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Integración epistémica y humanismo: un acercamiento a la fenomenología dialéctica de Eduardo Nicol

Andrés González, Roberto

Abstract

El panorama epistemológico que se descubre hacia el primer tercio del siglo XX, nos presenta la imagen de una ciencia fragmentada, ya por su objeto de estudio, ya por la especificidad de su método. El conocimiento científico atraviesa por su crisis más severa de principios; la relatividad de los saberes pareciera que anima todavía más a esta fragmentación epistemológica, al tiempo que inhibe la falta de unidad de la ciencia. Frente a este panorama, Eduardo Nicol se da a la tarea de mostrarun camino de integración epistemológico, afirmando que la ciencia no es una disciplina, sino una comunidad de saberes, hallando justamente, tanto en su origen como en su fin, el principio de unidad. El fin de la ciencia trasciende a cualquier disciplina particular. Ésta es ante todo humana porque se encuentra enderezada hacia el ser humano.

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Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 191 ] INTEGRACIÓN EPISTÉMICA Y HUMANISMO: UN ACERCAMIENTOA LA FENOMENOLOGÍA DIALÉCTICA DE EDUARDO NICOL Roberto Andrés González, Universidad Autónoma del Estado de México. Resumen: El panorama epistemológico que se descubre hacia el primer tercio del siglo XX, nos presenta la imagen de una ciencia fragmentada, ya por su objeto de estudio, ya por la especificidad de su método. El conocimiento científico atraviesa por su crisis más severa de principios; la relatividad de los saberes pareciera que anima todavía más a esta fragmentación epistemológica, al tiempo que inhibe la falta de unidad de la ciencia. Frente a este panorama, Eduardo Nicol se da a la tarea de mostrarun camino de integración epistemológico, afirmando que la ciencia no es una disciplina, sino una comunidad de saberes, hallando justamente, tanto en su origen como en su fin, el principio de unidad. El fin de la ciencia trasciende a cualquier disciplina particular. Ésta es ante todo humana porque se encuentra enderezada hacia el ser humano. Abstract: The epistemological picture that is discovered by the first third of the 20th century, presents us with the image of a science fragmented, already by its object of study, already by the specificity of the method. The science is experiencing its most severe crisis of principles; the relativity of knowledge it would seem that encourages even more to this fragmentation epistemological, at the same time that inhibits the lack of unity of science. Eduardo Nicol lucking for integrates of sciences. This way is possible understanding the science as community knowledge, and recognizing that man is the main goal of knowledge. Introducción El panorama epistemológico que se descubre hacia la primera mitad del siglo XX, nos presenta la imagen de una ciencia fragmentada, ya por su objeto de estudio, ya por la especificidad de su método. La ciencia atraviesa por su crisis más severa; la relatividad de los conocimientos en la actualidad pareciera que anima todavía más a esta fragmentación epistemológica, al tiempo que inhibe la unidad de las ciencias. Frente a este panorama, resulta indispensable la tarea de una integración epistémica fundada en un horizonte humanista. Para ello se debe comenzar comprendiendo que el fin de toda ciencia trasciende a cualquier disciplina particular: origen y fin es uno, a saber, el ser del hombre. Ésta es ante todo humana porque se encuentra enderezada hacia el ser humano. El presente trabajo versa acerca de una alternativa de integración epistémica entre las diferentes ciencias a partir justamente del pensamiento de Eduardo Nicol. El cuadro dominante en el panorama de la epistemología contemporánea nos presenta la imagen de una ciencia fragmentada y en disputa consigo misma. Esta fragmentación del conocimiento da cuenta al mismo tiempo de una crisis severa de principios. Esta relativización pareciera que anima todavía más esta fragmentación epistemológica, al tiempo que inhibe todo anhelo de unidad. Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 192 ] Eduardo Nicol nace en Barcelona en 1907, su pensamiento se conoce con el adjetivo de “metafísica de la expresión” o “fenomenología dialéctica”; en su obra transitan los temas más graves de la tradición filosófica, tales como son la ontología, la antropología filosófica, la ética y la epistemología. Uno de los postulados ontológicos que distinguen el pensamiento de este autor es la aseveración que afirma: el ser no es un problema u objeto de búsqueda, sino dato; el ser es fenómeno y es objeto de visión. El ser es el invariable punto de partida de todo planteamiento o duda metódica. Otro aspecto relevante que cabe ser mencionado es que la epistemología en éste resulta indesglosable de la ontología. Desde esta óptica, nuestro autor busca el principio de unidad del quehacer científico, y lo encuentra tanto en su origen como en su fin. Sin duda, esta constituye una concepción humanista del conocimiento y la ciencia. Eduardo Nicol muere en 1990 en la ciudad de México a la edad de 83 años, heredando un rico legado filosófico. Cabe mencionar que este legado ha sido poco explorado por la crítica. Muchas respuestas a los problemas más acuciantes de la tradición y de la filosofía contemporánea encuentran salida en esta propuesta, y para muestra basta con mencionar que el tópico que en el presente nos hemos propuesto tiende a solventar dos cuestiones que la tradición y el pensamiento contemporáneo habían venido aplazando, a saber: la integración de las ciencias (mediante la sutura epistemológica entre la ciencia y la metafísica) y, en segundo lugar, el trastocamiento de la filosofía en ciencia estricta. La integración de las ciencias que en este trabajo se explora parte de la idea que asevera que tanto el origen como el fin de la ciencia poseen un punto de coincidencia, a saber: el ser del hombre. La ciencia, por su objeto de estudio, evidentemente es múltiple; no obstante, por su agente creador, es una. Uno es el ser que hace ciencia natural y ese mismo agente es el creador también de la ciencia social, así también es creador de la metafísica. Por lo tanto, la ciencia no tiene que distinguirse de la metafísica, sino de la pseudociencia, siendo que, tanto la investigación metódica de la naturaleza por parte de las ciencias duras, como la investigación de los principios del conocimiento por parte de la metafísica, forman ambas partes de la comunidad de la ciencia. Esta posibilidad temática es posible si y solo si la ciencia no se concibe ya como una disciplina, sino como una comunidad. Esto quiere decir que la ciencia en Nicol ya no se entiende como una disciplina, sino como una comunidad. Contenido La característica más dominante en el panorama epistemológico del siglo XX son el derrumbe y abandono del ideal perenne del conocimiento, esto es, el conocimiento no reconoce ya en este siglo una ruta exclusiva de desarrollo, tampoco reconoce el compromiso con alguna idea determinada de la verdad; esto implica el abandono de muchas certidumbres que a duras penas se habían logrado a lo largo de la historia de la ciencia, entre las cuales caben contarse por ejemplo el principio de causalidad y el principio de no contradicción. En este sentido, nos dice Claude Allègre: “Nunca antes en la historia del hombre [se] había alcanzado esa riqueza, esa variedad, esa calidad. Nunca había abierto [la Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 193 ] ciencia] semejantes perspectivas para la comprensión del mundo que nos rodea. Al mismo tiempo, se ha refinado, se ha despojado de las certidumbres y dogmatismos” 1 . Este cambio en la concepción del conocimiento se encuentra íntimamente ligado a la emergencia de la nueva imagen del universo, ya que esta nueva imagen resulta enteramente diferente a la imagen que éste tuvo en los siglos XVI, XVII y XVIII; pues, como se recordará, en aquellos siglos el ejercicio de la ciencia tuvo como referencia la imagen de un universo, por así decirlo, mecánico y cerrado. El cual se caracterizó, entre otras cosas, por estar regido por leyes causales, las cuales le permitían a la ciencia el conocimiento a priori de los fenómenos. La noción de un universo mecánico se encuentra emparentada con la imagen de un universo cerrado, donde el descubrimiento de sus leyes adquiriría la connotación también de un conocimiento necesario y perenne. Sobre la noción de causa se monta la óptica de un universo mecanizado, es decir, causalmente determinado. Basta con conocer la ley de la naturaleza para poder determinar el comportamiento de cualquier objeto en cualquier lugar y momento; este es el principio que animaba a Laplace para formular precisamente la idea de un universo cerrado y enteramente predecible, ya sea hacia atrás, ya hacia delante en el tiempo, en lo más grande y pequeño de su constitución. Laplace decía: Una inteligencia que, por un instante, conociese todas la fuerzas de que está animada la naturaleza y la situación respectiva de los seres que la componen […] abrazaría en la misma fórmula a los movimientos de los más grandes cuerpos del universo y del átomo más ligero: nada sería incierto para ella y el devenir, como el pasado, estaría presente ante sus ojos 2 . No obstante, esta imagen del universo mecánico y cerrado se ha transformado por completo justo en el despunte del siglo XX: el universo ahora se ha desbocado y se ha tornado incierto, lo cual vendrá a inhibir la holgada pretensión por conocer o predecir cualquier acontecimiento en el ámbito natural; en lugar de esto, se busca más bien un acercamiento humilde a la manera “de hacer comprensible lo impredecible” 3 ; aquí la causalidad o la no contradicción han dejado de ser los principios epistemológicos por antonomasia. Aquellas viejas certidumbres y dogmatismos han entrado en una crisis severa y sin reversa.Hay que reconocer que esta nueva imagen del universo ha ocasionado también una nueva manera de concebir el conocimiento. Justamente por esto, George Balandier nos dice: La ciencia actual ya no intenta llegar a una visión del mundo totalmente explicativa, la visión que produce es parcial y provisoria. Se enfrenta con una realidad incierta, con 1 Allègre, Claude, La derrota de Platón o la ciencia en el siglo XX, México, FCE, 2003, p. 7 2 Laplace, Teoría analítica de las probabilidades, en Ludovico Geymonat, Límites actuales de la filosofía de la ciencia, Barcelona, Gedisa, 2004 p. 79 3 Balandier, George, El desorden, la teoría del caos y las ciencias sociales. Elogio de la fecundidad del movimiento, Barcelona, Gedisap. 55 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 194 ] fronteras imprecisas o móviles..., explora lo complejo, lo imprevisible y lo inédito... En esta posición incierta, los individuos y los grupos no logran definirse bien, fijar sus elecciones, orientar sus conductas. La señalización anticipada es aleatoria..., es una de las respuestas a esta incertidumbre 4 . El fenómeno del conocimiento experimenta un trastrocamiento sin precedente: ninguna construcción teórica es perenne ni necesaria. Ninguna construcción científica es eterna; todas son posibles y provisionales; ninguna posee cabal persistencia, ni suficiente evidencia. Cabe resaltar que la principal consecuencia del derrumbe del ideal perenne del conocimiento, sin duda, es la fragmentación del pensamiento en una pluralidad de epistemes. En torno a esto, Alan Sokal nos dice que el panorama que sigue al de la física clásica es el de la relatividad del conocimiento: “Grosso modo, entendemos por relativismo toda filosofía que pretende que la verdad o falsedad de una afirmación es relativa a un individuo o grupo” 5 ; ninguna conclusión es cabal o final, es necesario revisar cada conclusión tan pronto se haya terminado de formular, siempre va a existir la incompletitud precisamente porque, como lo dice George Balandier, “las teorías científicas son ahora menos globales o unificadoras, nada deterministas, sometidas al trabajo del tiempo; proponen síntesis sucesivas” 6 . Esta imagen del conocimiento da cabida a diferentes posibilidades respecto de un problema, y esto quiere decir que existen distintas maneras de decir lo mismo. En ciencia no hay una respuesta exclusiva en torno a los fenómenos; es más, ni siquiera la ciencia es el único discurso que puede articular proposiciones con sentido en torno a la naturaleza o la sociedad. La ciencia misma alberga diferentes hipótesis en torno a un mismo fenómeno o problema. La característica de esta forma del conocimiento, más que la certeza, es la aproximación. Ahora bien, si por un lado resulta cierto que la fragmentación del conocimiento es la nota dominante en el panorama epistemológico contemporáneo, también resulta cierto que, como consecuencia de este dato, se precisa la búsqueda de un principio a través del cual se pueda dar cuenta de la unidad de las ciencias en sus diferentes direcciones, porque, desde nuestro punto de vista, no basta con reconocer la dispersión del conocimiento, sino que, como dice Eduardo Nicol, hay que avanzar hacia la unificación del mismo, sin que por esto se ponga en riesgo (o sea anulen) la peculiaridad de cada horizonte de búsqueda científica. En torno a esto último, Rodríguez Casas nos dice: La desintegración del pensar, en una pluralidad de epistemes reducidas en el fraccionamiento de la prioridad individualista, explica la confusión incapaz de propiciar la comunicación [entre éstas —la diferentes epistemes—, justamente porque en este 4 Ibid pp. 10, 233, 234 5 Sokal, Alan, Las imposturas intelectuales, Barcelona, Paidós, 1999 p. 64 6 Balandier, Ob, cit., p. 40 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 195 ] escenario] se abre el vacío amenazante. El salto sobre el vacío no puede ser otro sino la integración 7 . Ya Rodríguez Casas ha visto que la integración del conocimiento en un diálogo constituye la salida más viable ante el escenario epistemológico de la fragmentación. No obstante, el dato que no debemos pasar por alto en este trabajo es el hecho de que la investigación científica se agrupa en diferentes conjuntos, los cuales se encuentran hilvanados, cada uno, en virtud de su objeto específico de estudio y su método. Aquí cabe resaltar lo siguiente: el resultado de este empalme entre un objeto de estudio tratado metódicamente y el concurso del diseño de alguna instancia de validación del conocimiento, es lo que constituye propiamente una disciplina científica. Es decir, una disciplina científica se define, en cuanto que científica, por el concurso de un objeto específico y un tratamiento metódico del mismo, así también por la imbricación de alguna instancia de validación del conocimiento de ese mismo objeto. La noción de disciplina es lo que constriñe al ámbito propio de un campo respecto de otro campo de conocimiento. En torno a esto el epistemólogo francés Jean-Marc Lévy- Leblond dice, “no hay en esto nada sorprendente si se quiere tomar en serio la palabra “disciplina” y comprender que, si bien define los límites de tal cual conocimiento, son precisamente esos límites los que constituyen su fuerza” 8 . Hay que reconocer que las diferentes disciplinas científicas se encuentran acotadas por un permanente ejercicio de restricción. Por ello dice: Si necesariamente quisiéramos encontrar una definición general de la noción de ciencia…, la encontraríamos, sin duda, en el trabajo de restricción permanente y sistemático que permite a un conocimiento científico constituirse y reforzarse. Este trabajo reviste tres aspectos principales: 1) La delimitación del ámbito de conocimiento considerado… 2) La restricción en el uso de las herramientas (teóricas y experimentales), al mismo tiempo que su diversificación y su especificación… 3) La codificación de las condiciones de validez de los conceptos. 9 Esto último nos recuerda el empeño trazado en su momento por Emmanuel Kant al pretender también la construcción de una filosofía enderezada a establecer los límites de la razón y los márgenes entre las diferentes formas del conocimiento. De acuerdo con Kant, son dos tareas preliminares las que debe realizar toda ciencia al emprender su marcha: “Si se quiere presentar como ciencia un conocimiento, se debe ante todo poder determinar con precisión lo distintivo, aquello que no comparte con ningún otro conocimiento, y que le es por tanto peculiar... Ya sea que esta peculiaridad consista en la diferencia del objeto, o en la... del modo de conocer” 10 . Toda ciencia debe comenzar definiendo su objeto 7 Rodríguez Casas, Gerardo, Hacia una epistemología integral, México, Universidad Autónoma del Estado de México, 1999 p. 14 8 Lévy-Leblond, Jean-Marc, La piedra de toque, la ciencia a prueba, México, FCE, 2002 p. 99 9 Ibidem, pp. 99-100 10 Kant, Prolegómenos, Madrid, Istmo, 1999 § 1 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 196 ] material, así como sus estrategias metodológicas para abordarlo; sin este paso previo, cada disciplina corre el riesgo de confundir su objeto de estudio, sus límites y sus alcances propios. Cada ciencia debe comenzar estableciendo su radio de acción sobre algún relieve de la realidad, asimismo debe establecer la metodología viable para la consecución de tal propósito y debe establecer también alguna estrategia de validación de los enunciados. Puede decirse que son tres los momentos que determinan el semblante de lo que pudiera llamarse disciplina científica, a saber, determinar su objeto de estudio, en segundo lugar, trazar una metodología que le permita la exploración del problema y, en tercer lugar, establecer algún criterio de validación del conocimiento. Esta aseveración epistémica de alguna manera también es compartida por Eduardo Nicol, quien al respecto dice: “Cualquiera que sea el dominio real que ella [de una ciencia en particular] abarque, una ciencia debe cumplir dos tareas previas. Ha de acotar ese dominio de su jurisdicción especial... Además tiene que organizar el método adecuado para el conocimiento sistemático de su objeto” 11 . Cada disciplina científica encuentra los límites de su contorno en la acotación que le impone su objeto material de estudio y en la metodología viable para tal propósito. Digamos que es la naturaleza misma del objeto a tratar lo que impone el límite y especificidad de cada ciencia. A cada ciencia le incumbe el estudio de una fracción del ser. Cada región de la realidad no puede estudiarse mediante las mismas estrategias. El método y el objeto son los que definen el espíritu de cada ciencia. Debemos reconocer que en el decurso de la historia del conocimiento científico no ha existido un método exclusivo, ni siquiera en las ciencias naturales; por el contrario, en cada etapa histórica la búsqueda metódica del conocimiento se ha tenido que dar a la tarea de ir transformando sus estrategias y sus reglas. La historia de la ciencia también podría rastrearse por la evolución del método. En ésta no existe una metodología terminante, se construye epocalmente. La realidad misma también se va abriendo epocalmente ante la mirada atenta de la ciencia, propiciando en cada lapso la formación de nuevas ramas del conocimiento y sugiriendo nuevos planteamientos hipotéticos. Tal es el caso por ejemplo de la física nuclear, la cual no se gestó sino hasta que se poseyó el aparato teórico y técnico para tematizar el espectro del átomo. La genética tampoco fue posible hasta el descubrimiento de la doble hélice del ADN. No todas las épocas son propicias para la emergencia de cualquier teoría científica. Cada hipótesis, al igual que cada teoría, posee su lugar dentro del complejo entramado general del cuerpo evolutivo del conocimiento. Es un hecho que la realidad en su conjunto está constituida por distintos sectores y relieves, para cada uno de estos sectores reconocidos hay un cuerpo especializado de métodos y teorías que optimizan el desarrollo de su investigación. Al respecto, Eduardo Nicol afirma: “No todos los aspectos de la realidad pueden ser investigados con el mismo método” 12 . Será el modo de ser del 11 Nicol, Ideas de vario linaje, México, UNAM, 1990 p. 329 12 Nicol, Los principios de la ciencia, México, FCE, 2001 p. 494 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 197 ] objeto de estudio quien habrá de sugerir el método conveniente para la investigación. No se puede tratar la clasificación de los minerales como se tratan las enfermedades venéreas, por ejemplo; o la historia de México como se trata la elíptica de los planetas. El objeto de estudio sugiere la manera o el método a utilizar en la investigación. Los métodos se van creando en función de las hipótesis y del ingenio del investigador. En suma, las ciencias se diversifican tanto por sus métodos como por sus objetos específicos de estudio. Por otra parte, resulta evidente que no es tarea de una ciencia en particular fincar límites a cada una de las demás, establecer su interrelación o presentarnos su cuadro de clasificación. Esta es tarea de una ciencia especial que posee, entre otras, la consigna de establecer los límites entre una y otra. Nicol se refiere a ésta con el nombre de “ciencia primera” o metafísica. Esta última es la que cumple con esta función, amén de ser la encargada de fundamentar el conocimiento en general. “Toda filosofía sistemática —nos dice en otra parte el autor de La primera teoría de la praxis— es necesariamente teoría de la ciencia en general” 13 . La metafísica es la que funda y, a la vez, finca límites y posibilidades a una y otra rama del conocimiento. Clasifica los saberes de acuerdo con su objeto y método. Así pues, la clasificación vertida desde esta óptica reconoce cuatro grandes ramas del saber científico, cuatro maneras de hacer ciencia o cuatro grandes disciplinas, caracterizadas por su objetivo, a saber: las ciencias naturales, las ciencias sociales, las ciencias formales y la ciencia primera (metafísica). Nuestro autor dice: “Las ciencias especiales que estudian la naturaleza, lo mismo que las ciencias formales, que no tratan de realidades, y las ciencias que tratan de las realidades humanas...,[y ] la filosofía” 14 , constituyen las cuatro direcciones específicas de la ciencia; las primeras tres son especiales, es decir, especializadas, porque tratan sobre un relieve específico del ser: las ciencias de la naturaleza versan sobre la naturaleza en sus diferentes regiones; así también las ciencias formales versan sobre cuestiones simbólicas creadas estrictamente por la razón, es decir, no tratan de realidades fácticas, sino del sentido. Las ciencias sociales versan sobre las realidades sociales, mientras que la cuarta, o sea, la metafísica, no es ciencia especializada (acotada por un relieve específico del ser), sino la ciencia de los principios. No obstante, consideramos que aquí tiene que hacerse una pequeña acotación. La primera concepción de la ciencia en Nicol, que se extiende hasta Los principios de la ciencia (1965), lleva implícito en su definición el comercio con la realidad, es decir, ciencia sería sólo aquella que trata con realidades. Esto es, el autor catalán confiere este título sólo a las “fácticas”. Hastaesta obra, publicada en 1965, el autor no concedía lugar para las llamadas ciencias formales, en ese momento decía que la matemática y la lógica debían concebirse como auxiliares del conocimiento metódico: “En sentido riguroso, la lógica no es una ciencia o episteme, pues no se ocupa de objetos reales; sino que es una técnica auxiliar de la 13 Nicol, Ideas de vario linaje, p. 153 14 Nicol, La reforma de la filosofía, México, FCE, 1980 p. 75, el subrayado es nuestro. Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 198 ] ciencia” 15 . Sin embargo, ya hacia principios de 1980, con la publicación de La reforma de la filosofía (1980); aquella noción ha comenzado a experimentar una ampliación: ahora cuenta a las disciplinas formales dentro del corpus de la ciencia, aunque afirma que las llamadas ciencias formales no tratan con realidades, sin embargo, son rigurosas, metódicas y sistemáticas. Este punto es importante, en virtud de que el criterio de distinción entre el conocimiento científico y el pseudocientífico, en nuestro autor, no se restringe al comercio con la realidad, la ciencia debe cumplir con requisitos técnicos tales como el rigor, método y sistema. Desde el punto de vista de nuestro autor, el conocimiento científico, amén de precisar de los requisitos técnicos inmediatamente enunciados, también debe estar fundada en una disposición existencial peculiar; es decir, la ciencia deberá ser promovida por una vocación hacia la verdad: “La diferencia entre el conocimiento científico y el precientífico, —dice Nicol— no es sólo epistemológica. La diferencia entre las dos formas de conocer es primariamente existencial, y se advierte en las disposiciones frente a la realidad que forman las praxis respectivas” 16 . Para nuestro autor, una proposición es científica, no porque sea acertada, sea rigurosa o metódica, antes bien porque ha derivado de esta vocación hacia la verdad. Sobre la vocación de la verdad como constitutiva de la ciencia volveremos más adelante. Cabe mencionar que la relación que se establece entre las primeras tres direcciones de la ciencia (natural, social y formal) y la cuarta (metafísica) es una relación de principio, de fundamentación; aunque debemos aclarar que cualquier disciplina especial puede avanzar sin la noticia de sus fundamentos. Las ciencias pueden avanzar con o sinel dato de sus principios. Sin embargo, la interacción entre la metafísica y las ciencias segundas queda confirmada por el hecho de que estas últimas no pueden ser factibles si se encuentran desprovistas de fundamento, aunque esto no implica que las ciencias segundas se encuentren siempre al tanto de su fundo. Nicol dice: “No hay forma de articular un pensamiento [...] científico en general, sin que conste una fundamentación absoluta” 17 . Lo cual quiere decir que no puede haber ciencia segunda sin ciencia primera. La correlación que se establece entre éstas es, por principio, en función de su incompletitud. Las segundas requieren del favor de la primera en virtud de que aquéllas no se fundan a sí solas. Si bien las distintas ciencias se diversifican tanto por su objeto como por su método, todas, sin embargo, forman parte de un conjunto. Todas y cada una de las ciencias poseen en común el rigor y el método; esto no quiere decir que todas estas deban constreñirse a un método específico, sino más bien a que cada una de éstas posee la consigna de ceñir sus pasos al marco de un método determinado. Con esto realizamos un primer acercamiento hacia la integración de las distintas 15 Nicol, Los principios de la ciencia, p. 48 16 Nicol, La primera teoría de la praxis, México, UNAM, 1978 p. 63 17 Nicol, “Diálogo con Xavier Rubert de Ventós”, en Anthropos, Extraordinarios 3, Barcelona, Anthropos, 1998 p. 23 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 199 ] disciplinas científicas en un solo cuerpo. Es un hecho que en la radiografía detallada de las ciencias florece una amplia gama de conocimientos consolidados y otros tantos en formación. La diversidad es el primer dato que nos sale al paso cuando miramos el fenómeno de la ciencia. Nuestro autor clasifica los saberes científicos en cuatro grandes grupos, pero ninguno de éstos en particular puede asumir para sí el título exclusivo de ciencia.No es más científico el conocimiento acerca de la naturaleza que el de los fenómenos humanos, ambos poseen su peculiar complejidad y rigor. Tampoco es más científico el desarrollo de las disciplinas formales que el de la metafísica, ambos poseen sus métodos y rigor sistemático. La ciencia no se reduce a ninguno de estos campos propiamente. La ciencia abarca a todos y excede a la particularidad de cada uno. Con todo, consideramos que la crisis epistemológica moderna no empaña los distintos modos de entender a la ciencia. Lo que está en crisis es una manera peculiar de concebir a este quehacer, la cual acusa perfectamente nuestro autor sobre todo en la primera parte de La crítica de la razón simbólica (1982). Lo que está en crisis es ese paradigma platónico de concebir a la verdad y el conocimiento como preestablecidos e inmutables, es decir, lo que se encuentra en crisis es aquella imagen que entiende las conclusiones del conocimiento científico como entidades necesarias, universales e inamovibles. “Se reconoce, como en todos los casos anteriores que no es posible seguir como hasta ahora. Pero ¿desde cuándo ha existido lo que ahora termina?” 18 . Nicol piensa que su filosofía viene a marcar la mella de la fase terminal de un agotamiento eminente de este modo de hacer y concebir el conocimiento, que halló, tal vez, en Husserl la última de sus expresiones. Podría decirse que el auge que tuvieron las ciencias naturales en los siglos XVII y XVIII se debió en gran medida al concurso del método experimental, estableciendo con esto una suerte de hegemonía respecto de las demás formas del saber, incluidas las ciencias del espíritu y la metafísica. Y para muestra ahí están los esfuerzos realizados por Kant y los empiristas ingleses al pretender medir las demás formas de conocimiento con el metro de la física matemática. No obstante, a finales del siglo XIX y principios del XX, este debate se crispó aún más abriendo la brecha epistemológica entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, así como respecto a la filosofía. Aquí cabe reconocer los insignes esfuerzos realizados por el físico ruso-belga Ilya Prigogine, ganador del Nobelen 1977, al intentar suturar la brecha epistemológica entre las ciencias y las humanidades, diciendo que tanto la ciencia como la filosofía son formas legítimas del conocimiento, justamente porque no existe una vía exclusiva de comunión con la naturaleza; es decir, tanto las ciencias como la metafísica entablan cada cual a su manera una comunión con la naturaleza. Prigogine dice: “Cuando aprendemos que la teoría física nos impone hacia la naturaleza, debemos igualmente aprender a respetar las demás formas deabordar las demás formas intelectuales. [Se debe destruir] ciertamente la idea de una oposición fundamental entre la ciencia y la 18 Nicol, Crítica de la razón simbólica, México, FCE, 2001 p. 22 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 206 ] vocación. Justo por esto, nuestro autor enfatiza diciendo que ésta es ante todo una vocación humana. En este sentido, la metafísica, al cumplir cabalmente con estas dos instancias, puede llamarse sin más ciencia estricta. Con esto, Nicol está dando el paso que ni Kant ni Husserlpudieron dar. Nicol encuentra otra metodología para dar este paso decisivo. Cabe mencionar que este paso no precisó la sumisión de la filosofía al metro del conocimiento físico matemático. Se precisó el trastocamiento de la noción general de la ciencia, entendida por la tradición como disciplina, ahora concebida más bien como una comunidad amalgamada tanto en su origen y su fin. Se diría que ahora un planteamiento científico no está obligado a poseer precisión cuantitativa; esto también lo dijo Popper 38 . Un planteamiento científico no debe tener más precisión que aquella que su mismo objeto impone y exige: la naturaleza del objeto es la pauta para dicha precisión formal. A su vez, dirá Nicol que una ciencia no se calibra por sus resultados, sino por la sapiencia activa en ella. El autor catalán invierte la preeminencia en la estructura de la ciencia. Una ciencia vale más, no por sus respuestas, sino por sus planteamientos y por el despliegue del ser que en cada una de éstas se propicie. La sapiencia buscadora es una constante que determina el semblante del quehacer científico, pues esta es la que nos permite hablar de la unidad de las ciencias, en virtud de que en ella está presente el ser humano, ya como agente activo, ya como fin. Por la ciencia, el ser afiliado a la verdaddeclara su amor a la humanidad y su sumisión al ser. El aporte del autor mexicano-catalán en este punto, diríamos, consiste en identificar a la ciencia con una vocación humana.No hay propiamente ciencias duras ni ciencias blandas, toda ciencia es ante todo humana. No sólo son históricas las sociales, “también son históricas las ciencias naturales” 39 . También las formales y las que investigan la naturaleza, son ciencias humanas. Toda ciencia es ante todo humana, pues, como dice el autor, “defino a la ciencia como un conocimiento que posee racionalidad, universalidad, método y sistema. Pero más radicalmente la defino como vocación humana” 40 . Es decir, ésta es histórica y humana porque todas las hipótesis científicas son producciones del espíritu; son creaciones culturales, las cuales convienen a un espacio y un tiempo histórico determinado. “Son ciencias humanas, obviamente, las que se ocupan del hombre. Pero también son humanas las ciencias naturales. No lo son por su objeto, sino por quien las produce [...] De suerte que toda ciencia pertenece a las humanidades” 41 . La ciencia es ante todo humana, justamenteporque ha sido facturada por el ser humano, y porque a través de ésta es el ser del hombre quien se autoconstruye. Concluyendo, podemos ver cómo es que el humanismo de Eduardo Nicol florece a propósito de la tematización de un tópico como la ciencia. Podría decirse que la idea de la ciencia en nuestro autor se erige en un estricto humanismo, no 38 Cfr. Popper, Realismo y objetivo de la ciencia, Madrid, Tecnos, 2000 p. 47 39 Nicol, Ideas de vario linaje, p. 226 40 Ibidem,p. 411 41 Ibid, p. 411 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 207 ] sólo porque el hombre sea el artífice de la ciencia, sino además porque, al imponerse como fin, despliega a través del ejercicio de ésta la potencialidad de su ser. La ciencia permite columbrar una vez más la preeminencia del ser humano. Son los hombres quienes se entienden a propósito de las hipótesis científicas, son los seres humanos los únicos capaces de entablar un diálogo y de existir así en reciprocidad hablando acerca de lo ajeno. Por el conocimiento, el ser accede a un estatus ontológico en el que el ser humano queda plantado en el centro del ser y de frente a sus semejantes. El hombre es el ser que existe hablando a los otros acerca del ser. El hombre es el ser que habla del ser. Es el portavoz del ser. Puede hablar del ser de un modo metódico y también puede hacerlo al margen del método. Esta peculiaridad es la que marca el modo de ser de cada ser humano; la ciencia no es destino, es decir, nadie está obligado a transitar por la vida recorriendo la vereda de la ciencia, en virtud de que ésta siempre es producto de una libre decisión. Sin embargo, el camino de la ciencia permite enaltecer el puesto ontológico del hombre, ya que por vía de la misma cada hombre elige mostrar a los otros el ser tal cual es en sí: digamos que elige habitar en la verdad del ser.En suma, el conjunto de todas las ciencias se resume en una sola: la humana. Así, “La unidad fundamental del conocimiento deriva de la unidad estructural del ser cognoscente” 42 . El conocer surge en el ser del hombre mediante su relación con lo otro, y va enderezado siempre hacia el otro. Toda ciencia es humana porque su posibilidad se realiza en el ser del hombre y porque su meta final se resuelve precisamente en el hombre mismo. De esta manera, nuestro autor intenta dar también una primera respuesta al desafío que representa la fragmentación del conocimiento en la epistemología contemporánea sin tener que negar ninguna acepción epistemológica. 42 Nicol, La vocación humana, p. 366 Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 208 ] Bibliografía - Allègre Claude, La derrota de Platón o la ciencia en el siglo XX, México, FCE,2003 - Balandier, Georges, El desorden, la teoría del caosy las ciencias sociales – Elogio de la fecundidad del movimiento, Barcelona, Editorial Gedisa, 2004. - Frank, Philipp, Filosofía de la ciencia, México, Edit. 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