exclusión, en un territorio separado. En el modelo europeo de estados nacionales, el ejército controla y delinea las fronteras externas del territorio soberano, definiendo las fronteras del espacio político para la representación y negociación entre los ciudadanos y el estado [17] . Es importante enfatizar que las élites militares se comportan siempre como un actor político, y les cabe negarse a usar la fuerza contra ciudadanos dentro del propio estado. Los ejércitos tienden a actuar como corporaciones homogéneas con sus propios intereses [18] , teniendo como objetivo central mantener y expandir sus recursos materiales y humanos; para este fin necesitan prestigio y una imagen apolítica. La teoría dinámica de la apertura de los espacios políticos propuso aquí concentrarse en el balance de poder entre los ciudadanos, el ejército y las élites políticas que están influenciadas por las fronteras de contención; el balance de poder entre grupos sociales dominantes y dominados y el grado en el que se legitima el uso de la fuerza, asumiendo que las élites militares y políticas tienen la posibilidad de manipular ciudadanos al construir sentimientos de "peligro" [19] . Dentro de este marco teórico propongo analizar la dinámica que subyace en el servirse o el prescindir del uso de la fuerza por las FID y su efecto en la política, al transformarse las situaciones de contexto. Desde 1967, las fronteras del estado de Israel han sido desdibujadas; la población palestina en los territorios se ha convertido en súbdita de un régimen de ocupación militar. En términos estructurales, las FID se han convertido en actor crucial en la arena política israelí al administrar directamente a la población palestina ocupada. Su habilidad para controlar de manera efectiva a los sujetos de la ocupación ha venido a depender de la extensión del uso de la fuerza, lo cual ha sido legitimado a los ojos de los soldados que sirven en el ejército. Esto significa que la influencia del ejército sobre las decisiones del estado con respecto al uso de la fuerza y su habilidad para reclutar ciudadanos para llevar a cabo las órdenes dependen de mantener su imagen como ente apolítico. En este aspecto, el contexto
político del uso de la fuerza, la identidad de la coalición gobernante y el tipo de resistencia usada por los palestinos son factores decisivos, tanto para la influencia del ejército sobre el diseño de la política como para el contenido de esa política: la escalada o la conciliación. B. La transición de una democracia formal a un régimen dual El Mapai [20] no se desarrolló como una organización democrática. Su poder político e institucional, acumulado bajo circunstancias peculiares, se caracterizó por la ausencia de fronteras entre judíos y árabes y una frágil población judía dependiente del apoyo de instituciones sionistas para la satisfacción de sus necesidades básicas: trabajo estable, salud, vivienda y defensa. La fuerza del Mapai como partido en el poder se basó en su éxito para movilizar recursos y crear instituciones judías propias, políticas y económicas, bajo el régimen británico y proveer a los judíos de servicios dentro un estado de bienestar [21] . La hostilidad y el odio mutuos entre las comunidades judía y árabe durante el periodo del Mandato Británico delinearon las fronteras entre ellos. Las organizaciones militares constituyeron la fuerza que unió la comunidad nacional hebrea, y estuvieron asociadas principalmente con el Movimiento Laboral Sionista [22] . La transición a un estado judío soberano en 1948 creó una crisis institucional. Esto estuvo ligado inicialmente a la subordinación de las organizaciones militares, divididas de acuerdo a las líneas de los partidos. Posteriormente, el principio de ciudadanía universal creó un reto al poder del Mapai, debido a la autonomía potencial de la sociedad civil y a las demandas de representación por los grupos no representados. En efecto, cuando se logró el pleno empleo, el partido en el poder perdió su capacidad de control sobre la población dependiente y fue incapaz de representar las demandas de la sociedad civil [23] . En el periodo entre 1948 y 1967 las FID fueron las principales diseñadoras de las fronteras nacionales: la frontera "externa", para prevenir intentos de "infiltración" de palestinos [24] , y la frontera "interna" entre los ciudadanos árabes y judíos, dentro del marco de la administración militar, la cual supervisó los movimientos de ciudadanos árabes dentro del estado judío [25] . Sin embargo, luego del fin de las "infiltraciones" después de 1956 y de la absorción de los inmigrantes judíos en el mercado de trabajo, la administración militar se relajó en cierto sentido. Las voces que llamaban a
Mes y medio después que el último soldado abandonó la península del Sinaí, un grupo disidente de la OLP encabezado por Abu Nidal proporcionó la excusa para una invasión israelí de Líbano, al intentar asesinar al embajador israelí en Londres. La invasión fue, como se estableció, bien pensada y practicada, y cada uno de los soldados de la reserva y de los oficiales tenía conocimiento de los planes militares. Al mismo tiempo, la oposición a la guerra creció muy rápido desde la segunda semana de lucha, llegando a su clímax cuando decenas de miles de personas se manifestaron al mes de iniciada y cientos de miles volvieron a protestar después de las masacres de Sabra y Shatila, a los tres meses de iniciada la guerra. La protesta civil en Israel aumentó por la oposición de los soldados y los oficiales reclutados, quienes no solo disentían de los objetivos de la guerra antes de nada, la intención era entrar a Beirut, sino que tampoco veían la necesidad ni la lógica políticas. La controversia pública penetró profundamente dentro del ejército y se manifestó al rehusar obedecer órdenes, una posición que al inició la ejemplificó el coronel Eli Geva y fue reforzada después por las protestas contra la renuncia del general brigadier Amram Mitzna. A mayor escala, los soldados se unieron para protestar en varios niveles, la más radical de las organizaciones fue el movimiento "Yesh Gvul" ("Hay un Límite"), compuesto por soldados de reserva que se negaban a alistarse para la guerra [51] . Las protestas aparentemente fueron detonadas por el sentimiento de que ésa no era una guerra de defensa (popularmente conocidas como guerras "no hay de otra"), sino de objetivos políticos continuar gobernando Cisjordania y Gaza, donde la resistencia a la ocupación militar era apoyada por la OLP desde Beirut. La razón oficial dada a la guerra fue la seguridad (así se legitimaba) y la necesidad de emplazar los Katyusha a 40 kilómetros más adentro del Líbano; el hecho es, sin embargo, que en pocos días las FID habían alcanzado las afueras de Beirut. A pesar de las protestas contra la guerra, su primer objetivo fue logrado y los cuarteles y combatientes de la OLP fueron obligados a abandonar Beirut, después de sitiar la ciudad por más de dos meses. Esta victoria militar, sin embargo, sólo intensificó la confrontación con la población palestina en los territorios ocupados. La imagen de las FID comenzó a desvanecerse, aun a los ojos de los soldados, en tanto se alargaba la presencia en Líbano prolongada por la incapacidad del gobierno para admitir su error y retirarse y las bajas no paraban de aumentar. Solamente después del establecimiento de un gobierno de unidad nacional en 1984, encabezado por Simón Peres, con Isaac Rabin como ministro de seguridad, se tomó la decisión de retirar las FID del Líbano
[52] . Durante la guerra del Líbano se hizo claro que las FID podrían dirigir a la nación entera, gobierno y ciudadanos incluidos, a una aventura militar al escalar la confrontación. El retiro, por otro lado ya fuera unilateral o por acuerdo, requería de una legitimación democrática por el liderazgo político. Desde 1967, el régimen dual de "ocupación democrática" había significado precisamente eso: el uso de la fuerza requiere tan solo que los mandos de la corporación militar insistan resueltamente en ello, mientras la moderación necesita la intervención de una activa sociedad civil y un sistema político que la represente y medie por ella. Ésta es la dinámica política del régimen dual: la sociedad civil de Israel se organiza contra acciones militares agresivas solamente cuando las fronteras son claras y no se siente amenazada dentro de esas fronteras. La eliminación de la OLP de la frontera norte dejó a los palestinos de los territorios solos en su lucha contra el régimen militar israelí y comenzaron a preparar un levantamiento civil. Cuando este levantamiento tuvo lugar a finales de diciembre de 1987, la legitimidad para reprimirlo estaba a la baja. Las organizaciones civiles israelíes criticaron masivamente lo que muchos habían comenzado a ver como un "ejército de ocupación" [53] . Las implicaciones eran claras: si las FID reprimían el levantamiento, significaría que no eran una corporación apolítica responsable de la seguridad; por el contrario, se obedecía a un objetivo político que no todos los israelíes apoyaban. Es importante entender que esta reacción estuvo influida por la naturaleza no violenta de la Intimada, su confinamiento a los territorios y a la virtual ausencia de bajas dentro de la Línea Verde [54] . Durante la década de los ochenta y sobre todo entre 1982 y 1987, se trató de lograr un balance de poder entre israelíes y palestinos, no por la falta de fuerza militar de las FID, sino porque una parte de sus soldados, combatientes y oficiales no se identificaban con sus objetivos políticos. Muchos investigadores atribuyen lo anterior a la liberación económica de Israel y al hecho que los cuadros de oficiales y los soldados de las unidades de combate pertenecían a la clase medía, que había empezado a gozar de los frutos de la economía de mercado [55] . Aun si este factor fuese relevante en cierto grado, yo afirmo que un elemento de igual importancia estaba restando legitimidad al uso de la fuerza contra la población palestina entre los soldados. Muchos soldados se movían en círculos familiares y sociales que pertenecían al campo de las "izquierdas" y no se identificaban con los objetivos del ejército. Como
veremos mías adelante, cuando el uso de la fuerza se percibió como legítimo, después de la segunda intifada , el apoyo a la represión contra los palestinos se extendió, muy opuesto a la crítica filosa que había obligado al retiro unilateral del Líbano solamente medio año antes. El equipo dirigente del ejército pronto se dio cuenta de la poca legitimidad de la actividad represora de las FID, y el comandante en jefe declaró públicamente que no había solución militar a la intifada, implicando que era necesaria una solución política [56] . Aquí se encuentra el significado analítico del "espacio político": aunque existía la fuerza militar suficiente para reprimir a la población, no había legitimidad para hacerlo. La ausencia de esa legitimidad creó un balance de poder, y para contener el conflicto era necesario abrir el espacio político: reconociendo diferencias, aceptando representantes, entablando negociaciones y buscando compromisos políticos. El ejército, que había impuesto sus reglas a la población palestina, fue la agencia que abrió el espacio político para el diálogo; en 1989, el Ministerio de Seguridad formuló un plan político y el ministro Isaac Rabin lo presentó al gobierno. En el régimen dual israelí de ocupación democrática el ejército no puede usar la fuerza sin el apoyo civil y no puede iniciar negociaciones o retiros sin el acompañamiento de la jerarquía política. Al anunciar que la solución sería más política que militar, el ejército buscaba revertir su imagen política creada durante la represión de la intifada, aunque esto por sí significaba que asumía una nueva posición política, más moderada. En esto radica el significado de las condiciones de ocupación, en las cuales el ejército es estructuralmente político: la represión como acto político, y evitar la represión es un acto político. ¿Cuándo, pues, podemos percibir el uso de la fuerza como apolítica? Cuando los ciudadanos se sienten amenazados dentro de las fronteras del estado soberano. D. Apertura y cierre del espacio político: Oslo y la segunda intifada En 1992, el Partido Laborista encabezado por Isaac Rabin ganó las elecciones. Esta victoria marcó tanto la apertura del espacio político para los palestinos por el ejército como un deseo por parte de los ciudadanos y los políticos israelíes de abrir nuevos espacios para debatir los asuntos "internos" que habían sido pospuestos hasta entonces, sobre todo los relacionados con los asuntos socioeconómicos. El discurso de Rabin incluyó dos agendas simultáneas bajo la frase "Cambiar prioridades",
prometiendo la reubicación de los recursos para los "territorios" de regreso al estado "soberano" de Israel. El deseo de demarcar claramente las fronteras del estado soberano surgió de necesidades de seguridad: la seguridad personal se había vuelto precaria conforme la intifada penetraba en Israel, sobre todo bajo la forma de agresión con cuchillos contra los israelíes. Las FID enfrentaron su incapacidad para controlar el paso de palestinos a Israel al declarar el cierre de [los territorios más allá de] la Línea Verde, marcando así de nuevo las fronteras del estado, que se habían expandido ininterrumpidamente durante los años ochenta en tanto se propagaba la empresa del asentamiento. El propósito de abrir un espacio político para los palestinos, propuesto por Rabin, se hizo sobre todo al objeto de otorgar seguridad a los israelíes, y sólo a continuación reconocer los derechos de los palestinos. El principio que sustenta la legitimación del régimen dual permaneció intacto: democracia y seguridad. Democracia para los israelíes y seguridad para los israelíes. El reconocimiento de los palestinos era considerado importante solamente porque, al carecer de derechos, lastimaban los sentimientos israelíes de seguridad personal; entonces fue necesario "sacar a Gaza de Bat Yam" [57] , como Rabin prometió pero no necesariamente sacar a las FID de Gaza. En tanto la jerarquía política iba en "búsqueda de un socio palestino" al estilo de Yasser Arafat, el ejército permaneció por completo en la oscuridad ante tales negociaciones [58] . Los oficiales del ejército fueron excluidos de las discusiones, aparentemente debido al temor de que se involucraran y pudieran anular por completo el proceso. El comandante respondió inmediatamente después de la publicación de la Declaración de Principios con grandes críticas, llamándola "un queso suizo lleno de agujeros". Aunque era el ejército el que pedía una solución política, reconociendo representantes palestinos y dirigiendo negociaciones con ellos, requería un liderazgo político que podría pensarse en términos de diálogo y compromiso político, mas no en términos de imposición unilateral. En efecto, la Declaración de Principios contaba con un importante "agujero" militar y político que eventualmente conducía al fracaso del Acuerdo de Oslo: la decisión de posponer la definición final de las fronteras hasta que se pudiera alcanzar un tratado definitivo, en un término de cinco años [59] . Esta es la razón por la que inmediatamente después de la firma de la Declaración de Principios, el ejército se convirtió en el actor político más importante en las negociaciones subsecuentes. Ya
que las fronteras permanecían indefinidas, al ejército se le atribuía la "responsabilidad total" de la seguridad, esto es, controlar las fronteras de los territorios y supervisar el movimiento dentro de ellos. Bajo estas condiciones, era natural para el segundo comandante Amnon Lipkin Shahak haber sido propuesto como jefe del equipo israelí para negociar la puesta en marcha de la Declaración de Principios; y para los líderes de las organizaciones militares palestinas, Muhamad Dahlan y Jibril Rajoub, convertirse en los agentes para el diálogo y la cooperación en el lado palestino. La cooperación en asuntos de seguridad se convirtió en el indicador para pronosticar el éxito o el fracaso del proceso [60] . Dejar para el final del proceso la definición definitiva de las fronteras y utilizar los territorios como "moneda de cambio" legitimó la expansión posterior de la política de asentamientos como paso conveniente para futuras negociaciones. Empero, los palestinos interpretaron esto como un acto de violencia por parte de Israel, tomando ventaja de su control sobre territorios que no pertenecían al estado. La contra violencia sobrevino por las organizaciones palestinas opuestas al tratado, de acuerdo con la lógica militar de Oslo: los perpetradores venían básicamente de las áreas que estaban bajo "responsabilidad total" de las FID [61] . La responsabilidad de retrasar la operación del acuerdo por más de un año, de julio de 1994 a septiembre de 1995, fue delegada a las FID debido a la inmensa dificultad para otorgar la seguridad de todos y cada uno de los colonos después de que Israel se había retirado de las ciudades de Cisjordania. Ese año surgieron dos conceptos: la construcción de carreteras de libramiento para colonos y la división de los pueblos y ciudades palestinas en cientos de enclaves aislados rodeados por las FID y los asentamientos. Entraron en juego dos niveles de control en esta estrategia: las áreas A estaban bajo el control de "seguridad" palestina y estaban rodeadas por las FID, en tanto que en las áreas B las FID tenían el control de la seguridad y la Autoridad Palestina era responsable de los asuntos "civiles". Mientras la política de cierre se creaba para otorgar seguridad a los ciudadanos israelíes dentro de las fronteras del estado soberano, la división por enclaves de Cisjordania y la política de "cercamiento" [62] de las ciudades y pueblos era pensada para brindar seguridad a los ciudadanos israelíes asentados en los territorios, en vista de las condiciones de dificultad del acuerdo provisional, que establecía que ningún asentamiento podía desmantelarse. Aunque estas condiciones fueron determinadas por la jerarquía política y el campo político de los "apoyadores de la paz", de hecho funcionaron para reforzar el papel político del ejército.
En otras palabras, la manera en como las FID interpretaron y pusieron en marcha los acuerdos de Oslo mejoró y legitimó el régimen dual: mejoró la capacidad militar para controlar el movimiento de palestinos y lo legitimó como un paso democrático, al abrir espacios políticos para las negociaciones de "paz". Dentro de las fronteras del Israel democrático originó un proceso de democratización que abrió espacios para la representación de conflictos internos. La noción misma de "paz" transformó la agenda pública "dentro" de Israel, centrando la atención en agendas post-conflicto en el interior de la frontera soberana, mientras se prestó muy poca atención a lo que ocurría en el momento dentro de los territorios y con las negociaciones de "paz". Los hechos cotidianos en los territorios se convirtieron casi de manera exclusiva en asunto de las agencias de seguridad. Yo nombré esta nueva situación política como la "paz imaginada" y la "democracia imaginada" [63] . De hecho, después del asesinato de Rabin y la consiguiente llegada al poder de Netanyahu, la participación directa de las FID en la política se convirtió en asunto básico del debate público. Mientras Rabin fue primer ministro y ministro de seguridad, el papel político del ejército había sido percibido como apolítico y como tal había sido apoyado por las élites políticas, y supuestamente seguía las órdenes dadas por ellas. Cuando Netanyahu llegó al poder, las FID continuaron defendiendo la cooperación militar con los palestinos sobre asuntos de seguridad y negociación política, como lo establecía el Acuerdo de Oslo. En este punto era claro que las FID eran un actor político autónomo que no aceptaba subordinación a la jerarquía política. Netanyahu atacó a los generales que defendían los acuerdos de Oslo, llamándolos "izquierdistas", y entró en una confrontación con los líderes de las agencias de seguridad, incluyendo a su ministro de seguridad, que se convirtió en el representante del ejército en el gobierno durante todo el gobierno de Netanyahu [64] . El choque entre Netanyahu y los jefes del ejército manifestó las diferencias entre el proceso democrático dentro del Israel soberano y el proceso autónomo de toma de decisiones en el ejército con respecto a los territorios ocupados y bajo su control. Desde el punto de vista de las FID, la cooperación con la policía palestina y el diálogo continuo con la Autoridad Palestina eran medios de control más eficientes que la confrontación cara a cara con la población palestina. Los mandos de las FID actuaron como una corporación cuyos interés era reforzar el control sobre los territorios,
temiendo que la política de Netanyahu pudiera poner en riesgo este control, especialmente cuando soldados, oficiales y parte del público veía el esperado levantamiento palestino como resultado de las políticas extremistas de Netanyahu. En mi opinión, los líderes de las FID enfrentaron el mismo problema que ya tuvieron en el pasado legitimar el uso de la fuerza ante el público de Israel, debido al contexto político del gobierno del Likud. Esto había sido una consideración clave del ejército desde la primera guerra de Líbano y la primera intifada. Las FID notaron la manera en que las hostilidades eran percibidas por el público y su presentación por los medios como parte inherente del "campo de batalla" [65] . Conducir el diálogo político requiere de liderazgo político. En tanto Israel continúe manteniendo un régimen dual con elecciones democráticas dentro sus fronteras soberanas, el ejército puede administrar los territorios, pero no tiene la autoridad para renunciar a controlarlos. Aquí subyace la contradicción inherente del régimen dual: las FID reciben órdenes del gobierno democrático de Israel para gobernar los territorios de una manera no democrática. Mientras el público interprete esto como un asunto de "seguridad", la legitimidad del régimen permanece intacta y las operaciones de las FID se siguen considerando como apolíticas. Para este fin, tener al Partido Laborista en el poder ayuda a las FID a mantener su imagen política, mientras que si el Likud gobierna sucede lo contrario, debido a su ideología declarada de retener el control sobre los territorios, a pesar de las consideraciones de seguridad. En los periodos en que el Likud gobierna en solitario se percibe a las FID como una agencia política en cualquier caso: si obedece a los intereses del gobierno, como en la primera guerra del Líbano, o si se opone al gobierno, como ocurrió cuando Netanyahu fue electo en 1996. Durante la primera intifada, las FID tuvieron éxito al hacer a un lado esta contradicción y expresar su posición política gracias a que el partido Laborista formaba parte del gobierno, con Isaac Rabin como ministro de seguridad. Sin embargo, las FID no podían seguir ejerciendo su influencia sobre la jerarquía política una vez que Netanyahu fue electo como primer ministro; consecuentemente, quienes encabezaban el ejército decidieron participar en la acción política directa, dentro del marco del sistema democrático civil. Este fenómeno único, llamado por el politólogo Yoram Peri "un putsch democrático" [66] , consistía de dos camarillas militares compitiendo en las elecciones de 1999 por ver quién podría desbancar a Netanyahu: "Un Israel" encabezado por el partido Laborista, compuesto por oficiales del ejército que se oponían al gobierno de Netanyahu desde dentro el ministro de seguridad Itzik Mordechai y el comandante
saliente Amnon Lpikin Shahak. El paradójico término "putsch democrático" expresa la contradicción inherente al régimen dual en Israel, el cual gobierna por medio de un "ejército democrático de ocupación". Si los jefes de las FID no pueden influir la política israelí a través de sus conexiones y al diseñar el discurso de seguridad, deben actuar en la arena política democrática dentro de la soberanía de Israel para abrir un espacio político a los palestinos. Ellos pueden cerrar este espacio directamente con el uso de la fuerza, sin verse involucrados en el sistema político democrático, pero esto depende de la legitimidad que los ciudadanos israelíes otorgan al uso de la fuerza, sobre todo entre los soldados y sus más cercanos allegados. La entrada masiva de profesionales militares a la política democrática enfatiza la diferencia entre la política democrática y la corporación militar y la contradicción potencial entre ambas. La corporación militar desea mantener y ampliar el control sobre los recursos y reclutar a los soldados para gobernar a los palestinos y disuadir amenazas potenciales provenientes del otro lado de la frontera. La jerarquía política tiene prioridades distintas. Aun cuando los políticos provienen de las fuerzas de seguridad, atienden el bienestar de las fuerzas armadas y favorecen soluciones de fuerza sobre las políticas, su interés principal es la reelección. Deben tomar en cuenta los actos civiles de protesta, los niveles de popularidad, las presiones internacionales y las posibles coaliciones con otros partidos. De esta manera, cuando Ehud Barak, Amnon Lipkin Shahak e Itzik Mordechai estaban en el ejército, se opusieron al retiro unilateral del sur del Líbano debido a la posible pérdida de prestigio de las FID ante Hezbollah; sin embargo, cuando se convirtieron en ministros y ya no usaban uniforme, defendieron la retirada. La retirada unilateral del Líbano en mayo de 2000 amplió la visión que posee el liderazgo de las FID que la mayor dificultad de Israel en mantener su poder de disuasión fluctúa de un debilitamiento de la creencia pública en la necesidad de luchar, con implicaciones para la motivación de los soldados en servicio. Por consiguiente, presentar el acto represión de las FID contra la segunda intifada como una "guerra sin opción" para defender nuestro "hogar" era esencial para asegurar el apoyo público al uso de la fuerza militar. Lo anterior fue enfáticamente explicado en numerosas entrevistas realizadas al subcomandante Moshe "Boggie" Yaalon; durante el inicio de
las manifestaciones y con toda intención formó la opinión pública ante la importancia de suprimir la segunda intifada como una "guerra de sobrevivencia". Afirmó que la batalla por el apoyo del "frente casero" no era menos importante que la batalla con el enemigo; así, la crítica a las acciones del ejército o sostener negociaciones políticas mientras la lucha era encarnizada, exigía oportunidades de victoria [67] . Suprimir la segunda intifada permitió a las FID recuperar el predominio en el encabezamiento de los movimientos políticos ante los palestinos bajo las mismas circunstancias políticas de conveniencia y en un ambiente en el cual el ejército tiene control exclusivo: la escalada de violencia. Si abrir un espacio político para el diálogo requiere legitimidad y una coalición política de apoyo con el Israel soberano, cerrando este espacio y provocando la escalada demanda solamente legitimidad del público israelí, tal como un movimiento fuerza a la jerarquía política a acatar la política del ejército. El contexto político que facilitó la legitimación de la escalada fue la falla de la cumbre en Camp David, en la cual Ehud Barak y el presidente Clinton culparon a Arafat del fracaso de las pláticas [68] . Yaalon enfatizó de forma repetida la importancia en creer en "nuestra narrativa", rechazando toda crítica a las FID y atacando a los políticos por "débiles" al no creer en la entereza del "frente casero". Las FID vieron en las negociaciones que Barak continuó conduciendo durante la segunda intifada como un signo de debilidad y las afirmaciones filtradas implicaban que la jerarquía política estaba tratando de frustrar el combate de las FID contra los palestinos. Esto llevó al diseño del slogan "Permitamos que las FID ganen", indicando que las FID eran capaces de ganar y que eran los políticos los que impedían la victoria al continuar conduciendo el diálogo durante las hostilidades. En otras palabras, las FID reclamaban que la única solución a la segunda intifada podría ser militar y que las pláticas debían suspenderse, por tanto, hasta que la intifada fuera totalmente suprimida. La segunda intifada hizo crecer una nueva doctrina militar denominada "guerra de baja intensidad" un producto del papel político que las FID jugaron al controlar los territorios y actuar como policía ante la población palestina. De acuerdo a esta doctrina, que se hizo fuerte hasta que colapsó en la segunda guerra del Líbano, el deseo de lucha del enemigo no era vencer a las FID, sino mejorar sus objetivos políticos. Por tanto, la actividad de combate de las FID debería ser dirigida al
debilitamiento de la determinación del otro lado, causándole que abandonara los fines políticos por medio de presión física, económica y psicológica [69] . En otras palabras, la doctrina militar a partir del inicio de la segunda intifada había evitado la apertura del espacio político anteponiéndola a la solución del conflicto, requiriendo que los palestinos renunciaran a sus demandas políticas como condición para terminar las hostilidades. La victoria de las FID dependía de la renuncia del enemigo a tales demandas. Las FID tuvieron éxito al ganar apoyo público total para la escalada gracias no solamente a la culpabilidad que Israel y el resto del mundo achacaban a Arafat, sino también a las rupturas de las cuales eras consideradas las fronteras de la soberanía de Israel, a saber: 1) manifestaciones de solidaridad por ciudadanos palestinos israelitas al principio de la intifada, que fueron sofocados con fuego como si los manifestantes estuvieran bajo la ocupación militar en los territorios; 2) intercambio de fuego con policías palestinos y activistas Tanzim que permanecieron detrás de los manifestantes; y 3) ataque a asentamientos que se percibían como parte de la soberanía israelí principalmente vecindarios judíos en Jerusalén oriental, el más prominente de los cuales era Gilo. Todo ello constituyó una ruptura de fronteras, creando la ansiedad y el sentimiento de amenaza necesario para lograr apoyo suficiente y silenciar las críticas sobre el uso excesivo de la fuerza, aun cuando las críticas estaban presentes en las mentes de militares profesionales y ministros que claramente entendían la contribución de las FID a la escalada y su sabotaje a los intentos de cese al fuego [70] . En suma, el intento frustrado de abrir el espacio político para engranar el diálogo con los palestinos, el gobierno militar continuado sobre los territorios y la expansión de los asentamientos finalizaron en un colosal brote de violencia que hizo irrelevante la política; el lugar central lo ocupó ahora la violencia y el miedo que ésta provocaba. La actividad militar dictó la política palestina y las FID dictaron la política israelí. La elección de Sharon como primer ministro entre 2001 y 2005 expresó el apoyo de los ciudadanos de Israel a la lucha continua y a la imposición de un silencio casi total sobre cualquier asunto que no involucrara el llamado a tomar las armas contra el enemigo. El Likud recibió votos, no por su agenda política, sino por su apoyo a para continuar la represión hasta alcanzar la victoria. En este sentido, la política israelí dentro de las fronteras democráticas del estado fue cooptada para continuar el gobierno impuesto por las FID en los territorios ocupados. El valor de la seguridad
[53] Y. Ezrachi, Rubber Bullets: Power and Conscience in Modern Israel , New York, Farrar, Straus and Giroux 1996. [54] Me refiero aquí a la primera mitad del año. Después, la intifada se volvió violenta y comenzó a entrar a Israel. La primera intifada fue una fuente para esparcir el debate periodístico, académico y político. Ver D. Gilber y A. Sesar (eds.), In the Eye of the Conflict: The Intifada, Tel Aviv, Tel Aviv University and Kibutz Meuhad, 1992; A. Shalev Intifada, Tel Aviv, Papirus, 1990; Z. Schiff y E. Ya'ari, Intifada: The Palestinian uprising - Israel's Third Front, New York, Simon and Schuster, 1990; Z. Lockman y J. Beinin, Intifada: The Palestinian Uprising Against Israeli Occupation, Boston, South End Press, 1989; Nassar y Heacock, Intifada. [55] U. Ram, "Between Economy and Arms: Liberal Post-Zionism in the Age of Globalization", en Israeli Sociology, 2:1 (1999); G. Shafir, "Business in Politics, Globalization and the Search for Peace in South Africa and Israel/Palestine", en Israel, the Dynamics of Change and Continuity, ed. por D. Levy-Faur, G. Shefer y D. Vogel, London, Frank Cass, 1999; Levy, The Other Army of Israel. [56] Y. Levy, The Other Army of Israel; Peri, Generals in the Cabinet Room. N. del T.: Bat Yam es el nombre de una ciudad costera israelí en el Mediterráneo, [57] .en las llanuras de Sharon, al sur de Tel Aviv [58] U. Savir, The Process, Tel Aviv, Yediot Aharonot, 1998. [59] Para una amplia discusión acerca de este tema, véase L. Grinberg, Imagined Peace, Discourse of War on the Failure of Leadership, Politics and Democracy in Israel 1992- 2006, Tel Aviv, Resling, 2007. [60] Para una detallada discusión sobre cooperación en la seguridad, ver Michael, Real or Imagined? [61] Meron Benvenisti, historiador e investigador de las relaciones entre Israel y Palestina ha planteado la naturaleza de los Acuerdos de Oslo como un acuerdo military: "Nobel Prize for Generals" (Ha'aretz, December 8, 1994).
[62] Esta es la traducción que sugiero del término hebreo " keter", que se refiere al cierre total de los límites de una ciudad, pueblo o cualquier otra localidad. En tanto que la política de encerramiento (seger) fue diseñada después de la primera Intifada y reforzó las fronteras de 1967, el encirculamiento fue concebido después de los Acuerdos de Oslo, borrando las fronteras entre Israel y los territorios ocupados. [63] Grinberg, "Imagined Democracy in Israel"; Grinberg, Imagined Peace, Discourse of War. [64] Peri, Generals in the Cabinet Room; Grinberg, Imagined Peace, Discourse of War. [65] The media preoccupation La preocupación de los medios con la forma en cómo el público percibía la lucha y su preocupación por los eventos se había convertido en parte de la doctrina militar. Véase el artículo de Shaul Mofaz (1998) in Ma'arakhot (1998), cuando era el subcomandante del ejército. [66] Y. Peri, "The Democratic Putsch in the Elections", en M. Alhaj y E. Ben-Eliezer (eds.), In the Name of Security A Sociology of War and Peace in Israel in a Period of Change, Haifa, Haifa UP and Pardes, 2003, p. 125-144. [67] Ya'alon expuso la nueva doctrina de las FID en numerosas entrevistas pero prefirió presentar esta versión en terminus post-modernos, llamándola "la narrativa nacional" en la cual la sociedad debe creer conla finalidad de ganar. Ver sus declaraciones en las entrevistas con Ari Shavit (Ha'aretz, 20 de agosto de 2002 y 3 de junio de 2005); con Ben Caspit (Ma'ariv, 30 de agosto de 2002) y con Nahum Barnea (Yediot Aharonot, 30 de mayo de 2003). [68] Para una crítica a esta concepción véase Y. Meital, Peace in Tatters: Israel, Palestine and the Middle East, Bolder, Lynne Reiner Publishers, 2005. [69] Para una exposición de "la Guerra de baja intensidad" ver Peri Peri, Generals in the Cabinet Room. [70] Lo informes más detallados sobre la escalada de violencia por el ejército y la imposibilidad de la jerarquía política para detenerla fueron proporcionados por dos parejas de periodistas: Harel e Issascharoff, The Seventh War ; Druker y Shelach Boomerang . Yoram Peri ( Generals in the Cabinet Room ) recibió la confirmación de sus
informes con entrevistas a políticos y miembros del ejército.